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Vivienda autoconstruida en la periferia urbana de Toluca, Estado de México: entre el habitar y el espacio negociado

Díaz Ramírez, Ilse Ibeth; Méndez Ramírez, José Juan

Abstract

En América Latina la producción del espacio habitado ha surgido, en la mayoría de los casos, de procesos de ocupación del suelo derivados de la autoproducción en donde las personas y comunidades han superado las barreras financieras para obtener un espacio en donde habitar. La ciudad producida desde estos esquemas y al margen de la planificación institucional es la forma dominante de poblamiento en las ciudades latinoamericanas y concretamente en las ciudades mexicanas. Situación que se manifiesta con mayor contundencia en las periferias urbanas. Este trabajo analiza, desde una metodología cualitativa con enfoque etnográfico, las formas de habitar y producir la ciudad en las periferias y márgenes urbanos, tomando como referente la autoconstrucción de la vivienda. Se destacan los procesos creativos y las complejas formas organizativas basadas en mecanismos de solidaridad social que emergen de la autogestión de la vivienda y el hábitat, desafiando por mucho la idea de caos y desorden con la que han sido estigmatizadas, y que constituyen un patrón cultural repetitivo para acceder al espacio habitado en las metrópolis mexicanas.

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Resumen En América Latina la producción del espacio habitado ha surgido, en la mayoría de los casos, de procesos de ocupación del suelo derivados de la autoproducción en donde las personas y comunidades han superado las barreras financieras para obtener un espacio en donde habitar. La ciudad producida desde estos esquemas y al margen de la planificación institucional es la forma dominante de poblamiento en las ciudades latinoamericanas y concretamente en las ciudades mexicanas. Situación que se manifiesta con mayor contundencia en las periferias urbanas. Este trabajo analiza, desde una metodología cualitativa con enfoque etnográfico, las formas de habitar y producir la ciudad en las periferias y márgenes urbanos, tomando como referente la autoconstrucción de la vivienda. Se destacan los procesos creativos y las complejas formas organizativas basadas en mecanismos de solidaridad social que emergen de la autogestión de la vivienda y el hábitat, desafiando por mucho la idea de caos y desorden con la que han sido estigmatizadas, y que constituyen un patrón cultural repetitivo para acceder al espacio habitado en las metrópolis mexicanas. Palabras clave: Habitar, Espacio Negociado, Periferia Urbana, Vivienda. Abstract In Latin America, the production of inhabited space has emerged, in most cases, from processes of land occupation derived from selfproduction, where individuals and communities have overcome financial barriers to obtain a space in which to live. The city produced within these frameworks and outside of institutional planning is the dominant form of settlement in Latin American cities, and specifically in Mexican cities, a situation that manifests itself most strongly in urban peripheries. This paper, employing a qualitative methodology with an ethnographic approach, examines the ways of inhabiting and producing the city in urban peripheries and margins, using self-constructed housing as a reference. It highlights the creative processes and complex organizational forms based on mechanisms of social solidarity that emerge from the self-management of housing and habitat, greatly challenging the idea of chaos and disorder with which they have been stigmatized, which constitutes a repetitive cultural pattern for accessing inhabited space in Mexican metropolises. Keywords: Dwell, Negotiated Space, Urban Periphery, Housing. Ilse Ibeth Díaz Ramírez José Juan Méndez Ramírez https://orcid.org/0000-0003-1169-4573 https://orcid.org/0000-0001-6424-4002 Universidad Autónoma del Estado de México• México [email protected] Universidad Autónoma del Estado de México• México [email protected] Vivienda autoconstruida en la periferia urbana de Toluca, Estado de México: entre el habitar y el espacio negociado Recibido 02.10.2025 Aceptado : 20.11.2025 locus Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) 88 SECCIÓN A UMSS - Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat Introducción En América Latina la producción del espacio habitado ha emergido, en la mayoría de los casos, de procesos de ocupación del suelo surgidos de la autoproducción en donde las personas y comunidades mediante la construcción de su hábitat y viviendas han superado barreras financieras para obtener un espacio en donde habitar. La ciudad que ha emergido de procesos autogestivos y al margen de la planificación institucional es la forma dominante de poblamiento en las ciudades mexicanas, que se manifiesta