El conocimiento de la realidad social
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El Conocimiento de la Realidad Social Tomás Ibáñez Gracia
Primera edición: Sendai ediciones, 1989. ISBN: 84-86762-09-X Edición digital: 2025. https://doi.org/10.5281/zenodo.17582826 Este libro se ha maquetado utilizando el software L A T EX Esta obra está bajo una licencia Creative Commons “AtribuciónCompartirIgual 4.0 Internacional”. Usted es libre de: Compartir — copiar y redistribuir el material en cualquier medio o formato. Adaptar — remezclar, transformar y construir a partir del material para cualquier propósito, incluso comercialmente. Bajo los siguientes términos: M Atribución — Usted debe dar crédito de manera adecuada, brindar un enlace a la licencia, e indicar si se han realizado cambios. Puede hacerlo en cualquier forma razonable, pero no de forma tal que sugiera que usted o su uso tienen el apoyo de la licenciante. U CompartirIgual — Si remezcla, transforma o crea a partir del material, debe distribuir su contribución bajo la misma licencia del original.
Lista de contribuidores †Roy Bhaskar Lecturer in Philosophy en el Linacre College, Oxford. Kenneth Gergen Profesor de Psicología en el Svarthmore College en Pennsylvania. Ha sido Visiting Professor de numerosas universidades, tanto en EE.UU. como en Europa. †Rom Harré Fellow en el Linacre College y miembro de la Philosophy Faculty (Oxford University), junto con Paul Secord, es fundador de la revista Journal for the Theory of Social Sciences. Tomás Ibáñez Profesor de Psicología Social en la Universidad Autónoma de Barcelona. †John Searle Profesor del Departament of Philosophy de la Universidad de California (Berkeley) †Paul Secord Professor of Psychology and Education (Houston University). Ha sido Visiting Professor en las universidades de Princeton, Yale y Oxford †John Shotter ProfesordePsicologíaenlaRijksuniversiteitdeUtrecht.También ha sido Professor del Department of Psychology de la Universidad de Nottingham. Terry Warner Profesor de Psicología Social en la Brigham Young University (Utah). 5
Índice Índice i Prólogo 1 Tomás Ibáñez 1 ¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? 7 Paul Secord 1. Las orientaciones actor/agente y sujeto ........... 9 2. Soluciones reduccionistas a la dialéctica ........... 14 3. Metodología de la investigación y orientaciones actor/sujeto . 16 4. Las perspectivas «<AA» y «SJ» en la psicología social experimental ........................... 17 5. ¿Son incompatibles las orientaciones de actor y de sujeto? . . 29 6. Resolución de la dialéctica actor/sujeto ........... 32 7. La acción social y el mundo social .............. 33 2 La construcción social de la mente: la relación íntima entre el lenguaje y la interacción social 35 Rom Harré 1. La teoría general ...................... 35 2. La teoría especial ...................... 38 3. ¿Por qué tenemos esta dualidad de las unidades personales? . 46 3 Las intenciones colectivas y las acciones colectivas 49 John Searle 1. La intuición ......................... 50 2. La notación ......................... 59 i
El Conocimiento de la Realidad Social 3. La presuposición ...................... 65 4 La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico 69 Roy Bhaskar 5 Laconstrucciónsocialde los erroresbásicosen la conceptualización de la conducta 83 Terry Warner 1. La conducta de autojustificación .............. 84 2. Supuestos causales y sentimientos «víctima» ........ 88 3. La complicidad ....................... 89 4. Sentirse ofendido ...................... 93 5. La falsedad de los supuestos psicologistas .......... 96 6. El carácter interconstitutivo de los actos de los cómplices. La falsedad del supuesto individualista ............. 99 7. La importancia de la complicidad ..............103 8. La construcción social de nuestras falsas conceptualizaciones sobre nosotros mismos ...................104 9. Las condiciones morales necesarias para la comprensión de los demás ..........................106 6 La psicología social como dispositivo deconstruccionista 109 Tomás Ibáñez Gracia 1. En defensa de Penélope ...................110 2. La agenda de la «nueva psicología social»: presupuestos epistemológicos ......................... 116 3. La agenda de la «nueva psicología social»: presupuestos ontológicos ........................... 119 4. Aspectos problemáticos de la «nueva psicología social» . . . 128 5. Adendum a la agenda de la «nueva psicología social» . . . . . 133 7 El papel de lo imaginario en la construcción de la vida social 137 John Shotter 1. La gran trampa: certidumbres falsas pero incorregibles . . . 139 2. Elconstruccionismosocial:laacciónconjuntaysusresultados lógicamente inexplicables ..................144 ii
Tomás Ibáñez Gracia 3. La explicación ........................150 4. La confusión de los rasgos de la lengua por los del «mundo» . 153 8 La psicología posmoderna y la retórica de la realidad 161 Kenneth J. Gergen 1. El posmodernismo y el hundimiento de los fundamentos . . 164 2. Hacia una psicología posmoderna ..............174 3. La elaboración retórica de la realidad ............176 4. La fe en la ciencia ......................189 5. Conclusión .........................190 Bibliografía 193 Lista de nombres 205 iii
1 ¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? Paul Secord La práctica científica de la psicología ha estado marcada de manera indeleble por el lugar que ha ocupado en la historia de la ciencia. La física —singularmente la mecánica— fue la primera ciencia que emergió exitosamente y, en consecuencia, fue tomada por filósofos y aspirantes a científicos como paradigma o modelo de lo que es la ciencia. Los materiales inertes o pasivos constituían el objeto de estudio de un observador que permanecía distanciado de dichos materiales, sin influir sobre ellos ni ser influido por ellos. La mayor parte de los objetos materiales no actúan por sí mismos y, en la mayoría de las circunstancias, no sufren modificación por el hecho de ser observados. Sólo en los experimentos los observadores influían sobre los materiales de forma cuidadosamente calculada. El empirismo lógico y el conductismo no son sino un legado de esta parte de la historia de la ciencia. Siguiendo el liderazgo de las ciencias físicas, los psicólogos eligieron el método experimental como su principal herramienta; así, los seres humanos que intervenían en los experimentos eran tratados como seres pasivos. Su 7
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? conducta se consideraba determinada; cada acto obedecía a una causa: los sujetos eran objetos pasivos abiertos a las presiones de su entorno e incluso a las de su propio cuerpo y a los efectos de las experiencias anteriores. Sin embargo, debido a lo difícil que resulta tratar a los seres humanos como a seres inertes o pasivos, esta orientación experimental ha sido siempre una orientación incómoda. En la psicología SOCIAL, el concepto de persona tiene una historia que revela una tensión subyacente entre orientaciones opuestas: 1) la que considera a la persona como un SUJETO, o 2) la que la considera como un ACTOR/AGENTE. En la investigación actual, esta dialéctica o polaridad raramente se acomete de forma explícita, antes bien permanece oculta en asunciones tácitas que están en la base de la investigación. Por otra parte, la idea de que el rango de verdadera ciencia podía alcanzarse por imitación de la física, ha oscurecido el concepto de actor/agente, en tanto que ha favorecido un concepto implícito de sujeto. Desde una perspectiva metodológica, LA PERSONA ha venido siendo considerada formalmente como un ORGANISMO, como si estos conceptos fueran equivalentes. Sólo de modo ocasional, en un arranque antipositivista, ha aparecido la defensa de la persona como un actor o un agente. Tales defensas han sido, por lo común, ignoradas; tan sólo un reducido número de psicólogos sociales trabajan explícitamente desde esa perspectiva. Incluso dentro de la sociología, el concepto de sujeto se ha mantenido dominante, aunque algunas aproximaciones de la psicología social derivadas de una tradición sociológica han adoptado de forma explícita un concepto de actor/agente. Considerados por separado, tanto el concepto de persona como sujeto tanto como el de persona como actor son relativamente bien conocidos. El primero ha sido a veces explicitado en debates sobre conductismo, mientras que el último ha sido acentuado explícitamente en sociología por el interaccionismo simbólico de George Herbert Mead (1934) y, en psicología, algo menos explícitamente, por Kurt Lewin (1936). La aproximación desde el punto de vista del agente ha sido promovida en las últimas décadas por los filosofos analíticos y hermenéuticos, aunque, por lo general, rechazan en conjunto la posibilidad de una ciencia psicológica (Peters, 1958;Melden, 1961;Louch, 1966). En años más recientes, Harré y Secord (1972) han argumentado que un estudio de la psicología desde el punto de vista del agente no es incompatible con una ciencia empírica, y han consagrado un libro a un acercamiento a la psicología social basado en la persona como ACTOR, acercamiento llama8
Paul Secord do ETHOGENIA, que ha sido desarrollado en profundidad por Harré y sus colegas (Harré, 1979;1984;Harré, Clarke y De Carlo, 1985). El propósito aquí no es entrar en disquisiciones sobre estos conceptos opuestos, ni evaluarlos aisladamente, sino ilustrar cómo esta dialéctica IMPLÍCITAsubyacea muchasdelas corrientesdominantesdela psicologíasocial y poner de manifiesto las consecuencias que comporta el hecho de ignorarla. Aunquealgunasinvestigacionessehanrealizadodesdelaperspectivadelactor y otras desde la perspectiva del sujeto, los investigadores rara vez consideran todas las implicaciones de las orientaciones implícitas que han adoptado. Más comúnmente, ambas perspectivas aparecen en la misma investigación y, dado que no se hacen explícitas, posibles contradicciones o dilemas permanecen inadvertidos. No reconocer esta dialéctica de fondo significa que las interpretaciones y conclusiones extraídas serán, en lo fundamental, confusas. La presente discusión se limitará a la función de los enfoques actor/sujeto en una psicología social de orientación psicológica. 1. Las orientaciones actor/agente y sujeto Tanto la perspectiva ACTOR/AGENTE como la perspectiva SUJETO se entienden mejor en términos de una oposición dialéctica entre ambas, pero aquí se describirá brevemente cada una de ellas. Estas perspectivas opuestas se presentan de una forma tan ideal como sea posible —toda vez que no pueden disociarse por completo—. Por otra parte, la psicología social actual se caracteriza por una orientación ecléctica o ambigua en la que aparecen ambas orientaciones. La perspectiva del actor o «AA» Dicho con pocas palabras, el concepto de persona como actor o agente (de ahora en adelante «AA») supone lo siguiente: 1. Las personas son capaces de iniciar actuaciones o actos. 2. Las personas realizan actos con una intención o propósito. 3. Las personas son conscientes, por lo general pero no necesariamente, de que sus acciones están guiadas por una regla y dirigidas a un fin, y controlan su progreso conforme a esas reglas y en vistas a lograr esos fines. 9
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? 4. Laspersonas son capacesde imaginar cómoactuaríanen diversassituaciones, o de imaginar cómo las personas en general,o una en particular, podrían actuar en esas situaciones. 5. Laspersonas,confrecuencia,generanunaactosocialanticipandocómo lo recibirán o cómo reaccionarán otras personas. Una implicación teórica y metodológica capital de una orientación «AA» es que el observador/científico debe describir o caracterizar los actos en razón del propósito o intención del actor o agente. Debe responderse a la pregunta «¿qué pretendía hacer el actor?» Durante las últimas décadas se han publicado muchos análisis filosóficos acerca de la conducta deliberada o intencional, y ahora está bastante claro de qué modo un acto intencional puede caracterizarse. No es preciso postular un elemento mental separado llamado intención (véase, no obstante, la sección siguiente acerca del reduccionismo). A menudo, el propósito o la intención están inherentes a la descripción y saltan a la vista para un observador. Incluso los animales están claramente involucrados en conductas intencionales: el acto de un perro cavando un agujero bajo la valla puede ser considerado como un intento de llegar al otro lado. No se requiere ninguna presunción de que los actores siempre conocen cuál es su intención. De hecho, la gente a veces puede no ser del todo consciente de su intención; por ejemplo, porque el acto se ha hecho habitual, o porque el motivo se halla reprimido, etc. Para algunos actos, sin embargo, las manifestaciones del propio actor acerca de lo que él o ella querían hacer puede ser crucial para una correcta identificación del acto que está siendo ejecutado. Esta compleja cuestión ha sido abordada extensamente por muchos autores, entre los que se incluyen Greenwood (1990),Harré y Secord (1972) yShwayder (1965). En ocasiones, un observador puede atribuir inmediatamente un propósito a un acto e identificarlo sin dificultad. En otros casos, el observador no puede elaborar una explicación sino mediante una intensa observación e interacción con el actor. La propia formulación ofrecida por el actor es, a veces, crucial, aunque raramente —si lo es alguna vez— suficiente por sí misma: el contexto social y otras circunstancias externas resultan esenciales para establecer la identidad del acto (Greenwood, 1990). Las explicaciones ofrecidas por el actor no sólo ayudan a identificar sus intenciones, sino que también sirven para relacionar el acto con el contexto y el trasfondo y, así, dar significado al acto. Los métodos no experimentales, como la observación participativa, en la que el científico observador es tan sólo semi-independiente respecto al observado 10
Paul Secord y en la que frecuentemente interactúa de forma amplia con él, se utilizan a menudo cuando hay razones para considerar que el relato ofrecido por el propio agente es problemático en relación con el tema que se investiga. La orientación «AA», que aquí se discute, no debe confundirse con la psicología fenomenológica. Muchos actos pueden identificarse sin utilizar como criterio ningún factor relacionado con la consciencia que de ellos tiene el actor. Los fenomenologistas enfatizan la experiencia fenoménica de los actores como crucial para entender el comportamiento. Incluso algunos fenomenologistas tratan la experiencia como algo RECIBIDO, una consecuencia de las fuerzas que actúan sobre la persona. De hecho, la conducta es secundaria respecto a la experiencia, que ocupa un lugar primario. Esto sugiere un tipo de orientación centrada sobre el sujeto, aunque con modificaciones, más que una orientación de tipo «AA». Dentro de esta perspectiva, la experiencia fenoménica es algo que OCURRE a las personas como resultado de una estimulación producida por el medio ambiente, por las experiencias anteriores, etc. Las consideraciones ofrecidas por el actor no siempre son esenciales para identificar los actos. Muchos actos están CONSTITUIDOS SOCIALMENTE de tal modo que los observadores no necesitan conocer nada acerca del actor (por ejemplo un acto criminal —Greenwood, 1990—). Estos actos sociales PROTOTÍPICOS se hallan codificados por la sociedad; cada uno de nosotros aprende a identificar y a realizar estos actos en el proceso de socialización. Lo que resulta aquí fundamental es advertir que esos actos están identificados por un criterio social. Los actos son resultado de formas particulares de relaciones interactivas, de modo que pueden ser identificados objetivamente, a menudo con total independencia de los estados psicológicos del actor. Aunque los actoressuelen ser del todoconscientesdequeestánrealizando un acto socialmente constituido, no tienen por qué serlo. Por ejemplo, un joven puede cometer un acto delictivo sin saberlo o atendiendo a cualquier propósito de entre una gran variedad de ellos que no guardan relación con la delincuencia. Estos actos prototípicos son difíciles de estudiar experimentalmente porque las condiciones sociales que identifican al acto se resisten a ser creadas en el marco de un laboratorio. Lo normal es que dichos actos se aborden desde una perspectiva de «como si», a través del juego de rol esencialmente. Así, la conducta del jurado puede estudiarse pidiendo a los participantes que imaginen que son miembros de un jurado que debe tratar 11
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? un caso específico en una corte. De modo claro, es este un ejemplo en el que el investigador debe crear condiciones compatibles con el hecho de que los participantes actúen en tanto que «AA», y debe también establecer tan detalladamente como sea posible los criterios que constituirán un verdadero proceso judicial. La orientación del sujeto o «SJ» El concepto de persona como sujeto está determinado con menos claridad, puesto que raramente se desarrolla explícitamente. Sus orígenes descansan en el intento de realizar en las prácticas metodológicas el ideal científico reflejado en los principios del empirismo lógico. A grandes rasgos, la perspectiva del sujeto (de ahora en adelante «SJ») abarca los siguientes supuestos: 1. Las personas son organismos o sujetos afectados por las fuerzas presentes en su medio ambiente. 2. La conducta de los sujetos es en parte resultado de estados y procesos que ocurren en los organismos. 3. Laconductadelossujetosesenparteresultadode conductasanteriores. 4. Estrictamente hablando, desde la perspectiva «SJ» no hay PERSONAS, sólo hay organismos (máquinas orgánicas) sujetos a fuerzas y procesos internos, así como a fuerzas del medio ambiente. Para utilizar la acertada expresión de Garfinkel (1967), los individuos tienen «el juicio atrofiado», son incapaces de analizar su situación o de iniciar una acción. Una implicación teórica y metodológica central en una orientación «SJ» es que el científico observador es por completo capaz de describir el acto que está siendo realizado sin considerar su constitución social o sin determinar cómo se lo representa el sujeto. Se ignora la versión ofrecida por el sujeto o, si se conoce, se concilia con, o se adapta a, la versión del observador. Esto sucede porque, desde el punto de vista del científico, la versión del sujeto se considera como prejuicial, es inexacta, y a veces enojosamente irrelevante o contradictoria respecto a la versión del científico sobre lo que ocurre en realidad. En una orientación «SJ», el científico/observador es considerado como independiente del observado y ocupando una posición privilegiada. Más generalmente, la orientación «SJ» conduce al científico/observador a diseñar estudios con arreglo a esta conceptualización de la persona. Se privilegian los experimentos sobre los estudios de campo, porque permiten 12
Paul Secord un mayor control sobre los factores causales que afectan a los sujetos. En tales experimentos, por otra parte, parece preferible minimizar la verbalización de los sujetos; se prefiere que presionen un botón o que diriman una alternativa porque el observador puede identificar sin ambigüedad estos comportamientos simples. Las opciones de conducta están preparadas para que se ajusten a los intereses del científico/observador por ciertos comportamientos que considera relevantes; los comportamientos no relevantes se constriñen o se dificultan tanto como sea posible. Estas actividades se llevan a cabo, por supuesto, en aras del control experimental y de la exclusión de condiciones que interfieran y que puedan complicar los resultados y su interpretación. Sin embargo, su efecto involuntario es que los participantes tienen menos de AGENTE y más de SUJETO, un cambio que incrementa la posibilidad de que los participantes se comporten, en mayor medida, de acuerdo con la hipótesis del investigador, pero que podría reducir la posibilidad de que su conducta de laboratorio tenga la misma identidad que su conducta fuera del laboratorio. Dentro de la orientación «SJ», el énfasis se coloca no sólo en los estímulos externos, sino que, en la medida en que se consideran los procesos que tienen lugar dentro del organismo, éstos son conceptualizados con relativa independencia del hecho de que son algo que HACE UNA PERSONA. Por ejemplo, la inconsistencia cognoscitiva es un estado en el que los elementos cognoscitivos, considerados con independencia del hecho de que son pensamientos o creencias que mantiene una persona, se contradicen lógicamente unos con otros. Estos procesos son semejantes a las subrutinas de una computadora, que pueden funcionar con relativa independencia del programa principal. Además, los estados psicológicos son postulados desde situaciones observables externamente en las que se desarrolla la conducta del participante o las circunstancias que rodean la conducta. Es deseable que la información relativa a los estados psicológicos no se obtenga preguntándole al participante acerca de sus pensamientos o sentimientos. Desde una orientación «AA», por supuesto, estos estados o procesos no pueden separarse con tanta ligereza de la persona que los experimenta. Veremos más adelante ilustraciones concretas de estas orientaciones contrapuestas sobre procesos y estados tal y como se manifiestan en la psicología social experimental. 13
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? 2. Soluciones reduccionistas a la dialéctica Un modo potencial de resolver la dialéctica referente al concepto de persona consistiría en reducir o trasladar la perspectiva «AA» a la perspectiva «SJ». De hecho, este objetivo —reducirlo todo a términos fisicalistas— era capital para conseguir el objetivo de la unidad del programa científico. Pero pronto se encontraron graves dificultades en ese programa filosófico, y no parece ya que sea viable en opinión de la mayoría de los filósofos y ni siquiera para los psicólogos. Una importante dificultad está asociada con estados mentales como las creencias, que están, a su vez, asociadas con la intención, y que son indispensables cuando se concibe a las personas como actores. La intención resulta un concepto filosófico complejo, acerca del cual se han escrito volúmenes, y no podemos resolver aquí estas cuestiones. Pero, brevemente y a grandes rasgos, la dificultad que encaran quienes desean mantener posturas materialistas puede ser identificada. El problema es que gran parte de nuestra conducta se da en forma lingüística y, mientras muchos enunciados pueden ser reformulados en el mismo tipo de lenguaje que utilizamos para describir la conducta observable, otros contienen términos «psicológicos» que impiden dicha traducción. Estos términos psicológicos (por ejemplo, creencias, actitudes, sentimientos y pensamientos) son comúnmente referidos como INTENCIONALES. En 1874, Brentano (Sellars y Chisholm, 1958) señaló que lo mental se distinguía de lo físico a través de una especie de «referencia a...» o de «orientación hacia.... ». Los verbos que expresan la intención se refieren a los objetos proposicionales asociados con ellos, pero no son esos objetos mismos. Por ejemplo, «estoy pensando en mi hijo», «estoy pensando en mañana», o «estoy pensando en un unicornio». Estos pensamientos (o sentimientos o creencias) existen independientemente del objeto, como se demuestra con claridad en el caso de los objetos inexistentes. La cuestión es que esa «orientación hacia...» es en sí misma una cualidad mental. Pensar, creer, desear, pretender, amar, odiar, aprobar,no pueden comprendersesi nose invocaunconcepto de «orientación hacia...», porque cada estado se refiere a algo y sin embargo no es lo mismo que ese algo. El resultado de esta idea de intencionalidad es que, si hemos de comprender la conducta de las personas, debemos ser capaces de habérnoslas con todos esos actos que contienen un elemento psicológico (o intencional). No 14
Paul Secord hay forma de ignorarlo y ocuparse simplemente de la conducta observable. Si, por ejemplo, un investigador decide investigar utilizando sólo un lenguaje estrictamente conductista (una tarea casi imposible; por ejemplo, Skinner, 1953;Quine,1953;Margolis, 1984), permaneceel problemade cómotraducirlas descripciones en términos de conducta observable a un lenguaje que admite términos psicológicos DE MODO QUE LA ACCIÓN PUEDA IDENTIFICARSE en un lenguaje familiar. En otras palabras, las descripciones exclusivamente en términos de conducta observable son, por lo general, esotéricas y ambiguas. Dentro de una perspectiva «AA», hay siempre una PERSONA que hace algo, y ese algo implica la intención; desde una perspectiva «SJ», sólo hay un organismo que responde a ciertos estímulos bajo ciertas condiciones. La primera implica el punto de vista del actor; en la segunda sólo cuenta el punto de vista del observador. Lo que importa para nuestros propósitos es que desde la perspectiva «AA» es necesario el conocimiento de las interpretaciones subjetivas de los actores acerca de sus acciones, si éstas han de ser correctamente IDENTIFICADAS. Las únicas excepciones son aquellos actos que están totalmente constituidos socialmente. Sin embargo, incluso muchos de éstos requieren para su identificación que el actor posea determinadas intenciones, o a veces, otros modos de representarse estos actos a sí mismo. Con frecuencia, el actor tiene en mente un objetivo o propósito, así como la creencia de que ciertos medios o procedimientos permitirán cumplir ese objetivo, y ha tomado la decisión de realizar el acto. En esos casos, ignorar el propósito con el cual se ha emprendido la realización de una conducta, produce confusión acerca de lo que la persona está haciendo en realidad. Una persona que hiere a otro individuo está actuando con agresividad sólo si este acto es intencionado y no si es accidental. Así, reducir la orientación «AA» a una orientación «SJ» parece un error, porque los actos dejan entonces de ser identificables. Aunque los observadores pueden a veces conocer lo que un actor está pensando (creyendo, sintiendo, deseando) sin preguntarle o sin una información verbal, y los actores a veces pueden no tener claro lo que están pensando, la perspectiva «AA» asume que los informes proporcionados por los actores suelen ser esenciales para describir los actos adecuadamente. 15
