Gabriela Mistral, educadora: su vocación de servicio a la educación pública chilena
Full text
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -184Gabriela Mistral, educadora: su vocación de servicio a la educación pública chilena Alfredo Gorrochotegui Martell, Gabriela Mistral, educadora: su vocación de servicio a la educación pública chilena (1912-1922). Santiago de Chile, RIL editores, 2020, 177 pp. Es habitual que a personas que han destacado en un área concreta de la cultura se les pregunte por las ideas que tienen acerca de cuestiones pertenecientes a otras áreas diferentes de aquella por la cual ellos o ellas han llegado a ser conocidos. Así, nos encontramos con pintores que, a iniciativa propia o ante la sugerencia de algún periodista, realizan reflexiones sobre literatura, con novelistas que hablan de arte, con músicos que valoran la importancia de algunos acontecimientos históricos y podríamos seguir con muchos más
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -185ejemplos al alcance de cualquier lector de la prensa diaria o de los libros de memorias o de escuchantes de entrevistas radiofónicas. En la mayoría de los casos, con excepciones, eso sí, el valor de lo que aportan esas palabras a las áreas que no son la suya específica es, digámoslo sin reparos, más bien escaso. Lo que sucede es que la importancia del papel social de esas personas en la faceta por la que son reconocidas hace que todo lo que dicen tenga un cierto valor, no tanto por lo dicho en sí sino por el ser algo que completa la personalidad de la figura cultural de la que se trate en cada caso. Y todo esto tiene relación con la cuestión que nos queremos plantear sobre Gabriela Mistral y su relación con el mundo de la educación. Es sobradamente conocida la faceta educativa de la Premio Nobel y que en cualquier biografía de Gabriela Mistral se dedica un espacio importante a sus años como docente y su llegada a México en 1922 llamada por José Vasconcelos (secretario de Educación Pública desde el año anterior) precisamente para asesorar al gobierno mexicano en las reformas educativas emprendidas en ese momento. Pero nos podemos preguntar si lo expresado sobre la educación por Gabriela Mistral tiene un valor equivalente al de lo escrito por una serie de pedagogos muy influyentes de su época o si, por el contrario, lo que propone para la mejora de la enseñanza tiene la mera importancia de haber sido dicho por una poeta de fama universal. A responder a esta cuestión ayuda mucho el libro que vamos a reseñar del investigador venezolano Alfredo Gorrochotegui Martell Gabriela Mistral, educadora: su vocación de servicio a la educación pública chilena (1912-1922). Porque en él se realiza un recorrido biográfico muy bien estructurado por los años en que Lucila Godoy, nombre de nacimiento de la Premio Nobel, vive de cerca el mundo de las aulas o salas de clases, intentando “descubrir y explicar aquellas características de Gabriela Mistral como persona y docente que la puedan mostrar como un modelo de inspiración para los directivos escolares chilenos.” (Introducción, p. 18) Tras ese recorrido, en el que, como el mismo autor indica al final del libro, quedan solo expuestos muchos aspectos de la poeta sobre los que es necesario profundizar en el futuro, se puede responder con conocimiento de causa si la educación en Gabriela Mistral es solo una ocupación a la que dedicó unos años de su vida o si, como afirma en el Prólogo del libro la profesora de la Universidad de los Andes Alexandrine de La Taille, existe un auténtico “ideario mistraliano” educativo (p. 13), cuyo nivel de generalización (más allá de que a los maestros les diera “pautas con respecto al lenguaje que debían usar en su clase, la necesidad de mostrar una vida coherente o tener afán de servicio, sencillez; recordando que su labor era más que una tarea eminentemente técnica, una labor de vocación plena”, p. 17) habría que determinar. Aunque cita Alfredo Gorrochotegui a algunos investigadores del pensamiento de Mistral sobre la educación (pp. 25-26) que no tienen dudas acerca de que existe una “pedagogía mistraliana”. El libro de Alfredo Gorrochotegui tiene una estructura muy didáctica. Analiza los diez años durante los cuales Gabriela Mistral ocupó cargos directivos en centros educativos chilenos, entre
