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Etnografías críticas y descolonización del trabajo de campo en NuestrAmérica

Sandoval-Forero, Eduardo Andrés

Abstract

Uno de los métodos más utilizados en la investigación social son las etnografías que corresponden a metodologías positivistas, críticas o decoloniales. En tesis, artículos y libros se declara la utilización del método etnográfico y solo se expone la aplicación de técnicas y herramientas y el trabajo de campo es reducido a visitas o paseos ocasionales. Por ello, este artículo tiene como objetivo analizar críticamente el método etnográfico hegemónico, destacando la emergencia de etnografías críticas y decoloniales en la investigación social en NuestrAmérica. La metodología utilizada incluye una revisión de fuentes teóricas y un análisis comparativo de las prácticas etnográficas tradicionales, críticas y decoloniales, destacando el trabajo de campo y la construcción de subjetividades colectivas. Los resultados indican que la etnografía clásica, anclada en el positivismo y el eurocentrismo, reproduce las estructuras de poder y ha fomentado una visión limitada de las comunidades investigadas. En contraste, las etnografías críticas y decoloniales introducen la reflexividad, la horizontalidad y la coproducción de conocimiento, reivindicando los saberes y voces subalternas, así como la importancia de la ética y la justicia cognitiva. El trabajo de campo, desde esta perspectiva, se redefine como un proceso relacional, colaborativo e intersubjetivo que rechaza el extractivismo epistémico y promueve la transformación social. Se llega a la conclusión de que las etnografías críticas y decoloniales hacen más accesible la creación de conocimientos, cuestionan las jerarquías del saber y se dirigen hacia la justicia social y cognitiva.

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Para citar prefiera el ARK https://n2t.net/ark:/53698/17743934 Depositado en Zenodo: https://doi.org/10.5281/zenodo.17743934 Derechos de autor 2025: Eduardo Andrés Sandoval-Forero | Derechos de publicación: Eduardo Andrés Sandoval-Forero Permisos de publicación no-exclusivos: Revista nuestrAmérica Licencia: CC BY NC SA 4.0 Recibido: 28 de julio de 2025 | Aceptado: 5 de noviembre de 2025 | Publicado: 27 de noviembre de 2025 Etnografías críticas y descolonización del trabajo de campo en NuestrAmérica Etnografias críticas e descolonização do trabalho de campo em NuestrAmérica Critical Ethnographies and the Decolonization of Fieldwork in NuestrAmérica Eduardo Andrés Sandoval-Forero Doctor en Sociología, Profesor-investigador Universidad Autónoma del Estado de México, Toluca, México [email protected] https://orcid.org/0000-0003-1659-7588 Resumen: Uno de los métodos más utilizados en la investigación social son las etnografías que corresponden a metodologías positivistas, críticas o decoloniales. En tesis, artículos y libros se declara la utilización del método etnográfico y solo se expone la aplicación de técnicas y herramientas y el trabajo de campo es reducido a visitas o paseos ocasionales. Por ello, este artículo tiene como objetivo analizar críticamente el método etnográfico hegemónico, destacando la emergencia de etnografías críticas y decoloniales en la investigación social en NuestrAmérica. La metodología utilizada incluye una revisión de fuentes teóricas y un análisis comparativo de las prácticas etnográficas tradicionales, críticas y decoloniales, destacando el trabajo de campo y la construcción de subjetividades colectivas. Los resultados indican que la etnografía clásica, anclada en el positivismo y el eurocentrismo, reproduce las estructuras de poder y ha fomentado una visión limitada de las comunidades investigadas. En contraste, las etnografías críticas y decoloniales introducen la reflexividad, la horizontalidad y la coproducción de conocimiento, reivindicando los saberes y voces subalternas, así como la importancia de la ética y la justicia cognitiva. El trabajo de campo, desde esta perspectiva, se redefine como un proceso relacional, colaborativo e intersubjetivo que rechaza el extractivismo epistémico y promueve la transformación social. Se llega a la conclusión de que las etnografías críticas y decoloniales hacen más accesible la creación de conocimientos, cuestionan las jerarquías del saber y se dirigen hacia la justicia social y cognitiva. Palabras clave: etnografía crítica, decolonialidad, trabajo de campo, justicia cognitiva, epistemologías del Sur. Resumo: Um dos métodos mais utilizados na pesquisa social são as etnografias, que podem inscrever-se em metodologias positivistas, críticas ou decoloniais. Em teses, artigos e livros, declara-se o uso do método etnográfico, mas apenas se descreve a aplicação de técnicas e instrumentos, reduzindo o trabalho de campo a visitas ou incursões ocasionais. Diante disso, este artigo tem por objetivo analisar criticamente o método etnográfico hegemônico, enfatizando a emergência de etnografias críticas e decoloniais na pesquisa social em NuestrAmérica. A metodologia adotada compreende uma revisão de fontes teóricas e uma análise comparativa das