con mayor contundencia en las periferias y los márgenes urbanos. Los procesos autogestivos del espacio habitado se enmarcan en “… una forma de producir el espacio urbano en el que los habitantes son los protagonistas y las autoridades de la planificación del territorio están ausentes o actúan, más bien, mucho después…” (Giglia, 2022, p. 63). Esta forma de producir el espacio tiene como componente principal la autoproducción de las viviendas que ha configurado formas territoriales diversas y con distintos nombres; barriadas, barrios, favelas, urbanizaciones precarias, asentamientos irregulares, colonias populares, campamentos, villas, urbanizaciones populares o informales, fraccionamientos clandestinos, lotificaciones irregulares, entre otros, son algunos nombres que se han asignado a las urbanizaciones autogestionadas. El interés por las complejas formas en que se produce el espacio habitado desde la autogestión y la perspectiva de las personas ha sido objeto de interés de diversos campos del conocimiento como la arquitectura, el urbanismo, la antropología y la sociología; en el que se han confrontado diversas visiones entendiendo a la autoproducción como un problema (Pradilla 1982; Duhau, 1998) o bien como una solución habitacional de los sectores marginados que no pueden acceder a una vivienda desde mecanismos institucionales o mediante el mercado inmobiliario (Giglia; 2022; Connolly, 2013). Cuando el hábitat y la vivienda se producen de forma autogestiva, se manifiestan significados, procesos creativos y niveles de autoorganización altamente complejos dentro de las familias y comunidades, contrario a lo que se podría esperar (Turner, 2018). Es posible identificar patrones y pautas recurrentes en el acceso a la vivienda y el hábitat a través de la autogestión, desafiando la idea de caos y desorden con la que han sido estigmatizadas las urbanizaciones autogestionadas. “<<¿Qué es un mundo habitable?>>...<<¿qué significa vivir una vida vivible?>>... Al preguntar sobre la posibilidad de vivir en el mundo, ya estamos hablando de habitar en el mundo, pues no es posible vivir en el mundo sin una vivienda. Y la vivienda comporta a la vez duración y espacio. El mundo…siempre supone un espacio y un tiempo habitado. Un mundo incluye las coordenadas temporales y espaciales en las que se vive una vida…” Judith Butler. ¿Qué mundo es este? Fenomenología y pandemia. Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) locus 89 SECCIÓN A Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat - UMSS El objetivo de este trabajo es analizar las formas de habitar y producir la ciudad desde la periferia y los márgenes urbanos, tomando como referente la autoconstrucción de la vivienda, al ser la forma dominante en que en las periferias urbanas se accede al espacio habitado. Para ello, este documento se divide en tres subapartados y las conclusiones. En el primero se desdoblan los conceptos centrales de este trabajo: habitar, como un concepto que abriga la forma en que las personas de los espacios autoconstruidos se relacionan con el espacio habitado y el entorno desde la significación y el apego. Otro concepto clave es la noción de espacio negociado (Duhau y Giglia, 2008) como el que mejor explica la dinámica y los procesos que ocurren en los espacios autoproducidos. En el segundo apartado se explicita la metodología empleada en este trabajo, que parte de un eje de explicación cualitativo con enfoque etnográfico; para luego dar paso a los resultados y la discusión y finalmente las conclusiones. 1. Conceptos clave 1.1 Habitar Habitar es una condición humana y un hecho cultural que tiene semántica con los términos morar, abrigar, cuidar, permanecer, residir, custodiar, salvar, rescatar. Heidegger (1951) señalaba que habitar es igual a construir en tanto que “…construir como el habitar – es decir, estar en la tierra, para la experiencia cotidiana del ser humano – es desde siempre, como lo dice tan bellamente la lengua, lo habitual…” (p. 2) y la relación que se hace con los lugares. Entonces, habitar es un hábito que tiene la humanidad desde hace milenios; este hábito nos hace humanos y nos ha permitido existir (Doberti, 2011). La categoría habitar en la arquitectura y el urbanismo se ha usado desde un enfoque racionalista que deriva de la Carta de Atenas en donde habitar es una función de la ciudad, unida a la de trabajar, recrearse y circular. Doberti (2011) invita a abandonar esta visión funcionalista y racionalista del habitar y la ciudad, aunque esto signifique liberarnos de imposiciones teóricas y pragmáticas de cómo entendemos y planificamos el espacio urbano. Pensar el habitar desde una perspectiva humana es aceptar que habitar no es algo dado ni estático, sino algo que se construye cotidianamente. La espacialidad está determinada por distintas maneras y modos de habitar. Habitamos de forma