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1 LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Félix Vázquez Lupicinio Íñiguez Universitat Autònoma de Barcelona Resumen Abstract Nuestro trabajo se centra en el análisis de la legitimidad y la historicidad del Sistema Democrático. Hemos analizado el discurso sobre la legitimidad que circula en y en relación al sistema democrático deconstruyendo los diferentes elementos que lo conforman y lo actualizan continuamente en la sociedad. Para ello hemos estudiado las condiciones sociales de producción y los diferentes ejes de transmisión. Respecto de la dimensión histórica hemos intentado profundizar en los elementos constitutivos del discurso histórico, así como su articulación discursiva a través de la cual esta dimensión se vehicula. El análisis de las concepciones cotidianas de democracia en la población muestra que el sistema democrático se define a partir de sus mecanismos de expresión particulares y que esta objetivación, reifica el sistema. A través de la objetivación y reificación, el carácter constructivo e histórico del sistema democrático aparece difuminado y su base de legitimación incontestado. LEGITIMIZATION AND HISTORICITY OF DEMOCRATIC SYSTEM: ANALYSIS OF EVERYDAY CONCEPTIONS ABOUT DEMOCRACY. This work analyzes the legitimation and historicity of Democracy. We analyze the legitimation discourse of Democracy. This analysis allows to deconstruct its elements of constitution and actuality. For this purpose, we study the social conditions of production and the different axes of transmission. We look deeply into the constitutive elements of historical discourse and into the conduction of its discursive articulation. The analysis of everyday conceptions of democracy shows that democratic system is defined by its own mechanisms of expression. This definition constructs an objective and real system. The production of objectivity and reality blur the constructive and historical character of democracy and strength its legitimation. Palabras clave: Legitimidad. Historicidad. Sistema democrático. Concepciones cotidianas Keywords: Legitimization. Historicity. Democratic System. Everyday conceptions
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 2 I. INTRODUCCIÓN II. LA LEGITIMIDAD EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO A. Nivel de justificación y procedimientos de legitimación B. Dimensión histórica de la legitimidad C. El discurso legitimador de la democracia 1. Fuentes de la legitimación 2. El discurso sobre la Soberanía popular III. EL DISCURSO SOBRE LA DEMOCRACIA: ELEMENTOS CARACTERÍSTICOS Y POSICIONES DE ENUNCIACIÓN A. Descripción de algunos resultados B. A modo de síntesis IV. CONCLUSIONES V. BIBLIOGRAFÍA
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 3 I. INTRODUCCIÓN Legitimidad e historicidad son dos de las dimensiones fundamentales que es preciso analizar si se quiere entender la construcción y articulación del discurso sobre el sistema democrático. En una serie de trabajos anteriores (Antaki, Íñiguez y Vázquez, 1989; Íñiguez y Vázquez, 1987; Vázquez, 1992; Vázquez e Íñiguez, 1993) abordamos ambas dimensiones desde una perspectiva "exploratoria", con la intención de realizar aproximaciones sucesivas que nos permitiesen estudiar las regularidades, discontinuidades, formas narrativas, elementos constitutivos y formas de actualización y permanencia del discurso sobre el sistema democrático. En el estudio que desarrollamos en las páginas siguientes, el punto de partida (sin perjuicio de las diferencias específicas que puede haber entre los distintos modelos de democracia definidos por la teoría política), se sitúa en la consideración de que los diferentes modelos de democracia poseen características comunes, lo que posibilita, al menos desde la dimensión desde la que enfocamos la cuestión, abordar su estudio. Hemos analizado en esta aproximación el discurso que sobre la legitimidad circula sobre y en el sistema democrático, deconstruyendo algunos de los diferentes elementos que lo conforman y lo actualizan continuamente en la sociedad. Para ello, estudiamos las condiciones sociales de producción y los diferentes ejes a través de los cuales se vehicula. Respecto a la dimensión histórica de la democracia1, la hemos abordado de igual forma que la legitimidad. Sin embargo, no la hemos incluido en este trabajo. Mostraremos solamente algunas reflexiones en relación a la legitimación del sistema democrático. Estudiaremos los procedimientos y fuentes de legitimación, incidiendo especialmente en la dimensión normativa y su constitución como punto de vista y sentido común. También atenderemos al carácter prescriptivo dentro y fuera del orden democrático. Mantenemos la hipótesis de que existe una relación directa entre la producción del discurso político-científico sobre la democracia y lo que en otro lugar hemos denominado "democracia como sentido común" (Íñiguez y Vázquez, 1992). Nos referimos a un proceso de ontización que podemos describir como la absorción que el sentido común hace del concepto democracia, es decir, cómo los grupos y las sociedades almacenan en el lenguaje mismo las imágenes, representaciones y el conjunto de conocimientos sobre la democracia y lo democrático. De este modo, los conceptos de "la democracia" y de "lo democrático" inundan todo lo social, y las nociones democracia y consenso, entre otras, cambian de significado y adquieren el estatus de cosas, manejables, materializables e intercambiables. Presentaremos también algunos resultados de un análisis de discurso de las definiciones de democracia que circulan entre estudiantes universitarios/as. En ellos se identifican los ejes mediante los cuales se vehiculan diferentes discursos sobre la democracia y se detallan algunos de los elementos característicos de las distintas posiciones desde las que se enuncia el discurso sobre la democracia. 1Al margen de otras consideraciones, a lo largo del trabajo utilizaremos indistintamente los términos democracia y sistema democrático tal y como se hace en la literatura que hemos consultado. Sin embargo, es importante señalar, como se verá en el apartado empírico, que en los discursos que hemos analizado, ambos términos poseen un carácter polisémico.
