Homogamia educativa y capital cultural
Abstract
El artículo trata la relación positiva entre hipogamia educativa, cohorte generacional femenina nacida con posterioridad a 1955 y capital cultural en los hogares de la ciudad de Lleida. Los resultados se interpretan en un contexto más amplio de modernización familiar de la sociedad española.
Full text
Homogamia educativa y capital cultural Lluís Samper Universitat de Lleida. Departament de Geografia. Lleida. Spain Dolors Mayoral Universitat de Lleida. Departament de Sociologia. Lleida. Spain Resumen El artículo trata la relación positiva entre hipogamia educativa, cohorte generacional femenina nacida con posterioridad a 1955 y capital cultural en los hogares de la ciudad de Lleida. Los resultados se interpretan en un contexto más amplio de modernización familiar de la sociedad española. Palabras clave: cambio familiar, homogamia, capital cultural, educación. Abstract. Educational hipogamy and cultural capital The article deals with de relationship between educational hipogamy, female cohorts born after 1955 and cultural capital in Lleida city households. This issues are interpreted in a wider context of family modernization of Spanish social structure. Key words: family change, homogamy, cultural capital, education. Papers 54, 1998 139-155 1. Modernización y cambio familiar 2. Organización familiar versus equipamientos y consumos culturales en la ciudad de Lleida 3. Análisis de la hipogamia educativa 4. Conclusiones Bibliografía Sumario 1. Modernización y cambio familiar Mujeres policías, dependientas, médicas, alcaldesas, profesoras, juezas, farmacéuticas, veterinarias…, la presencia femenina en la esfera pública constituye hoy una realidad cotidiana. Sin embargo, conviene tener presente que, al
140 Papers 54, 1998 Lluís Samper; Dolors Mayoral margen de las apariencias, nos encontramos frente a un fenómeno minoritario —poco más de la tercera parte de las españolas realiza actividades extradomésticas remuneradas— y, lo que aún es más significativo, se trata de un proceso inacabado y relativamente reciente. Para comprender la novedad de la erosión del secular destierro de las mujeres al ámbito doméstico, debemos remitirnos a un triple escenario de transformaciones que se suceden en la sociedad española hacia la segunda mitad de los setenta y que podrían cifrarse en cambios educativos, cambios demográficos y familiares, y, finalmente, cambios a nivel de estructura social. Una primera y muy manifiesta brecha generacional entre las mujeres españolas hace referencia a los niveles de educación formal. Para las mujeres que hoy tienen más de cuarenta años, es decir, nacidas antes de 1955, la enseñanza secundaria, y, aún más, la universitaria constituían un objetivo difícilmente alcanzable. Tradicionalmente ha existido, y el actual panorama a nivel planetario lo sigue confirmando, una fuerte relación inversa entre los índices de alfabetización y escolarización femeninas y la subordinación de las mujeres en aspectos jurídico-legales —explotación económica, elevadas tasas de fecundidad, limitación de las libertades individuales…—. En el caso concreto de España, los datos de las desigualdades escolares por criterios de género son muy elocuentes. Mientras que las españolas nacidas antes de 1920 tienen una desigualdad educativa intersexual de 2,3 (es decir que para cada mujer con formación profesional o universitaria hay 3,3 varones), en las nacidas entre el 40 y el 44 ésta es poco más de 1, de alrededor de cero para las nacidas entre 1955 y 1960 y para las menores de treinta años es negativa, esto es, reciben formación reglada para el empleo en una proporción mayor que los varones de su edad (Garrido, 1992: 146-147; CES, 1995). Es más, datos avanzados por EUROESTAT para 1995 y publicados en la prensa indican que el 53% de los titulados españoles con edades comprendidas entre los 25 y 29 años son mujeres, mientras que la cifra correspondiente a la cohorte de 55 a 59 años está por debajo del 53%. En otras palabras, que por primera vez en nuestra historia, las jóvenes estudian más que los chicos, tanto en términos de años de escolarización como en lo referente a obtener mejores