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Trazas para la Catedral de Plasencia

Mendez Hernan, Vicente; Ramos Berrocoso, Juan Manuel

Abstract

El artículo presenta un estudio exhaustivo de un conjunto de trazas arquitectónicas de la catedral de Plasencia, muchas de ellas inéditas o escasamente analizadas hasta fechas recientes, conservadas en el Archivo Capitular. Los autores reconstruyen la evolución proyectual del templo desde el siglo XVI hasta comienzos del XIX, integrando el análisis gráfico con la documentación archivística, el contexto urbano y el marco litúrgico. Una de las principales aportaciones del trabajo es la identificación, datación y atribución de la primera planta conservada de la catedral (c. 1574–1575) al cantero Juan Álvarez, descartando con argumentos técnicos y documentales su tradicional adscripción a Rodrigo Gil de Hontañón. Esta traza se interpreta como una respuesta temprana a los decretos del Concilio de Trento, especialmente a través del innovador proyecto de una capilla pascual, concebida como espacio autónomo para el culto eucarístico, de gran complejidad simbólica, litúrgica y espacial. El artículo analiza asimismo los proyectos del siglo XVIII impulsados para concluir la catedral, estudiando de manera comparada las propuestas de Manuel de Larra Churriguera, Giovanni Battista Sacchetti y Ventura Rodríguez, así como la intervención final de Eugenio López Durango. Los autores demuestran que estas iniciativas responden a una corriente gótico-clasicista y a condicionantes estructurales, económicos y urbanísticos que limitaron su ejecución. En conjunto, el trabajo ofrece una lectura renovada de la catedral de Plasencia como un edificio en permanente proceso, reflejo de debates arquitectónicos, litúrgicos y técnicos desarrollados a lo largo de más de dos siglos.

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25· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · Trazas para la catedral de Plasencia · vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · Universidad de Extremadura/Instituto Superior de Ciencias Religiosas “Santa María de Guadalupe” (UPSA) Introducción Las trazas que publicamos de la catedral de Plasencia no se conocían hasta 2008, año en que D. Juan Manuel Ramos Berrocoso, canónigo archivero, redescubrió los “planos de la catedral nueva y antigua” que habían sido devueltos sub sigilum en 1921 y guardados en dependencias catedralicias, donde fueron olvidados con el tiempo1. Nueve de aquellos dibujos corresponden a la obra arquitectónica del templo2, dos de ellos delineados en la segunda mitad del siglo xvi (figs. 2-3) y los restantes entre 1755 y 1808 (figs. 5-10 y 12). Su conservación no es mala en general, aunque algunos sufrieron incendios —documentados, por ejemplo, en 1832 o 18483—; y casi todos tienen manchas de humedad y algunos desperfectos por el cartón al que fueron adheridos para salvar su integridad. Todas las trazas se conservan en el Archivo Capitular de Plasencia. Para su análisis y contextualización nos hemos servido también de los dibujos de Luis de Toro —US/BGH— (fig. 1), Sebastián Araujo —IPCE— (fig. 2) y Ascensio de Morales —AHN— (fig. 4). Tres de los proyectos que estudiamos están extraviados (figs. 5, 6 y 7), de ellos solo tenemos unas fotografías hechas tras su descubrimiento, que también publicamos4. El estado de la cuestión se remonta a 2011, fecha de un primer estudio documental de las trazas, que estuvo acompañado de croquis facticios de tres de ellas: la planta del xvi (fig. 2), atribuida entonces a Rodrigo Gil de Hontañón; y las de Manuel de Larra Churriguera (fig. 5) y Eugenio López Durango (fig. 10), ambas del xviii; pero no se profundizó en su análisis5. Un alzado del siglo xvi (fig. 3) y dos dibujos de la centuria de mil setecientos (figs. 9 y 10) se dieron a conocer en 2018, en una publicación divulgativa6. Dos años después, en 2020, se publicaron cinco de las trazas que analizamos, tres de ellas para ilustrar un texto dedicado a los Archivos (figs. 3, 9 y 12) y las dos últimas sin más análisis que el resultante de datar la planta del xvi (fig. 2) con posterioridad a la de López Durango (fig. 1 Méndez Hernán, V., & Ramos Berrocoso, J. M. (2024). Trazas para la catedral de Plasencia. Goya, 385, 25–42. https://doi.org/10.5281/zenodo.17921401 26 goya 385 · año 2024 10)7. Finalmente, una gran parte de la colección salió a la luz en 2022 con motivo de la xxviª exposición de Las Edades del Hombre (figs. 2, 3, 5-7, 9-10 y 12), pero sin estudiar los proyectos dado el carácter de la publicación8. Estado de las obras en 1573 La primera referencia gráfica conocida de la ciudad de Plasencia es el dibujo (fig. 1) que el médico y humanista Luis de Toro (*Plasencia, 1526-†antes de 1600) incluyó en su manuscrito de 1573 titulado Placentiae vrbis et eivsdem episcopatvs descriptio9, primera obra de la historiografía placentina. Según Richard Kagan, se trata de un plano-vista donde se aúnan dos funciones, la precisión del registro visual y la intención de singularizar la propia urbe a través de un punto de vista donde destacan los hitos más importantes, la catedral entre ellos —señalada con la letra A10—. De ahí la excepcionalidad del documento, al permitirnos constatar el estado constructivo del templo catedralicio en esa fecha y sus posibilidades de ampliación por el espacio urbano entonces disponible detrás de la cabecera. En 1573 las obras habían alcanzado la práctica totalidad de la catedral renacentista que ha llegado a nuestros días, con la capilla mayor, crucero y primer tramo de naves terminados. El impulso del obispo Gutierre de Vargas Carvajal (su episcopado entre 1524 y 1559) había sido determinante; ciñó la mitra placentina cuando solo habían transcurrido dos años de la traza que diera Juan de Álava (*c.1480-†1537) para elevar la catedral como una hallenkirche, aunque sin entrar en ella la cabecera (fig. 2, [10])11, cuyos ochavos y capillas laterales de testeros planos ya estarían construidos12. Treinta y tres años después, en 1554 y aún bajo la prelatura de Gutierre, Rodrigo Gil de Hontañón (*1500-†1577) terminaba de voltear las bóvedas del transepto y las naves del primer tramo13. Las portadas del crucero también se habían cerrado: la del mediodía o Enlosado (1538-1543) [14] con trazas de Diego de Siloé (*c.1490-†1563)14 y la septentrional [13] con diseños de Álava y Gil de Hontañón (terminada en 1558)15. Una vez acabada la fachada norte, Rodrigo Gil se ocupó de las capillas hornacinas; las tres situadas al evangelio obedecen a un plan unitario deudor tal vez de Álava y sin descartar la intervención de Hontañón16. Sin embargo, a mediados del siglo xviii las dos últimas capillas situadas a poniente aún estaban en fase de cimentación, según constatan las citadas plantas de Ascensio de Morales (1753), Larra Churriguera (1755) y López Durango (1787). No ocurría lo mismo con el lado de la epístola, donde permanece la sala capitular [18] y el claustro [21] de la catedral románica. Rodrigo Gil también cerró el coro, y a finales de 1565 se procedía a trasladar allí la sillería de Rodrigo Alemán17. La orden que dio el cabildo en 1573 “de hazer dorar lo que falta de la yglesia nueva”18 constata que la primera fase constructiva se había ultimado cuando Luis de Toro terminaba su manuscrito. Ese año debió marcar un punto de inflexión en las obras de la