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Lexicografía y toponimia: un maridaje pendiente en los diccionarios regionales

Ortega Ojeda, Gonzalo; González Aguiar, María Isabel; García Rivero, Narés

Abstract

El soporte digital en que se basan, única o alternativamente, la mayoría de los diccionarios modernos permite que estos repertorios puedan acoger informaciones va-riadas casi impensables cuando la única opción eran los diccionarios convencionales en formato papel. Superada la «dictadura» del espacio, los autores de tales obras dis-ponen de nuevas y sugerentes posibilidades de suministrar datos inéditos, a menudo demandados por los usuarios, unos usuarios crecientemente acostumbrados a manejar diccionarios cibernéticos. Así, por ejemplo, las definiciones enciclopédicas de la flora, la fauna, ciertas entidades etnográficas, gastronómicas o lúdicas, etc., siempre deman-daron en los diccionarios, para su cabal entendimiento, el complemento de una ilustra-ción. En la lexicografía tradicional, a menudo, se argumentaba que la inserción de ilus-traciones engrosaba en exceso el diccionario y encarecía su coste. Parece obvio que tales argumentos ya no son de recibo en la nueva era de la lexicografía on line. -- The digital platforms on which most modern dictionaries are based—either exclusively or in combination with other formats—enable these resources to incorporate a wide range of information that was almost inconceivable when conventional print dictionaries were the only option available. Once freed from the “dictatorship” of space limitations, the authors of such works now possess new and stimulating opportunities to provide previously unpublished data, often demanded by users who are increasingly accustomed to interacting with digital dictionaries. For instance, encyclopedic definitions relating to flora, fauna, and certain ethnographic, gastronomic, or recreational entities have always required, for full comprehension, the inclusion of illustrations. In traditional lexicography, it was often argued that the insertion of illustrations excessively increased the size and cost of dictionaries. It now seems evident that such arguments are no longer tenable in the new era of online lexicography.

Full text

Lo que hablan las palabras, 431-439. Lexicografía y toponimia: un maridaje pendiente en los diccionarios regionales Gonzalo ORTEGA OJEDA M.ª Isabel GONZÁLEZ AGUIAR Narés GARCÍA RIVERO INULAB - Universidad de La Laguna El soporte digital en que se basan, única o alternativamente, la mayoría de los diccionarios modernos permite que estos repertorios puedan acoger informaciones variadas casi impensables cuando la única opción eran los diccionarios convencionales en formato papel. Superada la «dictadura» del espacio, los autores de tales obras disponen de nuevas y sugerentes posibilidades de suministrar datos inéditos, a menudo demandados por los usuarios, unos usuarios crecientemente acostumbrados a manejar diccionarios cibernéticos. Así, por ejemplo, las definiciones enciclopédicas de la flora, la fauna, ciertas entidades etnográficas, gastronómicas o lúdicas, etc., siempre demandaron en los diccionarios, para su cabal entendimiento, el complemento de una ilustración. En la lexicografía tradicional, a menudo, se argumentaba que la inserción de ilustraciones engrosaba en exceso el diccionario y encarecía su coste. Parece obvio que tales argumentos ya no son de recibo en la nueva era de la lexicografía on line. A propósito de lo dicho, recuérdese la máxima lexicográfica que rezaba así: Todo diccionario representa una solución de compromiso entre el máximum deseable (en cuanto a extensión [la cursiva es nuestra], selección y método) y el óptimum efectivamente realizable que viene determinado por factores materiales muy prosaicos: el dinero […], el tiempo disponible para su elaboración y la formación teórica y práctica de los colaboradores (Haensch 1982: 239). Una información interesante de esta índole tiene que ver con acoger a pie de artículo aquellas expresiones idiomáticas que contienen más de un nombre, justamente en la entrada de aquellos sustantivos distintos de aquel (palabra clave) en el que se da la información principal. Así, por ejemplo, la frase idiomática canaria llenarle [a alguien] la cachimba de tierra (‘enfadarse, hartarse alguien por las molestias o impertinencias infligidas por otra persona’) debería figurar con su definición bajo la voz cachimba, pero también sería conveniente que apareciera citada bajo la entrada tierra, se trate de un diccionario regional integral o diferencial. De esta forma, se podría apreciar mejor la productividad léxica de determinadas palabras en la fraseología, tal como acontece con la voz canaria gofio, cuya presencia en la fraseología del archipiélago (como primero, segundo o tercer sustantivo) corre pareja a su relevancia gastronómico- Gonzalo Ortega Ojeda M.ª Isabel González Aguiar Narés García Rivero 432 cultural, especialmente en el pasado. Otro ejemplo es el representado por el refrán canario lo que no da millo da zoquera ‘lo que no sirve para una cosa sirve para otra’. Este se definiría en la entrada millo, pero se citaría en la de zoquera. Lógicamente todo esto obligaría a darle entrada a sustantivos no dialectales: v. gr., contigo gofio y cebolla, que aparecería bajo gofio, donde se definiría, y bajo cebolla, donde solo se citaría. Igualmente en el terreno fraseológico-paremiológico, en el que tantas informaciones se han tenido que sacrificar por mor de la falta de espacio, en los diccionarios dialectales también se debería recoger la anécdota o peripecia (su motivación históricoetimológica o lo que algunos tratadistas denominan «análisis a posteriori») que ha dado lugar a una frase hecha o a un refrán 1 , tanto más si la unidad en cuestión se nos presenta cargada de una gran opacidad. Dicho lo dicho, así pues, hoy carecería de lógica la decisión de la Real Academia Española de suprimir de la planta del diccionario oficial los refranes, resolución adoptada a partir de la edición decimonovena (1970) inclusive 2 . A menudo esta información enciclopédica ilumina el significado del fraseologismo de referencia, contribuyendo así a su mejor comprensión, y facilita su arraigo en la competencia lingüística del lector del diccionario. Sirvan como ilustración los siguientes ejemplos canarios: ser [algo] como la obra (de) Santa Ana (GC) ‘ser algo que se tarda mucho en terminar’ (la comparación hace referencia a lo mucho que se tardó en rematar la construcción de la catedral de Las Palmas de Gran Canaria), haber pasado más que el sol de Geneto (Tf) ‘haber pasado muchos trabajos y penalidades’ (este retruécano, basado en una dilogía o silepsis, alude a que en este barrio lagunero se solían pasar muchos higos), más se perdió en/cuando el Valbanera (LP) ‘frase que, en tono justificativo, se dice cuando algo se ha malogrado’ (se alude al buque de ese nombre que naufragó en las costas de Cuba en 1919 y en el que viajaban muchos emigrantes canarios), ser más viejo que la Cruz de Piedra (Tf) ‘ser muy viejo’ (se hace alusión a un monumento de este tipo que se encuentra erigido a la entrada de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna) 3 , etc. Como se 1 El propio DRAE (2001) recogía de vez en cuando, esto es, asistemáticamente, datos de esta naturaleza. Véanse los fraseologismos quemar las naves (por alus. a las naves que destruyó Hernán Cortés al comenzar la conquista de México) ‘tomar una determinación extrema’; y ver las estrellas (por la especie de lucecillas que parecen verse cuando se recibe un gran golpe) ‘sentir un dolor muy fuerte y vivo’. En la vigente edición del DLE (2014) se han eliminado tales informaciones enciclopédicas o culturales. Por otro lado, es oportuno traer aquí a colación que, en el panorama lexicográfico del español, hay diversas obras concebidas precisamente para proporcionar esa justificación histórica: José María Iribarren (El porqué de los dichos), Juan Gil (La ocasión la pintan calva. 300 historia de dichos y expresiones), Néstor Luján (Cuento de cuentos), etc. Esta última obra del famoso gastrónomo y fraseógrafo catalán remeda el título del conocido opúsculo experimental de Quevedo Cuento de cuentos, obrita abigarrada de fraseologismos. 2 En tal sentido, Castillo Carballo (2001: 399) señala que «la idea [de eliminar los refranes] partió de Julio Casares, que en ese momento era secretario de la Real Academia Española, pues pensaba que era conveniente llevar a cabo una compilación léxica de todos ellos y realizar un estudio paremiológico. Asimismo, en la nueva edición aumentó tanto el número de palabras y acepciones, que la presencia de los refranes hubiera supuesto un incremento de volumen muy considerable para el Diccionario». 3 Otros ejemplos de este tipo son los siguientes: en Genovés cuantos ves, en La Culata ni buey ni vaca (Tf) ‘el refrán subrayaba la buena consideración de la que gozaban los habitantes de Genovés, que contrastaba con el concepto que se tenía de los habitantes de La Culata’ (se hace referencia aquí a los Lexicografía y toponimia: un maridaje pendiente en los diccionarios regionales 433 observa, los fraseologismos que más se prestan a ser comentados de forma enciclopédica son las comparaciones populares estereotipadas, ya que muchas de ellas contienen un término de comparación que representa proverbialmente determinada cualidad. Esta información enciclopédica no es exclusiva de la fraseología, sino que se da en otros ámbitos como es el de los topónimos, los antropónimos informales (apodos) y el de ciertos casos «rocambolescos» de metonimia. Así, en un topónimo como La Maquila (Teror, Gran Canaria), más allá de su uso toponomástico y de su significado léxico, presenta una dimensión histórico-cultural: el paraje así denominado le fue embargado a su primitivo propietario por las deudas que en concepto de maquila había contraído con cierto molinero acreedor. Algo análogo ocurre con Los Bucios, apodo de una familia tinerfeña: uno de sus antepasados se dedicaba a vender pescado de manera ambulante, pregonando su mercancía con un bucio ‘caracola de mar grande’, ‘bocina hecha con esta caracola’. Finalmente, y en lo que respecta a algunos casos de metonimia, es un ejemplo muy citado el de la palabra francesa grève, que rectamente significa ‘arenal’ y metonímicamente ‘huelga’: todo parece relacionarse con la famosa plaza parisina Place de Grève (literalmente, ‘Plaza de(l) Arenal’), a la que solían acudir los obreros que se declaraban en huelga 4 . Vicente Álvarez Vives, en «Informaciones básicas para la inclusión de unidades fraseológicas en el Diccionario Histórico Fraseológico del Español (DHISFRAES): propuesta metodológica» (Echenique Elizondo et alii, 2017) aborda la relación entre fraseología y lexicografía. El autor presenta, basándose en los trabajos de Echenique Elizondo (2003) y Burger (2015), una serie de informaciones básicas de las unidades fraseológicas que deben consignarse en el corpus del Diccionario Histórico Fraseológico del Español. Se trata de una propuesta metodológica que pivota en torno a varios aspectos, tales como (a) los datos básicos, (b) el estudio semántico, (c) el estudio estadístico, (d) el estudio histórico, (e) el estudio lexicológico y (f) el estudio contrastivo de cada unidad fraseológica. La concurrencia de toda esta variedad de informaciones permite un conocimiento exhaustivo de cada unidad fraseológica y supone una propuesta viable, dado que, como reconoce este autor, con los recursos tecnológicos actuales «el espacio ha dejado de ser un problema para los lexicógrafos». originales de dos barrios del municipio tinerfeño de Garachico), llover más que cuando se casó Abraham (LP) ‘llover mucho’ (la frase apunta a un personaje del que se decía que, el día de su boda, tuvo que pasar a su mujer a la espalda para cruzar el barranco, a causa de la mucha lluvia), ser más largo que un despeje de Prada (GC) ‘ser muy largo’ (Prada fue un famoso jugador de fútbol del antiguo equipo de Gran Canaria), tener más afición que El Nápoles (Tf) ‘tener o sentir mucha afición por algo’ (la frase se refiere al nombre de un antiguo equipo de fútbol de Santa Cruz de Tenerife), si te vas y me dejas, déjame las cartas viejas (Tf) ‘frase festiva que se emplea para despedir a alguien que amenaza con romper una relación o una amistad’ (la expresión alude a la costumbre antigua de devolverse las cartas los enamorados cuando rompían su relación) o salir más barato que un Cuervo y Sobrino (Tf) ‘salir muy barata una cosa’ (se nombra aquí una famosa marca de relojes que los indianos traían de Cuba). 4 Algo semejante a lo que sucede con gréve habría acontecido con la voz española banco ‘entidad financiera’. La hipótesis etimológica más plausible es que esta palabra terminó adoptando esta acepción porque los primeros prestamistas solían sentarse en un «banco» (o «banca») de la Plaza de San Marcos, en Venecia. Al parecer, algunos de estos prestamistas quebraban, por lo que solían «romper la banca», de donde procedería el vocablo compuesto bancarrota. Gonzalo Ortega Ojeda M.ª Isabel González Aguiar Narés García Rivero 434 Continuando con esta línea argumental y justificativa, una de esas informaciones que, convenientemente jerarquizadas, pueden acoger los catálogos regionales de nuevo cuño se relaciona con la toponimia, con los nombres de lugar 5 . En las líneas que siguen nos detendremos en el maridaje deseable que debería existir entre la lexicografía regional positiva y los corpora de toponimia existentes para la zona concernida. Por nuestra condición de lexicógrafos canarios y por haber centrado nuestra tarea descriptiva y analítica sobre todo en el español de las islas, nos circunscribiremos a esta área del español, en el entendido de que el planteamiento puede hacerse extensivo a otras latitudes hispánicas e incluso al ámbito de los diccionarios generales, en los que es evidente que ya hay muchos arcaísmos que solo se emplean en la toponimia (almunia, berrocal, calonge, camuñas, cueto, etc.) 6 . Muchos de estos sustantivos, recategorizados como topónimos, se suelen oír a menudo como apellidos, dada la gran ductilidad existente entre ciertos nombres de lugar y tales antropónimos: por ejemplo, algunos apellidos que hoy nos resultan poco o nada transparentes no son otra cosa que nombres comunes en origen que, previo paso por la toponomástica, se recategorizaron de nuevo como apellidos: almunia/Almunia, ‘huerto, granja’ (apellido y municipio de Zaragoza), berrocal/Berrocal ‘sitio lleno de tolmos graníticos’ (apellido y municipio de Huelva), calonge/Calonge ‘canónigo’ (apellido y municipio de Gerona), camuñas/Camuñas ‘toda clase de semillas excepto trigo, centeno o cebada’ (apellido y municipio de Toledo), cueto/Cueto ‘sitio alto y defendido’ (apellido y localidad de León), etc. Es claro que los topónimos proceden en su inmensa mayoría de nombres (sustantivos y adjetivos) comunes. Históricamente ha sido el significado de estos nombres el que ha operado de acicate motivador para bautizar a determinado lugar con cierto nombre. En efecto, la toponimia es un sector lingüístico en el que, al menos ab initio, opera la motivación: a un lugar se le suele adjudicar el nombre que merece por alguna circunstancia concurrente más o menos clara. A partir de aquí, es de todo punto natural que los hablantes, que conocen intuitivamente esta condición de la toponomástica, se pregunten qué significa tal o cuál nombre de lugar, aunque este conocimiento no sea, obviamente, imprescindible para el uso funcional de la voz designativa en cuestión. Dicho de otro modo, en todo nombre propio de lugar (y también, aunque más matizadamente, en los antropónimos) late subyacentemente la esencia de un nombre común. Se trate de razones puramente sentimentales o de razones más «elevadas», es lo cierto que un amplio espectro de ciudadanos se pregunta muy a menudo estas cuestiones, tal vez en un intento de clarificar sus propios orígenes como individuos. Lo anterior sugiere la oportunidad de que en los diccionarios regionales de esta nueva hora tecnológica haya informaciones acerca del material toponímico de la 5 Ya en nuestro artículo «Hacia un diccionario integral de regionalismos», mostrábamos la conveniencia de introducir estas informaciones suplementarias (ver Bibliografía). 6 Hay que tener en cuenta que una parte muy considerable de los topónimos, en tanto que nombres comunes en origen, se inscriben en el llamado «léxico disponible», esto es, aquel que se refiere a cierto centro de interés, como el relieve, la flora, la hidrología, etc. Por definición, este léxico se muestra a menudo vulnerable y deviene arcaico. De ahí que en muchos elementos de la toponomástica subyazcan arcaímos. De ahí también que, una vez que se desconocen las voces comunes de las que proceden, ciertos topónimos sean objeto de una evolución fónica muy marcada y franca, que con frecuencia los torna irreconocibles. Lexicografía y toponimia: un maridaje pendiente en los diccionarios regionales 435 circunscripción geográfica afectada, lo cual no excluye, claro está, la conveniencia de que existan complementariamente repertorios consagrados en exclusiva a facilitar las definiciones de los términos comunes (esta vez dialectales y generales) usados en la toponimia correspondiente. Efectivamente, y dado que muchas palabras toponímicas resultan a fecha de hoy enteramente indescifrables desde el punto de vista de su significado léxico subyacente, se plantea la necesidad de elaborar un repertorio lexicográfico que dilucide el significado de las palabras toponímicas en tanto que nombres comunes 7 . Básicamente son tres las informaciones que podrían proporcionarse sobre los topónimos en los diccionarios regionales: en primer lugar, parece interesante consignar el dato de qué voces regionales tienen una presencia notable o común en la toponimia (c. en la toponimia ‘común en la toponimia’). En contra de lo que pudiera pensarse, el número de regionalismos canarios presentes en la toponimia es muy elevado, porque muchos términos tienen que ver con las especiales condiciones orográficas del archipiélago (islas volcánicas) ―lomo, roque, solapón, bufadero, caldera, cabezo, furnia, fajana, etc.―, así como con las botánicas (flora macaronésica y de laurisilva) ―tabaiba, balo, tedera, barbusano, viñátigo, paloblanco, acebiño (aceviño), mocán, etc.―. Un dato adicional de interés es verificar si la diatopía de cierta palabra regional usada en la toponimia es la misma que la del topónimo. Y, cuando tienen adscripciones geográficas parcialmente diferentes, si ese dato no revela alguna inconsecuencia en la indicación geográfica de la voz en tanto que nombre común. Naturalmente, todo lo que decimos presupone la existencia de repertorios toponímicos fiables y completos, que, para el caso de Canarias, sí existen, aunque no siempre respondan, para las distintas islas, a la misma metodología de recolección y al mismo nivel de exhaustividad. Podría darse el caso, además, de que la voz, cuando es usada como topónimo, ya se haya deformado fónicamente, lo cual aconsejaría recoger las distintas variantes bajo las cuales se presenta. Todo esto sabemos que es muy común, pues multitud de topónimos se oficializan bajo significantes no normativos o, en todo caso, divergentes fónicamente respecto de su paralela voz común. Otra información fundamental es la de aquellas palabras que también se dan en la toponimia (t. en la toponimia ‘también en la toponimia’). Es el caso, por ejemplo, de multitud de fitónimos: calcosa (rumex lunaria), hija (laurocerasus Lusitania ssp. Hixa o Prunus lusitánica), morgallona (ranunculus cortusifolius), niota (cedronella canariensis), orijama (neochamaelea pulverulenta), sao (salix canariensis), tajinaste (nombre de varias plantas arbustivas del género echium), etc. Y, en tercer lugar, puede resultar de interés para la lexicografía regional la consignación en los diccionarios de aquellas palabras dialectales (aunque las haya también generales) que ya solo se usan en la toponimia (ya s. en la toponimia ‘ya solo en la toponimia’). Hablamos de voces que tuvieron en otro tiempo el estatuto de usuales pero que, arbitraria o motivadamente, ya hoy no se utilizan. Son arcaísmos léxicos que, sin embargo, siguen vigentes (un modo de estarlo como piezas discretas del vocabulario) en la toponimia: sería, por ejemplo, el caso de ancón ‘andén ancho y llano que se 7 A mayor abundamiento, vid. G. Ortega Ojeda, C. Díaz Alayón y M.ª I. González Aguiar (2010). Gonzalo Ortega Ojeda M.ª Isabel González Aguiar Narés García Rivero 436 prepara para cultivar’, auchón ‘cueva habilitada para vivir en ella o para servir de granero’, time ‘risco alto’, ‘cima’, ‘borde de un precipicio’, ‘borde de una ladera’, chapa ‘trozo de terreno enladerado que se cultiva’, chupadero ‘tipo de suelo que absorbe el agua y, por saturación, la hace aflorar posteriormente’, bica ‘caño, tubo largo y estrecho por donde sale el agua de las fuentes’, gambuesa (ya obsoleto al menos en algunas islas) ‘corral grande de piedra donde, durante la apañada, se recoge el ganado que se cría suelto’, tablado ‘terreno llano’, tablero ‘terreno llano cultivable’ (virtualmente ya anticuado en muchas islas), portela ‘portada’, alfora ‘borbotón de agua’, etc. Esta fosilización es paralela a la que se produce en otros sectores de la onomástica. Es el caso, por ejemplo, de estos dos apodos localizados en La Palma: carcarejo 8 ‘que habla mucho’ y tartamelo 9 ‘tartamudo’. Como sucede con otras muchas informaciones, y como hemos indicado más arriba, en los tres casos mencionados habría de adoptarse el correspondiente sistema de marcas lexicográficas, para ahorrar espacio y para provocar el debido automatismo en el lector a la hora de la consulta. Veamos estos tres casos por separado: En el primer supuesto, en un diccionario de canarismos se podrían señalar aquellas voces dialectales toponímicas que se registran en todas las islas. En este primer caso, en efecto, se encuentran las voces que siguen, referidas, como se observa y como es de esperar, a la orografía peculiar del Archipiélago y, en unos pocos casos, a su flora y a su fauna: andén ‘paso o camino estrecho que bordea una zona escarpada’ (Los Andenes-LP) 10 , baja ‘peñasco grande de superficie relativamente plana, que se encuentra junto o próximo a la costa […]’ (La Baja de los Camellos-Hi), bajón ‘elevación rocosa del fondo marino que no llega a la superficie del agua, ni aun en la bajamar’ (El Bajón del Perchel-GC), barranquera ‘corte, surco o hendidura producida en la tierra por las aguas corrientes, generalmente a causa de fuertes lluvias’ (Las Barranqueras-Hi), barranquillo ‘barranco pequeño que generalmente afluye a otro mayor’ (El Barranquillo-Lz), caldera ‘depresión del terreno en forma circular que, como resultado de una actividad volcánica, se encuentra en muchas montañas de las islas’ (La Caldera de Pedro Barba-Lz), caldereta ‘caldera pequeña en una montaña (La Caldereta-Hi), caleta ‘estrecho entrante del mar en tierra que tiene playa al fondo’ y ‘fondeadero abrigado o ensenada pequeña’ (La Caleta-Tf), caletón ‘entrante prolongado y estrecho del mar en la tierra’ (Los Caletones-Lz), cardón ‘(Euphorbia canariensis) ‘arbusto endémico de las islas, de la familia de las euforbiáceas, que se cría en 8 «El término parece provenir de carcarelho (también cacarejo), que en portugués tiene entre otras la acepción de ‘hablador, gárrulo’ (vid. C. de Figueiredo, Dicionário da lingua portuguesa, s. v., y Guilherme Augusto Simões, Dicionário de expressões populares portuguesas, s. v.)» (Ortega Ojeda, 2005: 439, nota 17). 9 «Este vocablo es de origen portugués (“O mesmo que tartamudo”) (vid. C. de Figueiredo, Dicionário da lingua portuguesa, s. v.)» (Ortega Ojeda, 2005: 439, nota 13). 10 Toda la información toponímica que aquí consignamos está extraída de una base de datos que, a lo largo de los últimos diez años, ha ido elaborando un equipo de investigación en toponomástica del archipiélago, formado por los doctores Gonzalo Ortega Ojeda, Carmen Díaz Alayón y María Isabel González Aguiar, y por el profesor Narés García Rivero. Lexicografía y toponimia: un maridaje pendiente en los diccionarios regionales 437 terrenos incultos y pedregosos’ (Los Cardones-Hi), charco ‘pequeña laguna litoral separada del mar por una faja arenosa o rocosa’ (El Charco del Gato-Hi), charcón ‘laguna que queda en algunas partes de la costa al bajar la marea’ (El Charcón-GC), galería ‘excavación horizontal de considerable profundidad realizada en terreno rocoso, para extraer agua subterránea’ (La Cañada de la Galería-GC), guirre ‘ave rapaz de un metro y medio de envergadura, con el pecho y el vientre blancos, la espalda manchada de negro, blanco y castaño, y las alas con las guías de color negruzco’ (La Montaña de los Guirres-Hi), jable ‘arena blanca de playa’, ‘arena de playa’, ‘terreno de cultivo cubierto de arena marina desplazada por efecto del viento’, ‘arena volcánica’, ‘arena de toba’ y ‘mezcla de arena y callao menudo’ (Morro Jable-Fv), laja ‘piedra plana’ (Las Lajas de Juan Franco-LP), lomo ‘elevación grande y alargada del terreno, más o menos redondeada en la cima’ (Lomo Magullo-GC), roque ‘elevación rocosa y muy escarpada; peñón’ e ‘islote rocoso, alto y escarpado’ (Los Roques de Fasnia-Tf), tabaiba (falta en El Hierro) ‘nombre de varias especies de euforbias ramificadas de tipo arbustivo, que abundan en los terrenos eriales o volcánicos de las islas’ (El Lomo de las TabaibasGC), tablada ‘terreno plano en lo alto de una montaña o risco pequeño; meseta’ (La Tablada de Valle Corto-Fv), tosca ‘roca ligera, de color amarillento o castaño y de consistencia porosa, formada por la acumulación de cenizas o de elementos volcánicos muy pequeños’ (El Caletón de la Tosca-Lz), toscón ‘tosca grande’ (El Toscón-Hi), veril ‘desnivel rocoso y perpendicular en el fondo del mar, en la costa o en un risco’ (El Veril de la Sama-Tf), etc. El segundo apartado está constituido especialmente por muchas palabras fitonímicas. La mayor parte de ellas pertenecen a la flora macaronésica y de laurisilva y, a menudo, se refieren a entidades botánicas que reciben nombres distintos según las diferentes islas. Así, por ejemplo, en Gran Canaria se denomina niota (Las Niotas-GC) al vegetal que, en La Palma y Tenerife, recibe el nombre de algaritofe (Cedronella canariensis). También sería el caso de vinagrera (Las Vinagreras-LP), general en todas las islas, frente a calcosa (El Pozo de las Calcosas-Hi), ambas alusivas a la especie rumex lunaria. A este segundo grupo correspondería también la hija (La Degollada de las Hijas-Tf), de nombre científico Prunus lusitanica. En el tercer caso, amén de los ejemplos ya nombrados, constituyen una excelente ilustración muchos nombres colectivos de referencia fitonímica: acebiñal (El Acebiñal-Tf), escobonal (El Escobonal-Tf), tabaibal (El Tabaibal Chico-LP), verodal (La Punta del Verodal-Hi)…, pues se constata que tales sustantivos, o no los utiliza nadie, o únicamente los emplean como tecnicismos los especialistas en botánica y, de ordinario, defectivamente solo en la lengua escrita 11 . En efecto, aunque es claro que hay unos pocos que sí se utilizan, como pinar, lo más habitual es que el común de los usuarios canarios emplee, en vez del fitónimo colectivo (acaso vigente en otras épocas), el plural del primitivo correspondiente. Así, en lugar de «allí había un acebiñal», «allí había unos acebiños»; en vez de «aparcamos junto a un tabaibal», «aparcamos junto a un sitio lleno de tabaibas»; en lugar de «el conejo se nos perdió en un escobonal», «el 11 Con escasa coherencia, en algunos diccionarios dialectales se recogen como voces comunes vigentes algunas (como tabaibal o verodal) que ya solo se emplean como nombres propios. Tales casos hacen aún más patente la conveniencia de adoptar una marca restrictiva en este sentido. Gonzalo Ortega Ojeda M.ª Isabel González Aguiar Narés García Rivero 438 conejo se nos perdió en unos escobones», etc. Precedida de la correspondiente marca de vigencia (ya s. en la toponimia), esta información lexicográfica, que habrá de requerir una entrada ad hoc en el diccionario correspondiente, es todavía más perentoria en los catálogos dialectales cuando el nombre colectivo fitonímico no se forma mecánicamente a partir de su primitivo, como sucede en el caso de drago → (dragonal) → Dragonal (‘lugar poblado de dragos’) (El Dragonal Bajo-GC), que en teoría debería haber dado *dragal. En todos estos supuestos el diccionario habrá de cubrir de manera adicional una función etimológica. BIBLIOGRAFÍA CASTILLO CARBALLO, M.ª Auxiliadora (2001): “La fijación sintagmática en el diccionario”. En Elena Méndez García de Paredes, Julia Mendoza y Yolanda Congosto Martín (coords.), Indagaciones sobre la lengua: estudios de filología y lingüística españolas en memoria de Emilio Alarcos. 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