diferenciada y hacemos territorialidades en función de los modos en que habitamos. Al respecto, Heidegger (1951) refiere que habitar es el modo en que los humanos son en la tierra y se relacionan con un objeto construido. Los modos de habitar obedecen a una historicidad y a especificidades socioculturales. Cuando aludimos a los modos de habitar, se “sugiere que existen distintas formas o modos de ocupar y organizar un territorio y de construir el “espacio habitable” en sus múltiples manifestaciones materiales” (Saldarriaga Roa, 2018, p. 23). Los humanos no solo ocupamos espacios y lugares, sino que lo hacemos de formas diferenciadas. Anclando profundamente este hecho a la cultura y a la geografía de los lugares. Habitar es también un sistema de significación que atiende a códigos de conformaciones y comportamientos (Doberti, 2011) que se manifiestan en territorios concretos y revelan las formas de organización social, en donde un grupo comparte rituales, formas pautadas de pensar y de actuar. En este marco el recurso de la cultura es inherente al habitar (Giglia, 2012); “… habitar es un hecho cultural y quizá el más primigenio: una modalidad específica de existencia…socialmente adquirida y transmitida…” (Casanova Berna, 2019, p. 17). Al estar ligada a la cultura, habitar se vuelve una acción de significar los territorios. Esta significación es una manifestación concreta de la condición humana en la que los lugares habitados son el inicio de una comprensión más amplia del mundo. En la incorporación de la significación del territorio en el habitar, se locus Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) 90 SECCIÓN A UMSS - Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat identifica el sentido de apropiación que instaura la relación entre las personas y las cosas (Doberti, 2011) y da cuenta de la presencia de un sujeto en un lugar. Por lo tanto, habitar se vuelve una condición humana que manifiesta la presencialidad de los sujetos y los grupos en contextos situados y en el mundo. Manifestar la presencia implica la representación de los lugares de arraigo, que puede observarse en dos niveles. En geografías específicas en donde las personas establecen un imperio vinculante con figuras ambientales creando territorialidades (Escobar, 2014) o territorios de lugar (Casanova Berna, 2013), en donde se habita mediante una trama de cosas, enseres y dispositivos de articulación espacial que utilizamos para habitar y manifestar nuestra presencia en lugares (Casanova Berna, 2013; Cassigoli, 2010). La casa se convierte en el lugar básico del habitar y en donde manifestamos nuestra presencia (Cassigoli, 2010; Giglia, 2012; Casanova Berna, 2013). Esta perspectiva permite trascender la idea de que la casa es envoltorio, objeto arquitectónico, lugar de residencia; para pensar en la casa, en cuanto a organización, así como los enseres contenidos en ella, como diagramas de la vida íntima y de la cotidianidad que revelan el habitar humano. Somos en la medida en que recordamos y nos enraizamos a un lugar, ya sea la casa soñada o las casas vividas o habitadas que proyectan la intimidad humana (Bachelard, 1957). Para cerrar este apartado, remitimos a la perspectiva de Casanova Berna (2013), quien refiere que habitar es “una manifestación fundamental de la condición humana que puebla con presencias e identidades propias ciertos lugares determinados en la tierra y resulta de una apropiación esencial y específica…” (p. 33). Habitar es situación y acontecimiento humano; a la vez que es un verbo y sustantivo en el que entran en juego prácticas sociales que son actividades que estructuran la vida y sostienen la organización de las sociedades (Doberti, 2011). Como práctica social, el habitar es una acción y enunciación legitimada en el marco de un sistema que organiza la vida social; esta característica asume que el habitar no sólo está confinado a un saber epistemológico, sino que es ante todo una praxis (Casanova Berna, 2013). 1.2 Espacio negociado y vivienda autoconstruida Los procesos de urbanización autogestionada comenzaron a identificarse en México a partir de la segunda mitad del siglo XX, derivados de las corrientes migratorias del campo a la ciudad (Connolly, 2013). Esto condujo a una demanda creciente de vivienda que fue satisfecha, en la mayoría de los casos, con la emergencia de urbanizaciones espontáneas en las entonces zonas periféricas de las ciudades, en donde era fácil acceder a una porción de suelo (usualmente de manera informal o irregular); lo que dio paso a la formación de asentamientos irregulares que luego dieron lugar a la consolidación de colonias populares. Para Connoly (2013), el hábitat popular desafió la utopía de urbanización ordenada y se convirtió en parte del paisaje dominante y de la organización urbana en Latinoamérica. Al tipo de urbanización surgida en