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Colecciones de historia natural, su conservación y manejo en Cuba EDITORES Nayla García Rodríguez Jans Morffe Rodríguez Juan F. Ley Rivas Cuba 2024
Este libro es resultado del proyecto “Propuesta de una estrategia nacional para la conservación de la fauna cubana” Código PS211LH003-025 perteneciente al Programa Sectorial de Ciencia, Tecnología e Innovación 03 “Uso sostenible de los componentes de la Diversidad Biológica en Cuba” ISBN: 978-959-300-243-1 Versión impresa ISBN: 978-959-300-242-4 Versión digital Citación recomendada para el libro García Rodríguez N, Morffe Rodríguez J, Ley Rivas JF. (Eds). 2024. Colecciones de historia natural, su conservación y manejo en Cuba. Editorial AMA, La Habana. 316 pp. Citación recomendada para artículo Autor(es). 2024. Título del artículo. Pp (páginas). En: Colecciones de historia natural, su conservación y manejo en Cuba. García Rodríguez N, Morffe Rodríguez J, Ley Rivas JF. (Eds). 2024. Editorial AMA, La Habana. 316 pp. Diseño, estilo y Maquetación Juan F. Ley Rivas Los autores son los responsables de la información expuesta en este libro. Los textos pueden ser utilizados citando siempre la fuente original ® ReseRvados todos los deRechos Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra sin la autorización escrita del Instituto de Ecología y Sistemática (CITMA, República de Cuba) y de sus editores. © 2024 Instituto de Ecología y Sistemática © 2024 Nayla García Rodríguez © 2024 Jans Morffe Rodríguez © 2024 Juan F. Ley Rivas © 2024 Autores Editores Nayla García Rodríguez Jans Morffe Rodríguez Juan F. Ley Rivas FotograFías @Archivo Colecciones Zoológicas
Índice Presentación Editores 1 Colecciones de Historia Natural en Cuba Rosa María González López 6 Procedimientos curatoriales como herramienta para la conservación y manejo de colecciones de historia natural en Cuba Nayla García Rodríguez, Jans Morffe Rodríguez 28 Conservación y restauración Marco Antonio Olcha Cordero 44 Las colecciones de ciencias naturales y su marco legislativo en Cuba Leonel Caraballo Maqueira 54 Colección de hongos micorrizógenos arbusculares Rosmery Hernández-Prado, Juan F. Ley Rivas 60 Colecciones Botánicas. Herbario Isora Baró Oviedo, Ramona Oviedo Prieto 68 Predicción de la conducta de almacenamiento de las semillas para fomentar bancos de semillas Jorge A. Sánchez, Mayté Pernús, Lianne Fernández, Yilian Dupuig, Alejandra Gutiérrez 82 Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas Diana Ibarzábal Bombalier, María Victoria Orozco Llerena, Elena D. Gutiérrez de los Reyes, Rolando Cortés Vico, Beatriz Martínez Daranas, Yusimí Alfonso Sánchez 104
Colecciones Zoológicas Marinas Diana Ibarzábal Bombalier, María Victoria Orozco Llerena, Elena D. Gutiérrez de los Reyes, Rolando Cortés Vico, Beatriz Martínez Daranas, Yusimí Alfonso Sánchez 122 Colecciones de Paleontología y Geología Jorge Villegas Martín, Reinaldo Rojas Consuegra 132 Colecciones Helmintológicas Jans Morffe Rodríguez, Nayla García Rodríguez 144 Colecciones Entomológicas Rayner Núñez Águila 170 Colecciones Aracnológicas (excepto Acari) Aylin Alegre Barroso, René Alberto Barba Díaz, Luis F. de Armas Chaviano 180 Colecciones Acarológicas Pedro Enrique de la Torre Santana, Mercedes Reyes Hernández 196 Colecciones Malacológicas Luis Alvarez-Lajonchere Ponce de León, Maike Hernández Quinta 214 Colecciones de Peces dulceacuícolas Rodet Rodríguez Silva 234 Colecciones Herpetológicas Manuel Iturriaga Monsisbay 244 Colecciones de Aves Hiram González Alonso, Jorge L. Guerra, Félix Noel Estrada Piñero 264 Colecciones de Mamíferos terrestres Carlos A. Mancina, Héctor M. Díaz Perdomo, Hansel Caballero Silva, Lisbet del Rosario Barbán Álvarez 294
Presentación El aumento de los estudios sobre la diversidad biológica y demás componentes naturales de los ecosistemas que conforman nuestro entorno, no se ha reflejado en el incremento y cuidado de las colecciones biológicas, que constituyen la base y resultado de los mismos. Situación similar presentan el resto de las colecciones de historia natural. Sin lugar a dudas, los costos requeridos para la formación y mantenimiento de estas colecciones son altos, pero plenamente justificados por su importancia. Además de constituir el soporte de los estudios de la diversidad biológica y de la evolución de nuestro planeta, las colecciones de historia natural son instrumento imprescindible en el proceso de enseñanza y aprendizaje de las ciencias naturales y en la sensibilización ciudadana con la problemática ambiental y la conservación de la naturaleza. Por otra parte, permiten el abaratamiento sustancial del costo de las investigaciones científicas, al proveer de una base material representativa y de fácil acceso para cualquier estudio relacionado con el medio ambiente natural, además de su innegable valor patrimonial como testimonio de la creación humana y de la evolución de la naturaleza (García y Morffe, 2012; Páez, 2004; Suárez y Tsutsui, 2004; Thomson, 2005). El origen de las normas para la formación, conservación y manejo de las colecciones de historia natural está unido al de las propias colecciones y son tan antiguas como estas. La Instrucción Circular de 1776, enviada a Nueva España desde Madrid, podría considerarse como el primer procedimiento oficial de su tipo en las Américas, con indicaciones sobre la recolecta, preparación y conservación de “ejemplares naturales”, para las nacientes colecciones del Real Gabinete de Historia Natural. Estas instrucciones, reajustadas al contexto socioeconómico y cultural de aquellos primeros recolectores y coleccionistas, sirvieron de guía a las primeras colecciones en nuestro continente (Constantino, 2011). El auge de colecciones, gabinetes y museos en nuestro país, tanto privados como institucionales, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII y hasta nuestros días (Álvarez, 1958; García, 2008; García y Morffe, 2017; Valero y García, 1999), hace suponer la existencia y seguimiento de ciertas normas para
8 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo cia en Cuba desde mayo de 1795 hasta marzo de 1796. El personal a ella asociado realizó en el occidente de la isla algunas recolectas de plantas que fueron enviadas a México donde, a iniciativa de la comisión, se creó un Jardín Botánico. Entre los integrantes de la expedición que estuvo en Cuba se encontraban el médico Martín Sessé, su director; el farmacéutico Jaime Senseve y el pintor José Atanasio Echevarría. A ella se integró el médico criollo José Estévez Cantal, quien junto a Sessé llevó a cabo una expedición también con fines botánicos, a Puerto Rico. La Real Comisión de Guantánamo, también conocida como Expedición del Conde de Mopox de 1796 a 1802 fue la única que la corona española destinó específicamente a Cuba. Estuvo organizada por el mariscal de campo Joaquín de Santa Cruz y Cárdenas, primer conde de Santa Cruz de Mopox y tercero de San Juan de Jaruco, un distinguido habanero miembro de la aristocracia de esta ciudad. Los propósitos de esta empresa eran básicamente militares y de fomento económico, y tenía entre sus objetivos impulsar un asentamiento en la zona de Guantánamo, en la región oriental de la isla escasamente poblada, el que finalmente no se logró. Tuvo asimismo entre sus objetivos la construcción de caminos y el trazado de un canal para unir Güines con la Villa de San Cristóbal y poder conducir desde aquella región las maderas que el Real Arsenal de la Habana necesitaba. No obstante, el fracaso de muchos de sus proyectos, la expedición logró levantar planos, realizar estudios en la Isla de Pinos, hoy Isla de la Juventud, el Mariel y en la bahía de Nipe, e inventariar parte de la flora, la fauna y de la riquezas mineralógicas de la isla. Aunque una buena parte de los estudios de esta expedición permanecen inéditos en archivos españoles, y algunas de las colecciones que esta logró reunir se perdieron accidentalmente, como sucedió con la colección de minerales, el herbario colectado por Baltasar Boldo y Estévez Cantal, verdadera joya de la flora insular cubana donde se reconocen alrededor de 1090 ejemplares, se conserva hoy día en el Real Jardín Botánico de Madrid. La documentación asociada con este herbario y las láminas ilustrativas de las plantas colectadas en la isla se dio a la imprenta en 1990 bajo el título de Cubensis Prima flora, una obra que se reconoce como el primer catálogo de plantas cubanas, cuya elaboración demandó la participaron, en un proyecto de colaboración, de varios investigadores españoles y cubanos. Antonio Parra Callado un militar portugués que se radicó en La Habana alrededor de la década de los años 70 del siglo XVIII, atraído por la profusión de la naturaleza, expreso su interés coleccionista en el siguiente testimonio:
9 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba “La multitud de producciones admirables, de que abunda la Isla de Cuba, y los mares que la rodean, en los tres Reynos (sic), Animal, Vegetal, y Mineral, me inspiró, desde los principios de mi entrada en ella, un deseo grande de acopiar una colección” (Parra, 1787). Motivado con la idea de realizar un repertorio que incluyera especímenes botánicos, fundamentalmente plántulas y semillas, los coleccionó y envió a instituciones españolas, como se puede deducir de la reflexión siguiente: “Desde entonces medité serían necesarias algunas piezas de las preciosas maderas de este País, para presentar á V. M. las diferentes clases que pudiese conseguir (…) No bien se había empezado la obra quando (sic) recibí una carta del Director del Real Gabinete, en la que me exórtaba (sic) continuase en la adquisicion (sic) de quanto (sic) pudiese” (Parra, 1787). Obras suyas fueron un folleto sobre los cedros de la Isla (Parra, 1799) y, Descripción de diferentes piezas de Historia Natural, las más del ramo marítimo, representadas en 75 láminas (Fig. 1), título que encabeza la literatura científica cubana, y de cuyo prólogo están tomadas las anteriores citas. Contiene este libro editado en la Imprenta de la Capitanía General en la ciudad de La Habana en el año 1787 muchos grabados (calco grabado) de peces cubanos, las descripciones de las piezas más interesantes de su colección museística compuesta por peces disecados, crustáceos, corales y esponjas, información del mobiliario que las contenía y otros temas curiosos relacionados con el medio ambiente y la medicina; del conjunto se hace notablemente interesante la figuración y los datos que aporta este catálogo de una de las piezas en colección, la joya de este gabinete que observó con microscopio y nombra como palma animal, un crinoideo pedunculado cuyos restos petrificados antecedieron al conocimiento, incluso, de su misma forma viva. Las descripciones de los peces escritas por Parra y las ilustraciones correspondientes hechas para el libro por su hijo tomando como modelos los ejemplares de la colección preparada y exhibida en el museo, así como las de Figura 1. Descripción de diferentes piezas de Historia Natural las más del ramo marítimo, del autor portugués Antonio Parra y Callado.
10 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo especies obtenidas y compradas en el mercado para tales fines, fueron muy apreciadas por los científicos franceses Jorge Cuvier y Aquiles Valenciennes, quienes aluden repetidas veces datos tomado de esta obra en algunos de los 22 tomos que comprende la Historia Natural de los peces editada por ellos en París en la centuria decimonónica. En 1793, Antonio Parra regresó a la península llevando consigo todas las colecciones que formaron su curioso museo, el primero, al parecer, que existió en la isla. Hoy día solo algunas piezas de aquel singular gabinete habanero, abierto a los curiosos en la calle Tejadillo número 8, desde horas tempranas de la mañana hasta las 9 de la noche, en horas cómodas, como reza en un anuncio del Papel Periódico de la Havana del 22 de julio de 1792, se encuentran conservadas en el Museo Nacional de Historia Natural de Madrid. Antonio Parra nació en Tavira, ciudad portuguesa ubicada en el Golfo de Cádiz, el 25 de junio de 1739. En su primera juventud había sido pescador. No sabemos cuándo murió, ni donde, aunque una de las últimas referencias documentales sobre su persona lo ubican en Madrid, vinculado con el Real Gabinete de Historia Natural y el Real Jardín Botánico. En el mismo año que Parra sale de Cuba con destino Europa, se crea en La Habana la Sociedad Patriótica luego reconocida como Sociedad Económica de Amigos del País, una institución que promovió las artes y las ciencias entre isleños y peninsulares propiciando con sus acciones a favor de la educación y la cultura, la creación en la primera mitad del siglo XIX, del Jardín Botánico y el Museo de Historia Natural. Fue esta una época donde se ponderó, además, la creación de cátedras para el estudio de la química y la botánica por ser disciplinas afines con la agricultura y la medicina, y toda gestión que contribuyera al conocimiento en este sentido, revertía a favor del progreso. La Península se vio acicateada por los Amigos del País y favoreció, en definitiva, los aires de la ilustración que circularon por la isla. El Jardín Botánico se inauguró en 1817 teniendo como primer director al habanero José Antonio de la Ossa, pero entre 1824 y 1836 lo dirigió el gallego Ramón de la Sagra quien asumió la enseñanza de la botánica con fines agrícolas. Las colecciones de plantas, semillas y los herbarios confeccionados siguieron en los muchos casos, el camino hacia Jardines Botánicos europeos o el de las colecciones de investigadores de prestigio en el Viejo Continente. Sobre la remesa de especímenes botánicos que Ramón de la Sagra hizo a científicos europeos tiene que ver el fragmento de carta siguiente: “He remitido a Mr. Desfontaines dos colecciones de semillas y plantas secas, la primera por conducto De Candolle apenas debe citarse por su escasez
11 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba y la precipitación con que fue hecha, y la segunda mucho más numerosa, salió de mi poder para Burdeos en 4 de Febrero. Temeroso de que se hayan perdido he preparado la adjunta, como una débil muestra de mi buen deseo…” (Puig-Samper y Valero, 2000). Sin embargo, otras colecciones con productos de la naturaleza cubana tuvieron otro destino. Tal fue el caso de la colección de minerales que el apenas conocido Toribio Zancajo obtuvo como resultado de un recorrido geológico a diferentes puntos de la isla alrededor del año 1839 cuyas notas científicas ingresaron las páginas de la publicación de la Sociedad Patriótica y los objetos en si, los fondos de su museo. Desafortunadamente aquellas piezas colectadas por Zancajo, hasta donde sabemos, no se han conservado; como tampoco conocemos muchos datos de su quehacer científico, solo aquel que refiere Luís Felipe Le Roy y Gálvez donde expresa que este personaje interesado en la geología y mineralogía cubanas era farmacéutico y que, una vez concluido su recorrido solicitó al Gobierno insular la creación de una cátedra de Química asociadas al saber farmacéutico, que no le fue concedida y si al renombrado químico español José Luís Casaseca con quien al parecer, Zancajo entabló una querella (Le Roy, 1971). Alejandro de Humboldt, el célebre científico alemán llegó a La Habana en diciembre de 1800 y permaneció aquí con su compañero de viaje, el médico francés Aimé Bonpland hasta marzo del año siguiente. Ambos se relacionaron con importantes personalidades de la isla recorriendo con ellas lugares de interés. Después de un extenso viaje por el continente americano regresaron a esta ciudad para volver a Europa luego de una visita a los Estados Unidos de Norteamérica. Fruto de los estudios e investigaciones de Humboldt es el libro Ensayo político sobre la isla de Cuba, publicado en 1826 en París, censurado en la isla por sus agudas interpretaciones y valoraciones económicas y su franca critica al sistema esclavista que la sustentaba. Él y su acompañante Aimé Bonpland recolectaron todo tipo de objetos de la naturaleza. Algunas colecciones se perdieron en travesías y naufragios, pero otras, fundamentalmente con material botánico, arribaron a su destino europeo y fueron trabajadas por el científico alemán Carl Sigismund Kunth, un consagrado botánico de gabinete, que describió la mayor parte de las especies colectadas por el dúo de exploradores durante su largo periplo americano. El título Nova Genera et Species Plantarum cuya autoría reconoce el trabajo de los tres, contiene la descripción de varias plantas de la isla contenidas en el trabajo Flora Cubae insulae obra donde además del ordenamiento y descripción aparecen especímenes estampados, depositados en la
12 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Colección del Museo Botánico y Jardín Botánico de Berlín Dahlem. Fue en el año 1826, el mismo que hemos señalado como la fecha que ve la luz el Ensayo del Barón Alejandro de Humboldt, que el joven cubano Felipe Poey y Aloy procedente de La Habana llega a la capital francesa con un representativo cargamento que incluía, además de notas y bocetos de mariposas, 85 dibujos de peces cubanos y 35 individuos de la misma especie conservados en barriles de aguardiente. Los ejemplares húmedos se los entregó a George Cuvier, quien a la sazón se empeñaba en el estudio de esta clase zoológica. Como es de suponer, esta mercancía y obviamente el conocimiento que de ella tenía Poey, puestos en manos de uno de los científicos más renombrados de la época, le abrieron las puertas de los salones científicos parisinos. En 1832 al constituirse la Sociedad Entomológica Francesa, Poey ingresó en calidad de miembro fundador. Pedro Andrés Latreille, Luís Alejandro Chevrolat y Félix Eduardo Guèrin-Mèneville, este último profesor de entomología en el Colegio de Francia y también uno de los autores que asumió parte en la elaboración del tomo VII de la Historia física, política y natural de la isla de Cuba publicada por Ramón de la Sagra, fueron integrantes de la asociación científica y mantuvieron durante años colaboración con Poey y muchos de sus coterráneos en la clasificación de la fauna de la isla. Uno de los primeros trabajos zoológicos compuesto por el naturalista cubano fue la Centuria de los lepidópteros de la isla de Cuba (Fig. 2). Obra publicada en París en 1832 a partir de sus notas y los dibujos realizados en Cuba. Hoy día se le considera un libro raro y costosísimo. Su objetivo fue dar a conocer las especies de insectos cubanos mediante la descripción e ilustración. Describió 20 mariposas, orugas y crisálidas dibujando el mismo las láminas, el proceso litográfico correspondió a P. Dumiéril. Al regresar a Cuba incluyó en las Memorias de la Sociedad Económica de Amigos del País de los años 1846 y 1847 un Catálogo metódico y descriptivo de las mariposas de la isla de Cuba que seguía las reglas científicas de Latreille, el llamado príncipe de la entomología. Los propósitos del Catálogo, además de dar por terminado el repertorio de mariposas inconcluso desde Francia, se correspondían con la idea de tener un buen muestrario de estos insectos descritos científicamente, ofrecer los caracteres específicos de las especies cubanas y satisfacer, con buenos consejos, a los aficionados o entendidos interesados en formar sus propias colecciones. Por eso incluyó su propia metodología de preparación, conservación y exhibición. En cuanto a las colecciones de peces, fueron varias las dispuestas por
13 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba Poey. Pudo ser la primera, aquella que entregó a Cuvier en 1826, pero existen ejemplares de sus trabajos y preservaciones en museos y universidades de España y Estados Unidos (González, 1999). El interés que despertaron sus colecciones, notas y dibujos ictiológicos en los Estados Unidos aglutinó un selecto grupo de importantes científicos quienes procuraban sus conocimientos en historia evolutiva y filogenia de vertebrados acuáticos. Entre ellos estuvieron James Carson Brevoort; Theodore Gill; G. Brown Goode; el conservador del Peabody Museum of American Archaeology and Ethnology de la Universidad de Harvard, F. M. Putnam; Setht E. Meek; David K. Goos; el promotor de la United Status Fish Comisión y de la Estación de Biología Marina de Woods Hole, Spencer F. Baird, y David Starr Jordan, quién visitó Cuba en los primeros años de la década de los ochenta del siglo XIX. El acreditado especialista quedó vivamente impresionado a su paso por La Habana pues, según su testimonio, al dirigirse al mercado de pescado con marcada intención de colectar especímenes, la primera recomendación que recibió de pescadores y vendedores fue, se dirigiera a la casa de Felipe Poey (Jordan, 1884). Un interesante artículo de Poey, entre los varios publicados en Norte América fue el estudio que hiciera precisamente, de los peces de la colección Antonio Parra depositada en el Museo de Historia Natural de Madrid. A partir de las consultas que hizo con los colegas españoles Laureano Pérez Arcas, profesor de la Universidad Central de la capital española y del propio director del Museo madrileño, Mariano de la Paz Graells pudo el naturalista habanero describir científicamente cada uno de los ejemplares del libro del portugués y publicarlo en los Proceedings of the Academy of Natural Science of Philadelphia en el año 1863. Comisionado por el Gobierno Colonial para reunir objetos de la naturaleza en la isla y enviarlos a España dispuso, entre otras tantas colecciones de caracoles y de insectos, otras de reptiles y aves, y una colección de 53 Figura 2. Centuria de los lepidópteros de la isla de Cuba. Comprendió la tirada de dos décadas de las diez que se propuso su autor, el naturalista cubano Felipe Poey y Aloy.
14 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo peces disecados que remitió con sus nombres científicos y vulgares al Museo de Historia Natural de Madrid. Tampoco faltaron como remesas los animales vivos, particularmente reptiles (Fig. 3). Su obra más relevante es la Ictiología cubana, esta junto a las Memorias y el Repertorio de Historia Natural de la Isla de Cuba, representaron el vademécum de los naturalistas de su época, ellas atesoran en datos muchas de las descripciones que tiene como modelo los peces secos de su colección; las láminas y dibujos que en ellas aparecen realizadas tomando como plantillas aquellos especímenes que, en su estado fresco, tal cual llegaban del mercado, eran procesados para estudio. El Museo que fundó y mantuvo a pesar de los escasos fondos y los avatares que las vicisitudes monetarias le ocasionaron, guarda aun una buena parte del patrimonio que él creo y que sus continuadores y discípulos siguieron enriqueciendo (Fig. 4). Esta institución, la más antigua de su tipo en el país, brinda hoy día un apoyo cultural a la docencia universitaria y a la ciencia, y mantiene activas algunas de las funciones concebidas por su fundador en la lejana fecha del año 1838 cuando se propuso presentar a la juventud habanera las producciones del país y de otros lugares, bien conservadas y acompañadas de tarjetas instructivas para estimular el ánimo investigativo; promover el coleccionismo y la clasificación científicas de los especímenes de los tres reinos; fomentar la afición por la Historia Natural, agrupar a los interesados en sociedades científicas y formar verdaderos naturalistas profesionales, así como también estimular la creación de archivos y biblioteca y la publicación de libros y revistas de ciencias. Otra de las colecciones importantes cubanas del siglo XIX que hoy pueden ser apreciadas es la que fomentó con especímenes de la fauna, Johann Cristoph Gundlach. Este naturalista alemán llegó a la isla en 1839, acompañado por dos paisanos, el botánico Edward Otto y el malacólogo Louis Pfeiffer. Ambos, luego de recorrer lugares de interés partieron de Cuba llevando consigo material zoológico y botánico de interés para el estudio de sus respectivas especialidades, pero Gundlach se quedó y organizó en la provincia de Matanzas una excepcional colección que alcanzó, por la variedad Figura 3. Ejemplares malacológicos enviados por Felipe Poey que se conservan en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid. Fotografía de M. Bautista y A. Sanz Andrés. Cortesía del Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid.
15 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba y rareza de sus piezas la categoría de Museo Zoológico Cubano. La misma incluía casos de melanismo y albinismo e individuos con deformaciones, además de animales vivos y los holotipos empleados por el en sus descripciones. A causa de sus múltiples viajes de investigación y recolecta a lo largo de toda la geografía insular se convirtió en el gran conocedor del hábitat y los hábitos de la fauna cubana, relación que reflejó en cada una de sus publicaciones y en el historial de cada pieza colectada. Los especialistas en la isla y fuera de ella lo tuvieron como consultante, particularmente los alemanes Jean Cabanis, primer conservador del Real Museo Zoológico de Friedrich-Wilhelm-Universität de Berlin; Wilhem Peters, director del Jardín Zoológico de Berlín, y Eduard Zesekorn; fundador de la Sociedad de Historia Natural de Kassel y su director muchos años. En Puerto Rico, donde residió temporalmente a causa de sus estudios, apreciaron su labor científica como conservador y curador de colecciones los españoles Domingo Bello Espinosa y Tomás Blanco; el puertorriqueño de origen alemán Agustín Stahl y el cónsul germano en esta isla caribeña, Leopold Krug, este y la los Padres Escolapios a cargo de las Escuelas Pías en la vecina isla, le entregaron sus colecciones para que el las clasificara y ordenara de acuerdo a los conceptos modernos. Su Museo fue primordialmente un espacio para el estudio, aunque estuvo abierto al público heterogéneo que se interesó en visitarlo, sobre todo, en la época que sus colecciones permanecieron en Matanzas. Cuando en 1895 fueron trasladadas para quedar vistosamente acotejadas en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, sus piezas pasaron a ser objeto de interés docente sin dejar de ser vistas o consultadas por naturalistas. En la actualidad, las piezas agrupadas en una colección clasificada como histórica se mantienen para el aprovechamiento de los investigadores en la rama de la biología en el Instituto de Ecología y Sistemática del Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente. La gran riqueza de este conjunto patrimonial de la fauna cubana puede ser constatada en la colección entomológica y particularmente en el grupo de los lepidópteros; en la malacológica integrada por moluscos terrestres, marinos y fluviales. Particularmente relevante es la Figura 4. Etiquetas antiguas pertenecientes a la colección ornitológica del Museo Felipe Poey y Aloy.
16 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo colección herpetológica, donde los anfibios y reptiles se conservan en sus frascos originales, sumergidos en aguardiente, preservante utilizado por Gundlach, y suspendidos de flotadores de vidrio. La muestra ornitológica, la más significativa del conjunto, la conforman aves de Cuba y de Puerto Rico. Algunos ejemplares se encuentran montados y otros en piel, casi todos etiquetados con los datos que Gundlach como curador les adjudicó. Se hallan representadas más de la mitad de las aves que en la actualidad se conocen, incluyendo algunas especies altamente amenazadas, también nidos y huevos. Esta sección del Museo tuvo entre sus piezas más significativas al extinto Guacamayo cubano (Ara tricolor), lamentablemente perdido no solo de la naturaleza, sino también de la propia colección, por atroz acción vandálica. Un catálogo impreso de la avifauna cubana presente en la colección Gundlach fue editado en 1913 por el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana sobre la base del estudio que de ella realizara in situ, en 1907, el conservador del Museo, Dr. Pedro V. Ragués (Fig. 5). Tanto Poey como Gundlach donaron piezas de sus respectivas colecciones al Museo que con el apelativo de indígena comenzó a gestionar, la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana Esta corporación valoró como un servicio importante de sus miembros la donación de objetos originarios del país o exóticos, clasificados o sin clasificar, pero con una relación más o menos exacta de sus características, usos y propiedades, tarea que fue cuidadosamente planteada en los estatutos que desde los primeros tiempos rigieron su trabajo. A esta institución científica le cupo, como a ninguna otra de su género, la acción efectiva de favorecer las investigaciones, el intercambio e incluso, el apoyo a la docencia de la Historia Natural a partir de la existencia de las muestras acopiadas. Poseyó colecciones de rocas y minerales colectados en diferentes zonas de la isla; desde el área minera de El Cobre en Santiago de Cuba, y la cueva de Bella Mar en Matanzas, hasta de la región occidental con muestras de Guanabacoa en La Habana y Pinar del Río e Isla de Pinos. Varios herbarios y colecciones de maderas de la isla, e incluso de Canadá. Semillas, una colección de frutas modeladas en cera, muestras de fósiles cubanos y de Honduras, y otros objetos de los tres reinos naturales. Contribuyeron con donativos al Museo de la Real Academia su presidente fundador, el Dr. Nicolás José Gutiérrez, gran coleccionista de conchas y caracoles y hábil en el arte de modelar con cera, y Manuel Fernández de Castro, el geólogo y paleontólogo español.
17 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba Aunque la Academia no tuvo mujeres en su membrecía si gozó de donaciones de benefactoras solidarias. Tal fue el caso de Candelaria Blaín, hermana de José Balín Cervantes y viuda del botánico Francisco Adolfo Sauvalle. Ella entregó a la institución científica quizás el herbario más importante que poseyó, aquel que unió las herborizaciones hechas por su hermano y la de su esposo en una misma colección reconocida como Herbario Sauvalle. Blaín, botánico por afición, desde su estancia El Retiro accedió al estudió de la flora vernácula en su ambiente natural colaborando con su cuñado Sauvalle, autor de una Flora cubana, que puso el acento en la revisión de aquellas especies estudiadas por el geobotánico alemán Augusto Grisembach a partir de una compilación preparada por el Dr. Charles Wrigth, reconocido explorador norteamericano. Wrigth ingresó algunas plantas colectadas por Blaín al Field Colunnbian Museum de Chicago, el botánico C. F. Millspaugh, curador de este museo, fue quien incluyó más de un centenar de plantas preparadas por Blaín en una obra titulada Plantae Insulae Ananasenses, Catálogo de las plantas coleccionadas en la Isla de Pinos, Cuba, por Don José Blaín (Baker, 1906). Otras colecciones con piezas de la naturaleza cubana o de otras latitudes en los fondos del museo académico fueron creadas gracias a los depósitos de Carlos de la Torre y Huerta, el gran malacólogo de Cuba, su mecenas y conservador; a Fernando V. Aguirre estudioso de fósiles, a Ramón Meza, coleccionista privado y entusiasta a la geología; y al médico Antonio de Gordon Acosta, cuyo donativo consistió en la entrega de un muestrario de maderas probablemente montadas al estilo de una xiloteca. La existencia útil de todas las colecciones de la academia quedaron avaladas por el naturalista y profesor universitario Juan Vilaró Díaz cuando en 1884 interesado en explicarle a los estudiantes de su curso los contenidos zoológicos que él impartía, pidió a los miembros de la institución científica en la sesión pública ordinaria del 24 de febrero de ese año (la información fue publicada en el tomo XX de los Anales Figura 5. Catálogo de las aves del Museo Zoológico cubano del naturalista alemán Juan Cristóbal Gundlach, editado por gestión del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana.
24 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo dos, otros por la proyección del presente trabajo, restringido a unos breves apuntes históricos quedarán omitidos. Sin embargo, no pueden dejar de mencionarse los integrantes de la familia De la Torre, toda una dinastía de científicos que en apoyo de sus investigaciones conformaron auténticas colecciones de los llamados tres reinos naturales. Ricardo de la Torre y Madrazo, Salvador de la Torre y Huerta, Charles T. Ramsden y de la Torre, Alfredo y Salvador de la Torre y Callejas, y el iniciador de la estirpe, Carlos de la Torre y Huerta quien además de curar colecciones para instituciones nacionales y privadas en Cuba y en el extranjero, creo su propio museo ubicado en la céntrica calle habanera de Galiano (Fig. 9). Un álbum ilustrado con fotos de aquel museo y con láminas en blanco y negro de los peces tropicales reproducidos de las acuarelas originales del pintor alemán Otto Siepermann (Fig. 10) fue uno de los recursos de su fundador para solucionar la imposibilidad de representar los dibujos del acuarelista que con gran maestría las realizó a tamaño natural, captando los colores que tenían en estado fresco. Estas láminas fueron grabadas, además en diapositivas fabricadas por Eastman Kodak, cuya marca se reconoce comercialmente como Kodachrome, una tecnología muy apreciada por la fidelidad de reproducción de los colores, en aquellos tiempos todo un lujo de edición para un catálogo. Desafortunadamente desconocemos si este material existe o se conserva en alguna institución o en manos de algún particular. No sería aventurado establecer la comparación de recursos museográficos y didácticos que desarrollaron Felipe Poey y Carlos de la Torre en los respectivos museos que crearon. En uno y otro las láminas con dibujos de especies de la fauna, sacados del natural, por pintores y dibujantes o por los propios investigadores vinieron en muchos casos a sustituir la existencia real de especies zoológicas. Tanto Poey como su discípulo Carlos de la Torre trataron con ello de ahorrar espacio y tener en exhibición por vías del dibujo casi fotográfico, ejemplares que en su estado de preservación en húmedo como en piel u otras formas, les resultaría costoso conservar y mantener. Poey Figura 9. Vista de un área de exposición del museo Carlos de la Torre Huerta ubicado en la calle capitalina de Galiano número 112. Este museo se caracterizó por tener, además de objetos de la naturaleza y animales disecados, una excelente colección de láminas ilustrativas a todo color de Otto Siepermann reproducidas en tecnología Kodachrome.
