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373 RIE, 2021, 39(2), 373-390 Tejada, E., Garay, U., Romero, A. y Bilbao, N. (2021). El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento. Revista de Investigación Educativa, 39(2), 373-390. DOI: http://dx.doi.org/10.6018/rie.422671 Correspondencia: Eneko Tejada Garitano, [email protected], Facultad de Educación de Bilbao, Sarriena s/n. El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento Bullying from the bully’s point of view: analysis and procedure Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao Departamento de Didáctica y Organización Escolar. Facultad de Educación de Bilbao. Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea Resumen Los centros de enseñanza poseen numerosos instrumentos para prevenir el acoso escolar, pero existe una gran escasez de medios para detenerlo desde una perspectiva pedagógica, cuando ya se ha originado. Esta investigación tiene por objeto diseñar un procedimiento eficaz que permita detener el bullying en esta situación y la muestra la conforman seis estudiantes de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) identificados como acosadores escolares. Para el desarrollo de este estudio se ha adoptado una metodología de investigación acción, lo que ha facilitado el diseño de una herramienta anti-bullying, su implementación, la observación de cómo funciona y la valoración acerca de su incidencia y eficacia. El análisis de los datos ha sido cuantitativo y cualitativo, lo que ha permitido observar el efecto de las actividades en las conductas acosadoras en las seis sesiones llevadas a cabo y conocer el nivel de comprensión y tipo de pensamiento por el que pasa el acosador antes de dejar de agredir. De los resultados se extrae un procedimiento anti-bullying avanzado que constituye una propuesta válida para la intervención con el alumnado acosador y que contribuye a detener las conductas de acoso escolar. Palabras clave: Bullying; agresor; intervención; niveles de comprensión.
374 Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao RIE, 2021, 39(2), 373-390 Abstract Schools have many tools to prevent bullying, but once it has appeared, there is a lack of pedagogical strategies to stop it. This research aims to design an effective procedure to stop bullying by analyzing a sample of six students from Secondary School who have been identified as bullies. In order to carry out this study, an action research methodology has been adopted which has allowed the design of an anti-bullying tool, its implementation, the observation of how it works and the assessment of its incidence and effectiveness. Both quantitative and qualitative analyses of the data have been performed during six sessions in order to observe the effect of the activities on the bullying behaviors, as well as the level of understanding and the type of thinking that the bully goes through before stopping the attack. The results have led to the design of an advanced anti-bullying procedure which constitutes a valid proposal for intervention with the bullying students and contributes to stopping bullying behaviors. Keywords: Bullying; aggressor; intervention; levels of understanding. Introducción El Bullying, también conocido como acoso escolar o maltrato entre iguales, es un tipo de agresión o violencia específica que sucede en el ámbito educativo. Fundamentalmente, se trata de un fenómeno que hace referencia al conjunto de acciones dañinas que uno o varios sujetos causan de forma consciente, recurrente y mantenida en el tiempo (Olweus, 2013; Smith, 2016). Diferentes estudios señalan que el objetivo del alumnado que comete bullying es victimizar a una tercera persona que se encuentra en situación de indefensión para producirle un daño psicológico, social y/o físico (Ruiz, et al., 2015; Volk, Dane & Marini, 2014). Para entender el fenómeno bullying y el motivo por el que se origina, se deben analizar factores tan complejos como el contexto social y cultural de donde se está produciendo, así como el medio familiar de la víctima y de los estudiantes que participan de forma directa e indirecta en las agresiones, ya que se trata de un proceso socioecológico (Cerezo, et al., 2015; Swearer & Hymel, 2015; Lyng, 2018). Por esta razón, los centros educativos deberían hacer frente al acoso escolar desde una perspectiva psicosocial e implicar a toda la comunidad