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Capítulo V Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño (1855-2000)1 Antonio M. Linares-Luján,2 Francisco M. Parejo-Moruno 3 INTRODUCCIÓN La literatura antropométrica sostiene que la estatura alcanzada al final de la etapa de crecimiento físico (18-22 años) es la expresión del «estado nutricional neto» (Steckel, 1995), es decir, lo que queda de la nutrición tras descontar la energía consumida por el metabolismo basal, el esfuerzo físico y la enfermedad (Floud, 1991). Desde esta perspectiva, la estatura adulta puede ser considerada como una medida alternativa del nivel de vida biológico (Komlos, 1985), en tanto que sintetiza la influencia de algunas de las variables más importantes del bienestar físico: cantidad y calidad de la nutrición, salud, higiene, ingreso familiar, precio y tecnología de los alimentos, salubridad medioambiental, condiciones de trabajo… 1 Esta investigación ha contado con una de las ayudas a grupos de investigación (GR21166) que financia la Junta de Extremadura con cargo al Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). Forma parte también del proyecto de investigación PID2020-113793GB-I00, financiado por MCIN/AEI /10.13039/501100011033, así como de la red de investigación PHA-HIS RED2018-102413-T, financiada por MCIN. 2 Universidad de Extremadura. Correo-e: <alinar[email protected]>. 3 Universidad de Extremadura. Correo-e: <fmpar[email protected]>.
130 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno (Eveleth y Tanner, 1976; Bogin, 1999; Martínez-Carrión, 2001). De la misma manera, y dada la capacidad de la altura para captar las circunstancias en las que se produce el desarrollo infantil y juvenil, la investigación antropométrica ha puesto de relieve la potencialidad de la estatura para estudiar la desigualdad como una dimensión específica del bienestar (Cámara et alii, 2019). Las diferencias de estatura por género, etnia, oficio, riqueza, estatus social, nivel educativo e, incluso, entre barrios de una misma ciudad o hermanos de una misma familia han servido para analizar en profundidad la desigualdad en diferentes partes del mundo (Quiroga, 2001; Guntupalli y Baten, 2006; Cinnirella, 2008; Martínez-Carrión y Puche, 2009; Floud et alii, 2011; Baten y Blum, 2012; Schoch et alii, 2012; Inwood y Masakure, 2013; Deaton, 2013; Núñez y Pérez, 2014; Blum, 2016; Inwood et alii, 2015; Meinzer y Baten, 2016; Ramon-Muñoz y Ramon-Muñoz, 2017; Varea et alii, 2019). Dentro de las variables de contraste, el lugar de residencia y, más concretamente, la brecha de alturas entre el mundo urbano y el medio rural ha sido uno de los temas estrella en el análisis de la desigualdad antropométrica. El estudio de tal diferencia ha estado y sigue estando condicionado por la hipótesis urban height penalty, aquella que proclama la existencia de una penalización física entre la población urbana como consecuencia de la industrialización y la urbanización. Esta hipótesis, nacida en el análisis histórico de la disminución de la mortalidad infantil (Pérez Moreda et alii, 2015), parece funcionar bien cuando se aplica a los países pioneros de la Revolución Industrial, fundamentalmente los de Europa noroccidental, pero no encaja con la experiencia de otros territorios, incluidos los del resto del Viejo Continente, ni en la cronología de los hechos, ni en la propia constatación de una supuesta ventaja antropométrica en el mundo rural (rural height premium).4 En España, la literatura especializada coincide en señalar que la brecha de alturas entre el campo y la ciudad ha sido históricamente más compleja de lo que parece (Martínez-Carrión et alii, 2014; Cámara et alii, 2019; Puche et alii, 2023). Algunas tendencias, sin embargo, resultan claras. Los pocos territorios en los que hubo indicios de penalización urbana 4 Para una síntesis actualizada de los debates a los que ha dado lugar la hipótesis de la penalización urbana, véase el trabajo de Ramon-Muñoz y Ramon-Muñoz (2024).