práticas etnográficas tradicionais, críticas e decoloniais, com ênfase no trabalho de campo e na construção de subjetividades coletivas. Os resultados indicam que a etnografia clássica, ancorada no positivismo e no eurocentrismo, reproduz estruturas de poder e tem alimentado uma visão limitada das comunidades investigadas. Em contraste, as etnografias críticas e decoloniais introduzem a reflexividade, a horizontalidade e a coprodução de conhecimento, reivindicando saberes e vozes subalternas, bem como a centralidade da ética e da justiça cognitiva. Nessa ISSN 0719-3092 —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 2 [email protected] perspectiva, o trabalho de campo redefine-se como um processo relacional, colaborativo e intersubjetivo, que recusa o extrativismo epistêmico e promove a transformação social. Conclui-se que as etnografias críticas e decoloniais tornam mais acessível a criação de conhecimentos, colocam em questão as hierarquias do saber e se orientam para a justiça social e cognitiva. Palavras-chave: etnografia crítica; decolonialidade; trabalho de campo; justiça cognitiva; epistemologias do Sul. Abstract: One of the most widely used methods in social research is ethnography, which may follow positivist, critical, or decolonial methodological paradigms. In theses, articles, and books, the ethnographic method is often cited, yet in practice, its application is limited to techniques and tools, reducing fieldwork to occasional visits or brief excursions. This article critically analyzes hegemonic ethnographic approaches while highlighting the emergence of critical and decolonial ethnographies in social research across NuestrAmérica. The methodology involves a review of theoretical sources and a comparative analysis of traditional, critical, and decolonial ethnographic practices, with particular attention to fieldwork and the construction of collective subjectivities. The findings show that classical ethnography, grounded in positivism and Eurocentrism, tends to reproduce structures of power and offers a limited view of the communities under study. In contrast, critical and decolonial ethnographies introduce reflexivity, horizontality, and knowledge co-production, reclaiming subaltern voices and ways of knowing, as well as emphasizing ethics and cognitive justice. From this perspective, fieldwork is redefined as a relational, collaborative, and intersubjective process that rejects epistemic extractivism and fosters social transformation. The study concludes that critical and decolonial ethnographies contribute to the democratization of knowledge production, challenge epistemic hierarchies, and promote both social and cognitive justice. Keywords: critical ethnography, decoloniality, fieldwork, cognitive justice, Southern epistemologies. Introducción Diversas han sido y continuarán siendo las tendencias de pensamientos en las denominadas ciencias sociales y humanidades, especialmente en los estudios de los conflictos sociales, culturales, políticos y económicos, así como de la educación, la diversidad cultural, las violencias, la paz, la ecología y el desarrollo humano, económico, social, sostenible, sustentable que de forma ineludible corresponden a propuestas epistemológicas variadas, las cuales utilizan diferentes metodologías de investigación que conciernen a intereses igualmente disímiles en relación con el poder, el saber, el ser, la política, la ciencia, la sociedad y la naturaleza. Dentro de las metodologías de investigación cualitativa, que pueden incluir también métodos cuantitativos y datos numéricos, sobresalen el método comparativo y el método etnográfico, junto a sus teorías que son fundamentales en disciplinas sociales en todo el mundo. En la actualidad del siglo XXI, en un mundo sacudido por la globalización, estos dos métodos — redimensionados y con distintas interpretaciones— continúan siendo destacados en campos como la antropología social, la etnología, la antropología cultural, la etnohistoria, la psicología social, la educación, la etnometodología, la sociología y las investigaciones sobre los desarrollos. Como es de conocimiento, la etnografía, como término, proviene del griego ethnos, que significa ‘pueblo’ o ‘nación’, y grapho, que significa ‘describir’ o ‘escribir’. El término comenzó a usarse en el siglo XIX para referirse a la tarea de describir y analizar sistemáticamente las culturas, costumbres y modos de vida de distintos pueblos, especialmente aquellos considerados “exóticos” por la antropología europea de la época (Hammersley y Atkinson 2007). Los orígenes de la etnografía se remontan a la consolidación de la antropología como disciplina científica, particularmente entre finales del siglo XIX y principios del XX. Bronislaw Malinowski es considerado uno de los pioneros de la etnografía moderna, pues propuso el trabajo de campo prolongado y la observación participante como elementos clave para comprender profundamente —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 3 [email protected] las culturas estudiadas. “El objetivo principal del etnógrafo debe ser captar el punto de vista del