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TIEMPOS INSURGENTES. ANARQUISMO, FUTURISMO Y NSK: ESTRATEGIAS TEMPORALES DESDE LA MTI

Tobares, Javier

Abstract

En este ensayo examinaremos cómo el anarquismo, el futurismo y NSK manipularon el tiempo políticamente para desafiar, legitimar o subvertir estructuras de poder. Usando la Matriz Temporal de Interpretaciones (MTI), comparamos tres estrategias: la interrupción utópica anarquista, la aceleración tecnocrática futurista y la repetición crítica del NSK, asumiendo que el tiempo es una dimensión disputada que configura identidades, memorias y futuros, desde el siglo XIX hasta el poscomunismo, clave para deconstruir relatos hegemónicos.

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TIEMPOS INSURGENTES. ANARQUISMO, FUTURISMO Y NSK: ESTRATEGIAS TEMPORALES DESDE LA MTI INSURGENT TIMES. ANARCHISM, FUTURISM, AND NSK: TEMPORAL STRATEGIES THROUGH THE TMI Javier Tobares Facultad de Filosofía y Humanidades. Universidad Nacional de Córdoba. [email protected] ORCID: 0000-0002-8392-1694 Entonces tomaré tu miedo y lo avivaré. Saciaré tu hambre con una rima vacía. Convertiré tus deseos en crímenes públicos. Robaré tu tiempo y lo haré mío. Hell Simetry, Laibach, 2003. TIEMPOS INSURGENTES 2 J. TOBARES Resumen En este ensayo examinaremos cómo el anarquismo, el futurismo y NSK manipularon el tiempo políticamente para desafiar, legitimar o subvertir estructuras de poder. Usando la Matriz Temporal de Interpretaciones (MTI), comparamos tres estrategias: la interrupción utópica anarquista, la aceleración tecnocrática futurista y la repetición crítica del NSK, asumiendo que el tiempo es una dimensión disputada que configura identidades, memorias y futuros, desde el siglo XIX hasta el poscomunismo, clave para deconstruir relatos hegemónicos. Palabras clave: Tiempo, Anarquismo, Futurismo, NSK, Matriz Temporal. Abstract In this essay, we will examine how Anarchism, Futurism, and NSK politically manipulated time to challenge, legitimize, or subvert power structures. Using the Temporal Matrix of Interpretations (TMI), we compare three strategies: anarchist utopian interruption, Futurist technocratic acceleration, and NSK’s critical repetition. We proceed from the assumption that time is a contested dimension shaping identities, memories, and futures—from the 19th century to post-communism—and is key to deconstructing hegemonic narratives. Keywords: Time, Anarchism, Futurism, NSK, Temporal Matrix. TIEMPOS INSURGENTES 3 J. TOBARES Introducción El tiempo, en su aparente neutralidad cronológica, ha sido históricamente territorio de disputas que dieron lugar a narrativas, identidades y proyectos políticos. Nos proponemos analizar cómo tres movimientos disímiles —el anarquismo decimonónico, el futurismo italiano y el colectivo esloveno NSK— instrumentalizaron el tiempo como categoría política para desafiar, legitimar o subvertir las estructuras de poder dominantes. A través de estrategias diferenciadas, estos casos revelan que el tiempo no es un marco universal, sino una construcción dinámica y disputada, capaz de definir horizontes de emancipación, dominación o resistencia. Desde una perspectiva teórica, el estudio se sustenta en la Matriz Temporal de Interpretaciones (en adelante MTI), un recurso heurístico que permite desentrañar cómo los actores sociales articulan experiencias temporales para dar sentido al pasado, influir en el presente y proyectar futuros posibles. Esta categoría, inspirada en los postulados de François Hartog sobre los regímenes de historicidad y en la crítica de Stefan Tanaka a la linealidad decimonónica, posibilita un análisis comparativo de las prácticas discursivas y estéticas que transforman el tiempo en un dispositivo político. El anarquismo, representado por Élisée Reclus y Mijaíl Bakunin, interrumpe la narrativa progresiva del capitalismo para imaginar utopías presentes, fusionando revolución y evolución en una espiral dialéctica. En contraste, el futurismo de Filippo Tommaso Marinetti exalta la velocidad tecnológica como mecanismo de legitimación —potencialmente autoritaria—, proyectando un porvenir deshumanizado donde la máquina sustituye al sujeto histórico. Finalmente, NSK (siglas en alemán de Neue Slowenische Kunst, Nuevo Arte Esloveno) —con su Estado en el Tiempo— desmonta las narrativas lineales mediante el anacronismo y la sobreidentificación, exponiendo la persistencia de lógicas totalitarias en el contexto del colapso de la URSS en la última década del siglo pasado. La selección de estos casos no es arbitraria, ya que abarcan un espectro temporal que va del siglo XIX al poscomunismo, demostrando que la manipulación del tiempo trasciende contextos históricos específicos. Su estudio adquiere relevancia actual ante fenómenos como el populismo, que instrumentaliza el pasado, o la tecnocracia, que fetichiza el futuro. Al develar cómo el tiempo se convierte en un recurso político, nuestro análisis pone a discusión las narrativas hegemónicas, argumentando que toda historicidad es, en esencia, una elección crítica. Tras establecer el marco teórico, examinamos críticamente las estrategias del anarquismo —interrupción utópica—, el futurismo —aceleración tecnocrática— y el NSK —repetición crítica—. La comparación de estos casos revela cómo cada movimiento instrumentaliza el tiempo para resistir, legitimar o subvertir el poder, culminando en una reflexión sobre su vigencia en fenómenos contemporáneos. Analizamos cómo el anarquismo, el futurismo y el NSK han utilizado el tiempo como una categoría política para desafiar las estructuras de poder. A través de una comparación de casos, se examinan las estrategias discursivas y prácticas temporales de cada movimiento. El anarquismo, desde Reclus y Provinciali, interrumpe la linealidad histórica para imaginar utopías presentes. El futurismo, representado por Marinetti, acelera el tiempo hacia un futuro tecnificado que legitima proyectos autoritarios. El NSK, mediante prácticas como la repetición crítica y el anacronismo, TIEMPOS