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Conectar, calcular, juzgar : del análisis de redes como fenómeno sociológico

Izquierdo, Javier

Abstract

El alto grado de penetración alcanzado por las técnicas de cálculo de redes sociales en las prácticas de gestión de las grandes corporaciones empresariales de la «Nueva Economía», ha tenido como consecuencia política más notable el que las convenciones y los aparatos de prueba científico-legal clásicos, orientados a atribuir la autoría y la responsabilidad de ciertos actos a sujetos individuales o corporativos bien delimitados, hayan dejado de constituir referentes naturales para la formación del juicio.

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Papers 68, 2002 191-214 Conectar, calcular, juzgar. Del análisis de redes como fenómeno sociológico Javier Izquierdo UNED. Facultad de Ciencias Políticas y Sociología Obispo Trejo, s/n. 28040 Madrid Resumen El alto grado de penetración alcanzado por las técnicas de cálculo de redes sociales en las prácticas de gestión de las grandes corporaciones empresariales de la «Nueva Economía», ha tenido como consecuencia política más notable el que las convenciones y los aparatos de prueba científico-legal clásicos, orientados a atribuir la autoría y la responsabilidad de ciertos actos a sujetos individuales o corporativos bien delimitados, hayan dejado de constituir referentes naturales para la formación del juicio. Palabras clave: redes sociales, sociología económica, sentido común de la justicia. Abstract. Connect,calculate, judge. On the web analysis as a sociological phenomenon The most important political consequence of the high degree of penetration attained by the algorithmic techniques for the calculus of «social networks» has been to question the classical legal apparatus of authority and responsibility attribution on a «personal» basis. Key words: social networks, economic sociology, common sense of justice. A Narciso Pizarro Sumario Introducción 1. La ciencia social en una sociedad desencantada (I): el análisis económico de los mercados de red 2. La ciencia social en una sociedad desencantada (II): el análisis de redes sociales 3. ¿Hacia un derecho civil de las redes sociales? El ejemplo de la jurisprudencia estadounidense sobre competencia ilícita en los mercados de red 4. Azar, persona y responsabilidad: un triángulo complicado Conclusión Bibliografía Introducción Una de las corrientes especializadas de más amplio desarrollo académico y éxito mundano del programa general de investigaciones sociológicas de carácter cuantitativo sobre la morfología y densidad de las redes sociales es la llamada «sociología de los mercados» (Swedberg y Granovetter, 1992). La variable analítica emblemática de esta nueva sociología económica es el capital social, expresado usualmente como una estimación estadística de la «centralidad relativa» de la posición que ocupan diferentes individuos o empresas en una estructura topológica multidimensional, un mercado considerado como una «red social» (White, 1980; Granovetter, 1985 y 1992; Burt, 1988; Baker, 1984 y 1990). En un libro reciente, el profesor Wayne E. Baker, catedrático de conducta organizacional y gestión de recursos humanos en la Escuela de Negocios de la Universidad de Michigan y uno de los académicos más prestigiosos en el campo de la investigación cuantitativa sobre los patrones estructurales de formación de capital social,1ha confesado que, a lo largo de sus numerosas charlas y seminarios sobre técnicas de análisis de redes sociales y estrategias de acumulación de capital social, impartidas a una amplia variedad de audiencias académicas y empresariales, ha descubierto que el carácter éticamente cuestionable del «management de relaciones» es una de las preocupaciones que con mayor frecuencia asalta a sus oyentes (Baker, 2001: 19; véase también Scheler, 2002). Baker expone el caso de una de las alumnas de sus seminarios, ejecutiva de una empresa, a la que, tras un diagnóstico del perfil tipo de su red social en el que se destacaba el exiguo tamaño de su núcleo central de relaciones y la extrema similaridad de sus componentes, propuso desarrollar una estrategia orientada a alcanzar un mayor grado de diversidad en sus contactos personales. Para ello, el consultor le recomendaba incluir nuevas personas en su red, y a la vez suprimir algunos de los vínculos existentes. La directiva desechó airadamente el consejo con el siguiente argumento: «No me gusta pensar que puedo añadir o quitar personas de mi red. No es ético tratar a las personas como cosas que uno puede añadir y sustraer» (ídem 20). La acusación de inmoralidad, oportunismo o sordidez que suele formularse contra quienes se aplican de forma explícita a configurar una cartera óptimamente diversificada de relaciones sociales, es la puerta de entrada de la investigación social al fundamental terreno de la filosofía política —el reino de la justicia. De esta apertura del paradigma de las redes sociales se ocupa este trabajo. 192 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo 1. Baker, que obtuvo su doctorado por la Universidad de Northwestern a principios de la década de 1980 con una tesis sobre la morfología de las redes sociales de los traders que operaban en el mercado de futuros de Chicago, ha sido durante muchos años profesor asociado en el Departamento de Sociología de la Universidad de Chicago (Convert y Heilbron, 1999: 11). En la actualidad ocupa la cátedra de conducta organizacional y gestión de recursos humanos en la Escuela de Negocios de la Universidad de Michigan. 