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Comunicación moral e instituciones intermediarias en las sociedades modernas

Luckmann, Thomas

Abstract

En el presente texto, el autor trata el tema de la comunicación moral en las sociedades modernas. Apoyándose en una amplia muestra de datos procedentes de un gran proyecto de investigación subvencionado por el Consejo Científico Alemán (DFG), muestra que en las sociedadcs modernas las orientaciones morales siguen teniendo especial relevancia, existe una moral en uso, que se difunde específicamente en las instituciones intermediarias tales como la familia, los peer groups, grupos cívicos y religiosos, asociaciones, etc. Argumenta la hipótesis que el estilo dominante de la comunicación moral en las sociedades modernas es de tipo indirecto.

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Comunicación moral e instituciones intermediarias en las sociedades modernas1 Thomas Lu c k m a n n Un i versität Ko n s t a n z Edición y traducción a cargo de Rita Radl. Un i versidad de Sa n t i a g o Re s u m e n En el presente texto, el autor trata el tema de la comunicación moral en las sociedades modernas. Ap oyándose en una amplia muestra de datos procedentes de un gran proye cto de investigación subvencionado por el Consejo Científico Alemán (DFG), muestra que en las sociedadcs modernas las orientaciones morales siguen teniendo especial re l e va n c i a , existe una m o ral en uso, que se difunde específicamente en las instituciones interm e d i a r i a s tales como la familia, los peer gro u p s, grupos cívicos y religiosos, asociaciones, etc. Argumenta la hipótesis que el estilo dominante de la comunicación moral en las sociedades modernas es de tipo indire c t o. Palabras clave: comunicación moral, instituciones intermediarias, moral en uso, moralización indirecta y dire c t a . Abstract. Mo ral communication and interm e d i a ry institutions in modern societies In this article, the author tries the theme of moral comunication in modern societies. It s t a rts from a broad sweep re s c a rch data about moral communication in Germany it was s p o n s o red by the German Science Fundation. The re s c a rch data seems that morality is in use all arround us and it is transmitted in a specifically way by intermediary institutions like the family, peer groups, civic and religious organizations, associations, etc. Papers 62, 2000 8 39 6 1 . Éste es el texto inédito de la conferencia magistralmente pronunciada por el profesor Thomas Luckmann, el día 15 de mayo de 2000 en las facultades de Filosofía y Ciencias de la Educación de la Un i versidad de Santiago, acto organizado por la profesora Rita Radl Ph ilipp a través del De p a rtamento de Sociología y Ciencia Política y de la Ad m i n i s t r a c i ó n . Algunos aspectos de esta versión editada de la conferencia, pronunciada en el mes de mayo de 2000 en la Universidad de Santiago de Compostela, ya han sido desarrollados en ponencias anteriores en la Universidad de Erlangen, Viena, Salzburgo, en el Congreso de la Asociación Nórdica de Semiótica de Imatra (Finlandia) en 1996 y en la Universidad de Bergen. Asimismo, una versión posterior ha llegado a ser publicada como lección pública n° 17 por el Collegium Budapest/Institute of Advanced Studies, en marzo de 1997, bajo el título: «The moral order of Modern Societies, Moral Communication and In d i re c t Moralizing». Véase, asimismo: LU C K M A R M, TH. (1996). «Über Moral und moralische Kommunikation in der modernen Gesellschaft». En: Sociologia Internationalis, 34/1, Berlín, p. 1-11. Add the hypothesis of sorts about the dominant style of moral communication in modern societies; the pre f e r red style in modern life is an indirect style of moralizing. Key word s : moral communication, intermediary institutions, morality in use, indire c t and direct moralizing. 