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La magnanimidad en la guerra: Una aproximación Tomista para la doctrina de los ejércitos occidentales

Pereira Bravo, Fernando

Abstract

Article Review Fernando Pereira Bravo, “Magnanimity in War: A Thomistic Approach to Western Military Doctrine” Fernando Pereira Bravo’s article offers a rare and intellectually rigorous contribution to contemporary military ethics by recovering magnanimity (magnanimitas) as a structural virtue of Western military doctrine, rather than a merely personal or moral disposition. Drawing primarily on Thomistic philosophy, and situating it within the broader tradition of Christian humanism and classical thought, the author advances a compelling argument: that magnanimity is not only compatible with modern warfare, but is in fact indispensable to understanding the ethical foundations of International Humanitarian Law (IHL) and legitimate military conduct. The article opens by tracing the historical roots of Western military ethics to Christian humanism, highlighting the decisive influence of Saint Augustine, Saint Thomas Aquinas, and Francisco de Vitoria. Pereira Bravo correctly situates these thinkers as intellectual precursors of the just war tradition and, in Vitoria’s case, as foundational figures in the emergence of what would later become IHL. This historical framing is not merely descriptive; it establishes a doctrinal continuity between medieval moral theology and contemporary legal norms governing armed conflict. At the conceptual core of the article lies Aquinas’s definition of magnanimity as the virtue by which a person strives toward great deeds in accordance with reason and moral order. Pereira Bravo convincingly argues that, when transposed to the military sphere, magnanimity entails acting with nobility, restraint, generosity, and moral elevation, even—and especially—under conditions of war. This framing allows the author to move beyond reductive interpretations of military virtue focused solely on courage, discipline, or effectiveness. One of the article’s strongest contributions is its insistence that magnanimity is a social and relational virtue, not an inward or purely psychological one. Magnanimity requires recognition of the dignity of the adversary, including the enemy, and thus aligns directly with the humanitarian principles of humanity, proportionality, and respect for persons hors de combat. In this sense, the article implicitly reframes IHL not merely as a body of external legal constraints, but as the juridical expression of a deeper ethical architecture rooted in virtue. The author further enriches the analysis by engaging with classical philosophy, particularly Aristotle’s understanding of passions and virtues, and by dialoguing with contemporary doctrinal reflections—such as recent work linking emotions like anger to IHL. Against this background, magnanimity emerges as a counterweight to destructive passions, orienting military action toward justice and ultimately toward peace. A particularly insightful section connects magnanimity to modern military doctrine through the concept of “Winning Hearts and Minds” (WH&M), as developed in U.S. counterinsurgency doctrine (FM 3-24). Pereira Bravo persuasively argues that practices such as restraint in the use of force, protection of civilians, dignified treatment of populations, and legitimacy-based operations are not merely strategic tools, but contemporary doctrinal manifestations of magnanimity as a strategic virtue. This linkage between virtue ethics and operational doctrine is both original and doctrinally sound. In his conclusion, Pereira Bravo advances a clear and provocative thesis: magnanimity should be understood as a strategic-level military virtue, distinct from but superior to tactical virtues such as bravery, resilience, or discipline. While these latter virtues operate at the level of combat execution, magnanimity governs the orientation of force itself, ensuring that military victory does not undermine the conditions for a just and durable peace. In this respect, the article offers a normative criterion for evaluating not only how wars are fought, but whether their outcomes remain morally and legally sustainable. Overall, this article represents a highly original and intellectually robust contribution to military ethics, legal doctrine, and security studies. Its integration of Thomistic moral philosophy with contemporary IHL and military doctrine makes it particularly valuable for scholars and practitioners concerned with ethical leadership, legitimacy of force, and the moral foundations of Western defence policy.

