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La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas en las primeras etapas del crecimiento moderno

Hoyo Aparicio, Andrés

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81 La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas en las primeras etapas del crecimiento moderno Andrés Hoyo Aparicio Universidad de Cantabria El ideal de progreso sant-simoniano, que propugnaba alcanzar una nueva sociedad fundamentada en el desarrollo de la técnica, la ciencia y la industria, y que fuera administrativamente guiada por científicos e industriales, donde mejor quedó materializada su influencia fue, dentro del ámbito de las finanzas, en la creación del Credit Mobilier (1852) de la mano de los hermanos Emile e Isaac Pereire1. Esta institución crediticia simbolizó, mejor que ninguna otra, esta filosofía positivista de progreso que dominó, a la vez que estimuló, la mentalidad emprendedora que caracterizaría al Segundo Imperio francés (1852-1870)2. En España, sin embargo, «progresar conservando» sería el eslogan con el que más cómodo se sintió un amplio grupo de políticos e intelectuales que, inspirados en el doctrinarismo francés, fueron convergiendo en el seno de un partido moderado que ocupó el poder toda una década, hasta julio de 1854. Tratar de armonizar la libertad económica en el interior con la defensa de la producción nacional de la competencia exterior colmó una de las principales aspiraciones en política económica de este liberalismo doctrinario español, que por el 1 Fargette (2001). 2 Cameron (1971). Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.15006939 Andrés Hoyo Aparicio 82 lado de las finanzas destacó por promover una legislación antiexpansionista, que mantuvo el sistema bancario en un estado embrionario por lo menos hasta 1855. Las oportunidades de cambio llegaron, no obstante, en respuesta a los desequilibrios que en todos los ámbitos, y en la mayoría de los países europeos, dio lugar a la disputa que terminó enfrentando al imperio zarista con el imperio turco. Este último contó con el apoyo de Francia, Inglaterra y Piamonte-Cerdeña, poniendo definitivamente fin al espíritu del Congreso de Viena. El estallido de este conflicto internacional, que tuvo como principal escenario la península de Crimea entre octubre de 1853 y febrero de 1856, tuvo su reflejo en España en una acusada reducción del poder adquisitivo de los salarios, incrementando con ello un malestar social que terminó por erosionar, irremediablemente, el prestigio y la capacidad de gestión del moderantismo político hasta entonces dominante. A este desgaste también contribuyeron las presiones de un sector exportador de cereales, de gran peso en la estructura económica del país, que entendía que –en unos años de creciente demanda exterior por las razones bélicas apuntadas– la necesidad de más ágiles y eficientes servicios crediticios quedaban estrangulados por, en expresión de Gabriel Tortella, el «aparato ortopédico antiexpansivo»3 que las leyes del gobierno de Narváez-Bravo Murillo había montado tras la crisis de 1847-1848. Todo el malestar que se fue acumulando convergió en la revolución del verano de 1854, dando paso a un Bienio Progresista (1854-1856) que impulsó una intensa actividad legislativa, que en el ámbito de la política económica estuvo muy inspirada por ese mismo ideal positivista de progreso de influencia francesa al que antes se hizo mención. Por el lado más particular de las finanzas, en el ánimo de los nuevos legisladores dominó, desde entonces, la intención de procurar una más adecuada función movilizadora del ahorro dentro del sistema bancario para la promoción de las grandes empresas de servicios públicos e industriales. Este propósito quedó finalmente materializado en dos importantes leyes aprobadas en enero de 1856. Una de ellas autorizaba la creación de bancos de emisión en los lugares en que se pidiera, a razón de uno por plaza; la otra, instauraba nuevas reglas para la 3 Tortella (1973. Se cita la edición de 1995). La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 83 fundación sin límites de sociedades de crédito con amplias facultades financieras, que iban más allá de los descuentos y préstamos a corto plazo, salvo la de emitir billetes. Todo lo referente a las razones que llevaron a impulsar estas dos leyes, el debate parlamentario que suscitaron, y los efectos inmediatos que significaron en cuanto a mejoras en la provisión de liquidez, asignación de recursos, dotación de medios de pago y expansión de la oferta monetaria, nos son bien conocidos gracias a los fundamentales trabajos seminales de Nicolás Sánchez Albornoz, Gabriel Tortella y Pedro Tedde4. Cierto es que, a partir de estas primeras aportaciones, entre los investigadores que se han ido ocupando del estudio del sector financiero en las décadas centrales del siglo XIX, ha habido un mayor interés por afrontar con mayor detenimiento el origen, estructura y funcionamiento de los bancos emisores5. Contamos también con bastantes estudios monográficos de muchos de estos bancos6. En todas estas aportaciones, tanto en las más generales centradas en abordar el análisis de la pluralidad de emisión en España, como en las más focalizadas hacia el estudio de una determinada plaza comercial, o las orientadas al examen más detenido de una institución específica, las sociedades de crédito aparecen inevitablemente reseñadas, pero muchas veces lo han sido de manera tangencial. Poco se ha avanzado en el conocimiento de estas instituciones desde los primeros trabajos publicados en la década de 1960 y 1970 por los antes citados Sánchez Albornoz, Tortella o Tedde, en los que, fundamentalmente, ponían el principal foco de atención en la composición de su estructura económica con el fin de cimentar la tesis de que la crisis financiera –que finalmente se desataría a partir de 1866 en un contexto, también, de inestabilidad internacional–, tuvo su principal causa en la falta de rentabilidad de un negocio ferroviario que había absorbido una porción muy significativa de los recursos gestionados por estas mismas sociedades. 