Método como arte
Abstract
Marradi, Alberto
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Estas breves reflexiones surgieron de la constatación, no nueva por cierto, de que al término métodose le atribuyen —como a muchos otros términos— significados muy divergentes, y de la sensación de que ya es tiempo de revisar esta dispersión semántica, y tal vez también de manifestar y justificar alguna preferencia. 1. El término en el lenguaje ordinario Iniciaré esta exploración de los significados del término desde el lenguaje ordinario. Me parece, en efecto, que la tesis —de Bachelard (1934; 1938) y de muchos otros— acerca de la existencia de una separación neta (la coupure épistemologique) entre lenguaje ordinario y lenguaje científico es una de aquellas tesis autogratificantes que los científicos suscriben sin jamás preocuparse de someterla a control empírico. En este párrafo quisiera traer un poco de agua al molino de la tesis contraria, aquélla de la plena continuidad entre lenguaje ordinario y lenguaje científico:dije sólo «un poco», porque las escasas citas que voy a presentar no pueden demostrar casi nada —ni aún acerca del término método. Comenzaré entonces con una breve reseña —obviamente sin pretensiones de exhaustividad— de las acepciones del término que considero propias del lenguaje ordinario y que encontré en obras clásicas de la sociología. Quien tenga a mano un diccionario puede constatar que en esta reseña de trazos clásicos, aunque breve, se encuentra prácticamente toda la gama de acepciones que el término asume en el lenguaje ordinario. Papers 67, 2002 107-127 Método como arte Alberto Marradi Catedrático de Metodología. Universidad de Florencia (Italia) Sumario 1. El término en el lenguaje ordinario 2. Conceptos de método en las reflexiones sobre la ciencia 3. Método, métodos, metodología Método y técnica Metodología (y método) entre gnoseología y técnica Bibliografía
a)Criterio: «Cada sociedad debe tener un método para distribuir entre sus miembros los bienes materiales que produce» (Homans, 1950: 275). b)Forma: «Un noble tiene varios métodos de perder su status:la derrota militar, la venta de su título...» (Sorokin, 1947: 259); «Nada sería considerado más sospechoso que este método para expandir la producción» (Galbraith, 1958: 106). c)Camino (para conseguir un fin): «La fe en una dosis mayor de planificación y nacionalización como método de mejoramiento económico» (Goldthorpe y otros, 1968: 23); «El ideal de igualdad es fuerte, pero no tiene métodos regulados y garantizados para afirmarse» (Cooley, 1909: 14). d)Uso corriente, praxis: «Según el viejo método de pasar de madre a hija las nociones tradicionales de economía doméstica» (Lynd y Lynd, 1929: 157). «Los viejos métodos para inspirar respeto fueron cada vez menos usados» (Collins, 1975: 224); «Se está dejando de lado la erosión social atribuible al método actual de introducir rápidos cambios tecnológicos» (Merton, 1949: 325); e)Procedimiento: «Todos los métodos conocidos de evaluar y calcular el tiempo comportan repeticiones» (Giddens, 1979: 204). f)Técnica: «Los métodos para saciar el hambre y la sed se aprenden con la experiencia y la enseñanza» (Hobhouse, 1906: 2) 2); «A causa de la mejora en los métodos agrícolas la tierra está en condiciones de alimentar una población mayor (Riesman y otros, 1950: 14). g)Artificio, engaño: «Todos los métodos conocidos para deshacer una muchedumbre implican algún método para distraer la atención» (Park y Burgess, 1921: 876-77). El prefijo met- (µετα) denuncia el origen griego de la palabra. Ese prefijo aparece en muchos términos académicos de las lenguas occidentales en sus diferentes significados: como «más allá» en metafísica, metástasis, metalenguaje; como «en lugar de» en metáfora, metatesis, metonimia, metamorfosis, metempsicosis. En combinación con el sustantivo οδος (‘camino’), el prefijo