Investigación formativa y formación en investigación: Alcances y oportunidades
Abstract
La investigación universitaria es mucho más que una función académica: es un eje transversal que potencia la docencia, la extensión y la formación integral. Pensar su transversalidad implica reconocer su valor no solo en la producción de conocimiento, sino también en la enseñanza y el aprendizaje. En este marco, la Investigación Formativa y la Formación en Investigación se presentan como estrategias complementarias para desarrollar pensamiento crítico, capacidades analíticas y una cultura investigativa en estudiantes y docentes. Integrarlas al quehacer universitario permite renovar la práctica docente, fortalecer la autonomía estudiantil y proyectar instituciones más comprometidas con su entorno social.
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INVESTIGAR EN SOCIALES Investigación formativa y formación en investigación: alcances y oportunidades J. Andrés Echeverry-Mejía (*) La investigación universitaria es mucho más que una función académica: es un eje transversal que potencia la docencia, la extensión y la formación integral. Pensar su transversalidad implica reconocer su valor no solo en la producción de conocimiento, sino también en la enseñanza y el aprendizaje. En este marco, la Investigación Formativa y la Formación en Investigación se presentan como estrategias complementarias para desarrollar pensamiento crítico, capacidades analíticas y una cultura investigativa en estudiantes y docentes. Integrarlas al quehacer universitario permite renovar la práctica docente, fortalecer la autonomía estudiantil y proyectar instituciones más comprometidas con su entorno social. La investigación es una misión universitaria transversal que fortalece la docencia y la extensión al complementar la formación en grado y posgrado, y contribuir a iniciativas de trabajo conjunto con actores y sectores sociales. Asimismo, enriquece el desarrollo profesional al proporcionar nuevas perspectivas y herramientas para abordar desafíos complejos. Cuadernos de Coyuntura, 2025
Pensar la transversalidad de la investigación lleva a valorar sus aportes más allá de los aspectos tradicionales que involucra. De allí la importancia de pensar no solo en los espacios formales de la estructura curricular, sino también en estrategias pedagógicas complementarias. En este escenario, dos conceptos íntimamente ligados, aunque con matices distintivos, emergen como pilares fundamentales: la Investigación Formativa (IF) y la Formación en Investigación (FI). Construir complementariedades La investigación formativa emerge como una estrategia pedagógica que busca desarrollar competencias investigativas en los estudiantes desde las etapas tempranas de su formación académica. Este enfoque permite integrar la teoría con la práctica, fomentando el pensamiento crítico y la capacidad de análisis sistemático. A diferencia de la investigación científica tradicional, la investigación formativa se centra en el proceso de aprendizaje y en la construcción gradual de habilidades investigativas. La IF no busca necesariamente generar conocimiento nuevo para la comunidad científica (aunque puede suceder), sino*la incorporación de métodos, actitudes y procesos propios de la investigación científica (o disciplinar) en el proceso de enseñanza-aprendizaje, con un propósito pedagógico. Por su parte, la formación en investigación (FI) se centra en el*proceso formal de preparación de los estudiantes para convertirse en investigadores autónomos y competentes, capaces de contribuir con conocimiento original y válido a su disciplina o campo profesional. Los cursos metodológicos y epistemológicos o los trabajos finales de grado suelen ser instancias de preparación formal para la investigación. En el ámbito universitario se ha reconocido más la formación en investigación a partir de su curricularización. Sin embargo, las estrategias de investigación formativa vienen cobrando cada vez mayor relevancia y respaldo institucional. Es el caso de varios países latinoamericanos que fomentan la IF desde semilleros, grupos o laboratorios de investigación estudiantiles guiados por docentes-investigadores capacitados. Esta experiencia también puede darse en los grupos de investigación acreditados institucionalmente e incluso en cursos temáticos de cualquier plan de estudios. Se puede trabajar a partir de espacios