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? capaces de hacer; y el programa de Milgram revela que las personas son más capaces de dañar a otras de lo que podríamos creer. De hecho, las condiciones en que los participantes recibían apoyo moral de un cómplice demostró la capacidad contraria: la mayoría de los sujetos se negaron a continuar con las descargas. El plan aséptico exigido por la orientación «SJ» y la tergiversación acerca de los objetivos del experimento impiden obtener los extensos informes de los participantes que son necesarios para determinar lo que «éstos se proponían hacer». Pero también debería enfatizarse que tales informes, por sí mismos, no necesariamente resolverían el problema. Los informes pueden ser falseados a fin de justificar las propias acciones. Por otra parte, si el programa de investigación va a tener implicaciones que puedan amplificarse hasta dar cuenta de un holocausto, lo que se precisa, además, es una cuidadosa comparación de los rasgos del experimento con los rasgos del régimen nazi y los campos de exterminio. Las diferencias entre el laboratorio y el holocausto son tan grandes, no obstante, que tal comparación es, virtualmente, imposible. Treinta años de investigación sobre la disonancia. Sin resolver los problemas interpretativos de la investigación de Milgram, ya se ha dicho bastante para ilustrar los problemas originados por la dialéctica actor/sujeto. La consideración de otra línea de estudio en la psicología social, los estudios sobre la teoría de la disonancia, puede proporcionarnos mayor información acerca de las personas como sujetos experimentales. Este tema de investigación es especialmente fructífero para la presente discusión, porque cubre tres décadas y revela la evolución de una teoría psicológica social que, en su más reciente formulación, tiene poca semejanza con la original. Aún más, esta investigación está caracterizada por un cambio gradual desde la consideración de los participantes como sujetos a la consideración de los participantes como actores. Se dice que se produce disonancia cuando una determinada cognición implicaotracogniciónqueescontradictoriaconella.Lascreenciasylasactitudes constituyen cogniciones familiares. Pero también se toman en consideración las cogniciones que están implicadas en los actos de una persona: por ejemplo, un acto puede ser contrario a las creencias de uno y, así, crear disonancia. La tercera de las siguientes afirmaciones constituye un ejemplo de ello. Toma22
Paul Secord dos los tres enunciados en conjunto ilustran cogniciones que deberían crear disonancia: — No quiero tener cáncer de pulmón. — Creo que fumar produce cáncer de pulmón. — Sé que fumo un paquete de cigarrillos por día. Cuando ocurre la disonancia, hay presión por reducirla, y un modo de hacerloconsiste en modificar una cognición. Uno de los procedimientos experimentales más comunes (el paradigma de la CONFORMIDAD INDUCIDA) conduce a los participantes a comportarse de un modo contrario a su actitud, lo que origina una presión tendente a reducir la disonancia mediante un cambio de actitud. Lo que es interesante acerca de este paradigma es que los experimentos sobre disonancia, en especial los primeros, empezaron considerando a los participantes más como sujetos que como actores. Eso era cierto, ¡a pesar de que es una teoría relativa a las cogniciones que tienen las PERSONAS! Esta afirmación puede ilustrarse de múltiples modos. Por ejemplo, la cuestión de si la disonancia necesitaba o no ser una EXPERIENCIA CONSCIENTE no se examinó con detalle. Festinger concibió la disonancia como una especie de estado de pulsión, como el hambre, un estado vago pero acuciante que no se hallaba asociado necesariamente con ningún pensamiento o sentimientos articulados. Pero la mayor parte de los experimentos no incluían un control rutinario para detectar la presencia del estado de activación y mucho menos una exploración de las experiencias sentidas por los participantes. Desde luego, esto no es desrazonable; es concebible que los participantes pudieran reaccionar ante una situación disonante aun cuando no la experimentaran conscientemente como tal. Pero la incapacidad de dirimir esta cuestión en las investigaciones iniciales sugiere una orientación «SJ» o como mucho una versión «AA» muy atenuada. Elque laorientación«SJ»fuerauna característica delosprimerosestudios lo señala el hecho de que rara vez se realizaran análisis intensivos acerca de las RAZONES POR LAS CUALES un determinado tratamiento experimental debería crear disonancia. De manera típica, después de denominar una actitud y una conducta que APARENTABAN mantener una relación disonante, el experimentador utilizaba, por lo visto, el sentido común para crear un tratamiento experimental que pudiera causar disonancia, sin examinar conceptualmente con exactitud qué cogniciones y qué otras condiciones podrían 23
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? estar implicadas. Esta elusión se deriva de una orientación «SJ»; una orientación «AA» hubiera exigido considerables análisis. Otra indicación de que la orientación «AA» era evitada la ilustra el famoso experimento de Festinger y Carlsmith (1959), que orientó los estudios actuales acerca de los cambios de actitud que resultan de que una persona sea inducida a comportarse de un modo contrario a su propia actitud. En una tarea aburrida y aparentemente sin sentido se ofrecía al participante una recompensa grande o pequeña para que le contara al próximo participante que la labor era de sumo interés y científicamente de importancia. Si la recompensa era pequeña (1 dólar), se suponía que esta conducta era disonante con la experiencia de los participantes, y se les inducía así a cambiar de opinión acerca de la tarea a fin de resolver la disonancia. La recompensa más alta (20 dólares) se consideraba suficiente por sí misma para justificar la conducta, despertando de ese modo menos disonancia y menos cambios de actitud. Con todo, en consonancia con una orientación «SJ», no se dirigieron análisis hacia lo que los participantes pretendían hacer, ni tampoco hacia cómo se sintieron en torno a la recompensa y hacia sus actos cuando hablaron con el siguiente participante. Así, la cuestión de cuáles eran los procesos que de verdad suscitaban el cambio de actitudes de los participantes fue ignorada en favor de la simple opinión de que la «disonancia», definida operacionalmente, era la causa. Al poco tiempo aparecieron interpretaciones teóricas contrarias. Se prepararon experimentos adicionales para probar estas interpretaciones alternativas y, con el tiempo, se llegaron a realizar más de mil experimentos sobre disonancia. Algunas de estas interpretaciones contrarias estaban más de acuerdo con una orientación «AA». Por ejemplo, en el clásico paradigma de la conformidad inducida de Festinger y Carlsmith (1959), la posibilidad de que aquellos que recibían una recompensa cuantiosa pudieran creer que estaban siendo evaluados en términos de su honestidad o independencia, o empezaran a sospechar de los motivos del experimentador, fue tomada en consideración, y se prepararon experimentos adicionales para comprobar estasposibilidades. Heaquí una clarareferenciaa los elementos intencionales que caracterizan los estados mentales de los participantes en relación con los actos realizados. Durante las últimas tres décadas, se han ofrecido muy diferentes interpretaciones del paradigma de la conformidad inducida, junto con programas experimentales para comprobar su validez. Lo que interesa en especial sobre estasinterpretacionessucesivas es que éstas se desplazan de modo progresivo 24
Paul Secord desdeunaorientación«SJ»haciaunaorientación«AA»,cadavezmás palpable. Esto resulta evidente incluso a partir de las formas lingüísticas utilizadas para hablar del experimento. En 1957, para Festinger, dos elementos cognitivos se hallaban en relación disonante si, considerando a ambos como un conjunto separado, el anverso de un elemento se seguía del otro elemento. En 1984, Cooper y Fazio reformularon la teoría inicial en estos términos: «la disonancia cognitiva se da cuando una cognición QUE UNA PERSONA POSEE (el énfasis es añadido) se sigue del anverso de otra» (pág. 230). Festinger habla de «elementos cognitivos» sin mencionar a la persona; Cooper y Fazio hablan de PERSONAS que TIENEN cogniciones. Naturalmente, en parte de su libro, Festinger deja perfectamente claro que los elementos cognitivos pertenecen a personas, pero sus palabras al definir la disonancia revelan un deseo de enunciar las operaciones de un modo sumamente abstracto en el que se prescinde de la persona. Un pequeño detalle, pero muy significativo. Este enorme volumen de investigación experimental ha alcanzado, por fin, un punto donde pueden extraerse conclusiones bastante firmes acerca de la teoría de la disonancia. La mayor parte de los resultados son consecuentes con una reformulación de la teoría de la disonancia ofrecida por Cooper y Fazio (1984). Apoyadas por cientos de experimentos, las sucesivas conclusiones, resumidas a continuación con brevedad, revelan claramente la introducción progresiva de más y más atributos que implican que los participantes experimentales son actores en lugar de sujetos. Estos atributos constituyen en esencia las condiciones precisas para que se dé la disonancia; condiciones que suelen implicar pensamientos, sentimientos u otros procesos que ocurren dentro del actor. 1. Se descubrió que la disonancia NO se da simplemente como resultado de una contradicción lógica entre dos cogniciones. Las consecuencias de actuar de manera contraria a la propia actitud tenían que ser aversivas; por ejemplo, la actuación debía ser valorada negativamente, como por ejemplo, persuadir a la gente de algo en lo que no se cree. Pero si el acto de uno no afecta a nadie, o si afecta sólo a personas que le desagradan, no se produce disonancia ni cambio de actitud. 2. Las consecuencias aversivas tan sólo eran cruciales para promover el cambio de actitud cuando podían ser anticipadas por los participantes, haciéndolos sentirse responsables (p.ej. por el hecho de falsear cómo se sentían). 25
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? 3. La mera conformidad para realizar un acto contrario a la actitud y del que se pudieran anticipar consecuencias aversivas, bastaba para despertar la disonancia, incluso si el acto no se realizaba después. 4. La consecuencia aversiva tenía que ser irrevocable; si era posible para los participantes rescindir su acción, no surgía la disonancia. 5. Los participantes tenían que sentirse personalmente responsables por crear consecuencias aversivas. Si eran coaccionados mediante fuertes presiones para realizar el acto contrario a la actitud, sentían escasa disonancia incluso cuando su acto creaba consecuencias aversivas. 6. Silaaparicióndeladisonanciapodíaseratribuidaplausiblementeauna fuente externa en lugar de a la actuación contraria a la propia actitud, los participantes no cambiaban su actitud para reducir la disonancia. 7. La investigación de Schlenker (1982) condujo el paradigma todavía más cerca de una orientación «AA». Desde su punto de vista, las identidades de los participantes estaban involucradas en la dinámica de los estudios sobre la conformidad inducida. Primero, como otros, descubrió que los participantes debían creer que sus actos serían conocidos por un público para que se produjera disonancia. Esto deja claro que está implicada la presentación de sí mismo. El significado social de las grandes o pequeñas recompensas deriva de las implicaciones que el hecho de aceptar dicha recompensa tiene sobre las autoconsideraciones de los participantes. Si las recompensas aceptadas son tenidas por ilegítimas, los participantes necesitan realizar una acción para reparar su identidad, y cambiar su actitud de modo que su conducta esté conforme con aquélla constituye un modo de conseguirlo (p.ej., esto puede impedir la interpretación de que uno fue sobornado para decir algo en lo que no creía).Losexperimentosquehacenvariarelgradodeilegitimidaddelas recompensas, junto con otras condiciones, apoyan esta interpretación. Parece incontestable a partir de este breve comentario de la investigación sobre la disonancia que las interpretaciones acerca de los datos experimentales dependen firmemente de cómo se aborda la dialéctica actor/sujeto. Tratar a los participantes como sujetos impide que se tomen en cuenta los pensamientos y los sentimientos que los actores/agentes tienen sobre la situación de conformidad inducida, y cómo esos pensamientos y sentimientos pueden afectar al cambio de actitud. Al final se impuso claramente la idea de que los participantes comprometidos en una conducta contraria a su actitud están, al menos hasta cierto punto, comportándose como actores/agentes por el 26
Paul Secord hechodequese sienten responsablesdelosactos que pueden afectarde forma adversa a otros o que pueden suscitar una imagen negativa de ellos mismos, y actúan para mitigar estos efectos desagradables. Estamos a mucha distancia de la idea inicial de que las inconsistencias lógicas entre las cogniciones producen un cambio de actitud por sí mismas. La primera formulación es bastante mecanicista en su forma, en tanto que la más reciente enfatiza que las cogniciones no son aislables de un modo simple, sino que dependen de la psicología del actor y del contexto social, así como de las relaciones sociales entre el actor y el experimentador u otras personas. La moral que se puede extraer de esto parece ser que, al diseñar experimentos, es mejor asumir que los participantes se comportarán como actores/agentes a menos que sean explícitamente impedidos de hacerlo. Además, el hecho de imponer severas constricciones sobre ellos, intentando reducirlos a sujetos pasivos, limita automáticamente lo que pueda decirse sobre los fenómenos objeto de estudio. Adoptar una explícita orientación «AA» parece siempre deseable, y da como resultado experimentos mejor controlados en los que los actos que tienen lugar pueden ser identificados con mayor claridad. Merece la pena notar que los métodos utilizados para clarificar las interpretaciones sucesivas durante las tres décadas de investigación sobre la disonancia, no han recurrido, por lo general, a extensos informes de los participantes en los que éstos explicaban qué pensaban que estaban haciendo. La información relativa a lo que los participantes pensaban y creían no se obtenía usualmente preguntándoles, sino colocándolos en situaciones calculadas para obtener ciertos estados mentales. La diferencia en el procedimiento es importante y debería explicarse. Existen dos alternativas: 1) el grado en el que los participantes se sienten responsables por su actuación contraria a su actitud podría averiguarse formulando preguntas ideadas para revelar sus sentimientos y 2) los participantes podrían ser colocados en situaciones calculadastanto parahacerlessentirse responsablespor su actuación contrariaa su actitud como para no hacerles sentirse responsables. Ambos procedimientos implicanuna orientación«AA», no una orientación «SJ».Así, los participantes pueden ser considerados CONCEPTUALMENTE como actores en lugar de como sujetos dentro de las tradiciones experimentales de la psicología social, sin tener que preguntarles sobre sus pensamientos, sentimientos y creencias. Pero lo que parece mejor es servirse de ambos métodos. Obtener informes de los participantes proporcionaría nuevos indicios de pensamientos o senti27
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? mientos que podrían estar afectando la conducta; mientras que poner a los participantes en diferentes situaciones experimentales permitiría averiguar la presencia de pensamientos o sentimientos que los participantes podrían no relatar, así como a veces confirmaría los informes que han sido ofrecidos. Bien pudiera ser que si en la investigación inicial sobre la disonancia se hubiera preocupado de obtener informes de los participantes, los experimentadores no habrían necesitado treinta años para alcanzar las conclusiones resumidas aquí. Tales informes habrían proporcionado valiosa información para diseñar experimentos en los que se hubieran podido comprobar algunos de los procesos del actor/agente que tan sólo aparecían de manera indirecta en los resultados experimentales. Pero, claro está, las orientaciones «SJ» en la investigación estaban apoyadas en buena medida por los puntos de vista positivistas de la ciencia psicológica, implícita o explícitamente aceptados por los investigadores. No se presume aquí que los actores puedan siempre proporcionar informes adecuados relativos a sus actos; bajo ciertas condiciones, sus informacionesestánlejosdeser acertadas(NisbettyWilson,1977). Peroaquínecesitamos distinguir entre distintos tipos de informe. Bajo la mayoría de las circunstancias, las personas son capaces de relatar con fidelidad lo que piensan y sienten habitualmente sin demasiada dificultad y sin distorsión apreciable, y esos informes bien podrían ser de ayuda para identificar los actos que están realizando. Pero una cosa bien distinta es ser capaz de relatar POR QUÉ uno hace lo que hace —es decir, proporcionar un análisis causal —. No se ha afirmado aquí que el resultado de los informes de esas personas sea de confianza en ese sentidoy, enrealidad,esese tipo de informeloque constituye lo sustancialdel trabajo de Nisbett y Wilson y de otros que han trabajado sobre la cuestión. De hecho, Nisbett y Ross (1980, pág. 223) observan que «las informaciones subjetivassobrelosestímulosy las respuestas suelen ser crucialesparacomprender y explicar la conducta de los actores...» y que «...el científico que manipula los carácteres objetivos del entorno de los actores puede carecer simplemente de la necesaria perspicacia acerca de cómo los estímulos o respuestas relevantes son percibidos o interpretados por el actor». No hay justificación a priori para la idea de que debe darse siempre prioridad al juicio del científico sobre la conducta de una persona por encima del juicio de esa misma persona. Cómo debe explicarse la conducta, así como la relativa validez de los dos juicios, depende en gran medida del contenido de los informes, de la conducta en cuestión, de las circunstancias bajo las que 28
Paul Secord ésta se da, y de la relación entre el científico y el participante (Adair y Spinner, 1981). Pero considerando el marco causal dentro del que se llevan a cabo los experimentos, cabe preguntarse si el hecho de recurrir a los informes de los participantes introduce contradicciones perjudiciales. ¿Introduce este marco causal implícito en la tradición experimental una orientación «SJ» al tiempo que los participantes están considerados desde una perspectiva «AA»? ¿Produce la presencia de ambas orientaciones incoherencia en la interpretación teórica de los resultados? La próxima sección considera estas cuestiones. 5. ¿Son incompatibles las orientaciones de actor y de sujeto? Cuando las orientaciones de actor y de sujeto se oponen de forma directa, como conceptualizaciones de la persona, se contradicen con toda nitidez en un sentido lógico. La persona no puede ser concebida simultáneamente desde ambas perspectivas. La cuestión de la exclusividad, ya sea de la orientación «SJ» o de la orientación «AA», ha recibido extenso tratamiento en otros contextos filosóficos, pero no ha sido tratada en tanto que está presente en el marco mismo de la investigación empírica. Dentro de la filosofía de la mente se ha argumentado que sólo el concepto de acto intencionado es adecuado para explicar la conducta humana, y que un esquema causal (análogo a una orientación «SJ») es inapropiado (Peters, 1958;Louch, 1966). A veces, la discusión se ha formulado en términos de la diferencia entre razones y causas en las explicaciones de la conducta humana. De manera similar, los debates acerca del libre albedrío han recurrido a veces a conceptos similares a las orientaciones «AA» y «SJ», señalando los defensores del libre albedrío las limitaciones de la orientación «SJ» y la necesidad de adoptar un concepto «AA» (Melden, 1961;Ayers, 1968). Otra discusión más dentro de la filosofía se ha dado entre mecanicismo y responsabilidad, inclinándose hacia la conclusión de que si un acto puede explicarse mecánicamente el individuo no es responsable del mismo (así, una orientación «AA» no es apropiada para ese acto). A veces, el argumento a favor de una orientación «SJ» consiste en afirmar que las explicaciones en términos de acción intencional pueden reducirse a explicaciones causales. Se han realizado progresos en la resolución de estos problemas filosóficos. A menos que uno sea dualista, debería asentir con la idea de que las personas 29
¿Cómo resolver la dialéctica actor/sujeto en la investigación psicosocial? son organismos cuya conducta, si supiéramos lo bastante, en principio, podría describirse con un lenguaje neurofisiológico. Tal descripción implicaría muchosprocesos causales, aunque la posibilidad o incluso larealizacióndetal descripciónnodescalificaríaporsupuesto las descripciones de laconductadeliberada con un lenguaje diferente ni tampoco sería aconsejable prescindir de este otro lenguaje. Imagínese una descripción neurofisiológica que sustituya una acción de un jugador de ajedrez descrita así: «Inmovilicé su caballo contra su reina, porque pretendía, acto seguido, atacarle con el peón del rey». Tal descripción sería tan enormemente compleja que necesitaríamos recurrir de todas formas a la manera ordinaria con que nos referimos a los movimientos del ajedrez. Por otra parte, aunque la acción en todos los casos fuera la misma, la descripción neurofisiológica podría ser distinta para diferentes individuos. Así como idénticas actuaciones de la computadora pueden obtenerse mediante distintos programas, idénticos actos pueden estar representados de forma diversa en la neurofisiología de distintas personas. En la filosofía de la mente se reconoce, por lo general, que ha fracasado el argumento según el cual las razones no pueden ser las causas de la conducta, de la misma forma que ha fracasado el argumento de que, dado que los actos humanos son intencionales, no pueden ser causados. Un modo de contemplar el acto intencional que no excluye las explicaciones causales ha sido sugerido por Dennett (1978) en su concepto de NIVEL INTENCIONAL. Éste se diferencia de otros dos niveles, el NIVEL DE DISEÑO y el NIVEL FÍSICO. El nivel de diseño es un modo de explicar la conducta de máquinas complejas. Por ejemplo, si uno conoce los detalles del programa de una computadora programada para jugar al ajedrez, entonces uno puede predecir la respuesta de la computadora ante cualquier movimiento siguiendo el esquema del diseño. El nivel físico (análogo a nuestra descripción neurofisiológica) intenta predecir lá conducta basada en estados físicos del sistema y es, naturalmente, sólo factible para máquinas bastante simples, desde luego no para computadoras. El nivel intencional entra en escena cuando los sistemas son demasiado complejos para comprenderlos en términos de un nivel de diseño o de un nivel físico. El indicio de intencionalidad consiste en que un sistema puede ser comprendido con éxito en términos racionales. El nivel intenciocional asume que el sistema es racional, aunque no lo sea a la perfección. Si un sistema puede ser tratado racionalmente con éxito, entonces ese sistema es un sistema intencional. Desde el punto de vista de Dennett se caracterizan así tanto las computadoras para jugar al ajedrez como las personas. El fallo en 30
Paul Secord que incurre el pensamiento filosófico anterior es la suposición de que cuando un sistema puede, EN PRINCIPIO, explicarse en términos de un nivel de diseño o de un nivel físico, entonces el nivel intencional se hace innecesario o inapropiado o incluso falso. Así, es razonable hablar de que una computadora «juega» al ajedrez o incluso de que «trata de ganar». El que esto se pueda explicar mecánicamente no invalida una conceptualización en términos intencionales. Además, los actos humanos son tan complejos que las explicaciones mecanicistas que podrían concebirse, en principio, están en el presente remotamente fuera de nuestro alcance. Dennett observa que siempre que una explicación intencional puede reemplazarse por una mecanicista, es la ausencia de racionalidad de la orientación mecanicista lo que hace que la explicación intencional parezca superflua. Pero él argumenta que la ausencia de racionalidad NO es lo mismo que la no-racionalidad y, por tanto, la explicación intencional no queda refutada y puede subsistir. Así como una computadora para jugar al ajedrez puede considerarse tanto desde el punto de vista intencional como mecanicista, también los actos intencionales de una persona pueden describirse con arreglo a los motivos, creencias y conocimientos sobre los medios que tiene esa persona y, al mismo tiempo sin contradicción, considerar cuales son las condiciones objetivas que ponen de relieve un motivo determinado, o qué condiciones contribuyen a la adquisición de una creencia determinada. Poner al descubierto las causas de las creencias o los motivos no implica que la descripción de los actos de las personas en términos intencionales sea menos apropiada. De hecho, la conducta intencional es EMERGENTE. Es decir, que el diseño de un sistema es tal que la conducta racional aparece cuando el sistema es observado desde un nivel determinado, y que en las explicaciones a un nivel más bajo y mecánico, la racionalidad se pierde. Las propiedades emergentes no pueden reducirse a un nivel más bajo sin desaparecer; por consiguiente, debe conservarse el nivel más elevado si la explicación tiene que dar cuenta de estas propiedades. Hoy por hoy, no tenemos el más leve indicio de cómo podría describirse la conducta social en términos mecanicistas; a decir verdad, nuestra comprensión de la condición humana requiere el nivel intencional (junto con otras informaciones) si ha de ser inteligible. Adoptar una postura mecanicista no explicaría la conducta social tal como la conocemos. 31
La construcción social de la mente des trascendentales. Entonces, el sí-mismo, como una condición necesaria para la posibilidad de la experiencia, no se puede estudiar empíricamente. La postura vygotskiana sugiere que aunque las cosas trascendentales no pueden estudiarse en sí-mismas, y en este caso no poseen algunas propiedades psicológicas observables (solamente poderes para crear un orden dentro de los pensamientos), es posible que tengan algunas propiedades SOCIALES. Es posible que sean entidades sociales. Para llevar esta intuición original más lejos, debemos encontrar una solución al problema del estatus empírico del «sí-mismo». 2. La teoría especial Debemos precisar la hipótesis vygotskiana en relación a una teoría específica sobre el «yo», como muestra del origen mental de las gentes de Europa. Esta teoría está apoyada sobre el hecho de que las prácticas del hablante público pueden ofrecer modelos gramaticales para todos los modos del discurso reflexivo. Esta hipótesis no parece demasiado radical. Si la vinculamos con la tesis de Vygotsky de que las formas reflexivas del habla son los verdaderos agentes a través de los que se logran las unidades de la mente, desembocamos entonces en una hipótesis mucho más potente. Esta es la idea que quiero recomendar para las hipótesis empíricas y teóricas. Para entender la gramática lógica del lenguaje de la primera persona debemos usar dos distinciones, la distinción entre declaración y descripción y la distinción entre referencia indexical y referencia denotativa. Debemos a Wittgenstein (1953) el descubrimiento de que las declaraciones psicológicas de la primera persona y de la tercera son radicalmente diferentes. Las declaraciones del tipo «Tengo dolor», «estoy segura de que las llaves están dentro de la casa», «espero que venga», etc. no las interpretamos como descripciones del estado de la mente del sujeto hablante. Por lo tanto, es un error, en muchos casos, tratar a estas declaraciones como descripciones factuales apoyadas por la evidencia. Por ejemplo, «Espero que él venga» no es una hipótesis que podría ser falsa. La prontitud con que producimos estas declaraciones psicológicas es, en muchos casos, una señal de que parte de ellas consiste precisamente en formar parte del estado en cuestión. «¡Madre de Dios, que nervios!» es más semejante a un grito que a una descripción de un estado interior de mí mismo. Wittgenstein llega a este análisis desde un 38
