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Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión

Colomines i Companys, Agustí

Abstract

A pesar de su conservadurismo, el general Vicente Rojo (1894-1966), quien alestallar la guerra era comandante, se mantuvo leal a la República, mientras que otros militares, amigos suyos y compañeros en la Academia Militar de Toledo, se incorporaron al Ejército Nacional, como por ejemplo el también comandante Emilio Alamán. Este artículo se centra en las historias humanas que vivieron entre ellos. A partir de su testimonio, plasmado en una autobiografía inédita, reconstruimos sus decisiones y angustias. Mediante entrevistas a los familiares de Rojo se reconstruyen algunos episodios de la vida cotidiana durante la guerra y el exilio. Si el exilio fue un refugio amargo, la vuelta a casa del general Rojo se convirtió en una maldición, como puede constatarse en sus escritos memorialistas, por su aislamiento e infortunio, y por lo que él consideró una falta de compañerismo por parte de sus antiguos camaradas. Para él fue una memoria afligida.; Despite his conservatism, General Vicente Rojo (1894-1966) was loyal to the Spanish Republic, while other colleagues at the Military Academy of Toledo and friends joined the self-called National Army, such as Commander Emilio Alamán. This is the human story of Vicente Rojo during and after the Civil War. The article reconstructs Rojo decisions and anxieties from his testimony, embodied in some books, but also in an unpublished autobiography. Through interviews with Rojo family members, the author reconstructed some episodes of everyday life during the war and exile to highlight the human dimension of this soldier at critical moments. If the exile was a bitter refuge, back to home became a curse for General Rojo, as we can be seen in his memorialist writings, for his isolation and misfortune, and for what he considered a lack of companionship from some of his former comrades. For him, it was a sorrowful memory.

Full text

577 ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 HC Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 https://doi.org/10.1387/hc.21800 las lealtades del general vicente rojo. un militar fiel a su Profesión THE LoyALTiES oF GENERAL ViCENTE RoJo. A MiLiTARy FAiTHFUL To HiS PRoFESSioN Agustí Colomines i Companys* Cátedra Josep Termes – gRENPoC. Universitat de Barcelona (España) resumen: A pesar de su conservadurismo, el general Vicente Rojo (1894-1966), quien al estallar la guerra era comandante, se mantuvo leal a la República, mientras que otros militares, amigos suyos y compañeros en la Academia Militar de Toledo, se incorporaron al Ejército Nacional, como por ejemplo el también comandante Emilio Alamán. Este artículo se centra en las historias humanas que vivieron entre ellos. A partir de su testimonio, plasmado en una autobiografía inédita, reconstruimos sus decisiones y angustias. Mediante entrevistas a los familiares de Rojo se reconstruyen algunos episodios de la vida cotidiana durante la guerra y el exilio. Si el exilio fue un refugio amargo, la vuelta a casa del general Rojo se convirtió en una maldición, como puede constatarse en sus escritos memorialistas, por su aislamiento e infortunio, y por lo que él consideró una falta de compañerismo por parte de sus antiguos camaradas. Para él fue una memoria afligida. PALABRAS CLAVE: guerra Civil española, Franquismo, Ejército español, Exilio, Vida cotidiana, Memorias. AbstrAct: Despite his conservatism, General Vicente Rojo (1894-1966) was loyal to the Spanish Republic, while other colleagues at the Military Academy of Toledo and friends joined the selfcalled National Army, such as Commander Emilio Alamán. This is the human story of Vicente Rojo during and after the Civil War. The article reconstructs Rojo decisions and anxieties from his testimony, embodied in some books, but also in an unpublished autobiography. Through interviews with Rojo family members, the author reconstructed some episodes of everyday life during the war and exile to highlight the human dimension of this soldier at critical moments. if the exile was a bitter refuge, back to home became a curse for General Rojo, as we can be seen in his memorialist writings, for his isolation and misfortune, and for what he considered a lack of companionship from some of his former comrades. For him, it was a sorrowful memory. KEyWoRDS: Spanish Civil War, Francoism, Spanish Army, Exile, Everyday life, Memories. * Correspondencia a / Corresponding author: Agustí Colomines i Companys. Cátedra Josep Termes. Gran Via de les Corts Catalanes, 585 (Edificio Histórico) (08007 Barcelona-España) – [email protected] – https://orcid.org/0000-00025145-1384 Cómo citar / How to cite: Colomines i Companys, Agustí (2022). «Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión», Historia Contemporánea, 69, 577-604. (https://doi.org/10.1387/hc.21800). Recibido: 10 junio, 2020; aceptado: 3 diciembre, 2020. ISSN 1130-2402 - eISSN 2340-0277 / © 2022 Historia Contemporánea (UPV/EHU) Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional 578 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys Todas las guerras son guerras civiles, afirma David Armitage. Este historiador insiste en que la formulación romana de «guerra civil» (bellum civile) ya es literalmente una «guerra de ciudadanos» o entre conciudadanos. En la tradición del pensamiento español, incluso en su versión liberal, guerrear entre conciudadanos no estaba mal visto hasta bien entrado el siglo x x . En 1821, el jacobino Juan Romero Alpuente (1762-1835), quien fue acusado de participar en la matanza de frailes de 1834 en Madrid, entre otros estragos en los que estuvo involucrado, sostenía que «la guerra civil es un regalo del cielo», pues ofrece la oportunidad de renovación nacional1. La historia contemporánea española, aseguraba Carlos Seco Serrano en un ya clásico estudio sobre la tensión entre militarismo y civilismo, es una pelea entre el militarismo, expresado por gente como Romero Alpuente, y un civilismo extremadamente débil2. Al fin y al cabo, la relación entre poder civil y poder militar en España estuvo condicionada, por lo menos hasta 1981, por los pronunciamientos, los caudillos y los golpes de Estado. La guerra civil de 1936 puso en tensión al estamento militar de tal modo que partió en dos a la oficialidad de Estado Mayor, como ya contó Arturo garcía Álvarez-Coque en una tesis doctoral que luego convirtió en un libro3. En un lado se situaron los militares que se sublevaron contra el gobierno del Frente Popular, y, por otro, los que se mantuvieron leales a la República. La partición no siempre fue provocada por motivos ideológicos, pues en el bando republicano hubo algunas lealtades inesperadas. A diferencia de lo que ocurriría tras la victoria de las tropas nacionales, cuando solo «una docena más o menos de oficiales plantó cara resueltamente a Franco durante la II guerra Mundial y, aun así, solamente de forma dubitativa y con poca frecuencia», en el momento del golpe de Estado el número de militares leales a la República que dudaron no fue escaso4. A lo dicho por Preston para quien los militares Yagüe, Kindelán, Aranda, Varela y Orgaz no plantaron cara a Franco; cabria añadir que más bien estos se vendieron a los británicos. Uno de esos militares cuya lealtad a la República no podía darse por descontada el 18 de julio era la del entonces comandante Vicente Rojo Lluch, quien, en 1937, bajo la presidencia de Juan Negrín, llegó a ocu1 Armitage, 2018: 178. 