1 MITOS CLÁSICOS EN PROSAS PROFANAS DE RUBÉN DARÍO EDUARDO MADRID COBOS UNED
[email protected] RESUMEN En este trabajo se recopilan las manifestaciones de la tradición clásica en la obra Prosas profanas de Rubén Darío (1896), en forma de personajes mitológicos, escogidos por el autor por su adecuación a los temas predilectos del autor, el amor carnal y la belleza. Se analizarán los motivos personales por los cuales Darío renueva la tradición clásica y establece, mediante la evasión de la realidad mundana, las pautas del Modernismo. PALABRAS CLAVE: Rubén Darío, tradición clásica, mitología, Modernismo, Prosas profanas. ABSTRACT This essay will recompile the classical tradition manifestations on the writings of Ruben Dario, Prosas Profanas (1896), taking the form of mythological characters, chosen by the author for their likeness with his favorite themes, carnal love and beauty. We will analyze the personal reasons of Ruben Dario to renew the classic tradition and stabilize, with the human reality evasion, the basics of Modernism. KEYWORDS: Rubén Darío, classic tradition, mithology, Modernism, Prosas profanas.
2 1. Introducción El Modernismo1 es el movimiento literario en el que se encuadra la obra de Rubén Darío. Este movimiento se caracterizó por la repulsa de las convenciones vigentes, incluso alcanzando las creencias religiosas, la estructura social y las ideologías filosóficas y políticas, y convirtiendo en virtud la negación de las doctrinas recibidas2. La negación de los dogmas fue la primera y más importante característica del Modernismo y, en lo literario, la protesta se manifestó en dos direcciones. Por un lado, llevó a los escritores a una idealización y mitificación de lo pasado o indigenismo3 (concepción rousseauniana4) y, por otro lado, los distanció de la realidad cercana, ya que pusieron su mirada en la descripción de lugares distantes y exóticos. Por asco de las realidades inmediatas, los modernistas se rodearon de altivez (el célebre tópico de la “torre de marfil”5). Para defenderse de una sociedad contagiada de materialismo, se proclamaron baluarte de espiritualidad y se alejaron de los temas predominantes hasta ese momento, buscando superar el prosaísmo poético, el retoricismo y las tendencias literarias de finales del siglo XIX. Así, la idea de que el Modernismo es un movimiento de alcance general, y no sólo poético, sino temporalmente, pues es ya muy antigua. Federico de Onís, en su introducción a una Antología de la poesía española e hispanoamericana, publicada en 1934, definía el Modernismo como “la forma hispánica de la crisis universal de las 1 Se sigue el criterio de la profesora Ana María Freire López (UNED) para nombrar con mayúscula los movimientos literarios. 2 “En 1938 Salinas [...] observa que las denominaciones “Modernismo” y “Generación del 98” suelen emplearse para designar el movimiento de renovación literaria acaecido en América y España en los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX, dando por supuesto que son la misma cosa con leves diferencias de matiz. [...] Ambos movimientos nacen de la misma actitud: insatisfacción con el estado de la literatura de aquella época, tendencia a rebelarse contra las normas estéticas imperantes, y deseo de un cambio que no se sabía muy bien en qué había de consistir. [...] Si el Modernismo, ejemplificado en Rubén Darío, se presenta, ante todo, como transformación del lenguaje poético, con un propósito esencialmente estético, los noventayochistas [...] aspirarían a conmover la conciencia nacional”, GUTIÉRREZ CARBAJO, 2011: 168. 3 Un ejemplo ilustrativo de esta tendencia es la novela ecuatoriana Cumandá, de Juan León Mera (1879), inscrita en la óptica rousseauniana de lo salvaje, lo indígena, como natural y “bueno”, lo que sigue siendo una manera de evasión de la realidad social. Más obras de índole indigenista podrían ser Martín Fierro, de José Hernández (1872), y Doña Bárbara, de Rómulo Gallegos (1929), entre otras. 4 En síntesis, defensa de la vida salvaje, inmersa en la naturaleza, frente a la vida en la sociedad civilizada: “el salvaje vive para sí mismo; el hombre social, siempre fuera de sí, no sabe vivir más que en la opinión de los demás”, Origen de la desigualdad entre los hombres, Jean-Jacques Rousseau (1755). 5 La expresión “torre de marfil” (tour d'ivoire) como símbolo del aislamiento del artista soñador que se aparta de la realidad de la vida diaria para dedicarse al arte “puro”, fue empleada por primera vez (1837) por el crítico literario y escritor francés Charles Augustin Sainte-Beuve (1804-1869). Después de que utilizase la expresión Darío en Cantos de vida y esperanza, la retomó J. Ramón Jiménez (“yo me mantengo fiel al arte puro”), lo que le valió reproches de otros poetas comprometidos por su evasión de la realidad social.
3 letras y del espíritu que inicia hacia 1885 la disolución del siglo XIX y que se había de manifestar en el arte, la ciencia, la religión, la política y gradualmente en los demás aspectos de la vida entera”. Lo mismo vendría a decir, en un artículo de 1935, Juan Ramón Jiménez: “El Modernismo no fue solamente una tendencia literaria: el Modernismo fue una tendencia general”. La influencia más importante viene de Francia a través de dos movimientos que habían roto con las normas establecidas. Se trataba del Parnasianismo y del Simbolismo. El Parnasianismo, cuyo principal representante fue Thèophile Gautier, tiende a la idea del “arte por el arte”; de ahí que busque en el poema la perfección formal y la belleza. Los seguidores de este movimiento se esforzaron por lograr lo impecable: una tersura sin mácula y “escultórica”. Por otro lado, los simbolistas estaban empeñados en expresar lo negado al lenguaje, más deseosos de sugerir que de decir. El Simbolismo, representado por escritores como Rimbaud, Verlaine y Mallarmé, pretendía superar la mera realidad percibida por los sentidos y llegar a sus significados más profundos y ocultos, para lo que, entre otras cosas, utilizaba los símbolos. Como figura principal de este movimiento aparece Rubén Darío, poeta con una enorme conciencia de que la renovación exigía conocer a fondo la materia sobre la cual había de producirse: la palabra cargada de significaciones, de reminiscencias y de una tradición literaria que él aspiraba a renovar, no a destruir. Su aptitud para la imitación no le hubiera favorecido de no acompañarla un instrumento verbal extraordinariamente imaginativo. Rubén Darío nace en Nicaragua en 1867 y muere en 1916. Es el mayor poeta modernista, y además es el primer poeta plenamente moderno de nuestra literatura, con una profunda conciencia de su tiempo y del arte. Se puede decir que Rubén Darío protagonizó una auténtica revolución en la creación literaria. Tres características son clave en su obra; en primer lugar, el deseo de vencer el provincianismo que imperaba en las costumbres literarias de América, y que lo llevarán a la búsqueda de ambientes cada vez más cosmopolitas. Viajó por Santiago de Chile, Buenos Aires, Madrid, París… y se impregnó de las corrientes literarias más actuales entonces, imperantes en aquel momento. En segundo lugar, concilia lo mejor de la tradición con las formas nuevas y las devuelve transformadas en algo distinto. Se interesa principalmente por lo concerniente
