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¿En España es diferente...? : mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes

Gregorio Gil, Carmen; Ramírez Fernández, Ángeles

Abstract

En los últimos años, se asiste a un importante incremento de la inmigración femenina en España, sobre todo en las grandes ciudades. Las autoras comparan dos colectivos de mujeres inmigrantes, el marroquí y el dominicano, a partir de su inserción en el mercado de trabajo, concretamente en el sector del servicio doméstico y la prostitución. Los cambios que lleva consigo esta inserción son analizados a lo largo del artículo. El lugar que estas mujeres ocupan en los países de origen dentro del ámbito doméstico va a ser determinante en la autopercepción y consecuencias de estos cambios.

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Resumen En los últimos años, se asiste a un importante incremento de la inmigración femenina en España, sobre todo en las grandes ciudades. Las autoras comparan dos colectivos de mujeres inmigrantes, el marroquí y el dominicano, a partir de su inserción en el mercado de trabajo, concretamente en el sector del servicio doméstico y la prostitución. Los cambios que lleva consigo esta inserción son analizados a lo largo del artículo. El lugar que estas mujeres ocupan en los países de origen dentro del ámbito doméstico va a ser determinante en la autopercepción y consecuencias de estos cambios. Palabras clave:inmigración femenina, España, República Dominicana, Marruecos, servicio doméstico, prostitución, valor del trabajo. Abstract. ¿Is it different in Spain...? Dominican and Moroccan Immigrant Women In the last years, female migration has increased in Spain, in big cities above all. The authors compare two female migrant groups: Moroccan and Dominican, taking as starting point their insertion in the labour market, specifically Domestic Service and Prostitution. The changes caused by this integration are analysed in this article. The understanding of thesituation in the household of origin is essential to explain the self-perception of these changes and their consequences. Key words:female immigration, Spain, Dominican Republic, Morocco, domestic service, prostitution, value of work. Papers. 60, 2000 257-273 ¿En España es diferente…? Mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes Carmen Gregorio Gil Universidad de Granada. Departamento de Antropología y Trabajo Social Escuela Universitaria de Trabajo Social C/ Rector López Argüeta s/n. 18071 Granada. Spain [email protected] Ángeles Ramírez Fernández Universidad Autónoma de Madrid. Taller de Estudios internacionales Mediterráneos (TEIM) Departamento de Estudios Internacionales Mediterráneos Campus de Cantoblanco. 28049 Madrid. Spain [email protected] Sumario Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 257 1. Introducción 2. El valor social del trabajo de la mujer en la República Dominicana y en Marruecos 3. Mujeres dominicanas y marroquíes: diferencias en la percepción de su emigración laboral 4. Conclusiones Bibliografía 1. Introducción Cuando acometimos la tarea de llevar a cabo un análisis comparativo de dos grupos diferenciados por su origen nacional —Marruecos y República Dominicana—, se presentaron dos dificultades. La primera dificultad tenía que ver con el intento de evitar un cierto esencialismo cultural, en el que en ocasiones se cae al hacer comparaciones entre grupos diferenciados por su origen nacional. Tanto desde la perspectiva del estudio de la migración tomando como marco conceptual la interacción entre los sistemas de género y los procesos migratorios en el origen de las migraciones y en los cambios consecuentes1, como desde el estudio del islam en cuanto ideología de género y los cambios con la emigración al extranjero2, nos parecía necesario abordar esta comparación a partir de una serie de presupuestos teóricos que conjuraran el peligro esencialista al que antes se ha aludido. Dichos presupuestos se relacionan con la posición de género que tienen las mujeres, tanto en sus sociedades de origen como en las sociedades a donde emigran, posición que condiciona la percepción de los