metasumía otro de sus significados principales («con»). El compuesto Μεθοδος significaba, por lo tanto, ‘camino con [el cual]’. Del sustantivo griego por ‘camino’(οδος) el prefijo heredaba el género femenino, que luego transmitió a sus derivados francés y alemán. El significado en el lenguaje ordinario griego clásico (‘sucesión de actos tendentes a conseguir un fin’) quedó fiel a la etimología del término. A la luz de los ejemplos citados en los diccionarios griegos, no parece que el significado filosófico se separase del término ordinario,por ejemplo: es ordinaria la acepción según la cual Platón habla, en el Fedro, del método de Hipócrates y del método de los retóricos. Y la idea de recorrido, de la sucesión de pasos asociada al término, está presente en la difusión, en el griego postclásico, de la expresión —de algún modo redundante— o τροπος τες µετοδου (‘la dirección del camino’). Después de casi veinte siglos, en la definición que da del término la Logique 108 Papers 67, 2002 Alberto Marradi
de Port Royal («ars bene disponendi seriem plurimarum cogitationum»: Arnauld e Nicole, 1662), la idea de una sucesión de pasos sobrevive y se conjuga con la del arte (entendida en el sentido de habilidad). 2. Conceptos de método en las reflexiones sobre la ciencia La acentuación de los aspectos intelectuales en el significado del término se evidencia ya cuando Jean Bodin dedica (1566) una reflexión específica al método de las ciencias histórico-políticas. Primero en la tradición filosófica occidental, Descartes proclama el papel central del método en la actividad intelectual (Discours de la Méthode, 1637). Ya él había definido el método como «reglas ciertas y fáciles que cualquiera que fuera el que las observara con exactitud le sería imposible tomar lo falso por verdadero, sin requerir inútilmente esfuerzos de la mente, pero aumentando siempre gradualmente el [propio] saber y lo conduciría al conocimiento verdadero de todo aquello que fuese capaz de conocer» (Cuarta Regula ad directionem ingenii, 1628). Esta naturaleza universal del método había sido subrayada algunos años antes por Francis Bacon en el aforismo 122 del Novum Organum (1620): «Nuestro método de investigación pone casi a la par todos los intelectos, porque deja poco espacio a las capacidades individuales, pero las liga con reglas muy sólidas y con demostraciones». Relacionando pacientemente las declaraciones de dos pensadores que son considerados como la raíz de dos direcciones contrapuestas en el pensamiento filosófico-científico contemporáneo (racionalismo y empirismo), impacta la extraordinaria similitud de sus conceptos de método: — No estamos en presencia de algo esotérico y especializado. Es más, las reglas a seguir son fáciles, αυτοµ〈τιχασ («sin requerir esfuerzos de la mente») al alcance de todos («de cualquiera», «pone a la par todos los intelectos»). — No son requeridos ni rechazados los conocimientos especializados, las capacidades, las iniciativas personales («deja poco espacio a las capacidades individuales, pero las liga a reglas muy sólidas y con demostraciones»); las reglas se imponen para todos («reglas ciertas... observadas con exactitud»). Si se siguen fielmente —agrega Descartes— las reglas de este método, «conducirán al conocimiento verdadero».1 En los dos o tres siglos siguientes, por efecto de los éxitos que la matematización de la ciencia va consiguiendo con Kepler, Galileo, Newton, Boyle y Lavoisier, esta idea de «un método matemático universal, aplicable en todos los campos del conocimiento científico» asume connotaciones «pitagórico-plaMétodo como arte Papers 67, 2002 109 1. Carlos Strasser ha resaltado (1979: 19) otros rasgos que Bacon y Descartes tienen en común: el desprecio por todos los conocimientos que la sabiduría humana habría acumulado antes de ellos y el énfasis sobre la utilidad práctica de los descubrimientos.