Full text

Fernando PEREIRA BRAVO Las sociedades occidentales modernas se han visto inevitablemente influenciadas a lo largo de los siglos por el humanismo cristiano. Gran cantidad de autores, pensadores y teólogos, han influido en las líneas del pensamiento ético occidental que han derivado en una lista de conductas moralmente aceptables o absolutamente reprobables en la guerra Pensadores como San Agustín (354 -430), que formuló la teoría de la guerra justa, explicaba la violencia si perseguía la moderación e incluso la paz, poniendo límites morales inéditos hasta el momento. Otros como Santo Tomás de Aquino (1225-1274), que codificó la teoría de la guerra justa en la Summa Theologiae poniendo el énfasis en la dignidad humana, o el fraile dominico español Francisco Vitoria (1483-1546), considerado como uno de los pioneros del Derecho Internacional Humanitario, son buenos ejemplos de ello. No solo el humanismo cristiano ha influido en el pensamiento doctrinal y moral militar, sino que también otros autores y filósofos griegos han depositado la semilla de lo que hoy comúnmente llamamos virtudes militares. El Doctor Cosialls Ubach exponía en un reciente artículo, una lectura sobre la Ira según Séneca y su relación directa con el DIH. Pues bien, si aceptamos que las pasiones (Según Aristóteles la Ira forma parte de la lista de las pasiones humanas) han ayudado a desarrollar un cuerpo doctrinal en el Derecho y en la moralidad de los ejércitos, no podemos dejar de hablar de las virtudes, y concretamente de la que considero la virtud clásica más influyente en los ejércitos a lo largo de los siglos: La MAGNANIMIDAD. La magnanimidad constituye, a mi juicio, un principio esencial tanto en la ética militar, como en la forma de conducir la seguridad y defensa occidental, sin la cual no podríamos explicar el DIH contemporáneo. Santo Tomás de Aquino define la magnanimitas como la virtud por la cual una persona se eleva a la realización de grandes obras acordes con la razón y con la moral. Implica actuar con nobleza, generosidad y altura moral incluso en situación de conflicto, guerra y disputas. En conclusión, podemos decir que al líder militar no le basta con la fuerza de sus medios, o con su capacidad de gestión estratégica, sino que demostrará definitivamente su perfección en el combate a través de la justicia y el resLa magnanimidad en la guerra Una aproximación Tomista para la doctrina de los ejércitos occidentales PÁGINA 28 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 28 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 28 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. PÁGINA 28 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 «Santo Tomás de Aquino», Carlo Crivelli (1476). National Gallery, Londres. Foto: Wikipedia. peto. Es una virtud social, no solo interior, es decir, implica actuar correctamente frente a los demás. Reconoce el valor y la dignidad del prójimo, incluso del enemigo. Está, como vemos, íntimamente ligada al derecho de los conflictos armados, que se rige por la humanidad, la proporcionalidad y el respeto por la dignidad del adversario. Consecuencias de aplicar la virtud de la magnanimidad no solo han aflorado en el Derecho, sino que también la doctrina de empleo de las unidades militares se ha visto afectada. El concepto de ganar corazones y mentes (Winning Hearts and Minds) en el cuerpo doctrinal militar americano esta, bajo mi punto de vista, claramente influenciado por esta virtud. WH&M es una estrategia norteamericana largamente tratada desde la guerra Vietnam (años 60-70) y posteriormente en Irak y Afganistán, llegó a quedar recogida en documentos doctrinales de contrainsurgencia (FM 3-24 Contrainsurgency Manual 2006) y se basa resumidamente en que la victoria no solo se mide en batallas, sino en la confianza y legitimidad moral. Acciones derivadas de esta doctrina serian reducir daños a civiles, mostrar moderación en el uso de la fuerza, tratar dignamente a la población, facilitar servicios esenciales, proyectar humanidad y justicia…todas ellas relacionadas íntimamente con nuestra virtud del artículo. Como conclusión, dentro de la ética militar, podríamos atrevernos a situar a la magnanimidad, dentro de las virtudes clásicas, en un escalón superior, en un nivel estratégico, haciendo el símil militar. A diferencia de otras virtudes morales individuales como la valentía, el arrojo, la disciplina, la resiliencia que podrían considerarse como virtudes tácticas (es decir en el escalón más bajo del combate) la magnanimidad debe de formar parte de las virtudes estratégicas de los ejércitos. La grandeza moral para mantener la proporción, evitar humillaciones innecesarias, y orientar la guerra hacia una paz justa, es el objetivo estratégico hacia el que se deben de conducir los ejércitos modernos. En la guerra, la magnanimidad garantiza victorias que no destruirán las condiciones de la paz alcanzada. PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 PÁGINA 29 BOLETÍN CODESEL VOLUMEN 1, Nº 6 ISSN-e: 3045-7750. Diciembre 2025 Diciembre 2025 Ambrogio Lorenzetti, Alegoría del Buen Gobierno (1338–1339), Palazzo Pubblico de Siena. En este célebre fresco, la figura central del Buen Gobierno aparece rodeada por un conjunto de virtudes que sostienen y legitimidad su autoridad. A la derecha, junto a la Justicia y la Templanza, se representa la Magnanimidad, virtud superior que encarna la grandeza moral del gobernante: la capacidad de obrar con generosidad, rectitud y nobleza incluso cuando ejerce el poder coercitivo. La Magnanimidad equilibra la fuerza con la clemencia, la justicia con la humanidad, y orienta la acción política —y militar— hacia un orden que preserve la dignidad de todos, incluidos los adversarios. En la parte inferior, la sociedad aparece próspera y armoniosa, símbolo de que un poder guiado por virtudes elevadas genera seguridad, cohesión y paz duradera. Lorenzetti anticipa así, desde el siglo XIV, los principios éticos que hoy inspiran el Derecho Internacional Humanitario y la doctrina occidental de la guerra justa: un poder legítimo solo se sostiene mediante la grandeza moral de sus actos. Foto: Google Arts & Culture.