GEOPOLÍTICA Y GEOECONOMÍA DE LA COOPERACIÓN ENTRE CHINAY AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE DANIELE BENZI RAFAEL DOMÍNGUEZ MARTÍN GIUSEPPE LO BRUTTO GUSTAVO RODRÍGUEZ ALBOR EDITORES
GEOPOLÍTICA Y GEOECONOMÍA DE LA COOPERACIÓN ENTRE CHINA Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE
BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA MA. LILIA CEDILLO RAMÍREZ Rectora JOSÉ MANUEL ALONSO OROZCO Secretario General GIUSEPPE LO BRUTTO Director del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” UNIVERSIDAD DE CANTABRIA ÁNGEL PAZOS CARRO Rector SILVIA TAMAYO HAYA Secretaria General BELMAR GÁNDARA SANCHO Directora de la Editorial de la UC ANDRÉS HOYO APARICIO Director de la colección Sociales
GEOPOLÍTICA Y GEOECONOMÍA DE LA COOPERACIÓN ENTRE CHINA Y AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE Daniele Benzi Rafael Domínguez Martín Giuseppe Lo Brutto Gustavo Rodríguez Albor (Editores) André Pires Batista Coelho • Daniele Benzi Ada Celsa Cabrera García • Carlos Cerda Dueñas Dario Clemente • Eduardo Crivelli Minutti Rafael Domínguez Martín • Daniel Lemus-Delgado Giuseppe Lo Brutto • Gustavo Rodríguez Albor Elsa Sousa Kraychete • Ximena Zapata BENEMÉRITA UNIVERSIDAD AUTÓNOMA DE PUEBLA INSTITUTO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES “ALFONSO VÉLEZ PLIEGO” UNIVERSIDAD DE CANTABRIA - EDITORIAL UC “Alfonso Vélez Pliego” INSTITUTO DE CIENCIAS SOCIALES Y HUMANIDADES
Geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre China y América Latina y el Caribe Esta publicación tuvo un proceso de dictamen, doble ciego, por pares académicos, que garantiza su calidad y pertinencia académica. Primera edición, 2021 D.R. © Benemérita Universidad Autónoma de Puebla 4 Sur 104, Col. Centro Histórico, Puebla, Pue. C.P. 72000 Teléfono (222) 229 55 00 www.buap.mx Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” Av. Juan de Palafox y Mendoza 208, Centro Histórico C.P. 72000, Puebla, Pue. Tel. (222) 229 55 00 Ext. 3131 www.icsyh.org.mx D.R. © Editorial de la Universidad de Cantabria Avda. de los Castros 52, 39005, Santander (España) www.editorial.unican.es [email protected] ISBN BUAP: 978-607-525-780-8 ISBN Editorial Universidad de Cantabria: 978-84-17888-79-4 [RÚSTICA] 987-84-17888-80-0 [PDF] DOI -EUC-: https://doi.org/10.22429/Euc2021.045 Este libro es el n. 70 de la colección Sociales de la EUC que obtuvo el certificado CEA/APQ de calidad en edición académica, promovido por UNE y avalado por ANECA y FECYT, con mención de internacionalidad. Coordinación editorial: Margarita Muñoz Loyola Corrección: Yirlean Ramos Feria y Noé Blancas Blancas Formación: Noé Blancas Blancas Portada: Julio Broca Digitalización: Manuel Ángel Ortiz Velasco [emeaov] Hecho en España - Made in Spain Santander, 2021 Reservados todos los derechos. Prohibida la reproducción total o parcial de esta obra, sea cual fuere el medio, sin la anuencia por escrito de los titulares de los derechos
ÍNDICE Introducción: Geoeconómía y geopolítica de la relación China-América Latina y el Caribe, desde una perspectiva histórica y crítica Daniele Benzi, Rafael Domínguez Martín, Giuseppe Lo Brutto y Gustavo Rodríguez Albor....................................7 1. Geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica y del complejo integracionista latinoamericano Rafael Domínguez Martín ..................................13 2. La geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo XXI Ada Celsa Cabrera García y Eduardo Crivelli Minutti .............83 3. La cooperación internacional de china con los países del sistema de la integración centroamericana Carlos Cerda Dueñas y Daniel Lemus-Delgado .................119 4. Análisis de las relaciones China-Colombia en el actual contexto geopolítico latinoamericano Giuseppe Lo Brutto y Gustavo Rodriguez Albor ................145 5. China y la periferia suramericana: entre la ilusión desarrollista y la expansión capitalista. Los casos de Ecuador y Bolivia Ximena Zapata y Daniele Benzi.............................185 6. La crítica de las relaciones comerciales entre Brasil y China en el siglo XXI Elsa Sousa Kraychete y André Pires Batista Coelho ..............233 7. ReOrient América Latina: las nuevas rutas del despojo van hacia China. El caso de Brasil y de la minera trasnacional VALE Dario Clemente.........................................265 8. Geopolítica y geoeconomía de la Cooperación Sur-Sur: China en América Latina y el Caribe Rafael Domínguez Martín .................................287 www.editorial.unican.es
INTRODUCCIÓN: GEOECONÓMÍA Y GEOPOLÍTICA DE LA RELACIÓN CHINA-AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE, DESDE UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA Y CRÍTICA Desde la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio en 2001, los intercambios comerciales, empresariales y las relaciones de cooperación entre el gigante asiático y América Latina y el Caribe se han incrementado exponencialmente. Asimismo, tras la eclosión de la crisis mundial en 2008 y sus secuelas en las relaciones internacionales globales, la gravitación geopolítica de China en esa región ha crecido de manera igualmente significativa en la última década. La creación del Foro de Cooperación China-CELAC en 2015 para la promoción de la relación estratégica integral, el nuevo Documento sobre política de China hacia América Latina y el Caribe (2016) y la incorporación de la región al “Cinturón de la Ruta Económica de la Seda y la Ruta Marítima de la Seda del siglo XXI”, más conocido como The Belt and Road Initiative, son expresivos de que los países de América Latina y el Caribe, a decir del documento de la Oficina de Líderes para dicha iniciativa, son “importantes mercados emergentes así como principales socios comerciales de China”. En este panorama, cabe decir que el gigante asiático mantiene con los principales Estados de América Latina asociaciones estratégicas bilaterales, pues hasta siete países de la región son miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura: de pleno derecho se encuentra Ecuador, y prospectivos, Chile, Argentina, Brasil, Perú, Bolivia y Venezuela. Respecto a las dos principales potencias de la región, cabe decir que, Brasil hace parte del grupo BRICS, (junto con Rusia, India, China y Sudáfrica), mientras que México ha mostrado un interés creciente en estrechar relaciones con el gobierno chino. Ante ello, el objetivo de este quinto volumen de la Red Iberoamericana Académica de Cooperación Internacional (RIACI), convocado en conjunto con el Grupo de Investigación en cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo (GICSS-REEDES), ha sido www.editorial.unican.es
14 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe nismo), bien sea de movilización para cambiar la condición de dependencia (latinoamericanismo). La hipótesis de partida es que, en el caso de América Latina y su historia de relaciones hemisféricas hasta la irrupción de China, el pensamiento geopolítico y geoeconómico puede ser previo e incluso ajeno a la utilización de ambos términos. Como se verá en el capítulo final de este libro, el acercamiento de China a la región se puede entender como una intensificación progresiva del relacionamiento desde el bajo perfil de la década de 1970 hasta el gran salto adelante a partir de la incorporación de la República Popular a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001. El marco teórico del trabajo se basa en la integración subordinada del constructivismo al realismo a partir de la propuesta de economía geopolítica de Radhika Desai (2013), tributaria de las teorías marxistas del imperialismo y la geografía crítica, que ponen el énfasis en la materialidad de las naciones, el papel del Estado y el desarrollo desigual y combinado, sin olvidar las reflexiones subalternas que sobre geopolítica y geoecononomía se han elaborado desde América Latina y China. La metodología aplica el análisis crítico de la información documental primaria (textos originales sobre autores clave y fuentes oficiales estadounidenses, latinoamericanas y chinas) y secundaria (informes de think tanks y bibliografía internacional latinoamericana, norteamericana, europea y china). El método histórico-estructural sirve para dar coherencia al conjunto del material documental y bibliográfico revisado y situarlo en la perspectiva temporal mucho más amplia que proporcionan, a su vez, la historia de las relaciones internacionales, la historia de las ideas, la historia conceptual y la historia intelectual. La estructura del ensayo se divide en dos partes. En la primera se reconstruyen en perspectiva histórica y relacional los conceptos de geopolítica y geoeconomía, con énfasis en América Latina y sus geografías subregionales desde la ideología del panamericanismo y el interamericanismo. En la segunda se reivindica el pensamiento de tres autores asociados al complejo integracionista latinoamericano (Manuel B. Ugarte, Víctor R. Haya de la Torre y Helio Jaguaribe) que raramente han sido clasificados como geopolíticos o geoeconómicos, pero cuyo aporte resulta fundamental para entender la relación triangular de la región con Estados Unidos y China. El trabajo cierra con las principales conclusiones, que, a modo de marco histórico-conceptual, enlazan con el capítulo final del libro (Geopolítica y
15 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... geoeconomía de la Cooperación Sur-Sur en perspectiva histórica: China en América Latina). 1. Geopolítica y geoeconomía sobre América Latina y desde América Latina La pertinencia de analizar conjuntamente y de modo relacional la historia de los conceptos de geopolítica y geoeconomía se justifica por la doble condición de teoría (estructura analítica) y práctica (geoestrategia) que tienen ambos y que comparten el punto por el cual “una práctica existe antes de un concepto, y un concepto existe antes de un término” (Black, 2016: 15). En lo que sigue se revisan las principales estructuras analíticas sobre geopolítica y geoeconomía y a continuación se historiza la presencia de tales elementos –que se construyeron sobre América Latina desde Europa y Estados Unidos para ponerlos en práctica antes incluso de que se acuñaran los términos correspondientes– y su absorción y adaptación subalterna por el pensamiento geopolítico militar de la región. 1.1. Geopolítica y geoeconomía operacionalizadas Aunque la práctica y el concepto derivados de las diferentes teorías geopolíticas ya se habían puesto en acción con siglos de antigüedad, el término geopolítica fue acuñado en 1899 por el geógrafo político sueco Rudolf Kjellén en un artículo publicado en ese idioma, y apareció en alemán en otro ensayo de su misma autoría en 1905. Kjellén definió la geopolítica como el estudio del territorio del Estado en tanto que organismo dotado de entidad biológica (incluyendo su crecimiento y valores inherentes), siguiendo el determinismo geográfico (el medio físico moldea el carácter y desarrollo de la sociedad) y el organicismo darwiniano de la supervivencia de los más aptos (las culturas superiores tienen derecho a conseguir más territorio o espacio vital para su crecimiento natural) del también geógrafo político germano Friedrich Ratzel (Ó Tuathail, 1998; Flint, 2006; Chapman, 2011; Lacoste, 2012; Solberg, 2012; Cohen, 2015; Kelly, 2016). La historia de la práctica antes del nacimiento del término geopolítica cuenta con excelentes recuentos (Black, 2016) y entre los teóricos occidentales precedentes se han señalado desde Tucídides, Heródoto y Estrabón a Nicolás Maquiavelo, Jean Bodin, el barón de Montesquieu, Thomas Paine, www.editorial.unican.es
16 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Immanuel Kant, Georg W.F. Hegel, Alexander von Humboldt o Carl Ritter (Agnew, 2004; Lacoste, 2012; Cohen, 2015). A ellos se han añadido desde otras perspectivas William Petty, Adam Smith, Alexander Hamilton, Georg Friedrich List, Karl Marx, Friedrich Engels, John A. Hobson, Rosa Luxemburgo, Vladimir I. Lenin, Rudolf Hilferding, Nikolái I. Bujarin, John M. Keynes, Karl Polanyi, y, en el período posterior a la Guerra Fría, Giovanni Arrighi, Immanuel Wallerstein o David Harvey (Colás y Pozo, 2011; Desai, 2013; Parisot, 2015; Callinicos, 2016; Padula y Fiori, 2019; Gerig, 2021). Por supuesto, el pensamiento geopolítico tiene también una larga tradición en China, que se remonta al tratado El arte de la guerra atribuido a Sun Tzu, al pensamiento de su contemporáneo Confucio y al de los discípulos de este, Mencio y Xun Zi (Latham, 2007; Luttwak, 2012; Solberg, 2012). En India, Chanakia Pandit (Kautilya) y su tratado Arthasastra del siglo III a.C. constituyen la principal referencia, que ha sido recuperada recientemente para dotar de calado intelectual al concepto geopolítico por excelencia recientemente rehabilitado de Indo-Pacífico (Kumar, 2020). Por su parte, en América Latina, el pensamiento geopolítico se ha centrado más en analizar los procesos que en la sustentación intelectual de los mismos (Rodrigues y Martins, 2015; Nolte y Wehner, 2016; Cairo, Bringel y Ríos, 2020) y existe un aparente consenso de que la producción teórica (la geopolítica formal) fue monopolizada por los militares (Child, 1979a; Coutau-Bégarie, 1990; Nolte y Wehner, 2016; Cabrera, 2018), sin reparar en la existencia de un pensamiento genuinamente geopolítico de carácter original que está en la base del “complejo integracionista” (Tokatlian, 2012)2, De la revisión de la extensa literatura sobre el concepto de geopolítica se perfilan dos enfoques ontológico-epistemológicos alternativos, pero que pueden resultar complementarios en su aplicación al ámbito latinoamericano (Cabrera, 2020; Betancur-Díaz, 2020). Desde el realismo clásico y marxista, la geopolítica se ocupa de la relación entre el espacio geográfico –el territorio constituido por sus componentes físicos de localización, posición, tamaño, forma perimetral, topografía, recursos y líneas de comunicación– y el poder político estatal y sus agrupaciones en los asuntos internacionales (Kelly, 2016). Alternativamente, desde el reflectivismo/constructivismo, la geopolítica (crítica), en sus variantes francesa y anglosajona (Douzet y Ka2 En este punto, la excepción es el trabajo de Fornillo (2015: 133), quien destaca la existencia de “una corriente subterránea de una geopolítica integracionista y antiimperialista”.
17 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... plan, 2012), es un tipo conocimiento/discurso socialmente construido acerca de esa relación espacio/territorio y poder (no exclusivamente estatal) en el ámbito internacional (Chapman, 2011; Song et al., 2016). Ambos enfoques están sujetos a críticas cruzadas. El realismo clásico descuida los elementos ideológicos (las representaciones distorsionadas de la realidad con fines de legitimación y defensa del statu quo) de muchas de las teorías y conceptos geopolíticos, tal y como se apunta desde la geopolítica crítica (Ó Tuathail, 1996) y desde la geopolítica marxista (Colás y Pozo, 2011; Guzzini, 2011); además, el realismo clásico es estadocéntrico (no toma en cuenta a otros actores no estatales), y el marxista, aunque también analiza a empresas transnacionales, ofrece una noción muy simplista de los intereses domésticos en juego que arbitra el Estado (Agnew, 2011; Roberts, 2016). Por su parte, el constructivismo, que se ha vuelto la corriente académica predominante en las últimas décadas (Song et al., 2016), olvida las dimensiones espaciales del poder que influyen en las relaciones internacionales entre los Estados, para limitarse al plano discursivo, tal y como se denuncia desde la geopolítica marxista (Colás y Pozo, 2011; Guzzini, 2011) y la geopolítica clásica restaurada (Kelly, 2016; Black, 2016). A tenor de lo anterior, en este ensayo se opta por la integración subordinada del constructivismo al realismo a partir de la propuesta de economía geopolítica de Radhika Desai (2013), que toma en cuenta, por un lado, los aspectos de la materialidad de las naciones, el papel del Estado y el desarrollo desigual y combinado resultante de las relaciones internacionales entre Estados, y, por otro, somete a crítica las ideologías cosmopolitas (teorías geopolíticas) que justifican las aspiraciones imperiales de los Estados en su competencia por la supremacía internacional. En este sentido, el desarrollo desigual y combinado y las teorías clásicas del imperialismo se pueden considerar “las primeras teorías de las relaciones capitalistas internacionales, no el idealismo wilsoniano y el «realismo» que lo reemplazó, como habitualmente piensan los estudiantes de relaciones internacionales” (Desai, 2013: 10-11). En América Latina, el imperialismo unificó en la práctica las versiones realistas (del Corolario del presidente Theodor Roosevelt a la Doctrina Monroe) e “idealistas” (las intervenciones militares en México, Santo Domingo, Cuba y Panamá durante la presidencia de Woodrow Wilson) de la política exterior; y el espíritu geopolítico de la época encarnado en la ideología del panamericanismo fue resumido por el presidente William H. Taft y su diplomacia del dólar, que permitió enlazar los mandatos de Roosevelt y Wilson: Estados Unidos se acabaría convirtiendo territorialmente www.editorial.unican.es
18 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe en propietario del Hemisferio occidental, como ya lo era “moralmente en virtud de la superioridad de nuestra raza” (cfr. Borón, 2014: 88). Aunque algunos autores traten de acotar la geoeconomía al período de la globalización (Solberg, 2012), los orígenes de la geoeconomía, como elemento integrante de la geopolítica formal, también son anteriores al nacimiento del término y su delimitación conceptual. Baracuhy (2019) distingue cuatro generaciones en la evolución de la geoeconomía como disciplina académica, en una cronología adecuada, pero que está muy sesgada en la selección de los trabajos que se consideran representativos de cada momento. Lo que sigue respeta esa clasificación enriqueciéndola para superar tal limitante. La primera generación de estudios es la clásica, que se solapa con la geopolítica clásica y tiene como principales representantes al geógrafo británico Harlford J. Mackinder (1861-1947) y al economista de origen austríaco Albert O. Hirschman (1915-2012). El primero destacó la importancia estratégica de los ferrocarriles, que, al conectar Asia y Europa Central para el acceso a los recursos naturales y permitir la movilidad para objetivos militares, alteraron el equilibrio de poder en el sistema mundial cerrado, dando la primacía al poder continental de Rusia en Eurasia sobre el poder marítimo de Gran Bretaña (Mackinder, 1904). El segundo, en su tesis doctoral publicada en 1945, destacó el uso de las políticas comerciales por parte de Alemania como instrumentos de poder político e influencia internacional (Hirschman, 1980). Esta primera generación de estudios culminó como geoeconomía práctica con el Plan Marshall, cuyo objetivo estratégico era limitar la influencia en Europa de Rusia (ya extendida geopolíticamente como Unión Soviética) que tanto había preocupado a Mackinder. De ahí que Hirschman, en la edición revisada de su trabajo seminal, señalara que “durante los dos primeras décadas del período de posguerra, la ayuda externa y los flujos de capital reemplazaron en gran parte al comercio como principal esfera del elemento político en las relaciones económicas internacionales”, aunque reconociera a continuación que el comercio había vuelto al cuadro internacional con las negociaciones de la Conferencia de Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) y las discusiones acerca del Nuevo Orden Económico Internacional (Hirschman, 1980: vi). La segunda generación de estudios geoeconómicos emergió en las décadas de 1970 y 1980, marcadas por la crisis del sistema de Bretton Woods, el auge de las empresas transnacionales, la rebelión del Tercer Mundo (la agenda del Nuevo Orden Económico Internacional), el inicio del declive
19 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... de la hegemonía de Estados Unidos (con la creación del G7, seguido de la integración europea) y el abrupto cierre del Diálogo Norte-Sur que, con la crisis de la deuda mediante, promovió la Cooperación Sur-Sur entre los países en desarrollo. El trabajo de referencia fue Power and Interdependence (1977) de Robert Keohane y Joseph Nye, que apuntaron la importancia de los regímenes económicos internacionales para lograr los objetivos estratégicos de Estados Unidos tras la derrota militar de Vietnam; el propio Keohane (1984) destacó más tarde los elementos de cooperación reconociendo el fin de la hegemonía norteamericana, que también se adelantó en la monografía de Paul Kennedy (1987). La tercera generación de estudios, acabada la Guerra Fría, retomó la tradición geoeconómica realista de la línea Mackinder-Hirschman, en un contexto en que el poder militar cedía paso al poder económico (los instrumentos de política comercial e industrial) con el auge de la globalización, despuntando el artículo seminal y la monografía del especialista en estrategia militar, Edward N. Luttwak (1990; 1993). El objetivo declarado de este consultor internacional era evitar que Estados Unidos perdiera la supremacía industrial y se convirtiera en un país del Tercer Mundo, ante el desafío de Japón, una potencia sin capacidad de ofensiva militar pero muy competitiva en la esfera económica y con una agresiva política industrial y comercial (esta última además desleal según Luttwak), de ahí la caracterización ofensiva que el autor dio a su definición de geoeconomía, con su alusión al arma de la “financiación depredadora”3. En esta fase, Pierre Lorot, economista, asesor de alto nivel para grandes empresas y el Gobierno francés4, criticó el trabajo de Luttwak por restringir la geoeconomía a los países de la Tríada (Estados Unidos, Comunidad Europea y Japón), sin tener en cuenta que 3 “En la geoeconomía, como en la guerra, dominan las armas ofensivas. De estas, la investigación y el desarrollo con alimentación forzada por el gobierno y el dinero de los contribuyentes es la más importante. Como en la guerra, la artillería, por la potencia de fuego, conquista el territorio que la infantería [el sistema productivo] puede ocupar. La I+D puede conquistar el territorio industrial del futuro logrando una superioridad tecnológica decisiva…El arma ofensiva final es la «financiación depredadora»”, que sustituye a la I+D o las subvenciones a la producción con créditos a la exportación, gracias a los cuales “las ventas por exportación se pueden lograr incluso contra competidores fuertes al ofrecer préstamos a tasas de interés inferiores a las del mercado” (Luttwak, 1993: 307-309). 4 Lorot fue el fundador en 1997 de la Revue française de géoéconomie, rebautizada después como Géoéconomie, que se publicó hasta 2016. www.editorial.unican.es
20 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe varias naciones de América Latina y sobre todo de Asia tenían capacidades para participar en las nuevas lógicas de la geoeconomía global emergente; también cuestionó el enfoque estadocéntrico del planteamiento de Luttwak porque eludía el poder de las grandes multinacionales sobre el Estado para “animarlo a implementar una lógica geoeconómica (de confrontación) que, en definitiva, beneficiará a dicha[s] empresa[s]” (Lorot, 1997: 13). A finales de la década de 1990, André Gunder Frank (1998) y Giovanni Arrighi y Beverly J. Silver (1999) destacaron el próximo fin de la dominación occidental ante el ascenso de China: para Frank (1998), simplemente se restauraba la tradicional preeminencia de Asia (con China como centro principal) que había sido la normalidad de la economía mundial hasta 1800; para los segundos, que anticiparon en casi una década la crisis financiera de 2008 como consecuencia del proceso de financierización que Washington emprendió para huir hacia delante de su crisis de hegemonía, estaba en marcha una transición hegemónica hacia la región de Asia-Pacífico con “la reemergencia de la civilización centrada en China” (Arrighi y Silver, 1999: 286). Finalmente, la cuarta generación de estudios geoeconómicos ha revitalizado muchos elementos de la geoeconomía clásica en el contexto del desplazamiento del poder del Atlántico al Pacífico que ganó fuerza tras la crisis financiera de 2008 (que inicialmente fue una crisis del Atlántico Norte), la reemergencia de China y la coordinación estratégica de los BRICS para el soft-balancing, el equilibrio de poder a través de medios económicos, no militares (Baracuhy, 2019). Así, si la tercera generación de estudios geoeconómicos respondió al desafío de Japón esta última oleada tiene mucho que ver con la competencia estratégica de China (Roberts, 2016), que es la obsesión de la Casa Blanca desde 2016 sin distinciones partidistas ni presidenciales (Martyanov, 2021; Shoup, 2021). En ese año, el ex embajador de Estados Unidos en India, Robert D. Blackwill y Jeniffer M. Harris, miembros del influyente Council on Foreign Relations, “el alto mando del cuerpo plutocrático que promueve el imperialismo de Estados Unidos” (Shoup, 2021), establecieron la definición de la cuarta generación de estudios que entiende la geoeconomía, con la mirada puesta en China, como la guerra por otros medios o el “uso de instrumentos económicos para promover y defender los intereses nacionales y producir resultados geopolíticos beneficiosos; y los efectos de las acciones económicas de otras naciones en los objetivos geopolíticos de un país” (Blackwill y Harris, 2016: 20). A diferencia de la controversia sobre geopolítica, en el debate sobre geoeconomía, el enfoque realista –pese a la contestación crítica que reduce
21 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... el término a un discurso estratégico (Sparke, 2018) y ataca su estadocentrismo (Moisio, 2018)– ha sido más resistente y se ha acabado imponiendo (Vihma, 2018), así que los efectos económicos en los objetivos geopolíticos de la definición de Blackwill y Harris (2016) se pueden establecer de acuerdo con los postulados de la geopolítica clásica. Dicho de otra manera, la geoeconomía es un marco analítico para el uso geoestratégico del poder económico en las relaciones internacionales: los ingredientes para mantener la ventaja competitiva (el comercio y la inversión internacionales y las innovaciones) están estrechamente conectados con la seguridad nacional y la política exterior de los Estados (Luttwak, 1990; Solberg, 2012, Vihma, 2018; Scholvin y Wigell, 2019; Baracuhy, 2019). En tal sentido, cabe recordar que Blackwill ha sido el autor del informe del Council on Foreign Relations Implementing Grand Strategy Towards China (2020), convertido en la guía de la política del presidente Joe Biden hacia China (Shoup, 2021). En palabras del analista de origen ruso nacionalizado estadounidense Andrei Martyanov, con este enfoque de Blackwill la geoeconomía se ha convertido en “un eufemismo para las incesantes sanciones e intentos de sabotear las economías de cualquier nación capaz de competir con los Estados Unidos” que el antiguo hegemon “está utilizando a nivel mundial para intentar contrarrestar su evidente declive” (Martyanov, 2021: 48). En ese sentido, la geoeconomía de cuarta generación recupera la tipología de la guerra del clásico de la geopolítica Nicholas J. Spykman (1942), que, a partir de los diferentes tipos de poder (persuasión, adquisición, negociación, coerción), se centró en la coerción por medio de la guerra, distinguiendo entre su forma militar, y las formas política (consistente en mantener y ganar aliados mediante persuasión, adquisición, negociación y coerción o amenaza de la fuerza), económica (cierre de mercados, embargos, sanciones, ataques a la estabilidad de la moneda) y psicológica/ideológica (técnicas de propaganda y contrapropaganda) o la combinación de las cuatro mediante la guerra total. Si la geoeconomía es la práctica de la política de poder por medios económicos, existe una clara complementariedad y solapamiento entre geopolítica y geoeconomía (Lacoste, 1997; Gupta, 1997; Scholvin y Wigell, 2019), que se pueden considerar “dos caras de la misma moneda”, esto es, la de “la competición estratégica entre grandes potencias” (Baracuhy, 2019: 14-15). Por eso es tan difícil separar la geoeconomía de la geopolítica en los planos práctico, doctrinal y discursivo (Gupta, 1997; Solberg, 2012; Ye, 2016; Roberts, 2016; Sparke, 2018). En principio, tres elementos referidos a las www.editorial.unican.es
22 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe actividades, los actores y las dinámicas de cambio permiten una primera diferenciación entre estas “dos dimensiones complementarias de la política exterior” y su geoestrategia asociada (Baracuhy, 2019: 23). Así, las actividades políticas y militares (las D de Diplomacia y Defensa en la política exterior) son propias de la geopolítica, mientras que las actividades económicas (la D de Desarrollo traducida en la ventaja competitiva de las naciones) son propias de la geoeconomía. Los actores estatales y sus organizaciones internacionales siguen siendo los más relevantes en la geopolítica (al menos para la clásica y la marxista), mientras que en la geoconomía hay que tener en cuenta, además de los anteriores, a las empresas transnacionales y los campeones nacionales (estatales o privatizados) en el caso específico, aunque no exclusivo, de China5. Por último, en la geopolítica operan variables sujetas a cambios a largo plazo (los factores geográficos y civilizatorios, tales como etnicidad, religión, lengua o cultura), mientras en la geoeconomía se da prioridad a variables sujetas a cambios más rápidos y que operan en el corto y medio plazo, como son las cuestiones de comercio, financiación internacional y desarrollo tecnológico (Lorot, 1997; 2001; Solberg, 2012). Al margen de estas diferencias, la geopolítica y la geoeconomía comparten el principal objetivo estratégico superior: En la política mundial tradicional, los objetivos son asegurar y ampliar el control físico del territorio, y ganar influencia diplomática sobre gobiernos extranjeros. El objetivo geoeconómico correspondiente no es el nivel de vida más alto posible para la población de un país, sino la conquista o protección de los roles deseables en la economía mundial (Luttwak, 1993: 309-310). La geopolítica y la geoeconomía centran el foco de atención en un elemento geográfico que trasciende el nivel macro de la división continental/marítima 5 En este punto Solberg recuerda una característica elemental del desarrollo de China y su proyección internacional: “mientras el Estado-nación se está volviendo cada vez más débil en Occidente, lo contrario se sostiene para China, donde el Estado es cada vez más fuerte” (Solberg, 2012: 93). En todo caso, las empresas chinas de propiedad del Estado borran la diferencia entre geopolítica y geoconomía en la medida en que su presencia internacional persigue objetivos geopolíticos (de proyección de poder blando por parte del Estado) y económicos (ajustes espaciales en el acceso a recursos y mercados para navegar en la globalización capitalista) (Ye, 2016). De ahí que se considere fundamental la promoción de su responsabilidad social para mejorar la imagen de China en el exterior, como se ha señalado para el caso de América Latina (Cunhai, 2018) y de la Belt and Road Initiative (Kai y Jianjun, 2019).