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -1861912 y 1922, dentro del total de diecinueve años que dedicó a la docencia, parcelando muy bien la investigación. En un primer capítulo, describe el recorrido que realizó la poeta por diferentes centros educativos, a la vez que ofrece una visión de la situación de la educación en Chile en los años en los que Gabriela Mistral ejerció de educadora. El segundo capítulo lo dedica Gorrochotegui a describir las ideas educativas de Gabriela Mistral a partir de documentos escritos por ella. Y en el tercer capítulo muestra el autor de Gabriela Mistral, educadora los rasgos más personales de la Premio Nobel. De los tres, es el segundo el que más nos interesa para corroborar o no la existencia de unas ideas pedagógicas propias, y aplicables en cualquier época y lugar, de Gabriela Mistral. “Gabriela Mistral en la dirección escolar de liceos de niñas en Chile (1912-1922)” (pp. 29-87) es el título del capítulo 1. Para contextualizar el entorno en el que desarrolló la docencia hasta 1922 Gabriela Mistral, Alfredo Gorrochotegui dedica las primeras páginas del capítulo a describir el estado de la educación chilena en esa época. Y, al hilo de la referencia a la discusión que estaba realizándose en ese momento en Chile sobre la futura Ley de Instrucción Pública Obligatoria nos señala Gorrochotegui (p. 30) que ya Gabriela Mistral, con solo diecinueve años, escribe en el diario La voz de Elqui del 29 de diciembre de 1908 un artículo titulado “Colaboración sobre la Instrucción Primaria Obligatoria”; lo que nos da una pista de que la propia Lucila Godoy se situaba ante la educación en un papel que iba más allá del de docente o directora de centros educativos. Divide el autor de Gabriela Mistral, educadora el panorama de la educación chilena de la época en varios apartados: la educación femenina (con la posibilidad de acceso de las mujeres a la universidad a partir de 1877), los liceos femeninos y la formación de las educadoras (“preceptoras” en Escuelas Normales femeninas); la presencia de la pedagogía alemana (ante la que Gabriela Mistral muestra ciertas reticencias) y la influencia de la Escuela Nueva -movimiento por el que Gabriela Mistral manifiesta mucho entusiasmo ya que coincide con sus ideas pedagógicas: “Para Gabriela, el movimiento pedagógico de la Escuela Nueva manifiesta fervor y fe por el niño. Un fervor que se le tiene que ver al maestro en la cara y en las palabras, en sus gestos y en las más menudas acciones.” (p. 40)-. Y ya pasa Gorrochotegui, a continuación, a relatar los años en los que ejerció la docencia y la dirección escolar Gabriela Mistral. Dentro de este recorrido biográfico, comienza el autor de Gabriela Mistral, educadora necesariamente haciendo referencia a que desde su nacimiento en Vicuña en 1889 Lucila Godoy convive físicamente con la docencia, ya que su padre era maestro y su medio hermana, Emelina Molina, también.
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -187En su familia existían intereses culturales y artísticos que, unidos a su manifiesta predisposición a la lectura y escritura desde muy pequeña, hicieron que su madre y su hermanastra le consiguieran en 1903, a los catorce años, un puesto de ayudante de escuela en La Compañía, cerca de La Serena y Coquimbo; aunque Gorrochotegui sugiere que más que dejarse llevar por una vocación docente lo que persigue Gabriela es introducirse en ambientes alejados del trabajo manual que le permitieran desarrollar sus intereses intelectuales, como eran sus lecturas y las colaboraciones en la prensa local. Ya en 1907 se traslada como profesora al Liceo de La Serena, donde conoce a Fidelia Valdés, a la que seguirá posteriormente en otros destinos, siendo el Liceo de Niñas de Los Andes, ciudad situada en la concurrida carretera de Santiago y Valparaíso a Mendoza, en Argentina, donde permanece más tiempo Gabriela Mistral. En estos años, además de intensificar su actividad literaria, experimenta de manera personal innovaciones pedagógicas: clases al aire libre, contacto con la naturaleza, fomento de la curiosidad en las alumnas… Aunque el carácter de Gabriela le lleva a algunos enfrentamientos con docentes del Liceo de Hombres, que Gorrochotegui esgrime como una de las causas de su traslado al Liceo de Niñas de Punta Arenas, la ciudad, de entre las importantes, más austral de Chile. Dos años pasará Gabriela Mistral en la fría ciudad de Punta Arenas. Ahora ya es una escritora afamada; y desde su cargo de directora tiene ocasión de poner en práctica sus ideas fundamentales de la promoción de la mujer y el fomento de la lectura, además de realizar otras labores sociales como las visitas a las cárceles de la ciudad. Sobre ello, reproduce Alfredo Gorrochotegui en la página 65 unos versos de las “Coplas del presidiario”, escritas por Mistral en 1918: Mi pobre amigo con hierros, mi pobre amigo con rejas, me escribe que este Septiembre no ha visto la Primavera, y el temblor de su aflicción me viene en su letra trémula. (…) Dicen que su cara es dura y su mirada violenta; dicen que no hay agua azul para lavar su agua negra. Su madre dice: No es cierto. Tiene la mirada tierna. Como curiosidad, se puede visualizar el manuscrito original, lleno de correcciones, en la Biblioteca Nacional Digital: http://www.bibliotecanacionaldigital.gob.cl/visor/BND:132940
