О терминологической интерференции в условиях близкородственного двуязычия (на материале научно-технической и художественной терминологии)
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MOKSLO KALBOS KULTŪROS IR TERMINOLOGIJOS PROBLEMOS LIETUVIŲ KALBOTYROS KLAUSIMAI, XXIV (1985)
ПЕТР ВИКЕНТЬЕВИЧ САДОВСКИЙ
SOBRE LA INTERFERENCIA TERMINOLÓGICA EN CONDICIONES DE BILINGÜISMO ENTRE LENGUAS ESTRECHAMENTE EMPARENTADAS (A PARTIR DE LA TERMINOLOGÍA CIENTÍFICO-TÉCNICA Y ARTÍSTICA)
Desde el punto de vista de la relación entre lo racional y lo emocional en la lengua, toda terminología artística nacional en general y los nombres de los objetos de creación artística en particular se diferencian sustancialmente de aquella parte de la nomenclatura terminológica que puede agruparse convencionalmente bajo la denominación «terminología científico-técnica». Aunque en la terminología científico-técnica de cada lengua —incluso con una esfera de uso limitada— siempre es posible distinguir una parte considerable de denominaciones que llevan las huellas del «paisaje espiritual» nacional y del pensamiento lingüístico, en lo esencial se apoyan, sin embargo, en un principio funcional-semántico; es decir, se aproximan a cierta imagen «supranacional» media. De forma simplificada, esta situación suele denominarse internacionalización de la terminología.
Desde el punto de vista de la forma interna (en el sentido de Humboldt, Potebnia y Weisgerber), la terminología de unas lenguas puede ser, en conjunto, más «figurativa» o más «funcional» que la de otras. Por ejemplo, basta una ojeada a los términos de la filosofía clásica alemana (que, dicho sea de paso, fueron calcados por la mayoría de las lenguas europeas) y a los conceptos clave de la filosofía existencialista francesa para advertir que la primera —por decirlo con las palabras de un filósofo y publicista francés— se caracteriza más por el principio del «funcionalismo inquebrantable» que por la «figuratividad efímera» que impregna la segunda. Aunque estas expresiones contengan cierta dosis de exageración, reflejan la verdad indiscutible de que todas las definiciones y los términos humanísticos que nos acercan al eterno enigma de la esencia humana son siempre más vagos e indefinidos que los conceptos que revelan la esencia del mundo material y sus relaciones de causa y efecto.
Es más, el uso de las mismas fuentes de cultura espiritual en distintas tradiciones culturales y lingüísticas puede dar lugar a un cuadro estilístico y figurativo diferente en cada lengua nacional. Por ejemplo, nadie puede poner en duda el hecho de que la traducción de la Biblia de Lutero al
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alemán es más terrenal, más «funcional», en comparación con la versión eslavo-eclesiástica, caracterizada por una mayor elevación, una imaginería exuberante, un estilo florido y una gran pomposidad.
En condiciones de bilingüismo (no solo entre lenguas estrechamente emparentadas —como en el caso del bilingüismo nacional-ruso soviético—) y de revolución científico-técnica, se produce una mayor o menor delimitación de los ámbitos de funcionamiento de las lenguas nacionales y de la lengua mediadora. Al introducir nuevos términos en la lengua materna bajo la presión del factor del prestigio social, los creadores de terminología recurren a menudo al calco, reproduciendo íntegramente la semántica, la imagen y la estructura morfológica del lexema correspondiente que se toma como modelo. En situaciones de bilingüismo mixto, como las que se observan con frecuencia, por ejemplo, en el bilingüismo bielorruso-ruso, los hablantes de la lengua receptora no siempre son conscientes de la pertenencia sistémica de los elementos correspondientes de la unidad denominativa terminológica, lo que conduce a una interferencia generalizada en los ámbitos donde predomina la lengua mediadora. Como resultado, la especificidad nacional de la formación de palabras, de las relaciones sintácticas y de las relaciones morfológicas va desapareciendo gradualmente de la conciencia de los hablantes.
En el ámbito de la terminología científico-técnica, para evitar una posible alteración de las relaciones sistémicas en la lengua receptora, en lugar del calco de una lengua mediadora estrechamente emparentada pueden utilizarse modelos semántico-morfológicos de lenguas no emparentadas, en las que el término correspondiente se expresa mediante una palabra que refleja la esencia del concepto en cuestión y su carácter funcional. Por ejemplo, en los diccionarios ruso-bielorrusos de traducción, el ruso погрешность (en la combinación погрешность измерения) se traduce mediante el calco artificial хібнасць вымярэння. Esta variante del término parece inaceptable por varias razones. En primer lugar, al integrarse en el sistema semántico-léxico general del bielorruso, el término recién acuñado adquiere un matiz adicional no terminológico: el de medición incorrecta en general, que puede deberse, por ejemplo, a un incumplimiento de las condiciones técnicas del proceso de medición, etc. Por otra parte, se introduce en el sistema de la lengua receptora un modelo de formación de palabras que le es ajeno: sustantivo + formante/-н|асцЬ. A propósito, últimamente las palabras formadas según este modelo muestran una agresividad envidiable. Expresiones del tipo casas de altura elevada se han convertido ya casi en norma, aunque el componente adjetival del que suele formarse un sustantivo con el formante -ность solo aparece en palabras compuestas (de dos pisos). No se puede decir por separado de pisos y formar a partir de esta palabra un sustantivo por analogía con el normativo humano — humanidad, bielorruso людскі — людскасць.
