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La milpa numérica: las matemáticas mayas en la agricultura y su vigencia moderna

Vázquez Hernández, Ian; Herrera Alamillo, Miguel Ángel; Rodríguez Zapata, Luis Carlos

Abstract

El legado matemático de la civilización maya sigue vivo en la actualidad a través de las comunidades del sur de México, donde los conocimientos ancestrales se entrelazan con la vida cotidiana. Este artículo explora la relación entre las matemáticas, la agricultura y la cosmovisión maya, mostrando cómo su sistema numérico, uno de los primeros en utilizar el cero y basado en una estructura vigesimal, permitió cálculos astronómicos y agrícolas de una precisión sorprendente. Gracias a ello, los mayas desarrollaron calendarios como el Tzolk’in y el Haab’, que aún hoy orientan los tiempos de siembra y cosecha en comunidades rurales de Yucatán y Quintana Roo. Un claro ejemplo de esta aplicación se encuentra en la práctica agrícola de roza, tumba y quema (RTQ), vigente desde hace más de mil años, la cual ejemplifica cómo el conocimiento ancestral se traduce en sostenibilidad. Este sistema aprovecha los suelos calcáreos y la humedad de los cenotes. Sin embargo, también da pie a modificaciones del sistema con el fin de adaptarlo a situaciones y problemáticas actuales, como la emisión de CO2. En comunidades como Dzidzantún y Xocén, los agricultores combinan el uso del mecate o k’aan, una medida tradicional de 20 metros de longitud, con observaciones solares y lunares, demostrando una sorprendente continuidad cultural. A partir de esta evidencia, el análisis revela que la etnomatemática maya no pertenece al pasado, sino que constituye un puente entre la ciencia, la tradición y la identidad. En la milpa, en los ciclos del sol y la luna, y en cada cálculo hecho con base en el cielo y la tierra, persiste la sabiduría de una civilización que sigue enseñándonos a vivir en equilibrio con la naturaleza.

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Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación ISSN 2992-7722, Volumen 3, Número 15, pp. 7-11, Noviembre-Diciembre 2025, mjshae.org DOI 10.5281/zenodo.17527974 7 La milpa numérica: las matemáticas mayas en la agricultura y su vigencia moderna Ian Vázquez Hernández Centro de Investigación Científica de Yucatán 0009-0006-6230-0334 Miguel Ángel Herrera Alamillo Centro de Investigación Científica de Yucatán 0000-0001-9160-2389 Luis Carlos Rodríguez Zapata Centro de Investigación Científica de Yucatán 0000-0002-4872-8231 Recibido: 20 de octubre de 2025 | Aceptado: 3 de noviembre de 2025 | Publicado en línea: 5 de noviembre de 2025 | Resumen: El legado matemático de la civilización maya sigue vivo en la actualidad a través de las comunidades del sur de México, donde los conocimientos ancestrales se entrelazan con la vida cotidiana. Este artículo explora la relación entre las matemáticas, la agricultura y la cosmovisión maya, mostrando cómo su sistema numérico, uno de los primeros en utilizar el cero y basado en una estructura vigesimal, permitió cálculos astronómicos y agrícolas de una precisión sorprendente. Gracias a ello, los mayas desarrollaron calendarios como el Tzolk’in y el Haab’, que aún hoy orientan los tiempos de siembra y cosecha en comunidades rurales de Yucatán y Quintana Roo. Un claro ejemplo de esta aplicación se encuentra en la práctica agrícola de roza, tumba y quema (RTQ), vigente desde hace más de mil años, la cual ejemplifica cómo el conocimiento ancestral se traduce en sostenibilidad. Este sistema aprovecha los suelos calcáreos y la humedad de los cenotes. Sin embargo, también da pie a modificaciones del sistema con el fin de adaptarlo a situaciones y problemáticas actuales, como la emisión de CO2. En comunidades como Dzidzantún y Xocén, los agricultores combinan el uso del mecate o k’aan, una medida tradicional de 20 metros de longitud, con observaciones solares y lunares, demostrando una sorprendente continuidad cultural. A partir de esta evidencia, el análisis revela que la etnomatemática maya no pertenece al pasado, sino que constituye un puente entre la ciencia, la tradición y la identidad. En la milpa, en los ciclos del sol y la luna, y en cada cálculo hecho con base en el cielo y la tierra, persiste la sabiduría de una civilización que sigue enseñándonos a vivir en equilibrio con la naturaleza. Cómo citar: Vázquez-Hernández, I., Herrera-Alamillo, M. Á., Rodríguez-Zapata, L. C. (2025). La milpa numérica: las matemáticas mayas en la agricultura y su vigencia moderna. Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación, 3(15), 7-11. DOI 10.5281/zenodo.17527974 [.RIS] © Licencia Creative Commons Atribución-NoComercialSinDerivadas 4.0 Internacional. Palabras clave: etnomatemáticas, matemáticas mayas, sistema milpa, conocimientos tradicionales, cálculo. Title: The Numerical Milpa: Mayan Mathematics in Agriculture and its Modern Relevance. Abstract: The mathematical legacy of the Mayan civilization lives on today through the communities of southern Mexico, where ancestral knowledge is intertwined with everyday life. This article explores the relationship between mathematics, agriculture, and the Mayan worldview, showing how their numerical system, one of the first to use zero and based on a vigesimal structure, enabled astronomical and agricultural calculations of surprising precision. Thanks to this, the Mayans developed calendars such as the Tzolk'in and the Haab', which still guide sowing and harvesting in rural communities of Yucatán and Quintana Roo. A clear example of this application is found in the slash-and-burn (STB) agricultural practice, which has been in use for over a thousand years and exemplifies how ancestral knowledge translates into sustainability. This system takes advantage of calcareous soils and the humidity of the cenotes. However, it also leads to modifications of the system to adapt it to current situations and problems, such as CO2 emissions. In communities like Dzidzantún and Xocén, farmers combine the use of the rope or k'aan, a traditional 20-meter-long measure, with solar and lunar observations, demonstrating a surprising cultural continuity. Based on this evidence, the analysis reveals that Mayan ethnomathematics does not belong to the past, but rather constitutes a bridge between science, tradition, and identity. In the cornfield, in the cycles of the sun and moon, and in every calculation made based on the sky and earth, the wisdom of a civilization that continues to teach us to live in balance with nature persists. Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación ISSN 2992-7722, Volumen 3, Número 15, pp. 7-11, Noviembre-Diciembre 2025, mjshae.org DOI 10.5281/zenodo.17527974 8 Introducción La NASA (National Aeronautics and Space Administration por sus siglas en inglés) es una de las instituciones más reconocidas mundialmente por sus logros astronómicos y su precisión matemática. Sin embargo, ¿qué pensarías si te dijera que una civilización mesoamericana antigua podría rivalizar con ella en sofisticación? Los mayas desarrollaron uno de los sistemas matemáticos más destacados de la historia, el cual fue fundamental para logros como la construcción de sus pirámides, la alineación con los astros y, de manera crucial, la creación de sus calendarios (LaraAlecio et al., 1998). Estos calendarios no solo organizaban el tiempo, sino que eran vitales para establecer los ciclos de cosecha, ya que permitían predecir eventos estacionales para la siembra (RamírezAcosta, 2010). Tal fue su importancia, que las comunidades mayas modernas aún utilizan este conocimiento en el manejo de la milpa, un legado que perdura hasta hoy. Para comprender esta continuidad cultural, es útil el enfoque de la etnomatemática, que nos invita a superar la visión de las matemáticas como un mero ejercicio abstracto y a descubrir cómo las culturas las han utilizado para entender y responder a su entorno. Esta perspectiva permite conectar la sabiduría ancestral maya con las prácticas que perduran en las comunidades actuales. Así, la geometría de sus templos, la precisión de sus calendarios y su relación con los ciclos agrícolas revelan que las matemáticas mayas no solo sirvieron para contar o medir, sino también para garantizar algo tan esencial como la alimentación y la organización social (CuevasAlbarrán y Chi-Uluac, 2019). La tesis central de este artículo sostiene, precisamente, que existe una profunda relación etnomatemática entre el sistema de siembra de la milpa maya actual y el desarrollo de los calendarios mayas ancestrales (CuevasAlbarrán y Chi-Uluac, 2019; Medina, 2022). Para ello, se establecerá un recorrido que parte del sistema