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Modelos de inserción sociolaboral de las jóvenes rurales Cecilia Díaz Méndez Universidad de Oviedo. Facultad de Económicas. Área de Sociología Campus del Cristo, s/n. 33071 Oviedo. Spain [email protected]vi.es Resumen Las familias agrarias vinculadas a la pequeña agricultura familiar han sido objeto de estudio para analizar las trayectorias sociolaborales de sus hijas. Este análisis, realizado con una metodología de tipo cualitativo (entrevistas en profundidad y grupos de discusión), ha permitido, entre otras cosas, describir las pautas de inserción sociolaboral de estas jóvenes, así como conocer la forma en que la familia actúa para apoyar su tránsito a la vida adulta. La particular organización familiar y laboral de este tipo de familias obliga a la distribución de los recursos para el mantenimiento y la reproducción del grupo. Con grandes o escasos recursos y en un entorno que presiona la marcha socioeconómica de las explotaciones agroganaderas, las familias manejan su potencial para lograr el objetivo de reproducción y cambio. Esta distribución de recursos humanos y materiales es desigual y está diferenciada por el género, que constituye una pauta de reproducción de las familias estudiadas. Las chicas contarán con dos opciones fundamentales: proseguir con la familia o abandonarla. El matrimonio fuera del pueblo y los estudios les permitirán una independencia de la familia de origen. La soltería o el matrimonio con un joven ganadero las vinculará, por el contrario, al grupo familiar. Todas las alternativas son opciones de vida para estas jóvenes y evidencian una imagen de mujer joven rural sólo madura e independiente tras el matrimonio. Palabras clave: mujer rural, estrategias familiares, familia campesina, reproducción social. Abstract. Social and labour insertion patterns of rural young women Agrarian families linked with small family farms have been studied to unveil the insertion itineraries followed by its young female members. Following a qualitative methodology (in-depth interviews, and discussion groups), we have been able to describe the social and labour insertion of these young women, and to detect the family’s influence in the young women’s personal development. The peculiar family and labour organization of these groups is the origin of how resources available are distributed in order to secure the group’s survival and reproduction. In a milieu in which socioeconomic life greatly influences agrarian exploitations, families manipulate their scarce or plentiful resources in order to attain their aim of surviving and, at the same time, changing. The distribution of these human and material resources is unequal, it is different according to members’ gender, and, in the studied cases, it constitutes a reproduction model. Papers 54, 1998 113-128
114 Papers 54, 1998 Cecilia Díaz Méndez Introducción Los datos sobre empleo en España en los últimos años señalan un incremento sostenido de la participación de las mujeres jóvenes en el mercado laboral, incremento que afecta también a la población femenina rural. En este artículo se va a analizar el comportamiento de las jóvenes mujeres rurales en relación con el empleo. Es éste un sector de población que, aunque no muy numeroso, cuenta con una problemática específica que, como veremos, afecta de forma decisiva al conjunto de la población rural. La posición social de las mujeres en el ámbito rural está cambiando de manera perceptible en los últimos años. Este cambio tiene unas características en cierto modo diferentes de los cambios que se producen en otros contextos sociales. El medio rural supone, en principio, un serio constreñimiento estructural, al que sin embargo las mujeres se enfrentan de forma activa con objeto de cambiarlo y cambiar sus vidas. En este estudio hemos podido constatar la variedad de trayectorias académico-laboral-domésticas seguidas por las jóvenes y algunas de las razones que las han llevado a tomar una de estas opciones de futuro. Hemos podido establecer también una relación entre el modelo de explotación agroganadera en la que han crecido y la visión que las madres desarrollan sobre lo que es un buen futuro para sus hijas. A través de entrevistas en profundidad y grupos de discusión de familias con explotaciones agroganaderas de diferentes