educativa; profesorado, alumnado y familias (Della Cioppa, O´Neil & Craig, 2015; Garaigordobil, 2017). Acoso Escolar En la actualidad las instituciones educativas tienen a su disposición numerosos recursos para su alumnado que contribuyen a la erradicación del bullying desde una perspectiva preventiva primaria, es decir, de forma universal e integral antes de que suceda el acoso. Entre todos los instrumentos destaca fundamentalmente la exitosa iniciativa anti-bullying KiVa desarrollada por la Universidad de Turku (Granero & Manzano, 2018, Nocentini & Menesini, 2016), la cual permite a los centros educativos luchar contra el acoso escolar adelantándose al problema y desarrollar de forma estratégica la convivencia (Saarento, Boulton & Salmivalli, 2015). Los colegios e institutos también utilizan otro tipo de programas que se orientan a intervenir exclusivamente sobre el alumnado que
375 El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento RIE, 2021, 39(2), 373-390 se encuentra en situación de riesgo, es decir, su actuación se limita al contexto de los agresores y víctimas potenciales (Bonell, Allen, Warren et al., 2018; Mytton et al., 2006). Para las situaciones en que ya se ha producido el acoso apenas hay recursos y las medidas que se contemplan en las guías y protocolos anti-bullying para los agresores son fundamentalmente de carácter correctivo (Rubio, Díaz & Cerezo, 2019). Estos instrumentos apenas recogen acciones educativas para el alumnado acosador por lo que el profesorado en ocasiones utiliza recursos diseñados originalmente para resolver conflictos como la mediación y el arbitraje, métodos que no son pertinentes en esta situación (Pulido et al., 2014). Y es que estas estrategias pueden facilitar que se malinterprete el fenómeno del bullying como una confrontación abierta entre iguales del que sale mal parado el más débil, cuando en realidad es lo contrario (Buendía et al., 2015). La ausencia de recursos que permiten detener la conducta agresora del alumnado acosador desde un enfoque pedagógico pone de manifiesto la conveniencia y necesidad de diseñar instrumentos ad hoc que puedan ser implementados por los profesionales de la educación (Kovač & Kostøl, 2020). No en vano, por medio del enfoque educativo se obtienen mejores resultados en la detención de las conductas acosadoras del bullying que a través de métodos meramente punitivos (Garandeau et al., 2016). Factores del bullying y medidas de detención Un procedimiento básico que tenga por objeto atajar el bullying cuando ya se ha producido, debe contemplar un conjunto de actuaciones de diferente carácter ya que son varios los factores generales que contribuyen al desarrollo del comportamiento acosador. La rentabilización y sobreestimación de las conductas de acoso, por ejemplo, es uno de los componentes determinantes en la aparición y mantenimiento de bullying. Y es que determinados estudiantes obtienen buenos resultados a través de su comportamiento agresivo proactivo, lo que hace que su expectativa de éxito siga vigente (Gini, Pozzoli y Hymel, 2014) y que elija comportarse de forma acosadora en la medida que los beneficios superen los costos personales (Koh & Wong, 2017; van der Ploeg, Steglich y Veenstra, 2016). La baja tolerancia a la frustración, también, es otro de los aspectos importantes que favorece que se desencadene la conducta agresiva y la aparición del bullying reactivo (Cole, 1995; Thomas, Connor, & Scott, 2018). No en vano, algunos estudiantes como resultado de no encontrarse en disposición de obtener algo que desean, como pudiera ser estatus social o éxito académico, proyectan su malestar e impotencia sobre las figuras o arquetipos que creen que representa su anhelo y actúan con represalias sobre ellos (Fung, 2019). Así, el éxito de una parte del alumnado funciona como chivo expiatorio de los fracasos de los agresores que necesitan de una víctima para ejercer su poder o liderazgo (Cerezo, 2009; Morales, Yubero & Larrañaga, 2016). Otras de las cuestiones a las que debe responder un instrumento anti-bullying es la baja inteligencia emocional y la incapacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos que pudiera tener este alumnado. Y es que este aspecto favorece que algunos sujetos interpreten el medio escolar en clave dicotómica y que prefieran estar del lado de los agresores antes que ser víctima (Garaigordobil, 2017; Vilariño, Amado & Alvés., 2013).
