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A Semantic–Pragmatic Theory of Proper Names

Willy van Langendonck

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WILLY VAN LANGENDONCK Universidad de Lovaina Ámbitos de investigación: lingüística sincrónica, gramática de construcciones y sintaxis de dependencias, referencia y semántica, onomástica, teoría de los nombres, marcación, prototipicidad, iconicidad, orden de palabras, categorías gramaticales como la definitud, la genericidad, el número, las relaciones gramaticales y las preposiciones. UNA TEORÍA SEMÁNTICO-PRAGMÁTICA DE LOS NOMBRES PROPIOS Teoría semántico-pragmática de los nombres propios RESUMEN Este artículo se propone realizar un análisis semántico-pragmático ampliado de los nombres propios como reacción al enfoque reduccionista de la Teoría Pragmática de la Propiedad de los Nombres Propios de Richard Coates (ALL 2012). Se sostiene que los nombres presentan al menos dos tipos de presuposiciones: rasgos gramaticales (especialmente la definitud) y una presuposición categorial (de nivel básico), que permite la subcategorización de los nombres. Todo ello se vincula con la afirmación de que los nombres no solo refieren de manera única en el uso lingüístico (una función frecuente, aunque no la única), sino que también denotan de manera única en el nivel de la convención lingüística establecida. Para que esto resulte aceptable, es esencial distinguir entre nombre y lema del nombre. Esta distinción también es pertinente para el ámbito de las connotaciones posibles y la cuestión de la traducción de nombres. Se aportan pruebas gramaticales, filosóficas, psicolingüísticas y neurolingüísticas. RESUMEN El objetivo de este artículo es presentar un análisis semántico-pragmático exhaustivo de los nombres propios como reacción al enfoque reduccionista expuesto por Richard Coates en la Teoría Pragmática de los Nombres Propios (ALL 2012). El artículo se propone demostrar que los nombres propios se basan en al menos dos tipos de presuposiciones: rasgos gramaticales (especialmente la definitud) y una presuposición categorial (de nivel básico) PALABRAS CLAVE: denotación única, referencia, lema del nombre, presuposición, definitud, significado de nivel básico, convención lingüística establecida, gramática, traducción. PALABRAS CLAVE: denotación única, referencia, lema del nombre propio, presuposición, definitud, significado inicial, convención lingüística establecida, gramática, traducción. Straipsniai / Articles 99 WILLY VAN LANGENDONCK premisa que hace posible la subcategorización de los nombres propios. Todo esto está relacionado con la afirmación de que los nombres propios no solo señalan un objeto único en el uso lingüístico (función frecuente, aunque no la única), sino que también lo identifican en el nivel de una convención lingüística establecida. Para que esto resulte aceptable, es importante distinguir entre un nombre propio y su lema. Esta distinción también está relacionada con el ámbito de las posibles connotaciones y con la cuestión de la traducción de los nombres propios. En el artículo se presentan pruebas gramaticales, filosóficas, psicolingüísticas y neurolingüísticas. 0. INTRODUCCIÓN En ciertos círculos onomásticos, la pragmática —principalmente en el sentido restringido del uso del lenguaje— parece ser un tema de moda para comprender los nombres propios [en adelante, nombres]. Los nombres ya no se definen a priori, sino interactivamente, a partir del discurso y la conversación (De Stefani and Pepin 2006: 131). Coates (2006b: 38) afirma: «... en cualquier caso, lo que es un nombre para un usuario de una lengua puede no serlo para otro». Esto parece significar que el hablante decide cómo caracterizar la condición de nombre propio. Sin embargo, aunque es cierto que una perspectiva pragmática del lenguaje y de la investigación sobre los nombres abarca el estudio del contexto, el discurso, la conversación en la interacción, etc., no implica necesariamente que el usuario de la lengua deba decidir sobre la condición de los nombres propios como tales. En su forma extrema, este punto de vista posmoderno supondría que el teórico de los nombres se vería amenazado por el desempleo. Al parecer, nuestro temor resulta prematuro, pues Coates (2000; 2005; 2006a; 2006b; 2009; 2012) desarrolla una teoría pragmática de los nombres plenamente articulada, que de hecho es tan a priori como las demás teorías: la Teoría Pragmática de la «condición de nombre propio» (PTP). (véase ya Van Langendonck 2007a: 65–71). La PTP interpreta la pragmática como el estudio del uso del lenguaje y la teoría de los nombres como el estudio del uso de los nombres, ambos en un sentido bastante restringido. En consecuencia, apenas se tienen en cuenta la gramática e incluso la semántica. Así pues, la PTP parece empeñada en reducir el número de conceptos necesarios para caracterizar los nombres. Sin embargo, en la bibliografía se han propuesto definiciones más elaboradas de la noción de pragmática, para las que no hace falta recurrir a la navaja de Occam. En general, parece más prudente hablar simplemente de una teoría lingüística que incorpore la semántica, la pragmática y la gramática. En este caso, la pragmática y la semántica están estrechamente entrelazadas, y para algunos lingüistas son incluso indistinguibles. Por ejemplo, la distinción entre un significado aseverado y uno presupuesto es tanto pragmática como semántica. Considérese la muy debatida oración El rey de Francia es calvo, en la que se presupone la existencia del rey (aunque en un mundo mental, ficticio), mientras que se asevera que es calvo. Desde un enfoque semántico, la presuposición de existencia se mantiene bajo la negación, mientras que la aseveración no: El rey de Francia no es calvo. Existe una versión más pragmática de la noción de presuposición, como una 100 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names rule compatible with the semantic one (Horn 1996).1 Last but not least, grammar needs no longer be the poor cousin of pragmatics, neither for names, nor for other word classes. En este artículo me ocuparé especialmente de los aspectos semántico-pragmáticos de la «condición de nombre propio» y procuraré llegar a una teoría de los nombres satisfactoria que permita integrar los tres componentes —pragmática, semántica y gramática—, como propuso por primera vez el filósofo Morris (1938) para el conjunto de la lingüística. Con este fin, analizaré la PTP, señalaré sus puntos débiles y propondré soluciones basadas en consideraciones semánticas y pragmáticas y corroboradas por criterios morfosintácticos. La morfosintaxis se analizará en detalle en Van Langendonck (de próxima publicación). Un punto preliminar que conviene tratar se refiere a la distinción entre nombre y lema de nombre. En Van Langendonck (1999; 2007a: 7–8, 95–102), introduzco y desarrollo una distinción entre nombre y lema propio.2 Un nombre es una expresión asignada de forma única a una entidad conforme a una convención onomástica y lingüística establecida (la antigua langue; véase más adelante), por ejemplo, en construcciones oracionales o en un léxico biográfico o enciclopédico de apellidos u otros nombres (p. ej., Le Petit Robert des noms propres, 2000). En cambio, un lema propio es simplemente una entrada de diccionario onomástico que todavía no designa ninguna entidad específica. El propósito de estos diccionarios (como las listas de lemas de nombres de pila) suele ser proporcionar etimologías. Estos lemas, «extraídos del repertorio» (Coates 2006b: 39), están destinados a dar lugar a distintos nombres, cada uno asignado a un denotatum específico de manera única ad hoc. Por sí mismos, los lemas propios ni denotan ni refieren. Pero tienen ese potencial, que a menudo incluye también una categoría prototípica, como «femenino» en el caso de Mary. En este caso, podrían aplicarse las palabras de Coates: «se categorizan según las expectativas...» (Coates 2012: 132, n. 16). Pero debe quedar claro que esto no se aplica a los nombres conforme a una convención onomástica establecida. Estos denotan y categorizan de forma única, y están listos para usarse en el discurso con el fin de referir o, posiblemente, dirigirse a alguien. Obsérvese 1 Horn (1996: 305) characterizes presuppositional meaning in the following way: “To presuppose something is to take it for granted in a way that contrasts with asserting it”; or: “A proposition is presupposed if and only if it is (treated as) non-controversially true in every world within the working context set.” – Strawson (1950 [1971: 12, 25]) speaks of ‘implications’, and later on (1959), of ‘presuppositions’. 2 Coates (2006b: 28; 2012: 132, fn. 16) appears to confound name-form (i.e. phonological shape), proprial lemma and proper name. That is why for this author, denotation is not considered unique, and names are not categorized absolutely. – Brendler (2008) makes distinctions similar to those in Van Langendonck (2007a): proper name = nomen; proprial lemma = archinomen; name in language-use = nome. Hence, implicitly, he distinguishes between unique denotation and reference. – Even the language philosopher Strawson (1950 [1971: 6–8]) distinguishes between ‘an expression’ and ‘a use of an expression’, where an expression is akin to a lemma, since it is said not to refer yet. Straipsniai / Articles 101 WILLY VAN LANGENDONCK que no todos los lemas son propios. Algunos son apelativos, p. ej., gladiator, del que deriva el nombre de la película Gladiator. Por tanto, hablaré de «lemas de nombres» para incluir todos los lemas posibles. The PTP is built around two ideas (Coates 2012: 119; 120), which are implicitly present in language philosophical work like that of Mill (1843) and Strawson (1950 [1971] respectively, quoted in Coates (2012: 119–120):3 1) Los nombres propios no tienen sentido 2) La esencia de ser un nombre se encuentra en la referencia, no en la denotación Aunque la primera afirmación no es infrecuente, si bien resulta demasiado absoluta, la segunda es bastante controvertida y tiene consecuencias de gran alcance. Abordaré ambas afirmaciones y examinaré cuatro corolarios particulares de la PTP: – Los nombres propios no