nativo, su relación con la vida, comprender su visión de su mundo” (Malinowski 1922, 25). Con esta concepción se asume el estudio y la investigación de los otros, de otras culturas, de otras cosmovisiones. Según Geertz (1973, 6), “la etnografía es una descripción densa de las formas de vida y de las prácticas sociales de los grupos humanos”. En este sentido, la etnografía la podemos asumir en su complejidad como método de investigación, como labor de conocimiento y como texto etnográfico 1 . Es decir que el método tiene un enfoque basado en la inmersión prolongada del investigador en el contexto sociocultural, político y económico de lo estudiado; además, se complementa con técnicas de investigación cualitativas muy particulares que permiten estudiar y analizar evitando generalizaciones superficiales, a priori y sin fundamento en la realidad. Sin embargo, encontramos de manera frecuente en artículos, ensayos, capítulos y tesis, incluyendo de doctorado, una confusión, distorsión y reducción del método etnográfico a técnicas de investigación, incluso algunas que no son cualitativas y solo se expone la aplicación de entrevistas estructuradas, semiestructuradas, abiertas, a profundidad o encuestas. Se declara, por ejemplo, etnografía crítica y se realiza la clásica, la hegemónica. El trabajo de campo es reducido a visitas y paseos ocasionales de campo, incluso no se realiza con el mínimo requerimiento que la investigación etnográfica exige. Debido a lo anterior, es importante comprender la relación y la diferencia entre los métodos etnográficos y las técnicas posibles de utilizar en la investigación social. En el presente artículo se expone en un primer apartado algunas consideraciones sobre los métodos etnográficos, otro apartado sobre las técnicas de investigación, en un tercer apartado sobre el trabajo de campo y en el último apartado se presentan algunas anotaciones sobre la subjetividad en la etnografía. Etnografía hegemónica Considero indispensable iniciar diciendo que asumo al método/s en la investigación sociohumanística como todo un proceso que está definido por un posicionamiento epistemológico, por una forma de acercarse y de comprender la vida, la percepción social, por el enfoque teórico y analítico que de manera consciente o inconsciente el investigador tiene frente al poder, al ser, al pensar, a la naturaleza y a los actores sociales con los que interactúa en la investigación. Esa profundidad de la indagación etnográfica se concreta en descripciones e interpretaciones sistemáticas de la información obtenida en campo, lo que se denomina texto etnográfico. La característica que define a la investigación etnográfica es la participación prolongada del investigador en el contexto sociocultural estudiado, para lo cual utiliza técnicas como la observación participante, observación exhaustiva de la realidad vivencial, las entrevistas en profundidad, las entrevistas etnográficas, grupos focales, de conversación y de discusión. Este enfoque de participación prolongada e interacción con los actores sociales permite captar la complejidad de los significados, prácticas y representaciones sociales desde la perspectiva de los 1 Algunos textos que hacen referencia a la etnografía en sentido de enfoque, método y texto, son los de Rosana Guber (2001), Honorio Velasco y Ángel Díaz de Rada (2004). —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 4 [email protected] propios actores sociales. Hammersley y Atkinson (2007, 3) señalan que “el trabajo etnográfico implica la producción de descripciones e interpretaciones detalladas del comportamiento humano en contextos naturales”. Esto hace que el método sea valioso para comprender de manera completa a las sociedades. El método etnográfico clásico de estudio fue significativamente desarrollado por la antropología colonialista en diversos países a finales del siglo XIX y comienzos del XX, fundamentándose en el conocimiento de otras culturas, calificadas como pueblos exóticos, ágrafos, sin Estado, bárbaros, salvajes, primitivos y de organización simple. Entre los personajes destacados de la etnografía tradicional se incluyen, entre otros, a Bronislaw Malinowski, Marcel Mauss, Franz Boas, Evans Pritchard, Margaret Mead y Levi Strauss. Sus etnografías se distinguen por la colonialidad del saber, obtenido de un arduo trabajo de campo fundamentado en diferentes técnicas de observación y herramientas de trabajo, cuyo material constituye la base para las descripciones, interpretaciones y explicaciones de esas otras culturas no occidentales, no civilizadas. La etnografía tradicional inglesa, norteamericana y francesa se distingue por su predominio descriptivo, que también ha prevalecido en NuestrAmérica, además del sesgo culturalista acrítico y descontextualizado de las realidades estudiadas. Esta formación disciplinaria, que muestra resultados incompletos y sin crítica, se basa en una de las falacias del positivismo que exige a los investigadores ser imparciales para entender, describir, analizar y reflejar "la realidad objetiva". Esa supuesta "neutralidad", tanto como concepto y práctica en cualquier