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Insostenibilidades: desigualdad(es), ecocídios y postpolítica

Janela Afonso, Almerindo

Abstract

Partiendo de abordar brevemente la cuestión de la sostenibilidad y el desarrollo sostenible, el texto busca problematizar tres expresiones fundamentales que bloquean o impiden avances significativos en una agenda ecológica progresista, y que se despliegan en la forma plural de insostenibilidades: insostenibilidad social (traducida bajo la forma de desigualdades); insostenibilidad ambiental (traducida en forma de ecocidios) e insostenibilidad política (traducida en forma de ecofascismo y postpolítica). Valorando una lectura esencialmente sociológica, el autor busca contribuir a la discusión de algunas contradicciones y tensiones en el campo ecológico. Siguiendo a U. Beck, cree en las luchas sociales, políticas y culturales que defienden el catastrofismo emancipador.

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Insostenibilidades: desigualdad(es), ecocídios y postpolítica Unsustainabilities: inequalities, ecocides and post-politics Almerindo Janela Afonso Miembro del Consejo Asesor de Políticas de Educación y Formación (CeiED/Universidade Lusófona y CES/Universidade de Coímbra) [email protected] Recibido: 17/02/2025 Aceptado: 20/06/2025 Formato de citación: Afonso, A.J. (2026). Insostenibilidades: desigualdad(es), ecocídios y postpolítica. Aposta. Revista de Ciencias Sociales, 108, 149-164, http://apostadigital.com/revistav3/hemeroteca/ajafonso.pdf Resumen Partiendo de abordar brevemente la cuestión de la sostenibilidad y el desarrollo sostenible, el texto busca problematizar tres expresiones fundamentales que bloquean o impiden avances significativos en una agenda ecológica progresista, y que se despliegan en la forma plural de insostenibilidades: insostenibilidad social (traducida bajo la forma de desigualdades); insostenibilidad ambiental (traducida en forma de ecocidios) e insostenibilidad política (traducida en forma de ecofascismo y postpolítica). Valorando una lectura esencialmente sociológica, el autor busca contribuir a la discusión de algunas contradicciones y tensiones en el campo ecológico. Siguiendo a U. Beck, cree en las luchas sociales, políticas y culturales que defienden el catastrofismo emancipador. Palabras clave Crisis, ecología, ecofascismo, ciudadanía crítica, catastrofismo emancipador. Abstract Starting by briefly addressing the issue of sustainability and sustainable development, the text seeks to problematize three fundamental expressions that block or prevent more significant advances in a more progressive ecological agenda, and which unfold here under the plural forms of unsustainability: unsustainability social (translated under the force of inequalities); environmental unsustainability (translated in the form of ecocides) and political unsustainability (translated in the form of ecofascism and postpolitics). Assuming an essentially sociological perspective, the author seeks to contribute to the discussion of some contradictions and tensions in the ecological field. Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 149 aposta revista de ciencias sociales ISSN 1696-7348 Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 Following U. Beck's lead, we believe in social, political and cultural struggles that defend emancipatory catastrophism. Keywords Crisis, ecology, ecofascism, critical citizenship, emancipatory catastrophism. 1. Introducción La crisis ambiental y ecológica es una de las más grandes y complejas que enfrentamos, con cada día más motivos no solo para reflexionar críticamente sobre los profundos cambios que ya han alterado algunos de los equilibrios más vitales del planeta, sino también, sobre todo, para actuar, desde los gestos y rutinas más simples de la vida cotidiana hasta la intervención militante y organizada en movimientos sociales nacionales e internacionales que articulan luchas colectivas, junto con acciones concretas, reflexivas y sostenidas que abarcan desde la familia hasta el ámbito laboral, abarcando las más diversas organizaciones de la sociedad civil. Debemos hacer las paces con la naturaleza que hemos dañado durante siglos, con la esperanza de que la naturaleza pueda hacer las paces con nosotros. La modernidad histórica se basó en gran medida en la dramática separación de los seres humanos de la naturaleza; estamos pagando por