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Las musas suben a la tribuna. Visibilidad y autoridad de las mujeres en el Ateneo de Madrid (1882-1939)

Ezama Gil, María de Los Ángeles

Abstract

394 págs. Ciencias Sociales y Humanidades, 19.

Full text

Las musas suben a la tribuna Visibilidad y autoridad de las mujeres en el Ateneo de Madrid (1882-1939) Ángeles Ezama Gil Ángeles Ezama Gil es profesora de Literatura Española en la Universidad de Zaragoza. Sus primeras investigaciones versaron sobre el cuento en la prensa periódica (El cuento de la prensa y otros cuentos, 1992: Clarín, Cuentos, 1997) y sobre epistolarios (responsable de la edición de la Correspondencia de Juan Valera junto con Leonardo Romero Tobar y Enrique Serrano Asenjo, 2002-2009). Desde hace más de 15 años se dedica a la investigación sobre las escritoras españolas contemporáneas, en particular Emilia Pardo Bazán y Gertrudis Gómez de Avellaneda (ed. de Memorias y otras páginas, 2015). También son objeto de su interés la educación femenina (La educación de la mujer a comienzos del siglo XX. El Centro Iberoamericano de cultura popular femenina (1906-1926), 2015), los salones femeninos, las relaciones entre escritoras de diversas latitudes, las mujeres como conferenciantes, los géneros literarios cultivados por las mujeres: la autobiografía (La infanta Eulalia de Borbón. Vivir y contar la vida, 2009), las cartas o el periodismo. Sobre todos ellos ha publicado numerosos trabajos académicos. Las musas suben a la tribuna Visibilidad y autoridad de las mujeres en el Ateneo de Madrid (1882-1939) Colección Ciencias Sociales y Humanidades, 19 Director de la colección: Ciencias Sociales y Humanidades Gonzalo Capellán de Miguel Consejo científico M.ª Begoña Arrúe Ugarte Universidad de La Rioja Sally Faulkner University of Exeter, Reino Unido Noemí Goldman Universidad de Buenos Aires, Argentina Ana Isabel González González Universidad de Oviedo Andrés Hoyo Aparicio Universidad de Cantabria John Christian Laursen University of California at Riverside, EE.UU. Juan Ignacio Palacio Morena Universidad de Castilla-La Mancha Isidoro Reguera Pérez Universidad de Extremadura Leonardo Romero Tobar Universidad de Zaragoza Jaume Roselló Mir Universitat de les Illes Balears La colección, en julio de 2017, ha obtenido el sello de calidad en edición académica CEA, con mención de internacionalidad, promovido por la UNE y avalado por ANECA y FECYT Las musas suben a la tribuna Visibilidad y autoridad de las mujeres en el Ateneo de Madrid (1882-1939) Ángeles Ezama Gil 2018 Esta obra ha sido sometida a evaluación externa, aprobada por el Consejo Científico y ratificada por el Comité Editorial de acuerdo con el Reglamento de genueve ediciones. Diseño de la colección y de la cubierta: genueve ediciones por J. A. Perona Maquetación: Kadmos © Ángeles Ezama Gil © de esta edición: genueve ediciones I.S.B.N.: 978-84-945814-7-2 (rústica) I.S.B.N.: 978-84-945814-8-9 (pdf) D.L.: LR 1626-2018 DOI https://doi.org/10.5281/zenodo.14858748 Impresión: Kadmos Hecho en España (U. E.) - Made in Spain, 2018 EZAMA GIL, M.ª de los Ángeles Las musas suben a la tribuna : visibilidad y autoridad de las mujeres en el Ateneo de Madrid (1882-1939) / M.ª de los Ángeles Ezama Gil. – [Logroño, etc.] : Genueve Ediciones, 2018. 394 p. ; 24 cm. – (Ciencias Sociales y Humanidades ; 19) ISBN 978-84-945814-7-2 (rústica) ISBN 978-84-945814-8-9 (pdf) 1. Ateneo de Madrid. 2. Mujeres. 3. Historia. 4. España. 5. Siglos XIX-XX. I. Título. II. Serie. 061.22(460.27M.)(091)“18/19” 930.8-055.2(460)“18/19” JBSF1 – THEMA 1.0 JBCC – THEMA 1.0 1DSE – THEMA 1.0 3MN-ES-A – THEMA 1.0 Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional 7 Índice Introducción ............................................................................................... 11 Capítulo 1. Entrando en materia ................................................................. 17 1.1. Algunos testimonios sobre la presencia de las mujeres en el Ateneo madrileño ................................................................................................ 17 1.2. Un poco de historia ................................................................................ 22 1.3. Los Ateneos femeninos .......................................................................... 26 Capítulo 2. Las mujeres en el Ateneo: Socias. Cargos representativos ............. 31 2.1. Mujeres que fueron socias del Ateneo hasta 1939 .................................. 31 2.2. Una mujer en la Junta directiva: Clara Campoamor ............................... 36 2.3. Emilia Pardo Bazán: La Escuela de Estudios Superiores. La presidencia de la sección de Literatura ............................................................................ 37 2.4. Cargos representativos: Las secciones ..................................................... 45 Capítulo 3. Lectoras y oyentes ..................................................................... 51 3.1. El público femenino en el Ateneo: Presencia y espacios ............................ 55 3.2. Las mujeres leen poesía en el Ateneo ..................................................... 58 3.3. Lecturas en prosa .................................................................................... 64 Capítulo 4. Las conferencias: Conferenciantes españolas .............................. 67 4.1. Discursos, conferencias, lecturas ............................................................. 67 4.2. Las conferencias ..................................................................................... 70 4.3. Mujeres oradoras: Un poco de historia ................................................... 74 4.4. Conferenciantes españolas: Cuestiones de Arte y Literatura .................. 80 4.5. Conferenciantes españolas: El compromiso social y político .................. 86 4.6. Conferenciantes españolas: Otros temas ................................................. 89 Ángeles Ezama Gil 8 Capítulo 5. Las grandes conferenciantes españolas del Ateneo: Emilia Pardo Bazán, el verbo ameno de una profesora .................................. 95 Capítulo 6. Las grandes conferenciantes españolas del Ateneo: Blanca de los Ríos, la oratoria de una erudita ................................................ 115 Capítulo 7. Conferenciantes latinoamericanas ............................................. 131 7.1. Oradoras peruanas .................................................................................. 132 7.2. Oradoras uruguayas ................................................................................ 143 7.3. Oradoras mexicanas ................................................................................ 150 7.4. Una oradora chilena ................................................................................ 152 Capítulo 8. Conferenciantes de otros países ................................................. 155 8.1. Oradoras francesas ................................................................................. 155 8.2. Oradoras de otros países europeos .......................................................... 159 Capítulo 9. El feminismo en el Ateneo ......................................................... 165 9.1. La pionera: Concepción Gimeno de Flaquer ......................................... 165 9.2. Proyectos ................................................................................................. 170 9.3. Más conferencias .................................................................................... 171 9.4. La memoria de Ángel Galarza ............................................................... 185 9.5. La memoria de Victoriano Lillo ............................................................. 189 Capítulo 10. Veladas musicales .................................................................... 195 10.1. Obras para piano solo ............................................................................. 198 10.1.1. Maria Luisa Guerra, la pianista del Ateneo ................................... 198 10.1.2. Otras concertistas de piano ............................................................ 202 10.2. Solistas de cuerda .................................................................................... 216 10.3. Música de cámara ................................................................................... 217 10.3.1. Los dúos ...................................................................................... 218 10.3.2. Los tríos ...................................................................................... 220 10.4. Conciertos vocales .................................................................................. 221 10.5. Compositoras en el Ateneo .................................................................... 236 Capítulo 11. Recitación. Teatro. Danza ....................................................... 239 11.1. Lecturas poéticas: Actrices y recitadoras profesionales ........................... 239 Las musas suben a la tribuna 9 11.2. Veladas dramáticas .................................................................................. 243 11.3. La danza ................................................................................................. 246 Capítulo 12. Veladas homenaje ..................................................................... 255 12.1. Escritores ................................................................................................ 255 12.2. Músicos .................................................................................................. 267 12.3. Otras veladas homenaje .......................................................................... 270 12.4. La reivindicación de Concepción Arenal ................................................ 272 Capítulo 13. Las exposiciones artísticas: Historia de una ausencia ................ 277 Capítulo 14. Otras reuniones en el Ateneo ................................................... 283 14.1. Congresos y asambleas pedagógicas ........................................................ 283 14.2. Actos reivindicativos ............................................................................... 287 14.3. Asociaciones ........................................................................................... 293 Capítulo 15. Otras actividades ..................................................................... 297 15.1. La discusión de las memorias ................................................................. 297 15.2. La Academia de la Poesía Española ........................................................... 301 15.3. La Extensión Universitaria ..................................................................... 304 15.4. La revista Ateneo ..................................................................................... 305 15.5. Las clases de idiomas .............................................................................. 306 15.6. La encuesta ............................................................................................. 306 15.7. La entrega de premios ............................................................................ 308 15.8. Las tertulias ............................................................................................ 308 Conclusiones .............................................................................................. 311 Referencias bibliográficas ............................................................................ 315 Apéndice: Listados de socias de número del Ateneo Científico, Literario y Artístico de Madrid (1905-1939) ................................................................. 351 1. Por orden cronológico ............................................................................. 352 2. Por orden alfabético ................................................................................ 385 17 Capítulo 1 Entrando en materia 1.1. Algunos testimonios sobre lA presenciA de lAs mujeres en el Ateneo mAdrileño De la importancia del Ateneo en la vida cultural madrileña, y por extensión en la española, no cabe dudar; así lo señalaba Emilia Pardo Bazán en 1910: «Ninguna reputación se juzga sancionada mientras el Ateneo no la confirma […] El Ateneo es la consagración del intelectualismo» (Ibíd.: 82). Sobre su peculiaridad como centro de cultura tampoco puede discutirse: El Ateneo es en realidad una tribuna libre; su distintivo es, o debe ser, el eclecticismo. Ocupa un lugar entre el Centro de defensa social y los meetings de los frontones: el lugar que le corresponde en la vida intelectual; y no hay que sorprenderse si refleja exactamente lo que es esta vida (Ibíd.: 83). En cuanto a los temas que en su seno se debaten, D.ª Emilia tiene muy claras las prioridades: «No vacilo en decir que, de las tres atribuciones del Ateneo (científica, artística y literaria), la última es la que principalmente le caracteriza. La literatura, allí provoca mayor efervescencia vital que la ciencia o el arte» (Ibíd.: 84). Lo único que le falta al Ateneo es la presencia de la mujer, que no se convierte en realidad hasta el ingreso de la propia D.ª Emilia en 1905; el interés de esta durante su primer periodo al frente de la presidencia de la sección de Literatura (1906-1908) fue «demostrar lo que mi parecer, no necesitaba demostración; que una mujer, por el hecho de serlo, no encuentra el menor tropiezo en el ejercicio de tal cargo» (Ibíd.: 86). Ángeles Ezama Gil 18 María de Maeztu comenta en un escrito de 1911 que, por iniciativa de Ortega, en los dos últimos años, un grupo de alumnas de la Escuela Superior del Magisterio y de la Universidad tomaron la costumbre de frecuentar la biblioteca del Ateneo: fueron pioneras que tuvieron que afrontar muchas críticas por empeñarse en ejercer el derecho a saber, y a las que la institución no recibió adecuadamente; lo cierto es que el grupo de muchachas que asistían a la biblioteca disminuyó por diversas razones, entre ellas la económica, y propone que el Ateneo podría por ejemplo facilitar suscripciones a precios reducidos para mujeres que necesiten frecuentar la biblioteca en época de estudios. En 1914 es Concepción Saiz la que comenta su experiencia cuando por primera vez entró en el Ateneo, junto con un grupo de institutrices, en 1882, en calidad de oyentes y para un curso de Historia Universal; fueron las pioneras1. En 1922 Angélica Palma recuerda algunos de los actos a los que asistió en el Ateneo durante su estancia en España, y alaba de la institución, Esa atmósfera de completa liberatd para expresar toda clase de ideas que es una de las muchas manifestaciones del espíritu democrático que alienta a esta coronada villa, asiento, por curioso contraste, de una corte fastuosa y formulista, pero donde la llaneza de hábitos y el respeto a la opinión 1 No obstante la vinculación de las mujeres con el Ateneo debió de empezar con anterioridad. Labra (1878: 195-196) recuerda «la época del 20 al 23, en la cual las damas no sólo ocuparon su butaca en los salones de la Sociedad, sino que tomaron parte activa en algunas de las fiestas artísticas y literarias que entonces tuvieron efecto en el seno de aquel Instituto, en cuyo Reglamento, como antes de ahora he apuntado, se prevenía expresamente que para realizar ciertos fines del Ateneo debían ser invitadas a sus salones «personas de ambos sexos distinguidas por su amor a la ilustración». Una carta de Lorenzo Nicolás Quintana al secretario de la institución, José María Barzanallana de 21 de junio de 1848 da testimonio de que el secretario requiere a Quintana para formar parte de la comisión que ha de acoger a las señoras que serán recibidas en el Ateneo el día del Corpus, pero Quintana se excusa por razones personales. De la misma noticia se hace eco La España el 24 de junio de 1848 (p.4), añadiendo que este acto se ha realizado «según costumbre», y que acudieron más de 130 señoras, a las que se les hizo la recepción, se les ofreció un ramillete y finalmente un refresco. Agradezco esta noticia, como tantas otras a lo largo de este trabajo, a Clara Herrera. Las musas suben a la tribuna 19 hablada o escrita se imponen de modo tan absoluto que no deja de sorprendernos a los hijos de las por antonomasia llamadas libres repúblicas de América (Palma 1922a: 665). Andrés González Blanco escribe sobre «La docta casa» en 1922 y dedica uno de los capítulos a «Las mujeres en el Ateneo», señalando la fecha del 3 de febrero de 1895 como fecha renovadora en la vida del Ateneo, porque aceptó la Junta de gobierno una propuesta de varios señores socios pidiendo que se admitiese en el Ateneo a las señoras, como socios. Fue la primera admitida la excelsa escritora D.ª Emilia Pardo Bazán, que luego había de ocupar varias veces la Presidencia de la sección de Literatura2. También afirma que es de 1910 acá cuando en el Ateneo se realiza el verdadero ideal de la coeducación. Desde entonces entran en aluvión las mujeres a formar parte de la docta casa; y no ya de manera pasiva y neutra, como las antiguas socias, sino tomando parte activa en las discusiones y pronunciando conferencias. Desde cinco años a esta parte ya las mujeres intervienen de un modo directo en la vida del Ateneo; pronuncian discursos; intervienen en las discusiones; se acaloran y polemizan entre sí o con los socios; lanzan invectivas y claman apóstrofes; forman en las tertulias de los pasillos; escriben y leen en la biblioteca; no pocas flirtean en los escondites… ¡El Ateneo es hoy la ciudadela del feminismo práctico en España!… Verdad es que entraron mujeres en el Ateneo a partir de 1910, pero en un lento goteo que sólo se acentúa significativamente a partir de 1920 y en particular en los años 30. Sin duda exagera González Blanco, que cita 2 Equivoca la fecha González Blanco, ya que Emilia Pardo Bazán no ingresó en el Ateneo hasta el 9 de febrero de 1905; el error procede de Labra (1906: 92), que probablemente confunde la fecha en que las mujeres empezaron a ser reconocidas como socias de mérito en los años 90 (Maria Luisa Guerra y Alejandrina Gessler fueron las primeras) con la fecha de entrada efectiva como socias de número. Ha sido un error bastante repetido. Ángeles Ezama Gil 20 entre las ateneístas más sobresalientes en ese momento a Margarita Nelken, Maria Teresa Borragán, Josefina de Ranero, Carmen de Juan y Clara Campoamor, «que son como puntales de la vida actual del Ateneo, y que forman el cuadro de honor de nuestras tertulias». En 1926 el crítico Gómez de Baquero, en un artículo sobre «La decadencia de los clubs» se refiere también a la entrada de mujeres en el Ateneo, hecho que convierte la institución en un centro de reunión social: no es un casino propiamente tal, puesto que su fin es la cultura y no los pasatiempos y juegos de sociedad. Mas el Ateneo, que ha sido una feliz combinación de universidad libre, de sociedad de debates, de biblioteca de estudio y de casino, tiene también este último aspecto, en cuanto centro de sociabilidad y de conversación. En los últimos años el número de ateneístas femeninos ha ido aumentando. El grupo femenil se nutre principalmente de muchachas; pero también hay algunas damas de cierta edad y aun señoras provectas. Dentro de aquella casa de Minerva se ve en todas partes a las ateneístas, principalmente en la biblioteca, donde siempre hay algunas trabajando sobre los libros con aire recogido y serio de estudiantes. Esta convivencia de los sexos no ha dado en el Ateneo ni en la Universidad origen a los peligros que temen los partidarios de la separación tradicional en bandos de cartaginesas y romanos o del alfanje simbólico del cuento oriental, colocado entre el hombre y la mujer. Lejos de esto, ha sido una escuela y una práctica de sociabilidad. Magda Donato dedicó uno de sus escritos periodísticos a la fundación del Lyceum Club en un momento en que el Ateneo madrileño, muy mediatizado por la dictadura, arrastraba una vida mortecina y eran los Ateneos regionales o locales –Barcelona, Granada, Sevilla, Valencia, Gijón, Burgos– los que solían desarrollar actividades culturales. Donato (1926) encarece la necesidad de un círculo femenino porque «ningún círculo masculino admite mujeres (exceptuando el Ateneo que por su carácter exclusivamente científico, literario y artístico queda fuera de la cuestión)»; quienes se reúnen para fundarlo son «un grupo numeroso de mujeres inteligentes, cultas y de ideas amplias», entre ellas María de Maeztu, Victoria Kent, Las musas suben a la tribuna 21 Isabel Oyarzábal, María Martínez Sierra, Zenobia Camprubí, Mabel Rick de Pérez de Ayala, Amalia Galarraga de Salaverría, Emilia Gayangos de Riaño, Encarnación Aragoneses de Gorbea (Elena Fortún) y Trudy Araquistain. Remite como modelo el Lyceum Club de Londres, y cita sus sucursales en Berlín, París, Roma, Florencia, Estocolmo, Bruselas y Atenas; explica su división en secciones y las estancias de que consta, y lo presenta como «un verdadero lazo de unión femenina, no ya nacional, sino mundial» (Mangini 2006; Aguilera 2011)3. La periodista Josefina Carabias escribió dos artículos sobre el Ateneo y las mujeres; en el primero (1934) cuenta cómo el amor y la sensualidad invadieron la docta institución al entrar en ella las mujeres, y se ilustra con fotografías de señoritas trabajando en el Ateneo sobre las que se superponen unos cupidos; una anécdota acaecida entre Emilia Pardo Bazán y Unamuno, que da fe del antifeminismo de muchos ateneístas, es el punto de partida de su escrito, para pasar a sostener luego la autora que se ha producido un cambio entre dichos caballeros que les hace contemplar con ojos más benévolos la entrada de mujeres en la institución, entrada que ha «acabado con el ambiente aburrido y un poco pedante que siempre tuvo el Ateneo»; afirma Carabias en este artículo que «Hoy día, en el Ateneo se ven casi tantas mujeres como hombres. Las jóvenes estudiantas están en mayoría». Carabias dedicó posteriormente al centenario del Ateneo una serie de artículos titulados «El Ateneo cumple un siglo», que se publicaron en el diario La Voz los días 7, 10, 12, 15, 17, 19, 22 y 25 de junio de 1935. El del 19 de junio se centra en la presencia de las mujeres en dicha institución, con un sugestivo titular: «El Ateneo cumple un siglo. El Ateneo y las mujeres. Cuándo se comenzó a hablar de feminismo» (1935b), y se ilustra con 3 Muchas de las integrantes del Lyceum Club fueron miembros del Ateneo madrileño, v.gr. María Martínez Sierra, Herminia Peñaranda, Consuelo Bastos, Carlita Mutters, Victoria Kent, Isabel Oyarzábal, Dolores Moya, Carmen Marañón, Elena Fortún, Carmen Monné de Baroja, Julia Peguero, Carmen Abreu, Clara Campoamor, Concha Albornoz, Magda Donato. Ángeles Ezama Gil 22 una foto de Emilia Pardo Bazán y un dibujo que representa a Sofía Casanova. Al hilo del reportaje cita Carabias no solo a estas dos escritoras, sino también a otras mujeres que frecuentaron el Ateneo, como Gloria Laguna (hija de la marquesa de la Laguna) y María Vinyals (marquesa de Ayerbe, María de LLuria), y se refiere a los acalorados debates sobre el feminismo en el Ateneo, en los que desempeñaron un papel importante Ángel Galarza como defensor de la mujer y José Calvo Sotelo como detractor, y en el que también intervinieron algunas mujeres, entre ellas Benita Asas Manterola y Julia Peguero. Carmen Martín Gaite dedicó una evocación al Ateneo en dos artículos publicados en la revista Informaciones los días 22 y 23 de mayo de 1974 (Martín Gaite 1993); la escritora confiesa que son tres los cauces por donde le ha llegado la información sobre este centro cultural: el oral-familiar, el de la letra impresa y el de la propia experiencia (uso personal de la biblioteca); cuenta sus cambios de ubicación y algunas anécdotas; afirma: «a lo largo de diez años el Ateneo ha sido para mí la más importante fuente de estudio, de amistad y de vida». Su padre, José Martín López, había sido también socio del Ateneo, entre el 1 de agosto de 1913 y el 1 de abril de 1916, con el número 8381. Con ser valiosos estos datos que he aducido, ya que hasta ahora apenas se ha prestado atención a la presencia de las mujeres en el Ateneo madrileño, resultan sin embargo insuficientes para dar cuenta de la importante labor que desempeñaron en esta institución cultural en la que estuvieron presentes en muy escasa proporción, aunque siempre desde luego mucho más que en la Real Academia Española, v.gr. 1.2. un poco de historiA Rafael María de Labra señalaba en 1906: Los viejos Estatutos no contienen prohibición alguna respecto de las señoras. Hablan genéricamente de socios […] Pero preocupaciones sociales todavía muy arraigadas […] contuvieron el triunfo de una hermosa idea, atacada últimamente con las terribles armas del ridículo, e hicieron que, en Las musas suben a la tribuna 23 la práctica, se interpretasen los Estatutos o el Reglamento de modo que no se admitiese a señora alguna en las listas de ateneístas (Labra 1906: 91-92). O, lo que es lo mismo, Estatutos y Reglamento: «no excluyen ni incluyen a la mujer; se limitan, y era lógico en tal época, a ignorarla» (Saiz 1914). Sin embargo, en 1892 se tomaron algunos acuerdos complementarios del Reglamento: 1.ª A las veladas musicales y poéticas y a las conferencias científicas y literarias no podrán asistir más señoras que las invitadas por la Junta de gobierno. 2.ª El número de estas invitaciones para dichas veladas no será fijo; su límite en cada caso lo fijará prudencialmente la Junta de gobierno. 3.ª Las señoras que concurran a las sesiones musicales y poéticas podrán ocupar los asientos de la cátedra y los de las tribunas alta y baja. 4.ª En las conferencias científicas o literarias el número de invitaciones estará limitado por el de asientos de la tribuna alta, única que podrán ocupar las señoras, quedando la baja a disposición del público (Ateneo de Madrid 1903b: 41). Las mujeres empezaron a estar presentes en veladas poéticas y musicales o como conferenciantes, pero su entrada como socias se hizo esperar. Las primeras lo fueron honorarias, dos artistas que se habían destacado por sus servicios a la institución: la pintora Alejandrina Gessler y la música Maria Luisa Guerra. Ambas figuran como socias honorarias en la Lista de señores socios marzo de 1903 (Ateneo de Madrid 1903a). En 1891 la pintora gaditana y residente en París Alejandrina Aurora Gessler de Lacroix (conocida como Anselma) inauguró un trabajo que había hecho y regalado al Ateneo para el techo de La Cacharrería (Azcue Brea 2007; Triviño 2009; Illán 2014); el trabajo alegórico ilustra en el panel central «La elocuencia amparando bajo la bandera española a la paz y a las Bellas Artes» y en los laterales «La verdad y el error» y «La poesía y la ciencia» («Noticias generales», La República, 29 de marzo de 1891, p.3; Ángeles Ezama Gil 24 «El nuevo techo del Ateneo de Madrid», La Época, 23 de mayo de 1892, p.2); recibió importantes elogios de Pedro de Madrazo: La composición está desarrollada con una maestría que admira en una mujer. Sólo en los grandes pintores, decoradores, italianos y franceses, podremos encontrar, no ya los modelos, sino cierto recuerdo del estilo majestuoso y desembarazado que informa esta obra y la hace tan grata al apreciador de las suntuosas páginas de pintura mural del siglode Luis xiv (Madrazo, 1891: 399). El Ateneo la nombró socia honoraria por esta obra de arte, que es un regalo de la autora a la institución («Cartera de Madrid», El Liberal, 3 de mayo de 1891, p.3). Por otra parte, la excelsa pianista argentina Maria Luisa Guerra (Martínez y Mejías 1994: 116-120), una niña prodigio, que dio numerosos conciertos en el Ateneo (1890, 1892, 1893, 1895, 1898, 1903, 1908) fue nombrada socia honoraria del mismo en 1893: La mayoría de los ateneístas ha puesto su firma al pie de una petición encaminada a conseguir para la señorita Guerra el título de socio de mérito, jamás concedido a una mujer por el Ateneo de esta corte. La distinción tendría, por consiguiente, valor doble, y no hay que decir que son parte a merecerla, no sólo el mérito de la joven pianista, sino las preferentes distinciones que ha guardado a la docta casa siempre que ha tratado de dar conciertos en Madrid («Notabilidades del piano. Maria Luisa Guerra», Blanco y Negro, 15 de abril de 1893, p.4). El diploma correspondiente como socia honoraria le fue entregado en 1895 («Maria Luisa Guerra», El Liberal, 29 de enero de 1895, p.3). En este marco, y más concretamente en torno a la celebración del centenario del Descubrimiento de América en 1892, empezó a ser objeto de discusión si era o no pertinente el acceso de las mujeres como socias al Ateneo; no por casualidad el debate se plantea poco después de la cuestión académica suscitada por la posibilidad de que Emila Pardo Bazán fuera admitida como miembro de la Real Academia Española, y en vísperas de que Las musas suben a la tribuna 25 D.ª Emilia interviniera en un ciclo de conferencias que, con motivo del citado centenario, había organizado la institución. Así, un suelto de La Correspondencia de España del 9 de abril de 1892 («Ecos del mundo», p.4) reza: Uno de los asuntos que están actualmente debatiéndose en el sexo femenino de esta corte es la siguiente: «¿Por qué, si las mujeres demuestran tanto interés por las conferencias del Ateneo de Madrid, no han de ser admitidas como socias en este centro?». A muchas hemos oído quejarse de esta prohibición, que equivale a cerrarles las puertas a los medios de ilustración. El debate subió de tono con un artículo de Mariano de Cavia (1892) en el que el periodista, en tono marcadamente irónico y claramente ofensivo, se mostraba contrario a la posibilidad de que estas se convirtieran en miembros del Ateneo de pleno derecho: «Era lo que le faltaba al Ateneo: convertirse en Atenea», «quiero, amo y adoro a la mujer, pero… lejos del Ateneo»; y arremetía contras las marisabidillas: «con la señora de Pérez Adefesio a la cabeza, y la de Casa-Pelma a retaguardia, y aunque Metonimia Gómez, la musa de Villacargante, me abrume bajo el peso de este apóstrofe culti-cursi-helénico: –¡Misógino!»; temiendo que «una vez dentro del Ateneo, no se darán las invasoras por contentas, y sabe Dios –¡el Dios de los marimachos!– en qué nuevos charcos se nos querrán meter». Propone para terminar su «Plato del día» algunas recetas: «¡Potage à la basbleu! ¡Sopa de marisabidillas!… Que las dejen, y obligan a Fornos a poner eso diariamente en sus comidas. ¡Receta contra la gula!». El escrito de Cavia suscitó una réplica de la aragonesa M.ª del Pilar Sinués que confiesa su dedicación a la escritura, con la que se gana la vida, y su desinterés por el Ateneo: «Jamás he tenido el honor de pisar el Ateneo, ni aun para ir a la tribuna pública a escuchar a las eminencias de mi sexo; y aunque todas las señoras de Madrid se hicieran socias de aquel docto centro, yo no lo sería jamás» (1892). A este escrito le siguió otro de un seudónimo Giovanni publicado en La Dinastía (1892) en que comenta los escritos de Cavia y Sinués, que ponen sobre el tapete una vez más la cuestión de la ingerencia de las mujeres en la vida intelectual y remite en último término a la mujer a la que, sin citarla, apunta el artículo de Cavia, Ángeles Ezama Gil 32 En dicha junta se proponían 10 nombres, de los cuales solo uno era de mujer: el de Clara Campoamor; tanto esta como otros tres de los candidatos propuestos presentaron su renuncia. Al imponerse la nueva Junta, la anterior y legítima fue encarcelada (Ruiz Salvador 1976: 37-41). La medida provocó numerosas bajas entre los socios; muchos de ellos solo se darían de alta a partir de febrero de 1930 cuando fue destituida la Junta de gobierno impuesta y se restituyó la legítima; esta estaba integrada por Gustavo Pittaluga, Gregorio Marañón, Luis de Tapia, Isidoro Vergara, Eduardo Bonilla, Luis Jiménez Asúa, Antonio Dubois y Salvador Pascual (Alberto D. 1930). Posteriormente, el 13 de marzo del mismo año, fue elegida por votación entre los socios nueva Junta directiva, compuesta por todos los miembros de la anterior, a excepción de Pascual y con 4 miembros más: Manuel Azaña, Agustín Millares, José Antonio Balbontín y Clara Campoamor («La nueva Junta de Gobierno del Ateneo», Estampa, 18 de marzo de 1930, p.48). Con la nueva Junta, «durante el mes de febrero han sido altas como socios antiguos más de 350 y se han presentado como nuevos socios unos 500» («Ateneo de Madrid celebra junta general y toma importantes acuerdos», La Voz, 3 de marzo de 1930, p.9)2. Por otra parte, el advenimiento de la república en abril de 1931 y el aliento que insufló a la causa de la mujer influyó también en la decisión de muchas de ellas de hacerse socias del Ateneo. presidencia de Palacio Valdés, el Ateneo fue clausurado (Ruiz Salvador 1976: 26-37). En este periodo se puede constatar cómo, entre 1925 y 1927 en particular, el Ateneo deja de ser un centro cultural de primer orden y lecturas y conferencias encuentran acomodo en foros más abiertos como la Unión Iberoamericana, el Instituto Francés, la Residencia de Estudiantes, el Círculo de Bellas Artes, el Lyceum Club o el Museo del Prado. 2 La libertad de cátedra no se restablecería hasta el 26 de junio de 1930 («El gobierno restablece la libertad de cátedra del Ateneo», El Liberal, 26 de junio de 1930, p.3). El Ateneo fue cerrado nuevamente, por orden gubernativa, el 15 de diciembre de ese año y no volvió a abrirse hasta el 11 de febrero de 1931, aunque su Junta Directiva fue nuevamente detenida y clausurada otra vez la institución; volvió a abrirse el 11 de marzo de 1931 («Ayer se abrió de nuevo el Ateneo de Madrid», El Liberal, 12 de marzo de 1931, p.2). Las musas suben a la tribuna 33 En las listas de socios publicadas en 1909, 1914 y 1922 figuran algunas mujeres, pero no todas las que en ese momento eran socias del Ateneo. En la de 1909 constan como socias de número: la condesa de Pardo Bazán (n.º 7925), Blanca de los Ríos (n.º 7935), Carmen de Burgos (n.º 7945), Rafaela Sánchez Aroca (n.º 7960), Teresa Castillo (n.º 8082), la marquesa de Mont-Roig (n.º 8102), la condesa de Requena (n.º 8131), la marquesa de Ayerbe (n.º 8160), y Zillah Eselegh (n.º 8339). La entrada de D.ª Emilia fue saludada con alborozo por el periódico La Época el 15 de febrero de 1905 («La señora Pardo Bazán socia de número del Ateneo de Madrid», p.1): El Ateneo de Madrid ha tenido el buen acuerdo de nombrar socia de número a D.ª Emilia Pardo Bazán. Cierto que no había razón alguna para que la ilustre escritora, que desde la cátedra de aquella docta corporación ha dejado oír su voz autorizada explicando lecciones de Literatura, no pudiese disfrutar el derecho de ser incluida en el número de los socios del Ateneo. La inteligencia no tiene sexo, y la de la señora Pardo Bazán es de aquellas que no sólo honran a la corporación que le abre sus puertas, sino al país entero, que la mira como uno de sus más insignes hijos. A la felicitación se sumaron periódicos como Heraldo de Madrid y El SigloFuturo. En 1909 la escritora coruñesa fue nombrada por aclamación socia de mérito (La Época, 12 de abril de 1909, p.2)3. En la Lista de los señores socios de 1914 se incluyen además de las anteriores: Susan Huntington (n.º 8717), Eloísa Leconte (n.º 8897), Ángela de Villalobos, condesa viuda de Gomar (n.º 8905), Carmen de la Vega Montenegro (n.º 9087), y M.ª Luisa Kocherthaler (n.º 9090). 3 Fue tardío el Ateneo madrileño en su reconocimiento a D.ª Emilia, porque ya en diciembre de 1899 el Ateneo de Valencia había homenajeado a la escritora aprovechando su estancia en la ciudad para inaugurar el curso de la institución; el acto, celebrado en el Paraninfo de la Universidad valenciana, fue seguido muy de cerca por la prensa, que hizo extensas reseñas del acto; el discurso de la escritora versó sobre el concepto de patria (Guzmán 2014: 170-174). Ángeles Ezama Gil 34 Por último, en la Lista de los señores socios de 1922, figuran también Emilia Mayor (n.