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Dimensiones referencial, imaginaria y pragmática del tiempo en la modernidad y en la postmodernidad

Abstract

En forma de ensayo, el presente artículo propone analizar desde un punto de vista semiótico el tiempo de la modernidad y de su crisis según tres dimensiones: una referencial o identitaria, que atiende a los sistemas de referencias utilizados para medirlo, otra imaginaria, que le otorga cualidad y afecto, y finalmente otra pragmática, que alude a su performatividad. En la modernidad la dimensión referencial debe dar cuenta del contexto social en el que toman protagonismo el reloj y el mecanicismo clásico, la imaginaria, de los tiempos que van del eterno retorno al existencialismo, y la pragmática, del modo como algunos relojes centrales sincronizan los tiempos de las sociabilidades periféricas. En la actual crisis de la modernidad pensar el tiempo exige poder dar cuenta de sus líneas de fuga, y para ello resultan útiles el paradigma de la irreversibilidad dinámica en la dimensión referencial, ciertas imágenes valorizadoras del presente en la dimensión imaginaria y un nuevo modo de valorar la asincronía en la dimensión pragmática.

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Dimensiones referencial, imaginaria y pragmática del tiempo en la modernidad y en la postmodernidad

Author: Bergua Amores, José Ángel
Publisher: Dipòsit Digital de Documents de la UAB
Year: 1998
DOI: 10.5565/rev/papers.1947
Source: https://ddd.uab.cat/pub/papers/02102862n56/02102862n56p125.pdf
Dimensiones e e encial, imagina ia y
p agmá ica del iempo en la mode nidad
y en la pos mode nidad
José Ángel Be gua Amo es
Escuela Uni e si a ia de Es udios Emp esa iales
Ronda Mise ico dia, 1. 22001 Huesca. Spain
Resumen
En o ma de ensayo, el p esen e a ículo p opone analiza desde un pun o de is a semió-
ico el iempo de la mode nidad y de su c isis según es dimensiones: una e e encial o
iden i a ia, que a iende a los sis emas de e e encias u ilizados pa a medi lo, o a imagi-
na ia, que le o o ga cualidad y a ec o, y inalmen e o a p agmá ica, que alude a su pe -
o ma i idad. En la mode nidad la dimensión e e encial debe da cuen a del con ex o
social en el que oman p o agonismo el eloj y el mecanicismo clásico, la imagina ia, de
los iempos que an del e e no e o no al exis encialismo, y la p agmá ica, del modo como
algunos elojes cen ales sinc onizan los iempos de las sociabilidades pe i é icas. En la
ac ual c isis de la mode nidad pensa el iempo exige pode da cuen a de sus líneas de
uga, y pa a ello esul an ú iles el pa adigma de la i e e sibilidad dinámica en la dimensión
e e encial, cie as imágenes alo izado as del p esen e en la dimensión imagina ia y un
nue o modo de alo a la asinc onía en la dimensión p agmá ica.
Palab as cla e: iempo, pos mode nidad, imagina io, complejidad.
Abs ac . Mode ni y and Pos mode ni y
This a icle se s ou o analyse he ime o mode ni y and i s c isis aco ding o h ee dimen-
sion om he semio ic poin o iew: a e e en ial o iden i y ha akes ca e o he e e-
ence sys em used o measu e i , ano he imagina y ha gi es quali y and a ec ion, and
inally one ha alluds i s pe o mance. The e e en ial dimension in mode ni y, should
ake in o conside a ion he social con ex in wich he clock and he mechanicism play he
leading ole, he imagina y o imes ha ange om e e n e u n o exis encialism, and he
p agma ic mode o some c isis o mode ni y, o hink ime equi es conside ing i s scape
imes, and ce ain image aluee o he p esen in he imagina y dimension, and he e lec-
ion abou he social condi ions o he asinc onici y in he p agma ic dimension.
Key wo ds: ime, pos mode ni y, image y, complexi y.