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 4 II. LA LEGITIMIDAD EN EL SISTEMA DEMOCRÁTICO *** La legitimación de los sistemas políticos ha constituido una de las empresas más importantes del pensamiento occidental. Esto es aún más importante cuando se trata de la legitimidad del sistema democrático como muestra la lista de autores provenientes de las más variadas disciplinas de las Ciencias Sociales que directa o indirectamente han abordado la cuestión. *** Esto también es cierto por lo que respecta a la Psicología Social. Obviamente, como no podría ser menos, la Psicología también ha contribuido notablemente al análisis de este proceso con sus estudios sobre la sociedad democrática o sobre algunos de sus "elementos constitutivos" (Seoane, 1990). *** Pero no es nuestro propósito seguir estos rastros de manera exhaustiva, más bien buscamos plantear una aproximación y explorar una de las muchas rutas posibles que se pueden hacer por esta dimensión básica del sistema democrático, su legitimidad. A. Nivel de justificación y procedimientos de legitimación *** La pretensión de legitimidad es consustancial a los sistemas políticos (Habermas, 1973, 1976). De un modo u otro, se ha de basar la justificación de su esencia, de su existencia y de su persistencia en la sociedad. *** Pero lo importante a señalar aquí es que, en la actualidad, el término democracia posee tal "prestigio semántico" (Held, 1987; Requejo, 1990) que el simple hecho de su enunciación otorga legitimidad a cualquier hecho o situación a la que se aplique. Sin temor a exagerar, podemos decir que los términos democracia y legitimidad funcionan, en ocasiones, como sinónimos. Un ejemplo claro de ello es el uso de la etiqueta "democrático". En efecto, muchos sistemas políticos intentan investirse de legitimidad calificándose de "democrático": así, encontramos términos como "democracias populares", "democracias orgánicas", "democracias nacionales", "democracias socioeconómicas", etc. Esto se hace extensible a la toma de decisiones: cualquier decisión que se adopte, norma que se dicte o decreto que se promulgue queda indefectiblemente legitimado y, consecuentemente, alejado de toda sospecha, siempre que se justifique en virtud de su carácter democrático. Este hecho es más relevante si nos referimos a los sistemas que la teoría política ha dado en definir como sistema democrático "estrictu sensu". En efecto, la democracia se nos presenta como un sistema "más necesitado" de legitimidad que cualquier otro (Dahl, 1963, 1989; Giner, 1986; Linz, 1978) llegando ésta, incluso, a adquirir el estatus de primera tarea que ha de figurar en la agenda de todo líder democrático. El sociólogo Salvador Giner lleva esta afirmación hasta el límite al afirmar que "En puridad, sólo la democracia necesita de tal teoría" (Giner, 1986, p. 6). Entonces no resulta gratuito afirmar que la legitimidad es una de las dimensiones básicas del sistema democrático. Pero, esta afirmación no está exenta de problemas. En efecto, en los discursos que abordan la legitimidad del sistema democrático aparecen identificados los procedimientos o instituciones, a través de los cuales se vehicula o se manifiesta en la
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 5 práctica la legitimidad, con el nivel de justificación en que se fundamenta. Es decir, con el "merecimiento de reconocimiento del orden político" (Habermas, 1976, p. 6)2 Así, podemos encontrar definiciones como la de Robert A. Dahl que afirma que existe legitimidad "...si las personas a quienes se ordena creen que la estructura, procedimientos, actos, decisiones políticas concretas, funcionarios o líderes del gobierno poseen la cualidad de rectitud, decencia o bondad moral, en pocas palabras, el derecho de elaborar leyes obligatorias" (Dahl, 1963, p. 75). O también la conceptualización de Juan J.Linz quien define la legitimidad como "...la creencia de que a pesar de sus limitaciones y fallos, las instituciones políticas existentes son mejores que otras que pudieran haber sido establecidas, y que por tanto pueden exigir obediencia" (Linz, 1978, P. 38). Podemos observar como, en ambas definiciones, se manifiesta claramente esta identificación entre justificación y "mecanismos prácticos". Es evidente, que para que a la democracia o a cualquier orden político le sea reconocida su legitimidad se ha de favorecer o propiciar su dimensión práctica, de tal manera que el orden sea revivido permanentemente. No obstante, esta dimensión no puede entenderse como exclusiva o independiente de la fundamentación de la legitimidad (Beetham, 1991). Es necesario que exista un discurso