1. In t ro d u c c i ó n Para investigar la moral en las sociedados tradicionales uno tiene que observar los preceptos éticos y los códigos morales establecidos, culturalmente objetivizados e institucionalmente asegurados, y, desde luego, uno tiene que a veriguar la manera en que los miembros de la sociedad moralizan. En la sociedad moderna, sin embargo, observar la moral en códigos escritos y en los roles institucionalizados de la conducta llega a ser un cometido en va n o. En la sociedad moderna la manera de investigar la moral es atendiendo a la comunicación moral. Trataré de explicar por qué eso es así. No daré una definición precisa y exhaustiva de los términos, pero no se puede considerar innecesario indicar de modo general qué es lo que quiero decir cuando hablo de moralidad y moral y lo que entiendo por c o m u n i c a - c i ó n y comunicación mora l. La moralidad es un grupo de nociones razonablemente coherentes de lo que está bien y lo que está mal, nociones de la vida buena que guían la acción humana más allá de la gratificación inmediata de los deseos y las exigencias momentáneas de una situación. Dichas nociones, como todas las nociones, las mantienen los individuos, pero no se originan en el individuo. Están construidas intersubjetivamente en la interacción comunicativa, y están seleccionadas, mantenidas y transmitidas en procesos sociales complejos. A lo largo de generaciones llegan a formar tradiciones históricas distinguidas en las que se articula una particular visión de la vida buena. Esto significa que algunos conceptos de lo que está bien y de lo que está mal están canonizados y otros, censurados. Una vez que se haya trazado el camino para llegar a ese ideal, se han establecido las bases del orden moral de una sociedad. El seguir ese camino se define como el ideal de la vida, y el ideal sirve como norma en la organización de la vida colectiva. Cuando se castigan sistemáticamente las desviaciones graves de la norma, es cuando el orden moral de la sociedad se establece por completo. 8 4 Papers 62, 2000 Thomas Lu c k m a n n 1. In t ro d u c c i ó n 2. El argumento anticipado 3. La disolución del orden moral t r a d i c i o n a l 4. La moralidad-en-uso 5. Estilos de moralización A n e xo Su m a ri o Cuando hablo de comunicación, restrinjo el uso del término a los pro c e s o s basados en sistemas de signos socialmente construidos, particularmente, y no e xc l u s i vamente, el lenguaje. Los procesos son (inter)acciones sociales especiales. Son esenciales para la organización de la vida colectiva humana; son especialmente importantes por hacer posible la transmisión efectiva de las tradiciones de una sociedad, incluyendo aquéllas de su orden moral. Los procesos comunicativos son re c í p rocos o unilaterales; son directos, cara a cara, o mediados de múltiples maneras. Tienen lugar entre individuos como individuos o como detentores de un cargo, y como re p resentantes de grupos o categorías socialmente definidas. De la misma manera, los individuos se dirigen a individuos o cargos, grupos y categorías socialmente definidas de individuos. Es más, la comunicación puede existir entre remitentes anónimos y destinatarios igualmente anónimos. En cuanto a la comunicación mora l , existe una distinción obvia entre argumentación moral y moralización. La argumentación podría estar, p e r o raramente está, libre de moralización, y la moralización no la necesita pero a veces emplea la argumentación. La argumentación va de declaraciones descriptivas sobre va l o res morales —aquí y allá— y la narración de ejemplos explícitos de moral de conducta a formulaciones abstractas de principios éticos y de criterios. La moralización puede ser positiva , como en las alabanzas, o negativa, como en las condenas, y puede consistir en las evaluaciones del comportamiento de otros y de las pro p i a s acciones de uno. Los destinatarios de la comunicación moral podrían ser, asimismo, objetos de moralización, como cuando le riñen a un niño, o podrían ser los re c e p t o res de la moralización sobre otros, como en el caso de aquéllos que escuchan chismes. Los métodos para moralizar podrían ser lingüísticos en el sentido limitado del término: semántico-léxico, prosódico o re t ó r i c o. Ju n t o a éstos, o por sí solos, están los elementos paralingüísticos, miméticos o de gesticulación, que podrían transmitir asuntos moralmente significativos. Es