disciplina social o humana, no es en sí misma un término neutral. En cambio, ha sido y continúa siendo un componente de la colonización del lenguaje mediante el uso del denominado método científico. La formación antropológica, etnológica y etnográfica se originó en NuestrAmérica a finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Esto ocurrió en un contexto marcado por la construcción de los Estados nacionales y la necesidad de conocer las diversas realidades culturales y étnicas de la región para determinar políticas gubernamentales. Esta formación se basa en teorías europeas, especialmente el evolucionismo y el positivismo, que sugieren una visión organizada y secuencial del desarrollo social y cultural. Figuras como Manuel Gamio en México, entre 1910 y 1920, comenzaron a aplicar métodos antropológicos y, con el proyecto de Teotihuacán, iniciado en 1917, se marcó el comienzo formal de la antropología científica en México. Desde los años 40 del siglo XX, los antropólogos y sociólogos han elaborado diversas etnografías en NuestrAmérica centradas en la "diversidad cultural", con los indígenas y, en menor grado, los campesinos y los afrodescendientes, tratados como sus “objetos de estudio”. En la región, el enfoque etnográfico predominante ha estado basado en los clásicos de la etnografía colonialista europea y norteamericana. En México tomó relevancia la etnografía de la Escuela de Chicago por la presencia de un buen número de antropólogos norteamericanos que investigaban pueblos originarios y el pasado prehispánico, así como también por el estudio de una amplia variedad de textos etnográficos del Norte divulgados en las escuelas de formación socioantropológica. Además, por la labor indigenista que el Estado llevó a cabo con destacados antropólogos y sociólogos mexicanos en las —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 5 [email protected] comunidades indígenas mediante el Instituto Nacional Indigenista (INI), que comenzó actividades en 1948. Esa política y acción estatal hacia las comunidades indígenas, conocida como "indigenismo", generó avances teóricos que guiaron la política pública hacia la "integración", "asimilación" o "incorporación" de los indígenas en la sociedad mexicana, es decir, una política de “colonialismo interno” que se propuso acabar con los pueblos originarios, una verdadera política de etnocidio cultural. Para la implementación de la política de etnocidio cultural del Estado contra los pueblos originarios, los antropólogos y sociólogos investigaron comunidades de manera directa, realizaron trabajo de campo, elaboraron sendas etnografías y coparticiparon en la creación de cacicazgos indígenas, la cooptación de líderes, la educación para indígenas y muchas otras formas de control y dominación de las comunidades con el propósito de desindianizar a una población sumida en la pobreza y miseria, a pesar de haber sido actores relevantes en la lucha por la independencia y la revolución mexicana. La primera Escuela de Antropología en NuestrAmérica fue creada en México en 1938; diez años después abrió sus puertas el Instituto Nacional Indigenista. La formación académica, la prolífica producción de etnografía, son magníficas descripciones que a menudo se confunden con la literatura, las cuales suelen estar impregnadas por las tendencias teóricas del funcionalismo y el estructuralismo, ofreciendo así una perspectiva uniforme y en numerosos casos idílica sobre los "otros", los indígenas, con relación a su cultura, su estructura social, su derecho indígena, sus mitos, rituales, control social, castigos, medicina tradicional, festividades, músicas y bailes. Estas etnografías funcionalistas y estructuralistas, en su mayoría suelen decir que el mundo no occidental vive en total armonía, sin conflictos y con un buen funcionamiento de su estructura, cultura e identidad, que a menudo se basan en las raíces prehispánicas y en la religión del catolicismo romano. De forma desdeñosa, se omite o pasa por alto la diversidad de la comunidad indígena en términos de religión, política, economía y relaciones sociales, tanto internas como externa, a menudo por la intención de "conservar" culturas vistas en armonía y sin conflictos, por ello también predominan los estudios de las manifestaciones artísticas de manera folclorizada (danzas, ritos, fiestas, música, indumentaria, ceremonias, rituales, peregrinaciones, carnavales, con sesgos exóticos, etc.) Recapitulando, las etnografías convencionales forman parte de las epistemologías eurocéntricas. En aparente neutralidad y objetividad, describen, explican, reflexionan o interpretan sobre realidades significativas de comunidades, localidades, regiones, grupos sociales, culturas, actores sociales, en dimensiones micro o macro etnográficas. Lo hacen a través de un trabajo de campo llevado a cabo por el/la investigadora en contacto directo con una población que comparte rasgos comunes en términos amplios o limitados. Frente a las teorías socioantropológicas y las investigaciones etnográficas de la epistemología occidental moderna/colonial, surgen sociologías, antropologías y etnografías críticas