cambios que la emigración provoca en ellas. La segunda dificultad tenía relación con la delimitación de los aspectos concretos del cambio que iban a ser comparados. La búsqueda de aspectos comparables venía condicionada desde el principio por las diferencias existentes en cada uno de nuestros trabajos de investigación. Si bien en las dos investigaciones se estudiaban aspectos relacionados con el cambio, cuestiones como la perspectiva de análisis, la metodología y los datos obtenidos por cada una de nosotras eran substancialmente diferentes. Por tanto, la elección de los aspectos que íbamos a comparar debía responder, en primer lugar, a la posibilidad real de tener datos comparables con un mismo nivel de profundidad. En segundo lugar, las cuestiones que se iban a comparar deberían ser significativas en la vida de las mujeres en su nueva realidad como inmigrantes. Entonces encontramos un aspecto que cumplía las dos condiciones: había sido estudiado en profundidad en ambos trabajos, lo que suponía que disponíamos de un importante acervo de datos, y además constituía una cuestión fundamental en la vida de las mujeres inmigrantes. Nos referimos al empleo de estas mujeres en España. Decidimos, entonces, realizar el análisis del cambio que la inmigración suponía para las mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes estudiadas a partir de algo que compartían todas ellas: su inserción en sectores marginales de un limitado mercado de trabajo, como son el servicio doméstico y la prostitución. Esta inserción se explica por una situación similar que tiene que ver con su posición de género, clase social, estereotipos culturales y extranjería3. Sin embargo, lo que nos interesaba no era tanto adentrarnos en el contexto de esta situación cuanto 258 Papers 60, 2000 Carmen Gregorio Gil; Ángeles Ramírez Fernández 1. Perspectiva adoptada en el trabajo de Gregorio (1996a, 1998a). 2. Ramírez (1998). 3. Análisis que ha sido realizado en otro lugar (Gregorio, 1996a, 1998b). Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 258 indagar en las diferentes interpretaciones que las mujeres estaban haciendo de su situación. Los datos que se van a utilizar en este artículo están basados en los respectivos trabajos de campo de las autoras, tanto en la sociedad de origen de las mujeres inmigrantes marroquíes y dominicanas como en la sociedad de llegada, en concreto la ciudad de Madrid. El contexto de origen seleccionado de la emigración dominicana ha sido la región suroeste del país. Dicha región se ha constituido, desde finales de los años ochenta, en un verdadero epicentro expulsor de población inmigrante a España y en concreto a la Comunidad de Madrid, siendo en su mayoría mujeres. La región se caracteriza con respecto a otras regiones de la República Dominicana por su ruralidad y por ser una de las más pobres. Las actividades económicas predominantes en la región son las agropecuarias —en muchos casos de subsistencia— y las actividades comerciales, sobre todo las de carácter informal. Respecto a las zonas de emigración en Marruecos, y dado que la mayoría de las mujeres trabajadoras vienen de las áreas urbanas, el trabajo de campo se centró en dos ciudades, Salé y Tánger. En concreto, las zonas escogidas fueron dos barrios, antes periféricos, hoy integrados en dichas ciudades. Estos barrios son lugar de viejo asentamiento de otros inmigrantes marroquíes, que proceden del interior del país. Podría hablarse de ellos como de zonas populares, pero no marginales. 2. El valor social del trabajo de la mujer en la República Dominicana y en Marruecos Como en la mayor parte de las sociedades, en la República Dominicana las mujeres son definidas fundamentalmente a partir de su función social como madres y esposas. El trabajo está claramente dividido según género. Las mujeres deben encargarse del trabajo de reproducción dentro de sus hogares4, mientras que los hombres deben ser los que busquen el sostén económico a la familia fuera del hogar. Esta división del trabajo se muestra muy persistente al sustentarse en creencias sobre la diferencia biológica entre hombres y mujeres. Como señalan Pou y otros (1987) en su trabajo