más, ciertos géneros que podrían tener o no una función moral primaria, por ejemplo: máximas y proverbios, podrían utilizarse como componentes a modo de fórmulas de la comunicación moralizadora. Finalmente, el estilo general de la moralización varía: puede ser dire c t a , en forma de alabanza o queja, acusación, indignación, etc., o puede ser indirecta en forma de litotes, preguntas, formulaciones causales, ciertas maneras de tomar el pelo, etc. Ahora vuelvo sobre la discusión acerca de la moralidad en las sociedades modernas. Comenzaré anticipando las conclusiones, es decir, resumiré la conclusión de mi argumento y después lo desarrollaré paso a paso. El conocimiento de la conclusión facilita el seguimiento de los pasos que llevan a la misma desde el principio. Pr i m e ro resumiré los puntos de vista bien conocidos sobre la moralidad en la teoría sociológica clásica. A continuación re s a ltaré algunos de los problemas inherentes a estas opiniones y mostraré cómo c o n s i d e ro que se pueden re s o l ve r. Finalmente, añadiré una hipótesis especíComunicación moral e instituciones intermediarias Papers 62, 2000 8 5 fica sobre el estilo dominante de la comunicación moral en las sociedades m o d e r n a s2. 2. El argumento anticipado Según las teorías sociológicas modernas, la moralidad desapareció en gran p a r te de la estructura social de las sociedades modernas. Se dice que sus grandes instituciones dominantes, la economía y el Estado, siguen unas normas funcionales de hecho, aunque no siempre se emanciparon del ord e n moral tradicional de igual forma en su retórica autolegitimadora. Ya no re q u i e ren la justificación de un universo transcendente. Una vez que la opinión de que la moralidad estaba eliminada de la estructura social moderna se convirtió en parte del consenso sociológico, sólo faltaba un pequeño paso para otra suposición. No sólo se daba por hecho que la moral no tenía lugar en la organización racional-funcional de la estructura social, sino que se daba por supuesto de que ésta había desaparecido de la sociedad en g e n e r a l . El diagnóstico principal es esencialmente correcto, pero la corre s p o ndiente suposición es errónea. La moralidad sigue pre v aleciendo en las dive rsas interacciones sociales en las que nos vemos envueltos diariamente. Es posible que no sea el tipo de moralidad que las autoridades morales tradicionales desearían que tuviéramos, pero se trata de una visión razo n a b l emente coherente de la vida buena. En vez de «moralidad» quizás habría que decir «moralidad o moralidades». El singular prejuzga un tema empírico que tan sólo puede re s o l v erse analizando variadas formas de comunicación m o r a l . Al final especularé y haré la sugerencia de que en la sociedad moderna el estilo dominante de comunicación moral demuestra una pre f e rencia por la moralización indirecta. Es una especulación porque la evidencia que apoy a esta noción no es tan sistemática como la evidencia a favor de la presencia continuada de la moralidad en forma de moralización. Pe ro es una especulación c o n t rolada, porque existen evidencias a su favo r. Junto con unas buenas bases teóricas que la apoyan, tiene un alto grado de ve ro s i m i l i t u d . Así pues, éstos serán los pasos de mi argumentación. Ahora me gustaría comenzar situando en una perspectiva histórica las razones por las cuales acepto la suposición sociológica clásica de que la moralidad ha desapare c ido en gran parte de la estructura social de las sociedades modernas y después, las razones por las que re c h a zo la aceptación de la subsiguiente suposición de que la moralidad, en consecuencia, haya desaparecido por completo de la sociedad. 2 . Una versión anterior de parte de este argumento se publicó con el título: «Pr i va t i z a t i o n of Religion and Morals», en Pa u l HE E LA S, S c o t t LA S H YPa u l MO R R I S (eds.). De t ra d i t i o - nalization. Critical Reflections on Authority and ldentity, Oxford, 1996, p. 72-86. 