376 Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao RIE, 2021, 39(2), 373-390 Asimismo, las distorsiones cognitivas durante el procesamiento de información social de una parte del alumnado dan como resultado que tengan una baja comprensión de los estados mentales de las personas con las que tratan, lo que contribuye a que perciban algunas interacciones sociales como una amenaza y respondan de forma agresiva (Crick & Dodge, 1996; Martinelli et al., 2018). De esta forma, parece conveniente que el profesorado favorezca por medio de diferentes actividades o procesos metacognitivos que los estudiantes que han agredido reconozcan las conductas de acoso realizadas (Morales, Yubero & Larrañaga, 2016). Este primer paso favorecería que el alumnado valorase el tipo de agresión que ha cometido, así como el daño que han causado, lo que contribuiría al aumento de la capacidad empática que incide en la disminución de los comportamientos agresivos (Gutiérrez, Escarti & Pascual, 2011; Hernández-Serrano et al., 2016). Otra cuestión importante que el profesorado debe potenciar entre el alumnado que han realizado bullying es la atribución causal interna de los acontecimientos, ya que los agresores no suelen responsabilizarse de las conductas acosadoras que han cometido o hacen creer a la víctima que se merece lo que está viviendo (Gairín Sallánez et al., 2012). Por esta razón, las actuaciones con estos chicos y chicas estudiantes deben ir encaminadas a que perciban el coste de respuesta y asuman las sanciones que les corresponden por haber agredido (Gómez et al., 2005; Hubbard et al., 2010). Por último, y no por ello menos importante, el profesorado que intervenga debe favorecer que el alumnado tenga un estilo de pensamiento avanzado y que su nivel de comprensión sea los más profundo posible (Ritchhart, 2020), ya que esto facilitaría que los estudiantes discriminasen las motivaciones que le han llevado a realizar las agresiones, del propósito que perseguían por medio de ellas. Esto contribuirá a que obtengan una comprensión profunda sobre las verdaderas causas y razones por las que agreden y a advertir que la víctima no es más que un actor neutro al que se le está infligiendo un castigo social, físico y/o psicológico inaceptable. Niveles de comprensión El desempeño que permitiría al alumnado acosador actuar de manera flexible y adaptativa, es decir de forma no acosadora, en las condiciones que le demanda la situación a la que se enfrenta, como son las relaciones sociales con otros chicos y chicas estudiantes en contexto escolar, dependerá del conocimiento profundo o nivel de comprensión que tenga (Perkins, 1999, 2008). Y esto se debe a que las personas aplican y transfieren sus competencias en forma de conocimientos, procedimientos y actitudes a nuevas situaciones de manera progresiva y escalonada (Poblete et al., 2016; Villa & Poblete, 2007). Asimismo, los diferentes tipos de pensamiento o niveles de comprensión se pueden clasificar en función del tipo de proceso cognitivo que impera en ese desempeño. Y es que los estudiantes al tiempo que son más conscientes de su pensamiento, de las estrategias y del tipo de desempeño que realizan, mejoran sus procesos metacognitivos (Ritchhart, 2020; Ritchhart, Church & Morrison., 2014; Richhart, Turner & Hadar, 2009) y su capacidad para explicar, justificar, extrapolar y aplicar el conocimiento en diferentes situaciones (Blythe & Allen, 2015; Perkins, 2016; Perkins & Reese, 2014; Perkins & Tishman, 2011; Stone, 1999). Por ello, en tanto que
377 El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento RIE, 2021, 39(2), 373-390 un estudiante alcanza un nivel mayor, obtiene una comprensión más profunda y, por lo tanto, mayor destreza en su desempeño, por lo que resuelve problemas de mayor complejidad y tendrá menores posibilidades de agredir (Véase Figura 1). Nivel de comprensión Destrezas de pensamiento 1. Ingenuo Práctica intuitiva. 2. Novato Repetición de fórmulas aprendidas. 3. Aprendiz Transferencia de lo aprendido a un contexto diferente. 4. Experto Proactivo. Se adelanta a los acontecimientos. Figura 1. Relación entre niveles y destrezas de pensamiento. Método Objetivos El propósito de la investigación que se presenta es diseñar un procedimiento que contribuya a detener las conductas acosadoras del alumnado que realiza bullying. De forma más concreta el estudio pretende lograr los siguientes objetivos específicos: 1. Conocer la incidencia de una intervención compuesta por una secuencia de actividades o procesos metacognitivos en la detención del bullying. 