catedral, abriendo una nueva fase proyectiva de la que es deudora la primera planta conservada, que a la sazón auspició el obispo a quien Luis de Toro dedicó su obra, el dominico fray Martín de Córdoba , obispo placentino entre 1574 y 157819. El dibujo añade dos aspectos determinantes para analizar las trazas del siglo xvi. El primero es el gran espacio urbano que entonces existía detrás de la cabecera catedralicia, libre de construcciones; y el segundo es la ausencia del cimborrio románico, hoy situado sobre la sala capitular o capilla de San Pablo, junto a la portada meridional del Enlosado. Según la reciente hipótesis de Miguel Sobrino, ese cimborrio había cerrado el crucero y este habría sido un ejemplo más de los habituales en la región del Duero. Su traslado a la sala capitular fue posible porque el cabildo optó desde el principio por conservar este espacio, según constata la planta trapezoidal con la que se trazó la primera capilla por la epístola [17] al objeto de preservar su construcción. La sala tiene además la misma anchura que la nave central de la catedral vieja —como sucede en tantos otros recintos capitulares—, lo que hacía factible su estructura para montar el cimborrio. Rodrigo Gil debió aconsejar esa última operación según los planes exis1 Luis de Toro, Placentiae Vrbis et Eivsdem Episcopatvs Descriptio, 1573. Pluma y aguadas de colores sobre papel. Rotulaciones. Escala: 1:4.263. 285 x 400 mm. Por cortesía de la Universidad de Salamanca, Biblioteca General Histórica, Ms. 2650, ff. VI-VII. Detalle de la catedral de Plasencia (A), la casa del Arcediano de Medellín (I) y la puerta de Santa María situada entre ambas. 2 Superposición de la planta actual de la catedral de Plasencia (inferior) con el Primer proyecto conservado para su terminación (imagen superior), realizado por Juan Álvarez [?] hacia 1574/75 (Pluma, tinta negra y aguada sepia sobre papel irregular; pegado sobre cartón. Sin escala; rotulaciones numéricas correspondientes a pies castellanos. 585 x 400 mm. ACPl, IVTA, traza n.º 2). La actual planta general de la catedral de Plasencia (imagen inferior) es obra de Sebastián Araujo Romero, 1980 (Escala: 1:100. IPCE, Ministerio de Cultura y Deporte, Planoteca, PLM CAJA 7 153 / 1538). Leyenda: 1, «Capilla Pascual»; 2, «Vestuario»; 3, «Baptisterio»; 4, capillas del deambulatorio con altares; 5, «Thesoro»; 6, oratorio [?]; 7, torre románica; 8, capilla «[…] general» para enterramientos [?]; 9, mausoleo del obispo Pedro Ponce de León; 10, capilla mayor; 11, sacristía actual; 12, «Vestuario»; 13, portada septentrional; 14, portada del Enlosado; 15, capilla de San Juan y «Librería»; 16, «Choro»; 17, primera capilla por la Epístola, en planta trapezoidal (actual); 18, sala capitular románica; 19, «Puertas al septentrión»; 20, «Puertas al mediodía»; 21, claustro medieval. 27· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · tinta negra; incorpora rotulaciones22 y toques de aguada sepia para las rejas de las capillas, coro y presbiterio, y punteado para los altares. No tiene escala, pero la numeración anotada en los distintos espacios corresponde al pie castellano. Carece de firma y fecha (fig. 2)23. La traza tiene que ser necesariamente posterior a 1573, porque en ella aparece el mausoleo del obispo Pedro Ponce de León (gobernó la diócesis entre 1560 y 1573) [9] que está ubicado en el tramo principal de la capilla mayor, al lado del evangelio y frente a la entrada de la sacristía. El prelado había fallecido el 17 de enero de 1573, y en el testamento que otorgó ese mismo día mandó que en la capilla donde fuera enterrado se hiciera “un retablo e reja de hierro y se ponga un bulto, laude, escudo y letrero según […] que a mis testamentarios les pareziere”24. La petición que se elevó al cabildo, celebrado el 17 de abril de 1573, para construirlo en el lugar que hoy ocupa, corrobora que se trató de una obra de nueva planta, y sin margen de dudas para su ubicación al especificarse la distancia de “dos pies y medio” (0,695 m; 0,7 m según Araujo) que tendría “desde el hueco dél hasta el pilar en que está una figura de Adán”, talla pétrea aún existente y situada en el lugar indicado, al costado del evangelio25. En la misma escritura consta la aceptación del deán y cabildo26, de modo que el 30 de octubre de 1573 se estipulaba la ejecución del bulto orante con Francisco Giralte27. Mateo Sánchez de Villaviciosa se encargó de la obra de cantería28, de la que ya tenía depositadas en el altar mayor las piedras labradas cuando el cabildo otorgó su licencia el 12 de febrero de 1574 para que los testamentarios pudieran “abrir el arco para el enterramiento de dicho señor obispo”29, cuyos restos mortales finalmente fueron sepultados el 4 de noviembre de 157430. El obispo fray Martín de Córdoba sucedió a Ponce de León, y fue durante su episcopado (entre 1574 y 1578, como se dijo) cuando se encargó la planta que nos ocupa. El proyecto surge de la aplicación de los decretos del Concilio tridentino y al amparo, tras la muerte de Ponce de León, de las nuevas posibilidades para el terreno disponible tras la cabecera catedralicia. El dibujo de Luis de Toro constata la existencia de un amplio espacio hasta la casa del arcediano de Medellín —identificada con la letra I—; un total de 25,57 m en función de la escala que aporta la Cartoteca Histórica Digital de Extremadura, 1:4.26331. A esa longitud hay que sumar el solar de la propia casa del arcediano, “ya muerto, verdaderamente hermosa” según Luis de Toro, quien refiere el proyecto que le debió participar Ponce de León —era su médico personal32— de trasladar a Plasencia y situar allí el Tribunal de Llerena33 tras conocer su designación como Inquisidor General por breve de Gregorio xiii a 2 de diciembre de 157234. La llegada de dicho nombramiento tras la muerte del obispo había detenido la puesta en práctica de lo que finalmente solo quedó en proyecto. Las pequeñas construcciones que se aprecian en el dibujo del médico detrás de la cabecera catedralicia no eran un problema, puesto que pertenecían al cabildo35. Pero sí lo setentes para la sala capitular románica. Aunque en ellos no entró desde el principio la conservación de la torre del Melón, el conocimiento que tenía de los cimborrios del Duero le hacía el maestro idóneo para desmontar la torre20 una vez iniciado el proceso de demolición de la capilla mayor el 27 de junio de 1544 —que corrió en paralelo al aderezo de la sala capitular—, poco después de acceder a la maestría el 9 de mayo anterior21. Los proyectos del siglo xvi La primera planta conservada de la catedral (c.1574-1575) La planta correspondiente al siglo xvi fue realizada en papel y adherida sobre cartón en un momento indeterminado para su conservación; está recortada y mutilada por la zona de los pies, y parcialmente quemada por el lado izquierdo. Está trazada sobre rasguño previo a regla y compás, con los muros rellenos a 2 28 goya 385 · año 2024 rán los talleres de la fábrica situados justo detrás, y que también se distinguen con nitidez en el plano. El problema surgió cuando la ciudad reclamó su propiedad, y el litigio se resolvió con el acuerdo de mantener los talleres por un periodo de 20 años o menos, al cabo de los cuales el espacio urbano pasaría a ser del concejo sin que lo pudiera utilizar. El convenio se recoge en el cabildo celebrado el 17 de marzo de 1575, y aquí tenemos una de