este divorcio. En este contexto, las intervenciones de los intelectuales públicos son importantes, pero son solo una gota en el océano en medio de tantos asuntos urgentes. Como sociólogo y profesor universitario, este artículo es una modesta contribución a un cuerpo académico que abraza la centralidad de la lucha por los derechos humanos, en conjunción con los derechos de la naturaleza. Es urgente ampliar la reflexividad política, la inquietud emocional y la visión ética en lo que se refiere a las consecuencias de la continua crisis ambiental, con expresión en las alteraciones climáticas y en la creciente reducción de la biodiversidad, así como en el incremento de las desigualdades y la injusticia social. Hay una gran producción de conocimiento, pero los debates emergentes suscitarán nuevos interrogantes y expectativas. Y estos nuevos interrogantes y expectativas implicarán desafíos tales como el ejercicio de una ciudadanía crítica informada, la concientización y reivindicación en el ámbito de la educación y la esfera pública, o las posibilidades individuales y colectivas de militancia y participación en políticas y acciones de transformación. Una discusión previa, sin embargo, tiene que ver con las diferentes dimensiones de la sostenibilidad, que en este artículo preferimos traducir en plural, en sus manifestaciones más perversas o adversas, es decir, como insostenibilidades. Abrazar este plural es el tema de la primera sección del artículo, enfatizando que hay diferentes insostenibilidades que se entrecruzan y se potencian mutuamente, teniendo en cuenta la articulación con las desigualdades sociales, los ecocídios, las ideologías de extrema derecha y el énfasis, muchas veces contradictorio, de supuestas soluciones tecnocráticas. 2. Sostenibilidad e insostenibilidades Los abordajes y propuestas más divulgadas han girado en torno a las cuestiones de la sostenibilidad, centrales em diversas cumbres climáticas y muy popularizadas a raíz de la Agenda 2030 de Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero las preocupaciones ambientales empezaron a tener alguna visibilidad ya por los años 50 del siglo pasado, y las propias denominaciones se han visto alteradas. La propuesta de denominación de ecodesarrollo, por ejemplo, fue objeto de discusión en los años 70 pero no fue capaz de Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 150 reunir un consenso, obteniendo el veto de EEUU (Naredo, 2004). El concepto de desarrollo sostenible acabó viéndose consagrado en el Informe Our Common Future, también conocido como Informe Brundtland, elaborado por la Comisión de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo Personal. Aunque la reacción más frecuente y espontánea es favorable a la idea de sostenibilidad y desarrollo sostenible, a medida que se reflexiona y profundiza en las dimensiones subyacentes, las respuestas no se muestran tan evidentes y algunas parecen incluso paradójicas. La propia expresión de desarrollo sostenible es ambigua y sugiere una cierta cesión tanto a las exigencias de los partidarios del desarrollo como a las de los ecologistas. Entre otras apropiaciones reales o simbólicas, la sostenibilidad y el desarrollo sostenible se han convertido en eslóganes en sintonía con los intereses empresariales, lo que se manifiesta, por ejemplo, en la rápida ambientalización de los discursos y las estrategias de marketing. En este caso, “el medio ambiente adquiere relevancia formal y es utilizado para generar legitimidad, rentabilidad y viabilidad relacionadas con el proceso de acumulación” (Muñoz Gaviria y Muñoz Gaviria, 2021: 11). A pesar del matiz introducido con la denominación de crecimiento verde y economía verde, las interpretaciones y tensiones continúan manifestándose según grupos e intereses. Para la economía, estas denominaciones son más atractivas porque generan más confianza en los mercados, pero para muchas organizaciones de la sociedad civil y ciudadanos ambientalistas con visiones más críticas, la esencia sigue siendo la misma: “la idea del crecimiento verde es solo una forma de hacer negocios a costa de explotar más los ecosistemas” (Carrillo González, 2015: 83). Independientemente de la disputa sobre los significados, el término desarrollo sostenible se mantiene. La propia Agenda 2030, suscrita por un gran número de países y ampliamente considerada como un documento orientador de las políticas mundiales, indica objetivos