º 9353), Rachel Alcock (n.º 9396), Josefina de Ranero Rodríguez (n.º 9453), Rosa Landauer de Bauer (n.º 9469), Clara Campoamor (n.º 9566), Julia Peguero (n.º 9777), Rosa Chacel Arimón (n.º 10022)4, María Carracedo Fernández (n.º 10002), Luz González Sainz (n.º 10131), Olga Gunzburg de Bauer (n.º 10233), María Martínez Fernández (n.º 10245) y Carmen de Juan Blesa (n.º 10298). No constan en ninguno de estos listados los nombres de otras mujeres que fueron socias de la institución en esas fechas, como Matilde Fontagut Gargollo (n.º 8995), Dolores Muñoz Rivero (n.º 9216), Gretchen Todd Starck (n.º 9393), Cecilia Ossent (n.º 9497), Sofía Olivera de Anfruns (n.º 9629), Enriqueta Guijo Ternedo (n.º 9903), Margaret Palmer (n.º 9917), Klara Kocsis (n.º 9923) y Josefina Sela Sampil (n.º 9940). Tampoco constan, ni en los tres citados ni en el mecanografiado al que he aludido antes, los nombres de algunas mujeres que sabemos que fueron miembros del Ateneo; el caso más evidente es el de la periodista Josefina Carabias, de cuya adscripción a esta institución solo tenemos noticias indirectas: en mayo de 1932 firmó una carta junto con otros ateneístas proponiendo como candidato a la presidencia del Ateneo a Valle Inclán («Ateneo de Madrid. La candidatura de Valle-Inclán», Luz, 27 de mayo de 1932, p.11) y el 2 de febrero de 1933 un comunicado dirigido a Ramón Menéndez Pidal en el que se proponía a Valle para ser director de la Academia de Bellas Artes de Roma (Santos Zas et al. 2010: 83). La vinculación entre esta y el Ateneo fue muy estrecha: lo frecuentaba desde sus años de estudios de Derecho en Madrid, más tarde se hizo socia, intervino en varios de sus ciclos («El periodismo en la actualidad», «El humor»), publicó una serie de artículos en la revista Ateneo entre el 25 de octubre de 1952 y el 31 de enero de 1953 bajo el título «Los hombres célebres en su 4 El 10 de noviembre de 1927 volvió a inscribirse en el Ateneo tras haber causado baja el 10 de noviembre de 1922, con el nombre de Rosa Chacel de Pérez y nuevo número, 13493. Esto no resulta habitual, ya que las altas y bajas no suelen suponer un cambio de número de socio. Las musas suben a la tribuna 35 tertulia del Ateneo», escribió el prólogo al libro de Juan Martínez Gómez, Cincuenta años al servicio del Ateneo de Madrid (1975), y en esta institución se presentó, póstumamente, su libro sobre Manuel Azaña en 1980 (Ezama 2012b; Mora 2012). En cuanto al perfil de estas mujeres, entre ellas se cuentan escritoras y periodistas (Carmen de Burgos, Rosa Chacel de Pérez, Magda Donato, Emilia Pardo Bazán, Josefina de Ranero, Blanca de los Ríos, Lucía Sánchez Saornil), maestras y profesoras5 (María Betancourt Ortega, Rosa Bohigas, Carmen de Burgos, Clara Campoamor, Maria Teresa Henao, Susan Huntington, Julia Peguero, Aurora Pérez Abela, Covadonga Pérez-Peñamaría), investigadoras (Rachel Alcock, Pilar Díez-Jiménez Castellanos, Eulalia Galvarriato, Alice B. Gould, Amada López Meneses), bibliotecarias y archiveras (Maria Pilar y Maria Antonia Corrales, Ángeles Díez Vicente, Pilar Fernández Vega, Juana Quílez), editoras (Consuelo Gil Roësset), artistas (Enriqueta Guijo Ternedo, Rafaela Sánchez Aroca, Elena Verdes Montenegro), críticas de arte (M.ª Luisa Kocherthaler, Margaret Palmer), abogadas (Clara Campoamor, Eugenia Hernández Iribarren, Victoria Kent, Margarita Ruiz de Lihory, Asunción Arapiles), médicas (Luz Navarro, Angelita Pardo Celada, Elisa Soriano), empleadas (Gertrudis Luyken, Angustias Rodríguez Espinosa), telegrafistas (Consuelo Álvarez Pool). También fueron socias del Ateneo algunas aristócratas (condesa de Requena, condesa viuda de Gomar, marquesa de Ayerbe, marquesa de Montroig) y mujeres de la alta burguesía (Olga Gunzburg, Rosa Landauer). E incluso varias amas de casa (Dolores Moya de Marañón, Luisa Pérez Salmerón). Es también elevado el número de las que son estudiantes en el momento en que se inscriben en el Ateneo, aunque a lo largo de los años en que fueron socias su status profesional fue cambiando: Rosa Bohigas, Rosa Chacel Arimón, Pilar Claver Salas, Encarnación Corrales, 5 Muchas de estas docentes participaron en proyectos educativos vinculados a la Institución Libre de Enseñanza, como el Instituto-Escuela, la Junta para Ampliación de Estudios o la Residencia de Señoritas. Y muchas de ellas fueron sometidas a un proceso de depuración tras la guerra civil, al igual que algunas bibliotecarias y archiveras. Ángeles Ezama Gil 36 Encarnación Fuyola, Eulalia y María Galvarriato, Esperanza Guerra, Raquel Lesteiro, Julia Morros Sardá, Juana Quílez, Ángeles Roda Aguirre, M.ª Cruz Rubio Lucas, Josefina Sela Sampil. Las pocas mujeres dedicadas a la política en España en tiempos de la dictadura, a excepción de Adela González Fiori (concejal), no fueron miembros del Ateneo. Sí lo fueron varias de las que ocuparon cargos políticos durante la república: Clara Campoamor, Margarita Nelken, Victoria Kent, María Lejárraga y Matilde de la Torre. 2.2. Una mUjer en la jUnta directiva: clara campoamor La presencia de la mujer en los cargos representativos del Ateneo fue escasa y tardía, acentuándose a partir de los años 20. La única que formó parte de la Junta directiva fue Clara Campoamor; las demás tuvieron una presencia exigua y restringida a algunas de las secciones en que se dividía la institución para su funcionamiento, que en 1909 eran seis: Ciencias Morales y Políticas; Literatura; Ciencias Históricas; Ciencias Exactas, Físicas y Naturales; Artes Plásticas; Música 6. Clara Campoamor ingresó en el Ateneo el 10 de julio de 1917 con el número de socia 9566. Por Real Orden de la Presidencia del Consejo de 25 de junio de 1926 se la nombró para formar parte de una Junta impuesta por la Dictadura, nombramiento al que renunció expresamente, como ya he señalado. Se dio de baja en la institución el 9 de septiembre de 1926. Volvió a hacerse socia entre enero y diciembre de 1928 y entre diciembre de 1930 y enero de 1934. El 13 de marzo de 1930 fue elegida por votación entre los socios para ocupar la tercera secretaría del Ateneo, cargo que detentó desde esa fecha hasta el 29 de mayo del mismo año, momento en que 6 «Con autonomía bastante amplia funcionan las secciones, cuya misión, aparte las juntas que periódicamente celebran, alcanza a la organización de conferencias, veladas y festivales, presentación de memorias que sirven de base a discusiones de que habremos de tratar, y a otros semejantes menesteres todos encaminados al mayor lustre de la rama científica, literaria o artística, que constituye el objeto primordial de sus ocupaciones» (Aznar 1909b). Las musas suben a la tribuna 37 dimitió toda la Junta por considerar que la conducta del Ateneo en esos momentos era contraria a los fines de la institución (Ibíd.: 52, 59). Sobre la elección de Campoamor el periódico El Sol anotaba: Clara Campoamor representa en la nueva junta el avance del feminismo. Es la primera vez que ocupa una mujer un cargo en la junta del Ateneo […] Su labor en la junta puede ser de gran utilidad y más teniendo en cuenta el aumento considerable de mujeres en la actualidad socios del Ateneo («Ateneo de Madrid», El Sol, 14 de marzo de 1930, p.8). Por su parte, Roberto Castrovido, escribía en El Diluvio unos días después: Una mujer ha sido elegida vocal del Ateneo de Madrid: Clara Campoamor. Merece ser declarada vocal perpetuo de la Junta directiva, como Pedro Crespo fue declarado alcalde perpetuo de Zalamea por Felipe II. Y lo merece, porque Clara Campoamor tuvo el valor cívico, la dignidad viril, el decoro personal de negarse a formar parte de aquella Junta directiva ful, compuesta de esquiroles sacados con pinzas de las agrupaciones liberales (Castrovido 1930). Poco más de dos meses, sin embargo, permaneció Campoamor en el cargo. 2.3. emiliA pArdo bAzán: lA escuelA de estudios superiores. lA presidenciA de lA sección de literAturA Emilia Pardo Bazán fue la única mujer que formó parte de la Escuela de Estudios Superiores y la única que presidió la sección de Literatura del Ateneo. En la Escuela de Estudios Superiores D.ª Emilia se integró dentro de la sección de Literatura y Ciencias Históricas, donde su especialidad era la Literatura contemporánea, e impartió lecciones durante el curso 18961897, que iban dirigidas a un público de alto nivel cultural. El 24 de agosto de 1896 le fue ofrecida la cátedra de Literatura contemporánea de Europa Ángeles Ezama Gil 38 y América de dicha Escuela, que estaba subvencionada por el gobierno («Doña Emilia catedrático», La Dinastía, 25 de agosto de 1896, p.2)7. Durante el curso 1896-1897 el programa iba a versar sobre «Literatura contemporánea en Europa y América», asignatura que se desarrollaría en tres cursos, empezando por las literaturas latinas extranjeras de Europa (Francia, Italia, Portugal y Rumanía) (Moret, 1896: 44). Tuvo intención D.ª Emilia de referirse a la literatura portuguesa durante el citado curso, como le comenta a José Ramalho Ortigão: He sido nombrada para desempeñar la cátedra de Estudios Superiores (Literatura contemporánea universal) en el Ateneo de Madrid, y necesito hablar de la literatura portuguesa este mismo año. Aunque, como V. recordará tal vez, yo he procurado siempre estar algo mejor informada de lo que se hace por ahí que la mayor parte de los escritores españoles, que tienen a Portugal en profundo olvido, sin embargo, llegado el caso de hablar ex cathedra, noto la necesidad de ampliar mis conocimientos y de repasar los autores modernos de más valía (carta de 1 de noviembre de 1896 en Freire, 2011: 149)8. Finalmente D.ª Emilia solo llegó a hablar sobre Literatura francesa contemporánea, en 11 lecciones, y contó con un público de 825 alumnos 7 La creación de esta cátedra no estuvo exenta de burlas por parte de algunos periodistas, que ironizaron sobre el lugar correspondiente a las damas, v.gr. San Rafael 1896. 8 Sobre la lusofilia de D.ª Emilia véase Ezama 2010: 61-62. En años posteriores tuvo la literatura portuguesa una cierta presencia en el Ateneo a través de conferencias y lecturas de poesía, v.gr. el 31 de marzo de 1913 Joaquín González Olmedilla leyó unas cuartillas sobre literatura portuguesa, una carta de Unamuno sobre Eugenio de Castro y una traducción en verso del poema de Castro «El hijo pródigo»; el 6 de marzo de 1917 Leon Martín Granizo disertó sobre «Un viaje por Portugal»; el 12 de febrero de 1922 el profesor Leonardo Coimbra ofreció una conferencia sobre el sentimiento espiritualista y religioso entre los modernos prosistas y poetas portugueses; el 12 de marzo del mismo año el poeta portugués Eugenio de Castro leyó algunas de sus poesías inéditas; y el 13 de marzo Ramiro de Maeztu dio una conferencia sobre «Portugal y su lirismo». Las musas suben a la tribuna 39 (Ateneo de Madrid 1897: 56-57), lecciones que fueron impartidas los lunes de 17 a 18 horas en la cátedra grande del Ateneo9. La Escuela funcionó hasta el curso 1905-1906 (Villacorta 1985: 99111) y Pardo Bazán figura entre los profesores, aunque no hay constancia de que impartiera cursos más allá del señalado (Ateneo de Madrid 1905). Esta primera experiencia profesoral abre el camino a una vocación docente que D.ª Emilia tendrá ocasión de ejercitar en diversas ocasiones a lo largo de su vida (Ezama 2012)10. Por otra parte, D.ª Emilia fue presidente de la sección de Literatura del Ateneo en tres ocasiones11: entre el 15 de junio de 1906 y el 16 de junio de 9 El pintor Joaquín Vaamonde, amigo y protegido de Pardo Bazán, inmortalizó a la autora en un lienzo de 1897, en una de estas sesiones docentes de la Escuela de Estudios Superiores (Santiso 2012-2013). 10 La maestra y pedagoga española Sara Sardá, que se formó en la Asociación para la Enseñanza de la Mujer y marchó luego a Francia junto con su hermana Mercedes para seguir formándose en la Escuela Superior de Fontenay-aux-Roses, escribió para la revista La Escuela Moderna un artículo sobre «El Ateneo de Madrid y la Pedagogía» (1898: 244-245) en el que señala: «Hasta hace poco tiempo, la Pedagogía, con raras excepciones, estaba restringida al círculo de los maestros, y se enseñaba solamente en las Escuelas Normales. Pero ya el año pasado salió de esta esfera, colocándose en la Enseñanza Superior entre las ramas de la cultura general. No ha sido el gobierno, ni la enseñanza oficial los que han tomado la iniciativa de este movimiento. Se debe a los esfuerzos del Sr. Moret, hoy ministro de Ultramar, y uno de los oradores más brillantes del partido liberal, de una gran cultura e ideas generosas. Es, además, Presidente del Ateneo científico, literario y artístico de Madrid. Obtuvo de las Cortes una subvención de 50.000 pesetas para fundar una Escuela de Estudios Superiores, y con el apoyo de aquella sociedad los ha reorganizado, creando entre ellos un curso de Pedagogía». Precisamente, en este artículo, al repasar las lecciones impartidas el curso anterior en la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo, cita Sardá a Pardo Bazán (Ibíd.: 247). 11 En febrero de 1913 se barajó también el nombre de Pardo Bazán como candidata a presidente del Ateneo, aunque finalmente fue elegido Rafael María de Labra. La circunstancia motivó que la escritora enviara una carta a algunos periódicos agradeciendo los apoyos recibidos: «Mi distinguido amigo: Habiendo visto en algunos diarios que se ha pronunciado mi nombre con motivo de la presidencia del Ateneo, quiero que conste que ni la más mínima gestión he realizado en tal sentido. También debo decir que considero honroso para la cultura española actual el rumor; excuso decir que no por tratarse de mí, sino por tratarse de una mujer. Necesitados estamos de iniciativas de adelanto, y a quienes hayan Ángeles Ezama Gil 40 1908 («Las secciones del Ateneo. Elección de la señora Pardo Bazán», La Época, 16 de junio de 1906; «Los cargos del Ateneo», El Globo, 17 de junio de 1908, p.3; Freire y Thion 2016: 49-61), entre 1915 y 1916 («Ateneo de Madrid. Elección de secciones», El Liberal, 17 de junio de 1915, p.4); y por último desde junio de 1920 (Castro 1920). Su nombramiento para este cargo en 1906 suscitó algunos artículos periodísticos en alabanza por la elección, añadiéndose un réspice a los ateneístas: Por consejo de San Martín, Canalejas y otros intelectuales de la política, los jóvenes literatos del Ateneo de Madrid, justicieros y galantes, han puesto su presidencia en manos de doña Emilia Pardo Bazán. No ha habido en ello más que una cosa lamentable: la necesidad de ese consejo. Tiempo hace que la obra literaria de la Pardo Bazán merecía tal tributo, y de consuno con su obra literaria reclamaban imperiosamente los tiempos corrientes y las ideas nuevas. La elección de ahora debió ser anterior, y no producto del consejo de algunos, sino fallo indiscutible de la espontánea voluntad de todos […] La Pardo Bazán ha triunfado sin combate, por un derecho propio absolutamente indiscutible (Lorenzo 1906). Claro que el articulista reconoce lo excepcional de esta elección, ya que «con la Pardo Bazán no ha triunfado la mujer, que han triunfado el Arte y la voluntad». No es, por tanto, un triunfo del feminismo, porque, sostiene, D.ª Emilia pensado en esta vaya mi gratitud, no sólo la personal, sino otra más desinteresada. Suya siempre afectísima. Emilia Pardo Bazán, 17 de febrero de 1913» («La presidencia del Ateneo», El Imparcial, 18 de febrero de 1913, p.1). Un artículo publicado por José Escofet en La Vanguardia el 21 de febrero de 1913, «Agua pasada» (p.8), defiende los títulos de Pardo Bazán para ocupar la presidencia del Ateneo aunque reconoce que pertenecer al «sexo débil» le perjudica en este aspecto y concluye «El Ateneo de Madrid no habría hecho ninguna tontería con elegir a la señora Pardo Bazán para su presidencia. Esto lo saben ya todos los ateneístas. Pero consuélese doña Emilia de perdidos honores volanderos. No les hacen falta ni a ella ni al feminismo literario. Mujeres hay en España que tienen más talento que muchos hombres. ¿Y como negarlo?». Las musas suben a la tribuna 41 no es feminista, ni en literatura tiene sexo. Su arte, por el contrario, es viril; su estilo, fuerte y sólido; enérgica su inspiración. Si se quiere que la Pardo Bazán sea feminista, admitamos el advenimiento de un feminismo nuevo, a la inversa del que La Fronda predicaba, un feminismo que consiste en el perfeccionamiento de la mujer a imagen y semejanza del hombre, con el hombre por orientación, con la gimnasia intelectual y espiritual por medio y el masculinismo por fin. Y lamenta: ¡Lástima, lástima grande que los jóvenes ateneístas hayan necesitado el motor de la voluntad política! Porque esta debería haber quedado reservada para llevar a la Pardo Bazán a la Academia Española, sagrado lugar en que, según parece, pesa gravemente la influencia de los hombres que gobiernan el país. Como presidente de la citada sección, a comienzos de febrero de 1907 organizó una serie de conferencias autocríticas impartidas por escritores en las que estos explicaban la tendencia de sus obras y se defendían de los posibles ataques contra ellas («Las fiestas del Ateneo. Interesantes conferencias », La Época, 7 de febrero de 1907, p.3). En el ciclo intervinieron Felipe Trigo (8 de febrero de 1907), Joaquín Dicenta (7 de abril de 1907), G. Martínez Sierra (16 de abril de 1907), Valle Inclán (2 de mayo de 1907), Alfredo Gómez Jaime (9 de mayo de 1907), Silverio Lanza (11 de mayo de 1907) y Federico García Sanchiz (16 de febrero de 1908). Por las noticias de prensa («En el Ateneo», El Liberal, 16 de febrero de 1908, p.5), parece ser que en febrero de 1908, y visto el éxito de las conferencias citadas, se planteó desarrollar un nuevo ciclo en el que se iba a invitar a Benavente, Baroja, Linares Rivas, López-Ballesteros, Oliver, Zamacois, Marquina, Azorín, Rubén Darío, Bueno, Amado Nervo y otros; no he podido contrastar esta información, por lo que no sé si se llevaron a efecto. Coincidiendo con el desarrollo de esta serie de conferencias se inicia una encuesta entre los literatos jóvenes sobre sus tendencias artísticas que inaugura Federico García Sanchiz con «La fábula de la lechera» (17 de febrero de 1908), a la que seguirán las de A. González Blanco, Candamo, Tenreiro, Fortún, Ródenas, Fabra, López Orense, Sherif, Vegué, etc… Ángeles Ezama Gil 48 peranza Guerra, y secretaria tercera de la de Pedagogía Victoria Zárate30 («Renovación de cargos. Ateneo de Madrid», El Sol, 5 de julio de 1931, p.6). El 4 de julio de 1932 hubo nuevas elecciones en algunas secciones; en la de Ciencias Morales y Políticas entró Maria Eugenia Hernández Iribarren como secretaria segunda y en la de Filosofía María Zambrano como secretaria primera; secretaria segunda de la sección de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, fue elegida Pilar Martínez Sanz31, secretaria cuarta de la sección de Pedagogía Victoria Zárate y secretaria cuarta de la sección de Música Maria Antonia Corrales Gallego32 («Ateneo de Madrid. Los cargos en las secciones», La Libertad, 6 de julio de 1932, p.8). En 1933 fueron elegidas: secretaria tercera de la sección de Pedagogía Victoria Zárate, secretaria segunda de la de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas, Pilar Martínez Sanz, secretaria primera de la de Filosofía María Zambrano, secretaria cuarta de la sección de Música Consuelo Verdes Montenegro33, secretaria tercera de la sección de Ciencias Históricas 30 Zárate era maestra; fue miembro de la FETE (Federación Estatal de Trabajadores de la Enseñanza) entre 1902 y 1936 y representante de esta en la UGT (Liébana 2000). 31 Pilar Martínez Sanz se licenció en Ciencias; fue miembro de la Sociedad Española de Física y Química y del Instituto Nacional de Física y Química. Ejerció como profesora de Matemáticas en el Instituto madrileño Velázquez en los años 30. Tras la guerra se exilió a México donde desarrolló diversos trabajos (Poveda 2013: 480, 676-677). Debe de ser la María Martínez Sanz que figura en el listado mecanografiado con el n.º de socia 16243, que ingresó en el Ateneo el 9 de diciembre de 1931. 32 Antonia Corrales fue bibliotecaria y archivera; trabajó en el Archivo de la Corona de Aragón y en el de la Audiencia Territorial de Barcelona, entre otros. Aunque su fecha de alta en el Ateneo corresponde al 1 de agosto de 1934, con el número 16629, tuvo sin embargo que haber sido socia con antelación para poder formar parte de una sección en 1932. El Seminario de Biblioteconomía de la Biblioteca de Derecho estaba integrado por 30 personas de las que 17 eran mujeres, entre ellas Elena Amat, Juana Capdevielle y Encarnación Corrales. La Sociedad para el Fomento de Bibliotecas, Archivos y Museos, constituida el 28 de mayo de 1934, contó con 338 socios fundadores, entre ellos María Zambrano y Encarnación Corrales (Poveda 2013: 225). 33 Véase arriba nota 26. Las musas suben a la tribuna 49 Juanita Capdevielle34, y secretaria cuarta de la de Ciencias Morales y Políticas Maria Eugenia Hernández Iribarren («Elecciones en el Ateneo», La Voz, 24 de junio de 1933, p.2). En 1934 resultaron elegidas: secretaria segunda de la de Ciencias Morales y Políticas M. Eugenia Hernández Iribarren, secretaria cuarta de la de Ciencias Históricas Elisa García Aráez35, secretaria cuarta de la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales Pilar Martínez Sanz, secretarias tercera y cuarta de la de Pedagogía Victoria Zárate y Encarnación Fuyola36, respectivamente y secretaria cuarta de la de Música Consuelo Verdes Montenegro («Ateneo de Madrid», Luz, 16 de junio de 9134, p.5). En 1935, en fin Elisa García Aráez fue elegida secretaria cuarta de la sección de Ciencias Históricas, Maria Pilar Martínez Sanz secretaria cuarta de la sección de Literatura, Isabel Oyarzábal secretaria primera de la 34 Capdevielle ganó las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos en 1930; empezó a trabajar en 1931 en la biblioteca de la Facultad de Filosofía y Letras de Madrid y luego en la del Ateneo entre 1933 y 1936 (Herrera Tejada 2010). 35 Elisa García Aráez se licenció en Filosofía y Letras y ejerció como profesora de Geografía e Historia de Segunda Enseñanza en el Instituto Lagasca de Madrid (Poveda 2013: 484); durante sus años de estudios (1929-1931) vivió en la Residencia de Señoritas (Vázquez Ramil 2012: 401). 36 Encarnación Fuyola se licenció en Ciencias; durante sus años de estudios (1927-1930) residió en la Residencia de Señoritas (Vázquez Ramil 2012: 399); ejerció como maestra nacional, como aspirante al magisterio secundario en el Instituto-Escuela de Madrid, y como Auxiliar de Correos; formó parte de la Real Sociedad Española de Historia Natural (Poveda 2014: 208). Participó activamente en varias asociaciones femeninas, como la Comisión Femenina del PCE; la Agrupación de Mujeres Antifascistas, en la que llegó a ser Secretaria del Comité Nacional tras Dolores Ibárruri y Lina Odena; o la Unión de Mujeres Españolas Antifascistas en México (1939-1976), de la que fue una de las fundadoras y llegó a ser secretaria y presidente. También fue una de las integrantes del Socorro Obrero Español, constituido en el verano de 1931, y formó parte de la Federación Española de Trabajadores de la Enseñanza, en la que llegó a ocupar cargos de responsabilidad (Poveda 2013: 248, 556-559). Creó, junto con Irene Falcón y Lucía Barón la revista comunista destinada a las mujeres ¡Compañera! (1933). Es autora de Mujeres antifascistas: su trabajo y su organización (1937). Ángeles Ezama Gil 50 de Pedagogía37, Consuelo Verdes Montenegro secretaria cuarta de la de Música y Ángeles Tormo [Montes] secretaria tercera de la Iberoamericana («En el Ateneo de Madrid se celebran las elecciones para los cargos de las diversas secciones», Heraldo de Madrid, 22 de junio de 1935, p.7). Hay que tener en cuenta también a las bibliotecarias: la ya citada Juana Capdevielle, y Elena Amat, que fue destinada a la biblioteca del Ateneo en 1939, y se convirtió en directora de la misma en 1941, manteniéndose en el cargo hasta 195338. Además, existió un comité de Biblioteca, cuyas actas se han conservado, que funcionó al menos desde el 1 de octubre de 1932 al 2 de junio de 1933; del mismo formaron parte Pilar Martínez Sanz, vocal de la sección de Ciencias Físicas Exactas y Naturales, que fue secretaria de actas, y M.ª Antonia Corrales, de la sección de Música; esta última ya no figura en el acta de 15 de diciembre como representante de su sección en la comisión citada, pero figura en cambio Maria Eugenia H. Iribarren como vocal, representante de la sección de Ciencias Morales y Políticas. 37 Isabel era bilingüe, ya que su padre era español y su madre de origen escocés; por ello escribió parte de su obra literaria en inglés, tanto sus libros (novelas, memorias, biografías, cuentos) como sus colaboraciones periodísticas, y realizó varias traducciones de obras de distintas lenguas al español, sobre todo desde el inglés. Firmó sus obras como Isabel Oyarzábal, Isabel de Palencia y con el seudónimo Beatriz Galindo. Ocupó cargos públicos de relevancia (Paz Torres 2010): fue la primera Inspectora Provincial de Trabajo en España (1933-1938), Delegada de España en la Comisión Consultiva de Expertos en materia de Esclavitud de la Sociedad de Naciones (1934-1938), y primera mujer que fue ministro plenipotenciario en Suecia (1937-1939). Fue feminista militante con representación en diversas asociaciones nacionales e internacionales. Tras la guerra se exilió a México donde vivió hasta su muerte. Sobre la escritura de Oyarzábal hay varios estudios recientes, v.gr. Martínez Gutiérrez 2002; Bados Ciria 2010; Lizárraga 2011; la bibliografía más completa es la realizada por Amparo Quiles Faz para la recién inaugurada página de la escritora en la Biblioteca Cervantes Virtual. 38 Elena Amat Calderón se doctoró en Historia en 1927 e ingresó en 1931 en el Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, trabajando hasta 1939 en varias bibliotecas de la Universidad Central, y desde 1939 hasta 1953 en la biblioteca del Ateneo; a partir de esta fecha se hizo cargo de la dirección de las Bibliotecas Populares de Madrid. Escribió algunos libros relacionados con su profesión: Los libreros de Madrid en el siglo xvii (1931), Bibliotecas Populares de Madrid (1977). Su documentación personal se conserva en la biblioteca del Ateneo madrileño. 51 Capítulo 3 Lectoras y oyentes La imagen de la mujer lectora es un emblema del sigloxix: a partir del romanticismo, la búsqueda de un público lector femenino se convierte en objetivo de los editores (Kirkpatrick 1991: 72-76) y la mujer comienza a ser profusamente representada en el Arte (Sanmartín y Bastida 2002; Botrel 2008) y en la Literatura (Jiménez Morales 2008), si bien ya en el xviii había empezado a configurarse un público lector femenino (Bolufer 1995, 2007). No es, sin embargo, una representación nueva: ya en el sigloxvi los libros de caballerías, la picaresca femenina o la novela cortesana evidenciaban el interés por atraer a un público lector femenino (Marín Pina 1991, 2005); en el Siglode Oro hay ejemplos documentados de mujeres lectoras (Luna 1996: 104 y ss.; Baranda 2005: 17-64) y es también una imagen que se reproduce en los textos literarios (Luna 1996: 118-121); por otra parte, las imágenes de mujeres lectoras en el Arte datan al menos de la Edad Media (Bollmann 2006). En los textos literarios las mujeres ejercen la lectura bien como afición (Madame Bovary, La Regenta), bien como profesión1, si bien, afirma Jiménez Morales (2008: 132) su retrato suele estar teñido de un alto componente paródico y satírico, porque se ataca a la mujer que lee pero también a la que se instruye; algo que ya habían señalado Sanmartín y Bastida (2002: 136) al referirse a las representaciones artísticas de la mujer lectora cuando 1 V.gr. en La tribuna de Emilia Pardo Bazán, Amparo se gana la vida como lectora en la fábrica de tabacos de La Coruña (Patiño 2005; Tsuchiya 2008). Ángeles Ezama Gil 52 afirman que «no se la acaba de tomar en serio, es demasiado sentimental, autobiográfica, identificativa, multiplicada en gestos que se repiten siempre y se reconocen unos a otros. Los gestos de la feminidad». La importancia de la lectura en voz alta es indiscutible en el sigloxix, pese a lo cual, el arte de la lectura y la recitación están muy descuidados en las escuelas, afirma Emilia Pardo Bazán: Haría muy al caso, en mi entender, el aprendizaje en las escuelas de la lectura en alta voz, no para recitar como papagayos, sin inteligencia de lo que se lee, sino para comprenderlo y darle la expresión y el acento necesarios. […] La laringe, como las manos, se adiestra con el ejercicio […] Ni la lectura es arte que se aprenda en un verbo, ni todo puede leerse de igual modo: una página del Kempis no admite idéntico tonillo que un suelto de la Correspondencia, y el verso mismo, que se lee de muy otra manera que la prosa, se entona también diversísimamente, según es heroico o lírico, largo o corto, triste o festivo (Pardo Bazán 1879: 2). El papel de la mujer como lectora en el Ateneo madrileño fue muy relevante: lectora de poemas propios y ajenos, de algunas prosas y de buen número de conferencias. De hecho, el primer acto protagonizado por una mujer en el Ateneo fue el de Rosario de Acuña leyendo sus poemas en 1884. El uso de oír junto a leer fue persistente en textos de los siglos xv, xvi y xvii (Frenk 1982: 102), puesto que escuchar y leer son fenómenos que frecuentemente se identifican (Ibíd.: 107). Antes del sigloxv los textos escritos eran leídos en voz alta, recitados de memoria, salmodiados o cantados, por lo que el suyo era un público de oyentes, y solo a partir del sigloxix se produce un debilitamiento de los modos auditivos del consumo literario (Ibíd.: 103-105). La mujer como oyente se documenta desde mediados del sigloxvi al menos; Baranda (2010: 159) afirma que los sermones fueron en la España post-tridentina particularmente eficaces para catequizar a las mujeres. Y hay también testimonios sobre el influjo en estas de los libros de caballerías leídos u oídos (Frenk 1982: 109), y en el Quijote (Marín Pina 1991). Las musas suben a la tribuna 53 Durante los siglos xviii y xix el aprendizaje a través de la lectura y la declamación fue también habitual; en este último siglosurgieron iniciativas específicamente destinadas a instruir a la mujer en las que la enseñanza por medio de conferencias se hizo habitual: las Conferencias dominicales auspiciadas por Fernando de Castro en 1869 (Vázquez Ramil 2012: 3234), las de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer (Ibid.: 35-80), las del Centro Iberoamericano de cultura popular femenina (Ezama 2015a: 99-103) y otras (Ezama 2013b). Un interesante artículo de Magda Donato de 1917 sobre la moda de las conferencias repara en la diversidad del público femenino que a ellas acude con el afán de instruirse, si bien afirma: «¿Qué es lo que menos solemos hacer en una conferencia? Pues escuchar»; claro que esta afirmación se basa en el grupo de mujeres que asisten a la conferencia como un acto social más, para ver y dejarse ver y sin poner demasiado interés en lo que el conferenciante tiene que decir. Pero también: Hay mujeres que escuchan, y hasta que oyen […] las que quieren al día siguiente poder hablar de la conferencia en connaissance de cause y por probar que han comprendido, citando frases enteras… Lo que no prueba nada. Hay también –¿por qué no?– las que escuchan de buena fe, para ellas mismas, para aprender; estas creen sinceramente que el comprender una conferencia que trata de asuntos “tan superiores” denota en ellas un sinfín de aptitudes intelectuales […] En fin, hay las mujeres que van a la conferencias por ser amigas del conferenciante, y les halaga darle ante todos el shakehand de felicitación; y otras que van sencillamente para pasar el rato, porque les hace una variante al vermut de Lara o al five o’clock del Ritz. Donato opina que las conferencias se han convertido en un espectáculo de moda, por lo que concluye irónicamente: «toda mujer elegante debe ir a las conferencias: las conferencias constituyen para un salón de buen tono un excelente tema de conversación. ¡oh snobismo! ¡Cuántas latas aguantamos en tu nombre!». La periodista cita las conferencias de Bergson («el filósofo de las mujeres») como paradigma del interés de las mujeres por el género. Ángeles Ezama Gil 54 Sin embargo, no todo es mundanidad en estos actos públicos. Luis A. Santullano escribía a propósito de la Extensión Universitaria ovetense en 1903: Diéronse, como en años anteriores, variadísimas conferencias escuchadas por numeroso público de una heterogeneidad encantadora: obreros, estudiantes, profesionales, capitalistas, y, la nota más simpática, mujeres, muchas señoras y señoritas. Digo la nota más simpática, aparte de las razones naturales, porque esta participación de la mujer en la vida intelectual masculina, contribuye muy mucho a que desaparezcan esos ridículos prejuicios, esa incalificable manía de apellidar marimachismo al noble deseo que siente la mujer delicada de cultivar su espíritu. Y he de apuntar una observación curiosa por lo que se refiere a las extensivas de Oviedo, y es que ellas (refiérome, claro es, a las señoritas), toman estas conferencias como deben tomarse, en serio. Digo que encuentro este dato significativo por la maligna costumbre de nuestras jóvenes (¡Santo Dios!, ¿tendré alguna lectora?) de explotar cuantas ocasiones se les ofrecen, sean profanas o religiosas, en servicio de su causa, más o menos flirteante… Nada de esto reza con nuestro público femenino, y así me complazco en consignarlo (Santullano 1903: 447). Esto explica, por ejemplo, la atención que a las mujeres oyentes prestan las recientes emisoras de radio, oyentes entusiastas que son representadas en forma caricaturesca y a través de diversos registros estilísticos por el dibujante Augusto (Fernández Sastre) para la revista Ondas («Lo que nos escriben algunas radioyentes y cómo se las imagina nuestro dibujante Augusto», Ondas, 19 de junio de 1927, pp.28-31). En este respecto Carmen de Burgos (1927b: 12) afirma: Podríamos decir que la mujer es más radiofónica que el hombre […] Nadie ha sido tan beneficiado como la mujer con la radio […] La mujer gusta de intimidad, de confidencias, le gusta oír y la radio que le habla al oído va bien con su naturaleza. Al oír así esa voz, que viene cabalgando entre el silencio para llegar hasta ella, parece que se acerca a un ensueño, que realiza las cosas lejanas que había ido sorpendiendo poco a poco, porque la mujer es la que en las soledades del castillo de los hogares evoca músicas y palabras de misterio, que no llegaban nunca y a los cuales suple la radio. Las musas suben a la tribuna 55 Y Margarita Nelken (1927): De la radio no sois vosotros los que podéis hablar. Para vosotros significa una distracción, un recreo más o un modo más –y más agradable de instruiros. Para nosotras significa la ventana abierta en una habitación que olía a moho de muchos siglos. Significa rosales para volar cuando estamos presas. Significa olvidarnos un rato de nosotras mismas. Significa creer «que esto no es verdad y que aquello puede serlo». De hecho, la radio se esforzó desde sus orígenes por alcanzar al público oyente femenino, proponiendo programas específicamente dirigidos al mismo, revistas femeninas radiofónicas que incluían secciones de moda, literatura, sociedad, cocina y consultorios sentimentales, como los impulsados por Radio Barcelona (Marteles 2006: 465): «Charlas femeninas» (1924), dirigido por Joaquín Arrarás; «sección de modas y temas útiles» (1926) por M.