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La cooperación internacional en la encrucijada. Reglobalización versus órdenes mundiales solapados

Domínguez-Martín, Rafael; LO BRUTTO, GIUSEPPE; Vadell Compagnucci, Javier Alberto; Buscema, Carmelo; Crivelli Minutti, Eduardo; Martínez Bello, Elías; Tello de la Rosa, Christian; Cabrera García, Ada Celsa; Cerda Dueñas, Carlos; Lemus Delgado, Daniel Ric

Abstract

En un panorama internacional de polarización creciente, el tradicional sistema de cooperación internacional que se despliega en el orden mundial, delineado por la hegemonía de los Estados Unidos y sus aliados occidentales desde la segunda mitad del siglo XX, parece entrar en competencia con un nuevo “régimen de cooperación Sur-Sur”, impulsado por China en lo que va del siglo XXI. Ante ello, la cooperación internacional se enfrenta a la encrucijada de reorganizarse en un proceso reglobalizador que se vislumbra bajo liderazgo chino, frente a la posibilidad cada día más cierta de fragmentación del multilateralismo, de modo que la alternativa de cooperación que China propone se acabaría solapando con el orden liberal existente.La presente obra se ha realizado con el fin de reflexionar sobre este panorama de la encrucijada, en el que la cooperación internacional se tensa en el cuadro de la reglobalización versus el solapamiento de órdenes mundiales. Es el trabajo conjunto de académicos, provenientes de distintas instituciones latinoamericanas y europeas, con diversas perspectivas teóricas. Se trata del sexto libro de esta índole de la Red Iberoamericana Académica de Cooperación Internacional (RIACI), en conjunto con el Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo (GICSS-REEDES), que se han venido publicando en coedición con el Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (ICSyH-BUAP), México, y la Universidad de Cantabria (UC), España.

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LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN LA ENCRUCIJADA: REGLOBALIZACIÓN VERSUS ÓRDENES MUNDIALES SOLAPADOS BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA Ma. Lilia Cedillo Ramírez Rectora José Manuel Alonso Orozco Secretario General Giuseppe Lo Brutto Director del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” UNIVERSIDAD DE CANTABRIA Ángel Pazos Carro Rector Silvia Tamayo Haya Secretaria General Belmar Gándara Sancho Directora de la Editorial de la UC Andrés Hoyo Aparicio Director de la colección Sociales LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL EN LA ENCRUCIJADA: REGLOBALIZACIÓN VERSUS ÓRDENES MUNDIALES SOLAPADOS Rafael Domínguez Martín Giuseppe Lo Brutto Coordinadores BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA INSTITUTO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES “ALFONSO VÉLEZ PLIEGO” UNIVERSIDAD DE CANTABRIA La cooperación internacional en la encrucijada: reglobalización versus órdenes mundiales solapados La obra fue dictaminada por especialistas en la modalidad de pares ciegos, por lo que cumple con estándares de calidad académica. Primera edición, 2023 D.R. © Los autores D.R. © Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 4 Sur 104, Col. Centro Histórico, Puebla, Pue. C.P. 72000 Teléfono (222) 229 55 00 www.buap.mx Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” Av. Juan de Palafox y Mendoza 208, Centro Histórico C.P. 72000, Puebla, Pue. Tel. (222) 229 55 00, ext. 3131 www.icsyh.com D.R. © Editorial de la Universidad de Cantabria Avda. de los Castros, 52, 39005 Santander (España) ISNI: 0000 0005 0686 0180 www.editorial.unican.es [email protected] ISBN -BUAP-: 978-607-8957-39-2 ISBN -Editorial Universidad de Cantabria-: 978-84-19024-61-9 [RÚSTICA] 978-84-19024-62-6 [PDF] DOI -EUC-: https://doi.org/ 10.22429/EUC2023.030 Este libro es el n.º 76 de la colección Sociales de la EUC que obtuvo el certificado CEA/APQ de calidad en edición académica, promovido por UNE y avalado por ANECA y FECYT, con mención de internacionalidad en 2018 y ha sido renovado en 2023. Coordinación editorial: Margarita Muñoz Loyola Corrección: Elías Martínez Bello, Christian Tello de la Rosa y Eduardo Crivelli Minutti Formación: Abraham Zajid Che Portada: Julio Broca Hecho en España - Made in Spain Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos. Índice Introducción: la encrucijada de la cooperación internacional entre la reglobalización y los órdenes mundiales solapados Rafael Domínguez Martín y Giuseppe Lo Brutto (coords.) I. China y su proyecto de reglobalización: de la Belt and Road Initiative a las iniciativas globales de desarrollo y seguridad Rafael Domínguez Martín II. La nueva globalización y el ascenso China: una interpretación a partir del concepto de formación económico-social Javier Vadell III. Cooperación, guerra y paz en el siglo XXI Carmelo Buscema IV. ¿Hacia una segunda guerra fría? cooperación y conflicto en el siglo XXI Eduardo Crivelli Minutti, Elías Martínez Bello y Christian Tello de la Rosa V. ¿Hacia un nuevo consenso interestatal? La Cooperación Sur-Sur de China como estrategia de “emulación temprana” en el caos sistémico Ada Celsa Cabrera García y Giuseppe Lo Brutto VI. Mundos solapados: el pensamiento de Xi Jinping en política exterior y su impacto en el régimen de la cooperación internacional para el desarrollo Carlos Cerda Dueñas y Daniel Lemus Delgado 9 17 71 103 129 163 185 VII. Nuevos actores dentro de la Cooperación Sur-Sur: el papel de Arabia Saudí y Qatar como donantes regionales Víctor Moreno Aguilar y Ángela Suárez Collado VIII. La Cooperación Internacional al Desarrollo de China en América Latina y el Caribe. Estrategias de acción y política exterior Juan Carlos Sales IX. Geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura Mariasole Pepa e Isabella Giunta X. Una reconceptualización de los procesos de la cooperación para el desarrollo en el capitalismo en la naturaleza Ander Arredondo 205 235 261 281 9 Introducción: la encrucijada de la cooperación internacional entre la reglobalización y los órdenes mundiales solapados Rafael Domínguez Martín Giuseppe Lo Brutto (coords.) Desde el último cuarto del siglo XX, China se ha ido incorporando de manera vanguardista a la globalización económica, de la que ha sido máximo beneficiario y principal catalizador. China sigue siendo en la actualidad el mayor defensor de la globalización y desde que Xi Jinping está al frente del Estado ha promovido un discurso a favor del multilateralismo en diversos foros internacionales, buscando conectar cada vez más al gigante asiático con las distintas regiones del mundo. La actividad china en la escena internacional a favor de una mayor integración local, regional y global contrasta con la política de America First, que fue el sello distintivo de Donald Trump, en su periodo como presidente de los Estados Unidos, y que parece ser continuada con otras características por el gobierno de Joe Biden que busca una defensa del orden internacional basado en reglas, o regímenes internacionales, que privilegien la posición estadounidense en el mundo. Después de haber sido el adalid del libre comercio, tras la crisis financiera del Atlántico Norte y la Gran Recesión, Estados Unidos fue tornando hacia a una política proteccionista, que ha profundizado el proceso de desglobalización detonado por el gran choque de 2008. Con ello, Washington ha retomado su histórica tradición nacionalista y proteccionista agudizando la tendencia a la desglobalización, que se manifiesta en la desaceleración del comercio mundial y de los flujos internacionales del capital, las restricciones crecientes a las migraciones internacionales y la reducción de la interdependencia económica mundial (el desacoplamiento), todo lo cual se ha visto reforzado por la pandemia del Covid-19 y el reciente conflicto armado entre Rusia y Ucrania. Ante ello, China parece no sólo defender el proceso globalizador, sino incluso proponer un nuevo tipo de globalización, que se ha visto materializada desde el momento en el que el presidente Xi Jinping lanzó la Belt and Road Initiative, en 2013, como un megaproyecto de inversiones y financiamientos en infraestructura, que aspira a integrar a los www.editorial.unican.es 17 I China y su proyecto de reglobalización: de la Belt and Road Initiative a las iniciativas globales de desarrollo y seguridad1 Rafael Domínguez Martín2 Introducción El objetivo del presente capítulo es comprender la lógica y límites del proyecto de reglobalización (Wang y Cao, 2021) que China aspira a liderar con la Global Development Initiative (2021) y su complemento de la Global Security Initiative (2022)3, como nuevo rule maker, system shaper y standard setter (Kuo, 2023). Estas dos iniciativas globales son las nuevas marcas de la globalización con características chinas con las que Beijing busca promover las relaciones armoniosas y pacíficas entre países y sistemas regionales a partir del binomio paz-desarrollo. El tándem de ambos bienes públicos ha sido el eje vertebrador de la cooperación económica y comercial (denominada a partir de la década de 1980 cooperación Sur1 La idea original de este capítulo fue presentada en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla en octubre de 2022, durante el II Encuentro pasado y presente de la cooperación internacional. La cooperación internacional en el caos del moderno sistema mundial. Agradezco a Giuseppe Lo Brutto la invitación y a Javier Vadell la referencia al texto de Wang y Cao (2021) sobre la reglobalización. La revisión de la literatura y las fuentes primarias para la redacción final del texto se han actualizado hasta el 16 de octubre de 2023. 2 Catedrático de Historia e Instituciones Económicas del Departamento de Economía de la Universidad de Cantabria y profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca. Es director del Grupo de Investigación en Desarrollo Humano y Cooperación Internacional (Catedra COIBA) y coordinador del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. E-mail: [email protected] 3 En el Foro de Alto Nivel del Diálogo del Partido Comunista de China con los partidos políticos del mundo, celebrado en marzo de 2023, el secretario general, Xi Jinping, propuso la Iniciativa Global de las Civilizaciones, que viene a completar las dos anteriores de desarrollo y seguridad. Por razones de falta de una mínima perspectiva histórica, esta última iniciativa se deja fuera del análisis, aunque ya ha sido objeto de una primera evaluación hostil por parte uno de los halcones académicos que habitualmente asesoran a la agencia federal US-China Economic and Security Review Commission (Ellis, 2023). www.editorial.unican.es 18 la cooperación internacional en la encrucijada Sur) de China desde la Conferencia Afro-Asiática de Bandung de 1955 hasta el lanzamiento de la Belt and Road Initiative en 2013, un año después del comienzo de la nueva era marcada por la elección de Xi Jinping como secretario general en el 18 Congreso Nacional del Partido Comunista de China (State Council Information Office, 2021a). En ese sentido, la política de cooperación china muestra una fuerte continuidad a partir de lo que podría denominarse Consenso de Bandung-Shanghái, cuyo mensaje es que sin paz no hay desarrollo y que el desarrollo es un facilitador de la paz. Como reza el último White paper sobre la cooperación china, “la paz y el desarrollo siguen siendo el tema de nuestro tiempo” (State Council Information Office, 2021a), una alusión a la continuidad que une los Cinco Principios de la Coexistencia Pacífica de Zhou Enlai y la Teoría de los Tres Mundos de Mao Zedong con la comunidad de futuro compartido para la humanidad del presidente Xi, pasando por el par paz-desarrollo de Deng Xiaoping y el desarrollo pacífico de Hu Jintao, (Domínguez, 2018a; 2018b; Cheng, 2021). En este marco, la Belt and Road Initiative y las iniciativas globales de desarrollo y seguridad, que corren en pistas paralelas (Silvius, 2021; Hobson y Zhang, 2022; Brautigam, 2022; Mulakala, 2022), constituyen los pilares para la construcción de lo que el presidente Xi describió como un “nuevo tipo de relaciones internacionales basadas en el respeto mutuo, la equidad, la justicia y la cooperación ganar-ganar”, cuando presentó la Iniciativa de Desarrollo Global ante la Asamblea General de Naciones Unidas (Xi, 2021). La Iniciativa de Desarrollo Global, que está pilotada por la China International Development Cooperation Agency, se sitúa, pues, en la órbita del poder blando de Beijing, que busca alinear la cooperación china con la Agenda 2030 (Brautigam, 2022; Luo, 2023). Su complementaria, la Iniciativa de Seguridad Global, está apalancada en la Organización de Cooperación de Shanghái –creada en 2001, antes del atentado de las Torres Gemelas, para hacer frente al terrorismo, el separatismo y el extremismo religioso–, y, por tanto, remite a los elementos de poder duro de la gobernanza global (Hao, 2020; MFA, 2023b). Y en perspectiva de larga duración, ambas iniciativas están enraizadas en la filosofía relacional e incluyente del Tianxia, la tradición milenaria de gobernanza de China que es ajena a la idea de hegemonía (Zhao, 2019; Domínguez, 2020; Hobson y Zhang, 2022). Desde que, en 2015, Xi habló de “la comunidad de futuro compartido para la humanidad” ante la Asamblea General de Naciones Unidas (Xi, 2015), la noción de Tianxia se ha actualizado en torno al imaginario de una comunidad mundial organizada en Estados-nación (Por, 2023) y sistemas regionales donde China –“el país de en medio” que, por lo mismo, tiene una gran profundidad estratégica dentro de la isla mundial de Eurasia–, aspira a servir de mitigador y mediador de conflictos, a fin de lograr la armonía universal respetando la diversidad de las distintas naciones y civilizaciones como principio conductor de las relaciones internacionales (Zhongqiu, 2023). La hipótesis tentativa de este ensayo es que China, a las puertas de la graduación en desarrollo, busca el upgrading de su política de cooperación Sur-Sur para convertirla, por 19 china y su proyecto de reglobalización medio de una estrategia de multilateralización, en el recurso de poder inteligente (la mezcla de poder blando y duro) de la acción exterior de la República Popular China (RPC). Desde la cooperación Sur-Sur –entendida como construcción de coaliciones para la acción colectiva que tienen como hito histórico el Nuevo Orden Económico Internacional– se pretende transitar hacia una política de cooperación y seguridad global acorde con la condición de China de superpotencia internacional responsable, que se convertirá en un país moderadamente próspero en el horizonte 2035, pero que, a diferencia de Estados Unidos, “nunca ha invadido ni invadirá o acosará a otros [países], o buscará la hegemonía” (Xi, 2021). El marco teórico para abordar el objetivo del capítulo y probar la hipótesis de trabajo está construido a partir de varias teorías alternativas de economía política internacional (economía geopolítica y geoeconomía crítica) y de relaciones internacionales chinas (realismo moral y relacionismo), que, con el foco puesto en la cooperación Sur-Sur (Muhr, 2020; Domínguez, 2021), pueden ser integradas bajo la teoría multilateralista de la geopolítica (Sachs, 2023a). Esta teoría parte de la premisa de que el mundo necesita de la cooperación geopolítica para resolver los grandes problemas globales (subdesarrollo, crisis financieras, cambio climático, degradación ambiental, pandemias, inseguridad) por medio de la provisión de bienes públicos en el marco de Naciones Unidas… que es justo a lo que aspiran las iniciativas globales de desarrollo y seguridad de China. La metodología de la investigación se basa en la triangulación de la literatura occidental con la producida en China para consumo interno e internacional, así como la revisión de las fuentes primarias chinas (documentos conceptuales y discursos oficiales) y de la profusa literatura gris generada a partir de las mismas. La estructura del capítulo se divide en cinco secciones. En la primera, se repasa el papel de China en la globalización desde su proceso de reforma y apertura al exterior de 1978 hasta el lanzamiento de la Belt and Road Initiative, y se deconstruye la estrategia de dualismo envolvente de Beijing para enfrentar el intento de Estados Unidos de frenar el desarrollo pacífico chino –logrado a golpe de Estado desarrollista– recurriendo a la contención, la guerra comercial y tecnológica, el desacoplamiento y la coerción económica. En la segunda, se analiza el proyecto de reglobalización que China plantea, a través de la Belt and Road Initiative y de las nuevas iniciativas globales de desarrollo y seguridad, como alternativa a la desglobalización y la Nueva Guerra Fría. En la tercera, se aborda el proceso de multilateralización de la cooperación china en sus dos fases claramente delimitadas por el antes y el después del cambio de política exterior producido en 2012-2013 con el acceso de Xi Jinping a la secretaría general del Partido Comunista Chino y a la presidencia de la República Popular China. En la cuarta, se hace un estudio comparado de los componentes de cooperación internacional de la Belt and Road Initiative y la Iniciativa de Desarrollo Global, con su complemento de la Iniciativa de Seguridad Global. El trabajo cierra con unas reflexiones finales sobre los escenarios probables a que podría conducir www.editorial.unican.es 20 la cooperación internacional en la encrucijada el desenlace del proceso de desglobalización (reglobalización versus órdenes internacionales solapados o separados), con el telón de fondo de la escalada diplomática entre Washington y Beijing de marzo de 2021 a mayo de 2023, y que tras la última visita del secretario de Estado, Anthony Blinken, a Beijing, parece se puede reconducir hacia una pausa estabilizadora, a la espera de las próximas elecciones a la Casa Blanca. 1. China en la globalización: éxito económico interno y dualismo envolvente exterior Con la reforma y apertura al exterior a partir de 1978, China fue uno de los principales detonantes de la última oleada de la globalización económica y se convirtió en el máximo beneficiario de ésta (Shuai, 2020; Wade, 2022). La globalización alcanzó su punto culminante a mediados de la década de 1990, y fue en ese momento cuando China reformó su cooperación. En 1995, el Consejo de Estado mandató al Ministerio de Comercio de China (MOFCOM) a expandir la ayuda, las inversiones y el comercio: además de las donaciones a fondo perdido y los préstamos sin interés, que habían sido los instrumentos de la cooperación económica china con los países del “Tercer Mundo” desde la década de 1950, se introdujeron los créditos concesionales a partir de fondos de ayuda exterior. Junto a ello, el concepto de cooperación se amplió a la inversión exterior de las empresas estatales, provinciales y municipales (incentivadas a internacionalizarse por medio de crédito público subsidiado por los dos bancos públicos que se crearon en 1994: el China Exim Bank y el China Development Bank) y a los acuerdos comerciales, con la idea de integrar la planificación de la ayuda y el desarrollo doméstico de China para mutuo beneficio de las partes (Ronglin, 2016; Yuan, Su y Ouyang, 2022). Así, la reforma de la cooperación sirvió para preparar la estrategia Going Out, incorporada al X Plan Quinquenal (2001-2005), que quedó como elemento permanente de la acción exterior de Beijing. En paralelo, China inició los diálogos políticos con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático en 1996 (que se elevaron al rango de asociación estratégica en 2003), los países africanos a partir de la celebración del primer Foro de Cooperación China-África en 2000 (también convertido en estratégico en 2006), y los Estados árabes (Foro de Cooperación China-Estados Árabes) en 2004 (Domínguez, 2018b; Stephen, 2020; Bi, 2021). El ingreso de China en la Organización Mundial del Comercio en 2001 marcó entonces un verdadero hito en la globalización de la economía mundial, una vez superada la crisis asiática de 1997-1998, de la que la República Popular China se libró por haberse negado a aplicar la recomendación del Fondo Monetario Internacional de liberalizar la cuenta de capitales (Lai, Lin y Sidaway, 2020). Estados Unidos apoyó la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio sobre la creencia de la teoría del fin de la historia (la conexión entre las reformas promer- 21 china y su proyecto de reglobalización cado y la democratización). Washington esperaba que Beijing continuara siendo un mero norm taker dentro del “orden internacional liberal” integrado por los regímenes económicos internacionales (monetario, financiero, comercial y de transferencia tecnológica), y los de seguridad, derechos civiles y políticos y gobernanza de bienes públicos globales, todos ellos bajo el control de Estados Unidos (Nye, 2019). Este proyecto esperaba replicar el modelo de disolución y saqueo de la Unión Soviética para que las multinacionales norteamericanas se apropiasen a precio de saldo de los inmensos recursos naturales y de los activos del sector estatal de China, de modo que la República Popular China se integrase como un país periférico en la economía global (Foster, 2021). Pero ni siquiera bajo el liderazgo de Deng Xiaoping (1978-1992), China aceptó el camino del Consenso de Washington que provocó la desindustrialización y periferización de la URSS, que Putin trataría de revertir a partir de 2001 pese a la presión de la OTAN para minar la versión rusa del Estado desarrollista (Owen, 2021; Kolganov, 2022; Yawen, 2022). En las presidencias de Jian Zeming (1993-2003), Hu Jintao (2003-2013) y Xi Jinping (2013-), China profundizó su propio modelo de cambio estructural Estado-céntrico (Consenso de Beijing), basado en la experimentación y las reformas graduales bajo el férreo mandato del Partido Comunista Chino. Ya se caracterice como “leninismo de mercado” (Owen, 2021: 1417) o como “neomercantilismo-leninismo” (Tyszka-Drozdowski, 2023), lo cierto es que con ese modelo China logró defender su autonomía estratégica a partir de una exitosa versión del Estado desarrollista (Karagiannis, Cherikh y Elsner, 2021; Aguiar de Medeiros y Majerowicz, 2022; Wade, 2022). Por esta razón China funge como uno de los primeros países del mundo en el Índice de Independencia Económica4. La desobediencia de China respecto al Consenso de Washington y sus secuelas financierizadoras y privatizadoras hizo que, después de 2001, Estados Unidos aumentara la presión para que Beijing se comportara como un stakeholder responsable ateniéndose al orden internacional basado en las reglas imperiales, pero la crisis financiera del Atlántico Norte de 2008 cambió las tornas. Con el reflujo de la globalización que irrumpió tras la crisis y durante la Gran Recesión, Washington aumentó la presión para frenar el desarrollo pacífico de China con la política de pivot to Asia y el Trans-Pacific Partnership (el club 4 Este índice, elaborado por Heba H. Helmy (2022), está compuesto por tres dimensiones que miden la suficiencia de las necesidades básicas (los indicadores de seguridad alimentaria y energética), la habilidad para sobrevivir a sanciones económicas (la dependencia del PIB sobre el gasto doméstico y las reservas de divisas medidas como la capacidad de abastecer por meses las importaciones) y el control sobre los recursos domésticos (la propiedad sobre los recursos naturales y el derecho de veto en el Consejo de Seguridad). En la versión EII1 se utilizan ponderaciones de 25%, 25% y 50% para las tres dimensiones respectivas que, se agregan por la media ponderada. En la versión EII2 se ponderan las tres dimensiones (excluyendo de la tercera el indicador de derecho de veto en el Consejo de Seguridad) con el mismo peso y se agregan por la media geométrica (de este modo el índice sólo mejora si se hacen todos sus componentes). En los resultados para 2014-2019 del EII1 sobre 104 países, Rusia se sitúa en el primer puesto del ranking, seguido de China, mientras Estados Unidos está en cuarta posición. Para el EII2, Rusia vuelve a estar el primero, China el tercero y Estados Unidos cae al puesto 51. www.editorial.unican.es 22 la cooperación internacional en la encrucijada TPP integrado por “cualquiera menos China”). Pero Beijing respondió al reto, apoyado en la fortaleza de su independencia económica5, con la nueva política exterior asertiva de Xi Jinping, que en 2013 lanzó la Belt and Road Initiative (y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para su financiación) en el marco de la Shanghai Cooperation Organization (como verdadero pivot to Europe) e intensificó la multilateralización regional de la cooperación para el desarrollo como herramienta de poder blando chino. Fue entonces cuando China diversificó sus plataformas de diálogo regional: en 2012 hacia los países de Europa Central y del Este (Foro 16+1) y Asia Central (Foro de Cooperación China-Asia Central), en 2015 a América Latina y el Caribe (Foro de Cooperación China-CELAC) y en 2016 al Sudeste de Asia (Acuerdo de Cooperación Lancang Mekong) (Zhou y Esteban, 2018; Stephen, 2020; Gu, Li y Zhang, 2021). Aunque el proceso de desglobalización técnicamente había empezado en 2009, por los efectos sobre el comercio de la crisis financiera internacional y continuó durante la Gran Recesión6, el concepto empezó a convertirse en moneda corriente a partir de 2016 (Domínguez, 2020), con la política nacionalista del presidente Trump y su America First, que continuó con el presidente Biden y la Coalición de las Democracias (contra China), bajo la defensa del “orden internacional basado en reglas”7 que busca desacoplar a Estados Unidos, así sea de modo forzosamente parcial, de la economía china, echando mano de las políticas industriales del Estado desarrollista que tan poco le gustan a los republicanos globalistas (Paulson, 2023) y al Fondo Monetario Internacional (Awargal, 2023). La tendencia hacia la desglobalización se ha visto reforzada por los efectos de la pandemia de Covid-19, la crisis de Ucrania y el retorno de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón a las políticas industriales, que ahora constituyen el núcleo del “nuevo consenso de Washington”, aunque se las denomine “estrategia industrial” (Sullivan, 2023). Frente a esta tendencia, China se convirtió en el gran defensor de la globalización en general y, específicamente, de un nuevo tipo de globalización incluyente (Liu y Dunford, 2016) o reglobalización (Wang y Cao, 2021) a partir de la Belt and Road Initiative. 5 En el EII1 y EII2 para el periodo 2010-2013, China se situó en el primer puesto del ranking, mientras Estados Unidos en el cuarto para el EII1 y el 54 para el EII2 (Helmy, 2022). 6 El concepto de desglobalización (como tendencia) se puede operacionalizar mediante la comparación de la tasa de variación anual del PIB mundial y la del comercio mundial usando medias móviles de cinco años. Entre 1994 y 2008, la tasa variación del comercio mundial fue superior a la del PIB mundial, lo que refleja la creciente apertura e integración de la economía mundial que es en la base de la definición del proceso de globalización económica. A partir de 2009, el comercio creció menos que el PIB hasta 2015, año en que las tasas de variación de las dos variables se igualaron, pero después el comercio volvió a crecer menos que el PIB, lo que es definitorio de la tendencia hacia la desglobalización que llega hasta 2022. Véanse los datos en CEPAL (2022). No se entra aquí a discutir si el concepto de desglobalización debiera ser sustituido por el de slowbalization debido a que el peso del comercio mundial sobre el PIB sigue siendo 20 puntos más alto en 2022 que en 1980 (Aiyar et al., 2023). 7 Declaration of the Summit for Democracy, 29-03-2023, https://www.state.gov/declaration-of-the-summitfor-democracy-2023/. 23 china y su proyecto de reglobalización La Belt and Road Initiative, que ha sido definida como “el programa de inversión en infraestructura más grande de la historia” (Wade, 2022: 15), se puso al servicio del cambio de modelo de desarrollo de China, hasta entonces orientado a las exportaciones, por uno más equilibrado que asegurara el crecimiento económico sostenido de “circulación dual”. Este nuevo modelo, que se ha añadido a los estatutos del Partido Comunista Chino tras el 20 Congreso de 2022, combina la profundización e integración del mercado interno (la expansión del consumo doméstico) y la integración regional para dar salida al exceso de capacidad instalada. Para ello, se busca fomentar la inversión externa en proyectos de infraestructuras que, a la vez, permitan el alargamiento de las cadenas industriales chinas hacia el sudeste de Asia y ayuden a diversificar el comercio exterior (Dunford y Liu, 2019; Tran, 2022). De esto modo, China quiere reducir la dependencia de los mercados de Estados Unidos y la Unión Europea (cuyas economías están relativamente estancadas, es decir, presentan tasas de crecimiento muy débiles) para diversificarse hacia los países emergentes y en desarrollo8 y lograr, así, el objetivo de convertir a China en una sociedad moderadamente próspera en 2035, que deberá doblar para esa fecha el PIB de 2020 (Yuzhu, 2020; Shuai, 2020; Lin, 2021; Sutter, Schwarzenberg y Sutherland, 2022), algo que parece estar al alcance de la mano si se mantiene un crecimiento medio del 6% (Lin, 2021). Durante las tres presidencias de los últimos 30 años, China ha seguido su modernización socialista en zig-zag, con reformas liberalizadoras corregidas periódicamente por el refuerzo del control estatal de la economía (Roberts, 2021; 2022). Aunque en China el sector privado contribuye con más del 50% de los ingresos fiscales, más del 60% del PIB, más del 70% de la innovación, más del 80% del empleo urbano y representa más del 90% del conjunto de las empresas (Qúnhuì, 2022), el Estado desarrollista es el que lleva las riendas del proceso de modernización. Por medio de la planificación centralizada, el Estado canaliza el ahorro hacia la inversión productiva y el sistema nacional de innovación. El Estado tiene el control sobre los recursos naturales y el suelo, los activos de las empresas públicas y el sector financiero y aplica políticas industriales horizontales para elevar la productividad y la competitividad del país. Este modelo Estado-céntrico, que está en las antípodas del modelo mercado-céntrico neoliberal, es el que ha permitido mantener a raya la financierización para que el sector financiero sirva a la economía real, y las viviendas sean para vivir, no para especular, como dijo Xi Jinping en su intervención en el 20 Congreso (Xi, 2022c). Además, el control estatal de la cuenta de capitales permite al Banco del Pueblo de China (el banco central) acumular reservas, crear un fondo de rique8 En 2021, los principales socios comerciales de China ya fueron los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (US$ 878.000 millones), seguidos de la Unión Europea (US$ 828.000 millones), Estados Unidos (US$ 756.000 millones), Japón (US$ 371.000 millones) y Corea del Sur (US$ 363.000 millones) (Lei y Sui, 2022). Por su parte, las proyecciones del Nuevo Banco de Desarrollo sobre el crecimiento medio para 2022-2026 anticipan que China crecerá en términos reales en torno al 5% mientras que las economías avanzadas lo harían al 2% y los países emergentes y en desarrollo por encima del 4% (NDB, 2022). www.editorial.unican.es 24 la cooperación internacional en la encrucijada za soberano y bajar la presión sobre el tipo de cambio para promover la competitividad de las exportaciones y el ahorro interno, que es, en última instancia, el motor del crecimiento por el lado de la oferta (Liu y Dunford, 2016; Xu y Carey, 2021; Aguiar de Medeiros y Majerowicz, 2022; Qúnhuì, 2022; Xie, Kuang, Li, 2022; Roberts, 2022)9. Gracias a su modelo Estado-céntrico liderado por la construcción de infraestructuras y las exportaciones, China batió el récord mundial de crecimiento en 2010 (con 33 años consecutivos, creciendo por encima del 6% acumulativo anual), que hasta entonces había ostentado Taiwán con 32 años consecutivos entre 1962 y 1994 (Wade, 2018). La República Popular China alargó ese registro hasta 2018, con 41 años de marca. Este “milagro sin precedentes en la historia económica de la humanidad” (Lin, 2021) se sostuvo merced al cambio estructural por el cual China se convirtió en el taller del mundo, en la primera potencia exportadora mundial y en la economía más grande del mundo, y todo ello se tradujo en mejoras para el bienestar de la población por medio de la provisión de bienes públicos y bienes preferentes por parte del Estado (Liu y Dunford, 2016; Lin, 2021; Qúnhuì, 2022). Desde 1978 a 2021, China logró un crecimiento medio anual del PIB del 9.2% (Lin, 2022): Entre 1991 y 2021, el PIB de China en paridad de poder adquisitivo aumentó del 4.3% al 18.6% del total mundial, mientras que el de Estados Unidos cayó del 21% al 15.7% (Sachs, 2023a). En 2021, China alcanzó los US$ 12.551 per cápita calculados según el Método Atlas del Banco Mundial, que es el que usa el Comité de Ayuda al Desarrollo para calificar a los países elegibles de ayuda oficial al desarrollo, con el umbral de los US$ 12.695 para pasar de la categoría de ingreso medio-alto a ingreso alto y graduarse en desarrollo si se mantiene ese nivel durante tres años seguidos (Lin, 2022). Habiendo erradicado prácticamente la pobreza extrema después de sacar de esa situación a 800 millones de personas (el 70% de los pobres mundiales) y corregida la tendencia al aumento de la desigualdad a partir de 2010 (China Power Team, 2020; Lin, 2021; Roberts, 2022)10, China ha conseguido elevados niveles de consumo social (que no se reflejan en el PIB per cápita), pero que constituyen la base del bienestar de su población. En China, “el poder estatal sirve al pueblo, en lugar del capital”, lo que, para el Partido Comunista Chino, el partido-Estado con niveles de aprobación por encima del 90% en el Trust Barometer, es la esencia de la democracia que funciona, aquella que debe atender no sólo a los procesos sino estar orientada a resultados (State Council Information Office, 2021b: 35)11. Y 9 En 2021, el ahorro representó el 45% del PIB en China, frente al 18% en Estados Unidos, según los datos del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/. 