23 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... de la “esfera geoestratégica” (Cohen, 2015: 41): las localizaciones geográficas que contienen recursos naturales importantes desde el punto de vista económico, o Nareland, un término propuesto por Solberg (2012: 56) por analogía con el heartland (poder continental) de Mackinder y el rimland (poder naval) de Sypkman, para describir en acrónimo un espacio rico en recursos naturales (Natural Resource Lands). En el Nareland, la competencia entre grandes potencias puede discurrir en términos geopolíticos o geoeconómicos: en el primer caso, mediante el uso geoestratégico del poder político (por medios diplomáticos o militares, las D de Diplomacia y Defensa); en el segundo, mediante el uso geoestratégico del poder económico (a través del control sobre los mercados, los recursos financieros, naturales y tecnológicos y las reglas de los regímenes que estructuran el orden económico internacional, la D de Desarrollo) (Barahucy, 2019). En el espacio de América Latina, como Nareland privilegiado, la disputa por los recursos naturales entre las potencias es probablemente el punto principal que amerita la integración económica regional (Bruckmann, 2011). Esto resulta evidente desde las primeras definiciones regionales de geoeconomía, que siguieron apegadas a la tradición geopolítica alemana Si en geopolítica se habla de “espacios crecientes” en geoeconomía se puede aludir al “gran espacio económico”, es decir, a la posibilidad de transformar los espacios económicos afines en un espacio económico integrado, en un gran espacio económico vital (Mateo y Sousa, 1993: 976). En ese sentido, la geoeconomía sería la ciencia que “estudia la forma de fomentar el desarrollo de los países mediante la integración, entre iguales, de grandes espacios económicos” (Mateo y Sousa, 1993: 978). Pero la integración es un proceso que trasciende la característica competitiva de las definiciones realistas de geoeconomía (Luttwak, 1990; 1993; Solberg, 2012), ya que inicia con las acciones de cooperación (Nye, 1968) y, específicamente, con las de cooperación regional como modalidad operativa de la cooperación económica que en la década de 1980 empezará a denominarse Cooperación Sur-Sur (Laszlo, 1983). De ahí que, además de considerar los elementos de competencia, se pueda hablar de cooperación geoeconómica. Este punto ha sido enfatizado desde las teorías chinas sobre geopolítica y geoeconomía (Hu et al., 2020)6 y diplomacia económica (Shoujun y Zheng, 6 Entre 1990 y 2015 se produjeron en China más de 100 monografías sobre temas geopolíticos y geoeconómicos desde una perspectiva práctica y estratégica; y la prowww.editorial.unican.es
30 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe la política internacional; y aquí los países que habían logrado el “progreso industrial” representaban “el ascenso gradual de la civilización sobre la barbarie” (Keasbey, 1901b: 481). Por tanto, la conexión organicista (la teoría orgánica del poder del Estado) unía a la geoeconomía con la geopolítica clásica. En la versión norteamericana más depurada, la establecida por el profesor de relaciones internacionales de Yale, Nicholas J. Spykman (18931943), dicha conexión parte del instinto de conservación (self-preservation) de los Estados en “la lucha por el poder” (Spykman, 1942: 18). Dicha lucha “es idéntica a la lucha por la supervivencia” en las relaciones internacionales, y, por tanto, “la mejora en la posición relativa de poder se convierte en el objetivo primario de las políticas internas y externas de los Estados” (Spykman, 1942: 18) Porque el territorio es una parte inherente del Estado, el instinto de conservación significa su control sobre el territorio; y porque la independencia es la esencia del Estado, el instinto de conservación significa también la lucha por el status de independencia. Esto explica por qué el objetivo básico de la política exterior de todos los Estados es la preservación de la integridad territorial y la independencia política (Spykman, 1942: 17). Junto con Alemania, Estados Unidos fue una de las dos grandes potencias emergentes de fines del siglo XIX en la competencia inter-imperialista, de modo que allí también se desarrollaron tempranamente las ideas telúricas (poder continental o continentalismo) y talasocráticas (poder naval o navalismo), que, aunadas a la noción orgánica del Estado (incluyendo su proceso de desarrollo económico y sus valores propios como parte de sus instituciones informales), resultaron características de la geopolítica clásica (Kelly, 2016; Black, 2016), cuyos aportes siguen siendo útiles para entender la relación triangular actual de América Latina con Estados Unidos y China. En 1893, el mismo año que Johnson publicó sus estudios sobre los canales interiores, el historiador Frederick J. Turner (1861-1932) presentó una ponencia en la American Historical Association con la tesis de que la “historia de la colonización del Gran Oeste” forjó el desarrollo económico de los Estados Unidos: “la existencia de un espacio de tierra libre, su continuo retroceso y el avance del asentamiento americano hacia el oeste, explican el desarrollo americano” (Turner, 1894: 199). Esta conexión entre la “frontera” (como espacio geográfico o variable independiente) y el desarrollo (como variable dependiente) se produjo por intermedio de las instituciones,
31 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... cuya peculiaridad se basó en la adaptación desde “la primitiva economía y las condiciones políticas de la frontera a las complejidades de la vida urbana” (Turner, 1894: 199). Así, lo que el Mediterráneo significó para la civilización griega, lo fue en mayor medida la colonización continental hacia el Oeste (“el retroceso de la frontera”) para el desarrollo de los Estados Unidos: la frontera americanizó los territorios y a sus colonizadores, y con el cierre de la frontera se dio por clausurado el primer período de la historia americana (Turner, 1894: 227). Si Turner resaltó el factor continental en el desarrollo de los Estados Unidos, no dejó de observar que “el verdadero punto de vista en la historia de esta nación no es la Costa Atlántica, es el Gran Oeste” (Turner, 1894: 200). Cerrado ese ciclo, durante el cual sólo “la robusta energía de la raza anglosajona” había podido desencadenar “el crecimiento del poder continental geográficamente determinado de Estados Unidos” (Semple, 1903: 226), las condiciones para la reflexión sobre el nuevo ciclo marítimo estaban dadas. En 1897 el capitán de navío Alfred T. Mahan (1840-1914) reunió una serie de ensayos publicados desde 1890 en una monografía cuya tesis era la continuación lógica de la teoría de Turner: Estados Unidos, como “poder insular”, debía construir una flota de guerra para sostener su expansión comercial en el mundo, lo que precisaría el control de determinadas áreas estratégicas en el Pacífico y el Caribe y la construcción de un canal interoceánico para concurrir con Europa en igualdad de condiciones en los mercados de Asia-Pacífico, acortando distancias que reducirían costes de transporte (Mahan, 1897: 104)12. Para Mahan, “el control de los mares, y especialmente a lo largo de las grandes líneas trazadas por el interés nacional o el interés comercial, es el principal entre los elementos meramente materiales del poder y prosperidad de las naciones” (Mahan, 1897: 52). El poder de la flota serviría para hacer frente al poder territorial de Rusia en Eurasia, donde las otras potencias navales (Gran Bretaña, Francia, Alemania y Japón) se estaban posicionando ante la descomposición de China para repetir el reparto que los europeos habían hecho en África; en este contexto, Estados Unidos debía establecer un perímetro de seguridad naval que impidiera a 12 “En nuestra infancia bordeamos solo el Atlántico; nuestra juventud llevó nuestra frontera al Golfo de México; la madurez actual nos ve sobre el Pacífico” (Mahan, 1897: 35). En un trabajo posterior, el autor afirmará que “la primera ley de los Estados, como la de los hombres, es el instinto de conservación”, que, a su vez, incluye “el derecho al crecimiento… que no es legal, sino natural” (Mahan, 1900: 30-31). www.editorial.unican.es
32 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Japón o cualquier otro país establecerse a menos de 5.500 kms. de San Francisco; y también debía mantener una alianza anglosajona con la antigua metrópoli en razón de la tradición política y legal comunes, en una “división del trabajo mutuamente reconocida, si bien de modo tácito” (Mahan, 1900: 178) en la que Gran Bretaña controlaría las líneas comerciales hacia el Lejano Oriente a través del Canal de Suez, y Estados Unidos haría lo propio a través del Canal de Nicaragua o el de Panamá, enlazando el Caribe con sus posesiones recién adquiridas de Hawái, Guam y Filipinas. Keasbey, siguiendo a Mahan, también abogó por el proyecto del Canal de Nicaragua basándose en razones militares y económicas, que remiten a la esencia de la geopolítica y su componente geoeconómico, para lo cual se valió de los argumentos del economista Johnson. En su investigación sobre canales de 1893, Johnson había considerado esencial que el proyecto de Canal de Nicaragua quedase bajo la tutela del gobierno o de compañías privadas de Estados Unidos, por razones tanto comerciales como militares. Ambas razones respondían a una causa de orden superior que constituía el sentido común de la geopolítica clásica de que en la lucha por la supervivencia triunfan los Estados más fuertes, establecido en los dos volúmenes publicados entre 1882 y 1891 de la Antropogeografía de Friedrich Ratzel: “la superioridad en el momento presente de nuestros intereses en la ruta acuática nos hace naturales beneficiarios de este derecho a mantener el canal como una autopista neutral” (Johnson, 1893: 134). La neutralidad era el eufemismo para evitar el control del canal interoceánico por Gran Bretaña, la nación que tendría asegurada su supremacía internacional mientras Estados Unidos no dispusiera de vía de comunicación más corta hacia la costa oeste de Sudamérica y las tierras más allá del Pacífico. Las razones comerciales para la construcción y gestión del Canal de Nicaragua por los Estados Unidos respondían a la necesidad de integración económica de las regiones de la Costa Oeste (sobre las que había gravitado el reciente desarrollo territorial del país desde que se anexionó el 40% del territorio de México en 1848), el Valle del Mississippi y la Costa Este. Las razones militares se basaban en el hecho de que, en ausencia de canal, o si el control del mismo recaía en una potencia extranjera, las dos costas (del Pacífico y del Atlántico) quedaban separadas por más de 27.000 kms., lo que ponía en riesgo la seguridad nacional y disparaba los costes de defensa por la necesidad de conformar dos flotas (Johnson, 1893). A partir de estos antecedentes, se entiende la intuición geopolítica de Keasbey de que “las cuestiones diplomáticas en su mayor parte tienen sus
33 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... raíces en la geografía o la etnografía” (Keasbey, 1896b: 2). En un momento en el que Estados Unidos todavía estaba creciendo territorialmente (como mostraban las reclamaciones sobre Hawái, Cuba y Puerto Rico) y Gran Bretaña pretendía cerrar el círculo de sus líneas comerciales y de navegación conectando las del Atlántico con las del Pacífico, se necesitaba actualizar la Doctrina Monroe –y su imaginario geográfico, el “Hemisferio occidental”– adaptándola a los cambios que se habían producido en las relaciones internacionales, para lo cual Estados Unidos debía asegurar su frontera sur mediante el control de proyecto del Canal de Nicaragua (Keasbey, 1896a; 1896b)13. Para Keasbey, el proyecto tenía, además, implicaciones geopolíticas de gran calado: la expansión de la “civilización caucásica” (de los blancos anglosajones), esto es, de la “línea occidental del progreso” hacia el Lejano Oriente (Keasbey, 1899: 595). Tal era una continuación de la expansión europea hacia el Atlántico, pero los norteamericanos debían dejar de ver los asuntos de Asia “a través de las lentes europeas”: el Lejano Oriente era simplemente una continuación del Lejano Oeste (Keasbey, 1899: 594). El objetivo era “juntar las dos corrientes del comercio y hacer de América el terreno de encuentro de los mundos oriental y occidental. Nuestras tradiciones, en verdad, nos atan históricamente a Occidente, pero el comercio futuro de nuestro continente inevitablemente nos arrastrará hacia un contacto más estrecho con Oriente” (Keasbey, 1899: 604). A partir de estos planteamientos raciales destinados a justificar que Estados Unidos se convirtiera en el epicentro de la economía mundial, los pioneros norteamericanos de la geopolítica fabricaron también el imaginario cartográfico, en esencia geopolítico, para apropiarse del Hemisferio occidental mediante una lógica espacial de círculos concéntricos. Dicho imaginario delimitó el Caribe, México, América Central y América del Sur hasta la Cuenca del Amazonas como una zona de influencia o “región donde la Doctrina Monroe es aplicable”, mientras que al sur del Amazonas tal propósito se consideraba una misión todavía imposible (Mahan, 1900: 202). Después de la guerra contra España, Washington convirtió a Cuba en un protectorado de facto (gracias a la Enmienda Platt de 1901 y el Tratado de Reciprocidad Comercial de 1903), mientras Puerto Rico, Guam y Filipinas 13 Otro artículo publicado el mismo año planteó análoga operación con la Doctrina del Destino Manifiesto: “La vía acuática que conecta el Atlántico y el Pacífico debería, de alguna manera, estar bajo la supervisión de Estados Unidos. Nuestro destino sobre el Hemisferio occidental demanda esto” (Miller, 1896: 36). www.editorial.unican.es
34 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe pasaron a ser dependencias de Estados Unidos, lo que, según el presidente William McKinley, haría del Pacífico otro Lago Americano como ya lo era el Caribe tras las primeras materializaciones de la Doctrina del Destino Manifiesto, un término acuñado con la anexión de Texas en 1845, con la que Estados Unidos redondeó su control sobre el acceso al Golfo de México (Child, 1979b; Hastedt, 2004). Poco después, la geógrafa Ellen Churchill Semple (1863-1932) ideó el término “Mediterráneo Americano” para referirse al área del Caribe, América Central, México y la Costa Caribe de América del Sur (Semple 1903: 396). En 1903, la empresa del Canal de Panamá pasó a manos de Estados Unidos tras la desmembración de la Gran Colombia, una operación que permitió a Washington conseguir no solo los derechos a perpetuidad de la obra de ingeniería sino una amplia zona de soberanía exclusiva en la nueva república de Panamá. El trabajo de Semple, influido directamente por la Antropogeografía y la Geografía Política (1896) de Ratzel, con quien había estudiado en Alemania (Black, 2016), concluía con la predicción de que Estados Unidos, por su extensa superficie y su localización geográfica en medio de los dos océanos, reunía “las condiciones más perfectas para lograr la preminencia en el comercio marítimo mundial” (Semple, 1903: 435). Antes de que eso ocurriera, América Latina fue tratada durante el período de entreguerras como un objeto por los geógrafos políticos de Estados Unidos (Tambs, 1970). Sin duda, la advertencia de Mackinder sobre la potencial “influencia decisiva” de América del Sur en el sistema político cerrado que ya era el mundo (Mackinder, 1904: 436) debió pesar en el análisis de los Departamentos de Estado y de Defensa (entonces dividido entre los Departamentos de Guerra y Armada). Según Mackinder, América del Sur podía “fortalecer a los Estados Unidos o, por el contrario, si Alemania pudiera desafiar con éxito la Doctrina Monroe, podría separar a Berlín de lo que quizás puedo describir como una política de pivote”, es decir, podría ser parte de una estrategia alemana de poder marítimo (y más tarde aéreo). De ahí, la combinación de poder blando y duro que Estados Unidos aplicó a sus “hermanos del sur” a medida que avanzó la década de 1930 (cfr. Domínguez, 2017: 116). La política de Buena Vecindad inaugurada por el presidente Franklin D. Roosevelt en 1933 se fue concretando en la institucionalidad de la cooperación interamericana (el Comité Interdepartamental de Cooperación con las Repúblicas Americanas de 1939, que dio lugar un año después a la Oficina del Coordinador de Asuntos Inter-Americanos, de la que saldría el Institu-
35 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... to de Asuntos Inter-Americanos en 1942) una vez que estalló la Segunda Guerra Mundial y a fin de contrarrestar la ofensiva nazi en la región (Domínguez, 2017). Pareciera que ello otorgase a los países de América Latina la condición de sujeto geopolítico. Sin embargo, Estados Unidos también se reservó planes de intervención e invasión sobre los dos países latinoamericanos considerados clave (México y Brasil) si la primera estrategia fallaba (Child, 1979b). En ese contexto, se definieron los conceptos de “Cuarto de Esfera” y “Defensa Hemisférica” que delimitan respectivamente los perímetros defensivos bilaterales y multilaterales de Estados Unidos. El Cuarto de Esfera incluía en América Latina el Mediterráneo Americano de Semple y una zona intermedia comprendida entre Ecuador y la desembocadura del Amazonas. Los puntos clave del Cuarto de Esfera eran tres: el Nordeste (la joroba) de Brasil, ante el peligro de instalación de bases aéreas alemanas; las islas Galápagos de Ecuador, estratégicas para impedir la instalación de bases navales japonesas; y México, que podía ser convertido en corredor aéreo para defender el Canal de Panamá. Por su parte, la Defensa Hemisférica se institucionalizó con la creación en 1942 de la Junta Interamericana de Defensa cuando Estados Unidos declaró la guerra a Japón, pero, para entonces y ante la imposibilidad de hacer efectiva la Defensa Hemisférica tanto por falta de recursos como por la posición de Argentina, se dio preferencia al Cuarto de Esfera (Child, 1979b). En los primeros años de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, que ya era desde principios de siglo la principal potencia industrial, se convirtió en la “economía nacional más poderosa del mundo” (Spykman, 1942: 271). Antes de la declaración de hostilidades contra el Eje, en el marco del debate entre intervencionistas y aislacionistas se estableció el imaginario geopolítico más duradero sobre la “otra América” (Spykman, 1942: 218) como el “patio trasero” de los Estados Unidos y reserva estratégica de productos primarios para el “Coloso del Norte” (Spykman, 1942: 48, 64). Partiendo de algunas de sus premisas (determinismo geográfico y racismo) se entiende el éxito de esta propuesta de estructuración geopolítica de la región en el plano subalterno. Para Spykman (1942: 41-42), “la geografía es el factor más fundamental en las relaciones exteriores de los Estados porque es el más permanente” y “la localización con referencia al Ecuador y a los océanos y masas terrestres determina la cercanía a los centros de poder”. El poder del mundo estaba concentrado en las zonas templadas, y de las cinco islas continentales, América del Sur, al estar localizada como África en el Hemisferio Sur, donde había pocas zonas templadas tenía una escasa influencia en www.editorial.unican.es
36 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe la historia: “el poder político del mundo” residía en las dos islas (en realidad penínsulas continentales) de Eurasia y Norte América, situadas en las zonas templadas del Hemisferio Norte (Spykman, 1942: 42). Por su parte, el Hemisferio occidental se podía concebir como una esfera insular formada por dos continentes, “dos Américas, la anglosajona y la latina”, que representaban “dos mundos diferentes, diferentes en composición racial y étnica, diferentes en estructura económica y social, diferentes en experiencia política, valores morales y orientación cultural” (Spykman, 1942: 229). Estos dos mundos estaban separados por el Mediterráneo Americano, que comprendía las islas del Caribe, México, los países de América Central, Colombia y Venezuela, y que, en su conjunto, hacía parte de la América latina, un grupo de países antitéticos de la América anglosajona a nivel institucional. El Mediterráneo Americano, como “zona de tránsito entre América del Norte y del Sur y entre el Atlántico y el Pacífico”, además de su condición estratégica reforzada desde la apertura del Canal de Panamá en 1914, representaba también “un área importante no solo como exportadora de productos tropicales sino también por la gran riqueza mineral” (Spykman, 1942: 43, 48). El Mediterráneo Americano proporcionaba a Estados Unidos “una zona de materia prima tropical, prácticamente en su patio trasero”, en el que se podían producir “muchos de los artículos ahora importados desde los trópicos asiáticos y africanos” (Spykman, 1942: 48) y las reservas de petróleo existentes en México, Colombia, Venezuela y Trinidad convertían el Mediterráneo Americano en “el área de mayor producción petrolera del mundo” (Spykman, 1942: 281). Ninguno de los países del Mediterráneo Americano podía enfrentar la supremacía de los Estados Unidos y, por tanto, el desafío en esa zona solo podía venir de fuerzas exteriores, tanto de Sudamérica como de Europa y Asia. Para Spykman, Sudamérica no funcionaba como una masa continental singular. Además de la pertenencia de Colombia y Venezuela al Mediterráneo Americano, la geografía sudamericana estaba fragmentada por dos ejes Este-Oeste (la Cuenca del Amazonas) y Norte-Sur (la cordillera de los Andes). Y todo ese espacio se concebía como una reserva extractiva de materias primas agrícolas y minerales que se podía dividir, a su vez, en dos áreas: la “Zona Intermedia” formada por Ecuador, Perú, las Guyanas y los “Estados colchón” (buffer states) de Bolivia, Paraguay y Uruguay (Spykman, 1942: 278, 282); y los países ABC (Argentina, Brasil y Chile) situados al sur de la Zona Intermedia. Estos tres países, merced a la considerable protección que les proporcionaba la distancia, tenían un “un sentido de relativa indepen-
37 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... dencia de los Estados Unidos” (Spykman, 1942: 62). A pesar del cambio que había supuesto la política de Buena Vecindad de Roosevelt, el recuerdo del Corolario a la Doctrina Monroe y de la diplomacia del dólar, junto con el hecho de quedar fuera de la zona de inmediato predominio de los Estados Unidos, induciría al trio sudamericano “a tratar de contrabalancear nuestra fuerza a través de una acción común y el uso de pesos de fuera del Hemisferio” (Spykman, 1942: 64). 1.3. Geopolítica sudamericana: formal y aplicada Justamente fue en estos tres países sudamericanos donde primero se desarrolló la geopolítica como teoría con fines aplicados. La geopolítica formal sudamericana estuvo ligada desde sus orígenes a los militares en un contexto marcado por las disputas fronterizas (Cabrera, 2018). Como su referente norteamericano, la geopolítica sudamericana basculó entre las ideas del poder naval (muy presente en Argentina y Chile)14 y el continental (predominante en Brasil), y asumió los postulados del darwinismo social y del determinismo geográfico de la geopolítica alemana y estadounidense prevalecientes hasta la Segunda Guerra Mundial. Pero, a diferencia de la demonización posterior de la geopolítica –considerada una ciencia nazi en los Estados Unidos de la posguerra (Dodds, 2007)–, en el Cono Sur tuvo su continuidad gracias a la Doctrina de la Seguridad Nacional interamericana, que tras la latinoamericanización de la Guerra Fría provocada por la Revolución Cubana de 1959 (que dio lugar a la instalación del Comando Sur en 1963), fue aplicada con el máximo rigor por los regímenes militares neofascistas y los que, tras su disolución, dieron lugar a las transiciones a la democracia en la década de 1980 (Child, 1979a; Coutau-Bégarie, 1990; Piñeyro, 1994; Borón, 2014). La idea de que el Estado es un organismo vivo, que responde a presiones geográficas, políticas, militares, económicas, demográficas y psicológicas en su lucha por la supervivencia frente a otros Estados, fue particularmente popular en Chile, donde la influencia de la geopolítica alemana de Ratzel y Klaus Haushofer resultó más intensa que en ningún otro país de la región. Entre sus cultivadores estuvo el entonces coronel Augusto Pinochet 14 Se suele considerar el libro Intereses argentinos en el mar (1916) del almirante argentino Segundo Storni (1876-1954), seguidor de Mahan, como el principal texto precursor de la geopolítica latinoamericana (Tripolone, 2015). www.editorial.unican.es
38 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe (1915-2006), profesor de geopolítica en la Academia de Guerra y autor del manual Geopolítica, diferentes etapas para el estudio geopolítico de los Estados (1968), en el que se hablaba sin mayores problemas de la conexión “sangresuelo” (cfr. von Chrismar, 1979: 9). Por su parte, el coronel y profesor de la Academia de Guerra (luego Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos), Julio C. von Chrismar Escuti, asesor permanente del régimen militar de Pinochet, siguió defendiendo antes y después de la Guerra Fría la vigencia de las leyes geopolíticas de crecimiento de los Estados de Ratzel y de los geógrafos nazis del equipo de Haushofer, como Otto Maul, o de discípulos de Ratzel como el filonazi Arthur Dix (von Chrismar, 1983; 1984; 1993). Parafraseando a Pinochet, Von Chrismar proporcionó la definición de geopolítica característica de este enfoque de Seguridad Nacional: “la Geopolítica, como ciencia asesora de la Política, busca lograr a través del Desarrollo y la Seguridad Nacional, el mayor bienestar y felicidad para la población del Estado” (von Chrismar, 1979: 17). La literatura que se ocupa de la geopolítica sudamericana insiste en que la producción teórica (la geopolítica formal) fue monopolizada por los militares (Child, 1979a; Coutau-Bégarie, 1990; Nolte y Wehner, 2016; Cabrera, 2018), pero es necesario recordar que durante la Guerra Fría, mientras en Estados Unidos se consolidó la institucionalización de los Estudios Latinoamericanos15, también se produjeron visiones geopolíticas alternativas (asociadas al complejo integracionista) tanto en el plano académico (como se verá en el segundo apartado) como en el ámbito militar (Child, 1979a; Freres Jr., 2008; Sarthou, 2011; Aguiar, 2018). En este último campo, la orientación alternativa se dio entre los generales nacionalistas ligados al desarrollismo castrense, como el brasileño Juárez Tavora (y antes el coronel Nelson Wernek Sodré), los argentinos Ramón G. Díaz Bessone o Juan E. Guglialmelli, o el peruano Edgardo Mercado Jarrín, inspiradores de un movimiento, que, a nivel regional, se acabaría aglutinando en 1986 en la Orga15 El origen de los Estudios Latinoamericanos data del período de la Buena Vecindad, cuando se publicó el primer manual editado por Lewis Hanke en 1936 (Salvatore, 2006). Después de la Segunda Guerra Mundial, lo Estudios Latinoamericanos se basaron en la teoría de la modernización, heredera de todos los supuestos racistas de la geopolítica anglosajona de la primera mitad del siglo XX, para acabar justificando los regímenes militares en aras de la estabilidad política, cuya ausencia había sido uno de los elementos del imaginario imperialista norteamericano sobre América Latina desde su inicio (Salvatore, 2006; Feres Jr., 2008).
39 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... nización de Militares por la Democracia, la Integración y la Liberación de América Latina y el Caribe (Child, 1979a; Piñeyro, 1994; Chapman, 2011; Fornillo, 2015; Aguiar, 2018; Garay, 2019). En todo caso, los pensadores castrenses más prominentes de la teoría geopolítica sudamericana, que tenían un conocimiento profundo de las teorías geopolíticas alemana y anglosajona, se situaron en un punto intermedio entre la pulsión nacionalista procedente del pensamiento geopolítico alternativo del período de entreguerras y el alineamiento pasivo con Estados Unidos. El general chileno Ramón Cañas Montalva (1896-1977), el único comandante en jefe que no pasó por la Academia de Guerra, ya atisbó en 1948 “el alba de la Era del Pacífico” hacia el que Chile debía orientar su vocación para conformar una Agrupación del Pacífico en alianza con Estados Unidos (cfr. Garay, 2019: 85). Por su parte, el brasileño Carlos de Meira Matos, intelectual de la Escuela Superior de Guerra (conocida como la Sorbona), defendió la creación de una Organización del Tratado del Atlántico Sur, sin olvidar la vocación continental de Brasil (Child, 1979a; Kelly, 1984; Vasconcelos da Silva, 2013). En el resto de América Latina se repitió esa doble división entre militares y civiles y entre interamericanistas (partidarios del alineamiento geopolítico con Estados Unidos) y latinoamericanistas o tercermundistas (partidarios de una geopolítica basada en la integración regional autónoma), pero resulta sintomático que ni en México, ni en Colombia o Venezuela apareciera un pensamiento geopolítico militar nacionalista original después de la Segunda Guerra Mundial. El principal estudioso de la geopolítica en el Mediterráneo Americano, el general colombiano Julio Londoño (1901-1980), a pesar de publicar el libro La visión geopolítica de Bolívar (1951), mantuvo un perfil “equilibrado y no polémico” (Child, 1979a: 107), mientras que en Venezuela y México el recorrido de la geopolítica fue sobre todo a nivel práctico, alcanzando su máxima expresión durante la década de 197016, cuando los gobiernos de ambos países, reforzados por la diplomacia petrolera, impulsaron el Nuevo Orden Económico Internacional, (Mamalakis; 1978; Thornton, 2018). El fortalecimiento de la capacidad negociadora del Tercer Mundo provocó en el bloque del G77 una división entre los países de la región en los que el conflicto interno de clases se saldó a favor del “nacionalismo de16 Si bien en México la tradición geopolítica autónoma ya se puede remontar a la Doctrina Carranza de 1919 sobre la igualdad jurídica de los Estados (Thornton, 2018). www.editorial.unican.es
46 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe partir del supuesto, análogo a las teorías marxistas del imperialismo, de que “entre las naciones existe también lo que podríamos llamar un proletariado” (Ugarte, 1922a: 37)17. En esos apuntes, que fueron el motivo de su expulsión del Partido Socialista, incluyó, además, ciertas opiniones que permiten atisbar las semillas de un pensamiento anticolonial18. El porvenir de América latina se publicó después de celebrarse en Buenos Aires la IV Conferencia de Estados Americanos de 1910. En ella se decidió crear la Unión Panamericana, que oficializó así el término que circulaba desde 1889 en la prensa de Estados Unidos (Ardao, 2006); la Unión Panamericana era la continuadora de la Oficina Internacional de las Repúblicas Americanas, que, para Ugarte (1911: 126), reflejaba “el esbozo y germen de un futuro ministerio de Colonias”. El escritor argentino inició entonces una gira que le llevó de Barcelona a París y entre 1911 y 1913 pasó del Caribe a Nueva York y de ahí inició su larga prédica de la “unión latinoamericana” por Cuba, República Dominica, México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Panamá, Venezuela, Colombia, Perú, Bolivia, Chile, Uruguay y Paraguay (Ugarte, 1923: 103, 109, 382). La unión latinoamericana fue el lema que sus oponentes destacaban del más del centenar de discursos y conferencias que pronunció durante la década de 1910 (Ugarte, 1922a; Bergel, 2011; Scarfi, 2013; Cormick, 2013; García, 2014). Ugarte habla en su obra indistintamente de América latina como “nuestra patria superior” (Ugarte, 1911: vi), de Nuestra América y en algunas ocasiones de la América hispana, pero aclara que “Brasil forma parte integrante del 17 La cita corresponde a una conferencia dictada en el Ayuntamiento Barcelona en 1910 y se explica de este modo: “Así como en la vida nacional hay clases que poseen los medios de producción, en la vida internacional hay naciones que esgrimen los medios de dominación, es decir, la fuerza económica y militar, que se sobrepone al derecho y nos convierte en vasallos” (Ugarte, 1922a: 38). 18 En una conferencia dictada en México en 1912, ante el monumento a los caídos en la guerra de 1848 contra Estados Unidos, Ugarte señaló: “La civilización, como la libertad, ha servido en todas las épocas para justificar todos los atentados… Defender la civilización equivale siempre para los pueblos fuertes a extender su influencia; pero aunque por imposible fueran sinceros en el empeño, si la civilización solo puede ser alcanzada al precio de nuestras autonomías, nosotros renunciamos al peligroso presente de las cadenas de oro” (Ugarte, 1922a: 94-95). En 1917, en el mismo país, habló ya de un “proletariado de naciones” y del paralelismo entre el colonialismo de Europa en África y Asia y el imperialismo de Estados Unidos en América Latina que, a través de la Doctrina Monroe, se había tornado progresivamente “en instrumento de dominación y opresión” (Ugarte, 1922a: 207, 2013).
