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La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936

Martí Bataller, Aurelio

Abstract

Este artículo propone un estudio del antifascismo socialista en España. Al respecto, se apuesta por situar la nación como referente cultural y político en el centro del análisis, y aplicar una perspectiva comparada con el caso de Francia. Dicho análisis se plantea para el período inmediatamente anterior a la Guerra Civil en España y toma como principal fuente a la prensa socialista.El artículo se desarrolla en dos grandes bloques, con la Revolución de Octubre de 1934 como hito. A partir de entonces emergió en el seno del PSOE un enfrentamiento por el control de la organización. El artículo se centra en el estudio de la corriente caballerista, considerada el ala izquierdista, a la cual se contrapone el caso del socialismo francés y, especialmente, el de la facción de la Bataille Socialiste, situada también a la izquierda de la SFIO. La comparación puede resultar relevante para observar la concepción del antifascismo diseñada por dichos sectores y la articulación entre las identidades de clase y de nación. De esta manera, el artículo pretende acercarse a qué había más allá de la divisa del antifascismo, qué referentes e ideas hubo en su forja y crecimiento.; This article proposes a study of the socialist antifascism in Spain. In this regard, it tries to place the nation as a cultural and political reference at the centre of the analysis, and to apply a compared perspective with the case of France. This analysis focuses on the period immediately before the Civil War in Spain and takes as its main source the socialist press.The article is developed in two large blocks, with the October Revolution of 1934 as a milestone. From then on, a confrontation for the control of the organization emerged within the PSOE. The article focuses on the study of the caballerista current, considered the left wing, which is confronted to the case of French socialism and, especially, the faction of the Bataille Socialiste, also the left wing of the SFIO. The comparison can be relevant to observe the conception of the antifascism designed by these sectors and the articulation between class and nation identities. In this way, the article aims to approach to what was beyond the motto of antifascism, what referents and ideas were in its forge and growth.

Full text

953 ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 HC Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 https://doi.org/10.1387/hc.20456 La NaCióN CoNtra EL fasCismo: psoE y sfio, 1933-1936 THE NATIoN AGAINST THE FACISM. PSoE AND SFIo, 1933-1936 Aurelio Martí Bataller* Universitat de valència, España rEsumEN: Este artículo propone un estudio del antifascismo socialista en España. Al respecto, se apuesta por situar la nación como referente cultural y político en el centro del análisis, y aplicar una perspectiva comparada con el caso de Francia. Dicho análisis se plantea para el período inmediatamente anterior a la guerra Civil en España y toma como principal fuente a la prensa socialista. El artículo se desarrolla en dos grandes bloques, con la Revolución de Octubre de 1934 como hito. A partir de entonces emergió en el seno del PSOE un enfrentamiento por el control de la organización. El artículo se centra en el estudio de la corriente caballerista, considerada el ala izquierdista, a la cual se contrapone el caso del socialismo francés y, especialmente, el de la facción de la Bataille Socialiste, situada también a la izquierda de la SFIO. La comparación puede resultar relevante para observar la concepción del antifascismo diseñada por dichos sectores y la articulación entre las identidades de clase y de nación. De esta manera, el artículo pretende acercarse a qué había más allá de la divisa del antifascismo, qué referentes e ideas hubo en su forja y crecimiento. PALABRAS CLAvE: antifascismo, socialismo, identidad nacional, España, Francia. AbstrAct: This article proposes a study of the socialist antifascism in Spain. In this regard, it tries to place the nation as a cultural and political reference at the centre of the analysis, and to apply a compared perspective with the case of France. This analysis focuses on the period immediately before the Civil War in Spain and takes as its main source the socialist press. The article is developed in two large blocks, with the october Revolution of 1934 as a milestone. From then on, a confrontation for the control of the organization emerged within the PSoE. The article focuses on the study of the caballerista current, considered the left wing, which is confronted to the case of French socialism and, especially, the faction of the Bataille Socialiste, also the left wing of the SFIo. The comparison can be relevant to observe the conception of the antifascism designed by these sectors and the articulation between class and nation identities. In this way, the article aims to approach to what was beyond the motto of antifascism, what referents and ideas were in its forge and growth. KEyWoRDS: antifascism; socialism; national identity; Spain; France. * Correspondencia a: Aurelio Martí Bataller. Universidad de Valencia. Departamento de Historia Moderna y Contemporánea. Facultad de CC. Sociales. Campus de Blasco Ibáñez. Av. Blasco Ibáñez, 28. 46010 Valencia (Spain) – aurelio. [email protected] – https:// orcid.org/0000-0002-4454-0864 Cómo citar: Martí Bataller, Aurelio (2020). «La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936»; Historia Contemporánea, 64, 953-982. (https://doi.org/10.1387/hc.20456). Recibido: 13 diciembre, 2018; aceptado: 28 mayo, 2019. ISSN 1130-2402 - eISSN 2340-0277 / © 2020 UPV/EHU Esta obra está bajo una licencia Creative Commons Atribución 4.0 Internacional 954 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller La nación contra el fascismo: psoE y sfio, 1933-19361 A principios de diciembre de 1936, Francisco Largo Caballero, entonces presidente del gobierno de una República en guerra, declaraba ante las Cortes reunidas en valència, y ante la opinión pública mundial, su deseo de proseguir con la lucha «hasta vencer definitivamente a nuestros enemigos, que son los enemigos de la verdadera España». Largo se felicitaba, además, de la incorporación cenetista al ejecutivo —celebrada por el también socialista Enrique de Francisco como español, socialista y antifascista—, prueba de la marginación de todo interés partidista o sindical en favor de la «suprema exigencia nacional de vencer al fascismo»2. Las palabras de Largo, como las opiniones de De Francisco, constituyen una muestra de la presencia del referente nacional español en el repertorio ideológico, simbólico y retórico enarbolado por los defensores de la República