las causas principales, si no la determinante, para que la obra no se llevara a cabo. De hecho, y una vez transcurrido el plazo estipulado, la parte restante del solar fue ocupada por la construcción del convento de la Encarnación de monjas dominicas, que el regidor Martín López de la Mota y su hermano, el racionero Pedro Domínguez, fundaron en 158836. Por tanto, la planta habrá que datarla entre el 26 de agosto de 1574, cuando fray Martín tomó posesión de la mitra, y el convenio de 17 de marzo de 1575. Tan holgado espacio hacía posible un proyecto que implicaba la redefinición de la catedral del siglo xvi, al contemplar no solo su conclusión y consiguiente derribo del templo románico, sino también una notable ampliación de la cabecera una vez liberado el ángulo noroccidental con la destrucción de la torre campanario medieval [7], la sacristía [11] y husillos del siglo xvi que dan acceso al segundo nivel de la catedral e intradós de la cubierta. La conexión del nuevo espacio con el ya existente conllevaba, por un lado, la eliminación de los testeros que cierran las capillas laterales de la cabecera, para enlazar a través de ellas el deambulatorio con las naves laterales de la catedral; y por otro, la construcción de dos grandes volúmenes para asegurar la estabilidad estructural de las fachadas norte y sur. Así, y al objeto de regularizar la planta, se proyectaron una nueva sacristía [12] y una capilla prácticamente simétrica al evangelio, cuyo letrero leemos a medias por haberse quemado esta parte de la traza: tal vez una capilla «general» para enterramientos dotada de su altar [8]. La sacristía tenía otras dos entradas desde el exterior, lo que evidencia que se contaba con el derribo de la muralla que el concejo había proyectado en 1551 de un modo similar a como Luis de Toro lo dibuja en 1573; aunque las obras aún no se habían acometido, el médico debía conocer el proyecto por la reunión que mantuvo la comisión del concejo en casa de Diego de Toro —tal vez su padre— para concretarlo37. Los accesos se completaban con otras dos entradas practicadas en las capillas de poniente fronteras al coro, simétricas entre sí, dotadas de columnas pareadas y con los rótulos «Puertas al septentrión» [19] y «Puertas al mediodía» [20]. El espacio más notable del diseño es la enorme girola que se proyecta rodeando y envolviendo la cabecera elevada en el siglo xvi, cuya planta ochavada se utilizó como generatriz de la ampliación para no comprometer la obra desde un punto de vista estructural y lograr un todo homogéneo. El eje de esa nueva cabecera viene marcado por una profunda «Capilla pascual» [1], que emerge entre dos tramos diagonales de capillas con acceso desde el deambulatorio resultante. La solución de cabecera poligonal y testero plano hubiera sido un ejemplo más de lo que fuera habitual a lo largo del siglo xvi en España, muy alejado de los planes centrales y remates semicirculares del Renacimiento italiano38. La capilla pascual surgió de la exaltación que la Eucaristía había adquirido en el Concilio de Trento (1545-1563). Su nombre puede referirse bien a una capilla para la reserva y veneración de la Eucaristía o una de uso más restringido para las Pascuas de Navidad y Semana Santa, —apartada de la capilla central— y de la que solo tenemos una escueta noticia en Hispanoamérica39. Sea una u otra, es una denominación excepcional pero que sintoniza con la piedad eucarística que se había ido configurando desde el medievo, basada en ver, admirar y adorar desde lejos al Santísimo Sacramento en vez de comulgar en la misa, reservando la comunión a contadas ocasiones del año con una previa, exigente y muy rigurosa preparación40. De esta manera surgieron “numerosos ritos particulares para la ostentación, el transporte y la adoración del Santísimo Sacramento”41, para los que se necesitaba la capilla pascual. Fray Martín de Córdoba había sido uno de los padres conciliares llegados a Trento el 11 de diciembre de 1561 para asistir a la tercera y última sesión del Concilio (1562-1563)42. En la xxiiª reunión que se celebró el 17 de septiembre de 1562, se había abordado, precisamente, la doctrina de la Eucaristía para definirla como la cena pascual donde se renueva de forma permanente el sacrificio de Cristo, estableciendo su celebración como centro del culto cristiano43. Así, Trento reafirmó la teología de Tomás de Aquino frente a los protestantes y, consecuentemente, depositó en su Orden de Predicadores un notable protagonismo de la etapa postconciliar44. La oportunidad para poner en práctica los decretos tridentinos en materia eucarística se le presentó a nuestro obispo —también dominico— con la potencial conclusión de la catedral pla- 29· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · centina; pero al proyectarse tras el concilio y sin disponer aún de instrucciones concretas para materializar sus decretos, el planteamiento implicó un cierto grado de novedad dentro de la tradición, lo que justifica que fray Martín ofreciera una primera denominación para lo que muy poco después se terminó llamando capilla del Santísimo45. El nombre capilla pascual apelaba a la tradición y estaba respaldada por la exégesis de Tomás de Aquino, para quien el Cordero Pascual prefiguraba el sacrificio Eucarístico y “es la figura principal de la Eucaristía”46, esto es, la Pascua Nueva que Cristo instituyó según recordaban los textos tridentinos47. La coincidencia de fray Martín y Carlos Borromeo en Trento48 justifica que su propuesta estuviera destinada a transformar la vieja arquitectura a partir de un espacio para la reserva y exposición eucarística y su adoración por los fieles, logrando su implicación en la liturgia de la misa —la cena pascual— y eliminando, consecuentemente, la vieja idea de una iglesia reservada al uso exclusivo del clero. El carácter autónomo de la capilla venía avalado por la sacristía y las entradas independientes proyectadas a norte y sur, de modo que los fieles pudieran entrar y salir sin molestar al culto del altar mayor, donde se mantenía la estructura tradicional del santuario y coro de canónigos, necesaria en una catedral. La solución nos recuerda a lo que había hecho Siloé en Granada, donde diseñó la gran rotonda para el culto eucarístico y mantuvo el espacio coral en su ubicación natural. El precedente para el diseño habría que buscarlo en los sagrarios cartujanos españoles del siglo xv, donde ya se había empleado el mismo esquema orgánico y lineal de capilla mayor/trasaltar49. Sin embargo, habrá que esperar al sínodo celebrado en Valencia en 1631 por el arzobispo dominico fray Isidoro de Aliaga (su gobierno valenciano entre 1612 y 1648) para encontrar un decreto donde se contemple un espacio con una función y organicidad semejantes a las descritas en Plasencia50. Ese mismo carácter singular tendrá el proyecto que fray Martín realizará tras ser promovido a la diócesis de Córdoba en 1578, cuando retomó e impulsó la obra que iniciara el cabildo cordobés en 1571 para hacer una capilla del sagrario, y convertirla en un hito arquitectónico para las estancias de culto eucarístico desarrolladas en Andalucía durante las primeras décadas del siglo xvii51. La situación orgánica de la capilla pascual placentina en el trasaltar catedralicio permite argüir que su construcción fue la causa de proyectar el conjunto de una ampliación tan compleja. Los 50 pies