características de la región asturiana (agricultura de subsistencia, agricultura a tiempo parcial, agricultura profesionalizada, agricultura tradicional de zonas mineras) se ha intentado presentar Young women count on two basic options: to live on within the family unit or to abandon it. Marriage away from the village where they were born, and academic life will grant them independence from their own family. On the contrary, remaining single, or marrying a young agrarian will link them for life to the family unit. These options are personal choices of these young women, and show a clear image of young female agrarians who are considered to be independent and mature only after marriage.. Key words: rural women, agrarian family unit, family strategies, social reproduction. Introducción Modelo 1. Mujer estudiante: vía de huida del hogar familiar y del medio rural Modelo 2. Mujer ama de casa: el matrimonio como puente hacia la ciudad Modelo 3. Esposas de ganaderos: de la tierra a la cocina Modelo 4. Las mujeres titulares de explotación: la falsa independencia de las titulares agrarias Modelo 5. El retorno femenino: la otra cara de la soltería juvenil rural Conclusiones Bibliografía Sumario
Modelos de inserción sociolaboral de las jóvenes rurales Papers 54, 1998 115 una visión panorámica de cómo las jóvenes mujeres y sus familias entienden sus propias vidas, cuáles son sus modelos de autopercepción y sus preocupaciones más decisivas. El análisis está basado en veintiocho familias y se han realizado ciento siete entrevistas. Los grupos de discusión han sido trece, cuatro a padres y madres, cuatro a jóvenes menores de veintitrés años y otros cuatro a jóvenes de venticuatro a treinta y cinco años, se ha completado con un grupo a jóvenes en proceso de formación agraria. Antes de pasar a describir los modelos femeninos de inserción sociolaboral parece conveniente realizar algunas consideraciones teóricas que pueden facilitar la comprensión de estos modelos, especialmente a aquellas personas que no se encuentren familiarizadas con los estudios del medio rural. En primer lugar, debe tenerse en cuenta la importancia de la familia rural más allá de su función de reproducción biológica y soporte afectivo (Galeski, 1977). La familia rural del tipo de agricultura y ganadería que aquí analizamos, sigue siendo hoy una unidad de producción y de consumo, y en ella es difícil, sino imposible, separar familia y trabajo. Esta vinculación familiar y laboral hace que los miembros de la unidad familiar se encuentren en estrecha conexión (Newby y Sevilla Guzmán, 1983). No es posible una explicación aislada de lo que le sucede a un miembro de la familia sin conocer lo que le sucede al resto del grupo. Por ello las descripciones de los itinerarios laborales de las jóvenes van íntimamente unidos a las de sus familias. Esta estrecha relación se prolonga a lo largo de toda la vida, en el caso de aquellos y aquellas jóvenes que deciden proseguir con el trabajo familiar. En segundo lugar, hay que destacar, que si bien originariamente la investigación estaba centrada en el análisis de la inserción laboral de la juventud rural, el propio análisis nos ha obligado a hablar de inserción social y no sólo laboral (Casal, Masjuan y Planas, 1991; Sampedro Gallego, 1991). La inserción laboral es un proceso, una trayectoria que se inicia muy tempranamente en las familias agrarias y que, en cierto modo, dirige a los jóvenes y las jóvenes hacia uno u otro camino. La inserción, al menos para los jóvenes y las jóvenes que continúan con el trabajo familiar, no es un momento marcado por el comienzo del trabajo, sino una asunción progresiva de tareas que les van consolidando dentro del grupo como un adulto, un adulto en un sentido amplio: adulto laboral y socialmente. Para los que salen del núcleo familiar a buscar un empleo, la mayoría de edad les llegará bien a través del matrimonio o bien a través del empleo, pero su inserción laboral y social en el mundo adulto se encuentra en relación con la independencia espacial, con la separación de la familia de origen. En este sentido, la inserción laboral de la juventud que no continúa con la actividad agraria y ganadera familiar se parece algo más, una vez separados del hogar, a la de cualquier joven urbano de su edad (González, De Lucas y Ortí, 1985). Tenemos que hablar, en tercer lugar, de las estrategias familiares. Si bien algunos investigadores consideran que el individuo en edad laboral ha superado los límites de la socialización primaria y se mueve autónomamente a la hora de tomar decisiones sociolaborales, en este trabajo hemos observado una
