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Gedanken zur Grammatikalisierung (frei zusammenhängende Bemerkungen)

Bohumil Vykypěl

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ACTA LINGUISTICA LITHUANICA LII (2005), 119-156 Reflexiones sobre la gramaticalización (observaciones libremente relacionadas)’ BOHUMIL VYKYPEL Instituto de la Lengua Checa de la Academia de Ciencias de la República Checa El presente artículo trata de la noción de elementos gramaticales de la lengua (en oposición a los elementos léxicos). Se distinguen dos concepciones de la gramaticalidad: la que se concentra en el contenido y la que se concentra tanto en el contenido como en la expresión (es decir, la que se concentra en los signos). Además, se compara el concepto de gramaticalización formulado por Christian Lehmann con la tipología de la Escuela de Praga. En conclusión, se formulan algunas observaciones sobre la relación entre la teoría de la gramaticalización y el método lingüístico general. 1. Uno de los temas que los lingüistas generales parecen tratar con frecuencia en la actualidad es la llamada gramaticalización. En cierto sentido, al comienzo de este renovado interés se encuentra, como es sabido, el trabajo programático de CurisTIAN LEHMANN Thoughts on grammaticalization. Ha aparecido de nuevo hace algún tiempo (Lehmann 2002), y aprovecho así la ocasión para formular también algunas reflexiones sobre la gramaticalización. El libro de Lehmann es lamentablemente un fragmento (y la segunda parte anunciada parece —especialmente desde el punto de vista de la lingüística general— aún más interesante...), no obstante, constituye indiscutiblemente la contribución teóricamente más coherente al problema y, en general, un libro interesante e instructivo en todos los sentidos. Y en cuanto al carácter fragmentario, nadie menos que Louis Hjelmslev (1968: 114) escribió que nada es más hermoso para el científico que tener ante sí aquello que aún queda por crear. Sin embargo, antes del tratado propiamente dicho, deben hacerse todavía (en parte a modo de anuncio) dos observaciones: 1.1. Al tratar el concepto de tipología, Petr Sgall (1971) dividió las diferencias entre las disciplinas lingüísticas que se denominan tipología en dos grupos principales: aquellas que consisten en que una única palabra (a saber, tipología) se utiliza para conceptos diferentes, y aquellas que consisten en que una palabra (a saber, tipología) se emplea para distintas concepciones del mismo concepto intuitivo subyacente. Con algo parecido nos encontramos en el término gramaticalidad: El primer caso tratado por Sgall aparece en la diferencia entre el concepto «americano» de gramaticalidad como «corrección» y el «europeo», descrita también de manera ilustrativa por Lehmann 2002: § 2.1.; en el que las entidades gramaticales se consideran en oposición a las léxicas; el segundo caso se encuentra en la diferencia entre las distintas concepciones del concepto europeo de gramaticalidad. A continuación me ocuparé —al igual que Lehmann— naturalmente solo del segundo caso (aunque en una Aparezco inesperadamente por primera vez también). 1.2. En general, se plantea la pregunta de por qué habría que ocuparse en realidad de la gramaticalidad y de la gramaticalización. Una respuesta preliminar puede ser: Porque estas constituyen uno de los instrumentos lingüísticos de descripción y explicación. También abordaré eso más adelante. 2. Uno de los que se repiten una y otra vez —unas veces más, otras menos—, sobre todo problemas tratados en la tradición lingüística europea es la curiosa diferencia entre los llamados léxicos y los llamados entidades gramaticales de la lengua: Se cree que algunos elementos de la lengua —sean (según la general la concepción del lenguaje de los respectivos investigadores), los signos, los contenidos de los signos o componentes de los contenidos de los signos — en estos dos grandes grupos. En general, las teorías de la gramaticalidad o de la gramaticalización pueden dividirse en dos grandes grupos. Unos investigadores buscan sus criterios de gramaticalidad (gramaticalización) únicamente en el plano del contenido (cualquiera que sea la manera en que este se conciba), mientras que otros tienen en cuenta además cómo se expresan los elementos del contenido que deben investigarse. 2.1. Como se mostrará más adelante, en nuestro contexto es importante mencionar que uno de los lingüistas que pertenecen al primer grupo es PETR SGALL. La formulación de Sgall de las llamadas dominantes tipológicas (véase, más recientemente, Sgall 2004) consiste en que ciertos elementos del llamado nivel tectogramatical de la descripción funcional-generativa —los elementos gramaticales— se expresan de manera diferente en los distintos tipos de lengua, de modo que la expresión de los elementos gramaticales no es relevante para su definición como gramaticales. Sgall fue ampliando gradualmente la parte del nivel tectogramatical que constituyen los elementos gramaticales. Al principio, aquí solo contó las llamadas valores sintácticos o functores (Sgall 1979: 8, 10), posteriormente también incluyó los llamados valores morfológicos o gramemas (Sgall, Haji¢ova, Panevova 1986: 271), finalmente habla de la parte gramatical del nivel tectogramático, que comprende los valores morfológicos o gramemas, los valores sintácticos o functores, el concepto de valencia y los llamados formar la estructura actual (perspectiva funcional de la oración) (cf. Sgall 1992a: 204). Esta parte gramatical se contrapone a los lexemas. La expresión de los elementos gramaticales puede ser, por consiguiente, quíntuple, y basándose en ella se establecen cinco tipos de lenguas como constructos: 1. Expresión mediante la sucesión de fonemas (morfemas), que expresan las funciones no gramaticales = el tipo polisintético; 2. al igual que las funciones no gramaticales, es decir, mediante sucesiones de fonemas (morfemas), que aparecen en forma de palabras, es decir, no se añaden a las sucesiones que expresan las funciones no gramaticales = el tipo aislante; 3. igual que las funciones no gramaticales, es decir, mediante sucesiones de fonemas PENSAMIENTOS SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 121 (morfemas- ), que aparecen en forma de afijos, es decir, se añaden a las sucesiones que expresan las funciones no gramaticales = el tipo aglutinante; 4. mediante la variación (modificación) de sucesiones de fonemas (morfemas) que expresan las funciones no gramaticales, realizándose esta variación al final (o también, aunque ciertamente, al principio) de las sucesiones = el tipo flexivo; 5.mediante la variación (modificación) de sucesiones de fonemas (morfemas) que expresan las funciones no gramaticales, realizándose esta variación en el interior de las sucesiones = el tipo introflexivo. En cuanto a la definición de los elementos gramaticales del nivel tectogramatical, es evidente que los elementos o funciones aquí denominados gramaticales se corresponden con uno de los dos pilares fundamentales de la expresión lingüística de ViLEM Matuesius, el acto de la «conexión», del establecimiento de relaciones, o acto sintáctico, y Mathesius constituyó efectivamente (probablemente mediado por la teoría del lenguaje de Vladimir Skali¢ka) una importante fuente de inspiración para Sgall. En la concepción genialmente sencilla de su «gramática funcional», Mathesius distinguió, como es sabido, dos actos fundamentales, dos «pilares», mediante los cuales se forma todo enunciado: el acto de la denominación o acto onomatológico y el acto de la conexión, del establecimiento de relaciones o acto sintáctico. Los elementos lingüísticos deben dividirse entonces, en su aspecto semántico (o de contenido), en dos grupos: aquellos que sirven primariamente al acto onomatológico y aquellos que sirven primariamente al acto sintáctico. Por consiguiente, es necesario describir primero cómo denomina la lengua en cuestión y cómo establece relaciones entre lo denominado. Solo después se puede abordar la «morfología», entendida como la doctrina sobre la agrupación de los medios lingüísticos según su parentesco formal y que, por tanto, atraviesa las dos partes de la descripción lingüística: la doctrina sobre la denominación lingüística (la onomatología) y la doctrina sobre el establecimiento de relaciones (la sintaxis funcional). (Véase Mathesius 1929; 1936; 1975; Danes 2003.) Algo semejante se encuentra en Louis HJELMSLEV. Primero —en su período praglósemático— Hjelmslev habla de la diferencia entre semantemas y morfemas. Los semantemas son los elementos vinculados, los morfemas los vinculantes (Hjelmslev 1972: 52, 62; 1973: 85): «Debe entenderse así: los semantemas son los elementos que portan el contenido de significado de la secuencia, y los morfemas, los elementos que forman este contenido de significado de una manera gramatical determinada» (Hjelmslev 1972: 52 s.); las categorías de semantemas expresan sin ambigüedad categorías de nociones (...) las categorías de morfemas expresan sin ambigüedad relaciones entre las nociones“ (Hjelmslev 1928: 210); ,,los morfemas indican las relaciones entre los semantemas* (Hjelmslev 1973: 87). Se ve que Hjelmslev se aproxima a Mathesius: los semantemas denominan, los morfemas «vinculan- », establecen relaciones (primarias o secundarias). La teoría lingüística glosématica posterior de Hjelmslev puede considerarse en este punto una especie de formalización. También en el Hjelmslev glosématico se encuentra una subdivisión de los elementos lingüísticos que se corresponde con la subdivisión tradicional en los léxicos y los gramaticales. En consonancia con su teoría lingüística, Hjelmslev presenta estos dos grupos fundamentales tanto en el plano del contenido como en el 122 | BOHUMIL VYKYPEL El plan de la expresión queda fijado, y los miembros de estas categorías están constituidos en él por los componentes potenciales de los signos o, más exactamente, por elementos sin expresión en el plan del contenido y elementos sin contenido en el plan de la expresión. Hjelmslev cambió la denominación de las categorías. También cambió la propiedad mediante la cual se definen estas categorías, pero una y otra vez se trataba —traducido de la glosématica a un lenguaje generalmente quizá más comprensible— de la capacidad potencial (primaria o secundaria) de unos elementos («gramaticales») para combinar los otros («léxicos- ») o ponerlos en relaciones recíprocas. (Véase sobre todo Hjelmslev 1959: 139-164; 1973: 243-254.) En nuestro contexto, en cualquier caso, es importante que Hjelmslev encuentre su criterio de la gramaticalidad únicamente dentro del plano respectivo: la expresión de los elementos del contenido gramatical no es relevante en cuanto a su definición, pues no pertenece a la lengua como estructura lingüística (constituida por los dos planos), sino al uso de la lengua, concretamente a su aspecto sígnico. 