10 En 2010, el índice de Gini alcanzó su pico del 43.7 para caer al 37.1 en 2020 (en las mismas fechas el de Estados Unidos pasó del 40 al 39.7 en 2020), según los datos del Banco Mundial, https://data.worldbank.org/. 11 En la encuesta mundial de confianza que realiza la Fundación Edelman en 28 países, la confianza en el gobierno de China en 2022 fue del 91%, nueve puntos más que en 2021, y la más alta de los 28 países en los que se realiza el muestreo (en Estados Unidos, la confianza fue del 39%, tres puntos menos que en 2021), https://www.edelman. 25 china y su proyecto de reglobalización éstos son inapelables: el sistema de educación pública y universal más grande del mundo, 1.040 millones de cotizantes al sistema de seguridad social que garantiza las pensiones a los mayores, 1.360 millones de usuarios del sistema de salud pública que da cobertura al 95% de la población, y una esperanza de vida –que es el mejor indicador sintético de bienestar– de 78,2 años en 2021, un año más que la de Estados Unidos (Roberts, 2022; Qúnhuí, 2022; Xi, 2022c). Además de estar al servicio del modelo de desarrollo de China, la Belt and Road Initiative también se puede analizar como un esquema de cooperación para el desarrollo en el que China ofrece aquello en lo que tiene ventajas comparativas, una enorme capacidad de construcción de infraestructuras12. Esta oferta responde a la demanda insatisfecha de los países en desarrollo estimada en más de US$ 500.000 millones anuales. Y el modelo de desarrollo liderado por la inversión en infraestructuras es la clave para detonar un proceso de industrialización virtuoso en los países en desarrollo, a partir del patrón de difusión industrial flying geese que supone la deslocalización de las industrias intensivas en mano de obra a los latest comers a medida que China asciende por la escalera de la sofisticación tecnológica e industrial (Lin, 2022). Por último, la Belt and Road Initiative también es susceptible de un análisis en clave de economía política internacional, como eje vertebrador del proyecto de reglobalización de la República Popular China para hacer frente a varios desafíos geopolíticos. Entre ellos destaca el de asegurar, con la participación de la Shanghai Cooperation Organization, la provisión terrestre de energía desde Rusia, Kazajistán, Turkmenistán y Myanmar (que es socio en diálogo en la Shanghai Cooperation Organization) para no depender de la ruta marítima del estrecho de Malaca, controlada por Estados Unidos con el AUKUS, el pacto estratégico de 2021 entre Australia, Reino Unido y Washington (Yazdani, 2020; Min, 2022). Además, con la Belt and Road Initiative, China exporta sus estándares, tecnología y equipos para las infraestructuras físicas y digitales (de acuerdo a la estrategia de la China Standards 2035) y el desarrollo industrial por medio de la urbanización y conexión de zonas económicas especiales (el hardware de la Belt and Road Initiative), mientras que estrecha las relaciones de amistad entre los pueblos por medio de la diplomacia cultural y la cooperación técnica para la formación de recursos humanos, a fin de socializar las normas y experiencias chinas, que constituyen el software de la Belt and Road Initiative (Zhou y Esteban, 2018; Benabdallah, 2019; Min, 2022; Sutter, Schwarzenberg y Sutherland, 2022). com/trust/2022-trust-barometer. Según Wade (2022), estos buenos resultados de China tienen que ver con la existencia de un proyecto nacional de desarrollo ampliamente compartido. 12 En 2021, China tenía el 52% de la producción mundial de acero y 55% de la de cemento, mientras la cuota de Norteamérica fue del 11% y el 7% respectivamente (IEA, 2023). En la actualidad, China tiene más de dos tercios del total mundial de la red de trenes de alta velocidad en operación, 42,000 km por 735 km de Estados Unidos, con otros 28,000 km en construcción, por 1,789 km de Estados Unidos. Véase List of high-speed railway lines, https:// en.wikipedia.org/wiki/List_of_high-speed_railway_lines. www.editorial.unican.es 32 la cooperación internacional en la encrucijada pueden suceder “eventos inesperados tales como una guerra por Taiwán o una crisis financiera” (Nye, 2022: 1635). Mientras tanto, el venerable gurú de la teoría neoliberal de las relaciones internacionales propone adaptarse a una “rivalidad de cooperación” o “coexistencia competitiva” entre Estados Unidos y China (Nye, 2022: 1647), dada la enorme interdependencia económica (comercial, de inversiones, cadenas de valor y deuda) y ecológica (vinculada a la crisis climática y las pandemias) que condena a ambas superpotencias a entenderse. Aparentemente, la coexistencia competitiva parece una solución muy alejada de la última escalada diplomática que han protagonizado Estados Unidos y China desde que los demócratas volvieron a la Casa Blanca (Tovar, 2022). En este último periodo se profundizó el proceso de desglobalización con la política de desacoplamiento de China motorizada desde Washington y que, tras la detonación del “momento neomercantilista” de Trump (Tyszka-Drozdowski, 2023), culminó con las dos leyes estrella de política industrial aprobadas en 2022: la IRA (Inflation Reduction Act) y la CHIPS (Creating Helpful Incentives to Produce Semiconductors) and Science Act, que establecen como condicionalidad para recibir ayudas públicas a las empresas estadounidenses o las que se quieran instalar en territorio norteamericano no tener planes de expansión en China en los próximos diez años (Agarwal, 2023). En ese contexto, y tras la Cumbre por la Democracia a finales de 2021, que dio origen a una contundente respuesta de China criticando el sistema democrático de Estados Unidos22, el Congreso dio luz verde el 6 de febrero de 2022 a la tramitación de una iniciativa bipartidista para terminar con el reconocimiento del estatus de nación en desarrollo de China, lo que tiene implicaciones en las negociaciones de tratados internacionales comerciales y de lucha contra el cambio climático, así como en la financiación del desarrollo (Statman, 2023). Dos días antes, como colofón de la visita de Xi a Putin, China y Rusia hicieron una declaración conjunta en la que además de criticar la interferencia en los asuntos internos so pretexto de la defensa de la democracia y los derechos humanos por parte de Estados Unidos, ambas partes se declararon contra la ampliación de la OTAN en Europa y las operaciones submarinas nucleares del AUKUS en el Pacífico, y se comprometieron a crear una Gran Asociación Euroasiática, con un mensaje para navegantes inequívoco: 22 “Es difícil ver cómo un país puede servir de buen ejemplo para el resto del mundo si su propio modelo de democracia no tiene éxito o es ineficiente en la gobernanza nacional. Una característica esencial de un buen modelo de democracia es que promoverá una buena gobernanza e impulsará el desarrollo nacional”. Esta alusión a la democracia disfuncional de Estados Unidos debe entenderse en el contexto de la afirmación posterior de que “un buen modelo de democracia debe construir consenso en lugar de crear divisiones y conflictos sociales, salvaguardar la equidad social y la justicia en lugar de ampliar las disparidades sociales a favor de los intereses creados, mantener el orden social y la estabilidad en lugar de causar caos y agitación, e inspirar positividad y apreciación de lo bueno y lo bello en lugar de instigar la negatividad y promover lo falso y lo malo” (State Council Information Office, 2021b: 41-42). 33 china y su proyecto de reglobalización “la amistad entre los dos Estados no tiene límites”23. Lo que ocurrió después es sabido: la invasión rusa de Ucrania –“una bendición disfrazada para Estados Unidos y la OTAN” que ha devuelto a Europa a su tradicional dependencia de Washington (Wade, 2022: 22)–, y la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes a Taiwán dispararon todas las alarmas. Se llegó a hablar entonces del peligro de una nueva guerra mundial, aunque esta posibilidad resulta altamente improbable (Wade, 2022). De hecho, dos días después del inicio de la operación rusa en Ucrania, el ministro de Exteriores de China, Wang Yi, en un mensaje de video con motivo del 50 aniversario del Comunicado de Shanghái (el documento que marcó la normalización de las relaciones entre China y Estados Unidos), dio la bienvenida a la Build Back Better World Partnership (B3W), la iniciativa propuesta por Biden en la Cumbre del G7 de 2021 dirigida explícitamente contra la Belt and Road Initiative, a pesar de lo cual invitó a Washington –como ya había sucedido cuando se discutió la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras– a participar en la Belt and Road Initiative y en la Iniciativa de Desarrollo Global, mostrándose abierto a la posibilidad de coordinar la Belt and Road Initiative con la Build Back Better World Partnership (Askary, 2022). En 2023, con el telón de fondo del incidente de los supuestos globos-espía y las advertencias de la vicepresidenta Kamala Harris en la Conferencia de Seguridad de Múnich instando a China para que no vendiera armas a Rusia, el Ministerio de Asuntos Exteriores de la República Popular China publicó el 20 de febrero un informe sobre los peligros de la hegemonía de Estados Unidos de una contundencia verbal sin precedentes. En el texto (más de 4,000 palabras) se acusó directamente a Washington de interferir “en los asuntos internos de otros países, perseguir, mantener y abusar de la hegemonía, avanzar en la subversión y la infiltración, y librar guerras voluntariamente causando daño a la comunidad internacional”. Beijing deconstruye el “manual de estrategia hegemónico” de Washington para instigar revoluciones de los colores, disputas regionales y desencadenar guerras bajo el pretexto de la promoción de la democracia, la libertad y los derechos humanos, haciendo un uso selectivo y arbitrario del derecho internacional (la cuestión de los dobles estándares), “utilizándolo o descartándolo como mejor le parezca”, y buscando “imponer reglas que sirvan a sus propios intereses en nombre de la defensa de un ‘orden internacional basado en reglas´.” El documento, que se asemeja a un paper académico, repasó sistemáticamente y en perspectiva histórica los abusos de la hegemonía que Estados Unidos ha practicado a nivel “político, militar, económico, financiero, tecnológico y cultural”24, a 23 Joint Statement of the Russian Federation and the People’s Republic of China on the International Relations Entering a New Era and the Global Sustainable Development, http://www.en.kremlin.ru/supplement/5770. 24 El recuento abrumador de los abusos de hegemonía no deja prácticamente ningún tema sin tocar, desde el genocidio indio a las proxy wars, desde los golpes de Estado y las invasiones a las revoluciones de los colores, desde el uso de armas químicas y de destrucción masiva a los abusos de las reglas de Bretton Woods (el derecho de veto de facto en el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial por la regla del 85%, el privilegio exorbitante de la emisión de dólares que exporta la inflación y el déficit comercial para el saqueo de recursos y activos de otros www.editorial.unican.es 34 la cooperación internacional en la encrucijada fin de denunciar el peligro que esa estrategia supone “para la paz y la estabilidad y el bienestar de todos los pueblos” (MFA, 2023a). Siguiendo con la escalada, en abril de 2023, la Cámara de Representantes y el Senado aprobaron por unanimidad la ley The People’s Republic of China is not A Developing Country Act (sic), por la que se insta al secretario de Estado, Anthony Blinken, a tomar las acciones necesarias para que China deje de ser considerado un país en desarrollo a efectos de tratados internacionales comerciales, negociaciones climáticas y financiación del desarrollo (Queripel, 2030): dado que esa categoría es otorgada por el Banco Mundial o Naciones Unidas, la nueva ley puso de manifiesto cómo Estados Unidos se salta las-reglas-del-orden-liberal-basado-en-reglas, que se aplican según el método arbitrario de los dobles estándares. Éste fue el mensaje del nuevo informe oficial del Ministerio de Exteriores de la República Popular China sobre los daños de la “diplomacia coercitiva” de Washington (MFA, 2023c) publicado justo antes de la Cumbre del G7, celebrada en Hiroshima para mayor escarnio de Japón (Prashad, 2023; Bosu, 2023). En el nuevo texto (más de 5.000 palabras), se acusa a Estados Unidos de tener “una ‘historia oscura’ muy vergonzosa de diplomacia coercitiva” que han sufrido con particular intensidad los países en desarrollo (de Vietnam y Laos a Cuba y Venezuela, de Corea del Norte a Irán, Siria y Turquía, de Sudán, Somalia y Zimbabue a Bielorrusia), pero de la que no se salvan tampoco los aliados y socios (con un señalamiento muy estudiado de los Acuerdos del Hotel Plaza de 1985 y su secuela contra la industria japonesa de semiconductores de 1986 que acabaron con el milagro de Japón), ni por supuesto Rusia y China, que son ahora las dianas principales. La diplomacia coercitiva, de la que Estados Unidos se puede considerar “inventor y maestro”, se ejerce a nivel económico a través del control de las reglas de los regímenes internacionales monetario, financiero, comercial y de transferencia tecnológica. Pero también a nivel político, un ámbito en el que Estados Unidos “utiliza sus bases militares, agencias diplomáticas, agencias de inteligencia, organizaciones no gubernamentales, organizaciones de medios de comunicación y otros canales y recursos” para “interferir pública y secretamente, directa e indirectamente, en los asuntos internos de otros países”. Y la diplomacia coercitiva se ejerce a nivel militar, a través de la red de aproximadamente 800 bases repartidas en 159 países con 173,000 efectivos desplegados (MFA, 2023c). países, la multiplicación de las condicionalidades de los préstamos del Fondo y el Banco para disciplinar gobiernos o eliminar la competencia de otras economías), desde el uso unilateral de sanciones al Acuerdo sobre los Aspectos Relacionados con el Comercio sobre los Derechos de Propiedad Intelectual de la Organización Mundial del Comercio, desde el espionaje telefónico a los líderes mundiales a las medidas dirigidas para impedir la competencia de las empresas chinas de telecomunicaciones e internet, o desde la propaganda de Hollywood a la censura de contenidos en internet y la manipulación de las redes sociales por medio de noticias falsas. Sobre este último punto, véase el manejo por parte de la CIA de internet y las redes sociales para promover revoluciones de los colores a partir de los hallazgos de un informe de inteligencia chino (Hong, 2023). 35 china y su proyecto de reglobalización Los efectos de la diplomacia coercitiva son dañinos para la “paz y el desarrollo” (que China considera es el tema de nuestro tiempo) porque fomentan la política de bloques con la ideología de “o estás con nosotros o contra nosotros”, y resultan disruptivos del “proceso de globalización económica y la integración económica regional”, hasta el punto de que Beijing culpa a Estados Unidos de haber “revertido el curso de la globalización económica en orden a mantener su hegemonía”. El documento concluye acusando a Washington de coaccionar “al mundo entero” con “la coerción, las sanciones, la intimidación, la represión de otros países”, y de generar un caos que eventualmente dañará a los propios norteamericanos. Estados Unidos debería abandonar “su viejo hábito de diplomacia coercitiva sin sentido” (MFA 2023c). 3. Multilateralización y emprendimiento normativo de la cooperación china Con ese telón de fondo de la desglobalización y la escalada diplomática de la nueva guerra fría contra la República Popular China, la multilateralización de la cooperación china, que había tomado velocidad de crucero a partir de 2012, no hizo más que acelerarse hasta culminar con el lanzamiento de las iniciativas globales de desarrollo y seguridad. El proceso de multilateralización de la cooperación china discurrió de forma gradual desde su ingreso en Naciones Unidas en 1971 hasta 2012. China, lo mismo que Estados Unidos, usó el multilateralismo estratégicamente, asociándose a los distintos regímenes internacionales según la metodología del caso por caso (Kastner, Person y Rector, 2020). La República Popular China se incorporó a los organismos internacionales del G7 como norm taker, aunque nunca aceptó el Consenso de Washington, y, a fin de mantener su autonomía estratégica, puso en marcha un “modelo de apropiación pragmática” de la ayuda occidental sin aceptar sus condicionalidades neoliberales antidesarrollistas (Lin y Wang, 2017: 74)25. A fines de la década de 1990, tras reformar su sistema de ayuda como oferente, Beijing también empezó a participar en la creación de organismos multilaterales alternativos en los que, siguiendo la estrategia del bajo perfil, pudiera desplegar un papel cada vez más asertivo como norm maker en el futuro. Y la oportunidad le llegó con la crisis financiera del Atlántico Norte de 2008 (cuadros 1 y 2). 25 El modelo de apropiación pragmática consiste en que “el país en desarrollo toma el control de su agenda de desarrollo, en un proceso de aprendizaje, adaptación selectiva e innovación” (Lin y Wang, 2017: 74). www.editorial.unican.es 36 la cooperación internacional en la encrucijada Cuadro 1. Proceso de integración de China en los bancos multilaterales de desarrollo año institución año institución 1980 Grupo Banco Mundial 2013 Inter-American Development Bank Fund 1985 Banco Africano de Desarrollo 2014 International Finance Corporation One Planet Fund 1986 Banco Asiático de Desarrollo 2014 Nuevo Banco de Desarrollo 1993 African Export Import Bank 2014 Africa Global Trade Finance Fund 1998 Banco Caribeño de Inversiones 2015 Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras 2000 Trade and Development Bank 2016 Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo 2004 West African Development Bank 2020 Multilateral Cooperation Center for Development Finance 2009 Banco Interamericano de Desarrollo Fuente: Humphrey y Chen (2021: 7); Morris, Rockafellow y Ross (2021b: 12-13). Cuadro 2. Primera fase de la multilateralización de la cooperación china año siglas institución 1997 APT ASEAN plus three (ASEAN + China, Japón y Corea del Sur) 1997 INBAR International Bamboo and Rattan Organizations 1999 CICA Conference on Interaction and Confidence Building Measures in Asia 2000 FOCAC Foro de Cooperación China-África 2001 SCO Organización de Cooperación de Shanghái 2001 Boao Forum Alternativa asiática al World Economic Forum, integrada por 29 países 2002 ACD Asia Cooperation Dialogue (plataforma de coordinación de integraciones regionales: ASEAN, Consejo de Cooperación del Golfo, Eurasian Economic Union, Organización de Cooperación de Shanghái y South Asian Associaton for Regional Integration 2004 CASCF China-Arab States Cooperation Forum 2005 FCECC Foro de Cooperación Económica y Comercial China-Caribe 2009 BRICS Brasil, Rusia, India, China y desde 2011 Sudáfrica Fuente: Stephen (2020: 809). 37 china y su proyecto de reglobalización Esta tendencia, señalizada con la creación del grupo de los BRIC en 2009, se ahondó a partir del cambio de orientación de la política exterior de 2012-2013, que marca el inicio de la nueva era. Diez años después, China se ha convertido en un jugador único en el sistema multilateral del orden internacional liberal, en virtud de su papel simultáneo de gran contribuyente, participante, receptor (el segundo a nivel mundial de créditos del Banco Mundial y el Banco Asiático de Desarrollo) y socio comercial (Humphrey y Chen, 2021). La huella de China en este ámbito aumentó rápidamente a partir de 2012, por medio de las cuotas derivadas del tamaño creciente de su economía, el aumento de sus contribuciones voluntarias, la participación destacada de las empresas chinas como contratistas de tales instituciones y las posiciones de liderazgo ganadas en los organismos del sistema de Naciones Unidas (Morris, Rockafellow y Ross, 2021a; 2021b). Como resultado de este involucramiento cada vez mayor en el sistema multilateral, China tiene el segundo poder de voto agregado si se consideran en conjunto la red de los bancos multilaterales controlados por el G7 y los dos bancos de última generación creados a instancias de China. Así, China es el primer socio en poder de voto del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras y primus inter pares en el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS; y es el tercero en el Banco Mundial (el Banco Internacional de Reconstrucción y Desarrollo y la Agencia Internacional de Desarrollo), en el Banco Asiático de Desarrollo y en el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo (Morris, Rockafellow y Ross, 2021a). Por medio de la creación de fondos, Beijing ha ganado tracción en el Banco Interamericano de Desarrollo (China Co-financing Fund for Latin America and Caribbean Region de US$ 2,000 millones, creado en 2013) y en el Banco Africano de Desarrollo (Africa Growing Together Fund de US$ 2,000 millones, creado en 2014) donde tiene limitado el poder de voto por la fórmula que limita la presencia extrarregional. Entre 2010 y 2019, las empresas chinas ocuparon el primer puesto todos los años como contratistas de proyectos financiados por el Banco Mundial, lo mismo entre 2015 y 2020 para el caso del Banco Africano de Desarrollo, en 2019 para el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo, y entre 2016 y 2018 para el Banco Asiático de Desarrollo (Morris, Rockafellow y Ross, 2021a; 2021b). En el caso de Naciones Unidas, China, aunque es el quinto aportante a nivel mundial si se suman las contribuciones obligatorias y voluntarias, es el primero para la UNESCO (la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), el tercero para la UNIDO (la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial), el cuarto para la OIT (Organización Internacional del Trabajo), la Organización Meteorológica Mundial y la Unión Internacional de Telecomunicaciones y el quinto para la IFAD (el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola), con un gran crecimiento de sus contribuciones voluntarias a esta última organización, al Programa Mundial de Alimentos y al PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo). En 2015, la República Popular China creó además dos fondos para promover la cooperación Sur-Sur en general www.editorial.unican.es 38 la cooperación internacional en la encrucijada (South-South Cooperation Assistance Fund, de US$ 3,000 millones) y la lucha contra el cambio climático en particular (South-South Climate Cooperation Fund de 3,100 millones), y, un año después, dotó con US$ 200 millones el United Nations Peace and Development Trust Fund. Por último, China fue ganando puestos en el sistema de desarrollo de Naciones Unidas, haciéndose con las direcciones generales de la Organización de Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (2013) y la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (2019), la secretaría general de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (2014) y los segundos puestos directivos de la Organización Mundial de la Salud (2016), la Organización Meteorológica Mundial (2016), el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales (2017), la UNESCO (2018), el Fondo Internacional para el Desarrollo Agrícola (2018) y el Programa de Naciones Unidos para el Desarrollo (2019), (Morris, Rockafellow y Ross, 2021a; 2021b). El aumento de la participación de China en el orden internacional liberal fue simultáneo a su mayor activismo a partir de 2012, ahora ya con la creación de organizaciones multilaterales divergentes o competitivas, pero con un notable incremento de la intensidad y cobertura geográfica (cuadro 3) del “emprendimiento normativo” chino (Stephen, 2020: 826). Este emprendimiento internacional se concretó en la mayoría de los casos en la creación de foros e iniciativas low cost (Stephen, 2020: 827) con las que China practica un modelo mixto que le sirve para ordenar, desarrollar y gestionar sus relaciones bilaterales (Jakóbowski, 2018) en un marco de multilateralismo regional (Zhou y Esteban, 2018) y de intensificación de la regionalización (Shuai, 2020), que es conducente a la creación de un orden internacional paralelo (Stephen, 2020). Así, China reforzó su cooperación e integración con Asia (el Acuerdo de Cooperación Lancang Mekong con Myanmar, Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam, de 2016; la Oficina de Investigación para la Coordinación Macroeconómica con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Japón y Corea, de 2016; y el Tratado de Libre Comercio dentro de la Regional Comprehensive Economic Partnership, de 2022). Tras el ingreso de Pakistán e India en 2017, amplió la misión de la Organización de Cooperación de Shanghái desde la seguridad transfronteriza (la lucha contra el terrorismo, el separatismo y el extremismo) hacia la integración económica, alineándola con la Belt and Road Initiative (Yazdani, 2020). A la vez, Beijing globalizó su cooperación multilateral incluyendo a Europa central y del este (el Foro 17+1, tras la incorporación de Grecia en 2019, y el Acuerdo Integral de Inversión Unión Europea-China de 2020), América Latina (Asociación Estratégica Integral China-CELAC de 2015) y finalmente todo el mundo mediante la creación del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS (2014), el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras (2015), el Foro de Cooperación Internacional de la Belt and Road Initiative (2017) y el lanzamiento de las dos iniciativas globales gemelas a inicios de la década de 2020: la Iniciativa de Desarrollo Global (2021) y la Iniciativa de Seguridad Global (2022). 39 china y su proyecto de reglobalización Cuadro 3. Segunda fase de la multilateralización de la cooperación china año siglas institución 2012 Foro 17+1 Foro de Cooperación entre China y los países de Europa Central y del Este (con Grecia desde 2019) 2012 CCACF Foro de Cooperación China-Asia Central 2014 WIC World Internet Conference 2015 Foro ChinaCELAC Foro de Cooperación China y Comunidad de Estados de América Latina y el Caribe 2015 NDB Nuevo Banco de Desarrollo (incluye el Acuerdo de Reservas de Contingencia entre los BRICS) 2016 AIIB Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras 2016 LMCF Lancang Mekong Cooperation Framework (China con Myanmar, Laos, Camboya, Tailandia y Vietnam) 2016 AMRO ASEAN + 3 Macroeconomic Research Office 2017 BRFIC Foro de Cooperación Internacional de la Belt and Road Initiative 2017 SSHRF Foro Sur-Sur de Derechos Humanos 2020 FTA-RCEP Tratado de Libre Comercio con los países del Regional Comprehensive Economic Partnership (menos India) 2021 GDI Grupo de Amigos de la Iniciativa de Desarrollo Global (“cerca” de 70 países) 2022 GSI Grupo de Amigos de la Iniciativa de Seguridad Global (“cerca” de 70 países) Fuente: Stephen (2020: 810); Williams (2022); Xinhua (2022a). En este proceso de expansión destacan la Organización de Cooperación de Shanghái y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, como organizaciones representativas del multilateralismo divergente y competitivo respectivamente, por su grado de institucionalización, la ambición de su misión y el poder estructural de sus miembros (Stephen, 2020). La Organización de Cooperación de Shanghái es la “OPEP nuclear” (Yazdani, 2020: 459), puesto que incluye simultáneamente a cuatro potencias nucleares (China, Rusia, India y Pakistán) y a varios de los principales productores mundiales (del top 25) de petróleo: Rusia, China, Kazajistán e India, además de Irán (como observador desde 2006, socio de diálogo desde 2022 y próximo Estado miembro a partir de julio de 2023), Azerbayán (como socio de diálogo desde 2016), y Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait (como socios de diálogo desde 2022). También hacen parte de la Organización de Cooperación de Shanghái varios de los principales productores mundiales (del top 25) de gas, como Rusia, Irán, Catar, China, Uzbekistán, India y Pakistán. www.editorial.unican.es 40 la cooperación internacional en la encrucijada A su vez, en la membresía del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras están cuatro de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad, 17 de los miembros del G20, cinco de los países del G7, y todos los BRICS (Cheng y Zhai, 2020). Con sus 92 países en desarrollo y desarrollados socios (más 14 prospectivos) es el segundo banco multilateral por número de miembros, sólo superado por el Banco Mundial, y en 2018 obtuvo el estatus de observador permanente en la Asamblea General de Naciones Unidas y el ECOSOC. Con una estrategia totalmente comprometida con el Acuerdo de París sobre el clima (dedicar para 2025 la mitad de los compromisos de financiación a la lucha contra el cambio climático) es, en palabras de su presidente, el economista chino Jin Liqun, “un puente entre la cooperación Sur-Sur y la cooperación Norte-Sur” que apoyará “las principales iniciativas internacionales, incluida la Iniciativa de Desarrollo Global” de China (Jin, 2022). La multilateralización de la cooperación china de las dos últimas décadas ha servido simultáneamente a tres objetivos: i) frustrar los intentos de contener el desarrollo pacífico de China por parte de Estados Unidos; ii) operar como mecanismo de soft balancing a nivel regional pero también global con efectos redistributivos de poder a favor de China tanto de modo directo como indirecto (la ampliación de las opciones, gracias a la creación por parte de China de nuevas instituciones y normativas más amigables para el desarrollo y respetuosas con la soberanía nacional, suscita el apoyo a Beijing de muchos países en desarrollo); y iii) construir un poder blando y normativo que refuerce la legitimidad de China en el sistema internacional, mejorando de paso su capacidad de negociación para la reforma de las instituciones multilaterales existentes del orden internacional liberal (Zhou y Esteban, 2018; Stephen, 2020). En la carrera internacional de emprendimiento institucional que ha llevado a China a involucrarse en la creación de cerca de dos docenas de nuevas organizaciones multilaterales desde 1997, el principal logro además de la creación de los dos bancos multilaterales de nueva generación ha sido la firma del Tratado de Libre Comercio dentro de la Regional Comprehensive Economic Partnership (RCEP), lanzado durante la reunión de la APEC (Asia-Pacific Economic Cooperation) en 2014 y del que Estados Unidos decidió descolgarse desde el principio. Este mega acuerdo regional entró en vigor el 1 de enero de 2022, y se ha convertido en el mayor a nivel mundial por población, PIB y potencia comercial de sus miembros (cuadro 4). El nuevo mega acuerdo incluye a los diez socios de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Brunéi, Camboya, Filipinas, Indonesia, Laos, Malasia, Myanmar, Singapur, Tailandia y Vietnam) y los cinco países que mantienen tratados de libre comercio con esa integración: Australia, Nueva Zelanda, China, Japón y Corea del Sur. Y aunque India, que pertenece al Regional Comprehensive Economic Partnership, quedó fuera del acuerdo por la determinación del presidente Modi de seguir una estrategia de sustitución de importaciones y protección de la industria doméstica (Liu, 2020), Nueva Delhi tiene abierta una vía expedita para su incorporación cuando así lo decida (Williams, 2022). 41 china y su proyecto de reglobalización Cuadro 4. El mega acuerdo del RCEP frente a las otras integraciones regionales Indicadores (% sobre total mundial) TLC-RCEP T-MEC TLC UE-Japón TPP-11 Comercio total de bienes 28 13 15 15 PIB global 31 28 24 13 Población 29 6 7 7 Fuente: Williams (2022). Gracias al nuevo mega acuerdo comercial, Beijing ha conseguido finalmente lo que el presidente Obama quería evitar: que la RPC estableciera las reglas de juego en Asia, motivo por el cual Estados Unidos decidió excluir a Beijing del club del TransPacific Partnership. Pero tras la renuncia de Washington en 2017 a ingresar en el Trans-Pacific Partnership, China, que será uno de los países más beneficiados por el nuevo mega acuerdo regional, consiguió finalmente la centralidad en Asia-Pacífico haciendo así justicia a la historia milenaria del “país de en medio”. Para reforzar esa posición, China inició en 2021 su proceso de adhesión al Trans-Pacific Partnership-11 (Comprehensive and Progressive Agreement for Trans-Pacific Partnership) en el que están involucrados, además de varios socios del Regional Comprehensive Economic Partnership, Canadá, México, Perú y Chile, y también solicitó incorporarse al Digital Economy Partnership Agreement entre Chile, Nueva Zelanda y Singapur para facilitar el e-comercio. En este contexto, Estados Unidos, una vez más, ha actuado a rebufo de China y ahora trata de promocionar el Indo-Pacific Framework for Economic Prosperity, una nueva iniciativa presidencial propuesta en mayo de 2022 para contener a China, que incluye a India, siete países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur, y con la que Washington busca reestablecer las normas en torno a varios temas comerciales, las cadenas de valor, la inversión en infraestructuras y energías sostenibles y las reglas fiscales anticorrupción (Zhou y Esteban, 2018; Williams, 2021; Liu, 2022; Qúnhuì, 2022; Cimino-Isaacs, Dolven y Sutherland, 2022; Lei y Sui, 2022). 