1. La ciencia social en una sociedad desencantada (I): el análisis económico de los mercados de red Dado el carácter de «avalancha» (todo o nada) característico de la competencia entre «tecnologías de red», como los aparatos de vídeo o los ordenadores personales, ensamblajes de productos complementarios de software y hardware cuya utilidad para el usuario individual depende de manera crucial del número de usuarios ya existentes, la batalla por «tomar la delantera» obteniendo ligeras ventajas iniciales, bien en términos de conocimiento por los usuarios, bien en forma de base física efectivamente instalada es, junto con la estrategia de I+D, el factor determinante de la estructura social de nuestros modernos mercados de información y entretenimiento. La aceptación de la existencia de mecanismos de retroalimentación positiva en el proceso de coordinación entre los consumidores y de la preeminencia causal que posee la ocurrencia de accidentes o errores aleatorios en los momentos iniciales de una dinámica de competencia económica, ha permitido a la microeconomía contemporánea explicar el carácter estable a largo plazo de equilibrios económicos «subóptimos» en la forma de un proceso de «atrapamiento histórico» (lock-in). El cuerpo de evidencia más conocido —y disputado (Liebowitz y Margolis, 1990)— en favor de la teoría económica del atrapamiento histórico accidental de estándares tecnológicos subóptimos en mercados de red es un estudio de caso sobre la historia del teclado de las máquinas de escribir. La historia del teclado QWERTY (David, 1986) ha sido el germen de una insurgente microeconomía de la organización industrial centrada en el problema de las externalidades de red y la competencia entre sistemas y estándares tecnológicos (Katz y Shapiro, 1994). En general, desde el trabajo clásico de Ronald Coase (1960) sobre el problema del coste social, el análisis económico de los derechos de propiedad define como «efectos externos» o «externalidades» aquellos fenómenos de asignación y redistribución de la riqueza económica que, como consecuencia de la existencia de «costos de transacción» (v. g. los costos en tiempo y recursos de llegar a un acuerdo entre las partes) demasiado altos, no pueden ser capturados dentro del sistema de contratos legales y el mecanismo de formación de precios. Este análisis distingue a su vez entre externalidades negativas (costos económicos soportados por personas no implicadas en su generación) y externalidades positivas (beneficios económicos apropiados por personas no implicadas en su generación). El ejemplo típico de externalidades económicas positivas es la difusión de las innovaciones tecnológicas. Para las externalidades negativas el ejemplo clásico es el del deterioro medioambiental producido por los procesos organizados de producción industrial. Desde este mismo punto de vista, los sistemas legales de registro y protección de patentes y las modernas leyes de protección medioambiental con su aparato de sanciones económicas («quien contamina paga») son, respectivamente, invenciones sociales destinadas a «internalizar» en parte estos dos tipos de externalidades, esto es, a hacer que quienes contaminan y quienes «copian» ilegalmente soporten de algún Conectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 193 modo los costes sociales implicados en la limpieza medioambiental (mediante el pago de multas) y los costes privados implicados en el I+D empresarial (mediante el pago de cánones o regalías). Los economistas denominan «mercados de red» (network markets) a aquellos mercados en los que los consumidores desean comprar productos compatibles con aquéllos que compran los demás. Al determinar en parte las estrategias competitivas perseguidas por las empresas, la complementariedad entre productos y la interconexión entre consumidores hace que los mercados de red posean un comportamiento singular. En primer lugar, el juego de la competencia en estos mercados suele arrojar resultados del tipo «el ganador se lo lleva todo» (winner takes all): la coexistencia pacífica entre productos incompatibles suele ser inestable y resolverse con un estándar ganador único que «barre» el mercado. En segundo lugar, en los mercados de red no es sólo el volumen actual de ventas o el fondo de ventas acumuladas el factor que permite determinar quien será el ganador. El factor crucial son más bien las expectativas de los consumidores sobre el tamaño final que alcanzará una red. Los compradores que se unen a lo que acabará siendo la red perdedora deberán o bien cambiarse, que puede ser muy costoso, o bien contentarse a sí mismos con unos beneficios menores en términos de «externalidades de red» (network externalities) positivas que los que disfrutan los que se unieron a la red ganadora. Dado que las decisiones de los compradores están en este caso fuertemente influidas por sus predicciones de las ventas futuras, son grandes las recompensas que se derivan del trabajo orientado a influir sobre esas expectativas. En estas circunstancias, la victoria empresarial no cae necesariamente del lado del mejor producto o del más barato: un producto inferior puede ser capaz de derrotar a uno superior si existe una expectativa generalizada de que así sea. Una última característica de los mercados de red es que «la historia importa» (David, 1986). Mientras que en otros tipos de mercados los resultados de asignación finales pueden en general ser explicados independientemente de la trayectoria anterior del sistema por el estado actual de las preferencias de los consumidores y las tecnologías de producción, los equilibrios en los mercados de red no pueden entenderse sin conocer el patrón secuencial de decisiones de adopción tecnológica que tuvieron lugar a lo largo de períodos anteriores. Según esta lógica de funcionamiento propiamente «histérica», y considerando que los compradores prefieren disfrutar del máximo grado de compatibilidad con la base de productos ya instalada, sucede en muchos casos que productos «mejores» que arriban al mercado más tarde son incapaces de desplazar a estándares «peores» pero más madrugadores. El mejor exponente del estado actual de las aplicaciones de este cuerpo de conocimientos expertos en el mundo de la gestión empresarial es un libro publicado originalmente en 1999, El dominio de la información: Una guía estratégica para la economía de la red, obra de dos catedráticos de microeconomía aplicada de la Universidad de Berkeley (Varian y Shapiro, 2000). La obra establece una serie de conexiones novedosas entre los principios teóricos del análisis económico de la información y la abundante casuística disponible sobre las 194 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo estrategias de gestión de las empresas «punto.com»: diferenciación de precios y calidades, atrapamiento de proveedores mediante contratos de exclusividad, promoción de estándares y defensa agresiva de los derechos de propiedad intelectual (patentes y derechos de autor), aprovechamiento de economías de escala y complementariedades entre productos (soporte / contenido), fidelización mediante descuentos u ofertas de lanzamiento, subvención