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Introducción Daniel Díaz Fuentes, Andrés Hoyo Aparicio y Carlos Marichal Salinas

Diaz Fuentes, Daniel; Hoyo Aparicio, Andrés; Marichal, Carlos

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11 Introducción El análisis de la formación, estructura y funcionamiento de los sistemas financieros modernos tiene una larga tradición en los estudios de historia económica y en los de desarrollo económico. En líneas generales, la mayoría de estos análisis, abordados desde una perspectiva histórica, han centrado su atención en experiencias o casos nacionales, y cuando se ha buscado la comparación, en ocasiones se ha puesto el énfasis bien en los aspectos normativos e institucionales de los problemas, bien en una verificación econométrica de la clásica hipótesis que debemos a Gurley y Shaw (1960), Gerschenkron (1968), Cameron (1967, 1972), Goldsmith (1969) y McKinnon (1973), quienes ya constataban una alta asociación entre estructura financiera y crecimiento económico. Similares resultados se han ofrecido por parte de los economistas de la evolución económica para las sociedades de «desarrollo reciente», al constatar la importancia de los factores financieros a la hora de explicar el éxito o el fracaso relativo, en cada país, del proceso de crecimiento económico moderno. En el presente volumen se pretende contribuir a esta amplia discusión, con un enfoque histórico, que centra la atención en la comparación de un número selecto de estudios sobre las trayectorias de bancos de España y América Latina en el largo plazo, desde los orígenes hasta la creación de los bancos centrales y de la banca de desarrollo. Dicho enfoque iberoamericano no es el más habitual en la historia financiera, pero consideramos que el racimo de trabajos incluidos en esta obra sugieren que la calidad y densidad de las investigaciones que se vienen realizando, tanto en España como en Latinoamérica, deben ser mejor conocidas a escala internacional. Más concretamente, debe precisarse que los ensayos reunidos son el resultado de una conferencia internacional celebrada en la Universidad de Cantabria en febrero de 2016, que Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.17553143 12 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal reunió a especialistas en historia bancaria de ambos lados del Atlántico con el objeto de alentar un diálogo académico plural y ofrecer los resultados de un conjunto de investigaciones sobre un amplio y rico espectro de experiencias nacionales que se prestan para futuras comparaciones. Uno de los interrogantes más inquietantes que se desprende de nuestra revisión de la historia financiera latinoamericana consiste en determinar si fue tardío el desarrollo de la banca y de los sistemas financieros modernos en esta región. Pero, además, el mismo interrogante resulta pertinente para el caso de España. La respuesta es probablemente afirmativa, pero aún no está demostrado de manera fehaciente. Por lo tanto, dicho interrogante puede ser un punto de partida fructífero para el estudio del desarrollo latinoamericano y español en el largo plazo y de manera comparativa. Al mismo tiempo, quedan abiertas múltiples preguntas sobre los modelos bancarios adoptados en las diferentes naciones y regiones estudiadas a lo largo del primer siglo de su historia bancaria moderna. Entre estos interrogantes destacan algunos de los siguientes: ¿cuáles fueron las formas empresariales adoptadas en la organización de los tempranos bancos?; ¿cuál fue el marco regulatorio adoptado, de pluralidad o de monopolio de emisión?; ¿de qué forma influyeron los bancos extranjeros en la conformación de los sistemas bancarios locales?; ¿eran similares o muy diferentes los procesos políticos, financieros y monetarios que dieron pie al surgimiento de la banca central?; y por último, ¿cuáles son los paralelos o contrastes entre la banca de desarrollo en América Latina y en Europa? I Una primera sección del libro, que hemos denominado «El despegue bancario en el siglo XIX en España y América Latina», centra su atención en el periodo de arranque de la banca comercial, que puede ubicarse a partir de la segunda mitad del citado siglo. Esta fue una época en que se establecieron tanto grandes bancos nacionales como los primeros bancos privados regionales. En primera instancia, no existió claridad en cuanto al marco regulatorio para el sistema bancario y monetario, pero este fue construyéndose paulatinamente en cada país con base a un