2.2. Al segundo grupo de teorías de la gramaticalidad mencionado arriba (§ 2) pertenece, entre otros, el segundo lingüista que, junto con Sgall, ha desarrollado ulteriormente la teoría tipológica de Praga, JAROSLAV PopELA. Como es sabido, Popela formuló las dominantes tipológicas alternativamente a Sgall. La primera propiedad por la cual se definen consiste en el hecho de si el tipo es favorable a los signos gramaticales o no. Lo positivo se aplica al tipo aislante, aglutinante, flexivo e introflexivo, mientras que lo negativo se aplica al tipo polisintético. Por consiguiente, los tipos «gramaticales» se subdividen según otras dos propiedades: la acumulación de semas (elementos de contenido) en los signos gramaticales y el grado de fusión entre el signo léxico y el gramatical: en el tipo aislante y en el aglutinante no existe acumulación, mientras que esta se da en el flexivo y en el introflexivo; la fusión es mínima en el tipo aislante, mayor en el aglutinante, aún mayor en el flexivo, y máxima en el tipo introflexivo. (Véase Popela 1991, 1998.) Por tanto, resulta evidente que la concepción de Popela sobre la gramaticalidad, con la que trabaja en su definición de las propiedades fundamentales de los tipos lingüísticos, representa una gramaticalidad de los signos. El tipo polisintético no es agramatical porque no contenga en su plan del contenido elementos iguales o similares (gramaticales) a los de los tipos gramaticales, sino porque estos elementos no tienen en el tipo polisintético una expresión segmental o discreta: se expresan bien mediante el orden de las palabras, bien mediante semantemas en funciones gramaticales. La agramaticalidad se refiere, por tanto, al aspecto sígnico del uso de la lengua, al modo de expresión de ciertos elementos del contenido seleccionados. La segunda concepción de los elementos gramaticales, que tiene en cuenta tanto el contenido como la expresión, se encuentra (de forma implícita- ), en última instancia, también en el propio fundador de la tipología de Praga, VLADIMIR SKALICKA. Cuando Skalicka critica, por ejemplo, teorías antiguas de los casos, les reprocha, entre otras cosas, que no tienen en cuenta el hecho de que «cases are formations which are in permanent contact with neighbouring formations». «Lo que una lengua expresa mediante el caso, otra lo expresa mediante preposiciones, adverbios, prefijos derivativos, el número y otros medios» (Skali¢ka 1950: 47). REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 123 Así pues, el caso se considera una determinada forma de expresión que contiene ciertos semas (elementos del contenido) y que cumple ciertos criterios relativos a su estructura. Lo que no cumple estos criterios no es un caso (la forma de expresión expresa la unidad de significado y, al mismo tiempo, la distingue de las formaciones relacionadas que no son casos). Según la primera concepción de los elementos gramaticales, en cambio, el caso es un determinado elemento del contenido que —naturalmente, si existe en el plan del contenido de la lengua en cuestión— puede expresarse de manera diferente en distintas lenguas. Por lo demás, Skalicka también se ve obligado a postular el concepto de funciones de caso, que «shifted to prepositions or other formations» (op. cit., 48) pueden convertirse. Esta vacilación también se encuentra en otros lugares en Skali¢ka. En el marco de la descripción del tipo polisintético se introduce la diferencia general entre los elementos lingüísticos fundamentales y auxiliares: los primeros portan un significado, mientras que los últimos expresan las relaciones entre los primeros. Sin embargo, los elementos auxiliares solo existen cuando se les asigna una expresión propia, y por ello el tipo polisintético no tiene elementos auxiliares (cf. Skali¢ka 1979: 186, 189, 195). En otro lugar, por el contrario, se afirma que también el tipo polisintético tiene una gramática (es decir, elementos auxiliares), pero estos se expresan mediante elementos léxicos, concretamente mediante su orden y por el hecho de que los elementos léxicos aparecen en funciones gramaticales (cf. Skalicka 1955a: 16f., 18f.). Así pues, tanto para Skalicka como para Popela, un elemento gramatical es únicamente aquel elemento que posee una expresión más o menos discreta, es decir, que es un signo; además, Skali¢ka también tiene en cuenta otras propiedades de la expresión para evaluar un signo con respecto a su gramaticalidad (cf. Skalicka 1960a; 1962a: 125f.; 1979: 83ss.). Sin embargo, surge la necesidad fundamental de determinar el concepto de las funciones gramaticales, pues, por un lado, sería imposible hablar en el tipo polisintético de semantemas que desempeñan funciones gramaticales y, por otro, no estaría claro qué funciones (significados) deben examinarse con respecto a su gramaticalidad. Skali¢ka (1965) ofrece, de hecho, tales criterios para la identificación de funciones (significados) gramaticales. Según él, los elementos (signos) gramaticales tienen tres tipos de significado: sintáctico, abstracto y de ordenación. Por su función clasificadora, los elementos gramaticales integran el elemento léxico que determinan en una clase. En esta función se basa la propiedad constitutiva de las categorías gramaticales, a saber, la obligatoriedad de sus miembros: Todo elemento léxico para el cual la categoría gramatical correspondiente sea relevante debe estar provisto de un elemento de la categoría en cuestión. El significado o la función sintáctica de un signo gramatical consiste en que remite a otras denominaciones, en que vincula determinados elementos léxicos con otros; al mismo tiempo, también puede indicar el carácter de esta relación. Finalmente, el significado abstracto convierte un signo gramatical en una parte de la denominación: el signo gramatical modifica el significado del elemento léxico que determina. Sin embargo, secundariamente, el elemento gramatical puede cumplir también la función sintáctica mediante su significado abstracto, lo que ocurre en el fenómeno de la llamada concordancia. Es importante observar que el carácter abstracto del 124 | BOHUMIL VYKYPEL los elementos gramaticales son relativamente abstractos, es decir, son más abstractos que los elementos léxicos semánticamente relacionados. Por abstracción debe entenderse la capacidad de abarcar campos semánticos más extensos. La diferencia de abstracción entre un elemento léxico y uno gramatical con la misma base semántica debe entenderse, por tanto, como gradual —a diferencia de las dos primeras propiedades, que se basan en una oposición privativa. Un ejemplo instructivo de una teoría de la gramaticalización no formalizada, es decir, una teoría que no se construyó de manera inmanente a la teoría, sino con un propósito determinado (a saber, explicar el desarrollo de la flexión indoeuropea), se encuentra en el indoeuropeísta ADOLF Eruarr. El ejemplo es instructivo porque se puede tomar a Skali¢ka como punto de partida y, al mismo tiempo, se llega finalmente a Skali¢ka, y ello desde una perspectiva que arroja luz explicativa sobre el concepto global de la gramaticalización. (Sobre la concepción de la gramaticalización de Erhart, véase Vykypél 2004a: 153-156, con las correspondientes referencias bibliográficas.) La formulación de Erhart de las propiedades de los elementos gramaticales es similar a la de Skaliéka (1965). Los gramemas son independientes y están siempre vinculados a determinados lexemas (es decir, son potencialmente clasificadores). Los gramemas son, por lo que respecta a su significado, esencialmente más simples que los lexemas (es decir, son más abstractos) y también pueden ser completamente formales, es decir, designar únicamente una relación sintáctica (es decir, pueden ser sintácticos- ). Con la simplicidad se relaciona también el hecho de que los inventarios de los gramemas suelen ser cerrados. La transformación de los elementos léxicos en gramaticales, es decir, la gramaticalización, tiene según Erhart tres fases: 1. Pérdida de la autonomía (el elemento comienza a vincularse a otro elemento), que puede ir acompañada de la simplificación de la semántica del elemento; 2. Generalización, es decir, extensión y obligatorización; 3. Formalización completa, es decir, el elemento ya solo tiene