25 Capítulo 1. Colecciones de Historia Natural en Cuba siempre insistió en la necesidad para el naturalista de aprender dibujo y De la Torre buscó para la realización de las láminas a un reconocido experto en la materia como Otto Sipermann. Mario Sánchez Roig, conservador de colecciones docentes y poseedor de una gran colección particular de protozoarios, Pedro J. Bermúdez, Miguel L. Jaume, Abelardo Moreno y Carlos Guillermo Aguayo, autor de metodologías y procedimientos curatoriales para las colecciones científicas de objetos de la naturaleza. Jorge Brodermann, Oscar Arredondo, Luis Varona, José Milera, Gilberto Silva y Antonio Núñez Jiménez, poseedor de piezas excepcionales fruto de sus exploraciones por el archipiélago cubano y fuera de sus límites. Las importantes evidencias reunidas por él y sus continuadores se hallan en la sede de la Fundación de la Naturaleza y el Hombre, institución que creó para el fomento de la cultura científica a favor de la preservación ambiental. Todas estas figuras integran el elenco de importantes personalidades cuya obra patrimonial se conserva en museos cubanos y del extranjero. Sería imposible dar elementos de la historia de las disciplinas científicas que en el país han logrado hacer, conservar y mantener colecciones de historia natural sin tener presente el legado de ellos. Tampoco sería justo omitir, aunque en estos apuntes solo aparezcan en breve referencia, el quehacer institucional que ha permitido guardar, incrementar, organizar y conservar el acervo patrimonial de muchos centros que en el país se empeñan en los estudios e investigaciones vinculadas con la historia natura. Ejemplos de esta obra colectiva son el Instituto de Ecología y Sistemática, el Instituto de Geología y Paleontología, el Museo Nacional de Historia Natural, el Instituto de Oceanografía, los Centros de Educación Superior, y otras muchas que aparecerán referidas en un directorio que este mismo manual recogerá en sus detalles. Figura 10. Lámina dibujada por el pintor Otto Siepermann, siguiendo las indicaciones de diseño científico del propio Carlos de la Torre. Aparecen representadas especies marinas. La imagen está tomada del libro de José Álvarez Conde, Historia de la Zoología en Cuba, 1958.
26 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo LIteratura cItada Baker CF. 1906. José Blaín. Primer Informe. Estación Experimental Agronómica, Santiago de las Vegas, 217-223. González RM. 1999. Felipe Poey. Obras. Publicaciones Imagen Contemporánea, La Habana. 525 p. Jordan DS. 1884. Sketch of Profesor Felipe Poey. The Popular Science Monthly. 547-548. Le Roy y Gálvez LF. 1971. Casaseca, maestro y precursor de Reynoso. Revista de la Biblioteca Nacional José Martí. Parra A. 1787. Descripción de diferentes piezas de Historia Natural las mas del ramo marítimo, representadas en setenta y cinco láminas. Imprenta de la Capitanía General, La Habana. Parra A. 1799. Discurso sobre los medios de connaturalizar en España los cedros de La Habana, y otros árboles, así de construcción, como de maderas curiosas y frutales. Madrid. Puig-Samper MA, Valero M. 2000. Historia del Jardín Botánico de la Habana. Editorial Doce Calles, Madrid. 125 p. Valdés Regués P. 1913. Museo Cubano Gundlach. Catálogo de Aves, Cuba, P.R. Imprenta y Pepelería de Rambla, Bouza y Cía. Vilaró J. 1890. El Museo cubano de Gundlach. Repertorio Médico Farmacéutico. 105-111.
Procedimientos curatoriales como herramienta para la conservación y manejo de colecciones de historia natural en Cuba Capítulo 2 Nayla García Rodríguez, Jans Morffe Rodríguez IntroduccIón Todas las instituciones poseedoras de colecciones de historia natural suelen tener normas que rigen los procesos a seguir para su conservación y manejo. Este conjunto de indicaciones, reglas, procesos y metodologías es lo que solemos llamar procedimientos curatoriales, en el caso de las colecciones de historia natural o procedimientos para la gestión de colecciones, de forma más general (Silva, 1991; Sanchíz, 1994; Mesa y Bernal, 2005; Ladkin, 2007; González et al., 2008; MNHNSD, 2011; Mancina y Cruz, 2017). No siempre reconocibles en un formato oficial y en muchas ocasiones no publicadas, su origen está unido al de las colecciones y suelen ser tan antiguas como estas. Quizás por ello las referencias bibliográficas de manuales o normas de procedimientos curatoriales son bastante escasas, aun estando reconocidas e institucionalmente implementadas. Las colecciones de historia natural incluyen ejemplares zoológicos y botánicos, hongos, rocas, minerales y fósiles, además del amplio mundo de los microorganismos. Una composición tan amplia y variada trae aparejada una también amplia y variada gama de metodologías para su conservación y manejo. No existen procedimientos universales para la conservación y manejo de colecciones de historia natural, sólo principios y lineamientos muy generales, que deben ser adaptados a las características particulares de cada colección Los ejemplares, soportes de montaje y la documentación asociada, muestran un acentuado ritmo de autodegradación y reactividad a los efectos de los agentes de deterioro, dada su composición y relativa inestabilidad o fragilidad estructural (Mesa y Bernal, 2005; Simmons y Muñoz-Saba, 2005; García y Morffe, 2017). Su conservación requiere de condiciones de almacenamiento muy específicas de climatización, iluminación, y protección. También requieren de grandes espacios pues suelen ser
30 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo colecciones muy voluminosas (Thomson, 2003, 2005; Páez, 2004; Suárez y Tsutsui, 2004; García y Morffe, 2012). FormacIón de coleccIones La formación de colecciones de historia natural y el enriquecimiento de sus fondos se rige por los mismos principios que el resto de las colecciones (UNESCO, 2007). Este incremento debe estar dirigido hacia la búsqueda de una mayor representatividad y riqueza de ejemplares, incluyendo los aspectos geográficos e históricos. Las colecciones de estudio se nutren fundamentalmente de la recolecta. Esta siempre va a estar enfatizada hacia los grupos en estudio y según los especialistas disponibles. Las colecciones de exhibición se enriquecen de forma coyuntural y adquieren los ejemplares necesarios a través de la compra o el intercambio a partir de sus fondos, mientras las colecciones docentes combinan ambas formas. Igual comportamiento se manifiesta en aquellas instituciones donde coexisten dos o todos estos tipos de colecciones. Cada grupo o tipo de colección tiene métodos muy específicos para la recolecta de sus muestras o ejemplares. Aspectos comunes a tener en cuenta son el empleo de técnicas y metodologías no destructivas y la reducción al mínimo posible de nuestra intervención en el medio natural. Dadas las características de estas colecciones, el exceso de ejemplares contribuiría negativamente a su conservación. Al recolectar, además de buscar series representativas de la diversidad presente en la naturaleza, debe tenerse en cuenta que puedan ser efectivamente conservados (González et al., 2008; García y Morffe, 2017). Otra forma de incremento es el intercambio de material entre especialistas para su determinación e identificación, práctica común entre colecciones biológicas, con el consiguiente depósito en colecciones de al menos cierta parte de este y el envío de segmentos de las series tipo y/o vouchers de los nuevos taxones descritos a otras instituciones. Esto garantiza su preservación y accesibilidad a ejemplares e información asociada. InFormacIón asocIada a coleccIones La información asociada a una colección de historia natural está formada por el conjunto de documentos u otros tipos de soportes donde se recogen todos los datos científicos y curatoriales correspondientes a cada uno de los ejemplares de sus fondos. Esto incluye etiquetas, registros, fichas, catálogos y similares, además de la bibliografía referida a los aspectos curatoriales, incluidos los documentos de control de su conservación y manejo, así como los resultados de las investigaciones a partir del material depositado en colecciones.
31 Capítulo 2. Procedimientos curatoriales como herramienta Otra información, no menos importante, es la contenida en los propios ejemplares, obtenible sólo a partir de su estudio. Los soportes de esta información incluyen el papel o cartulina de documentos como etiquetas, catálogos, registros, reportes, artículos, monografías; además de bases de datos, fotografías, diapositivas, videos, grabaciones y sus correspondientes versiones digitales. La documentación original, posee tanto valor patrimonial como los ejemplares que avalan y constituyen evidencia de su autenticidad (Fig. 1). El acceso digital a la información asociada a colecciones y sus ejemplares, facilita el trabajo investigativo y contribuye a su conservación al evitar manipulaciones innecesarias. Por otra parte, favorece el establecimiento de redes para el intercambio de información a partir de un equipamiento mínimo indispensable y la disponibilidad de programas adecuados. Esto no implica la eliminación de la información en formato impreso. En nuestras particulares condiciones de trabajo este formato estará siempre disponible, con independencia de la disponibilidad o no del equipamiento necesario para acceder a la información digitalizada. organIzacIón Existen numerosos criterios para la organización de una colección de historia natural (González et al., 2008; Mancina y Cruz, 2017). Las colecciones suelen estar organizadas por grupos más o menos naturales establecidos por la disciplina de estudio a la que correspondan. El principio fundamental obedece a las categorías de clasificación establecidas en el grupo de que se trate. Con independencia del sistema de ordenamiento, la organización de una colección tiene que garantizar su conservación y accesibilidad. Se deben tener en cuenta las características climáticas del lugar de ubicación y las condiciones ambientales que de ellas se derivan; las condiciones constructivas del inmueble, mobiliario y equipamiento disponible, además de las características propias de los fondos que alberga. La función de las colecciones también va a determinar su ordenamiento, en dependencia de su uso para el estudio, la docencia o la exhibición. Figura 1. Etiquetas originales en ejemplares zoológicos y de herbario.
32 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Nuestras colecciones se caracterizan por estar instaladas en locales readaptados, carentes de las condiciones requeridas, con estantería diversa, no siempre adecuada e insuficiente, lo que dificulta un ordenamiento apropiado. El arreglo elegido debe garantizar el fácil acceso a los ejemplares e información asociada, el mantenimiento del orden, y el mejor ambiente de almacenamiento y conservación. Debe garantizarse la optimización de recursos humanos y materiales disponibles, para garantizar su uso y paliar el deterioro de los ejemplares, aprovechando al máximo el espacio disponible. El abarrotamiento de las estanterías influye negativamente en la conservación, dificulta el aireamiento y potencia los efectos negativos de la humedad y la temperatura, impide una adecuada limpieza y dificulta el movimiento de los ejemplares. Estos pueden sufrir daños mecánicos por compresión y rozamiento, desprendimiento de partes y otros daños estructurales más o menos graves (Fig. 2). En general se recomienda separar físicamente, en estanterías y/o locales diferentes, según la disponibilidad, las colecciones húmedas de las secas, por las características específicas de cada una de ellas para su conservación. También deben estar separados los tipos, las históricas y los ejemplares y colecciones únicas, por su importancia relativa para las prioridades de conservación. Sea cual sea el sistema de ordenamiento y el principio de organización, las distintas colecciones deben estar perfectamente identificadas para su rápida localización, lo que facilita su tratamiento diferencial en dependencia de sus características e importancia relativa. conservacIón La conservación o preservación se refiere a cualquier acción dirigida a incrementar la perdurabilidad en el tiempo o esperanza de vida de las colecciones y sus ejemplares. Esta puede ser preventiva, curativa o restaurativa, en dependencia del grado de deterioro de las mismas. La preventiva tiene como objeto evitar o minimizar futuros Figura 2. Daños mecánicos provocados por compresión y rozamiento: desprendimiento de apéndices en aves y mamíferos.
33 Capítulo 2. Procedimientos curatoriales como herramienta deterioros en los ejemplares y se basa en las condiciones del contexto como garantía de conservación. La curativa se realiza para detener los efectos de procesos de deterioro ya establecidos y la restaurativa, para eliminar estos efectos (Mairesse et al., 2010). Para muchos autores, la necesidad de aplicar un proceso de restauración a un ejemplar está provocada por un fallo en su preservación y manejo. Sea por un error de manejo, un accidente o efectos del auto deterioro característico de los ejemplares de historia natural, su objetivo es devolver la apariencia original al ejemplar, preservando sus valores intrínsecos y extrínsecos, extendiendo su durabilidad y uso. En ejemplares de historia natural, específicamente los biológicos, resulta imprescindible que este proceso no afecte los caracteres diagnósticos. Debe además ser reversible, no permanente y realizarse con materiales similares y neutros para evitar reacciones adversas. El grado de intervención varía en dependencia del tipo de colección. A los ejemplares de estudio solo se le recolocan las partes desprendidas o se preservan por separado; a los de exhibición también se le recolocan las partes desprendidas, se le insertan segmentos (incluso de otros ejemplares), se les retoca la pigmentación y texturas perdidas por deterioro. En colecciones docentes el nivel de intervención varía con el uso preciso del ejemplar. Los ejemplares de rocas y minerales pueden ser reconstituidos utilizando soportes interiores y pegamentos adecuados de composición similar (Fig. 3). La efectividad del proceso de restauración depende del mantenimiento de las adecuadas condiciones de conservación. La restauración no garantiza la supervivencia del ejemplar, implica un incremento en los costos de su conservación y por lo general, puede causar efectos nocivos secundarios. Las colecciones de historia natural se caracterizan por la relativa inestabilidad de sus ejemplares debido a sus altos niveles de autodegradación y reactividad. Los materiales orgánicos de colecciones biológicas están compuestos por varios tipos de tejidos, que reaccionan de distinta forma a cada preparación y cambio ambiental; mientras que los inorgánicos, como las colecciones geológicas, muestran niveles de reactividad variable en dependencia de su composición. A esto se suman los materiales de sus soportes y etiquetas, donde se combinan elementos orgánicos e inorgánicos. Para la conservación, además de las características propias de las colecciones y ejemplares, debemos tener en cuenta las condiciones espaciales y ambientales de los lugares donde se encuentran depositadas. Las primeras se refieren a las características de los inmuebles (arquitectura) y los muebles (gabinetes, estantería) donde se encuen-
40 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo salud y coleccIones Las características de las colecciones de historia natural y de su curaduría implican ciertos riesgos para la salud del personal vinculado a las mismas. No se conocen muchos estudios específicos de enfermedades profesionales relacionadas con el trabajo en colecciones de historia natural, por lo que debemos tener en cuenta cualquier manifestación de efecto físico adverso en la salud del personal y buscar la asociación entre la aparición del trastorno con alguna tarea en particular. Se recomienda la realización de chequeos médicos periódicos y especializados, incluyendo la vacunación actualizada y específica (González et al., 2008; García y Morffe, 2017). Los reactivos utilizados en la preparación, montaje y conservación de ejemplares pueden provocar quemaduras, alergias, envenenamientos e intoxicaciones más o menos severas. Otro aspecto a tener en cuenta es la presencia de una importante población de microorganismos asociados a las colecciones y su deterioro, agentes causales de varias enfermedades infecciosas micóticas, bacterianas y virales más o menos graves. Existen recomendaciones generales para el trabajo en colecciones (González et al 2008; Mancina y Cruz, 2017) pero las limitaciones de recursos y las características específicas de nuestras colecciones hacen casi imposible la implementación y adecuado seguimiento de las mismas. No obstante, la limpieza y el orden más estrictos, incluida la eliminación de los desechos y la realización de estudios ambientales, constituyen acciones basales que contribuyen a garantizar la salud de nuestro personal. Otro aspecto es el uso de los medios de protección individual establecidos, aunque no siempre disponibles y a veces lamentablemente ignorados, como son las batas sanitarias, mascarillas de filtro antipolvo y antigérmenes, gafas, guantes y gorros o cobertores para el cabello (Fig. 7). algunas consIderacIones FInales Nuestras colecciones de historia natural afrontan graves dificultades en cuanto a la disponibilidad de recursos humanos y materiales para su adecuada conservación y manejo (García y Morffe, 2017, 2020). Ello obliga a implementar procedimientos y estrategias que permitan viabilizar su curaduría a partir de los recursos disponibles, diseñados Figura 7. Uso de medios de protección individual: bata, guantes y mascarilla.
41 Capítulo 2. Procedimientos curatoriales como herramienta de acuerdo a las características de cada colección y el uso que de ellas se hace. El manejo de una colección requiere capacitación (Mesa y Bernal, 2005; Ladkin, 2007; García y Morffe, 2020). Con independencia del nivel de la formación del personal vinculado a estas labores, ya sea universitaria, técnica o profesional, esta debe ser adecuada y permanente, como garantía para la comprensión y aplicación de las estrategias y procedimientos diseñados. Un manejo desacertado durante cualquier actividad curatorial incrementa el deterioro de los ejemplares de cualquier colección, con independencia de su tipo y uso. Restauraciones inadecuadas, condiciones ambientales no aptas para su preservación y favorables para la acción de agentes deteriorantes, en particular los biológicos, pueden destruir ejemplares y sus soportes de información. Las particulares características de las colecciones de historia natural hacen que las metodologías y medios para su conservación y manejo sean muy diversos y al mismo tiempo marcadamente específicos. El grado de afectación de una colección va a variar según la naturaleza de los materiales depositados en ellas y por tanto estrategias, procedimientos y controles, han de ser diferentes, flexibles y adaptables a las necesidades de cada una. lIteratura cItada García N, Morffe J. 2012. Ejemplares e información asociada: el ying y el yang de las Colecciones Biológicas. CartaCuba. 4(1): 14-16. García N, Morffe J. 2017. Conservación y manejo de colecciones zoológicas, pp. 480-491. En: Diversidad biológica de Cuba: métodos de inventario, monitoreo y colecciones biológicas (C. A. Mancina y D. D. Cruz, Eds.). Editorial AMA, La Habana, 502 pp. García N. y Morffe J. 2020. Colecciones para la diversidad biológica. Poeyana. 510: 1-9. González H, Silva G, García N, Pérez A. 2008. Procedimiento Curatorial para Colecciones Zoológicas Cubanas. Acta Botánica Cubana. 202: 13-29. Ladkin N. 2007. Gestión de las colecciones. Como administrar un museo: Manual práctico. Unesco, Oficina de La Habana, 31-50 pp. Mairesse F, Desvallées A, Deloche B, Chaumier S, Schärer M, Montpetit R, Bergeron Y, Drouguet N, Davallon J. 2010. Conceptos claves de museología. Comité Internacional del Consejo Internacional de Museos (ICOFOM), 87 pp. Mancina CA, Cruz Flores DD (Eds.). 2017. Diversidad biológica de Cuba: métodos de inventario, monitoreo y colecciones biológicas. Editorial AMA, La Habana, pp. 502.
42 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Mesa DP y Bernal AA. 2005. Protocolos para la preservación y manejo de Colecciones Biológicas. Boletín Científico Centro de Museos, Museo de Historia Natural, 10: 117-148. MNHNSD. 2011. Manual de Procedimientos Curatoriales. Departamento de Investigación y Conservación, Museo Nacional de Historia Natural de Santo Domingo (MNHNSD), pp. 94. Páez VP. 2004. El valor de las Colecciones Biológicas. Boletín Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, Colombia, 26(81): 34-47. Sanchíz B. 1994. Manual de catalogación y gestión de las colecciones científicas de historia natural. Manuales técnicos de Museología. Museo Nacional de Ciencias Naturales, Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Volumen 1, 80 pp. Silva G. 1991. Procedimento curatorial. Museo Nacional de Historia Natural. Informe técnico. Simmons JE, Muñoz-Saba Y. (Eds.) 2005. Cuidado, manejo y conservación de las colecciones biológicas. Conservación internacional. Serie Manuales para la Conservación. Bogotá D.C., Colombia, 286 pp. Suarez AV, Tsutsui ND. 2004. The value of museum collections for research and society. BioScience. 54: 66-74. Thomson KS. 2003. Treasures on Earth: Museums, Collections, and Paradoxes. London: Faber and Faber, pp. 477. Thomson KS. 2005. Las Colecciones de los Museos de Historia Natural en el Siglo XXI. Action Bioscience, American Institute of Biological Sciences, 747: 47-77. UNESCO. 2007. Como administrar un museo: Manual práctico. Oficina de La Habana, pp. 220. Winston JE. 2007. Archives of small planet: The significance of museum collections and museum-based research in invertebrate taxonomy. Zootaxa. 1668: 47-54.
Conservación y restauración Marco Antonio Olcha Cordero Capítulo 3 IntroduccIón El estudio científico de la conservación de colecciones y en específico, las de historia natural, es una disciplina relativamente reciente. Además de proteger las colecciones contra las plagas mediante la regulación de los factores ambientales abióticos y la aplicación de plaguicidas, la conservación continúa siendo un problema crítico no resuelto a escala mundial. Los ambientes tropicales hacen de dichos factores problemas de mayor envergadura (González et al. 2008, Saba y Simmons, 2005). Por otra parte, los materiales y productos que constituyen el sustrato de almacenamiento de las colecciones pueden reaccionar con las sustancias empleadas en la preparación de los ejemplares y con los propios ejemplares, de composición orgánica o altamente reactiva y provocar su deterioro (González et al. 2008; Saba y Simmons, 2005). El mantenimiento y la conservación, constituyen la función y responsabilidad esencial del conservador. Para que pueda cumplir su función, deberá apoyarse extensamente en los técnicos y curadores de cada una de las colecciones, y que estos mantengan con el conservador una permanente retroalimentación informativa. Los técnicos y curadores de cada colección constituyen los ojos de alerta contra la aparición de cualquier anomalía en los ejemplares a su cuidado. El mantenimiento primario de las colecciones será ejecutado directamente por los técnicos de cada una de ellas, bajo la supervisión del conservador y siguiendo los lineamientos establecidos. En los casos que sean detectados problemas de mayor envergadura se le comunicará al conservador para que actúe en consecuencia. Toda otra iniciativa o acción de carácter conservacionista, sea preventiva o correctiva, debe ser aprobada por el conservador (González et al. 2008). Para la realización de estas tareas, se deberá contar con los medios de protección establecidos (guantes, mascarillas y batas sanitarias) que garanticen la salud del personal que realiza la tarea. Los productos utilizados en su preparación y conservación, así como el polvo almacenado sobre los ejemplares y estantes son una fuente de ácaros, esporas de hongos y otros elementos potencialmente nocivos para la salud.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 46 conservacIón Las conchas de los moluscos pueden presentar la llamada enfermedad de Byne, debido a altas humedades en el medio, esto se elimina lavando el ejemplar, repetidas veces con agua destilada. Se recomienda la limpieza general de los ejemplares que por alguna razón llegaron a la colección con una deficiente limpieza con detergentes líquidos, los cuales deben ser enjuagados con agua abundante para eliminar cualquier residuo (Saba y Simmons, 2005). Los insectos pueden ser afectados por hongos, que se tratan con una solución de etanol fenolado (1 mL de fenol en 1 000 mL de etanol 96°), aplicado con un pincel suave (Fig. 1). En casos de variaciones bruscas de temperatura, la deposición de cristales de naftalina por sublimación inversa, debe retirarse cuidadosamente utilizando pinceles finos (Fig. 2). Los niveles de concentración del preservante en colecciones alcohólicas pueden descender y provocar la aparición de varios tipos de hongos que pueden destruir ejemplares y etiquetas. Este tipo de infestación es muy común en colecciones herpetológicas y puede provocar la pérdida de los ejemplares. Si el daño es incipiente, la limpieza mecánica y la sumersión en soluciones de etanol fenolado pueden detener el efecto. Es imprescindible la esterilización de frascos, tapas y el instrumental utilizado para evitar contaminaciones de otros ejemplares (Fig. 3). En colecciones con un elevado número de ejemplares puede suceder la evaporación total del preservante. En estos casos se recomienda la inmersión en solución de glicol de etileno al 50%, o en solución de fosfato trisódico al 0,5%, ambas en agua destilada. La duración varía de 6 y 24 horas en proporción directa con el tamaño del ejemplar, después de lo cual se transfiere a su preservante habitual (Simmons, 2002). Este método suele dar buenos resultaFigura 2. Sublimación inversa de la naftalina. Obsérvese la deposición de la naftalina sobre las alas de las mariposas. Figura 1. Insectos afectados por hongos.
Capítulo 3. Conservación y restauración 47 dos con invertebrados en general y con vertebrados de pequeña talla, siempre y cuando la putrefacción no haya provocado efectos irreversibles. El material paleontológico, óseo o no, requiere de un cuidadoso trabajo de limpieza en seco, para evitar rehumedecimientos y la aparición de hongos que pongan en riesgo su supervivencia. Es muy recomendable el uso de una aspiradora con filtro tipo HEPA (filtro de alta eficiencia a las partículas) y la utilización de brochones de cerda suave. Se recomienda la utilización de mascarilla anti polvo y guantes de tela, recomendaciones extensibles a cualquier limpieza de ejemplares de colecciones secas. Esto también es aplicable a colecciones de rocas y minerales y osteológicas en general. En el caso de las aves, estas pueden estar montadas para exhibición o como pieles de estudio, pero en ambos casos su mantenimiento es muy similar. La revisión periódica para la detección de agentes biodeteriorantes resulta imprescindible. Las aves montadas pueden presentar problemas en las bases donde están colocadas, porque estas no siempre fueron tratadas antes de ser utilizadas. Se les retira el polvo empleando una aspiradora de succión controlada. Se sugiere colocar una gaza sobre el ejemplar para evitar succionar cualquier pluma que pudiera estar floja o desprendida o utilizando brochones de cerdas suaves. La limpieza se realiza a favor del plumaje, evitando compactar el polvo por presión. Otro tanto se realiza con la base y los anaqueles y vitrinas donde están colocadas. La aparición de hongos sobre el pico, patas, otras áreas de piel desnuda y en algunos casos sobre el plumaje, menos frecuente, debe ser tratada con alguna solución antifúngica y aplicarse de manera puntual sobre la zona afectada. La conservación en mamíferos, similar a lo que ocurre en aves, puede verse muy afectada por la preparación previa del ejemplar. Muchas de estas pieles fueron tratadas con sal y alumbre potásico, que al paso del tiempo y las fluctuaciones de humedad han reaccionado depositándose sobre la superficie. Su acumulación es más notable en las áreas de piel desnuda alrededor de ojos, hocico, orejas y patas. En las pieles de estudio, la limpieza se limita a retirar las sales acumuladas utilizando un brochón y Figura 3. Ejemplares y etiquetas cubiertos de hongos..
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 48 el polvo con el uso de una aspiradora o con otro brochón limpio siempre a favor del pelo. Los ejemplares montados, suelen estar barnizados o pintados y por tanto la acumulación de las sales no es tan notable. También se presenta, aunque es poco frecuente la aparición de hongos, que al igual que en las aves se tratan con una solución antifúngica y de forma puntual. En colecciones secas, es muy importante velar por los niveles de pesticidas en las áreas de almacenamiento, además de la aplicación de fumigaciones especializadas periódicas. En nuestro caso, la naftalina es el pesticida de uso casi generalizado en nuestras colecciones, aunque no es recomendado por muchos autores (Rose et al., 1995; Rose y Torres, 1995). En nuestras condiciones tropicales es preferible el uso de pesticidas a la desprotección de los ejemplares ante el ataque de las plagas. Para las colecciones alcohólicas es imprescindible el constante chequeo de los niveles de concentración del preservante. Para todas las colecciones, el control de temperatura y humedad relativa y su mantenimiento en niveles constantes constituye la herramienta más eficaz ya que al mismo tiempo estamos controlando las plagas, la aparición de hongos, y la pérdida acelerada de los niveles de preservante (González et al., 2008). restauracIón La restauración en los ejemplares de historia natural, consiste generalmente en reparar los daños existentes en los mismos, producto del efecto nocivo de cualquier factor de deterioro o su propia autodegradación. El efecto muchas veces combinado de estos factores suele provocar fragilidad, fractura, pérdida de apéndices, endurecimiento, descalcificación, decoloración, manchas, desecamiento, reblandecimiento, descomposición además del efecto acumulativo de la suciedad y el empolvamiento (González et al., 2008; Saba y Simmons, 2005). Sobre la restauración, como en el resto de los bienes patrimoniales, el principio a seguir es el de la mínima intervención. La intervención debe ser lo menos invasiva posible, todo el trabajo que se le realice a una pieza deberá ser reversible, y se tendrá un respeto absoluto a la pieza original como fue concebida por su autor. En muchas ocasiones, nos encontramos con ejemplares que son verdaderos retos a la capacidad del restaurador, y quien no siempre se cuenta con los recursos idóneos para enfrentar la tarea. Los ejemplares muy antiguos, preparados con técnicas muy rudimentarias, o en los mas recientes, los efectos nocivos de frecuentes cambios de local, manipulaciones por personal no calificado, condiciones
Capítulo 3. Conservación y restauración 49 inapropiadas de embalaje y transportación, climatización inadecuada y a la falta de fumigaciones especializadas periódicas; pueden provocar daños en ocasiones irreversibles con independencia de la pericia del restaurador. Dentro de las afectaciones más frecuentes podemos encontrar las provocadas por el empolvamiento, debido a la falta de hermeticidad en los locales y vitrinas. En el caso de las aves, el polvo es un caldo de cultivo para ácaros, afecta la superficie de las plumas dándoles textura de papel de lija, y en el caso de las aves de plumaje blanco se manchan, en la mayoría de los casos, irremediablemente. Su eliminación requiere de un esmerado trabajo de limpieza aplicando aire a presión controlado a favor de la pluma que previamente ha sido cubierta por una gaza de trama ancha para proteger el plumaje y en los casos de pieles muy frágiles solo se recomienda el uso de pinceles de cerda suave (pelo de res). La pérdida de tejido, es otra de las afectaciones mas frecuentes, producida por la acción de plagas. En los casos más severos pueden ser irrecuperables sobre todo en los mamíferos que pierden parte de la planta de las patas y los bordes de las orejas. En las aves generalmente es la membrana de las patas, sobre todo, en el caso de las aves acuáticas, generalmente reparable con el uso de pegamentos y papel de distinto gramaje, de pH neutro o libre de ácido. El resquebrajamiento de los tejidos, se debe a cambios bruscos de temperatura por una deficiente climatización. En el caso de las aves, por ejemplo, la bolsa de los pelícanos, puede restaurarse aplicando técnicas similares a las descritas para la pérdida de tejido. En algunos mamíferos, las grietas pueden ser cubiertas y disimuladas con implante de pelos. El desprendimiento de plumas, asociado al ataque de ácaros se trata por fumigación con gases inertes o pesticida disponible. Las plumas pueden reimplantarse aunque en los casos más severos, si se afecta la apariencia física y caracteres diagnósticos del ejemplar pueden provocar su deterioro y consiguiente baja (Fig. 4). El ataque de los ácaros y otros insectos al plumaje, no es producido por un deficiente trabajo de taxidermia. El preservante utilizado en la preparación de los ejemplares se Figura 4. Efecto de la contaminación por ácaros. Paloma migratoria.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 56 tal, porque para una correcta evaluación del estado de la diversidad biológica y proyectar un conjunto integral de medidas que contribuyan a su conservación y uso sostenible, resulta necesario contar con prestigiosas colecciones de ciencias naturales. Las colecciones de ciencias naturales, depositadas en jardines botánicos, acuarios, museos, zoológicos, zoos criaderos, bancos de germoplasma son expresión de la conservación ex situ de la diversidad biológica. En Cuba, la protección legal de la conservación ex situ de la diversidad biológica parte de la Constitución de la República, que dispone la soberanía del Estado sobre los recursos naturales, tanto vivos como no vivos (artículo 11-c) y refrenda el deber de proteger los recursos naturales, la flora y la fauna el patrimonio cultural e histórico del país (Art. 90 incisos j - k). La Ley 81 de Medio Ambiente (artículo 88 inciso), dispone que el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, en coordinación con los órganos y organismos competentes, dirige las acciones orientadas a adoptar medidas para la conservación ex situ, lo cual está reflejado en alguna medida en el artículo 21.1, inciso f, y el artículo 36-1 del proyecto de Ley del Sistema de los Recursos Naturales y el Medio Ambiente, presentado por el Ministerio de Ciencia. Tecnología y Medio Ambiente a la Asamblea Nacional en mayo del 2022 La Ley 81, no se pronuncia sobre aspectos tan perentorios como la definición de los objetivos prioritarios de la conservación ex situ, referidos a las especies autóctonas (o su material genético), endémicas o en peligro de extinción; aquellas útiles para la rehabilitación de ecosistemas, hábitats o cadena trófica, dañadas o en recuperación; las de especial valor de uso, estratégico, científico, económico, actual o potencial, vinculado a los requerimientos socioeconómicos y culturales locales o nacionales; además de las colecciones microbianas tratadas o no genéticamente. El proyecto de ley ambiental presentado a la Asamblea Nacional en mayo del 2022 (artículo 35), establece como objeto de atención prioritaria para la conservación ex situ; las especies autóctonas, endémicas o en peligro de extinción; las especies o material genético de singular valor estratégico, científico y económico, actual o potencial; las especies o material genético de especial valor de uso, actual o potencial, ligado a los requerimientos sociales, económicos, comunitarios y culturales locales, nacionales o internacionales; las especies esenciales para la conservación y funcionamiento de ecosistemas y cadenas tróficas y para el control natural de poblaciones y plagas; las especies útiles para la restauración de ecosistemas, cadenas tróficas deterioradas o en recuperación; las especies en peligro de extinción o cuya viabilidad in situ sea precaria o nula.