Rom Harré detallado estudio del modo real en que las personas usan los términos que expresan estados psicológicos dentro de declaraciones en primera persona y tambiéndesdelaobservacióndeque,adiferenciadelasdescripcionespropias, estas declaraciones no poseen criterios. Un criterio es un estado del mundo (incluido el mundo mental) que es del mismo tipo que el que existía en el caso ante el que se dio un significado a la palabra en cuestión. El estado de mis sentimientos era solamente una ocasión para el pensamiento «tengo dolor». Una declaración psicológica no es falsa o verdadera porque el estado mental sea o no verdadero, pues esta declaración es un acto social y el acuerdo sobre su significación depende de si es un acto sincero o no lo es. En el mismo caso se incluyen las declaraciones de intención y, por tanto, tampoco debe existir una formulación interior del resultado de este acto. Sin embargo, cuando las palabras usadas para describir estados psicológicos son usadas en tercera persona, están siendo usadas para describir el estado, la conducta, etc. de la persona en cuestión. Por ello son verdaderas o falsas. El lenguaje en segunda persona es mucho más difícil de analizar. Una declaración como «Tú dijiste que me esperarías» es a la vez una denuncia y una descripción verdadera o falsa de la intención de la persona que nos ha fallado. Hay muchos ejemplos de esta forma: «¡Tú dijiste que me querías!» «¿Por qué te casaste con otro?» Un ejemplo de la fuerza del análisis de Wittgenstein para aclarar un problema difícil es el caso de las declaraciones de intención o compromiso. Lo peculiar de este tipo de declaraciones es que no son descripciones del estado privado del sujeto que habla, sino que son solamente declaraciones de intención. Sin embargo, es posible que ésta se mantenga en privado. Tanto si la declaración es pública o privada, la forma gramatical es la misma. En ambos casos, el problema para el psicólogo es el mismo. ¿Cómo ponen sus intenciones en acción los actores? Es más fácil estudiar este problema dentro del ámbitopúblico. Desde esta perspectiva,se sigue que las leyesdel pensamiento no son leyes de la fisiología, tampoco leyes de la lógica, sino convenciones del lenguaje. Por tanto, es posible dar cuenta de las características dialécticas de la realidad del pensamiento. No juzgamos la sinceridad de una declaración intentando estimar su precisión, ni por un estado interior, sino por el grado de sinceridad del que está hablando. Por ejemplo, la fuerza de su compromiso para realizar el comportamiento mencionado dentro de su declaración. El concepto de «actitud» es tratado de un modo semejante. 39
La construcción social de la mente Las mismas consideraciones se pueden hacer sobre la psicología de los motivos. Hace ya mucho tiempo desde que K. Burke (1969) y C. Wright Mills (1940) señalaron que tenemos un vocabulario de motivos cuya fuerza retórica se presenta de acuerdo a las convenciones de nuestra sociedad, relativas a la forma de presentarnos a nosotros mismos, incluyendo una indicación de nuestro poder de actuación. Hacemos que tenga sentido dentro de nuestro entorno social y físico. Nosotros suministramos los motivos (o es posible que otros los proporcionen) algunas veces con un encogerse de hombros, otras con una sonrisa, y con ello realizamos una estructura para la presentación del sí-mismo. Y damos indicaciones implícitas sobre los motivos. La cuestión de si las intenciones o los motivos existen, en tanto que cosas escondidas que se estudian como una clase de objetivos misteriosos, es un asunto que pertenece al pasado. Tales formulaciones de la cuestión se basan en un error, en una mala interpretación del juego del lenguaje que expresa motivos. Esto es lo que las hace parecer cuestiones difíciles. En definitiva, las declaraciones sin criterios, aquellas que adquieren su significado como una parte del estado o proceso psicológico, muestran, en tanto que provienen de seres juzgados dentro de un orden moral, si éstos son sinceros o no, jactanciosos o modestos, etc. El hecho de juzgar estas declaraciones dentro de un orden epistemológico, analizando su verdad o falsedad, como en el caso de las descripciones, forma parte del mismo tipo de malinterpretación. Por tanto, el fracaso en mostrar una intención en una acción no es explicado por los errores acerca de las intenciones verdaderas, sino por referencia a su carácter débil, su carácter fraudulento, etc. Es un juego moral. La distinción entre las declaraciones y las descripciones es semejante a la que existe entre la referencia indexical y denotativa. Comparemos «¡Pon el vaso aquí!» con «¡Pon el lápiz dentro del cajón rojo!». Es posible seguir la segunda orden si sabemos lo que es un cajón rojo. No se necesita saber dónde se pronunció la orden. Pero para saber donde está «aquí» un oyente debe saber el lugar desde el que habló el sujeto hablante. Las palabras indexicales son los términos referenciales cuyo significado es completado por el oyente cuando sabe dónde, cuándo y por quién estaba hecha la declaración. Una palabra indexical puede ser entendida como una tarjeta para un acto de habla, mostrando dónde, cuándo y por quién ha sido hecho este acto. Una sentencia, por ejemplo, «¡No me molesta lo que haga!» no tiene un significado determinado a menos que sepamos quién estaba hablando. Por otro lado, «Jorge no 40
Rom Harré se molestará por lo que hagas» tiene significado dentro de un entorno más grande e independiente del momento en que se dijo. Si entendemos los términos indexicales como tarjetas, la declaración en cuestión es atribuida al sujeto hablante y también a su estado psicológico. Los usos indexicales de los pronombres son explicados sin mencionar un ser misterioso dentro de la persona. Sólo se necesita el concepto de persona, un ser público y social. La declaración «Espero recoger las fotos mañana por la mañana» no requiere un ser interior en tanto que sujeto que está en un estado deespera.Silasformasanterioressonlasúnicasformasdel lenguaje reflexivo, el concepto de «sí-mismo» no es necesario dentro de la descripción de nuestra organización mental. Pero estos no son los únicos modelos gramaticales para los actos de habla. Hay formas más complicadas. 2.1. Las declaraciones de calidad epistemológica Dentro de nuestro lenguaje existen otro tipo de declaraciones. En ellas mostramos nuestro juicio acerca de la calidad de nuestras declaraciones simples. Por ejemplo, «Yo creo que...», «No estoy seguro si recordé cerrar el grifo», etc. La estructura es la siguiente: «Verbo epistemológico en primera persona (declaración simple)». Esta forma tiene una frase exterior y, dentro de ella, una frase interior. Creo que debemos entender la frase interior a partir del modelo de una descripción en tercera persona porque valoro mis declaraciones como valoro las suyas. Si esto es verdad, ¿de quién son los estados psicológicos que se asignan? Existen dos posibilidades. Es posible que sea la persona pública, el mismo ser que es señalado por la declinación en primera persona del verbo exterior en los ejemplos arriba indicados, la que coloca el ámbito, la creencia, etc., en un lugar dentro del entramado de personas. Pero creo que en nuestra cultura,el «yo»interior, que tiene el mismo papel que «él» o «ella», es utilizado para señalar el centro misterioso de nuestra experiencia, lo que se llamaba el «sí-mismo». Las declaraciones del segundo tipo dan lugar a una teoría metafísica de nuestros «sí-mismos». Y, después, a la creación de una estructura mental. Las formas semánticas de las declaraciones de orden más elevado poseen una estructura que tiene el poder de ubicar el concepto público de persona en el hueco conceptual que surge a partir de nuestra lucha por colocar nuestros «sí-mismos» interiores. Este hueco es llenado con el concepto teó41
La construcción social de la mente rico de «sí-mismo» que aparece dentro de nuestra gramática, tanto como el sujeto lógico de todas las asignaciones de los estados psicológicos a nosotros mismos, como el modelo de las asignaciones en tercera persona y como el principio para organizar las unidades sintéticas de nuestra experiencia. Porque tenemos el juego del lenguaje de la asignación repetida, una teoría es plausible si nos permite reconocer nuestras actitudes a propósito de la calidad moral y epistemológica de nuestras declaraciones de primer orden, así como su honestidad, su credibilidad, su integridad como base de la acción, etc. Pero para mostrar nuestras actitudes, primero debemos situar nuestras declaraciones de primer orden dentro de un contexto que nos permita tratarlas comodescripciones, como atribuciones de estados psicológicos oprocesos de pensamiento a alguien. Para este tipo de frases, tenemos los criterios públicos. Nosotros nos tratamos como «terceras personas». Parece que existe una cuestión más profunda. ¿Poseen el «sí - mismo», el «yo», estas propiedades? Pero esta cuestión sólo tiene un significado si se considera que el «yo» es una sustancia real. Si tomamos esta cuestión seriamente, entonces el «sí-mismo» parece ser un sujeto apropiado para las cualidades psicológicas. Pero las declaraciones simples a la pregunta «¿cómo saber que tiene un dolor?» no tienen significado porque la tendencia a dar un grito o un gemido es una parte del estado de dolor. Lo mismo ocurre con las declaraciones epistemológicas. La expresión de una duda por una persona es una parte de su estado de duda. No se necesita descubrir si su «sí-mismo» posee la propiedad «duda». Porque la gramática de las frases interiores de las declaraciones de segundo orden imita la gramática en tercera persona, pensamos que existe otra persona, una primera persona que es descrita por esta clase de frases. Es una ilusión, pero una ilusión que es necesaria para la organización central de los pensamientos y los sentimientos de cada persona. ¿Cuál es la fuente de esta ilusión? Desde nuestro punto de vista, es la gramática de las declaraciones. La estructura de las declaraciones de segundo orden, con el «yo» en el centro, es como la estructura de la vida social, con la persona en el centro. El «símismo» es un fantasma de la persona. Tomarlo seriamente es como empezar un proyecto para hallar un «unicornio» y también para hallar criterios para las declaraciones originales simples. Pero ahora, tras los análisis anteriores, sabemos que el «sí-mismo» no es una cosa escondida y que no existen criterios para las declaraciones de las emociones, los motivos, etc. Mostrado como un fantasma, el CONCEPTO de sí-mismo, NECESARIO PARA LA VIDA COTIDIANA, ya no tiene tendencia a extraviarnos y confundirnos. 42
Rom Harré Gran parte de la filosofía de las ciencias físicas está basada sobre una polaridad entre los conceptos empíricos y teóricos; entre propiedades de seres observablesypropiedadesdesereshipotéticos.Aunquelospolossondistintos, pensamos que existen muchos casos entre los extremos. ¿Con qué clase de conceptos de las ciencias debemos comparar el concepto de «sí-mismo»? Todos los argumentos de los filósofos demuestran que no es un concepto empírico. Se supone que es un concepto teórico; el corazón de una teoría que cada ser humano aprende y de acuerdo a la cual cada persona organiza sus experiencias, pensamientos, etc. como persona. De este modo es posible entender las unidades sintéticas de Kant, las unidades del sentido exterior e interior. Las ciencias físicas están llenas de conceptos teóricos, de entidades hipotéticas, de propiedades no observables, disposiciones y poderes en el mundo observable, etc. No estoy insinuando que el sí-mismo sea una especie de tipo «campo», pero cuando hago una comparación entre el sí-mismo y la gravedad quiero señalar que la lógica filosófica del concepto de «sí-mismo» es semejante a la lógica filosófica del concepto de «gravedad». Para entender el sentido de los conceptos teóricos en la ciencias físicas buscamos la fuente de las analogías, de donde se deriva su lógica filosófica y de donde proviene su sentido. Si el «sí-mismo» es un concepto de este tipo, ¿cuál es su fuente?, ¿cuál es su concepto «madre»? Creo que su fuente es el concepto de individualidad social, el concepto de persona. 2.2. La génesis de los conceptos teóricos Muchas veces, los conceptos teóricos aparecen dentro de las ciencias físicas para describir los procesos y las entidades que poseen los poderes, según nosotros, para producir los patrones hallados por observación y experimentación, pero que están, ellos mismos, fuera del alcance de las técnicas de observación que existen ahora. Por tanto, estos conceptos no pueden adquirir su sentido por un acto ostensivo hacia el objeto que describen porque este objeto no es observable. Por tanto, debemos buscar en otro lugar la fuente de nuestro entendimiento de su poder. En muchos casos, la fuente es una analogía. El concepto teórico «molécula» está basado sobre una analogía con «cosa material newtoniana», la «selección natural» está basada sobre una analogía con la «selección doméstica». Dentro de las ciencias físicas, los conceptos teóricos están en equilibrio entre dos analogías vinculadas entre sí. Un conjunto de moléculas debe comportarse como un gas, pero cada molécula 43
La construcción social de la mente debe ser como un objeto newtoniano. La semejanza que existe en cada caso depende de nuestro juicio. Si el concepto de «sí-mismo» es un concepto teórico entenderemos su gramática lógica si podemos hacer el mismo tipo de análisis que realizamos para entender la gramática lógica de un concepto semejante dentro de las ciencias naturales. ¿Cuáles son las reglas para su uso? O, por decirlo en el idioma filosófico tradicional, ¿cuál es su clase natural? ¿De qué modo fijó Darwin las reglas de uso del término «selección natural»? Darwin describe su método con muchos detalles. En el fondo existe un paralelo con «nuevas formas son creadas por selección doméstica desde las variaciones azarosas». Desde este paralelo aparecen las reglas de uso del concepto «selección natural». Pero solamente para los juegos del lenguaje dentro del contexto biológico. La «selección doméstica» es la fuente de la «selección natural». Cuidadosamente, Darwin señala los detalles que son semejantes y los que son diferentes entre los dos conceptos. La «selección natural» es una analogía de la «selección doméstica». Por lo tanto, sus gramáticas lógicas son semejantes, no son iguales. De acuerdo con la teoría general, mi tesis de la construcción social del «sí-mismo» puede establecerse muy sencillamente. Mi hipótesis es que la organización de la mente es un artefacto cultural basado sobre el aprendizaje de un concepto local del sí-mismo. Este concepto está vinculado al concepto público-social de la persona del mismo modo que están vinculados los dos conceptos de selección. No hallamos el uso de este concepto estudiando la entidad que es su referente en ninguno de los dos casos. Dentro de la teoría de la evolución, el nuevo concepto denota un proceso no observable, pero en el caso de la mente, el nuevo concepto, el sí-mismo, no denota nada. En ambos casos creamos un concepto nuevo desde un concepto viejo, pero cambiamos sus reglas de uso. Hacemos estos cambios porque tenemos una nueva utilidad para este concepto y creamos un concepto de la misma forma que se crea un traje en una sastrería. El concepto de persona es la fuente para el concepto de sí-mismo. Dado que conocemos el uso del concepto de persona, éste nos ofrece un cuerpo integral de las reglas desde las que podemos construir la gramática de nuestro nuevo concepto. Por tanto, el término «sí-mismo» es usado de un modo que es compatible con la naturaleza de la entidad a la que parece referir; es en función de ello como se decide si existe o no existe, si existe en un lugar espacio-temporal más o menos amplio, etc. Y también es 44
Rom Harré así como es posible atribuir propiedades psicológicas y morales aesta entidad, tales como la culpa o el elogio. El término «sí-mismo», tal como lo uso aquí, es un término del «arte» introducido para denominar al concepto que creo que es la base de la gramática lógica de los usos denotativos en primera persona. Esta gramática lógica se forma del mismo modo que los conceptos nuevos en la actividad que llamamos «elaborar una teoría» en las ciencias naturales. Si debo tener «a» como una teoría de mí mismo para ser un ser que puede hablar en el modo de atribución de los órdenes más altos, parece que puedo aplicar la misma teoría de los otros seres humanos que usan estas mismas formas de gramática y participan de mi forma de vida. Entonces, «él» y «ella» también toman el aspecto doble de la localización de una persona y de la denotación de sí-mismo, aspectos que he mostrado que son típicos del modo de uso en primera persona. El «yo» o la primera persona en las frases interiores con las que valoramos nuestras declaraciones tiene poder referencial, pero podemos perfectamente ser «agnósticos» sobre si alcanza algo real. El modo más económico para explicar todo lo que es señalado en nuestro lenguaje reflexivo es suponer que el sí-mismo no es una cosa, sino que existe solamente como un concepto. Es el concepto central de una teoría, el que las personas tienen que usar para imponer orden sobre sus pensamientos, sentimientos y acciones. A su vez, podemos tomar la gramática lógica de los términos teóricos de las ciencias físicas para aclarar cómo funciona este concepto. Si tengo razón al pensar que el concepto de «persona» sirve como fuente para el concepto de «sí-mismo», un modo para entender este vínculo podría ser como un isomorfismo con la estructura de predicación. La estructura que obtenemos al «desplegar» el concepto de «sí-mismo» encaja dentro de una estructura espacio-temporal porque el «yo» es coendexical con «aquí» y «ahora»: la persona es colocada en un cuerpo material y, por tanto, tiene un lugar espacio-temporal. El concepto de sí-mismo tiene dos funciones: dar estructura al campo de los pensamientos y señalar al ser humano en su lugar espacio-temporal. La estructura mental puede existir si hay un centro en realidad, porque es una reflexión de la estructura del lenguaje. La primera persona dentro de los reconocimientos del segundo orden y de los órdenes más altos puede ser un objeto de predicción al igual que un concepto teórico en las ciencias físicas. De este modo, el concepto de sí mismo es muy semejan45
La construcción social de la mente te al concepto de gravedad, el cual organiza nuestras experiencias respecto a los campos gravitacionales; esto nos permite permanecer totalmente «agnósticos» acerca de si existe algo en el centro de la gravedad, es decir, del entramado de poderes que llamamos el campo de gravedad. 3. ¿Por qué tenemos esta dualidad de las unidades personales? 3.1. Los órdenes morales Entonces, creo que es muy claro que la teoría del «sí-mismo» es una teoría de tipo psicosocial. Debemos afinar nuestros análisis de la gramática del lenguaje reflexivo, y realizar una etnografía del lenguaje. Por ejemplo, en la obra de Julian Joyces hay un análisis del orden social en el mundo antiguo, el comienzodelaescritura,etc.enelqueJoycescreequeestáelorigendenuestro concepto de conocimiento. Empezó con la etnografía de una cultura, en la cual no existe nuestro concepto de «sí-mismo». El lenguaje de los esquimales, inuit, tiene un modo de referir a las personas muy sencillo, dirigiéndose hacia el que habla y alejándose de él. En la etnografía encontramos solamente una responsabilidad moral colectiva, una teoría de las artes dentro de la cual el artesano es meramente un gatillo para liberar la potencia del material, etc. En la cultura esquimal no existe el concepto de sí-mismo como un centro de poderes, ni físico ni moral. El esquimal individual no es un agente en nuestro sentido. De acuerdo con nuestra teoría general, debemos ir más lejos de los modelos gramaticales, hacia los órdenes morales y materiales que son característicos de una forma de vida, para hallar los orígenes de la teoría en la que los seres humanos organizan un discurso «con un centro» para haceratribuciones a nuestro «sí-mismo». Es posible que la teoría y el discurso tengan el mismo origen. Un posible aspirante para este origen podría ser el desarrollo del concepto de la responsabilidad individual y la agencia moral. Dentro del mundo judeocristianovivimos conlaideade que siemprees posible escogerunaalternativa uotra.Peroesenlosórdenesmoralesdondelaideadequealguienpuedeobrar de forma diferente a la que él o ella han escogido en realidad, en el sentido de que es posible escoger otra alternativa, no juega un papel importante. Por ejemplo, en el sistema de moralidad de Sócrates el problema central no 46
Rom Harré es escoger entre dos o más alternativas, sino saber cuál es la mejor. El ser humano siempre escoge lo que considera mejor. Como la psicología moral de la Grecia antigua, la del Islam considera que los errores morales más graves no son la elección de la peor vía, sino que radican en la akrasia, es decir, en la voluntad débil, falta de resolución, etc. Alá ha escrito el curso de la vida del hombre —la única cuestión moral es si se tendrá la fuerza de voluntad para seguirlo—; en contraste con las mujeres de las comedias y otras piezas de Shakespeare, recuérdese Lady Macbeth, por ejemplo. Para los hijos del profeta, solamente se espera obediencia. Si pensamos que nuestras vidas morales, cualquiera que sea la realidad psicológica, están basadas sobre el poder de escoger una alternativa frente a inclinaciones equivalentes, no es sorprendente que el hecho de que hagamos cosas se explicara por el concepto de un «sí-mismo» dentro de nuestro vocabulario, para crear un lugar para esta hazaña milagrosa. Pero no existe un sí-mismo interior, tan sólo existen las sombras de los modelos gramaticales que imponen las formas del lenguaje mediante las que se controlan los órdenes morales ordinarios. 3.2. La unidad de las unidades El problema central de la psicología del sí-mismo es creado por la necesidad de analizar y dar cuenta de las unidades de las mentes individuales y, por tanto, del ser personal. Este problema es un tormento porque existe un hilo natural y un hilo cultural dentro del tipo de individuo que encontramos plasmado en los seres humanos modernos. Existe la unidad sugerida por la encarnación, es decir, por nuestra experienciaentantoquecentrosdelasesferasespacio-temporalesdelapercepción y la acción. Esta es la unidad del ser personal. La «persona» como individuo público no es diferente del «sí-mismo». El punto de vista según el cual la indexicalidad de los pronombres y otros operadores lingüísticos o en primera persona vinculan las declaraciones, es un punto de vista creado por referencia a nuestra encarnación en un mundo espacio-temporal de cosas. Pero también existe la unidad de predicación. Lo que critico en este texto esqueparaentender la unidad delserpersonaldelaspersonas de nuestrotipo debamos escoger un par de conceptos diferentes, llamados «persona» y «símismo». Estos conceptos son diferentes por su gramática, en el sentido más 47
Las intenciones colectivas y las acciones colectivas manera de ayudar a la humanidad consiste en perseguir su propio interés egoísta, y cada uno formula una intención individual a este efecto, es decir, cada uno tiene una intención que podría formularse así: «Yo pretendo cumplir la parte que me corresponde para ayudar a la humanidad persiguiendo mi propio interés egoísta, y no cooperando con nadie». Supongamos también que los miembros del grupo comparten las creencias mutuas de que cada miembro del grupo tiene la intención de hacer lo mismo y que actuará muy probablemente de acuerdo con esa intención. Cabe suponer, por lo tanto, que cada uno de ellos ha sido tan bien aleccionado por la escuela empresarial que está convencido de que lo mejor para ayudar a la humanidad consiste en luchar egoístamente por los propios intereses. Considérese ahora cualquier miembro A de la escuela empresarial: 1. Atienelaintencióndeperseguirsuspropiosinteresesegoístassinhacer referencia a nadie más, y pretende con esto cumplir su cometido en la ayuda a la humanidad. 2. A cree que existen efectivamente las pre-condiciones para alcanzar el éxito. En particular, A cree que sus compañeros de curso harán lo mismo, ayudando de esta forma a la humanidad. 3. Como A es conocedor de que sus compañeros de curso han sido educados en la misma ideología egoísta que él mismo, está convencido de que existe una creencia compartida entre los miembros de su grupo, según la cual cada uno de ellos perseguiría sus propios intereses egoístas, contribuyendo con ello a ayudar a la humanidad. Por consiguiente A satisface las condiciones establecidas por Tuomela y Miller, pero, sin embargo, no se puede decir que tenga una intención colectiva. No existe un «nosotros pretendemos». Se puede decir incluso que tanto él como sus compañeros aceptan una ideología según la cual no debe haber una intención colectiva. Este caso debe diferenciarse del caso en que todos los empresarios juntos, en el día de su graduación, se comprometen en un pacto con arreglo al que ayudarán a la humanidad mediante la persecución individual de sus propios intereses egoístas. Este segundo caso es un ejemplo de intencionalidad colectiva; el primero, no lo es. Los fines cooperativos colectivos pueden ser perseguidosmediantemediosindividualistas,comolodemuestraelsiguiente ejemplo: 54