proceso de avances y retrocesos, que podrían denominarse de ensayo y error, hasta alcanzar consensos políticos 13 Introducción e institucionales que darían pie a la constitución de sistemas bancarios ya relativamente consolidados. En el primer ensayo del libro, el profesor Carles Sudrià analiza el complejo proceso de pluralidad de emisión que rigió la formación de un sistema bancario moderno en España en las décadas centrales del siglo XIX, es decir, dentro del sistema descentralizado de emisión a que dio lugar las leyes de 1856, y que pervivió hasta marzo de 1874, fecha en que se decretó conceder al Banco de España el monopolio de emisión. Constata, además, que la pluralidad de emisión tuvo un gran impacto en la formación inicial de los sistemas bancarios de muchos países europeos, y que fue un fenómeno mucho más generalizado de lo que suele pensarse: prácticamente todos los países europeos pasaron por esta experiencia en uno u otro momento. Ahora bien, el modelo de banca emisora predominante en Europa fue de coexistencia entre un banco de carácter más o menos oficial, prioritariamente ocupado de la financiación del Estado, y bancos menores, de ámbito provincial, que presentaron una gran variabilidad en cuanto a su estructura, dimensión y actividad dentro de un régimen de competencia que oscilaba entre el monopolio local absoluto, como fue el caso de lo ocurrido en España o Francia, y la competencia abierta que caracterizó el sistema bancario en el Reino Unido (fuera de Londres), Alemania o Suiza. En el caso específico de España, las leyes de bancos de emisión y de sociedades de crédito de 1856 dieron un impulso decisivo al desarrollo financiero del país, por lo que el origen del sistema financiero español contemporáneo puede encontrarse en este esfuerzo legislador y su inmediato desarrollo. La filosofía positivista de progreso que dominó la mentalidad emprendedora europea en estas mismas décadas centrales del siglo XIX tuvo su impacto, por el lado más particular de las fianzas, en procurar una adecuada función movilizadora del ahorro para la promoción de las grandes empresas de servicios públicos e industriales. En España, este propósito quedó materializado en las mencionadas leyes de 1856. Una de ellas, como estudia Carles Sudrià en su texto, autorizaba la creación de bancos de emisión en los lugares en que se pidiera, a razón de uno por plaza; la otra, instauraba nuevas reglas para la fundación sin límites de sociedades de crédito con amplias facultades financieras, salvo la de emitir billetes. Al estudio de la evolución patrimonial 14 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal del conjunto de estos «bancos de negocios», particularmente durante los años críticos que desde el punto de vista de la actividad financiera caracterizó la década de 1860, está dedicado el capítulo que firma Andrés Hoyo Aparicio. Hasta 1865, la evolución de la estructura financiera que en su conjunto proyectaron estas sociedades sugiere que había en muchas plazas comerciales del país una nada despreciable reserva de ahorro invertible. Estas instituciones contribuyeron a que capitales que se habían mantenido largo tiempo atesorados se canalizasen hacia la inversión productiva, por ejemplo en infraestructuras de las que disfrutarían las generaciones futuras. Pero también es cierto que estos establecimientos operaron bajo el paraguas de una legislación muy permisiva, que no obligaba a establecer cinturones protectores sobre los que apoyarse ante un cambio de coyuntura, como el que ocurrió a partir del año indicado. Desde entonces, el sobreendeudamiento fue la nota característica, al que se intentó hacer frente con estrategias deflacionistas y procíclicas que llevaron a un desastre financiero de tal magnitud que asentó para largo tiempo, entre los hombres de negocios, una mentalidad con aversión no tanto al riesgo como sí a la competencia. En el tercer ensayo del libro se analiza el sistema bancario argentino entre 1890 y 1930, el cual llegó a ser el mayor de toda la región latinoamericana en la época, sin duda por las altas tasas de crecimiento alcanzadas con base a una expansión agrícola ganadera sin parangón, acompañada por un notable desarrollo urbano que hizo que para el año de 1914 la ciudad de Buenos Aires fuera la segunda metrópoli del continente americano, superada solamente por Nueva York. El número de bancos públicos y privados en Argentina llegó a ser realmente notable, pero su evolución particular estuvo sujeta a una serie de retos muy