que tiene de profundidad se corresponden de forma casi simétrica con los 54 en los que se proyecta el «Choro» [16], que ha duplicado su espacio hasta alcanzar 15,012 m frente a los 9 m actuales (según Araujo); así ocupaba gran parte de uno de los cuatro tramos de la catedral vieja. Si a esos 50 pies sumamos los 23 del espacio previo situado en la girola, obtendremos un total de 20,294 m y una longitud similar a la del presbiterio (20 m según Araujo). De este modo, la capilla pascual tenía plena correspondencia con el coro y el presbiterio al sumar en su trazado la longitud de ambos en dos tramos, lo que implicaba una relación de proporcionalidad deudora de los planteamientos de Juan de Álava, quien inscribió la planta en un rectángulo de proporción dupla52. Una relación similar se advierte entre la anchura de la capilla de San Juan, primera por el evangelio [15] y única construida entonces (4,2 m según Araujo), y el lado del cuadrado (17 pies, 4,726 m) con el que se plantearon el «Vestuario» [2] y «Baptisterio» [3] que tenía la capilla pascual a ambos lados del testero plano. Ese baptisterio frontero a la sacristía concuerda con la relación que Tomás de Aquino hizo entre el Bautismo y la Eucaristía al ser aquel otra vía para recibir “al mismo Cristo”53. Iba situado al mediodía, según recogerá Carlos Borromeo poco después54, fruto de su conciencia histórica y litúrgica más antigua55 —recordemos la iglesia de San Lorenzo en Milán —, aunque la proliferación de altares secundarios a partir de la etapa postconciliar en la que nos encontramos, dispuestos en cualquier dirección, conllevará la pérdida de la habitual orientación litúrgica —eje Oeste-Este— y la liberación de la nave56, haciendo que la propuesta borromeana y la más tradicional pronto se difuminen. Fray Martín fue también uno de los padres conciliares que aprobaron los decretos que Trento promulgó sobre las imágenes y reliquias en la reunión xxxvª, celebrada en los días 3 y 4 de diciembre de 156357. A ellas se destinaban las cuatro capillas del deambulatorio, trazadas con una anchura de 23 pies (6,394 m) y dotadas con su altar. La primera por la epístola se identifica con el «Thesoro» [5] destinado a albergar, entre otras, el conjunto de reliquias que Ponce de León, predecesor de fray Martín, había regalado a la sede el 8 de junio de 157258, mientras que en las tres restantes [4] podrían ir las imágenes de mayor devoción placentina. La rejería fue la opción elegida para cerrar los cuatro espacios cultuales, aunque justo a la entrada del 30 goya 385 · año 2024 tesoro figura la anotación «arco cerrado» para constatar que la reja del relicario habría de ocupar todo el vano del arco. El relicario compartía con la sacristía catedralicia o «Vestuario» [12] un espacio trapezoidal irregular, que interpretamos como el pequeño oratorio [6] que recogerá Borromeo para que los sacerdotes puedan retirarse antes de la misa59, siendo posible en nuestro caso hacerlo delante de las reliquias una vez ultimada su preparación en el amplio vestuario citado, que se proyectó en planta rectangular —40 x 28 pies (11,12 x 7,784 m)— y pilastras internas donde situar las cajoneras. Para el desarrollo de la liturgia contaban con la «Librería» [15] proyectada en la primera capilla frontera al coro por el evangelio. Nuestra traza no está firmada, y cabría atribuirla a Rodrigo Gil de Hontañón, maestro de la catedral desde 1544 hasta su muerte en 1577, quien, no obstante, no figura en las Actas Capitulares desde que se le mandara llamar el 17 de junio de 1569 “atenta la necesidad que la obra de la yglesia tiene del”60. Esa ausencia no es determinante para descartar su autoría, pero a esta hipótesis se unen dos importantes aspectos de la traza. El primero y más llamativo es la falta de bóvedas, habiendo sido Gil de Hontañón el encargado de voltear las de gran parte de la cabecera, crucero y primer tramo de naves; esta carencia no tiene parangón con las diez plantas que se conservan de su mano61. El segundo aspecto es la tinta empleada en el relleno de los muros, completamente opacos frente al tramado que se aprecia en las plantas que traza a partir de 156262, y que efectúa desde 1565 a base de un rayado a mano y aguadas transparentes63. Por el contrario, no es casual que fray Martín de Córdoba tomara posesión de Plasencia el 26 de agosto de 157464, y al día siguiente fuera nombrado “por aparejador de las obras desta iglesia” el cantero placentino Juan Álvarez, cargo al que sumó el de “asentador” tres días después, con un sueldo que pasó de los 4.000 maravedís iniciales a los 8.000, esto es, 21 ducados anuales65, salario equivalente al de un oficial de cantería66 puesto que Rodrigo Gil era aún el maestro de la catedral. Álvarez se ausentó en 1578 y el cabildo le reclamó para que ejerciera su cargo de aparejador67, a la par que la promoción de fray Martín de Córdoba, por lo que su trayectoria inicial estuvo ligada a la prelatura del dominico; y a su mano cabe atribuir la traza que nos ocupa por los aspectos que pasamos a analizar. Juan Álvarez estaba vinculado a la cuadrilla del arquitecto Pedro Ezquerra de Rozas, en la que debió formarse junto a su hijo fray Juan Ezquerra, también maestro de cantería, monje profeso de la Orden dominica y administrador del convento salmantino de San Esteban en 1571. La influencia de fray Juan fue decisiva para que la Orden de Predicadores confiara a Juan Álvarez parte de sus empresas artísticas, como él mismo había hecho con la escalera del aire en el convento dominico de Plasencia68. Tampoco era una cuadrilla desconocida para el cabildo, puesto que a Pedro Ezquerra le había encargado informar acerca del derribo de la cerca en 1551 para ampliar el espacio situado frente a la puerta del Enlosado69. La consecuente formación de Juan Álvarez en el corte de la piedra justifica el diseño de los trapezoides irregulares que abren y cierran los tramos diagonales de la cabecera como espacios de transición —lo mismo que los husillos proyectados para su interior—, y que recuerdan de lejos los trapecios de Siloé para la citada rotonda granadina. Si a ello sumamos la vertiente proyectiva de Juan Álvarez, que conocemos a partir de las trazas que presentó en 1610 para construir el noviciado de los jesuitas en Madrid, y que en dicho proyecto figura citado como “maestro mayor de las obras de la Yglesia de Plasencia y Salamanca”70, podemos concluir que, en el momento de proyectar la planta que nos ocupa, era un artífice con dotes de un buen maestro. La relación proporcional que hemos advertido entre los espacios catedralicios planificados fue deudora del clasicismo que Juan Álvarez debió conocer a través del propio fray Juan Ezquerra, quien ya estaba vinculado al Escorial en esas fechas; un clasicismo luego ratificado con los maestros firmantes de las trazas para los jesuitas madrileños, Francisco y Joaquín Grajal, Juan Bautista Monegro y el también jesuita Juan Soler. De ahí también el concepto de espacialidad y armonía heredero de un proyecto que replanteaba por completo la catedral del siglo xvi y, consecuentemente, la posibilidad de sugerir que las nuevas capillas podrían haber ido cubiertas con bóvedas vaídas, elípticas, de arista o de cañón. El problema surgido en marzo de 1575 con el espacio urbano existente hasta esa fecha detrás de la cabecera debió ser determinante para abandonar el proyecto —según veíamos—, lo que dio paso a recuperar la idea de mantener en pie la sala capitular. La presencia del cimborrio en el siguiente dibujo (fig. 3) que 3 Juan Álvarez [?], Croquis del alzado del flanco meridional de la catedral de Plasencia con el cinturón de murallas, c. 1591-93 y añadidos c. 1597. Pluma, tinta marrón y negra, toques de aguada gris y sepia sobre papel. Rotulaciones. Sin escala. 