sobre la legitimidad que utilice una determinada retórica de justificación que actuando como referente, incite y propicie esas prácticas. Si la democracia, entonces, se diferencia de otros sistemas políticos en base a los criterios de legitimidad que reclama como particulares, es necesario proceder a su deconstrucción a fin de ver cuáles son sus fundamentos y analizar a través de qué discursos se vehicula. A no ser, claro está, que el sistema democrático se conduzca a través de una decantación "a priori" por un tipo de organización determinado. B. Dimensión histórica de la legitimidad La legitimidad, al igual que otras construcciones sociales tiene una dimensión histórica. Por ello, para entenderla, es necesario analizar las condiciones sociales a través de las cuales se ha producido. A pesar de que Giovanni Sartori, afirme que la democracia como principio de legitimidad es "...el elemento de continuidad que vincula el nombre griego con la realidad del siglo XX" (Sartori, 1992, p. 27), no parece muy adecuado sostener que los criterios de legitimidad en que se basa el sistema democrático han permanecido inmutables a lo largo de la historia y que los discursos que han circulado sobre estos criterios o contra ellos han sido siempre los mismos. En efecto, si aceptamos con Foucault (1976a) que la política es la continuación de la guerra por otros medios, es plausible pensar en la necesidad que toda sociedad tiene de conjurar el peligro de la desestructuración y del desorden ya que todas las sociedades son construcciones que se enfrentan al caos (Berger y Luckmann, 1967). Un discurso que justifique el orden establecido, además de otros mecanismos de control y regulación se presentan como imprescindibles. 2 Habermas (1976) también diferencia entre: reclamación de legitimidad: mantenimiento de una identidad normativamente determinada de la sociedad y legitimaciones: procesos para hacer efectiva la reclamación (justificación del cómo y del por qué de ciertas instituciones para realizar los valores constitutivos de la identidad en la sociedad).
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 6 Para estudiar la legitimidad con las formas con las que en la actualidad aparece configurada, hemos de recurrir al siglo XVIII y, más concretamente a los pensadores de la Ilustración. La Ilustración supone la confirmación y consolidación de los valores más característicos de la modernidad: la ciencia, la política y la moral. Es durante esta época cuando se hace explícita la ruptura con los principios de justificación fundamentados en la dependencia de cosmologías y/o religiones, tales como la Naturaleza o Dios. En el siglo XVIII surge un elemento aglutinador y rector de todos los discursos, de todas las normas y/o acciones: la razón. Se manifiesta, entonces, la preocupación por llevar la razón al mundo y por encarnar la razón en la historia. Como afirma Habermas, "Ahora, como las causas últimas ya no son teóricamente plausibles, las condiciones formales de justificación tienen en sí mismas fuerza legitimadora. Los procedimientos y las condiciones previas de un acuerdo razonable se convierten en un principio" (1976, p. 6). En efecto, a partir de este momento histórico, se puede disponer de una instancia suprahumana que actúa como referente. Es la razón, que "facilita" y "permite" el descubrimiento de la verdad y que plantea la necesidad de su propagación, la que otorga a la legitimidad buena parte de su base y su fuerza. A partir de este momento, los procedimientos (un discurso sobre la voluntad general) y las condiciones previas de justificación (realizado entre personas iguales y libres) constituyen los pilares de la legitimidad y en los que la validez de ésta se apoya. Este nivel de justificación es reflexivo (Habermas, 1976): los procedimientos y condiciones previas son legitimadores en virtud de que ellos son la causa de la validez y al mismo tiempo sólo a través de ellos es posible realizar esta validez. En otras palabras, no sólo se justifica la validez de la legitimidad sino que también se señala dónde reside la soberanía. La legitimidad se manifiesta ahora como expresión de una "volonté générale" fundamentada tan solo en las condiciones en las que se produce y es producida. El discurso que se desarrolla, entonces, es político e histórico. Un discurso que asume la verdad y el derecho, propiciando la ruptura con la situación anterior (Naturaleza, Dios). Un discurso donde el que habla, posee la característica de trascender la finitud y fragilidades humanas. Con la razón, el discurso sobre la legitimidad dispone de la instancia enunciadora y del enunciado de la