8 6 Papers 62, 2000 Thomas Lu c k m a n n Comunicación moral e instituciones intermediarias Papers 62, 2000 8 7 3 . La disolución del orden moral tradicional Simplificando, se podría decir que en las sociedades arcaicas la religión, la moralidad y la ley (en tanto que se pueda hablar de la ley en ausencia de un código escrito) tenían una base común en la estructura social. Por lo menos, las instituciones que implicaban diferentes funciones en la vida social estaban muy coordinadas —y esto se re f i e re a aquellas instituciones con funciones religiosas, morales y legales. El concepto de la vida buena que está en el corazón del orden moral de toda sociedad estaba claramente art ic u l a d o. Ese concepto estaba especificado en una amplia gama de comportamientos en cuanto a lo que se podía hacer y no hacer. Debido a que la vida seguía su curso en pequeñas comunidades, la violación del ord e n moral era claramente visible, y también su castigo. La autoridad sostenía que el orden moral estaba legitimado a través de la re f e rencia sistemática a un u n i verso trascendente sagrado. Éste fue incluso el caso cuando la moralidad y la religión ya no se consideraban lo mismo. La orientación, incluyendo la orientación moral en dicho mundo, fácil o no, era re l a t i va m e n t e s i m p l e . Es obvio que en las sociedades modernas un orden moral de este tipo ya no existe. Ni siquiera se aproxima a sus características. El transcurso de la transformación estructural que lleva a la aparición de la sociedad moderna es conocido; la disolución de la moral tradicional forma parte de esta transformación. Lo voy a explicar de forma escueta. En el curso de la historia del cercano oriente y occidente, las funciones morales, religiosas y legales de la vida colectiva se organizaron cada vez más en instituciones especializadas y algo separadas que se organizaban sistemáticamente para llevar a cabo un particular grupo de funciones muy re l a c i onadas entre sí. El codificar las reglas de conducta y de mala conducta en forma de ley, como por ejemplo en el Código de Hammurabi, es un caso a c o n s i d e r a r. Aunque no se atribuían exc l u s i vamente a una fuente divina, como por ejemplo: los Di ez Mandamientos, dichos códigos (aún) no eran completamente independientes del universo sagrado. La ley permaneció sagrada hasta más o menos la promulgación del Código postre volucionario de Na p oleón. Durante todo este período, las instituciones religiosas continuaban siendo la sede oficial de la moral. A medida que la diferenciación funcional de los cometidos políticos, económicos y legales de la vida social que marc a ron las sociedades occidentales desde finales de la edad media se aceleraba, ni la religión ni el orden moral estaban exentos de este proceso general. Pe ro, incluso después de la aparición del estado y de la economía como territorios semiautónomos, las instituciones religiosas permanecieron como la base socioestructural del orden moral durante mucho tiempo. Pe r o como las iglesias también estaban sujetas a la especialización institucional, lo que se consideraba como su territorio pro p i o se restringió cada vez más. Pe rd i e ron su papel en el gobierno y en la economía; lo que quedó fue la familia y el individuo. 8 8 Papers 62, 2000 Thomas Lu c k m a n n La disciplina social y moral ejercitada por las instituciones religiosas disminuyó rápidamente. Las complejas transformaciones culturales y estru c t u r a l e s a las que ponemos las etiquetas simplificadoras de Ilustración y Revolución Industrial, aceleraron el proceso, salvando temporalmente la periferia de la modernización. La religión y la moral eran cada vez más individualizadas y, primero en el caso de la religión y después (e incluso resultando más contradictorio en cuanto a su función esencial) en el caso de la moral, privatizadas. La religión y la moral miraron hacia dentro. Ya que habían perdido su sede s o c i o e s t ructural en las grandes instituciones públicas, mantuvieron durante un tiempo su influencia sobre la subjetividad individual. La religión se transformó en fe privada, y la moralidad, en conciencia subjetiva. Hace por lo menos un siglo, Du rkheim pensó que si la solidaridad orgánica —como él llamaba al orden moral necesario para las sociedades