constituyen un conjunto determinado – Los nombres propios no se agrupan en categorías lógicamente seguras – Los nombres propios no pueden traducirse – La teorización de la interfaz entre expresiones propias y no propias tiene implicaciones neurofisiológicas (y psicolingüísticas) 1. LOS NOMBRES PROPIOS NO TIENEN SENTIDO Para abordar la noción de «sentido», podemos plantear preguntas concretas formuladas por Stephen Ullmann y otros estudiosos, como: ¿Qué significa la palabra «table»? O ¿Qué entiende usted por «table»? Si estas son preguntas que tienen sentido, entonces la palabra tiene «sentido», es decir, significado léxico definitorio. De hecho, podemos dar una definición de la palabra table tal como aparece en los diccionarios. Por lo general, esas palabras —en este caso, el sustantivo común table— presentan polisemia, es decir, un conjunto coherente de rasgos semánticos, de los cuales a menudo uno es prototípico. Por ejemplo, el diccionario Webster define a table as un mueble que consiste en una superficie lisa y plana sostenida por patas; este sentido es afín al de una tablilla o una lista de contenidos, entre otros. A partir de estos sentidos, podemos encontrar los referentes. En cambio, en el caso de los nombres, la designación prevalece sobre los significados que se analizarán a continuación. Como sostiene Ullmann (1969: 33): «No se puede decir que uno comprenda 3 Note that neither Strawson (1950) nor Burge (1973) apply a possible distinction between reference and denotation, so it is obvious that they ‘choose’ the concrete notion of reference, and not the abstract concept of denotation. It is the more obvious to Burge, who sees names as predicative structures with a free variable, hence also accepting “modified proper names” like an Alfred (p. 429). But in such a framework, names cannot be said to be senseless. 102 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names un nombre propio; solo se puede decir que uno sabe a quién se refiere, de quién es el nombre.4 No tiene sentido preguntar: ¿Qué significa la palabra «London»? o: ¿Qué entiende usted por «London»? Esto también se aplica a los pronombres: no tiene sentido preguntar: ¿Qué entiende usted por «he/she», o «this»? Así pues, ni los nombres ni los pronombres parecen tener sentido, es decir, significado léxico definitorio, y mucho menos una estructura polisémica.5 1.1. Significados presuposicionales en los nombres Aunque se excluye de los nombres el significado asertado y definitorio (o sentido), estos pueden presentar significados presuposicionales. Estos deben distinguirse de las connotaciones o asociaciones. Mientras que las connotaciones son atributos contingentes de los nombres o de sus lemas (véase más abajo), los significados presuposicionales son propiedades inherentes a todos los nombres y se reflejan en sus rasgos morfosintácticos. Distingo entre significado gramatical y categorial. A. Significado gramatical Tanto los nombres como los pronombres (al menos los personales y demostrativos) tienen los llamados significados gramaticales (en contra de Coates 2006b: 39; 2012: 124), como la definitud, que indica una presuposición de existencia y unicidad en el mundo real o mental. Ejemplos: London, the Rhine; he/she, this frente a somebody, something indefinidos. La definitud puede denominarse una forma débil de deixis (véase también La Palme-Reyes 1993 más adelante para los nombres). A mi juicio, aunque tanto los nombres como los pronombres (personales y demostrativos) tienen referencia única en el discurso, los nombres también tienen denotación única, mientras que los pronombres solo tienen denotación no única. Como veremos, la PTP rechaza la denotación única para cualquier categoría. Obsérvese que la doble semejanza entre nombres y pronombres con respecto a la deixis (definitud) y a la ausencia de sentido definitorio —y, en la PTP, también de denotación única— implica que esta 4 Similar observations were by made by Nicolaisen (1995: 391); for German: Boesch (1957: 32) and Debus (1980: 194). But Brendler (2005: 108–109) rejects the relevance of such statements since he adheres to a kind of maximum meaningfulness theory for names. 5 Coates (2012: 121) mentions the term intension, but I think we can dispense with this term, at least as conceived of in the PTP. In this approach, this notion seems to resemble what many researchers, including myself, call categorical meaning. – In the same paragraph, Coates says: “Names cannot not have sense” by Lyons’ (1977) definition. This must be a typing error and should read: “Names cannot have sense”. Straipsniai / Articles 103 WILLY VAN LANGENDONCK teoría no puede diferenciar estas dos clases nominales (véase más abajo lo relativo a la referencia y la denotación).6 Otros significados gramaticales comunes a los nombres y a los pronombres (personales y demostrativos) son el número (the Ruwenzori frente a the Andes; she frente a they), y el género (latín Julius frente a Julia; inglés he frente a she). Además, a diferencia de los pronombres, los nombres tienen más significado presuposicional que los meros rasgos gramaticales. B. Significado categorial (nivel básico) Names, but not name lemmas (compare Coates 2012: 125) have an inherent categorical or, more precisely, a basic level presupposition. Geach (1957, section 16) and Searle (1958) claim this categorical knowledge to be necessary for all uses of a name in order to preserve the referent’s identity. In a long footnote, even the ‘tag’ theorist Kripke (1972, comments, p. 351–352, fn. 58) brings up categorical meaning in names. Strawson (1959: 171, 198) sees ‘sortal universals’ in a sentence like Fido is a dog, an animal, a terrier, and speaks of ‘a presupposition of empirical fact’. Some linguists argue in the same vein: Van Langendonck (1968), Kalverkämper (1978: 89, confounding name and name lemma), Kleiber (1996: 582; 2004, section 4.4), Kuryłowicz (1980), Cisl aru (2006: 2012), Leroy (2012). Examples are: Paris is a city, and The Thames is a river. It is true that one can say: The (river) Thames is not a river, but this implies a contradiction between the presupposition that the Thames is a river and the assertion that it is not. Such categorical presuppositions make the subcategorization of names (not of name lemmas) possible (compare Brendler 2004; Debus 2012, and see below). Los psicolingüistas también encuentran en los nombres un significado categorial y, más precisamente, de nivel básico. La Palme Reyes et al. (1993: 445) establecen la fórmula: [Freddie: dog] = [this: dog], que debe leerse así: «Freddie del tipo DOG» es «this del tipo DOG». Por tanto, los nombres contienen un componente deíctico (this), al igual que los pronombres, pero también un significado categorial (dog), que en otros casos corresponde a un sustantivo común. Esto sitúa los nombres entre los pronombres y los sustantivos comunes (véase también Molino 1982: 19 y, para más pruebas, Van Langendonck 2007a: 169–171). 6 Coates (2006b: 41) claims that pronouns do have sense. For instance, in this/these vs. that/those, the notion of proximity indicates the difference. First, this is not (defining) sense, but a grammatical feature. I cannot reasonably ask: “What do I understand by this?” Second, proximity is almost only relevant where this and that are opposed, e.g. this, not that! Compare the phrase That George Bush in sentence (4), where that is used emotively. Third, in other pronouns, proximity does not play a part. 104 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names Neurolinguistic evidence is provided by Bayer (1991). A German aphasic with deep dyslexia could not read names aloud, but she was able to specify elementary features like ‘masculine’, ‘feminine’, ‘city’, or ‘country’ belonging to a name. In fact, these are basic level presuppositions. Bayer distinguishes them (with a different Dutch term) from associations (connotations, see below). He argues that associations belong to the ‘episodic memory’, whereas the categorical meaning belongs to the ‘semantic memory’ (see Van Langendonck 2007a: 110–113). It will be clear that a strictly Millian approach (Coates 2009) cannot account for the conclusions drawn from these neurolinguistic phenomena. For grammatical evidence concerning categorical meaning, see section 3, b). Eso puede bastar para los significados presuposicionales. Otro tipo de significados onímicos atañe a los significados connotativos. 1.2. Significados connotativos o pragmáticos en los nombres o lemas onomásticos Van Langendonck (2007a: 81ff.) distinguishes between two kinds of connotative meanings: some of them pertain to the referent and others to the name lemma or the etymology. Los significados connotativos o asociativos relativos al referente de los nombres son contingentes (accesorios; cf. Coates 2012: 133–138). Los significados que se activen, si es que se activa alguno, dependen del contexto y del conocimiento del mundo real. Otros significados asociativos atañen al lema del nombre, ya sea desde una perspectiva sincrónica o sobre la base de su etimología, en la medida en que esta siga siendo transparente. Ambos tipos de significado connotativo son pragmáticos par excellence. A. Significado pragmático relativo al lema del nombre o a la etimología Hay nombres cuyo significado como lema es transparente sincrónicamente, como ocurre con los sobrenombres, los nombres literarios o los nombres mágicos. Esta transparencia podría haberse desvanecido gradualmente, por lo que debemos hablar de significado etimológico e histórico. - Las connotaciones neutras pueden estar presentes sincrónicamente en los lemas de los nombres. Por ejemplo, el nombre the Rocky Mountains todavía expresa de qué se trata. El significado «montañas rocosas» puede activarse en un contexto o no. - El significado emotivo aparece como rasgo de ciertos lemas de nombres transparentes desde el punto de vista sincrónico, por ejemplo, los diminutivos (p. ej., el neerlandés Jan-tje, Marie-ke) y los aumentativos Straipsniai / Articles 105 WILLY VAN LANGENDONCK formas (p. ej., las formas dialectales flamencas/neerlandesas Bert-en, Miel-e) de nombres de pila, lemas de nombres alternativos expresivos, especialmente apodos