verdad, una instancia imparcial y objetiva. Ya no es ni la Naturaleza ni Dios. Tampoco es una legitimidad arbitraria basada en la volubilidad o capricho humanos. Se trata de una legitimidad que se aparta de la subjetividad ya que se apoya en un nuevo discurso a través del cual conducirse y que, precisamente, abomina de toda dimensión subjetiva. La "volonté générale" será considerada, entonces, el procedimiento y la condición de la legitimidad del sistema democrático. Aparecerá como el elemento objetivado ubicado en un lugar que transciende lo simplemente humano y anclada sobre el principio de la verdad. Sin embargo, si las condiciones de producción de la legitimidad se desarrollaron como hemos intentado ilustrar, sería preciso estudiar, con detalle, la relación que el nuevo principio de legitimidad formulado en el siglo XVIII mantuvo con la legitimidad democrática. Es decir, estudiar si el ideal democrático del siglo XVIII pretendía establecer las condiciones de viabilidad de los principios que afirmaba o respondía al intento de negar el derecho divino y privilegios de la nobleza (Murillo Ferrol, 1952). C. El discurso legitimador de la democracia
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 7 1. Fuentes de la legitimación El discurso sobre el sistema democrático ha aparecido indefectiblemente unido a la defensa de diferentes valores: la libertad, la igualdad, el interés común y el individual, el desarrollo moral, las decisiones eficaces, etc. Por ejemplo, Elías Díaz, al referirse al sistema democrático como el mejor sistema de legitimidad afirma que "...es a la larga y a la corta el más eficaz, que es a su vez el más coherente desde todos los puntos de vista, pero todo -y aquí se introduce ya una nueva dimensión cualitativaque es el más justo, el que sitúa la legitimidad en la mejor vía hacia lo que, con conciencia siempre de su carácter inconcluso y abierto, llamamos también aquí justicia" (Díaz, 1985, p. 10). Innumerables son los modelos, tipologías y clasificaciones que se han hecho de las diferentes formas y requerimientos que el sistema democrático ha adoptado y adopta (Duverger, 1955; Jiménez De Parga, 1960; Macpherson, 1977; Lijphart, 1984; Held, 1987; Requejo, 1990). No obstante, a pesar de esta multiplicidad de modelos se pueden extraer tres dimensiones comunes que subyacen a todos ellos: - la dimensión descriptiva: vehiculada a través de un discurso donde se enuncian las propiedades del sistema y de sus elementos constitutivos. Se trata de un discurso que expone el "cómo" son las cosas. Se conduce mediante una retórica de la objetividad que remite más al reconocimiento que al conocimiento del orden democrático. La dimensión descriptiva aparece enunciada a través de una relación de antagonismo representada en la polaridad entre democracia y dictadura. Este antagonismo se nos muestra como la expresión de una lucha o un desafío entre ambos sistemas (Agar, 1965; Bobbio, 1984; Mannheim, 1950; Preti, 1980) con lo que se produce un efecto reificador, una concesión de un estatus ontológico independiente de la actividad y significación humanas. No se trata ya tanto de un enfrentamiento de las personas en una lucha por diferentes ordenes políticos, como de la lucha de dos sistemas entre sí. El complemento de este discurso, lo constituye la democracia como "sistema eminentemente práctico", expresado a través de los mecanismos, reglas y procedimientos que permiten la participación y la competición a toda la ciudadanía. Se otorga al sistema una dimensión utilitaria: la resolución pacífica de los conflictos, garantía de los derechos políticos y civiles, mayores posibilidades de defensa y afirmación de los intereses propios y, por tanto, de competencia e igualdad política (Morlino, 1986). Así mismo, esta dimensión descriptiva se acompaña de elementos prescriptivos (implícitos y/o enunciados) que no sólo se dirigen hacia el "interior" del sistema, sino que actúan también hacia el "exterior". En efecto, la máxima expresión de la prescripción la encontramos en la formulación que, desde la teoría de la democracia (que analizaremos más adelante), se hace de los "proyectos de sistema" representados por las denominadas transiciones políticas hacia la democracia (Bermeo, 1987; Linz, 1978, 1990; Morlino, 1986; Share, 1987). En estas formulaciones o estudios se analizan, entre otras cuestiones, los factores, premisas y condiciones sociales más relevantes para el establecimiento, consolidación y estabilidad del sistema democrático (McDonough et al. 1986; Morlino, 1986) y se formulan hipótesis respecto de su viabilidad. Entre estos estudios destaca la compilación realizada por O'Donnell, Schmitter y Whithehead (1986). En su trabajo abordan aspectos normativos, prescriptivos y también de carácter empírico. Quisiéramos tan sólo señalar una de las premisas de las que parten, concretamente la referida al aspecto normativo dónde el punto de partida se sitúa en la consideración de las democracias políticas como un objetivo deseable en si mismo. Lamentablemente, la extensión de este capítulo no nos permite profundizar en esta cuestión y mucho menos adentrarnos en el tema de la transición, amplio, complejo y debatido como pocos. Sin embargo, parece pertinente traer a colación la aseveración