en guerra. Pero, al mismo tiempo, representan también una vía de articulación del antifascismo por parte socialista mediante su engranaje en la narrativa nacional. Al respecto, el presente artículo trata de estudiar el antifascismo en España situando a la nación, como artefacto cultural y político, en el centro del análisis. Esta perspectiva, entendida recientemente como una de las múltiples sendas por las que habría de discurrir la investigación histórica sobre el antifascismo3, habilita la comparación y señala la similitud del caso español en relación con otros países europeos —contrariamente a lo señalado por algunos investigadores4. En este estudio se concentra la atención en Francia, único caso europeo junto con el español donde el antifascismo cristalizó en la unidad frentepopulista y alcanzó el gobierno. Igualmente, se toma el período anterior a la guerra Civil y al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) como cronología y protagonista del análisis. Ello responde a la importancia del socialismo en la formulación antifascista de aquel momento y permite entender mejor la naturaleza del antifascismo que devino dominante en España a partir de julio del 1936, en el cual se combinaban las identidades, narrativas, símbolos y registros 1 El autor es miembro del grupo de Investigación de Excelencia Prometeo GEHTID (PROMETEO/2016/108), de la Consejería de Educación de la generalidad valenciana. 2 «La reunión del Parlamento en valencia», El Socialista, 2 de diciembre de 1936. 3 garcía, 2015 (a). 4 En su más reciente trabajo, Seidman, 2017, insiste en separar el caso español del de su entorno europeo más inmediato. https://doi.org/10.1387/hc.20456 955 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 de la clase obrera y la nación, como venía sucediendo en la cultura política del socialismo español con anterioridad. De este modo, con la prensa socialista como principal fuente, el artículo se divide en dos grandes bloques cronológicos. La primera parte se ocupa del antifascismo hasta octubre de 1934, mientras que la segunda se extiende desde entonces hasta el inicio de la guerra Civil. Octubre del año 1934 supuso un punto de inflexión en el seno del socialismo español, a causa de la configuración de dos grandes tendencias enfrentadas por el control de la dirección del PSOE. Se opta por el estudio de la corriente caballerista, por ser considerada la izquierda socialista más obrerista, a la cual parece lícito contraponer el caso del socialismo francés y, especialmente, su facción más a la izquierda dentro de la Séction Française de l’Internationale Ouvrière (SFIO) en aquel momento. Ambos sectores compartieron, en determinados momentos, una actitud crítica hacia la posición socialista en los respectivos pactos de Frente Popular, así como, a su modo, la condición de motores de la dinámica de unidad obrera. Así pues, la comparación puede resultar especialmente relevante para observar la concepción del antifascismo diseñada desde dichos sectores y la articulación entre las identidades de clase y nacional. Con ello, en conjunto, el artículo pretende acercarse a qué había más allá de la gran divisa del antifascismo, qué referentes, ideas y procesos le dieron forma. Entre obrerismo y nación: el crecimiento del antifascismo en el psoE, 1933-1934 La conversión del antifascismo en un elemento crecientemente relevante, como referente movilizador y explicativo del conflicto sociopolítico, se sitúa a lo largo del año 1933. Aunque existiera con anterioridad, el antifascismo se extendería por Europa con la caída del movimiento obrero alemán y se dejaría sentir en la transformación de los programas, estrategias y lenguajes políticos de la izquierda y del socialismo5. En España, también fue durante aquel año que, cada vez más, entre las culturas políticas de izquierda se desplegaron varias concepciones de fascismo y antifascismo, en un proceso que condujo a la convergencia alrededor del 5 Horn, 1996; vergnon, 1997; Rapone, 2004. 956 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller Frente Popular y la lucha contra el fascismo6. Asimismo, en el caso del PSOE, los sucesos políticos del año 1933 en España y el ascenso de Hitler al poder fueron claves para el viraje en su estrategia, pues sacarían a la luz los límites de la colaboración reformista ante los avances del fascismo en toda Europa, lo que se sumaba a la existente frustración derivada de las dificultades en la aplicación de las medidas del primer bienio7. Con ello, combatir el fascismo devino una pieza destacada en los planteamientos del socialismo español, al mismo tiempo que el posicionamiento socialista podía marcar el tipo de antifascismo que se impulsara en España8. De este modo, antes de 1933, la problemática del fascismo no suponía entre las filas socialistas una referencia fundamental, al margen del seguimiento más o menos atento de la política internacional. Ahora bien, la oposición al fascismo y a su hipotética llegada a España existió con anterioridad. Uno de los principales ámbitos en los que se citaba el peligro fascista fue el de la amenaza a la paz mundial y su vinculación con el capitalismo burgués9. Ello se dejó sentir en gran parte de la prensa socialista, por ejemplo, en el verano de 1932, al abrigo de los vaivenes de la política internacional y del aniversario del inicio de la gran guerra. Como muestra representativa10, la prensa socialista española reprodujo el manifiesto de la Federación Sindical Internacional y la Internacional Obrera Socialista de julio de 1932 en que, en nombre de la clase obrera, se acusaba al capitalismo y a sus cómplices fascistas de favorecer las políticas belicistas11. De forma similar, la redacción del periódico alicantino El Mundo obrero conectaba la violencia fascista al desconocimiento de las matanzas de la Primera guerra Mundial —«crimen del régimen burgués»— y 6 garcía, 2015 (b). 7 gallego, 2008; Preston, 1987; sobre la frustración socialista y su radicalización véase valero, 2015. 8 gallego, 2008, pp. 147-148. 9 El pacifismo fue también un elemento de conexión entre feminismo y antifascismo, Yusta, 2009. 10 Además de los casos que se citan a continuación, diferentes rotativos socialistas participaron de aquella dinámica. véase J. Toyos Buenaga, «De Mussolini a Hitler o el precio de los “patriotismos”», Vida Nueva (zaragoza), 30 de julio de 1932; Tomás Lorente, «Meditaciones», Vida Nueva, 20 de agosto de 1932; Aldabón, «Instantáneas», orientación Social (Alcoi), 11 de junio de 1932; Felipe Colomer, «Un peligro que se ofrece al mundo: el fascismo», orientación Social, 25 de junio de 1932; Agrupación Cultural, «Contra la guerra», orientación Social, 30 de julio de 1932. 