442 x 587 mm. Restaurado en 2022. ACPl, IVTA, traza n.º 1. 31· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · analizamos nos permite sugerir que su montaje no debió dilatarse mucho en el tiempo, y que tal vez fue acometido por el citado Juan Álvarez71 dada su experiencia con la cuadrilla de los Ezquerra y de estos con Rodrigo Gil de Hontañón. Es posible que sucediera a la inauguración de la catedral nueva que fray Martín de Córdoba ofició el 29 de mayo de 1578, vísperas del Corpus72 a la sazón, “por ser la vieja […] muy estrecha”73. El alzado del flanco meridional catedralicio (c.1591-1593) El segundo dibujo del siglo xvi (fig. 3) representa el flanco meridional de la catedral y el lienzo de muralla entonces existente justo al lado del templo. Está realizado a regla y mano alzada, a base de tinta y plumilla con toques de aguada gris para el sombreado y color sepia para las cornisas, espadaña y partes de la cerca situada junto a la torre del Melón74. La presencia del cimborrio románico en su emplazamiento actual75 es una de las aportaciones del dibujo que obliga a datarlo con posterioridad al de Luis de Toro (1573), y proponer para su realización la última fecha de las tres en las que se documenta el proyecto de demolición parcial de la muralla que se recoge en el mismo, gestado en 1551, replanteado en 1569 y acometido finalmente entre 1591 y 159376 para solucionar el problema ocasionado por estar “el edefiçio desta dicha yglesia […] junto y pegado al muro desa dicha cibdad”77, evitar el amplio rodeo por el difícil acceso al templo por esa zona y dotar a la fachada del espacio suficiente para funcionar como telón de fondo de la urbe. La Provisión Real que autorizaba la destrucción de la muralla y barbacana no llegó hasta 159178, haciendo posible el proyecto de ejecutar el antepecho o plaza del Enlosado que mandó hacer el cabildo celebrado el 26 de noviembre de 159379, no sin que antes tratara de cerrar su acceso en 1592 —por razones de decoro— mediante las puertas que señalará en 1597 y finalmente acordará llevar a cabo con la ciudad en 161180. El dibujo que nos ocupa debió realizarse entre 1591 y 1593, previo a la “muestra” que el arcediano de Béjar, Juan de Ruano, había presentado en el citado cabildo del 26 de noviembre de 1593 para hacer el señalado “antepecho” del Enlosado, y para cuya materialización el cantero Marcelo Sánchez presentó fianzas el 24 de marzo de 159481. Este artífice se documenta en Plasencia junto al también cantero Miguel Sánchez82, tal vez familiar suyo e, igualmente, documentado colaborador del citado Juan Álvarez en 1607 y ambos como autores de las trazas para los sepulcros y bultos orantes que las clarisas placentinas tenían comprometidos con sus patronos83. No es desacertado pensar que el citado Marcelo Sánchez se hubiera hecho cargo de un proyecto secundario y deudor del más complejo, dedicado al derribo parcial de la muralla, que es posible atribuir a Juan Álvarez por dos razones: primero, porque era el maestro de la catedral y el dibujo lo encargó el cabildo puesto que se conserva en el Archivo Capitular; y segundo, porque se había formado junto a Pedro Ezquerra, maestro encargado de informar sobre el proyecto original de derribo de 1551 junto a Rodrigo Gil de Hontañón84, que Álvarez debía conocer. Y de ahí también el relleno que llevan los muros 3 32 goya 385 · año 2024 en el dibujo que nos ocupa, a base de un rayado a mano y aguadas transparentes tal vez deudor de lo que se hizo frecuente en Rodrigo Gil desde 1565, según veíamos. El dibujo responde al citado proyecto de derribo parcial de la muralla para liberar la portada del Enlosado, cuyo croquis85 es el eje y centro de la composición y referente para las medidas que se anotan de los lienzos: 30 pies (8,34 m) desde el primer cubo de la izquierda, otros diez desde el segundo (2,78 m) y cien hasta la torre románica (27,8 m). Esta se representa a la derecha por medio de un incipiente perfil donde sobresale el badajo de la campana, que no deja lugar a dudas para su identificación: la torre aparece desplazada a la derecha —con respecto a su ubicación real— para centrar la atención en la muralla; y la distancia de 27,8 m se justifica por los quiebros existentes hasta llegar a la torre (25 m según Araujo). Algo similar sucede con el profundo recorrido longitudinal de la cabecera, que identificamos con la actual gracias al husillo dibujado al sureste. En el citado año de 1597 se documentan las dos puertas que se añadieron al dibujo con posterioridad, situadas a la izquierda y trazadas en diagonal mediante un ligero sombreado. En el croquis consta una primera situada “junto al cubo de la yglesia” — donde estuvo el Archivo Capitular hasta fechas relativamente recientes— “e la otra junto a la torre”, referida en este caso al cimborrio o torre de lo viejo. La segunda y más cercana a la portada del Enlosado lleva en nuestro dibujo un texto añadido al rótulo original en negro donde se constataba que “Desde este cubo a la portada ay diez pies”; y con tinta ligeramente parda se agregó: “y este es el que se pide que se derrybe [hoy no existe] y la puerta sea en el de atrás para que la forja y hierro vayan perfectos”. Como se dijo, el concejo en 1611 cerró el espacio comprendido entre la puerta de Trujillo (hacia el SO) y el Enlosado, añadiendo la construcción de otra puerta —junto al campanario románico— dotada con una cerradura de cuyas llaves serían custodios el obispo y la ciudad86. Nuevos proyectos para un último impulso constructivo (1755-1808) El estado de las obras en 1753 A mediados del siglo xviii las obras de la catedral no presentaban ningún avance con respecto a la fase constructiva que dirigió Rodrigo Gil de Hontañón. Así lo constató Ascensio de Morales en el croquis de la planta dibujado en 1753 (fig. 4)87 que cumplía la comisión recibida de la Corona para señalar cuantos indicios demostraran el patronato real: el trascoro marcaba la línea divisoria entre las catedrales con el muro de separación actual —probablemente realizado en 1578 a raíz de la inauguración del templo—, y estaban abiertos los cimientos del costado del evangelio y zona de poniente para elevar las capillas laterales que faltaban, además de una portada y la torre a los pies. La cimentación procedía de la maestría de Gil de Hontañón sobre trazas de Juan de Álava, y a partir de ella 4 Ascensio de Morales, «Planta de la sancta Yglesia Cathedral de Placencia», 1753. Pluma y tinta negra sobre papel. Rotulaciones. Sin escala. 350 x 250 mm. AHN, Estado, MPD.794. 