Pape s 56, 1998 125-141
1. Dimensión e e encial: el eloj
y el pa adigma mecanicis a
2. Dimensión imagina ia: del e e no
e o no al u opismo
3. Dimensión p agmá ica:
la sinc onización
4. Del iempo ins i uido mode no
al iempo ins i uyen e pos mode no
Bibliog a ía
Suma io
Aunque cualquie empo alidad es, en p ime a ins ancia, au oal e ación cons-
an e, simple de eni , esa expe iencia es en ealidad p oduc o de una «pun-
uación» p e ia que ha «dis inguido» el de eni de la e e nidad y ha «indicado»1
que uno de los dos lados, el de eni , es el ele an e pa a la obse ación2. Al
ma gen de esa ope ación p e ia, cada sociedad o pe íodo his ó ico ins i uye y
pun úa, sob e ese de eni , uno o a ios iempos explíci os3que, en an o sig-
nos, ienen a ias dimensiones (Cas o iadis, 1989: 71-86): una e e encial o
iden i a ia, que iene que e con el sis ema de medida u ilizado pa a con e-
ne el lujo del de eni , es el iempo calenda io; o a imagina ia o de signi i-
cación, en elación de p esunción ecíp oca con la an e io , que seman iza
pe íodos y lími es concediendo cualidad y a ec o al iempo, y o a p agmá ica,
que cons uye empo alidades a un ni el supe io sinc onizando, es deci , pe -
mi iendo que cie as pa es o es e as dominan es de la sociedad con olen a
sus co espondien es pa es dominadas4. Pues bien, pa iendo de es a dis inción
126 Pape s 56, 1998 José Ángel Be gua Amo es
1. Relaciono el concep o ba esoniano de «pun uación» con los de «dis inción» e «indicación»
p opues os po Spence B own, y lo hago siguiendo las suge encias de Keeney (1987): «el
empleo de la dis inción pa a c ea una indicación es una mane a de de ini la pun uación»
(p. 40). «Spence B own enuncia que un uni e so se engend a cuando se sepa a o apa a
de un espacio y que los lími es pueden aza se en cualquie luga que nos plazca; de es e
modo, a pa i del ac o c ea i o p imo dial de es ablece dis inciones pueden engend a se
in ini os mundos posibles» (p. 33). Po lo an o, pa a conoce cualquie sis ema debemos ap e-
cia qué dis inciones es án en la base de su c eación, y qué lados sepa ados po ese mo i-
mien o ue on elegidos o indicados.
2. An es incluso de la dis inción iempo/e e nidad in e iene la dis inción undamen al
«se »/«no-se » y la indicación de uno de sus dos lados como ele an e. En Occiden e ue
Pa ménides quien e ec uó la ope ación, despejando así el camino pa a el pensamien o y
es ilo de ida que no son habi uales: «una ez decidido, como e a necesa io, el abandono de
uno de los dos caminos (el del no se ) po su ca ác e de impensable e innomb able —po -
que no es el e dade o— hab á que conside a el o o (el del se ) como eal y au én ico»
(Pa ménides/He ácli o, 1983: 53). A es a indicación o p e e encia po el «se » se puede
opone la obse ación de Lao Tse (1985: 104): «aunque con a cilla se ab ican las asijas
en ellas lo ú il es la nada (su oquedad)», con la que se ela i iza la impo ancia del se ; o la
de Cio an (1988: 134), más d ás ica, que apues a po el «no-se »: «sólo es sub e si o el
espí i u que pone en ela de juicio la obligación de exis i ; odos los o os, empezando po
el ana quis a, pac an con el o den es ablecido». Pues bien, después de es a dis inción,
«se »/«no-se », la indicación del «se » da luga a la dis inción segunda, « iempo»/«e e ni-
dad» (Eliade, 1992, 1994).
3. Ga cía Cal o (1993) ha denunciado las maquinaciones cien í icas e ideológicas con las que
se cambia ese de eni inde inido e in ini o po el Tiempo pa a cons ui la Realidad.
4. Me baso aquí en la eo ía de edes de Pe i expues a po Na a o (1994: 351-77). Se pa e de
la c í ica del iempo new oniano según las suge encias de la eo ía especial de la ela i idad,
y, po ello, de la conside ación de que, po oposición al iempo absolu o y abs ac o clásico,
que ba e ins an es álidos pa a odo el uni e so, en ealidad cualquie suceso ba e su p opio
ins an e. Según es o, son «sínc onos» «los sucesos cuya secuencia es á con olada po un
mismo eloj» (se a a de iempos dis in os o denados o asimilados a una misma secuencia em-
po al), son «isóc onos» los ins an es ba idos po dos o más elojes que coinciden en un mismo
suceso (se a a del p incipio de sinc onicidad chino, que indaga «qué sucede con qué», an
di e en e del p incipio de causalidad mode no que se p egun a «qué sucede despues de qué»),
y son «asínc onos» los ins an es independien es y ca en es de elación causal de dos o más
oy a ensaya el análisis del iempo que se ins i uyó en la mode nidad y del
que puede es a eme giendo en la pos mode nidad as el de umbe de los
me a ela os cien í icos e ideológicos mode nos (Lyo a d, 1987).