4 al exotismo y el orientalismo; la música, la pintura y la decoración más refinada, la sensualidad pagana y el medievalismo cristiano, y por ambientes que evocan culturas imperecederas como la Francia versallesca y la Grecia clásica. Podemos destacar, además, que poseía una alta conciencia crítica de la vida moderna y de la función que cumplía el arte en ella. Vivió la agonía del artista insatisfecho y del intelectual que presiente la crisis de la cultura a la que pertenece. Su obra comienza muy pronto, ya que es un escritor precoz que publica su primer poema con catorce años e impresiona desde sus comienzos por su capacidad de versificación. Sus primeros libros tienen rasgos románticos, pero en 1888 publica Azul... y con él comienza el Modernismo en todo el continente. Este libro contiene algunos versos y relatos o cuentecillos en prosa. Y es llamativa la forma en que Darío trataba las formas en prosa y en verso con un impulso hacia la fusión. La prosa tiene la musicalidad y las imágenes de la poesía, y la poesía alberga fantasías narrativas o historias con moralejas6. Darío nos propone un mundo en el que priman el amor y el placer, la imaginación y la pasión. El Modernismo para Rubén Darío es “La libertad y el vuelo, y el triunfo de lo bello sobre lo preceptivo, en la prosa; y la novedad en la poesía: dar color y vida y aire y flexibilidad al antiguo verso que sufría anquilosis.”7 Así caracteriza nuestro poeta este período de interés por el ocultismo, el pitagorismo, el espiritismo y otras formas de pensamiento esotérico. El mundo de los sueños, de lo sobrenatural, de lo anormal e inexplicable era una inclinación natural de Darío, hombre supersticioso y dado al fantaseo morboso (y a sufrir frecuentes pesadillas, agravadas por el hábito del alcohol), pero era también un signo de la época: hacia fines del siglo hubo un renovado espiritualismo que tendía a buscar en el ocultismo y en otras formas exóticas de religiosidad8. El espíritu moderno trataba de subsanar el vacío que la crisis del 6 Estamos, pues, ya ante una innovación en la historia de los géneros literarios: prosa poética y poesía con rasgos narrativos. Véase SPANG, KURT (2011). 7 La cita procede de un artículo que Darío escribió en 1890 sobre Ricardo Palma (1833-1919), bibliotecario peruano, notable figura en las letras hispanoamericanas. Véase http://www.ensayistas.org/identidad/verano99/4120/. 8 En el Modernismo ejerce gran influencia el pensamiento filosófico idealista alemán. Según Schopenhauer, el individuo está determinado por impulsos vitales que nunca llega a saciar, por eso está condenado a una actividad continua, llena de derrotas y humillaciones. El ser humano vive acompañado del miedo y de la conciencia de la muerte; persigue la felicidad sin alcanzarla nunca. La religión y la filosofía no consuelan ni otorgan sentido a la vida. Las vías de escape que Schopenhauer propone son dos: 1) renuncia a necesidades y aspiraciones, la aceptación de la nada. De aquí la presencia de la
5 positivismo había dejado y el Modernismo se convierte en una respuesta a la carencia de sentido trascendente en el ejercicio estético. Un hecho a destacar relacionado con nuestra literatura, ya consumado Darío como poeta innovador, fue su encuentro en 1893 con el novelista Alejandro Sawa (1862-1909), encuadrado generalmente en el Naturalismo radical. Como se puede ver en primera instancia, el escapismo de la poesía estética modernista convive perfectamente con el realismo feroz de las novelas de Sawa y López Bago. No obstante, Sawa también había conocido a Verlaine y era un enamorado de las tendencias estéticas, lo que le sirvió también para alentar su amistad con Rubén Darío. El nicaragüense escribió el prólogo de Iluminaciones en la sombra, su obra póstuma, y mantuvo correspondencia con él hasta casi el final de su vida. En 1896 Darío publica Prosas Profanas, libro de indudable madurez9. Pero, ¿por qué llama Prosas Profanas a un libro donde no hay un solo poema en prosa? Rubén Darío usa la palabra “prosas” en su acepción arcaica, tal como la emplea Berceo, de composición de carácter religioso para ser cantada en la misa, pero contradicha por “profanas”. Así, el sustantivo equivaldría a “liturgia” o “ceremonia” y el adjetivo apuntaría al aspecto sensual, erótico y carnal que domina en la obra. En las “Palabras liminares” de Prosas Profanas, Rubén Darío (2013: 52) explica: Yo he dicho, en la rosa de mi juventud, mis antífonas, mis secuencias, mis prosas profanas. Tiempo y menos fatigas del alma y corazón han hecho falta para, como un buen monje artífice, hacer mis mayúsculas dignas de cada página del breviario… Tocad, campanas de oro, campanas de plata, tocad todos los días, llamándome a la fiesta en la que brillan los ojos de fuego, y las rosas de las bocas sangran delicias únicas. El propósito de este libro es el placer, la divinización del impulso erótico, la gozosa profanación de la carne como vía hacia una nueva experiencia ascética que contradice la de la doctrina cristiana10. En Prosas Profanas se oficia una misa carnal, un filosofía oriental y el tema del Nirvana en la lírica; y 2) la contemplación estética, ya que el arte es lo único que puede salvar al hombre y liberarlo del sufrimiento. Hay notables ejemplos del tema del Nirvana en la poesía polaca modernista o de fin de siècle: Kazimierz Przerwa-Tetmajer lo menciona en “No creo en nada” y “Himno al Nirvana”. PRESA GONZÁLEZ, FERNANDO (2006). 9 Pertenece, no obstante, a una primera etapa: es su tendencia más lúdica, erótica, estética, y por tanto evasiva; la más criticada. La siguiente etapa será la simbolizada por Cantos de vida y esperanza, de tonalidad más preocupada por la existencia humana (apuntes de César Moya Casas, UNED, 2011). 10 Las ideas de Nietzsche dejaron una huella evidente en el Modernismo; en sus reflexiones sobre el arte, estableció la oposición entre una postura dionisíaca y otra apolínea. La dicotomía le condujo a que al final
