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CARTOGRAFÍA EN MOVIMIENTO Experiencias de mapeo participativo para la gestión del riesgo y la justicia territorial Investigación, redacción y edición de contenidos Leonardo Jiménez García Una publicación de Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) - Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios (POMOTE) y el Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) a través del Hub de Mapeo Abierto para América Latina y el Caribe (LAC Hub). Este libro es resultado de investigación del Programa de Investigación Centro de Estudios con Poblaciones, movilizaciones y territorios de la convocatoria de investigación del año 2023, con código 37-0000023 y del Proyecto Escuela de Mapeo para la Gestión del Riesgo y la Adaptación al Cambio Climático en laderas de Medellín. Diseño y diagramación Yurilena Velásquez López Imágenes Archivo fotográfico Centro de Estudios POMOTE Primera edición: octubre de 2025 ISBN: 978-628-7557-55-0 https://pomotecestudios.unaula.edu.co/ [email protected] Disponible en acceso abierto bajo licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional (CC BY-SA 4.0) Agradecimientos especiales a las organizaciones comunitarias de Medellín que participaron en el segundo ciclo de la Escuela de Mapeo: Junta de Acción Comunal barrio La Divisa, Psicólogas y Psicólogos sin Fronteras, Convergentes La Loma, Laboratorio Urbano Al Cauce; por su conocimiento, compromiso y visión territorial. A las personas facilitadoras y formadoras, y a quienes compartieron su tiempo y saber en cada sesión, mapa y caminata. Cómo citar esta publicación: Jiménez García, L. (2025). Cartografía en movimiento: Experiencias de mapeo participativo para la gestión del riesgo y la justicia territorial. Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) - Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios (POMOTE) y Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) – Hub de Mapeo Abierto para América Latina y el Caribe (LAC Hub). https://pomotecestudios.unaula.edu.co/
TABLA DE CONTENIDOS 0 » Introducción 1 » Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales 2 » Fundamentos y prácticas de la cartografía social 3 » Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial 4 » El mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático 5 » Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario 6 » Caso de estudio. Cartografías vitales –La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín P. 23 P. 13 P. 5 P. 43 P. 61 P. 80 P. 91
5 INTRODUCCIÓN El Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios (POMOTE) de la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA), y el Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) a través del Hub de Mapeo Abierto para América Latina y el Caribe (LAC Hub), presentamos con gran alegría el libro Cartografía en Movimiento: Experiencias de Mapeo Participativo para la Gestión del Riesgo y la Justicia Territorial. La publicación es resultado de los procesos de diálogo de saberes, indagación teórica y sistematización de experiencias en campo realizados por el Programa de Investigación del Centro de Estudios. Esta publicación se inscribe en la línea de investigación institucional sobre Diálogo de saberes y co-producción de conocimientos con poblaciones, movilizaciones y territorios, orientada desde el Grupo de Investigación Pluriverso. En consonancia con la misión del POMOTE, orientada a la investigación-acción participativa para fortalecer capacidades organizativas, metodológicas y narrativas de los movimientos sociales, el libro articula conocimientos académicos y saberes comunitarios alrededor de problemas contemporáneos 0
6 del territorio. Se trata de una obra enmarcada en un proceso de investigación colaborativa que da cuenta de cómo la Universidad puede integrarse con procesos sociales de base, abordando cuestiones urgentes como la defensa del territorio, la resiliencia climática y la búsqueda de la justicia territorial en contextos urbanos y rurales excluyentes. La importancia de este libro radica en evidenciar cómo los procesos de mapeo participativo aquí documentados y las perspectivas teóricas estudiadas logran entretejer un enfoque de la cartografía social crítica y la importancia de la participación abierta y colaborativa de las comunidades en la apropiación de las tecnologías libres. En este sentido, el libro busca profundizar en la comprensión de los procesos de cartografía social como metodología participativa de investigación-acción para leer el territorio con las comunidades; adopta principios de educación popular en su pedagogía (diálogo de saberes, concientización y empoderamiento colectivo); incorpora la dimensión del cambio climático al trabajar con comunidades vulnerables en zonas de riesgo; y apunta a la justicia territorial, entendida como la materialización del derecho a la ciudad y al territorio por parte de grupos históricamente marginados (Soja, 2010). El libro representa un esfuerzo transdisciplinar donde academia y comunidad co-producen conocimiento relevante para la transformación social del territorio. La Escuela de Mapeo de Laderas: pedagogía territorial y cartografía crítica El proyecto Escuela de Mapeo de Laderas de Medellín –eje central de esta publicación– se destaca como un proceso pedagógico y territorial pionero en la ciudad. Desarrollado en 2023 gracias a una alianza de cooperación entre la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) y el Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) a través del Hub de Mapeo Abierto para América Latina y el Caribe (LAC Hub). Este proyecto reunió a representantes de colectivos comunitarios de barrios de ladera Oriental y Occidental de Medellín en un curso-taller de mapeo participativo que les permitió profundizar en el conocimiento y práctica de herramientas libres en pro de la realización de proyectos de mapeo en sus territorios. La propuesta pedagógica articuló tecnologías libres de mapeo (OpenStreetMap y aplicaciones móviles abiertas como Organic Maps, StreetComplete y uMap) con el conocimiento comunitario de los territorios, generando una experiencia de aprendizaje colaborativo y de producción cartográfica crítica. Los mapas elaborados por las comunidades plasmaron la identidad, las problemáticas y la memoria de sus barrios, convirtiéndose en representaciones cartográficas de dimensiones objetivas y subjetivas de los territorios inéditas. De esta manera, la Escuela de Mapeo actuó simultáneamente como un espacio de educación popular y como un proceso de empoderamiento tecnológico comunitario. › Cartografía en movimiento » 0 Introducción
7 El valor de esta publicación reside en poner en diálogo la academia con la comunidad, visibilizando el rol del mapeo participativo en la transformación social. La cartografía social crítica aquí promovida reivindica el territorio desde la subjetividad de sus habitantes y la valoración de las memorias locales, en contraposición a las visiones hegemónicas de la planificación urbana. Al integrar tecnologías libres con el conocimiento comunitario, la Escuela logró actualizar la cartografía de estos territorios, empoderando a activistas locales en el uso de herramientas abiertas de mapeo y profundizando en experiencias que reivindican el derecho al territorio y la gestión comunitaria del riesgo. La experiencia demostró cómo la cartografía participativa puede ser pedagógica y políticamente poderosa: enseña habilidades técnicas, fortalece la organización barrial y genera información geográfica desde la perspectiva de las comunidades. Hacia una Red de Mapeo Abierto Latinoamericana Uno de los propósitos explícitos de esta publicación es aportar al fortalecimiento del trabajo colaborativo de la Red de Mapeo Abierto de América Latina y el Caribe. La Escuela de Mapeo de Medellín no es un esfuerzo aislado, sino que se inscribe en un movimiento más amplio de cartografía abierta y colaborativa a nivel continental. En los últimos años, el Equipo Humanitario de OpenStreetMap (HOT) a través del Hub de Mapeo Abierto para América Latina y el Caribe (LAC Hub) ha impulsado la creación de la Red de Mapeo Abierto, que articula comunidades y colectivos de mapeo, instituciones académicas y activistas de los datos abiertos en distintos países de la región, entretejiendo una red de aliados con un objetivo común: democratizar la producción de datos geográficos y poner el mapeo al servicio de causas humanitarias y procesos de resiliencia climática. Este libro nace con la intención de aportar a esa Red Latinoamericana, ofreciendo una experiencia local y unas comprensiones teóricas y metodológicas de la cartografía social con validez y resonancia más allá del contexto inmediato. La alianza generada entre UNAULA y HOT –formalizada mediante acuerdos de cooperación en 2023 y 2024– ha demostrado el potencial de unir academia, comunidad y tecnología en torno al mapeo abierto. Como resultado de esta colaboración, se han realizado potentes mapas de los territorios de laderas de Medellín que aún no son reconocidos en el ordenamiento territorial vigente, y se ha aportado a la formación de mapeadoras y mapeadores comunitarios que ahora desde sus iniciativas locales se empoderan de la cartografía participativa multiplicando el conocimiento desde la realización de mapeos en sus barrios y la producción de datos cartográficos abiertos y soberanos. La Red de Mapeo Abierto se nutre de estos intercambios de saberes: la experiencia de Medellín se conecta con esfuerzos similares en países como Guatemala, Ecuador, Brasil, Bolivia y México, donde los mapas contribuyen en iniciativas de gestión de riesgos, planeación urbana participativa o visibilización de comunidades marginadas. La publicación pretende así estrechar los lazos entre › Cartografía en movimiento » 0 Introducción
8 experiencias comunitarias, tecnológicas y académicas del continente. Cada capítulo establece puentes conceptuales y metodológicos que pueden ser útiles para colectivos de mapeo en otras ciudades latinoamericanas, facilitando la apropiación de las metodologías implementadas y los aprendizajes generados en aras de fortalecer comunidades de práctica en torno a la cartografía participativa. Cartografía en movimiento es también una invitación a consolidar una comunidad latinoamericana de mapeo abierto, donde el conocimiento geográfico se construya de manera colaborativa y emancipada de lógicas extractivas del conocimiento. Un recurso para comunidades y movimientos sociales El aporte de este libro trasciende lo académico en tanto está concebido como un recurso pedagógico, político y metodológico al servicio de movimientos sociales, organizaciones barriales, colectivos ambientales y comunidades que enfrentan desafíos relacionados con el cambio climático, la exclusión de sus territorios de los procesos de planificación urbana y la vulneración de los Derechos Humanos. En contextos urbanos precarios –como las comunas de ladera de Medellín– el déficit histórico de reconocimiento y planificación ha significado una injusticia territorial manifiesta. Los mapas oficiales a menudo ignoraron estos territorios, reforzando su marginación. Frente a ello, la cartografía participativa se erige como una herramienta de justicia cognitiva y empoderamiento comunitario, permitiendo a los propios habitantes mapear su realidad, visibilizando problemas y fortalezas, y aportando datos para la incidencia en políticas públicas y el fortalecimiento de procesos organizativos autónomos. El libro hace un especial énfasis en el valor de la cartografía social en contextos de crisis climática. Barrios populares en ladera suelen ser los más expuestos a eventos exacerbados por el cambio climático (deslizamientos tras lluvias torrenciales, incendios forestales en épocas de calor extremo, escasez de agua por sequías). La experiencia de la Escuela de Mapeo muestra cómo las comunidades pueden anticipar y mitigar estos riesgos mapeando su entorno: identificando rutas de evacuación, zonas seguras, indicadores ambientales y vulnerabilidades. El mapeo participativo se integra así en las estrategias de adaptación comunitaria al clima, complementando los saberes tradicionales con datos geoespaciales abiertos. Como se señala en el libro, contar con mapas producidos por la misma comunidad fortalece los sistemas de monitoreo y alertas tempranas locales, y robustece las redes de solidaridad ante emergencias. Reseña de capítulos El contenido del libro está estructurado en 6 capítulos que reflejan el recorrido teórico y práctico realizado en el marco de la Escuela de Mapeo, entrelazando la experiencia concreta con las teorías críticas de la cartografía social: › Cartografía en movimiento » 0 Introducción
9 El Capítulo 1 – Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales: introduce el marco conceptual del libro. Se exploran las raíces de la geografía crítica y la cartografía crítica, apoyándose en las ideas de Harley, Harvey, Santos y otros autores que cuestionan la neutralidad de los mapas. Este capítulo debate cómo la confección de mapas ha sido históricamente un instrumento del poder, y plantea la necesidad de subvertir ese uso hegemónico. Por ejemplo, se reconoce que los mapas convencionales responden a visiones ideológicas dominantes. A partir de allí, se presenta la cartografía social como alternativa metodológica para representar las realidades de grupos subalternos, enlazando conceptos como memoria colectiva, territorio vivo y derecho a la ciudad. Este capítulo aporta las bases teóricas para entender el valor político y pedagógico del mapeo participativo en contextos barriales, comunitarios y rurales latinoamericanos. El Capítulo 2 – Fundamentos y prácticas de la cartografía social: explora los fundamentos teóricos y metodológicos de la cartografía social, distinguiendo conceptos afines. Se aclaran las diferencias entre mapeo participativo, mapeo colectivo, cartografía crítica y cartografía social. Se argumenta desde la teoría y desde las orientaciones metodológicas la relación entre los procesos de cartografía social con la investigación-acción participativa, buscando no solo mapear datos sino reflexionar sobre la realidad social y territorial para transformarla. Aun con matices distintos, todas estas variantes comparten la idea central de que los mapas deben hacerse con las comunidades, reconociendo sus saberes y perspectivas, en contraposición a la cartografía hegemónica. El capítulo también desarrolla los principios ético-políticos de la cartografía social y del mapeo participativo destacando la importancia de la horizontalidad y el cuidado en estos procesos, profundizando en el reconocimiento del mapeo participativo como un medio para la emancipación territorial. El Capítulo 3 – Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial: el capítulo presenta las metodologías participativas del mapeo y la incorporación de tecnologías libres en la cartografía social. En primer lugar, describe las formas de trabajo que se abordan en procesos de mapeo comunitario. Se examinan los talleres participativos de mapeo como núcleo metodológico. El capítulo también presenta de manera detallada las herramientas digitales abiertas que se integran a los procesos de cartografía social fortaleciendo los enfoques participativos y de diálogo de saberes, evidenciando cómo la conjunción de metodologías participativas con tecnologías libres potencian la cartografía social, extiendiendo su alcance y sostenibilidad sin perder el control comunitario, reforzando la autonomía tecnológica local y la democratización del conocimiento geográfico de las comunidades. El Capítulo 4 – El mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático: el capítulo analiza el rol de la cartografía social y el mapeo participativo en las iniciativas comunitarias de prevención de riesgos de desastres y la resiliencia climática a escala barrial, local y regional. Se relatan, por ejemplo, iniciativas de instalación de sistemas comunitarios de alerta temprana apoyadas en los mapas creados. Asimismo, se discuten los › Cartografía en movimiento » 0 Introducción
16 De la cartografía tradicional a la cartografía social La cartografía tradicional –la de los atlas escolares, los planos urbanísticos oficiales o de los departamentos de planeación territorial– se desarrolló históricamente como una herramienta al servicio del poder establecido. Desde los mapas renacentistas que delineaban el Nuevo Mundo para las coronas europeas, hasta los planos catastrales que consolidaron la propiedad privada y los proyectos modernizadores de los estados nación, la cartografía fue un instrumento de conocimiento vinculado al control territorial. No es casual que la palabra “mapa” haya representado, por siglos, la mirada de quienes detentaban el poder: navegantes, conquistadores, ingenieros, planificadores. Los saberes locales de pueblos indígenas, campesinos o barrios populares rara vez figuraban en esos mapas oficiales; a lo sumo aparecían como vacíos (“tierras nullius”) o con notas exóticas –recordemos aquellas antiguas inscripciones medievales de “Aquí hay dragones” en los márgenes de mapas para denotar regiones inexploradas o consideradas peligrosas. Frente a esta tradición elitista de la cartografía surge, en las últimas décadas, la propuesta de la cartografía social. ¿En qué consiste? En pocas palabras, es un modo de hacer mapas con la gente, desde sus propias vivencias, para fines de transformación social. A diferencia del mapa convencional, levantado por técnicos para instituciones, el mapa social o comunitario se elabora participativamente con la comunidad, poniendo en común el saber colectivo y legitimando ese conocimiento local. “un mapa construido a través de la cartografía social se diferencia de uno tradicional porque, mientras [el mapa tradicional] está normado y legitimado por el saber técnico-académico o gubernamental de quienes lo realizan, el mapa colectivo está legitimado por el consenso de las personas que lo construyeron”. Garcés Montoya, Á., & Jiménez García, L (2020). La cartografía social tomó fuerza en América Latina desde fines del siglo XX, de la mano de movimientos sociales, ONG y académicos comprometidos con la investigación-acción participativa (IAP). En Colombia, por ejemplo, desde los años 1980-90 se desarrollaron metodologías de mapeo participativo en contextos rurales y urbanos, con pioneros como la Fundación La Minga o investigadores del Instituto Geográfico Agustín Codazzi que incorporaron usos del suelo comunitarios en planes de ordenamiento (Restrepo, Velasco & Preciado, 1999). Estos primeros ensayos sentaron bases metodológicas: talleres comunitarios de mapeo, recorridos colectivos para “leer” el territorio, usando materiales didácticos (papel kraft, dibujos, semillas, maquetas) para que todos pudieran aportar aunque no supieran de cartografía técnica. A la par, experiencias en otros países –como los mapeos colectivos impulsados por el colectivo Iconoclasistas en Argentina (Risler & Ares, 2013)– mostraron que el mapa puede servir como dispositivo de creación colaborativa. Talleres de mapeo colectivo se esparcieron por ciudades latinoamericanas a partir de › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales
17 › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales La transformación tecnológica de los últimos años ha dado aún más impulso a la cartografía social. La llegada de herramientas de mapeo digital de código abierto y datos libres –por ejemplo, la plataforma OpenStreetMap (OSM), los sistemas de información geográfica libres y aplicaciones móviles de georreferenciación– democratizaron la práctica cartográfica (Neis & Zielstra, 2014). Hoy en día, grupos comunitarios pueden levantar mapas digitales de sus territorios sin depender de agencias estatales ni corporativas. Un ejemplo célebre fue la respuesta al terremoto de Haití en 2010, donde voluntarios de OpenStreetMap colaboraron para crear un mapa detallado de Puerto Príncipe en cuestión de días, superando la calidad de los mapas oficiales y aportando a la coordinación de las acciones de ayuda humanitaria (Meier, 2012). Estas experiencias demuestran el poder de la colaboración masiva en cartografía. En contextos locales, significa que un colectivo barrial puede mapear sus calles, acueductos comunitarios o puntos de riesgo utilizando GPS de bajo costo, imágenes satelitales gratuitas y plataformas en línea. La cartografía social se ha apropiado de estas tecnologías libres para potenciar su alcance, sin perder su esencia participativa. 2010, combinando arte, educación popular y activismo. En estos talleres, los participantes dibujan juntos sus barrios identificando problemas (puntos de contaminación, zonas inseguras, áreas sin servicios) pero también recursos y sueños colectivos (espacios culturales, rutas cotidianas, lugares con potencial comunitario). El resultado son mapas murales llenos de símbolos locales, anécdotas e incluso metáforas –muy distintos de los mapas pulcros oficiales, pero profundamente siignificativos para quienes los realizan.