y métodos específicos en los que se aprenda a investigar investigando. También es posible a partir de la formulación e implementación de proyectos de investigación a pequeña escala y guiados, ejercicios de análisis crítico de la literatura científica, estudio de casos, ejercicios demostrativos con enfoque investigativo, pequeñas encuestas con análisis interpretativo, revistas estudiantiles, etc. (Guisasola Aranzabal y Garmendia, 2014) La investigación formativa y la formación en investigación son parte del mismo propósito, enfocado en destacar y renovar el rol de la investigación, tanto en lo que concierne a la producción científica propiamente dicha como también al aporte que puede brindar en la enseñanza y el aprendizaje. La enseñanza y el rol docente La implementación de estrategias de investigación formativa requiere un diseño didáctico cuidadoso y docentes capacitados que puedan guiar a los estudiantes en este proceso de descubrimiento y aprendizaje. Como menciona Amílcar Herrera (1975), formarse en investigación requiere de un investigador experimentado, puesto que los investigadores solo pueden ser formados por otros investigadores. Si bien Herrera se refería a la construcción y consolidación de un sistema científico y, por lo tanto, a la necesidad de incorporar personas interesadas en hacer carrera de investigación, también reconocía que no todos los egresados se integrarían al sistema. La mayor parte de los egresados buscarán dedicarse a la actividad profesional. Sin embargo, el autor consideraba que, aun así, el haber participado activamente en tareas de investigación haría a los estudiantes y futuros profesionales mucho más receptivos a los cambios tecnológicos que se produzcan en sus campos de trabajo. Incluso se constituirían en un nexo valioso entre el sistema científico y el resto de la sociedad. Las ventajas de la participación estudiantil en la investigación, decía Herrera, dependen del valor formativo de aquella y no de la cantidad o de la importancia del trabajo material que implique. Por eso resulta importante no solamente asignar actividades aleatorias o de menor complejidad, sino pensar seriamente en una agenda formativa durante la realización de un proyecto de investigación. Incluso el autor pensaba no solo en la participación en proyectos, sino en incluir la investigación en el plan de estudios. Reconociendo,
además, que en los primeros años, y sobre todo en universidades con un alto número de estudiantes, se hace difícil participar en investigaciones. Herrera proponía como solución “diseñar planes de trabajos prácticos basados en problemas y situaciones que tengan realmente relevancia en el ámbito de interés del estudiante —nacional o regional— de manera que dejen de ser la mera ejercitación mecánica en que se convierten con demasiada frecuencia (Herrera, 1975, p. 173-174).” También es cierto que el investigador, no solo por serlo, tiene habilidades para formar a otras personas. Por esto resulta necesaria la formación pedagógica y didáctica para lograr no solo la formación en investigación, sino una cultura de la investigación. Esto es, aprovechar las herramientas que brinda la investigación científica para aplicarlas en diferentes desafíos y actividades del proceso de enseñanza-aprendizaje, del ejercicio profesional y de otras situaciones en las que resulte oportuno. La inclusión de la investigación aporta a la transformación de la práctica docente. Su rol pasa de ser un mero transmisor a guía y facilitador del proceso investigativo del estudiante. Esto requiere nuevas habilidades pedagógicas y un conocimiento actualizado del campo. También puede llevar a la indagación sobre la propia docencia, lo que impulsa al docente a reflexionar sobre su propia práctica, mejorándola continuamente. Además, la constante interacción con estudiantes en procesos de investigación mantiene al docente actualizado y le permite explorar nuevas líneas o perspectivas. El aprendizaje y el rol del estudiante El aprendizaje basado en investigación supera los procesos tradicionales al ir más allá de la memorización y promover la comprensión conceptual, la aplicación en contextos diversos y la construcción activa de significado. Se torna entonces un aprendizaje profundo y significativo. Además, la investigación ayuda en el abordaje de desafíos complejos, la resolución de problemas, el manejo de información y otras competencias básicas y necesarias para la época actual (Healey y Jenkins, 2009). Si se brindan los espacios adecuados, los estudiantes podrían tener la posibilidad de explorar preguntas propias, descubrir respuestas y contribuir a