cualificaciones académicas. Aunque subsisten diferencias cualitativas importantes (las mujeres son especialmente numerosas en enfermería, magisterio, psicología, biología, farmacia, o incluso medicina, mientras que no llegan siquiera a alcanzar la cuarta parte de la matrícula en las carreras técnicas), las consecuencias sociales de tal revolución educativa son muy importantes, ya que suponen un mayor acceso, redistribución y permanencia en el mercado laboral, nuevas pautas demográficas y, tal vez, cambio en la organización interna del sistema de valores y redefinición de roles en la institución familiar. En efecto, dicha «sobreeducación» femenina debe ser contextualizada en un proceso más amplio de liberación de la mujer que, aunque iniciado en el mundo capitalista desarrollado hacia mediados de los años sesenta, no alcanza de pleno la sociedad española hasta diez años más tarde. En efecto, se trata
Homogamia educativa y capital cultural Papers 54, 1998 141 de cambios en los tres ámbitos clave del posicionamiento social —educación, ocupación y familia— que, en el contexto español, se aceleran a partir de, aproximadamente, 1975. Una vez más, el corte generacional afecta a las mujeres que hoy tienen en torno a los 40-45 años de edad, es decir, las procedentes de las cohortes nacidas entre 1951-55 y, ya de un modo muy manifiesto, entre 1956 y 1960 (Gil Calvo, 1989; Garrido, 1992; Delgado, 1993; Goetze y Solé, 1994). Las transformaciones incluyen tanto cambios relativos a la condición femenina derivados del uso de los métodos anticonceptivos con el correlativo descenso de la natalidad y la consiguiente variación de las pautas sociodemográficas, como transformaciones a nivel familiar provocadas por la creciente incorporación de la mujer al trabajo extradoméstico con notables repercusiones en la esfera de lo legislativo e ideológico1. Traducido en términos de dinámica del sistema familiar, todo ello implica la génesis de un modelo basado en criterios societarios e individualistas («familia asociativa») especialmente provocado por la penetración del mercado en su interior, hechos que vienen a coincidir con la aparición de la segunda transición demográfica o familiar (Flaquer, 1990; 1993). Pese a la prevalencia de la familia nuclear (Valero, 1991), la comparación entre los censos de hogares entre 1970 y 1990 subrayan el descenso de los grupos domésticos extensos y múltiples frente al aumento de los hogares monoparentales y pluripersonales (Flaquer, 1990; Requena, 1993; Lamo de Espinosa, 1995). En otras palabras, aunque los hogares con núcleo conyugal alcanzan las dos terceras partes del total, una perspectiva diacrónica evidencia que tienden a disminuir las agrupaciones familiares más tradicionales y que emergen, lenta pero inequívocamente, «nuevas formas» de familia. Pero es respecto al carácter de la familia, esto es, su organización interna, a los roles familiares de sus miembros y a los sistemas de normas y valores, que cabe hablar propiamente de segunda transición familiar. Así, la intensificación de la privacidad, evidenciada por el incremento del individualismo, por una parte, y el auge del feminismo, por otra (Flaquer, 1990: 542). Expresado en términos de dinámica de formación de la pareja conyugal, suponen el predominio de estrategias individuales dentro del llamado «mercado matrimonial». Dicho en otras palabras, nos encontramos ante el predominio de unos procesos de negociación entre los futuros cónyuges en los que, además de los tópicos sobre el físico y la personalidad, empiezan a ser determinantes aspectos tales como los recursos profesionales y educativos que dependen, en gran parte, de su situación de clase (Flaquer, 1993: 55). A diferencia del modelo familiar tradicional en el que predominaban las estrategias 1. Por ejemplo: 1975, derogación de la ley franquista según la cual los maridos debían proteger a sus esposas y éstas obedecerles; 1981, 30/81 de 7 de julio, ley de disolución voluntaria del matrimonio;1983, despenalización (parcial) del aborto, así como los cambios de actitud hacia temas tales como el matrimonio, la cohabitación o la sexualidad (Conde, 1983; Alberdi y otros, 1984; S. Del Campo, 1981).