1. Dimensión e e encial: el eloj y el pa adigma mecanicis a
Po se un asun o muy a ado, no ealiza é un análisis de las e e encias u ili-
zadas pa a medi el iempo. Sin emba go, sí p es a é a ención al cambio de
pa adigmas enca gado de con ene las que sob e ino en la mode nidad como
consecuencia del nue o in e és que despe ó en e cien í icos y bu gueses su
con ol. En es e sen ido con iene comenza eco dando, con Giddens (1993:
28-31), que en la p emode nidad «la es imación del iempo que con igu aba la
base de la ida co idiana inculaba siemp e, al menos pa a la mayo ía de la
población, el iempo con el espacio, y (que) e a no malmen e imp ecisa y a ia-
ble» debido a que «el cuándo es aba casi uni e salmen e conec ado al dónde».
Es os in e alos espacio empo ales habían sido es abilizados y p ecisados
median e la ijación a de e minados sis emas de medida que e an, a la ez,
espejo an o del mac ocosmos del uni e so como del mic ocosmos social. En
conc e o, en el mundo medi e áneo hubo dos calenda ios, uno de o igen
indoeu opeo y de co e pa ia cal basado en el sis ema de nume ación deci-
mal que dio luga al año sola de diez meses y o o más an iguo, ma ia cal,
elacionado con un sis ema de nume ación sexagesimal del que esul o el año
luna de doce (Du and, 1984: 327). Es e anudamien o del mac ocosmos y del
mic ocosmos en un o den empo al ue deshecho po la mode nidad con dos
in e enciones: la del iempo se ializado del eloj, que sepa ó el iempo de su
con ex o social, y la del iempo e e sible de la mecánica new oniana, que sepa-
ó el iempo de los ciclos cósmicos. Aunque los dos iempos ue on decla a-
dos obje i os, mos a é que en ealidad ue on aliados de la nue a sociedad
que se ins i uyó en la mode nidad.
Los p ime os elojes da an del siglo XIII, y en el siglo XIV, a pesa de se oda-
ía udimen a ios (sólo enían manecillas ho a ias y ca ecían de es e a), ya e an
u ilizados en los monas e ios. Sin emba go, ue con su pe eccionamien o y la
gene alización de su uso a inales del siglo XVIII como el iempo comenzó a se
abs aído de su con ex o social. Según Giddens (1993: 29), el « aciado» del
iempo y del espacio o mó pa e de una más as a ope ación de «desanclaje», po
la que las elaciones sociales ue on despegadas de sus con ex os locales, lo que
pe mi ió su ees uc u ación en los in e alos espacio empo ales p oducidos po
la nue a y acional o ganización de la sociedad. Una de las dimensiones de es a
nue a o ganización (jun o con el indus ialismo ans o mado de la na u ale-
Dimensiones e e encial, imagina ia y p agmá ica del iempo… Pape s 56, 1998 127
sucesos ba idos po dis in os elojes. Pues bien, la sinc onización consis e en some e al impe-
io de un eloj cen al a bi a io los ins an es de los sucesos ba idos po o os elojes. Más
exac amen e, los p ocesos asinc ónicos son sinc onizados median e una « ans e encia de
in o mación» (p. 360), ope ación que aúna dos mo imien os: uno de ex acción de in o -
mación y o o de in oducción de neguen opía (Ibáñez, 1990: 4-5).
za, el capi alismo acumulado de alo , el monopolio de la iolencia, el p oceso
ci ilizado enca gado de con ene los ins in os, e c.) ue el sis ema disciplina io
(p. 64), enca gado del «con ol minucioso de las ope aciones del cue po» pa a
ga an iza «la sujeción cons an e de sus ue zas» e impone les «una elación de
docilidad-u ilidad» (Foucaul , 1986: 141). En elación con el con ol de las ac i-
idades, ya las comunidades monás icas habían sido p ecu so as en la p emo-
de nidad del es ablecimien o de i mos y de la egulación de los ciclos de
epe ición que luego copia on alle es, colegios y hospi ales. Sin emba go, con
la mode nidad es as exigencias se án gene alizadas a o as ins i uciones e in en-
si icadas al menos en cua o aspec os: la elabo ación empo al del ac o median-
e la imposición desde el ex e io de p og amas y i mos colec i os, el
es ablecimien o a ni el indi idual de sis emas secuenciales de ges os5y la u ili-
zación exhaus i a del iempo pa a ex ae de odo mo imien o «cada ez más
ins an es disponibles y de cada ins an e cada ez más ue zas ú iles» (p. 158).