4 Sánchez Albornoz (1962, 1967, 1968a, 1868b, 1975, 1977a y 1977b), Tortella (1970 y 1995), Tedde (1974). Una exhaustiva puesta al día de los debates parlamentarios que suscitaron y de lo que resultó de esta actividad legislativa en Tedde (2015). 5 Sudrià (1994), García Ruiz (1991). 6 Consúltese un amplio repertorio bibliográfico en Sudrià y Blasco-Martel (2016). Andrés Hoyo Aparicio 84 Disponemos así, en estos momentos, de un muy detallado conocimiento de cómo fue el desempeño de los bancos emisores7. A ello ha ayudado mucho el esfuerzo de los especialistas por proporcionar una metodología contable para normalizar los balances que estos bancos estaban obligados a difundir, lo que ha permitido la posterior comparación, agregación y análisis de la estructura patrimonial de estas entidades emisoras8. Sin embargo, no hay nada parecido para el caso de las sociedades de crédito. Y ello no deja de resultar llamativo, máxime si tenemos en cuenta que el volumen de recursos que llegaron a movilizar superaba con creces a los que gestionó la banca de emisión. Por tanto, no es un ejercicio ocioso el ir llenando de contenido este menor conocimiento que tenemos de este otro lado del sistema bancario que conformaba las sociedades de crédito. Y a ello contribuye este trabajo. Así, en las siguientes páginas, apoyado en un esquema metodológico muy similar al que estudios recientes han llevado a cabo con la misma intención para la banca de emisión9, se propone un modelo contable para normalizar los balances que se publicaban en la Gaceta de Madrid, para, seguidamente, abordar el estudio de la evolución patrimonial del conjunto de estas sociedades de crédito; particularmente durante los años críticos que desde el punto de vista de la actividad financiera caracterizó la década de 186010. Para ello se presta especial atención a aquellos aspectos que se pueden considerar más relevantes para el conocimiento del desempeño del sistema bancario español en su primera gran etapa expansiva decimonónica: evolución y estructura de los fondos gestionados, grado de intermediación, provisión de liquidez y crédito, financiación y promoción de empresas, rentabilidad de la inversión y rentabilidad para el accionista. La normalización de los balances permite 7 Sudrià y Blasco-Martel (2016). 8 Bernal Lloréns y Sánchez Ballesta (2007, 2008 y 2016). 9 Sudrià y Blasco-Martel (2016), Bernal Lloréns y Sánchez Ballesta (2016). 10 Para una descripción y explicación de esta coyuntura crítica en España: Sardá (1948), Sánchez Albornoz (1968b), Tortella (1995), Costas Comesaña (1988), Sudrià (2013, 2016), Martín Aceña y Nogués Marco (2013), Tedde (2015: 171-371). Estudios del impacto de esta crisis en distintas plazas comerciales: Sánchez Albornoz (1962, 1967, 1977a), Hoyo (1988), Pérez García (1991), Navas y Sudrià (2007). Una perspectiva internacional: Elliot (2006), Flandreau y Ugolini (2013, 2014), Moro, Nuño y Tedde (2015). La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 85 también que los datos se puedan agrupar por plazas comerciales, pudiendo comparar, por tanto, la estructura financiera y económica predominante en unas y otras, y constatar así las semejanzas y diferencias que hubo en el momento de afrontar una similar coyuntura. A la hora de abordar todas estas cuestiones, no se debe olvidar que la gran particularidad que les proporcionó la normativa bajo la que operaron fue que, a diferencia de la banca de emisión, los responsables de estas entidades de crédito tenían total libertad para adoptar la política de liquidez y de inversiones que más les conviniera en cada momento. El artículo 4º de la citada Ley de enero de 1856 añadía a las actividades típicas de banca comercial (operaciones a corto plazo de depósito, préstamo con garantía, negociación de efectos y descuento de papel comercial), las propias de un banco de inversiones: suscribir empréstitos con todos los niveles de la administración, adquirir fondos públicos y privados de toda clase de empresas industriales o de crédito, crear todo tipo de empresas industriales y de «utilidad pública», promocionar y colocar acciones y obligaciones de estas mismas empresas. En suma, fueron bancos de negocios similares a la banque d’affaires que operaban en la misma época en Francia11, antecesores de los bancos mixtos característicos de toda Europa a finales del siglo XIX, que disfrutaron de un amplio margen de maniobra en sus operaciones, sin capacidad para emitir billetes, aunque sí obligaciones a muy corto plazo, y sin el compromiso de establecer ningún tipo de coeficiente legal, ni un volumen de reservas mínimo. Finalmente, antes de pasar a exponer los resultados del análisis, un comentario sobre las fuentes de información. El 30 de julio de 1865 un real decreto relevaba a los gobernadores provinciales de la función de inspeccionar a estas sociedades. Tal cometido pasó, a partir de entonces, a depender del Ministerio de Hacienda. A este fin se creó el Cuerpo de Inspección General de Sociedades Anónimas de Crédito, que elaboraban informes trimestrales sobre la situación económica y financiera de estas instituciones, y tenían la obligación de publicar un resumen en la Gaceta de Madrid. Pues bien, estos informes, que se divulgaron