un significado sintáctico. Con estas propiedades, que afectan al plano del contenido o que, al menos, pueden relacionarse con este, también pueden vincularse las propiedades que afectan a la expresión de los elementos gramaticales (signos). El carácter abstracto de los elementos gramaticales (al que también puede adscribirse la sintacticidad) favorece el reducido alcance de sus medios de expresión. El reducido alcance, a su vez, favorece, por un lado, la acumulación de los gramemas en el marco de un único signo y, por otro, la sinonimia y la homonimia de los signos gramaticales. El carácter obligatorio es favorable a la expresión 4quipolente, es decir, a la ausencia de los llamados. Formantes nulos incl. el llamado secuencia fija de palabras, y también de la vinculación de la expresión de los elementos gramaticales, es decir, de la expresión mediante afijos o terminaciones más bien que mediante palabras. Aquí también pertenece la concordancia: Si en una lengua la concordancia en un nivel superior Mabe adquiere relevancia; entre otras cosas, esto significa que cada palabra mediante ciertos va acompañado obligatoriamente de formas de expresión (terminaciones), lo que también afecta a aquellas palabras que no lo necesitan necesariamente. El carácter semánticamente abstracto y la reducida extensión de la forma de expresión de los elementos gramaticales pueden subsumirse bajo el concepto común de simplicidad, y con la simplicidad también puede vincularse otra propiedad de los elementos gramaticales presupuesta por Erhart, a saber, «la uniformidad de la formación» de las formas de expresión, es decir, estas solo deben mediante REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 125 se forma un tipo de signos (mediante palabras, afijos, terminaciones o introflexión, pero no mezclados). Debido a las propiedades de la forma de expresión, Erhart establece incluso tres fases hasta la gramaticalidad completa, en las que los significados observables, que corresponden a los significados de algunos elementos léxicos, se expresan de manera diferente: 1. la criptogramatical (expresión mediante el orden de las palabras o palabras de libre aplicación); 2. la pragramatical (orden de las palabras y también afijos); 3. la semigramatical (afijos, pero también formantes cero; sin concordancia ni acumulación). Es evidente que estas fases pueden compararse con los tipos lingüísticos de Skali¢ka: la criptogramatical con la polisintética o la aislante, la pragramatical y la semigramatical con la aglutinante. En cualquier caso, puede observarse que las propiedades de los elementos gramaticales de Erhart se asemejan notablemente a las del tipo flexivo (en la tipología de Skali¢ka). Por tanto, también se puede dar la razón a Tomas Hoskovec (2001: 12): Erhart hace frente a las aporías de las reconstrucciones indoeuropeístas con un aparato tipológico particular. Este provoca con su concepción jerárquica, que coloca las lenguas indoeuropeas en la cúspide de la pirámide de la gramaticalización y, por tanto, en realidad de la intelectualización de la relación semántica en la lengua. Quizá podamos adelantarnos a los malentendidos si tenemos presente que contemplamos las lenguas del mundo a través de una lupa que concentra todo en el foco de las lenguas indoeuropeas, que son las más cercanas a nosotros y las que mejor conocemos: siempre contemplamos el mundo desde algún lugar. * En justicia, sin embargo, debe decirse que también en la concepción de la gramaticalidad o gramaticalización, que encuentra sus criterios tanto en el plano del contenido como en el plano de la expresión, es decir, que estudia la gramaticalidad de los signos, pueden establecerse criterios que no estén ligados al carácter concreto del signifiant, es decir, que puedan correlacionarse con la tipología de Praga. Estos criterios son dos y ya han sido mencionados. El primero es la uniformidad de la formación de las formas de expresión: aquí es indiferente si las funciones gramaticales se expresan mediante palabras, afijos, terminaciones o introflexión; solo se exige que la expresión de los distintos miembros de la categoría en cuestión sea la misma. El segundo criterio es la ausencia de formantes cero: ningún miembro de una categoría gramatical debería expresarse mediante un formante cero; en otras palabras, esto significa que las expresiones individuales de los miembros de una categoría gramatical deberían ser equipolentes entre sí, no privativas (véase al respecto también Skali¢ka 1960a y Vykypél 2005: 210). 3. Ahora vuelvo por fin a Christian Lehmann y a sus ideas sobre la gramaticalización'. ; Aquí me limito esencialmente a este libro de Lehmann, aunque, naturalmente, también son importantes sus textos posteriores sobre la gramaticalización y lo que he dicho hasta ahora y 126 | BOHUMIL VYKYPEL 3.1. Es evidente que la gramaticalización de Lehmann pertenece al segundo de los dos grupos mencionados arriba (§ 2), pues lo que debe investigarse con respecto a la gramaticalización son signos (cf. Lehmann 2002: VII, 109 y ss.). De ello se desprende también que en este caso hay que proceder del mismo modo que con las demás teorías de la gramaticalización de este grupo: primero deben determinarse los elementos de contenido relevantes, y solo después pueden examinarse, en cuanto a su gramaticalidad, los signos en los que entran estos elementos de contenido?. Es importante que en el segundo paso se tengan en cuenta ambos lados del signo lingüístico y, por tanto, que tanto el significado como la expresión de los elementos de contenido en cuestión se incluyan en los parámetros de gramaticalización (cf. Lehmann 2002: cap. 4). Hablando con Hjelmslev, se extraen ciertos elementos de contenido de la estructura lingüística y se sigue su destino en el uso lingüístico, tanto en su aspecto sustancial (el significado de los elementos de contenido que constituyen el signifié de un signo) como en su aspecto sígnico (la expresión de los elementos de contenido en el marco de un signo). A primera vista, el primer paso, la determinación de aquellos elementos de contenido que establecen qué signos se investigan con respecto a la gramaticalización y cuáles no, podría no parecer indispensable: simplemente se aplican los criterios semánticos y los criterios de expresión a los signos de la lengua y se constata qué signos los cumplen y en qué medida, y cuáles no. Sin embargo, hay algunas razones que abogan por lo contrario. En primer lugar, aquí está lo que ya se insinuó anteriormente (§ 2.2.): en el tipo polisintético o en las lenguas con un tipo polisintético claramente dominante sería imposible o difícil distinguir entre la gramática y el léxico. Por ejemplo, no estaría claro cuándo un signo funciona únicamente como verbo y, por tanto, no entra en el canal de gramaticalización, y cuándo ya funciona también como adposición y, por tanto, se encuentra al inicio de la gramaticalización (Lehmann 2002: 94; véase también Haspelmath 1998: 328 ss.). Todo sería potencialmente gramatical o, en palabras de Erhart, «criptogramatical»; sin embargo, si algo es críptico, no se ve (y si algo no se ve, difícilmente se puede hablar de ello; y sobre aquello de lo que no se puede hablar, hay que guardar silencio con Wittgenstein...). Otro argumento a favor de la convicción de que primero hay que determinar qué categorías de contenido son relevantes para el estudio de los signos constituidos conjuntamente por sus miembros en lo que respecta a la gramaticalización lo proporcionan los conceptos de renovación e innovación (Lehmann 2002: § 2.4.). La renovación presupone la existencia de una categoría de contenido común, cuyos miembros entran en signos que se encuentran en diferentes puntos de la escala de gramaticalización. El punto de partida de lo que aún quiero decir lo ilustran. Para el tema principal de esta contribución, el intento de integrar provisionalmente la teoría de la gramaticalización en un marco teórico más amplio, bastará, no obstante, con remitirse a esta obra principal. Entiendo el signo bilateralmente como una conexión inseparable de elementos del plano de la expresión y del plano del contenido (los elementos de ambos planos lingüísticos, como dos partes de la estructura de la lengua, son componentes potenciales de los signos lingüísticos que pertenecen al uso de la lengua). Por eso se puede decir que un elemento del contenido (o, naturalmente, un elemento de la expresión) entra en un signo lingüístico al (con)formarlo. (Véase también más abajo § 4.3., Obs. I.) REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 127 La innovación constituye, a su vez, el surgimiento de una categoría gramatical (o, más exactamente, de una categoría de contenido cuyos miembros forman entonces conjuntamente los signos seguidos en relación con la gramaticalización), y por ello es necesario poseer un criterio mediante el cual se decida sobre el surgimiento de la categoría y su separación de las demás categorías de contenido: Es cierto que «Latin had no grammatical category which corresponded to the French articles, so that nothing has been renovated by these» (Lehmann 2002: 18), pues el latín solo tenía una categoría léxica correspondiente; sin embargo, se plantea la cuestión de cómo distinguir precisamente una categoría léxica como los pronombres demostrativos latinos de una gramatical como el artículo francés. Si tal cuestión no pareciera pertinente o importante, tampoco quedaría claro de qué se habla ni por qué, cuando se habla de categorías léxicas y gramaticales. La necesidad de un nexo de unión conceptual entre los signos gramaticalizados de distintas maneras también es tematizada por Lehmann (2002: 111s., 150), cuando habla de la exigencia de semejanza funcional entre los signos que se han de comparar o de su base funcional común. Hay que añadir que esto se aplica tanto dentro de una lengua, al comparar signos de una lengua en relación con la gramaticalización, como en la comparación entre lenguas. 