142 Papers 54, 1998 Lluís Samper; Dolors Mayoral grupales de alianza, en la actual sociedad individualista y racionalista la negociación se basa no solamente en las competencias personales, sino también en los recursos financieros, educativos y sociales de los miembros de la pareja que son, a su vez, los encargados de postular su candidatura. De ahí, a nuestro juicio, la importancia del estudio de la homogamia, más concretamente la «homogamia educativa»2. Un reciente estudio sobre la formación de la pareja, basado en la Encuesta Sociodemográfica del INE de 1991 (Lence y Amunarriz, 1995), contrasta la pauta tradicional de elección de cónyuge —el varón ofrecía posición social y la mujer, juventud, belleza y disponibilidad socioafectiva— con las nuevas tendencias hacia un mercado matrimonial progresivamente equilibrado. En este sentido, los procesos de modernización habrían implicado un cambio de táctica, especialmente en los estratos de mujeres de los niveles socioeducativos más altos, en los que se tendería a la hipogamia (matrimonios con varones de inferior posición social) En este mismo estudio se comprueba, a partir del análisis de cohortes, que en las mujeres con estudios superiores, el subgrupo más joven (25-34 años) reduce sus niveles de homogamia educativa frente a la cohorte de 55 a 64 años (las cifras respectivas son del 49% frente al 61% del subgrupo de mayor edad). Por el contrario, las mujeres mayores, en casi todos los casos, presentan índices de hipergamia superiores a los hombres. Dicho de otro modo, la elección de marido era para ellas un importante medio de movilidad social ascendente. También en términos de homogamia ocupacional se perciben cambios. Los hombres buscan ahora más que antes una mujer con una ocupación de mayor prestigio que la propia. En cuanto a las mujeres, una vez más son las jóvenes de los estratos ocupacionales superiores frente a las de la cohorte de más edad, las que tienden a la hipogamia ocupacional. Concretamente, sólo 2. Pese a su atractivo, el tema de la homogamia, tal vez debido al carácter controvertido y un tanto oscuro de dicho concepto, es aún poco utilizado en sociología. Una primera dificultad procede de la distinción conceptual entre homogamia y endogamia. Por ejemplo, en un estudio sobre cambio social y estructuras sociales en Cataluña (Pinilla, 1979: 43-55) el autor, a partir de la existencia de diferencias en los distintos niveles culturales y lingüísticos entre la población nativa e inmigrante, justifica el uso del concepto homogamia para analizar los matrimonios entre nativos catalanes o nativos andaluces con mujeres de origen catalán o andaluz. Sin embargo, mientras la endogamia se refiere a matrimonios entre próximos, en términos de origen geográfico o linaje, la homogamia propiamente dicha nos remite a la igualdad o simetría de los cónyuges. En palabras de Carabaña (1983: 80), la endogamia es un factor de naturaleza grupal y estamental, en el sentido weberiano, mientras que la homogamia, según este sentido, sería más bien de naturaleza clasista, es decir, relativo a un mercado matrimonial sin restricciones. Una segunda y no menos importante dificultad en el empleo de dicho concepto estribaría en su operacionalización. Así, en un estudio clásico (Kerckoff, 1963) se distinguen cuatro dimensiones homogámicas (educación, clase, religión y residencia) no necesariamente coincidentes. Conviene añadir, no obstante, que la más congruente en términos correlacionales fue justamente la homogamia educativa.