11 «Manifiesto a todos los trabajadores del mundo», reproducido en El Socialista, 29 de julio de 1932, y en El Ariete, 16 de septiembre de 1932. https://doi.org/10.1387/hc.20456 957 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 a un patriotismo estrecho; aunque fuera lícito el amor por España, por ejemplo, el nacionalismo ya habría cumplido su misión histórica y el respeto por todas las naciones debía prevalecer. Más todavía en el caso de los obreros, quienes tendrían por patria su lugar de trabajo y vida12. Pero, también cupieron en el PSOE otras interpretaciones y usos del epíteto fascista. Entre ellas, no faltó su aplicación descalificativa hacia los socialistas catalanistas de la Unió Socialista de Catalunya, lanzada tanto desde Madrid como desde Barcelona13. Sin embargo, más importantes para lo que interesa aquí resultan planteamientos como los del dirigente Trifón gómez, quien, antes de la Segunda República, justificó la participación socialista en el entramado institucional de la Dictadura de Primo de Rivera como una forma de «rescatar a los trabajadores y a España del fascismo», pues sin la presencia socialista los sindicatos habrían caído bajo el control de los promotores del sindicalismo libre14. Igualmente, en la campaña electoral de abril de 1931, tras explicar que entonces solo cabía defender «el interés de la patria», a la cual amaban los socialistas, Largo subrayaba que las elecciones españolas podían ser un freno para el fascismo en Europa15. Según su opinión, el capitalismo trataba de imponer el fascismo en todas las naciones, frente a lo cual el triunfo de España sobre la Monarquía acabaría con el fascismo y la reacción. De este modo, la victoria socialista y republicana frente a la Corona, equiparada a una victoria de la nación, suponía una colaboración y un paso hacia un mundo pacífico y de progreso. La misma lógica alimentaba los análisis de El Socialista cuando, proclamada la Segunda República, se regocijaba de la liberación y del renacer nacional español, en un mapa político europeo amenazado por el fascismo. Por consiguiente, España y el pueblo español habrían de convertirse en la envidia de Europa en pocos años16. Estas últimas manifestaciones señalan que a principios de la década del 1930 convivían en el antifascismo socialista las connotaciones clasistas y las nacionales. Si bien el fascismo se relacionaba con el capitalismo y la opresión contra los obreros, su combate interesaba también a la na12 «¡La guerra!», El Mundo obrero, 6 de agosto de 1932. 13 Juan de Cataluña, «Socialismo o catalanismo», La Internacional, 3 de octubre de 1931; Cruz Salido, «glosas ingenuas», El Socialista, 10 de mayo de 1932. 14 PDP., «El grandioso mitin del viernes pasado», ¡Adelante! (Teruel), 22 de noviembre del 1930. 15 «En el teatro Maravillas», El Socialista, 7 de abril del 1931. 16 «Mapa político de Europa», El Socialista, 6 de mayo de 1931. 958 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller ción española y, de hecho, en el renacimiento y el triunfo de España sobre sus enemigos reaccionarios encontraría un muro de contención el fascismo. De este modo, la acción socialista aunaba en su lucha la dimensión obrera y nacional española y de su éxito derivaría la caída del fascismo, la prosperidad de España y el camino hacia el socialismo y la paz entre naciones. Este tipo de formulación se habría dado también en el socialismo francés ya durante la década de 192017. El conjunto de la SFIO entendía el fascismo como un movimiento nacionalista, antisocialista, antiparlamentario, violento y procedente de la Primera guerra Mundial. Además, a pesar de ser asociado con frecuencia a una especificidad italiana, los socialistas tendieron a asimilar el fascismo al nacionalismo de Charles Maurras y al movimiento boulangista del cambio de siglo y, por ello, a una amenaza para la República y para Francia. Así, frente a él, la defensa republicana constituía un terreno privilegiado para el antifascismo socialista. Aunque la facción izquierdista dentro de la SFIO, la Bataille Socialiste (BS), pusiera énfasis en la necesidad de la unidad proletaria antifascista —sin que ello excluyera pactos puntuales con la burguesía para cerrar el paso a la reacción18—, el fascismo se insertaba dentro de una historia nacional, un relato sobre la defensa de la Francia republicana en el cual el socialismo encarnaba los valores nacionales. Como escribía en 1930 Louis Levy en el periódico de dicha tendencia, «Plus le socialisme est fort, plus la République est forte»19. En este sentido, Jean zyromski, uno de los socialistas más destacados de la BS, encarnaba a la perfección la voluntad de afirmar la autonomía del Partido Socialista y, al mismo tiempo, de marcar claramente las diferencias respecto al republicanismo y el comunismo. Sin embargo, la trabazón entre socialismo y República Francesa podía salir a la luz ante movimientos como el fascismo, mediante la apelación a los mitos, revolucionarios y nacionales franceses a un tiempo, de agosto de 1792, febrero de 1848 y marzo de 187120. 17 La siguiente reflexión procede de Hohl, 2004, pp. 92-102. 18 Jean zyromski, «La position des problèmes de méthode socialiste», La Bataille Socialiste, Suplemento al número de enero de 1928. 19 Louis Levy, «En pleine réaction», La Bataille Socialiste, marzo de 1930. La frase sería tomada de Jean Jaurès. 20 Un ejemplo de esta retórica antes de 1933 en Jean zyromski, «Socialisme & République», La Bataille Socialiste, enero de 1931. https://doi.org/10.1387/hc.20456 959 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 No obstante, como se ha dicho, fue a partir del año 1933 cuando se multiplicó la preocupación por el fascismo en el socialismo español, al abrigo de las citadas transformaciones políticas en Europa y España. Al margen de la atención sobre la situación política internacional, la prensa del PSOE se fue haciendo eco del auge en España de las tendencias fascistas, según su criterio. Ante ello, y con el caso alemán en mente, ya en marzo de aquel año los socialistas no dudaron en plantear el combate tanto en el plano legal como en el de la acción directa y violenta: «estamos muy lejos de participar del pensamiento de quienes consideran suficientes los medios legales para impedir el desarrollo del fascismo». Pero también entonces se aprovechó para subrayar procedencia extranjera del movimiento, su estética y sus presupuestos, contra el nacionalismo español que afirmaría profesar21; una falta de españolidad que devino significativamente un tópico en la oposición al fascismo proclamada por el PSOE22. De este modo, la llegada de las elecciones de noviembre, tras la ruptura entre republicanos y socialistas, proporcionó un escenario apropiado para el despliegue por parte socialista de un antifascismo obrero y nacional español, basado en, y articulado a través de, una retórica, simbología y discursos que combinaban identidad nacional española e identidad de clase obrera. En efecto, de acuerdo con la dinámica política anunciada por Largo en su conocido mitin en el cine Pardiñas, en España llegaba el momento de la disyuntiva entre antimarxismo y marxismo, fascismo y socialismo23. Así, el grueso de líderes y rotativos del PSOE insistieron en plantear las elecciones como un enfrentamiento contra los partidarios de una dictadura fascista más o menos declarada24. El objetivo, por lo 21 «La preocupación del fascismo», El Socialista, 18 de marzo del 1933. En un sentido similar, «La gran pirueta» y «Los alborotos estudiantiles que no podemos ver con indiferencia», El Socialista, 11 de marzo de 1933. 