116 Papers 54, 1998 Cecilia Díaz Méndez fuerte influencia familiar en las orientaciones sociolaborales de los hijos e hijas (Garrido Mediana y Gil Calvo, 1993). La familia, guiada por el objetivo de proteger al grupo, orienta las trayectorias sociolaborales de sus miembros jóvenes. Los padres y las madres emplean estrategias que encauzan la vida de la juventud hacia los caminos que mejor combinan las circunstancias socioeconómicas del entorno en el que se desarrolla su actividad laboral y las características y circunstancias de los diferentes miembros del grupo doméstico. Lo individual aquí aparece subsumido en lo familiar, o quizás deberíamos añadir que al individuo le da sentido el grupo familiar y no puede ser comprendido sin él. Por último, hay que señalar que la mujer rural, históricamente, no ha pertenecido al modelo de ama de casa, de madre doméstica. El modelo de madrecentrada-en-sus-hijos-y-en-su-casa es nuevo en el entorno que hemos analizado. La mujer en la pequeña agricultura familiar ha sido, tradicionalmente, a la par que la encargada de la nutrición y el cuidado de la familia, una trabajadora agropecuaria (Vicente Mazariegos y Porto Vázquez, 1991; Segalen, 1980). El trabajo doméstico, sobre el que tenía una mayor responsabilidad, lo compartía con otras mujeres (madre, suegra, hijas…), del mismo modo, el trabajo agropecuario lo compartía con los hombres, aunque éste era, por lo general, de responsabilidad masculina (García Bartolomé, 1992; Sampedro Gallego, 1991). Al analizar las trayectorias escolares de los hijos e hijas de los agricultores y ganaderos de nuestro estudio hemos observado, entre otras particularidades, una clara diferenciación de género marcada por una mayor presencia de las mujeres rurales en el sistema educativo más allá de la enseñanza obligatoria y una presencia predominante de varones continuadores de las actividades laborales familiares. A pesar de las variaciones entre las trayectorias de las jóvenes (ni por ser jóvenes, ni por ser mujeres constituyen un grupo homogéneo), hemos podido identificar al menos cinco modelos femeninos de inserción sociolaboral y que a continuación desarrollamos. Modelo 1. Mujer estudiante: vía de huida del hogar familiar y del medio rural Asociado a los cuatro tipos de agricultura analizados y en relación directa con las trayectorias laborales de sus hermanos varones, nos encontramos con un grupo de mujeres jóvenes a las que se orienta desde los primeros años de la infancia hacia los estudios. Las entrevistas mantenidas con las familias que cuentan con este tipo de mujeres nos descubre la existencia de un vínculo muy estrecho entre la opinión que las madres tienen de la mujer de ganadero y la orientación académica de las hijas. Conocedoras de sus limitaciones como transmisoras de un modelo de mujer que no es el que ellas representan, optan por empujar a sus hijas hacia otras agencias socializadoras que les garanticen el aprendizaje de otros modelos feme-
Modelos de inserción sociolaboral de las jóvenes rurales Papers 54, 1998 117 ninos con un claro objetivo: alejarlas del destino al que su origen parece conducirlas. Las madres consideran los estudios como la base de la independencia de sus hijas. Con los estudios saben que conseguirán separarlas de la subordinación a un hombre, a través de un trabajo que les ofrezca reconocimiento social e independencia económica. Saben también que las escuelas transformarán a sus hijas en ciudadanas, mujeres urbanas con estilos de vida asociados a la ciudad. Una de las madres entrevistadas lo explica de este modo: Yo la vida mía no la quisiera tener como la tengo yo ahora, yo en la vida mía no quisiera trabajar en el campu, porque a mi el campu nunca me gustó y toda la vida me crié en ello por supuesto. […] pero nunca me gustó. Pero no quisiera que elles trabajaren la carrera mía, porque yo auque eso, trabajé mucho en la vida pa sacrificame por ellas y por mi marido […] yo estoy viendo, que lo estoy viendo, que lo estoy pasando mal […] porque trabajé mucho aunque no era un trabajo fuerte […] esto de que