de costes a los clientes con más visión de futuro o mejor «posicionados» —un teórico de redes diría «con un índice de centralidad más alto»— en el mercado, manipulación de la duración del ciclo de vida de los productos y de los costes de búsqueda de los consumidores, etc. Si bien, como reconocen los autores, en realidad «ninguna de estas estrategias [de gestión empresarial] es completamente nueva» lo cierto es que al ser especialmente aptas para la explotación de productos con elevados costes fijos de desarrollo y amplios márgenes de beneficio, son «especificamente adecuadas» para el caso de los productos y servicios altamente ricos en información (Varian y Shapiro, 2000: 147). En el capítulo 6 del libro, titulado «Gestionar el lock-in», los autores analizan las diferentes estrategias de cálculo competitivo que, en el lábil límite fronterizo con la competencia desleal, sirven a las empresas que venden productos informacionalmente ricos en un entorno industrial caracterizado por los efectos externos de la conectividad reticular y la complementariedad software/hardware, para atrapar al mayor número de consumidores posible durante el mayor plazo de tiempo. De entre los diversos modelos de estrategia empresarial tratados en la obra, uno de los más notables, en razón de su ambigüedad legal, es el sistema de tarifación conocido como «de precios de Ramsey», en el que la discriminación de precios es empleada por el monopolista exclusivamente como medio para recuperar los costes fijos de desarrollo o «costes de la primera copia». La lógica de los precios de Ramsey intersecta en muchos casos con otra lógica más perversa, reconocida en algunos casos como abiertamente ilegal: la de los llamados «precios depredadores» (predatory prices), según la cual un monopolista vende de forma transitoria a precios por debajo de sus costes con el objetivo de eliminar a la competencia y cosechar más tarde rentas de monopolio (véase más abajo). El capítulo 9, titulado «Como librar una batalla de estándares», es particularmente interesante desde el punto de vista de la apertura moral del cálculo mercantil en el ambiente explícitamente probabilista de un mundo conéctico. Las empresas que compiten en los mercados de información pugnan entre sí para promover sus propias y especiales rutinas de producción y formatos de producto al estatus de «estándares industriales de facto». Para conseguir tal propósito, despliegan todo el arsenal conocido de estrategias y tácticas de actuación en un contexto de «batalla de estándares» (Besen y Farrell, 1994). Desde los preanuncios de lanzamiento hasta la concesión gratuita de licencias de uso, la firma de acuerdos de exclusividad con los principales proveedores, la integración vertical de esos mismos proveedores o la esponsorización de «tecnologías puente» para adaptar entre sí diferentes sistemas propietarios, el resultado a largo plazo de las estrategias competitivas puestas en marcha tanto por las corConectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 195 poraciones tradicionalmente dominantes como por los recién llegados al negocio para adaptarse a la combinación de estrechamiento y proliferación de nuevos mercados a la vez más segmentados y más interconectados, tiende preferentemente a la homogeneización más que a la diversidad. 2. La ciencia social en una sociedad desencantada (II): el análisis de redes sociales También la academia sociológica se ha lanzado a enmendarles la plana a los modelos microeconómicos clásicos de mercados perfectamente competitivos con precios de equilibrio eficientes, identificando y cuantificando una serie de nuevas variables independientes de naturaleza estructural y cultural. Uno de los factores «socioeconómicos» más publicitados por estas investigaciones han sido los recursos de capital social poseídos por los competidores en un sistema de mercado. La sociología estructural de los mercados intenta de este modo hacer operativa, traduciéndola a conceptos analíticos bien delimitados, susceptibles de formalización matemática y medición estadística, la conocida concepción del «empotramiento social» (social embededdnes) de las actividades de producción e intercambio económico desarrollada por Karl Polanyi como parcela de su teoría general de los modos históricos de institucionalización social de actividad económica (Polanyi, 1976). El trabajo pionero en este campo es un artículo ya clásico de Harrison C. White, profesor de la Universidad de Columbia, publicado en 1980 en el American Journal of Sociology, «Where Do Markets Come From?» [«¿De donde vienen los mercados?»] (White, 1980). En este trabajo, White elabora un modelo de redes sociales para describir un fenómeno bien conocido por los gestores empresariales que tratan de hacer negocio en los mercados industriales: cuando la información material disponible sobre las expectativas de precios y calidades de los productos de la competencia es demasiado ambigua o incierta, la dinámica de mercado puede ser modelizada con bastante precisión en la forma de un proceso imitativo en el que cada uno actúa como ve actuar a los demás. Más específicamente, los agentes en este contexto emplean su conocimiento «indígena» de la estructura social de la competencia mercantil a nivel local (alianzas formales, acuerdos informales, proyectos de colaboración o conexiones personales entre miembros de distintos consejos de administración [interlocked directoriates] de las que se tiene conocimiento) como la mejor aproximación posible a la información económica relevante sobre «lo que los demás tienen pensado hacer». (Véase Bourdieu, 2003: 256) Sobre la base del trabajo de White, una serie de investigaciones posteriores han ofrecido explicaciones «racionales», en términos de «inteligencia social» de los actores económicos, de algunas de las más flagrantes anomalías competitivas observadas por la teoría económica en el comportamiento real de los mercados modernos. En uno de los ejemplos más logrados de este programa investigador, Joel Podolny, profesor de sociología de la Escuela de Administración de Empresas de la Universidad de Stanford, ha descrito un mecanis196 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo mo estructural capaz de dar cuenta del origen de la férrea estructura jerárquica del mercado de suscripciones bancarias de nuevas emisiones de títulos de la deuda pública