John Searle Supóngase que uno de los miembros de un equipo de béisbol pierde su cartera durante el juego. Imagínese que llegan a la conclusión de que las posibilidades de encontrarla son mayores si actúan por separado, y cada uno de ellos busca la cartera a su modo, ignorando a los demás. Así, establecen de manera coordinada y cooperativa una forma de encontrar la cartera, que implica una absoluta falta de coordinación y cooperación. A diferencia del ejemplo inicial, estos son auténticos casos de conducta colectiva. ¿Sería posible neutralizar estos contra-ejemplos elaborando la noción de «cumplir su parte», de tal forma que los bloquease? No lo creo. Existe la tentación de elaborar «cumplir su parte» de forma que implique: «cumplir su parte para alcanzar un objetivo COLECTIVO». Pero si cedemos a esta tentación incluimos la noción de intención colectiva en la noción de cumplir su parte, con lo cual nos encontramos ante un dilema: si incluimos la noción de intención colectiva en la noción de «cumplir su parte», nuestro análisis falla porque es circular; en efecto, estaremos definiendo la intencionalidad colectiva en términos de intencionalidad colectiva. Si no procedemos a dicha inclusión, entonces nuestro análisis falla por inadecuación, ya que la única forma de que podamos presentar contraejemplos del tipo que he diseñado anteriormente consiste precisamente en integrar la noción de intención colectiva en la noción de «cumplir su parte». La razón por la cual las intenciones colectivas no pueden ser reducidas a intenciones individuales, incluso si éstas se complementan con creencias y con creencias sobre creencias mutuas, puede ser formulada en términos bastante generales. La noción de intencionalidad colectiva implica la noción de COOPERACIÓN. Sin embargo, la simple existencia de intenciones individuales orientadas a conseguir un objetivo que se supone compartido por los otros miembros del grupo no implica la existencia de una intención de cooperar para alcanzar dicha meta. Es posible tener un objetivosabiendoque otrostienen elmismo,y esposiblequeexistancreencias compartidas acerca de la comunidad de objetivos, sin que se establezca por ello una cooperación entre los miembros del grupo ni ninguna intención de cooperar. No he demostrado hasta aquí que ningún análisis semejante pueda tener éxito alguna vez. No estoy tratando de probar un universal negativo. Pero el hecho de que los intentos de ofrecer un análisis reductivo de la intencionalidad colectiva fallen por razones similares —a saber, por una parte éstos no proporcionan las condiciones suficientes para la cooperación, y por otra parte, se pueden satisfacer las condiciones del análisis sin que ello implique 55
Las intenciones colectivas y las acciones colectivas una intencionalidad colectiva— sugiere que nuestra intuición es cierta: la intencionalidad colectiva es un fenómeno básico o irreducible. No obstante, mi pretensión de que existe una forma de intencionalidad colectiva que no es el producto de cierta misteriosa mentalidad de grupo y que, al mismo tiempo, no es reducible a las intenciones individuales, plantea por sí misma muchos problemas; ahora debemos resolver algunos de ellos. El problema más difícil que podemos formular es: ¿Cuál es exactamente la estructura de la intencionalidad colectiva? No estaremos en situación de responderaesacuestiónhastaquenorespondamosa una preguntapreviaacerca de cómo podemos reconciliar la existencia de la intencionalidad colectiva con el hecho de que la sociedad esté compuesta por entero de seres individuales y de que ningún hecho relativo a los contenidos mentales del individuo garantice la existencia de ningún otro individuo. Creo que son hechos como éstos los que han llevado a la gente creer que debe haber una reducción de «nuestras-intenciones» a «mis-intenciones». Todo lo que digamos acerca de la intencionalidad colectiva debe reunir las siguientes condiciones de adecuación: 1. Debe ser consecuente con el hecho de que la sociedad se compone nada más que de individuos. Desde el momento en que la sociedad está compuesta por entero de individuos, no puede existir una mentalidad de grupo o una conciencia de grupo. Toda conciencia está en mentes individuales, en cerebros individuales. 2. Debe ser consecuente con el hecho de que la estructura de cualquier intencionalidad individual tiene que ser independiente del hecho de si se está actuando bien o no, de si se está equivocado radicalmente o no sobre lo que en realidad ocurre. Y esta constricción se aplica a la intencionalidad tanto colectiva como individual. Una manera de formular esta constricción consiste en decir que el planteamiento debe ser consecuente con el hecho de que toda intencionalidad, sea colectiva o individual, podría radicar en un cerebro aislado en una cuba, o en una serie de cerebros metidos en cubas. 56
John Searle Estas dos constricciones 1 equivalen a la necesidad de que cualquier formulación que presentemos sobre la intencionalidad colectiva, y por tanto sobre la conducta colectiva, debe ser coherente con nuestra ontología y con nuestra concepción del mundo, es decir, con una ontología y una concepción del mundo según las cuales es en los seres humanos individuales donde radica toda intencionalidad, tanto individual como colectiva. Tesis 3. La tesis según la cual la intencionalidad colectiva es una forma básica de la intencionalidad, irreducible a las intenciones individuales más las creencias, es plenamente coherente con esas dos constricciones. En realidad pienso que es bastante fácil satisfacer esas constricciones. Basta con admitir que existen intenciones que presentan la forma siguiente: Tenemos la intención de realizar el acto A, y tal intención puede existir en la mente de cada agente individual que actúa como parte de un colectivo. En casos como los de un equipo de fútbol cada individuo tendrá además otros contenidosintencionales, que, en castellano corriente pueden expresarse bajo la forma: «Estoy ejecutando el acto B como parte de que estemos ejecutando el acto A». Por ejemplo, «estoy bloqueando la línea defensiva como parte de la jugada que estamos realizando». Basta con observar que toda la intencionalidad que se precisa para una conducta colectiva puede radicar en agentes individuales aunque esa intencionalidad haga referencia al colectivo. En los casos anteriormente descritos, si empujo como parte de nuestra acción de empujar, o si bloqueo la línea de defensa como parte de nuestra ejecución de una jugada, la intencionalidad, tanto plural como singular, está en mi cabeza. Por supuesto, la estoy considerando en aquellos casos en que mi intencionalidad colectiva es de hecho compartida; la considero en aquellos casos en que no estoy actuando simplemente solo. Pero yo podría poseer toda la intencionalidad en cuestión incluso si estoy del todo equivocado, incluso si la aparente presencia y cooperación de otras personas es una ilusión, incluso si estoy sufriendo una completa alucinación, incluso si soy un cerebro aislado enunacuba.Laintencionalidadcolectiva,en micabeza,puedecomportaruna 1 Los lectores reconocerán que estas dos constricciones están próximas al individualismo metodológico y al solipsismo metodológico, como se han interpretado tradicionalmente. En lo posible, quiero evitar hundirme en el cenagal de las disputas tradicionales, de modo que estoy tratando de presentar una versión de estas constricciones a través de la que puedan ser interpretadas tan sólo como requisitos de sentido común, preteóricos. 57
Las intenciones colectivas y las acciones colectivas presunta referencia a otros miembros de un colectivo, independientemente de la cuestión de si existen o no tales miembros. Puesto que esta afirmación es coherente con la imagen del cerebro dentro de la cuba, es a fortiori coherente con todas nuestras constricciones. Es coherente con la constricción 2, porque la imagen del cerebro dentro de la cuba constituyelaformamásextremadeafirmarla;escoherenteconlaconstricción 1,porquenoestamosobligadosasuponer quehayaningúnotroelementoenla sociedad que no sean individuos. Nuestra suposición es totalmente coherente con el hecho de que la sociedad se componga por entero de individuos. Es coherente con el hecho de que no existe nada semejante a una mentalidad de grupo o una consciencia de grupo, porque lo único que debemos postular es que los estados mentales pueden hacer referencia a colectivos aun cuando la referencia a los colectivos se encuentra fuera del paréntesis que especifica el contenido proposicional del estado intencional. El pensamiento en la mente del agente es simplemente de la forma: «estamos haciendo tal o cual cosa». Puede que uno de los aspectos que molestan en este análisis es que permite un tipo de error que no representa un simple fracaso para realizar las condiciones de satisfacción de un estado intencional, y que tampoco constituye un simple fracaso del Sustrato. En efecto, permite considerar el hecho de que yo puedo estar equivocado al suponer que el «nosotros», en el «nosotros pretendemos», se refiere en realidad a un «nosotros», es decir, toma en consideración que mi presuposición de que mi intencionalidad es colectiva puede estar equivocada en términos que van más allá del hecho de que tenga una creencia equivocada. En efecto, tengo una creencia equivocada si pienso participar de una intencionalidad colectiva que no es en realidad compartida, pero, en el análisis propuesto, algo más estaba equivocado. Se viola una presunción cartesiana muy profunda que todos nos sentimos inclinados a aceptar. La presunción es que si estoy equivocado sólo puedo estarlo porque una de mis creencias sea falsa. Pero en mi planteamiento, resulta que no sólo estoy equivocado en cuanto a cómo es el mundo, sino que también estoy equivocado respecto a lo que estoy realmente haciendo de verdad. Si sufro una alucinación al suponer que alguien más me está ayudando a empujar el coche, es decir, al suponer que estoy empujando como parte de nuestra acción de empujar, entonces estoy equivocado no sólo en mi creencia de que también hay alguien más empujando allí, sino que estoy equivocado también acerca de lo que en realidad estoy haciendo. Creía que estaba empujando el 58
John Searle coche como parte de nuestra acción de empujar, pero eso no era en realidad lo que estaba haciendo. 2. La notación Ahoravuelvoa la notación. ¿Cuál es exactamentelaestructuraformalde la intencionalidad colectiva? Para consignar la estructura de los casos colectivos necesitamos recordar la estructura de la intencionalidad en las acciones individuales. La acción de, por ejemplo, alzar un brazo, tiene dos componentes: un componente «mental» y un componente «físico». El componente mental representa y, a la vez, origina el componente físico, y dado que la causalidad se presenta bajo la forma de la causalidad intencional, el componente mental causa el físico por medio de su representación. En lenguaje ordinario, podemos decir: cuando tengo éxito en la realización de un propósito, mi intento de hacer algo ha causado un efecto de cierto tipo, porque eso es lo que yo trataba de conseguir. En la notación que he encontrado útil y perspicua, podemos representar estos hechos, cuando la acción es la de alzar un brazo, de la manera siguiente: i. a. (esta i. a. causa: que se alce mi brazo) CAUSA: MI BRAZO SE ALZA Las expresiones en minúscula representan el componente mental. El tipo de estado intencional está especificado fuera del paréntesis; en este caso, «i. a.» significa «la intención-en-acción»; y las expresiones dentro del paréntesis representan las condiciones de satisfacción, lo que debe cumplirse si este estado es satisfecho. Cuando las intenciones están implicadas, estas condiciones son causalmente autorreferenciales, es decir, constituyen parte de las condiciones de satisfacción que el estado deba causar, él mismo, un suceso del tipo representado en el resto de las condiciones de satisfacción. Las expresiones en mayúsculas, a la derecha, representan sucesos físicos que se dan realmente en el mundo. Si la i. a. tiene éxito, entonces la acción estará formada por dos componentes, un componente «mental» y otro «físico», y la condición de satisfacción del componente mental es que deberá dar lugar a un suceso físico de cierto tipo. Puesto que estamos suponiendo que tienen éxito, la notación anterior representa el hecho de que la i.a. causa, en efecto, 59
Las intenciones colectivas y las acciones colectivas un suceso de ese tipo. Todos estos hechos quedan resumidos en la abreviatura anterior. Quiero que la notación resulte absolutamente clara, de forma que transcribiré lo dicho en lenguaje ordinario, tratando el conjunto de la expresión como si fuera un enunciado en lugar de un diagrama de la estructura de una intención: Hay una intención-en-acción que tiene como sus condiciones de satisfacción que esa misma intención en acción cause que sea el caso que mi brazo se alce; y todo ese material mental causa, en realidad, en el mundo físico, que sea el caso que mi brazo se alce. Ahora recordemos cómo funciona esto para un caso ligeramente más complejo en el que se incluye una relación de «mediación». Supóngase que un hombre dispara una pistola por el procedimiento de apretar el gatillo. Tiene una intención-en-acción cuyo contenido es que esa misma intenciónen-acción debe causar la presión sobre el gatillo, lo que a su vez dará lugar al disparo de la pistola. Si se satisface la intención, todo el complejo suceso será así: i.a. (esta i. a. causa: presión sobre el gatillo, causa: disparo de la pistola) CAUSA: PRESION SOBRE EL GATILLO, CAUSA: DISPARO DE LA PISTOLA Una vez más, las expresiones en minúscula representan los contenidos mentales, y las expresiones en mayúscula representan lo que ocurre en el mundo real. Puesto que asumimos que los contenidos de la mente quedan satisfechos, podemos prescindir simplemente de la referencia al mundo real en las formulaciones subsiguientes. Si son satisfechos, los contenidos mentales pueden ser leídos de manera directa en el mundo. Previamente, habíamos introducido los dos puntos, que se leen (con las modificaciones apropiadas) «que sea el caso que...» y que nos permiten convertir la frase u otras expresiones que siguen en términos en singular. Aquí introducimos la coma, que se lee «lo cual...», y convierte las expresiones subsiguientes en una cláusula relativa. Lo que se halla dentro del paréntesis, en este ejemplo, debe leerse en lenguaje ordinario: 60
John Searle Esta intención en acción causa que sea el caso que el gatillo se vea presionado, lo cual causa que sea el caso que la pistola dispare. Ahora, trataremos de aplicar todo esto al estudio de la conducta colectiva. Pero para ello es preciso introducir otro caso. Supóngase que Juan y Pedro están ocupados en una conducta cooperativa. Supóngase que están preparando una salsa holandesa: Juan remueve mientras Pedro vierte lentamente los ingredientes. Tienen que coordinar el esfuerzo porque si Juan deja de remover o Pedro deja de verter, la salsa quedará malograda. Cada uno posee una forma de intencionalidad colectiva que podría expresar como «Estamos preparando la salsa holandesa». Esta es una intención-en-acción colectiva, que presenta la forma: i. a. (esta i. a. causa: la salsa está preparada) El problema, ahora, es: ¿cómo esta intención colectiva causa algo? Después de todo, no hay otros agentes sino seres humanos individuales y, en cierto modo, la causalidad intencional tiene que funcionar a través de ellos y sólo a través de ellos. Creo que una de las claves para entender la intencionalidad colectiva consiste en advertir que, por regla general, las relaciones de «mediación» para conseguir el fin colectivo tienen que terminar en acciones individuales. Así, podríamos preguntar a los cocineros «¿Cómo preparáis la cena?». Bien, ellos podrían responder «Primero haciendo la salsa; después, cocinando la carne». Pero en algún momento, alguien ha de estar en situación de decir, por ejemplo, «Estoy removiendo». En casos como éste, el componente individual de las acciones colectivas desempeña el rol de «medio para conseguir los fines». La acción de remover de Juan es el medio para hacer la salsa, del mismo modo que apretar el gatillo es el medio para disparar la pistola. Juan tiene un contenido intencional que podríamos expresar en lenguaje ordinario como: Estamos haciendo una salsa mediante mi acción de remover. Y Pedro posee el siguiente contenido intencional: Estamos haciendo la salsa mediante mi acción de verter los ingredientes. 61
Las intenciones colectivas y las acciones colectivas Desde el punto de vista de cada agente, no hay dos acciones con dos intenciones que él esté realizando. Al contrario, así como en el caso de la pistola sólo hay una intención y una acción —disparar la pistola mediante la presión sobre el gatillo —, en el caso colectivo, cada agente posee sólo una intención, que representa su contribución a la acción colectiva única. Juan: i. a. (esta i. a. causa: los ingredientes se remueven). Pedro: i. a. (esta i. a. causa: los ingredientes se vierten). Pero aún no hemos resuelto nuestro problema. En el caso de la acción individual, hay una única intención que abarca las relaciones de mediación. Yo pretendo disparar la pistola mediante la presión que ejerzo sobre el gatillo. Una intención, una acción. La relación entre la intención que constituye un medio y la intención completa es sencillamente la relación de la parte con el todo: la intención completa abarca tanto los medios como los fines, y lo hace representando la relación de mediación a través de la cual se alcanza el objetivo mediante un medio. Pero, ¿qué ocurre exactamente cuando los medios son individuales y el objetivo es colectivo? La respuesta a esta pregunta no es en absoluto obvia. Probemos algunas posibilidades: es tentador pensar que tales intenciones podrían contener una intencionalidad colectiva constitutiva, que podría existir simplemente una clase especial de intenciones colectivas, y que eso es todo lo que se necesita. En este caso, desde el punto de vista de Juan, la intencionalidad es: i.a. colectiva (esta i.a. colectiva causa: los ingredientes se mezclan, causa: la salsa está preparada) Pero esta solución «colectivista» o «socialista» no puede ser acertada porque prescinde del hecho de que Juan está haciendo una contribución individual para un fin colectivo. Si yo soy Juan, este planteamiento encierra en un misterio la forma en que la intencionalidad colectiva puede mover mi cuerpo. Seguramente, uno se siente como si dijera «Yo, personalmente, he de intentar hacer algo si es que la salsa va a quedar preparada alguna vez». Perodesde el puntode vista opuesto, según el cual todo es intencionalidad individual, una solución «capitalista» o «individualista» no resulta mucho mejor. 62
John Searle i.a. individual (esta i.a. individual causa: los ingredientes se mezclan, causa: la salsa está preparada) Esto es insatisfactorio porque es consecuente con que no haya en absoluto intencionalidad colectiva. Yo podría remover sabiendo que tú estás haciendo algo que, junto con mi acción de remover, producirá el resultado deseado sin ninguna intencionalidad colectiva. En definitiva, esta formulación es consecuente con la afirmación de que no existe algo como la intencionalidad colectiva, sino sólo una acumulación de intencionalidades individuales; y ya hemos rechazado este punto de vista. Bien, supóngase que tratamos de aprehender los componentes individual y colectivo del siguiente modo, supóngase que tratamos la intención colectiva como causante de la intención singular: ¡.a. colectiva (esta i.a. colectiva causa: i.a. singular, causa: los ingredientes se mezclan, causa: la salsa está preparada) El aspecto de este análisis que me hace creer que debe ser falso es el hecho de que una i. a. separada se encuentre en el ámbito de la i.a. colectiva. Esto implicaría que la intención colectiva no queda satisfecha, a menos que cause en mí una i.a. singular. Y ello no puede ser cierto, porque mi intención colectiva no tiene por objeto que sea el caso que yo tenga una intención singular, sino conseguir cierto objetivo colectivo para el cual mi intención singular funciona como medio para un fin. Un indicio de que este análisis debe ser erróneo lo proporciona el hecho de que es bastante diferente del caso de la acción singular ordinaria, donde mi intención de disparar la pistola apretando el gatillo consiste en tan sólo una única intención compleja, no en dos intenciones en las que una causa la otra como parte de sus condiciones de satisfacción. Por supuesto, en los casos singulares una intención puede provocar que tenga una intención subsidiaria por razonamiento práctico. Pero incluso en esos casos no ha de provocar necesariamente la intención subsidiaria a fin de ser satisfecha. En el caso singular sólo existe una intención: disparar la pistola apretando el gatillo; entonces, ¿por qué habrían de existir dos intenciones en la cabeza de cada agente cuando se trata de un caso colectivo? Bien, empecemos de nuevo. Preguntémonos intuitivamente qué está ocurriendo. De modo intuitivo, estamos haciendo intencionalmente la salsa 63
La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico ción humeana de la ley; y el ANTINATURALISMO HERMENÉUTICO, para el cual el método apropiado a los estudios humanos es total o parcialmente hermenéutico en su naturaleza, en virtud del carácter lingüístico, conceptual, preinterpretado y dotado de significación de su objeto de estudio. Ambas tradiciones comparten una visión positivista de la ciencia natural. Por mi parte voy a sostener que si rechazamos la perspectiva positivista y la sustituimos por otra más adecuada, de tipo realista, entonces el camino queda abierto para una tercera posición en la filosofía de las ciencias humanas, posición que denominaré NATURALISMO CRÍTICO, según la cual las ciencias están unificadas en sus métodos, pero sólo en el supuesto de que estos métodos estén enraizados en la especificidad de sus objetivos de estudio. Al reflexionar sobre el problema del naturalismo, es necesario evitar los dos PETITIO PRINCIPII de la aplicación externa de una filosofía de la ciencia natural (metodologismo) y la descripción ingenua de la actual práctica científica de la ciencia social (empirismo metateórico). Por el contrario, lo que es preciso es el desarrollo independiente de una explicación adecuada de la ciencia natural (y aquí habría de tenerse en cuenta una multiplicidad de paradigmas, y no sólo la física y la química clásicas) (Véase T. Benton, 1981; yBhaskar, 1986, cap. 2, Parte 3.) acompañado, o seguido, del desarrollo de una explicación, también independiente, de los objetos del estudio social y psicológico. Estaremos entonces en posición de ver en qué medida estas explicaciones coinciden con las explicaciones ya existentes de la actividad científica. Veremos que esta coincidencia se da, pero que también existen importantes diferencias (ontológicas, epistemológicas, relacionales y críticas) entre las ciencias sociales y las naturales, y además que son precisamente estas diferencias las que hacen posible una ciencia social (y psicológica). Nuestro argumento descansa por lo tanto sobre cierta concepción de la filosofía, y da cuenta de la naturaleza de la ciencia, de la sociedad y de la agencia humana. En caso de ser correcto, legitimará las refutaciones del positivismo y de la hermenéutica y permitirá la diagnosis del error cometido por ambos y que se debe a su identificación con una ontología fundamentalmente empirista (Véase Bhaskar, 1979, pp. 2-3 y cap. 4, Partes 3-5). Me limitaré aquí a enunciar los componentes de lo que considero una concepción y práctica adecuadas de la filosofía (Bhaskar, 1986, cap. 1, sec. 3). La filosofía será KANTIANA por cuanto que su método será eminentemente el de la argumentación trascendental. Pero, sin embargo, sus premisas serán relativas e históricas, y sus conclusiones no serán necesariamente idealistas y antropocéntricas 70
Roy Bhaskar (referentes a nosotros). Además, el análisis trascendental de los supuestos de las actividades prácticas no estará unido a la dilucidación de las formas que presentan las estructuras conceptuales. La filosofía será HEGELIANA por cuanto constituye una crítica inmanente, eludiendo así el problema de la arbitrariedad de sus puntos de partida y transmitiendo a la filosofía algo del carácter de una fenomenología dialéctica (materialista). Pero la filosofía será MARXISTA también en cuanto que critica la ilusión especulativa hegeliana (o sublimación de la vida social en filosofía), penetrando en el autodesarrollo partenogenético del concepto al situar el discurso filosófico como una práctica más entre otras prácticas sociales, y la crítica inmanente como un simple momento de un conjunto práctico, es decir, como heterónimo. Por último, la filosofía será también BACONIANA-BACHELARDIANA en cuanto que reconocerá la irreductibilidad en el seno de su propio discurso de los puntos de vista axiológicos y de compromisos normativos, tales como el compromiso con la ciencia o con el bienestar humano. Junto con estos cuatro componentes de la filosofía, podemos sumar dos funciones —una función LOCKEANA, en la que la filosofía actúa como ayudante (y comadrona ocasional) de la ciencia y otras prácticas sociales potencialmente emancipatorias, y una función LEIBNIZIANA, en la que la filosofía hace de analista y crítico potencial de los sistemas conceptuales y las formas de la vida social que albergan tales sistemas. Denomino como «realismo trascendental» (Véase Bhaskar, 1975), a la formulación de la ciencia que permite reconsiderar el problema del naturalismo. Presenta tres aspectos relevantes en relación a nuestro problema: 1) la crítica de la ontología empirista que es común tanto al empirismo clásico como al idealismo trascendental en el ámbito de la ontología o de lo que llamo la «dimensión intransitiva» (de las visiones de la ciencia); 2) la explicación de una descripción inteligible del desarrollo científico en el ámbito de la epistemología o de la «dimensión transitiva», y 3) el análisis de los supuestos sociales y metafísicos de los enfoques ortodoxos de la ciencia en el ámbito de la teoría crítica o en la «dimensión metacrítica» (Bhaskar, 1986, p. 25). La refutación de la ontología empirista del realismo empírico descansa esencialmente sobre dos argumentos trascendentales, uno basado en la actividad aplicada y el otro en la actividad experimental de las ciencias naturales. En un experimento somos causalmente corresponsables de un conjunto de sucesos, pero no como condición de inteligibilidad de esta actividad, de la ley a la que nos da acceso nuestra actividad. Nosotros no producimos las leyes 71
La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico de la naturaleza, sino sus fundamentos empíricos. Igualmente, la reflexión en torno a la aplicación de nuestro conocimiento nos muestra que podemos aplicar el conocimiento NÓMICO o legaliforme de forma TRANSFACTUAL en sistemas ABIERTOS, fuera de las condiciones infrecuentes y normalmente obtenidas artificialmente, donde sólo se obtienen conjunciones constantes. Ambas consideraciones indican que los objetos del conocimiento científico no son sucesos o estados-de-cosas y sus conjunciones constantes, sino las ESTRUCTURAS y mecanismos generativos que los producen. Las leyes causales deben analizarse ahora, en oposición a Hume, como tendencias de aquellas estructuras, tendencias que pueden poseerse aunque no se manifiesten o se ejerciten, de la misma forma que pueden ejercitarse sin que tengamos conciencia de ello. El mundo aparece ahora como algo estructurado y diferenciado, y se impone establecer una distinción ontológica categorial entre los ámbitos de lo real, de lo concretizado y de lo empírico. Así encontramos una base racional para el concepto de necesidad natural en la actividad de los mecanismos naturales irreductibles a sus resultados particulares y específicos (que, además, estarán generalmente codeterminados por la actividad de otros mecanismos), y los criterios deductivistas habituales sobre las leyes y las explicaciones no parecen ya más necesarios que suficientes (Cf. Bhaskar, 1975, Caps. 1-3). Pasando a la dimensión transitiva o epistemológica, el realismo trascendental mantiene una visión racional del desarrollo científico, en el que el empirismo clásico, el realismo y el idealismo trascendental corresponden a distintas fases de la actividad científica: el registro de las regularidades, la formación de modelos explicativos y la identificación empírica y empleo transfactual de los mecanismos generativos, postulados inicialmente como hipotéticos pero posteriormente reconocidos como reales, que los producen (Véase Bhaskar, 1975, pp. 145-146). Desde la dialéctica del conocimiento explicativo y taxonómico que estamos dibujando, la ciencia progresa recorriendo sucesivos niveles de conocimiento de la necesidad natural, niveles que son de tipo humeano, kantiano, lockeano y leibniziano sucesivamente (Véase Bhaskar, 1975 pp. 171-174; Cf. también Harré y Madden, 1975, pp. 125-126). Puede criticarse el empirismo observando de qué manera el conocimiento en el nivel de Locke, el de las esencias reales, es posible. Pero también puede hacerse una crítica complementaria al racionalismo reconociendo que este conocimiento se obtiene A POSTERIORI, en el proceso transitivo, empírico e históricamente irreductiblede la ciencia. Segúnelenfoquerealistatrascendentalde la ciencia, 72