sobre la mujer rural en la República Dominicana, existe la creencia de que «los hombres son más fuertes por naturaleza y por ende, pueden realizar los trabajos más duros, por lo que a ellas les corresponden los trabajos más débiles» (1987: 202-203). El papel de la mujer como productora y generadora de ingresos está infravalorado, y esto se debe, fundamentalmente, a dos consideraciones de tipo ideológico. La primera, a que el trabajo que realizan las mujeres dentro del hogar, aunque sea productivo, se considera de naturaleza femenina y, por tanto, débil y de poco valor. La segunda, a que el trabajo que las mujeres desempeñan fuera del grupo doméstico, aunque genere un ingreso monetario, se considera como una ayuda. ¿En España es diferente…? Mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes Papers 60, 2000 259 4. Donde se incluyen todas las actividades que se dirigen a la reproducción del hogar, tengan o no valor de cambio. Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 259 A las ideologías de género se añaden las de parentesco, que definen todo el desempeño de la mujer, madre y esposa, en el marco de su relación afectiva de carácter altruista con los diferentes miembros del grupo doméstico. La aportación económica que hacen las mujeres a sus hogares no es reconocida, ni por ella misma, ni por su sociedad, como consecuencia de esta ideología. Por el contrario, la aportación monetaria del hombre se sobrevalora y constituye una fuente de prestigio. Las consideraciones ideológicas con respecto a la división sexual del trabajo distorsionan el valor productivo real que hombres y mujeres tienen dentro de sus grupos domésticos. Algunos estudios realizados en la región suroeste de la República Dominicana5constatan que sin la aportación económica de la mujer se acentúan las condiciones de indigencia, y se ve dificultada la reproducción del hogar rural. Incluso en hogares donde el ingreso monetario de la mujer es menor al ingreso del hombre, su papel para garantizar la reproducción del hogar es mucho más importante que el de éste, bien porque la totalidad de sus ingresos se utilizan en la reproducción del grupo doméstico, bien porque, en mayor medida que el hombre, las mujeres producen dentro del hogar bienes que tienen un valor de cambio. Las estrategias económicas puestas en marcha dentro de los hogares dominicanos vienen determinadas por las ideologías de género. Así, se prioriza que el hombre sea el que traiga el sustento al hogar, trabajando fuera de éste, y que la mujer se quede en el hogar encargándose de las tareas reproductivas. Sin embargo, ante la crisis económica que experimentan los hogares, las prescripciones ideológicas no se han hecho realidad dentro de los hogares más pobres. Como consecuencia de esto, las mujeres y los hombres participan indistintamente de las estrategias económicas que tienen lugar fuera del hogar: la asalarización de una parte o de todos los miembros del grupo doméstico sea dentro del mercado local o nacional, la realización de actividades comerciales por cuenta propia, la utilización de diferentes actividades informales dentro del sector servicios y la emigración internacional. Las mujeres dominicanas se han incorporado al mercado laboral de forma significativa en las últimas décadas. A pesar de esta incorporación, el panorama no es muy alentador, puesto que sigue operando la desigualdad sexual en el mercado de trabajo que las limita a ocupar sobre todo empleos feminizados, con bajos salarios y en las escalas jerárquicas inferiores. Diferentes estudios han señalado la discriminación, tanto horizontal como vertical, que padecen las mujeres dominicanas dentro del mercado de trabajo (Báez, 1987; CELADE, 1988, Valdés y Gomariz, 1993). La mayoría de las mujeres en la República Dominicana se encuentran, o bien desempeñando puestos de trabajo dentro de los sectores típicamente femeninos —discriminación horizontal—, o bien ocupando los puestos de trabajo más bajos de la escala salarial y con menor capacidad de decisión. Según datos elaborados por Valdés y Gomariz (1993) para 260 Papers 60, 2000 Carmen Gregorio Gil; Ángeles Ramírez Fernández 5. Ver Pastora (1985), Millan (1992) y Pou y otros (1987). Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 260 1991, las mujeres se concentran de forma mayoritaria en el sector servicios —cerca del 80%—, estando los hombres distribuidos más equitativamente en los tres sectores —37,6% en la agricultura, 16% en la industria y 46,4% en los servicios—. Según datos de la encuesta ENDESA-1991, dentro del sector servicios la mayor parte de las mujeres están concentradas en los servicios de hogar —suponen el 28% del total de la población ocupada—, y en las actividades relacionadas con el comercio —un 24,4% del total de la población ocupada—. Esto se debe al crecimiento de las ciudades y del sector terciario de la economía, fruto del modelo de desarrollo exportador de servicios que atrae la mano de obra femenina6. Así, por ejemplo, las mujeres han sido la mano de obra favorita de las industrias de capital extranjero implantadas en territorio dominicano (zonas francas industriales). En una de las regiones con mayor concentración de este tipo de industria, la mano de obra femenina es de un 81,5% con respecto a la masculina (Duarte, 1986). La discriminación sexual dentro del mercado de trabajo se encontraba fundamentada jurídicamente hasta la fecha reciente de 1992 en la que se introduce el nuevo Código del Trabajo. Hasta entonces, las mujeres en la República Dominicana, al igual que los menores, en lo referido a la legislación laboral se encontraban dentro de un «estatuto especial». Este estatuto establecía diferencias discriminatorias con relación al acceso, horario y tipo de trabajo a realizar. Así, las mujeres se encontraban limitadas e inhabilitadas para ejercer los trabajos no apropiados a su sexo. El Código del Trabajo dominicano exigía que «toda mujer que pretenda realizar labores en empresas de cualquier clase acreditará su aptitud física para desempeñar el cargo de que se trate con una certificación médica» y que las mujeres «no podrán ser empleadas ni trabajar durante la noche» (Báez, 1987: 20). La emigración fuera del país es una estrategia económica frecuentemente adoptada por los grupos domésticos en la República Dominicana de forma indistinta por hombres y mujeres. La participación de la mujer ha sido muy elevada y presenta porcentajes de representatividad similares a la masculina. Así, en EEUU, país donde hay un mayor número de población inmigrante dominicana, el porcentaje de mujeres con respecto a los hombres que han emigrado a EEUU oscila en torno al 49,8%7. Las mujeres han emigrado junto con sus familiares hombres, dentro del modelo de familia nuclear de clase media en el que el hombre es el principal proveedor económico, pero también ellas han encabezado la emigración de sus hogares. A pesar de que ésta ha sido la tónica general, la utilización de esta estrategia por los hogares de la región suroeste se ha hecho cada vez más frecuente desde mediados de la década de los ochenta, siendo fundamentalmente mujeres las que salen de sus comunidades con destino a España. Las mujeres dentro de este flujo representan un 91% con respecto a los hombres. ¿En España es diferente…? Mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes Papers 60, 2000 261 6. Fenómeno por otro lado muy común en toda Latinoamérica (Buvinic y otros, 1983) 7. Según datos de elaboración propia a partir de los resultados de la encuesta ENDESA-1991. Este porcentaje, sin embargo, varía según fuentes y autores. Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 261 Resumiendo, por lo que se refiere al contexto de origen de las mujeres inmigrantes dominicanas encontramos que éstas contribuyen a través de múltiples estrategias productivas a la reproducción de sus hogares. A pesar de ello, el valor de su trabajo, sea dentro del mercado de trabajo formal o informal, no es reconocido ni social ni económicamente. Esto genera situaciones de auténtica desesperación económica por mantener sus hogares, ya que a la situación descrita se unen además circunstancias como una tasa de fecundidad elevada8 y una ausencia de corresponsabilidad de los progenitores varones9. En cuanto a la sociedad marroquí, ésta prima la figura de la mujer como ama