o sobrenombres, como el flamenco/neerlandés den Dikke ‘el gordo’, de Witte ‘el blanco’, den IJzeren ‘el de hierro’, Belgenland en lugar de België ‘Bélgica’, Absurdistan como apodo de Afghanistan (véase Van Langendonck 2007a: 22, 195–197; compárese Palmer 1976). Señalo aquí que las personas pueden conferir connotaciones emotivas a la forma del nombre de los lemas de nombres, como los lemas de nombres de pila. Por ejemplo, a algunos padres les gustan los nombres italianos para niñas, p. ej., Gigliola; a otros les disgustan formas de nombre como Detlev, etc. Como es bien sabido, hoy en día los nombres de pila occidentales deben sonar bien (véase Van Langendonck 2010b). – Ficción, literatura y nombres. Nombres caracterizadores En la ficción se utilizan mucho las connotaciones asociadas al lema del nombre, p. ej., Snow White. Debemos pensar especialmente en los nombres caracterizadores de la literatura, como Doll Tearsheet, Becky Sharp, Titus Groan, etc. (Coates 2012: 136). – Nombres y magia Los antiguos nombres personales germánicos como Bern-hard ‘fuerte como un oso’ muestran un carácter mágico de deseo. Aquí queda particularmente claro que el significado pertenece al lema, pues numerosas personas podían tener un nombre con el mismo lema. También sabemos que estos significados se fueron desvaneciendo gradualmente a partir del año 1000, aproximadamente. Hoy en día, solo el etimólogo sabe qué significaba hace mil años el nombre de pila Bernard. Hay otros casos de significado etimológico. – Significado etimológico Hay connotaciones vinculadas a una palabra etimológicamente transparente; por ejemplo, el apellido Baker puede hacernos pensar en un panadero, aunque no necesariamente. Es evidente que los significados etimológicos pueden resultar engañosos: Longbridge ya no es un puente, sino un lugar (Coates 2012: 135). El túnel de Peak ya no es un túnel, sino un puente (véase más abajo). B. Significado pragmático relativo al denotatum o al referente Hay connotaciones relativas al denotatum o al referente. Observamos un continuo que va desde los atributos enciclopédicos hasta connotaciones menos objetivas y subjetivas. Los «aspectos» del significado pertenecen al conjunto de las connotaciones objetivas. – Observamos un continuo que va desde las connotaciones enciclopédicas asociadas al denotatum, como, por ejemplo, Napoleón perdió la batalla de Waterloo, hasta asociaciones verdaderamente subjetivas, que normalmente se referirán a un referente en el discurso, por ejemplo, A Ann no parece gustarle Obama. El neuropsicólogo Semenza (2009) subraya la diferencia entre los conjuntos de significados coherentes de los nombres comunes y los posibles conjuntos de connotaciones incoherentes de los nombres. Por ejemplo, no existe ninguna relación semántica entre 106 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names los enunciados: Obama es presidente de Estados Unidos, Obama tiene esposa e hijos, Obama no come hamburguesas, etc. Aquí no hay polisemia como la que existe en los apelativos. – Por último, están estos «aspectos» del significado, como los llama Cisl aru (2006; 2012), a partir de material francés, rumano y ruso. Aunque el significado de nivel básico de los nombres de ciudades es «ciudad» y el de los nombres de países es «país», estos nombres geográficos suelen adquirir significados adicionales inducidos por la metonimia. Ejemplos en inglés: (1) París eligió un nuevo alcalde < Los ciudadanos de París eligieron un nuevo alcalde (2) Estados Unidos decidió declarar la guerra al terrorismo < El gobierno de los Estados Unidos de América decidió declarar la guerra al terrorismo Los nombres propios, en especial los de artistas, pueden representar la obra que estos produjeron: (3) Rodin se encuentra en la tercera sala del museo (Lemghari 2011) «(La obra de) Rodin se encuentra en la tercera sala del museo» Si se toman juntos todos estos «significados» (presuposiciones y connotaciones) y se les sitúa en el mismo plano, se comprende que algunas personas consideren los nombres la categoría con más significado de todas las clases de palabras. La teoría de la máxima significatividad (Van Langendonck 2007a: 39ss., 51, 58; Coates 2012: 137–138) ya aparece en Jespersen (1924: 66) y, más recientemente, en la lingüística cognitiva (en el sentido más amplio). Langacker (1991), y, desde un marco cognitivo bastante distinto, Hansack (2004) y Brendler (2008), son exponentes modernos de esta postura. Sin embargo, a partir de la argumentación anterior quedará claro que resulta muy poco plausible situar en el mismo nivel todos los significados, en sus distintas funciones de sentido, presuposiciones o connotaciones. Podemos concluir que, en el primer gran debate sobre la filosofía de los nombres entre John Stuart Mill y Bertrand Russell (a raíz de Gottlob Frege), ambos se equivocan: las teorías del «rótulo» de Mill (1843) y Coates (2012) rechazan acertadamente el sentido (definicional), pero ignoran las presuposiciones (desconocidas en el siglo XIXth c.), en especial la presuposición categorial inherente a los nombres (no a los lemas de nombre), mientras que la teoría de las descripciones de Russell (1918) parece permitir que los nombres («descripciones abreviadas») tengan un sentido definicional. Aunque los nombres pueden tener significados relativos al denotatum o al referente, o al lema del nombre y a su etimología, todo ello pertenece al uso pragmático de los nombres en el discurso. Aunque niego que los nombres tengan sentido definicional, las presuposiciones gramaticales y categoriales expuestas anteriormente, e incluso los significados connotativos, distinguen los nombres de las palabras sin sentido. Rechazar cualquier sentido o significado presuposicional hará difícil distinguir semánticamente los nombres de las palabras sin sentido. La solución de Coates consiste en distinguir entre sentido y significado en un sentido bastante amplio. Así, los nombres tienen significado en tanto que «“significan” individuos cuando se usan» (Coates 2006b: 41–42). En Coates (2012: 133) leemos que «el significado de cualquier nombre se establece mediante Str aipsniai / Articles 107 WILLY VAN LANGENDONCK referencia”, y además que el significado central de un nombre es su denotación. Pero esto equivale a confundir significado y denotación o referencia (véase Strawson 1971: 10 sobre este malentendido). En cualquier caso, tales afirmaciones son bastante confusas. A diferencia del inglés, otras lenguas de Europa occidental tienen una sola palabra para traducir sentido y significado. Incluso el inglés tiene un solo verbo para ambos: significar (puesto que sentir significa otra cosa). Por tanto, no veo la pertinencia de introducir la noción de «significado» con el propósito que persigue la PTP. Por último, las consideraciones semánticas anteriores confirman la tesis saussureana (de acuerdo con la Lingüística Cognitiva moderna; véase Langacker 1987; 1991) de que todos los elementos lingüísticos tienen tanto forma como significado, frente a Coates (2006b: 41), quien rechaza esta afirmación formulada en Van Langendonck (2007a: 69). Como señalé allí, Coates (2006a: n. 16) hace una concesión al admitir que los nombres no carecen de «significado». «Algunos de estos “significados” se llamarían mejor asociaciones». De este modo, la cuestión se reduce a la naturaleza de la relación entre «sentido» y «significado». A mi juicio, no es necesario postular varias clases radicalmente diferentes de categorías semánticas (Van Langendonck 2007a: 69; también citado en Coates 2006b: 41). Sin embargo, añadí allí que todo depende de la función de los significados, que está relacionada con las construcciones en las que aparecen. Por ejemplo, el significado gramatical «proximidad», que es pertinente en ciertos contextos en los pares este/aquel y estos/aquellos (pero no en otros pronombres), no puede llamarse «sentido definitorio» (véase la nota 6). Considérese otro ejemplo: el concepto «femenino» está representado léxicamente en el sustantivo mujer, pero gramaticalmente en el pronombre ella y en el nombre de pila Mary (si, por ejemplo, denota a la madre de Jesús). En estos dos últimos casos, efectivamente usamos el término gramatical «femenino» (véase también Van Langendonck 2007a: 85). 2. DENOTACIÓN Y DENOTATA, REFERENCIA Y REFERENTES If we keep with Coates (2012) to Lyons (1977), we can hold: “Reference is the act of picking out an individual referent in a context of utterance”. “Denotation is the range of potential referents of a word or other expression (its extension), that is, it is an abstraction from reference...”⁷ The PTP holds that the essence of names 7 In Van Langendonck (2007a) the term ‘referent’ is used in the sense of ‘denotatum’, as has been a fairly common practice. However, in this paper (and theoretically everywhere), it is imperative to sharply distinguish between ‘denotation’ in established linguistic convention (see below) and ‘reference’ in language use. – Note, by the way, that in the first place, denotation and reference are considered here as mental. Whether the mental denotata correspond to real world entities is a philosophical issue. Snow White is a name, just like Obama. 