hasta junio de 1868, y que ofrecen datos serializados con un alto grado de homogeneidad transversal y temporal, 11 Cameron (1974). Andrés Hoyo Aparicio 86 constituyen la principal fuente de información de este trabajo. Las referencias cuantitativas que aportan han sido a su vez contrastadas y, en algunos casos, corregidas con los «estados de situación» que las propias sociedades estaban obligadas a publicar mensualmente en la citada Gaceta. Y con el propósito de lograr la mayor desagregación posible en algunos de los conceptos contables usados, toda esta información así obtenida se ha completado con los datos procedentes de las memorias de estas sociedades que se han podido consultar. un panorama general Los gráficos 1 y 2 insertados a continuación muestran claramente la gran expansión de estas sociedades que siguió a la aprobación del nuevo marco que regulaba su funcionamiento. En 1865 se alcanzó el mayor número de este tipo de instituciones financieras con actividad. En apenas ocho años se fundaron 37 sociedades, que totalizaron un capital desembolsado de 1.153millones de reales. Una cantidad movilizada realmente importante, tres veces y media más de lo que llegó a representar la banca de emisión a finales de ese mismo año, equivalente al 4,6 % del Producto Interior Bruto, o al 6,6 % de la Deuda total del Estado en circulación; suponía el 28,4 % de los ingresos ordinarios del Estado, y superaba en un 13,6 % el volumen de negocio efectivo en la Bolsa de Madrid. Gráfico 1. Evolución del número de Sociedades de Crédito en España 78712 17 23 33 36 29 21 14 1 1 8 14 19 0 5 10 15 20 25 30 35 40 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 con actividad en liquidación Fuente: Anuario Estadístico de España. Gaceta de Madrid. La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 87 Gráfico 2. Sociedades de Crédito en España. Evolución del capital desembolsado 347.650.000 376.330.550425.400.000 502.599.920 530.958.400 773.379.175 1.081.711.235 1.153.919.455 951.046.610 1.025.944.425 891.887.225 – 200.000.000 400.000.000 600.000.000 800.000.000 1.000.000.000 1.200.000.000 1.400.000.000 Reales 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 Fuente: Anuario Estadístico de España. Gaceta de Madrid. A partir de ese año de máximos, lo relevante también fue el frenazo en su evolución posterior. No solo en cuanto al número de sociedades que desaparecieron, sino fundamentalmente en atención a las que, en creciente número, se fueron declarando en suspensión de pagos, quiebra o liquidación. Tal es así, que, tan solo tres años después, en 1868, las sociedades que manifestaron encontrarse dentro de alguno de estos tres supuestos ya superaba en número a aquellas otras que aún revelaban alguna actividad. La caída en estos tres años del capital desembolsado en cerca de un 23 % cuantifica la dimensión global en que se tradujo este cambio de tendencia, sobre cuyas características y razones se abundará más adelante. Una segunda observación de carácter general a ser resaltada es la alta concentración geográfica. Como es fácil advertir en el gráfico 3, más de la mitad de toda la actividad gestionada por las sociedades de crédito se concentró en la plaza de Madrid, principal centro financiero del país, seguido a muy apreciable distancia por Barcelona y Valencia. En el citado año de máxima expansión, 1865, la capital del país todavía acumulaba cerca de 68 % de todo el capital desembolsado, en torno al 16 % se concentró en Barcelona, Valencia representó el 4,2 %, y el restante 11,9 % se repartió entre diversos enclaves comerciales en atención al siguiente orden de importancia: Valladolid, Valencia, Santander, Bilbao, Cádiz, Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Huesca, Pamplona, Vigo y León. En su conjunto, y es lo que nos revela el Índice de Andrés Hoyo Aparicio 88 Herfindhal12, se trató de un tipo de negocio que se fue articulando dentro de una estructura de mercado que ofrecía reducidas posibilidades competitivas. Es más, si se compara con la banca de emisión, en este lado del sistema bancario que ocupaban las sociedades de crédito se ponía de manifiesto, precisamente, una mayor falta de competencia; una observación esta que no varía en exceso aunque para la elaboración del citado Índice suprimamos el peso que en uno y otro lado tenían, respectivamente, el Banco de España y el Crédito Mobiliario Español. De todo el conjunto de plazas comerciales antes citadas, la de Barcelona fue la que ofreció en su evolución un mercado crediticio menos concentrado y más acostumbrado a desenvolverse dentro de una mayor concurrencia competitiva. Gráfico 3. Sociedades de Crédito en España. Concentración financiera (capital desembolsado) Resto de Plazas ––0,94 4,84 11,11 11,91 16,62 11,97 10,59 8,72 9,13 Valencia 0,86 2,92 5,17 4,55 4,14 2,84 7,84 4,22 5,01 4,73 5,44 Barcelona 20,71 19,13 19,75 12,41 13,55 10,08 10,06 15,90 16,82 15,60 15,95 Madrid 78,43 77,94 74,14 78,20 71,19 75,17 65,48 67,92 67,58 70,96 69,48 0% 10% 20% 30% 40% 50% 60% 70% 80% 90% 100% 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 Fuente: Anuario Estadístico de España. Gaceta de Madrid. 