4. La Belt and Road Initiative y la Iniciativa de Desarrollo Global: análisis comparado En este contexto de proliferación del multilateralismo regional, la Belt and Road Initiative, con su diseño flexible y gradual, fue contemplada como el fundamento “de una www.editorial.unican.es 48 la cooperación internacional en la encrucijada informe de progreso de la Iniciativa de Desarrollo Global (CIKD, 2023), en el que se puede comprobar el rápido avance de cumplimiento de la lista de las 32 acciones, con 11 completadas, 12 en progreso positivo y el resto en proceso o fase inicial. En paralelo al arranque de la Iniciativa de Desarrollo Global, en abril de 2022, Xi Jinping anunció la Iniciativa de Seguridad Global, en el Boao Forum for Asia, a partir del refuerzo de la paz y la unidad de la “familia asiática” y con la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático como epicentro. Esta segunda iniciativa parte del “principio de seguridad indivisible”, un concepto relacional que proviene de la época de la detente y que hace parte del núcleo duro de la Organización de Cooperación de Shanghái (Freeman y Stephenson, 2022a). Apelando a la Carta de Naciones Unidas, Xi (2022a) rechazó “la mentalidad de Guerra Fría”, y expresó la oposición de China al “unilateralismo… las políticas de grupo y la confrontación de bloques” (en referencia velada a la OTAN), máxime cuando se basan en ideologías que aplican “dobles estándares”, usan “sanciones de manera desenfrenada”, y llevan a cabo “prácticas de desacoplamiento” que rompen las cadenas globales de aprovisionamiento. Frente a ello, propuso la Iniciativa de Seguridad Global, un modelo de China para la “gobernanza global” de los viejos y nuevos desafíos a la seguridad como bien púbico (el terrorismo, el cambio climático, la ciberseguridad y la bioseguridad), por medio de “consultas amplias, contribuciones conjuntas y beneficios compartidos”, a partir de “los valores comunes de la humanidad” y “los intercambios y el aprendizaje mutuo entre civilizaciones” (Xi, 2022a). En su primer viaje internacional desde la pandemia, Xi aprovechó la reunión del Consejo de jefes de Estado de la Organización de Cooperación de Shanghái de octubre de 2022 (y las 11 reuniones bilaterales mantenidas durante el evento) para situar la Iniciativa de Seguridad Global como la arquitectura de seguridad alternativa a la de Estados Unidos y la OTAN (Freeman y Stephenson, 2022b). Y, poco después, en el informe del 20 Congreso del Partido Comunista Chino, presentado el 16 de octubre, concretó la idea de que China trabajará para que algunas instituciones multilaterales que están en el punto de mira de su máximo interés (la Organización Mundial del Comercio y la Asia-Pacific Economic Cooperation) desempeñen mejor sus funciones; para que el mecanismo de los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghai “ejerzan una mayor influencia; y que los países emergentes y en desarrollo estén mejor representados y tengan una mayor voz en los asuntos globales”. Finalmente, se refirió al involucramiento de China en “el establecimiento de las reglas de seguridad global” y la “construcción de una comunidad humana con un futuro compartido” para justificar respectivamente la puesta en acción y el espíritu de sus dos iniciativas globales de seguridad y desarrollo (Xi, 2022b). En febrero de 2023, el Ministerio de Asuntos Exteriores publicó el concept paper sobre la Iniciativa de Seguridad Global, lo que permite analizar la lógica conjunta de las dos propuestas globales, concebidas a partir del “principio de apertura e inclusión”, 49 china y su proyecto de reglobalización que busca la participación del mayor número posible de países. El documento parte de la constatación de la existencia de déficits cada vez mayores en el sistema internacional en cuanto a la provisión de bienes públicos globales fundamentales (“paz, desarrollo, seguridad y gobernanza”) y considera que la Iniciativa de Seguridad Global debe “eliminar las causas profundas de los conflictos internacionales” a partir de binomio de doble dirección paz-desarrollo (la paz como facilitador del desarrollo y el desarrollo como medio para resolver conflictos). Se reafirma en el espíritu de Bandung y Shanghái sobre la soberanía, la no interferencia en los asuntos internos, la integridad territorial, el derecho de los países a elegir sus sistemas sociales y su propio camino al desarrollo y la resolución pacífica de conflictos por medio del diálogo y las consultas. Confirma la noción de que el único orden internacional que reconocerá China es el de los objetivos y principios de la Carta de Naciones Unidas. Y propone un concepto de seguridad integral e indivisible, lo que supone tener en cuenta “la indivisibilidad entre la seguridad individual y la seguridad común, entre la seguridad tradicional y la seguridad no tradicional, entre los derechos a la seguridad y las obligaciones de la seguridad, y entre la seguridad y el desarrollo” (MFA, 2023b). El documento establece una ambiciosa lista de 20 prioridades sobre seguridad global relativas a distintos ámbitos regionales (con particular énfasis en África y Oriente Medio), misiones de paz, no proliferación de armas nucleares y químicas, cambio climático, terrorismo, ciberseguridad, bioseguridad, inteligencia artificial, espacio exterior, control de enfermedades infecciosas, seguridad alimentaria y energética, lucha contra el crimen organizado transnacional y cadenas internacionales de suministro e industriales. Finalmente, hace un recuento de las plataformas y mecanismos de cooperación, que, en el marco de la Asamblea General y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, China considera como operativas para abordar las diferentes prioridades, con mención explícita a la Organización de Cooperación de Shanghái, los BRICS, la China International Development Cooperation Agency y las diferentes conferencias y subforos asociados a los diálogos políticos del multilateralismo regional construido por Beijing, aunque se anuncia la creación de una nueva institucionalidad de cooperación para los desafíos en las áreas de contraterrorismo, ciberseguridad, bioseguridad y tecnologías emergentes como la inteligencia artificial (MFA, 2023b). 5. Reflexiones finales y perspectivas en clave geopolítica y geoeconómica El proceso de desglobalización, anticipado por la crisis financiera de 2008 y la Gran Recesión, retomó su curso a partir de 2016 con la guerra tecnológica y comercial de Estados Unidos contra China. La tendencia hacia la desglobalización continuó con la crisis de la pandemia de Covid-19, que interrumpió las cadenas de suministro, a la que se sumó, www.editorial.unican.es 50 la cooperación internacional en la encrucijada sin solución de continuidad, la crisis de Ucrania y sus efectos deletéreos para el comercio (por la inseguridad marítima y las sanciones) y para el crecimiento (por las políticas monetaristas para contener la inflación), que, a su vez, desaceleraron los intercambios internacionales, que ya venían lastrados por la vuelta a las políticas industriales por parte de Estados Unidos en un nuevo consenso de Washington para el desacoplamiento parcial respecto de China. ¿Cuál puede ser el desenlace del proceso de desglobalización en un futuro próximo? Tres escenarios con distinta probabilidad despuntan en el debate internacional: i) la reglobalización o globalización con características chinas; ii) la construcción de dos órdenes internacionales solapados o directamente separados; y iii) una hibridación entre la reglobalización y el solapamiento de órdenes. La Iniciativa de Desarrollo Global, como extensión de la Belt and Road Initiative, y la Iniciativa de Seguridad Global serían los pilares de esa regloblalización con la que China postula una gobernanza global alternativa al orden internacional liberal basado en reglas que los Wolf Warriors de la diplomacia china consideran “reglas hegemónicas” (Foster, 2021). Tanto la Iniciativa de Desarrollo Global como la Iniciativa de Seguridad Global llaman a fortalecer la cooperación Norte-Sur para afrontar el déficit global en la provisión de bienes públicos y están abiertas a la participación de todos los países del mundo (CIKD, 2022, Xinhua 2022a). Sin embargo, resulta dudoso que Estados Unidos, a pesar de la invitación expresa de China, se acomode a esa institucionalidad, ya que contempla los principios, valores y normas establecidos por Beijing como una amenaza existencial para su posición de predominio internacional. Para Washington, la democratización de las relaciones internacionales que propone China significa terminar con la dominación política occidental. La prosperidad compartida entre el Norte y el Sur Global, de la que habla el presidente Xi, equivale a erosionar el poder económico de Estados Unidos y sus aliados del G7. La diversidad y la tolerancia con el reconocimiento de las condiciones nacionales, incluida “la democracia que funciona” (la whole process people’s democracy) con la que China respondió a la Coalición de las Democracias (State Council Information Office, 2021b), es cuestionar la superioridad normativa de la democracia liberal y el concepto occidental de derechos humanos. Y la resolución pacífica de los conflictos internacionales (que apela al espíritu de Bandung y Shanghái) es entorpecer el estatus normativo de la OTAN, los Five Eyes (la Commonwealth blanca del UKUSA, Reino Unido con sus exdominios de Canadá, Australia y Nueva Zelanda en alianza con Estados Unidos) o el AUKUS. Estados Unidos, en su competencia estratégica con China, sigue empeñado en bloquear el desarrollo de la tecnología china 5G con la CHIPS Act y mediante la creación del D10 (un acuerdo para lograr una alternativa tecnológica a China entre las 10 democracias integradas por los países del G7 más Australia, India y Corea del Sur) a partir de los Five Eyes, el Indo-Pacific Economic Framework y la última iniciativa del G7, la Plataforma de Coordinación 51 china y su proyecto de reglobalización sobre Coerción Económica, que es el nombre elegante para no hablar de las sanciones (Sachs, 2023a; Bosu, 2023)31. Y también busca frenar la ampliación del mercado para el comercio y la inversión chinas con la “cláusula envenenada” del T-MEC (Yuzhu, 2020), aunque el intento de trasladar esa lógica a los socios del Quad (el pacto de seguridad con Australia, Japón o India creado en 2017) ha fracasado. Australia y Japón participan en el Tratado de Libre Comercio del Regional Comprehensive Economic Partnership, y Australia e India son socios del Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras. Mientras que India, que no participa en la Belt and Road Initiative, es, de hecho, el principal beneficiario de los préstamos del banco, absorbiendo más de una cuarta parte de su cartera total (Standard & Poor’s, 2021). Por tanto, un desenlace probable de la desglobalización podría ser “la emergencia de dos órdenes internacionales solapados, cada uno abierto internamente pero relativamente cerrado al otro”, un escenario que recuerda a la detente de la década de 1970 durante la Guerra Fría (Owen, 2021: 1416), aunque la renovación de la analogía (la nueva guerra fría) sobre la base de un combate entre la democracia y el autoritarismo, como propone el intelectual orgánico antideclinista Ikenberry (2022), resulte inoperante. La razón es la alta interdependencia económica y ecológica de Estados Unidos y China y el incomparable poder comercial de China respecto del que disfrutó en su momento la Unión Soviética (China es el primer socio comercial para 120 países y el segundo para otros 70), así como su enorme potencia financiera global, en tanto que principal financiador del desarrollo a nivel bilateral (Nye, 2022; Lin, 2022, Wade, 2022). Otros autores hablan, por el contrario, de la “bifurcación del mundo entre aquellos Estados que están ‘con China’ y ‘aquellos que no’, o, en una visión eurocéntrica, un ‘concierto de las democracias’ versus un ‘eje las autocracias’ que se centra en China y Rusia” (Hobson y Zhang, 2022: 10). Y un tercer grupo discute esa interpretación multibipolar a partir del concepto de “bifurcación borrosa” (Higgot y Reich, 2022) que remite a la noción de multiplex world de Amitav Acharya. En esta interpretación, el componente de bifurcación reflejaría la división del mundo entre Estados Unidos y China, pero el carácter borroso de la bifurcación describe la autonomía estratégica que disfrutan los diferentes Estados por la incapacidad de las dos grandes potencias de traducir su poder en influencia, generando alineamientos disciplinados y lealtades inquebrantables en los diversos tableros de las relaciones internacionales. En consecuencia, la bifurcación borrosa en el multiplex world permite la proliferación de comportamientos oportunistas para defender intereses nacionales. En todo caso, se trata de un contexto en el que China, acostumbrada a la filosofía del mutuo beneficio que reconoce los intereses nacionales ab initio en la rela31 “La coerción económica es la amenaza o imposición real de costes económicos de un Estado sobre otro con el objetivo de obtener concesiones políticas” (MacLean, 2021: 1). En su revisión del concepto, MacLean usa los términos coerción y sanciones económicas de modo intercambiable. www.editorial.unican.es 52 la cooperación internacional en la encrucijada ción de cooperación Sur-Sur, y como defensora del derecho a elegir el sistema político y la estrategia de desarrollo de cada país, se sentiría más cómoda que Estados Unidos que sigue enfrascado en su tradición del liberalismo universal absolutista, en la que sólo parecen creer los convencidos del Atlantic Council con su Índice de Libertad, uno más de los construidos ad hoc (como el Índice de Prosperidad) para disciplinar a China32. Desde China, Zhongqiu (2022), renegado de la escuela neoliberal, se abona a la tesis del progresivo desacoplamiento de los dos sistemas: “el sistema mundial desarrollista” en expansión liderado por China, y “el sistema liberal capitalista” en contracción liderado por Estados Unidos. La competencia estratégica entre ambos tiene que ver con el derecho al desarrollo y el monopolio de poder: no se trata de una lucha por la hegemonía, como sugiere la ideología de la Trampa de Tucídides, sino de una lucha por la justicia. En esa disputa Estados Unidos, como fuerza reaccionaria, trata de preservar la antigua civilización cristiana-blanca y anglosajona (eso es el AUKUS, y su antecedente del Five Eyes, que añade los antiguos dominios británicos de Canadá y Nueva Zelanda), frente a la fuerza progresiva de China, que busca expandir “una nueva forma de civilización humana universal, igualitaria y autónoma” a partir de la Organización de Cooperación de Shanghái, la Belt and Road Initiative y las plataformas regionales de diálogo político. Así, frente a la ideología imperial del choque de las civilizaciones, China, como potencia terrestre y marítima situada en el medio de diversos sistemas regionales, propone el diálogo y respeto de las diferentes civilizaciones (Zhongqiu, 2023). Profundizando el argumento de los dos órdenes separados, Yawen (2023) considera, por su parte, que la guerra de Ucrania, que representa un hito en el fin de la globalización liderada por Estados Unidos, intensificará el desacoplamiento iniciado en la era Trump. En ese contexto, China debe construir un nuevo sistema global basado en Asia y su entorno regional (Oriente Medio), a modo de primer anillo de seguridad y con las cuestiones energéticas como prioridad. Ese primer anillo estaría reforzado por un segundo anillo con los restantes países de Asia, África y América Latina, a partir del intercambio de materias primas y productos industriales, más un tercero integrado por la Unión Europea, Estados Unidos y Japón basado en el intercambio de productos industriales, tecnología y conocimiento, en el que, si Washington no quiere participar, otros lo harán para no quedarse fuera del acceso al enorme mercado chino. A su vez, Arapova y Lissovolik (2022), desde el Valdai Discussion Club, el think tank de Putin, proponen varios formatos/escenarios para un BRICS+ (los 10 del G20, los 32 “La principal lección [del Índice de Libertad, que mide la libertad económica, política y legal] es que la verdadera prosperidad no es sólo el ingreso nacional bruto per cápita; la libertad es todavía la mejor manera de conseguir la prosperidad” (Lemoine y Gaafar, 2022). Por su parte, el Índice de Prosperidad incluye entre sus cinco dimensiones (ingreso, calidad del medio ambiente, salud, felicidad) la de respeto a las minorías, lo que hace parte del argumentario de Washington sobre las violaciones de los derechos humanos en el Tíbet, Xinjiang y Hong Kong. 53 china y su proyecto de reglobalización BRICS más los países que han mostrado su intención de incorporarse al club, o la “integración de integraciones”). Esta ampliación de los BRICS debería tener como “núcleo institucional el Sur Global” (Arapova y Lissovolik, 2022: 13) de acuerdo con la visión y principios propuestos por Xi Jinping en la IX Cumbre de los BRICS de 2017 sobre el comercio internacional y la regulación del sistema financiero, con la cooperación Sur-Sur como punto de partida para configurar la agenda de las instituciones de gobernanza global. Además, la estrategia BRICS+ debería ser prioritaria frente a la estrategia BRICS++ o de cooperación entre los BRICS y las economías desarrolladas. Finalmente, Dunford, Liu y Pompeani (2022) han completado la base empírica del anterior análisis. Tras comparar las diferentes agrupaciones de Occidente (G7, Five Eyes y Unión Europea) y el Sur Global (Shanghai Cooperation Organization+, la Belt and Road Initiative, BRICS+) concluyen que “un terremoto geopolítico está dividiendo el mundo en dos grupos con diferentes ideologías, sistemas políticos y en ocasiones diferentes visiones sobre las reglas relacionadas con el comercio, la inversión… la tecnología, el sistema de liquidación de pagos y las monedas de reserva” (Dunford, Liu y Pompeani, 2022: 375). Se trata de una división en la que un Sur Global cada vez más fuerte en términos de economía real (recursos humanos y naturales) crece más rápido que el Norte Global, cuyo peso en términos de PIB, que es decreciente, está además inflado por la importancia de los servicios financieros para estas economías tercerizadas, sin una base sólida de producción agrícola, industrial, disponibilidad de energía y recursos minerales y con sistemas de transporte, logística y distribución desfasados. En suma, con independencia de si el desenlace de la desglobalización es la reglobalización, el solapamiento de órdenes o su desacoplamiento, la competencia estratégica entre China y Estados Unidos continuará en el futuro inmediato. Entre tanto, los indicadores de emprendimiento institucional muestran que China lleva la iniciativa política, mientras que los datos duros revelan que también lleva la delantera económica33 y tecnológica, tanto si se consideran las estadísticas de patentes34, como las referidas a la transición energética35. 33 Según las proyecciones del Fondo Monetario Internacional, China crecerá en 2023 el 5% y en 2024 el 4.2% en términos reales, frente el 2.1% y el 1.5% de Estados Unidos (IMF, 2023). 34 Los datos de la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual muestran que China solicitó el 46.6% de los 3.4 millones de patentes a nivel mundial en 2021, mientras que Estados Unidos solicitó el 17.4%; China solicitó 70,015 patentes sujetas al Tratado de Cooperación de Patentes que protege los derechos de propiedad intelectual, mientras que Estados Unidos solicitó 59,056; y entre las diez firmas con mayor número de solicitud de patentes protegidas, la primera (Huawei), la sexta (Oppo Mobil Telecommunications) y la séptima (BOE Technology Group) fueron chinas, por una de Estados Unidos (Qualcomm, la cuarta). Ver https://www.wipo.int/en/ ipfactsandfigures/patents. 35 China tiene el 41% de la capacidad industrial mundial de electrodos necesarios para la producción de hidrógeno, frente al 19% de Norteamérica; en la producción de torres, góndolas y aspas para la generación de energía eólica, la producción China onshore sobre el total mundial equivale al 55%, 62% y 61%, frente al 11%, 10% y 10% de Norteamérica; en la producción de paneles, células fotovoltaicas y módulos China aporta el 96%, 78% y 73% www.editorial.unican.es 54 la cooperación internacional en la encrucijada Por el contrario, Washington sigue instalado en una lógica que oscila entre la autocomplacencia de la “república global” (Ikenberry, 2022)36 y la reactividad para hacer frente a China. Así, en algunos influyentes medios, como el Atlantic Council, el think tank de la OTAN, se insta a dar respuesta a la Iniciativa de Desarrollo Global en unos términos apremiantes para combatir la influencia de Beijing, que no se sabe si es el first mover a batir o a imitar37. Éste viene siendo el dilema de Washington desde que el Congreso aprobó en 2018 la BUILD Act (Better Utilization of Investments Leading to Development) por la cual se creó la US International Development Finance Corporation con el objetivo de hacer frente a la Belt and Road Initiative (Domínguez, 2020). El problema es que invertir en infraestructuras sin el compromiso masivo de financiación pública no funciona, de modo que las estrategias de inversión de los “donantes” resultan “vagas, inciertas y miserables” (Gulrajani, 2022: 11). En ese sentido, el modelo neoliberal de colaboración público-privada para la ejecución de proyectos de infraestructura y su financiación por medio del blending, que es la filosofía operativa de la Development Finance Corporation y de las iniciativas sucesivas del G7 (la B3W Partnership y la Partnership for Global Infrastructure andInvestment), no pueden competir con la Belt and Road Initiative, que dispone de la financiación prácticamente ilimitada del crédito público chino. En el modelo occidental, se trata de proteger al sector de las finanzas y sus elevadas tasas de rentabilidad, lo que implica presionar a otros gobiernos para que abran y desregulen sus mercados de capital. En el modelo chino, se trata de mantener las finanzas al servicio de la economía real para promover la transformación estructural (Wade, 2022). En junio de 2021, el G7 lanzó la B3W Partnership con promesas de US$ 40,000 millones como alternativa a la Belt and Road Initiative, pero ni siquiera pasó el filtro de la aprobación del Senado (Wade, 2022). Finalmente, tras la presentación de la Iniciativa de Seguridad Global por Xi, el presidente Biden anunció el establecimiento de la Partnership for Global Infrastructure andInvestment junto con el G7. Como las dos anteriores, la Partnership for Global Infrastructure and Investment sigue lastrada por el enfoque de del total mundial, frente al 0%, 1% y 5% de Norteamérica; finalmente, en la producción mundial de baterías y coches eléctricos China supone el 66% y 54% de la producción mundial respectivamente, frente al 11% y 10% de Norteamérica (IEA, 2023). 36 Este autor representa el orden liberal de posguerra como una “agenda progresiva” y de “tercera vía” entre la anarquía y la jerarquía imperial, y la autoimagen de Estados Unidos como una “república global” multicultural y multirracial (Ikenberry, 2022). La realidad es que Estados Unidos niega ante su propia ciudadanía el carácter imperial de una potencia con alrededor de 800 bases en países extranjeros (408 de las cuales están en Europa, Japón y los países del acuerdo Five Eyes) que son protectorados pese a que se les llame aliados (D’Eramo 2022; Prashad, 2023). 37 “Los Estados Unidos y sus aliados y socios del mundo libre deberían desarrollar urgentemente una estrategia para mitigar la influencia global de China” (Lemoine y Gaafar, 2022). 55 china y su proyecto de reglobalización condicionalidades para atraer la financiación privada, tal y como consta en el memorándum presidencial que ordena la puesta en marcha de la asociación. En él se habla de “apoyar las reformas políticas e institucionales que son clave para crear las condiciones y la capacidad para proyectos sólidos y resultados duraderos y para atraer financiación privada” (Biden, 2022), cuando esto es justo lo que inclina a los países en desarrollo a favor del estilo de cooperación sin condicionalidades y Estatocéntrico en la financiación y ejecución de proyectos de China (Horigoshi et al., 2022). La Partnership for Global Infrastructure and Investment está respaldada por el anuncio de US$ 600,000 millones hasta 2027, con una ratio de apalancamiento de US$ 1 de ayuda por US$ 9 de fondos privados que se destinarían a obras de infraestructura en países de renta media y baja que acepten las condicionalidades políticas y el alineamiento estratégico con Washington en su Guerra Fría contra China (Hànzhì, 2023). Al igual que su antecedente, la B3W, la Partnership for Global Infrastructure and Investment se presenta como una propuesta para fijar las normas en el mercado global de infraestructuras, de acuerdo con los altos estándares de calidad en la construcción y transparencia en la contratación que fija el G7, que son “sostenibles, limpios, resilientes, inclusivos y transparentes”, en contraposición a las opciones de financiación (en alusión a China) que: carecen de transparencia, alimentan la corrupción y la mala gobernanza, y crean cargas de deuda insostenibles, lo que a menudo conduce a proyectos que explotan, en lugar de empoderar, a los trabajadores; exacerban los desafíos que enfrentan las poblaciones vulnerables, como el desplazamiento forzado; degradan los recursos naturales y el medio ambiente; amenazan la estabilidad económica; socavan la igualdad de género y los derechos humanos; y prestan insuficiente atención a las mejores prácticas de ciberseguridad, un fallo que puede contribuir a la vulnerabilidad de las redes de tecnología de la información y las comunicaciones (Biden, 2022) Sin embargo, desde círculos académicos chinos se considera que, al igual que el B3W, la Partnership for Global Infrastructure and Investment podría ser otro esquema inadecuado para los países en desarrollo al pivotar sobre la financiación y las empresas privadas (Ming, 2022). Ello dejaría fuera a la mayoría de los países de ingreso bajo por cuestiones de aversión al riesgo de los inversores occidentales (y a los que se pretende atraer del Consejo de Cooperación del Golfo, los like-minded partners a los que se refiere el memorándum de la Partnership for Global Infrastructure and Investment) a la hora de involucrarse en alianzas público-privadas, en un mercado en el que las empresas chinas siguen siendo imbatibles. En suma, la Partnership for Global Infrastructure and Investment nace lastrada por el modelo de financiación público-privado, pende del éxito del fundraising con inversores de países que se han acercado a China y alejado de Estados Unidos (Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar y Kuwait se convirtieron en socios de diálogo de la Organización de Cooperación de Shanghái en 2022 y a fines de ese año China y el www.editorial.unican.es 56 la cooperación internacional en la encrucijada Consejo de Cooperación del Golfo, en la I Cumbre de jefes de Estado, decidieron elevar su relación al rango de cooperación estratégica e impulsar un Tratado de Libre Comercio). Adicionalmente, la Partnership for Global Infrastructure and Investment está sujeta a la autorización del Congreso donde el presidente Biden no cuenta con mayoría, y su recorrido dependerá del resultado de las próximas elecciones de 2024, de modo que una victoria republicana podría devolverla al baúl de los recuerdos, que es en donde yacen otros elefantes blancos non natos como el Asia-Africa Growth Corridor propuesto por Japón e India en 2017 (Taniguchi, 2020) y la propia B3W (Ming, 2022). En resumen, el orden internacional liberal lleva las de perder en la competencia estratégica con las operadoras de infraestructuras chinas, porque está autolimitado por la lógica neoliberal privatizadora que conduce a la impotencia de lo que Chancel et al. (2022: 72) denominan “países ricos, gobiernos pobres”: cuatro décadas de endeudamiento que han llevado en el caso de Estados Unidos a que el stock de riqueza pública sobre el total tenga un signo negativo del -10%, frente al peso del stock de riqueza pública sobre el total del 30% en China o del 20% en Rusia. Dado que en esas condiciones de extrema fragilidad de las finanzas públicas Estados Unidos y sus aliados del G7 son incapaces de ofrecer a los países del Sur Global ni siquiera un módico desarrollo, se han movido hacia el discurso vacío de la democracia y los derechos humanos, a pesar de que fueron los principales violadores de esas dos doctrinas a nivel mundial en el pasado y siguen saltándoselas en el presente tanto a nivel internacional como en su propia casa (Desai, 2022). Ante la pérdida del control de Naciones Unidas, el líder de esa operación, Estados Unidos, busca reemplazar ese foro multilateral por una Coalición de las Democracias contra China para preservar el orden internacional basado en reglas al servicio de los grandes intereses corporativos y disciplinar a los aliados de Europa continental (Alemania y Francia) que, al margen de los alineamientos coyunturales provocados por la crisis de Ucrania, quieren un entendimiento con China y Rusia para afirmar su autonomía estratégica (Wade, 2022; Bosu, 2023). En este contexto, Ucrania es la última víctima de la última proxy war de Estados Unidos. Una guerra que inició contra Rusia con la revolución de los colores de 2014 para lograr el objetivo de la ampliación de la OTAN, acariciado desde el final de la presidencia de Bush en 2008 (Sachs, 2023a; 2023b). El proyecto de Estados Unidos es obligar a la Unión Europea a establecer sanciones dañinas para las economías de sus Estados miembros con el propósito periferizarlas y consolidar, así, el modelo de financierización y privatizaciones que tanto han erosionado el nivel de vida de los ciudadanos del imperio –el único en que estos viven peor que los súbditos de los países aliados y a los que Estados Unidos se empeña en someter a una convergencia a la baja–, mientras éste se reconstruye a partir del nuevo consenso de Washington para enfrentar el poderío económico y tecnológico de China (Desai, 2022; Hudson, 2022; D’Eramo, 2022; Chingo, 2022; Wade, 2022). 57 china y su proyecto de reglobalización Por tanto, el desenlace del proceso de desglobalización va a depender en gran medida de cómo se resuelva la crisis de Ucrania. En este sentido, la visita del secretario de Estado, Anthony Blinken, a Beijing en junio de 2023, donde se entrevistó con su homólogo Qin Gang, el diplomático de máximo rango de la República Popular China, Wang Yi, y el presidente Xi Jinping, parece dar un respiro a la tensión vivida en los últimos años que alcanzó su clímax performativo en la primera mitad de 2023, momento en que se fueron encadenando el enfrentamiento abierto en febrero en la Conferencia de Seguridad de Múnich entre Blinken y Wang, donde este presentó el plan de paz de China para “la crisis de Ucrania”38; el fiasco de la Cumbre por la Democracia del mes de marzo en la que participaron 74 países, pero los dos únicos emergentes que asistieron, México e India, plantearon numerosas reservas sobre el contenido de la declaración final39; el discurso de Xi Jinping el mismo día que se aprobó la Declaración de la Cumbre por la Democracia, anunciado la constitución en su próxima visita a Rusia de una “asociación de coordinación estratégica integral” para abrir “un nuevo capítulo de la amistad, cooperación y desarrollo común China-Rusia” (Xi, 2023); y la última Cumbre del G7 donde se lanzó la Plataforma de Coordinación sobre Coerción Económica dirigida contra China (Bosu, 2023). A pesar del tono hostil del comunicado final de la Cumbre de Hiroshima en relación con los temas calientes sobre la seguridad marítima en el mar del sur de China y el estrecho de Taiwán, y la situación de los derechos humanos en el Tíbet, Xinhiang y Hong Kong40, todo apunta ahora a la distensión de las relaciones entre Estados Unidos y China a partir de los cinco noes reconocidos por Washington por boca de Blinken en su visita a Beijing: Estados Unidos no busca una nueva guerra fría contra China, no quiere cambiar el sistema chino, su revitalización de alianzas no es contra China, no apoya la independencia de Taiwán y no busca el conflicto con China (Kim, 2023). Así, Estados Unidos, a las puertas de sus elecciones presidenciales de 2024, pareciera que necesita estabilizar la relación bilateral con China, al punto de que Blinken dio la bienvenida al papel de China para resolver la crisis de Ucrania, en coherencia con el comunicado del G7 que insta a Beijing a presionar a Moscú mientras negocia con Ucrania (Liu y Liu, 2023). 38 El plan de 12 puntos propone el cese de hostilidades e iniciar conversaciones de paz. China, que se ofrece a colaborar en la reconstrucción postconflicto, busca mediar entre las partes con quienes tiene una estrecha relación: con Rusia, como el otro pilar de la Organización de Cooperación de Shanghái y con quien aspira a crear una asociación de cooperación estratégica integral, y Ucrania como un socio clave en el Foro 16+1. El plan pide, a favor de Rusia, acabar con “la mentalidad de Guerra Fría” (que Occidente renuncie a la ampliación de la OTAN) y las sanciones unilaterales, mientras que a Ucrania le concede la defensa del respeto de la soberanía, la independencia y la integridad territorial. China’s Position on the Political Settlement of the Ukraine Crisis, 24-02-2223, https:// www.mfa.gov.cn/eng/zxxx_662805/202302/t20230224_11030713.html 39 La lista de participantes y las reservas ad hoc están en el documento Declaration of the Summit for Democracy, 29-03-2023, https://www.state.gov/declaration-of-the-summit-for-democracy-2023/. 