108 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names es referir de manera única en contexto y, aparentemente, también denotar, aunque no de manera única (Coates 2012: 121). Esta tesis plantea un problema mayor que la postura según la cual los nombres no tienen sentido. La referencia única (es decir, en el uso del lenguaje) también se obtiene mediante descripciones definidas (p. ej., La reina neerlandesa abdicó) y pronombres definidos (p. ej., Ella abdicó). A este respecto, la PTP no puede distinguir los nombres ni de los pronombres definidos ni de los sintagmas nominales apelativos definidos. Ni siquiera la denotación distingue los pronombres de los nombres o los apelativos, puesto que las tres categorías nominales tienen denotación no única en el marco de la PTP. Por ejemplo, el pronombre yo denota la clase de todos los hablantes y refiere a un hablante concreto en un número indefinido de ocasiones. La noción de «referencia» tal como se usa en la PTP plantea otros problemas. En primer lugar, como señala Strawson (1971: 25), existen usos referenciales distintos de los definidos, por ejemplo, la referencia indefinida. En el caso de los nombres, cuyo «deber esencial es referir de manera única a individuos» (Coates 2012: 30), deberíamos hablar al menos de «referencia definida». Otro problema es el siguiente: si la definición de los nombres depende fundamentalmente de que estos refieran a una entidad únicamente en el uso del lenguaje, cabe preguntarse si esta es una caracterización adecuada de la condición de nombre propio. En la Tabla 1, Coates (2006b: 29) presenta la «trinoda-necessitas» de las funciones de los nombres: referencia, vocación y nominación. Pero si la «condición de nombre propio» se equipara con el hecho de referir (sin sentido) en el uso del lenguaje (Coates 2006b: 30, 42; 2012), nos enfrentamos a la importante cuestión de la relación entre referencia y denotación, por un lado, y vocación y nominación (acto de nombrar), por otro. Un problema real es que en los dos últimos casos no hay «referencia»: hablando estrictamente, el hablante no «refiere» con el nombre al dirigirse a alguien, al menos no según una caracterización adecuada del «uso referencial único», que Strawson (1950 [1971: 1]) equipara a «mencionar, hacer una afirmación acerca de, hablar de». En la oración vocativa ¡John, ven aquí!, John es «interpelado» en el discurso, no se «refiere a él», es decir, no se habla de él. Por tanto, aunque «referir» en el discurso (con sentido o sin él) sea la función principal de los nombres, no puede definir los nombres como tales. Sería como, por ejemplo, equiparar los nombres con los nombres de persona, algo que de hecho a veces se hace porque los hombres y las mujeres son las entidades designadas con mayor frecuencia. La nominación plantea otro problema. En la oración Te bautizo John, se crea un denotatum. Una vez más, aquí no hay «referencia». La nominación da lugar a la denotación, que es ad hoc y única en el caso de los nombres. Además, la llamada «definición ostensiva» (Algeo 1973; Van Langendonck 2007a: 34, 37), como en Esta es Jennifer, tampoco es un simple acto de referencia. Así pues, hay que tener presente que la referencia en el discurso es solo uno de los usos posibles, aunque sea el más frecuente. Por tanto, salvo por su frecuencia, debería considerarse al mismo nivel que la vocación, la nominación y la ostensión. En cambio, puede decirse que la denotación única es la base de estas cuatro funciones de los nombres: referencia, vocación, nominación y Straipsniai / Articles 109 W I L L Y V A N L A N G E N D O N C K ostensión. En otras palabras, la denotación es una abstracción de la vocación y la ostensión, así como de la referencia, y a menudo se crea mediante la nominación (imposición de un nombre). Por último, cabe señalar que estas cuatro funciones también aparecen con los sustantivos comunes y no distinguen los nombres de estos. Véase más arriba lo relativo al acto de referir. La vocación se da con apelativos y pronombres, así como con nombres, p. ej., ¡Kevin/Tú/Chico, ven aquí! En cuanto a los apelativos, la nominación aparece en la afirmación del astrónomo Llamemos «púlsar» a esta estrella pulsante; la ostensión, en Esto es un púlsar. Son similares a la ostensión las «oraciones identificativas», como Ese es el hombre que cruzó a nado el canal dos veces en un día, que difiere de una oración corriente como Ese hombre cruzó a nado el canal dos veces en un día (Strawson 1971: 25). Ahora quisiera abordar la relación entre referencia, denotación y denotación única. Puesto que la condición de nombre propio se define como mero «referir sin sentido», resulta extraño que la PTP admita siquiera la denotación de los nombres. Coates (2012: 121) considera que la denotación de un nombre es «epifenoménica respecto de la referencia reiterada y exitosa que se logra al pronunciarlo». Por otro lado, Coates (2012: 120–121; 137) considera «incoherente y demostrablemente falsa» la postura según la cual la condición de nombre propio consiste en denotar sin sentido, una afirmación desafortunada, pues lo que realmente quiere decir es: «Los nombres denotan individuos, pero no los denotan de manera única» (Coates 2006b: 37, 42). Pero, curiosamente, se acepta la denotación única para expresiones como la Vía Láctea e incluso el Sol (ibíd., p. 32), aunque en el universo hay muchísimos soles. Entonces, ¿por qué rechazar la unicidad intuitiva y ampliamente aceptada de los nombres? Curiosamente, Coates (2006b: 29) afirma: «en el caso de los portadores humanos, el nombre adquirido se convierte en el foco de una identidad individual única», afirmación que se acerca a sostener que hay denotación única, al menos en el caso de los nombres de persona. En la misma línea, Coates (2012: 136) responde así a la pregunta de cómo identifica un nombre a un referente en un contexto de uso: «Mediante el conocimiento compartido de una asociación arbitraria, pero estable y rígida, entre una forma lingüística y un individuo». De hecho, de eso se trata la denotación única. La noción de «referente» por sí sola es insuficiente. Además, Coates (2006b: 41) sostiene que, en cuanto «expresiones deícticas», los pronombres no deben confundirse con los nombres, «cuyo potencial referencial puede ser múltiple, pero en cada caso es fijo (o rígido, si se prefiere el término de Kripke» (cf. Kripke 1972 = 1980). Sin embargo, lo mismo puede decirse de los pronombres definidos, cuyo potencial referencial puede ser múltiple, pero en cada caso es fijo o rígido. De hecho, tanto Kripke como Strawson (1950 [1971: 23]) no logran distinguir los nombres de los pronombres, evidentemente porque, como la mayoría de los filósofos del lenguaje, no distinguen entre denotación (única) y referencia, del mismo modo que no distinguen entre «convención lingüística establecida» y «uso del lenguaje» (la antigua langue y parole; véase más abajo). Por eso Kripke (1972: 345, n. 16) puede afirmar sin dificultad: «Los demostrativos pueden usarse como designadores rígidos, y las variables libres pueden usarse como designadores rígidos de objetos no especificados». Esto significa que rígidos 110 A c t a L i n g u i s t i c a L i t h u a n i c a L X I X A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names la designación ni siquiera es «denotar sin sentido», sino simplemente «referir sin sentido» (de manera única) en el uso lingüístico. No obstante, su concepto de «designador rígido» parece concebido precisamente para indicar, ante todo, la denotación única de los nombres. En opinión de Kripke, un nombre propio es un designador rígido en el sentido de que «en cualquier mundo posible designa el mismo objeto» (Kripke 1972: 269). Por ejemplo, con un nombre como Nixon nos referimos rígidamente, indicando a la misma persona en cualquier contexto (o «mundo», en la terminología filosófica), por lo que podemos sostener que «nadie que no fuera Nixon podría haber sido Nixon» (p. 270), aunque Nixon, por ejemplo, podría no haber sido presidente. Es una verdad necesaria que Nixon es Nixon, pero no que sea o haya sido presidente de los Estados Unidos, ni siquiera que se llamara Nixon. La unicidad se conserva al suponer que, en cualquier contexto, una cadena causal de referencia conduce a la misma entidad. Donnellan (1974: 3) defiende lo que prefiere llamar «teoría de la explicación histórica», porque en realidad no interviene la causalidad. Coates (2012: 133) se acerca a la teoría de la explicación histórica cuando considera que la denotación de un nombre es el «vínculo permanente y rígido que se ha establecido extensionalmente con su(s) referente(s) históricamente establecido(s)».8 ¿Podría decirse lo mismo de los nombres comunes o los pronombres? Al parecer, no. Es cierto que Nixon sigue siendo Nixon, pero el pronombre he o la descripción definida the president no tienen por qué designar al mismo hombre en distintas situaciones y discursos. Se objetará que puede haber distintos Nixon. Sin embargo, esto puede explicarse por una homofonía accidental. Quine (1960: 130) y Searle (1971: 139) hablan de nombres propios homónimos, aunque el término «homonimia» se usa normalmente en el caso de la homofonía de nombres comunes (compárese Strawson 1974: 60).9 En cualquier caso, aquí no hay polisemia. Si tenemos esto en cuenta, parece obvio que un nombre tiene una denotación única.10 Sin embargo, esto solo es posible si se recurre al contraste entre el nombre atribuido a una entidad y el lema propio, o, de forma más general, el lema nominal. Puesto que Coates (2012: 122) no ve la diferencia entre ambos conceptos, name debe leerse como name lemma donde escribe: «Descontextualizado, el nombre Howard Archerdenotes cualquier individuo que lleve ese nombre». Yo lo formularía así: el potencial del lema propio compuesto Howard Archer incluye los distintos denotados únicos a los que se aplica este lema ad hoc. Ningún hombre llamado así tiene por qué 8 McKinsey (2010) defiende (frente a Kripke y otros) un enfoque individualista de la referencia de los nombres. 9 Even in 1950, Strawson (1971: 23) sees a name as “governed by ad hoc conventions for each particular set of applications of the word to a given person”, although on the same page, he speaks of “the lingering superstition that a name is logically tied to a single individual”. 