2 Seco Serrano, 1984. 3 garcía Álvarez-Coque, 2018. 4 Preston, 20-04-2008. https://doi.org/10.1387/hc.21800 579 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión par la jefatura del Estado Mayor Central. Ese día, el de la sublevación, en el Ministerio de la guerra y en el Estado Mayor circulaban todo tipo de noticias, mayormente confusas. Cuenta garcía Álvarez-Coque, que la casi totalidad de la oficialidad en el Ministerio había sido sorprendida por el movimiento militar y permanecía expectante ante el desarrollo de los acontecimientos. Entre los últimos se hallaba el recién diplomado comandante Vicente Rojo, ayudante del general de Brigada Enrique Avilés Melgar, segundo jefe del EMC. Refiriéndose a las jornadas del 18 al 20, al cabo de los años Rojo escribió: «la situación se me aparecía extraordinariamente confusa y se estrellaban mis afanes de saber el volumen que podía tener la rebelión y la conducta y propósitos de los rebeldes […] en la tarde de aquel día 20 o del 21 (no lo recuerdo con precisión), mientras paseaba con otros compañeros por los pasillos del Estado Mayor Central, adonde ya no habían acudido los generales ni habían dejado orden alguna […] se me acercó uno de los jefes que prestaban servicio en el Estado Mayor del Ministro, insinuándome con cierto aire de duda, como si tuviera poca confianza en la respuesta que de mí deseaba, si tendría inconveniente en bajar a formar parte de aquel Estado Mayor, pues entre los jefes que allí había se había dado mi nombre. Le respondí que en cuanto me dieran una orden por escrito del ministro me presentaría inmediatamente para desempeñar la función militar que me correspondiese. A los quince minutos de aquella respuesta la orden estaba en mi poder e inmediatamente me incorporé para prestar servicio como oficial de Estado Mayor en la Sección II del EM del ministro de la guerra, siendo mi jefe inmediato en dicha sección el comandante Estrada. Así se encauzó mi actividad profesional en el proceso de la guerra»5. En esa su historia de la guerra Civil, Rojo alude a la terrible duda que ante la sublevación podía surgir en muchos militares, pero afirma haberla resuelto por su concepto del deber militar, que le dictaba «el cumplimiento del juramento que había prestado de defender a la patria defendiendo la Ley y las autoridades legalmente constituidas, con estricta obediencia a mis jefes naturales»6. Rojo enfatiza el deber de defender la legalidad, así como el deber de lealtad a los jefes. Esa idea se puede leer en algunos de los libros que este militar republicano dedicó a analizar la guerra Civil española, empezando por la ya citada historia general, es5 Rojo, 2010: 105. 6 Rojo, 2010: 109. 580 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys crita poco ante de morir, pero también en ¡Alerta los pueblos! Estudio político-militar del periodo final de la guerra española (1940) y Así fue la Defensa de Madrid, España Heroica (1942). En la autobiografía inédita que está custodiada en el Fondo Rojo del Archivo Histórico Nacional, que solo puede ser consultada por la familia del general Rojo o quienes ellos autoricen, se puede leer que cuando ingresó en la Brigada de Cazadores mandada por el general Martínez Anido, que era por entonces la tropa peninsular de mayor prestigio, en «ella tuve mi verdadero bautismo de fuego y empecé a comprender mi responsabilidad como jefe de un grupo de hombres cuya vida estaba en mis manos y cuyo deber yo tenía la obligación de regir. Allí aprendí y cultivé lo que muy vagamente se me había enseñado: lo que es el sentido de responsabilidad y la plena conciencia del Deber, del Honor y de la Lealtad que no solo han de observarse personalmente, sino en relación con los jefes y los subordinados»7. Esa lealtad fue recompensada, además, con el ascenso rápido de Vicente Rojo a la cúspide del Ejército Popular. La lealtad de Rojo a la República iba unida a un compromiso creciente y al reconocimiento de sus capacidades profesionales. el episodio del asedio al alcázar de toledo A las 5.30 horas del miércoles 17 de enero de 2018 falleció en Toledo, a punto de cumplir los 100 años de edad, el general de brigada Federico Fuentes gómez de Salazar, integrante de la División Azul y último combatiente franquista con vida del asedio republicano al Alcázar de Toledo que tuvo lugar entre el 21 de julio y el 27 de septiembre de 1936. Fue un sitio de setenta y dos días8. Fuentes gómez de Salazar tenía 17 años cuando empezó el asedio del Alcázar. Se presentó voluntario para luchar por su bando, el de su familia, el de varias generaciones de militares españoles, a pesar de la oposición de su madre. Su primer día en el ejército rebelde coincidió con el primer día también del famoso sitio. él era uno de los 1.300 oficiales y soldados, entre los que también estaban sus primos Federico, José María y Eduardo gómez de Salazar Nieto, que se fortifi7 Rojo, 1963, El manuscrito va precedido de la siguiente leyenda: «Solo debe ser leída por mi mujer o mis hijos y después por las personas autorizadas por ellos». He podido leer este texto gracias a la nieta del general Rojo, Ángeles Rojo Domínguez. 