40 Véase G7 Hiroshima Leaders’ Communiqué, 20-05-2023, https://www.g7hiroshima.go.jp/documents/pdf/ Leaders_Communique_01_en.pdf. www.editorial.unican.es 64 la cooperación internacional en la encrucijada Liu, Xiaofeng y Bennett, Mia M. (2022). The geopolitics of knowledge communities: Situating Chinese and foreing studies of the Green Belt and Road Initiative. 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(Marx) Introducción: “globalizaciones” en el interregno del caos sistémico El objetivo general de este capítulo es reconceptualizar el término globalización, centrándose especialmente en el concepto de formación económico-social elaborado por la tradición marxista para entender el ascenso de China contemporánea y su incipiente arquitectura de gobernanza global. Nuestro propósito es enriquecer el debate sobre la transformación actual de la economía política y la geopolítica mundiales, redefiniendo el concepto de globalización a partir de sus fundamentos materiales, institucionales e ideológicos. En este capítulo definimos la globalización (o globalizaciones a lo largo de la historia) como un proceso contradictorio de interconectividad entre las formaciones económico-sociales en diferentes periodos históricos, que implican cambios sustanciales en la relación espacio-temporal. Por lo tanto, sostenemos que la embrionaria Globalización Instituida de China está surgiendo como una negación histórica de la globalización neoliberal que, a su vez, fue la negación de la globalización “incompleta” del sistema de Bretton Woods. En este sentido, la Globalización Instituida de China se manifiesta como una negación histórica de la negación y se convierte en una síntesis de un proceso histórico, en un contexto de transición de caos sistémicos. Definir históricamente una época de otra es una tarea difícil para cualquier cientista social e historiador, pero identificar y determinar los momentos de transición entre una y 1 Profesor asociado en el Departamento de Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Minas Gerais (PUC Minas), y profesor visitante en el Programa de Doctorado de Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). E-mail: javier.[email protected]. www.editorial.unican.es 72 la cooperación internacional en la encrucijada otra es quizá una operación aún más compleja. Las transformaciones actuales del sistema internacional son interpretadas de forma diferente por diversos autores y variadas perspectivas. El declive relativo de Estados Unidos, la crisis económica de 2008, el ascenso de China, la zaga del Brexit, la pandemia del Covid-19 y el conflicto de Rusia con Ucrania son acontecimientos que permiten vislumbrar un cambio de época que algunos definen como “entropía” (Schweller, 2014; Streeck, 2016); como un interregno (Babic, 2020; Sanahuja, 2022; Stahl, 2019); o un “caos sistémico”, término más sistemático incorporado a la teoría de los ciclos de Arrighi (Arrighi, 1996; Arrighi & Silver, 2001). En términos gramscianos, los términos: caos sistémico e interregno se adaptan muy bien al momento actual, es decir, en los periodos en los que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer. El interregno, en palabras de Gramsci, sucede: Si la clase dominante ha perdido su consenso, es decir, ya no es “dominante” sino sólo “dominada”, ejerciendo únicamente la fuerza coercitiva, esto significa precisamente que las grandes masas se han desprendido de sus ideologías tradicionales y ya no creen en lo que creían, no creían antes, etc. La crisis consiste precisamente en que lo viejo está muriendo y lo nuevo no puede nacer; en este interregno aparecen una gran variedad de síntomas mórbidos (Gramsci, 2003: 276). De esta manera, en el “caos sistémico”, como transición entre dos ciclos hegemónicos, el “juego de la competencia interestatal e interempresarial y la escalada de los conflictos sociales facilitan la emergencia intersticial de nuevas configuraciones de poder” (Arrighi & Silver, 2001: 41-42). En otras palabras, los síntomas mórbidos se detectan en las viejas estructuras y es a través de los intersticios de este cuerpo que comienzan a emerger nuevas configuraciones de poder. Por su parte, el caos sistémico, en palabras de Arrighi y Silver, se trata de: “una situación de desorganización sistémica aguda y aparentemente irremediable. Cuando la competencia y el conflicto se intensifican más allá de la capacidad reguladora de las estructuras existentes, surgen en los intersticios nuevas estructuras que desestabilizan aún más la configuración dominante del poder” (Arrighi & Silver, 2001: 42). Asimismo, esta perturbación tiende a reforzarse, amenazando con provocar un colapso total de la organización del sistema económico y de poder mundial. El caos sistémico se presenta como un típico periodo de transición (interregno) entre ciclos históricos hegemónicos con fases productivas y fases de financierización que se han repetido en la historia como un fenómeno recurrente. Un periodo que se caracteriza por ser una crisis orgánica y no coyuntural (Stahl, 2019). Si es coyuntural es más difícil identificar el momento como un interregno. Por lo tanto, crisis orgánica, interregno y caos sistémico son tres aspectos estructurales del cambio sistémico y el papel de los agentes se reduce a la variable intersticial, ya se trate de formaciones económico-sociales, Estados nacionales, sectores y segmentos de clase. 73 la nueva globalización y el ascenso china Por otro lado, el aspecto de la interpretación cíclica de Arrighi es cuestionado por Samir Amin cuando afirma que: “queda por ver si la recurrencia es de hecho una regularidad cíclica. De ser así, esta interpretación borraría las especificidades de la financiarización de la globalización contemporánea en relación con las diferentes fases de desarrollo” (Amin, 2006: 142-143). El periodo de caos sistémico adquiere toda su complejidad cuando Amin subraya que las transiciones son por naturaleza muy variables, “debido a que no conocemos leyes generales de las transiciones, sino leyes generales propias de un modo que define una etapa estabilizada. La transición se analiza siempre a posteriori en coyunturas concretas propias del modo en proceso de superación y su interacción con fuerzas externas” (Amin, 1989: 166). Nuestro propósito, por lo tanto, no es intentar crear leyes específicas del interregno del caos sistémico, sino explorar sus intersticios desde donde se pueden describir y analizar contradictorios movimientos del proceso embrionario de la Globalización Instituida de China. Basándose en el método dialéctico, el capítulo se divide en cinco secciones, además de la introducción y las consideraciones finales. Las secciones segunda y tercera se centran en los aspectos teóricos y metodológicos. La cuarta sección es una interpretación de las “globalizaciones” desde nuestro enfoque de la teoría crítica. Las secciones quinta y sexta se dedican al análisis de la globalización neoliberal y del “contramovimiento” que representa la Globalización Instituida de China. Por último, en la séptima sección, destacamos los principales pilares materiales, institucionales e ideológicos de la Globalización Instituida de China. 1. Aspectos teóricos y metodológicos: formaciones económico-sociales y dialéctica de la economía política global Este estudio propone una interpretación poco ortodoxa de las relaciones internacionales que pretende ir más allá del clásico “estatocentrismo” y ofrece un aporte al debate desde una perspectiva crítica. Para ello, no intentamos descuidar el papel del Estadonación moderno, sino resignificarlo. Si consideramos la globalización (o las “globalizaciones” a lo largo de la historia) como procesos de interacción entre formaciones sociales, es necesario dar centralidad a la categoría de formación económico y social de Karl Marx. Desde una mirada crítica, este concepto representa la máxima complejidad de la totalidad en su forma social más acabada. Para ello, en este apartado, la formación económico-social será el centro de atención conceptual y metodológica con el objetivo de interpretar los movimientos de las placas tectónicas geopolíticas y geoeconómicas que está generando la (re)emergencia de la República Popular China, especialmente con vistas a su proyección de poder. www.editorial.unican.es 80 la cooperación internacional en la encrucijada 4. La globalización neoliberal como una negación de los “tres mundos” de postguerra Desde la crisis económica de 2008, la globalización neoliberal se encuentra en una encrucijada política y económica (W. Liu & Dunford, 2016; Sheppard, 2016). La literatura crítica de la economía política global reconoce que los ciclos de expansión del capitalismo pueden caracterizarse como procesos de globalización, es decir, una mayor interdependencia de las formaciones económico-sociales y los actores no estatales como producto de una expansión acelerada y una intensificación de la acumulación capitalista. En este sentido, el pensamiento dialéctico de Karl Polanyi (2007) y su tesis sobre el “doble movimiento” como respuesta y resistencia a los mercados globales autorregulados es de crucial relevancia para comprender la globalización neoliberal y el contramovimiento a escala global, regional e incluso local. En otros términos, el movimiento es una expansión e intensificación de las relaciones capitalistas reforzadas por la ideología del “libre mercado”. La expansión se refiere a la ampliación espacial de las relaciones capitalistas, incorporando regiones al circuito del capital y la intensificación significa una profundización de las relaciones mercantiles (mercantilización) en las esferas de la vida humana. (Overbeek, 2016: 61). La contribución de Polanyi se basa en una crítica metodológica a la “linealidad” del pensamiento liberal Es así como la historia social del siglo XIX fue el resultado de un doble movimiento: la extensión del sistema del mercado, en lo que se refiere a las mercancías auténticas, estuvo acompañada de una reducción en lo que respecta a las mercancías ficticias. Por una parte, los mercados se extendieron por toda la superficie del planeta y la cantidad de bienes aumentó en proporciones increíbles, pero por otra, toda una red de medidas y de políticas hicieron surgir poderosas instituciones destinadas a detener la acción del mercado en lo que concierne al trabajo, a la tierra y al dinero. A la vez que la organización de mercados mundiales de mercancías, de capitales y de divisas, bajo la égida del patrón-oro, impulsaba de un modo sin precedentes el mecanismo de los mercados, nacía un movimiento subterráneo para resistir a los perniciosos efectos de una economía sometida al mercado. La sociedad se protegía de los peligros inherentes a un sistema de mercado autorregulador: tal fue la característica global de la historia de esta época. (Polanyi, 2007: 135) Karl Polanyi ofrece así un magistral escenario de la evolución de lo que él llama la utopía liberal (Polanyi, 2007: 26), desde finales del siglo XIX hasta la catástrofe de los años treinta del siglo XX, “vinculando las dimensiones nacionales del funcionamiento destructivo de los mercados de trabajo, tierra y dinero a su dimensión global” (Amin, 2006: 130). Por lo tanto, cabe señalar que el proceso de contramovimiento no se produce de forma lineal y sin contradicciones. 81 la nueva globalización y el ascenso china La globalización neoliberal impulsada por Estados Unidos en la década de 1970 se constituye como una negación del acuerdo de posguerra basado en el liberalismo instituido [embedded] (Ruggie, 1982). El sistema de Breton Woods tenía una ambición global, pero coexistió en un mundo tripartito y desigual, como bien ha señalado Samir Amin. El periodo de crecimiento y consolidación del liberalismo instituido en Occidente formó parte de uno de los “tres mundos” de la posguerra, coexistiendo con el “mundo” soviético y su esfera de influencia y el llamado tercer mundo (ahora el Sur Global). Este último puede retratarse con el proyecto “Bandung” de los países descolonizados de Asia y África que, junto con América Latina y el Caribe, lidiaron contradictoriamente con la fase 19451968 de crecimiento capitalista (Amin, 1996: 249). El fin de la convertibilidad oro-dólar en 1971 abrió un periodo de preparación para los grandes cambios políticos que se avecinaban con los gobiernos de Ronald Reagan (Estados Unidos) y Margaret Thatcher (Reino Unido), catalizando el posterior proceso de financierización que consolidaría el sistema dólar/Wall Street (Gowan, 1999). Por lo tanto, la globalización neoliberal se constituyó a partir de la hegemonía de Estados Unidos y asumió su globalidad rompiendo con los dos principales obstáculos que tenía la expansión capitalista. El primero fue la destrucción de las bases del proyecto del “Nuevo Orden Económico Internacional” propuesto por los países del tercer mundo entre 1975 y 1982. El aumento unilateral de los tipos de interés por parte de Estados Unidos en los años 80 y la posterior crisis de la deuda externa de los países en desarrollo –tras la moratoria de México en 1982– destruyeron las bases del proyecto de Bandung y reforzaron el control del capital internacional (banca privada) en las economías de los países periféricos endeudados, por intermedio del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial. El segundo momento fue el colapso de la Unión Soviética (1985-1991), que consolidó la condición histórica de globalidad a la globalización neoliberal. Siguiendo nuestro razonamiento una cuestión salta a la vista: ¿cuáles son las particularidades, pues, de la geopolítica de la globalización neoliberal? Como hemos destacado, ella se constituye como una negación del acuerdo de posguerra para consolidar el poder de Estados Unidos y su formación económico-social capitalista en un “momento unipolar”, situación que facilitó enormemente las acciones unilaterales de Estados Unidos, valiéndose o no de las instituciones multilaterales existentes. Conjuntamente, debemos centrarnos en el adjetivo neoliberal y en la idea de territorialidad y “supraterritorialidad” (Scholte, 2005b). El neoliberalismo puede ser entendido a partir de varios componentes. En primer lugar, constituye “una manifestación histórica específica de la economía capitalista (Cahill, 2014: X). También implica un proceso acelerado de expansión e intensificación de las relaciones capitalistas basado en tres pilares: la privatización de los activos públicos, la liberalización financiera y comercial y la re-regulación (desregulación) de las economías nacionales. En segundo lugar, es un proyecto de www.editorial.unican.es 82 la cooperación internacional en la encrucijada clase (Cahill, 2014; Harvey, 2005; Moghadam, 2021), dirigido por sectores de una clase corporativa financiera (una especie de Haute Finance empoderada). En términos dialécticos, la globalización neoliberal se constituye como la negación/superación de los “tres mundos de posguerra”. El “movimiento” neoliberal tuvo sus inicios a finales de los años 1970 con la desregulación financiera iniciada en Estados Unidos y la desintegración del sistema de Bretton Woods, que reforzó aún más el papel del dólar en el sistema monetario internacional y allanó el camino para una “expansión financiera sistémica” (Arrighi et al., 1999). La promoción de las bondades del mercado autorregulado y el protagonismo del segmento empresarial financiero fueron cruciales. De hecho, sostenemos que, en la actualidad, la “nueva” alta finanza desempeña un papel sin precedentes como principal vínculo entre la organización política y económica de globalización neoliberal. Desde la década de 1980, este movimiento neoliberal ha producido un cambio desigual en el equilibrio de poder entre las clases sociales (trabajadores/empresarios) de los países desarrollados y los países en desarrollo de la periferia, promoviendo gran desigualdad dentro de las sociedades. La restauración del poder de la élite empresarial, disciplinando a las clases trabajadoras dentro de los Estados nacionales con atractivos programas de modernización, libertades individuales, etc., y un programa de liberalización financiera estimulado por los gobiernos de Reagan y Thatcher fueron los catalizadores de procesos cada vez más dinámicos de movilidad geográfica del capital en su forma productiva (especialmente con las industrias que se establecieron en Asia en general y en China en particular) y financiera, centralizada en el centro financiero de Wall Street y en una red de paraísos fiscales (Vigueras, 2005) en todo el mundo bajo el control de los países desarrollados. Al igual que las peculiares características de la red transnacional de las Haute Finance de finales del siglo XIX y principios del XX, la globalización neoliberal contemporánea promueve este proceso expansivo con algunos rasgos innovadores específicos, acelerados por los avances tecnológicos en las comunicaciones y el transporte. Como ya se ha señalado, todo proceso de globalización a lo largo de la historia tiene una expresión geopolítica y una proyección de poder territorial. En el apogeo de la globalización neoliberal en la década de 1990, las manifestaciones geopolíticas de este proceso de expansión del poder tuvieron al desarrollo militar y financiero de los Estados Unidos y de las formaciones económico-sociales occidentales materializado en la expansión de la OTAN vía intervenciones militares en diversas regiones del mundo y, especialmente después de 2001, en Asia y África (Lambert, 2022). La expansión financiera y empresarial se ha producido a nivel supraterritorial, como destacan varios analistas de relaciones internacionales. La característica de “supraterritorialidad” de la globalización neoliberal permite entender el proceso de trascender la geografía territorial (Scholte, 2005a), pero no su disolución. Por el contrario, la supraterritorialidad complementa y refuerza la dinámica de expansión geográfica capitalista. 83 la nueva globalización y el ascenso china De este modo, la supraterritorialidad significa trascender la geografía mediante: 1) la “simultaneidad transmundial” (Oke, 2009: 320) donde los fenómenos sociales se extienden por todo el mundo al mismo tiempo y en el mismo marco de referencia; y 2) la “instantaneidad, donde ciertos fenómenos se desplazan entre cualquier punto del planeta en poco tiempo” (Scholte, 2005b: 5), En otros términos, donde la compresión del espacio anula el tiempo, como predijo Marx en el curso de la evolución del capitalismo. Ejemplos de este proceso son las comunicaciones por Internet, los patrones de consumo y las actitudes, en los que los productos son coordinados por grandes empresas transnacionales monopolistas u oligopolistas con estrategias globales. El sector financiero es el sector de la economía que más refleja esta supraterritorialidad. Es el sector más ficticio, instantáneo y simultáneo del proceso de expansión capitalista, relativamente desvinculado del espacio territorial (Scholte, 2005b: 5). Sin embargo, este aspecto por sí solo no explica la globalización neoliberal, sino más bien una cara de su contradicción básica. Mientras la producción se trasladaba a Asia y las finanzas se globalizaban, entrando en una fase de supraterritorialización, la esfera de la política, la sociedad y el trabajo seguían administrándose y disciplinándose dentro de las fronteras de los Estados-nación. 5. La crisis de la globalización neoliberal y el contramovimiento chino en el interregno global La globalización incompleta de Bretton Woods y la globalización neoliberal reflejaron diferentes fases de la hegemonía estadounidense y sus contradicciones: el proceso de expansión de las finanzas globales, el crecimiento de las grandes corporaciones transnacionales, los cambios geográficos en la organización de la producción y el monopolio del dólar en el sistema capitalista global. La crisis de la globalización neoliberal abre una fase de interregno de caos sistémico y un aspecto de ella, es lo que Merino, Bilmes y Barrenengoa denominan como “Guerra Mundial Híbrida y Fragmentada”, como una tendencia a la agudización de las contradicciones políticas estratégicas de carácter estructural en la disputa por la reconfiguración del poder mundial (Merino, Bilmes, & Barrenengoa, 2022). En este contexto, “observamos una expansión de los enfrentamientos entre diferentes fuerzas político-sociales, fracciones y clases sociales y disputas interestatales” (Merino et al., 2022). Éste es el escenario contemporáneo de la transición en la crisis de la globalización neoliberal, en cuyos intersticios emerge su negación, la Globalización Instituida de China. Como hemos señalado, la globalización es un proceso contradictorio de interconectividad entre formaciones económico-sociales con cambios sustanciales en la relación espacio-tiempo, y el embrión de la Globalización Instituida de China emerge como newww.editorial.unican.es 84 la cooperación internacional en la encrucijada gación histórica de la globalización neoliberal –que se constituyó como la negación de la globalización “incompleta” del sistema de Bretton Woods. Así pues, la Globalización Instituida de China se presenta como la negación de la negación y se convierte en una síntesis de un proceso histórico determinado. Argumentamos también que las fracturas orgánicas de la globalización neoliberal dan sentido a la emergencia embrionaria de algo nuevo. La reproducción del capitalismo es incapaz de superar los obstáculos de las contradicciones “supraterritoriales” de la actual globalización neoliberal. Como destacan Giovanni Arrighi y David Harvey, entre otros autores críticos, la globalización neoliberal no puede desconectarse de las crisis cíclicas del capitalismo como elemento inherente a su reproducción. La fase contemporánea de financierización ocurre en un mundo donde el capital se mueve con mayor velocidad y donde las distancias geográficas se comprimen, generando acomodaciones y una nueva interdependencia entre las formaciones económico-sociales. Los representantes de las teorías del sistema mundial coinciden en que las fases de financierización son periodos de declive hegemónico y que las expansiones financieras actuales –que tienen como característica la supraterritorialidad (instantaneidad + simultaneidad)– son una particularidad de la globalización neoliberal. En línea con esta perspectiva, Samir Amin se refiere a la globalización neoliberal como la etapa del “capitalismo abstracto”. Es decir, el capitalismo que ya no se materializa en familias de burgueses y terratenientes, sino que “se manifiesta directa y exclusivamente a través del control del dinero”. En otras palabras, la especificidad de la financierización existente está “diseminando la ilusión de que el dinero ‘genera su propia descendencia’ sin pasar por la producción, expresando en última instancia el carácter abstracto del capitalismo contemporáneo” (Amin, 2013: 33). En nuestra interpretación, el escenario de la crisis económica mundial de 2008 fue uno de los acontecimientos que demuestra la superación de los obstáculos que enfrentó el capital financiero, así como sus contradicciones, pero también su impacto negativo en la hegemonía estadounidense. ¿Cómo se superó el obstáculo ante la crisis financiera de la globalización neoliberal y su efecto sobre el sector productivo? Cualquier respuesta a esta pregunta debe contemplar el rol de las acciones gubernamentales y de las clases transnacionales que articularon la coyuntura política desde las formaciones económico-sociales capitalistas centrales. Arrighi, en los años 90, ya señalaba el importante papel de la “Gran China” como polo emergente en la fase de transición (Arrighi, 1994). En el siglo XXI, con una República Popular China fortalecida, las contradicciones del capitalismo neoliberal y la posibilidad de superar las barreras geográficas en un potencial nuevo ciclo hegemónico alcanzan un nuevo nivel, colisionando con otra realidad geopolítica. En consecuencia, la reproducción del capitalismo no ha congelado la supraterritorialidad inherente al proceso, sino que la absorbe y la adapta a una nueva interconectividad geográficamente localizada, ba- 85 la nueva globalización y el ascenso china sada en las inversiones en infraestructuras, transportes y energía, la expansión de las redes comerciales y las finanzas reguladas por el Estado vinculadas a estas inversiones. El ascenso de las formaciones económico-sociales de China y de otros países emergentes, como es el caso de los BRICS (Vadell & Ramos, 2019); la crisis financiera de 2008, la saga del Brexit, la pandemia del Covid-19 y el conflicto ruso-ucraniano nos recuerdan que no podemos descuidar la geopolítica y el papel de los Estados-nación como actores cruciales de las transformaciones económicas mundiales y como instrumentos de seguridad internacional, así como la importancia de la planificación para alcanzar metas de desarrollo. Asimismo, estas concatenaciones de eventos nos permiten imaginar algunos escenarios alternativos en la fase actual, que es esencialmente de incertidumbre, típico a un interregno de caos sistémico. En este momento de la historia tres posibles escenarios pueden ir evolucionando: a) la crisis puede ser una oportunidad para reforzar la hegemonía estadounidense en su área de influencia a través de las recetas de la globalización neoliberal y una nueva guerra fría surgir a partir de una división geopolítica global multiorden; b) un proceso de fragmentación desglobalizador que puede ser entrópico/caos (Schweller, 2014; Streeck, 2016); o c) una crisis que abra las puertas para una nueva globalización y una reinvención de la geopolítica. Estas posibilidades tendrían trayectorias específicas e implicaciones diferenciadas en el futuro orden internacional u órdenes internacionales, que pueden coexistir de forma contradictoria y que, por razones de espacio, no podemos examinar aquí. Sin embargo, los tres escenarios posibles no son excluyentes. Lo importante que debemos destacar es que, independientemente de las interpretaciones que a menudo surgen en la academia, un fenómeno nuevo está surgiendo y no parece sólo alterar el orden internacional existente. Es un fenómeno globalizador que trae consigo la semilla de otro paradigma. El reordenamiento de poder global, producto de las transformaciones destacadas, apuntan a la conformación de un sistema internacional multipolar y multiorden en este interregno, en cuyo seno se desarrollan los pilares de la Globalización Instituida de China. 6. Pilares de la globalización embrionaria instituida de China La periodización de etapas de globalización a lo largo de la historia y las transiciones hegemónicas del sistema internacional son temas de intenso y rico debate en las ciencias sociales en general y entre los historiadores. Ya hemos mencionado el trabajo de Arrighi (Arrighi, 1994; Arrighi et al., 1999), quien elaboró una teoría sobre los ciclos hegemónicos. También podemos mencionar la periodización de Therborn, que describe seis fases de la globalización (Therborn, 2016), así como el análisis de Khondker (2021), que destaca la insuficiencia de los abordajes centrados en Europa, que no ofrecen una perswww.editorial.unican.es 86 la cooperación internacional en la encrucijada pectiva verdaderamente “global” sobre la globalización. En este caso, este autor identifica tres fases principales de las “globalizaciones”. La primera, de acuerdo con Gunder Frank (1998), fue la Globalización Eurasiática, de 200 A. C. a 1492; la segunda es la Globalización Atlántica, de 1500 A.C. a 1999; y la tercera, de 2000 de cara al futuro, una especie de retorno a la Globalización Euroasiática, o cosmopolita (Khondker, 2021). Sin embargo, nuestra propuesta parte de la pregunta crucial de Amin, si la recurrencia histórica es necesariamente una regularidad cíclica (predeterminada). La respuesta es nuestro caso es negativa. El capítulo presentado reconoce las incertidumbres de las transiciones y centra el análisis en el concepto de formaciones económico-sociales como totalidad para comprender las especificidades de la financierización de la globalización contemporánea en relación con las distintas fases de desarrollo (Amin, 2006, pp. 142143) y sus contradicciones subyacentes. La crisis y el escepticismo que rodean a la economía mundial desde 2008 han convertido a China en un firme defensor de la globalización, especialmente tras la radicalización del discurso proteccionista del presidente estadounidense Donald Trump. En este sentido, el discurso del presidente de la República Popular China, Xi Jinping, en Davos en 2017 fue paradigmático (Xi, 2017a, 2017b). En otras palabras, Xi Jinping pide a los Estados-nación que guíen el proceso de globalización y no lo dejen al albur de las élites mundiales, ya que representa un “arma de doble filo”. Debemos actuar de forma proactiva y gestionar la globalización económica según convenga para desencadenar su impacto positivo y reequilibrar el proceso de globalización económica. Debemos seguir la tendencia general, basarnos en nuestras respectivas condiciones nacionales y emprender el camino correcto para integrarnos en la globalización económica al ritmo adecuado. Debemos encontrar un equilibrio entre eficiencia y equidad para garantizar que los distintos países, los distintos estratos sociales y los distintos grupos de personas compartan los beneficios de la globalización económica. La gente de todos los países no espera menos de nosotros, y ésta es nuestra responsabilidad inquebrantable como líderes de nuestro tiempo (Xi, 2017b). Los medios de comunicación oficiales chinos calificaron este esfuerzo de globalización 2:0 (Meyers, 2017), otros análisis como reglobalización (Bishop & Payne, 2021; D. Wang & Cao, 2021) y en nuestro caso definimos el fenómeno social como Globalización Instituida de China. Este proceso representa una proyección de poder político y económico propia de la formación económico-social de China en cooperación con las potencias emergentes y el Sur Global. Con ello, desfragmentamos la Globalización Instituida de China en componentes materiales, institucionales e ideacionales que en su devenir se entrelazan entre sí. En esa dirección, Staiano señala que la Iniciativa de la Franja y la Ruta y la Iniciativa de Desarrollo Global son la encarnación de un Estado próspero y de una “comunidad de futuro compartido para la humanidad” (Staiano, 2023: 52-53). 87 la nueva globalización y el ascenso china De esta manera, identificamos cuatro pilares principales de la Globalización Instituida de China que interconectan los aspectos materiales, ideacionales e institucionales en esta totalidad y refuerzan el poder expansivo de las formaciones económico-sociales de China, un proceso que está cambiando embrionariamente el paradigma de la globalización neoliberal desde sus cimientos. Ellos son: a) la Iniciativa de la Franja y la Ruta, popularizada también como Nueva Ruta de la Seda; b) el nuevo paradigma de Cooperación y la Iniciativa de Desarrollo Global; c) la iniciativa BRICS plus; y d) los cinco principios de Coexistencia Pacífica y la idea de “Comunidad de futuro compartido para la humanidad”. 