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Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena colonial: Piauí y Maranhão (Brasil), siglos XVIII-XX

Nepomuceno Borges, Síria

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195 Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial. Piauí y Maranhão (Brasil), siglos XVIII-XX Síria Emerenciana Nepomuceno Borges1 La fantasía es el don de penetrar en lo infinitamente pequeño, de inventar para cada intensidad una nueva y sobreabundante plenitud que vuelve extenso lo intenso. Para la fantasía, cada imagen es como un abanico cuyos olores ya empezamos a sentir con solo abrirlo. Walter Benjamin (Alburquerque Junior, 2007: 149) introducción La Historia, forma y formulación científicas de las historias pasadas, vibra con movimientos flamígeros estremecida por el fuego de los deseos delZeitgeist –el espíritu de los tiempos que corren– y del Ortsgeist –el espíritu del espacio–. Como un abanico chino de mil caras que delinea/escribe disímiles trayectorias que oscilan en diferentes y contingentes direcciones –existe la probabilidad de repetición, pero siempre con reticencias–: antes o después. Y en este caso, solo con el sentido de la verosimilitud, jamás sucede lo mismo. Esta alegoría insinúa la complejidad de historiar el pasado saturado de presente, pero también invoca fuentes y objetos históricos que asidos de la mano del tiempo y acunados en el balanceo de un abanico, de un lado al otro, 1 Universidad de Extremadura, Cáceres, España. Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.14892626 Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 196 alteran las verdades y preferencias sobre qué, cómo y con qué fuentes escribir la historia (Albuquerque Júnior, 2007: 149-162). La metáfora refuerza la advertencia, que a pesar de su evidencia se debe señalar: la historia se forja con fuentes escritas, aun cuando el objeto de estudio sean sociedades orales. Recordatorio que aviva el necesario y urgente debate sobre las posibilidades de investigación de la Historia Indígena sobre los usos y desusos de fuentes oficiales de archivos a los que se recurre para registrar el pasado amerindio. Tras varios giros historiográficos se pone en marcha el proceso de decolonización, que conllevó consecuencias para el uso de fuentes archivísticas en la Historia Indígena. Esta propuesta posee el potencial de ejercer nuevos problemas en torno a los usos y análisis de los documentos oficiales, pero con dudas que dificultan aún el abordaje: ¿cómo aplicar la lógica decolonial, ya que las características que definen su producción son necesariamente eurocéntricas y etnocéntricas? ¿Qué abstraer de estos documentos, fabricados bajo la estructura institucional burocrática que cristalizó apelativos aún en boga de las representaciones estigmatizantes de los indígenas: salvaje, bárbaro, anti civilizado, perezoso, vagabundo, vicioso, incompetente, inferior y débil? ¿Cómo explicar esta documentación por una tangente que no sea la sumisión? ¿Cómo escapar a la intención directa de los documentos que sentenciaban por escrito el espacio que los indígenas tendrían en la sociedad, desde los primeros instantes de contacto en las colonias portuguesas de América? Las respuestas existen y aunque la complejidad de los argumentos camine en direcciones imprecisas, persiste un deseo de convergencia. No se encuentra un patrón de orden escalonado sujeto a discusión, pero las reacciones deben aproximarse para que se produzca un análisis descolonizado eficaz en relación con las fuentes de archivo. Pese a estas reacciones, en el sentido de reaccionar ante un estímulo que se despliega en una red entrelazada de conexiones que se mueven –una vez más, como el abanico chino de las mil caras–, se sostiene el esfuerzo por diseñar un nuevo modelo historiográfico a la luz de las contingencias del tiempo presente y con ello otro parámetro de lectura de las fuentes archivísticas oficiales para la Historia Indígena. Aunque el tema propuesto ha privilegiado a Brasil –los argumentos fueron reforzados por fuentes oficiales del gobierno del Archivo Público de Piauí Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 197 y Maranhão (siglos XVIII-XX) y por las experiencias de las comunidades indígenas Guajajara (PIB, s.d.) y Canela (PIB, s.d.), ambas localizadas en Maranhão, noreste de Brasil. Resulta demasiado reiterativo centrarse en el concepto decolonial (Quijano, 2000 y 2007; Gonzaga, 2021) en sí mismo, ya que todo el capítulo se remite a analizarlo bajo los matices de la efectiva construcción de una nueva Historia Indígena, combativa frente a los patrones de la colonialidad y, por tanto, inversa a cualquier imposición subalterna de los pueblos indígenas. Propone, exactamente, discutirlo bajo los (des)usos de las fuentes oficiales de archivo para la escritura de la Historia Indígena, destacando las oscilaciones historiográficas que le proveen protagonismo como fuente histórica, atravesada por las nociones de colonialidad, pseudodecolonialidad y decolonialidad. eL historiador y Las metodoLogías decoLoniaLes: Los (des)usos de Los archivos/monumentos oficiaLes como fuentes La historia se hace con y mirando al pasado, pero se hace en el presente. La producción de un trabajo histórico expone el pasado, pero también advierte el contexto de su producción: objeto de estudio, campo teórico, metodologías y fuentes (Certeau, 1982: 56-108). Y, es en este sentido de selección –social, política, cultural, educativa– que la Historia Indígena e indigenista se direcciona al modelo de la decolonialidad. En primer lugar, vale la pena comprender el sentido de la descolonización historiográfica y, en consecuencia, la decolonización de las fuentes oficiales, porque, de antemano, la historiografía permite conocer los estímulos para una reacción certera: ¿Quiénes son los pueblos indígenas? ¿Cómo fueron registrados por la historia? ¿Con qué y de qué manera las fuentes le proporcionaron vivacidad histórica? Se trata, por tanto, de conocer el campo de las discusiones historiográficas para, desde allí, procurar el actuar desvinculado de los hitos de la colonialidad. No es el propósito de este capítulo hacer una revisión historiográfica, pero sí señalar que la Historia Indígena descolonizada se ha ido construyendo a partir de esta revisión, atravesada por avances epistemológicos y retrocesos, estos últimos incesantes y equívocos que se insinúan aún resistentes. Del paradigma tradicional del siglo XIX, a la profusión de planteamientos, espe- Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 198 cialmente a finales del siglo XX, se expandió el universo de los historiadores a los campos de la nueva historia cultural, la historia antropológica y la etnohistoria. La flexibilización de estos enfoques –la historia desde abajo, microhistoria, historia de los marginados, historia y etnicidad–, condujo a los indígenas a un lugar en la historia que a la vez se vio poblada con nuevas narrativas acerca de representaciones, prácticas, identidades, memorias, pertenencias, patrimonios, entre otros acervos. Sin duda, se cuenta con una prometedora perspectiva historiográfica avalada por