2. Analizar las intervenciones llevadas a cabo con el alumnado acosador en las diferentes sesiones para conocer el nivel de comprensión y tipo de pensamiento por el que pasa el alumnado que realiza bullying, antes de dejar de acosar. Población y Muestra En el curso 2018-2019 en la Comunidad Autónoma Vasca (CAV) se analizaron 755 procesos en Educación Primaria y Educación Secundaria Obligatoria (ESO) por la Inspección del Departamento de Educación, de los que finalmente se identificaron 96 casos como bullying. El estudio que se presenta a continuación se refiere a seis casos, compuesto cada uno de ellos por seis estudiantes victimizados, su respectivos tutores y seis alumnos del primer ciclo de Educación Secundaria Obligatoria (ESO) (14 años) que cometían conductas gravemente perjudiciales a la convivencia y eran susceptibles de ser catalogadas como acoso escolar (Decreto 201/2008, de 2 de diciembre); exclusión y marginación social (no dejar participar); agresión verbal directa (insultos); agresión verbal indirecta (poner motes); agresiones físicas indirectas (esconder objetos o robar); agresiones físicas directas (golpear a alguien); intimidación (obligar a hacer cosas). Los estudiantes acosadores fueron identificados por medio de los centros educativos de la CAV a los que se les ofreció un servicio de orientación anti-bullying. De esta forma, al principio de la investigación se catalogó el comportamiento de los estudiantes
378 Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao RIE, 2021, 39(2), 373-390 agresores como conductas agresivas susceptibles de ser interpretadas como acoso escolar. Esto permitió que se actuase por medio de medidas educativas y no sancionadoras dentro del marco de vías alternativas para la corrección de conductas (decreto 201/2008, de 2 de diciembre). En segundo lugar, se pidió permiso a las familias y tutores legales de estos estudiantes realizar con sus hijas e hijos una actuación psicopedagógica en respuesta a las conductas agresivas probadas que habían cometido. Instrumento Con objeto de medir la percepción de bullying de los estudiantes agresores, de las víctimas, y los tutores que lo habían observado, se utilizó una Escala Visual Analógica (EVA) (Véase Figura 2) (Aitken, 1969). Este instrumento psicométrico que ha sido ampliamente utilizado para medir fenómenos fisiológicos y conductuales (Herdman, Badia & Sierra, 2001; Van Agt et al., 1994), permitió a los encuestados señalar su grado de acuerdo sobre cada conducta acosadora que se estaba produciendo. De esta forma, tanto el tutor de la víctima, como la propia víctima y el acosador, indicaron una posición por medio de una marca sobre una línea continua que no contenía ni números, ni palabras descriptivas y que en un extremo señalaba poco de acuerdo y en el otro muy de acuerdo (Reips y Funke, 2008). Así el valor de las posiciones que revelaron cada uno de ellos en la línea continua, se obtuvo por medio equivalencias. De esta forma, para una distancia total de 10 cm de línea, entre 0 y 2 cm equivalió a un punto, entre 2 y 4 cm a 2 puntos y así sucesivamente. Figura 2. Equivalencias de cm a puntos en un EVA. Por el contrario, el instrumento que se utilizó para examinar el Nivel de Pensamiento (NP) y el tipo de Procesamiento de la Información (PI) que tenían los estudiantes agresores en cada fase de la intervención fue el registro de las entrevistas participantes (audios) entre cada uno de los acosadores y el educador externo que actuaba. De este modo, se transcribieron y analizaron las seis sesiones de aproximadamente una hora de duración que se produjeron con cada uno de los seis acosadores, en un período de seis semanas. Para recoger la realidad de lo sucedido en estas intervenciones y valorar los resultados, se documentaron las respuestas de estos estudiantes de forma sistemática atendiendo a criterios de adaptabilidad, variabilidad, gradualidad y pertenencia (Santos, 1990). De esta forma, el gran volumen de datos contextuales que se generó, fue analizado mediante la herramienta informática ATLAS.ti 8.0, lo que permitió codificar y categorizar las respuestas que dieron los acosadores respetando para el análisis de contenido las categorías de los niveles de comprensión (Perkins, 2008).