18 › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales Territorio, poder y memoria: más que líneas en el mapa Cuando una comunidad traza un mapa propio de su entorno, lo que dibuja no son solo accidentes geográficos o infraestructuras: está representando su territorio vivido, que incluye memorias, relaciones y significados. En América Latina, el concepto de territorio ha cobrado un sentido profundamente político y cultural. No se reduce a la noción jurídica de una porción de tierra delimitada en un plano; para los movimientos sociales y pueblos originarios, territorio implica pertenencia, identidad y autonomía. Es “la casa grande” donde un colectivo construye su vida material y simbólica. Los mapas oficiales tienden a ocultar esa dimensión viva del territorio. Un plano urbano estándar muestra calles, manzanas, lotes vacantes, etc., pero difícilmente cuenta las historias de esas calles, ni quién las nombró, ni qué memorias guardan las esquinas y quebradas. De hecho, el poder ha usado la cartografía muchas veces para borrar u omitir memorias incómodas: territorios indígenas rebautizados con nombres coloniales, antiguos asentamientos arrasados que desaparecen del mapa, fronteras trazadas con reglas que fragmentan pueblos. Por eso, la memoria territorial es un campo de disputa. La cartografía social se erige, en este sentido, como una herramienta para localizar la memoria (García-Gutiérrez, 2009) y desafiar las narrativas hegemónicas sobre el espacio. Un aporte valioso nos lo recuerdan Restrepo et al. (1999) al señalar que “el territorio no es simplemente lo que vemos; mucho más que montañas, ríos, valles, es el espacio habitado por la memoria y la experiencia de los pueblos” En otras palabras, cada paisaje contiene capas de significado acumuladas por quienes lo han vivido y narrado. Tomemos como ejemplo la ladera oriental de Medellín, en una ciudad cuya historia reciente está marcada tanto por la violencia como por la resiliencia. En las periferias de Medellín (barrios de ladera), miles de familias llegaron desplazadas por el conflicto armado, “trayendo consigo sus memorias, sus dolores, sus prácticas culturales, sus tradiciones orales, y principalmente su convicción en el derecho a habitar y transformar ese lugar para volver a comenzar” (Garcés & Jiménez, 2016, p. 93). Esas memorias de origen –la finca que dejaron atrás, los seres queridos perdidos, pero también la esperanza de reconstruir la vida– se entrelazaron con las memorias de los habitantes antiguos de esos barrios populares. El resultado ha sido una verdadera re-significación del territorio: las laderas antes vistas por las élites solo como “zonas de invasión” o “focos de violencia”, son resignificadas por sus pobladores como espacios de solidaridad, de lucha y de identidad. Aquí, memoria y poder chocan frontalmente. Las políticas urbanas oficiales a veces han tratado a estos barrios como manchas a erradicar o normalizar: planes de renovación que implican desalojos, mapas de riesgo que clasifican sectores enteros como “inhabitables” sin consultar a la gente. Frente a ello, la cartografía social ha servido como
19 contra-narrativa. Al mapear su propio territorio, las comunidades visibilizan su existencia y sus aportes, reclamando el derecho a la ciudad en sus propios términos. Así, vemos que territorio, poder y memoria se entrelazan en la práctica cartográfica. Quien controla la representación del territorio (es decir, el mapa) en gran medida controla la narrativa sobre ese espacio –qué importa y qué no, quién pertenece y quién no. La cartografía social democratiza esa representación, devolviendo a la gente común la capacidad de narrar su propio territorio. En esas narraciones suelen emerger memorias antes sumergidas: la historia del asentamiento fundado en mingas comunitarias, el nombre vernáculo de la quebrada que no aparece en Google, la anécdota del “árbol de la vida” donde se reúne el barrio, etc. Es decir, el mapa social integra las representaciones subjetivas de cada lugar junto con los elementos fácticos que se pueden mapear. El mapa como herramienta de visibilización y emancipación Un mapa –tradicionalmente asociado a mediciones técnicas y a la objetividad– puede parecer un objeto poco “poético”. Sin embargo, la cartografía social ha demostrado que el mapa puede ser tan poético como un poema y tan liberador como una proclama. Cuando los oprimidos hacen mapas, están de algún modo contando su propia historia de forma visual. Y en ese acto de contar y dibujar hay una poderosa afirmación de identidad y agencia: “aquí estamos, esto es lo que somos, así vemos nuestro mundo”. Por eso decimos que el mapa comunitario es una herramienta de visibilización. Visibiliza territorios marginados en más de un sentido: no solo aparecen barrios que no estaban en los planos oficiales, sino que en los contenidos del mapa emergen problemáticas y potencialidades ignoradas. Por ejemplo, un mapa comunitario de un sector rural puede marcar todas las fuentes de agua y rutas de senderismo, subrayando su valor ecológico y turístico, cosas que tal vez el mapa oficial (centrado en vías carrozables y límites prediales) no destaca. Un mapa hecho por mujeres de un barrio puede señalar los “puntos críticos” de acoso callejero o la ausencia de iluminación pública, visibilizando una experiencia cotidiana de inseguridad que estaba naturalizada pero no documentada. Un mapa de jóvenes puede recrear los lugares de encuentro cultural –grafitis, canchas, espacios musicales– evidenciando que ese territorio no es solo violencia como a veces lo pinta la prensa, sino también semillero de cultura urbana. En todos estos casos, poner algo en el mapa es declarar: “esto importa”. Lo que antes era invisible, deviene visible y por tanto debatible, atendible, transformable. Más allá de la visibilización, los procesos de cartografía social facilitan la emancipación en un sentido pedagógico y político. El taller de mapeo se vuelve un espacio de concientización (en el sentido freireano de conscientização): mientras dibujan y discuten el territorio, los participantes van tomando conciencia crítica de su realidad, identificando opresiones y pensando soluciones. El mapa entonces ya no es un fin en sí mismo, sino un medio para la › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales
20 › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales organización y la acción colectiva. Como plantea Orlando Fals Borda (1985) desde la investigación-acción participativa, el conocimiento (en este caso cartográfico) solo cobra sentido emancipador si se vincula con la acción transformadora. De nada serviría hacer lindos mapas si luego se guardan en un cajón; lo potente es cuando esos mapas alimentan procesos de cambio –por ejemplo, para negociar con la alcaldía, para planear una iniciativa comunitaria, o para difundir en redes sociales la realidad de un barrio y ganar apoyo externo. La efectividad del mapa, por otro lado, se manifiesta en la creatividad y el lenguaje simbólico que las comunidades emplean. A diferencia del mapa técnico frío, el mapa social suele incorporar dibujos, colores, íconos significativos para la gente. Es común ver representados sueños y temores colectivos mediante símbolos: dragones dibujados donde la comunidad percibe peligros, alas o estrellas donde vislumbran esperanzas, cadenas rotas donde celebran logros de liberación. Esta dimensión creativa cumple una función importante: hace del proceso algo lúdico y emotivo, propiciando la participación de personas de todas las edades y niveles educativos. En un taller de cartografía social pueden participar personas mayores narrando la historia del barrio, hasta niños dibujando su camino a la escuela, pasando por jóvenes más afines a las nuevas tecnologías aportando su conocimiento geográfico del territorio. Cada cual aporta a su modo. La mezcla de técnica y emoción es precisamente una característica destacada de este enfoque, tal como Milton Santos lo sugería (técnica y razón por un lado, emoción y afectividad por otro, integradas en el espacio). Metodologías participativas, educación popular y diálogo de saberes La cartografía social se nutre de varias corrientes metodológicas que confluyen en un mismo principio: la participación activa de la comunidad en todo el proceso de conocimiento. Una de esas corrientes es la ya mencionada educación popular de Paulo Freire, con su llamado a reconocer a las personas como “sujetos pensantes, críticos y propositivos y no como objetos receptores de conocimiento”. En un taller de mapeo participativo, esta idea se concreta al poner a la comunidad en el centro: son sus preguntas, saberes y experiencias las que guían el trabajo. Los facilitadores (técnicos, profesores, facilitadores externos) cumplen más un rol de acompañantes que de instructores verticales. En lugar de imponer una agenda, parten de preguntas abiertas: ¿Cómo describirían su territorio? ¿Qué problemas y qué fortalezas encuentran en él? ¿Cómo ha cambiado con el tiempo? Las respuestas van surgiendo en grupo y tomando forma gráfica en el mapa. Otra raíz importante es la Investigación-Acción Participativa (IAP) desarrollada en América Latina por Orlando Fals Borda y otros intelectuales orgánicos desde los años 70. La IAP propone romper la dicotomía entre investigador y comunidad, construyendo conocimiento en conjunto para la acción social. En este enfoque, la
21 › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales investigación implica que la comunidad es protagonista del análisis de su realidad (no simples informantes, sino co-investigadores que aportan sus saberes y reflexionan), la acción significa que todo el conocimiento generado está orientado a transformar la realidad (no es “investigar por investigar” sino para cambiar), y la participación significa que el proceso es colectivo, democrático y empoderador en sí mismo. En efecto, “la participación debe darse en el marco del diálogo de saberes, contra la hegemonía de un saber sobre el otro” (Fals Borda, 1986, p. 52, citado en Vélez et al., 2012). El diálogo de saberes alude a que en el proceso convergen distintos tipos de conocimiento: el saber popular (empírico, local, muchas veces oral) con el saber técnico o académico (categorías, métodos, tecnologías) en un intercambio horizontal. Ninguno invalida al otro; al contrario, se enriquecen mutuamente. En un ejercicio de cartografía social bien llevado, se puede observar este diálogo: la comunidad aporta, por ejemplo, la toponimia tradicional (nombres antiguos de lugares), las historias orales y la comprensión fina de los problemas cotidianos; mientras que los facilitadores pueden aportar herramientas como fotos aéreas impresas, GPS para georeferenciar puntos, o marcos conceptuales (ej. derechos humanos, conceptos urbanísticos) que ayuden a interpretar la realidad. Juntos co-producen una visión más integral del territorio. El diálogo de saberes también implica reconocer las diversas voces dentro de la comunidad: mujeres, hombres, jóvenes, adultos mayores, todos tienen perspectivas distintas. Un mapa participativo ideal recoge esta pluralidad –por ejemplo, combinando la “geografía feminista” del barrio (lugares seguros/inseguros para mujeres, sitios de trabajo como comedores comunitarios) con la “geografía infantil” (lugares de juego, trayectos a la escuela) y así sucesivamente. La metodología permite que afloren esas múltiples visiones y que se entretejan en un relato colectivo. Metodológicamente, la cartografía social emplea técnicas variadas, muchas de las cuales provienen de la pedagogía comunitaria. Algunas prácticas comunes incluyen: dinámicas de calentamiento para que los participantes se apropien del espacio de trabajo; caminatas de reconocimiento (transectos) por el territorio para observar in situ y luego marcar hallazgos en el mapa; construcción de líneas de tiempo históricas paralelas al mapa para relacionar cambios espaciales con eventos sociales (por ejemplo, crecimiento urbano ligado a migraciones en ciertos años); uso de material iconográfico –pegatinas, dibujos recortados– para facilitar la expresión de ideas en el mapa; sesiones de narración donde se comparten anécdotas que luego se ubican espacialmente; y por supuesto plenarias de reflexión colectiva, donde el grupo interpreta el mapa resultante, identifica patrones, causas de problemas y propone acciones. Hemos trazado, de forma introductoria, los fundamentos conceptuales y éticos de la cartografía social y la geografía crítica en nuestro contexto latinoamericano. Esta introducción pretende servir de marco para los capítulos que siguen. En las próximas páginas, el libro combinará tres ingredientes principales: teoría, experiencia práctica y herramientas tecnológicas libres.
22 Referencias bibliográficas Fals Borda, O. (1985). Conocimiento y poder popular: Lecciones con campesinos de Nicaragua, México y Colombia. México D.F.: Siglo XXI Editores. Freire, P. (1970/1998). Pedagogía del oprimido. México D.F.: Siglo Veintiuno Editores. Garcés Montoya, Á., & Jiménez García, L. (2016). Metodologías en diálogo de saberes para la apropiación del territorio. Medellín: Fondo Editorial Universidad de Medellín. Garcés Montoya, Á., & Jiménez García, L (2020). Cap. La cartografía social como alternativa de construcción de memorias y apropiación de territorios. En Minga de Saberes y metodologías en cartografía social. Fondo Editorial Unibague García-Gutiérrez, A. (2009). Localizar la memoria. Revista de Información y Comunicación, (6), 85–111. Neis, P., & Zielstra, D. (2014). Generation of a tailored routing network for disabled people based on OpenStreetMap data. Transactions in GIS, 18(2), 314–335. Restrepo, G., Velasco, A., & Preciado, J.C. (1999). Cartografía social. Tierra Nostra, (5), Especialización en Proyectos, UPTC – Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Risler, J., & Ares, P. (2013). Manual de mapeo colectivo: Recursos cartográficos críticos para procesos territoriales de creación colaborativa. Buenos Aires: Tinta Limón. Santos, M. (2000). La naturaleza del espacio: Técnica y tiempo, razón y emoción. Barcelona: Editorial Ariel. › Cartografía en movimiento » 1 Geografía crítica, cartografía social y memorias territoriales
23 2 23 FUNDAMENTOS Y PRÁCTICAS DE LA CARTOGRAFÍA SOCIAL Introducción: Surgimiento de la cartografía social en América Latina A lo largo de las últimas décadas, las comunidades latinoamericanas han desarrollado prácticas de mapeo colectivo para representar su territorio desde sus propias visiones. Aunque la elaboración de mapas comunitarios tiene raíces en metodologías participativas de mitad del siglo XX, su auge en América Latina se relaciona con la efervescencia de movimientos sociales desde los años 90. Estos nuevos movimientos –campesinos, indígenas, barriales, de mujeres, entre otros– retomaron herramientas emancipatorias y fomentaron un activismo horizontal y autogestionado que incluyó la creación de cartografías colectivas como forma de resistencia y construcción de conocimiento popular.