Si acudimos a otras lenguas europeas con una nominación terminológica funcional muy desarrollada, podemos encontrar pro-
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un análogo semántico-morfológico adecuado en forma del alemán Мевfehler, del inglés measuring error, del francés erreur de mesure, etc., que corresponde a la expresión (error (admisible) de medición. En bielorruso, esto se expresaría como (error (admisible) de medición. De este modo se elimina la «carga emocional» de la denominación, se suprimen las infracciones sistémicas en la lengua receptora y, algo muy importante, el término adquiere un carácter más internacional al obtener como núcleo semántico un rasgo funcional.
Con frecuencia, calcar términos de una lengua intermediaria cuando esta, a su vez, los ha tomado primero de otras lenguas puede conducir a repetir errores que, por diversas razones, se introdujeron en la traducción rusa de los términos extranjeros correspondientes. Por ejemplo, en las publicaciones periódicas y la literatura científica bielorrusas se difundió ampliamente el término literario-teatral эфект адчужэння, usado erróneamente en muchas ediciones impresas rusas, en lugar del correcto эфект ачужэння, que incluso se incluyó originalmente en el «Слоўнік I тома энцыклапедыі літаратуры і мастацтва Беларусі» (Minsk, 1981, p. 12). Sin embargo, el «Diccionario ruso-alemán / alemán-ruso de las artes escénicas» (Wörterbuch der darstellenden Künste/VEB Verlag Enzyklopädie.— Leipzig, 1976), en la p. 75 de la sección ruso-alemana, ofrece esta explicación del término отчуждение: отчуждение ср. 1. Entfremdung f. 2. falsche Übersetzung des Terminus Verfremdung, s. отчуждение. Como puede verse, los autores de la entrada consideraron necesario distinguir una segunda acepción, formulándola como «traducción incorrecta del término Verfremdung»: отчуждение. A su vez, el término отчуждение se explica en el diccionario como el concepto brechtiano «Distanzierung vom konkreten Vorgang, die es dem Zuschauer ermöglicht, das Vorgeführte gesellschaftlich richtig zu verallgemeinern». Sin duda, en bielorruso se podría haber evitado semejante imprecisión si la traducción se hubiera realizado directamente del original alemán, sin recurrir a una lengua intermediaria.
En las condiciones de la revolución científico-técnica y del bilingüismo altamente desarrollado, la terminología y la fraseología científico-técnicas de la lengua intermediaria penetran cada vez más en el pensamiento figurativo de los hablantes bilingües y desplazan a la periferia emocional las unidades léxicas cotidianas de su lengua materna. Así, en un reportaje radiofónico de un periodista bielorruso se oyó la frase: «На гэтым прадпрыемстве, вобразы кажучы, акумуляваны найпершая дасягненні айчыннай прамысловасці». Como puede verse, el hablante percibe la palabra аккумулировать, que no significa otra cosa que собирать, como más figurativa y efectista que la palabra corriente, «no técnica». Otro ejemplo: en el plan editorial de «Мастацкая літаратура» para 1983 aparece más de un título de libro de carácter tecnificado, como «Амплітуда смеласці», «Змена фазы», «Эстакада», etc. Estos hechos dan testimonio de la notable influencia del léxico de la revolución científico-técnica en el sistema artístico-figurativo de la lengua.
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Dado que hoy en día el ámbito de funcionamiento del bielorruso es considerablemente más reducido que el del ruso en el entorno cultural urbano, que en todo momento ha servido de parámetro del prestigio cultural y lingüístico, en las denominaciones bielorrusas de obras de arte tradicionales se observa una amplia adopción de nombres rusos, incluso cuando presentan una forma semántico-morfológica inequívocamente ajena al bielorruso. Por ejemplo, la sonata-fantasía n.º 14 de Beethoven, a la que en su momento se dio en la lengua original el nombre de «Mondscheinsonate» (literalmente: sonata de luz lunar), aparece en los programas bielorrusos de radio y televisión como «Лунная саната», aunque debería llamarse «Саната месячнага святла» o simplemente «Месячная саната», por analogía con noche de mes (noche lunar), ya que al vocablo луна le corresponde en bielorruso la palabra месяц. De modo similar, el personaje del cuento traducido Cenicienta (alemán Aschenputtel, Aschenbrödel) suele representarse en bielorruso con la misma palabra que en ruso. Solo algunos escritores (Karátkevich, Bryl, Paniznik) emplean denominaciones bielorrusas motivadas, Папялюшка o Капцюшка, derivadas de la palabra bielorrusa попел. Los cuentos bielorrusos conocen también una figura como Іскарка-Папяльга, cuyo nombre se basa en la palabra попел. También se está arraigando en el bielorruso moderno el título de la opereta de Strauss «Fledermaus» como «Лятучая мыш», aunque, según todas las reglas, debería ser «Кажан».
Se podrían seguir dando ejemplos semejantes.
Las observaciones sobre el uso de los términos de historia del arte y los títulos de obras artísticas en el bielorruso moderno muestran que una cultura lingüística adecuada de la ciencia y de la terminología solo es posible en aquellos ámbitos donde la cultura nacional existe no solo como atributo de la ornamentación nacional, sino como un organismo integral que se desarrolla por sí mismo.