tónicas» (ver Berka, 1963: 8) que no tenía en Bacon y tenía sólo potencialmente en Descartes. Se hace cada vez más explícita la idea —implícita en el concepto griego de επιστηµη— que verum y certum son conjugables, que se puede, por lo tanto, hablar de la realidad que nos circunda sin renunciar a la certeza de lograr el nivel de veracidad que sólo los matemáticos pueden garantizar:una ambición que será la bandera del empirismo lógico —como muestra la auto-denominación del movimiento. La idea de un programa que establece con anticipación una serie no modificable de operaciones que de ser practicadas garantizan el conocimiento científico sobre cualquier argumento es, todavía hoy, uno de los significados que prevalecen en la expresión método científico. Pero —vistas también las dificultades encontradas por los empiristas lógicos a la hora de transferir aquellas ideas desde el plano de los enunciados de principio a sus aplicaciones prácticas en todos sus mínimos detalles— tal idea queda pospuesta antes de ocupar triunfalmente el escenario, como en los tiempos de Bacon y Descartes. Lo confirma, entre otras cosas, la creciente escasez de textos que se proponen especificar la mencionada serie no modificable de operaciones. La más reciente —a mi entender— de dichas listas de operaciones que tiene, aún sin entrar en detalles, una cierta pretensión de complitud ha sido publicada por Theodorson y Theodorson en la voz «Scientific Method» en su Diccionario de Sociología (1970: 370). Dice así: La aplicación del método científico a un problema comporta los pasos siguientes: Primero:se define el problema. Segundo:el problema se formula en los términos de un cuadro teórico determinado. Tercero:se imaginan una o más hipotésis relativas al problema, utilizando los principios teóricos ya aceptados. Cuarto: se determina el procedimiento a utilizar en la recolección de datos para controlar la hipótesis. Quinto: se recolectan los datos. Sexto: se analizan los datos para averiguar si la hipótesis es verificada o rechazada. En fin, las conclusiones del estudio se relacionan con el corpus precedente de la teoría que se modifica, a su vez, para ajustarlo a los nuevos resultados. Como el lector habrá observado, se trata de una descripción puntual del así llamado «método hipotético-deductivo» elaborado a partir de la reflexión filosófica en torno a la física del siglo XVII en adelante (Losee, 1972, cap. 7-9). La convicción de que éste es el único método posible para la ciencia ha sido muy defendida incluso en las ciencias humanas (lo revelan, entre otros, Strasser, 1979 y Pérez Ransanz, 1995). Hasta los años cincuenta no era nada raro encontrarse con declaraciones como la siguiente, del antropólogo Nadel: «Hay un único método científico, a pesar de ser practicado con diversos niveles de rigor y coherencia, y a este respecto la física y la química han alcanzado los mejores 110 Papers 67, 2002 Alberto Marradi
resultados. Toda investigación está vinculada a este método, y no se puede concebir otro» (1949. Declaraciones tan categóricas como ésta se pueden encontrar en las obras del psicólogo conductista Skinner (1953: 5), del sociólogo matemático Lundberg (1938: 191-192), del antropólogo Murdock (1949: 183) y —naturalmente— también en las obras de los epistemólogos neopositivistas (Neurath, 1931: 407; Hempel, 1935, trad. ingl. 1948: 382; Feigl, 1963, trad. it. 1974: 211) o cercanos al neopositivismo (Kemeny, 1959; Rudner, 1966). En epistemología las tesis de la unidad del método científico ha sido afirmada también recientemente, de forma más cauta: «se puede razonablemente afirmar que las diversas disciplinas científicas tienen el mismo método en lo que se refiere a los procedimientos o al complejo de reglas que las integran» (Pera, 1978: 11; análogamente Bhaskar, 1979: 3). Pero no todos están de acuerdo. Dalton ha observado polémicamente: «se asume que una secuencia invariable:formulación de hipótesis/control/confirmación es compartida por todos los científicos, que todos concuerdan en que ésta es la única vía al conocimiento;en resumen, que existe un único método científico» (1964: 59). En cambio «cabe preguntarse —observa Becker— si los