Capítulo 4. Las colecciones de ciencias naturales y su marco legislativo en Cuba 57 El proyecto de ley (mayo 2022), dispone como objeto especial de conservación ex situ, las colecciones microbianas, tratadas o no genéticamente; y las réplicas o duplicados de las especies, especímenes, material genético o partes del material biológico que se exporte del país con independencia de la finalidad con que se realice, lo cual es un aporte a la protección de las colecciones naturales. Ni la ley 81, ni el proyecto de ley ambiental presentado a la Asamblea Nacional en mayo del 2022, (art. 34 del proyecto) dispone la obligatoriedad de los sujetos depositarios de las colecciones naturales, dígase; viveros; jardines botánicos; zoológicos; centros de cría y reproducción; centros de rescate y rehabilitación; bancos de germoplasma; acuarios; colecciones zoológicas y herbarios y arboretos. Esta carencia podría subsanarse en una norma complementaria, pero ello contribuiría a una dispersión legislativa innecesaria y que puede constituirse en un lastre para la eficacia de la norma. El Ministerio de Ciencia Tecnología y Medio Ambiente debería establecer las coordinaciones necesarias entre los centros de conservación ex situ, con el objetivo de adoptar y controlar las medidas destinadas a la recuperación y rehabilitación de las especies amenazadas y a la restitución, reforzamiento poblacional o reintroducción de éstas en sus hábitats naturales en condiciones apropiadas. La regulación jurídica de las colecciones de ciencias naturales desde el punto de vista patrimonial, está mejor abordado por la Ley 1 “Protección del Patrimonio Cultural” (1977) y el Decreto 118 “Reglamento para la ejecución de la Ley de Protección al Patrimonio” (1983) los que recogen aspectos fundamentales para la protección de las colecciones naturales que clasifican como bienes patrimoniales. El Patrimonio Cultural de la Nación está integrado por los bienes, muebles e inmuebles, que son la expresión y el testimonio de la creación humana o de la evolución de la naturaleza, y que tienen especial relevancia para la ciencia, como son las especies y ejemplares raros o especímenes tipo de la flora y la fauna silvestre, (artículo1, Decreto 118/1983). Corresponde al Ministerio de Cultura, precisar y declarar los bienes que deben formar parte del Patrimonio Cultural de la Nación (artículo1, Ley 1/1977). Las colecciones de ciencias naturales que integran el patrimonio cultural de la nación, se declaran de utilidad pública e interés social y no podrán ser destruidas, remozadas, modificadas, restauradas o extraídas del territorio nacional, ni efectuar transmisión de su dominio o posesión, sin su previa autorización (artículos 7 y 8, Ley 1/1977). Con ello, se les pretende proteger por su valor para ciencia y la cultura nacional, y evitar que negligen-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 58 cias o intereses mezquinos priven al hombre común y al científico, de una base crucial de conocimiento. La persona natural o jurídica que posea por cualquier concepto, una especie o ejemplar raro o especímenes tipo de la flora y la fauna, que constituya parte del Patrimonio Cultural de la Nación, está obligado a declararlos ante el Registro Nacional de Bienes Culturales de la República de Cuba, sin que ello implique modificación del título por el que se posee (artículo 5, Ley 1/1977). La protección de los bienes culturales, donde están incluidas las colecciones de ciencias naturales, comprende todas las medidas de carácter legal, institucional, técnicas, de restauración y otras, que tiendan a mantener su integridad, frente a los distintos agentes que puedan poner en peligro su perdurabilidad (artículo 27, Decreto 118/1983). Todo propietario, poseedor, usuario o tenedor por cualquier título de un bien declarado Patrimonio Cultural de la Nación o museable, inscripto o no en el Registro Nacional de Bienes Culturales, está obligado a garantizar su conservación y absoluta integridad (artículo 28, Decreto 118/1983), corriendo a su costo, los gastos originados por su remozamiento, modificación, restauración, cambio o alteración del bien (artículo 35, Decreto 118/1983). Amerita repensar lo dispuesto en el artículo 35 del Decreto 118, porque si el propietario, poseedor o tenedor de un bien declarado Patrimonio Cultural de la Nación o museable, tienen limitados sus derechos de disposición por los valores que encierra este bien para la nación cubana, es lógico que el Gobierno, como administrador del patrimonio nacional, asuma en alguna medida con cargos al presupuesto, una parte de los costos para su conservación y protección. El grado de especialidad en el manejo de estos bienes y los recursos necesarios para su conservación y restauración, exigen erogaciones monetarias difíciles de asumir por una persona natural. Se le debe brindar al propietario, poseedor o tenedor de un bien declarado Patrimonio Cultural de la Nación, facilidades financieras o materiales para su conservación o restauración y no reducir el Estado su accionar a la fiscalización y control. La coparticipación del Estado en el financiamiento de los costos por la conservación de un bien declarado Patrimonio Cultural de la Nación, estimularía su declaración en el Registro Nacional de Bienes Culturales, y contribuiría a una mayor conservación de esta riqueza nacional, en función de nuestra historia y desarrollo científico y cultural. La larga data de la Ley No. 1 de 1977 de Protección al Patrimonio Cultural y de su Reglamento, el Decreto 118 de 1983, aconseja su actualización. Las condiciones en que hoy se desenvuelve la sociedad cubana no
Capítulo 4. Las colecciones de ciencias naturales y su marco legislativo en Cuba 59 son las mismas que en el pasado siglo. Las normas jurídicas, para garantizar su eficacia, deben tutelar la realidad actual con una proyección a un futuro mediato. Las colecciones de ciencias naturales, no son un pasatiempo caprichoso de científicos o especialistas; es el acucioso y necesario acopio sistematizado sobre base científicas, de lo que fue, que nos permite entender lo que es y nos ayuda a vislumbrar lo que será, su importancia es refrendada en el hecho de que la Constitución de la República de Cuba (artículo 13, inciso h), dispone que el Estado cubano tiene como fines esenciales la protección del patrimonio natural, cultural e histórico de la nación, es una garantía que brinda la máxima norma jurídica del país, a la labor de todos los actores implicados en la conservación y gestión de las colecciones naturales. Literatura Citada Constitución de la República de Cuba. Gaceta Oficial de la República. Edición Extraordinaria. No. 5 de 10 de abril de 2019. Año CXVII Decreto No. 118. 1983. Reglamento para la Ejecución de la Ley de Protección al Patrimonio Gaceta Oficial de la República de Cuba. Edición Ordinaria. Año LXXXI, No. 101. Ley No. 81 de Medio Ambiente. 1997. Gaceta Oficial de República de Cuba. Edición Extraordinaria. Año XCV, No. 7. Ley No.1 de Protección del Patrimonio Cultural. Ley de 4 de agosto de 1977. Gaceta Oficial de la República. Edición Ordinaria. Año LXXV No. 29. Mesa, D. 2006. Protocolos para la preservación y manejo de colecciones biológicas. Boletín Científico - Centro de Museos - Museo de Historia Natural. Thomson, K. 2005. Las Colecciones de los Museos de Historia Natural en el Siglo XXI. ActionBioscience. org. www.actionbioscience.org/ esp/evolucion/thomson.html
Colección de hongos micorrizógenos arbusculares Rosmery Hernández-Prado, Juan F. Ley Rivas Capítulo 5 Historia e importancia de los ceparios de Hongos Los ceparios de hongos juegan un papel importante en la preservación y mantenimiento de uno de los grupos más abundantes de organismos existentes en el planeta (Hawksworth, 2004). Se estima que la diversidad fúngica alcanza la cifra de 3 millones de especies (Hawksworth, 2012). El cepario de hongos tiene como principal objetivo la conservación, reactivación, caracterización e identificación, y mantenimiento de cepas de hongos, además, desarrolla actividades basadas en la prestación de servicios de investigación y docencia. Entre estos ceparios se incluyen los que corresponden a los hongos micorrizógenos arbusculares (HMA), los cuales obligatoriamente están asociados a las plantas para su crecimiento, desarrollo y multiplicación. La Colección Cubana de HMA (CCHMA) se creó en el año 1983 en el antiguo Instituto de Botánica de la Academia de Ciencias de Cuba. Fue iniciada por el Dr. Ricardo A. Herrera Peraza y el Lic. Roberto L. Ferrer Sánchez. Los primeros registros resultaron cepas obtenidas de los contactos de los investigadores con especialistas extranjeros como la Dra. Bárbara Mosse de la Rothamsted Experimental Station (Reino Unido) y la Dra. Vivienne Gianinazzi-Pearson del INRA/CNRS/ Université Bourgogne, Plante-Microbe-Environnement, INRA-CMSE, Dijon Cedex (Francia). También fueron incorporadas cepas procedentes de distintas colecciones: del Dr. Sergio Palacios de la Universidad Autónoma de México (UNAM) en Ciudad de México; del Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), Colombia; del Dr. Edwald Sieverding (Alemania); del Dr. Valentín Furlan de Canadá; del Dr. Fabio Blanco, de la Universidad Nacional de Heredia, Costa Rica y del Dr. James Bever durante su trabajo en Durham en la Universidad de Carolina del Norte. Debido a la fusión de los antiguos Instituto de Botánica e Instituto de Zoología, pertenecientes a la Academia de Ciencias de Cuba, surge, en 1987, el Instituto de Ecología y Sistemática (IES) del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA) hacia el que se traslada la colección, donde perma-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 62 nece hasta la fecha (Furrazola y Rodríguez-Rodríguez, 2017). La CCHMA continuó enriqueciéndose con cepas cubanas y recibió aportes de la Colección internacional de micorrizas vesículo arbusculares (INVAM) con sede en la Universidad de West Virginia, EE.UU., gracias a su curador el Dr. Joseph Morton, Brasil, por medio del Dr. José Oswaldo Siqueira de la Universidad Lavras, Minas Gerais y del Dr. James Bever, entre otras (Furrazola y Rodríguez-Rodríguez, 2017). Las cepas obtenidas de esta colección son la base para la elaboración del MicoFert, un biofertilizante micorrízico comercial producido por el IES. Además, la colección brinda servicios de identificación de especies de HMA, es utilizada para estudios ecológicos, actividades de rehabilitación y/o reforestación de ecosistemas perturbados, prácticas agroecológicas y producción agrícola sostenible. muestreo Para la obtención de esporas y/o propágulos de HMA, se colectan monolitos de suelo de 10 x 10 x 20 cm (Fig. 1), en cada área a estudiar se toman varias submuestras (regularmente 5), incluyendo raíces, que se juntan en una bolsa para conformar una sola muestra compuesta; en caso de que el estudio sea de comunidades de HMA asociados a una especie vegetal, se toman muestras de la rizosfera de varios ejemplares. Debe anotarse toda la información posible (lugar de colecta, coordenadas, fecha, recolector, vegetación o cultivo asociado y tomar una foto del área). Las muestras son trasladadas en bolsas de nylon al laboratorio y sometidas a un proceso de secado bajo condiciones de sombra y temperatura ambiente (24-28°C durante una semana para evitar la germinación de las esporas y el ataque de diferentes microorganismos del suelo). aislamiento e identificación de esporas de Hma En el laboratorio de Micología del IES el procedimiento empleado para procesar las muestras y obtener las esporas Figura 1. Procedimiento para la colecta de monolitos de tamaño 10 x 10 x 20 cm. © Juan F. Ley Rivas.
Capítulo 5. Colección de hongos micorrizógenos arbusculares 63 consiste en una modificación del método del tamizado de una suspensión de suelo en agua, de Gerdemann y Nicolson (1963), que fue propuesta por Herrera-Peraza et al. (2004). Las muestras de suelo se secan al aire y se tamizan a través de mallas de 2 mm, las raíces finas son cortadas en trozos de menos de 1 cm de largo y mezcladas con la tierra. Se cubren 100 g de suelo con solución acuosa de peróxido de hidrógeno al 1.5% durante aproximadamente 1 h para desagregar áridos de suelos arcillosos. Luego es lavado con agua sobre dos tamices, el primero (malla de 140 µm) se coloca dentro de un gran embudo, y el segundo (malla de 40 µm), se coloca ligeramente inclinado bajo el embudo. Una vez que todo el suelo pasa a través de los tamices, el contenido del más grande (140 µm) se mezcla en una batidora doméstica, 330 W, a 6 500 r/ min durante 30 s, adicionando hasta 750 mL de agua de grifo, es entonces pasado nuevamente por el tamiz de 140 µm y completamente lavado; el contenido del tamiz inferior se mezcla posteriormente a 10 000 r/min durante 60 s, se pasa nuevamente a través del tamiz de 40 µm y se lava a fondo (este paso se repite si todavía se observa que el tamizado es arcilloso después de la primera mezcla). Ambos tamizados, luego son recolectados por separado sobre un papel de filtro dentro de un embudo Buchner y filtrado al vacío para desechar el exceso de agua; finalmente se secan a temperatura ambiente. Esta metodología permite eliminar toda la arcilla, limo y humus (menores de 40 μm) y dejar tamizados muy limpios compuestos por humus bruto mayor de 40 μm, arena, raicillas, micelio externo y esporas del hongo. Después de secarse al aire, se separan de los papeles de filtro usando un cepillo pequeño. Luego, se desagregan pasándolos a través de una malla de 500 µm, así se identifican tres fracciones: Amayor de 500 µm y menor de 2 mm; B - mayor de 140 a 500 µm; y Cmayor de 40 a 140 µm (Fig. 2). Las esporas se obtienen por centrifugación en un gradiente de sacarosa concentrado de acuerdo con Sieverding (1991). Las mismas después de la centrifugación se sitúan en la interfase de sacarora (Fig. 3). Las esporas se extraen luego del procedimiento anterior y a través de la realización de cultivos trampa. Estos últimos se realizan con el objetivo de multiplicar y facilitar el aislamiento de algunas cepas nativas que Figura 2. Tamizados secos. © Juan F. Ley Rivas.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 64 en campo pueden no estar esporuladas en el momento del muestreo, o cuyas esporas se encuentran en muy pequeño número y se corre el riesgo de perderlas con la manipulación (Furrazola y Rodríguez-Rodríguez, 2017). Posteriormente, las esporas aisladas son observadas bajo microscopio estereoscopio y son contadas y separadas aquellas que se encuentren intactas, con contenido lipídico y colores brillantes. Para su posterior identificación, las esporas que han sido separadas en el microscopio estereo (Fig. 4) se montan en polivinil alcohol lactoglicerina (PVLG) y en una mezcla de polivinil alcohol lactoglicerina: reactivo de Melzer (1:1, v/v) y son fotografiadas bajo el microscopio compuesto (Fig. 5). El PVLG se utiliza para montar permanentemente esporas enteras o rotas en portaobjetos de vidrio. Las muestras no deben estudiarse durante 2 o 3 días después de haber sido montadas, para dar tiempo a que se elimine el contenido de las esporas. Las esporas enteras cambiarán de color, generalmente se oscurecerán en diversos grados, y se encogerán o colapsarán con la plasmólisis de su contenido. Las capas discretas de la pared o las paredes internas flexibles de las esporas rotas se hincharán en diversos grados y aparecerán fusionadas después de un almacenamiento prolongado en algunos casos. El reactivo de Melzer se ha convertido en una importante herramienta en los diagnósticos basados en la morfología. Las reacciones de tinción con yodo variarán de rosa pálido (reacción débil) a marrón rojizo oscuro (reacción moderada) y a púrpura rojizo oscuro (reacción intensa). En la mayoría de los casos hasta la fecha, la intensidad de la reacción está directamente relacionada con la plasticidad de la estructura en preparaciones ácidas. La identificación se realiza a partir de la observación de caracteres morfológicos (color, tamaño, ornamenFigura 3. Obtención de esporas, proceso de centrifugación. © Juan F. Ley Rivas. Figura 4. Microscopio estereo WILD HEERBRUGG, modelo MDG 17 473849. © Juan F. Ley Rivas.
Capítulo 5. Colección de hongos micorrizógenos arbusculares 65 taciones, paredes, etc.) y el empleo de las descripciones originales de especies, revisiones de las mismas, así como las páginas web del INVAM (http://www. invam.caf.wvu.edu), del Dr. Janusz Blaszkowski (Departamento de Patología de Plantas de la Universidad de Agricultura de Szczecin, Polonia) (http:// www.zor.zut.edu.pl/Glomeromycota) y de MycoBank Database (www.mycobank.org). Además, de ser necesario, se comparan con los ejemplares existentes en la CCHMA. cultivos puros de Hma Para obtener cultivos puros con cantidades adecuadas, se multiplican las esporas aisladas de las especies y/o morfotipos de interés previamente identificados. Se inoculan las esporas de una única especie o morfotipo (de 50 a 100 esporas) a una planta hospedera, generalmente una gramínea (productora de gran cantidad de raicillas). En el caso de la CCHMA, las plantas utilizadas para la multiplicación de HMA son Sorghum bicolor L. Moench. (de ciclo corto de 3 a 4 meses) y Urochloa eminii (Mez) Davidse (perenne), ambas altamente micorrízicas. Culminado el ciclo de vida de la planta, se deja secar, se elimina la biomasa aérea y se obtiene un sustrato sólido donde se encuentran los propágulos micorrízicos (raicillas colonizadas, micelio externo y esporas del hongo). Posteriormente, este sustrato se homogeniza y se seca a temperatura ambiente para su almacenamiento. métodos de almacenamiento Las cepas producidas son guardadas en bolsas rotuladas (Fig. 6) luego de comprobarse su pureza y que el sustrato sólido con los propágulos micorrízicos esté seco (porcentaje de humedad menor del 5%). Las pruebas de viabilidad del hongo se realizan a más de un año de almacenamiento por lo general, inoculando plantas hospederas con la cepa y observando si el hongo fue capaz de colonizar las raíces de la nueva planta utilizada. En el caso de las preparaciones fijas con las esporas, se montan en portaobjetos con PVLG y/o una mezcla de PVLG: reactivo de Melzer (1:1, v/v), y se almacenan en cajas plásFigura 5. Microscopio compuesto Carl Zeiss modelo Axioscop 2 Plus con aumentos desde 200 hasta 1000x, con la cámara AXIOCAM acoplada al mismo. Los diferentes caracteres son medidos mediante el programa AXIOVISION 3.1 a 1300x 1030 dpi. © Juan F. Ley Rivas.
72 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo por C. F. Baker, se desarrolló un intenso trabajo de fomento y diversificación de las colecciones (León, 1918), con prioridad a la representación de especies nativas, como base para un mejor conocimiento botánico de nuestra flora y a las especies y variedades de interés agrícola, pecuario y forestal, conjugando un destacado apoyo al desarrollo de la ciencia y la economía del país en aquel momento. El herbario de La Salle concentró sus esfuerzos en los estudios de taxonomía y sistemática de la flora cubana, organizando numerosas expediciones de recolecta y observaciones de campo para estudios florísticos y descripción de cientos de nuevas especies para la ciencia. En el Jardín Botánico de Cienfuegos, se fundó y desarrolló a partir de 1901, el Herbario “Atkins“ (A-JBC). En tanto, en la Universidad Central de Las Villas, se constituyó en 1956, otro herbario, bajo el acrónimo ULV, que recibió recolectas de importantes especialistas nacionales y extranjeros en la primera mitad del Siglo XX. A principios de la década del 70, el Herbario de Santiago de las Vegas (SV), había integrado las principales y más importantes colecciones existentes en Cuba hasta la fecha, incluyendo las de La Salle y sus dependencias, así como otras colecciones especializadas de varias instituciones. Estas se funden entonces en una sola colección bajo el nombre de Herbario de la Academia de Ciencias, con el acrónimo HAC, y pasa a ser custodiado por el Departamento de Botánica de la Academia de Ciencias de Cuba, que hoy es parte del Instituto de Ecología y Sistemática (IES), del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), una detallada información sobre las diferentes colecciones incluidas en el herbario HAC, se encuentra en Regalado et al. (2008). Por esta razón el Herbario HAC es el más antiguo de Cuba y la riqueza y diversidad de sus colecciones lo ubica entre los principales del Caribe Insular. Actualmente, atesora más de medio millón de ejemplares procesados de plantas vasculares, que incluyen unos 2 800 ejemplares tipo y alrededor de 25 000 en proceso; representativos de la diversidad vegetal cubana y de otros países, fundamentalmente del Caribe; cuenta además con colecciones anexas de maderas y frutos y semillas. En la segunda mitad del siglo XX creció notablemente el número de herbarios que se establecieron en el país, y otros están aún en proceso. También se han desarrollado algunas colecciones especializadas. Se destacan los herbarios del Jardín Botánico Nacional (HAJB), Jardín Botánico de Pinar del Río (HPPR), Universidad Central de las Villas (HPVC) Universidad de Camagüey (HIPC), Jardín Botánico de las Tunas (HMC), Centro Oriental
73 Capítulo 6. Colecciones Botánicas. Herbarios de Ecosistemas y Biodiversidad BIOECO (BSC), en Santiago de Cuba, Centro de Estudios Ambientales de Camagüey (HACC), y Estación Experimental de Plantas Medicinales Dr. Juan Tomas Roig (ROIG), en Güira de Melena. Este florecimiento está directamente relacionado con la cantidad y diversidad de especialistas e instituciones interesados en desarrollar el tema. El país cuenta en la actualidad con 11 herbarios establecidos, otros en formación y colecciones especializadas que apoyan las investigaciones científicas y la docencia (Baró et al., 2017). Cada uno de estos herbarios tiene su identificación específica y única (acrónimo), que se reconoce a escala mundial; por lo general son siglas que se seleccionan haciendo alusión a la institución a que pertenece o al lugar donde esté enclavado el herbario y se registra en el Index Herbariorum (Holmgreen et al., 1990) y sus actualizaciones en internet). condiciones mínimas para establecer un Herbario Edificio de mampostería, con espacios y locales para desarrollar todas las actividades necesarias, incluyendo: - Área de atención a Usuarios y Visitantes: preferiblemente climatizado y mobiliario adecuado incluyendo microscopios (Fig. 4). -Área para el procesamiento básico del material: recepción, secado, cuarentena, desinfección, montaje, identificación, mantenimiento y restauración, que en dependencia de las posibilidades pueden estar separadas. -Oficinas de trabajo del personal del herbario (Fig. 5 y 6). -Área para las colecciones, con estantes preferiblemente metálicos (Fig. 7), climatizado, con temperatura por debajo de 25°C y humedad relativa entre 40 y 65% (Child, 1994), aunque Bridson & Fonman (1992) consideran que lo ideal es mantener la temperatura entre 20-23°C y la humedad alrededor del 55%. -Depósito o almacén de equipos e insumos. -Centro de documentación y consulta digital. -Local para duplicados (opcional). recolecta, Herborización y secado Recolecta: tomar una muestra representativa de la planta, con flores y frutos, de Figura 4. Usuarios revisando materiales de herbario
74 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo aproximadamente 30 a 35 cm; recolectar al menos dos muestras de cada planta, tratando de representar la variabilidad de la misma, también es conveniente tomar plántulas si las hubiera. Las muestras recolectadas se colocan en sacos de tela o nylon, para el traslado hasta el lugar donde se realizará la herborización. Las plantas pequeñas o muestras con flores y frutos que se puedan desprender, deben colocarse en bolsas o sobres independientes. Las de hábito herbáceo deben recolectarse completas, con raíces, bulbos o rizomas, limpios del sustrato. Una vez recolectado el ejemplar, se anotará toda la información posible, siendo indispensables: localidad, fecha, recolector, nombre científico o vulgar si se conoce. Es conveniente anotar el porte de la planta, la coloración de la corteza, de flores y frutos, tipo de suelo y de vegetación circundante, coordenadas, así como cualquier otro aspecto de interés. Herborización: consiste en colocar las muestras una a una, por separado en papel periódico o secante, intercalando cada cierto número de muestras, láminas de cartón corrugado que facilitan el secado y prensado. Se deben acomodar las diferentes partes de la planta, tratando de no amontonarlas. Las hojas se colocan unas por el haz y otras por el envés, tratando que queden dispuestas como en forma natural; no cubra las flores, frutos o tallos con hojas; distribuya las hojas separadamente de las otras partes de la planta, o bien pliegue la hoja debajo de ellas. Al plegar las hojas, mantenga la parte más grande por debajo, de modo que se pueda medir largo, ancho, etc. Las hojas largas de palmeras y helechos grandes, tomar una sección apical, una sección media y una porción basal pinnada, anotar el largo total de la hoja, largo del pecíolo, número de pinas y las disposición de las pinnas (ej.: regular, alternas, o irregularmente espaciadas) si el espécimen no lo muestra. Doblar las hojas largas, de manera que la base y el ápice puedan ser vistos (Aparicio & Fuentes, 2015). Es muy importante señalizar cada muestra, puede colocarse una etiqueta provisional con la información tomada en el lugar de la recolecta o asignarse un número en correspondencia con esta información, que se anota en una libreta de campo. Todos los ejemplares y partes de una misma Figura 5. Procesamiento de ejemplares
75 Capítulo 6. Colecciones Botánicas. Herbarios planta deben tener el mismo número. Finalmente se hacen paquetes no muy voluminosos que se amarran con soga, cordel o correas. Las muestras para análisis moleculares se guardan en sobres de aproximadamente los que se rotulan debidamente con el número de colecta, género y/o especie y algún detalle adicional que se considere necesario para su identificación, los sobres se guardan en bolsas plásticas con sílica gel previamente secada (Aparicio & Fuentes, 2015). Secado: este proceso es vital para la conservación de los ejemplares, pues la humedad facilita el ataque de hongos, se puede realizar al sol, cerca de una fuente de calor o en estufa de campo o eléctrica, la temperatura debe estar entre 50 y 60°C, aunque otros autores como Pinto-Zárate & Ojeda-Rodríguez (2019), plantean que puede ser a temperaturas controladas de 80-90°C. Los paquetes se deben revisar diariamente para cambiar el papel húmedo a los materiales que así lo requieran y lograr un buen secado. Cuando no hay posibilidad de secar al sol o no hay una fuente de calor cercana, los paquetes se pueden introducir en bolsas de nylon y saturarlos en alcohol etílico comercial clase A o B (96-98%) cerrándolas herméticamente, hasta tener donde secar. Las flores y frutos carnosos pueden conservarse en frascos con alcohol etílico al 70% o solución AFA (etanol, ácido acético y formol a partes iguales). identificación del material La identificación del material requiere del empleo de claves de identificación y colecciones de referencia, puede requerirse el empleo de microscopio estereoscópico, lupas y bibliografía y muchas veces la consulta a los especialistas que atienden las colecciones. La identificación correcta de las plantas, es fundamental para su inclusión en el herbario. De no ser posible su identificación hasta el nivel de especie, se trata al menos de ubicar en familia o género y se coloca al final de la colección hasta que pueda ser revisado e identificado por algún especialista. desinfección La desinfección de los materiales de herbario es un paso fundamental para Figura 6. Investigadores realizando trabajo taxonómico
76 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo la conservación en condiciones tropicales, es la primera batalla a lograr. Las plantas secas atraen insectos que pueden llegar a destruirlas parcial o totalmente, además de que pueden ser afectadas por hongos si existe humedad. Se ha utilizado el envenenamiento con solución alcohólica de bicloruro de mercurio al 0.01% (alcohol comercial 1 000 ml, bicloruro de mercurio 20 g, glicerina 10 ml), pero por la toxicidad es poco utilizado, no obstante si se emplea hay que hacerlo tomando todas las medidas de seguridad posibles (guantes de latex, en lugar ventilado). Actualmente es común congelar por debajo de 20°C, los materiales que ingresan al herbario, colocados en bolsas de plástico, durante 72 horas; Pinto-Zárate & Ojeda-Rodríguez (2019) recomiendan colocar el material fresco en proceso de ingreso al herbario en congeladores con temperaturas de ≤ -18°C durante 4-7 días, reacondicionamiento a temperatura ambiente, y segundo congelamiento por 2-3 días. Como la humedad es uno de los factores que condiciona el mantenimiento de las especies, tras el proceso de congelación, las plantas permanecen uno o dos días en sus bolsas de plástico. “Si éstas se abren en el momento de ser sacadas del congelador, la diferencia de temperatura provoca la condensación de la humedad. Y, ésta a su vez, puede rehidratar la planta seca, con la consiguiente aparición de hongos o bacterias Puede realizarse un control anual - bianual con tabletas de fosfuro de aluminio, comercialmente conocido como gas fosfina o fosfamina, de amplio uso para el manejo de plagas en bodegas y silos de productos agrícolas almacenados gracias a su toxicidad residual mínima en los materiales tratados (Pinto-Zárate & Ojeda-Rodríguez, 2019). El empleo de bicloruro de mercurio o de sustancias igualmente tóxicas puede inutilizar el material para futuros análisis moleculares. El método a aplicar está determinado por las posibilidades de la institución, características del local que alberga las colecciones y condiciones climáticas específicas. montaje, etiquetado y registro de ejemplares Montaje: consiste en fijar cada ejemplar a la cartulina. Esto puede hacerse pegando totalmente el material a la cartulina, fijándolo a ésta con tiras de papel o cosido, si el material lo requiere, como por ejemplo los tallos gruesos, palmas, coníferas y cactáceas, incluso pudieran reforzarse colocando detrás otra cartulina o cartón adicional. Para ello se requiere de cartulina blanca (42×28 cm) libre de ácido; tiras de papel blanco, libre de ácido, pegamento neutro (acetato de polivinilo), hilo de algodón blanco grueso, agujas de coser gruesas, tijeras rectas, pinceles y sobres de papel blanco de diferentes dimensiones para
77 Capítulo 6. Colecciones Botánicas. Herbarios depositar hojas, desprendidas, flores, semillas o frutos. Debe colocarse en cada cartulina la cantidad de material adecuado, sin sobrecargarla, sin exceso, dejando un espacio en la parte inferior derecha para colocar la etiqueta y en la parte superior izquierda se coloca un sobre de papel donde se colocan fragmentos desprendidos del material, flores y frutos. Cuando son plantas pequeñas se pueden poner en un sobre grande y este es el que se fija a la cartulina. Cada ejemplar montado se coloca de nuevo en el papel secante o periódico hasta que se seque. Hay grupos de plantas, que requieren atención especial tanto en el momento de la recolecta como durante el secado y montaje. Como es el caso de las plantas acuáticas, que suelen tener dos tipos de hojas, estas deben ponerse en la misma cartulina o hacer dos cartulinas con el mismo número, señalando a y b, respectivamente. Otros grupos que necesitan manipulación particular son los cactus, suculentas, palmas, orquídeas y helechos (Mancina y Cruz Flores, 2017). Etiquetado: a cada ejemplar se le coloca una etiqueta, encabezada con el nombre del herbario o colección; el formato puede variar, pero la información mínima indispensable que lleva una etiqueta incluye: número de herbario, número de recolector (si lo tiene), nombre científico, localidad completa y precisa (provincia, municipio, localidad y coordenadas), fecha de la recolecta, recolectores, datos ecológicos y usos (si se conocen). Debe incluirse toda la información recogida en el lugar de recolecta. Los estantes o gabinetes deben ser metálicos, con cierre hermético y dimensiones adecuadas para el material montado (Fig. 7). Los materiales ya montados pueden organizarse de diferentes formas. La tendencia más actual es hacerlo por orden alfabético de familias u ordenados evolutivamente por sistemas de clasificación (Cronquist, Takhtajan, Engler, entre otros), los géneros y especies en orden alfabético dentro de cada familia. Cada familia, género o especie, en dependencia de la cantidad de material, se colocan en camisetas de cartulina de (42×64 cm) o cajas de cartón, para su ubicación en los estantes. Debe existir un registro, donde se asigna un número consecutivo a cada ejemplar y se anota la información básica de la etiqueta. Cuando existen varios ejemplares de una misma planta, a todos se les da el mismo número. La automatización de la información asociada al material herborizado contribuye a la conservación del herbario, pues disminuye la manipulación de los ejemplares, la información asociada a cada ejemplar, se obtiene de la base de datos sin necesidad de revisar
78 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo y manipular los materiales de herbario. La disponibilidad de esta información en formato digital permite explotar al máximo la información contenida en la colección. otras actividades que se desarrollan en los Herbarios El incremento de los ejemplares en un herbario debe ser constante y se logra a través de las recolectas realizadas por el personal asociado al herbario y otros recolectores, pero también a través del intercambio con otras instituciones y donaciones. Debe cuidarse que el incremento sea equitativo: especies raras, comunes, endémicas, sinantrópicas y que no sobrepase las capacidades de almacenamiento y conservación del herbario. El intercambio y las donaciones se establecen por interés de los especialistas o de la institución, de obtener materiales de grupos taxonómicos, o zonas geográficas específicas. En la conservación de la colección influyen varios aspectos, los más importantes son la climatización del local, la humedad y temperatura adecuadas, como antes mencionamos; pero no solo eso, es fundamental la no introducción de material vivo o comida dentro del local de la colección, por otra parte la revisión periódica para detectar posibles afectaciones por insectos plaga, hongos u otros daños, permiten realizar a tiempo las acciones de mantenimiento correspondientes: eliminación del polvo y otras suciedades, reposición de las cartulinas dañadas y desinfección periódica con productos químicos, si fuera necesario. También influye en la conservación la manipulación de los ejemplares, debe orientarse a los usuarios, cómo manipular los ejemplares, haciendo énfasis en que no se voltean como las hojas de un libro. Para los cambios en las determinaciones taxonómicas de la colección general o cualquier anotación, incluFigura 7. Estante metálico para la conservación de los ejemplares de herbario.
79 Capítulo 6. Colecciones Botánicas. Herbarios yendo disecciones, se deben utilizar etiquetas diseñadas al respecto, colocando el nuevo nombre, el determinador y fecha. Es usual que investigadores tanto cubanos como extranjeros, realicen la solicitud de préstamos de ejemplares de su interés. Esto debe atenderse, siempre que la institución a la que pertenece el solicitante se responsabilice con la custodia del material. La actividad docente se desarrolla comúnmente, estudiantes de los diferentes niveles de enseñanza, visitan el herbario en busca de información sobre diversos temas relacionados con la Botánica; de igual forma estudiantes universitarios, realizan sus prácticas y trabajos de diploma. Los herbarios juegan un importante papel en la educación ambiental es tema permanente, se materializa de diversas formas, mayormente a través de círculos de interés creados en las escuelas cercanas a la institución y en áreas donde se desarrollan los proyectos de investigación, se abordan temas sobre la Botánica y otros relacionados con esta. insectos plaga que afectan las colecciones de los Herbarios En los países tropicales es muy importante mantener la vigilancia sobre las afectaciones producidas por insectos, que constituyen plagas; ya que causan grandes daños tanto a los ejemplares almacenados como a las cartulinas y etiquetas; entre los más comunes están: Stegobium paniceum: (escarabajos de las farmacias), Lasioderma serricorne (escarabajos del tabaco) y Lepisma saccharina (pececillos de plata) (Bridson y Forman, 1992), entre otros. Monroy Martínez y López Rosas (2019), consideran que toda colección debe fumigarse (contra insectos y hongos) al menos una vez al año, aun cuando las condiciones de cuarentena y control de temperatura y humedad sean las mejores, después de la revisión de la colección, si se encuentran insectos plaga puede fumigarse y no esperar a la fecha indicada en el calendario. Algunas prácticas recomendadas incluyen: congelar los ejemplares infectados o propensos a infección por insectos u hongos, sacar las muestras infectadas, fumigar y limpiar los anaqueles. Una vez identificadas las muestras infectadas con hongos, se recomienda aplicarles xylol o lysol con una brocha. En algunos herbarios las muestras se desmontan y limpian cuando se detectan insectos u hongos. servicios que ofrecen los Herbarios -Identificación y localización de especies en el campo y en el herbario. -Depósito e inclusión de material vegetal en la colección como testigo de investigaciones.
80 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo literatura citada Aparicio C, Fuentes AF. 2015. Colectar, prensar y secar en el campo.Versión 1. Pp. 74-92 en: P.M. Jørgensen, A.F. Fuentes, T. Miranda y L. Cayola (eds.). Manual de trabajo: Proyecto Madidi, Inventario botánico de la Región Madidi. http://www.mobot. org/PDFs/research/madidi/ Proyecto_Madidi_Manual_Ver1. pdf. Baró Oviedo I, Oviedo Prieto R, Echevarría Cruz R, Verdecia R, Ferro Díaz J, Rosa Angulo R, FuentesMarrero IM. 2017. Creación y manejo de herbarios. Pp. 152-167. En: Diversidad biológica de Cuba: métodos de inventario,monitoreo y colecciones biológicas (C. A. Mancina y D. D. Cruz, Eds.).Editorial AMA, La Habana, 502 pp. Blanco P, Morales R, Oviedo R, PuigSamper MA. 1993. Plantas cubanas y documentos de la Ossa en el Real Jardín Botánico de Madrid. Fontqueria. Madrid, Vol. XXXVI. 117-146 p. Bridson D, Forman L. 1992. The Herbarium Handbook. Royal Botanic Gardens, Kew. Great Britain. 303 pp. Child RE. 1994. Conservation on the herbarium. Institute of Paper Conservation, Leigh, Worcestershire, 41 pp. Font Queer P. 1965. Diccionario de Botánica. Labor, Barcelona, España. Holmgreen PK. et al. 1990. Index Herbariorum: Pt.1, The Herbaria of the World, 8th ed. Regnum Vegetabile Vol. 120. New York Bot. Gdn. New York. León Hno. 1918. Las exploraciones botánicas en Cuba. Mem. Soc. Cub. Hist. Nat. 3: 178-224. León Hno. 1946. Flora de Cuba I. Gimnospermas. Monocotiledóneas. Contr. Ocas. Mus. Hist. Nat. Colegio “De La Salle” 8. Mancina CA, Cruz Flores DD (Eds). 2017. Diversidad biológica de Cuba: métodos de inventario, monitoreo y colecciones biológicas. Editorial AMA. La Habana, 502 pp. Pinto-Zárate JH, Ojeda-Rodríguez AE. 2019. Protocolo de manejo Herbario J.J. Triana (HJJT). Versión 1.1 (2019-05-09). Recurso electrónico. Herbario J.J. Triana, Grupo de Investigación Biota y Sociedad, Fundación Trópico Alto, Red de Reservas Naturales del Trópico Alto: 21 pp. Bogotá.URL: https:// issuu.com/jpintoz/docs/2019_ pinto-ojeda_hjjt_protocoloherb Regalado L, Ventosa I, Morejón R. 2008. Una revisión histórica de los herbarios cubanos con énfasis en las series de especímenes. Revista del Jardín Botánico Nacional. 29: 101138.
81 Capítulo 6. Colecciones Botánicas. Herbarios Servicio Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (SENASICA). (2019). Manual de Técnicas de Curación y Preservación para un Herbario de Malezas [Versión 1.0]. Tecámac, México: Sonia Monroy Martínez y Francisco Javier López Rosas.
88 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo llas de plantas silvestres cubanas. Estos métodos serán de gran utilidad para conservar especies con semillas ortodoxas, especialmente aquellas que están en algún grado de amenaza. Dichos procedimientos se han empleado con éxito en un gran número de especies vegetales a nivel global. Además, se ofrece una breve reseña sobre los pasos a seguir para el correcto almacenamiento de semillas, y en los anexos se explica detalladamente cómo calcular los rasgos funcionales utilizados en los métodos predictivos (Anexo 2). Para calcular dichos rasgos y modelos predictivos se recomienda la planilla de Excel propuesta por Sánchez et al. (2024). Toda esta información facilitará la introducción y formación de pequeños bancos de semillas en la práctica forestal, y en programas de conservación ex situ del patrimonio vegetal cubano. PredIccIón de la conducta de almacenamIento de las semIllas Peso fresco de las semIllas y su contenIdo de humedad (hong y ellIs, 1996) Esta metodología predictiva es muy sencilla y consiste en la combinación de dos rasgos seminales propuestos por Hong y Ellis (1996). De acuerdo a estos autores, se toma como especies sensibles a la desecación aquellas que presentan un peso fresco de mil semillas (PFS) > 500 g y un contenido de humedad en el momento de la dispersión (CH) > 30%, mientras que aquellas con un PFS < 500 g y CH < 30% se consideran tolerantes a la desecación. Sin embargo, se plantea que no distingue muy bien la respuesta a la desecación para semillas con valores intermedios para ambas variables (Sommerville et al., 2021). También Lan et al. (2014) plantean que esta metodología es problemática en predecir la conducta de almacenamiento para semillas pequeñas sensibles a la desecación con relativo bajo contenido de humedad. modelo ProbabIlístIco de sensIbIlIdad/ tolerancIa a la desecacIón (daws et al., 2006) El modelo desarrollado por Daws et al. (2006) emplea datos biométricos de las semillas: la masa seminal destinada a las cubiertas seminales (MRC) y la masa seca total de la semilla. El modelo fue implementado por análisis de regresión logística binaria sobre los dos rasgos de semillas en 104 especies de un bosque semideciduo de Panamá y validado en la misma publicación con especies de bosques templados de Europa y de bosques secos de África. Este modelo ha sido certificado en una gran diversidad de especies a nivel mundial con un amplio rango de masa de la semilla (0,01 mg a 24 g) y con un nivel de precisión entre un 85-88% para predecir la sensibilidad a la desecación de las semillas (e.g., Daws
89 Capítulo 7. Predicción de la conducta de almacenamiento de lasPredicción de la conducta de almacenamiento de las semilllassemilllas et al., 2006; Lan et al., 2014; Sánchez et al., 2018). La probabilidad de la sensibilidad a la desecación P(D-S) de las semillas propuesta por Daws et al. (2006) se obtiene de acuerdo a la fórmula: Donde a representa la MRC y b es el log10 de la masa seca total de la semilla (g). Cuando el valor de P(D-S) > 0.5, es probable que las semillas sean sensibles a la desecación, y cuando P(D-S) < 0.5, es probable que las semillas sean tolerantes a la desecación. Consecuentemente, una especie con una P(D-S) = 0.5 tiene, en principio, la misma probabilidad de ser sensible a la desecación que tolerante (Daws et al. 2006). Esto último podría ser una limitante de este modelo (Sommerville et al., 2021). modelo ProbabIlístIco de sensIbIlIdad/ tolerancIa a la desecacIón (PelIssarI et al., 2018) El modelo de Pelissari et al. (2018) emplea datos biométricos de tres variables seminales relacionadas con sensibilidad/tolerancia a la desecación: la MRC, el contenido de humedad del embrión + endospermo y la masa seca de las semillas. Este modelo se implementó mediante una función logit de máxima verosimilitud, utilizando datos de 66 especies de Brasil, y presenta una precisión del 92% para predecir la sensibilidad a la desecación de las semillas. Sin embargo, Sánchez et al. (2018), utilizando datos de especies arbóreas cubanas, lograron una precisión del 100%. A pesar de estos resultados satisfactorios, este modelo ha sido muy poco empleado a nivel mundial, quizás porque los autores proponen medir la humedad de las semillas mediante el cálculo del contenido de humedad inicial del embrión + endospermo. Esta variable es difícil de establecer para semillas de muchas especies, por lo que Sánchez et al., (2018) la sustituyen por el contenido de humedad de las semillas en el momento de la dispersión (CH) con base a la masa fresca inicial. De hecho, y como era de esperar, ambos contenidos de humedad están correlacionadas positivamente entre sí (Pelissari et al., 2018; Sánchez et al., 2018). Por consiguiente, con el empleo del CH se obtienen resultados similares a los alcanzados con el índice original (ver e.g., Sánchez et al., 2018). En el modelo de Pelissari et al. (2018), la probabilidad de tolerancia a la desecación P(TD) de las semillas se calcula mediante la siguiente fórmula: P(TD)=1/(1+EXP(-0,1627245*A+1,372784*B0,4599876*C+4,348336)) Donde A representa el CH, B la MRC y C es la masa seca total de la semilla (g).
90 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Cuando P(TD) > 0,5, es probable que las semillas sean sensibles a la desecación, y cuando P(TD) < 0,5, es probable que las semillas sean tolerantes a la desecación. Este modelo presenta los mismos problemas que el modelo de Daws et al. (2006) cuando el valor de P(TD) = 0,5. esquema Para la IdentIfIcacIón ráPIda de la tolerancIa a la desecacIón de las semIllas (sommervIlle et al., 2021) Sommerville et al. (2021) presentan un esquema predictivo para la identificación rápida de la tolerancia a la desecación de las semillas para cuando estas son escasas y difíciles de germinar. El procedimiento original creado por estos autores contiene siete pasos y puede funcionar como una clave, pero el que se muestra a continuación solo contiene cinco pasos (Tabla 1). También se propone sustituir del esquema original el índice de tolerancia/sensibilidad a desecación de Daws et al. (2006) por el de Pelissari et al. (2018). Este último tiene mayor precisión en especies arbóreas tropicales al adicionar una tercera variable relacionada con la desecación de las semillas (Hong y Ellis, 1996; Lan et al. 2014; Sánchez et al., 2018). El primer paso de este esquema consiste en buscar información sobre el comportamiento de almacenamiento del género al que pertenece la especie seleccionada. Según Wyse y Dickie (2018), el conocimiento sobre la conducta de almacenamiento de un género es un buen predictor para aquellas especies donde no se conoce nada sobre su conducta de almacenamiento, dado que es un rasgo filogenético altamente conservado. La información sobre conducta de almacenamiento de las especies se localiza fundamentalmente en la base de datos del Seed Based Restoration y Royal Botanic Gardens Kew (SER, RBGK, 2023). Esta base de datos es de libre acceso (https://ser-sid.org/) y se actualiza continuamente. Si con este esquema no se puede identificar la probable tolerancia/sensibilidad a la desecación de las semillas, se sugiere que se emplee el protocolo propuesto por Hong y Ellis (1996) si hay suficientes semillas, o bien el protocolo propuesto por Pritchard et al. (2004) que solo consume 100 semillas. No obstante, una simple prueba de tolerancia a la desecación de las semillas igualmente permitirá conocer si son sensibles o tolerantes a la desecación y, en consecuencia, su conducta de almacenamiento (Sommerville et al., 2021; Jaganathan, 2023). Conforme a Hong y Ellis (1996), las semillas que no germinan después de bajar su contenido de humedad hasta 10-12% son recalcitrantes. almacenamIento de semIllas La conservación de semillas es particularmente desafiante en áreas tropicales húmedas, como en el caso de Cuba, ya
91 Capítulo 7. Predicción de la conducta de almacenamiento de lasPredicción de la conducta de almacenamiento de las semilllassemilllas que las altas temperaturas y la elevada humedad relativa durante casi todo el año afectan negativamente la longevidad de las semillas durante su almacenamiento (Roberts, 1973; Guzzon et al., 2020). Estas condiciones favorecen la ocurrencia de eventos bioquímicos y fisiológicos directamente relacionados con el envejecimiento celular (Corbineau, 2024), así como la proliferación Tabla 1. Esquema predictivo para evaluar el comportamiento de almacenamiento de las semillas cuando son escasas y difíciles de germinar. DS (sensible a la desecación), DT (tolerante a la desecación). Modificado de Sommerville et al. (2021). Paso 1: Buscar información sobre el comportamiento de almacenamiento de las semillas para otras especies del género •El comportamiento de almacenamiento en el género es ortodoxo y la especie no probada probada tiene frutos y semillas de apariencia similar a las especies probadas previamente------------------------ Probable DT •El comportamiento de almacenamiento en el género es recalcitrante y la especie no probada tiene frutos y semillas de apariencia similar a las especies probadas previamente------------------------------------ Probable DS •El comportamiento de almacenamiento en el género es inconsistente o no se ha probado ninguna especie previamente----------------------------------------------------------------Paso 2 Paso 2: Diseccionar la semilla con un bisturí y examinar la cubierta de la semilla •Cubierta de la semilla dura, difícil de diseccionar------------------------------- Paso 3 •Cubierta de la semilla suave, fácil de diseccionar------------------------------ Paso 4 Paso 3: Determinar si la cubierta de la semilla es impermeable por una prueba de imbibición •Cubierta de la semilla impermeable----------------------------------------------- Probable DT •Cubierta de la semilla permeable-------------------------------------------------- Paso 4 Paso 4: Determinar la masa seca y el contenido de humedad de la semilla fresca (sobre la base de la masa fresca) •Masa seca< 20 mg o contenido de humedad < 20%-------------------------- Probable DT •Masa seca ≥ 20 mg y contenido de humedad de la semilla ≥ 50%-------- Probable DS •Masa seca ≥ 20 mg y contenido de humedad 20% a < 50%---------------- Paso 5 Paso 5: Determinar la probabilidad de la tolerancia a la desecación P(TD) (siguiendo a Pelissari et al., 2018) •P(TD) > 0,5--------------------------------------------------------------------------- Probable DS •P(TD) < 0,5--------------------------------------------------------------------------- Probable DT
92 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo de hongos e insectos, lo que conduce a una rápida pérdida de la viabilidad de las semillas. Por consiguiente, se propone deshidratar las semillas ortodoxas previo a su almacenamiento (Hong y Ellis, 1996), lo cual es especialmente importante para conservarlas a largo plazo (Bradford et al., 2018). La deshidratación de las semillas se puede hacer por diferentes métodos, pero el más extendido es el empleo de gel de sílice (Guzzon et al., 2020). El secado con gel de sílice debe ser un proceso lento para que no cause daño a las semillas y puedan alcanzar el 4-7% del contenido de humedad, que es la humedad que se aconseja para almacenar semillas deshidratas por lago tiempo. También se emplea zeolita en polvo que actúa como agente secante, absorbiendo el exceso de humedad de las semillas (Hay et al., 2012; Bradford et al., 2018). Luego del secado, las semillas deben ser guardadas en recipientes herméticos. Se recomienda utilizar envases de vidrio herméticos o bolsas de aluminio trilaminadas selladas (Fig. 3). En los frascos herméticos se debe poner un indicador de gel de sílice para detectar cualquier cambio de humedad en el recipiente, y si se evidencia cambio de coloración se debe volver a secar las semillas y cambiar el indicador (Di Sacco et al., 2020). En los Bancos de Germoplasma de Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura, las semillas, se envasan y se almacenan a largo plazo en cámaras frías con temperaturas inferior a 0ºC, generalmente a -18ºC (FAO, 2023), esto sería para las colecciones base. De igual forma, cuando las muestras se desean conservar a mediano plazo, se realiza a temperaturas que oscilen entre 5-10ºC y una humedad relativa de 15 ± 3% (FAO, 2023). Las colecciones activas, se mantienen almacenadas a mediano plazo y están formadas por muestras de germoplasma que pueden utilizarse para fines de distribución, regeneración, caracterización y evaluación. De esta forma se conservan en el Banco Central de Germoplasma de Cuba, el cual se encuentra ubicado en el INIFAT (Fernández et al., 2018). En casos que los recursos sean muy limitados para conservar semillas de plantas silvestres se recomienda que las semillas deshidratadas o no, se almacenen en bancos de semillas temporales con temperaturas cercanas a 25ºC Figura 3. Bolsas de aluminio y frasco hermético para la conservación de semillas. © Jorge A. Sánchez.
93 Capítulo 7. Predicción de la conducta de almacenamiento de lasPredicción de la conducta de almacenamiento de las semilllassemilllas y humedad relativa entre 40-60% para garantizar al menos una conservación a corto plazo. En Cuba se produce zeolita de gran calidad, y se está empleando como fertilizante y para mejorar la conservación de semillas de especies cultivadas (Costafreda Mustelier et al., 2020), pero nada se conoce sobre su utilidad en semillas de plantas nativas cubanas (Fig. 4), en particular sobre semillas recalcitrantes. En este camino, ya se han hecho por investigadores del Laboratorio de Semillas del Instituto de Ecología y Sistemática ensayos con semillas de especies silvestres de diversas conductas de almacenamiento. Los resultados parecen muy promisorios, fundamentalmente en semillas de Coccothrinax borhidiana, una palma endémica local de Matanzas con semillas con alto contenido de humedad (Fig. 5). Semillas almacenadas con zeolita durante tres meses a 25-30ºC y humedad relativa superior a 60%, alcanzaron más de un 60% de germinación final. Sin embargo, solo se obtuvo un 21% de germinación final en las que estuvieron almacenadas con gel de sílice y cero en el lote control (semillas intactas almacenadas sin zeolita ni gel de sílice) bajo las mismas condiciones. También la aplicación de tratamientos pregerminativos de hidratación-deshidratación antes y después del almacenamiento de las semillas sería un camino fisiológico adecuado para revigorizar semillas como se ha demostrado a nivel mundial, en particular aquellos que emplean agua como medio de imbibición (Sánchez y Pernús, 2018). Estos procedimientos activan eventos relacionados con la fase pregerminativa, la integridad de las células (autoreparación enzimática de las membranas) a través de la síntesis de lípidos, proteínas, RNA y DNA y los sistemas desintoxicantes (i.e., eliminadores de radicales libres) (Sánchez et al., 2001; Corbineau, 2024). consIderacIones fInales Los resultados presentados en este estudio son de interés académico y práctico porque proporcionan información valiosa en la planificación de medidas de conservación y actividades de restauración en los trópicos estacionales, en particular para la formación de bancos de semillas. La conservación ex situ de semillas es un método eficiente para mantener seguras a las especies, i.e., previenen la extinción de las plantas. Por su parte, los cuatros modelos predictivos presentados son apropiados y rápidos para establecer medidas de conservación de las semillas, especialmente para aquellas identificadas como recalcitrantes que son extremadamente sensibles al estrés ambiental (Wyse y Dickie, 2018). Muchas de estas plantas dominan los bosques maduros de sitios húmedos y tropicales, y por demás están amenazadas por su
94 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Figura 5. Planta nativa Coccothrinax borhidiana (frutos). ©Jorge A. Sánchez
95 Capítulo 7. Predicción de la conducta de almacenamiento de lasPredicción de la conducta de almacenamiento de las semilllassemilllas sobrexplotación (Walck et al., 2011; Wyse y Dickie, 2017; 2018). Por consiguiente, la identificación de especies que produzcan semillas sensibles a la desecación podría ser un componente relevante para evaluar también la resiliencia de los bosques al cambio climático (Tweddle et al., 2003; Wyse y Dickie, 2017; 2018). Tales objetivos, además, están en correspondencia con los planes de conservación de especies amenazadas que proponen los programas nacionales e internacionales de conservación (CDB, 2012; GEPC, 2024). Este enfoque ecofisiológico también permitirá conservar semillas de especies raras o en peligro de extinción que producen pocas semillas con profundos mecanismos de germinación y difíciles de conservar, especies vegetales conocidas como excepcionales (Pence et al., 2022). Sin embargo, posiblemente la selección de un modelo u otro por los investigadores dependerá del número de semillas recolectadas. El esquema desarrollado por Sommerville et al. (2021) parece muy completo porque integra varios criterios para la identificación rápida de la respuesta a la desecación de las semillas. Pero existe un quinto método predictivo creado por Wyse y Dicke (2018) que parece ser el más robusto para identificar semillas ortodoxas y recalcitrantes. Este último método integra información sobre taxonomía, rasgos funcionales de frutos y semillas, locación y datos climáticos de cada especie. Además, se basa en modelos matemáticos robustos como regresiones iterativas. Sin embargo, el sitio llamado “Seed Storage behavior predictor tool” donde radica dicha herramienta no permite acceder Figura 5. Germinación de semillas de Coccothrinax borhidiana sometidas a diversos tratamientos de almacenamiento durante tres meses. Control: semillas intactas; Gel sílice: semillas almacenadas con gel de sílice, y Zeolita: semillas almacenadas con zeolita en polvo activada. Las barras verticales representan el error estándar de las medias
96 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo desde Cuba. Por lo que entonces, se aconseja emplear los propuestos en la presente investigación, en particular el propuesto por Sommerville et al. (2021) que también es muy robusto y simple. Quizás este último esquema predictivo también deba combinarse con ensayos de germinación de semillas previamente sometidas a desecación con gel de sílice por una o varias semanas. Al parecer, este método de germinación de semillas deshidratadas es el más directo para determinar conducta de almacenamiento (Hong y Ellis, 1996; Jaganathan, 2023). De hecho, la combinación de metodologías predictivas y no predictivas es una práctica muy común en la actualidad (Sánchez et al., 2018; Mattanaet al., 2019; Samarasinghe et al., 2024). agradecImIentos Esta investigación fue financiada por el proyecto “Acciones para la conservación de especies vegetales del matorral xeromorfo costero y subcostero de Punta Guanos, Matanzas”, del Programa Sectorial Uso Sostenible de los Componentes de la Diversidad Biológica en Cuba (PS211LH003-030). lIteratura cItada Baskin CC, Baskin JM. 2014. Seeds: Ecology, Biogeography and Evolution of Dormancy and Germination. Academic Press, New York. Baskin JM, Davis BH, Baskin CC, Gleason SM, Cordell S. 2004. Physical dormancy in seeds of Dodonea viscosa (Sapindales. Sapindaceae) from Hawaii. Seed Science Research. 14: 81-90. Bewley JD, Black M. 1994. Seed: physiology of development and germination. Plenum Press, New York. Borhidi A. 1996. Phytogeography and vegetation ecology of Cuba. Akadémiai Kiadó, Budapest. Bradford KJ, Dahal P, Van Asbrouk J, Kunusoth K, Bello P, Thompson J, et al. 2018. The dry chain: reducing postharvest losses and improving food safety in humid climates. Trends Food Science & Technology. 71: 84-93. CDB (Convenio sobre la Diversidad Biológica). 2012. Estrategia mundial para la conservación de especies vegetales: 2011-202. Botanic Gardens Conservations International. Richmond, UK. Chin HF, Hor YL, Mohd Lassim MB. 1984. Identification of recalcitrant seeds. Seed Science and Technology. 12: 429-436. Conserva A, García de Santana D, Fernández MT. 2013. Seed features of important timber species from the floodplain Várzea forest: Implications for ex situ conservation programs in the amazon. UAKARI. 9: 7-19.
97 Capítulo 7. Predicción de la conducta de almacenamiento de lasPredicción de la conducta de almacenamiento de las semilllassemilllas Corbineau F. 2024. The effects of storage conditions on seed deterioration and ageing: How to improve seed longevity. Seeds. 1: 56-75. Costafreda Mustelier JL, Martín Sánchez DA, Costafreda Velázquez JL. 2020. Las Zeolitas naturales de iberoamérica. Fundación Gómez Pardo, Madrid. Daws MI, Garwood NC, Pritchard HW. 2006. Prediction of desiccation sensitivity in seeds of woody species: a probabilistic model based on two seed traits and 104 species. Annals of Botany. 97: 667-674. Di Sacco A, Way M, León Lobos P, Suárez Ballesteros C I, Díaz Rodriguez J V. 2020. Manual de recoleción, procesa¬miento y conservación de semillas de plantas silvestres. Royal Botanic Gardens, Kew e Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt. FAO. 2014. Genebank standards for plant genetic resources for food and agriculture Rev. FAO, Rome. FAO. 2023. Guía práctica para la aplicación de las normas para bancos de germoplasma derecursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura - Conservación de semillas ortodoxas en bancos de germoplasma de semillas. Comisión de Recursos Genéticos para la Alimentación y la Agricultura. Roma. https://doi.org/10.4060/ cc0021es. FAO, PNUMA. 2020. El estado de los bosques del mundo 2020. Los bosques, la biodiversidad y las personas. Roma. https://doi. org/10.4060/ca8642es. Fernández L, Shagarodsky T, Rguez Nodals A. 2018. Los Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura en Genética. En: Cornide MT (ed.), Genética, genómica y fitomejoramiento, 15-46, Universidad de La Habana, La Habana. GEPC (Grupo de Especialistas en Plantas Cubanas). 2024. Estrategia cubana para la conservación de las plantas 2023 - 2030. Bissea. 18 (NE1): 1-15. Gold K, Hay F. 2014. Identifying desiccation-sensitive seeds. Technical Information Sheet-10. Millennium Seed Bank Partnership, Kew. Guzzon F, Bello P, Bradford KJ, Mérida Guzman MA, Costich DE. 2020. Enhancing seed conservation in rural communities of Guatemala by implementing the dry chain concept. Biodiversity and Conservation. 29: 3997-4017. Hamilton KN, Offord CA, Cuneo P, Deseo MA. 2013. A comparative study of seed morphology in relation to desiccation tolerance and other physiological responses in 71 Eastern Australian rainforest species. Plant Species Biology. 28. 51-62.
Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas Diana Ibarzábal Bombalier, María Victoria Orozco Llerena, Elena D. Gutiérrez de los Reyes, Rolando Cortés Vico, Beatriz Martínez Daranas, Yusimí Alfonso Sánchez Capítulo 8 IntroduccIón Las colecciones científicas de algas y fanerógamas marinas existentes en herbarios, constituyen la base de numerosos estudios taxonómicos (Moreno, 2007; Wynne y Schneider, 2010; Schneider y Wynne, 2007), ecológicos y biogeográficos de diversos taxones (Solé, 2009). Son parte fundamental en investigaciones de flora y trabajos ecológicos de poblaciones y comunidades, pues incluyen ejemplares debidamente datados, con información relevante para planes de manejo y conservación de especies de un área determinada (Funk et al., 2005). Contribuyen al conocimiento de la diversidad biológica de una región y de la distribución geográfica de especies de importancia económica (Funk, 2003; Funk et al., 2005). El conocimiento y manejo de métodos de recolección y formación de colecciones científicas de algas y fanerógamas marinas es una actividad inicial en la formación de los investigadores que se dedican al estudio de estos organismos (Ramírez, 1995; den Hartog y Kuo, 2006; Alfonso et al., 2014). Los datos asociados (etiquetas y notas de campo) son recursos que proveen información necesaria y precisa recogida en bases de datos (Funk, 2003; Funk et al., 2005). Además, contienen un material comparativo esencial para estudios taxonómicos y sus especímenes están disponibles para ser examinados por estudiantes, investigadores y el público en general (Brock et al., 2009; Funk et al., 2005; Moreno, 2007). Nuevos registros aparecen constantemente (Suárez et al., 2015; Wynne, 2022) y se realizan numerosos cambios en la taxonomía de las especies (Guiry y Guiry, 2018; Wynne y Schneider, 2010), por lo que resulta vital mantener colecciones en buen estado de conservación que permitan realizar estudios comparativos así como tener evidencia de los nuevos hallazgos. En Cuba han sido reconocidos 19 herbarios en el Index Herbariorum (Thiers, 2018). Algunos de ellos han sido unificados (Regalado et al., 2008) y solo en 11 instituciones científicas cubanas hay depositadas algas y fanerógamas.
106 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Entre estos se encuentran el Herbario "Lic. Onaney Muñiz" (HAC) del Instituto de Ecología y Sistemática, el Herbario "Dr. Johannes Bisse" (HAJB) del Jardín Botánico Nacional, el Herbario del Instituto Superior Pedagógico "José Martí" de Camagüey (HIPC), el Herbario del Centro de Investigaciones del Medio Ambiente de Camagüey (HACC), el Herbario de la Universidad Pedagógica "Félix Varela" (HPVC) en Villa Clara, el Herbario del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), el Herbario del Centro Oriental de Ecosistemas y Biodiversidad (BSC) de Santiago de Cuba y el Herbario del Acuario Nacional de Cuba (HANC). Entre las colecciones de plantas marinas no reconocidas en el Index Herbariorum (Thiers, 2018) se encuentran la Ficoteca Cubana Antillana de la Universidad de Oriente (FCA-UO), la colección de Díaz-Piferrer (HMDP) depositada en el Instituto Superior Pedagógico "Frank País" en Santiago de Cuba, el Herbario del Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros (CIEC) de Cayo Coco, Ciego de Ávila, la colección cerrada del Instituto de Oceanología (IDO) depositada actualmente en el Herbario del Acuario Nacional y la colección docente de macroalgas del Centro de Investigaciones Marinas (CIM). Las colecciones biológicas afrontan problemas de deterioro causado por agentes de diversa índole, tanto en los ejemplares como en los materiales utilizados para su preservación y montaje. El deterioro en las colecciones se presenta de manera natural pero se incrementa en gran medida por el uso de técnicas inadecuadas en el manejo de los ejemplares y el descuido en su ambiente de almacenamiento. Esto reduce la vida útil de los mismos y limita la conservación de las colecciones (Fernández et al., 2005; Mesa-Ramírez, 2006). Dada la importancia que tienen las colecciones biológicas para la comunidad científica y para la sociedad en general, es necesario garantizar la conservación satisfactoria de cada uno de los ejemplares, (Mesa-Ramírez, 2006). Es por esto que en las últimas décadas los aspectos relacionados con la conservación de las colecciones se han convertido en una parte esencial en la gestión de las mismas (Camacho y Burneo, 2009; Favret et al., 2007; Fernández et al., 2005). recolecta de algas y fanerógamas marInas Las algas marinas, atendiendo a su tamaño, se clasifican en micro y macroscópicas. Se consideran macroalgas marinas aquellas con un largo mayor de 1 cm, aunque existen especies epífitas con tallas menores. En Cuba se conocen 579 taxones infragenéricos (Suárez
107 Capítulo 8. Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas et al., 2015). Entre ellos se incluyen 205 especies del Phylum Chlorophyta (algas verdes), 75 Ochrophyta (algas pardas) y 299 Rhodophyta (algas rojas). También se han registrado seis especies de fanerógamas marinas, plantas con flores adaptadas a vivir en condiciones de inmersión en el mar (Suárez et al., 2015) (Fig. 1). El objetivo de las colecciones taxonómicas es representar la población natural en tamaño y forma., Es importante recolectar una muestra representativa de especímenes teniendo en consideración las variaciones estacionales. Se debe recolectar la planta entera, incluyendo el disco basal, así como las plantas representativas de los diferentes tipos de hábitat (rocoso, sedimento o sobre las raíces de mangle). Es preferible recolectar especímenes cuyo tamaño sea representativo de la especie, aunque no demasiado grandes, para que puedan ser herborizados. Para estas recolectas se requiere de cubos, bandejas y bolsas de plástico para depositar agua de mar, separar los especímenes y guardarlos; bolsas de malla o plásticas, o frascos de plástico para guardar especímenes de diferente tamaño; vestuario adecuado, sombrero para protegerse contra el sol, botas o calzado si la recolecta se realiza en una costa rocosa; equipo de buceo (en apnea o autónomo); cuchillo para raspar los discos basales del sustrato rocoso; cincel y martillo para recolectar algas costrosas con el sustrato donde se encuentran; libreta para anotar información sobre la localidad donde se realiza la recolecta; guías de campo para la identificación de ejemplares y formaldehído neutralizado al 3-5% para fijar los especímenes. En cada caso se anotará la información sobre el hábitat, tan importante como el propio ejemplar. Entre estos datos se encuentran la profundidad, la salinidad, el tipo de sustrato donde se encuentra la planta y su hábito de vida. Las plantas se pueden recolectar a mano en la zona intermareal o en la zona submareal por medio del buceo en apnea o autónomo (SCUBA). También Figura 1. Fanerógamas (Thalassia testudinum Banks ex König y macroalgas marinas. ©Jans Morffe Rodríguez.
108 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo pueden recolectarse especímenes desde las embarcaciones por medios mecánicos como rastras de fondo, dragas y redes, o por submarinos equipados con garras, dispositivos de agarre o succión (Ibarzábal, 1994). Aunque las algas pueden ser halladas en casi cualquier región en el mundo, por lo general son más abundantes en los sustratos rocosos. En las áreas con fondo arenoso o fangoso, las algas pueden ser halladas adheridas a sustratos como conchas, sobre otras algas o sobre las fanerógamas (epífitas). También, sobre estructuras artificiales como boyas, muelles, pilotes o cualquier objeto sumergido. Existen algas que poseen una estructura rizoidal que les permite vivir ancladas en el fondo sedimentario. Las fanerógamas marinas, con un sistema radicular extensivo se encuentran en fondos donde existan acumulaciones de arena o fango. En la costa también se encuentran acumulaciones de algas que son arrancadas por el oleaje y arrastradas por las corrientes. Estas plantas se descomponen muy rápido, por lo que es importante comprobar si se encuentran en buen estado. Cuando la recolecta se realice sobre sustrato duro, se debe raspar con un cuchillo para levantar el disco basal. En caso de recolectar especies costrosas, es útil llevarse parte del sustrato, para lo cual se requiere en ocasiones de un pequeño martillo y un cincel. El material recolectado debe ser lavado para eliminar sedimento u organismos adheridos Los especímenes son preservados en bolsas plásticas, separados por grupo taxonómico. Dentro de las bolsas se colocan etiquetas impermeables con los datos que indiquen el sitio de recolecta, la fecha y otra información que se considere relevante. Las bolsas son colocadas en un recipiente protegido de la luz para su embarque. También se debe tener un cuaderno de notas de campo que recoja los detalles de la localización del sitio de recolecta (latitud, longitud y profundidad), cómo fue recolectado el ejemplar y cualquier otra información medioambiental y ecológica pertinente (ver etiquetas). Macroalgas y fanerógamas marinas deben conservarse primero en una solución de formalina al 3-5% en agua de mar y luego secarse con una prensa, con una porción conservada en un medio líquido como se describe más adelante. Especies diferentes pueden requerir manejo y técnicas de preservación algo diferentes. Algunos autores recomiendan utilizar etanol desde una concentración al 20% durante varias horas, y un aumento progresivo hasta 50-85%. En ausencia de reactivos para fijar los especímenes pueden preservarse por cierto tiempo, añadiendo grandes cantidades de sal común. Se puede añadir la sal al agua de mar o colocar capas de algas envueltas en capas de sal.
109 Capítulo 8. Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas Procesamiento en el laboratorio En el laboratorio se procede a la separación de los especímenes y la preparación para su preservación permanente. Los especímenes secos se preparan conservando los caracteres morfológicos importantes para su identificación. Ciertas porciones de los especímenes como las estructuras de fructificación o secciones del tallo, pueden separarse y colocarse en un frasco con preservante para la observación microscópica, esencial para su identificación. El procedimiento siguiente, con un poco de práctica, debe producir especímenes secos de buena calidad. Para la preparación de los especímenes de macroalgas para la herborización, se toma en cuenta su morfología: carnosas de ramas u hojas relativamente gruesas y ramificadas (i.e. Fucales, Gracilariales, Rhodomelaceas); calcáreas, impregnadas de carbonato de calcio, en costras planas o articuladas (i.e. Halimeda, Peysonnellia, Corallinales); filamentosas, de ramas finas (i.e. Cladophorales, Ceramium, Spyridia); membranosas, de láminas muy finas (i.e. Ulvales, Dictyotales) y fanerógamas marinas. Especímenes carnosos: Enjuague y limpie los ejemplares. Quite cualquier objeto (conchas de moluscos, otros organismos) que no forme parte del espécimen. Si el disco basal es demasiado grueso y resistente para ser herborizado, haga hendiduras para quitar porciones y facilitar así el prensado, o quite el disco basal y séquelo separadamente, etiquetado con referencia al espécimen original. Especímenes calcáreos: Fije los especímenes en una solución de formalina al 3-5%, seleccione las porciones a ser preservadas en líquido en un frasco. Sumérjalas durante varios días en una solución de aproximadamente 40% de glicerina y formalina al 3% en agua de mar. Seque los especímenes y póngalos en cajas pequeñas sin apretarlos o, cuando sea apropiado, péguelos cuidadosamente en cartulinas de herbario. Algunos investigadores prefieren enjuagar los especímenes para eliminar el formaldehído y no usan la glicerina, ya que puede dañar las estructuras reproductoras dentro de los conceptáculos. Los especímenes se dejan secar a la sombra antes de guardarlos. HerborIzacIón Para la herborización de las plantas se requiere de bandejas, marco con malla o lámina de vidrio para levantar el espécimen con el papel de herborizar, papel o cartulina para herborizar (papel de arte medio a pesado, papel de herbario o papel para archivar 100% rag, libre de ácido, de 29×42 cm (11½ × 16½ pulgadas)). Además pinzas, pequeños pinceles, palillos de dientes, agujas para disección; hojas de papel encerado o fibra sintética para cubrir los especímenes y
110 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo evitar que se adhieran al papel secante; papel secante o periódicos limpios cortados al tamaño de la prensa; láminas de cartón corrugado (ventiladores) cortados al tamaño de la prensa, con las líneas corrugadas paralelas al lado más corto de las hojas; prensa para plantas (dos planchas, marcos o entramado formado por listones de madera de 30×46 cm (12×18 pulgadas); pesos, presillas, abrazaderas o cintos para mantener la prensa apretada; cinta de herbario de pH neutro o goma PVA (cola blanca); ventilador o calentador para acelerar el secado de los especímenes; etiquetas de herbario de papel neutro; cuadernos, lápices, rotuladores de tinta permanente y de secado rápido, rotuladores de tinta china. Coloque el papel de herborizar y papel secante en una mesa. Vierta agua dulce limpia en una bandeja (hasta una profundidad de aproximadamente 6 mm) con dimensiones mayores que las del papel o cartulina de herborizar. Se puede colocar dentro de ésta una malla o un vidrio plano que ayude a levantar el papel sin que se doble (Fig. 2). Deberá escribir un número o nota en la esquina inferior derecha de la hoja del herbario. Esto ayudará a identificar los especímenes y permitirá pegar la etiqueta del herbario apropiada después del prensado. También tenga presente el esquema de la hoja del herbario al poner los especímenes en la hoja con respecto a la localización de la etiqueta (esquina inferior derecha) y el sello del herbario (esquina superior derecha). Las formas más toscas y grandes pueden ponerse directamente sobre el papel del herbario. También se puede humedecer el mismo con una esponja o rociarle agua limpia. Las formas delicadas deben colocarse sobre el papel mientras se sumerge este en la bandeja con agua, lo que permitirá extender el espécimen. Ponga el papel encima de la malla o lámina de vidrio, sumérjalos y coloque el espécimen encima del papel, y usando fórceps, una aguja o un pincel pequeño y suave para las formas más delicadas, estire y separe las ramas, y extienda el espécimen para revelar el patrón de ramificación y las estructuras pequeñas. Si es necesario, elimine (y anote que esto fue hecho) una cantidad Figura 2. Herborización de macroalgas y fanerógamas marinas.
111 Capítulo 8. Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas apropiada del espécimen donde el material en exceso dificulta la observación de las estructuras. Si el espécimen es demasiado grande, puede doblarse dentro de los límites de la hoja de herborizar, o separarse en partes, o tomar solamente una parte para herborizar, pero en este caso deberá anotarse el tamaño total del individuo. Retire con cuidado el papel de la bandeja con la ayuda de la malla o el vidrio, o simplemente con las manos, levantando por dos esquinas para que el flujo de agua tienda a extender las ramas mientras se alza el papel. Puede usarse un frasco lavador en este punto para extender aún más las ramas. Ponga la cartulina o papel que contiene el espécimen sobre un papel secante. Entonces ponga un pedazo de muselina, gasa, un "pañal" de tela o papel encerado corrugado encima del espécimen que evita que se pegue al papel secante, y agregue otro papel secante encima. Ponga el papel secante y el espécimen entre ventiladores (láminas de cartón o aluminio corrugado). A medida que prepare más especímenes, continúe añadiéndolos a la prensa en el mismo orden, dejando para el final el marco superior. También se debe colocar un pequeño peso para mantenerlo todo plano y en su posición y trate de mantener todos estos componentes centrados sobre el marco del fondo. Si alguna hoja queda fuera de alineación no trate de arreglarlas (como si se tratara de un juego de cartas). Es preferible dejarlas así, a menos que interfiera con las cintas o presillas que debe emplear para amarrar la prensa. De lo contrario, se puede tratar de separar las capas con cuidado, pues si se fuerza un cambio de posición de alguna hoja es muy probable que se dañe alguno de los especímenes. Cuando haya terminado de poner el último espécimen, añada una hoja de papel secante o periódico, colóquelo sobre otro cartón corrugado y termine con el marco de la prensa. Amarre el conjunto para evitar que el papel se arrugue mientras se seca. No hay un límite para el número de especímenes, excepto el largo de las correas o el ancho de las presillas, pero una prensa de más de 30 cm de espesor puede volverse pesada e inestable. Coloque la prensa arreglada bajo presión mediante pesos, cintos o abrazaderas. Como peso pueden emplearse pilas de libros, bloques, recipientes llenos de arena o cualquier objeto que sea manejable. Generalmente más peso es mejor, pero asegúrese que esté distribuido regularmente y que quede estable. Un peso de 9 kg es adecuado para una prensa estándar de 30×46 cm. Si se emplean cintos o abrazaderas, apriételas lo más que pueda asegurándose de que la presión esté distribuida regularmente. Se emplean dos cintos o cuatro abrazaderas para una prensa de tamaño estándar.
112 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo La prensa puede colocarse de lado y aplicarse calor artificial moderado desde debajo para que el aire seco caliente pase hacia arriba a través de las arrugas de los ventiladores. Pueden improvisarse calentadores, consistentes en una percha para sostener la prensa y una fuente calorífica, como bombillas, una resistencia o un plato caliente. Note que ese aire cálido es todo lo que se requiere. Demasiado calor hará que las algas se oscurezcan y se vuelvan quebradizas. Verifique los especímenes por lo menos cada 24 horas, quitando el que esté seco. Deben cambiarse los papeles secantes húmedos y apretarse nuevamente las correas de la prensa. Si no se dispone de una fuente de calor, se puede colocar la prensa horizontalmente con pesos sobre ésta, pero los papeles secantes deben reemplazarse a diario, volviendo a prensar. El secado puede requerir muchos días por este método, por lo que se recomienda el empleo de una fuente de calor si es posible. Una alternativa es el empleo de ventiladores, alejados entre 30 y 90 cm y orientados hacia una de las caras con los canales del cartón corrugado. Es preferible que estos lados sean los más largos, lo que deberá tenerse en cuenta al cortar estas láminas. Cuando el contenido de la prensa está seco, retire la misma de la fuente de calor y permita que se refresque con las correas apretadas antes de abrirla. Los especímenes pueden arrugarse si se exponen a una atmósfera húmeda antes de refrescar, en cuyo caso deben ser humedecidos, prensados y secados nuevamente. Tenga en cuenta que especímenes más gruesos demoran más tiempo en secarse y pudieran no pegarse muy bien al papel. Desátela desde arriba hasta abajo cuidadosamente. Separe con cuidado cada una de las partes, levantando desde un borde las hojas que están cubriendo los especímenes. Los especímenes permanecerán adheridos a la hoja del herbario después del secado, debido a la presencia de coloides en las paredes y espacios intercelulares, que actúan a manera de pegamento natural. Las formas más gruesas y no gelatinosas como algunas algas pardas y fanerógamas marinas pueden no permanecer pegadas después del secado y requerir pegamento. Cualquier pegamento que seque claro puede ser adecuado, como la cola blanca de caseína o una resina de acetato de polivinilo blanca (PVA). Debido a que la cola blanca se pone suave o pegajosa bajo condiciones húmedas, se puede usar pasta de estaño aplicada en puntos, a la parte trasera del espécimen. También pueden usarse cintas engomadas de lino o de papel para herbario para fijar el espécimen a la hoja, muy útil para el caso de las fanerógamas marinas.
113 Capítulo 8. Colecciones de Algas y Fanerógamas marinas etIquetas El papel de etiqueta debe tener una buena calidad (100% libre de ácido). Evite etiquetas engomadas en papel de baja calidad porque se pueden desprender, y perderse la información del espécimen. Existen variantes para una etiqueta de un herbario, pero la misma debe contener cierta información que se considera importante (Fig. 3). Asegúrese de incluir datos como: área geográfica de recolecta (ej. nombre de una isla o cayo, provincia); nombre de la especie (binomio); incluyendo al autor(es); dónde se recolectó, latitud y longitud, profundidad, tipo del sustrato; cómo se recolectó (buceo profundo, draga, submarino u otro); hábitat u otra información ecológica específica; recolector; fecha de recolecta; número de campo del recolector para el espécimen o la colección; persona que identificó el espécimen y tipo de fijación (formalina u otra sustancia). La etiqueta debe escribirse con tinta de base carbón y pegarse por medio de un pegamento que seque claro, en la esquina inferior derecha de la hoja. La información recogida de conjunto es tan importante como el propio espécimen. Debe mantenerse un cuaderno de notas sobre la colección que explique en detalles la localidad, el hábitat, las condiciones del agua, y cualquier otro dato sobre los especímenes. conservacIón de especímenes en preservantes líquIdos Cualquier espécimen que quepa en un frasco o vial puede ser fijado usando cualquiera de los diferentes preservantes. Los especímenes no deben estar muy ajustados en el frasco. Muchos herbarios guardan porciones de la mayoría de los especímenes fijados en formalina y preservadas en etanol, con la excepción de las coralinas, que se guardan en una solución de formalina al 3-5% neutralizada. La mayoría de los especímenes se guarda en viales de 70 mL, ubicados dentro de frascos llenos del preservante. El formol no es un preservante adeFigura 3. A. Etiqueta y ejemplar herborizado. ©Jans Morffe Rodríguez.
120 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Rhodophyceen". Bot. Mar. 50: 197249. Solé MA. 2009. Colección de tipos de algas marinas del herbario del Museo Oceanológico Hernando Benigno Román (MOBR). Acta Bot. Venez. 32(1): 225-236. Taylor WR. 1960. Marine algae of the Eastern Tropical and Subtropical Coasts of the Americas. The University of Michigan Press, 870 pp. Thiers B. 2018. Index Herbariorum: A global directory of herbaria and associated staff. New York Botanical Garden's virtual herbarium. http:// sweetgum.nybg.org/ih/. Revisado en agosto del 2018. Wynne MJ, Schneider 2010. Addendum to the synoptic review of red algal genera. Bot. Mar. 53:291-299. Wynne M, Cabrera R, Alfonso Y. 2008. Report of the rare green alga Penicillus dumetosus f. expansus from Cuba and the Bahamas. Caribb. J. Sci. 44(3): 419422. Wynne MJ. 2017. A checklist of benthic marine algae of the tropical and subtropical western Atlantic: Fourth revision. Nova Hedwigia. 145: 1-202.
Colecciones Zoológicas Marinas Capítulo 9 Diana Ibarzábal Bombalier, María Victoria Orozco Llerena, Elena D. Gutiérrez de los Reyes, Rolando Cortés Vico, Beatriz Martínez Daranas, Yusimí Alfonso Sánchez IntroduccIón No se tienen noticias de que, después de Parra (1787), se hubieran conocido especímenes marinos conservados en Cuba, hasta que Felipe Poey y Aloy iniciara sus estudios de los peces marinos y dulceacuícolas en el siglo XIX, con ejemplares obtenidos de los pescadores de La Habana y de sus propias recolectas en aguas interiores; Don Carlos de la Torre realizara sus estudios de los moluscos terrestres y marinos, y Juan C. Gundlach sobre crustáceos. La Facultad de Biología de la Universidad de La Habana; el Museo Felipe Poey; el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba; el Museo Carlos de la Torre de la Universidad de Oriente, el Instituto de Ecología y Sistemática (IES), el Instituto de Oceanología; el Centro de Investigaciones de Ecosistemas Costeros (CIEC) de Cayo Coco, en Ciego de Ávila y el Acuario Nacional, que actualmente custodia la Colección del Instituto de Oceanología desde el 2005, atesoran e incrementan, colecciones de especímenes marinos, valoradas como parte del patrimonio de las instituciones que las guardan y ponen al servicio de la comunidad científica. Las Colecciones Marinas del Instituto de Oceanología, fundado en 1964, fueron creadas poco después, con la Expedición Soviético-Cubana. A estas se unieron algunos lotes de los fondos de colecciones de la antigua Universidad de Villanueva, que incluían ejemplares de peces, equinodermos, esponjas y crustáceos marinos. Estos eran provenientes de expediciones realizadas durante las décadas entre 1930 y 1950, como las del Atlantis (Harvard-Havana Expedition), Gloria Maris, Blake, Albatross, y Oregon en los que participaban naturalistas cubanos y profesores de la Universidad de La Habana junto a especialistas extranjeros, de Estados Unidos principalmente. Las colecciones eran custodiadas por investigadores de diferentes grupos zoológicos y en el año 1984, en el Instituto de Oceanología se organiza el Departamento de Colecciones Naturales, dada la importancia de las colecciones de historia natural en los estudios de la biodiversidad. En el año 1993, se reorganizó el Departamento de Colecciones Mari-
124 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo nas en el propio Instituto de Oceanología y se fundó, el 5 de Junio de 1995, el Centro de Colecciones Naturales Marinas, en un local cercano, con mejores condiciones de espacio. A partir de entonces se implementó la custodia y organización de todas las colecciones de vegetales marinos, invertebrados y peces, con la participación de un personal calificado, para su conservación e incremento. Las colecciones fueron ubicadas en locales adecuados, con climatización, y se inició la catalogación y organización de sus datos acompañantes en bases de datos automatizadas, utilizando el programa COLBASES. Se propició, además, la preparación técnica especializada de sus curadores y se implementó un proyecto para la elaboración de un manual de procedimiento curatorial para colecciones biológicas, con el objetivo de garantizar la conservación de las colecciones y su información asociada. Estas colecciones adoptaron, en primer momento, el acrónimo IDO, y al término de diez años crecieron hasta alcanzar los 15 573 ejemplares, pertenecientes a 2 650 especies de 22 grupos zoológicos. En el año 2005 fueron trasladadas al Acuario Nacional de Cuba, con las condiciones ambientales requeridas y atendidas por los mismos curadores desde su radicación en 1993 (Fig. 1). Su crecimiento alcanza ya los 16 806 lotes, 52 452 ejemplares y 3 479 especies, poseen 39 grupos zoológicos y 264 ejemplares tipo, a disposición de la comunidad científica nacional e internacional. recolecta de ejemplares, trabajo de campo y muestreo La recolecta de los ejemplares en el mar puede realizarse en la propia zona costera o utilizando una embarcación, en mar abierto. Dicha recolecta puede ser manual y en este caso no se requieren más instrumentos que un jamo, uno o varios frascos o bolsas de plástico, careta, snorkel y patas de rana, en caso de que sea necesario bucear en apnea a poca profundidad. Figura 1. Colecciones actuales. ©Jans Morffe Rodríguez.
125 Capítulo 9. Colecciones Zoológicas Marinas Pueden realizarse muestreos manuales (sin tracción mecanizada) de plancton, realizando el arrastre manual de una pequeña red que filtre el agua, en áreas de poca profundidad o en el caso del bentos se puede tirar de un pequeño patín o trineo recolector que corre por el fondo. Desde una embarcación los equipos recolectores pueden tener mayores dimensiones y se requiere de la utilización de cabrestante y cables para las redes Trapecio (Guitart, 1971) y en ocasiones la participación de buzos especializados y equipados para mayores profundidades. También desde la costa se pueden planificar expediciones de recolecta con buceo autónomo, utilizando tanques de aire comprimido. Para recolectar muestras de bentos podría utilizarse el equipo de succión de sedimento (chupón) (Ibarzábal, 1994). Las técnicas de recolecta a bordo de las embarcaciones dependen del grupo zoológico del que se trate, el tipo de fondo y la profundidad de la recolecta. Se usan equipos especiales de captura como redes de diferentes aberturas de malla, equipos de succión, equipos de rastreo de fondos (Guitart, 1971; Herrera Moreno, 1991; Ibarzábal, 1994.). Hay artes que recolectan diferentes grupos zoológicos a la vez, como son las redes de plancton, donde además de zooplancton se recolectan huevos, larvas y juveniles de peces, moluscos y crustáceos; así como larvas de equinodermos y poliquetos (Guitart, 1971). Las rastras de fondo capturan ejemplares de grupos zoológicos bentónicos de una gran variedad taxonómica y los equipos de succión recolectan todos los grupos zoológicos crípticos y meiobentónicos que viven enterrados en el sedimento. Es responsabilidad del recolector velar porque el uso de estos muestreadores no dañe el ecosistema, deteriorando el refugio o lesionando los individuos que no se van a recolectar para el estudio. No se deben violar las vedas o contribuir al agravamiento de la situación de especies declaradas en alguna categoría de amenaza. Las muestras se guardan rotuladas en frascos o bolsas de plástico y las etiquetas se confeccionan en papel vegetal, escritas con tinta indeleble o grafito, con todos los datos obligatorios de la ficha de datos de campo. En todos los casos es muy importante que los ejemplares siempre estén acompañados por la información taxonómica, biológica, ecológica y geográfica que le corresponda. FIjacIón Una vez finalizado el muestreo, la rotulación y la colocación de las etiquetas en los frascos o bolsas, se fija la muestra con el fijador adecuado a cada tipo de espécimen recolectado. Por lo general, se utiliza la formalina al 10% neutralizada con bórax (tetraborato
126 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo de sodio hasta lograr un pH cercano a 7,0), debido a que tanto la acidez, como la basicidad extrema del fijador, daña las muestras. Los organismos de poca talla deben ser transferidos en pocas horas a etanol al 70%; los más voluminosos, como peces y crustáceos grandes deben permanecer en formalina entre siete y 30 días, en dependencia de su tamaño, y con posterioridad serán transferidos a una serie de etanol al 35%, 50% y 70% (de dos a tres días en cada solución). Se conservan definitivamente en etanol al 70%. Los peces de gran tamaño deben ser eviscerados, ya que la descomposición de los órganos puede dañar el espécimen (Fink et al., 1979). Según Davis (1992), los especímenes no deben conservarse en formalina porque los huesos se descalcifican por la acidificación del formaldehído. Si la solución se hace muy básica reacciona con el material proteico y también ocasiona daños en el ejemplar, por lo que hay que mantener el pH neutro (Fink et al., 1979; Hughes y Cosgrove, 1990; Horvath et al., 1988). Debido a que la degradación empieza inmediatamente después de la muerte, es importante iniciar el proceso de fijación lo más rápido posible (Fink et al., 1979). El fijador debe penetrar rápidamente para reducir los cambios en los tejidos. No se deben congelar los ejemplares antes de su fijación. La congelación y posterior descongelación, rompe las membranas celulares y retrasa la penetración del fijador (Simmons y Muñoz-Saba, 2005). Los organismos pequeños como huevos y larvas de peces y zooplancton en general se fijan con formalina al 10% y se conservan en formalina al 2%. Los moluscos, crustáceos, equinodermos, ascidias, poliquetos, hidrozoos, gorgonias, anémonas y esponjas se fijan en etanol al 70%. En el caso de los corales pétreos (Fig. 2) el procedimiento es diferente, pues al extraerlos del mar, los pólipos mueren inmediatamente. Para blanquearlos hay que eliminar dichos pólipos, por lo que se colocan en agua dulce para acelerar la descomposición y posteriormente, con agua de mar a presión se retira este material y queda el esqueleto blanco totalmente expuesto. El secado se realiza al sol. Para las muestras destinadas a estudios moleculares, no debe usarse formalina como fijador, ya que esta actúa en los enlaces covalentes, destruyendo el ADN (Ellegren, 1991; Criscuolo, 1992; 1994; Jansen et al., 1999, Chatigny, 2000), En este caso se utiliza etanol absoluto como fijador (Simmons y Muñoz-Saba, 2005). Cuando los ejemplares pasan a formar parte de la colección hay que mantener una vigilancia constante del preservante debido a que algunos especímenes como los crustáceos y los peces (Fig. 3) contienen elevados vo-
127 Capítulo 9. Colecciones Zoológicas Marinas lúmenes de grasa en su cuerpo que, al combinarse con el preservante liberan ácidos grasos, que pueden alterar el pH del mismo (Hughes y Cosgrove, 1990). En estos casos hay que realizar el recambio del preservante tantas veces como sea necesario, hasta que se logre la neutralidad del preservante. El recambio es también necesario en el caso de aquellas esponjas que liberan tintes que cambian la composición química del preservante y alteran pH. procesamIento de muestras lIbreta de a bordo y FIcha de datos de campo Mientras más amplia y detallada sea la información que acompaña a cada ejemplar, mayor será su valor científico. Esta información debe ser registrada para cada ejemplar recolectado, en cada jornada de muestreo, durante y después del procesamiento a bordo. En la libreta de a bordo se registra el derrotero seguido por la expedición, día tras día, las incidencias, observaciones climáticas, las descripciones de los ecosistemas y biotopos específicos y cualquier anotación de interés que tenga relación con el material recolectado y sus sitios de origen. El especialista responsable de la expedición debe llenar la ficha de datos de campo en cada estación (cada lugar donde el barco fondea para realizar un muestreo). Las estaciones deben ser programadas y georeferenciadas antes del comienzo de la expedición y ubicadas en una carta náutica con la cual se establecerá la derrota o ruta de la embarcación, Los datos que se deben registrar en esta ficha, son los siguientes: número de la estación, fecha, hora de recolecta, coordenadas geográficas (latitud y longitud, rectificadas con GPS o similar), nombre del recolector, método de recolecta (especificando el arte usado), localidad (nombre del cayo, bajo, ensenada, arrecife, bahía, punta), hábitat (observado por el buzo Figura 2. Corales petreos. ©Jans Morffe Rodríguez.
128 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo o recolector), tipo de fondo, profundidad, método de preservación utilizado (tipo de preservante si la muestra es húmeda). Es necesario que la ficha de datos de campo contenga todas las incidencias del muestreo. Por ejemplo, un pez que estaba dentro de la boca de otro pez, o dentro de un caracol vivo, o una esponja fija a un carapacho de cangrejo; o un crustáceo parásito en la piel de otro organismo. El resto de los datos de la ficha se llenarán con posterioridad, ya sea durante el viaje o en el laboratorio, según sea el caso. organIzacIón de las muestras, catalogacIón y número catalográFIco La catalogación consiste en dar a cada espécimen o lote su número catalográfico correspondiente, un número único bajo el cual se registra toda la información asociada a ese lote o ejemplar. Dicho número debe aparecer en la etiqueta del frasco o del ejemplar, en el libro consecutivo, en las tarjetas de folio y en la base de datos. El número catalográfico se escribe precedido por el acrónimo de la colección y lo forma un código que identifica el grupo zoológico y el ordenador consecutivo. El código consta de dos cifras desde 01 hasta 99 que corresponden a los grupos mayores presentes en la colección, según sea el caso phyllum, clase, subclase u orden. Por ejemplo, en la ANC el código 12 corresponde a peces. El código y el número consecutivo se separan por un punto, sin dejar espacio en blanco entre las cifras del conjunto (por ejemplo 12.4327). El catálogo no es simplemente un registro numérico, sino un instrumento de búsqueda ordenada de la información contenida en la colección. Provee la información necesaria para estudiar los ejemplares evitando manipulaciones innecesarias. automatIzacIón Toda la información que acompaña a cada ejemplar o lote catalogado forma parte de una colección de datos que se guardan en bases de datos relacionales, Figura 3. Cangrejos y peces preservados. ©Jans Morffe Rodríguez.
129 Capítulo 9. Colecciones Zoológicas Marinas en soporte Microsoft Access, para que sea consultada por los usuarios de las colecciones y por la comunidad científica en general. La digitalización de esta información permite la rapidez, la flexibilidad y la habilidad para su recuperación, además de las posibilidades de hacer búsquedas con los datos solicitados a fin de obtener la información de la manera más rápida para el usuario. El uso de las computadoras no sólo beneficia la recuperación de la información, sino además la organización eficiente del mantenimiento de las colecciones, el control en la entrada (nuevos ingresos, devoluciones) y salida (préstamos, bajas por deterioro) de ejemplares, las estadísticas de adquisición, impresión de etiquetas, entre otras tareas. De esta manera se conserva la historia de cada ejemplar depositado en la colección y funciona como verdadero archivo de manejo. Las bases de datos deben estandarizarse y diseñarse de tal manera que puedan ser colocadas on line y de esa forma sean consultadas desde cualquier lugar por los científicos interesados. ordenamIento topográFIco Las colecciones deben estar ordenadas en el estante de izquierda a derecha y de arriba hacia abajo. Cada grupo zoológico debe estar rotulado, con la denominación taxonómica y cada ejemplar con su correspondiente número catalográfico. Los frascos estarán ordenados consecutivamente y con sus etiquetas visibles, si es posible, cada frasco debe estar numerado exteriormente, por si alguno no tiene la etiqueta visible (Fig. 4). Una colección científica de historia natural completa su misión cuando es usada por la comunidad científica, pero la manipulación de los ejemplares debe ser regulada. Solo los especialistas de cada grupo zoológico pueden solicitar en préstamo ejemplares de la colección y manipularlos para examinarlos. Si se tratara de un ejemplar tipo, el cuidado debe ser aún mayor, ya que estos ejemplares son únicos e irremplazables. Estos deberán estar colocados en un estante específico (Fig. 5) y en caso de emergencia son los primeros que se ponen a salvo. préstamos Para obtener un préstamo de una colección es requisito indispensable el Figura 4. Señalización en los estantes de colecciones ©Jans Morffe Rodríguez.
136 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo talmente, que incluyen edades del Jurásico al Cuaternario. Las colecciones de rocas, minerales y fósiles más rica y diversa de Cuba la posee el IGP, que conserva una parte de las muestras recolectadas durante los trabajos de levantamiento geológico y prospección. Esta institución atesora, además, las colecciones históricas de Mario Sánchez Roig, Robert Palmer y Gustavo Furrazola, y otras pertenecientes a instituciones privadas antes de la creación del Museo de la Academia de Ciencias de Cuba en 1962. Otras instituciones poseedoras de colecciones apreciables son el IES, con una importante colección de vertebrados cuaternarios y el MNHNCu, que cuenta con una cuantiosa miscelánea de diferentes grupos. Esta incluye una pequeña colección de vertebrados terrestres del Terciario y se destacan los saurios marinos del Jurásico y una colección de dientes de elasmobranquios. También posee una amplia colección de invertebrados marinos, con rudistas del Cretácico, equinodermos e icnofósiles. Algunos museos municipales atesoran materiales poco conocidos. También existen algunas colecciones privadas y de grupos de aficionados que contienen ejemplares significativos. ProsPeccIón y recolecta en el camPo Las rocas, minerales y principalmente los fósiles, son especímenes que en muchos casos no son reemplazables. De cada ejemplar recolectado debe registrarse su ubicación geográfica y el tiempo geológico. Las características de la recolecta dependen del tipo de estudio. Es recomendable como un primer paso realizar una recolecta exploratoria y solo llevar a cabo una recolecta exhaustiva una vez estudiados los materiales obtenidos de la primera. Si el sitio paleontológico o geológico va a ser afectado por la actividad socioeconómica o por fuertes procesos de intemperismo y meteorización, frecuentes en los países tropicales como el nuestro podría realizarse un rescate de ejemplares, haciéndose una recolecta exhaustiva para intentar salvar todo lo posible antes de que el material sea destruido o perdido. Otro aspecto de la recolecta de rocas, minerales y fósiles que pueden ser realizadas continuamente en sitios geo-paleontológicos utilizados con fines docentes es aconsejable recolectar principalmente aquellos ejemplares que constituyen material rodado y evitar la extracción de grandes cantidades de ejemplares que no puedan ser procesadas y conservadas posteriormente. (Montego y Dieguéz, 2001). Antes de realizar la recolecta en cualquier sitio geo-paleontológico, debe tenerse en cuenta que existen legislaciones que protegen los yacimientos, y se requieren permisos para la extracción de materiales geológicos y paleontoló-
137 Capítulo 10. Colecciones de Paleontología y Geología gicos La recolectas de campo en Cuba siguen los métodos estandarizados para este tipo de depósitos. Aunque se puede recolectar material rodado o aflorante, siempre se recomienda recolectar material donde los ejemplares presentan mejor preservación por estar menos afectados por procesos de intemperismo. Es recomendable realizar una recolecta controlada, ubicando cada ejemplar geográfica y geológicamente de la forma más precisa posible. Todas las observaciones deben ser anotadas en una libreta de campo, incluyendo información de aquellos ejemplares que no fueron recolectados por estar demasiado fragmentados o alterados. También pueden tomarse fotografías detalladas de los especímenes como información complementaria. Los métodos de recolecta pueden variar dependiendo el tipo de material y los estudios a realizar. Una vez extraídos los ejemplares, dependiendo del tamaño, deben ser envueltos por separado en bolsas de nylon y/o papel periódico. Un correcto embalaje y transporte garantiza que los ejemplares lleguen en buenas condiciones de preservación a la colección. Se debe evitar que los ejemplares se muevan dentro de las bolsas y el cierre de las mismas sea lo más hermético posible. Los ejemplares pesados y de gran tamaño pueden asegurarse con cinta adhesiva (sobre la que puede escribirse el número de campo) después de ser envueltos en el papel periódico y guardados en cajas. En aquellos casos donde los ejemplares son muy frágiles o valiosos pueden envolverse en algodón y guardarse en cajas. Cada ejemplar debe identificarse con una etiqueta provisional con el número registrado en la libreta de campo e información adicional, como horizonte estratigráfico donde fue recolectado. Si se van a visitar diferentes yacimientos en un mismo día, deben ponerse en las etiquetas de los ejemplares el nombre de los mismos o siglas que los identifiquen. En algunos casos los ejemplares deben ser embalados inmediatamente como aquellos con restos de materia orgánica, para evitar su pérdida; los que se encuentran muy fracturados, para evitar su destrucción o los que están en contextos húmedos, para evitar el secado rápido. Los fósiles completos articulados, de vertebrados principalmente, deben extraerse con el bloque completo de roca que lo contiene o recolectase de forma ordenada. documentacIón de las coleccIones La organización y preservación de la documentación es uno de los procedimientos más importantes en una colección. Esto nos permite apreciar su composición, el manejo de la información en ella contenida y el estado
138 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo de sus fondos, a la vez que facilita su organización espacial y el control de su manejo. Dicho control ayuda en la conservación, a la par que disminuye la manipulación e sus ejemplares y contribuye indirectamente a su conservación (Raphael, 2009). Dentro de la documentación se incluyen los procesos de ingreso y catalogación, colocación de etiquetas y circulación del material. El ingreso es el proceso de adquisición e inclusión del material en una colección, con lo que también se adquiere la responsabilidad de su preservación (Raphael, 2009). La adquisición puede hacerse por recolecta en el medio natural, donaciones y canje de ejemplares. Las donaciones pueden ser hechas por instituciones o personas naturales y deben venir acompañadas de la mayor cantidad de información posible del ejemplar. Fondos amplios y bien representados favorecen el canje de ejemplares entre instituciones. El depósito de material tipo en varias instituciones nacionales y extranjeras favorece la accesibilidad al mismo y su preservación, además de ser una vía al intercambio interinstitucional aunque no muy frecuente en este tipo de colecciones. En las colecciones de geología y paleontología las muestras pueden ser desde pequeños fragmentos de fósiles y rocas hasta varias decenas de centímetros cúbicos. Todo debe estar convenientemente catalogado e incluido en una base de datos digital con información detallada sobre el material. Esta es guardada en una computadora central con copias de seguridad. En las colecciones paleontológicas es común el uso de reproducciones de aquellos ejemplares únicos o poco representados. Existen numerosos holotipos y parátipos de fósiles cubanos en instituciones de otros países, sería adecuado poseer al menos reproducciones de dichos ejemplares para incorporarlos a nuestras colecciones. La creación de un registro fotográfico amplio y detallado de los ejemplares y la digitalización de toda la información también favorecen el intercambio entre instituciones y especialistas. Cada muestra perteneciente a estas colecciones debe contener al menos la siguiente información: (1) acrónimo, siglas de la institución a la cual pertenece el ejemplar, (2) número de identificación de la colección, (3) número de identificación particular asignado al ejemplar dentro de la colección, (4) número topográfico para su fácil ubicación en la colección, (5) localidad (incluye descripción del sitio de recolecta, coordenadas y hoja 1:50 000), (6) recolector y (7) fecha y responsable de la catalogación y fecha. Es recomendable realizar el rotulado del número asignado a la roca, mineral o fósil sobre la propia muestra, siempre que esto no afecte el valor histórico o científico de la misma.