vienes del campo ponerte a trabajar a la casa, que si tienes cerdo, que si tienes que preparar la comida que si atender al marido, osea que es duro ¿eh? el campo por eso no lo quiero pa ellas por nada de esti mundo1. Lo específico de esta declaración, igual que las de todas las madres referidas en este trabajo, es que el deseo de empujar a sus hijas fuera del medio rural no lo tienen hacia sus hijos varones. Toda la familia, incluidos los jóvenes varones, se concentran en la estrategia de apoyo a las hijas para hacer de ellas unas señoritas, naturalmente urbanas, que garanticen su marcha del pueblo. Este trato diferencial, que podría ser considerado por los jóvenes varones como un agravio comparativo, no es percibido como tal, pues ellos se ven afectados por otro tipo de orientaciones. Las hijas, en contacto con un entorno semiurbano en las villas a las que se desplazan para estudiar, perciben los estudios como una forma de independizarse de un entorno que encuentran fundamentalmente aburrido tras los contactos tempranos con la vida más animada de esas villas. No del todo conscientes de que sus madres las inclinan a marchar del pueblo, viven los años de formación como un proceso que desembocará, necesariamente, en una vida urbana: […] Siempre me dijeron que estudiara, que estudiara muy duro y que si podía que no me quedase aquí […]. Otra afirma: […] Me tengo que quedar en casa y salir los domingos a misa porque otra cosa no hay […]. 1. Mantenemos en estas citas la transcripción literal de las entrevistas, con las variaciones locales de la lengua asturiana.
118 Papers 54, 1998 Cecilia Díaz Méndez El estudio las introduce de lleno en un estilo de vida que poco tiene que ver con el trabajo del campo. Va transformando su sistema de autopercepción. La declaración que transcribimos, de una joven estudiante de BUP, refleja el cambio de perspectiva que adoptan desde su posición de estudiantes urbanas y la amplitud de sus aspiraciones: La diversión, otra manera de vivir, necesitas cualquier cosa y sales a comprarla y vas y sales, vas al cine […]; ¡yo que sé! […] nosotros no vivimos tan mal, pero ¡va! es que a mi no me gusta y si estás estudiando aspiras a otra cosa. Ellas se van del pueblo, no importa a través de qué medios. Y es quizás el rechazo al matrimonio con un joven ganadero la manifestación más clara de su separación, de su rechazo al pueblo, de su desvinculación de hecho del entorno rural. ¿Yo casame con uno que tenga vaques? ¡no fía! porque vengo délles […]. Estas jóvenes se sienten ya emocional y socialmente separadas de un medio en el que no hay espacio para el nuevo modelo de mujer que ellas han adoptado. Yo digo que una moza piénsalo mucho antes de casase con uno que tenga cuatro vaques y que tenga que estar trabajando toda la vida allí con él pa no tener un duru […]. El apoyo permanente de sus madres y la vivencia de un mundo urbano en el que la independencia parece posible, son los dos elementos motivadores que hacen que las mujeres continúen los estudios a pesar de las dificultades que éstos suponen para chicas que proceden de un medio alejado de los códigos escolares (Bernstein, 1988). Muchas de ellas permanecen en el sistema educativo aún con repetidos fracasos, otras optan por la salida a través del trabajo en la ciudad. A éstas últimas, que también logran con el trabajo asalariado una independencia de su familia de origen, les esperan empleos sin calificación y lo habitual es encontrarlas como empleadas de hogar o en actividades similares. No hemos podido averiguar si en la generación adulta aún persiste la idea de que estas jóvenes se independicen a través del matrimonio, lo que sí parece claro es que las jóvenes han roto la relación matrimonio/independencia. Las jóvenes estudiantes que han optado por la vía académica tienden hacia estudios tradicionalmente femeninos (magisterio, enfermería, psicología), pero no son nada tradicionales en su visión de las relaciones de pareja. Mantienen relaciones de convivencia con su pareja sin casarse o no tienen una pareja estable. En resumen, al analizar las historias de las jóvenes mujeres de las familias entrevistadas se observa claramente que existe una estrategia familiar de orientación de las hijas hacia los estudios, compartida por toda la familia y guiada directamente por las madres, transmitida así de mujer a mujer.