INSURGENTES 4 J. TOBARES subvierte narrativas lineales para desmontar ideologías totalitarias. Estos tres casos muestran cómo el tiempo es un recurso político disputado, no una categoría neutra. Aunque responden a contextos y objetivos distintos, comparten la comprensión del tiempo como un campo de lucha simbólica en el que se definen identidades, memorias y futuros posibles. La selección de estos movimientos responde a su capacidad para evidenciar formas complementarias de manipulación temporal, exponiéndose así que los regímenes de historicidad son construcciones políticas contextuales. Este enfoque adquiere relevancia actual, especialmente frente al uso político del pasado en fenómenos como el populismo, demostrando que el tiempo puede ser un recurso político de dominación, emancipación o resistencia. Nuestra hipótesis sostiene que el anarquismo, el futurismo y el NSK apelaron a diferentes argumentos que les permitieron manipular el tiempo como herramienta política mediante estrategias diferenciadas —interrupción utópica, aceleración tecnocrática y repetición crítica—, revelando que el tiempo no es un marco neutral, sino un recurso disputado para legitimar, resistir o subvertir estructuras de poder. Estas prácticas temporales demuestran que los regímenes de historicidad son construcciones políticas, cuya comprensión permite analizar críticamente las narrativas hegemónicas del pasado, presente y futuro. Partimos de señalar que la escritura de la historia, tal cual se practica en la actualidad, encontró su forma en el siglo XIX, estableció una perspectiva que abstrajo y clasificó, recuperando lo cuantificable, dejando de lado la complejidad del cambio como un proceso que no se encuentra condicionado por el tiempo cronológico. Por el contrario, el cambio da cuenta de la complejidad de los procesos entre los seres humanos entre sí y con su entorno, definiendo un proceso complejo y constante que se desarrolla a diferentes “ritmos”, por ello, es múltiple y no necesariamente implica la noción decimonónica de progreso. 1 Esto es importante, porque romper con la linealidad de la cronología nos permite considerar la redundancia como parte de la recuperación del pasado y definir un sistema en el que: La movilidad es constante: la repetición, la disipación, la reproducción, lo bucles de retroalimentación y la interacción son centrales. Las redes y los ensamblajes son metáforas que se han convertido en formas comunes de pensar sobre las relaciones no lineales. (Tanaka, 2019, pp. 125-126) Esta multiplicidad de experiencias permite el reconocimiento de múltiples escalas temporales, “capas de sistemas temporales que en diferentes momentos interactúan entre sí” (Tanaka, 2019, p. 131). En este contexto, entendemos 1 Siguiendo a S. Tanaka, la vivencia cotidiana del tiempo nos permite experimentar los procesos entrópicos y percibir el cambio. Considerar al tiempo como un problema, nos muestra “una comprensión diferente de la duración —no como eventos sucesivos entre dos fechas, sino como un momento en que el pasado y el presente son lo mismo” (Tanaka, 2019, p. 83), los registros de lo acontecido no están en el pasado, sino que se manifiestan en el presente. TIEMPOS INSURGENTES 5 J. TOBARES que es necesario asumir al tiempo como una categoría estructurante y por ello es necesario no reducirlo de forma arbitraria a una mera cronología, que es sólo una manifestación —la más arbitraria y superficial— del tiempo. Siguiendo a Stefan Tanaka, lo que caracteriza a las historias sin cronologías es que “son relatos de pasados que reconocen los tiempos que emergen a través de la actividad de las personas” (Tanaka, 2019, p. 91), lo que no implica que carezcan de tiempo u orden. Estas historias, dan cuenta de tiempo heterogéneos, estableciendo al tiempo como un elemento del propio sistema de observación, permitiéndonos cambiar la perspectiva desde un tiempo mecánico a una comprensión de la actividad humana y considerando la duración pura de los procesos, permitiendo advertir las múltiples sucesiones de cambios cualitativos posibilitando la apropiación de la información y su interpretación. Esta operación es válida porque: “El pensamiento histórico requiere habilidad para encontrar, filtrar, interpretar y encapsular datos y narrativas” (Tanaka, 2019, p. 113) y si existe una relectura del pasado, “la aplicación de categorías anacrónicas fáciles debe ser interrogada como histórica, no asumida” (Tanaka, 2019, p. 113). Admitir la complejidad no lineal ni cronológica de las múltiples escalas temporales que surgen al considerar históricamente las actividades humanas nos fuerza a fijar parámetros de análisis para reconstruir esos pasados y es aquí donde se hace pertinente adoptar la categoría de MTI. Este recurso heurístico resulta del proceso analítico de abstraer la combinatoria de elementos considerados constitutivos, propios del proceso estudiado y nos permite superar la linealidad de los acontecimientos históricos basados en la cronología. 2 La MTI es una categoría teórica de alcance medio que permite acceder a la estructura conceptual que organiza las distintas formas en que se experimenta, interpreta y utiliza el tiempo en la construcción de narrativas históricas. Esta matriz fija la perspectiva de referencia desde la cual los actores sociales y políticos comprenden y manipulan las dimensiones temporales para dar sentido al pasado, influir en el presente, y proyectar futuros posibles, es decir, operan racionalmente —dentro de sus posibilidades— sobre el tiempo. 3 Específicamente, la definimos como un conjunto estructurado de perspectivas y recursos analíticos que hacen posible acceder a las múltiples formas en las que los actores sociales perciben, manipulan y utilizan el tiempo. La MTI facilita el análisis de cómo diferentes temporalidades son instrumentalizadas para legitimar acciones, construir identidades colectivas y proyectar visiones de futuro. Un aspecto crucial de esta categoría de alcance medio es 2 Esta perspectiva parte del supuesto de que si lo patrones de medida del tiempo no son absolutos ni unívocos, sino que dependen —como postuló A. Einstein— del observador, entonces es posible “la ‘relativización’ del concepto tiempo: cada sistema de referencia posee necesariamente su propio tiempo” (Malquori, 2011, p. 1013). Y, como sostiene K. Gödel, si la teoría de la relatividad es correcta, “el sentido intuitivo del tiempo es una ilusión” (Malquori, 2011, p. 1023). 