un marco de irregularidad jurídica en donde la población se organiza y participa en la construcción de su espacio habitado, Emilio Duhau (1998) denominó urbanización popular que refiere al “hábitat producido de modo progresivo a través de mecanismos de “autoconstrucción” …dentro de un marco que supone algún tipo de irregularidad jurídica en la modalidad de producción de suelo, división de este y de producción de la vivienda” (p. 79). Duhau y Giglia (2008) señalan tres aspectos principales que caracterizan a la urbanización popular: 1. La irregularidad inicial en la ocupación del suelo; 2. El asentamiento y la construcción de viviendas inician sin que haya infraestructura y servicios básicos; y 3. La vivienda es construida por los propios habitantes. Estas condiciones han estado presentes en los procesos de urbanización, producción del espacio y el paisaje urbano en Latinoamérica y México. Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) locus 91 SECCIÓN A Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat - UMSS Otro concepto que enmarca la dinámica y los procesos de la autogestión del hábitat y la vivienda autoproducida es el asentamiento irregular que designa un conglomerado de población establecida fuera del marco de la regularidad jurídica y de las normas del ordenamiento territorial. Tomás (1996) identifica que el calificativo “irregular” surge en los años cuarenta desde el ámbito público para designar a los asentamientos que emergían en las periferias de las ciudades, usualmente de carácter precario, y que concentraban a la población que migraba del campo a las grandes urbes. Tomas (1996) advierte que los asentamientos irregulares son una peculiaridad de ciertos países latinoamericanos que han visto la autoproducción del espacio habitado de forma irregular como una solución habitacional. Existen porque ocurre una confabulación y permisividad institucional para la proliferación de estas formas urbanas. Aunque se manifiestan de formas diversas, es posible identificar algunas fases y patrones: • Ocupación inicial. Puede ser producto de la invasión, el fraccionamiento o la lotificación de terrenos que es realizada por el usuario. Normalmente el terreno no tiene servicios básicos para habitar y no existe regularidad jurídica. • Estabilización de la ocupación. Se comienza a habitar de forma improvisada y se construye con materiales precarios. La construcción inicial responde a las necesidades de primer orden de las familias, por lo que se va mejorando y haciendo habitable en procesos post-ocupacionales. La progresividad es elemento constitutivo de la vivienda y el entorno. Puede o no existir seguridad en la tenencia. • Asentamiento permanente y camino a la regularización. Se consolida y agrupa el asentamiento consolidando colonias, barrios o asentamientos permanentes con equipamientos y servicios, aunque generalmente precarios. Se avanza hacia la búsqueda de la regularidad jurídica de las propiedades. Los elementos referidos son algunas características de los asentamientos autogestionados que se ajustan parcialmente al proceso que ocurre en el lugar-testigo. Sin embargo, en este trabajo se considera que la vivienda autoconstruida no solo es la solución habitacional para una población que no puede acceder a la vivienda ofertada por el mercado; sino que también es una forma de contra-conducta (López Rivera, et. al., 2022) que permite reclamar a una parte de la población que no tiene cabida en los modelos de producción-circulación capitalista de la vivienda, el derecho a un espacio en donde habitar. El concepto que mejor se ajusta al proceso y dinámica de intervenir y autogestionar el territorio es el concepto de espacio negociado propuesto por Emilio Duhau y Angela Giglia (2008). Para estos autores el espacio negociado es una forma de producir el hábitat que surge de la informalidad a través del asentamiento de familias en terrenos desprovistos de infraestructura y en un marco de irregularidad jurídica. Si bien en estos procesos existe un carácter de informalidad e irregularidad jurídica, no significa que sea caótico; tampoco pueden ser inscritos en los azares de la historia (Giglia y Duhau, 2008). El concepto de espacio negociado identifica pautas recurrentes para acceder al espacio habitado: 1) patrones colectivos definidos; 2) características repetitivas del terreno (inhóspitos y difíciles de habitar en un inicio); 3) mercado irregular de suelo; 4) organización de la población para proveerse de infraestructura y servicios urbanos básicos; 5) tipología heterogénea y progresividad en la construcción de las viviendas. Todos estos elementos derivan en un orden y paisaje sui generis que responde a un orden práctico de los habitantes (Duhau y Giglia, 2008). locus Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) 92 SECCIÓN A UMSS - Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat Los procesos autoconstructivos engloban prácticas comunitarias con un alto nivel organizativo de los habitantes en el que se manifiesta una concepción amplia y creativa del habitar. Además, la autoproducción de la vivienda configura una forma de organización y domesticación del espacio que se caracteriza por una intervención paulatina y colectiva con el objetivo de transformar la naturaleza del territorio en un espacio inteligible, familiar y habitable, por lo que está cargado de una significación individual y colectiva (Duhau y Giglia, 2008). Para Duhau y Giglia (2008), el espacio negociado es la forma más común y persistente de acceder al hábitat y esto puede ser explicado a partir de dos argumentos. El primero es de orden económico; las personas privilegian las formas autogestivas para construir una vivienda al no poder acceder a créditos o un empleo formal que les permita tener los ingresos suficientes para comprar una ofertada por el mercado inmobiliario. El segundo aspecto es de orden cultural, en donde la autoconstrucción es la alternativa “natural” para obtener un espacio habitado y es parte de una herencia cultural de las familias de origen. Giglia (2012) nombra esto como un habitus espacial. El habitus espacial se conforma de los modos y formas que las culturas adoptan para emplazarse en los territorios; son “los gestos con los que ordenamos el espacio en el que establecemos nuestra presencia, constituyen un conjunto de prácticas no reflexivas, más bien mecánicas o semiautomáticas…entendiendo este concepto a la manera bien conocida de Bourdieu, como subjetividad socializada o saber con el cuerpo, un saber irreflexivo y automático (Giglia, 2022, p. 45). El habitus espacial permite reconocer y leer el orden que nos rodea, que nos permite interactuar en sintonía con él. Bajo este argumento se entiende que, si bien al habitar ordenamos y organizamos el espacio, existe un habitus en donde el espacio nos ordena al delimitar cómo nos relacionamos con este a partir de un saber colectivo que establece reglas escritas o no escritas que se constituyen en un saber práctico para establecer mi propio orden (Giglia, 2012). De acuerdo con Giglia (2012; 2022), el habitus espacial se hace a través de la repetición y de la cotidianeidad y puede ser expresado de manera práctica en la forma de construir y hacer habitable un lugar o en el reconocimiento de reglas explícitas o implícitas, y que tiene su mayor expresión en los entornos autoproducidos. 2. Metodología La información presentada proviene de un estudio cualitativo con un enfoque etnográfico, que se centró en la descripción de los procesos y dinámicas en los espacios periféricos donde la autoconstrucción de la vivienda es el eje de la urbanización. El estudio se ha llevado a cabo en diferentes periodos e intervenciones de campo entre enero y julio de 2024 y agosto y diciembre de 2025. Se seleccionaron como lugares-testigos de los procesos autoconstructivos del hábitat y la vivienda tres localidades Ubicación del cono norte de Toluca Elaboración propia con base en el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) Figura 01 Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) locus 93 SECCIÓN A Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat - UMSS agrupadas en lo que se conoce como “cono norte de Toluca”, compuesto por los poblados de San Cristóbal Huichochitlán, San Pablo Autopan y San Andrés Cuexcontitlán. El origen de estos asentamientos se remonta a la época prehispánica, cuya raíz se asocia con el pueblo Hñätho (Otomí), que fue el primero en habitar el Valle de Toluca, junto a los Matlatzincas y Tlahuicas. Estos territorios atraviesan un proceso de absorción metropolitana caracterizada por el tránsito de un lugar predominantemente rural-agrícola a uno ruralurbano (derivado de la proximidad con la centralidad urbana principal), así como la lotificación atomizada de parcelas ejidales y una dispersa ocupación del suelo mediante la autoconstrucción de vivienda. Para la recolección de información se utilizó la observación y la entrevista en su vertiente en profundidad, junto con estrategias metodológicas como la residencia en las localidades y recorridos a pie, que permitieron clasificar materiales y formas constructivas derivadas de la autogestión y autoproducción del hábitat y la vivienda. El muestreo utilizado fue intencional de casos típicos y estratificados. Esta combinación de muestreos permitió, por un lado, seleccionar casos representativos a partir de un diagnóstico previo a la intervención en el terreno sobre la situación de la vivienda autoconstruida para identificar ejemplos promedio (Patton, 1990). Para la aplicación de entrevistas, se consideraron como criterios de inclusión casos en los que las personas entrevistadas hayan gestionado y autoconstruido su vivienda y participado en los procesos de mejoramiento y mantenimiento cotidiano del espacio que habitan. 