con una división compleja de trabajo— no llenaba el vacío dejado por el declive del o r den moral tradicional asociado a sociedades más simples, la sociedad moderna llegaría a una anomia peligrosa. Manteniendo su convicción de que una sociedad sin un orden moral básico no podría sobre v i v i r, Du rkheim buscó soluciones en lo que hoy algunos llamarían «cultura cívica», otros, «instituciones intermedias» y otros, «capital social». Casi cincuenta años más tarde, Theodor Ge i g e r, un importante sociólogo del derecho, empezó con un diagnóstico similar. Sin embargo, sus conclusiones fueron bastante diferentes. Él también dio por hecho que en las sociedades modernas el orden tradicional, bastante homogéneo y obligatorio, se estaba disolviendo. Pe ro a su juicio esto era una condición necesaria para la evolución de la sociedad moderna. Según su criterio, algunas de aquellas p a r tes de la moralidad tradicional que no se habían transformado en ley p o s i t i va, solo podrían sobrevivir si se conve rtían en algo socialmente irre l evante y, para utilizar su término, espiritualizado. 4 . La moralidad-en-uso La opinión de Du rkheim y Geiger sobre el hecho de que las sociedades modernas ya no poseen un orden moral general obligatorio la comparten la m a yoría de los científicos sociales contemporáneos. No cabe duda de que debe aceptarse como esencialmente correcta. Sin embargo, las conclusiones de Du rkheim y Geiger sobre las consecuencias de este hecho son completamente difere n t e s . Du rkheim probablemente erró al postular que ninguna sociedad, incluso la compleja sociedad moderna, podría existir sin la fuerza integradora de un código moral específico y al mismo tiempo de forma general obligatoria. Al contrario, tiene más sentido suponer, al igual que Ge i g e r, que la organización racional de instituciones diferenciadas en las estructuras sociales modernas no sólo podría existir sin dicho orden moral, sino que éste sólo podría ser impedido por aquél. Utilizando la metáfora de Ge i g e r, uno podría coincidir con él en que la moralidad se retiró de la estructura social. Se podría también Comunicación moral e instituciones intermediarias Papers 62, 2000 8 9 aceptar su noción del tipo de moralidad que podría sobrevivir mejor en una situación en la cual la misma tiene que sobrevivir sin un hogar institucional y en la que la mayor parte de lo que puedes hacer y de lo que no puedes hacer se ha codificado en un sistema de ley positiva, de un tipo de Ge s i n n u n g - s e t h l k, es decir, de una ética de disposición subjetiva y de una motivación en vez de una ética tradicional de responsabilidad y obligación. Sin embargo, Geiger se equivocó en otro asunto importante. No sólo han sobrevivido algunos elementos de la moralidad tradicional. Esto quizás se podría explicar en términos de residuo/fósil. Pe ro la afirmación de Geiger de que sea cual sea la moralidad que haya permanecido, ésta se haya evaporado en el aire raro de una espiritualidad pura, es, claramente, un erro r. Otra posibilidad de contemplar el destino de la moral en el mundo moderno es bastante más probable. La moralidad siempre había sido una dimensión constitutiva de las interacciones sociales concretas cara a cara. Penetró en lo que Goffman llama el «orden de la interacción» en sociedades a rcaicas en las que no había ninguna base institucional propia, como era el caso de las sociedades tradicionales. ¿No podría ser que después de la pérd ida de la sede institucional de la religión-moral que ocupaba en la sociedad tradicional, la moralidad haya mantenido su hogar permanente al aire libre , es decir, en el orden de la interacción? Después de todo, la moral en uso —como me gustaría llamar a la moral i n t e r a c t i va, practicada en pequeñas comunidades cara a cara— llegó primero. Sólo bajo ciertas condiciones sociales, caracterizadas por una división compleja del trabajo y del conocimiento, por la evolución del sistema de escritura, etc., surgieron históricamente instituciones morales más elaboradas. En las civilizaciones antiguas las nociones e ideas moralmente significativas se unían a sistemas complejos