3.2. En general, también se puede comparar de dos maneras (cf. Vykypél 2005: 195, 286): ya sea sobre la base de una axiomática extralingüística, del material de Hjelmslev, o sobre la base de una axiomática intralingüística, es decir, de una teoría general «panchrónica». La teoría general que aparece en el caso de la gramaticalización como el punto de partida necesario es una teoría del contenido. Esto también puede expresarse diciendo que, mediante la teoría de la gramaticalización, una concepción perteneciente al segundo de los grupos mencionados arriba (§ 2), se presupone una de las teorías de la gramaticalidad del primero de los dos grupos anteriores. Esta teoría presupuesta puede ser la descripción funcional-generativa de Sgall con su nivel tectogramatical, la lingüística funcional de Mathesius con sus dos actos o la teoría del lenguaje de Hjelmslev con su plano del contenido. La necesidad de una TEORÍA GENERAL DEL CONTENIDO puede observarse en varios ejemplos. 3.2.1. Se puede pensar, por ejemplo, que la claridad de las relaciones dentro de una categoría, que aparece en el parámetro de gramaticalización de la paradigmaticidad (Lehmann 2002: 118), depende fundamentalmente de la claridad de su descripción (para citar nuevamente el breviario de Hjelmslev: «if a thing looks complicated, it is chiefly because it is looked upon in a complicated way»; Hjelmslev 1973: 120). Algo similar ocurre con la homogeneidad de la categoría como «a certain amount of similarity among its members and of regularity in their differences» (Lehmann 2002: 120): se pueden encontrar, por ejemplo, con Hjelmslev (1959: 157), significados fundamentales claros también allí donde tradicionalmente no se había visto ninguno’. : Con el término de significado básico se roza incidentalmente también otro problema. La diferencia entre el significado básico y el significado total puede interpretarse ciertamente (con Lehmann 2002: 114) como una diferencia entre dos denominaciones y entenderse metafóricamente: 134 | BOHUMIL VYKYPEL las oraciones nominales de aquel tipo que se encuentra, por ejemplo, en húngaro (véase al respecto también Giger, Vykypél 2001: 72f.). Esto significa, por un lado, que la cópula también puede considerarse un elemento de contenido, concretamente uno de la categoría de los extensos de Hjelmslev, es decir, aproximadamente elementos de contenido «gramaticales» de carácter verbal, y, por otro lado, que la expresión de esta función puede ser diferente, por ejemplo, dependiendo del tipo lingüístico que domine en la lengua respectiva. Lo importante en este caso es que el punto de partida debe constituirlo una definición de esta función copulativa o de este elemento de contenido copulativo, a partir de la cual pueda llevarse a cabo en primer lugar la observación de los signos en los que interviene, atendiendo a su gramaticalización o diversidad tipológica. La nominalización y la atribución parecen aún más interesantes (Lehmann 2002: §§ 3.3.2.-3.; véase también Lehmann Ms.a: §§ 5.-6.). Sobre la posible interpretación de la atribución y la concordancia eventualmente asociada a ella ya se habló arriba (§ 3.2.6.) y véase todavía abajo (§ 3.3.2.). En cuanto a la llamada En lo que respecta a la nominalización, desde la perspectiva hjelmsleviana puede afirmarse que en la manifestación de esta dependencia entre dos o varios «conceptos verbales» aparece un elemento de contenido denominado conectivo, que precisamente vincula estos dos conceptos como elementos de contenido complejos o complejos de elementos de contenido (cf. Hjelmslev 1959: 165-191, Vykypěl 2005: 76 s., 232 s.). La expresión de este elemento de contenido puede ser diversa. 1° Puede tratarse únicamente de la «secuencia fija de palabras- », es decir, una determinada concatenación de «oraciones principales» y «oraciones subordinadas», de la cual se desprende entonces la relación mutua entre las oraciones (es decir, el hecho de cuál depende de cuál). 2° Puede aparecer una palabra no especializada para esta función, que en otros contextos cumple una función léxica. 3° Puede aparecer una palabra especializada para esta función. 4° Finalmente, también puede aparecer un afijo. El caso 1° se da, por ejemplo, en chino, en el que las oraciones subordinadas temporales y condicionales preceden a la oración principal, al igual que, en general, el determinante precede al determinado; las oraciones subordinadas de objeto, en cambio, siguen a la oración principal, al igual que, en general, el objeto sigue al sujeto y al predicado, sin que en ninguno de los dos casos sea necesario determinar la oración subordinada mediante un signo. El caso 2° se da, por ejemplo, en vietnamita, en el que las oraciones subordinadas finales se determinan mediante las palabras dé o cho, que también significan ‘dejar, colocar’, respectivamente. ‘geben’ pueden significar. 3° es el caso de las conjunciones coordinantes y 4° se encuentra, por ejemplo, en todos los llamados participios, infinitivos, gerundios, etc. 1° y 2° pueden valorarse, en el marco de la tipología de Praga, como polisintéticos, 3° como aislante y 4° como aglutinante. Para el tipo lingüístico flexivo se esperaría la expresión mediante una terminación, pero Skali¢ka (1979: 173-179) afirma que el tipo flexivo resuelve el problema del segundo verbo (que corresponde al problema de la nominalización) mediante subordinadas ampliamente desarrolladas. En otro lugar, Markus Giger y yo, no obstante, intentamos mostrar que esta afirmación —como otras llamadas propiedades sintácticas en el marco de la tipología de Skali¢ka— no carece de problemas (cf. Giger, Vykypél 2001: 72-79). En cualquier caso, aquí se observa nuevamente (como en el caso de la cópula) que las etapas de gramaticalización pueden correlacionarse aproximadamente con los tipos de la tipología de Praga. Sin embargo, con esto ya llego al tema de la sección siguiente. REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 135 OBSERVACIÓN: Antes de eso, me permito añadir, no obstante, en esta ocasión una pequeña digresión tipológica. Tan pronto como la dependencia de «oraciones» recibe una expresión más o menos discreta, el «orden fijo de las palabras» (secuencia de morfemas) puede quedar libre para la expresión de la articulación actual (de la perspectiva funcional de la oración). Lo mismo se aplica también a los propios miembros de la oración. Pueden aducirse muchos ejemplos. Cuando una oración subordinada causal china está determinada por yinwéi ‘porque’, también puede aparecer después de la oración principal, especialmente cuando no constituye un tema. En indonesio, una palabra que desempeña la función de objeto indirecto debe aparecer después del verbo y antes del objeto directo; sin embargo, si está determinada por una preposición, también puede aparecer después del objeto directo. Como es sabido, algo semejante ocurre con el objeto indirecto en inglés. Del inglés procede un ejemplo de Sgall (1988: 465): Mary se mudó de Chicago a Filadelfia frente a Mary se mudó a Filadelfia desde Chicago. Se pueden considerar estos fenómenos como una oportunidad para reflexionar sobre la valoración tipológica de la expresión de la articulación actual (la perspectiva funcional de la oración). Como se mencionó anteriormente (§ 2.1.), Sgall cuenta la articulación oracional actual, junto con los funtores y los gramemas, como parte gramatical del nivel tectogramático, cuya expresión se postula, por consiguiente, como la dominante o propiedad fundamental de los cinco tipos de lengua. Sin embargo, aquí se encuentran ciertas ambigüedades®. Así, mediante la variación de los morfemas léxicos, es decir, mediante terminaciones, la expresión constituye la dominante del tipo flexivo, pero la articulación actual se expresa mediante el orden de los morfemas léxicos, lo que, sin embargo, se considera la dominante del tipo polisintético. Los ejemplos arriba citados del chino, el indonesio y el inglés significarían que, en el caso de que los functores o gramemas (aquí, funciones de caso y de conectivo) se expresen mediante el orden de los morfos, la articulación actual debe expresarse de otro modo, por ejemplo mediante la entonación o ciertas construcciones; sin embargo, si los functores o gramemas encuentran su expresión mediante morfos propios, la articulación actual se expresa mediante el orden de los morfos. Se puede presuponer que existe una especie de relación de compensación entre la expresión de los functores y los gramemas (la «gramática propiamente dicha») por un lado, y la de la articulación actual por otro’. Sin embargo, se plantea la cuestión de si esta compensación pertenece a los constructos de los pertenece a los tipos o si constituye una cuestión de las lenguas individuales, que en la tipología de Praga son consideradas, como es sabido, combinaciones jerarquizadas de propiedades de diferentes tipos. Aquí puede hacerse referencia, por ejemplo, al famoso afijo de topicalización japonés -wa, que se encuentra en el japonés (supuestamente) dominantemente aglutinante: aquí nos encontramos, pues, con la misma solución (en este caso, una aglutinativa) para el ámbito de los gramemas y los functores y con 8 Para la clasificación actual desde el punto de vista tipológico, véanse también Sgall (1982) y Sgall, Hajicova, Panevova (1986: 241-244). Sobre el concepto de compensación al deducir propiedades de los tipos lingüísticos, véase Skali¢ka (1966: 27). 