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -188Vemos cómo en la pedagogía de Gabriela Mistral está muy clara la relación entre tareas educacionales y sociales y la necesidad de la implicación de los centros educativos con su entorno, tanto físico como humano. La estancia en Punta Arenas finalizará con la concesión del traslado al Liceo de Niñas de Temuco en marzo de 1920, a petición suya, ya que, como recoge Alfredo Gorrochotegui (pp. 67 y 68), se lo había solicitado por carta al entonces ministro del Interior, y futuro presidente, Pedro Aguirre Cerda: “Yo hasta ahora no tengo motivos de queja de Punta Arenas: el liceo ha duplicado su asistencia y la triplicaría este año, al tener un local. En el edificio he hecho todo lo que puede hacerse, pero ya es insuficiente. He vivido en paz con el personal y no tengo, para querer irme, otra razón que la necesidad de reunirme con mi mamá, que aquí no puede vivir, y un poco también el cuidar el vigor de mi espíritu, muy deprimido por el clima.” A Temuco llega ya con un acrecentado reconocimiento de su fama intelectual. Y prosigue en esta ciudad con sus preocupaciones sociales. Y es en Temuco también donde se produce “un encuentro muy especial: allí Gabriela coincidió con el joven de dieciséis años Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, conocido más tarde en las letras universales como Pablo Neruda. Ella le abre las puertas de la Biblioteca del Liceo de Niñas.” (p. 71) De esa relación de los dos futuros Premio Nobel hay una referencia de Neruda en Confieso que he vivido. Tras su paso por Temuco, nos lleva Gabriela Mistral, educadora al último destino como docente de la poeta, Santiago; en concreto, a un liceo que se inaugura ese año, el N.º 6 de la capital. La promoción de la mujer a través de la cultura, centrada básicamente en el fomento de la lectura, la potencia aún más Gabriela Mistral en este nuevo destino. Aquí ya nos encontramos con una Gabriela Mistral que, en relación con el valor de sus ideas pedagógicas que nos preguntábamos al principio de esta reseña, demuestra tener un ideario muy elaborado, como se comprueba en su escrito con 46 consejos sobre enseñanza y dirección escolar. De ese escrito, nos resalta Alfredo Gorrochotegui lo siguiente en la página 79: “Por ejemplo, el N.º 2 dice, en relación con el modo de ser del educador: `enseñar siempre: en el patio y en la calle como en la sala de clase. Enseñar con la actitud, el gesto y la palabra´. El N.º 46 expresa un consejo que invita a los educadores a ir más allá de los manuales escolares: `nada más triste que el que la alumna compruebe que su clase equivale a su texto´. Son hondas reflexiones, producto de una educadora que tiene ya una acumulada experiencia en las aulas y en la gestión y organización escolar. Estos pensamientos son publicados posteriormente en marzo de 1923 en la Revista de Educación.” Pero poco tiempo le queda ya a Gabriela Mistral, dentro de su biografía, como docente y directora escolar. Su nombre y su fama habían trascendido las fronteras de Chile y el gobierno mexicano, embarcado en una tarea de renovación de su sistema educativo, le propone a Gabriela Mistral a través del secretario de Educación Pública José Vasconcelos que viaje a México, país con el que la
