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MONTERO, Manuel (Ed.): La ciudad y el progreso. La construcción de la modernidad urbana. Editorial Comares, Granada, 2019, 249 pp.

Larrínaga Rodríguez, Carlos

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1070 Historia Contemporánea, 2020, 64, 1070-1072 HC ISSN 1130-2402 – eISSN 2340-0277 Historia Contemporánea, 2020, 62, 1070-1072 https://doi.org/10.1387/hc.21822 MONTERO, Manuel (ed.): La ciudad y el progreso. La construcción de la modernidad urbana, Editorial Comares, granada, 2019, 249 pp. En los años noventa, un buen número de historiadores centraron sus esfuerzos historiográficos en el estudio del protagonismo de las ciudades en la modernización española. Posiblemente, la obra más significa de esos años fuera la coordinada por José garcía Delgado y que llevaba por título precisamente Las ciudades en la modernización de España (Madrid, 1992). Al calor de esta corriente, se publicaron varios libros desde la historia contemporánea, la historia económica y la geografía urbana, pero el tema decayó un tanto en la década siguiente, aunque con notables excepciones, como los trabajos de Manuel gonzález Portilla y su equipo. Precisamente, continuando con esta labor historiográfica, algunos de los autores que participan en este volumen retomaron con fuerza esta idea de ciudad y modernización, sobresaliendo dos grupos de estudios, uno en el País vasco, liderado por el propio gonzález Portilla, y otro en Madrid, con Luis Enrique Otero a la cabeza. Fruto de estos esfuerzos han sido no sólo un importante número de tesis doctorales, sino también de libros de conjunto, los cuales se han convertido ya en referencia ineludible para los estudiosos del tema. Entre estos últimos, me estoy refiriendo a títulos como Las nuevas clases medias urbanas (Madrid, 2015), La sociedad urbana en España, 1900-1936 (Madrid, 2017), Inmigrantes en la ciudad (Bilbao, 2017), La ciudad moderna (Madrid, 2018) o La escuela y la despensa (Madrid, 2018), entre otros. Pues bien, a este nutrido número de libros, cabe sumar ahora La ciudad y el progreso. De hecho, en esta obra colectiva participan muchos de los autores que han tomado parte en los trabajos anteriores, por lo que constituye un resultado más de esa investigación. En este caso, en el título se juega con dos términos que son fundamentales, progreso y modernidad. Tradicionalmente, se ha identificado al mundo urbano con el progreso y la modernidad. Esto es así desde los primeros núcleos urbanos, pero de lo que no hay duda es que fue en las últimas décadas del siglo x i x y principios del x x cuando se produjo un claro acelerón en ese proceso de modernización. Un proceso estrechamente vinculado a la Segunda Revolución Industrial. Es verdad que la primera industrialización fue determinante para transformar el mundo tradicional en otro mundo completamente distinto. Tal es así que, tras el Neolítico, el otro gran acontecimiento de la Humanidad ha sido la Revolución Industrial. Sin embargo, fue desde la década de 1870 cuando se produjo una verdadera aceleración del proceso. Se pudo constatar no sólo en los procesos productivos y en la misma organización industrial, sino en los grandes avances científicos que se produjeron en la época: electricidad, petróleo, química, farmacéutica, etc. Pero, aparte, y en paralelo, en los agrandes avances que se dieron desde el punto de vista social y político. La transformación económica trajo aparejada cambios en lo demográfico (transición demográfica), en lo social (la llamada «cuestión so- Reseñas de libros https://doi.org/10.1387/hc.21822 1071 cial» y las distintas medidas intervencionistas que pusieron en marcha los gobiernos) y en lo político (con la aparición de nuevos partidos, nuevas sensibilidades políticas, etc.). Cambios, en definitiva, que empezaron a sustanciarse en las ciudades, que de esta forma se convirtieron en células de modernización y de progreso. Precisamente, este libro trata de estos aspectos que aquí se acaban de mencionar. En verdad, el gran salto adelante en España por lo que al mundo urbano se refiere, tuvo lugar en el primer tercio del siglo x x . Fue entonces cuando empezó a aumentar la población urbana, aunque sin ser aún preponderante. Fue entonces cuando se