4 39· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · El 11 de marzo de 1756 el cabildo eligió al salmantino Andrés García de Quiñones (*1709-†1784) para materializar las trazas que llegaron de Madrid, obras que dirigió hasta que fueron suspendidas en enero de 1758 por falta de caudales149. Se utilizó para ello el alzado y planta cenital del flanco occidental que hemos atribuido a Sacchetti y a Ventura Rodríguez (fig. 7), que solo fue posible elevar hasta el primer nivel. Los últimos proyectos… y una tímida conclusión El obispo José González Laso Santos de San Pedro (su episcopado placentino entre 1766 y 1803) será el responsable de uno de los últimos intentos por terminar la catedral y ver culminada la idea de su predecesor José Ignacio Rodríguez Cornejo (su episcopado entre 1750 y 1758), impulsor de las obras a mediados del siglo xviii. La estrecha relación que González Laso tenía con Francisco Antonio de Lorenzana, cardenal de Toledo (17721804) y antes obispo de Plasencia (entre 1765 y 1766)150, hizo posible la presencia del arquitecto que ostentaba el cargo de maestro mayor de la catedral primada desde enero de 1786, Eugenio Germán López Durango (*1729-†1794)151. El amplio informe que dio en febrero de 1787 sobre las bóvedas del templo placentino se acompañó de una nueva planta (fig. 10)152 y “el modo con que podría cerrar el trascoro” al objeto de celebrar “las procesiones alrededor de ella”, y todo por un importe de 1.785.000 reales153. López Durango firmó la última planta que se conserva. La traza tuvo que supeditarla al problema de espacio surgido a los pies del templo —como va dicho— por la ampliación del palacio episcopal emprendido en 1774154, obstáculo que se representa con el rectángulo en diagonal situado junto a la fachada de los pies, y 11 11 José Benavides Checa, Fachada de poniente de la catedral de Plasencia, con el detalle de la torre que no se acabó, hoy en gran parte desparecida, ca. 1900. Positivo digital a partir de un negativo de gelatino-bromuro sobre vidrio. ACPl, Fotografías de José Benavides Checa. Inventario, fotografía B-24. 40 goya 385 · año 2024 que entonces estaba en obras al igual que las dos últimas capillas al evangelio. El escaso terreno disponible hizo que tan solo se añadieran dos tramos por los pies, acotados estrictamente al espacio del templo románico, cuyo claustro preveía destruir en parte. El mismo impedimento hizo necesario proyectar la sustitución de la portada que hemos atribuido a Sacchetti por una de las dos torres nuevas que habrían de enmarcar la fachada de poniente, la cual fue necesario retranquear por la citada obra del palacio episcopal y descartar definitivamente la torre que estaba iniciada. Lo que hasta entonces se había construido de esta pervivió hasta comienzos del siglo pasado; el chantre Benavides Checa la fotografió hacia 1900 (fig. 11)155 antes de su derribo durante el episcopado de Francisco Jarrín y Moro (1907-1912)156. Una parte del proyecto de López Durango intentó llevarse a cabo con la planta, perfil y alzados que Juan González firmó el 1 de abril de 1808 (fig. 12)157, correspondientes al cierre de las dos capillas que el toledano había contemplado en el evangelio. Los alzados pertenecen al fondo de dichas capillas y a la entrada a las mismas desde del templo, y responden plenamente a la etapa neoclásica en la que se proyectaron. De todos los diseños que hemos analizado, fue el único que se llevó a cabo, y se hizo a manos de un arquitecto de origen portugués, que en 1797 afirmaba ser profesor de arquitectura de la Real Academia de San Fernando, y que llegó a Plasencia después de ser aparejador en la obra del seminario de Astorga (1797-1799)158. • 12 12 Juan González, “Corte o sección que demuestra la fachada opuesta a la de las capillas, que ba contra la yglesia vieja”, 1808. Firmado. Pluma, tinta negra y aguada de colores sobre papel; pegado sobre cartón. Muy deteriorado por el fuego. Rotulaciones. Escala [ca. 1:63], 60 pies castellanos [=266 mm]. 520 x 328 mm. ACPl, IVTA, traza n.º 10. 41· vicente méndez hernán y juan manuel ramos berrocoso · Abreviaturas ACPl: Archivo Capitular de Plasencia. BSAA: Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología. exp.: expediente. LAC: Libro de Actas Capitulares. IPCE: Instituto de Patrimonio Cultural de España, Madrid. LCE: Libro de Cabildo Espirituales. leg.: legajo. IVTA: Inventario de Trazas Antiguas. TAAC: Traslado de Actas Capitulares. US/BGH: Universidad de Salamanca, Biblioteca General Histórica. Trabajo realizado en el marco del grupo de investigación Arte y Patrimonio Moderno y Contemporáneo (HUM012) de la Universidad y Junta de Extremadura. 1 ACPl, LAC n.º 124 (1920-1927), 8/6/1921, p. 47; J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones documentales inéditas sobre la obra de la Catedral de Plasencia según las trazas de Manuel de Larra Churriguera en 1755”, Ars et Sapientia, 34, 2011, pp. 86-87. 2 ACPl, IVTA, trazas n.º 1 a 8, y 10. 3 F.W. Plaza, “La Catedral de Plasencia”, Semanario Pintoresco Español, [XII], 32, 1848, pp. 249 y 251. 4 ACPl, IVTA, trazas/fotografías n.º 3, 5 y 4 respectivamente. 5 J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., pp. 79-106. 6 F.J. Pizarro Gómez, Las Catedrales de Plasencia: compendio de un patrimonio histórico, religioso y cultural, Tecnigraf Editores, Badajoz, 2018, pp. 30, 99 y 100. 7 J. Ginés Sánchez, Las Catedrales de Plasencia. Restitución de un proyecto inacabado, Trabajo Fin de Grado, Universidad Politécnica de Madrid, 2020, pp. 94, 96-99 <https://oa.upm.es/65476/> [Consulta: 4/5/2022]. 8 J.M. Ramos Berrocoso y V. Méndez Hernán, “Historia de la construcción y amueblamiento de la catedral de Plasencia”, O. González Cuadrado et alt. (coords.), Transitus. Las Edades del Hombre. Plasencia, Fundación Las Edades del Hombre, Valladolid, 2022, pp. 73-74, 77-78. En la muestra se expusieron dos proyectos cuya ficha firmó YFM: el alzado de mil quinientos (fig. 3), del que afirma que “fue trazado en una fecha indeterminada del siglo xvi” y “puede que nos encontremos ante la fachada original trazada por Siloé hacia 1538”, cuando no puede ser anterior a 1573; y un alzado del siglo xviii (fig. 9) para el que se sugiere la autoría de Larra Churriguera. O. González Cuadrado et alt. (coords.), op. cit., pp. 268-271. 9 US/BGH, Ms. 2650, situado entre las h. VI-VII; M. Sayáns Castaños, Descripción de la ciudad y obispado de Plasencia por Luis de Toro, Imprenta “La Victoria”, Plasencia, 1961, pp. 7-A y 9-A (sobre la autoría del dibujo). 10 R.L. Kagan, “Urbs and Civitas in Sixteenthand Seventeenth-Century Spain”, D. Buisseret (ed.), Envisioning the City: Six Studies in Urban Cartography, University of Chicago Press, Chicago, 1998, pp. 90-91. 11 Los números entre corchetes remiten a las plantas de la fig. 2. 12 ACPl, LAC n.º 6 (1502-1527), 16/10, 14/11 y 19/12/1522, s.f.; A. Castro Santamaría, Juan de Álava. Arquitecto del Renacimiento, Caja Duero, Salamanca, 2002, p. 300. 13 J.D. Hoag, Rodrigo Gil de Hontañón. Gótico y Renacimiento en la arquitectura española del siglo XVI, Xarait, Madrid, 1985, p. 147; A. Casaseca Casaseca, Rodrigo Gil de Hontañón (Rascafría, 1500-Segovia, 1577), Junta de Castilla y León, Salamanca, 1988, p. 107. 14 J.M. López Martín, La arquitectura en el Renacimiento placentino. Simbología de las fachadas, Diputación Provincial, Cáceres, 1986, p. 96; V. Méndez Hernán, “La intervención de Diego de Siloé en la catedral de Plasencia: la portada del Enlosado y su relación con el muro de la girola de la catedral de Granada”, Alcántara, 40, 1996, p. 40. 15 J.D. Hoag, op. cit., p. 147; A. Casaseca Casaseca, op. cit., p. 107; A. Castro Santamaría, “Algunas aportaciones sobre la catedral de Plasencia (siglo XVI)”, Norba-Arte, XIV-XV, 1994-1995, pp. 287-296; Id., Juan de Álava…, op. cit., pp. 298-306. 