47 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... haz hispanoamericano y su destino como nación es inseparable del resto del Continente” (Ugarte, 1911: 43-44). No hay que olvidar que por entonces estaba culminando la americanización de la política exterior brasileña del Barón de Río Branco y que Brasil brindaba apoyo total a los Estados Unidos en todas la Conferencias Panamericanas (Bethell, 2012)19. América Latina era un territorio de 20 millones de km2 con más de 80 millones de personas, pertenecientes a la “raza que es, en conjunto, una resultante de la fusión latina” (Ugarte, 1911: 69). Fraccionada en 20 repúblicas, estaba separada por la frontera de México, como “límite entre dos civilizaciones”, de la América del Norte, una única nación de 10 millones de km2, con 100 millones de “anglosajones, unidos y solidarios” (Ugarte, 1911: vi, xiii-xv). Entre ambas civilizaciones, que eran “dos mundos irreductibles” de raza (el mestizaje latino frente a la pureza anglosajona) y costumbres (instituciones lastradas por la herencia colonial frente a instituciones capitalistas), Ugarte consideraba que existía un verdadero choque: “son dos entidades antagónicas que sintetizan un divorcio de intereses y atavismos en un dilema histórico y geográfico que nadie puede conciliar” (Ugarte, 1911: xiii). En una conferencia dictada en el Ayuntamiento de Barcelona, Ugarte aclara que la diferencia de desarrollo económico entre ambas civilizaciones, “la desigualdad que advertimos”, no estaba basada en diferencias de raza (“así como no hay clases superiores y clases inferiores… no hay tampoco razas superiores ni inferiores”)20, sino en la división de América Latina frente a los Estados Unidos y en la diferencia de las instituciones (“la orientación filosófica y las costumbres políticas”) que, dependientes de la injusta distribución de los recursos, propiciaban el control de los repúblicas latinoamericanas por una “oligarquía temerosa y egoísta” (Ugarte, 1922a: 41). Ugarte describe América Latina como una región con una localización central, con ríos navegables, dotada de abundantes recursos naturales y rica en biodiversidad, que además se había beneficiado de la migración interna19 Para la III Conferencia de Estados Americanos, que se celebró en Río de Janeiro en 1906, se construyó el Palacio Monroe, que después albergaría la Cámara de Diputados y el Senado (Bethell, 2012). 20 Ugarte propuso una variación de la misma idea en 1911, en otra conferencia en la Universidad de Columbia en Nueva York: “Contra lo que nos sublevamos es contra la tendencia a tratarnos como raza subalterna y conquistable. Tenemos quizá en las venas gotas de sangre exótica; pero no nos consideramos disminuidos por ello y nos sentimos tan grandes como ustedes” (Ugarte, 1922a: 89). www.editorial.unican.es
48 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe cional de España e Italia y de las ideas de Francia, lo que acentuaba su carácter latino. Suelo, migraciones, “levadura indígena” y mestizaje producto de “la fraternización con las razas aborígenes” eran los factores distintivos de la América Latina, que, frente a la “originalidad de la vida febril y del industrialismo desbordante” de los Estados Unidos, “ha tomado otros rumbos, que no son ni superiores ni inferiores, que son simplemente diferentes” (Ugarte, 1911: 71-72, 85). Sin embargo, aunque la “América hispana” tiene algunas regiones de “prosperidad inverosímil”, en su conjunto “prolonga una etapa subalterna” de desarrollo económico, ya que “sólo importa productos manufacturados y sólo exporta materias primas” (Ugarte, 1911: 9192). Ugarte considera que “la futura integridad territorial y moral” de América Latina estaba en peligro debido al expansionismo hacia el sur de Estados Unidos, por “el avance del imperialismo” (Ugarte, 1911: 90, 309), que era la consecuencia de las necesidades espaciales derivadas de las proyecciones demográficas de la época y de la avidez de recursos naturales de los norteamericanos21. Dado que –haciéndose eco de la tesis ratzeliana– “es un axioma científico que las naciones de civilización más intensa están siempre seguras de someter a las limítrofes”, los latinoamericanos debían tomar conciencia de la necesidad de salvaguardar su propia civilización, ya que su única defensa era en ese momento la extensión de su territorio, y su independencia “sólo subsiste en conjunto a la sombra de equilibrios que un soplo puede romper” (Ugarte, 1911: 91-92, 96). Basándose en el sentimiento “de la posibilidad de la patria” que parecía extenderse entre la joven élite ilustrada latinoamericana, Ugarte constata la existencia de “un solo bloque que proviene del mismo empuje” (Ugarte, 1911: xiv, cursivas en el original), cuya “primera obligación es perdurar, mantener sus posiciones, resistirse a la infiltración y a la conquista y seguir cohesionando en sí la savia de todos los pueblos para ser mañana la síntesis de la verdadera humanidad” (Ugarte, 1911: 128). Frente a este ideal de resonancias bolivarianas, Ugarte era consciente de las debilidades internas, producto de la fragmentación geográfica y del distinto nivel de desarrollo económico de los países latinoamericanos, que, según él, dependía directa21 En concreto, Ugarte cita las estimaciones de Andrew Carnegie de que para el 2000 Estados Unidos tendría 1.000 millones de habitantes, lo que obligaría a “extender sus límites” (Ugarte, 1911: 109). Más adelante, señala: “nadie sabe ante qué río o ante qué montaña se detendrá el avance del país cuya población creciente exige una expansión indefinida” (Ugarte, 1911: 187).
49 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... mente de la lejanía/autonomía de los Estados Unidos y de la intensidad del flujo migratorio europeo. Así, reprodujo su primera división original de las tres subregiones de la América Latina, un “Continente fraccionado” (Ugarte, 1911: 186), añadiendo ciertos elementos de la coyuntura para su actualización: i) “la del extremo Sur, que comprende Argentina, Brasil, Chile y Uruguay, en plena prosperidad y libre de toda influencia norteamericana”; ii) “la del Centro (Perú, Bolivia, Paraguay, Ecuador, Colombia y Venezuela), que goza de gran adelanto también, pero que trabajada en parte por las discordias y mejor favorecida por la inmigración, sólo puede ofrecer una resistencia muy débil”; y iii) “la zona del Norte” subdivida a su vez entre la república de México (“que progresa al igual de las del primer grupo, pero que por ser limítrofe con los Estados Unidos se encuentra atada a su política y sometida en cierto modo a una vida de reflejo”) y los seis Estados de América Central, que, junto con Cuba y República Dominicana, “parecen particularmente expuestos a caer en la esfera de atracción de la América anglo sajona” (Ugarte, 1911: 99-100). En esa división, los países del extremo sur eran “como miembros sanos en un cuerpo paralítico” afectado “en los puntos estratégicos” por una “modorra” caribeña que hacía posible “la infiltración de la gran república” (Ugarte, 1911: 102-103). Pero abandonar las tierras al norte del istmo de Panamá a los intereses de Estados Unidos, cuyo proyecto era “crear en el Sur una especie de dependencia”, las convertiría “en un puente tendido al invasor, que se acercaría irradiando cada vez con mayor fuerza desde la frontera en marcha, hasta transformarse en un gigantesco vecino absorbente” (Ugarte, 1911: 103, 115). Por eso, Argentina, Brasil y Chile no podían dejarse “ahogar y arrinconar en el Sur” –donde “el desarrollo de la riqueza material y la importancia de los intereses europeos hacen imposible toda intervención franca” de los Estados Unidos–, ya que muy pronto se iban a convertir en “entidades exportadoras que necesitarán mercados en el propio Continente…de la zona que se extiende hasta más allá del Ecuador” (Ugarte, 1911: 104, 128). De ahí la oposición frontal de Ugarte al proyecto de Ferrocarril Intercontinental, una idea aprobada en la I Conferencia Internacional de Estados Americanos. y que luego dio origen a un Comité permanente para estudiar su viabilidad. A menos que la empresa fuera propiedad de cada uno de los Estados por los que atravesara la línea, el ferrocarril de Nueva York a Buenos Aires sería el cauce de penetración de “una inundación de capitales, de iniciativas y de productos” que lograría alcanzar a los territorios todavía “indemnes” ante el avance de la conquista comercial (Ugarte, 1911: 138), www.editorial.unican.es
50 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe que, siendo el signo de los tiempos22, debía frenarse mediante “una barrera impenetrable” (Ugarte, 1911: 130). En un mundo que tendía hacia “una época de rapacidad exasperada” en el que solo saldrían a flote aquellos países que acumularan “mayor suma de riqueza y actividad”, América Latina, maniatada por la Doctrina Monroe –“una protección que prepara otras agresiones” y cuyo propósito era impedir que otro país se instalara en los territorios que Estados Unidos consideraba “en un futuro más o menos remoto, como cosa propia” (Ugarte, 1911: 136)– debía jugar sus cartas usando los intereses de las distintas potencias europeas (e incluso de Japón) para contrarrestar el imperialismo de los Estados Unidos (Ugarte, 1911: 149). En “esa balanza de intereses que se anulan” se escondía “el secreto de la salvación” (Ugarte, 1991: 136). Dicho de otra manera, “el equilibrio de influencias” era “la primera condición de la autonomía” (Ugarte, 1911: 153). Por supuesto se necesitaba reforzar la infraestructura económica (ferrocarril intercontinental y conexiones telegráficas), el sustento ideológico y la institucionalidad del proyecto de Estados Unidos del Sur para acabar con el “papel de satélites” que los Estados Unidos del Norte habían otorgado a los países de la región en las Conferencias Panamericanas (Ugarte, 1911: 180). Como alternativa, Ugarte proponía la celebración de “congresos latinoamericanos” de carácter anual para ir construyendo una “nacionalidad superior” (Ugarte, 1911: 193-194). En ellos discutiríamos el modo de dar a nuestra América una representación de conjunto, con ayuda de una política solidaria y armónica. La periodicidad de las reuniones permitiría conciliar los intereses forzosamente diversos, combinar medidas de utilidad común, prevenir los conflictos locales, difundir una conciencia continental y crear dentro de las fronteras ensanchadas, bajo la autoridad de las veinte repúblicas, un esbozo de tribunal de arbitraje encargado de solucionar todos los roces (Ugarte, 1911: 194-195). 22 “La expansión va perdiendo su viejo carácter militar. Las naciones que quieren superar a las otras envían hoy a la comarca codiciada sus soldados en forma de mercaderías. Conquistan por la exportación. Subyugan por los capitales. Y la pólvora más eficaz parece ser los productos de toda especie que los pueblos en pleno progreso desparraman sobre los otros, imponiendo el vasallaje del consumo” (Ugarte, 1911: 8).
51 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... La viabilidad de esta iniciativa no era “un sueño irrealizable”, como evidenciaba la unificación de Alemania e Italia (Ugarte, 1911: 189)23. Era necesario poner en marcha “una gran Asamblea latinoamericana”, con delegados nombrados por cada una de las 20 repúblicas, que estableciera una “comisión de Relaciones Exteriores” para asumir “la dirección superior y la representación externa de la raza, de acuerdo con las leyes generales discutidas en los Parlamentos respectivos” (Ugarte, 1911: 190). Obviamente, el proyecto tenía que reflejar un conjunto de nuevas políticas nacionales promovidas por un Estado intervencionista que llevase a cabo reformas institucionales en áreas y organizaciones clave (elecciones, partidos, poder judicial, propiedad de la tierra, mercado de trabajo, distribución del ingreso, sistema educativo, gasto público, política industrial, comercio exterior), y cuyos apoyos vendrían de la nueva sangre de la inmigración (que incorporaba “el instinto de asociación” y “la noción indispensable de los derechos de la colectividad”, frente a la escasa noción de bien público del individualismo autóctono predominante) y de la “juventud nacida para otra época y para otro empuje” (Ugarte, 1911: 244, 255). En concreto, y esta es la versión final del juvenilismo de tradición arielista, una “gran liga de la juventud hispanoamericana” debía ser el actor del cambio, en alianza con los sectores progresistas del ejército, la industria, los partidos y el mundo cultural, que pusiera en marcha el proceso integracionista autónomo (Ugarte, 1911: 318)24, una “patria grande” cuyos ideales resumió en una conferencia impartida en 1912 ante la Asociación de Estudiantes en Caracas: “la prosperidad interior y la independencia nacional” (Ugarte, 1922a: vii). Al acabar la Primera Guerra Mundial y en la estela de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918, Ugarte apeló a “la acción popular y juvenil” para luchar contra el imperialismo (Ugarte, 1922a: vii, 116). Esa idea venía persiguiéndolo desde que volvió a México en 1917 para dar una conferencia 23 En una conferencia dictada en Buenos Aires en 1913 Ugarte retomó esta comparación para señalar la posibilidad de que las repúblicas del extremo sur desempeñaran el papel de Prusia y el Piamonte y también aludió a un acuerdo previo de las “cuatro más fuertes” (ABC+México) para constituir “después, alrededor de ese núcleo, todas las demás” (Ugarte, 1922a: 168). 24 “las nuevas generaciones empiezan a estar preparadas, en su élite, para realizar en pocos años el esfuerzo histórico que el destino parece exigir de ellas”, esto es, la puesta en marcha de la “Confederación moral” (Ugarte, 1911: 318) a través de la convocatoria de los “congresos latinoamericanos”, ya que “si no los realizan los gobernantes, los reunirá la juventud” (Ugarte, 1911: 186). www.editorial.unican.es
52 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe a invitación de la Universidad Nacional. Allí dijo que el imperialismo “es la tendencia que lleva a los pueblos fuertes a querer imponerse y dominar a los pueblos débiles, ya sea desde el punto de vista económico, ya desde el punto de vista político o militar” (Ugarte, 1922a: 204). Ese mismo año, la expulsión de las tropas norteamericanas por el presidente Venustiano Carranza despertó en Ugarte la idea de la “diplomacia popular”: la Revolución Mexicana concretaba así su idea original de unir “de manera estrecha la causa del proletariado con la causa de la defensa latinoamericana”, impulsada ahora por un nuevo “triángulo solidario… que tiene por base la estrecha unión entre la Argentina y Chile y que culmina en el norte con la República de México” (Ugarte, 1922a: 179-180, 192, 199). En suma, la Revolución Mexicana, la Revolución Rusa y la Reforma Universitaria de Córdoba fueron el caldo de cultivo para que la sensibilidad antiimperialista, que ya era patrimonio de significativos sectores de las sociedades latinoamericanas, se propagara por todo el continente en la década de 1920 con el apoyo de los intelectuales nacionales de vanguardia. 2.2. Antiimperialismo geopolítico indoamericano sin olvidar a Brasil en Víctor R. Haya de la Torre En 1924 se fundó la Liga Antiimperialista de las Américas en México, controlada por la Tercera Internacional, con figuras como Diego Rivera y José Carlos Mariátegui. Un año después, José Ingenieros y Alfredo Palacios, viejos compañeros de Ugarte en disidencias políticas, retomaron en Buenos Aires la Unión Latino Americana que Sáenz de la Peña ya había reclamado en 1905, mientras en París los comunistas daban cobertura a la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos. En 1926, Víctor R. Haya de la Torre inscribía su Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA) en la capital francesa y un año después se creaba la Alianza Continental en Argentina con un ideario muy similar (Cormick, 2013; Scarfi, 2013; Pita, 2018). Junto con Ugarte y José Vasconcelos, Haya de la Torre fue uno de los invitados latinoamericanos al I Congreso Internacional contra la Opresión Colonial y el Imperialismo, celebrado en Bruselas en 1927 bajo los auspicios de la Tercera Internacional; Ugarte asistió como delegado del Partido Nacionalista de Puerto Rico y se convirtió después en miembro honorario de la Asociación General de Estudiantes Latinoamericanos, que, como la Unión Latino Americana, cesó sus actividades en 1930. Para entonces, el tiempo de los maestros de juventudes (el idealismo de los Rodó, Martí, Ugarte y
53 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... Vasconcelos) comenzó a dar paso al antiimperialismo político, armado teóricamente con el realismo marxista de Haya de la Torre (1895-1979), cuya carrera política se inició cuando fue elegido presidente de la Federación de Estudiantes de Perú en 1919 (Hodge, 2013; Cormick, 2013; Pita, 2018; Domínguez, 2019). Haya de la Torre fundó el APRA en 1924, al que consiguió inscribir en París dos años después. Tras apoyar el movimiento de resistencia de Augusto César Sandino en Nicaragua, redactó en México un texto en los primeros meses de 1928, pero hasta 1935 no sería editado en Chile. Este último año, la Tercera Internacional decidió el cese de actividades de la Liga Antiimperialista de las Américas buscando una mejora de las relaciones de la Unión Soviética con Estados Unidos (Bergel 2011), lo que dejó espacio para el planteamiento aprista. El texto de Haya de la Torre buscaba dotar de un programa común de acción política al “frente único antiimperialista”, de carácter internacional, pero autónomo e interclasista, de ahí su distanciamiento con la Komintern, a la que acusó de desconocer las realidades latinoamericanas, como ya había quedado patente en el Congreso de Bruselas (Haya de la Torre, 1935: 97)25. El APRA, que contaba con secciones en México, Argentina (en realidad, los restos de la Unión Latinoamericana), América Central y varias delegaciones en Europa, organizó su programa sobre la base cinco puntos, “invocando la unión de la juventud de trabajadores manuales e intelectuales”: i) la acción contra el imperialismo yanqui; ii) la unidad política de América Latina; iii) la nacionalización de tierras e industrias; iv) la internacionalización del Canal de Panamá; y v) las solidaridad con todos los pueblos y clases oprimidas del mundo (Haya de la Torre, 1935: 97-99). La evolución del pensamiento de Haya de la Torre, desde el nacionalismo antiimperialista de esta obra, influida por del marxismo de Mariátegui y el nacionalismo desarrollista de Sun Yat-sen y su Kuomintang, hasta el alineamiento con Estados Unidos tras el pacto germano-soviético al estallar la Segunda Guerra Mundial es otra historia, pero el planteamiento inicial fue muy similar al de Ugarte: “ante el gran interés imperialista de los Estados Unidos del Norte, debemos oponer nosotros el gran interés de los pueblos que 25 Haya de la Torre relata que en Bruselas se repitió “en cierta forma la burda comedia de los congresos interburgueses de tipo panamericano”. Teniendo al enemigo tan cerca, no se debía “ir a Europa a pedir consejos o guías para recibir lecciones de lucha”, por el contrario, había que liberarse de ese “colonialismo mental” porque “nuestro proceso histórico tiene su propio ritmo” (Haya de la Torre, 1935: 157, 185-196). www.editorial.unican.es
54 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe forman los Estados Unidos de Indoamérica, unidos por la suprema necesidad de defenderse” (Haya de la Torre, 1935: 168). Ahora bien, donde Ugarte (1911: 318) planteaba una elusiva “Confederación moral”, Haya de la Torre defendió una “federación de Estados”, con el “objetivo político continental” de eliminar el mayor atentado a la soberanía de América Latina: la internacionalización del Canal de Panamá (Haya de la Torre, 1935: 102, 104). Donde Ugarte vislumbraba que el grado de civilización se refleja en la composición de las exportaciones26, Haya de la Torre (1935: 34, 168) apeló a un “nacionalismo económico indoamericano”, basado en una variante del “capitalismo de Estado” que, como en Rusia tras la Revolución, cumpliera “la misión histórica de industrializar el país”, porque “para los países de economía primitiva o retrasada a los que el capitalismo llega bajo la forma imperialista esta es «su primera etapa»”27. Y donde Ugarte intuía un “neocolonialismo paradojal”, en el que, a través de la Doctrina Monroe y el panamericanismo, América Latina se había vuelto un “feudo colonial” de los Estados Unidos (Ugarte, 1922a: x, 82), Haya de la Torre (1935: 31, 167) consideró que Indoamérica era “una sola región colonial o semicolonial”, es decir, “una dependencia del sistema capitalista mundial… cuyos centros comando se hallan en los países más avanzados de Europa, en Estados Unidos y ahora, también en Japón”. Ahora bien, dentro de la región, y a efectos de organizar la lucha antiimperialista, había que distinguir, como ya planteó en el Congreso de Bruselas, cuatro grandes sectores, que, a diferencia de los imaginarios geopolíticos norteamericanos del momento, incluía una categoría específica para Brasil: 26 “El grado de civilización, de capacidad económica, de eficacia activa de los países se mide por su aptitud para transformar los productos de la tierra. Los que solo exportan materias primas son, en realidad, pueblos coloniales. Los que exportan objetos manufacturados son países preeminentes” (Ugarte, 1922b: 155). 27 En conexión con el etapismo, Haya de la Torre señala también otro concepto que le sitúa entre los pioneros del desarrollo: “el carácter dual de nuestra economía que el imperialismo escinde en dos intensidades, dos ritmos, dos modos de producción –la nacional retrasada y la imperialista acelerada–, y la fundamental diferencia entre nuestra «primera etapa capitalista», importada por el imperialismo, y «la última etapa» que comienzan a confrontar los países de más avanzada economía” (Haya de la Torre, 1935: 41). Esta división hace parte de las etapas que Friedrich Engels tomó de Henry Morgan (salvajismo, barbarie, civilización), y que, según Haya de la Torre, coexistían en Indoamérica reproduciéndose en “relativo equilibrio” al interior de la mayor parte de los países de la región (Haya de la Torre, 1935: 239).
55 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... El primer sector es “el sector del Caribe”: México, Centroamérica, Panamá y las Antillas, donde se unen los intereses directos de expansión económica y los indirectos de estrategia militar, construcción de canales interoceánicos y bases navales de defensa para Estados Unidos y de contralor y ataque para Sudamérica. En este sector del imperialismo ha pasado ya el periodo de la concesión, del tratado de la acción diplomática, y ha entrado en el de acción agresiva, de la amenaza o de la violencia, desembarco de tropas (Cuba, Santo Domingo, Haití, Nicaragua, Honduras, Panamá y México son ejemplos históricos de esta forma culminante del imperialismo yanqui en ese sector). El segundo sector “es el sector de las Repúblicas bolivarianas”: Venezuela, Colombia, Ecuador, el Perú, Bolivia, donde la acción imperialista se halla aún en el periodo del empréstito, de la concesión, del tratado, interviniendo veladamente en la marcha de la política interior, alentando los despotismos y convirtiéndolos, mediante el apoyo financiero, en agentes del imperialismo en esos países. El tercer sector lo constituyen los países donde las condiciones económicas han producido mayor desarrollo nacional, donde el Estado es aún más definido y estable “instrumento de opresión de una clase social sobre otra” y donde los proletariados son más organizados y más numerosos: “sector de Chile y los países del Plata”. En esas Repúblicas, campos de mayor influencia del imperialismo británico y donde el capitalismo industrial ha llegado a su mayor grado de avance en América Latina, la acción del imperialismo yanqui es de más definido aspecto financiero, bancario, de crédito industrial y agrícola, formación de grandes compañías, acción más que ligada directamente con el Estado mismo, con la clase dominante que la normalidad del Estado asegura y garantiza. El cuarto sector: “sector de Brasil”, que, con excepción de Chile, es el país latinoamericano donde Estados Unidos tiene mayores inversiones…, país que, por sus peculiares condiciones económicas, políticas y sociales, presenta una fisonomía característica en su desenvolvimiento y es el vasto campo de los imperialismos más fuertes (Haya de la Torre, 1935: 151). Como antes había hecho Ugarte al referirse al peligro del “latinoamericanismo parcial que obligaría a la nación aislada a desarrollar una política hostil”28 y Vasconcelos con su libro Bolivarismo y Monroísmo: temas iberoamericanos (1934), la mención a Brasil del peruano no era un asunto geopo28 “Pueblo de otro origen y otro idioma, limítrofe por su extensión con todas las repúblicas sudamericanas, el Brasil debe ser retenido en el seno de nuestro núcleo y tratado como hermano dentro de la gran familia” (Ugarte, 1923: 337). www.editorial.unican.es
62 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe aseguren la viabilidad autónoma” (India, América Latina, el Mundo Árabe, y eventualmente Pakistán e Indonesia); y iii) “los que disponen de muy poca posibilidad de alcanzar un desarrollo autónomo viable, individual o colectivamente” (Centroamérica y el Caribe y el resto de países de África y Asia) (Jaguaribe, 1969: 44-45). Las dos últimas categorías, que agrupaban a todos los “países subdesarrollados”, tenían siete alternativas básicas para sus gobiernos, de las que solo las cuatro primeras permitían alcanzar diferentes niveles de desarrollo: i) “desarrollo autónomo, fundamentalmente por medio de transacciones”; 2) “desarrollo autónomo, por vía revolucionaria”; iii) desarrollo “por incorporación” a uno de bloques; iv) “desarrollo dependiente”; v) “dependencia satelizante o neocolonial” que únicamente garantizaba “la conservación de los privilegios de la élite dominante”; vi) “dependencia quisling, con el apoyo pretoriano de minorías locales privilegiadas”; y vii) “dependencia coercitiva, por la mera ocupación militar de la potencia dominante” (Jaguaribe 1969: 45). En ese contexto, la salida de la crisis latinoamericana según la aplicación de la teoría de la resolución de conflictos pasaba por tres situaciones: dos de “inestabilidad inmanente” (dependencia o revolución) y una de “estabilidad relativa” (autonomía) (Jaguaribe, 1969: 39). Jaguaribe consideró que había plazos adquisitivos y prescriptivos para llevar a cabo la resolución de conflictos: la autonomía podía ser alcanzable en un plazo de no más de 30 años (una generación en el sentido biológico y dos en el sociológico), pero, a medida que se acercase dicho plazo, el dilema entre dependencia o revolución existente de 1968-1969 volvería a reproducirse. La recomendación de Jaguaribe era optar por la alternativa de la estabilidad relativa (autonomía) en su variante más desarrollada: la “autonomía transaccional” (Jaguaribe, 1969: 45). Ello permitiría recuperar el proyecto de desarrollo económico y democracia, frente a “la tendencia objetiva del proceso histórico” que había conducido a América Latina a la “dependencia satelizante”29 por la aplicación del modelo económico “neoliberal” y al “colonialfascismo” político con el apoyo clave del establishment empresarial y militar de los Estados Unidos (Jaguaribe, 1969: 26, 46, 50). Y también evitaría que la “dialéctica de la dependencia” desembocase en una revolución difícilmente viable, 29 A los países de América Central y del Caribe (junto con Paraguay, los “países no viables de América Latina”), la “situación geopolítica” los abocaba a la dependencia quisling o de “colonialpretorianismo”, mientras que en Ecuador y Bolivia la situación era de “precaria viabilidad” (Jaguaribe, 1969: 50, 71-72).
63 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... tras el aprendizaje de la lección cubana por parte de Estados Unidos30 y las condiciones geopolíticas de la región que, salvo “simultaneidad y dispersión de las guerras revolucionarias”, hacían poco factibles la otra alternativa revolucionaria (el modelo de revolución china): al contrario que en la guerra de liberación nacional china, Estados Unidos estaría dispuesto a cargar con los costos de una intervención preventiva dentro de su área de hegemonía por las facilidades logísticas y el escaso riesgo de contra-intervención o resistencia soviética (Jaguaribe, 1969: 64). Un desarrollo e integración autónomos, que garantizasen “la seguridad nacional y regional”, esto es, “la maximización de la endogenia del desenvolvimiento y de la viabilidad regionales”, no serían factibles sin una “integración latinoamericana que supusiese la inicial adhesión de todos los países”, por lo que había que contemplar “condiciones compensatorias” para los países más pequeños y para los de menor nivel de desarrollo relativo: además de crear un mercado único para la producción propia, se necesitaba “un gran fondo de recursos humanos, tecnológicos, naturales y financieros” (Jaguaribe, 1969: 66, 69; cursivas en el original). Y para que “la maximización de la endogenia del desenvolvimiento” se tradujera “en la seguridad de la viabilidad independiente de la región” era necesario también desarrollar la industria militar propia, como condición sine qua non (Jaguaribe, 1969: 69-70). Jaguaribe examina las condiciones de posibilidad para la implantación del modelo autónomo, que consideraba solo aplicable a México y a los países de América del Sur (excluidos Paraguay, Bolivia y Ecuador). Para ello, había que crear Estados desarrollistas en diferentes combinaciones de “capitalismo de Estado” (para los países más adelantados) y “socialismo desarrollista” (para los menos avanzados). En todo caso, planteó que solo Brasil, “en virtud de sus dimensiones continentales”, podría emprender aisladamente su desarrollo autónomo, aunque lo ideal sería que el gigante sudaméricano (México no, por su posición excéntrica) iniciara el proceso de integración 30 “Actualmente, los servicios norteamericanos de seguridad, a pesar de la debilidad de sus conceptos e instrumentos analíticos –la teoría subversiva de las revoluciones y el modelo de la contrainsurgencia–, aprendieron las necesarias lecciones pragmáticas del caso cubano para capacitarse a actuar en la práctica, como si hubieran comprendido que, en las condiciones de América Latina, todos los movimientos populares que conquistaren revolucionariamente el poder, sean cuales fueren sus propósitos y su ideología, terminarán, de hecho, implantando un régimen de tipo socialista desarrollista” (Jaguaribe, 1969: 62; cursivas en el original). www.editorial.unican.es
64 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe para detonar un “sistema regional restringido” formado por “el eje Argentina-Brasil, incorporando tan pronto como fuera posible, a Chile y Uruguay” (Jaguaribe, 1969: 72-73). Finalmente, el autor analizó los cuadros apropiados para impulsar esta ideología (en el sentido de movilización para el cambio del statu quo) de la “autonomía desarrollista”, que deberían salir de parte de la burguesía empresarial, la clase media técnica y administrativa y la intelligentsia revolucionaria compuesta por las “vanguardias militares y universitarias”, de las que deberían surgir los nuevos liderazgos (Jaguaribe, 1969: 75). De este modo, Jaguaribe rehabilitó la vieja interpretación isebiana nacional-burguesa y de alianza de clases para el desarrollo nacional (compartida también por la CEPAL y el Partido Comunista de Brasil), frente a la opción revolucionaria de la teoría marxista de la dependencia y al cosmopolitismo (disfrazado de análisis marxista) de la versión de la dependencia asociada de Fernando Henrique Cardoso y Enzo Faletto, quienes propusieron una apertura sin restricciones al capital extranjero (Domingos, 2008; Bresser-Pereira, 2010). Diez años más tarde, el período que Jaguaribe había considerado como de deliberación para optar entre dependencia, revolución o autonomía, el contexto internacional parecía haber madurado favoreciendo esta última tras la reconducción de la acción colectiva de los países en desarrollo (el Nuevo Orden Económico Internacional y la Carta de Derechos y Deberes de los Estados) hacia el Diálogo Norte-Sur controlado por los países desarrollados31. En ese momento, la estratificación internacional se había simplificado en cuatro niveles de países que iban desde la autonomía a la dependencia: i) los países con “primacía general” gracias a su devastadora capacidad nuclear (Estados Unidos y la Unión Soviética); ii) los países con “primacía regional”, que disponían de medios para garantizar la inexpugnabilidad de su territorio (China) y alcanzar una “autonomía general”; iii) los países con “autonomía regional” (la Comunidad Económica Europea, Japón, Irán, Brasil) o “sectorial” (Arabia Saudí, Venezuela), “potencias medias autónomas” con capacidad para imponer severas penalidades a eventuales agresores dentro de su región o en razón de determinadas ventajas; y iv) países dependientes de aquellos que están dotados de primacía general o regional y, en algunos casos, de las “potencias medias autónomas” (Jaguaribe, 31 Caber recordar que Jaguaribe fue un miembro activo del Foro del Tercer Mundo, un organismo que ejerció como think tank informal para el G77 (Domínguez, 2019).