10 Brendler (2008) accounts for the difference between common and proper nouns by means of set-theory. Whilst proper nouns (names) indicate a one-element class in the brain, common nouns indicate a more-than-one element class (but see Van Langendonck 2006 [2011]; 2010a). Straipsniai / Articles 111 WILLY VAN LANGENDONCK tener nada que ver con sus homónimos. Otro argumento a favor de la denotación única procede de las posibilidades de traducción. Supongamos que varios hombres se llaman De Cremer (del flamenco/neerlandés medieval cremer «comerciante»). En un caso, es el apellido de Mercator. En efecto, solo se llama así a este célebre geógrafo. A las demás personas llamadas De Cremer no se las nombrará de este modo. Veamos los topónimos. Hay al menos dos ciudades llamadas Bergen, una en Bélgica y la otra en Noruega. Pero solo el nombre de la ciudad belga Bergen puede traducirse como Mons (el endónimo francés). En Flandes hay tres localidades con el nombre Mechelen. Aunque los tres nombres tienen la misma etimología, el nombre de la localidad más grande se traduce al francés y al inglés como Malines; el de la segunda, Mechelen(-Bovelingen), es Marlinne en francés; el de la tercera, Mechelen(-aan-de-Maas), no se traduce.11 No hay polisemia como en los nombres comunes. A cualquier persona a la que se dirija con la palabra común inglesa baker se la puede llamar Becker en alemán y boulanger en francés, pues se supone que todos ellos hacen pan. Lo mismo se aplica a los pronombres definidos: a cualquier hombre al que se haga referencia como he en inglés se puede hacer referencia como er en alemán, y como il o lui en francés. Por tanto, no se trata de que haya o no un sentido léxico, sino de que haya o no una denotación única. Así pues, ni the sun ni the pope son nombres ni «denotados únicos», como sostiene Coates (2012: 123). Hay numerosos soles y ha habido numerosos papas. En cada enunciado, su sentido es básicamente el mismo. Las palabras sun y pope tienen un significado léxico claro: «estrella» y «pontífice máximo», respectivamente. Recientemente, el papa (Benedictus) abdicó, por lo que fue elegido un nuevo papa, un nuevo pontífice máximo. Que a los nombres se les asigne un uso único ad hoc no solo es intuitiva y lógicamente claro, sino también indispensable para distinguir los nombres de los pronombres y las descripciones definidas, así como para preservar la identidad, como sostienen varios filósofos. Algunos lógicos hablan de «constantes individuales». En la misma línea, Anderson (2007: 291) sostiene: «Los pronombres… se diferencian de los nombres principalmente en que carecen de referencia fija». Es evidente que el término de Anderson «referencia fija» aplicado a los nombres debe interpretarse como «denotación única». Por tanto, la afirmación de Strawson (1950 [1971: 23]) de que «la palabra “he” puede usarse en distintas ocasiones para referirse a distintas personas o animales; lo mismo puede decirse de la palabra “John” y de la expresión “the cat”» es engañosa. Solo es cierta en el nivel superficial del uso lingüístico e ignora la diferencia entre el nombre y el lema, aunque su propia noción de «expresión» es prácticamente idéntica a la noción de lema (véase la nota 2). 11 Las extensiones de Mechelen, es decir, aan-de-Maas y Bovelingen, respectivamente, tienen por objeto desambiguar oficialmente estos nombres homófonos, pero los habitantes respectivos no las usan (véase Goossens 1986). Obsérvese también que estas extensiones son ad hoc y fijas; es decir, no pueden sustituirse por otras, como sí sería posible con los nombres comunes, incluso cuando se trata del mismo referente. Compárese: the bakery at the corner puede ser o no the bakery at the crossroads, etc. 112 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names La gran frecuencia de nombres personales homónimos, como John y Brown en inglés, no es un fenómeno universal. Los lemas de nombres personales propios, que generan numerosos nombres de pila y apellidos, constituyen una importante subclase de lemas de nombres en los repertorios onomásticos antroponímicos indoeuropeos desde la cristianización (cf. Van Langendonck 2007a).12 Examinemos con más detalle la relación entre nombre y lema. Tomemos el lema propio Mary del repertorio onomástico inglés. Podemos decir que, por lo general —aunque no siempre—, da lugar a la denotación de mujeres concretas. Entre los denotata únicos que se derivan de este lema figuran, entre otros, Mary, la madre de Jesús, o Mary Stuart, etc. Estos denotata pueden usarse entonces como referentes en el discurso. Consideremos la derivación: lema propio Mary → nombres con denotatum único (p. ej., Mary, madre de Jesús, nivel básico: mujer) → referentes discursivos In fact, Coates’ adoption of the useful notion of bestowal (Coates 2006b: 29, 40) implies that often a name lemma is explicitly assigned ad hoc to one entity at a time, which is then denoted uniquely. Although name lemmas are often proprial (e.g. John, Mary), they are not seldom non-proprial (e.g. the film Gladiator), or constitute a complex lemma (e.g. the novel The Old Man and the Sea). Thus, unlike Coates (2012: 121) claims, name-bestowal is not “established through acts of reference...”, but rather, as Kripke (1972) contends, by a “baptismal” act, or more generally, a naming act. Surely, names do not always come into being by bestowal. Evolution may be more frequent (see Coates 2005: 3; 2012: 124). Many names gradually develop from definite descriptions or other constructions by repeated unique use in context, in this case “through acts of reference...” Only in this case we do have gradual onymization. The order in the above schema should then be reversed: referentes discursivos the rocky mountains → nombre con denotatum único (the Rocky Mountains, nivel básico: cordillera) → lema de nombre the Rocky Mountains Esto no quita que un nombre como the Rocky Mountains pueda seguir considerándose poseedor de un denotatum único. La importancia de la noción de denotación única para los nombres se manifiesta implícitamente en los psicólogos: Valentine, Brennen y Brédart (1996: 179) afirman: «... los nodos de frases de nombres propios [como Jack Nicholson] no se conectan directamente con el sistema semántico específico de la identidad, sino únicamente a través de un nodo de identidad de persona (PIN). El PIN es un nodo preléxico que representa a un individuo», es decir, «un token o una dirección particular en el sistema de memoria conceptual» (Hollis y Valentine 2001: 99). Así pues, un PIN puede equipararse a un denotatum único, lo que puede conducir a un referente- 12 En otras lenguas, a menudo encontramos lemas de tipo apelativo; véase, por ejemplo, Van de Velde (2006; 2008; 2009). Stripsniai / Articles 113 WILLY VAN LANGENDONCK te en el discurso. Por regla general, sin denotatum no se puede hacer referencia (pero véase más adelante). Sin embargo, es indudable que pueden surgir fácilmente nombres nuevos, ya que los nombres constituyen una clase abierta (en contra de Anderson 2004: 457; compárese con Coates 2006b: 30). Si perduran, se incorporan al repertorio onomástico como denotata, y al discurso como referentes o formas de tratamiento. 3. NOMBRES, CONVENCIÓN LINGÜÍSTICA ESTABLECIDA Y GRAMÁTICA La idea de que los nombres tienen una denotación única y pueden referir en el discurso concuerda con la noción de convención lingüística establecida de Langacker (1987) (antes langue o competencia), que forma un continuo con el uso de la lengua (antes parole o actuación). Del mismo modo que la denotación es una abstracción a partir de la referencia, etc., la convención lingüística establecida es una abstracción a partir del uso de la lengua. Solo en la convención lingüística establecida tiene sentido hablar de gramática o morfosintaxis, lo que la mayoría de los lingüistas considera el núcleo del sistema lingüístico. De este modo, los nombres pueden ocupar un lugar genuino en la gramática como categoría estructural, al igual que las demás clases de palabras. Analicemos estas distinciones. A) Convención lingüística establecida El concepto de convención lingüística establecida de Langacker es flexible y útil, también para los nombres. Como parte de ella, distinguimos la convención onomástica establecida. Los nombres se incorporan a la convención onomástica establecida mediante la imposición o mediante la onimización gradual. Esto nos permite hacer tres observaciones. 1) Aunque la PTP admite que los actos de referencia fijan la denotación de los nombres propios (Coates 2006b: 39; 2012: 121), no está claro dónde encuentra su lugar esta denotación si los nombres se definen en términos de referencia en el uso lingüístico. Es evidente que la denotación única corresponde a la convención lingüística establecida. El rechazo de esta unicidad en la PTP vuelve a impedir una distinción entre nombres y pronombres, puesto que, en este marco, ambos se refieren esencialmente en el uso lingüístico, aunque también parezcan denotar, pero no de manera única según la PTP. La ausencia de la noción de convención lingüística establecida llevó a filósofos como Bertrand Russell ([1918] 1964: 201; 1919: 179) a sostener que los nombres genuinos eran «nombres propios lógicos», es decir, palabras referenciales como this o that (compárese Kripke 1972: 345, n. 16; véase más arriba). Russell llamó «descripciones abreviadas» a los nombres ordinarios. Es cierto que palabras referenciales como this o that se refieren de manera única en un contexto determinado, pero la referencia será distinta en otro contexto. Sin embargo, si tomamos en serio el término de Kripke «designador rígido», los nombres denotan de manera única en cualquier contexto. 114 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names 2) Existe un continuo entre la convención onomástica establecida y el uso de nombres en el habla y la escritura. Podemos usar un nombre una sola vez y luego olvidarlo, de modo que no se incorpore a la convención onomástica establecida. Por ejemplo, al referirnos a un invitado impopular, podríamos decir: Hitler is coming tonight. En este ejemplo, Hitler es por ahora solo un referente nuevo en el discurso, no un denotado de la convención onomástica establecida. Ese es un extremo. El otro extremo en el caso de los nombres es que muchos llevan siglos funcionando en la sociedad, por ejemplo, los apellidos o los nombres de ciudades, países, ríos y similares. 