8 Muñoz, 2018. https://doi.org/10.1387/hc.21800 581 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión caron tras los muros de ese Alcázar que luego se convirtió en una leyenda del franquismo que alimentaron películas como la italiana L’assedio dell’Alcazar/Sin novedad en el Alcázar (1940), del cineasta mussoliniano Augusto genina, cuyos principales intérpretes eran Fosco giachetti, Rafael Calvo, María Denis, Aldo Fiorelli, Andrea Checchi y Mireille Balin9. El título en castellano hacía referencia a la frase que pronunció José Moscardó, comandante militar de Toledo y coronel director de la Escuela Central de gimnasia (un centro de formación militar del Ejército de Tierra dedicado a la enseñanza deportiva para oficiales y suboficiales), al recibir al jefe de las tropas de Franco que venían a liberarlos. Esta película, por cierto, se presentó en el Festival de Venecia en septiembre de 1940 y obtuvo la Copa Mussolini al mejor metraje italiano. Los mitos sirven para rellenar una tradición vacía, porque lo cierto fue que Moscardó se convirtió en un «héroe a la fuerza» puesto que él no debía estar aquel día en el Alcázar. Fue allí para sustituir al teniente coronel de la guardia Civil Pedro Romero Basart, el hombre de Mola en Toledo. El asedio del Alcázar de Toledo tiene su intrahistoria, que es la que no cuentan las historias oficiales de aquel suceso ni los apologetas de la resistencia de los sublevados10. En aquel episodio dramático de los primeros meses estuvieron implicados, en grados muy diferentes, dos militares: Vicente Rojo (1894-1966) y Emilio Alamán (1896-1989), quienes en 1928 eran los editores, precisamente en la Academia de Infantería de Toledo, de la publicación mensual «Colección Bibliográfica Militar» hasta que la guerra Civil les separó11. Rojo se mantuvo fiel a la legalidad republicana mientras que Alamán se adhirió a los rebeldes y fue uno de los militares que resistieron en el Alcázar, junto a su hermano Luis, padre del general Alamán Castro, cuyos escritos distorsionan lo que fue realmente la relación posterior a la guerra Civil entre quienes habían sido grandes amigos hasta 1936. La aparición del entonces comandante Vicente Rojo en la película de genina Sin novedad en el Alcázar, describe la visita que este realizó como 9 Costa, 2000: 108-129. Cuenta este autor que los historiadores y críticos que se han ocupado recientemente de esta película han basado su trabajo en la versión de 1956, de la que desaparecieron las referencias más claramente propagandísticas del original. 10 Bachoud, 2003, pp. 7-11. El título de este artículo remite al libro de Henri Massis y Robert Brasillach, de 1936, dos reconocidos fascistas. Brasillach, nacido en 1909 y de origen catalán, integra el trío de «escritores malditos» junto con Louis Ferdinand Céline y Pierre Drieu la Rochelle. Fue detenido en 1944 y condenado a muerte por un tribunal francés. Fue fusilado el 6 de febrero de 1945. Kaplan, 2000. 11 guerrero Martín, 2015. 582 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys negociador para tratar de conseguir la rendición de los sitiados. Esta visita se produjo el día 9 de septiembre, en un momento especialmente álgido de los combates, y con ella comienza lo que es una de las grandes distorsiones de lo que realmente les dijo el comandante Rojo a los sitiados. Según algunas de las versiones que narran este episodio, uno de los oficiales animó a Rojo a quedarse con ellos, a lo que este respondió que tenía en Madrid a su mujer y a sus hijos, a quienes matarían si él no volviera. Esta es también la versión que ofrece Moscardó en su declaración para la «Causa general»12. Seguro que Rojo estaba preocupado por su familia. Al fin y al cabo, su hijo Paco quedó atrapado en la zona nacional y no pudo salir de España hasta que su familia ya se encontraba en el exilio. La preocupación humana del general alcanzaba a la familia de su amigo Alamán, a la que tenía cobijada en su casa de Madrid. Eso es lo que quiero explicar en este artículo. La película de genina describe a Rojo como una figura caballeresca y disciplinada, un militar profesional y educado, que contrastaba con «la horda miliciana indisciplinada y traicionera que desconoce las normas mínimas de la cortesía con el adversario»13. El franquismo quiso sacar partido de la resistencia heroica de los militares del Ejército Nacional encerrados en la fortaleza toledana e incluso de la muerte del hijo del coronel Moscardó, Luis, un joven de 24 años y estudiante en la Escuela de Ayudantes de Obras Públicas a quien los republicanos amenazaron con ejecutar si su padre no se rendía. Preston y Southworth hace tiempo que desmintieron esa leyenda14. Luis Moscardó guzmán fue víctima de los incontrolados, pero no fue ejecutado por el ejército republicano, como sí lo fue su hermano José, quien fue detenido y fusilado en Barcelona cuando se dirigía hacia Berlín para participar en los JJ. OO.15. Rojo fue requerido por el mando republicano para que intentara que los sublevados liberaran a las mujeres y los niños encerrados en el Alcázar. Lo relata en una biografía que publicó en 2006 uno de los nietos del general Rojo, José Andrés, a su vez hijo del sexto vástago de los siete que engendró el matrimonio Rojo-Fernández. Vicente Rojo cumplió la misión de intermediario humanitario, pues no solo se trataba de exigir la rendición de los rebeldes, que también se les exigía, sino de liberar a los civiles que acompañaban a los militares sitiados. En su entrevista con 12 Palomino, 1998. 13 Campanario, 2009: 8. Conversación con Ángeles Rojo Domínguez, 08/02/2018. 14 Preston, 2008a: 63-64. Southworth, 2008: 92-120. 15 Raguer, 2000: 14-19. https://doi.org/10.1387/hc.21800 583 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión el coronel Moscardó, este, según el nieto de Rojo, le dijo que: «Ahora podían hablar como viejos camaradas» […] ¿Esperaban sus viejos compañeros que se quedara con ellos? “Eran muchos y muy hondos los lazos que me ligaban a aquella casa solariega y a aquellos hombres —escribe [el general] Rojo— y muy pocos y muy débiles a los que había dejado al otro lado de la Puerta de Carros”. Su respuesta, cuenta, fue, sin embargo, categórica y clara. Es verdad que la patria estaba en el Alcázar, “pero también estaba en la calle y en el torbellino y la pasión de tantas gentes a las que no debía de traicionar” […] Años después lo explicó diciendo que pese a la repugnancia que algunos sucesos le producían, y el riesgo permanente en que se debatía su vida “todos los días, todas las horas”, entendió que su lugar estaba con los que defendían la República, aunque eso significara “estar en el fango” para “luchar en el fango sin contaminarse” y poder así sacar “a la gente del fango”. El fango de los asesinatos y de la violencia gratuita, de los ajustes de cuentas y del resentimiento. Un fango, escribe que “no solo estaba donde yo debía de desenvolver ni trabajo sino en toda España”»16. Lo que cuenta el nieto del general Rojo en esa biografía explica por qué actuó como actuó con la familia de su antiguo compañero de armas, Emilio Alamán, mientras este estaba asediado en el Alcázar. Esta es una historia bastante desconocida, que he podido conocer a través de otra nieta del general, Ángeles Rojo Domínguez, hija del segundo hijo del general, Leandro Rojo, y de Nona Domínguez, a quien conoció en Bolivia pese a su origen español. Es una historia que cuando la conocí, mucho antes de verla escrita, me sorprendió muchísimo, por lo humana y por lo rocambolesca que me pareció. Según Javier Fernández López, cuando Rojo se desplazó a Toledo para intentar la rendición de la guarnición por encargo de Largo Caballero, la mujer y las cinco hijas de su antiguo compañero de armas, Emilio Alamán, estaban refugiadas en la casa familiar de los Rojo en Madrid17. A pesar de lo dicho por Fernández López, en casa de los Rojo también se refugiaron unas monjas que corrían peligro18. Esos no fueron 16 Rojo, 2006: 35. 