6 misterio revelado por los sentidos exaltados en una experiencia casi mística. El placer se convierte en una forma suprema del arte. Las mujeres son diosas, estatuas de mármol, figuras mitológicas o literarias. Hay roces y carnes presentidas, siempre un poco más lejanas de lo deseable, buscando aumentar el ardor sensual. Darío utiliza imágenes impecables, versos que sorprenden por su naturalidad en un refinado trabajo artístico. Estamos ante algo absolutamente nuevo, pero que no supone una ruptura radical con las formas hasta entonces vigentes11 debido a que Rubén Darío fue un genial reformador: desempolvó estructuras olvidadas o arcaicas y las adaptó creando un producto auténticamente suyo, inigualable (DARÍO, 2013: 27-33). Sus fuentes principales son los clásicos castellanos (Cervantes, Lope, Garcilaso, Quevedo), los clásicos extranjeros (Shakespeare y Dante) y los poetas franceses modernos Hugo y Verlaine. Darío rompía así con muchos hábitos de la lírica hispanoamericana: la poesía patriótica, la civil, la descriptiva o la religiosa. Su arte –cosmopolita, aristocrático, fantasioso, epicúreo y paganizante-, se presentaba como una vía hacia el reencuentro con el sentido profundo de la naturaleza. La mitología le brinda figuras con las que se identifica Pan, Apolo, el Centauro, el Fauno, el Sátiro. Elaboró todo un vocabulario del placer: ambientes opulentos, objetos preciosos, selvas, jardines, palacios, lujosos salones donde fluyen el vino y los manjares exquisitos, figuras de la “commedia dell` arte”, cuentos de hadas… En la declaración inicial de Prosas Profanas, Darío se justifica así: “mas he aquí que veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles; ¿qué queréis? yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer” (DARÍO, 2013: 52). Hay en todo esto una nota que sonaba a escándalo o desafío a la moral de la época: el amor al lujo y al exceso que la doctrina cristiana asociaba a la vanidad y a los pecados12. Por otro lado, también era un signo de rebeldía frente al utilitarismo de su vida introdujese la oposición entre Dioniso, símbolo de la vida como valor superior, y Cristo, símbolo del sacrificio por los demás. Se mostró a favor del primero. Rubén Darío, sin renunciar nunca a su condición de cristiano, también siguió en gran medida la estela dionisíaca. 11 “Pero modernizar no implicaba enterrar el pasado, sino actualizarlo de modo original, individual y creador”. MARTÍ, JOSÉ (2010: 17). 12 Recuérdese que la primera fase artística de Darío, la correspondiente a Prosas profanas, fue la más severamente criticada, frente a la más reflexiva representada por Cantos de vida y esperanza. Fuente: apuntes de clase de César Moya Casas, Literatura hispanoamericana I, Filología hispánica. UNED.
7 positivista. Ser vano era una respuesta a las sociedades ricas pero espiritualmente pobres13. En 1899 Darío llega a España enviado por La Nación para echar un vistazo a la realidad peninsular. Había una razón: la derrota hispana en la guerra contra Estados Unidos y la pérdida de Cuba. Éste es un asunto que él contempla con grave preocupación y que tendrá profundas repercusiones en su estilo vital, sus creencias y su arte. El fin del imperio español y el creciente peligro que encarnaba el imperialismo norteamericano plantean para él cuestiones muy importantes sobre el destino del continente. Va a ser, pues, en Cantos de vida y esperanza, donde Rubén Darío se pregunte sobre el futuro de la cultura española y pretenda con sus versos recuperar las raíces y la esencia de la cultura hispana. La América española como la España entera fija está en el Oriente de su fatal destino; yo interrogo a la Esfinge que el porvenir espera con la interrogación de tu cuello divino. ¿Seremos entregados a los bárbaros fieros? ¿Tantos millones de hombres hablaremos inglés? ¿Ya no hay nobles hidalgos ni bravos caballeros? ¿Callaremos ahora para llorar después?14 Cantos de vida y esperanza es una obra distinta de las otras, porque el hombre que lo escribe es distinto: ha cumplido ya 38 años, disfruta de su propia gloria pero también sufre sus fatigas, sus desengaños, el hastío de la fama, la insatisfacción profunda y la inestabilidad emocional. Ahora la novedad es el dolor, el drama de existir… un sentimiento agónico domina esta obra, y además realiza una magnífica autocrítica del poeta que fue. A este respecto, dice Octavio Paz en “Sexo y muerte en la poética rubeniana”: Aunque a Darío le repugnaba el ateísmo racionalista y su temperamento era religioso, 13 Hay que insistir en la presunta paradoja de la estética como forma de protesta. Hay un sentido mucho más profundo en esta poesía que lo que generalmente se cree: “Los que equivocadamente han visto en el arte modernista una modalidad preciosista, escapista, exótica, afrancesada y frívola, han identificado el Modernismo con Darío y su Azul... o Prosas profanas, pasando por alto, sin embargo, los profundos valores filosóficos de estas obras”. MARTÍ, JOSÉ (2010: 23-24). 14 Los cisnes, poema dedicado a Juan Ramón Jiménez (vv. 27-34). DARÍO (2010).
8 y aun supersticioso, no puede decirse que sea un poeta cristiano, ni siquiera en el sentido polémico en que lo fue Unamuno. El terror de la muerte, el horror de ser, el asco de sí mismo, expresiones que aparecen una y otra vez a partir de Cantos de vida y esperanza, son ideas y sentimientos de raíz cristiana; pero falta la otra mitad, la escatología del cristianismo. Nacido en un mundo cristiano, Darío perdió la fe y se quedó, como la mayoría de nosotros, con la herencia de la culpa, ya sin referencia a una esfera sobrenatural15. Cantos de vida y esperanza termina con el impresionante soneto “Lo fatal” que es el más grave resumen de todo el drama que vivió Darío. Tras la vaga ilusión hemos llegado al deseo de anestesia de todo signo vital, como el árbol “que es apenas sensitivo/ y más la piedra dura porque ésa ya no siente”. El ideal es ya no sentir dolor, aunque tampoco sintamos placer: “Ser, y no saber nada”. 2. Mitos clásicos en Prosas profanas Tras este breve repaso de la obra de Rubén Darío en general, queremos centrar nuestro trabajo en el análisis de los personajes de la mitología clásica que aparecen en Prosas profanas, obra en la que Darío elaboró todo un vocabulario del placer basado, en gran medida, en la mitología clásica. Nos centraremos especialmente en señalar el contraste u oposición constante entre los personajes relacionados con la pureza y la virginidad y los personajes con un fuerte impulso sexual. En esta obra de Rubén Darío, los personajes puros se convierten en báquicos: no se trata de personajes “normales”, sino de los que tienen la virtud de la pureza, por eso la transmutación a lo báquico ofrece un fuerte y sorprendente contraste, potenciando así su impulso sexual. Esto va precisamente de acuerdo con el título de la obra: prosas # profanas. §1. Las Palabras liminares fueron carta de presentación de esta obra en España, junto con Sinfonía en gris mayor (DARÍO, 2013: 121). 15 RICO, FRANCISCO, coord. (1991: 168-171).