379 El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento RIE, 2021, 39(2), 373-390 Diseño y procedimiento de recogida y análisis de datos Para lograr detener las conductas agresivas susceptibles de ser tipificadas como bullying se realizó un estudio de carácter cuantitativo y cualitativo en el contexto del método de investigación-acción de espirales o ciclos (Kolb, 1984; McKernan, 1999) que se compone por cuatro etapas; planificación, implementación, observación y evaluación. Con el fin de diseñar la secuencia de acciones que pudiese contribuir a detener las conductas bullying que se estaban produciendo, en la primera etapa, se diseñó junto a los tutores y orientadores de cada centro escolar la estrategia que se debía llevar a cabo con cada uno de los estudiantes acosadores. Para ello, teniendo en cuenta los factores generales que originan el bullying y las medidas para su detención señaladas en este trabajo, se planteó un conjunto de intervenciones en base a las diferentes teorías sobre los factores personales que contribuyen a la aparición del bullying, así como a su posible erradicación. Fundamentalmente, en esta primera etapa se planificó para que estos estudiantes realizasen una secuencia de actividades de carácter metacognitivo encaminadas a facilitar el proceso de aprendizaje y reflexión sobre la propia práctica con el fin de hacerle consciente de su proceso, estableciendo líneas claras de mejora que le permitían avanzar en el propio nivel de comprensión y pasar al siguiente (Perkins, 2008). Concretamente, por medio de un diseño multi-nivelado que se producía en seis fases o sesiones, una por semana, se planificó para que los estudiantes estuviesen en situación de alerta (sesión 1); se responsabilizasen de sus actos (sesión 2); reconociesen que habían acosado (sesión 3); analizasen sus acciones (sesión 4); las evaluasen (sesión 5); y fuesen conscientes del motivo por el que agredían (sesión 6). Cada una de las seis fases señaladas estaba compuesta por dos sub-fases o procesos de carácter metacognitivo, también denominadas momentos o actividades. Estas intervenciones tenían como fin que los estudiantes acosadores señalasen (actividad 1) y comprendiesen la función del educador que les estaba entrevistando (actividad 2); describen las agresiones perpetradas (actividad 3) y asumiesen el resultado derivado de su acción (actividad 4); asociasen las conductas realizadas con el rol de agresor (actividad 5) y aceptasen que ellos eran los agresores (actividad 6); analizasen el tipo de conducta que habían cometido (actividad 7) y valorasen la gravedad del tipo de conductas que habían realizado (Actividad 8); señalasen (actividad 9) y predijesen el tipo de sanción que corresponden a sus conductas (actividad 10); y por último, con objeto de que estos estudiantes despersonalizasen las agresiones sobre sus víctimas, la dos actividades finales se configuraron para que relacionasen las conductas de acoso realizadas con la finalidad que perseguían (actividad 11) y relacionasen los objetivos del acoso realizados con los motivos que les habían llevado a hacerlo (actividad 12). En una segunda etapa dentro del método de investigación-acción, con cada uno de los acosadores se implementaron las intervenciones diseñadas y