12 Índice de Herfindhal proporciona una medición del nivel de concentración existente en un mercado, así como de la mayor o menor capacidad de control. Un índice elevado (próximo a 1) expresa un mercado muy concentrado y, por tanto, poco competitivo. Se calcula de la siguiente manera: IH = ∑ C 2 i, n i = 1 donde Ci es la cuota de mercado de la entidad i. Cuando hay una sola sociedad adopta su valor máximo (H = 1), mientras que cuando existe un número fijo de sociedades, todas con la misma cuota de mercado, toma su valor mínimo (H = 1 / n). La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 89 Gráfico 4. Sociedades de Crédito en España. Índice de Herfindhal (máxima concentración H = 1) 0,38 0,34 0,31 0,31 0,30 0,30 0,36 0,35 0,43 0,45 0,64 0,59 0,63 0,53 0,58 0,45 0,49 0,49 0,53 0,51 0 0,1 0,2 0,3 0,4 0,5 0,6 0,7 Ratio Bancos de emisión Sociedades de Crédito 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 Fuente: Anuario Estadístico de España. Gaceta de Madrid. Bernal Lloréns y Sánchez Ballesta (2016: Apéndice estadístico). Por tanto, el negocio que gestionaron las instituciones de crédito que se fundaron en España con arreglo a la ley enero de 1856 fue marcadamente expansivo hasta por lo menos 1865; y aunque estuvo geográficamente muy concentrado en la capital del país, muy rápidamente, el fomento de este tipo de establecimientos en las principales plazas comerciales del país contribuyó a ensanchar, en sus respectivas áreas de influencia, las oportunidades de liquidez, crédito, financiación y promoción de empresas. Pero también, y con igual rapidez, a la exuberancia financiera de los primeros años, sucedió un irrecuperable periodo de creciente desconfianza entre los inversores hacia la manera característica de emprender por parte de este tipo de sociedades cuando empezaron a hacerse evidentes los crecientes problemas de liquidez y solvencia. Para argumentar adecuadamente esta última observación resulta de enorme utilidad centrar la atención en la relación capital desembolsado/capital emitido, y en la que hay entre este último y el capital escriturado. El capital escriturado (autorizado) nos indica a qué altura los promotores de estas sociedades fijaron su ambición financiera. El capital emitido nos revela la magnitud, dentro de este límite que ambicionaban, de las expectativas inmediatas que creían estar en condiciones de poder cumplir. El capital desembolsado nos ilustra en qué proporción estas expectativas fueron final- Andrés Hoyo Aparicio 96 Madrid, las obligaciones emitidas por el conjunto de las compañías de crédito que allí operaron alcanzaron un saldo de 97 millones de reales. De esta cifra, 31 millones pertenecían a la Sociedad de Crédito y Fomento Banco de Madrid, y 60 millones a la Sociedad Española de Crédito Comercial. En Barcelona el saldo alcanzado se fijó en 59 millones, y fueron las sociedades Crédito Mercantil (29,4 millones) y Crédito y Fomento de Barcelona (12 millones) las que más recurrieron a esta estrategia dilatoria. Importante también fue la cuantía que se alcanzó en Valencia (32,8 millones); en este mercado todas las sociedades participaron de la práctica reseñada, pero muy especialmente la Sociedad Valenciana de Crédito y Fomento (22 millones). El Crédito Cántabro, que operaba en Santander, publicó un saldo de 1,7millones, equivalente a una cuarta parte del pasivo exigible, que mantuvo invariable hasta su disolución como sociedad en febrero de 1869; e igualmente relevantes fueron las cifras que se alcanzaron en otras plazas menores como Córdoba (2 millones) o Vigo (9,9 millones). Sin embargo, como se aprecia en el gráfico 8, el poco éxito de esta estrategia queda reflejado en el creciente peso que, en su conjunto, fue adquiriendo el saldo de acreedores varios, y con destacada intensidad en los mismos mercados y sociedades de crédito que se acaban de mencionar. No obstante, la tímida, como también pasajera, recuperación que se observa en los saldos de las cuentas corrientes, en 1868, en relación a los ejercicios inmediatamente anteriores debe ser atribuida a una cierta recuperación de la confianza hacia algunas sociedades que habían logrado sobrellevar, con muchas dificultades, la crisis de 1866. Esta particular circunstancia, unida a la caída en desgracia de determinados bancos emisores, hizo que en ciertos mercados se concentrara en unas pocas sociedades la débil y decaída actividad financiera existente en ese momento. Pero lo cierto es que, a partir de 1865, todas estas instituciones de crédito, en mayor o menor medida, empezaron a pagar muy caro el no haber articulado con antelación una estrategia de autofinanciación. A diferencia de la banca de emisión, que por ley debía mantener en reserva un 10 % del capital desembolsado, las sociedades de crédito no estaban obligadas a ello y, por tanto, sujetas a garantizar un mínimo de fondos de reserva. En general, por esta razón, prescindieron de los más elementales umbrales de prevención y garantía que prescribiría una práctica financiera prudente. La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 97 Como es fácil advertir en el gráfico 9, el conjunto de estas sociedades dedicadas preferentemente a la inversión y promoción de empresas apenas provisionaron fondos por encima del 2,2 % respecto del capital que habían desembolsado; es más, tal capacidad de autofinanciación fue disminuyendo a media que la crisis se extendía. Esta observación de carácter general todavía se acentúa más si centramos la atención en los balances de aquellos establecimientos que fijaron su sede social en plazas como Madrid, que nunca superaron el 3 %; Barcelona, donde la proporción más alta alcanzada fue del 0,3 %; Santander, del 0,5 %; o Bilbao, donde las sociedades que operaron en este mercado siempre reflejaron en sus cuentas una relación en torno al 1 %. Más llamativo aun fue lo de Valladolid: los datos consultados a través de la Gaceta de Madrid permiten advertir que las sociedades que allí centralizaron sus negocios no dotaron ningún fondo de reserva. Gráfico 9. Sociedades de Crédito en España. Capacidad de autofinanciación 0,020 0,003 0,022 0,019 0,011 – 0,005 0,010 0,015 0,020 0,025 1862 1865 1866 1867 1868 Fondo de reserva/Capital desembolsado