3 Esto es posible si se asume el argumento teórico postulado desde el campo de la física según el cual las curvas cerradas de tiempo, en el contexto de la teoría de la relatividad general, permiten que los observadores puedan “comunicarse sin un orden causal en un marco clásico” (Tobar y Costa, 2020, p. 15), superando la linealidad temporal, la “paradoja del abuelo”, permitiendo la “señalización condicional” de los procesos y exponiendo la libertad contextual de elección para los observadores sin el desarrollo de una inconsistencia lógica. Ello hace posible acceder procesos de causalidad no lineal pero que se sostienen lógicamente. TIEMPOS INSURGENTES 6 J. TOBARES su carácter iterativo y no lineal, lo que implica que los eventos y conceptos de diferentes épocas pueden influenciarse mutuamente, rompiendo así la cronología estricta y permitiendo una mayor complejidad en la interpretación histórica. Esta iteración permite que los historiadores utilicen el pasado no solo para entenderlo en su propio contexto, sino también para iluminar y reflexionar sobre cuestiones contemporáneas (Tobares, 2025a). Definir los criterios analíticos constitutivos de una MTI, permite acceder a un régimen de historicidad particular y, siguiendo a François Hartog, apelar desde un enfoque presentista “que contempla el pasado con el presente a la vista” (Hartog, 2007, p. 28) y poner en práctica el anacronismo controlado. Si, además, consideramos que un régimen de historicidad no es otra cosa, según nuestro autor, que: la expresión de un orden dominante del tiempo; tejido a partir de diferentes regímenes de temporalidad, es […] una manera de traducir y de ordenar las experiencias del tiempo —maneras de articular el pasado, el presente y el futuro— y de darles sentido. (Hartog, 2007, p. 132) La MTI nos permite ordenar las experiencias que dan cuenta de los múltiples tiempos en un relato histórico que, desde el presente, busca recuperar los pasados más allá de la idea de un relato anclado en una cronología implícitamente asociada a la idea de progreso o a una memoria despojada del contexto de la acción humana. El análisis de las estrategias temporales en los casos considerados, revela que el tiempo opera como una dimensión no neutral. La MTI permite entonces desnaturalizar narrativas hegemónicas y deconstruir fenómenos políticos contemporáneos, subrayando su relevancia teórica para comprender la instrumentalización del tiempo en proyectos de poder. Establecida nuestra perspectiva teórica, analizaremos el anarquismo como primer caso. Este movimiento, mediante la interrupción utópica, desafía la cronología capitalista al fusionar revolución y evolución en una espiral dialéctica. Su enfoque, desde figuras como Reclus Bakunin y Provinciali, ejemplifica cómo el tiempo puede adquirir un aspecto político y funcionar como un recurso emancipatorio. Anarquismo: El tiempo de las cerezas El anarquismo se configura como corriente crítica a la formación de los Estados nacionales, retomando los principios de “justicia política” de William Godwin y rechazando las dinámicas estatales de finales del siglo XIX. Su proyección política se consolida en 1871 con la Comuna de París, integrada por figuras como Bakunin, Kropotkin, Louise Michel y los hermanos Élie y Élisée Reclus. Élisée Reclus, influido por Carl Ritter, articuló ciencia y compromiso social, postulando que: “La Geografía, en sus TIEMPOS INSURGENTES 7 J. TOBARES relaciones con el Hombre, no es más que la historia en el espacio, del mismo modo que la Historia es la Geografía en el tiempo” (Reclus, citado en Cuevas Quintero, 2014, p. 1). Su militancia se materializó al unirse en 1867 a la Asociación Internacional de Trabajadores y al servir en la Guardia Nacional durante la Commune. En su crónica de aquel episodio afirmó que: Los esfuerzos intentados para contener la revolución pueden, en apariencia, tener algún éxito durante ciertas épocas; entonces los reaccionarios se regocijan ostensiblemente, pero su alegría es vana porque el movimiento contenido por un lado se inicia por varios otros inmediatamente. Después de la derrota de la Comuna de París, pudo creerse en el mundo oficial y cortesano de Europa que el socialismo, el elemento revolucionario de la sociedad, había muerto sin esperanza de resurrección. (Reclus, 2016, p. 92) Tras su condena a Nueva Caledonia y el indulto que lo confinó en Suiza, corrigió borradores de La Tierra y elaboró la Nouvelle Géographie Universelle (1875-1894) y El Hombre y la Tierra (1905-1908), donde defendió el mutualismo y la interdependencia ecológica. Criticó el colonialismo tras sus viajes por Colombia y EE. UU., advirtiendo el ascenso imperial estadounidense. Reclus concluyó que “La libertad consiste en reconocer las leyes de la Tierra para ajustar nuestra vida a ellas” (Reclus, 1892, citado en Cuevas Quintero, 2016, p. 12), síntesis de su ética geográfica y anarquista. El tiempo en remolinos En Evolución, Revolución y Anarquismo (edición original de 1897, 2016), Reclus expuso una concepción del tiempo que desafiaba las narrativas hegemónicas, fusionando la crítica material con un ideal ético, desplegando su pensamiento desde una crítica a la opresión, hasta la conquista la libertad. En dicha obra, el tiempo es supuesto no como una línea recta, sino como una espiral donde cada revolución es un estallido necesario de la evolución acumulada, porque: “La evolución precede a la revolución, y ésta a una nueva evolución, causa de revoluciones futuras” (Reclus, 2016, p. 13). Este ciclo dialéctico desmontaba el argumento de un progreso lineal, revelando que el presente es una