numérico maya y el desarrollo de sus calendarios, hasta llegar al sistema agrícola actual de roza-tumba-quema (RTQ) (Bolaños, 2002; Ponce et al., 2012). Esta relación se analizará mediante una revisión analítica de fuentes de investigación sobre la cultura maya ancestral y contemporánea (Hirsch-Dubin, 2009; Muñoz-Martínez y Arenas-Planelles, 2019). El objetivo final es demostrar la vigencia y la importancia del conocimiento matemático maya, incluso siglos después de su auge clásico. Matemáticas ancestrales: El sistema numérico maya y el establecimiento de sus calendarios. Desde niños nos enseñaron a contar con los dedos de las manos, una forma sencilla de entender nuestro sistema numérico actual, el cual es de base 10. Sin embargo, los mayas desarrollaron un sistema numérico con base 20. ¿La razón? Esto posee un profundo significado sociocultural. Se ha descrito que la palabra “uinic”, una variación de “uiniken”, significa “ser humano”. La expresión “k’al uinic” se traduce como “persona completa”, lo que está relacionado con el hecho de que los mayas contaban con los diez dedos de las manos y los diez de los pies, sumando así los 20 dedos de una persona completa (Lara-Alecio, et al., 1998; Hirsch-Dubin, 2009). Una de las grandes aportaciones de la cultura maya a las matemáticas modernas fue la utilización del cero, que usaban al menos 500 años antes de que los europeos lo contemplaran. Su sistema se escribía con solo tres símbolos: un punto (o frijol) para el uno, una barra para el cinco y una concha de mar para el cero (Fig. 1) (Muñoz-Martínez y Arenas-Planelles, 2019). El sistema seguía reglas precisas: en cada nivel o posición vertical, solo se podían colocar hasta cuatro puntos o tres rayas consecutivas. Fig. 1. Simbología maya para su sistema numérico. La escritura de estos símbolos era vertical, de abajo hacia arriba. Esta peculiaridad surgía de una observación profunda de la naturaleza. El historiador Esparza Hidalgo (1976) relata cómo los niños preguntaban a los ancianos: “¿por qué contamos de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo?”. La respuesta era: “Bueno, ¿cómo crecen las plantas? De abajo hacia arriba. Entonces, ¿cómo deberíamos contar?” (Fig. 2) (Lara-Alecio, et al., 1998). Esta sencilla anécdota resume la profunda conexión del pensamiento maya con el mundo natural, donde incluso el acto de contar reflejaba los ciclos vitales que los rodeaban. Keywords: ethnomathematics, Mayan mathematics, milpa system, traditional knowledge, calculus. Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación ISSN 2992-7722, Volumen 3, Número 15, pp. 7-11, Noviembre-Diciembre 2025, mjshae.org DOI 10.5281/zenodo.17527974 9 Guiados por su profunda curiosidad hacia los cielos, los mayas aplicaron este sistema numérico para establecer un sistema de calendarios de asombrosa precisión, vital para predecir fenómenos naturales y organizar su vida social y religiosa. Los dos calendarios principales eran el Haab (o solar) de 365 días, dividido en 18 meses de 20 días cada uno, más un mes corto de 5 días “sin nombre”; y el Tzolk'in (o ritual) de 260 días, compuesto por 20 periodos de 13 días cada uno. Fig. 2. Escritura numérica en base al sentido de crecimiento de las plantas. La peculiaridad es que estos dos calendarios funcionaban de forma sincronizada, como dos engranajes que giran a distinta velocidad. Esta combinación, conocida como Rueda Calendárica, generaba un ciclo más largo de 52 años Haab (18,980 días únicos), que representaba un ciclo de vida completo para un ser humano adulto. Para periodos aún más extensos, los mayas utilizaban el Calendario de Cuenta Larga, una cuenta lineal que medía el tiempo transcurrido desde una fecha mitológica de creación (Lara-Alecio, et al., 1998; Smithsonian Museo Nacional del Indígena Americano, 2012; MuñozMartínez y Arenas-Planelles, 2019). De estos dos sistemas, el Tzolk'in ha sido el más utilizado hasta la actualidad, especialmente para guiar las actividades agrícolas, ya que se basa en los ciclos naturales de la Tierra, el Sol y la Luna. Su duración de 260 días guarda una relación profunda con la biología humana y agrícola: se asemeja al tiempo de gestación humana (aproximadamente 9 meses) y al ciclo completo de siembra, crecimiento y cosecha de la planta de maíz, la base de su sustento (Ramírez-Acosta, 2010). La milpa maya y