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -189Premio Nobel había estado relacionada desde un tiempo atrás, para colaborar en esa expresa. Y el 23 de junio de 1922 se embarca Gabriela Mistral en el vapor Orcoma en el puerto de Valparaíso rumbo a México para ayudar a la reforma de la educación de ese país. “Ideas educativas de Gabriela Mistral como directora escolar (1912-1922)” (pp. 89-141) es el título del capítulo 2. 1 De una manera muy ordenada, en este segundo capítulo de Gabriela Mistral, educadora Alfredo Gorrochotegui expone las ideas pedagógicas de la poeta, dándonos las pistas para que la respuesta a la pregunta sobre la existencia o no de una auténtica pedagogía mistraliana tenga que ser afirmativa: “El talante de Gabriela Mistral como gestora de instituciones escolares y como maestra -actividades que realiza conjuntamente, porque nunca dejó las aulassiempre estuvo conectado directamente con sus escritos. En estos planteaba sus ideas pedagógicas al servicio de la comunidad en la que trabajaba y al servicio del contexto social que rodeaba a esa comunidad.” (p. 89) Y, para Gorrochotegui, “estas ideas se pueden visualizar en tres dimensiones: (1) la organización de la escuela por dentro; (2) la escuela fuera de la escuela, es decir, lo que puede aportar con relación a su entorno; y (3) un trío de aspectos clave en los que Gabriela hace énfasis sobre el `deber ser´ del educador: su capacidad como enseñante o transmisor de contenidos, su atracción para los estudiantes como modelo de vida y su trascendencia y religiosidad.” (Ibid.) -La primera de las dimensiones, la organización de la escuela por dentro, remite a que el espacio escolar es algo exclusivo, que debe ser bello en su interior y en sus contenidos: un lugar bello y para la belleza, el “reino de la belleza”. Para Gabriela Mistral, las escuelas deben dejar de ser edificios deprimentes y ser tan bellas y espaciosas como los teatros. Y los edificios escolares deben, asimismo, contener cosas bellas, de las cuales los libros de la biblioteca escolar deben destacar entre todas ellas: “Este interés por hacer de la biblioteca un espacio realmente transformador de la vida de los niños hace que Gabriela la organice con todo rigor y pretensión de altísima calidad.” (p. 97) Las clases al aire libre (que aprendió a valorar siendo alumna de su hermana Emelina en Montegrande, en el valle de Elqui, donde pedirá ser enterrada Gabriela Mistral y donde, en una tumba muy visitada, efectivamente lo está) son algo fundamental para la poeta, como escribe en su texto de 1922 “La escuela al aire libre”. 1 Como complemento a este libro de Alfredo Gorrochotegui, y por su fácil acceso a través de la red, recomendamos también leer a las personas interesadas en la faceta educadora de Gabriela Mistral un artículo de Javier Ocampo López aparecido en el número 4, del año 2002, de la revista Historia de la Educación Latinoamericana, dentro de un monográfico dedicado a la educación de la mujer, titulado “Gabriela Mistral la maestra de escuela, Premio Nobel de Literatura”: https://revistas.uptc.edu.co/index.php/historia_educacion_latinamerican/article/view/1474
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -190Además, en la escuela se debe fomentar el amor a la patria, la disciplina y la educación del carácter, debiendo ser una fuente de enseñanzas morales y de fomento de la alegría en las personas, para superar la tradicional tristeza de los chilenos que describe Mistral en “La raza triste”, de donde entresaca en la página 104 Gorrochotegui estas frases: “cuando hablo de los defectos de mi raza no me elimino de ellos. Los veo en mí con una intensidad de imaginación que llega a lacerarme. Como mis gentes, tampoco yo soy sencilla y alegre.” (en Gabriela Mistral Pasión, p. 122) Y respecto a los que administran las escuelas, les pide unidad de actuación junto a todos los profesores para trabajar en equipo, debiendo alejarse de autoritarismos e imposiciones con el fin de que se entienda la jerarquía de los directores escolares “no como una posición, sino como una actitud de servicio, de entrega, de responsabilidad plena basada en la “capacidad profesional” (cfr. p. 108): distinción entre el poder del cargo, que se le otorga a una persona para que otras la obedezcan, y la autoridad, que se debe ganar con las competencias profesionales bien ejercidas. Y todo ello en un ambiente de sosiego, que es lo que se necesita en la educación para permitir el tiempo necesario que requiere la transformación de los alumnos. -Pero la escuela no debe vivir mirando solo hacia dentro, sino también hacia fuera. Dice Alfredo Gorrochotegui que Gabriela “no se recluye en su oficina ni encierra la escuela en sí mima: la saca a la calle, con actividades destinadas a influir, a mejorar el entorno, a ofrecer ayuda y apoyo. Permite que la escuela también se convierta en un centro que irradia cultura, que da oportunidades para que los más desvalidos puedan formarse.” (p. 110) Las actividades que era habitual que fomentasen los liceos en su entorno eran de carácter cultural, artístico, religioso, de asistencia social, de bienestar estudiantil, patrióticas, de conservación y embellecimiento, deportivas