Fuente: Gaceta de Madrid. En resumen, podemos concluir subrayando que en el conjunto de las sociedades de crédito que desarrollaron sus actividades a lo largo de la crítica década de 1860, el perfil de sus estructuras financieras estuvo muy condicionado en su evolución por la manifiesta y creciente desconfianza de los ahorradores y, también, de los propios accionistas. Ello explica la creciente dependencia hacia el empleo de unos recursos propios que, a su vez, tenían Andrés Hoyo Aparicio 98 dificultades de crecer por la vía de un mayor desembolso, como el hecho de que fuera común a todas ellas una marcada caída de los umbrales de intermediación financiera, y que ello tuviera su inmediato reflejo en la progresiva pérdida de peso de las cuentas corrientes. Desconfianza, por tanto, de ahorradores y accionistas, que fue creciendo a medida que se fueron incumpliendo las expectativas inicialmente depositadas, y a medida también de que fueron comprobando que el mayor problema estaba en el destino que se fue dando a los fondos disponibles, es decir, en la composición de un activo circu lante poco líquido, escasamente rentable y sometido a un acusado proceso de depreciación. A partir de 1865, la actividad de la gran mayoría de estas sociedades se paralizó por completo. Desde entonces, la principal preocupación de los gestores fue cómo afrontar el pánico financiero que, por un lado, drenaba los recursos disponibles, y por otro, depreciaba las inversiones sujetas a cotización en los mercados secundarios. Ya se ha explicado antes cómo emprendieron estrategias de dilación de los vencimientos como paliativo momentáneo a los apremios financieros. A ello se unieron otro tipo de operaciones de activo con la intención de proporcionar liquidez inmediata. Pero antes de abordar esta y otras cuestiones de interés, detengámonos un momento en conocer cómo fue, en conjunto, la estructura económica de estas sociedades. la eStructura económIca La Ley de Sociedades de Crédito de 28 de enero de 1856 permitía un extenso abanico de actividades, desde suscribir empréstitos con el Gobierno, corporaciones provinciales y municipales, hasta iniciativas de promoción e inversión directa en empresas de todo tipo, así como operaciones habituales de banca comercial. La composición de las principales cuentas del activo circulante confirma, en la práctica, este carácter mixto de las tareas que el conjunto de estas entidades llevaron a cabo. En los primeros años, el mayor peso de la actividad se concentró en la cartera inversora para, posteriormente, equilibrarse con respecto a la dimensión que significaron las operaciones más típicamente comerciales, en un contexto, a partir de 1865, de manifiesta parálisis, primero, y posterior caída de los La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 99 umbrales de negocio. Pero si la mirada la orientamos a lo que aconteció en cada plaza comercial, estas proporciones más generales variaron muy significativamente. Así, aquellas sociedades que se fueron creando en mercados en los que no llegaron a fundarse bancos de emisión, la cartera comercial tuvo un peso preponderante: llegó a significar en los años más expansivos –es decir, previos a 1865–, entre el 71 y 74 % de todo el negocio desempeñado dentro del activo circulante; pero incluso en los años posteriores, mucho más críticos, no llegó a bajar del 50 %. En cambio, allí donde ya hubo bancos emisores, las sociedades de crédito se especializaron más en la práctica de promoción y financiación de empresas. En Madrid, durante los primeros años, la cartera inversora supuso el 90 % de la actividad, para posteriormente quedar más equilibradas las proporciones respecto de la cartera comercial; un equilibrio que también fue la nota característica entre las sociedades que operaban en Valencia. En Cádiz, el proceso fue el inverso: a medida que fue avanzando la década de 1860 las operaciones de préstamo a corto plazo, de negociación y de descuento de efectos fueron cada vez más preponderantes, hasta llegar a representar el 81 % de la actividad. Pero, en general, en el resto de plazas como las de Barcelona, Valladolid, Santander o Bilbao, en donde los más relevantes establecimientos de crédito que se crearon fueron impulsados por los mismos promotores de bancos emisores, estos se especializaron Gráfico 10. Sociedades de Crédito en España. Estructura del activo circulante 0,68 0,46 0,55 0,56 0,57 0,23 0,47 0,41 0,40 0,39 0,09 0,06 0,04 0,04 0,04 – 0,10 0,20 0,30 0,40 0,50 0,60 0,70 0,80 1862 1865 1866 1867 1868 1=100% Cartera Inversora Cartera Comercial Caja Fuente: Gaceta de Madrid. Andrés Hoyo Aparicio 100 más en banca comercial –aunque en el caso de Bilbao, el banco local siguió estando muy expuesto en el negocio ferroviario–, mientras que las sociedades de crédito circunscribieron la tarea preferentemente a la banca de negocios. Una preocupación fundamental, tanto entre los gestores de los bancos de emisión como entre los de las sociedades de crédito, fue primero vigilar la liquidez, y después, asegurar por lo menos un mínimo aceptable de solvencia. La liquidez es una variable financiera que mide la capacidad de una empresa para hacer frente a sus pagos contraídos por operaciones de financiación ajena con vencimiento a corto plazo; su falta se da cuando no se pueden vender suficientes activos como para hacer frente a su pasivo exigible, de tal modo que puede suceder que un establecimiento pueda tener una cantidad de activos adecuada, pero si estos no son comercializables debido a que hay muy pocos clientes potenciales, surge un problema serio de liquidez que lo aproxima a la insolvencia. Y esto fue, precisamente, lo que les sucedió