6.1. Iniciativa de la Franja y la Ruta Argumentamos que “La Franja y la Ruta de la Seda Marítima del Siglo XXI” o la Iniciativa de la Franja y la Ruta es la plataforma infraestructural del Globalización Instituida de China y, como expresión material de la expansión del poder de la República Popular China, se configura como un desafío directo a la globalización neoliberal. La Iniciativa de la Franja y la Ruta se caracteriza por ser una propuesta de interconectividad que nació como iniciativa regional y se ha expandido como proyecto global e integrador, reconfigurando la geografía económica a través de inversiones masivas en infraestructuras sin precedentes. La Iniciativa de la Franja y la Ruta nació en un contexto en el que China, bajo el liderazgo de Xi Jinping, estaba llevando a cabo diversas iniciativas para fortalecer aún más la economía china y cuyos resultados fueron: a) ser el mayor socio comercial de casi todos los aliados de Estados Unidos, los países del Sur Global y de los bloques comerciales, incluyendo la Unión Europea, la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático y el Mercado Común del Sur; b) con el objetivo de fortalecer las cadenas de valor lideradas por China y tras el fracaso del Acuerdo de Cooperación Económica Transpacífico liderado por Estados Unidos, China consiguió articular el Regional Comprehensive Economic Partnership, una especie de Asociación de Naciones del Sudeste Asiático plus con China, Nueva Zelanda, Australia, Corea del Sur y Japón; c) China es a la vez el mayor exportador mundial de bienes de consumo y el mayor mercado de consumo; d) la República Popular China es actualmente el mayor proveedor mundial de financiamiento, superando al Banco Mundial y al Banco Asiático de Desarrollo, y el agente más importante en inversiones en infraestructuras para los países en desarrollo; e) China, como “fábrica mundial”, ocupa una posición central en la cadena de suministro global y en la cadena de valor, un factor clave para entender el fracaso del desacoplamiento/desglobalización (Crabtree, 2023); y f) China está tomando una posición de liderazgo en algunos dominios de alta tecnología, como las telecomunicaciones de 5G/6G, la industria farmacéutica, la industria del automóvil, la industria aeroespacial, los semiconductores, la inteligencia artificial y la robótica. En septiembre de 2013, el presidente de China, Xi Jinping, en su visita a Asia Central, introdujo por primera vez el término “Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta www.editorial.unican.es 88 la cooperación internacional en la encrucijada Marítima de la Seda del Siglo XXI” en la Universidad Nazarbayev de Astana (Kazajistán). Más tarde, en octubre del mismo año, Xi hizo el anuncio en Indonesia. A continuación, se creó en China un grupo líder para la promoción de la Iniciativa de la Franja y la Ruta y dos años después del anuncio, en marzo de 2015, el gobierno chino publicó la “Visión y acciones para la construcción conjunta de la Franja Económica de la Ruta de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI” (China, 2015). El objetivo de la Iniciativa de la Franja y la Ruta era interconectar Asia, Europa y África en una primera fase y, en una segunda fase, como extensión natural, América Latina y el Caribe (Y. Wang, 2018), como se observa en la tabla 1. En mayo de 2017 y abril de 2019 fueron realizados el primer y segundo Fórums de la Ruta de la Seda. (Dunford, 2021, p. 92). Debido a la pandemia de Covid-19, el tercer fórum será en 2023. La Iniciativa de la Franja y la Ruta se afianza en un espacio geográfico con importantes proyectos de infraestructuras financiados directa o indirectamente por China. En este sentido, sostenemos que el Iniciativa de la Franja y la Ruta es el pilar principal del Globalización Instituida de China que, al mismo tiempo, se ve reforzado por otros componentes institucionales e ideacionales. Casi 150 países han firmado el Memorando de Entendimiento (MoU) de la Iniciativa de la Franja y la Ruta (véase la tabla 1). Tabla 1. Países que integran la Belt and Road Initiative por año de firma de Memorándum de Entendimiento y nivel de ingresos País Grupo de ingresos Fecha de incorporación País Grupo de ingresos Fecha de incorporación Austria Alto No claro Ecuador Medio alto 2018 R. del Congo Medio bajo No claro El Salvador Medio bajo 2018 Níger Bajos No claro Etiopía Bajo 2018 Rusia Medio alto No claro Fiyi Medio alto 2018 Bielorrusia Medio alto 2013 Gabón Medio alto 2018 Camboya Medio bajo 2013 Gambia Bajo 2018 China, P.R. Medio alto 2013 Ghana Medio bajo 2018 Kirguistán Medio bajo 2013 Grecia Alto 2018 Moldova Medio bajo 2013 Granada Medio alto 2018 Mongolia Medio bajo 2013 Guinea Bajo 2018 Macedonia Medio alto 2013 Guyana Medio alto 2018 Pakistán Medio bajo 2013 Irán Medio alto 2018 Tailandia Medio alto 2014 R. de Corea. Alto 2018 Armenia Medio alto 2015 Kuwait Alto 2018 89 la nueva globalización y el ascenso china Azerbaiyán Medio alto 2015 Lao Medio bajo 2018 Bulgaria Medio alto 2015 Libia Medio alto 2018 Camerún Medio bajo 2015 Malta Alto 2018 Comoras Bajo 2015 Mauritania Medio bajo 2018 R. Checa Alto 2015 Micronesia Medio bajo 2018 Hungría Alto 2015 Mozambique Bajo 2018 Indonesia Medio bajo 2015 Namibia Medio alto 2018 Iraq Medio alto 2015 Nigeria Medio bajo 2018 Kazakstán Medio alto 2015 Niue Medio bajo 2018 Polonia Alto 2015 Omán Alto 2018 Romania Medio alto 2015 Portugal Alto 2018 Serbia Medio alto 2015 Ruanda Bajo 2018 Eslovaquia Alto 2015 Samoa Medio alto 2018 Somalia Bajo 2015 Arabia Saudita Alto 2018 Sudáfrica Medio alto 2015 Senegal Bajo 2018 Turquía Medio alto 2015 Seychelles Alto 2018 Uzbekistán Medio bajo 2015 Sierra Leona Bajo 2018 Egipto Medio bajo 2016 Singapur Alto 2018 Georgia Medio bajo 2016 Sudan del Sur Bajo 2018 Letonia Alto 2016 Sudán Medio bajo 2018 Myanmar Medio bajo 2016 Surinam Medio alto 2018 P. N. Guinea Medio bajo 2016 Tayikistán Bajo 2018 Albania Medio alto 2017 Tanzania Bajo 2018 Bosnia H. Medio alto 2017 Togo Bajo 2018 C. de Marfil Medio bajo 2017 Tonga Medio alto 2018 Croacia Alto 2017 T. y Tobago Alto 2018 Estonia Alto 2017 Tunes Medio bajo 2018 Kenia Medio bajo 2017 Uganda Bajo 2018 Lebanon Medio alto 2017 E. Árabes Alto 2018 Lituania Alto 2017 Uruguay Alto 2018 Madagascar Bajo 2017 Vanuatu Medio bajo 2018 Malaysia Medio alto 2017 Venezuela Medio alto 2018 Maldives Medio alto 2017 Zambia Medio bajo 2018 Montenegro Medio alto 2017 Zimbabue Bajo 2018 Marruecos Medio bajo 2017 Bangladesh Medio bajo 2019 www.editorial.unican.es 96 la cooperación internacional en la encrucijada Referencias Acharya, Amitav (2017). After Liberal Hegemony: The Advent of a Multiplex World Order. Ethics & International Affairs, 31(3), 271-285. Amin, Samir (1976). Unequal development: an essay on the social formations of peripheral capitalism. Hassocks: Harvester Press. Amin, Samir (1996). The challenge of globalization. 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Finalmente, consideraremos la relevancia de aquella relación respecto a la necesidad de comprensión de nuestro presente y de sus inmediatas perspectivas que, desde este particular punto de vista, aparece como paradójica, en la medida en que: si es cierto que, por un lado, el nivel interconexión de todos los elementos orgánicos e inorgánicos, materiales e inmateriales, naturales y tecnológicos, políticos y meramente mecánicos de la realidad, sea inédita y enorme, y que, entonces, la tasa de “cooperación” intencional e inintencional, potencial y efectiva, en esa fase, sea máxima; por otro, nos encaramos frente a la evidencia factual de que esa condición valga y funcione tanto para fortalecer la habilidad productiva de formas de riqueza universales, y en definitiva el bien común, de la humanidad; como para fortalecer las capacidades y potencialidades destructivas de las instituciones humanas. Constatando que en esa fase, prime ciertamente esa segunda orientación de los lazos cooperativos sociales y globales –de tales maneras que círculos viciosos de tensiones y de violencia sistémica procedan cada vez más, y se ensanchen hasta abarcar el mundo entero, bajo nuestras miradas que se revelan “impotentes” aun cuando se pretendan agudas y conscientes–, reclamamos la urgencia de reconocer, entender y contribuir a desactivar (posiblemente invirtiendo el sentido de sus efectos también) los mecanismos íntimos que alimentan aquellos círculos. 1 Senior assistant professor de la Università della Calabria, Italia. Miembro del Grupo de Investigación en cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. E-mail: carmelo[email protected] www.editorial.unican.es 104 la cooperación internacional en la encrucijada Hay varias formas de concebir y conectar teóricamente los conceptos de cooperación, guerra y paz, así como de analizar las recíprocas relaciones que se establecen entre las prácticas sociales y políticas a aquellas correspondientes. Limitándonos aquí a la consideración de las principales perspectivas interpretativas para la economía de nuestro discurso más relevantes, mencionaremos dos marcos teórico-filosóficos que ahondan sus raíces muy profundamente en el terreno de la cultura occidental. El primer enfoque podría ser definido como marcado por, y basado en, una fundamental actitud y axioma de optimismo antropológico, y ser referido al pensamiento de Aristóteles. El filósofo de la antigua Grecia, en su obra Política, concebía rotundamente el hombre “por naturaleza un animal social […], más que cualquier abeja y que cualquier animal gregario” y por ende “la ciudad”, es decir la expresión histórica de su “comunidad” –que, para nosotros, hoy, alcanza las dimensiones de aldea global–, “una de las cosas naturales”. Según Aristóteles, la razón y la demostración de tal condición es ontológica, y consiste en la diferencia que pasa entre la voz, que “es signo del dolor y del placer, y por eso la poseen también los demás animales”, y la palabra, que en cambio sirve para manifestar lo conveniente y lo perjudicial, así como lo justo y lo injusto. Y esto es propio del hombre frente a los demás animales: poseer, él sólo, el sentido del bien y del mal, de lo justo y de lo injusto, y de los demás valores, y la participación comunitaria de estas cosas constituye la casa y la ciudad (Aristóteles, IV a.C. [1988]: 50-51). Es decir, que la casa y la ciudad son la derivación, seguramente política y entonces histórica, pero al mismo tiempo natural, en cuanto proyección relacional de los valores plásticamente definidos por los miembros de la comunidad humana en el ejercicio, para ellos consustancial, de su innata facultad lingüística. Y empero, el razonamiento de Aristóteles se hace aún más articulado, en la medida en que esboza una relación filial y ontológica, que es doble y dialéctica entre la naturaleza humana, el hombre y sus instituciones comunitarias. En particular, Por naturaleza, pues, la ciudad es anterior a la casa y a cada uno de nosotros, porque el todo es necesariamente anterior a la parte. En efecto, destruido el todo, ya no habrá ni pie ni mano, a no ser con nombre equívoco, como se puede decir una mano de piedra: pues tal será una mano muerta (ídem: 51-52). Sin embargo, dentro de este esquema de pensamiento, que aparece como sumamente optimista –con referencia a la concepción de la sociabilidad humana y de la ingénita propensión positiva que los unos tienen hacia los otros, en vista del perseguimiento de la forma de bien común más basilar consistente del mantenimiento de una estructura cooperativa esencialmente firme y pacífica–, Aristóteles tiene la necesidad de justificar 105 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi también la ocurrencia del mal y de la beligerancia en las vicisitudes humanas –que debía ser bien evidente, por lo menos en su esencia, incluso en sus días para nosotros lejanos, no obstante entonces las capacidades técnicas destructivas fueran incomparablemente inferiores en comparación con aquellas contemporáneas. Así, para hacer eso, siendo tan alta su concepción de la naturaleza humana, el filósofo recurre a la tesis sobre la existencia de una dimensión de indignidad, o de inhumanidad, que apremiaría el conjunto social desde arriba, desde abajo, o desde afuera, según de los casos; y que explicaría entonces las circunstancias malignas en términos de inevitables desgracias excepcionales, que ocurren por casualidad u, otra vez, determinadas por elementos naturales pero (más que externos, en realidad) excedentes con respeto a la índole humana o del mundo. Al efecto, resulta emblemático este fragmento de su razonamiento: el insocial por naturaleza y no por azar es o un ser inferior o un ser superior al hombre. Como aquel a quien Homero vitupera: “sin tribu, sin ley, sin hogar”, porque el que es tal por naturaleza es también amante de la guerra, como una pieza aislada en el juego de damas. El espíritu beligerante, entonces, según Aristóteles, surge en sujetos humanos –pero juzgados como indignos de ellos, por defecto o por exceso, porque “insociales”– que se ponen en posición y postura aislada, exterior y contraria con respeto a los afectos, a la comunidad y a sus “naturales” reglas y prácticas para la elaboración y el mantenimiento de la justicia –que son siempre política, técnica e históricamente determinadas. De hecho, el filósofo, más adelante en el texto en cuestión, afirma que: si bien en todo ser humano exista “por naturaleza la tendencia hacia tal comunidad”, ésta puede no solamente tropezar con las excepciones susodichas, sino también caer en mecanismos de pervertimiento que hacen que “el hombre [que cuando es] perfecto es el mejor de los animales, así también, [cuando en cambio sea] apartado de la ley y de la justicia, [se vuelva] el peor de todos” los mismos animales. Efectivamente, la “injusticia más insoportable” –nos hace notar Aristóteles– no es la que origina de la casualidad y de las aberraciones excepcionales, sino “la que posee armas” y que, entonces, es ocasionada y promovida por una voluntad determinada y técnicamente organizada por parte de los sujetos que, a través de sus actos, se hacen indignos de la supuesta naturaleza propiamente humana. Hay que notar, de hecho, que el hombre está naturalmente provisto de armas al servicio de la sensatez y de la virtud, pero puede utilizarlas para las cosas más opuestas. Pero eso, sin virtud, es el ser más impío y feroz y el peor en su lascivia y voracidad. La justicia, en cambio, es un valor cívico, pues la justicia es el orden de la comunidad civil, y la virtud de la justicia es el discernimiento de lo justo (Aristóteles, IV a.C. [1988]: 52-53). www.editorial.unican.es 112 la cooperación internacional en la encrucijada significa para nada, la posibilidad de una efectiva eliminación radical de la guerra dentro de y entre los conjuntos sociales. Más bien, el resultado considerado óptimo y mayormente funcional, consiste en la adecuada limitación de la guerra y de sus alcances, a través de un doble movimiento: el despojo y la renuncia individual a toda forma de ejercicio particular de la violencia social; y su delegación e inscripción concentrada dentro del perímetro de las funciones del super-sujeto soberano y legítimo, que es el Leviatán/Estado. En realidad, Hobbes admite que puedan darse, dentro del estado natural, condiciones para la creación de un orden apaciguado, con base en “un poder cierto e irresistible [que] confiere [a algunos individuos] el derecho de gobernar e imperar sobre aquellos que no se pueden resistir”. Sin embargo, el filósofo juzga negativamente esa eventualidad por el simple hecho de ser inestable y precaria “debido a aquella igualdad de las fuerzas y de las otras facultades humanas […] en el estado de naturaleza”, que hace que no se pueda “esperar una conservación duradera” de aquellas condiciones de “paz” y orden en tales circunstancias. Por esta razón, es un dictamen de la recta razón […] que se ha de buscar la paz, en la medida en que brille alguna esperanza de tenerla; cuando no se la pueda tener, se han de buscar los auxilios de la guerra (ídem, 138). Como es evidente, la paradójica solución hobbesiana consiste por ende en curar el mal con dosis concentradas, pero supuestamente controlables, del mismo mal que es necesario contener: “se ha de salir de tal estado y se han de buscar socios para que, si ha de haber guerra, no sea sin embargo contra todos ni sin auxilio”. Y es por eso que, por un lado, hay que identificar muy precisamente a los enemigos, y que, por el otro, deben aunarse aliados, “sea por la fuerza, sea por acuerdo” (ibidem). La estabilización de un poder cierto e irresistible pasará entonces por el ejercicio de un arte –concebido como– semidivino consistente de la conducción de una guerra limitada, organizada entre socios, orientada en contra de enemigos bien individuados, y garantizada por un pacto fundante: aquel acto a través del cual “cada hombre particular” confiere autoridad al Leviatán que así cobra vida en cuanto “dios mortal, al cual debemos, bajo el Dios inmortal, nuestra paz y nuestra defensa”. Ese pacto colectivo es sólidamente respaldado por aquellos “actos de guerra” que subyugan “a sus enemigos a su voluntad, concediéndoles la vida a cambio de esa sumisión”, o bien por el “procedimiento” a través del cual “los hombres se ponen de acuerdo entre sí, para someterse […] voluntariamente, en la confianza de ser protegidos”. En efecto, esa nueva entidad, así engendrada, resulta, por tales medios, dotada de “tanto poder y fortaleza”, así como del beneficio de los efectos procedentes del “terror que inspira” en todos los hombres, como para volverse “capaz de conformar las voluntades de todos ellos para la paz, en su propio país, y para la mutua ayuda contra sus enemigos, en el extranjero”. En su esencia, entonces, el Estado es 113 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi una persona de cuyos actos se constituye en autora una gran multitud mediante pactos recíprocos de sus miembros con el fin de que esa persona pueda emplear la fuerza y medios de todos como lo juzgue conveniente para asegurar la paz y defensa común. El titular de esta persona se denomina “soberano”, y se dice que tiene poder soberano; cada uno de los que lo rodean es “súbdito” suyo (Hobbes, 1651 [2017]: 152). En definitiva, “ese gran Leviatán” que no es creado por la naturaleza, sino “gracias al arte” secular moldeada por los seres humanos mismos, es efectivamente “un hombre artificial, aunque de mayor estatura y robustez que el natural para cuya protección y defensa fue instituido”, formado por las siguientes partes: la soberanía es un alma artificial que da vida y movimiento al cuerpo entero; los magistrados y otros funcionarios de la judicatura y del poder ejecutivo, nexos artificiales; la recompensa y el castigo (mediante los cuales cada nexo y cada miembro vinculado a la sede de la soberanía es inducido a ejecutar su deber) son los nervios que hacen lo mismo en el cuerpo natural; la riqueza y la abundancia de todos los miembros particulares constituyen su potencia; la salus populi (la salvación del pueblo) son sus negocios; los consejeros, que informan sobre cuantas cosas precisa conocer, son la memoria; la equidad y las leyes, una razón y una voluntad artificiales; la concordia es la salud; la sedición, la enfermedad; la guerra civil, la muerte. Por último, los convenios mediante los cuales las partes de este cuerpo político se crean, combinan y unen entre sí aseméjense a aquel fiat, o hagamos al hombre, pronunciado por Dios en la creación (Hobbes, 1651 [2017]: 29). Concluyendo esta parte del ensayo, hay que subrayar como también en el marco del segundo paradigma de interrelación de nuestros conceptos, y a pesar de su carácter marcadamente individualista, cínico y pesimista, la dimensión cooperativa no desaparece para nada del escenario, ni pierde del todo importancia dentro de los mecanismos analíticos explicativos. Más bien, hay que destacar como, a diferencia de lo que pasaba en el primer paradigma, en este caso la cooperación ya no figura como factor originario y central del cuadro, sino como producto secundario, resultante del proceso y de las técnicas de limitación y de contención de la guerra, y en realidad –si lo vemos bien– una de las expresiones propias y adecuadas de la misma guerra eficazmente limitada y contenida. De hecho, cuando Hobbes piensa las condiciones sociales características del estado de naturaleza, evoca la cooperación simplemente como una máscara instrumental y secundaria debajo de la cual residen los verdaderos móviles egoístas de las actuaciones individuales, que son imperturbablemente orientadas hacia el conseguimiento de ventajas y glorias personales, sin el freno de algún escrúpulo o límite, y que regular e invariablemente acaban con romper aquella frágil superficie. Sucesivamente, cuando el filósofo inglés pasa a la consideración del contexto relacional ya definido por el surgimiento del Leviatán/Estado, la cooperación juega un rol que, a pesar de ser muy importante, mantiene su carácter www.editorial.unican.es 114 la cooperación internacional en la encrucijada instrumental y subyugado a otros fines. En efecto, ella es evocada bajo la forma de la serie de actividades que han de llevarse a cabo con el auxilio de los socios/aliados, para organizar precavidamente, y en función disuasiva, aquellos medios y medidas de la guerra limitada, regulada y legítima, que es pensada como el solo remedio para acabar con el destructivo estado considerado inherente a la humana índole: su versión total y generalizada, en la cual todos confligen todo el tiempo contra todos para todo. También en el caso, entonces, de la sociedad civilmente constituida, la cooperación es “empresa” y sistema de prácticas secundarias, ya que interviene después, y para implementar y servir las implicaciones, de un acto primario que, en cambio, es de naturaleza bélico-política y prerrogativa del ejercicio soberano: la definición, elección e individuación de enemigos presentes en el escenario social e internacional. El intento y el efecto consisten en reorganizar el conflicto inextirpable alrededor de reducidas, pero intensificadas, líneas de enemistad oportunamente individuadas, escogidas y recreadas dentro de la sociedad, aptas a fraccionar, a simplificar y a hacer gobernable la guerra y, con ella, simultáneamente, el mismo cuerpo de la humanidad. De hecho, cabe notar como, dentro de este marco, es solo secundaria y residualmente que interviene la definición y la identificación no solamente de los “aliados” de esta forma civilizada de guerra, sino también y sobre todo de los amigos. Éstos aparecen y resultan como el resto de los procesos primarios anteriormente descritos, y, por ende, son concebidos como los meros ejecutores de formas de cooperación que, en su esencia, son puramente negativas: pues, en definitiva, concretamente organizadas y finalizadas a la efectiva negación de la figura del enemigo común. En resumidas cuentas, dentro de este paradigma, la variable independiente, y el factor subyacente a toda actividad de la cual consiste su funcionamiento, es la guerra: ahora concebida en la forma de la universal competencia determinada por el voraz apetito egoísta radicado y respaldado por el derecho natural de todos a todo; ahora en la manifestación de los conflictos organizados entre las “civiles” entidades colectivas, encauzados dentro precisos ejes deliberados. Mientras que la paz, en este mismo modelo, se vuelve casi un puro accidente, puntual, inestable y efímero, que interviene a suspender excepcionalmente, en el espacio y en el tiempo, tal consistencia y pregnancia totalizante de la guerra desplegada en todas sus posibles declinaciones (general o limitada, efectiva o amenazada, militar o económica, etc.). Al respecto, muy eficaz es la expresión del concepto por parte del mismo filósofo: “El tiempo restante [de la guerra] es la paz” (Hobbes, 1642 [2010]: 137). La paz, en última instancia, dentro de este esquema no es más que el efecto de la acción más o menos directamente violenta que algunas fuerzas ejercen eficazmente sobre, y a costa de, otras existentes fuerzas, y que consiste más bien de una forma de pacificación, que es el efecto de la efectiva imposibilidad de su impugnación. Fuera de todo esencialismo, nosotros no consideramos que los dos enfoques que aquí hemos resumidamente analizado deban representar –como, sin embargo, en las 115 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi interpretaciones corrientes, por lo general, pasa– opciones absolutamente alternativas que se disputan una verdad antropológica supuestamente unívoca e indivisible, entre las cuales, entonces, habría que escoger de forma exclusiva. Más bien, desde nuestra perspectiva, estos dos paradigmas reflejan y describen actitudes y pautas de organización de la vida social y política, civil e internacional, que son desde luego verídicas en ambos casos, y que por lo regular describen condiciones reales absolutamente coexistentes e incluso compatibles y entre ellas complementares. Efectivamente, estos diferentes sistemas de actitudes y pautas resultan primar o encogerse, resplandecer o decaer, en función de las distintas fases o contextos sociales y geográficos sobre los cuales detengamos la atención. Entonces, si esa condición de diferenciación es normalmente siempre posible en la realidad y, por consiguiente, ciertamente registrable y verificable mirando a ella con los adecuados instrumentos cognoscitivos, ahora, para nuestros fines, hay que definir su función desde el punto de vista más directamente anclado en las postulaciones y en el marco teórico-analítico orientados al estudio del sistema mundo. Primeramente, al respecto, hay que destacar como, en términos estructurales e históricos, los fenómenos de relativa prevalencia u ocaso, contingente o general, de uno u otro de aquellos paradigmas de actuación e interacción social, antes que de lectura de los procesos colectivos, dependan de las mismas lógica y mecánica que caracterizan y determinan el funcionamiento del conjunto de elementos y articulaciones del cual consiste el mismo sistema mundo. Eso es sobre todo cierto con referencia a la condición contemporánea y, en particular, a los niveles de globalización e interconexión técnica que los procesos sociales, en nuestro tiempo, han efectivamente alcanzado, los cuales no representan un dado simplemente circunstancial. Más bien, ellos constituyen, en primer lugar, el resultado de la aceleración e intensificación que, sobre todo a partir del siglo XX, el proceso de incesante cambio y desarrollo tecnológico ha adquirido, cuyos reflejos, efectos y profundas mutaciones han caracterizado y afectado, en buena medida, la forma y la sustancia no solamente de la vida cotidiana de los individuos y de las costumbres sociales, sino también las de la dimensión político-institucional y de las relaciones internacionales. El impacto de este fenómeno ha sido tan importante que “el historiador debe tomar [de vez en vez] en cuenta”, y ponderar adecuadamente, el diferente peso cobrado por el “ ‘factor tiempo’ dentro de la vida política” en general, así como el consiguiente “proceso de aceleración y de interdependencia de la vida internacional” (Di Nolfo, 2000, XII-XIII. Traducción propia). En segundo lugar, y más en general, hay que considerar cómo los nuevos niveles de globalización e interconexión técnica que caracterizan la dialéctica de los actuales procesos sociales, representan el corolario cumulativo de las diferentes vicisitudes y travesías por, y a través de, las cuales históricamente ha pasado, transformándose y evolucionando, la estructura del sistema mundo. En particular, según Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver, ésta vive de una sucesión de ciclos hegemónicos de acumulación, cada uno de los cuales www.editorial.unican.es 116 la cooperación internacional en la encrucijada difiere del anterior en dos aspectos principales: la mayor concentración de recursos organizativos a disposición del Estado hegemónico, comparada con la de su predecesor, y el mayor volumen y densidad dinámica del sistema reorganizado por el nuevo Estado hegemónico (1999, [2001]: 41). Podemos decir, entonces, que el impresionante desarrollo tecnológico que ha acompañado la intensificación de las transformaciones de la vida política social e internacional especialmente en el último siglo y medio, matizada por Ennio Di Nolfo, es al mismo tiempo la causa y el efecto del aumento conjunto de estos principales aspectos, que se ha desplegado a lo largo de la evolución de la estructura del sistema mundo. Por un lado, el crecimiento del volumen y de la densidad dinámica de los factores y de las interacciones de las que el sistema vive; y, por el otro, la acentuación de la concentración en las disponibilidades de un mismo actor, o conjunto de actores, a nivel internacional, de las habilidades útiles al gobierno del sistema mismo. A tal propósito, se note de paso como propio la combinación de esos elementos aquí subrayados, tenga implicaciones muy relevantes no solamente en el plano real y directamente concerniente nuestro objeto social de estudio; sino también de naturaleza teórica y epistemológica, en la medida en que su efecto consiste: por un lado, sí, en hacer “cada vez más problemática” la repetición efectiva de los esquemas de “reproducción del modelo” de concreto funcionamiento y transformación del sistema; pero, por otro lado y al mismo tiempo, también en socavar nuestra capacidad de reducción del “grado de indeterminación […] distintivo de los cambios sistémicos” (ídem: 41-42) y, por ende, nuestra habilidad de orientarnos en el presente haciendo referencia al conocimiento de aquel modelo. La calificación que hemos propuesto arriba del nexo entre los paradigmas respectivamente de la cooperación y de la conflictividad –no como opciones mutuamente excluyentes, sino como conjuntos de mecanismos y configuraciones relacionales estrecha y dinámicamente interconectadas–, encuentra un interesante y proficuo terreno de ejercicio y de aplicación en algunos aspectos teóricos elaborados por Giovanni Arrighi. Concentrémonos, en particular, en las páginas en las cuales el sociólogo italiano explicita, define y caracteriza –en comparación y contraste con respecto al esquema precedentemente esbozado por Immanuel Wallerstein– su propia concepción del movimiento, y de los móviles del movimiento, de los ciclos sistémicos de acumulación. A tal propósito, Arrighi recalca dos principales factores distintivos de su propio modelo, consistentes especialmente en: la identificación del origen endógeno de los cambios que animan e impulsan los ciclos y su sucesión; y la comprobación del impacto evolutivo (ya subrayado arriba) que esas transformaciones producen sobre la conformación sistémica. Eso emerge muy claramente sobre todo en la siguiente página, en la cual Arrighi y Silver reconstruyen el mecanismo, y sostienen el concepto, según el cual: todas “las expansiones sistémicas […] tienden a socavar” las mismas estructuras hegemónicas particula- 117 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi res dentro de las cuales “están inmersas”, justamente porque es desgastando los recursos y la fuerza de éstas que aquellas se sustentan y fortalecen (1999: 36). Eso es debido a esta misma contradicción fundamental que los movimientos de expansión sistémica, expresándose, no solamente agotan los engranajes de su motor interno –las articulaciones y los impulsos hegemónicos que los habían empujado–, sino que también se resuelvan en condiciones de inestabilidad y crisis para el sistema entero así ensanchado. El caso es que “las situaciones hegemónicas” son definidas por “dos tipos diferentes de liderazgo […] conjuntamente” que, desenvolviéndose al mismo tiempo e interactuando, van estableciendo, promoviendo y consumiendo una crucial discordancia. El primero de los dos tipos de liderazgo es la capacidad propia del sujeto hegemónico de impulsar la “reorganización” expansiva del sistema proporcionándole “una división del trabajo y una especialización de funciones más amplia o profunda”; mientras que el segundo consiste en su habilidad de suscitar el espíritu de “emulación” en muchos otros sujetos internacionales que les “proporciona […] el impulso motivacional necesario para movilizar las energías y recursos precisos para [contribuir a] la expansión”. Ahora, el punto que hay que subrayar es la persistencia del estado de constante tensión intercurrente entre los precipuos efectos y tendencias procedentes del ejercicio de esos dos tipos de liderazgo. De hecho, para alcanzar una ampliación y profundización de la división del trabajo y de la especialización de funciones se hace necesaria la cooperación entre las unidades del sistema, mientras que la emulación se basa en la competencia entre ellas y la promueve (Arrighi y Silver, 1999: 36). En realidad, argumentan los autores, la emulación sirve inicialmente en cuanto factor propulsor de la expansión sistémica, y se desarrolla y opera a través de los nudos de un entramado de relaciones “predominantemente cooperativo”. Lo que progresivamente ocurre, sin embargo, es que los mismos movimientos de expansión incrementan importantes coeficientes que son “el número de unidades socialmente relevantes que interactúan en el [sistema] y el número, variedad y velocidad de las transacciones que las vinculan entre sí”. La conclusión es que Con el tiempo, este incremento en el volumen y densidad dinámica del sistema tiende a intensificar la competencia entre las unidades que lo componen más allá de las capacidades reguladoras de las instituciones existentes. Cuando esto ocurre vuelve a predominar la tiranía de las pequeñas decisiones, el poder del Estado hegemónico experimenta un declive, y se inicia una crisis hegemónica (Arrighi y Silver, 1999 [2001]: 36). En definitiva, de acuerdo con el articulado esquema de contradicciones dinámicas y productivas aquí delineado, el movimiento de articulación diferencial de las distintas partes del sistema estimula y aumenta la tasa cooperativa entre sus diferentes actores. Eso conwww.editorial.unican.es 118 la cooperación internacional en la encrucijada lleva también la estimulación y la difusión de actitudes de emulación entre esos sujetos, las cuales: si inicialmente se revelan ser el producto de, la expresión misma de, y un factor de ulterior impulso a, la cooperación sistémica; sin embargo, antes o después –y más precisamente cuando para aquellos se reduzca significativamente, en términos relativos o absolutos, la disponibilidad de los recursos más importantes para su propia supervivencia y para la reproducción ampliada del sistema– empiezan a engendrar y a exasperar relaciones de reciproca competencia más y más tensas, hasta consolidarlas en un régimen o paradigma de interacción generalizado estructuralmente conflictivo, que se vuelve estándar y globalmente preponderante. (Algo que nos recuerda, en forma de transeúnte fase histórica, las condiciones de guerra de todos contra todos para todo absolutizadas por Hobbes). En definitiva, es el mismo mecanismo exitoso de expansión basado en la propuesta cooperativa específica de cada particular modelo hegemónico, lo que determina, junto con su propia crisis, también el impasse del sistema, y hasta el traumático encogimiento de su estructura, correspondiente a su derrumbe, solitamente por vías bélicas; que, sin embargo, representa no solamente una etapa temporánea, sino también y sobre todo un transcurso funcionalmente esencial para el desarrollo dinámico del orden del entero sistema, así como para el funcionamiento lógico de su esquema de comprensión. Pues, de hecho la guerra, en cuanto extrema extensión lógica y práctica de la crisis, dentro de este esquema, es un terrible y trágico “momento” regenerador, en la medida en que consigue acelerar el proceso extinción de la fase de morboso interregno que caracteriza toda transición “histórica” políticamente relevante, o toda transición “política” históricamente tal. Significativamente Arrighi, en este aspecto, se inspira en la densísima página de reflexiones que Antonio Gramsci, desde la cárcel, en 1930, ha dedicado a esos temas –y que, no acaso, está concentrada en uno de los párrafos, el 34– de la recurrente serie titulada “Pasado y presente” entre sus notas. En esa página, el objeto de especulación es el reconocimiento de la relación existente entre dos aspectos –comúnmente no adecuadamente reconocidos, distinguidos y recíprocamente conectados–, de “la crisis moderna”: es decir, de aquella peculiar consistencia que las crisis sociales e históricas adquieren en la modernidad caracterizada por la vigencia del modo de producción capitalista. Los dos aspectos son, respectivamente: aquel que en ciertos círculos es “deplorado como oleada de materialismo”, por un lado; y su complemento político-cultural, por el otro, consistente “de lo que se llama crisis de autoridad”. Con ese segundo elemento, Gramsci se refiere, más articuladamente, a aquella circunstancia en la cual “la clase dominante ha perdido el consenso” que normalmente le brindaban “las grandes masas”, determinada por el hecho de que éstas, imprevistamente, “se apartan de las ideologías tradicionales, dejan de creer en lo que antes creían etc.”