estadounidense. Podolny (1993) emplea una variante del modelo del coste de señalización cualitativa en mercados con información imperfecta desarrollado por el economista Michael Spence, profesor de la Universidad de Harvard y Premio Nobel de Economía de 2001, en la que se incluye una medida indicativa del estatus social de una empresa como «proxy» de la variable «reputación empresarial». Regresionando diferentes indicadores de estatus, como las veces que un banco de inversiones aparece como «primer asegurador» en anuncios públicos de suscripción sindicada de valores durante los últimos diez años o el número de artículos que se le han dedicado en The Wall Street Journal, sobre diferentes índices de poder de mercado, como la capitalización bursátil, el volumen de facturación o los beneficios antes de impuestos durante el mismo período, el autor valida la hipótesis siguiente: la magnitud de recursos invertidos por los bancos en el cuidado de su reputación social explica la segmentación del mercado sobre la base de signos de distinción cualitativa con un alto coste de producción. Un segundo tipo de aproximación socioestructural al comportamiento estratégico de las empresas en un entorno de competencia imperfecta, parte de la idea de que las redes sociales, además de como mecanismos de imitación que permiten reemplazar una información ausente o poco fiable, pueden funcionar también como mecanismos alternos de «clausura» (closure) e «intermediación» (brokerage) que actúan en origen sobre el propio flujo de información mercantil y en destino sobre los usos de esa información en los procesos de toma de decisiones. Este enfoque considera que, supuesto un determinado coste temporal de la comunicación del que deriva el carácter no simultáneo del acceso a la información por parte de diferentes individuos o empresas, los costes de búsqueda y los beneficios de anticipación que suelen obtener quienes disfrutan de un acceso temprano a la información pueden ser calculados a partir de un conocimiento de la morfología reticular de los grupos sociales entre los cuales circula ésta. Este método de análisis es el más empleado por los trabajos de investigación que versan sobre el diseño de estrategias eficientes de gestión empresarial del capital social. Su variedad más conocida y de más impacto en la práctica de los administradores empresariales es la teoría de los «agujeros estructurales» (structural holes) desarrollada por Ronald S. Burt, profesor de estrategia empresarial en la Escuela de Negocios de la Universidad de Chicago. Definido en términos simples, un agujero estructural es aquella configuración reticular en la cual una persona está vinculada con otras dos personas, las cuales no están directamente conectadas entre sí.2El potencial benéfico o 2. «La participación en y el control de la difusión de información es el fenómeno subyacente al argumento de la acumulación de capital social bajo la forma de agujeros estructurales. Este argumento describe el capital social como una función de oportunidades de intermediación, y se apoya sobre conceptos de redes que surgieron en la literatura sociológica duranConectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 197 «de negocio» que contiene esta situación puede ilustrarse con el siguiente ejemplo (adaptado de Baker, 2001: 11): 1. Al entrar en tu empresa actual estuviste destinado en el departamento de producción y conociste a Carlos, que todavía sigue trabajando allí. 2. Antes de entrar en esta empresa, estuviste una corta temporada de prácticas en una empresa de trabajo temporal donde conociste a Pili, que ahora casualmente trabaja en el departamento comercial de la misma empresa donde trabajáis tú y Carlos. 3. Carlos y Pili no se conocen entre sí, de hecho ni siquiera tienen constancia de que el otro existe. 4. En un momento dado te enteras de que Pili está buscando información sobre las necesidades de un nuevo cliente. 5. Tú sabes que, antes de entrar en la empresa, Carlos estuvo trabajando para el cliente con el que ahora está negociando Pili. 6. Si pones en contacto a Pili con Carlos para que éste le cuente lo que sabe de ese cliente, lo que estás haciendo es «tapar» un agujero estructural y, de hecho, proporcionar valor añadido al proceso productivo de tu empresa. Un interesante caso de estudio sobre las tendencias actuales en el dominio de las prácticas de gestión empresarial inspiradas en la teoría reticular del capital social nos lo proporcionan los documentos de trabajo sobre estrategias de gestión del capital social accesibles a través de la página web de la empresa Humax Corporation, especializada en el diagnóstico y la estrategia de redes sociales (www.humaxnetworks.com). (Esta consultora de gestión empresarial fue fundada por el sociólogo Wayne Baker, uno de los investigadores más prestigiosos en el campo de las redes sociales (véase supra la n. 1.) En su calidad de consejero delegado de Humax Corp., Baker ha planteado una estrategia de negocio que, a grandes rasgos, consiste en desarrollar herramientas originales de gestión empresarial sobre la base del cuerpo de investigación básica acumulado a lo largo de los últimos veinte años en el campo de la teoría y la empiria del análisis de redes sociales. 3 198 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo te la década de 1970; sobre todo en el modelo de Granovetter (1973) de la fortaleza de los vínculos débiles, el modelo de centralidad intersticial (betweenness centrality) de Freeman (1977), el argumento de Cook y Emerson (1978) sobre los beneficios de poseer un patrón exclusivo de intercambios, y la proposición de Burt (1980) sobre la autonomía estructural creada por las redes complejas. De manera más general, el argumento de los agujeros estructurales mezcla las ideas sociológicas elaboradas por Simmel (1955 [1922]) y Merton (1968 [1957]) sobre la autonomía generada mediante afiliaciones en conflicto, con las ideas económicas tradicionales sobre el poder monopolístico y oligopolístico para producir modelos reticulares de la ventaja competitiva» (Burt, 2000: 8-9). 