65 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... 1979: 92-93). Para acceder a la autonomía general era necesario disponer en primer lugar de dos requisitos de carácter “habilitatorio”, de ahí que Jaguaribe los denominase también “requisitos estructurales”: la “viabilidad nacional”, cada vez más exigente en cuanto a la masa crítica necesaria desde el punto de vista tecnológico y empresarial; y la “permisibilidad internacional” (Jaguaribe, 1979: 95-96), un concepto plenamente geopolítico: Se refiere fundamentalmente a la medida en que, dada la situación geopolítica de un país y sus relaciones internacionales, este país disponga de condiciones para neutralizar el riesgo proveniente de terceros países, dotados de suficiente capacidad para ejercer sobre él formas eficaces de coacción. Estas condiciones podrían ser puramente internas –como el desarrollo de una apropiada capacidad económicomilitar–, o también externas, como el establecimiento de convenientes alianzas defensivas (Jaguaribe, 1979: 97). Junto a estos requisitos habilitatorios la autonomía general también precisaba otros de “carácter ejercitatorio” o de “orden funcional” (Jaguaribe 1979: 98), que podían ser alterados “por esfuerzos internos de los países periféricos, o por modificaciones en el comportamiento intraimperial de los países céntricos”, en concreto, “la autonomía técnico-empresarial” o, alternativamente, la disponibilidad de una relación intraimperial con términos de intercambio que no fueran desfavorables merced a “identificaciones de orden étnico-cultural” (Jaguaribe, 1979: 97-98, 128). Dado que esto último, a diferencia de la Commonwealth resultaba inviable en la relación de Estados Unidos con América Latina, la “asimetría centro-periferia” era una situación que tanto las élites como las masas norteamericanas estaban interesadas en preservar (Jaguaribe, 1979: 101). Por tanto, se necesitaba analizar las alternativas de los países de América Latina dentro de la dimensión intraimperial, teniendo en cuenta las restricciones de soberanía que Estados Unidos imponía a los países insertados en su esfera de influencia para atender a dos tipos de necesidades de defensa interna y productivas. En el primer caso, había que incluir no solo los aspectos militares, sino también “los demás elementos esenciales para la mantención de una apropiada capacidad bélica, tanto en términos económico-tecnológicos como geopolíticos, sociopolíticos y otros” (Jaguaribe, 1979: 119). En el segundo caso, Estados Unidos buscaba “la preservación del acceso a las materias primas y otros insumos esenciales” y el control de “los mercados externos para los productos americanos, tanto en el sentido de asegurarles una demanda www.editorial.unican.es
66 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe complementaria de la doméstica cuanto, sobre todo, para atender las crecientes exigencias de la balanza de pagos, en el sentido de generar suficiente capacidad de pago externo” (Jaguaribe, 1979: 120). En tales condiciones Estados Unidos no debía optar por soluciones etnocéntricas (la maximización de ventajas y expoliación de la periferia fundada en la superioridad de fuerzas) y tampoco resultaba viable ya el “culturalismo céntrico de carácter envolvente” para cooptar élites (las políticas de cooperación interamericanas del período de la Buena Vecindad y luego de la Alianza para el Progreso). Por tanto, la gestión intraimperial debía basarse en una nueva opción de tipo “ecuménico” (en 1969 Jaguaribe la había denominado “comunitaria”), una alternativa de “deliberada autolimitación en el tiempo y en el espacio, de la condición céntrica”, que, a diferencia de los anteriores, era un “modelo ideal” que no había tenido nunca “efectiva aplicación histórica” (Jaguaribe, 1979: 121-122). En todo caso, se trataba de una “alternativa democrática”, con la que el centro propiciaría “la creación de subcentros en las diversas regiones del sistema” a fin de distribuir “crecientes responsabilidades”, lo que incrementaría “en las periferias la extensión y grado de consenso y apoyo al sistema” (Jaguaribe, 1979: 122). Con la liquidación de la agenda del Nuevo Orden Económico Internacional y el cierre del Diálogo Norte-Sur por medio de la crisis inducida de la deuda (Domínguez, 2019), Jaguaribe publicó un nuevo trabajo, producto del encargo de coordinar el proyecto Brasil 2000 para el presidente José Sarney (Haag, 2009) en que volvió a reclamar la autonomía. Para entonces había que tener en cuenta una nueva tipología de países en desarrollo, que Jaguaribe enmarcaba ya dentro de la “problemática Norte-Sur”: 1) El caso de los países que no poseen los medios internos para promover su desarrollo y dependen de la ayuda internacional para lograr tal propósito; 2) el caso de los países cuyo contexto geopolítico es hostil al desarrollo autónomo; y 3) el caso de los países que, por sí mismos y por sus relaciones internacionales, son capaces de emprender serios esfuerzos autónomos de desarrollo (Jaguaribe, 1988: 431). En un entorno internacional desfavorable que les privaba de “suficiente permisibilidad internacional”, la mayor parte de los países del Tercer Mundo estaban afectados por la “insuficiente viabilidad nacional”, tal como ocurría con los de “América Central” que, a excepción de Costa Rica, estaban controlados históricamente por “élites disfuncionales” (Jaguaribe, 1988: 431). Solo unos pocos países estaban en condiciones de emprender una serie de
67 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... desarrollos autónomos: “los más grandes, con amplios recursos naturales y humanos y mercados internos” que les proporcionaran “espacio para su crecimiento, como el Brasil, China e India”, tal y como había planteado Matos; y aquellos de “tamaño intermedio” con suficiente base exportadora para apoyar su proceso inicial de desarrollo, como Argentina y Venezuela (Jaguaribe, 1988: 432). En este contexto, el principal problema para lograr la autonomía era la persistencia de la relación “estructuralmente desequilibrada” entre Norte y Sur, derivada de “la desigualdad estructural de los términos de intercambio impuesta por la superioridad tecnológica preexistente de los países centrales”, que debía corregirse por medio de la cooperación internacional, tal y como postulaban los informes Tinbergen y Brandt (Jaguaribe, 1988: 436). Además, era necesario que la deuda externa, que expresaba “las consecuencias de la desigualdad de los términos de intercambio”, fuera convertida en “una especie de gran Plan Marshall, a fin de reorientar el equilibrio entre los dos hemisferios”: una donación para la mayoría de los países y la reestructuración para “los mejor dotados”, convirtiendo la deuda impagable a corto plazo en un “préstamo a largo plazo, a una tasa de interés real no mayor de 2%, que era la tasa prevaleciente en el momento de contraer la deuda” (Jaguaribe, 1988: 436-437). Jaguaribe, que se hacía eco de este modo de las resoluciones de la Conferencia Económica Latinoamericana (Declaración de Quito) y la Conferencia Regional Sur-Sur de Cartagena de Indias, celebradas ambas en 1984, sentenció que el desequilibrio occidental no debía ser ni sería una característica permanente del mundo; simplemente era “una construcción imperial, que, como las anteriores, no durará para siempre” (Jaguaribe, 1988: 438). Esta predicción empezó a materializarse a partir de 2001 con los atentados del 11 de septiembre y la incorporación de China a la OMC, aunque el declinismo, como tópico académico, se instalaría en el segundo lustro de la década del 2000, tras las certeras predicciones de Giovanni Arrighi (1994) y las primeras constataciones de Emanuel Todd (2002). En ese contexto, Jaguaribe afirmó que a Estados Unidos le faltaban ya las condiciones para ejercer la “unipolaridad efectiva” por factores de debilidad interna y por la posibilidad de formación de “coaliciones antihegemónicas” a cargo de países como China, India, Rusia, Irán e Irak (Jaguaribe, 2003: 1, 3). En ese club de los países capaces de resistir la supremacía norteamericana, el segundo nivel de la nueva estratificación tripartita mundial del poder también podría entrar Brasil si consolidaba el Mercosur y lo expandía al resto de América del Sur, saliendo de esa manera del nivel inferior de los “países condicionados www.editorial.unican.es
68 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe o dependientes”, que, en el caso de América Latina, serían todos aquellos que aceptasen la propuesta del ALCA por parte de Estados Unidos (Jaguaribe, 2003: 10). El Área de Libre Comercio de las Américas fue lanzada en la Primera Cumbre de las Américas (Miami, 1994) por Estados Unidos, después de la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de la América del Norte, que Jaguaribe contempló como un duro golpe a la integración latinoamericana.32 El ALCA fue el resultado de la multilateralización de la Iniciativa de las Américas de 1990, con la que Estados Unidos retomó el proyecto de la I Conferencia Internacional de Estados Americanos del siglo anterior. Para Jaguaribe, la consolidación y expansión del Mercosur era de una importancia política considerablemente mayor que su importancia comercial: podía convertirse en el instrumento para mejorar la capacidad de negociación internacional que Brasil aisladamente no conseguiría, y, como el resto de sus miembros y socios potenciales, sería absorbido por el ALCA, perpetuando el estatus de dependencia. Si Brasil aspiraba a “preservar su autonomía en la escena internacional” debía fortificar su alianza estratégica con Argentina en el Mercosur y desarrollar un “sistema alternativo para proteger sus intereses” que pasaba por dos elementos: i) “la cooperación económico-tecnológica con otros países continentales del mundo”, como China, India y Rusia; y ii) “la negociación de un acuerdo amplio de negociación con la Unión Europea”, cuyos países habían logrado preservar su “identidad y destino histórico” gracias a la integración (Jaguaribe, 2003: 22; 2007: 331). En el mundo multipolar venidero en proceso de formación, el Mercosur ampliado proporcionaría a los países de América del Sur “la protección durante suficiente tiempo para adquirir la competitividad internacional” y, con respecto al régimen internacional de estratificación de poder, “el acceso al nivel de resistencia, creando un margen satisfactorio de autonomía regional” (Jaguaribe, 2003: 22-23). En definitiva, el Mercosur contribuiría a crear “un orden mundial racional y razonable”, una “civilización planetaria” basada en la Pax Universalis (Jaguaribe, 2003: 16, 24). 32 Aunque Jaguaribe consideró que la adhesión de México al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá impedía de hecho el proyecto de integración económica y política latinoamericana (Jaguaribe, 2007), más adelante apostó por recuperar a México a partir de la idea del “regional-desarrollismo” basada en la alianza estratégica de Brasil y Argentina “y ciertamente de México, que es un socio fundamental para ese proceso” (cfr. Haag, 2009: 14).
69 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... Tras el rechazo del proyecto del ALCA en 2005, Jaguaribe siguió apostando por consolidar la alianza estratégica Argentina-Brasil, ampliada a un liderazgo tripartito con la incorporación de Venezuela al Mercosur, lo que permitiría impulsar la tarea prioritaria de movilizar recursos financieros para asegurar la ejecución de un programa de interconexión de infraestructuras sudamericano, para lo cual era indispensable la creación del “Banco Sudamericano de Desarrollo” (Jaguaribe, 2007: 334), el viejo proyecto del Banco Latinoamericano para el Tercer Mundo, que, como base de la cooperación Sur-Sur, había propuesto cuarenta años antes Felipe Herrera (Domínguez, 2020a). Y también, después de más de cuatro décadas de que el chileno reclamase la creación de una Organización de Estados Latinoamericanos para el proyecto de integración regional denominado Comunidad de Estados Latinoamericanos (CELAC), Jaguaribe (2006b) saludó la posibilidad de consolidar una Comunidad Sudamericana de Naciones, que, a partir de la tríada Argentina-Brasil-Venezuela, se convirtiera en un interlocutor mundial independiente al nivel de la Unión Europea o de países como China e India. Ante los desafíos planetarios provocados por el calentamiento global, el emergente bipolarismo Estados Unidos-China, el agravamiento de las asimetrías Norte-Sur y la inviabilidad de extender la civilización industrial ante la futura escasez de minerales estratégicos, esta Comunidad: disponiendo de una amplia gama de recursos energéticos, hídricos y minerales, tendrá la posibilidad de subsistir en gran medida con sus propios recursos y condiciones favorables, por un lado, para protegerlos incomparablemente mejor de lo que cualquiera de los países miembros podría hacer de forma aislada, y, por otro lado, para negociar la importación de los recursos de que carezca (Jaguaribe, 2006b: 322). Conclusiones y reflexiones finales La reflexión teórica e histórica precedente ha mostrado que el pensamiento geopolítico fue anterior al uso de los términos geopolítica y geoconomía y tuvo una proyección universal, que, en el caso de América Latina y el Caribe, fue constitutiva hasta del propio imaginario regional. América Latina fue un término acuñado desde la geopolítica y para la geopolítica, atrapado entre la realidad geográfica del Hemisferio occidental y su ideología del panamericanismo, y la construcción histórica de la latinoamericanidad como proyecto regional autónomo, también ideológico, pero como horizonte www.editorial.unican.es
70 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe utópico movilizador para cambiar el statu quo de lo que se identificó, ya antes de la Primera Guerra Mundial, como situación de dependencia. En efecto, el alumbramiento del vocablo América Latina echó raíces en un debate geopolítico antiimperialista de oposición a los dos principales proyectos imperiales de control de la región durante la segunda mitad del siglo XIX: el europeo y el norteamericano, que es el que acabó imponiéndose por razones geográficas de “inescapable vecindad” (Borón, 2014: 89) más o menos inmediatas. Estados Unidos fue, junto con Alemania, la gran potencia emergente de fines del siglo XIX en la competencia inter-imperialista, de modo que allí también se desarrollaron tempranamente las ideas telúricas (poder continental o continentalismo) y talasocráticas (poder naval o navalismo), que, aunadas a la noción orgánica del Estado (incluyendo su proceso de desarrollo económico y sus valores propios como parte de sus instituciones informales), resultaron características de la geopolítica clásica. El aporte del capítulo revela que los conceptos de la geopolítica clásica y su variante geoeconómica de primera generación siguen siendo fundamentales (ahora rescatados y debidamente actualizados por la cuarta generación de estudios geoconómicos) para entender la relación triangular actual de América Latina con Estados Unidos y China. En particular, de la revisión de la extensa literatura sobre geopolítica y geoeconomía destaca el concepto de Nareland (Solberg, 2012), un espacio en el que tiene lugar la disputa por los recursos naturales entre las grandes potencias, que puede discurrir en términos geopolíticos (mediante el uso geoestratégico del poder político por medios diplomáticos o militares, las D de Diplomacia y Defensa) o geoeconómicos (mediante el uso geoestratégico del poder económico a través del control sobre los mercados, los recursos financieros, naturales y tecnológicos y las reglas de los regímenes que estructuran el orden económico internacional, esto es, la D de Desarrollo). La condición de Nareland sigue siendo una de las principales justificaciones para la integración económica regional, una aspiración largamente acariciada por el antiimperialismo cultural, político e institucional que caracterizó sucesivamente el pensamiento geopolítico (el de los tres autores estudiados en la segunda parte del capítulo), como alternativa al proyecto subalterno del panamericanismo avanzado desde Estados Unidos a partir de la producción del imaginario geopolítico de América Latina. La otra América se configuró desde el “Coloso del Norte” como una región fragmentada en diversas geografías, pero unificada por su inferioridad racial e institucional. En este punto, el pensamiento geopolítico clásico norteamericano
71 geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica del complejo integracionista... y la teoría de la modernización asociada a los Estudios Latinoamericanos posteriores a la Segunda Guerra Mundial como vehículo ideológico para la promoción del interamericanismo tuvieron una continuidad esencial, Por cierto, tal continuidad llega hasta nuestros días con las versiones extremas generadas desde el pensamiento económico anglosajón en torno al debate de la nueva economía institucionalista entre fatalistas (los que consideran que los bloqueos al desarrollo, relativos a la influencia negativa del clima, la geografía, la historia o la cultura sobre las instituciones, son inmodificables) y optimistas (los que consideran que simplemente se necesita voluntad política para adoptar las instituciones correctas como variables exógenas), unidos ambos por la misma creencia sobre la superioridad de las instituciones (¿y de la raza?) anglosajonas (Chang, 2011; 2018; Domínguez, 2021). Para Estados Unidos, América Latina, como parte del Hemisferio occidental, se convirtió en un área sujeta a control y apropiación de acuerdo a una lógica espacial de círculos concéntricos por la que el patio trasero de Spykman (1942), derivado del Mediterráneo Americano de Semple (1903), se debía ir ampliando hacia la Zona Intermedia comprendida entre Ecuador y la desembocadura del Amazonas de la cartografía militar del Cuarto de Esfera, con la aspiración de integrar toda la otra América, especialmente los esquivos países ABC, en la Defensa Hemisférica. Este objetivo final, que no se modificó desde las primeras nociones de la Doctrina Monroe y del Destino Manifiesto hasta la actualidad, es mantener a América Latina, desde México hasta la Patagonia, como reserva estratégica para los Estados Unidos, máxime ahora que la transición energética y hacia la electromovilidad para la lucha contra el cambio climático van a revalorizar el Nareland integrado por las nuevas venezuelas: los países latinoamericanos ricos en litio, níquel o cobre, como Cuba, México, Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Argentina y Chile (Ray y Barbosa, 2020; Domínguez, 2021; Klare, 2021). Desde el complejo integracionista latinoamericano, el pensamiento de Ugarte, Haya de la Torre y Jaguaribe, representativo respectivamente de tres períodos muy diferentes del antiimperialismo –el anterior a la Primera Guerra Mundial, el de entreguerras, y el del auge y declive de la hegemonía norteamericana– compartió la visión geopolítica común dominada por el imaginario que propiamente se denominaría luego desarrollista: la integración regional (Estados Unidos del Sur, Indoamérica o Mercosur) como condición para lograr los proyectos nacionales de desarrollo económico independiente mediante la consolidación de una industria naciente que cambiara las ventajas comparativas regionales desde la exportación de materias primas www.editorial.unican.es
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LA GEOPOLÍTICA DE MÉXICO EN EL MARCO DE LA NUEVA RUTA DE LA SEDA DEL SIGLO XXI Ada Celsa Cabrera García1 Eduardo Crivelli Minutti2 Introducción A partir de 2020, México asumió la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en un contexto en el que, desde 2018, el gobierno chino invitó a los países que conforman este bloque de integración regional a sumarse a la iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda del Siglo XXI, también conocida como The Belt and Road Initiative. Llama la atención que el gobierno mexicano haya expresado sus intenciones de revitalizar las relaciones con China, pero sin entrar en dicha iniciativa, lo que refleja las tensiones propias de la geopolítica latinoamericana y caribeña, al no dejar de considerar la importancia geoestratégica de la presencia china en la región, pero sin abandonar sus vínculos históricos con los Estados Unidos. Consideramos que esas tensiones se deben a que la región se encuentra en disputa dentro de una geopolítica global condicionada por el actual contexto de “caos sistémico” (Arrighi y Silver, 1999) en el que el sistema interestatal occidental coexiste con uno que se ve surgir en el Asia oriental encabezado por China. Por tal motivo, analizar las relaciones entre México y China puede ayudar a entender, por un lado, la geopolítica latinoamerica1 Profesora-Investigadora de la Facultad de Economía de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores de México, Nivel I. Miembro del Grupo en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. E-mail:
[email protected]. 2 Egresado del Doctorado en Sociología del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” y Profesor de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México. Secretario de la Coordinación del Grupo en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. E-mail:
[email protected]. www.editorial.unican.es
84 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe na y, por el otro, el papel mexicano en la región a partir de su relación con Estados Unidos y con China. El objetivo de este capítulo es reflexionar sobre el rol de México en la geopolítica latinoamericana y caribeña en el panorama regional que abre The Belt and Road Initiative, tomando en cuenta el lugar privilegiado que en distintos sentidos posee el territorio mexicano. En la primera parte del capítulo, se ubica el contexto desde el cual leemos a México en la geopolítica global, para lo que se hace alusión al actual momento de “caos sistémico” de la economía mundial. La segunda parte del capítulo está destinada al análisis de la nueva geopolítica latinoamericana a partir de la presidencia mexicana de la CELAC. En el tercer y cuarto apartado, se analizan respectivamente las relaciones entre China y México, y la geopolítica mexicana en el marco de The Belt and Road Initiative. Finalmente, se presentan algunas consideraciones finales. 1. México en el contexto de “caos sistémico” La discusión sobre el rol de los países latinoamericanos en la geopolítica global es ampliamente relevante, especialmente si consideramos que la región de América Latina y el Caribe se encuentra en una disputa ampliamente condicionada por la contraversia que Giovanni Arrighi y Beverly Silver vislumbraban, al analizar el contexto de crisis de la economía capitalista, sobre un potencial “cambiante equilibrio de poder entre Estados, y en particular, si es o no probable que surja un nuevo estado hegemónico” (Arrighi y Silver, 1999: 11). Ambos autores proponían, ya desde finales del siglo pasado, que una de las posibilidades ante la crisis global del capitalismo iniciada en la década de los setenta era que el sistema interestal de la segunda posguerra podría coexistir con un nuevo sistema interestatal en gestación, colocando a la economía mundial en un momento considerado de “caos sistémico” (Arrighi y Silver, 1999). Precisamente, se retoma esta categoría del andamiaje teórico-metodológico de Arrighi para leer e interpretar la complejidad en que se desenvuelven las relaciones de poder en condiciones históricas particulares, especialmente a escala interestatal. A partir de ello, se plantea que la economía mundial se encuentra en un momento en el que el sistema interestatal occidental coexiste con otro que toma una forma cada vez más acabada, y que se presenta como alternativo, bajo el liderazgo de China. A
85 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi partir de ello, buscamos ubicar el lugar que México juega en la geopolítica global. Si bien las dinámicas promovidas por las instituciones del sistema interestatal de occidente, que encabezan los Estados Unidos con el apoyo de la Unión Europea, son aún predominantes, se observan tensiones que cuestionan la vigencia del liderazgo norteamericano absoluto. La principal, es que si bien China no ha renunciado a participar de las instituciones de occidente, ella misma se presenta como el país líder de un conjunto de instituciones financieras, comerciales y diplomáticas con rasgos y esquemas propios que en muchos aspectos se distinguen de las de occidente. Sobre ello, es significativa la discusión que Annamaria Vitale (2020) recoge en su texto sobre La anomalía del ascenso chino en la lectura de Giovanni Arrighi al observar que ante la estrategia implementada por los Estados Unidos en la década de los noventa del siglo XX denominada “Proyecto para un Nuevo Siglo Americano”, cuyo objetivo era el de amortiguar y desalentar el surgimiento de posibles adversarios, especialmente el representado por China, este último “apunta a otra opción estratégica para las relaciones internacionales: la de un ascenso pacífico (peaceful rise), atribuido al carácter de una política exterior basada en los cinco principios de convivencia pacífica. Se teje una historia sobre esto que se refiere a la relación (y a la diferencia específica) de Oriente y Occidente” (Vitale, 2020: 69), lo que podría considerarse parte de la “anomalía” del ascenso chino. Por otro lado y desde la perspectiva de la propia autora, “la referencia continua al espíritu de Bandung no solo tiene la intención de cuestionar los supuestos sobre los cuales la hegemonía occidental se ha reproducido históricamente, sino también decretar la necesidad de poner fin a las relaciones que han definido su funcionamiento, para la creación de un nuevo orden político y económico adecuado para un mundo ya poscolonial caracterizado por la interdependencia y la diversidad” (Vitale 2020: 72). Como ejemplo de lo anterior, se observa que desde China se ha impulsado la construcción de instituciones que se presentan como fuentes de financiamiento alternativo a las que tradicionalmente existen en occidente. De acuerdo con Gallagher (2018), “China”, como fuente de financiamiento, ha tomado el rol de ser el banco de desarrollo más grande del mundo, a través de organizaciones internacionales financieras y políticas, como el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y la Agencia Estatal de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Para enfatizar lo anterior, se retoma la existencia de similitudes y diferencias en términos de la condiwww.editorial.unican.es
86 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe cionalidad de los préstamos entre el Banco Mundial y el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura observadas por Zhu (2021). En ambos casos, el autor menciona que los bancos toman en cuenta las necesidades del prestatario y piden condiciones medioambientales y sociales al otorgar préstamos. Por otro lado, las diferencias que él mismo apunta tienen que ver con que el Banco Mundial puede financiar el proyecto de cualquier país miembro siempre y cuando sea parte de una estrategia de desarrollo negociada entre el banco y el prestatario; por su parte, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura financia exclusivamente proyectos de infraestrucutra que no implican una estrategia de desarrollo conjunta, por lo que no interfieren en la política de los países en desarrollo a los que se destina el financiamiento (Zhu, 2021). En el actual contexto de pandemia, se han dado situaciones de particular relevancia para hablar, al mismo tiempo: de la participación de China en las instituciones interestatles de posguerra; de las tensiones que experimenta el liderazgo estadounidense dentro de las mismas; y de la estrategia de fomento de instituciones alternativas a las occidentales lideradas por China. El nuevo coronavirus se convirtió en el “último campo de batalla entre Estados Unidos y China” (Gil, 18 marzo 2020): durante abril del año 2020, llamó la atención el anuncio de China sobre la donación de 30 millones de dólares a laOrganización Mundial de la Salud(OMS) para la lucha contra la Covid-19 e intentar paliar así la retirada de Estados Unidos, que decidió unos días antes suspender su aporte financiero a dicho organismo argumentando que este había tomado posiciones demasiado favorables a Pekín. En otro momento, se notó también el aumento en las tensiones ante la amenaza de una guerra comercial basada en la imposición de aranceles a partir de las acusaciones mutuas entre Estados Unidos y China sobre el supuesto origen del virus. La investigación para encontrar la vacuna contra el coronavirus SARS-COV-2 también se volvió, durante cierto tiempo, un terreno de disputa. A nivel general, podemos decir que la pandemia ha acelerado el papel de China en los esquemas de la globalización neoliberal al mantener su contacto con las instituciones de ese proyecto político-económico, sin que por ello estas últimas se vean fortalecidas (Lo Brutto y Vadell, 2020). Al mismo tiempo, ha mostrado el fortalecimiento del entramado institucional chino en su construcción de una globalización con carácteristicas chinas (Dussel-Petters, 2018) en la cual The Belt and Road Initiative representa la estrategia principal. En el caso de América Latina y el Caribe, el escenario regional se ha reorganizado a partir de un mayor acercamiento de China y, al mismo tiem-
87 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi po, del debilitamiento de las relaciones entre Estados Unidos y varios países latinoamericanos. México, sin embargo, mantiene mayor cercanía en términos comerciales con su vecino del norte, pero, desde la Presidencia pro-tempore de la CELAC, podría acercarse de manera más abierta con China, pues este organismo multilateral sigue siendo uno de los canales de comunicación preferidos por el gobierno chino en la región. Bajo esta última consideración, México se encontraría más cercano a lo que Gallagher (2016) denomina China Triangle, en una estructura donde los vértices son China y Estados Unidos con los que fomentaría relaciones políticas y comerciales interactuando simultáneamente con ambos actores y sin tener que escoger entre uno u otro. 2. México y la Celac en la nueva geopolítica regional De acuerdo con Carlos Closa, el regionalismo debe comprenderse como la tendencia integradora mediante la cual los gobiernos de una región cooperan, dirigiendo sus procesos económicos, políticos y sociales sin perder su autonomía, pero contrayendo compromisos formales, con el fin de alcanzar objetivos colectivos que no podrían conseguir individualmente por falta de recursos y capacidades (Closa, 2016: 1). Ante ello, cabe decir que desde el siglo XIX, los países latinoamericanos y caribeños habrían ensayado diversas formas de regionalismo, el cual, en un primer momento fue de tipo cerrado o defensivo3, consolidado con la tendencia hacia las políticas de industrialización por sustitución de importaciones, que vio sus límites en la década de 1990, para dar paso a un “nuevo regionalismo”, de tipo “abierto”, que priorizaba el intercambio comercial como elemento central de las tendencias integradoras y de cooperación entre los países de la región, tal y como habría sido el Mercado Común del Sur (MERCOSUR) y el Tratado 3 Los origines primigenios del regionalismo latinoamericano se pueden trazar desde el Congreso de Panamá, convocado por el libertador Bolívar en 1826 que soñaba con unir a los antiguos virreinatos hispanoamericanos en una confederación de nuevos Estados o, bien, a la sombra de la Doctrina Monroe en la Unión de las Repúblicas Americanas de 1910, remplazada por la Organización de Estados Latinoamericanos en 1948. www.editorial.unican.es
94 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Cabe mencionar, que las iniciativas de China hacia América Latina y el Caribe han estado enmarcadas en la publicación de dos “libros blancos” (de 2008 y 2016), así como el marco de cooperación “1+3+6”, que consta de un plan: el Plan de Cooperación 2015-2019 en el marco del Foro CELACChina, más tres fuerzas propulsoras: el comercio, la inversión y la cooperación financiera, a lo que se suman seis campos clave de la cooperación, que incluyen: energía y recursos, obras de infraestructura, manufactura e innovación científico-técnica. Esta estrategia se concretó en los Planes de Trabajo del Foro CELAC-China de 2015-2019 y 2019-2021 con cientos de propuestas específicas de cooperación de largo plazo sobre el intercambio cultural y académico, temas políticos bilaterales y multilaterales, cooperación en comercio, inversión, ciencia y tecnología, en materia ambiental, turismo, energía e infraestructura, con propuestas para la transferencia de tecnología y la creación de parques de alta tecnología y de Zonas Económicas Especiales en América Latina y el Caribe, así como en sectores (aeroespacial, de la información y comunicación) con fondos y financiamiento específicos (Dussel, 10 ene. 2020). En este panorama, Lin y Wang (2017) notan que todas esas formas de acuerdos y diálogo político resultan fundamentales para los países en desarrollo que tienen la necesidad de generar un mercado competitivo para las industrias en desarrollo, de acuerdo con las ventajas comparativas de cada país y un Estado desarrollista facilitador de mejorar su infraestructura dura y blanda que la modernización industrial requiere. Esto quiere decir que la infraestructura dura o tangible (hard), como las carreteras, puentes o puertos, etc., y la infraestructura “blanda” o “suave” (soft) que es aquello intangible, como el ambiente financiero y legal para la implementación de las inversiones, son igualmente necesarios para facilitar las transacciones de producción y de mercado, permitiendo que la economía llegue a su frontera de posibilidades de producción al reducir los costos de transacción, lo cual fomenta el desarrollo económico (Lin y Wang, 2017: 25). De hecho, Lin (2010) explica que China estaría desarrollando una Nueva Economía Estructural, que deja atrás los antiguos enfoques de economía estructural basados en sustitución de importaciones, que afectaban negativamente a la competitividad de varias cadenas de valor, ya que no hacían más que prohibir las importaciones y aumentar los aranceles. La idea de una Nueva Economía Estructural surge como una propuesta teóricopráctica que, más bien, opta por reformular las políticas comerciales con la gradual liberalización del comercio, pero en cuya transición el Estado
95 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi considere proporcionar cierta protección temporal a las industrias que no son consistentes con la ventaja comparativa de los países (Lin, 2010: 242). Estas ideas se basan en la experiencia y el resultado de la transformación socioeconómica que, desde finales de la década de 1970, fueron convirtiendo a China y el Asia oriental en el centro de la economía-mundo capitalista, sobre todo al proporcionar una plataforma efectiva de producción y exportación insertada en eslabones decisivos de las cadenas mundiales de manufacturas, de mano de obra y de capital. De acuerdo con, Alice Amsden, (2003), ello habría sido así debido al proceso de desarrollo postindustrial que desde la década de 1980 permitió a los países del Asia oriental el dominio de la tecnología aprendiendo y asimilando tecnología importada. De esta forma, esa región se convirtió en líder de la innovación en la industrialización tardía que, además de los poderes tradicionales como Japón o Corea del Sur, también ha fomentado el crecimiento de China, del Sudeste asiático e incluso, en menor medida, de la India. El economista Kaname Akamatsu (1962) había observado que la región del Asia oriental había seguido un patrón de desarrollo que asemejaba la estructura de “los gansos voladores”, es decir, un modelo en el que la división internacional del trabajo se basa en una ventaja comparativa dinámica, en el que las economías regionales se alinean en forma de “V” invertida, donde el proceso de graduación en desarrollo, va reasignando las industrias más intensivas en mano de obra hacia otros países menos desarrollados, donde la inversión en infraestructuras habría de permitir capturar esa ventana de oportunidad por las ventajas de una mano de obra más barata, generando empleos, reduciendo la pobreza y ayudando a los países del Sur global a desarrollarse como lo hizo China desde el último cuarto del siglo XX. Basado en estas premisas, el modelo de la Nueva Economía Estructural, como el que propone Lin (2012) y Lin y Wang (2017), se presenta como una opción novedosa que podría llevar a la transformación estructural de los países de América Latina y el Caribe, a partir del uso estratégico de los recursos limitados del gobierno, concentrando el respaldo en ciertas industrias que tengan probabilidades de ofrecer una ventaja comparativa, logrando así los máximos niveles de competitividad. El problema con ello, tal y como ha denunciado Ha-Joon Chang (2003) es que la sumisión a las ventajas comparativas podría ser un lujo que sólo los países líderes en tecnología y comercialización pueden permitirse (Chang, 2003: 3). Así que, como se observa en el siguiente gráfico, el dinamismo económico y comercial de China ha tenido impacto notorio en México, sobre www.editorial.unican.es
96 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe todo en cuestiones de comercio e inversiones bilaterales, aunque en clara desventaja para el país latinoamericano. Esto es así porque la alta competitividad de la economía china ha ocasionado un déficit comercial en México, sin que este país latinoamericano haya logrado proponer una agenda económica que le permita sortear los efectos de dicha desventaja. De hecho, las economías de México y China han demostrado ser más competitivas que complementarias, pues según datos de la OCDE, ambos países comparten un perfil productivo similar, sobre todo en las manufacturas intensivas de mano de obra, como los artículos de piel o calzado y la confección textil, además de participar en los sectores de autopartes, electrónicos y aeronáutica. Gráfico 1 Porcentaje de participación de las exportaciones desde México hacia China y de las importaciones provenientes de China hacia México con respecto del total, 1990-2019. Fuente: Elaboración propia con datos del WITS-World Bank (2018). En estas condiciones, China desplazó a México como segundo proveedor de los Estados Unidos desde 2003, lo cual no solo ha sido producto del gran dinamismo de la economía china, sino resultado de las reformas estructurales y legales neoliberales que México sufrió durante la década de 1990, que, en realidad, debilitaron, en gran medida, los eslabones iniciales de sus cadenas de producción. No obstante, de acuerdo con López y Rodil, se puede decir que, la irrupción de China en el comercio de México, Chile, Costa Rica y Perú es independiente de la existencia o no de tratados de libre comercio, pues, un aspecto destacable es el comportamiento dual que presenta China desde la óptica del saldo comercial en sus relaciones con estos países. Así, el
97 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi superávit comercial con México se relaciona con el tamaño del mercado y su posición estratégica en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que lo convierte en un importante destinatario de las exportaciones manufactureras chinas, además de operar a modo de triangulación con Estados Unidos. En el caso de los países que mantienen tratados comerciales firmados con China, es decir, Chile, Costa Rica y Perú, el déficit comercial se explica fundamentalmente por una estrategia de acceso a abundantes fuentes de insumos, sobre todo de minerales, por parte del país asiático (López y Rodil, 2019: 161-162). En general, se puede decir que la exposición comercial a China es significativa para el crecimiento de los países de América Latina y el Caribe. Sin embargo, una ralentización inesperada de China tendría el potencial de afectar negativamente a las economías de la región. Un cambio drástico en los precios de las materias primas, que siguen a menudo la evolución de la actividad económica china, tiene el potencial de afectar significativamente al grupo de países latinoamericanos y caribeños más expuestos a la producción de estos bienes (Timini y Sánchez-Albornoz, 2019: 7). De hecho, cuando entre 2013 y 2016, las exportaciones latinoamericanas y caribeñas hacia China cayeron en un 25% tras el fin del “superrico de las materias primas” de acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) reveló una tendencia en la que el periodo comprendido entre 2014 y 2020 habría sido el de menor crecimiento económico en la región en los últimos 40 años. En este panorama, ni si quiera la recuperación de las exportaciones en 2017 gracias al aumento en los precios del petróleo y otras materias primas y desviación del comercio ganancias para exportadores regionales selectos debido al crecimiento de las tensiones entre los Estados Unidos y China, mejoró la tasa de crecimiento promedio de las economías regionales, que en 2019 habría sido de 0.1% y las proyecciones para 2020 esperaban una expansión promedio de apenas 1.3% (CEPAL, 2019). A pesar de que las inversiones de China podrían variar en la región, dependiendo de la estrategia que persiga china en el 2021 y posterior a la pandemia de Covid-19. La inversión extranjera directa de China procedente no parece tener efectos directos significativos sobre el crecimiento de la región. En el siguiente gráfico se muestran los flujos de inversión extranjera directa de China a la región. www.editorial.unican.es
98 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Gráfico 2 Inversión extranjera directa de China a América Latina y el Caribe, 2004-2019 (millones de dólares). Fuente: Elaboración propia con información de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China y Monitor de la OFDI en América Latina y el Caribe, 2019. De acuerdo con el Monitor de flujos de inversión extranjera directa de China en América Latina y el Caribe, que coordina Enrique Dussel (2020), se estima que en el periodo que va del año 2000 a 2019 se realizaron 437 transacciones de flujos de inversión extranjera directa entre China y América Latina y el Caribe. Solo Argentina y Brasil representaron el 50.22 % del monto de esos flujos y 56.06% del empleo generado en la región a partir de ello. Desde 2017, también se aprecia un creciente dinamismo por parte de Chile, México y Perú que recibieron el 69.60 % de los flujos de inversión extranjera directa china en 2019. En particular, destacan el caso de Perú, con un flujo de US$ 4.890 millones en tan solo dos transacciones y el caso mexicano, que, por el contrario, con seis transacciones, representa un coeficiente por transacción muy inferior, de apenas US$ 142 millones. Chile se ha convertido en el destino más relevante de estos flujos desde China durante 2017-2019, con el 31.10 % de la inversión extranjera directa regional, seguida de Perú con el 21.60 %, Brasil, con el 17.94% y México con el 11.59 % (Cfr. Dussel, 2020: 7). A continuación, se observan los datos para el caso de México en el siguiente gráfico.