17 Fernández López, 2004: 326. Fernández es un destacado político socialista aragonés quien, además, es profesor universitario y teniente coronel del Ejército. Afirma el autor que los Rojo solo acogieron a dos de las cinco hijas Alamán. El testimonio de Teresa Rojo Fernández, la mayor de las hijas del general Rojo, lo desmiente. También menciona esa historia Blanco Escolá, 2003: 318. 18 Conversación con Ángeles Rojo Domínguez, 08/02/2018. 584 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys los únicos refugiados. En una breve entrada de su blog, La harka de Aspizua, del 6 de febrero de 2008, Jorge Aspizua Turrión relata el episodio que le contó el general Blas Piñar gutiérrez, nieto del comandante Blas Piñar Arnedo, el otro militar que, junto a Alamán, recibió al general Rojo en la Puerta de Carros del Alcázar, e hijo de Blas Piñar López (1918-2014), el líder de Fuerza Nueva: «El padre de nuestro general Blas Piñar [gutiérrez], con el que mantuve entrevista personal al respecto, no me negará que me reconoció que unas buenas gentes extrajeron del Madrid revolucionario de 1936 a su madre y a él mismo, que contaba con 18 años de edad». Y a continuación relata que fue él quien les informó de quienes habían sido esas buenas gentes: «D. Vicente Rojo Lluch, D. Julio Parra Alfaro —a la sazón, edecán militar del Presidente Azaña— y D. Manuel gutiérrez Mellado, en una operación de la que sabían algunos socialistas, miembros del gobierno». Por lo que parece, esas acciones humanitarias del general Rojo salvaron a su hijo Ángel de su segura detención en 1975. El salvoconducto de la dictadura franquista no duró para siempre, puesto que Ángel Rojo al fin fue detenido junto con algunos miembros de la Unión Militar Democrática (UMD), amigos suyos, con los que colaboraba19. La trayectoria política de Blas Piñar padre, que había sido compañero de pupitre del hijo mayor del general Rojo, cuyo nombre de pila también era Vicente, es de todos conocida. Fue un ardiente franquista y cabecilla de la ultraderecha española. Emilio Alamán, en cambio, fue más discreto. Según cuenta en sus memorias el escritor inglés y ferviente conservador monárquico Peter Kemp, Alamán era un hombre jovial, comandante en jefe de uno de los tercios Requetés, «sufría del estrés provocado por aquel terrible sitio [el de Toledo] y era propenso a estallidos terribles y repentinos de temperamento»20. Tenía una herida en la boca, lo que hacía difícil entender sus palabras. Obtuvo el empleo de teniente coronel por méritos de guerra el mismo día en el que finalizó el conflicto, el 1 de abril de 1939. Concluida la guerra Civil, fue destinado en diciembre de 1939 a la Dirección general de Enseñanza Militar, donde desempeñó el cargo de jefe de Negociado durante tres meses. Posteriormente, ingresó como alumno de la Escuela de Estado Mayor (EEM), obteniendo el diploma en abril de 1942. Finalizados sus estudios en la EEM, pasó a ocupar la plaza de agregado al Estado Mayor Central del Ejército (EMCE). En junio de 19 Aspizua Turrión, 2008. 20 Kemp, 2017: 5. https://doi.org/10.1387/hc.21800 585 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión 1947 fue nombrado agregado militar en la embajada de España en Argentina (que incluía la de Paraguay y Uruguay). En aquel tiempo Rojo y su familia ya vivían en Cochabamba. Por lo tanto, lo que se indica en la biografía del general Rojo escrita por su nieto sobre que Alamán se negó a recibir en Buenos Aires a su antiguo amigo es imposible21. Rojo y Alamán no mantuvieron contacto alguno ni entonces ni después. Solo sus esposas se encontraron en Madrid cuando la mujer de Rojo acudió al entierro de su madre, Paulina Muñoz gonzález, el 8 de junio de 195422. Lo cierto es que la última vez que hablaron Alamán y Rojo fue cuando este salió por la Puerta de Carros del Alcázar en 1936. En la autobiografía ya mencionada, Rojo se definió a sí mismo como un patriota, un militar y un católico. Esos mismos calificativos podrían aplicársele a Emilio Alamán, quien a mediados de 1951 volvió del extranjero para tomar el mando del Regimiento Acorazado de Infantería Alcázar de Toledo n.º 61. Fue nombrado general de Brigada en abril de 1952. Después se reincorporó al EMCE, donde permaneció hasta que pasó a desempeñar la dirección de la Academia general Militar de zaragoza (AgM). Estuvo allí entre los años 1954 y 1956, siendo entonces general de División. Volvió a reincorporarse al EMCE, donde se mantuvo entre 1956 y 1961. En marzo de 1958 se le concedió la gran cruz de la Orden del Mérito Militar con distintivo blanco. A mediados de 1961 fue nombrado director general de Acción Social del Ministerio del Ejército. El 3 de junio de 1963, Franco firmó el decreto por el que Alamán cesaba para pasar a la reserva por haber cumplido la edad reglamentaria. Ya en la reserva alcanzó el grado de teniente general honorífico. En la Academia, donde estudió el futuro rey Juan Carlos en sus años mozos, Alamán inspiraba temor a los cadetes, por su excesiva severidad. Terminada la guerra Civil, Alamán intentó resucitar la «Colección Bibliográfica Militar» (CBM), a la que rebautizó como «Colección Bibliográfica Española» (CBE), aunque solo se publicaron unos pocos números23. También participó en Ejército, una revista ilustrada fundada en 1940. En octubre de 1968, el general Alamán figuraba entre los conseje21 Rojo, 2006: 338. 22 Sobre Paulina Muñoz gonzález, ver la esquela publicada en AbC, 10/02/1954, https://goo.gl/3gxTwQ [visto el 3 de marzo de 2022]. Conversación con María Dolores Rojo 09/02/2018. Esta es la hija menor del general, que murió en Madrid el 5 de febrero de 2019. 23 Azpizua Turrión; Bernabeu Urbina y Molina Benayas, 1989: 299-319. 