observa un desarrollo urbano creciente y, a la vez, complejo. No uniforme para toda España, sino con distintos ritmos, pues no es lo mismo hablar de localidades industriales de Cataluña, País vasco o Asturias, de agro-ciudades andaluzas o de una capital como Madrid. Las circunstancias son muy variadas, acorde con un país, España, que no logró unificar su mercado nacional prácticamente hasta comienzos del siglo x x . Desde luego, en este libro no se abordan todos los casos, ni mucho menos, pero sí se opta por dos ciudades representativas de estos cambios, Bilbao y Madrid. La primera como la gran metrópoli industrial de la España de finales del siglo x i x y principios del x x ; y la segunda, como la capital de un Estado contemporáneo ya consolidado, tal como ha demostrado recientemente Juan Pro. Una capital, por otro lado, que avanzaba en su expansión urbana y su primer desarrollo industrial. Por lo tanto, son dos ejemplos que, a mi modo de ver, son perfectamente válidos para cumplir con el objetivo de este libro. En este sentido, el estudio sobre guimaráes parecería un poco desubicado, aunque resulta sumamente interesante desde la perspectiva micro-histórica. Evidentemente, el hablar de modernidad implica hablar necesariamente de complejidad. Por eso, en esta obra se tocan diferentes problemas asociadas a ella, aunque no todas. Porque el libro no pretende agotar el tema, sino poner sobre la mesa algunas reflexiones al respecto, pudiendo servir de base para futuros trabajos. Así, por ejemplo, la vertiente demográfica del proceso es abordada por gonzález Portilla, Hernando y Urrutikoetxea, quienes se centran en el crecimiento de la población urbana y los desequilibrios regionales que generó. Por su parte, Antero Ferreira se ocupa del análisis de la ocupación espacial y la composición social de una ciudad media portuguesa, guimaráes. La vinculación entre ciudad, modernización e infraestructuras es una de las partes más importantes del libro, ya que a nadie se le escapa la relación especial que siempre ha existido entre ciudad e infraestructura. De esta forma, Luis Enrique Otero analiza la construcción de la red global de comunicaciones en España desde mediados del siglo x i x hasta 1936; Pedro Novo se centra en la gestión de los residuos urbanos en Bilbao; Mercedes Fernández y Nuria Rodríguez estudian el servicio público de alumbrado en Madrid; y Francisco Javier Muñoz los orígenes de la propiedad horizontal en Bilbao, muy vinculados a la gestión del espacio urbano. Pero como ya se ha dicho, en la ciudad tiene también lugar una modernización política y social, que también es estudiada en la obra. Así, mientras Carlos Reseñas de libros 1072 Historia Contemporánea, 2020, 64, 1070-1072 Hernández Quero y Rubén Pallol se ocupan de las culturas políticas en Madrid desde 1860 a 1936, José Mª Beascoechea y Susana Serrano estudian los espacios sociales y los nuevos comportamientos políticos en Bilbao, analizando en profundidad los comicios municipales de 1920. Y mientras Manuel Montero se fija en el asociacionismo bilbaíno en la formación de una sociedad de masas, Fernando vicente y Cristina de Pedro optan por el estudio de los bajos fondos madrileños, concluyendo la obra con un trabajo de Santiago de Miguel en el que aborda la influencia de la acción municipal socialista en las elecciones generales de Madrid durante la crisis de la Restauración. En definitiva, un buen puñado de aspectos tratados que reflejan bien a las claras esa complejidad de la modernización a la que antes me refería. Indudablemente, el tema no está agotado, pero con este trabajo y los anteriormente citados constituyen una excelente base para matizar, cuando no cuestionar, esa visión tan negativa que hasta hace poco se tenía de la modernización de España. Quizás con menos intensidad que en otros países, pero de manera nada desdeñable, la España del primer tercio del siglo x x experimentó cambios y transformaciones decisivos que se vieron interrumpidos por la guerra Civil. España se sumó a la Segunda Revolución Industrial y muchas de sus ciudades avanzaron por la senda de la modernización sin complejos. Precisamente, ésta es una de las principales lecciones que puede obtenerse de este libro y, por tanto, que debe ponerse en valor. Carlos Larrinaga