9 Se trata de una reflexión sobre su obra, aunque el autor considera innecesario un manifiesto, puesto que su poesía es suya y no tiene que ser imitada, anima a los creadores a crear. A través de estas palabras centra y define sus intereses: “Proclamando, como proclamo, una estética acrática, la imposición de un modelo o de un código implicaría una contradicción”. “Mi literatura es mía en mí”. “Mi órgano es un viejo clavicordio pompadour, al son del cual danzaron sus gavotas16 alegres abuelos; y el perfume de tu pecho es mi perfume, eterno incensario de carne, Varona inmortal, flor de mi costilla. “Hombre soy.” Pueden interpretarse estas ideas o rasgos de la siguiente manera: en primer lugar habla de la poesía como instrumento en el que se basa para tocar su música. Se trata de una poesía tradicional, la misma que utilizaron sus predecesores, pero el perfume, es decir, la esencia es amorosa, erótica, va a hablar de la mujer. A continuación, seleccionamos citas relacionadas con la estética como forma de evasión o respuesta a la crisis de valores de la sociedad contemporánea; la posición que adopta y justifica claramente: “Veréis en mis versos princesas, reyes, cosas imperiales, visiones de países lejanos o imposibles: ¡qué queréis!, yo detesto la vida y el tiempo en que me tocó nacer.” “El abuelo español de barba blanca me señala una serie de retratos ilustres […]. Abuelo, preciso es decíroslo: mi esposa es de mi tierra, mi querida, de Paris.” “Como cada palabra tiene un alma, hay en cada verso, además de la armonía verbal, una melodía ideal.” “Y, la primera ley, creador: crear. Bufe el eunuco; cuando una musa te dé un hijo, queden las otras ocho encinta.” Las Palabras liminares no dejan de ser el manifiesto poético modernista más sintético que ha podido lanzar al mundo Rubén Darío.
16 Febo38 es en este caso el sol, uno de los atributos que caracterizan al dios Apolo, que lleva su carro de fuego por el cielo cada día. §10. Es Garçonnière la descripción de una fiesta inspirada por las musas y por Venus, como se puede ver en la siguiente estrofa: E iban con manchadas pieles de pantera, con tirsos de flores y copas paganas las almas de aquellos jóvenes que viera Venus en su templo con palmas hermanas. (vv. 21-24) Aparece en este poema la referencia a Idea (v. 31), sobrenombre que los griegos dieron a Cibeles a partir del monte Ida en Frigia, en el que la diosa tenía un templo famoso. §11. En Heraldos el poeta escucha nombrar la llegada de diversas mujeres fabulosas; son los heraldos los que las anuncian. ¡Helena39! ¡Makheda!40 ¡Ifigenia, Electra, Catalina41! El poema tiene un final sorprendente. El poeta busca y no encuentra, porque la que él espera no llega, su espera no tiene fin. ¿Ella? (No la anuncian. No llega aún.) 38 Epíteto del dios Apolo, de etimología desconocida por más que se haya querido rastrear en él el significado de brillante, resplandeciente. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZGALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL (1999: 241). 39 Helena: hija de Zeus y de Leda; de belleza extraordinaria. No es extraño que sea la primera en el poema. 40 Nombre que recibía la reina de Saba. 41 Ifigenia, Electra, Catalina: se trata de Ifigenia (hija de Agamenón, a la que quiso sacrificar Diana), Electra (hermana de Ifigenia, que vengó la muerte de su padre) y la mártir santa Catalina de Alejandría.
17 §12. Pero es quizá el siguiente poema, donde Darío define claramente la idea central de Prosas profanas, que puede ponerse en relación con las Palabras liminares y con la idea del poeta de oficiar una misa carnal en este libro. Ite, missa est42 (A Reynaldo de Rafael) Yo adoro a una sonámbula con alma de Eloísa43 virgen como la nieve y honda como la mar; su espíritu es la hostia de mi amorosa misa y alzo al son de una dulce lira crepuscular. Ojos de evocadora, gesto de profetisa, en ella hay la sagrada frecuencia del altar; su risa es la sonrisa suave de monna lisa, sus labios son los únicos labios para besar. Y he de besarla un día con rojo beso ardiente; apoyada en mi brazo como convaleciente me mirará asombrada con íntimo pavor; La enamorada esfinge quedará estupefacta, apagaré la llama de la vestal intacta ¡y la faunesa antigua me rugirá de amor! El tema del poema es la posesión carnal de la Pureza. El poeta desea poseer a una vestal (v. 13), mujer virgen consagrada al culto de la diosa Vesta, diosa romana del hogar, del fuego y del arte de guisar, para convertirla en una faunesa (neologismo 42 Ite Missa Est, significa ‘es la despedida’, literalmente Id en misión evangelizadora, que es la fórmula final con la que se despide a la asamblea después del culto de la misa católica en latín. 43 Eloísa (1101-1164), dama francesa, famosa por su amor por Abelardo (o Abailard, Pedro, 1079-1142), filósofo y teólogo, que fue su maestro y se casó secretamente con ella, tras lo cual huyeron a Bretaña. Su epistolario con Eloísa sirvió de base a la leyenda romántica sobre su vida, que él mismo relata en Historia calamitatum. PÉREZ, ALICIA (2003: 18).
18 creado por Rubén Darío basado en el personaje mitológico del fauno que encarna la imagen de la mujer poseída por un gran impulso sexual). La falta de resistencia de la virgen ante la pasión del poeta y el deseo estimulado por un beso ardiente multiplican la sensualidad del poema. §13. El siguiente poema, el Coloquio de los Centauros, es de los más nutridos de alusiones a mitos clásicos. Publicado en 1896 durante su estancia en Argentina, como Darío recuerda en la Historia de mis libros, forma parte de Prosas Profanas, conjunto de poesías del que él mismo advierte en su Autobiografía que “exigirá bastantes exégesis y largas explicaciones”. Si atendemos a este poema en concreto, según la opinión de A. Echevarría, la glosa puede hacerse realmente necesaria con vistas al lector menos advertido por sus numerosas referencias a la mitología clásica y porque el diálogo de estos centauros se configura como una serie de reflexiones, inconexas al menos en apariencia, acerca del mundo, la mujer y la muerte. De hecho el mismo autor lo califica de “mito que exalta las fuerzas naturales, el misterio de la vida universal, la ascensión perpetua de Psique, y luego plantea el arcano fatal y pavoroso de nuestra ineludible finalidad”.44 El centauro45 es un personaje de fuerte carácter sexual. Representa la mezcla de hombre y animal. Rubén Darío mantiene su tesis en este poema que le lleva a defender la idea de que la energía sexual trasciende al hombre y lo enraíza a la vez con la naturaleza y con la tierra. Como se sabe, son fabulosos monstruos mitad hombres y mitad caballos, hijos de Ixión y de Néfele; para otros de Centauro y de las yeguas de Magnesia. Homero y Hesíodo hablaron de ellos como de bárbaros violentos y sensuales que habitaban en las montañas de la Grecia septentrional. Etimológicamente, son ‘quienes matan a los toros’. Pasaron a la leyenda por su enemistad con los lapitas46, que se originó durante las bodas de Hipodamía con Pirítoo, rey de los éstos, como venganza de Ares y de Eris no invitados al banquete nupcial. La feroz batalla que se produjo fue provocada por el borracho Euritión, que quería raptar a la novia. La masacre concluyó con la derrota de los centauros que, presa del furor, se refugiaron en las montañas de Pindo en Tesalia. 44 ARRIBAS, Mª LUISA, Vigencia de la mitología clásica en la poesía de Rubén Darío, en LÓPEZ FÉREZ, JOSÉ ANTONIO (2009: 10). 45 “Si atendemos a Marasso [...] el poeta tuvo en cuenta, en primer lugar, la obra ovidiana, de la que extrajo directamente, entre otros datos, los nombres de los centauros, y después, la Mythologie dans l’art ancien et moderne de René Ménard”, ibídem, p. 11. 46 Ver libro XII de las Metamorfosis.