22 En el mismo mes de marzo lo señalaron también la UgT en Cataluña en «¿Amenaza fascista?», Cataluña obrera, 24 de marzo de 1933; o los socialistas de Mahón en «Con perdigones», Justicia Social, 25 de marzo de 1933. 23 «El discurso de Largo Caballero en el Pardiñas», El Socialista, 25 de julio de 1933; el planteamiento electoral de noviembre de 1933, entre otros, en «Aceptación gustosa de una división», El Socialista, 13 de octubre de 1933. 24 Entre los numerosos ejemplos, el portavoz del PSOE en «Las banderas para las elecciones», El Socialista, 11 de octubre de 1933 y «El discurso de gil Robles», El Socialista, 17 de octubre de 1933; Fernando de los Ríos en «La campaña de propaganda socialista», El Socialista, 24 de octubre de 1933; Regina garcía en «A la lucha», ¡Trabajo! (Xàtiva), 28 de septiembre de 1933 (reproducido también en rotativos como Vida Nueva); Agapito garcía Atadell en «Frente a frente», República Social (valència), 29 de septiembre de 1933. 960 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller tanto, era claro: «lucha del proletariado español contra la reacción y el fascismo»25. Pero, los planteamientos de la lucha de clases y del posicionamiento combativo obrero antifascista no excluían otras dinámicas. De acuerdo con los socialistas, el fascismo venía a perpetuar un rol antinacional contrario a los auténticos intereses españoles, como el desarrollado por los enemigos históricos de la patria. Entre quienes, a costa del «sufrido pueblo», querían «reproducir en este generoso suelo ibérico las vergüenzas del musolinismo, del hitlerismo, [y] del carmonismo», se darían cita los asesinos de Fermín galán y Ángel garcía Hernández y los responsables, militares y clericales, de las pérdidas y derrotas coloniales españolas desde 189826. Más todavía, sobre las espaldas de la «turba cavernaria, borbónica y fascistizante» se cargaba el martirologio liberal y progresista de la contemporaneidad española, «la sangre del Empecinado, de Mariana Pineda, de Riego, de Prim, de Rizal, de Ferrer y de Fermín galán y garcía Hernández»27. La asociación del fascismo con una amplia gama política, bajo la etiqueta de «reacción», por parte socialista permitía, y se alimentaba de, su encaje en un entramado significativo de orden nacional: la narración de la lucha por la libertad española. Como planteaba Rodolfo Llopis, el enfrentamiento electoral entre la amalgama de «fascistas», «tradicionalistas», clericales y falsos republicanos contra los socialistas suponía la disputa de dos Españas: la que «amenaza con el fascismo» y la partidaria de los avances políticos y sociales; por ello, el diputado incitaba el patriotismo local alicantino en favor de la nación española y contra el «conglomerado antimarxista»28. El socialismo basó buena parte de su estrategia de movilización electoral en la apelación a la defensa de la nación en peligro29. Así lo explicitó a mediados de octubre El Socialista cuando llamó a formar candidaturas socialistas de acuerdo con los intereses del PSOE y los de España, ambos estrechamente vinculados. Hasta el punto de defender la militancia en el socialismo por su representación de una idea de nación dentro del conflicto existente entre dos Españas; el PSOE habría nacido y perseguiría la 25 «Ante las próximas elecciones», El Socialista, 31 de octubre de 1933. 26 «¡Ojo al fascio!», ¡Trabajo!, 5 de octubre de 1933. 27 orientación Social, 21 de octubre de 1933, p. 5. 28 «Rodolfo Llopis», El Mundo obrero, 18 de noviembre de 1933. 29 Martí, 2017 (a). https://doi.org/10.1387/hc.20456 961 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 realización de la «España de fisonomía trabajadora», la «España proletaria», frente a la de «nuestros enemigos», la «de los poseedores»30. Así, en uno de sus mítines más citados de aquella campaña, Largo advirtió de la organización fascista en España, cuyo fracaso auguraba gracias a la fidelidad socialista —también anarquista y comunista— de la clase obrera española. De este modo, deseaba que «las elecciones del próximo día 19 serán una manifestación de los trabajadores contra el fascismo». Además, tras afirmar la falsa condición democrática del capitalismo burgués, que no comportaría la realización del lema Libertad, Igualdad y Fraternidad; esperaba acceder al poder para avanzar en el camino hacia «la posesión absoluta del poder» y, por encima de etiquetas como la de la dictadura del proletariado, gobernar «en beneficio de la mayoría del país, que son los obreros». Según insistió el líder socialista, la clase obrera era el Estado, sustentaba el presupuesto de la maquinaria del país, por lo que podía afirmarse que gobernar para los productores era gobernar a favor de la nación, que «el interés nacional es, principalmente, el interés de la clase trabajadora»31. Por consiguiente, al mismo tiempo que los socialistas asumían la necesidad de la lucha antifascista obrera, así como del avance hacia la implantación del socialismo, se esforzaban por asociarse a la defensa de la auténtica nación, mediante la identificación de esta con la clase obrera. El componente obrero se ubicaba en el núcleo de España. En base a dicha lógica los socialistas defendieron su paso por el gobierno y denunciaron la entrega de la nación a la especulación capitalista extranjera, y con ella una traición a la soberanía española por parte de los gobiernos radicales32. Acusación que se vertió también contra los gobiernos salidos de las elecciones, y como durante la guerra Civil contra los sublevados, con el argumento de querer vender «nuestra independencia para convertir a los trabajadores en viles esclavos de Italia y Alemania», y ante la cual el socialismo clamaba por salvar a España33. En consecuencia, se podía afir30 «Pasquín electoral», El Socialista, 18 de octubre de 1933. Reproducido en otros periódicos socialistas como el coruñés Acción Socialista. 31 «Otro gran discurso de Largo Caballero», El Socialista, 10 de noviembre de 1933. Entre otros autores, villa, 2011, pp. 228-229, cita este mitin como muestra de la radicalización del discurso socialista. 