99 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi Gráfico 3. Inversión extranjera directa ChinaMéxico, 2004-2019 (millones de dólares). Fuente: Elaboración propia con información de la Red Académica de América Latina y el Caribe sobre China y Monitor de la OFDI en América Latina y el Caribe, 2019. Cabe decir, que, tal y como sugiere la idea de la Nueva Economía Estructural, las inversiones chinas en la región han sido complementadas por préstamos y financiamiento necesarios para llevar a cabo los proyectos de infraestructura. Las empresas encargadas de estos proyectos generalmente son paraestatales chinas, por lo que el receptor último del dinero el Estado chino, lo que permite fijar tasas de interés mucho más competitivas que los prestamistas tradicionales (Casas, 02. feb. 2015). De esta forma, China ha ido aumentando el financiamiento de las economías de la región estimándose un monto de US$ 141.000 millones entre 2004 y 20167. Los principales países de la región que han recibido el financiamiento chino tienen la particularidad de contar con importantes yacimientos de hidrocarburos, por lo que en algunos de los acuerdos se incluyó como contrapartida el compromiso de venta de productos petroleros dentro de las condiciones de los préstamos conferidos. La distribución de estos préstamos por países receptores en el periodo mencionado muestra que el 93% de los montos totales fueron otorgados a cuatro países que son Venezuela con el 44%, Brasil con el 26%, Ecuador con el 12% y Argentina con el 11% (CEPAL, 2018: 22). No obstante, como se observa en las siguientes tablas, México se encuentra ente los 7 El Banco de Desarrollo de China y el Banco de Exportaciones e Importaciones de China son las instituciones estatales que desde 2005 proveen casi todo el financiamiento chino para el desarrollo en la región. El Banco de Desarrollo de China ha participado en el 80% de los préstamos a América Latina y el Caribe en el período 2005-2016. www.editorial.unican.es
100 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe países que han recibido menos prestamos de China, aunque los montos son más elevados, comparados con los de los otros países. Cuadro 1. Flujos financieros de China a América Latina y el Caribe provenientes de la Banca Institucional POLICY BANKS: China Development Bank (CDB) and China Export-Import Bank (Ex-Im Bank) País Número de préstamos Monto total de los préstamos Venezuela 17 US$ 62.2 B Brasil 12 US$ 29.7 B Ecuador 15 US$ 18.4 B Argentina 12 US$ 17.1 B Bolivia 10 US$ 3.4 B Jamaica 11 US$ 2.1 B México 1 US$ 1.0 B República Dominicana 1 US$ 600 M Suriname 4 US$ 580 M CostaRica 1 US$ 395 M Trinidad y Tobago 2 US$ 374 M Cuba 3 US$ 240 M Guyana 3 US$ 214 M Barbados 1 US$ 170 M Antigua y Barbuda 2 US$ 128 M Bahamas 2 US$ 99 M Granada 1 US$ 66 M Perú 1 US$ 50 M Fuente: Elaboración propia con datos de Gallagher y Myers (2020)
101 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi Tabla 2. Préstamos de la Banca Comercial de China con destino a América Latina y el Caribe COMERCIAL BANKS: Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), Bank of China (BOC), China Construction Bank (CCB), Bank of Communications (BoCom), and Agricultural Bank of China (ABC) País Número de préstamos Argentina 16 Brasil 8 Chile 4 Ecuador 3 Perú 3 Colombia 3 Venezuela 1 Honduras 1 México 1 Fuente: Elaboración propia con datos de Gallagher y Myers (2020) En general, la enorme deuda de países de América Latina y el Caribe con China aumenta en la medida en la que también aumentan los proyectos chinos en la región. Por eso, Maristella Svampa y Ariel Slipak (2015), criticaron que el reforzamiento de las relaciones estratégicas de América Latina con China habría llevado al paso del Consenso de las Commodities al Consenso de Beijin, lo que, parafraseando a Arrighi (1994) se traduce en la competencia interestatal latinoamericana por el capital chino en busca de inversión. En esta línea, Alvarez (2020), explica que, desde comienzos del siglo XXI, China habría utilizado su potencial productivo y de consumo, y el peso de su inversión extranjera directa, para incrementar la influencia política sobre la región bajo una retórica de cooperación, pero con una activa diplomacia bilateral que garantiza las asimetrías de poder para abastecerse de recursos estratégicos. Por tanto, desde esta perspectiva, se destaca que esos procesos www.editorial.unican.es
102 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe no están exentos de tensiones dado que estos procesos excluyen a los individuos y sus actividades, siendo esta una nueva forma de despojo en la región y esto es un proceso en el cual los capitales y empresas chinas parecen desempeñar un rol destacado. En particular, Sudamérica ha atravesado un proceso de reordenamiento vertical del territorio, donde las prioridades son la construcción de una red de infraestructura que articule las zonas que tienen recursos estratégicos con las que tienen terminales portuarias y puntos estratégicos que permiten la circulación de los flujos en los sentidos que demande la geopolítica del capital (Álvarez, 2020: 2692). Asimismo, los procesos mineros de China en América Latina y el Caribe han generado mucha polémica debido a que además de aportar a la acumulación de los países núcleo a partir de la explotación de los recursos de los países periferia, también generan daños contra la naturaleza y los derechos humanos de las regiones donde las compañías mineras trabajan. Algunos autores como Francisco Javier Valderrey y Daniel Lemus piensan que esto se debe a las diferencias culturales de las empresas chinas, las cuales no entienden al Estado de bienestar y sin importar sus acciones siempre se han visto apoyadas por su gobierno. Sin embargo, las prácticas de las mineras chinas no son muy diferentes a las que otros países como Canadá, o los Estados Unidos, es así como se puede concluir que continúan con el neoextractivismo que ha afectado a América Latina y el Caribe durante las últimas décadas. Es por esto por lo que se menciona a los gobiernos de la región como gran parte del problema, junto con las mineras (Valderrey y Lemus, 2019: 403). Esta tendencia podría seguir, pues de acuerdo con datos del Banco Interamericano de Desarrollo, en los próximos 20 años los países latinoamericanos y caribeños invertirán cerca de US$ 2, 000 millones en transporte y energía, siendo de los principales destinos de la inversión China que, a su vez, buscará llegar a las economías más grandes y así garantizar que tendrá participación en ese crecimiento (Koop, 2019). No obstante, Jorge Alberto López y Óscar Rodil, han señalado que, en realidad, la tendencia de la presencia china en América Latina y el Caribe ha mostrado un predominio de un patrón de comercio interindustrial basado en gran medida en ventajas comparativas tradicionales, lo cual sugiere la irrupción de una nueva versión del comercio Sur-Sur, donde China opera como centro exportador de manufacturas e importador de materias primas y productos basados en recursos naturales. Los resultados econométricos confirman un efecto positivo y significativo del tamaño de la economía (López y Rdodil, 2019: 162-163). Sin embargo, la situación geopolítica de México
103 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi dificulta sus posibilidades de responder oportunamente a los a la dinámica de China en la región, para articular e instrumentar un posicionamiento más beneficioso de acuerdo con su interés nacional, lo cual queda cada vez más en evidencia en la medida que avanza The Belt and Road Initiative en la región, tal y como se muestra en el apartado que se presenta a continuación. 4. La geopolítica de méxico en el marco de The belT and road iniTiaTive De acuerdo con Eric Hobswbam, el último cuarto del siglo XX se habría caracterizado por ser un periodo en el que el mundo perdió su rumbo, deslizándose hacia la inestabilidad y la crisis. Sin embargo, hasta la década de 1980 no se percibía con claridad hasta qué punto estaban minados los cimientos de la llamada edad de oro del capitalismo mundial. Fue hasta que la Unión Soviética y la Europa oriental, del “socialismo real” colapsaron por completo cuando se percibió la naturaleza de esa crisis, que había pasado desapercibida al principio, pero que había comenzado a minar desde adentro al “Segundo Mundo”, es decir, de aquellas “economías de planificación centralizada”, sobre todo dentro de la enorme área soviética en la que había distritos o repúblicas y regiones ricas en recursos naturales y sociales que atrajeron grandes inversiones, y zonas que fueron abandonadas a sus propias y míseras posibilidades. En suma, de una forma u otra, la mayor parte de lo que había sido el “Segundo Mundo” se había asimilado a la situación del Tercero, creando así las condiciones para una nueva división internacional del trabajo (Hobsbawm, 2019 [1995]: 403-404, 423). En realidad, esta situación de política mundial entroncó con un tema de economía política, ante la enorme diferencia entre los salarios de los países más industrializados y los subdesarrollados, que fue animando a algunas empresas multinacionales a promover una nueva división internacional del trabajo, estableciéndose y reclutando mano de obra a menor costo fuera de los países de origen (Föbel, Henrichs y Kreye, 1980 [1977]: 52). Así, esa nueva división del trabajo a escala mundial fue especializando a los antiguos países del llamado Primer Mundo, que, en adelante, habrían de ser calificados como parte del Norte global, caracterizado por llevar a cabo procesos de trabajo altamente calificado y mejor remunerado para suministrar servicios avanzados y tecnología para el mercado mundial, mientras que, el resto de países, del Segundo y del Tercer Mundo, pasaron a conformar el Sur global, www.editorial.unican.es
110 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe nefician a los Estados Unidos. Sin embargo, hay varios aspectos que le pueden jugar en su contra, como lo es las negociaciones de “palos sin zanahorias” o el proteccionismo que va en contra de las ideas neoliberales que han adquirido otras naciones, esto sin contar los cambios políticos vividos en muchos países de la región, que le suman a los sentimientos antiestadounidenses de América Latina y el Caribe, haciendo más sencilla la tarea de inserción de China (Merino, 2019: 96). El presidente John Biden parece seguir en esta misma línea, aunque de manera mucho más sutil. Gráfico 6 Porcentaje de participación de las exportaciones desde México hacia los Estados Unidos y de las importaciones provenientes de los Estados Unidos hacia México con respecto del total, 1990-2019. Fuente: Elaboración propia con datos del WITS-World Bank (2018). Es evidente que México está lejos de desligarse de los Estados Unidos. En realidad, toda América Latina y el Caribe está en esa situación, como bien señala Kevin Ghallagher, pero China se ha vuelto un actor cada vez más importante en la región, sobre todo al aumentar considerablemente su peso político y ayudando a muchas economías latinoamericanas y caribeñas a recuperarse de la crisis financiera mundial de 2008-2009 ya que, mientras que los estadounidenses y los europeos luchaban por recuperarse de dicha crisis, el
111 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi comercio y la inversión latinoamericanos con esos socios disminuyeron y el país asiático llenó el vacío en la región (Ghallagher:2016: 2). De ahí que para México también resulte indispensable estrechar sus relaciones estratégicas y de largo plazo con China, que se está convirtiendo en el centro de la economía-mundo capitalista, con una nueva propuesta de orden mundial. De acuerdo con Domínguez (2018), China está en condiciones de situarse, a partir de la The Belt and Road Initiative, como el nuevo líder de un régimen internacional de cooperación Sur-Sur, recuperando los principios ideológicos de solidaridad y de cooperación económica de la Conferencia Afroasiática de Bandung de 1955. De esta forma, para Lin y Wang, China avanza en la construcción del andamiaje para el desarrollo de una Nueva Economía Estructural, al dejar en claro que la inversión y el comercio son el eje sobre el cual se debe mover la cooperación para el desarrollo, los cuales han comprobado ser herramientas más efectivas para la reducción de la pobreza y la disminución de la igualdad. Esto ha sido acompañado por la ideología China de la ayuda mutua en relación con su experiencia de crecimiento a los países con los que coopera, ofreciéndoles la metodología en las cuales ellos se han especializado (Lin y Wang, 2017: 7). Por ello, no es de sorprenderse que, desde 2016, China se haya convertido en segundo socio comercial de América Latina y el Caribe, consolidándose como el principal socio comercial de Brasil, Chile y Perú y el segundo en importancia para México, Argentina y Venezuela. Pero a diferencia de los Estados Unidos y otras potencias europeas, este país asiático se ha insertado en la región como un actor pragmático, mostrando mayor interés en las relaciones económicas y comerciales que en los aspectos políticos internos. Esto quiere decir que, a pesar de la distancia, la relación que la región de América Latina y el Caribe mantiene con China podría considerarse como muy buena gracias a los proyectos de desarrollo chino en la región. Sin embargo, quizá hasta el momento, la diplomacia del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador parece haber adoptado un perfil más pragmático, que no despega el dedo del renglón estadounidense, tratando de evitar un vuelco abrupto hacia China. En el largo plazo ello podría significar la pérdida de oportunidad para aprovechar el potencial económico y financiero de China, cuyas consecuencias colaterales podrían medirse en la disminución en temas turísticos y culturales, transferencia de tecnología y los intercambios de expertos o académicos. www.editorial.unican.es
112 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Las pocas inversiones chinas en proyectos de infraestructura materializadas en México se han realizado con cautela, manteniéndose a niveles muy bajos, sobre todo luego de que para finales de 2014 se cancelaran dos grandes proyectos: el Dragon Mart, en Cancún, y el tren de alta velocidad entre la Ciudad de México y Querétaro (CEPAL, 2016: 47).Todo ello, deja entrever las tensiones de la geopolítica mexicana con los Estados Unidos, sobre todo porque altos funcionarios estadounidenses han declarado explícitamente que las actividades chinas en México no son bienvenidas. De hecho, para los dos megaproyectos planeados por el gobierno López Obrador, que son la refinería Dos Bocas en Tabasco, con la que se pretende dar mayor valor agregado al petróleo mexicano, para cuidar la balanza comercial e impulsar el desarrollo económico y social del Sureste del país, y el Tren Maya, un nuevo servicio de transporte férreo que pretende interconectar las principales ciudades y zonas turísticas de la península de Yucatán, no contemplan inversiones chinas. En este sentido, cabe decir que las empresas encargadas de construir la refinería son Fluor Enterprises, ICA Fluor, Samsung Engineering, Asociados Constructores DBNR, Kellogg Brown and Root y Constructora Hostotipaquillo. De estas empresas, cinco son extranjeras de origen estadounidense, italiano, escocés y surcoreano, mientas que ICA Flour es la única mexicana. En los concursos de licitación se privilegió la participación de mexicanas, lo que permitió el incremento de sus capacidades a través de asociaciones, destacando que el grado de integración nacional está por encima del 50 % (González, 29. jul. 2019). La mayor parte de la ruta pasará por derechos de vía ya existentes, como vías férreas, carreteras y tendidos eléctricos y tendrá 15 estaciones. Para este proyecto, se requieren de entre MXN$ 120.000 y 150.000 millones, provenientes de fuentes públicas, privadas y sociales. El proyecto del Tren Maya contará con fondos financieros de los Estados Unidos, donde despertó interés de Black Rock y Goldman Sachs, el banco privado Credit Suisse se unió al grupo de inversionistas interesados. Banorte, BBVA y Santander, también mostraron interés en el proyecto (Nieto, 9. ago 2019). A ello podría sumarse la cancelación del en 2018 del proyecto de infraestructura Chicoasén II en Chiapas, estimado en más de US$ 300 millones, que habría de tener como su principal cliente a la Comisión Federal de Electricidad, siendo su proveedor la empresa china Sinohydro. Hasta el momento, la Comisión Federal de Electricidad, la Cancillería y la Embajada de China en México no han propuesto una solución. Recientemente la Cor-
113 la geopolítica de méxico en el marco de la nueva ruta de la seda del siglo xxi te de Arbitraje Internacional de Londres emitió el laudo arbitral o sentencia final a la demanda de privados contra la Comisión Federal de Electricidad, que se verá obligada a pagar US$ 200 millones, como reparación de daños ante las pérdidas que les ocasionó la imposibilidad de construir la hidroeléctrica Chicoasén II, en Chiapas (García, 02 jul. 2020). Este panorama se vuelve todavía más complejo en el marco de la pandemia de Covid-19, aunque que ha paralizado, en cierta medida, el desarrollo de estos proyectos de infraestructura. Sin embargo, México aprovechó la presidencia pro-tempore de la CELAC, para convocar a dos Encuentros de Especialistas CELAC para el Monitoreo de la Covid-19 (febrero y marzo 2020) con virólogos de la región con el objetivo de actualizar información sobre el coronavirus y emprender un frente común ante el virus, además de llevar a cabo la Reunión Ministerial Virtual sobre Asuntos de Salud para la Atención y el Seguimiento de la Pandemia de Covid-19 en América Latina y el Caribe, que contó con la participación de cancilleres, ministros y representantes de salud de 30 países de la CELAC, así como la colaboración de otras organizaciones internacionales, de Iberoamérica y de China, que reafirmaron en conjunto el compromiso de la región con la vigilancia epidemiológica permanente del coronavirus (Guadarrama y González, 16 abr. 2020). En suma, se puede decir que, de una u otra forma, la presidencia de México en la CELAC durante 2020 y 2021 reflejará las iniciativas y estrategias del gobierno de López Obrador en América Latina y el Caribe. Consideraciones finales La pandemia de COVID-19 ha acelerado el papel de China en los esquemas de la globalización neoliberal al mantener su contacto con las instituciones de ese proyecto político-económico, sin que por ello estas últimas se vean fortalecidas, mostrando el robustecimiento del entramado institucional del dragón asiatico en su construcción de una globalización con carácteristicas chinas. En este panorama se comprende también la compleja relación de México, en la nueva relación triangular que se está tejiendo entre Estados Unidos, China y la región de América Latina y el Caribe. El país azteca, sin embargo, mantiene mayor cercanía en términos comerciales con su vecino del norte, pero, desde la Presidencia pro-tempore de la CELAC, parece acercarse de manera más abierta con China. www.editorial.unican.es
114 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Es evidente que México está lejos de desligarse de los Estados Unidos. En realidad, toda América Latina y el Caribe está en esa situación. Sin embargo, China se ha vuelto un actor cada vez más importante en la región, sobre todo al aumentar considerablemente su peso político y ayudando a muchas economías latinoamericanas y caribeñas a recuperarse de la crisis financiera mundial de 2008. Es importante para México estrechar sus relaciones estratégicas y de largo plazo con China, que está disputando ser el centro de la economía-mudo capitalista, con una nueva propuesta de orden mundial que, a partir de la The Belt and Road Initiative, se proyecta también como el nuevo líder de un régimen internacional de cooperación Sur-Sur. Finalmente, la presidencia de México en la CELAC durante 2020 y 2021 permitiría, por un lado, entender como México, a través de este mecanismo, pretende acercarse con mayor fuerza a The Belt and Road Initiative y, por otro lado, estas iniciativas y estrategias del gobierno de López Obrador en América Latina y el Caribe podrían darle un nuevo rumbo a la geopolítica mexicana en un contexto regional latinoamericano, en un marco de disputa cada vez más fuerte e intensa entre los Estados Unidos y China, y, en una situación de caos sistémico. Referencias Akamatsu, Kaname (1962). A historical pattern of economic growth in developing countries. Journal of Developing Economies, 1(1), 3-25. Álvarez, Álvaro (2020). China y América del Sur: El Consenso de Beijing y las redes materiales del extractivismo. Izquierdas, 49, 2684-2709. Amsden, Alice H. (2003). The Rise of “The Reast”. Challenges to the West form late Industrializing Economies. Oxford: Oxford University Press. Anguiano, Eugenio (2019). Las vinculaciones de México con China y Estados Unidos. Economía UNAM, 16(46), 144-156. Arrighi, Giovanni y Silver Beverly J. (2001 [1999]). Caos y orden sistémico en el sistema-mundo moderno, Madrid: Akal. Barrios, Ricardo (09 jul. 2018). La iniciativa china Una Franja Una Ruta llega a América Latina. Dialogo Chino, https://dialogochino.net/es/comercio-y-inversiones-es/11326-la-iniciativa-china-una-franja-una-ruta-llega-a-america-latina/. Benzi, Daniele y Narea, Marco (2018). El regionalismo latinoamericano más allá de los “pos”, el fin de ciclo y los fantasmas globales. Nueva Sociedad, 275, 106-120. Botto, Mercedes (2015). La integración regional en América Latina: quo vadis? El Mercosur desde una perspectiva sectorial y comparada. Eudeba.