Homogamia educativa y capital cultural Papers 54, 1998 143 un 25,9% de las jóvenes frente al 38,5% de las mayores han efectuado un matrimonio o una unión consensual que implique un ascenso de nivel socioeconómico. De los datos se deduce la existencia de una leve tendencia a la hipogamia de las jóvenes universitarias o que ocupan cargos con elevado prestigio ocupacional (Lence y Amunarriz, 1995: 18). En resumen, a partir de las dos últimas décadas, la conjunción de los dos fenómenos citados —la sobrecualificación educativa femenina y la tendencia al «matrimonio asociación»— está repercutiendo en una modificación de las habituales pautas de homogamia e incluso, tal vez, esté erosionando la tradición europea de uniones hipergámicas (aquéllas en las que el marido tiene superior nivel social, origen familiar, estudios, ocupación, ingresos… que su esposa). Recuérdese, a título anédoctico, la vigencia de los mitos como la Cenicienta, la Bella Durmiente o el Príncipe Azul (Flaquer, 1993: 54; Gil Calvo, 1995: 124). Por último, todas estas transformaciones en los ámbitos educativos, de género y familiares, nos remiten a los procesos de modernización (pese a la carga de ambigüedad y controversia que comporta dicho término), de profunda transformación estructural de la propia sociedad española: desruralización y migraciones internas, urbanización, industrialización primero y desindustrialización y terciarización posteriores, democratización política, consumismo y massmediatización cultural (Tezanos, 1984; Flaquer y otros, 1990; Ortega, 1994; Maravall, 1995). No sólo se ha forjado una sociedad civil más compleja y diferenciada y se ha allanado el camino hacia la democratización, sino que también se ha consumado el cambio estructural del primitivo capitalismo de producción al neocapitalismo corporativo y de consumo3. De una sociedad de subsistencia se ha evolucionado hacia un cierto tipo de «sociedad de consumo» o «sociedad desarrollada», caracterizada tanto por una notable progresión de la renta como por una demanda creciente de mercancías, no sólo de bienes elementales sino también de bienes ociosos masivos y de lujo (Ortí, 1994: 43-44). En este caso, el consumo responde de un modo progresivo a un proceso de diferenciación simbólica en la medida en que la dinámica del actual capitalismo pone un extraordinario énfasis en la produc3. Diferentes autores (Roldán y García Delgado, 1973: 33 y s.; Tortella, 1994: 277; Maravall, 1995: 68) coinciden en señalar 1959, el inicio del Plan de Estabilización, como fecha clave del tránsito de la autarquía al liberalismo económico. Sin embargo, en la génesis de la sociedad de consumo (Castillo, 1987; Conde, 1994; Ortí, 1994) cabe diferenciar entre el nacimiento de la ideología consumista en torno a 1960 y el nacimiento de la sociedad de consumo propiamente dicha que cabe situar también hacia la segunda mitad de los años setenta. Con anterioridad a esta época sólo sectores minoritarios se comportaban de acuerdo con pautas de compra semejantes a las de otros países más desarrollados, mientras que la generalización de bienes de consumo relacionados con la satisfacción de necesidades básicas (frigoríficos, lavadoras, instalación de ducha o baño en los hogares…) aún se hará esperar una década. A partir de los años ochenta subsisten diferencias cuantitativas en la capacidad de consumo según criterios de ingresos, nivel de estudios, hábitat…, pero empiezan a ser relevantes las distinciones cualitativas, especialmente en la propiedad y uso de bienes culturales: libros, discos, lectura de prensa…
144 Papers 54, 1998 Lluís Samper; Dolors Mayoral ción de estatus. Ello se traduce en un incesante consumo de bienes, incluidos los bienes culturales: objetos fungibles, equipamientos e incluso, cada vez con mayor frecuencia, en prácticas o actividades diferenciadoras (Turner, 1988; Collins, 1992; Ortí, 1994; Bocock, 1995). Ello nos remite a la consideración de la ascendente importancia de variables culturales como criterios de legitimación y reproducción de las desigualdades sociales. 