metodólogos, los guardianes institucionales de la metodología, afrontan realmente todo el espectro de las cuestiones metodológicas relevantes para la sociología, o si se limitan a un subconjunto no casual (como dirían ellos) de tales cuestiones». Luego concluye: «la metodología es demasiado importante como para ser dejada a los metodólogos!» (1970: 3). En el mismo sentido, el sociólogo y epistemólogo polaco Mokrzycki dice: «Los fundamentos de este “método” se encuentran fuera de la sociología, carentes de contacto con el pensamiento sociológico. La “metodología de las ciencias sociales” se ha vuelto una correa de transmisión que distribuye el “método científico” a los sociólogos, es decir, las ideas de aquellos autores que pasan por ser expertos en el tema» (1983: 72). «Muchos de nosotros —agrega Dalton— aceptamos el “método científico” porque estamos convencidos de que se ha desarrollado en las ciencias naturales [...] Pero en las ciencias naturales no se profesa deferencia a este modelo como hacemos nosotros» (1964: 59). La vivacidad de estas reacciones se explica por su relación con un período, no lejano, en el cual la orientación cientista dominaba en las ciencias humanas: se afirmaba —como se ha visto en los párrafos citados— no sólo que la ciencia tiene un solo método, sino que se trata del método santificado por los éxitos de las ciencias físicas. Ha habido, y hay, posiciones más prudentes: «el método de una ciencia es la base lógica común sobre la cual se funda la aceptación o el rechazo de hipótesis y teorías» (Rudner, 1966, trad. esp. 1980). Esta posición minimalista —compartida por ejemplo por Dewey (1938) y por Popper (1944-45)—, según la cual el método es sólo uno porque se reduce al uso de la lógica en la argumentación, ha sido cuestionada por quien leía entre líneas «el supuesto de que el único método lógico es aquél utilizado en las ciencias naturales, y en la física en particular» (Schutz, 1954: 272). Más severamente, también se han rechazado las tesis que reducen el núcleo unitario del método a la base lógica Método como arte Papers 67, 2002 111
común, calificándola como «insignificantes generalizaciones que pretenden cubrir casi toda la actividad científica y en realidad cubren casi toda la actividad intelectual» (Nickles, 1986: 115). Pero independientemente de las lecturas entre líneas (por lo demás plenamente fundadas, por lo menos en lo que respecta a Rudner, Popper y muchos otros), la propia idea de la unidad del método ha sido criticada. «La idea misma de “un solo método” acrecienta la confianza en los propios resultados y reduce la predisposición a preguntarse si los procedimientos consolidados tienen sentido en el caso particular» (Kriz, 1988: 184). Para el epistemólogo francés Haroun Jamous, en la raíz de esta orientación se encuentra la «repulsión por la incerteza [...] la perenne necesidad de riendas estables y definitivas que puedan evitarnos el recurrir a aquella aportación individual e incierta que, justamente por ser difícilmente formalizable, es tal vez indispensable en toda obra creativa» (1968: 27). Una segunda línea crítica, vinculada a la precedente, señala el peligro de que una determinada serie de procedimientos, identificada con «el método científico» se reifique convirtiéndose en un fin en sí misma. La situación «difundida en psicología [es] de exaltación y quasi-fetichismo del método e incluso del instrumento técnico que de medio se convierte en el fin de muchas investigaciones» (Parisi y Castelfranchi, 1978: 79). «Como en todos los rituales, la atención pasa del contenido a la forma y la virtud consiste en la ejecución correcta de una secuencia fija de actos» (Kaplan, 1964: 146). «Si el criterio es el respeto a un sistema de reglas —observa maliciosamente Lecuyer—, incluso una guía telefónica es una buena investigación científica» (1968: 124). Personalmente no llevaría la crítica tan lejos como el filósofo convencionalista Leroy cuando habla de «superstición» (1899: 377) o como el sociólogo Weigert cuando hace notar que «la característica de la magia es la atribución de eficacia a rituales minuciosamente observados sin indagar el nexo causal entre rito y efecto» (1970: 116). Sin