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LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL DE CHINA CON LOS PAÍSES DEL SISTEMA DE LA INTEGRACIÓN CENTROAMERICANA Carlos Cerda Dueñas1 Daniel Lemus-Delgado2 Introducción El ascenso de la República Popular China3 está reconfigurando el escenario internacional (Gongwu y Yongnian, 2008), lo cual es evidente en las estructuras del sistema internacional en el que la presencia de China es un hecho incuestionable (Lee, Chan y Chan, 2012). En el contexto de la política exterior china, una piedra angular ha sido la irrenunciable defensa del principio de “Una sola China” que, en la práctica, se ha traducido en el hecho de que Taiwán es considerada una provincia rebelde que algún día volverá al redil chino (Dittmer 2005). Bajo esta lógica, el gobierno chino ha implementado como parte de su política exterior una campaña para aislar diplomáticamente a Taiwán (Bush, 2005; Cho y Ahn, 2017). 1 Doctor en Derecho por la Universidad de Buenos Aires. Es profesor investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y del Gobierno del Tecnológico de Monterrey, México. Pertenece al Sistema Nacional de Investigadores, México (Nivel I). Profesor visitante en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Sus líneas de investigación son Cooperación Internacional para el Desarrollo y Política Exterior de México. Correo electrónico: [email protected]. 2 Doctor en Relaciones Internacionales Transpacíficas. Se desempeña como profesor investigador de la Escuela de Ciencias Sociales y del Gobierno del Tecnológico de Monterrey, México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores, México (Nivel II). Ha sido Visiting Scholar en la Universidad de Fudan, China. Entre sus líneas de investigación se encuentra la Cooperación Internacional para el Desarrollo como elemento de la Política Exterior. Correo electrónico: [email protected]. 3 De aquí en adelante nos referimos en el texto a la República Popular China como China y a la República China como Taiwán. www.editorial.unican.es
126 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe La mayor parte de lo que China es hoy -sus relaciones sociales y sus costumbres, su forma de ser, su sentido de superioridad, su creencia en el Estado, su compromiso con la equidadson producto de la civilización china y no de su reciente encarnación como Estado nación (2009: 417). Finalmente, debe hacerse mención de la interpretación de la experiencia histórica traumática de China en el siglo XIX cuando las potencias europeas forzaron la apertura comercial y la modernización económica. En última instancia, esto significó caos social, debilitamiento de los valores tradicionales confucionistas y la caída de la última dinastía china, la Qing (Fairbank, 1987). El choque entre dos sistemas de orden mundial -el chino y el occidentalsignificó un duro golpe al orgullo chino basado en su concepción de superioridad y desde entonces China tuvo que luchar para conseguir una nueva identidad que conciliara los valores que habían marcado su grandeza con las nuevas realidades (Kissinger, 2012). En consecuencia, China fue obligado a firmar tratados desiguales y sufrió la pérdida de territorio debido a la debilidad estructural que experimentó al momento de enfrentar los desafíos de la superioridad tecnológica y orden mundial diferente impuestos por las potencias europeas (Fenby, 2013). Cuando China, por la fuerza, se convirtió en un Estado normal, perdió “su autoridad moral histórica única”, pasando a ser otro país más acosado por los invasores (Kissinger, 2012: 83). Este pasado “ha moldeado y guiado la memoria colectiva de China” (Stevens, 2021: 46). El nacionalismo ha sido una pieza clave para comprender la política exterior china. Como lo ha demostrado Zhu (2001), la influencia del nacionalismo chino desde los primeros cincuenta años del triunfo del comunismo fue determinada consistentemente por una interacción entre la necesidad de preservar la independencia nacional y la búsqueda por promover el desarrollo a través de la apertura económica. Cuando los vínculos económicos extranjeros contradecían el objetivo de la independencia nacional, China se volvió un Estado aislado y agresivo. Sin embargo, cuando la apertura económica apoyó el objetivo de la integridad nacional, China moderó su comportamiento internacional. Desde entonces, la política exterior depende de la manera en que se equilibra la preocupación por buscar preservar la independencia nacional con la preocupación por el desarrollo económico a través de un entorno internacional favorable a los intereses chinos. Es posible suponer que, en la medida en que China emerge como una potencia y es más autosuficiente, el nacionalismo, profundamente vinculado con los
127 la cooperación internacional de china con los países del sistema... sentimientos de orgullo nacional y prestigio, alentados por una cuestión de honor, tienen una mayor influencia en las decisiones chinas sobre política exterior en el caso de la cuestión taiwanesa. Por último, un elemento más que vincula las prácticas de la Cooperación Internacional para el Desarrollo con el factor del honor es la visión de la quinta generación de líderes comunistas encabezada por Xi Jinping. En los albores de su liderazgo en el año 2012, Xi propuso el “sueño de China” como su visión para la dirección futura del país. El “sueño de China” de Xi es el “gran rejuvenecimiento de la nación china”, que significa “lograr un país rico y poderoso, la revitalización de la nación y la felicidad de la gente” (Callahan, 2015). Al igual que Mao8, Xi clama como un elemento central de la política exterior una profunda noción histórica de restauración haciendo eco de gran parte de la misma retórica utilizada durante los 170 años de lucha para “rejuvenecer la nación china” en busca de “riqueza” y poder” (Stevens, 2021). Así, Xi ha defendido un “nuevo tipo de relaciones de poder importantes” -centradas en la igualdad o multipolaridad-, la “cooperación de beneficio mutuo” y la centralidad de la soberanía y la integridad territorial. Todos estos elementos que pueden ser interpretados desde la perspectiva del honor conforme a lo que Lebow sugiere. 2. El sistema de la integración centroamericana entre la fidelidad a Taiwán y el acoso de China El 14 de octubre de 1951, en el marco de una reunión de Ministros de Relaciones Exteriores de los Gobiernos de Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua, se suscribió la Carta de San Salvador, la cual dio origen a la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA). Este organismo regional tenía como objetivo fortalecer los vínculos que unían a los países miembros, además de afianzar y mantener la convivencia fraterna de esa región, asegurar la solución pacífica de cualquier conflicto que pudiere surgir, buscar solución conjunta a sus problemas comunes y promover su 8 Al invocar los peligros endógenos y exógenos de China, Mao expuso las condiciones fundamentales para las relaciones con la nueva República. Afirmó que “[su gobierno estaba] dispuesto a establecer relaciones diplomáticas con cualquier gobierno extranjero que esté dispuesto a observar los principios de igualdad, beneficio y respeto mutuo a la soberanía y la integridad territorial” (Stevens, 2021: 46). www.editorial.unican.es
128 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe desarrollo económico, social y cultural “mediante la acción cooperativa y solidaria” (ODECA, 1951)9. El 13 de diciembre de 1991, en el marco de la XI Reunión de Presidentes Centroamericanos, se firmó el Protocolo de Tegucigalpa como un nuevo marco jurídico-político. En la firma de este instrumento también participó Panamá que, no obstante, haber sido invitado expresamente en el texto de la Carta de 1962, no concretó su adhesión hasta la firma de este protocolo el cual se impulsó por la necesidad de “actualizar el marco jurídico de la Organización de Estados Centroamericanos (ODECA)”. El objetivo fundamental de la organización era alcanzar la integración de Centroamérica impulsando la paz, la libertad, la democracia y el desarrollo (Protocolo de Tegucigalpa, 1991). Con este instrumento jurídico, la Organización de Estados Centroamericanos dejó su lugar al Sistema de la Integración Centroamericana. Es importante señalar que el Sistema de la Integración Centroamericana surgió de manera posterior a la firma de los Acuerdos de Paz de Esquipulas, una vez que se superaron las dinámicas de mundo bipolar que en la década de 1980 habían agudizado la situación convulsiva en la región, sacudida por la violencia y los conflictos armados a gran escala, sobre todo en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. Adicionalmente, la historia de esta organización está íntimamente relacionada como un medio para superar las crisis y los desastres naturales comunes en la región (Parthenay, 2021: 394). El Protocolo de Tegucigalpa dispuso que dicho instrumento quedaba abierto a la adhesión de Belice, que también podría negociar un acuerdo de asociación o vinculación, lo cual se concretó mediante el Instrumento de Adhesión que firmó este país el 27 de noviembre de 2000. Posteriormente, el 10 de diciembre de 2003, se suscribió el Acuerdo de Asociación entre el Sistema de la Integración Centroamericana y la República Dominicana. El Acuerdo estableció, entre otras cosas, que la República Dominicana cumplía con criterios básicos de vinculación al Sistema de la Integración Centroamericana y que existía una aspiración firme de ambas partes para lograr la integración total de la República Dominicana al Sistema, cuando las condiciones así lo permitieran10. 9 Este instrumento fue derogado por la Nueva Carta de San Salvador, suscrita en Panamá en 1962. 10 No es este el único foro regional en el que la República Dominicana participa como entidad centroamericana, otro es el Proyecto Mesoamérica, el Parlacen (Parlamento Centroamericano) y es parte del CAFTA, el Tratado de Libre Co-
129 la cooperación internacional de china con los países del sistema... Cuando se estableció el Sistema de la Integración Centroamericana, Taiwán era reconocido por las cinco naciones fundadoras. Los dos países que se adhirieron con posterioridad también mantenían relaciones diplomáticas con Taiwán. Este hecho fortaleció “un preciado bloque contiguo donde no era casual que este grupo de países también representara un baluarte de apoyo a los Estados Unidos en el hemisferio occidental” (Erikson y Chen, 2007). Así, Taiwán se convirtió en uno de los principales socios en materia de cooperación del Sistema de la Integración Centroamericana considerando que alrededor de 70% del presupuesto de la organización procede de donantes extranjeros, entre ellos, Taiwán. A pesar de que el Sistema de la Integración Centroamericana no tiene mucha presencia en el aparador internacional, este organismo sí se encuentra muy arraigado entre los países miembros, particularmente los del Istmo11, por ende, el Sistema ha emergido como un foro atractivo para la confrontación diplomática sino-taiwanesa. Taiwán había llevado un liderazgo y presencia indiscutibles que perduró sin cuestionamiento alguno hasta el año 2007 cuando Costa Rica reconoció a China. Desde entonces, otros tres países han seguido los mismos pasos. Actualmente, los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana reconocen por mitad a cada una de las partes, pero pervive la presencia taiwanesa como observador y socio para la cooperación, con la consecuente ausencia china. Taiwán en el Sistema de la Integración Centroamericana es un “Socio del Desarrollo para Centroamérica”. Desde 1991, han celebrado 16 Comisiones Mixtas y hasta 2019, habían ejecutado 113 proyectos de cooperación siendo el segundo cooperante directo, por lo que se le considera el principal socio en apoyo financiero para el fortalecimiento institucional del Sistema. Como ya se señaló, China está ausente del Sistema por la presencia oficial de Taiwán “y mientras haya reconocimiento diplomático de cuatro naciones centroamericanas a Taipéi, será imposible la participación de Beijing por decisión propia” (Granados y Rodríguez, 2020: 18). Por otra parte, es un hecho que China tiene ya muy consolidada su presencia en la región mercio entre Estados Unidos, Centroamérica y la República Dominicana suscrito en agosto de 2004. El Banco Mundial tiene una Dirección para Centroamérica y la República Dominicana. 11 A pesar de sus nobles intenciones, el SICA no ha estado exento de fuertes críticas “por su inacción, inercia e incluso inutilidad”. Irónicamente, la crisis de la Covid-19 ha revitalizado a este organismo regional (Parthenay, 2021). www.editorial.unican.es
130 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe a través de sus vínculos con la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) y los recursos con los que cuenta China pueden ser mucho mayores que los recursos taiwaneses canalizados por el Banco Centroamericano de Integración Económica que se pueden asignar directamente (Granados y Rodríguez, 2020: 19-20). Hoy en día, la ayuda china, los préstamos y las inversiones en África y América Latina y el Caribe superan con creces a los concedidos por el Banco Mundial y el FMI (Vadell, Lo Brutto y Cunha, 2020) Sin embargo, el inamovible propósito de afianzar el principio de “Una sola China” implica el desplazamiento de Taiwán del organismo. Se ha señalado (Mulakala y Ji, 2021) que gran parte de la cooperación Sur-Sur china sigue siendo bilateral mientras que el multilateralismo para China es más bien estratégico y el Sistema de la Integración Centroamericana emerge como un escenario propicio para dicha premisa y, es importante notar que, en la convergencia de la cooperación sino-taiwanesa en la región se rompe el paradigma de que la proximidad geográfica ha sido un determinante importante de la dirección de la mayoría de los flujos bilaterales de cooperación para el desarrollo del Sur. Este enfoque regional está motivado principalmente por las similitudes y oportunidades de idioma y culturales para mejorar el comercio (Chahoud, 2008) y es que, como se abordó anteriormente, la presencia de la cooperación china y taiwanesa en la región está motivada por la disputa sobre los reconocimientos: Básicamente, hay una motivación política. La importancia económica de Centroamérica no es tan grande como la que tiene el mercado brasileño o el argentino o el cobre chileno. La cuestión política tiene que ver con el asunto de Taiwán. El interés de la República Popular China en Centroamérica es un interés político y para ganar espacio a Taiwán en esa batalla planteada a nivel internacional y diplomático que es como una competencia, con promesas de comercio y ayudas al desarrollo, para enfrentar la presencia de Taiwán (Urcuyo, 2009: 33). Beijing ha mantenido una política sostenida de aislar diplomáticamente a Taiwán, la mayoría de las veces prometiendo grandes sumas de ayuda a los menguantes aliados de este último (Erikson y Chen, 2008). Zhang (2018) afirma que la competencia por el reconocimiento diplomático ha impulsado los programas de ayuda de China y Taiwán en el Pacífico y que la ayuda se ha utilizado como una herramienta para que ambas partes obtengan este apoyo. América Latina no es ajena a este supuesto y muy particularmente
131 la cooperación internacional de china con los países del sistema... Centroamérica que ha sido escenario de la competencia por los reconocimientos y, ante el hecho de que varias naciones siguen apoyando al actual gobierno de la presidenta taiwanesa Tsai Ing-wen, China mantiene la estrategia de buscar estos reconocimientos (Granados y Rodríguez, 2020). Ahora bien, el estilo y los conductos de la cooperación, así como el uso de fondos de ayuda como herramienta diplomática, ha sido entrelazado con un cultivo intencional de conexiones personales entre diplomáticos taiwaneses y funcionarios locales. En palabras de un observador parafraseando una expresión china, el gobierno taiwanés es consciente de la necesidad de “calentar las brasas antes de iniciar el fuego”, e identifica cuidadosamente jóvenes burócratas y oficiales militares al principio de sus carreras públicas que es probable que se conviertan en actores influyentes en el futuro (Erikson y Chen, 2008: 73-74). Los aliados de Taiwán han sido cultivados por Taipéi mediante la permanente “diplomacia del dólar” y visitas de alto nivel. En enero de 2017, la recientemente reelecta presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, realizó una visita a Centroamérica por El Salvador, Honduras, Guatemala y Nicaragua. Posteriormente, en agosto de 2018, visitó Belice tras asistir a la investidura del presidente de Paraguay. Esta denominada diplomacia del dólar de Taiwán en la región ha tomado la forma de elevados empréstitos y asistencia no reembolsable (Granados y Rodríguez, 2020). Taiwán tiene predilección por las ayudas en efectivo y que cada país construya sus obras (Estrategia de Negocios, 2011). Este hecho se ha convertido en una fuente potencial de corrupción12. Por otra parte, la cooperación china puede ser potencialmente más cuantiosa, pero la taiwanesa es más focalizada. Además, en Centroamérica, Taiwán tiene más experiencia en la zona y puede materializarse sin ningún tipo de limitación por parte de Estados Unidos (Rodríguez, 2013). Es decir, no generara conflictos y eventuales sanciones consecuencia como sí sucede con la creciente presencia de China en la región. 12 Sí se han generado frecuentes denuncias de malversación de fondos por parte de los gobiernos receptores. Legisladores de la oposición en Taiwán llamaron repetidamente para el fin de la “diplomacia de las chequeras” y la “compra” de alianzas en luz de estas revelaciones [de corrupción] (Erikson y Chen, 2008: 79). www.editorial.unican.es
132 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe La cooperación china en general, de acuerdo con el discurso oficial, destaca que sus programas de ayuda se desarrollan con sinceridad y sin ninguna condicionalidad (Vadell, Lo Brutto y Cunha, 2020). Al proporcionar asistencia extranjera, China se adhiere a los principios de no imponer condiciones políticas, no interferir en los asuntos internos de los países receptores y respetar el derecho a elegir sus propios caminos y modelos de desarrollo. Los principios básicos que China defiende al prestar asistencia extranjera son el respeto mutuo, la igualdad generando beneficios mutuos basados en una relación ganar-ganar (República Popular China 2014 en Vadell, Lo Brutto y Cunha)13. Se ha afirmado que, más allá del discurso, en realidad “la práctica china no es tan diferente en esta arena como se cree a menudo”. (Lightfoot, 2011: 717). No es nuevo que China utilice la cooperación al desarrollo con fines políticos. Se ha afirmado que China utilizó ayuda para comprar apoyo de los países africanos para reemplazar a Taiwán en las Naciones Unidas en 1971 (Dreher y Fuchs, 2015: 991) Esta práctica se repitió después del incidente de la Plaza de Tiananmen en 1989 cuando China buscó activamente apoyo diplomático y aumentó sustancialmente su ayuda, en particular a los países africanos, en forma rápida y comparativamente barata con la que Beijing recompensaría a los países que estuvieran a su lado durante la crisis de 1989. Además, China reforzó su “diplomacia de las chequeras” en respuesta a la transición democrática de Taiwán a finales de la década de 1980 (Dreher y Fuchs, 2015: 992-993). Así: “La cooperación china busca tener un efecto 13 En el Documento sobre la Política de China Hacia América Latina y el Caribe de 2016, el gobierno chino estableció que el principio de Una sola China es una importante base política para China al desarrollar sus relaciones con los diversos países del mundo; que aprecia que la abrumadora mayoría de los países de América Latina y el Caribe observa escrupulosamente ese dicho principio y apoya la gran causa de la reunificación nacional de China. También explicita que China está dispuesta a ahondar junto con los países latinoamericanos y caribeños la cooperación Sur-Sur, a promover aún más el intercambio y la cooperación entre China y América Latina y el Caribe en el ámbito del desarrollo social como el bienestar y la asistencia sociales, compartir experiencias en política social y estar dispuesta a proporcionar apoyo y asistencia, dentro de sus posibilidades, a los países latinoamericanos y caribeños en la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. En este sentido, un factor político importante que impulsa las decisiones de asignación de ayuda de China es que el país receptor sostenga la adhesión a la política de “Una sola China”.
133 la cooperación internacional de china con los países del sistema... de demostración hacia los otros países para ir rompiendo las lealtades de los países con Taiwán” (Urcuyo, 2009: 34). Es importante señalar que, en 2018, el gobierno chino creó la Agencia de Cooperación para el Desarrollo Internacional, en el entorno del Consejo de Estado y en la cual el Ministerio de Relaciones Exteriores tiene una mayor voz para elaborar el programa de cooperación de China. Es decir, las consideraciones diplomáticas tendrán más peso cuando los funcionarios chinos decidan sobre la cooperación para el desarrollo y, en este sentido, la influencia de los embajadores chinos en el gasto en ayuda también podría aumentar. El Libro Blanco sobre Cooperación, emitido en enero de 2021, señala que China ha seguido aumentando constantemente la escala de su cooperación internacional para el desarrollo, dando alta prioridad a los países menos adelantados de Asia y África y a los países en desarrollo que participan en la Iniciativa La Franja y la Ruta. En el caso de los países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana que mantienen lazos con China, los cuatro han suscrito el Memorándum de Entendimiento para incorporarse a la Iniciativa. Es un hecho incontrovertible que la mayor parte de la ayuda de China y Taiwán va a sus aliados diplomáticos, pero ambos proporcionan una cantidad limitada de ayuda a los países sin vínculos diplomáticos, pues el enamoramiento de alguna forma debe comenzar (Zhang, 2018). 3. Los países del sistema de la integración centroamericana del lado chino Como se señaló anteriormente, de los ocho países miembros del Sistema de la Integración Centroamericana, cuatro reconocen a Taiwán y cuatro a China. En 2007, Costa Rica fue el primer país que se alejó de Taiwán para establecer relaciones diplomáticas con China. Según un exembajador chino en América Latina: en el Ministerio de Asuntos Exteriores chino se pensaba que la ruptura de San José con Taipéi tendría un efecto dominó y que eventualmente el resto de países de la región intentarían seguir ese mismo camino en unas condiciones más favorables para Pekín (Rodríguez, 2013: 525). Si bien ha progresado esta premisa, este ha sido un proceso relativamente lento, pero, al parecer, efectivo. www.editorial.unican.es
134 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe 3.1 Costa Rica Entre 2000 y 2005 Taiwán fue el mayor donante bilateral de ayuda no reembolsable a Costa Rica con 59,5 millones de dólares en donaciones y el segundo mayor en reembolsable con 281,6 millones (Rodríguez, 2013). Entre los proyectos más destacados y quizá la obra más emblemática de esta relación es el Puente de la Amistad de una longitud de 1,6 kilómetros sobre el río Tempisque, uno de los principales de Costa Rica y que fue bautizado con este nombre como referencia a las buenas relaciones entre ambos países, pero que ahora medios y algunos costarricenses denominan Puente de la Traición. No obstante, el atractivo flujo de cooperación taiwanesa, el entonces presidente de Costa Rica, Óscar Arias, anunció el 1 de junio de 2007, que su país establecía relaciones diplomáticas con China y las rompía con Taiwán tras más de sesenta años de vinculación. Señaló que era una importante decisión “seriamente meditada y que reajusta nuestras relaciones diplomáticas a nuestra realidad contemporánea” (El Mundo, 2007), que se trataba de un acto de realismo elemental y un despertar a un contexto global, además de reconocer a China como una de las economías más fuertes e importantes del mundo. El ministro de Asuntos Exteriores de Taiwán, James Huang, presentó su dimisión ante la prensa en Taipéí, tras confirmar la ruptura de lazos diplomáticos con Costa Rica en favor de China. La cooperación fue uno de los temas de la agenda en las negociaciones para el establecimiento de relaciones diplomáticas entre Beijing y San José: “desde el primer acercamiento oficial entre ambos países, estuvo claro que el tema de la cooperación sería medular en la relación bilateral”, así lo señalaría Antonio Burgués, primer embajador costarricense en China (Rodríguez, 2013: 523). Evidentemente, lo más llamativo de la cooperación china a Costa Rica fue el nuevo Estadio Nacional en San José con capacidad para 35.000 personas, cuyo valor cercano a los 100 millones de dólares fue aportado íntegramente por China, que también puso ingenieros y operarios para la construcción de la obra que hasta la fecha muestra la leyenda “Donado por China”. También China adquirió 300 millones de dólares de la deuda costarricense, donó además una flota de 200 vehículos para la policía y 4,6 millones de dólares para proyectos de asistencia que no tenían un destino claramente definido. Además, China apoyó, con financiamiento a largo plazo y con bajos intereses, la construcción de una carretera entre la zona norte y el Caribe. Específicamente para San José, se acordó un paquete de
135 la cooperación internacional de china con los países del sistema... 1,5 millones de dólares para transformar unas cuadras en un barrio chino, así como la donación de computadoras para escuelas primarias y el envío de profesores para la enseñanza del idioma mandarín. En septiembre de 2017 visitó la capital costarricense el canciller chino Wang Yi, con el propósito de refrendar el interés por avanzar en proyectos de infraestructura, por lo que se firmó un acuerdo de cooperación que ascendió a 15 millones de dólares. Otros proyectos de inversión incluyeron la ampliación de carreteras, la modernización del estadio nacional y la construcción de un sistema de suministro de agua potable para la zona CañasBebedero (Granados y Rodríguez, 2020). En 2020, la Embajada de China en Costa Rica entregó vehículos y equipos que incluían 100 motocicletas. El embajador de China en Costa Rica, Tang Heng, explicó que la donación forma parte de una “extensa lista de proyectos de cooperación bilateral que han emprendido China y Costa Rica tras el establecimiento de relaciones diplomáticas en junio de 2007” (Xinhua, 2021). Con motivo de la crisis sanitaria generada por la pandemia del COVID-19, China donó una cantidad importante de kits de pruebas para detectar la enfermedad, insumos médicos como mascarillas quirúrgicas, kits adicionales de pruebas y cinco máquinas de presión positiva continua de las vías respiratorias, miles de batas de protección descartables, respiradores N95 para uso médico, mascarillas quirúrgicas, lentes de seguridad para uso médico, guantes descartables para cirugía estériles, y botas de seguridad para uso médico. 3.2 Panamá El 13 de junio de 2017, el gobierno panameño emitió un comunicado donde informaba que “A la luz de los intereses y el deseo de ambos pueblos, la República de Panamá y la República Popular China deciden otorgarse, a partir de la fecha de suscripción del comunicado, el reconocimiento mutuo y establecer relaciones diplomáticas” (MIRE, 2017). Desde luego, el mismo documento explicitaba que Panamá reconocía la existencia de “Una sola China”, que el Gobierno de la República Popular China es el único Gobierno legítimo que representa a toda China y que Taiwán forma parte inalienable del territorio chino. Asimismo, se dejaba constancia de que rompía sus relaciones con Taiwán, comprometiéndose a dejar toda relación o contacto oficial con Taiwán. www.editorial.unican.es
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ANÁLISIS DE LAS RELACIONES CHINA-COLOMBIA EN EL ACTUAL CONTEXTO GEOPOLÍTICO LATINOAMERICANO Giuseppe Lo Brutto1 Gustavo Rodriguez Albor2 Introducción Una de las principales críticas al sistema internacional de ayuda al desarrollo dirigida a los países de bajos ingresos es la condicionalidad con que esta se brinda y la dependencia que genera en los receptores (Sogge 2002; 2015; Hout, 2018). Esto último ha influido en políticas y ajustes económicos que han minado u obstruido el desarrollo en los países receptores. En este sentido, la cooperación Sur-Sur ha sido catalogada como una forma de cooperación que disminuye los efectos de la condicionalidad, en la medida en que se produce de una manera más horizontal. En los últimos años, América Latina y el Caribe ha recibido cada vez más ayuda Sur-Sur por parte de 1 Doctor en Economía Política del Desarrollo. Director del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades “Alfonso Vélez Pliego” de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, México y Profesor-investigador titular del Posgrado en Sociología en ese mismo instituto. Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I. Coordinador del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. Correo electrónico: giuse- [email protected]. 2 Doctor en Ciencias Sociales y Profesor-investigador de la Universidad Autónoma del Caribe, Colombia. Experto en materia de cooperación Sur-Sur, migraciones internacionales y desarrollo. Secretario Técnico de la Red Iberoamericana Académica de Cooperación Internacional. Miembro del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e Integraciones Regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo Correo electrónico: gustavo[email protected]. www.editorial.unican.es
146 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe China3 en un contexto de apoyos que el gigante asiático ha entregado a las regiones más pobres del mundo primando, según Hongbo, “la igualdad y el beneficio mutuo”, y en donde las relaciones diplomáticas o “poder blando” ha sido el marco de la política de ayuda de este país asiático a sus receptores (Hongbo, 2017: 282). Sin embargo, a pesar de ese crecimiento significativo que los negocios y las relaciones de cooperación entre China y América Latina y el Caribe han tenido desde el inicio del siglo XXI, algunos países de la región como Colombia han mantenido una iniciativa política discursiva de unas relaciones preferenciales con los Estados Unidos, mostrándose como uno de los mejores aliados del país norteamericano en la región en los últimos 30 años. Cabe decir que, a partir de 2016, han aumentado de manera acelerada las relaciones políticas y económicas con el gigante asiático, al punto que China se ha convertido en el segundo socio comercial y económico más importante de Colombia. No obstante, esta cada vez mayor relación es pasada por alto o al menos no incluida en el discurso oficial de la política internacional colombiana. Ante ello, el propósito de este trabajo es realizar un análisis de la evolución incremental de las relaciones económicas e incluso, políticas, de China en Colombia en los últimos veinte años reconfigurándose un nuevo marco geopolítico en este país latinoamericano. La hipótesis de este capítulo es que existe un incremento sostenido y significativo de la actividad comercial, económica y política de China en Colombia que ha reconfigurado gradualmente la geopolítica de las relaciones entre las dos naciones, muy a pesar de que el discurso político oficial mantenga la posición de que Colombia es el mejor aliado de los Estados Unidos en América Latina y el Caribe. El presente trabajo es abordado teóricamente a partir de le Economía Política Internacional y la metodología del estudio es empírica, tomando información documental de fuentes primarias (bases de datos e Informes oficiales de los gobiernos de Colombia y China, así como de otra docu3 Señalamos también que la recién disminución en el financiamiento de China en América Latina y el Caribe también se debe a que otras fuentes de financiamiento, como los fondos regionales, han adquirido mayor relevancia en los últimos años, pero podría volver a aumentar si se aprueban proyectos integrados a la iniciativa china The Belt and Road Initiative en esta región. En este mismo sentido, mencionamos que, aunque China continúa comprometida diplomáticamente, los funcionarios chinos se han vuelto cada vez más cautelosos con las condiciones de los préstamos a Venezuela (Myers y Gallagher, 2018).
147 análisis de las relaciones china-colombia en el actual contexto geopolítico... mentación sobre Latinoamérica y el Caribe) y secundaria (bibliografía de Colombia y China) y del análisis estadístico sobre la cooperación china en la región latinoamericana y caribeña, con especial énfasis en Colombia en los últimos 20 años. La primera parte del capítulo se centrará en la presencia china en la región latinoamericana en el siglo XXI. La segunda parte de este trabajo analizará las relaciones China-Colombia en el marco de la cooperación Sur-Sur. Y, finalmente, en la última parte del capítulo nos centraremos en el análisis geopolítico de América Latina y el Caribe a partir de esta nueva y cada vez mayor relación de Colombia con el gigante asiático. 1. La presencia China en América Latina y el Caribe en el siglo XXI El sistema de ayuda ha estado en constante desarrollo y transformación a partir de su creación después de la Segunda Guerra Mundial (Zhou, 2017: 52). En ese contexto, hubo muchas escuelas de pensamiento sobre el tema de la ayuda exterior, que básicamente se resumen en dos: una que surge desde la perspectiva económica, principalmente desde la teoría de la economía del desarrollo y, la segunda, que se fundamenta en la perspectiva de la ciencia política internacional, centrando su análisis en la naturaleza de la ayuda como herramienta de política exterior (Zhou, 2007: 4). Sin embargo, fueron los cambios en la teoría económica dominante los que influyeron directamente en la conceptualización de la Ayuda Oficial al Desarrollo4. En este sentido, no cabe duda de que, con el comienzo del siglo XXI, la ayuda china ha significado un cambio tanto conceptual como práctico en el ámbito de la cooperación internacional en general, y de la cooperación Sur4 La Ayuda Oficial al Desarrollo se define como flujos que son dirigidos a países y/o a instituciones multilaterales de desarrollo que figuran en la lista de países receptores del Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico y que son proporcionados por organismos oficiales, incluidos gobiernos estatales y locales, cuyas transacciones se administran bajo el supuesto de promover el desarrollo y el bienestar económicos de los países en desarrollo y son de carácter concesional, llevando un elemento de donación de al menos el 25% (OECD, 2008:1). Es importante señalar que dentro del sistema Comité de Ayuda al Desarrollo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico a partir del 2018 se introdujo el concepto de Total Oficial Support For Sustentability Development (TOSSD) cuya pretensión es de considerarse como una nueva medida estadística internacional con el objetivo de medir recursos externos (Lo Brutto, 2017: 68). www.editorial.unican.es
148 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Sur5 en particular. Esto quiere decir que China se ha interesado en hacer cooperación con algunos países considerados como “subdesarrollados”, con quienes trabaja de forma complementaria y sustancial para trazar nuevos senderos hacia el desarrollo, intentando, tal como señala O’Keef (2007), hacer un contrapeso al sistema tradicional de ayuda. Por ello, desde finales del siglo XX, la motivación de China fue la adquisición de recursos naturales y energéticos, indispensables para satisfacer su mercado interno y su expansión global, pero a cambio los países del Sur recibieron atractivos prestamos que podrían inscribirse dentro de un esquema de “cooperación” económica más que de “ayuda” definido en las lógicas de las instituciones hegemónicas tradicionales. De esta manera, los líderes chinos vieron la prioridad para el siglo XXI de establecer redes de cooperación con países considerados estratégicos con quienes ha fijado distintos acuerdos y compromisos puntuales (Olguín, 201: 589). China se ha convertido en “la principal influencia mundial de la arquitectura internacional del desarrollo” (Carey y Xiaoyun, 2016) a través de sus bancos de desarrollo (China Development Bank y Chines Exim Bank) y diversos fondos, y de los cuatro grandes bancos públicos comerciales chinos (Agricultural Bank of China, Bank of China, China Construction Bank, Industrial and Commercial Bank of China), que en 2015 tenían una cartera exterior de US$ 250.000 millones. En otras palabras, el nuevo papel de China, durante el siglo XXI, surge como alternativa en un período de tensiones experimentadas por el sistema de ayuda. Por lo menos así pareció expresarlo el presidente Xi Jinping en su discurso en Davos, en enero de 20176, al sostener que China se ve como líder para continuar la integración 5 Para caracterizar a la cooperación Sur-Sur de China, le estamos dando en este trabajo un entendimiento autónomo en contraste al subalterno del Comité de Ayuda al Desarrollo. Esto caracteriza a la cooperación Sur-Sur en términos monetarios (directa o indirectamente) e incorpora la coherencia de políticas de los acuerdos de cooperación económica, que deben diseñarse para mutuo beneficio de las partes y sobre la base de la no condicionalidad y el respeto de la soberanía nacional. Estos acuerdos incluyen paquetes integrados de ayuda, comercio e inversión en capital financiero (financiación del desarrollo en la terminología china y development compacts en la terminología india), capital natural (facilidades petroleras en la terminología venezolana), o humano (solidaridad internacional o comercio compensado en la terminología cubana). 6 Parece importante señalar este paso del discurso del presidente Xi: China no sólo es un beneficiario de la globalización económica, sino que aún más es un contribuyente. El rápido desarrollo económico de China ha proporcionado un gran im-
149 análisis de las relaciones china-colombia en el actual contexto geopolítico... de la economía mundial en un momento en que el apoyo de los países más ricos está disminuyendo (Suman, 2017). Esto influye, sin duda, en las actuales dinámicas de la ayuda en una nueva globalización con cada vez más características chinas. Este escenario caracteriza un cambio en la hegemonía y en la forma de acumulación global en que las grandes empresas transnacionales, que organizan la producción de mercancías a escala planetaria, encontraron conveniente la migración de numerosos procesos fabriles hacia la región de Asia-Pacífico (Slipak, 2014), contribuyendo al fortalecimiento del capitalismo global en el que China ha llegado a ser uno de los principales promotores, fortaleciendo además, el espacio regional asiático que desde hace cuatro décadas había visto en Japón su principal impulsor. Tal como señalan Panitch y Gindin (2015: 432), la “puerta abierta” de China a principios de siglo XXI fue tan completamente diferente a la de un siglo atrás porque esta vez el capital global entró por invitación. China se erige como el nuevo hegemón y por ello se destaca también como oferente de ayuda internacional siendo, de acuerdo con Zhou (2017), el único país que ofrece ayuda internacional cuando se encuentra con una buena parte de su población en pobreza extrema. En ese sentido, retomando a Panitch y Gindin (2015), parece importante señalar, lo que apuntan estos dos autores críticos al papel hegemónico del gigante asiático con respecto a los Estados Unidos, en cuanto a los niveles de desigualdad presentes en China: Las transformaciones en China rebajaron los niveles de pobreza, pero previsible y espectacularmente también aumentaron la desigualdad. La justificación oficial de “dejar que algunos se hagan ricos primero, de manera que otros lo puedan hacer después”, supervisó el cambio de China desde una de las sociedades más igualitarias del mundo a una de las más desiguales (Panitch y Gindin, 2015: 440). Ello sugiere que la política de ayuda china se dirige a las necesidades de los países en desarrollo, respetando las demandas de estos últimos, compartiendo pulso sostenido al mundo, aportándole estabilidad y crecimiento. El desarrollo de China, junto al de un gran número de otros países, ha proporcionado un desarrollo económico global más equilibrado. Nuestro país ha obtenido un gran éxito en los proyectos destinados a la reducción de la pobreza que han conseguido un crecimiento económico global más abierto. El progreso sostenido en la reforma y apertura de China ha aportado un considerable vigor al desarrollo de la economía mundial (Xiuanet, 2017: 9). www.editorial.unican.es
150 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe los mismos objetivos económicos en general, mejorando las mismas dinámicas de la cooperación, siendo su propia experiencia de desarrollo un camino a seguir para los demás países menos desarrollados. El problema con ello es que la afinidad política es vital para instaurar un diálogo fácil entre gobiernos, y la inauguración de relaciones comerciales consistentes habitualmente se aborda con iniciativas diplomáticas que intentan robustecer los lazos de cooperación y colocar en contacto a los empresarios y negociantes para estudiar coyunturas de negocios. Por eso, es importante no perder de vista que, por ejemplo, como se verá más adelante, a pesar de que Colombia comenzó las relaciones diplomáticas con China desde la década de 1980, únicamente hasta abril de 2005 se legalizaron los nacientes acuerdos de cooperación entre ambas naciones, después de la visita del presidente Álvaro Uribe y su equipo de gobierno al país asiático (Cfr. Ahcar y Osorio 2008: 138). No obstante, si bien los acercamientos diplomáticos entre China y Colombia siguen siendo poco evidentes, cabe decir que, en general, la diplomacia china parece estar rompiendo con la forma tradicional de la ayuda occidental; su métrica, sus pilares y su gramática. Esto es así porque el gobierno chino ofrece ayuda al desarrollo sin las restricciones habituales de la ayuda occidental7. Aquí, es importante señalar que la ayuda del Comité de Ayuda al Desarrollo siempre fue condicionada a cambios de políticas 7 La primera diferencia es que la ayuda de China no impone condicionalidades, mientras que el Comité de Ayuda al Desarrollo y sus organismos financieros internacionales sí lo hacen por medio de la cláusula de garantía soberana (en caso de quiebra, los servicios de la deuda adquirida por créditos del Banco Mundial y los Bancos Regionales de Desarrollo tienen prioridad sobre cualquier otra línea de gasto público, lo que obliga a su recorte). En China, tanto el China Development Bank como el Chinese Exim Bank exigen garantía soberana, pero con la flexibilidad de la devolución de los créditos en especie se eluden las condicionalidades sobre el gasto público. Además, si el país deudor no garantiza los proyectos, China dispone de cuatro grandes bancos comerciales que cubren el riesgo acudiendo desde 2001 a la China Export and Credit Insurance Corporation. La segunda diferencia es que la ayuda de China está atada por contrato a la compra de bienes y servicios de una determinada empresa de ese país, que ejecuta el proyecto en un plazo bastante corto y con pocos costes de transacción, con la posibilidad de pagar en especie (esto es, sin repercusión en la balanza de pagos). El Comité de Ayuda al Desarrollo, en cambio, impone una licitación internacional que será ganada indefectiblemente por una empresa o consorcio de empresas de sus miembros, proceso que presenta altos costes de transacción y una mayor demora temporal (hasta siete años para los proyectos del Banco Mundial), y solo permite el reembolso en divisas fuertes, con la consiguiente repercusión negativa en la balanza de pagos.