2. Organización familiar versus equipamientos y consumos culturales en la ciudad de Lleida La utilización de formas culturales específicas (desde el habla hasta el vestido o la misma configuración somática) en tanto que estrategias destinadas a la legitimación y perpetuación de las élites ya había sido puesta de manifiesto, entre otros autores, por Veblen (1899) y su noción de consumo conspicuo o Weber (1922) con su concepción del estatus como estilo de vida específico y distintivo de un grupo social. No obstante, ha sido el sociólogo francés P. Bourdieu (1984, 1989) quien de un modo más persistente ha desarrollado la tesis de la importancia de los estilos culturales, por ejemplo los gustos y las preferencias de los distintos grupos ocupacionales de la sociedad francesa, en la reproducción de las desigualdades sociales. Sus teorías y aportaciones empíricas han generado considerable controversia en la sociología de la cultura, más específicamente, en el sentido de comparar la hegemonía cultural de las clases dirigentes francesas con las fronteras del estatus de otras sociedades avanzadas (Lamont y Fournier, 1992). ¿Hasta qué punto, por ejemplo, la contraposición entre capital económico y capital culturaltiene un alcance semejante en sociedades tales como Francia, Japón o los EEUU?4 Por otra parte, la familia, incluso en nuestras sociedades clasistas y meritocráticas, sigue actuando como locus privilegiado para mediar entre el mercado y el posicionamiento o la colocación final de los individuos en la sociedad (Carabaña, 1993). Dicho metafóricamente, si concebimos la vida como un juego en el cual acaban triunfando los que están mejor preparados, la familia es el espacio social en el que se reparten las fichas para poder participar y se aprenden las reglas que lo rigen (Flaquer, 1994). 4. J.R. Hall (1992) ha cuestionado lo que el denomina la concepción holística y estructuralista del catedrático del Collège de France que le lleva a considerar el capital cultural como un medio generalizado de acumulación y reconocimiento de los bienes simbólicos. Frente a tal concepción universalista (un modelo de sumatorio cero de bienes simbólicos en relación con criterios objetivos de distinción) este sociólogo norteamericano aboga por un enfoque multiculturalista del tema: diferentes patrones de capital cultural según criterios de género, etnicidad, clases y estatus sociales… Aunque el problema es demasiado complejo como para intentar siquiera exponer adecuadamente los términos de la polémica, vale la pena decir que una teoría de la cultura debería articular tanto los aspectos expresivos, cognitivos o identitarios como la dimensión jerarquizada de la misma, incluyendo, por ejemplo, nociones como dominio o hegemonía cultural (Giner, 1985; Cabrera, 1994).
Homogamia educativa y capital cultural Papers 54, 1998 145 Esta importancia de la familia en tanto que lugar por excelencia de la reproducción social también ha sido subrayada por Bourdieu (1994: 137). Como principio de construcción social de la identidad personal es a la vez inmanente a los individuos y los trasciende realizando un auténtico trabajo de institución (simultáneamente ritual-afectivo y técnico-estratégico) que procura la producción y reproducción del capital en sus diversas especies: económico, simbólico y social. A su vez, dichas estrategias reproductoras comprenden toda una serie de microestrategias: de fecundidad, de sucesión, educativas, matrimoniales… (Bourdieu, 1993). Es aquí, a nuestro juicio, donde cabe articular la pertinencia del concepto de homogamia en relación con el tema de los equipamientos, hábitos y consumos culturales de los hogares. En efecto, si las estrategias educativas de reproducción social tienden a producir agentes sociales capacitados en términos de cualificaciones escolares y de capital cultural heredado —estilos de vida, gustos y aficiones—, no es menos cierto que las estrategias matrimoniales deben asegurar la reproducción biológica del grupo sin que los casamientos desiguales amenacen su reproducción social5. Además, como ya hemos indicado con respecto a la evolución reciente de la sociedad española, las tradicionales pautas de homogamia e hipergamia tienden a ser erosionadas por la difícil pero progresiva emancipación femenina, especialmente en el capítulo de la cualificación educativa. ¿Repercuten las asimetrías educativas en la redefinición de los sistemas de valores y en la reasignación de los roles