El más digno he ede o de es a adición que aspi ó al con ol exhaus i o de los
suje os en su dimensión empo al ue sin duda el aylo ismo, que asumió, «como
una necesidad absolu a pa a una adecuada adminis ación, la imposición al ob e-
o de la mane a p ecisa en que debía se ejecu ado el abajo» (B a e man, 1975:
112). T as obse aciones y c onome ajes minuciosos ue on cons uidos sis e-
mas es ánda en los que, no sólo se descompusie on los mo imien os gene ales
en sus componen es elemen ales, sino que se a endió incluso a elemen os di í-
ciles de secuencia como son la elocidad y la acele ación de los mo imien os
humanos. Todo ello ue pos e io men e some ido a la lógica y a i mé ica de las
compu ado as (p. 205-210)6. Según es o, es ob io que el desanclaje del iem-
po de su con ex o pe mi ió aslada el mo imien o y el i mo «na u ales» de
los cue pos a un sis ema abs ac o de c onome aje, lo que pe mi ió alcanza
algunos de los obje i os del plan disciplina io que inspi ó la mode nidad.
Pe o decía más a iba ambién que en la mode nidad el iempo se despegó
de su e e en e cósmico. En e ec o, si el eloj abs ajo el iempo del iejo con-
ex o social, la mecánica new oniana in en ó hace lo p opio espec o a los
ciclos na u ales. Y si el eloj ue el g an aliado de la o ganización disciplina ia
128 Pape s 56, 1998 José Ángel Be gua Amo es
5. Pa a Lasalle (1828), po ejemplo, el ac o de esc ibi equie e « ene el cue po un poco lib e
y uel o del lado izquie do, y un an o inclinado hacia delan e, de sue e que es ando el
codo apoyado sob e la mesa, la ba billa pueda apoya se en el puño, a menos que el alcan-
ce de la is a no lo pe mi a; la pie na izquie da debe es a un poco más adelan e bajo la
mesa que la de echa. Hay que deja una dis ancia de dos dedos en e el cue po y la mesa; po -
que no sólo se esc ibe con más apidez, sino que nada hay más pe judicial pa a la salud
como el hábi o de apoya el es ómago con a la mesa; la pa e el b azo izquie do desde el codo
has a la mano debe es a colocada sob e la mesa. El b azo de echo ha de es a alejado del
cue po unos es dedos y sob esali casi cinco dedos de la mesa, sob e la cual debe apoya -
se lige amen e» (Foucaul , 1975: 156).
6. En 1960 se edi ó en Es ados Unidos una guía, que compilaba los da os es ánda de las g an-
des compañías, en la que se incluía el abajo de o icina. En esa guía se indicaba que ab i
y ce a el cajón de a chi o cos aba 0,04 minu os, le an a se de la silla 0,033 minu os,
mo e se en la silla pa a alcanza un esc i o io o a chi e o (4 pies máximo) 0,050 minu-
os, e c. (B a e man, 1975: 368).
de la sociedad que impuso la mode nidad, el iempo de la mecánica new o-
niana pe mi ió el despegue de la ciencia clásica, lo que esul ó se de g an u i-
lidad pa a los cons uc o es de máquinas de la Re olución Indus ial.
A inales del siglo XVI un nue o concep o de iempo iba a c ea se en
Occiden e como consecuencia del in e és de Galileo po explica el mo i-
mien o de los obje os en el ai e (Mo is, 1989: 23-59). Cues ionándose la esis
a is o élica de que el mo imien o «na u al» en caída de los obje os dependía
de su peso, descub ió que la dis ancia eco ida en caída e a p opo cional al
cuad ado del iempo. No obs an e, quedó po esol e el p oblema de la ace-
le ación, cla e pa a la nue a concepción del iempo, debido a que oda ía no
se conocía el cálculo in ini esimal. Leibniz y New on, en la segunda mi ad del
siglo XVII, y cada uno po su cuen a, lo in en a on. Con él se pudo medi las
medias de elocidad ins an ánea según un coe icien e de a iación en e iem-
pos de e minados que podían se educidos a olun ad.