9 136 | BOHUMIL VYKYPEL con la clasificación actual. A la inversa, se podría creer que la expresión de la articulación actual mediante la sucesión de morfos en lenguas dominantemente flexivas constituye un rasgo del tipo polisintético. Se vuelve a la doble inseguridad teórica de la tipología praguense: ¿Cómo se han de construir en realidad los tipos y cómo se ha de determinar la dominante tipológica de una lengua? (Véase también Vykypél 2005: 197-203.) Una posible solución a la segunda cuestión ofrece una jerarquización del sistema lingüístico en cuanto a su relevancia para la determinación de la dominante tipológica de cada lengua: Lo más importante sería, por ejemplo, la expresión de los functores y los gramemas, es decir, la de los functores y luego la de los gramemas; después seguiría la expresión de la estructura actual; a continuación venían las áreas de la denominación (formación de palabras- ), de la semántica, de la sintaxis y también la de la fonología. 3.3. La teoría de la gramaticalización, es decir, una determinada valoración de algunos signos, se divide, por tanto, en dos partes. En su «aspecto del contenido» se corresponde con una teoría del contenido (cf. § 3.2. supra). En su «aspecto sígnico» puede compararse, a su vez, con la descripción del uso lingüístico de Hjelmslev (tanto en su aspecto sustancial como en su aspecto sígnico; cf. § 3.1. supra), con la morfología de Mathesius o con la descripción del nivel morfemático de Sgall. Sin embargo, puede compararse más directamente con la TIPOLOGÍA DE PRAGA, que, por cierto, también puede considerarse como una descripción de tipos del uso lingüístico hjelmsleviano, de la morfología mathesiusiana o de la conexión entre el nivel tectogramático y el morfemático de Sgall. En primer lugar, pueden señalarse dos propiedades generales que la gramaticalización y la tipología de Praga tienen en común (y sobre las que ha llamado la atención Markus Giger). Si provisional y aproximadamente se equiparan fases individuales de la gramaticalización con los tipos de Praga, se hacen evidentes dos cosas: el hecho de que en una misma lengua aparezcan signos gramaticalizados en distinto grado corresponde a la tesis praguense de la lengua individual como combinación de propiedades de varios tipos lingüísticos, y el hecho de que los parámetros de la gramaticalización presenten distinto grado en signos individuales corresponde a que las propiedades de varios tipos lingüísticos también pueden combinarse en el marco de un único signo. Además, pueden aducirse ejemplos concretos de la correlación entre fases de la gramaticalización y los tipos lingüísticos de Praga. Las coincidencias son numerosas (cf. también Sgall 1992a: 205 ss., 1993a: 323, 1999: 31; Giger 2002: 46); me limitaré solo a algunas de ellas”. 3.3.1. Así, por ejemplo, los casos altamente gramaticalizados (Lehmann 2002: 76 ss.) presentan rasgos del tipo flexivo: los formantes acumulan varias funciones, son más cortos, entran en concordancia, se fusionan y van acompañados de una alternancia de la raíz. ‘0 Sobre la tipología (aunque predominantemente sobre la precursora preestructural de la tipología de Praga) desde la perspectiva de la teoría de la gramaticalización, cf. Lehmann (1985; 1986; 1987). REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 137 Quizá la correlación sea más llamativa en el ámbito de la cohesión sintagmática, de la unión (Lehmann 2002: § 4.3.2.). Los niveles de fusión entre la raíz léxica y el elemento gramatical (p. 132) corresponden exactamente a los de la tipología de Praga; el límite impreciso entre morfemas y la acumulación de funciones en los morfemas como rasgos de una gramaticalización avanzada (p. 137) corresponden a propiedades del tipo flexivo. 3.3.2. En la sección sobre la dependencia también se tratan los sintagmas coordinativos (Lehmann 2002: 133s., 135s.). En los sintagmas coordinativos aparecen elementos de contenido que están en una relación de igualdad entre sí. Si son determinados por otro elemento de contenido, este puede expresarse repetidamente con cada uno de los elementos de contenido que determina, o puede expresarse una sola vez. La primera forma de expresión se considera un rasgo de una mayor gramaticalización del signo determinante. La repetición de un signo constituye también la esencia de la llamada concordancia (cf. Skali¢ka 1937): Mediante la repetición de un signo que contiene un determinado elemento de contenido, se expresa la dependencia de un elemento de contenido léxico respecto de otro. La concordancia como expresión de una relación de dependencia de este tipo aparece en el tipo flexivo (o introflexivo), mientras que en los otros tipos la relación se expresa mediante aposición, es decir, mediante un orden fijo de las palabras. Además de lo ya mencionado arriba (§ 3.2.6.), a saber, que dos fenómenos diferentes en el plano de los signos, la concordancia y la aposición, pueden interpretarse de la misma manera en el plano del contenido, aquí resulta evidente que la expresión de la relación de contenido en cuestión es relevante tanto para la tipología como para la gramaticalización: La concordancia y la repetición de un signo son flexivas y están más gramaticalizadas; la aposición y la no repetición de un signo no son flexivas y están menos gramaticalizadas. De nuevo se observa el desarrollo hacia el tipo flexivo como un fortalecimiento de la gramaticalización. 3.3.3. Los fenómenos tratados (§§ 3.2.6., 3.2.10., 3.3.2.) de la atribución, la predicación, la nominalización o la concordancia pueden describirse como determinadas relaciones sintagmáticas en el plano del contenido o como reflejos de estas relaciones, o bien como elementos de contenido mediante los cuales se constituyen estas relaciones. Los elementos de contenido «léxicos» que así se vinculan entre sí forman distintos grupos según las relaciones sintagmáticas en las que entran (o por las cuales son determinados mediante elementos de contenido «gramaticales»). Estos grupos se denominan tradicionalmente clases de palabras”’, y pueden estar diferenciados en distinta medida y distinguirse entre sí en la expresión- ”. Una fuerte diferenciación "Sobre el concepto de las clases de palabras, véase Trnka (1982: 315, 327 y ss.) (véanse también las observaciones inspiradoras del primer Hjelmslev 1928: cap. V). En esta distinción se trata de la diferencia o igualdad de la expresión de los correspondientes elementos de contenido gramaticales y léxicos. Así, por ejemplo, en chino y vietnamita los «sustantivos», por un lado, y los «verbos» y «adjetivos», por otro, se distinguen de tal modo que los primeros, a diferencia de los últimos, aparecen en el predicado con la cópula, es decir, el primer grupo requiere, a diferencia del segundo, una expresión explícita de la función copulativa, y existe, por tanto, una diferencia en la expresión del elemento de contenido gramatical ‘cópula’; sin embargo, apenas se encuentran otras diferencias, y también los «verbos» y 138 | BOHUMIL VYKYPEL de las clases de palabras se considera en la tipología de Praga una propiedad del tipo flexivo, mientras que en los otros tipos lingüísticos las clases de palabras se distinguen menos claramente (cf., p. ej., Skali¢ka 1979: 87, 117, 190, 201, 336, 338-341). Ahora bien, en la teoría de la gramaticalización se encuentra un alto grado de distinción de las clases de palabras, atribuido al tipo flexivo, como reflejo de una gramaticalización elevada: cuanto más claramente se distinguen las clases de palabras, tanto más gramaticalizadas están (cf. Lehmann Ms.a). 3.3.4. Además de la homogeneidad de un paradigma (cf. § 3.2.1.), también se postula una propiedad opuesta como otra característica de un grado elevado de gramaticalización, a saber, la alomorfía (y el supletivismo) (Lehmann 2002: 122). Esto parece algo sorprendente, pues la homogeneidad representa una regularidad, mientras que la alomorfía es una irregularidad, pero encuentra su explicación en la correlación entre los grados elevados de gramaticalización y el tipo flexivo, y además también en el estado de las lenguas indoeuropeas antiguas. 3.3.5. Otro ejemplo de la semejanza de los grados más elevados de gramaticalización con el estado de las lenguas indoeuropeas antiguas puede constituirlo la culminación de la gramaticalización del número (Lehmann 2002: 52): se reduce el número de miembros de la categoría, los formantes de número se vuelven obligatorios y se fusionan, surge la concordancia en número, formantes originalmente semánticamente diferentes se convierten en alomorfos y también aparece el supletivismo radical. Todo ello son también propiedades del tipo flexivo. Una descripción semejante de la categoría de número plenamente gramaticalizada, que «casualmente» coincide con el estado de las lenguas indoeuropeas antiguas, se encuentra en Erhart (1970: 69f.). 