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Cantabria Contemporánea. Escritos de historia política, ciencia y literatura

Suárez Cortina, Manuel

Abstract

Esta obra constituye una aproximación a los marcos económicos, sociales, políticos y culturales de la región en los siglos XIX y XX. Se articula a partir de tres bloques. El primero, presenta una síntesis de la evolución socioeconómica y política de Cantabria a lo largo de dos siglos; el segundo se aproxima a cómo fue percibida la región desde la historiografía, la política y la literatura; por último, el tercer bloque es un acercamiento al imaginario social, cultural y político de cuatro figuras centrales de la historia regional: José María de Pereda, Amós de Escalante, Marcelino Menéndez y Pelayo y Enrique Diego Madrazo.

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Cantabria Contemporánea Escritos de historia política, ciencia y literatura Manuel Suárez Cortina Cantabria Contemporánea. Escritos de historia política, ciencia y literatura Colección DifunDe #280 CONSEJO EDITORIAL Luigi dell'Olio Presidente. Vicerrector de Investigación, Transferencia y Doctorado, Universidad de Cantabria Miguel Ángel Bringas Gutiérrez Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad de Cantabria Berta Casar Martínez Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (IBBTEC), Universidad de Cantabria Macarena García-Avello Fernández-Cueto Facultad de Educación, Universidad de Cantabria Guillelmo Gómez-Ceballos Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) Carlos Marichal Salinas Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México Marcelo Norberto Rougier Historia Económica y Social Argentina, UBA y CONICET (IIEP) Jónatan Piedra Gómez Instituto de Física de Cantabria (IFCA), Universidad de Cantabria Luis Sánchez González Ingeniería de Comunicaciones (DICOM), Universidad de Cantabria Jorge Luis Tomillo Urbina Facultad de Derecho (SANFI), Universidad de Cantabria Sofía Torallas Tovar Escuela de Estudios Históricos del Instituto de Estudios Avanzados, Princeton University Eva María Velasco Gil Centro Oceanográfico de Santander, Instituto Español de Oceanografía Aurelio Velázquez Hernández Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Cantabria Belmar Gándara Sancho Directora Editorial Universidad de Cantabria. Secretaria Cantabria Contemporánea. Escritos de historia política, ciencia y literatura • • Manuel Suárez Cortina Esta obra ha sido sometida a evaluación externa por pares ciegos, aprobada por el Comité Científico y ratificado por el Consejo Editorial de acuerdo con el Reglamento de la Editorial de la Universidad de Cantabria. © Imagen de cubierta: Joaquín Cano Quintana y Joaquín Martínez Cano © Manuel Suárez Cortina [Universidad de Cantabria] ORCID 0000-0001-9633-9866 © Editorial de la Universidad de Cantabria Edificio «Tres Torres», Torre C, planta –1 Avda. de los Castros, 52. 39005 Santander Tlfno.: +34 942 201 087 ISNI: 0000 0005 0686 0180 www.editorial.unican.es © Parlamento de Cantabria © La Sociedad Menendez Pelayo edita esta publicación con el apoyo del gobierno de Cantabria ISBN: 978-84-19897-30-5 (PDF) DOI: https://doi.org/10.22429/Euc2025.014 Maquetación: Pedro Cid Licencia Creative Commons 4.0 Internacional Atribución - No Comercial - Sin derivados THEMA: NH, JP, 1DSE-ES-F, 3MN, 3MP Esta edición es propiedad de la Editorial dE la UnivErsidad dE Cantabria; cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación solo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra. Suárez Cortina, Manuel, autor Cantabria contemporánea : escritos de historia política, ciencia y literatura / Manuel Suárez Cortina. – Santander : Editorial de la Universidad de Cantabria, 2025 279 páginas. – (Difunde ; 280) ISBN 978-84-19897-30-5 1. Cantabria (España)-Historia-S. XIX-XX. 2. Cantabria (España)-Política y gobierno-S. XIX-XX. 3. Cantabria (España)-Vida intelectual-S. XIX-XX. 94(460.13)"18/19" SUMARIO introdUCCión ................................................................................................ 11 I CANTABRIA EN LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA 1. Cantabria ContEmporánEa, 1833-1975 ................................................. 23 La burguesía mercantil y el fin de la sociedad tradicional ................... 25 La industrialización y el desarrollo de la sociedad moderna ............... 29 Cantabria durante el franquismo ........................................................... 34 Una identidad regional tardía ................................................................. 39 La cultura ................................................................................................ 42 La Escuela Montañesa ...................................................................... 43 El regionalismo literario ................................................................... 46 La cultura popular y socialista ......................................................... 49 2. Cantabria, ComUnidad aUtónoma, 1975-2006 .................................... 53 Bases demográficas, económicas y sociales .......................................... 57 La construcción de la Comunidad Autónoma: transición democrática y autonomía regional (1975-1982) .................................................... 68 La Comunidad Autónoma de Cantabria (1982-2006): Instituciones y evolución política .......................................................................... 76 De Artes y Letras. La cultura en la Cantabria autónoma ...................... 99 II LA CUESTIÓN REGIONAL. HISTORIOGRAFÍA Y POLÍTICA 3. El disCUrso históriCo En Cantabria. orígEnEs y dEsarrollo ........... 113 El tubalismo y la confrontación vascocantabrismo/ montañacantabrismo ........................................................................ 116 Revolución liberal y romanticismo historiográfico: Manuel de Assas y la mitohistoria ................................................... 120 Historiografía y particularismo centrípeto. Mateo Escagedo Salmón ... 123 La institucionalización de los estudios históricos: el Centro de Estudios Montañeses ................................................................... 126 Universidad, ciencia histórica y autonomía regional: lahistoriografía moderna ................................................................. 129 4. dE la tradiCión al nUEvo Estado libEral: El particularismo centrípeto montañés ............................................... 133 La Cantabria preliberal, un mosaico de territorios desintegrados ........ 136 Burguesía santanderina, desarrollo económico y castellanismo .......... 139 Religión y cuestión regional: tradicionalismo, nacionalcatolicismo e integrismo ...................................................................................... 143 Liberalismo y regionalismo .................................................................... 150 La cuestión regional en la dictadura de Primo de Rivera ..................... 152 La democracia republicana y la cuestión regional en Cantabria .......... 155 A modo de conclusión. Las constantes del particularismo centrípeto.. 159 III POLÍTICA, CIENCIA Y LITERATURA 5. José maría dE pErEda. tradiCión, rEgionalismo y CrítiCa dE la modErnidad .................................................................................. 165 José María Pereda y la Cantabria tradicional ......................................... 165 Contra la modernidad y el cambio social .............................................. 169 Novela y regionalismo literario .............................................................. 179 6. amos dE EsCalantE, Un caballero de las letras ................................ 185 Romanticismo y Escuela montañesa ...................................................... 185 Burguesía mercantil y recuperación del pasado ................................... 199 Entre lo regional y el cosmopolitismo: la literatura de viajes ............... 203 7. marCElino mEnéndEz pElayo: CatóliCo, ErUdito y hUmanista ............................................................................................ 211 Las bases de una biografía intelectual y política .................................. 213 Menéndez Pelayo: cultura clásica, crítica literaria y academicismo ..... 226 De ortodoxias y heterodoxias: el menendezpelayismo y sus adversarios ............................................................................... 231 8. EnriqUE diEgo madrazo. CiEnCia y rEgEnEraCión naCional En El santandEr dE EntrE siglos .......................................... 241 Santander en la crisis de fin de siglo ..................................................... 242 La crisis de las naciones latinas y la regeneración nacional ................. 250 Ciencia, Eugenesia y regeneración en Enrique Diego Madrazo ........... 255 La difusión del ideal eugénico: la escuela y el teatro ........................... 261 Educación y regeneración ................................................................ 261 Empresario y autor teatral ................................................................ 263 República, democracia y laicismo .......................................................... 268 Tradición y modernidad en el universo social de Madrazo ................. 270 sElECCión bibliográfiCa ............................................................................... 275 16 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura tantes de sus elites: José María de Pereda, Amós de Escalante, Marcelino Menéndez Pelayo y Enrique Diego Madrazo. Es obvio que ellos no agotan las referencias necesarias para dar una caracterización completa de la literatura y ciencia en la región, pero es indudable que cada uno desde su perspectiva filosófica, cultural y/o científica alumbra de una manera especial los hitos de la cultura regional. En el capítulo quinto: «José María de Pereda: tradición, regionalismo y crítica de la modernidad» nos acercamos a la vida y obra de quien es considerado el principal exponente de la literatura regional en la segunda mitad del sigloXIX. Se produce en José María de Pereda la singular imbricación entre actividad literaria, asociada a las nuevas normas de la literatura realista desde el medio siglo, con una idealización del pasado que fue recreando en una amplia obra literaria que podemos caracterizar desde el punto de vida de la historia cultural de la política como tradicionalista, regionalista y de intensa crítica de la modernidad. Tres referentes que se reproducen de una manera permanente tanto en sus artículos de costumbres, novelas, así como en ensayos y discursos. Fue Pereda, como se muestra en este capítulo, un hombre de negocios que miraba su entorno con añoranza de tiempos pasados, que recreaba su universo literario desde la afirmación de la superioridad del orden social preliberal frente a la corrupción y banalidad de los tiempos modernos, los del liberalismo, los partidos políticos y las elecciones, en las que participó como candidato carlista en 1871. Tradicionalista en lo cultural, carlista en lo político, inversor capitalista en lo económico, fue el exponente más firme de la defensa de un regionalismo sentimental, de defensa de la naturaleza, de sus aromas y sabores, que evitaba su conversión en un regionalismo político que el escritor de Polanco detestaba por su asociación con la experiencia catalana. El tradicionalismo político y cultural de Pereda se ve acompañado desde la segunda mitad del sigloXIX por la singular figura de Amós de Escalante. Tradicionalista, el primero, liberal asociado a la Unión Liberal, Amós de Escalante no podía dejar de ser otro defensor de las tradiciones regionales. En el capítulo sexto: «Amós de Escalante, un Caballero de las Letras» nos acercamos a su tarea de novelar el pasado regional y a la apertura de su horizonte regional desde una creación literaria asentaba sobre la experiencia de sus viajes. A través de la novela histórica y de la «literatura de viajes» Escalante («Juan García») nos deja un patrimonio literario en el que el gusto por el uso de la lengua, una pluma, a menudo exaltada, siempre barroca, nos acerca a la historia de la región con obras tan acabadas como Ave Maris Stella. Culto, viajero, su literatura de viajes –muy del estilo de los 17 Introducción miembros de la nobleza y alta burguesía de la primera mitad del sigloXIX– ofrece una variadísima propuesta de recuperación y reconocimiento de la cultura clásica. A diferencia de Pereda, cuya obra rezuma elementos cromatísticos, donde la agilidad del escritor esboza estilos de vida, comportamientos sociales y tradiciones a través de acuarelas muy bien diseñadas, Escalante, por su parte, se adentra en el duro trabajo de la documentación, en la profundidad de un estudio previo que va a percibirse con fuerza en todos sus textos. Sin duda, Escalante, y con él, Pereda y Menéndez Pelayo, constituye el referente más claro de lo que fue una cultura regional dominada por los componentestradicionales, por el catolicismo y por el esfuerza de crear unos referentes literarios y eruditos en la Cantabria liberal, pero, a su vez, muy asociada a una tradición de clara inclinación conservadora. Es Marcelino Menéndez Pelayo quien mejor representa este horizonte cultural y filosófico, dominante en la región en las décadas de entre siglos. En el capítulo séptimo: «Marcelino Menéndez Pelayo: católico, erudito y humanista» se lleva a cabo una caracterización de la obra y legado de quien es considerado con razón la figura más relevante de la cultura regional. Con una inmensa obra que hoy ha difundido de forma espléndida la Sociedad Menéndez Pelayo, el autor santanderino se embarcó desde muy joven en una tarea de reconstrucción de la tradición católica, de su inmersión en la tradición clásica y en la deslegitimación de sus adversarios, sobre todo aquellos que desde la filosofía krausista trataron de establecer en España un referente cultural y político ajeno a los componentes confesionales del sistema de la Restauración. Para caracterizar su vida y obra se lleva a cabo aquí una presentación sintética de su biografía intelectual y política, de un lado; pero, al mismo tiempo, se ve a Menéndez Pelayo como un autor muy reconocido en su tiempo, como una figura que, al igual que hiciera Amós de Escalante, mostró una gran defensa de la lengua y la cultura clásicas, que desarrolló una intensa actividad de crítico literario y que vio exaltada su aportación a la cultura de su tiempo a través de su pertenencia a las tres grandes academias: de la Historia, de la Lengua y de las Bellas Artes. Gran agitador contra las heterodoxias, Menéndez Pelayo está en las antípodas de Enrique Diego Madrazo. Católico el primero, profundo anticlerical, el segundo, Madrazo representa en el Santander de fin de siglo la variante científica, republicana y anticlerical de una parte significativa de lasociedad regional. En el capítulo octavo: «Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santander de entre siglos» se muestra cómo la ciencia 18 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura constituye el acerbo desde el que el cirujano del Valle del Pas busca la regeneración de la raza, en un momento de gran debate internacional entre anglosajones y latinos. Vinculado al movimiento regenerador que tuvo en Joaquín Costa, Lucas Mallada, Rafael Altamira, Luis Morote o Santiago Alba sus máximos representantes a nivel nacional, el médico de la Vega del Pas encontró en Ramón Sánchez Díaz o Ricardo Macías Picavea sus correlatos regionales. Porque, en efecto, la propuesta regeneradora de Madrazo se asentaba sobre un conjunto de dicotomías muy establecidas en su imaginario: mundo rural y urbano, república y monarquía; laicismo y confesionalidad; oligarquía y pueblo, ricos y pobres; educación e ignorancia, salud y enfermedad, hombre y mujer… que van recorriendo su dilatada obra ensayística y teatral a través de la que expuso sus ideales científicos y eugénicos para la recuperación de la raza española. Desarrollando su actividad en el Santander de fin de siglo, Madrazo no solo fue un eminente cirujano formado en la escuela naturalista del Dr.Bernard en París, sino que para difundir su ideal científico regenerador se valió de medios múltiples: la medicina, la educación, el teatro, instrumentos todos ellos orientados a un fin común: restaurar al hombre en su vínculo con la naturaleza. Alejarse de la manera insana que el mundo urbano imponía al ciudadano con modos de vida y planteamientos doctrinales y sociales inadecuados para el fin de la vida: la salud. Para este cometido Madrazo se alineó con las corrientes del progreso que hicieron de la mentalidad positivista, de la práctica médica y de la eugenesia instrumentos centrales de una singular epopeya a favor de una vida sana que vinculó más al universo rural, asociado a la naturaleza y al campesinado, que a un mundo urbano que en el Santander de entre siglos representaron una burguesía, asociada a la Iglesia y a una monarquía que hizo de la Magdalena y del veraneo real, símbolos de la modernidad de la ciudad. Hay en Madrazo una clara defensa del universo rural alejado de arcadias tradicionalistas, pero renuente a admitir el mundo urbano como el depositario de la buena salud, individual y social. Fue, en este sentido, y junto al pequeño núcleo de los institucionistas, entre los que destacaban las figuras de Augusto González de Linares, Luis de Hoyos Sainz –y con ellos Benito Pérez Galdós, asiduo residente de los veranos santanderinos desde su quinta de San Quintín– portavoces en mayor o menor medida de la cultura de la ciencia que contrastaba contra la mirada tradicionalista y católica del sector más conservador, aquel que asociaba a Amos de Escalante, Pereda y Menéndez Pelayo. 19 Introducción Parece oportuno resaltar que Cantabria, una de las Comunidades Autónomas de la España democrátrica, ha conocido un largo periplo en su tránsito a la modernidad. Y en el mismo conviene recordar que tal proceso ha experimentado unas profundas mutaciones sociales, jurídicas y políticas que dejaron su huella en la propia nomenclatura regional. Si en el universo del Antiguo régimen, bajo el nombre de «la Montaña» (término impreciso, pero reconocible como el ámbito de dominio señorial, de la jerarquía corporativa, del privilegio, del concejo abierto y de las behetrías, donde dominaba el patriarca) en el tránsito al sigloXIX se producen significativos cambios. Al dualismo entre la Cantabria interior y las villas de la costa, bajo el dominio de la ciudad de Santander, con la revolución liberal y la formación de la Provincia de Santander (1833) se abre un largo siglo de dominio de la burguesía, de liberalismo «oligárquico» y de duro contenido antidemocrático. Y sería siglo y medio después, tras el final del régimen franquista, en el marco de la transición democrática, que se generaría un nuevo tiempo en Cantabria: el de la democracia y la autonomía regional. «La Montaña», «Provincia de Santander» y «Cantabria» dan nombre, representación e imaginario a tres períodos históricos muy distintos. A lo largo de los mismos Cantabria evolucionó y se adaptó a las exigencias de cada etapa con mayor o menor suerte, manteniendo sus singularidades, pero sin alejarse de los componentes modernizadores a los que se acogió el conjunto de España. En definitiva, estas aproximaciones a la realidad histórica de Cantabria en sus dimensiones económicas, sociales, políticas y culturales, sin llegar a constituir una historia contemporánea de la región, nos permiten delimitar los marcos básicos que tienen su razón de ser en los procesos transformadores que trajo consigo la modernidad. I CANTABRIA EN LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA 1. CANTABRIA CONTEMPORÁNEA, 1833-19751 E l nacimiento de la Cantabria contemporánea está estrechamente asociado a la aparición de dos procesos de distinta naturaleza. El primero, socio-económico, se relaciona con el nacimiento y desarrollo de la burguesía mercantil santanderina, protagonista del avance económico y de la expansión demográfica de Santander desde mediados del sigloXVIII. El segundo, político, se deriva de las reformas administrativas decretadas por Javier de Burgos el 30 de noviembre de 1833 reordenando la organización provincial de España. En su artículo 2 el decreto establecía que Castilla la Vieja quedaba dividida en ocho provincias: Burgos, Valladolid, Palencia, Ávila, Segovia, Soria, Logroño y Santander. Dicha articulación territorial, organización socio-espacial, administrativa y política, conformó lo que desde entonces se conoce como Provincia de Santander, con capital en la ciudad del mismo nombre. La Cantabria contemporánea se constituye así en un complejo proceso socioeconómico, pero también político y administrativo –en menor grado cultural– que arrancando de la década de los treinta del siglo pasado llega hasta nosotros cristalizada como Comunidad Autónoma tras el proceso descentralizador abordado por el Estado Español con la aprobación de la Constitución de 1978 y el desarrollo de las Autonomías. Cantabria, entendida en sus actuales términos, como provincia, primero, como Comunidad Autónoma, más tarde, encuentra su raíz fundamental en los procesos socioeconómicos y políticos que alumbraron la España contemporánea. No es históricamente adecuado fundamentar la Cantabria autónoma en la Montaña tradicional, diversa en sus componentes geográficos, territorio, administración, universo simbólico y sujetos sociales. Como ha 1 Una primera versión de este capítulo se publicó en Alfonso Moure (ed.), Cantabria. Historia e Instituciones, Santander, Universidad de Cantabria/Parlamento de Cantabria, 2002, pp. 103-129. 24 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura mostrado recientemente José Ortega Valcárcel (1995), la Cantabria actual más que de una herencia histórica ancestral, o de su naturaleza étnica o cultural preexistente, es el producto de la inserción de este país en el mundo moderno. La Montaña tradicional, como ponen de manifiesto los trabajos históricos más recientes, constituye un referente equívoco que nos remite a sujetos sociales, marcos político-administrativos y procesos socio-históricos que dificultan una adecuada comprensión de la naturaleza moderna, de la contemporaneidad propiamente dicha, a que se vincula el nacimiento y desarrollo de la Cantabria actual. La Cantabria autónoma, expresión del universo democrático asociado a la Monarquía parlamentaria es el resultado de un proceso histórico y una sociedad determinados, se ajusta a las necesidades de su momento histórico, como la provincia de Santander lo fue, a su vez, de su tiempo y protagonistas sociales. Del mismo modo que los marcos territoriales e institucionales del Antiguo Régimen parecieron caducos a la burguesía mercantil santanderina, las exigencias de la democracia actual demandaron a finales de los setenta y primeros ochenta una autonomía regional que no por su vocación particularista renuncia a su pasado de secular vínculo a Castilla. La Cantabria contemporánea es, de esta manera, la historia de una construcción social, política y administrativa, también cultural y simbólica, muy reciente en el tiempo. Su legado se asienta en los procesos sociopolíticos establecidos en la región tras la revolución liberal de las primeras décadas del sigloXIX. A comienzos de esa centuria las clases dirigentes de la región, bajo el indiscutible liderazgo de la burguesía mercantil, dieron por concluidos los litigios que los enfrentaban desde los últimos años del sigloXVIII; de un lado, la confrontación de Santander y la Junta de los Valles, se resolvió en favor de la nueva organización provincial, conforme a las aspiraciones de aquella; del mismo modo las demandas de Laredo de mantener el control judicial y administrativo tuvieron que ceder ante la fuerza de una burguesía mercantil santanderina que encontró en la Administración del Estado su mejor mentor. De otro, Santander, sede del obispado desde 1754, acoge el control de todas las jurisdicciones –administrativa, política, militar y religiosa– expresando así un dominio económico y político incuestionable. La Cantabria de los dos últimos siglos se muestra como una región sometida a los vaivenes socioeconómicos y políticos de la España en la que se inserta. Poderosa en su expresión geográfica, presenta unos registros débiles en su demografía (los 214.000 habitantes de 1857 se convierten en 490.000 en 1975), una economía en la que sobresale su vocación mercantil e industrial y una cultura conservadora que nos apunta a un apego de sus 25 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 gentes a la tradición regional, tan bien representada por Pereda y Menéndez Pelayo. La acomodación de la región a los retos del mundo moderno está presente en el espíritu científico de González de Linares, de Madrazo, o en la mente especulativa de Torres Quevedo. Cantabria es así un híbrido de tradiciones, de culturas, de tendencias en el pensamiento y de propuestas de futuro múltiples que dificultan una representación única de lo que en su conjunto es plural y diverso. Cuadro 1. Evolución de la población de Cantabria y España (1857-1975) Año Cantabria España Población de hecho Índice T.C.A. % Población de hecho Índice T.C.A. % 1857 214.443 100,0 –15.464.340 100,0 – 1860 219.996 102,6 0,85 15.658.531 101,3 0,46 1877 235.299 109,7 0,39 15.663.345 101,3 0,01 1887 244.274 113,9 0,38 17.563.407 113,6 0,11 1897 263.673 123,0 0,76 18.089.546 117,0 0,28 1900 276.003 128,7 1,15 18.616.630 120,4 1,01 1910 302.965 141,3 0,93 19.990.909 127,7 0,72 1920 327.956 152,9 0,79 21.388.551 129,3 0,67 1930 364.147 169,8 1,05 23.677.095 153,1 1,02 1940 393.147 183,3 0,76 26.014.278 168,2 0,95 1950 404.921 188,8 0,29 28.117.873 181,8 0,78 1960 432.132 201,5 0,65 30.528.539 197,4 0,83 1970 467.138 217,8 0,78 33.956.047 219,6 1,06 1985 490.816 228,6 0,46 35.400.859 228,9 0,67 1981 510.816 238,2 0,41 37.680.960 243,7 1,23 fUEntE: Pedro Reques Velasco, Población y Territorio en Cantabria. Santander, Universidad de Cantabria/Asamblea Regional, 1997, p. 73. LA BURGUESÍA MERCANTIL Y EL FIN DE LA SOCIEDAD TRADICIONAL C on base en los negocios portuarios, a partir de una actividad de intermediación de la producción harinera castellana y las Colonias, la burguesía santanderina construyó un poderoso emporio que convirtió la pequeña villa agro-marinera de mediados del sigloXVIII en una pujante 32 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura nadas a las estrategias y actuaciones del nivel superior de la sociedad de la burguesía mercantil. Fue la burguesía el sector más homogéneo, el que respondió más abiertamente a una mentalidad capitalista con estrategias económicas, políticas y sociales más definidas. Ella controló de un modo firme el conjunto de la sociedad a partir de un orden social que conjuntamente puede ser caracterizado como católico en lo moral, liberal y conservador en lo social y político y protegido en lo económico. Una densa red de intereses materiales, estrategias matrimoniales y afinidades políticas básicas dotó a esta burguesía de una endogamia que pervivió durante varias generaciones. Por razones de renta, residencia, modos de sociabilidad y cultura, la permeabilidad entre los distintos estratos de la sociedad cántabra no fue muy alta. Cada sector tendió a reproducirse internamente y la movilidad social ascendente se vio limitada por la estabilidad de un sistema dotado de un alto grado de rigidez que conoció pocos impactos externos hasta las décadas de los sesenta y setenta del sigloXX, cuando la segunda fase de la industrialización española barrió las secuelas del viejo orden social liberal. En la sociedad rural el control estuvo muy asociado a la Iglesia, protagonista principal de una acción sindical católica que mantuvo al pequeño propietario bajo su férula hasta muy avanzado el siglo. En la ciudad y los barrios periféricos la penetración de los sindicatos de clase abrió el camino a la toma de conciencia de un proletariado que tuvo un peso creciente en los talleres y minas del cinturón industrial de la Bahía, en Torrelavega y Reinosa. Con distinta intensidad esta cultura obrera se fue abriendo paso, creando espacios de autonomía e independencia respecto de la cultura burguesa dominante. Apoyó primero las demandas de cambio político representado por el republicanismo cuyo peso en la capital, Santander, se dejó sentir con fuerza a principios de sigloXX. Más tarde, dentro de unos límites restringidos construyó opciones políticas y sindicales bien perceptibles en la existencia de una prensa, sindicatos y medios de sociabilidad autónomos. A menudo con nexos en los sectores progresistas de la burguesía, cuyo republicanismo se mantuvo sometido por la fuerza del clientelismo caciquil, la cultura obrera, como la popular en su conjunto, fue la expresión de que la sociedad regional estaba en sintonía con las grandes corrientes de pensamiento que caracterizaron la modernidad. El dominio político burgués se acomodó perfectamente al turno político establecido por Cánovas y Sagasta desde 1885. En los partidos Conservador y Liberal encontraron cobijo las oligarquías locales cuya influencia sobre 33 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 los vecinos derivaba de su fuerza económica, mayor nivel cultural y control de las instituciones locales. A partir de un sistema de fraude –compra de votos, falsificación de censos y resultados, coacción económica, favores administrativos…– el caciquismo mantuvo un dominio político incontestable en toda la región, pues allí donde el republicanismo mantuvo más fuerza fue sometido por el voto rural, más proclive al control y fraude electoral. Desde el punto de vista social ambos partidos Liberal y Conservador representaron una alianza tácita de las clases propietarias –burguesía santanderina y nobleza montañesa– y junto a ellas de los sectores más potentes de las clases medias rurales y urbanas. Conservadores fueron los Viesca, Torreanáz y Alvear, entre otros; liberales, García Lomas, Eguilior o Garnica. Uno y otro sector se imbricó en su clase a partir de ese denso tramado de relaciones familiares y económicas que caracterizó, más allá de la adscripción concreta de partido, los intereses globales del grupo. A lo largo del período de la Restauración el turno en la región se reprodujo sin sobresaltos acorde con el ritmo y exigencias del sistema en el resto del país. Los conservadores, sobre todo desde las primeras décadasdel siglo pasado, mantuvieron un control político que neutralizó la pujanza delrepublicanismo santanderino. El Partido Conservador fue el verdadero protagonista de la política provincial, primero, bajo la dirección de Torreanáz, más tarde, de la de Ruano de la Sota. La izquierda extrasistema, representada por un republicanismo dividido por razones de doctrina y estrategia, no pudo alcanzar más allá de Santander un espacio político sólido. Con todo desde 1917 socialistas y republicanos encontraron algún arraigo en los núcleos urbanos que habían conocido transformaciones productivas y cambio social bajo el impacto de las nuevas inversiones industriales y mineras en Torrelavega, Camargo, Astillero, Cabezón, Reinosa o Los Corrales de Buelna. La Dictadura de Primo de Rivera con la liquidación de la vida parlamentaria cortó cualquier posibilidad de cambio político progresista. La deslegitimación de los partidos del sistema, la neutralización de los principios liberales parlamentarios dio protagonismo en Cantabria a aquellos sectores del maurismo y del catolicismo social que lideraron Unión Patriótica en la región. La política económica del régimen no hizo otra cosa que acentuar las tendencias corporativas, facilitando el crecimiento de la UGT en el medio urbano –alcanzó carca de 5000 efectivos– y de unos sindicatos católicos en el medio rural que agruparon al 25 % de las familias ganaderas. La oposición al régimen expulsó del poder a Primo de Rivera y poco más tarde en la primavera de 1931 la victoria electoral de los republicanos dio por concluida la monarquía de Alfonso XIII y llevó a la proclamación de la Segunda Repúbli- 34 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura ca. En la ciudad de Santander, la victoria republicana fue muy contundente, ya que obtuvo más del 60 % de los votos emitidos, con un balance final de 25concejales republicanos y 15 monárquicos. Aunque en el resto de la región triunfaron los candidatos monárquicos, en Astillero, Reinosa y Torrelavega el republicanismo fue mayoritario, mostrando la presencia de una fuerza progresista allí donde los resortes del caciquismo no fueron tan eficaces. Durante la Segunda República las pautas tradicionales de la política en la región no experimentaron cambios sustanciales. Ya desde 1931 quedaron de manifiesto las áreas de influencia de las derechas y las izquierdas. Estas encontraron fuerza en los principales núcleos urbanos, en aquellas localidades donde se centró la inversión minero-industrial: Santander, el entorno de la Bahía, los núcleos urbanos del corredor del Besaya. Las derechas, por su parte, mantuvieron el control del resto de la región, ahora bajo las nuevas fuerzas políticas, la Agrupación Regional Independiente, primero, y los partidos Radical y la CEDA más tarde. Al igual que en el resto del país, la Conjunción Republicano-socialista dominó el primer bienio, pero en 1933 tanto en Santander ciudad, como en las zonas rurales, la candidatura de la Unión de las Derechas Agrarias fue mayoritaria. Con todo, la fuerza de los socialistas quedó puesta de manifiesto por su triunfo en algunos núcleos urbanos de fuerte impronta industrial y obrera, como Reinosa, Torrelavega o Astillero. El triunfo electoral del Frente Popular, primero, y la sublevación militar que dio paso a la Guerra Civil, dejaron de manifiesto la inviabilidad de encauzar la confrontación en términos exclusivamente políticos. La sublevación fracasó en Cantabria y quedó ésta bajo el dominio del gobierno republicano, formando parte desde diciembre de 1936 del Consejo Interprovincial de Santander, Palencia y Burgos. Hasta que en agosto de 1937 la entrada de las tropas franquistas acabó con la República en Cantabria, la región pasó por una experiencia revolucionaria que, sin llevar a cabo expropiaciones del alcance de las practicadas en Andalucía o Aragón, sí conoció incautaciones de empresas y bancos, así como colectivizaciones agrarias bajo el controlde UGT y CNT. CANTABRIA DURANTE EL FRANQUISMO A l igual que en resto de España, el fin de la guerra civil marca en Cantabria el comienzo de un período extremadamente duro en las condiciones de vida, con fuertes restricciones a la libertad, escasez de 35 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 recursos económicos, difícil reconstrucción, ruralización de la sociedad y, sobre todo, un significativo proceso de recatolización bajo la activa presencia de la Iglesia en la región. El escenario político se desarrolló bajo el dominio incontestable de Falange Española Tradicionalista y de las JONS dirigida por sucesivos jefes provinciales del Movimiento entre los que sobresalió la figura de Joaquín Reguera Sevilla, mecenas de varios de los proyectos culturales más interesantes del período. Con un amplio aparato de propaganda, sindical y de asociaciones diversas –juveniles, femeninas, etc.