32 «Concesiones a entidades extranjeras», El Socialista, 27 de octubre de 1933; «El importante acto socialista de Jaén», El Socialista, 7 de noviembre de 1933; p. 3, ¡Trabajo!, 18 de noviembre de 1933. 33 «España agoniza... ¡Salvémosla!», República Social, 6 de abril de 1934. 968 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller de 1934, más allá del caso de París, ya prefiguraron la respuesta unitaria de la izquierda francesa y, especialmente, emplazaron a la lucha contra el fascismo como reedición de la defensa de la República y del pueblo francés ante los sectores reaccionarios, los blancos contrarrevolucionarios57. Aquellas movilizaciones asumirían buena parte de los nuevos rituales antifascistas, como el puño en alto, y de los referentes obreristas, pero en convivencia con la simbología nacional francesa, las llamadas a la defensa del pueblo y las apelaciones a la tradición nacional revolucionaria58. Así se perfilaría una formulación antifascista desde el lenguaje del nacionalismo que no era exactamente el del republicanismo radical, ni la propuesta que entonces dominaba entre los comunistas. A propósito de la izquierda de la SFIO, en 1934, venía apostando por una orientación antifascista decidida para el partido, que debería descansar en la acción obrera articulada en torno al socialismo59. Y, tras los sucesos de febrero, líderes como zyromski insistían en la política autónoma de clase y en la ineficacia de las respuestas estrictamente parlamentarias, y menos en la colaboración gubernamental, para frenar el fascismo y salvar las libertades públicas60. En consonancia con los planteamientos del caballerismo, la respuesta obrerista y revolucionaria emergía como única respuesta válida en el contexto de la deriva fascista. Como explicaba Pivert, entonces en las filas de la BS, el Parlamento y la legalidad institucional se vislumbraban cada vez más impotentes para combatir al fascismo. En cambio, la nueva dinámica política imponía al antifascismo privilegiar métodos como la autodefensa proletaria, la movilización obrera en las calles, la consecución del poder y la toma de medidas decididas que, en expresión de Pivert, no serían para nada propias de «malos franceses», como la separación del ejército de los oficiales implicados en los motines del 6 de febrero61. Si bien se situaba en un plano destacado el componente obrero y revolucionario, se debe recordar que, como se ha dicho, la agitación de una idea de nación francesa, a través de la apelación a una particular historia y tradición revolucionaria propiamente francesas, no era un terreno desconocido para esta tendencia socialista. Además, entre la izquierda del so57 Prost, 1966 y 1986; Quellien, 1996; Marlin, 1998; Bétriche, 2003. 58 vergnon, 2006. 59 «Pour le Congrès du 11 février», La Bataille Socialiste, 15 de enero de 1934. 60 «La voie révolutionnaire», La Bataille Socialiste, 15 de febrero de 1934. 61 Marceau Pivert, «vers la décision...», La Bataille Socialiste, 15 de febrero de 1934. https://doi.org/10.1387/hc.20456 969 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 cialismo francés también se acogieron y reprodujeron las interpretaciones de febrero de 1934 como una muestra de la lucha antirrepublicana de las derechas, del mismo modo que habría sucedido durante el fin de siglo con el movimiento boulangista y el Affaire Dreyfus62. Así, la izquierda socialista pudo contribuir a la asociación del obrerismo y el antifascismo a una idea de nación francesa históricamente amenazada por las derechas reaccionarias. Sin duda el rol patriótico socialista ante el fascismo, en el marco de un relato de sentido nacional, se convirtió en un elemento bien explícito en el caso del PSOE y de su facción de izquierda. Así se puso de manifiesto en la (re)interpretación de Octubre por parte del conjunto del socialismo. Según ha indicado Rafael Cruz, los hechos de Asturias habrían sido llevados a cabo bajo el signo de la revolución de la clase obrera —lo que, como se ha tratado de argumentar, distaba mucho de excluir la dimensión nacional española—, mientras que, tras la represión generalizada al mundo sindical y asociativo izquierdista, devino símbolo del antifascismo y prueba de la brutalidad del enemigo en el contexto electoral de 193663. Sin embargo, como subrayó Francisco Erice, el lenguaje del patriotismo español fue una de las claves en la mitificación de Asturias64. En efecto, la Revolución de Octubre fue considerada por la izquierda socialista como la salvación de España contra el fascismo65. En una muestra paradigmática, Araquistáin desde Leviatán describía la situación de la República española entre 1933 y 1934 como de deslizamiento hacia «un fascismo apoyado especialmente en la propiedad territorial, en la Iglesia católica y en el Ejército». Según lo expresaba el intelectual santanderino, la intentona revolucionaria únicamente se dejó sentir con especial intensidad en la zona norte de España, en parte gracias a «el terreno abrupto de esas regiones y el carácter viril de esas razas cantábricas». Habría influido también el arraigo y colaboración marxista y anarquista, pero Araquistáin insistió en la línea anterior al considerar que los revolucionarios fueron reprimidos por «tropas mercenarias traídas de África, del Tercio, originariamente formado por extranjeros (…), y de Regulares, o sea de soldados marroquíes al servicio de España». Así, «los moros (…) que invadieron 62 Chambarlhac y Hohl, 2014, pp. 68-69. 63 Cruz, 2006. 64 Erice, 2010. 65 véanse como ejemplo representativo las declaraciones de Largo Caballero a Claridad en su edición de 18 de enero de 1936. 970 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller y dominaron España» entre los siglos viii y x v encontraron permiso para alcanzar ahora los montes asturianos, «Covadonga, donde se inició la reconquista». De esta manera se confería un sentido nacional a la lucha de la clase obrera, pues aquellas oligarquías, «unidas por el denominador común del fascismo», desempeñaban el papel de traidores a la patria, defendida por un proletariado asociado a la independencia y libertad española representada en el mito nacionalista de la Reconquista66. La izquierda socialista recurría a la idea mítica de la Reconquista para hacer de Octubre no solo una lucha antifascista, sino un enfrentamiento nacional entre patriotas y antipatriotas. De igual modo lo entendió el conjunto de la cultura política socialista. Así lo hizo la prensa prietista al considerar a los revolucionarios, insistiendo en la masculinidad obrera y nacional, «hijos del legendario Pelayo, el viril patriota de la batalla de Covadonga» en una lucha «no contra España, pero sí contra sus verdugos»67. Como también lo realizó el caballerismo cuando, además de lo visto hasta aquí, lanzó entre sus proclamas electorales la acusación de «DICEN QUE ELLOS SON ESPAñA y llevaron moros a «razziar» los hogares de honrados españoles»68. Estos argumentos se convirtieron en una cuña repetida con insistencia durante la campaña de principios de 1936 por parte de la prensa y los dirigentes de sensibilidad caballerista. Como sucedió, por ejemplo, en el caso del País valenciano, un bastión del caballerismo desde el cual el diputado Isidro Escandell denunció la utilización de quiénes fueron expulsados durante la Reconquista contra los obreros; o la prensa en Elche y Elda, que acusó por ello a la derecha de «¡Malos patriotas!» y de mentar «el nombre de nuestra nación» falsamente, a causa del recurso a «moros semisalvajes» en octubre de 193469. El antifascismo obrero y revolucionario se vestía con ropajes nacionales, lo que añadía legitimidad a los planteamientos antifascistas del socialismo. 