3.3.6. Un ejemplo más sutil e interesante lo constituye el caso de la llamada secuencia fija de palabras. En la última sección de su interesante libro, Lehmann (2002: § 4.4.4.) plantea una última cuestión interesante, a saber, que la llamada secuencia fija de palabras puede aparecer tanto al principio como al final de la gramaticalización. A este respecto quisiera señalar, desde el punto de vista de la tipología praguense, lo siguiente: Al igual que en el marco de la gramaticalización, también en el marco de la tipología praguense aparece la llamada secuencia fija de palabras en dos lugares, concretamente en el tipo polisintético y en el aislante. Sin embargo, hay que subrayar que existe una diferencia esencial entre estas dos secuencias fijas de palabras. La primera, la secuencia fija de palabras polisintética y situada al principio de la escala de gramaticalización, puede calificarse de semántica y compararse con la sintaxis implícita o léxica de Skalicka: Skalicka (1960b) distingue, como es sabido, varias «formas especiales de la sintaxis», y una de estas formas es la sintaxis implícita o léxica, en la que no se distinguen las relaciones entre «adjetivos» . En húngaro, los sufijos posesivos nominales y los sufijos personales verbales son parcialmente iguales, y en turco el sufijo plural de los nombres y el de la tercera persona de los verbos son iguales; a la inversa, en estas lenguas una misma forma de expresión nominal léxica puede ser tanto dependiente (es decir, adjetival) como independiente (es decir, sustantiva). Sin embargo, con frecuencia también existen diferencias en las formas de expresión correspondientes. En cambio, en lenguas como el checo o el lituano, por ejemplo, tanto las formas de expresión de los nombres dependientes y de los gramemas que los determinan como las de los nombres independientes y sus gramemas son por lo general diferentes, por lo que los llamados adjetivos y los llamados sustantivos se distinguen claramente en la expresión. REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 139 palabras (lexemas o signos) están dadas por el significado de las propias palabras- ". Las relaciones entre las palabras se expresan, ciertamente, mediante el orden, la posición de las palabras en el marco de la oración, pero no están determinadas por este, sino precisamente por la semántica de las palabras. Por el contrario, la otra secuencia fija de palabras, aislativa y situada al final de la escala de gramaticalización, puede calificarse de «formal»: las relaciones entre las palabras están expresadas y determinadas por su orden. La diferencia entre los dos tipos de secuencia fija de palabras también puede formularse del siguiente modo: en el segundo caso (aislativo- ), todo cambio en el orden de las palabras modifica también el significado de la oración, la relación entre las palabras. En cambio, el significado de la oración, la relación entre las palabras, no cambia necesariamente por una modificación del orden de las palabras en el primer caso (polisintético): si, en efecto, la relación entre ellas en el marco de la oración, es decir, también el significado de la oración, se desprende claramente de la semántica (del significado) de las propias palabras, entonces no es necesariamente preciso mantener inalterado su orden. Esto coincide con la afirmación general de Skalicka: el tipo polisintético intenta construir su gramática sobre la semántica. El propio Skalicka ofrece ejemplos del chino, dominantemente polisintético, de la libertad del orden de las palabras cuando las relaciones entre estas son claras basándose en su significado (Skalicka 1946: 400s., 409; abreviado en Skalicka 1979: 192). A ello puede añadirse un ejemplo del vietnamita, igualmente fuertemente polisintético. En vietnamita, el futuro de una acción puede expresarse colocando el signo correspondiente a una indicación temporal antes o después del sujeto, pero todavía antes del predicado: Chiéu hém nay ti mua tw dién ‘Esta tarde compro un diccionario’. El pasado de una acción se expresa, en cambio, por el hecho de que el signo se encuentre al final de la oración: 76i mua quyén sdch tru’a hom nay ‘Hoy al mediodía compré el libro’. Pero si la indicación temporal resulta clara por el significado de las palabras, los signos no están sujetos a estas reglas: Chiéu hém qua t0i di xem chiéu bong ‘Ayer por la tarde fui al cine’ y Tdi di xem chiéu bong chiéu hom qua ‘Ayer por la tarde fui al cine’ (cf. Vi 1998: 64). 3.3.7. En relación con el caso de dos tipos de orden fijo de las palabras, permítaseme hacer aún algunas observaciones más. La observación más llamativa o banal es que aquí se ve un ejemplo instructivo de la espiral tipológica de Gabelentz: el principio y el final —aquí el llamado orden fijo de las palabras— son semejantes, pero no iguales. Además, puede constatarse que la afirmación de que el orden fijo de palabras aislante constituye el final de la gramaticalización apenas parece estar fundamentada teóricamente, sino más bien empíricamente, por el desarrollo de las lenguas de Europa occidental tras la pérdida de la flexión (el punto de vista empírico coincide aquí, pues, con el histórico, es decir, con uno potencialmente fortuito- ). Algo semejante ocurre con la pérdida o la reducción máxima de los signos gramaticales, es decir, con su reducción a cero, que se considera el grado más alto de la gramaticalización (p. ej., Lehmann 2002: 12, 57 ss., 64, 121, 137): esta reducción (que precede inmediatamente a la formación del orden fijo de palabras aislante) siguió en las lenguas de Europa occidental a la fase denominada penúltima de la gramaticalización, que corresponde a la maximización del tipo flexivo. 140 | BOHUMIL VYKYPEL Aquí sea mencionado de paso también otro lema de Skali¢ka (1962a), a saber, el de que la sintaxis es antropocéntrica (y la morfología superflua), lo que se aplica en particular precisamente a la sintaxis implícita o léxica. Sin embargo, tampoco es aceptable sin más la afirmación de que la reducción a cero constituya el final o el máximo de la gramaticalización, pues Nada es nada y no algo, es decir, tampoco un final. El final de la gramaticalización lo constituye más bien aquel «penúltimo estadio» (p. ej., Lehmann 2002: 77), que corresponde al tipo flexivo o, más aún, al tipo introflexivo (cf. Giger, Vykypěl 2001: 79 y ss.). 3.3.8. Se puede plantear la pregunta de qué significa lo expuesto (en §§ 3.3.1-7.). También puede significar que los criterios de expresión en la teoría de la gramaticalización se basan en una squinting grammar, que mira de reojo al latín flexivo y a sus lenguas hijas aislantes de Europa occidental. Dicho con mayor precisión, está fuertemente gramaticalizado aquello que se parece aproximadamente a lo que la gramática latina denomina gramatical, y está aún más fuertemente gramaticalizado aquello en lo que se convirtió en las lenguas de Europa occidental. Se vuelve a las palabras de Hoskovec sobre Erhart citadas arriba (§ 2.2.). Si se recuerda lo dicho arriba (§ 3.2.), las dos axiomáticas comparativas mencionadas allí, la extralingüística (es decir, en la práctica, la fonética general para el plano de la expresión y, para el plano del contenido, la metafísica en la lingüística tradicional, una especie de lógica entre los chomskianos o la llamada lingüística cognitiva en el caso de la última moda en lingüística) y la intralingüística, pueden denominarse bases comparativas explícitas. Además, también puede existir una base implícita y, por tanto, apriorística al modo de Hjelmslev para la comparación y la descripción, una squinting grammar- ”. 3.4. La correlación entre los grados elevados de gramaticalización y las propiedades del tipo flexivo se fundamentó principalmente en fenómenos que afectan al plano de la expresión de los signos lingüísticos (y también pueden aducirse otros). Esto, por cierto, también es comprensible, pues el núcleo de la tipología de Praga consiste precisamente en observar qué formas se asignan a las funciones presentes en las lenguas. Lehmann (2002: 109s.) subraya, sin embargo, con razón, que los parámetros de gramaticalización afectan a ambos lados del signo lingüístico, aunque a veces resulte difícil distinguirlos. Si ahora fuera posible establecer una escala de gramaticalización también sobre la base de parámetros de contenido o semánticos, sería imposible correlacionarla con la tipología de Praga, pues esta tipología parte precisamente de que en el plano del contenido (en el nivel tectogramático) no existe una escala semejante, sino únicamente elementos que son o bien «léxicos» o bien «gramaticales», y de que en los distintos tipos de lenguas los elementos léxicos se expresan de igual manera y los gramaticales de manera diferente. En este punto, por tanto, aún deben examinarse aquellos parámetros de gramaticalización que afectan, en mayor o menor medida, al contenido (la semántica). «Para un intento interesante de establecer una base para la comparación lingüística en cuanto al contenido, una “lingüística funcional”, véase]. Lehmann (2004a, 2004b). —Sobre la base semántica de una comparación sincrónica de las lenguas, véanse también Sgall (1978) y Haspelmath (2004: 572 ss.). PENSAMIENTOS SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 141 3.4.1. El parámetro de la variabilidad puede dejarse de lado en este contexto. Las dos variabilidades, la paradigmática y la sintagmática (Lehmann 2002: §§ 4.2.3., 4.3.3.), presuponen un cambio no gradual en el plano del contenido. En el caso de la variabilidad sintagmática, una forma nueva o diferente de relaciones entre ciertos elementos del contenido se refleja mediante nuevas relaciones entre las expresiones que se les asignan. La variabilidad paradigmática está determinada en su conjunto por relaciones en el plano del contenido, no por signos (cf. también arriba § 3.2.2.). En el parámetro de la cohesión paradigmática (Lehmann 2002: § 4.2.2.) se pueden identificar mejor aspectos semánticos, respectivamente aspectos relativos al contenido de una gramaticalización. Uno de ellos es la reducida