24 El grupo argentino Iconoclasistas, por ejemplo, inició en 2008 la realización de talleres de mapeo colectivo en múltiples países, articulando prácticas artísticas y participativas para “construir colectivamente miradas territoriales” orientadas a la transformación social. Desde entonces, el mapeo colectivo se ha extendido por la región como una herramienta versátil: organizaciones barriales, ONG e instituciones educativas la han empleado tanto en zonas rurales como urbanas para visibilizar problemáticas locales, memoria histórica y propuestas comunitarias. Este proceso se ha visto potenciado por la mayor disponibilidad de tecnologías geográficas (GPS, sistemas de información geográfica, plataformas en línea), que han democratizado la elaboración de mapas fuera de los círculos técnicos oficiales. En suma, el mapeo participativo ha evolucionado en América Latina integrando tradición y tecnología: de los croquis comunitarios dibujados en el suelo a los mapas digitales colaborativos, siempre con el propósito común de que las comunidades se representen a sí mismas y desafíen narrativas impuestas sobre sus territorios. Este capítulo explora los fundamentos y prácticas de estas cartografías participativas. Se examinarán las diferencias conceptuales entre términos afines –mapeo participativo, mapeo colectivo, cartografía crítica y cartografía social– y se profundizará en los principios ético-políticos que las sustentan. Asimismo, se discutirá el papel del territorio como construcción social, soporte de la memoria colectiva y herramienta de organización comunitaria. Finalmente, se destacará la importancia del mapeo colectivo en ámbitos como la exigibilidad de derechos, la planeación comunitaria, la educación popular y la gestión del riesgo, describiendo metodologías comunes (talleres, caminatas, mapas murales, plataformas digitales) y algunas experiencias emblemáticas en América Latina –desde los talleres creativos de Iconoclasistas en Argentina hasta procesos comunitarios en Medellín, Colombia–. El objetivo es ofrecer un panorama de la riqueza pedagógica, reconociendo los fundamentos teóricos y prácticos del mapeo en el contexto latinoamericano, enfatizando cómo estas prácticas articulan conocimiento, poder comunitario y transformación social. Mapeo participativo, mapeo colectivo, cartografía crítica y cartografía social: diferencias conceptuales Los términos mapeo participativo, mapeo colectivo, cartografía social y cartografía crítica suelen usarse de forma cercana, pero poseen matices que conviene aclarar. Todos refieren, en esencia, a enfoques de creación de mapas con la gente (no solo sobre la gente), pero emergen de tradiciones e intencionalidades diversas. Mapeo participativo: es el término genérico que designa cualquier proceso cartográfico donde participan activamente los miembros de una comunidad local en la elaboración del mapa de su propio entorno. Sus orígenes se remontan a metodologías de › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
25 desarrollo rural participativo e investigación acción participativa (IAP) de los años 70 y 80 (inspiradas en autores como Orlando Fals Borda, pionero de la IAP en Colombia). El mapeo participativo fue usado inicialmente para que comunidades campesinas e indígenas identificaran sus recursos, problemas y propuestas sobre bocetos del territorio, como base para planes de desarrollo local. Se caracteriza por su enfoque pragmático: el mapa participativo sirve como diagnóstico comunitario y herramienta de planificación desde la base. Por ejemplo, en proyectos de desarrollo rural era común dibujar en el suelo o en papel la ubicación de viviendas, fuentes de agua, áreas productivas y zonas de riesgo, con la participación de todos los habitantes. El énfasis está en la utilidad inmediata del mapa para la comunidad (p.ej., planificar un acueducto veredal, delimitar tierras comunales, etc.), más que en la crítica al discurso cartográfico en sí. No obstante, este enfoque sentó las bases para metodologías posteriores orientadas al empoderamiento de la comunidad en la generación de información sobre su propio territorio (Fals Borda, 1985). Mapeo colectivo: este término cobró fuerza gracias a experiencias de colectivos artísticos-políticos como Iconoclasistas en Argentina. Se refiere a un tipo específico de mapeo participativo con fuerte carga creativa, crítica y de narración colectiva. En el mapeo colectivo, usualmente realizado en formato de taller, se construyen mapas murales integrando dibujos, símbolos, fotos e iconos para plasmar las percepciones y problemáticas sociales del grupo. Risler y Ares (2019), definen el mapeo colectivo como una práctica de reflexión-acción en la cual “el mapa es solo una de las herramientas que facilita el abordaje y la problematización de territorios sociales, subjetivos y geográficos. Es decir, más que obtener un mapa exacto, importa el proceso horizontal de debate y construcción de relatos territoriales colectivos. El mapeo colectivo surge de una intención explícita de cuestionar las representaciones hegemónicas del territorio, en tanto los mapas que se publican desde la institucionalidad son una proyección de poderes dominantes, señalan Risler y Ares (2019 produciendo visiones sesgadas funcionales al modelo capitalista. Frente a ello, el mapeo colectivo propone crear nuevos relatos desde abajo, disputando esas narrativas impuestas. Se inscribe, por tanto, dentro de la cartografía crítica pero con un carácter práctico-pedagógico: son talleres populares donde cualquier persona puede participar, sin requerir conocimientos técnicos, para liberar los recursos y replicando las experiencias en otros contextos. Cartografía social: este concepto ha sido impulsado en América Latina desde ámbitos académicos, educativos y comunitarios, con énfasis en la construcción de conocimiento integral sobre el territorio y en la memoria colectiva. Una definición clara la ofrece Rivera Bermúdez (2013): “la cartografía social es una metodología novedosa, una alternativa que permite a las comunidades conocer y construir un conocimiento integral de su territorio para elegir una mejor manera de vivirlo. Es una forma de investigación humanista y humanizadora, que hace uso de instrumentos técnicos y vivenciales”. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
32 jóvenes quizá señalan las transformaciones recientes. Esto genera un diálogo intergeneracional y enriquece el sentido de pertenencia. La cartografía social, al valorar la memoria, se alinea con corrientes pedagógicas que entienden la memoria colectiva como base de la identidad y como fuerza movilizadora (Jelin, 2002). Un pueblo que recuerda su pasado entiende mejor su presente y proyecta su futuro con más conciencia. En términos prácticos, muchos mapas comunitarios terminan siendo “mapas históricos” que además de funcionales incluyen: líneas del tiempo, fotos antiguas pegadas, referencias sobre cómo se formó el barrio. la organización social existente: dibujan los sectores con sus líderes, marcan los puntos de encuentro comunitario (salones comunales, parroquias, escuelas) y hasta incluyen los nombres de colectivos locales activos. Con ello, el mapa se convierte en un directorio y retrato de la comunidad organizada, útil para coordinar esfuerzos y para mostrar al exterior la capacidad de auto-gestión del barrio o la vereda. Territorio como memoria e identidad: “mapear es recordar” podría ser un lema de la cartografía social. El proceso colectivo de hacer mapas tiende naturalmente a evocar la memoria colectiva del territorio: ¿Quiénes vivían aquí antes? ¿Cómo se llamaba este lugar antiguamente? ¿Dónde estaban las huertas de los abuelos? ¿Qué hechos significativos ocurrieron en tal esquina? Estas preguntas afloran y encuentran en el mapa un espacio de síntesis. Cada símbolo en el mapa comunitario puede representar una historia. En zonas afectadas por conflicto o desplazamiento forzado, este aspecto de la memoria es fundamental. Cada comunidad tiene lugares de memoria. El mapa social visibiliza esos esos lugares, asegurando que no queden olvidados en la topografía oficial. Además, el acto de mapear en grupo se asemeja a un tejido de memorias: diferentes generaciones comparten sus vivencias. Es común que en los talleres los adultos mayores aporten cómo era el territorio décadas atrás, mientras los › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social La cartografía social parte de entender el territorio como protagonista de la vida comunitaria. Al mapear, la comunidad se mira en el espejo de su entorno y se (re)conoce: reconoce sus lazos sociales, reconoce su fuerza organizativa y reconoce sus memorias colectivas. El territorio ya no es entonces un pedazo de tierra en un mapa oficial, sino un espacio vivo en constante transformación que se narra a sí mismo mediante el mapa. Esta visión profundamente social del territorio guía todas las prácticas de mapeo colectivo y explica su potencia como herramienta transformadora.
33 › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social En suma, el territorio mapeado colectivamente se vuelve archivo vivo de la comunidad: un instrumento para recordar quiénes somos, de dónde venimos y qué hemos logrado juntos en ese espacio. Esto refuerza la identidad territorial –sentirse parte de un lugar con historia y significado–, lo que a su vez suele traducirse en mayor compromiso para cuidarlo y mejorarlo. La importancia del mapeo participativo en clave de derechos, educación, planeación participativa y gestión del riesgo El mapeo participativo no es un fin en sí mismo, sino un medio que incide en diversos procesos comunitarios y sociales. A continuación, se analizan cuatro ámbitos en los que su aporte ha resultado especialmente valioso: la exigibilidad de derechos, la planeación comunitaria, la educación popular y la gestión del riesgo. Exigibilidad de derechos: mapear puede ser un acto de exigencia política. Cuando una comunidad plasma en un mapa sus carencias o las violaciones a sus derechos, ese mapa se convierte en un instrumento de reivindicación frente al Estado u otras instancias de poder. Por ejemplo, un colectivo urbano puede mapear todos los puntos de su barrio sin acceso a agua potable o saneamiento, y presentar ese mapa a las autoridades como prueba tangible de la necesidad de inversión pública. Del mismo modo, comunidades étnicas han utilizado mapas participativos para reclamar el reconocimiento legal de sus territorios ancestrales, delineando el uso tradicional de la tierra y los sitios sagrados. En contextos urbanos latinoamericanos, un caso ilustrativo fue el de la Mesa de Vivienda y Hábitat de la Comuna 8 en Medellín: mediante un proceso de cartografía social, esta plataforma comunitaria elaboró un detallado mapa de riesgo de deslizamientos y zonas vulnerables en su territorio. Con ese insumo, acudieron a los cabildos locales de vivienda logrando incidir en una lectura crítica de la política pública de gestión del riesgo en la ciudad. El mapa les dio una voz más fuerte porque presentaba evidencia comunitaria, difícil de ignorar, sobre puntos críticos que la administración no había priorizado. Asimismo, en la misma ciudad, un mapa colectivo de “inquilinatos” (casas de vecindad con alto hacinamiento) en el barrio Lovaina sirvió para visibilizar la vulneración de derechos de niños en esas viviendas, impulsando a la Alcaldía a reforzar programas de atención temprana. En general, los mapas sociales empoderan a la comunidad en la interlocución: ante funcionarios o ante otras organizaciones, un mapa claro que muestre problemas y propuestas puede comunicar más que un discurso verbal. Por eso, la realización de los mapas suele venir acompañada de una estrategia de exigibilidad: se imprime el mapa en gran formato para exhibirlo en audiencias públicas, se adjunta a derechos de petición o proyectos de ley comunitarios, o se difunde en medios para generar presión. Cabe
34 resaltar que la exigibilidad de derechos territoriales (vivienda, tierra, ciudad) está en el centro de muchos conflictos sociales. El mapeo participativo ofrece una vía pacífica y propositiva para esa lucha: en lugar de solo protestar, la comunidad presenta su propio “plano alternativo” de cómo debería ser el territorio con enfoque de derechos (por ejemplo, marcando dónde se necesita un parque, dónde un centro de salud, etc.). Planeación comunitaria participativa: Más allá de exigir al Estado, las comunidades también utilizan los mapas para planificar por sí mismas su desarrollo local. El mapeo participativo provee información y consensos que son insumos valiosos para la planeación comunitaria. En muchos barrios populares, por ejemplo, se han organizado “planes de desarrollo barrial” o “planes de vida” (en comunidades indígenas) a partir › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
35 de ejercicios cartográficos. El mapa permite diagnosticar colectivamente: señalar dónde hay problemas (basureros, zonas inseguras, viviendas en riesgo) y también potencialidades (terrenos disponibles para un proyecto, tierras cultivables, lugares adecuados para equipamientos). Con esa base, la comunidad puede priorizar acciones y proponer proyectos concretos. La cartografía social “es una planeación desde las localidades de abajo hacia arriba, con la participación de los actores locales”. El mapa evidencia la auto-gestión existente y ayuda a argumentar técnicamente por qué conviene integrar al barrio en los planes oficiales. Además, la planeación participativa con mapas suele tener una visión integral. No se limita a un sector (p.ej. solo infraestructura), sino que la comunidad tiende a abordar todas las aristas: ambientales (¿dónde reforestar para evitar erosión?), culturales (¿dónde hacer un mural o una biblioteca?), económicas (¿dónde ubicar emprendimientos locales o mercados populares?), etc. Esto se refleja en mapas temáticos múltiples donde se dibuja cómo quisiéramos ver el territorio en el futuro. Una técnica común es hacer mapas comparativos: el mapa de la situación actual y luego otro mapa proyectado con las mejoras deseadas. Ese ejercicio tiene un enorme poder pedagógico, pues obliga a pensar soluciones espaciales y no quedarse solo en quejas. En síntesis, el mapeo colectivo aporta a la planeación comunitaria datos, participación y visualización. Como herramienta, es compatible con instrumentos formales: algunas ciudades han empezado a incluir cartografías comunitarias en sus Planes de Ordenamiento Territorial como anexos de diagnóstico o incluso a reconocerlas normativamente (incorporando barrios que solo figuraban en los mapas locales, por ejemplo). Educación popular y procesos pedagógicos: el mapeo participativo tiene un claro valor educativo. No en vano muchos facilitadores provienen de la educación popular o la pedagogía crítica. Realizar un mapa entre todos es, en esencia, un proceso de aprendizaje colectivo. Por un lado, los participantes aprenden sobre su propio territorio: descubren datos que no conocían, escuchan historias de otros, comprenden mejor la configuración de su comunidad. Por otro lado, adquieren capacidades técnicas y analíticas: nociones básicas de cartografía (orientación, escalas, símbolos) y lo más importante, práctica en análisis crítico y trabajo en equipo. En términos de Paulo Freire, se trata de “leer la realidad” para luego poder transformarla –una forma de lectura del mundo que precede a la lectura de la palabra (Freire, 1970)–. Al poner el territorio sobre la mesa, literalmente, las personas van decodificando los “textos” que antes daban por sentados: ¿Por qué nuestro barrio no tiene parque? ¿Cómo influye esa fábrica en la vida del vecindario? Estas preguntas detonadas en la dinámica de mapeo son profundamente educativas, pues llevan a la concientización. No es extraño que en un taller de cartografía social surjan reflexiones sobre temas amplios (desigualdad, racismo, patriarcado, modelo urbano), partiendo de elementos concretos dibujados en el mapa. Por eso se dice que el mapeo es una forma de pedagogía crítica en acción. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
36 En varios países, se realizan mapas comunitarios de riesgo: la gente identifica en el plano las zonas inundables, taludes inestables, rutas de evacuación, puntos seguros, etc. Este ejercicio tiene múltiples beneficios. Primero, concientiza a la población sobre su vulnerabilidad y sobre las medidas de autoprotección; segundo, fortalece la organización para la respuesta (por ejemplo, asignando responsables por sectores o estableciendo sistemas de alerta temprana locales); y tercero, genera información de base que puede alimentar los sistemas oficiales de gestión del riesgo. En términos ambientales, el mapeo participativo también es poderoso. Comunidades rurales han mapeado, por ejemplo, las fuentes de agua y sus problemas (nacimientos, quebradas secas, puntos de vertidos contaminantes) como primer paso para planes de manejo ambiental locales. Otras han cartografiado su biodiversidad (áreas de bosque, fauna observada, etc.) para sustentar declaraciones de áreas protegidas comunitarias. Un hito global ocurrió en 2010 tras el terremoto de Haití: voluntarios de OpenStreetMap de todo el mundo, incluyendo locales, colaboraron para mapear en pocos días las calles y edificios de Puerto Príncipe, generando el mapa base para la respuesta humanitaria. Ese ejemplo extremo mostró el potencial de la cartografía colaborativa en línea para la gestión de desastres. Desde entonces, en América Latina se han replicado experiencias de Mapatones humanitarios (ej. tras huracanes o terremotos) y se promueve que las propias comunidades mantengan actualizados los datos de sus barrios en plataformas La lúdica también es importante: muchos talleres incorporan juegos, dinámicas artísticas y creativas que facilitan el aprendizaje. Dibujar, usar íconos, hacer collages en el mapa convierte la sesión en un laboratorio expresivo donde todos pueden aportar sin temor a “equivocarse”. Esto rompe con la educación bancaria tradicional y promueve un aprendizaje horizontal (todos enseñan, todos aprenden). Asimismo, el producto final –el mapa– se convierte en un material pedagógico perdurable. Puede exhibirse en una escuela o casa comunal para seguir enseñando a nuevas generaciones sobre la historia local, los recursos del territorio o los riesgos y potencialidades del entorno. Rivera (2013) señala que “la cartografía comunitaria es una herramienta que potencia el conocimiento de las comunidades y nuestra incidencia en su bienestar”, invitando a las bibliotecas a mapear junto a sus usuarios para estrechar vínculos. Este enfoque demuestra cómo incluso instituciones educativas formales pueden incorporar el mapeo participativo como estrategia de extensión social y aprendizaje mutuo con el barrio. Gestión comunitaria del riesgo y del medio ambiente: un campo donde el mapeo participativo ha cobrado especial relevancia en años recientes es la gestión del riesgo y la gestión ambiental a nivel comunitario. Las comunidades son a menudo las primeras afectadas por desastres naturales (inundaciones, deslizamientos, sequías) y por problemas ambientales (contaminación, deforestación), pero también poseen un conocimiento local clave para enfrentar estos desafíos. Los mapas participativos permiten combinar el conocimiento técnico con el conocimiento tradicional y local para una gestión del riesgo más efectiva y equitativa. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
37 abiertas. Manuales recientes de mapeo libre enfatizan que OpenStreetMap y herramientas similares pueden apoyar procesos de gestión del riesgo, memoria territorial o defensa del territorio integrando el conocimiento local en mapas digitales de acceso público. Las personas se vuelven protagonistas en identificar amenazas y en gestionar su entorno, lo que redunda en mayor resiliencia. Además, construye puentes entre saber científico y popular –por ejemplo, un geólogo puede validar las zonas de riesgo marcadas por la comunidad y a la vez aprender de ellos sobre eventos pasados–. Esta complementariedad mejora la calidad de los planes de manejo de riesgo, haciendo que incluyan medidas culturalmente adecuadas y sostenibles gracias al involucramiento ciudadano. Como resultado, las comunidades no solo son beneficiarias de la gestión del riesgo, sino actores centrales, incrementando la sostenibilidad de cualquier intervención. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social El mapeo participativo se ha consolidado como una práctica de múltiples beneficios sociales. Desde apoyar luchas por derechos básicos, pasando por la planificación participativa del desarrollo local y la educación popular, hasta contribuir a la seguridad y resiliencia frente a riesgos.