embargo, la naturaleza tendencialmente ritualista de la adhesión de muchos científicos sociales al «método científico» ha sido resaltada otras veces. Frecuentemente sucede que esa secuencia rigurosa de actuaciones aparece invariablemente en el momento de presentar los informes de investigación (Merton 1949: 506; Philips, 1966, lo que recuerda las punzantes observaciones de Fleck sobre el proceso de racionalización ex post que sufren los procedimientos experimentales (1935, § 4.2). Kaplan ironiza sobre «los prólogos metodológicos, antepuestos como invocaciones rituales a las deidades tutelares del método científico» (1964: 20). Aún compartiendo muchas de estas críticas a la tesis de la naturaleza única y fija del método científico, no se puede subscribir la boutade de los estadísticos Wallis y Roberts, para quienes «no hay nada que pueda llamarse “método científico”. Es decir, no existen procedimientos que indiquen al científico cómo empezar, cómo proseguir, qué conclusiones alcanzar» (1956: 5). Aunque raramente explicitada en todo detalle, y objeto de una reverencia en gran medida 112 Papers 67, 2002 Alberto Marradi
ritual, hay en la conciencia colectiva de las investigaciones en ciencias humanas una cierta idea de que el método científico existe:se la encuentra, por ejemplo, en el recurso casi universal a palabras clave como hipótesis, verificación, experimental. Sin embargo, aun cuando la reverencia no es ritual, siguiendo esa imagen de método se llega frecuentemente a considerar objetos y problemas cognitivos sólo como si estuviesen reflejados en un prisma, a tomar esas imágenes deformadas por la realidad y a perder la ocasión de conocer esa realidad más de cerca, penetrándola con mayor profundidad. Tal vez debido a este tipo de motivos se ha afirmado que «el enorme florecimiento de escritos de filosofía de la ciencia ocurrido en el siglo XX , considerado en su conjunto, ha sofocado más que incentivado el desarrollo metodológico» (Nickles, 1986: 94-95). «La calidad de un científico —recuerda Toulmin— se demuestra menos por su fidelidad a un método universal que por su sensibilidad a las exigencias específicas de un problema» (1972, vol. I: 150). En sus comentarios a la compilación de ensayos clásicos de investigación social, Madge sostiene: «si es justo pedir a un investigador que indique de la manera más precisa lo que pretende hacer antes de iniciar el trabajo, de ello no se deriva necesariamente que quienes hacen exactamente lo que habían establecido sean los mejores investigadores [...] Las virtudes del buen investigador son la flexibilidad, la prontitud para comprender una nueva situación y la capacidad para aprovechar las ocasiones imprevistas» (1962). Por sí misma, la fidelidad a los procedimientos codificados no ofrece ninguna garantía: «dado un procedimiento adecuado, es posible reconocer investigaciones consideradas pseudo-cientifícas que lo satisfacen» (se trata de la «paradoja del procedimiento» resaltada por Pera, 1991: 27). «Sea un buen artesano, que elige cada vez el procedimiento a seguir» recomienda Mills; y agrega una invitación: «pedimos a quien haya producido trabajos de calidad que nos cuente en detalle como ha operado:sólo en estas conversaciones con investigadores expertos los jóvenes podrán adquirir una sensibilidad metodológica adecuada» (1959: 224-228). Son muchos los que dicen que el método es sobre todo una elección. «La cuestión metodológica propiamente dicha es la elección de la técnica en función de la naturaleza del tratamiento que cada técnica impone a su objeto» (Bourdieu y otros, 1968: 59). «Cada investigación es un largo sendero con muchas bifurcaciones donde se debe tomar una decisión [...] Ninguna regla, ningún algoritmo puede decir cual es la decisión justa [...] El investigador cuanto más conciba el método como una sucesión rígida de pasos, más decisiones tomará sin reflexionar y sin darse cuenta» (Kriz, 1988: 81-131). Además, tener que escoger no significa necesariamente tener que afrontar cada problema con una única técnica:es más sabio no confiar en una sola técnica «para observar nuevos aspectos del fenómeno que interesa y tener en cuenta diversos tipos de datos relativos a un mismo fenómeno», de manera que se pueda «estar seguro de estudiar algo real», ya que de lo contrario, [el fenómeno] podría ser un artefacto de la técnica usada» (Parisi e Castelfranchi, 1978: 71). Incluso un metodólogo de orientación conductista como Van Meter no tiene dificultad alguna en admitir que «si se elige una sola técnica, los resultados no pueden ser conMétodo como arte Papers 67, 2002 113