131 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño durante los siglos xix y xx fueron aquellos en los que, tarde o temprano, se afianzó la primera industrialización y/o en los que el desarrollo del sector agrario permitió mantener altos niveles de nutrición. En el primer caso (Bilbao, Igualada, Reus, Elche o Alcoy, por ejemplo), las duras condiciones de trabajo y el uso de mano de obra infantil en fábricas y minas, el rápido crecimiento demográfico y el consiguiente hacinamiento de la población urbana, así como la degradación ambiental y epidemiológica de las ciudades, crearon el contexto adecuado para el deterioro del nivel de vida biológico, al menos temporalmente (Martínez-Carrión y Pérez-Castejón, 1998; Puche, 2011; Ramon-Muñoz y Ramon-Muñoz, 2016; Puche y Cañabate-Cabezuelos, 2016; Pérez-Castroviejo y Martínez-Carrión, 2018). En el segundo caso, no excluyente (País Vasco o Valencia), la mejor distribución social de la propiedad de la tierra, la mayor especialización agraria y/o la mejora técnica de la agricultura permitieron mantener en el campo un nivel de nutrición superior al registrado en la ciudad, garantizando así la ventaja antropométrica en el medio rural (Martínez-Carrión y Pérez-Castejón, 2002; Ayuda y Puche, 2014; Martínez-Carrión et alii, 2016; Pérez-Castroviejo y Martínez-Carrión, 2018). En estas circunstancias, el análisis del caso extremeño resulta, cuando menos, bastante oportuno. Conviene precisar al respecto que, a diferencia de la mayoría de los territorios estudiados hasta ahora, la Revolución Industrial pasó de puntillas por Extremadura (Zapata, 1996). Ni siquiera durante el «desarrollismo español» (1959-1974), la región dejó de ser ese «desierto manufacturero» que comenzó a fraguar a finales del siglo xviii (Llopis, 1993). En consecuencia, o debido a ello, Extremadura nunca se ha caracterizada por la existencia de ciudades grandes, insalubres o superpobladas. Si a esta realidad histórica sumamos una agricultura de secano de muy baja productividad, dominada por la gran explotación agraria, la alta concentración de la propiedad de la tierra y la proletarización de la familia campesina, la región se convierte en un magnífico laboratorio de pruebas para testar la hipótesis de la existencia (o ausencia) de una brecha rural-urbana en términos de bienestar biológico. Como, además, el análisis que planteamos está basado en una muestra de estaturas especialmente profusa (120 078 registros) y dilatada en el tiempo (1855-2000), creemos que los resultados de nuestro trabajo resultan verdaderamente significativos para la historia agraria en general y para la historiografía antropométrica en particular.
132 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno DATOS Y MÉTODOS Los datos de estatura utilizados en esta investigación provienen de las llamadas Actas de clasificación y declaración de soldados (en adelante, ACDS). No creemos necesario insistir en las características específicas de tales actas porque han sido muchas veces utilizadas por la historiografía española.5 Tan solo señalar, si cabe, que permiten extraer muestras de estaturas masculinas de carácter local no truncadas (Komlos, 2004), que pueden ser segmentadas por lugar de nacimiento o residencia, por ocupación, por nivel de alfabetización o por motivos alegados para la exclusión del servicio militar obligatorio. En el presente capítulo utilizamos una muestra de 120 078 mozos, reclutados en 35 municipios extremeños a la edad legal de alistamiento. Entre 1907 y 1971, esta edad quedó establecida en los 21 años cumplidos, pero la legislación militar española la modificó varias veces antes y después de esas fechas, haciéndola variar de 18 a 20 años (Cámara, 2006). Dado que el desarrollo físico puede superar el umbral de los 20 años en contextos de estrés nutricional, la literatura especializada tiende a homogeneizar las series extraídas de las ACDS, estandarizando a los 21 años la talla media de los mozos reclutados entre los 18 y los 20. El método aquí utilizado para estandarizar nuestra muestra consiste en calcular la mediana de todos los grupos de edad contemplados en cada reemplazo y sumar las diferencias resultantes a la estatura media de los jóvenes tallados antes de los 21 años (Ramon-Muñoz, 2009; Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2021). Para profundizar en la brecha rural-urbana, hemos construido cuatro series de estaturas, distribuidas en cohortes de cinco años. La primera presenta la estatura media de todos los mozos nacidos entre 1855 y 1979, así como el número total de casos válidos que comprende cada cohorte. La segunda serie segmenta la muestra originaria por lugar de residencia, distinguiendo entre áreas urbanas y áreas rurales. El criterio utilizado para la segmentación ha sido el número de habitantes registrado en el Censo de Población de España de 1920 (Ministerio de Trabajo, Comercio e Industria, 1922), año intermedio entre el inicio y el final del periodo objeto de estudio. Siguiendo los datos de este censo, hemos asignado la categoría «urbana» a entidades de 10 000 habitantes o más y la categoría «rural» a 5 Para el caso extremeño, por ejemplo, véase Linares-Luján y Parejo-Moruno (2013, 2015 y 2019).