de casa, madre y esposa, y penaliza el descuido o abandono de este papel. En Marruecos está instituida una división de papeles en la cual a los hombres les corresponde ganar el sustento y a las mujeres, criar a los hijos. Incluso jurídicamente está regulado este reparto10. Ello está sancionado por el islam: «Dios creó de manera diferente a hombres y mujeres», «Dios dijo...», etc.11. Pero esta legitimación religiosa de la diferencia no ha de ocultar otra, que podría llamarse prelegitimación o justificación de tipo natural o biológico: «hombres y mujeres son diferentes». No es fácil saber dónde empieza la una y termina la otra. En este contexto, el trabajo femenino exterior —salvo los casos de trabajo profesional y no siempre— es visto no como algo deseado y reivindicado, y que ayuda a conseguir autonomía, sino como una obligación y, en ocasiones, como una pesada carga. El papel de ama de casa es el más legitimado en Marruecos en el grupo de origen de las trabajadoras domésticas, en tanto que el papel de trabajadora no disfruta de esta legitimación. Ello tiene como consecuencia que ni el Estado ni la sociedad instituyen mecanismos que posibiliten que el trabajo revierta en recursos para la igualdad entre hombres y mujeres, o para un reparto más equitativo de las tareas domésticas en el interior de los hogares. Como marco de esta situación no puede dejar de señalarse la posición de las mujeres en Marruecos respecto a los derechos civiles. Desde la sociedad marroquí, definida como musulmana, se mantiene un discurso en el que aquélla —en su calidad de Umma o comunidad de creyentes— se erige en protectora de las mujeres, a las que considera eternas menores de edad y con per262 Papers 60, 2000 Carmen Gregorio Gil; Ángeles Ramírez Fernández 8. Según datos de la Encuesta Demográfica y de Salud de 1991, la tasa de fecundidad era de 2,8 referida a las mujeres urbanas y de 4,4 para las mujeres rurales. 9. Una de las leyes más incumplidas por los hombres en la República Dominicana es la Ley 2402 o Ley de la paternidad responsable, según se deduce del estudio realizado por CIPAF, 1985. 10. La Mudawana o Código de la Familia y el Estatuto personal así lo prescribe. Como ejemplo, baste el primer texto del Código: Le mariage a pour but la vie dans la fidélité, la pureté et le désir de procréation par la fécondation, sur des bases stables et sour la direction du mari, d’un foyer permettant aux époux de faire face à leurs obligations réciproques dans la sécurité, la paix, l’affection et le respect mutuel. 11. La socióloga Fatima Mernissi cuenta una pequeña anécdota: en su calidad de feminista, es acusada por algunos colegas suyos de ir contra la Zurat, contra la tradición, contra el patrimonio, en el sentido de religioso-cultural (Mernissi, 1988). Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 262 sonalidad jurídica dependiente siempre de un varón (que en las casadas es obligatoriamente el marido). Los datos sobre la ubicación laboral de las mujeres en Marruecos y la manera en la cual se reflejan en las estadísticas no parecen escaparse de estas consideraciones. Hay tres cuestiones que tener en cuenta a la hora de evaluar estos datos. En primer lugar, existe una tendencia a la ocultación de las mujeres en censos, padrones y estudios. Simplemente no se registran. En segundo lugar, dado que el trabajo femenino es considerado como «ayuda» normalmente, aunque medie un salario, y considerando la situación del mercado de trabajo en Marruecos, en la que la mayoría de la producción se lleva a cabo de manera informal, la actividad de las mujeres está doblemente sumergida. Una tercera cuestión importante es la existencia del trabajo infantil. Este trabajo tampoco se declara como actividad laboral, sino que las niñas y niños en esta situación suelen agruparse en la rúbrica de «ayuda familiar» o «aprendices». Existen diferencias importantes entre el campo y la ciudad en cuanto a la participación de las mujeres en los diferentes sectores económicos. En el campo, el porcentaje de mujeres en la población activa es del 42,9%, en tanto que en la ciudad es del 25,6% (CERED, 1990). El trabajo de las mujeres, según los