planificadas que se han señalado, de forma metódica y reflexiva. Además, con objeto de conocer el resultado de estas actuaciones, semanalmente, al inicio de cada intervención cada estudiante agresor valoró en una Escala Visual Analógica (EVA) su conducta y talante, cuya respuesta fue cotejada con las observaciones de los profesores y con la percepción de las víctimas. Tanto víctima, como acosador y tutor manejaron la misma lista de control de conductas acosadoras, que fueron valoradas por medio de esta Escala Visual Analógica
380 Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao RIE, 2021, 39(2), 373-390 (EVA). A menor puntuación en este instrumento, mayor percepción sobre la extinción de la conducta acosadora, por lo que estas sólo fueron interpretadas que habían sido detenidas cuando la media de puntos de la víctima, acosador y tutor tuvo una valoración de tres o menos puntos. Asimismo, no se consideró que una conducta de acoso estaba detenida, a pesar de que la media fuese de tres puntos, cuando bien agresor, víctima o tutor valoraron por encima de 3 puntos ese comportamiento específico. En la tercera etapa denominada observación de esta metodología, con el fin de identificar de forma más profunda la naturaleza de las intervenciones realizadas y el resultado que producía sobre los estudiantes acosadores, se codificaron y categorizaron las respuestas o verbalizaciones que dieron a la secuencia procesos metacognitivos planteado. Por último, en la cuarta etapa, se evaluó y reflexionó sobre los datos obtenidos y teniendo en cuenta los resultados de la categorización realizada sobre los niveles de comprensión de los estudiantes, se diseñó una propuesta de actuación perfeccionada que queda recogida en este trabajo. Resultados A continuación, se presentan los resultados de la investigación siguiendo los objetivos que se plantearon en el estudio. En relación al primer objetivo (1. Conocer la incidencia de una intervención compuesta por una secuencia de actividades o procesos metacognitivos en la detención del bullying) el análisis de la información obtenida por medio de las escalas visuales analógicas (EVA), pone de manifiesto que los procesos metacognitivos propuestos por el educador en las diferentes intervenciones contribuyen a que los agresores, víctimas y tutores perciban que las conductas de acoso escolar desaparecen paulatinamente (Véase Tabla 1). Es decir, el estudio evidencia que en cada caso a medida que avanzan las intervenciones en las seis semanas, los estudiantes tienden a realizar menos conductas de acoso. Tabla 1 Evolución de la extinción de las conductas acosadoras Tipo de bullying Casos Sesiones 1 2 3 4 5 6 7 M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT Intimidaciones 1 4,76 0,57 4,67 0,57 4,3 0,57 4 1 4 0 3,33 0,57 2,67 0,57 2 4,33 1,15 3,67 1,15 3,33 0,57 3,33 0,57 3,33 0,57 2,67 0,57 2,67 0,57 3 4,3 0,57 3,67 0,57 3,3 0,57 3 1 3 0 2,33 0,57 2,33 0,57 4 4,3 0,57 3,33 0,57 3,3 0,57 3,67 0,57 2,33 0,57 2,33 0,57 2,67 0,57 5 4,76 0,57 4 0 3,3 0,57 3,3 0,57 3 0 2,33 0,57 2,33 0,57 6 4,33 1,15 4 0 3,3 0,57 2,33 0,57 2,33 0,57 2,33 0,57 2,33 0,57 Total 4,46 0,76 3,89 0,47 3,47 0,57 3,27 0,71 2,99 0,28 2,55 0,57 2,5 0,57