las publicaciones de varias investigaciones con énfasis en el espíritu de multi-comportamiento de las sociedades indígenas, hasta hace poco tiempo carente de sentido histórico. Sin embargo, por inversión y apego a la colonialidad estos trabajos al mismo tiempo que se proponían saber más sobre las formas de ser de estos pueblos, no se desprendieron por completo de la contaminación eurocéntrica que tanto criticaron, así centrados en el protagonismo indígena, produjeron una historia que, o la eximían de las ambivalencias y situaciones interculturales típicas de arreglos tácticos y estratégicos (Certeau, 1998: 91-106); o la colocaban en oposición dicotómica a los verdugos responsables por la conquista en América. La crítica, sin embargo, que no se abstiene de mitigar los efectos nocivos de la expansión y el desarrollo del proceso colonial, trata de emprender otros aportes temáticos que el modelo decolonial puede plantear, particularmente cuando se recapitula la complejidad de lo que aún permanece prácticamenteintocable en lo que respecta a la investigación: ¿Cómo fueron las prácticas de convivencia entre las diversas naciones indígenas y europeas, y sus descendientes en los siglos de contactos y después de ellos? Una interrogación que sin duda reactiva el lugar destacado de las fuentes oficiales de archivo en lo que concierne a la obtención de respuestas. Con la agitación historiográfica, las fuentes históricas no quedaron ilesas. El concepto mismo de «fuente histórica» se ha expandido hasta el punto de absorber registros de otras áreas del conocimiento, produciendo una amplia gama de posibilidades, donde cualquier acción –material e inmaterial– puede convertirse en una fuente. En la actualidad se concuerda que el estatus de fuente es todo aquello producido por el hombre que puede contribuir a la comprensión de su pasado. Los historiadores han avanzado sobre los vesti- Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 199 gios de la cultura material, las representaciones imaginarias y la cultura oral. Dada la cercanía a la geografía, a la antropología, a la arqueología, a la lingüística, por citar solo estas cuatro, el paisaje natural, la etnografía, los restos arqueológicos, el lenguaje y los gestos fueron transformados en fuentes. Las expresiones «documento histórico» y «fuente histórica» poseen equivalente significado en cuanto expectativa de abrazar los vestigios del pasado más allá de la singularidad del documento oficial, redactado como único medio científico de «dar pruebas de la verdad». Al mismo tiempo que la historiografía revolucionaba la forma de construir/ hacer lo histórico indígena, optando por fuentes hasta entonces improbables –fotografías, diarios, memorias, pinturas, cultura material y etnografía– hubo un aumento de voces críticas al uso de fuentes de archivos oficiales por parte de historiadores motivados en nuevos enfoques teóricos y metodológicos, para la inclusión de los pueblos indígenas en la historia. Las razones oscilaron al menos en tres direcciones. En primer lugar, el énfasis en escribir la historia a partir de registros producidos en ámbitos institucionales y conservados en archivos, como el principal marcador de la evidencia científica de la historia positivista, que tanto se desea confrontar. En la particularidad propia de las fuentes de archivos, producidas por la burocracia estatal que expresaron el punto de vista oficial y, por tanto, necesitaba ser suplantada por otras fuentes para reconstruir los comportamientos de segmentos sociales y étnicos no contemplados directamente por ellas, y no menos significativo, y en el deseo de experimentar en el taller de la historia fuentes que se muestran como las más adecuadas para el comportamiento de las culturas orales. A medida que las indagaciones avanzaban con el aporte de nuevas fuentes opuestas a las fuentes oficiales, las memorias se destacaban, por su calidad en la construcción de una Historia Indígena (contacto y post-contacto) más cercana por tener una voz en primera persona. Las formulaciones en cuadros comparativos disidentes entre fuentes orales y fuentes oficiales expresaban (y aún expresan) una problemática para la Historia Indígena decolonial que, en el caso de ser recapituladas por el sentido mismo de lo que viene a ser una fuente histórica, se diluirían. En Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 200 definitiva, dichas formulaciones no están excluidas por las características que las diferencian; y, por tanto, el enfoque más coherente sería abordarlas por las posibilidades de tratamientos teóricos y metodológicos que sirven para la construcción histórica. Barros (2012a: 131) «[…] aclara que la cuestión de investigar o no en fuentes de archivos posee mayor conexión con el objeto o con los problemas históricos que se examinan que con otra cosa». Apoyado en Bardin (1991:97), Barros (2012b: 414-418) presenta un mapa de reglas y criterios para la selección de fuentes históricas, con un propósito orientador para la investigación legitimada por el rigor de la «cientificidad histórica» y que, además de planificar el potencial de las fuentes, de todas las fuentes, también aclara las convergencias que normalmente conducen a la exclusión o selección de una determinada investigación. Los criterios y reglas propuestos por Carlos Barros (2012b) son: relevancia: el documento debe adecuarse a los objetivos de la investigación; homogeneidad del corpus documental: la documentación debe ser producida o agrupada según criterios de identidad y similitud, subrayada la importancia de la totalidad –el corpus documental no puede contener «vacíos» derivados de la relación entre el historiador y su documento como la dificultad de acceso, la falta de coraje para emprender una traducción difícil, o la poca habilidad para descifrar una letra menos nítida–; y de la representatividad: el corpus documental puede someterse al criterio de representatividad, es decir, el análisis puede realizarse sobre una muestra, siempre que el material sea adecuado para ello y los criterios de muestreo estén bien definidos. En dos discusiones complementarias sobre los criterios y reglas para la selección de fuentes históricas, Barros (2012b: 418-424) presenta un instrumento metodológico para el análisis de contenido de la ancestralidad decolonial que comprende dos instancias: «Identificación del lugar de elaboración de la fuente histórica» y «Sociedad, la institución, el espacio teórico, jerarquíasocial». En la primera, basada sobre el texto «Documento/Monumento» de Jacques Le Goff (1990: 535-549), identifica dos materiales que interesan a la memoria colectiva y a la Historia –en su conformación científica–: «el monumento, las herencias del pasado, y los documentos, la selección del historiador» Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 201 (1990: 535). El monumento posee la función de revivir el pasado a través del trabajo del historiador en la selección y en el análisis de documentos, ya que el «monumento posee el rasgo distintivo de vincularse al poder de perpetuación, voluntaria o involuntaria, de las sociedades históricas y hacer referencia a testimonios que únicamente en una