de moralidad. Éstos tenían sus cánones y catequismos y se introducían en las normas institucionales de la estructura social. Finalmente, desarrollaron una base estructural propia a través de las instituciones religiosomorales. Evidentemente, la aparición de esta supere s t ructura cultural y base organizadora no hizo que la moralidad práctica desapareciese de la vida cotidiana de la sociedad, aunque ejerció una influencia definitiva sobre la dimensión moral de la interacción social situacional. El grado de influencia varió, dependiendo de la verosimilitud y el éxito de la difusión de una elevada retórica moral y un vocabulario moral de motivos, y dependiendo del grado del cumplimiento institucional de dogmas y catequismos morales. En las sociedades modernas, órdenes morales homogéneos e unitarios de este tipo ya no se encuentran incrustados en grandes instituciones dominantes. Las nociones del bien y del mal, de lo correcto y lo incorrecto, sin embargo, continúan siendo re l e vantes para la conducta en la vida y, concretamente, para la planificación, ejecución y evaluación de las propias acciones y de las de los demás. Aunque una jerarquía dogmática de va l o res que contiene conceptos canónicos de la vida buena ya no se transmite uniformemente ni obligatoriamente por parte de un aparato institucional, algunas nociones de lo correcto y lo incorrecto aún se siguen transmitiendo a través de va r i o s canales. En t re ellos las instituciones intermediarias son los más import a n t e s : la familia, los p e e r - g ro u p s, las ramas locales de grupos más grandes de la sociedad, asociaciones e instituciones tales como las organizaciones cívicas, los clubes, las congregaciones religiosas, y las escuelas, seminarios y academias. Las instituciones intermediarias son, así, la fuente principal de al menos una obligación parcial de la moral mencionada en el orden de la interacción. Esta parte del orden de la interacción la «localizamos» en los ambientes sociales y en las instituciones intermediarias de diferentes maneras. Cuando nos quejamos de los demás o les acusamos de un delito u otro , cuando pedimos perdón por nuestras propias acciones y fallos, cuando nos indignamos e invitamos a los demás a que se unan a nuestra indignación, cuando alabamos y condenamos, cuando pronunciamos máximas y citamos p roverbios, cuando facilitamos o buscamos consejo, y cuando chismorre a m o s , sermoneamos y decimos palabrotas, ejercitamos la comunicación moral explícita o implicita. Por lo tanto, continuamente demostramos a los demás, al igual que los demás nos demuestran, que algún tipo de moral se continúa practicando en todas part e s . Si es preciso disponer de pruebas por encima y mas allá de nuestra intuición y observación como miembros practicantes de nuestras sociedades para llegar a la conclusión de que las profecías del juicio final concernientes a un d e c l i ve general y la destrucción de la moral en la sociedad moderna son erróneas, entonces los datos conseguidos en una serie de investigaciones que durante muchos años he realizado con mis colegas y ayudantes, lo comp rueban ampliamente3. La moral se usa en todas partes. Sin embargo, por otra 3 . Quizás convenga explicar la naturaleza de los datos. Consisten en cientos de horas de grabaciones de charlas de sobremesa de familias del sur y del este de Alemania de historias de conversión secular y religiosa, de chismes en entornos informales e institucionales, de llamadas de emergencia a los bomberos, de sesiones profesionales de consejos familiare s , sexuales y genéticos, de entrevistas de admisión en hospitales psiquiátricos, de va r i o s tipos de programas de radio con llamadas de los oyentes, de reuniones de grupos ecologistas locales, de debates públicos (sobre la Guerra del Golfo, por ejemplo) en directo y en televisión, de una serie de programas religiosos en la televisión, de una campaña antitabaco regional, de discursos públicos (por ejemplo el pronunciado por el presidente de la República Federal de Alemania en fin de año, y por varias figuras públicas en el cincuenta aniversario de la liberación de Auschwitz), etc. Sin