19 Posteriormente, los centauros también lucharon contra Heracles y, definitivamente vencidos, se vieron expulsados de sus montes y de la totalidad de Tesalia. Entre los centauros los más conocidos se encuentran Quirón, Folo y Sesso, que, a diferencia de los demás, se distinguieron por su sabiduría, bondad y sagacidad47. Tras este acercamiento, pasamos a una enumeración de referencias clásicas: V. 1: argonauta. Lo primero que sorprende es el uso en singular, cuando siempre se habla de Jasón y los argonautas, los célebres y más audaces navegantes de la mitología griega, quienes viajaron a la Cólquide en busca del vellocino de oro48. Con el nombre en singular se está refiriendo al poeta, cuya osadía es incluso superior a la de Jasón y su tripulación. V. 3: Isla de Oro. Según ciertos estudios, equivale a las Islas de los Bienaventurados, donde eran trasladados los héroes después de su muerte y que, en último caso, se pueden identificar con los Campos Elíseos. V. 4: tritón. Semidiós marino con figura de hombre hasta la cintura y de pez de larga cola en la parte inferior. Hijo de Poseidón y de Anfítrite. Participa Tritón en distintas leyendas, ayudando sobre todo a los Argonautas a salir de Libia cuando estaban inmovilizados. Tritón es también tema favorito de los artistas, que lo representan acompañando a Poseidón, cuyas llegadas anunciaba haciendo sonar una caracola marina49. De ahí que Darío escriba “el tritón elige su caracol sonoro”. V. 16: para portar las ninfas rosadas en los raptos. Después de la descripción de los centauros, señalando las diferencias entre unos y otros, queda como nota común su robustez y musculatura para su salvaje afición de raptar ninfas. V. 18: Océano. Etimológicamente, ‘que rodea la tierra’. En la primitiva concepción helénica del mundo, que imaginaba la tierra como un disco plano, el Océano era un gran río que la circundaba. Según Hesíodo, lo habían engrendrado Gea (la tierra) y Urano (el cielo) en su primera unión amorosa. Océano se unió a Tetis, la más joven de sus hermanas, la Titánide símbolo de la fecundidad del mar, y engendró con ella a las Oceánides50. 47 Quirón y Folo, a diferencia de los demás centauros, no son hijos de Ixión y Néfele. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL (1999: 436). 48 Véase §25. 49 FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL (1999: 590-591). 50 Ibídem, p. 444.
20 V. 23: aquí hace su primera intervención Quirón, el más célebre de los centauros, nacido del dios Crono (v. 44) y de una de las yeguas de Magnesia, llamada Filira. Se distingue de los restantes centauros, groseros y violentos, por su astucia e inteligencia. Vivió en una gruta en las faldas del monte Pelión, en Tesalia, en donde creó una escuela que obtuvo renombre en toda Grecia, pues por ella pasaron muchos personajes ilustres como Asclepio, Néstor, Macoón, Eneas, Heracles, Cástor y Pólux, Ánfiarao, Ulises, Hipólito y Aquiles. Enseñó astronomía, música y medicina a muchos de ellos. Su amigo Heracles (v. 42) lo hirió accidentalmente con una flecha envenenada con sangre de la Hidra de Lerna. Si bien era inmortal (v. 31), le pidió a Zeus que lo hiciese morir; el dios consintió en ello y lo puso entre las constelaciones con el nombre de Sagitario, según unas versiones. Según otras, fue herido incurablemente por una de las flechas que Heracles había empapado en el veneno de la Hidra de Lerna (vv. 35-36); y falleció dejando el don de la inmortalidad a Prometeo. V. 25: Éolo. Señor o divinidad de los vientos, en este caso. Pero también la Odisea lo presenta como hijo de Hípotes, un mortal favorito de los dioses. V. 33: aparece otro centauro, Reto. En las bodas de Pirítoo, tras matar este centauro a Caraxo, Cometes y a Evagro, fue muerto o gravemente herido por Driante (Metamorfosis, XII, 271-301). V. 39: Esculapio. Nombre romano de Asclepio, dios de la medicina griega, hijo de Apolo y la ninfa Coronis, y discípulo del centauro Quirón. V. 40: Aquiles también fue educado por Quirón. V. 41: con el manjar salvaje que le ofreciste un día. “[Quirón] le inspiró un enorme valor y le hizo adquirir una portentosa fuerza, obligándole a no comer otra cosa que entrañas de animales salvajes”51. V. 45: aparición de Abantes. Abante, según R. Llopesa, es el caudillo de los centauros. En Metamorfosis, XII, 306: Abante, cazador de jabalíes. V. 50: Numen. Cualquier dios pagano; inspiración del poeta o artista. V. 63: aparición del centauro Folo, hijo de Sileno y de una de las ninfas de los fresnos. Acogió espléndidamente a Heracles, que pasó una noche en su cueva de Fóloe 51 Ibídem, p. 69.