3. Resultados y discusión 3.1. Habitar los márgenes y las urbanizaciones periféricas: el caso de la vivienda autoconstruida en el cono norte de Toluca La autoproducción es la forma constructiva más común de acceder a una vivienda en México. De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2020 del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), 55.33% de las viviendas particulares habitadas en México fueron adquiridas por autoproducción. Esto permite que las personas que no tienen cabida en los modelos de producción capitalista de vivienda puedan reclamar la autoproducción de su espacio habitado (López Rivera et al., 2022); bajo este modelo constructivo se invierten esfuerzos familiares y se entretejen lazos de solidaridad para transformar espacios inhóspitos en espacios habitables. Los procesos de autoproducción de la vivienda y el hábitat hacen ciudad; en tanto que habitar estos entornos implica la intervención paulatina y colectiva de la naturaleza, para la domesticación del territorio. Dicha intervención está cargada de una significación individual y colectiva y se identifica como un patrón de asentamiento que se repite en las metrópolis mexicanas, caracterizadas por el acceso al espacio habitado en entornos hostiles con infraestructura y servicios precarios, en donde los tiempos y modalidades de construcción se conjugan con prácticas y formas de organización de la población (Duhau y Giglia, 2008). Esta forma de producir el espacio habitado se aprecia en las localidades periféricas que conforman el municipio de Toluca, concretamente, las agrupadas en lo que se denomina “cono norte” compuesto por los poblados de San Cristóbal Huichochitlán, San Pablo Autopan y San Andrés Cuexcontitlán. El cono norte de Toluca atraviesa por un proceso de absorción metropolitana de tipo conurbado. El suelo con vocación predominantemente agrícola, con tenencia de tierra predominantemente ejidal, se ha fraccionado para la construcción de vivienda autogestionada. El poblamiento del cono norte de Toluca es de media densidad con un patrón de ocupación de suelo de tipo intercalar, con dispersión de la vivienda, resultado de la lotificación atomizada de parcelas ejidales y una dispersa ocupación del suelo mediante la construcción de vivienda autogestionada y producida locus Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) 94 SECCIÓN A UMSS - Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat por los propios habitantes. Se identifica como característica principal la concentración en el centro de poblamiento y la dispersión desarticulada de las viviendas en la periferia de las localidades, conformando una estructura urbana reticular no ortogonal, discontinua y fragmentada. Bajo los parámetros objetivos de habitabilidad se podría decir que el cono norte presenta un patrón de asentamientos, disperso, discontinuo y fragmentado que repercute en el limitado acceso a servicios básicos y condiciones precarias de habitabilidad a escala de vivienda y del entorno urbano; lo cual se ha podido constatar en los recorridos y las entrevistas realizadas en trabajo de campo. Sin embargo, también se ha identificado que estos espacios marginados se transforman en zonas de refugio y comunidad, que mediante la autogestión del territorio, han dado forma a la geografía de las ciudades mexicanas. Un aspecto que destaca de la vivienda autoconstruida en el cono norte de Toluca es la forma en que ocurren los procesos autoconstructivos, los actores y las redes que se entretejen a partir de la producción del espacio habitado que emana del impulso humano de apropiarse-asentarse en un territorio y habitar. A partir de esta necesidad humana y el acto de construir se fortalecen lazos y redes familiares que impactan en el territorio configurando urbanizaciones incipientes que luego dan paso a complejas formas urbanas en las ciudades. Se han identificado algunas pautas clave en la forma en que se autoproduce la vivienda y el hábitat en el cono norte de Toluca y que es posible identificar a una escala más amplia en las metrópolis mexicanas y latinoamericanas. 