Es a nue a desc ipción del iempo encajó pe ec amen amen e en el mode-
lo mecanicis a de New on. Según él, oda desc ipción dinámica implica dos
ipos de da os empí icos: po un lado, la desc ipción de las posiciones y las
elocidades de cada uno de los pun os de un sis ema en un ins an e dado, a
menudo llamado «ins an e inicial», po medio de un sis ema de ecuaciones
di e enciales, y, po o o, la na u aleza de las ue zas dinámicas. Como de en e
odas las ue zas, a pesa de que se conocían más, sólo ue enida en cuen a la
g a i a o ia, la desc ipción dinámica sólo esul ó ealmen e de e minada po el
es ado inicial. Es a indicación u o dos consecuencias. En p ime luga , y desde
un pun o de is a epis emológico, que pa a la ciencia clásica no hay sis ema
más que po e e encia a un pun o ijo a pa i del cual iene luga el o den, y
que la dinámica, al hace de la e e sibilidad la p opiedad básica de odo cam-
bio o e olución (P igogine y S enge s, 1990: 90) —pues el p incipio de con-
se ación de la ene gía (la ausencia po an o de ozamien os, choques y
con ac os) hacía del sis ema una máquina ideal pe ec a—, abole el iempo. Y
en segundo luga , desde un pun o de is a sociológico, que, «siendo una de las
uen es del mecanicismo new oniano el sabe de los a esanos y cons uc o es
de máquinas medie ales, ella misma da, al menos en p incipio, los medios pa a
ac ua sob e el mundo, p e e y modi ica el cu so de cie os p ocesos, conce-
bi disposi i os y pone en ma cha y explo a algunas de las ue zas y de los
ecu sos ma e iales de la na u aleza» (P ogogine y S enge s, 1990: 61-62), po
lo que es a ciencia clásica, y con ella su concepción del iempo, ienen más
pode de manipulación (pues da luga a un mundo i ial u o denado7en el que
Dimensiones e e encial, imagina ia y p agmá ica del iempo… Pape s 56, 1998 129
7. Son «máquinas i iales» según Foe s e (1991: 148-54) g an pa e de aquellos a e ac os
cons uidos po los homb es (como los elec odomés icos, o denado es, au omó iles, e c.)
en los que conociendo su es ado in e no y las en adas nos esul an p edecibles las salidas; y
son «máquinas no i iales» g an pa e de los a e ac os na u ales, en los que, pues o que el es a-
do in e no cambia con cada en ada, nos esul an imp edecibles las salidas. Desde o o pun o
de is a y basándose en las elaciones en e la noción ma emá ica de in o mación y el cálcu-
lo de la en opía, A lan (1990: 80-82) dis ingue el «o den», que «sólo apa ece en una es uc-
u a si se la conoce», de la «complejidad», que se e ie e a un sis ema no del odo conocido.

odo es p edecible y po lo an o con olable) que de comp ensión. Quizá es e
abusi o educcionismo ue a la causa de que William Blake exclama a: «¡que dios
nos gua de de e con un sólo ojo y de do mi con el sueño de New on!»8.
En úl imo é mino, aunque el se ialismo y la e e sibilidad desancla on el
iempo de sus e e encias na u ales y sociales ins i uyéndolo como obje i o,
en ealidad lo que hicie on ue liga lo a unos nue os pa adigmas, los sos eni-
dos po el eloj y el mecanicismo new oniano, que pe mi ie on, espec i a-
men e, los anclajes del capi alismo, en su e ien e disciplina ia, y de la
legi imación cien í ica de la es abilidad.
2. Dimensión imagina ia: del e e no e o no al u opismo
La exis encia del o den imagina io cues iona el ca ác e a bi a io del signo
saussu eano en el sen ido de que descub e de e minaciones in ínsecas muy
complejas en e sus dos lados, el signi ican e y el signi icado. Si el signi icado
emi e en ealidad a muchas cons elaciones de signi icados i uales ( al como
se han enca gado de mos a el psicoanálisis de Jung, la an opología de Du and
y el análisis de las eligiones de Eliade, en e o os), el signi ican e sólo suele
ac ualiza y i ializa una o a ias de ellas. Sin emba go, es a educción del
imagina io e ec uada po el signi ican e nunca es pe ec a, pues a poco que el
in e esado indague, siemp e se puede ene la opo unidad de eencon a en
el signo los signi icados imagina ios desplazados.