domésticos? ¿Hasta qué punto dichos posibles cambios no dependen de las respectivas dotes educativas o culturales de los cónyuges? ¿En qué medida cuando vamos ascendiendo en la escala educativa las desigualdades interconyugales tienden a disminuir? En la reproducción de las desigualdades externas interfamiliares, ¿qué papel tienen los respectivos capitales culturales del padre o de la madre? ¿El creciente proceso de individualización, acentúa o atenúa las diferentes pautas de consumo y práctica cultural entre los miembros de la pareja? Trataremos de redefinir y responder, siquiera parcialmente, a algunas de estas cuestiones a partir de los resultados obtenidos en un estudio sobre demandas y consumos culturales de los habitantes en la ciudad de Lleida6. 5. Desde un enfoque neoweberiano, R. Collins (1992) argumenta que en la sociedad norteamericana actual hay una división familiar del trabajo relativa a la reproducción de las dimensiones de la estratificación social. Mientras los hombres tienden a especializarse en el sector productivo, esto es en las clases sociales propiamente dichas, sus esposas —y no sólo las amas de casa—, además del consabido desempeño de las tareas reproductivas, se especializan en convertir los recursos de dinero y tiempo de ocio en estatus. 6. Obviamente, el estudio original, subvencionado por el ayuntamiento de la ciudad, recoge muchos más aspectos de los que aquí reflejamos. Con respecto a los datos técnicos del estudio, cabe indicar que éste se basó en una base muestral de 404 hogares de la ciudad de Lleida, con un error muestral (considerando p=q= 50% y a un nivel de confianza del 95,5%) de ±5. El trabajo de campo, en el que se utilizó un sistema de rutas a partir de cuotas previas por cada barrio, se realizó en el mes de diciembre de 1994. La selección final de cada hogar fue aleatoria.
146 Papers 54, 1998 Lluís Samper; Dolors Mayoral Los antecedentes del presente estudio se encuentran en una investigación (Mayoral, 1994) en la que se pone de manifiesto que entre los alumnos de las escuelas públicas de Lleida existe una relación, estadísticamente significativa, entre sus realizaciones y capacidades lingüísticas y los niveles de capital cultural de las respectivas familias. La operacionalización del concepto de capital cultural, y basándonos en los resultados de la investigación anteriormente reseñada, se ha realizado a partir de tres criterios: a) Niveles de instrucción de los hogares: sumatorio del nivel de escolarización del cabeza de familia y del cónyuge a partir de las categorias: — no sabe leer ni escribir, primarios incompletos; — primarios completos; — bachillerato y graduado escolar, FP 1er grado; — bachillerato superior, FP 2º grado; — universitarios de grado medio, diplomados; — licenciados universitarios de grado superior. b) Equipamientos culturales de los hogares: con una serie de ítems relativos a analizar en términos cualitativos y cuantitativos el grado de posesión de objetos de consumo cultural (libros, discos, instrumentos musicales…) y de ocio (televisión en color, equipamientos deportivos, videocámara, ordenador…). c) Prácticas culturales: subdivididas a su vez en dos categorías: — actividades del tiempo libre del cabeza de familia y del cónyuge; —participación cultural de los miembros del hogar en actividades tales como conferencias, visitas a museos y exposiciones, pertenencia a asociaciones (APA, deportivas, religiosas…). Hemos sintetizado nuestras hipótesis de trabajo en las siguientes proposiciones: 1. La hipogamia educativa (definida como la proporción de mujeres cuyo nivel de educación formal sea superior a la de su cónyuge o pareja masculina) será mayor entre las mujeres de mayores índices de escolarización, así como de edades más jóvenes. 2. El capital cultural será más frecuente en aquellos hogares en los que se dé una situación de hipogamia educativa. Más concretamente, en los hogares en los que la mujer supere al marido o compañero en lo relativo a sus respectivos niveles de educación formal observaremos: — mayor número de equipamientos culturales; —índices más elevados de actividades relacionadas con el consumo cultural y el ocio activo; —predominio del asociacionismo o de participación de ofertas culturales de carácter institucional.