ª Cinta Balagué; «Charlas para la mujer» (1929) por Maria del Patrocinio Alba, y Radio Fémina (1930) por Mercedes Fortuny. La sección guiada por M.ª Cinta Balagué abrió a las oyentes la opción de participar en el programa poniendo en antena sus propios escritos o poemas (Espinosa 2009: 126). Por otra parte, en Radio Ibérica Teresa Escoriaza ofrece la primera de una serie de Charlas instructivas para la mujer en mayo de 1924 (Ena Bordonada 2006: 144-145), y en Unión Radio Matilde Muñoz, Josefina Carabias, Magda Donato y la escritora peruana Rosa Arciniega desarrollan una importante labor en tal sentido (Ibíd.: 142-148). 3.1. el público femenino en el Ateneo: presenciA y espAcios A partir de 1882 las mujeres entraron en el Ateneo como parte del público en calidad de oyentes. El 3 de enero de 1882 un grupo de institutrices acudió a la institución a oír el curso de Historia universal que impartía José Moreno Nieto («Un par de docenas de almas» («Ateneo», La Unión, 4 de enero de 1882, p.3). Esta primera incursión de las mujeres en la docta casa fue posible gracias a la insistencia de dos de sus miembros (JuanVilanova, Rafael Torres Campos) y al apoyo de Moreno Nieto («Señoras en Ángeles Ezama Gil 56 el Ateneo», El Liberal, 4 de enero de 1882, pp.2-3; Sáiz 1914; Ena Bordonada 2001: 16); entre las mujeres que gozaron de tal privilegio estaban Asunción Vela, Luisa Ramírez, Concepción Saiz y la consiliaria de la Asociación de Institutrices, Antonia Ahijón y González de Ruiz de Quevedo. A partir de este momento su presencia se haría habitual en toda clase de actos organizados por el Ateneo; así, Emilia Pardo Bazán, en una entrevista de 1897, contestaba a a una de las preguntas del entrevistador: No es lo mismo leer que oír. Yo, que dispongo de tan poquísimo tiempo, he podido robar alguno para ir a escuchar a mis compañeros los Sres. Azcárate, Cossío, Montero Ríos y Ortí y Lara, y declaro que he aprendido más de lo que aprendería leyendo aquello mismo que les oí. La lección oral se graba más en el pensamiento; luchamos más con el que habla que con el libro; y esa lucha es la que nos obliga a discurrir y a aprovechar la enseñanza. Así es que me propongo escuchar todo lo posible a los demás profesores, menos a los que hablan de cosas que no entiendo, como Echegaray, que trata de matemáticas sublimes. El espacio reservado a las mujeres en estos actos estaba bien delimitado, por lo que no puede afirmarse que fueran el público mayoritario de los mismos, salvo en ocasiones excepcionales. Las mujeres solían situarse en la tribuna superior del salón de actos (espacio similar al de las cazuelas de los coliseos áureos)2, que era la destinada a ellas en la nueva sede del Ateneo en la calle del Prado, inaugurada el 31 de enero de 1884; también se construyó una tribuna para el público, la tribuna inferior, debajo de la destinada a las señoras, enfrente de la presidencia: A la izquierda, y en la pared, frente a la entrada de la escalera, hay una espaciosa entrada que da paso a la cátedra. Este salón es hermosísimo. Tiene 2 Cfr.: Se construyó una tribuna para señoras, «que recordaba por su forma la platea de la ópera de París, contribuyendo a la semejanza aquel grupo de sombreros, de plumas y de cintas que formaban el marco de caras conocidas» («El Ateneo. Sesión inaugural», El Día, 1 de febrero de 1884, p.1). Las musas suben a la tribuna 57 asientos para más de quinientos socios. Situadas frente a la presidencia y en el extremo opuesto, están dos grandes tribunas, una para el público y otra para señoras («El Ateneo de Madrid», El Liberal, 1 de febrero de 1884, p.1). Ante la necesidad de regular los espacios reservados a las mujeres en los actos del Ateneo, en 1892 se tomaron algunos acuerdos complementarios del Reglamento: 3.ª Las señoras que concurran a las sesiones musicales y poéticas podrán ocupar los asientos de la cátedra y los de las tribunas alta y baja. 4.ª En las conferencias científicas o literarias el número de invitaciones estará limitado por el de asientos de la tribuna alta, única que podrán ocupar las señoras, quedando la baja a disposición del público (Reglamento del Ateneo 1903: 41). Es verdad que en ocasiones se hicieron excepciones. V.gr. en 1884 cuando sube por primera vez a la cátedra del Ateneo a leer poemas una mujer, la escritora Rosario de Acuña, el espectáculo que ofrece la sala es el siguiente: La tribuna de señoras y la pública llenas de hermosas damas; la cátedra ocupada por Rosario Acuña, la autora de Rienzi; los hombres, en minoría y cogidos entre dos fuegos, tuvieron que resignarse a un papel completamente pasivo y emplear el tiempo en admirar las bellezas esculturales de las tribunas y las bellezas poéticas que dejaba oír en sus versos la escritora ilustre que leía («La velada del Ateneo», El Imparcial, 21 de abril de 1884, p.4). Unos años más tarde, con motivo de la conferencia pronunciada por Concepción Gimeno sobre Mujeres de la revolución francesa, acudió tan numeroso concurso, especialmente de señoras que, no bastando a contenerlo las tribunas, se desbordó por las últimas filas de bancos del salón, donde los socios se encontraban con socias temporales, que de seguro hubieran aceptado gustosos como permanentes («Las conferencias del Ateneo. En honor a la mujer», La Época, 26 de marzo de 1891, p.2). Ángeles Ezama Gil 64 El 13 de febrero de 1924 quien dio lectura a algunos poemas inéditos fue la escritora cubana Emilia Bernal7, presentada también por Andrés González Blanco; la lectura pasó casi desapercibida para la prensa que se limitó a dar noticia del hecho, aunque La Esfera le dedicó días antes un artículo dando cuenta de la tournée poética de la autora por diversos países, entre ellos España (Deschamps 1924). Volvió a nuestro país a mediados de 1930 y el 21 de abril de 1931 se anunció otra lectura de sus poesías en el Ateneo, auspiciada por la sección Iberoamericana, que pasó nuevamente desapercibida (El Liberal, 21 de abril de 1931). Entre ambas lecturas Bernal se convierte en una de las más destacadas poetas latinoamericanas; otras muchas de poesía y algunas conferencias sobre este género siguieron a la de febrero de 1924 en el Ateneo, de esta andariega escritora que vivió buena parte de su vida fuera de Cuba, recalando durante muchos años en España, «su segunda patria» («Noticias», El Sol, 10 de junio de 1930, p.4). 3.3. lecturAs en prosA Solo excepcionalmente leyeron las escritoras algún texto suyo en prosa. Estas lecturas debieron introducirse en el Ateneo en marzo de 1879 con la que Ramón de Campoamor hace del prólogo de una colección de sus poesías: «Una lectura en prosa, interrumpiendo las lecturas poéticas, era 7 Bernal fue autora de varios libros de poesía: Alma errante, ¡Como los pájaros!, Los nuevos motivos, Vida, Exaltación: poema sinfónico, Negro y América, todos ellos publicados entre 1916 y 1933. También destacó como traductora: tradujo poemas catalanes y mallorquines (Jacint Verdaguer, Joan Maragall, Ventura Gassol, Llorenç Villalonga, Joaquim Montaner, Pere Guilanyá, Alfons Maseras, J. Carner Ribalta; Joaquín Folguera, Poesías, Barcelona, Ariel, 1930), gallegos (Saudades: poesías, Rosalía de Castro (Santiago de Chile, 1938) y portugueses (João de Deus, Guerra Junqueiro, Luis Guimerães), en particular los de Antero de Quental (Los sonetos completos de Anthero de Quental, prefacio de J.P.Oliveira Martins, 1926), y de los brasileños Cassiano Ricardo (Martim Cererê) y Paulo Menotti del Picchia (Juca mulato). En correspondencia, varios de los autores traducidos hicieron a su vez traducciones de los poemas de Bernal al catalán: Poemes (1933). Su presencia en las revistas catalanas fue bastante notoria, sobre todo en La Nostra Terra, pero también en El Mirador y La Revista. Las musas suben a la tribuna 65 una innovación, una osadía, que solo se podía consentir a un gran poeta» (Fernández Bremón 1879). El 3 de marzo de 1915 Angelina Alcaide de Zafra8 leyó fragmentos de su libro recién publicado Cartas de hombres («Cartas de hombres», La Prensa: Diario Republicano, 15 de marzo de 1915, p.1). El 29 de mayo del mismo año la maestra y escritora Teresa Salanova9 de su libro en preparación Educación y patria («Noticias generales», La Correspondencia de España, 29 de mayo de 1915, p.7). Ambas lecturas solo merecieron en la prensa las gacetillas de rigor. El 11 de junio de 1920 fue la escritora María de la Paz Valero de Mazas la que dio lectura a algunas páginas de un libro en prosa próximo a publicarse de Alejandro Bher (seudónimo conjunto de María de la Paz Valero y su esposo Mariano Mazas), titulado Dila…, que comenta Fortunio en La Esfera (1920) y se acompaña de dos espléndidas ilustraciones de Hipólito Hidalgo de Caviedes. Es, según el cronista, «un libro erótico, en el sano y recto sentido de la adjetivación. Amatorio más bien»; en la lectura del Ateneo anota Fortunio que se estableció una «identificación espiritual entre la conferenciante y los oyentes», algo poco habitual en ese foro: La tribuna del Ateneo, tan ecléctica, parece más propicia a la controversia política, al amplio suelo filosófico, a la erudición literaria, a los versos sonoros y rotundos. Pero no a la confesión en voz baja de un amor de mujer que envenena el alma de un hombre y es divulgado después por otra mujer. 8 De esta escritora andaluza, hermana del también escritor Joaquín y de las pintoras M.ª Teresa y Regina, se conoce este libro y la novela La tontería de un gato (1910). 9 Salanova era española (de Ciudad Rodrigo), aunque sus padres habían emigrado tempranamente a la Argentina, donde vivió muchos años; viajó a España en varias ocasiones: entre julio de 1912 y octubre de 1916, colaborando con los periódicos mirobrigenses La Iberia y Avante y publicando la novela La maceta de camelias (1916), y volvió nuevamente en 1925 y 1929. Ángeles Ezama Gil 66 A este libro le dedicó también un artículo Andrés González Blanco en la revista Nuestro Tiempo (1921: 60), en el que lo considera como un «poema lírico en prosa, o más, colección de breves poemitas, de lieders en prosa enlazados por un motivo temático […] una fogarata de pasión y un encendido horno de amor ardiente»; afirma que es un libro variado difícil de encasillar en género alguno, y alaba sus modernas ilustraciones. 67 Capítulo 4 Las conferencias: Conferenciantes españolas 4.1. discursos, conferenciAs, lecturAs La voz discurso se define en Autoridades (1732) como «razonamiento, plática o conversación ponderada y dilatada sobre alguna materia». Elías Zerolo en su Diccionario enciclopédico de la lengua castellana (Paris, Garnier, 1895) lo explica como: «acto de la facultad discursiva», «serie de las palabras y frases empleadas para expresar lo que se piensa o siente», y cita como sinónimos: «arenga, oración, elogio, panegírico, sermón, alegato», apostillando: Sinónimas son estas denominaciones en cuanto significan una reunión de palabras dispuestas con inteligencia y arte para persuadir, convencer y mover a un auditorio. Diferéncianse en el objeto que el orador se propone y en el lenguaje y estilo de que se vale, acomodado y propio a cada una de ellas. La palabra discurso viene a ser genérica, pues que se extiende a todo lo que pertenece a la facultad de hablar y se deriva del verbo dicere, digo, hablo, y según su común definición, significa reflexión, razonamiento fundado en ciertos principios y antecedentes, comprendiendo por lo tanto a toda conversación y plática bastante extensa sobre cualquiera materia, sobre todo siendo de importancia. […] Se componen discursos sobre materias históricas, literarias, morales, y metafísicas; se hacen discursos en públicas reuniones para sentar o ilustrar un hecho, discutir leyes, instruir al auditorio. Se discurre sobre todas materias, y considerado así, más corresponde a la razón, al juicio, que a la pasión, la imaginación y la elocuencia. […] Ángeles Ezama Gil 68 El discurso supone discusión, enlace de pruebas, y se dirige no menos a convencer que a conmover. […] El discurso pertenece principalmente a la inteligencia, pues que sus partes son las mismas que las del pensamiento, cuales son el atributo y los diversos complementos necesarios a la enunciación; corresponde, pues, a la lógica. Por otra parte, Joan Estelrich (1931) define la conferencia como «un gènere nou, modern, actual. Ha nascut en els clubs polítics, en les aules universitàries, en els salons intellectuals. Es ateneística, és profesional, és íntima». Y la distingue de otras formas oratorias: Una conferencia no és un discurs, ni una arenga, ni una lliçó, ni un sketch, ni una lectura, ni una conversa. Una conferència ha de tenir un sic de tot aixó, tot conservant una personalitat de gènere autónom. Una conferencia ha d’esser només una conferència. Com a objecte, com a finalitat, pot prendre els objectius de qualsevol ciència didáctica. Com a forma i com a metode ha de pretendre, essencialment, ensenyar, amb un paraula i un gest, eminentment espirituals, que distreguin, sense excesso de patetisme ni d’ironía. De la conferencia n’ha de restar, com un pòsit invisible, pero penetrant, un ensenyament. Luis Araujo Costa (1920) distingue entre la conferencia y el discurso Entre el discurso, la pieza oratoria, cuyas condiciones estudia la Retórica, y la conferencia, existe un abismo. Puede darse el caso de un orador que no sepa pronunciar una conferencia, y aun puede decirse que los oradores no son, por lo común, conferenciantes, y viceversa. En España, donde hay tan notables oradores, hay, en cambio, muy pocos conferenciantes […] Fuera de D. Vicente Lampérez y de algún otro, apenas hay conferenciantes en España. La conferencia o lección de un español lleva en desquite una ventaja sobre las pronunciadas por los franceses, y es que el español generalmente no sube a una cátedra, ni se presenta ante un público para decir lo ya sabido, para divulgar lo que hay estudiado en uno u otro libro. Hay siempre en su labor ideas propias, algo personal, investigaciones hasta entonces desconocidas, parte de su inteligencia, en suma. La mayoría de las conferencias francesas son, por el contrario, de mera divulgación. Las musas suben a la tribuna 69 La lectura pública parece una práctica diferente, más vinculada al ámbito docente; no obstante, las conferencias tienen también este sesgo (Ezama 2013b). En el DRAE de 1817 se define la lectura: «En las universidades el tratado o materia que un catedrático o maestro explica a sus discípulos, [y también el acto de enseñar públicamente y explicar de extraordinario]». En este último contexto se explica el anuncio de una Academia de conferencias y lecturas públicas de la Universidad Central, dirigida por Fernando de Castro, que aparece en la prensa desde 1869; se cita por primera vez con motivo de la celebración del centenario cervantino el 23 de abril, a propósito de un acto literario celebrado en el Senado (La Tipografía, 1/1869, p.6). A la Academia se vinculan las Conferencias dominicales para la educación de la mujer, que se inauguraron el 21 de febrero de 1869, impartiéndose 15 entre esta fecha y el 30 de mayo (Vázquez Ramil 2012: 32-34); acusó recibo de todas ellas Concepción Arenal (1869; Ballarín 2013). Si sobre el citado ciclo de conferencias han sido numerosas las indagaciones, no sucede lo mismo con el que siguió a este, inaugurado el 5 de diciembre de 1869 por Fernando de Castro, con el título de Conferencias y lecturas públicas para la educación de la mujer; al igual que las anteriores eran «conferencias dominicales», pero planteadas de forma diferente: se pretendía que cada profesor desarrollase una asignatura en 10 lecciones, que juntas formarían un curso y un libro que habría de imprimirse con el título de Biblioteca de la Mujer; el objetivo es ahora el de facilitar la «educación científica y literaria, de una manera concreta y aplicada, con carácter instructivo, didáctico y doctrinal, sin excluir la amenidad que haga más atractiva la enseñanza» (Castro 1869: 2), Las conferencias serán lecciones, no discursos. No esperéis, por tanto, arranques oratorios, ni arrebatos poéticos ni llamaradas de esas que provocan nutridos y frenéticos aplausos […] En cambio, la palabra, aunque sencilla, será noble y castiza, el lenguaje claro, la dicción pura y la frase correcta y propia. Cosecharéis además, si prestáis un poco de atención, tal suma de conocimientos, tan útil y fructuosa enseñanza, que habrá de contribuir muy mucho a que sepáis gobernar mejor vuestra casa, dirigir más acertadamente vuestra vida, y a que os presentéis en sociedad con la cultura y el saber que hoy se admira en la mujer de los pueblos más adelantados de Europa (Ibíd.). Ángeles Ezama Gil 70 En este ciclo intervinieron como conferenciantes: entre el 5 de diciembre de 1869 y el 17 de abril de 1870 Antonio María Segovia («Nociones de la ciencia económica») y Juan Valera («Introducción a las religiones politeístas en los antiguos pueblos de España»), entre el 12 de diciembre de 1869 y el 27 de marzo de 1870 Miguel Merino («Nociones de Cosmografía») y Cayetano Rosell («Educación de las madres de familia»), entre el 6 de enero y el 3 de abril de 1870 Francisco de Paula Canalejas («Historia de la Literatura Española») y Francisco Pi i Margall («Naturaleza, carácter y fin del arte»). Ignoro si llegaron a editarse. 4.2. lAs conferenciAs Las conferencias se leen, como apunta María Martínez Sierra en Una mujer por caminos de España: «Cuando no leo una conferencia escrita de antemano, cuando hablo en un meeting –y este es un meeting para mí– nunca empiezo hasta que una sutil telepatía me da el tono en que he de comenzar» (1989: 111). Pero no solo la voz es importante para el orador. Ya Hugo Blair en el vol. III de sus Lecciones sobre la Retórica y las Bellas Letras (1817) dedica un capítulo (lección XXIX) a la «Pronunciación o recitación» del discurso (pp.138-168). En él afirma el preceptista que el manejo de la voz y el gesto «está íntimamente enlazado con la persuasión, la cual es, o debe ser, el fin de toda elocución pública» (p.138); añade, entre otras cosas que «las palabras, para tener su significación completa necesitan casi siempre recibir alguna ayuda de la manera de la pronunciación o recitación» (p.139). Continuando con su argumentación llega a los objetos que debe perseguir el orador público: «el primero, hablar de modo que sea completa y fácilmente entendible de cuantos le escuchan; el otro, hablar con gracia y con fuerza para agradar y mover al auditorio» (p.142); para ser entendido completamente se necesitan cuatro requisitos: tono de voz mediano, articulación clara, moderación en la ligereza de pronunciar, y propiedad en la pronunciación; hay además otras partes más altas de la recitación con las que el orador, más que darse a entender, procura «dar gracia y fuerza Las musas suben a la tribuna 71 a lo que habla», y que son: énfasis, pausas, tonos y gesto (pp.142-147); a estas cuatro últimas dedica buen número de páginas (147-168), señalando que «un orador público ha de tomar la manera que le sea más natural» y recomienda: Cuando hable uno en público cuide de conservar la posible dignidad en la actitud de todo su cuerpo. Ha de escoger, generalmente, una postura recta, y mantenerse firme para manejarse en todas sus acciones con total desembarazo. Está en uso inclinarse uno hacia adelante, a los oyentes, como por una expresión natural de interés. El semblante ha de corresponder a la naturaleza del discurso; y cuando no se expresa alguna conmoción especial, es mejor un mirar serio y grave. Los ojos nunca han de estar fijos sobre un objeto, sino que han de girar alrededor del auditorio. Lo principal de los gestos al hablar está en el movimiento de las manos […] Lo que importa es que los movimientos sean desembarazados (pp.165-166). Concluye recomendando que el orador huya de la afectación y que utilice «una manera propia, no imitada de otro, no tomada de algún modelo imaginario, que no le sea natural» (p.167). Louis Bautain (1856: 11 y ss.), por su parte, apunta que para hablar en público hacen falta una serie de cualidades como: poseer una sensibilidad viva, una inteligencia penetrante, buen sentido, una imaginación despierta, una voluntad firme, un carácter expansivo y además el instinto natural de la palabra. Estima como disposiciones fundamentales en el orador empezar primero por aprender a pensar y saber escribir Ibíd.: 51 y ss.). Entre las habilidades físicas incide en la voz, la pronunciación y la acción oratoria (Ibíd.: 82 y ss.), entendiendo por esta última «les mouvements de la physionomie, la tenue et les attitudes du corps et surtout le geste: trois choses qui accompagnent naturallement la parole et ajoutent singulièrement à son expression» (Ibíd.: 97); matiza que «en général, la sobriété du geste est préférable à la surabondance» (Ibíd.: 102). Resume las predisposiciones necesarias para el orador, que pueden aprenderse: Ángeles Ezama Gil 72 L’habitude de décomposer et de recomposer la pensé, ou l’analyse et la synthèse. Savoir écrire d’une manière correcte, claire et élégante. Pouvoir manier la langue à volonté sans effort, et organiser soudainement la phrase, sans arrêt et d’une manière irreprochable. Une declamation facile et intelligente. Une prononciation nette, distinct et accentuée. La bonne tenue du corps. Le geste aisé, expressif et gracieux. Et par-dessus tout cela la distinction naturelle ou acquise des manières et de la personne (Ibíd.: 104). Samuel Beeton (1885: 56-59), en fin, señala que hay cuatro modos distintos de pronunciar un discurso: leerlo del manuscrito; escribirlo y memorizarlo y recitarlo sin referencia al texto escrito; fijar el plan en la mente y confiar en que el estímulo del momento proporcionará las palabras para vestir las ideas; prepararlo de antemano y confiar a la memoria los pasajes más importantes del discurso, confiando en encontrar las palabras adecuadas para el resto. Considera Beeton que el mejor es el tercero. El discurso oral puede luego tener, y a menudo la tiene, una versión escrita, resultado de someter el discurso a un proceso de transducción, esto es, de resumen o paráfrasis (Albadalejo 2003); lo ilustra muy bien el caso de Emilia Pardo Bazán, que reflexiona a propósito de la versión escrita de su conferencia Los pedagogos del Renacimiento: Aun después de cometido el lapsus en la lectura pública del discurso (donde pasó inadvertido, y no me extraña), pude haberlo enmendado al verificar esa cariñosa y detenida revisión que ningún orador suele omitir cuando sus obras van a la prensa; revisión de la cual salen a veces que no las conocerá el padre que las engendró (Pardo Bazán 1888: 927). Las conferencias fueron una de las innovaciones introducidas en el Ateneo durante la Restauración; en este periodo se invitó a un Grupo no pequeño de oradores para que ocupasen la cátedra dando algunas de esas conferencias que con tanto éxito inauguró la Institución Libre Las musas suben a la tribuna 73 de Enseñanza en 1877, y que tan en boga han puesto el Círculo de la Unión Mercantil, el Fomento de las Artes, el Ateneo Mercantil, la Dirección de Agricultura, el Conservatorio de las Artes y la Sociedad Económica matritense (Labra 1878: 175). Se convirtieron en la auténtica savia ateneísta a partir de entonces, sustituyendo a las agotadas cátedras; en ocasiones un grupo de conferencias sucesivas sobre el mismo tema tendía a cubrir la apariencia de que la enseñanza ateneísta continuaba vigente (Villacorta 2003: 429). Los ciclos de conferencias agrupadas bajo el rótulo de «Conferencia organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes» con temas de erudición literaria y artística, subvencionadas por el Ministerio, se organizaron a partir de 1905 (Ibíd.: 433), pero a ellas rara vez fueron invitadas las mujeres. A priori podría sorprender el elevado número de conferencias pronunciadas en la docta institución, pero es que, como señala Aznar (1909d), «Es el Ateneo, entre todos los centros españoles, aquel en que más retórica se consume, ya en forma de discursos, ya en retazos de pura conversación». A pesar de ello, Gómez de Baquero afirmaba unos años antes (1898: 151) que «A las conferencias del Ateneo suele ir poca gente, a menos de tratarse asuntos de mucha actualidad, de oradores de moda o de novedades como los Cursos de Estudios Superiores». La actividad conferenciante fue muy frecuente entre las mujeres a principios del sigloxx, como se pone de manifiesto en los casos de Emilia Pardo Bazán (Ezama 2012a; Guzmán 2014), Maria de la Rigada, Blanca de los Ríos, Carmen de Burgos y Maria Teresa León, si bien apenas ha sido tomada en consideración por la crítica. Algunas de estas mujeres hicieron las conferencias una de sus actividades profesionales primordiales; es el caso de Gabrielle Réval, Olga Morães (Ezama 2018), Paulina Luisi, Concepción Gimeno y otras. Por lo que concierne al Ateneo las conferencias pronunciadas por las mujeres suelen estar supeditadas a ciclos impulsados por las distintas secciones (contados nombres de mujeres figuran en los organizados por la Ángeles Ezama Gil 80 maestras (Ezama 2017b: 226-230); pero la mayoría, es el caso de Matilde de la Torre o de Pasionaria, son oradoras de modo instintivo. 4.4. conferenciAntes espAñolAs: cuestiones de Arte y literAturA La condesa del Castellá4 pronunció un discurso el 26 de diciembre de 1912 sobre «El momento y la obra maestra de Albéniz» dentro de un ciclo de conferencias organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, en la que trataba de sacar del olvido al músico, escasamente reconocido hasta entonces; el pianista Tomás Terán ejecutó algunas piezas de Albéniz, pertenecientes a la suite Iberia, como complemento de la conferencia, que se publicó en la revista La Palabra en 19135. La conferenciante trató personalmente al músico, por lo que le parece al cronista de El Globo (Salvador 1912) la persona más adecuada para disertar sobre el asunto, elogiando de ella su «verbo elocuente, chispeante, acusador de una cultura variada y de un conocimiento grande de los problemas actualmente sometidos a nuestra crítica musical». Por su parte, R. de C. en La Correspondencia de España (1912) elogia sobre todo la ejecución del joven pianista Terán. may encompass any educational practice that promotes the ability to instruct, delight, move or engage in conversation with an audience, whatever its size» (Gold y Hobbs 2013: 3-4). 4 Ignoro si M.ª del Carmen de Castellví y Gordon (condesa del Castellá) fue miembro del Ateneo, ya que no he podido documentarlo; no obstante, su nombre aparece en un escrito del 13 de abril de 1913 de socios del Ateneo de Madrid en el que buen número de ellos protestan por el atentado contra el Rey («El atentado contra el Rey», Heraldo de Madrid, 14 de abril de 1913, p.1). La Condesa es autora de un libro de poemas, un manual de urbanidad, algún cuento y una conferencia sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda; pero su obra escrita fue sobre todo periodística: colaboró con varias publicaciones, entre ellas El Liberal de Barcelona, de cuya sección «Manos blancas» (creada en 1901 y dirigida a la mujer) fue directora, Cultura Hispanoamericana, Álbum Salón, La Ilustración Española y Americana, Nuevo Mundo, Ateneo, La Ilustración Artística, Elegancia y otras. 5 La Palabra, editada por José Alisedo entre enero y diciembre de 1913, se presentaba como «Revista taquigráfica de conferencias científicas y literarias, explicadas en el Ateneo de Madrid y en todos los centros españoles de cultura». Las musas suben a la tribuna 81 La Condesa se presenta modestamente ante el público, no en su calidad de técnica, musicóloga o crítica, sino en su «oscura condición de poeta que hizo de la música la pasión más grande de su vida intelectual» (Condesa del Castellá 1913: 1). Desde esta condición defiende la música nacional, que le parece un exponente de «el genio de la raza» (Ibíd.: 4), y en particular reivindica a Albéniz, objeto de una «injusta indiferencia» en España (Ibíd.: 7); y lo reivindica en una de sus piezas más españolas, su obra maestra la suite Iberia: Así es la Iberia: un canto magnífico a España, no un alarde de ciencia tonal y sonora: es nuestra música con su alto origen primitivo, nuestro ambiente, nuestra alma quintaesenciada y compleja. Sus doce momentos condensan nuestra leyenda, desde el Fausto de los califas al drama oscuro y carcelario, desde el fatalismo musulmán indígena hasta la hampona desvergüenza de Lavapiés (Ibíd.: 13). Esta última conferencia tuvo una importante repercusión en la prensa, tal vez por la condición de aristócrata de la disertante, quizás por la reivindicación de la figura de Albéniz que realiza o quizás por la excelencia de la ejecución de Tomás Terán. Así, por ejemplo, en Nuevo Mundo Roberto de Galain (1912) tildaba de «andanza de Juana de Arco del ideal artístico» la intervención de la Condesa a favor del músico, y la alababa sin reservas: La condesa del Castellá ha penetrado en la obra de Albéniz con la exquisita espiritualidad que atesora el delicado temperamento de una mujer todo corazón y con la desenvoltura que proporciona el dominio de la técnica cuando se trata de ahondar en una materia determinada. Margarita Nelken leyó dos conferencias en el Ateneo que tienen relación con su dedicación a la crítica de Arte (García Maldonado 2010: 9-11)6. 6 Nelken ocupó un lugar importante en la política artística española debido a su estrecha relación con los Museos del Prado (fue durante 15 años la encargada de los cursos que Ángeles Ezama Gil 82 La primera, el 21 de marzo de 1918, trató sobre «Arte actual y pintura decorativa» invitada por la sección de Artes Plásticas del Ateneo y dentro de un ciclo de conferencias sobre las nuevas corrientes del Arte contemporáneo (Barbero 2014: 192-196). De ella hizo una reseña bastante larga El Sol al día siguiente («La vida artística», 22 de marzo de 1918, p.6) en la que se alaban las ideas y puntos de vista poco corrientes de la conferenciante sobre el tema. Por su parte A.V. y G., en El Imparcial (1918) se muestra igual de elogioso: Más radical en conceptos estéticos que la mayoría de sus colegas, manifestó sus preferencias por determinadas direcciones del Arte contemporáneo, y justo es reconocer que supo defenderlas inteligente y valientemente. Las páginas, que el auditorio recibió complacido, podrían llevarse desde luego a las revistas de Arte, y así esperamos que lo haga su autora; por su factura acabada, y en particular por la materia, acerca de la cual no tenemos, cual sucede en otros países, una abundante bibliografía. Reconoce el cronista la dificultad de extractar el contenido de la conferencia, más asequible a los iniciados en el mundo del Arte puesto que se trata de un trabajo experto. Afirma rotundo en el final que «El triunfo que ayer obtuvo la señorita Nelken legítimo e indiscutible, se debe, más que a su condición de mujer, y de mujer encantadora, a su positivo talento». En este discurso, ilustrado con proyecciones, Nelken diserta sobre la preeminencia de la pintura decorativa en el Arte contemporáneo (Nelken 1922a), una reacción idealista contra el naturalismo y el impresionismo; esta pintura solo busca la sensación exterior, «arte más brillante, más agradable…. Y más fácil» (Nelken 1918a: 4); su predominio ha provocado que «la otra pintura, la del idealismo fuerte y honrado [Van Gogh, v.gr.], ha llegado a parecer algo raro, y hasta una originalidad de mal gusto» (Ibíd.); su mejor exponente es el pintor Maurice Denis (Nelken 1919b), que le celebraba el Museo) y de Arte Moderno (formó parte de su Patronato entre 1931 y 1936) (Pérez Segura 2003a: 740). Las musas suben a la tribuna 83 pide a la pintura «Equivalente en belleza, correspondencias estéticas de nuestros pensamientos y de nuestras emociones […] siente que la belleza de nuestro arte actual tiene que ser una belleza de fondo y de forma, una armonía que existe únicamente por lo que proyecta hacia afuera» (Nelken 1918a: 11); también lo es el pintor vienés Gustave Klimt, cuya pintura, al igual que la de los pintores decorativos rusos y alemanes, se basa en un sentimiento nacional: «Klimt, en su producción diversa y siempre una, es la síntesis más perfecta del arte decorativo vienés en su multiplicidad» (Nelken 1918b); y Puvis de Chavannes. El arte actual, «no el que nos permite recordar emociones sino el que nos las sugiere por sí mismo, desciende directamente del arte gótico, que fue la más pura expresión del espíritu» (Ibíd.: 9); tras esta afirmación establece un paralelo entre Fray Angelico y Van Gogh, ambos primitivos modernos (Ibíd.: 12). Explica Nelken que el arte que se contenta con apariencias «no podrá, en ningún modo, ser la expresión que corresponde a nuestro tiempo» (Ibíd.: 16); además, en España esta pintura decorativa es exótica, ya que «el arte español, en ninguna de sus manifestaciones, ha sido jamás exterior» (Ibíd.: 23). Considera como los dos polos de la pintura actual a Zuloaga y Picasso, aunque propone guardar un puesto de honor a Van Gogh: «Otros, hoy día, podrán ser más perfectos; geniales como él ninguno […] me parece ser el genio que sintetiza el espíritu de toda la pintura moderna; mejor dicho, de todo el arte moderno» (Ibíd.: 25). La conferencia es una impresionante lección de Historia del Arte, en que revela Nelken sus profundos conocimientos sobre la técnica pictórica, mostrando su competencia en el tema. El 19 de febrero de 1920 Nelken ofreció una conferencia sobre «La obra del escultor Mestrovic»7, ilustrada con proyecciones, una obra que en7 Es a partir de 1915 cuando el nombre de este escultor de origen serbio empieza a aparecer de manera asidua en las páginas de la prensa; precisamente Nelken publica ese año «El arte balkánico: Iván Mestrovic», Summa, 1 de diciembre de 1915, pp.10-15. Con posterioridad le dedicó también algunos artículos: en el periódico El Fígaro el 16 de enero de 1920, «El renacimiento artístico en Europa. Las últimas obras de Mestrovic», en el que se refería a la exposición de pintura yugoeslava celebrada en París por esas fechas, exponente del Ángeles Ezama Gil 84 tronca con la del también escultor Auguste Rodin («Anoche en el Ateneo. La obra del escultor Mestrovic por Margarita Nelken», El Sol, 20 de febrero de 1920, p.2). A esta concurrida disertación acudió numeroso público deseoso de oír a la conferenciante: Un público selecto y numeroso acudió ayer a las seis y media de la tarde, al Ateneo, a oír la brillante conferencia de la señorita Margarita Nelken a propósito de la obra del escultor Ivan Mestrovic. Con palabra fácil y elocuente, de matices sugestivos, la conferenciante cautivó la atención de los oyentes, que cortaron con frecuencia cou sus aplausos la amena disertación («En el Ateneo. La obra del escultor Mestrovic», El Fígaro, 20 de febrero de 1920, p.5). Adela González Fiori8 disertó el 25 de febrero de 1922 sobre «Un nuevo aspecto de modalidad estética», esto es, acerca de la crítica y de la estética en las Artes y en la Ciencia («De la vida cultural. Las conferencias de ayer», El Imparcial, 26 de febrero de 1922, p.4). Julia Peguero leyó una conferencia el 25 de enero de 1929 sobre «El cantor de Aragón. Marcos Zapata», el «Zorrilla aragonés», del que leyó fragmentos de comedias y varios poemas; el cronista de ABC elogia en Peguero a la «consumada declamadora», que «recitó los versos de Zapata con clara fluidez de fontana, con diversidad de matices, que no llegaban, sin embargo, a descomponer un punto la serenidad helénica de la figura» («Noticias e informaciones de lecturas y conferencias», ABC, 26 de enero de 1929, p.21). renacimiento artístico europeo contemporáneo; y en el diario madrileño La Opinión el 6 de septiembre de 1923 «La obra nacional de Iván Mestrovic». 