importantes. Los autores, Andrés Regalsky y Mariano Iglesias, sostienen que el estudio cuantitativo del sistema bancario argentino entre 1900 y 1930 arroja resultados muy interesantes que obliga a reconsiderar el papel de la banca pública, ya que se identifican mecanismos de coordinación que aseguraron que, particularmente a partir de la Primera Guerra Mundial, esta desempeñara un rol estabilizador del conjunto de la banca y de los mercados financieros domésticos. Es más, el Banco de la Nación asumió algunas funciones de regulación y auxilio de la banca privada. El mismo ensayo ilustra el desempeño del conjunto de la banca privada durante este periodo, 15 Introducción advirtiendo una evolución cada vez más diferenciada a partir de la década de 1920: el Banco Español del Río de la Plata, por ejemplo, sufrió un fuerte descalabro, mientras que los bancos extranjeros (esencialmente británicos) mantuvieron una tendencia bastante plana en sus actividades, al tiempo que el Banco de la Provincia de Buenos Aires y el Banco de Italia crecieron rápidamente hasta la Gran Depresión. El cuarto ensayo en este libro presta una atención especial no tanto a un banco en particular sino a un banquero que encarnaba el carácter cosmopolita de esta época de globalización económica y financiera. En su trabajo, Carlos Marichal analiza la trayectoria de Antonio Basagoiti y Arteta, quien fue prototipo del indiano exitoso en la América española en el último tercio del siglo XIX, pero, en este caso, sobre todo por su destacado papel en la banca, tanto en México como en España. Basagoiti comenzó su carrera empresarial –como tantos inmigrantes españoles que venían a hacer fortuna en México– dedicándose al comercio. Sin embargo, con el correr del tiempo se transformó en uno de los más dinámicos comerciantes-banqueros dentro de la comunidad mercantil de la república. Posteriormente, se convertiría en uno de los máximos directivos del mayor banco comercial de México de entonces, el Banco Nacional de México (fundado en 1884) y, luego, en el fundador y presidente de uno de los mayores bancos comerciales de España, el Banco Hispano Americano (fundado en 1901). Este tránsito transatlántico revela la mutación y creciente complejidad de las finanzas y de las empresas en México y en España hace un siglo. Aunque la mayor parte de los bancos establecidos en América Latina desde mediados del siglo XIX fueron de capital doméstico, también es cierto que en esta época de temprana globalización ejercieron un papel fundamental numerosos bancos extranjeros. En su ensayo, el investigador Wilfried Kisling proporciona un análisis innovador destinado a comparar el desempeño de los bancos británicos y alemanes que se introdujeron en América Latina desde el siglo XIX hasta la Primera Guerra Mundial. Los bancos británicos se establecieron primero, creando oficinas en varios países como Argentina, Brasil, Perú y México desde el decenio de 1860, y casi siempre operaron como empresas con considerable autonomía de la junta directiva en Londres: este esquema de negocios ha sido calificado como «free-standing companies». En 16 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal cambio, los bancos germanos, que entraron más tarde en América Latina, desde fines del siglo XIX, adoptaron un esquema diferente de organización, ya que funcionaban a partir de un temprano esquema de banca multinacional, estableciendo sucursales en muchos países pero con estrechos lazos con la respectiva casa matriz en Alemania. Kisling compara el desempeño de ambos modelos a partir de un estudio muy detallado de los casos del banco germano llamado Brasilianische Bank für Deutschland y del banco británico conocido como el London and Brazilian Bank. Demuestra, en síntesis, que los bancos alemanes ganaron la partida frente a los ingleses en los años previos a la Primera Guerra Mundial, ya que ofrecían crédito a mayores plazos y mejores condiciones y se coordinaban mejor con sus clientes, convirtiéndose en instrumentos muy efectivos de internacionalización de las finanzas y el comercio. El nacimiento y expansión de establecimientos bancarios en América Latina a lo largo del siglo XIX caminó parejo al proceso de inserción de estas economías en los flujos comerciales internacionales mediante una preferente especialización en la exportación de bienes primarios, propiciada por un sostenido incremento de la demanda de los países europeos y Estados Unidos. La constitución de los primeros bancos contribuyó a la financiación