y metas a tener en cuenta para abordar el cambio climático y medioambiental y el desarrollo sostenible. Sin embargo, tal como han señalado varios autores, no se trata de directrices a asumir de manera acrítica. Por un lado, porque es difícil lograr una combinación equilibrada de tres pilares fundamentales: crecimiento económico, sostenibilidad ambiental e inclusión social; por otro, porque las respuestas a esta y otras cuestiones son respuestas despolitizadas, ajenas a las relaciones de poder subyacentes (Santander Campos, 2023). No son, por tanto, cuestiones políticamente neutras, ni permiten soluciones de amplia convergencia, salvo en algunos sectores en los que se argumenta que la mejor opción para afrontar la crisis ambiental es aunar los intereses de la economía y la ecología. Desde esta perspectiva, cercana a una concepción de sostenibilidad débil (Gudynas, 2010), el capitalismo no se considera un problema, siempre y cuando la lógica y los modos de actuación que le son propios se sumen a las preocupaciones ecológicas. Sin embargo, para las visiones más críticas, ésta no es ni la cuestión ni la solución. Aunque el capitalismo no es la única causa de la crisis medioambiental y de la creciente emergencia climática, es con diferencia el agente más poderoso de esta crisis (y de las crisis asociadas) porque contiene una “contradicción ecológica” insalvable. El capitalismo daña continuamente la naturaleza y no reconoce la interdependencia entre lo humano y lo no humano. Así, priman los intereses de la acumulación, lo que conduce a consecuencias a menudo nefastas y a “formas de producción ecológicamente perversas” (Hickel y Sullivan, 2023: 111). De forma cada vez más irreversible, este sistema desestabiliza los equilibrios ecológicos, destruye o no respeta la biodiversidad y, paradójicamente, se devora a sí mismo al cuestionar las condiciones de su propia existencia –es el “capitalismo caníbal”, como lo llama Nancy Fraser (2023). Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 151 A pesar de ello, la destrucción y los daños irreparables al medio ambiente no han impedido que se den las condiciones para la reproducción y el funcionamiento del capitalismo. En el plano político, el capitalismo es capaz de transferir la carga de la degradación medioambiental a distintas partes del mundo, en particular a los países periféricos. Esto agrava aún más las disparidades, los contrastes y las injusticias: los países ricos causan más destrucción medioambiental que los países pobres, pero se ven menos afectados por sus consecuencias (Di Donato, 2022). Por eso también se trata de un “intercambio ecológicamente desigual” (Dorninger, 2023: 154), ya que la explotación de recursos y materias primas, además de no beneficiar a los países productores (salvo a algunos sectores internos), deja huellas duraderas en el medio ambiente, las comunidades y las personas. Son muy comunes las estrategias que permiten al capitalismo mercantilizar la contaminación, la gestión de residuos y otros subproductos peligrosos de la extracción de recursos minerales, convirtiéndolos en nuevas oportunidades para la acumulación de capital (Chesnais y Serfati, 2003). La respuesta del capitalismo a la crisis ecológica no cambia nada sustancial porque sigue creando nuevos mercados, como el de la captura de dióxido de carbono, beneficiándose del marketing del llamado capitalismo verde, supuestamente más sostenible. Y además, “capitalismo verde, mercados de créditos de emisiones, mecanismos de compensación y otras manipulaciones de la llamada economía de mercado sostenible han demostrado ser completamente ineficaces” (Löwy, 2020: 12). Como también han señalado otros autores muy críticos, la transición energética basada ahora en energías supuestamente limpias sigue creando nuevas zonas de sacrificio en las periferias, sobre todo en el Sur global –lo que acaba definiendo un extractivismo verde o colonialismo energético. En este caso, aunque esta nueva estrategia se basa en el uso de energías renovables de reducida emisión de carbono, tiene el efecto contrario al deseado, ya que perpetúa la explotación de la naturaleza y mantiene las desigualdades. Aunque se reconoce que “la ‘sostenibilidad’ es el ancla ideológica del capitalismo verde” –en la medida en que la existencia de una política de sostenibilidad sirve, dentro de lógicas competitivas, para añadir más valor a lo que se produce y generar