3) La noción de convención onomástica establecida nos permite reconocer que hay nombres bien establecidos que solo se conocen y usan en comunidades pequeñas, como los apodos familiares, por ejemplo, el neerlandés Ons Pop «Nuestra muñeca», como la llamaba su padre. Este es un nombre establecido en esta pequeña comunidad flamenca (Van Langen-donck 2007a: 286). El otro extremo es que existen nombres conocidos en todo el mundo, como Africa o Mandela. B) Gramática y nombres En el marco de la PTP, donde la esencia de los nombres consiste en referir en el discurso, apenas hay lugar para una gramática de los nombres. Coates sostiene: «la condición de nombre propio se entiende mejor como una noción pragmática que gramatical o estructural» (Coates 2000: 1166; 2005: 3; 2006a: 369). Aunque Coates (2006b: 39) acepta que existen «nombres propios» (como Mary, John), esta noción se considera «epifenoménica respecto de la noción de referencia onímica», donde onímica no se define con mayor precisión. De acuerdo con la definición de «epifenómeno» de Webster, esto significaría que un nombre propio —o un sintagma nominal propio (Coates 2006a)— es un fenómeno secundario que acompaña a la referencia mediante nombres y es causado por ella. Pero, dado que Coates (2006a) contrapone la referencia onímica a la referencia semántica, los pronombres también son onímicos, pues carecen de sentido definitorio, al igual que los nombres. En otras palabras, las nociones de «onímico», «nombre» y «nombre propio (sintagma)» siguen necesitando una definición genuina (véase también Anderson 2007: 120, citado en Coates 2006b: 39). Los nombres propios son palabras como las demás (asimismo Anderson 2003: 360; véase también Nübling, Fahlbusch y Heuser 2012). Apartarse de la noción general de clase de palabra impone la carga de la prueba a quien se aparta de ella. Por otra parte, si suponemos que la PTP tiene razón en lo esencial, ¿por qué no habría de aplicarse un análisis similar a todos los lexemas de la lengua: sustantivos, verbos, etc.? De ser así, estamos diciendo que la convención lingüística establecida es un epifenómeno del uso lingüístico o, en términos más convencionales y acertados, que la convención lingüística establecida es una abstracción del uso lingüístico, lo cual difícilmente puede considerarse una idea nueva. ¿Qué hemos ganado con el razonamiento de la PTP? Lo que pro- Straipsniai / Articles 115 WILLY VAN LANGENDONCK pone se reduce a hacer hincapié en el papel de la referencia y del uso lingüístico, y a minimizar el papel de la denotación y de la convención lingüística establecida. Sin embargo, esto conduce inevitablemente a descuidar el papel de la gramática en la definición de los nombres y otras categorías lingüísticas. Para la PTP, los nombres ni siquiera constituyen una categoría estructural (véase más arriba), aunque resulte notoriamente difícil distinguirlos de otros sustantivos: los sustantivos comunes y los pronombres. En cambio, deberíamos mantener la perspectiva según la cual la gramática describe la convención lingüística establecida, define los nombres como elementos que tienen un denotado único además de un lema nominal subyacente, y los considera una subclase de sustantivos que llevan determinantes en inglés, a diferencia de los pronombres; por ejemplo, that modifica a George Bush en (4), y Britain’s modifica a Jeremy Irons en (5): (4) That George Bush is a nice guy. (Vandelanotte and Willemse 2002: 22) (5) Britain’s Jeremy Irons was present at the premiere in New York. (Vandelanotte and Willemse 2002: 25) Además, podemos diferenciar los nombres de los sustantivos comunes. Los patrones de aposición estrecha de la forma [(artículo definido) + sustantivo + (artículo definido) + sustantivo], por ejemplo, Fido the dog, son pertinentes para definir los nombres en inglés y también para el significado categorial del nombre (Van Langendonck 2007a: 4, 131).13 La unidad que no caracteriza, sino que identifica, es un nombre, es decir, Fido. El apelativo dog indica la presuposición categorial. Los rasgos gramaticales, es decir, morfosintácticos, son, por supuesto, específicos de cada lengua.14 Aunque la mayoría de las lenguas indoeuropeas parecen presentar aposiciones estrechas (por ejemplo, el francés la ville de Paris, el neerlandés de stad Amsterdam o el polaco miasto Kraków «(la) ciudad (de) Cracovia», varios otros grupos lingüísticos no muestran estructuras paralelas.15 No hay problema con ello siempre que entendamos lo mismo por «nombre», es decir, el concepto comparativo (cf. Haspelmath 2010 para esta noción) de «expresión nominal que denota de manera única y con una presuposición de nivel básico, pero sin sentido definitorio». Todas las lenguas hacen uso de las estructuras disponibles. Así, las lenguas bantúes emplean las clases nominales y las marcas de concordancia como indicios de la condición de nombre propio. Por ejemplo, en la lengua bantú eton, «los nombres propios, ya sean hidrónimos, topónimos o nombres de clanes antiguos, o apodos improvisados, pertenecen siempre a la clase 1 a» (Van de Velde 2006; 2008). Los nombres de los meses aparecen en aposición estrecha, por ejemplo: 13 Moltmann (2013) aborda los «clasificadores» y las aposiciones estrechas con nombres desde otra perspectiva. 14 See also Haspelmath (2010): “Descriptive formal categories cannot be equated across languages because the criteria for category-assignment are different from language to language.” 15 Es evidente que no todas las aposiciones estrechas nos dan el significado de nivel básico; por ejemplo, President Obama no implica que Obama sea necesariamente presidente. En la mayoría de los casos, el significado de nivel básico no se expresa de manera explícita, sobre todo en nombres prototípicos como los nombres personales, en los que se da por supuesto. 116 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names el mes de junio. Eso significa que son nombres. Esto queda confirmado por otras lenguas. En la lengua austronesia tuvaluana, los nombres de los meses tienen estatus onímico: cuando alguien pregunta por el nombre del mes, se emplea el pronombre interrogativo usado para los nombres. Asimismo, en rapanui, hablada en la Isla de Pascua, los nombres de los meses llevan la «marca personal» a, que indica estatus onímico; por ejemplo, i a hora iti ‘en agosto’ (Idiatov 2007, retomado por Van Langendonck y Van de Velde 2007: 459–461). La denotación única de los nombres refleja el hecho gramatical de que estos no admiten oraciones de relativo restrictivas, como se ha sostenido repetidamente (véase también Van Langendonck 2007a: 143). Tomemos un ejemplo neerlandés: es agramatical decir: (6) *Karel die in Londen woont, komt morgen. «Charles, que vive en Londres, viene mañana» En cambio, puedo decir: (7) De Karel die in Londen woont, komt morgen. «El Charles, que vive en Londres, viene mañana» Mientras que en (6) la referencia a Karel no puede restringirse, ya que se trata de un nombre con denotación única, en (7) la restricción es posible porque el sintagma nominal de Karel contiene un lema propio apelativizado. Como sostuve anteriormente, la presuposición del nivel básico se corrobora incluso morfológica y/o sintácticamente. Los nombres de países suelen presentar un sufijo que indica su condición de país; por ejemplo, Fin-land, German-y, Chin-a (véase Van Langendonck 2007a: 202–206). Aunque las aposiciones estrechas pueden proporcionar el significado del nivel básico en la mayoría de las lenguas indoeuropeas (cf. Fido the dog, the river Thames), en ciertas lenguas bantúes el significado del nivel básico se indica mediante la concordancia. Van de Velde (2009: 224) afirma: «Los nombres propios en kirundi desencadenan el mismo patrón de concordancia que el sustantivo común utilizado para referirse a su categoría de nivel básico». Remito a Van Langendonck (de próxima publicación) para más pruebas gramaticales del estatus nominal y de la presuposición del nivel básico en los nombres. 4. COROLARIOS DE LA PTP Los nombres propios no forman un conjunto determinado Hay algo que decir a favor de esta postura, aunque solo sea porque ninguna categoría léxica constituye un conjunto determinado. La principal razón de la frontera difusa entre nombre y apelativo es que existen nombres prototípicos, como los nombres de pila y los apellidos, y los topónimos (ambos basados principalmente en lemas propios), así como otros menos Straipsniai / Articles 117 W I L L Y V A N L A N G E N D O N C K prototípicos, como los nombres de lenguas, en los que depende totalmente de la construcción que un sustantivo funcione como nombre o como sustantivo común; compárese (a) Kalkatungu is an exotic language; (b) I’ll never learn any Kalkatungu (Van Langendonck 2007a: 65, 70, 243). En (a), el nombre de la lengua es verdaderamente onímico; en (b), se comporta como un sustantivo común cuantificado. Los nombres comerciales y de marcas constituyen un caso similar (Van Langendonck 2007a: 235–238; 2007b). Los números pueden considerarse nombres, apelativos o adjetivos, también según la construcción (Van Langendonck 2007a: 239 y ss.); compárese: (a) Three is a sacred number; (b) the number three [aposición]; (c) I saw three lions. En (a) y (b), three es un nombre, pero en (c) funciona como una especie de adjetivo. Así pues, la gramática puede ayudarnos, aunque la PTP no aduce nunca pruebas formales, es decir, morfosintácticas, puesto que para esta teoría la gramática parece ser tan solo un epifenómeno (véase más arriba). Los nombres de los meses constituyen otra categoría onímica marginal. Aunque estos nombres aparecen a menudo en aposición, su denotación no siempre parece ser única debido al carácter cíclico de los meses; compárese: (a) June was fairly hot (no cíclico) frente a (b) June is always hot (cíclico). Por eso, la condición de los nombres de los meses es muy controvertida (cf. Van Langendonck 2007a: 55, 64). No es inconcebible que esos nombres marginales se interpreten de forma distinta en distintas lenguas, por ejemplo, como nombres o como apelativos (véase más arriba). La gramática también puede ayudarnos en el caso de expresiones con lemas no propios, especialmente lemas basados en apelativos, como the Old Vicarage (Coates 2006a). Ciertamente, cuando esta expresión se emplea en el habla, el contexto determinará su condición, como ocurre con la homonimia ordinaria. Sin embargo, en el plano de la convención lingüística establecida (nunca mencionado en la PTP), hay dos expresiones: el nombre the Old Vicarage y el sintagma nominal basado en un apelativo the old vicarage. En este último caso, la expresión es un sintagma genuino, ya que se pueden insertar otros elementos en él, por ejemplo, the old but still beautiful vicarage. Esto no es posible en el nombre the Old Vicarage, que se comporta como [artículo + palabra onímica Old-Vicarage]. Además, aquí podemos convertir el nombre en apelativo diciendo: I don’t know of another Old Vicarage. Por último, en nombres como the Rocky Mountains, the North Sea, the Atlantic Ocean, el significado de nivel básico se expresa formalmente. No siempre ocurre así, como en el ejemplo favorito de la PTP, Peak’s Tunnel, que en realidad es un puente, no un túnel (Coates 2012: 125). Por tanto, podemos suponer que existe un continuo desde nombres transparentes sincrónicamente, como the North Sea, hasta nombres con una connotación transparente desde el punto de vista etimológico, pero engañosa sincrónicamente, como Peak’s Tunnel. Un último punto es que la gente parece vacilar ante expresiones como the universe o the internet. Hasta hoy, son denotata individuales reales, es decir, singulares, pero no los llamaría nombres, ya que no se dispone de ninguna presuposición categorial. El hecho de que por lo general no se escriban con mayúscula inicial indica su condición de apelativos, aunque no constituye una prueba concluyente. 