del comercio exterior mediante el conocimiento, la provisión y difusión de medios de pagos, el establecimiento de patrones monetarios fiduciarios, y una mayor integración entre mercados finales y productores. Según la interpretación que elabora Ángel Pascual Martínez Soto en su capítulo, este esquema general no se cumplió en toda el área del Caribe, y muy en particular en aquellos territorios que formaron parte de la monarquía española: Cuba y Puerto Rico. Estas economías insulares debieron enfrentarse a las consecuencias de una administración colonial ineficiente, sobre todo a efectos fiscales y financieros, que retrasó la entrada del negocio bancario en general y del capital foráneo en particular. La Isla de Puerto Rico ejemplifica las razones de este atraso durante la mayor parte del siglo XIX en comparación a otras colonias antillanas. Pero también constituye un interesante caso de estudio tanto por el posterior acelerado proceso de constitución de bancos, muy vinculados a la construcción de grandes centrales azucareras y la expansión del cultivo del café, como por terminar convirtiéndose en un territorio altamente bancarizado tras su incorporación como estado libre asociado a los Estados Unidos. 17 Introducción Como señala Martínez Soto en su texto, a lo largo del siglo XIX la Administración colonial española mantuvo una actitud contradictoria en diferentes momentos, de alentar y obstruir, los proyectos bancarios que fueron surgiendo en Puerto Rico, especialmente los referidos a la constitución de un banco emisor. Y ello constituye una apreciable diferencia con lo que aconteció tanto en Cuba como en Filipinas, donde sí se permitió desde temprano la fundación de este tipo de establecimiento financiero. Al estudio del que se fundó en Cuba en 1856, con el nombre de Banco Español de la Habana, ha dedicado Inés Roldán de Montaud una parte importante de su actividad investigadora. En el capítulo que firma en este libro se centra en el estudio de las disposiciones que regularon y definieron la dirección de este banco emisor, señalando los cambios que se introdujeron en 1881, cuando la entidad modificó sus estatutos y acentuó sus funciones de banco de gobierno bajo la nueva denominación de Banco Español de la Isla de Cuba. A partir de esa fecha mantuvo una intensa relación con la Hacienda cubana: recaudaba impuestos, se ocupaba del servicio de la deuda, realizaba operaciones de tesorería, al tiempo que reducía sus operaciones de préstamo y descuento comercial. Estas nuevas preferencias operativas coincidieron con un cambio en el modelo de dirección y gestión. Si antes del señalado cambio los directores de este establecimiento siempre habían sido comerciantes asentados en La Habana, con posterioridad, el cargo de gobernador comenzó a ser desempeñado por funcionarios y políticos designados en Madrid. Después de los dos trabajos que estudian la banca española en Cuba y Puerto Rico, sigue un ensayo que es indispensable para conocer la actuación fundamental de los mayores banqueros privados más ricos e influyentes a escala mundial, como fueron los Rothschild, los cuales tuvieron una gran variedad de intereses en América Latina en la época. El tema, rara vez tocado con anterioridad, es descrito de manera solvente por Miguel A. LópezMorell, quien comienza con un análisis minucioso de los negocios de la gran familia de banqueros en el mercurio. A partir de su control de las minas de Almadén en 1835, en virtud de un contrato firmado con el gobierno español encabezado por el Conde de Toreno, los Rothschild procedieron a tomar control de la mayor parte de los suministros de azogue para las minas de plata americanas, en particular las de México, que fue el mayor productor mundial 18 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal hasta 1870. Pero los Rothschild también tuvieron intereses en otros países. Por ejemplo, se involucraron en las finanzas cubanas desde fechas tempranas, y ejercieron un papel fundamental en proporcionar cuantiosos empréstitos para el gobierno español que requería que Cuba remitiera o garantizase fondos para costear la Guerra Carlista, sobre todo entre los años 1835 y 1839. Posteriormente, los mismos banqueros se interesaron en negocios propiamente mercantiles en Cuba, participando muy activamente en las exportaciones de tabaco y de puros en cantidades voluminosas, lo cual también resultaba un negocio financiero rentable. Por último, López Morell nos recuerda que los Rothschild fueron los principales agentes del