Según es o, se á in e esan e comenza es a ap oximación a la dimensión
imagina ia del iempo comp obando, con Du and (1984), cómo el homb e
ha in en ado conju a desde siemp e, ya con sus p ime os símbolos, el emi-
do y huidizo de eni . Según su es udio de las es uc u as an opológicas del ima-
gina io hay en p incipio un mo imien o de abs acción y alejamien o de la
ma e ia que, en p ime a ins ancia, conju a el caos del de eni y de las inie-
blas con los símbolos más a caicos que se conocen pe o que después se es a-
biliza á manipulando o os más elabo ados. Se ence al caos o o gándole
os os animales (p incipalmen e el caballo y el o o, que een ían a la ale a
y huida del animal an e lo animado en gene al —p. 88—) y emeninos (en los
que el «agua neg a» se con ie e en la me á o a de la sang e mens ual, aso-
ciada al iempo luna , y dueña de la ida y de la mue e —p. 122—), o eu e-
mizando la huida con el «mi o de la caída» (quin aesencia de oda la dinámica
de las inieblas, a la que po ans o mación de la eminidad se asocia la ca ne
sexual y diges i a). Y se impide el e o no del caos cons uyendo un sis ema
o mado po símbolos que, a la ez, p olongan y sus i uyen a los an e io es,
en e los que se cuen an los «especula es» (en e ellos los «luminosos» que,
130 Pape s 56, 1998 José Ángel Be gua Amo es
8. «Al p ecipi a nos en la e e sibilidad, nues as sociedades de abajo y dis ibución de las
ho as y de los días in en an hu a nos la mue e, hace nos ol ida o pe de nues os o os
iempos. Vi imos d ogados de semejanza y de e e sibilidad. Como se a a del iempo de
nues o mundo, seguimos pe suadidos de que nues as o ganizaciones sociopolí icas imi-
an la economía del uni e so. Pe manecemos ace ojados en es a a monía anspa en e»
(Se es, 1991: 76).
asociados a la palab a, da án p o agonismo a la is a y al e bo, medios con los
que se á o denado el mundo) y los «ascensionales» (que aluden a la econ-
quis a de una po encia pe dida, y lo hacen de es mane as ecinas en e sí:
«me a ísicamen e» —con las imágenes de ascensión o e ección hacia un más
allá del iempo—, mís icamen e —con el uelo de la «sublimación de la
ca ne», en el que el ángel apa ece como negación de la sexualidad— y i -il o
i - uosamen e —con la ue za del mona ca, que eúne en sí o iginalmen e
las igu as del ey, el gue e o y el juez—).
A es a huida del de eni en dos mo imien os sucede á, ya anquila la con-
ciencia, un e o no sólo apa en emen e ma e ialis a del que esul a á una eu e-
mización y has a la an í asis de los p ime os os os del caos. Así sucede en
gene al con los «símbolos de in e sión» y en pa icula con la eminidad (an es
símbolo de las inieblas y aho a loada po su ecundidad —p. 226-227—), o
la noche ( edimida po el ico imagina io de mís icos como san Juan o san a
Te esa y omán icos como Goe he o Hölde lin —p. 248-249).
En cie o modo, odo símbolo empo al, en an o que esumen o sín esis
de las imágenes del iempo, esul a de las múl iples manipulaciones an o
idealis as como «ma e ialis as» e ec uadas po el espí i u humano. Pe o en
elación con la ins i ución explíci a de empo alidades imagina ias lle ada a
cabo con imágenes más abs ac as y elabo adas nos encon amos con un ima-
gina io muy pa icula que conju a más e ec i amen e el lujo del de eni y
en el que se econoce mejo el occiden al. En p ime luga , con el iempo
e e sible del e e no e o no, que emi e in a iablemen e a la e e nidad. Según
ha mos ado Eliade (1992, 1994), las sociedades adicionales, po el hecho
de se sociedades que animan el mi o del e e no e o no, son sociedades con-
a el Tiempo, con a la His o ia9. En e ec o, los mi os y i uales pe enecen
al iempo sag ado que ac ualiza el o igen del ac o cosmogónico p imo dial, lo
que les si e pa a aboli el iempo p o ano y anspo a se a la e e nidad: «al
eci a o al escucha un mi o, se uel e a oma con ac o con lo sac o y con
la ealidad, y al hace lo se supe a la si uación p o ana, la si uación his ó ica»
(1994: 63). Es e iempo his ó ico obje o de exclusión es en pa e el p o ano,
pe o ambién iene que e muy especialmen e con la empo alidad de los
acon ecimien os ex e io es, imp e isibles y no deseados que, a menudo, a ec-
an a la es abilidad e incluso a la supe i encia de la p opia comunidad. Es po
es o que la e e sibilidad que ins au a el e e no e o no pa a pe manece ce ca
de la e e nidad, debe lucha con a la i e e sibilidad de los acon ecimien os
no p e is os que p ecipi an la caída en el iempo. Pues bien, pa a esol e
es a ensión en e el iempo sag ado y el p o ano el pueblo judío, o zado po
su ágica his o ia y haciendo de necesidad i ud, ejecu ó una manipulación
singula , la sac alización del iempo his ó ico y su con e sión en un iempo
Dimensiones e e encial, imagina ia y p agmá ica del iempo… Pape s 56, 1998 131
9. En gene al esa lucha con a la His o ia, jun o a las luchas con a la Polí ica, la Ley y la
Economía, no son sino dis in as mani es aciones de la p opiedad esencial de las sociedades
p imi i as: el «p ohibi la au onomía de uno cualquie a de los subconjun os que la cons-
i uyen» (Clas es, 1974: 180).