embargo, deberíamos mencionar algunas limitaciones. Con la excepción de algumas transcripciones americanas y japonesas, nos restringimos a Alemania, el bulto de los datos es del Su r. Las charlas de sobremesa de familias, una fuente importante para nuest ro análisis de formas y géneros en la comunicación cara a cara, provienen sólo de las clases media-baja y media, y ninguna familia tenia niños pequeños. La va l i d ez de la afirmación de que la moral-en-uso está extendida en la sociedad moderna no tiene duda. Si n embargo, las preguntas sobre la distribución de estilos y re p e rtorios de comunicación moral y, correspondientemente, las preguntas sobre las diferencias y las similitudes del sentido moral, no se pueden contestar con cert eza incluso en el caso de Alemania, y las afirmaciones sobre otras sociedades estructuralmente comparables deben, por el momento, permanecer como especulativa s . 9 0 Papers 62, 2000 Thomas Lu c k m a n n p a rte, no se puede negar um profundo cambio. La evidencia —ya anticipada en la teoría sociológica clásica— apoya la opinión de que una moral única y uniforme no persiste en la sociedad moderna. No s o t ros y otros seguimos normas morales diferentes. Si esta moral dive rsificada contiene algo así como una gramática moral profunda, es una pregunta abierta. Los resultados sobre este particular son incompletos; lo que tenemos es a menudo contradictorio. Quizás debería añadir que en un principio mis colegas y yo dedicamos n u e s t ros esfuerzos a la descripción y al análisis de las f o rm a s más import a ntes utilizadas en los procesos concretos de la comunicación moral. Pe n s a m o s que un enfoque cercano a las realidades de la vida cotidiana, nos conduciría a los aspectos s u s t a n t i vo s de la moralidad moderna. De hecho, encontramos muchas formas, formatos y géneros de comunicación moral, y apre n d i m o s mucho sobre el sentido moral articulado en estas formas. Vimos el contorno del re p e rtorio de la comunicación moral en la sociedad alemana contemporánea. La mayor parte, aunque no todas, de las características observadas probablemente encontraría su analogía en otras sociedades c o m p a r a b l e s4. Más tarde, a base de los resultados de las investigaciones anter i o res y algunas adicionales, algunos de nosotros estudiaban más específicamente las instituciones intermediarias en las que se practica alguna forma de m o r a l i d a d5. 5. Estilos de moralización En la introducción he distinguido entre moralización positiva y negativa, y entre moralización directa e indirecta. Las formas comunicativas y los géneros en los que se lleva a cabo una moralización bastante directa en situaciones cara a cara i n c l u y en los chismes, las quejas, las secuencias de indignación conjuntas, al igual que análogos dialogísticos de sermones morales. En los medios de comunicación, desde los libros hasta la radio y la televisión, algunas de las formas y los modos de comunicación moral cara a cara se utilizan con ciertas modificaciones. Algunos programas sirven como f o rode indignación pública, otros se ocupan de quejas y otros se quedan con los chismes. Es más, han surgido algunos g é n e ros nuevos en los medios de comunicación con funciones moralizadoras, como es el caso de una restringida variante alemana de evangelismo televisivo condensado, y de seculares sermones morales por parte de personas en altos cargos que se supone tienen una autoridad moral. 4 . Las investigaciones fueron patrocinadas por la Fundación Científica Alemana y dirigidas por Jörg BE RG M A N M y el que suscribe. Cf. Jörg BE RG M A N N, Thomas LU C K M A N N y otro s , Die kommunikahwe Ko n s t r uktion der Mo ra l, I y II, Opladen, 1999, 2000. 5 . El estudio fue apoyado por la Fundación Be rtelsmann. Cf. Mo ral im Alltag Si n n ve rm i t - tlung und moralische Kommunikation in interm e d i ä ren In s t i t u t i o n e n, Gütersloh, 1998. Mis asociados fueron Jörg BE RG M A N N, Gabriela CH R I S T M A N N, Michaela GO L L, Angela KE P P L E R, Hu b e rt KN O B LAU C H y Ska WI LTS C H E K. Comunicación moral e instituciones intermediarias Papers 62, 2000 9 1