y sociales (esta relación la toma Gorrochotegui de la Historia de la enseñanza en Chile de Amanda Labarca, 1939, pp. 382-383). De ellas, Gabriela Mistral, nos dice Gorrochotegui, promueve especialmente desde sus puestos de directora escolar en los varios liceos por los que pasa, como ya hemos señalado más arriba, la educación de la mujer obrera (con la creación de escuelas nocturnas) y la apertura de las bibliotecas escolares a la comunidad. -Y respecto a la tercera de las dimensiones señaladas, que hace referencia a lo que debe ser el educador, nos dice Gorrochotegui que en la pedagogía mistraliana serían a su vez tres “los grandes aspectos que se pueden encontrar en sus planteamientos sobre qué debe hacer bien un maestro, una maestra. El primero tiene que ver con la transmisión de los conocimientos, con el modo cómo estos deben ser entregados a los alumnos” (p. 116) (el maestro debe transmitir los conocimientos de manera bella, con un lenguaje cuidado y decorar la clase de manera estéticamente agradable; debe dominar la materia que transmite y transmitirla de manera entusiasta permitiendo que el niño o la niña aprendan haciendo, de manera activa). El segundo se refiere a lo necesario de transmitir al alumnado unos valores a través del ejemplo que dé con sus actitudes el docente, con su amor, con su entrega intachable. Y el tercero con la transmisión de la espiritualidad del cristianismo, como se ve en esta referencia que transcribe Alfredo Gorrochotegui en la pági-
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -191na 135 del “Decálogo de la maestra” de Gabriela Mistral: “acuérdate de que tu oficio no es mercancía, sino que es servicio divino” (en Gabriela Mistral Pasión, p. 22). Incluye Alfredo Gorrochotegui al final del capítulo 2 (pp. 138-141) un utilísimo cuadro “Síntesis sobre el ideario pedagógico de Gabriela Mistral (1912-1922)” con indicación de en qué escritos de la Premio Nobel se pueden encontrar las referencias precisas sobre cada una de las ideas de la estructura por él elaborada de la pedagogía mistraliana. “Testimonios sobre Gabriela Mistral y su obra (1912-1922)” (pp. 143-162) es el título del capítulo 3. A partir de lo manifestado por amigos cercanos de Gabriela Mistral, por exalumnas, por algunas pinceladas aportadas por Pablo Neruda y algunos otros, Alfredo Gorrochotegui describe el peculiar perfil psicológico y físico de la Premio Nobel, acompañando al texto varias curiosas fotografías. Gracias a todo lo resumido por Gorrochotegui, nos damos cuenta de que Gabriela Mistral tenía una personalidad que podría parecer contradictoria, pero que, sin duda, no lo era. Las aparentes contradicciones de su carácter y de su manera de actuar (madura y a la vez con comportamientos infantiles en algunos casos, activa y con capacidad también para la contemplación sosegada, firme pero amable con la gente) dan la pista más bien de encontrarnos ante una personalidad muy rica en matices y extremadamente sensible, rasgo que concilia a la perfección con su altura como poeta de transcendencia universal. Y respecto al alcance de su obra, señala Gorrochotegui que numerosos investigadores ya han dado una respuesta afirmativa e inequívoca a la cuestión que nos planteábamos al principio de esta reseña, en el sentido del valor pedagógico de las ideas educativas de Gabriel Mistral (pp. 153-159). Así, para Roque Esteban Scarpa, “la obra educacional de Gabriela constituye un libro de meditación…, (que debería) ser una obra de cabecera de todos los maestros”. Para Iván Núñez Prieto, “hace falta colocarle alma a la pedagogía chilena… (para lo cual) hay que aceptar el aporte de Gabriela Mistral”. Para Álvaro Valenzuela, “Gabriela hace más que una mera pedagogía. Ella va a un nivel más alto, superior, mucho más profundo, y es el de su sentido último, el de su telos pedagógico… Ella es una especie de testigo de lo invisible, un altozano de lo espiritual, de lo que está más allá, un puente, una mediadora entre el reino de los valores espirituales y el mundo de los educandos.” Para Rolando Manzano, “la formación espiritual es principio ineludible de la educación mistraliana…, (configurando) un método pedagógico de elevado valor ético y estético para la formación de los niños.” Y para Pedro Pablo Zegers y Critián Warnken, en Gabriela Mistral educar “es entregar amor y belleza a la vez. Es un proceso permanente, continuo, integral, porque el que enseña, además de hacerlo con la palabra, lo hace con el gesto, con la actitud, con la disposición personal.”
