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Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930

Regalsky, Andrés Martín; Iglesias, Mariano

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121 Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 Andrés M. Regalsky CONICET, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Universidad Nacional de Luján Mariano Iglesias BCRA (Banco Central de la República Argentina) En este trabajo se aborda el funcionamiento del sistema bancario argentino en un periodo de la historia monetaria en el que los bancos pasaron a operar solo con depósitos del público, desligándose de la emisión, que quedó a cargo de una Caja de Conversión, y se encuadró formalmente bajo los parámetros del patrón oro1. No obstante, el régimen de conversión a oro solo estuvo efectivamente vigente entre 1902 y 1914, y entre 1927 y 1929, siendo reemplazado en los demás lapsos por variados mecanismos de flotación. Por otra parte, la centralización a nivel monetario contrastó con un sistema bancario en el que no había formalmente un prestamista de última instancia, ni una autoridad central sobre las entidades financieras. Pese a ello, en este trabajo se sostiene que hubo mecanismos de coordinación que aseguraron que la banca pública, particularmente a partir de la Primera Guerra Mundial, desempeñara un rol estabilizador y asumiera ciertas funciones de regulación, y de auxilio y salvataje de la banca privada. Al mismo tiempo se pretende 1 Sobre el régimen del patrón oro, Eichengreen (1996) y Bordo y Flaindreau (2003). Sobre el funcionamiento global de la economía argentina, y su mercado de capitales, Díaz Alejandro (1975). Licencia Creative Commons Atribución/ReconocimientoNoComercial-SinDerivados 4.0 Internacional https://doi.org/10.5281/zenodo.15006949 Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 122 examinar cómo en este último sector, detrás de un aparente estancamiento global después de 1914, hubo cambios de liderazgo que permiten apreciar un interesante dinamismo por parte de ciertas entidades. * * * En 1890 tomó cuerpo en Argentina una severa crisis económica, que tuvo efectos devastadores en su sector financiero y dio lugar a un profundo cambio de régimen en el sistema monetario y bancario, que habría de regir casi intacto hasta los años treinta2. Incubada la crisis desde al menos un año atrás, por la retracción de las inversiones externas, el alza del premio del oro y el enorme peso de la deuda externa, adquirió su mayor intensidad hacia fines de 1890, al entrar en insolvencia el principal prestamista de la Argentina, Baring Brothers, lo que repercutió sobre el sistema bancario produciendo una sostenida corrida del público sobre los depósitos, que llevó a mediados de 1891 al cierre o suspensión de pagos de casi todas las entidades. Aquellas que pudieron sobrellevar el pánico y reabrir al cabo de unos meses constituirían el núcleo del sistema en todo el periodo bajo estudio. Los dos grandes bancos oficiales de Buenos Aires, el Nacional y el de la Provincia de Buenos Aires3, fueron clausurados y el primero (en rigor, de carácter mixto) sustituido por una nueva entidad, el Banco de la Nación Argentina, constituido íntegramente con fondos públicos. Las facultades de emisión, hasta entonces en manos de estos bancos y de otras entidades oficiales y mixtas mayormente del interior, fueron transferidas a un nuevo organismo (la Caja de Conversión), desprovisto de funciones bancarias, y que solo podría entregar billetes a cambio de oro (y viceversa). 2 Sobre la crisis de 1890 la bibliografía es muy vasta. Véase Terry (1893), Williams (1920), Ford (1956), Cortés Conde (1989), Ferns (1993), Della Paolera (1994), Della Paolera y Taylor (2003) y Gerchunoff, Rocchi y Rossi (2008). Para el contexto internacional, Marichal (1988 y 2010). Sobre su conexión con la crisis en Brasil, Triner (2000). Una interpretación a la luz de las crisis contemporáneas de los mercados emergentes, en Eichengreen (1999). 3 Sobre los antiguos bancos oficiales, y particularmente el Banco de la Provincia de Buenos Aires, puede consultarse Garrigos (1873), De Vedia (1890), Quesada (1901), Casarino (1922), Cuccorese (1972), Amaral (1977), Martí (1998) y De Paula y Girbal (1997). Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 123 Este se convertiría durante los siguientes cuarenta y cinco años en el órgano exclusivo de creación monetaria4. El sistema siguió estando regido por la ley monetaria de 1881, que contemplaba la circulación de billetes convertibles en oro a la par. Sin embargo, desde 1885 la conversión se hallaba suspendida, y el oro cotizaba con un elevado premio sobre los billetes. La depreciación de estos últimos llegó a su máximo en 1891, para comenzar a revertirse –parcialmente– recién a partir de 1896. En octubre de 1899 la conversión fue restablecida, aunque a una tasa distinta de la original (0,44 pesos papel por peso oro). Sin embargo, las cotizaciones del mercado solo se estabilizaron a ese nivel a partir de 19025. El régimen funcionó plenamente hasta agosto de 1914, en que fue suspendido por el estallido de la Primera Guerra Mundial y no sería restaurado hasta 19276. En esos años solo hubo