el sistema Roza-Tumba-Quema En el corazón de la antigua civilización maya, donde el suelo calcáreo de Yucatán parecía poco prometedor para la agricultura, floreció un sistema de cultivo que aún hoy asombra por su ingenio: la milpa. Este sistema permitió el aprovechamiento de los abundantes recursos de la selva y la disponibilidad de agua de los cenotes, dando pie a la subsistencia de una civilización basada principalmente en el maíz, el frijol, la calabaza y otras plantas de consumo alimenticio (Mariaca-Méndez, 2015). El método más característico para establecer la milpa es el Roza-Tumba-Quema (RTQ). Este proceso inicia con la roza, que consiste en cortar la vegetación leñosa delgada. Posteriormente, se procede a la tumba de los árboles más grandes, dejando tocones de aproximadamente un metro de altura. Una vez delimitado el terreno con una guardarraya perimetral para controlar el fuego, se realiza la quema. Este paso es crucial y se realiza cuando la vegetación está más seca y próxima a las primeras lluvias, con el fin de que las cenizas enriquezcan el suelo con nutrientes (Fig. 3) (Ponce, et al., 2012). Para medir el área de la milpa, los mayas utilizaban el mecate o k’aan, una unidad de longitud agrícola equivalente a 400 metros cuadrados (Cuevas-Albarrán y Chi-Uluac, 2019). Fig. 3. Ejemplo del sistema Roza-Tumba-Quema (RTQ), realizado en el estado de Oaxaca. La eficacia de este sistema ancestral se refleja en su persistencia hasta el día de hoy. Sin embargo, su práctica moderna enfrenta desafíos, como el riesgo de provocar incendios forestales cuando no se maneja con precaución. Esto ha motivado la búsqueda de alternativas, como el sistema Roza-Tumba-Pica, que propone enterrar la materia vegetal en lugar de quemarla para evitar daños colaterales (Euroza, 2023). La planificación de la milpa maya estaba íntimamente ligada a un profundo conocimiento astronómico y climático, regido por el calendario Tzolk’in. El ciclo iniciaba alrededor del 8 de febrero, con el primer movimiento del sol tras el solsticio de invierno, y concluía el 25 de octubre. Este periodo se dividía en dos etapas de siembra: la primera milpa (con el inicio de las lluvias en mayo-junio) y la segunda milpa (para aprovechar las lluvias residuales a fines de julio-agosto), cada una de aproximadamente 80 días. Los 100 días Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación ISSN 2992-7722, Volumen 3, Número 15, pp. 7-11, Noviembre-Diciembre 2025, mjshae.org DOI 10.5281/zenodo.17527974 10 restantes correspondían a una etapa de inactividad agrícola, destinada a dejar descansar la tierra, un principio que hoy identificaríamos como agricultura regenerativa (Bolaños, 2002). Esta combinación de eficiencia y sostenibilidad explica por qué, en pleno siglo XXI, comunidades mayas continúan utilizando el sistema. Ejemplos de ello se encuentran en San Andrés y San José, en Petén (Guatemala), donde la milpa provee subsistencia y un ingreso anual significativo a través del cultivo de maíz, frijol y otras variedades, complementado con la caza (Terán y Rasmussen, 2009). En la península de Yucatán, existen casos como la comunidad de Dzidzantún, que ha modernizado la práctica con el uso de fertilizantes, y Xocén, considerada una de las más tradicionales (Ponce, et al., 2012; Terán et al., 2015). Otro ejemplo contemporáneo lo constituye la comunidad de Chacsinkín (Fig. 4), demostrando la vigencia y adaptabilidad de este milenario sistema agrícola. Siendo ésta, la Milpa maya con tres de los cultivos más importantes para la comunidad maya (maíz, calabaza y frijol) ubicada en la comunidad de Chacsinkín. Fig. 4. Milpa maya en la comunidad de Chacsinkín. Las matemáticas mayas como una herramienta ancestral vigente hasta el día de hoy El sistema numérico maya fue mucho más que una herramienta para contar; se integró profundamente en aspectos sociales, espirituales e intelectuales de su cultura. Este enfoque integral dio como fruto un sistema matemático notablemente preciso y sencillo, que fue la base del gran desarrollo alcanzado durante su apogeo (Lara-Alecio, et al., 1998). Este legado se materializa en grandes maravillas arquitectónicas, como las pirámides, y en avanzados conocimientos astronómicos que, en otras partes del mundo, tardarían siglos en desarrollarse. Dicha precisión queda demostrada en el establecimiento de sus