381 El bullying desde el punto de vista del acosador: análisis y procedimiento RIE, 2021, 39(2), 373-390 Tipo de bullying Casos Sesiones 1 2 3 4 5 6 7 M DT M DT M DT M DT M DT M DT M DT Agresiones verbales directas (Insultos) 1 4,3 0,57 3 0 3 0,57 2,67 0,57 2,67 0,57 3 0,57 1,3 0,57 2 4,76 0,57 4,67 0,57 3 1,15 3 0,57 3 0,57 2,67 0,57 1,3 0,57 3 3,67 0,57 3 0,57 3 0,57 2,67 0,57 3 0,57 1,3 0,57 2,67 0,57 4 4 0 3 0 3,3 0,57 3,3 0,57 3 0,57 2,33 0,57 0,57 0,57 5 4,3 0,57 3 0 3 0 3 0,57 3 0,57 3 0,57 3 0,57 6 4 0 3 0 3 0 3 0,57 3 0,57 2,67 0,57 2,67 0,57 Total 4,17 0,38 3,27 0,19 3,05 0,47 2,94 0,57 2,94 0,57 2,49 0,57 1,91 0,57 Agresiones verbales indirectas (motes) 1 4 1 3,67 0,57 3,3 0,57 3 0 2,67 0,57 2,33 1,15 1,15 2,67 2 4,76 0,57 4,3 1,15 3,3 0,57 3,6 0,57 3,67 0,57 2,33 0,57 0,57 1,3 3 4,76 0,57 4,3 0,57 4 0 3,3 0,57 2,67 0,57 2,33 1,15 1,15 2,67 4 4,3 0,57 3,3 0,57 3,3 0,57 3,3 0,57 3 0 3 0 0 2,67 5 4,3 0,57 4,3 0,57 3,67 0,57 3,3 0,57 3,33 0,57 3,67 0,57 0,57 1,3 6 5 0 4,3 1,15 3,3 0,57 4 1 2,67 0,57 2,33 0,57 0,57 2,67 Total 4,52 0,54 4,02 0,76 3,47 0,47 3,41 0,54 3,00 0,475 2,66 0,66 0,66 2,21 Exclusión y marginación social (No dejar participar) 1 4 0 3 1 4 0 3 0,57 2,67 0,57 2,3 1,15 2,67 0,57 2 4,3 0,57 3,3 0,57 3,67 0,57 3,3 0,57 2,67 0,57 1,67 0,57 1,67 0,57 3 3,67 0,57 3,3 0,57 4,3 0,57 3,3 0 1,67 0,57 2 0,57 1,67 0,57 4 4,76 0,57 3,3 0,57 4,76 0,57 3,3 0,57 2,67 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 5 4,3 0,57 3,3 0,57 4,3 0,57 3,3 0 2,67 0,57 1,67 0,57 2,67 0,57 6 4,76 0,57 3,6 0,57 4,76 0,57 3,6 0 3 0 1,67 0,57 1,3 0,57 Total 4,29 0,47 3,3 0,64 4,29 0,475 3,3 0,285 2,55 0,475 1,83 0,57 1,88 0,57 Agresiones físicas directas (Golpear) 1 4,33 0,57 2,3 0,57 3 0 2,3 1,15 1,3 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 2 4 1 2,3 0,57 1,3 0,57 2 1 1,3 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 3 4,76 0,57 2,3 0,57 3 0 2,3 1,15 2,3 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 4 4 0 2,3 0,57 3 0 2 1 2,3 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 5 4 0 2,3 0,57 3 0 2 1 2,3 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 6 4 1 2,3 0,57 3 0 2 1 1,67 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 Total 4,18 0,52 2,3 0,57 2,71 0,09 2,1 1,05 1,86 0,57 1,67 0,57 1,3 0,57 Agresiones físicas indirectas (Esconder, objetos y robar) 1 4 1 3,3 1,58 2,3 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2,67 0,57 2 1 2 3,67 1,15 2,67 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2 1 2,33 0,57 2,3 1,15 3 3,3 0,57 2,67 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2,67 1,52 2,33 0,57 2,2 0,57 4 4,76 0,57 2,67 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2,33 1,52 2,37 0,57 1,3 0,57 5 3,67 0,57 2,67 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2,67 0,57 2,67 0,57 6 4,33 1,15 2,67 0,57 2,3 0,57 2,3 0,57 2 1 2,67 0,57 1,3 0,57 Total 3,95 0,83 2,77 0,73 2,3 0,57 2,3 0,57 2,26 1,03 2,506 0,57 1,96 0,73 Asimismo, se aprecia que los comportamientos más visibles como las agresiones físicas, se detuvieron antes que las conductas más ocultas o sibilinas, como son las agresiones verbales indirectas y las intimidaciones o comportamientos disruptivos hacia la víctima, por lo que las conductas que más costaron detener fueron las de carácter social y las que se encuentran más arraigadas (Véase Figura 3).