Modelos de inserción sociolaboral de las jóvenes rurales Papers 54, 1998 119 La mujer campesina tradicional, atada a la tierra y al marido, genera un entorno familiar que evita que sus hijas reproduzcan su historia. Son las madres, que no las hijas, las que se han rebelado, y lo han hecho a través de la única vía permitida en un medio familiar y social en el que ocupan una posición de subordinación: a través del manejo del futuro de sus hijas. Modelo 2. Mujer ama de casa: el matrimonio como puente hacia la ciudad La intención de muchas madres es, como queda patente en el modelo anterior, alejar a las jóvenes de un destino agrario. Algunas familias logran este objetivo enviando a las jóvenes a estudiar, pero esta vía no siempre es posible. Las limitaciones económicas de la familia o el fracaso escolar de las chicas pueden dirigir su inserción sociolaboral hacia vías que, igualmente eficaces, tengan por objetivo alejarlas del trabajo agrario y enviarlas a la ciudad. La alternativa más habitual a los estudios es el matrimonio con un joven dedicado a actividades no relacionadas con la agricultura y la ganadería y que reside fuera del pueblo. Esta orientación se observa de forma preferente en las comunidades agroganaderas en decadencia que han ido abandonando una ganadería de corte tradicional tras la progresiva incorporación de los varones a empleos frecuentemente vinculados a la minería. Hijas de padres que han combinado la mina y la ganadería han visto desintegrarse un estilo de vida unido a las vacas y a la familia y han observado el abandono progresivo de los pueblos y el envejecimiento de su población. Así, el final de una generación de ganaderos marca particularmente el destino de estas jóvenes mujeres. El trabajo en la mina de los padres ha obligado a las madres a dirigir las tareas de la explotación familiar y lo han hecho sin modificarla, manteniéndola en un nivel de subsistencia que, haciendo de ella un amortiguador de las huelgas mineras o de la inestabilidad laboral, constituyese un respaldo al empleo no agrario. Son mujeres que añoran una vida relajada y tranquila como amas de casa y perciben como una carga su posición central en la familia (en la cocina y en la explotación agroganadera). Porque aquí hay que trabajar mucho y estás muy sujeta […]. Para sus maridos la jubilación llegará con la edad e irán relajando de forma paralela su trabajo en la explotación. Para ellas no existe una edad de jubilación debido a su implicación en tareas que no se abandonan: el huerto, los animales domésticos y el hogar. Para ellas el descanso llega sólo con la muerte o la enfermedad. Por todo ello no desean esta vida para sus hijas. Las mujeres jóvenes, enviadas a la ciudad tanto como estudiantes o tras el matrimonio con un joven minero, reflejan las aspiraciones de sus madres. Las mujeres jóvenes tienen poco que decir sobre el trabajo femenino en la explotación, han huido hacia las ciudades y ni la vuelta a casa, ni el sentimentalismo que ata a los varones a sus padres, las vincula a la tierra. Apenas si se plantean la posibilidad de continuidad:
120 Papers 54, 1998 Cecilia Díaz Méndez No, la verdad es que no, trabajé cuando estaba en casa y eso, trabajaba y los ayudaba y tal […] pero no me gustaba […]. Ellas se alejan, huyen del aburrimiento del pueblo, de la falta de relaciones, de la soledad y la vejez que perciben con mayor fuerza tras haber conocido y vivido la ciudad: Alternar las dos cosas (Oviedo y Quirós) está bien, pero estar siempre aquí en Quirós yo no lo quiero ni loca […]. Viven más cerca de lo urbano y se olvidan de un entorno que, a su juicio, conserva pocos atractivos para las mujeres. Rechazan cualquier aproximación al pueblo reafirmando así su deseo de un estilo de vida diferente: Yo digo quiero más un trabajo normal de seis meses o tres o lo que sea que meterme entre vacas. Entre vacas tienes que meter hierba, estar todo el invierno trabajando como una negra […] y un trabajo cobras todos los meses […]. Son mujeres que esperan su oportunidad vital en el matrimonio. Casarse será una solución a sus vidas. Les permitirá romper con todo, con un empleo sin reconocimiento social, con una situación de hijas a las que se puede pedir que sigan contribuyendo a las tareas de la explotación agroganadera y de la familia. Ser la mujer de un minero en un entorno social en el que esta actividad tiene un alto valor frente a la ganadería las etiquetará como mujeres de mineros, lo que romperá todos sus vínculos con un pasado que ellas asocian al atraso, a la tradición, frente a la vida moderna y cómoda que les ofrece el matrimonio y la vida urbana. En resumen, las madres han contribuido a la creación de estas mujeres urbanas, conocedoras del papel femenino en la explotación familiar, sumiso, duro y sin final, deciden apoyar la orientación urbana de las jóvenes bien a través de los estudios o a través del matrimonio con un joven que las consolide en un papel de mujer ama de casa fuera del pueblo. Modelo 3. Esposas de ganaderos: de la tierra a la cocina Este modelo de mujer está asociado, fundamentalmente, a unas explotaciones familiares que se mantienen en un grado medio de competitividad. Sus dimensiones y su tipo de producción les permiten dar respuesta a las exigencias del mercado lácteo y mantener una explotación rentable a pesar de la crisis del sector. Son explotaciones modernas o en proceso de modernización que han de crecer y desarrollarse para no retroceder. Estas familias, para mantenerse, precisan de una persona joven dispuesta a trabajar y a sacar adelante una explotación que se endeuda para hacerse competitiva. Las mujeres jóvenes, hijas de estos ganaderos, no son consideradas, ni se consideran a sí mismas, como candidatas a la sucesión de la explotación familiar:
Modelos de inserción sociolaboral de las jóvenes rurales Papers 54, 1998 121 […] porque además yo soy mujer y hay una diferencia […] no me voy a poner yo al frente de una ganadería […]. Pero ellas pueden ser quienes traigan a casa al hombre que dé continuidad a la actividad agroganadera familiar. Ésta es la única opción de aquellas familias en las que solo existe una joven heredera (familias con una sola hija, sin hermanos), ya que el matrimonio de ésta asegura la supervivencia de la explotación y con ella la del núcleo familiar tradicional. Los padres tratan de garantizar la continuidad de la explotación bloqueando, si es preciso, los itinerarios educativos de las jóvenes y presentándoles el matrimonio como la mejor alternativa. Las propias madres, las mujeres de los ganaderos, explican cómo el fracaso escolar o la ruptura de los itinerarios educativos ha llevado a sus hijas hacia el matrimonio, un matrimonio que, como hemos dicho, aportará a la familia el joven varón que necesitan para proseguir la actividad agrícola y ganadera familiar. Así lo refleja la conversación mantenida con los padres de una joven casada en casa: […] a nosotros si nos hubiera gustao que hubiera estudiao lo que ella decía, lo que nosotros poníamos inconvenientes era a que no viniese todos los días a casa […] pa nosotros, igual pal marido miu que pa mi, parecía que eran todo inconvenientes y que