a la mayoría de las sociedades de crédito. La obsesiva preferencia por la liquidez fue la nota característica en plazas como Barcelona, Valladolid, Valencia, y sobre todo en la de Bilbao y otros mercados más pequeños (Córdoba, Jerez de la Frontera, Pamplona, Huesca, Vigo y León)14, en comparación con Madrid, Cádiz o Santander. Lo singular en esas primeras plazas señaladas fue el elevado encaje bancario: en todas ellas la proporción del saldo disponible en caja en relación al saldo existente en cuentas corrientes de pasivo nunca fue inferior al 40 %, siendo en los años más críticos del 80 %, e incluso llegando a alcanzar en algún momento el 100 %. Esta preferencia por la liquidez es la que explica que, a medida que transcurría una década tan crítica como fue la de 1860, en el conjunto de las sociedades de crédito las operaciones más estrictamente comerciales –negociación y descuento de efectos– fueran perdiendo protagonismo en la composición de una cartera comercial que, a su vez, también menguaba dentro del activo circulante. Todo ello resultaba en buena medida de la puesta en práctica de decisiones encaminadas a restringir el crédito comercial, lo que trajo como consecuencia más inmediata un deterioro de los medios de pago al comercio y 14 En estos mercados hubo una altísima correlación estadísticamente significativa entre la ratio Caja/Activo y la ratio Cuentas Corrientes/Pasivo (r = 0,985; sig., 002). La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 101 una presión al alza de los tipos de interés. No cabe duda de que la preferencia por la liquidez obtenida de este modo contribuyó a acentuar aún más la crisis económica que caracterizó a esta década en su segunda mitad. El hueco que fueron dejando las operaciones de negociación y descuento lo ocupó un significativo aumento de los saldos de las cuentas corrientes de activo. Estos, en una alta proporción, escondían en realidad créditos a la vista, que continuamente se renovaban, concedidos preferentemente a las compañías de ferrocarril, y que con el tiempo resultaron en su mayoría incobrables. Gráfico 11. Sociedades de Crédito en España. Estructura de la cartera comercial 0,69 0,42 0,32 0,30 0,32 0,06 0,12 0,16 0,13 0,17 0,25 0,45 0,52 0,57 0,52 1862 1865 1866 1867 1868 Efectos Préstamos Ctas. Ctes. – 0,10 0,20 0,30 0,40 0,50 0,60 0,70 0,80 1=100% Fuente: Gaceta de Madrid. Cierto es que estas observaciones de carácter general reseñadas vienen muy determinadas por el enorme peso financiero de Madrid. Lo descrito es válido para explicar lo que caracterizó a esta plaza, pero también lo que singularizó a la de Santander, Valladolid, Cádiz y Bilbao, aunque en estas dos últimas fueron también relevantes las operaciones de préstamo a corto plazo. En la de Barcelona, Valencia y resto de plazas menores lo propio fue, en cambio, el alto peso que siempre tuvieron las operaciones de negociación y descuento de efectos comerciales, aunque dentro de una cartera comercial menguante. Las sociedades de crédito podían adquirir títulos de empresas, tanto de renta fija como variable, y crear otras nuevas, ya fueran de ferrocarriles como industriales y de obras públicas, y participar también en el negocio inmobi- Andrés Hoyo Aparicio 102 liario y de servicios urbanos. Fueron, por tanto, entidades financieras concebidas para facilitar la inversión en este tipo de iniciativas, conformando las principales áreas de negocio que estructuraban su cartera inversora. Gráfico 12. Sociedades de Crédito en España. Estructura de la cartera inversora 0,60 0,34 0,41 0,35 0,34 0,02 0,27 0,04 0,03 0,03 0,02 0,07 0,07 0,08 0,09 0,36 0,32 0,47 0,54 0,54 – 0,10 0,20 0,30 0,40 0,50 0,60 0,70 1862 1865 1866 1867 1868 1=100% Títulos Obras Públicas Inmuebles Varios Fuente: Gaceta de Madrid. No todas ellas se dedicaron al mismo objeto, aunque el grueso del negocio fue, con diferencia, la promoción directa de compañías ferroviarias, seguida a distancia de la inversión en Deuda Pública, financiación de obra pública y el negocio inmobiliario. La financiación a las compañías ferroviarias se hacía a través de dos vías, por un lado, como se ha indicado antes, por medio de préstamos que se renovaban con frecuencia, y descontando los efectos que estas empresas presentaban al cobro, por otro, mediante la adquisición de activos financieros, preferentemente obligaciones, que estas emitían. Gracias a los trabajos, ya citados, de Tortella y Tedde conocemos las enormes cifras que llegaron a acumularse por uno u otro procedimiento, como también que la solvencia final de la mayoría de estas sociedades inversoras, sobre todo de aquellas que más abundaron en este tipo de negocio, dependiera de los resultados económicos de estas empresas ferroviarias. Como es de sobra conocido, la falta de rentabilidad de un negocio ferroviario que, como queda dicho, había absorbido una porción muy significativa de los recursos gestionados por las sociedades de crédito, trajo consi- La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 103 go inevitables y fatales consecuencias. Estas son fácilmente observables en una depreciación de las inversiones en cartera, en un acusado deterioro de los indicadores de rentabilidad y en una irrecuperable pérdida de patrimonio neto. La evolución del volumen de negocio y de los índices de cotización en los principales mercados bursátiles del país confirma el efecto positivo que supuso la legislación de las Cortes Constituyentes elegidas tras la revolución de 1854. En la Bolsa de Madrid, por ejemplo, este impulso se dejó notar tanto en el volumen efectivo negociado como en el número de títulos que comenzaron a cotizar. Los valores ferroviarios fueron los más numerosos, seguido