151 análisis de las relaciones china-colombia en el actual contexto geopolítico... económicas (recortes del gasto público y liberalizaciones) y reformas institucionales (privatizaciones, ahora disfrazadas de alianzas público-privadas, y desregulaciones para la creación de entornos amigables a la Inversión Extranjera Directairresponsable y sin controles fiscales). Estos cambios son desfavorables para el desarrollo como transformación estructural y remiten a dos diferencias fundamentales entre la ayuda de China y la del Comité de Ayuda al Desarrollo, que ahora pretende purificarse para converger con China como muestra el Total Oficial Support For Sustentability Development (TOSSD), el recurso al Blending y la Build Act de 2018 para la reorganización de varias agencias de cooperación y USAID integrándolas en la nueva International Development Finance Corporation de los Estados Unidos, a fin de contrarrestar al Asian Infrastructure Investment Bank y el New Development Bank. En otras palabras, el crecimiento de la participación de China en las relaciones internacionales ha sido gradual, intensificándose sobre todo a partir de este nuevo siglo. Una mirada más amplia muestra que la ayuda exterior de la República Popular de China ascendió a RMB$ 256.290 millones en más de seis décadas (unos US$ 39,300 millones) (1950-2009)8 (Zhou, 2017). En un principio China se habría interesado en apoyar a sus “hermanos” socialistas, pero desde hace algún tiempo los chinos también habrían entendido que la ayuda al desarrollo puede ser una estrategia para conquistar mercados y maximizar sus ganancias (Wan, 2018). De ahí que, actualmente estén abiertos los debates sobre la relación de dependencia que podría causar la ayuda y cooperación de China con algunos de sus socios. Este tema es, efectivamente, el que ha suscitado mayor debate.9 En este sentido, Harris 8 De acuerdo con el libro blanco en el tema de ayuda externa china publicado en 2011. 9 Dado que China se graduará en desarrollo en 2022 (cosa que cambiará todas las reglas de juego internacionales) el gran debate que queda para el juicio futuro de la historia es saber si la diferencia entre la retórica del Comité de Ayuda al Desarrollo (que se basó en la idea capitalista de ayudar a los que se ayudan a sí mismos) y la realidad (de hacerlos más dependientes retirándoles la escalera), va a repetirse en el caso chino. O habrá que creerse la apelación al pensamiento de Confucio que hacen Lin y Wang (2017) para defender el modelo chino de cooperación para la transformación estructural basándose en que “quien desea desarrollarse procura ayudar a que se desarrollen otros”. Dicho en términos de la teoría del Estado desarrollista, cuyo balance acaba de publicar el gran Robert H. Wade (2018), el perfil del nuevo Nuevo Orden Económico Internacional liderado por China dependerá de la respuesta a este dilema. www.editorial.unican.es
254 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe 2Cultivo de cereales (excepto arroz), legumbres y semillas oleaginosas 25 3 Extracción de petróleo crudo 8 4 Hierro y acero básico 8 5 Pulpa, papel y cartón 4 6 Curtidos y prendas de cuero 4 7 Productos de tabaco 4 8 Aceites y grasas vegetales y animales 3 9 Aserrado y cepillado de madera 2 2010 1 Minería de hierro 43 2Cultivo de cereales (excepto arroz), legumbres y semillas oleaginosas 23 3 Extracción de petróleo crudo 13 4 Pulpa, papel y cartón 4 5 Aceites y grasas vegetales y animales 3 2015 1Cultivo de cereales (excepto arroz), legumbres y semillas oleaginosas 44 2 Minería de hierro 18 3 Extracción de petróleo crudo 12 4 Pulpa, papel y cartón 6 5 Procesamiento y conservación de la carne 3 6 Azúcar 2 7Metales preciosos y otros metales no ferrosos 2 2020 1Cultivo de cereales (excepto arroz), legumbres y semillas oleaginosas 31 2 Minería de hierro 27 3 Extracción de petróleo crudo 17 4 Procesamiento y conservación de la carne 10 5 Pulpa, papel y cartón 4 6 Hierro y acero básico 3 Fuente: Comexstat, 2021. Elaboración propia.
255 la crítica de las relaciones comerciales entre brasil y china en el siglo xxi Las primeras cinco colocaciones del año 2020 reflejan la reprimarización del arancel de exportación (soja, mineral de hierro, petróleo crudo, carnes procesadas y pulpa y papel), productos de baja complejidad tecnológica14, y por lo tanto tienen menor valor agregado. Sólo dos artículos, el mineral de hierro y los cereales (sobre todo la soja), representan más del 50% del arancel de exportación brasileño a China, durante todo el período examinado. En 2020 representaron el 58% de las exportaciones al país asiático. Destacamos la evolución de las exportaciones de crudo, con un crecimiento gradual en el tiempo, cuya evolución está vinculada al desempeño del sector del petróleo y el gas en Brasil. El descubrimiento de petróleo pre-sal, anunciado por Petrobras en 2006, y los cambios en las políticas internas dela compañía15, acatado desde 2015, tienen una alta influencia, así como la participación directa de empresas chinas en el sector de la exploración en Brasil, como China National Offshore Oil Corporation (CNOOC) y China National Oil and Gas Exploration and Development Company Ltd (CNODC),que incluso cerraron, en consorcio con Petrobras, bloques de exploración en la mega-subasta de pre-sal realizada en 201916. En cuanto a la pérdida de relevancia de los productos, destacan tres: el primero, las exportaciones de plásticos y cauchos sintéticos; el segundo, el curtido y la ropa de cuero, ambas partes de la industria manufacturera, aunque también pocas intensivas en tecnología; la tercera exportación de aviones, un nicho tecnológico brasileño representado por Embraer S.A. En este caso, las exportaciones ni siquiera se encuentran entre las 30 primeras posiciones de 2018, lo que refleja el desarrollo de la industria de la aviación en China, especialmente después de la entrada en operación de COMAC ARJ21-70017 en 2015. 14 Como se destaca en la metodología, los tres últimos, aunque no son muy intensivos en tecnología, se consideran en la clasificación ciiu como la industria manufacturera. 15 https://acervo.oglobo.globo.com/em-destaque/petrobras-descobre-pre-sal-em-2006-inicia-nova-era-do-ouro-negro-no-brasil-22014518: consultado el 30/04/2021 16 https://economia.uol.com.br/noticias/bbc/2019/11/11/o-que-explica-o-interesse-da-china-em-investir-no-petroleo-brasileiro.htm: consultado el 05/05/2021 17 https://www.airway.com.br/primeiro-jato-comercial-chines-entra-em-operacao/ : consultado el 30/04/2021 www.editorial.unican.es
256 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Gráfico 3 Evolución de la posición de productos seleccionados enel sistemade exportación de Brasil con China entre 2000 y 2020 Fuente: Comexstat, 2021. Elaboración propia. Significativa es la reducción de la relevancia de la exportación de vehículos de motor en la agenda, un item intensivo en tecnología con alto valor agregado, que fue el 4º producto más exportado por Brasil a China en 2001, pero a partir de 2007, ni siquiera figura entre los 30 productos más grandes exportados al país asiático. Esta evidencia también refuerza el argumento de la reprimarización de la agenda exportadora brasileña. Dos aspectos destacados relacionados con el agronegocio son el aumento de las exportaciones de carnes procesadas y azúcar, sobre todo desde 2009 y 2008, respectivamente. Este comportamiento refleja el aumento del poder adquisitivo de la clase media china y su consecuente selectividad en el consumo diario. Las carnes procesadas alcanzaron el 4º lugar en 2020 y el azúcar alcanza el 7º lugar en 2020. Finalmente, identificamos la mayor relevancia de exportar dos ítems que sirven como insumos para industrias con capacidad de producción instalada relativa en Brasil, el primero, los cultivos de fibras, sobre todo algodón y fibras sintéticas (en posiciones intermedias desde 2003, alcanzando el 8° lugar en 2018 y permaneciendo en él hasta 2020), y productos relacionados con la explotación de madera in natura, cuya primera aparición entre
257 la crítica de las relaciones comerciales entre brasil y china en el siglo xxi los 30 artículos más grandes exportados ocurrió en 2019, y ya aparecen en el lugar 20 en el año 2020. 3.2. Arancel de importación de Brasil con China Las importaciones brasileñas de productos chinos mostraron un crecimiento significativo desde principios del siglo XXI. Sin embargo, la composición del arancel de importación no presenta cambios significativos, ya que los productos de la industria de transformación representan más del 92% del arancel de importación durante todo el período, según consta en la ilustración 4. Gráfico 4 Participación por sectores en las importaciones brasileñas totales procedentes de China. En millones de dólares, y de 2000 a 2020 Fuente: Comexstat, 2021. Elaboración propia. En el breve periodo comprendido entre 2000 y 2003, se ha producido un ligero crecimiento en el sector extractivista, que se debió a la importación de carbón. Este período coincide con la crisis energética experimentada en Brasil a principios del siglo XXI. También destacamos la heterogeneidad de la agenda de productos importados, que se fue diversificando a lo largo del período, como podemos ver en la tabla 3. www.editorial.unican.es
258 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Tabla 3 Posición de los productos con más del 2% en la agenda de importación de Brasil-China en años seleccionados Posición en la cesta Producto Participación en la cesta (%) 2000 1 Productos químicos básicos 8 2 Ordenadores y equipos periféricos 6 3 Electrónica de consumo 6 4 Componentes y placas electrónicas 4 5 Productos del horno de coque 3 2005 1 Electrónica de consumo 17 2 Ordenadores y equipos periféricos 9 3 Productos químicos básicos 8 4 Componentes y placas electrónicas 7 5 Equipo de comunicación 5 6 Instrumentos ópticos y equipos fotográficos 5 7 Tejido textil 3 8 Productos del horno de coque 3 9 Motores eléctricos, generadores, transformadores y aparatos de distribución y control de electricidad 3 10 Otros equipos eléctricos 2 2010 1 Ordenadores y equipos periféricos 9 2 Electrónica de consumo 8 3 Equipos de comunicación 6 4 Componentes y placas electrónicas 6 5 Productos químicos básicos 6 6 Hierro y acero básicos 6 7 Otras máquinas de uso general 3
259 la crítica de las relaciones comerciales entre brasil y china en el siglo xxi Posición en la cesta Producto Participación en la cesta (%) 8 Motores eléctricos, generadores, transformadores y aparatos de distribución y control de electricidad 3 9 Ropa, que no sea de piel 3 10 Tejido textil 2 11 Otros equipos eléctricos 2 12 Instrumentos ópticos y equipos fotográficos 2 2015 1 Equipos de comunicación 8 2 Productos químicos básicos 7 3 Electrónica de consumo 6 4 Ordenadores y equipos periféricos 5 5 Ropa, que no sea de piel 5 6 Hierro y acero básicos 4 7 Componentes y placas electrónicas 4 8 Construcción de buques y estructuras flotantes 3 9 Motores eléctricos, generadores, transformadores y aparatos de distribución y control de electricidad 3 10 Otros equipos eléctricos 3 11 Otras máquinas de uso general 2 12 Tejido textil 2 13 Aparatos electrodomésticos 2 14 Abonos y compuestos nitrogenados 2 Fuente: Comexstat, 2021. Elaboración propia. Desde 2007 se produjo un aumento más marcado de las importaciones de productos electrónicos y de telecomunicaciones, lo que refleja tanto la menor capacidad de producción brasileña de artículos de mayor valor añadido como el aumento de la competitividad de los productos chinos. www.editorial.unican.es
260 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe Gráfico 5 Evolución de la posición de productos seleccionados en el área de importación de Brasil con China entre 2000 y 2020 Fuente: Comexstat, 2021. Elaboración propia. La importación de productos para la generación de electricidad está directamente relacionada con la entrada china de este mercado en Brasil, destacando la victoria del consorcio formado por State Grid con Eletrobrás18, en la subasta de líneas de transmisión de la planta de Belo Monte, en 2014. El sector eléctrico estatal chino opera en Brasil desde 2010, y en 2017 compró la Piratininga Force and Light Company (CPFL),19que posee el 14% de su participación en el mercado nacional de distribución de electricidad en Brasil. Específicamente en este tema (motores eléctricos, generadores, transformadores y dispositivos de distribución y control de energía eléctrica), destacamos su ocurrencia en la agenda exportadora Brasil-China, entre 2001 y 2017, pero en posiciones intermedias, este ítem pierde relevancia en las exportaciones de 2018. El cambio de comportamiento, de vendedor a comprador, de un artículo de alto valor agregado, refuerza nuestras inferencias sobre la reprimarización de la agenda exportadora de Brasil. 18 https://oglobo.globo.com/economia/consorcio-formado-por-chineses-pela-eletrobrasvence-leilao-de-transmissao-de-belo-monte-11531977 : consultado el 30/04/2021 19 https://www.cpfl.com.br/institucional/stategrid/Paginas/default.aspx : consultado el 07/05/2021
261 la crítica de las relaciones comerciales entre brasil y china en el siglo xxi El comportamiento de las importaciones de algunos productos seleccionados llama la atención, debido a la pérdida o ganancia de relevancia en la agenda en su conjunto. En el gráfico 5, a continuación, identificamos la variación en la posición de determinados temas de la agenda de importación, sobre la base de sus respectivas representaciones en relación con los importes en dólares movidos año tras año: Destaca la evolución de la posición en la agenda de importación de equipos de comunicación, pasando de la vigesimoséptima posición al primer puesto ya en 2007. El aumento de las importaciones de pesticidas y productos agroquímicos que comienzan a aparecer en las primeras posiciones es solo a partir de 2017, pero que en 2020 ya aparecen en decimosexta posición. Esta evolución es emblemática, ya que tales artículos son ingredientes utilizados en el sector agroindustrial. Otros temas que ganan relevancia en la agenda de importación son las piezas y accesorios para vehículos (avanzan del puesto 27 en 2005 al 11 en 2020) y la construcción de buques y estructuras flotantes (primera aparición en 2014, en 23° posición, alcanza la primera posición en 2018, en 2020 aún destaca en 4º lugar). El comportamiento de este último ítem merece una apreciación más detallada: aparece en la agenda exportadora de Brasil a China, en los años 2004 y 2015, indicando una tendencia de cambio en los flujos: de exportador, Brasil se convierte en importador, de un ítem de alto valor agregado. Finalmente, identificamos la pérdida de representatividad y los rubros con menor valor agregado, como los juegos y juguetes (en los primeros lugares entre 2000 y 2007, pierden relevancia desde 2008), y los productos de horno de coque (insumos de la industria siderúrgica), que aparecieron en el 5º lugar en el año 2000 y, a partir de 2008, deja de estar entre las treinta primeras colocaciones de la agenda de importación. Destacamos el aumento en la relevancia de la agenda de importación, especialmente en los últimos cinco años de productos de la industria de la transformación: química fina, fármacos, fertilizantes y electrónicos. Consideraciones finales Este texto argumenta que la composición de la balanza comercial de Brasil con China tiene raíces históricas, vinculadas a las trayectorias que han estado ocurriendo desde la crisis estructural del capitalismo, en la década de www.editorial.unican.es
262 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe 1970 hasta la actualidad. Buscamos proporcionar evidencia de que cada uno de los dos países redefinió los medios para ordenar sus economías internamente, así como la mejor manera de entrar en el contexto mundial. Brasil, en ese momento con su economía más integrada con el sistema internacional, se vio fuertemente afectado por la disminución de los flujos financieros externos, con consecuencias negativas para su desarrollo, especialmente en el sector industrial. Esta restricción financiera dificultaba la ampliación de las cadenas productivas existentes y el avance en la implementación de otras nuevas, en un momento de salto tecnológico. Los gobernantes optaron por aumentar las inversiones en la modernización de la agricultura, sin reforzar la integración de la demanda de insumos agroquímicos con la producción industrial nacional. Desde el principio, el mercado exterior fue el destino de su producción. La reducción de la liquidez internacional también se diseñó en la economía brasileña en forma de “la crisis de la deuda externa”. La persistencia de altas tasas de inflación durante dos décadas también es parte de este escenario. Las respuestas de Brasil a la crisis se produjeron, casi a través de sucesivos planes para combatir la inflación y renegociaciones de la deuda externa, a lo largo de casi todo el período. Estos planes se inspiraron en proposiciones neoliberales de ajustes estructurales de organizaciones interestatales internacionales comandadas por potencias tradicionales. Ni siquiera las pruebas de fortalecimiento del mercado interior y promoción de políticas para la reanudación de la industria, entre los años de los gobiernos del Partido dos Trabalhadores, fueron capaces de impulsar la integración productiva interna, ni de revertir el ciclo de integración internacional pasiva. China, libre de restricciones internacionales en el momento del estallido de la crisis, y guiada por el propósito de promover la modernización de su sistema industrial más allá de la industria básica, pudo atraer inversiones extranjeras con un estricto control de las autoridades monetarias internas. Este país asiático promovió la expansión de su sistema de producción industrial con la implementación de conglomerados industriales intensivos en tecnología de punta, como las telecomunicaciones y la tecnología de la información. En este proceso, China, por un lado, buscó un mercado internacional de suministro de materias primas y energía para trasladar su sistema productivo y alimentario a fin de garantizar la seguridad alimentaria de su población. Por otro lado, el mercado exterior absorbe su excedente de bienes, cada vez más compuesto por productos de alto valor agregado.
263 la crítica de las relaciones comerciales entre brasil y china en el siglo xxi Dadas las diferentes trayectorias y sus respectivos resultados, es posible concluir, a partir del análisis del equilibrio de Brasil con China, durante el período estudiado, que Brasil profundizó su dependencia estructural de la inserción en la división internacional del trabajo. Si al comienzo del período todavía estaban entre los productos exportados bienes de la industria de procesamiento, con cierta diversificación y complejidad, entonces la agenda se especializa en la exportación de productos agrícolas y minerales. Las importaciones, por su parte, también fueron especializadas, pero por concentración en productos manufacturados de mayor valor agregado. Por lo tanto, la balanza comercial positiva a favor de Brasil debe ser interpretada no sólo por la perspectiva contable, sino a través del prisma de sus efectos de mediano y largo plazo para el desarrollo del país. Referencias Coelho, André Pires Batista (2020). Estado desenvolvimentista e fomento às tecnologias de informação e comunicação: Análise do direcionamento de Brasil e China no contexto internacional de globalização e neoliberalismo. (Tesis de Maestría). Instituto de Humanidades, Artes e Ciências Professor Milton Santos, Universidade Federal da Bahia, Salvador. Comisión Económica para América Latina y el Caribe [CEPAL] (1977). Estudios económicos para América Latina. Naciones Unidas: Santiago de Chile. Costa Pella, Antonio. F. (2019). Relações comerciais entre Brasil e China a partir dos anos 2000: Uma análise do conteúdo tecnológico. Revista de Estudos Sociais, 21(42): 138-160. Fiori, José Luís (2001). O Brasil no espaço. Petrópolis: Editora Vozes. ____(1995). Em busca do dissenso perdido: ensaios críticos sobre a festejada crise do Estado. Rio de Janeiro: Insight. Harvey, David (2010 [2001]). A produção capitalista do espaço. São Paulo: Anna Blume. Hirsch, Joachim (2010). Teoria materialista do Estado. Rio de Janeiro: Revan. IPEA (2021). China: Importações dos principais subsetores do agronegócio e o market share brasileiro [Nota técnica] IPEA, 26. Jerkins, Rhys. (2015). Is Chinese Competition Causing Deindustrialization in Brazil?. Latin American Perspectives, 42(6): 42-63. Junqueira, Emerson Maciel (2020). A posição brasileira na política going global da China (2000-2018) (Tesis de Maestría). Instituto de Filosofia e Ciências Humanas, Universidade Estadual de Campinas, Campinas. www.editorial.unican.es
270 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe roudot y Ragoussis, 2009). En este sentido, la literatura mainstream sobre desarrollo advierte que las economías más prósperas serían las que logran incorporar en su industria tareas productivas más complejas –por ende, con mayor valor agregado– e importar los insumos menos elaborados –con menor valor agregado–, es decir, aumentar la especialización vertical de su industria, o el contenido importado de sus exportaciones, y lograr un upgrade industrial (Milberg, Jiang y Gereffi, 2014; Santarcángelo et al., 2017). Ahora bien, la experiencia concreta de los países menos industrializados a la hora de insertarse en las Cadenas Globales de Valor ha sido variada y se ha visto limitada por determinantes estructurales, tales como la elevada elasticidad de las importaciones, vinculada a la debilidad de la producción local; la dependencia tecnológica y la extranjerización de la industria nacional –lo que implica una descapitalización constante bajo la forma de remisión de utilidades y pago de patentes–; la debilidad de la divisa nacional y el alto costo de financiación de su deuda pública; las enormes dificultades en “escalar” el valor agregado localmente, entre otros. Lo anterior pone en entredicho la teoría y las recomendaciones de instituciones internacionales como el Banco Mundial, y pone nuevamente en la mesa la cuestión del desarrollo en sentido integral: “la alternativa no es ‘mucha o poca inserción en las Cadenas Globales de Valor’ y el desafío sigue siendo evitar aquellas formas de inserción internacional que impulsen un crecimiento empobrecedor y excluyente” (Santarcángelo et al., 2017: 124). En este marco, la principal economía latinoamericana, Brasil, viene buscando mejorar su inserción en las Cadenas Globales de Valor que se orientan hacia China. Sin embargo, el país sudamericano parece compartir el destino de muchas economías que se incorporan a las Cadenas desde una posición de desarrollo industrial relativo: en ausencia de un salto suficiente en el contenido tecnológico y de valor agregado de los insumos producidos, el aumento parcial de la participación en las cadenas provoca la reducción del perfil productivo y una especialización regresiva (Santarcángelo, Schteingart y Porta, 2017). Así, mientras que las exportaciones agroindustriales de Brasil crecieron en la primera década de 2000 a un ritmo récord (FIESP, 2016), las exportaciones de manufacturas se redujeron en cantidad y alcance geográfico. Lo anterior se confirma especialmente cuando se observa la evolución del comercio de Brasil con China y con Sudamérica. Mientras que en los últimos veinte años Brasil pasó a importar productos con creciente contenido tecnológico desde China (Milberg, Jiang y Gereffi, 2014), sus manufacturas de mayor valor agregado siguen siendo destinadas principal-
271 reorient américa latina: las nuevas rutas del despojo van hacia china... mente a la región Sudamericana y a otras zonas periféricas, con contadas excepciones, mientras que sus exportaciones a China son principalmente commodities (Slipak, 2014). Además, China –que al estar ejecutando un enorme upgrade a escala global (Kaplinsky, 2010) se ha transformado en un gran comprador de productos primarios, cuyo procesamiento mantiene generalmente en su control– aplica tarifas arancelarias a los productos elaborados de Brasil, que son menores en el caso de los insumos básicos (Milberg, Jiang y Gereffi, 2014). El principal entre estos es el poroto de soja, pero la misma política proteccionista se aplica a productos como el cuero, metales, acero, pulpa y papel (Jenkins y de Freitas Barbosa, 2012). Lo mismo ha acontecido con todos los países de la región, los cuales partían, además, de un desarrollo industrial menor (Slipak y Ghiotto, 2019). En este sentido, las Cadenas Globales de Valor que desde Brasil se orientan hacia China se caracterizan –en su mayoría– por una concentración de las tareas productivas con mayor valor agregado en ese país, mientras que el país sudamericano se especializaría crecientemente en la provisión de insumos. Este fenómeno ha sido estudiado a través del análisis de la balanza comercial y de la matriz productiva de los distintos países de la región. Sin embargo, aquí proponemos abordarlo desde el caso particular de una empresa trasnacional local, la minera brasileña Vale, ya que la trayectoria histórica de esta empresa ilustra la evolución de las relaciones de dependencia de la economía más grande de la región y permite enfocar la restructuración de fondo de la relación centro-periferia que ha implicado, para América Latina, la fase global reciente. En efecto, el caso de Vale nos permite ocuparnos de dos de los rasgos principales de este viraje -o reorientaciónen la inserción periférica y subordinada de Brasil y de la región en la economía mundial: la profundización de los procesos de desindustrialización y reprimarización económica ya activos y el establecimiento de nuevas relaciones de dependencia con el continente asiático. 2. El mineral de hierro en Brasil: una historia de dependencia La minera Vale fue fundada por el gobierno brasileño de Getulio Vargas como empresa bajo control estatal en 1942, con el nombre de Companhia Vale do Rio Doce, así llamada por la localidad homónima ubicada en el Estado de Minas Gerais, un área rica en minerales. Junto con la Companwww.editorial.unican.es
272 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe hia Siderúrgica Nacional (CSN, 1941), se creó en base a un acuerdo entre los gobiernos de Brasil y de Estados Unidos para proveer insumos para el esfuerzo bélico de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial (Vale, 2012). A pesar de operar también con otros minerales y elementos, desde sus inicios Vale concentró sus actividades en el mineral de hierro, producido en cantidades muy superiores a la necesidad de la endeble industria metalúrgica local. Así las exportaciones brasileñas de este mineral se orientaban casi completamente a Estados Unidos y Europa, y ya por la década de 1950 la empresa era responsable del 80% del total de las mismas (Vale, 2012). En las décadas siguientes, Vale se convirtió en la primera productora y exportadora mundial de mineral de hierro, insumo fundamental para la producción de acero, a menudo a través de su transformación en pellets, unas bolitas de mineral que, bajo esta presentación, pueden ser mejor aprovechadas en el proceso productivo en altos hornos industriales. Esto se dio, en particular, a partir del descubrimiento en la década de 1960 de los yacimientos de Carajás, en el Estado de Pará, que se estima contienen las reservas de mineral de hierro más grandes del mundo, con 18.000 millones de toneladas y una superficie de 900.000 kilómetros cuadrados (Musacchio y Lazzarini, 2014). Estos depósitos, explotados por medio de minas a cielo abierto, contienen, además, un mineral de calidad muy superior a la media, lo cual los convirtió de inmediato en un activo estratégico fundamental para que Vale se destacara de sus competidoras. Es interesante observar cómo en sus inicios la industria minera mundial era dominada por capitales originarios de los países centrales –Gran Bretaña, en particular–. Sin embargo, a lo largo del siglo XX las operaciones de extracción se fueron trasladando paulatinamente desde Europa y Estados Unidos hacia la periferia, concentrándose en Sudamérica, África y, más recientemente, Asia. La misma Vale, al nacer incorporó dos compañías estadounidenses. En este sentido, el éxito de Vale se encuentra estrechamente vinculado a la gran disponibilidad de minerales en el territorio brasileño. En particular, Brasil posee reservas de cerca de 70 minerales (Dalpian y Chieza, 2015), y el 11,7% de las reservas mundiales de mineral de hierro, ubicándose solo después de Australia y delante de Rusia y China, lo que convierte a Brasil en el segundo mayor país en producción mundial del mineral (13,4%), después de Australia y delante de China (Statista.com, 2020). Esto se refleja en la importancia de este mineral dentro del conjunto de las exportaciones mineras brasileñas: en 2014, el 77,7% de estas correspondía al mineral de hierro (Dalpian y Chieza, 2015). Además, el mineral de hierro ocupa un lugar pri-
273 reorient américa latina: las nuevas rutas del despojo van hacia china... vilegiado dentro de las exportaciones brasileñas en su conjunto. Si en el año 2000 el hierro representaba el 5,53% de las exportaciones totales del país en términos monetarios (siendo Japón el primer comprador), en 2006 este porcentaje subía al 6,49%, y el hierro se convertía, así, en el primer producto de exportación, con China desplazando a Japón como primer comprador. A finales del período 2001-2008 el mineral de hierro constituía el 8,36% del total de las exportaciones, cantidad que en los años siguiente escaló hasta el 8,66% en 2009; el 14,32% en 2010 y el 16,33% en 2011. De este último total, casi la mitad (7,73%) se exportaba a China (Vale, 2012). Sin embargo, en las décadas siguientes a su creación, Vale empezó también a diversificar paulatinamente sus actividades, realizando joint ventures con capitales internacionales y adquiriendo subsidiarias en el área de bauxita, aluminio, alúmina, manganeso, fosfato, fertilizantes, pulpa, papel y titanio. En efecto, la empresa fue fundada con el objetivo explícito de hacer de ella una empresa transnacional brasileña líder global en los sectores emergentes y estratégicos de la minería y la siderurgia, y a tal fin su internacionalización fue impulsada desde sus inicios, buscando asegurar mercados compradores para la producción local (Sposito y Santos, 2012). En este sentido, Vale protagonizó una trayectoria expansiva que la llevó a asociarse con empresas italianas, japonesas, españolas y coreanas por medio de las joint ventures Itabrasco, Nibrasco, Hispanobras y Kobrasco, consolidando, desde la década de 1970, su lugar como segunda mayor empresa de Brasil por ventas y la mayor compañía de logística del país. Finalmente, al comienzo del nuevo siglo Vale se focalizó en la conquista de competidoras internacionales, adquiriendo las canadienses Canico Resources (2005) e Inco (2006), así como a sus minas de níquel, además de la australiana Amci Holdings Company (2007), cuyos yacimientos le permitieron expandir la producción de carbón metalúrgico (coking coal), uno de los pocos minerales necesarios para la siderurgia de los que Brasil carece y que importa en su totalidad. Al mismo tiempo, la creciente centralidad de China en las actividades de la empresa se expresaba no solo a través del establecimiento de dos joint ventures en ese país en 2004, sino también por medio del aumento de la competencia entre empresas brasileñas y empresas chinas en África y Sudamérica, con el objetivo de asegurar la explotación de los recursos que el gigante asiático demanda en gran cantidad. Asimismo, la enorme red infraestructural que Vale llegó a desarrollar en Brasil no es empleada solo para transportar minerales o acero, sino también otros productos de exportación, al punto que las entradas asociadas al transporte www.editorial.unican.es