dimensión en pugna entre la inercia del pasado y la urgencia de un futuro ya posible. La modernidad, con su reloj marcando horas de explotación, es desenmascarada por Reclus como una farsa. En el ideal evolucionista, el fin revolucionario, denuncia que la escasez no es un destino biológico, sino un crimen político si se considera que: “La Tierra es suficientemente vasta [...] y bastante rica para dar la vida en la abundancia” (Reclus, 2016, pp. 68-69). Los números sostienen el argumento de nuestro autor porque: “seis millones de muertos por falta de aire puro, de comida sana” (Reclus, 2016, p. 67-68), describiendo una situación que da lugar a TIEMPOS INSURGENTES 8 J. TOBARES una apropiación del tiempo activando el ciclo evolución-revolución, porque se ha mostrado: a la ciencia económica que, profetizando la falta de medios de subsistencia y la muerte inevitable de los desheredados, ha descubierto que la humanidad que sufre y pasaba como pobre hasta hace poco tiempo es poseedora de inmensas riquezas: el ideal de pan para todos no es una utopía. (Reclus, 2016, p. 68) Esta situación, para nuestro autor, no es una mera estadística; expone un sistema que produce hambre en medio de la abundancia, un “absurdo” que solo la revolución podía corregir. Reclus no se conformó con denunciar, propuso una temporalidad subversiva donde la aceleración ética rompía los mecanismos de la resignación. Frente a la “ley de Malthus”, que justifica la eliminación de los “sobrantes”, sostuvo que el pan y la palabra libre son derechos inseparables, porque: “El hombre no vive de pan solamente [...] es preciso pensar, hablar y obrar libremente” (Reclus, 2016, p. 71). La libertad, en su obra, no es una abstracción, es la capacidad de “saquear la despensa de la historia”, como sugiere al evocar a los pobres que miran los depósitos llenos mientras “el comerciante piensa cómo encarecer sus artículos” (Reclus, 2016, p. 69). Esta visión redefine el poder frente a las instituciones —Iglesia, Estado, familia—, estructuras de un tiempo estancado, donde los privilegios se heredan y las jerarquías se naturalizan. Reclus las confronta: “Los anarquistas rechazan la autoridad de un dogma [...] son enemigos de la religión” (Reclus, 2016, p. 72). Su utopía era un presente ampliado en el que la técnica sirva a la vida, no al lucro, y donde cada individuo, al pensar “sin otra reserva que el respeto a sus semejantes” (Reclus, 2016, p. 71), formaba una red de solidaridad que impugnaba un tiempo opresivo. Por lo visto hasta aquí, Reclus nos deja una metáfora del tiempo como un banquete interrumpido. Los guardianes del reloj —sacerdotes, economistas, Estados— robaban los cubiertos, pero la mesa estaba servida y si: “Todo está en abundancia [...] ¿Por qué hemos de ser nosotros, los revolucionarios, quienes lo hemos de decir?” (Reclus, 2016, p. 69). En esta pregunta late la certeza de que el futuro no era una promesa, sino un acto de rebeldía cotidiana. La autoridad del tiempo En el pensamiento anarquista, tiempo y autoridad no son conceptos aislados, sino dimensiones constitutivas de la historia. El nexo entre ambos radica en comprender que la autoridad, lejos de ser una entidad abstracta o eterna, se despliega como un fenómeno arraigado en el flujo del tiempo. Desde el anarquismo no se rechaza la autoridad en sí, sino su cristalización en estructuras que pretenden escapar TIEMPOS INSURGENTES 9 J. TOBARES a la temporalidad —como el Estado o la religión—, disfrazándose de verdades inmutables. Desmontar estos mitos revela que toda autoridad es, en esencia, un producto histórico, porque permitía ver en el Estado: un remanente secularizado de la religión, pero no menos dañino u opresor. La autoridad humana y política, defendía, se legitimaba y provenía de la divina, con lo que era crucial resaltar dicha conexión y no olvidar que asimismo se debía erradicar la segunda. (Straehle, p. 2022, p. 2) Pero al desenmascarar esta genealogía, muestra que lo que se presenta como sagrado o natural no es más que una construcción social, sujeta a la erosión del tiempo. En particular, desde la perspectiva de Mijaíl Bakunin —como mencionamos— desde el anarquismo no se niega la autoridad sino que se propone una redefinición radical desde la temporalidad. Ello es posible porque: “repensar la autoridad más allá del arkhé” (Straehle, 2022, p. 2), implica liberarla de su anclaje en principios trascendentes y devolverla al ámbito de lo humano. Así, la autoridad legítima no residiría en dogmas atemporales, sino en actos concretos y relaciones que se renuevan en un presente en el que: “cada uno es autoridad dirigente y cada uno es dirigido a su vez” (Bakunin, citado en: Straehle, 2022, p. 7). Esta fluidez solo es posible si el tiempo se entiende como un proceso abierto, donde el pasado no determina el futuro, sino que sirve como advertencia contra la reproducción de jerarquías. La praxis revolucionaria ejemplifica esta síntesis si se asume que la: “propaganda por los hechos” no era una mera táctica, sino una temporalidad encarnada, en donde el presente se convertía en el espacio en el cual la autoridad se ejerce como influencia ética, no como imposición. Siguiendo a Edgar Straehle, en esta visión la vida cotidiana era “la única gran y omnipotente autoridad natural” (2022, p. 12), una fuerza que emerge de acciones colectivas y se sostiene en la coherencia entre medios y fines. En consecuencia, el tiempo no es un marco externo, sino la dimensión misma donde se estructuran las relaciones de poder. Siguiendo a Bakunin, el tiempo se desplegaba en un proceso en el que cristalizan tanto el peso de las opresiones heredadas como la promesa de futuras emancipaciones. Así, la crítica de Bakunin a la autoridad no se limita a denunciar las estructuras de poder, sino que estructura una reinterpretación del tiempo mismo en la que la evolución y la revolución se entrelazan, y donde el pasado se convierte en un espejo para cuestionar los mitos que sostienen la dominación. En este sentido, Bakunin concibió el tiempo no como