de las sociedades de crédito, los bancos de emisión y, finalmente, aquellos que representaban a las compañías de seguros. Estos títulos de renta privada mantuvieron en promedio unas cotizaciones muy por encima del valor nominal, llegando a superar algunas acciones durante los años 1861 y 1862 el 200 %. Esta fase expansiva también dejó su huella en todos los títulos de emisión pública. Entre 1855 y 1863, la Deuda Interior se apreció en un 26,3 %, la Deuda del Tesoro lo hizo en un 68,2 %, y los valores destinados a subvencionar obras de infraestructura –carreteras, ferrocarriles y canales– se incrementaron un 38 %. Tabla 1. La crisis de la década de 1860 en los mercados secundarios (% de variación entre cotización máxima y cotización mínima) Bolsa de Madrid Deuda Pública (LP) Diciembre 1863/enero 1870 -54,2 % Renta Variable Junio 1863/septiembre 1869 -28,0 % Renta Fija Privada Abril 1864/octubre 1865 -44,7 % Bolsa de Barcelona Renta Variable 1857-1868 -73,1 % Ferrocarriles 1857-1868 -86,4 % Bancos 1857-1868 -72,1 % Colegio de Corredores de Santander Deuda Pública Diciembre 1863/noviembre 1868 -55,6 % Renta Variable Junio 1861/febrero 1868 -97,8 % Renta Fija Privada Octubre 1863/febrero 1868 -60,8 % Bancos Octubre 1863/febrero 1868 -97, 3 % Fuente: Hoyo (2007), Castañeda y Tafunell (2001), Hoyo (2015). Pero tras esta exuberante etapa de la que participó el conjunto de la renta variable y de la renta fija emitida tanto por las empresas como por el Estado, la posterior combinación de una serie de fuertes déficits presupuestarios –en Andrés Hoyo Aparicio 104 1863 este alcanzaba los 484 millones de reales corrientes, y al año siguiente ya se había incrementado en 260 millones más–, junto al nuevo clima de recesión de la actividad comercial –que se hizo extensiva al resto de los sectores ante la evidencia, a partir de 1864, de una escasez de recursos monetarios–, y los posteriores efectos negativos que sobre las cuentas del conjunto del sistema bancario tuvieron los malos resultados económicos de las recién estrenadas empresas ferroviarias, terminaron por converger en una nueva honda depresiva, de cuyo alcance y profundidad, como se observa en la tabla 1, da buena cuenta lo que aconteció en los mercados secundarios. En la Bolsa de Madrid, las cotizaciones públicas se hundieron hasta niveles que solamente se habían repetido en los peores meses de la anterior depresión de 1847-1848. Entre noviembre de 1863 y diciembre de 1873 la Deuda Interior se depreció un 37,1 %, la Exterior un 20 %, las Deudas del Tesoro un 47,8 % y las acciones de carreteras y canales, así como las Obligaciones para la subvención de los ferrocarriles, cayeron de media un 71,5 %. En cuanto a la renta variable, las acciones de las sociedades de crédito fueron las más afectadas: se depreciaron entre febrero de 1864 y diciembre de 1873 un 101,5 %. A estas siguieron las acciones de las compañías ferroviarias, con una pérdida de un 86 %. Las acciones de compañías de seguros cayeron un 56,5 %; y las bancarias lo hicieron en un 72 %. En la Bolsa de Barcelona la renta variable se depreció en proporciones muy parecidas, y lo mismo en mercados secundarios más pequeños como el que representaba en los mismos años el Colegio de Corredores de Santander. La inversión en activos reales, como fue en solares aptos para la construcción, que se multiplicaban en muchas ciudades al hilo de renovados planes de desarrollo urbano, no corrieron mejor suerte. En Madrid, por ejemplo, entre 1860 y 1864 el precio del suelo urbanizable dentro del Ensanche se triplicó. Ello atrajo la atención no solo de las sociedades de crédito que operaban desde este mercado, sino también de acaudalados inversores particulares e, incluso, de las capas medias de la sociedad que participaban del negocio de la construcción y compra-venta a través de las cajas de ahorro privadas. Sin embargo, en los años siguientes, las licencias que concedió el Ayuntamiento se redujeron notablemente –en 1868 el número de estas se había reducido al mismo nivel que las expedidas en 1847–, lo que denotaba una progresiva La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 105 parálisis y la evidencia de que se salía de un tiempo de gran desfase entre el ritmo de construcción y la demanda efectiva de vivienda en Madrid. Ello, necesariamente, tuvo su impacto inmediato en una caída de los precios por debajo, incluso, de los de tasación15. Esta acusada depreciación de los activos financieros y reales, que se unía a la creciente morosidad de las empresas prestatarias, que habían tomado cuantiosos recursos con la garantía de los títulos de sus propias empresas, corrió en paralelo a la brusca caída de los umbrales de rentabilidad. Gráfico 13. Sociedades de Crédito en España. Indicadores de rentabilidad (%) 0,06 0,00 (0,03) (0,01) (0,05) 0,03 0,00 (0,02) (0,01) (0,04) (0,06) (0,04) (0,02) – 0,02 0,04 0,06 0,08 1862 1865 1866 1867 1868 ROE ROI Fuente: Gaceta de Madrid. El gráfico 13 muestra la evolución de la rentabilidad del conjunto de las sociedades de crédito sobre el capital desembolsado y sobre la inversión realizada. El primer indicador informa de la rentabilidad del capital propio (ROE, return on equity), es decir, la que obtiene el accionista, y que se conoce relacionando el beneficio neto generado con el capital aportado. El segundo indicador, ROI (return on investment), mide la rentabilidad de los activos –beneficio neto/inversión en activo–. Los datos así obtenidos no dejan lugar a dudas sobre la delicadísima situación de todo este sector bancario a partir de 1865, que fue, particularmente, muy negativa en mercados como 15 Pallol Trigueros (2013: 23-55). Bahamonde y Toro (1978: 