139 Capítulo 10. Colecciones de Paleontología y Geología Para ello es necesario pintar un pequeño rectángulo sobre alguna superficie lisa que no contenga rasgos distintivos para su identificación. La pintura debe ser de aceite o similar, preferiblemente blanca (gris muy claro u otro color claro). Sobre este rectángulo se inscribe el número de identificación de la muestra con tinta indeleble. Cuando la muestra es terrosa se coloca en un recipiente apropiado y se rotula sobre el recipiente. En dependencia del tipo de material a catalogar, minerales, rocas o fósiles, se adicionara información particular en cada caso (Tabla 1). Además de registrar toda la información en bases de datos, cada ejemplar debe de ir acompañado de una etiqueta que contenga la información general imprescindible, así como el número de catálogo (número único que identifica al ejemplar dentro de la colección), identificación, localidad de recolecta, recolector y fecha. La información contenida en la etiqueta debe ser clara y legible y sus datos deben ser sistemáticamente actualizados, añadiendo nuevas etiquetas y preservando las antiguas en bolsas de plástico transparente o similar debidamente selladas. Deben conservarse preferentemente junto al ejemplar, que, en dependencia de su naturaleza preservarse también en una bolsa sellada. Dichas etiquetas antiguas autentifican el ejemplar y la información asociada al mismo. Además de la base de datos digital, se debe tener en la colección un libro oficial de entrada y otro que contenga el inventario de toda la colección. Préstamos y canjes Los préstamos constituyen una herramienta de trabajo para el investigador al permitirle el acceso y estudio de material disponible en otras colecciones. Usualmente, los ejemplares (minerales, rocas y fósiles) únicos o escasos y por tanto muy valiosos, no se prestan, aunque si se permite su consulta in situ. Estas restricciones incluyen a los holótipos, parátipos y material histórico. Los documentos de préstamo forman parte de la documentación de cualquier colección y se deben hacer copias idénticas para la institución solicitante y la que hace el préstamo. En la mayoría de las instituciones, este proceso es coordinado por los propios curadores de las colecciones. Este documento debe contener los datos completos del solicitante, incluyendo los de la entidad a que pertenece y del material, fecha y duración del préstamo. Además se debe informar al solicitante las condiciones, características y la importancia del material que se le está prestando.
140 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo Tabla 1. Información requerida para los especímenes de minerales, rocas y fósiles depositados en colecciones. Minerales Rocas Fósiles no óseos Fósiles óseos Tipo de material (mineral o agregado de minerales) Tipo de roca (ígnea, sedimentaria, biógena o metamórfica) Tipo de fósil (huella, molde interno o externo, ejemplar recristalizado, etc.) Tipo de hueso o fragmento (parte del cuerpo a la que pudiera pertenecer si fuera posible) Denominación (nombre del mineral) Denominación (nombre de la roca) Taxón (si fuera identificado) Taxón al que pudiera pertenecer (si fuera posible) Descripción del material (breve caracterización de la muestra) Descripción del material (breve caracterización de la muestra) Descripción del material (breve caracterización de la pieza) Descripción del material (breve caracterización de la pieza, incluyendo coloración) Contexto geológico y Edad Contexto geológico y Edad Contexto geológico y Edad Contexto geológico y Edad Observaciones (Se debe consignar cualquier dato de interés así como quién y por qué métodos identificó la muestra en caso de que sea posible) Observaciones (Se debe consignar cualquier dato de interés así como quién y por qué métodos identificó la edad y denominación de la muestra). Observaciones (Se debe consignar cualquier dato de interés así como quién identificó el taxón. Se debe indicar en qué revista fue publicado el taxón, o poner el número del catálogo de referencias) Observaciones (Se debe consignar cualquier dato de interés así como quién identificó el taxón. Se debe indicar en qué revista fue publicado el taxón, o poner el número del catálogo de referencias) Lugar de aparición en la capa, base, tope o dentro (en icnofósiles puede ser de importancia para su identificación icnotaxonómica).
141 Capítulo 10. Colecciones de Paleontología y Geología PrIncIPales factores que afectan los esPecímenes de coleccIones La preservación de los ejemplares de colecciones geológicas y paleontológicas es afectada antes de su recolecta e incorporación a la colección por la acción de procesos como el intemperismo y meterorización, tan frecuentes en países de clima tropical. Una vez recolectado el material y depositado en la colección también puede ser afectado por varios factores. En colecciones cubanas se destacan los altos valores de humedad relativa, las variaciones de temperatura e intensidad de la luz. Es necesario regular o evitar la entrada de luz dentro de la colección y mantener una temperatura y humedad relativa constantes. El rango de temperatura recomendable es entre los 16ºC y 18ºC. Valores altos, pueden originar la proliferación de hongos sobre los materiales y dependiendo de su composición provocar reacciones químicas que deterioran de forma irremediable ejemplares como los fósiles. El control de la temperatura y humedad puede evitar el establecimiento de plagas como termitas que pueden afectar contenedores y estanterías (Marcos-Fernández y Ortega, 2016). Los parámetros de humedad relativa (HR) pueden variar para los distintos materiales pero es importante mantener valores constantes. En los minerales, y fósiles, un valor constante de este parámetro garantiza su estabilidad (amplitud en movimientos de contracción y expansión) y evita la activación de fracturas y fisuras comunes en los materiales cubanos (Collins et al., 2008; Marcos-Fernández y Ortega, 2016). La presencia de un deshumificador es de vital importancia en las colecciones cubanas de este tipo. La manipulación y embalaje constituyen aspectos importantes en la preservación de este material, tan variable en peso y grados de fragilidad. Una medida general es construir soportes adecuados y seguros (peso, tamaño, tipo de material) para incrementar la seguridad a la hora de su manipulación y depósito. Su fragilidad suele estar incrementada por el efecto degradante del clima antes de ser recolectados. Es recomendable que cuando van a ser consultados ejemplares únicos e importantes, como paratipos y holotipos en el caso de fósiles, la manipulación sea solamente la necesaria y en un ambiente donde parámetros como temperatura y humedad estén controlados. lIteratura cItada Allmond WD. 1993. The value of natural history collections. Curator. 37(2): 83-89. Barragán-Manzo R, Rojas-Consuegra R, Szives O. 2008. Upper Albian (Lower Cretaceous) ammonites from the Provincial Formation of central Cuba: Biostratigraphic and
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143 Capítulo 10. Colecciones de Paleontología y Geología bivalves. Journal of South American Earth Sciences. 38: 123-128. Villegas-Martín J, Rojas-Consuegra R, Klompmaker AA. 2016. Drill hole predation on tubes of serpulid polychaetes from the Upper Cretaceous of Cuba. Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology. 455: 44-52.
Colecciones Helmintológicas Jans Morffe Rodríguez, Nayla García Rodríguez Capítulo 11 IntroduccIón Históricamente, los estudios de helmintos parásitos han estado sesgados, con mayor prioridad por aquellos grupos de importancia médica y veterinaria y menos atención a los parásitos de fauna silvestre. Aunque nuestro país no ha sido la excepción, ya desde la primera mitad del siglo pasado se destacaron los trabajos del Dr. Ildefonso Pérez Vigueras, veterinario de formación. Realizó recolectas de helmintos de vertebrados silvestres cubanos, en especial aves, reptiles y peces. De estos primeros estudios y colecciones se describieron ocho especies de céstodos nuevas para la ciencia, 29 de tremátodos y 18 de nemátodos, además de varios nuevos registros para Cuba (Moreno-Lazo, 2005). El Dr. Pedro Kourí Esmeja creó el 8 de diciembre de 1938 el Museo Docente “Carlos J. Finlay”, como parte de la cátedra de Parasitología y Enfermedades Tropicales de la Universidad de La Habana, situado en el Hospital Docente “General Calixto García”. En este museo se exhibieron piezas anatómicas y especímenes de parásitos que sirvieron como apoyo a la docencia y material de referencia (Cabrera-Cantelar, 2008; Cabrera-Cantelar et al., 2010). El museo se cerró temporalmente en 1988, hasta su traslado en 1992 a su actual sede en el Instituto de Medicina Tropical “Pedro Kourí”. En su colección están depositadas más de 600 especímenes de helmintos y piezas anatómicas. En 1965 se creó la Colección Helmintológica, perteneciente al Laboratorio de Parasitología del Instituto de Biología, Academia de Ciencias de Cuba, como resultado de los estudios de helmintos parásitos de vertebrados cubanos. Fue dirigida por el Dr. Alberto Coy Otero. Desde sus inicios, la colección se nutrió de la colaboración con destacados parasitólogos cubanos como la Dra. Teresa del Valle y otros provenientes del antiguo campo socialista, como Vlastimil Barus y Frantisek Moravec (Checoslovaquia). Con la creación en 1972 del Instituto de Zoología la colección pasó a esta nueva institución y se organizó en secciones, según los grupos de hospederos. En 1987 se creó el Instituto de Ecología y Sistemática, como resultado de la fusión del Instituto de Zoología antes mencionado con el Instituto de Botánica y el Instituto de Química Experimental y la colección se trasladó
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 248 especies y 58 subespecies, de un total de 226 y 302, respectivamente. Otras colecciones herpetológicas con menos representación de grupos, pero no menos importantes son las del Museo Nacional de Historia Natural de Cuba (MNHNCu), el Centro de Biodiversidad Oriental (BIOECO) y el Museo de Zoología “Felipe Poey” de la Facultad de Biología, Universidad de La Habana (MFP). La primera a cargo del Dr. Luis M. Díaz, la cual posee una representación considerable de taxones de varias regiones del país (Herrera-Uria, 2015). La segunda y la tercera a cargo del Dr. Ansel Fong y el Dr. Roberto Alonso, respectivamente, con una buena representación, pero solamente de la región oriental (para el primero) y de la región occidental (para el segundo). Estado actual dE las colEccIonEs Actualmente las colecciones herpetológicas cubanas, como el resto de las colecciones zoológicas, afrontan problemas de deterioro causado por diversos agentes, tanto en los ejemplares como en los materiales utilizados para su preservación y montaje. El deterioro en las colecciones se presenta de manera natural, pero se incrementa en gran medida por el uso de técnicas inadecuadas en el manejo de los ejemplares y el descuido en su ambiente de almacenamiento. Por tanto, esto reduce la vida útil de los mismos y limita la conservación de los especímenes. Las condiciones climáticas de nuestro país, altos valores de temperatura y humedad relativa, no son las más idóneas para la conservación del material biológico. La no climatización de los locales y el mal estado técnico constructivo de los inmuebles, la carencia de suficientes recipientes y de tapas plásticas que garanticen la hermeticidad de los mismo, la falta de personal técnico capacitado para el manejo y restauración, y la carencia de conocimiento e información científica son los principales problemas que más golpean el estado de salud de las colecciones herpetológicas y zoológicas en sentido general. Lamentablemente, muchas de las instituciones cubanas que albergan colecciones herpetológicas padecen de uno o varios de estos males. rEcolEcta y transportacIón La recolecta de ejemplares para depositar en colecciones zoológicas debe hacerse de forma racional, autorizada y con una estrategia a seguir que garanticen el conocimiento y la protección del grupo (Simmons, 2015). La misma comienza con la solicitud de permisos de captura y acceso a las áreas, a través de la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA), que autoriza legalmente la actividad científica y evita la sustracción desmedida en la naturaleza.
Capítulo 17. Colecciones Herpetológicas 249 Algunas especies, además, son protegidas por legislaciones especiales tales como la Convención Internacional sobre el Comercio de Especies Amenazadas de la Flora y la Fauna Silvestre (CITES); por lo tanto, requieren de permisos adicionales para su recolección (Rodríguez-Schettino, 2012). Durante el trabajo de campo, el recolector requiere de una alta responsabilidad de la aplicación de los métodos y técnicas de captura. Esta etapa es crítica, pues el investigador decide si el ejemplar recolectado formará o no parte de la colección (González-Alonso et al., 2008). De manera general tanto los anfibios como los reptiles son atrapados de forma manual. El recolector debe tener cierta experiencia de campo y práctica en manipulación de los individuos para evitar laceraciones y roturas de estructuras corporales durante la captura (Simmons, 2015). En los anfibios, en las especies de suelo, se pueden también emplear instrumentos (preferentemente un rastrillo) que remuevan la hojarasca del bosque y los obligue a abandonar su refugio diurno (Díaz y Cádiz, 2008); o montar cercas de desvío (drift fences) obligándolas a tomar la dirección hasta caer en las trampas de captura (Fig. 2A) (Mitchell et al., 1993; Parris et al., 1999; Jenkins et al., 2003). En el caso de los reptiles, en las especies de suelo se emplean trampas de caída (pitfall traps en inglés) (Fig. 2B), de embudo (funnel traps en inglés) (Fig. 2C) o refugio (shelters traps en inglés) (Fig. 2D), la cuales son muy efectivas para lagartos rastreros y serpientes (Fitch, 1992; Olson y Warner, 2003; Maritz et al., 2007). En los anfibios, las especies acuáticas y las larvas son fácilmente atrapadas con jamos y redes de pesca (Alonso y García, 2017). En el caso de los reptiles de hábitos arborícolas que suelen vivir en el dosel de los árboles o a considerables alturas, se suelen emplear varas finas y largas, a las cuales el recolector les coloca un lazo en la punta para poder atrapar a los ejemplares (Fig. 2E). Se debe tener mucho cuidado durante la captur de los animales pues existen altas probabilidades de que el animal quede estrangulado por el lazo o le provoque lesiones en alguna zona del cuerpo. El curador debe estar familiarizado con la disponibilidad de ejemplares en la colección, con el objetivo de no extraer material de la naturaleza innecesariamente (Simmons, 2002; 2015). El número apropiado de especímenes depende de la investigación que se esté realizando y de la cantidad de localidades donde se vaya a recolectar. Además, el sitio de captura debe ser perturbado lo menos posible, tratando de minimizar los disturbios causados por la captura de ejemplares (i.e. no destruir los refugios de hoyos en la tierra, axilas de las plantas, grietas en la roca; colocar en su lugar las piedras removidas y troncos caídos en el suelo, etc.). Se ha compro-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 250 bado que en aquellos lugares que son seriamente perturbados, las poblaciones tienden a disminuir el número de individuos (Goode et al., 2004). Muchas especies de anfibios y reptiles cubanos tienen rangos de distribución local o requerimientos de hábitat muy puntuales (González-Alonso et al., 2012). Por tanto, una extracción desmedida en la naturaleza y sin un objetivo de trabajo investigativo claro es someter a una población estable a una disminución de su tamaño efectivo. Para la transportación de los animales recolectados se suelen emplear recipientes plásticos ventilados a los cuales se les añade humus, musgo, hojarasca o toallas de papel humedecidas. También se emplean bolsas de polietileno, contenedores plásticos y bolsas de tela, aunque estas últimas no son idóneas para los anfibios pues se deshidratan fácilmente dentro de ellas. El transporte de las larvas en frascos plásticos de boca ancha o bolsas de polietileno. Si se decide transportar ejemplares de diferentes especies en un mismo frasco se debe tener precaución pues algunas especies pueden ser tóxicas o la diferencia de talla corporal entre los individuos puede desencadenar conductas de depredación o canibalismo. prEparacIón y MontajE FIjacIón y prEsErvacIón En líquIdo La mayoría de los especímenes de anfibios y reptiles son preservados en un medio líquido. Históricamente, desde el siglo XVII, los ejemplares eran preservados en fluidos que tuvieran una base alcohólica (Singer, 1921; Cole, 1944). El conocido proceso de fijación y preservación usando formol y etanol, respectivamente, no fue desarrollado hasta finales del siglo XIX cuando se descubren las propiedades fijadoras del formol (formaldehído en solución acuosa), pero no comenzó a usarse hasta principios del siglo Figura 2. Métodos de recolecta de anfibios y reptiles terrestres en el campo: A) cercas de desvío, B) trampas de caída, C) trampa de embudo, D) trampa de refugio y E) vara de pesca con lazo acoplado. Fotos: A-D tomadas de internet, E © Manuel Iturriaga.
Capítulo 17. Colecciones Herpetológicas 251 XX (Ford y Simmons, 1997; Simmons, 2014). El formaldehído se comercializa mundialmente como una solución acuosa al 37-40%, con una pequeña cantidad de metanol (6-15%) añadido a la solución para evitar la polimerización del compuesto (Simmons, 2014; 2015). El nombre formalina es un término comercial usualmente utilizado para la solución acuosa de formaldehído al 37%. La “formalina al 10%” es el líquido fijador por excelencia, tradicionalmente usado para anfibios y reptiles (Simmons, 2015). La misma es obtenida a partir de la disolución de una parte (1/10) de formalina en nueve partes (9/10) de agua destilada, formando una solución acuosa al 3.7% (Simmons, 2014). Cuando se diluye en agua, las soluciones de formaldehido son ácidas, por la presencia de ácido fórmico (CH2O2), con un rango de pH que oscila entre 3.0 y 4.6 (Simmons, 2014). El valor de pH debe ser controlado con el uso de buffers o tampones, para prolongar el tiempo de vida del espécimen preservado (Quay, 1974); ya que tanto la acidez como la alcalinidad de la solución, traen como consecuencia el endurecimiento de los tejidos y la descalcificación (Simmons, 2014). Valores de pH por debajo de 6.0 pueden traer como consecuencia la descalcificación del tejido, y por encima de 7.0 el blanqueamiento de la muestra (Fig. 3). Los tampones tradicionalmente más utilizados fueron el bórax (Na2B4O7×10H2O) y el carbonato de calcio (CaCO3), no obstante, ninguno de ellos tenía un tiempo de estabilidad largo, por lo que periódicamente había que estar chequeando el pH para recambiarlos (Hughes y Cosgrove, 1990). Otros neutralizadores propuestos han sido el hidróxido de sodio (NaOH) y el amoníaco (NH3); sin embargo, también tienen efectos colaterales (ver Simmons, 2014). Según Simmons (2015), la solución tampón más adecuada para el formol es la propuesta por Quay (1974) con el uso de 4.0 g de fosfato de sodio monobásico monohidratado (NaH2PO4×H2O) con 6.5 g de fosfato de sodio dibásico anhídrico (Na3HPO4) en un litro de formol al 10%. La mayor parte de los especialistas plantea que la fijación con formol y la posterior preservación en alcohol etílico es el procedimiento más adecuado para las colecciones herpetológicas (Simmons, 2015). Dicho procedimiento debe realizarse cumpliendo un riguroso protocolo de pasos propuesto por Laframboise et al. (1993) donde el ejemplar es fijado en formol durante 24 horas, luego es enjuagado con agua destilada y pasado por concentraciones crecientes de etanol desde el 20% hasta el 70% (Fig. 4). Esto garantiza una correcta hidratación del espécimen, evita daños severos por shock osmóticos o por variaciones de pH del preservante (Steemand, 1976;
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 252 Jones y Owen, 1987; ver discusión en Simmons, 2014). Durante mucho tiempo, los ejemplares fijados en formol eran enjuagados con agua uno o dos días y luego pasados directamente a etanol 70% (Simmons, 1995). Sin embargo, este procedimiento actualmente es rechazado pues se ha demostrado que trae aparejado una serie de problemas como la reanudación de la actividad enzimática y la autolisis del tejido durante el enjuague (Taylor, 1981), y el animal puede hincharse por absorción de un considerable volumen de agua y luego encogerse por una severa deshidratación por el alcohol (Fink et al., 1979). Según Simmons (2015), los ejemplares pueden también ser fijados y preservados en etanol al 95% y 70% respectivamente, aunque este no posea la capacidad fijadora del formol. La preparación del etanol 70% debe hacerse usando agua destilada para evitar la aparición de sales alcalinas que afectan el pH de la solución (Fisher et al., 1995; Hargrave et al., 2005). Sin embargo, el volumen final de la solución que resulta de la mezcla de etanol y agua, no es el equivalente al volumen de ambos líquidos por separado. Según Waller y Strang (1996), la solución en un rango de 40% a 90% de etanol se contrae aproximadamente en un 2%, por lo tanto, este error debe ser tenido en consideración a la hora de preparar la mezcla. El etanol 70% preparado se debe dejar reposar al menos 24 horas. Esto garantiza una completa mezcla con el agua, y disminución del calor generado durante el proceso de mezcla (reacción exotérmica). Además, durante la disolución del etanol, se libera gran cantidad de pequeñas burbujas de aire que pueden causar daños mecánicos en los tejidos de los especímenes (Simmons, 2014). El etanol al 70% detiene la actiFigura 3. Ejemplos de blanqueamiento de un ejemplar en rana platanera (Ostepilus septentrionalis) y un chipojo ceniciento (Anolis chamaleonides) por su preservación en formol. Cortesía del Museo de Historia Natural “Felipe Poey”, Facultad de Biología, Universidad de La Habana. © Manuel Iturriaga. Figura 4. Esquema de protocolo de pasos de fijación en formol, enjuague con agua destilada y preservación en concentraciones crecientes de etanol desde 20 hasta 70%.
Capítulo 17. Colecciones Herpetológicas 253 vidad de degradación de las enzimas al reducir la concentración de agua por deshidratación de los tejidos, pero concentraciones muy elevadas (> 85%) pueden provocar una crítica deshidratación y como consecuencia distorsiones corporales (Rodríguez-Schettino, 1982). Tanto el etanol como el formol han sido sustancias ampliamente usadas para la fijación y preservación de colecciones líquidas de historia natural (Simmons, 2014). Sin embargo, ambas tienen sus inconvenientes, ya que el primero causa contracción de los tejidos y pérdida de la pigmentación y el segundo es propenso a la oxidación con el oxígeno del agua, provoca ruptura de las cadenas proteicas, oscurecimiento del tegumento, descalcificación del tejido óseo e imposibilidad de extracción de ADN de los tejidos. El formol, además, trae aparejado serios problemas de salud como irritación de las mucosas nasales y los ojos, desprendimiento de la retina, afectaciones respiratorias (en especial en personas asmáticas) y como agente cancerígeno (Simmons, 2014). Para la fijación de los individuos se pueden emplear cajas plásticas provistas de tapa, que cumplirán su función como cámaras de fijación. El tamaño de las cajas dependerá de la talla corporal de los ejemplares. El cierre de la tapa debe ser hermético. En el interior se colocan 2 o 3 pliegos de papel absorbente (libres de colorantes y ácidos). El papel debe ser liso, ya que irregularidades en el mismo puede crear marcas y modificaciones en el tegumento del animal. El proceso consiste en sumergir el individuo en el líquido fijador. El volumen del mismo debe ser el doble del volumen del ejemplar, y los especímenes deben permanecer embebidos en el fluido hasta que este haya penetrado bien los tejidos (Simmons, 2015). Existen cuatro métodos básicos para garantizar una correcta penetración del fijador o el preservante: 1) apertura de la cavidad corporal, consiste en hacer una incisión en la cavidad abdominal para que penetre el líquido, pero este procedimiento es poco deseado por los científicos ya que daña a los especímenes 2) perfusión, método eficiente que consiste en transfundir el fijador o preservante a través de una vena o arteria de gran calibre. 3) permeación, sumergir los especímenes de tamaño pequeños y de tegumento fino para que el fijador penetre de modo pasivo. 4) inyección, es el procedimiento estándar más usado donde se inyecta el líquido fijador dentro de la cavidad abdominal y región con mayor masa muscular. El volumen del líquido fijador no debe ser excesivo para evitar deformaciones o perdidas de pliegues y tubérculos tegumentários con valor taxonómico. Según Simmons (2015) el modo de fijación para el material de coleccio-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 254 nes herpetológicas varía en dependencia de los distintos grupos: Anfibios: inyectar el fijador dentro de las extremidades (especialmente las posteriores) y la cavidad abdominal. Las especies pequeñas, larvas y huevos no necesitan ser inyectados, solamente sumergidos en el líquido. Lagartos: debe ser inyectado en cada extremidad, en la cavidad abdominal y en la región gular. En la región ventral de la cola se realizan una serie de pequeñas perforaciones para permitir que el líquido penetre. En los gecos y otras especies con un tegumento fino y ceroso no es recomendable perforar la piel, simplemente embeberlos en el líquido o aplicar pequeñas perforaciones en extremidades, cuerpo y base de la cola para que penetre el fijador. Serpientes: inyectar líquido fijador en varios puntos de la región ventral del cuerpo. Tortugas: inyectar el fijador en la región del cuello, extremidades, cola y la zona profunda de la cavidad corporal. Huevos de reptiles: pueden ser sumergidos en formol al 10% o etanol 70%. Si el embrión ya está casi a término se recomienda inyectar cuidadosamente a través de la cáscara. Después de ser inyectados los animales, se procede a posicionarlos convenientemente. Dicho proceso está dado por la rigidez postmortem y es fundamental ya que los especímenes tendrán una postura que permitirá al investigador poder acceder a los caracteres diagnósticos más distintivos y tomar más fácil las medidas lineales del cuerpo. La posición de los ejemplares varía según el grupo (Simmons, 2015). Tanto a los anuros como a los lagartos se les acomodan las extremidades de tal modo que facilite sus mediciones posteriormente (Fig. 5). Los dedos son separados unos de otros y en el caso de los lagartos, la cola debe girar hacia delante y quedar paralela con el eje antero-posterior del cuerpo. En los machos de lagartos del género Anolis (Sauria: Dactyloidae), debe distenderse el pliegue gular (pañuelo), doblarlo hacia un lado, y fijarlo en su borde con un alfiler entomológico para que pueda ser observado (Fig. 6), ya que esta estructura tiene valor taxonómico a nivel de especies y subespecies. Las serpientes y anfisbénidos deben ser enrolladas en forma espiral, con la cabeza hacia afuera. A las tortugas se les separa la cabeza, extremidades y cola del caparazón y la boca se le abre y se sujeta con una pequeña pieza hasta que termine el proceso de rigidez. En lagartos o serpientes de gran tamaño (i.e. la iguana cubana y el majá de Santa María), deben tomarse cuidadosamente todas las medidas del cuerpo y luego descuerarse, dejando la cabeza y la cola intactas. Otra forma de preparación y montaje es a través de la técnica de clareado y tinción diferencial, muy utilizado en anfibios para estudios osteológicos. Los ejemplares son descuerados y
Capítulo 17. Colecciones Herpetológicas 255 tratados con enzimas proteolíticas para degradar toda la carne. Posteriormente, son teñidos con rojo alizarina (tiñe hueso) y azul de alcian (tiñe cartílago) y finalmente preservados en glicerina. Esta técnica es muy útil para estudios del aparato hioideo y el análisis de otros cartílagos de importancia taxonómica. prEsErvacIón En sEco Los ejemplares herpetológicos pueden ser preservados en seco como cráneos y esqueletos (Fig 7). Para esto es fundamental una limpieza adecuada con el fin de evitar su posterior deterioro. Este procedimiento se puede realizar por métodos químicos, con el uso de enzimas proteolíticas (tripsinas y quimiotripsinas) que degraden los tejidos. Este método es el más limpio para el taxidermista, pero tiene un límite impuesto por el tamaño del animal. Además, el precio de estos productos químicos en el mercado suele ser alto y no siempre se puede tener acceso a los mismos. Otros métodos menos costosos es la limpieza manual mediante pinzas y escalpelos que permitan la remoción de la carne y tejidos blandos. También se emplean la digestión de los tejidos por cultivos de bacterias, la cocción en agua caliente y la limpieza por colonias de escarabajos derméstidos (Coleoptera: Dermestidae) (Tiemeier, 1940). En nuestro país el uso de derméstidos no es muy popular, en su lugar han sido sustituidos por hormigas (Hymenoptera: Formicidae), las cuales son excelentes en la limpieza de los tejidos. Sin embargo, hay que tener en cuenta que no son convenientes para piezas pequeñas pues con sus mandíbulas pueden provocar ruptura de huesos finos y pequeños. Los métodos para limpiar huesos dependen del número de ejemplares, de su tamaño, edad y condiciones de conservación de la muestra. Figura 5. Montaje de especímenes de anfibios y reptiles cubanos para ser fijados y preservados. © Manuel Iturriaga y Adonis González. Figura 6. Espécimen de Anolis litoralis (izquierda) y A. baracoae (derecha) montados con el pliegue gular distendido para su examinación. © Manuel Iturriaga y Adonis González.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 256 Según el caso, se debe utilizar el método más apropiado que se ajuste a las necesidades del investigador. EnvasEs, sEllajE y EtIquEtas Los envases destinados al almacenamiento de colecciones líquidas deben cumplir dos premisas fundamentales: 1) no deben reaccionar químicamente con el preservante y 2) tener un cierre que garantice la hermeticidad (Simmons, 2014; 2015). Los envases más indicados son los confeccionados con cristal de silicato de boro (B2SiO3), los cuales son resistentes al deterioro por la acción del preservante. Los frascos no deben estar expuestos a la luz o de lo contrario tener colores oscuros (ámbar) para evitar cualquier reacción fotoquímica con los ejemplares (Steedman, 1976; Fisher, 1995). Para el almacenamiento de especímenes preservados en seco se recomiendan cajas elaboradas en cartón libre de ácido. Para proteger las muestras dentro de las cajas se emplean espuma de polietileno de baja densidad o algodón. También pueden ser almacenados en bolsas plásticas transparentes, con cierres herméticos o termosellados. El sellado de los envases en colecciones líquidas ha sido un problema por mucho tiempo (Simmons, 2015). Un buen sellado garantiza la preservación y prolonga la vida útil de los ejemplares. Inicialmente, los envases fueron concebidos para que fueran cerrados definitivamente, pero con el tiempo esta concepción cambió al uso de frascos con tapa de rosca (Cole, 1944; Birch, 1968). En la actualidad, el consenso general es el uso de este tipo de frascos, con una tapa de polipropileno flexible ([-C3H6]-n) y una cinta de polietileno o Teflón adherida a la rosca Figura 7. Ejemplares depositados de la colección de huesos del Instituto de Ecología y Sistemática: A) Cráneo y algunos huesos de Peltophryne peltocephala, B) caparazón de jicotea cubana, Trachemys decussata, C) esqueleto parcial, cráneo y huesos de dos ejemplares de sapos del género Peltophryne, D) huesos de rana platanera, Osteopilus septentrionalis, y E) cráneo de tortuga marina, Caretta caretta. © Manuel Iturriaga.
Capítulo 17. Colecciones Herpetológicas 257 de la tapa (Schmid, 1981; Steigerwald y Laframboise, 1996; Simmons, 2002; Gillete, 2004) (Fig. 8). El polipropileno es un material permeable al oxígeno, por tanto, el uso de cintas de polietileno es necesario para garantizar la hermeticidad total (van Dam et al., 2000). Las tapas deben tener rosca completa, lo cual a veces no se cumple ya que muchos envases comerciales son diseñados con roscas parciales (Simmons, 2014). En ausencia de tapas de polipropileno, las de metal son una alternativa, con la desventaja de que se oxidan y hay que cambiarlas con frecuencia (Warén et al., 2010). Las etiquetas y rótulos más recomendados para colecciones líquidas son aquellas producidas por una impresión térmica sobre papel blanco hecho de polietileno hilado (Bentley, 2004). La impresión térmica transfiere la tinta a través de un proceso electrostático, fundiéndola dentro del papel, de modo abrasivo y permanente, y haciendo una etiqueta resistente al preservante. Sin embargo, existe la opinión de que las etiquetas deben ser confeccionadas de celulosa y no de material sintético, ya que se ha reportado que puede causar daños a los ejemplares preservados (Waller y Simmons, 2003). En sentido general, las etiquetas inmersas en líquido son susceptibles a daños por la acción del preservante, en un futuro a mediano o largo plazo. Por ello se recomienda que toda la información asociada a los especímenes quede registrada y/o fotografiada para evitar el riesgo de que se pierda. condIcIonEs dE alMacEnaMIEnto y trabajo La calidad de las condiciones de almacenamiento y trabajo de las colecciones de historia natural, tiene como premisa dos aspectos fundamentales: 1) garantizar una mayor durabilidad de los ejemplares y 2) proteger la salud del personal encargado de la colección (Simmons, 2015). Los locales deben ser inmuebles destinados exclusivamente para el cuidado del material zoológico y no tener en su interior oficinas o puestos de trabajo administrativos. Las áreas de trabajo y almacén deben estar lo suficientemente ventiladas para garantizar un flujo de aire que minimice la acumulación de los gases de los fijadores y preservantes. Tanto el formol como el Figura 8. Cinta de polietileno adherida a la rosca del recipiente para garantizar una mayor hermeticidad. © Manuel Iturriaga y Adonis González.
Colecciones de Aves Hiram González Alonso, Jorge L. Guerra, Félix Noel Estrada Piñero Capítulo 18 IntroduccIón Hasta la fecha, se reconocen para Cuba 398 especies de aves. Esto representa el 52.4% de lo registrado para el Caribe Insular (Navarro, 2022), y ubica al territorio entre los más diversos y con mayor número de endémicos dentro de la región (Raffaele et al., 1998; Mancina et al., 2017). Las primeras colecciones zoológicas en Cuba relacionadas con materiales ornitológicos datan de finales del siglo XVIII. En la actualidad, como resultado del incremento del número de centros de investigación, docentes y culturales que poseen colecciones zoológicas, ya se cuenta con un notable patrimonio que asciende a 10 415 especímenes. Estas colecciones constituyen un tesoro invaluable y representan una fuente importante de información científica sobre biodiversidad recopilada a distintos niveles y a través del tiempo. La historia de las colecciones zoológicas cubanas estuvo muy bien documentada hasta la década de los 50 en los trabajos de Álvarez Conde (1958) y Hernández (1972). Estas obras hacen un recorrido histórico por las ciencias zoológicas cubanas, y describen cómo el desarrollo de estas se vincula con la acción de recolectar y preservar materiales de estudio. Durante el período de conquista y colonización, las muestras de la naturaleza cubana eran llevadas a España para mostrar a la monarquía las maravillas del nuevo mundo. Estas muestras incluían maderas, rocas, plantas y aves vivas. Durante el período colonial aparecieron los primeros intentos de desarrollar estas instituciones por la sociedad criolla cubana. Con la creación de la Sociedad Económica de Amigos del País, en el año de 1735, el Sr. Don José María Zamora tuvo el proyecto de formar un Gabinete de Historia Natural, para lo cual pidió por escrito un informe a Don Ramón de La Sagra. El 4 de abril de 1838 el insigne naturalista cubano Don Felipe Poey Aloy presentó, ante la Sociedad Patriótica en la Junta ordinaria, un proyecto para la creación de un Museo de Historia Natural. Con los fondos consignados por esta sociedad, se pudo crear un pequeño Museo privado para conservar los objetos donados por los naturalistas cubanos y extranjeros. En mayo de 1840 las colecciones de este museo fueron trasladadas desde la casa del naturalista (en la calle
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 266 San Nicolás No. 96) hacia una sala en el Convento de Santo Domingo. En estas colecciones está registrado que se incluían 30 aves cubanas en piel, entre ellos algunas especies grandes, y 12 especies exóticas. Las colecciones que existían en el museo hasta 1842 incluían 30 aves con los nidos y huevos de unas cuarenta especies dadas por Ramón de la Paz. Para 1856 aumentó a 80 especies de aves y una amplia colección de huevos. En las Memorias de La Universidad de la Habana (1864-1865) quedó registrado que en este curso se agregaron 85 especies, mayormente cubanas, de las cuales se entregaron 60 para remitir una parte de ellas al Instituto de La Habana y la otra a la Escuela Preparatoria. Entre dichas aves se mencionaban una Caraira (Caracara plancus), un Guincho (Pandion haliaetus), Siguapa (Asio stygius), Lechuza (Tyto alba), Cigüeña o Cayama (Mycteria americana), Arriero (Coccyzus merlini), varios pitirres, un Cardenal (Piranga sp.), la Paloma Perdiz (Starnoenas), el Alcatraz (Pelecanus sp.) y aves consignadas como Urraca, Grajo y Cuervo. En 1891 muere Felipe Poey, y le sucede en el cargo Don Carlos de la Torre; el cual se mantiene como continuador del proyecto hasta 1900, y es sucedido por una serie de personalidades que habían sido sus discípulos. En 1938 se agregaron cerca de 100 ejemplares de aves montadas, con lo que la colección ya contaba con 400 ejemplares. Entre las especies más notables que fueron adquiridas, estuvieron dos ejemplares de Stercorarius pomarinus y un Puffinus griseus, nuevos reportes capturados en Matanzas por el Sr. Cleto Sánchez, además de un Judío (Crotophaga ani) de color blanco y negro, un Totí (Ptiloxena atroviolacea) carmelita, ejemplares de grullas (Antigone canadensis), caraira, y una Siguapa. Hay que destacar durante este período de desarrollo de las colecciones del primer museo de historia natural cubano, la actividad paralela que realizó el naturalista alemán Johannes Gundlach. Este prominente investigador se radicó en Matanzas, y dedicó 57 años a recolectas de especies cubanas, creando una de las colecciones más importantes de aves montadas y pieles que, por Decreto Real de la Corona Española en 1892, fueron trasladadas al museo del Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana (Figs. 1 y 2) En 1914 los especímenes del museo se encontraban en el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, dentro del departamento de Zoología, en el Museo Cubano Gundlach. De esta fecha, se cuenta con un catálogo hecho por el Dr. Pedro V. Ragués, quien fue conservador del museo. En este trabajo el Dr. Ragués comenta que la colección contaba con 580 especímenes de aves, aunque no especifica si eran montadas o pieles de estudio, 213 huevos de aves y 19 nidos, depositadas actualmente en
Capítulo 18. Colecciones de Aves 267 el Instituto de Ecología y Sistemática (Fig. 1). A finales del siglo XIX e inicios del XX, otras colecciones privadas fueron desarrolladas. Entre estas se destacan las de Gastón S. Villalba, Stephen C. Bruner, Joaquín Fernando de la Vera y José H. Bauzá. A inicios del siglo XX, tres instituciones mantenían las principales colecciones zoológicas: la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana y el Museo Poey de la Universidad de La Habana, sede de la Sociedad Cubana de Historia Natural Felipe Poey y Aloy. El desarrollo de las colecciones científicas, luego de 1959, estuvo muy vinculado a los cambios organizativos desarrollados por la incipiente comunidad científica. En mayo de 1961, se funda el Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y posteriormente, de la Academia de Ciencias de Cuba (Silva, 1994). En 1963 las colecciones del MNCN fueron transferidas al recién fundado Instituto de Biología de la Academia (IB), conservando esta institución primaria solo las muestras de exhibición que, dos años más tarde, se abren al público bajo el nombre de Museo Poey de la Academia de Ciencias de Cuba. El IB también recibe, junto a otras importantes colecciones, las de Gundlach del Instituto de Segunda Enseñanza convirtiéndose con esto en el mayor depósito de muestras zoológicas del país. En 1972 este instituto cambia su nombre a Instituto de Zoología y en 1986 se une al Instituto de Botánica para dar lugar al Instituto de Ecología y Sistemática de la Academia de Ciencias de Cuba (IES). En estas décadas, 90% de las colecciones zoológicas cubanas quedaron concentradas en dos institucioFiguras 1 y 2. Colección Juan Cristóbal Gundlach en el Instituto de Ecología y Sistemática. © Gustavo Blanco.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 268 nes, el IES (Fig. 3) y el Museo Felipe Poey de la Universidad de La Habana (Fig. 4 y 5). El Museo Ramsden de la Universidad de Oriente, fundado en 1953, también mantiene una importante colección conformada principalmente por los restos de la colección privada de Charles Ramsden (Figs. 6 y 7); cuya mayor parte había sido adquirida por la Academia de Historia Natural de Filadelfia y por el Museo Nacional de Historia Natural de los Estados Unidos. Estado actual Un inventario preliminar de la Red Nacional de Colecciones Zoológicas, un grupo de especialistas creado en el año 2003 en el seno de la Sociedad Cubana de Zoología, refiere la existencia en el país de 101 colecciones de ciencias naturales referidas a las especialidades de zoología, paleontología y arqueología. Muchos museos provinciales y municipales poseen muestras de aves en exhibición, pero son relativamente pocos los que mantienen colecciones de aves con objetivos científicos. De las colecciones inventariadas, tres están vinculadas al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente y el resto se subordinan a los ministerios de Cultura, de Salud Pública y de Educación Superior. Independientemente de esto, todas las colecciones inventariadas se encuentran subordinadas administrativa o metodológicamente, al Consejo Figuras 3. Colección básica ornitológica del Instituto de Ecología y Sistemática © Gustavo. Blanco. Figura 4. Colección ornitológica del Museo Felipe Poey, Universidad de La Habana. © Roberto Alonso. Figura 5. Ejemplar de la Gallinuela de Santo Tomas (Cyanolimna cerverai) en el Museo Felipe Poey. Único ejemplar en Cuba. © Nils Navarro.
Capítulo 18. Colecciones de Aves 269 Nacional de Patrimonio Cultural y sus dependencias provinciales, excepto las pertenecientes al CITMA. En las colecciones del Instituto de Ecología y Sistemática en La Habana se encuentra depositado 31% de todos los especímenes zoológicos nacionales de aves, hospedando la colección histórica de Gundlach original (565 especímenes). La Colección de Aves del Instituto cuenta con 3 736 especímenes; los que se agrupan en 1 956 pieles de estudio, 621 animales montados, 1 063 huevos, 38 nidos, y 58 boucher. Existen además 73 especímenes no identificados, los que incluyen 70 huevos y 3 nidos. Hay representadas 319 especies, agrupadas en 24 órdenes, 67 familias y 189 géneros. Estos registros de especímenes incluyen todos los órdenes y familias de la ornitofauna cubana. El Museo de Historia Natural Felipe Poey de la Universidad de La Habana contiene 23,4%, el Museo Nacional de Historia Natural de Cuba 11,3% y el Museo de Historia Natural Charles T. Ramsden 9,4%. El 56,6% de los especímenes corresponden a pieles de estudio y 33,3% son ejemplares montados, en muchos casos con propósitos expositivos, como es el caso de museos locales como la colección Bauzá y la de Isla de la Juventud. Existen otros como el Museo de Historia Natural de Holguín Carlos de la Torre y Huerta (Figs. 8), el Museo Nacional de Historia Natural en la Habana y el Joaquín Fernández de la Vera de GibaFigura 6. Museo Ramsden de la Universidad de Oriente. © Gerardo Hechavarria. Figura 7. Ectopistes migratoria, Ejemplar en el Museo Ramsden. © Gerardo Hechavarria.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 270 Figura 8. Colección ornitológica del Museo de Historia Natural Carlos de la Torre y Huerta de Holguín. © Carlos Peña. Nombre de la colección Ubicación Colección José H. Bauzá Museo Nacional de Historia Natural, La Habana Museo Tomás Romay Santiago de Cuba Museo Ignacio Agramonte Camagüey Museo de Historia Natural Felipe Poey Universidad de La Habana Museo de Historia Natural Joaquín Fernández de la Vera Gibara, Holguín Museo de Historia Natural Carlos de la Torre y Huerta Holguín Instituto de Ecología y Sistemática La Habana Instituto de Segunda Enseñanza Cuqui Bosch Santiago de Cuba Museo de Historia Natural Dr. Antonio Núñez Jiménez Nueva Gerona, Isla de la Juventud Museo Provincial Arcadio Leyte Vidal Delgado Mayarí Museo Nacional de Historia Natural de Cuba La Habana Colección Didáctica Pedro Regalado INDAF Camagüey Museo de Historia Natural Tranquilino Sandalio de Noda Pinar del Río Museo de Historia Natural Charles T. Ramsden Santiago de Cuba Museo de Historia Natural de Sancti Spíritus Sancti Spíritus Museo Oscar María de Rojas Cárdenas, Matanzas Tabla 1. Nombres y ubicación de las colecciones ornitológicas cubanas más importantes (Modificado de Wiley et al. 2008).
Capítulo 18. Colecciones de Aves 271 ra, Holguín (Fig. 9) que albergan registros muy importantes. El análisis más profundo de las colecciones científicas de aves cubanas en tiempos recientes ha sido el conducido por el Dr. James W. Wiley, quien con un conjunto de colaboradores publica un trabajo de resumen en el año 2008 (Wiley et al., 2008) (Tabla 1). Este autor, entre 1995 y 2006 visitó 18 colecciones científicas para recopilar los datos de sus materiales, y elaboró un catálogo digital con los 11 055 individuos registrados y verificados personalmente (Tabla 2). Entre estos especímenes se incluyen 19 holotipos y 30 paratipos. Más de la mitad de los especímenes (57,5%) fue recolectada en la segunda mitad del siglo XX, y un tercio en la primera mitad del siglo XXI. En tiempos actuales, muy pocos especímenes se han adicionado por causa de dificultades logísticas y económicas y por un cambio del interés a otros estudios. En la mayoría de las colecciones, un número importante de especímenes carece de datos críticos como la localidad (22,4%) y fechas de recoFigura 9. Museo de Historia Natural de Gibara Joaquín Fernández de la Vera. © Ailen Anido. Tipo/Número Especímenes cubanos y exóticos Especímenes cubanos (%) Totales Examinados Totales Examinados Pieles de estudio 6 138 5 931 (53,6) 6 008 5 795 (55,6) Aves montadas 3 954 3 695 (33,4) 3 540 3 350 (32,2) Huevos 1 032 1 006 (9,1) 1 019 1 000 (9,6) Nidos 44 44 (0,4) 41 40 (0,4) Esqueletos 3 3 (<0,1) 3 3 (<0,1) Muestras en líquido 2 2 (<0,1) 2 2 (<0,1) Fósiles 25 25 (0,2) 25 25 (0,2) Indeterminados 1 402 349 (3,2) 1 006 201 (1,9) Totales 12 600 11 055 (100) 11 644 10 416 (100) Tabla 2. Número de especímenes de aves catalogados y examinados por Wiley et al. (2008) en 18 colecciones cubanas, según el método de preservación y el tipo de material.
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 272 lecta (30%) o el nombre de recolector (22,5%). En la actualidad la mayor parte de las colecciones ornitológicas de Cuba se encuentran bastante afectadas por no poseer condiciones logísticas adecuadas y haber tenido un inadecuado manejo. La actual dispersión de las colecciones, así como las diferencias en el tratamiento de las mismas según su pertenencia, dificulta el acceso a sus fondos e información asociada, a lo que se suman las carencias materiales, la inaccesibilidad a la literatura especializada y la ausencia de personal calificado dedicado al trabajo curatorial. Las colecciones biológicas tienen numerosos y muy variados usos en el campo de la investigación científica: pueden ser utilizadas en estudios de taxonomía, sistemática, biogeografía, filogeografía, autoecología, filogenia y migraciones. Las colecciones y los datos asociados a ellas constituyen un banco de material de referencia, una herramienta para la identificación, y para la actualización de la nomenclatura, un banco de datos de distribución y de muestras para estudios de ADN o isotópicos. Brindan además una serie de servicios relacionados con la educación ambiental y sirven como herramienta importante para la formación de nuevos científicos. En las colecciones ornitológicas de Cuba, los procedimientos curatoriales deberían contemplar que los protocolos patrimoniales estén fusionados con los científicos para permitir un manejo adecuado de las mismas y darle el valor que corresponde. Métodos dE colEcta Todo curador debe estar familiarizado con la disponibilidad de ejemplares en las colecciones ya establecidas, a fin de no extraer material de la naturaleza innecesariamente (González et al., 2008). Durante los muestreos se debe tener en cuenta tanto las implicaciones de la colecta para la conservación de la fauna como la capacidad de la institución para conservar adecuadamente el material a recolectar. Se debe velar por que el método de recolecta que se emplee no inflija daño alguno al hábitat, deteriore el refugio de los animales o lesione más individuos de los que deban recolectarse. Tampoco deben violarse las vedas establecidas o agravar la situación de especies declaradas en alguna de las categorías de amenaza establecidas. Figura 10. Carpintero Verde (Xiphidiopicus percussus) atrapado en la red. © Hiram González.
Capítulo 18. Colecciones de Aves 273 El consenso internacional indica, y la experiencia cubana confirma que, no se deben realizar colectas durante los ciclos reproductivos. En general, se debe tratar de obtener series representativas de las especies más abundantes en cada localidad (González et al., 2008). En el caso de las especies de talla mayor, apenas si es posible obtener unos pocos ejemplares, debido a factores inminentes de su estructura poblacional. Es esencial que la muestra no sea viciada por el recolector ante la presencia de ejemplares conspicuos por cualquier concepto. El recolector nunca debe operar como depredador. Las aves se pueden recolectar utilizando redes ornitológicas (Fig. 10), trampas y escopetas. Este último método no es muy utilizado en la actualidad, y en caso de su uso, el calibre estará en dependencia del tamaño del animal. Los especímenes que se recogen muertos para pieles de estudio, deben ser conservados dentro de bolsas plásticas en una nevera. Si no se dispone de nevera portátil o de una instalación cercana donde refrigerarlos, lo mejor es eviscerarlos y llenar la cavidad abdominal y la bucal, con algodón impregnado en alcohol al 70%. En condiciones de campo la piel puede ser salada después del descarne y desgrase manual, pero el empleo del cloruro de sodio altera el color e incrementa la higroscopía del material. El secado de pieles de estudio terminadas en el terreno debe hacerse a la sombra y en lugares ventilados, fuera del alcance de insectos. Se sugiere que, en estas condiciones se construya una caja de secado protegida por malla plástica o tela para mosquiteros. Los ejemplares destinados a la preservación en líquido deben ser previamente fijados. Esto requiere de recipientes con capacidad suficiente para evitar el hacinamiento, y debe velarse por la concentración del fijador si este es reutilizado. Los esqueletos suelen limpiarse por métodos químicos o biológicos (acción de detritófagos). El primero es más limpio y eficiente, pero tiene un límite impuesto por el tamaño del animal. Para la obtención de un esqueleto se suele conservar en alcohol el animal descuerado y eviscerado en el campo hasta llegar a la institución y ser procesado. Las osamentas descarnadas pueden secarse de la misma forma que se indicó para las pieles de estudio. La etiqueta numerada debe atarse a la pelvis; si el material está desarticulado, cada porción articulada debe ser rotulada con el mismo número de campo (González et al., 2008). Para el estudio de los contenidos estomacales se extraen los estómagos enteros y se preservan en etanol al 75%. Al estómago extraído se le suele practicar una incisión para facilitar la penetración del preservante. Los contenidos
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 280 realizadas para detener o minimizar el deterioro, y prolongar la vida útil de los especímenes. Cada institución debe trabajar en el análisis y control del entorno del objeto, para proveer un mejor ambiente de almacenamiento, mantenimiento, manejo y cuidado de los ejemplares (Simmons y Muñoz-Saba, 2003). Cada colección debe contar con instalaciones apropiadas para el almacenamiento de los especímenes. Estructuralmente, el local debe ser estable y según corresponda, se debe limitar el acceso del personal. No se debe permitir ingerir alimentos o bebidas ni fumar en su interior. Las instalaciones deben poseer un espacio adecuado para el depósito de los contenedores. Estos se deben ubicar de forma tal que faciliten el trabajo curatorial y las labores de mantenimiento y limpieza. Dentro de cada estante se debe evitar el hacinamiento de los ejemplares, ya que esto potencia su deterioro (González et al., 2000). El criterio que se siga para organizar los contenedores dentro de la colección, debe garantizar la ubicación y acceso rápido a los especímenes y su información asociada. En este sentido, para optimizar el trabajo curatorial y técnico, algunas colecciones pueden ser organizadas alfabéticamente (siguiendo criterios taxonómicos), por eventos de colectas, por la ubicación geográfica de los especímenes o por filogenia. Las colecciones también pueden ser organizadas atendiendo a los atributos comunes que comparten los especímenes en términos de material de composición y requerimientos de almacenamiento. Los especímenes de colecciones excepcionales (de tipos, históricas, etc.) generalmente se ubican aparte, sin seguir ningún orden jerárquico. El ambiente de almacenamiento debe estar climatizado para garantizar condiciones de luz, temperatura y humedad estables. El esfuerzo y los recursos para el cuidado de las colecciones deben dirigirse mayormente a controlar las fluctuaciones ambientales. Siempre que las condiciones lo permitan, las áreas donde se almacenan los especímenes no deben tener otra función. La buena limpieza es esencial para mantener una colección saludable (Simmons, 1998; González et al., 2000). Cada ejemplar se debe almacenar usando el mayor número de envolturas o contenedores posibles. Cuanto mejor sea la integridad de cada envase, mejor protegido estará el ejemplar ante fluctuaciones y cambios que se puedan producir en el exterior (Weintraub et al., 1995). La luz visible y las radiaciones ultravioletas dañan a los ejemplares generalmente de forma irreversible. Las principales fuentes de radiación son la luz directa del Sol y la emitida por las luminarias de las instalaciones. Se
Capítulo 18. Colecciones de Aves 281 debe minimizar el número de lámparas encendidas en las áreas de almacenamiento, y la luz natural debe ser filtrada y no debe incidir en los ejemplares ni la estantería. Existen sistemas de iluminación con filtros asociados fabricados específicamente para museos (González et al., 2008). Entre las principales plagas que afectan las colecciones están los hongos, insectos y ácaros. Estas atacan tanto a los ejemplares, como a los depósitos de almacenamiento y soportes de información asociados a estos (Fig. 16). Toda plaga debe ser correctamente identificada para proceder a su control efectivo. En cada caso, se deben considerar las posibles vías de entrada de cada especie al local. Generalmente la presencia y proliferación de hongos Figura 16. Ejemplares afectados por plagas y hongos. © Gustavo Blanco. se asocia con niveles de temperatura y humedad relativa inadecuados. Debido a esto, solo se deben aplicar fungicidas una vez controladas las condiciones ambientales de la colección. En cada colección deben programarse inspecciones regulares a los estantes de almacenamiento, así como limpiezas periódicas de todo el local. Esto garantiza la eliminación del polvo y los desechos acumulados, además de la detección temprana de plagas. Todos los especímenes son únicos e irreemplazables, ya sea por su carácter histórico o importancia científica. Los especímenes tipo, por ejemplo, son claves para la correcta clasificación taxonómica de las especies. Estos ejemplares no deben someterse a fumigaciones intensivas ni procesos restaurativos (González et al., 2000). Para el transporte, por permuta de la colección, préstamo o intercambio institucional, los ejemplares deben empacarse de forma tal que resistan la manipulación excesiva, el vandalismo y condiciones extremas de humedad y temperatura. El embalaje debe corresponderse con el tipo de preparación, estante de almacenamiento, y la vía de transporte a utilizar (González et al., 2008). Es usual el empleo de cajones de madera o cartón con el interior relleno de algún material amortiguante (guata, tiras de papel, polietileno, etc.). El espécimen debe ser envuelto en papel especial, para evitar el daño por fricción, y
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 282 en el caso de los animales montados, la base del soporte debe ser fijada a la caja según corresponda. Se debe evitar el empaque excesivo alrededor del animal, a menos que sea necesario. Es recomendable, además, colocar en el exterior del cajón una tarjeta que refiera el contenido de este, su fragilidad y la forma de desempaque. Esto puede contribuir notablemente a minimizar el daño a los ejemplares transportados (González et al., 2000). procEsaMIEnto y uso dE la InforMacIón asocIada a los EspEcíMEnEs El trabajo curatorial incluye el tratamiento y procesamiento de la información asociada a los ejemplares almacenados. Esta documentación es considerada parte integral del objeto conservado y debe estar libremente disponible. Hasta la fecha se han publicado varios trabajos con descripciones teóricas y protocolos para la estandarización del manejo y accesibilidad a esta información (Woodward, 1990; Carter y Walker, 1999; Harpham, 2006; Hogue y Raine, 2006). La toma de información asociada a los ejemplares empieza desde la colecta. En caso de que los especímenes entren a la colección por donación, compra, intercambio o préstamo, se debe verificar que la documentación anexa a estos esté completa. En este sentido, González et al. (2000) y González et al. (2008) señalan una serie de recomendaciones curatoriales para colecciones cubanas, entre las que figura la mínima información que deben contener los especímenes. Cada colección, generalmente, tiene un protocolo de registro y documentación propio. Es común el uso de un libro de entrada, un registro de actividades y un catálogo de especímenes, como herramientas de asiento de la información. En el libro de entrada se anota cada ingreso a la colección, con el propósito de registrar y controlar sus componentes. El número de entrada es único para cada adquisición y en algunos casos puede corresponderse con especímenes individuales. Los lotes procedentes de igual origen y que, además, son incorporados en el mismo momento reciben un único número de entrada y se describen brevemente. En el registro de actividades se detallan todos los servicios que se hayan prestado en la colección. Se incluyen, además, las visitas de investigadores y público en general, los trabajos de investigación, las acciones de mantenimiento, restauración y limpieza, los préstamos, intercambios, donaciones y bajas de ejemplares. El catálogo, por su parte, recopila toda la información física e histórica disponible para cada espécimen. A cada ejemplar, además, se le asigna un número, único y secuencial, propio de la institución.
Capítulo 18. Colecciones de Aves 283 En las colecciones abiertas la catalogación de especímenes es continua, ya que en cualquier momento puede ingresar material. Las colecciones cerradas, en cambio, tienen catálogos que no se incrementan. En ambos casos, es esencial actualizarlo cuando los ejemplares cambien de ubicación o condición, se restauren o causen baja. Generalmente, gran parte de la información asociada a los especímenes puede tomarse directamente de las etiquetas. Debido a esto, es recomendable revisar periódicamente su estado y prevenir cualquier deterioro. Siempre que sea posible, estas deben estar hechas de papel antiácido de algodón y ser rotuladas con tinta neutra indeleble. La información debe anotarse lo más completa posible y evitarse el uso de códigos particulares en los datos. Toda etiqueta debe tener un número de campo, entrada o catálogo según corresponda. Además, debe guardar la información de la determinación del espécimen, los datos de colecta y preparación de este. Estas solo deben retirarse del ejemplar cuando se compruebe que sus materiales pueden dañar la conservación del espécimen. Cuando la cantidad de información que se tiene que manejar es muy abundante y diversa, se debe ordenar de modo tal que se garantice su accesibilidad de la forma más óptima y rápida posible. Las bases de datos digitales son herramientas muy útiles en este sentido y facilitan el trabajo curatorial. Digitalizar la información de la colección en una base de datos generalmente implica mucho tiempo. Es recomendable antes de comenzar esta labor tener claro las características de la información que se va a manejar y cuáles son las salidas y resultados que se esperan de este proceso. En este sentido, definir los campos del archivo es, generalmente, el paso más crítico. Básicamente, se espera que todo espécimen tenga asociada su información taxonómica, de recolecta y preparación. A cada ejemplar catalogado, se le adiciona además su ubicación en la colección, el estado de conservación en el que se encuentra, y la información contenida en el registro de actividades que esté directamente relacionada con él. En caso de que el espécimen se haya incorporado a la colección por una vía diferente a la captura en el medio natural, debe anotarse el tipo y sus características. Toda esta información puede representarse en hojas de datos e integrarse por medio de tablas dinámicas. Esto se puede hacer en gestores de bases de datos de paquetes informáticos comunes como Libre Office, WPS Office o Microsoft Office. Si la colección es grande, o está en constante incremento, es recomendable el uso de una estructura relacional en la base de datos. En este caso, cada dato incorporado se encuentra
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 284 dentro de una tabla particular, y cada tabla es conectada a otras para integrar la información. Esto evita el uso de valores repetidos dentro de un campo jerárquico y optimiza el sistema. Hasta la fecha se han desarrollado muchos gestores de bases de datos relacionales específicos para manejar información de especímenes de historia natural. Estos, en su mayoría, permiten importar y exportar la información a formatos comunes como texto separado por comas o por tabulaciones. Existe un incremento notable en el desarrollo de gestores que emplean espacios virtuales de almacenamiento, lo que unido a una gran variedad de portales en Internet permiten un acceso abierto y la integración de la información a diversas escalas. Entre los usados en colecciones ornitológicas están: ORNIS (http://www.ornisnet.org/), Arctos (http://arctos.database.museum/) y KeEmu (http://www.kesoftware. com/). El uso de estos sistemas no es recomendable para aquellas colecciones que no dispongan de una conexión activa a Internet. Entre los gestores de tipo escritorio se encuentran Biota (http://viceroy. eeb. uconn.edu/biota) y Specify (http:// specifysoftware.org/). Ambos no requieren del pago de una licencia comercial, y pueden ser insta lados con relativa facilidad en una computadora local. Biota está desarrollado sobre 4D RDMS y utiliza 4D Server para integrar servicios web. Presenta una interfaz gráfica simple y está disponible para Microsoft Windows y Mac OS. El software es muy flexible para su uso con datos de diferentes tipos, así como también fácil de manejar. Specify por su parte, está disponible para Microsoft Windows, Mac OS y Linux. Está basado en MySQL RDMS, y puede ser implementado como una base de datos simple en una computadora personal o como una base de datos multiusuario en una red local. En dependencia del soporte que se tenga, el programa permite una amplia integración con servicios web y computación en la nube. Es también un software muy seguro y estable. Con independencia del gestor de información que se utilice, la base de datos debe ser capaz de adaptarse a los cambios de software y hardware. El sistema debe permitir exportar datos a formatos comunes, y es recomendable además que sea compatible con los estándares y protocolos de GBIF (http://www.gbif.org). Esta meta-base es una plataforma que ofrece acceso en línea, libre y abierto a información sobre biodiversidad, incluyendo la relacionada con especímenes de museos. En Cuba, cerca del 35% de la información asociada a nuestras colecciones se encuentra digitalizada en COLBA-
Capítulo 18. Colecciones de Aves 285 SE, y puede consultarse a través del nodo cubano del GBIF (http://www. ecosis.cu/ biocuba/gbif/gbifcuba.htm) (Iturriaga y Olcha, 2011). Es recomendable que los datos entrados a las hojas no tengan espacios, símbolos o caracteres especiales (como “ñ”, tildes, etc.). Cada registro debe incluir, además, sus metadatos con la información explícita que guarda el campo. Se debe evitar sobrescribir los datos originales, incluso si se están corrigiendo errores (Morris, 2005). Aunque las bases de datos electrónicas minimizan la necesidad de muchos tipos de registros en formato duro, existen algunos documentos que siempre deben estar formando parte de la documentación de la colección. Entre estos se destacan documentos legales de préstamos y donaciones, bajas, permisos de uso, reportes de condición o publicaciones relacionadas con la colección. Algunas instituciones albergan una copia impresa del catálogo, lo que resulta conveniente ante fallos del soporte digital. Esta copia puede consistir en tarjetas de cartulina cuyo tamaño depende del archivo en que se guardan. Cada tarjeta se corresponde con un espécimen e incluye la información de colecta, número de catálogo, y otras mediciones tomadas directamente de este; lo que minimiza la manipulación de los especímenes y contribuye por tanto a su conservación. Toda la documentación debe estar hecha de materiales con propiedades conservativas (González et al., 2008). Cada base de dato en soporte digital debe tener una o más copias resguardadas ante la posibilidad de pérdida de la original. colEccIonEs dE sonIdo: forMacIón y prEsErvacIón dEl archIvo acústIco Las grabaciones acústicas representan una herramienta útil para la taxonomía, la sistemática y los estudios de biodiversidad y conservación; sobre la base de la generación y documentación del conocimiento obtenido por el análisis de las emisiones acústicas. Las aves se destacan por la amplia variedad de sonidos que son capaces de elaborar, los que juegan un papel esencial en la ecología de cada grupo. Por todo esto, se hace necesario contar con archivos de sonidos de calidad óptima y que, a su vez, brinden la mayor cantidad de información posible sobre el proceso de comunicación acústica en las especies o grupos de interés. Para esto, es necesario realizar una correcta grabación de las señales acústicas tanto en vida natural como en cautiverio. Antes y durante el proceso, se debe revisar el estado y funcionamiento de los equipos de grabación y sus accesorios: grabadora, dispositivos de almacenamiento de las señales, bate-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 286 rías, audífonos, micrófonos y cables de conexión. Una vez realizada dicha comprobación, se puede proceder a la grabación. En dependencia de los intereses del grabador o de los equipos que se van a emplear, será necesario realizar ciertas operaciones para garantizar la calidad de la grabación. Si se utilizan equipos que requieran la manipulación constante del grabador (grabadoras analógicas o digitales convencionales y micrófonos direccionales), es aconsejable localizar visualmente o al menos la dirección del o los individuos que queremos grabar (Fig. 17). Mediante esta acción, se trata que el micrófono (si es direccional) esté orientado hacia la fuente de emisión del sonido, así se evita la pérdida de información (por ejemplo: frecuencia de emisión y estructura del sonido) contenidas en las señales producidas. Otro elemento a tener en cuenta es que el grabador debe ubicarse lo más cerca posible, siempre tratando de no perturbar al objeto de estudio. La importancia de estas dos operaciones, es que pueden mejorar la calidad del archivo de sonido obtenido. Una vez iniciada la grabación, es fundamental el control de la ganancia del registro (término referido a la sensibilidad del micrófono), se plantea que se debe grabar con la menor ganancia posible pero que garantice una buena relación señal-ruido (término cualitativo equivalente a la razón entre la señal de interés y el ruido ambiente), lo cual expresa la calidad de la grabación. En la actualidad se recomienda el uso de grabadoras digitales como la Marantz profesional y micrófono Sennheiser que garantizan una alta calidad de grabación (Fig. 18). No obstante, realizar grabaciones de alta calidad no es suficiente para contar con archivos sonoros de amplia utilidad. La grabación siempre debe ser complementada con información que permita la individualización de cada pista grabada y posteriormente, su uso como unidad independiente en estudios de caracterización vocal ya sea a nivel individual, poblacional o regional entre otros. Esta información auxiliar pero igualmente importante, se brinda en la denominada etiqueta de grabación y puede dividirse en cinco categorías (González et al., 2000), ellas son: Identificación: nombres (común y científico del taxón); tipo de identificación del o los individuos (visual y/o vocal); en caso de identificación visual, si se usó guía de campo, ¿cuál? Figura 17. Grabación del canto de las aves en el campo. © Eneider Pérez.