38 Metodologías, recursos y formatos del mapeo participativo Las experiencias de mapeo y cartografía social emplean una variedad de metodologías participativas y formatos creativos para adaptarse a cada contexto. A continuación, se describen los recursos y técnicas más utilizados, desde talleres en papel hasta plataformas digitales, pasando por caminatas de campo, maquetas y mapas murales: Talleres participativos de mapeo: son el corazón metodológico del mapeo colectivo. Un taller típico reúne a un grupo plural de la comunidad (hombres, mujeres, jóvenes, mayores, etc.) en un espacio común –una escuela, salón comunal o incluso al aire libre– para construir juntos un mapa. Suelen tener varias fases: introducción (explicar objetivos y motivar la participación), trabajo en grupos pequeños (cada grupo mapea un tema o zona específica), puesta en común (se juntan las piezas en un gran mapa colectivo) y se genera una reflexión final. Los talleres se apoyan en facilitadores que guían con preguntas y dinámicas, pero procurando no imponer contenido. Es importante definir con el grupo el objetivo del mapa –por ejemplo, ¿mapa de recursos del barrio? ¿mapa histórico? ¿mapa de problemas?– y a partir de allí decidir qué información se va a plasmar. Durante el trabajo en grupos, a veces se usan mapas base (planos impresos o dibujados a mano con las calles principales) sobre los que los participantes pegan notas autoadhesivas, dibujan iconos o colocan fichas que representan elementos del territorio. En otros casos, se parte de un papel en blanco enorme donde se dibuja todo desde cero con la memoria colectiva. La puesta en común implica que cada grupo exponga su parte y entre todos integren el mapa final, discutiendo discrepancias o agregando detalles. Un elemento clave es la dinámica lúdica y Los mapas comunitarios se han convertido en verdaderas herramientas de cambio social. Su importancia radica en que articulan conocimiento y acción: al mapear, la comunidad conoce mejor su realidad y simultáneamente actúa sobre ella –sea exigiendo un derecho, diseñando un proyecto, aprendiendo colectivamente o preparándose ante amenazas. Es esa mezcla de reflexión y praxis la que hace del mapeo participativo un instrumento privilegiado en los procesos de empoderamiento comunitario en América Latina. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
39 creativa: estos talleres incorporan técnicas de educación popular como lluvias de ideas, dramatizaciones (por ejemplo, representar con el cuerpo la geografía, ubicar a la gente físicamente como si fueran elementos del barrio), e incluso actividades artísticas (dibujo libre, collage con recortes de revistas, uso de colores, símbolos locales). Esto rompe el hielo y estimula la participación de quienes quizá se cohibirían en un ambiente muy formal. La duración de un taller varía: puede ser una sesión corta de 2-3 horas para un mapa sencillo, o varios días de trabajo intenso si se busca un mapa muy detallado. Caminatas de reconocimiento o mapatones: muchas cartografías sociales integran recorridos participativos por el territorio como parte de la metodología. Antes o durante la elaboración del mapa, se organiza una caminata comunitaria por las zonas de interés, donde los participantes observan directamente la realidad y georreferencian sobre la marcha. Estas caminatas permiten validar y complementar la información: por ejemplo, al caminar juntos se puede notar un problema no mencionado antes (un alcantarillado roto, un área deforestada), o recordar anécdotas asociadas a un lugar específico. En la ciudad de Medellín se han utilizado “recorridos territoriales” como método para que líderes comunitarios muestren in situ sus iniciativas y las condiciones de sus barrios. Durante estas salidas, los participantes llevan libretas o formatos para anotar hallazgos, dibujar croquis rápidos o incluso usar dispositivos GPS o aplicaciones móviles para marcar puntos importantes. Al finalizar la caminata, se reúnen a trasladar lo observado al mapa en elaboración. Esta metodología combina lo sensible y lo técnico: caminar el territorio activa sentidos y emociones (el olor de un río contaminado, la visión de un mural querido por la comunidad), añadiendo profundidad cualitativa al mapa, a la vez que mejora la precisión espacial de lo representado. Las caminatas también fomentan la apropiación del territorio. muchas personas descubren rincones de su propio territorio que no conocían al recorrerlo colectivamente. Algunas variantes metodológicas son los “paseos cartográficos” en ciudades, donde vecinos y expertos caminan juntos y van dibujando en un mapa portable lo que discuten; o las “derivas barriales” inspiradas en la Psicogeografía, que implican deambular sin rumbo fijo registrando percepciones subjetivas para luego plasmarlas cartográficamente. En contextos de riesgo, se hacen rutas de verificación post-mapeo: la comunidad marca en el mapa lugares de posible riesgo y luego va a inspeccionarlos en terreno para confirmar. Todo esto enriquece la calidad y legitimidad del mapa final, al estar respaldado por la vivencia directa y no solo por la memoria. Mapas murales y collage gráfico: una imagen recurrente del mapeo colectivo es la de un gran mapa mural lleno de colores y símbolos, resultado de un taller comunitario. Este formato –un mapa dibujado o pintado en papel kraft, cartulina o tela de gran tamaño (a veces varios metros)– facilita que muchas personas trabajen a la vez aportando en diferentes zonas del lienzo. Los mapas murales suelen crearse en el piso o sobre una pared, con los participantes arrodillados o de pie dibujando y discutiendo. Se › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
40 usan marcadores, lápices de colores, recortes de revistas, fotografías, íconos adhesivos, post-its, etc., para ilustrar el territorio. Iconoclasistas popularizó el uso de plantillas de íconos: pequeñas figuras que representan desde “hospital” o “escuela” hasta “contaminación” o “lucha social”, las cuales los participantes pueden pegar en el mapa. Esto democratiza la expresión gráfica (no hay que saber dibujar para aportar) y además introduce un lenguaje visual común que luego permite leer el mapa fácilmente. El collage es otra técnica que permite integrar fotografías impresas de lugares o eventos directamente en el mapa, o dibujos hechos por los propios vecinos (niños dibujando su casa, por ejemplo, y pegando ese dibujo en el lugar correspondiente). Todo esto convierte al mapa en una especie de mural comunitario que cuenta múltiples historias simultáneamente. En ocasiones, tras el taller en papel, se perpetúa el resultado pintándolo como mural en una pared del barrio para exhibirlo públicamente. Así, el mapa trasciende el espacio de discusión interna y se vuelve parte del paisaje cotidiano, reafirmando identidad. Plataformas digitales y mapeo en línea: en años recientes, las herramientas digitales se han incorporado como aliadas del mapeo participativo, ampliando sus posibilidades. Una vez que la comunidad genera información territorial (sea en un mapa en papel o en notas), se puede digitalizar para asegurar su difusión y actualización. Plataformas de cartografía libre como OpenStreetMap* (OSM) permiten volcar datos geográficos comunitarios en un mapa global accesible a cualquier persona con acceso a internet. De hecho, OSM se ha promovido como “el mapa libre del mundo” al que las comunidades pueden contribuir para poner en el mapa aquello que antes no existía en cartografía oficial (calles de barrios informales, nombres vernáculos de lugares, equipamientos locales). Existen iniciativas donde, tras un taller participativo, los facilitadores ayudan a los vecinos a cargar la información relevante en OSM usando editores sencillos; de este modo, el fruto del mapeo local trasciende y queda disponible globalmente. Otra herramienta utilizada es uMap*, que permite crear mapas en línea personalizados (usando la base de datos de OSM) donde la comunidad puede ingresar puntos, líneas y polígonos con descripciones. También se usan Sistemas de Información Geográfica (SIG) como QGIS* con capacitación básica, dependiendo de las habilidades del grupo. El Tasking Manager* es otra plataforma clave creada por el Equipo Humanitario de OpenStreetMap que permite coordinar mapeos masivos dividiendo el área en cuadrículas para que voluntarios mapeen fragmentos (muy usado en proyectos humanitarios). En América Latina, el Hub de Mapeo Abierto (LAC Hub) ha impulsado el uso de estas tecnologías en combinación con metodologías de cartografía social, para lograr lo mejor de ambos mundos: la profundidad comunitaria y el alcance global de los datos abiertos. No obstante, es importante anotar que las plataformas digitales complementan pero no reemplazan al pro________________________________________ * Estas herramientas y plataformas de mapeo se detallarán en el siguiente capítulo: “TECNOLOGÍAS LIBRES Y CARTOGRAFÍA SOCIAL: HERRAMIENTAS, EXPERIENCIAS Y SOBERANÍA TERRITORIAL “. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
41 ceso social. Muchas veces, tras digitalizar el mapa, se imprime en formato de póster o se proyecta en la comunidad para validarlo y discutirlo nuevamente. Lo digital ofrece además la posibilidad de mantener el mapa actualizado en el tiempo sin tener que rehacer todo desde cero: si en el barrio construyen una nueva escuela, alguien con conocimientos puede añadirla en OSM o en el mapa web participativo. También facilita compartir el mapa: por ejemplo, enviarlo a otras comunidades para inspirar procesos similares, o integrarlo en presentaciones y documentos. Un buen equilibrio analógico-digital es recomendado. Por ejemplo, Rivera (2013) sugiere primero trabajar en papel y luego, con calma, subir los datos a plataformas digitales para garantizar su preservación bajo licencias libres y su aprovechamiento por otros. La alfabetización digital es otra ganancia: mediante estos procesos, jóvenes de la comunidad aprenden a usar herramientas de mapeo web, lo que aumenta sus habilidades tecnológicas y podría abrirles oportunidades (de hecho, ha habido casos donde líderes comunitarios terminan colaborando en proyectos internacionales de mapas abiertos tras formarse en estos talleres locales). Las tecnologías digitales amplían el alcance y la sostenibilidad del mapeo participativo, siempre que se utilicen manteniendo el espíritu de acceso abierto, colaboración y empoderamiento local. Como dice un manual de OSM, la filosofía es la “apertura, el acceso público y el empoderamiento territorial” de las comunidades para que ellas mismas sean autoras de la cartografía de sus espacios. Cada comunidad combinará estas metodologías según sus necesidades y contexto. Lo esencial es la flexibilidad y creatividad: no hay una única forma “correcta” de hacer cartografía social, sino principios orientadores (participación, inclusión, horizontalidad) que pueden plasmarse en diversos formatos. Ya sea dibujando en el suelo, pintando un lienzo colectivo, armando una maqueta o editando puntos en un mapa web, el objetivo común es representar el territorio desde la perspectiva colectiva y estimular el análisis y la acción compartida. › Cartografía en movimiento » 2 Fundamentos y prácticas de la cartografía social
48 uMap: creación rápida de mapas personalizados en la web Mientras que OpenStreetMap provee la base de datos geográfica, muchas veces las comunidades necesitan elaborar mapas temáticos propios destacando ciertos datos o narrativas. uMap es una aplicación web libre que permite precisamente eso: crear mapas personalizados usando capas de OpenStreetMap en minutos, y publicarlos o embeberlos en un sitio web (uMap, s.f.). Sin requerir conocimientos de programación, uMap ofrece una interfaz intuitiva donde el usuario puede elegir un fondo (ejemplo: callejero OSM estándar, mapa satelital, etc.) y luego agregar sus propias marcas de puntos, líneas y polígonos, con estilos y pop-ups informativos. Es posible importar datos (por ejemplo, en formato GeoJSON) o dibujar directamente sobre el mapa, y al guardar se genera un enlace público para compartir. Una ventaja de uMap es su versatilidad para la participación: colectivos ciudadanos lo utilizan para recopilar puntos de interés durante talleres (p.ej. marcar en el mapa lugares de importancia comunitaria, problemáticas, propuestas) y luego difundir esos mapas de manera sencilla. Al estar construido sobre la infraestructura abierta de OSM, uMap permite que los datos añadidos también puedan eventualmente integrarse a la base de OpenStreetMap si son de interés general. Por ejemplo, en Medellín se han usado mapas uMap para visibilizar iniciativas de las comunas – como huertas urbanas, sitios de memoria barrial, etc.– complementando la cartografía base de OSM con esta capa narrativa https://umap.openstreetmap.fr/es/ › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
49 local. En pocas palabras, uMap brinda a las comunidades una herramienta fácil para “contar su historia” en un mapa, sin tener que recurrir a plataformas propietarias de visualización de mapas. Todo el software detrás de uMap es libre (licencia WTFPL) y los mapas resultantes se pueden exportar, garantizando plena autonomía sobre la información creada. QGIS: Sistema de Información Geográfica libre para análisis y gestión de datos No todas las necesidades de cartografía colectiva se reducen a agregar datos en OSM o hacer visualizaciones web. A veces los grupos requieren analizar información geoespacial propia, combinar capas diversas, o elaborar mapas impresos de alta calidad. QGIS (antes Quantum GIS) es la respuesta desde el mundo de software libre: un Sistema de Información Geográfica (SIG) de código abierto equiparable en funcionalidad a los SIG privativos como ArcGIS. QGIS es multiplataforma (disponible en Linux, Windows, Mac) y está liberado bajo licencia GPL, siendo mantenido por una nutrida comunidad global de desarrolladores (QGIS.org, 2025). Al ser software libre, QGIS puede ser modificado libremente y extendido mediante complementos, lo que ha permitido adaptarlo a infinidad de usos especializados (Wikipedia, 2021). https://qgis.org/download/ › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
50 En contextos de cartografía social, QGIS se utiliza para procesar y gestionar datos territoriales locales: por ejemplo, comunidades campesinas pueden cargar en QGIS capas de su territorio (ríos, parcelas, caminos) y combinarlas con imágenes satelitales o datos catastrales abiertos para hacer análisis de uso de suelo; o en una ciudad, colectivos pueden mapear en QGIS la densidad de problemáticas reportadas por barrios. Dado que soporta múltiples formatos (shapefiles, GeoJSON, KML, bases de datos espaciales como PostGIS, etc.), QGIS actúa como puente entre datos oficiales y datos comunitarios. Su interfaz, si bien robusta, ha ido mejorando en usabilidad, y existen abundantes tutoriales y manuales en línea. Una ventaja importante es que, al ser gratuito, permite que organizaciones de base con pocos recursos accedan a tecnología SIG avanzada sin pagar licencias onerosas. QGIS empodera a las comunidades para hacer su propia análisis geográfico, produciendo evidencia cartográfica que puede respaldar sus reivindicaciones. Por ejemplo, en experiencias de Medellín, jóvenes de semilleros de investigación han usado QGIS para cruzar la ubicación de asentamientos no reconocidos con mapas oficiales de riesgo, generando mapas alternativos que fundamentan demandas de servicios básicos en sus barrios. Así, QGIS complementa las herramientas anteriores aportando la dimensión de análisis y producción de mapas “profesionales” bajo el control de los usuarios, materializando la soberanía tecnológica en el terreno de los SIG. › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
51 Field Papers: el puente entre el papel y OpenStreetMap A pesar del avance digital, el lápiz y papel siguen siendo aliados en cartografía participativa, sobre todo en terreno. Field Papers es una plataforma libre que une el mundo analógico con el digital, facilitando el mapeo en campo de forma colaborativa. Con Field Papers, una comunidad puede imprimir un atlas de mapas en papel de su zona de interés (usando datos OSM u imágenes aéreas), luego salir al territorio y dibujar o anotar a mano sobre esos mapas las observaciones que encuentren, y finalmente escanear o fotografiar los papeles anotados para cargarlos de vuelta y digitalizar la información en OSM. Cada hoja impresa lleva un código QR que permite georreferenciarla al escanearla, de modo que lo dibujado encima aparece exactamente en su ubicación real cuando se visualiza en JOSM u otro editor. Field Papers, desarrollado por Stamen Design, se concibió para entornos con recursos limitados: lugares sin buena conectividad o con pobladores no familiarizados con smartphones. Por ejemplo, en talleres rurales se reparte a los equipos comunitarios hojas impresas de su vereda; ellos marcan caminos que faltan, fuentes de agua o riesgos locales en el papel, y luego los facilitadores integran esas marcas al mapa digital. La gran virtud de Field Papers es que democratiza el levantamiento de datos geográficos – cualquiera armado con un papel y lápiz puede contribuir, no hace falta saber usar GPS o apps complejas. Además, el proceso mismo de dibujar en grupo sobre el mapa físico https://fieldpapers.org/ › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
52 genera un espacio de conversación e intercambio de saberes locales mientras se mapea, algo muy valioso en términos de apropiación (LearnOSM, s.f.). Luego, al cargar esas notas al sistema, se conectan con OpenStreetMap: por ejemplo, es posible abrir la imagen escaneada como capa de fondo en JOSM y calcar los elementos dibujados para incorporarlos al mapa libre. En síntesis, Field Papers es una herramienta de mapeo híbrido que potencia la participación inclusiva y la recolección de datos locales de manera low-tech, asegurando a la vez que dicha información termine siendo parte del ecosistema digital abierto. ChatMap: Mapeo Comunitario y Humanitario a través de WhatsApp ChatMap es un protocolo desarrollado por el equipo humanitario de OpenStreetMap (HOT) que permite recolectar y mapear información territorial directamente desde conversaciones en WhatsApp. Diseñado para contextos donde el acceso a herramientas digitales avanzadas es limitado, ChatMap convierte el celular en una poderosa herramienta de recolección de datos georreferenciados, sin necesidad de conexión permanente a internet ni conocimientos técnicos especializados. ¿Cómo funciona?: el protocolo utiliza un bot o flujo automatizado de preguntas que se comparte con participantes a través de chats en grupos de WhatsApp. Las personas responden desde https://www.hotosm.org/updates/mapeohumanitario-con-whatsapp-presentando-chatmap/ › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