nuevos beneficios para las empresas–, esto no puede significar que no debamos “rescatar la noción de sostenibilidad vinculándola a consideraciones de justicia” (Cock, 2011: 4648). Por eso también es necesario pensar en la sostenibilidad en plural y no en singular. Y no solo porque el agravamiento de la crisis medioambiental esté fuertemente vinculado a otras crisis en una vasta red de interdependencias complejas y contradictorias, sino también para que podamos tomar decisiones más lúcidas y congruentes. Como subraya Nancy Fraser: (…) solo abordando todas las facetas principales de estas crisis, tanto medioambientales como no medioambientales, y revelando las conexiones entre ellas, podremos empezar a construir un bloque contrahegemónico que sustente un proyecto común y pueda tener la influencia política necesaria para aplicarlo de forma eficaz (Fraser, 2021: 104). Aparentemente más fácil de entender por estar enraizada en conocimientos derivados de la experiencia, la insostenibilidad también tiene significados y sentidos no consensuados, disputados (y disputables) por diferentes actores, intereses y poderes. En un intento por contribuir a la discusión y al pensamiento crítico en torno a los problemas que se han agudizado en la sociedad actual, sigo el enfoque (plural) sugerido por J. Castro Caldas al indicar la existencia de tres insostenibilidades: Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 152 (….) la social (por el incremento de las desigualdades dentro de los países y el empobrecimiento persistente de las clases trabajadoras), la medioambiental (por el conflicto creciente entre los imperativos de la acumulación y las exigencias de la vida en el planeta) y la política (por la dificultad cada vez más evidente de vivir en libertad y en democracia) (Caldas, 2020: 25). Para facilitar su comprensión mencionaré las tres insostenibilidades por separado, partiendo de que resulta imposible distinguirlas sin apelar a las evidentes interfaces e imbricaciones que, consideradas en conjunto, le otorgan una mayor densidad y sentido al análisis. 3. ¿Insostenibilidad social o el problema de las desigualdades? Las desigualdades tienen una expresión multidimensional (Therborn, 2015) y el aumento de las desigualdades es el gran indicador de la insostenibilidad social. Las grandes desigualdades en la distribución de la riqueza a nivel mundial –reflejadas en el abismo entre ricos y pobres, como muestra inequívoca y diacrónicamente, por ejemplo, Thomas Piketty (2014)– son estructurales al sistema capitalista y tienen múltiples expresiones visibles u ocultas en todos los ámbitos de la vida, pública y privada, a través de procesos de explotación, discriminación, (neo)colonización, ruptura de vínculos sociales, institucionales y familiares, y el debilitamiento o ausencia de derechos humanos fundamentales. Observando las desigualdades desde una perspectiva interseccional comprenderemos mejor que, a menudo, estas desigualdades se ven amplificadas por los efectos derivados de la acción de diferentes ejes de fragmentación social: étnico-racial, de clase, de religión, de nacionalidad, de género, entre otros. Del mismo modo, una lectura interseccional puede mostrar que “las interacciones cotidianas son tanto espacios para la construcción de la desigualdad y la reproducción de las estructuras sociales, como escenarios en los que se negocian y transforman las jerarquías sociales” (Costa, 2019: 62). Las ciencias sociales, a pesar de tener una especial capacidad para comprender las desigualdades, solo han empezado a abordarlas recientemente en su relación con las cuestiones medioambientales. A lo largo del tiempo y con algunas excepciones, han construido objetos de estudio manteniendo la separación (prácticamente antinómica) entre naturaleza y sociedad/seres humanos. No indiferentes al espíritu de la modernidad (sino más bien al contrario), estas disciplinas han tendido a favorecer a la sociedad y a olvidar la naturaleza. Ahora, sin embargo, la continua destrucción de la biodiversidad, la explotación desenfrenada de los recursos naturales y la consiguiente degradación del medio ambiente están llegando a sus límites. Con la crisis climática en la que nos vemos enredados, es posible vislumbrar que los polos de este inmenso desequilibrio puedan invertirse. Y en el caso de que se produzca una profunda revalorización de la naturaleza, algunos temen incluso (ironiza Nicolas