esca ológico, i e e sible como la His o ia pe o que, al igual que el e e no
e o no, apun aba a la e e nidad10. Más a de, el sal o mo al del c is ianis-
mo, que siguió aboliendo la his o ia, pues igualmen e que ía sal a la, culmi-
nó es a espi i ualización del iempo ubicando la e e nidad y la sal ación
pe sonales no en el u u o de los i os, sino as la mue e, y con i iendo
en bene icia ios de esa sal ación e e na no a un pueblo sino a odos, a la
humanidad. Dejó de es e modo abie as las pue as a la e ce a imagen del
iempo, la del escha on p o ano, que in oduci á la mode nidad a a és del his-
o icismo —«p oduc o de la descomposición del c is ianismo» según Eliade
(1994: 182)— as oma conciencia de la mue e de dios y sus i ui el impe-
a i o eligioso p emode no («mañana, cadá e es, goza éis») po la máxima
polí ica de la mode nidad («mañana goza éis») (Ibáñez, 1994: 170), de la
que esul a á la cons ucción de u opías.
3. Dimensión p agmá ica: la sinc onización
Pasando a la dimensión p agmá ica de la ins i ución social de la empo alidad
en la mode nidad, hay que comenza señalando que, en e o as cosas, es la
enca gada de hace dis inciones e indicaciones de segundo o den (de e ce o
mejo , pues, como ano amos a pie de página, an es del iempo/e e nidad es á
el pa se /no-se ), con las que se señalan in e alos espacio empo ales dis in os
y je a quizados, y de sinc oniza unos con o os.
Una de esas dis inciones, básica en oda sociedad, es la que ins i uye
un con inuo i al pa a los indi iduos y da luga a la secuencia in ancia-
adolescencia-ju en ud/madu ez/ ejez en la que el lado indicado (o no
ma cado) es la madu ez11, siendo la ju en ud un « oda ía no» y la ejez un «ya
no». Ac ualmen e, como consecuencia del ipo de o den cons uido po el capi-
alismo, la «mayo ía» adul a es pa adójicamen e cada ez menos nume osa y las
«mino ías» jó enes y mayo es cada ez más nume osas12. Po lo que espec a a
los jó enes, es o sucede po que el acceso a las esponsabilidades labo ales y ami-
132 Pape s 56, 1998 José Ángel Be gua Amo es
10. El escha on, «lo que es á ue a de alcance», es el iempo de la «sal ación», an o sac a (la
judeoc is iana) como p o ana (la u- opia). El sen ido del iempo se á des elado en ese ins-
an e inal o apocalipsis —«des-ocul a ») (Galimbe , 1992).
11. Los i os de iniciación de los adolescen es en las sociedades adicionales, que implican
una iple e elación —la de lo sag ado, la de la mue e y la de la sexualidad (Eliade, 1992:
158-161)— son po eso undamen ales, pues pe mi en conju a el componen e sal aje aso-
ciado a esa edad y sinc oniza sus idas con las de la sociedad.