53 Las tecnologías libres brindan independencia, transparencia y colaboración, mientras que las privativas ofrecen a veces más soporte dedicado o familiaridad para ciertos usuarios. Para proyectos de cartografía social orientados a la transformación social, las primeras aportan un conjunto de valores (apertura, apropiación, bien común) alineados con la filosofía participativa, pero requieren invertir en capacitación y superar inercias institucionales para desplegar todo su potencial. su celular datos clave sobre su entorno (por ejemplo: ubicación de una quebrada, punto de riesgo, centro comunitario, etc.). Las respuestas se estructuran automáticamente y se vinculan a plataformas uMap. Este flujo de recolección es personalizado: se puede adaptar a diferentes necesidades según el tipo de mapeo (por ejemplo, riesgos, servicios básicos, afectaciones, iniciativas comunitarias). Además, permite incluir imágenes, coordenadas GPS y descripciones locales. ⁜Aplicaciones comunitarias: en barrios populares, zonas rurales o territorios de difícil acceso, ChatMap ha permitido mapear servicios comunitarios como huertas, centros culturales, acueductos veredales, identificar puntos críticos de riesgo (derrumbes, basureros, calles sin iluminación), construir mapas participativos con personas que solo cuentan con WhatsApp como medio digital. ⁜Aplicaciones en emergencias: durante situaciones de emergencia, ChatMap se ha usado para reportar afectaciones por deslizamientos, inundaciones o incendios, activar protocolos de monitoreo en zonas en crisis (por ejemplo, desplazamientos forzados),recolectar datos rápidos desde comunidades aisladas para apoyar acciones humanitarias. ⁜Ventajas: bajo umbral tecnológico: no requiere apps externas ni GPS especializado. Accesibilidad: funciona en celulares básicos, solo con WhatsApp. Rapidez: los datos se recopilan en tiempo real, incluso sin conectividad constante. Participación segura y remota: ideal para contextos donde los encuentros presenciales son difíciles o riesgosos. ⁜Consideraciones éticas: ChatMap promueve prácticas de recolección de datos con consentimiento informado, anonimato opcional y soberanía comunitaria sobre la información generada. Es fundamental que los datos recolectados sean utilizados de forma transparente, con fines comunitarios y evitando la sobreexposición de territorios vulnerables. › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
54 https://streetcomplete.app/ https://www.mapillary.com/?locale=es_ES https://overpass-turbo.eu/ https://osmand.net/es/ Otras herramientas digitales libres de dispositivos móviles El listado de herramientas mencionadas no es exhaustivo. El movimiento de geotecnologías libres incluye también aplicaciones móviles y proyectos específicos que complementan el panorama. Por ejemplo, StreetComplete y OsmAnd son aplicaciones abiertas para teléfonos que permiten recolectar datos in situ: OsmAnd, ofrece navegación GPS basada en OSM e incluye modo de reporte de errores o añadidos. Estas apps han sido usadas en iniciativas donde jóvenes mapearon su barrio caminando con el móvil, identificando sobre la marcha carencias de señalización, puntos peligrosos, etc. StreetComplete, presenta misiones sencillas (p. ej., agregar el número de pisos de un edificio) que cualquier persona puede responder al pasar por el lugar. Mapillary, plataforma para recopilar fotografías callejeras de forma abierta; si bien su cliente no es 100% software libre, las imágenes obtenidas por la comunidad quedan bajo licencia abierta y se integran como recurso para mejorar OSM. Overpass Turbo, herramienta web libre para hacer consultas avanzadas sobre la base de OpenStreetMap y extraer subconjuntos de datos mediante filtros. MapRoulette, plataforma lúdica donde se publican desafíos de micro-mapeo (ej.: “agrega nombres faltantes a estas calles”) que voluntarios de la comunidad resuelven, útil para limpiar o completar datos. https://maproulette.org/ › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
55 Todas estas herramientas enriquecen el ecosistema de “tecnologías digitales abiertas”, dando respuesta a necesidades específicas en proyectos de mapeo participativo. Lo importante es que, al ser libres, pueden adaptarse y combinarse entre sí para diseñar flujos de trabajo a la medida de cada iniciativa comunitaria. Ventajas y desafíos de las tecnologías libres frente a plataformas privativas Las herramientas descritas presentan múltiples ventajas en comparación con plataformas privativas o institucionales tradicionales. En primer lugar, está el factor del coste y accesibilidad: al ser software libre y datos abiertos, su uso no requiere pagar licencias ni depender de compras centralizadas. Esto es crucial para colectivos de base, organizaciones comunitarias o instituciones educativas con presupuestos limitados, ya que pueden implementar proyectos cartográficos sin barreras de costo. A modo de ejemplo, mientras un municipio pequeño puede no permitirse adquirir un paquete completo de software GIS propietario, con QGIS y OpenStreetMap dispone de capacidades equivalentes sin costo alguno (Geoinnova, 2021). Además, el hecho de que sean herramientas abiertas permite su traducción, mejora y redistribución libre, lo cual redunda en que existan versiones en numerosos idiomas (incluyendo lenguas locales) y tutoriales realizados por la misma comunidad usuaria. Un beneficio fundamental es la autonomía y el control sobre los datos. En las plataformas privativas o proyectos oficiales cerrados, los datos suelen quedar bajo custodia de la empresa o entidad – e incluso aportes hechos por usuarios terminan siendo propiedad privada de esas plataformas. En cambio, con tecnologías libres como OpenStreetMap, los datos pertenecen a la comunidad bajo licencias que garantizan su apertura. Esto significa que una comunidad puede extraer, copiar y usar “sus” datos cuando quiera, sin pedir permiso a ninguna empresa. Por ejemplo, los mapas generados en OSM por residentes de un barrio pueden ser descargados y reutilizados en proyectos locales, informes, aplicaciones › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
56 móviles comunitarias, etc., sin restricciones. Esta democratización de los datos nivela el campo de juego: antes, el acceso a la información geográfica podía ser desigual (muchas veces había que pagar por datos oficiales o no se permitía usarlos libremente); ahora cualquier colectivo puede construir su propio repositorio cartográfico abierto. Otro aspecto es la flexibilidad e innovación. Las plataformas libres suelen tener comunidades de desarrolladores y usuarios muy activos que crean extensiones, plugins o adaptaciones para casos de uso particulares. Así, las herramientas pueden evolucionar rápidamente integrando funcionalidades necesarias en proyectos sociales específicos. Un ejemplo claro es el desarrollo de presets y validaciones dentro de editores OSM para mapear temáticas humanitarias (p. ej. un formulario específico para infraestructura comunitaria). Si una funcionalidad falta, es posible construirla o solicitarla abiertamente. Esto contrasta con aplicaciones privativas cerradas, donde las mejoras dependen exclusivamente de la empresa proveedora y de sus prioridades comerciales. No obstante, no todo son fortalezas; también existen desafíos y limitaciones en el uso de tecnologías libres en contextos comunitarios. Uno de ellos es la curva de aprendizaje: algunas herramientas (como QGIS o JOSM) son poderosas pero complejas, y su dominio requiere procesos formativos dedicados. Si no se acompaña con capacitación adecuada, existe el riesgo de que la comunidad no llegue a apropiar plenamente la tecnología. Aquí es donde metodologías de educación popular resultan indispensables para “traducir” el lenguaje técnico a términos comprensibles y relevantes para la gente. También, en entornos con brecha digital, la disponibilidad de computadoras o internet puede ser un obstáculo para usar ciertas herramientas – aunque muchas funcionen offline, inicialmente se necesita descargar datos o software. Otro desafío radica en la sostenibilidad y mantenimiento. Si bien el software libre elimina la dependencia de un proveedor único, exige que la comunidad global mantenga el proyecto. En general esto ha funcionado muy bien para herramientas maduras (OSM, QGIS, etc. cuentan con miles de colaboradores y respaldos institucionales). Pero para iniciativas locales que montan sus propias instancias (por ejemplo, un servidor local de uMap o Tasking Manager), se requiere disponer de capacidad técnica para administrarlas a largo plazo. Afortunadamente, el espíritu colaborativo suele mitigar esto: por ejemplo, servidores de uMap comunitarios en Latinoamérica se mantienen gracias a voluntarios que comparten esa carga. Finalmente, está el reto de la aceptación institucional. En algunos contextos, las autoridades o profesionales formados en esquemas tradicionales muestran resistencia a confiar en datos abiertos o software libre, a veces por desconocimiento o prejuicios sobre su calidad. Sin embargo, esta percepción ha ido cambiando conforme proyectos basados en tecnologías libres demuestran resultados sólidos (p.ej. mapas de riesgo comunitarios luego adoptados por oficinas de gestión de riesgo municipales). En la medida en que los datos de OSM se vuelven más completos y las herramientas libres se profesionalizan, la brecha entre “lo comunitario” y “lo institucional” se reduce. › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
57 Tecnologías libres, autonomía comunitaria y democratización del conocimiento Un hilo conductor de todo lo anterior es el fortalecimiento de la autonomía comunitaria a través del uso de tecnologías libres de mapeo. Esto se manifiesta en varios niveles. Por un lado, al apropiarse de estas herramientas, las comunidades rompen la dependencia de expertos o instituciones externas para representarse a sí mismas: pueden generar conocimiento geográfico de primera mano, desde su perspectiva. Los mapas dejan de ser algo producido “desde arriba” para convertirse en construcciones colectivas “desde abajo”, donde el saber local orienta qué y cómo se mapea. La producción de conocimiento propio es empoderadora en sí misma – los habitantes se reconocen como capaces de investigar su realidad (mediante recorridos , observación participativa y uso de herramientas digitales libres) y de plasmarla en un lenguaje cartográfico comprensible que antes parecía reservado a técnicos. Esta democratización en la creación de datos conlleva también la democratización en el acceso. Al publicar la información en plataformas abiertas, los datos pasan a dominio público, evitando el acaparamiento informativo. Pensemos en los beneficios de ello: organizaciones comunitarias, académicos, periodistas o cualquier ciudadano interesado pueden reutilizar los datos para nuevos análisis o iniciativas, amplificando el impacto. Un mapa de OSM generado por una comunidad rural sobre fuentes de agua puede ser tomado por investigadores universitarios para estudiar la calidad del agua, o por ONGs para gestionar proyectos de potabilización. Los datos abiertos facilitan estas sinergias multisectoriales que de otro modo requerirían engorrosos convenios para compartir información. En definitiva, el conocimiento se socializa en lugar de concentrarse. Esto no implica perder el crédito: los aportes en OpenStreetMap, por ejemplo, quedan registrados y la comunidad de mapeadores es reconocida como autora colectiva del mapa (con historial de quién añadió qué). Más bien, se trata de maximizar el valor social del conocimiento geográfico, algo alineado con los objetivos de cualquier proceso participativo genuino. El uso de tecnologías libres también refuerza la autonomía tecnológica local. Un colectivo que aprende a usar estas herramientas gana capacidades internas que perduran más allá de un proyecto puntual. Por ejemplo, tras un proyecto de mapeo participativo en un barrio, puede quedar un grupo de “líderes cartográficos” comunitarios capaces de seguir actualizando el mapa o de emprender nuevos mapeos (ya no dependen de externos para hacerlo). Esa autonomía tiene efectos multiplicadores: los jóvenes formados en OSM pueden enseñar a otros, o asesorar a juntas de vecinos sobre cómo usar mapas en sus diagnósticos. Se crea así un tejido de habilidades tecnológicas autóctonas. › Cartografía en movimiento » 3 Tecnologías libres y cartografía social: herramientas, experiencias y soberanía territorial
64 las rutas de evacuación ante deslizamientos y las obras de mitigación necesarias. Este mapa se elaboró con base en recorridos por el territorio, conversaciones con vecinos mayores (que recordaban desastres pasados) y el apoyo técnico de herramientas de código abierto como uMap y Organic Maps. Respuesta rápida y mapeo humanitario remoto: Cuando ocurre una emergencia repentina –un terremoto, un huracán, una inundación súbita– el tiempo apremia. Aquí entra el rol del mapeo colaborativo remoto, frecuentemente coordinado a través de plataformas abiertas. El caso de Haití 2010 ya mencionado inauguró la era del Humanitarian OpenStreetMap Team (HOT), una red global que activa voluntarios para trazar mapas durante crisis humanitarias (HOT, 2010). Desde entonces, esta práctica se ha extendido por Latinoamérica. Un ejemplo reciente sucedió en octubre de 2023 tras el huracán Otis en Acapulco, México. Este huracán categoría 5 devastó la ciudad en pocas horas, dejando al gobierno local sin datos actualizados de la infraestructura afectada (HOT, 2023). En coordinación con el Hub de Mapeo Abierto de América Latina y el Caribe, voluntarios locales y remotos intercambiaron imágenes de dron post-desastre y satelitales pre-desastre para mapear los daños. En menos de una semana se trazaron más de 52.000 edificios en OpenStreetMap y se identificaron 5.439 estructuras colapsadas o afectadas, información crucial que permitió focalizar las evaluaciones de daños y la distribución de ayudas humanitarias. Esta experiencia subrayó la importancia de alinear el mapeo con las necesidades cambiantes de la respuesta y reconstrucción, y demostró que las iniciativas impulsadas por la comunidad –apoyadas por múltiples actores– pueden llenar rápidamente vacíos de información crítica (Humanitarian OpenStreetMap Team, 2023). Otro caso ilustrativo ocurrió en marzo de 2025 en Argentina. Tras lluvias torrenciales que produjeron severas inundaciones en la ciudad de Bahía Blanca (provincia de Buenos Aires), el gobierno local solicitó apoyo para obtener datos geoespaciales precisos de las zonas afectadas. En respuesta, el LAC Hub activó una brigada de mapeo humanitario abierta. Durante 15 días, 73 voluntarios cartografiaron edificaciones e infraestructura en los barrios inundados, completando cuatro proyectos en el Tasking Manager. El resultado fue notable: se mapearon 45.837 edificios y áreas construidas, además de extensiones de rutas y arroyos, alcanzando el 100% del área solicitada en tiempo récord. Estos datos, entregados de inmediato a las autoridades municipales, fueron utilizados tanto en la respuesta temprana –para dirigir cuadrillas de asistencia y ubicar refugios temporales– como en la planificación urbana posterior, ya que la nueva administración local decidió aprovechar la cartografía generada para actualizar su catastro y diseñar medidas de ordenamiento territorial resiliente. Los datos abiertos de OSM producidos colaborativamente están resultando muy útiles no solo para la emergencia, sino también “para la planeación de las ciudades en el futuro” (Marín, 2025). Este caso evidencia cómo el mapeo colaborativo ante desastres puede dejar capacidades instaladas a través de las experiencias de formación y mapeo en campo, aportando en procesos de aprendizaje que permiten que las comunidades locales se familiaricen con herramientas de mapas abiertos y las instituciones › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
65 reconozcan el valor de la información geográfica participativa, abriendo la puerta a futuras colaboraciones en gestión de riesgos en diversos territorios de la región. Cabe destacar que el mapeo participativo en emergencias no se limita al ámbito digital. En muchos lugares, especialmente comunidades rurales o con acceso limitado a internet, se siguen empleando técnicas análogas participativas, como dibujar mapas en el suelo o sobre papel durante reuniones comunitarias, para luego fotografiarlos o digitalizarlos. Estas metodologías de cartografía social tradicional se combinan cada vez más con las plataformas tecnológicas para hacer más potente el uso y la integración de los datos. Lo importante es el proceso inclusivo: al hacer mapas juntos, los vecinos comparten experiencias pasadas (“aquí llegó el agua en la última inundación”, “esta calle se bloqueó en el sismo”), reconstruyendo colectivamente los relatos de las situaciones de riesgo y acordando cómo actuar unidos. Esto refuerza la cohesión comunitaria y la confianza, ingredientes fundamentales de la resiliencia (Rivera Bermúdez, 2013). Así, la cartografía participativa en gestión del riesgo cumple un doble propósito: produce información estratégica para salvar vidas y, a la vez, fortalece el tejido social al fomentar la participación y la apropiación del territorio por sus habitantes. › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
66 Mapeo participativo para la conservación de la biodiversidad y la adaptación climática La crisis climática y la pérdida de biodiversidad plantean retos complejos a escala global, pero sus impactos y soluciones más efectivos a menudo se gestan a nivel local. En este contexto, el mapeo participativo se ha transformado en una herramienta clave para que comunidades y científicos ciudadanos documenten su entorno natural, visibilicen los cambios que están experimentando y diseñen estrategias de adaptación y conservación. Articular el conocimiento ecológico tradicional con datos geográficos modernos puede traducirse en acciones concretas de resiliencia territorial (Jacquin et al., 2025). A continuación, exploramos cómo el mapeo participativo se aplica en estos campos, con ejemplos que van desde la protección de manglares hasta la planificación comunitaria frente al cambio climático. Mapeo participativo para conservar la biodiversidad: muchas comunidades locales –indígenas, campesinas, rurales– poseen un profundo conocimiento de su entorno natural: saben dónde brotan los manantiales, en qué lugares habitan ciertas especies, cuáles bosques se han talado y dónde persisten áreas prístinas. Tradicionalmente, ese saber quedaba en la oralidad. Hoy, mediante el mapeo participativo, estas comunidades están volcando su conocimiento ecológico en mapas que sirven tanto para la gestión local como para incidir en políticas de conservación. Un ejemplo destacado es el Atlas de Justicia Ambiental (Environmental Justice Atlas)1, un proyecto global de mapeo colaborativo que incluye numerosos casos latinoamericanos donde comunidades mapearon conflictos socioambientales relacionados con biodiversidad y territorio. Iniciado en 2014, el atlas ha recopilado más de 3.000 casos aportados por activistas y académicos, clasificando conflictos por categorías como conservación de la biodiversidad, extracción de recursos, agua, etc. (Martínez-Alier, 2020). Cada ficha territorial contiene descripción del problema, actores involucrados, impactos ambientales y sociales, y resultados de la movilización. Al visibilizar en un mapa común tantos puntos de conflicto ecológico, esta iniciativa colaborativa ha sido empleada como herramienta de monitoreo de la (in)justicia ambiental, pero también de empoderamiento: comunidades desde México hasta Argentina pueden ver que su lucha local forma parte de una gran red de procesos de movilización en la región, intercambiar lecciones y exigir con más fuerza en pro de la generación de soluciones. El atlas, si bien no es un mapa participativo comunitario tradicional, sí ilustra el poder de la agregación colaborativa de datos territoriales en la defensa de la biodiversidad y los bienes comunes (Martínez-Alier, 2020). 1 https://nuso.org/articulo/una-experiencia-de-cartografi-colaborativa/#:~:- text=El%20Atlas%20de%20Justicia%20Ambiental,las%20fuentes%20de%20 informaci%C3%B3n%20y › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