Roy Bhaskar por tanto, su esencia radica en el MOVIMIENTO en cualquier nivel, desde el conocimiento de los fenómenos manifiestos hasta el conocimiento de las estructuras que los generan. La pregunta del naturalismo puede reformularse de la manera siguiente: ¿En qué medida es posible suponer que puede hacerse un movimiento análogo en el campo de las ciencia humanas? Más concretamente, hemos de preguntarnos qué propiedades poseen las sociedades y las personas que pueden convertirlas en posible objeto de tal proceso de conocimiento estratificado y dinámico. Por último, en la dimensión metacrítica, el realismo trascendental aísla la «falacia epistemológica», en la que los enunciados sobre la existencia se sostienencomoreductiblesalosenunciadossobrenuestroconocimientode la existencia, lo que refleja un predominante antropocentrismo en la metafísica, un individualismo sociológico en la epistemología y un realismo empírico en la ontología que forman una red de errores relacionados entre sí. Por tanto, al caer en la reificación de los hechos y en el fetichismo de sus conjunciones, que son aspectos intrínsecos de la teoría humeana de la ley, se descuida el carácter de la actividad, o praxis científica como trabajo, o «poiesis» en la transformación científica de los mundos material y cognoscitivo donde se desenvuelve (Cf. Bhaskar, 1986, Cap. 3). ¿Qué propiedades tienen las sociedades que hagan de ellas un posible objeto de conocimiento para nosotros? Un argumento trascendental procedente de la agencia intencional establece la autonomía del ámbito social y su carácter SUI GENERIS (Véase Bhaskar, 1979, Cap. 2, Partes. 3-4), La sociedad aparece simultáneamente como condición necesaria para la acción intencional y como pre-existente a esta acción, pero existe y persiste solamente «en virtud de» la agencia intencional, es decir, que está reproducida y más o menos transformada por nuestra agencia intencional o trabajo de transformación sustantiva. La sociedad es una condición no motivada para nuestros productos motivados, la condición reconstruida continuamente de nuestros actos. Este es el MODELO TRANSFORMATIVO DE LA ACTIVIDAD SOCIAL, representado en los diagramas 1-3, de la Figura 1 (Bhaskar, 1986, p. 126). La sociedad es al mismo tiempo la condición y el resultado de la agencia humana, esto es, la dualidad de la estructura (Cf. Giddens, 1976, p. 121). Los agentes producen y reproducen las condiciones de la producción, esto es, la dualidad de la praxis. La sociedad y los agentes son existencialmente inter73
La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico socialización reproducción / transformación posibilitación / constricción estructura social sociedad individuos reproducción / transformación reproducción / transformación agencia humana condición producto 1 Diagrama 1 Diagrama 2 2 34 11 reproducción Diagrama 3 1, 11= consecuencias intencionales 2 = condiciones no reconocidas (propiedades de la prácticas) 3 = motivación inconsciente 4 = capacidades tácitas (propiedades de los agentes) Figura 1: Modelo transformativo de la actividad social dependientes pero ontológicamente irreductibles y esencialmente distintos. En el flujo concreto de la praxis, tan sólo se puede establecer una distinción metodológicaentre las CIENCIAS SOCIALES, que ignoranla agencia humana para centrarse en la estructura de los resultados reproducidos, y las CIENCIAS SOCIOPSICOLÓGICAS, que ignoran los resultados reproducidos para centrarse en la movilización de los recursos realizada por los agentes en su interacción mutua y con la naturaleza. Volvamos ahora a revisar algunas de las consecuencias de este modelo. Como se indica en el diagrama 3, las consecuencias no intencionadas (1) y la condición no reconocida (2) pueden limitar la comprensión del mundo social por parte de los actores, mientras que su posesión de motivaciones no 74
Roy Bhaskar reconocidas o inconscientes (3) y de capacidades tácitas (4) pueden limitar su comprensión de sí mismos. En correspondencia con cada uno de estos límites cognoscitivos, el conocimiento social promete un beneficio emancipatorio diferenciado (Cf. Bhaskar, 1986, pp. 126-127). En este modelo, al contrario que en la perspectiva hermenéutica, la visión de los actores es corregible aunque esté limitada por la existencia de esos cuatro tipos de incógnitas potenciales. No obstante, y en oposición al punto de vista positivista, constituyen el punto de partida indispensable de la investigación social. En segundo lugar, es preciso observar el carácter recursivo y no teleológico del modelo: el hecho de que la sociedad es un PRODUCTO social (o más exactamente, un re-producto o producto transformado), es el que posibilita la existencia de la ciencia SOCIAL; pero es el hecho de que la sociedad esté ESTRATIFICADA el que hace posible unaCIENCIAsocial. Entercer lugar, elmodelodeja entrever lasinsuficiencias de las tendencias tradicionales de la teoría social, es decir, por una parte el funcionalismo estructural y la tradición durkheimiana que desembocan en la reificación y el colectivismo, y, por otra parte, la sociología de la acción y la tradición weberiana, que desembocan en los errores simétricos del voluntarismo y el individualismo. En última instancia, al desarrollar las propiedades del modelo, el hecho de que las estructuras sociales sean dependientes de las actividades, de los conceptos y de las propiedades espacio-temporales aparece inmediatamente como una característica emergente de las formas sociales. Las estructuras sociales solamente existen en función de las actividades que gobiernan, hacen posibles o limitan. La actividad es intencional sólo en la medida en que está informada por las creencias del agente. De aquí que las actividadessociales, yporconsiguientetambién las estructuras,debandepender de las ideas o conceptos. Por último, las estructuras sociales, siendo ellas mismas producto de la actividad social, se hallan sujetas a la transformación social (y no sólo reproducción) a través del espacio y del tiempo, y por tanto pueden ser sólo relativamente duraderas (restringidas geohistóricamente en su perspectiva). Otras características plausibles de las formas sociales, como la complejidad interna y la interdependencia (incluida la calidad «holística» de la sociedad) no pueden descifrarse a priori a partir de nuestro modelo y deben determinarse empíricamente. Los límites del naturalismo en la ciencia social pueden dividirse básicamente en cuatro categorías: ontológica, epistemológica, relacional y crítica. Los LÍMITES ONTOLÓGICOS son las características emergentes que aca75
La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico bamos de mencionar, es decir, el hecho de que las estructuras sociales sean dependientes de las actividades, los conceptos y las propiedades espaciotemporales. El límite EPISTEMOLÓGICO más importante es que los fenómenos sociales sólo se pueden producir en sistemas abiertos, es decir, en sistemas donde no existen regularidades empíricas invariables. Esto implica que las ciencias sociales carecen, por principio, de la posibilidad de recurrir a confrontaciones empíricas decisivas para validar sus teorías, y que los criterios para la confirmación, falsificación y creación de teorías sociales no pueden ser predictivos y por tanto han de ser EXCLUSIVAMENTE EXPLICATIVOS. El hecho de que la sociedad sea necesariamente imperceptible, de maneraque hemos de emplear uncriterio causalde la realidad paraestablecer su existencia, no la diferencia de otros muchos objetos de investigación natural que, al igual que los campos magnéticos, sólo pueden ser identificados a través de sus efectos. La principal diferencia RELACIONAL es que las ciencias sociales forman parte de su propio campo de estudio, y son susceptibles en principio de ser explicadas en términos de los conceptos y de las leyes de las teorías explicativas que utilizan, de forma que son internas a su objeto de estudio de una manera que las diferencia de las ciencias naturales. Sin embargo, la INTERDEPENDENCIA CAUSAL entre el proceso de conocimiento y el proceso de sus objetos sigue siendo coherente con la INTRANSITIVIDAD EXISTENCIAL de cualquier objeto social una vez que se ha producido. El último tipo de límite del naturalismo, el límite CRÍTICO, se deriva del límite relacional, ya que el objeto de estudio de la ciencia social incluye al mismo tiempo los objetos sociales y las creencias sobre los mismos, y cualquier división o inconsistencia entre ellos puede entrar directamente en su explicación social. Ahora bien, si podemos EXPLICAR la necesidad tal vez contingente de cualquier conciencia falsa o ilusoria (o quizá sólo de determinadas falsas conciencias bajo el determinante de falso), podremos pasar inmediatamente a una valoración negativa de las fuentes de la falsa conciencia y a una valoración positiva de la acción dirigida racionalmente a eliminarlas (Véase Bhaskar, 1986, Cap. 2, Partes 5-7), Las distinciones tradicionales entre hechos y valores y entre teoría y práctica se vienen abajo, y la ciencia social aparece como no neutral en un doble sentido: en que lógicamente conlleva valores y en que consiste en una intervención práctica en la vida social. ¿Cómo se da o podría darse el conocimiento de la ciencia social a la luz de estos límites del naturalismo? Los dos modelos del realismo trascendental de explicación se aplican aquí con las correspondientes adecuaciones. Las ex76
Roy Bhaskar plicaciones teóricas asumen aquí también una forma analógica-retroductiva de manera iterativa ilustrando lo que he denominado el modelo DREI (descripción, retroducción, elaboración-eliminación, identificación) en el que los recursos cognoscitivos anteriormente disponibles se emplean para elaborar modelos plausibles de los mecanismos desconocidos que generan series identificadas de fenómenos, modelos que son entonces empíricamente contrastados y, siempre y cuando se estimen adecuados, explicados a su vez (Véase Bhaskar, 1986, p. 68). Por su parte, las explicaciones prácticas o aplicadas son de tipo decompositivo-resolutivo, ilustrando el modelo general RRRE (resolución, redescripción, retroducción, eliminación), en el que el conocimiento anteriormente validado se aplica transfactualmente en la reconstrucción sistemática de la génesis de los hechos, etc., considerados como coyunturas, es decir, como resultado de una multiplicidad de determinaciones, pertenecientes tal vez a géneros radicalmente distintos (Véase Bhaskar, 1986 y cf. loc cit. pp. 107-108). La retroducción controlada empíricamente de las estructuras explicativas a partir de los fenómenos manifiestos (en este caso conceptualizados) y la reconstitución sintética de redes de estructuras causales (aquí, a menudo, relacionadas internamente) aplicables transfactualmente a las coyunturas, parecen posibles en el ámbito social, de la misma manera que en el natural. La ciencia social adopta entonces la forma de la crítica condicionada, y comporta una hermenéutica históricamente situada comopremisade la retroducción empíricamente controladade las totalidades internamente relacionadas de las estructuras causales que producen los fenómenos manifiestos de la vida social. Según el naturalismo crítico, por tanto, las ciencias sociales pueden ser «ciencias» exactamente en el mismo sentido que las naturales, pero de forma diferente (y específica) como diferentes son también sus objetos. Además de la ruptura de las distinciones entre hecho y valor por un lado y teoría-práctica por otro, que se produce a partir de lo que he denominado «crítica explicativa» (de la conciencia y de la praxis) (Véase Bhaskar, 1980 y Bhaskar, 1982) deseo comentar otras dos implicaciones del modelo. En primer lugar sugiere una concepción RELACIONAL del objeto de estudio de la sociología, en contraste con las concepciones individualista y colectivista predominantes (Véase Bhaskar, 1979, Cap. 2, Parte 1). En segundo lugar, indica que aunque la forma de los procesos psicológicos pueda ser genérica, su contenido concreto será siempre intrínsecamente SOCIAL e HISTÓRICAMENTE específico (Véase Bhaskar, 1986, p. 125). El problema que 77
La poética de la transformación social y los límites del paradigma lingüístico se plantea es el de cómo se puede caracterizar la relación entre el ámbito social y el natural del que «emerge». Ambas esferas son taxonómicamente y causalmente irreductibles pero dependientes. Esto puede explicarse de la siguiente manera: 1. DEPENDENCIA: los objetos de las ciencias humanas son dependientes unilateral y existencialmente de aquellos de las ciencias naturales. 2. IRREDUCTIBILIDAD TAXONÓMICA: las ciencias naturales son incapaces ACTUALMENTE de explicar el mundo de lo humano según descripciones humanas. 3. IRREDUCTIBILIDAD CAUSAL: es (aparentemente) necesario hacer referencia a las propiedades NO designadas por la teoría física para explicar ciertos estados FÍSICOS (aquellos que resultan de la acción intencional) (Bhaskar, 1986 p. 113). El hecho de que sea necesaria la referencia a las propiedades humanas para explicar algunos estados del mundo físico revela una fuerte contraposición entre un naturalismo de los poderes emergentes frente a un fisicalismo reduccionista; en él, el mundo se caracteriza por situaciones de control dual y por el fenómeno de la emergencia. Es precisamente la poética de la transformación social, a través de la cual no sólo formamos productos sociales mediante nuestras prácticas sociales, sino que creamos las mismas condiciones de nuestra actividad (la estructura social), y trazamos con ello la forma en que emerge la esfera social. Todavía no está completada mi argumentación en favor de la posibilidad de una ciencia social naturalista. Dado que la sociedad sólo se manifiesta en la agencia intencional, y ésta depende del ejercicio de las creencias, debo completar mi argumentación demostrando la irreductibilidad causal de las creencias, y de los estados mentales en general, en la génesis del comportamiento físico. Con ello se delimitará al mismo tiempo el espacio en el que es posible realizar el estudio científico de los estados mentales, y en el que es posible, A FORTIORI, la psicología. Afirmaré aquí dogmáticamente lo que ya he argumentado en detalle en otros lugares (Bhaskar, 1979, Cap. 3, Partes 2-5) en primer lugar, que las razones deben ser causas: 1) para cumplir su función explicativa; 2) para que se pueda sostener el concepto de agencia, y 3) para mantener la coherencia entre el discurso teórico y práctico en la medida en que es necesario distinguir entre las razones reales (o causalmente eficientes) y las posibles. En segundo lugar, y en oposición al idealismo y al materialismo 78
Roy Bhaskar reduccionista, la mente debe concebirse como un conjunto de poderes biológicamente emergentes de la materia con principios irreductibles propios, siguiendo lo que he denominado como «materialismo de poderes emergentes sincrónicos», posición que deja abierta la cuestión de la naturaleza del soporte, si lo hay, de los poderes emergentes. Este nuevo naturalismo crítico muestra que las tradiciones predominantes son fundamentalmente débiles y defectuosas (Véase Bhaskar, 1979, Cap. 1). El positivismo no sólo es inadecuado en la ciencia natural, sino totalmente implausible y prácticamente pernicioso en el ámbito social, donde sus condiciones de inteligibilidad jamás se consiguen. La hermenéutica, por otra parte,presuponelascategoríasdelaintransitividadexistencialylacausalidad. Además, la tradición hermenéutica no puede sostener la inteligibilidad de la interacción comunicativa, ni la del cambio en general y, sometida a escrutinio, puede aparecer como un simple desplazamiento de los temas característicos del positivismo, además de depender en sus contrastes esenciales de una explicación esencialmente positivista de la ciencia natural. Por último, el naturalismo crítico permite una redefinición del potencial emancipatorio de las ciencias humanas. Si se concibe la emancipación como la transformación de las fuentes de determinación desde fuentes no deseadas ni necesitadas a fuentes deseadas y necesitadas, entonces la toma en consideración de que los valores y las prácticas predisponen los hechos y las teorías (puesto que los hechos y las teorías no sólo presagian causalmente valores y prácticas, sino que los implican lógicamente) permite la dilucidación de las espirales racionales de hecho-valor y teoría-práctica en el ámbito humano (Bhaskar, 1986, p. 173). Sin embargo, para que sean posibles las prácticas emancipatorias, han de cumplirse unas determinadas condiciones. Las razones han de ser causas. Los valores deben ser inmanentes. La crítica debe ser interna a sus objetos, y reflexiva. Debe existir una coincidencia entre las necesidades y los deseos subjetivos por una parte y las posibilidades y circunstancias objetivas por otra. Y finalmente, deben operar leyes emergentes (Cf. Bhaskar, 1986, pp. 210-211). Para concluir, desearía examinar los límites de lo que llamaré el paradigma lingüístico de la psicología social. El error fundamental del pensamiento hermenéutico sobre las ciencias humanas consiste en suponer que, puesto que los productos y las prácticas sociales son dependientes de los conceptos, solamente pueden ser conceptuales, y si lo son deben agotarse en su aspecto 79
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta — ¿Ves lo que has conseguido? Tú te portas mal y, cuando intento educarte, tu madre hace que parezca que yo soy el culpable de todo. — Pues vale, soy un niño mimado, mocoso y desordenado, todo lo que digas. — No digas tonterías. ¡Es la cosa más estúpida que he oído! — ¡Eso es! Y estúpido, también. Aquíes cuando yo empezaba a llorar, lloraba de todo corazón. Mi madre ya estaba tan afligida que no pronunciaría ni una palabra en toda la noche. Mi padre seguía temblando de cólera. Algunas noches yo intentaba irme a dormir, para que si subían luego a mi cuarto a ver cómo estaba no pudieran pedirme perdón. Una noche, cuando subieron no me encontraron. Llamaron a los vecinos para que les ayudaran a buscarme. Había salido con una manta y me había acostado en la caseta del perro. Por la manera en que actuaban él o ella, por la forma en que hablaban o respondían emocionalmente a los demás, etc., cada una de estas personas procuraba dejar claro que lo que hacía estaba justificado. Todos ellos aportaban justificaciones ante su forma de comportarse. Por ejemplo, la forma en que Roger corrigió a Tad no fue directa. No le corrigió como un padre cuya única preocupación era el bien de su hijo. Por el contrario, se dirigió a él mostrándose como si se hubiese visto forzado por la impertinencia y la dejadez de Tad y por la fatídica indulgencia de Blanche; se puso en el papel de un hombre que intenta compensar la influencia negativa de su mujer. ¿Qué conducta exteriorizó esta forma de presentarse a sí mismo? Fue su irritabilidad, sus expresiones de exasperación, su tono de ofensa, etc. Esta no sería la conducta de un hombre que estuviese corrigiendo directamente a su hijo. Un hombre así procedería por pasos que aseguraran el progreso de su hijo, pasos que daría sin el dramatismo con que actuó Roger. Pero Roger se movía con otros fines; no dejaba de insistir (por medios principalmente no verbales) en la necesidad moral y emocional de corregir a su hijo. Un objetivo de este tipo comporta dar una serie de pasos orientados a la propia justificación que son innecesarios, inadecuados, ineficaces y en muchoscasos incluso contraproducentes cuando el objetivo es directamente la corrección. La distinción que establecemos entre ayudar y querer presentar la imagen autojustificativa de una persona que ayuda puede expresarse de otra manera. Si Roger se hubiera dedicado a ayudar directamente a su hijo Tad, su única motivación habría sido la de asegurar el bienestar del muchacho; este habría sido el deseo y el fin que le movería en su actuación. Para una persona que, 86
Terry Warner como Roger, necesita autojustificarse, ocuparse del bienestar de su hijo desempeña un papel muy distinto; ésta, efectivamente, es su motivación, pero en un sentido muy diferente. Constituye un imperativo para su actuación, un modelo o norma que emula en su auto-presentación. Roger intenta que sus acciones sean consideradas como actos derivados de su preocupación por los demás. De aquí que el deseo o el fin que anidaba tras la conducta de Roger no pudiera estar relacionado con este tipo de preocupación; por el contrario, su preocupación se centraba en asegurar su propia justificación. En este sentido, estamos tratando aquí de un tipo especial de actuación, una actuación que afirma su propia justificación en y por la forma misma en que se manifiesta. Además de este tipo de demostraciones, hay otra clase de expresiones justificativas que tienen lugar independientemente del acto que se quiere justificar; estas expresiones se denominan también apropiadamente «autojustificaciones». Para las primeras, las que afirman su justificación por sí mismas, reservaremos el nombre de ACTOS AUTOJUSTIFICATIVOS. Más adelante intentaré demostrar que este tipo de actos son sumamente comunes. La afirmación de legitimidad que se realiza mediante una acción autojustificativa se hace con sinceridad, quien la hace se la toma en serio, creyendo en ella, pues la acción no pretende afirmar esa legitimidad; no se trata de un esfuerzo dudoso para convencerse a uno mismo, ni tampoco es una propuesta carente de convicción (sería más exacto llamarlo un juicio que una afirmación). Esto se deriva directamente de la misma definición de lo que es un acto autojustificativo; por ser un acto que habla de SÍ MISMO, no se revela en fases (por ejemplo, una autoevaluación y luego una autopresentación), de ahí que no haya lugar para la falsedad o el disimulo cínico. Pero ¿cómo es posible algo así? ¿Cómo se puede hacer una afirmación en defensa de la propia actuación que no esté separada del acto sobre el cual se hace la afirmación? A mi juicio, una respuesta satisfactoria a esta pregunta estaría relacionada con la plausibilidad de muchos fenómenos sociales que entran en juego, como la información paralingüística o no verbal, más o menos lo que Erving Goffman denominaba la «gestión de la información» y la «presentación del yo». El modo más común de «salvar» estos fenómenos —y por ello entendemos el concebirlos como algo serio y verdadero, y no como un simple medio de manipulación cínica— hace referencia a los procesos inconscientes. Por razones que no puedo desgranar ahora, soy de la opinión de que este enfoque, 87
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta desde Freud hasta las teorías de la ciencia cognoscitiva, es fundamentalmente erróneo, y de hecho participa de los supuestos insostenibles del individualismo y del causalismo que pretendo invalidar. En otra ocasión trataré del paralenguaje y de la autopresentación para explicar la forma en que, a través de la presentación de sí mismas, las personas manipulan a los demás sin pretenderlo conscientemente, tratando, tan sólo, de responder ante los demás lo mejor posible. 2. Supuestos causales y sentimientos «víctima» Las personas que realizan actos autojustificativos se presentan a sí mismos, y creen ser defensores de algo que valoran frente a la amenaza que otra persona cierne sobre ello. Con sus críticas despectivas hacia Tad, Roger imaginaba que estaba esforzándose por salvar la masculinidad de su hijo (el objeto preciado) frente al daño que le estaba produciendo Blanche; él creía que lo conseguía enseñando a Tad a «actuar como un hombre». Más aún, por el tono profundamente ofendido con que reaccionó ante el reproche que ella le dirigió, dejó claro lo indignado que se sentía por la insinuación de que él (Roger) estaba destruyendo a Tad; en este caso, el objeto preciado era la propia estimación de Roger. PodemosrealizarobservacionessemejantesenrelaciónaBlanche.Elmensaje que trasmitía a través de sus gestos, expresiones y comentarios (adulando a Tad, hablándole con compasión, como a alguien que sufre una desgracia, protegiéndolo físicamente de Roger, etc.) era más o menos el siguiente: que mimando a Tad sólo intentaba contrarrestar los efectos de la brutalidad de Roger; que al no esperar que Tad le mostrase su respeto estaba evitando que se le culpase, ya que él solamente actuaba como había visto actuar a su padre; que lloraba sólo por la actitud de Roger hacia ella, etc. Para ella, los bienes que se veían amenazados eran los sentimientos y la autoestimación de Tad y la propia dignidad de ella. Se puede ver, pues, que el contenido de la afirmación autojustificativa es el estar actuando defensivamente ante algo o alguien que está haciendo un daño o amenazando con hacerlo, de manera que se está compensando ese mal o evitándolo. Es decir, con la actitud autojustificativa uno se sitúa en el papel de víctima. Pero uno no podría hacer ese papel sin sentirse realmente 88
Terry Warner como víctima, es algo que no se puede fingir; quien lo representa lo tiene que hacer PORQUE tiene el sentimiento de estar siendo atacado. Esta experiencia es un cierto tipo de sentimiento o actitud de acusación por el cual se juzgaque otro uotros le están tratando injustamente y, en consecuencia, es la experiencia de ser una víctima. La cólera de Roger es un ejemplo de ello, como lo son también los sentimientos de rabia, miedo, tristeza, celos, envidia, orgullo, desánimo, angustia, hostilidad, desprecio, superioridad y aburrimiento. De hecho, el realizar un juicio de autojustificación supone tener realmente un sentimiento de esta índole; significa creer que la persona a quien se acusa está verdaderamente causando o amenazando con causar algún daño, pérdida, perjuicio, etc. El hecho de que Roger considerase que las atenciones que recibía Tad ocultaban una crítica humillante hacia todos sus esfuerzos de educar al muchacho era señal inequívoca de que él, Roger, SE SENTÍA humillado realmente. El hecho de experimentar este sentimiento representaba para él la medida de la intensidad de la amenaza que se cernía sobre él y del valor que tenía para él aquello que se hallaba amenazado. Constituía la prueba de que estaba desempeñando un papel pasivo en esa situación, no fingía sufrimiento, sino que sufría de verdad. Así, corresponde a la misma naturaleza del sentimiento de víctima el que la persona que lo experimenta no pueda creerse responsable de él. Todo lo contrario, esa persona cree estar siendo afectada con independencia de su voluntad. Si en nuestra autojustificación tomamos en serio el testimonio de nuestrapropiaexperiencia—y hesostenidoquetodos lohacemos—,entonces no nos creeremos responsables de ese tipo de emociones. El sentimiento se experimenta como producido causalmente por la acción de la persona hacia quien se dirige la acusación. Si Roger está enfadado con Blanche, entonces está convencido de que es precisamente Blanche quien le está produciendo su enfado, y si abandona esa convicción, abandonaría consiguientemente su enfado. Los términos «producido causalmente» significan en este caso «producido independientemente de la voluntad o participación del agente». 3. La complicidad Hasta ahora me he centrado en las afirmaciones sobre sí mismos, sobre sus deseos y emociones manifestados por los componentes de la familia de Tad.Sinembargo,estasnosonlasúnicasafirmacionesquesehallanimplícitas 89