a lo mejor iba también a ser una cosa que no iba a tener tampoco mucho porvenir […] entonces pues empezamos a decíi… a tirar pa tras más que pa lante, y a lo mejor no se si acertamos si no […]. Una joven reconoce que el matrimonio ha sido tanto una alternativa a los estudios como al empleo: […] no, no lo busqué [trabajo] quedé así… en plan tonto, nada…, como a los dos años o así ya me casé y nada […]. Y nos confirma también cómo la familia influyó decisivamente en su abandono de los estudios: […] tenía pensao Magisterio, pero tenía que marchar pa Oviedo y… no sabes… los padres no yos gustaba mucho eso de que marchase por allá, así fuese pa Oviedo… no se… tampoco tenía mucha afición yo y… ya tenía novio y tal y… y quedó así […]. Una vez cerrada la vía educativa que los propios padres se han encargado de obstaculizar, las familias propietarias de este tipo de explotaciones rentables y con una sola hija como heredera, ven el matrimonio como la opción femenina por excelencia. Otra de las jóvenes entrevistadas lo expresa de la forma siguiente: […] no lo saqué [los estudios de Corte y Confección] porque fue el año… el último, cuando me iba a casar y andaba con los jaleos de la boda y tal y no lo saqué.
128 Papers 54, 1998 Cecilia Díaz Méndez laboral de sus herederos o herederas. Esta distribución, desigual y diferenciada por el género, es la pauta seguida en las familias estudiadas. Como hemos dejado patente en este trabajo, las jóvenes tienen al menos dos opciones, proseguir con la familia o abandonarla, continuar o no continuar en el grupo familiar. El matrimonio fuera del pueblo y los estudios les ofrecen una independencia definitiva de la familia de origen. La soltería o el matrimonio con un ganadero las vinculan, por el contrario, al grupo familiar. Todas las alternativas son opciones de vida para estas jóvenes y evidencian una imagen de mujer joven rural sólo madura e independiente tras el matrimonio. Bibliografía BERNSTEIN, B. (1988). Clases. códigos y control. Vol 1, Madrid: Akal. CASAL, J.; MASJUAN, J.M.; PLANAS, J. (1991). La inserción profesional y social de los jóvenes: los itinerarios de transición entre los 14 y los 25 años.Barcelona: Institut de Ciències de l’Educació, Universitat Autònoma de Barcelona, CIDE Ministerio de Educación y Ciencia. GALESKI, B. (1977). Sociología del campesinado. Barcelona: Península. GARCÍA BARTOLOMÉ, J.M. (1992). «El trabajo de la mujer agricultora en las explotaciones familiares agrarias españolas». Revista de Estudios Agro-Sociales, 161, julioseptiembre de 1992, p. 71-97. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. GARRIDO MEDINA, L.; GIL CALVO, E. (eds.) (1993). «El concepto de estrategias familiares». En GARRIDO MEDINA, L.; GIL CALVO, E. (eds.). Estrategias familiares, p. 13-34, Madrid: Alianza. GONZÁLEZ, J.J.; LUCAS, A. de; ORTÍ, A. (1985). Sociedad rural y juventud campesina. Estudio sociológico de la juventud rural, 1984. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. NEWBY, H.; SEVILLA GUZMÁN, E. (1983). Introducción a la sociología rural. Madrid: Alianza. SAMPEDRO GALLEGO, Mª.R. (1991). «El mercado de trabajo en el medio rural: una aproximación a través del género». Política y Sociedad, 8, p. 25-33. Madrid: Universidad Complutense. SEGALEN, M. (1980). Mari et femme dans la société paysanne. París: Flammarion. VICENTE MAZARIEGOS, J.; PORTO VÁZQUEZ, F. (1991). Situación socioprofesional de la mujer en la agricultura. IV Análisis jurídico de la mujer en la agricultura; V Análisis sociológico. Madrid: Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación.