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La psicología como objeto de los saberes ancestrales mesoamericanos: contrabalanceando el privilegio epistémico del monólogo europeo-estadounidense

Pavón-Cuéllar, David

Abstract

La negación de la condición intrínsecamente autoconsciente y reflexiva de los indígenas es una actitud racista, despreciativa y discriminatoria que prevalece desde hace ochenta años en la psicología mexicana. Con el predominio de esta actitud, no puede haber ningún diálogo de saberes, sino solo una simulación de diálogo que es en realidad un monólogo típicamente colonial en el que los pueblos originarios, en lugar de ser escuchados, son observados y hablados en términos diferentes de los suyos. En lugar de seguir procediendo así al emplear las categorías psicológicas europeas-estadounidenses en la objetivación de los pueblos originarios de Mesoamérica, el presente capítulo toma la psicología como objeto de algunos saberes ancestrales mesoamericanos. El objetivo es prepararnos para un posible futuro diálogo al equilibrar las posiciones dialogantes, al ponerlas en un mismo nivel, al contrabalancear el privilegio epistémico del monólogo académico europeo-estadounidense. Para que tal vez un día el monólogo se convierta en un diálogo, debemos empezar por someterlo a una crítica desde la perspectiva que ha sido siempre desestimada, excluida y silenciada.

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2 Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Instituto de Investigaciones Históricas DEL DIÁLOGO DE SABERES AL DIÁLOGO DE HACERES ENTRE LA ACADEMIA Y LOS PUEBLOS ORIGINARIOS Amaruc Lucas Hernández Fernando Walter Bernal Brooks Gerardo A. Hernández Cendejas Mónica Lorena Borda Niño Coordinadores Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo Instituto de Investigaciones Históricas Este libro fue evaluado por pares académicos el 2 de diciembre de 2024, a solicitud del Consejo Editorial de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, entidad que resguarda los dictámenes correspondientes. Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios Amaruc Lucas Hernández, Fernando Walter Bernal Brooks, Gerardo A. Hernández Cendejas, Mónica Lorena Borda Niño, coordinadores Primera edición 2025 D.R. © Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo 2025 Instituto de Investigaciones Históricas Instituto de Investigaciones Históricas. Edificio C-1, Área de Institutos, Ciudad Universitaria Av. Francisco J. Múgica S/N, Villa Universidad. C.P. 58004, Morelia, Michoacán, México, coor[email protected] Diseño de portada: Itzel Álvarez Contreras Ilustración de portada: René Luis Rubio Garibay Formación editorial: Laura Valdivia Moreno Cuidado editorial: Amaruc Lucas Hernández y Laura Valdivia Moreno ISBN del volumen impreso: 978-607-542-337-1 ISBN de la colección: 978-607-542-261-9 Queda prohibida la reproducción parcial o total del contenido de la presente obra sin contar previamente con la autorización expresa y por escrito del titular, en términos de la Ley Federal de Derechos de Autor, y en su caso, de los tratados internacionales aplicables: la persona que infrinja esta disposición se hará acreedora a las sanciones legales correspondientes. Editado en México Edited in Mexico F1220 D53 2025 Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios / Amaruc Lucas Hernández, Fernando Walter Bernal Brooks, — Gerardo A. Hernández Cendejas, Mónica Lorena Borda Niño, coordinadores, 1ª ed. Morelia, Michoacán de Ocampo, México: UMSNH, Instituto de Investigaciones Históricas, 2025. 310 pp. : 14.5 x 22 cm. ISBN del volumen: 978-607-542-337-1 ISBN de la colección: 978-607-542-261-9 1. Pueblos originarios de México – Historia – Congresos 2. Medicina tradicional – Historia – Michoacán de Ocampo, México – Congresos 3. Agricultura – Michoacán de Ocampo, México – Congresos ÍNDICE PREFACIO Fernando Walter Bernal Brooks 9 INTRODUCCIÓN Amaruc Lucas Hernández 15 IONTKI KA IASÏ ANAPU . PASADO Y PRESENTE. EL JARDÍN ETNOBIOLÓGICO DE MICHOACÁN Amaruc Lucas Hernández 29 DIÁLOGO DE SABERES, HACERES, PENSARES Y SENTIRES. HACIA LA CONSTRUCCIÓN DE GRUPOS DE INVESTIGACIÓN TRANSDISCIPLINARIOS E INTERCULTURALES Jorge Arturo Argueta Villamar 53 DESACTIVAR LOS DUALISMOS EUROCÉNTRICOS DESDE UNA ECOLOGÍA DE LAS PRÁCTICAS Sergio de Zubiría Samper 71 ETNICIDAD, RECONOCIMIENTO Y DIÁLOGO DE SABERES José Eduardo Zárate Hernández 87 LA PSICOLOGÍA COMO OBJETO DE LOS SABERES ANCESTRALES MESOAMERICANOS CONTRABALANCEANDO EL PRIVILEGIO EPISTÉMICO DEL MONÓLOGO EUROPEO-ESTADOUNIDENSE David Pavón Cuéllar 99 LOS SABERES DE LA TSINÁJPEKUA COMO MIRADA CRÍTICA AL CONOCIMIENTO HEGEMÓNICO APUNTES HACIA UN DIÁLOGO DE SABERES Erandi Medina Huerta, María Virginia Santiago Toral y José Toral Cervantes 115 LAS PLANTAS MEDICINALES UNA RELACIÓN ENTRE EL CONOCIMIENTO TRADICIONAL Y EL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO Maribel Torres García 129 LA GESTIÓN Y LA PRÁCTICA DE LOS SABERES MÉDICOS TRADICIONALES INDÍGENAS Juan Gallardo Ruiz 141 MÁRU UANTAKUEECHA ÍNKAKSÏ TEPEKURHIJKA TSINAP’EKUARHU E. Fernando Nava L. 167 DIVERSIDAD BIOCULTURAL Y HUERTOS FAMILIARES RESCATE DEL TRASPATIO CULTURAL ME’PHAA EN LA MONTAÑA DE GUERRERO, MÉXICO Antonino González, Mónica L. Borda Niño, Diego Hernández-Muciño 181 HUERTOS FAMILIARES EN MÉXICO María de Jesús Ordóñez Díaz 205 AMBIENTE Y TERRITORIO EN EL LAGO DE PÁTZCUARO: GEOGRAFÍA AMBIENTAL DESDE EL DIÁLOGO DE SABERES Gerardo A. Hernández Cendejas, Laura Chang y Humberto Rendón 221 PENSAMIENTO COMPLEJO, INTERCULTURALIDAD Y CONTRIBUCIÓN DEL JARDÍN ETNOBIOLÓGICO P’URHÉPECHA A NIVEL ECOSISTÉMICO AMPAKITI ERATSEKUA, MAMARU JÁSÏ IREKAKUA KA IMA ÉNKA JARDÍN ETNOBIOLÓGICO P’URHÉPECHA KÚP’ANT’AAKA IÁMENTU JÁSÏ K’UIRIPEPUKUARHU Fernando W. Bernal Brooks, Pablo Alarcón Cháires, Antonio de la Cruz, Crescencio Méndez y Alberto Rojas Zamorano 247 DIÁLOGO DE SABERES EN UN PROCESO DE EDUCACIÓN SOCIOAMBIENTAL A TRAVÉS DEL ARTE CON LA COMUNIDAD PURHÉPECHA DE SANTA FE DE LA LAGUNA, MICHOACÁN Luciana Raggi, Diego Subercaseaux y Paulina Sánchez 259 COLOFÓN. EL MAÍZ, ALIMENTO PRIMORDIAL EN MICHOACÁN (MÉXICO) INVESTIGACIÓN ACCIÓN PARTICIPATIVA DESDE UN DIÁLOGO DE SABERES Fernando W. Bernal Brooks, Cristina Mapes Sánchez, Quetzalcóatl Orozco Ramírez, Juan Pulido Secundino, José Manuel Torres Marcos 281 99 LA PSICOLOGÍA COMO OBJETO DE LOS SABERES ANCESTRALES MESOAMERICANOS CONTRABALANCEANDO EL PRIVILEGIO EPISTÉMICO DEL MONÓLOGO EUROPEO-ESTADOUNIDENSE David Pavón Cuéllar1 Facultad de Psicología Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo La psicología mexicana y su racismo explícito hacia los pueblos originarios Los psicólogos y las psicólogas de México han tenido siempre mucho que decir acerca de los pueblos originarios de su país. No es cierto que estos pueblos hayan sido ignorados u olvidados por la psicología mexicana. Por el contrario, han sido para ella constantemente un objeto de interés y estudio. Ya en el umbral del siglo xx, en 1899, Francisco Bulnes diagnosticó en los pueblos originarios una condición “desfosforada”, resultante del consumo de maíz, que se manifestaría en síntomas como la “falta de potencia mental” y el “aspecto soñoliento, embrutecido” y “melancólico como el de los cementerios”.2 La asociación del indígena con lo muerto, que sin duda obedecía menos a la realidad que al deseo de Bulnes, venía aquí acompañada por una inferiorización racial bien disimulada en una forma pseudocientífica. La supuesta ciencia psicológica servía a una lógica racista característica de la sociedad porfiriana. Un año después de Bulnes, en 1900, los pueblos originarios captaron la atención de Ezequiel Chávez, el pionero de la psicología moderna en México. Entregándose a prejuicios raciales como los de 1 Correo electrónico: da[email protected]x. 2 Bulnes, El porvenir, p. 25. 100 Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios Bulnes, el psicólogo Chávez caracterizó a los indígenas como seres “indiferentes” e “inconmovibles”, incluso “inertes”, que obstaculizaban el progreso de los países latinoamericanos.3 Les atribuyó una “atonía secular” y una sensibilidad “casi visceral” y hasta “vegetativa”.4 La imagen del indígena que nos ofrece Chávez es la de un ser primitivo, pasivo, insensible, más animal y vegetal que humano. Esta deshumanización, que tiene sus precedentes en Ginés de Sepúlveda y González de Oviedo, es un ejemplo extremo del racismo de la psicología mexicana en sus orígenes históricos. El racismo de los psicólogos hacia los indígenas persistió en los siguientes años, incluso después de los tiempos revolucionarios, como puede comprobarse en los trabajos de José Gómez Robleda sobre p’urhépechas, zapotecas y otomíes.5 En su estudio sobre los p’urhépechas en 1943, Gómez Robleda se dio a la tarea de elucidar “hasta qué punto son o no los indios degenerados o inferiores” y “dónde residen las posibilidades para su incorporación a la actual vida civilizada”.6 Su reconfortante conclusión fue que los p’urhépechas no padecían de inferioridad ni degeneración, pero sí de una “deficiencia” que podría superarse al hacerlos abandonar sus “pueblos insalubres”, sus vidas “monótonas” y sus lenguas e industrias “primitivas”.7 En suma, el renombrado psicólogo José Gómez Robleda prescribe la destrucción de la cultura p’urhépecha como remedio contra la deficiencia que atribuye a los indígenas. La psicología mexicana y su racismo implícito hacia los pueblos originarios El racismo de la psicología mexicana parece atenuarse después de Gómez Robleda. Sin embargo, tras la apariencia, no es que el racismo se atenuara, sino que se volvió cada vez más discreto, soterrado, insidioso. Quizás dejara de manifestarse explícitamente en el 3 Chávez, “La sensibilidad”, pp. 30-32. 4 Chávez, “La sensibilidad”, p. 43. 5 Gómez Robleda, Pescadores y campesinos tarascos; Estudio biotipológico de los zapotecas; Estudio biotipológico de los otomíes. 6 Gómez Robleda, Pescadores y campesinos tarascos, p. XLV. 7 Gómez Robleda, Pescadores y campesinos tarascos, pp. 394-399. 101 La psicología como objeto de los saberes ancestrales mesoamericanos nivel superficial de lo enunciado, pero no dejó de operar de manera implícita en la enunciación. Desde hace ocho décadas, la principal forma en que opera el racismo de la psicología mexicana es la reducción de los indígenas a la condición de objetos sobre los que no se deja de hablar, pero a los que no se les escucha, como si ellos no tuvieran nada relevante que decir acerca de sí mismos. Los psicólogos proceden, en efecto, como si los indígenas carecieran de formas de autoconciencia y reflexividad propias, fundadas en sí mismos y adecuadas para su propio ser. Es por eso que se les aplica la psicología europea-occidental, bajo el supuesto de que los profesionales de esta psicología conocen y comprenden a los indígenas mejor que ellos mismos, pudiendo explicar mejor sus comportamientos y curar mejor sus trastornos. Por decirlo en pocas palabras, los profesionales mexicanos de la psicología siguen imaginando que en el plano psicológico saben sobre los indígenas más que los propios indígenas. Continúan incurriendo así en un evidente racismo cultural epistémico, el consistente en desdeñar y descalificar los saberes de otras culturas, en este caso los saberes ancestrales mesoamericanos sobre la subjetividad. Estos saberes suelen ser concebidos por los psicólogos y las psicólogas de México, en efecto, como inválidos, poco serios, no-científicos, no basados en evidencia, puramente intuitivos, basados en creencias, epistemológicamente inferiores al supuesto saber científico psicológico. La afirmación del supuesto saber científico de la psicología mexicana, que no suele ser más que una prolongación de la psicología pseudo-científica europea-estadounidense, tiene como correlato la negación de los saberes ancestrales mesoamericanos. El reconocimiento de estos saberes ancestrales exigiría poner límites a la psicología, que no es una ciencia universal, sino una constelación heterogénea de ideas culturalmente determinadas sobre la subjetividad occidental moderna. Estas ideas tan solo pueden tener algún sentido para los pueblos originarios en la medida en que han sido colonizados, evangelizados y occidentalizados, pero hay afortunadamente algo más que resiste y que resulta incognoscible e incomprensible para la psicología. Las psicólogas y los psicólogos de México proceden como si no existiese aquello indígena que escapa a sus categorías occidentales. Aplican estas categorías y se basan en autores europeos y 102 Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios estadounidenses para estudiar psicológicamente a los pueblos originarios de Mesoamérica. Llama la atención que los saberes ancestrales mesoamericanos sean escrupulosamente evitados al tiempo que se recurre a teorías, modelos y conceptos de psicólogos provenientes de Estados Unidos y de casi cada país de Europa. Evitando los saberes ancestrales mesoamericanos Entre los años 1940 y 1961, Gómez Robleda siguió la biotipología de los italianos Giacinto Viola, Mario Barbara y Nicola Pende al estudiar a los otomíes, zapotecas y p’urhépechas.8 Luego, en los años cincuenta, el austriaco Sigmund Freud guió a Santiago Ramírez9 y a Francisco González Pineda10 en su análisis del núcleo indígena de la mexicanidad. Este mismo núcleo fue estudiado, primero, en los años sesenta, por Aniceto Aramoni, quien se basaba en el alemán Erich Fromm11; y luego, en los años noventa, por Manuel Aceves, quien prefirió inspirarse en el suizo Carl Gustav Jung.12 Entretanto, en los años ochenta, Livia Sedeño y María Elena Becerril eligieron la etnopsiquiatría del francés Georges Devereux y el psicoanálisis del también francés Jacques Lacan para estudiar a los niños nahuas.13 Paralelamente, en la tradición empirista y cientificista que va de Ezequiel Cornejo Cabrera14 a la etnopsicología de Rogelio Díaz Guerrero15 y sus seguidores, los pueblos originarios son abordados a través de los exponentes mayoritariamente estadounidenses de la psicología dominante en el mundo. Esta clase de referentes prevalece después del año 2000. Así, por ejemplo, las teorías de la identidad social del polaco-británico Henri Tajfel y de la identidad étnica de los estadounidenses Jean S. Phinney y Anthony D. Ong orientan 8 Gómez Robleda, Pescadores y campesinos tarascos; Estudio biotipológico de los zapotecas; Estudio biotipológico de los otomíes. 9 Ramírez, El mexicano. 10 González Pineda, El mexicano. 11 Aramoni, Psicoanálisis de la dinámica de un pueblo. 12 Aceves, El mexicano. 13 Sedeño y Becerril, Dos culturas y una infancia. 14 Ezequiel Cornejo, Estudio de psicología experimental. 15 Díaz-Guerrero, Psicología del mexicano. 109 La psicología como objeto de los saberes ancestrales mesoamericanos El individualismo psicológico, por cierto, aparece también como una enfermedad en varios pueblos originarios de Mesoamérica. Estos pueblos aún saben algo que los psicólogos y las psicólogas tienden a olvidar: que hay una patología en el alma que se aparta de la comunidad, en el mundo interno que solo es individual, en el individuo aislado, ensimismado, encerrado en sí mismo y desvinculado de su propio ser comunitario. El ideal psicológico individualista del sujeto centrado en sí mismo, individualmente asertivo, posesivo y competitivo, corresponde a un trastorno anímico en la visión de los pueblos originarios mesoamericanos. Paul Turner ha observado que los chontales interpretan el individualismo como un mal provocado por brujería maligna.29 William Holland ha registrado que los tsotsiles explican la enfermedad mental por el repliegue individualista de los sujetos.30 Este repliegue psicopatológico, generalizado en las sociedades modernas occidentales, subyace al surgimiento y al desarrollo de la especialidad psicológica científica y profesional. No es casualidad que la psicología sea individualista. El individualismo, característico de la modernidad occidental, es el suelo cultural e histórico del que brota lo psicológico. Podemos decir entonces que la psicología, desde una perspectiva mesoamericana, es un síntoma y un producto de la patología individualista. Lo que enferma a los chontales y a los tsotsiles en la sociedad moderna es lo mismo que produjo la psicología, la cual, por lo tanto, solo es un signo de esa enfermedad. A diferencia del homo psychologicus enfermo en su individualismo, el indígena mesoamericano es un ser comunitario. La comunidad ciertamente está en su exterior, pero también en su interior, en lo más profundo e íntimo de su psiquismo, en el corazón de su propio ser. Hay aquí, en cada sujeto, un corazón comunitario, aquel al que los antiguos nahuas llamaban “teyolía”, que podemos representarnos, siguiendo a Alfredo López Austin, como el brote de un árbol inmenso en el que se comprende todo lo que existe.31 29 Turner, Los chontales de los altos, p. 150. 30 Holland, “Psicoterapia maya”, p. 267. 31 López Austin, Las razones del mito, pp. 104-106. 110 Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios Crítica del especialismo Ya desde la época prehispánica, los indígenas mesoamericanos conciben a cada sujeto como la expresión de una comunidad no solo humana, sino animal, vegetal y hasta mineral. Todo lo que existe se condensa y manifiesta de algún modo en la subjetividad singular de cada uno de nosotros. Cada uno es una subjetivación y singularización de todo. La totalidad se precipita en cada uno de sus elementos, ya sean animados o inanimados, inhumanos o humanos. Cada uno de nosotros, por lo tanto, no puede ser comprendido sin comprender lo demás. Los pueblos originarios de Mesoamérica suelen saber que el buen conocimiento del maíz o del bosque puede revelarnos aspectos del alma humana que un especialista en psicología nunca podría vislumbrar. Los psicólogos y las psicólogas se confinan en una especialización que limita su aprehensión y su comprensión no solo del mundo, sino también de un sujeto del que percibimos y entendemos poco al extraerlo y abstraerlo del mundo. El especialismo, como lo llamaba José Ortega y Gasset, nos impide así conocer incluso aquello en lo que nos especializamos.32 A diferencia de los especialistas de la psicología que saben tan poco sobre lo que estudian, los indígenas han mantenido vivos sus saberes ancestrales sobre la subjetividad al no dejar de ser campesinos o artesanos por ser brujos o curanderos. Esto sucede incluso entre los que forman parte de una élite de iniciados, como los h-menob, los herederos mayas yucatecos del Alto Conocimiento a los que Miguel Alberto Bartolomé considera una suerte de psicólogos.33 Lo cierto es que son algo mucho mejor que los profesionales de la psicología, ya que no se limitan a estudiar solo un objeto que no tiene sentido por sí mismo, sino que indagan y alcanzan un amplio saber sobre aquello en lo que el objeto se inserta, aquello que le da sentido, como el cuerpo y la cultura, la historia y la comunidad, el mundo y la tierra, la milpa y la selva. Los sabios indígenas conocen el árbol del que solo somos ramas. Es así como logran entender lo que pasa en las ramas, cuyo enigma 32 Ortega y Gasset, La rebelión de las masas, pp. 171-178. 