extensión del paradigma (o de la categoría). Sin embargo, aquí se pueden señalar dos cosas: por un lado, esto parece poder correlacionarse nuevamente con el estado de las lenguas altindoeuropeas altamente flexivas (cf. también arriba § 3.3.5.); por otro, se plantea fundamentalmente la cuestión de qué pertenece a un paradigma (una categoría) (cf. también Vykypél 2005: 215-223). Por ejemplo, se puede establecer muy bien un criterio según el cual las preposiciones y los casos afijales se integran en una única categoría. En otras palabras, también este parámetro presupone una descripción del contenido, por medio de la cual, en consecuencia, se puede poner en duda el carácter gradual de la relación entre las categorías correspondientes (como en el caso de los casos y las preposiciones). Otro aspecto semántico de la cohesión paradigmática, las relaciones simples dentro de la categoría, ya fue tratado arriba (§ 3.2.1.). Lehmann (2002: § 4.3.2., p. 138-140) llama también la atención sobre el aspecto semántico de la cohesión sintagmática (de la dependencia). Este supuesto es muy interesante (entre otras cosas, también por todas sus implicaciones, que Lehmann trata en el lugar citado). Sin embargo, parece volver a enfrentarnos al problema de una teoría del contenido. Aquí surge primero la pregunta de qué está ligado a qué, es decir, mediante qué se determina qué, y qué dependencia se entiende (pues, por ejemplo, también puede existir dependencia entre partes de un compuesto, es decir, en el ámbito del léxico). También surge la pregunta de cómo se han de distinguir las dependencias supuestamente menores y mayores. Se tropieza con la inseguridad general de los criterios en la semántica y con el carácter continuo del uso lingüístico. Esto significa también que aquí difícilmente se pueden encontrar de nuevo oposiciones graduales naturales, sino únicamente oposiciones discretas implicadas por la forma. El peso sintagmático (Lehmann 2002: § 4.3.1.) corresponde a la pregunta de qué determina a qué. Como se ha indicado anteriormente (§§ 3.2.6., 3.3.2.), desde el punto de vista del plan del contenido no tiene por qué existir ninguna diferencia entre las construcciones que contienen un único signo determinante y aquellas en las que se contienen varios signos de este tipo. Por tanto, tampoco aquí existen apenas diferencias graduales de contenido o semánticas. ‘Cabe señalar que Erhart también incluye la dependencia semántica (de contenido) del elemento gramatical respecto de uno léxico entre las propiedades constitutivas de los elementos gramaticales (cf. supra § 2.2.) y que, por lo demás, también es posible reconocerla en los modistas medievales en sus modi significandi. 142 | BOHUMIL VYKYPEL El aspecto semántico y el formal parecen distinguirse de la mejor manera en el parámetro del peso paradigmático (Lehmann 2002: § 4.2.1.): una gramaticalización más avanzada de un signo está vinculada a una desemantización más avanzada del mismo. Este criterio también se encuentra en la definición de los significados gramaticales de Skalička (cf. supra § 2.2.). Sin embargo, pueden expresarse algunas reservas al respecto. En primer lugar, la descripción semántica constituye, como es sabido, en general un problema bastante grande, y a menudo uno se enfrenta a la vaguedad o a la difícil aprehensibilidad de los conceptos, o a intervenciones de factores externos o, al menos, metalingüísticos. Además, la semántica puede considerarse (desde una perspectiva hjelmsleviana) como la manifestación de elementos del contenido definidos relacionalmente, es decir, como la interpenetración de la estructura lingüística y el mundo y, por tanto, como irrelevante para la definición de los elementos y de sus categorías. Desde un punto de vista gnoseológico u operacional, la semántica o la descripción semántica también puede concebirse como una «traducción» a otra lengua. (Véase también arriba §§ 3.2.3.-4. y la distinción de Milos Dokulil (1978) entre el significado formador de palabras, es decir, estructuralmente determinado, y el significado léxico, es decir, determinado por el uso. )'° Así pues, la semántica puede considerarse algo que, por un lado, es irrelevante para la definición de los elementos de contenido, resp. constituye una consecuencia de esta definición (de la posición de los elementos en la estructura del plan del contenido) (véase también al respecto Hjelmslev 1959: 192-198), y que, por otro lado, en lo relativo a su abstracción o concreción, solo puede determinarse extralingüísticamente o basándose en el uso, pero difícilmente en el marco de la estructura lingüística (de la estructura del plan del contenido) misma. El carácter gradual de la oposición semántica entre los elementos léxicos y gramaticales relacionados viene dado extralingüísticamente. En última instancia, también está relacionado con lo dicho el carácter continuo de los fenómenos en este ámbito, que asimismo tematizó Skali¢ka (1959, 1979: 297-299), cuando describió el parentesco semántico fundamental entre algunos elementos léxicos y algunos elementos gramaticales y habló de la transposición de unos en otros. Hjelmslev consideraba precisamente este hecho como la razón (operacional) de la imposibilidad de definir semánticamente los elementos gramaticales (véase Vykypél 2005: 244f.). Aquí también se vuelve a la cuestión mencionada arriba (§ 3.1.): cuándo debe examinarse ya un signo en lo que respecta a su gramaticalización y cuándo todavía no. 3.4.2. No obstante, cabe mencionar que en Skali¢ka (1955b, 1960a) se encuentra la evaluación de sus tipos lingüísticos en cuanto a su gramaticalidad y abstracción o, más precisamente, la gramaticalidad y abstracción producidas por ellos'’, que, por tanto, puede compararse con el aspecto semántico del parámetro de gramaticalización del peso paradigmático. © Por cierto, Lehmann (2002: 114) responde también a la pregunta de cómo se reconoce que algo tiene menos rasgos semánticos remitiendo a un metalenguaje (se describe mediante menos oraciones metalingüísticas). —La problemática general de la semántica también puede demostrarse a partir de un problema concreto, a saber, el de la gradación de los casos (funciones de caso) en cuanto a su carácter gramatical (Lehmann 2002: 84f. y § 3.4.2.2.): los criterios semánticos parecen algo vagos y, finalmente, el grado de gramaticalización en el contenido queda vinculado al del plano de la expresión (Lehmann 2002: 85, 100). 7 Véase también Skaliéka (1949). IDEAS SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | 143 Se puede denominar esto también la propia interpretación de la gramaticalización que Skali¢ka hace de su tipología lingüística. Lo interesante en este caso es que la tipología de Skali¢ka, a diferencia de los criterios de la expresión, no coincide con la escala de gramaticalización. Según Skali¢ka (op. cit.), los tipos lingüísticos pueden agruparse, en cuanto a su gramaticalidad, aproximadamente en dos oposiciones binarias: el tipo polisintético se opone al aislante y el aglutinante al flexivo. El tipo polisintético construye su gramática (la puesta en relación de Mathesius) sobre la semántica (no posee signos gramaticales especializados) y es, por tanto, semántico y agramatical, mientras que el aislante construye su gramática sobre elementos formales (con estatus de palabras) y es, por tanto, formal y gramatical. De manera similar, el tipo polisintético se comporta de forma muy descriptiva en la formación de palabras, lexemas (Onomatología de Mathesius), es decir, sus lexemas están fuertemente motivados (el procedimiento principal de formación de palabras polisintética lo constituye la composición- ), mientras que el tipo aislante es fuertemente etiquetador en este ámbito, es decir, sus lexemas son muy inmotivados, arbitrarios (el tipo aislante prefiere la creación de palabras completamente nuevas, p. ej., también de abreviaciones, o el préstamo)'*. (Sobre la diferencia en la semanticidad entre el tipo polisintético y el aislante, véanse también las explicaciones sobre la llamada secuencia fija de palabras arriba, en § 3.3.6.) El tipo aglutinante produce una gran cantidad de afijos y resuelve con estos tanto problemas de la gramática como los de la onomatología. Estas dos propiedades conducen, por consiguiente, por una parte, a la posibilidad de reducir el asimetrismo del signo lingüístico (la relación entre forma y significado en el marco del signo se vuelve más clara) y, por otra, a la ofuscación de la relación entre la gramática y la onomatología (la formación de palabras- ). Ambas cosas tienen, por tanto, también como consecuencia que el tipo lingüístico aglutinante sea menos gramatical y abstracto y más bien agramatical y descriptivo (con signos complejos motivados), aunque no en tal medida como el tipo polisintético. El tipo flexivo (y el introflexivo), por el contrario, reduce el número de afijos hasta que estos se convierten en terminaciones. Esto conduce al fortalecimiento del asimetrismo del signo lingüístico (sinonimia y homonimia, acumulación de funciones en los morfemas). La gramática y la onomatología disponen, en el tipo flexivo, de complicados conjuntos (paradigmas) de signos con ninguna o baja motivación y con una fuerte ofuscación de la relación entre forma y significado. El tipo lingüístico flexivo es, por tanto, más gramatical y abstracto, pero no tan abstracto y carente de motivación como el tipo aislante, pues los formantes flexivos constituyen formalmente (en la expresión) sistemas más coherentes, aunque complicados. El grado de abstracción en los tipos lingüísticos de Skalicka puede representarse esquemáticamente, por ejemplo, de la siguiente manera: '* Para la distinción entre las denominaciones descriptivas y las denominaciones etiquetadoras, que se remonta a Mathesius, y sobre estos términos alemanes, véase Danes (2003: 37). 