pequeña parte son testimonios escritos» (1990: 537). La importancia de esta afirmación radica en que todas las fuentes históricas, incluso escritas y orales, adquieren el mismo nivel de monumentalidad/documento y de «intenciones conscientes o inconscientes». En este marco teórico, Barros (2012b) propone la deconstrucción de la monumentalidad del documento, en su triple temporalidad a los contemporáneos: el tiempo de producción en el pasado; el historiador en el presente, absorbido por las demandas sociales; e incluso para las generaciones futuras, en el esfuerzo involuntario o intencional de preservarlo como memoria colectiva. Para lograr ello señala el ejercicio de contextualización basado en la proposición de la «historia de la fuente como texto» y la «historia de la fuente como documento material» (siempre desde luego en el caso de que así sea). En relación con la materialidad del documento, ya sea procedente de archivos u otros soportes, Barros (2012b) recupera a Marc Bloch (2001: 29-30) cuando esboza que los documentos que provienen del pasado también han sido filtrados por cribas debidas a opciones deliberadas o sometidas a contingencias históricas, que han impedido, obstaculizado o permitido su supervivencia: «presencia o ausencia en el fondo de los archivos, en una biblioteca, en un sitio determinado, dependen de causas humanas que de ningún modo escapan al análisis, como tampoco los problemas que plantea su transmisión». En cuanto a la «historia de la fuente», que corresponde al instante de su producción inmediata, propone un análisis del texto en el conjunto de sus implicancias según el siguiente triángulo del «lugar de producción»: el «emisor (el que produce el texto), un objeto (el mensaje que se transmite) y un receptor (aquel a quien va destinado el mensaje)» (Barros, 2012b: 419). Además de la temporalidad, el «lugar de producción» está afectado por el universo mental del autor y del texto, que «[…] se inscriben en una sociedad, una institución, un lugar metodológico, estético, filosófico […]» (Barros, 2012b: 423) y también por la intertextualidad entendida como «[…] el diálogo, o la relación dialógica, que se establece entre varios textos» (2012b: 425). Un ejemplo muy Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 202 común de intertextualidad en las fuentes de archivos oficiales se encuentra en los registros de correspondencia, donde la primera copia del documento se reemplaza por un breve anuncio del contenido tratado, interfiriendo tanto en el contenido original como en el detallismo del tema, con supresiones textuales perdidas para siempre. Respecto a los factores detallados que fundamentan el análisis discursivo de las fuentes, Barros (2012b) convoca al historiador sostener su compromisode trabajo dado que, al fin y al cabo, por su vocación y arte tiene la misión –través de la indagación en las fuentes– de resucitar el pasado: la historia. Basado, principalmente, sobre tres referentes historiográficos clásicos (Veyne, 1982; Ginzburg, 1993; Bloch, 2001) destaca un rasgo irrevocable en el historiador a la vez que se percibe él mismo inscripto en su «lugar de producción»: «Pocos pecados son tan rechazados por un historiador como el de reducirse acríticamente a la opinión que los hombres de una dada época o contexto histórico poseían de sí mismos» (Barros, 2012b: 427). Va más allá e instiga al historiador a una necesaria profundidad ante la documentación que su problema lo llevó a cuestionar: «[…] buscar confrontaciones externas a las fuentes (a través de la comparación de una fuente con otras, o su examen contra el fondo de otra serie de datos y evidencias) o incluso internamente, […] entre un punto del discurso y otro que lo contradice» (Barros, 2012b: 427). En la recapitulación de su enfoque, Barros (2012a y 2012b) reanuda las discusiones sobre las diferencias entre las fuentes de archivos oficiales y las memorias, y puntúa los niveles de interferencia de la producción y el análisis crítico para la escritura de la Historia Indígena. De manera inmediata, se percibe imprecisiones –ondulaciones de avances y retrocesos–, en cierto sentido, comprensibles teniendo en cuenta, que la Historia Indígena decolonial a pesar de su vigor está en sus inicios de producción. Las dificultades giran especialmente en torno a la falta de comprensión de la captación de las fuentes que expone Barros (2012b) que deriva en distorsiones teóricas, metodológicas y consideraciones erróneas sobre el uso de uno en detrimento de otro, que se salvaría si ambas fueran consideradas por lo que son: productos de hombres voluntariosos, sean indígenas o no, sean contenidos asociados a una burocracia estatal y política, o memorias colectivas e individuales de miembros de una comunidad indígena. Sin importar la calidad de la fuente Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 203 es necesario emplear en ella el mismo grado de percepción de su historia y producción, en consecuencia al historiar el tema indígena en una investigación, se debe permanecer atento a lo que realmente «dicen». Se trata, en efecto, de un trabajo en doble vertiente: una posible respuesta al problema del objetivo de investigación, precedido o concomitante, acompañado con un análisis de contenido/contextualización de las fuentes utilizadas. Dicho esto, no es conducente atribuir a las memorias un punto destacado para la construcción de la Historia Indígena y a las fuentes oficiales, posición de descrédito, o viceversa. Por el contrario, se impone explorar las posibilidades de usos e interacción entre las fuentes para el contexto de los siglos XVIII al XX, construyendo alternativas metodológicas, a partir de consideraciones que contribuyan a la replicación de investigaciones. A la vez que se reivindica el uso de la memoria como fuente para la Historia Indígena, se problematiza acerca de los límites de su uso para los siglos post-contacto y contacto. Los matices ideológicos etnocéntricos estaban más interesados en afirmar la identidad civilizada, oponiéndose al comportamiento del «salvaje» americano desde la perspectiva filosófica, económica y religiosa de la época, por lo tanto, el interés por registrar todo lo posible sobre la cosmovisión indígena estuvo deliberadamente ligado a esta perspectiva, más que a cualquier otro motivo de valorización étnica. El argumento, si bien es correcto, carece de validez porque define los usos de la memoria únicamente por su contextualización con el peligro de someter la Historia Indígena al reduccionismo de unas pocas fuentes fiables para narrar la historia de estos pueblos. El malentendido se encuentra también en la joven historiografía indígena decolonial, con imprecisiones metodológicas respecto al trabajo directo con las fuentes de carácter monumental como también por el recorte del objeto: existe una fragilidad superable de la Historia Indígena en cuanto la producción del paradigma tradicional y en el contexto de los siglos XVII al XX, para construir a partir de ahí interpretaciones históricas de carácter decolonialista. Si no es conveniente desalentar a la Historia Indígena desde esta perspectiva, ¿cómo persuadirla? ¿Cómo puede el historiador