su área de conocimiento y a su propia proyección profesional. Con la investigación, además, se puede lograr mayor autonomía y autorregulación, puesto que el estudiante pasa de ser receptor pasivo a gestor activo de su propio aprendizaje y del proceso investigativo, desarrollando autodisciplina y capacidad de autoevaluación. Las instituciones y los docentes pueden proponer esta forma de trabajo, pero son también los estudiantes quienes están llamados a motivarlo e impulsarlo. Muchas veces las inercias se imponen y convierten la experiencia de enseñanza y aprendizaje en una rutina lineal y espasmódica. Tiene que haber entonces voluntad de las partes e interés por construir mejores formas de transitar el trayecto académico. Algunos desafíos A pesar de los aportes de la investigación, existen varios desafíos a considerar en el marco de las universidades de la región. Algunos tienen que ver con la persistencia del modelo transmisionista, la separación entre docencia e investigación, la sobrecarga laboral de los docentes, la falta de formación pedagógica, los currículos rígidos, la falta de políticas de promoción decididas, entre otros. Muchos docentes y estudiantes están arraigados en modelos donde el docente ‘expone’ y el estudiante ‘recibe’ pasivamente, dificultando la adopción de enfoques activos e investigativos. Esto demuestra la resistencia al cambio cuando surgen iniciativas que buscan superar el modelo transmisionista persistente. También se mantiene la separación artificial entre docencia e investigación. Aún existe la percepción de que son actividades separadas, incluso contrapuestas en términos de tiempo y reconocimiento. En este sentido, conviene revisar las formas de evaluar y reconocer al profesorado, porque desde allí se generan señales erráticas sobre cómo cada docente debe asumir su plan de trabajo. La situación laboral de los docentes también es un aspecto central a tener en cuenta. En las universidades latinoamericanas persiste una configuración profesionalista en la que la docencia se suponía ejercida por profesionales
externos que dedicaban unas horas a la actividad académica. De ahí la poca existencia de cargos de tiempo completo. Para lograr avances en investigación, y por lo tanto en docencia y extensión, se requiere dedicación y condiciones de trabajo dignas. Hoy es posible ver situaciones de sobrecarga laboral asociada a las demandas, no solo de docencia, sino también de gestión y participación institucional, de la investigación propia y de extensión. También se incluye el reconocimiento insuficiente, que no se muestra en una valoración adecuada del esfuerzo en las evaluaciones de los concursos, promociones y remuneración. A lo anterior se suma la falta de formación pedagógica específica. Muchos docentes-investigadores son expertos en su campo, pero carecen de formación en pedagogía y didáctica de la investigación o en acompañamiento efectivo. Hay también desafíos curriculares y estructurales. Los currículos se tornan sobrecargados y rígidos. La falta de flexibilidad en los planes de estudio dificulta la integración de proyectos investigativos de aula o la secuenciación progresiva y articulada entre asignaturas encargadas de formar en habilidades de investigación. Cabe agregar los recursos insuficientes: falta de bibliotecas actualizadas y que fomenten la investigación, equipamiento, acceso o aprovechamiento de bases de datos, software especializado, financiamiento para proyectos estudiantiles y espacios adecuados para el trabajo investigativo. Oportunidades En contextos restrictivos y desfavorables, pareciera que se puede hacer poco y nada. Sin embargo, muchas veces las barreras son más de mentalidad que de materialidad. Esto no exime de lo planteado anteriormente. Lo que se intenta resaltar es la importancia del rol y lugar de la investigación en la institución. Es necesario que haya una postura decidida a favor de su valoración, que se reconozcan los múltiples aportes que genera y sea parte de la visión a largo plazo dentro de la comunidad académica. La investigación formativa se materializa a través de diversas estrategias didácticas que buscan involucrar al estudiante en el proceso de indagación:
● Seminarios de investigación: Fomentan el aprendizaje por descubrimiento y la discusión argumentativa, permitiendo a los estudiantes explorar temas y formular preguntas. ● Revistas estudiantiles y gestión editorial científica: Actividades donde los estudiantes revisan, analizan y categorizan literatura científica, desarrollando habilidades de lectura crítica, síntesis y valoración de contenidos. ● Semilleros o laboratorios de investigación: Estrategias de enseñanza activas y constructivas que agrupan a estudiantes interesados en la investigación, brindándoles un espacio para iniciar proyectos bajo la guía de un docente. ● Aprendizaje Basado en Problemas (ABP) y Aprendizaje Basado en Proyectos (ABP): Metodologías que sitúan a los estudiantes ante problemas o proyectos complejos que requieren investigación para su resolución, promoviendo el aprendizaje activo y la aplicación del método científico . ● Ensayos con esquema investigativo: Implican la elaboración de textos con una tesis de partida, enfoque sistemático, datos recolectados y argumentación, fomentando el rigor en la construcción del discurso académico. ● Ejercicios de diseño de anteproyectos de investigación: Actividades donde los estudiantes desarrollan las fases iniciales de un proyecto, como la formulación del problema, objetivos y metodología, sin necesariamente llevar a cabo la investigación completa. ● Participación de estudiantes como asistentes en proyectos de investigación de docentes: Permite a los estudiantes observar y colaborar en investigaciones en curso, familiarizándose con las dinámicas de un proyecto real. ● Estudios de caso y estrategias de aprendizaje activo: Involucran el análisis profundo de situaciones reales o hipotéticas, promoviendo la aplicación de habilidades de análisis y resolución de problemas. ● Trabajos curriculares con tiempos de ejecución cortos: Diseñados para obtener resultados que culminan en un informe final de investigación, integrando la práctica investigativa en el desarrollo regular de las asignaturas.
Como se observa, son actividades factibles que aportan a la consolidación de capacidades de investigación. Además, pueden ser llevadas adelante en cualquier temática, no solamente en los cursos metodológicos. La investigación no es un lujo académico o cultural, sino una oportunidad para enriquecer los trayectos individuales, grupales e institucionales. Los alcances que tiene son profundamente transformadores: estudiantes que aprenden de manera activa y significativa, docentes que renuevan su práctica y su conocimiento, instituciones que fortalecen su identidad y su impacto social, y una sociedad que se beneficia de profesionales críticos y ciudadanos capaces de enfrentar la complejidad. Si bien los desafíos son múltiples, existen oportunidades para superarlos. Se requiere, sin embargo, un compromiso institucional decidido, políticas claras de apoyo, una inversión sostenida en el desarrollo docente y la infraestructura necesaria, así como una constante innovación pedagógica y curricular. No se trata entonces de impulsar iniciativas dispersas, sino de buscar una articulación de estrategias que conduzca al fortalecimiento de la investigación y el aprovechamiento de sus aportes. Referencias Guisasola Aranzabal, J., y Garmendia, M. (Eds.). (2014). Aprendizaje basado en problemas, proyectos y casos: Diseño e implementación de experiencias en la universidad. Servicio editorial de la Universidad del País Vasco. Healey, M., y Jenkins, A. (2009). Developing undergraduate research and inquiry. The Higher Education Academy. Herrera, A. (1975). Bases para planificar la investigación científica en la universidad peruana: II Parte. Revista de ciencias sociales (II Época), 10(34), 143-174. (*) Secretaría de investigación, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad Nacional de Córdoba, Argentina Cita sugerida: Echeverry Mejía, J. A. (2025). Investigación formativa y formación en investigación: Alcances y oportunidades. Cuadernos de Coyuntura, 10, 1-8. https://doi.org/10.5281/zenodo.17675080 ORCID iD: https://orcid.org/0000-0001-5502-8316 Cuadernos de Coyuntura ISSN 2591-5568