http:// revista.muesca.es. ISSN 1989-5909 | Cabás nº24 diciembre 2020, págs. 184-193 EOI: eoi.citefactor.org/10.11206/muesca.01.24.013 -192Concluyendo este apartado Alfredo Gorrochotegui afirmando que “para Gabriela hay una dimensión invisible de la educación, o espiritual, como han afirmado algunos de los anteriores autores, y es lo que en esta propuesta se ha querido acuñar como su `paidocenosis mistraliana´” (paidocenosis como el conjunto de estímulos educativos que inciden en la formación de la persona humana), “el lado invisible de la educación” (pp. 160-161). Finaliza Alfredo Gorrochotegui su Gabriela Mistral, educadora con unas “Conclusiones” (pp. 163-168) en las que resume lo expuesto a lo largo de todo el libro y afirma la importancia del legado pedagógico de Gabriela Mistral que quizás “no es hoy lo suficientemente valorado como elemento en el que se basa el saber y el obrar. La modernidad con su positivismo ha reducido los espacios epistemológicos de esta disciplina -la pedagogía-, concentrando en nuestros días su visión en lo meramente fáctico. Gabriela, con su actuación y sus escritos en prosa y verso sobre educación, subrayó su lado humano como disciplina. Podemos decir que vivió un humanismo educativo, o si se prefiere una antropología pedagógica. Aspecto necesario en el mundo de hoy, pues la pedagogía actual ha perdido sus lugares de referencia fundamentales; es decir, la naturaleza humana como punto de arranque y el fin que tiene todo acto educativo, el cual permite ubicar cada tópico en su justa perspectiva. Lo anterior ha traído como consecuencia que la reflexión sobre la educación solo se haya centrado en el proceso enseñanza-aprendizaje, olvidándose del contenido de ese proceso. Se ha perdido la reflexión acerca de lo que en verdad enseña, como, por ejemplo, ser un modelo de vida; y se ha perdido, mucho más, comprender la complejidad del aprendizaje típicamente humano en el que la reflexión personal o la vida interior de los educandos es fundamental.” (p. 166) Luego, “pedagogía mistraliana” hay. Pero una pedagogía que se desenvuelve en unos niveles de generalidad, aunque sea de manera un tanto asistemática, que quizás no estén muy cercanos a aquello que hoy día es habitual en los tratados de teoría de la educación. Además, ni una supuesta falta de concreción y de sistematicidad, opinamos nosotros, restaría valor a las ideas pedagógicas de Gabriela Mistral. En muchas ocasiones, las concreciones en pedagogía adolecen del defecto de no basarse en unas ideas generales de las que ellas sean consecuencia, lo que no sucedería en el caso de Gabriela Mistral. Y, por otra parte, respecto a la falta de sistematicidad de sus ideas pedagógicas, conviene señalar que ser asistemático no siempre significa carecer de ideas generales válidas, sino simplemente el que precisen esas ideas de una ordenación que el propio autor no ha realizado. Quizás la concreción y ordenación sistemática de la pedagogía mistraliana, de alguna manera su asignatura pendiente, puedan irla realizando hipotéticos nuevos pedagogos que partan de la asunción de las ideas educativas generales de la Premio Nobel. Es lo que nos dice Alfredo Gorrochotegui en las últimas páginas de Gabriela Mistral, educadora: “el presente estudio ha sido una mirada de las tantas que pueden hacerse acerca de la vida de Gabriela Mistral como educadora. Se sugiere, por tanto, para seguir investigando sobre la vida y el legado educativo de nuestra indagada, que se analice su obra desde un punto de vista más teórico y se profundice en los fundamentos que le dieron a ella ese estilo personal de hacer educación.” (Ibid.) Y pone ejem-