emisiones y aumento de la base monetaria (a la tasa oficial) cuando ingresaba oro a la Caja (en 1915, 1918 y 1920), aunque en cambio no se dio la recíproca, la contracción de la base cuando salía el metálico, que se debía adquirir en el mercado de cambios. Las cotizaciones en dicho mercado se mantuvieron los primeros años bien próximas a la par, e incluso con premio para el billete, debido a los excedentes en la balanza de pagos. Sin embargo, a mediados de 1920, una nueva crisis llevó a una depreciación del peso papel, que solo se revertiría a partir de 1925. En agosto de 1927 la conversión fue restaurada, a la tasa oficial de 1899, pero en diciembre de 1929, apenas dos años después, era nuevamente suspendida. El régimen de flotación que la sucedió, con depreciación del billete, contó a partir de 1931 con el aditamento del control de cambios7. En todo este periodo el sistema de crédito quedó en manos de un conjunto de bancos, públicos y privados, que contaban con los recursos provenientes de 4 Un examen del funcionamiento del sistema monetario antes y después de la conversión, en Ford (1966). También véanse las historias monetarias de Olarra Jiménez (1968) y Quintero Ramos (1970). Perspectivas más recientes en Regalsky (1999) y Cortés Conde et al. (2014). 5 Además de los citados en la nota anterior, véase Hansen (1916). 6 Sobre el impacto de la Primera Guerra Mundial en la economía y la política argentina, aparte de sus efectos financieros, véanse Albert (1988) y Weinmann (1994). 7 Véase Soares (1916, 1922, 1932), Phelps (1938) y Cuccorese (1966), además de los citados en nota 6. Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 124 su capital integrado y de los depósitos del público. Hacia 1901, el volumen de depósitos y créditos del sistema seguía siendo ostensiblemente inferior al de 1889, en vísperas de la crisis [véanse gráficos 1 y 2]. A partir de 1902, la expansión agropecuaria y la bonanza exportadora, sumado al auge de las inversiones externas, provocó un fuerte ingreso de metálico a la Caja de Conversión, que permitió una gran expansión del circulante, y consecuentemente, de los depósitos y créditos. Sin embargo el estallido de la Gran Guerra en 1914, precedido desde un año atrás por una fuerte retracción de los capitales externos, acarreó en los primeros meses un retiro grande de depósitos y una contracción del crédito. Si bien no se asistió a un cierre masivo de entidades, algunas de las recientemente creadas, de menor tamaño, fueron afectadas y desaparecieron del mercado. También habrían de aparecer otras nuevas en los años de la guerra y posguerra, fundamentalmente de capital extranjero, aunque la porción mayoritaria del mercado de depósitos y créditos fue retenida por las entidades que venían de la etapa anterior. Esta relativa estabilidad del sistema bancario, que se habría de mantener prácticamente hasta el final de los años veinte, en un contexto de fuerte volatilidad del sector externo, sobre todo después de 1914, es difícil de entender en el marco de una pequeña economía abierta, y bajo un régimen monetario que tendía a amplificar, más que mitigar, esas fluctuaciones. Si bien esto puede ser parcialmente explicado a partir de los mecanismos peculiares con los que funcionó el patrón monetario en la última fase, no puede dejar de relacionarse con ciertos rasgos de la estructura del sector bancario que le posibilitaron cierta capacidad de asimilar los shocks externos. Particularmente nos referimos al importante papel de la banca pública, y su articulación con el segmento de bancos privados, nacionales y extranjeros, que pudo conferirle al sistema una mayor estabilidad de la que a priori resultaría de sus condiciones de funcionamiento. En efecto, uno de los rasgos del periodo, tanto en su fase de expansión hasta 1914, como en la de grandes altibajos que se abrió a partir de entonces, fue el notable crecimiento de la banca pública, corporizado en el Banco de la Nación Argentina (el Banco de la Provincia Buenos Aires reabrió en 1906, pero ahora como banco mixto de gestión privada). Este crecimiento se verificó tanto en términos de depósitos y créditos (que en 1914 participaban con el 46 y 44 % en el total del sistema Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 125 [véase el gráfico 3]), como en el de su presencia territorial (su red de sucursales hacia esa misma fecha equivalía a la mitad del total de oficinas bancarias de todo el país)8. Este papel, en rigor, no difería mucho del que había jugado la banca pública en el periodo anterior a la Caja de Conversión, en plena época de la banca de emisión. Gráfico 1. Préstamos por Grupos de Bancos (en millones de m$n), 1889 164,4; 26% 193,8; 30% Banco Provincia 280; 44% Banco NacionalOtros Fuente: Agote (1889); BNA (1941); Cortés Conde (1989). Como puede apreciarse en el gráfico 1, el volumen de préstamos de los dos grandes bancos oficiales de ese periodo, hacia fines de la década de 1880, el Banco de la Provincia de Buenos Aires, dependiente del gobierno provincial, y el Banco Nacional, teóricamente mixto pero manejado desde el gobierno nacional, superaba en conjunto, holgadamente, el 50 % del total. Eso hacía que las políticas de ambas entidades, que operaban hasta entonces en espacios diferenciados (el Banco Provincia, en la Capital Federal y ciudades del interior bonaerense, y el Nacional, también con base en la Capital y sucursales en todas las provincias), pudieran desenvolverse por cauces relativamente autónomos y ejercer influencia en la propia coyuntura, estabilizando la tasa de interés y el volumen de los préstamos. Posteriormente, la caída de ambos bancos oficiales, y el mejor desempeño durante el pánico de 1891 por parte de la banca extranjera, especialmente 8 Sobre el Banco de la Nación, véase el importante volumen conmemorativo BNA (1941) y Regalsky (2010). Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 126 el Banco de Londres y Río de la Plata, llevaron a una fase en la que la hegemonía pasó a esa categoría de bancos y a dicha institución. En tanto, el recién fundado Banco de la Nación Argentina, aun con un amplio despliegue territorial, no lograba equiparar, por la limitada magnitud de sus recursos, el papel desempeñado por la antigua banca oficial. Todavía en 1901, sobre un monto total de préstamos que era la mitad del de 1889, el BNA daba cuenta solo de un 28 %. Gráfico 2. Préstamos por Grupos de Bancos (en millones de m$n), 1901 88,3; 28% 112; 36% BNA 113; 36% OBN B. Extranjeros Fuente: Argentina (1917: tomo VIII, 70-73); Quesada (1901: 632); AYB (1903: 354). Abreviaturas: BNA: Banco de la Nación Argentina; OBN: Otros bancos nacionales (privados y mixtos); B. Extranjeros: bancos extranjeros. La situación cambió a partir de 1914 (e incluso desde los años previos), cuando la participación del Banco de la Nación en el mercado y su despliegue territorial en todo el país se ampliaron enormemente, como ya quedó dicho y se puede visualizar en el gráfico 3. Fruto de esa situación, la Cámara Compensadora, a través de la cual se hacía el clearing, y que informalmente había estado a cargo en sus primeros años del Banco de Londres y Río de la Plata, pasó a manos de la entidad oficial, a partir de enero de 1913. Cabe consignar asimismo que la magnitud total de los préstamos del sistema bancario a fines de 1914, aún con la baja ocurrida en los dos últimos años, era el cuádruple de la de 1901, y el doble de la de 1889. Para examinar la evolución del sistema bancario a través de los tres segmentos en los que se puede dividir, banca pública, banca privada nacional y banca extranjera contábamos hasta ahora con los datos de una compilación Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 127 estadística efectuada por el Instituto de Estudios Bancarios de la Universidad de Buenos Aires, entre 1907 y 1935. La misma presentaba las series mensuales de los tres grandes grupos, diferenciando solo el Banco de la Nación, como único banco público en la plena acepción del término, pero sin posibilidad de desagregar los otros dos grupos a partir de las entidades que los componían. Sin embargo, el hallazgo reciente de nuevas fuentes nos ha permitido reconstruir los balances mensuales individuales que sirvieron de base a aquella obra, a partir de 1907, permitiendo encarar por primera vez un estudio individualizado de los integrantes de dichas categorías de bancos. En efecto, a través del rastreo en una serie de publicaciones periódicas de la época hemos podido acceder a los resultados de una compilación oficial de estadísticas bancarias que comenzó a implementarse en 1907, como resultado de una iniciativa del Ministro de Hacienda, Eleodoro Lobos9. Estas publicaciones incluían la presentación mensual de las cuentas de capital, descuentos, depósitos y existencias, tanto en pesos oro como en moneda de curso 9 Desde noviembre de 1907 y hasta marzo de 1913 se publicaron, mes a mes, en The Review of the River Plate. Luego sobrevino un interregno, en el que solo se pudieron rescatar algunos balances publicados en la Revista de Bancos, Seguros, Comercio y Navegación y en La Argentina Económica, así como en el Buenos Aires Handels Zeitung. A partir de 1916 volvieron a aparecer, esta vez en el Monitor de Sociedades Anónimas, hasta noviembre de 1937 en que se decidió su transferencia a la órbita del Banco Central de la República Argentina. Cabe consignar que solo esporádicamente fueron consignados en las propias memorias del Ministerio de Hacienda. Gráfico 3. Préstamos por Grupos de Bancos (en millones de m$n), 1914 540,6; 44% 478,4; 38% BNA 220,5; 18% OBN B. Extranjeros Fuente: BNA (1941: 250-257); IEB (1937) Abreviaturas: ídem gráfico 2. Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 128 legal. Al mismo tiempo, por medio de la ley 5.125, se establecía la obligatoriedad de la presentación de los balances ante la Inspección General de Justicia10. Los primeros estados que se dieron a conocer incluían diecisiete bancos, todos ellos de la ciudad de Buenos Aires. Por un lado, la gran entidad estatal, el Banco de la Nación Argentina. Por el otro, seis bancos extranjeros, cuatro de ellos británicos y dos alemanes: Banco de Londres y Río de la Plata, Banco de Londres y Brasil, Banco Anglo Sud Americano, Banco Británico de la América del Sud, Banco Alemán Transatlántico y Banco Germánico de la América del Sud. Y finalmente los principales bancos nacionales, casi todos privados, conformados mayormente por elementos procedentes de las tres comunidades de inmigrantes más numerosas (Banco Español del Río de la Plata, Banco Francés del Río de la Plata, Banco de Italia y Río de la Plata, Banco de Galicia y Buenos Aires, Banco Popular Italiano, Banco Popular Argentino y Nuevo Banco Italiano) y uno mixto: el Banco de la Provincia de Buenos Aires, reabierto por un convenio entre el gobierno de la provincia homónima y un grupo empresario, el del Banco de Comercio, que se ocupaba de su administración. En los años subsiguientes se fueron agregando otras entidades privadas. Algunas de ellas, de capital nacional, aparecieron más tardíamente (Banco Comercial Italiano, Banco de Castilla y Río de la Plata, Banco de España y América, estas dos últimas desaparecidas con la crisis de 1913-14). También se incorporaron algunos nuevos bancos extranjeros, que se instalaron en Buenos Aires en los últimos años de preguerra: Banco Italo Belga, Banco Suizo Sudamericano y The National City Bank of New York. A estos se agregaron, luego de 1914, nuevas entidades extranjeras: dos de ellas europeas, el Banco Francés e Italiano para la América del Sur, Banco Holandés de la América del Sud, y tres de los Estados Unidos y Canadá, The First National Bank of Boston, The Royal Bank of Canada y American 10 De acuerdo a la prensa de la época, la iniciativa se habría tomado como consecuencia de una crisis bursátil desencadenada en noviembre de 1906. Dicha crisis había sido en parte atribuida a la restricción del crédito bancario, llevando a que se pusiera en tela de juicio el comportamiento de las entidades de la plaza. Ver: «Las instituciones de crédito y el Ministro de Hacienda de la Nación: una medida acertada y un mal procedimiento», Monitor de Sociedades Anónimas, tomo 3, nº 17, marzo de 1907, pp. 125-128. Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 129 Foreign Banking Corporation. Después de la Guerra hubo también nuevas incorporaciones de entidades nacionales, dos de ellas relacionadas con elementos de colectividades extranjeras, como los de la nómina inicial: el Banco Sirio Libanés y el Banco Escandinavo Argentino, otros dos que estaban vinculados en teoría al intercambio con países limítrofes, el Banco Argentino Uruguayo (constituido por Augusto Coelho, oriundo de Montevideo, pero que había sido el gerente general del BERP durante veinticinco años) y el Banco de Chile y Argentina, y también un importante banco regional que abría una sede en la ciudad de Buenos Aires, el Banco Comercial del Azul. A estos se agregaban los muy pequeños Banco Habilitador, Banco Mercantil y Agrícola de Buenos Aires, Americano del Río de la Plata y Banco Productor Argentino. En total, sumaban más de 40 los establecimientos bancarios relevados hasta 1930. Esta información ha permitido diferenciar al interior de las grandes categorías algunas de las entidades más significativas, cuyo comportamiento puede ayudar a entender la evolución del conjunto, como se verá más adelante. En los apartados que siguen se examinará esta evolución. En la primera sección se examina la trayectoria general de los depósitos y préstamos de todo el sistema; en la siguiente, se diferencia el comportamiento de las grandes categorías de establecimientos que lo componían; luego, se pasa a abordar la evolución particularizada de los encajes. Seguidamente se examina el caso del Banco de la Nación, y su especial relación con los establecimientos que integraban la banca privada del país, así como con el financiamiento del sector público. Finalmente se aborda el análisis de las entidades más significativas que integraban las filas de la banca privada, tanto la de capitales nacionales como la extranjera, buscando aprehender una dinámica que la simple observación de conjunto o aun sectorial no permite apreciar debidamente. Una primera aproximación: la evolUción de conjUnto del sistema bancario hasta 1930 La evolución del conjunto de las entidades bancarias nos permite advertir su sensibilidad a los grandes cambios de coyuntura que se experimentaron en el periodo. Iniciada la base estadística cuando aun se padecían los efectos, Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 136 (60 millones), manteniendo casi sin cambios el nivel de su cartera, y los extranjeros, los únicos cuyo nivel de depósitos creció (más de 130 millones), aumentaron su cartera aunque en una proporción algo menor (110 millones). Así se explica que habiéndose alcanzado el máximo de depósitos en junio de 1929, los préstamos siguieran aumentando hasta encontrar su pico en diciembre de 1930, unos 220 millones de pesos por encima de la primera fecha. Sin duda el papel de la banca pública fue crucial para este resultado, y lo que parece evidente, a tono con la suspensión de la conversión a fines de 1929, es que esto se logró ese último año con una baja generalizada de los encajes. los encajes bancarios, Una clave del comportamiento del sistema Diversos autores han aludido al nivel de los encajes bancarios vigente en este periodo de modo bastante disímil, algunos enfatizando la necesidad de contar con fuertes reservas para afrontar un entorno caracterizado por la volatilidad, y otros, en la importancia de