274 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe intermodal doméstico representan un ingreso fundamental para la empresa (García, 2012). En particular, el transporte de productos agrícolas como el poroto y el aceite de soja –pero también combustibles y fertilizantes– es particularmente rentable. Sin embargo, la estrategia de integración vertical de Vale –es decir, la adquisición e implantación de unidades productivas “para adelante” (comercialización, distribución) y “para atrás” (materias primas, suministros) en la cadena de valor propia de su sector– no fue más allá de la extracción y transporte del mineral, y se quedó trunca al momento de desarrollar encadenamientos productivos locales en el campo de la siderurgia. En efecto, tal como afirma Cerqueira, frente al poderoso auge de los commodities de exportación, “la empresa ha priorizado el segmento de extracción mineral en desmedro de promover una ampliación de la transformación del acero en bienes de uso específico para la industria, lo cual ciertamente significaría una producción de mayor valor agregado” (2014: 81). Es interesante notar, al respecto, cómo el propio Ministerio de Industria, Desarrollo y Comercio Exterior de Brasil (MDIC) reconoce la existencia de esta “preferencia” de las empresas brasileñas por el negocio más rentable de la exportación de commodities mineras por sobre de los desarrollos siderúrgicos, lo cual afecta la inversión doméstica (MIDC, 2008). En este sentido, tal como señala Cerqueira (2014), la Política de Desenvolvimento Produtivo (PDP) lanzada en 2008 por el gobierno brasileño parte del presupuesto que el sector siderúrgico cuenta con una sobreproducción de casi el 100% con respecto al consumo interno, y se propone fomentar la competitividad por medio de mejoras logísticas, flexibilización de las normas ambientales y reducciones tributarias, pero, sobre todo, impulsando la expansión internacional de las empresas brasileñas y los encadenamientos productivos locales con empresas transnacionales extranjeras que exporten “productos siderúrgicos de mayor valor agregado” (MIDC, 2008). En efecto, esta realidad se refleja en la trayectoria de expansión de Vale. En los primeros años de este siglo, Vale se deshizo de todas las participaciones que tenía en grandes grupos del sector siderúrgico en Brasil: Eletrosiderúrgica Brasileira S.A. (Sibra) y Companhia Paulista de Ferro-Ligas (CPFL) en 2003, Açominas y Csn en 2000, CST en 2004, Gerdau, Nova Era Silicon y Siderar en 2006, Usiminas entre 2006 y 2009 (Vale, 2012). A raíz de esto, Vale mantiene en el país –al igual que otros gigantes del segmento siderúrgico como Votorantim y Gerdau– solamente la producción de acero semiacabado, el cual es sucesivamente exportado o procesado en Brasil por parte de empresas trasnacionales extranjeras
275 reorient américa latina: las nuevas rutas del despojo van hacia china... y utilizado principalmente en la industria automovilística y aeronáutica, mientras que su producción de planos de acero laminado y ductos de acero se reduce a la subsidiaria CSI en Estados Unidos (Cerqueira, 2014). En este sentido, un aspecto particularmente interesante de este proceso es que contradice abiertamente la estrategia industrial del gobierno brasileño. En efecto, Vale se había beneficiado de las primeras privatizaciones de empresas siderúrgicas durante la década de 1990, cuando el gobierno había orientado la venta de acciones de estas hacia la minera estatal para fortalecer su posición como principal productora nacional de mineral de hierro (57% del mercado) (García, 2012). Sin embargo, en los primeros años de este siglo la venta de estas participaciones y de otras joint ventures siderúrgicas adquiridas en el tiempo limitaba el potencial de transformación industrial de Vale y repristinaba su especialización en la mera extracción del mineral. Como veremos en el próximo apartado, el pasaje paulatino de una estrategia de diversificación de minerales producidos y de ampliación de las áreas geográficas en las cuales Vale operaba a nivel mundial hacia una estrategia que se concentra, más bien, en la extracción y exportación de unos pocos minerales clave (reforzando un modelo que se remonta a la creación misma de la empresa) se vincula directamente con la creciente rentabilidad del comercio de estos minerales, por un lado, y con el enorme crecimiento de la demanda asiática, por el otro. 3. ReOrient, o la reprimarización como opción estratégica El gran aumento de las exportaciones de commodities naturales a China durante la primera década de este siglo incluyó también el sector minero. Pues a pesar de ser uno de los primeros productores mundiales de varios minerales (Cerqueira, 2014), China no cuenta con producción suficiente como para atender la demanda interna de materiales tales como cemento, hierro, acero ni aluminio, elementos estratégicos para la industria pesada. Así, para 2010 China representaba ya el 59% de la demanda global de hierro, el 37% de níquel y el 38% de aluminio (Cerqueira, 2014). Este espectacular aumento de la demanda asiática se reflejó directamente en los precios de estos metales, que entre el año 2000 y 2008 crecieron, en promedio, un 700%, potenciando la rentabilidad de las exportaciones de los minerales en bruto por encima de su transformación (Musacchio y Lazzarini, 2014). En efecto, www.editorial.unican.es
276 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe desde 2006, Brasil representa el principal proveedor de mineral de hierro de China (Vale, 2012), país que compra más de dos terceras partes de todo el mineral de hierro transportado por barco en el mundo, y que se ubica como el principal importador de minerales brasileños (Schvartsman, 2018). La gravitación del mercado asiático en las exportaciones brasileñas se reflejó directamente en las actividades y los ingresos de Vale: si en 2004 el 11,7% de los ingresos totales de la empresa venían de China (Vale, 2005), este último porcentaje escaló al 38% en 2009 y, tras una sutil baja, alcanzó el 46,9% hacia 2019 (Vale, 2020b). Al mismo tiempo, en 2005 el 22,4% de las exportaciones de mineral de hierro de Vale tuvieron a China como destino, mientras que en 2010 ese porcentaje era ya del 42,9% (Vale, 2012), subiendo al 46,79% en 2013 (Dalpian y Chieza, 2015). De forma vinculada, Vale logró negociar eficazmente varias subas en el precio del mineral de hierro con la china Baosteel, que había suplantado la japonesa Nippon Steel como formadora internacional de precios (García, 2012). Sin embargo, al cerrarse la primera década de este siglo la demanda asiática empezó a frenarse, y la vertiginosa escalada de precios de las commodities observada en los años anteriores se detuvo. A partir de 2009, se registró una caída en el precio del mineral de hierro a nivel mundial, lo que hizo depreciar las acciones de Vale en un 75% en los dos años siguientes. En este escenario se produjo un evento que puso de manifiesto el desencuentro entre el éxito internacional de Vale y los objetivos de política industrial del gobierno del Partido dos Trabalhadores (PT). A raíz del anuncio de Vale en 2009 sobre despidos en Brasil y la compra de nuevas embarcaciones de carga a empresas coreanas y japonesas, en lugar que construirlas en astillero brasileños, se intensificó la presión del gobierno brasileño para que el CEO Roger Agnelli fuera remplazado, lo cual se terminaría concretando en 2011. El PT pretendía que la empresa minera invirtiera en la construcción de nuevas plantas siderúrgicas en Brasil, aumentando el porcentaje de elaboración del mineral antes de su exportación a los mercados asiáticos. No obstante, la agresiva estrategia de direccionamiento hacia China solo se intensificó. En efecto, a pesar de la baja relativa de los precios internacionales y en la demanda china, la exportación de minerales sin procesar seguía constituyendo una actividad muy rentable para Vale y los mercados asiáticos un horizonte irremplazable. Empero, en su esfuerzo para penetrar ulteriormente el mercado chino, la empresa brasileña tenía que sortear la competencia de las mineras australianas, país con el cual China mantiene una afianzada relación comercial. En efecto, la competencia por el principal mercado asiático con el país
277 reorient américa latina: las nuevas rutas del despojo van hacia china... oceánico explica la estrategia global que Vale emprendió a partir de la segunda década de este siglo: el desarrollo de una red logística de alcance mundial. Para suplir a las largas distancias que la separan de China y abaratar su producto para hacerlo competitivo con el australiano, Vale fue estableciendo bases de exportación en Omán (el complejo SOHAR, operado por Vale Omán), Malasia (Teluk Rubiah), Indonesia, Mozambique y Filipinas. Al mismo tiempo, Vale empezó a encomendar la construcción de barcos cargueros gigantes (VALEMAX), que permiten transportar el equivalente de 11.150 camiones y reducen las emisiones contaminantes entre un 35% y un 41% por tonelada (Vale, 2020a). Significativamente, las VALEMAX, actualmente unas 67 unidades, son frecuentemente llamadas también CHINAMAX, haciendo alusión a su uso preferencial para servir el mercado del país asiático y sus puertos. Es importante notar, al respecto, que hay pocos puertos en el mundo capaces de recibir estas embarcaciones, y es por eso que la empresa brasileña, más allá de haber firmado acuerdos para la utilización de dieciséis puertos en China, ha desarrollado bases, o “minas virtuales” (Musacchio y Lazzarini, 2014), ubicadas en el mar abierto o en islas, elegidas por su posición estratégica. Estas bases sirven para realizar el traslado del mineral desde las enormes VALEMAX a barcos de menor porte que sucesivamente zarpan para puertos de dimensiones reducidas que se encuentran en la región. También –como es el caso del complejo SOHAR– Vale aprovecha estas bases para procesar el mineral o mezclarlo con otras variedades para adaptar el producto a los requerimientos de clientes de diferentes perfil y tamaño (Hellenic Shipping News, 2017). Según Agnelli, el uso de estas embarcaciones significa lograr una ventaja competitiva por sobre de las otras empresas transnacionales que exportan a China, bajando de forma notable los costos de transporte del mineral brasileño –de calidad muy alta y menor precio– y habilitando su preparación final para la venta en sitios más cercanos a los mercados consumidores. En palabras del entonces director ejecutivo de la sección de mineral de hierro y estrategia de Vale José Carlos Martins, en 2011: A largo plazo, dependeremos crecientemente del mercado asiático, entonces tenemos que ser eficientes en los envíos. Para darles una idea de los números, el costo de entrega de una tonelada métrica de mineral a Asia es de, aproximadamente, 50 dólares. De esta suma, menos de 10 dólares corresponden al costo de extracción, y el resto al costo logístico. Si no tenés una estrategia logística adecuada, perdés la competitividad de tu negocio (Vale, 2012: 370, traducción propia). www.editorial.unican.es
278 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe De todas formas, a pesar de las expectativas del gobierno brasileño acerca de la posibilidad de realizar las VALEMAX que la empresa precisaba en astilleros nacionales, Vale comisionó su construcción a empresas extranjeras (chinas y coreanas), argumentando que Brasil no disponía de la tecnología adecuada y que el costo final por barco hubiera sido doble (Musacchio y Lazzarini, 2014). Aparentemente, el saldo de la pulseada entre Agnelli y el Partido dos Trabalhadores fue favorable a este último, ya que el CEO fue remplazado por Murilo Ferreira, ex ejecutivo de la minera del cual se esperaba una alineación con los objetivos estratégicos del gobierno (Musacchio y Lazzarini, 2014). Sin embargo, la sucesión de CEOs no modificó la opción estratégica de Vale por el comercio con oriente con bajo procesamiento de los minerales en Brasil, ni la elección de construir las VALEMAX en el exterior. Al contrario, Vale redobló la apuesta por el mineral de hierro, por sobre de otros activos. En 2016 empezó la producción en el complejo S11D o “Eliezer Batista” en Canaã dos Carajás, área en el norte de Brasil, única en el mundo por la calidad de su mineral de hierro y el bajo precio de extracción. Esta nueva mina, que fue realizada después de 15 años de estudios y recibió financiamientos públicos para su construcción, promete aumentar la producción en el Estado de Pará a 230 millones de toneladas de mineral de hierro por año gracias a un innovador sistema de cintas trasportadoras en lugar de camiones para el transporte interno, cuenta también con un circuito vinculado de logística que comprende una sucursal ferroviaria, la expansión del Ferrocarril de Carajás (EFC) y de la Terminal Marítima de Ponta da Madeira en São Luís (Mining Press, 2016). Este nuevo emprendimiento permitió a Vale dotarse de la mina de hierro más productiva y barata del mundo, cuyo producto, además, se pretende mezclar en las “minas virtuales” que la empresa posee en Asia con el mineral extraído en otro Estado de Brasil, Minas Gerais, para aumentar el valor de esas exportaciones (Brewer, 2016). Esta decisión marca la necesidad de reducir no solo los costos de transporte, sino también los costos de extracción al fin de mantener la competitividad internacional, en el marco de una gran fluctuación de los precios de los minerales. Paradójicamente, el aumento de la producción de mineral de hierro en Carajás tendría un efecto negativo sobre el precio internacional, pero la empresa considera que, a largo plazo, el desarrollo de S11D la va a colocar en una posición única frente a sus competidoras en la carrera para proveer a la industria asiática con mineral de alta calidad y bajo precio, aumentando su cuota de mercado. A tal fin, Vale planea transferir también parte de su
279 reorient américa latina: las nuevas rutas del despojo van hacia china... producción de las minas de Minas Gerais a las nuevas minas del complejo S11D (Brewer, 2016). De esta forma, después de haber abandonado, en las últimas dos décadas, la mayor parte de sus desarrollos industriales y de transformación del producto –y tras haber realizado operaciones de desinversión en yacimientos de minerales menos estratégicos– en los últimos años Vale ha reorientado aún más su estrategia global hacia la extracción y exportación de mineral de hierro –y, en menor medida, de níquel– en bruto, organizando su red logística para asegurar, de forma prioritaria, los envíos a Asia y competir con otras empresas transnacionales mineras sobre la base de un precio de venta lo más barato posible. Sin embargo, hay que subrayar que esta competencia internacional a la baja se inserta en un esfuerzo organizado de China para orientar su industria hacia tareas productivas más avanzadas. En este sentido, los beneficios obtenidos por el aumento de las exportaciones mineras brasileñas hacia el país asiático deben encuadrarse en el marco de una estrategia de upgrade industrial que apunta a deslocalizar en otros países la producción de insumos básicos y su impacto socioambiental. Así, por ejemplo, el repunte en el precio internacional del mineral de hierro que se ha registrado a partir de 2015 se debe –en consonancia con otras industrias, como la carne– no solo al repunte de la demanda China vinculado al aumento de consumo, sino también a una baja productiva doméstica dictada por razones ambientales y de control de la producción (Schvartsman, 2018; Wright, 2004, 2007). 4. Vale y Brasil, trayectorias divergentes En el caso de Vale, el éxito de la empresa en términos financieros y productivos, fundado en una inserción subordinada en la Cadena de Valor de los minerales y en la orientación estratégica hacia el mercado chino, chocan crecientemente con sus efectos sobre la economía y la sociedad brasileña, delineando dos trayectorias divergentes. En efecto, a pesar de su importancia para la balanza comercial del país, la actividad de la minera brasileña redunda en la “exportación” de puestos de trabajo, en la escasa participación en la creación de trabajo y en el fomento de encadenamientos productivos locales, en una baja recaudación tributaria, en evasión fiscal de vario tipo y en un grave saldo socioambiental para Brasil. www.editorial.unican.es
286 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe reserves-of-iron-ore-by-country/#:~:text=Leading iron ore producing countries,the world’s total iron exports. Sturgeon, Timothy y Memedović, Olga (2011). Mapping global value chains: Intermediate goods trade and structural change in the world economy. Vienna: United Nations Industrial Development Organization. Svampa, Maristella (2013). «Consenso de los Commodities» y lenguajes de valoración en América Latina”. Nueva sociedad (244). Svampa, Maristella y Slipak, Ariel (2015). China en América Latina: Del Consenso de los Commodities al Consenso de Beijing. Revista Ensambles, 2(3): 34-63. Vadell, Javier (2011). A China na América do Sul e as implicações geopolíticas do consenso do pacífico. Revista de Sociologia e Política, (1): 19-40. ____ (2014). Las implicaciones políticas de la relación China-América Latina: el Consenso Asiático como red de poder global y el caso brasileño. Comentario Internacional, 14: 135-161. Vale (2005). SEC report, https://sec.report/Document/0000950123-05-014127/ ____ (2012). Vale – Our History. Vale, http://www.vale.com/EN/aboutvale/bookour-history/Pages/default.aspx. ____(2020a). Initiatives-Valemax. Vale, http://www.vale.com/EN/initiatives/innovation/valemax/Pages/default.aspx. ____ (2020b). Vale’s performance in 2019. Vale, http://www.vale.com/EN/ investors/information-market/Press-Releases/ReleaseDocuments/Vale_ IFRS_4Q19i.pdf. Wright, Tim (2004). The Political Economy of Coal Mine Disasters in China: ‘Your Rice Bowl or Your Life’. The China Quarterly, (179): 629-46. ____ (2007). State Capacity in Contemporary China: ‘closing the pits and reducing coal production’. Journal of Contemporary China, 51(16): 173-94.
GEOPOLÍTICA Y GEOECONOMÍA DE LA COOPERACIÓN SUR-SUR: CHINA EN AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE Rafael Domínguez Martín1 Introducción El presente capítulo tiene dos objetivos. El primero es reconstruir la historia de la cooperación Sur-Sur, tomando en consideración los factores de orden geopolítico y geoeconómico estructurantes de las distintas fases que atravesó esta cooperación económica entre países en desarrollo. El segundo objetivo es analizar la influencia de tales factores en la evolución de la cooperación de China con América Latina y el Caribe (en adelante América Latina), que empezó a enmarcarse como cooperación Sur-Sur a raíz del fracaso de la Conferencia Internacional de Cooperación y Desarrollo celebrada en Cancún (México) en 1981, con la que se clausuró abruptamente el Diálogo Norte Sur (Domínguez, 2019). La pertinencia de relacionar la geopolítica y su componente de geoeconomía con la cooperación Sur-Sur se justifica por la posibilidad de fertilización cruzada de los diferentes cuerpos de literatura que abordan esas temáticas tan amplias a partir de dos elementos. El primero es la doble condición de teoría (estructura analítica) y práctica (geoestrategia) que tienen tanto la geopolítica y la geoeconomía como la cooperación Sur-Sur. El segundo elemento es la propia consideración de los factores geopolíticos y geoeconómicos como articuladores de las distintas fases que atravesó la cooperación Sur-Sur como práctica y que tienen su reflejo en la dilatada historia de la cooperación de China con América Latina. 1 Doctor en Historia Económica. Catedrático de Historia Económica e Instituciones Económicas del Departamento de Economía de la Universidad de Cantabria y Profesor del Doctorado en Ciencias Sociales de la Universidad de Salamanca. Es Director del Grupo de Investigación en Desarrollo Humano y Cooperación Internacional (Catedra COIBA) y Coordinador del Grupo de Investigación en Cooperación Sur-Sur e integraciones regionales de la Red Española de Estudios del Desarrollo. E-mail: [email protected] www.editorial.unican.es
288 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe La hipótesis principal de trabajo es que los factores geopolíticos y geoeconómicos se han ido alternando y complementándose a lo largo de la historia de la cooperación china con América Latina, en función de los intereses de la política exterior de la República Popular en cada momento, sin que se puedan establecer, sobre todo desde la incorporación de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001, una nítida diferenciación entre ambos. A pesar de que el gigante asiático tiene un posicionamiento regional desde 2008 (renovado en 2016), se parte de la hipótesis subordinada de que su cooperación con los países latinoamericanos y caribeños está dominada por un enfoque bilateral y, por tanto, el peso relativo que adquieren los factores geopolíticos y geoeconómicos –que además resultan muy difícil de diferenciar analíticamente– es específico de cada uno de los contextos nacionales y subregionales latinoamericanos. El marco teórico para abordar la investigación se fundamenta en la economía geopolítica tributaria de las teorías marxistas del imperialismo y la geografía crítica, que ponen el énfasis en la materialidad de las naciones, el papel del Estado y el desarrollo desigual y combinado (Desai, 2013), que, junto con la recuperación del acervo de pensamiento geopolítico Latinoamericano, se revisan en el capítulo 1 de este libro (Geopolítica y geoeconomía: perspectiva histórica y del complejo integracionista latinoamericano). Para el estudio de la cooperación china, como parte de la cooperación Sur-Sur, se triangula teóricamente a partir de la economía política internacional (en sus vertientes estructuralista, dependentista y de sistema-mundo), la geografía crítica y las variantes chinas del realismo (incluido el realismo moral) en las relaciones internacionales, que, junto con el idealismo cultural, tienen su propia tradición distintiva de pensamiento geopolítico y geoeconómico, con la particularidad de que, a diferencia del conflicto y la competencia que dominan la tradición occidental, pone el énfasis en la cooperación y la armonía. La metodología del trabajo se basa en el análisis crítico de información documental primaria y secundaria procedente de China, América Latina, Estados Unidos y Europa, y también se exploran las principales estadísticas oficiales de la cooperación china en la región (que incluyen comercio, inversión y ayuda) en las cuatro últimas décadas. El método histórico-estructural sirve para dar coherencia al conjunto del material revisado. La estructura del ensayo se divide en tres partes. En la primera, se analiza la evolución de la cooperación Sur-Sur en clave de sus determinantes geopolíticos y geoeconómicos. En la segunda parte se ordena la cooperación entre China y la región latinoamericana y caribeña en sus sucesivas fases (hasta
289 geopolítica y geoeconomía de la cooperación sur-sur: china en américa latina... 1980, de Cancún al ingreso en la Organización Mundial del Comercio, el salto adelante del siglo XXI y la Nueva Ruta de la Seda ampliada), en función del peso que adquieren los factores geopolíticos y geoeconómicos. En la tercera parte se aplican los principales conceptos geopolíticos (y geoeconómicos) a la realidad regional actual de América Latina en su relación triangular con China y Estados Unidos. El trabajo cierra con las principales conclusiones. 1. Transversalidades geopolíticas y geoeconómicas en la Cooperación Sur-Sur La consideración de los factores geopolíticos y geoeconómicos como estructurantes de las distintas fases que atravesó la cooperación Sur-Sur permite reconstruir, por un lado, la práctica de la acción colectiva de los países periféricos a partir de sus dos principales organizaciones (el Movimiento de los No Alineados y el G77) y, por el otro, los lineamientos de política exterior de la República Popular de China y la propia a historia de la cooperación de China con América Latina. En este primer apartado, se abordará la historia de la acción colectiva que está en la esencia de la cooperación Sur-Sur autónoma, y que nada tiene que ver con las lógicas de la cooperación técnica entre países en desarrollo, propias del marco vigilado por los países desarrollados dentro Naciones Unidas2. En 1977, el chileno Felipe Herrera, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, sugirió denominar “Cooperación Sur-Sur [a] aquella que se produce entre los países del «Tercer Mundo»” y cuyas principales características eran la “cooperación horizontal” y el elevado componente financiero y de transferencia tecnológica (cfr. Domínguez, 2020a: 21). Herrera había sido el candidato del presidente Salvador Allende para el puesto de la Secretaría General de Naciones Unidas, y para ello contó con el apoyo de la recién incorporada República Popular de China, a cuyo presidente Mao Zedong y su teoría de los tres mundos se debe la proliferación del concepto Tercer Mundo, 2 Como señaló en su momento el intelectual marroquí Mahdi Elmandjra, “en las instituciones internacionales que han sido establecidas por el Norte de acuerdo a las normas del Norte, los debates sobre la Cooperación Sur-Sur están inevitablemente condicionados por un marco que no siempre es conducente a cuestionamientos serios ni al pensamiento franco y crítico” (Elmandjra, 1983: 52). Desde entonces hasta las Conferencias de cooperación Sur-Sur de Nairobi (2009) y Buenos Aires (2019), organizadas por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, esa ha sido la penosa realidad de lo que algunos estudiosos hacen pasar por legítima cooperación Sur-Sur. Sobre estos aspectos véase Domínguez (2019; 2020a; 2020b). www.editorial.unican.es
290 geopolítica y geoeconomía de la cooperación entre china y américa latina y el caribe utilizado en la definición de Herrera (Domínguez, 2019). Siguiendo la tradición de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y de la Organización de Países Exportadores de Petróleo, el economista chileno destacó el carácter tanto interregional como regional de la cooperación SurSur, llamando a crear un “Banco Latinoamericano para el Tercer Mundo” que, a modo de Exim Bank multilateral, promoviera el comercio Sur-Sur, con el apoyo del Sistema Económico Latinoamericano (SELA), un ambicioso organismo creado en 1975 para la integración regional autónoma promovido por Venezuela y México (cfr. Domínguez, 2020a: 21-22), a medio camino entre lo que Juan Carlos Puig (1980: 152-153) denominó “autonomía heterodoxa” (que aceptaba el liderazgo de Estados Unidos “en cuestiones realmente cruciales”) y “autonomía secesionista” (la que involucraba “el desafío global”, al admitir en el caso del SELA la membresía de Cuba). La Cooperación Sur-Sur no solo tuvo inicialmente esa doble escala interregional y regional (Mei, 1982; Ciceljz, 1983; Lazslo, 1983), sino también una motivación principal, la autosuficiencia (self-reliance), un término de inspiración maoísta que buscaba “fortalecer las capacidades autónomas para la fijación de objetivos y la toma e implementación de decisiones en todas las áreas de una sociedad en desarrollo”, lo que precisaba cambiar “los patrones de interacción entre el Norte y el Sur y las estructuras desiguales de las relaciones internacionales que resultan de ellas” (Sauvant, 1983: 34)3. En su expresión colectiva, como “una estrategia de desarrollo” de los países del Tercer Mundo “orientada contra la dominación, la explotación y la división internacional desigual del trabajo” impuesta por los países desarrollados (Fuks, 1983: 427), la autosuficiencia se convirtió en el objetivo instrumental para alcanzar el desarrollo (como transformación estructural) por parte de las dos principales organizaciones que protagonizaron las acciones internacionales de los países de la periferia, resignificados en la década de 1970 como Tercer Mundo y en las siguientes como países del Sur (Domínguez, 2019). 3 Galtung (1981) analizó la autosuficiencia como una estrategia para resistir la formación de una estructura centro-periferia basada en la penetración, fragmentación y marginalización de los países del Tercer Mundo por los países desarrollados, lo que implicaba respectivamente el control de los recursos (incluida la propia autoconfianza psico-sociológica), la creación de instituciones de cooperación y la satisfacción de las necesidades básicas por parte de los países en desarrollo. Para una revisión del concepto self-reliance véase el exhaustivo trabajo de Fuks (1983).
291 geopolítica y geoeconomía de la cooperación sur-sur: china en américa latina... Tales acciones fueron de dos tipos: las acciones directas de carácter geopolítico, que promovió el Movimiento de los No Alineados como “poder compensatorio del Tercer Mundo” (de Silva, 1983: 76) y “voz política del Sur” (Lang, 1989: 25); y las acciones indirectas o de negociación geoeconómica a cargo del G77 dentro de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD, por sus siglas en inglés) (Sauvant, 1983; Lang, 1989; Gosovic, 2018; Domínguez, 2019). Ambas organizaciones convergieron en la década de 1970 en el impulso a la cooperación económica (incluyendo la cooperación técnica) entre países en desarrollo como materialización de la autosuficiencia colectiva, y fue en ese molento cuando algunos think tanks promotores del otro desarrollo o desarrollo alternativo empezaron a usar el término “Cooperación Sur-Sur” (IFDA, 1978: 36). En 1980, el propio Fidel Castro también habló de una “Cooperación Sur-Sur insuficiente” en su discurso de apertura al II Congreso de Economistas del Tercer Mundo (cfr. Domínguez, 2019: 49). En todo caso, la cooperación económica fue el término que describió el concepto de cooperación Sur-Sur antes de que este nuevo lema entrara en circulación en la década de 1980, ante el fracaso de la agenda del Nuevo Orden Económico Internacional, la abrupta clausura del Diálogo Norte-Sur y la subsecuente paralización de las Negociaciones Globales devueltas al marco de Naciones Unidas. En ese contexto, la cooperación económica entre países en desarrollo pasó rápidamente de considerarse la estrategia principal para la realización del Nuevo Orden Económico Internacional (Karandawela, 1979) a una opción second best (Singer, 1983: 324). En 1981 participaban en el Movimiento de los No Alineados diez países latinoamericanos (Cuba, el primero que se había incorporado, Argentina, Perú, Ecuador, Bolivia, Panamá, Nicaragua, Belice, Jamaica y Trinidad y Tobago), otros ocho, tras el abandono de Chile en 1973, asistían como observadores (Brasil, Uruguay, Colombia, Venezuela, México, Costa Rica, El Salvador y República Dominicana), y varios organismos de integración latinoamericana atendían a las conferencias como invitados (la CEPAL, el Sistema Económico Latinoamericano y del Caribe –SELA– y la Organización Latinoamericana de Energía) (Sauvant, 1983). El Movimiento de los No Alineados, surgido del bloque afroasiático de la Conferencia de Bandung (1955)4, se involucró desde sus inicios en 4 Los dos bloques de Bandung tomaron cuerpo previamente a partir de un proceso que empezó en 1927 con el I Congreso Internacional contra la Opresión Colonial y el Imperialismo de Bruselas, y siguió con el V Congreso Panafricano de Manchester www.editorial.unican.es
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