gobierno de Brasil para su deuda externa a largo del siglo XIX, y también en Chile entre 1886 y la Primera Guerra Mundial. II En la segunda parte de este volumen, los ensayos reunidos se refieren a la temática de los antecedentes de la creación de los bancos centrales en España y Latinoamérica. El caso español destaca por el hecho de contar con un gran banco nacional en el siglo XIX, el Banco de España, que habría de transformarse en verdadero banco central en el transcurso del siglo XX. Los orígenes de este proceso, en un contexto de globalización monetaria y financiera, del que también fue partícipe la economía española, son abordados en este libro por Pedro Tedde de Lorca. Las décadas centrales del sigloXIX fueron de modernización y apertura al exterior del sistema bancario español; un sistema en el que el Banco de España mantuvo una posición muy destacada en atención tanto a los recursos propios que gestionó como a la cuantía de pasivos ajenos que captó. Sin embargo, esta preeminencia no tuvo su correspondencia en una mayor autoridad y competencia respecto a los demás intermediarios financieros. Si se exceptúa el monopolio de emisión del que disfrutó a partir de 1874, se puede decir que hasta antes de 1913 el Banco de España no ejerció, aunque fuera tímidamente, funciones de banco central. Por tanto, como asevera Tedde de Lorca en su capítulo, las relaciones que el banco emisor radicado en Madrid mantuvo con las demás entidades bancarias deben ser calificadas de esporádicas y circunstanciales, pues el tipo de operaciones que 19 Introducción llevó a cabo se orientó preferentemente a atender las necesidades financieras del Gobierno. El profesor Tedde de Lorca presta particular atención al desempeño de este Banco durante la crisis internacional de 1863 a 1866. Concluye, así, que la preferencia por la liquidez presidió toda toma de decisiones asentadas en propuestas deflacionistas y procíclicas que, ciertamente, incidieron en profundizar la crisis, pero que lograron alejar la amenaza de verse sustituido por una nueva entidad emisora. En los casos latinoamericanos, la creación de la banca central no se dio a partir del esquema evolutivo descrito por Charles Goodhart, en el cual los bancos nacionales del siglo XIX se convirtieron en bancos centrales en el sigloXX, que es aplicable a casi todos los países europeos, sino a raíz de cambios políticos importantes que se produjeron desde el decenio de 1920 en adelante. En el caso de México el camino hacia el establecimiento de un banco central fue extremadamente azaroso, lo cual puede atribuirse sobre todo a la propia historia de la revolución mexicana que estalló en 1910, y que habría de durar hasta 1920. Durante esta época el viejo sistema de bancos establecido en decenios anteriores se colapsó y sufrió profundas intervenciones. En su ensayo, Ricardo Solís describe la trayectoria del mayor banco del país, el Banco Nacional de México, entre los años 1913-1916. Esta etapa de la Revolución mexicana se inició con la guerra civil que se produjo como consecuencia del golpe de Estado en febrero de 1913, que acabó con el gobierno y la vida del presidente Francisco Madero. Posteriormente, los conflictos militares se agudizaron de manera extraordinaria, al mismo tiempo que se colapsaron las finanzas públicas, la Bolsa mexicana y se desató una experiencia de hiperinflación. Al finalizar la etapa de mayor conflictividad, el 14 de diciembre de 1916 el Presidente Venustiano Carranza «sentó en el banquillo a los bancos y les impuso un Consejo de Incautación», el cual tuvo las funciones de supervisar su funcionamiento y autorizar sus principales movimientos; pero, en general, procedió a su liquidación y la entrega de sus recursos a la nueva Comisión Monetaria, que habría de ser el poder monetario y financiero del Estado Mexicano durante años. En todo caso, fue en 1925 cuando se pudo crear un banco central, el Banco de México, que ha persistido hasta nuestros días, y es hoy la institución financiera y monetaria más importante del país. 26 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal (1990-2003) supuso una ampliación de las funciones privatizadoras de todos los niveles de gobierno, constituyéndose en el ente central del Plan Nacional de Desestatización (paradójicamente denominado PND). A diferencia de otros bancos nacionales de desarrollo que desaparecieron o se tornaron insignificantes, el BNDES fue experimentando un transformismo de institución desarrollista a instrumento clave de las políticas