reducir los encajes para poder potenciar el multiplicador de la base monetaria, y consecuentemente, el crédito bancario. Hubo desde ese punto de vista dos grandes etapas en la evolución de los encajes: los primeros diez años, caracterizados por niveles sumamente altos, en torno al 40 % de los depósitos, bajo el impacto de las situaciones críticas que había experimentado el sistema en la década de 1890, y los catorce años siguientes, a partir de 1917, signados por una baja continua de los mismos, que solo tuvo un respiro en los meses iniciales del retorno a la convertibilidad, y que llegó a fines de 1929 a poco más del 15 %. Visto desde la perspectiva del comportamiento de las distintas categorías de bancos, mientras en la primera etapa el promedio general fue el resultado de disímiles comportamientos y niveles de encaje, en la segunda hubo una trayectoria convergente en cuanto a los niveles y las tendencias pero la fuerza claramente motriz fue la del Banco Nación. En la primera etapa los niveles de encaje de cada categoría de bancos estaban claramente diferenciados: los del Banco Nación eran mucho más altos que el resto, con máximos superiores al 60 % de los depósitos, y mínimos que se ubicaban no muy por debajo del 50 %. En un escalón más abajo se hallaba la banca extranjera, con Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 137 niveles que en la mayoría de los años estaban entre el 40 y 45 %, en tanto los menores encajes correspondían a los otros bancos nacionales, y oscilaban entre 30 y 35 % [ver gráfico 7]. Dentro de esta tabla se pueden distinguir varios momentos. Inicialmente, una tendencia descendente, que en el caso de los bancos privados nacionales se extendió hasta diciembre de 1912, lo mismo que en el caso del Banco Nación, aunque arribando a niveles bien diferentes, por debajo del 30 % los primeros, y en torno al 45 % este último. En el caso de los extranjeros, la tendencia descendente llegó solo hasta junio de 1911, registrándose a partir de entonces una fortísima suba que los ubicaba, en diciembre de 1914 en el 55 %. Los otros dos segmentos subieron sus encajes a partir de 1913 y hasta junio de 1914 (55 % el BNA, 35 % los nacionales), para volver a bajarlos en diciembre de 1914, aunque por razones opuestas: en el caso de los bancos nacionales, por efecto de los fuertes retiros de depósitos experimentados en Gráfico 7. Encaje por Grupos de Bancos, 1907-1930 62% 39% 34% 15% 23% 10% 30% 35% 25% 20% 15% 45% 40% 50% 55% 60% 65% 70% sep-07 dic-07 jun-08 dic08 jun-09 dic09 jun-10 dic10 jun-11 dic11 jun-12 dic12 dic13 jun-14 dic14 jun-15 dic15 jun-16 dic16 jun-17 dic17 jun-18 dic18 jun-19 dic19 jun-20 dic20 jun-21 dic21 jun-22 dic22 jun-23 jun-24 dic24 jun-25 dic25 jun-26 dic26 jun-27 dic27 jun-28 dic28 jun-29 dic29 jun-30 dic30 BNA Otros Bancos Nacionales Bancos Extranjeros 19% Nota: (1) Se han deducido de las existencias del Banco de la Nación Argentina los fondos correspondientes a la Cámara Compensadora. Fuente: IEB (1929); IEB (1937). Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 138 esos meses, que se debieron afrontar con las reservas, en la medida en que la liquidación de su cartera demandó un lapso más prolongado; en el caso del BNA, la baja del encaje provino de la ampliación de su oferta crediticia, que apuntó a paliar el impacto de la coyuntura adversa sobre el resto del sistema. Esa acción anticíclica del BNA reconocía un antecedente en la coyuntura de 1907-1909. Así, en la fase más adversa de 1907, bajó sus encajes mientras los otros los subían, y la nueva fase ascendente de 1909, los volvió a subir, en tanto la plétora de depósitos había llevado a los otros grupos de bancos a bajarlos. Es dable señalar, en relación a este comportamiento, el peso que tenían las operaciones cambiarias realizadas principalmente con el Fondo de Conversión, cuyo monto daba cuenta de alrededor de un tercio de las existencias totales del Banco11. La situación fue diferente a partir de agosto de 1914, cuando junto a las leyes que suspendían las operaciones de conversión, se habilitó al Banco Nación a transformar en pesos papel, con destino al crédito interno, el monto acumulado en dicho Fondo de Conversión. No obstante, y después de una primera instancia en que dicha acción fue parcialmente ejecutada, las existencias del Banco, entre los años 1915 y 1917, no cesaron de crecer, y sus niveles de encaje volvieron a ubicarse por encima del 60 %, como al inicio del periodo. Es que el fuerte aumento de los depósitos no se vio acompañado de un crecimiento similar de la cartera debido, según las autoridades, a las menores oportunidades de colocación de los fondos que brindaba la situación deprimida de la plaza, y también, por una actitud más cauta adoptada sobre todo en relación a los créditos de mayor volumen. Los otros bancos nacionales, por el contrario, mantuvieron sus encajes en el bajo nivel al que habían llegado (30 %) probablemente por efecto de la misma situación (la lentitud con que iban liquidando la cartera de créditos de la preguerra), mientras que curiosamente, fueron los bancos extranjeros, habitualmente los más conservadores, los que acusaron una baja de encajes, cierto es que desde los niveles extraordinarios que habían alcanzado previamente, a otros más cercanos a su promedio histórico (un 40 % de los depósitos). 