cuestionando el funcionalismo, el estructuralismo y el indigenismo. —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 6 [email protected] Etnografías críticas El origen de la antropología crítica se organizó en la segunda mitad del siglo XX con el cuestionamiento a los fundamentos epistemológicos y éticos de la antropología y la etnografía tradicionales o hegemónicas. Este movimiento surgió en respuesta a la colaboración histórica de la antropología con los proyectos coloniales y al papel de los antropólogos como intérpretes de culturas “otras” desde una posición de poder y privilegio occidental. La antropología crítica propuso repensar la relación entre el investigador y las comunidades estudiadas, cuestionando la objetividad, la representación y la voz en los relatos etnográficos. Este giro crítico se vio impulsado por los debates posmodernos y poscoloniales, que pusieron en tela de juicio las narrativas universalistas y eurocéntricas predominantes en la disciplina. Entre los principales críticos de la antropología hegemónica se destacan James Clifford y George E. Marcus, editando la influyente obra Writing Culture: The Poetics and Politics of Ethnography (1986), donde problematizan la construcción textual de la etnografía, la autoridad del antropólogo y la práctica de la investigación relacionada con el poder. Este libro es considerado el parteaguas del llamado “giro textual” en la escritura de la etnografía y sus representaciones con el poder. Por su parte, Talal Asad, en su libro Anthropology and the Colonial Encounte (1973), aborda la complicidad estructural de la antropología con el colonialismo y el imperialismo, proponiendo una crítica profunda a las bases históricas y políticas de la disciplina. La etnografía crítica en NuestrAmérica surge principalmente a partir de la década de 1970, en un contexto de profundas transformaciones sociales y políticas marcadas por dictaduras, movimientos sociales, grupos guerrilleros y procesos de descolonización intelectual. Antropólogos como Darcy Ribeira, Roberto Cardoso (Brasil), Bonfil Batalla y Rodolfo Stevanhagen (México) abandonaron el sesgo descriptivo y acrítico, proponiendo nuevas perspectivas de la antropología y la labor de campo etnográfica. También “En los años sesenta surgen etnógrafos que se basan en las teorías marxistas y neo-marxistas, comenzando a emerger movimientos críticos y sociales a favor de nuevas identidades sociales, razas y géneros (Valdez 2012, 19). A manera de ejemplo, vale la pena citar algunas obras fundamentales para entender el desarrollo y la consolidación del pensamiento y las etnografías críticas. México profundo: Una civilización negada de Bonfil Batalla, Guillermo (1987), analiza la persistencia de las civilizaciones originarias en México y critica la imposición cultural del proyecto occidental. Indios, porteños y dioses de Kusch, Rodolfo (1970) en Argentina, desafía los enfoques eurocéntricos de la antropología a partir de la identidad y cosmovisión indígena. Desde la psicología social, la obra Hacer para transformar: El método en la psicología comunitaria escrito por Maritza Montero (2006) en Venezuela, enfatiza la ética, la contextualización y la construcción conjunta del conocimiento con las comunidades para transformar realidades. Es una obra fundamental para comprender la dimensión crítica y participativa en la investigación comunitaria. En años más recientes se vienen construyendo etnografías críticas con enfoques específicos; entre otras podemos citar a la “etnografía colaborativa”, que plantea la construcción colectiva del conocimiento junto a las comunidades, reconociendo la coautoría y la participación activa de los actores sociales en todas las fases de la investigación (Leyva y Shannon 2008). La “etnografía —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 7 [email protected] feminista” crítica o decolonial, cuyo planteamiento principal es el de analizar las relaciones de poder desde la perspectiva de género, visibilizando las experiencias, resistencias y saberes de las mujeres y diversidades sexuales en contextos de opresión (Segato 2016). De las generalidades anteriores, podemos definir a las etnografías críticas como un conjunto de enfoques que no solo describen culturas o comunidades, sino que cuestionan las condiciones estructurales que permiten la reproducción de desigualdades, problematizan la neutralidad del investigador y abogan por la transformación social. Madison (2012), en su obra crítica sobre el método etnográfico convencional, resalta que la etnografía crítica va más allá de la mera descripción, involucrando una relación ética y política con los sujetos de estudio, confrontando las posiciones tradicionales y promoviendo una investigación desde y con los grupos subalternizados. Etnografía decolonial En sentido contextual, la etnografía decolonial forma parte de las etnografías críticas y del pensamiento crítico de NuestrAmérica. El enfoque principal del pensamiento decolonial sugiere eliminar las perspectivas eurocéntricas y coloniales en la investigación social, dando prioridad a los conocimientos de los pueblos