66 Luis Araquistáin, «La revolución de octubre en España», Leviatán, febrero de 1936. Supuestamente, el artículo habría sido redactado en octubre de 1934 y publicado en Estados Unidos. 67 Joaquín gracia, «Covadonga y los patriotas», La Lucha de Clases, 1 de mayo de 1936. Léase también «Todo era mentira», El Socialista, 11 de enero de 1936 y «Cascabel político», El Socialista, 1 de febrero de 1936. 68 Claridad, 25 de enero de 1936. Idéntico en el también caballerista El obrero (Elche), de 2 febrero de 1936. 69 Escandell, ya en 1935, en «En la Casa del Pueblo», Izquierda (Xàtiva), 30 de noviembre de 1935; el resto de citas en El obrero, p. 4, 2 de febrero de 1936 y «Las derechas hablan ahora en nombre de España...», ¡Rebelión! (Elda), 15 de febrero de 1936. https://doi.org/10.1387/hc.20456 971 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 En este caso, se trata de un uso del relato del nacionalismo historiográfico con la finalidad de conjugar clase y nación en la formulación del antifascismo por parte del socialismo, lo que también se dio en el caso francés. De forma clara esto se produjo alrededor de la celebración del 14 de julio de 1935, momento clave en la formación del Frente Popular con el acercamiento republicano radical al pacto obrero y la acentuación del giro nacional del partido comunista70. Aquella celebración llegaba, según Faure, cuando resurgían los fermentos de 1789, 1848 y 1871 a causa de las provocaciones fascistas71. Mientras que el día antes de la celebración, Léon Blum sentía henchirse un gran patriotismo por el orgullo de rememorar la justicia y libertad introducidas por el pueblo francés, y que encontrarían continuidad en la lucha antifascista; aquel era «le vrai patriotisme [y] la vraie France». Por ello, llamaba a sacar a las calles la bandera de tricolor junto a la roja, a cantar la Marsellesa y la Internacional, y cerraba con la consigna de «vive la Nation! et vive la Révolution!»72. Si la dirección de la SFIO no tuvo inconvenientes en unir antifascismo, revolución, socialismo y nación, en hacer del antifascismo una reedición de la disputa histórica entre la auténtica Francia contra la reacción, ¿cómo lo interpretaba la izquierda del partido? En este sentido, dirigentes como Amédee Dunois participaron plenamente de aquella construcción nacional e historicista del antifascismo al definir el emergente Frente Popular como descendiente «en droite ligne de la Révolution française», que habría de unir dicha revolución con la social, y la agrupación más legitimada por ello a celebrar el 14 de julio73. De este modo, si el caballerismo se remontaba a la época medieval, desde la BS se podía retroceder al siglo x v i i i para trazar una continuidad entre jacobinismo y antifascismo, lo que remitía en última instancia a una identificación con la idea de nación francesa. Desde el primer momento de su constitución, en las páginas de La Bataille Socialiste sus representantes insistieron en aclarar que el Frente Popular no debía consistir en reeditar experiencias de colaboración parlamentaria, ni de ningún tipo de operación gubernamental, sino en una pieza 70 Entre las publicaciones más recientes que ponen el acento en el giro comunista Wolikow, 2016. 71 Paul Faure, «vers la République sociale», Le Populaire, 7 de julio de 1935. 72 Léon Blum, «La vraie France», Le Populaire, 13 de julio de 1935. 73 Amédee Dunois, «L’immortelle journée du 14 juillet 1789», Le Populaire, 7 de julio de 1935. 972 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller de la estrategia revolucionaria obrera vinculada a la lucha de clases. Por consiguiente, el movimiento obrero y el socialismo tenían la obligación de animar la congregación antifascista y evitar su limitación a aquellos ámbitos y a la defensa de la democracia burguesa. Pero, de forma similar a la izquierda del PSOE, en sus propuestas no se evitaban la apelación a la tradición revolucionaria francesa ni el confusionismo de las apelaciones obreristas junto a las genéricas hacia el pueblo de Francia, en contra de las oligarquías opresoras74. En dicho rotativo apenas se ofrecieron crónicas sobre los actos de unidad frentepopulista, dominados por la cohabitación simbólica entre nación y clase obrera; no era esa la misión de aquella publicación de orden más doctrinal. Asimismo, en las ocasiones en las que sí se informó sobre actos, como el 14 de julio de 1935 o las anteriores manifestaciones ante el Muro de los Federados o el Panteón en 1934, no se indicaba la presencia de referentes simbólicos nacionales75. Sin embargo, tampoco se dio un rechazo. En este sentido, la izquierda socialista impulsó los encuentros obreros unitarios en aquellos lugares de memoria franceses, cuyas connotaciones nacionales, tal vez, podían pasar desapercibidas a sus ojos precisamente por asumidas76. En cambio, la escisión de la gR sí hizo bien explícito su rechazo al giro patriótico comunista y a la retórica y simbología nacional francesa que envolvía el Frente Popular77. A este respecto, hay que insistir que esta tendencia de la SFIO se vio alimentada en parte por el rechazo a una nueva Unión Sagrada que condujera al partido y al movimiento obrero a tomar parte en la defensa armada de la nación. Esta problemática era particularmente viva en Francia y en el socialismo a causa del recuerdo de la gran guerra y la escisión de Tours. Con la creciente tensión internacional, aquel fue un foco de conflicto en el socialismo y el conjunto del antifascismo francés. En España, el PSOE no tuvo que afrontar con tal cru74 Jean zyromski, «Front Populaire et action de classe» y J. Peskine, «Le “Front Populaire” et l’organisation du proletariat», ambos en La Bataille Socialiste, agosto-septiembre de 1935. 75 Como ejemplo, E. Descourtieux, «Tout arrive!», La Bataille Socialiste, junio-julio de 1935; Amédée Dunois, «La B.S. dans le Pays» y André Delmas, p. 2, La Bataille Socialiste, enero de 1936. 