11 Un análisis del comportamiento anticíclico del BNA antes y después de 1914 en Salama (1998). Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 139 Hacia fines de 1917 el Banco Nación comenzó a reducir fuertemente sus elevados niveles de encaje, que pasaron de un pico del 60 % en junio de ese año al 33 % en diciembre de 1919. En 1920, mientras los bancos privados seguían bajando los suyos (llegando al 35 % los extranjeros y el 26 % los nacionales), el BNA los recompuso al 40 %, escalón en el que los mantuvo durante el primer año de la nueva crisis (1921). Es a partir de 1922 que llevó adelante la baja más fuerte, ubicándolos en diciembre de 1924 en el 20 %, por debajo de los otros segmentos, e inclusive, por primera vez, del de los bancos nacionales. Este comportamiento, que puede relacionarse con su fuerte expansión crediticia, tomó especialmente impulso en el segundo semestre de 1923, cuando el BNA concurrió en auxilio del sector bancario (y fundamentalmente de uno, el más grande de los establecimientos privados de capital nacional)12. Como quiera que sea, esta tendencia fue revertida en el segundo semestre de 1927 y el primero de 1928, cuando el Banco volvió a constituir fuertes reservas, nuevamente en metálico, para el retorno a la conversión, las que a su vez fueron raudamente consumidas en 1929, cuando la extracción de metálico hacia el exterior puso a prueba, y finalmente llevó a su fin, a esta breve experiencia de convertibilidad. La tendencia descendente fue entonces compartida por los restantes bancos del sistema, pero el Banco Nación iba a redoblar su apuesta en el segundo semestre de 1930, cuando en plena retirada de depósitos del sistema, el Banco fue llamado a redoblar su acción crediticia para mitigar la crisis. el papel de la banca pública: el banco de la nación argentina y sU articUlación con el sector privado Hasta aquí se ha evidenciado el papel cada vez más importante que pasó a tener el Banco Nación, no solo en razón de sus dimensiones y su despliegue territorial, sino también por la política anticíclica que tendió a desarrollar en diversas coyunturas críticas. Ya antes de 1914, por su condición de depositario y administrador del Fondo de Conversión (que funcionaba como una 12 Véanse al respecto las notas 17 y 19. Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 140 reserva complementaria de la que tenía la Caja de Conversión) oficiaba como auxiliar de la Caja, suavizando, con una acción contracíclica, los movimientos estacionales de las existencias bancarias y particularmente de las tenencias en moneda metálica o divisas. A partir de agosto de 1914, y con las leyes de emergencias que lo autorizaron a «desmetalizar» el Fondo de Conversión, una parte sustantiva del mismo fue convertido a papel y utilizado en el curso del pánico bancario, para apoyar a las entidades más afectadas por el retiro de depósitos. En otro trabajo se ha mostrado el amplio abanico de entidades beneficiadas por esta ayuda, que comenzó por el Banco Español pero también incluyó al Provincia de Buenos Aires, Italia y Río de la Plata, Supervielle, Francés, Tornquist y también algunos bancos extranjeros, particularmente aquellos afectados por el bloqueo de su metrópolis: el Alemán Transatlántico y el Germánico de la América del Sud13. Esa acción en favor de la banca privada habría de continuar, pero gradualmente con menor intensidad, en los años sucesivos, siendo opacada por otra actividad que fue tomando peso y también involucró al resto del sistema bancario: los préstamos al sector público. Esto tomó distintas formas y modalidades pero la más importante fue la de las denominadas «cauciones», por las que el Banco Nación otorgó fuertes adelantos a una larga lista de bancos privados, nacionales y extranjeros, contra caución de Letras de Tesorería que previamente dichos bancos habían descontado al Gobierno, a una tasa de interés ciertamente más alta que la que les era cobrada en esos «adelantos». De esta manera se encontraba una salida a la restricción estatutaria que tenía el BNA en cuanto a sus préstamos al sector público, y se ayudaba a encontrar destino a una parte de las amplias existencias que el sistema, y el BNA en particular, habían acumulado en los primeros años de la Guerra14. La importancia del crédito al sector público se vio reforzada en 1918 y 1919. En esos años el BNA ofició de ejecutor (con participación minoritaria del conjunto de la banca privada) del fuerte préstamo que el gobierno argentino otorgó a los de Inglaterra y Francia para la compra de cereales (200 millones de pesos oro). De esta manera, también se canalizaban fondos al 13 Regalsky (2015). 14 Jascalevich (1917). Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 141 sector agrícola, pues el BNA se hacía cargo de los pagos a los productores argentinos hasta que la situación cambiaria les permitiera a los aliados cubrir la deuda15. A partir de la reversión del superávit de la balanza de pagos con la crisis iniciada en 1920 esos préstamos fueron en su mayor parte reembolsados y el Banco volvió al mecanismo de financiamiento del sector público antes descripto. Entre 1926 y 1928 esa deuda fue reducida a un mínimo, por la colocación de una serie de grandes empréstitos públicos en Nueva York que permitieron reembolsar las letras y adelantos, y ayudar al BNA a constituir una importante reserva metálica para colaborar con el retorno a la conversión. Hacia fines de 1929 y en 1930, esas modalidades de crédito al sector público volverían a tomar importancia16. Gráfico 8. BNA: Composición de los préstamos (al 31 de diciembre de cada año) 0 200 400 600 800 1.000 1.200 1.400 1913 1914 1915 1916 1917 1918 1919 1920 1921 1922 1923 1924 millones de $ corrientes Créditos Comerciales Redescuentos Sector Público Fuente: BNA (1913-1924), BNA (1941). Mientras tanto, el redescuento de documentos de la cartera comercial de los bancos privados, utilizado masivamente entre agosto de 1914 y los prime15 Sobre estas operaciones, véanse las posiciones encontradas de Gravil (1985) que las entendía como fruto de la presión de los Estados Unidos, en apoyo de sus aliados europeos, para que colaborara en paliar la crisis de cambios de estos últimos, mientras que Di Tella y Zymelmann (1973) se inclinaban por explicarlas a partir de las conveniencias para el propio gobierno argentino, que evitaba una excesiva apreciación del peso. 16 Sobre los empréstitos y la deuda flotante, en un contexto de fuerte expansión de la obra pública, véase Regalsky y Salerno (2009) y, por cierto, también el clásico trabajo de Peters (1934). Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 142 ros meses de 1915, volvió tomar importancia a partir de 1923. En este caso no fue para ayudar al sector a afrontar una coyuntura, sino para atender la situación particular de una entidad que por sus dimensiones podía llegar a afectar a todo el sistema: el Banco Español del Río de la Plata. Este establecimiento fue objeto a partir de octubre de 1923 del redescuento de más de 100 millones de pesos, que se mantuvo por espacio de varios años, hasta que la bonanza de 1927-28 permitió por un tiempo reducirlo. El empeoramiento de la coyuntura a partir de 1929 daría nuevamente impulso a esta línea de créditos, que siguió teniendo al BERP como principal aunque no único destinatario17. el comportamiento de la banca privada: ¿estancamiento o cambios en el liderazgo? Como señalábamos anteriormente, el impacto de la Primera Guerra Mundial produjo un cambio de liderazgo en el sistema bancario argentino en general, que se expresó en el nuevo rol del BNA, pero que no se agotó en este solo fenómeno. Lo mismo ocurrió al interior de las otras categorías de bancos hasta aquí analizadas, por lo que es importante acceder a los casos individuales para poder entender la trayectoria de todo el agregado. Ese fue el caso del grupo de los otros bancos nacionales, donde se pasó de una situación de neto predominio del Banco Español del Río de la Plata en materia de depósitos y préstamos, en la primera etapa (hasta 1914), a otra donde entidades como el Banco de la Provincia de Buenos Aires y el Banco de Italia y Río de la Plata, lo alcanzaron y superaron en la magnitud de esas dos variables18. El Banco Español del Río de la Plata, luego de haber salido airoso de la crisis de 1890 pudo erigirse como el primer banco privado nacional en lo que refiere a depósitos, préstamos y capital (superando al más antiguo Banco de Italia y Río de la Plata), hasta llegar, con casi 250 millones 17 Véanse las sesiones del directorio donde se dispone este apoyo en BNA-LAD. El salvataje del BERP fue estudiado en Regalsky e Iglesias (2015). 18 Sobre los bancos privados nacionales, Fernández (1912), Regalsky (1994), Devoto (2008) e Iglesias (2012). El caso del Banco Provincia en este periodo, en Cuccorese (1972) y De Paula y Girbal de Blacha (1997). Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 143 de pesos en 1910, a representar casi el 40 % de los depósitos de este segmento. La declinación de sus depósitos a partir de 1911, compensada al principio por aumentos en su capital, se vio reflejada un año más tarde en la retracción de su acción crediticia, mostrando en ambas variables una reducción más aguda que la del promedio de los otros bancos, lo que ayuda a explicar la del conjunto del sector, aunque en verdad en el segundo semestre de 1914 la caída se agudizó en todos ellos. En el caso del BERP representó la mitad de los depósitos que tenía en diciembre de 1910. Gráfico 9. Depósitos en Bancos Nacionales seleccionados, 1907-1930 118 74 60 23 4 361 261 128 61 240 385 169 0 50 100 200 150 250 300 400 350 450 sep-07 millones de pesos papel dic-07 jun-08 dic08 jun-09 dic09 jun-10 dic10 jun-11 dic11 jun-12 dic12 dic13 jun-14 dic14 jun-15 dic15 jun-16 dic16 jun-17 dic17 jun-18 dic18 jun-19 dic19 jun-20 dic20 jun-21 dic21 jun-22 dic22 jun-23 jun-24 dic24 jun-25 dic25 jun-26 dic26 jun-27 dic27 jun-28 dic28 jun-29 dic29 jun-30 dic30 Banco Provincia BERP BIRP Nuevo Banco Italiano Banco de Galicia y Buenos Aires Fuente: Argentina (1916); MH (1906-1917); Revista de Economía y Finanzas (1911-1916); La Argentina Económica (1915-1916); Review of the River Plate (1907-1913); Revista de Bancos, Seguros, Comercio y Navegación (1913-1914); El Resumen (1917); Monitor