originarios y afrodescendientes (Walsh 2005). Desde esta visión decolonial, se destaca la ecología de saberes, propuesta por Boaventura de Sousa Santos (2010), como una forma de entender el conocimiento. Este enfoque reconoce que hay una variedad de saberes en el mundo, no solo los de la ciencia occidental. Sousa Santos argumenta que ningún conocimiento es universal y que los saberes populares, indígenas y tradicionales poseen equiparable dignidad y relevancia que los saberes académicos. Su propuesta promueve el diálogo horizontal y la articulación entre distintos sistemas de conocimiento, con el objetivo de fortalecer la justicia cognitiva y combatir las jerarquías epistémicas impuestas por la modernidad. La etnografía decolonial—etnodecolonial — se posiciona como una estrategia epistemológica y metodológica que desafía las premisas tradicionales de la etnografía convencional, poniendo en el centro las relaciones de la colonialidad del poder, del saber, del ser y de la naturaleza en el quehacer del trabajo de campo, en las técnicas empleadas, en la reflexibilidad del conocimiento, en el texto etnográfico y en la incidencia con los actores sociales. En NuestrAmérica esta perspectiva adquiere particular relevancia debido a las características históricas, sociales y políticas de la región, marcadas por procesos de colonialidad y resistencia subalterna. La etnografía decolonial se presenta como un método crítico de investigación que inicia con la perspectiva decolonial y se desarrolla como proceso directamente en el escenario, en el campo, con los actores sociales, que colectivamente recopilan información, saberes, conocimientos y percepciones de la vida cotidiana, de la organización social, de las resistencias al desarrollo capitalista, de las violencias, las paces, las resistencias a la colonialidad, los movimientos antisistémicos, etc. Al afirmar que la etnografía es decolonial, se busca en todo el proceso investigativo, desde la entrada a campo, la relación horizontal con los actores sociales, el uso de técnicas de indagación, la recopilación de información, la clasificación, análisis, interpretación, hasta el texto etnográfico, —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 8 [email protected] desmantelar los enfoques, prácticas y relaciones eurocéntricos y coloniales de las etnografías convencionales. Se priorizan las epistemologías, voces y experiencias de los pueblos originarios, afrodescendientes, campesinos, obreros, y en general de los saberes populares. La etnografía decolonial se enfoca en cuestionar la idea de que el observador es neutral. Busca crear relaciones de igualdad con las personas de la comunidad que se está estudiando, lo que es un primer paso para romper con las relaciones de poder y dominación. Un punto clave en la descolonialidad etnográfica es la importancia de un trabajo comprometido, reflexivo y en diálogo. Esto significa ver y tratar a los actores sociales como participantes activos y no solo como "objetos de investigación" o "informantes clave". Esta forma de entender la investigación ayuda a que las comunidades marginadas sean más visibles y se liberen, como señala Silvia Rivera (2010) en sus críticas sobre cómo se genera conocimiento y las prácticas descolonizadoras en Bolivia. Aludo a una etnografía decolonial a partir del principio epistémico metodológico de generar conocimiento del Sur “con y desde sus actores/pensadores, y pensar desde y con el proceso social, político, cultural, epistémico y basado en la vida de lucha, movimiento y cambio […] para evidenciar el lugar de compromiso y enunciación de uno mismo; significa también, por otro lado, construir la posibilidad de relacionalidad, en vez de individualidad y competencia” (Walsh 20215, 4). Otro principio clave decolonial es el de la investigación situada en tiempo, espacio, geografía, problemas específicos como el desarrollo capitalista, los conflictos, las violencias, las paces, los saberes, los conocimientos, las percepciones de los actores sociales, así como los contextos en que se presenta la complejidad de lo que implica hacer etnografía (Sandoval-Forero 2022). Trabajo de campo en las etnografías críticas En diversos textos se declara que el método utilizado fue el de etnografía (clásica, tradicional, convencional, institucional) o el de las etnografías críticas, careciendo en algunos casos de trabajo de campo y presentando solo la aplicación de algunas entrevistas. En otras situaciones, el trabajo de campo es confundido con las visitas o paseos esporádicos a las comunidades rurales o urbanas. Teniendo en cuenta estas falencias, considero importante expresar algunas ideas sobre el trabajo de campo en la etnografía crítica, pues este requisito constituye el proceso fundamental mediante el cual los/las investigadoras se sumergen en el contexto social, cultural, político, económico, comunitario de los actores sociales con los que se estudia, buscando comprender sus prácticas, significados, percepciones sociales y relaciones desde una perspectiva interna. Considerando los apartados anteriores, podemos sintetizar el método etnográfico