8 No he conseguido allegar apenas información sobre González Fiori, excepto la relativa a su condición de concejal del Ayuntamiento de Madrid entre 1927 y 1929, su función como presidente de la Sociedad de Cultura y Progreso Femenino –1920-1921–, y del Partido Socialista Monárquico Obrero Alfonso XIII (1930-1931). Debió de recibir formación científica: su nombre figura con tres referencias en las Actas de la Asociación Española para el Progreso de las Ciencias celebrado en 1922: «Movimiento de energía», «El movimiento de rotación y los imanes», «Aplicación del equilibrio de las fuerzas al cinematógrafo». Las musas suben a la tribuna 85 El 16 de abril de 1932 la escritora y periodista socialista Matilde de la Torre9 disertó sobre el «Valor educativo del folklore en las masas populares» («Ateneo de Madrid», La Libertad, 14 de abril de 1932, p.8); este novedoso planteamiento sobre el folklore lo había expuesto el pedagogo italiano G. Lombardo-Radice en un artículo publicado en la Revista de Pedagogía en 1928 titulado «El folklore y la educación de los niños». La autoridad de Matilde de la Torre en esta materia es indiscutible, ya que en 1924 había fundado el grupo de coros y danzas Voces cántabras y era miembro de la English Folk Dance and Song Society; en diciembre de 1931 viajó a Londres con su grupo para asistir a un festival folclórico internacional invitada por la English Folk Society («Voces cántabras. Coro de campesinos», Ritmo. Revista Musical Ilustrada, 15 de diciembre de 1931, p.12); a esta estancia londinense atribuye la notoriedad alcanzada por Voces cántabras el articulista de El Sol cuando se refiere a la excelente actuación del grupo en el Teatro Lírico Nacional a partir del 30 de noviembre de 1932 (Salazar 1932). El 1 de febrero de 1939 Maria Teresa León disertó sobre «Vocación, supervivencia y gloria» en la Cacharrería del Ateneo, dentro de un ciclo desarrollado por la asociación de actores de la UGT10; la conferencia era una diatriba contra el estado deprimente de la producción dramática española del momento, tan vehementemente denunciada por la dramaturga en sus artículos periodísticos para Heraldo de Madrid y otros periódicos; lamenta el articulista: «Lástima que tan culta y limpia conferencia, y tan bien leída además, solo la hayan podido saborear alguna media centena de 9 Matilde de la Torre fue, además de escritora y periodista, folclorista y docente (creó una academia en Cabezón de la Sal, su pueblo, donde enseñaba según los principios de la Institución Libre de Enseñanza). Se afilió al Partido Socialista en 1930, al servicio del cual se ocupó de la creación de Casas del Pueblo campesinas y desarrolló una brillante oratoria; fue elegida diputada en las elecciones de 1933 y 1936. El exilio posterior a la guerra civil la llevó a México donde falleció en 1946. Era prima de la pintora María Blanchard. 10 Este Curso de conferencias lo había inaugurado el día 30 de noviembre de 1938 José Ojeda con una disertación titulada «Comentarios a la hora actual del teatro» («Curso de conferencias de los actores de la U.G.T. en el Ateneo», La Libertad, 1 de diciembre de 1938, p.2). Ángeles Ezama Gil 86 oyentes» («Conferencia de Maria Teresa León en el Ateneo», La Libertad, 2 febrero 1939, p.2). 4.5. conferenciAntes espAñolAs: el compromiso sociAl y político La estudiante de Derecho Victoria Kent11 informó en el Ateneo el 17 de abril 1921 acerca del «Congreso de estudiantes de Praga», al que había acudido, junto con otros tres jóvenes, en representación de la Unión Nacional de Estudiantes y de la Juventud Universitaria Femenina; la presentó Elisa Soriano, presidente de esta última asociación. El texto de la conferencia lo publicó Kent en 1921 y lo incluye Ramos en el trabajo que dedica al mismo (1998). El abogado Pita Romero (1921) comenta la intervención de la conferenciante aseverando que «El hecho de que una mujer nos hable desde aquella tribuna no es ya, afortunadamente, insólito»; se detiene luego en la voz y los gestos de Kent: «Tiene la voz templada por la platónica sencillez de los que estudian, tiene unos ademanes suaves y graves, tiene el rostro cierto aire de fatiga y de preocupación, y una mirada llena de serena voluntad»; resume el contenido de su intervención: informar sobre los resultados del Congreso y sobre la gestión de la delegación española, que ha sido positivamente estimada; distingue entre la España real, que progresa, y la España oficial, y espera que lleguen a ser una sola, confiando en el esfuerzo de los estudiantes. Ramos (1998: 422) afirma que las propuestas de trabajo recogidas por Kent en este informe coinciden con los planteamientos de la Institución Libre de Enseñanza y más concretamente de la Junta para la Ampliación de Estudios. 11 Kent estudió Derecho y fue la primera mujer abogada que formó parte del Colegio de Abogados de Madrid en 1925; afiliada al Partido Republicano Radical Socialista, fue elegida diputada en las elecciones de 1931 y 1936; en abril de 1931 obtuvo el cargo de Directora General de Prisiones, del que dimitió en junio de 1932. Mientras cursaba Derecho, entre 1915 y 1922, vivió en la Residencia de Señoritas (Vázquez Ramil 2012: 413). Para más datos sobre Victoria Kent véanse Ramos 1989; Arias Bautista 2004. Las musas suben a la tribuna 87 El 26 de mayo de 1931 Clara Campoamor habló sobre «Mariana Pineda» en el marco de los homenajes celebrados para honrar el centenario de la ejecución de la heroína liberal (Aguilera 2002: 158-159). No he encontrado ecos de esta conferencia en la prensa de Madrid pero sí en algún periódico de provincias como La Correspondencia de Valencia; Palma (1931) estima que este acto protagonizado por Campoamor es el de mayor resonancia de los celebrados en Madrid para honrar a la heroína granadina. Ignoro si el texto de esta conferencia es el que Campoamor publicó en el periódico La Libertad ese mismo día; en este la escritora considera que la lucha de Mariana por la libertad ha triunfado después de un siglo, Y contigo el porvenir de la intervención de la mujer en la actividad pública, porque en un solo mes ha hecho más la república por la dignificación y personalidad de la mujer que la monarquía en veinte siglos de desconocimiento y negación contumaz de España. Sólo hoy creemos que la libertad que tú anunciaste horas antes de tu muerte puede llegar a España (Campoamor 1931). El 5 de diciembre de 1932 intervino María Martínez Sierra en un ciclo de 12 conferencias organizado por la sección de Ciencias Morales y Políticas sobre «El pensamiento político de la España de hoy» (Aguilera 2006: 111-113), con una titulada «Dudas del momento» («Ateneo de Madrid. Conferencia de D.ª María Martínez Sierra», La Libertad, 6 de diciembre de 1932, p.5); fue la única mujer participante en el mismo. El discurso de María suena de plena actualidad cuando aduce reflexiones como las siguientes al referirse a su tiempo: La humanidad sufre necesidad urgente, y al parecer catastrófica, porque no ha sabido distribuir los bienes materiales que son su tesoro, porque le ha faltado habilidad para administrar sus recursos. Y se da, por falta de eficiencia económica exclusivamente, esta paradoja: millones de seres humanos se están muriendo de hambre en un planeta abarrotado de comestibles que hay que tirar al mar o quemar en fuegos inútiles porque no se halla medio de encontrarles salida. Ángeles Ezama Gil 88 Solemos indignarnos contra el crimen del capitalismo que ha hecho posible este absurdo trágico (Martínez Sierra 1933: 11). En España, en Italia, por ejemplo, hay millares de gentes sin trabajo; es decir, con hambre; es decir, a punto de entrar en desesperación; es decir, abocados al inevitable, al humano “¡Húndase todo, puesto que yo perezco!”. Y en Alemania, y en Inglaterra, y en Austria, y en América, y en China, los parados, los hambrientos, los desesperados, los que mañana mismo, ahora mismo, pueden cansarse de padecer y trocarse de víctimas en jueces y en verdugos, son millones, ¡millones! Medítenlo, si a cálculo tan simple alcanzan sus inteligencias, cegadas por el egoísmo, los privilegiados, ¡que son tan pocos! (Ibíd.: 18). En esta civilización de ahora, basada en la capacidad de adquirir, la riqueza representa distinción, excelencia y halaga la vanidad del que la posee, no sólo por el bienestar material que supone, sino muy especialmente por el privilegio que confiere. Se es más, no tanto porque se tiene más, sino porque se representa más (Ibíd.: 24). Estas reflexiones se resumen en el dilema del momento presente: «¿Colectivismo o individualismo? ¿Internacionalismo o nacionalismo?», que resuelve en estos términos: «No tiene remedio. Afortunadamente, no tiene remedio. La Humanidad se socializa y la tierra se internacionaliza» (Ibíd.: 17), un plan ideal de fácil realización en opinión de la oradora: Si todos trabajaran para todos, con muy pocas horas al día estaría cumplido el trabajo del mundo. Lo que necesita para vivir en abundancia la humanidad entera exigiría muy limitado esfuerzo de cada uno; poco trabajo, organización racional, acción colectiva para la producción y la distribución […] Cooperación, interés colectivo, ¡el remedio único! (Ibíd.: 20). Lo importante, al cabo, es «la obra de la comunidad, del grupo […] lo esencial es la obra, lo que queda es la obra, aunque el hombre perezca» (Ibíd.: 24). Le replicó el jurisconsulto Ángel Osorio y Gallardo el 28 de abril de 1933 con sus «Observaciones al entusiasmo colectivo de María Martínez Sierra», conferencia pronunciada en la AFEC («En la Asociación Femenina Las musas suben a la tribuna 89 de Educación Cívica. El Sr. Ossorio y Gallardo pronuncia una interesante conferencia sobre colectivismo», Heraldo de Madrid, 29 de abril de 1933, p.14). En la citada disertación Ossorio rebate los principios colectivistas defendidos por Martínez Sierra y defiende los principios de libertad y democracia; afirma que únicamente si el colectivismo fuera capaz de terminar con la guerra se sumaría con gusto a dicho credo. La propia María debió de replicar, a su vez, al discurso de Ossorio el día 2 de mayo con una disertación titulada «Mi colectivismo» de la que solo se conoce el título, pero que, aventura Aguilera (2006: 114) sería una reelaboración de la dictada en el Ateneo. Maria Teresa Borragán ofreció el 28 de abril de 1933 una conferencia titulada «Esbozos sobre el momento actual de Méjico», en que comienza por criticar la pasada dictadura española y explica su opción por el México revolucionario como país de residencia; comenta el alborozo con que se recibió en Méjico la república española y expresa su desengaño respecto a esta; considera que la América española es la gran reserva del mundo y estima que México es el nexo de unión entre España e Hispanoamérica; estudia la historia de México y rechaza el dominio económico norteamericano sobre el país y sobre otros del entorno como Nicaragua («Conferencia en el Ateneo sobre el momento actual de Méjico», Ahora, 29 de abril de 1933, p.25). 4.6. conferenciAntes espAñolAs: otros temAs Concepción Gimeno de Flaquer leyó su primera conferencia en el Ateneo el 17 de junio de 1890 ante un numeroso auditorio en el que predominaban las mujeres; el tema era «Civilización de los antiguos pueblos mexicanos»; de la conferenciante se dice que «revela una erudición tan vasta como provechosa, una lucidez de criterio excepcional y una brillantez de estilo gallarda y atractiva por demás», y se da finalmente un detalle sobre su atuendo: «la señora Gimeno de Flaquer lució un elegante traje de raso blanco, escotado» («En el Ateneo», La Iberia, 18 de junio de 1890, p.2). Esta conferencia se explica en un contexto preciso: el de una escritora que Ángeles Ezama Gil 96 egoísta recinto dedicado al sexo feo, a que la hermosa mitad del género humano no tomase parte en las tareas literarias sino en calidad de espectadora y bello adorno de las tribunas». A la primera de estas conferencias, celebrada el día 13 de abril, asistió un numeroso y diverso público: Ni los poemas de Zorrilla y de Campoamor y de Núñez de Arce, ni los discursos inaugurales de Cánovas y de Moret, ni las veladas musicales de Arrieta y de D. Gabriel Rodríguez, han llevado a aquella docta casa más numeroso, selecto e inteligente público. Las tribunas de señoras llenábanlas por completo aristocráticas y bellísimas damas, admiradoras de la egregia artista. En los escaños estaban Castelar, Silvela, Azcárate, Núñez de Arce, Blasco, Manuel del Palacio,… oradores, poetas, jurisconsultos, médicos, periodistas, las cabezas inteligentes, no las calabazas del montón1 («La Rusia en el Ateneo», El Liberal, 14 de abril de 1887, p.2). Aunque entre el auditorio dominaban las mujeres: En rigor de justicia, anoche debieron de ser ocupados por las señoras los rojos escaños y quedar relegado a la tribuna el sexo fuerte. Y a fe que no habrían quedado aquellas muy holgadas, pues que había personal femenino bastante a llenar todos los bancos, y jamás vimos en la docta casa tantas, tan distinguidas y tan hermosas damas («Ateneo de Madrid», El Liberal: Órgano Democrático de la Isla de Menorca, Mahón, 22 de abril de 1887, p.2). El diario La Época describía el aspecto elegante de la conferenciante, sus gestos y su entonación en el acto de la lectura: Traía un vestido de seda negro, salpicado de azabaches. La noble cabeza, con un tocado sencillo y severo, descubierta, se levantaba airosamente, con sus anchas alas de negro cabello sobre los hombros redondos y el blanco 1 Esta referencia recuerda el título del libro de Manuel del Palacio y Luis Rivera Cabezas y calabazas: retratos al vuelo de las notabilidades en política, en armas, en literatura, en artes, en toreo y en los demás ramos del saber y de la brutalidad humana, publicado en 1864. Las musas suben a la tribuna 97 cuello. Los brazos se mostraban desnudos. Un ramo de flores cerraba el escote del pecho. Era una figura simpática que imponía respeto; algo así como una Musa convertida en Sibila. D.ª Emilia Pardo Bazán es de estatura más bien baja que alta, de formas llenas, de conjunto proporcionado, de elegante porte, de ojos llenos de luz, pero que usan lentes. Es su fisonomía alegre, su trato afable, su conversación amenísima, sin que se eche de ver la erudición que posee la autora de La cuestión palpitante, erudición que guarda discretamente para sus libros. Durante la lectura de anoche, cuando ya fue posesionándose de sí misma, accionaba, de vez en cuando, con su mano, o jugueteaba con sus lentes de concha […] A pesar de la duración de la lectura, la voz de la conferenciante no mostró desmayo; siempre natural, firme y tranquila fluía sobre los hermosos párrafos en que se pinta con colores vivísimos y se siente con corazón de mujer la suerte del labriego ruso («La vida madrileña. Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», La Época, 14 de abril de 1887, p.1). El Liberal de Madrid matizaba sobre la lectura: «leería muy bien si leyese más despacio. Su voz es agradable, dulce, persuasiva […] La rapidez con que leía fue causa de que pasaran desapercibidos muchos de los primores del trabajo leído». También se pronunció sobre la lectura el diario La Unión (Fernández Hidalgo 1887a): La señora Pardo de Bazán lee tan bien como escribe, y sabe imprimir a su voz el timbre, los tonos y el claroscuro que corresponde al sentido, a los conceptos, a las gradaciones y al vigor de lo leído, y todo esto sin fatiga, con grandes alientos, demostrando así prácticamente que, en su naturaleza, guardan proporción lo físico y lo moral. Y El Liberal de Mahón (22 de abril de 1887): «La Sra. Pardo Bazán, que tiene una interesante figura, cuando lee lo hace de manera notabilísima, pues a lo dulce de su voz, une pronunciación correcta y expresión adecuada, que hacen resaltar más y más la prosa limpia y brillante de sus escritos». Ángeles Ezama Gil 98 Tras el éxito de esta primera disertación, la segunda fue pronunciada el 20 de abril y a ella acudió un público más numeroso que a la primera, destacando el buen hacer de la conferenciante: Tan diversas materias fueron expuestas por la conferenciante con brillantez y claridad, en un estilo animado y pintoresco, y con voz llena de entonaciones verdaderamente melódicas. Pardo Bazán recibió anoche la consagración de gran lectora. Aunque no dijera nada, bastaría oír su voz para experimentar deleite […] D.ª Emilia Pardo Bazán, merced a sus dotes singularísimas, ha logrado, con sólo leer en público lo que escribió su pluma, ponerse de moda («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo. Segunda conferencia», La Época, 21 de abril de 1887, p.2). Entre el público ha aumentado la presencia femenina (Fernández Hidalgo 1887b). La conferenciante «ofreció leer menos y leer más despacio, y en verdad que cumplió su palabra fielmente» (Soto y Hernández 1887). El Liberal de Mahón (M. 1887) destaca la lectura «con entonación más vigorosa y en tono más reposado» y «más corta en proporciones que la primera, por lo que gustó más»; alaba el estilo de su escritura y su manera de hablar en la «que iguala y aventaja en ocasiones a los grandes maestros del decir en España. Reunir tantos datos sin fatigar ni al que escucha ni al que lee es un triunfo de artista». La tercera y última, en fin, tuvo lugar el 26 de abril; La Iberia enfatiza el entusiasmo y la admiración que ha suscitado entre el público asistente y reproduce algunos de sus párrafos («La señora Pardo Bazán en el Ateneo. El naturalismo francés y el naturalismo ruso», La Iberia, 28 de abril de 1887, p.2); para esta última conferencia «la señora Pardo Bazán lucía otro traje que en las dos veladas anteriores y el auditorio de damas era mayor si cabía» (Fernández Hidalgo 1887c). Pese a la muy favorable opinión general suscitada por estas conferencias, hubo también reticencias como la que expresa el cronista Fernanflor (1887), que atribuye el éxito no solo al talento sino también a «su posición social, sus amistades, su hermosura […] Yo no creo que sean extrañas por Las musas suben a la tribuna 99 completo estas circunstancias al renombre de la Pardo Bazán». Y matiza: «en mi opinión, la Pardo Bazán no es una excepción como algunos creen, puesto que no es una escritora: es un escritor más. Literariamente, explora, describe, analiza y domina con su pensamiento el mundo de los hombres. Su pluma es viril y sus adjetivos tienen bigotes». No hay nada falso en estas afirmaciones del cronista pero, a todas luces, frivoliza y trata de rebajar el talento de D.ª Emilia, aduciendo aspectos que nada tienen que ver con la literatura y clasificando a la escritora en el cajón habilitado para la escritura masculina, señalando por otra parte que: tal vez hubiese preferido encontrar en ella una escritora que iluminase con el resplandor de su corazón inflamado en dulces sentimientos, y evaporándose en palabras que fuesen sonrisas y lágrimas, ese mundo inexplorado del alma de la mujer, sólo bien conocido de ella, y sólo de ella conocido porque sólo lo vive y puede vivirlo ella. El comentario no necesita glosas y es una muestra de los muchos prejuicios que acompañaron la estimación de Pardo Bazán entre sus contemporáneos, necesitados de referirse con frecuencia al sexo de su escritura (Ezama 2002). Estas conferencias de Pardo Bazán constituyen un hito en la historia del Ateneo y en la trayectoria profesional de la escritora gallega, que se convierte así en una mujer con autoridad intelectual para sus colegas masculinos, pero también en una escritora de moda. El 4 de abril de 1892 dio Emilia Pardo Bazán otra conferencia, esta vez sobre «Los franciscanos y Colón» (Guzmán 2014: 166-170), dentro del curso especial de «Historia de América» con motivo de las fiestas del Cuarto Centenario del Descubrimiento (Sánchez Albarracín 2003), que obtuvo también un gran éxito: ¡Qué entrada la de anoche en el Ateneo! No se ha conocido otra semejante. El salón lleno; los corredores apelmazados; las tribunas apiñadas; las puertas embutidas; los pasillos con los sobrantes, con los que no pudieron entrar, ni ver, ni oír («Los franciscanos y Colón», El Liberal, 5 de abril de 1892, p.1). Ángeles Ezama Gil 100 La expectación por oír a la distinguida escritora era anoche tan grande, que mucho antes de la hora señalada para la lectura, el Ateneo hallábase invadido por el público. Salón, tribunas, pasillos, llenos de bote en bote, no podían contener una persona más. Fue una sesión de gala para la docta casa, honrada por multitud de señoras, ávidas de escuchar a la ilustre dama que iba a ocupar de nuevo la cátedra del primero de nuestros centros literarios, donde había cosechado en años anteriores grandes y merecidos aplausos (Stor 1892). El nombre de Emilia Pardo Bazán tiene poder suficiente para que por él se llene la amplia sala de la doctísima casa de la calle del Prado, con plenitud suficiente a satisfacer el más pedigüeño amor propio; tal sucedió anoche: el local fue estrecho para la concurrencia, que se desbordaba por pasillos y salones; hubo momentos de verdadero aprieto en el vestíbulo y confusión y asalto; la solemnidad lo requería, la conferenciante se lo merece todo. Con su lectura acerca de la novela rusa habíanos dado a probar miel sabrosísima; ayer nos la preparaba sobre hojuelas. Los personajes más ilustres, los literatos de más nota, los amigos de cuanto trasciende a triunfo literario, y un crecidísimo número de señoras que quisieron rendir justo tributo de admiración a una legítima gloria de su sexo. Tal era el público que escuchó con silencio religioso y admiración mal contenida la 42 conferencia de las que se vienen dando sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo, cuyo tema era «Los franciscanos y Colón» (Martínez de la Riva 1892). Los más importantes periódicos madrileños dieron cuenta del acto en reseñas bastante extensas y con resúmenes muy detallados del contenido del discurso que revelan la admiración por la figura intelectual de D.ª Emilia, cuyo San Francisco de Asís (Ezama 2014-2015) se recuerda a menudo (v.gr. Kasabal 1892, Martínez de la Riva 1892). Heraldo de Madrid alaba el valor y la diplomacia de la escritora, ya que dijo «cuanto se creyó obligada a decir, mas dicho de tal suerte que los mismos que disienten de sus opiniones no pudieron menos de celebrar su cortesía y su talento» (Stor 1892). La Época estima que la primera parte del discurso «fue erudita, demasiado erudita para aquel público, ansioso de emociones, de notas de pasión y sentimiento», pero que consiguió despertar el interés paulatinamente, «y cuando, al fin de la conferencia, hace una síntesis llena de color y belleza, Las musas suben a la tribuna 101 los aplausos no dejan concluir a la señora Pardo Bazán, ante quien desfila el numeroso concurso, estrechando su mano y felicitándola calurosamente» («La señora Pardo Bazán en el Ateneo», La Época, 5 de abril de 1892, p.4). Otras observaciones sobre esta conferencia, más frívolas, tienen que ver con el aspecto de la disertante: Vestía la insigne escritora un traje de raso blanco con berta de tules, prendida al lado izquierdo con un ramo de muguet. El rubio cabello le recogía una cinta de oro con brillantes. De pie delante del tallado sillón presidencial comenzó con voz clara, que se extendió por toda la sala, en la que reinaba un sepulcral silencio, su lectura («En el Ateneo», La Correspondencia de España, 5 de abril de 1892, p.3). El cronista de salones Kasabal (1892), desde La Ilustración Ibérica vuelve sobre el atuendo pero se detiene también en la declamación: La conferenciante se presentó sencilla y elegantemente vestida de blanco, con unos encajes al cuello y una flor en el pecho, y un peinado recogido por una cinta de oro con brillantes. Su voz es clara, y aunque el tono atiplado no se presta a los acentos sonoros de la oratoria, sabe matizarlo con tanta habilidad, que se deja entender claramente desde todos los ámbitos de la sala. Lee con reposo sin incurrir en la precipitación, que es natural en quien trata materias muy conocidas, y mide sus fuerzas vocales con tal arte, que después de una hora larga de ejercicio no se nota en su voz ni rozamiento ni cansancio. Los franciscanos y Colón es considerada por algún periodista como «una de las más notables conferencias de la serie sobre el centenario del descubrimiento de América» («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», El Globo, 19 de enero de 1897, p.1)2. A estas conferencias siguieron las lecciones sobre Literatura francesa contemporánea que Emilia Pardo Bazán impartió durante el curso 2 La conferencia se editó en la revista pardobazaniana Nuevo Teatro Crítico (Pardo Bazán 1892b) y en folleto (1892a). Ángeles Ezama Gil 102 1896-1897 como miembro de la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo, que supusieron también una novedad3; así el semanario satírico Gedeón, el 29 de abril de 1897, ironizaba: La ilustre conferenciante tuvo frases de elogio para el Azte-neo, primera sociedad que ha unido en la cátedra al hombre y a la mujer, o por mejor decir, que ha creado a la mujer de la cátedra, sacándola, como quien dice, de una costilla de Sánchez Moguel, primer padre en aquel Paraíso pintado por Mélida («¡Gracias a Dios! o la última conferencia», Gedeón, 29 de abril de 1897, p.2). La primera de estas conferencias o lecciones tuvo lugar el 18 de enero de 1897, y consistió en una introducción al sigloxviii, previa la explicación de la escuela romántica. Asistió numeroso público entre el que se contaban, además de los alumnos y alumnas matriculados, mujeres de la aristocracia, hombres políticos y eminentes literatos, por lo que el evento se convirtió en un acto social («En el Ateneo. Conferencia de la señora Pardo Bazán», La Época, 19 enero 1897, p.2). Y es que estas lecciones parecen concebirse desde un principio con destino a un público femenino, cfr.: –¿Y cuándo comienzan esas conferencias en el Ateneo? —preguntaban a la señora Pardo Bazán. –El día 18 del corriente, Dios mediante —contestaba la insigne escritora. –¿Y comenzarán? –Por la literatura francesa contemporánea. –Yo me he inscrito para asistir a ellas —decía una marquesa muy guapa. –Y yo —añadía otra. 3 La materia de estas conferencias, el romanticismo francés, constituye el eje en torno al cual se construye el volumen I de su obra La Literatura francesa moderna (1910). Entre 1899 y 1909 se publicaron en La España Moderna una serie de artículos sobre «La Literatura moderna en Francia» que serían el punto de partida de este volumen y de los dos siguientes (1912, 1914) (Sotelo 2014: 497); dos de estos artículos llevan por título «Literatura francesa contemporánea», los correspondientes a los tomos 153 y 155, de septiembre y noviembre de 1901. Las musas suben a la tribuna 103 –Pues yo también he pagado mi pesetita —decía una tercera. Y resulta que habrá muchas señoras inscritas para asistir al Ateneo, cuando dé sus conferencias la ilustre escritora (Kasabal 1897a). De ahí que El Globo afirme que para dar cuenta de esta conferencia y de las siguientes se requieren las dotes de un cronista de salones y las de un cronista de las letras, para no pecar de dar noticias incompletas; el articulista alaba la elocuencia de la autora en la exposición y el estilo en la escritura: Para enfocar la atención dispersa de tan heterogéneo público era preciso el reflector de una singular elocuencia, con el acento de la más profunda convicción, dominadora de los más sesudos entendimientos, y el tono más amablemente persuasivo para las voluntades más indóciles. Esta elocuencia posee la palabra de la señora Pardo Bazán. Es precisamente lo característico de la ilustre polígrafa. Su léxico abundoso, plástico, vibrante, al que rancios arcaísmos prestan una venerable pátina, y al que neologismos flamantes dan cierto aire de modernismo, uniéndose en castiza y magistral sintaxis arcaísmos y neologismos con la callida junctura de que hablaba Horacio, sirve a la señora Pardo para hacer atractivas las enseñanzas de su copiosa erudición […] Primorosamente escrita, hace honor a la incomparable pluma que escribió La cuestión palpitante […] y que escribió San Francisco de Asís. Porque poesía hay, y poesía altísima, en el maravilloso estilo de D.ª Emilia Pardo Bazán. Aquellas frases irisadas con los matices más delicados y cadenciosas con el más armonioso ritmo, hacen de sus páginas de prosa dechado clarísimo de arte («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», El Globo, 19 de enero de 1897, p.1). Kasabal (1897c) describe el atuendo de la conferenciante a la hora de impartir sus lecciones: «Sube la insigne escritora a la tribuna, sencillamente vestida con un traje negro y un cuellecito blanco y sin más adorno en la cabeza que un modestísimo peinado». La segunda conferencia se impartió el lunes 25 de enero y versó sobre los orígenes de la influencia de la literatura del Norte en la francesa y sobre Xavier de Maistre, Mme. de Stäel, Ossian y Lamartine, alcanzando, como Ángeles Ezama Gil 104 la anterior, un gran éxito; el articulista destaca la amenidad de dichas conferencias, salpicadas de anécdotas («Conferencia de Emilia Pardo Bazán», La Época, 27 de enero de 1897, p.2). El Liberal subraya la gran afluencia de público al evento, al que acude «lo más selecto de la ciencia, de la política y de la literatura»; también afirma que «hay días de moda en que el público del Ateneo parece el público de un primer turno del Real», como aquellos en que D.ª Emilia habla desde la cátedra: «la gente los llama los lunes clásicos del Ateneo»4 («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», El Liberal, 27 de enero de 1897, p.1). De hecho, el cronista de salón Kasabal (1897b) dedicó una crónica a estas conferencias en la que opina que una de las razones del éxito de tales lecciones reside en la posición que en sociedad ocupa la insigne dama gallega. Emparentada con ilustres familias de la aristocracia, relacionada con todas las que constituyen lo que se llama generalmente el gran mundo, sus lecciones han tomado un carácter de un buen tono que en vano hubiera intentado darle un profesor, aunque hubiera sido de los más sabios y eminentes. Y este buen tono que tanto influye en las costumbres sociales, hace que se difunda más la instrucción y que las señoras prescindan de preocupaciones demasiado arraigadas en España, para tomar parte en el movimiento intelectual asistiendo a los centros docentes, como hacen en otros países. […] Puede decir por lo tanto [Pardo Bazán], que los lunes por la tarde son los días que recibe, convirtiendo en su salón el de la docta casa de la calle del Prado. Afirmaciones que no dejan de ser un modo de frivolizar sobre la seria tarea a la que estaba entregada la escritora gallega. No obstante, el cronista de El Liberal tildaba la conferencia de «verdadero prodigio de erudición, de arte y de elocuencia», y estimaba que «ha bastado ella sola para dar gran 4 Expresión del cronista José Fernández Bremón (1897) que hizo fortuna: «Los lunes de la señora Pardo de Bazán están de moda». Las musas suben a la tribuna 105 crédito a estos cursos de estudios superiores que tan felizmente empiezan» («Emilia Pardo Bazán en el Ateneo», El Liberal, 27 de enero de 1897, p.2). La tercera conferencia se celebró el 8 de febrero y en ella trató D.ª Emilia sobre Lamartine, Delavigne, Béranger, Vigny, Sainte-Beuve y un poco de Musset; entre los asistentes concurren hombres políticos y de ciencia y muchas damas; las asistentes son tildadas de «discípulas de Doña Emilia», y las sesiones, en el estilo de la crónica social «Los lunes del Ateneo. Las lecciones de la señora Pardo Bazán» (La Época, 10 de febrero de 1897, p.2). La cuarta conferencia, que se anunció de igual modo en La Época, «Los lunes del Ateneo. Las lecciones de la Sra. Pardo Bazán» (25 de febrero de 1897, p.4), se celebró el 22 de febrero y versó sobre Musset y en parte sobre V. Hugo. La quinta fue el 8 de marzo e ilustró sobre el teatro francés, empezando por el de V. Hugo («Los lunes del Ateneo. Conferencia de la Sra. Pardo Bazán», La Época, 9 de marzo de 1897, p.2) y terminando por el de Dumas («Los lunes del Ateneo. Conferencia de la Sra. Pardo Bazán. Conclusión», La Época, 10 de marzo de 1897, p.2). La sexta la pronunció el 15 de marzo y trató sobre los historiadores del periodo romántico; el cronista de La Época alaba el rigor y la amenidad de la conferenciante: La Sra. Pardo Bazán, constante en evitar el cansancio y la monotonía aun en los asuntos más severos como era el de la lección de ayer, estudió con profusión de pormenores el estado cerebral de Michelet, y su obsesión o monomanía contra los jesuitas y contra España; en tal cuadro, más de una vez las observaciones de la profesora fueron agudezas que los presentes celebraron y rieron mucho («Ateneo. Las lecciones de la Sra. Pardo Bazán», La Época, 16 de marzo de 1897, p.2) Pero cierra su reseña en estilo de crónica social, afirmando que «siguen siendo, pues, en el Ateneo, los días en que da sus lecciones la Sra. Pardo Bazán, lunes de moda», a los que acuden numerosas damas. Ángeles Ezama Gil 112 obra La Literatura francesa moderna, que la autora no llegó a concluir10. Las conferencias se celebraron los domingos a partir de este del 3 de marzo, y como las anteriores de la escritora, fueron objeto de una amplia cobertura informativa, incluyendo material gráfico. La primera versó sobre «La disolución del romanticismo y Alfredo de Vigny» y en ella se ocupaba de los poetas, ya que en su cátedra había disertado sobre los prosistas («Conferencias literarias. La condesa de Pardo Bazán», ABC, 4 de marzo de 1918, p.9); a ella acudió una numerosa y selecta concurrencia en la que predominaban las damas (Guillén 1918a). La segunda fue el 10 de marzo y versó sobre Teófilo Gautier («La condesa de Pardo Bazán en el Ateneo. La disolución del romanticismo. Teófilo Gautier», La Época, 11 de marzo de 1918, p.2). La tercera el 23 de marzo sobre «La decadencia de la literatura francesa en la poesía lírica» (Guillén 1918b); el cronista la considera «más interesante, breve y amena que las anteriores»; alaba «la mayor variedad de los asuntos, con la más estricta explicación de la vida y obras de los autores presentados, sin alambicadas y confusas divagaciones por otros campos de distintas literaturas». La cuarta tuvo lugar el 30 de marzo, y en ella abordó D.ª Emilia la figura de Baudelaire; Guillén (1918d) alaba en la disertante «su erudición y acabado conocimiento de la literatura»; por su parte, el periodista de El Imparcial («En el Ateneo. La obra de Baudelaire», 31 de marzo de 1918, p.2) destaca «la seguridad de juicio y la brillantez de frase proverbiales en esta escritora». La quinta, pronunciada el 6 de abril de 1918, trató sobre Verlaine; en ella anota el periodista (Guillén 1918e) que el público era menos nutrido que en ocasiones anteriores. La sexta y última tuvo lugar el 13 de abril y versó sobre Mallarmé y Moréas («Conferencias. La condesa de Pardo Bazán habla en el Ateneo de Mallarmé y Moréas», La Época, 14 de abril de 1918, p.3); como corolario a esta serie de conferencias añade el cronista: 10 Las conferencias dedicadas a Vigny (parcialmente) y Mallarmé-Moréas (solo la parte concerniente a este último), que se conservan en el Archivo de la Real Academia Galega, han sido dadas a conocer recientemente por Guzmán (2013, 2014: 136-139). Las musas suben a la tribuna 113 El método y claridad de estas hermosas conferencias, su persuasivo estilo y su sentimiento hondo, la amplitud con que los temas se han desarrollado, hacen de este curso una de las más luminosas páginas de cuantas ha producido el ingenio sin par de la ilustre escritora. Conforme transcurre el tiempo se observa cómo en las noticias periodísticas sobre las conferencias de Emilia Pardo Bazán desaparecen las referencias al atuendo y al gesto y permanecen las relativas a la voz o a los recursos que las dotan de amenidad. Las conferencias, discursos y lecciones de Emilia Pardo Bazán se hallan estrechamente unidas con su obra literaria escrita: artículos de prensa y libros, que son también ejemplo significativo de sus aficiones personales. 