76 Nora, 1997; Billig, 2014. 77 A modo de ejemplo, véanse las críticas al 14 de julio de 1936 en René Modiano, «Actualités du Front Populaire», y Maurice Dommanget, «Marseillaise ou Internationale?», La Gauche Révolutionnaire, julio-agosto de 1936. https://doi.org/10.1387/hc.20456 973 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 deza aquellas cuestiones en 1914, ni mucho menos se reprodujeron en la década de 1930. Por consiguiente, en general, la hipótesis de rechazar la fidelidad nacional en favor del derrotismo revolucionario no recorrió el caballerismo, ni en torno a aquellas problemáticas pudo alejarse de la idea de nación. De hecho, en el verano de 1935, Araquistáin no vio con malos ojos tanto la atención a la historia y la realidad nacional por parte comunista, ni su vocación de atracción de las democracias ante una hipotética guerra antifascista, como la pretensión de aplicar las mismas recetas frentepopulistas en todos los países, pues podría resultar en una pérdida de autonomía del movimiento obrero78. Es más, en polémica con el escritor Marcel Ollivier, Araquistáin sostuvo en Leviatán que llegado el momento se debería tomar partido en una guerra contra el fascismo y rehuir todo derrotismo revolucionario —de modo que se aproximaba a la idea de la defensa nacional realizada en 1914 por la mayoría de partidos socialistas79. Por lo tanto, el grueso de la gR, que acabó siendo expulsada de la SFIO años después y en la cual se daban cita corrientes disidentes también del comunismo, se diferenció de la BS en este aspecto y trató de situar en primer plano la identidad social por encima de la nacional, frente a las tendencias dominantes en el partido y, dentro de él, de la BS80. Ahora bien, cabe también mantener cierta cautela. Por ejemplo, en el caso de Pivert, inspirador de esta tendencia, no se puede pasar por alto su trabajo como encargado del servicio de cinematografía de la SFIO. Desde esa posición, Pivert documentó las manifestaciones antifascistas en conmemoración de la Comuna y del 14 de julio de 1935, en torno a las cuales aparecieron La Commune y Les Bastilles 1789-1935. Igualmente, tras la agresión a Blum de febrero de 1936 realizó otro pequeño film sobre lo sucedido. Todo ello formaría parte de las nuevas prácticas que la izquierda socialista trataba de incentivar en su combate antifascista81. No obstante, estas producciones nutrieron y difundieron la asociación del movimiento obrero y el antifascismo a la identidad nacional francesa, y, en el caso de la última, se potenció el culto a la personalidad de Blum, considerado un 78 Luis Araquistáin, «La nueva táctica comunista», Leviatán, agosto de 1935. 79 Marcel Ollivier, «La nueva táctica comunista (Réplica a Araquistáin)» y Luis Araquistáin, «Contrarréplica a Marcel Ollivier», Leviatán, septiembre de 1935. 80 Chambarlhac y Hohl, 2014, pp. 92-95. 81 Nadaud, 1990. El autor no señaló implicación nacional alguna en las nuevas estrategias militantes socialistas. 974 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller servidor del pueblo de Francia y de la nación en la lucha antifascista por el pan, la paz y la libertad82. Igualmente, en su apuesta por imponer una tendencia revolucionaria al gobierno frentepopulista, del cual se separó precisamente por sus posiciones respecto a la defensa nacional, Pivert y el pivertismo reclamaron la acción obrera contra las resistencias del Senado bajo el lema de derrocar la Bastilla, atacar a las doscientas familias y defender al pueblo83. Así pues, la retórica y la simbología nacional francesa no eran por completo ajenas a dicha tendencia y las pudo combinar con las demandas del antifascismo y el obrerismo socialista más radicales. Al margen de esto, los procesos electorales de 1936 a ambos lados de los Pirineos fueron aprovechados por el socialismo y sus tendencias izquierdistas para dar difusión a la articulación nacional del antifascismo. En este sentido, el caballerismo, de nuevo, emplazó las elecciones de febrero en el terreno de la histórica lucha por la liberación y realización de la nación española, amenazada ahora por el fascismo84. Así, el periódico Claridad reclamó a la militancia unidad en los mensajes electorales —por encima del «individualismo racial»— para denunciar la falta de españolidad derechista, su falso patriotismo, y apropiarse de la idea de nación mediante mensajes como: «ESPAñA SOMOS NOSOTROS. ¡LOS TRABAJADORES!»; «¡vota por el Frente de izquierdas! ¡Es votar por España!»85. Aquellos lemas se complementaron con otros recursos, como carteles cuyas imágenes trataban de demostrar gráficamente el enfrentamiento entre dos ideas de España contrapuestas: la España viva del Frente Popular y la España muerta de las derechas y el fascismo86. El mensaje era claro, como indicaba Largo, había que votar a «la España progresiva, la que trabaja (…) la que quiere ensalzar a España, y no a la España negra que representan ellos»; de esa manera, se podría proclamar que «España se ha salvado, y se pone en marcha para realizar su obra, que será efectuada por el Frente popular»87. De acuerdo con el líder socialista, frente al desorden y la violencia fascistas al servicio del capitalismo 82 Kergoat, 1994, p. 98; Chambarlhac, 2009, p. 5. 83 véase Delperrié de Bayac, 1972, p. 451. 84 Martí (2014). 85 Claridad, 25 de enero de 1936. 86 Claridad, 13 de febrero de 1936. El citado cartel mostraba, bajo la inscripción «el dieciséis de febrero: Encuentro», dos mapas de la península ibérica contrapuestos, uno oscuro y otro claro, con las respectivas inscripciones de «España muerta» y «España viva». 87 «Final de la campaña electoral», El Socialista, 16 de febrero de 1936. https://doi.org/10.1387/hc.20456 975 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 y la perpetuación de la dictadura burguesa, el proletariado tenía que permanecer unido y alcanzar el poder político para establecer su propia dictadura. Para acallar las críticas de aquellos postulados, Largo argumentaba que se trataba de una dictadura por otra y, además, que en ello no se realizaba ningún acto antipatriótico, pues «el verdadero patriotismo está en desarrollar la Constitución y la gobernación en provecho de todos»88. Este recurso a la patria en peligro y la asociación del antifascismo socialista como desarrollo del auténtico patriotismo también se hizo bien presente en las elecciones de 1936 en Francia. Líderes de primer orden, como Faure, reclamaron el voto para el socialismo —en primera ronda los componentes del Frente Popular acudían por separado y con sus propios programas— para la liberación de Francia de la amenaza fascista y como única solución para que la nación recuperase la prosperidad destruida por las oligarquías financieras e industriales89. En su esfuerzo por asociarse a la