3. Véase la siguiente formulación sintética del proyecto empresarial de Humax: «Un creciente cuerpo de investigación muestra que el éxito en los negocios depende de la competencia técnica y de la capacidad para construir redes de relaciones sólidas. No basta con sobresalir En un breve documento de trabajo, titulado «Networking: Folklore Versus Fact» [Reticular: mitos y realidades], Baker ofrece una contraposición entre las concepciones económicas al uso sobre las fuentes del éxito empresarial (capacidades técnicas, formación) y un conjunto de «hechos probados» de la investigación sociológica sobre las virtudes del capital social como motor de la competitividad en los negocios (Baker, 2000a). A saber: los directivos que poseen redes sociales bien diversificadas ascienden más rápidamente y a edades más tempranas, las personas que buscan empleo a través de contactos personales encuentran trabajos más satisfactorios y mejor remunerados, y los líderes que han de competir en entornos novedosos se desenvuelven mejor cuando poseen una base sólida de relaciones sociales. Los servicios de consultoría ofrecidos por Humax se concretan en un conjunto de instrumentos algorítmicos para el diagnóstico de redes, que incluyen técnicas de mapas de visualización, análisis de perfil y fórmulas de estrategia orientadas a la maximización del capital social contenido en una red personal. El principio de análisis formal que subyace en el diseño de las herramientas de gestión del capital social comercializadas por Humax es la teoría de los agujeros estructurales desarrollada por Ronald Burt para operacionalizar la hipótesis del capital social y obtener medidas aproximadas del volumen de recursos explotables que se acumula en pequeñas provincias locales de una red social como consecuencia de una determinada configuración morfológica a escala global. Los conceptos formales básicos de la teoría de los agujeros estructurales son traducidos por Humax Corp. al lenguaje directamente pragmático y utilitarista de la gestión organizacional y la estrategia empresarial. En un texto titulado «Cómo hacer los amigos adecuados dentro de tu empresa», Baker (2000b) presenta un decálogo de las reglas de oro del «reticulador inteligente», entre las que se incluyen las siguientes máximas: — Haz una lista de las relaciones —fuertes y débiles— que posees actualmente dentro de tu empresa. — Evalúa el grado de diversificación de tu red entre vínculos fuertes y débiles, y entre vínculos ocasionales y relaciones estables a largo plazo. — Lo más importante es identificar las carencias de tu red: ¿cuáles son sus puntos de fisura críticos? ¿Qué relaciones te haría falta tener para conseguir la información o los recursos que necesitas para llevar a cabo tu tarea? Conectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 199 en la parte técnica de nuestro trabajo. Debemos además sobresalir en el arte y la ciencia de la reticulación [networking] [...] Las competencias necesarias para construirse una buena red de relaciones pueden ser aprendidas por cualquier persona. Lo que usted necesita es disponer de información novedosa sobre la importancia y el poder de las relaciones sociales y asesoramiento específico sobre cómo utilizar esta información en la práctica. A lo largo de los últimos quince años he trabajo en un área de investigación sociológica conocida como “análisis de redes”. Junto con otros muchos investigadores, hemos llevado a cabo importantes hallazgos científicos sobre cómo construir redes de relaciones eficientes, pero hasta ahora este cuerpo de investigaciones había sido mantenido en secreto [sic] dentro del mundo de los negocios» (Baker, 2000a: 1, 3). contiene una amplia dosis de conceptos y algoritmos de equilibrio estratégico elaborados por la segunda (juegos con información imperfecta) y la tercera (juegos dinámicos evolutivos) generaciones de investigaciones sobre la aplicación de la teoría matemática de los juegos al estudio de la competencia económica. A mediados de la década de 1980, los últimos avances técnicos de la teoría de los juegos de competencia económica habían empezado ya a emplearse para fundamentar de forma objetiva algunos viejos argumentos legales en materia de defensa de la competencia. Uno de los precedentes más señalados en el establecimiento de esta tendencia fue la sentencia de la Corte Suprema de los Estados Unidos en el caso de Eastman Kodak Co. vs. Image Technical Services (1992). Kodak fue acusada de monopolizar el mercado de los servicios posventa de sus propias fotocopiadoras. Inicialmente, un tribunal de primera instancia decidió en favor del demandado arguyendo que, puesto que su cuota de mercado en las ventas de nuevas fotocopiadoras sólo llegaba al 20 %, era irracional para la propia empresa imponer restricciones en los servicios posventa a los propietarios de su base instalada. En su revisión de la sentencia, la Corte Federal de Apelaciones resolvería posteriormente devolver el caso al tribunal de instancia para un nuevo examen. En la última ronda de apelaciones, la Corte Suprema revirtió la decisión condenando a Kodak. Los fundamentos jurídicos de la sentencia de la Corte Suprema integraban en su núcleo central una teoría extendida del poder de mercado apoyada sobre las nociones económicas no clásicas de «información asimétrica» y «atrapamiento de fase» (phase lock-in). En concreto, la sentencia hacía uso de un abstruso tecnicismo microeconómico, el concepto de «oportunismo de base instalada», para demostrar que ciertas estrategias aparentemente irracionales en el mercado de servicios complementarios de asistencia técnica pueden ser consideradas perfectamente racionales cuando se las evalúa desde el punto de vista de una estrategia más general orientada a hacerse con una masa crítica de clientes cautivos que permita barrer el mercado en un futuro próximo.12 Pero no ha sido hasta bien avanzada la década de 1990 cuando la doctrina antitrust de los tribunales estadounidenses ha sufrido la irrupción en masa de los nuevos modelos económicos de información imperfecta y estrategias evolutivamente estables (Foster y Young, 1990). Esta penúltima ofensiva con206 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo 12. Una pregunta pertinente que cabría formular contra este argumento sería la siguiente: ¿cómo de próximo ha de ser ese futuro para que la estrategia de manipulación del mercado pueda calificarse como racional y no como descabellada? En el caso Matsushita Electric Industrial Co. v. Zenith Radio Corp (1986), la Corte Suprema estadounidense. argumentó que un monopolista que emplee precios depredadores tiene pocas probabilidades de sostener su monopolio