133 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño núcleos de menos de 10 000 habitantes. El criterio resulta consistente con las particularidades que ofrecen en Extremadura las llamadas agrociudades (Reher, 1986), grandes entidades de población, con una estructura profesional escorada hacia la agricultura y la ganadería, pero con una mayor presencia de la industria y los servicios que en las áreas rurales (gráfico 1). Nuestra tercera serie de estaturas clasifica a la población recluta por oficios. Para no complicar el análisis, distinguimos solo entre activos agrarios y no agrarios. La hipótesis que subyace detrás de esta simple clasificación es que, en zonas pobres con bajo consumo de nutrientes, el esfuerzo físico requerido por las tareas agrícolas y ganaderas, al menos GRÁFICO 1. DISTRIBUCIÓN PROFESIONAL DE LA POBLACIÓN RECLUTADA EN EXTREMADURA FUENTE: Elaboración propia a partir de las ACDS conservadas en Aceuchal, Almendralejo, Azuaga, Arroyo de la Luz, Barcarrota, Cáceres, Caminomorisco, Campo Lugar, Coria, Don Benito, Fuentes de León, Garrovillas de Alconétar, Hervás, Jaraíz de la Vera, Jerez de los Caballeros, La Albuera, La Coronada, Madroñera, Magacela, Mérida, Montánchez, Plasencia, Oliva de la Frontera, Quintana de la Serena, Salvaleón, San Vicente de Alcántara, Serradilla, Valle de la Serena, Valverde de Leganés, Villafranca de los Barros, Villanueva de la Serena, Zafra, Zahínos, Zarza la Mayor y Zorita.
134 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno hasta la mecanización que trajo consigo la «revolución verde» de los años sesenta y setenta del siglo xx, generó estaturas más bajas entre los trabajadores agrarios que entre los no agrarios (Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2022). La cuarta serie de estaturas aquí manejada utiliza la información que proporcionan las ACDS para distinguir entre estudiantes y no estudiantes. Cuando hablamos de estudiantes, hablamos concretamente de jóvenes universitarios. En este sentido, el componente social de esta serie es evidente. Cursar un título superior hasta bien entrado el siglo xx fue un lujo difícil de asumir para la mayoría de las familias españolas. Este hecho permite identificar a los estudiantes con los grupos de mayor nivel de renta y, por tanto, con un mejor acceso a la nutrición, la higiene y la salud. No por casualidad fueron ellos los más altos de todos los quintos reclutados en España durante los siglos xix y xx (Cámara et alii, 2019). Complementamos nuestras cuatro series antropométricas con otras cuatro series de contraste, construidas esta vez no a partir de las estaturas registradas en las ACDS, sino según el número de registros que contienen. La primera serie presenta para cada área, urbana y rural, el porcentaje de quintos que trabajan en el sector agrario sobre el número total de mozos que declaran ejercer un oficio determinado, excluidos aquellos que dicen ser estudiantes. Estos últimos protagonizan la segunda serie complementaria, desglosada por lugar de residencia y calculada como proporción de mozos estudiantes con respecto al total de reclutas con ocupación definida. En la tercera serie, hemos calculado para cada zona el porcentaje de mozos que confiesan no saber leer ni escribir sobre el número total de reclutas para los que las ACDS ofrecen información sobre capacidad lecto-escritora. Nuestra cuarta y última serie intenta aproximarnos a la existencia de una posible brecha nutricional entre el mundo urbano y el medio rural. Para ello, utilizamos la proporción de reclutas que fueron excluidos del servicio militar obligatorio por ser «cortos de talla» o padecer «insuficiente desarrollo orgánico». Estos dos trastornos del crecimiento pueden captar algunas de las consecuencias de la malnutrición y la enfermedad durante la infancia y la juventud (Heltberg, 2009), pero, de ninguna manera, deben ser interpretadas como medidas alternativas de desnutrición o salud en sentido estricto. Para interpretar las series extraídas de los ACDS, además de medias y porcentajes, hemos optado por utilizar dos métodos básicos: el número
135 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño índice simple y el coeficiente de variación. El número índice permite observar cómo fluctúa la distancia entre los grupos que componen una variable a lo largo del tiempo. Calculado como porcentaje de cualquier valor sobre un mismo valor base, es quizá el método más rápido y sencillo para detectar procesos de convergencia o divergencia. Por su parte, el coeficiente de variación es el procedimiento más utilizado por la literatura especializada para medir la desigualdad antropométrica (Blum, 2016). Expresado como porcentaje de la desviación estándar sobre la media aritmética, es fácil de interpretar: cuanto mayor es el valor del coeficiente, mayor es la heterogeneidad dentro de la variable analizada, y viceversa. Representamos gráficamente todos los resultados por cohortes de nacimiento y de reclutamiento. La literatura internacional tiende a utilizar la fecha de nacimiento como referencia para la interpretación de series antropométricas (Bogin, 1999). En la representación gráfica de nuestros datos seguimos el mismo criterio, pero añadimos un eje horizontal secundario con las cohortes de reclutamiento. El objetivo es tratar de captar las circunstancias coadyuvantes que pueden haber influido en la estatura final a lo largo de la adolescencia (Spijker et alii, 2008). RESULTADOS Y DISCUSIÓN Una vez estandarizada, la primera serie de tallas construidas para Extremadura es bastante fácil de interpretar (gráfico 2). Tras cuatro décadas de estancamiento antropométrico, la población masculina extremeña inicia un proceso de crecimiento físico prácticamente ininterrumpido que eleva a más de 13 cm la diferencia de altura entre los mozos nacidos en 1855 y los reclutados en el año 2000. Está claro que, en términos de nivel de vida biológico, medido a través de la estatura adulta, el final del siglo xix representa para la región el comienzo del «gran estirón» (Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2015). Es difícil conocer los motivos específicos de tal estiramiento, aunque dado el amplio margen de crecimiento físico de los extremeños nacidos en el tránsito del siglo xix al xx (Martínez-Carrión et alii, 2016), cualquier pequeño cambio en el entorno socioeconómico pudo generar grandes cambios en el desempeño antropométrico (Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2016). Está claro, en todo caso, que ese salto hacia adelante a nivel regional se encuadra dentro de un proceso de transformación de más amplio espectro en el que confluyen tres grandes cambios: la
136 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno GRÁFICO 2. NÚMERO (N) Y TALLA MEDIA ESTANDARIZADA (CM) DE LOS RECLUTAS EXTREMEÑOS FUENTE: Véase gráfico 1. «transición nutricional», la «transición epidemiológica o sanitaria» y la transformación sectorial que trajo consigo al «cambio estructural». Más allá de la incidencia concreta de estos tres procesos, estudiados en ensayos previos (Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2019 y 2022), el presente capítulo también revela dos momentos críticos para el crecimiento físico de largo plazo en Extremadura: el periodo comprendido entre 1855 y 1884 y el periodo que va de 1915 a 1929. Para el primer parón antropométrico, la explicación más convincente está asociada a la crisis agraria finisecular (Garrabou, 1986), las malas cosechas de 18671868, 1874, 1879 y 1882 y las sucesivas plagas de langostas sufridas en la región (Zapata, 1986). En la explicación de la segunda gran desaceleración, menos visible en Extremadura que en otras zonas de España, convergen dos circunstancias: la inflación heredada de la Primera Guerra Mundial (Baumeister, 1996) y la escasez derivada de la Guerra Civil y la posguerra (Barciela y López Ortiz, 2003). En esta última ocasión, además, la dureza del entorno estuvo acompañada de una alta prevalencia
137 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño de enfermedades carenciales, como la avitaminosis y la tuberculosis pulmonar (Pérez Moreda et alii, 2015), o de patologías relacionadas con la higiene alimentaria y los ciclos del agua, como la fiebre tifoidea o la enteritis (Castelló-Botía, 2011). La presión de la enfermedad, junto con el estrés nutricional, frenó el proceso de crecimiento físico de la población extremeña, aunque solo temporalmente. De hecho, tal y como muestran las series construidas para Extremadura y para otras zonas de España, la estatura adulta de los niños que nacieron durante la guerra y la posguerra no solo no disminuyó, sino que, incluso, aumentó.6 En términos de desigualdad antropométrica, medida a través del coeficiente de variación, ninguno de los hechos mencionados dejó una huella demasiado profunda en la región (gráfico 3). Ni siquiera durante la crisis agraria finisecular, etapa en la que la dispersión estadística aumentó visiblemente, la desigualdad alcanzó niveles verdaderamente significativos en Extremadura. Es más, una vez terminada la crisis agraria finisecular, la heterogeneidad interna de nuestra muestra tendió a estancarse y, posteriormente, a disminuir. Desde esta perspectiva, cabe señalar que, a diferencia de algunas zonas de España (Cámara et alii, 2019), pero en correspondencia con otras (Ayuda y Puche, 2014), la desigualdad antropométrica mostró en Extremadura una relación inversa con el crecimiento de la estatura. Esta imagen de igualdad relativa contrasta con la que muestra la comparación entre la altura media de los quintos residentes en zonas urbanas y la de los mozos afincados en áreas rurales (gráfico 4). Del contraste deducimos dos tendencias principales. Por un lado, observamos que la talla de los quintos reclutados en la ciudad es siempre más elevada que la de aquellos que viven en el campo. Esta brecha es, además, estadísticamente significativa según las pruebas de igualdad de medias 6 Esta paradójica situación no solo es propia de Extremadura, sino también de Castilla y León (Hernández García y Moreno Lázaro, 2009), Cataluña, Comunidad Valenciana y Región de Murcia (Martínez-Carrión et alii, 2010), Vizcaya (Pérez-Castroviejo, 2016) o Hellín (Cañabate-Cabezuelos, 2016). Las razones que pueden explicarla son más complejas de lo que parece, pero están, sin duda, asociadas a las favorables condiciones en las que los niños nacidos a partir de 1936 experimentaron el estirón adolescente. Véase, al respecto, Linares-Luján y Parejo-Moruno (2020). Para una visión de conjunto, puede verse también Martínez-Carrión y Puche (2021).
144 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno las áreas rurales (gráfico 8). La mayor presencia de estudiantes en las ciudades es indicativa de que allí residen grupos sociales con un mayor nivel de ingresos y, por tanto, con un mejor acceso a la nutrición, la higiene y la salud. Es decir, la penalización antropométrica que sufre el mundo rural extremeño parece estar asociada no solo a la mayor presencia de activos agrarios en aldeas y pequeñas localidades, sino también a la menor presencia en ellas de las élites sociales. Menos concluyente resulta ser la información que proporcionan las ACDS sobre analfabetismo. En este caso, hablamos de una variable que no solo permite identificar problemas de capacitación entre la población recluta, sino también diferencias en el acceso a la educación entre las familias de los mozos en edad de alistamiento (Quiroga, 2003). De hecho, el analfabetismo sigue siendo hoy en día uno de los principales determinantes de la malnutrición y la pobreza en los países subdesarroGRÁFICO 7. ESTATURA MEDIA DE LOS RECLUTAS EXTREMEÑOS POR ESTATUS SOCIAL (ESTUDIANTES = 100) FUENTE: Véase gráfico 1.