entrar en este viejo mundo desconocido y extraer de las fuentes y del entorno de contacto y postcontacto una historia decolonial, si ni siquiera en ese ámbito se encuentran Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 210 de contacto, producida a partir de la caña de azúcar y del trato con los esclavos negros. recomendamos, como bien sabemos, que en esta Localidad [Misión de São Gonçalo] se llevan a cabo varios batuques, en los que se gastan sus cantimploras de agua ardiente, como si por ella pasearan varios esclavos de haciendas vecinas, le estamos ordenando a su merced que tamborileo similar, entradas de frascos de agua ardiente, y gente de esclavos de haciendas vecinas no consienta usted en esta Localidad, ya que todo lo que se hace le es nocivo, y que conduce al desorden, que también en esta ocasión se ordena al mismo Ayudante Félix do Rego Castelo Branco, con quien su merced se unirá para semejante objetivo como esperamos, una fuerte paz se forje para esta Localidad como indicado (Doc. 5: 18 de septiembre de 1794). Es probable que las típicas bebidas indígenas acompañasen también al «batuque» (Doc. 5). Algunas fuentes oficiales en el Archivo del Estado de Piauí mencionan a estas bebidas, como la bebida «jurema», con propiedades alucinógenas, consumidas en la Localidad de «Aruazes», de la Nación Indígena del mismo nombre (Doc. 6). Aunque no está claro si los consumidores eran indígenas o no –se deduce que sí por la descripción– o si se trata de hombres mestizos, la bebida se asocia con la profanación religiosa y con las invasiones de haciendas. Y, aquí se impone la relación de circularidad cultural: si se considera que los consumidores no eran indígenas, hubo un desplazamiento de la memoria cultural oral autóctona de las técnicas de producción y consumo de esa bebida, que a su vez fue absorbido por sus propios códigos culturales no indígenas, o incluso mestizos; y por el contrario, considerando que eran consumidores indígenas, representa una práctica de continuidad cultural actualizada. Siendo sempiternos los continuos trastornos que en la actualidad practican la mayoría de los vecinos de la localidad de Aruazes, y especialmente José Ferreira, Pedro Barbosa, y João Roiz usando sinagogas bebidas de juremas en notorio perjuicio del santo dogma, de la buena fe, y patente perjuicio de los pueblos, ordenamos a Vuestra Excelencia que, sin perder tiempo, pasen a establecer un informe sumario con testigos desinteresados, y de bien, indagando en ellos, no solo estos hechos absurdos, sino también cualesquiera otros Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 211 nocivos para la sociedad pública, así como lo sucedido en la finca de Lapa, donde las personas antes mencionadas mataron o golpearon al Sr. de dicha hacienda, con motivo de que querían ejercer allí sus costumbres comunes (Doc. 6: 23 de junio de 1778). El ejemplo de las bebidas presentado y analizado en los párrafos anteriores introduce el tema de las metodologías comparadas, desde una perspectiva de memorias culturales y las simbologías que les dan origen en un contexto de continuidad y resignificaciones. A la revisión de este tema en fuentes de archivos oficiales, referencias bibliográficas, memorias locales y etnografía, se añade la intención de avanzar en una práctica histórica desligada de conclusiones apresuradas y no pocas veces con aires de ficción. El nivel de análisis, con mayor exactitud «científica», puede estructurarse de la siguiente manera: cuáles son las fuentes, qué preguntas se formulan y qué respuestas se obtienen del análisis conjunto de las fuentes. Sin dilación, construir una narrativa histórica sobre el objeto elegido y la problemática que presenta. No se deja de advertir que la estructura expuesta tiene mayor relevancia como ejercicio de reflexión para pensar en la complejidad del trabajo con el cruce de fuentes y la exigencia que se cierne sobre el historiador en relación con el dominio de las fuentes, en sus especificidades y en conjunto, que como una metodología cerrada y aplicable íntegramente a cualquier otro objeto. Es evidente que las bases están en la estructura expuesta, aunque las implicaciones de las llamadas metodologías decolonizadoras incluyen otras indicaciones que están señaladas en el cuerpo de este capítulo. Entre ellas, lugares de memoria y el dominio de técnicas de recolección, formación académica y análisis de fuentes: historia oral y paleografía (aunque estas cuestiones se tratarán más adelante). A los nuevos enfoques y aproximaciones a las fuentes archivísticas que requiere la Historia Indígena, se deben incluir otros factores igualmente significativos para la calidad de la «reinvestigación», un término utilizado por Smith (2018: 19). Entre ellos, la estructura técnica y organizativa de los archivos y la formación académica del historiador, entendidas como intersecciones entre las metodologías; la difusión entre el público académico del producto historizado; la comunidad indígena y la sociedad en general. Sería Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 212 semejante asemejaría a un ciclo que reencuentra el equilibrio gracias a la fuerza/cualidad que uno de sus factores ejerce sobre otro, siempre dentro de sus funciones, y consigue así una interacción armoniosa con la decolonialidad. ¿qué es La investigación en La historia indígena? y ¿cuáL es eL «Lugar» de Las comunidades indígenas? Desactivando el orden previsto en el subtítulo, se observa que en la segunda pregunta se encuentra lo que acaso es una de las mayores inconsistencias en la indagación sobre Historia Indígena. Si no existe un espacio definido, se reitera la investigación eurocéntrica: el encuadre del otro, en una escala de inferioridad, frente al investigador superior, dotado de códigos científicos que proporciona vivacidad a una historia a punto de desaparecer. Una suerte de favor intelectual histórico, donde las comunidades indígenas pasivamente proveerían información sobre sus propias culturas y los investigadores los traducirían a través de los cánones de la academia. Años, siglos de historia relatados a partir de visitas rápidas a comunidades indígenas o a partir de una pequeña serie de fuentes de archivo sin contextualización y comparación adecuadas. También implica el rechazo de la investigación, o el carecer un lugar en la historia: vistos como seres humanos en la infancia de la cognición sin las cualidades de héroes, políticos, pioneros ineptos para la historia y ausentes en el futuro civilizado según las teorías raciales del siglo XIX, o bien por la «Historia de los desclasificados», ocupando un lugar más lejano de mérito histórico que los esclavos negros, por ejemplo. El objeto «indio» se construyó en la tradición académica como un discurso (Foucault, 2013) poroso con resonancia en otras áreas del conocimiento científico, así en la literatura, la poesía, el teatro, la iconografía y las prácticas cotidianas de identificación de los diferentes –el yo y el otro– que, a medida que crecía en poder de persuasión unívoca, se unían y se nutrían en torno a una única verdad sobre el ser «indio», una estructura bien construida, que apenas encontró aberturas por su comportamiento multicultural. Desde aquí ocurre la inversión: la multifacética realidad de las sociedades indígenas debe encajar en las teorías y no al revés, aunque las investigaciones reordenen las fuentes, de tal manera que solo «hablan» lo necesario para probar un modelo preconcebido. Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 213 El posicionamiento de estas investigaciones en los momentos decisivos de la lucha por la supervivencia física y cosmológica es recordado por muchas comunidades indígenas como vergonzoso y traumático. Las razones pasan por diversos factores: el más común es, quizás, la falta de espacio en la academia para narrar la Historia debido a su concepción de las temporalidades, la espacialidad y el lenguaje. En cuanto al idioma, se recuerda que algunos investigadores de nacionalidades diferentes a las comunidades indígenas publicaron (publican) investigaciones exclusivamente en sus lenguas de origen, produciendo una doble distancia respecto a lo que comunican los indígenas: ni en portugués ni en el idioma nativo. También muchos investigadores extranjeros trasladaron a sus países gigantescas colecciones de cultura material indígena, muchas de ellas únicas y evocadoras de un pasado lejano, abriendo un vacío simbólico permanente de lo que colectivamente representaban. Como ejemplo de este tipo de investigación se citan los pueblos guajajara y canela, respectivamente de los municipios de Barra do Corda y Fernando Falcão, ambos situados en Maranhão, en el noreste de Brasil. Algunas comunidades de estos pueblos se resienten de las visitas en sus pueblos de investigadores que se apoderan de sus conocimientos, de su cultura, sus historias y sus fotografías, y jamás regresan. Se sienten manipulados por el investigador que realiza, su trabajo académico y no expone el supuesto beneficio que disfrutaría la comunidad. Esta situación es el resultado de que no hubo preocupación para favorecer una contraparte participativa y con diálogo, ni una explicación del proyecto, ni tampoco se previó regresar para mostrar los resultados obtenidos y su posible aplicación práctica. Respecto los pueblos guajajara permite esbozar los peligros de la investigación alineada con las tradiciones pseudodecolonialista, por interferir no solo en el tratamiento forzado con las fuentes sino también en los criterios de selección. La Matanza/Conflicto de Alto Alegre es un ejemplo. El 13 de mayo de 1901, en Alto Alegre, en el municipio de Barra do Corda-MA, los tenetehara-guajajara sublevados por la explotación generalizada (tierra, enfermedad, esclavitud y catequesis), asesinaron alrededor de 200 misioneros católicos. Con raras excepciones (Everton, 2016), la historiografía sobre este conflicto no va más allá de la preferencia de usos de fuentes eclesiásticas y hemerográficas cuando se compara con fuentes oficiales gubernamentales y Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 214 orales, a expensas de enfoques más amplios en términos de factores (más allá de la catequesis), y las consecuencias que explican el contacto beligerante. Sin embargo, el carácter reduccionista de los criterios de selección tipográfica no resiste a una breve reflexión: si, por un lado, las fuentes oficiales omiten la versión indígena, inculpándolos incluso; por otro lado, es significativo contextualizar la coyuntura, que, en el siglo XIX, llevó a los guajajara a desencadenar el conflicto. La ausencia de fuentes orales dificulta la interpretación de los hechos desde una perspectiva indígena y a la vez, impide la comprensión de memorias traumáticas, que, hasta el día de hoy, siguen siendo disputadas entre los indígenas guajajara y los canela y entre las personas no indígenas. Avanzando más allá: responsabilizar a las fuentes oficiales por el desaparecimiento de las voces indígenas y no avanzar en las técnicas de la historia oral para recuperar las memorias indígenas, es lo mismo que culpar al ‘otro’ de lo que no se hizo. Por último: es cierto que la selección de las fuentes está asociada al objeto de investigación, sin embargo, no se puede subestimar el hecho de que esa selección también está influenciada por la voluntad del historiador comprometido con un modelo específico de escribir la historia, que en este caso específico no es el modelo decolonial. Entre otras interrogantes sobre el Conflicto de Alto Alegre, existen fuentes que permanecen en la categoría de inéditas y de latencia, como las estrategias bélicas de los guajajara, que sufrió su derrota por el ejército del Estado de Maranhão larga y el trágico saldo de muchas muertes (Doc. 7): Habiendo distribuido piquetes de emboscada a lo largo de todos los caminos que conducen a ese sitio [Alto Alegre], asesinaron de la misma manera, a cuántas personas transitaron por aquellos andurriales. Se estima que el número de muertos supera los cien. […] A las órdenes de […] Thomé Vieira Passos, de acá [Barra do Corda] partió, para vencer a los indios, el día 19. […] Salieron victoriosos los indios, con muchos heridos nuestros y algunos muertos. […] Pero hiciera lo que hiciera, ellos no ganarían. Los indios, en número espantoso y bien armados, lucharon en la sombra, es decir, en emboscada, protegido de árboles y barreras preparados con anticipación (Doc. 7: 24 de marzo de 1901). La reflexión acerca de que «los pueblos indígenas representan la asignatura pendiente de la descolonización» (Wilmer, 1993: 5) y que este negocio Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 215 tiene repercusiones «en la investigación como práctica […] inextricablemente vinculado al colonialismo y al imperialismo europeo» (Smith, 2018: 11), conduce al cuestionamiento de las alternativas para la investigación y para el investigador. La respuesta posee múltiples variables, todas ellas atravesadas por la idea de la necesidad de historizar colonialismo y colonialidad sustrayéndolos de una naturalización en la que se involucran la academia, la investigación y el investigador. Cuanto más se avanza en este ejercicio, más posibilidades se van descubriendo. El llamado a forjar una historia consciente, sin importar si el investigador se encuentra en una comunidad indígena o revisando y estudiando un archivo, o en ambos, y que sea indígena o no indígena. En este camino, las alternativas decoloniales se van instaurando como un pensamiento acorde con la comunidad académica y la sociedad en general –en la educación, la política, la salud y en los derechos fundamentales–. De las numerosas ramificaciones de la Historia Indígena y las formas de hacer frente a la investigación según el objeto y las fuentes en una perspectiva decolonizadora, existen dos que son innegociables y asociadas: la ética en la acción profesional y la formación académica para la investigación (sobre esta última tratará el siguiente tema). La pregunta que debe resonar una y otra vez en el taller del historiador dedicado a la investigación indígena: ¿Qué debo saber hacer para actuar según la ética de la profesión y el respeto sobre quién escribo? La respuesta para aquellos que dedican su vida a la investigación de archivos admite los fundamentos sistémicos de la estructuración de la investigación que se lleva a cabo a través del dominio y el diálogo: 1. Dominar ampliamente el campo teórico del área de investigación (historiografía, enfoques, aproximaciones): al optar por un enfoque decolonialista es necesario dominar su cuerpo teórico y metodológico, incluso con el análisis de fuentes como se sugiere desde primer punto este trabajo, de lo contrario se corre el riesgo de producir investigaciones pseudodecolonialistas. 