siderados independientes de la técnica elegida, y por lo tanto no son estables: pueden de hecho ser contradecidos por resultados obtenidos con otras técnicas» (1994: 23). Si la investigación debe ser «un proceso cognitivo más bien que un simple proceso de validación de ideas ya formuladas» (Bailyn, 1977: 101), es necesario «permanecer abiertos a nuevas informaciones e ideas, resistiendo a las inevitables presiones hacía interpretaciones prematuras» (Blaikie y Stacy, 1982: 32). O al menos «saber mantener la tensión entre la necesaria función de reducción de la complejidad fenoménica y la apertura a dimensiones que permitan aumentar la complejidad de los esquemas conceptuales» (Crespi, 1985: 343). El método es, por lo tanto, algo mucho más complejo que una simple sucesión de pasos unidimensionales (ver, por ejemplo, Cipolla, 1988). No basta, como admitía incluso Comte, «haber leído los preceptos de Bacon y el Discours de Descartes» (1830, vol. I, ed. 1926: 71). «Sin duda —observa Polanyi— el científico procede de manera metódica. Pero su método es como las máximas de un arte que aplica de manera original a sus problemas (1958: 311). Su obra es «muy similar a una creación artística [...] pero no es un arte como la escultura y la pintura, en las cuales uno es libre de obtener cualquier cosa del material en bruto. Es un arte como la arquitectura, en el cual se puede mostrar creatividad trabajando con materiales en bruto, caracterizados por propiedades ingenieriles limitadas, y bajo financiaciones con presupuestos vinculados a objetivos precisos» (Davis, 1974: 267-268). La gestión de recursos sometida a objetivos es un aspecto característico del concepto de método, y volveremos sobre esto en el apartado 4.1. Se puede concluir que la visión cartesiana-baconiana del método, que hasta hace algunos decenios no se ponía en tela de juicio, hoy en día genera perplejidad. No parece haber escandalizado a nadie Marcello Pera, cuando ha descrito la «paradoja del método»: «la ciencia se caracteriza por su método, pero una caracterización precisa del método destruye la ciencia» (1991: 39). 3. Método, métodos, metodología El uso de «método/métodos» en el sentido de «técnica/técnicas» ha sido y es endémico en las disciplinas más orientada a la investigación empiríca, que están más frecuentemente en contacto con instrumentos operativos. No obstante, se encuentran también muchos casos en obras de sociólogos téoricos.2 Hay autores que manifiestan un cierto malestar, y por ello hablan de «una técnica y método de análisis» (Capecchi, 1967: CLX) o de technical methods (Collins, 1975: 414). Kaplan distingue los métodos de las técnicas por cuanto las primeras sirven de modo bastante general para todas las ciencias o en la 114 Papers 67, 2002 Alberto Marradi 2. Véase, por ej., Sorokin (1947: 22); Znaniecki (1950: 220); Homans (1950: 40, 371-372; Riesman y otros (1950: 180); Alberoni (1967: 11); Goldthorpe y otros (1968: 8); Collins (1975: 8) y Sztompka (1979: 72).
mayoría de ellas (1964: 23). Esta acepción se encuentra, en efecto, en el uso de una cierta estratificación jerárquica en el sentido indicado por Kaplan (los métodos son más generales y/o más nobles que las técnicas), pero ningún otro autor —por lo que sabemos— la ha codificado, y menos aún definido de algún modo. Se ha hablado de una expansión semántica indebida del termino método. Pero un abuso todavía más grave, como veremos en breve, lo padece el termino metodología. En docenas de términos científicos —muchos de los cuales han pasado al lenguaje ordinario— el sufijo logía es sinónimo de «discurso sobre», «estudio de». Por lo tanto, metodología debería ser el «discurso, estudio, reflexion sobre el método» —en una o varias de las acepciones que hemos visto. En efecto, éste