592 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys son precisamente las faltas que cometió contra esta lealtad, permitiendo el anidamiento en los Estados Mayores del Ejército Popular y en otras instituciones militares de retaguardia, de militares profesionales completamente desleales al gobierno que terminarían colaborando con la Quinta Columna. Situación que Rojo conocía perfectamente y que permitió en todos los Estados Mayores donde ofició. Rojo, como se dice habitualmente, miró para otro lado y siguió con su valioso trabajo personal minusvalorando los efectos de la traición, el espionaje, la desafección y el derrotismo en el Ejército Popular. Sus planes llegaban antes al franquista SIPM que a los Estados Mayores republicanos. Desde los tiempos de su permanencia en el Estado Mayor de las Fuerzas de Defensa de Madrid, se sabe que uno o varios oficiales desafectos ponían un calco más en su máquina de escribir para entregar una copia a la Quinta Columna madrileña»36. Los autores de esa no muy amable reseña biográfica de Vicente Rojo sostienen sus argumentos en los estudios de los historiadores, por una parte, Ángel Viñas y Fernando Hernández Sánchez, y, por otra, Ángel Bahamonde y Paul Preston37. Las críticas contra Rojo apuntan a su incapacidad para detener la derrotista deriva del Ejército del Centro, «donde cada vez tenía menos autoridad, y donde compañeros de la milicia a los que tenía afecto se entregaban a la Quinta Columna con mayor o menor descaro. Tampoco evitó nombramientos que perjudicaban a la causa republicana, como el de Casado al mando del Ejército del Centro, personaje del que Rojo abominaba y del que sabía a ciencia cierta las desgracias que acarrearía dar mando a semejante resentido. De este modo, esta perjudicial laxitud de Rojo contribuyó a la derrota política del Ejército Popular, derrota anterior a la militar, y que cualquier analista militar puede detectar perfectamente en las actitudes derrotistas de las jefaturas y Estados Mayores del grupo de Ejércitos del Centro». Rojo se defendió de estas acusaciones en una carta que le mandó al jefe del gobierno, cuyo borrador he leído inserto en la Autobiografía inédita: «Sé también que me atribuye Vd. concomitancias con el movimiento de Casado: sobre esto, solamente le diré que no he tenido directa ni indirectamente con ese jefe la menor relación, aclaración que parece innecesaria pues no he de repetirle el concepto que siempre me ha merecido, que Vd. conoce y que no he rectificado. Mis comunicaciones con el general Matallana no se han in36 «Vicente Rojo Lluch». http://scur.cat/M5387g [visto el 3 de marzo de 2022]. 37 Viñas y Hernández Sánchez, 2010. Bahamonde, 2014. Preston, 2014. https://doi.org/10.1387/hc.21800 593 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión terrumpido más que por la violencia: aún ignoro el paradero del Teniente ayudante mío [Jaime Renart] que llevó unas cartas a la región central para Vd. y para Matallana y que fue detenido por el SIM y en cuanto a dicho general y en cuanto al general Miaja se refiere he mantenido una relación estrictamente militar y de colaboración estrecha y a ellos me ofrecí desde el mismo día 12 para que en cuanto considerasen necesaria o conveniente mi presencia me lo dijesen para salir al primer aviso»38. Las injustas críticas de la SBHAC a Rojo merecen ser rebatidas o al menos puestas en duda, por su falsedad o grado de exageración. Los contactos relevantes y probados con agentes de Franco y de la 5.ª columna son los del círculo de Casado y del EM del grupo de Ejércitos del Centro. Pero eso ocurrió a finales de 1938 y en vísperas del golpe casadista. Sobre el hecho que Rojo no impidiera el nombramiento de Casado como jefe del Ejército del Centro, es dudoso que él hubiera podido hacer algo al respecto, pues el nombramiento fue una decisión del general Miaja. Rojo no tenía autoridad alguna sobre Miaja y todavía menos en los nombramientos que este ordenaba. El 29 de septiembre de 1938 nació en la localidad balnearia de Vernet-les-Bains, en el departamento francés de los Pirineos Orientales, María Dolores Rojo Fernández, la hija menor del general, de una familia compuesta por cinco varones (Vicente, Leandro, Francisco, Ángel y José Andrés) y otra mujer: Teresa, nacida el mismo día que María Dolores, pero diez años antes. Juan Negrín fue el padrino de bautismo de esta última. Esa circunstancia es la que genera confusión sobre si el general Rojo se marchó al exilio antes de que acabara la guerra, que es lo que apuntan algunos autores, insinuando su desafección final con la República y su ruptura con el compromiso que había adquirido en 1936, cuando decidió no unirse a los rebeldes. Lo cierto es que en 1938 el general Rojo acompañó a su familia y la instaló en Vernet para que naciera allí su hija39. él regresó a España hasta que el 9 de febrero de 1939 volvió a Francia por Le Perthus, tras la caída de Cataluña, junto a su hermano Francisco y acompañando a Juan Negrín, de quién se distanció inmediatamente. Esperó allí hasta que cruzara la frontera el último soldado. Entonces los Rojo deambularon por Francia y Argentina, hasta que fijaron su residencia en Bolivia. 38 Copia del documento de la caja 5/1 del Fondo Rojo y que esta en muy mal estado. Rojo, 1963. 39 Conversación con María Dolores Rojo Fernández, 09/02/2018. 594 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys El hermano del general Rojo, Francisco, que vivió en Barcelona, en el pasaje Alió, cerca del paseo de San Juan, uno de esos lugares de memoria que menciona a menudo en sus escritos Enrique Vila-Matas, había participado en la fundación del PSUC, el partido comunista catalán. Francisco Rojo primero se exilió en Francia con toda su familia, pero al poco tiempo de finalizada la guerra, su mujer, Teresa Almazán, y sus cuatro hijos (Maruja, Teresa, Paco y Vicente) regresaron a Barcelona y él se marchó para México. Los comunistas mandaban a su gente a la URSS o a México —países en los que nunca se refugió el general Rojo, aunque se lo propusieron, porque aborrecía cualquier forma de contacto con ellos— y Francisco optó por el país norteamericano de Lázaro Cárdenas40. Menos la mayor de sus hijas, que al regresar de Francia a la residencia familiar de Barcelona ya no la abandonó, toda la familia acabó yéndose para México. Se marcharon años después y por turnos. Primero, Pitusa (que fue la única que volvió con su padre al morir la madre) y Paco. En 1949 se trasladaron a México la madre y el menor de los hijos, Vicente Rojo Almazán, que ya tenía 17 años, quien con el tiempo se convertiría en uno de los diseñadores gráficos, pintores y escultores mexicanos contemporáneos