115 Capítulo 6 Las grandes conferenciantes españolas del Ateneo: Blanca de los Ríos, la oratoria de una erudita Blanca de los Ríos fue una de las conferenciantes más activas del Ateneo y también una de las más admiradas1; no se hacen nunca comentarios frívolos sobre su presencia en la cátedra como sí sucede con las conferencias de Pardo Bazán, sobre todo en sus comienzos. Además D.ª Blanca fue la conferenciante que más se ocupó de la edición de sus discursos, en folletos independientes casi siempre, y algunas veces en la prensa. Los temas sobre los que la autora disertó fueron autores y temas del Siglode Oro, el hispanoamericanismo (Ezama 2015d: 236-237) y la mujer. La primera de estas conferencias se centró en torno a «Tirso de Molina» y fue leída el 23 de abril de 1906; este excelente texto es un resumen del ensayo titulado Estudio biográfico y crítico sobre Tirso de Molina, que la autora había presentado a un premio convocado por la Real Academia Española en 1887 y con el que obtuvo un accésit de 1500 pesetas en 1888; de hecho hay muchas referencias en el texto de la conferencia a su libro. 1 Denise Dupont la considera un modelo de mujer estudiosa a la que denomina ángel del archivo, teniendo en cuenta la imagen que de Blanca de los Ríos dibujó su amiga Emilia Pardo Bazán (2010). Ángeles Ezama Gil 116 Esta fue editada en 19062, año en que D.ª Blanca empezó a dar a la luz sus trabajos sobre el fraile mercedario3. En su discurso la conferenciante trata de paliar una injusticia literaria: reivindica a Tirso de Molina, tratando de que «ocupe el lugar que, de consuno, le señalan la justicia, la cronología y la historia, entre los dos colosos de nuestra escena» (Ríos de Lampérez 1906: 6), entre otras razones porque «la historia del teatro de Téllez es la historia del teatro nacional» (Ibíd.: 7). Hace un recorrido por la crítica de Tirso constatando el olvido a que su figura y su obra han estado sometidas, y afirma que reconstruir su biografía es primordial para hacer una adecuada crítica de su obra; es a esta dificultosa tarea a la que se ha entregado la autora durante años, haciendo un laborioso trabajo de archivo que le ha deparado muchos hallazgos para construir dicha biografía. Sobre su teatro estima que «seleccionó y completó la obra de Lope» (Ibíd.: 29), afirma que «la historia y la verdad fueron las dos saludables fuentes de aquel teatro todo humano, es decir, todo teatro» (Ibíd.: 32), alaba sus personajes femeninos: «¿hay algo más vario, complejo, armonioso y viviente que las mujeres de Tirso, prodigios de observación y de técnica que forman en la historia del arte una resplandeciente constelación psicológica?» (Ibíd.: 34). Se muestra rotunda cuando afirma 2 Emilio Cotarelo publicó una reseña del folleto de la conferencia (RABM, n.º 4-5, abrilmayo de 1906, 394-401). También se publicó la conferencia en la revista Ateneo (Ríos de Lampérez 1906b, 1906c) 3 V.gr. Obras completas. III. Del Siglode Oro (estudios literarios) (1910), El enigma biográfico de Tirso de Molina (1928) y Obras dramáticas completas (1946, 1952, 1958) de Tirso de Molina. La excepción es algún texto como «De Tirso de Molina al refundidor de Marta la piadosa. Carta», publicado en El Globo en diciembre de 1896; el poema aparecido en La Correspondencia de España el 13 de marzo de 1898 (p.1) titulado «De Tirso de Molina a María Guerrero (epístola)», en el que recomienda a la célebre actriz que ponga en escena comedias del dramaturgo barroco; o el texto de la conferencia que pronunció en el Ateneo de Barcelona sobre «Tirso de Molina y Cataluña», que luego publicó en Los Lunes de El Imparcial, 21 de octubre de 1907, p.4 y 28 de octubre de 1907, pp.3-4. Buena parte de estos textos, además de los de las conferencias sobre el mercedario, los recogió la autora en el volumen III de sus Obras completas ya citado. La reseña que escribió sobre este último el crítico Eduardo Gómez de Baquero («Revista literaria», El Imparcial, 31 de octubre de 1910, p.3) es un justo reconocimiento a la excelencia de Blanca de los Ríos como investigadora. Las musas suben a la tribuna 117 Baste lo dicho a evidenciar la superioridad de Tirso en cuanto constituye lo esencial del arte dramático. Y aún más evidenciada quedará tal superioridad con decir que, merced a aquellas sus excepcionales virtudes artísticas, Tirso perfeccionó y aun creó géneros enteros que en Lope aún no existían o eran rudimentarios e incompletos y en manos de Calderón decayeron y se secaron, cuales fueron la comedia bíblica […] la comedia villanesca […] el drama histórico […] la tragedia […] y el drama religioso. […] En suma, puede afirmarse que en la magna creación de Lope, Tirso logró todos los apogeos, y Calderón inició todas las decadencias (Ibíd.: 34-35). Se refiere luego a los caracteres del teatro tirsiano, deteniéndose particularmente en la herencia del Don Juan y en los personajes femeninos; y por último en el ambiente, estimando en este respecto que «el teatro de Tirso compite con la propia realidad […] Todo el sigloxvii español alienta en el teatro de Tirso» (Ibíd.: 48); poetizando sobre esta España y con un toque castizo termina su erudita y brillante intervención D.ª Blanca: La España de Tirso, ojinegra y peliazabache como las damas de sus comedias, es muy cristiana, muy linajuda, muy señora y preciada de su abolengo y dignidad; pero goza de buena salud, es joven y muy española y muy humana, y no aspira a ser perfecta; se contenta con ser magnánima, y vive, enamora, engaña, finge, graceja y ríe con la sonora risa ametalada y fresca de una boca de veinte años; porque le retoza en todo el ser la alegría que es salud del cuerpo y del alma, porque fluye por sus venas caliente sangre meridional y en sus ojos arde el sol de nuestro cielo. Y por ser como es, la España de Tirso es la verdadera, la inmortal, la única, la misma que Goya retrató un siglodespués, riendo con su eterna risa juvenil bajo la mantilla de blondas (Ibíd.: 50-51). El impacto de esta conferencia entre el público y en los medios de prensa fue muy importante; se publicaron numerosas reseñas como la de El País, en la que se destaca que «La conferencia de la Sra. de los Ríos tiene sobre todas las análogas que en el Ateneo se pronuncian o se leen, el mérito de ser un trabajo esencialmente personal, fruto exclusivo del intelectual esfuerzo», y se alaba como «un valioso capítulo de la Historia de la Ángeles Ezama Gil 118 Literatura patria […] Este estudio de Tirso de Molina es una de las mejores monografías literarias que de mucho tiempo a hoy se hayan compuesto entre nosotros» (S. 1906). También escribieron reseñas sobre el acto Zeda (1906), José Fernández Bremón (1906) y Concepción Saiz (1906). Esta última se expresaba con rotundidad: Con viriles arrestos, o, por mejor decir, con intrepidez femenina, coronada por el más completo éxito, la Sra. de los Ríos abordó la dificultad, casi insuperable, de encerrar en una “conferencia” (que al distinguido auditorio se le hizo breve) la obra y la vida de una de las lumbreras del teatro español; del gran Tirso de Molina. Y para comprender la magnitud de la empresa, para estimar en todo su valer la perseverancia de la profunda pensadora, la fe de su trabajo de investigación, la delicadeza de su análisis crítico, lo certero de su intuición artístico-psicológica, hay que considerar los errores, las leyendas, las calumnias, los misterios que con frondosidad lujuriante de plantas inútiles encubrían y deformaban la figura y la obra del interesante mercedario. La conferenciante, haciendo de la pluma piqueta, demolió los errores y calumnias de la crítica, que, después de olvidar a Tirso durante sigloy medio, al instaurarle en su puesto de dramático de primer orden «sin leer su teatro, lo condenó por licencioso (Tirso no lo fué más ni menos que todos los autores de su tiempo), y, según aquel concepto, hizo a Tirso casado, libertino, soldado en Flandes, espadachín, donjuanesco… y, por último, aseguró que ya viejo, se metió fraile, y después no volvió a coger la pecadora pluma». Pacientísima labor de benedictino era necesaria para desintrincar tan tupida selva de prejuicios, y D.ª Blanca de los Ríos no vaciló en acometerla cuando la Academia Española abrió un concurso sobre la vida y obra del fraile-poeta, concurso en que obtuvo el premio el «Estudio» presentado por la Sra. de Lampérez. El éxito de la conferencia fue tal que se celebró un banquete para homenajear a la autora el día 5 de mayo de 1906, promovido por Emilia Pardo Bazán, en el que participaron unas 100 personas, del que también se hizo amplio eco la prensa, v.gr. la Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes (18 de mayo de 1906, pp.2-3), que recrea el acto del Ateneo: Las musas suben a la tribuna 119 Con áureo número puede señalarse la fecha del 23 de Abril de 1906 en la Literatura española y en la historia del Ateneo. A una mujer, menuda de cuerpo, atlética de inteligencia, infatigable para investigar, inagotable manantial de sentimientos purísimos y de intachable castizo decir, estaba reservada la gloriosa labor en las letras que, reparando injusticias y encauzando la opinión, coloca la colosal figura de Tirso de Molina sobre un pedestal de incomparable belleza y de inconmovible construcción. El auditorio numeroso, cultísimo y distinguido que acudió a escuchar la conferencia encomendada a la insigne biógrafa y comentarista de Tirso, ya presentía el acontecimiento literario de que iba a ser testigo; pero justo es declararlo, el éxito superó a cuanto los más entusiastas admiradores de la insigne Blanca de los Ríos pudieron presuponer. Entre las resonancias de admiración que se percibían en la gran sala del Ateneo, a medida que la numerosa concurrencia se precipitaba fuera de ella para felicitar efusivamente a un genio femenino, vagaban dos afirmaciones: la de que puede la mujer española brillar como astro de primera magnitud en el universo de la intelectualidad, y la de que el Ingenioso Hidalgo Miguel de Cervantes Saavedra, de Navarro Ledesma, el Tirso de Molina de Blanca de los Ríos, son las dos potentes columnas que han de sostener la literatura de los presentes siglos. El 14 de junio de 1908 la autora ofreció un discurso sobre «El Don Juan de Tirso de Molina»4; la prensa prestó mucha menos atención a esta segunda conferencia tirsiana, aunque ese mismo año se publicó el ensayo de Emilio Cotarelo Últimos estudios acerca de El burlador de Sevilla y Víctor Said Armesto La leyenda de Don Juan. No obstante, Luis Palomo5 le dedicó un inteligente artículo en Heraldo de Madrid (1908) en el que 4 Otros trabajos sobre el personaje de Tirso publicó D.ª Blanca, v.gr.: «De Tirso y de Don Juan», ABC, 23 de noviembre de 1945, p.3; «Don Juan y sus avatares», Revista Nacional de Educación, 8, 1948, pp.37-41; «Don Juan, el eterno mito de Tirso, y el Tenorio de Zorrilla», ABC, 9 de noviembre de 1952, p.3. 5 El senador Luis Palomo dirigió el Centro de Cultura Hispanoamericana, del que Blanca de los Ríos fue vicepresidente, entre el año de su creación (1910) y el de su desaparición (1925) (González López 2001: 156-159). Ángeles Ezama Gil 120 afirma con rotundidad: «nadie antes que Blanca de los Ríos conoció profundamente a Tirso y descubrió muchas de sus obras literarias y los más curiosos detalles biográficos del famoso fraile de la Merced», para ofrecer a continuación un resumen del mismo. En este trabajo D.ª Blanca atiende a la descendencia del Don Juan, «creación tan grande, universal y famosa como Don Quijote, es aún más sugestiva y prolífica, ya que lleva tres siglos engendrando legiones, multitudes de obras de arte y de crítica, montañas ingentes de libros, literaturas enteras» (Ríos de Lampérez 1908: 7). Le importa sobre todo a la conferenciante afianzar la atribución de El burlador de Sevilla y de El condenado por desconfiado a Tirso, puesta en entredicho por Farinelli y otros críticos contemporáneos (Ibíd.: 27); para concluir: «Don Juan no existe hasta que Tirso le crea» (Ibíd.: 28). D.ª Blanca interpreta el personaje tirsiano como «un hombre de la estirpe de los símbolos, y un símbolo de la raza de los hombres» (Ibíd.: 8), personificación del orgullo de una raza justamente engreída y deslumbrada por la andantesca aventura que arrojó en sus atrevidas manos un mundo lleno de prodigios: es el fruto natural de aquella opulenta España de los Austrias que empezaba a malograr en fastuosidades lo adquirido en conquistas fabulosas; es el hijo de aquella neurótica generación que vivió entre las visiones ascéticas de Theotocopuli y los Sueños licenciosos y embrujados de Quevedo, alternando las páginas de Santa Teresa con las del Bocaccio y la Celestina, y produciendo hombres-síntesis de tan donjuanesca contextura como el propio Lope (Ibíd.: 12). Considera a Don Juan superior a otros héroes de proyección universal: En grandeza y universalidad excede a los héroes de Shakespeare, en interés humano y en intensidad dramática supera a Fausto, en virtud prolífica a Don Quijote, en vitalidad inextinguible a los mitos gentílicos, y en potencia conturbadora a todos los engendros del pensamiento (Ibíd.: 10). Elogia a Tirso como conocedor de «los secretos de la psiquis humana; y como nadie sabía sentir y comunicar el pavor del misterio eterno, el Las musas suben a la tribuna 121 escalofrío de lo sobrenatural» (Ibíd.). Lamenta la tardía rehabilitación del autor en España a pesar de la fama universal de su personaje, que es, sin embargo, profundamente español (Ibíd.: 13). Cita reiteradamente a Farinelli y Gendarme de Bévotte, autores de sendos ensayos sobre el Don Juan, para rebatir muchos de sus juicios sobre el personaje y corregir errores sobre la biografía del autor, como también corrige en este aspecto a Emilio Cotarelo en su ensayo tirsiano; pone especial afán en rectificar al crítico italiano «porque la negación de Farinelli viene a ser raíz de las negaciones, dudas y descaminos de la actual crítica del Don Juan, y está tan viva aún que influye sobre sus mismos contradictores» (Ibíd.: 20). Y replica con argumentos incontestables puesto que de documentos históricos se trata. Por otra parte, Gendarme de Bévotte y el español Victor Said Armesto son citados como apoyo en defensa del españolismo de Don Juan, que niega Farinelli; y aduce los atinados juicios sobre la obra de críticos españoles como Esteban de Arteaga, Alberto Lista, Hartzenbusch, Milá y Fontanals, Larra, Valera, el marqués de Valmar, Clarín, Revilla, Pi y Margall y Menéndez Pelayo. Esta conferencia es una continuación de la anterior, y ambas forman parte del trabajo en marcha de D.ª Blanca sobre Tirso, que culminará en el libro de 1928 El enigma biográfico de Tirso de Molina: Prueba evidente de ello que desde hace dos años, desde la fecha de mi conferencia anterior, he hallado en los archivos de Protocolos de Guadalajara y de Soria, en el Histórico Nacional y en el de la Corona de Aragón, cerca de veinte documentos que rectifican o añaden fechas en la vida del mercedario y descubren muchos aspectos de ella. La biografía de Tirso sigue, pues, creciendo entre mis manos (Ibíd.: 18-19). Con la referencia a dicho libro concluye su conferencia: Creemos, pues, ofrecer a la universal curiosidad que el origen del Don Juan despierta un libro de investigación propia y personal, un libro que disintiendo de casi todo lo que la crítica ha dicho sobre esta magna creación estética, sustenta para España y para Tirso la gloria de haberle producido Ángeles Ezama Gil 128 de Wagner, y concluye con los autos sacramentales, donde Calderón «se encontró a sí mismo; allí fue donde se puso todo entero; allí donde aparece más de relieve la contextura humana y espiritual del poeta» (Ibíd.: 47); pero Calderón fue un simbolista, no un místico como Tirso. Con todo, si ha sobrevivido como poeta representativo de una época es porque en su obra ofrece una transfiguración poética de la patria española y «de lo que constituye la nacionalidad perenne, el fondo étnico, el temperamento y el carácter: la raza» (Ibíd.: 48). El 20 de mayo de 1915, dentro del ciclo «Guía espiritual de España», organizado por la sección de Literatura9, disertó Blanca de los Ríos sobre «Ávila y Santa Teresa»10 («Guía espiritual de España. Conferencia de doña Blanca de los Ríos», La Época, 21 de mayo de 1915, p.4). Espiritual sin duda, ya que afirma toda Ávila es Romancero y Florilegio: su catedral-fortaleza, su romántica basílica de San Vicente, cimentada sobre cenizas de mártires; su capilla de Mosén Rubín de Bracamonte, sus conventos, sus blasonados caserones señoriales, sus herbosas plazuelas silentes, sus íntegras murallas medioevales… Pero dentro de aquel recinto cerrado y hostil, como un arnés de 9 La sección de Literatura estaba dirigida en este momento por Francisco A. de Icaza; el curso se inauguró el 28 de marzo de 1915 con una conferencia sobre «El Madrid de Galdós» que leyó Serafín Álvarez Quintero, ya que Galdós estaba enfermo; en el ciclo intervinieron también Ortega y Gasset, Ángel Vegué y Goldoni, Gregorio Martínez Sierra, Federico García Sanchiz, Valle-Inclán, Eduardo Marquina, Manuel Azaña y Santiago Rusiñol. 10 Es una de las varias conferencias que pronunció la autora sobre la santa de Ávila; las otras fueron: «Influjo de la mística de Santa Teresa, singularmente sobre nuestro grande arte nacional» (20 de febrero de 1913; Real Academia de Jurisprudencia; editada en este año), «Santa Teresa de Jesús y su apostolado de amor», publicada en Santa Teresa de Jesús en el IV Centenario de su nacimiento, Barcelona, La Hormiga de Oro, 1916 (pronunciada en Barcelona, Sala Mozart, 13 de diciembre de 1915; ampliada en la charla organizada por el Consejo Sindical Femenino, pronunciada en el Teatro de la Princesa el 1 de marzo de 1921 y publicada en este año); y «De un libro sobrehumano», trabajo leído por la autora como mantenedora de los Juegos Florales Teresianos celebrados en Sevilla el 30 mayo 1922 (Raza Española, XLIX-L, enero-febrero 1923, pp.7-29). Estas conferencias se publicaron en todos los casos. Otros artículos sobre la santa abulense publicó D.ª Blanca en la revista La Basílica Teresiana a partir de 1898, revista que dirigió en su segunda etapa, desde 1907. Las musas suben a la tribuna 129 guerra, la ciudad que no es monumental ni histórica, sino que toda ella es monumento e historia viviente, guarda un alma mística como una azucena: el alma mística de Ávila es Teresa de Jesús (Ríos de Lampérez 1914: 21). El 17 de mayo de 1916, en fin, D.ª Blanca dio una conferencia sobre «Los grandes mitos de la Edad moderna»: Don Quijote, Don Juan, Segismundo, Hamlet y Fausto, en la que destacó la superioridad de la figura creada por Cervantes (La Época, 21 de mayo de 1916, p.3); y si Don Quijote es una creación universal, D. Juan «Es aún más sugestiva y prolífica, ya que lleva tres siglos engendrando legiones, multitudes de obras de arte y de crítica, montañas de libros, literaturas enteras» (Ríos de Lampérez 1916a: 7); muestra su admiración por todos esos personajes-símbolo que comenta, deteniéndose en particular en los dos citados y en Fausto, para quedarse finalmente con el personaje cervantino: Don Quijote –que sobre ser entre todas las creaciones estéticas la más original y ex-nihilo, es también la más amable, afirmativa y confortadora– culmina entre todos los grandes mitos modernos, porque, con ser tan nuestro que quijotismo ha venido a ser sinónimo de españolismo exaltado, como lengua española lo es de lengua de Cervantes; con ser reencarnación de Amadís y supervivencia de las edades heroicas, es a la vez que el símbolo de todo generoso altruismo y noble aspiración, un semejante inmortal que convive con todos los hijos de los hombres (Ibíd.: 32). Como en el caso de Emilia Pardo Bazán, las conferencias de Blanca de los Ríos están estrechamente vinculadas a sus escritos sobre los mismos temas, constituyendo ambos medios de dar a conocer su labor investigadora. 131 Capítulo 7 Conferenciantes latinoamericanas En la España del sigloxix y comienzos del xx el Ateneo es una institución cultural prestigiosa a la que están interesados en hacerse invitar cuantos intelectuales y artistas extranjeros visitan el país: «Los americanos ilustres que vienen a Madrid, quieren pasar por esa tribuna gloriosa en la cual, desde hace más de medio siglo, resuenan las voces elocuentes y se confirman las reprobaciones» (Pardo Bazán 2006: 86). Y esto vale lo mismo para hombres que para mujeres: «En nuestro Ateneo existe como una tradición, mediante la cual las mujeres intelectuales que pasan por Madrid nos dejan oír su voz y recogen los frutos de su arte o su sabiduría» (Colombine 1912). Con todo, por la tribuna del Ateneo no pasaron, ni mucho menos, todas las intelectuales y artistas latinoamericanas que visitaron Madrid (Martínez Gómez y Mejías Alonso 1994: 75-111); no disertaron en él ni las chilenas Gabriela Mistral y María Monvel, ni la mexicana Maria Enriqueta, ni la puertorriqueña Lola Rodríguez de Tió, ni las argentinas Alfonsina Storni y Victoria Ocampo, entre otras. Y tampoco fue el Ateneo madrileño la única tribuna abierta a la oratoria femenina. Con mucha mayor frecuencia, y a menudo con mucho más éxito, las intelectuales extranjeras fueron agasajadas en la Unión Iberoamericana (Ezama 2013), la Residencia de Señoritas (Vázquez Ramil 2012: 243-269), y sobre todo el Lyceum Club, desde su fundación en 1926 (Hurtado 1999: 31, 35; Eiroa 2015: 218-219). Entre las conferenciantes del Ateneo madrileño se cuentan algunas intelectuales latinoamericanas (Ezama 2017a), que desempeñaron el papel de lazos de unión entre España y las repúblicas americanas, puesto que manifiestan un profundo afecto hacia nuestro país, en el que algunas Ángeles Ezama Gil 132 de ellas (Angélica Palma, Rosa Arciniega) residieron largas temporadas, y consideran los suyos respectivos deudores de la cultura española, sobre todo de la lengua. Las conferencias que pronunciaron suelen tener como objetivo primordial dar a conocer sus países de origen y su literatura, favorecer la confraternización entre España y Latinoamérica y trabajar en favor de la mujer1. Las escritoras peruanas son con diferencia, y no creo que por casualidad, las que tuvieron una mayor presencia en el Ateneo, seguidas por las uruguayas y las mexicanas. 7.1. orAdorAs peruAnAs En Perú aparece en la década de 1870 la primera generación de mujeres ilustradas, integrada por Juana Manuela Gorriti, Carolina Freire de Jaimes, Mercedes Cabello, Clorinda Matto, M.ª Teresa González de Fanning2, El1 Sobre esta cuestión del hispanoamericanismo en el Ateneo se mostraba muy crítico el articulista de Nuevo Mundo, que comentaba en enero de 1923: «Ese mismo Salón de actos del Ateneo de Madrid fue muchas veces, desde hace muchos años, soporífero remanso de lugares comunes vertidos abundantemente por españoles y americanos que se hicieron del hispanoamericanismo una plataforma para mostrar su nulidad, o un peldaño para elevar, trepando, su pequeñez… Por cada talento verdadero y cada corazón leal que en el Ateneo hablara inteligentemente y con sinceridad de la aproximación hispanomericana hubo cien personajes hueros y calculadores que sólo buscaron, en lo de “estrechar lazos”, un recurso para ensanchar personalísimas ambiciones» («La conquista de Madrid por la hueste de Muiño-Alippi o de Alippi-Muiño»; Nuevo Mundo, 5 de enero de 1923, p.18). 2 González de Fanning fue educadora, escritora y periodista. E. Pardo Bazán escribió un prólogo para su libro Lucecitas (1893), a petición de Ricardo Palma (Patiño 1995; Peluffo 2007; Sirvent 2012: 46-47), en el que aprovecha para hacer un elogio de las escritoras latinoamericanas: «Sin remontarse a la altura de Gertrudis Gómez de Avellaneda, que por mitad pertenece a España, pues española fue la poetisa insigne, el suelo del Nuevo continente es fértil en buenas escritoras. Ha pocos días que saludábamos aquí, con simpatía y respeto, a la señora Soledad Acosta de Samper, y nuestra prensa elogia, de tiempo en tiempo, a Juana Manuela Gorriti, a Clorinda Matto de Turner, a Mercedes Cabello de Carbonera, a Lastenia Larriva de Llona, a la simpática poetisa Amalia Puga, y a otras damas americanas dedicadas a las letras con mayor o menor suerte, pero siempre con sinceridad, cultura y entusiasmo» (Pardo Bazán 1893: VI-VII). Las musas suben a la tribuna 133 vira García García3, Carolyna Freyre y la Dra. Margarita Práxedes Muñoz; los planteamientos de estas escritoras sobre la problemática femenina constituyeron la base desde la que se inició la construcción del discurso feminista peruano. La agrupación de estas escritoras en instituciones culturales (Club Literario y Ateneo de Lima; Batticuore 1999a: 310; Denegri 1996: 133-140) y tertulias, y su publicación en medios de prensa propios (La Alborada, El Álbum, editados en Lima y dirigidos por Gorriti) y ajenos tuvo mucho que ver con esta espléndida floración literaria. Entre 1876 y 1877 mantuvo Gorriti sus veladas literarias, que fueron seguidas por las de Matto a partir de 1887 (Villavicencio, 1992: 111-114; Denegri 1996: 118-124; Batticuore 1999b; Sotomayor 2013). En opinión de Peluffo (2005) las veladas de la primera son un exponente de la sororidad entre las escritoras peruanas del xix, en las que Gorriti desempeñó el papel de «madre literaria» (Goswitz 2015: 142); de ellas participaron Mercedes Cabello, Mercedes Eléspuru, Carolina Freyre, Teresa González de Fanning, y, por supuesto, Clorinda Matto de Turner, una de las más fieles discípulas de Gorriti; fue fundamental para la consolidación de esta red el apoyo de la prensa escrita (Ibíd.: 137). Gorriti ejerció como madre literaria de una generación de mujeres con una misma identidad americanista y con una problemática común: el debate sobre la cuestión femenina (Ibíd.: 138). No obstante, señala Peluffo (2005: 151), El carácter cohesivo de las comunidades de mujeres de la clase dirigente podía muchas veces generar un clima de armonía falso que encubría muchas cosas. No solamente el rechazo y la ambivalencia frente a mujeres de otras razas y clases, sino también, en el caso de las mujeres de la misma clase social, la competencia y la sororofobia. Pero sin duda también fue decisiva para la presencia de las escritoras peruanas en España el escritor Ricardo Palma, auténtico embajador cultural 3 Elvira García y la abogada Miguelina Acosta Cárdenas fueron las representantes en Perú de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Iberoamericanas que presidía Carmen de Burgos (Ezama 2013a). Ángeles Ezama Gil 134 de Perú en nuestro país, al que viajó en 1892 con motivo del centenario del descubrimiento con dos de sus hijos, y del que resultó el libro titulado Recuerdos de España (1897); o el hecho de que varias escritoras peruanas tuvieron que salir de su país por razones ideológicas (eran liberales) a raíz de la derrota del general Cáceres y de la subida al poder de Nicolás Piérola (que gobernó como presidente constitucional entre 1895 y 1899), yendo a parar a otros países del entorno, fundamentalmente Argentina4; así sucedió con Clorinda Matto (Denegri 1996: 159-193), Mercedes Cabello, Aurora Cáceres y la Dra. Práxedes. El 1 de noviembre de 1908 la escritora peruana Clorinda Matto de Turner, al hilo de su viaje por Europa (cuyas impresiones recoge en Viaje de recreo, 1909)5 dio en el Ateneo una conferencia sobre «América del Sur. El Perú» (Matto 1908a, 1908b, 1908c, 1908d, 1908e). Su próxima presencia en España fue reiterada por la prensa desde el mes de julio, pero se anunció sobre todo la conferencia que iba a dar en la Unión Iberoamericana, en tanto que la del Ateneo pasó casi desapercibida6. En España, 4 Referente para las escritoras en la Argentina fue la revista fundada por Matto, Búcaro Americano, que empezó a publicarse en 1896 (Hintze 2004), pero también otras editadas en Buenos Aires como La Ondina del Plata, El Álbum del Hogar o la ya citada La Alborada del Plata (Vicens 2013). 5 El objetivo de este viaje, apunta Mariselle Meléndez (2015: 254), «no es de simple recreo, sino que obedece también a un propósito de establecer conexiones y redes profesionales, de expandir las lecturas de su obra en los países que visita y de intentar que estos aprendan de América por el filtro de sus obras novelísticas, ensayísticas o periodísticas. En este sentido, la meta de este “viaje heroico” que ella emprende es adquirir fama; pero una especie de fama que, como la define Eric Leed, constituye la extensión del ser social a través del espacio y el tiempo (1991: 27)». En este contexto «El espacio del Ateneo se convierte en el escenario donde los movimientos asociativos se localizan dejando allá la distancia trasatlántica. Es también el espacio de reconocimiento y prestigio donde se legitima el estatus de Clorinda Matto de Turner como gran escritora latinoamericana» (Meléndez 2015: 255). Conquista simbólica de España la de Clorinda Matto en la que América es descubierta a los europeos (Ibíd.: 256, 261). 6 Esta conferencia la pronunció el 4 de noviembre de 1908, también con proyecciones luminosas, y versó sobre «América Sur. República Argentina». Concepción Gimeno le dedicó un artículo a Matto tras sus dos conferencias (Gimeno 1908b), en que destacaba su erudición en materia de Historia de América; tildaba el entusiasmo que desató la primera de sus conferencias de «delirante» y se refería al público asistente: «era el público intelectual que Las musas suben a la tribuna 135 Clorinda Matto entró en contacto con algunos de los hombres y mujeres más célebres de nuestro país, entre ellos Concepción Gimeno de Flaquer, quien le dedica un artículo en El Álbum Ibero-Americano el 22 de octubre en el que destaca sus facetas de escritora y periodista, patriota y feminista, imaginativa y defensora de la tradición, pero sobre todo: Su labor para estrechar afectuosos lazos entre España y América ha sido fecunda, habiendo demostrado que hay que contar, entre seres de idéntico origen étnico, más que con las relaciones comerciales para la fusión de los pueblos, con las afinidades de espíritu que existen entre los que hablan el mismo idioma; por eso débense cultivar esas afinidades. A los intelectuales confía la tarea de realizar tan natural aspiración de americanos y españoles (Gimeno 1908a: 459). En la conferencia del Ateneo, y con acompañamiento de proyecciones luminosas, comenzó la disertante en términos poéticos evocando figuras relevantes de la historia española: a la patria vieja de Alfonso el Sabio, del sublime Manco de Lepanto, que hace reír a la humanidad en todos los idiomas de la civilización; a la de los gloriosos Calderón de la Barca y Quintana; de la estrella rutilante, la ideal Teresa de Jesús. Rindo homenaje a la patria nueva de Alfonso XIII, el joven Rey, el sereno y noble caballero que en temprana edad ha ceñido la corona de su sabio antepasado y, democrático, popular, promete el camino de la libertad a los pueblos españoles y que, como aquél, debe también su educación a otra mujer, Doña Cristina (Matto 1908a: 507). Dice de sí misma que tiene «la gloria de ser la primera de mi sexo que ha venido cruzando los mares a iniciar la corriente de acercamiento entre las mujeres del Viejo y Nuevo continente y estrechar en fraternal abrazo a acude a las grandes fiestas del espíritu, viéndose en él a literatas, sociólogos, jurisconsultos, políticos, pedagogos, escritores, artistas y elegantes damas»; ensalzaba en ambas la imaginación de la disertante. Los dos discursos fueron incluidos en su libro Cuatro conferencias sobre América del Sur (1909), el primero de ellos con el título de «Perú. Imperio, virreinato, república». Ángeles Ezama Gil 136 escritores y periodistas» (Ibíd.: 508). Se retrotrae en su discurso al Imperio de los Incas; se refiere luego a los conquistadores españoles a los que reconoce su heroísmo; resume en breves palabras los tres siglos de gobierno colonial español porque su objetivo es el Perú independiente, al que tilda de «hijo predilecto de España» (Matto 1908c: 532); describe la geografía y la naturaleza peruanos; luego se refiere a los medios de comunicación, a la ciudad de Arequipa, al trabajo de los pueblos peruanos por la paz y a dos prohombres del país: el Dr. José Pardo y el Sr. D. Augusto B. Leguía, actual presidente; con todo ello vislumbra un futuro lisonjero para su país. Carmen de Burgos dedicó un articulito a la conferencia del Ateneo el día 4 de noviembre en que comenzaba por destacar la solidaridad entre mujeres de diversas latitudes: Una de las manifestaciones simpáticas del llamado feminismo es la solidaridad establecida entre las mujeres intelectuales de los diferentes países. Con el mayor desarrollo de su cultura han sentido las mujeres la necesidad de los viajes, del estudio, de borrar las fronteras de las naciones y los prejuicios de raza para hacer una sola y gran familia de la Humanidad toda. Hacía un apunte sobre el público asistente: «Las mujeres intelectuales españolas y las damas más conocidas de nuestra aristocracia acudieron deseosas de escucharla a agruparse en torno suyo». Presentaba a Clorinda Matto como prototipo de la mujer moderna, literata insigne y periodista batalladora y entusiasta: «De espíritu apasionado de la libertad, todas las ideas modernas de progreso y redención tuvieron cabida en su cerebro»; y la definía como «amante entusiasta de la vieja madre patria». Otra escritora peruana, la feminista Zoila Aurora Cáceres (Evangelina), perteneciente al círculo de Clorinda Matto, disertó en el Ateneo el 10 de octubre de 1912 sobre «España en la poesía del Perú»; Zoila Aurora había viajado a España acompañando a su padre el general Andrés Avelino Cáceres, ex presidente de Perú, como representante de su país en las fiestas del Centenario de la Constitución en Cádiz7. 