3.2. Significar el territorio construyendo lo propio Angela Giglia (2012) señalaba que en los procesos autoconstructivos es posible identificar con mayor precisión una concepción amplia del habitar. En el cono norte, se constató que la intervención paulatina y colectiva del territorio en aras de convertirlo en algo útil y habitable, junto con el hecho de que las personas han construido sus viviendas con sus propias manos, genera en las personas un apego y relación con el territorio que difícilmente se observa en espacio donde los servicios, equipamientos y las viviendas son productos dados desde un inicio. A través de la acción de autoconstruir, las personas del cono norte de Toluca han establecido una relación con el mundo y un vínculo simbólico con el espacio que habitan. La obtención de la vivienda mediante la autoconstrucción también se convierte en una proeza individual y familiar. En tanto que se ha destinado gran parte del arco biográfico de las personas y de la historia familiar a la obtención de un lugar más o menos habitable. Además, las personas que han residido en el cono norte de Toluca toda su vida, y que han visto transformar su entorno o logrado la obtención de servicios básicos con los que no contaban en un inicio, expresan no solo un sentido de pertenencia, si no un arraigo y apego a lo ganado-construido tanto en el interior como en el exterior de la vivienda. A la vez que se identificó en las narraciones de los pobladores sobre cómo se construyó la vivienda, una especie de orgullo por poseer un espacio propio en donde habitar, especialmente en aquellos cuyas viviendas se encontraban en etapa final o bien consideradas como terminadas. Para los pobladores que han autoconstruido, el territorio adquiere un significado especial, resultado de las horas dedicadas a acondicionar el terreno para construir, obtener los servicios básicos y transformar sus lugares de residencia en espacios habitables. Además, en muchos casos, los terrenos en los que han edificado sus casas han sido heredados, lo que genera un importante vínculo y apego con el territorio. Año 05 Nº 09 (Julio - Diciembre 2025) locus 95 SECCIÓN A Instituto de Investigaciones de Arquitectura y Ciencias de Hábitat - UMSS 3.3 La progresividad y lo inacabado como una constante El proceso de urbanización que se manifiesta en el cono norte tiene como eje principal la vivienda, específicamente, la vivienda autoproducida. Esta forma de producir el espacio habitado ha ocurrido al margen de una planificación institucional, pero que cubre una demanda habitacional resuelta por los habitantes. La característica principal de esta forma constructiva es la progresividad en la construcción que responde a “una prisa por habitar” (Giglia, 2022, p.68) que cubre en un inicio las necesidades de primer orden de las familias y que en función de las posibilidades económicas y el crecimiento del número de integrantes de las familias se va mejorando y ampliando. En cuanto al diseño y los materiales utilizados, se observa una diversidad de formas constructivas, por lo que no es posible establecer un patrón de vivienda autoconstruida en la zona. No obstante, se puede realizar una aproximación sobre algunos elementos en común como los materiales utilizados y la forma en que se edifica la vivienda. Los materiales utilizados que predominan para la autoconstrucción son, en su mayoría, locales y de menor costo. Sobresale la utilización de materiales prefabricados como el block para los muros y techos de teja, lámina galvanizada o losa de concreto, así como materiales reciclados e improvisados. Respecto a la forma constructiva, responde a las necesidades de primer orden de la familia; se comienza con el levantamiento de un número de cuartos indispensables y posteriormente la vivienda se va adecuando y “mejorando” conforme se habita; por lo tanto, la vivienda es ante todo un proyecto-proceso que puede tener un periodo indefinido. Todos estos elementos derivan en un paisaje sui generis. Otro elemento importante de la vivienda autoconstruida en el cono norte es la mano de obra especializada que participa. Una parte importante de la población masculina de las localidades se emplea en el sector de la construcción. Sumado a que en el proceso autoconstructivo participan (en mayor o menor medida) la mayoría de los integrantes de las familias, por lo que gran parte del arco biográfico de las personas está basada en la edificación de la vivienda. En cuanto al tipo de vivienda se identifican cuatro tipos: 1) viviendas en etapa inicial, caracterizadas por la construcción del pie de casa, el uso predominante del block para la construcción de paredes, losa de concreto o lámina de fibrocemento y materiales improvisados para ventanas y puertas como el plástico y la madera. Una segunda tipología de vivienda identificada son las 2) viviendas en expansión, que suelen ser el resultado de un crecimiento progresivo, donde los propietarios, a medida que sus necesidades o posibilidades económicas cambian, van añadiendo nuevos espacios o mejorando los existentes. Las viviendas en expansión reflejan un estilo arquitectónico ecléctico, ya que las ampliaciones incorporan diferentes materiales y técnicas constructivas. En este tipo de vivienda predominan materiales como el block, tabique, losa de concreto y, en algunos casos, recubrimiento en paredes de yeso o cemento. Elementos de la vivienda autoconstruida en el cono norte de Toluca Viviendas en etapa inicial Elaboración propia Trabajo de campo, noviembre de 2024. Figura 02 Figura 03