24-33, 217). Andrés Hoyo Aparicio 112 Apéndice 2. Relación entre capital desembolsado, emitido y escriturado (%) (a 31 de diciembre de cada año) 1858 1859 1860 1861 1862 1863 1864 1865 1866 1867 1868 Madrid Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 67,1 35,1 72,1 35,1 65,4 41,6 89,6 36,4 89,6 36,4 80,9 55,6 69,6 55,3 71,3 54,2 68,4 58.6 73,5 61,1 62,6 62,6 Barcelona Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 30,0 100,0 30,0 100,0 35,0 100,0 43,3 100,0 60,0 100,0 64,9 100,0 49,5 78,6 44,1 77,3 47,1 89,5 47,1 89,5 41,8 89,5 Valladolid Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 25,0 100,0 45,0 100,0 43,6 100,0 43,6 100,0 15,2 100,0 13,8 100,0 13,8 100,0 Valencia Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 25,0 50,0 29,7 50,0 29,7 100,0 29,7 100,0 29,7 100,0 29,7 100,0 80,2 100,0 37,5 82,8 43,3 85,9 44,1 85,9 44,1 85,9 Santander Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 30,0 100,0 10,6 51,5 30,0 51,5 30,0 84,8 30,0 84,8 32,1 84,8 32,4 84,8 32,4 84,8 Bilbao Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 30,0 33,3 24,4 33,3 34,4 33,3 38,9 33,3 50,0 33,3 50,0 33,3 50,0 33,3 48,6 33,3 Cádiz Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 100,0 33,3 Resto de plazas(*) Desembolsado/Emitido Emitido/Escriturado 30,0 33,3 64,4 46,2 65,0 46,2 54,6 37,5 49,9 40,8 49,9 52,7 32,2 62,0 29,0 43,2 (*) Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Huesca, Pamplona, Vigo y León. Fuente: Anuario Estadístico de España. Gaceta de Madrid. La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 113 700.395.695 961.806.068 876.934.790 962.510.612 786.018.902 1862 1865 1866 1867 1868 Madrid 1862 1865 1866 1867 1868 Barcelona 1862 1865 1866 1867 1868 Valladolid 1862 1865 1866 1867 1868 Valencia 1862 1865 1866 1867 1868 Santander 1862 1865 1866 1867 1868 Bilbao 1862 1865 1866 1867 1868 Cádiz 1862 1865 1866 1867 1868 Resto de Plazas 182.758.929 434.736.911 312.231.830 260.298.178 235.058.060 27.702.845 18.763.321 9.432.844 9.079.951 9.423.441 119.871.662 135.900.736 124.294.105 115.360.856 114.635.993 40.655.561 47.471.162 46.588.475 47.127.395 47.776.434 33.540.836 58.838.023 29.486.306 33.223.367 33.311.862 78.359.628 65.706.552 19.180.853 18.246.646 0 59.664.638 93.961.741 64.929.779 25.364.294 25.937.830 Apéndice 3. Evolución del Activo Total (en reales) Fuente: Gaceta de Madrid. Andrés Hoyo Aparicio 114 Apéndice 4. Evolución de las principales cuentas 1862 1865 1866 1867 1868 Madrid Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 700,30 0,59 0,41 0,15 0,02 0,21 0,02 0,04 0,05 0,90 0,07 0,04 961,80 0,66 0,34 0,14 0,18 0,00 0,03 0,35 0,61 -0,01 -0,00 876,90 0,76 0,24 0,02 0,11 0,07 0,03 0,01 0,46 0,53 0,01 0,01 962,50 0,80 0,20 0,01 0,04 0,15 0,02 0,02 0,45 0,52 0,03 0,02 786,00 0,78 0,22 0,03 0,01 0,19 0,01 0,02 0,47 0,52 -0,02 -0,02 Barcelona Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 182,70 0,40 0,60 0,43 0,09 0,08 0,01 0,21 0,45 0,33 434,70 0,35 0,65 0,21 0,42 0,00 0,10 0,69 0,21 0,01 0,00 312,20 0,43 0,57 0,12 0,16 0,30 0,00 0,08 0,24 0,68 -0,17 -0,09 260,20 0,53 0,47 0,12 0,16 0,19 0,00 0,06 0,24 0,69 -0,14 -0,09 235,00 0,51 0,49 0,15 0,14 0,19 0,03 0,08 0,17 0,75 -0,16 -0,10 Valladolid Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 27,70 0,72 0,28 0,23 0,10 0,66 0,23 0,11 0,07 18,70 0,99 0,01 0,00 0,02 0,14 0,84 -0,14 -0,16 9,40 1,00 0,00 0,07 0,02 0,90 9,00 0,97 0,03 0,02 0,08 0,03 0,89 9,40 0,94 0,06 0,05 0,09 0,04 0,87 Valencia Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 119,80 0,22 0,78 0,24 0,13 0,11 0,04 0,15 0,29 0,56 0,17 0,03 135,9 0,30 0,70 0,07 0,47 0,08 0,39 0,53 124,20 0,40 0,60 0,07 0,26 0,23 0,07 0,08 0,45 0,47 -0,01 -0,00 115,30 0,43 0,57 0,08 0,27 0,21 0,06 0,07 0,41 0,52 -0,04 -0,02 114,60 0,42 0,58 0,10 0,26 0,20 0,06 0,08 0,41 0,51 -0,06 -0,03 La estructura patrimonial de las sociedades de crédito españolas… 115 Apéndice 4. Evolución de las principales cuentas (cont.) 1862 1865 1866 1867 1868 Santander Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 40,60 0,21 0,79 0,40 0,15 0,17 0,11 0,66 0,23 0,16 0,03 47,70 0,78 0,22 0,05 0,04 0,10 0,00 0,01 0,55 0,43 0,10 0,07 46,50 0,82 0,18 0,02 0,04 0,07 0,01 0,01 0,31 0,67 0,06 0,05 47,10 0,82 0,18 0,01 0,04 0,07 0,00 0,01 0,21 0,78 0,06 0,05 47,70 0,82 0,18 0,00 0,04 0,07 0,00 0,00 0,21 0,78 0,07 0,06 Bilbao Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 33,50 0,40 0,60 0,38 0,06 0,11 0,00 0,20 0,50 0,30 0,01 0,00 58,80 0,47 0,53 0,26 0,06 0,01 0,13 0,36 0,50 0,02 0,01 29,40 0,60 0,40 0,22 0,18 0,01 0,24 0,14 0,62 -0,36 -0,33 33,20 0,54 0,46 0,27 0,22 0,01 0,12 0,25 0,63 -0,35 -0,28 33,30 0,51 0,49 0,27 0,23 0,01 0,12 0,24 0,64 -0,37 -0,29 Cádiz Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 78,30 0,11 0,89 0,06 0,15 0,20 0,13 0,29 0,58 65,70 0,16 0,84 0,09 0,05 0,21 0,13 0,09 0,76 0,15 0,04 0,01 19,10 0,27 0,73 0,59 0,03 0,00 0,81 0,19 0,00 0,00 18,20 0,29 0,71 0,58 0,00 0,81 0,19 0,02 0,01 Resto de plazas(*) Activo Total (millones de reales) Recursos propios/Activo Recursos ajenos/Activo Cuentas Corrientes/Activo Obligaciones/Activo Acreedores varios/Activo Fondo reserva/Capital desembolsado Caja/Activo Cartera comercial/Activo Cartera inversora/Activo ROE: Beneficios/Recursos propios ROI: Beneficios/Inversión 59,60 0,20 0,80 0,64 0,03 0,12 0,74 0,18 0,03 0,01 93,90 0,25 0,75 0,08 0,02 0,17 0,04 0,14 0,71 0,14 0,04 0,01 64,90 0,37 0,63 0,12 0,18 0,18 0,05 0,13 0,60 0,27 0,04 0,01 25,30 0,46 0,54 0,14 0,04 0,36 0,01 0,18 0,47 0,34 0,03 0,01 25,90 0,35 0,65 0,22 0,04 0,39 0,02 0,09 0,56 0,34 0,01 0,00 (*) Sevilla, Córdoba, Jerez de la Frontera, Huesca, Pamplona, Vigo y León. 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