7 Previamente, en marzo de 1909, Cáceres había realizado un viaje a España en compañía de Juliette Adam. A su paso por Madrid había creado la Unión Literaria, sociedad para Las musas suben a la tribuna 137 Evangelina fue presentada por Segismundo Moret, que destacó sus méritos como escritora y conferenciante en diversos países, y su labor en pro del Arte y de la mujer. La conferencia versó sobre los jóvenes poetas peruanos, que, en su opinión, «no desdicen de su tradición literaria castellana, y que en casi todos ellos palpita el amor a España, como un recuerdo de ternezas inmortales que vive hoy en la literatura peruana, continuando la gloriosa epopeya de Cervantes» (Cáceres 1913: 33). Traza la historia de la poesía en el Perú desde la época colonial hasta el sigloxvii, pasando en silencio por el sigloxviii, hasta que se retoma en el xix con nombres como los de Mariano Melgar, Joaquín Olmedo, José Manuel Valdés, José María Pando, José Joaquín Larriva y Felipe y José Pardo. Se detiene, por último, en los poetas que empiezan, los que editan poco y en tiradas muy cortas, poetas líricos los mejores, cita entre ellos a José Gálvez, Julio Hernández, Luis Fernán Cisneros, Percy Gibson, Enrique Bustamante y Ballivián, José Eguren, Alberto Ureta, Luis Alaiza Paz-Soldán, Manuel Bedoya y Luis Navarro Neira. Concluye su discurso apelando a la influencia española en Perú: la de la monarquía y la del Quijote de Cervantes, «símbolo de nuestra raza» (Ibíd.: 47). Entre las reseñas sobre este acto la más extensa fue la que le dedicó La Correspondencia Militar («En el Ateneo. Conferencia de Aurora Cáceres», 11 de octubre de 1912, p.2), que hace una detallada descripción del público: estrechar las relaciones intelectuales entre España, América y Francia (Gimeno 1909), para la que intentó reclutar a Unamuno; asociación que tuvo fines literarios y políticos. París se convirtió en su lugar habitual de residencia al contraer matrimonio con el escritor guatemalteco Enrique Gómez Carrillo; fue en la capital francesa donde publicó varios de sus libros. Firme defensora de la causa de la mujer: escribió el libro Mujeres de ayer y de hoy (1909), dedicado a la escritora Emilia Pardo Bazán, y creó en 1924 la asociación Feminismo Peruano (Villavicencio 1992: 180-182). Mónica Cárdenas (2014) añade que creó también la Unión Internacional de Escritoras de Países Latinos, la organización antifascista Acción femenina y la Unión Católica de Señoras de Lima. Cárdenas estudia el viaje de Cáceres por Europa acompañando las actividades diplomáticas de su padre, tal y como se plasma en su libro Oasis de arte (1911); la autora se detuvo sobre todo en Fancia y Perú, además de en otros países; el libro, sin embargo, no recoge alusión alguna a las estancias de la escritora en España. Ángeles Ezama Gil 144 escritor Benjamín Fernández Medina, que publicó en 1928 en Madrid el libro titulado Estampas de mujeres del Uruguay, tema sobre el que dio una conferencia en el Lyceum el 31 de marzo de ese año. En una entrevista concedida por Medina al periodista Ángel Lázaro (1924) comienza aquél por mostrarle a éste un librito sobre poetisas americanas publicado por César González Ruano11 y se extiende luego hablando sobre literatura con afirmaciones como la siguiente: La literatura uruguaya –dice el Sr. Fernández Medina– no es sino una rama de la española, como el pueblo es rigurosamente una rama de la misma raza, que habla español y asimila sobre el fondo primitivo elementos de diferentes procedencias principalmente latinas, sin perder lo más característico de aquella. Somos un pueblo español. Nuestra literatura es una literatura española que ha evolucionado, adquiriendo fuerzas y tendencias acaso perdidas o desconocidas por la raza y literatura de origen. Pero conservamos algo esencialísimo que es la unidad de la lengua, medio superior de inteligencia y expresión, que será vínculo eterno y el más poderoso de relación y aproximación. Cita a continuación Medina una larga nómina de poetas, ensayistas y novelistas uruguayos que viven y escriben, y recuerda a «tres muertos gloriosos»: Florencio Sánchez, Julio Herrera Reissig y Delmira Agustini. Prosigue la entrevista con el tema de la educación, que en Uruguay es laica, gratuita y obligatoria, y alcanza a buena parte de la población («hay una escuela para cada 128 niños»). En cuanto al tema hispanoamericano sostiene Medina que «El intercambio entre España y América no ha de ser… ¿cómo lo diríamos?, no ha de ser de profesores, sino de maestros: de Literatura, de Periodismo, de Política, de Pedagogía» y matiza es preciso no olvidar que aquellos países son ya adultos en el pensamiento como en la cultura, como en la representación y en la vida internacional. 11 Literatura americana. Ensayos de madrigal y de crítica. I. Poetisas modernas, Madrid, Librería Fernando Fe, 1924 (incluye a escritoras uruguayas como Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini y Luisa Luisi, pero no a otras como Maria Eugenia Vaz Ferreira). Las musas suben a la tribuna 145 Ellos reconocen con agrado lo que deben a Europa […] pero no se les puede tratar como a estudiantes o aprendices necesitados de dirección y de tutela. Hay que ofrecerles y pedirles, invitarlos a colaborar como capaces que son de aportar un concurso de inteligencia, de ideas, de esfuerzos… […] ¿Por qué existe para tantos el prejuicio de que América no puede enseñarnos nada? Los que hemos vivido en América sabemos que, en ciertos aspectos, mucho pueden enseñarnos aquellos países. En mayo de 1933 el periodista Adelardo Fernández Arias dice en un artículo que en Uruguay existe «una cultura superior, desconocida generalmente en España, pero muy digna de apreciarse», y entre los elementos constituyentes de esta cultura se cuentan las mujeres uruguayas: Juanita de Ibarbourou es la poetisa máxima latinoamericana por excelencia; reúne a su condición de poetisa inspirada la belleza de su figura de mujer. Paulina Luisi es la representación más brillante de su sexo en el terreno político internacional. Luisa Luisi, además de su talento poético, posee las altas dotes pedagógicas que la enaltecen. Hay muchas poetisas recitadoras, mujeres ingenieros y mujeres abogados […] Mercedes Pinto, nacida en Canarias y uruguaya por adopción es la mujer periodista, oradora, caudillo dinámico del feminismo de aquel país […] Allí existe la Universidad de mujeres, vivero femenino de excelente producción. Lo cierto es que desde 1918 aparecieron varios artículos sobre poetisas uruguayas en la prensa. Rubín de Celis (1918), previa una alusión a Alfonsina Storni y Delmira Agustini, presenta a Eugenia Vaz Ferreira, Luisa Luisi y Jeanette de Ibar (Juana de Ibarbourou) ilustrando su obra con un poema de cada una de ellas. Díez Canedo (1923) se refiere a las dos grandes, Agustini e Ibarbourou, sobre todo a la primera, aunque menciona de pasada los nombres de Luisi y Ferreira. En 1925 César González Ruano publica una serie de artículos sobre las poetisas modernas americanas en la que trata sobre Agustini, Ibarbourou, Luisa y Clotilde Luisi (1925a, 1925b, 1925c, 1925d). Guillermo de Torre (1927), al dibujar el «Panorama de la nueva poesía uruguaya», afirma que «El Uruguay es, en cierto modo, la cuna del lirismo femenino, el primer nidal de poetisas que luego Ángeles Ezama Gil 146 se recrían con multiplicacionismo ovíparo en todas las restantes repúblicas americanas»; elogia a Agustini, Vaz Ferreira, Ibarbourou y Luisi, y cita sin apenas detenerse a Maria Elena Muñoz, Raquel Sáenz, Blanca Luz Brum de Parra del Riego, María C. Izcua de Muñoz y Alicia Porro Freire. Y Mercedes Pinto (1935) escribe sobre la obra de las, en su opinión, cuatro mejores poetas uruguayas: Juana de Ibarbourou, Delmira Agostini, Luisa Luisi y Eugenia Vaz Ferreira. El 25 de mayo de 1915 la escritora y activista social Teresa Santos de Bosch (Fabiola)12 dio una conferencia sobre «El Uruguay y la mujer uruguaya», ayudándose de un aparato de proyecciones, que alcanzó escaso eco en la prensa13. Cristóbal de Castro (1915), con tono de cronista social, dedica al acto una reseña en la que comienza por anotar el ambiente mundano que le rodea y presenta a la conferenciante como una mujer suma de la aristocracia del espíritu y de la social, «una ilustre escritora y una dama bien»; apunta la fascinación del público por las proyecciones y por las palabras de Teresa Santos, que afirma entre otras cosas: «En mi país el testimonio de la mujer tiene valor de documento público. Porque los hombres de mi país guardan siempre el respeto que siempre merece la mujer»; con 12 Teresa Santos desarrolló una importante labor en pro de la cultura y la emancipación de la mujer (creó la «Hoja femenina» en el Diario del Plata, colaboró con la página femenina de La Razón y con Acción Femenina) y a favor de los ciegos, fundando el primer Asilo para ciegos de Uruguay, del que fue directora. Comisionada por el Ministerio de Instrucción Pública para estudiar la organización de las instituciones para ciegos en Europa, viajó a España en 1915, donde colaboró con la revista Los Ciegos (1916-1918). En junio de 1915 se constituye la Casa del Pueblo liberal de España y América (inscrita en el Registro de Asociaciones el 22 de julio de 1915), bajo la presidencia del conde de Romanones, y Teresa Santos es nombrada socia correspondiente en América («La Casa del Pueblo liberal de España y América», La Correspondencia de España, 4 de junio de 1915, p.6); hay noticias sobre esta asociación en la prensa hasta comienzos de 1916. En 1923 fue obsequiada con la medalla de la Unión Iberoamericana, por haber sido la primera dama que se dio de alta como socia de número en la asociación (Unión Ibero-Americana, febrero de 1923, p.19). 13 El 29 de mayo volvió a disertar sobre el mismo tema en la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio, alcanzando en esta ocasión bastante éxito entre el público asistente («La Srta. Santos de Bosch y la Escuela de Estudios Superiores del Magisterio», Gaceta de Instrucción Pública y Bellas Artes, 2 de junio de 1915, pp.319-321). Las musas suben a la tribuna 147 estas palabras consigue empatizar con el público femenino asistente: «En esa conferencia histórica un grupo de españolas se alzó indignadamente vindicador. En España no se respeta a la mujer». Entre las intelectuales uruguayas ocupan un lugar muy destacado las hermanas Luisi: Paulina, Inés (médicas ambas), Clotilde (abogada y poeta), Luisa (maestra y poeta; Pinto 1935: 62-73), Elena y Ana (maestras), que contribuyeron de forma importante a la consolidación del feminismo en Uruguay; hijas de Ángel Luisi y Josefina Janicki, quienes fundaron en 1880 el Instituto Luisi para niñas, en el que se educaron sus hijas, que cursaron todas Magisterio. En España estuvieron Paulina y Clotilde. La Dra. Paulina Luisi14 viajó a España en varias ocasiones15; su viaje de 1934 lo aprovechó para disertar en el Ateneo el 30 de enero; el 1 de febrero el Colegio de Doctores de Madrid la recibió como miembro corres14 Paulina Luisi fue la primera mujer médico (ginecóloga) en Uruguay, ardiente feminista y defensora de numerosas causas sociales, presidente del Consejo Nacional de Mujeres del Uruguay, segunda vicepresidente de la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas, miembro de la Sociedad de Naciones, miembro fundador del Partido Socialista de Uruguay, y directora de la revista Acción Femenina. Cristóbal de Castro elogia sus «dones teresianos de peregrina y fundadora» en un artículo que le dedicó con motivo de su estancia en España en 1933, en el que la compara con la abolicionista Josefina Butler: «se la llama la Josefina Butler de América», y destaca sus muchos saberes: «Su labor honda y múltiple en Medicina, en Pedagogía, en Higiene social, en Literatura, en Arte, en Música, en Feminismo, alcanza proporciones enciclopédicas». 15 En 1920 intervino en una reunión de la Sociedad Española de Higiene («Sociedad de Higiene», La Libertad, 14 de mayo de 1920, p.6). Con tal motivo tres escritoras españolas le dedicaron artículos en los que destacaban su contribución en favor de la causa feminista: Magda Donato (1920a), Isabel Oyarzábal (1920) y Clara Campoamor (1920); con esta última mantuvo una estrecha relación de la que queda como testimonio un epistolario que abarca de 1920 a 1937, que se rompió por la mutua incomprensión sobre sus respectivas ideas políticas relativas a la España republicana (Scarzanella 2008). Magda Donato (1920b) le hizo además una entrevista para el diario La Tribuna en la que destaca el valor de la doctora Luisi en ser la primera en muchas cuestiones, una mujer hecha a sí misma a la que propone tomar como modelo; enfatiza en particular su lucha contra la trata de blancas, y resume las diversas misiones que ha traído a Europa comisionada por su país; concluye constatando la rareza de esta mujer «intelectual, doctora y feminista que comprende la vida». En 1921 vino nuevamente a España y pronunció dos conferencias, una en la Academia de Jurisprudencia el 7 de marzo sobre «La trata de blancas» (leída bajo la presidencia de la Ángeles Ezama Gil 148 pondiente con un discurso sobre «Lucha internacional contra la trata de blancas. Las tres convenciones» («Informaciones de Madrid», El SigloFuturo, 30 de enero de 1934, p.4). La conferencia del Ateneo fue organizada por las secciones de Pedagogía e Iberoamericana, y en ella habló la Dra. Luisi sobre «Maternidad y enfermedades de las que hay que defender a la prole», con acompañamiento de proyecciones cinematográficas, un material de gran valor pedagógico «con el que en su país se informa a las que han de ser maestras y a las muchachas que en el último curso se despiden de la escuela». Fue presentada la Doctora por el Sr. Noguera que destacó la faceta de maestra de infanta Isabel de Borbón), y otra en la Unión Ibero-Americana el 12 de marzo sobre «Mujeres del Uruguay» («Lecturas y conferencias», ABC, 13 de marzo de 1921, p.19). Luisi recala de nuevo en España en abril de 1928 procedente de Lisboa y es recibida con grandes agasajos en La Coruña, donde dio una conferencia en la Reunión de Artesanos, presentada y guiada por Mercedes Tella y María Barbeito, y amparada en la evocación de Concepción Arenal; posteriormente se trasladó a Madrid para tomar parte en un acto en memoria de Josefina Butler, en el que las damas del Lyceum Club le ofrecieron un té organizado en su honor («Homenaje a la Dra. Paulina Luisi», ABC, 27 de abril de 1928, p.19); finalmente el acto se celebró en la Real Academia de Jurisprudencia el 17 de mayo y en él se leyeron unas cuartillas de la Dra. Luisi; en mayo de 1928 se constituyó la junta de honor de la comisión organizada para erigir un monumento en honor a Concepción Arenal, y Clara Campoamor propuso nombrar delegada de la Junta en el Uruguay a la Dra. Luisi («La Comisión de honor pro monumento a Concepción Arenal», Heraldo de Madrid, 24 de mayo de 1928, p.9). A finales de enero de 1933 la Dra. Luisi volvió a España. El 13 de febrero fue recibida como socia honoraria en la Real Sociedad Económica Matritense con un discurso sobre «El individuo humano como capital colectivo. Función de la higiene social» («En la Económica Matritense. Recepción de Paulina Luisi», La Libertad, 14 de febrero de 1933, p.7). Entre los días 15 y 28 de febrero dio en Unión Republicana Femenina un cursillo de cuatro conferencias sobre «Abolicionismo y educación sexual» («Conferencias», El Sol, 16 de febrero de 1933, p.8; «Unión Republicana Femenina. El cursillo de la Dra. Luisi sobre abolicionismo», El Imparcial, 28 de febrero de 1933, p.3); en España Femenina habló el 3 de marzo sobre «El trabajo femenino y la maternidad» (La Voz, 4 de marzo de 1933, p.4). Blanca Silveira Armesto (1933) la entrevistó en diciembre de este año; al preguntarle por la España de la República la entrevistada responde: «hallo algo un poco olvidado: las relaciones hispanoamericans. La unión de todas las repúblicas de habla española para formación de un bloque de raza con la nación que dejó de ser madre para convertirse en hermana…». Las musas suben a la tribuna 149 Luisi y su gran sentido educador y expuso la dificultad de llegar a disertar abiertamente sobre el tema; asistieron al acto los alumnos y alumnas de las Normales y todas las enfermeras visitadoras de Madrid. El discurso constituye «una información vulgarizadora de gran valor pedagógico, pues nada hay que pueda escandalizar, […] al estudiarse los órganos reproductores, el proceso de la gestación y el mecanismo del parto»; advierte la disertante contra los problemas que ocasiona en este aspecto la ignorancia de los jóvenes y aconseja que «estas lecciones se den en la escuela con naturalidad, sin afectación y sin miedo» («En el Ateneo. Una lección de Paulina Luisi sobre educación sexual», La Libertad, 31 de enero de 1934, p.7). Clotilde Luisi fue, además de profesora, la primera mujer uruguaya que consiguió el título de abogada en 1911 y también la primera diplomática de su país, así como la fundadora en Montevideo de la Universidad para Mujeres (1912) de la que fue Decana y donde ocupó la cátedra de Historia Universal (Pinto 1925). Visitó España entre 1929 y 1930, junto con su esposo José María Podestá, comisionados ambos por el gobierno uruguayo para estudiar los centros educativos españoles. Desarrolló además una importante labor literaria y artística16. En España pronunció cinco conferencias entre noviembre de 1929 y junio de 1930, sobre literatura uruguaya, una de ellas en el Ateneo madrileño el 22 de mayo de 1930, que versó sobre «Cuatro poetas uruguayos»; este discurso estuvo dedicado a los jóvenes poetas de su país, los de los 10 últimos años, anotando los cambios introducidos por el ultraísmo 16 Escribió una traducción, un libro de cuentos, y varias obras de teatro, representadas pero no publicadas, en colaboración con su esposo, y algunos poemas vanguardistas; colaboró en revistas argentinas (Prisma, Sur, Apolo: Revista de Arte, Nosotros), uruguayas (Alfar, La Pluma) y españolas (Cosmópolis). En los años 40, el Fondo de Cultura Económico planeó editar una colección dedicada a Uruguay con el título de «Tierra firme», que habría de ser dirigida por Clotilde Luisi, en 12 volúmenes (Zum Felde, Zavala Muñiz, Sabat Ercasty, Luisi, Grompone, etc.); en el plan estaban implicados Daniel Cosío Villegas y otros intelectuales latinoamericanos como Norberto Frontini; se inició en 1844 pero ignoro si se llevó a cabo en su totalidad (Sorá 2010: 551). Fue, además, una de las vicepresidentes de la Comisión Nacional de Bellas Artes de Uruguay entre 1943 y 1947. Ángeles Ezama Gil 150 y el futurismo, y durante el mismo la conferenciante leyó varios poemas; la reseña del acto publicada en ABC («Informaciones y noticias de lecturas y conferencias», 23 de mayo de 1930, p.25) alaba la labor de crítica profunda que Luisi realiza de la obra de los nuevos, entre los cuales se cuentan mujeres como Ana María Foronda, Alicia Porro y Edgarda Cadenazzi. 7.3. orAdorAs mexicAnAs La maestra, escritora y periodista Maria Luisa Ross17 fue comisionada en 1920 por el presidente mexicano como Embajadora del Arte y la Cultura de su país, por lo que recorrió diversos países perorando en sus Ateneos. Está presente en Madrid desde noviembre de ese año en calidad de embajadora intelectual («Figuras americanas. Maria Luisa Ross», IEA, 30 de noviembre de 1920, p.577). El 14 de diciembre disertó en el Ateneo madrileño sobre «Poetas jóvenes mejicanos», siendo presentada por su compatriota el escritor Alfonso Reyes; en su disertación Ross citó a algunos de los poetas-periodistas jóvenes de México como Ramón López Velarde, Enrique Fernández Ledesma, Alfonso Reyes, Ramón Cabrera, José de Jesús Núñez e Isolda Cabrera, y leyó composiciones de Alfonso Reyes, Rafael Lozano, Samuel Ruiz Cabañas y Javier Sorondo; entre las asistentes estaban Emilia Pardo Bazán y la condesa de San Luis («En el Ateneo. Conferencia de Maria Luisa Ross», La Época, 16 de diciembre de 1920, p.3). El 29 de enero de 1921 Ross disertó acerca de «El teatro nacional de Méjico» en la Unión Iberoamericana. Trazó brevemente la historia del teatro mexicano desde sus orígenes autóctonos hasta el sigloxvii, cuando 17 Ross es autora de cuentos y ensayos y de algunas traducciones e impulsora de la enseñanza de la Literatura en México; también contribuyó a la radio mexicana en sus primeros tiempos (hay una Tesis de Maestría de Rosalinda Sandoval Orihuela, Participación de la mujer en los inicios de la radiodifusión educativa: María Luisa Ross Landa, UNAM, 2011, que no he podido consultar); y participó en la fundación de instituciones como la Cruz Roja mexicana y la Unión Femenina Iberoamericana. Las musas suben a la tribuna 151 surge el primer ingenio dramático mexicano, Juan Ruiz de Alarcón; resume luego los géneros y nombres más destacados del teatro mexicano desde el sigloxviii, llegando hasta los contemporáneos Marcelino Dávalos, Federico Gamboa, Antonio Mediz Bolio, Teresa Farias de Isassi, Eugenia Torres de Meléndez y la propia Maria Luisa Ross. Señala que el teatro serio propio es escaso en México, al contrario que el género chico que «está ya perfectamente cimentado» (Ross 1921: 41). Reconoce que hasta el momento todos han sido tanteos, tentativas, ensayos indecisos confusos y difusos, rebuscas afanosas, indagaciones anhelantes, labor primordial en suma, que demuestra la necesidad estética de realizar, por medio de las formas escénicas y lo mismo que vamos logrando en la poesía lírica y en la novela: revelar y caracterizar el espíritu nacional (Ibíd.: 42). Se refiere a su experiencia como encargada de una Cátedra en el Conservatorio Nacional de México, donde ha conocido a jóvenes de talento en el arte escénico como Dora Vila, Maria Luisa Villegas, Virginia Fábregas, Esperanza Iris y Teresa Montoya. Confía en que el teatro nacional se desarrollará plenamente en adelante. El 17 febrero de 1921, Ross volvió a disertar en el Ateneo, esta vez sobre «La canción popular mexicana», acompañándose de algunas piezas cantadas por Dolores Montalvo de Montero («Ateneo. La canción popular mexicana», El Sol, 18 de febrero de 1921, p.2). La profesora y feminista mexicana Elena Landazuri disertó el 2 de enero de 1922 sobre «La Liga internacional de mujeres para la Paz y la Libertad», asociación de origen norteamericano, aprovechando para invitar a las mujeres españolas a sumarse a la causa pacifista. Entre los asistentes, un «numeroso público que llenaba el salón, femenino en sus tres cuartas partes» («En el Ateneo. Conferencia de la señora Elena Landazuri», El Sol, 3 de enero de 1922, p.3). Colombine le hizo una entrevista a Landazuri con motivo de esta visita (1922) en la que la considera como una de esas mujeres americanas que Ángeles Ezama Gil 152 «vienen a Europa a libertar. No vienen a exponer teorías, sino a exponer hechos, a predicar con el ejemplo». Le pregunta Carmen sobre la situación de Méjico, a lo que Landazuri responde afirmando que el problema de su país es económico; no obstante habla de un renacimiento por la fuerza de la cultura: «hay nuevos métodos de enseñanza, leyes interesantes; se construyen hospitales, escuelas; se emprenden cruzadas moralizadoras. Un verdadero progreso»; también aduce los adelantos en el arte y en el feminismo. La interroga asimismo sobre la Liga, a la que asigna una misión pacifista y moralizadora, y sobre la Hull House, iniciativa social y educativa creada en Chicago por Jane Addams en pro de los más desfavorecidos, que luego ella misma exportaría a México. La cantante y compositora Josefina Velázquez Peña dio una conferencia el 18 de marzo de 1933 sobre folclore literario y musical de Méjico, que ella misma ilustró con varias canciones y poesías tocadas con acompañamiento de guitarra; en su discurso se ocupó primero de los textos poéticos y luego del folclore musical, tanto en composiciones netamente populares como en las de poetas modernos que se han inspirado en lo popular; también se refirió a los compositores contemporáneos («La vida musical», El Sol, 24 de marzo de 1933, p.8). 7.4. unA orAdorA chilenA En 1929 la escritora, profesora, activista y feminista chilena Celinda Arregui de Rodicio18 visitó Madrid, donde ofreció tres conferencias, una de ellas en el Ateneo el día 9 de abril, que versó sobre «Chile y su progreso»; en su discurso, acompañado de proyecciones, Arrregui se refirió a la geografía, la historia, el progreso de la mujer y la prosperidad del país 18 Arregui era telegrafista, como Clara Campoamor y Consuelo Álvarez; fue directora y profesora nacional en la Escuela Telegráfica de Bolivia. Participó en la fundación del Consejo Nacional de Mujeres (1919) y del Partido Demócrata Femenino de Chile (1926) y creó en 1927 el Bando Femenino. Las musas suben a la tribuna 153 («Informaciones y noticias de lecturas y conferencias», ABC, 10 de abril de 1929, p.23). Su conferencia el 17 de abril en la Unión Iberoamericana sobre el «Acercamiento hispano-americano», y sus relaciones posteriores con otras asociaciones de mujeres españolas (la Federación Sindical de Obreras presidida por María Domènech de Cañellas) dan fe de su labor en favor de dicha aproximación. Ángeles Ezama Gil 256 El 23 de febrero de 1907 la velada fue en homenaje a Juan Valera y estuvo dividida en dos partes, una de estudios y lectura de poesía, cuya primera intervención fue la de Pardo Bazán, y otra con lectura de fragmentos de Juanita la Larga (en la que intervino, entre otros actores, la actriz Balbina Valverde) y Pepita Jiménez, y representación de Asclepigenia por los alumnos del Conservatorio (Ateneo, enero 1907, pp.177-178). Emilia Pardo Bazán leyó un estudio crítico sobre el escritor egabrense que fue muy elogiado; el germen de este estudio estaba, en opinión de Guzmán (2014: 98) en el trabajo publicado por la autora en La Lectura en septiembre de 1906, una serie de tres artículos titulados «Don Juan Valera: la personalidad, el crítico, el novelista», que se abrevió en la conferencia. Entre las reseñas dedicadas al discurso, Ricardo Catarineu (Caramanchel) comienza con un elogio contundente: «Emilia Pardo Bazán es –nadie lo ignora– uno de los pocos grandes críticos que en los últimos tiempos ha tenido España»; poco más añade a esta consideración inicial excepto algunas notas elogiosas sobre el estilo (Catarineu 1907). El acto tuvo mucho éxito entre el público: «Las tribunas y el salón estaban totalmente ocupadas por selecto público en el que se veían muchas señoras. El éxito, admirable, correspondió á la alteza intelectual de quien había iniciado y organizado el acto» («En el Ateneo. Velada en honor de Valera», El Imparcial, 24 de febrero de 1907, p.1). Y es que la prensa de Madrid y de provincias reconoció a D.ª Emilia el acierto de organizar un homenaje merecido pero preterido (Valera había fallecido en abril de 1905): Muerto el ilustre estilista ninguno de los presidentes de la sección de Literatura del Ateneo se atrevió a realizar ese homenaje ansiado y merecido. Fue preciso que llegase a ocupar el puesto nuestra eminente paisana […] para que se organizase la velada y para que resultase grandiosa («Valera y la Pardo Bazán», El Noroeste, 26 de febrero de 1907, p.1). El 20 de marzo de 1907 le tocó el turno al dramaturgo Henrik Ibsen (fallecido en mayo de 1906); intervinieron en el acto Miguel de Unamuno, Las musas suben a la tribuna 257 Ángel Guerra, Práxedes Zancada, Antonio Palomero, Andrés Ovejero y Pardo Bazán que hizo el resumen de la sesión; como cierre del homenaje se representó el tercer acto de Espectros por las Sras. Sala y Cano y los Sres. Tallaví, Jerez, Viñas y García, y se interpretaron varias composiciones noruegas por el Cuarteto Francés; fueron muchos los elogios a la organizadora del acto («En honor de Ibsen», El Globo, 21 de marzo de 1907, p.1). Que sepamos el discurso de D.ª Emilia sobre Ibsen no llegó a editarse, pero en el Archivo de la Real Academia Galega se conserva un borrador del mismo en el que puede leerse: 1.-Importancia de la figura de Ibsen como dramaturgo, su resonancia en Europa y cómo el Ateneo de Madrid no hubiese correspondido a sus tradiciones si no le consagrase esta velada. 2.-Resumen de los puntos de vista desde los cuales se le ha considerado en esta velada. El punto de vista de Unamuno: la inquietud religiosa, el estado de conciencia. 3.-Punto de vista que más me interesaría a mí: el de las almas de mujer que figuran en la obra de Ibsen. Porque este es un aspecto nuevo de Ibsen, aunque podamos encontrar sus precedentes en Alejandro Dumas hijo: haberse preocupado de la personalidad de la mujer, de su espíritu, de su independencia individual. La diferencia en esto de Ibsen y Dumas hijo es la misma diferencia de su arte; el de Dumas cerebral, teatral y artificioso, de tesis, y el de Ibsen real en medio de sus simbolismos; real hasta la entraña. Las heroínas de Dumas parecen figuras convencionales al lado de Nora, de Heda Gabbler y de la Dama del mar. Las tres son tres casos de conciencia femeninos, y a la vez profundamente humanos. Son casos de emancipación de la conciencia y hay que entender bien este concepto: la conciencia no se emancipa solamente rompiendo trabas y saltando vallas como en el caso de Nora, del famoso portazo; se emancipa también aceptando el deber, reintegrando el espíritu agitado y tumultuoso a la armonía del bien, del amor y de la ley, como en la Dama del mar, Ellida Vangel. La emancipación de la conciencia no resulta en hacer esto o aquello, sino en hacer lo que se haga por propia resolución, con pleno asentimiento de nosotros mismos. Acabamos de oír lo que decía de la inquietud religiosa un sabio profesor y eminente escritor. Todos tenemos nuestro poco de inquietud religiosa: y al nombrárnosla y al plantearnos el problema de la conciencia (aunque Ángeles Ezama Gil 258 vivamos por el arte, nos interesa Ibsen, no por teólogo o moralista, sino por artista grande, real y humano) no podemos menos de fijarnos en este problema de conciencia representado por las mujeres de Ibsen en general y en especial por las tres de que hablo. Nora es la sublevada, Ellida la fascinada por la libertad y el misterio, Heda la incomprendida. Son casos eminentemente [ILEGIBLE]. Pues bien, esta fase del teatro de Ibsen lo diferencia radicalmente no sólo del teatro español, que es un teatro de sujeción de la mujer a la crueldad del honor, no sólo del teatro de Shakespeare, que es un teatro de sujeción de la mujer a la pasión histórica, sino principalmente del teatro griego, que es la sujeción de la mujer y del hombre a la fatalidad. Ibsen ha visto la [ILEGIBLE] de la conciencia femenina, la ha presentado, la ha encarnado, pero el origen de esta idea es efectivamente religioso: es una idea cristiana. Dieciocho o diecinueve siglos antes que Nora se reivindicara a sí misma, antes que Ellida Wangel aceptase por la libertad el sacrificio y el deber del hogar, la conciencia femenina estaba emancipada plenamente; el arte llega tarde a comprobar este hecho. Si lo miráis bien, o yo no sé lo que es paganismo o es lo más contrario a esta emancipación que Nora afirma con un portazo, y que las mujeres conducidas al circo o al ecúleo afirmaron sufriendo horribles tormentos y dejándose hacer girones por las fieras. No hay acto más supremo de libertad que este de morir (Arquivo da Real Academia Galega, código 02.40.6.1.4.1.2.2.272/16.0) El 20 de abril de 1907 la sección de Literatura organizó una velada en honor de Gabrielle D’Annunzio; Pardo Bazán encargó el discurso a Álvaro Alcalá Galiano, e intervino la actriz italiana Tina di Lorenzo (junto con su compañía) representando el acto tercero de Gioconda («D’Annunzio en el Ateneo», El Imparcial, 20 de abril de 1907, p.3). Los grandes diarios madrileños no mostraron tanto entusiasmo con esta velada como con las restantes organizadas por D.ª Emilia; incluso, el diario republicano El Intransigente publicó un indignado artículo en que criticaba la forma en que se había organizado el evento: Hace pocos días se celebró en el Ateneo una fiesta en honor de Gabriel D‘Annunzio. Esta fue organizada por D.ª Emilia y resultó un fracaso, atenuado un poco por el concurso de la compañía de Tina di Lorenzo. Las musas suben a la tribuna 259 Doña Emilia encargó un trabajo acerca de D‘Annunzio al Sr. Alcalá Galiano, que no estuvo muy acertado, logrando aburrir bastante a la concurrencia. Al acabar la fiesta, los jóvenes que forman la sección de Literatura, reuniéronse en concilio. Todos estaban indignados; la conducta de doña Emilia era inexplicable; D.ª Emilia quiere que el Ateneo sea una plataforma para que se luzcan sus amigos, y el Ateneo no puede ni debe ser eso. La fiesta en honor de D‘Annunzio fue organizada por ella, sin contar con los señores que componen la sección de Literatura, y siquiera por cortesía, debió consultarlos. A más de esto, en el Ateneo y fuera de él hay bastantes escritores que pueden hablar de D’Annunzio diciendo cosas interesantes. El Sr. Alcalá Galiano es un joven discreto, pero no tendrá la pretensión de ser el más entonado de estos casos. [sic] Valle-Inclán, Benavente, Candamo, Trigo, González Blanco y otros muchos pudieron hacer estudios más breves y más interesantes («En el Ateneo. Una protesta», El Intransigente. Diario Republicano, 23 de abril de 1907, p.1). Por otra parte, la actuación de la gran actriz Tina di Lorenzo (que venía representando en España con considerable éxito desde marzo de 1906) fue muy elogiada por la propia D.ª Emilia en una de sus crónicas para La Ilustración Artística: Sobre aquel escenario diminuto, sin decorado, sin mobiliario apenas, vestida con un saco de lana grisácea, desarreglado sin artificio el cabello, la gran actriz conmovió y subyugó a su auditorio lo mismo o mejor que si luciese la última creación de Paquin y detrás de su figura artística se extendiese una decoración fastuosa. Ello es cierto que los dramas y las comedias más admirables que ha producido el ingenio humano, se han representado entre dos cortinas viejas, habiendo salido previamente un avisador a advertir a los espectadores que el teatro representa una selva o una gruta mágica. No podríamos hoy avenirnos a tal esfuerzo de imaginación, pero el extremo del lujo escénico nos ha conducido ya a materializar e industrializar lo que debe ser principalmente arte, y a salvar obras sin mérito ni alma por medio de la indumentaria, los muebles y los detalles realistas (Pardo Bazán 1907). El 21 de mayo de 1907 D.ª Emilia pronunció una conferencia sobre «La conversión de Brunetière» en el marco de una velada-homenaje al crítico francés fallecido en diciembre de 1906, a la que acudió un numeroso y Ángeles Ezama Gil 260 selecto público en el que abundaban las damas elegantes; en ella realiza la conferenciante un estudio sobre el movimiento religioso actual y sobre las metamorfosis del espíritu de Brunetière al que la autora conoció personalmente y al que considera un espíritu más ponderado y más científico que el de sus contemporáneos («En el Ateneo. Una conferencia de la Sra. Pardo Bazán», La Época, 22 de mayo de 1907, p.2)1. El 9 de abril de 1908 el Ateneo rindió homenaje a Espronceda con motivo del centenario de su nacimiento en velada organizada por la sección de Literatura en que D.ª Emilia leyó «un trabajo hermoso, galano y de pintoresca expresión sobre los alardes de Espronceda» («En el Ateneo», El Globo, 9 de abril de 1908, p.1). El Imparcial el día 20 de abril de 1908 (Emilia Pardo Bazán, «Espronceda», p.1) reprodujo el texto de la intervención2. En el discurso sitúa la oradora a Espronceda al lado del duque de Rivas y de Zorrilla y apunta que de ellos es Espronceda el más popular y el único de temperamento lírico; señala que, siendo para los contemporáneos una encarnación del poeta romántico, es también clásico en su educación literaria y en buena parte de su obra poética. Distingue su propio momento histórico en el que se observa «el divorcio de las multitudes y la poesía» y en el que «la poesía va siendo ¡oh dolor! un género literario, literatura a secas», del periodo romántico en el que «la poesía fue humanidad y vivió vida real en las almas de los iliteratos, bordando y entretejiendo en ellas los recamos y las filigranas del sentimiento». Se refiere también a la leyenda de Espronceda, «que acrecentó el prestigio del poeta y reveló su figura», y trata de explicar por qué ni Rivas ni Zorrilla se convirtieron en leyenda: porque ninguno de ambos alimentó «a la multitud con girones palpitantes 1 Este texto seguramente es el mismo que luego se publicó, convenientemente corregido, con el título de «Fernando Brunetière por Emilia Pardo Bazán», en La Lectura, vol. 5, 1907, pp.131-143, 237-249, que trata en la primera parte sobre su conversión y en la segunda sobre su faceta de crítico. 