118 A c t a L i n g u i s t i c a L i t h u a n i c a L X I X A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names Los nombres propios no pertenecen a categorías lógicamente seguras Esta tesis vuelve a confundir el nombre (atribuido a una entidad) con el lema del nombre (todavía no atribuido). Es esencial comprender que la unicidad y el significado de nivel básico se asignan no en el plano del lema del nombre, sino en el del nombre que designa un denotatum único. No hay nada ilógico en ello. Mary es un lema propio que puede asignarse a mujeres, pero sin duda también a otras entidades, como los barcos. Sin embargo, Mary denota a una persona única una vez que el lema se ha conferido ad hoc a una mujer concreta como nombre. No es el nombre, sino el lema del nombre, lo que puede tener más de un denotatum (véase más arriba; compárese Coates 2006b; 2012: 125). La categorización probabilística (Coates 2012: 121; 125–129) concierne al lema con su potencial de múltiples denotata, no al nombre. Con toda probabilidad, es decir, prototípicamente, el lema Mary denota a una mujer concreta y, obviamente, a más de una; pero en cada caso ad hoc y de manera única. A mi juicio, los nombres no solo refieren en el discurso, sino que constituyen una categoría de expresiones que denotan de manera única y se subcategorizan según categorías lingüísticas sobre la base del significado de nivel básico sincrónico. Por eso mismo, Peak’s Tunnel no tiene por qué ser un túnel (Coates 2012: 125). Hoy en día, el nombre denota un puente. En efecto, los genéricos históricos semánticamente transparentes pueden resultar engañosos. Así pues, en lo que respecta a la designación y la categorización, los nombres difieren de los pronombres y de los sustantivos comunes (es decir, las descripciones definidas), algo que no queda claro en la PTP. Los nombres propios no se pueden traducir Según la PTP, los nombres no se pueden traducir porque carecen de sentido. Sin embargo, quedará claro que todo depende de la idea que se tenga de lo que es traducir. El diccionario Webster define «traducir» como «pasar a la lengua propia o a otra lengua». La mayoría de los diccionarios de otras lenguas también ofrecen esta definición amplia. Así, para el español traducir, el Diccionario castellano (1987) tiene «volver una cosa de una lengua en otra». El Van Dale neerlandés (2005) define vertalen, «traducir», como «van de ene taal in de andere overbrengen» (trasladar de una lengua a otra). Del mismo modo, Koenen-Endepols (1970): «in een andere taal overzetten». El Duden alemán (1999) define übersetzen, «traducir», como «in einer anderen Sprache [wortgetreu] wiedergeben» (reproducir en otra lengua [literalmente]). Algunos diccionarios incluyen el sentido (o significado) en la definición. El Nouveau Petit Robert de la langue française francés (2010) ofrece una definición elaborada: traduire = «hacer que lo que se expresó en una lengua natural se exprese en otra, procurando la equivalencia semántica y expresiva de ambos enunciados» (hacer que lo dicho en una lengua natural se diga en otra Straipsniai / Articles 119 WILLY VAN LANGENDONCK lengua, procurando la equivalencia semántica y expresiva de ambos enunciados). El Oxford English Dictionary (1991) es ambiguo: to translate = «pasar de una lengua a otra» o «cambiar a otra lengua conservando el sentido». Si seguimos la definición más amplia y habitual de traducción, aunque sea «una manera poco precisa» de definirla (Coates 2012: 129), podemos incluir fácilmente los nombres. La definición francesa y la segunda versión del OED parecen estar pensadas para las oraciones. En ese caso, los nombres dentro de una oración no plantean ningún problema, aunque no se traduzcan. Llegados a este punto, hay que establecer más distinciones. Ante todo, debemos volver a distinguir entre los nombres y los lemas propriales u otros lemas onomásticos. A veces se traducen los nombres y otras veces solo se traducen los lemas onomásticos. 1) En lo que respecta a los nombres, se impone una distinción adicional. Los nombres con un lema proprial subyacente no tienen traducción o tienen una traducción ad hoc, sin intervención del sentido, pero sí con «equivalencia denotativa» (para este término, véase Coates 2012: 130). Por ejemplo, probablemente nunca se traduce un nombre como el alemán Mönchengladbach; el nombre de la ciudad belga Liège se traduce al alemán como Lüttich y al neerlandés como Luik; es decir, en la terminología de Coates, «tienen el mismo denotatum». Nótese que estos denotata deben concebirse como únicos. Si hubiera otro Liège, probablemente tendría una traducción distinta o ninguna (compárese con Mechelen más arriba). Los nombres con un lema apelativo subyacente transparente pueden traducirse o no empleando el contenido transparente. Un nombre como the Rocky Mountains rara vez se traduce al alemán y al neerlandés, pero siempre al francés: les Montagnes Rocheuses (Michel Rateau, comunicación personal). Sin embargo, el topónimo alemán der Schwarzwald se traduce como the Black Forest en inglés, la Forêt Noire en francés y het Zwarte Woud en neerlandés. Cabe esperar que la «traducción» de los elementos subyacentes transparentes sea bastante arbitraria y, de hecho, varíe de una lengua a otra. New York no se traduce al francés, alemán ni neerlandés, pero en español sí se «traduce» el elemento transparente New: Nueva York; lo mismo ocurre en polaco: Nowy York. Lyons (1977) distingue entre nombres de persona y nombres de lugar. Por regla general, los nombres de persona no se traducen; por ejemplo, John Major no se traduce al francés como Jean (le) Majeur. Sin embargo, sí se traducen los nombres de figuras históricas importantes; por ejemplo, Carolus Magnus (lat.) = Charlemagne (fr.) = Charlemagne (ing.) = Karl der Grosse (al.) = Karel de Grote (neerl.). Los humanistas traducían sus apellidos al latín. Mercator se llamaba originalmente De Cremer (véase más arriba). La etimología popular es un factor perturbador en la traducción de nombres. Coates (2012: 131) cita el ejemplo de Hereford, traducido como Hairy Foot en la lengua de los gitanos irlandeses de principios del siglo XX.16 16 Para los aspectos sociolingüísticos relativos a la asignación de varios nombres a un mismo lugar, véase Walther (1968). 120 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names 2) En cambio, a veces solo se traducen los lemas propriales. Es el caso de varios nombres de pila; por ejemplo, John, Jean, Johann, Jan, o Juan se remontan al lema proprial original Johannes. En Flandes, a un mismo hombre a veces se le puede llamar Jan (neerlandés) o Jean (francés). Del mismo modo, a varios hombres llamados Piet (neerlandés) también se les llama Pierre (francés). Otro ejemplo es Miriam, de la que derivan Mary, Marie, Maria, etc. Por supuesto, depende del conocimiento de las personas dónde termina la sincronía comprensible y empieza la diacronía incomprensible (compárese con Brendler 2008). Así pues, mediante la distinción entre nombre y lema onomástico, podría esbozarse un panorama más matizado de la traducción de nombres. El sentido (o significado) no plantea ningún problema para la traducción. Teorizar la interfaz entre las expresiones propias y no propias tiene implicaciones neurofisiológicas (y psicolingüísticas) La PTP sostiene que «la referencia semántica está mediada por el significado léxico y gramatical, y, por tanto, su procesamiento conlleva mayores costes» (Coates 2012: 124); de ahí que sean mayores en los nombres comunes que en los nombres propios. Además (p. 132): «los nombres propios tienen menores costes de procesamiento que las expresiones referenciales semánticas plenamente articuladas». Esto conduce al Principio de referencia onímica por defecto (ORDP), según el cual «la interpretación por defecto de cualquier cadena lingüística es como nombre propio (es decir, está libre de sentido)». Sin embargo, ¿qué habría que interpretar si no hay sentido alguno? En relación con las palabras sin sentido, el propio Coates (2006b: 41) sostiene: «No podrás referirte a nada usando la palabra tegumai hasta que te diga cuál es su sentido». Y eso es precisamente lo que la gente quiere saber. En cualquier caso, no se aporta ninguna prueba experimental ni de otro tipo en apoyo de las afirmaciones del ORDP. Si los nombres propios tienen significado categorial, como he sostenido yo y muchos otros, esto implica que los nombres comunes son primarios, puesto que las categorías en cuestión se derivan de nombres comunes. De hecho, para Langacker (1991), los nombres comunes son los nombres básicos (compárese con Van Langendonck 2007a: 51, 117). Coates (2012: 132) incluso conjetura que «la referencia propia/onímica se basa en una cadena más corta de neuronas o en sinapsis que se activan con mayor eficacia», aunque neuropsicólogos como Semenza y Zettin (1988: 718) se limitan a sugerir «que los nombres propios, al igual que ciertas otras categorías, podrían procesarse de forma independiente dentro del sistema semántico». No se menciona el coste del procesamiento. La psicología nos enseña que las personas intentan automáticamente encontrar sentido a cualquier cadena de sonidos o letras, lo que corrobora la primacía lingüística de