de mayor renombre, creador junto a los hermanos Espresate y José Azorín, amigos todos de la JSU, de la editorial ERA, nombre que se formó con las iniciales de sus respectivos apellidos41. Cuando Francisco Rojo decidió regresar a Barcelona, en octubre de 1958, el PSUC le organizó una despedida por todo lo alto en Ciudad de México, entonces denominada DF. Entre los oradores estaba Luis Salvadores, el abogado laboralista que, al volver a Barcelona, a finales de los años sesenta, se convertiría en un puntal de CC. OO. y acudiría regularmente a la casa de su antiguo camarada para «cambiar impresiones sobre la situación en España y, de paso, para discutir con mi padre de política cuando la unidad del partido en la Unión Soviética empezaba a resquebrajarse…». En el camino de vuelta a Cataluña, 40 Rojo Almazán, s.d.: 159-175. En su archivo se conserva una carta a un familiar —una tía monja de su mujer— en la que deja muy clara su animadversión hacía los comunistas: «Como ya te dije que no querría ir a ningún sitio donde tuviera que mantener relación siquiera indirecta con esta gente y concretamente a México y a la URSS, he hecho gestiones para ir a esa República valiéndome de un amigo mío de la infancia que está en Tucumán» (1939). Martínez Paricio, 1989: 140. 41 Ralea, 2005. Suyo es el diseño de la portada de la primera edición de Cien años de soledad, de gabriel garcía Márquez, publicada por Editorial Sudamericana en 1967. Vicente Rojo Almazán murió en Ciudad de México el 17 de marzo de 2021. Colomines i Companys, 2021. https://doi.org/10.1387/hc.21800 595 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión Francisco quiso pasar por Madrid y darle un abrazo a su hermano Vicente. Leandro y Nona Rojo, hijo y nuera del general, le recibieron en el aeropuerto. Cuando los hermanos Rojo Lluch se juntaron nuevamente sus discrepancias ideológicas seguían intactas, pero su amor se había fortalecido en el exilio42. rindiendo cuentas a negrín de camino al exilio En un intento de rehacer su vida, el general Rojo se marchó para Argentina con su familia el 11 de agosto de 1939. Se lo contaba a Juan Negrín, su antiguo aliado, en la carta inédita ya mencionada: «Marcho a la República Argentina amparado en la hospitalidad de ese país y en la de un paisano mío, a quien no conozco, y en la de una religiosa pariente de mi mujer, que acoge en una residencia de niños a algunos de mis hijos menores. Los demás nos abriremos camino con nuestro trabajo y con la ayuda de Dios. Este fin lamentable, pero no deshonroso, no se lo comunico para que se compadezca; simplemente para que lo sepa y quede tranquilo de que el general Rojo no lleva consigo, del patrimonio español que defendió, mas que sus hijos y un modestísimo equipaje: exactamente lo mismo que llevan los demás emigrantes. He esperado en Francia desde el 28 de marzo la reparación de lo que yo estimaba una injusticia y el cumplimiento de una promesa; es posible que en lo primero esté equivocado y que lo segundo no sea posible. Del SERE he recibido el importe de los pasajes; por la relación o influencia que Vd. haya podido ejercer en la práctica de esta caridad oficial le expreso mi agradecimiento». En esa carta, más bien triste, también comunica al jefe del gobierno que quiere saldar la deuda contraída con él y que no quiere dejar pendiente: la liquidación del dinero que recibió por orden de Negrín para atender a los jefes y oficiales: «Se la envío adjunta y no se la llevo personalmente porque no es correcto que lo haga después de haberse negado Vd. a recibirme, la última vez que traté de verle.»43 Recién llegado a Buenos Aires, Rojo empezó a dar clases en el Centro de Enseñanza general y Especialización, aunque sus actividades no duraron mucho porque las autoridades argentinas no convalidaron sus titula42 Rojo Almazán, s.d.: 306 y 312. Francisco Rojo Lluch murió en Barcelona el 16 de abril de 1968. 43 Lo que está escrito en cursiva son correcciones de puño y letra en el borrador. 596 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys ciones y las organizaciones republicanas exiliadas le retiraron su apoyo. El 2 de mayo de 1941 el general Rojo fundó en la capital bonaerense la revista mensual Pensamiento español, un proyecto efímero, pues solo consiguió editar siete números, y que traducía el ideal patriótico español que animaba al general Rojo y al equipo humano salido de las conferencias organizadas por la Universidad Popular «Alejandro Korn» (UPAK) de La Plata44. Junto a él, los integrantes del equipo fundador eran el socialista catalán Manuel Serra i Moret, que ya había abandonado el PSUC al conocer el pacto germano-soviético; Alfonso Rodríguez Castelao, un gallego que vivía en Argentina desde hacía bastante tiempo y llegó a presidir el gobierno de galicia en el exilio, además de fundar en 1945 la revista gallego-vasco-catalana Galeuzca; Ramón Rey Baltar, otro gallego asentado en Argentina desde 1914 y fundador en Buenos Aires de la Irmandade da Fala, y el asturiano Luis Méndez Calzada, empresario periodístico y presidente de la asociación patriótica española de Buenos Aires45. El consejo de redacción también estaba formado por figuras muy relevantes del republicanismo, entre ellas Pere Corominas, Francisco Ayala o Emilio Mira. Esa diversidad ideológica se convirtió de inmediato en conflicto y dio al traste con la revista46. Rojo abandonó Argentina cuando el proyecto Pensamiento español entró en crisis al tiempo que se distanciaba de los círculos de exiliados. Entonces se instaló en Bolivia, pues en ese país le aseguraron que reconocerían los estudios que sus hijos habían superado en Madrid, lo que en Argentina resultó imposible, y le ofrecieron un buen empleo. En Cochabamba fue profesor en la Escuela de guerra, donde también ingresó su hijo Ángel, que obtuvo el grado de capitán y se codeó con militares bolivianos muy importantes. Por ejemplo, con René Barrientos (1919-1969) o con Hugo Banzer (1926-2002), cuya proyección pública, sin embargo, posteriormente quedó empañada cuando auparon sendos regímenes dictatoriales. A pesar de contar con esas amistades, las simpatías izquierdistas de Ángel Rojo le llevaron a abandonar la milicia boliviana para regresar a España en 1965 y participar activamente en los foros de la oposición antifranquista. él fue el único hijo del general Rojo que tuvo su misma vocación militar. Jamás superó la frustración de no haber podido seguir siendo militar, aunque en la Transición colaboró estrechamente con la Unión De44 Martínez Paricio, 1989: 202 y ss. 45 garcía Sebastián, 2010. 