2 Es el único lugar donde se reproduce, ya que ni siquiera se conserva el manuscrito o mecanografiado de la conferencia. Las musas suben a la tribuna 261 de su corazón, y Espronceda, mintiese o no al gemir sin llanto y al retorcerse de dolor en su poesía, supo ofrecer a sus lectores la emoción que en aquel instante querían y soñaban». Defiende la influencia del protagonista de El estudiante de Salamanca sobre el Don Juan Tenorio, ya que acertó a «moldear definitivamente lo que sus predecesores [Tirso] dejaron sin concluir […] La encarnación del alma española o siquiera de un aspecto de esa alma», con lo que reunió a los elementos románticos «el españolismo de vieja cepa». Menciona, para terminar, su poema «Al sol. Himno». El 30 de marzo de 1909 se celebró una velada homenaje a Larra en la que intervinieron los escritores Nilo Fabra, Cristóbal de Castro, Eduardo Marquina y otros, los actores José Santiago y Ricardo Calvo y la actriz Matilde Asquerino, que leyó el poema dedicado por Zorrilla a la muerte de Larra («En el Ateneo. Otro homenaje a Larra», La Correspondencia de España, 1 de abril de 1909, p.5). El 23 de febrero de 1911 la velada homenaje estuvo dedicada a Ricardo de la Vega (fallecido en junio de 1910) y presidida por Ramón Pérez de Ayala; intervinieron en el acto Enrique de Mesa, los hermanos Álvarez Quintero, Benavente y otros muchos escritores; se interpretaron varios sainetes, en los que participaron las actrices Adela Carboné, Evelina Torres, Mercedes Pérez de Vargas e Irene Alba, todas ellas del Teatro de la Comedia («En el Ateneo. En honor de Ricardo de la Vega», La Correspondencia de España, 24 de febrero de 1911, p.1). El 10 de enero de 1912 se celebró una velada en homenaje a Joan Maragall, una parte de la cual consistió en un recital de poesías en castellano y catalán por las actrices Matilde Moreno y Rafaela Abadía y los actores Tomás Borrás, Pedro Codina y el escritor Nilo Fabra («Centros y sociedades», La Correspondencia de España, 9 de enero de 1912, p.6). El 31 de enero del mismo año el homenajeado fue el escritor Carlos Fernández Shaw (fallecido en junio de 1911), que había sido presidente de la sección de Literatura, en un acto conducido e introducido por Benavente (presidente en ese momento); en la primera parte Manuel Sandoval leyó un discurso sobre la vida y la obra del poeta; en la segunda leyó un poema propio el hijo de este, Guillermo, y uno del fallecido Díaz de Mendoza; el Ángeles Ezama Gil 262 acto se cerró con la intervención de la tiple cómica María Palou y del actor Emilio Mesejo, que representaron dos escenas y cantaron un dúo de La Revoltosa. Las informaciones periodísticas destacan la gran afluencia de público, especialmente femenino («En el Ateneo. En memoria de Fernández Shaw», El Imparcial, 1 de febrero de 1912, p.4). El 28 de marzo se dedicó una velada al poeta Teodoro Llorente (fallecido en julio de 1911) en la que intervinieron Benavente, García Sanchiz, Manuel Sandoval, Enrique Amado (secretario de la sección de Literatura) y Rafael Comenge; también los actores Ascensio Mora y Felipe Carsi que leyeron versos del poeta en valenciano, y las actrices Adela Carboné y Mercedes Pérez de Vargas, que recitaron tres poemas de Llorente y algunas traducciones de Goethe, Heine y Sully Prudhomme («En honor de Teodoro Llorente», Heraldo de Madrid, 29 de marzo de 1912, p.1). El 14 de mayo el homenaje fue a un poeta vivo, Rubén Darío, que presidió el acto; intervinieron Benavente, Enrique Amado, A. González Blanco y Joaquín López Barbadillo, y varios actores que recitaron poemas del escritor nicaragüense: Anita Martos y Hortensia Gelabert, Nilo Fabra y Ricardo Calvo («En el Ateneo. La fiesta de Rubén Darío», El Imparcial, 15 de mayo de 1912, p.1). El «Florilegio de poetas castellanos» fue una idea de la sección de Literatura, dirigida entonces por Jacinto Benavente, que se desarrolló entre el 8 de diciembre de 1912 y el 4 de mayo de 1913. Emilia Pardo Pardo Bazán se refiere a esta iniciativa en una crónica de 1913: Ensalzo la idea de ese Florilegio de poetas que se ha explicado en el Ateneo. Los domingos poetas jóvenes contemporáneos, o críticos también, de la nueva generación, leen y comentan a los poetas del pasado, recordándolos y renovando su tan borrada memoria. No diré que todos los poetas leídos y comentados estén a la misma altura; ello fuera cosa de milagro. Pero los grandes, y los medianos, y hasta los menores, conviene que sean recordados, acariciados por la simpatía, que se refresquen sus laureles, que un monumento saque de sus tumbas la cabeza pálida. El culto del pasado tampoco puede reducirse al de media docena de nombres reconocidamente insignes. Las musas suben a la tribuna 263 Cervantes, Quevedo, Espronceda, Larra; los secundarios tienen valor, no sólo propio, sino porque eslabonan la serie. Solo tres mujeres participaron en el mismo, que «han sido honor y ornato del Florilegio» («En el Ateneo de Madrid. El Plutarco de los poetas3», Heraldo de Madrid, 5 de mayo de 1913, p.1) y solo cinco mujeres poetas fueron objeto atención: Santa Teresa de Jesús, Sor Juana Inés de la Cruz, Gertrudis Gómez de Avellaneda, Rosalía de Castro y la condesa del Castellá, que leyó poemas propios. En el marco de este ciclo, el día 5 de enero de 1913 habló José Moreno Villa sobre la santa abulense: Santa Teresa fue recordada en un erudito trabajo de José Moreno Villa, que pintó el carácter de aquella época, describiendo con acierto la ciudad de Ávila y el espíritu de nuestro misticismo, valiéndose de ello para demostrar cómo descuella la gloriosa figura de Santa Teresa, escritora cuya prosa es superior a su poesía, que califica de «jugueteos de intimidad» («Ateneo. Florilegio de poetas», El País, 6 de enero de 1913, p.2). El día 12 del mismo mes la escritora Sofía Casanova pronunció una conferencia sobre Rosalía de Castro4, acompañada de la lectura de algunos de sus poemas en castellano y en gallego; este discurso supone la reivindicación de Rosalía en un momento en que su figura está empezando a ser recuperada gracias a los trabajos de Azorín, Prudencio Canitrot y Víctor Said Armesto, que la conferenciante recuerda («Labor cultural. Academias y centros. Ateneo», ABC, 13 de enero de 1913, p.10). 3 Este Florilegio es conocido como El Plutarco de los Poetas, título con el que se publican en la prensa (particularmente Heraldo de Madrid) los comentarios relativos a los actos celebrados en el Ateneo. 4 Ya en ocasiones anteriores y en otros foros había recitado Casanova poemas de Rosalía; incluso en 1896 le había dedicado el titulado «A Rosalía de Castro de Murguía». Sobre la poesía de Rosalía había escrito también para La Ilustració Catalana en 1912 («De vida i d’art. Lo nostre », 23 de junio de 1912, p.2). Ángeles Ezama Gil 264 El 23 de enero fue Andrés González Blanco quien disertó acerca de Sor Juana Inés de la Cruz, citando a Amado Nervo y Menéndez Pelayo, y leyó varios poemas de la autora («En el Ateneo de Madrid. El Plutarco de los poetas», Heraldo de Madrid, 23 de enero de 1913, p.1). Siguiendo con el mismo ciclo, la condesa del Castellá el día 8 de abril de 1913 dio una conferencia sobre El poema del cisne y de la princesa, poemario suyo editado en 1911, y el 20 de abril sobre Gertrudis Gómez de Avellaneda («En el Ateneo de Madrid. El Plutarco de los poetas», Heraldo de Madrid, 21 de abril de 1913, p.1)5. En la conferencia comienza la Condesa por evocar el lazo común del idioma entre España y Latinoamérica y a las glorias de ambos pueblos unidas por la raza, como Gertrudis Gómez de Avellaneda; perfila su biografía (basándose en la Autobiografía y cartas editadas en 1907) y habla de su obra poética apoyándose en los juicios de Juan Valera y Menéndez Pelayo (al que tilda de maestro), citando a guisa de ejemplo algunos de sus poemas: «Al partir», «A él», «La cruz», «El último acento de mi arpa» y algunos versos del Devocionario, pero no se detiene en su teatro y mucho menos en su prosa. Para concluir, el 4 de mayo de 1913 intervino la escritora Blanca de los Ríos en un homenaje al poeta Emilio Ferrari, haciendo un esbozo de su personalidad6; esta intervención fue la número 22 y última del largo ciclo «Florilegio de poetas castellanos» («En el Ateneo. Florilegio de poetas líricos», El Imparcial, 7 de mayo de 1913, p.2). 5 Es probablemente la misma conferencia que pronunció el día 27 de abril en el Centro de Cultura Hispanoamericana, que se publicó primero en la revista Cultura Hispanoamericana (diciembre de 1913, pp.30-52) con el título de «Gertrudis Gómez de Avellaneda: gloria hispanoamericana», y luego de modo exento en 1914 (Condesa del Castellá 1914). La conferencia incluía la cita de varios poemas de la escritora cubana. 6 Blanca de los Ríos había dedicado ya un breve artículo a «Emilio Ferrari» con motivo de su muerte (Gaceta de Instrucción Pública, 10 de noviembre de 1907, pp.705-706) y publicó otros dos en 1921 en Raza Española («Ferrari. Semblanza»; n. 35, p.18) y ABC de Sevilla («Emilio Ferrari (1850-1907)», 24 de febrero de 1950, p.3), con motivo del centenario de su nacimiento. La escritora era contertulia habitual de la familia Ferrari, al igual que su amiga Sofía Casanova. Las musas suben a la tribuna 265 El 12 de febrero de 1915 la actriz Hortensia Gelabert leyó algunos poemas de Víctor Said-Armesto en un acto de homenaje póstumo al escritor en el que colaboraron varios intelectuales (Enrique Amado, Rivas Cherif, Serafín Álvarez Quintero, Federico de Onís) y la Capilla Isidoriana («Noticias generales», La Época, 14 de febrero de 1915, p.3). El 4 de diciembre de 1921 Blanca de los Ríos abrió la velada necrológica en el Ateneo en honor de Ferrari, con motivo del traslado de sus restos a Valladolid; el acto estuvo presidido por Ramiro de Maeztu y leyeron trabajos Manuel Sandoval, Ortega Munilla, Francisco Cossío y Fernando Soldevila («En el Ateneo de Madrid. Velada en honor de Ferrari», La Época, 5 diciembre 1921, p.3). El 21 de enero de 1922 se organizó una velada en honor de José María Gabriel y Galán, presidida por Ramiro de Maeztu, en que intervinieron Bartolomé Gabriel y Galán, Fernando Iscar Peyra, Cándido Rodríguez Pinilla y la actriz Herminia Peñaranda de Grau que leyó el poema titulado «El ama» («En el Ateneo. Homenaje a Gabriel y Galán», El Sol, 22 de enero de 1922, p.3). El 11 de mayo del mismo año las actrices del teatro de la Comedia Aurora e Isabel Redondo leyeron poesías, en catalán y castellano, respectivamente, en un acto de homenaje al escritor Joan Maragall en el que también intervinieron Ramiro de Maeztu, Andrés González Blanco y Salvador Albert («En el Ateneo. Velada en honor de Maragall», El Imparcial, 12 de mayo de 1922, p.3). El 27 de noviembre de 1922 la velada tuvo por objeto homenajear la memoria del poeta canario Tomás Morales, fallecido en agosto del año anterior; participaron en la misma Ramiro de Maeztu, Andrés González Blanco, Enrique de Leguina, Agustín Millares, Enrique Díez-Canedo, y la actriz del teatro Español Carmen Seco, que leyó algunos de los poemas de Morales («En honor de Tomás Morales», El Sol, 28 de noviembre de 1922, p.4). Y el 2 de diciembre se homenajeó a Miguel de los Santos Oliver, en un acto presidido por Ramiro de Maeztu en que tomaron parte Ángel Ossorio y Gallardo, los hermanos Álvarez Quintero, Ángel Ruiz y Pablo, y, entre otros, la actriz Aurora Redondo que hizo una lectura de poesías Ángeles Ezama Gil 272 El 7 de noviembre de 1931 hubo en Madrid cuatro homenajes a Rafael del Riego: en el Ateneo, en la Matritense, en el Centro Asturiano y en la Casa de la República. En el del Ateneo intervinieron Carmen de Burgos (presidencia), María Álvarez de Burgos y Concha Peña entre los oradores («El homenaje a Riego», Heraldo de Madrid, 6 de noviembre de 1931, p.2). El 1 de junio de 1932 se celebró un acto de reivindicación de la pintora María Blanchard, fallecida recientemente en París y bastante desconocida en España, organizado por la Unión Republicana Femenina. El acto fue presentado por la presidente de la Unión, Clara Campoamor, e intervinieron Concha Espina (su hija Josefina de la Serna leyó unas páginas), Consuelo Bergés (organizadora del acto, que leyó unas cuartillas de R. Gómez de la Serna), F.G. Lorca y Manuel Abril; cerraron el acto unas palabras de Campoamor en elogio de la artista («La mujer en la república. Velada de homenaje a María Blanchard», Luz, 2 de junio de 1932, p.12). Este tardío e inducido homenaje a la pintora santanderina es una muestra del tardío y escasísimo reconocimiento que a las mujeres artistas hizo el Ateneo madrileño, como tendremos ocasión de comprobar en otro capítulo de este trabajo. 12.4. lA reivindicAción de concepción ArenAl En 1893 se celebró un curso en memoria de Concepción Arenal fallecida el 5 de febrero de ese año; previamente algunos socios del Ateneo habían enviado una carta al hijo de Arenal expresándole el pésame por su muerte («Doña Concepción Arenal», El Día, 6 de febrero de 1893, p.2). El 16 de febrero Rafael Salillas disertó acerca de «Concepción Arenal en la ciencia penitenciaria», el 23 de febrero fue Gumersindo de Azcárate quien dio una conferencia acerca de «Las obras de Concepción Arenal sobre el derecho de gentes y el problema social», y el 2 de marzo Antonio Sánchez Moguel habló sobre «Concepción Arenal en la Literatura española»12. 12 Las tres se publicaron conjuntamente en el volumen Doña Concepción Arenal en la ciencia jurídica, sociológica y en la literatura (Madrid, Victoriano Suárez, 1894). También en 1893 Las musas suben a la tribuna 273 En 1920 el Ateneo celebró un homenaje a Concepción Arenal en el Centenario de su nacimiento en que el participaron la pedagoga Alice Pestana (cuyas cuartillas leyó el presidente de la sesión, Benito Álvarez Buylla) y los Sres. Leopoldo Palacios, Rafael Salillas y marqués de Figueroa. La concurrencia fue muy numerosa y figuraron en ella muchas damas («De la vida cultural. Homenaje a Concepción Arenal en el Ateneo», El Imparcial, 5 de febrero de 1920, p.2). El discurso de Pestana versó sobre «El Protectorado del Niño Delincuente», institución «inspirada en las enseñanzas sociales y penitenciarias de la señora Arenal» (Pestana 1920), de la que es secretaria. Enlaza su labor con la de su predecesora Concepción Arenal: «No tendría autoridad ni eficacia nuestra obra si no la enlazáramos con la suya, embebiéndola de espíritu científico, de sugestiva autoridad, de inefable amor humano». Explicita su preocupación por el funcionamiento en España de la justicia en relación con los niños delincuentes: «No tengo noticia de otro país en que las cárceles comunes sean utilizadas todavía para los niños […] tienen que seguir yendo a la cárcel porque no hay otros sitios donde llevarles». El Protectorado ofrece una alternativa a estos niños que es la de colocarlos en familias, con un resultado muy halagüeño: «levantar el espíritu de sus pupilos […] ofrecerles las puras alegrías del hogar; darles a conocer el goce incomparable del trabajo activo personal». La creación de la CasaEscuela Concepción Arenal (30 de enero), institución de tipo familiar, viene a subsanar una carencia con la que tropieza la labor del Protectorado: «La falta de conocimiento íntimo del sujeto para poder elegir con probabilidades de éxito el rumbo que, en medio de los vaivenes de la vida, debe conducirle a buen puerto». La Casa-Escuela pretende «la regeneración moral de niños completamente descarriados». El programa que se proponen consiste en: publicó Emilia Pardo Bazán uno de sus primeros trabajos sobre la penalista ferrolana «Concepción Arenal y sus ideas acerca de la mujer», Nuevo Teatro Crítico, 26, febrero de 1893, pp.269-304 (Ezama 2015c). Ángeles Ezama Gil 274 Reintegrar la personalidad de nuestros niños a la vida social, inculcándoles la virtud como función amable del vivir, haciéndoles amar la belleza y el juego, explicándoles cómo en este momento solemne de la historia de la humanidad cada individuo tiene una responsabilidad efectiva en las soluciones del problema de equilibrio que las sociedades ansiosamente procuran. Su discurso se cierra con un elogio hacia Concepción Arenal, explicando el por qué del homenaje a la penalista: «llevar el consuelo y el amparo a esta generación de niños españoles» y, por último realizar «una obra fundamental para su porvenir [el de España]: la dignificación de sus mujeres». El año fue prolífico en homenajes a la penalista ferrolana: conferencia de María de Maeztu el 17 de enero en la Casa del Pueblo (que luego repitió en el Ateneo obrero de Gijón y en el Ateneo de Salamanca) y de Rafael Salillas en la Academia de Jurisprudencia («Dos Conferencias. A la memoria de Concepción Arenal», El Sol, 18 de enero de 1920, p.5), acto en la Cárcel Modelo el 30 de enero (y en muchas otras cárceles de toda España), acto en el Teatro de la Princesa organizado por el Consejo de Mujeres de España el 31 de enero, conferencia de Adela González Fiori en el Ateneo el 28 de febrero, ensayo de Juana de Salas de Jiménez (Doña Concepción Arenal, sus ideas, sus obras y sus méritos, 1920), edición de las cartas de Arenal a Jesús de Monasterio realizada por Antonia de Monasterio en 1919, artículo de Beatriz Galindo («Crónicas femeninas. Las grandes figuras del feminismo español. Centenario de Concepción Arenal», El Sol, 9 de enero de 1920, p.2). Isabel Oyarzábal, en este último, invitaba a las feministas futuras a inspirarse en las doctrinas de Concepción Arenal en un momento en el que empezaba a desarrollarse la conciencia ciudadana de las mujeres españolas. Adela González Fiori disertó el 28 de febrero de 1920 acerca de «Concepción Arenal y el feminismo contemporáneo». Aunque momento oportuno para hablar sobre el tema, sin embargo la estimación de Arenal como feminista data de mucho tiempo atrás, de la última década del sigloxix y de los escritos de Emilia Pardo Bazán (Ezama 2015c) y otras contemporáneas (Ezama 2015d: 230-231). La tesis del feminismo de la pensadora Las musas suben a la tribuna 275 gallega se afianza a lo largo de esas décadas hasta llegar a formularse abiertamente en el discurso de Fiori y en contemporáneas como Victoria Kent, Paulina Luisi, Maria Luz Morales o María de Maeztu. Comenzó González Fiori su discurso aludiendo a la conferencia dada por María Espinosa de los Monteros el 22 de enero de 1920 en la Real Academia de Jurisprudencia sobre la «Influencia del feminismo en la Legislación contemporánea» en la que trató sobre la génesis y formación del feminismo a propósito de la ANME, que fundó junto con Isabel Oyarzábal y de la que fue la primera presidente; por lo que considera innecesario tratar sobre este aspecto. Afirma la disertante que Arenal fue una mujer adelantada a su época en sus ideas, la define como feminista, benéfica y legisladora; manifiesta luego su deseo de continuar la labor de la penalista gallega, remediando primero los males derivados de la ignorancia: Podría organizarse un plan de estudios haciendo llegar a manos de los reclusos obras educativas, darles conferencias, etc. Enseñarles a conocer y apreciar lo bello, porque el que siente el arte, rara vez es completamente malo. Aquí, en esta obra de educación, tenemos asignado las mujeres un papel muy importante, que desde luego nosotras aceptamos con entusiasmo (1920: 8). En este ámbito el feminismo se revela de primordial importancia: «tiene que tender a ser educador; no sólo puede ser útil, sino que lo creemos indispensable» (Ibíd.: 10). El discurso está lleno de buenas intenciones y de ideas comunes sobre la función y el ser de la mujer, pero no añade ideas nuevas al debate feminista; está mucho más documentado el discurso citado de María Espinosa. El 21 de enero de 1936, la ya abogada y ex Directora General de prisiones Victoria Kent dictó una conferencia sobre Concepción Arenal, escritora y penalista a la que se sentía muy vinculada por su cargo; en ella reivindica la labor de Arenal que le parece que no ha sido suficientemente reconocida, hace su historia penal y penitenciaria, afirma que no era política y que lo que la movía era «una constante rebeldía contra la injusticia»; glosa su figura comparándola con la de Santa Teresa de Jesús y la de la Ángeles Ezama Gil 276 condesa de Espoz y Mina, y dice que en el extranjero ha tenido varias continuadoras, entre ellas la eximia escritora chilena Gabriela Mistral; termina aseverando que «admira la obra de Concepción Arenal por su rebeldía contra la injusticia y por su amor a los humildes» («Varias conferencias», El Sol, 22 de enero de 1936, p.4). La reseña que le dedicó La Libertad el 23 de enero añade algunos datos a los proporcionados por El Sol («En el Ateneo. Conferencia de Victoria Kent sobre Concepción Arenal», p.4): los elogios iniciales a Rafael Salillas y José Dorado Montero por haber sabido glosar la figura de Arenal, su afirmación de que «la labor de Concepción Arenal ha dado sus frutos, y puede decirse que ni estuvo ni está sola, pues la acompañan el dolor y la gratitud de los desgraciados», su concepto de «Feminismo femenino, en el que la mujer, pudiendo acometer todas las empresas, ha de hacerlo como compañera del hombre, llenando siempre la función augusta de la maternidad»; su percepción de Arenal como contrafigura de Sor Patrocinio, y por el contrario, su proximidad a Teresa de Jesús, la condesa de Espoz y Mina (amiga suya) y Gabriela Mistral (que llevó la influencia de Arenal a Chile); «Termina diciendo que de Concepción Arenal arranca toda la reforma penitenciarla, y que las mujeres españolas le deben gratitud, aunque sólo sea por lo que de símbolo femenino tuvo en el sigloxix». 277 Capítulo 13 Las exposiciones artísticas: Historia de una ausencia En el sigloxix la pintura y el dibujo formaban parte de la educación de la mujer de la realeza, pero también de la burguesa y la aristócrata, al igual que la música (Diego 1987: 165-166, 177); el incremento de la burguesía en este siglomotiva que se produzca un aumento cuantitativo del número de mujeres que participan en la vida artística, si bien la mayoría como amateurs, ya que tal dedicación se acepta siempre que no pase de ser una afición (Ibíd.: 170), y porque las dificultades y las limitaciones que las mujeres encuentran para formarse en el ámbito artístico hacen casi imposible que haya entre ellas muchas artistas relevantes (Ibíd.: 183-196). De hecho, Manuel Ossorio y Bernard (1975) constata la existencia de más de 3000 artistas masculinos y 294 artistas femeninas, caracterizadas en su mayor parte como pintoras de afición y muchas de ellas especializadas en arte decorativo. En las Exposiciones Nacionales de pintura que se organizaron desde 1856 hasta mediados del sigloxx las mujeres premiadas constituyeron un 7,4% del total y solo excepcionalmente consiguieron una medalla de primera (la primera fue Julia Miguillón en 1941) o de segunda categoría (Muñoz López 2003: 110-111). El Ateneo fue, durante las dos primeras décadas del sigloxx, lugar privilegiado para la celebración de conferencias y exposiciones sobre cuestiones de Arte, centradas en particular en la difusión del arte de vanguardia, al igual que el Círculo de Bellas Artes, el Museo de Arte Moderno (Prado), la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, el Palacio de Bibliotecas Ángeles Ezama Gil 278 y Museos, el saloncito del Heraldo, el Lyceum Club, la Asociación de Pintores y Escultores o el Salón Iturrioz de Madrid, y las Galerías Layetanas o el Salón Parés de Barcelona. Por lo poco que sabemos, tanto en las conferencias como en las exposiciones celebradas en el Ateneo madrileño la presencia de las mujeres fue muy reducida. No parece que la labor artística de las mujeres comenzara a ser reconocida hasta los años 30 (Brihuega 1981; García García 2002; Pérez Segura, 2003; Muñoz López 2003, 2006; Dalmau 2015); el diagnóstico de Juan de la Encina en 1929 es en este respecto revelador: La verdad es que siempre ha habido pintoras en España. Las ha habido más o menos emboscadas tras la caja de acuarela, los pichones voladores, las guirnaldas de rosas y los serafines fofos, como destilación de gusano de seda, de Murillo. Las ha habido también más bravías, sin repulgos monjiles, de esas que en el carnaval del arte se vestían de hombres, escupían recio por el colmillo y cultivaban aquel linaje de pintura, que en tiempos aún muy cercanos gustó tanto a los hombres, y que parecía trasunto de los mugrientos visos de la sotana del dómine Cabra. Pintura que se llamó en un tiempo, y aún algunos la llaman, castiza, realista y sana. Sana –digo yo– con la sanidad que pueda tener la trastera de un ropavejero del Rastro. Y lo mismo las unas como las otras –las pintoras liliales y las aguardentosas–, en el último Salón de Otoño hubo ejemplares de los dos bandos, se resolvían todas ellas en un solo grupo y haz: en el de la más completa y perfecta inanidad estética. Pero de algún tiempo a esta parte van apareciendo en los salones de Madrid, unas veces, discreta y suavemente; otras, con esa simpática turbulencia moceril del adolescente que descubre en este preciso instante el Mediterráneo, unas cuantas damas pintoras que yo no podría incluir en ninguno de los dos grupos arriba bosquejados sin cometer, no ya grave pecado contra la consabida galantería, sino lo que todavía es peor, la más estúpida de las injusticias. Y en el nuevo grupo de pintoras, finas, discretas, a veces originales, a veces turbulentas e iconoclastas –¡abajo los santones y el santonismo!–, se refleja, como no podía por menos, ese estado de muda radical y de internacionalización en el que ha entrado el Arte español –en Madrid– a partir de los años de la Gran Guerra, y al cual creo haber contribuido en algún grado por mi parte. La Exposición de Marisa Roësset y Gisela Ephrussi –Salón del Museo de Arte Moderno– marca un punto medio o una línea más o Las musas suben a la tribuna 279 menos ecléctica –más bien más que menos– en esa fermentación cada vez más decidida hacia lo nuevo que se está verificando –en este momento a ojos vistas– en el arte español contemporáneo. Si se tratara aquí de reflejar posiciones, yo diría tal vez que Maruja Mallo, con Angeles Santos –la pintora que reveló el último Salón de Otoño–, está en las posiciones más avanzadas y de mayor riesgo. Y aventura que tal vez fuera el momento de realizar un salón femenino, iniciativa que, por otra parte, ya había llevado a cabo Heraldo de Madrid en junio de ese mismo año1. Algo parecido señala la crítica de arte Hesperia en 1934, atribuyendo el cambio en la actitud femenina ante el arte al feminismo: La mujer militaba en el arte plástico hasta hace poco con cierta timidez, su acción se limitaba, en general, al tema del bodegón, hoy naturaleza muerta, o a la reproducción de nuestros clásicos. Tal vez el exceso de modestia o también el prejuicio del ambiente encerraba y encasillaba su actividad en estos asuntos impidiéndola el total desarrollo de sus facultades. Afortunadamente, gracias a la evolución e imperio casi del feminismo, la mujer se encuentra en plena libertad para acometer empresas de mayor trascendencia, pudiendo tratar todo asunto sin temor alguno al menoscabo de su feminidad. Por esta razón es por la que actualmente contamos con un buen plantel de artistas femeninos que en pintura, dibujo, grabado y también en algunas otras artes decorativas como esmaltes, cueros repujados, batik, etc., están a la misma altura que la de sus compañeros de primera fila. Sobre todo en pintura y dibujo, es muy difícil distinguir el trabajo de la mujer del trabajo del hombre, pues no viendo la firma, sólo por su expresión no se puede apreciar, porque suele estar exenta de todo carácter femenino o, mejor dicho, de ese amaneramiento y ñoñería que antes era, por lo corriente, el distintivo de todo trabajo de mujer. 1 No obstante, el Salón Parés de Barcelona había realizado varias exposiciones colectivas de mujeres a partir de 1896, en 1903 se organizó otra en el madrileño Salón Amaré, y en 1923 una Exposición de Arte e Industria femenina del hogar en el salón de la Sociedad de Amigos del Arte. Ángeles Ezama Gil 280 A la vista del juicio de un reputado crítico de Arte como Juan de la Encina, resulta obvio que para los contemporáneos las mujeres artistas, hasta comienzos de la década de los 30 no pasaron de ser una mera anécdota, y en esta apreciación probablemente tuvo mucho que ver la crítica de Arte, que no era en modo alguno objetiva: Siempre aparecen en ella valoraciones extra-artísticas que nos permiten a priori definir dos grandes grupos o tipos de crítica: por un lado, aquellas que están cargadas de descalificaciones sólo por razón del sexo del artista, donde el arte parece más bien una excusa para hablar del papel que concierne a la mujer en la sociedad, se salen fuera de lo artístico y radian con lo grosero. […] Un segundo grupo lo constituirían aquellas críticas que, al valorar la creación femenina tienen un discurso artístico, que puede ser negativo o positivo, pero no se libran de las referencias a los estereotipos sexistas en mayor o menor grado, como son aludir a la belleza y fisonomía de la mujer, virilizar la figura de la creadora, referirse al caso de excepción que representa, calificar la obra como obra de mujer, o integran dentro del texto varios de estos rasgos (García Maldonado 2011: 2-3). Las artistas que expusieron su obra en el Ateneo fueron solo un puñado y varias de ellas extranjeras; la única exhibición de cierta solidez fue la de la artista checa Milada Sindlerová, que expuso en el saloncillo del Ateneo entre enero y febrero de 1917 una colección de 66 pinturas al óleo y 12 aguafuertes; su pintura se parangona con la de Regoyos, Iturrino y Echevarría (García Sanchiz 1917; Francés 1917; García García 2002, I: 122-125). El resto de las obras artísticas de mujeres pertenecen a la esfera del arte decorativo o son expresiones menores del arte: dibujos, acuarelas, grabados. Del 16 al 31 de marzo de 1918 los hermanos Tomás y Aurora Gutiérrez Larraya expusieron su obra en el saloncito del Ateneo; Aurora era profesora de Artes aplicadas a la Industria en la Escuela del Hogar y presentaba en la exposición 14 objetos; su hermano Tomás presentaba unos 100; era una exposición de Arte decorativo (Alcántara 1918). Las consideraciones de F.P.sobre el arte de Aurora la confinan en el estrecho espacio reservado a las creaciones femeninas domésticas: Las musas suben a la tribuna 281 Yo tengo la seguridad de que si todas las mujeres se preocupasen de «El Arte en la casa», lo que es muy barato, por cierto, con arreglo a las teorías estéticas de Aurora Gutiérrez Larraya, la educación de la mujer española habría adelantado muchísimo. La mujer en su casa es más feliz cuanto más contenta se encuentra de lo que la rodea, y el arte decorativo aplicado en la colcha, en el almohadón, en la peineta, en las telas, en los muebles, en los cortinajes, en los dibujos de pared y en todo cuanto se refiere a la vida doméstica es como una constante caricia que no deja lugar al aburrimiento. En noviembre de 1918 expusieron en el Ateneo el pintor Celso Lagar y su esposa la escultora Hortensia Begué (Silvio Lago 1918). El 12 de junio de 1919 se inauguró una exposición de aguafuertes y dibujos de varios artistas en el Ateneo; entre los expositores figuraba solo una mujer, la artista checa Milada Sindlerovà, que mostró algunos aguafuertes («Exposición de aguafuertes y de dibujos íntimos», ABC, 14 de junio de 1929, p.11). El 15 de marzo de 1921 expuso sus estudios pictóricos y aguafuertes la artista Matilde Calvo Rodero; la exhibición se mantuvo hasta finales de mes («Noticias», El Sol, 16 de marzo de 1921, p.2). Durante el mes de abril del mismo año Victorina Durán organizó otra exposición en el mismo espacio de telas batikadas y encuadernaciones y marcos en cuero, ejemplos de arte industrial dotados de gran vistosidad (Miriel 1921); tuvo tanto éxito que se prolongó hasta el 5 de mayo. José Francés (1922: 79) cita a Durán como discípula de Francisco Pérez Dolz, y este a su vez de Aurora Gutiérrez Larraya, quien creó la técnica del batik desarrollada por Durán: «Nos encontramos en presencia de una verdadera maestra de su género y una de las más admirables decoradoras de nuestra época»; esta ha sustituido en la Escuela del Hogar y en el Museo de Artes Industriales a Larraya. La alemana Clara Ernestina Ries presentó en 1925 una exposición de acuarelas sobre motivos españoles en el saloncito del Ateneo (A. V. y G., 1925). Y la pintora francesa Charlotte Brand inauguró una exposición de acuarelas y dibujos en el 28 de noviembre de 1935 («Las Artes», La Voz, 29 de noviembre de 1935, p.2). Ángeles Ezama Gil 288 La Voz, 18 de mayo de 1923, p.4). A la segunda sesión, presidida por la mesa citada, asistió también Consuelo Álvarez («Asamblea Nacional de la Liga de los Derechos del Hombre», El Sol, 19 de mayo de 1923, p.4), que en la tercera sesión intervino para hablar sobre la libertad de enseñanza («Tercera sesión. La Liga de los Derechos del Hombre», El Imparcial, 20 de mayo de 1923, p.3). En la Junta Nacional que se nombra en la sesión de clausura figura únicamente una mujer, Victoria Kent («Liga de los Derechos del Hombre. Sesión de clausura», La Correspondencia de España, 22 de mayo de 1923, p.3). La Liga dejó de actuar durante la Dictadura, que impidió su funcionamiento pero no logró paralizarla por completo. El 22 de junio de 1930 se llevó a cabo nuevamente una reunión en el Ateneo, a la que asistió Victoria Kent, para plantearse recuperar su actividad (El Liberal, 24 de junio de 1930, p.2). Y volvió a funcionar en 1932 eligiendo una Junta Nacional provisional de la que formaban parte Clara Campoamor, Margarita Nelken, Carmen de Burgos, Victoria Kent, Elisa Murúa y Belén Sárraga entre las mujeres; se convocó a una junta en el Ateneo el día 5 de abril de ese año («Liga Española de las Derechos del Hombre», El Sol, 3 de abril de 1932, p.12); la reunión de reconstitución de la Liga se celebró finalmente el 28 de abril con la intervención de Carmen de Burgos y del presidente honorario Miguel de Unamuno, además de otros oradores; excusaron asistencia Victoria Kent y Clara Campoamor, cuya participación estaba programada («La Liga de los Derechos del Hombre», El Imparcial, 29 de abril de 1932, p.6). El 3 de octubre de 1931 la Liga Internacional de Mujeres Ibéricas e Hispanoamericanas y Cruzada de Mujeres Españolas organizó en el Ateneo un acto en contra de la pena de muerte («Informaciones y noticias de lecturas y conferencias», ABC, 4 de octubre de 1931, p.50), en el que intervinieron la Dra. Celia Álvarez, que presentó al conferenciante, y el socialista Luis Jiménez Asúa; el acto terminó con unas palabras de Carmen de Burgos1. 1 En adelante, varios actos de la Liga y Cruzada se celebrarán en el Ateneo, aunque la institución madrileña con la que mayor vinculación tuvo la asociación liderada por Carmen de Burgos fue la Sociedad Económica matritense (Ezama 2013a). Las musas suben a la tribuna 289 El 29 de noviembre del mismo año se celebró un mitin en defensa del voto femenino integral en el Ateneo en el que intervinieron Isabel Palencia, Benita Asas, Matilde Huici, Carmen de Burgos, M.