los nombres comunes y su sentido definitorio. En cuanto a los nombres propios, si para recuperar un nombre la única pista es el sentido de nivel básico (que ni siquiera está presente en la PTP) y un elemento opcional o, en todo caso, Straipsniai / Articles 121 W I L L Y V A N L A N G E N D O N C K un conjunto incoherente de connotaciones dificultará el proceso de recuperación. En el caso de los sustantivos comunes, sin embargo, existe un conjunto coherente y polisémico de sentidos que puede conducir con mucha mayor facilidad a la identificación de una entidad. De hecho, los psicolingüistas suponen ahora que «En comparación con los nombres comunes [es decir, los sustantivos comunes, WVL], los nombres de personas son difíciles de aprender y recordar» (Hollis and Valentine 2001: 99). Esta idea procede de experimentos psicológicos como el que dio lugar a la paradoja de Baker–baker (Valentine, Brennen and Brédart 1996: 39). En pocas palabras, esta paradoja sostiene que, por regla general, cuando se muestra a las personas una fotografía de un hombre, vinculan con bastante facilidad un apelativo como baker con él, pero el apellido homófono Baker les resulta significativamente más difícil. Valentine, Brennen and Brédart (1996: 39) afirman: «los nombres se recordaron con menos frecuencia que las profesiones, incluso cuando se trataba de los mismos elementos», como en el caso de B/baker (apellido y apelativo). Se supone que en el cerebro hay un vínculo directo entre un hombre y el apellido, pero una red de significados relacionados (bread, bakery, etc.) que permite al sujeto retener mejor la relación entre un hombre y la ocupación baker que la relación entre un hombre y el nombre Baker. Esto también explica por qué, a medida que las personas envejecen, olvidan los nombres con mucha más facilidad que los sustantivos comunes (James 2004). Estos hallazgos psicolingüísticos contradicen el Onymic Reference Default Principle, al menos tal como se formula en la PTP. Por el contrario, hay que decir que estos hallazgos psicológicos no invalidan la afirmación de que la referencia onímica es «el modo predeterminado de referencia» (Coates 2012: 132). En la misma línea, Van Langendonck (2007a: 51, 117ff.; 2008) sostiene que los nombres constituyen los sustantivos prototípicos para la referencia (denotación), pues presentan rasgos gramaticales no marcados, como el carácter definido y, en su mayoría, singular, concreto y no genérico. Considerando esto, habrá quedado claro que nos enfrentamos a la paradoja de que los nombres proporcionan la herramienta prototípica y más práctica para la denotación y la referencia, pero son más difíciles de recuperar que los sintagmas nominales comunes semánticamente plenamente articulados, debido a la falta de sentido definitorio en los nombres. En este sentido, Coates (2012: 132) sostiene «que, una vez establecida la referencia onímica mediante una expresión, es decir, cuando esta se ha convertido en un nombre, no hay vuelta atrás...». Es probable que así sea. Perder un sentido específico resulta más fácil que recuperarlo. Esta afirmación se asemeja a la que aparece en la ingente bibliografía sobre gramaticalización, donde se ha argumentado que los morfemas gramaticales han perdido su sentido léxico y no pueden volver a su origen léxico (véanse, entre otros, Brinton and Traugott 2005). En lo que respecta a los nombres, Van Langendonck (2009) concluye «que los nombres no son construcciones apelativas gramaticalizadas ni lexicalizadas, u otras construcciones no onímicas..., sino que al menos los “nombres de evolución”, es decir, los nombres que no se originaron mediante un acto ilocutivo a partir de un lema propio (u otro) (nombres de pila, nombres de películas, etc.), han experimentado un proceso de desemantización que puede desencadenar diversos procesos formales, como ocurre también en el caso de las categorías gramaticales, en las que asimismo tiene lugar la desemantización». 122 Acta Linguistica Lithuanica LXIX A Semantic-Pragmatic Theory of Proper Names 5. CONCLUSIONES Mis conclusiones generales son las siguientes: la tesis de la PTP según la cual los nombres carecen de sentido debería precisarse. Carecen de sentido definitorio, pero tienen presuposiciones, es decir, significado gramatical y una presuposición de nivel categorial o básico, así como significados connotativos y pragmáticos en los lemas de los nombres, tales como emotividad, contenido literario y mágico y, por último, significados connotativos auxiliares relativos al denotatum o referente de un nombre, como información enciclopédica o subjetiva y facetas del significado. La suposición de una presuposición categorial (de nivel básico) inherente depende crucialmente de una distinción entre nombres y lemas de nombres, entre los cuales los lemas propios son los más destacados. Los lemas de nombres solo tienen un potential de denotación y atribución a una categoría. Cuando los filósofos y psicólogos piensan en un significado categorial, aparentemente se lo atribuyen al nombre mismo, no a su lema. La afirmación de que la esencia de ser un nombre reside en la referencia, y no en la denotación, debería invertirse: la denotación es primordial y única. De lo contrario, ni siquiera podemos distinguir los nombres de las descripciones definidas y los pronombres definidos. En el uso lingüístico, la referencia, la vocación, la nominación y la ostensión deberían ponerse en pie de igualdad. Por consiguiente, la referencia como tal no puede definir los nombres. Solo si aceptamos la denotación única podemos hablar de los nombres como elementos que funcionan en el sistema de convenciones lingüísticas establecidas y que refieren en el uso lingüístico. La morfosintaxis refleja esta situación; por ejemplo, los nombres no admiten oraciones de relativo restrictivas y muestran su significado categorial en ciertas aposiciones estrechas, al menos en varias lenguas indoeuropeas, así como en patrones de concordancia en al menos la lengua bantú kirundi. La psicolingüística y la neurolingüística confirman estos análisis. Que los nombres entren en el onomasticón por imposición o mediante la referencia repetida de construcciones apelativas u otras no cambia las cosas. La categorización sincrónica segura de los nombres se hace posible gracias a su significado inherente de nivel básico y a la suposición de que su denotación implica unicidad. Ni una definición simple de traducción ni una que incluya el significado impide suponer que algunos nombres, o posiblemente sus lemas, pueden traducirse, aunque de distintas maneras. No se ofrece evidencia experimental ni de otro tipo a favor del Onymic Reference Default Principle de la PTP, aunque la referencia onímica parece ser «el modo predeterminado de referencia», siempre que la «denotación única» subyazca a la «referencia». Por último, quisiera destacar que la gramática confirma la plausibilidad de los conceptos y las tesis semántico-pragmáticos de la presente teoría.17 Una afirmación que 17 La presente teoría no difiere esencialmente de las tesis de Van Langendonck (2007a). Sin embargo, aquí me he centrado en la distinción entre denotación única y referencia única, he precisado otras nociones, como las de lema de nombre, presuposición y connotación, y he propuesto algunas ideas sobre la traducción de nombres. Straipsniai / Articles 123 WILLY VAN LANGENDONCK que no haya un lugar propio para una gramática de los nombres en la PTP es incomprensible porque contradice flagrantemente los hechos lingüísticos. En las lenguas más diversas, los nombres pueden distinguirse de las construcciones apelativas (descripciones definidas) y de los pronombres definidos (véanse, entre otros, estudios recientes: Anderson 2007; Idiatov 2007; Van de Velde 2006; 2008; Van Langendonck 2007a, y de próxima publicación). En efecto, es inconcebible que solo una categoría lingüística, es decir, los nombres, carezca de estatus gramatical propio (es decir, de un estatus que no sea meramente «epifenoménico»). REFERENCES Algeo John 1973: On Defining the Proper Name (University of Florida Humanities Monograph 41). Gainesville: University of Florida Press. Anderson John M. 2003: On the structure of names. – Folia Linguistica 37: 347–398. Anderson John M. 2004: On the grammatical status of names. – Language 80: 435–474. Anderson John M. 2007: The grammar of names. Oxford: Oxford University Press. Bayer Joseph 1991: Representatie van algemene namen en eigennamen in het mentale lexicon: neurolinguistische evidentie [Representation of common nouns and proper names in the mental lexicon: neurolinguistic evidence]. – Tabu 21(2): 53–66. Boesch Bruno 1957: Die Eigennamen in ihrer geistigen und seelischen Bedeutung für den Menschen. – Der Deutschunterricht 9(5): 32–50. 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Joje autorius tikrinius žodžius, kaip specifinės leksikos vienetus, aptaria pragmatinės lingvistikos teorijos aspektu, pagrįstu dviem esminėmis idėjomis: tai, kad tikriniai žodžiai neturi reikšmės ir kad tikrinių žodžių esmė – įvardijimas, o ne denotacija. Tokius teiginius reikėtų vertinti gana kritiškai, nes šios nuostatos ne visai pagrįstos. Tai galima įrodyti atlikus išsamią semantinę pragmatinę tikrinių žodžių analizę. Šiuo aspektu išanalizavus tikrinius žodžius ir pateikus gramatinių, filosofinių, psicholingvistinių ir neurolingvistinių įrodymų galima teigti, kad: 1) tikriniai žodžiai turi specifinę semantiką, kuri susijusi su žmonių psichika, t. y. patirtimi, kalbėjimo situacija, suvokimu ir visu enciklopediniu žinojimu, lemiančiu sėkmingą komunikaciją. Semantinis santykis yra santykis ne tarp žodžio ir daikto, bet tarp dviejų mentalinių fenomenų – žodžio reprezentacijos ir pasaulio reprezentacijos individo sąmonėje; 2) tikriniai žodžiai ne tik įvardija unikalų objektą kalbos vartosenoje, bet ir pažymi jį nustatytos lingvistinės konvencijos lygiu. Kad tai taptų priimtina, svarbu išskirti tikrinį žodį ir tikrinio žodžio lemą. Šis išskyrimas susijęs su konotacijos sritimi. Įteikta 2013 m. balandžio 4 d. WILLY VAN LANGENDONCK University of Leuven, Department of Linguistics Blijde-Inkomststraat 21–3308, BE–3000 Leuven, Belgium [email protected] Straipsniai / Articles 129