46 Rojo, 2006: 337-345. https://doi.org/10.1387/hc.21800 597 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión mocrática Militar (UDM) y la Federación de Partidos Socialistas (FPS)47. En Cochabamba, los Rojo trabaron una gran amistad con el doctor Santiago Pi i Sunyer y su familia, y siguieron su estrecha relación con el teniente Jaime Renart, el ayudante del general durante la guerra, antes de que este se trasladase a Nueva York para integrarse en NN. UU. vuelta a casa. el amargo retorno a españa En 1957, cuando su salud ya estaba muy perjudicada, el general Rojo decidió retornar a España, donde ya vivía uno de sus hijos, Leandro. El general se fue a vivir con la familia de su suegro, viudo y también militar, en la madrileña calle de Ríos Rosas 48, casi en la esquina con la calle Modesto Lafuente, cerca del complejo de Nuevos Ministerios. Su suegro, Leandro Fernández Fort, en 1936 era comandante de Intendencia retirado y se puso al servicio del bando franquista. El 20 de abril de 1942 fue nombrado por el ministerio de Industria y Comercio delegado de la Comisaría general de Abastecimientos y Transportes en el Sindicato Nacional de la Piel48. A pesar del compromiso del general Agustín Muñoz grandes de que se le dejaría en paz y no sería juzgado, la promesa fue incumplido y el aislamiento de Vicente Rojo en Madrid fue casi absoluto. Se incoó un proceso judicial que finalizó en un consejo de guerra sumarísimo que le impuso una pena de treinta años de reclusión. Entre el numeroso público que llenó la sala del juicio, cuenta en su Autobiografía el general Rojo, solo había dos militares: el teniente coronel gonzález y Díaz Parreño, antiguo alumno, y el comandante Ruiz del Toro, un subordinado suyo ya depurado. Emilio Alamán no acudió en apoyo de su antiguo camarada. Como escribió Enrique Vila-Matas con motivo de la aparición de la biografía escrita por el nieto periodista: «La historia del general Rojo es la historia de una inalterable honestidad, acompañada en sus últimos años de una perplejidad terminal»49. 47 «Ángel Rojo Fernández, un hombre de equilibrio en la España de la transición», necrológica, sin firma, publicada por El País, 01/03/1999. Ángel Rojo se suicidó en su piso de Río Rosas, en el mismo edificio donde también vivían su hermano Leandro y su mujer Nona. http://scur.cat/CgzBFK [visto el 3 de marzo de 2022]. 48 Suplemento del boE, n.º 79, 15/12/1936: 4 [https://goo.gl/Rc44Qy] boE, n.º 118, 28/04/1942: 2986 [https://goo.gl/fyCdFA]. 49 Vila-Matas, 2006. 598 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys En el Archivo Histórico Nacional donde están depositados los papeles del general Rojo, se puede consultar una carpeta en cuya portada se puede leer una anotación manuscrita, atribuida a Franco, que reza así: «Negadle el pan y la sal», lo que se tradujo en una condena a cadena perpetua justo después de su regreso a Madrid, aunque se le conmutó la condena de cárcel con un indulto y la imposición del arresto domiciliario para el resto de sus días. Franco fue un militar rencoroso y nunca perdonó a su oponente, el general Rojo, que no se sumase a la sublevación, ni los éxitos militares que obtuvo en algunas de las principales batallas de la guerra Civil. Algunos de sus antiguos compañeros de armas también le abandonaron. Pocos fueron quienes se acercaron al domicilio en Madrid donde vivía el matrimonio Rojo-Fernández. Cuenta el sobrino de Emilio Alamán, Francisco Alamán Castro, que su tío ayudó a Rojo a volver a España50. Lo repite Blanco Escolá51. Nada más lejos de la verdad. El antiguo amigo íntimo de Rojo, a quien Franco nombró director de la Academia general Militar y director general de Enseñanza Militar, jamás puso los pies en la casa madrileña de los Rojo. Por el cancel de Ríos Rosas entraron únicamente unos pocos amigos, entre ellos los padres de Fernando Claudín, el dramaturgo Lauro Olmo, el Dr. gregorio Marañón, que luego solo se asomaba por casa de los Rojo para pasar visita como médico, o el Sr. Cuevas, quien había sido escolta y motorista del general Rojo y que después de la guerra Civil se dedicó a actuar como extra o especialista en acciones peligrosas en varias películas52. Cuando hacía escala en Madrid, también visitaba al general Rojo Jaime Renart. Con motivo del 40 aniversario del fallecimiento del general, Renart reprodujo en una carta al director lo que de aquel bravo militar había escrito Antonio Machado, un mes antes de su muerte: «La suerte ha querido que en la más alta cumbre del Ejército apareciese en su persona una representación integral de nuestra raza. No es poca fortuna para todos»53. Por lo que fuera, Emilio Alamán nunca agradeció con un gesto humano lo que Rojo había hecho por su familia durante los primeros días de la sublevación castrense. No he encontrado prueba alguna para afirmar lo contrario. 50 Alamán Castro, 2004. Este Alamán es el mismo que en 2016 amenazó a los independentistas catalanes con una intervención del Ejército. 51 Blanco Escolá, 2003: 318. 52 Conversación con María Dolores Rojo Fernández, 09/02/2018. 53 Renart, 2006. https://doi.org/10.1387/hc.21800 599 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión El 15 de junio de 1966, el general Rojo murió de un infarto en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid. El entierro se celebró dos días después. El falangista Rafael garcía Serrano acudió al sepelio junto con otros dos destacados falangistas, Antonio Castro Villacañas y Emilio gonzález Navarro. Lo contó en la prensa del Movimiento: «A las cinco de la tarde estaba en el número 48 de la calle Río Rosas... había como doscientas o trescientas personas esperando. Se veían algunos coches oficiales, dos de ellos del Ejército. Había una mayoría de hombres maduros... Estábamos también... algunos falangistas que rendían su último tributo a un hombre que se equivocó, pero que lo hizo a la española... salió, llevado a hombros de familiares y amigos, posiblemente también de viejos subordinados, un ataúd. Dentro iba... el comandante Vicente Rojo, general jefe del Estado Mayor del Ejército popular en los años de nuestra guerra». Indudablemente, sigue garcía Serrano, Rojo era «un gran general, un hombre que había destacado antes del 36 por su inteligencia en el mundo militar. [Era un] hombre católico a quien los azares de aquella tremenda convulsión sufrida por España... colocaron frente a los nacionales. Sin embargo, Vicente Rojo al igual que Miaja perteneció a la UME y sus ideas estaban posiblemente identificadas con los generales, jefes y oficiales que, acompañados del pueblo, se alzaron en armas por la independencia y la libertad de España. Confieso