21 cuando iba hacia Erimanto. Le dio de comer y, ante la insistencia del héroe, también le dio el vino guardado en una vasija que pertenecía a los centauros. Éstos, al oler su vino, acudieron indignados, entablándose una lucha entre Heracles y los centauros en la que ellos llevaron la peor parte. Cuando acabó la lucha, Folo, admirado de los terribles efectos que producían las pequeñas flechas de Heracles, que, con sólo rozar a un hombre, lo mataban, retiró de un cadáver una de ellas, con tan mala suerte que le cayó en un pie y se hirió de muerte. Heracles, en su honor, celebró grandiosos funerales52. El biforme ixionida es lo mismo que decir “centauro”, ya que, según la leyenda, estas criaturas proceden de Ixión. Éste era rey de los Lapitas; había asesinado a su suegro Deyoneo para librarse de pagarle lo que le había prometido por su hija Día (de la unión de Ixión y Día nacería Pirítoo). Como nadie le purificaba del crimen, Zeus se apiadó de él y le libró de la persecución de las Erinias. Pero después Ixión quiso seducir a Hera, y Zeus formó una nube con su misma apariencia y con la que se unió el héroe. Esta falsa Hera –llamada Néfele, Nubeengendró a los centauros (v. 83). Enterado Zeus de la conducta de Ixión, lo azotó bárbaramente y lo ató a una rueda en llamas que giraba sin cesar, y lo precipitó en el Tártaro, donde cumple eternamente su castigo53. V. 85: aparición de Orneo, otro centauro herido en las bodas de Pirítoo. Citado en Metamorfosis, XII, v. 302. V. 91: aparición de Astilo o Ástilo, centauro también herido en las bodas. En Metamorfosis se le califica de augur (XII, v. 308), el que en vano había tratado de disuadir a los suyos de la guerra. El verso de su intervención es tremendamente profundo y lírico: El Enigma es el soplo que hace cantar la lira. V. 92: intervención de Neso, centauro que robó a Deyanira, esposa de Heracles. El héroe lo mató con otra de sus flechas mojadas en sangre de la Hidra de Lerna, pero la túnica envenenada de Neso a su vez causó la muerte de Heracles. Deyanira es hija de Eneo, rey de los etolos; desposó a Heracles y fue la causa involuntaria de su fin cuando le hizo ponerse los vestidos teñidos con la sangre venenosa del centauro Neso. Cuando conoció el engaño, y desesperada por la muerte de su esposo, Deyanira se ahorcó. 52 Ibídem, p. 252. 53 Ibídem, p. 351.
22 V. 99: Anadiomena. “Hecha de rosa y nieve nació la Anadiomena”: sobrenombre de Afrodita, cuando se la evoca naciendo de las aguas. Amor-Afrodita es la más importante de las diosas en la obra dariana. Simboliza el poder iniciático del sexo. Representa en la obra de Darío el carácter sexual originario de la diosa. Vv. 101-102: Los curvos hipocampos sobre las verdes ondas / levaron los hocicos. Hipocampos son caballitos de mar. V. 103: Tritónicas melenas: de Tritón. V. 108-109: Jove. [...] fue para el hombre / más alto que el de Jove. Iovis, Jove, son nombres de Júpiter en la mitología latina. Vv. 111-118: tiene lugar el manifiesto más claro y rotundo de la preponderancia del amor sexual en la vida, sobre todo al ser el sabio Quirón quien lo dice: […] ¡Venus impera! Ella es entre las reinas celestes la primera, pues es quien tiene el fuerte poder de la Hermosura. ¡Vaso de miel y mirra brotó de la amargura! Ella es la más gallarda de las emperatrices, princesa de los gérmenes, reina de las matrices, señora de las savias y de las atracciones, señora de los besos y de los corazones. V. 119: incorporación al coloquio de Éurito, el centauro que provocó la lucha en la boda de Pirítoo54. Dice Ovidio en Metamorfosis, XII, 219-224: Porque a ti, el más bestial de los bestiales centauros, Éurito, / te ardía el corazón tanto por el vino como por la visión / de la novia, y reinaba una embriaguez que duplicaba la lujuria. / De repente las mesas son volcadas y siembran la confusión / en el banquete, y la recién casada es raptada por la fuerza, / agarrada por los cabellos. Éurito coge a Hipódame [...]. Hipodamia o Hipódame es la esposa de Pirítoo, príncipe de los Lapitas. Como se ha visto, su boda fue escenario de la guerra de los centauros. Es interesante en el Coloquio cómo los centauros suspiran de amor o pasión sexual, y no se arrepienten de 54 Se equivoca Ricardo Llopesa en la nota a pie de Prosas profanas (p. 97) al confundir al centauro Éurito con el Éurito rey de Ecalia y padre de Iola o Yole, relacionado con la leyenda de Heracles.
23 la batalla: su predilección por Venus justifica sus actos. Neso suspira por Deyanira, y Éurito por Hipodamia. V. 120: Hipea. Hija de Quirón, que fue transformada en yegua. Con Éolo, el hijo de Helén, fue madre de Melanipa. V. 130: Minerva. Nombre latino de Atenea, también Palas, que personificaba la astucia y la sabiduría en todos los campos. Hipea atribuye a la mujer la sabiduría de Minerva. V. 131: Aqueronte. El Aqueronte, también río del dolor, es el más grande de los cuatro ríos del Infierno, lugar al que daba acceso; las almas de los muertos que habían tenido sepultura debían atravesarlo en la barca de Caronte (v. 132); por su parte las sombras de los muertos insepultos debían errar por las orillas del río durante cien años. Así, en la estrofa, se dice de la mujer que es bella como un ánfora, ponzoñosa como algunas bestias, astuta como Minerva, y causante del dolor y de la muerte (hecho concretado en v. 144). V. 133: Odites. Centauro muerto por Mopso en las bodas de Pirítoo. Alaba la belleza femenina, en especial la de Hipodamia, superior a la de las Gracias (v. 139), y capaz de sorprender a las Musas y a las Horas (v. 140). Las Gracias, en Grecia las Cárites, son hijas de Eurínome y Zeus, tres jóvenes hermosas que se suelen respresentar desnudas y cogidas por el hombro. Antiguas diosas de la vegetación, asociadas a la belleza, el arte y actividades del espíritu en general. Las Horas son hijas de Zeus y Temis, que personifican tres estaciones del año. Luego pasaron a simbolizar las horas del día. Su función se relaciona con la fertilidad o fecundidad. El arte representa a las Horas como tres hermosas doncellas con largas túnicas recogidas en una mano, ejecutando a veces una especie de danza, lo cual hace que se confundan con las Cárites. V. 146: Cinis será Ceneo. Cinis: Lapita, amada de Poseidón, quien la hizo invulnerable a las persecuciones transformándole el sexo; será así Ceneo. Morirá en la guerra contra los centauros. V. 149: Clito es otro centauro, hijo de Mantio y nieto del adivino Melampo, también tomó parte en la lucha. V. 152: Deifobe: nombre que recibe la Sibila de Cumas en Virgilio, sacerdotisa de Apolo. V. 157: Pan. Dios de los pastores y rebaños, perteneciente al cortejo de Dioniso. Con un cuerpo mitad de hombre, mitad de macho cabrío, recorre los montes con