ª Luisa Navarro Luzuriaga, Elisa Soriano e Isabel Albacete, presidido por Clara Campoamor («Actuación de los partidos», Heraldo de Madrid, 30 de noviembre de 1931, p.11). El 4 de diciembre la Cruzada de Mujeres Españolas organizó un acto para tratar «del trabajo de la mujer y de la necesidad de vivificar el arte genuinamente nacional»; hicieron uso de la palabra Matilde Muñoz, presidente de la sección de Trabajo y Cultura, que habló sobre la mujer trabajadora, y los profesores Luis Pérez Bueno y Ángel Vegué y Goldoni (que se refirió a los trabajos que sobre indumentaria popular realizaban las alumnas de la Escuela Superior de Magisterio bajo la dirección del Dr. Luis de Hoyos); resumió el acto Carmen de Burgos que planteó la necesidad de laborar en pro de la mujer trabajadora para conseguir que a igual trabajo corresponda igual salario («Conferencia», El Liberal, 5 de diciembre de 1931, p.4). El 4 de junio de 1932 tuvo lugar en el Ateneo la sesión de clausura de la «Semana Abolicionista de la prostitución», presidida por Carmen de Burgos, en la que participaron Hildegart, Concha Peña y el Dr. Juarros («Acto de clausura de la campaña abolicionista», Heraldo de Madrid, 6 de junio de 1932, p.2); la semana se desarrolló en diversos espacios y la sesión de clausura fue la que tuvo como escenario el Ateneo. El 28 de junio del mismo año María Lejárraga participa en un acto conjunto del Comité Español contra la Guerra en el que interviene junto con Eduardo Ortega y Gasset y Julián Gómez Gorkin, presididos todos ellos por Eduardo García del Real. («Ateneo de Madrid. Un acto contra los peligros de la guerra», El Sol, 28 de junio de 1932, p.3). El Comité recibió numerosas adhesiones («Guerra a la guerra», La Libertad, 23 de julio de 1932, p.4). El 3 de abril de 1934 se celebró en el Ateneo una velada organizada por la sección de Ciencias Morales y Políticas contra el restablecimiento de la pena de muerte, en la que hablaron Mariano Ruiz Funes y María Martínez Sierra: Ángeles Ezama Gil 290 Ha hablado María Martínez Sierra. Palabra sencilla, dulce, insinuante. Tras la palabra femenina de María Martínez Sierra está vertical un pensamiento audaz. Un pensamiento atrevido, iconoclasta, archirrevolucionario: «¡Nadie es culpable de sus delitos!», exclamaba. Y esta afirmación determinista –maravillosa tesis para una obra dramática– intentaba prender en el auditorio la llama del mitin (Dubois 1934). El Ateneo en pleno se manifestó contra la pena de muerte a través de un comunicado pocos días después («El Ateneo contra el proyecto restableciendo la pena de muerte», Heraldo de Madrid, 10 de abril de 1934, p.10); se acordó incluso una manifestación en contra del restablecimiento de dicha pena, que fue prohibida por la Dirección de Seguridad. El 18 de abril Margarita Nelken, que era en este momento diputada socialista, dio una conferencia sobre «El momento político» en un acto presidido por María Martínez Sierra, en el que criticó duramente al gobierno («Margarita Nelken y el momento político», Heraldo de Madrid, 19 de abril de 1934, p.10). M.ª Teresa León disertó en el Ateneo sobre «El arte de pisar las tablas»2 el día 4 de mayo en el marco de un ciclo de conferencias organizadas por la Asociación de Amigos de la Unión Soviética, con motivo de la exposición de dibujos, esculturas, pinturas y autógrafos organizada para poder enviar delegados obreros a la URSS («Ateneo de Madrid», Heraldo de Madrid, 4 de mayo de 1934, p.6). Dentro del ciclo organizado por la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios para acompañar la Exposición de carteles y dibujos contra la guerra y el fascismo, organizada por el Frente Antifascista y la A.E.A.R., la inauguración corrió a cargo de M.ª Teresa León que dio una conferencia el día 1 de agosto de 1934 sobre «La literatura y la preparación de las guerras»: 2 Esta conferencia se publicó luego en la revista mejicana Todo los días 24 de septiembre y 1 de octubre de 1935. Las musas suben a la tribuna 291 La escritora M.ª Teresa León, en nombre de la A.E.A.R. española pronunció una interesantísima conferencia, desarrollando el panorama histórico desde principio de siglohasta los momentos actuales en que otra vez surge el fantasma de la guerra. Analizó sus causas económicas y morales, la postura de los escritores, la intervención de las mujeres, y actitud pasada y actual del proletariado. Terminó haciendo un vibrante llamamiento recordando la frase de Romain Rolland: «La fuerza obrera será la única capaz de detener la guerra» («Correo de las Artes. Una conferencia de M.ª Teresa León», Heraldo de Madrid, 2 de agosto de 1934, p.13). Para el mismo ciclo Carmen Meana, obrera delegada del Metro ante la URSS, afiliada al Partido Comunista, habló el 7 de agosto sobre «La mujer ante la guerra» («La mujer ante la guerra», Heraldo de Madrid, 8 de agosto de 1934, p.10). Cerró la serie de conferencias Margarita Nelken disertando «Contra el fascio y la guerra» el día 15 de agosto: Hizo un estudio de cómo la burguesía había fomentado el crecimiento del fascismo porque ambos tienen una misión común: la defensa del capitalismo en su agonía. Señaló ante el proletariado el peligro que existe en los partidos que se dicen liberales y de izquierdas, que en último término defenderán siempre los intereses de su clase, que son los de la burguesía, llegando a la conclusión de que no hay más que dos posiciones: con la clase capitalista burguesa fascista o con el proletariado revolucionario. Continuó su disertación analizando ampliamente la situación española y poniendo en guardia al proletariado ante el peligro fascista y el de la guerra («Margarita Nelken clausura el ciclo de conferencias de la A.E.A.R.», Heraldo de Madrid, 16 de agosto de 1934, p.12). Todos los actos se saldaron con un éxito rotundo («El éxito del ciclo de conferencias de la Asociación de Escritores y Artistas Revolucionarios», Heraldo de Madrid, 18 de agosto de 1934, p.2). El Comité del frente antibélico de la Agrupación de Mujeres Republicanas de Izquierdas organizó una serie de conferencias en el Ateneo en Ángeles Ezama Gil 292 1936: el 18 de enero a cargo de Belén Sárraga («Conferencia de D.ª Belén Sárraga en el Ateneo», Heraldo de Madrid, 18 de enero de 1936, p.2), el 8 de febrero de Consuelo Álvarez («La Agrupación de Mujeres Republicanas de Izquierda celebrará un acto en el Ateneo», Heraldo de Madrid, 7 de febrero de 1936, p.4) y el 23 de marzo de María Martínez Sierra («Una conferencia de María Martínez Sierra», El Socialista, 25 de marzo de 1936, p.4). Belén Sárraga se refirió a los primeros gérmenes bélicos de la humanidad, gérmenes de autoritarismo que luego evolucionan hacia los imperialismos y más tarde a las «actuales luchas económicas internacionales, origen y móvil esenciales en las guerras». María Martínez Sierra analizó en su conferencia las causas de la Gran Guerra, concluyendo que no hay que achacarla a personas concretas sino al afán de ganancia económica; también repasó los primeros esfuerzos en contra de la guerra por parte de particulares y de asociaciones como la Alianza Universal de Mujeres. La noticia de esta disertación la dieron varios periódicos, pero no he conseguido localizar el texto (Bermejo Martín 2002: 137-138; Aguilera 2004: 19-20)3. El 4 de septiembre de 1937 se celebró en el Ateneo una asamblea convocada por al Agrupación de Mujeres Antifascistas de la barriada del Sur, en la que intervinieron Teresa Cabreros elogiando el heroísmo del ejército republicano, Antonia Sánchez alabando el espíritu de las mujeres antifascistas y constatando su labor en la retaguardia y pidiendo para ellas «un puesto en el frente de la producción, porque sabemos que desde él vengaremos a nuestros muertos»; las últimas intervinientes fueron África Delgado y Carmen Lodo. La intención de la asamblea era la de elevar al 3 Martínez Sierra era miembro del Comité Nacional contra la Guerra y el Fascismo, creado en 1933 y presidido por Dolores Ibárruri, y más tarde conocido como Mujeres Antifascistas Españolas; esta organización se prohibió a raíz de los sucesos de 1934 en Asturias y se transformó, para poder seguir existiendo, en la Organización Pro-Infancia Obrera, presidida por Clara Campoamor (Rodrigo 1992: 303). Las musas suben a la tribuna 293 gobierno sus conclusiones («Las mujeres y la guerra», La Libertad, 7 de septiembre de 1937, p.4). 14.3. AsociAciones El 23 de diciembre de 1919 tuvo lugar la reunión de un grupo de mujeres españolas con Chrystal Macmillan, secretaria de la IWSA, en la cátedra pequeña del Ateneo para formar el comité español encargado de organizar el congreso de la Asociación que iba a celebrarse en Madrid en 1920, y que finalmente se celebró en Ginebra. Las convocantes eran la plana mayor de la Unión de Mujeres de España y algunas simpatizantes: marquesa del Ter, condesa de san Rafael, Matilde G. del Real, Concepción Aleixandre, Carmen de Burgos, María Lejárraga, María de Maeztu, Amparo Cebrián de Zulueta, Celsia Regis y María de Lluria (Aguilera y Lizárraga 2010: 194-195). El 22 de abril de 1922 se reunió en el Ateneo un Comité de aproximación hispano-portuguesa en el que el único nombre femenino era el de Blanca de los Ríos, que figura como vocal («Los amigos de Portugal», La Libertad, 23 de abril de 1922, p.1). La Asociación Legionarias de la Salud4 se reunió en el Ateneo el 17 de enero de 1930, para oír una conferencia del Dr. Salvador Ballesteros sobre «La Asociación hispánica Legionarias de la Salud», dirigida por él mismo; se abrió el acto con la declamación de la poesía del himno a la Raza recitado por una pequeña legionaria, y se cerró con los himnos a la Raza y a la Legión cantados por las asistentes («En El Ateneo», El Imparcial, 17 de enero de 1930, p.2). El 24 de julio de 1931 María Martínez Sierra hizo un llamamiento desde la cátedra del Ateneo a todas las mujeres que verdaderamente sintieran la solidaridad femenina; así nació la Asociación Femenina de Educación 4 Asociación creada en julio de 1929 «para la defensa y mejoramiento de la vitalidad de la raza, mediante la instrucción y educación higiénicas de nuestra juventud femenina» («Las legionarias de la salud», La Nación, 15 de julio de 1929, p.4). Ángeles Ezama Gil 294 Cívica, dirigida por María (Espí 1931; Rodrigo 1992: 251-266; Aguilera 2006: 83-99; Aguilera 2008). A comienzos de agosto de este año se funda en el Ateneo, bajo la presidencia del Dr. José Goyanes, la Asociación Concepción Arenal, que se había constituido con el fin de ayudar a mejorar las condiciones de vida de los presos delincuentes, y se dividía en cuatro secciones: jurídica, psiquiátrica, artístico-pedagógica y de propaganda y asistencia social; de esta última sección formaron parte Celia Pérez Fernández y Maria de los Ángeles del Olmo; se proponen crear filiales en provincias empezando por Galicia («Asociación Concepción Arenal», La Época, 8 de agosto de 1931, p.4). La Asociación celebró en el mismo lugar varias reuniones: el 25 de septiembre de ese año, el 16 de enero, el 20 de enero y el 3 de febrero de 1932; estas dos últimas fueron extraordinarias; en la de enero de 1932 intervinieron, entre otros asistentes, Victoria Kent, Celia Pérez Fernández y María Martínez Sierra («Junta extraordinaria. La Asociación Concepción Arenal», La Libertad, 20 de enero de 1932, p.2); María Barbeito fue presidente de la delegación coruñesa, constituida en agosto de 19315. El 6 de diciembre de 1931 celebró la Liga y Cruzada el xii aniversario de su fundación con un gran festival en el Ateneo; hablaron para explicar los fines de la institución las conocidas propagandistas Carmen de Burgos y Matilde Muñoz, y Miguel Tato y Amat. Siguió a los discursos un recital de piano y violín interpretado por Asunción del Palacio, Antonio Piedra y José del Riego, con temas españoles; Gloria Carbonell cantó acompañada al piano por Lolita de la Rosa y Asunción Álvarez; y María de Burgos dio un recital de poesías americanas en memoria de los comités internacionales de la asociación y de Elena Arizmendi («Liga Internacional y Cruzada de Mujeres Españolas», Heraldo de Madrid, 5 de diciembre de 1931, p.14). El 23 de diciembre del mismo año la AFEC se presentó en el Ateneo en su primera asamblea general; firmaban por el comité provisional María 5 A María Barbeito se debe la edición del titulado Breviario humano (antología de pensamientos) de Concepción Arenal, selección de textos de esta acompañados de un prólogo de Barbeito, Madrid, Colección Crisol, 1949. Las musas suben a la tribuna 295 Martínez Sierra, Matilde Muñoz y Ascensión de Madariaga («Asociación Femenina de Educación Cívica», La Libertad, 22 de diciembre de 1931, p.6). Esta Asociación desempeñó una importante labor en pro de la formación de las mujeres (organizando clases, cursillos y conferencias); su primera finalidad era «hacer una especie de hogar espiritual y material para las mujeres que trabajan […] para la mujer de la clase media»; la segunda «crear una escuela de estudios sociales para la mujer española»; su lema e ideario: «El de reivindicación de sus derechos. El de preparar y capacitar a las mujeres para la vida fuera de sus casas […], ya que el hogar tiende a salirse –y que se me perdone la paradoja– del hogar, para extenderse a ciertos radios y sectores de la vida pública». Sus principales ayudantes fueron las maestras Julia Peguero y Mercedes Sardá, y la artista Pura Ucelay (Sarto 1932a). El 9 de julio de 1932 se reunió en el salón de exposiciones del Ateneo la Sociedad Española de Artistas Noveles para constituirse («Sociedad Española de Artistas Noveles», Heraldo de Madrid, 12 de julio de 1932, p.6). Secretaria de actas de la Junta directiva fue la cantante Consuelo Obregón; vocal primero de la misma la cantante y compositora Carmen López Peña, además de presidente de la sección de Música; esta última se mantuvo como vocal de la Junta pese a los cambios en la misma. Más tarde pasaría a llamarse Sociedad Española del Renacimiento Artístico, que se reinauguró en el Lyceum Club el 18 de diciembre del mismo año con un festival literario-musical. El 9 de marzo de 1936 se dio cita en el Ateneo por vez primera el Comité Español de la Unión Universal por la Paz, en relación con el cual solo se cita a tres mujeres: Isabel (Oyarzábal) de Palencia (vicesecretaria), Constancia de la Mora (señora de Hidalgo de Cisneros) y Carmen Laá (era miembro de la ANME, al igual que Isabel de Palencia, y presidente de la liga Pro Paz Mundial); las tres forman una comisión que ha de organizar la colaboración de las mujeres españolas en esta cruzada de paz («Celebra su primera reunión el Comité Español de la Unión Universal por la Paz», Heraldo de Madrid, 10 de marzo de 1936, p.1). En junio de 1936 se reunió en la cátedra pequeña del Ateneo la asamblea de constitución del Teatro Popular en la que actuaba como secretaria Ángeles Ezama Gil 296 de actas Sofía Castro Gutiérrez; su objetivo era implantar en España el «teatro del pueblo, para el pueblo y por el pueblo» («Teatro Popular», El Sol, 27 de junio de 1936, p.2). El grupo, tras estallar la guerra civil, se incautó del edificio que fue propiedad del ex marqués de Fontalba, que contaba con un buen local teatral, y se proponía llevar a la escena tanto obras de autores extranjeros (Romain Rolland, Mc Connelly, Pogodin, F. Wolff, Gukin) y de algunos clásicos españoles (Lope, Calderón), como obras de teatro novel (Huelga (teatro biomecánico); Tú lo verás (teatro de sombras), ¡Ay, mi minero!, Ellos y nosotros) e infantiles (sketchs folclóricos, danzas y canciones). Su plan era ofrecer un espectáculo todos los días de la semana, excepto el lunes, y una sola sesión diaria, excepto jueves y domingos; se ofrece una rebaja de un 20% al presentar un carnet sindical, y una función gratuita los domingos para los obreros en paro («La incautación del Fontalba », La Libertad, 26 de julio de 1936, p.9). La programación se estrenó el 11 de septiembre de 1936, con un espectáculo que comenta el crítico de ABC: Tal vez lo más logrado haya sido la escenificaicón del romance de Alberti El señor Gil, tan fino de sátira como acertado de realización caricaturesca. Ahí es donde se refleja el auténtico teatro de masas (acaso se logre en 14 de julio de Romain Rolland que anuncian para pronto). Ahí y en la escena de la rebelión de Fuenteovejuna. Tampoco la interpretación moderna de las famosas décimas de La vida es sueño deja de insinuar posibilidades, aunque no alcance el alto tono de las otras. En cambio las danzas resultan un tanto anticuadas (sam 1936)6. 6 Hasta finales de 1936 y a lo largo de 1937 se recoge información sobre la programación de este Teatro en diversos periódicos, sobre todo en La Libertad. 297 Capítulo 15 Otras actividades 15.1. lA discusión de lAs memoriAs Las veladas dedicadas por las secciones a discutir previamente temas desarrollados en memorias por algunos de sus integrantes son menos rígidas que las conferencias. La primera noche el autor de la memoria da cuenta de su trabajo y la discusión comienza la segunda noche «con solemnidad que va decayendo poco a poco a medida que las pasiones se enconan»; «Allí se manifiestan las ideas más encontradas, los ingenios más felices, las audacias de erudición, de pensamiento y de sofismas más sorprendentes» (Aznar 1909d). Las mujeres participaron en raras ocasiones en las discusiones de las memorias presentadas en las diversas secciones del Ateneo; lo hicieron sobre todo en las que tenían que ver con el feminismo y en algunas relacionadas con la enseñanza, aunque no parece que fueran responsables de ninguna. Las intervinientes son casi siempre las mimas: Consuelo Álvarez, Soledad Gustavo (Teresa Mañé y Flaquer), Margarita Nelken y Clara Campoamor (estas últimas sobre todo en las memorias sobre feminismo a las que me he referido en un capítulo anterior), y esporádicamente algunas otras. Las discusiones de las memorias suelen realizarse los viernes por la tarde, aunque la de Eduardo Ovejero se discutió los miércoles y la de Victoriano Lillo los viernes y también algunos domingos. El 1 de febrero de 1902 la sección de Ciencias Históricas presentó la memoria de Práxedes Zancada sobre «Antecedentes históricos y estado actual del problema obrero en España» (1902); participaron entre otros Ramiro de Maeztu, Gabriel Maura, Federico Urales (Juan Montseny) y Ángeles Ezama Gil 304 poesía española», La Correspondencia de España, 21 de noviembre de 1911, p.5); se presentaron al mismo 58 obras (Ateneo, XIII, febrero de 1912, p.114), pero quedó desierto por no reunir estas los méritos suficientes, aunque se recomendaron algunas de ellas («Academia de la Poesía Española», La Correspondencia de España, 21 de mayo de 1912, p.4). A finales de 1912 se declara ya moribunda la Academia, sobre todo a raíz de la muerte en el mes de agosto de Mariano Miguel de Val. El 2 de abril de 1913 Sofía Casanova visitó al ministro de Instrucción Pública para pedir que fuera declarada oficial la Academia de la Poesía, pues, aduce, recibe numerosas cartas de muchas damas alemanas pidiendo la inclusión en la citada academia; en esos días el informe sobre el régimen de dicha Academia obraba en manos del Consejo de Instrucción para su dictamen y luego tendría que pasar al Consejo de Ministros para su resolución («De Instrucción Pública», ABC, 3 de abril de 1913, p.13). A finales de este año, sin embargo, la Academia estaba ya extinguida, lo que no obsta para que se siga hablando de ella en la prensa los años siguientes. Durante sus tres años de existencia los actos de esta Academia tuvieron un gran eco en la prensa de Madrid y en la de provincias, en forma de noticias y de artículos elogiosos, pero también críticos, relativos estos últimos principalmente a la inclusión o no de determinados poetas; algunas de estas críticas tuvieron un marcado carácter irónico, como las publicadas en Madrid Cómico. 15.3. lA extensión universitAriA Iniciada en noviembre de 1904, la Extensión Universitaria del Ateneo funciónó durante tres cursos, hasta 1907, en una iniciativa similar a la planteada por las universidades: clases que se imparten los domingos y festivos por medio de conferencias y de excursiones, dirigidas fundamentalmente a los obreros. En el cuadro inicial de profesores (Ateneo de Madrid 1904: 7-14) no figura ninguna mujer (Tiana Ferrer 1992). A la altura de 1909, señala Aznar (1909e) estas conferencias de vulgarización ya no se realizan en el Ateneo sino en los Centros donde los trabajadores se reúnen; así fue como nació la Universidad popular, que es ambulante. Las musas suben a la tribuna 305 En el curso 1906-1907 y entre las conferencias para obreros, Isabel Oyarzábal leyó el 2 de diciembre de 1906 unos discursos del actor inglés Henry Irving sobre «El arte del teatro y el arte de representar» (Ateneo, julio 1906, p.533-541), traducidos por la propia Isabel. En el mismo curso, entre las conferencias para obreros del mes de enero figura la lectura de un trabajo titulado «Las flores», de la misma Isabel Palencia, algunos fragmentos del cual reproduce la revista Ateneo en su número de enero de 1907 (pp.65-68). 15.4. lA revistA Ateneo Francisco Aznar Navarro (1909g) considera fallidas las tentativas del Ateneo de tener un órgano de expresión propio y se consuela con la perspectiva de que «El Ateneo tiene un órgano propio característico: la tribuna». Repasa Aznar los diversos intentos de publicación de una revista: Boletín del Ateneo (1877), Revista del Ateneo (1888-1889) y, por último, Ateneo, fundada en 1906, que aún se mantiene gracias a que se ha hecho cargo de ella un particular: el ateneísta Mariano Miguel de Val. Pardo Bazán formó parte de la Junta inspectora de la revista Ateneo a partir de 1906, en su sección de Literatura, junto con Marcelino Menéndez Pelayo, Adolfo Bonilla y San Martín y Carlos Fernández Shaw. En la junta de redacción de esta revista en enero de 1912 figuraban tres mujeres: la infanta Paz, la condesa del Castellá y Blanca de los Ríos. La revista publicó algunos poemas de escritoras: dos sonetos de Concha Espina de Serna, de su libro inédito Dolorosas: «Mediodía», «Alta noche» (Ateneo, tomo VIII, 1909, julio.-diciembre, p.46); «La poesía del destierro», extenso poema en sextetos alejandrinos, por Sofía Casanova y «La poesía del hogar» por Paz de Borbón (Ateneo, julio-diciembre 1910, 295296, 297-298); «Antífona del cisne», «La hora del cisne» y «¿Esfinge?», por la condesa del Castellá (Ateneo, XIIjulio-diciembre 1911, pp.116-117); y «El Amado» de Blanca de los Ríos (Ateneo, XIII, n.º VI, junio 1912, pp.253-254). Ángeles Ezama Gil 306 15.5. lAs clAses de idiomAs En los años 80 del sigloxix empiezan a impartirse en el Ateneo clases gratuitas de francés, inglés, italiano, portugués, latín, alemán y ruso («Academias, Ateneo y sociedades», La Época, 11 de noviembre de 1886, p.2); en 1907 se añadió la clase de esperanto, y en 1923 la de vascuence. El periodista Francisco Aznar Navarro afirma en 1909 con respecto a estas clases que «no son los socios los que abundan en las cátedras de lenguas. Pero un conjunto de señoritas y muchachos jóvenes sacan de ellas gran partido», y ofrece como dato que en esa fecha hay matriculados en las clases de idiomas, de taquigrafía y de piano unos 400 alumnos (Aznar 1909g). Entre 1898 y 1905 María Ortiz y Ortiz6 fue profesora de italiano para señoritas; hay muchas noticias en la prensa sobre esta actividad, v.gr. en El Liberal, 1 de noviembre de 1900, p.2, en La Educación, 10 de noviembre de 1905, p.2. Entre 1925 y 1927 aparece como profesora de italiano Mercedes Passigli (varias noticias en El Imparcial: 13 de octubre de 1925, p.7; 12 de octubre de 1927, p.7), que lo será continuadamente hasta 1935. Desde 1928 y hasta 1931 es auxiliar de francés para señoritas Mercedes Colmenar (noticias varias en prensa: La Época, 10 de octubre de 1928, p.3; El Liberal, 16 de octubre de 1931, p.9). En 1934 se crea la cátedra de ruso a la que se incorpora como profesora Olga Gunzburg, aunque ya en 1923 daba clases de este idioma George Portnoff (noticias en La Libertad, 9 de noviembre de 1934, p.8; Heraldo de Madrid, 9 de octubre de 1935, p.13). 15.6. lA encuestA El Ateneo madrileño promovió algunas informaciones para conocer opiniones, usos y costumbres de los españoles sobre diversas cuestiones. Tal 6 María Ortiz trabajó como profesora de italiano también para el Centro Instructivo del obrero (1898) y para el Centro Iberoamericano de cultura popular femenina creado en 1906. Las musas suben a la tribuna 307 vez la primera y quizás la más célebre fue la que promovió Joaquín Costa sobre su memoria Oligarquía y caciquismo como forma actual de gobierno en España: urgencia y modo de cambiarla, leída el 23 de marzo de 1901; en la encuesta subsiguiente realizada entre un cierto número de personas, a partir del mes de abril, solo se incorporó un nombre de mujer, el de Emilia Pardo Bazán, que en estos momentos aún no era miembro del Ateneo. La Memoria y el Resumen de la información se publicaron en 1902 (MartínRetortillo 1988). Pardo Bazán en su respuesta alaba el patriotismo y el sentimiento de nacionalidad de Costa, así como su propuesta de remedios para mejorar la situación de España, y dice respetarle como maestro y guía. Se ampara, para valorar la memoria, en su «imparcialidad, de que es garantía mi sexo, que impidiéndome afiliarme con sujeción servil a ningún partido político, asegura mi franco hablar y mi absoluto desinterés» (Pardo Bazán 1901: 259-260). Se manifiesta de acuerdo con Costa en su opinión sobre los males que afligen a nuestro país: negar la organización cada día más coherente de la oligarquía y del caciquismo que enella se funda, sería cerrar los ojos a la luz del sol. Nadie dudará de que en este particular la memoria es un Evangelio. Donde cabe disentimiento es en la intepretación y calificación de estos fenómenos sociales (Ibíd.: 260). En este respecto sostiene que El pueblo es muy semejante a los caciques que le oprimen, al menos a la mayoría de ellos (no diré que al tipo excepcional y auténtico del Lobeiro que retraté en mi narración Viernes Santo). Tienen los caciques de última clase todo el aire de la masa popular; tiene la masa popular (al menos en mis provincias) disposición innata al caciquismo […] Nuestro pueblo ni es malo ni bueno, ni mejor ni peor, en conjunto, que sus oligarcas y sub-oligarcas; es, sí, ignorante, débil, pasivo y desconocedor de sus derechos. Razón tendrá quien diga que la culpa está en no educarle, enseñarle y desenvolver sus fuerzas intelectuales, morales y físicas, y que la oligarquía, puesto que Ángeles Ezama Gil 308 gobierna, asume esa gravísima responsabilidad ante la patria y ante Dios (Ibíd.: 263). Estima que «Es, pues, nuestro problema un problema de instrucción y de cultura; necesitamos ser, no una nación de sabios (¿quién lo ha propuesto jamás?), sino una nación que se ilustre y se fortalezca» (Ibíd.: 264). 15.7. lA entregA de premios El 4 de diciembre de 1929 se celebró un acto en la institución, presidido por el Ministro de Instrucción Pública, para entregar el premio Ateneo de Madrid a la primera película sonora proyectada en España («La canción de París»), de la Casa Paramount Films S.A., en la persona de su director gerente M.J. Messeri. Durante el acto se proyectó una superproducción de la Casa Paramount titulada Chang (film mudo). Entre los asistentes al acto tomaron la palabra Gabriel R. España, José Vidal Gomis, Maria Luz Morales, Julia Peguero, la vizcondesa de San Enrique y Alfonso Senra (vicepresidente del Ateneo), así como el Sr. Messeri. Se invitó a los asistentes a la proyección privada de la película sonora premiada en el Palacio de la Música («Entrega del premio Ateneo de Madrid a la primer película sonora proyectada en España», Heraldo de Madrid, 4 de diciembre de 1929, p.12). Heraldo de Madrid reprodujo los discursos de Messeri y Vidal el 11 de diciembre de 1929 («El homenaje a la Paramount y al Sr. Messeri», p.13). Hay que recordar que Maria Luz Morales ejerció como crítica de cine en La Vanguardia durante muchos años, firmando sus reseñas con el seudónimo de Felipe Centeno (Servén 2013). 15.8. lAs tertuliAs Hay muchos testimonios personales de miembros del Ateneo que participaron en tertulias en la Cacharrería. Faltan testimonios parecidos para las mujeres, que hubieron de reunirse de igual modo, como se pone de manifiesto en algunas de las fotos que aparecen en la prensa ilustrada en los años 20 y 30. Las musas suben a la tribuna 309 He localizado dos testimonios en sendos reportajes de Andrés González Blanco (1922) y Josefina Carabias (1934). El primero escribe que las mujeres «forman en las tertulias de los pasillos» (1922: 14) y se refiere a Margarita Nelken, Maria Teresa Borragán, Josefina de Ranero, Carmen de Juan y Clara Campoamor como «el cuadro de honor de nuestras tertulias» (Ibíd.: 15); una de las fotografías que ilustra su artículo corresponde a una tertulia de mujeres en la que se puede distinguir en el centro a Margarita Nelken y Clara Campoamor y a un lado a Julia Peguero. Por su parte, Carabias escribe sobre Pardo Bazán de la que dice que «solía llegar a la Cacharrería a la caída de la tarde, y después de tomar su té con gotas, dialogaba con aquellos señores barbudos y sabihondos» (1934: 3); la fotografía de una tertulia, mixta en este caso, sirve de ilustración a su crónica. A las reuniones de la Cacharrería parece ser que acudía Rosa Chacel (Mangini 2001: 148). 311 Conclusiones Durante los casi sesenta años que van desde 1882 hasta 1939 la presencia de las mujeres en el Ateneo de Madrid pasó de ser una ficción a ser una realidad incontestable; bien es verdad que no todos los periodos fueron igual de fructíferos para la integración de las mujeres en la docta casa, y que solo a partir de 1905 con la admisión de Emilia Pardo Bazán se haría efectiva su entrada como socios de número en la institución; también es incuestionable que fue a partir de los años 20, y sobre todo en los aledaños de la segunda república cuando las mujeres se convirtieron en parte indispensable de la vida del Ateneo. Baste repasar el capítulo 2 y el apéndice que cierra este trabajo, con dos índices, uno cronológico y otro alfabético, que recogen, de manera aproximada, los nombres de mujeres que fueron socias del Ateneo entre 1905 y 1939. Esta presencia fue poco significativa en términos absolutos, sobre todo si la comparamos con la de los hombres, que eran la mayoría de los socios, pero muy relevante en términos relativos, ya que las mujeres consiguieron acceder a una de las instituciones culturales más cerradamente masculinas de la España decimonónica, a diferencia de otras mucho más abiertas como los Liceos o las Sociedades Económicas de Amigos del País. Hay que reseñar, además, que las mujeres estuvieron representadas en todas las secciones y actividades de la vida ateneísta, aunque en varias de ellas su participación fue solo incidental: v.gr. en la Junta directiva del Ateneo, la presidencia de las secciones, la Escuela de Estudios Superiores del Ateneo, la Extensión Universitaria, los ciclos de conferencias organizadas por el Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes o por las secciones del Ateneo, las exposiciones artísticas, o la discusión de las memorias (excepto las relativas al feminismo, aunque incluso en estas solo intervinieron contadas intelectuales). En el capítulo de los homenajes el Ateneo tampoco fue muy generoso con las mujeres: solo se cuentan los tributados a Ángeles Ezama Gil 312 Sarah Bernhardt, María Blanchard y la maestra Magdalena Fuentes. Por el contrario, no hubo un homenaje exclusivo por parte del Ateneo a Emilia Pardo Bazán, fallecida en 1921; ni lo hubo a Concepción Gimeno, fallecida en 1919; y, aunque se habló de él, tampoco llegó a efectuarse el anunciado homenaje a Carolina Coronado. La mujer se hace presente desde los años 80 como lectora; es bien sabido que fue Rosario de Acuña la primera que ocupó la tribuna del Ateneo y lo hizo para recitar sus propios versos en 1882. A partir de ese momento fue frecuente que las mujeres se presentaran en dicha tribuna como lectoras de poesía, y más raramente de prosa. Sobre la mujer como lectora y oyente he tratado en el capítulo 3. Los dos capítulos más destacados de la actuación de las mujeres en el Ateneo fueron las conferencias y la música. Las conferencias fueron uno de los medios pedagógicos más eficaces para llegar al público femenino que, con frecuencia, llenaba el salón del Ateneo para aprender de lo que se leía desde la tribuna. En 1890 fue Concepción Gimeno de Flaquer la primera en dar lectura a un discurso sobre «Civilización de los pueblos antiguos mejicanos»; a este le siguieron otros varios sobre la mujer, empezando en marzo de 1891 por una disertación sobre «Mujeres de la revolución francesa». De este modo, Gimeno, recién regresada de su estancia de 8 años en México, con unos cuantos títulos de libros a sus espaldas y una reputación bien adquirida de periodista, sanciona su autoridad haciéndose oír en un entorno cultural respetable. Y las mujeres hablaron, y lo hicieron con solvencia y con autoridad, de cuestiones de arte y literatura, de compromiso social y político, de pedagogía, de temas científicos, y de feminismo. Fueron muchas las intelectuales y artistas que disertaron en el Ateneo; la mayoría españolas, pero también algunas latinoamericanas y francesas, y esporádicamente de algunos otros países. Entre las españolas se destacan por sí mismos los nombres de Emilia Pardo Bazán y Blanca de los Ríos, interesadas por distintos temas y con dos estilos oratorios muy diferentes, pero con la grandeza suficiente como para que haya considerado imprescindible dedicarles un capítulo exento a cada una en su faceta de oradora. Sobre esta actividad de las mujeres en el Ateneo he tratado en los capítulos del 4 al 8. Las musas suben a la tribuna 313 La música es el otro gran capítulo en el que las mujeres fueron protagonistas indiscutibles de la vida del Ateneo (tema que he abordado en el capítulo 10); bien es cierto que la mayor parte de las intérpretes eran jóvenes promesas de la música españolas (algunas de ellas niñas prodigio), procedentes casi siempre del Conservatorio, que se iniciaban en las actuaciones públicas, y que solo en contadas ocasiones fueron músicos profesionales y afamados los que se prestaron a intervenir en las veladas musicales del Ateneo. Los conciertos de solistas de piano fueron los más frecuentes, y la pianista por excelencia del Ateneo la argentina Maria Luisa Guerra, que dio varios a lo largo de los años para deleite de los socios de la institución. Los de solistas de cuerda fueron escasos, pero hay que señalar entre ellos los ofrecidos por virtuosas de la guitarra como Pepita Roca y Lalyta Almirón. En el ámbito de los conciertos vocales resultaron muy exitosas fórmulas mixtas como la de la conferencia ilustrada con ejemplos cantados: las de Emilio Arrieta en 1886 y Cecilio Roda en 1907, la fiesta de la copla en 1910 y la de la tonadilla (con la actuación de Lola Membrives) en 1913, o la actuación de Josefina Velázquez Peña en 1933; pero también brillaron con luz propia las hermanas portuguesas María, Alicia y Amelia Rey Colaço, la brasileña Mme. A. Kendall o la rusa Dagmara Renina. En el repertorio musical la música española entró poco a poco a partir de 1912-1915, afianzándose paulatinamente junto con el repertorio clásico internacional. Como curiosidad hay que añadir que varias de las intérpretes fueron a la vez compositoras, pero rara vez se ejecutaron piezas originales suyas en las veladas musicales, excepción hecha de alguna obra de Carolina Peczenik (interpretada también por mujeres); resulta por ello excepcional el caso de la uruguaya Carmen Barradas, que interpretó únicamente obras propias en el concierto que ofreció en noviembre 1922. El capítulo 9 de este trabajo está dedicado al feminismo en el Ateneo, a partir de las conferencias pioneras de Concepción Gimeno de Flaquer en los años 90 del sigloxix. Hay un caldo de cultivo especialmente preparado para acoger este tema que iría fraguando a lo largo de los primeros treinta años del sigloxx en proyectos no realizados, en algunas de conferencias de mujeres como Victoria Kent, Adela González Fiori o Margarita Nelken, y en dos de las memorias de secciones: la de Victoriano Lillo en 1913 y la Ángeles Ezama Gil 320 Botrel, Jean-François (2008): «Lectoras de óleo y papel (1860-1930)». En Pura Fernández Rodríguez y Marie-Linda Ortega (eds.), pp.101-114. BravoCela, Blanca (2003): «Doble esplendor de Constancia de la Mora: La idealización de la II república española». En Manuel Aznar Soler (coord.), Las literaturas del exilio republicano de 1939: Actas del 2.º Congreso Internacional (Bellaterra 1999), GEXEL, Barcelona, vol. 1, pp.131-139. Burgos, Carmen de (1906): «Las oradoras de hoy». Heraldo de Madrid, 21 de octubre de 1906, p.2. — (1910): «En el Ateneo. Blanca de los Ríos». 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