150 | BOHUMIL VYKYPEL Inspiración; en la Escuela de Praga se encuentra la claridad de la teoría unida a la falta de claridad de la práctica, de la «realidad» como continuum empírico. OBSERVACIÓN I: En este contexto quisiera llamar aún la atención sobre el hecho de que la perspectiva estructural, que representan la Escuela de Praga, pero también otras corrientes estructuralistas europeas, no debe confundirse con la perspectiva de la expresión: la estructura no equivale a la expresión (de un significado o función), como probablemente ocurría en el descriptivismo estadounidense y como parece presuponer Lehmann (2004a: 149-154; 2004b: § 2.2.), sino que la estructura es el sistema lingüístico mismo, mediante el cual el mundo es configurado, observado y comprendido, y por el cual esta configuración es determinada de manera aproximativa (sobre el concepto de estructura, véase Benveniste 1962). Y este sistema tiene tanto su lado expresivo (o lado «formal» en Praga) como su lado del contenido (o lado «funcional» en Praga). Compárese aquí, por ejemplo, únicamente la distinción, repetida una y otra vez, que establece Sgall en su descripción funcional- -generativa entre el significado estructurado lingüísticamente y el contenido cognitivo, en la que incluso se remite a la distinción de de Saussure y Hjelmslev entre la forma y la sustancia del contenido (cf. Sgall, Hajicova, Panevova 1986: 13; Vykypél 2005: 285). El doble atributo mencionado «funcional-estructural» de la Escuela de Praga expresa el hecho de que la Escuela de Praga considera la estructura lingüística, así como su descripción, fundamentalmente determinadas por la tarea comunicativa del lenguaje, lo que, en consecuencia, también significa que parte de una relación fundamentalmente recíproca entre el lenguaje y el mundo (véase también al respecto Vachek 1975 = 1976: 91-103; Vykypél 2005: 272ss.). OBSERVACIÓN II: Si a los temas que deben tratarse y que se han esbozado anteriormente (nota 20) hubiera que añadir otro más, en este punto también podría mencionarse la defensa de Lehmann de la actualidad y necesidad de una lingüística empírica, que se oriente y se ocupe más de los datos lingüísticos (tanto desde puntos de vista teóricos como prácticos), entre otras cosas también ante la extinción de lenguas. Lehmann (2004¢c: § 4.1.) distingue de manera interesante aproximadamente tres formas de ejercer la lingüística: la lógica (que, según él, representan en la época más reciente sobre todo las diversas corrientes del estructuralismo), la hermenéutica y la empírica, siendo únicamente esta última la que permitiría un tratamiento adecuado de los datos. Sin embargo, podría señalarse que precisamente en la Escuela de Praga estos tres aspectos se encuentran en gran medida equilibrados y vinculados. La consideración «hermenéutica» del lenguaje puede encontrarse sobre todo en la teoría literaria desarrollada de la Escuela de Praga, que está ampliamente fundamentada lingüísticamente y representada por nombres como Jan Mukayovsky, Felix Vodi¢éka o Miroslav Cervenka. La consideración «empírica- », con toda su reflexión cuidadosa, sobre la que escribe Lehmann (2004c), se manifiesta probablemente con mayor claridad en la recopilación de materiales sobre los dialectos del checo (es decir, también «lenguas amenazadas») desde los años 60 del siglo XX. Por una parte, en este proyecto se desarrolló una colaboración natural y espontánea entre lingüistas «tradicionales» y estructuralistas; por otra, el trabajo se llevó a cabo en gran medida sobre la base formulada por la teoría lingüística de Praga (cf. REFLEXIONES SOBRE LA GRAMATICALIZACIÓN | £54 la introducción al primer volumen del Atlas lingüístico checo —Balhar, Jan¢éak 1992; por cierto, se encuentra una situación similar también en el caso del Atlas lingüístico sorabo, vel. SSA 1965-96). Desde otro punto de vista, sin embargo, naturalmente no es en absoluto tan evidente qué es en realidad la empiria, pero dejémoslo para otra ocasión (cf. al respecto mis observaciones dispersas en Vykypél 2005: 317-332). Además, cabe señalar otros dos aspectos del asunto. La exigencia (Lehmanns La exigencia de una existencia y fijación de los datos independientes del investigador corresponde bien a la condición neopositivista (positivista lógica) de una controlabilidad intersubjetiva de los enunciados (que, como es sabido, fue desarrollada posteriormente sobre todo por W. V. Quine), y el neopositivismo fue, como es sabido, una importante fuente de inspiración para Hjelmslev. Incluso en el corazón del «estructuralismo extremo» se encuentra una reflexión seria (aunque fragmentaria) sobre qué son los datos y cómo deben tratarse, concretamente en Hans Jérgen Uldall (1959). OBSERVACIÓN III: Con la concepción procesual- -ontológica del lenguaje mencionada arriba (§ 4.3.) se corresponde también la concepción de la explicación en la descripción lingüística presupuesta por la teoría de la gramaticalización. Esta explicación es esencialmente diacrónica o histórica (diacrónica es una descripción que tiene como objeto dos o más sistemas o partes de sistemas en relación con su interconexión mutua como posibles sustitutos temporales; una descripción histórica se ocupa de sustituciones realizadas- ). Diacrónica o históricamente, un sistema solo puede entenderse cuando se transforma en un sistema precedente o —visto desde otro punto de vista— cuando sus elementos se (re)estructuran según la estructura del sistema precedente (con cierta exageración, por ejemplo, la lingüística neogramática puede considerarse una squinting grammar que mira de reojo a la lengua originaria). Algo parecido se encuentra en la teoría de la gramaticalización, cuando un fenómeno se entiende mediante una «desgramaticalización tentativa- »: Los seres humanos [...] quieren encontrar sentido en la estructura formal. La mayoría de nosotros habrá tenido la experiencia de que un rasgo gramatical de alguna lengua les resultaba totalmente oscuro hasta que descubrieron que era una variante gramaticalizada de algo que tenía un contenido semántico mayor y, por lo tanto, se comprendía desde el principio. [...] Muchas personas han vivido la experiencia de que el conocimiento previo del latín puede ser bastante útil para aprender una lengua romance, mientras que la secuencia inversa de aprendizaje no proporciona ninguna ayuda sistemática (aparte del vocabulario cognado, eso sí). Este es otro ejemplo del fenómeno según el cual tanto los legos como los lingüistas entienden las estructuras gramaticales en términos de estructuras menos gramaticalizadas. Este ejemplo es particularmente interesante para la teoría del lenguaje, ya que parecería proporcionar un argumento a favor de la realidad psicológica de la presencia de la diacronía en la sincronía- .“ (Lehmann 1993: 331, 332 y ss.) La presencia de la diacronía en la sincronía (y de la sincronía en la diacronía), o el dinamismo sincrónico de la lengua, constituye, sin embargo, naturalmente, solo uno de los posibles instrumentos lingüísticos de explicación y, además, no tiene una importancia decisiva para la descripción de la lengua como un todo ni para la posición de un elemento o de un fenómeno, 152 | BOHUMIL VYKYPEL es decir, para su definición, al contrario, esta definición y, por tanto, la descripción de la configuración de los sistemas constituyen el requisito para la explicación dinámico-sincrónica, diacrónica o histórica, pues descubre las tensiones estructurales como potencias para el cambio. (Para una exposición instructiva del carácter histórico de la explicación implícita en la teoría de la gramaticalización, véase también Haspelmath 1992: sobre todo 72, 74, 81.) 5. Para concluir, me atrevo incluso a afirmar que el sentido más íntimo, probablemente no intencionado al principio, de la teoría de la gramaticalización consiste en la polémica con la lingüística estructural o en una defensa de la lingüística preestructural, una lingüística basada en la profunda experiencia humana cotidiana de que el mundo es complicado o, al menos, así se nos aparece. Creo que los estructuralistas, si es que todavía existen en el mundo, deberían ocuparse detenidamente de la teoría de la gramaticalización en su propio interés. Los esbozos anteriores no son más que observaciones provisionales. En términos generales, existen en principio dos vías a partir de la sensación de que la realidad es un continuo empírico de los fenómenos, un theatrum mundi: Una vía es la de los nominalistas medievales y sus magníficas teorías interpretativas, la otra es la de los realistas medievales y su humilde Esfuerzo por comprender el mundo, sin pretender que alguna vez llegue a ser comprendido. El primer camino amenaza con volverse absurdo, es decir, con no formar ninguna parte del mundo; el segundo, a su vez, puede volverse inútil. Quizá también exista un compromiso: una comprensión aproximada y limitada del mundo mediante una teoría aproximada y grandiosa. Actualmente tengo la sensación de que precisamente la ESCUELA DE PRAGA es la que más se acerca a ello en la lingüística. Quizá esto sea más que mero patriotismo. BIBLIOGRAFÍA Batuar, J., JANCAK, P., eds., 1992: Atlas lingüístico checo 1, Praga: Academia. BENVENISTE, E. 1962: « Structure » en lingüística. En: E. 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