24 prodigiosa agilidad, descansando sólo para dormir siestas a la sombra, junto a las fuentes. Sus símbolos son la siringa, la corona de pino y el cayado de pastor. Símbolo de lo erótico, festivo, también musical. V. 159: Sirenusa: isla de las Sirenas. V. 161: Pasifae: reina de Creta, hija de Helios y esposa de Minos, que concibió con un toro al Minotauro. V. 165: incorporación del centauro Grineo, que murió a manos de Exadio en las bodas de Pirítoo. V. 175: Deucalión y Pirra. Deucalión equivale a Noé en la mitología griega. Después del diluvio arrojaban piedras (v. 176) que se convertían en personas y que correspondían al sexo de quien las arrojaba. V. 177: Lícidas, otro centauro muerto en la batalla, junto con Eurinomo, Areo e Imbreo (Metamorfosis, XII). Lemures: en la religión romana son los espíritus de los muertos, en tanto que considerados como malévolos que pueden volver del más allá para atormentar a los vivos. Funciones opuestas a las de los manes, que purifican las almas de los muertos. V. 179: el loco Atis. Pastor de gran belleza, que se enamoró de Cibeles. Atis faltó a su promesa de castidad casándose con la hija del rey Sangaro, y Cibeles lo castigó provocándole un arranque de locura, en el cual se castró, causándose la muerte. V. 180: Filomela. Ruiseñor, mujer que acaba siendo transformada en esta ave. Metamorfosis, VI. Ver nota 25. V. 187: aparece Medón, centauro que participó en la batalla pero que logró huir con vida. De ahí que diga “¡La Muerte! Yo la he visto.” V. 195: Amico, centauro muerto por Celedón en las bodas. V. 197: Prometeo. Aliado de los humanos, hurtó a los dioses el fuego y obtuvo otros logros para beneficio de la Humanidad. Conviene señalar, en este poema, un par de rasgos importantes en el pensamiento dariano. En primer lugar, la idea de la muerte, que no es terrible sino comparable a Diana, según el centauro Medón. Ofrece su blancura la paz de la que gozan los que traspasaron su umbral; libra al hombre de sufrimientos. El otro rasgo es la visión de los propios centauros, que no se revisten de una especial violencia. Todos sucumben ante la visión de la hermosura femenina, lo cual los
25 hace más humanos, más sublimes. Dentro de su bestialidad, también son divinos, al ser sensibles a la belleza. Por eso lanzan un mensaje universal, humano. §14. El poeta pregunta por Stella es un poema escrito en memoria de Rafaela Contreras (1869-1893), primera esposa de Darío y autora de nueve cuentos escritos bajo la influencia de Azul…, lo que la convierte en la primera escritora modernista. “En “El poeta pregunta por Stella”, el poeta rememora a un angélico ser desaparecido, a una hermana de las liliales mujeres de Poe que ha ascendido al cielo cristiano”55. El empíreo es, según la teología católica medieval, el más alto de los cielos, el sitio de la presencia física de Dios, donde residen los ángeles y las almas acogidas en el Paraíso, y donde el poeta busca el alma de Stella. Darío utiliza en este caso vocabulario de origen clásico como ícor56, que en Homero es la sangre de los dioses que se cuajaba en las flores; y hace referencia a Ligeia, que en la mitología griega, es el nombre de una sirena. En Poe es el nombre del personaje del relato Ligeia, la esposa muerta del protagonista del relato57. §15. Pórtico es un poema que figura como prólogo del libro de Salvador Rueda, poeta y periodista español, considerado precursor del Modernismo. Rubén Darío dice de él: “Luego leeréis un prólogo lírico, que se me antojó llamar “pórtico”, escrito hace largos años en alabanza de muy buen poeta, del vibrante, sonoro y copioso Salvador Rueda, gloria y decoro de las Andalucías”. La descripción de la musa Harmonía es una excusa para hacer una rica descripción sobre el origen de la poesía en Grecia y en Roma hasta llegar a Andalucía, región de donde era originario el poeta Salvador de Rueda. Las referencias a los personajes grecolatinos son continuas a lo largo del texto. Desde Píndaro y Anacreonte, poetas griegos, pasando por la descripción de la cadena 55 Nota a pie en la ed. de R. Llopesa, p. 106. 56 En la mitología griega, el ícor (en griego ἰχώρ ikhốr) era el mineral presente en la sangre de los dioses, o la propia sangre. Esta sustancia mítica, de la que se decía a veces que también estaba presente en la ambrosía o el néctar que los dioses comían en sus banquetes, era lo que los hacía inmortales. En apariencia dorado, cuando un dios era herido y sangraba, el ícor era venenoso para los mortales, matando inmediatamente a todos los que entraban en contacto con la sangre de un inmortal. Homero describe en la Ilíada (vv. 339–342) de la siguiente manera el momento en el que Afrodita fue herida por Diomedes: “Brotó la sangre divina, o por mejor decir, /el icor; que tal es lo que tienen los bienaventurados dioses, / pues no comen pan ni beben vino negro, / y por esto carecen de sangre y son llamados inmortales”. Definición actual del DRAE: --. (Del gr. ἰχώρ). 1. m. Med. En la antigua cirugía, líquido seroso que rezuman ciertas úlceras malignas, sin hallarse en él los elementos del pus y principalmente sus glóbulos. 57 POE, EDGAR ALLAN (2001: 161-171).