2. Dominar nociones archivísticas y técnicas de organización de archivos: el dominio permitirá conocer la dimensión del conjunto documental y el empuje para sostener el problema de la investigación. El fracaso de Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 216 esta competencia significa un fracaso profesional que comprometerá el resultado final del estudio. No pocas veces se acusa a los archivos de desorganización técnica, cuando en realidad el problema radica en el investigador que no supo valorar previamente el acervo documental. En este caso, aún en fase de diseño, se deben realizar trabajos prospectivos para evaluar la cantidad, calidad de contenido y soporte, instrumentos de investigación, disponibilidad al público, entre otros factores. Para rechazar las conclusiones apresuradas, basadas en una documentación exigua es necesario comparar series, fondos y tipos de documentación de acuerdo con la estructura administrativa de la época de que se trate. 3. Dominar las técnicas y procedimientos de la paleografía: No se puede asumir una búsqueda en fuentes oficiales sin el dominio de destrezas y habilidades para leer y transcribir documentos. El trabajo es lento y los obstáculos exigen el compromiso del historiador con la carga profesional que ha elegido. No se puede, por ejemplo, seleccionar documentos que sean más fáciles de leer, o rechazar uno u otro porque no pudo leerlo o porque una parte está destruida o amarilleada. La constancia y las técnicas son fundamentales, dado que la mayor parte de esta documentación no se encuentra transcrita en su totalidad, a lo sumo hay un resumen que conforma los repertorios. 4. Dialogar con las comunidades indígenas: si las comunidades indígenas, objeto de la investigación, aún están vivas, aunque el problema se guíe esencialmente por fuentes documentales, es metodológicamente enriquecedor asociar/comparar/llenar vacíos sobre información dicha y no dicha, a una obra que puede ser dialógica, si aún existe una memoria colectiva sobre el tema abordado; cuando no, el diálogo es importante, así sea para el reconocimiento de la trayectoria histórica de la comunidad, o porque los temas aún despiertan traumas difíciles de reparar. Por lo tanto, es muy legítimo presentar el proyecto, pedir sugerencias y entregar el resultado de la investigación como una aplicabilidad práctica: el lanzamiento de un libro, una conferencia, un curso, porque finalmente hablan de ellos y de sus ancestros. Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 217 Los cuatro puntos detallados no son objetivos que puedan alcanzarse por separado, sino que necesariamente debe existir una estructuración y organización académica y pedagógica de los archivos que resulte consistente con las demandas profesionales de las tareas del historiador. Solo así estos «lugares de la memoria» podrán formarse y obrar dentro de una nueva lógica de pensamiento. Muchas de las disputas ligadas a ella se dan en otras instancias: en el derecho, la educación, la política de gestión cultural, los movimientos militantes y los propios pueblos autóctonos. «Lugares de memoria»: academia y archivos Los llamados «lugares de la memoria» son los espacios donde nace la nueva Historia Indígena cuyo discurso suficientemente amplio habilita la construcción de un indígena histórico que aparece reconfigurado por enfoques y aproximaciones. Se trata de una estrategia discursiva contextualizada en el saber/poder en los discursos de resistencia o conformidades parciales que expresan las aspiraciones de la sociedad en su conjunto, o de una parte de ella. El proceso de institucionalización de la nueva Historia Indígena en Brasil tiene lugar en medio de un debate más amplio sobre las relaciones étnicoraciales y las presiones de los sectores vinculados a agentes indígenas, educativos, políticos y judiciales que lograron suscitar otras formas de conciliación de lo indígena en los discursos epistemológicos de las instituciones académicas superiores. En este proceso, la promulgación de la Constitución de 1988 contempló diversos derechos de los pueblos indígenas, en especial el derecho a los territorios y el reconocimiento de las tradiciones culturales; y últimamente, un conjunto de leyes que aseguran la educación bilingüe y diferenciada, la demarcación de tierras con las memorias históricas y antropológicas, generando igualmente una gran demanda sobre la pertinencia social de la investigación. Como discurso, que involucra variables que extrapolan un segmento del propio debate, la nueva Historia Indígena no fue (ni es) aprehendida linealmente. Lo «nuevo» que antecede al nombre solo puede entenderse a través de la historicidad con distintas ondulaciones en cuanto a la historiografía, Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 218 las prácticas de investigación y el enfoque académico. John Monteiro (2001), al tratar el tema de la historiografía latinoamericana y latinoamericanista en los años 1970-1980, ya señalaba un cambio de enfoque del colonizador al colonizado, pero con diferencias entre la América española y la América portuguesa. Mientras que en la primera reformuló el enfoque en las fuentes escritas, incluyendo testimonios de la escritura nativa, en la segunda lo hizo en menor medida, justamente por la falta de fuentes escritas producidas por los indígenas, y sobre todo por el arraigo y extensión de la historiografía nacional del siglo XIX (2001: 2), de modo que continuaba provocando una aversión a la historia de estos pueblos –«sin historia y sin futuro» (2001: 3). Hasta la década de 1980, mientras los estudios españoles, aunque en una dicotomía invertida, reasignaron las fuentes para construir una historia a partir del sujeto indígena, en Brasil el foco fue básicamente sobre la extinción de los pueblos indígenas. En los Archivos Públicos del Estado de Piauí, Brasil, existen fuentes que retratan esta percepción discursiva del saber/poder sobre la instauración de una verdad histórica indígena institucionalizada en los «lugares de la memoria» de carácter educativo-cultural y científico. Uno de inicios del siglo XIX, con foco en teorías raciales (Doc. 8), y el otro de finales del siglo XIX, centrado en la musealización de pueblos indígenas en peligro de extinción (Doc. 9). Habiéndome sido ordenado por el Secretario de Estado que envíe seis cráneos de indios que conserven la mandíbula inferior, y como pienso que los pueblos de aquella Capitanía tienen menos mezcla que los de ésta, su merced me enviará de cualquiera de las aldeas que mejor os pareciere, seis de dichos cráneos, que conserven las mandíbulas inferiores como fue dicho (Doc. 8: 14 de mayo de 1805). Siendo de gran conveniencia dar a conocer las diferencias de usos y costumbres