. Eso provoca el desgarramiento del velo de apariencias que permitía la ocupación de una posición hegemónica por parte de la clase (o sujeto) dominante, haciendo asimismo que ésta efectivamente “ya no sea ‘dirigente’, sino únicamente ‘dominante’, detentora de la mera fuerza coercitiva» hacia los demás grupos sociales dominados. 119 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi La crisis, entonces, no es “simplemente” un hecho material, ni se consume en una ruptura subitánea tampoco; más bien, es un complejo mecanismo dramáticamente desleído en tiempo, protagonizado también por formas políticas y cultural-intelectivas que, habiendo perdido su anclaje con la substancial real y social de la cual habían surgido, tienden a desmembrarse y a corromperse peligrosamente antes de desaparecer en diferido. Todo eso significa y expresa el famoso enunciado en el cual Gramsci afirma que: “La crisis consiste precisamente en que lo viejo muere cuando lo nuevo no puede todavía nacer: en ese interregno ocurren los fenómenos morbosos más variados” (1930 [1975]: 312). Desde nuestra perspectiva, esa formulación nos parece marcadamente más enigmática de cuanto solitamente no se note, siendo la elección de los términos hecha por el autor, abierta a una interpretación más inquietante y trágica de su concepto. De hecho, aquí lo que es evocado no es solamente un vacío de poder “legitimado” (que es otra forma de definir la cuestión de la autoridad, con referencia a la cual se había abierto el párrafo), sino también el riesgo de un vacío de vida en la medida en que Gramsci metafóricamente se apela a la subsistencia de un interregno de la absoluta negación. En efecto, la forma indicativa presente por él utilizada para expresar el proceso de decaimiento de “lo viejo” (“il vecchio muore” en su versión original), deja posible la interpretación de un “pasado” que puntualmente, ahora, acaba de morirse ya, pero malversando, extenuando y arrastrando consigo en la nada, toda oportunidad para que “lo nuevo” pueda efectivamente nacer en algún momento futuro, ya que –atrapado en la formulación original, que dice: “il nuovo non può nascere”– no ha ya nacido aún, ni nace ya ahora. Esa interpretación es evidentemente estimulada e inducida por la condición política y geopolítica actual, caracterizada por un lado por las perspectivas ya marcadas por el perfil literalmente suicida –según William McNeill (1982)– que el poder destructivo humano ha alcanzado a partir del desarrollo y del empleo directo o indirecto de los explosivos atómico-nucleares; y por el otro por aquella más contingente anomalía que, sin embargo, distingue marcadamente nuestro tiempo, y el estado contemporáneo del sistema mundo, como excepcional y único a lo largo de la entera historia del capitalismo. Como Arrighi ha evidenciado en repetidas ocasiones (1994; 2009), tal anomalía consiste en específico de la bifurcación que ha madurado, a escala planetaria, sobre todo en, o a partir de, los años ochenta, entre el poder militar y el poder económico. El primero se ha quedado enormemente concentrado en el sujeto aún dominante, pero ya post-hegemónico, que son los Estados Unidos, en una medida absolutamente inédita a lo largo de la entera historia de la humanidad; mientras que el segundo se ha progresivamente desplazado y concentrado en Asia oriental, y principalmente en China, como efecto de dos estrategias convergentes: por un lado, aquella orquestada por las burguesías occidentales en reacción a las crisis sociales, políticas y de acumulación de capital ocurridas entre los años sesenta y setenta, que se ha expresado en los radicales procesos de restructuración, en estilo “contrarreforma”, de la división internacional del trabajo y de las cadenas del valor; por el otro, en cambio, la estrategia de la clase dirigente comunista de www.editorial.unican.es 120 la cooperación internacional en la encrucijada la República popular de China, la cual, después de haber fundado, durante las primeras décadas posteriores a la exitosa revolución, su constitución material sobre el posicionamiento externo a la estructura de la economía-mundo construida y hegemonizada por los occidentales (Sivini 2022), ha creado, dentro de su propia arquitectura político-financiera, espacios para la atracción y la gestión controlada de los capitales de los inversionistas extranjeros. Como justamente no deja de notar Arrighi, la situación resultante de estas dos estrategias es altamente crítica e implica perspectivas de transformaciones sistémicas nunca exploradas hasta ahora. En sus palabras: It has deprived the West of one of the two most important ingredients of its fortunes over the preceding five hundred years: control over surplus capital. Equally important, if China or East Asia were to become hegemonic in the future, it would be a very different type of hegemony than the Western type of the past five hundred years (Arrighi, 2009: 380). Con base en la precisa conciencia de este complejo estado del sistema mundo contemporáneo, y de tal condición de bifurcación tan peculiar, el sociólogo italiano define como sigue las tres direcciones que la historia podría tomar: The United States and its European allies might attempt to use their military superiority to extract a “protection payment” from the emerging capitalist centers of East Asia. If the attempt succeeded, the first truly global empire in world history might come into existence. If no such attempt was made, or if it was made but did not succeed, over time East Asia might have become the center of a world market society buttressed, not by superior military power as in the past, but by the mutual respect of the world’s cultures and civilizations. It was nonetheless also possible that the bifurcation would result in endless worldwide chaos. As I put it then, paraphrasing Joseph Schumpeter, before humanity chokes (or basks) in the dungeon (or paradise) of a Western-centered global empire or of an East Asian-centered world-market society, “it might well burn up in the horrors (or glories) of the escalating violence that has accompanied the liquidation of the Cold War world order.” (ídem: 381). La condición de posibilidad de afirmación de la primera perspectiva requeriría la efectiva disponibilidad o el desarrollo, por parte de los centros de acumulación y de poder occidentales, de una capacidad de control “over the most prolific sources of world surplus capital-sources which are now located in East Asia”. Creemos que las fuerzas que han inspirado y llevado adelante el notorio “Project for a New American Century” sobre todo en los primeros lustros del nuevo milenio, han apostado especialmente sobre un factor complementar al extraordinario poderío estadunidense en los campos estratégicos militar y financiero: la difusión global del uso, y especialmente la difusión del control global del uso, de aquellos dispositivos electrónico-digitales de comunicación, interconexión, intermediación, absor- 121 cooperación, guerra y paz en el siglo xxi ción, acumulación, gestión y significación de todo tipo de datos y experiencias individuales y colectivos en todo el mundo, vinculados a la tecnología de origen militar que es internet y al gran rol desempeñado por las grandes corporaciones privadas estadounidenses del sector en desarrollar el capitalismo de la vigilancia (Zuboff 2019). El proyecto consistía en: ampliar esa red tan fuertemente implicada con las perspectivas estratégicas del Pentágono y del capitalismo estadounidense, hasta alcanzar todos los intersticios y rincones del mundo; atrapar en ella literalmente toda la sustancia humana del mundo, subiéndola en esa nueva dimensión, y substrayéndolas así, por ende, a sus vínculos afectivos, sociales, culturales, económicos, políticos, jurídicos, etc. preexistentes y ya organizados por otros Estados. Justamente la postura de oposición y resistencia estratégica a ese proyecto adoptada por parte de algunos países considerados enemigos por Estados Unidos, ha determinado el fracaso de la perspectiva orientada hacia la creación de la pesadilla de un “truly global world-empire” con su centro fuertemente arraigado en Washington. Extendiendo algunas de las cruciales categorías elaboradas por Giorgio Agamben (1995) a ese diferente plan de análisis, podríamos decir que Estados Unidos, a lo largo de los últimos años, ha tratado de sobrepasar ese obstáculo reorganizando los objetivos, los principios y los métodos de ese mismo proyecto de alcance “imperial”, poniendo fuertemente el acento sobre la dimensión global –es decir, supra y transnacional– de algunas cuestiones estratégicas y de su propia concepción de las soluciones. En particular, eso se está manifestando sobre todo: por un lado, en el proceso de construcción históricamente determinado de las cuestiones biopolíticas y ahora ecopolíticas de la “salud” sea de la vida desnuda de los meros “cuerpos” individuales de los “ciudadanos” de todos los países del mundo (es decir, desconsiderando la jurisdicciones “nacionales”), sea del clima desnudo –podríamos, por similitud, decir– del planeta entero; proceso que, por el otro lado, se acompaña a la elaboración de mecanismos más y más violentos y sutiles de imposición autoritaria y despótica de las particulares soluciones políticas y comerciales –como hemos visto, vivido y sufrido en ocasión de la así llamada pandemia de Covid-19– inspiradas en las visiones (y en los costosos productos) de la tecno-ciencia con base en las más influyentes corporaciones del capitalismo estadounidense y occidental y en los intereses del Pentágono. También la segunda de las perspectivas hipotetizadas por Arrighi –la de un sistema mundo no capitalista, sino basado en una verdadera economía de mercado, con centro en China y respaldo ofrecido no por su superioridad militar, sino que por el establecimiento de un paradigma cooperativo y multilateral reforzado por el respeto de todas las partes involucradas– parece haber perdido y estar perdiendo verosimilitud en comparación con el estado del mundo en el momento de su formalización. Eso porque, a pesar de los exitosos esfuerzos de China de volverse sujeto promotor y garante de ese tipo de estructura y pautas relacionales en muchos y crecientes sectores del escenario internacional –produciendo toda una serie de instituciones para el desarrollo de políticas y prácticas multilaterales, efectivamente orientadas al perseguimiento del mutuo beneficio–, mientras tanto no se ha para nada reducido, sino que más bien ha notablemente aumentado, la voluntad de los Estados www.editorial.unican.es 128 la cooperación internacional en la encrucijada Referencias Agamben, Giorgio (2020). A che punto siamo? L’epidemia come politica. Macerata: Quodlibet. Agamben, Giorgio (1995). Homo sacer. Il potere sovrano e la nuda vita. Torino: Einaudi. Aristóteles (IV siglo a.C.) (2010 [1988]). Política. Madrid: Gredos. Arrighi, Giovanni (2010 [2009]). Post-script to the second edition of The Long Twentieth Century. In Giovanni Arrighi (1994), The Long Twentieth Century. New York: Verso. 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Zuboff, Shoshana (2019). The age of surveillance capitalism. New York: Public Affairs. 129 IV ¿Hacia una segunda guerra fría? cooperación y conflicto en el siglo XXI Eduardo Crivelli Minutti1 Elías Martínez Bello2 Christian Tello de la Rosa3 Introducción En 1947, el asesor del entonces presidente estadounidense Harry S. Truman, Bernard M. Baruch, acuñó el uso moderno del término “Guerra Fría”4, para describir las tensas relaciones que se estaban gestando entre Estados Unidos y la Unión Soviética, como contraste con la guerra “caliente5”, es decir, la Segunda Guerra Mundial, que había finalizado dos años antes (Gerber, 1982). Esta idea fue retomada y popularizada poco más tarde por el columnista Walter Lippmann (1947), en su libro titulado The Cold War: A Study In U.S. Foreign Policy [La Guerra Fría: un estudio sobre la política exterior de los Estados Unidos]. Desde entonces el término ha servido para dar cuenta de ese periodo en el que el sistema interestatal se volvió bipolar, en constante tensión política y diplomática, hasta que, en 1 Profesor de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México nivel 1 (SNI 1). Secretario de la coordinación del Grupo de Investigación en cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo (GICSS-REEDES). E-mail [email protected] 2 Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. E-mail: [email protected] 3 Estudiante de la Licenciatura en Relaciones Internacionales en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. E-mail: [email protected] 4 El periodista, Herbert B. Swope, ocasional escritor de los discursos de Baruch, es el primero en dar cuenta de esa expresión en un discurso del 16 de abril de 1947. 5 A Baruch se le atribuye el uso moderno del término “Guerra Fría” en contraposición a la “guerra caliente”, cuyo origen puede rastrearse desde el siglo XIV, cuando el regente de Castilla y León, el infante don Juan Manuel (1332), al referirse a los enfrentamientos de los cristianos y los musulmanes en la Península Ibérica, aseguraba que “la guerra muy fuerte y muy caliente, aquella se acaba ahí, o por muerte o por paz; más la guerra tibia ni trae paz ni da honra al que la hace” (don Juan Manuel, 1982, [1332, I, LXXIX, 75]: 357). www.editorial.unican.es 130 la cooperación internacional en la encrucijada diciembre de 1989, el líder soviético Michael Gorbachov, y el presidente estadounidense George H. W. Bush declararon terminada la Guerra Fría (BBC, 1989), aunque en realidad esa situación se prolongó hasta la disolución de la Unión Soviética en 1991. Cuando esto sucedió, por primera vez en la era moderna, los Estados Unidos se entronizaron como el Estado más poderoso del mundo, operando en un escenario global sin las restricciones de otras grandes potencias y con ello el mundo parecía adentrarse a la era unipolar estadounidense (Ikenberry, 2004: 144). No obstante, lejos de esa situación, desde el último cuarto del siglo XX, el desarrollo de China comenzó a “amenazar todos los equilibrios mundiales”, como bien advirtió tempranamente Samir Amin (1994), en un escenario en el que los Estados Unidos se sienten cada vez más amenazados, por su relativo declive como hegemonía mundial, en el marco de la crisis del capitalismo global. Huntington (1997) consideraba que China inevitablemente chocaría con la civilización occidental, desplazándola como la civilización dominante en el mundo. Por eso Joseph Nye (1995) aconsejaba mantener el despliegue militar estadounidense en Asia, como si la Guerra Fría no hubiese terminado (Nye, 1995: 91-95). Es por ello por lo que no han faltado los análisis de periodistas, políticos y académicos que intentan hacer paralelismos de la situación política mundial actual con la Guerra Fría (1947-1991), tratando desde perspectivas y apelativos diversos, lo que, en suma, se interpreta como una segunda versión de ese conflicto bipolar que parece estar desarrollándose actualmente entre los Estados Unidos y sus aliados occidentales versus el otro polo oriental, en el que el viejo liderazgo soviético ha sido reemplazado por el nuevo impulso de China. Es por ello por lo que surge la interrogante que apunta ¿hasta qué punto el contexto de cooperación y conflicto en el siglo XXI reproduce las lógicas de la Guerra Fría o bien si el mundo está de cara ante algo distinto? Para tratar de responder a esta pregunta, la hipótesis que guía este trabajo es que, lejos de ser un capítulo terminado, el panorama de Guerra Fría, caracterizado por la bipolaridad, con dos órdenes mundiales separados y mutuamente excluyentes, parece ser rearticulado por los estadounidenses desde el último cuarto de siglo XX, como un continnum que busca mantener un equilibrio geopolítico congelado para fortalecer su aparato monetario y su complejo militar-industrial ante su creciente crisis financiera y hegemónica. Como hipótesis subordinada se sostiene que, lejos de enfrascarse en una dinámica de guerra fría, China va ganando terreno desde el multilateralismo, coexistiendo, o bien solapándose, en el campo de la cooperación internacional, en un intersticial y anómalo ascenso que tensiona el campo militar, el cual es el espacio privilegiado en el que los Estados Unidos también buscan influir para rearticular su proyecto de orden mundial. Por tanto, el objetivo del capítulo es reflexionar sobre la idea de la llamada “segunda guerra fría”, poniendo de relieve los procesos de cooperación y conflicto en el siglo XXI. Para ello, el trabajo sigue una metodología de economía política internacional crítica, en la que se recupera la tesis de Fred Halliday (1984), sobre los orígenes de la llamada “segunda gue- 131 ¿hacia una segunda guerra fría? rra fría”, caracterizada como una etapa del conflicto bipolar pasado, en la que la tendencia ideológica se intensificó con el fin de identificar a la Unión Soviética como una amenaza para toda la humanidad y reconstruir con ello un sistema de aliados, permitiendo el incremento de las inversiones en el complejo militar-industrial estadounidense, favoreciendo al contexto de sus crisis económicas internas aún irresueltas. Así que este trabajo explora continuidad y ampliación de la “segunda guerra fría”, como correlato de la crisis hegemónica de los Estados Unidos en la geopolítica y la geoeconomía del moderno sistema mundial. El capítulo se divide en cuatro partes. En la primera de ellas se reflexiona sobre el término de la Guerra Fría y los procesos de hegemonía mundial en la conformación de distintos bloques de poder. En el segundo apartado se describe el desarrollo del conflicto y cooperación en lo que fue considerada como una “segunda guerra fría”, a partir de la crisis de la economía mundial del último cuarto del siglo XX. La tercera parte del capítulo discute las particularidades de la continuidad de esa “segunda guerra fría”, que parece estar desarrollándose en el marco de tensiones entre el bloque liderado por la tradicional hegemonía estadounidense y uno alternativo que se vislumbra con China a la cabeza. El texto cierra con una serie de consideraciones finales. 1. Guerra Fría y hegemonía En la primera mitad del siglo XX, Lenin (1917) pensaba que los capitalistas, impulsados por sus intereses egoístas, nunca podrían unirse en una cooperación genuina y duradera, pues su afán de lucro y acumulación de riqueza los atraparía en una lucha constante por la dominación y los recursos. Esta competencia capitalista no sólo se habría limitado a la esfera económica, sino que se extendería a todos los aspectos de la sociedad, incluida la política, aumentando la rivalidad económica entre las potencias capitalistas, lo que desembocó en innumerables conflictos y dos grandes guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, cuando los estadounidenses reconstruyeron el mundo de posguerra, el estilo paranoide que mantenía su cohesión interna6, fue externado al mundo con el miedo al comunismo y la amenaza creada que representaba la Unión Soviética, lo cual llevó 6 Al ser una sociedad de base inmigrante multiétnica era imposible un estrecho nacionalismo étnico de corte europeo o japonés. Por eso, la dificultad de los estadounidenses para lograr cotas suficientes de cohesión interna en una sociedad étnicamente mixta caracterizada por un intenso individualismo y por la división de clase había producido lo que Richard Hofstader (1996) llamó “el estilo paranoide” de la política estadounidense, el cual estaba basado en el temor a que algún “otro”, como el bolchevismo, el socialismo, el anarquismo o incluso los meros “agitadores extranjeros”, para conseguir una fuerte solidaridad política en el frente interno (Harvey, 2015 [2005]: 52-53). www.editorial.unican.es 132 la cooperación internacional en la encrucijada a los capitalistas a cooperar en contra de su naturaleza competitiva. Ejemplo de ello fue la creación del sistema de Bretton Woods de 1944 diseñado para promover la estabilidad en el sistema monetario global vinculando las monedas al dólar estadounidense, que a su vez estaba vinculado al oro, y velaba por los apoyos gubernamentales a empresas e industrias, además de la formación de asociaciones comerciales o la creación de organizaciones económicas internacionales como el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Todo ello se desarrolló a la sombra de una intensa tensión ideológica, política y militar sostenida entre las democracias occidentales y las potencias comunistas, en el marco de una serie de confrontaciones de poder, operaciones encubiertas y carreras armamentistas, y tuvo un profundo impacto en la política global y las relaciones internacionales de la segunda mitad del siglo XX (Westad, 2005). En consecuencia, el término “segunda guerra fría” surge para describir un escenario de tensiones similares entre bloques políticos globales, si bien ahora parecen más dispersos y distintos. Simon Tisdall (2014), por ejemplo, habla de una “nueva guerra fría”, Dimitri Trenin (2014), de una “guerra fría II”; y Paul Laudicina de una “guerra fría reducida”, cuando denuncian las ambiciones geopolíticas de Rusia, bajo el liderazgo de Vladimir Putin, o bien, de una “guerra fría 2.0”, como la que propone Lucas de la Cal (2021), en la que China tiene un rol más protagónico. En general, estas perspectivas coinciden con el hecho de observar un proceso de polaridad creciente que podría anticipar una tendencia a la fragmentación de la política mundial en bloques, tal y como sucedió en la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, para Wallerstein la Guerra Fría, lejos de configurar un mundo bipolar, en realidad se desarrollaba en los términos de un sistema unipolar, pues estaba basada en el orden liberal orquestado por los Estados Unidos, con un arreglo en común con la Unión Soviética, para mantener un equilibrio geopolítico básicamente congelado. A pesar de todas las declaraciones en contra, entre las partes enfrentadas, ese acuerdo político nunca fue violado de forma significativa por ninguno de los dos antagonistas, por lo que la Guerra Fría se podría considerar como un conflicto orquestado y altamente limitado (Wallerstein, 1998 [1995]: 35). Así que, la Guerra Fría fue el momento en que los Estados Unidos se convirtieron en la potencia dominante gracias a su capacidad de utilizar su poder financiero y militar para imponer su hegemonía en el mundo, pero esto no habría sido posible sin la amenaza percibida del comunismo, que requería un frente unido y una respuesta coordinada, frenando la competencia inter-imperialista que había provocado dos guerras mundiales, y obligando a los capitalistas occidentales a cooperar para hacer frente a la presión que suponía el comunismo. No obstante, como bien anticipaban las tesis leninistas, la cooperación inter-capitalista de posguerra fue bastante limitada y pronto los capitalistas comenzaron a competir entre sí por las ganancias y la participación en el mercado, lo que condujo a una acu- 133 ¿hacia una segunda guerra fría? mulación de dólares estadounidenses en reservas de divisas sobre todo en los polos de desarrollo industrial de la Europa occidental y el Asia oriental, obligando al presidente Richard Nixon a poner fin al sistema de Bretton Woods y desligando el dólar del oro, para otorgar a los estadounidenses la capacidad para imprimir dólares a voluntad. Los Estados Unidos trataron de mantener la calma entre sus aliados de la Europa occidental y Japón, tranquilizando también a los estadounidenses al reducir las tensiones de la Guerra Fría y ambos bloques comenzaron a hacer concesiones para la paz y la seguridad, en un período de distensión. Todo esto creó un entorno económico más globalizado y liberalizado, lo que facilitó la movilidad de los capitales y las inversiones a nivel mundial. Las empresas estadounidenses comenzaron a buscar oportunidades en otros países con mano de obra más barata, menores regulaciones y mayores incentivos fiscales. En la medida que las empresas estadounidenses de bajo y medio nivel comenzaron a deslocalizarse hacia los países menos desarrollados, dejando en el territorio solo aquellas de alto nivel, sobre todo financieras y de servicios financieros, el gobierno estadounidense lograba que todas las transacciones globales de petróleo fueran reguladas en dólares, manteniendo de momento bajos los precios del hidrocarburo en el bloque occidental. Luego, el aumento de los precios del energético, promovido por la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), paradójicamente, sirvió para alimentar la increíble montaña rusa de las monedas de las últimas décadas que ayudaron a resolver parte de las dificultades del Norte, convirtiéndose también en préstamos para gobiernos con problemas en sus balanzas de pagos, lo que significaba casi todos los estados africanos, grandes partes de América Latina y Asia y también casi todo el llamado bloque socialista (Wallerstein, 1995: 59). Al mismo tiempo, con la famosa “guerra estelar” los estadounidenses obligaban a la Unión Soviética a aumentar su gasto militar, haciéndola depender de energéticos más costosos y cada vez más cercada por Occidente en su acceso a dinero, tecnología e inversiones, de modo que no pudiera obtener los recursos que requería para su desarrollo (Liang, 2021 [2016]: 121). No obstante, a pesar de esa asombrosa estrategia geopolítica que parecían desplegar los estadounidense, incluso George Soros (1987) notó que había una contradicción a nivel interno, denunciando que por una parte el presidente Ronald Reagan quería reducir los impuestos para disminuir el papel del gobierno federal en la economía nacional, mientras que por otra parte asumía una posición militar dura en lo que consideraba la amenaza comunista. Hacer las dos cosas a la vez parecía algo prácticamente incompatible (Soros 1987: 110). Sin embargo, al sustentar el sistema financiero internacional en su moneda, los Estados Unidos pudieron tomar préstamos a tasas de interés bajas para financiar su consumo interno y financiar su gasto militar, lo que disparó la deuda del gobierno estadounidense respecto a su Producto Interno Bruto (PIB), que no ha dejado de aumentar desde entonces, tal y como se muestra en la siguiente gráfica. www.editorial.unican.es 134 la cooperación internacional en la encrucijada Gráfico 1. Deuda del gobierno de los Estados Unidos (total % del PIB) y Déficit comercial de los Estados Unidos Elaboración propia con base en Banco Mundial (2023). En estas condiciones, Braudel (1979) notó que cuando comienza la etapa otoñal de un ciclo de acumulación de capital, centrado en el espacio geográfico determinado por potencias hegemónicas que lo dirigieron, ésas empiezan a consumir más de lo que producen y teniendo grandes déficits comerciales con el resto del mundo, tal y como parece estar sucediendo desde el último cuarto del siglo XX con los Estados Unidos7. Tras mejorar su eficiencia económica, los países de la Europa occidental y el Asía oriental lograron disminuir el poder económico de los estadounidenses, provocando su declive relativo como hegemonía mundial reduciendo con ello también su arco de influencia política hasta el grado de forzarlos a utilizar, con cada vez más frecuencia, su fuerza militar y no sólo en amenazar con hacerlo, tal y como sucedió históricamente con las otras potencias hegemónicas en su fase de declive (Wallerstein, 2004 [2005]: 85). Por eso, vale la pena retomar la idea de Fred Halliday (1984), quien notó que la Guerra Fría se habría dividido en cuatro etapas consecutivas. La primera de ellas es la llamada 7 Braudel (1979) estudió cómo históricamente las potencias dominantes como España, Francia y Gran Bretaña a menudo dependían de la deuda para financiar su expansión militar y económica y si bien eso les permitió mantener su dominio a corto plazo, también creó una carga que finalmente socavó su estabilidad y competitividad a largo plazo. 135 ¿hacia una segunda guerra fría? “primera Guerra Fría” (1946-1953), que fue cuando ni el Este ni el Oeste fueron capaces de predominar uno sobre el otro, de modo que su desenlace quedó inconcluso debido a la paridad de fuerzas en ambos lados. La segunda etapa fue la del periodo de “antagonismo oscilatorio” (1953-1969), caracterizado por una confrontación más estancada, con momentos de distensión y de negociación entre las superpotencias. La tercera fase fue propiamente una “distensión” (1969-1979), en la que se relajaron las tensiones en la rivalidad Este-Oeste, reduciendo la carrera armamentista y en una tendencia más tolerante hacia la contraparte. Por último, la cuarta etapa fue la de “la segunda guerra fría”, que va desde 1979 en adelante, con una fuerte tendencia ideológica que dejó de lado la amenaza abstracta del comunismo, para enfocarse en contrastar concretamente a la Unión Soviética8 como enemigo declarado (Halliday, 1989 [1983]: 23). Siguiendo esta perspectiva, se observa que en medio de una aguda intensificación de la carrera de armamentos y de la lucha político-ideológica entre las dos superpotencias: la “segunda guerra fría” de Fred Halliday (1983) fue acompañada por la expansión financiera de las décadas de 1970 y 1980 (Arrighi, 1994 [2018]: 30, 55). Aquí, vale la pena no perder de vista que Paul Kennedy advertía que cuando una proporción excesiva de los recursos de los Estados se desvía de la creación de la riqueza para colocarlos en objetivos militares, esto puede contribuir al debilitamiento del poder nacional en el largo plazo (Kennedy, 1998 [1979]:10-11). Por tanto, se considera que lejos de ser un conflicto terminado, la estrategia seguida por los estadounidenses en la llamada “segunda guerra fría” tiene como correlato su erosión hegemónica, y guarda similitudes con las otras transiciones hegemónicas del moderno sistema mundial entre las Provincias Unidas, Gran Bretaña y los Estados Unidos sucesivamente. En todos los casos, cuando el líder de cada expansión productiva y comercial que se acercó a su fin parece haber cosechado los frutos de su trabajo, mediante el acceso privilegiado a la liquidez de capital que se acumula en los mercados financieros mundiales, haciendo, a su vez, cada vez más uso de la fuerza militar para contener, al menos por un tiempo, las fuerzas competitivas que han atentado sobre su predominio. 