en el futuro durante el tiempo necesario para recuperar las pérdidas incurridas al vender en el presente por debajo de sus costos. En términos analíticos, en efecto, la estimación precisa de los parámetros cronológicos que deslindan el corto del medio y el largo plazo en el análisis del sostenimiento de una determinada fórmula de fijación de precios es un elemento de prueba crucial, aunque en modo alguno definitivo, para establecer la factibilidad del ilícito en este tipo de estrategias empresariales orientadas a influir sobre las expectativas de los consumidores. ceptual del análisis económico sobre la hermenéutica legal ha permitido dar carta de naturaleza a las controvertidas realidades empíricas que se esconden tras algunos calificativos, como «disuasorio» (así «barreras de entrada disuasorias»), «creíble» («amenazas creíbles» o «compromisos creíbles») o «depredador» —cuando se habla de «precios depredadores»— que nunca habían gozado de excesivo predicamento entre los juristas. La ponderación legal de tecnicismos adjetivos de tan amplio espectro empírico ha estado de este modo sujeta en los últimos años a los vaivenes académicos (bastante caprichosos en sí mismos)13 de la corriente central de la teoría microeconómica de la organización industrial. Mientras que, a lo largo de la década de 1980 y hasta la primera mitad de la de 1990, conceptos teóricos como el de «costos variables medios», acuñado por los autores de la Nueva Escuela de Chicago en los años sesenta, permitieron justificar decisiones judiciales que negaban la factibilidad de los precios depredadores, considerándolos una estrategia irracional o directamente suicida desde el punto de vista de un monopolista (Posner, 1998: 290-294), con el ascenso académico del enfoque de teoría de juegos como núcleo duro de la teoría de la competencia imperfecta, las autoridades anti-trust de los Estadus Unidos volvieron a declarar admisible el argumento de que la estrategia (ilegal) de precios depredadores tiene sentido en un contexto de información imperfecta y costes de señalización cualitativa.14 4. Azar, persona y responsabilidad: un triángulo complicado Mientras que los economistas matemáticos no han solido mostrar grandes veleidades epistemológicas en la justificación de sus programas de investigación, no puede decirse lo mismo de los sociólogos matemáticos. Valiéndose de un argumento de corte historicista, los fundadores del programa de investigaciones sobre análisis matemático de redes sociales a principios de la década de 1970, lo definieron como el tipo de análisis científico que mejor se adecuaba al estudio de sociedades abiertas donde la más pura casualidad es uno de los componentes constitutivos de la estructura social. «Disponemos de una lista creciente de pruebas empíricas relativas a los efectos y a la frecuencia de los “accidentes” o de los “azares” en el funcionamiento efectivo de las sociedades», escribían Harrison White, Scott Boorman y Ronald Breiger en uno de los artíConectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 207 13. Véase MIROWSKI (2002) para una prolija reconstrucción histórica de las trayectorias tecnológicas heterogéneas que han confluido en la conformación del análisis económico contemporáneo como ejemplo modélico de «ciencia cibórica». 14. Si bien con importantes matices técnicos —no exentos de ambigüedad en cuanto a su contrastación empírica (cf. supra la n. 12)— como el requisito, subrayado por KOVACIC y SHAPIRO (2000: 55), de que los potenciales nuevos entrantes en el mercado «deben poseer una memoria suficientemente larga» (mi énfasis) de la historia de «amenazas creíbles» (en forma de ventas por debajo de sus costes de producción) hechas en el pasado por el monopolista para desanimar los intentos de entrada de nuevos competidores. culos más influyentes de este programa (White, Boorman y Breiger, 1976: 733). Con el tiempo, la justificación historicista fue dejando paso a otra de tipo naturalista o «antropológico» que esgrimía la eficacia del análisis de redes sociales como la forma más natural de estudiar los mecanismos conexionistas y los procesos de «emergencia estructural» que están en el origen de agregados sociales característicos de muy diferentes épocas y culturas.15 A principios de la década de 1990, el profesor Harrison C. White, pionero y uno de los máximos exponentes del análisis de redes sociales, publicó una extraña (por altamente idiosincrásica) y en su momento no muy influyente obra titulada Identity and Control. A Structural Theory of Social Action [Identidad y control. Una teoría estructural de la acción social] (White, 1992). En esta obra, White se imponía la hercúlea tarea de codificar un sistema de categorías conceptuales y fenomenológicas fundamentales para conferir sentido epistemológico al sofisticado aparataje metodológico y tecnológico con el que han hecho fortuna los investigadores de las redes sociales. «Los dos conceptos básicos de esta teoría son la identidad y el control, la primera se desencadena en forma de proyectos para conseguir el segundo por la acción de contingencias que conectan el mundo físico con el mundo social» (White, 1992: 16). El sistema teórico de White se ofrece, al mismo tiempo, como una herramienta particularmente adecuada para la descripción formal de buena parte de las novedades organizacionales más importantes producidas por la fábrica social contemporánea, tal como han sido identificadas por otras variedades de sociología empírica (e. g. nuevos patrones de organización productiva y administrativa empresarial, nuevos modelos de acción colectiva o de intervención estatal, nuevas formas de construcción de identidades personales y de formación de vínculos fiduciarios). Resumo brevemente a continuación los principios teóricos básicos sobre los que se erige este modelo eminentemente pos-estructuralista del orden social. En el nivel estático, el análisis de las estructuras que propone White apuesta decididamente por la utilidad metodológica del principio minimalista de la invarianza de escala o simetría fractal, traducida aquí como ‘autosimilaridad’ entre diferentes niveles de agregación estadística de un mismo fenómeno sociológico.16 En segundo lugar, el estudio dinámico de los procesos sociales se cen208 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo 15. BOLTANSKI y CHIAPELLO (1999: 229-230) han señalado que, mientras que el enfoque historicista puede ser criticado por su carácter ad hoc, por tanto, por una falta de consistencia antropológica u ontológica, el problema epistemológico que plantea el enfoque naturalista es el de la inconsistencia entre las categorías del analista y las categorías de los actores. 