145 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño llados (Martínez-Carrión et alii, 2014). En Extremadura, sabemos que, desde mediados del siglo xix, los reclutas que no sabían leer ni escribir fueron siempre más bajos que los mozos alfabetizados (Linares-Luján y Parejo-Moruno, 2018). La evolución de las tasas brutas de analfabetismo por lugar de residencia, sin embargo, no nos permite hablar de la alfabetización como un factor determinante de la brecha de estaturas urbana-rural (gráfico 9). Es cierto que, hasta 1905-1909, el porcentaje de mozos analfabetos residentes en el mundo rural fue mayor que en la ciudad. Desde 1890-1894, sin embargo, las tasas de analfabetismo disminuyeron en ambas áreas y la diferencia entre ellas tendió a diluirse a partir de mediados de la década de 1920. Consecuentemente, estas tasas no pueden explicar por qué la brecha antropométrica entre el mundo urbano y el medio rural permaneció abierta en Extremadura hasta finales del siglo xx. FUENTE: Véase gráfico 1. GRÁFICO 8. PORCENTAJE DE MOZOS ESTUDIANTES SOBRE EL TOTAL DE QUINTOS QUE DECLARAN EJERCER UN OFICIO ESPECÍFICO
146 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno ¿Y qué decir de la salud nutricional? ¿No es acaso un factor decisivo para el crecimiento físico y, por tanto, para comprender las diferencias de estatura observadas por lugar de residencia? La literatura especializada sostiene que sí, pero nuestros datos no permiten confirmarlo. Estos datos, elaborados a partir de la información que proporcionan las ACDS sobre los reclutas que fueron excluidos del servicio militar obligatorio por ser cortos de talla o padecer insuficiente desarrollo orgánico, confirman las deficiencias nutricionales de las últimas décadas del siglo xix, pero no marcan diferencias significativas entre las áreas urbanas y las áreas rurales (gráfico 10). Desde 1890-1894, además, la proporción de reclutas excluidos del servicio militar por debilidad física en Extremadura muestra una clara tendencia a la baja que hace imposible considerarla como una variable explicativa de la brecha de estaturas rural-urbana. Debemos recordar en todo caso que los trastornos del crecimiento aquí considerados no pueden ser interpretados como medidas de desnutrición en sentido estricto. GRÁFICO 9. PORCENTAJE DE MOZOS QUE CONFIESAN NO SABER LEER NI ESCRIBIR SOBRE EL TOTAL DE QUINTOS QUE DECLARAN SÍ SABER HACERLO FUENTE: Véase gráfico 1.
147 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño CONCLUSIONES En este capítulo profundizamos en la desigualdad antropométrica, analizando el caso de Extremadura, la región más atrasada de España. La primera conclusión que arroja nuestro análisis es que, a largo plazo, existió en la región una relación inversa entre el crecimiento físico y la desigualdad. Esta conclusión contrasta con las extraídas de otros estudios realizados en España, pero en ningún caso niega la existencia de una brecha de alturas entre el campo y la ciudad. Desde esta otra perspectiva, y con la mirada puesta en la hipótesis urban height penalty, la presente investigación demuestra que ha sido la penalización rural la que ha marcado la desigualdad antropométrica en Extremadura durante la etapa contemporánea. Para comprender las causas de esta desventaja, contrastamos la incidencia de algunas de las variables que permiten construir las fuentes FUENTE: Véase gráfico 1. GRÁFICO 10. PORCENTAJE DE MOZOS EXCEPTUADOS POR SER CORTOS DE TALLA O PADECER INSUFICIENTE DESARROLLO ORGÁNICO SOBRE EL TOTAL DE QUINTOS RECLUTADOS
148 Antonio M. Linares-Luján, Francisco M. Parejo-Moruno del reclutamiento militar. En ellas encontramos dos de las claves explicativas de tal penalización: la estructura profesional y la composición social del mundo rural. En cuanto a la ocupación, las series aquí manejadas parecen confirmar la hipótesis de que, en zonas atrasadas, como Extremadura, el esfuerzo físico que requieren las tareas del campo mantiene la estatura media de la población agraria por debajo de la del resto de la población activa. De la misma manera, nuestro trabajo revela que, pese a la importancia que adquieren en Extremadura las agrociudades, son los núcleos del mundo rural los que concentran una mayor proporción de trabajadores agrarios. Esta diferencia proporcional parece ser, pues, una de las principales razones que explican la intensidad y la persistencia de la penalización rural que sufre la región