32 §31. Yo persigo una forma… El poeta persigue la perfección a través de la Poesía, pero tan sólo consigue llegar a la iniciación. No deja de ser un elegante recurso poético para encubrir la falsa modestia, porque el poema, como todos los de Darío, es perfecto. Se vuelve a mencionar el cisne blanco, la belleza divina. Peristilo: galería de columnas que rodea un edificio o parte de él. Conclusiones El gran tema dariano es el amor. Ese erotismo no es sólo deseo, sino anhelo de trascendencia en el éxtasis. El placer puede implicar pérdida de conciencia, sumersión en abismos donde el alma enajenada, perdida, encuentre algo oscuramente buscado. La sensualidad deja de parecer inocente para sentirse perversa y, en esa perversidad, metafísica. Describe las prácticas eróticas como ritos (no sólo metafóricamente), como ceremonias encaminadas a transformar (y a deleitar) a los participantes en ellas. Las bacanales pueden servir como ceremonias de iniciación. (Ite, missa est). El erotismo suscitador de tanta sombra y tanta ansiedad se convirtió en fuente de energía creadora, precisamente porque le mantuvo en vilo, como inquietud inagotable, contribuyendo a llevarle de una poesía recamada y resplandeciente a una poesía de intimidad y secreto. La originalidad de Darío no consistía en “americanizar” la poesía. Su originalidad fue aspirar a la universalidad y se volvió de espaldas a la retórica de los postrománticos hispanoamericanos. Afirmó el Romanticismo trascendiéndolo, yendo más lejos y negando aquello que detestaba “la vida y el tiempo en que tocó nacer”. Por eso fue exotista e indigenista; llevó a su poesía princesas de ensueño y héroes de antaño. Quiso ser diferente y renovador en el lenguaje y en su uso. Para él, la palabra no es herramienta neutra. Decidió apropiársela mediante deliberadas infracciones de la norma, escribiendo de otra manera, rehuyendo la carga de significados que la historia le ha dado y esforzándose en crear un lenguaje dentro del lenguaje, un lenguaje personal, tejido con las palabras de todos, pero obediente a un ritmo propio, a una ley interior. La invención de un lenguaje es un acto revolucionario y no erraron quienes pensaron que la musicalidad del Modernismo encubría una amenaza potencial a la
33 sociedad. El cambio en el lenguaje fue cambio en las palabras mismas; gustaba Rubén de utilizarlas brillantes y suntuosas. Con la poesía de Rubén entran en la corriente del idioma palabras nuevas, inventadas o florecidas por el puro deleite de utilizarlas y de hacerlas sonar en un contexto resplandeciente62. Los parnasianos franceses le empapan de ideología “bella”. Su intención era crear objetos de belleza pura. Los simbolistas le incitarán a constituir en el poema una red de sugerencias en que se superarán las imposibilidades lógicas. Por otra parte, otro de los aspectos destacados es el paso hacia la integración de lo que comienza siendo formal para convertirse en una interpretación del mundo y de la realidad que rodea al poeta. En este sentido, decía Octavio Paz: “El modernismo se inicia con una estética del ritmo y desemboca en una visión rítmica del universo”. Lo que comenzó siendo estética, sin dejar de serlo, pasó a ser ética. Rubén no tardó en utilizar el ritmo del verso en método para profundizar en los enigmas del ser. Curiosa paradoja. Y es también en corrientes filosóficas clásicas como el pitagorismo en las que el poeta pone su mirada. Los pitagóricos consideraban el número como principio primero del universo y fundamento de la armonía, que consiste en concordar lo discordante, integrándolo en una unidad superior; ella ha de ser total y referirse a lo que no vemos tanto como a lo visible: al imponer su regla al universo, el ritmo crea la armonía, y cuando hombre y poeta se ajustan a su acción regulada y reiterada, el destino individual se sincroniza con el del cosmos. Leyendo en orden cronológico la poesía de Rubén Darío se advierte su progresiva tendencia interiorizante y cómo, para él y para los demás, identifica pasión creadora con vocación por la armonía, y al poeta con el alma capaz de descifrar las voces de la sombra: “¿Te sientes con la sangre de la celeste raza /que vida con los números pitagóricos creaς” 62 En la teoría literaria, aquí tendría sentido un análisis relacionado con la recepción. Jauss proponía la existencia de un “horizonte de expectativas” en el lector, por su conocimiento de la tradición del género, y una “distancia estética” a ese horizonte, que es realmente la originalidad y la medida de lo artístico de la obra. El impacto de las formas y metros clásicos de Darío con toda esa carga original modernista le otorgaría un enorme carácter artístico. Otro crítico relacionado con la recepción es W. Iser, que dice que en la obra literaria hay dos polos: el artístico, referido al texto creado por el autor; y el estético, que tiene que ver con la concretización llevada a cabo por el lector. La obra se sitúa a medio camino de ambos: lector y autor participan en un juego de la imaginación. Darío, con todas las imágenes mitológicas, exóticas, lanza al lector a la acción. DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, JOSÉ (2009: 384-391).
34 El ocultismo y las doctrinas esotéricas le permitían familiarizarse con lo desconocido, con las temerosas tinieblas del más allá. La inclinación a interrogarse sobre los misterios del ser y los enigmas de la eternidad fue fomentada por influencia de los románticos y simbolistas, que desde Víctor Hugo en adelante, se complacieron en experimentar y divagar sobre los secretos de la vida y de la muerte y en torno al misterio del universo. En Rubén Darío se siente una fuerza que le empuja tanto a la luz como a la sombra. Quisiera sumergirse simultáneamente en la belleza y en la verdad; quisiera saciar su sed en la fuente Castalia, que da juventud a quienes la beben, y se le impone la verdad de que al fin habrá de ingerir la copa llena de sombra. Entre el amor y la muerte vivió y creó, y de sus obsesiones se nutrió su poesía. Bibliografía DARÍO, RUBÉN (2013), Prosas profanas y otros poemas. Ed. de Ricardo Llopesa. Barcelona, Austral. -- (2010), Azul... / Cantos de vida y esperanza. Ed. de Álvaro Salvador. Barcelona, Austral. -- (2007), Obras completas I. Poesía. Ed. de Julio Ortega/Nicanor Vélez. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. -- (2006), Poesía. Madrid, Alianza. DOMÍNGUEZ CAPARRÓS, JOSÉ (2009), Teoría de la literatura. Madrid, Centro de estudios Ramón Areces. GARCÍA GUAL, CARLOS (1997), Diccionario de mitos. Barcelona, Planeta. GRIMAL, PIERRE (1994), Diccionario de mitología griega y romana. Barcelona, Paidós. GUTIÉRREZ CARBAJO, FRANCISCO (2011), Movimientos y épocas literarias. Navarra, UNED. HOMERO (1966), La Ilíada. Madrid, Ediciones Alonso. LÓPEZ FÉREZ, JOSÉ ANTONIO (2009), Mitos clásicos en la literatura española e hispanoamericana del siglo XX. Madrid, Ediciones Clásicas. MARTÍ, JOSÉ (2010), Ismaelillo / Versos libres / Versos sencillos. Ed. de Iván A. Schulman. Madrid, Cátedra.
35 PÉREZ, ALICIA, Coord. (2003), La Enciclopedia. Madrid, Salvat. FALCÓN MARTÍNEZ, CONSTANTINO, FERNÁNDEZ-GALIANO, EMILIO y LÓPEZ MELERO, RAQUEL (1999), Diccionario de mitología clásica (2 vols.). Madrid, Alianza. OVIDIO NASÓN, PUBLIO (2009), Metamorfosis. Ed. de Antonio Ramírez de Verger y Fernando Navarro Antolín. Madrid, Alianza. OVIEDO, JOSÉ MIGUEL (2007), Historia de la literatura hispanoamericana. Volumen II: Del Romanticismo al Modernismo. Madrid, Alianza Universidad Textos. POE, EDGAR ALLAN (2001), Cuentos. Ed. de Julio Cortázar. Madrid, Alianza. RICO, FRANCISCO, coord. (1991), Historia y crítica de la literatura española. Vol. VI, tomo I, Modernismo y 98 (coord. por MAINER, JOSÉ CARLOS). Barcelona, Crítica. RUIZ DE ELVIRA, ANTONIO (1998), “Ónfala”, Cuadernos de Filología Clásica. Estudios latinos, nº 14. UCM. Madrid, 1998. SAWA, ALEJANDRO (2009), Declaración de un vencido. Ed. de Francisco Gutiérrez Carbajo. Madrid, Cátedra. SPANG, KURT (2011), Géneros literarios. Madrid, Síntesis.