Truong) que “la ecología suplante a la economía, la naturaleza derroque a la cultura, el amor a los pájaros sustituya al apoyo al proletariado y la preocupación por la tierra condenada desvíe la atención de los condenados de la tierra” (Truong, 2023). Una posición más realista y esperanzadora, que ha sido muy elogiada por la lucidez y claridad con que ha sido formulada, está contenida en la propuesta de una “ecología integral” recogida en la encíclica Laudato Si', en la que uno de los ejes transversales es precisamente “la convicción de que todo está estrechamente interconectado en el mundo” y que, por tanto, “no podemos dejar de reconocer que un verdadero Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 153 planteamiento ecológico se convierte siempre en un planteamiento social, que debe integrar la justicia en los debates sobre el medio ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres” (Papa Francisco, 2015: 15 y 39). Son interesantes las valoraciones que sobre esta encíclica han llevado a cabo reconocidos autores de posiciones y convicciones políticas muy diferentes . Según un conocido autor marxista, “la ‘encíclica ecológica’ del Papa Francisco es un acontecimiento de importancia planetaria, desde el punto de vista religioso, ético, social y político; (…) una contribución crucial al desarrollo de una conciencia ecológica crítica; (…) un documento de gran riqueza y complejidad; (…) –en ruptura con el 'sueño prometeico de dominación del mundo'– y una reflexión profundamente radical sobre las causas de la crisis ecológica” (Löwy, 2023). Por su parte, Bruno Latour, tras una breve autocrítica de su confesada “indiferencia burguesa”, afirma: “También me influyó mucho la encíclica del papa Francisco, porque este vínculo entre pobreza y ecología lo establecieron los partidos ecologistas (...), pero no se elaboró de la manera tan poderosa como en la encíclica del papa Francisco” (Latour, 2020b). Esta encíclica parece alejarse (acertadamente) del antropocentrismo, que ha tenido diferentes traducciones a lo largo de la modernidad y al que también ha contribuido la sociología siempre que ha preferido centrar su explicación en lo social humano (en sentido estricto) en lugar de en lo social humano/naturaleza (en sentido amplio). Si bien algunas concepciones han quedado atrás porque “la naturaleza como marco condicionante externo de la vida humana ha llegado a su fin” (Swyngedouw, 2011: 254), aún existe un déficit importante, por ejemplo, en la consideración de la relación entre medio ambiente, sociedad y desigualdades (Göbel, Góngora-Mera y Ulloa, 2014). Y eso es lo que queda patente cuando se afirma que la sociología de las desigualdades ha ignorado muchas veces la cuestión ambiental y los estudios ambientales han ignorado la investigación sobre desigualdades (Motta, Jelin y Costa, 2020). Aunque estas afirmaciones se refieran al contexto latinoamericano, bien pueden encontrar confirmación en otros contextos nacionales. Allí también se observa que las cuestiones ambientales, en conjunción con las desigualdades sociales, aún están escasamente presentes en el quehacer de las ciencias sociales en general, y de la sociología en particular, y en muchos casos confinadas a unos pocos autores y líneas de investigación 1 . Las desigualdades sociales siempre han sido un problema fundamental, pero ya no hay justificación para los análisis que ignoran o dejan en un segundo plano su incidencia en las cuestiones ambientales y, en este sentido, ambas deben considerarse dimensiones constitutivas de un mismo campo de batalla. Tienden a reforzarse mutuamente y por lo tanto deben combinarse analíticamente. Un reciente informe de Oxfam (2023) deja muy clara esta conexión al apuntar que “las crisis generadas por el colapso climático y la desigualdad extrema gobiernan nuestro tiempo”. Ulrich Beck (2015) habla incluso de “catastrofismo emancipador” para llamar la atención sobre las profundas y dramáticas crisis y metamorfosis que estamos viviendo, incluida la crisis climática. Y con la esperanza de que podamos hacer lo urgente e inevitable para superarlas, en otro texto añade: El sorprendente impulso de la metamorfosis es que, si creemos firmemente que el cambio climático es una amenaza fundamental para toda la humanidad y la naturaleza, puede provocar un giro cosmopolita en nuestra vida contemporánea, y el mundo puede cambiar a mejor. Esto es lo que yo llamo catastrofismo emancipador (Beck, 2017: 51). 1 Para el caso portugués, entre otros, son ineludibles los trabajos de Luísa Schmidt, concretamente el libro con un análisis retrospectivo de las políticas medioambientales (Schmidt, 2023). Ver también Matias (2022). Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 154 En este campo de debates y luchas, particularmente en relación a cómo se está planificando el futuro, los antagonismos en términos de desigualdades y justicia ambiental son cada vez más evidentes, y no está de más repetirlos: mientras que el cambio climático es causado principalmente por los más ricos y poderosos (casi siempre del Norte global), los riesgos y consecuencias más graves los sufren los más pobres (casi siempre del Sur global). Pero estos antagonismos también se expresan en el contexto interno de los diferentes países porque la crisis ambiental y las desigualdades sociales provienen de los procesos de explotación de las personas y la naturaleza, tanto en el Norte global como en el Sur global (Guerrero, 2018). Son los otros excluidos desde dentro, que ya no son solo los de la escuela (como los llamaron P. Bourdieu y P. Champagne en La Miseria del Mundo), sino los excluidos de las decisiones ambientales y climáticas que se toman o adoptan en sus propios países, y en las que casi nunca participan, ni a nivel local, ni nacional, ni global, a pesar de que les afectan profundamente 2 . Esto demuestra que el cambio climático no solo concierne al ámbito científico. Es también, y cada vez más, una cuestión social fundamental con importantes repercusiones, sobre todo en términos de derechos humanos (Borràs, 2017). Como resultado de estas y otras disparidades, no solo las cuestiones de justicia ambiental y justicia climática, sino también la cuestión del racismo ambiental, se han vuelto igualmente reveladoras 3 . Un rápido repaso diacrónico muestra que los movimientos de justicia medioambiental comenzaron en EEUU en los años ochenta, expresando una fuerte oposición a la instalación de vertederos y lugares de gestión de basuras y residuos tóxicos en las proximidades geográficas de comunidades rurales pobres, formadas en su mayoría por afrodescendientes. Estudios posteriores confirmaron que la elección de estos lugares, donde vivían comunidades étnico-raciales, no era ocasional, revelando procedimientos intencionadamente discriminatorios de racismo ambiental (Ortega Cerdà, 2011). 4. Insostenibilidad medioambiental y ecocídios El ecocídio puede definirse como el daño extenso, la destrucción profunda o la pérdida irreparable del medio ambiente y los ecosistemas por la acción humana deliberada o negligente, de forma que disminuyen las condiciones de vida o acaban con las posibilidades de existencia de los seres humanos y no humanos en un territorio determinado, o en una zona que se extiende más allá de las fronteras nacionales. Con el fin de ampliar su definición y darle carácter jurídico, la Fundación Stop Ecocídio (2021) convocó a un grupo de expertos independientes que propusieron una definición de ecocidio “como todo acto ilegal o arbitrario cometido a sabiendas de que existe una probabilidad sustancial de causar daños graves, extensos o duraderos al medio ambiente”. Las guerras que tienen lugar en distintas geografías han provocado horrendos genocidios, motivados por odios extremos y continuos, expulsiones territoriales, ataques y venganzas sucesivas, aniquilación de identidades históricamente construidas, impulsos de hegemonía y desposesión, redefinición de soberanías y pretensiones de dominación 2 En Portugal, que cuenta con importantes reservas de litio a escala europea, se ha producido una creciente oposición popular a su explotación. Véase Chaves et al. (2021); Araújo et al. (2022), Silva y Sareen (2023). 3 Con el tiempo, los objetivos se ampliaron, las reivindicaciones se diversificaron y se formó un amplio movimiento internacional que, en el caso de la justicia medioambiental, ya tuvo alguna expresión en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo - ECO-92, celebrada en Río de Janeiro en 1992. Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 155 neocolonial. En este contexto, los conflictos armados también han provocado ecocidios. Prácticamente silenciados, a pesar de estar ya contemplados por el derecho penal internacional como crímenes de guerra, estos ecocidios han destruido el medio ambiente, el patrimonio cultural, los recursos naturales, las áreas protegidas y la biodiversidad y, en general, las condiciones de vida de los seres humanos y no humanos de las zonas y regiones afectadas por la guerra. A pesar de ser una cuestión compleja desde el punto de vista jurídico (Robinson, 2022), la existencia de ecocidios también se da en tiempos de paz y ha provocado una creciente conciencia popular de su gravedad, reivindicándose su criminalización a nivel nacional e internacional. En este proceso, (…) quedan importantes tareas por hacer en relación a la conceptualización de este nuevo delito, la precisión de las circunstancias de criminalidad, la complicidad, la posible práctica negligente, la responsabilidad civil, etc. En este sentido, y dadas las dificultades a las que se enfrentan los gobiernos cuando se trata de cuestiones políticamente sensibles, la sociedad civil está asumiendo un liderazgo definitivo compartido principalmente por las ONG y las universidades como marco adecuado para el debate, la reflexión y el lanzamiento de propuestas y el impulso de la toma de decisiones políticas (Verdú Baeza, 2023: 201). Desde su activismo ecológico y su labor pionera para movilizar el reconocimiento internacional del delito de ecocidio, Polly Higgins dejó muchos llamamientos, que resumo en tres frases de uno de sus libros: “Como sociedad global, estamos al borde del precipicio”; “erradicar el ecocidio requiere decisiones radicales y audaces”; “podemos convertirnos en meros espectadores de nuestra propia destrucción” (Higgins, 2010, passim). Como ya sabemos, las consecuencias de la extracción, la explotación y la expropiación en las que se basa el capitalismo nunca han sido tan graves, tan generalizadas y tan visibles. La insostenibilidad medioambiental provocada por la economía del carbono, el consumo masivo, los medios de transporte basados en energías no renovables, el uso intensivo de recursos, la acumulación de residuos tóxicos y los diversos estilos de vida tiene su expresión más dramática en el ecocidio. Puede decirse, por tanto, que “el ecocidio es la dimensión bárbara del capitalismo” (Satgar, 2018: 55), en la medida en que este sistema es completamente incapaz de impedir la “obliteración de las condiciones necesarias para sostener la vida humana y no humana en el planeta Tierra”. Este último autor, además, va más allá al afirmar (de forma bastante discutible, pero astutamente dilemática) que “el verdadero terror del momento histórico actual no es el neofascismo capitalista, sino la apisonadora del ecocidio capitalista que amenaza no solo las condiciones de vida planetarias, sino el propio capitalismo” (Satgar, 2020: 13). Es inevitable pensar en esta afirmación. Y si es cierto, como señala muy claramente un conocido filósofo y ecologista portugués, que “el contraste entre siglos de antropocentrismo y humanismo arrogantes, y el ecocidio y futurocidio en el que estamos, con toda nuestra energía, embarcados, es un asunto demasiado grave como para dejarlo en silencio” (Soromenho-Marques, 2023: 33), tampoco podemos callar, marginar o dejar de estar críticamente atentos a las prácticas y consecuencias del resurgimiento de los movimientos de extrema derecha, y de todos los neofascismos, incluido el ecofascismo. 5. Insostenibilidad política: ecofascismo, ecosocialismo y postpolítica Las cuestiones medioambientales han sido objeto de disputa de posiciones políticas e ideológicas contrapuestas. Por tanto, constituyen un campo políticamente sincrético, Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 156 donde se expresan divergencias, paradojas y contradicciones. Un ejemplo de ello queda bien descrito en una reflexión sobre el ecofascismo en la experiencia alemana del nazismo, donde Biehl y Staudenmaier (2019) señalan que la historia de las políticas ecológicas no siempre ha sido progresista y benigna. Por diferentes razones, los activistas radicales de izquierda, los conservadores reaccionarios o los antidemócratas de extrema derecha no son indiferentes a las preocupaciones ambientales. De hecho, existe una diversidad de visiones y movimientos político-ideológicos que asumen esta agenda. Aún así, no estoy del todo de acuerdo con la afirmación de Latour cuando dice que “desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, todas las posiciones políticas están marcadas por la angustia” (Latour, 2019). Las encuestas de opinión también revelan diferentes visiones, con datos sugerentes. Un estudio relativamente reciente muestra que los políticos y votantes de partidos populistas de derechas son especialmente proclives a negar el cambio climático en comparación con la población general. En ese estudio, la correlación entre distintas variables mostró que “las preferencias excluyentes y antiigualitarias (opiniones negativas sobre, por ejemplo, el multiculturalismo y el feminismo) eran el predictor más fuerte de la negación del cambio climático” (Jylhä & Hellmer, 2020: 328). En su tesis doctoral, una de estas autoras ya había llamado la atención sobre una amplia bibliografía que demuestra que “el negacionismo del cambio climático no solo es más común entre los individuos de derechas, sino que también es construido en gran medida por ellos. [Por tanto,] se puede concluir que la ideología sociopolítica parece ocupar un papel central” (Jylhä, 2016: 24). Los ecofascismos son versiones radicales de la extrema derecha que también invocan preocupaciones medioambientales para justificar visiones fascistas del mundo. Algunos movimientos ultranacionalistas que defienden la supremacía blanca están en contra de la inmigración y consideran que la crisis ecológica es una amenaza para la civilización. Por el contrario, la extrema derecha brasileña, bajo Bolsonaro, llevó a cabo una política de posverdad y negacionismo climático para intensificar el extractivismo y la deforestación amazónica. En cuanto a EEUU, el negacionismo climático, el cierre de fronteras a la inmigración y el chovinismo subyacente al eslogan Make America Great Again han sido señas de identidad de la primera administración ultraderechista de Trump. Todo indica que en la actual administración todo se repetirá para peor. Curiosamente, estos gobernantes negacionistas actúan de un modo que contrasta con la tesis de Anatol Lieven cuando sostiene que la crisis climática debe considerarse una cuestión de seguridad nacional y de supervivencia de los Estados nación, problemas que solo el nacionalismo puede resolver (Lieven, 2020). Sin embargo, es poco probable que los Estados más poderosos sacrifiquen voluntariamente el crecimiento económico en la lucha contra el cambio climático, porque eso significaría aceptar la reducción de una base de poder fundamental (Anderson-Samways, 2021) 4 . En las antípodas de estas posiciones ultrarreaccionarias y negacionistas, una visión de izquierdas más radical, como la del grupo Désobéissance Ecolo Paris, viene defendiendo una ecología sin transición y una ruptura con todos los mecanismos institucionales que siguen subordinando la ecología a los intereses capitalistas. Este grupo de resistencia propone un movimiento revolucionario autónomo en el que la ecología esté en el centro de una lucha internacionalista, no confinada a las fronteras 4 En este sentido, Naomi Klein escribe que los negacionistas saben muy bien lo que se necesita para resolver las emisiones globales de forma drástica y rápida. Pero “esto solo podría hacerse reordenando radicalmente los sistemas económico y político de una manera que es antitética a su sistema de creencias de libre mercado” (Klein, 2019: 67). Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 157 Education (MELE). European Union and its Neighbours in a Globalized World (pp. 195-203). Netherlands: Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-031-40801-4_12 Wissen, M. (2020). A crise climática e a questão da democracia. Diálogo Global, 10(3), pp.10-11. https://globaldialogue.isa-sociology.org/ * * * Almerindo Janela Afonso (https://orcid.org/0000-0001-9879-5814) es sociólogo, doctor en Educación, profesor asociado (jubilado) de la Universidad de Minho (Portugal). Realizó postdoctorado en el Departamento de Sociología de la UAB. Participó en varios órganos científico-pedagógicos y de gestión universitaria. Fue profesor visitante en universidades extranjeras y visiting academic en el Institute of Education de la Universidad de Londres. Publicó más de un centenar de obras científicas. Fue presidente de la Sociedad Portuguesa de Ciencias de la Educación y miembro del Consejo Nacional de Educación. Participa en consejos editoriales de revistas nacionales e internacionales y en diversas asociaciones científicas. Aposta. Revista de Ciencias Sociales · ISSN 1696-7348 · Nº 108, Enero, Febrero y Marzo 2026 _______________________________________________________________________________________________ 164