– Falange llevó a cabo un férreo control social que alcanzó todas las esferas de la vida pública, siempre con un discurso declaradamente populista. La Cantabria republicana y socialista se mantuvo en el exilio, en el silencio y, en un mínimo grado de resistencia en la lucha del maquis, presente en la región hasta el final de la década de los cuarenta. El dominio político se ejerció de un modo vigoroso desde el control de las instituciones, siempre reservadas a católicos, conservadores, tradicionalistas y falangistas. La legitimación y apoyo al nuevo Estado vino de la mano de la Iglesia católica, cuya actividad en la región se asentaba sobre una secular participación en distintos ámbitos complementarios de la actuación pastoral: la educación y el sindicalismo católico, preferentemente. La Iglesia regional, aunque soportó con desgaste el proceso secularizador que protagonizaron las corrientes laicistas contemporáneas, con sus impulsos y manifestaciones anticlericales, mantuvo un sólido vínculo con las clases dirigentes, a las que instruyó en sus instituciones educativas. Desde la formación de las Escuelas Pías fundadas en 1746 por los Escolapios en Villacarriedo, la Iglesia católica fue un instrumento clave en el proceso de unificación cultural entre nobleza y burguesía. Pasada la fase secularizadora de la desamortización, tras la firma del Concordato en 1851, la Iglesia fue protagonista de la fundación de varios centros educativos de enseñanza primaria y media. Desde la década final del sigloXIX las órdenes religiosas (Salesianos –1892–, La Salle –1901–, Agustinos –1902–, hermanas de la Caridad…) protagonizaron una oferta educativa que de un modo creciente aspiraba a la integración de las clases medias, en un momento de fuerte efervescencia anticlerical. Con el nacionalcatolicismo proclamado tras la guerra civil, la Iglesia recuperó una posición de privilegio que había sido puesta en cuestión desde la caída de la Monarquía, por la política secularizadora de los gobiernos republicano-socialistas. Bajo la experta dirección de Monseñor Eguino y Trecu la recatolización alcanzó todas las esferas de la vida pública y privada. Aunque inequívocamente leal al nuevo régimen, Eguino y Trecu no mantuvo una exaltación patriótica semejante a la desarrollada por otros prelados; defendió la recon- 36 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura ciliación, el perdón como soldadura de los odios y venganzas entre las dos Españas. Portadora de unos valores morales muy cercanos al tradicionalismo, todas las esferas de la vida social quedaron bajo el control y vigilancia de una Iglesia que no sólo fue el soporte moral del régimen, sino que aprovechó el apoyo oficial para desarrollar una contraofensiva directa al proceso secularizador de la cultura contemporánea. Junto a las autoridades civiles en los actos públicos, con la dirección espiritual de la población y el contacto directo con las clases medias y altas, a partir de numerosas campañas marianas, la presencia de la Iglesia se hizo constante en las primeras décadas del régimen franquista. Su expresión más viva fue una Acción Católica que bajo la dirección de José María Jado expresó muy bien la afinidad de la Iglesia con el proyecto sociopolítico de la burguesía regional. La inclinación a la integración de las clases populares se materializó en la formación de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) (1946) a partir de la cual el movimiento católico trataba de romper con el amarillismo del obrerismo católico precedente. Con el paso de los años y tras las nuevas directrices del Vaticano II la Iglesia y sus diversas instancias fueron suavizando la connivencia con el régimen para protagonizar una nueva fase de defensa de la religiosidad cristiana compatible con los valores de pluralidad y libertad religiosa. La presencia de miembros del clero en los sindicatos de clase, la militancia antifranquista de sectores de la HOAC y las JOC y el compromiso de una parte del clero con los principios democráticos apuntan a una línea divisoria en las relaciones entre Iglesia católica y régimen franquista. El cambio de hábitos sociales se vio estimulado por el desarrollismo y la Iglesia católica regional, con el apoyo se sectores del catolicismo más tradicionalista, protagonizó numerosas manifestaciones contra el nuevo estilo de vida y la secularización de las modas y costumbres. Las décadas posbélicas fueron extremadamente duras para la población. La escasez de recursos tuvo que combatirse con cartillas de racionamiento y la política económica trascurrió dentro de los cauces de una autarquía, exigida tanto por razones doctrinales como por imperativos del aislamiento internacional de España. La Cantabria de postguerra consolidó el modelo económico que había impulsado desde principios de siglo. La expansión del sector industrial no paró en las primeras décadas: eléctricas (Viesgo, 1906; Standard, 1927), agroalimentarias (Nestlé, 1907; SAM, 1930), construcción (Portland, 1909; Cementos Alfa, 1934), ejemplifican una posición creciente del sector industrial, con predominio de las industrias químicas, metálicas y 37 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 alimentarias, una tendencia apuntada desde principios de siglo pero que se consolidaría en la década de los cuarenta con la puesta en funcionamiento de SNIACE (1944). La economía regional se benefició de este modo de unos altos niveles de protección, manteniendo unos ritmos de crecimiento económico y bienestar social superiores a los de la media española. Entre 1940 y 1959 la tasa media de desarrollo del PIB regional fue de 3,66 % frente al 2,86 % de la media española, incluso superior al 3,11 % de la Cornisa Cantábrica. Tras el Plan de Estabilización y la liberalización gradual de la economía Cantabria mantuvo niveles de crecimiento altos, pero en su conjunto la apertura económica socavó la situación de privilegio que había sustentado bajo la autarquía. El resultado fue el inicio de un período de declive relativo que se percibe en la evolución del PIB y en la Renta Familiar Disponible Neta. La desactivación del sector agrario, un acusado proceso desindustrializador y el peso de un sector servicios con poca capacidad para liderar una recuperación económica están en la base del peso decreciente de la región en la economía española. Si en 1960 el PIB per cápita regional se distanciaba en 22 puntos porcentuales de la media europea, en 1983 alcanzaba los 28puntos, para marcar 30,9 en 1996. De la posición de una región relativamente rica en la España de los años cincuenta, Cantabria ha pasado a convertirse en los noventa en una región Objetivo 1 en el marco de la Unión Europea. Gráfico 1. Declive de la posición de Cantabria en la clasificación provincial Fuente: Tomado de Andrés Hoyo, «La economía de Cantabria en la Edad Contemporánea», en Fidel Gómez, Cantabria de la prehistoria al tiempo presente, Santander, Consejería de Cultura, 2001, p. 152. 38 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Cuadro 3. Evolución del PIB al coste de los factores en Cantabria, cornisa cantábrica y España (1955-1975) (según Renta Nacional del BBVA) Años PIB (millones de pts. corrientes) Porcentaje de variación de precios corrientes Variación de los precios implícitos Tasas de variación del PIB a precios constantes (porcentaje) Índice del PIB a precios constantes (Base 1955 = 100) Cantabria Cornisa España Cantabria Cornisa España Cantabria Cornisa España Cantabria Cornisa España 1955 7.499 56.778 422.357 (…) (…) (…) (…) (…) (…) (…) 100,0 100,0 100,0 1956 8.594 63.818 480.357 14,6 12,4 13,7 6,1 8,0 5,9 7,2 108,0 105,9 107,2 1957 10.055 73.219 556.990 17,0 14,7 16,0 13,2 3,4 1,3 2,5 111,7 107,3 109,9 1958 11.935 84.348 637.783 18,7 15,2 14,5 9,7 8,2 5,0 4,4 120,9 112,7 114,7 1959 12.675 87.131 567.646 6,2 3,3 3,1 6,0 0,2 -2,5 -2,7 121,1 109,9 111,6 1960 12.941 88.642 668.846 2,1 1,7 1,7 1,8 0,3 -0,1 -0,1 121,5 109,8 111,5 1961 14.119 100.077 765.749 9,1 12,9 14,5 2,1 6,9 10,6 12,1 129,9 121,4 125,0 1962 15.609 114.699 889.381 10,6 14,6 16,1 5.8 4,5 8,3 9,7 135,7 131,5 137,1 1963 18.341 133.280 1.031.069 17,5 16,2 15,9 8,4 8,4 7,2 6,9 147,1 141,0 146,6 1964 20.737 149.634 1.154.494 13,1 12,3 12,0 5,7 7,0 6,2 6,0 157,4 149,7 155,4 1965 23.412 173.725 1.348.042 12,9 16,1 16,8 9,5 3.1 6,0 6,7 162,3 158,7 165,8 1966 26,175 199.436 1.556.068 11,8 14,8 15,4 6,3 5,2 8,0 8,6 170,7 171,4 180,1 1967 28.749 221.836 1.735.151 9,8 11,2 11,5 5,3 4,3 5,6 5,9 178,0 181,0 190,7 1968 32.084 248.678 1.932.371 11,6 12,1 11,4 4,9 6,4 6,9 6,2 189,4 193,5 202,5 1969 36.071 280.615 2.169.244 12,4 12,8 12,3 3,5 8,6 9,0 8,5 205,7 210,9 219,7 1970 39.750 312.044 2.424.414 10,2 11,2 11,8 5,8 4,2 5,1 5,7 214,3 221,7 232,2 1971 44.537 353.275 2.759.820 12,1 13,2 13,8 8,2 3,6 4,6 5,2 222,0 231,9 244,3 1972 49.699 406.973 3.231.322 11,5 152 17,1 7,8 3,4 6,9 8,6 229,5 247,9 265,3 1973 56.919 482.819 3.894.762 14,5 18,6 20,5 10,7 3,4 7,1 8,9 237,3 265,5 288,9 1974 68.815 595.316 4.792.959 20,9 23,3 23,1 16,2 4,0 6,1 5,9 246,8 281,7 305,9 1975 80.135 702.991 5.653.211 16,4 18,1 17,9 16,7 -0,3 1,2 1,0 246,1 285,1 309,0 fUEntE: Julio Alcaide Inchausti, «Cantabria. Una región en declive económico» en Economía de las Comunidades Autónomas. Cantabria, Papeles de Economía Española, 1994, p. 60. 39 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 UNA IDENTIDAD REGIONAL TARDÍA E l proceso de construcción de una identidad regionalista en Cantabria es un fenómeno muy reciente en el tiempo. En la práctica se puede decir que un regionalismo cántabro propiamente dicho no aparece en la región hasta la transición democrática. Está asociado directamente con el declinar económico que se percibe desde el final de los años sesenta y se vincula a la reclamación de un concierto económico para la región en los setenta. Primero en ADIC (1976) y poco después en el Partido Regionalista (1978) el regionalismo cántabro constituye una realidad muy débil en sus manifestaciones sociales y próxima a nosotros. Factores de carácter histórico, económico, cultural, e incluso, religioso, ayudan a comprender este nacimiento tardío del regionalismo en Cantabria. El primero de ellos es la propia tradición económica de la región. Desde mediados del sigloXVIII la consolidación de la burguesía mercantil estuvo estrechamente vinculada a sus relaciones comerciales con Castilla. Santander, y por extensión Cantabria, aparecía como una línea intermedia entre Castilla y las colonias. La riqueza regional se asociaba a una intensa relación de naturaleza económica, pero también social y cultural con Castilla. Santander era por antonomasia el puerto de Castilla. El peso de este vínculo socioeconómico con Castilla se extendió al ámbito político y cultural. Desde el nacimiento de la provincia de Santander, sus líderes y los representantes de la cultura regional defendieron la identidad regional como una parte fundamental de Castilla. No era ya solamente que el bienestar de la región se vinculara a la economía de la meseta, sino que los referentes culturales del liberalismo y tradicionalismo montañés se asociaron a la propia aportación de la Montaña medieval y moderna al nacimiento y desarrollo de Castilla. La Reconquista y la conquista del Imperio, primero, la revolución liberal, mas tarde, aparecieron como eslabones de un mismo proceso: la afirmación de la Montaña como raíz de Castilla, y de ésta como germen de la España imperial. Los mitos, leyendas y la erudición montañesa afirmaron una tradición asentada sobre la base de la catolicidad de la hidalguía regional, sobre la afirmación de Cantabria como raíz de España. Y esa España medieval y moderna era la que encontraríamos después de la revolución liberal en las leyendas, cuentos y novelas de Trueba y Cosío que en su exilio inglés reprodujo en nuestra novela histórica el estilo de la obra de Walter Scott. Una novela histórica profundamente montañesa en el espíritu y objetivos, pero por ello también profundamente española. Con élla producción cultural del liberalismo regional lejos de poner en cuestión 40 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura el profundo vínculo Cantabria/La Montaña/Castilla se afirmaba en las leyendas y novelas que recrearon la Reconquista, tan del gusto de la cultura romántica del liberalismo español. Tampoco los líderes políticos de la región pusieron en cuestión este vínculo a lo largo de todo el sigloXIX. Los federales en los años del Sexenio proclamaron una provincia con autonomía municipal, estrechamente asociada al Estado castellano. Los tradicionalistas, más cercanos a la exaltación de la región, defendieron la identidad de la Montaña, pero rehuyeron cualquier tentación regionalista a imagen y semejanza de la realizada por vascos y catalanes. El más destacado de ellos Mateo Escagedo Salmón sostuvo la conveniencia de dotar a la provincia de una autonomía administrativa, pero explícitamente rechazó cualquier veleidad legislativa. Tampoco José María de Pereda y Marcelino Menéndez Pelayo sintieron a Cantabria como una realidad ajena a Castilla. El escritor de Polanco defendió la idea de una novela regional, asentada sobre el paisaje y costumbres de su tierra natal, pero nunca dio el salto a la afirmación regionalista en su dimensión política. Pereda, Menéndez Pelayo y Escagedo se situaron en el terreno de un particularismo centrípeto, que no pusiera en cuestión la naturaleza castellana de la Montaña. De mayor compromiso castellanista fue la posición de la mayor parte de la clase política, de los partidos Liberal y Conservador. Ruano de la Sota, líder indiscutible del conservadurismo provincial de principios del sigloXX, llegó a defender la castellanidad montañesa de un modo absoluto. A la provincia de Santander –escribió– se le llama «la Montaña», no por otra razón porque es la Montaña por excelencia de Castilla. Sí; Santander es Castilla y Castilla la Vieja. Castellanista fue también la posición sostenida por los federales cuando en 1931 el problema catalán se convirtió en un debate abierto sobre la organización territorial de España. Y más firme fue aún cuando en 1932 –aunque no fue conocido hasta 1936– los federales presentaron el Proyecto de un Estatuto Cántabro Castellano donde se reforzaba el viejo vínculo entre las dos regiones. El horizonte autonómico que manejaron las diversasfuerzas políticas de la región, desde el tradicionalismo hasta el federalismo, fue siempre el de la pertenencia de la Montaña a Castilla. Su horizonte era neutralizar el peso económico y político que el autonomismo podía brindar a Cataluña y al País Vasco. Con una autonomía castellana –de cuya región era la salida natural al mar– los intereses de Cantabria quedaban resguardados de cualquier riesgo. 41 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 Así, pues –proclamaba el proyecto federal–, henos aquí dispuestos a trabajar en pro del Estatuto. Cantabria con Castilla tienen que recobrar su personalidad histórica, económica y geográfica. Para Santander este Estatuto reportaría grandes ventajas, siendo este puerto castellano el único directo y estratégico con las Castillas y el centro nacional, tanto para las conveniencias mercantiles nacionales, como para las internacionales, y muy en particular con América latina, sede de la gran emigración española, que conserva nuestras costumbres, nuestra lengua, nuestra ideología. Los debates recogidos por la prensa en los años treinta defendieron unas veces la vía autonómica –caso de Del Río Sainz («Pick») y de Madrazo, pero siempre de carácter castellano; otras veces, el rechazo a cualquier veleidad autonomista fue radical, como sostuvo Vicente Pereda (hijo de José María Pereda) desde el tradicionalismo. La defensa de las tradiciones regionales no fue incompatible con una idea de nación española que había encontrado su forja en la Castilla medieval y moderna. De otro lado, la propia fragmentación territorial y administrativa de lo que hoy es Cantabria dificultó la articulación de un proyecto común para la región en la época preliberal. Los mitos y símbolos religiosos que habían facilitado la convergencia de intereses en Aragón o Asturias tampoco contribuyeron a facilitar la construcción de una identidad propia. Hasta que en 1905 fue proclamada la Bien Aparecida como Patrona de Cantabria las devociones marianas de los distintos valles y comarcas retrasaron la conformación de una identidad colectiva cántabra. Dispersión territorial, pluralidad administrativa, símbolos religiosos, intereses materiales, todos ellos contribuyeron a debilitar la construcción de una identidad regionalista. La conversión del afecto por la historia, las costumbres y la tradición cántabra en un proyecto político de carácter estrictamente regionalista no se produjo hasta los años de la transición democrática. Fue consecuencia de la liquidación del régimen franquista, de la crisis económica de la región y del proceso descentralizador contemplado en la Constitución de 1978. La coexistencia de sectores castellanistas y cantabristas en el panorama políticode la transición se dejó ver en los debates en torno a la naturaleza y alcance de la autonomía regional y en la cristalización de corrientes abiertamente comprometidas con la incorporación a la autonomía castellano leonesa, como ocurrió en ACECA. La posibilidad de reincorporar Cantabria a Castilla quedó inicialmente reflejada en el artículo 58 de Estatuto de Autonomía, hoy desaparecido tras la reforma de 1998. Esta experiencia histórica explica la lenta asimilación del cantabrismo de una parte significativa de la población regional, expresa un pasado congruente con la tradición regional que no impide, por otra parte, la abierta formulación cantabrista del futuro de la región. 48 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura La figura, obra científica y legado cultural de Menéndez Pelayo recorre toda la historia posterior de la cultura cántabra. Desde el legado cultural de su Biblioteca, tras su muerte en 1912, la formación de la Sociedad Menéndez Pelayo (1918) desarrolló una tarea de conservación y difusión de la obra del erudito que ha llegado hasta nuestros días. Ha sido en el entorno de la Sociedad y Biblioteca donde cristalizó el menendezpelayismo como corriente cultural que desde los años veinte mostró el alcance de una tradición histórica vinculada a los valores conservadores, a la España católica, de la que más tarde fueron portavoces en la región los miembros del Centro de Estudios Montañeses (1934). El Centro, nacido en el entorno del tradicionalismo montañés representó el primer esfuerzo institucionalizado en favor de la historia regional. En el mismo Mateo Escagedo Salmón, Francisco G. Camino, Marcial Solana, Tomás Maza, José María Cossío, entre otros, desarrollaron estudios de Heráldica, Historia, Etnografía, Folklore, Antropología, Lingüística y Literatura regional, facilitando una primera sistematización documental y un conocimiento más riguroso de nuestro pasado. Una dimensión de la cultura regional en parte ajena a aquella que representaba la música a través de la figura de Jesús de Monasterio, junto a Ataulfo Argenta, los máximos representantes de la cultura musical en la región. La aparición y desarrollo de la literatura regionalista, de la erudición católica y del entorno cultural a ella adscrito coexistió con la afirmación de una corriente cultural y científica muy distinta, impregnada de los ideales y principios de la filosofía racionalista, abierta a los valores de la modernidad y los logros de la ciencia moderna, expresados a través de la Institución Libre de Enseñanza. La cultura krausoinstitucionista desarrolló en Cantabria una corriente de pensamiento, una moral de la ciencia, que contrastaba abiertamente con el universo mental de Pereda, Escalante y Menéndez Pelayo. Laicista, secularizador, racionalista el institucionismo arraigó entre capas medias de la ciudad, entre los sectores de la ciencia que trataban de afirmar la modernidad en toda su expresión. Su aparición y desarrollo facilitó la formación de instituciones científicas (Estación Marítima de Zoología y Botánica Experimental (1886), la Estación de Biología Marina de Santander (1907) y educativas (escuelas laicas) que propiciaron una alternativa a la cultura dominante del tradicionalismo. Con soporte en la presa liberal (El Cantábrico) y en relación con la escuela de Giner y la Institución Libre de Enseñanza, las figuras de Augusto y Gervasio González de Linares, Luis de Hoyos Sainz, Ramón Sánchez Díaz y Ricardo Macías de Picavea marcan las lineas de continuidad y ruptura entre las generaciones científicas y literarias liberales de entre siglos. 49 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 El regeneracionismo cántabro –de filiación institucionista, unas veces, de abierta separación de Giner de los Ríos, otras– encontró en la figura de Enrique Diego Madrazo, su mejor expresión. Una vez que el santoñés Macías Picavea desarrolló su obra básica fuera de la región (Tierra de Campos y El problema nacional fueron sus trabajos más difundidos) Madrazo se convirtió en el representante fundamental del regeneracionismo. Reputado cirujano, autor y empresario teatral, Madrazo fue uno de los primeros defensores de la Eugenesia en España. Su ideal de regeneración contemplaba una sociedad secularizada, bajo el reino de la ciencia y donde las personas habrían de orientar su vida dominadas por la Eugenesia, la nueva ciencia de la sociedad. De este modo Madrazo confrontó virulentamente con los ideales sociales, morales y políticos de la burguesía mercantil santanderina, asociada de un modo más directo con los planteamientos católicos y conservadores del universo de Menéndez Pelayo. Una comprensión del significado cultural de ambas corrientes se sitúa en la confrontación de tradición y modernidad que recorrió las entrañas de la España restauracionista. La apuesta por la tradición de Pereda, Escalante y Menéndez Pelayo habría de recorrer toda la cultura regional hasta nuestros días. Pero, a su vez, el mundo de la ciencia y la modernidad, asociados a una concepción secularizada y racionalista impregnó de un modo no menos vigoroso la obra de Augusto González de Linares, Luis de Hoyos Sainz y los proyectos de Leonardo Torres Quevedo. La ciencia y técnica de principios de siglo encontraron en Leonardo Torres Quevedo su expresión más desarrollada. Hombre de una extraordinaria capacidad inventiva obtuvo logros muy importantes en diversos campos de la técnica y el cálculo matemático. A él se deben patentes tan dispares como los funiculares, el telekino, los globos dirigibles, las máquinas taquigráficas, el buque campamento, el puntero proyectable o el proyector didáctico. Su actividad al frente del Laboratorio de Mecánica Aplicada (1904), la Asociación de Laboratorios (1911), y el Instituto de Material Científico nos muestra a una de las figuras fundamentales de la ingeniería española y europea de principios de sigloXX. La cultura popular y socialista Las manifestaciones de la cultura regional señaladas hasta aquí se han centrado en los logros de la burguesía, conforman manifestaciones derivadas de la acción de elites, que no reflejan comportamientos autónomos de la sociedad. 50 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura La cultura popular de elaboración autónoma de las clases populares tuvo un desarrollo tardío, una vez que la alfabetización se desarrolló a finales del sigloXIX y cuando la clase obrera fue paulatinamente expresando la necesidad de elaborar su propia cultura. Las primeras manifestaciones de una cultura popular, destinada al consumo de las clases subalternas derivaban del folletín decimonónico, en primer término, y de la prosa social, más tarde. El folletín encuentra su mejor expresión en la obra de Ernesto García Ladevese. Republicano zorrillista, comprometido con la revolución popular, exiliado durante años, Ladevese utilizó el folletín como un medio de denuncia de la situación de las clases populares. Con un estilo melodramático, afirmando la justicia social y la crítica de los valores de la burgueses, el folletín llega a los sectores más bajos de la sociedad. Se afirma a partir de la expresión bipolar: ricos y pobres, abusos de poder, injusticia social, todo un conjunto de ideas simples destinadas a moralizar la sociedad, a lograr escenas llenas de patetismo y un cierto consuelo social en la denuncia moralizante. Su obra no se localiza en una ciudad o pueblo determinado, sino que trata de ilustrar desde la generalidad, bajo la influencia de Ayuguals de Izco y el folletón francés. Los claveles rojos, Las grandes miserias, La hija del corsario, La honra de la mujer fueron algunas de las obras que Ladevese utilizó para difundir su ideal social, su utopía de una sociedad más justa, de una nueva moral y proyecto político, en abierta confrontación con los valores dominantes de la burguesía española del momento. La literatura social adquirió su desarrollo más tarde, cuando la burguesía reformista, el socialismo y el anarquismo maduraron proyectos sociales y políticos alternativos al sistema de turno de la Restauración. Si Macías Picavea había desarrollado sus planteamientos fundamentales en El problema nacional (1899), Ramón Sánchez Díaz fue un ensayista inserto en los aledaños del institucionismo. Defensor de la reforma política, fue un regenerador vinculado al reformismo político que buscaba una pedagogía social alternativa a la de la oligarquía dominante. Europeísta convencido en su obra predominaron los artículos y los ensayos, ejercicios breves de crítica social y política ajenos y distantes en su orientación estilística y política a los de J. M.ª Quintanilla, Del Río Sainz («Pick») o las narraciones costumbristas y rurales de Manuel Llano. De orientación política más directa es la obra de Luis Araquistáin, líder nacional del PSOE, cuya vinculación a Cantabria fue decreciente a sus compromisos políticos y, sobre todo, de Matilde de la Torre, entre los socialistas y Emilio Carral, en el entorno el anarcosindicalismo. Carral fue autor de 51 1. Cantabria contemporánea, 1833-1975 una obra teatral El ocaso de los odios (1903) y una novela Tenkia, de escaso valor literario, donde hacía una denuncia del hambre y la miseria de la Rusia zarista. De la Torre, maestra, diputada a Cortes, feminista, es autora de una obra centrada en los valores de la reforma y la pedagogía social. Araquistáin y De la Torre representaron una producción cultural comprometida con los ideales sociales de la izquierda. El primero fue protagonista de una larga trayectoria como periodista desde sus colaboraciones en la Revista España (1915-1924), en tiempos de la Primera Guerra Mundial, y en Leviatán (19341936), como autor teatral y ensayista. De la Torre, muy comprometida con la emancipación feminista difundió sus ideas a través de una intensa tarea en favor de la renovación pedagógica y de la escuela única, meta que la asoció a los proyectos educativos defendidos por el Dr. Madrazo. En Araquistáin y De la Torre compromiso político y proyecto cultural formaron parte de un mismo ideal de emancipación socialista. Cantabria vislumbró, aunque con diferente énfasis, los procesos del cambio cultural que dominaron la España del sigloXX. El peso de los componentes tradicionalistas, estimulados por el carácter conservador de la cultura regional durante el franquismo, se prologó hasta casi nuestros días, pero no impidió el florecimiento de manifestaciones más dinámicas, ajustadas a las necesidades de una sociedad moderna. La obra poética de José Luis Hidalgo, la crítica y creativa de Gerardo Diego y la posterior de José Hierro dan muestra de ello. 2. CANTABRIA, COMUNIDAD AUTÓNOMA, 1975-20061 T érmino ancestral, Cantabria, caracteriza, sin embargo, un territorio moderno tanto por su conformación en el tiempo, como porque la representación social que conlleva es el resultado de las transformaciones experimentadas en los dos últimos siglos. Tradicionalmente asignada a la región castellana, Cantabria supone la definición de un territorio bien diferenciado que en el transcurso del tiempo ha ido construyendo un espacio dotado de un alto grado de integración e interdependencia entre los componentes económicos, sociales y culturales hasta el punto de configurar una entidad geográfica, como territorio diferenciado. Y con posterioridad,una entidad política y administrativa que encuentra su expresión inicial en la formación de la provincia de Santander tras el decreto de 30de noviembrede 1833 por el que Javier de Burgos llevó a cabo la reforma administrativa de España. En este sentido Cantabria no es el resultado de una herencia histórica premoderna, tampoco la expresión de su naturaleza étnica o cultural preexistente. Se puede decir que Cantabria es el resultado de las transformaciones conocidas por la región desde mediados del sigloXVIII que han hecho posible la integración de un espacio antes disperso jurídica y territorialmente. En el transcurso de los dos últimos siglos Cantabria, antes provincia de Santander, comprobó como el espacio premoderno, el de La Montaña, de carácter preindustrial que presentaba unos rasgos socioeconómicos centrados en la exigüidad del labrantío, en la presencia de densos bosques y en la actividad ganadera y pastoril, se fue transformando hasta articular un territorio moderno integrado en sus dimensiones social, económica y política. 1 Una versión anterior ha sido publicada en Juan Pablo Fusi Aizpurua, Guadalupe GómezFerrer Morant (coords.), La España de las Autonomías, tomo XLVIII, vol. 2, de la Historia de España Menéndez Pidal, dirigida por José María Jover Zamora, Madrid, Espasa-Calpe, 2007, pp. 315-371. 54 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Ese proceso, que social y económicamente se despliega desde mediados del sigloXVIII, encuentra su total articulación con la formación de la provincia de Santander, por la integración de las unidades preexistentes. Previamente, la Montaña identificaba un amplio espacio que se localizaba en el área central de la cordillera cantábrica, en sus dos vertientes, carente de un territorio propio ya que ninguna demarcación se correspondía con este espacio histórico. A lo largo de toda la Edad Media la fragmentación territorial era un hecho aún reconocible. Con el impulso social y económico de la burguesía mercantil la villa de Santander se convirtió en el centro motor de la economía gracias al desarrollo de las actividades portuarias y al comercio ultramarino y desde entonces se convirtió en el eje dinámico de la región en detrimento de otras villas de la costa como Santoña o Laredo y del interior como la ciudad de Torrelavega. Aunque desde mediados del sigloXVIII la hidalguía rural llevó a cabo intentos de unión entre las diversas entidades territoriales como las Juntas de Puente San Miguel sería, sin embargo, en torno a Santander desde donde la Corona llevó a cabo la integración de las villas de la costa, los valles del interior y la montaña2. De este modo entre 1801 y 1833 la fragmentación territorial del solar montañés se vio superada englobando una entidad única que daba cumplimiento a un viejo deseo de unidad3. Como ha resaltado José Ortega Valcárcel4 la reforma liberal de comienzos del sigloXIX alcanza un relieve especial ya que no solo estableció un territorio provincial sobre una parte mayoritaria de La Montaña sino que, al mismo tiempo, estructuró el espacio provincial en un conjunto homogéneo de territorios jerarquizados y vinculados a las instituciones de carácter provincial: desde los Ayuntamientos a la Diputación y demás organismos de ámbito provincial que definen el nuevo marco establecido en 1833. La provincia de Santander representa así la culminación de un proceso iniciado a mediados el siglo anterior y establece desde entonces un marco político y administrativo que está en la base de lo que hoy conocemos como Comunidad Autónoma de Cantabria. 2 Ramón Maruri, «La provincia de Cantabria y las Juntas de Puente San Miguel», en Alfonso Moure Romanillo (ed.), Cantabria. Historia e Instituciones, Santander, UC/PC, 2002, pp.219-239. 3 Manuel Estrada, Provincias y diputaciones. La construcción de la Cantabria contemporánea, 1799-1833, Santander, Universidad de Cantabria, 2007. 4 José Ortega Valcárcel, «Cantabria como región», en Alfonso Moure Romanillo y Manuel Suárez Cortina (eds.), De la Montaña a Cantabria. La construcción de una Comunidad autónoma, Santander, Universidad de Cantabria, 1998, pp. 19-43. 55 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 A lo largo de los dos siglos que van desde la formación de la provincia de Santander (1833) a la aprobación de un régimen autonómico para la región (1981), Cantabria conoció una profunda mutación social, económica y cultural. La vieja Montaña rural, acomodada a las posibilidades de un territorio dominado por su poderoso relieve, contrasta con la Cantabria contemporánea, donde las actividades portuarias, primero, y la industria y minería, más tarde, configuraron una sociedad híbrida en sus actividades agrarias y fabriles, siempre bajo el dominio creciente de una burguesía que había conformado su poder social y económico bajo la potencia de la actividad portuaria primero y la explotación minera e industrial, más tarde5. Desde la perspectiva histórico-cultural Cantabria no tuvo la fuerza identitaria que caracteriza la cultura de sus vecinos vascos. No poseyó lengua propia ni sus tradiciones seculares derivaron en una cultura distintiva. Tampoco disfrutó de un marco institucional semejante a la Junta General del Principado de Asturias. Si se pretende subrayar el hecho diferencial cántabro habría que buscarlo más que en la historia en la etnografía. Como han mostrado las investigaciones desarrolladas desde la antropología resulta muy difícil encontrar una manera de ser cántabro. Cabría en todo caso establecer identidades adscritas a diversas zonas de la región, determinadas por las acusadas diferencias entre comarcas. Podemos hablar sin dificultad de una identidad pasiega, campurriana, lebaniega o trasmerana, ya que en los distintos valles de la región se han mantenido unas constantes culturales que solamente en las últimas décadas han perdido fuerza por el impacto de la sociedad industrial y postindustrial6. La Cantabria tradicional fue así una región de comarcas del mismo modo que la Cantabria actual avanza rápidamente hacia una integración internacional7. Una característica de esta situación singular de Cantabria es aquella que se vislumbra en la dualidad entre un mundo rural, apegado al terruño y una 5 José Ortega Valcárcel, Cantabria 1886-1986. Formación y desarrollo de una economía moderna, Santander, Cámara de Comercio, 1986; Andrés Hoyo Aparicio, «Tiempo de crisis. Antes y después del 98: evolución económica y actitudes empresariales en Cantabria», en El siglo de los cambios. Cantabria, 1898-1998, Santander, Caja Cantabria, 1998, pp. 14-54; José Antonio Gutiérrez Sebares y Andrés Hoyo Aparicio, Testigo de una época. ElBanco de Santander en la economía de Cantabria, 1857-1945, Santander Amaliemborg S. L., 2006. 6 Ana María Rivas Rivas, Antropología social de Cantabria, Santander, UC/ARC, 1991; Antonio Montesino González (ed.), Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra. Continuidades, cambios y procesos adaptativos, Santander, UC/ARC, 1995. 7 José Villaverde Castro, Capitalización y crecimiento de la economía cántabra, 1955-1998, Bilbao, Fundación BBV, 2000. 56 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura actividad mercantil que bajo el dominio de la burguesía santanderina mantuvo escindido en dos el universo social y económico de la región. Habría de ser con la posterior integración económica del sigloXX cuando los viejos residuos dualistas se fueron superando y cuando el peso de la burguesía hubo de dejar paso a nuevos protagonistas sociales, en una economía protegida y en transformación desde comienzos de la centuria. Cantabria, a pesar del imaginario perediano de una arcadia rural feliz, experimentó un acusado proceso de industrialización desde finales del sigloXIX y aunque su burguesía siempre tuvo como referente el origen mercantil de sus negocios y posición social tuvo que acomodarse a las exigencias de la sociedad industrial, bien es cierto que casi siempre bajo el manto de una política económica de acusado carácter proteccionista. En este ambiente, en el que tradiciones y mitos le vinculaban con Castilla, la sociedad cántabra no experimentó ningún impulso regionalista digno de consideración. Sus líderes intelectuales, Menéndez Pelayo, Amós de Escalante o José María Pereda, apostaron por la defensa de una España unitaria en la que únicamente cupo un regionalismo sentimental, de carácter cultural, que no pusiera en cuestión la unidad de la patria. A diferencia del País Vasco que conoció un fuerte nacionalismo desde finales del sigloXIX o de Asturias que a comienzos del sigloXX vio nacer un regionalismo político, en Cantabria el peso de la tradición castellana, de sus vínculos económicos con la Meseta, se dejó sentir con fuerza posibilitando tan solo un regionalismo suave, sentimental y cultural que podemos caracterizar como un particularismo centrípeto8. Habría de ser ya en los años de la transición democrática, en el proceso de construcción del Estado de las Autonomías, y en medio de una profunda transformación de la estructura productiva de la región cuando encontramos un verdadero embrión de regionalismo político. Hasta entonces ningún partido de carácter regionalista había nacido en la región y solamente en los años de la Segunda República, en el interior del federalismo santanderino, cabe encontrar una sensibilidad autonomista que fuera planteada en términos directamente políticos, pero dentro del imaginario de una hipotética República federal, y en el marco de un Estado Cántabro-Castellano9. 8 Manuel Suárez Cortina, Casonas, hidalgos y linajes. La invención de la tradición cántabra, Santander, EditoriaLímite, 1994; también en «Cantabria, de la tradición al nuevo Estado liberal: el particularismo centrípeto montañés», en Carlos Forcadell y María Cruz Romeo Mateo (eds.), Provincia y nación. Los territorios del liberalismo, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2006, pp. 209-233. 9 Manuel Suárez Cortina, «Burguesía, identidad y regionalismo en Cantabria, 1876-1936», en I. Encuentro de Historia de Cantabria, Universidad de Cantabria/Gobierno Regional de Cantabria, 1999, tomo II, pp. 1025-1048. 57 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 BASES DEMOGRÁFICAS, ECONÓMICAS Y SOCIALES L a Cantabria autonómica10, al igual que el resto de España, y de manera muy especial en línea con aquellas regiones del norte que tuvieron que afrontar su proceso de reconversión con importantes transformaciones en el sistema productivo, ha conocido un profundo cambio demográfico, social y económico desde mediados de la década de los setenta. Desde la perspectiva demográfica ha visto como se transformaba profundamente su pirámide de población, la caída de la fecundidad, el envejecimiento de supoblación, la transformación de la familia, con la incorporación de la mujer al mercado de trabajo y sus consecuencias sobre la natalidad. Desde el punto de vista productivo Cantabria tuvo que acomodarse al nuevo orden económico que siguió la crisis de los setenta con sus profundas repercusiones sobre los sectores industrial, minero, agrario y pesquero, y como el resto de España observa un cambio rápido en su estructura productiva, traducida en fuertes pérdidas en los sectores primario e industrial y en un acusado proceso de terciarización; finalmente, en relación con ambas variables la sociedad cántabra ha conocido a su vez un cambio social perfectamente reconocible en el que contrasta el peso tradicional del mundo rural, la presencia frecuente del trabajador mixto que combinaba sus actividades agrarias con un empleo en la industria o la minería, con la sociedad actual dominada por las clases medias y medias bajas de perfil urbano, industrial y terciario. Con 591.151 habitantes en 2024 Cantabria ha conocido en las últimas décadas un cambio muy rápido hasta el punto que cabe hablar de una posttransición demográfica que en su conjunto se caracteriza por un bajo –ya hasta decreciente– crecimiento poblacional, una creciente tasa de envejecimiento y la consolidación de una sociedad que en mayor parte reside en áreas urbanas o periurbanas. Los rasgos más características de esta transformación desde el punto de vista demográfico se centra en la fuerte caída experimentada por la fecundidad desde 1980 lo que a su vez provoca un cambio estructural de la población donde se resalta su envejecimiento por la base de la pirámide y el peso relativo y absoluto creciente de las personas mayores de 65 años. Estos cambios vienen determinados por factores productivos y sociales entre los que destaca de una manera muy clara la 10 La Cantabria autonómica, sus primeros pasos y el marco socio-económico en que se desen volvió en sus orígenes está muy bien estudiado por Ángel Revuelta Pérez, La autonomía en su laberinto. Crisis económica, transformación social e inestabilidad política en Cantabria (1975-1995), Santander, Ediciones Universidad de Cantabria, 2018. 64 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Si los procesos productivos han alterado claramente el mundo rural no menor fue la transformación experimentada por la industria regional. Desde la década de los setenta Cantabria ha experimentado una fuerte crisis industrial que presenta muchas facetas, unas vinculadas a la crisis internacional de los setenta, otras a factores de carácter nacional o regional. En el orden internacional a la crisis del petróleo se sumó la debilidad de la peseta que encareció mucho la principal fuente de energía; de otro, los procesos de relocalización de la industria a escala mundial afectó a la industria de base, que se fundamentaba en los recursos y en la mano de obra, como era la de Cantabria. Este proceso se desarrolló en medio de la transición política con la liberalización de la mano de obra, la recuperación de los derechosde los trabajadores, la legalización de los sindicatos y el reconocimiento del derecho de huelga que introducía un nuevo marco en las relaciones socialesde producción, a las que numerosos empresarios encontraron dificultades deacomodación. De otro lado, la política industrial de los primeros gobiernos regionales no siempre ajustó sus intervenciones a las verdaderas necesidades del momento centrándose en subvenciones que no siempre facilitaron la acomodación empresarial al nuevo orden industrial. En este ambiente el hundimiento del modelo industrial diseñado a comienzos del sigloXX fue un hecho18. Con la incorporación a Europa se crea un nuevo marco que ha servido para la reorganización de la industria en la región y que presenta varias dimensiones: una clara reorganización empresarial y productiva, del mercado de trabajo y la reordenación de los espacios de la industria. Los cambios fueron perceptibles en el capital, en las dimensiones de las empresas y en su orientación productiva. La renovación del tejido industrial se ha basado en la mediana y pequeña empresa, renovada tecnológicamente, con más capital fijo que mano de obra e integrada en los circuitos económicos europeos. Ya en el sigloXXI Cantabria sigue siendo un espacio industrial, pero distinto donde han desaparecido empresas con una alta ocupación en mano de obra y donde los grandes espacios industriales, grandes consumidores de espacio y recursos, han disminuido su protagonismo frente a unas nuevas instalaciones, más pequeñas, tecnificadas y que se agrupan en nuevos polígonos industriales. Con la crisis y el cambio empresarial un número considerable de empresas ha desaparecido sin que su actividad haya cambio en la ganadería de vacuno de leche en la España húmeda (1950-2000)», en Rafael Domínguez Martín (coord.), La vocación ganadera del norte de España: del modelo tradicional a los desafíos del mercado mundial, Madrid, MAPA, 1996, pp. 207-286. 18 José Ortega Valcárcel, Cantabria 1886-1986, cit., Santander, Cámara de Comercio, 1986. 65 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 sido reemplazada por otra. Es este el caso de AZSA, heredera del patrimonio de la RCA tras más de ciento cincuenta años de presencia en la región: igualmente de empresas mineras como Agruminsa (Altos Hornos de Vizcaya) o alimentaria como Cruz Blanca y junto a ellas Los Astilleros del Atlántico, CROSS, La Marga, Curtidos Mendicouague, la Trefilería de Ramales y varias fábricas de conservas. Otras muchas se han visto sometidas a procesos de fuerte reajuste o cambios en la propiedad. Así la antigua Cenemesa, Los Astilleros de Santander, Gursa o Cunosa, la Cooperativa SAM, el grupo Nueva Montaña, Sniace, Electra del Viesgo o Cuétara. Son pocas las que mantienen su antigua denominación, algunas de especial relieve en la imagen industrial de Cantabria como Solvay, la empresa industrial más estable de Cantabria. El cambio industrial también lo ha sido de sus grupos empresariales, observándose una clara internacionalización de los capitales. También se ha observado una especialización productiva. Aunque sigan teniendo un papel relevante los productos metálicos y químicos, se percibe una recuperación de algunas ramas de bienes de consumo, como la industria alimentaria, la textil, o la madera en la que la presencia de capital local es notable. Por otra parte la industria de forja, trefilería y calderería se abre a nuevos productos con demandas en expansión y de forma muy clara hacia la producción de componentes de automóviles que es la actividad dominante de grupos como Robert Bosch, Daimler Benz, Bravo y el grupo Nissan, acompañados de más de una centena de medianos y pequeños talleres que complementan la producción de los anteriores. En otras ocasiones como en el sector químico, los cambios vinieron asociados a las adaptaciones y renovaciones realizadas por Solvay, o la especialización productiva que ha llevado al grupo Sniace a centrar su producción en la fibra textil. De un modo u otro, la renovación ha penetrado en el tejido industrial y ha alcanzado a todos los sectores, ramos y empresas. En la industria alimentaria, además de mejorar su presencia comercial, con marcas de identidad y de valorar las denominaciones de origen, se ha modificado la estructura empresarial y se han diversificado las producciones: así en la industria láctea, en la producción industrial de dulces típicos de Cantabria, en la artesanía del orujo o en la industria de conservas. Estos cambios en la industria regional tuvieron su efecto directo en la reordenación del mercado de trabajo, con duros ajustes de plantillas, cambios generacionales y una nueva relación entre capital fijo y mano de obra en los nuevos establecimientos industriales. En una industria sobredimensionada en su mano de obra la crisis hubo de obligar a unos reajustes que se convirtieron en traumáticos, ya que representaron la expulsión de miles de trabajadores 66 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura como Nueva Montaña Quijano, La Naval, Sniace o los Astilleros de SantanderAstander. En algunos casos ese reajuste se llevó a cabo en medio de fuertes tensiones como en la primavera de 1987 cuando los trabajadores de Forjas y Aceros de Reinosa convirtieron un conflicto laboral en su origen en un desorden de carácter social. Esta situación que se extendió en la década de los ochenta del sigloXX ha ido suavizándose tras la recuperación económica que siguió la incorporación de España en la Unión Europea19. Como en el resto del país, la precariedad laboral parece ser la norma de las sociedades industriales en tiempos de globalización. Tras la crisis de los setenta la penetración de las grandes multinacionales del automóvil, tanto las de montaje como las de componentes, habían entrado en una región con una mano de obra excedentaria, con obreros cualificados, disciplinados por la crisis, y más baratos que los de los países industriales, esencialmente Alemania. Desde los noventa el empleo se ha recuperado, pero los problemas laborales se enfrentan a nuevos retos. El primero reside en la dificultad de acomodar a la demanda de obra femenina que en mayor grado que el hombre está sometida al desempleo. De otro a la recepción de una población inmigrante que, procedente sobre todo de América Latina, ha mostrado la aparición de un fenómeno social común al resto de España. La entrada de lamujer en el mercado de trabajo se ha ido generalizando desde la década de los noventa, pero con desigual incidencia en los distintos sectores productivos, preferentemente en la industria de tradición femenina como la fábrica de tabacos, o en las de conserva de pescado, la Textil Santanderina o en el sector del comercio. Algunos sectores productivos de tradicional raigambre masculina se muestran aún a comienzos del siglo actual muy remisos a la contratación de la mujer. Solvay puede ser un ejemplo. En una plantilla de 750 trabajadores para 1998 solamente el 4 % eran mujeres. Y las tres cuartas partes del total estaban en tres actividades: servicios jurídicos y relaciones exteriores, contabilidad y compras y almacenes20. Aunque muy alejado del impacto que la inmigración tiene en la actualidad en la sociedad de algunas Comunidades Autónomas, Cantabria no es ajena a la recepción de trabajadores el exterior. Con un volumen reducido 19 Véase el panorama que presenta Esmeralda González Urruela, La industria en Cantabria. Una visión global, Barcelona/Madrid, Lumberg Editores, 2004; id., «Cantabria: un modelo de industrialización en crisis», en R. Méndez Gutiérrez de la Calle y J. Bosque Maurel (coords.), Cambio industrial y desarrollo regional en España, Barcelona, OikosTau, 1995, pp. 147-168. 20 Esmeralda González Urruela, La industria en Cantabria, pp. 84 y ss. 67 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 pues apenas supera el 4 % de la población a principios de siglo, los inmigrantes en Cantabria presentan un perfil bastante definido. Más de la mitad proceden de América Latina (Colombia y Ecuador), son mujeres (53 %) y se ocupan, sobre todo, del trabajo domestico y la atención a mayores. Casi la mitad residen en Santander y el resto se reparten por Torrelavega, Castro Urdiales, Laredo y Camargo. Otros focos de la inmigración procedentes del norte de África y de Europa del Este presentan una fisonomía muy distinta y su impacto en la sociedad es mucho menor21. La economía y sociedad regionales se presentan a comienzos del tercer milenio con una fisonomía muy distinta de la década de los setenta del pasado siglo. Es claramente perceptible el fortalecimiento del sector servicios tanto en su participación en el PIB (68 % en 2005) como en el empleo (63,8 % en 2005). También resulta significativo el peso de los gastos públicos en el PIB. Si en 1995 representaba el 5,18 % en 2005 alcanza el 18,89 mostrando cómo las inversiones el Estado en infraestructuras, sanidad, educación y otras dotaciones sociales han experimentado una fuerte subida. Finalmente hay que reseñar el proceso de apertura al exterior de la economía regional, ya que en los últimos años su participación en el PIB ha saltado del 10,8 % en 1988 al 33,5 % en 2005. Como resultado de estas transformaciones Cantabria es a comienzos de siglo en sus dimensiones económicas y sociales una región más moderna, sometida todavía a tensiones derivadas del peso de su estructura productiva, pero abierta a los retos de la economía globalizada y con una sociedad que ha experimentado transformaciones muy intensas. El núcleo central de la región, con su eje en la ciudad de Santander y el hinterland en torno al puerto y la bahía que concentra casi dos tercios de su población y renta, expresa la nueva etapa en la que se encuentra Cantabria. En relación directa con estos cambios la sociedad de Cantabria es hoy muy distinta de aquella que abordó la transición en la década de los setenta. Un análisis de los Censos de Población en la primera década del siglo actual indica que son evidentes varios procesos sociales. El primero se expresa en la pérdida de importancia de las clases propietarias (empresarios agrícolas y no agrícolas con y sin asalariados) imputable a la reestructuración del sector agrario. El 21 Véase el detallado informe que sobre emigración han elaborado A. García Santiago, M. García Lastra y J. C. Zubierta Irún, Inmigrantes en Cantabria: la inserción social y laboral de los inmigrantes extranjeros en Cantabria, Santander, Fundación Marcelino Botín, 2003, 2 vols. 68 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura segundo efecto es el fuerte crecimiento de una nueva clase media de implantación básicamente urbana, un grupo social que ha duplicado su volumen desde la década de los setenta; finalmente, un acusado retroceso de lo que tradicionalmente hemos denominado clase obrera, en relación directa con la crisis industrial y el nacimiento de un nuevo orden económico donde se demanda un nuevo tipo de empleo, con más formación técnica y con usos y costumbres laborales y culturales muy distintos del trabajador tradicional. Como en el resto de España la modernización de la estructura social en las décadas finales del sigloXX ha sido en muy intensa22. LA CONSTRUCCIÓN DE LA COMUNIDAD AUTÓNOMA: TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA Y AUTONOMÍA REGIONAL (1975-1982) N o habiendo gozado de una tradición regionalista sólida, ni de un marco jurídico diferenciado en la España preliberal, Cantabria solo pudo avanzar hacia la autonomía en el marco de las posibilidades que ofrecía la Constitución de 1978. De esta manera se podría señalar que fue la transición democrática23 con sus propias características la que determinó que la provincia de Santander, tradicionalmente adscrita a Castilla, optara por una vía de autonomía uniprovincial, al amparo del artículo 143.2 de la Constitución. Una explicación de las razones de ese alejamiento de una tradición histórica, cultural y económica que la vinculaba a Castilla solo es comprensible en el marco de la coyuntura histórica que siguió la caída del régimen franquista. En esta situación, transición democrática, crisis económica y desarrollo del autogobierno constituyen los tres ejes centrales que caracterizan la historia regional entre 1975 y 1982. Como en el resto de España el complejo proceso de transición del franquismo a la democracia encuentra su trayectoria en la Ley para la Reforma Política aprobada en la Cortes en noviembre de 1976 y sometida a Referéndum el 15 de diciembre, con un resultado muy favorable. En Cantabria, donde acudieron a las urnas 220.967 ciudadanos, el 78,2 % del censo, votaron a favor el 89,9 %, en contra el 6,7 % y se abstuvieron el 3,3 %. A partir de ese momento el conjunto de reformas generó una nueva situación en la que se estableció un nuevo marco de relaciones laborales, se reconoció el derecho de huelga, se autorizaron los sindicatos de la oposición y fueron legaliza22 Pedro Reques Velasco, «La población…», pp. 81-88. 23 Véase Ángel Revuelta Pérez, Cantabria en su laberinto, cit. 69 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 dos la mayoría de los partidos políticos. El resultado de estas reformas no hubiera sido posible sin el acuerdo entre el Gobierno de Adolfo Suárez y la oposición agrupada desde octubre de 1976 en la Plataforma de Organismos Democráticos que facilitó la legalización de los partidos políticos de la oposición y unas condiciones básicas para la celebración de unas elecciones democráticas, reconociendo a cambio la monarquía y la unidad nacional, y al mismo tiempo renunciando a la exigencia de responsabilidades por los crímenes de la dictadura. En Cantabria el proceso siguió en sus líneas generales las mismas características del conjunto nacional. Extensa movilización social, numerosas manifestaciones de raíz económica y política, diversos procesos electorales de carácter sindical, concertación social se desplegaron en medio de una fuerte inflación y una crisis industrial y agraria que caracterizó el tránsito a la democracia en la región. En el orden sindical el primigenio dominio de Comisiones Obreras desapareció a favor de un equilibro con la Unión General de Trabajadores. En el político se potenció la unidad de las fuerzas democráticas con la formación de la Junta Democrática de España y la Plataforma de Convergencia Democrática, más tarde unidas en la Coordinadora Democrática del Estado Español o Platajunta (1976). Previamente se había creado en enero de 1976 el Comité Cívico que agrupaba a todos los sectores de oposición a la dictadura, con una concepción claramente rupturista bajo el liderazgo del Partido Comunista. Para julio se creó la Coordinadora Democrática de Santander que incluía al PSOE, al PCE y a otros grupos de izquierda. La reordenación de las fuerzas políticas en la región siguió los pasos del resto del país. Con crisis internas y reajustes, el Partido Comunista estuvo dirigido en Cantabria por el veterano antifranquista Ambrosio San Sebastián. El Partido Socialista, tras el impulso de Suresnes, se reorganizó bajo la dirección del Secretario General Jaime Blanco, situando al PSOE como la fuerza dominante en la izquierda regional, muy por encima de otros grupos como el Partido del Trabajo (PT), la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT), el Partido Socialista Popular (PSP), más tarde integrado en el PSOE, el PSOE (Histórico) o el Partido Social-Demócrata Español (PSDE) de José Manuel Martínez de la Pedraja. Entre los núcleos procedentes del franquismo el dominio correspondió a la Unión de Centro Democrático (UCD) que agrupaba a una coalición de democristianos, liberales y socialdemócratas. La evolución de la UCD en Cantabria estuvo muy vinculada a la figura de Justo de las Cuevas y en su entorno un grupo de dirigentes de distinta sensibilidad política como Francisco Laínz, Leandro Valle o Ambrosio Calzada, 70 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura cuya posterior posición ante el hecho autonómico habría de generar fuertes tensiones internas. Más a la derecha Alianza Popular acogió a diversos sectores de la burguesía regional bajo la dirección de Modesto Piñeiro junto a algunos procuradores franquistas como José Luis de Zamanillo y Fernando María de Pereda24. En las elecciones generales de junio de 1977, con una elevada participación (80,7 %), obtuvo la victoria la UCD con tres diputados (Justo de las Cuevas, Francisco Laínz y José Miguel Álava) y otros tantos senadores (Ricardo Bueno, José Luis del Piñal y José Mariano González Tarrío), seguida por el PSOE (Jaime Blanco) y Alianza Popular (Modesto Piñeiro), resultando elegido Benito Huerta en la candidatura izquierdista Senadores por la Democracia. Con el 40,06 % de los votos de la UCD y el 14,27 % de Alianza Popular el voto de los electores cántabros mostró su clara inclinación al centro derecha. Unos resultados que con variaciones habría de mantenerse en las legislativas de 1 de marzo de 1979, donde UCD volvió a lograr tres diputados (Justo de las Cuevas, Alberto J. Cuartas y Ciriaco Díaz Porras), tres senadores (Ambrosio Calzada, Leandro Valle y Roberto Sáez). El PSOE mejoró sus resultados enviando a las Cortes a Jaime Blanco y Juan Antonio Barragán, y un senador Mario García-Oliva. Lo más llamativo de estas elecciones fue el retroceso de Alianza Popular, presentada ahora como Agrupación Independiente de Derechas en el Congreso y Coalición Democrática al Senado. Con anterioridad se ha hecho referencia a la crisis económica que experimentó la región desde finales de la década de los setenta y los ochenta. Conviene ahora, en todo caso, resaltar la relación que ésta presenta para la dinamización de una sensibilidad regionalista en Cantabria. A ello contribuyó de una manera decisiva la formación en 1976 de la Asociación de la Defensade los Intereses de Cantabria (ADIC) que, a través de su lucha por la defensa de un concierto económico y de las movilizaciones que llevó a cabo contra la instalación de una central nuclear proyectada en San Vicente de la Barquera, fue abriendo un espacio a la opción regionalista bajo la dirección de Miguel Ángel Revilla Roiz. Inicialmente interpartidista ADIC dinamizó el debate en torno a la posibilidad de articular un proyecto abiertamente regionalista que a imagen del nacionalismo vasco formulara en 24 Julián Sanz Hoya, «La transición, de la Dictadura a la Monarquía Parlamentaria (19751982)», en Manuel Suárez Cortina (dir.), Historia de Cantabria, vol. III, Cantabria autónoma, Santander, Universidad de Cantabria, Parlamento de Cantabria, El Diario Montañés, 2007, pp. 57-64. 71 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 términos regionales el problema político de Cantabria25. La formación en 1978 del Partido Regionalista bajo la presidencia de Miguel Ángel Revilla supuso una novedad de la política regional que desde unos débiles resultados en sus inicios fue poco a poco consolidándose como una fuerza claramente reconocible del espectro político cántabro. Partido democrático, social y aconfesional el Partido Regionalista presenta un carácter claramente popular y en su proyecto político hizo del logro de la autonomía su primer cometido. Con todo, dada su debilidad política de partida, el camino hacia la autonomía regional no fue en Cantabria el resultado de los trabajos del Partido Regionalista, sino el producto de la coyuntura política que trajo consigo la implantación y desarrollo del Estado de las Autonomías. En el interior de las fuerzas políticas no existía un acuerdo en torno a la posibilidad de 25 Véase Manuel Alegría, Presencia e influencia de ADIC en la historia de Cantabria, Santander, Tantín, 1990. Cuadro 1. Cantabria. Elecciones Congreso de los Diputados. 1 de marzo de 1979 Candidatura Votos %Diputados UCD 108.552 41,66 3 PSOE 78.512 30,28 2 AID 26.707 10,30 – PCE 17.140 6,61 – UN 10.106 3,90 – PTE 4.014 1,55 – PSOE-H 3.735 1,44 – ORT 3.267 1,26 – FEJONSA 1.387 0,53 – PCARL 1.013 0,39 – OTROS 3.699 1,43 – UCD (Unión de Centro Democrático); PSOE (Partido Socialista Obrero Español); AID (Agrupación Independiente de Derechas); PCE (Partido Comunista Español); UN (Unión Nacional); PTE (Partido del Trabajo de España); PSOE-H (Partido Socialista Obrero Español – Sector Histórico); ORT (Organización Revolucionaria de los Trabajadores); FJONSA (Falange Española de las JONS Auténtica); PCARL (Partido Carlista); OTROS (Movimiento Comunista-Organización Izquierda comunista; Organización comunista de España Bandera Roja, Liga Comunista Revolucionaria, Falange Española-Unidad Falangista e Izquierda Republicana). fUEntE: Ministerio del Interior. Elaboración propia. 72 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura que Cantabria desarrollara una autonomía uniprovincial. La prensa, por su parte, también mostró una posición ambigua en el proceso de desarrollo autonómico que se desarrolló tras la aprobación de la Constitución. Tan sólo Hoja del Lunes, bajo la dirección de Juan González Bedoya, mostró un apoyo decidido a la causa autonomista, en tanto que Alerta y El Diario Montañés, asociados a la prensa del Movimiento, el primero, y al Obispado de Santander, el segundo, se inclinaban inicialmente por la asociación de Cantabria a Castilla. Alerta solamente se inclinó a la fe autonómica tras la sustitución del director Francisco de Cáceres, un relevo propiciado por el sector autonomista de UCD, encabezado por Justo De las Cuevas y Ambrosio Calzada. En El Diario Montañés, tras su adquisición por un grupo de inversores, liderado por los centristas De las Cuevas, Alberto Cuartas, Leandro Valle, Roberto Saez y Mariano Linares, el apoyo a la autonomía cántabra se abrió paso frente al sector castellanista de la UCD liderado por Francisco Laínz. La derecha regional encontraba así otra fisura notable en sus discrepancias en torno a la autonomía regional, como muestra el papel que desempeñaron en la formación inicial de ADIC y su ulterior escisión una vez que la Asociación apostó decididamente por el regionalismo político, en contraste con aquellos sectores de la burguesía regional que mostraron una declarada inclinación por la asociación con Castilla. El resultado habría de ser la formación de la Asociación de Cantabria en Castilla (ACECA) declaradamente opuesta a la autonomía uniprovincial y que constituyó un elemento más en la división de la UCD regional abriendo paso a un posterior reagrupamiento en Alianza Popular. En la derecha regional ese proceso se desenvolvió entre las elecciones constituyentes de 1977 y las legislativas de 1979 y en ella radica la sustitución de algunos diputados de la UCD como Francisco Laínz26. En la izquierda, por el contrario, la inclinación autonomista fue más clara. Tanto el Partido Socialista, como el Partido Comunista y a su izquierda otras fuerzas políticas de menor implantación social, mostraron desde el principio la apuesta por una autonomía para Cantabria. En cualquier caso en el debate sobre la autonomía se propugnaron diversas fórmulas que iban desde la asociación con Asturias, la formación de una autonomía pluriprovincial con Burgos y La Rioja o la más fuerte ya citada de unir Cantabria con Castilla. Esta disparidad de criterios habría de dejar su huella en el Estatuto de Autonomía, toda vez que en su articulado se contemplaba hasta la reforma 26 Véase la síntesis del proceso en Ángel Revuelta Pérez, La autonomía en su laberinto, cit., pp. 230 y ss. 73 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 de 1998 la posibilidad de reintegrar Cantabria a una Comunidad autónoma limítrofe, se entiende que Castilla y León. El proceso de sensibilización regionalista, la aceptación por parte de las diversas fuerzas políticas y sociales de Cantabria como Comunidad Autónoma no estaba en los supuestos de partida de los gobiernos de la época. Si finalmente así fue se debió a la iniciativa interna en la región que inclinó al gobierno de UCD y en especial al ministro para las regiones Clavero Arévalo a llevar a cabo un reajuste que se desarrolló mucho más por razones de oportunidad en su momento que por una previsión política diseñada con antelación. El proceso autonómico cántabro siguió un camino paralelo y estuvo íntimamente ligado al propio proceso de restablecimiento de la democracia y al desarrollo del Título VIII de la Constitución. Ya con anterioridad a lo largo del año 1978 se había desarrollado el experimento de las preautonomías, nuevos entes con personalidad jurídica propia, orientados a la gestión de las competencias administrativas que el propio Estado o las Diputaciones Provinciales les encomendaban. Dichos entes estaban organizados en torno a un Pleno y un Ejecutivo constituidos sobre la base de los parlamentarios elegidos en las primeras elecciones generales de junio de 1977 en cada provincia y por representantes de las aún no democráticamente elegidas Diputaciones provinciales. A ese proceso respondió la formación de las preautonomías en Cataluña. País Vasco, Galicia, Aragón, Canarias, Valencia, Andalucía, Baleares, Extremadura, Castilla y León, Asturias, Murcia y Castilla-La Mancha. Cantabria se vio afectada por ese proceso de una manera singular pues el régimen preautonómico para Castilla y León, aprobado por Real Decreto Ley de 13 de junio de 1978 disponía que el denominado Consejo General de Castilla y León incorporaba a Santander, aunque dejando en manos de los parlamentarios de Santander, León y Logroño la decisión de incorporarse de forma efectiva a dicho Consejo27. En ese marco los parlamentarios de Cantabria decidieron no integrarse en el Consejo de Castilla y León y solicitar un régimen autonómico para la provincia. La situación resultaba compleja en aquellos momentos pues Cantabria con 5.289 kilómetros cuadrados y medio millón de habitantes se alejaba de la idea de no propiciar autonomías inferiores al millón de habitantes. Dadas las dificultades de determinar la delimitación definitiva de Castilla y la petición santanderina de cambiar su 27 Mariano González Clavero, Castilla y León. El proceso autonómico, Valladolid, Fundación Villalar, 2004, vol. I, pp. 111 y ss. 80 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Cuadro 2. Elecciones Autonómicas, 1983-2003 Partido 1983 Votos/%/Dip 1987 Votos/%/Dip 1991 Votos/%/Dip 1995 Votos/%/Dip 1999 Votos/%/Dip 2003 Votos/%/Dip PP (1) 123.228 44,30 18 122.964 40,80 19 42.449 14,30 6 103.632 33,57 13 134.924 43,56 19 146.012 42,40 18 PSCPSOE 107.523 38,70 15 87.230 29,10 13 102.553 34,50 16 80.379 25,97 10 105.004 33,90 14 102.918 29,90 13 PRC 18.842 6,80 2 27.950 12,70 5 19.064 6,30 2 46.527 15,04 6 42.896 13,85 6 67.003 19,20 8 IU (2) 11.052 3,90 0 12.861 3,40 0 13.023 4,40 0 23.533 7,61 3 11.707 3,78 0 12.375 3,60 0 UPCA (3) – – 99.194 33,20 15 53.065 17,17 7 9.498 3,15 0 – UCN (4) –––––5.477 Escaños 35 39 39 39 39 39 Nota: En 1983 se eligieron 35 diputados. En el resto de las convocatorias 39. (1) En 1983 la Coalición Popular agrupaba a Alianza Popular (AP), el Partido Demócrata Popular (PDP) y la Unión Liberal (UL). En 1987 figura como Partido Popular. Desde 1991 como Partido Popular. (2) En 1983 y 1987 los resultados corresponden al Partido Comunista de España. A partir de 1991 a Izquierda Unida. (3) Unión para el Progreso de Cantabria. (4) Unidad Cántabra. Al Presidente le corresponde ostentar la más alta representatividad de la Comunidad y la ordinaria del Estado. Es, al mismo tiempo, el Presidente del Gobierno y por tal condición, nombra y cesa a sus miembros, los Consejeros, y preside, dirige y coordina su actuación. El Presidente es elegido por el Parlamento entre sus miembros. El Gobierno es el órgano colegiado que dirige la acción política, ejerce la función ejecutiva y la potestad reglamentaria. Está compuesto por el Presidente, el Vicepresidente, en su caso, y los consejeros. Los departamentos dirigidos por los consejeros se denominan Consejerías, cuyo numero y denominación son cambiantes. El Presidente y el Gobierno se rigen por el Estatuto y además por la Ley 6/2002, de 10 de diciembre, de Régimen Jurídico del Gobierno y de la Administración. 81 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 Cuadro 3. Elecciones generales, 1982-2004 Partido 1982 Votos/% 1986 Votos/% 1989 Votos/% 1993 Votos/% 1996 Votos/% 2000 Votos/% 2004 Votos/% PSOE (1) 135.987 45,00 129.041 44,33 119.352 40,07 122.418 37,17 123.940 35,61 111.556 56,84 149.906 40,87 AP-PDPCP-PP (2) 117.567 38,91 99.149 34,06 114.403 38,41 121.967 37,03 175.651 50,47 189.442 56,84 190.383 51,9 UCD 16.265 5,38 –––––– CDS 15.281 5,06 37.710 12,96 28.976 6,4 5.081 1,54 ––– PCE/IU (3) 9.265 3,07 8.997 3,09 19.058 6,4 24.453 7,42 39.541 11,36 16.714 5,02 12.186 3,31 PRC (4) –––18.608 5,65 ––– UPCA (5) – – – 27.005 8,2 ––– Nota: (1) En 2000 la candidatura es PSOE-Progresistas. (2) En 1982 se trata de la candidatura AP/PDP; en 1986, AP/PDP/PL; a partir de 1989 PP; Desde 1986 se presenta como IU; El Partido Regionalista solo se presentó a unas elecciones generales en 1993. (3) Desde 1986 se presenta como IU. (4) El Partido Regionalista solo se presentó a una elecciones generales en 1993. (5) La Unión para el Progreso de Cantabria desapareció tras su reincorporación al Partido Popular. fUEntE: Ministerio del Interior. Elaboración propia. Un panorama de la evolución política de Cantabria entre 1982 y 2004 nos muestra una región que ha tenido que gestionar una profunda mutación social y productiva y que ha debido superar una fuerte crisis política que durante algún tiempo hizo temer por la propia estabilidad de sus instituciones. La vida política autonómica se abrió con una legislatura «provisional», transitoria, hasta la celebración de las primeras elecciones autonómicas para formar la Asamblea Regional. Entretanto se formó una Asamblea interina que estuvo formada por los diputados y senadores de las Cortes Generales, elegidos en las elecciones de 1979, y por los diputados provinciales miembros de la extinta Diputación Provincial de Santander. Quedó formalmente constituida el 20 de febrero de 1981 y se mantuvo hasta las primeras elecciones autonómicas de mayo de 1983. Compuesta por 22 diputados y senadores de UCD (67,4 %) y 12 del PSOE (35,3 %) permitió a la UCD designar entre sus miembros tanto al Presidente de la Cámara (Isaac Aja Muela) como al Primer Presidente de la Comunidad (José Antonio Rodríguez Martínez). 82 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura El cometido de esta primera fase de la vida política autonómica fue el deestabilizar el nuevo orden político y para ello la mayoría ucedista, lejosde monopolizar el poder, ofreció tres Consejerías al Partido Socialista, con el fin de buscar un consenso que se presentaba necesario para acometer elnuevo rumbo de la política regional. Sus tareas se orientaron básicamente a poner en funcionamiento la estructura institucional dictada en el Estatuto y recibir las primeras trasferencias materiales sobre las competencias asumidas formalmente por la Comunidad. Entre julio y diciembre de 1982 el Estado llegó a emitir dieciséis Decretos de transferencias y en lo relativo a los aspectos institucionales la Asamblea reguló entonces la estructura del Ejecutivo regional, la Administración de la Comunidad Autónoma, la adscripción del personal de la extinguida Diputación Provincial de Santander y del que se incorporase de la Administración del Estado a la de Cantabria, entre otros aspectos menores. Se trataba de una fase cargada de entusiasmo, de aprendizaje en el nuevo orden y en el que ya se vislumbraron los primeros problemas políticos que más tarde habrían de incrementarse hasta alcanzar la naturaleza de una verdadera crisis. A partir de 1983, tras las elecciones autonómicas de 8 de mayo se da paso a la primera legislatura ordinaria que llega hasta junio de 1987. Se inicia este período poco después de la desaparición de la UCD como fuerza política, lo que generó un vuelco considerable en la región. La desintegración del centrismo en Cantabria permitió un trasvase de sus apoyos a Alianza Popular y en menor grado a dos fuerzas complementarias, el Partido Demócrata Popular y la Unión Liberal que desde entonces operaron en la política regional como una coalición electoral AP/PDP/UL que obtuvo en las elecciones autonómicas 123.000 votos y 18 escaños, frente a 107.500 y 15 del PSOE y 18.800 y 2 del Partido Regionalista. Esta mayoría absoluta aparentemente daba una tranquilidad y estabilidad al Gobierno de la región, fueron elegidos presidente del Parlamento el diputado de Alianza Popular, Guillermo Gómez Martínez Conde y reelegido como presidente el diputado del PDP José Antonio Rodríguez. Las tensiones dentro de la coalición acabaron obligando Rodríguez a dimitir y fue nombrado Ángel Díaz de Entresotos de AP como nuevo presidente el 26 de marzo de 1984. Una valoración de esta primera muestra de crisis política no puede ser explicada exclusivamente desde una dimensión regional, ya que fue el momento de la crisis de la coalición a nivel nacional. Con todo fue en Cantabria donde adquirió unos tintes más acusados ante la imposibilidad de un entendimiento en la coalición. Tras una fuerte crisis en los últimos meses de 1985, en julio del año siguiente, se produjo la salida de cuatro de los cinco diputados del PDP, la dimisión 83 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 de Lucas Martínez, Vicepresidente del Gobierno Regional y de otros dos consejeros (Luis del Río y Félix Hinojal) y como consecuencia la pérdida de la mayoría en la Asamblea. Pero la crisis de la mayoría conservadora no fue exclusiva. En el Partido Socialista, dos de sus diputados, Adolfo Linares y Juan Ruiz, pasaron a formar un Movimiento de los Radicales por Cantabria de vida efímera. A lo largo de 1985 el Gobierno acometió diversas tareas. La primera fue el ingreso en el Consejo de la Regiones de Europa y Díaz de Entresotos se incorporó al Comité de Dirección del Centro Europeo para el Desarrollo Regional (CEDRE). Poco después fue aprobado el Plan de Inversiones sanitarias y se inició un forcejeo con el Gobierno central al desafiar al Consejo de Gobierno a Madrid, negándose a firmar el protocolo de cierre de transferencias y condicionando el mismo a la realización de acuerdos favorables en materias de Industria, Agricultura, Ganadería y Obras Públicas. Así pues, crisis interna y tensiones externas dejan ya de manifiesto que la vida política de la región está impregnada de varias incidencias de calado diverso. Tras un año de gobierno el balance no podía resultar positivo. Confrontaciones internas en la coalición AP/PDP, una evidente situación de marginación de la región respecto de sus negociaciones con el Gobierno central y una inquietud que, sobre todo en el mundo agrario, temía la repercusión que en el sector podía tener el ingreso en la Comunidad Económica Europea. Con todo, estos primeros síntomas de inestabilidad política que llevaron en diciembre de 1985 a la dimisión colectiva de todos los miembros del Consejo de Gobierno y a la suspensión del debate sobre el Estado de la Región en pro de la estabilidad no frenaron la actividad legislativa. En este período se aprobaron la Ley de Elecciones de la Asamblea Regional, la del Régimen Jurídico del Gobierno y de la Administración de la Diputación Regional, la de Incompatibilidades de Altos Cargos, la de Iniciativa legislativa popular, lade la Función Pública, la de la designación de senadores en representación de la Comunidad Autónoma, la del Centro de Estudios de la Administración Pública Regional, la del Patrimonio de la Diputación Regional y las leyes del Escudo, de la Bandera y del Himno de Cantabria, entre otras. Esta acción política, más allá de su propia inestabilidad, hubo de desarrollarse en medio de una fuerte crisis económica e inquietud social que encontró su expresión en fuertes cambios en el sistema productivo y en las tensiones inevitables que se sintieron en la región por la incorporación de 84 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura España a la Comunidad Europea en 1986, de claro impacto en los sectores industrial y agropecuario. La sensación de pesimismo no dejaba de extenderse. La autonomía aún no era percibida como un factor de dinamismo en la región y la falta de sintonía entre las administraciones central y autonómica era evidente, como se desprendía de las negociaciones sobre competencias, en medio de una regresión económica que llevó a Cantabria a una perdida de posiciones en el ranking de renta nacional. Si en 1981 se situaba en el 107,6 % en 1985 estaba ya en el 98,77. Un declive que habría de acusarse en los años siguientes. Año de elecciones generales, una vez más la región dio sus votos al Partido Socialista que, aunque de una manera más ajustada, volvió a vencer a pesar del desgaste que entre sus militantes generó el debate sobre el ingreso en la OTAN. El socialismo regional mostraba su pujanza al obtener el 44,33 % de los votos, frente al 34,06 de la Coalición Popular y la evidencia de que el CDS con el 12,96 % quedaba cerca de obtener su primer diputado en la región. Una mirada a la geografía política regional nos sitúa ante un hecho evidente. El socialismo era fuerte en aquellas localidades de intensa actividad industrial y minera como Camargo, El Astillero, Los Corrales de Buelna, Torrelavega, Castro Urdiales, Laredo e incluso en Santander, la capital. Por su parte, la Coalición Popular mantuvo su hegemonía donde el voto de derechas era ya tradicional: en la franja costera, en la zona de Liébana y en gran parte del interior de la región, donde predominan municipios de baja intensidad de población y deprimidos en sus actividades económicas. Las elecciones generales de 1986 no estimularon el cambio político. Se volvía a una realidad que era persistente en la década de los ochenta. El triunfo de izquierdas en las elecciones generales y el dominio de la derecha en las autonómicas. Se repartieron así tres diputados y tres senadores para el PSOE y dos diputados y un senador para la derecha. Ésta seguía sometida a una fuerte tensión que se tradujo en una crisis en julio de 1986 con la ya citada ruptura de la Coalición por la salida de los consejeros del PDP. Una situación que desvirtuaba el quinto aniversario del Estatuto de Autonomía y que se vio agravada por la aprobación de una moción del Ayuntamiento de Villaverde de Trucíos que solicitaba su segregación de la Comunidad Autónoma de Cantabria para integrarse en Euskadi. La segunda legislatura regional se inicia con las elecciones autonómicas de julio de 1987 y se cierra con las terceras elecciones de mayo de 1991. Este periodo legislativo, como el siguiente hasta 1995, vino marcado por la presencia en primera línea de la política regional de Juan Hormaechea, 85 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 un político que había sido alcalde de Santander desde 1977 y con anterioridad concejal por el tercio familiar (1974) y teniente de alcalde (1976). Hormaechea, que no militaba en Alianza Popular y se caracterizaba por un estilo muy personal, populista, carismático y muy controvertido, llegó al liderazgo político de la región a partir de su popularidad como Alcalde de Santander. Su figura emergió en el marco de la propia dinámica de Alianza Popular que en el congreso de 1986 había mostrado una clara división interna y la dificultad de encontrar un líder representativo. Ante la próxima convocatoria electoral, Hormaechea parecía ser el líder más adecuado para batir políticamente a un Partido Socialista que bajo el liderazgo de Jaime Blanco también experimentaba tensiones internas. No obstante la elección de Hormaechea como candidato no fue del todo sencilla, ya que Díaz de Entresotos aspiraba a representar de nuevo al partido, con la resistencia deun sector muy importante del mismo. El cambio tuvo que llevarse a cabo en medio de una dura negociación interna que obligó a su presidente, Roberto Bedoya, a hacer fuertes reajustes en muchos comités municipales para facilitar el tránsito al nuevo horizonte con Hormaechea al frente de la derecha regional. La apuesta de la derecha se dejó sentir en las elecciones autonómicas de 10 de julio de 1987 que dieron una victoria clara a Alianza Popular, en tanto que los socialistas conocieron un claro revés político. Si Alianza Popular obtuvo casi 123.000 votos, los socialistas lograron poco más de 87.000, una sangría que contrasta con los 107.000 y los 128.000 de las generales de 1986. Este «descalabro» socialista tuvo su cara más amarga en aquellos núcleos industriales de tradicional apoyo a la izquierda como en Reinosa o en El Astillero. El nuevo parlamento regional se formó a partir de una mayoría aliancista con 19 diputados y una oposición que repartió veinte escaños: 13para el PSOE, 5 para el PRC y 2 para CDS. En el nuevo parlamento el Partido Regionalista se consolidó bajo la dirección de Miguel Ángel Revilla como la tercera fuerza regional ya que con 38.000 votos duplicó sus resultados de las autonómicas de 1983. Por su parte el CDS, bajo la dirección de Manuel Garrido, obtuvo dos diputados que le convirtieron en llave de las estrategias parlamentarias. Aunque municipio a municipio no se observan alteraciones muy fuertes, resulta evidente el triunfo de Alianza Popular que fue ganadora en setenta municipios de la región y, sobre todo, en Santander, Castro Urdiales, Santoña y Reinosa. A la izquierda del Partido Socialista los 11.000 votos de Izquierda Unida no le permitieron rebasar el 5 % que era necesario para acceder al Parlamento, en tanto que los democristianos del PDP bajo la dirección del expresidente José Antonio Rodríguez no fue mu- 86 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura cho más allá de los 7.000 votos, un 2,42 %, que le llevó a la marginalidad y futura desaparición como fuerza política independiente. El triunfo electoral claro, sin embargo, no pudo impedir que en el Parlamento la suma de socialistas, regionalistas y los dos diputados del CDS fueran mayoría (20 sobre 39 diputados), lo que dio la presidencia de la Asamblea al regionalista Eduardo Obregón. Frente a esa situación Hormaechea optó por un Gobierno donde, siguiendo su línea de independencia personal, estaba escasamente representado Alianza Popular. El gobierno debía abordar sus tareas en medio de una minoría parlamentaria, pero esa situación no habría de durar mucho tiempo ya que el abandono de Esteban Solana del PRC y su paso al Grupo Mixto ofreció a Hormaechea la estabilidad que necesitaba. Los cambios no terminaron aquí. Poco después Ricardo Conde Yagüe también abandonó el regionalismo para convertirse en Consejero de Sanidad y Bienestar Social, en tanto que Manuel Pardo Castillo y Leandro Valle abandonaron el Grupo Popular y pasaron al Mixto. Casi dos años después de las elecciones la situación en términos numéricos estaba igual, pero resultaba evidente que la crisis se había instalado en la política regional, pues en febrero de 1990 el diputado socialista Antonio Lombardo también desembarcaba en el Grupo Mixto. La atmósfera política mostraba su deterioro pues una Sentencia de la Sala Civil y Penal del Tribunal Superior de Justicia de Cantabria de 11 de noviembre de 1989 condenó a Eduardo Obregón a seis años y un día de inhabilitación por prevaricación, tras haber privado de su condición de parlamentario a José Luis Vallines, en una interpretación particular del Reglamento tras una sentencia penal dictada en contra de éste. Aunque la sanción fue recurrida y el Tribunal Supremo la anuló Obregón presentó su dimisión, lo que obligó a la elección de un nuevo presidente del Parlamento que recayó en Adolfo Pajares Compostizo. Estas alteraciones de la política regional no dan cuenta de toda la intensidad y cambios que se produjeron a lo largo de la legislatura. El clímax llegó cuando en noviembre de 1990 el Partido Popular retiró su apoyo al presidente Hormaechea después de muchos desencuentros, de una abierta tensión con Manuel Huerta y el Ayuntamiento de Santander, y de que el presidente ofendiera públicamente a varios dirigentes del Partido Popular, incluido José María Aznar. La presencia en la política regional de Hormaechea Cazón no podía dejar de tener sus efectos sobre la dinámica de las instituciones, pero también de los partidos. De una forma directa o indirecta a ella respondió la tensión que se produjo a finales de los ochenta tanto en Alianza Popular, como en 87 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 el PRC. Los regionalistas habían tenido una escisión que dio lugar al Partido Nacionalista Cántabro bajo la dirección de Esteban Solana, Guillermo Díaz Autrán y Balbino Rodríguez. Como varios de los nuevos nacionalistas fueron rápidamente contratados como asesores del Presidente no resultaba difícil ver la mano oculta de Hormaechea en el nacimiento del nuevo partido. Por otro lado, el PDP se reciclaba dentro de la Democracia Cristiana que dirigía Javier Rupérez a nivel nacional. Tras la confrontación abierta entre el Partido Popular y Hormaechea la escenificación de la ruptura llevó a que los diputados del PP abandonaran el Gobierno y seis diputados pasaran del Grupo Popular al Mixto, incluido el propio presidente y algunos de sus leales. El resultado estrambótico fue un Grupo Mixto con quince diputados, al tiempo que cuatro de los consejeros dimitidos se alinearon con el propio Hormaechea. Una situación tan extraña en un sistema parlamentario llevaba a la disolución de la Cámara y a unas nuevas elecciones, pero el Presidente carecía de esa potestad, de modo que solo quedó la posibilidad de una moción de censura que fue ensayada por partida doble, por el PSOE y el PP. Retirada, finalmente, la moción del PP fue votada la socialista el 5 de diciembre de 1990, contando con el voto de 26 parlamentarios (PSOE, PP. PRC, CDS y dos del Grupo Mixto, antes populares, Leandro Valle y Manuel Pardo Castillo); en contra lo hicieron los 12 diputados que siguieron a Juan Hormaechea en la formación de un nuevo partido: Unión para el Progreso de Cantabria (UPCA). El diputado del Grupo Mixto Antonio Lombardo se abstuvo. El resultado directo de la moción de censura fue la formación de un «Gobierno de gestión» en diciembre de 1990 bajo la dirección del socialista Jaime Blanco que se prolongó hasta las elecciones autonómicas de 26 de mayo de 1991 y se compuso con efectivos del PP, PSOE, PRC y CDS. Su papel como gobierno de coalición hasta las siguientes elecciones no tuvo otro cometido que el de proporcionar a la región una estabilidad política de la que había carecido a lo largo de toda la legislatura. La gestación de la moción por parte de los socialistas tuvo un largo recorrido y fue necesario que la dirección nacional del PSOE presionara a Jaime Blanco, pues éste se mostraba abiertamente contrario a esa iniciativa. Para Jaime Blanco era el Partido Popular, el verdadero causante de la crisis, quien debía asumir sus responsabilidades y para ello recabó el apoyo de la ministra Matilde Fernández, en la esperanza de que fueran las siguientes elecciones las que dieran una solución a la crisis política, a estas alturas ya de carácter institucional. La orden recibida el 22 de noviembre por varios diputados socialistas de que debía ser presentada la moción muestra hasta que punto el «laberinto 88 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura cántabro» sobrepasaba el marco regional para convertirse en un tema de prioridad tanto para el Partido Popular como el Socialista, como mostraron las conversaciones entre Felipe González y Manuel Fraga36. Para el Partido Popular la disputa con el presidente Hormaechea alcanzó niveles desconocidos. No era ya que desarrollara políticas al margen de los intereses del partido, sino que su conducta pública y las descalificaciones personales hacia los políticos populares alcanzaron dimensiones esperpénticas. De especial significado fue la tensión con la diputada popular Isabel Tocino quien consideraba que las formas de gobernar de Juan Hormaechea resultaban inaceptables ya que, más allá de su particular estilo, estaba llevando ala Comunidad a una deuda muy elevada. La gestión, el estilo y, sobre todo, la falta de control de sus decisiones llevaron a los populares a una ruptura que trataron de evitar durante más de un año y que, para mayor dificultad, encontraba que una parte importante del partido se alineaba abiertamente con el presidente regional. Más allá de esta turbulencia la actividad legislativa de la Asamblea se orientó hacia el desarrollo de las competencias materiales de la Comunidad, sobre todo en el terreno económico. De esta manera se aprobaron nueve leyes de crédito extraordinario destinadas a financiar diversas actividades y zonas de desarrollo especial, ayudas a la ganadería, pastos y montes, de concentración parcelaria, de capacitación agraria, de ordenación del territorio, entre otras. La tercera legislatura ordinaria transcurre entre las elecciones autonómicas del 26 de mayo de 1991 y las del 28 de mayo de 1995. La novedad más significativa de las elecciones fue la presencia del partido de Ormaechea, Unión para el Progreso de Cantabria (UPCA), que modificaba el escenario de la política regional. Aunque la victoria correspondió al PSOE con 102.553votos (16 diputados) frente a los 98.317 de la UPCA (15 diputados), la realidad mostraba la fuerza del liderazgo de Hormaechea y las dificultades del Partido Popular para fidelizar a sus cuadros y votantes ante la presencia del líderpopulista. El Partido Popular, en reconstrucción y con José Luis Vallines a la cabeza, obtuvo 42.499 votos (6 diputados) y el Partido Regionalista, segundo damnificado por la presencia de la UPCA, obtenía 19.064 perdiendo en el camino cuatro diputados y volviendo a la posición de 1983. Izquierda 36 Víctor Gijón e Isidro Cicero, El laberinto cántabro. Juan Hormaechea: De la Moción de Censura al Procesamiento, Santander, Calima, 1991. 89 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 Unida con trece mil votos y el CDS con menos ocho mil quedaban fuera del Parlamento y los centristas iniciaban un proceso que llevó a su inserción en la esfera del Partido Socialista posteriormente. Las elecciones de 1991, resultado de las disputas internas de la derecha, dio lugar a un Parlamento en el que desaparecieron varios diputados históricos de la autonomía. Era el caso de Manuel Garrido, Manuel Pardo Castillo, Leandro Valle, Manuel Rotella, Esteban Solana y Pilar Quintanal. El triunfo electoral socialista, también renovado en las municipales, no permitió, sin embargo, que Jaime Blanco repitiera como Presidente de la Comunidad Autónoma. A pesar de la dura disputa y de las agrias relaciones entre Vallines y Hormaechea, la mediación de Rodolfo Martín Villa llevó a la formación de un pacto PP-UPCA que dio de nuevo la alcaldía de Santander a Manuel Huerta y la Presidencia del Gobierno a Juan Hormaechea. Quienes la semana precedente se combatían de la manera más áspera pactaban de inmediato un reparto de poder que no dejaba de desprestigiar al conjunto de la «clase política» de la región. El editorial de El Diario Montañés de 16de junio de 1991, «Un viaje circular», lo apuntaba de una manera cruda: «El viaje circular, casi al interior de sí mismo que ha hecho el centro derecha, deja tras de sí un pobre balance: heridas que no cicatrizan, disensiones que ahora deben eludirse y fracturas pendientes de soldadura. Quizá la moción de censura, la ruptura y la posterior reconciliación sirva de cura psicoanalítica para los protagonistas de este viaje a ninguna parte. Tan solo esta posible faceta aflora como saldo positivo en toda esta historia.» De esta manera en la noria de la política cántabra quienes estaban denostados un día volvían la primera línea de la dirección política al siguiente. El nuevo panorama llevaba a que con el pacto PP/UPCA el nuevo parlamento tuviera una mayoría de 21 diputados para el Grupo Popular y a la reelección de Adolfo Pajares como Presidente el Parlamento. De este modo el vencedor de las elecciones, el Partido Socialista, pasaba a la oposición con sus quince diputados y los dos testimoniales del Partido Regionalista. El pacto entre Hormaechea y los populares fue posible por la mediación antes citada de Rodolfo Martín Villa que permitió la reunión el 14 de junio de 1991 de Hormaechea, Vallines y el alcalde de Santander, Manuel Huerta. La reconciliación que devolvía el liderazgo de la derecha a Hormaechea y le ofrecía la Presidencia del Gobierno regional se asentaba sobre los planteamientos siguientes: la disolución de la UPCA y su integración en el PP; la reunión de los diputados de la UPCA y del PP en un Grupo Parlamentario único en la Asamblea Regional y el compromiso de votar unidos la investidu- 96 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Torrelavega después de dos décadas ininterrumpidas de dominio socialista a favor ahora del regionalista Francisco Javier López Marcano. Lograda la estabilidad política, las tareas del gobierno regional se centraron en el desarrollo de las competencias recibidas, en especial en Educación y Sanidad y en la presentación de un Plan de Desarrollo Regional que contemplaba la inversión de más de 600.000 millones de pesetas para el período 2000-2006. El PRD suponía un incremento del 82 % respecto al que estaba en vigor en el período 1994-1999, y representaba el mayor esfuerzo inversor realizado hasta entonces en la región. Los ejes principales del PRD se orientaron hacia la mejora de la competitividad y el impulso del tejido productivo y de las nuevas tecnologías, la creación de empleo, la promoción del turismo, la conservación del patrimonio artístico y de los recursos naturales, la extensión de los servicios sociales, el desarrollo rural y, sobre todo, dotar a la región de una completa red de comunicaciones, de transporte y de energía a lo que se destinaba casi 180.000 millones de pesetas. En el año 2000 se daba así inicio a la autovía de la Meseta uno de los objetivos centrales de la región en el terreno de las comunicaciones. Año de elecciones generales 2000 vio como los populares obtuvieron una rotunda victoria al alcanzar un resultado histórico con 188.245 votos, el 56,98 % de los sufragios emitidos. Seis puntos por encima de los comicios de 1996, lo que permitió al PP conservar los tres escaños del Congreso (Jesús López Medel, Ricardo Bueno y Juan Manuel Moreno) y sus tres senadores (Visitación Pérez Vega, Alberto Terán y José Luis Vallines). El PSC solo sumó 110.159 votos (el 33,35 %), confirmando la caída experimentada por el socialismo a nivel nacional. Con ello conservaba dos diputados (Jaime Blanco y Dolores Gorostiaga) y su senador (Blanca Rosa Gómez Morante). Con estos resultados electorales y después de varios ensayos fallidos los socialistas abordaron la tarea de renovación interna que habría de llevar en diciembre de 2000 a la secretaría general del partido a Dolores Gorostiaga. Con ello se daba paso a una nueva etapa después de 23 años de permanecer Jaime Blanco al frente del partido en la región. Su gestión, a menudo controvertida, había pasado por todos los momentos cruciales de la región desde la transición democrática, desde la refundación del partido en los setenta, la oposición permanente ante el dominio popular en los ochenta a una breve experiencia gubernamental con el Gobierno de gestión en 1990. Avanzada la legislatura, en el Partido Popular también se llevó a cabo de forma pactada y suave la sustitución de Gonzalo Piñeiro al frente del partido por el propio presidente de la Comunidad Autónoma en el VIII Congreso celebrado en octubre de 2002. 97 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 La coalición PP/PRC abordó a lo largo del año 2001 cuatro frentes principales en su gestión de gobierno. El primero fue el de la negociación de las transferencias del Insalud y la elaboración de un Plan Estratégico de Desarrollo para el Hospital Marqués de Valdecilla; el diseño de un plan estratégico de Desarrollo Tecnológico para Cantabria 2000-2006; la negociación de un nuevo modelo de financiación autonómica y la elaboración de la Leyde Ordenación Territorial y Régimen Urbanístico del Suelo. Pero estas tareas de gobierno se vieron oscurecidas por el debate que en la región tuvo la propuesta de la nueva sede del Gobierno Regional. La existencia de dos alternativas, una en el centro de la ciudad, y la otra, en la vaguada de las Llamas, discurrió en medio de un fuerte debate y la abierta oposición de los comerciantes del centro de la ciudad de Santander. La solución, aun en desarrollo, es una propuesta del arquitecto Moneo en el centro, ocupando las anteriores instalaciones del Gobierno Regional con un edificio compacto y cristalino destinado a dar relevancia arquitectónica a la zona. La cercanía de la convocatoria electoral habría de dar a lo largo de 2002 una tensa calma a la política regional que de una manera más o menos clara alcanzó a todos los partidos políticos. En el interior de la alianza de gobierno populares y regionalistas vieron como la gestión en el Ayuntamiento de Torrelavega y, sobre todo, el anuncio del inmediato debate de la Ley de Protección del Litoral (POL) mostraba que ambas fuerzas políticas tenían intereses y concepciones muy distantes en numerosos municipios de la región. De otro lado, en el Parlamento tras dos años de discusiones PP-PRC y PSOE rompieron al final del año las negociaciones para consensuar la reforma del reglamento de la Cámara. El resultado fue un final de legislatura en el que populares y regionalistas mostraron reiteradas tensiones, un hecho que, a pesar de todo, no presagiaba los cambios que se iban a llevar a cabo tras las elecciones regionales de 25 de mayo de 2003. Con la celebración de las elecciones de mayo se da paso a la sexta legislatura ordinaria. Aunque los resultados electorales no depararon demasiadas novedades pues los populares resultaron vencedores con 146.726 votos frente a los 103.608 de los socialistas y los 66.480 de los regionalistas, la alianza entre socialistas y regionalistas envió a la oposición por vez primera a la derecha regional. A pesar de las tensiones preelectorales nada hacia prever que los regionalistas no volverían a reeditar el pacto con los populares, de modo que el gobierno formado por Miguel Ángel Revilla con Dolores Gorostiaga en la vicepresidencia representó no solo una sorpresa mayúscula sino el cambio político más importante en la región desde la puesta en marcha de la autonomía regional. En cierto sentido se podría decir que de alguna 98 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura manera el gobierno de los regionalistas y socialistas cántabros llevó a cabo una auténtica transición. El pacto representó una convulsión en la derecha ya que no contaba entre sus opciones pasar a la oposición, más aún en el sentido de que la coalición PRC-PSOE representaba a su vez la colaboración municipal, permitiendo la recuperación de algunos municipios, en particular Torrelavega donde la socialista Blanca Gómez Morante sustituía al regionalista Francisco Javier López Marcano. En Santander, donde el peso de los populares era evidente, Gonzalo Piñeiro pudo repetir por tercera vez tras su victoria por mayoría absoluta. En el momento en que la legislatura avanzaba a su fin la experiencia de la alianza entre regionalistas y socialistas no supuso ningún trauma o cambio brusco para la región como denunciaron los populares. Frente a los augurios de inestabilidad, por el contrario, la coalición ha mostrado una fuerte cohesión y las discrepancias entre ambas formaciones políticas han sido contenidas a lo largo de todo el tiempo. La presencia de Revilla al frente del gobierno regional permitió que los socialistas iniciaran un proceso de renovación silencioso, incorporando al partido los efectivos de IDCAN, en tanto que los populares reajustan su agenda en la oposición. Con todo, el vuelco político de la región no se dejó sentir en las elecciones generales celebradas el 14 de marzo de 2004. Con una participación del 79,16 % los cántabros dieron la victoria a los populares que obtuvieron el 51,87 % de losvotos y tres de los cinco diputados que Cantabria envió al Parlamento: José Joaquín Martínez Sieso, Ana Madrazo Díaz y José María Lasalle. También tres senadores: Luis Bárcenas, Gonzalo Piñeiro y Alberto Terán. Por su parte, los socialistas lo hicieron con Alfredo Pérez Rubalcaba y María Gloria Gómez Santamaría en el Congreso y Jaime Blanco en el Senado37. Un balance de la legislatura que termina en 2007 nos muestra a una clara recuperación de la economía regional, una estabilidad institucional desconocida en la región hasta finales del novecientos y, finalmente, a una perspectiva de estabilidad que se presentaba con cierto optimismo una vez que el Gobierno de coalición entre socialistas y regionalistas presentó un Plan de Gobernanza para los años 2004-2007 que trataba de consolidar Cantabria como una región 37 La evolución política y la actividad legislativa de la Comunidad autónoma se ha seguido a través de los anuarios de El Diario Montañés, 1985-2005, también Antonio Bar Cendón, «La comunidad autónoma de Cantabria: la crisis institucionalizada», en De la Montaña a Cantabria, cit., pp. 273-311; Javier Barcelona Llop, «La evolución política de la Cantabria autónoma», en Manuel Suárez Cortina (dir.), Historia de Cantabria, vol. III, La Cantabria autónoma, 2007, pp. 169-184. 99 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 de dotaciones e infraestructuras modernas al margen de coyunturas y gobiernos de partido. DE ARTES Y LETRAS. LA CULTURA EN LA CANTABRIA AUTÓNOMA L o que pueda ser la cultura de una región como Cantabria en el tránsito de los siglosXX al XXI no resulta sencillo de determinar una vez que la misma categoría «cultura» remite a concepciones muy distintas según sea ésta observada desde la antropología, la sociología, la historia o cualquiera otra disciplina que se acerca al fenómeno de su producción y consumo desde una perspectiva abierta y de carácter declaradamente interdisciplinar. En primer término cabe plantearse de qué cultura cabe hablar, de la llamada culta o elitista, de aquella otra que hace referencia a los rasgos más acusados de la personalidad de una sociedad o de un pueblo, a su identidad colectiva o a aquella que acoge y reproduce cada individuo en todas y cada una de las facetas de su vida cotidiana como trabajador, consumidor, padre o ciudadano. ¿Cabe plantearse en el inicio del sigloXXI la existencia de una cultura cántabra, o aragonesa o madrileña distintiva de la que en su conjunto caracteriza la España democrática, en un proceso de quiebra del orden social y cultural tradicional, de cosmopolitismo y mundialización de las comunicaciones, los signos y registros culturales? Dado que no resulta sencillo en el marco de estas breves páginas caracterizar todos los ámbitos posibles de esta cultura, se tratará en todo caso de resumir los ingredientes más llamativos que en el orden científico, artístico y literario han dominado la Cantabria autonómica, teniendo siempre presente que toda síntesis conlleva inevitablemente dosis considerables de simplificación y omisión de otros productos, actores o realizaciones que con toda seguridad merecen ser considerados como «representativos» de la cultura (de/en) Cantabria en sus últimas décadas. Carente de una lengua propia distinta del castellano y de un régimen jurídico particular, Cantabria se inserta históricamente en el universo de la cultura e instituciones castellanas desde la Edad Media. Desde el sigloXVIII la estrecha vinculación con la economía de intermediación con las colonias acentuó esa doble relación económica y cultural, operando como una más de las provincias que tradicionalmente se adscribieron al área administrativa y cultural de Castilla. Por tradición, valores y cultura Cantabria se asoció durante siglos a la experiencia castellana. «Cantabria es Castilla» había sido un sentimiento común en la región, sobre todo en los sectores de clase media y 100 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura de la burguesía regional. Con la transición democrática y la apuesta por un régimen autonómico para Cantabria en los aspectos culturales fue necesaria una «revisión» de la tradición que permitiera conjugar el pasado castellanista con el presente y porvenir inmediato autonómico. La cultura constituía un elemento central de esta nueva coyuntura histórica de la región38. Históricamente Cantabria había sido una región que en sus dimensiones educativas había gozado desde el sigloXIX de unas buenas dotaciones, sobre todo por la aportación de unas fundaciones docentes que habían permitido un nivel de alfabetización relativamente alto en la media nacional39. Con todo, la existencia de una tradición cultural de clara tensión entre tradición y modernidad siempre estuvo asociada a la presencia en Cantabria de varios referentes científicos (A. González de Linares, E. D. Madrazo), literarios (Amósde Escalante, José María Pereda), musicales (J. de Monasterio) y filosóficos (M. Menéndez y Pelayo) que han pesado de una manera decisiva a lo largo del sigloXX hasta el punto de constituir emblemas y referentes sistemáticos de la llamada «cultura regional». Educación y cultura parece que fueron de esta manera caminando por derroteros distintos. La cultura remitía a los «mitos», una y otra vez recreados en el imaginario popular como los genios del parnaso cántabro, entonces montañés. Aún en el siglo actual, en una parte nada desdeñable de la sociedad cántabra, cultura regional es asimilada a la obra y la ideología, maneras y modos de esos «padres» de la tradición regional. Quienes con su universo creador, católico y tradicional, dotaron a Cantabria de unos marcos de referencia que la nueva cultura cosmopolita e impersonal no puede ofrecer en nuestros días. El peso de este «tradicionalismo» es aún hoy marcado y las tendencias a romper con dicha línea se perciben como sospechosas de «extranjería», al menos para aquella parte de la población cuyos marcos conceptuales se identifican con la tradición y el conservadurismo cultural. Esa tradición, llamémosla decimonónica, se ha visto solapada a lo largo del sigloXX con aquella otra que se creó en la región tras la guerra civil y que ha permitido a muchos autores hablar de la «Atenas del Norte» cuando hace referencia a la labor creadora de un 38 Véase Antonio Montesino González, «La comunidad imaginada. ‘Etnicidad’, ‘sociedad tradicional’ y actual invención de la tradición en Cantabria», en Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra, cit., pp. 13-90; id., «La invención de la tradición en Cantabria: mito, historia y razón constitucional», en Claves de Razón Práctica, n.º 79 (1998), pp. 42-49. 39 Fidel Gómez Ochoa y Carmen del Río Diestro, «‘Cualquier tiempo pasado fue mejor’: la educación en Cantabria en la época contemporánea. Historia de un atraso», en Manuel Suárez Cortina (ed.), El perfil de La Montaña. Economía, sociedad y política en la Cantabria contemporánea, Santander, Calima, 1993, pp. 177-201. 101 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 colectivo que en los cuarenta se concretó en Proel y la Escuela de Altamira. El eco de estas dos tradiciones se ha dejado sentir con fuerza en la cultura regional de la segunda mitad del sigloXX, sobre todo, a través de una presencia constante en las instituciones culturales de Santander: el Ateneo, el Centro de Estudios Montañeses o en aquellas tertulias literarias como la de Frypsa que desarrollaron una particular actividad cultural en los setenta y primeros ochenta. En estas décadas del medio siglo Santander desarrolló una cultura marcada por el peso de cierto provincianismo, pero con la mirada puesta en las corrientes estéticas y de pensamiento que dominaron la Europa del momento. La presencia en Proel de autores como Manuel Arce y el poeta José Hierro constituyeron un eslabón firme en la cultura regional entre aquella experiencia de postguerra y una cultura regional que en las décadas siguientes se fue abriendo a los horizontes de modernidad que lenta pero también imparable fue asimilando la cultura regional40. Una pincelada de trazo medio permite mostrar en la segunda mitad del sigloXX tres períodos bien diferenciados de la cultura regional en sus diversas manifestaciones. De un lado, esa experiencia de Proel, protegida por las fuerzas políticas del Movimiento, pero que tuvo la capacidad de aportar un espacio de debate y creación no muy común en la España de postguerra. Aunque no parece adecuado considerar Proel, como revista y representación de un grupo literario, como una gran experiencia cultural, resulta evidente que desde ella se pudo estimular el potencial creativo de una generación de autores que encontró en poetas como Garcilaso de la Vega o en Quevedo su primera inspiración, pero que más adelante se acomodó a las nuevas líneas de la creación literaria de su tiempo. En ella participaron los poetas de Cantabria (J. Maruri, J. L. Hidalgo, L. Rodríguez Alcalde, C.Salomón, Gerardo Diego o José Hierro), también colaboraciones de Dámaso Alonso, Carlos Bousoño, el pintor Pancho Cossío o el crítico Germán Gullón. Complemento de Proel fueron la creación por Manuel Arce en 1948 de las hojas de poesía La Isla de los Ratones, convertida también en editorial y la experiencia de la Escuela de Altamira, donde en torno a M. Goeritz y Germán Gullón se desarrolló una concepción de la creación artística sobre la base de la relación entre la abstracción y el surrealismo con referencia directa a la 40 Sobre Proel, la Escuela de Altamira y la cultura en la Cantabria del medio siglo véase E. de Torre-Gracia, Proel (Santander, 1944-1950): revista de poesía/revista de compromisos, Madrid, Verbum, 1994; para una posición más crítica con su significado cultural e histórico véase Javier Díaz López, «Sociedad, arte y cultura en Cantabria (1940-1995)», en De la Montaña a Cantabria, cit., pp. 371-401. 102 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura experiencia de las pinturas prehistóricas y el significado del origen del arte. Aunque resulta imposible ver en la Escuela de Altamira una experiencia de alcance internacional sí que constituyó un hito significativo dentro del erial de la España de postguerra41. A esta primera fase de impulso creativo en los cuarenta y cincuenta siguió en Cantabria una etapa de crisis, de difícil acomodo a los cambios sociales y culturales que experimentó el país en los momentos de la transición42. En la Cantabria de los setenta el peso de esa tradición tuvo el doble efecto de su relativa persistencia, como una sombra que iluminaba la cultura regional, pero no menos un recuerdo que dificultaba la emergencia de nuevos horizontes culturales. Las iniciativas vinculadas a la Institución Cultural Cantabria propiciaron la aparición de revistas como Peña Labra, o más tarde Altazor, pero los protagonistas, aquellos que se comprometían con los nuevos horizontes de la cultura internacional, salieron de la región para encontrar en Madrid, Barcelona o en el extranjero un clima de trabajo más adecuado para su esfuerzo creativo. Son así los setenta una etapa en la que Cantabria experimentó un yermo cultural, coincidente con la aparición de una cultura militante que cohabitaba mal con el peso de una tradición que se asociaba a un marco cultural de pesada carga tradicionalista. Esa situación queda en cierto modo disfrazada por la presencia en Santander del Festival de Verano en la Plaza Porticada y las actividades de la UIMP, convertida ya en un referente para la cultura estival ajena, sin embargo, a la dinámica interna de la cultura en la región. Nace así en la primera mitad de los ochenta una situación de dualismo en la cultura regional entre esa actividad veraniega y la que se desarrolla en el resto del año, en la que poco a poco empieza a ocupar un espacio significativo la Universidad de Cantabria que inició sus actividades a comienzos de los setenta43. Es en los ochenta cuando se observa una reanimación de las actividades culturales. En este sentido democratización, autonomía y estímulo 41 Un repaso a la cultura del medio siglo santanderino en Aurelio García Cantalapiedra, Desde el borde de la memoria: de artes y letras en el medio siglo en Santander, Santander, Librería Estudio, 1991. 42 Javier Díaz López, «Contexto cultural y reflexividad artística en Cantabria (1970-1996)», en Trasdós, 5 (2003), pp. 60-75. 43 Una visión de lo que representó la UC en Fidel Gómez Ochoa y Andrés Hoyo Aparicio, Universidad y sociedad. Quince años de la Universidad de Cantabria, Santander, UC, 1987. Para la situación global del sistema educativo en la región Alejandro Sánchez Calvo, Educación en Cantabria. Individuo y sociedad, Santander, EditoriaLímite, 2001. 103 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 cultural van parejos, aunque con tiempos propios de cada campo y actividad. Una parte significativa de la cultura regional esta asociada a figuras que desarrollan su actividad creativa fuera de la región y que encuentra sus mejores ejemplos en cineastas como Mario Camús y Manuel Gutiérrez Aragón, arquitectos como Juan Navarro Badelweg, poetas como José Hierro, pintores como Juan Huslé o escritores como Álvaro Pombo, Jesús Pardo y Alejandro Gándara. La cultura cántabra desde los ochenta presenta síntomas de dinamismo, pero se encuentra escindida, de un lado, entre una cultura local, asociada sobre todo a los cenáculos literarios y artísticos de la ciudad de Santander, con menos peso en otras villas de la región; de otro lado, al ambiente científico e intelectual que desarrolla la Universidad de Cantabria, con su propio dinamismo y carácter, y a la presencia de instituciones como el Ateneo de Santander, la Fundación Marcelino Botín, la Obra Social de Caja Cantabria y la Sociedad Menéndez Pelayo. Si se trata de hacer acopio de los logros más significativos de la cultura regional en territorios como la creación literaria, las artes plásticas, la música o el cine, en ninguna de ellas cabe hablar de una «escuela cántabra». No existe ésta, más allá de la recuperación de imágenes y ambientes familiares de juventud, del inequívoco amor a la tierra de los ancestros y el reconocimiento de que Cantabria constituye un lugar de acogida permanente en determinadas etapas de la vida del creador. Sí es perceptible en la poesía el peso de aquella «musa del septentrion» que hace referencia a la obra de Amós de Escalante. También se reconoce en una parte de la filmografía deMario Camús y, sobre todo, de Gutiérrez Aragón el ambiente de la Montaña y el universo rural de su infancia y juventud montañesa. Un mundo el de la cinematografía que aparece bien representado en la cultura española –e incluso internacional– con un elenco de directores pertenecientes a varias generaciones: Jesús Garay, Paulino Viota, Nacho Vigalondo,…Sin embargo, parece más difícil cantabrizar el reto y las propuestas estéticas que trajeron consigo la pintura de Juan Uslé o la arquitectura de Navarro Baldeweg. Unos y otros representan con mayor o menor certeza esa realidad de una cultura regional lastrada por el peso de la tradición, pero no menos abierta a la propuesta de una cultura universalizante y en reto permanente, en su dialogo con las ciencias y las artes del momento histórico que les ha tocado vivir. Un acercamiento somero a la infraestructura cultural de la región muestra un nivel de equipamientos razonable acorde con la realidad de una población de menos de 600.000 habitantes, cuyos dos tercios se reparten en el centro de la región, en el entorno de la Bahía y teniendo a la capital Santander como eje y elemento dinamizador de la actividad científica y cultural. 104 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Una universidad de tamaño reducido, pero bien dotada y con alto nivel de producción científica, dos conservatorios de música, Jesús de Monasterio y Ataulfo Argenta, un Palacio de Festivales de proyección preferentemente estival, pero con programación todo el año y algunas instituciones culturales como la Fundación Marcelino Botín, la Fundación Santillana, con sus actividades en Santillana del Mar y la Obra Social Caja Cantabria, copan, junto con la Consejería de Cultura del Gobierno Regional, el Puerto de Santander y la tradición ateneísta, toda la oferta cultural que se le ofrece al ciudadano a lo largo de todo el año. En algunos momentos especiales, la UIMP con su ubicación de La Magdalena, el Palacio de Festivales en música y artes escénicas, la Feria Internacional de Arte Contemporáneo desde 1992 y el Concurso Internacional de Piano concentran la oferta cultural del Santander de las últimas décadas. Mención aparte representa la Biblioteca Menéndez Pelayo, autentico monumento bibliográfico para la historia de la cultura española, en especial para los estudios filológicos e históricos. El mundo editorial44 queda así restringido a estas iniciativas de las instituciones y fundaciones culturales en las que a menudo se propone un velado localismo o regionalismo, con preferente atención a la tradición. Ediciones Librería Estudio o Tantín se han especializado en historia y cultura regional, en tanto que otras iniciativas editoriales como Sal Terrae proyectan desde Cantabria su vocación eclesial y orientación pastoral, pero se encuentran totalmente ajenas a la dinámica cultural de Cantabria. La editorial de la Universidad de Cantabria, por su parte, ha irrumpido en el mercado editorial regional con fuerza y aportando un producto de alta calidad, pero de difusión y alcance sociales restringidos45. Las revistas que dinamizan la cultura regional desde los setenta han sido escasas y a menudo se encuentran lastradas por la propia debilidad de sus grupos de apoyo. Casi siempre son el resultado del esfuerzo individual de sus promotores, como Trasdós, en las artes, Cuévano, Peña Labra y Ultramar en la creación poética o La Ortiga, revista de pensamiento crítico. Aquellas de mayor tradición como Altamira, o el Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo se ocupan de registros más lejanos a la Cantabria del presente. 44 Una síntesis de la producción editorial a lo largo del sigloXX en José Luis Casado Soto, «Instituciones culturales, editoriales y librerías», en Cantabria sigloXX. Acelerado tiempo de cambios. I. Un mar de suelos, Santillana del Mar, Fundación Santillana, 2002, pp. 46-59. 45 La aportación de la Universidad de Cantabria a la ciencia y cultura regional constituye un ingrediente central de su desarrollo y modernización. Véase Juan Luis Fernández, Cantabriae Universitas, 1972-2022, Santander, Universidad de Cantabria, 2023. 105 2. Cantabria, comunidad autónoma, 1975-2006 La tradición literaria regional que iniciara en el sigloXIX Amós de Escalante con la «Escuela Montañesa», y más tarde encontró en José María de Pereda y Marcelino Menéndez y Pelayo, sus referentes básicos, parece muy distante de las inquietudes y problemas de unos autores que han debido abrir sus horizontes fuera de la región, aunque en su obra late con fuerza su vínculo emocional y hasta estético con Cantabria. No resulta difícil encontrar el pulso de las vivencias santanderinas en la poesía, la novela y, sobre todo, en las memorias de Jesús Pardo que una y otra vez expresa el peso de su infancia en El Sardinero en su quehacer creativo. De distinta manera se percibe en el estilo depurado y filosófico de la obra de Álvaro Pombo, reiteradamente premiado y que posee una voz tan personal que no cabe ubicarlo en un destino territorial y cultural específico. Premio Planeta 2006 es Pombo unautor que tiene raíces santanderinas, pero que está muy distante de las directrices culturales que se producen en la región. También aparecen las vivencias santanderinas en la obra de Alejandro Gándara. Novelista, ensayista y periodista ha sido premio Nadal (1992), Herralde (1998) y con Las primeras palabras de la creación recibió el Premio Anagrama (2001). Fundador de la revista La modificación de la cultura (1998) dirigió la Escuela Contemporánea de Humanidades fundada en 1999 junto a María Sendagorta y José Antonio Millán. Con todo, aunque en distinto grado, Pardo, Pombo y Gándara se encuentran muy distantes del ambiente intelectual y literario de Cantabria, ya que su residencia y compromiso literario se alejan de los supuestos culturales de esta o aquella ubicación territorial, de un modo especial de las reglas de un mercado cultural restringido como es el de Cantabria. La creación literaria regional está más imbricada en su tradición en el terreno de la poesía donde la herencia de Gerardo Diego y de Proel, primero y, sobre todo, la fuerza de la obra de José Hierro, que marcan con intensidad las generaciones más recientes. La larga trayectoria de Hierro alcanza desde los años de la postguerra hasta su obtención del Premio de Literatura Miguel de Cervantes en 1988 y en línea con su magisterio se encuentra una nueva generación que desarrolló toda su actividad literaria dentro de la democracia. En ese tránsito fue acompañado desde su permanente residencia en Santander por la labor de Manuel Arce que desde La Isla de los Ratones, primero y desde la Librería y Galería Sur constituyó un punto de referencia permanente en la cultura regional desde la década de los cincuenta46. 46 Véase la propia mirada que sobre ello desarrolla Manuel Arce, Poesía del medio siglo en Cantabria. Antología, 1950-2000, Santander, Librería Estudio, 2006. 3. EL DISCURSO HISTÓRICO EN CANTABRIA. ORÍGENES Y DESARROLLO1 L a investigación sobre la construcción histórica de Cantabria nos muestra una realidad concluyente: esta región debe su origen a la reordenación territorial que en 1833 Javier de Burgos aplicó a la España provincial decimonónica. Siglo y medio más tarde –en 1981– esta provincia se convirtió en Comunidad Autónoma en aplicación de los derechos al autogobierno que otorga el Título VIII de la Constitución de 1978. Cantabria se nos presenta, en consecuencia, como una realidad muy reciente en el tiempo. No es el resultado ni del obligado reconocimiento de una personalidad histórica definida ni tampoco la compensación a una demanda de autonomía expresada por sus ciudadanos a lo largo de esos ciento cincuenta años. Sin embargo, pese a encontrarnos con una región que reciente ha pasado por un proceso de construcción institucional, pero también de su identidad, Cantabria opera como una referencia mítica desde muy antiguo y es a partir de ella desde donde se ha puesto en marcha una construcción identitaria que es perceptible desde fines el sigloXVI. Ya en 1592 Juan de Castañeda señalaba: Cantabria es una de las provincias de España y, de todas, la que más se defendió de los victoriosos ejércitos del Imperio Romano, por no venir a estar debajo de su dominio y sujeción; y así fue lo postrero que en España conquistaron, viniendo el Emperador Augusto Cesar en persona a su conquista. Del esfuerzo y valentía de los hombres indómitos desta Provincia, y ánimo varonil de sus mujeres, y hazañas estupendas de los muchachos de tierna edad y generación suya, se escriben cosas que pusieran más admiración que crédito, si acaso no fueran escritas por escritores extrajeros y calificados, que no se puede engendrar sospecha contra ellos como se podrá ver en Estrabón, Dión, Lucio, Floro y en otros muchos; y de los nuestros, en Paolo Orossio, 1 Publicado en J. A. García de Cortázar (ed.), La Memoria histórica de Cantabria, Santander, Universidad de Cantabria/Asamblea Regional de Cantabria, 1996, pp. 227-239. 114 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura finalmente en Ambrosio de Morales que en la Crónica de España refirió todo lo que los antiguos dejaron escrito della2. Ahora bien, la Cantabria a que hace referencia Juan de Castañeda nos remitía a un territorio, a una organización social y a un conjunto de hechos históricos más adecuados a la leyenda propiamente dicha que a una historia fehacientemente comprobaba. Su interés, sin embargo, es enorme, ya que como construcción mítica se ha prologado a través de los siglos y ha mostrado una resistencia de tal naturaleza que aún es perceptible en no pocos escritos de nuestros días. ¿Cómo, si no, podríamos interpretar la edición hace unas décadas del libro Cantabria, cuna de la Humanidad, que publicara Jorge María Rivero San José en 1985?3. La construcción de una identidad en nuestros días descansa en gran medida sobre unos medios de comunicación –radio, televisión y prensa– muy activos. Sin embargo, antes de que éstos hicieran su aparición, tuvo que ser a través de otros medios como los sermones parroquiales, los escritos religiosos e históricos y, en general, la literatura desde donde se fomentara una determinada identidad. Y, dentro de ella, la historiografía constituyó entonces un elemento fundamental en la elaboración de determinados discursos identitarios. El discurso histórico sobre el pasado de la región se convierte así en un fuerte aliado o en un impedimento, según los casos, para la construcción de identidades colectivas. Historia y mito se han convertido desde hace varios siglos en un elemento fundamental en la cristalización, construcción e invención de identidades. La elaboración de la memoria histórica, la invención de un pasado ha sido común a todas las sociedades. España y su nacionalismo, así como los regionalismos y nacionalismos emergentes construyeron/inventaron unas tradiciones a las que no fue ajena nuestra región. Es obvio que toda historia es al mismo tiempo marginación, segmentación y selección interesada, pero la crítica histórica debe discernir entre aquellas construcciones míticas de las realidades sobre las que los mitos se afirman. Falsificación de las fuentes en unos casos, invención pura y simple en otros, han sido las bases 2 Juan de Castañeda, Memorial de algunas antiguedades de la villa de Santander y de los seis antiguos linajes della, Agosto, 1592. Reproducido en José Luis Casado Soto, Cantabria vista por los viajeros de los siglosXVI y XVII, Santander, Diputación Provincial, 1980, p. 156. 3 Jorge M. Rivero San José, Cantabria. Cuna de la Humanidad, Santander, Ediciones de Cámara, 1985. 115 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo sobre las que muy a menudo se ha construido la memoria histórica de los pueblos. Una memoria, por lo demás, fundamental para la propia identidad. Hoy nadie se atrevería a afirmar de forma categórica la llegada de Santiago a Galicia, pero la tradición sobre ello cimentada es un hecho histórico y social incuestionable. También ignoramos múltiples aspectos de la magnitud de la resistencia de los cántabros al mundo romano, ni siquiera sabemos el territorio efectivo bajo su dominio, pero el mito de la resistencia cántabra alumbra desde lo lejos nuestra percepción del pasado. Visto en la perspectiva del tiempo largo, el discurso histórico en Cantabria ha pasado desde fines del sigloXVI hasta nuestros días por cinco grandes etapas. La primera hace referencia a la elaboración de un conjunto de textos que, basados en construcciones míticas, ha hecho de Cantabria el origen del mundo occidental. A ella responden los trabajos de Juan de Castañeda, Francisco de Sota y Pedro Cossío y Celis, entre otros. La segunda etapa representa una ruptura con esta historia fabulada y se desarrolló desde las décadas centrales y el final del sigloXIX: es el nacimiento de una historiografía crítica con los falsos cronicones que permitió la publicación de dos obras importantes sobre la historia de Santander: la de Manuel de Assas4 (1867) y la de Rodrigo Amador de los Ríos (1891). Una tercera etapa se inició con la Restauración y el intento de construir una historiografía «regionalista» por parte de José María de Pereda, Amós de Escalante, Marcelino Menéndez y Pelayo, José María Quintanilla y Mateo Escagedo Salmón. A ella debemos el primer esfuerzo por desarrollar en la región una historiografía centrada en el pasado provincial, germen del particularismo historiográfico que más tarde alcanzó al Centro de Estudios Montañeses. Con él se dio paso a una cuarta etapa de institucionalización de los estudios históricos que alcanza hasta nuestros días, y a través de la cual se concretaron los fundamentos más intensos de la erudición regional. Finalmente, desde finales de los setenta, se abrió una nueva fase de la historiografía regional en la que aún nos movemos, en la que la nueva historiografía «científica» arrinconó a la erudición, mostrando desde entonces un enorme dinamismo a partir de la Universidad de Cantabria. En su conjunto la historiografía de Cantabria ha operado junto con la literatura, las leyendas y los referentes etnográficos como un elemento de cohesión social; unas veces articulando modelos de integración mítica, otras 4 Manuel de Assas, Crónica de la provincia de Santander (1867). Hay edición de Librería Estudio, Santander, 1995. 116 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura perfilando distintas fórmulas de asimilación, adecuadas a las propuestas e intereses de los grupos sociales dominantes. De ahí que nos encontremos con realidades tan distintas como aquellas que hicieron hincapié en los componentes célticos del pasado regional, en claro contrapunto a otras variantes goticistas o castellanistas de la historiografía tradicionalista. Unos y otros utilizaron la historia, el pasado, real o inventado, como instrumentos de afirmación de propuestas destinadas a confirmar sus estrategias sociales, políticas, o religiosas, según los casos. EL TUBALISMO Y LA CONFRONTACIÓN VASCOCANTABRISMO/MONTAÑACANTABRISMO D ejando a un lado las crónicas medievales que se escapan a esta primera gran definición de la naturaleza del pasado montañés o cántabro, fue en la época moderna cuando encontramos las primeras manifestaciones historiográficas que se enfrentan con el problema de la identidad de su tierra. No se trataba aún de establecer la naturaleza regional de un territorio, deuna población o colectividad determinadas, sino de caracterizar las bases del mito sobre el que se sustentaría en los siglos posteriores la identidad regional de La Montaña. Fue, en definitiva, la articulación de una concepción mítica en torno a los orígenes, naturaleza y localización de la primitiva tierra de los cántabros, la colectividad que se enfrentó a la romanización, expresando unos ideales de libertad que quedaron de manifiesto en la resistencia militar. Mito o realidad, y los conocimientos históricos de la época no podían determinarlo, el debate sobre el territorio de la Cantabria romana se convirtió en un elemento primordial para la conformación de una primera identidad cántabra. No se puede extraer de ella ningún elemento sobre el que sustentar lo que hoy llamaríamos una identidad regional. Ni siquiera podía estar ésta en el horizonte mental de sus autores. Todo lo más encontramos allí una vía de diferenciación y confrontación con el universo vasco que, a su vez, luchaba por la incorporación del mito fundacional en favor de sus intereses. La territorialidad de la Cantabria antigua se erigió desde el sigloXVI en un debate de profundas consecuencias contenidas bajo la confrontación entre las teorías «vascocantabrista» y «montañacantabrista»: una y otra fueron el soporte de estrategias vinculadas a las órdenes religiosas; de su confrontación particular, y, sobre todo, la expresión de amplios grupos de interés, en el entorno de la corona. De un lado, el vascocantabrismo fue sostenido por los jesuitas, apoyados en la existencia de una sociedad, la vasca, que conservaba una lengua, el euskera, lo que llevó a dos autores, curiosamente 117 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo de procedencia «montañesa», Gonzalo Arredondo y Alvarado y García Capuchín, a formular la idea de que la antigua Cantabria se situaba en el territorio de habla vasca. Tras ellos habrían de ser Florián de Ocampo, Andrés de Poza y Ambrosio de Morales quienes desarrollaron el vascocantabrismo para convertirlo en unelemento de referencia básico para situar en Vizcaya, Guipúzcoa o Navarra el territorio de asentamiento de los antiguos cántabros. Frente a esta posición ya desde finales del sigloXVI surge el montañacantabrismo, que establecía la correspondencia entre la Cantabria romana y las montañas de Burgos, arrebatando a los vascos la pretensión de ser los descendientes de los cántabros. Ambas corrientes establecieron sus argumentos con el apoyo de fuentes clásicas, referencias míticas y las primeras aportaciones de la arqueología y la epigrafía. Pero de forma básica constituyeron un discurso histórico estrechamente dependiente de la Biblia. Sobre ella construyeron el mito fundacional de la presencia de Túbal en nuestra tierra, y sobre sus descendientes recayó la formación de la primigenia sociedad cántabra y vasca. El tubalismo constituyó el primer gran debate sobre los orígenes y los derechos a ellos adscritos, sobre todo la idea de que con él se estableció la primera experiencia de predicación cristiana más de un milenio y medio antes de la llegada de Cristo. El debate podría parecernos hoy en día superfluo, pero en aquellos tiempos detrás de él se ocultaban la defensa de grandes intereses como muestra el compromiso de los jesuitas con el vascocantabrismo y el de los benedictinos y agustinos con el montañacantabrismo o cantabrismo, como lo ha denominado José Manuel Iglesias Gil5. Estos últimos vieron en el cantabrismo la justificación del origen divino de la monarquía, a través de una larga sucesión de derechos desde Túbal, los primitivos cántabros, el ducado de Cantabria hasta los reyes castellanos, antecedente inmediato de la Casa de Austria. Como nos ha mostrado Jon Juaristi6, el tubalismo y la apropiación de su legado mítico fue un elemento básico para la defensa de los intereses de la nueva burocracia vizcaína del sigloXVI frente a la competencia de conversos y montañeses. Con la afirmación de la pureza de sangre y la hidalguía universal los vizcaínos, apoyados por los jesuitas, intentaron el definitivo 5 J. M. Iglesias Gil, «El territorio de la Cantabria romana en la historiografía moderna», en Homenaje al Dr. Joaquín González Echegaray, Madrid, Ministerio de Cultura, 1994, pp.397-403. 6 Jon Juaristi, Vestigios de babel. Para un arqueología de los nacionalismos españoles, Madrid, SigloXXI, 1993. 118 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura desplazamiento de los escribanos judíos. En el contencioso entre vizcaínos y conversos estos últimos llevaron la peor parte, pero no se podía esgrimir frente a montañeses y asturianos la misma arma. Con la afirmación del tubalismo cántabro, ni las raíces étnicas ni la religión y los derechos de hidalguía fueron patrimonio exclusivo de los vascos. La disputa, por tanto, adquirió un significado político de primer orden, al representar la defensa de dos grupos enfrentados por ocupar centros de poder en el entorno de la burocracia palaciega. La lucha por el poder reclamaba ya entonces el control del pasado, la apropiación y administración de la tradición. En el sigloXVII el cantabrismo conoció un impulso definitivo a través de las obras de Francisco de Sota, Chrónica de los principes de Asturias y Cantabria (1681) y la de Pedro Cosío y Celis, Historia… de la… provincia, xamás vencida Cantabria… (1688). Publicados en Madrid y separados sólo por siete años ambos textos estaban muy influidos por los falsos cronicones y llenos de leyendas, mitos y tradiciones. El benedictino Francisco de Sota fue predicador de Carlos II y su cronista de la Corona de Castilla y Aragón. El objetivo de su obra se centraba en dos puntos: el primero, mostrar la correspondencia de la antigua Cantabria con el territorio de La Montaña; el segundo, y no menos importante, resaltar que el origen de la nobleza española y la dominación cristiana expulsando a los musulmanes no se debió a los godos, sino a los cántabros. Para ello Francisco de Sota utilizó fuentes clásicas, documentos medievales y, sobre todo, un cronicón de Hauberto Hispalense, monje benedictino del Monasterio de Dumio. Pedro de Cosío, por su parte, reiteró, aunque con menos erudición, los puntos desarrollados por Sota. Su historia de Cantabria estaba destinada a ser el volumen cuarto de su Historial para todos que nunca se publicó. Como Sota, Pedro de Cosío reclamó para las Montañas de Burgos la antigua Cantabria a que hacían referencia las fuentes clásicas, haciendo de Cantabria la tierra prometida, sobre la que Túbal construyó su estirpe. Las consecuencias que de ello se derivaban fueron escritas por el propio Cosío: assí consta que todos los cántabros –escribió Cosío– esto es, montañeses desde sus principios tienen sangre noble, como tales hijos y descendientes de Túbal, nieto de Noé. Por manera que no son hidalgos de privilegio, sino desde Abibitio (por serlo su noble sangre) son nobles que son más que hidalgo7. 7 Pedro Cosío y Celis, Historia… de la… provincia, xamás vencida Cantabria…, Madrid, 1688. 119 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo La diferencia que separaba a Cantabria del resto del país, también poblado por Túbal, era que, con la resistencia ante las presiones exteriores, La Montaña se mantuvo purificada de influencias foráneas y mejor que ningún otro territorio pudo sostener la religión verdadera, la ley de Dios. Tampoco La Montaña padeció otros males, sequías y plagas que asolaron a otros territorios. Esta construcción mítica en Cosío arranca de Túbal, pasa por Osiris, Hércules (convertido en rey de Asturias y Cantabria), y su hermano Astur, cuyo matrimonio con Sibila Eritrea sitúa la profecía sobre la venida de Cristo. De ahí arrancaría la veneración de la cruz de los cántabros y de Astur provinieron los Duques y Condes que dieron origen a la nobleza castellana. Más tarde, en tiempos de Alfonso VII Cantabria acabó pasando a la Corona de Castilla, pero no por sometimiento, sino por libre aceptación, ya que jamás fueron los cántabros vencidos. Ni romanos ni godos ni árabes sometieron a un pueblo que se sitúa en la raíz de España. Esta fue la línea argumental de la obra de Cosío, expresión del discurso historiográfico barroco. Con ello, como ha resaltado Jesús Maiso8, Cosío dibujó los trazos de una cierta identidad cántabra al convertirla en origen y fundamento de la monarquía y nobleza españolas. Un planteamiento establecido sobre tradiciones, mitos y fantasías que la crítica histórica ilustraba acabaría arrinconando y que, con carácter definitivo, Manuel de Assas desautorizó en su citada Crónica de la Provincia de Santander (1867). El debate entre las distintas órdenes religiosas no cesó. En el sigloXVIII, bajo los designios de una débil ilustración, la crítica histórica fue poco a poco arrinconando los cronicones medievales, la mítica tubaliana y la invención de unas tradiciones que se hacían insostenibles con los nuevos métodos de la investigación histórica. De nuevo agustinos (Feijoo y Sarmiento) y benedictinos (Flórez) aprovecharon la situación crítica de los jesuitas para revisar, apoyándose en la fiel interpretación de las fuentes históricas, el arrumbamiento definitivo de la polémica vascocantabrista/montañacantabrista. Fue el Padre Enrique Flórez, quien, en su confrontación con la orden de Ignacio de Loyola, publicó solamente un año después de su expulsión LaCantabria9 (1768), obra destinada a socavar la influencia orgánica de los jesuitas, representa ya una nueva fase de la historiografía española. Él mismo 8 Jesús Maiso, «Individuo y comunidad en la Cantabria de la época Moderna», en Estudios sobre la sociedad tradicional cántabra. Continuidades, cambios y procesos adaptativos, Santander, Universidad de Cantabria/Asamblea Regional, 1995, pp. 123-155. 9 E. Flórez, La Cantabria. Disertación sobre el sitio y extensión que tuvo en tiempos de los romanos la región de los cántabros, con noticias de las regiones confinantes y de varias 120 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura había mantenido una confrontación previa con el padre Rávago, confesor real de Fernando VI y previamente superior de Flórez en el Consejo de la Inquisición. Con La Cantabria Floréz da por concluida la confrontación entre las teorías vascocantabrismo/cantabrismo, estableciendo lo que más adelante la historiografía moderna comprobó a partir de los nuevos métodos de investigación. En definitiva desde finales del sigloXVI hasta el alumbramiento de laEspaña liberal el discurso histórico, al centrarse en la territorialidad de la Cantabria antigua, estaba dilucidando derechos e intereses mucho más inmediatos. La historia se convertía en arma arrojadiza para resolver las tensiones entre las distintas órdenes religiosas, para garantizar derechos históricos específicos y, en no menor grado, para eliminar competidores por el acceso a los recursos –limitados– de la burocracia palaciega. REVOLUCIÓN LIBERAL Y ROMANTICISMO HISTORIOGRÁFICO: MANUEL DE ASSAS Y LA MITOHISTORIA L a revolución liberal en la España de principios del sigloXIX fortaleció el renacimiento de la historiografía, convertida ahora en aliada del nuevo régimen sociopolítico. El nacionalismo, exultante tras la guerra de la Independencia, y el espíritu romántico, que emergió con intensidad tras el definitivo triunfo de la revolución liberal, representaron la recuperación dela investigación histórica como uno de sus soportes básicos. Se trataba de la historia nacional, cargada de mito y leyenda y, sobre todo, de un nuevo concepto historiográfico que hizo de la historia política el centro del nuevo discurso histórico. El triunfo de la burguesía, aunque fundida con la nobleza en un proyecto de transacción entre viejos y nuevos intereses, reorientó el sujeto histórico haciendo del individuo –persona, Estado o nación– el referente básico. El romanticismo rescató al pueblo como sujeto político activo de la historia nacional, cuya máxima expresión radicaba en la evolución del Estado. La identificación del pueblo con toda una nación, y al resumirse ésta en su expresión estatal, el Derecho se convirtió en un elemento fundamental de los nuevos tiempos. Derecho frente a Privilegio que impulsó la preemipoblaciones antiguas, Madrid, 1768. Edición con Estudio preliminar a cargo de José Manuel Iglesias Gil y Ramón Teja Casuso, Santander, Librería Estudio, 1981. 121 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo nencia de los estudios político-jurídicos como hilo conductor de la historia nacional. Historia de la nación, historia de los pueblos y de sus culturas es el latido dominante de la historiografía romántica. Y es en ella donde el papel de la nueva historiografía adquiere especial relevancia. Frente a la historia mítica, frente a los falsos cronicones se impuso una historia racional, comprobada, empíricamente demostrable, tal y como exigían los nuevos tiempos de dominación burguesa. La historia nacional, como sujeto englobador, se acompañó de numerosos estudios sobre sus provincias. Unos estudios que no se orientaron ya hacia el análisis de los orígenes míticos de los particulares territorios de la España preliberal, sino como parte de ese todo envolvente, de un sujeto superior, que fue la nación triunfante: las historias provincialesque, en la de Santander, produjeron los libros de Assas y Rodrigo Fernández de los Ríos. Manuel de Assas, una de las figuras más representativas del romanticismo del medio siglo español, publicó en 1867 su Crónica de la Provincia de Santander, bajo el influjo del romanticismo alemán. Con su Crónica, Assas dio por superado con carácter definitivo cualquier vestigio de los falsos cronicones; abandonó por irreales y falsarios los planteamientos de Sota y Cosío y se adhirió a las corrientes historiográficas que incorporaron los nuevos métodos de la geología, arqueología, la filología comparada y el estudio de la cultura popular. La mitohistoria10, corriente historiográfica ubicada en el intermedio de la historia ilustrada de finales del sigloXVIII y el nuevo método rankeano que se difunde por Alemania a mediados del sigloXIX, impulsó a Assas hacia el estudio de las lenguas orientales. La lengua, como depositaria básica de la cultura de un pueblo, remitía a los mitos y era a través de ellos desde donde mejor se podían conocer las inquietudes de los pueblos. El conocimiento de los mitos y lenguas orientales hizo que Assas se especializara en sánscrito, materia de la que fue profesor en Madrid. Era a través de la información proporcionada por los mitos, pero no como verdades incuestionables, sino como expresión de las culturas de los pueblos como se podía extraer la verdadera historia. En la Crónica no buscaba ya Assas ningún pueblo elegido, ni mitifica el origen de la nación española, sino que 10 Ronald R. Kelley, «Mithistory in the Age of Ranke», en George G. Iggers y James M. Powell, Leopold Von Ranke and the Shaping of Historical Discipline, Syracuse University Press, 1989, pp. 3-20; id., «Mithistory, or Truth, History and Historians», en The American Historical Review, 91, 1 (1986), pp. 1-10. 128 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura constituyó un elemento clave de su labor. Como ya escribiera en el momento de su creación Fernando Obregón: Estar enraizado en los solares montañeses era motivo de orgullo para los españoles, ya que el abolengo montañés garantiza la pureza de sangre sin contaminación mora o judía15. Las raíces medievales y modernas constituyeron la orientación mas frecuente de las investigaciones del Centro. Fue en la época medieval y moderna donde se encontraban las fuentes, los orígenes de la grandeza regional. La intervención de montañeses en la Reconquista, como ya recogieran Sota y Cosío era una definición de catolicidad, de lealtad a la corona y, sobre todo, de la doble proyección marítima y terrestre que caracteriza a La Montaña. Naturalmente, junto al estudio de la Montaña tradicional, se dedicó atención especial al desarrollo económico que tuvo por sujeto a la burguesía mercantil de Santander, a sus actividades portuarias y, de forma especial, a la proyección marítima de la región, atestiguada en varios frentes: la presencia de las naves de Bonifaz en la conquista de Sevilla, la figura de Juan de la Cosa y la proyección americana que el nuevo régimen deseaba impulsar y a la que tan vinculada se encontraba la historia de la región. El territorio que más limitaciones tuvo fue el de la historia social y política de la contemporaneidad, dados los caracteres de crítica del liberalismo y de la España reciente que predominó en la cultura historiográfica de la España de los años cuarenta y cincuenta. Esa huida de la contemporaneidad que caracterizó al Centro en sus primeras décadas provino también del peso del propio tradicionalismo, que se dejaba sentir en una parte notable de sus efectivos. Hasta muy avanzados los años sesenta, en la revista Altamira, portavoz del Centro, apenas podemos encontrar trabajos sobre la historia más reciente de la región, excepto la guerra de la Independencia, o algunas manifestaciones y figuras del tradicionalismo montañés. Una mirada, la del Centro en estos años, sesgada que contribuyó a mantener durante décadas una visión dicotómica y distorsionada de la verdadera naturaleza de la región, sobre todo al omitir la existencia de una rica tradición liberal en la cultura cántabra, como atestigua la presencia de 15 Fernando Obregón Barreda, «Lope de Vega y la visión de la Montaña y los montañeses», en Altamira, 1 (1935). 129 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo figuras tan representativas como José María Orense, líder nacional del primer republicanismo español, o la inestimable valía de un científico como Augusto González de Linares, impulsor y difusor del darwinismo en España. Con el tiempo, este componente «maniqueo» de la historiografía del Centro fue superado y desde los sesenta, con la incorporación de una nueva generación de historiadores, podemos percibir una renovación notable. Se abrieron nuevas perspectivas de investigación, la superación del componente tradicionalista fue un hecho y la historia regional dejó de conocer tabúes y se abrió a nuevos campos temáticos y metodológicos incorporando las nuevas corrientes historiográficas ya establecidas en España. El Centro de Estudios Montañeses, al cumplir noventa años, se presenta como el representante máximo de la erudición regional hasta casi nuestros días. A él se deben no ya la recuperación y mantenimiento del rico legado documental de la región, sino que contribuyó de forma decisiva a la cristalización de una identidad regional que encontró en el pasado de las Casonas,de los Linajes y la Hidalguía un valor identitario que subsiste en gran parte de la población regional16. Poco importa que hoy la nueva investigación histórica haya limitado o reinterpretado gran parte de sus logros, pues la superación del conocimiento de nuestros antepasados es una exigencia de todos los tiempos, no menos verdadera que aquella otra que establece que su quehacer constituye siempre una referencia científica y cultural inevitable. La Historiografía puede ser superable en términos científicos, pero siempre constituirá un legado cultural de valor inestimable para la comprensión de las inquietudes, pensamientos y valores de cada época, incluso para delimitar la naturaleza visible u oculta de los proyectos sociales que cada colectividad pone en uso en un momento dado. UNIVERSIDAD, CIENCIA HISTÓRICA Y AUTONOMÍA REGIONAL: LAHISTORIOGRAFÍA MODERNA L a historiografía regional ha conocido un auténtico cambio de paradigma tras la creación de la Facultad de Filosofía y Letras en 1978. Desde entonces de forma muy rápida la historiografía se ha abierto a los 16 De ello me he ocupado en Casonas, hidalgos y linajes. La invención de la tradición cántabra, Santander, Universidad de Cantabria/EditoriaLímite, 1994. 130 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura nuevos métodos que las historiografías europea y americana más recientes han consolidado, produciendo unos marcos interpretativos sobre nuestro pasado hasta ahora inviables, con la apertura hacia nuevas conceptualizaciones, técnicas y métodos de investigación ignorados por una gran parte de la erudición precedente. La Universidad se erige así en las últimas décadas en la depositaria más firme de los conocimientos históricos en la región. La interdisciplinariedad paulatinamente rompe los moldes de la división entre historia de épocas, y los temas se abordan desde disciplinas afines y complementarias (historia, ciencia política, antropología, sociología, crítica literaria). De forma creciente los departamentos de las facultades de Filosofía y Letras, de Derecho y de Ciencias Económicas y Empresariales desarrollan programas de investigación acordes con las exigencias de multidisciplinariedad hoy vigentes. El resultado de todo ello no puede ser otro que una investigación histórica rigurosa, sometida a las reglas de la ciencia e independiente de los centros de decisión social y política; en definitiva, un conocimiento histórico riguroso y honesto ajustado a las exigencias de pluralidad y veracidad propias de la producción científica universitaria. Esta situación, previamente desconocida entre nosotros, no podía dejar de producir cambios en la relación entre investigación histórica, pasado regional e instituciones representativa de la región. La historiografía no es hoy un instrumento para la reivindicación de proyectos sociales, instancias jurídicas o políticas, ni de idealizados universos y arcadias pasadas, sino una mirada crítica, preñada de interrogaciones sobre el pasado regional. No puede ofrecer la historiografía en curso maquillajes ni idealizaciones sobre pasadas hazañas o idílicos proyectos de convivencia, sino una mirada ajustada, firme, realista sobre los procesos sociohistóricos y culturales que han conformado nuestra realidad, pasada y presente. Historiografía mítica y erudita constituyen hoy un bagaje histórico del que podemos tomar aquellos elementos que resulten de más utilidad, pero la vuelta hacia ellos no puede ser abordada ni desde la complacencia ni desde la nostalgia, sino desde una actitud al tiempo crítica y comprensiva, susceptible de asimilación e incorporación como un patrimonio cultural más. La nueva historiografía ha redefinido no ya los problemas más urgentes que deben ser investigados, sino las categorías desde las que esos mismos problemas han de ser abordados. El resultado, ya perceptible en la abundante obra publicada en las últimas décadas, es una nueva imagen del pasado de la región. Una imagen que recategoriza los procesos históricos producidos des- 131 3. El discurso histórico en Cantabria. Orígenes y desarrollo de la ocupación del solar cántabro por el hombre prehistórico, la Cantabria antigua glosada por la literatura clásica, o la hidalguía medieval y moderna que conforma la identidad regional hasta nuestros días. Los retos que el mundo moderno somete a nuestra región obliga a que la investigación histórica más rigurosa reoriente los marcos de interpretación y las reflexiones sobre el pasado regional de acuerdo con los propios retos a que se encuentra sometida nuestra Comunidad Autónoma. Si el castellanismo constituyó un bagaje indiscutible e irrenunciable de nuestro pasado, no es menos cierto que el futuro de la región apunta a una dimensión septentrional y atlántica que está acorde igualmente con el pasado regional; si la hidalguíay el linaje conforman la identidad de una parte noble de la sociedad regional, no menos noble aparece la laboriosa dedicación de las clases subalternas, cuyo papel histórico y social está rescatando la investigación más reciente; si, finalmente, los referentes institucionales de la Montaña –las behetrías, los concejos abiertos– cuya reivindicación late en algunos proyectos neotradicionalistas, son una muestra histórica evidente, no debemos olvidar que la conversión de la invertebrada Montaña tradicional en la Cantabria actual, región plenamente conformada y reconocida en su nueva realidad autonómica, es producto y resultado de la decisión libremente adoptada por los ciudadanos de la región, a través de sus legítimos representantes. Es a la democracia política, no a la proyección de un tradicionalismo reivindicativo, nutrido de un pensamiento profundamente antiliberal y antidemocrático, a la que debemos mirar para reconocer la fuente legitimadorade la Cantabria autonómica actual. El reto de la historiografía en el siglo del sigloXXI, en consecuencia, reside en la aplicación de un método riguroso, en la descodificación de una tradición cultural que a menudo se nos ha presentado como realidad tangible más que como invención interesada, en la apertura hacia ámbitos cuya resolución sea adecuada a las preguntas, necesidades, realidades y proyecciones de la Cantabria actual: una Cantabria plural, de identidad también plural como nos recuerdan los antropólogos, no una versión metonímica, idealizada y retrospectiva que solape la facies múltiple de una región tan rica en paisajes, como en experiencias humanas colectivas e individuales, pasadas y presentes. 4. DE LA TRADICIÓN AL NUEVO ESTADO LIBERAL: EL PARTICULARISMO CENTRÍPETO MONTAÑÉS1 Los que sentimos con profunda sinceridad el amor a la gran patria española, tan necesitada hoy del concurso de todos los hijos, no podemos mirar con recelo, sino antes bien, aplaudir calurosamente estas manifestaciones de la actividad regional, que son, al mismo tiempo, poderosos inicios de vida y de expansión fecunda. No puede amar a su nación quien no ama a su país nativo y comienza por afirmar este amor como base de un patriotismo más amplio. El regionalismo egoísta es odioso y estéril, pero el regionalismo benévolo y fraternal, puede ser un gran elemento de progreso y quizá la única salvación de España. Sin constituir verdadera región, tiene nuestra pequeña provincia tan peculiar fisonomía entre las de Castilla la Vieja, ofrece tantos rasgos distintivos en su topografía, en el carácter de sus moradores, en sus recuerdos históricos, en su vida familiar, y hasta en los accidentes del lenguaje, que puede y debe constituir materia de especial estudio para el investigador histórico y para el observador de los fenómenos sociales, del mismo modo que ha sido tema de altísima inspiración para grandes artistas literarios, cuya descendencia no puede haberse agotado entre nosotros. Marcelino Menéndez y Pelayo, Carta a los redactores de la revista Cantabria (Reinosa), Madrid, 28 de noviembre de 1907. E n esta nota enviada por Menéndez Pelayo a los redactores de la revista Cantabria en 1907 quedan en gran medida establecidas las líneas maestras de lo que antes y después había sido la caracterización de la 1 Una versión anterior fue publicada en María Cruz Romero y Carlos Forcadell (eds.), Provincia y nación. Los territorios del liberalismo, Zaragoza, Institución Fernando el Católico, 2007, pp. 209-234. 134 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura cuestión regional en la provincia de Santander. Asociada tradicionalmente a Castilla, a lo largo de los siglosXIX y XX, Santander como unidad provincial se integró de un modo natural en Castilla la Vieja y solamente tras la transición democrática, apostó por la formación de una región autónoma que en su propio Estatuto, contemplaba la posible reinserción en la Comunidad Autónoma vecina. Esta situación ha experimentado cambios notables en las décadas de disfrute de la autonomía pero todavía a la altura del final del milenio los cántabros mostraban una enorme inquietud y desapego ante el Estado de la Autonomías, al encontrar entre su población una parte considerable de ciudadanos que preferían el estado centralizado al autonómico y consideraban de mayor interés la pertenencia a Castilla que el mantenimiento de una autonomía uniprovincial2. Aunque la reforma del Estatuto llevada a cabo en 1998 eliminó de su articulado esa posibilidad de reinserción en la Comunidad de Castilla y León parece aconsejable retornar hacia el pasado de la región para determinar las razones institucionales, económicas, culturales y políticas que llevaron a los cántabros a afirmarse al mismo tiempo como montañeses, castellanos y españoles, configurando una identidad gestaba en un tiempo y cultura especialmente identificados con la España tradicional, con la Castilla moderna y, solo, en sus últimas décadas abierta a una más decidida vocación regional, que no siempre regionalista. Podría pensarse, con razón, que ese planteamiento derivaba del peso del campo católico tradicional de figuras como José María de Pereda o el mismo Menéndez y Pelayo, pero la realidad histórica indica que esa fue una posición compartida por todo el abanico social y político de la región, incluidos los republicanos federales, cuyo pensamiento descentralizador y laicista, sin embargo, nunca puso en cuestión la afinidad cultural, histórica y política de Cantabria con Castilla la Vieja. A la caracterización de esa realidad se dirige éste ensayo, que ha hecho de la experiencia de región building3 montañesa, un caso específico que 2 Se trata de un hecho singular, Cantabria en la década de los noventa del sigloXX era la Comunidad Autónoma donde más ciudadanos preferían el Estado centralizado al autonómico y en el que todavía una parte de su población sostenía posiciones castellanistas. Véase Manuel García Ferrando, Eduardo López Aranguren y Manuel Beltrán (eds.), La conciencia nacional y regional en la España de las Autonomías, Madrid, CIS, 1994. 3 La complementariedad y compatibilidad entre los procesos de región building y nation building ha sido sostenida por X. M. Núñez Seixas, «Region-building in Spain during the 19th and 20th Centuries», en Gerhard Brunn (ed.), Region und Regionbuilding in Europa, Baden Baden, Nomos Verlegasgesellschaff, 1996, pp. 175-210. 135 4. De la tradición al nuevo estado liberal… hemos denominado como una experiencia de particularismo centrípeto. Para la descripción de este proceso prestaremos atención a varios registros, cada uno de ellos vinculados a los otros, pero que en sus dimensiones analítica, cronológica, social e ideológica se presentan como complementarios. De un lado, debemos hacer mención a la realidad territorial, jurisdiccional y administrativa que presenta Cantabria en los albores de la contemporaneidad. En segundo lugar, al peso que desde mediados del sigloXVIII tuvo Santander como eje de la actividad económica que vinculaba Castilla con las colonias a partir de una actividad portuaria que hizo de la capital cántabra el eje de un dinámico comercio colonial. En tercer lugar, caracterizaremos los discursos «particularistas» que tanto desde la derecha católica cómo desde la izquierda republicana asociaron Cantabria con el eje Castilla y España. Por último, de una manera, sintética, haremos mención a la «quiebra» de ese proceso identitario asociado, a su vez, a la crisis económica que dominó la región desde mediados de los años sesenta del sigloXX, interpretando la misma en la dirección de buscar un nuevo horizonte regional, donde la experiencia de la vecina comunidad autónoma vasca no iba a ser ajena. En ese proceso que llevaría a la formación de la Comunidad Autónoma actual no faltaron fuerzas que reclamaron su incorporación a Castilla y León en la medida en que el peso de los componentes históricos, en su dimensión tanto económica como cultural, asociaban Cantabria a la experiencia regional y nacional que representaba Castilla y su historia. Este largo proceso que arranca de mediados del sigloXVIII y alcanza a la Cantabria reciente está presidido por la realidad de tres universos socioeconómicos, culturales y políticos sucesivos, representados a su vez por las denominaciones de «La Montaña», «Provincia de Santander» y «Cantabria, Comunidad Autónoma». Las tres hacen referencia al territorio e instituciones de la Comunidad autónoma, pero dan respuesta, en su misma denominación a singulares caracteres solo comprensibles en su propia dinámica histórica. LaMontaña hace referencia a la Cantabria tradicional, pero, ni territorialmente, ni en su marco institucional, puede representar al todo regional4. Remite a la Cantabria interior, distinta y complementaria de la Cantabria costera, con la que mantuvo una fuerte dicotomía, sólo parcialmente superada en la fase siguiente, cuando tras décadas de pugnas y proyectos se estableció desde 1833 la provincia de Santander. 4 Véase, en este sentido, J. Fresneda de la Calzada, ¿Qué es La Montaña?, Santander, Librería Moderna, 1922. 136 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura El universo provincial que le sigue caracteriza la España liberal y los modos específicos de inserción de Cantabria en España a lo largo de casi ciento cincuenta años, hasta que en la transición democrática el provincialismo santanderino, al amparo de la cristalización de las Comunidades Autónomas, facilita su conversión en la Comunidad Autónoma de Cantabria. La Cantabria actual es, pues, el resultado de tal proceso histórico que sucesivamente ha convertido la Cantabria tradicional, La Montaña, en provincia, para en las décadas últimas del sigloXX culminar su conversión en una Comunidad Autónoma5. LA CANTABRIA PRELIBERAL, UN MOSAICO DE TERRITORIOS DESINTEGRADOS U na mirada a la realidad jurídica y territorial de la Cantabria preliberal muestra que nos encontramos ante una realidad plural en la que todavía no es posible mostrar una región dotada de unidad, interdependencia e integración en sus dimensiones económica, social y cultural. Con razón ha escrito José Ortega Valcárcel que la Cantabria actual es un fenómeno moderno por lo reciente en el tiempo y porque la representación social que conlleva ha sido fruto de las transformaciones habidas en los dos últimos siglos. Cantabria no es así el resultado de una herencia histórica ancestral, ni la consecuencia de su naturaleza étnica o cultural preexistente. Es, en realidad, el producto de la inserción de este país en el mundo moderno, el producto de la contemporaneidad6. A mediados del sigloXVIII es un hecho la fragmentación del solar montañés, las tierras conocidas como Montañas Bajas de Burgos, Peñas a la Mar o Montañas de Santander que formaban un mosaico de jurisdicciones fragmentadas de muy distinto peso y significación, cuyo perfil fue delimitándose a partir de los proyectos de racionalización de la administración territorial impulsados por la Corona, tanto en el ámbito administrativo, el judicial e, incluso, el eclesiástico. Desde el punto de vista administrativo-militar y hacendístico la mayor parte de la actual Cantabria estaba integrado en la provincia e intendencia 5 Para un análisis de las dimensiones históricas e institucionales de Cantabria en el pasado y el presente véase A. Moure Romanillo (ed.), Cantabria. Historia e Instituciones, Santander, Universidad de Cantabria/Parlamento de Cantabria, 2002. 6 Véase José Ortega Valcárcel, «Cantabria como región», en Alfonso Moure Romanillo y Manuel Suárez Cortina (eds.), De la Montaña a Cantabria. La construcción de una Comunidad Autónoma, Santander, Universidad de Cantabria, 1998, pp. 19-43. 137 4. De la tradición al nuevo estado liberal… de Burgos, de la que formaban parte el partido de Laredo y la jurisdicción de los Montes del Pas, al tiempo que el partido Reinosa, que formaba corregimiento aparte, quedaba en la de Toro y el Corregimiento de las Cuatro Villas, que integraba la mayor parte del territorio, se ocupaba de lo judicial, gubernativo e, incluso, fiscal. Junto a Reinosa y las Cuatro Villas, corregimientos de realengo, se localizaban otros tres de señorío (Soba, Ruesga y Villaverde de Trucíos; el de Potes y Provincia de Liébana; y el que integraba el Mayordomado de la Vega y la Honor de Miengo), además de otras demarcaciones administrativas de menor extensión, cuya mayor parte se mantenía bajo el régimen señorial laico eclesiástico. Un territorio, en definitiva, desarticulado, que quedaba genéricamente delimitado por cinco «grandes» unidades político-administrativas y jurisdiccionales: Juntas de las Cuatro Villas de la Costa de la Mar de Cantabria, de la provincia de losNueve Valles,de la Merindad de Trasmiera, de la Merindad de Campoo y de la Provincia deLiébana. En el proceso de transición al nuevo régimen, este mosaico de realidades jurídicas, económicas, fiscales y sociales experimentó un proceso de transformación que culminó en la formación de la provincia de Santander cuando Javier de Burgos diseñó el mapa provincial de España. En ese tránsito, complejo y cargado de tensiones entre los viejos poderes tradicionales, la Corona y las distintas propuestas de unificación existentes, cabe resaltar la significación de tres procesos coetáneos. El primero se refiere a las tensiones entre los intentos de la Corona de racionalizar la administración del Reino y las distintas propuestas que desde el interior de Cantabria sostuvieron, de un lado, la vieja nobleza del interior y, de otro, la burguesía mercantil santanderina. El resultado de ambos procesos enfrentados fue la creación de la Provincia de Cantabria en 1778 como resultado del impulso de la nobleza regional, y la formación, a su vez, de la Provincia Marítima de Santander en 1801, como resultado de la política aplicada por la Corona y el apoyo de la burguesía mercantil. El segundo remite a las resistencias que dentro de la región desarrollaron las fuerzas más vinculadas a viejos privilegios que se unieron en las llamadas Juntas de Puente San Miguel, esfuerzo por articular la vida política y administrativa en beneficio de unos derechos, fueros, privilegios y costumbres que trataba de corregir en su beneficio el centralismo borbónico. Finalmente, y no menos importante, este proceso se llevó a cabo en medio del intento de los distintos organismos jurídicos de la región de constituir una provincia propia escindiéndose de Burgos, un proceso que se vio frenado por la situación especial que vivió España entre 1808 y 1833, con la guerra de la Independencia y la sucesión 144 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura que el mismo presentaba: organicismo, armonía social, defensa de la descentralización y acerba crítica del centralismo administrativo que sustentaba la doctrina del liberalismo. En aquel ambiente intelectual, la catolicidad, interpretada a su vez de modos muy distintos por los tres autores, fue el común denominador de un sentimiento regionalista que nunca dio el salto hacia su formulación política. Compartieron los tres en mayor o menor grado su rechazo de las instituciones liberales y, sobre todo, los principios de un liberalismo filosófico que contrastaba con los fundamentos religiosos de su pensamiento. Pero allí donde José María de Pereda militó de forma activa en el terreno del carlismo, del que fue diputado nacional durante el Sexenio Democrático24, Menéndez Pelayo desde la afirmación nacionalcatólica acabó insertándose en el sistema tras la incorporación de los pidalinos de la Unión Católica en 1884. Mateo Escagedo Salmón, por su parte, más aferrado a una lectura integrista de la tradición religiosa, optó por una durísisma crítica de la modernidad y, aunque con algunas décadas de retraso, reprodujo el rechazo perediano a la secularización, al liberalismo y, más aún, a la democracia. Tanto Pereda como Menéndez Pelayo sintieron una admiración y afecto por la cultura catalana, por su tradición histórica y por una literatura regionalista que el primero expresó en su correspondencia con Narcís Oller y el segundo en la exaltación de la obra de Milá y Fontanals25. Ese sentimiento de la cultura regional, la crítica de los elementos centralizadores y el componente organicista fueron la base y sustento de una afirmación regional que vio en la Cantabria preliberal el universo idílico sobre el que el escritor de Polanco caracterizó, primero, su literatura costumbrista y, más tarde, ya con perfiles definitivos su novela Peñas arriba. Para entonces Pereda ya había asistido a los juegos florales en Cataluña y vio con horror las consecuencias de una radicalización nacionalista que tras las Bases de Manresa rechazó con toda su fuerza. Contrapuso entonces Pereda su regionalismo literario, de afirmación de la tierra, costumbres y paisajes, al regionalismo político que en su propia afirmación devenía en nacionalismo catalán, frente al cual no podía sino manifestar su más expresiva repulsa. En su visita a Barcelona a los juegos Florales de 1892, Pereda expresó con rotundidad la distancia que 24 Sobre la militancia política de Pereda y de su entorno familiar véase Manuel Estrada, «La aventura electoral de José María de Pereda en 1871 y sus contradicciones políticas», en Libro Homenaje In Memoriam Carlos Díaz Rementería, Universidad de Huelva, 1998, pp. 285-296. 25 Véase, en este sentido, Antonio Santeveña Setién, Marcelino Menéndez Pelayo: revisión crítico-biográfica de un pensador católico, Santander, Universidad de Cantabria, 1994. 145 4. De la tradición al nuevo estado liberal… existía entre su regionalismo literario y el componente político que subyacía a las posiciones del catalanismo. Soy –señaló entonces– de los que ven en el pueblo, esa masa tan dúctil para lo bueno cuando el diablo no la adultera y endurece manoseándola, el fiel guardador de las sagradas tradiciones, de la lengua jugosa y pintoresca, del colorido indígena y sello genial de la raza, del sabor puro de la tierramadre26. El populismo perediano, imbuido de la afirmación ruralizante del paisaje, del rechazo de los componentes cosmopolitas inherentes a la urbanización y el cambio social, tenía su mirada puesta en el pasado. Un tiempo pretérito envuelto en las brumas de la montaña cantábrica en la que el escritor ubicó sus imaginarios e idílicos personajes y paisajes. La Tablanca de Peñas arriba, donde el autor rescató el ambiente comunitario de la Cantabria del Sexenio cuando conoció con detalle la Cantabria del interior y quiso ver allí los soportes de un modo de vida y una sociedad patriarcal que desaparecía bruscamente. La idealización del pasado, el rechazo de la modernidad, del desarrollo industrial, de la nueva sociedad de clases constituyen los ejes vertebradores de un pensamiento que se refugió en la defensa de los símbolos de aquella sociedad: la comunidad rural, bajo el liderazgo paternal del patriarca en el orden civil y del cura en el religioso. El rechazo de la política moderna lo era también al marco institucional, al sistema representativo y a su soporte social, las clases. El organicismo preliberal del pensamiento perediano no contemplaba la desarticulación y el individualismo de la nueva sociedad, sino un orden jerárquico y corporativo que quedó perfectamente representado en Peñas arriba. Cuando años después, en su Discurso de ingreso en la Real Academia de la Lengua en 1897 explicitó lo que entendía por regionalismo se pudo percibir con claridad el límite que aplicaba a esa definición y que entendía por novela regional. La novela á que yo me refiero aquí, tiene más puntos de contacto con la naturaleza que con la sociedad, con lo perdurable, que con lo efímero y pasajero; con la eternidad del arte, que con el humano artificio de las circunstancias; y casi me atrevo a asegurar que en pocas naciones del mundo tiene esta importante rama de la literatura tan bien cimentada su razón de 26 Discurso en los juegos florales de 1892, La Vanguardia, 9-V-1892. Recogido en Laureano Bonet, Literatura, regionalismo y lucha de clases, Barcelona, Universidad de Barcelona, 1983, pp. 164-165. 146 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura existencia, como en España, cuya unidad moral es, por la firmeza de su cohesión, tan de notarse, como la falta de ella en sus precedentes históricos y etnográficos, y en sus costumbres, climas y temperamentos. Se impone aquí la novela regional, como se impone el sentimiento que la engendra y produce: el regionalismo, pasión acerca de la cual tiene el vulgo de los que discurren en los centros populosos y descoloridos muy equivocados conceptos. En opinión de estos aprensivos, el sentimiento, no ya la pasión, del regionalismo conduce a la desmembración y aniquilamiento de la colectividad histórica y política, de la patria de todos, de la patria grande. Yo no se si existirá algún caso de estos en la tierra española, y, por de pronto, lo niego, porque no le concibo en mi lealtad de castellano viejo; pero exista ó no, no es ese el regionalismo que yo profeso y ensalzo, y se nutre del amor al terruño natal; á sus aires, á su luz, á sus panoramas y horizontes; a sus fiestas y regocijos tradicionales, á sus consejas y baladas, al aroma de sus campos (…). Pues ese regionalismo lo tengo yo por saludable, elevado y patriótico; y no comprendo cómo se le puede conceptuar de otra manera menos honrosa sin desconocer y confundir lastimosamente los organismos fundamentales del Estado. (…)27. Este sentimiento de amor a la patria chica, a su tierra y aromas, la afirmación de su condición de castellano viejo, el rechazo del universo moral de la modernidad y del cosmopolitismo urbano, al tiempo que una lectura política del regionalismo literario hacen a Pereda un defensor de un particularismo sentimental y estético que nunca dio paso a una formulación regionalista convertible en movimiento político. Su noción de patria chica y patria grande compartida con Menéndez Pelayo sitúa a los dos autores en el terreno del regionalismo sentimental y cultural, pero no en el político. Pero allí donde Menéndez Pelayo pudo acomodarse a los nuevos aires del canovismo político, Pereda se mantuvo siempre en un rechazo total del universo liberal, sosteniendo un tradicionalismo que representaba un rechazo abierto a las diversas manifestaciones de la sociedad de su tiempo: la secularización, el individualismo, el racionalismo, el gobierno representativo y de una manera especial unos horizontes democráticos que el escritor rechazaba de una manera completa. Su imaginario no fue otro que el de la Montaña tradicional, de un universo social adscrito a la pureza de sangre, a la concepción católica apostólica y romana, al castellanismo viejo, en definitiva, al orden social y político preliberal. 27 José María de Pereda, Discurso de Ingreso en la Real Academia de la Lengua, 7 de febrero de 1897, Madrid, 1897, pp. 108-111. Para una visión del regionalismo perediano véase J.E. Gale, El regionalismo en la obra de José María de Pereda, Madrid, Pliegos, 1989. 147 4. De la tradición al nuevo estado liberal… Menéndez Pelayo, por su parte, también diseñó su proyecto particularista sobre la base del pensamiento católico, de un organicismo que rechazaba el centralismo de la tradición liberal española decimonónica. Su idea de España como nación no se derivaba de la concepción centralista del liberalismo conservador, sino de una catolicidad que se asentaba sobre una idea providencialista de la historia y un organicismo descentralizador que le llevó a la defensa de los municipios medievales como base de la sociedad. Municipio, región y nación no eran sino elementos de un continuum que encontraba su razón de ser en el catolicismo, toda vez que Menéndez Pelayo rechazaba la lengua como el instrumento nacionalizador de España. Como amante de las diversas culturas españolas –entre las que consideraba a la portuguesa– el escritor santanderino buscó en el pasado las señas de identidad de la nación española, a partir del rechazo de las aportaciones exógenas vinculadas a la revolución y a la democracia. En línea con el pensamiento de Herder y Schleiermacher, que entendían la nación como un grupo étnico-cultural para el que Dios había dispuesto una determinada misión en la Historia, Menéndez Pelayo proclamó que la nación española debía su existencia al efecto unificador ejercido por el catolicismo, una vez que ni la lengua, ni las razas, ni las diversas literaturas peninsulares eran elementos de cohesión adecuados para la construcción de una nacionalidad. Su ideal nacional, en línea con la propia tradición del catolicismo, contemplaba una concepción orgánica de España, en la que debía ser compatible la unidad y la variedad, la perfecta compatibilidad entre la patria chica y la grande, entre el provincialismo y la nación. Para ello era necesario, en primer término, determinar que se entendía por nacionalidad, una realidad de hecho abstracta, sujeta a una continúa perfectibilidad que la acercaba a la utopía. El ideal de una nacionalidad perfecta y armónica –escribió– no pasa de utopía. Para conseguirla sería necesario no solo la unidad de territorio y política, sino unidad religiosa, legislativa, lingüística, moral…et sic de caeteris, ideal que hasta ahora no ha alcanzado pueblo alguno. Es preciso tomar las nacionalidades como las han hecho los siglos, con unidad en algunas cosas y variedad en muchas más, y sobre todo en la lengua y literatura28. 28 Marcelino Menéndez Pelayo, «Programa de Literatura Española», en Estudios y discursos de crítica histórica y literaria, Madrid, Editora Nacional, Obras Completas, vol. V, 1941, p. 70. Recogido también en Antonio Santoveña Setién, «Historiografía y organización territorial. Menéndez Pelayo y la articulación del Estado español», en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, vol. LXVIII (1992), p. 163. 148 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura El ideal nacional de Menéndez Pelayo se ubicaba en el pasado español, sobre todo en el sigloXVI, cuando se cumplían tres elementos fundamentales al sustrato nacional: la unidad territorial, alcanzada gracias a la labor de reconquista que se culminó en los albores de la modernidad; la descentralización administrativa, lograda gracias a la existencia de una amplia liberad municipal y foral, y, finalmente, como origen y garantía de conservación de este orden, la monarquía, que debía ser considerada desde los supuestos de conservación y catolicidad. La defensa de la foralidad, perfectamente compatible con la unidad nacional, era un elemento que acentuaba su rechazo del centralismo liberal, tal y como había sido desarrollado por Javier de Burgos en el tránsito del Antiguo al Nuevo régimen. Frente a esa tradición Menéndez Pelayo contemplaba como ideal la restauración del viejo orden católico, de una monarquía que garantizaba la unidad, la catolicidad y la descentralización. Con este imaginario no es de sorprender que la admiración por la lengua, cultura y tradiciones catalanas fueran perfectamente compatibles con su idea de unidad nacional, donde el organicismo daba cabida a la pluralidad de registros que hacen de la nación un todo a la vez unitario y diverso, en línea con el viejo orden nacional antes de la revolución y la centralización. Como en Pereda, para Menéndez y Pelayo cabía en España un particularismo de signo provincialista o un regionalismo suave que resaltó como «benévolo o fraternal», opuesto al regionalismo egoísta. Cantabria, que desde su punto de vista no constituía propiamente una región y se ubicaba en Castilla la Vieja, sin embargo, poseía elementos distintivos suficientes para ser objeto del análisis histórico, pero en modo alguno protagonista de ambiciones regionalistas29. En el territorio del catolicismo más intransigente Mateo Escagedo Salmón también se acercó al problema del regionalismo y al papel que en el mismo correspondía a Cantabria. Como Menéndez y Pelayo también rechazaba los valores del racionalismo y la democracia y su idea de la relación entre Estado y nación se establecía sobre la unidad de ambos, pero afirmando la necesaria descentralización de municipios y regiones. Ahora bien, el ideariodescentralizador que desarrolló Escagedo no se pensaba en sus términos de autonomía política, sino exclusivamente administrativa, que se susten29 Véanse Pedro Sainz Rodríguez, «Los conceptos de patria y región en Menéndez Pelayo», en Estudios sobre Menéndez Pelayo, Madrid, Espasa-Calpe, 1984, pp. 57-87; Antonio Santoveña Setién, «Historiografía y organización territorial. Menéndez Pelayo y la articulación del Estado español», en Boletín de la Biblioteca Menéndez Pelayo, vol. LXVIII (1992), pp.149-175. 149 4. De la tradición al nuevo estado liberal… taba sobre la recuperación y defensa de los concejos abiertos, una institución popular montañesa que interpretó como expresión de la verdadera democracia30. El regionalismo de Escagedo, pues, no pasó de puro provincialismo, ya que nunca contempló la posibilidad de un reconocimiento regional, de la posibilidad de que en atención a la autonomía regional se pudiera llevar a cabo una tarea legislativa en el marco de un Estado moderno descentralizado. Su utopía popular pasaba por la restauración del viejo orden patriarcal, por la defensa de la institución del concejo abierto y de la autonomía administrativa de municipios y provincias. Si las regiones han de tener la centralización administrativa, si la capitalidad del poder central en esto se ha de trasladar a la región, entonces creo que Santander de ningún modo debe formar parte de la región castellana, sino formar la región de Cantabria. (…) Si, lo que me parece absurdo, las regiones han de constituirse a base de la cesión por el poder central de facultades no solo administrativas, sino también políticas; si han de tener el poder legislativo y administrativo de los intereses en ella existentes, si han de constituirse, en una palabra, los antiguos reinos con cortes propias dentro de la nación, Santander debe formar parte del antiguo reino de Castilla, pero recabar para sí, a ser posible, la más amplia autonomía municipal; (…)31 Como ya se ha resaltado, el común denominador de Pereda, Menéndez Pelayo y Escagedo Salmón pasaba por la restauración de un orden social y político que tenía por eje el organicismo e historicismo católico. Los tres defendieron la descentralización, pero desde el rechazo de las aportaciones de la revolución liberal española: de la centralización, la secularización y lademocracia. 30 Véase Mateo Escagedo Salmón, Centralismo y regionalismo, Santander, Imp. de B. Hernández y Hno, 1919. 31 Mateo Escagedo Salmón, «El regionalismo cántabro», en Conferencias, Informes e Hidalguías, Tortosa, 1931, pp. 138-139. 150 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura LIBERALISMO Y REGIONALISMO S i el tradicionalismo sostuvo la defensa de algún tipo de inquietud regional en Cantabria, por el contrario, el liberalismo no democrático no mostró apego alguno a cualquier formulación descentralizadora. La idea de que la prosperidad regional estaba estrechamente unida al desarrollo económico que proporcionaba el puerto hizo que el dominio de la burguesía en el terreno político se sintiera muy unida a la experiencia castellana. Más que como instituciones de autogobierno los liberales oligárquicos sintieron diputaciones y ayuntamientos como instrumentos de poder en beneficio de sus negocios y la idea de bienestar general se asentó sobre el predominio de la burguesía y el sometimiento de unas clases populares que se vieron en todo caso como una amenaza al orden social. Como ha mostrado la historiografía política, a excepción del excepcional momento del Sexenio democrático, esa burguesía gobernó de un modo incontestable la región a partir de una red de intereses que, por otro lado, siempre vieron como antagónicos de los sustentados por el País Vasco. La competencia mercantil con el puerto de Bilbao ya había sido un elemento clave en el desarrollo económico de Santander en tiempos de la Primera Guerra Carlista y el propio enriquecimiento de la ciudad se percibió en función de la capacidad de sustraer a los vizcaínos cuotas de mercado. Esa burguesía, liberal y oligárquica, mostró, pues, una permanente reticencia ante los proyectos regionalistas y, más tarde nacionalistas, de vascos y catalanes, ya que fueron interpretados como una agresión a una idea de España en la que Castilla, su historia y cultura, sus intereses materiales y universo simbólico, eran la garantía de la unidad nacional. Fue esta una línea de pensamiento que compartieron el primer liberalismo, la Unión Liberal y, más tarde, los partidos Conservador y Liberal, con independencia de otros elementos de divergencia entre ellos. La unidad de España era un hecho indiscutible y dentro de ella Cantabria constituía una de las piezas centrales en la cristalización de la unidad nacional. Como pusode manifiesto Ángel de los Ríos: Aquella indomable energía de los cántabros, que los hizo temibles a sus confinantes y hostiles entre sí, cuando no tenían otros enemigos; la que les hizo creadores de la Vieja Castilla, triunfadores de Mahoma, descubridores de América y adalides de Europa contra Napoleón, se halla hoy voluntariamente reducida al terreno filosófico, literario y artístico. No porque les faltaran en tantos siglos títulos y medios para formar uno de esos pequeños 151 4. De la tradición al nuevo estado liberal… estados alemanes, ó raquíticas naciones, hijas de un capricho soberano, de una necedad popular ó de un protocolo diplomático, sino porque siempre quisieron ser honrada parte de la gran nación española, desde que pudieron comprender cómo y para qué la hizo Dios naturalmente una32. Esa concepción de Cantabria como parte de una España unida, como origen de Castilla la Vieja, constituyó una de las señas de identidad del liberalismo regional. Tanto se identificaba a Cantabria con Castilla que en el imaginario de la burguesía y de las clases medias de Santander, y no menos en el resto de la región, la condición de católico, montañés y castellano viejo formaba parte del modo de ser de los cántabros33. Cuando, tras la aparición de la cuestión regional en la década final del sigloXIX, se planteó el problema de la realidad de España dentro y fuera de la región siempre se consideró que Cantabria formaba parte de Castilla. Así lo hicieron, entre otros, Leopoldo Alas, «Clarín» y Rodrigo Amador de los Ríos, que no encontraban razones para que se desarrollara un movimiento regionalista en La Montaña, toda vez que, a pesar de su componente literario, el regionalismo montañés aparecía fuertemente asociado a Castilla. Rodrigo Amador de los Ríos fue aún más lejos al escribir en 1891: Podrá Cataluña, como venida a la unidad política más tarde, tener aspiraciones para reconquistar su independencia, ya que fue con Aragón reino poderoso, y la mayor extensión de dominios en la Península hizo prevalecer el elemento castellano un tiempo; también podrán las provincias vascas con mejor título aspirar á su independencia respecto del resto de España, por no acusar el mismo origen en idioma y costumbres; pero la Montaña, aquella que dio sus hijos para la colosal empresa de la Reconquista, aquella que los vio poco a poco emigrar de su seno para establecerse en las llanuras castellanas y bajar á las márgenes floridas del Tajo, del Guadiana, del Guadalquivir y del Darro, como bajó á las del Segura y del Odiel y del Tinto; aquella que fue cuna de los héroes que lucharon contra los Califas cordobeses, contra los régulos de Táifa, contra los almorávides y los almohades, contra los beni32 Ángel de los Ríos, «El regionalismo de la Montaña», en La parte de los montañeses en el descubrimiento de América, Santander, 1892, p. 225. 33 Esta concepción de Cantabria, raíz de Castilla y de España se extendió a lo largo de los siglosXIX y XX y superó la confrontación entre liberalismo oligárquico, dictadura y democracia. Todavía en 1976 Manuel Pereda de la Reguera pudo escribió un libro que fortalecía esa línea identitaria. Véase Cantabria, raíz de España, Santander, ICC, 1979. 152 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura merines y los granadinos –aquellos no tienen derecho ni razón alguna para levantar á deshora la enseña destructora del regionalismo–. ¿Qué precedentes históricos invoca? Sus poetas, sus artístas, sus marinos, sus guerreros, son los poetas, los artistas y los guerreros y los marinos de Castilla; puerto de Castilla fué y es Santander; Castilla tuvo su nacimiento allí, en la Cantabria; nada hay por tanto montañés exclusivamente, salvo reliquias conservadas por la tradición…, (…)34. Esta identificación de la provincia de Santander con la cultura, historia y economía castellana hacía muy difícil la aparición de un regionalismo político. Más allá de la sensibilidad literaria perediana o de la nostalgia tradicionalista o integrista de Escagedo, la mayor parte de la sociedad cántabra asociaba su pasado, sus tradiciones e intereses económicos a Castilla y desde ella se vinculaba a una tradición imperial en la que los marinos montañeses, con Ramón de Bonifaz y Juan de la Cosa a la cabeza, se integraban en el panteón de los montañeses ilustres. La mejor expresión de este componente castellanista defendido por la burguesía conservadora regional lo representa quien durante varias legislaturas fue diputado a Cortes, Ruano de la Sota al afirmar con toda rotundidad en 1918: «Sí: Santander es Castilla y Castilla la Vieja»35. LA CUESTIÓN REGIONAL EN LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA U na buena muestra de que la cuestión regional no era un tema de interés prioritario para la burguesía liberal de Santander lo constata un hecho: el primer debate propiamente dicho sobre el tema regional se llevó a cabo poco después del golpe de Estado de Primo de Rivera en 1923 y por iniciativa de Santiago Fuentes Pila, líder del Partido Social Popular e impulsor en Cantabria de la dictadura. Pensado básicamente como una manifestación del rechazo a la política parlamentaria de los diputados regionales y como muestra de la sensibilidad del régimen en sus primeros momentos ante la cuestión regional, el debate se desarrolló de un modo tímido a partir de dos periódicos El Pueblo Cántabro (maurista) y La Atalaya (católico) yde unas conferencias en el Ateneo de Santander. Su referente se centraba en la iden34 Rodrigo Amador de los Ríos, España. Sus monumentos y Artes. Su naturaleza e Historia. Santander, Barcelona, 1891, p. VII. 35 Juan J. Ruano de la Sota, «Epílogo» a la obra de Luis Carretero, La cuestión regional de Castilla la Vieja. El regionalismo castellano, Segovia, Antonio San Martín, 1918, pp. 443-444. 153 4. De la tradición al nuevo estado liberal… tificación entre régimen parlamentario y caciquismo, frente a regeneración nacional y regionalismo que Fuentes Pila deseaba fomentar en los primeros momentos de la dictadura, cuando buscaba consolidar ante la opinión pública de Santander el nuevo momento político. Desde la afirmación del organicismo social, del antiliberalismo y contra la naturaleza del sistema representativo, Fuentes Pila resaltó los puntos de confrontación entre la Cantabria liberal adscrita a Castilla, y la nueva Cantabria, regenerada por la dictadura que aspiraba a su reconocimiento como entidad territorial propia independiente de la historia y la tradición castellanista del siglo precedente. Este cantabrismo nacía así con toda intención antiliberal, corporativo y ajeno a la tradición precedente del provincialismo. Su único precedente habría que buscarlo en la propuesta que en 1882 se hizo desde Torrelavega para reclamar la «cantabridad» de Pelayo y Covadonga, a través de la cual se reivindicaba como cántabra la tradición pelagiana que tradicionalmente se había adscrito al Principado de Asturias36. Múltiples razones, de índole varia –señaló Fuentes Pila–, como la progresiva diferenciación popular, la presente y más intensa vitalidad colectiva, espiritual, literaria y artística de unos pueblos sobre otros, la actual delimitación social de unas comarcas, a influjo de nuevos o más acusados factores económicos, industriales, comerciales, ganaderos, etcétera, contribuyen de presente a que pueblos regionales, si se quiere históricamente nuevos, demarquen con fijeza propia características de intensa vitalidad regional. Esto es lo que ocurre con nuestra tierra, con ese conjunto de valles y comarcas, que al presente, con elocuente realidad, proclama la peculiar naturaleza social, su genuina economía, la personalidad de su espíritu colectivo, como cosa distinta de las otras regiones que la circundan. Hoy, nosotros, los hijos de estas costas y montañas, nos sentimos, somos y no queremos dejar de ser cántabros, teniéndolo que reconocer todas cuantas espontáneas organizaciones han surgido o que nos han suscitado desde fuera, desde las manifestaciones deportivas hasta las esferas del seguro social, dentro del Instituto Nacional de Previsión37. 36 Abel Alonso Bárcena, «En donde nació Pelayo? Resumen», El Cántabro, 10-III-1882. Una reproducción completa y comentada en E. San Miguel, ¿En dónde nació Pelayo? El pensamiento cántabro ante los orígenes de la Monarquía, Santander, ADIC, 1994. 37 Santiago Fuentes Pila, «Acción regionalista. La personalidad de Cantabria, El Pueblo Cántabro, 27-X-1923. Véase también «Nuestra regionalidad. Aclarando e insistiendo», 30-X-1923. 256 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura los seres vivos; y del mismo modo que sobre éstos, èsa sobre él la ley de la herencia y la del medio en que se agita ó sea la de adaptación; pero téngase en cuenta, como ya hemos dicho, que la influencia atávica es superior á la del medio. El modo de obrar de la herencia es rápido, sus efectos son patentes en la primera generación; la influencia del medio es lenta, larguísima y sus resultados no son tan exactos como los de aquella (…)22. A diferencia de Costa, Morote, Altamira, Alba y otros regeneradores del fin de siglo Madrazo siempre consideró que la regeneración nacional no podía ser obra de la educación, sino de una adecuada selección científica de la raza. No es que no viera en el problema educativo un inconveniente para la revitalización del país. De hecho, siempre consideró imprescindible desarrollar el sistema educativo, instruir y formar mejor a los españoles y a ello dedicó una cantidad considerable de esfuerzo y recursoseconómicos, pero en su concepción científica del mundo, de las relaciones entre hombre y naturaleza, y de los hombres entre sí, de la vida colectiva,el peso de los componentes heredados era tan fuerte que difícilmente la educación podía corregir lo que había establecido la naturaleza. Es desde esta posición del desequilibrio entre los factores heredados y los adquiridos que Madrazo considerara que las capacidades del pueblo español, de la raza latina, estaban incólumes, de manera que era posible una regeneración nacional, por mucho que siglos de mala administración, corrupción y barbarie política hubieran llevado al decaimiento nacional. La base de estos postulados la encontró Madrazo en el evolucionismo y en la experiencia médica que aplicó desde los años ochenta del sigloXIX. Experto cirujano, buen conocedor de los planteamientos científicos del naturalismo que desarrolló desde su aprendizaje en los años setenta en Francia y Alemania, Madrazo se distinguió a lo largo de su vida por su concepción naturalista del mundo. Lo fundamental en la vida era que el hombre viviera en sintonía con la Naturaleza. Bajo sus leyes el hombre encontraría la felicidad y no destruiría la natural armonía que le había dado el Creador. Solamente una desviación de las leyes naturales podía llevar al hombre a la infelicidad, a la destrucción de esa armonía inscrita en las leyes de la Herencia que afectaban por igual al hombre y al resto de la vida. Tal como concibo yo la organización social, bajo la inmediata dirección del Estado, me figuro á esta entidad ocupada en un altísimo pensamiento, 22 E. D. Madrazo, ¿El pueblo español ha muerto?, Santander, Blanchard y Arce, 1903, p. 101. 257 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… alrededor del cual se mueven las principales iniciativas de la colectividad. Este centro director se llamaría el Fomento de la raza, que no es otro que el de la especie humana, de donde tendría que partir el cultivo científico del varón y de la hembra, de sus cuerpos y de sus almas. Este gran departamento sería el que se preocuparía del porvenir de las sociedades humanas. Sin despreciar el presente, ó sean las actuales condiciones físicas y morales, sobre las cuales se tiene que legislar y garantizar la conservación y ejercicios de todos aquellos derechos reputados como justos; sin desdeñar estas urgencias presentes, su atención estaría clavada, fija, en los tiempos venideros,en los hombres que han de sucedernos, y ver el modo de que éstos lleguen encondiciones técnicas, ó sea constituídos física y moralmente para ser felices y multiplicar sus bondades23. La división del departamento del Fomento de la especie en dos secciones, una dedicada a las leyes de la herencia, a la ciencia; otra, orientada a la educación, marcan los ámbitos de actuación de este naturalismo desde el que Madrazo trataba de interpretar la vida natural y la sociedad. La sociedad no era otra cosa que la expresión orgánica y moral de las leyes naturales aplicadas a la vida colectiva del hombre. Cuando éste se separaba de esas leyes la degeneración producía graves trastornos, cuya superación debía ser, necesariamente, la vuelta a esas mismas leyes naturales. Como vemos, el sentido de la vida social, del ideal colectivo, residía en aplicar las leyes de la naturaleza. La realidad española del fin de siglo expresaba mejor que ninguna otra esa violación de las leyes naturales. La historia de España marcaba el ritmo y las modulaciones de una violación permanentede esas leyes que se culminó en los últimos siglos bajo el dominio de la Monarquía, de la Iglesia y de las oligarquías a ella adscritas. Afortunadamente el pueblo, la «buena sociedad» española, mantenía en su interior toda la fuerza y salud primaria de la raza. Bastaba con rescatar las energías raciales para renovar la sociedad y regenerar de ese modo el ser nacional. A diferencia de Joaquín Costa y de Santiago Alba24, que consideraron la educación como el soporte efectivo de la regeneración, Madrazo, en su optimismo evolucionista, pensaba que era suficiente con restituir al hombre a las leyes naturales. 23 E. D. Madrazo, Herencia y Educación, Santander, 1904, p. 342. 24 Véanse J. Costa, «Prólogo» a R. Sánchez Díaz, Juan Corazón, cit., pp. VII-XXI: «Yo me inclino a pensar –escribió Costa– que la causa de nuestra inferioridad y de nuestra decadencia es étnica y tiene su raíz en los más hondos estratos de la corteza del cerebro», p. XV; Santiago Alba, «Prólogo» a A. Demolins, ¿En qué consiste la superioridad de los anglosajones?, Madrid, 1899, pp. V-CXXX. 258 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura Las bases del pensamiento eugenista de Madrazo hay que buscarlas en el pensamiento social de la medicina francesa de la segunda mitaddel sigloXIX25. De base neolamarckiana los médicos y biólogos franceses delmedio siglo desarrollaron unas concepciones sociales asentadas sobre laafirmación del organicismo biológico, sobre la idea del transformismo y la concepcióndel mundo natural y social en términos de asociación, armonía y solidaridad. Desde las ciencias naturales y la biología este planteamiento fue extendiéndose a la práctica médica, mostrando el peso del transformismolamarckiano en los ámbitos científicos franceses. La concepción armonista y solidaria de la vida natural y social alejó al eugenismo de Madrazo de postulados más radicales, asentados sobre el darwinismo26 y el pensamiento eugénico de Galton y el evolucionismo anglosajón. Si Darwin, y con él Galton, interpretaron la evolución social como expresión de la lucha por la vida, de la selección de los más fuertes y, en consecuencia, en términos de un individualismo agresivo, este modo de ver la vida natural y, por derivación, la sociedad, era poco compatible con la ambición de armonía, solidaridad y organicismo presentes en Madrazo27. Las doctrinas darwinistas han asentado en la ley de la lucha por la existencia el fundamento de una escuela filosófica, que indudablemente ha 25 Véanse Anne Carol, Histoire de l’eugenisme en France. Les médicins et la procréation XIXe-XXe siècle, Paris, Seuil, 1995; W. Schneider, Quality and Quantity. The Quest for Biological Regeneration in Twentith Century France, Cambridge History of Medicine, 1990; Mark B. Adams, The Wellborn Science. Eugenics in France, Brazil, and Russia, Osford University Press, 1990. 26 Sobre el impacto del darwinismo en España, véase T. Glick, Darwin en España, Madrid, 1982; Diego Núñez, El darwinismo en España, Madrid, 1977; Álvaro Girón Cuesta, Evolucionismo y anarquismo en España, 1882-1914, Madrid, CSIC, 1996; la relación entre darwinismo social y socialismo en el ámbito internacional ha sido tratada por Reinhard Mocek, Socialismo revolucionario y darwinismo social, Madrid, Akal, 1999. 27 Aunque la presencia del darwinismo marcó la entrada del pensamiento eugenista en España, también se puede rastrear la influencia del pensamiento lamarckiano en los ambientes científicos barceloneses de los años sesenta y setenta. Véase Agustí Camós Cabecerán, «La difusión de la teoría evolucionista de Lamarck en la revista de La Abeja (1862-1870) de Barcelona», en Asclepio, vol. XLIX-2 (1997), pp. 67-84; «Antoni Bergnes de las Casas (1801-1879) difusor de la cultura científica y del transformismo lamarckista», en Llull, vol. 21 (1998), pp. 633-651. Dada la presencia de Madrazo en la Universidad de Barcelona en los años ochenta no es de sorprender su impregnación de los valores transformistas de Lamarck, presentes en los ambientes científicos de la ciudad. Por otra parte Raquel Álvarez también ha resaltado la presencia en el propio Galton de planteamientos derivados de la medicina francesa, «Las fuentes francesas de la eugenesia de Galton», en Asclepio, XXVIII (1985), pp. 165-181. 259 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… predominado en nuestro tiempo, haciéndonos ver á los hombres enemigos por la exaltación del brutal egoísmo. Tal estado de conciencia crea en los individuos un ambiente de imposiciones y guerras é impulsa a las sociedades á organizar los medios de ataque y defensa como si dicha ley fuese fatal, y el ideal humano fuera, no el de la cooperación y el amor, sino el de comerse los hombres unos á otros. De tal preocupación injusta é inhumana parte de la guerra económica, y de la guerra económica nos vamos rectos como rehilete á la guerra con pólvora, con cañones y acorazados; y nuestro progreso está en el herir, y el humano entendimiento se ocupa principalmente del avance de la ciencia en la esfera de matar28. Los fundamentos armonistas, el ideal de cooperación y solidaridad propuesto por Madrazo se acercaba más al pensamiento social del radicalismo francés, en su deseo de encontrar un modo de evolución social no traumático. El darwinismo social sobre el que se asentaban las relaciones internacionales en el fin de siglo repugnaba a un Madrazo comprometido con los ideales de armonía y solidaridad. El rechazo del imperialismo le llevó a defender la causa de los Boers frente a Inglaterra, del mismo modo que se opuso al proyecto de Ley de la Escuadra debatido por Maura y los conservadores. La idea de lucha por la vida, la concepción darwinista de que la selección se hacía por la supervivencia de los mejor adaptados al medio llevaba a una legitimación del dominio social de la burguesía que fue abiertamente repudiado por el pensamiento solidarista de Madrazo. La lucha por la vida, base del pensamiento darwinista, debía ser reemplazada por la cooperación orgánica. Por ello su asimilación del pensamiento social francés, de fuerte base neolamarckiana29, se expresó siempre en términos de cooperación, armonía y solidaridad en la naturaleza y en la sociedad. El solidarismo francés, al que se asocia su pensamiento social, constituye el referente científico, y también social, sobre el que desarrolló éste su ideal de regeneración nacional. Cientifista, laico, reformista, Madrazo trató de cambiar los códigos del comportamiento social desde una crítica sistemática de las clases dominantes, de su dominio social y sistema de representacióne instituciones. Su creencia en la capacidad de la raza para su regeneración reclamaba una profunda reforma, a cuya elaboración y defensa se dedicó con ahínco a lo largo de toda su madurez. Ensayos, obras teatrales, conferencias, artículos de prensa, militancia política conformaron otros tantos medios de 28 E. D. Madrazo, La cuestión de la escuadra, Santander, Blanchard y Arce, 1903, pp. 7-8. 29 Antonello La Vergata, «Lamarckisme et solidarité», en Asclepio, vol. XLVIII-1 (1996), pp. 273-288. 260 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura expansión de su ideal regenerador a través de la difusión de la Eugenesia, del cultivo de la especie humana. El problema de la degeneración de las razas por prácticas inadecuadas fue un tema de interés prioritario por parte de los ambientes científicos de la Europa del momento. La publicación en 1892 de la obra de Max Nordau30, Degeneración, en traducción de Nicolás Salmerón, se difundió fuerza en la cultura española de entre siglos. Como el escritor húngaro, Madrazo creyó en una regeneración moral a través de la ciencia, en la exaltación de la naturaleza y en la dura crítica a los sectores inactivos de la sociedad. El ideal de reproducción social debía establecerse a partir de un criterio puramente científico, si el hombre ha logrado que la selección de las razas en otros mamíferos se desarrolle por estrategias propiamente científicas debe aplicar a su misma reproducción esos métodos. De ahí que todos los temas centrales de la eugenesia –la selección sexual, el matrimonio eugenésico, etc.– fueran orientados de un modo directo hacia una mejor selección de la especie. La educación nunca podría corregir las reglas de la herencia, pero su interés radicaba en la posibilidad que ofrecía a los individuos de corregir aquellas enfermedades sociales –sífilis, alcoholismo– que podían hacer degenerar a la raza. La idea de la degeneración y los modos de evitarla presidió gran parte de los escritos –ensayos, obras de teatro, artículos de prensa– del médico montañés. Entre esas degradaciones ocupó un lugar preferente la crítica del alcoholismo hereditario, responsable, a su vez, de un conjunto de enfermedades –tuberculosis, epilepsia, locura– que diezmaban la población española de principios de siglo. El problema del degenerado –escribió Madrazo– no es importante solo por la perturbación social que personalmente trae y que termina siempre en una vida fracasada, sino que trasmite ese descalabro y le multiplica cien veces en una cadena de generaciones. ¿No es una infamia que gobiernos y más gobiernos transijan con el alcohol por unas cuantas pesetas? ¿Cuanto dinero suponen hospitales, tribunales, guardia civil y cárcel para alojar tanta carne podrida? Moralmente, ¡Qué desasosiego y temor! ¡con qué escándalo se maltrata la vida!31 30 Max Nordau (seud. de Max Simon Südfeld) (1849-1923), Degeneración, Madrid, 1902, 2tomos; El mal del siglo, Madrid, s.a.; El derecho de amar. Drama en cuatro actos, todos ellos traducidos por Nicolás Salmerón; Matrimonios morganáticos. Novela, traducción española de R. Cansinos Assens, Valencia, F. Sempere, s.a., 2 vols. 31 «Proemio» a Obras de Teatro sobre Cultivo de la Especie Humana, Madrid, 1913, tomo I, pp. 125-126. 261 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… El rechazo del alcoholismo32 se extendió a aquellas manifestaciones sociales y culturales del mundo urbano asociadas a la taberna y a las formas de ocio y sociabilidad de los trabajadores de los barrios de las ciudades. El gusto por la vida rural, la idea de que el mundo urbano estaba impregnado de modos de vida insalubres, donde la perversión de las buenas costumbres encontraba acomodo le llevó a una idealización de las comunidades rurales y a una crítica de los modos de vida asociados a la sociedad industrial. Su concepción de la comunidad social y familiar ideal remitía a una vida rural, donde la familia campesina –comunidad humana ideal– expresaba los ideales de cooperación y solidaridad básicos en la regeneración de la raza. La crítica al mundo urbano se apoyaba en el doble rechazo de la burguesía como clase dominante y en los modos insanos de vida de una clase trabajadora que había hecho de la taberna el centro de su vida social. La superación de estos vicios exigía una clara acción reparadora a través de la difusión de los ideales de la ciencia. LA DIFUSIÓN DEL IDEAL EUGÉNICO: LA ESCUELA Y EL TEATRO U na de las preocupaciones fundamentales de Madrazo era cómo encontrar los medios más adecuados para la difusión de sus ideales eugénicos. El ensayo y los artículos de prensa representaron una primera intervención y compromiso con los ideales científicos, pero su alcance estaba muy reducido a pequeños sectores sociales. Era necesario instalarse en el centro de la cultura. Tras siglos de atraso cultural, con la presencia de las órdenes religiosas en el control del sistema educativo privado y la poca atención que el Estado ofrecía a la escuela pública, Madrazo se comprometió en la difusión del pensamiento científico a través de dos instancias que consideraba fundamentales: la Escuela y el Teatro. Educación y regeneración Convencido de que no hay resurgimiento nacional posible sin previa organización de la instrucción pública, decidí plantear el problema, no con el propósito de resolverlo por mis propios humildes recursos, sino para que hombres buenos y competentes concurriesen al patriótico empeño. Reac32 Común a una gran parte del higienismo de la época la crítica del alcoholismo fue uno de las preocupaciones fundamentales de la medicina. Véase R. Campos Marín, Alcoholismo, Medicina y sociedad en España (1876-1923), Madrid, CSIC, 1997. 262 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura cionemos contra esta apatía de muerte. Es una empresa nacional. Hagamos algo sustancial y práctico. Nuestra debilidad es ignorancia. España ha vivido y vive sin cabeza: todo es vientre y tentáculos de pulpo. En una gran colectividad siempre hay margen de aptitudes; la cuestión está en el modo de alumbrarlas. Un brutal egoísmo individualista esteriliza los esfuerzos de nuestra raza. La sociedad moderna ha de construirse a base de justicia, de solidaridad y de cooperación. La creación de estas virtudes ha de ser nuestra preferente finalidad. Comencemos por ejercitarlas, movilizando la inteligencia y el patriotismo para la confección de esta ley33. La idea de que las leyes de la Herencia eran dominantes nunca excluyó la convicción de que la mejora del sistema educativo era una premisa fundamental para la regeneración nacional. Como el Ejército y la Armada, la Escuela conformaba uno de los elementos fundamentales de la identidad nacional, era una obra de patriotismo educar a la sociedad en los valores de la ciencia y una instancia decisiva de la misma realidad social. Fundamento de la regeneración nacional, Madrazo hizo de la educación el complemento imprescindible de las leyes de la Herencia. En 1910 construyó una escuela de primera enseñanza en Vega de Pas; en 1915 dio en el Ateneo madrileño unas conferencias sobre la educación y la herencia y poco después publicó su Introducción a una Ley de Instrucción Pública (1918). En tiempos de la Segunda República volvió sobre el tema al publicar un completo programa de Educación y Pedagogía donde quedaban expresados de un modo transparente sus ideales de una Escuela Única. Difusor de los ideales pedagógicos de Froebel y Pestalozzi, Madrazo fue paulatinamente asimilando los planteamientos educativos del radicalismo francés, de la idea de una escuela pública, gratuita, laica, graduada y obligatoria. No resulta fácil establecer distingos entre el científico y el pedagogo, Madrazo llevó a las aulas los ideales de reforma científica, de regeneración nacional a través de un sistema educativo donde se difundieran los valores del librepensamiento y el método científico, base de su concepción positivista de la vida. La vida es un laboratorio en el que todos los fenómenos son experimentales. Desde el instante que nuestro análisis tropieza con acontecimientos que caen fuera de nuestra sensibilidad, que no han podido ni pueden ser 33 E. D. Madrazo, Introducción a una ley de Instrucción Pública, Madrid, Sucesores de Hernando, 1918, pp. 5-6. 263 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… sometidos á observación, nos las habemos con invenciones ó locuras, ya que no (y esto es lo más grave) con mentiras despreciables con que tratan de engañar al inocente público34. Aprendidos los principios del naturalismo de Claude Bernard, impregnado de los valores del librepensamiento y de la concepción social del radicalismo francés, Madrazo aplicó los fundamentos pedagógicos del solidarismo francés elaborados en el país vecino por M. Herriot, F. Bouisson y M. Lacroix. La Escuela Única fue interpretada como una escuela de ciudadanía, neutral en su dimensión religiosa, estatal, en la garantía de que llegara por igual a todos los ciudadanos, de coeducación para que no estableciera distingos de género, graduada y científica. El sistema educativo se conformaba como un elemento primordial en la difusión de los valores de ciudadanía y democracia35. Empresario y autor teatral La misma función correspondía al teatro. Madrazo vio el arte, y dentro de él la creación literaria36, como un instrumento de difusión de las ideas. Rechazaba el arte por el arte y no encontraba sentido a la creación artística si no era en función de su capacidad para difundir los ideales de regeneración social. Todo drama o comedia –escribió– que no es verdaderamente humano, no es artístico y es feo. Todo personaje escénico que no se ofrece con los caracteres de humanidad, es ficción y fealdad. La verdadera poesía es belleza porque es verdadera. No es bella por expresarse con ritmo y medida, sino por ser reales sus colores, verdaderas sus palabras y oportunas sus ideas. 34 E. D. Madrazo, «Proemio» a Obras de Teatro sobre el Cultivo de la Especie Humana, cit., p. 42. 35 Un plan sistemático de sus ideas sobre Educación y Pedagogía en Ensayos sobre Educación Pública (1932). Véase Enrique D. Madrazo, Escritos sobre Ciencia y Sociedad, Santander, Universidad de Cantabria, 1998, pp. 159-263. 36 Sobre el naturalismo en la literatura véase Francisco Caudet, Zola, Galdós, Clarín. El naturalismo en Francia y España, Madrid, UAM, 1995; Yvan Lissorgues (ed.), Realismo y naturalismo en España en la segunda mitad del sigloXIX, Barcelona, Anthropos, 1988; también Germán Gullón, La novela moderna en España. Los albores de la modernidad, Madrid, Taurus, 1992. 264 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura La poesía es algo que se siente más bien que se explica, algo intrínseco y sugestivo sobre el modo de sentir la naturaleza; es verdadera impresión del concierto de sus leyes: es la ciencia misma. (…) La ciencia es arte y el arte ciencia; ambas tienen por objeto sentir y descubrir la verdad; ambas emplean el mismo procedimiento de observación, y ambas cuentan con el mismo laboratorio, que es la Naturaleza.(…)37 El arte, por lo tanto, sólo es tal en la medida que sirve a un fin, la difusión de las verdades de la ciencia. El teatro viene por ello a cumplir una función social complementaria a la del sistema educativo. El problema que vislumbraba Madrazo en el teatro38 era la crisis que afectaba a las artes escénicas en España, ante el proceso general de vulgarización artística, con la competencia de los toros, el cine y los espectáculos de varietés. De otro lado, el arte crítico y de estilo didáctico y «pesado» que caracterizaba el estilo de Madrazo habría de representar un fuerte handicap para un verdadero éxito de su obra. Para lograr exponer sus ideales Madrazo emprendió una actividaddoble; de un lado, como creador, escribió una docena de dramas y comedias, destinadas a difundir los valores de la Eugenesia; como empresario teatral se hizo cargo de la gestión del Teatro Español en Madrid, dejando la dirección artística a Ramos Carrión. Su compromiso con el teatro desbordó en algún momento el puro espíritu amateur, se imbricó en un proyecto de difusión de ideas que, en su conjunto, constituyó un verdadero fracaso. Poco importaba que sus fines fueran dignos de elogio, el estilo y «pesadez» argumental de sus textos resultaban extraños a los gustos dominantes en el público del momento. Su idea de que los elementos didácticos debían imponerse a los estilísticos hizo que sus obras fuerzan reiterativas y excesivamente directas. Su concepción naturalista del arte le llevó a un rechazo abierto del teatro romántico, donde el artificio y la fantasía dejaban en un segundo plano las verdades de la ciencia y el carácter didáctico que debían impregnar al teatro. «El romanticismo –escribió Madrazo– no llena ninguna finalidad, porque el romanticismo no es hijo de ninguna necesidad humana»39. La fantasía e invención de toda obra creativa debían subordinarse a mostrar las verdaderas leyes de la naturaleza. Los fines, esto es, la enseñanza de la vida, debían subordinar a los medios, al estilo y la forma. 37 «Proemio», pp. 32-33. 38 Para un análisis del teatro en la España de entre siglos véase Antonio Castellón Molina, El teatro como instrumento político en España (1895-1914), Madrid, Endymión, 1994. 39 Ibid., p. 41. 265 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… Con algo más de instrucción se descubrirá la verdadera substancia del arte, la que da satisfacción al sentimiento reflexivo, á un sentimiento más delicado y hondo que el desordenado que salta del instinto del niño y del salvaje. Si el teatro ha de cumplir su empeño de perfección y enseñanza; si ha de servir para analizar la vida y mejorarla, tiene que olvidar toda suertede intrigas y copiar los naturales sucesos, sin otro adobo que la gran belleza desu magnífica realidad40. El resultado de sus ideas le llevó a un teatro de tesis, donde los argumentos y el tratamiento estilístico se subordinaron a la difusión de sus ideales naturalistas, a la defensa de la ciencia como soporte real de la comprensión de las leyes de la naturaleza y su proyección en los hombres y las sociedades. Teatro sobrio y natural representó un ejercicio de didactismo que no pudo calar en el público, más cercano a la sensibilidad del romanticismo, o a las fórmulas más ligeras de las varietés41. El teatro de entretenimiento –sostenía Madrazo– debía dejar paso al teatro interpretado como una fórmula más de difusión de ideas, de enseñanza. El resultado práctico fue una escasa recepción de público, y una crítica de la prensa adversa que llevó a Madrazo a una situación de incomodidad con la crítica especializada en arte y teatro –la muchachería de la prensa– como los calificó Madrazo. Las obras de tesis reclamaban algo más que ideas racionalmente expuestas, exigían un ambiente dramático y una puesta en escena que se escapaban al didactismo y teleología que presidían sus obras. Yo pienso –escribió en esta dirección– que el teatro es la más hermosa de las artes, porque es el instrumento que más propaga la enseñanza de la belleza. El arte del teatro es el que lleva á la conciencia de las multitudes las ideas y perfecciones que los pensadores y la ciencia van conquistando. En el teatro se va preparando toda la evolución social. Es el campo donde primero se siembran las protestas contra las injusticias, el punto de partida de todas las transformaciones42. El naturalismo positivista estaba así presente en todos y cada uno de los dramas y comedias que escribió en la primera década del siglo. En Herencia y Educación Madrazo contrapuso los principios de la herencia y la 40 Ibid., pp. 52-53. 41 Sobre el papel del cuplé y las modas del momento véase S. Salaün y C. Serrano (eds.), España en 1900, Madrid, Espasa-Calpe, 1991. 42 Ibid., p. 60. 272 Cantabria Contemporánea. esCritos de historia polítiCa, CienCia y literatura ni la fiebre de la fábrica ni de la ciudad, pero atendiendo oportunamente a los variados quehaceres, cuya solicitud tampoco le dejan caer en la pereza, viendo crecer sano y fuerte á los rayos del sol y á la inclemencia del tiempo y de la lluvia, aquel puñado de hijos, viendo como su infantil inteligencia se va formando bajo la tutela de la naturaleza, cómo los sentidos van despertando y apreciando cada día, más y mejor, cómo su espíritu de observación se afina, cómo dentro de aquella suelta libertad en que el niño vive se hace responsable de sus acciones51. Este universo social, de carácter agrario, presidido por el pequeño propietario, asistido por su familia y en abierto rechazo del trabajo jornalero expresa muy bien los conceptos sociales básicos de Madrazo. Se distancia de un modo evidente del mundo urbano, de la industria, sus relaciones sociales y laborales y de los modos de vida tanto burgueses como proletarios. Se establece, en definitiva, sobre la idealización de la comunidad rural. Un universo social que está más cerca de la arcadia feliz de carácter preindustrial que de una sociedad moderna. Los nuevos modos productivos y las consecuencias sociales que de ellos se derivan le parecen a Madrazo como una adulteración de la naturaleza, de sus leyes y reglas de reproducción. Como los populistas rusos de la segunda mitad del sigloXIX, Madrazo exaltó la cultura, valores y modos de vida de las comunidades campesinas. A diferencia del socialismo marxista, su concepción social repudiaba una sociedad de clases y su rechazo del antagonismo entre burguesía y proletariado se afirmaba en la propia distancia expresada del darwinismo social, de la lucha de clases, de toda lucha como fundamento de la relación social. El ideal solidario y armónico se centraba en esas comunidades rurales, sin la excesiva división del trabajo, en la colaboración y solidaridad de géneros, de generaciones y de personas, en la armonía entre hombre y naturaleza. La utopía del futuro era esa simbiosis perfecta entre hombre y naturaleza, la superación del egoísmo de clase, la articulación de unas relaciones sociales y humanas presididas por la ciencia, por el ideal eugénico de regeneración de las razas52. 51 Ibid., pp. 329-330. 52 A ello he prestado atención en «Regeneración nacional, eugenesia y socialismo utópico en el Dr. Madrazo», cit. La elaboración más madura de su socialismo utópico es posterior y se realizó sobre todo en los años veinte y treinta, sobre todo en Un siglo de civilización bajo la influencia eugenésica (1930) y Pedagogía y Eugenesia. El cultivo de la especie humana (1932) cuya cronología desborda los límites cronológicos de este ensayo. 273 8. Enrique Diego Madrazo. Ciencia y regeneración nacional en el Santader… Sus planteamientos, sin embargo, no niegan el carácter positivo que presenta el nuevo movimiento obrero en cuya identidad percibe Madrazo el nacimiento de unas nuevas leyes sociales. La deseada regeneración nacional no se lograba con la simple idealización del mundo rural y la familia campesina –solidaria y cooperativa– sino con la capacidad que los nuevos grupos sociales tenían para derribar la burguesía egoísta, asentada sobre los intereses de la Monarquía y la Iglesia. De ahí que siempre viera en el desarrollo del catalanismo y la emergencia del movimiento obrero dos fuerzas positivas para someter a las viejas clases dominantes. Respecto del catalanismo, interpretado como un movimiento de fuerte componente regenerador, no independentista, Madrazo sostuvo su valor eminentemente positivo. Como republicano que durante años vivió en Barcelona siempre guardó un afecto sincero hacia la cultura y sociedad catalanas y quiso ver en el movimiento autonomista el potencial regenerador que faltaba en la sociedad castellana. Su crítica acerba al centralismo le llevó a una idea de España descentralizada que encontraba su futuro en el ideal ibérico, tan del gusto del republicanismo de fin de siglo. Así pues, el iberismo alentó una superación del modelo sociopolítico de Monarquía centralista, tan del gusto de Salmerón y el resto del republicanismo. Respecto del movimiento obrero Madrazo mantuvo una posición doble. De un lado, expresó su simpatía por la emergencia de un movimiento social que ponía en entredicho los modos de vida, las relaciones sociales y jurídicas establecidas por una burguesía egoísta y acaparadora, dotada de una doble moral respecto de los asuntos sociales, pero, al mismo tiempo, se alejó de la política de clase, de las bases doctrinales del movimiento obrero organizado. Su universo social, como vemos, era populista, rechazaba cualquier modelo de darwinismo social, se instalaba sobre la ilusión de una paz social diseñada por la armonía que aportaba el cumplimiento de las leyes naturales. De otro lado, hombre de jerarquía y orden, Madrazo repudiaba cualquier alteración social brusca, el horizonte político que defendía se asemejaba al de los socialistas utópicos premarxistas que soñaron con una sociedad futura armónica, reglada por la ciencia y el cumplimiento de las leyes dictadas por la naturaleza. Cualquier obra humana que alterase éstas premisas estaba destinada al fracaso, el fin del hombre estaba, en definitiva, en el logro de la sintonía entre cultura y naturaleza. SELECCIÓN BIBLIOGRÁFICA agEnJo bUllón, X. y sUárEz Cortina, M. (eds.): Santander fin de siglo, Santander, Caja Cantabria, Ayuntamiento de Santander, Universidad de Cantabria, 1998. alEgría fErnándEz, M.: ADIC. Presencia e influencia de ADIC en la historia de Cantabria, Santander, Tantín, 1990. arambUrU-zabala higUEra, M. Á. (ed.), Leonardo Rucabado Gómez Arquitecto (1875-1918), Castro Urdiales 2008. argos villar, J. C. y gómEz díaz, J. M.: Movimiento obrero en Cantabria, 19551977, Santander, 1982. barrón garCía, J. I.: La economía de Cantabria en la etapa de la Restauración (1875-1908), Santander, Ayuntamiento de Santander/Librería Estudio, 1992. bErmEJo Castrillo, M. A.: «La propuesta de Estatuto de Autonomía de 1936 y la identidad jurídica de Cantabria», en Historia Constitucional, 19 (2018), pp. 282-318. 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