desde, al menos, mediados del siglo xix. Por lo que respecta a la composición social de las áreas aquí contrastadas, la única información disponible es la que permite distinguir a los estudiantes universitarios del resto de la población recluta. Estudiar una carrera en España ha sido históricamente un lujo al alcance de muy pocas familias. De hecho, la historiografía antropométrica coincide en incluir a los estudiantes entre los grupos más altos de la sociedad. Esta es una prueba evidente de que los universitarios han pertenecido tradicionalmente a las élites sociales. En el caso de Extremadura, la literatura especializada también confirma que los estudiantes fueron los más altos de todos los reclutas tallados en la región. La presente investigación revela, además, que la proporción de estudiantes residentes en el mundo rural fue siempre inferior a la del mundo urbano. La conclusión, pues, parece clara: la menor presencia de las familias más acomodadas en los pueblos de menor tamaño es, posiblemente, otra de las razones determinantes de la penalización rural en Extremadura. El factor social no agota la lista de variables que pueden explicar tal desventaja. El problema es que las fuentes de reclutamiento militar no nos permiten ir mucho más allá. Es cierto que las ACDS contienen suficiente información como para probar, por ejemplo, la incidencia de la alfabetización en la brecha urbana-rural. De hecho, otros estudios previos han demostrado que, en Extremadura, los reclutas analfabetos siempre han sido más bajos que los mozos alfabetizados. En este trabajo hemos tratado de ir un poco más allá, contrastando el porcentaje de analfabetos residentes en áreas urbanas y rurales. Los resultados no son concluyentes. Según ellos, solo existen diferencias significativas entre unas zonas y
149 Retraso y castigo: el nivel de vida biológico en el medio rural extremeño otras hasta comienzos del siglo xx. Es más, desde mediados del decenio de 1880, la proporción de analfabetos reclutados en ambas áreas no ha dejado de disminuir. Dado que la brecha de altura existente entre el mundo urbano y el medio rural se ha mantenido abierta mientras tanto, es difícil argumentar que el factor educativo ha sido determinante en la persistencia de esa brecha, al menos con los datos aquí manejados. Lo mismo ocurre con la variable utilizada como medida alternativa de salud nutricional: la proporción de mozos excluidos del servicio militar por debilidad física. Expresada como porcentaje sobre el total de reclutas presentados a los actos de reconocimiento, esta variable traza una trayectoria difícilmente compatible con la penalización rural que padece Extremadura desde mediados del siglo xix. En primer lugar, porque no permite identificar diferencias significativas entre el campo y la ciudad y, en segundo, porque, desde la década de 1890, esta medida indirecta de salud nutricional comienza una caída sostenida en ambas áreas que termina disolviendo las diferencias entre ellas a pesar de la persistencia de la penalización antropométrica en el mundo rural extremeño BIBLIOGRAFÍA AyudA, M. I., y J. Puche (2014), «Determinants of Height and Biological Inequality in Mediterranean Spain, 1859-1967», Economics & Human Biology, 15, pp. 101-119. BArcielA, C., e I. lóPez-ortiz (2003), «El fracaso de la política agraria del primer franquismo, 1939-1959: veinte años perdidos para la agricultura española», en C. Barciela (ed.), Autarquía y mercado negro: el fracaso económico del primer franquismo, 1939-1959, Barcelona, Crítica, pp. 55-93. BAten, J., y M. BluM (2011), «Anthropometric within-country inequality and the estimation of skill premia with anthropometric indicators», Review of Economics, 62 (2), pp. 107-138. BAten, J., y M. BluM (2012), «Growing tall but unequal: new findings and new background evidence on anthropometric welfare in 156 countries, 18101989», Economic History of Developing Regions, 27 (sup. 1), pp. 66-85. BAuMeister, M. (1996), Campesinos sin tierra: supervivencia y resistencia en Extremadura, 1880-1923, Madrid, MAPA. BernABeu-Mestre, J., y J. L. BAronA (eds.) (2011), Nutrición, salud y sociedad. España y Europa en los siglos xix y xx, Valencia, Scientia Veterum. BluM, M. (2016), «Inequality and Heights», en J. Komlos e I. R. Kelly (eds.), The Oxford Handbook of Economics and Human Biology, Oxford, Oxford University Press, pp. 179-191.
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