una línea recta, sino como una espiral dialéctica, a tono con la propuesta de Reclus. La evolución — entendida como la acumulación silenciosa de contradicciones— chocaba inevitablemente contra la resistencia de un orden que se niega a morir, dando lugar a la revolución como ruptura necesaria. Pero esta no es un estallido aislado, es el fruto de un proceso que expone el problema clásico de la autoridad que, su institucionalización “y, con ello, en su supeditación a un marco oficial, legal y estatal que la desnaturaliza” (Straehle, 2022, p. 9). Para Bakunin, el problema no era la autoridad en sí misma —en nuestro caso la del tiempo—, “sino que unos privilegiados TIEMPOS INSURGENTES 16 J. TOBARES de retrovanguardismo y sobreidentificación deconstruye narrativas lineales de progreso, exponiendo cómo el anacronismo crítico revela la persistencia de estructuras autoritarias en la temporalidad contemporánea. El tiempo es nuestro recurso Cuando el poder, socialista o capitalista, impone relatos lineales —“esto es progreso”, “aquello es historia”—, NSK ha respondido provocativamente con una composición de tiempos donde conviven Mozart y la propaganda industrial, Marx y el techno, por lo que no es casual que su Estado en el Tiempo emita pasaportes, que funcionan como visas para habitar la paradoja. ¿Qué queda después de deconstruir el tiempo? Quizás solo la pregunta que late bajo toda su obra: ¿en qué tiempo queremos vivir? Y la pregunta misma, al final, es lo más subversivo. El colectivo NSK y Laibach, su brazo musical, recuperan símbolos del pasado para construir un presente crítico y un futuro que se resiste a las narrativas impuestas. En la Yugoslavia socialista de los años 80, donde el orden mundial se resquebrajaba, su arte no se limitó a reflejar la realidad, sino que la deconstruyó al apropiarse de iconografías totalitarias —desde cruces negras que evocaban tanto a Malevich como a la Wehrmacht—, NSK convirtió el pasado en un espejo fracturado del presente. Cuando sostiene que la negación de la historia implica “No repent / No surrender / No descent”, Laibach (2014), lo hace no para borrar la historia, sino para exponer su manipulación. Como señala Zdenka Badovinac (2015), la apelación al retrovanguardismo del colectivo se propone “mostrar el presente como un trauma repetido del pasado” (p. 8), revelando cómo las ideologías, incluso las opuestas, comparten raíces en el autoritarismo que aún seduce a la sociedad contemporánea. Al iterar símbolos como la cruz negra o resucitar carteles nazis para celebrar a Tito, NSK aceleraba la ruptura con las estructuras de poder. “You gotta kill your stupid fears / […] Cut through the system’s rules”, (Laibach, 2014), apela simultáneamente a la acción con una crítica a la ilusión de progreso lineal, por lo que esta estrategia no es simple provocación. Cuando se produjo el escándalo del cartel de 1987, donde un diseño basado en propaganda del Tercer Reich ganó un concurso oficial, el colectivo dejó al descubierto la complicidad entre el socialismo yugoslavo y las lógicas del capital. En este sentido, siguiendo a Badovinak: “Los críticos más agudos del socialismo y sus diversas desviaciones eran los propios izquierdistas, en particular aquellos intelectuales que insistían en una lectura cercana y cuidadosa de Marx” (2015, p. 6), destacando cómo NSK desnudó las paradojas de un sistema que se creía y se presentaba como emancipador. En consecuencia, el tiempo para NSK, no es una línea recta, sino una composición de épocas superpuestas. En WAT —We Are Time—, Laibach comprime el tiempo y establece una lógica de referencia temporal: “From Moses to Muhammad / himno, “Laibach sintetiza la memoria, la movilización y el espacio. Todo ello desde su propia dimensión: el tiempo” (Tobares, 2019, 23). TIEMPOS INSURGENTES 17 J. TOBARES From kapital to NATO” (2003), mientras el Estado NSK en el Tiempo —una entidad sin territorio que emite pasaportes— parodia la soberanía estatal. El juego con lo simbólico no solo cuestiona el poder, sino que redefine la resistencia. Al crear un Gesamtkunstwerk —una obra de arte total—, NSK construyó subjetividades fuera de los marcos estatales donde el tiempo se pliega sobre sí mismo para revelar contradicciones, de forma que, como sugiere Alexei Monroe: El pasaporte NSK, como dispositivo simbólico, permite traspasar las fronteras conceptuales entre la realidad cotidiana y la realidad autoconstruida. A medida que se acumula la improbabilidad de la vida cotidiana y del Estado NSK, a algunos les cuesta creer que no garantice traspasar las fronteras físicas entre territorios marginales y privilegiados. (2014, p. 27) Frente a la modernidad y su fe en el progreso, NSK respondió con anacronismos deliberados. Slavoj Žižek, analizando su método, describe cómo el colectivo “realizó exorcismos y enmarcó un mundo de reglas y convenciones alternativas” (citado en: Badovinac, 2015, p. 8). A finales del siglo pasado, el mundo asistió al surgimiento del capitalismo total —del Kapital al Capital— que se presenta “sin alternativa viable” (Badovinac, 2015, p. 7), su propuesta radicó en exponer que el tiempo no es neutral, sino una dimensión en disputa. Cada cartel, cada concierto, cada pasaporte NSK, fue un acto de guerrilla temporal, donde: “Cada evento de NSK fue un monolito con múltiples significados, nuevos proyectos y referencias que surgieron y crecieron a partir de él” rompiendo el orden establecido (Badovinac, 2015, p. 8). Así, su arte no solo critica, sino que invita a imaginar nuevamente: ¿y si el futuro no fuera una meta, sino un collage de todos los pasados posibles? De lo irresuelto a la revolución El tiempo, en las producciones de NSK y Laibach, funciona como un material maleable, un lienzo donde pasado, presente y futuro no se suceden, sino que colisionan. Su arte no solo habla del tiempo, lo pone en jaque. En la Yugoslavia de los años 80, mientras el socialismo se resquebrajaba y el capitalismo global acechaba, los integrantes de NSK no se limitaron a documentar la crisis. La