16. El propio Benoît Mandelbrot, el polimatemático que convirtió un conjunto de divertimentos y curiosidades matemáticas en el sistema de la «geometría fractal», ha reconocido su deuda con un comentario que le fue formulado por White, en el contexto de un seminario sobre econometría impartido por el primero en la Universidad de Harvard en el curso 196263, sobre la necesidad de enfatizar la diferencia entre el principio fractal de las simetrías de escala, de origen específicamente científico-social, y los criterios de invarianza al uso en aquel momento en el campo de la física, como el principio de relatividad (Mandelbrot, 1997: 103). tra en el grado de flexibilidad que permite a la acción social intencional el juego de las categorías embedding-decoupling (‘incorporación-desincorporación’) (White, 1992: 17). El análisis categorial de la dinámica de las redes sociales gira de este modo en torno a la potencia creadora del concepto central de contingencia. La contingencia, esto es, la casualidad considerada como realidad objetiva e ineludible, es la pieza que articula la estática comparada de las autosemejanzas escalares de la organización social con la dinámica de «proyectos de control» sucesivamente emprendidos por las «identidades» para descubrirse, estabilizarse y extenderse. La de contingenciaes, pues, en este sistema teórico, una categoría ontológica: el puente de unión entre el espacio-tiempo del entorno biofísico y el espaciotiempo autónomo del mundo de la organización social. «Los proyectos de control son respuestas que dan las identidades a las contingencias estocásticas interminables a las que deben añadirse otros proyectos de control.» (Ídem: 9). El mundo del trabajo, que ofrece la principal superficie de contacto entre la frontera del mundo social y la del mundo físico, es considerado por White la principal fuente de aporte de contingencias o indeterminaciones biofísicas, necesarias para el detonamiento del cambio social (ídem, 111). Esta teoría estocástica del control y la identidad social alcanza una de sus cotas más radicalmente posmodernas en el trabajo de desconstrucción fenomenológica que lleva a cabo de forma específica sobre el concepto humanista clásico de persona. Tradicionalmente considerada como «precondición límite» para la construcción teórica de las ciencias sociales, la persona ha pasado en manos de los teóricos de las redes sociales a convertirse en un mero concepto teórico-social de rango medio. En efecto, a diferencia de la gran mayoría de los modelos explicativos disponibles actualmente en el campo de la investigación social, donde la existencia de la persona en tanto que «átomo incuestionado» se da por supuesta, White no concibe una ciencia social plenamente desarrollada que no asimile la persona como «una encarnación particular de una clase de actores socialmente construidos, y no la única clase» (ídem 196). Y desde este punto de vista, su existencia real es algo que «debe ser explicado». Pero para una teoría del orden social que se define a la vez como relacional y estocástica, la explicación de todo hecho social implica «que deben ser especificados aquellos contextos de análisis en los que [tal hecho] puede, podrá o no podrá ser introducido» (White, 1992: 196). El nuevo concepto de persona al que apunta este método de razonamiento es consistente con un modelo de ciencias sociales y cognitivas que acepta todas las implicaciones del catecismo antisubstancialista e indeterminista de la matemática, la física y la biología de finales del siglo XX:17 «Las personas alcanzan el ser y vienen a formarse como solapamientos entre identidades adscritas a diferentes poblaciones de redes.» (ídem) Conectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 209 17. Para un desarrollo en profundidad del modelo «conexionista» de «yo fragmentado» o «persona sin yo» que se ha convertido en el paradigma dominante de las ciencias cognitivas durante la última década, cf. Varela, Thompson y Rosch (1992: parte tercera). Crecientemente confrontadas con discursos públicos que tratan sobre las identidades personales como subproductos que surgen de los desfases entre los proyectos de control disciplinario y las contingencias contextuales «que recorren las historias de las redes y sus ecologías poblacionales» (ídem 197), las categorías estatutarias heredadas del derecho civil y penal clásico («responsable directo», «responsable subsidiario», «autor material», «coautor», etc.) basadas en una concepción substancialista de la «persona jurídica», han dejado de ofrecer apoyos estables para la formación del juicio concreto, convirtiéndose ellas mismas en convenciones problemáticas, susceptibles de ser relativizadas como «entidades emergentes, contingentes y contextualizadas». Objeto, por tanto, al igual que los entes empíricos sobre los que juzgan, de disputa continua sobre los límites de sus «dimensiones propias». Bien es verdad que tampoco la técnica matemática —ya sea en sus modalidades algorítmicas clásicas o en aquéllas de carácter complejo y no lineal— se ha mostrado capaz de resolver las aporías legales y morales que plantea la doble naturaleza, mercantil y política, de la información en tanto que hecho social material (Boyle, 1996: 29). Y ello porque el análisis formal de la naturaleza de la información en tanto que mercancía comerciable incurre de forma inevitable en las conocidas paradojas epistémicas con las que habían topado anteriormente tanto el análisis lógico-matemático, que intentaba penetrar en el contenido informacional de «secretos perfectamente guardados» (Caballero, 1996: 14-22), como el análisis físico-ingenieril, que intentaba precisar el contenido energético de la información perfectamente comunicable (Landauer, 1991). La microeconomía moderna no ha hecho sino traducir parcialmente estos resultados límite, casi metafísicos, de la exploración científica básica sobre los límites fundamentales del mundo formalmente inteligible, al lenguaje específico de la competencia mercantil imperfecta en presencia de asimetrías de información (Akerlof, 1987): el licitador sólo puede conocer el valor económico real de la mercancía por la que puja una vez que tiene acceso a ella, pero si el vendedor le da acceso gratuito a ella para fines de inspección perderá de golpe todo el valor económico que le había asignado inicialmente a su mercancía (David y Dasgupta, 1994: 496). De suerte que, enfrentados a la extraña fenomenología aleatoria de proyectos de acción flexibles, gestionados casi en tiempo real, orientados al futuro aunque con horizontes temporales de muy corto plazo, y coordinados de manera distribuida a través de redes locales radicalmente opacas a los análisis de tipo global, las construcciones morales clásicas del derecho penal y civil, donde las categorías matrices de «causalidad», «imputabilidad» y «responsabilidad» se apoyan cada vez más frágilmente en pruebas de fiabilidad estadística,18 210 Papers 68, 2002 Javier Izquierdo 18. En otro trabajo (IZQUIERDO, 2002b) he intentado verificar esta hipótesis para un caso de estudio particular: el del «auge y caída» de un sofisticado tipo de estrategias de negociación bursátil (las denominadas «operaciones de valor relativo») que alcanzaron gran éxito en la industria global de derivados financieros a mediados de la década de 1990. afrontan en el momento actual serios problema de legitimidad. En este sentido, cabe reseñar finalmente la propuesta de los sociólogos franceses Luc Boltanski y Eve Chiapello, quienes, en una importante obra titulada El nuevo espíritu del capitalismo (vid. Izquierdo, 2002c para un estudio crítico de la misma), han sostenido que el distintivo estilo posgarantista que transpiran una serie de líneas recientes de innovación procedimental en diferentes ámbitos de regulación legal19 podría ser la punta de lanza del proceso de conformación futura de un nuevo régimen de «justicia conexionista» que trataría de «conferir a las redes un estatuto legal con el fin de limitar las posibilidades de oportunismo y de explotación conexionista que se observan actualmente, pero sin volver a imponer formas jurídicas rígidas que las harían inoperantes porque no captarían la especificidad de las nuevas configuraciones» (Boltanski y Chiapello, 1999: 474-75). Conclusión En el capítulo introductorio de un manual práctico sobre estrategias corporativas y personales de gestión de los recursos de capital embebidos en las redes de interacción social, nuestro viejo amigo el sociólogo Wayne Baker exhibe el ya vasto corpus acumulado de investigaciones académicas del análisis de redes sociales como una especie de certificado de «garantía de validez científica» para los servicios de consultoría estrategia que comercializa su empresa, Humax Corp.: Los principios sobre el poder del capital social que estoy a punto de compartir con usted se basan en evidencia dura —hallazgos científicos de estudios cuantitativos llevados a cabo por científicos sociales profesionales (sociólogos, psicólogos, economistas y politólogos). El concepto de capital social posee una larga historia intelectual, y por tanto esta obra práctica reposa sobre bases académicas sólidas. A lo largo de los últimos veinte años, los científicos sociales han documentado ampliamente los beneficios del capital social, tanto para los individuos como para las organizaciones. (Baker, 2001: 10) Conectar, calcular, juzgar Papers 68, 2002 211 19. Entre la causuística de proyectos independientes de «legislación sobre las redes» que mencionan los autores, se incluyen desarrollos tan heterogéneos como la institucionalización del «principio de precaución» en la legislación sanitaria y medioambiental, la formalización de un nuevo «derecho de actividad» en el ámbito laboral, o la propuesta de la llamada «tasa Tobin», un impuesto sobre las operaciones en los mercados internacionales de divisas, si bien en este último caso, el de los mercados financieros internacionales, la evolución general de las formas de regulación pública de la actividad privada discurre en realidad por otros derroteros muy distintos. Como he tratado de mostrar en otro sitio (Izquierdo, 2002a) el régimen internacional de prevención de riesgos de origen tecnológico en la industria global de servicios avanzados de intermediación financiera se decantó, a mediados de la década de 1990, por un modelo de autorregulación mercantil basado en la hipótesis de que la libre competencia entre sistemas propietarios de gestión de riesgos constituye la forma de precaución global más eficiente en un contexto de incertidumbre científica sobre efectos irreversibles a largo plazo. Imaginadas como soluciones científicas provisionales a uno de los enigmas más ancestrales del orden social (el de cómo es posible coordinar de un modo descentralizado la acción autónoma de una masa crítica de individuos), las aplicaciones ingenieriles de «algunos de los resultados cuantitativos más robustos» establecidos por el programa de investigaciones académicas sobre la topología y la mecánica estadística de las redes sociales, se han convertido en una fuente inagotable de nuevos problemas de orden público: desde nuevas formas «materiales» de manipulación de relaciones personales, hasta una tendencia generalizada a la intensificación tecnológica de las prácticas de competencia desleal y la «flex-plotación», o hasta un creciente uso estratégico de derechos fundamentales antagónicos como los de privacidad y libertad de información (Lessig, 2001). Considero que este hecho es, en cualquier caso, plenamente consistente con la vieja conjetura de Harrison White (1973: 48), según la cual «los sistemas sociales [complejos] se muestran sorprendentemente inmunes a la manipulación deliberada, ya se base ésta en los descubrimientos del analista social o en los que llevan a cabo las personas en su vida cotidiana». Bibliografía AKERLOF, G. (1987). «El mercado de “limones”: incertidumbre en la calidad y el mecanismo de mercado» [1970], Cuadernos económicos de ICE, 36, 37-48. BAKER, W. E. (1984). «The Social Structure of a National Securities Market», American Journal of Sociology, 89, 775-811. — (1990). «Market Networks and Corporate Behavior», American Journal of Sociology, 96, 589-625. — (2000a). Networking: Folklore Versus Fact (accesible en) — (2000b). How to Make the Right Friends inside Your Company (www.humaxnetworks.com) — (2000c). 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