Homogamia educativa y capital cultural Papers 54, 1998 147 Además de estas diferencias cuantitativas esperamos encontrar diferencias cualitativas entre los estilos de vida y las pautas culturales según el carácter hipogámico, hipergámico o homogámico de los hogares estudiados. 3. En los hogares hipogámicos, definidos en términos de hipogamia educativa, las mujeres manifestarán una actitud más favorable a los temas relativos a la liberación de la mujer o, dicho en otras palabras, adoptarán posiciones ideológicas proclives a la modernización familiar. 3. Análisis de la hipogamia educativa Si contrastamos nuestros resultados con los datos procedentes de otros contextos de la realidad española observamos la aparición de una leve tendencia a la hipogamia. Así, los estudios realizados sobre el conjunto de la realidad española por Carabaña (1994) y Lence y Amunarriz (1995) coinciden en señalar el predominio de la homogamia educativa pero con ciertas matizaciones, puesto que se aprecia una leve tendencia en las cohortes generacionales más jóvenes y con elevadas credenciales educativas con alto nivel ocupacional hacia la hipogamia. También un estudio realizado en Barcelona y su área metropolitana por Flaquer y Solsona (1995) nos permite comparar sus resultados con los que nosotros hemos obtenido en la ciudad de Lleida, tal como lo muestra el siguiente cuadro: Lleida Barcelona Barcelona (ciudad) (ciudad) (región I) Uniones homogámicas 48,5% 64,4% 72,8% Uniones hipergámicas 36,6% 24,7% 18,9% Uniones hipogámicas 14,8% 8,2% 8,3% Curiosamente, la mayor proporción de hogares hipogámicos en la ciudad de Lleida puede ser debido al fuerte arraigo, incluso en el contexto urbano, de la familia troncal catalana, es decir, de la ideología «pairalista». En este sentido, mientras los varones, sean o no primogénitos, han tendido a quedarse como herederos de los bienes patrimoniales (especialmente tierras pero también locales comerciales o empresas de tipo familiar), las hijas, especialmente a lo largo de las dos últimas décadas, han tendido a ser «dotadas» con algún tipo de compensación económica de carácter simbólico, concretamente la realización de estudios universitarios de tipo medio o superior, esto, en algunos casos, vendría a equivaler a los «derechos de legítima» en términos jurídicos. Si nuestra hipótesis es correcta, por una paradoja de los procesos de modernización, el patriarcalismo jurídico ha tenido el efecto no deseado de facilitar, vía sobreeducación de las hijas, la emancipación femenina. Por otra parte, tal como esperábamos, la hipogamia educativa es mayor entre las mujeres más jóvenes y/o con mayores niveles de escolarización. Concretamente, las uniones homogámicas están repartidas entre el 50,1%
154 Papers 54, 1998 Lluís Samper; Dolors Mayoral FLAQUER, L.; SOLSONA, M. (1995). Dossier sobre la situación de la familia a Barcelona. FEITO, R. (1995). «La subordinación de las mujeres dentro del hogar». Claves, 56, p. 71-75. GARRIDO, L.J. (1992). Las dos biografías de la mujer en España. Madrid: Instituto de la Mujer. GIL CALVO, E. (1995). El destino: progreso, albur y albedrío. Barcelona: Paidós. GINER, S. (1985). Comunió, domini, innovació. Per una teoría de la cultura. Barcelona: Laia. GOETZE, D.; SOLE, C. (1994). «El dificultoso camino de