2. Expansión financiera en la segunda guerra fría Lejos de aceptar los límites de su hegemonía mundial, Henry Kissinger apuntaba que para el presidente estadounidense Richard Nixon el proceso de sacar a su país de Vietnam 8 Para 1985 se hablaba en Washington de una Doctrina Reagan, una campaña para orientar las fuerzas del nacionalismo contra la Unión Soviética señalando que, con la Doctrina Brézhnev, se había vuelto la última gran potencia imperialista. Sin embargo, la Doctrina Brézhnev había muerto cuando los guías del Kremlin dependen de amenazas de emplear la fuerza para mantener su control sobre Europa oriental, pero sabiendo que en realidad no podían usar la fuerza (Gaddis, 2011 [2005]: 201). www.editorial.unican.es 136 la cooperación internacional en la encrucijada había sido un esfuerzo por mantener la posición de predominio de los Estados Unidos en el mundo. La diplomacia estadounidense trató de abrirse paso entre las grandes grietas de lo que hasta ese momento, durante toda la Guerra Fría, había parecido el monolito comunista, sobre todo aprovechando las tensiones fronterizas entre la Unión Soviética y China, buscando la apertura de este país asiático, para reincorporarlo “al juego de la diplomacia mundial” bajo la tutela de los Estados Unidos (Kissinger, 1994: 696, 707; 2012: 289). Así que, desde finales de la década de 1970, el gobierno de los Estados Unidos aumentó las presiones diplomáticas, militares y económicas contra la Unión Soviética, en un momento en que el mundo ya sufría un estancamiento económico. Con la presión que provocó la escisión china del bloque comunista, luego de la visita del presidente estadounidense a Beijing, los Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron dos acuerdos de control de armas, logrando un periodo de distensión de la guerra fría, lo cual fue calificado como un gran triunfo para la diplomacia y para la campaña de reelección de Nixon, mientras que Kissinger, “el gran maestro del ajedrez de las grandes potencias”, fue ascendido a secretario de Estado. El problema era que este plan significaba hacer negocios con China, donde ningún funcionario estadounidense había puesto un pie desde 1949. Nail Ferguson (2006) sugiere que Kissinger y Nixon en realidad eran las piezas de ajedrez en el tablero de Mao, que había logrado de un solo golpe impulsar la posición internacional de China, acercarse a la anexión de Taiwán y sacar a Estados Unidos de Asia (Ferguson, 2006: 619, 621). Por eso, esta fase de distensión de la Guerra Fría también marcó el inicio de la decadencia de la hegemonía de los Estados Unidos y a su vez el comienzo de lo que Aglietta llamó una “economía de endeudamiento”, impulsada por el ritmo del crédito internacional y por las fluctuaciones del dólar (Aglietta, 2004 [1987]: 121). En otras palabras, el estallido del déficit presupuestario de los Estados Unidos aceleró el tsunami de capital extranjero que fluía hacia Nueva York, pues deseosos de comprar deuda americana segura en una época de incertidumbre general, los excedentes de todo el mundo fluían hacia Wall Street que creaba más dinero privado para alimentar un consumo cada vez mayor (Varoufakis, 2015 [2012]: 181-182). Los estadounidenses aprovecharon el aumento de los precios de los energéticos para canalizar buena parte del excedente mundial de los países productores de petróleo y de otros países menos industrializados hacia los bancos occidentales, sobre todo de los Estados Unidos. Estos bancos vieron el dinero de vuelta a los países menos desarrollados en forma de préstamos, sobre todo a aquellos de América Latina, en especial Argentina, Brasil y México, que ansiosos por industrializarse, pudieron equilibrar momentáneamente sus presupuestos y continuar a importar manufacturas occidentales. En este escenario comenzaron a traslaparse cuestiones estratégicas y estrictamente económicas, pues la deuda de Estados como Turquía, Zaire o Brasil, que no podían permitirse cumplir fácilmente con su programa de reembolso resaltaba los peligros 137 ¿hacia una segunda guerra fría? para la comunidad de negocios de los Estados Unidos. El incumplimiento de pagos de México en 1982 resaltó esos riesgos. Por eso la comunidad de negocios estadounidense tenía un interés aumentado en asegurar que los Estados Unidos mantuvieran su influencia en estos Estados y la capacidad de invertir donde fuese necesario para preservar esa influencia. Esto hizo más evidente la necesidad de los estadounidenses por mantener regímenes capitalistas amigos, sobre todo aquellos gobiernos derechistas autoritarios, que dirigieron sus procesos de industrialización apoyando las estrategias de guerra fría y comprando gran cantidad de armamento a los estadounidenses (Halliday, 1989 [1983]: 174). Luego, el conflicto entre Argentina y Gran Bretaña por las islas Malvinas de 1982 provocó un fuerte aumento en los precios del petróleo, lo que tuvo un impacto particularmente negativo en las economías latinoamericanas, además de que la guerra contribuyó a una sensación más amplia de inestabilidad política y económica en la región. Esto provocó una crisis financiera en toda América Latina, pues los inversores de todo el mundo, viéndola en guerra y con un clima de inversión bastante deteriorado, se retiraron en masa, regresando a los Estados Unidos que era un lugar más seguro para invertir. La Federal Reserve alzó las tasas de interés no dejando otra opción a los inversores que dejar sus capitales en los Estados Unidos, cazando títulos de Estado del gobierno federal estadounidense y de otras actividades financieras, generando enormes ganancias para los norteamericanos que regresaron a Sudamérica a comprar en precios de saldo los negocios quebrados (Liang, 2021 [2016]:99-100). La crisis fue acompañada por la implementación de medidas de austeridad por partes de los gobiernos que buscaban asistencia financiera del Fondo Monetario Internacional que sobrevivió al colapso de Bretton Woods, reconvertido en sus prioridades y objetivos, pasando de ser un órgano de vigilancia a un regulador y sensor de políticas macroeconómicas y de las estructuras de mercado al interior de los Estados. Mientras tanto, los Estados Unidos buscaban reducir el valor del dólar estadounidense frente a otras monedas importantes, como el yen japonés y el marco alemán, para que las exportaciones estadounidenses fueran más competitivas en los mercados mundiales y reducir el déficit comercial estadounidense. Reunidos en el Hotel Plaza de Nueva York en 1985, los representantes de los Estados Unidos, Japón, Alemania, Francia y Gran Bretaña llegaron al acuerdo de reducir en más de tres veces el valor del dólar estadounidense, lo que condujo a un aumento de las exportaciones estadounidenses y una disminución de su déficit. En consecuencia, el aumento en los precios de los activos japoneses y el desarrollo de la burbuja económica en aquel país lo llevó a una crisis financiera a principios de la década de 1990. La crisis, desapercibida al principio, también había comenzado a minar desde dentro al “segundo mundo”, de las “economías de planificación centralizada”, desde la década de 1970, sobre todo dentro de la enorme área de la Unión Soviética en la que había distriwww.editorial.unican.es 144 la cooperación internacional en la encrucijada Tabla 1. Países que integran la Belt and Road Initiative (por región y año en que firmaron el Memorándum de Entendimiento) Fuente: Elaboración propia con base en Nedopil (2023). 145 ¿hacia una segunda guerra fría? De esta manera, China además de crear sus propios mecanismos de cooperación multilateral, apostando por el multilateralismo para ir en contra del hegemonismo, incluso incorporándose y participando activamente en los mecanismos de cooperación “occidentales” para ir en coherencia con su idea del desarrollo pacífico multilateral, también ha reconocido la importancia de la influencia y peso que tiene la política de defensa para con la política exterior. Por ello, China ha reformulado su política de defensa de cara a los nuevos retos de la arena internacional y sus propios intereses y prioridades nacionales, que van de la mano con una fuerte competitividad con Occidente, aunque el enfoque de la nueva política de defensa china representa un nuevo paradigma de defensa, ya que el enfoque que se le da, para la promoción de la paz, es diferente en algunas cuestiones al que Occidente está acostumbrado. Lo anterior, se sustenta con lo que China ha plasmado como sus directrices de política de defensa en el documento “China’s National Defense in the New Era”, al puro estilo de la Guerra Fría del siglo XX, pero con nuevas características y realidades políticas y económicas, acompañado por los planteamientos del nuevo “Libro Blanco” de defensa chino16. Sin embargo, para Pablo Bustelo (2005) los “Libros Blancos” deben ser siempre leídos con un espíritu particularmente crítico, ya que China probablemente esconda más de lo que muestra, pues, en principio busca mantener la confianza de la comunidad internacional y refrendar su “promoción de la paz”. Pero desde 2020, China se mantiene como la segunda posición del ranking de países con mayor gasto militar, con alrededor de $US 293.000 millones, sólo por detrás de Estados Unidos, que rebasa los $US 800.000 millones es decir, casi tres veces más que el país asiático17. En suma, China cuenta con el tercer ejército más poderoso del mundo, por detrás de los Estados Unidos y Rusia, tal y como se muestra en la siguiente tabla. 16 El libro se divide en seis secciones: (i) la situación de seguridad internacional; (ii) la política de defensa nacional ante los nuevos desafíos; (iii) el cumplimiento de las misiones y tareas asignadas de las fuerzas armadas; (iv) las principales reformas emprendidas; (v) el presupuesto; y (vi) la participación de China en la comunidad internacional. 17 A pesar del impacto económico de la COVID-19, el gasto militar mundial ha seguido aumentando desde 2015. Sin embargo, debido a la recuperación económica mundial en 2021, el porcentaje del gasto militar mundial como porcentaje del PIB mundial disminuyó ligeramente del 2.3 % en 2020 al 2.2%. Además, el gasto militar promedio como porcentaje del gasto público se mantuvo sin cambios en 5.9 % en 2021 en comparación con 2020 (Lopes da Silva, et al., 2022). www.editorial.unican.es 146 la cooperación internacional en la encrucijada Tabla 2. Ejércitos más poderosos del mundo Personal activo Personal en reserva Aeronaves Tanques Barcos Armas nucleares Estados Unidos 1,395,000 843,000 13,247 6,612 484 5,550 Rusia 9000,000 2,000,000 4,173 12,420 605 6,255 China 2,035,000 510, 000 3,285 5,250 777 350 India 1,460,000 1,155,000 2,182 4,614 295 156 Japón 247,000 56,000 1,449 1,004 155 0 Corea del Sur 555,000 3,1000,000 1,595 2,624 234 0 Francia 203,000 41,000 1.055 406 180 290 Reino Unido 153,000 75,000 693 227 75 225 Pakistán 652,000 0 1,387 2,824 114 165 Brasil 367,000 1,340,000 679 439 112 0 Fuente: Elaboración propia con base en Padinger (01 mar 2022).. Entre 2018 y 2022, China experimentó un aumento del 4.1% en sus importaciones de armas, que representaron el 4.6% del total mundial. La mayor parte de estas importaciones, alrededor del 83%, procedieron de Rusia, la cual entre 2020-2022 suministró sobre todo helicópteros y motores de aviones, que habían tenido problemas para desarrollarse a nivel nacional en el país asiático (Wezeman, Gadon y Wezeman, 2023: 9). El gobierno chino sostiene que sus intereses de defensa miran a realizar acciones contra el terrorismo y en participar en las operaciones de mantenimiento de la paz de la Organización de las Naciones Unidas (Ministry of Foreign Affairs-China, 2018), pero China también está involucrada en controversias internacionales, principalmente por cuestiones territoriales o fronterizas con sus vecinos: India, Bután y también en la zona del mar de China meridional, así como las tensiones alrededor de la isla de Taiwán, ante lo cual siempre muestra sus capacidades militares de forma “defensiva”, aunque más bien es de forma disuasiva (Allison, 2017). Esto ha ido contrastando con la creciente presencia militar de Estados Unidos en la región Asia-Pacifico y en Asia Central, que por un lado ha aumentado la cooperación militar con Taiwán, con Japón y Corea del Sur ante la posible amenaza que les representa Corea del Norte, y la reconfiguración de las políticas de defensa de los principales actores regionales, como la India, Japón, Australia, Corea del Sur, entre otros, que han llevado a los estadounidenses a adoptar un enfoque más conflictivo hacia China, viéndola como un rival y competidor estratégico. En efecto, la administración de Barack Obama se buscó neutrali- 147 ¿hacia una segunda guerra fría? zar el Foro Económico de Asia y el Pacífico (APEC), transformando el ambiguo Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP) en una plataforma para que los Estados Unidos dominen las reglas del Asia-Pacífico, excluyendo deliberadamente a China a fin de apreciar su economía, además de establecer nuevas reglas de la economía digital, ligada al internet. Sin embargo, el presidente Donald Trump, consideró que ese tratado era desventajoso para los trabajadores estadounidenses y por eso decidió retirar a su país de dicho acuerdo. Trump trató de reducir su déficit comercial aumentando aranceles y barreras comerciales a los productos chinos, pero China respondió imponiendo sus propios aranceles a los productos estadounidenses, llevando a los dos países a una guerra comercial, que redujo el comercio mundial y los flujos internacionales de capital, aumentando las restricciones a la migración y la consecuente desaceleración de la globalización, lo que bien podría ser calificado como un proceso de “desglobalización”, que se aceleró por las medidas adoptadas en distintos países para combatir la pandemia de Covid 19 (Domínguez, y Lo Brutto, 2020: 9). Para Niall Ferguson (2012) esa reversión de la globalización y la retracción de la integración económica que conduce al nacionalismo económico y al proteccionismo llevaría al mundo inevitablemente al conflicto. La tendencia hacia la desglobalización y a la fragmentación del mundo lo hace menos estable conduciendo a tensiones geopolíticas y potencialmente incluso a la guerra, tal y como observaba Charles Kindleberger (1973), ya que los Estados Unidos, como potencia dominante, ya no pueden o no están dispuestos a proporcionar bienes públicos, como estabilidad y seguridad, generando el vacío de poder e inestabilidad en la economía y el sistema internacional. Sin embargo, Joseph Nye (09 ene 2017) advierte que en la relación actual entre Estados Unidos y China, el declive relativo de Estados Unidos y el ascenso de China podrían conducir a un escenario de “trampa de Kindleberger”, ya que el país asiático no tendría la capacidad económica, política y militar para establecer su predominio global, mientras que los estadounidenses aún conservan un poder blando significativo o la capacidad de atraer y persuadir a otros a través de su atractivo cultural, ideológico e institucional. Por eso Michel Aglietta (1987) también denunciaba la inquietante dominación del dólar a falta de otra divisa clave en la economía mundial. Esta dominación del dólar no es necesariamente sostenible a largo plazo y puede generar tensiones y desequilibrios en el sistema económico global. En este panorama, Varofiakis (2012) advierte que la economía mundial más bien se debate entre la “quiebrocracia de Occidente” y “la frágil fortaleza de Oriente”, es decir, entre la dominación de un modelo occidental en bancarrota, caracterizado por la falta de sostenibilidad, en el que las finanzas prevalecen sobre la economía real agudizando la desigualdad; y un modelo desarrollado por China y otros países emergentes, que están ganando influencia y poder económico, desafiando incluso la hegemonía occidental, pero que no logra tomar las riendas del sistema financiero (Varufakis, 2015 [2012]: 282). www.editorial.unican.es 148 la cooperación internacional en la encrucijada En todo caso, para Graham Allison (2017) la ruptura de la integración económica hace inevitable la “trampa de Tucídides” en la que las potencias emergentes como China o Rusia pueden sentirse obligadas a desafiar a la potencia dominante, como Estados Unidos, lo que podría generar una guerra. En Occidente ya se hacen entrever los conflictos y fenómenos expresos de este nuevo periodo. En la última década la Unión Europea, pese a los roces entre Francia y Alemania al interior del bloque, buscaron ocupar, a nivel comercial, una posición intermedia de “autonomía estratégica”, sin dejar de “comprometerse” con China. Esto comenzó a cambiar declarando a China como un “rival sistémico”, debido a la infiltración del capital chino en Europa con la Belt and Road Initiative (Parlamento Europeo, 2021). Los señalamientos de China como “potencial amenaza” se han intensificado a la par que la guerra en Ucrania, el rearme de Europa y la crisis económica postpandemia. Un ejemplo de esto fueron las declaraciones vertidas por el Servicio Europeo de Acción Exterior en octubre del 2022, “China se ha convertido en un competidor global aún más fuerte para la Unión Europea, los Estados Unidos y otros socios afines. Por lo tanto, es esencial evaluar la mejor manera de responder a los desafíos y oportunidades actuales” (EFE, 2022). El presidente Biden incluso ha dicho que la situación forma parte de una lucha existencial más amplia entre “democracia y autocracia” (CNN Español, 2023). De este modo, reciclando una vieja idea de Jean Monnet, parece que los Estados Unidos volverían a convertirse en el “arsenal de la democracia”18. Tras la invasión rusa en Ucrania, los Estados Unidos buscaron formar una coalición global impulsando una serie de sanciones que reunió a sus aliados occidentales contra Rusia. Más tarde, 141 países respaldaron una disposición de las Naciones Unidas que exigía que Rusia se retirara sin poner ninguna condición. Sólo cuatro países: Bieolorrusia, Eritrea, Corea del Norte y Siria, apoyaron a Rusia y rechazaron la disposición de las Naciones Unidas. Sin embargo, Occidente no logró convencer a tantos países del mundo como parecía al inicio, pues 47 países se abstuvieron o no asistieron a las votaciones, entre ellos la India y China, y desde entonces, muchos de esos países “neutrales” han brindado un importante apoyo económico o diplomático a Rusia. Además, incluso algunos de los países que al principio denunciaron a Rusia, consideraron que la guerra no era problema de ellos y comenzaron a asumir una postura más neutral, por ejemplo, Turquía o Brasil (Holder, et al, 02 mar 2023). En el siguiente esquema se muestran la posición de los países respecto a la cuestión de Rusia, quienes la apoyan, aquellos que la condenan y los que permanecen neutrales. 18 Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial Jean Monnet utilizó esa idea para reconocer el esfuerzo estadounidense de “armar y a apoyar” a sus aliados europeos contra los nazis (Monnet, 1978: 306). 149 ¿hacia una segunda guerra fría? Esquema 1. Posición respecto a la cuestión de Rusia Fuente: Elaboración propia con base en Holder, et al. (02 mar 2023). Bien decía Carl Schmitt (1933) que la distinción de amigos es generada por la hostilidad hacia el enemigo, lo cual incluso parece ser la esencia de lo político, pero tal y como observaba Halliday (1984), en el balance general de la segunda guerra fría, en realidad ninguno de los bandos logró avances significativos en el debilitamiento de las alianzas esenciales del otro y a pesar de los compromisos de negociaciones serias, y se mantienen los enormes obstáculos para cualquier acuerdo (Halliday, 1989 [1984] 242). El problema es que, a más de un año de conflicto en Rusia, a pesar de que la coalición principal de Occidente sigue siendo sólida, nunca convenció al resto del mundo de dejar aislada a Rusia. El panorama nos recuerda la gran cantidad de países neutrales durante la Guerra Fría, pero ahora el mundo está más interconectado (Holder, et al., 02 mar 2023). La crisis de Ucrania parece haber sido un punto de inflexión en esta nueva era de competencia entre grandes potencias, ya que la respuesta de Occidente a las acciones de Rusia, que incluyeron sanciones y aislamiento diplomático, solo sirvió para aumentar aún más las tensiones y acercar a Rusia a China. Esto, a su vez, podría conducir potencialmente a la formación de un nuevo eje geopolítico, con China y Rusia trabajando juntas para desafiar el orden global liderado por Estados Unidos. Los estadounidenses tratan de mantener a toda costa un sistema de alianzas contra “la amenaza ruso-china”, tal y como dan cuenta los últimos acuerdos de la OTAN referentes al envío de armas a Ucrania. La ayuda militar total comprometida con el gobierno ucraniano por parte de los Estados Unidos desde que comenzó la guerra es www.editorial.unican.es 150 la cooperación internacional en la encrucijada la asombrosa cantidad de €27, 000 millones (Trebesch, et al, 2023). Desde febrero del 2022 “el gobierno de los Estados Unidos ha inyectado más dinero y armas para apoyar al ejército ucraniano que el que envió en 2020 a Afganistán, Israel y Egipto combinados, superando en cuestión de meses a tres de los países más grandes receptores de ayuda militar estadounidense en la historia” (Speri, 10 sep 2022). Además, como se observa en el siguiente gráfico, los Estados Unidos proveen cerca de tres cuartos del presupuesto de defensa de la OTAN. Gráfica 1. Gasto de defensa de la OTAN. Fuente: elaboración propia con base en OTAN, 2022: 7). Entre 2013 y 2022, los principales Estados europeos experimentaron un aumento significativo del 47 % en sus importaciones de armas importantes, a pesar de una disminución global del 5.1 % en las transferencias internacionales de armas19. Así que, como en el periodo clásico de la Guerra Fría, los Estados europeos se están preparando para una posible conflagración real y directa contra Rusia. En países como Alemania, Francia, Finlandia y Austria, por ejemplo, el incremento de inversiones públicas en la industria de guerra ha sido el tema central en las agendas legislativas de sus respectivos gobiernos (EDA, 2022). Desde finales del 2022 las partidas presupuestales en defensa han crecido 19 Durante este periodo, disminuyeron las transferencias mundiales de armas en África (-40%), las Américas (-21%), Asia y Oceanía (-7.5%) y Oriente Medio (-8.8%). En el mismo periodo entre 2018 y 2022, los cinco principales importadores de armas respecto al porcentaje mundial de exportaciones fueron India, Arabia Saudita, Qatar, Australia y China mientras que los cinco principales exportadores de armas fueron Estados Unidos (40%), Rusia (16%), Francia (11%, China (5.2%) y Alemania (4.2%). La guerra en Ucrania tuvo un impacto limitado en las transferencias globales de armas, pero ese país de Europa del Este se convirtió en un importante importador de armas en 2022 (15% del total de las importaciones mundiales), (Wezeman, Gadon y Wezeman, 2023: 9). 151 ¿hacia una segunda guerra fría? un 6%, alcanzando una cantidad global de €214.000 millones anuales, según la Revisión Anual Coordinada de Defensa (2022). Esta tendencia va al alza, pues se prevé que para 2025 se incluya un aumento presupuestal de €70.000 millones de euros más, lo que equivaldrá a una inversión mayor del 32.71% del gasto público en la industria de guerra. Rusia respondió a la escalada armada con las declaraciones de Putin realizadas en marzo, sobre el posible uso de armas nucleares estratégicas en la guerra contra Ucrania. De esta manera, después de 30 años de “relativa paz”, Europa del Este se vuelve el epicentro de las tensiones mundiales entre los dos bloques. El emplazamiento de armas nucleares al borde de Europa central y la carrera por la modernización de las industrias de guerra nacionales, en está situación política determinada, solo son el reflejo de un periodo de desacoplamiento mundial entre dos bloques irreconciliables, como en el periodo clásico de la Guerra Fría. Con los indicios del rearme europeo y la amenaza de un holocausto nuclear, incluso regresan a la conciencia de millones de individuos que temen por el futuro próximo del mundo20 (Marcuse, 1964). Por ahora, la “segunda guerra fría” parece estar destinada a escalar aún más. Las diferencias entre este conflicto y la Guerra Fría original ahora parecen cada vez más importantes que las similitudes. El conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética fue, por supuesto, entre dos sistemas sociales en competencia, pero el desorden mundial en curso, considerado como una prolongación y ampliación de la “segunda guerra fría”, deja entrever un conflicto abierto por la hegemonía mundial. Aquí, las tensiones entre China y los Estados Unidos por Taiwán puede ser un evento más catastrófico que la guerra en Ucrania, confrontando en un bloque al que se suma Japón, Australia, los países miembros de la OTAN y la posible adhesión de la India contra China. Durante más de 40 años, las relaciones diplomáticas entre el gobierno estadounidense y chino estuvieron ancladas por la política de “una sola China”, pero esta concesión, por parte de los Estados Unidos, sólo era el reflejo de las disposiciones para ingresar compañías norteamericanas al mercado chino. Así que la posición del gobierno estadounidense respecto a la independencia de Taiwán era deliberadamente vaga, pero ahora el gobierno de Biden ha adoptado una nueva posición sobre la situación de la isla, a fin de incrementar las presiones hacía China y proyectar un mensaje de “America is back” en el Indo-Pacífico. Ejemplo de ello es el último proyecto de ley de gastos, de $US 10, 000 millones en inversiones de armas para Taiwán (US Government Publishing Office, 2022), siendo esta la primera vez que el gobierno de los Estados Unidos realiza un financiamiento de 20 Bielorrusia, según se prevé, será “la fortaleza nuclear” de Rusia con el nuevo plan para estacionar un sistema de misiles Iskander en la frontera con Polonia. Aún en esta cuestión, la cooperación entre el gobierno de Putin y Lukashenko se hace presente al interior del bloque, ya que, desde principios del 2022, se reformó la Constitución de Bielorrusia y se suprimió la disposición sobre el estatus de país libre de armas nucleares, “lo que abrió la posibilidad legal de emplazar cabezas nucleares en el territorio de Bielorrusia” (Podvig, 2022). www.editorial.unican.es 152 la cooperación internacional en la encrucijada este tipo en la isla. Aun con el triunfo de los republicanos en la Cámara de Representantes, la inversión puede tender a incrementarse en apoyo a la línea antichina del gobierno demócrata. Biden abandonó la típica posición de “ambigüedad estratégica”, declarando que “responderá al llamado de auxilio” de los taiwaneses. En octubre, el secretario de Estado, Antony Blinken advirtió que una guerra en Taiwán podría comenzar “en una línea de tiempo mucho más rápida”. Sus comentarios fueron respaldados por el almirante Michael Gilday, jefe de operaciones navales de los Estados Unidos, quien afirmó que China podría lanzar un ataque a partir de 2023 (El Español, 21 oct 2022). Si bien estas afirmaciones parecen poco probables, debido a que el ejército chino aún es inferior frente a la máquina de guerra norteamericana en ciertas áreas clave y debido a la logística extremadamente difícil de una invasión anfibia a través del estrecho de Taiwán, no se debe descartar que China ha respondido a los cercos y las amenazas con un incremento de hostilidades que vaticinan una nueva oleada de conflictos calientes en la región. Desde 2020 se han incrementado estrepitosamente las maniobras, entrenamientos y simulacros militares del ejército chino en las cercanías de la isla y, frente a la escalada de operaciones, también ha subido el tono de declaraciones con las que China se dirige a las presiones del bloque adversario. Le Yucheng, vicepresidente de Asuntos Exteriores de China, por ejemplo, afirmó que “ninguna opción está excluida”, abriendo la posibilidad de una intervención armada a gran escala21 (Escudero, 02 mar 2023). Halliday (1984) observaba el progreso de la “segunda guerra fría” como una gran contienda que estaba lejos de un final rápido, por la sencilla razón de que seguía existiendo una circunscripción ruidosa y bien organizada en favor del gasto militar y continuó (Halliday, 1989 [1984]: 243). Los Estados Unidos parecen continuar con esta amplia dinámica militarista, empeñados en retomar el liderazgo del Pacífico y, mediante la vieja estrategia divide et impera, han buscado establecer una serie de alianzas militares separadas pero conjuntas para acercarse cada vez más a China en el Sudeste asiático. Por ejemplo, el 2021 el gobierno filipino reanudó el acuerdo visiting forces agreement (VFA), que permite la presencia de tropas estadounidenses en Filipinas, luego de que había sido anulado en 2020, brindando por breve tiempo a China la oportunidad de fortalecer su posición en la región (Almoguera, 16 feb 2020). En 2021 también se estableció el acuerdo Australia-United Kingdom-United States (AUKUS) y el Quadrilateral Security Dialogue (Quad) [Diálogo de Seguridad Cuadrilateral] que incluye a India, Japón, Australia y Estados Unidos, cuyo objetivo es contener el creciente poder militar chino y prepararse para la posibilidad de una guerra por Taiwán o, en menor 21 En julio del 2022, el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, declaró que, a los ojos de Beijing, la designación de “aguas internacionales” no se aplica al estrecho de Taiwán. Replicando así, las tácticas de “la zona gris” que el Partido Comunista de China ha desplegado en el mar de China meridional para extender sus reclamos sobre las aguas en disputa que están sujetas a reconvenciones por parte de otras naciones costeras, incluidas Vietnam y Filipinas. 153 ¿hacia una segunda guerra fría? escala, por islas en disputa en los mares de China Oriental y Meridional22 (Congressional Research Service, 30 ene 2023). Asimismo, en 2022 fue lanzado el Indo-Pacific Economic Framework for Prosperity (IPEF), [Marco Económico del Indo-Pacífico para la Prosperidad] que es una contrapartida económica de los esfuerzos de Estados Unidos en materia de seguridad, ofreciendo la oportunidad a los estadounidenses de recuperar su influencia en esa región de creciente importancia geoestratégica23 (The White House, 23 may 2022). En este panorama, la India, por ejemplo, ha buscado colaborar con los Estados Unidos para contener a China, a través de su participación en el QUAD y el IPEF, que son dos foros multilaterales que formalizan acuerdos de cooperación con el ejército norteamericano en temas clave como lo es Taiwán, donde el poder naval indio podría desempeñar un papel relevante en una posible escalada del conflicto. La India espera beneficiarse del desacoplamiento entre Estados Unidos y China, posicionándose como la “próxima China” y atrayendo partes de la cadena de suministro que ahora están saliendo del territorio chino. Esto se conecta con “la tentación de Taiwán” (Skylar, 2021), que en ocasiones es llamado por la prensa como “la Arabia Saudi de los chips”, ya que los chips de computadora parecen ser el nuevo petróleo, necesario con urgencia para la fabricación de piezas en el campo de las comunicaciones, los aviones, coches, equipos de salud y computadores24 (Lo, 31 oct 2022). En todo caso, para Fabio Mini (2021), siguiendo a Liang, el supuesto objetivo de China de convertirse en una potencia marítima importante o ir al océano Pacífico parece ser “un objetivo a largo plazo que actualmente no se puede lograr”. China debe abandonar la nueva revolución militar al estilo estadounidense y no imitar al ejército estadounidense en su modelo de desarrollo de armas que se está perdiendo gradualmente (Mini, 2021: 48). De hecho, el poderío militar de los Estados Unidos descansa sobre un chip muy frágil, así como la hegemonía de la moneda estadounidense hoy descansa sobre el ya inestable crédito del dólar. En el primer caso, si se puede acotar el chip, se acabará la hegemonía militar de Estados Unidos. En el segundo, igualmente, si no se confía en el dólar, se acabará la hegemonía económica” (Liang, 2021 [2016]: 154). A pesar de que el peso del dólar ha disminuido ligeramente en las últimas décadas, sigue siendo la moneda más utilizada en las transacciones internacionales y en los mercados financieros. La expansión de la economía china en las últimas décadas ha permitido a 22 Las disputas territoriales en curso en el mar de China meridional, donde China ha estado construyendo islas artificiales y afirmando sus reclamos territoriales, ha generado tensiones con otros países de la región, en particular con Vietnam y Filipinas, que también reclaman la propiedad de partes del mar. Estas disputas podrían convertirse potencialmente en un conflicto militar si fracasan los esfuerzos diplomáticos para resolverlas. 23 Además de los Estados Unidos, el IPEF cuenta con otros 13 miembros fundadores: Australia, Brunei Darussalam, Corea del Sur, Filipinas, Fiji, India, Indonesia, Japón, Malasia, Nueva Zelanda, Singapur, Tailandia y Vietnam. 