67 En la Amazonía, pulmón de biodiversidad mundial, la cartografía participativa tiene larga data como estrategia de defensa territorial. Desde los años 90, pueblos indígenas amazónicos de Brasil, Perú, Colombia y otros países han trazado los límites de sus territorios y la ubicación de sitios sagrados, caminos ancestrales y otras zonas importantes, para obtener el reconocimiento legal de sus tierras y planificar su manejo sostenible (Grünberg, 2009; Smith, 2003). En Brasil, estas experiencias derivaron incluso en políticas públicas: la cartografía participativa de tierras indígenas se incorporó como parte del proceso oficial de demarcación, reconociendo que nadie mejor que las propias comunidades para mapear sus bosques y ríos (Instituto Socioambiental, 2019). Un caso emblemático fue el mapeo del territorio Guaraní Retã2, un esfuerzo colectivo transfronterizo (Paraguay, Brasil, Argentina) que reconstruyó en mapas la extensión ancestral guaraní como herramienta para reclamar derechos y revitalizar la identidad cultural. Del lado peruano, en la selva central, la nación Yánesha combinó la historia oral con la cartografía social para delinear su espacio histórico-cultural, logrando influir en políticas de co-manejo de áreas protegidas (Richard Smith, 2003, citado en mapasyderechos.pdf). Estos ejemplos muestran cómo mapear biodiversidad no se limita a registrar flora y fauna, sino que incluye el reconocimiento de las relaciones intrínsecas entre cultura local y naturaleza, como base para planes de conservación con enfoque comunitario. 2 https://sites.utexas.edu/participatory-mapping/files/2012/12/mapasyderechos.pdf#:~:text=ind%C3%ADgenas%20en%20Brasil%20que%20luchan,Ret%C3%A3%2C%20una%20experiencia%20colectiva%20de En la actualidad, iniciativas como Servir-Amazonia3 fomentan la participación de comunidades amazónicas en el uso de imágenes satelitales y aplicaciones móviles para monitorear deforestación y biodiversidad, complementando la vigilancia oficial con los “ojos en el territorio” de sus habitantes (Servir-Amazonia, 2021). De esta forma, el mapeo participativo está ayudando a detectar a tiempo prácticas ilegales (tala, minería) y a fortalecer la gestión comunitaria de bosques, que ha demostrado ser eficaz para reducir la pérdida de biodiversidad. Cartografía social para la adaptación al cambio climático: Los efectos del cambio climático –desde el aumento del nivel del mar hasta patrones alterados de lluvia– se manifiestan de manera diferenciada en cada territorio. Las soluciones de adaptación suelen ser más exitosas cuando incorporan el conocimiento local sobre esas variaciones ambientales. En años recientes, la cartografía climática participativa ha emergido como un medio para que las comunidades identifiquen sus vulnerabilidades frente al clima y planifiquen respuestas. Por ejemplo, en zonas costeras de América Central amenazadas por la elevación del mar y la erosión, pobladores locales mapearon en talleres participativos las áreas inundadas durante marejadas extraordinarias, las viviendas que debieron ser reubicadas y los sitios tradicionales de protección natural (como dunas o manglares hoy degradados). Estos mapas comunitarios del riesgo costero permitieron priorizar acciones como la restauración de manglares y la construcción de diques en los puntos señalados, con el aval y conocimiento de la gente (UNDP, 2020). 3 https://servir.alliancebioversityciat.org/?lang=es › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
68 En ciudades andinas, por otro lado, vecinos de barrios informales que habitan en territorios de laderas han utilizado metodologías de fotografía y mapeo participativo para evidenciar cómo las olas de calor y sequías estacionales les afectan (por escasez de agua o incendios forestales cercanos), señalando en mapas colaborativos las quebradas que se secan antes, las zonas con más incendios y los hogares sin acceso a agua potable. Organizaciones locales en Cusco y La Paz han facilitado estos procesos, logrando que la información resultante se incluya en planes municipales de adaptación (Mansilla & Zambrana, 2021). Un caso innovador proviene de la Alianza Zurich de Resiliencia ante Inundaciones4, que implementó un enfoque de mapeo digital participativo en comunidades de Perú y Nepal propensas a inundaciones. Esta metodología combinó técnicas de mapeo colaborativo en línea (similares a HOT) con talleres locales, involucrando a voluntarios, autoridades y ONG para co-producir información detallada sobre la exposición a inundaciones (Liu et al., 2018). En Perú, se aplicó en el valle del río Piura tras las inundaciones de 2017: equipos mixtos de técnicos y comuneros recorrieron las zonas inundadas con GPS, integrando esos datos en un mapa digital abierto, mientras en paralelo los vecinos dibujaban mapas murales indicando los niveles de agua alcanzados en sus viviendas y los puntos de 4 https://zcralliance.org/Zurich-flood-resilience-alliance/ evacuación. El resultado fue un mapa de riesgo de inundación comunitario validado tanto por el conocimiento científico como por la experiencia local, que ha servido de base para obras de mitigación participativas (como diques de contención comunitarios) y para ejercicios anuales de preparación ante inundaciones (Liu et al., 2018). La experiencia demostró el inmenso potencial de estas herramientas combinadas para contribuir a la resiliencia comunitaria, al proveer datos críticos de exposición al riesgo y al involucrar a la gente en entenderlos y actuar en consecuencia. El mapeo participativo en biodiversidad y cambio climático ha permitido representar espacialmente problemas complejos de forma comprensible para todos. Ya sea un mapa de un barrio urbano marcando los “puntos calientes” de temperatura, o un mapa de un territorio indígena delineando áreas de alto valor de conservación, estos procesos tienen un efecto pedagógico y movilizador. Los mapas cuentan historias: la del coral desaparecido, la del bosque que retrocedió, la del arroyo que cada año trae más sedimentos. Contar estas historias en colectivo, con rigurosidad técnica y sensibilidad cultural, facilita que más actores se sumen a las soluciones. › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
69 Experiencias de mapeo participativo en Medellín: resiliencia desde las laderas Medellín, una ciudad que se ha expandido entre montañas, ofrece un contexto ejemplar de cómo el mapeo participativo puede articular saberes locales, tecnología abierta y estrategias de resiliencia urbana. Sus barrios de ladera (situados en las pendientes orientales y occidentales de la ciudad) concentran poblaciones históricamente vulnerables tanto por factores socioeconómicos como por riesgos ambientales (deslizamientos, inundaciones torrenciales). En la última década, organizaciones comunitarias y universidades locales han impulsado diversos proyectos de cartografía social en estas periferias, buscando construir memoria territorial, visibilizar desigualdades y mejorar la gestión del riesgo (Jiménez & Garcés, 2024). Uno de los procesos más significativos ha sido la Escuela de Mapeo de Iniciativas de Gestión del Riesgo y Adaptación al Cambio Climático en Laderas de Medellín5, gracias a una alianza entre el Hub de Mapeo Abierto de América Latina y el Caribe (LAC Hub) y la Universidad Autónoma Latinoamericana (UNAULA) –a través de su Centro de Estudios–, se ha realizado desde el año 2023 la Escuela de Mapeo de Terrritorios de Ladera. Las organizaciones participantes se han formado en el uso de herramientas de mapeo libre (OpenStreetMap, uMap, Organic Maps, etc.) y, acompañadas por facilitadores, desarrollaron cada una un proyecto cartográfico 5 https://pomotecestudios.unaula.edu.co/mapeo-poblaciones/ › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
70 de interés para su comunidad. Los temas de los mapas fueron diversos pero con un hilo común: reconocer y fortalecer los procesos locales para el buen vivir en entornos vulnerables. Algunos plasmaron la identidad y memoria comunitaria, otros se centraron en riesgos ambientales y resiliencia. Los resultados tangibles incluyeron una serie de mapas digitales participativos publicados en la web, construidos por los propios colectivos con datos abiertos. Por ejemplo, la Mesa de Vivienda de la Comuna 8 elaboró un Mapa de Gestión del Riesgo Comunitario, identificando puntos críticos de deslizamientos, viviendas en riesgo y también capacidades instaladas (comités comunitarios de emergencia, tanques de agua, etc.). Este mapa, además de su valor técnico, se convirtió en un potente instrumento político: la organización lo utilizó para posicionar su visión de gestión del riesgo ante instancias del gobierno local. Igualmente, en el barrio Lovaina, un colectivo barrial mapeó los inquilinatos (casas de vecindad precarias) donde se estaban vulnerando los derechos de niños y niñas, produciendo un mapa que sirvió para activar alertas tempranas y conseguir mayor atención del gobierno a esos entornos protectores. Estos ejemplos evidencian cómo, en Medellín, el mapeo participativo ha trascendido el papel de diagnóstico comunitario para convertirse en una forma de incidencia política desde la base. Junto a la incidencia, la experiencia de la Escuela de Mapeo dejó otros legados importantes. Se crearon metodologías participativas apropiadas al contexto local para enseñar cartografía libre: manuales adaptados, ejercicios lúdicos de mapeo en calle, “recorridos mapeados” por los barrios donde líderes comunitarios guiaban a estudiantes de cartografía a sitios emblemáticos. Este diálogo de saberes –la experticia técnica y la vivencia territorial– fue sistematizado, generando un cuerpo de conocimiento metodológico valioso para replicar en otras comunidades (Jiménez, 2023). Asimismo, se fortaleció una red de mapeadores comunitarios en Medellín: los activistas barriales que participaron formaron una pequeña comunidad que sigue colaborando, intercambiando datos y contribuyendo en la producción de nuevos mapeos. Esto es esencial para la sostenibilidad: el mapeo participativo no debe ser flor de un día, sino un proceso continuo, y en Medellín están emergiendo comunidades de práctica alrededor del mapeo participativo orientados a monitorear los riesgos permanentes que afrontan los territorios de ladera. ¿Por qué estos procesos han echado raíces en Medellín? Parte de la respuesta está en el contexto particular de las laderas. Estos barrios populares surgieron en gran medida por la llegada de población desplazada por el conflicto armado en Colombia durante las décadas de 1980 y 1990 (Jiménez & Garcés, 2024). Familias campesinas desarraigadas ocuparon las pendientes de la ciudad, construyendo asentamientos informales y trayendo consigo sus memorias, dolores y culturas. Durante años, estos sectores fueron estigmatizados y excluidos de la planificación oficial, considerados “zonas de conflicto urbano” por haberse formado al margen de la legalidad urbanística. En respuesta, las comunidades de ladera han reivindicado su derecho al territorio, luchando por servicios básicos, reconocimiento barrial y una narrativa distinta: la de la dignidad que emerge de la ladera (Garcés › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
71 & Jiménez, 2022). La cartografía social ha sido una herramienta en esa lucha, permitiendo construir colectivamente memorias del territorio y afirmar la presencia de estos barrios en el mapa de la ciudad con sus propios significados (Jiménez & Garcés, 2024). En Medellín, la articulación entre saber local y herramienta tecnológica se observa en pequeños detalles: jóvenes de la comunidad que antes dominaban solo lo básico de sus celulares, ahora usan aplicaciones como StreetComplete para añadir información al mapa abierto de su zona; bibliotecarias populares que participaron en proyectos de cartografía ahora incluyen mapas comunitarios en sus actividades culturales; funcionarios municipales que tradicionalmente confiaban solo en planos oficiales empiezan a consultar los mapas colaborativos producidos por las organizaciones, reconociendo su valor. Otras experiencias latinoamericanas destacadas Latinoamérica cuenta con un rico mosaico de iniciativas de mapeo participativo en diversos contextos. Además de los casos ya mencionados en México, Argentina, Perú, Brasil y Colombia, vale la pena resaltar brevemente algunas experiencias adicionales que ejemplifican la creatividad y diversidad de la cartografía social en la región: México – Mapatones comunitarios y geografía del cuidado: en Ciudad de México, tras el sismo de 2017, colectivos locales organizaron mapatones comunitarios para recopilar información de edificios dañados, refugios y centros de acopio, complementando los esfuerzos digitales globales con conocimiento local (Contreras & Bañuelos, 2018). Por otro lado, en la ciudad de Guadalajara, académicos y vecinos co-crearon el “Mapa de Cuidados”, un mapa colaborativo que identifica espacios seguros y recursos comunitarios para poblaciones vulnerables (como mujeres o adultos mayores) durante olas de calor y La experiencia de Medellín nos permite reconocer comunidades empoderadas que mapean sus territorios vulnerables, articulando su conocimiento con herramientas abiertas, logran incidir en políticas locales y a la vez construyen memoria y sentido de pertenencia. Las laderas, antes “invisibles” o estigmatizadas en los mapas oficiales, hoy se redibujan en mapas colaborativos cargados de significado social –mapas que cuentan historias de resistencia, solidaridad y esperanza en medio de la adversidad. › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
72 otras contingencias climáticas (García et al., 2021). Esto evidencia cómo el mapeo participativo en México ha abarcado tanto la gestión de desastres físicos como la atención a dimensiones sociales del riesgo. Argentina – Cartografías críticas urbanas: además del caso de Bahía Blanca, en Argentina existe una tradición de cartografía social urbana impulsada por colectivos como Iconoclasistas. Desde 2008, Pablo Ares y Julia Risler recorrieron ciudades latinoamericanas realizando talleres de mapeo colectivo con movimientos sociales, plasmando en grandes mapas problemáticas como la especulación inmobiliaria, la contaminación industrial o la falta de acceso a servicios en barrios populares (Risler & Ares, 2013). Esos talleres dieron voz gráfica a los reclamos vecinales y fomentaron la organización barrial. Un ejemplo concreto es la cartografía participativa de villas (barrios informales) en Buenos Aires, donde vecinos identificaron lugares clave de sus comunidades –comedores populares, conexiones de transporte– para incidir en políticas de mejoramiento urbano. Estas cartografías de lo invisible ayudaron a legitimar conocimientos tradicionalmente ignorados por los la planeación urbana institucional y visibilizar las injusticias socioespaciales en la ciudad (Di Virgilio et al., 2014). La experiencia argentina muestra la potencia del mapa como narrador de desigualdades y como herramienta de exigibilidad de derechos (vivienda, ambiente sano, transporte). Perú – Mapeo de riesgos en comunidades altoandinas: en zonas rurales de la sierra peruana, vulnerables a fenómenos como heladas y sequías vinculadas al cambio climático, ONGs locales han facilitado la elaboración de mapas parlantes. Estos mapas combinan dibujos y símbolos locales con información geográfica básica para representar riesgos climáticos y estrategias tradicionales de adaptación. Por ejemplo, en comunidades campesinas de Ayacucho se realizaron mapas participativos identificando fuentes de agua que se secaban cada vez más pronto (indicando stress hídrico), terrenos agrícolas afectados por plagas inusuales (asociadas a cambios de temperatura) y las prácticas ancestrales que utilizaban para afrontarlo. Al plasmar esto en mapas comunitarios, los campesinos pudieron comunicar mejor sus necesidades a agencias de desarrollo e incluso atraer proyectos de riego tecnificado en las zonas priorizadas (Maldonado & Apaza, 2019). Asimismo, en la Amazonía peruana, proyectos de mapeo en 3D con participación indígena –como el realizado en la Reserva Communal Amarakaeri– han servido para planificar la adaptación al cambio climático, identificando áreas donde la fluctuación del caudal de los ríos afecta la pesca o sitios donde reubicar cultivos más arriba ante inundaciones (UICN, 2018). Estas experiencias peruanas enfatizan la importancia de integrar el saber local (que a veces se expresa en formas no cartográficas, como calendarios agrícolas) con la cartografía, para una adaptación culturalmente pertinente. Brasil – Cartografía social de comunidades tradicionales: Brasil ofrece numerosos ejemplos, desde la cartografía participativa con pueblos indígenas hasta con comunidades quilombolas (descendientes de africanos esclavizados) y ribeirinhos (pobladores ribereños de la Amazonía). Un caso notable es el de la comunidad quilombola de Oriximiná, en el estado de Pará, que › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
73 mapeó su territorio tradicional en respuesta a concesiones mineras otorgadas sin consulta. Con apoyo de antropólogos, los quilombolas levantaron un mapa detallado de sus sitios de importancia (cementerios ancestrales, sitios sagrados, caminos de sus antepasados) que presentaron ante autoridades para exigir la protección de su territorio frente a la minería (Almeida, 2020). Por otro lado, en el nordeste de Brasil, las quebradeiras de coco babaçu –mujeres recolectoras del coco de babasú– han utilizado la cartografía social para delinear los “babaçuais” o bosques de babasú que utilizan, con el fin de respaldar leyes que les garanticen el libre acceso a estos recursos (Silva & Cury, 2017). Dado que muchas de estas tierras están en disputa con hacendados, el mapa colaborativo se convirtió en un herramienta política: demostró la extensa área de uso tradicional y fortaleció la identidad colectiva de las quebradeiras como guardianas del bosque. Estos ejemplos brasileños resaltan la dimensión de derechos colectivos en la cartografía social: al mapear, las comunidades tradicionales hacen visible su existencia y con ello su derecho a ser consultadas y a manejar sus propios recursos, un proceso apoyado por marcos internacionales como el Convenio 169 de la OIT (ratificado por Brasil en 2002). Cada país latinoamericano tiene sus matices en estas experiencias, pero subyace un patrón común: el mapa colaborativo sirve como lenguaje puente entre las comunidades y el Estado (o empresas, ONGs, academia). En contextos donde a veces faltan espacios de participación, el acto de mapear juntos crea un producto concreto y poderoso que habla por la comunidad. Como señala Almeida (2012), la cartografía social en América Latina pasó de ser una práctica marginal a una “metodología clave para representar la diversidad de expresiones culturales e identidades colectivas de los movimientos sociales”. Desde los mapas de riesgo hasta los mapas de sueños, estas experiencias latinoamericanas demuestran creatividad –por ejemplo, incorporar arte, teatro o recorridos sensoriales en los talleres de mapeo– y resiliencia ante contextos sociales difíciles. Constituyen un acervo de aprendizajes compartidos que trascienden fronteras: los procesos de México aprenden de lo hecho en Colombia, las ONGs andinas toman ideas de Brasil, etc., tejiendo una red continental de practicantes de la cartografía participativa. › Cartografía en movimiento » 4 Mapeo participativo para la atención de emergencias, la preservación de la biodiversidad y la adaptación al cambio climático
80 5 80 DATOS ABIERTOS COMO BIENES COMUNES: SOBERANÍA TERRITORIAL Y MAPEO COMUNITARIO En términos generales, un bien común es un recurso compartido por una colectividad con reglas de uso y gestión colaborativa. Cuando hablamos de conocimiento y datos como bienes comunes, ponemos énfasis en los intereses y necesidades compartidas de la sociedad, promoviendo la producción colaborativa, los recursos abiertos y de acceso público, la propiedad colectiva del conocimiento y formas de organización participativa que empoderen a la ciudadanía (Fuster Morell, 2017). En el ámbito de los datos abiertos, esto implica que la información geográfica –como mapas, datos catastrales, catastros comunitarios, etc.– se conciba no como mercancía privada ni como secreto estatal, sino como patrimonio común accesible para todos y gobernado con la participación de la gente. Considerar los datos abiertos geográficos como un bien común significa reconocer que el conocimiento del territorio debe pertenecer a quienes lo habitan. Este enfoque se nutre de la tradición de los commons o bienes comunes del conocimiento, donde se busca garantizar el acceso libre a la información y la posibilidad de intervenir en su producción sin requerir permisos de autoridades centralizadas (Fuster Morell, 2017).