la emancipación femenina en España». En LÓPEZ CASERO, F. y otros (1994). El precio de la modernización, Madrid: Ed. Iberoamericana, p.113-148. HALL, J.R. (1992). «The Capital(s) of Cultures: A Nonholistic Aproach to Status Situation, Class, Gender amd Ethnicity». En LAMONT, M.; FOURNIER (eds.). Cultivating Differences. Chicago: University of Chicago Press, p. 257-287. IGLESIAS, J. (1994) (coord.) «Familia». En JUAREZ, M. (dir.), Fundación Foessa, tomo I, p. 415-547. KERCKHOFF, A.C. (1963). «Patterns of Homogamy in Mate Selection». En ANDERSON, M. (1971). Sociology of the family. Penguin: Harmondsworth, p. 169-185. KALMIJN, J. (1991). «Status Homogamy in the United States». En American Journal in Sociology, vol. 97, núm. 2, p. 496-523. LAMO DE ESPINOSA, E. (1995). «Nuevas formas de familia». Claves, 50, p. 50-56. LENCE, C.; AMUNARRIZ, B. (1995). «Estudio de la pareja a través de la homogamia y la movilidad social». En V Congreso Español de Sociología. Granada: FES. MARAVALL, J.M. (1995). Los resultados de la democracia. Madrid: Alianza. MAYORAL, D. (1994). Lenguaje y estatus sociocultural: un estudio empírico del lenguaje infantil en los barrios de Lleida. Tesis doctoral inédita, Universidad de Lleida. MIGUEL, A. DE (1974). «Sobre lo masculino y lo femenino». Sistema, 4, p. 75-88. ORTEGA, F. (1994). El mito de la modernización, Barcelona: Anthropos. ORTI, A. (1994). «La estrategia de la oferta en la sociedad neocapitalista de consumo: génesis y praxis de la investigación de la demanda». Política y Sociedad, Sociología del consumo, núm. 16 de mayo-agosto de 1994. Madrid: Universidad Complutense de Madrid. PRESS, A.L. (1994). «The sociology of Cultural Reception». En CRANE, D. The sociology of Culture. Oxford: Blackwell, p. 221-246. REQUENA, M.A. (1993). «Formas de familia en la España contemporánea». En GARRIDO, L.; GIL CALVO, E. (eds.). Estrategias familiares. Madrid: Alianza Universidad, p. 37-47. RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ, J.M. (1993). «El proceso de formación ocupacional de hombres y mujeres». En GARRIDO MEDINA, L.; GIL CALVO, E. Estrategias familiares. Madrid: Alianza Universidad. ROLDAN, S.; GARCÍA DELGADO (1973). «Hacia un nuevo equilibrio del sector exterior: el crecimiento de la economía española (1960-73)». En Cuadernos para el diálogo, 38, p. 32-42. SAMPER, L.; MAYORAL, A. (1995). Equipaments, práctiques i consums culturals a la ciutat de Lleida. Informe Ayuntamiento de Lleida. SUBIRATS, M. (1993). «El trabajo doméstico nueva frontera para la igualdad». En GARRIDO, L.; GIL CALVO, E. (eds.). Estrategias familiares. Madrid: Alianza Universidad.
Homogamia educativa y capital cultural Papers 54, 1998 155 TEZANOS, J.F. (1984). «Cambio social y modernización en la España actual». REIS, 28, p. 19-61. TORTELLA, G. (1994). El desarrollo de la España contemporánea. Madrid: Alianza. TURNER, B.S. (1988). Status. Minneapolis: University of Minesota Press. VALERO, M.A. (1992). «La prevalencia de la familia nuclear en el sistema familiar español». Comunicación presentada en el IV Congreso de la FES. Madrid, 24-26 de septiembre de 1992. VEBLEN, T. (1899). Teoría de la clase ociosa (ed. 1971). México: Fondo de Cultura Económica. WEBER, M. (1922). Economía y sociedad. (ed. 1984). México: Fondo de Cultura Económica.