16 A. Casaseca Casaseca, op. cit., p. 109; A. Castro Santamaría, Juan de Álava…, op. cit., p. 302. 17 ACPl, LAC n.º 12 (1556-1566), 9/11/1565, 432v-433r; 18/1/1566, 441v-442v; J. Benavides Checa, Prelados placentinos. Notas para sus biografías y para la Historia documental de la Santa Iglesia Catedral y Ciudad de Plasencia (1907), Ayuntamiento de Plasencia, Plasencia, 1999, pp. 120-121; J.M. Ramos Berrocoso y V. Méndez Hernán, op. cit., p. 92. 18 ACPl, LAC n.º 13 (1566-1575), 23/10/1573, 404r; J. Benavides Checa, op. cit., p. 128. 19 US/BGH, Ms. 2650, h IV. 20 M. Sobrino González, “La sala capitular de la catedral de Plasencia: preguntas e hipótesis”, Románico, 26, 2018, pp. 32-39 y, sobre todo, pp. 37-38; Id., “Una posible ascendencia para los ‘Cimborrios del Duero’ ”, Biblioteca: Estudio e Investigación, 36, 2021, p. 66. 21 ACPl, TAAC n.º 9 (1542-1545), —en el orden dado— 27/6/1544, 513r; 9/5/1544, 490v-491v; J. Benavides Checa, op. cit., pp. 67 y 108. 22 Transcritas entre comillas angulares —españolas— para diferenciarlas de las restantes citas textuales, en comillas inglesas. 23 ACPl, IVTA, traza n.º 2. Al dorso, «Planta de esta santa yglesia pero no es la que se está executando». Y en el anverso, un letrero moderno escrito a máquina indica que se trata del «Plano de la planta de la S.I. Catedral». 24 ACPl, leg. 73, exp. 17, 9v-10r. 25 Las medidas restantes coinciden con lo solicitado por sus testamentarios: “vn arco de ocho pies de largo [2,224 m; 2,5 m según Araujo] y treze pies y medio de alto y quatro pies de cabo [1,112 m; 1,5 m según Araujo]”. ACPl, leg. 73, exp. 3, Plasencia, 17 de abril de 1573, 26r. 26 Ibid., 33r. 27 E. García Chico, Nuevos documentos para el estudio del arte en Castilla. Escultores del siglo XVI, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1959, pp. 30-31. 28 M. Gómez Moreno, “Palacio de Carlos V en la Alhambra”, Revista de España, 103, 1885, p. 203, nota 2. 29 ACPl, LAC n.º 13 (1566-1575), 12/2/1574, 421r; J. Benavides Checa, op. cit., pp. 128-129. 30 F. González Cuesta, Los Obispos de Plasencia, Caja de Extremadura, Cáceres, 2013, vol. I, p. 302. 31 <http://178.255.108.59/dguot/Cartoteca/index_old.php?page=ficha&fid=542> [Consulta: 28/6/2022]. 32 M. Sayáns Castaños, La obra de Luis de Toro, Cervantes, Plasencia, 1961, pp. 19-20. 33 Id., Descripción de la ciudad…, op. cit., pp. 41 y 28 (nota 24). 34 J. A. Escudero, Los Hombres de la Monarquía Universal, Real Academia de la Historia, Madrid, 2011, p. 16. 35 J.M. López Martín, Paisaje urbano de Plasencia en los siglos XV y XVI, Asamblea de Extremadura, Villanueva de la Serena, 1993, pp. 239-240. 36 ACPl, LAC n.º 13 (1566-1575), 17/3/1575, 477r; A. Fernández, Historia y anales de la civdad y obispado de Plasencia, Iuan Gonçalez, Madrid, 1627, pp. 232-233; J. Benavides Checa, op. cit., pp. 130-131; J.M. López Martín, Paisaje…, op. cit., pp. 149, 242. 37 J.M. López Martín, La arquitectura…, op. cit., pp. 107-108. 38 F. Marías, La arquitectura del Renacimiento en Toledo (1541-1631), Instituto Provincial de Investigaciones y Estudios Toledanos, Madrid, 1983, vol. I, p. 149. 39 V. Fernández Coca, Pecado de omisión. Lo que olvidaron los cronistas, Grupo Editorial Kipus, Cochabamba, 2003, p. 44. 40 X. Basurko, Historia de la Liturgia, CPL, Barcelona, 2006, pp. 256-264. 41 Ibid., p. 261. 42 I. López de Ayala, El Sacrosanto y Ecuménico Concilio de Trento, 3ª ed., Imprenta Real, Madrid, 1787, Apéndice IV, f. XXXIV; V.D. Carro, Los Dominicos y el Concilio de Trento. Estudio históricoteológico del Concilio y de la aportación de la Orden Dominicana, Imprenta Calatrava, Salamanca, 1948, p. 77; F. González Cuesta, op. cit., p. 312. 43 H. Denzinger y P. Hünermann, El Magisterio de la Iglesia, Herder, Barcelona, 2013, n.º 1738-1760; Suma de Teología, III, cuestión 80, artículo 10, respuesta 2. (Tomás de Aquino [J.L. Espinel et alt. (eds.)], Suma de Teología. V. Parte III e Índices, 3ª ed., BAC, Madrid, 2010). 44 V.D. Carro, op. cit., pp. 218-221; J.L. Illanes y J.I. Saranyana, Historia de la Teología, 3ª ed., BAC, Madrid, 2017, pp. 135-137. 45 F. Baño Martínez, La sacristía catedralicia en la Edad Moderna. Teoría y análisis, Editum, Murcia, 2009, p. 66. 46 Suma de Teología, III, cuestión 73, artículo 6, respuesta. 47 H. Denzinger y P. Hünermann, op. cit., n.º 1741. 48 I. López de Ayala, op., cit., p. 462. 49 J. González Torres, La capilla sacramental en el Barroco andaluz: espacio, simbolismo e iconografía (siglos XVIXVIII), Tesis Doctoral, Universidad de Málaga, 2016, p. 472. 50 A. Rodríguez G. de Ceballos, “Liturgia y configuración del espacio en la arquitectura española y portuguesa a raíz del Concilio de Trento”, Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, 3, 1991, p. 45. 51 J. González Torres, op. cit., pp. 442-443. 52 A. Castro Santamaría, Juan de Álava…, op. cit., p. 302. 53 Suma de Teología, III, cuestión 80, artículo 10, respuesta 1. 54 C. Borromeo, Instrucciones de la fábrica y del ajuar eclesiásticos (1577), Universidad Nacional Autónoma de México, México, 1985, p. 44. 55 S. de Blaauw, “Innovazioni nello spazio di culto fra basso Medievo e Cinquecento: La perdita dell´orientamento liturgico e la liberazione della navata”, J. Stabenow (ed.), Lo spazio e il culto. Relazioni tra edificio eclesiale e uso liturgico dal XV al XVI secolo, Marsilio Editori, Venezia, 2006, p. 51. 56 Ibid., pp. 25-51. 57 I. López de Ayala, op. cit., pp. 1354-360; H. Denzinger y P. Hünermann, op. cit., n.º 1821-1825. · notas · 42 goya 385 · año 2024 58 ACPl, leg. 91, exp. 9, s.f. 59 C. Borromeo, op. cit., p. 79; F. Baño Martínez, op. cit., pp. 84-85. 60 ACPl, LAC n.º 13 (1566-1575), 17/6/1569, 144r: J. Benavides Checa, op. cit., p. 122. 61 Cfr. J. Ibáñez Fernández, (coord. y ed.), Trazas, muestras y modelos de tradición gótica en la Península Ibérica entre los siglos XIII y XVI, Instituto Juan de Herrera, Madrid, 2019, n.º 58, 59, 99, 117, 124, 125, 127, 130, 133 y 150. 62 Ibid., n.º 117. 63 Ibid., n.º 125. 64 A. Fernández, op. cit., p. 243. F. González Cuesta, op. cit., p. 312. 65 ACPl, LAC n.º 13 (1566-1575), 27 y 30/8/1574, 443v y 444v; V. Méndez Hernán, “La obra del maestro de cantería Juan Álvarez (1544-1613) y el arte funerario en la ciudad de Plasencia”, Archivo Español de Arte, 90/359, 2017, p. 247. 66 F. Marías, El largo siglo XVI. Los usos artísticos del Renacimiento español, Taurus, Madrid, 1989, p. 513. 67 V. Méndez Hernán, “La obra del maestro…”, op. cit., p. 245. 68 Ibid., pp. 245-247. 69 J.M. López Martín, Paisaje…, op. cit., p. 79. 70 A. Rodríguez G. de Ceballos, “El antiguo noviciado de los jesuitas en Madrid”, Archivo Español de Arte, 41/164, 1968, pp. 250-251. 71 M. Sobrino González, “La sala capitular…”, op. cit., p. 37. 72 F. González Cuesta, op. cit., pp. 313-314; J.M. Ramos Berrocoso y V. Méndez Hernán, op. cit., p. 75. 73 AHN, Estado, leg. 3019, exp. 5, 53v, y 54r-56r. 74 ACPl, IVTA, traza n.º 1. 75 Al dorso del dibujo se incorpora una inscripción posterior que parece confirmar la hipótesis de su traslado: «Delineación de la fachada [?] por la parte que mira / al mediodía con la ¿torre? de la fábrica de lo viejo». 76 J.M. López Martín, Paisaje…, op. cit., p. 82. 77 Id., La arquitectura…, op. cit., p. 95. 78 Tomamos la fecha de Id., “Arquitectura y urbanismo de Plasencia en el siglo XVI. Paradigmas de un nuevo tiempo”, O. González Cuadrado et alt. (coords.), op. cit., p. 110. 