81 Ahora bien, trasladar la noción de bien común al campo de la cartografía y los datos abiertos implica ciertos principios clave. En primer lugar, el acceso libre y la transparencia, lo que implica que los datos geográficos públicos deben estar disponibles en formatos abiertos para que cualquier persona o comunidad pueda consultarlos, utilizarlos y reutilizarlos. En segundo lugar, la participación colaborativa en la creación y mantenimiento de esos datos: al igual que en una huerta comunitaria todos contribuyen a sembrar y cosechar, en los datos abiertos cualquiera puede añadir o corregir información del mapa. Y en tercer lugar, la gobernanza compartida que define los acuerdos que orientan la forma en que se usan esos datos –por ejemplo licencias abiertas, políticas de actualización, mecanismos de validación– se definen de forma colectiva, buscando el beneficio común. Concebir los datos abiertos como bienes comunes exige una perspectiva de derechos. Así como el derecho al agua o al aire limpio se discute en términos de bienes comunes, varios movimientos abogan por el derecho a la información geográfica y al conocimiento libre del territorio como un derecho ciudadano. Desde esta perspectiva, los datos abiertos se articulan con el derecho al territorio y el derecho a la ciudad, reconociendo que disponer de información sobre el propio espacio de vida (por ejemplo mapas de barrios, equipamientos, riesgos) es condición para ejercer otros derechos como la participación, la planificación democrática o la exigibilidad de servicios (Jiménez & Garcés, 2024). En las siguientes secciones profundizaremos en cómo los datos abiertos fortalecen la soberanía territorial y tecnológica de las comunidades, fomentan la participación ciudadana en la gestión de sus entornos, y qué herramientas, experiencias y desafíos surgen en este apasionante campo del mapeo participativo y la cartografía social. Datos abiertos para la soberanía tecnológica y territorial Un principio central al tratar los datos abiertos como comunes es su contribución a la soberanía, entendida en dos dimensiones complementarias: la soberanía tecnológica y la soberanía territorial. La soberanía tecnológica se refiere a la capacidad de una comunidad o sociedad de apropiarse de las tecnologías digitales y usarlas de manera autónoma según sus necesidades e intereses, reduciendo dependencias de corporaciones o gobiernos externos. La soberanía territorial, por su parte, alude al control y autonomía que tienen las comunidades sobre la información y las decisiones relacionadas con su territorio –desde el conocimiento geográfico hasta la planificación del uso de la tierra–, fortaleciendo su derecho a habitar y gestionar ese espacio conforme a sus propias visiones y prioridades. En el contexto de los datos cartográficos, ambos tipos de soberanía van de la mano. Los datos abiertos proporcionan una base para que comunidades locales desarrollen sus propias soluciones tecnológicas (por ejemplo, mapas comunitarios, aplicaciones de monitoreo local) sin tener que depender › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
82 exclusivamente de plataformas privativas o de información filtrada por instancias centrales. Cuando una comunidad tiene acceso libre a datos de calidad de su entorno –mapas topográficos, catastros, datos ambientales, etc.– y dispone de herramientas abiertas para trabajarlos, gana independencia para diagnosticar sus problemas, proponer proyectos y negociar con autoridades desde un conocimiento de primera mano. Vale la pena contrastar este enfoque con la visión tradicional. Históricamente, la cartografía y los datos cartográficos han sido dominados por entidades estatales o corporativas; los mapas oficiales muchas veces omitieron asentamientos informales o representaron a comunidades periféricas como simples zonas de riesgo o áreas de intervención, sin reflejar la riqueza social allí existente (Jiménez & Garcés, 2024). En Medellín, por ejemplo, el Plan de Ordenamiento Territorial (POT) históricamente a considerado los asentamientos de ladera como “zonas de conflicto urbano” que degradan la ciudad, enfocando las intervenciones en controlar esos barrios más que en comprenderlos. Frente a ello, los habitantes de las laderas han reclamado su derecho al territorio y a la vida digna, produciendo contra-narrativas y datos propios que refutan la mirada institucional (Jiménez & Garcés, 2024). La cartografía social participativa ha sido una herramienta crucial en este proceso de resignificación del territorio: a través de mapas hechos colectivamente, las comunidades han visibilizado su presencia, memorias y aspiraciones, proyectando nuevas miradas sobre el territorio que las políticas urbanas tradicionales no alcanzaban a abarcar (Jiménez & Garcés, 2024). Según documentan Jiménez y Garcés (2024), estas experiencias de diálogo de saberes mediante cartografía social han permitido la difusión de imaginarios y propuestas comunitarias –asociadas al buen vivir, la memoria local y el derecho al territorio– que antes eran invisibles en la planeación urbana oficial. Cuando una comunidad dispone de las herramientas y datos para mapear por sí misma, se apropia de la tecnología en sus propios términos (por ejemplo, adaptando un proyecto de mapeo a su cultura local, a su lenguaje y simbología propia). Y cuando esa comunidad logra que sus mapas y datos incidan en decisiones (planes de ordenamiento, presupuestos participativos, protocolos de emergencias, etc.), está ejerciendo soberanía territorial al hacer valer su conocimiento local frente a visiones externas. En la práctica, ambos aspectos se refuerzan mutuamente en tanto sin autonomía tecnológica no hay autonomía informativa del territorio, y viceversa. Los datos abiertos potencian la soberanía porque democratizan el acceso a la tecnología y al conocimiento necesario para mapear, mientras que potencian la soberanía territorial porque devuelven a las comunidades el protagonismo sobre la información de sus espacios de vida. › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
83 Empoderamiento ciudadano y gestión comunitaria del territorio La apertura de datos geográficos encuentra su sentido más transformador cuando va acompañada de procesos de empoderamiento y participación comunitaria. El mapeo participativo y la cartografía social son metodologías que justamente aprovechan datos abiertos y herramientas accesibles para involucrar a las personas en el análisis y planificación de su territorio. En lugar de mapas producidos únicamente por técnicos o agencias, la cartografía participativa propone que la comunidad misma construya el conocimiento espacial, integrando sus saberes, percepciones y experiencias cotidianas en los datos (Córdoba & González, 2016). De este modo, los mapas dejan de ser documentos lejanos para convertirse en procesos democráticos de construcción de conocimiento, donde cada vecino puede aportar identificando problemas, recursos y propuestas sobre el terreno que conoce de primera mano. La gestión comunitaria del territorio se refiere a la capacidad de los colectivos locales para incidir directamente en cómo se administra, usa y cuida el espacio que habitan. Sin información adecuada, esta gestión resulta difícil: ¿cómo priorizar soluciones si no se conocen bien las condiciones del barrio? ¿cómo negociar con las autoridades sin datos que respalden las demandas? Aquí es donde la participación apoyada en datos abiertos marca la diferencia. Por ejemplo, mediante talleres de mapeo colectivo, una comunidad puede levantar un catastro propio de los equipamientos de su zona (ubicando escuelas, puestos de salud, zonas sin alumbrado, etc.) › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario Mapa de impactos deslizamiento Vereda Granizal: https://umap.hotosm.org/es/map/deslizamiento-vereda-granizal_1287
84 y simultáneamente debatir las necesidades detectadas. El mapa resultante sintetiza el diagnóstico participativo y puede presentarse luego a las instituciones como voz colectiva del barrio. Así, los datos abiertos alimentan la participación, y la participación a su vez enriquece los datos con la dimensión social que solo la gente local conoce. Un elemento fundamental en este vínculo entre datos abiertos y participación es el diálogo de saberes. Las metodologías participativas buscan articular el conocimiento técnico con el saber local. Por un lado, se acerca a la comunidad herramientas y datos antes exclusivos (capacitándoles en su uso); por otro lado, se integran sus percepciones, historias y aspiraciones –aspectos que ningún dato “duro” refleja por sí solo–. Así se construye un conocimiento integral del territorio. Una vez que la comunidad dispone de sus propios datos y mapas, puede usarlos para planificar acciones locales: desde jornadas de limpieza en puntos críticos identificados hasta la organización de comités de emergencia en zonas vulnerables ante riesgos. La combinación de datos abiertos más empoderamiento ciudadano conduce a una gestión comunitaria del territorio más democrática, informada y efectiva. Donde antes había opacidad y exclusión –los mapas oficiales solo en manos de expertos– ahora puede haber transparencia e inclusión –los mapas abiertos hechos con y para la gente–. Esto transforma la relación entre comunidad y territorio, pasando de ser sujetos pasivos de planes ajenos a protagonistas activos en la construcción de la planeación e incidencia sobre sus territorios. Desafíos, barreras y tensiones en torno a los datos abiertos comunitarios A pesar de los beneficios y casos de éxito, la construcción de datos abiertos como bienes comunes enfrenta diversos desafíos y tensiones que es necesario reconocer y abordar: Brecha digital y acceso desigual: no todas las comunidades ni personas tienen la misma capacidad para acceder y utilizar las herramientas digitales de mapeo. Las desigualdades socioeconómicas se traducen en diferencias de conectividad, disponibilidad de dispositivos y en niveles de alfabetización digital. En América Latina, por ejemplo, las poblaciones rurales, de bajos ingresos o ciertos grupos (mujeres, adultos mayores) tienen menos presencia en plataformas como OSM, lo que se traduce en una sub-representación de sus territorios en los datos abiertos (OGP, 2021). Sin esfuerzos deliberados de inclusión, los datos abiertos podrían terminar empoderando más a quienes ya tenían ventajas tecnológicas –profesionales urbanos, ONG internacionales, etc.– que a las comunidades locales que se pretende beneficiar (Gurstein, 2011). Además, como señala Cañón Romero (2024), el acceso desigual a la tecnología y la falta de alfabetización digital limitan el potencial de los datos abiertos en ciertas regiones. › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
85 Superar esta brecha requiere iniciativas de alfabetización digital crítica (enseñar no solo a usar herramientas, sino a entender su lógica) y mejorar la infraestructura básica de conectividad en zonas marginadas. También implica adaptar las metodologías: por ejemplo, utilizar metodologías de mapeo análogas (con papel y lápiz) como paso previo, o emplear tecnologías apropiadas de bajo costo (GPS básicos, aplicaciones offline) en aquellos territorios en los que la brecha digital y el acceso a condiciones de conectividad es mayor. Apropiación institucional y riesgo de cooptación: existe la tensión de que las instituciones –gubernamentales o incluso empresas– se apropien del discurso y los productos de los datos abiertos comunitarios de manera que diluya o distorsione su espíritu de bien común. Un primer aspecto es el cooptar la narrativa: muchas entidades públicas hablan ahora de participación y datos abiertos, pero en la práctica pueden usar esas instancias solo de forma cosmética (p.ej., hacer mapatones participativos para legitimar decisiones ya tomadas, sin dar seguimiento real a los aportes ciudadanos). Esto puede frustrar a las comunidades y banalizar la participación si no se traduce en cambios sustanciales. Otro aspecto es la absorción de los datos: por ejemplo, puede ocurrir que datos generados voluntariamente por la comunidad terminen integrados en sistemas oficiales sin reconocimiento ni retribución, o peor, que luego se restrinja su acceso. La filosofía de bienes comunes implica reconocer los aportes colectivos y mantenerlos abiertos; por tanto, es necesario establecer protocolos y licencias claras cuando se colabora con instituciones, para garantizar que la información siga siendo un bien común. Sostenibilidad y continuidad comunitaria: muchos proyectos de mapeo abierto inician con entusiasmo (a veces apoyados por una ONG o un financiamiento temporal) pero luego enfrentan la dificultad de mantener la actividad en el largo plazo. Actualizar datos es una tarea continua; un mapa se desactualiza rápidamente si nadie lo sigue alimentando. Las comunidades pueden desgastarse si no ven resultados tangibles o si los líderes capacitados se alejan. Además, las dinámicas de participación son cíclicas: pueden surgir nuevas prioridades en la comunidad que releguen el tema del mapeo. Para sostener estos procesos se requieren estrategias como: institucionalizar los grupos de mapeo (ej., integrarlos a la Junta de Acción Comunal), formar relevo generacional (jóvenes mapeadores que den continuidad), nutrir alianzas con universidades u otras organizaciones que brinden acompañamiento técnico periódico, y sobre todo asegurar que el mapeo se integre en las prácticas cotidianas de la comunidad (que sirva a sus proyectos productivos, educativos, culturales, etc., y no sea un elemento aislado). También es importante la sostenibilidad financiera: aunque las herramientas son libres, a veces se requiere invertir en salidas de campo, impresiones de mapas, internet, etc. Las iniciativas de mapeo y gestión de los datos necesita algún grado de apoyo (financiamiento local, presupuestos participativos, donaciones) para subsistir sin depender de un solo proyecto. Un punto crítico › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
86 es la retroalimentación del uso de los datos. Si la comunidad ve que sus datos abiertos son aprovechados –por ellos mismos u otros– para generar mejoras, habrá mayor incentivo a continuar. Por ejemplo, si un mapa comunitario sobre salud es usado por una ONG para montar una brigada médica en el barrio, los vecinos perciben valor y estarán más dispuestos a mantener actualizado ese mapa. Calidad de datos y tensiones de legitimidad: otro desafío es asegurar que los datos abiertos comunitarios tengan calidad suficiente y sean considerados legítimos por actores externos. A veces se cuestiona la precisión de los datos voluntarios frente a los recopilados por profesionales. Si bien múltiples estudios han mostrado que OSM y otras iniciativas alcanzan gran exactitud gracias al control social y la localización del conocimiento, es útil combinar métodos para mejorar calidad: validaciones cruzadas, capacitación técnica constante, y apertura a correcciones. Una tensión relacionada es la diferencia entre conocimiento local y oficial: puede haber discrepancias (ej. un barrio que la comunidad llama “El Mirador” pero oficialmente es parte de otro barrio con distinto nombre). Estas diferencias deben manejarse con cuidado para no › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
87 invalidar la voz local; de hecho, parte de la riqueza de los datos comunes es incluir toponimia y categorizaciones propias junto a las oficiales. Un mapa comunitario puede, por ejemplo, tener ambos nombres o incluir glosarios que expliquen la terminología local. La legitimidad de los datos abiertos crece cuando se establecen colaboraciones horizontales con técnicos gubernamentales, donde estos entienden el valor agregado de la información comunitaria en lugar de despreciarla. Académicos aliados también pueden jugar un rol validando metodologías para dar mayor respaldo (por ejemplo, avalando que un censo participativo de viviendas se hizo con rigor). No obstante, es importante que la búsqueda de legitimidad no sacrifique la autonomía discursiva: los datos comunes deben poder mostrar realidades incómodas aunque contradigan narrativas oficiales. Aquí puede haber tensiones políticas –por ejemplo, mapas que evidencian ausencia estatal en ciertas zonas pueden molestar a autoridades–. En tales casos, las comunidades han de prepararse para defender sus datos y la veracidad de su experiencia, apoyándose en redes más amplias (coaliciones de ONG, prensa independiente) para dar a conocer sus hallazgos y evitar que sean silenciados. Tensiones éticas y de privacidad: un tema emergente es qué tan “abiertos” deben ser ciertos datos sensibles. Mapear todo abiertamente puede exponer información sobre grupos vulnerables (ubicación exacta de comunidades indígenas, o de personas en situación de riesgo) que mal utilizada podría causar daño. Por ejemplo, la publicación abierta de un asentamiento informal podría, en teoría, facilitar una futura acción de desalojo si cae en manos de actores con ese interés. Por ello, las comunidades deben debatir qué datos compartir públicamente y cuáles manejar con reservas. Las perspectiva de los bienes comunes no implica obligatoriamente que todo deba ser público al 100%; implica sobre todo autogestión colectiva de la información. Algunas comunidades optan por crear niveles de acceso: comparten abiertamente la información general (ej. límites del asentamiento), pero cierto detalle (ej. nombres de residentes) lo guardan para uso interno. Afortunadamente, las herramientas libres suelen permitir ese control (por ejemplo, en uMap se puede publicar un mapa con ciertos campos anonimizados). La clave es el consentimiento y la autonomía: que la propia comunidad decida qué datos abrir y entienda las implicaciones. La alfabetización crítica incluye discutir estos aspectos de privacidad y seguridad de los datos. En suma, los desafíos alrededor de los datos abiertos comunitarios nos recuerdan que la tecnología y la apertura no son una panacea automática. Sin equidad en el acceso, sin genuina voluntad política de escuchar, sin continuidad en el esfuerzo comunitario, los proyectos pueden decaer. Sin embargo, conocer estas barreras permite enfrentarlas. Muchos de los proyectos mencionados han implementado estrategias creativas para superarlas, desde telecentros comunitarios que brindan internet gratis para mapeadores hasta convenios donde el gobierno local devuelve algún apoyo a cambio de la información (por ejemplo, proporcionando ortofotos aéreas actualizadas para que la comunidad las use). Lo importante es mantener el horizonte del bien común: que las soluciones a estos problemas se busquen colectivamente y con el objetivo de fortalecer, no debilitar, la naturaleza abierta y colaborativa de los datos. › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