388 Eneko Tejada, Urtza Garay, Ainara Romero y Naiara Bilbao RIE, 2021, 39(2), 373-390 Hubbard, J. A., McAuliffe, M.D., Morrow, M.T., & Romano, L.J. (2010). Reactive and proactive aggression in childhood and adolescence: Precursors, outcomes, processes, experiences and measurement. Journal of Personality, 78, 95-118. https://doi. org/10.1111/j.1467-6494.2009.00610.x Koh, J.-B., & Wong, J. S. (2015). Survival of the fittest and sexiest: Evolutionary origins of adolescent bullying. Journal of Interpersonal Violence. 32(17), 2668-2690. https:// doi.org/10.1177/0886260515593546 Kolb, D. (1984). Experiental Learning: Experience as the Source of Learning and Development. Prentice Hall. Kovač, V.B., & Kostøl, E.M.F. (2020). Helping children in bullying situations: The role of intersubjective understanding and co-regulation. School Psychology International.41(3), 295-309. https://doi.org/10.1177/0143034320903789 Lyng, S.T. (2018). The Social Production of Bullying: Expanding the Repertoire of Approaches to Group Dynamics. Children & Society, 32(6), (492-502). https://doi. org/10.1111/chso.12281 Martinelli, A., Ackermann, K., Bernhard, A., Freitag, C.M., & Schwenck, C. (2018). Hostile attribution bias and aggression in children and adolescents: a systematic literature review on the influence of aggression subtype and gender. Aggression and Violent Behavior, 39, 25-32. McKernan, J. (1999). Investigación-acción y currículum. Morata. Morales, J.F., Yubero, S., & Larrañaga, E. (2016). Gender and bullying: Application of a three-factor model of gender stereotyping. Sex Roles, 74(3-4), 169-180. https:// doi.org/10.1007/s11199-015-0463-3 Mytton, J.A., DiGuiseppi, C., Gough, D., & Taylor, R.S., Logan. (2006). S. School‐based secondary prevention programmes for preventing violence. Cochrane Database of Systematic Reviews. 3:CD004606. https://doi.org/10.1002/14651858.CD004606.pub2 Nocentini, A., & Menesini, E. (2016). KiVa Anti‐Bullying Program in Italy: Evidence of Effectiveness in a Randomized Control Trial. Prevention Science, 17, 1012–1023. https://doi.org/10.1007/s11121-016-0690-z Olweus, D. (2013). School bullying: Development and some important challenges. Annual Review of Clinical Psychology, 9, 1–14. https://doi.org/10.1146/annurevclinpsy-050212-185516 Perkins, D. (1999). ¿Qué es la comprensión? En M. Stone, La Enseñanza para la Comprensión (pp. 69-95). Paidós. Perkins, D (2008). La escuela inteligente. Gedisa Perkins, D. (2016). Educar para un mundo cambiante ¿Qué necesitan aprender realmente los alumnos para el futuro? SM. Perkins, D. N., & Reese, J. D. (2014). When change has legs. Educational Leadership, 71(8), 42-47. Perkins, D., & Tishman, S. (2011). El Lenguaje del Pensamiento. Educadores: Revista de renovación pedagógica, 236, 46-58. Poblete, M., Bezanilla, M.J., Fernández‐Nogueira, D., & Campo, L. (2016). Formación del docente en competencias genéricas: Un instrumento para su planificación y desarrollo. Revista Educar, 52(1), 71-91. https://doi.org/10.5565/rev/educar.713
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