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta en las afirmaciones de autojustificación que dan acerca de sí mismos. Hay también afirmaciones sobre las personas a las que acusan. El mantener que uno está protegiendo algo preciado de los efectos perniciosos de la conducta de otro representa mantener también que ese individuo está actuando en contra de los intereses que uno tiene. Hace falta creer que esos intereses son legítimos para proclamar que uno está justificado en defenderlos. Así pues, la afirmación de estar actuando puramente a la defensiva supone estar afirmando la ILEGITIMIDAD de los actos del otro, actos que serían inmorales o injustos, es decir, es como afirmar que la otra persona está trasgrediendo los derechos legítimos de uno. Esto se puede ver con mayor claridad cuando nos damos cuenta de que si, por ejemplo, Roger hubiese reconocido que Blanche hacía poco o nada para perjudicar a Tad o para humillarle a él (Roger), entonces, por ese mismo reconocimiento dejaría de poder afirmar que sus actuaciones eran puramente defensivas, lo que en un principio constituía una parte esencial de sus argumentos. Por tanto, AL AFIRMAR QUE UNO ESTÁ JUSTIFICADO SE ESTÁ AFIRMANDO QUE EL OTRO NO LO ESTÁ; ambas afirmaciones son las dos caras de una misma moneda y no pueden separarse. En este punto podemos extraer una implicación. ¿Cómo habría respondido una de las dos partes —Blanche, por ejemplo— si se le hubiera recordado que la otra parte, Roger, estaba acusándola de los problemas de Tad? Para Roger, la conducta de su mujer, que ella afirmaba ser completamente defensiva y por tanto justificada, no era en realidad ni defensiva ni justificada, sino que era injusta con SUS intereses y, por consiguiente, totalmente INJUSTIFICADA. Ante esto, ella habría respondido que hacía lo que hacía —cuidar de Tad, llorar POR lo que le hacían a su hijo y a ella misma— sólo POR la forma en que Roger les trataba a los dos. Lo que ÉL hacía le parecía suficiente razón —motivo y justificación— para hacer ELLA lo que hacía. Tampoco es éste un juicio que pudiera haber hecho sólo retrospectivamente. Aquél fue su juicio todo el tiempo; constituía una parte fundamental de sus afirmaciones autojustificativas. Aunque a Roger no le gustase lo que ella hacía, desde el punto de vista de su mujer, el tener que actuar así no era culpa suya. Era Roger el culpable de la frustración de sus intereses legítimos como madre. Por supuesto, el mismo tipo de planteamientos se podrían formular en relación a Roger. Por lo tanto, el comportamiento que cada uno de ellos consideraba defensivo, el otro lo consideraba acusador y provocativo. Las medidas claramente defensivas de cada una de las partes proporcionaban a la otra parte lo que 90
Terry Warner R = Roger B = Blanche R → B = Al responderle de forma defensiva, Roger proporciona a Blanche la justificación que necesita para hacer lo que hace Figura 1: Interacción Roger y Blanche para ésta era motivo más que suficiente (la amenaza sobre algo preciado) para adoptar las medidas defensivas que a su vez provocaban que el primero adoptase las correspondientes medidas defensivas, y así sucesivamente. A esta situación la llamaremos COMPLICIDAD. Cada cómplice proporciona al otro la suficiente justificación para hacer lo que está haciendo, y por tanto colabora con ello, y esta colaboración es posible en la medida en que uno no considera que la está realizando. (Naturalmente, empleo el término «complicidad» en un sentido metafórico; su sentido «literal» implica un tipo de conspiración secreta y deliberada, mientras que la conducta colaborativa que describo es fundamentalmente inconsciente. A pesar de esta connotación, utilizaré ese término, ya que el único término alternativo que se me ocurre es el de «simbiosis psicológica», que resulta excesivamente pretencioso.) A continuación ofreceré una representación gráfica provisional de esta situación (Figura 1 aFigura 3), aunque más adelante trataré de explicar por qué este tipo de representación no puede nunca ser adecuada. Presento, sin embargo, este gráfico provisional porque me será de utilidad para desarrollar mi próximo argumento. 91
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta Ahora trataremos de encajar a Tad en este cuadro. Por su conducta, se quejó de que su padre le atacaba y quería expulsarle de la familia. Por otro lado, Roger insistía en que todo lo que hacía estaba encaminado a ayudar a que Tad se «comportase como un hombre», a que cargase con sus responsabilidades, etc. Para Tad, sin embargo, estas medidas le daban motivos para despreocuparse del estado de su cuarto y para sentirse obligado a retirarse. Su pregunta podría haber sido: «¿Qué se supone que debo decir cuando me tratan así? Muchas gracias, señor, por señalarme cuáles son mis defectos; desde luego tiene usted toda la razón, de manera que haré todo lo posible para complacerle... ¿Es así como deseo responder ante un tratamiento humillante? ¡Desde luego que no!» Así pues, Tad creía estar haciendo lo único que podía haceranteeltratamientoqueledispensabasupadre,taly comohacíatambién su madre. En efecto, respondía a su padre siguiendo las mismas pautas de su madre: las de la autocompasión. Era esto precisamente lo que proporcionaba más motivos a Roger para intentar enderezar a su hijo, y también para culpar a Blanche. Por otra parte, Tad se mostraba como si su madre le tomara por un inepto, incapaz de arreglárselas solo, y necesitaba evitar que ella interfiriese en cualquier cosa que él hiciera. Por tanto, consideraba que estaba haciendo frente al tratamiento que recibía de su madre de la mejor manera posible, exactamente como lo haría su padre; en efecto, respondía a su madre según las pautas de las respuestas de su padre ante ella, con hostilidad, y era eso precisamente lo que para ella le proporcionaba más motivos para seguir intentando que cambiase su comportamiento antes de que fuese demasiado tarde, razón también para que la madre lamentara aún más lo que Roger hacía a su hijo, etc. Y todo esto, a su vez, no hacía sino alimentar la determinación de Tad y de Roger de persistir en sus actitudes respectivas. Cada uno de ellos daba a los demás el motivo para mantenerse en su actitud, y ello en dos sentidos: Tad proporcionaba a Blanche una justificación para cuidarlo y protegerlo (que a su vez le da a él una justificación para su hostilidad y su huida) y proporciona a Roger la justificación para sus ataques (que a su vez dan justificación para la actitud de Tad). Más aún, los mimos y atenciones de su madre, de los que él es cómplice, dan justificación a su padre para proseguir con sus ataques. De esta forma, se puede decir que en cierto sentido Tad consiguió provocar a su padre de manera directa Y también de manera indirecta al provocar a su madre. Por estos dos caminos dio pie a la conducta agresiva de su padre, que desde el punto de vista de Tad justifica su propio comportamiento resentido y sus quejas. Además, estos 92
Terry Warner Figura 2: Interacción Ted, Roger y Blanche ataques (de los que, por tanto, Tad era cómplice) también daban a su madre la justificación para cuidarlo y mimarlo. De esta forma, se podría decir que Tad consiguió provocar a su madre directamente E indirectamente también al provocar a su padre. Por estas dos vías obtuvo las atenciones de su madre que le ayudarían a justificar su propia conducta resentida y sus quejas. Ampliando nuestra representación gráfica de la complicidad, podríamos representar todo el asunto como podemos ver en la figura Figura 2. Las representaciones verbales y gráficas que hemos ofrecido son sin duda bastante simplistas, pero la idea debe haber quedado ya lo suficientemente clara. Cualquier número de personas mayor de uno puede tomar parte en esta especie de juego. Una razón (pero sólo una) por la que esta descripción resulta simplista es porque no estamos incluyendo la participación de otras personas —por ejemplo, de los hermanos de Tad, sus abuelos o los vecinos de la familia— que pueden intervenir y ser utilizadas por cada uno de los tres personajes que se mencionan en la historia relatada por Tad. 4. Sentirse ofendido Siyomantengoqueotrapersonaesinjusta conmigoporactuardemanera hostil contra algo que para mí es valioso, estoy manteniendo que esta persona está haciendo algo que no tiene derecho a hacer. Más concretamente, estoy afirmando que esta persona está sobrepasando sus derechos al violar los míos; me está arrebatando, o amenazando arrebatar, mi derecho a poseer, disfrutar 93
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta o proteger algo que aprecio. Así pues, INEVITABLEMENTE mi afirmación de estar actuando defensivamente implica una invocación de mis propios derechos y, en este sentido, una insistencia en que existen ciertos límites que están traspasando la persona a quien acuso. Otra forma equivalente de expresar esta misma idea es decir que afirmo disfrutar de un cierto estatus COMO PERSONA, es decir, que soy poseedor de una serie de derechos, y que la forma en que me trata la persona a quien acuso no corresponde a mi estatus. Así, cuando presento una justificación de mi conducta por medio de la conducta misma, esto equivale a presentar una justificación de MÍ MISMO; equivale a afirmar que soy una persona justa, aceptable y digna. De aquí que el carácter injustificable de lo que hace la persona a quien acuso consiste en que está violándome en tanto que persona. Es precisamente en virtud de los malos tratos que me inflige lo que demuestra que no es la clase de persona que diceser. Si viola mis derechos, entonces A FORTIORI yo POSEO esos derechos. Por lo tanto, acusarla de limitar mi derecho a ser tratado como afirmo que me corresponde es un modo de mantener que soy el tipo de persona que posee esos derechos. Volvamos a nuestra historia y podremos encontrar un ejemplo de ello. Desde el punto de vista de Roger, Blanche no adoptaba solamente el papel de buena esposa y de madre cariñosa y comprensiva. El «tacto» y la «delicadeza» con los que ella se esfuerza por suavizar, amortiguar la influencia de su marido sobre Tad se le aparecían a él como una forma de velada acusación de insensibilidad e intolerable dureza; él percibía la excesiva indulgencia que tenía con Tad y sus lágrimas como una tentativa teatral de someterlo a su control y de avergonzarlo para que cambiara como persona. Era como si la forma de actuar de su mujer fuera una crítica constante hacia él. Pero Roger no era un títere; era «un hombre de verdad» y quería que su hijo también lo fuera, de manera que cuanto mayores esfuerzos hacía su mujer para cambiarlo, más conseguía que él la percibiera como desencaminada. Considerar que ella actuaba de forma ilegítima era exactamente lo mismo que considerar que él tenía un estatus que ella no estaba respetando. Su legitimidad y la falta de legitimidad de su mujer estaban desde su punto de vista inextricablemente unidas entre sí. Prosigamos un poco más con este análisis. Al entrar en complicidad con otra persona, yo considero que su conducta entraña una amenaza contra MÍ, contra la idea que tengo de mí mismo como persona legítima. ¿De qué manerameamenazaesaconducta?Hipotéticamentehablando,setratadeuna 94
Terry Warner Visión de Roger de la amenaza que Blanche representa para él Visión de Blanche de la amenaza que Roger representa para ella Figura 3: Visión de la amenaza por Roger y Blanche imagen reflejada de mí mismo, afirma mi ilegitimidad de la misma manera que yo afirmo la suya. Sin embargo, este hecho por sí solo no constituiría una amenaza contra mí a menos que creyese realmente que ella me estuviera acusando de ser injusto o de comportarme de forma injusta. Por tanto, dado que me siento amenazado en mi legítimo derecho de afirmar que soy una persona justa —y ya hemos visto que esto es así— DEBO considerar que ella está atacando mi legitimidad. Lo que transforma a Blanche en un ser moralmente inaceptable —su desacreditación en cuanto que la persona que pretende ser— consistía PARA ROGER en la forma en que ELLA le veía A ÉL, esto es, alguien moralmente inaceptable e inferior como persona. Dicho de otra manera, su afirmación de justificación para sí mismo consistía en considerar que ella pensaba ilegítimamente que sus derechos (de Blanche) estaban siendo pisoteados por él. Presentamos estos resultados en la Figura 3, repasando una parte de la representación de la complicidad, y presentando versiones distintas para Roger y para Blanche. Roger se presentaba a sí mismo como motivado en parte por lo que Blanche le estaba haciendo a Tad, pero en realidad se trataba únicamente de la imagen que estaba ofreciendo de sí mismo y no de lo que estaba haciendo realmente. ¿Qué es lo que de verdad estaba haciendo? Estaba dandola imagen 95
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta que estoy negando es que, en los actos autojustificativos, las intenciones que manifestamos tener y las intenciones que creemos tener sean las intenciones que tenemos realmente. Estetipodeafirmacionespuedenrecibirseconexcepticismo.Nosdejamos tentarpor preguntascomo:¿qué ES la intención?, ¿qué es lo que está haciendo elindividuo?Pretendocuestionarelinterésdeestetipodepreguntas.Elhecho de que nos las planteemos y de que hayan cautivado nuestra imaginación no es prueba de que tengan una respuesta. Los modelos de actuación en los que estas preguntas tienen respuesta son individualistas y erróneos precisamente por esa razón. Se puede afirmar incluso que la aceptación acrítica de estas preguntas es lo que cabe esperar si lo que he venido desarrollando en este texto es correcto: nuestra experiencia nos incita a aceptar estas preguntas porque estamos atrapados en el auto-engaño de esa experiencia. Por tanto, no creo que exista una intención o acto determinado DE FORMA INDIVIDUAL en el caso de las actuaciones autojustificativas. Vimos que la negatividad fundamental de una afirmación de legitimidad moral (consistente en negar una acusación condenatoria que se percibe como procedente de otra persona) comporta una interpretación espontánea de las respuestas acaso inesperadas de los demás. De este modo, lo que el individuo cree que está haciendo no ha sido establecido de antemano, sino que es todo aquello que hace con las respuestas que recibe de los demás. El hecho de que sus afirmaciones sobre sí mismo sean esencialmente afirmaciones sobre otra u otras personas supone que estas afirmaciones no puedan existir POR SÍ SOLAS. Precisamente por esta razón, han de depender de las posteriores respuestas de los demás para ser determinadas. Por tanto, la versión que ofrece de sí misma está constantemente sujeta a la POSTERIOR determinación. Su conducta adquiere significado a medida que se desarrolla la situación, y luego actúa como si eso fuera lo que había pretendido desde un principio. (Esto es una aproximación a lo que John Shotter, en la línea de Peter Ossorio, denomina como un HECHO EX POST FACTO.) Todo este proceso es compatible con la naturalezadelospropiosrelatosacercadelaconductaautojustificativa.Como persona, «aspiro a» una concepción de mí mismo y de mi comportamiento; me presento como si fuese tal o cual tipo de persona y presento mis actos como si fuesen tal o cual tipo de actos. PERO ESTA ASPIRACIÓN CONSTITUYE UNA INTERPRETACIÓN INCESANTEMENTE ACUMULATIVA DE LAS RESPUESTAS INCESANTEMENTE ACUMULATIVAS DE LOS DEMÁS. La gran capacidad de adaptación de mi propia susceptibilidad concede a los demás la 102
Terry Warner capacidad de configurar recíprocamente el contenido de las acusaciones que les dirijo, lo que significa que les permite conformar las razones que tengo para mantener tales o cuales creencias sobre mí mismo. 3. Observemos que si tomamos en serio la interpretación individualista, no seremos capaces de componer una representación coherente de la complicidad.Paracadaunadelaspersonasquetienenunaconcepciónindividualista, la flecha exterior de cada uno de los diagramas de la figura Figura 3 representa una causalidad, y la flecha interior, una afirmación falsa de causalidad. No podemos yuxtaponer los gráficos sin caer en la incoherencia. Si los yuxtapusiéramos, cada uno de los cómplices estaría justificado e injustificado a la vez. Cada uno estaría sufriendo una cínica manipulación por parte del otro y al mismo tiempo infligiendo al otro ese mismo tipo de manipulación. La representación individualista, como vemos, nunca puede tener sentido. (Paradójicamente, la creencia de que no es posible fundir las dos representaciones es un rasgo característico de la autoexplicación formulada por los cómplices. Si A está enfadado con B, es imposible desde su perspectiva que B esté enfadado por lo mismo, es decir, que el enfado de B esté provocado por A, pues si admitiese eso no podría seguir culpando a B por su actitud —ya no estaría enfadado— sino que cargaría él con la culpa). 7. La importancia de la complicidad Los argumentos que he esgrimido en este ensayo no tendrían una gran trascendencia si la actitud autojustificativa y la complicidad en la que se encuentra inserta no constituyeran más que un fenómeno aislado. Sin embargo, parece ser un fenómenoharto común(aunque no creoqueseauniversal),pues pensemos lo que significaría para alguien, como Blanche, por ejemplo, no entrar en complicidad cuando la susceptibilidad de otra persona, como Roger, implicase una acusación contra ella. Supondría que estaría percibiendo la conducta de Roger tal y como es: una autopresentación de sí mismo como alguien desdichado que toma esa desdicha como una prueba del mal que Blanche está causando. Al percibir de esta forma la conducta de Roger, ya no podría sentirse dolida por ésta. Vería a Roger como a alguien que se está haciendo mal a sí mismo, más que a ella. No lo estaría viendo a través de la autojustificación, sino directamente. Por razones que no puedo detenerme a analizar ahora, creo que una persona, por ejemplo Blanche, puede considerar 103
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta que otra, en este caso Roger, está destrozando su vida, y que lo hace como parte de su búsqueda de una prueba de la gran categoría moral que imagina tener (esto es, una búsqueda de las pruebas acusatorias legitimadoras). No obstante, también lo puede ver desde otros ángulos. Puede percibir que él está haciendo lo que precisamente esta haciendo, es decir, considerándola de la misma forma que ella lo considera a él. Dicho de otro modo, ella puede pensar que él se coloca en el papel de víctima como medio de justificarse. Si piensa esto de él, no será vulnerable a sus ofensas ni ante nada de lo que él haga. Por otro lado, no sólo estará haciendo un juicio acertado, sino que además le responderá con una actitud compasiva. Hemos de señalar aquí que esta cuestión tiene profundas implicaciones en relación a la forma que podría adoptar una ciencia social que no cayese en las trampas de la complicidad. ¿Hasta qué punto existen conductas que eviten la espiral de la complicidad? Seguramente, ésta es una cuestión de carácter empírico. Es probable que todosexperimentemosalgosemejante en algunas situaciones denuestravida, por ejemplo, cuando vemos a una persona ofendida que actúa con este tipo de complicidad en algo que no nos toca de cerca, o cuando alguien nos acusa de no estar a la altura en algún campo en el que no sentimos ningún tipo de inseguridad, ya sea porque no nos preocupa en absoluto o porque no estemos tratando de probar nada en ese campo. Pero en la medida en que nos sintamos inseguros —es decir, en la medida en que estamos predispuestos a seguir una conducta autojustificativa— es cuando menos muy improbable que no demos muestras de susceptibilidad. El análisis que he presentado en este ensayo se puede aplicar a casi todo lo que hacemos. Una prueba de ello es la importancia que tiene la conciencia de clase —lo que podría llamarse «conciencia del tipo de persona»— en la que puede comprobarse el efecto mutuamente alienante que tienen los juicios morales de los cómplices. En muchos sentidos se puede considerar que la sociedad, tal y como la conocemos —es decir, constituida porun«ordenmoral»de las personas,ordenadasde formadiferenciadasegún su estatus y sus derechos—, se basa en una complicidad colectiva. 8. La construcción social de nuestras falsas conceptualizaciones sobre nosotros mismos Llegados a este punto, ya puedo presentar mi argumento principal. Blanche presenta a Tad y a Roger unas opciones de interpretación, no de forma 104
Terry Warner deliberada, sino simplemente por haber emprendido cierta conducta autojustificativa. Tad y Roger pueden ponerse de su lado y admitir que sufre como ella cree y que Roger es el culpable de su sufrimiento, o ponerse en su contra, rebatiendo su pretensión de ser una pobre víctima. «¡Y no vayas a ponerte a llorar ahora!», fue la exclamación de Roger cuando ella se presentaba a sí misma como una persona que hacía frente con valentía y paciencia a su comportamiento hostil. Cualquier persona que hubiera estado de su parte —tal vez su madre lo estuvo— la habría apoyado, pero, de hecho, lo mismo hacían quienes estaban contra ella, ya que dada la realidad de su sufrimiento, no hacían sino demostrarle, con su oposición, lo absurdo de la postura que estaban adoptando ellos. Al oponerse a ella lo que hacían era mantenerla en el papel de víctima, confirmando de esta forma que tenía razón en acusarles de ello. Se puede ver que cualquier persona que hubiera aceptado las opciones sostenidas por Blanche (creer que sufría realmente, o bien que sólo afirmaba hacerlo), al elegir una de ellas se convertiría en su cómplice, y POR TANTO estaría manteniendo junto con ella los supuestos causalistas e individualistas. ENTRAR EN COMPLICIDAD CONSISTE EN CONSPIRAR CON OTRAS PERSONAS PARA ACEPTAR DE FORMA ACRÍTICA QUE ESTOS SUPUESTOS DEBEN CONSTITUIR EL TRASFONDO A PARTIR DEL CUAL SE PUEDEN FORMULAR LOS JUICIOS MORALES DE MUTUA RELEVANCIA; SIGNIFICA ACORDARTÁCITAMENTEQUEÉSTA SERÁLABASE DE ENTENDIMIENTO QUE POSIBILITE LOS DESACUERDOS MORALES. Mi argumento principal, pues, consiste en que la génesis de la concepción psicologista de lo que son las personas es fundamentalmente un proceso social. Se propaga en cualquier ámbitodondeexista una ciertainseguridadsocial y la actitud autojustificativa que se deriva de esa inseguridad, y es reforzada cada vez que una persona insegura se siente ofendida. En este sentido, se puede pensar que la imagen de las personas que se propaga de esta forma constituye una construcción realizada por las personas que actúan en complicidad. Esta construcción se elabora a medida que los niños van siendo gradualmente adiestrados en estas prácticas de complicidad. ¿Se trata sólo de la construcción social de una imagen de lo que entendemos por personas, o también en cierto sentido de la propia construcción de las personas? Está claro que esta imagen no es una representación precisa de las personas, de forma que en este sentido la complicidad no entra en la construcción social de las personas. Sin embargo, en otro sentido sí que es así: la construcción es indirectamente y parcialmente la construcción de las personas como seres, involucradas en este tipo de construcción colaborativa de falsas imágenes. 105
La construcción social de los errores básicos en la conceptualización de la conducta 9. Las condiciones morales necesarias para la comprensión de los demás ¿Es posible realizar un estudio de los seres humanos que no se vea condicionado por esta falsa imagen? Creo que sí, pero las condiciones que se han de cumplir son estrictas. Se puede observar y describir objetivamente la actividad de una colonia de abejas en la que cada una de ellas desempeña su labor sin disponer de un entendimiento que abarque la actividad colectiva en su conjunto, pero sin embargo, trabaja con una eficacia y una coordinación tales que difícilmente podrían mejorarse con la comprensión de la actividad de conjunto. No creo que sea posible hacer lo mismo para el tipo de actividad conjunta que llamo complicidad, en la que los individuos, que interpretan su situación de manera individualista proceden, como orquestados, a proporcionarse mutuamente justificaciones para mantener su propio auto-engaño. Para ello, todos intervienen en actos conjuntos que ninguno de ellos comprende en su integridad. Cualquier intento realizado hasta ahora de formular ese tipo de representación es una extensión, una generalización o una amalgama de representaciones individualistas, y ninguna de ellas es adecuada y, a mi juicio, ni siquiera coherente. En efecto, la misma idea de una representación objetiva y distanciada, pero que no sea individualista, de la complicidad puede presuponer un punto de vista que está descalificado de antemano en lo que respecta a su capacidad de comprender lo que se propone comprender. Esto no significa que no sea en modo alguno posible llevar a cabo tal comprensión. Sin embargo, he indicado ya que la comprensión conlleva un cierto grado de compasión. Requiere hallarse en una situación concreta, o introducirse en ella, como individuo completamente involucrado desde el punto de vista moral, preparado para hacer todo lo que su propia humanidad y la humanidad del otro pueden exigir de él. No creo que sea posible rehuir ese compromiso y distanciarse suficientemente bajo ningún propósito —ni siquiera con el fin de intentar formular y describir objetivamente lo que sucede— sin falsear ipso facto la situación ni, más concretamente, sin volver a introducir los supuestos causales e individualistas en alguna de sus formas, pues sólo es posible adoptar una postura de distanciamiento en base a algún interés autojustificativo. Este interés podría ser el de presentarse como un científico o un académico, recabando ser reconocido como tal en base a cierto criterio cultural de legitimidad profesional. La idea de anteponer la 106