convirtieron en un laboratorio para desmontar las narrativas que sostienen al poder y dos estrategias emergieron como ejes: primero, la creación de una temporalidad fracturada, donde las épocas se superponen como capas de un palimpsesto, y, en segundo lugar, la materialización de un Estado en el Tiempo como una entidad sin territorio que desafía la lógica misma de lo político. Como señalamos, al apropiarse de iconografías totalitarias —la cruz negra o el cartel—, NSK no evoca el pasado, lo repite para exponer su latencia en el presente. TIEMPOS INSURGENTES 18 J. TOBARES Esta práctica, el retrovanguardismo, no es nostalgia, sino un acto de manipulación temporal. NSK apela al “principio retro”, poniendo en práctica: metodologías y prácticas estéticas “retro” similares en las bellas artes, el teatro, el diseño, la filosofía, el cine y otros ámbitos. En lugar de buscar generar directamente transformaciones vanguardistas y revolucionarias, NSK combina elementos de vanguardia y pop con la cultura nazi (Nazi-Kunst), el realismo socialista con el conceptualismo, el modernismo con el arte folklórico, el impresionismo esloveno y otros componentes diversos. En vez de descartar o trascender el pasado (al que ahora pertenecen las vanguardias), NSK intenta trabajar desde él, explotando sus energías reprimidas. El objetivo es abrir nuevas posibilidades para el futuro, no mediante una negación revolucionaria al estilo “año cero”, sino a través del cuestionamiento crítico y la reelaboración de materiales del pasado. (Monroe, 2005, pp. [78-79]) De esta forma, crea un choque temporal que desnuda la continuidad de las estructuras autoritarias. En WAT, Laibach condensa milenios en versos, así “From the beginning to the end” (2003), funciona como un mantra que comprime la historia en un bucle infinito. No se trata de un ejercicio poético, sino de una denuncia, al exponer que el progreso lineal es un mito que encubre la repetición traumática. Badovinac (2015) lo resume al decir que NSK buscaba: “mostrar el presente como un trauma repetido del pasado” (p. 8). El Estado NSK en el Tiempo lleva esta subversión al extremo, porque no es un estado en el sentido convencional —no tiene territorio, ni ejército, ni fronteras fijas—, sino que “fue definido como un organismo abstracto, un cuerpo suprematista, instalado en un espacio sociopolítico real en forma de escultura constituida por el calor corporal, el movimiento del espíritu y el trabajo de sus integrantes” (IRWIN, 2014, p. 7). Los pasaportes, inicialmente artefactos simbólicos, adquirieron emtidad propia durante la guerra en Bosnia cuando ciudadanos desesperados los usaron para cruzar fronteras, convirtiéndolos en herramientas de supervivencia para cruzar las fronteras más fácilmente que con documentos oficiales, explica IRWIN (2014, p. 8). Este gesto — donde el arte se vuelve documento y el documento se vuelve arte— expone la ficción de la burocracia estatal. Žižek lo define como un acto de “sobreidentificación”, porque al exagerar los rituales del poder —emitir pasaportes, crear embajadas—, NSK revela su vacuidad. 8 Las consecuencias políticas se vieron a inicios de la primera década del siglo XXI en Nigeria, donde miles de solicitantes reinterpretaron los pasaportes NSK no como objetos artísticos, sino como salvoconductos para migrar. En este sentido: “La palabra se hizo carne”, ironiza IRWIN (2014, p. 8), aludiendo a cómo un símbolo del “Primer Mundo” fue reapropiado en el “Tercer Mundo” como recurso concreto. Esta torsión temporal —donde un proyecto artístico esloveno se entrelaza con la urgencia 8 Para Žižek, apelar a la ironía como estrategia “‘frustra’ el sistema (la ideología dominante) precisamente porque no se trata de una imitación irónica de este, sino de una sobreidentificación con él. Al develar el costado obsceno y superyoico del sistema, la sobreidentificación suspende su eficacia” (Žižek, 1993) TIEMPOS INSURGENTES 19 J. TOBARES africana— desmonta la ilusión de un tiempo universal. Mientras Occidente celebraba el “fin de la historia” con el colapso de la URSS, NSK demostraba que el tiempo no avanza sino que se fragmenta, se recicla y puede colonizarse. Su arte no ofrece respuestas, sino preguntas incómodas: ¿Qué pasa cuando el pasado nunca se va? En un presente donde el capitalismo se declara sin alternativa, el Estado NSK en el tiempo muestra que el tiempo no es una prisión, sino un campo de batalla. 9 Expuestas las formas en que el tiempo es considerado en los casos analizados, es necesaria la comparación que articule las tensiones y convergencias entre anarquismo, futurismo y NSK. Desde la MTI, este contraste permite exponer cómo la instrumentalización política del tiempo, pese a sus divergencias ideológicas, configura un eje transversal para resistir, legitimar o subvertir estructuras hegemónicas, evidenciando la polisemia de la temporalidad como categoría política. Trulubu Vremz 10 El tiempo, esa trama invisible que ordena nuestros días, se convierte en el contexto del anarquismo, el futurismo y el NSK en un lienzo desgarrado, donde pasado, presente y futuro no son etapas, sino recursos políticos. Estos movimientos, separados por contextos y fines, comparten una verdad incómoda: el tiempo no es solamente una dimensión que fluye continuamente de forma universal, es también un campo minado de significados. Reclus lo entendió al ver la Commune en 1871 no como un mero levantamiento, sino como una grieta en la cronología del poder. Entre barricadas y proclamas, se desató una temporalidad distinta en la que evolución y revolución son puestas en relación de continuidad como partes constitutivas del ciclo temporal definiendo al tiempo como una espiral donde cada ruptura alimenta el siguiente giro. Por ello para el geógrafo anarquista, la revolución no era un fin sino la motivación inherente de un cuerpo colectivo que se negaba a aceptar el tiempo del reloj capitalista. Marinetti, por su parte, también intentó romper el tiempo, pero apelando a la fuerza de la máquina. Sus manifiestos no eran textos, sino bombas incendiarias arrojadas a los museos, dando lugar a un futuro donde los motores rugieran más fuerte que los susurros de la historia. Para el escritor pirómano, el pasado era un cadáver que olía a polvo, y la velocidad —eterna y omnipresente— era el arma para decapitarlo. Pero su sueño de acero se torció porque al abrazar el fascismo, el futurismo terminó fabricando relojes para un régimen que usaba el tiempo como 9 A este respecto la batalla es explícitamente política. Al ser consultados sobre la diferencia entre el totalitarismo y la democracia, sostuvieron que: “No hay ninguna diferencia. Democracia es sólo un eufemismo que se refiere a un totalitarismo más desarrollado” (Fear of Music). 