que sentí una viva emoción mientras hacía la señal de la cruz y rezaba un padrenuestro por su alma... con su muerte desaparece el mejor general que hubo en campo marxista; un excelente estratega y un gran táctico que en uno de sus libros reconocería las razones militares, políticas, sociales y humanas que inclinaron, desde el punto de vista puramente profesional, la balanza de la victoria del lado de Francisco Franco». En esta nota necrológica, garcía Serrano remarca que Rojo «fue el único que supo poner orden en las vanguardias rojas y lanzarlas al ataque. Singularmente en Belchite, Teruel y el Ebro. Ya es bueno que fuese un español quien consiguiese esto, mientras que todos los servicios de la retórica marxista elevaban al más alto pedestal a una patrulla de delincuentes o de extranjeros. Su trabajo fue silencioso y eficaz —para nuestro dolor y nuestra gloria— y al cabo del tiempo uno prefiere, personalmente, que este honor recaiga de quien fue enemigo sin dejar de ser español, que sobre toda la caterva de generalitos rusos que pretendieron alzarse con el santo y la limosna... Yo recordaba su visita con bandera de parlamento al Alcázar, donde luchaban sus compañeros de academia, de la cual era un buen profesor». La loa del antiguo falangista concluye con un último elogio: «Descanse en paz... este general cuyo nombre está vinculado perpe- 600 Historia Contemporánea, 2022, 69, 577-604 Agustí Colomines i Companys tuamente a nuestra guerra. Digo nuestra guerra, la de unos y otros, la que se hizo pensando en una España mejor para todos los hombres de buena voluntad que en ella participaron.»54 Ese respeto por un general enemigo, Franco no lo tuvo por Rojo, aunque le hiciera aparecer dos veces al final de la película Raza (1940) y en la segunda versión de la misma, edulcorada para adaptarse al desenlace final de la Segunda guerra Mundial: Espíritu de una Raza (1950). El guionista de dichas películas fue el mismo generalísimo con el pseudónimo Jaime de Andrade55. En la primera escena aparece Rojo —Antonio Armet, el actor que le encarna—, a quien no se menciona, lidiando entre Pedro Churru ca, miembro de la familia que protagoniza la película, y un jefe miliciano, que es fácil identificar con Valentín gonzález, El Campesino. La escena corresponde al 22 de octubre de 1937, el día después de que cesara la resistencia en el Frente Norte (Asturias), en plena reunión del Estado Mayor. La segunda aparición de Rojo es tras la escena en la que Churruca entra en su despacho y se encuentra allí a una mujer cuyo marido había fusilado que le pide el estado de tropas del Frente de Aragón para entregárselo a los mandos de Burgos. Después de un breve diálogo patriótico, Churruca le entrega los documentos. Entonces el general Rojo entra en el despacho de Churruca acompañado otra vez por El Campesino y por otro militar y un civil y le dice: «Se ha detenido a una espía fascista que tenía una copia del estado de fuerzas que estudiamos ayer. Alguien de esta sección nos ha traicionado inevitablemente. ¿Sospechas de alguno?». El diálogo es violento y al final Churruca reconoce que él había sido quien había filtrado los documentos a la mujer que le visitó. A pesar de que en la carátula del expediente que guardaba los papeles del proceso por rebelión militar contra el general Rojo Franco hubiera escrito de su puño y letra la condena al ostracismo que le impuso, en la película Raza vuelve a ocurrir lo mismo que ya había sucedido en la italiana dirigida por genina56. En ambas películas la figura del general Rojo es tratada con cierta consideración. Se le presenta como un jefe militar que mantiene los valores de disciplina, energía y caballerosidad propios de la milicia, que contrastan claramente con el caos e insubordinación del entorno que le rodean. Aunque en ninguna de las dos películas se identifica a Rojo en los títulos de crédito iniciales ni se le llama por su nombre du54 Alamán Castro, 2004: 13. 55 Campanario, 2009: 10-12. 56 Rojo, 2006: 405. https://doi.org/10.1387/hc.21800 601 Las lealtades del general Vicente Rojo. Un militar fiel a su profesión rante la acción, los especialistas dicen tener suficientes pruebas para sospechar que en ambos casos se trata del general Rojo por su parecido físico e incluso por las divisas militares. Pocos años antes de morir, cuando el general Rojo ya vivía en Madrid, recibió en su casa de la calle Ríos Rosas a un mensajero, probablemente del entorno de Manuel Fraga Iribarne, puesto que fue desde su Ministerio que su puso en marcha el proyecto, para pedirle que esta vez apareciese en persona en otra película, Franco, ese hombre (1964)57. Rojo no aceptó. Con ese documental dirigido por José Luis Sáenz de Heredia, el mismo realizador que Raza, el régimen franquista quiso conmemorar los supuestos «25 años de Paz» ofreciendo una imagen menos feroz de los antiguos republicanos. Y, sin embargo, según cuenta Cristóbal zaragoza en un breve esbozo biográfico del general Rojo, el periodista Carlos Rojas escribió que el domingo del verano de 1966 en que la comitiva que va camino del cementerio para enterrar al general Vicente Rojo, «se cruza con la comitiva del general Franco, que iba a los toros»58. Una metáfora final para reflejar el menosprecio que Franco sentía por su antiguo oponente en los campos de batalla. El perfil humano de Vicente Rojo se vislumbra en el párrafo final de la carta que dirigió a Negrín antes de embarcarse para Argentina y que ya ha sido mencionada: «Por lo demás sepa Vd., aunque también parece innecesario decirlo, que no he cambiado absolutamente en nada; estoy satisfecho del trabajo que he prestado a la causa de mi pueblo; no me arrepiento, ni rectifico, ni me retracto de nada de lo hecho; no he tenido ni pienso tener relación alguna con los que fueron nuestros enemigos; no renuncio tampoco a la defensa del ideario que he defendido con tesón y quizás de una manera ejemplar durante tres años; pienso seguir ajeno a toda actividad política y sin vincularme a ningún partido y estoy donde estuve siempre y dispuesto como siempre a persistir en la defensa de las libertades de mi pueblo, dignamente, como lo hice siempre, y sin que me mueva a ello ninguna ambición personal y sí solamente el deseo profundamente sentido de verle en el camino del progreso y de su liberación. Para ello he de manejar, solo o acompañado las tres únicas armas que han quedado en mis manos: la verdad, la razón y la fe que no he perdido —a pesar de los reveses— en los destinos de mi patria.». La peor condena es el olvido. 57 Conversación con Ángeles Rojo Domínguez, 08/02/2018. 58 zaragoza, 2018.