crítico/decolonial como una estrategia integral de investigación basada en epistemologías críticas y del Sur. Este método implica la participación y convivencia directa del investigador o investigadora para capturar, conocer y analizar la complejidad de la vida social, cultural, económica y política en su propio contexto, interpretando las experiencias y subjetividades colectivas de los actores sociales. —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 9 [email protected] El trabajo de campo es la base de la etnografía, es una fase determinante del conjunto de la investigación, permite acceder a la perspectiva de los propios actores, conocer sus interpretaciones, las subjetividades sociales y comprender los sentidos que atribuyen a sus acciones y relaciones sociales. Así, el trabajo de campo en etnografía busca producir conocimiento situado, relevante y auténtico, que contribuya a la interpretación de la complejidad social (Geertz 1973). El trabajo de campo implica que el investigador/a externo viva la cotidianeidad de la comunidad indígena, campesina, afrodescendiente, obrera, estudiantil, académica, artística, etc. Esto le permite conocer y recoger información directa, profunda y contextualizada sobre las dinámicas de las realidades sociales que se están estudiando. A través de la experiencia directa, el/la investigadora puede captar realidades y significados que difícilmente serían accesibles desde la distancia, por medios documentales o por entrevistas. Entendido de esta manera, el tiempo del trabajo de campo está determinado por la recopilación de la información necesaria para producir conocimiento e interpretación de la compleja realidad que permita dar respuesta a las preguntas de investigación. El investigador debe establecer relaciones de confianza, acordar su acceso, ser reflexivo sobre su propia posición y mantener una actitud ética en el manejo de la información obtenida. La flexibilidad metodológica y la adaptabilidad al contexto son características esenciales, ya que los diseños y enfoques suelen ajustarse a las condiciones y necesidades de la investigación en cada terreno específico (Hammersley y Atkinson 2007). En la perspectiva de la etnografía decolonial se rechazan las concepciones y prácticas coloniales y colonizantes de “objetos de investigación” y de “informantes clave” asignadas por el supuesto saber del científico a los actores sociales. Esta praxis perpetúa relaciones de poder asimétricas y reproduce lógicas coloniales al reducir la complejidad de la vida de los actores sociales a fuentes pasivas de información, despojándolos de su voz y capacidad de interpretación sobre su propia realidad. Otra crítica central de la descolonialidad en el trabajo de campo se refiere al carácter extractivista y utilitarista de la información recolectada, donde las experiencias, saberes y conocimientos locales son subordinados al aparato teórico occidental impuesto por el investigador. Esta práctica contribuye a la marginación e invisibilización de epistemologías y perspectivas propias de los pueblos y comunidades estudiadas, negando su potencial de coproducción y participación activa en la elaboración y validación de conocimientos propios. Este extractivismo cognitivo, epistémico o intelectual, explicado por Silvia Rivera y Ramón Grosfoguel, consiste en la práctica de extraer ideas y conocimientos de las comunidades sin entablar un diálogo horizontal ni respetar sus contextos socioculturales. Este proceso implica despojar a los saberes de su significado original para reinterpretarlos desde perspectivas occidentales, con el fin de comercializarlos o integrarlos en el ámbito académico occidental, obteniendo así beneficios económicos o simbólicos (Rivera 2010; Grosfoguel 2016). Otra diferencia central entre el trabajo de campo en la etnografía convencional y la etnografía crítica radica en la postura del investigador y en los objetivos del estudio. La etnografía convencional se centra en describir y analizar culturas de manera “neutral y objetiva”. En cambio, la —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 16 [email protected] La perspectiva expuesta de etnografía decolonial no implica que todo se vale, que no hay fundamentos para el proceso integral de la investigación y su interpretación. En la etnodecolonialidad son primordiales las relaciones horizontales con los actores; es la base de la ecología de saberes y de la adecuada participación en el escenario social. Es muy significativo para la etnografía decolonial el proceso y los argumentos de la construcción de los datos etnográficos a partir de la información de campo. También se debe considerar la coherencia investigativa, la fortaleza de las categorías descoloniales generadas en el estudio realizado y la amplitud y profundidad de las subjetividades colectivas de los actores sociales expuestas en el texto etnográfico. Consideraciones finales Las etnografías críticas se definen como un conjunto de enfoques que no solo describen culturas, comunidades, conflictos y múltiples realidades sociales, económicas, políticas, etc., sino que cuestionan las condiciones estructurales