10 [TRU-lu-bu VREHMZ], del Zaum. Expresión de sentido: Todos los tiempos / la totalidad del tiempo. Unión de lo múltiple y lo continuo. Representa un régimen de tiempo plural, coexistente. (Tobares, 2025b, p. [2]) TIEMPOS INSURGENTES 20 J. TOBARES grillete. La guerra, esa “higiene del mundo” que exaltaba Marinetti, no purificó nada y solo aceleró la maquinaria de control. Frente a estos extremos, el NSK emergió en la Yugoslavia de los 80 como un fantasma que ironizaba sobre las fronteras temporales. ¿Cómo cuestionar un sistema socialista que se creía emancipado? La respuesta para el movimiento esloveno fue resucitar símbolos nazis en carteles oficiales, o emitiendo pasaportes ficticios a finales del siglo XX. Su Estado en el Tiempo, una entidad sin territorio, no es una utopía, sino un espejo deformante en el que da entidad al límite entre lo real y lo ficticio, y en el que se sitúan sus ciudadanos. Al repetir iconografías totalitarias, el colectivo no negaba el pasado, sino que lo estrangulaba en el presente, mostrando que el fascismo y el socialismo compartían raíces en el autoritarismo. En su canción WAT, Laibach marca el tiempo de la acción en un verso: “From no solution/To revolution” (2003), un recordatorio de que el “progreso” suele ser un disfraz para viejas dominaciones y que, en ausencia de soluciones auténticas, las revoluciones se convierten en reinicios históricos que repiten traumas pasados, recuperando el sentido temporal del anarquismo. La revolución, en este contexto, no funcionó como escape, sino como otro eslabón en la cadena de suspenso que Laibach identifica como su dispositivo. En línea con la estrategia de sobreidentificación de NSK, no se propone una alternativa, sino que amplifica las contradicciones del sistema hasta volverlas absurdas. Laibach apela a iconografías polémicas para evitar una categorización definida, y aquí lo hace mostrando que el tiempo —y sus supuestas revoluciones— es un teatro donde el poder se recicla, nunca se disuelve. Los tres movimientos — el anarquismo, el futurismo y NSK— articulan sus narrativas políticas y estéticas, integrando pasado, presente y futuro como dimensiones estructurantes. En primer lugar, reinterpretan críticamente el pasado, aunque con objetivos distintos. Reclus recurre a un anacronismo controlado para vincular revoluciones históricas con luchas contemporáneas y es aquí cuando se expone la dimensión interpretativa del tiempo desde una metáfora: “el agricultor pondrá la mano sobre el producto que él mismo arrojó en el surco” (Reclus, 2016, p. 127). Los futuristas, en cambio, reinterpretan el pasado como un lastre, proclamando “demoler los museos y las bibliotecas” (Marinetti, 1978, pp. 130-131); mientras el NSK reactiva símbolos totalitarios mediante una recuperación política del tiempo, como su cruz inspirada en la obra de Malevich y la estética del nacionalsocialismo. En segundo lugar, los tres movimientos proyectan futuros utópicos mediante horizontes de expectativas. Reclus imagina una sociedad anarquista basada en la solidaridad internacional en la que las huelgas “han tomado un carácter agresivo y amenazador” (Reclus, 2016, p. 126), llamando la atención de la burguesía. Los futuristas idealizan un “Hombre multiplicado” por la tecnología (Marinetti, 1978, p. 72), mientras NSK propone un Estado que en lugar de estar anclado a un territorio, le otorga “ese estatus al pensamiento, un ente cuyos límites se reconfiguran según los movimientos y transformaciones de su cuerpo colectivo tanto simbólico como tangible” (Čufer e IRWIN, 2014, p. 14) que prioriza la autoorganización política desde el arte. En todos los casos, conjurar el futuro es un recurso político que permite a los agentes sociales someter la incertidumbre que genera aquello que se desconoce e intervenir como sujetos históricos en el tiempo mismo. Finalmente, como consecuencia de lo anterior, TIEMPOS INSURGENTES 21 J. TOBARES emplean metáforas para politizar el tiempo. Reclus utiliza analogías naturales, como la evolución como “savia originaria” (2016, p. 15), recurso propio del ciclo vital de las sociedades en constante cambio; los futuristas recurren a metáforas mecánicas, a los automóviles de carrera que definen la velocidad como argumento central del movimiento; y el NSK construye metáforas simbólicas recuperando el simbolismo de un totalitarismo que aún seduce a las sociedades contemporáneas, desafiando las nociones lineales de temporalidad. Sin embargo, cada manifestación asume el tiempo de manera particular. Mientras Reclus integraba el tiempo en una geografía viva —“historia en el espacio”— donde la revolución era parte de un ciclo natural, el futurismo lo proyectaba hacia un porvenir tecnológico y deshumanizado. El NSK, en cambio, lo distorsiona como un prisma en el que pasado y futuro chocan en un presente perpetuo, donde un pasaporte puede ser arte o salvoconducto, dependiendo de quién lo porte. La estrategia no era casual porque NSK apeló a la sobreidentificación, exagerando los rituales del poder hasta volverlos absurdos. ¿Era su arte una crítica o una complicidad? La respuesta yace en la ambigüedad porque al usar pasaportes, no solo desnudaron la ficción de las fronteras, sino que revelaron que, en tiempos de crisis, hasta lo simbólico puede salvar vidas. Las divergencias radican en