Terry Warner humanidad propia o de los demás parecería entonces cortar el camino de la legitimidad. Es necesario renunciar al empeño de demostrar algo sobre uno mismo. Tal vez el precio que hemos de pagar por obtener un cierto tipo de «ciencia» sea el de no poder alcanzar la comprensión; abandonar la búsqueda de ese tipo de ciencia podría ser la condición necesaria en la búsqueda de una comprensión auténtica. No es posible preparar a padres, directivos, profesores, terapeutas o médicosde primera clase proporcionándoles únicamente las habilidades relacionadas con el saber técnico. Además de estas habilidades técnicas, hace falta un cierto grado de sensibilidad hacia los demás, de simpatía y de preocupación por ellos, o de compasión, y no sólo porque cuando carecen de esas cualidades humanas no son capaces de comunicar con los demás, sino fundamentalmente porque ni siquiera pueden COMPRENDER lo que hay que comprender sobre la realidad moral de los demás. Tienen demasiados miedos acerca de ellos mismos para entender realmente a los demás. No pretendo decir solamente con esto que su interpretación de las conductas de las personas que viven o trabajan con ellos es egoísta e injusta. Lo que quiero decir fundamentalmente es que incluso su concepción de la conducta de las personas que observan será necesariamente individualista y, por lo tanto, distorsionada. Lo mismo ocurre con el esfuerzo profesional del psicólogo por prepararse para comprender a los demás. No podemos pensar con precisión y discernimiento si no lo hacemos honestamente y, concretamente en el estudio de los seres humanos, ello exige una visión compasiva. Este hecho me parece ahora tan evidente que estoy sorprendido de haberlo olvidado con tanta frecuencia. Constantemente corremos el riesgo de colaborar con el engaño y de eclipsar simultáneamente la realidad humana. 107
6 La psicología social como dispositivo deconstruccionista Tomás Ibáñez Gracia Si fuera preciso elegir un personaje emblemático para simbolizar la psicología social, no dudaría en rescatar, desde los textos griegos, la venerable figura de PENÉLOPE, empeñada en deshacer durante la noche la labor que había realizado durante el día. Se podrían aducir muchas razones para justificar esta opción pero me limitaré a formular aquí tres tipos de argumentos. El primero es de orden ONTOLÓGICO, y se basa en la propia naturaleza de los fenómenos sociales. El segundo es de orden EPISTEMOLÓGICO, y contempla las características del conocimiento que producimos sobre los fenómenos sociales. El tercero se sitúaenla intersecciónde losdosprimerosyseapoyaen la peculiar relación que mantienen entre sí los fenómenos sociales por una parte, y su conocimiento por otra. 109
La psicología social como dispositivo deconstruccionista 1. En defensa de Penélope Empecemos por el argumento ontológico, recordando que desde los tiempos en que Giambattista Vico pusiera el acento sobre ello, se ha ido consolidando progresivamente la idea de que la realidad social no es independiente de las prácticas humanas y de que constituye precisamente un resultado de esas prácticas. El reconocimiento de que la realidad social no tiene otro origen, ni otra fuente de producción, que la propia actividad de los seres humanos, tiene consecuencias, como ya lo apuntaba Vico, sobre el tipo de conocimiento que podemos construir acerca de ella. Pero sobre todo, este reconocimiento no deja otra opción más que la de resaltar la insoslayable DIMENSIÓN HISTÓRICA de los fenómenos sociales, con todo lo que ello implica. TODOS los fenómenos sociales son producciones históricamente situadas, y por lo tanto son, por naturaleza, cambiantes con las épocas. La modificación de los fenómenos sociales resulta INEVITABLE si se piensa que las prácticas humanas que los constituyen presentan, precisamente, la peculiaridad de ser UNOS PROCESOS QUE CREAN EN EL TRANSCURSO DE SU DESARROLLO LAS CONDICIONES PARA SU PROPIA TRANSFORMACIÓN. Es cierto que la modificación de algunos fenómenos sociales es escasamente perceptible, incluso sobre la larga duración, mientras que las variaciones de otros son manifiestas, incluso sobre la corta duración. Pero ninguno es invariante y atemporal. Por lo tanto, el conocimiento que elabora la psicología social sobre sus objetos de estudio no es un conocimiento que cambia, al igual que los conocimientos de otras ciencias, únicamente porque se hace más preciso, más rico o más acertado, sino que es un conocimiento que también es cambiante porque cambian las características de los objetos sobre los que versa. A semejanza de lo que le ocurría a Penélope con la tela que tejía, el psicólogo social construye conocimientos que será preciso deshacer algún tiempo después de que hayan sido construidos. Es conveniente, por lo tanto, que el psicólogo social adquiera la mentalidad de un CONSTRUCTOR DE OBRAS EFÍMERAS, aunque sólo sea porque no tiene sentido utilizar los mismos materiales y los mismos métodos para realizar una construcción a prueba de los siglos o para realizar un puente provisional. También es conveniente que se adiestre en el ejercicio de deshacer con cierta periodicidad sus propias obras, 110
Tomás Ibáñez Gracia o las que le han legado sus colegas, aunque sólo sea porque el hecho de confiar en conocimientos que ya son caducos tuerce el camino de la investigación. Se argumenta a veces que la amplitud de la escala temporal que preside a la modificación de ciertos fenómenos sociales justifica suficientemente la pretensión de trabajar sobre los fenómenos sociales como si fueran fenómenos estables, y de elaborar por lo tanto un conocimiento de tipo nomotético. Al fin y al cabo, aunque las leyes que se establezcan estén destinadas a dejar de ser válidas dentro de algunas generaciones, más vale conocerlas mientras tanto. Lo que se olvida desde este planteamiento es que la dimensión históricade los fenómenos sociales tiene unas implicaciones que van mucho más allá de una simple cuestión de intervalos temporales. En efecto, los fenómenos sociales no sólo son históricos porque cambian con el tiempo y porque son relativos al períodohistóricoen el que se manifiestan, sino que son INTRÍNSECAMENTE HISTÓRICOS en el sentido de que, por decirlo rápidamente, tienen MEMORIA. Las características presentes del fenómeno no son independientes de su genealogía, o lo que es lo mismo, su forma actual resulta de las prácticas sociales y de las relaciones sociales que lo fueron constituyendo. Es más, se puede considerar que todo fenómeno social lleva incorporada la memoria de las relaciones sociales que lo instituyeron como tal y que han quedado sedimentadas en su seno. Como muy bien lo han visto los post-estructuralistas, entre otros, no se puede dar cuenta satisfactoriamente de un fenómeno si no se dilucida también su proceso de constitución. El problema, para quienes pretenden apresar los fenómenos sociales actuales en formulaciones nomotéticas, es que no sólo deberían estar en condiciones de incorporar referencias a su GENEALOGÍA, sino que estas referencias varían a medida que transcurre la historia. En efecto, ciertos fenómenos sociales, por ejemplo ciertas determinaciones sociales, constituyen «no-acontecimientos» en la medida en que son literalmente invisibles en un período histórico dado, y estos «no-acontecimientos» sólo se transforman en auténticos acontecimientos a la luz de los desarrollos que ocurren con posterioridad. Este fenómeno es bien conocido y no encierra en sí mismo ninguna dificultad, pero se torna problemático por el hecho de que el curso de la historia social no está estrictamente determinado y que toma en cada momento uno de los varios caminos que el pasado hace posibles. En cada momento existen varios futuros posibles, de los que tan sólo uno se realizará. En esta medida se puede decir que, al igual de lo que ocurre con el futuro, tampoco el pasado está «ya escrito» puesto que sus características se van 111
La psicología social como dispositivo deconstruccionista teóricos, por otra. Por si esto fuera poco, resulta que las aportaciones del segundo Wittgenstein y de Gadamer se refuerzan mutuamente para establecer la imposibilidad de que el conocimiento científico pueda trascender en última instancia las constricciones que le imponen tanto el lenguaje «natural», como las «pre-concepciones» que conforman una tradición cultural determinada. Esto significa que por lo menos algunas de las condiciones de posibilidad y de las condiciones de inteligibilidad del conocimiento científico son, en definitiva, de naturaleza social y, por lo tanto, histórica. Se justifica de esta manera la operación de desconstrucción de la epistemología que ha operado Rorty, así como la necesidad de sustituir la filosofía del conocimiento científico por una sociología de dicho conocimiento. Pero ya no se trata de una sociología del conocimiento científico que esté atenta, como lo ha estado tradicionalmente a los condicionantes sociales «externos» que inciden sobre la empresa científica, sino de una sociología preocupada por la naturaleza «intrínsecamente» social del conocimiento científico y de las prácticas que lo construyen. La adopción de una perspectiva no-representacionista (lo cual no significa ni mucho menos «idealista») sitúa a las ciencias sociales, y particularmente a la psicología social, en una posición estratégica para dar cuenta de la naturaleza de la ciencia. Una de las consecuencias que tiene la reinserción de la ciencia en el seno de los fenómenos sociales es la de hacer insostenible cualquier tentativa de fundamentar la supuesta neutralidad del conocimiento científico. La distinción entre cuestiones de hechos y cuestiones de valores deja de revestir la nitidez que se le suponía. Pero si el conocimiento científico en general pierde sus atributos de neutralidad es evidente que, a fortiori, el conocimiento científico social debe ser necesariamente considerado en sus dimensiones normativas. No me extenderé más prolijamente sobre las consecuencias del abandono de las tesis representacionistas, pero sí quiero enfatizar la idea de que la agenda de trabajo de la «nueva psicología social» debe situarse de lleno en el período post-representacionista y que esto constituye una condición necesaria para la construcción de las nuevas orientaciones que están emergiendo en la actualidad4 4 Para la crítica de la concepción representacionista es conveniente consultar las obras de Bernstein (1983),Putnam (1981),Rorty (1979). 118
Tomás Ibáñez Gracia 3. La agenda de la «nueva psicología social»: presupuestos ontológicos Pasando ahora a un plano ontológico, con sus evidentes prolongaciones enel plano del conocimiento, sepueden destacarlossiguientes aspectos como puntos irreversibles a partir de los cuales debe avanzar la psicología social post-positivista: Reconocimiento de la naturaleza simbólica de la realidad social. Esto no significa, por supuesto, que la realidad social se agota en su dimensión simbólica, sino simplemente que esta dimensión es insoslayablemente CONSTITUTIVA de los fenómenos sociales. La distintividad de lo social no puede definirse en términos de una TIPOLOGÍA de los objetos como lo han pretendido ciertos psicosociólogos. No es la NATURALEZA del objeto sino el TIPO DE RELACIÓN en el que este objeto está prendido quien le CONFIERE su dimensión social, y esta relación es de naturaleza eminentemente simbólica. En efecto, lo social no aparece hasta el momento en que se constituye un mundo de SIGNIFICADOS COMPARTIDOS entre varias personas. Es este fondo común de significaciones el que permite a los individuos investir a los objetos con una serie de propiedades que no poseen «de por sí», sino que son CONSTRUIDAS CONJUNTAMENTE a través de la COMUNICACIÓN y que se sitúan, por lo tanto, en la esfera de los signos. Una importante consecuencia que se desprende a mi entender de la afirmación anterior es que lo «social» es DISTINTO DE LO «COLECTIVO», e incluso de las RELACIONES INTER-INDIVIDUALES, así como de las ACTUACIONES CONJUNTAS. Desde este punto de vista se comete por lo tanto un abuso de lenguaje cuando se habla del carácter social de ciertas especies animales, o de las conductas sociales de los animales. Es cierto que podemos encontrar en las especies animales tanto conductas colectivas como estructuras relacionales, más o menos jerarquizadas. También podemos encontrar conductas interindividuales, así como actuaciones concertadas, más o menos genéticamente programadas, pero NADA DE TODO ESTO ES PROPIAMENTE SOCIAL en sentido estricto. Por su vinculación con la DIMENSIÓN SIMBÓLICA y con la construcción y circulación de SIGNIFICADOS, queda claro que cualquier cosa que denominemos «social» está íntima y necesariamente relacionada con el LENGUAJE y con la cultura. Nada es social si no es institui119
La psicología social como dispositivo deconstruccionista do como tal en el mundo de significados comunes propios de una colectividad de seres humanos, es decir, en el marco y por medio de la INTERSUBJETIVIDAD. Esto implica que lo social no radica EN las personas, ni tampoco FUERA de ellas, sino que se ubica precisamente ENTRE las personas, es decir, en el espacio de significados del que participan o que construyen conjuntamente, como muy bien lo vio VIGOTSKI, entre otros. Quizá sea sintomático que para definir la naturaleza de lo social me haya visto obligado a referirme a sus CONDICIONES DE PRODUCCIÓN, es decir, a su GÉNESIS. Lo social se construye efectivamente, al igual que los significados y la inter-subjetividad, EN la interacción entre las personas. Pero esto no significa que sea suficiente con que exista una interacción o una relación interpersonal para que también exista la dimensión social, como lo ha considerado tradicionalmente parte de la psicología social. En efecto, la INTERACCIÓN es tan sólo una CONDICIÓN, necesaria pero no suficiente para que emerja lo social. A partir del momento en que la cuestión de la dimensión simbólica pasa a formar parte de la agenda de la psicología social es obvio que esta disciplina se encuentra conminada a prestar una atención preferencial al papel del lenguaje y de la comunicación en la producción y en el funcionamiento de la realidad social. El reconocimiento de la importancia que tiene el significado exige de alguna forma que la psicología social agote las posibilidades del enfoque hermenéutico y disponga de una teoría de la significación. Pero de una teoría de la significación que conozca y asuma sus propios límites. En efecto, lo propio del significado es que no puede ser apresado en una formalización precisa y rigurosa, puesto que varía en función de los contextos en los que se construye (indexicalidad), y puesto que remite a un conjunto abierto de otros significados que lo definen tanto de forma diacrítica como de forma implicativa. Es inútil, por lo tanto, soñar con una teoría del significado que permita un tratamiento algorítmico de los significados y que permita desembocar sobre modelos predictivos. La dimensión simbólica de la realidad social representa cuanto menos un serio problema para cualquier proyecto orientado a construir una psicología social nomotética. Pero cuidado, al señalar el carácter problemático, e incluso la incompatibilidad entre la dimensión simbólica y un planteamiento nomotético, no estoy sugiriendo que no existe una regulación del entramado simbólico y que no se puedan detectar en su seno ciertas relaciones más o me120
Tomás Ibáñez Gracia nos constantes. Tan sólo estoy diciendo que estas regularidades no obedecen a una lógica nomotética. Esta postura no es en absoluto incompatible con el punto de vista según el cual los elementos simbólicos encuentran algunas de sus fuentes de determinación en las estructuras sociales y enlas posiciones sociales que ocupan las personas. Tampoco es incompatible con la atribución de una potencia causal a los factores simbólicos. Es bastante frecuente encontrar formulaciones que establecen una clara oposición entre lo real y lo simbólico: si algo es simbólico entonces no es real y recíprocamente. Sin embargo, es obvio que no existe tal oposición. Lo simbólico es tan real como cualquier otro objeto que podamos calificar razonablemente como real. Más aún, lo simbólico tiene la capacidad de constituirse en FUENTE DE PRODUCCIÓN DE LA REALIDAD. Es por ello por lo que se puede afirmar, junto con Peters y Rothenbuhler (1989), que uno de los problemas políticos fundamentales en la actualidad es precisamente el acceso a los medios de PRODUCCIÓN SIMBÓLICA DE LA REALIDAD. También es por esta razón por la cual los conocimientos elaborados por las ciencias sociales tienen la capacidad de revertir eficazmente sobre las propias características de la realidad, modificándolas. Si la realidad social no tuviera una dimensión simbólica, y si lo simbólico no tuviera la capacidad de generar realidades, no tendría sentido hablar de un «efecto de ilustración» en el sentido de . Reconocimiento de la naturaleza histórica de la realidad social. La idea según la cual la sociedad constituye una producción humana que se modifica a través del tiempo es ella misma una idea que ha sido producida en un período socio-histórico determinado, y, por cierto, en un período relativamente reciente. Pero en la actualidad, la idea de que las sociedades tienen una dimensión histórica ha adquirido un estatus de evidencia tan incuestionable que cualquier científico social que emitiera la más leve duda al respecto haría inmediatamente el ridículo. Sin embargo, nos encontramos ante la situación paradójica de unas ciencias sociales que, aun dando por supuesto el carácter histórico de las sociedades, han desarrollado por lo general un enfoque AHISTÓRICO de la realidad social. Reconocer la naturaleza histórica de lo social no se limita a considerar que las sociedades tienen una historia, sino que tienen unas implicaciones mucho más profundas que afectan tanto al plano ontológico como al plano epistemológico. 121
La psicología social como dispositivo deconstruccionista En el plano ontológico esto significa, como ya lo he indicado anteriormente, que los fenómenos sociales, las prácticas sociales, las estructuras sociales tienen «memoria», y que «lo que son» en un momento dado es indisociable de lahistoriadesu producción. Enotraspalabras,lagenealogíadelosfenómenos sociales está presente en ellos mismos. Por otra parte, decir que la realidad social es intrínsecamente histórica es decir que resulta en buena medida de las peculiaridades culturales, de las tradiciones, del «modo de vida» que una sociedad ha ido construyendo a lo largo de su desarrollo. Como muy bien lo había visto Herder, esto significa que todo fenómeno social es en cierta medida sui generis, idiosincrásico y concreto, referido a una sociedad particular, y, por lo tanto, inapresable desde las exigencias de la racionalidad positivista. Este último punto enlaza con el segundo de los planos que es preciso abordar, es decir, el plano epistemológico. Las consecuencias de una plena asunción de la historicidad de lo social son, aquí también, múltiples. En primer lugar, o bien se acepta la idea, sin duda extravagante, de que lo que determinadas prácticas sociales producen bajo el nombre de «conocimiento científico» no forma parte de la realidad social, o bien tenemos que aceptar que el propio conocimiento científico presenta una dimensión histórica en el sentido «fuerte» de la palabra, es decir, en un sentido que va más allá de la simple referencia a las modificaciones que acontecen a lo largo del tiempo. En segundo lugar, el hecho de que los fenómenos sociales no sólo tengan «memoria», sino que tengan también un «futuro», es decir, que experimenten una evolución de sus características presentes, invalida cualquier procedimiento de conocimiento que no tome en cuenta el carácter PROCESUAL de esos fenómenos, o mejor dicho, se invalida cualquier procedimiento que establezca una dicotomía entre, por una parte, el fenómeno considerado como un «producto» en el momento en que se analiza y, por otra, el «proceso» que sustenta ese producto. Más concretamente, lo que pretendo decir es que la idea de que se pueden tratar los fenómenos sociales como productos es una simple ilusión nacida de una operación arbitraria que consiste en «cerrar» la perspectiva temporal del fenómeno y en extraerlo artificialmente de sus condiciones temporales de existencia. El tijeretazo que se da al tiempo permite tratar un fenómeno social como si fuera un «objeto» estable, un «producto» o una «cosa», con lo cual se satisface obviamente a las exigencias del ideal de inteligibilidad positivista, pero al mismo tiempo se cambia irremediablemente la naturaleza, o la identidad, del fenómeno investigado. 122
Tomás Ibáñez Gracia El pleno reconocimiento de la naturaleza histórica de la realidad social, y portantodelconocimientoproducidosobreesarealidad,es otrodelospuntos quefigurancomopostulados departidaenlaagendadeuna«nueva psicología social». Con todas las consecuencias que esto implica para la «identidad» de la disciplina, y con el estatus privilegiado que se otorga de esta manera a los procedimientos «genealógicos» o «arqueológicos», en el sentido de Michel Foucault. Reconocimiento de la importancia que reviste el concepto, y el fenómeno, de la «reflexividad». De todos los calificativos con los cuales se ha adjetivado la palabra «animal» para designar la propiedad distintiva del ser humano (animal: racional, político, social, hermenéutico, etc...) entiendo que el más adecuado es el que lo califica como «ANIMAL REFLEXIVO». En efecto, es la capacidad que tiene el ser humano de ROMPER LA DISYUNCIÓN OBJETO/SUJETO y de fundir ambos términos en una relación circular, lo que posibilita la construcción de la naturaleza social de ese mismo ser humano. Es porque el sujeto es capaz de tomarse a sí mismo como objeto de análisis por lo que puede constituirse un mundo de significados compartidos y un espaciointersubjetivosin los cuales ladimensión social no podría constituirse como tal. Verse CON los ojos de los demás, verse EN los ojos de los demás, anticipar los efectos de sentido, o de otro tipo, que producimos en los demás, entender lo que hacen o lo que pretenden los demás, en definitiva, hacer que seamos inteligibles para los otros y recíprocamente, todo ello sería imposible sin la consciencia de sí mismo que permite la reflexividad. El bucle recursivo que cierra el «yo cognoscente» sobre el «yo conocido» constituye en última instancia la condición de posibilidad de lo social. Pero no basta con aceptar que el ser humano sea un ser dotado de reflexividad, es preciso asumir todas las implicaciones que esto conlleva. En primer lugar, el hecho de que, gracias a la reflexividad, el ser humano sea capaz de desarrollar ACTUACIONES ESTRATÉGICAS, es decir, actuaciones basadas en el cálculo de los efectos que sus acciones producen en los demás, introduce un factor intrínseco de impredictibilidad de las conductas. Paradójicamente es porque el sujeto puede anticipar, o predecir, los efectos que sus manifestaciones provocarán en los demás por lo que se quiebra el conceptomismodepredictibilidad.Sitomamos,por ejemplo,elengañocomo una de las modalidades de la actuación estratégica, está claro que los efectos 123
La psicología social como dispositivo deconstruccionista que deberían producirse «normalmente» a partir de cierta actuación de una persona NO se producirán si el otro sujeto intuye que la conducta desarrollada tiene como finalidad obtener de él precisamente esas reacciones. Así mismo, los conocimientos que el individuo va construyendo acerca de sí mismo en el transcurso de sus interacciones con los demás, modifica esas interacciones, lo cual modifica a su vez el conocimiento de sí... Se establece de esta forma un proceso de reconstrucción o permanente, e interdependiente, de la persona y de su contexto relacional, según una dinámica y unas modalidades que son difícilmente inteligibles desde una perspectiva positivista. En segundo lugar, la reflexividad debe extenderse a las propias ciencias sociales. Tanto la psicología social «qua disciplina» constituida en un momento sociohistórico determinado, como los conocimientos que produce y las prácticas concretas de los investigadores que trabajan en su campo, forman parte de la propia dimensión social que la psicología social se propone precisamente dilucidar. La psicología social debe, por lo tanto, tomarse a sí misma como objeto de análisis, y es quizá porque empezó a hacerlo por lo que estalló la famosa crisis que la sacudió tan profundamente. Ciertamente, la cuestión de la reflexividad no es una cuestión fácil, como no lo es cualquier cuestión que implique un bucle autorreferencial, pero no deja de constituir por ello otro de los puntos básicos a partir de los cuales cobra sentido la elaboración de una agenda de trabajo para una psicología social de nuevo cuño. Reconocimiento de la «agencia» humana. La idea según la cual la conducta humanaes,enbuenamedida,denaturalezaPROPOSITIVAyaestabapresente en los inicios de la Psicología moderna (Brentano, 1874). Sin embargo esta idea pasó a ser letra muerta por obra y gracia del hegemonismo conductista. La reactualización de la discusión acerca del carácter intencional de las conductashumanas, iniciada porlosseguidoresdeWittgenstein,obligóaprofundizar en la cuestión del tipo de causalidad que media entre las conductas y las intenciones, poniendo de manifiesto la relativa AUTODETERMINACIÓN de sus conductas por parte del propio agente que las realiza. El reconocimiento del carácter intencional de la conducta dibujaba de esta forma un concepto del ser humano como AGENTE capaz de constituirse en fuente de determinación última de sus propias conductas, es decir, capaz de autodirigir sus conductas en base a unas decisiones internamente elaboradas. 124
Tomás Ibáñez Gracia El hecho de que el ser humano pueda actuar en base a «razones» rompe toda posibilidad de formular una explicación de sus conductas desde el principio del determinismo causal universal, asumido por el positivismo como una de las condiciones de posibilidad de la propia explicación científica. La relativa AUTONOMÍA del ser humano obliga a aceptar la idea de que pueden darse casos en que ninguna condición sea ontológicamente suficiente para producir un efecto, es decir, que existen casos en los cuales, estando reunidas todas sus causas, un efecto puede producirse O NO (Greenwood, 1989). Así pues, el simple reconocimiento de que las intenciones desempeñan un papel en la actividad humana conduce a un replanteamiento radical en el plano ontológico y en el plano epistemológico. Dicho muy rápidamente, el ser humano presenta unas propiedades que lo excluyen del tipo de objetos susceptibles de ser tratados desde los supuestos de las ciencias galileo-newtonianas, es decir, desde el ideal de inteligibilidad de la ciencia moderna que ha inspirado hasta el presente a las ciencias sociales. La plena asunción de la agencia humana constituye otro de los puntos de arranquede la «nuevapsicología social», y la obligaa situarse en la perspectiva del ideal de inteligibilidad de las ciencias posmodernas. Reconocimiento del carácter dialéctico de la realidad social. Por las razonesquesean, está claroquenos es mucho más fácil«ver»ypensarentérminos de objetos que en términos de relaciones. De ahí quizá la tendencia que tenemos, como personas y como investigadores, a constituir como CATEGORÍAS ONTOLÓGICAMENTE INDEPENDIENTES unas entidades que sólo pueden existir en virtud de sus RELACIONES RECÍPROCAS y a representarnos bajo la forma de objetos lo que en realidad tiene la forma de un entramado de relaciones. De ahí también que se hayan conceptualizado como realidades ontológicamente independientes el individuo por una parte y la sociedad por otra, dando lugar al estéril debate entre el individualismo metodológico y el holismo sociológico. La concepción dialéctica de la realidad social enfatiza especialmente dos aspectos: la naturaleza RELACIONAL de los fenómenos sociales y el carácter PROCESUAL de estos fenómenos. En este sentido no tiene cabida la dicotomía ontológica entre individuo y sociedad, puesto que ninguno de los dos términosesdefinibleconindependencia del otro:lasociedadsóloadquiereun estatus de existencia a través de las prácticas desarrolladas por los individuos, 125