33 Bartolomé, La dinámica social de los mayas, p. 220. 111 La psicología como objeto de los saberes ancestrales mesoamericanos está en el árbol, en el teyolía de los antiguos nahuas, en el yolo de muchos de sus descendientes o en el ool de los mayas yucatecos.34 En estos pueblos, como en otros de Mesoamérica, se ha comprendido que somos el mundo, que nos comprendemos al comprenderlo, que nos cuidamos al cuidarlo y que nos destruimos al destruirlo. Conclusión Si los seres humanos estamos destruyendo el mundo a paso acelerado, es en parte porque nos representamos a nosotros mismos de manera diferente que aquellos pueblos originarios mesoamericanos que aún preservan su conciencia de ser el mundo. Ellos se reconocen en el mundo que por ello se obligan a cuidar, mientras que nosotros nos desconocemos en ese mundo que estamos destruyendo, no siendo capaces de ver nuestra propia autodestrucción en la destrucción del mundo. Nuestra incapacidad, nuestra ceguera, se pone de manifiesto en la psicología y en las demás ciencias humanas y sociales. Todas ellas, distinguiéndonos de lo que destruimos, contribuyen a que aceptemos cumplir nuestra función destructiva en un sistema capitalista que ha suprimido ya la mitad de la vida en la Tierra y que se apresura a destruir la otra mitad. En el capitalismo, la psicología es una ciencia o pseudo-ciencia del individuo que está devastando al mundo: el individuo que se desvincula de lo demás, el hedonista y consumista, el productivo, asertivo, competitivo, posesivo y acumulativo. Este individuo no es ni siquiera exactamente un sujeto, sino más bien un objeto del único sujeto en el capitalismo, del capital y sus diversos dispositivos, entre ellos la propia psicología. Por el contrario, las concepciones mesoamericanas de la subjetividad se refieren a un sujeto en el sentido más radical del término, un sujeto inobjetivable, no solo individual ni desvinculado ni encerrado en sí mismo, sino comunitario, abierto y asimilado al mundo. Este sujeto, que ya está salvando al mundo cada vez que un indígena defiende y protege a la naturaleza como a su propio ser, no puede tener un lugar en la psicología existente. 34 Pavón-Cuéllar, Más allá de la psicología indígena, pp. 7-10. 112 Del diálogo de saberes al diálogo de haceres entre la academia y los pueblos originarios Hay razones existenciales y políticas de mucho peso para la defensa y la reivindicación del sujeto de los pueblos originarios de Mesoamérica. Para defenderlo y reivindicarlo, habría que evitar psicologizarlo. No deberíamos concebirlo psicológicamente, convirtiéndolo así en lo contrario de lo que es. Más bien debemos concebirlo a su modo y oponerlo al objeto de la psicología. Esto nos exige entrar en conflicto con el monólogo académico de la psicología europea-estadounidense. Referencias Aceves, Manuel, El mexicano: alquimia y mito de una raza, Ciudad de México, Joaquín Mortiz, 1991. Acosta Márquez, Eliana, “La relación del itonal con el chikawalistli en la constitución y deterioro del cuerpo entre los nahuas de Pahuatlán, Puebla”, Dimensión Antropológica, Año 20, Núm. 58, (2013), pp. 115-148. Aramoni, Aniceto, Psicoanálisis de la dinámica de un pueblo, Ciudad de México, unam, 1961. Arias, Jacinto, El mundo numinoso de los mayas, Ciudad de México, sep, 1975. Bartolomé, Miguel Alberto, La dinámica social de los mayas de Yucatán, Ciudad de México, ini, 1992. 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