cómo cada movimiento articula las dimensiones temporales y sus objetivos ideológicos. En el pasado, el anarquismo de Reclus mantiene una conexión crítica, señalando la dualidad de revoluciones históricas, sosteniendo un doble efecto de progreso y regresión cuando una revolución “tuvo su día siguiente. La víspera empujaba al pueblo al combate; al día siguiente se le exhortaba a la prudencia” (Reclus, 2016, 27). El futurismo, en contraste, lo rechaza radicalmente al “combatir la moralidad y todas las cobardías oportunistas y utilitarias” (Marinetti, 1978, p. 131). El NSK, por su parte, opera mediante ambigüedad irónica, apropiándose de iconografía totalitaria para cuestionar su legado, debido a que el fascismo no fue derrotado simbólicamente porque si: El Estado NSK y los estados democráticos “realmente existentes” pueden estar hechos de los mismos elementos. Al final, caemos en la cuenta de que todos fueron inventados por artistas. Pero hay una diferencia clave: el Estado NSK, creación de artistas que —como autores— no pueden eximirse de su responsabilidad, deja en claro que los usurpadores electos de los estados democráticos reales y existentes no son artistas, sino usurpadores. La diferencia es crucial. Y ya que los estados democráticos reales y existentes no son obras de arte, sino que se sostienen en artificios, lo que vemos son dictaduras saliendo de la crisálida democrática. (Mastnak, 2014, p. 49). En el presente, Reclus denuncia la explotación capitalista y la “moral de la resignación” (2016, p. 64), mientras los futuristas exaltan la acción inmediata en el “movimiento agresivo, insomnio febril” (Marinetti, 1978, p. 129). NSK, en cambio, media entre el colapso del comunismo y las expectativas globales, usando pasaportes TIEMPOS INSURGENTES 22 J. TOBARES como documentos funcionales que resignifican el presente. En el futuro, el anarquismo prioriza una utopía ética basada en la solidaridad; el futurismo proyecta una tecnocracia maquinista, donde “la vida carnal queda reducida” a la conservación biológica de la especie (Marinetti, 1978, p. 67); y el NSK propone un capital simbólico estético, como en Kapital (1990-1991), donde placas de edificios socialistas se convierten en “historia convertida en capital” (Badovinac, 2015, p. 24). Una diferencia fundamental es que iteratividad varía en los casos considerados. En efecto, Reclus la concibe como ciclos dialécticos, en los que la evolución precede a la revolución; los futuristas como destrucción-creación al ver a la guerra como higiene; y el NSK como repetición crítica que subvierte rituales estatales para exponer su dimensión propiamente totalitaria. Por lo expuesto hasta aquí, entendemos que toda temporalidad es un acto de poder, un conjunto contingente de elecciones éticas, exclusiones y resistencias. Recuperar los postulados de estos movimientos es confrontar la ilusión de un tiempo neutral y reconocer que, en sus fracturas, se escribe la historia de una sociedad —y qué futuros merece—. Consideraciones Finales En La persistencia de la memoria (1931), Salvador Dalí no solo pinta relojes derretidos; podemos pensar que rompe con la idea del tiempo lineal, exponiéndolo como una construcción frágil y maleable. Los relojes blandos —icónicos en el lienzo— no marcan la hora, exponen la angustia de un mundo en crisis a comienzos de la década de 1930. Se despliegan sobre un paisaje desolado donde el horizonte se funde en un cielo infinito, evocando aquella longue durée de Braudel que desdibuja la urgencia del acontecimiento humano. Dalí toma objetos cotidianos y sumerge a los relojes en un contexto absurdo para cuestionar su autoridad, forzándonos a indagar: ¿Qué miden estos artefactos cuando el tiempo mismo se desvanece? La MTI se revela esencial para comprender cómo el tiempo funciona como categoría política, estructurando narrativas históricas e identidades colectivas. Aplicada al anarquismo de É. Reclus, al impasse analizado por R. Provinciali, al futurismo de Marinetti y al Estado NSK en el Tiempo, demuestra que la manipulación del pasado, presente y futuro es un acto cargado de intencionalidad ideológica. Los casos examinados exponen tiempos insurgentes en los cuales el anarquismo interrumpe la cronología para forjar utopías presentes; el futurismo acelera el devenir hacia un futuro tecnocrático; y el NSK repite cíclicamente eventos para desnudar las contradicciones del poder. Hemos expuesto que estas prácticas evidencian que el tiempo no es mero contenedor de sucesos, sino recurso político disputado y configurador de memorias y posibles futuros. Desde una perspectiva historiográfica, nuestra investigación aporta, en primer lugar, una perspectiva del tiempo que pone en cuestión la linealidad progresista mediante una temporalidad cíclica, donde las revoluciones emergen como rupturas dentro de la continuidad histórica. En segundo lugar, pusimos de relieve cómo la aceleración, inicialmente propuesta como liberadora, refuerza regímenes autoritarios TIEMPOS INSURGENTES 23 J. TOBARES al subordinar al sujeto a la estructura. Y, por último, mostramos que las prácticas estético-políticas deconstruyen los regímenes de historicidad al reactivar simbologías totalitarias, exponiendo la persistencia del autoritarismo bajo nuevas formas. Hemos visto como el tiempo se configura en un campo de batalla ideológico en tres modos de habitarlo que revelan los mecanismos de dominación y resistencia inscritos en la temporalidad, poniendo en cuestión la linealidad del tiempo histórico. Referencias  Arenas-Martínez, S. R. (2009). El futurismo italiano, entre el fascismo y el olvido: La huella en otros. Emerging Trends in Education, (mayo–agosto), (2) 69–75.  Badovinac, Z., Čufer, E., & Gardner, A. (Eds.). (2015). NSK from Kapital to Capital: Neue Slowenische Kunst – An Event of the Final Decade of Yugoslavia: Exhibition guide. Moderna galerija. (Traducción propia)  Blasco Ibáñez, V. (2014). Una familia de geógrafos: los hermanos Reclus. Geopolítica(s). 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