88 Hacia la alfabetización digital crítica, la autonomía de los datos y el conocimiento libre Frente a los retos anteriores, se vislumbra una necesidad transversal: desarrollar una alfabetización digital crítica en las comunidades y una cultura de autonomía en la gestión de datos, apoyada en infraestructuras de conocimiento libre. Este último apartado reflexiona sobre por qué estos elementos son fundamentales para consolidar los datos abiertos como bienes comunes en el largo plazo. Alfabetización digital crítica: significa ir más allá de enseñar simplemente a usar herramientas digitales; implica formar ciudadanas y ciudadanos que comprendan los ecosistemas digitales, sus dinámicas de poder y cómo interactuar con ellos de manera soberana. Como plantea una agenda latinoamericana hacia un futuro digital justo, es vital educar “para la soberanía y la autonomía y no para el consumo mercantil” de la tecnología (CLADE, 2023). En el contexto del mapeo y los datos abiertos, esto implica que los participantes de proyectos aprendan no solo a editar un mapa, sino también a cuestionar de quién son las plataformas, cómo se protegen sus datos personales, qué licencias existen, cómo evitar sesgos o malas interpretaciones de los datos, etc. Una comunidad con alfabetización digital crítica sabrá, por ejemplo, exigir que sus mapas no sean utilizados sin permiso para fines contrarios a sus intereses, o decidir migrar a una plataforma autogestionada si la que usaban empieza a imponer restricciones. También tendrá mayor capacidad para innovar con las herramientas: cuando se entiende la lógica, se pueden combinar aplicaciones, crear nuevas soluciones, hackear dispositivos para adaptarlos al contexto local, etc. Ligado a lo anterior está la construcción de una cultura de autonomía de los datos. Autonomía de los datos significa que las comunidades tienen la potestad y control de sus datos y que las orientaciones para su manejo no depende de directrices externas. En términos concretos, esto puede reflejarse en prácticas como: almacenar copias locales de los datos recolectados (no confiar exclusivamente en la nube de alguien más), montar servidores comunitarios o repositorios propios cuando sea posible, usar preferentemente servicios descentralizados (por ejemplo, optar por redes sociales libres para difundir sus mapas en lugar de solo las corporativas), y definir protocolos de gobernanza para decidir sobre sus datos. Una propuesta interesante proveniente de movimientos sociales es considerar que los datos comunitarios pertenecen por defecto a la comunidad que los genera –incluso aunque sean abiertos–, en el sentido de que esa comunidad conserva ciertos derechos morales sobre su uso (CLADE, 2023). Por ejemplo, se sugiere reconocer legalmente que los datos anonimizados emanados de comunidades son bienes comunes y que los derechos patrimoniales sobre ellos pertenecen a dichas comunidades › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
89 (CLADE, 2023). Esto no se opone a que sean abiertos, sino que busca evitar la privatización o explotación unilateral de los mismos. Sería un cambio de paradigma: así como existen licencias Creative Commons que protegen obras culturales compartidas, podría haber marcos que garanticen que los data commons sigan siendo gestionados en beneficio colectivo. Conocimiento libre: nos referimos tanto a la infraestructura tecnológica (software, hardware, redes) como a la social (redes de personas, comunidades de práctica) que sostienen el ecosistema de datos abiertos. Una infraestructura de conocimiento libre robusta en Latinoamérica incluiría: servidores locales y regionales que alojen copias de datos abiertos importantes (para no depender solo de servidores en Norteamérica o Europa), conectividad comunitaria (redes, telecentros) que garantice el acceso en territorios remotos, desarrollo de software en idiomas locales (por ejemplo, editores de mapas en lenguas indígenas), financiamiento a proyectos open source relevantes (como OSM, QGIS, etc., que muchas veces operan con voluntarios y donaciones), y espacios de encuentro e intercambio de experiencias (conferencias, hackatones, “mapa-thons” regionales). Cabe destacar el rol de los hubs de innovación cívica: en la región se han creado nodos como el Hub de Mapeo Abierto para América Latina1 y el Caribe (HOTOSM) que apoyó el proyecto de Medellín, o iniciativas como Abrelatam2, donde activistas de datos abiertos comparten lecciones. Estas redes son parte de la infraestructura social que mantiene vivo el movimiento, actuando como soporte a las 1 https://www.hotosm.org/hubs/hub-mapeo-abierto-latam-caribe/ 2 https://www.facebook.com/ABRELATAM/?locale=es_LA comunidades de base. También hay que mencionar las universidades públicas y centros de investigación locales que adoptan licencias abiertas y promueven ciencia ciudadana; su apoyo técnico es valioso para dar continuidad y rigurosidad a los esfuerzos comunitarios. El camino hacia considerar plenamente los datos abiertos como bienes comunes pasa por empoderar a las comunidades no solo con datos sino con capacidad crítica y autónoma para manejarlos. Esto requiere cambios educativos (incluir alfabetización digital crítica en programas formales y populares), políticos (marcos que reconozcan la propiedad común de ciertos datos), y fortalecimiento de las redes de colaboración. › Cartografía en movimiento » 5 Datos abiertos como bienes comunes: soberanía territorial y mapeo comunitario
96 Apropiación tecnológica y soberanía digital: un objetivo transversal fue que las comunidades se apropiaran de la tecnologías libres que hacen posible el mapeo participativo, derribando barreras técnicas y alcanzando una cierta soberanía digital. El uso de software libre y datos abiertos (OSM, uMap, Taskin Manager, etc.) fue deliberado: se evitó depender de herramientas privativas para que los mapeadores comunitarios pudieran continuar por sí mismos el trabajo después del proyecto. La Escuela fomentó la alfabetización digital cartográfica: muchos líderes barriales que al inicio desconocían estas herramientas, terminaron el proceso capacitados para levantar y gestionar datos geográficos de su comunidad. Esta apropiación tecnológica se tradujo en empoderamiento local: la cartografía dejó de ser vista como algo lejano o exclusivo de expertos, para convertirse en un instrumento cotidiano al alcance de la comunidad para diagnosticar problemas, planificar intervenciones y exigir derechos. Cabe destacar que la combinación de estos principios –geografía crítica, pedagogía popular y soberanía digital– hizo de la Escuela de Mapeo un proyecto singular en Medellín. Se cultivó una perspectiva crítica sobre la ciudad, a la vez que se brindaron herramientas prácticas y se facilitó un proceso educativo incluyente. Como lo expresaron los organizadores, la iniciativa buscó “visibilizar las realidades y la configuración de sus territorios [de ladera], y avanzar en el reconocimiento de las potencialidades de las herramientas de OpenStreetMap como una alternativa de incidencia política”. (Jiménez, 2024). › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín
97 Proyectos de mapeo para la gestión del riesgo realizados Vereda La Loma, Corregimiento de San Cristobal » Convergentes La Loma https://umap.hotosm.org/es/map/ vereda-la-loma_666 A continuación se presentan los proyectos de mapeo y las respectivas organizaciones que los desarrollaron; además del enlace a cada uno de los mapas creados. Mapa Vereda Granizal » Maestría en Educación y Derechos Humanos, Centro de Estudios POMOTE y organizaciones Vereda Granizal https://umap.hotosm.org/es/ map/mapeo-granizal-10julio_377 Mapa Ladera Oriental Comuna 8 » Centro de Estudios POMOTE https://umap.hotosm.org/es/map/ ladera-comuna-8_medellin_693 Mapa Ladera Oriental, Comunas 1 y 3 » Centro de Estudios POMOTE https://umap.hotosm.org/es/map/ladera-oriental-comunas-1-y-3_696 Mapeo del barrio Altos de la Torre de la Comuna 8 de Medellín » Ciudad en movimiento https://umap.hotosm.org/es/map/ altos-de-la-torre_697 › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín Mapa del barrio La Divisa Comuna 13 de Medellín » Psicólogas y Psicólogos sin Fronteras https://umap.hotosm.org/es/map/ barrio-la-divisa_663 Mapa Medellín perímetros de inclusión » Construcción colaborativa organizaciones participantes https://umap.hotosm.org/ es/map/perimetros-deinclusion_436
98 Proyectos de mapeos participativos realizados en uMAP Mapa de relaciones Academia-Comunidad en el Departamento de Antioquia Centro de Articulación para la Innovación y la Transformación Social - UdeA https://umap.openstreetmap.fr/es/map/mapeocentro-de-articulacion_979019#12/6.1982/-75.5986 Mapa de vulnerabilidad y entornos protectores para niñas y niños del barrio Lovaina - Medellín Corporación Primavera https://umap.openstreetmap.fr/es/map/barrio-sanpedro-lovaina_973952#16/6.2665/-75.5568 Mapa de iniciativas culturales juveniles de paz de la ciudad de Medellín Secretaría de la Noviolencia Alcaldía de Medellín https://umap.openstreetmap.fr/es/map/ iniciativas-de-paz_971908#12/6.2798/-75.5492 Mapa de rutas de Graffiti de la Comuna 14 de Medellín Centro Cultural Cinco Sentidos https://umap.openstreetmap.fr/en/map/circuito-de-murales-ystreet-art-el-poblado-medell_979552#17/6.20966/-75.56768 Mapa Red de Bibliotecas Públicas y Comunitarias de Medellín Biblioteca Pública Piloto https://umap.openstreetmap. fr/en/map/biblioteca-publicapiloto-presencia-y-recursosde-_953003#12/6.2692/-75.5324 Mapa de conflictos socioambientales alrededor del río Medellín Semillero Redsa Universidad de Antioquia http://u.osmfr.org/m/978033/ Mapa de la oferta cultural alternativa de la ciudad de Medellín Grupo de Investigación Gipsi - UdeA https://umap.openstreetmap.fr/es/ map/espacios-artisticos-de-medell in_975091#13/6.2771/-75.5769 › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín
99 Impactos generados En sus tres años de trayectoria, la Escuela de Mapeo ha logrado impactos significativos, tanto tangibles como intangibles, en las comunidades locales y en la ciudad en general. Entre los resultados tangibles, destaca la producción de una serie de mapas colaborativos abiertos que documentan diversos aspectos de los barrios de ladera. Estos mapas –disponibles en la plataforma web del POMOTE1– abarcan temáticas cruciales identificadas por las propias comunidades: desde mapas de riesgos ambientales (zonas propensas a deslizamientos, , estructuras vulnerables) hasta mapas de recursos comunitarios, pasando por cartografías de la memoria e identidad barrial (lugares históricos, murales, sitios simbólicos de resistencia) e incluso mapas sociales sobre problemáticas como seguridad y condiciones de vivienda. Cada uno de ellos fue realizado de forma participativa por los habitantes, reflejando una lectura comunitaria del territorio. En total, se han co-creado 15 mapas digitales –al menos uno por cada organización participante– que ahora enriquecen el acervo cartográfico abierto de Medellín. Esta producción cartográfica colectiva no tiene precedentes recientes en la ciudad, y representa un legado de datos abiertos generado desde las comunidades. Más allá de los mapas en sí, los impactos sociales han sido notables. En primer lugar, las comunidades de ladera lograron 1 https://pomotecestudios.unaula.edu.co/mapeo-poblaciones/?playlist=1bc23e4&video=f75d726 posicionar sus problemáticas en la agenda pública local gracias a la cartografía. Los mapas creados no quedaron como meros ejercicios prácticos, sino que fueron utilizados activamente en procesos de incidencia y participación ciudadana. Los mapas producidos por la Escuela de Mapeo han trascendido el papel y la pantalla: se han convertido en herramientas vivas de cambio social. Han sido utilizados en mesas de trabajo comunitarias, en espacios de planeación participativa y en diálogos con la administración municipal. Los liderazgos locales reportan que ahora cuentan con “pruebas visuales” para respaldar sus reivindicaciones – el mapa les ha dado una voz más fuerte y clara. Aprendizajes y legado Los aprendizajes acumulados y el legado que deja la Escuela de Mapeo son quizá su aporte más perdurable. Más allá de los resultados inmediatos, el proceso generó cambios cualitativos en las capacidades y relaciones de los participantes, sembrando semillas para futuros esfuerzos de cartografía social en territorios de ladera y otras zonas de la ciudad de Medellín En cuanto a aprendizajes metodológicos, la Escuela logró sistematizar un conjunto de metodologías participativas de mapeo que pueden ser replicadas. A lo largo de los talleres y recorridos, se documentaron las dinámicas que mejor funcionaron –por ejemplo, los recorridos territoriales, las jornadas de validación de › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín
100 campo, los procesos de intercambio de experiencias entre las organizaciones sociales participantes. Estas metodologías han sido recogidas en guías prácticas y manuales al interior del proyecto, con la aspiración de divulgarlas para un público más amplio. De hecho, uno de los productos finales previstos es un manual de enseñanza cartográfica popular, compilando la experiencia de Medellín con referentes teóricos (Milton Santos, Iconoclasistas, etc.) y ejercicios paso a paso. Este tipo de recurso podrá servir a otras comunidades y educadores que deseen emprender procesos similares de mapeo participativo en contextos urbanos vulnerables. El legado humano y organizativo es igualmente importante. La Escuela consolidó una red local de “mapeadores comunitarios”: al finalizar el proyecto, quedó establecida una comunidad de práctica integrada por líderes de diferentes barrios que comparten la motivación por seguir mapeando colaborativamente. Estos mapeadores y mapeadoras, ahora con experiencia y habilidades fortalecidas, continúan vinculados entre sí más allá del acompañamiento inicial, apoyándose para nuevos proyectos de cartografía social. Se generó así una suerte de alianza horizontal entre barrios de distintas comunas articulados por el interés común en el territorio. Esta red › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín
101 Este capítulo del libro plantea, a través de la experiencia de Medellín, una potente premisa: los mapas hechos por la gente no solo registran calles y casas, también cuentan historias, revelan injusticias y promueven cambios. El legado de la Escuela de Mapeo reside en haber encendido esa chispa cartográfica en las laderas – una cartografía vital porque nace de la vida comunitaria – cuyos alcances empiezan a sentirse en políticas más inclusivas, comunidades más conectadas y un mayor reconocimiento de los territorios populares en la construcción de la ciudad. › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín espontánea ha empezado a participar en eventos de ciudad (por ejemplo, presentando sus mapas en foros comunitarios y académicos), mostrando que el proceso sembró capacidad instalada en Medellín para la cartografía crítica. Como indican los facilitadores, “esperamos que esta experiencia formativa aporte al fortalecimiento de las prácticas de mapeo en plataformas de cultura libre en los procesos sociales de Medellín, para seguir avanzando en el reconocimiento de las realidades territoriales […] y la identificación de barrios y sectores que no alcanzan aún a ser reconocidos por la cartografía institucional” (Entrevista a Leonardo Jiménez, Director Centro de Estudios POMOTE – 2024). Finalmente, la experiencia de la Escuela de Mapeo en las laderas de Medellín trasciende su propio ámbito y se erige como un caso inspirador a escala regional. Ha demostrado en la práctica cómo el mapeo participativo, cuando se sustenta en un enfoque crítico y en herramientas tecnológicas apropiadas, puede articular distintos actores – comunidad, academia, organizaciones civiles e incluso gobierno – en pos de la defensa y mejoramiento del territorio. El proceso integró conocimiento local y ciencia abierta, jóvenes universitarios con líderes barriales, datos duros con memorias vivas, reivindicando el derecho a mapear de quienes habitan los márgenes de la ciudad.
102 Referencias bibliográficas Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios – POMOTE & Humanitarian OpenStreetMap Team – HOT. (2023). Mapeo de iniciativas de gestión del riesgo y adaptación al cambio climático en laderas de Medellín. Medellín: Escuela de Mapeo POMOTE-HOT. Centro de Estudios con Poblaciones, Movilizaciones y Territorios – POMOTE & Humanitarian OpenStreetMap Team – HOT. (2023). Balance general Escuela de Mapeo de Laderas. Medellín: Escuela de Mapeo POMOTE-HOT. [Archivo Excel] Iconoclasistas. (2013). Manual de mapeo colectivo. Buenos Aires: Ediciones Iconoclasistas. https://iconoclasistas.net/mapas/manual-de-mapeo-colectivo/ Milton Santos. (2000). Por uma outra globalização: do pensamento único à consciência universal. Rio de Janeiro: Record. Risler, J., & Ares, P. (2013). Cartografías del conflicto: estrategias de investigación y acción colectiva. En Iconoclasistas (Eds.), Cazando dragones: cartografías del conflicto urbano (pp. 17–35). Buenos Aires: Tinta Limón. Grupo de Trabajo sobre Cartografía Social. (2015). La cartografía social como alternativa de conocimiento crítico. Bogotá: Universidad Nacional de Colombia. HOT. (2022). Manual de uso de uMap. Humanitarian OpenStreetMap Team. HOT. (2023). Manual de uso detallado de OpenStreetMap. Humanitarian OpenStreetMap Team. HOT. (2023). Manual de uso de Tasking Manager. Humanitarian OpenStreetMap Team. › Cartografía en movimiento » 6 Caso de estudio. Cartografías vitales - La Escuela de Mapeo en Laderas de Medellín