idea de nación, el socialismo francés convirtió a Blum en héroe nacional, como desde el comunismo se hizo con Maurice Thorez90. Asimismo, la dialéctica del enfrentamiento entre la Francia azul y la Francia blanca funcionó como marco de representación del conflicto sociopolítico del momento, y el socialismo contribuyó a su sistematización a lo largo de Francia, como fue el caso, por ejemplo, de Bretaña91. Por su parte, La Bataille Socialiste no fue profusa en la propaganda electoral, pero los integrantes de la BS no parece que constituyeran una excepción. Antes de la convocatoria electoral, en enero de 1936, desde sus páginas se reprodujeron las opiniones del dirigente de la Federación socialista del Sena Francis Desphelippon sosteniendo, como venía haciendo el caballerismo, la necesidad de infundir en la clase obrera la vocación de dirección, pues su interés y el del país se confundían y solo ella sería capaz de defenderlo ante el peligro fascista92. Una línea en la que se insistió desde la Federación de funcionarios al afirmar que «la tradition jacobine de notre pays» exigía que el gobierno recayese en los delegados frentepopulistas, contra los opresores del pueblo93. 88 «En plena campaña electoral», El Socialista, 4 de febrero de 1936. 89 Citado por vigreux, 2016, p. 82. 90 Chambarlhac, 2009. 91 Bargain-villéger, 2016. 92 «La Bataille Socialiste et le Front Populaire», La Bataille Socialiste, enero de 1936. 93 Fragmento de un discurso reproducido en p. 3, La Bataille Socialiste, enero de 1936. 976 Historia Contemporánea, 2020, 64, 953-982 Aurelio Martí Bataller La izquierda de la SFIO iba a continuar fiel a sus principios de impedir la participación ministerial en un gobierno republicano al abrigo del Frente Popular: o se asumía el mando del gobierno o se apoyaba sin participación. Ello encontraba, como se aprecia, una justificación nacional. El antifascismo y el gobierno socialista se alimentaban no solo del marxismo, sino también de la historia y la tradición que se consideraban auténticamente francesas. De este modo, con los resultados electorales, la BS apostó por la formación de un gobierno de combate dirigido por el partido socialista, con participación comunista, con la finalidad de representar y realizar los propósitos del pueblo de Francia94. En aquellos mismos meses de mediados de 1936, la izquierda socialista española también mantenía sus postulados de no perder la perspectiva revolucionaria obrera ante el fascismo95. Ahora bien, de manera similar al caso francés, el caballerismo no dudaba en asociarse a la auténtica españolidad frente al fascismo, pues partía de la certeza que la clase obrera constituía el núcleo esencial de la nación. Desde esta óptica, pedir el apaciguamiento social equivaldría a querer la supeditación de «los intereses de la clase obrera al llamado “interés nacional”» y en ello no habría nada de patriótico, sino más bien de ensoñación «de ciertos liberales utópicos y trasnochados y de ciertos nacionalistas, ahora denominados fascistas». Defender aquella posición, como habría hecho Indalecio Prieto, sería para el caballerismo hacer el juego al fascismo ya que este «nace y crece a la vera de un proletariado pasivo, iluso e impotente». Por el contrario, igual que sostenía la izquierda socialista francesa, era necesario mantener la acción obrera autónoma y revolucionaria. Ahora bien, si la lucha de clases era necesaria para llevar a buen puerto los destinos del proletariado, también se consideraba el requisito para la salvación nacional española: «la España que anhela la clase trabajadora es la única verdaderamente nacional y la única también que puede salvarse y engrandecerse (…) todas las otras Españas son antinacionales». El proletariado era el encargado de salvar «a la República del peligro fascista» y también a España «de una miseria secular»96. 94 Jean zyromski, «Nos tâches prochaines»; La Bataille Socialiste, «Projet de motion sur la situation politique», y R. Coeylas, «gouvernement de Front Populaire?», La Bataille Socialiste, mayo de 1936. 95 Luis Araquistáin, «El nuevo rumbo del Socialismo en España», Claridad, 30 de abril de 1936. 96 «Consejos equivocados y peligrosos», Claridad, 4 de mayo de 1936. https://doi.org/10.1387/hc.20456 977 La nación contra el fascismo: PSOE y SFIO, 1933-1936 Por consiguiente, es posible afirmar que la imbricación entre clase obrera y nación constituía una premisa incuestionable entre la izquierda socialista española —como del conjunto de la cultura política del PSOE. A tal efecto, como mínimo, su comportamiento fue similar al del grueso del socialismo francés y al de la tendencia izquierdista de la BS. Epílogo: el antifascismo en guerra El inicio de la guerra civil en España implicó nuevas dinámicas. En el caso español, el socialismo, con Largo Caballero al frente, tomó rápidamente las riendas del gobierno para luchar en un conflicto considerado al mismo tiempo antifascista y nacional. Aunque no se perdiera la pluralidad de interpretaciones, el antifascismo devendría principalmente fuente de legitimidad del poder político y del Frente Popular97. Entonces el grueso de los sindicatos y partidos políticos se unieron en torno al antifascismo frentepopulista para dar prioridad a la guerra y definirla como una guerra por la independencia de España frente al invasor extranjero, interpretación que se tornó omnipresente98. En el caso francés, como se ha dicho, la política y la hipótesis de una guerra internacional supuso una fuente de divergencias en el seno del antifascismo y del conjunto del socialismo. La explosión bélica en España contribuyó decididamente a hacer saltar por los aires el Frente Popular y la unidad antifascista. La Bataille Socialiste recibió la guerra en su número de noviembre99 y dejó constancia de la división. Aunque Camille Planche —posteriormente colaboracionista— llamó a recuperar el prestigio de Francia en política internacional, subrayando la necesidad de hacer ver a las potencias autoritarias y países democráticos que la Francia del Frente Popular «reste la France de la Révolution Française, des Droits de l’Homme et du Citoyen, et des Droits des Peuples»100; en aquella edición 97 godicheau, 2011; gallego, 2008; garcía, 2015 (b). 98 Núñez Seixas, 2006; una de las visiones pioneras al respecto en Juliá, 1989. A aquella dinámica se pudieron sumar sectores más o menos reluctantes hacia aquel antifascismo como las organizaciones antifascistas juveniles (Souto, 2013), la femenina Agrupación de Mujeres Antifascistas (Yusta, 2012) o el anarquismo (Baxmeyer, 2015). 99 Hasta donde se ha podido comprobar, no se publicaron números durante los meses de agosto, septiembre y octubre de 1936. 100 Camille Planche, «Se soumettre ou se démettre il faut choisir», La Bataille Socialiste, noviembre de 1936.