24 La Taiwan Semiconductor Manufacturing Company Limited controla más del 55% de los contratos para fabricación de chips comerciales en el mercado global y el 90% de los pedidos en tecnología de chips de avanzada. www.editorial.unican.es 256 la cooperación internacional en la encrucijada –comerciales, financieros, políticos, diplomáticos…–, más que en la asunción de un tipo de paradigma ideológico concreto. En este contexto, Estados Unidos sigue representando hoy en día cerca de un 58% del PIB del G7, una cifra superior a la del último tercio del siglo pasado. Por aquel entonces, en el espacio bipolar donde se disputaba una hegemonía más militar que económica, Estados Unidos podía verse superior a un rival que no podía competir en el campo financiero o industrial. No es el caso de la China actual, cuya visión a largo plazo incluye algunas de las herramientas que se han definido aquí, y que están relacionadas con la acción exterior de la ayuda al desarrollo en un sentido amplio. Asimismo, el espacio de deuda externa que controla el país asiático en las regiones del Sur Global es otro de los activos con lo que quiere desplegar su capacidad diplomática, en lo que sin duda es una muestra del conocido uso del “poder blando”. No hay duda que los países receptores de este tipo de financiación han encontrado no sólo un aliado que alivie su estado financiero, sino que están produciendo nuevas formas de relacionarse en el ámbito de la cooperación. La llamada Cooperación Sur-Sur se distingue de la tradicional Norte-Sur, idealmente, por su sentido de horizontalidad, su respeto a la soberanía nacional de los receptores y a las escasas exigencias de sus políticas internas. Tal y como se ha mostrado, las dos principales razones para la creciente inversión china en Latinoamérica y el Caribe residen tanto en las buenas perspectivas de crecimiento por la inversión en el lugar (pues es una región con gran capacidad de desarrollo y explotación, con amplia variedad recursos naturales y con una tasa de industrialización creciente) así como en el concepto estratégico de disputa con Estados Unidos, que históricamente había considerado a la región como su “patio trasero”. Arrebatar a Estados Unidos las alianzas clave con América Latina, la cual representa para Washington una importante base en cuanto a su presencia y legitimación internacional, significaría para China una victoria estratégica fulminante en su camino hacia una posición de dominio del panorama geopolítico para los próximos años. La estrategia china, como así revelan algunos de los resultados obtenidos, se basa en una planificación estructural, intensiva y detallada, de su acción exterior mediante la cooperación internacional. Los proyectos de financiación para regiones de Suramérica, especialmente en Brasil, Argentina y Perú, detallan un gasto que no se había conocido en anteriores etapas de la ayuda exterior. Que este gasto se produzca en gran medida en sectores nacionales clave, como el ámbito de la energía y los transportes, indica una tendencia clara en la estrategia legitimadora de China, pues además de ser donante de amplios fondos para ámbitos sociales o humanitarios, los es también –y sobre todo– para aquellos sectores en los que los Estados basan gran parte de sus capacidades decisorias. Lo que significa que China se está posicionando, poco a poco, no sólo como un mero aliado comercial, sino como un garante en la funcionalidad de tales naciones. La presencia china en la escena internacional, por tanto, no radica solamente en su poder económico (si bien este factor también contribuye a la legitimación internacional), más bien radica en 257 la cooperación internacional al desarrollo de china en américa latina... su capacidad estratégica para convertirse en el actor indispensable de los planes políticos y estratégicos de terceros países. Por supuesto, iniciativas como el Belt and Road Initiative sólo han hecho que propulsar todos estos planes de largo alcance. Tampoco es desdeñable otro tipo de ayuda internacional que China brinda en apartados más bien monetarios. Como habíamos visto, la financiación a países como Venezuela o Ecuador en forma de condonación de deuda o préstamos de bajo interés revela las múltiples facetas en las que se desenvuelve la cooperación china. En países que son menos potentes en términos industriales o comerciales China ha sabido explotar también sus recursos, en concreto importando –a cambio de las prebendas financieras mencionadas– las cantidades de petróleo crudo que necesita para mantener su gigantesca apuesta industrial. Por otro lado, se ha querido resaltar que las inversiones en el exterior, en forma de ayuda al desarrollo en un sentido amplio, pueden tener efectos positivos y negativos. China ha buscado alentar su propia industria y despliegue comercial, así como dar rienda a su flujo de divisas, a través de las bondades de la cooperación internacional, que en muchos casos parece entrar en el campo de la estricta política exterior. En la actualidad, tras el bache recesivo provocado por la situación de pandemia mundial, China ha visto levemente debilitada su capacidad productiva y de exportación, por lo que este tipo de acciones exteriores puede ayudar a aliviar la situación temporalmente. Asimismo, temas candentes como las actuaciones de contención de la Covid-19, la deslocalización de las fábricas o la guerra entre Rusia y Ucrania hacen ver sombras en la actual situación económica china. Del mismo modo, también se apuntó en este trabajo que la ayuda destinada a financiar el desarrollo en la región latinoamericana y caribeña no siempre presenta ventajas en el medio plazo, sino que existe el riesgo del impago o la quiebra de la situación financiera del país receptor, lo que implicaría gran riesgo para la economía de China. En un tiempo en el que se han producido casos de insolvencias en la devolución de pagos, especialmente vinculados a la iniciativa Belt and Road Initiative, el gobierno chino se ha visto en la tesitura de refinanciar sus propios préstamos, evitando cualquier tipo de reestructuración de deuda. En todo caso, el definitivo sorpasso chino a Estados Unidos, de producirse, vendrá de la mano de todas las vías políticas necesarias para convertirse en un hegemón legitimado por el sistema internacional, en mayor o menor medida cooptado por su imponente potencia económica y sus estrategias de acción exterior. Finalmente, cabe precisar las limitaciones con las que han contado algunas de las fuentes utilizadas en este trabajo. Principalmente la base de datos AidData’s Global Chinese Development Finance Dataset, pues su inconveniente radica en la limitación temporal: la exposición de datos se detiene en el año 2017. Aunque esta base de datos sea la más completa en información y especificidades con la que se pueda trabajar actualmente, el hándicap de su temporalidad hace necesaria una revisión futura de esta www.editorial.unican.es 258 la cooperación internacional en la encrucijada información y las hipótesis expuestas. En todo caso, tal y como informan desde el grupo de investigación que la ha realizado, próximamente se publicará una actualización de la misma, la cual comprenderá los años de 2017 en adelante. La apertura de estos datos, en conjunto con otras fuentes de datos e información que vayan surgiendo y actualizándose, será clave para entender el fenómeno de la financiación china en el exterior y, del mismo modo, permitirá una visión comparativa con los puntos esenciales indicados durante este trabajo. 259 la cooperación internacional al desarrollo de china en américa latina... Referencias Abbondanzieri, Camila., & Guzmán, María. (2021). El rol de los países participantes del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD). Perspectivas para un análisis en el marco de las transformaciones globales. Estudios Internacionales (199), 9-32. Aljazeera. (24 de enero de 2023). Is China’s high-growth era over-forever? Aljazeera. Obtenido de https://www.aljazeera.com/features/2023/1/24/is-chinas-high-growth-eraover Banco Mundial (2023). GDP (current US$) - China, United States. The World Bank data, https://data.worldbank.org/indicator/NY.GDP.MKTP.CD?locations=CNUS&view=chart Bracho, Gerardo. (2018). 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En particular, existe una estrecha conexión entre ellos y el desarrollo del capitalismo. En este marco, la modernización agrícola no es un proceso unívoco e inexorable a realizar para lograr el progreso como suelen señalar las agendas oficiales desde la primera Revolución Verde (Patel, 2013), sino que representa un conjunto de proyectos específicos para organizar las relaciones agroalimentarias entre Estados, actores y territorios a escala global, que responden a estructuras evidentemente hegemónicas, aunque dinámicas, que históricamente han influido en las agendas de la cooperación internacional. En este marco, el presente trabajo compara enfoques de cooperación internacional promovidos por diferentes actores, insertos en un régimen alimentario global corpora1 Este capítulo es la traducción y revisión puntual de un artículo publicado en italiano en la revista Semestrale di Studi e Ricerche di Geografia en el 2022. El trabajo el resultado de una reflexión compartida entre las dos autoras; sin embargo, el apartado 2 es atribuible a Isabella Giunta y el apartado 3 a Mariasole Pepa. Los apartados 1 (introducción) y 4 (conclusiones) fueron redactados por ambas autoras. 2 Docente e investigadora de la Universidad de Padua (Italia). Miembro del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo (GICSS-REEDES). E-mail: mariasole[email protected] 3 Docente e investigadora de la Escuela de Relaciones Internacionales del (IAEN). Miembro del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo (GICSS-REEDES). E-mail: [email protected] www.editorial.unican.es 262 la cooperación internacional en la encrucijada tivo; es decir, liderado por las corporaciones (McMichael, 2018a; b). El objetivo es reflexionar sobre las transformaciones de las prácticas discursivas y agendas de los actores oficiales de la cooperación Norte-Sur y Sur-Sur para identificar posibles convergencias, eligiendo el desarrollo agroalimentario como campo privilegiado y enfatizando el papel asignado a las empresas privadas y estatales. Otros actores, sobre todo organizaciones y movimientos sociales, intervienen en estos debates y actúan en los contextos afectados por la ayuda, pero en este trabajo la reflexión se centra en las instituciones y las empresas a la luz de la centralidad de estas últimas en las transformaciones en curso en el sistema de la cooperación internacional. En una primera sección del texto, se presentan diversas voces en torno a la primera y posteriores Revoluciones Verdes y cómo, desde el siglo pasado, el paradigma de la modernización agrícola ha influido fuertemente en las agendas de cooperación Norte-Sur. En la segunda sección, se analiza el caso de la cooperación agrícola china en África como emblemático y protagonista de la cooperación Sur-Sur. En las últimas décadas, uno de los grandes cambios en la arquitectura de la cooperación internacional es la consolidación de los países Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica (BRICS) y la cooperación Sur-Sur que han contribuido a cuestionar las formas tradicionales de cooperación llevando a nuevas alianzas globales (Mawdsley, 2018). En este contexto, el papel de China en la agricultura africana es representativo para reflexionar sobre los discursos, prácticas y modalidades de la cooperación agrícola Sur-Sur. Dentro de esta sección, los Centros Chinos de Demostración de Tecnología Agrícola en África se analizan cómo un proyecto emblemático de la cooperación agrícola África-China y, en particular, se presenta el caso del Centro en Dakawa en Tanzania, donde una de las autoras realizó una investigación de campo. El análisis propuesto en este capítulo pretende contribuir a un debate más amplio que se centre en el papel de China y los países BRICS en la redefinición de las relaciones de poder en las geografías del desarrollo (Mawdsley y Taggart, 2022) y sobre el rol jugado por la cooperación internacional en los procesos que reconfiguran el sistema mundo (Caria y Giunta, 2020). El texto cierra reflexionando sobre la necesidad de repensar geografías policéntricas que vayan más allá de las definiciones Norte-Sur y Sur-Sur, analizando críticamente los posibles procesos de “cooperación, competencia y convergencia” (Mawdsley, 2018) para una mejor comprensión de las transformaciones en curso en la arquitectura del desarrollo global. 1. La Cooperación Norte-Sur y el proyecto modernizador El sistema contemporáneo de la cooperación internacional se caracteriza por una extrema complejidad en cuanto a actores y modalidades, influida por el declive relativo de la hegemonía estadounidense y las tensiones hegemónicas contemporáneas que encuentran a China como una de las protagonistas, así como por la mayor participación de orga- 263 geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura nizaciones de la sociedad civil, movimientos sociales, empresas y gobiernos locales en el debate sobre el desarrollo a escala global (Caria y Giunta 2020). En este marco, por Cooperación Norte-Sur entendemos el régimen tradicional de cooperación que durante décadas se ha implementado principalmente entre Estados y con la intermediación de agencias y organismos internacionales; dentro de este régimen, marcado por una impronta “donante-céntrica” (Domínguez, 2017), los flujos reconocidos como ayuda oficial al desarrollo (AOD) por el Comité de Asistencia para el Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), fundada en 1961 y financiada por los países “ricos” del “Norte” del mundo. Los orígenes de este régimen de ayuda tradicional se remontan al marco del orden mundial prefigurado por los Acuerdos de Bretton Woods de 1944, y la arquitectura compleja posterior construida por los países occidentales para “exportar” el desarrollo a los países de las antiguas colonias de África, Asia y América Latina, a través de programas inspirados en las teorías del crecimiento y modernización. Es conocido cómo este sistema ha sido fuertemente criticado por las asimétricas relaciones de poder entre donantes y beneficiarios, la verticalidad en la definición de prioridades y soluciones en el marco de enfoques fuertemente eurocéntricos y coloniales del desarrollo, entendido este último como un proceso unívoco y emulativo, implementado como proyecto de occidentalización (Escobar, 2004); de la misma forma ocurre con las dinámicas de “autoayuda” (Sogge, 2015) que, a través de la oferta de expertos, bienes, servicios o becas, garantizan enormes retornos a los países del Norte; o, claramente, por el predominio de intereses políticos y económicos por encima de las intenciones solidarias (Morgenthau, 1962). Desde otras perspectivas todavía más críticas, la cooperación internacional ha sido entendida como un dispositivo funcional para la consolidación de la hegemonía de los países del centro del sistema-mundo capitalista y de la división internacional del trabajo basada en la dependencia de los países de la periferia (Wallerstein, 2003), en calidad de exportadores de bienes primarios e importadores de servicios y bienes procesados; es decir, sometidos a la lógica del “desarrollo del subdesarrollo” (Amin, 1970; Domínguez, 2020). La cooperación internacional en el sector agroalimentario no ha estado exenta de tales críticas, al contrario, es un ámbito paradigmático en tal sentido. Las agendas desarrollistas de la cooperación internacional oficial han propiciado durante décadas la modernización a través de la industrialización como una “receta” unívoca y universal para la superación del “subdesarrollo”. Tales agendas desarrollistas también se han aplicado al sector agroalimentario, hasta el día de hoy, a través del paradigma colonial de la modernización agrícola y la “larga Revolución Verde” (Patel, 2013). Experimentada desde la década de 1930, la experiencia modernizadora en la agricultura se aceleró a partir de la década de 1950, durante la reconstrucción de la Europa agrícola después de la Segunda Guerra Mundial, induciendo profundos cambios en el www.editorial.unican.es 264 la cooperación internacional en la encrucijada campo en detrimento de la estructura productiva e identitaria campesina (Ploeg, 2018); la experiencia europea se convirtió entonces en el modelo sobre el que forjar la Revolución Verde y los programas de cooperación agrícola dirigidos a la mayoría de los países del Sur del mundo. La modernización representó “un proyecto intelectual” y “una transformación político-económica” destinada a alinear los sistemas agrícolas con las “dinámicas, necesidades y ritmos de acumulación capitalista” (Ploeg, 2018: 236). Mientras tomaban forma nuevas estructuras de gobernanza agrícola, primero bajo la hegemonía estadounidense y luego en la consolidación del régimen alimentario corporativo contemporáneo (McMichael, 2018a), el proyecto modernizador sirvió para definir los pasos hacia el “desarrollo”: a partir de la década de 1960 la condición campesina se representa como un freno al progreso, a ser superado para adherirse a esquemas agroempresariales e industriales de agricultura. En efecto, la primera Revolución Verde y sus nuevas versiones basadas en la biotecnología (Patel, 2013) y en la “revolución digital” (Klerkx y Rose, 2020) giran en torno al modelo de agricultura industrial. Basada en monocultivos intensivos para la producción de commodities para la exportación, la agricultura industrial se caracteriza por altas inversiones, especialización productiva, mecanización y dependencia del mercado para los insumos (semillas, fertilizantes, maquinaria, fuentes de energía y mano de obra). Una amplia literatura (Griffin, 1974; Bebbington, 1993; Patel, 2013) ha analizado sus impactos en la agricultura campesina e indígena y en los ecosistemas de los países del Sur global. Para producir más en el menor tiempo, la agricultura industrial ha provocado erosión genética, expansión indiscriminada de la frontera agrícola, deforestación, degradación ambiental y enormes emisiones de gases de efecto invernadero. Al mismo tiempo, ha estimulado procesos de concentración de la tierra, el agua y la riqueza, generado altos grados de dependencia del mercado y expulsado mano de obra del campo a través de una acentuada mecanización, configurando una “agricultura sin campesinos” especializada y de gran escala, que vacía y uniforma los paisajes rurales. 2. Nuevas Revoluciones Verdes y modernización liderada por las corporaciones agroindustriales Desde la década de 1990, los claros impactos socioecológicos de la agricultura industrial y el auge de las luchas sociales en torno al tema alimentario han legitimado nuevas agendas de desarrollo rural frente al orden discursivo modernizador; este último, sin embargo, mantiene un amplio espacio y recursos en el campo de la cooperación internacional. “Hambre Cero”, el segundo Objetivo de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 aprobada por la Asamblea de las Naciones Unidas en 2015, propone erradicar el hambre en el mundo y garantizar el apoyo a proyectos de pequeña escala, sostenibles, biodiversos 265 geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura y resilientes. Afirma la necesidad de una transición agroalimentaria global, para enfrentar los desafíos relacionados con el cambio climático, la degradación ambiental, la persistente inseguridad alimentaria y el crecimiento de la población. Este Objetivo de Desarrollo Sostenible reconoce el protagonismo de la agricultura familiar, productoras según la FAO del 80% de los alimentos que se consuman en el mundo (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura [FAO], 2014: 9; FAO y Fondo Internacional de DesarrolloAgrícola[FIDA], 2019), así como la necesidad de emanciparnos de los procesos de degradación desencadenados por la agricultura industrial. Sin embargo, entre las metas de “Hambre Cero” se destaca la duplicación de los volúmenes recolectados, en una perspectiva productivista propia de la modernización agrícola. Por lo general, en las agendas oficiales se combina la apuesta productivista con una visión tecnocrática del tema ambiental, que enfrenta los desafíos que plantea la crisis ecológica a través del enfoque de la “intensificación sostenible” basado en soluciones de alta tecnología y digitalización. Por lo tanto, se reafirma la primacía de la agricultura industrial, aunque suavizando los rasgos con operaciones de greenwashing (atención a la sostenibilidad ambiental) y pinkwashing (inclusión social). La Cooperación Norte-Sur representa el principal dispositivo a través del cual se ha impulsado la Revolución Verde en los países del Sur global, a través de programas de transferencia de tecnología implementados verticalmente por el Norte “moderno” en ayuda del Sur “tradicional”, socavando saberes y producciones locales. En la primera fase de la Revolución Verde, durante la hegemonía estadounidense en el régimen alimentario global, la cooperación Norte-Sur contribuyó a “fabricar clientes”, promoviendo la exportación de bienes y servicios agrícolas a los países beneficiarios y, además, a través de programas masivos de ayuda alimentaria (Giunta, 2020). En las décadas siguientes, las políticas de ajuste estructural consolidaron el modelo agroindustrial dedicado a la exportación, con profundas transformaciones en el campo, en el que proliferaron dinámicas de empobrecimiento, agricultura por contrato (contract farming), descampesinización y migración rural. En las últimas dos décadas, las empresas han pasado a formar parte de la arquitectura de ayuda de los países del Comité de Ayuda al Desarrollo y paulatinamente se ha ido asentando la idea de que son “actores directos del desarrollo” que, a través de estrategias win-win (beneficio mutuo), contribuyen a alcanzar los objetivos de desarrollo global (Blowfield y Dolan, 2014). Un modelo generalizado de participación empresarial, especialmente de las grandes corporaciones, en la cooperación Norte-Sur es el Inclusive Business Model (el modelo de negocios inclusivos), en el que las agriculturas familiares se incluyen en cadenas de valor ya consolidadas para suministrar materia prima y mano de obra de bajo costo, a menudo a través de créditos de producción otorgados por las compañías anclas que lideran los procesos productivos. Estos modelos “inclusivos” normalizan e institucionalizan la agriwww.editorial.unican.es 272 la cooperación internacional en la encrucijada embargo, los ATDC suelen ser proyectos bien recibidos por los gobiernos africanos, al igual que otras formas de alianzas en agricultura debido a la introducción de tecnologías intermedias que son fácilmente aplicables a los contextos locales (Lawther, 2017). 3.2. El caso de la ATDC en Dakawa4 El caso del ATDC en Dakawa es interesante para reflexionar sobre la lógica, métodos y efectos de la intervención de los actores chinos en Tanzania (Pepa, 2021b). El ATDC en Dakawa, un pequeño pueblo en la región de Morogoro con condiciones particularmente favorables para el cultivo de arroz (foto 2), fue administrado por el municipio de Chongqing, la Chongqing academy of agricultural sciences para el soporte técnico y la empresa Chongqing Seeds LTD. La construcción del centro finalizó en 2010 y desde 2015 el centro ha entrado en la fase de desarrollo comercial. En la época de la investigación de campo, en marzo de 2020, el Centro estaba cerrado temporalmente debido al Covid-19, a pesar de que Tanzania nunca tomó medidas contra la propagación de esta pandemia. Sin embargo, las entrevistas revelaron que las actividades del centro eran limitadas debido a la dificultad de atraer a inversores chinos y dinamizar así su economía para lograr la sostenibilidad económica, objetivo en el que se basa el modelo de los ATDC. Foto 2. - Siembra de la variedad de arroz SARO5 en TARI-Dakawa Fuente: foto recogida por Dra. Pepa, Marzo 2020. 4 La autora pasó un periodo de investigación en Tanzania y en China como parte del proceso de investigación de doctorado sobre temas de cooperación agrícola entre África y China. 273 geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura Por un lado, los expertos chinos han experimentado y promovido la introducción de diferentes variedades de semillas de arroz híbrido chino en el mercado local; por otro lado, debido a los largos plazos que requiere la introducción de nuevas semillas, el ATDC cooperó con el Tanzania Agricultural Research Institute (TARI) en Dakawa para aumentar la productividad de la variedad de arroz SARO5, desarrollada por el centro de Tanzania, mediante la introducción de técnicas chinas de alta productividad. Junto con el know-how y las modernas tecnologías chinas se ha transferido cierto modelo de hacer agricultura, que es precisamente el del “milagro” chino: agricultura modernizada, uso de nuevas tecnologías, fertilizantes y pesticidas. De esta forma, se crean nuevas redes de dependencia tanto de tecnologías y conocimientos chinos como de semillas híbridas que se recompran cada año, así como de fertilizantes y pesticidas importados de China (Pepa, 2021b). Este modelo promueve una dependencia de la ayuda y de los expertos externos que tradicionalmente ha caracterizado la cooperación Norte-Sur. Además, perpetúa una jerarquía de saberes y expertise que, una vez más, se ubica fuera del continente africano y que no reconoce los saberes y sistemas productivos locales en la agricultura. Esta dinámica que tiende a ignorar las competencias locales contribuye a la construcción de relaciones de poder desiguales, tanto en el contexto tradicional de la cooperación Norte-Sur como en el marco de la cooperación Sur-Sur. China propone el uso de nuevas tecnologías, como las semillas híbridas chinas para aumentar la productividad, como una solución a los problemas de seguridad alimentaria en África, reduciendo la agricultura a una actividad técnica e invisibilizando la complejidad de la cuestión alimentaria (por ejemplo, patrones de producción, acceso a recursos, soberanía alimentaria, cuestiones de género y clase). En este contexto, es interesante notar cómo la introducción de semillas híbridas en Dawaka ha encontrado resistencia cultural: las comunidades locales consideran que las variedades chinas de arroz híbrido no tienen aroma, por lo tanto, a pesar del aumento en la productividad que el uso de estas semillas podría conducir, las comunidades locales entrevistadas prefieren comprar variedades como SARO5 (Makundi, 2017). El caso de los ATDC es representativo de cómo la tecnificación de la agricultura no puede ser la única receta para las intervenciones de cooperación, tanto en el contexto de la Cooperación Sur-Sur como en el de la Cooperación Norte-Sur. Conclusiones: hacia geografías policéntricas El ascenso de los países BRICS, y en particular el de China en África, cuestionan la división Norte-Sur que tradicionalmente ha caracterizado la geografía del desarrollo, destacando los límites de estos esquemas geográficos (Mohan, 2021). La consolidación de China en África es un fenómeno cuyo análisis es crucial para superar las tradicionales www.editorial.unican.es 274 la cooperación internacional en la encrucijada divisiones binarias y avanzar hacia una teoría crítica del (post)desarrollo capaz de tener en cuenta las transformaciones que se están produciendo en el siglo XXI (Ziai, 2019). Las convergencias presentadas en este artículo en términos de prácticas, herramientas y discursos en el campo de la cooperación agrícola se reflejan en un proceso más amplio, debido a la expansión tanto de los actores del Sur así como de la cooperación Sur-Sur, que concierne a la cooperación internacional en su globalidad. El caso de la cooperación agrícola África-China se convierte así en paradigmático para cuestionar los supuestos clásicos de la geografía del desarrollo (norte/sur; desarrollado/subdesarrollado) y analizar la cooperación Sur-Sur en su multiplicidad de escalas y su papel en el cuestionamiento del propio concepto de “sur”. En otras palabras, se ha activado un proceso de cooperación, competencia y convergencia entre la Cooperación Norte-Sur y Sur-Sur, incluyendo “contaminaciones” mutuas, como la dinámica que Mawdsley (2018) definió como la southernisation del desarrollo. Siguiendo esta interpretación, más que una socialización de los actores del Sur Global en la dinámica clásica de la cooperación Norte-Sur, se ha producido un cambio de rumbo en la cooperación, es decir, un proceso Norte hacia el Sur. Mawdsley (2018) explora tres dominios donde estos procesos son evidentes: el cambio desde el enfoque sobre la pobreza al imperativo del crecimiento económico, el marco discursivo centrado en el win-win y la combinación de la financiación del desarrollo con las agendas comerciales y financieras. Esta evolución implica una redefinición de las formas de cooperación internacional hacia geografías policéntricas donde no asistimos a la subsunción de los actores del Sur en las prácticas de cooperación Norte-Sur como se planteó inicialmente, sino a una “socialización bidireccional” y a una convergencia de prácticas entre el Norte y el Sur (Mawdley y Taggart, 2022). Por ejemplo, los países donantes tradicionales, respondiendo a las solicitudes de los países del Sur, se comprometieron, con la Declaración de París de 2005 sobre la eficacia de la ayuda, a reconocer tanto el principio de alineación de la cooperación con las prioridades de desarrollo identificadas por los países socios como el de apropiación, para que los procesos impulsados desde la solidaridad internacional sean guiados por actores institucionales y territoriales locales. Por su parte, China ha implementado una institucionalización progresiva con la creación de una Agencia de Cooperación Internacional en 2018, función que anteriormente desempeñaba el Ministerio de Comercio con el apoyo de los Ministerios de Hacienda y de Relaciones Exteriores. Además, con el “Libro Blanco” sobre “La cooperación internacional de China para el desarrollo en la nueva era” publicado en enero de 2021, China converge con una terminología más cercana a la utilizada en la cooperación Norte-Sur, también tras las críticas recibidas a nivel internacional por el agresivo papel desempeñado por la Belt and Road Initiative (CGTN, 2021). En el “Libro Blanco” se produce un cambio importante en la terminología, que pasa de la ayuda exterior a la cooperación internacional al desarrollo. Esta convergencia con conceptos tradicionalmente utilizados por la cooperación Norte-Sur también hace que el discurso de China resulte más “familiar” en el contexto 275 geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura del régimen tradicional de la cooperación. Estos cambios dan lugar a una concepción más amplia del concepto chino de ayuda exterior que aparece en una nota del “Libro Blanco”: “la cooperación internacional para el desarrollo se refiere a los esfuerzos bilaterales y multilaterales de China, en el marco de la cooperación Sur-Sur, para promover el desarrollo económico y social a través de la ayuda exterior, la asistencia humanitaria y otros medios”. Además, hay varias referencias al papel de China en la cooperación trilateral, lo que confirma la intención del gobierno de Pekín de asumir un papel central en el sistema global de cooperación internacional. Sin embargo, estas convergencias terminológicas están más relacionadas con la presión internacional sobre China y menos con una clara voluntad de este país de asumir las prácticas del Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). De hecho, en el “Libro Blanco”, China afirma su papel en la “nueva era” siempre en el marco de la Cooperación Sur-Sur. Por otro lado, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos ha reconocido que el concepto win-win, ampliamente utilizado hoy en día por el Comité de Asistencia para el Desarrollo, deriva de los enfoques de cooperación Sur-Sur (Mawdsley y Taggart, 2022). Los elementos de la convergencia entre las agendas de cooperación Norte-Sur y SurSur que se derivan de dinámicas tan complejas también son evidentes en el campo de la cooperación en agricultura. De hecho, la analogía de discursos y prácticas también es evidente en los enfoques de la agricultura analizados en este texto: los programas oficiales de cooperación Norte-Sur y Sur-Sur se enmarcan en la lógica productivista y de especialización propia de la Revolución Verde y abordan el complejo binomio crecimiento/ sostenibilidad a través del desarrollo y la transferencia de soluciones técnicas basadas en la agricultura de precisión, la biotecnología y la digitalización, a menudo activando asociaciones público-privadas. Surgen así otros dos elementos de convergencia entre la Cooperación Norte-Sur y Sur-Sur: la centralidad asignada a las empresas en los procesos de modernización agrícola y la apertura de nuevos mercados para insumos, servicios y tecnologías agrícolas. Se genera una tortuosa mezcla entre lucro y solidaridad, o entre comercio y desarrollo, que, por un lado, refleja la influencia del régimen alimentario global corporativo en la cooperación internacional y, por otro, eclipsa el debate sobre la coherencia de políticas respecto al riesgo de que las políticas comerciales frustren las medidas de desarrollo. Al mismo tiempo, el papel de China como promotor de la Cooperación Sur-Sur, a pesar de su condición de país “casi del centro” del sistema-mundo, plantea nuevos interrogantes no sólo de investigación sino también de metodología de investigación, por ejemplo: ¿dónde está el sur? (Mawdsley et al., 2019). En este sentido, las relaciones ÁfricaChina son representativas para repensar y cuestionar las divisiones binarias Norte/Sur y la incapacidad de los conceptos geográficos espaciales para captar los cambios en curso (Mohan, 2021). Sin embargo, sigue siendo importante no idealizar el papel de China en África como promotor de una alternativa a los sistemas capitalistas, extractivos y patriarwww.editorial.unican.es 276 la cooperación internacional en la encrucijada cales que dominan las relaciones de África con el resto del mundo y, más bien, analizar las lógicas y dinámicas concretas para entender las trayectorias chinas y las relativas tendencias hacia el futuro. China se ha afianzado en el sistema de cooperación internacional a través de un esquema dual, sí fortaleciendo instituciones y herramientas de Cooperación Sur-Sur pero, al mismo tiempo, consolidando su posición dentro de la arquitectura tradicional de cooperación Norte-Sur (Domínguez, 2018), gracias a la participación en iniciativas globales como la Agenda 2030 y el logro de roles estratégicos, como, por ejemplo, la presidencia de la FAO obtenida en 2019. En este debate, es fundamental considerar el papel de las nuevas plataformas de cooperación global que China ha lanzado en los últimos años, como la Iniciativa de Seguridad Global y la Iniciativa de Desarrollo Global. En los próximos años será fundamental analizar cómo dialogarán estas nuevas plataformas con las iniciativas globales existentes. La Iniciativa de Desarrollo Global fue propuesta por Xi Jiping durante la 76° sesión de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el 2021 (Yiwei, 2022). La propuesta de Xi Jiping llega además en un momento estratégico, el de Covid-19, atravesado por la crisis de la cooperación global. Durante la reunión de progreso del Iniciativa de Desarrollo Global en abril de 2023, se reafirmó la importancia de la iniciativa para promover un desarrollo común “towards a Community of Shared Future for Mankind” (UN, 2023). El tema del desarrollo es central en el Iniciativa de Desarrollo Global, pero se trata de promover el desarrollo basándose en la experiencia de China como ejemplo para otros países. Al mismo tiempo, la Iniciativa de Desarrollo Global se propone como un medio para promover la consecución de la Agenda 2030, lo que una vez más conduce a un elemento de convergencia hacia el multilateralismo de la financiación del desarrollo. El lanzamiento de esta nueva plataforma global de China es importante para explorar la agency africana y lo que los países africanos quieren de esta iniciativa. De hecho, como sugiere el Dr. Eguegu, África debería aprender de la experiencia pasada de la Belt and Road Initiative debido a la falta de claridad de la propuesta. De hecho, los países africanos deberían estar preparados para negociar lo que esperan y les interesaría conseguir en el marco de la Iniciativa de Desarrollo Global (Wits Africa-China Reporting Project, 2023). Finalmente, un elemento crítico que no se destaca en este artículo pero que es necesario mencionar es el papel que tienen los actores y movimientos sociales en la cooperación agrícola Norte-Sur y Sur-Sur y las agendas relacionadas. De hecho, los proyectos de cooperación agrícola tanto en el Sur como en el Norte globales no son recibidos pasivamente; las comunidades locales tienen capacidad de agencia y los movimientos transnacionales por la soberanía alimentaria, como la Vía Campesina (Giunta, 2021) o WoMin African Alliance, llevan décadas oponiéndose a las políticas de modernización agraria, promoviendo sistemas alimentarios territoriales y agroecológicos que responden a visiones alternativas sobre la cuestión agroalimentaria, incluso desde un enfoque feminista. 277 geografías policéntricas de la cooperación internacional en agricultura Referencias Amanor Koyo S; Chichava Sérgio (2016). 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