La psicología social como dispositivo deconstruccionista a la vez que éstos no existen como seres sociales si no es mediante su producción por la sociedad. Se trata de un proceso de MUTUA CONSTRUCCIÓN, en el que las causas y los efectos intercambian continuamente su estatus. Por lo tanto, ladicotomíaentreun espacioexterior, lasociedad,yunespacio interior, el individuo, en el que se encontrarían internalizadas las características de la sociedad, no es de recibo. En este mismo sentido, si bien es cierto que los actos sólo adquieren sentido en el contexto en que se expresan, sería erróneo atribuir al contexto un estatus independiente de los actos: el contexto está construido por los actos que resultan de él. Encontramos nuevamente una estructura en bucle recursivo que nos recuerda en cierta medida la problemática del círculo hermenéutico tal y como la ha desarrollado Gadamer. Por otra parte, el énfasis que pone la dialéctica sobre el carácter procesual de los fenómenos nos lleva a considerar que, lejos de estar constituidos de una vez por todas, los objetos sociales se encuentran en un proceso de constante devenir, de continua creación y recreación, de constante reproducción y transformación. Reencontramos de esta forma la dimensión histórica de la realidad social a la que ya he apuntado con anterioridad5. El concepto de «DUALIDAD ESTRUCTURAL» (Giddens, 1984), que da cuenta del carácter simultáneamente estructurado y estructurante de la sociedad y de las prácticas sociales, debe unirse, en la agenda de la «nueva psicología social», a la concepción según la cual es en el proceso mismo de su desarrollo donde se va configurando cualquier fenómeno social de una forma que no se encuentra enteramente pre-definida por las condiciones antecedentes. Lo «ya hecho» abre, pero no determina, las posibles líneas de desarrollo de lo que acontecerá (Shotter, 1983). Reconocimiento de la adecuación de la perspectiva construccionista para dar cuenta de la realidad social. Nadie duda en la actualidad de que la sociedad constituye una producción de los seres humanos. Pero sin embargo sigue siendo difícil resistir a la tentación de NATURALIZAR lo que no son sino construcciones culturales. Aunque el realismo ingenuo ya no sea aceptado por nadie, se sigue cayendo en las trampas del lenguaje, y se sigue atribuyendo el estatus de CATEGORÍAS NATURALES a ciertas entidades por el mero hecho de que forman parte de nuestro vocabulario. La asunción del 5Sobre la orientación dialéctica es conveniente consultar el texto de Georgoudi (1983). 126
Tomás Ibáñez Gracia punto de vista construccionista exige una actitud de DUDA METÓDICA ante cualquier atribución de realidad a los fenómenos u objetos cuya existencia parece estar sólidamente acuñada en nuestro lenguaje. En consonancia con esta suspición sistemática, se puede afirmar que una de las tareas fundamentales de la psicología social consiste precisamente en poner de manifiesto el papel que desempeñan las construcciones culturales y las CONVENCIONES LINGÜÍSTICAS en la generación de una serie de «evidencias» que se imponen a nosotros con toda la fuerza de las «cosas mismas». Michel Foucault, en un plano más general, y Kenneth Gergen, en el ámbito de las ciencias sociales, han contribuido decisivamente a disipar el pretendido carácter natural de ciertos fenómenos, resituándolos en una dimensión histórica y sociocultural determinada. Esta preocupación por «desnaturalizar» los fenómenos sociales es tanto más importante cuanto que el hecho de que todo fenómeno social sea intrínsecamente histórico implica que todo fenómeno de este tipo resulta, por lo menos parcialmente, de las convenciones lingüísticas, de los juegos de lenguaje y de las tradiciones culturales que conforman una «forma de vida», en el sentido de Wittgenstein. Dar cuenta de esos fenómenos exige, por lo tanto, que se dé cuenta de tres cuestiones: La primera no es otra que la de acotar el papel, más o menos predominante según los casos, que desempeñan las convenciones lingüísticas en su producción. La segunda consiste en dilucidar la naturaleza del proceso mediante el cual los procesos discursivos tienen la capacidad de engendrar, aunque sea parcialmente, los objetos sociales. La tercera pasa por especificar el mecanismo mediante el cual confundimos las propiedades de nuestra forma de hablar de las cosas con las propiedades de las propias cosas (Shotter, 1987)6. Sin duda, podríamos mencionar otros puntos de apoyo a partir de los cuales está tomando su vuelo la «nueva psicología social», pero no constituirían quizá sino implicaciones o derivaciones de los seis que he enunciado hasta aquí. De hecho, muchos de estos puntos son tácitamente aceptados por 6 Sobrela orientaciónconstruccionistaesconvenienteconsultarlasobras deGergen(1985a, 1985b). 127
La psicología social como dispositivo deconstruccionista un SISTEMA AUTOORGANIZATIVO con todas las consecuencias que esto implica a nivel ontológico y epistemológico. Como es conocido, los sistemas autoorganizativos se caracterizan básicamenteporsupropiedaddeeludirelsegundoprincipiodelatermodinámicaen base a una serie de mecanismos internos que generan por sí mismos procesos negantrópicos. Estos procesos conducen hacia incrementos de complejidad interna autogenerada. Esto significa que se trata de sistemas dotados, entre otras cosas, de la suficiente redundancia, o variabilidad interna, para transformar los inputs provenientes del entorno en procesos estructurantes. Esto significa también que se trata de sistemas que mantienen su estructura y la complejifican gracias a las propias fuerzas y energías que actúan EN CONTRA del mantenimiento del sistema. En efecto, aunque esto pueda parecer paradójico, no hay autoorganización posible si no es a través de la presencia simultánea de fuerzas antagonistas y de elementos mutuamente incompatibles, es decir, que un sistema que no produce ERRORES en su funcionamiento, que no experimenta «ruido», y que no pueda nutrirse precisamente de esos errores y de ese ruido es incapaz de realizar por sí mismo cambios internos negantrópicos. Un sistema que no produce errores, o que no puede alimentarse de ellos, solamente puede modificarse en dirección a una mayor complejificación o a una readaptación hacia las características cambiantes del entorno, por medio de la actuación de agentes exteriores al sistema, o por medio de un «programa de cambio» incluido en su seno desde el momento mismo de su constitución. Unadelascaracterísticasmásinteresantesdelossistemasautoorganizativos radica en la impredictibilidad de los cambios efectivos que experimentará el sistema. Esta imprevisibilidad no resulta de un conocimiento insuficiente de los procesos sufridos por esos sistemas, de un dominio insuficiente de sus leyes de funcionamiento, o de una imprecisión en cuanto a la definición de sus condiciones iniciales, sino que proviene de su sensibilidad a las influencias aleatorias y de la existencia de evoluciones que responden a ecuaciones no lineales con distintas soluciones igualmente posibles. Si tenemos en cuenta las características de los sistemas autoorganizativos parece bastante obvio que las sociedades presenten a nivel ontológico una seriedepropiedadesquelas instituyencomosistemaautoorganizativo.Citaré algunas de ellas: 134
Tomás Ibáñez Gracia 1. la sociedad ni es diseñada ni es regulada por arte y magia de un agente o de una voluntad que le sea exterior (es evidente que la figura del colonialistmo no constituye un contraejemplo). La sociedad tampoco se encuentra dotada desde sus inicios de un programa que encierre las instrucciones para su funcionamiento y evolución; 2. la sociedad se mantiene, por definición, en un estado alejado del equilibrio, es decir alejado de la entropía máxima. No hay sociedad sin diferenciación social, sin estructuras sociales. Es más, las sociedades modernas se caracterizan por una fuerte diferenciación interna con un alto grado de redundancia o de variabilidad estructural y funcional; 3. la sociedad evoluciona históricamente hacia una mayor complejidad, y esta evolución social constituye un proceso irreversible (salvo, evidentemente, que se produzca en algún momento una destrucción material de la sociedad y se inicie otro proceso distinto); 4. como ha argumentado Karl Popper (1957), existen razones de principio que imposibilitan el conocimiento preciso de la evolución de la sociedad. El reconocimiento de que los sistemas sociales constituyen sitemas autoorganizativos conduce a una reconceptualización de muchos de los procesos sociales que investiga la psicología social, por ejemplo, los fenómenos de conflicto social, de control y de cambio social, de acción social (Ibáñez, 1986), a la vez que permiten reenfocar una serie de cuestiones, tales como los efectos sociales de las nuevas tecnologías, o, en un plano más directamente político, el funcionamiento de las estructuras de poder y las condiciones de posibilidad de mutaciones sociales emancipatorias9. Hasta el momento, la importación hacia el campo de las ciencias sociales de conceptos que provienen de las ciencias naturales no ha resultado ser muy fructífera. Es comprensible por lo tanto que se manifiesten ciertas reticencias ante la idea de inspirarse ahora en la dinámica de los sistemas meta-estables para desarrollar una nueva psicología social. Sin embargo, estoy convencido de que estas reticencias no están justificadas. En primer lugar, porque no es 9 Sobre la cuestión de los sistemas auto-organizativos es conveniente consultar las obras de: Atlan (1979);Dumouchel y Dupuy (1983);Dupuy (1982);Forsé (1989);Ibáñez (1986); Prigogine y Stengers (1979,1988). 135
La psicología social como dispositivo deconstruccionista el hecho en sí mismo de haberse inspirado en las ciencias naturales lo que ha sido negativo para las ciencias sociales, sino el hecho de que las analogías que sehanutilizadoestuviesenconstruidasa partir de conocimientosnaturalistas decortepositivista. Lasciencias de los sistemas autoorganizativos han nacido en clara oposición a la concepción positivista de la ciencia y de la naturaleza. En segundo lugar, son las propias ciencias naturales post-positivistas las que pugnan hoy en día por una superación de la absurda separación entre ciencia y filosofía, o entre ciencias de los objetos naturales y ciencias de los objetos sociales. Es preciso establecer una nueva alianza, no sólo entre el hombre y la naturaleza, sino también entre las ciencias del hombre y las ciencias de la naturaleza. La psicología social post-positivista debe situarse en el corazón mismo de esta nueva alianza, y el estudio de los sistemas autoorganizativos puede constituir el mejor camino para conseguirlo. No quisiera concluir sin aludir de nuevo a la figura de Penélope. En efecto, laúnicaformaenquelanuevapsicología socialpuedeserconsecuenteconsigo misma consiste en aplicarse a deconstruir sin tregua sus propios postulados. Como decía Edgar Morin hace unos años: «El único pensamiento vivo es el que se mantiene a la temperatura de su propia destrucción». 136
7 El papel de lo imaginario en la construcción de la vida social John Shotter ¿En qué consiste entonces la realidad a la que se refieren términos como «yo» o «tú»? Es únicamente una «realidad discursiva», y eso es algo muy extraño. Benveniste, 1971, p. 218 SÍNTESIS: Partiendo de la perspectiva del construccionismo social, pero de tipo más práctico que teórico, analizaré los procesos interactivos mediante los cuales las personas construyen «marcos organizados» posibilitadores/- constrictivos «dentro de» los cuales se canalizarán sus actos futuros. Estos marcos suscitan lo IMAGINARIO y, de hecho, a menudo originan objetos IMPOSIBLES que no poseen una existencia real y que solamente subsisten «en» las prácticas sociales de la gente. Sin embargo, en la medida en que podemos hablar de ellos, pueden conformar y estructurar nuestro comportamiento. El «objeto» más importante de este género es lo que con tanto placer llama137
El papel de lo imaginario en la construcción de la vida social mos nuestro «yo». Este tipo de objetos imaginarios desempeñan un papel de gran importancia, al mantener cohesionadas las múltiples estructuraciones parciales de la vida diaria y por otra parte al conservarlas abiertas a futuras articulaciones. Cualquier tentativa de COMPLETARLAS como objetos reales destruye su naturaleza y puede conducir a una forma cerrada (mecánica) de la vida social. Para empezar, distingamos por una parte el mundo «de la sociedad civil» (como la llamó Vico, 1725), o el «barullo» de la vida diaria (como lo llamó Wittgenstein, 1980), y por otra parte los dispositivos e instituciones del Estado, así como los mecanismos económicos de producción, distribución e intercambio. Estos últimos, en cuanto que modelos autorreproductivos y estructuras de la vida social OFICIAL, existen claramente y son detectables empíricamente como tales. Pero lo que deseo argumentar es que el barullo o tumulto diario y oficioso de la vida social no debe entenderse como un conjunto fijo y EMPÍRICAMENTE definible de estructuras y actividades, sino como poseedor, en un sentido especial, de una naturaleza imaginativa. Dicho de otro modo, su naturaleza se comprende mejor no como existente en la realidad, sino como SUBSISTENTE «en» las acciones mutuamente inteligibles que se producen entre los individuos. Añadiré que este barullo carece de una naturaleza plenamente desarrollada; sólo está parcialmente estructurado y abierto, hasta un cierto límite, al posterior desarrollo, a la incesante configuración y reestructuración por parte de los que lo llevan a cabo. De aquí que, en nuestros argumentos en torno a la naturaleza de las cosas, debamos entender que nuestras afirmaciones (sean verdaderas, falsas o carentes de significado) no son siempre sobre cosas reales; a veces lo que refieren es imaginativo. Y lo cierto es que pueden darse afirmaciones verdaderas (o falsas o absurdas) sobre cosas imaginarias. Más aún, pretendo demostrar que lo que está en juego en la incesante configuración y reestructuración del carácter imaginario de la vida social de cada día en su conjunto es precisamente aquello que la gente gusta imaginar como su IDENTIDAD, es decir, quién y qué piensan que son o intentar ser, en relación a los demás (y a la «alteridad») que les rodean. Así, su inserción en estas actividades formativas es lo que determina sus motivos y sus sentimientos, lo que consideran positivo emprender, y lo que les parece inteligible y razonable. De aquí se deriva la importancia y la naturaleza «disputada» 138
John Shotter (Gallie, 1956) de los factores que afectan la estructura material del barullo de la vida diaria: nuestra incierta tarea consiste en SER seres humanos, y para ello hemos de saber lo que esto significa. Mientras que quizás estemos viviendo una vida conscientemente «alienada» por el Estado y por los mecanismos económicos de la vida social, son las prácticas de la vida cotidiana lo que parece estructurar la imagen que tenemos de nuestra «verdadera» naturaleza. Además, lo consiguen con tal eficacia que, literalmente, no sabemos cómo podríamos ser distintos de lo que somos, aunque nos sintamos profundamente insatisfechos con esas imágenes de nosotros mismos y de nuestra vida. 1. La gran trampa: certidumbres falsas pero incorregibles 1.1. Esperando a Godot tal como es Permítanme explicar algunas de mis razones para desear defender la naturaleza imaginativa de la vida cotidiana, comenzando con un pasaje de la obra ESPERANDO A GODOT de Samuel Beckett. Vladimir, uno de los clásicos personajes desahuciados de Beckett, dirige un discurso largo y confuso a Estragón, el otro vagabundo, en torno a si deberían cumplir la tarea que aparentemente se les ha asignado —la de esperar a Godot— o si forma parte de su naturaleza humana acudir en ayuda de un prójimo que se encuentra en dificultad y les suplica que intervengan urgentemente. Vladimir ve de pronto una salida a su confusión: no necesitan saber si son responsables de representar a la humanidad entera o no, porque: «...Esa no es la cuestión. Qué estamos haciendo aquí, ESA es la cuestión.Ylomaravillosoesque sabemos la respuesta.Sí,en esta inmensa confusión sólo una cosa es clara. Estamos esperando a que llegue Godot...» (Beckett, 1956, p. 80) Y ESA es la forma en que justifican al principio su escasa disposición por ayudar. Pero la tragedia de los desheredados de Beckett (y la comedia para nosotros) es que lo que para ellos está perfectamente claro: el supuesto motivo que ordena la mayor parte de sus actos cotidianos, lo único que creen que 139
El papel de lo imaginario en la construcción de la vida social lo transformaría todo para ellos: la llegada real de Godot... no es sino una ilusión. La llegada de Godot no forma parte en absoluto de sus vidas, de hecho, viven al margen de ello. Lo que nosotros, y ellos, consideramos (aunque erróneamente) que ejerce «su» influencia sobre ellos, es un ser virtual que nunca aparece y tan sólo subsiste en sus conversaciones, es un hablar-de-Godot, un sustituto, una suplencia. Sin embargo, esta afirmación es falsa, es el reverso de la verdad, ya que es el hablar-de-la-espera lo que REQUIERE la referencia a un Godot, y no la existencia de Godot lo que suscita su espera. Este Godot (al menos en su experiencia) no ha existido nunca. Mientras se EXPLICAN su espera en referencia a la supuesta existencia de un Godot (más que la existencia de Godot por su espera), prosiguen sin la existencia de ese Godot. Es un Godot IMAGINADO lo que desempeña un papel en sus vidas. Enrealidad,loquealfinalprovocalaironíamásprofundaesnaturalmente que no sólo se engañan a sí mismos, sino que uno y otro son mútuamente cómplices del autoengaño del otro. No sólo aceptan la explicación que les da el otro sobre lo que están haciendo, sino que además se recuerdan mutuamente cuál es su misión. Sin embargo, lo único que ven con claridad —el hecho de estar esperando a Godot— no es una explicación correcta en modo alguno de lo que de verdad están haciendo. Es una ilusión construida socialmente y socialmente mantenida que les permite dar un sentido a su vida, y a la que sienten que deben subordinarse. — Estragón: ¿No estamos atados? — Vladimir: No oigo ni una palabra de lo que dices. — Estragón: (mastica, traga) ¿Atados? — Vladimir: A-ta-dos. — Estragón: ¿A qué te refieres? — Vladimir: Amarrados. — Estragón: Pero, ¿a quién? ¿Por quién? — Vladimir: A ese hombre. — Estragón:¿AGodot?¿AtadosaGodot?¡Vayauna idea!Nihablar.(Pausa.) Por el momento. (Beckett, 1956, pp. 20-21) Pero la gracia es que ellos mismos son los que se imponen esa subordinación. De hecho, una y otra vez han de recordarse mutuamente que están ESPERANDO (a Godot). Pero cuando lo olvidan se permiten prácticas y actividades, conformadas por otras imágenes e identidades (el music hall, el circo, etc.), que —cuando recuerdan su misión y quiénes creen ser— han 140
John Shotter de contemplar como DIVERSIÓN de lo que entienden como el auténtico y verdadero propósito de su vida: su espera. Así, esa espera es lo que les aporta su identidad, les dice quiénes «son», no saben cómo darse una explicación de sí mismos si no es en esos términos. Sin embargo, nosotros —como espectadores— podemos ver que están engañados, que lo que ellos dicen que están haciendo es FALSO: están haciendo más, mucho más, que esperar. Están VIVIENDO (quizá no muy bien ni con mucho entusiasmo), pero no obstante, ante nuestros ojos, están viviendo diversas formas de vida y sin embargo, ELLOS no «ven» ese hecho. Se han encerrado ellos mismos en una visión de sí mismos que ellos han forjado. Y ELLOS, COMO LOS INDIVIDUOS QUE SON, se impiden a sí mismos ver su falsedad: no sólo porque es el único activo, por así decir, con el que pueden llevar a cabo sus actividades conjuntas, sino porque deben a su uso continuado el ser quienes son y su propia identidad en relación al otro. Por tanto, tienen la impresión de que para evitar una cierta desorientación ontológica, deben aferrarse a su uso. 1.2. La ilusión de la claridad: la imposibilidad de reconocer la confusión Aunque de forma clara, en medio de toda su confusión, la claridad que creen hallar es ilusoria. Pese a que no tienen el sentimiento de estar confundidos, pese a que no CREEN estarlo, desde nuestra visión, están realmente confundidos, pues han confundido las propiedades de su diálogo (sobre alguna «cosa») con las propiedades de la «cosa» en sí. Lo cierto es que no importa lo clara que resulte (en ciertos momentos de reflexión) la existencia de Godot —como existencia real y separada que les trasciende y da un sentido a su vida— no sólo no hace falta que Godot exista realmente, sino que en realidad ni siquiera poseen ningún tipo de conocimiento real sobre Godot. En efecto, se preguntan al principio si otro vagabundo del bosque, llamado Pozzo, será Godot. Pueden vivir (y de hecho viven) sin un Godot o Godots reales. Pero si se les pide que traten de explicar su conducta, dicen que están esperando a Godot; sin su espera —falsa en relación a lo que están haciendo realmente— su vida les parecería carente de significado. Sin embargo, el único Godot que conocen es el Godot que «subsiste» en sus conversaciones sobre la existencia de ese ser. 141
El papel de lo imaginario en la construcción de la vida social También nosotros, según Beckett (y según yo mismo), somos como esos seres desahuciados. Al margen de lo claro y definible que nuestros TEMAS de discusión nos parezcan, al margen de lo fuerte que sea el sentido que tenemos de su «realidad», a menudo no hacemos sino hablar y analizar cosas que sólo existen en nuestra conversación y coordinamos nuestras acciones con los demás en esos términos. Hemos «prestado» o «dado» a las cosas de las que hablamos una naturaleza que —aunque aquello sobre lo que se basa nuestro discurso nos autorice proceder de esta forma—, no poseen en realidad. Y cuando hemos de hablar sobre nosotros mismos, sobre nuestra propia naturaleza, el tema se hace más difícil. No se trata solamente de que nuestros medios de explicar o justificar nuestras actuaciones ante los que nos rodean —refiriéndonos a supuestos «ESTADOS MENTALES» interiores, «motivos» o «sentimientos» que supuestamente están en algún lugar dentro de nosotros— son falsos y nos ocultan la verdadera relación de nuestros actos respecto a su contexto, a las circunstancias que los rodean. Tampoco se trata solamente de que se induce así la ilusión de una forma de agencia humana individualista, ahistórica y descontextualizada que descuida erróneamente el papel desempeñado por nuestras relaciones con los demás, especialmente con nuestros predecesores que dieron forma al actual «marco o escenario organizado» en el que nos movemos ahora. El error es incluso más profundo y peligroso: reside en la suposición de que nuestra naturaleza desconocida e inaccesible, que nuestros significados pueden englobarse en un sistema perfectamente definido. La equivocación consiste en creer que los seres imaginarios que sólo SUBSISTEN en nuestros discursos sobre nosotros mismos son realmente el ser que somos. Para plantearlo más positivamente, diré que lo que trato de demostrar es que nuestra naturaleza es de tal forma que siempre se está formando, que nunca está completa, que siempre se escapa; pero que los «lugares» reconocibles y bien definidos que nos construimos para nosotros y que ocupamos al relacionarnos con los demás pueden funcionar, por así decirlo, «en lugar de» nosotros mismos. Pueden (o más exactamente podemos) crear un SENTIMIENTO —una ilusión— de que somos algo relativamente fijo y acabado; podemos «concedernos» una naturaleza acorde con lo que ya somos en la actualidad, pero que no se corresponde enteramente con lo que somos en realidad. El peligro principal reside en creer que esta ilusión es la realidad, y en pensar que se tiene, en un sistema sencillo y coherente, el secreto del sentido de la vida. Por tanto, los objetivos de mi argumentación son los siguientes: 142
John Shotter 1. En primer lugar, no sólo intentar dar sentido a la forma en que juntos damos sentido a las cosas, sino buscar el modo en que conseguimos (al menos en ocasiones) elaborar conjuntamente un sentido que lleva a la reproducción no de un sistema cerrado y bien definido de relaciones sociales, sino de un sistema que contribuya al mantenimiento de un orden simplemente parcial, y evite precisamente que se produzca un cierre total. 2. Así, deseo explorar las formas en que JUSTIFICAMOS o damos cuenta de la validez de nuestras proposiciones cuando es imposible recurrir a los ESQUEMAS PREESTABLECIDOS para dar razón de ellas. 3. Además, pretendo analizar por qué ha sido tan difícil reconocer que nosotros mismos nos hayamos restado capacidades, que nos hayamos dejado atrapar en el interior de unos límites IMAGINARIOS inventados por nosotros mismos. Existen, en efecto, algunas falacias muy especiales en el sentido de que están disfrazadas y eficazmente protegidas contra su descubrimiento que aparecen en cuanto se intenta pensar en procesos esencialmente HISTÓRICOS, pero haciéndolo desde dentro de un sistema. Éstas podrían llamarse FALACIAS DE HECHOS EXPOST FACTO, y están relacionadas con el hecho «de» dar a los hechos anteriores que no habían sido formulados, una formulación a partir de un sistema posterior. 4. Y por último, deseo estudiar las posibles consecuencias del reconocimientodelpapel que podemos desempeñarenlaformacióndenuestras propias identidades, su naturaleza «disputada», y los dilemas que ese reconocimiento plantea para la comprensión de la personalidad humana en un mundo postnaturalista futuro, es decir, un mundo que no esté desconectado psicológicamente de los procesos histórico-sociales de su propio desarrollo. Esta perspectiva representa que no sólo en el campo económico o en el laboral (como parecía pensar Marx) se producen y reproducen las distintas formas de la conciencia humana, sino en otras esferas de la vida cotidiana, lo que da un nuevo impulso a la teoría social, un giro que ya se ha tomado (si no me equivoco) en el interés actual por el concepto gramsciano de HEGEMONÍA, entendida como la posibilidad de que exista una forma de dominación de clase, o de ilusión de dominación, no sólo en las instituciones políticas y económicas, sino también, y más profundamente, «en» las formas de conciencia y experiencia que se derivan de las prácticas de la vida cotidiana en general (Bocock, 1986). 143