12. Como han señalado Deleuze y Gua a i (1988: 107-08) la oposición cuali a i a en e mayo-
ía y mino ía es más impo an e que la cuan i a i a. La mayo ía, desde un pun o de is a cua-
li a i o, implica una cons an e uni e sal, «un me o-pa ón con elación al cual se e alúa»,
y supone un es ado de pode y dominación. En es e sen ido es e iden e que el Homb e
iene la mayo ía, incluso si es menos nume oso que los niños-adolescen es-jó enes y las
muje es. Y la iene po que como é mino no ma cado apa ece dos eces: una ez en la cons-
an e, como sis ema (la humanidad), o a en la a iable de la que se ex ae la cons an e,
como subsis ema (opues o a las muje es y a los niños-adolescen es-jó enes) (p. 107). Las
mino ías es án, po es o, on ológicamen e ue a del sis ema.
lia es (incluidas las domicilia es, conyugales y pa e no-ma e no iliales) iende a
demo a se en el iempo y, po lo an o, la espe a en la i esponsabilidad labo al
(el desempleo y el es udio) y amilia (la condición de hijo dependien e) a p o-
longa se. Si en la edad media, sal o en e la a is oc acia, a causa del emp ano acce-
so al abajo, la ju en ud e a p ác icamen e inexis en e, a inales del siglo pasado
eme gió una conciencia social sob e la adolescencia, a la que ha seguido en es e
siglo o a sob e la ju en ud (Galland, 1991: 9 y s.). La causa de es a úl ima oma
de conciencia es la masi a p oducción social de ju en ud e ec uada po el capi-
alismo con la e olución cien í ico- écnica (que p olonga el iempo de o ma-
ción p o esional), la c isis del pleno empleo y la aplicación de polí icas económicas
neolibe ales (que di icul an, espec i amen e, el acceso al abajo o la emanci-
pación a a és de él). Tan eno me ha sido la can idad de ju en ud así p odu-
cida que a la inco po ación o «sinc onización» adicional (la del acceso a las
esponsabilidades) ha debido añadi se una sinc onización de segundo o den que
ya no ans o ma a los suje os imponiéndoles esponsabilidades, sino que los
econs uye como «jó enes» cap u ando, desac i ando y o ien ando su jo ialidad
con p oyec os ins i ucionales o con la ines imable ayuda de la indus ia del ocio.
Sin emba go, en cada sinc onización no oda la jo ialidad es cap u ada ni desac-
i ada. Siemp e queda á un es o del que los jó enes se se i án pa a desbo da
c ea i amen e las coacciones o suge encias ap opiándose de ellas (Le eb e, 1984:
111) e in en a nue os es ilos de ida. Así que se eque i á una nue a sinc oni-
zación de la que o a ez excede á un es o… Y así inde inidamen e.
Uno de los in o mes sob e la ju en ud española ealizado po la Fundación
San a Ma ía (1984) lo o mulaba más o menos del mismo modo. Se descu-
b ía que en el en o no de las ápidas ans o maciones sociales y económicas
expe imen adas po la sociedad española, los adul os endían a abandona la
cul u a adicional y a mime iza la ju enil, de al modo que la legalizaban,
o malizaban y legi imaban como al e na i a cul u al. «Tal ap opiación —se
decía— implica mucho de manipulación y come cialización, lo que ácilmen e
empuja a los jó enes a hui hacia delan e en busca de nue os modos exp esi-
os» (p. 181). Sin emba go, es poca la jo ialidad que huye y mucha la sinc o-
nizada. Como consecuencia de es o, hay eces que el sociólogo de la ju en ud
se encuen a an e una si uación ex aña, la desapa ición de su obje o de es u-
dio: «Hay ipos de jó enes que se pa ecen más a de e minados adul os que al
p opio es o de los jó enes […], es po que ales jó enes sólo son jó enes en
é minos demog á icos, pe o ya no lo son en é minos sociales» (Gil Cal o y
Meléndez Ve ga a, 1985: 256).
O o an o puede deci se espec o a la dis inción iempo de ocio/ abajo. La
complemen a iedad je á quica en a o del abajo indicada po la mode ni-
dad ha in e ido la indicación o iginal de la que nos in o ma la e imología del
é mino la ino o ium, semán icamen e p e io a neg-o ium13. Pues bien, siendo
Dimensiones e e encial, imagina ia y p agmá ica del iempo… Pape s 56, 1998 133
13. Una ida social egulada po la indicación o iginal, la que pone en p ime é mino el ocio,
es la de los ui o o, que dicen: «nues as adiciones es án siemp e i as en e noso os inclu-
so cuando no danzamos; pe o abajamos an sólo pa a pode danza » (Eliade, 1992: 92).
ela i izados po los a ec ados, y las manipulaciones de la jo ialidad, el ocio y
o os esiduos, eliminadas. Quizás las con empo áneas luchas po a i ma cie -
as di e encias en e a los pode es he e ónomos (caso del eminismo, del e ni-
cismo, de las ibus, e c.) o men pa e de es a eme gen e, en iquecedo a y
libe ado a es a egia asinc ónica.
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