autores, se caracteriza por una alta tasa de paro y de subempleo12. Este rasgo del subempleo parece acompañar la vida laboral de las mujeres, y puede decirse que muchas veces forma parte de la caracterización de la situación de las mujeres inmigrantes en España. En el campo las mujeres se encargan sobre todo de cuidar el ganado. No hay que dejar escapar que esta actividad, que es fundamental en el mantenimiento del grupo doméstico, tradicionalmente se adjudica a la mano de obra teóricamente más débil: niños, viejos y mujeres. Simbólicamente, es una de las actividades más marginales. Uno de los sectores de trabajo femenino más importantes en Marruecos es el servicio doméstico. Para las zonas rurales, sin embargo, no consta este sector, y en la ciudad el servicio doméstico apenas ocupa a un 20% de la población activa femenina. No hay que concederle, en todo caso, mucho crédito a los datos sobre servicio doméstico en el campo, porque no existen instrumentos para medirlo. Y además, ¿qué es el servicio doméstico en Marruecos? ¿El hecho de que una chica viva con una familia que no es la suya y le den de comer es servicio doméstico? En Marruecos, el servicio doméstico está reservado a las mujeres y a las niñas que pertenecen a grupos socioeconómicos con muy poco poder adquisitivo, y que no tienen más opción que trabajar. Esta obligación de trabajar las aleja de lo que ellas consideran el modelo para una mujer marroquí: el ocuparse a tiempo completo de su casa y su familia, modelo asociado a la ideología islámica. El servicio doméstico no es considerado por las propias trabajadoras ¿En España es diferente…? Mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes Papers 60, 2000 263 12. Los autores entienden por subempleo una ocupación de menos de 32 horas en medio urbano y de menos de 40 horas en medio rural que deja tiempo libre y la trabajadora busca otro empleo (CERED, 1990). Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 263 un trabajo, que puede eventualmente dignificar a la persona que lo realiza, sino una carga pesada. Se espera abandonarlo en el momento del matrimonio. No se dispone de datos que relacionen el trabajo en el servicio doméstico con el estado civil. Sí existe este dato para el conjunto de los sectores económicos. En este sentido, no deja de ser interesante que la tasa de actividad es más del doble en las mujeres viudas o divorciadas (31,2%) que en las casadas (16,1%) y solteras (13,4%), según datos de 1986 (CERED, 1992). Sin embargo, la tasa de actividad de las mujeres va descendiendo en las épocas en las que la crianza de los hijos requiere más atención (19-29 años), para volver a subir y alcanzar otro máximo en torno a los 40 años (CERED, op. cit: 61). Hay grandes posibilidades de que el trabajo al que se está refiriendo el dato sea el servicio doméstico, trabajo asumido sobre todo por las mujeres, probablemente con cargas familiares, y que no tienen quien se ocupe de ellas. Sin embargo, hay que volver a considerar que una gran parte del trabajo femenino se lleva a cabo en Marruecos de modo sumergido, y que uno de los sectores con más alto índice de informalidad es el servicio doméstico, sobre todo el que es realizado por menores. El servicio doméstico en Marruecos trae consigo una serie de connotaciones peyorativas: relaciones de subordinación de la trabajadora respecto a los empleadores, bajísimos salarios, falta de garantías y seguro social, etc. Hay que decir que comparte algunos de estos rasgos con otros empleos, que también salen perjudicados de la ausencia absoluta en Marruecos de un Estado del bienestar. La cuestión es que en el servicio doméstico se ponen de manifiesto las grandes diferencias que existen en Marruecos entre los grupos sociales. Los recursos generados por el servicio doméstico, dados los grupos sociales de pertenencia de las trabajadoras, suelen ir a parar al presupuesto familiar. No es habitual que esos recursos sean utilizados por las propias mujeres que los generan. En esta cuestión, sin embargo, hay una diferencia entre las mujeres que aún no tienen una familia, las solteras, y las que sí contribuyen al mantenimiento de su propia familia: esposo y/o prole. Otra cuestión importante es que las mujeres casadas necesitan la firma de su marido para poder ser parte de un contrato de trabajo. Las no casadas pueden hacerse cargo del contrato ellas solas. Esto es importante, pero sólo para una parte de la población que considera el trabajo femenino como algo deseable, y esta parte suele coincidir con las mujeres que tienen una profesión o que pueden acceder a un trabajo cualificado. En el primer caso, el de las mujeres solteras, y a partir de la información de la que se dispone, el trabajo y la entrega de los recursos generados por ese trabajo a la familia es algo que forma parte de las funciones como hija o como hermana. Su posición, de hija y hermana, frente al padre y a los hermanos varones no cambia en la familia aunque trabaje. En este tipo de familias, las chicas no tienen gran capacidad de intervención en las decisiones familiares. Se trabaja para la familia, y ello fortalece las relaciones de subordinación, no al contrario. De hecho, sobre todo en lo que se refiere al trabajo infantil y adolescente, es la familia de la pequeña trabajadora quien arregla el salario con la 264 Papers 60, 2000 Carmen Gregorio Gil; Ángeles Ramírez Fernández Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 264 familia empleadora. La chica a veces ni siquiera sabe lo que cobra, porque el salario es recogido directamente por su padre o por sus hermanos. En el segundo caso, las mujeres que tienen sus propios hogares, puede establecerse aún otra clasificación: en el primer grupo se sitúan las mujeres no casadas con cargas familiares, que son probablemente las que copan las categorías de viuda y divorciada trabajadoras y después, como segundo grupo, las mujeres casadas. En ambos casos, el salario, como veremos más abajo, tampoco permite generalmente una negociación que mejore la posición de las mujeres en la familia o en el entorno, o que permita una redistribución equitativa del trabajo doméstico. Significa esto que sólo las mujeres que se consideran pertenecientes a familias muy pobres y en cierto punto, marginales, trabajarán en el servicio doméstico. En este sentido, muy pobre es una familia si permite que sus hijas vayan a vivir a casas de otros y trabajen para otros desde niñas. Desde este punto de vista, el trabajo femenino sería un criterio de estratificación social. Sin embargo, la discriminación de género tiene un importante papel, ya que es posible encontrar en la misma familia a niñas que trabajan en el servicio doméstico y que tienen hermanos que han llegado hasta la enseñanza secundaria. No existe una tradición migratoria entre las mujeres marroquíes. La penalización de la movilidad femenina autónoma ha determinado que las mujeres sean siempre «las que se quedan» y los hombres, «los que se van». Hay, sin embargo, un dato interesante, y es que, si se toma la movilidad para la formación de un matrimonio, la mayoría de las mujeres marroquíes serían inmigrantes. Este movimiento es considerado como algo clave en la vida de una mujer: es el movimiento que se produce desde la casa de su padre —su primer tutor— hasta la casa de su marido —su segundo tutor13. Las mujeres marroquíes no comienzan a emigrar hasta bien entrada la década de los años ochenta. España e Italia se introducen como destinos migratorios para estas mujeres, que comienzan a llegar simultáneamente a sus maridos, padres o compatriotas. Éste es un rasgo importante de la emigración hacia España, marcando una ruptura con respecto a movimientos migratorios anteriores. Respecto de Marruecos, el país de origen, porque es la primera vez que salen mujeres (vinculadas o no con hombres) para insertarse en el mercado de trabajo en destino; respecto al país de acogida, porque, al contrario que en la emigración hacia Europa del norte y central, las mujeres comienzan a emigrar desde casi el principio, a la vez que los hombres, sin tener que esperar a procesos de reagrupación familiar para asentarse en el país de inmigración (Ramírez, 1998). Entre las mujeres marroquíes inmigrantes con las que se ha trabajado, la inmigración constituyó su primera experiencia laboral o prácticamente la primera. No