neoliberales de ajuste estructural del consenso de Washington (Programa Nacional de Privatización). La cuarta fase (2002 hasta la actualidad) ha significado un resurgimiento del BNDES como banquero emprendedor, fomentando la financiación de grandes proyectos de infraestructuras, además de programas de innovación público-privados a escala global. Este resurgimiento del BNDES ha sido el resultado de una reorientación política que, por otra parte, ha sido posible gracias a unas tendencias comercial y financiera internacional favorables para mantener la sostenibilidad de los recursos financieros. En resumidas cuentas, la presente publicación ofrece mucha tela que cortar en el terreno de la historia bancaria comparada, y seguramente ofrece materiales ricos para investigar y debatir más a fondo gran número de temas de la historia financiera de España y América Latina a lo largo de los siglosXIX y XX. Este enfoque histórico resulta especialmente importante en una época como la nuestra, en la que se habla de una revolución bancaria que en ocasiones es calificada de financiarización global de la economía. En todo caso, nunca ha sido más complejo, dinámico, pero, también, volátil el sistema financiero mundial como lo es hoy en día. Inevitablemente, ello despierta numerosos interrogantes en torno a las razones y raíces históricas que puedan ilustrarnos sobre los paralelismos, así como por los contrastes, aún más notorios, que distinguen el pasado del presente. En este sentido, los estudios históricos que se incluyen en este libro constituyen una invitación abierta para explorar la trayectoria de las finanzas modernas en el largo plazo y, en particular, de la banca, con objeto de entender los complejos orígenes del fenómeno contemporáneo de la globalización. * * * Por último, es menester indicar que la presente obra no hubiera podido realizarse sin el concurso de una serie importante de aportaciones indivi- 27 Introducción duales e institucionales. En primer término, es obligatorio agradecer a los ponentes y moderadores que acudieron de diferentes países de Europa y América Latina a este primer coloquio sobre la historia de la globalización bancaria. Muchas de las aportaciones que se presentaron y debatieron son resultado inmediato del Proyecto de Investigación APIE 3/2015-17 que forma parte de la línea estratégica del Santander Financial Institute (SANFI) de la Fundación UCEIF, resuelto por convocatoria de la Universidad de Cantabria y financiado con el mecenazgo de Banco Santander. Particularmente, el éxito de la reunión se debió al patronazgo de la Fundación UCEIF, que dirige el Dr.Francisco Javier Martínez, al apoyo de la Universidad de Cantabria que nos auspició, así como a la contribución de la European Association for Banking and Financial History, con la presencia de su presidente, Hugo Bänziger, y su excelente colaboradora, Carmen Hoffman. Finalmente, ha sido relevante la participación del Banco de Santander, con la presencia del vicepresidente Matías Rodríguez Iniciarte, al que acompañaron en la sesión inaugural los profesores Pablo Martín Aceña (Universidad de Alcalá de Henares) y Youssef Cassis (European University, Florence). De manera complementaria, debemos agradecer la gran tarea que llevaron a cabo en la propia organización del citado evento la Dra. Teresa Gómez León, de la Fundación UCEIF, y José Antonio Gutiérrez Sebares, responsable del Archivo Histórico Banco Santander. Nos parece que la publicación del presente libro ayudará a enfatizar la importancia de la creación de este Archivo como promesa para España y América Latina, en lo que se refiere a la investigación científica en historia económica. Finalmente, agradecemos también las finas atenciones de la Editorial de la Universidad de Cantabria y, en particular, de su directora Belmar Gándara, que de manera diligente ha facilitado mucho el camino para la coedición de este libro entre genueve ediciones, dentro de la colección «Ciencias Sociales y Humanidades» que dirige el profesor Gonzalo Capellán de Miguel, así como el Departamento de Publicaciones de El Colegio de México, que dirige Gabriela Said. ¡Gracias a todos, de ambos lados del Atlántico! Daniel Díaz Fuentes, Andrés Hoyo Aparicio y Carlos Marichal Salinas 28 Daniel Díaz, Andrés Hoyo y Carlos Marichal BIBlIografía Bordo, M., Taylor, A. M., Williamson, J. (eds.) (2003): Globalization in Historical Perspective, Chicago University Press, Chicago. Cameron, R. (ed.) 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