que permiten la reproducción de desigualdades, problematizan la neutralidad del investigador y abogan por la transformación social. Promueve la investigación comprometida con la concienciación social para generar cambios en sus condiciones de vida. El método etnográfico, en esta perspectiva, se convierte en un acto de solidaridad y resistencia, que utiliza el conocimiento como herramienta para cuestionar, denunciar y transformar las estructuras de opresión. Así, Madison (2012) redefine el papel del etnógrafo como agente de cambio y aliado ético-político de aquellos cuyas historias y luchas son el centro de la investigación. La etnografía decolonial, que forma parte de las etnografías críticas, pone énfasis en la perspectiva de la colonialidad y descolonialidad del poder, saber, ser y la naturaleza. Es sin duda una dimensión política que invita a deconstruir y descolonizar las narrativas hegemónicas, el método de investigación, el trabajo de campo, las técnicas y herramientas de indagación con la ecología de saberes realizadas con los actores sociales, aportando a la construcción de sociedades más justas e inclusivas desde la justicia cognitiva, social y cultural, visibilizando las voces, los saberes, los conocimientos y las experiencias que han sido históricamente silenciadas o marginalizadas. Se rechaza la noción de “objetos de investigación” y de “informantes clave”, promoviendo en su lugar la coproducción del conocimiento con los actores sociales, quienes dejan de ser simples fuentes de información para convertirse en interlocutores activos, con voz propia y agencia en la construcción y reflexión teórica. Este enfoque de investigación situada implica reconocer la validez de saberes locales y la importancia de comprender los procesos sociales desde la experiencia y perspectiva de los actores involucrados. Se propone un enfoque de investigación situada y decolonial, enfatizando la necesidad de trascender las limitaciones del método científico tradicional y el paradigma positivista en el estudio de las realidades sociales como los conflictos, los desarrollos capitalistas, las paces, los desarrollos otros, las violencias, la educación, los movimientos sociales, las economías de vida, las autonomías indígenas, etc. —Rev. nuestrAmérica, 2025, n.o 26, publicación continua; Eduardo Andrés Sandoval-Forero— 17 [email protected] Se rechaza la noción de “objetos de investigación” y de “informantes clave”, promoviendo en su lugar la coproducción del conocimiento con los actores sociales, quienes dejan de ser simples fuentes de información para convertirse en interlocutores activos, con voz propia en la construcción y reflexión teórica. Este enfoque de investigación situada implica reconocer la validez de saberes locales y la importancia de comprender los procesos sociales desde la experiencia y perspectiva de los sujetos involucrados. En las investigaciones sociales, asumir una subjetividad decolonial implica reconocer y cuestionar los marcos epistemológicos y metodológicos heredados de la modernidad/colonialidad, abriendo espacio para otras formas de conocimiento y experiencia que han sido históricamente marginadas. Esta postura permite al investigador posicionarse críticamente frente a sus propios supuestos y privilegios, promoviendo un diálogo genuino con saberes locales y subalternos. De este modo, la subjetividad decolonial contribuye a la construcción de conocimiento para la transformación con sentido de vida-naturaleza. Grosso modo, algunas características que diferencian a la etnografía crítica/decolonial de las etnografías tradicionales o convencionales son la acción social participativa, la coproducción del conocimiento, la epistemología, la concepción y praxis del trabajo de campo, el uso de las técnicas y herramientas cualitativas, la voz y percepción de los actores sociales, la ecología de saberes, el análisis, categorización e interpretación de la información a partir de lo que dicen, piensan y perciben los actores sociales, superando la repetición de narrativas plasmadas en meras descripciones. Referencias Asad, Talal. ed. 1973. Anthropology and the Colonial Encounter. Ithaca Press. Bonfil Batalla, Guillermo. 1987. México profundo: Una civilización negada. México: Editorial Grijalbo. Bourdieu, Pierre. 2008. El oficio de sociólogo. Siglo XXI Editores. Bourdieu, Pierre. 2008. Cosas Dichas, Barcelona: Editorial Gedisa. Durkheim, Emile. 2001. Las reglas del método sociológico. 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Miembro de la Academia Mexicana de la Ciencia y del Sistema Nacional de Investigadores de México, nivel III. Profesor invitado de universidades de Estados Unidos, América del Sur, España e Italia. Fundador y Coordinador Académico de la Maestría y Doctorado en Educación para la Paz y la Convivencia Escolar en México. Investigador - Profesor del CIEAP, Universidad Autónoma del Estado de México. Sitios de interés relacionados al auto: • Revista CoPaLa: https://revistacopala.net/index.php/ojs • Revista Descolonialidad del Poder, Buenos Vivires y Diálogo de saberes: https://redmexicanadescolonialidaddelpoder.com/revista