79 ACPl, LAC n.º 16 (1592-1598), 26/11/1593, 137v; J. Benavides Checa, op. cit., p. 201. 80 J.M. López Martín, La arquitectura…, op. cit., pp. 106-108; Id., Paisaje…, op. cit., p. 82. 81 ACPl, LAC n.º 16 (1592-1598), 24/3/1594, 164v; J. Benavides Checa, op. cit., pp. 201-202. 82 AHPCC, Protocolos Notariales, Plasencia, escribano Blasco García, leg. 778, 23 de junio de 1600, descargos de 1600 y 1601, s.f. 83 V. Méndez Hernán, “La obra del maestro…”, op. cit., p. 244. 84 J.M. López Martín, Paisaje…, op. cit., p. 79. 85 Se ha suprimido el tercer nivel y adoptado una espadaña como remate, hoy sustituida por el emblema de Santa María. 86 J.M. López Martín, Paisaje…, op. cit., p. 82. 87 AHN, Estado, MPD.794; leg. 3019, exp. 4, donde consta la fecha de 14 de marzo de 1753. 88 ACPl, LAC n.º 21 (1623-1633), 10/10 y 7/11/1631, 506v-507r y 511r. 89 Ibid., 13/5/1630, 421v. 90 Ibid., 23/5/1631, 482v. 91 V. Méndez Hernán, “La obra del maestro…”, op. cit., p. 247. 92 ACPl, IVTA, traza/fotografía n.º 3; J. M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., p. 87. 93 AHN, Consejos, MPD.2019. Los dibujos citados a continuación están firmados salvo que se indique lo contrario. 94 ACCo, sin signatura. 95 AGS, MPD,47,46; y 71,64. 96 AMG, Códice 112, sin firmar. 97 AHN, Consejos, MPD.3276. 98 AHN, Clero, MPD.30, sin firmar. 99 A. González Serrano, Juan Bautista Saqueti, arquitecto mayor del rey y maestro mayor de la villa de Madrid y de sus fuentes (1736-1764), Tesis Doctoral, Universidad Complutense de Madrid, 2001, t. 4, n.º 2-196. 100 Ibid., n.º 197-199, 201, 203, 204, 215 y 216. 101 Ibid., n.º 202, 211-213 y 217-223. 102 AVM, 1-103-14, dibujo —suelto— de las conducciones, fechado el 18/7/1745. 103 AGP, PMD.1193. 104 AGP, PMD.5172. 105 AVM, 1-192-24, dibujo suelto y fechado, 25/2/1755. 106 AGP, PMD.67. 107 AGP, PMD.104, 108 o 109 108 AGP, PMD.933 y 934. 109 AGP, PMD.84. 110 AGP, PMD.110. 111 AGP, PMD.128. 112 AGP, PMD.963-966, 970-976, 12941303, 4320-4327, 4344-4350, etc., estados de construcción de la obra. En ocasiones se especifica que va en color “rojo oscuro” lo que se va elevando: AGP, PMD.158. 113 AGP, PMD.155. 114 AGP, PMD.115, donde es evidente; y PMD.116-120, 122, etc. 115 AVM, dibujo 0,59-16-3, (9/5/1749); y exp. 1-106-2, dibujo suelto y fechado, 9/2/1754. 116 AVM, 1-46-3, dibujo ¿cosido? y fechado, 29/7/1744; 1-499-14, dibujo suelto y fechado, 2/X/1744; y 1-103-14, dibujo suelto y fechado, 18/7/1745. 117 Cfr. J. Ortega Vidal (coord.), Ventura Rodríguez. El poder del dibujo, Dirección General de Patrimonio Cultural, Madrid, 2018, pp. 188, Corpus [21.1]; 249 [37]; 279 [47]; 301 [58.2]; 319 [66]; 327 [70]; 398 [94.3]. 118 Cfr. Ibid., pp. 138-139 [11.2, 11.3, 11.4]; pp. 174-175 [18.2, 18.3], etc. 119 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 14/1/1755, 154r-154v; Benavides Checa, op. cit., p. 278. 120 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 20/2/1755, 166v-167r; 18/4/1755, 188r; 13/5/1755, 201r; 27/5/1755, 204v; J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., pp. 84-85; J. Benavides Checa, op. cit., p. 278. 121 E. Díez Moreno, “Proceso constructivo de las sacristías de clérigos y de prebendados en la Catedral Nueva de Salamanca (1752-1765)”, Studia Zamorensia, 11, 1990, pp. 207-208. 122 ACPl, IVTA, traza/fotografía n.º 3. 123 Ibid., n.º 5. 124 AHN, Órdenes Militares, MPD.7. 125 De Sacchetti no conocemos proyectos de torres de campanas, y las que diseña Ventura Rodríguez carecen de los detalles advertidos. Cfr. J. Ortega Vidal (coord.), op. cit., pp. 281 [481]; 420421 [101.2, 101.3]. 126 Tampoco firma el citado alzado de la iglesia nueva del monasterio de Guadalupe. 127 AMG, Códice 112, 131r. 128 ACPl, LCE n.º 2 (1746-1764), 10/5/1755, s. f. 129 Arquitecto Mayor del Rey (1736) y de las Obras Reales (1739) además de Maestro y Fontanero Mayor de la Villa de Madrid (1742). A. González Serrano, op. cit., t. 1, pp. 135-136 y 217. 130 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 27/5/1755, 204v; 28/6/1755, 216v-217r; 11/7/1755, 230v; 22/7/1755, 234v-235r; J. Benavides Checa, op. cit., pp. 278-279 (con alguna confusión con los arquitectos); J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., p. 85. 131 E. Llaguno y Amírola, Noticias de los arquitectos y arquitectura de España desde su restauración, Imprenta Real, Madrid, 1829, vol. IV, p. 238. 132 T.F. Reese, The Architecture of Ventura Rodríguez, Garland, New York, 1976, vol. I, p. 25. 133 A. González Serrano, “Giovanni Battista Sacchetti, arquitecto y urbanista en la España de los primeros Borbones, 1736-1764”, J.M. Morán Turina (coord.), El arte en la corte de Felipe V, Fundación Caja Madrid, Madrid, 2002, p. 320. 134 J. Moreno Rubio, Ventura Rodríguez. Un arquitecto de la Ilustración, Anexo, Madrid, 2017, p. 148. 135 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 22/7/1755, 234v-235r; 8/8/1755, 247r; 7/10/1757, 279v-280r (citas textuales); 17/10/1755, 282v (rechazo del obsequio); J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., p. 85. 136 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 12/9/1755, 269r-269v. 137 ACPl, IVTA, traza/fotografía n.º 4; y traza n.º 8. 138 ACPl, IVTA, traza n.º 6. 139 J. Moreno Rubio, op. cit., p.148. 140 A. Casaseca Casaseca, op. cit., p. 160. 141 AGP, PMD.12, 15, 60, 62, 69, 71, 113, 114, 956, 957, 1912, 4430-4432, 4434, 4435; BNE, Dib/14/45/65. 142 ACPl, LAC n.º 61 (1754-1757), 27/5/1755, 204v. 143 F.J. Plaza Santiago, Investigaciones sobre el Palacio Real Nuevo de Madrid, Universidad, Valladolid, 1975, p. 357. 144 A. González Serrano, Juan Bautista Saqueti…, op. cit., t.3, pp. 1046-1047; t.4, n.º 202. 145 J. Gómez Martínez, El gótico español de la Edad Moderna. Bóvedas de Crucería, Universidad de Valladolid, Valladolid, 1998, pp. 33-34, 231. 146 G. Simoncini, La memoria del medioevo nell´architettura dei secoli XV-XVIII, Gangemi Editore, Roma, 2016, pp. 284286, 311, 326-238, 404. 147 J. Ortega Vidal (coord.), op. cit., pp. 187-191, Corpus [21]. 148 F.J. Plaza Santiago, op. cit., pp. 11-12. 149 J. Benavides Checa, op. cit., pp. 278279; J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., pp. 85-86, 88. 150 F. González Cuesta, op. cit., p. 535-536, 552. 151 E. Llaguno y Amírola, op. cit., vol. I, 254. 152 ACPl, IVTA, traza n.º 7. 153 ACPl, LAC n.º 74 (1786-1787), 16/2/1787, ff. 405v-412r; 13/3/1787, ff. 433v-435r (importe); J.M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., pp. 97-98. 154 A. Matías Gil, Las siete centurias de la ciudad de Alfonso VIII (1876), Ayuntamiento, Plasencia, 2000, p. 180. 155 ACPl, Fotografías de José Benavides Checa. Inventario, fotografía B-24. 156 M. López Sánchez-Mora, Las catedrales de Plasencia y tallistas del coro. Guía histórico-artística, Confederación Española de Cajas de Ahorro, Plasencia, 1976, pp. 28-30. 157 ACPl, IVTA, traza n.º 10. El proyecto está firmado en “Zarzita”, esto es, Zarza de Granadilla (Cáceres), o uno de los núcleos salmantinos que Madoz recoge ya como despoblado. La planta importó 320 reales. ACPl, LAC n.º 90 (1808-1809), 9/4/1808, s.f.; J. M. Ramos Berrocoso, “Aportaciones…”, op. cit., p. 94. 158 M.A. González García, “La obra del seminario de Astorga de 1797 a 1799 a través de la correspondencia dirigida al obispo Gutiérrez Vigil por Juan González aparejador de la obra”, Astórica, 27, 2008, pp. 198, 207-208.