calendarios, los cuales se sincronizaban con una exactitud asombrosa a los ciclos terrestres, solares y lunares. Esta hazaña es una prueba contundente de la eficacia de su sistema numérico y motiva numerosas investigaciones que buscan descifrar cómo lograron un grado de precisión que rivaliza con métodos actuales (Hirsch-Dubin, 2009). El hecho de que fueran una de las primeras civilizaciones en utilizar el cero como número contable habla volúmenes sobre su sofisticación intelectual. Sin embargo, la herencia matemática maya no es solo un vestigio del pasado. Hoy, en comunidades de Quintana Roo y Yucatán, estos conocimientos ancestrales permanecen vivos. Los mayas modernos los aplican, por ejemplo, en la distribución espacial de sus cultivos de maíz, frijol y calabaza—la tríada básica de la milpa. Estos siguen patrones específicos que maximizan el aprovechamiento del suelo y minimizan la competencia entre especies, demostrando una relación etnomatemática entre el conocimiento antiguo y las prácticas contemporáneas (Mariaca-Méndez, 2015). Estas prácticas no son meras reliquias culturales, sino la herencia viva de la magnificencia maya en su apogeo, conformando un sistema de cultivo preciso que funciona en armonía con la naturaleza y sus ciclos. Conclusión Al analizar el contraste histórico y etnomatemático entre la civilización maya antigua y las comunidades actuales, es posible apreciar la profunda huella cultural y científica que sus antepasados legaron. Gracias a su ingenioso sistema numérico, los mayas lograron observar, registrar y comprender el paso del tiempo con una precisión que rivaliza con la de instituciones modernas. La creación de sus calendarios, refinada a lo largo de siglos de observación astronómica y agrícola, revela una fusión magistral entre el conocimiento empírico y el pensamiento matemático abstracto. Esta herencia no es un simple vestigio del pasado, sino que permanece viva en las comunidades mayas contemporáneas, donde la sabiduría ancestral guía prácticas agrícolas y la organización de la vida cotidiana. La milpa de roza, tumba y quema (RTQ), por ejemplo, lejos de ser una técnica obsoleta, constituye un modelo de sostenibilidad que ha garantizado durante generaciones la autonomía alimentaria y el vínculo espiritual con la tierra. Su práctica, por supuesto, enfrenta nuevos desafíos en el contexto actual, lo que invita a una adaptación consciente que preserve su esencia mientras incorpora conocimientos modernos para optimizar su sostenibilidad. Revista Multidisciplinaria de Ciencia Básica, Humanidades, Arte y Educación ISSN 2992-7722, Volumen 3, Número 15, pp. 7-11, Noviembre-Diciembre 2025, mjshae.org DOI 10.5281/zenodo.17527974 11 Es así como en el siglo XXI se puede admirar cómo el calendario Tzolk’in continúa orientando los tiempos de siembra y cosecha, mientras que medidas tradicionales como el mecate o k’aan garantizan una distribución equitativa de la tierra. Este entrelazamiento permanente entre matemáticas, naturaleza y cultura demuestra que la ciencia maya no pertenece solo al pasado: sigue respirando en la milpa, en los ciclos de la luna y en cada comunidad que honra el legado de sus ancestros mediante el conocimiento y el trabajo. Agradecimientos Agradecemos a la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (SECIHTI) por la beca de posgrado brindada bajo el número de CVU 2023877. Fuentes de financiamiento Agradecemos el financiamiento de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación de México, a partir del proyecto con clave: CF-2023-G-636 Referencias Bolaños, M. A. (2002). Hoj kaj, 7Día de siembra. Sistema de creencias y memoria agrícola de grupos mayanses. https://revistas.inah.gob.mx/index.php/cuicuilco/arti cle/view/20517?utm_source=chatgpt.com Cuevas-Albarrán, V., B., & Chi-Uluac, L., M. (2019). Etnomatemática: la aplicación en el comercio entre los mayas yucatecos. En Universidad Nacional de Costa Rica. Segundo Encuentro Latinoamericano de Etnomatemática (ELEM-2) «Pueblos y Comunidades Tejiendo Conocimientos», Sarapiquí, Heredia, Costa Rica. http://hdl.handle.net/11056/24089 Euroza, G. (2023). De la roza, tumba y quema a la roza, tumba y pica. CIMMYT. https://www.cimmyt.org/es/noticias/de-la-rozatumba-y-quema-a-la-roza-tumba-y-pica Hirsch-Dubin, F., P. (2009). 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