es muy habitual encontrar mujeres que se dedicaran al trabajo en servicio doméstico antes de venir a España, excepto en casos aislados (Ramírez, 1998; Ramírez y López, 1999). Según TEIM (1992), apenas un 15% de las ¿En España es diferente…? Mujeres inmigrantes dominicanas y marroquíes Papers 60, 2000 265 13. De hecho, y según un refrán popular marroquí, una mujer honrada sólo deberá salir dos veces de su casa: desde la casa de su padre hasta la casa de su marido, y desde la casa de su marido hasta el cementerio (citado por Lemrini, 1994) Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 265 En la República Dominicana las «mariposas nocturnas» o «mujeres de la calle»19 han pasado a recibir la denominación de «bailarinas», cuando trabajan dentro del mercado del sexo fuera de su país. Término, éste último, que simbólicamente supone una cierta profesionalización de su trabajo. Un factor que contribuye a la aceptación de estas mujeres es que los ingresos que perciben suelen ser mayores que en su país de origen y que las remesas que envían son más voluminosas que las de otras inmigrantes que desempeñan otros empleos. Para todas estas mujeres la aceptación por parte de su comunidad de origen se dirime en términos de si envían o no envían dinero a los familiares que se han quedado allí. Unas y otras salen de países en los cuales la situación de subordinación de las mujeres hace del cuerpo femenino un recurso con valor de cambio. En la República Dominicana las mujeres se ven obligadas a utilizar su cuerpo ante la privación de otros recursos, como se ve en el discurso de una mujer dominicana de avanzada edad, que transcribo a continuación: «Ese —señalándose el pubis— es el conuco20 que a una le han dado, porque si usted es joven y Dios le ha puesto eso ahí, eso le da jabón, ropa, zapatos... Pero aquí hay muchachitas que los dan por ná». En el caso marroquí, la distancia entre hombres y mujeres hace difícilmente concebible el sexo más allá de una estrategia de intercambio, que utilizan sobre todo las mujeres. El encuentro sexual como algo enriquecedor no es habitual. Puede ser que estas características condicionen un paso menos traumático desde un sector como el servicio doméstico a la prostitución. 4. Conclusiones A partir de las diferentes situaciones inmigratorias analizadas podemos concluir que la emigración de estas mujeres está provocando cambios significativos en sus vidas. Aspectos como el desempeño laboral fuera del hogar, la obtención de un mayor volumen de ingresos que en sus países de origen, la ausencia del control familiar o la posibilidad de tomar más decisiones con relación al gasto de sus ingresos económicos constituyen nuevas formas de relacionarse con ellas mismas y dentro de su familia y de su entorno social, dividido ahora entre sus comunidades de origen y Madrid. Como inmigrantes, las mujeres marroquíes y dominicanas comparten estos cambios, pero su posición ante éstos se ve afectada por una serie de factores, que hemos intentado analizar y que tienen que ver con la construcción específica de género en cada una de las sociedades de origen, de las que siguen siendo parte. Con nuestra contribución hemos pretendido mostrar la complejidad que implica el análisis de los procesos de cambio en las relaciones de género, que en apariencia podrían parecer iguales para todas las mujeres inmigrantes. 272 Papers 60, 2000 Carmen Gregorio Gil; Ángeles Ramírez Fernández 19. Términos empleados en la República Dominicana para referirse a las mujeres que se dedican a la prostitución. 20. Parcela de tierra. Papers 60 257-273 29/6/00 11:35 Página 272 Bibliografía BÁEZ, Clara (1987). Las mujeres como beneficiarias de servicios financiados por recursos asignados en el presupuesto nacional de la República Dominicana. República Dominicana, Documento presentado a la CEPAL (inédito). BUVINIC, Mayra; LYCETTE, Margaret A.; MCGREEVEY, Willian P. (eds.) (1983). Women and Poverty in the Third World. Baltimore y Londres: Foreign Policy Association, The John Hopkins University Press. CELADE (1988). República Dominicana: población y desarrollo 1950-1985. 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