Capítulo 18. Colecciones de Aves 287 Localidad: datos necesarios para identificarlos (localidad más exacta, puntos de referencia entre otros); georreferenciación, fecha y hora de la grabación. Hábitats: descripción fisio-geográfica más exacta posible; condiciones meteorológicas en el momento de la grabación. Conducta y biología: conducta asociada a la emisión de sonidos; si se usó otra grabación como señuelo (reclamo); presencia de otros animales. Datos técnicos: nombre del operario; descripción de los equipos (grabadora, cinta, sistema de micrófonos y otros accesorios); especificación de sonidos y ruidos de fondo (interferencia con la señal de interés); distancia aproximada entre el operario y el o los individuos de interés; ganancia con la que se realizó la grabación. Una vez realizado este procedimiento, se debe pasar a la incorporación del material al resto de la colección. Se recomienda incorporar todos los datos referidos en la grabación, a una base de datos que debe compilar toda Figura 18. Equipamiento digital recomendado. © Hiram González. la información auxiliar de la colección preexistente. De esta forma, se garantiza la preservación de una parte importante de la información: taxa representados en la colección, localidad de presencia de las especies, breve caracterización estructural del o los hábitats, otras conductas observadas durante la emisión de sonidos, si corresponde a una emisión espontánea o inducida (reclamo) entre otras. Este conocimiento puede ser útil en otros estudios, así como constituye una forma de conservar parte de la información en caso de pérdida o deterioro de los archivos de sonidos. Este fenómeno que puede ser causado por diversos factores y en diversas situaciones que atentan contra la preservación de la información sonora, la cual puede perderse ante el deterioro de las cintas donde está registrada. causas dE dEtErIoro dE las cIntas MagnétIcas Existen una gran cantidad de factores que pueden provocar el progresivo o drástico deterioro de las cintas magnéticas y consecuentemente, la pérdida parcial o total de la información contenida en ellas. Entre los factores más comunes o de mayor impacto, podemos mencionar al hombre como principal actor. Algunos de los daños más comunes que puede provocar son: las mutilaciones, las huellas de grasas y otras sustancias producto de una mala manipulación y las afectacio-
Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo 288 nes por la acción de roedores e insectos, presentes por las malas condiciones higiénico-sanitarias de las instalaciones. Otros de los factores de mayor impacto que pueden afectar la integridad de las cintas son los climáticos: los altos valores de temperatura y humedad relativa, pueden generar el desarrollo de microorganismos que provoquen el deterioro del material (Villanueva, 2000), así como la exposición a la luz solar, todos estos elementos pueden ocasionar daños a la cinta de audio (Cruz, 1996). Otras causas del deterioro de estos archivos son: usar y almacenar el casette en un ambiente de contaminación constante, provocada por el polvo, huellas digitales, comida, cenizas de cigarro entre otras; la falta de cuidado en la manipulación de los cassettes como pueden ser las caídas al piso, que provocan alteraciones de las cintas; la exposición a fuertes campos magnéticos provoca la pérdida de información. Por otra parte, el uso constante de las cintas trae como consecuencia una disminución del tiempo de vida útil de la misma. Otros fenómenos puntuales que ocurren durante la manipulación y uso de las cintas, en combinación con algunos de los factores antes mencionados, contribuyen al progresivo deterioro del material y la información contenida en ellos. Algunos de estos problemas pueden ser los cambios bruscos de humedad y temperatura, cuyo resultado puede detectarse durante la reproducción de las cintas de audio; las operaciones de bobinado y rebobinado no realizadas correctamente, pueden producir una tensión irregular a lo largo y ancho de la cinta, el rebobinado sin la tensión requerida, puede provocar una separación de las capas adyacentes de la cinta, generando una arruga transversal donde se localiza el defecto. Esto también puede ser consecuencia de una excesiva variación de la temperatura y humedad durante la transportación del cassette (Olguín, 2008). Otros de estos problemas son el roce y la consecuente fricción generada entre la cinta y los guías o soportes del equipo, que pueden provocar desprendimientos del aglutinante y, por lo tanto, de partículas de óxido. Los ambientes muy secos incrementan la adhesión entre las capas adyacentes debido a la generación de estática en la superficie, consecuentemente se generará una atracción de polvo y partículas de basuras por este tipo de cintas (Osorio, 1985). prEsErvacIón dE las cIntas MagnétIcas La preservación es definida como el conjunto de medidas necesarias para mantener la integridad de los documentos y su contenido informativo. De manera práctica, serían las medidas para garantizar de forma absoluta, la protec-
Capítulo 18. Colecciones de Aves 289 ción contra el polvo, la humedad, los incendios, el maltrato y la falta de higiene de archivistas y consultantes entre otros factores. Los dispositivos magnéticos de almacenamiento: audiocasettes, audiocintas entre otros, tienen un tiempo de vida útil de aproximadamente 25 años. A partir de este tiempo pueden aparecer indicios de deterioro como pueden ser: la degradación de la adhesión de los componentes de la cinta (cintas pegajosas), pérdida de partículas magnéticas y deformación del sustrato (el respaldo de la cinta se estira o se encoge). Entonces, para preservar y poder difundir el acervo contenido en cintas de audio en las colecciones de sonido, es necesario aplicar medidas para la prevención, estabilización y control que permitan garantizar el mantenimiento de las mejores condiciones de las colecciones de archivos sonoros. Por lo que mantener óptimas condiciones ambientales y de almacenamiento, así como la propia calidad de las cintas y el poco uso de las cintas maestras, son factores que pueden extender la longevidad o la capacidad de ser utilizada la información contenida en estos dispositivos. Existen multitud de recomendaciones para la preservación de las grabaciones y la extensión de su vida útil, como el acondicionar los locales de trabajo y de almacenamiento, así como la preparación del personal y adopción de políticas, técnicas y métodos dirigidos a salvaguardar el contenido de los archivos sonoros. Estos lugares, idealmente deben ser construidos con materiales a prueba de incendios como el concreto, estructuras de ladrillo y un piso sólido y plano que soporte el peso de la colección y que, a su vez, sea más fácil de limpiar y evitar la acumulación de polvo. Las grabaciones originales se deben realizar en cintas de alta calidad, grabadas con micrófonos de alta calidad y con el menor ruido posible, es decir, una buena relación señal-ruido. Se recomienda utilizar cintas de 90 minutos o menos, preferiblemente de 60 minutos, las cintas más largas son más delgadas y de menor durabilidad. Se debe evitar el uso de cintas de dióxido de cromo ya que tienen un tiempo de vida media más corto. Utilizar equipos de grabación de la mejor calidad posible y evitar en la medida de lo posible, el ruido ambiente, y verificar el buen funcionamiento del equipo durante la grabación; esto garantiza la calidad. El polvo puede dañar las cintas por lo que deben mantenerse limpios los equipos de grabación y escucha, procurando su buen mantenimiento. Según los lineamientos ambientales para medios magnéticos, se deben almacenar las cintas en condiciones frescas y secas. La temperatura debe estar entre los 14-18°C con una humedad relativa entre el 40 y el 50%. Es fundamental contar con equipos especializados para regular la temperatura y la humedad del sitio de almacenamiento.
296 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo gaciones que requieren de especímenes testigos como evidencia verificable. Las colecciones de historia natural constituyen el mayor repositorio de especímenes biológicos y tienen un valor incalculable para múltiples disciplinas como son: la anatomía, morfología, biología molecular, biogeografía, etc. (Patterson, 2002). Estas colecciones son fuente de investigaciones que muchas veces superan los objetivos originales para las que fueron creadas; pueden representar instrumentos invaluables para documentar el declive de especies a diferentes escalas, así como permitir predecir posibles respuestas de las especies en el futuro (Bradley et al., 1998; Miller y Waits, 2003; Pinto et al., 2010; Tsangaras et al., 2012; Tomassini et al., 2013; Costa et al., 2018). Las instituciones poseedoras de colecciones biológicas tienen el deber de cuidarlas y mantenerlas de forma óptima, pues además del valor patrimonial y científico, cada espécimen tiene un valor monetario (Bradley et al., 2012). Breve reseña de los mamíferos cuBanos en coleccIones BIológIcas Por su condición de isla oceánica, la fauna de mamíferos de Cuba es poco diversa, tanto en número de especies como en las categorías taxonómicas superiores. La isla ha tenido una elevada tasa de extinción en los últimos 20 mil años y de las 59 especies de mamíferos conocidas el 42% son extintas. En la actualidad, en el archipiélago cubano habitan 34 especies nativas o autóctonas, incluidas en los órdenes Soricomorpha, Rodentia y Chiroptera (Silva, 1979; Silva et al., 2007; Borroto-Páez y Mancina, 2012; Borroto-Páez y Mancina, 2017; Mancina et al., 2017). No obstante, por más de 200 años naturalistas y científicos de varias partes del mundo han recolectado especímenes de mamíferos en Cuba. Según la base de datos del Global Biodiversity Information Facility (GBIF, www.gbif.com), existen más de 5 000 especímenes o material fósil de mamíferos cubanos depositados en colecciones de historia natural fuera de Cuba. Ejemplares cubanos se encuentran depositados en museos y universidades de varios países como EE.UU., Alemania, Inglaterra, Francia, México, etc. Entre las colecciones extrajeras que atesoran más de 700 especímenes cubanos se encuentran el Museo de Anatomía Comparada de la Universidad de Harvard, la Colección de Mamíferos del Museo Nacional de Historia Natural de EE.UU., Washington; el Museo de Historia Natural de Berlín, Alemania y la Colección de Mamíferos del Museo Americano de Historia Natural,Nueva York (Mancina, 2014). En Cuba existen varias instituciones que poseen especímenes de mamíferos vivientes y extintos. Ramos y Borroto-Páez (2000) brindan un
297 Capítulo 19. Colecciones de Mamíferos terrestres compendio de los ejemplares tipo e información asociada de 50 holótipos y sus parátipos depositados en siete colecciones cubanas. Posteriormente, Ramos y Borroto-Páez (2012) ofrecen un directorio con las 14 colecciones más importantes de Cuba en cuanto a materiales de mamíferos e incluyen su composición taxonómica, cantidad de especímenes y la representatividad geográfica de estas colecciones. La colección de mamíferos más importante de Cuba, teniendo en cuenta el número de especies, cantidad de ejemplares y tipos depositados, es la del Instituto de Ecología y Sistemática (IES). En ella se encuentran los tipos de varias especies de roedores caprómidos y murciélagos, así como varios especímenes de Atopogale cubana (Almiquí). Además, la colección cuenta con una importante cantidad de fósiles donde se destacan representantes del orden Pilosa. Existen alrededor de 4 300 especímenes de murciélagos y 550 de mamíferos terrestres (Mancina et al., 2005; Balseiro et al., 2014), lo que hace a esta colección esencial para estudios ecólogo-distribucionales y es una fuente de material importante para estudios taxonómicos y biogeográficos. Para ilustrar la importancia de la colección de mamíferos del IES, la Fig. 1 muestra la distribución espacial de las localidades de mamíferos representadas hasta la fecha. Dentro de las colecciones de historia natural existen las colecciones de exhibición y las científicas; las primeras están diseñadas con un fin primariamente educativo y muestran los ejemplares en posturas naturales, dentro de dioramas, así como ejemplares fósiles y esqueletos montados. Las colecciones científicas están formadas por ejemplares bien documentados y son la base de muchos tipos de investigaciones científicas. Aspectos relacionados con la preparación de especímenes de mamíferos, así como bases para el cuidado, manejo y conservación de las colecciones han sido abordados por diferentes autores (i.e. Hall, 1962; Setzer, 1968; Williams et al., 1977; Genoways et al., 1987; Handley, 1988; Díaz et al., 1998; Simmons y Muñoz-Saba, 2005; Simmons y Voss, 2009). En Cuba, las bases metodológicas para el manejo de colecciones biológicas fueron tratados por González et al. (2008). El tratamiento de los ejemplares que van a ser incorporados en las colecciones científicas debe seguir una serie de etapas que garanticen su manejo y adecuada preservación en el tiempo. métodos de captura y eutanasIa La incapacidad del recolector de identificar in situ una especie, no justifica el sacrificio de los individuos ni su incorporación a una colección, por lo que se sugiere que los recolectores tengan conocimiento de la taxonomía del grupo y de su representatividad en las
298 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo colecciones. Aquí es conveniente destacar que todas las especies de mamíferos autóctonos se encuentran identificadas en el Anexo de la Resolución 160 del Consejo de Estado de Cuba como “especies de especial significación”. Esto implica que, para la captura y posterior recolecta de individuos, es necesario contar con permisos que son otorgados por la Oficina de Regulación y Seguridad Ambiental (ORSA). Las técnicas y accesorios para la captura de mamíferos difieren notablemente entre los órdenes, lo que está en correspondencia con sus hábitos de vida. Para la captura y recolecta de roedores (jutías) se pueden emplear trampas del tipo Havahart, así como lazos y armas de fuego de pequeño calibre. En muchas ocasiones es necesario disponer de una persona conocedora del área con un perro entrenado en la detección de jutías. Los murciélagos pueden ser capturados mediante trampas de arpa, redes de niebla o redes manuales dentro de los refugios. Mancina y Borroto-Páez (2011) y Mancina et al. (2017), brindan un resumen de métodos y técnicas que pueden ser aplicado para la captura de mamíferos en Cuba. El sacrificio de los animales para su posterior preservación debe ser rápido y lo menos doloroso posible (Sikes et al., 2011). Aunque se han descrito varios métodos de eutanasia con diferentes sustancias inhalantes (i.e. éter, cloroformo, halotano, etc.), estas generalmente son difíciles de conseguir en Cuba y en muchos casos son tóxicas. Una forma efectiva para el sacrificio es mediante el paro cardio-respiratorio por presión en la zona pectoral o a través de la dislocación cervical. Para esto se pueden usar pinzas planas (para no cortar la piel) o directamente las manos. En el caso de los murciélagos, estos se sostienen con una mano poniendo el pulgar sobre la parte posterior del cuello y con la otra mano se jala el animal rápidamente hacia atrás, la presión del pulgar causa la separaFigura 1. Distribución de las localidades representadas en la Colección de Mamíferos del Instituto de Ecología y Sistemática.
299 Capítulo 19. Colecciones de Mamíferos terrestres ción de las vértebras cervicales (Simmons y Voss, 2009). preparacIón de especímenes de mamíferos para coleccIones datos asocIados Un ejemplar sin datos asociados carece de valor para una colección científica, por lo que cada espécimen debe portar la mayor cantidad de información. La omisión de datos relacionados con los sitios de recolecta y hábitats donde fue encontrado el animal podría disminuir el valor del espécimen y limitar su utilidad para posteriores estudios y análisis. Una vez recolectado el individuo toda su información debe plasmarse en libretas de campo y/o en etiquetas provisionales. La etiqueta provisional debe incluir el número de campo del recolector, así como sus iniciales y la fecha de recolecta; ésta debe acompañar al material hasta su etiquetado y catalogación definitiva en la colección. Entre los datos fundamentales que deben asociarse a los especímenes recolectados se encuentran: 1. Identificación Taxonómica del espécimen. 2. Fecha de Captura: esta no se debe abreviar para evitar confusiones, por ejemplo: 7 de sept. 1969 en vez de 7/9/69. 3. Localidad: esta información debería permitir a otros investigadores poder llegar el sitio de captura o recolecta, debe incluir el nombre de la localidad, el municipio y la provincia donde fue recolectado el espécimen. Se deben incorporar las coordenadas geográficas del sitio, preferentemente en grados decimales (i.e. -82.959, 22.828) tomadas con un sistema de posicionamiento global (GPS), así como la altura sobre el nivel del mar. 4. Sexo, Edad Relativa y Estado Reproductivo: el sexo puede ser determinado directamente mediante la observación de los genitales externos; en individuos juveniles se pueden identificar los sexos por la distancia entre el ano y los genitales, que es mayor en los machos. La edad relativa se refiere a si el individuo es un adulto o subadulto. Además de la talla y masa corporal, que son menores en subadultos, la erupción del tercer molar (en las jutías) y la fusión de los huesos de las alas en los murciélagos, podrían indicar si el individuo es adulto. La presencia de fetos o la presencia de leche en las glándulas mamarias indica si las hembras se encuentran gestando o lactando, respectivamente. En los machos se anota la posición de los testículos: escrotados o en posición abdominal. 5. Medidas Morfométricas Estándares: producto de los métodos de preservación, en ocasiones se pierden o modifican muchas de las medidas originales del ejemplar, por lo que en las etiquetas se deben incluir medidas estándares, así como la masa corporal de
300 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo los ejemplares recién recolectados. Las medidas lineales se expresan en milímetros y la masa en gramos. En mamíferos las medidas estándares son: 1. Longitud total (Long. total), que constituye la distancia lineal desde el extremo anterior del hocico hasta la última vértebra de la cola (Fig. 2A y E), en algunas especies de murciélagos de la familia Phyllostomidae que no tienen cola, la longitud total se mide desde el hocico hasta el extremo posterior del cuerpo sin incluir la membrana de la cola. 2. Cola, distancia desde el punto de inserción de la cola con el cuerpo hasta la última vértebra caudal (Fig. 2B y F). 3. Longitud de la pata trasera, distancia desde el talón hasta el extremo anterior del dedo más largo, incluyendo la uña (Fig. 2C y G). 4. Oreja, distancia desde la base hasta el extremo distal del pabellón auditivo (Fig. 2D y H). En murciélagos se emplean otras medidas, como la longitud del antebrazo (Fig. 2I) y la expansión alar para caracterizar la morfometría de los individuos. 6. Recolector(es): Incluye las iniciales de los nombres y el apellido completo de las personas que realizaron la recolecta. 7. Número de Recolecta: se refiere al número de campo del recolector del individuo. 8. Notas: puede incluir información referente a las circunstancias de la recolecta del espécimen, por ejemplo, el tipo de hábitat y formación predominante de la localidad, el origen del ejemplar (i.e. egagrópilas, capturado dentro del refugio, etc.), la hora y el método de captura, presencia de ectoparásitos, además de otras medidas morfométricas que pudieran ser de interés. preparacIón Consiste en la preparación de los especímenes para su perdurabilidad en el tiempo. Estos deben conservarse de manera adecuada, correctamente identificados y catalogados para ser útiles a investigadores y estudiantes. Un espécimen de mamífero puede ser preparado de varias formas: piel, cráneo, esqueleto, piel + cráneo, sólo el esqueleto postcraneal, el individuo completo preservado en fluido, etc. Las colecciones de mamíferos se preservan fundamentalmente en líquido (i.e. especímenes completos sumergidos en etanol) y en seco. Las formas de preservación en seco incluyen principalmente las pieles, cráneos y esqueletos. Para los pequeños mamíferos como los murciélagos, la preservación en líquido, es la más conveniente. Además de la mayor rapidez en su preparación, este tipo de conservación maximiza la utilidad de los especímenes para futuros estudios sistemáticos, anatómicos y genéticos. Este tipo de preparación no excluye que los cráneos de los individuos puedan ser extraídos y conservados independientemente (Simmons y Voss, 2009).
301 Capítulo 19. Colecciones de Mamíferos terrestres preservacIón en líquIdo Esta forma de preservación es útil para la conservación de individuos completos, carcazas, neonatos, fetos y contenidos estomacales (Fig. 3). La preservación en líquido consta de tres pasos fundamentales: la preparación para la fijación, la fijación y por último la transferencia al medio de almacenamiento (Simmons y Voss, 2009). Una vez que el individuo haya sido sacrificado, se le amarra una etiqueta con el número de campo. Toda la información referida al individuo debe quedar reflejada en la libreta de campo. Durante la preparación, antes de que comience el rigor mortis, se insertará dentro de la cavidad bucal una pequeña bolita de algodón o de papel, lo suficientemente grande como para que la boca quede abierta y hacer visible los dientes, que en muchos grupos son un carácter taxonómico con valor diagnóstico. Posteriormente, el animal debe ser colocado en una postura que facilite el examen de los caracteres morfológicos importantes y otras estructuras externas (i.e. órganos reproductivos y glándulas). Las patas traseras deben quedar extendidas, dejando libre la zona abdominal y las delanteras no deben superponerse con el cuello o la mandíbula inferior. En los murciélagos las alas deberán quedar plegadas a ambos lados del cuerpo. Para facilitar y fijar la posición de las alas se puede utilizar cordel o alambre fino. El cuello debe extenderse para que la garganta quede visible. La fijación debe realizarse lo más rápido posible después del sacrifiFigura 2. Medidas corporales estándares empleadas para la caracterización morfométrica de mamíferos de los órdenes Rodentia y Chiroptera, modificado de Setzer (1968).
302 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo cio del animal porque la descomposición comienza muy rápido después de la muerte. El objetivo de este proceso es impedir la degradación de las proteínas y la coagulación del contenido celular. La sustancia más empleada para la fijación es el formol diluido al 10%. Se recomienda emplear un volumen de formol que supere tres veces el volumen del espécimen a ser fijado. El tiempo de inmersión en la solución fijadora dependerá del tamaño del animal. Se sugiere antes de la inmersión realizar un corte en la región abdominal de los especímenes para facilitar la entrada del fijador a las vísceras. En mamíferos más grandes, como las jutías, se recomienda inyectar formol en la región pectoral y en los músculos más grandes y el cuello para garantizar una mejor fijación. El tiempo de inmersión debe ser lo suficiente como para preservar todo el tejido blando del animal; en murciélagos este proceso podría durar entre tres y cuatro días y en jutías podría tomar una semana. Para determinar si la muestra se ha fijado adecuadamente se presionan el abdomen y los músculos, que deben sentirse firmes al tacto. Es importante señalar que durante el proceso de fijación se deben usar guantes porque el formol es dañino. Si se tiene intensión de emplear los ejemplares para estudios genéticos estos no se podrán utilizar después que hayan sido fijados con formol, porque esta sustancia daña el ADN. En este caso se deberán extraer las muestras de tejidos antes del proceso de fijado. Para garantizar la integridad de los tejidos para estudios genéticos estos deben conservarse refrigerados, dentro de viales con alcohol etílico concentrado (80-95%), rotulados con el número de campo del individuo. Después de la fijación las muestras pueden transferirse al frasco donde serán almacenadas permanentemente en la solución preservante. Esta debe tener función germicida y evitar la degradación del ejemplar. La solución más ampliamente empleada como preservante es el alcohol etílico al 70%. Los frascos deben ser de vidrio, de boca ancha y con tapa hermética. La etiqueta de cada individuo debe ir inmersa dentro del frasco y atada al espécimen (no pegada por fuera del frasco). Para su rotulación se debe emplear lápiz o pluma con tinta permanente (i.e. tinta china). Figura 3. Diferentes ejemplares conservados en líquido en la Colección de Mamíferos del Instituto de Ecología y Sistemática. De izquierda a derecha: fetos de murciélagos, ejemplar de almiquí (Atopogale cubana) y ejemplares completos de murciélagos.
303 Capítulo 19. Colecciones de Mamíferos terrestres pIeles De manera general, este tipo de colección permiten analizar la morfología, los patrones de coloración del pelaje entre poblaciones y especies, la estructura del pelo, etc. Existen varias formas de preservar las pieles para estudios, las más utilizadas son las pieles rellenas y las pieles planas. Las pieles planas son aquellas que se rellenan con un cartón para que queden estiradas y se emplean preferentemente para especies de mamíferos medianos. Las pieles rellenas se emplean, preferentemente en pequeñas especies, como las que componen la mayoría de la teriofauna autóctona cubana. En la colección de mamíferos del Instituto de Ecología y Sistemática existe una colección de este tipo de pieles de especies de jutías y murciélagos (Fig. 4). Para la preparación de las pieles, el primer paso consiste en la extracción de la piel a través de una incisión en la región abdominal por delante de los órganos reproductores externos hasta el esternón, teniendo cuidado de no cortar la musculatura abdominal (Fig. 5A y B). Con la ayuda de los dedos, pinzas y tijeras de punta fina se separa la piel de la musculatura hasta alcanzar las patas posteriores que se cortan a nivel del tobillo (Fig. 5C). Posteriormente se cortan el conducto genital y anal, y se continúa con la extracción de la piel. Separada la parte posterior de la piel, se desenfunda el resto hasta llegar a las patas anteriores que se cortan al nivel de las muñecas. En el caso de los murciélagos se conserva el antebrazo y el corte se efectúa a nivel de la articulación del húmero con la escápula. Una vez separadas las extremidades, se desprende con cuidado la piel de la cabeza (Fig. 5F). Las orejas se separan mediante un corte en la base cartilaginosa cerca del cráneo (Fig. 5G y H). Durante la extracción de la piel se sugiere trabajar con aserrín o harina de maíz, que ayudan a absorber los líquidos (i.e. sangre y grasas) y evitan que la piel se manche (Díaz et al., 1998). En el caso de las pieles de jutías, se pueden lavar con detergente para eliminar la grasa, restos de sangre y cualquier otra suciedad. Para acelerar el secado y proteger las pieles contra el ataque de insectos algunos preparadores utilizan productos químicos como tetraborato de sodio (bórax) o arsénico. Para el rellenado de la piel se pueden emplear fibras de poliéster, algodón o aserrín; no obstante, por su naturaleza ácida, el algodón y el aserrín podrían provocar daño (Hawks, 1990). Se prepara un trozo de fibra de forma cilíndrica que tenga el volumen del cuerpo del animal. Con la ayuda de pinzas se introduce el material de llenado hasta el área anterior de la cabeza y poco a poco se desplaza la piel hasta completar el llenado (Fig. 6A). Antes de cerrar la piel, se introducen alambres de acero inoxidable (para evitar que
304 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo el óxido manche la piel) en las cuatro extremidades y la cola (Fig. 6B). Una vez cosida la incisión abdominal por donde se extrajo el cuerpo (Fig. 6C), la piel se fija con alfileres sobre un cartón grueso. En las jutías las extremidades se fijan alineadas con el eje longitudinal del cuerpo, con las palmas hacia abajo. En los murciélagos las alas se colocan a ambos lados del cuerpo, y para facilitar posteriores mediciones a los ejemplares, se colocan alfileres en diferentes articulaciones de las extremidades anteriores (alas) y en el uropatagio (Fig. 6D). Para su secado definitivo estas se deben colocar en un lugar fresco y sombrío. Las pieles rellenas son una de las formas de preservación más empleadas en las colecciones de mamíferos, aunque el proceso de secado tiende a contraer la piel, se recomienda tratar de conservar el aspecto y tamaño del animal. Las pieles planas representan una forma más fácil y rápida de preparar pieles y requieren menor espacio para su conservación en las colecciones. Para su preparación, una vez extraída y secada la piel del espécimen, dentro se le coloca una lámina de cartón del ancho del cuerpo; las patas y la cola pueden ser fijadas con alambre como se indicó anteriormente. Silva (1979), empleó un método para la preparación de pieles de murciélagos consistente en cortar las extremidades y patagios y realizar una incisión longitudinal a lo largo del cuerpo, desde la cabeza a la base de la cola para la extracción del cuerpo. Una vez obtenida la piel, se limpia y se transfiere a una prensa donde se seca de forma plana. Por último la piel se rotula y se guarda en un sobre. preparacIón de cráneos y esqueletos El material para este tipo de colección puede provenir de ejemplares recién recolectados a los que se les extrajo la piel para su preservación o capturados exclusivamente para fines osteológicos. A este tipo de colección se pueden incorporar los materiales óseos obtenidos de residuarios de alimentación de rapaces o de cadáveres encontrados en el campo. Para la preparación de esqueletos se pueden reconocer varias etapas como son: el desollado y descarnado grueso del ejemplar, la limpieza del hueso, el desengrasado y el blanqueado. A diferencia del material que es preparado con fines de exhibición, didáctico o docente, etapas como el blanqueado Figura 4. Pieles rellenas de la colección mastozoológica del Instituto de Ecología y Sistemática.
305 Capítulo 19. Colecciones de Mamíferos terrestres y el desengrasado, podrían ser innecesarias para colecciones osteológicas de estudio. Si bien estos procesos podrían incrementar el “valor estético de los huesos”, aumentan la fragilidad de estos. La grasa en los cráneos y huesos varía grandemente dependiendo de la edad del ejemplar y de la especie; de manera general no es costumbre eliminar la grasa a esqueletos y cráneos de especies pequeñas. Entre los mejores agentes desengrasantes se encuentran el amonio y la acetona industrial. En el caso del amonio los huesos se sumergen en una solucion de una parte de por dos de agua entre 24 y 48 horas. En el caso de la acetona, los huesos se sumergen de 2 semanas a 4 meses, dependiendo del volumen a desengrasar. Para el blanqueamiento uno de los agentes más empleados es el peróxido de hidrógeno, los huesos pueden ser sumergidos en una solución entre el 10 y el 17,5% de 24 a 48 horas y posteriormente deben ser lavados con abundante agua y secados al sol (Elbroch, 2006; Kusmeluk, 2014). Se han descrito varios métodos químicos y biológicos para la limpieza de cráneos y huesos postcraneales. La selección del método de limpieza podría depender del tamaño y el estado del material. En el caso de los roedores caprómidos y murciélagos, por su simplicidad y efectividad, sugerimos dos métodos: la maceración bacteriana y la limpieza por artrópodos (i.e. hormigas o coleópteros derméstidos). La maceración consiste en sumergir el material óseo en agua Figura 5. Pasos para la extracción de la piel, modificado de Setzer (1968). Figura 6. Esquema del rellenado de pieles, modificado de Peterson (1965) y Setzer (1968).
312 Colecciones de Historia Natural en Cuba: Conservación y Manejo los niveles y concentración del alcohol. Debido a que es una sustancia volátil, el alcohol en los frascos tiende a evaporarse y el material biológico pudiera deshidratarse. Por su parte valores bajos de concentración del alcohol favorece el crecimiento de hongos y bacterias que provocan la descomposición de los especímenes. Debido a que el alcohol se evapora más rápido que el agua, los frascos con reducción del volumen de alcohol deben ser rellenados con alcohol a mayor concentración del 70%, de no disponer de un alcoholímetro, se sugiere completar con alcohol concentrado (i.e. 95%). Para reducir la evaporación se deben emplear frascos con tapas de cierre hermético y deben ser rellenados totalmente, para reducir el área de evaporación. Adicionalmente, los bordes de los frascos, antes de cerrarse, deben secarse para prevenir la creación de un área de sifón por la cual pudiera ocurrir la evaporación (de Moor, 1990). Para evitar la reducción en la concentración del alcohol se sugiere no llenar demasiado los frascos con especímenes. Se recomienda que el volumen del alcohol del frasco debe duplicar o triplicar el volumen de los especímenes (Jones y Owen, 1987). lIteratura cItada Ariosa A, Mancina CA. 2018. Variación ecogeográfica de la forma y tamaño del cráneo en tres especies de murciélagos insectívoros en Cuba. Poeyana. 507:8-22. Balseiro F, Condis M, Abraham A. 2014. Catálogo de los Caprómidos (Rodentia: Capromyidae) cubanos, vivientes y extintos recientemente, de la colección mastozoológica del Instituto de Ecología y Sistemática, La Habana, Cuba. Poeyana. 500: 8-16. Borroto-Páez R, Mancina CA. (eds.). 2011. Mamíferos en Cuba. UPC Print, Vaasa, Finland, 271 pp. Borroto-Páez R, Mancina CA. 2017. Biodiversity and conservation of Cuban mammals: past, present, and invasive species. Journal of Mammalogy. 98: 964-985. Bradley H, Fisher RN, Davidson C. 1998. The role of natural history collections in documenting species declines. Tree. 13: 27-30. Bradley RD, Bradley LC, Garner HJ, Baker RJ. 2012. Cost of Collecting and Preparing Mammal Voucher Specimens for Natural History Collections. Occasional Papers Museum of Texas Tech University 313: 1-14. Brito L, Mancina CA. 2020. Distribución de la asimetría fluctuante en la forma del cráneo de Capromys pilorides (Mammalia: Rodentia) a través del archipiélago cubano. Poeyana. 510:42-54. Cato PS. 1986. Guidelines for managing bird collections. Museology, Texas Tech University, 7: 1-78.
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