brasileñas en las distintas regiones de nuestro extenso país, coleccionar objetos autóctonos de este interesante tema, como utensilios para uso doméstico y de trabajo, caza, pesca, de entretenimiento, vestimenta, adornos, etc., propios de cada localidad y que son característicos del modo de vida y costumbres aún vigentes entre el sertón y el hombre campesino, hábitos que la marcha progresiva de la civilización tiende a hacer desaparecer; y el Museo Nacional se encarga de la custodia y conservación de todos los documentos Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 219 que sean de interés para el estudio de nuestra nacionalidad, en las distintas etapas de su evolución (Doc. 9: 28 de diciembre de 1892). A partir de la década de 1980, los documentos escritos fueron reconducidos a nuevos enfoques para el estudio de los temas indígenas, especialmente en etnología y antropología. En el campo de la historia, con la creciente profesionalización de los historiadores, centrada en marcos teóricos menos generalizadores y sustentada en bases empíricas se redescubren los archivos, incluidos aquellos hasta entonces poco explorados, como los registros oficiales, de las diócesis y las colecciones portuguesas, y se investiga una amplia gama de temas asociados a los denominados desclasificados –esclavos, esclavitud, mujer, inquisición, santo oficio–. Sin embargo, el indígena permanece ausente. Monteiro (2001: 7) explica que las razones de esta selección se deben a la resistencia al tema, más que a la falta de elementos en las fuentes escritas. El mismo Monteiro (2001), figura precursora e influyente en el movimiento de inclusión del tema indígena en la academia, traduce las dificultades de ubicarla entre las consideradas válidas para la investigación. En «Tupis, Tapuias e Historiadores: Estudos de História Indígena e Indigenista» (2001: 4), afirma que en la Historia Indígena aún prevalecen dos nociones heredadas de la historiografía nacional: la exclusión de los indígenas como legítimos autores históricos y la creencia de que eran pueblos en vía de desaparición. Estas nociones no han dejado de tener penetración en la actualidad cuando se observa la distancia que algunos historiadores presentan con fuentes oficiales escritas, por no encontrar allí un indígena puro, sin las influencias del proceso de colonización, como si estos hombres fuesen incapaces de construir su propia historia desde las sociabilidades del contacto. Pasados más de veinte años, persiste la vigencia de los criterios de Monteiro (2001). Aún con los avances legislativos en la inclusión de temas indígenas en la educación superior, y, de hecho, aun cuando se ha han desarrollado y se desarrollan investigaciones prometedoras, continúan las dificultades, en gran medida debido a los vicios de la colonialidad que impregnan todo el sistema educativo en menoscabo de la calidad de la formación académica y profesional del historiador. La problemática educativa de los municipios de Barra do Corda y Fernando Falcão ofrece un ejemplo de esta situación. Respectiva- Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 226 Derivado de la cuestión de la inexistencia o no de indígenas surge una situación conflictiva que se señala como un problema abierto, y que, de ahora en adelante, alerta a la necesidad de más investigaciones complementarias y comparativas entre fuentes escritas y orales. Un análisis completo del problema escapa a los propósitos de este capítulo, por eso solo se lo señala como un debate en el que no debe aceptarse la exclusión de una tesis frente a la otra, a riesgo de caer en la trampa pseudodecolonial de construir una historia de único sentido: 1. Los documentos oficiales, especialmente de finales del siglo XVIII y XIX, son categóricos al expresar la intención y la afirmación de que los indígenas fueron exterminados, en «oposición» a las fuentes orales, que expresan la resistencia de una población indígena resurgida en la región. En este punto, lo recomendable es conocer al menos las dos fuentes históricas que justifican las tesis, teniendo en cuenta que ambas poseen injerencias e intereses de producción. 2. Las tesis parecen utilizar la categoría «indios» y las derivaciones de homogeneidad con demasiada facilidad. En este punto se advierteque respecto a la diversidad de etnias que habitan la región u otras queprovinieron de regiones fronterizas se debe incluir en el debate temas relacionados a conflictos territoriales, aldeas, esclavitud, descendencia, mestizaje, guerras y enfermedades; como tampoco t ignorar las fuentes oficiales que reportan la frecuente evasión de indígenas a lugares alejados de la tupida selva. En casos de exterminio los documentos a veces asumen una posición generalizadora, pero también hay reportes que informan el área y qué naciones se extinguieron allí; al tratarse de los indígenas remanentes también se constata cierta generalidad –¿a qué áreas se refieren?, ¿a cuáles etnias se refieren? (lo que constituye un tema de investigación, ya que los indígenas sufrieron un alto nivel de desorden estructural sociocultural)–. 3. La ponderación permite evitar generalizaciones que, en el frenesí de la moda, oscurecen el análisis del pasado de etnias completas que se extinguieron o que, por el contrario, disminuyen el significado histórico de las comunidades remanentes. Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 227 4. De hecho, las tesis no son excluyentes: si, por un lado, existe un pasado étnico indígena de difícil acceso histórico (o incluso irrecuperable) producto del exterminio; hay, por otro lado, un pasado susceptible de historicidad –identidades étnicas, flujos migratorios, territorialización, procesos que configuran múltiples indianidades– que corresponden a los derechos de las poblaciones indígenas de hoy que luchan contra el borrado de sus Historias. Las guerras interétnicas también forman parte de los problemas en los que las fuentes oficiales pueden aportar datos para llenar vacíos y reconstruir la cosmología indígena desde antes del contacto y los trazos de su continuidad bajo los intereses de la expansión colonizadora. Las tradicionales deudas de sangre perpetuadas por las memorias de los indígenas en «Piauí» fueron utilizadas por los europeos y sus descendientes para facilitar el trabajo de esclavización, expansión territorial, guerras justas y defensivas, y el exterminio. Documentos oficiales demuestran que la burocracia estatal estaba al tanto sobre cómo funcionaban estas guerras y buscaron el beneficio desde la perspectiva de sus propios intereses. Los indígenas, a su vez, o no disfrutaban del entendimiento de que todos estaban amenazados, o eran conscientes y no podían escapar de las estructuras mentales culturales que le daban sentido a la existencia, incluso si el contexto del contacto agregó nuevos elementos de disputa. No fue un caso aislado que los destacamentos militares de las guerras (banderas, entradas, justas, defensivas, ofensivas) también estuvieran integrados por indígenas de etnias rivales (Doc. 10). en Cabeceiras do Piauí, hay una gran cantidad de Gentio Pimenteiras, quienes durante al menos dos años han insultado a los habitantes de las fincas con humillaciones, incluso matando a uno de ellos. De esta forma, el señor de la finca le pide que se comprometa a unir tropas para repelerlos. Sin embargo, advierte que actualmente está avergonzado por las disposiciones de los Acoroá, pero dice que esta gente sería muy fácil de purgar, si los Acoroá estuvieran tranquilos, porque de estos con los, Gueguês y unos pocos soldados más darían como resultado una fuerza irresistible para cualquier otra Nación., como sucedió con las últimas tropas, que se unieron a los Gueguês y derrotaron a los Timbiras e incluso a los Acoroá (Doc. 10: 15 de agosto de 1773). Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 228 Otros innumerables ejemplos aparecen relacionados con el género, el trabajo, los desplazamientos, las migraciones, el comercio. Un problema que es quizás uno de los más inéditos y latentes de todos los demás impone la siguiente interrogación: ¿cómo era la cultura material de contacto entre los pueblos indígenas? Las respuestas aparecen en una no extensa documentación, pero que facilita suficientes premisas para el desarrollo de una investigación. Las mismas están asociadas a la construcción de viviendas, caza, agricultura, estrategias, armas de guerra y productos destinados al comercio –redes, cuerdas, resinas, medicinas y tintes (Doc. 11). Cuando reciba esto, su merced sin perder tiempo mandará hacer una docena de cuerdas de embira de urucu del grosor de cuerdas de red, además de hacer unos ovillos de dicha embira como se hace con el Coroá, y una vez hecho todo, pronto será enviado a esta ciudad por un indio y cuando no exista dicho urucu en esa misión, también debe informarme su merced (Doc. 11: 23 de enero de 1801). En relación con la cultura material, se deja asentado que los problemas que interconectan la historia y la arqueología y las fuentes archivísticas poseen muchas potencialidades en Piauí, especialmente en la región donde se sitúa el Parque Nacional de Sierra da Capivara (sureste de Piauí). Los vestigios encontrados durante años de desarrollo de investigación arqueológica demuestran la complejidad cultural de los pueblos que habitaron la región en una trayectoria de largo plazo. Esta extensión temporal es significativa para la Historia Indígena porque permite la construcción de marcos comparativos de continuidades y rupturas a partir del contacto, como las armas de caza para felinos conectada a una larga tradición existente antes del contacto, con referencias en el arte rupestre y en el post-contacto, con indicaciones en archivos oficiales y fuentes etnográficas (Borges, 2014: 89-104). consideraciones finaLes Retorno a la metáfora inicial, pero en lugar del abanico chino, ahora evoco el abanico usado por los indígenas guajajara para avivar las brasas. ¿Existen diferencias? Sí. En la intensidad y temporalidad de los movimientos que no Usos de los archivos oficiales como fuente para la historia indígena decolonial… 229 se cierran, y en los intervalos de descanso. A partir de esto el entero balance realizado hasta ahora permite la siguiente afirmación: los indígenas no se distinguen de los demás hombres por su capacidad cognoscitiva, sino por su particular cosmovisión de sí mismos en el mundo. A modo de consideraciones finales, importa recordar a los historiadores que su tarea se desarrolla dentro de temporalidades cruzadas: la suya, la de la fuente histórica y la de las sociedades estudiadas. El análisis de las fuentes debe tensionar las temporalidades a fin de decolonizarlas. ¿Es posible realizar este ejercicio con fuentes de archivo? Nuestra respuesta es afirmativa. La burocracia escrita se expresa en una temporalidad lineal –«demora», «velocidad en la ejecución», «cumplir de inmediato», «no perder el tiempo en ejecutar»–, pero al referirse a los indígenas –«flojos», «débiles», «perezosos» y «lentos»– demuestra que entiende que estas personas se mueven en un tiempo diferente o «inconstante», como se refiere Eduardo Viveiros de Castro (2002). Dicho esto, la recomendación sostiene que toda escriturade la Historia Indígena rehúye de una exclusiva perspectiva temporal, y evita el de relatar más sobre lo que el historiador piensa de los indígenas que comprender adecuadamente cómo fueron temporalizados en las fuentes archivísticas. Retrospectivamente, el texto evidencia una contradicción entre los fundamentos teóricos decoloniales y la práctica investigativa en la Historia Indígena. El campo y las especialidades, si no aparecen definidos claramente al menos se presentan en su complejidad; las metodologías e investigaciones presentadas parecieran establecer una Historia Indígena pseudodecolonial, expuesta en la diferencia entre lo que se propone y el resultado final. La situación explica, en cierta medida, que los historiadores también necesitan decolonizar sus propias prácticas de trabajo y debido a que la decolonialidad es una fuerza ideológica arraigada, que actúa con soltura en gestos sutiles en las etapas de la investigación, resulta difícil de desconfigurar. Una colonialidad imperialista occidental, en la que también están cautivos los investigadores, como subraya Smith (2018: 64) al analizar la decolonización de las metodologías en la investigación indígena. Después de recapitular las temporalidades de las fuentes históricas y la dificultad para desvincularse del pensamiento occidental como dogma, nues- Síria Emerenciana Nepomuceno Borges 230 tra dirección apunta hacia las perspectivas futuras de conciliación entre la historia y los pueblos indígenas, en la búsqueda de proporcionar nuevas categorías de análisis, capaces de expresar una mayor proximidad a la humanidad pluricultural, donde los estereotipos, los prejuicios, el orgullo de la ciencia y los escogimientos selectivos son superados por otras relaciones académicas, de investigación, de lenguaje y de escritura. La tarea de destitución de la colonialidad, con el poder de expurgar el rastro de la experiencia centrada en la identidad moderna, es la depositaria de un conocimiento libertador, con proyecciones más justas para las generaciones futuras y ampliación de espacios de diálogo con las comunidades indígenas. Si en el pasado los historiadores de archivos seleccionaban fuentes oficiales para elogiar a un hombre histórico en particular, hoy buscan a hombres indígenas en esos documentos. Formando parte de esa fuerza purgante, los historiadores agudizaron su visión y donde podían verse sumergidos en documentos oficiales que detallaban la vida cotidiana de una sociedad dominante se devela un texto que subyace el «hablar» de los pueblos indígenas, que impusieron al texto escrito sus propias decisivas acciones ante las contingenciashistóricas. referencias bibLiográficas Albuquerque Júnior, Durval Muniz de (2007): «Um leque que respira: a questão do objeto em história», en Durval Muniz de Albuquerque Júnior: História: a Arte de Inventar o Passado, ensaios de teoria da história, EDUSC, Bauru, pp. 149-162. Alegre, Maria Sylvia Porto, Marlene da Silva Mariz y Beatriz Góis Dantas (1994): Documentos para a História Indígena no Nordeste, FAPESP, São Paulo. 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