es el sentido aplicado por los autores que no han olvidado las raíces griegas de la terminología científica y metacientífica: «la metodología se encarga del análisis de los procedimientos científicos y de los instrumentos de investigación» (Novak, 1976: XV); «metodología es la evaluación crítica de las actividades de investigación en relación con los estándares científicos» (Smelser, 1976: 3);«la metodología puede definirse como el conocimiento que resulta de una reflexión sobre los aspectos empíricos de la investigación» (Stoetzek, 1965).3 En las definiciones presentadas y en aquéllas análogas, el elemento método(es decir, el objeto estudiado por la metodología) es entendido de manera más bien amplia como un terreno vagamente definido entre la espistemología y las técnicas (ver apartado 5). Sólo Lazarsfeld restringe la acepción del elemento método a algo similar a lo aquí presentado, en la parte final del apartado 2: «la metodología codifica las prácticas de la investigación para evidenciar aquello que merece ser tenido presente en ocasiones futuras.» (Lazarsfeld y Rosenberg, 1955: 3);«la metodología examina las investigaciones para explicitar los procedimientos que fueron usados, los supuestos subyacentes, y los procedimientos explicativos ofrecidos». (Lazarsfeld y otros, 1972: XI). «Esta codificación de procedimientos pone en evidencia los peligros, indica las posibilidades dejadas de lado y sugiere eventuales mejoras. Además, hace posibles las generalizaciónes del conocimiento metodológico, transmitiendo las contribuciones específicas de un investigador al patrimonio de la comunidad científica» (Barton y Lazarsfeld, 1967). Con una bella imagen, Lazarsfeld sintetiza su punto de vista: «la poesía es emoción a la cual se vuelve con ánimo tranquilo. Considero la metodología un volver al trabajo creativo con el mismo estado de ánimo» (1959). Aún no habiendo nunca definido directamente el término método, Lazarsfeld lo muestra, en estos pasajes, como una actividad creativa, a la par de Mills, Polanyi, 3. Definiciones análogas han sugerido, entre otros, Weber (1922), Von Wright (1971), Kaplan (1964: 23), Holt y Turner (1970: 4); Opp (1970: 7); Nickles (1986: 114). Método como arte Papers 67, 2002 115
5. Metodología (y método) entre gnoseología y técnica Existe un consenso general sobre el hecho que la metodología ocupa «la porción central de un continuum de análisis crítico [...] [entre] el análisis de los postulados epistemológicos que hacen posible el conocimiento social y [...] la elaboración de las técnicas de investigación» (Gallino, 1978: 465). Ocuparse de metodología es encontrarse en una continua tensión dialectica entre los polos de este continuum, porque «si la metodología abandona su lado epistemológico se reduce a una tecnología o una práctica que ya no controla intelectualmente. Si abandona el lado técnico, se transforma en una pura reflexión filosófica sobre las ciencias sociales, incapaz de incidir sobre las actividades de investigación» (Bruschi, 1991: 41). Queda por añadir que en uno de los polos no está tan sólo la epistemología (reflexión sobre los fines, condiciones y límites del conocimiento científico), sino también la gnoseología (reflexión sobre los fines, condiciones y límites del conocimiento tout-court). La gnoseología ha sido y es frecuentemente olvidada en enunciados como los aquí mencionados. Las razones pueden ser dos, una lingüística y otra substancial. El término homónimo (sería gnoseology) no existe en inglés, y por lo tanto nunca aparece en la imponente literatura anglo-norteamericana sobre el tema. En inglés, de hecho, se usa epistemology para designar la filosofía del conocimiento («gnoseología») y predominantemente philosophy of science por lo que nosotros llamamos «epistemología». El segundo motivo puede derivar del hecho que todos los intentos por proporcionar fundamentos de certeza absoluta al conocimiento científico (los más recientes el fenomenalismo de Schlick y el primer Carnap, y el fisicalismo de Neurath o el segundo Carnap) han fracasado frente a la constatación, inevitable en gnoseología, que no pueden haber nexos rígidos entre la esfera de los referentes (la realidad), la