de Sociedades Anónimas (1916-1930). En ese sentido, una entidad mixta pero gestionada desde 1906 por un grupo privado, el Banco de la Provincia de Buenos Aires, lo equipararía en depósitos hacia 1914-1915, y en volumen de créditos hacia fines de 1918, poniendo en entredicho su liderazgo sobre base de una densa red de sucursales en toda la provincia. La expansión de ambas entidades, que les permitió triplicar hacia 1920 los niveles de 1914 (aunque en el caso del BERP Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 144 solo eran un 40 % superiores a los de 1910), pareció resolverse a partir de la crisis de ese año en favor del BERP que apareció como el único del sector en condiciones de seguir creciendo. Sin embargo, en el segundo semestre de 1923, una caída de sus depósitos de más del 50 % marcó el derrumbe de la entidad, que debió contar con apoyo del BNA para seguir operando, quedando con un volumen de depósitos similar al del BIRP19. Este último, hacia 1910, solo tenía el 40 % de aquellos que recibía el BERP. De todos modos, el crecimiento en los últimos años permitió a ambos captar unos 250 millones de pesos en depósitos, aproximadamente el mismo nivel que había alcanzado el BERP en la preguerra (pero cuatro veces lo que tenía el BIRP hacia 1907). Una mención aparte merece la potente expansión que experimentaron el Banco de Galicia y Buenos Aires y el Nuevo Banco Italiano. En el primer caso, sus depósitos que arrancaban de niveles muy bajos de menos de 4 millones de pesos a fines de 1907, cerraron en 1930 con más de 61 millones lo que representaba un aumento de 1.500 %, aunque también es cierto que hacia 1926-1927 sufrió una caída de depósitos y luego un cierto estancamiento. En el caso del Nuevo Banco Italiano, de mayor envergadura inicial que el Galicia, sus depósitos crecieron hasta 1920, y luego se estabilizaron, aunque a un nivel que duplicaba el del primer banco, y que representaba un aumento de más de 450 % respecto de su nivel inicial en 1907, acercándose al ritmo de expansión del Banco Provincia (500 %), que de todos modos era menor que el del BNA (615 %). El panorama de los bancos nacionales puede completarse con el análisis de la evolución de los encajes de las entidades más importantes. Antes de 1914 el más alto nivel de encaje, por encima del promedio de la categoría, era el de la entidad líder, el Banco Español, que se ubicaba en la franja de 35 a 40 %. Esos encajes se vieron afectados por el retiro de depósitos de 1914 y nunca retornaron a sus niveles previos, siendo superados por los del Banco Provincia, que justamente a partir de entonces asumió el liderazgo en materia de depósitos. Hacia 1920 se mantenían por sobre el 40 %, mientras los del 19 Mayores detalles sobre los avatares del BERP en 1923-1924, en sus memorias y en las actas del directorio (BERP y BERP-LSDyA). Un estudio particularizado de su situación, en Regalsky e Iglesias (2015). Entre la inestabilidad y el orden. El sistema bancario argentino entre 1890 y 1930 145 BERP descendían al 20 %. Este último logró remontar su nivel de encaje en los años subsiguientes, hasta el 30 %, al tiempo que incrementaba también sus depósitos, para terminar derrumbándose en el último trimestre de 1923, junto con la caída vertical de sus depósitos, a un 15 %. A partir de allí, y dependiendo del permanente apoyo del Banco Nación, sus encajes siguieron bajando, mucho más de lo que se advierte en los otros establecimientos, hasta ubicarse en torno del 10 % en 1928. Por entonces los del Provincia y el BIRP se situaban en el 35 y 27 %, respectivamente. La situación de iliquidez de la banca hispana se agudizó aún más hacia el final del periodo, registrando valores del 8 % en 1929 y 1930, periodo en que también el BIRP, hasta entonces más sólido, vio descender sus niveles a un 15 %. Solo el Provincia, cada vez más consolidado como principal banco de la categoría, y con un despliegue cada vez más denso en el territorio provincial, se sostuvo con encajes del orden del 30 % que lo ponían a resguardo de cualquier vicisitud. En cuanto a los bancos extranjeros, registraron un fuerte crecimiento de sus depósitos y préstamos luego que el sistema fuera sacudido por la PriGráfico 10. Préstamos de Bancos Privados Nacionales, 1907-1930 93 62 51 22 6 316 276 176 273 189 249 118 56 176 0 50 100 200 150 250 300 350 sep-07 millones de pesos papel dic-07 jun-08 dic08 jun-09 dic09 jun-10 dic10 jun-11 dic11 jun-12 dic12 dic13 jun-14 dic14 jun-15 dic15 jun-16 dic16 jun-17 dic17 jun-18 dic18 jun-19 dic19 jun-20 dic20 jun-21 dic21 jun-22 dic22 jun-23 jun-24 dic24 jun-25 dic25 jun-26 dic26 jun-27 dic27 jun-28 dic28 jun-29 dic29 jun-30 dic30 Banco Provincia BERP BIRP Nuevo Banco Italiano Banco de Galicia y Buenos Aires Fuente: Ídem gráfico 9. Andrés M. Regalsky y Mariano Iglesias 152 De Paula, A. y Girbal-Blacha, N. (1997): Historia del Banco de la Provincia de Buenos Aires: 1822-1997, Macchi, Buenos Aires, 2 vols. De Vedia, A. (1890): El Banco Nacional, historia financiera de la República Argentina, Lajouane, Buenos Aires. Devoto, F. (2008): Historia de los italianos en la Argentina, Biblos, Buenos Aires. Díaz Alejandro, C. 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