esfera del pensamiento y la esfera del lenguaje (Marradi, 1994). Puede suceder que esta situación, aceptada con escaso entusiasmo por muchos de los que se ocupan de ciencia, haya provocado un sentimiento de turbación frente a una disciplina que pone en evidencia los límites de las pretensiones cognoscitivas de las otras. Si la metodología se sitúa donde se ha dicho, ¿dónde se sitúa el método? En el apartado 4 se ha planteado que el método consiste esencialmente en el arte de elegir las técnicas más apropiadas para enfrentar un problema cognoscitivo, eventualmente combinándolas, comparándolas, aportando modificaciones e incluso proponiendo alguna solución nueva. Lo que no surgió en las secciones precedentes y que quisiera subrayar antes de concluir estas reflexiones, es que el metodólogo no realiza estas elecciones sólo a la luz de sus competencias técnicas y de las experiencias de investigación propias y ajenas. Su propensión a utilizar una u otra técnica y su manera de interpretar las experiencias de investigación están condicionadas por sus opciones gnoseoepistemológicas: «Las soluciones técnicas presuponen soluciones metodológicas generales y éstas últimas, por otra parte, implican que se den respuestas adecuadas a ciertas 122 Papers 67, 2002 Alberto Marradi
cuestiones epistemológicas» (Ammassari, 1985: 178; véase también Gallino, 1978: 464). Bibliografía ALBERONI, F. (1967). Introduzione a «Alberoni e altri», L’attivista di partito. Un’indagine sui militanti di base nel Pci e nella Dc, Bolonia, Il Mulino. ALEXANDER, J. (1982). Theoretical Logic in Sociology, vol. I: Positivism, Presuppositions, and Current Controversies, Londres, Routledge & Kegan Paul. AMMASSARI, P. (1985). «I fondamentali problemi di metodologia della ricerca sociale», en Studi di sociologia, XXIII, 2-3, p. 176-93. ARNAULD, A.; NICOLE, P. Logique, ou art de penser, París 1662 [Madrid, Alfaguara, 1987]. BACHELARD, G. (1994). Le nouvel esprit scientifique, París, Alcan, 1934. — (1938). La formation de l’esprit scientifique, París, Vrin. [Madrid, Siglo XXI, (20ª ed). BACON, F. (1620). Novum Organum. BAILYN, L. (1977). «Research as a Cognitive Process: Implications for Data Analysis», en Quality and Quantity, XI, 2, p. 97-117. BARTON, A. H.; LAZARSFELD, P. F. (1967). «Some Functions of Qualitative Analysis in Social Research», en Frankfurter Beiträge zur Soziologie, I, p. 321-61 [Barcelona, Laia, 1979 (2ª ed.)]. BECKER, H. S. (1970). Sociological Work: Method and Substance, Chicago, Aldine. — (1972). «Observation by Informants in Institutional Research», en Quality and Quantity, VI, 1, p. 157-69. BERKA, K. (1983). Measurement. Its Concepts, Theories and Problems, Dordrecht, Reidel, 1983. BHASKAR, R. (1979). The Possibility of Naturalism: A Philosophical Critique of the Contemporary Human Sciences, Brighton, Harvester Press. BLAIKIE, N. W. H.; STACY, S. J. G. The Dialogical Generation of Typologies, Méjico, X° Congreso Mundial de Sociología 1982. BLALOCK, H. M. (1974). «Introduction», en H. M. BLALOCK (ed.), Measurement in the Social Sciences. Theories and Strategies, Chicago, Aldine, p. 1-7. BLUMER, H. (1969). Symbolic Interactionism: Perspective and Method, Englewood Cliffs, Prentice-Hall [Barcelona, Hora D.L., 1981]. BODIN, J. (1566). Methodus ad facilem historiarum cognitionem, París. BOLLEN, K. A.; JACKMAN, R. W. (1990). «Regression Diagnostics: An Expository Treatment of Outliers and Influential Cases», en J. FOX e J. S. LONG (eds.), Modern Methods of Data Analysis, Londres, Sage, p. 257-291. BOURDIEU, P.; CHAMBOREDON, J.-C.; PASSERON, J.-C. (1968). Le métier de sociologue. Problèmes épistémologiques, París, Mouton [Madrid, Siglo XXI, 1989 (12ª ed.)]. BRUSCHI, A. (1991). «Logica e metodologia», en Sociologia e ricerca sociale, XII, 35, p. 30-55. CALVI, G. (1980). La classe fortezza. Scelte degli elettori e responsabilità della classe politica in Italia, Milán, Angeli. CAPECCHI, V. (1967). «Metodologia e ricerca nell’opera di Paul F. Lazarsfeld», introduzione a P. F. LAZARSFELD, Metodologia e ricerca sociologica, Bolonia, Il Mulino. p. VII-CLXXXII. Método como arte Papers 67, 2002 123
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