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 8 de Cornelius Castoriadis cuando afirma, "Efectivamente, para toda teología acabada y necesaria, todo está gobernado a partir del fin, él mismo postulado y determinado desde el origen del proceso, mediante la postulación y la determinación de los medios que lo harán aparecer como realizado" (1975, p. 19). - la dimensión explicativa: vehiculada a través de un discurso que enuncia la "racionalidad" del orden político. Es decir, el "por qué" las cosas son así. Los fundamentos que justifican este discurso recurren habitualmente a la historia y a la idea de progreso de la humanidad: la democracia como el único sistema garante de los valores y de la vida civilizada (Giner, 1986). La retórica utilizada es la que asegura la superioridad funcional del sistema democrático, la capacidad para formar un tipo de personalidad más seguro y estable (Mannheim, 1950; Murillo Ferrol, 1963), y la "...esperanza de que la democracia puede hallar fundamentos racionales para establecer su propio valor y conseguir, por tanto, su legitimidad frente a cualquiera ataques" (Murillo Ferrol, 1963, p. 137). - la dimensión normativa. Desarrollada a través de un discurso prescriptivo donde aparece enunciada la progresividad del orden político. Esta dimensión viene expresada por el "cómo" las cosas deben o deberían ser: "...la democracia: es un medio para un fin, y el fin es la libertad" (Agar, 1965, p. 19). Se articula a través de un discurso que expresa la idea de un "estado de imperfección" y de sistema en continua construcción (Aranguren, 1979; Popper, 1945). dónde, la alusión al compromiso de las personas en la construcción del orden y a su responsabilidad en el caso del fracaso del sistema es profundamente resaltada, "Constituye una actitud completamente equivocada culpar a la democracia por los defectos políticos de un estado democrático" (Popper, 1945) ya que la democracia aparece definida como el sistema de la participación donde todo es posible. Todos los modelos se enfrentan directamente con la cuestión de la legitimidad y en el desarrollo de sus discursos convierten a ésta en una dimensión básica que actúa como referente de todas las acciones. La legitimidad es uno de los ejes centrales de estos diferentes discursos sobre el sistema democrático. Por una parte, los discursos sobre la democracia atribuyen validez a los significados que transportan en cuanto a conocimiento, explicando lo que son. Y, por otra, a través de la justificación conceden carácter normativo a la dimensión práctica. Como afirman Berger y Luckmann "...la legitimación no sólo indica al individuo por qué debe realizar una acción y no otra; también le indica por qué las cosas son como son" (1967, p. 122). En ésta primera aproximación que estamos realizando, podríamos decir, que el discurso sobre la democracia se articula, al menos, en base a dos dimensiones: Por un lado, en las prácticas institucionalizadas (formalizadas) a través de las cuales se "manifiesta la democracia": el voto, las elecciones, las asociaciones, los partidos3, la libertad de expresión, la toma de decisiones, el reparto de roles (gobierno/oposición), etc. que siempre aparecen vinculadas a los valores de la libertad, la igualdad, el bien individual y común, la eficacia y la eficiencia, etc. y los discursos que sobre ellos circulan por toda la red social dotando de contenido y coherencia a 3 La atención que merecen los partidos políticos como elementos que coadyuvan en la "generación" de legitimidad no debe ser olvidada. Sin embargo, no han sido aquí tratados específicamente. Baste, entonces, hacer referencia a una afirmación de García-Pelayo cuando dice: "Los partidos se nos muestran como organizaciones sin cuya mediación no es posible actualizar los principios democráticos en las condiciones de la sociedad de nuestro tiempo" (1986, p. 74).
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 9 todo el orden en base a estas prácticas. Estos "mecanismos prácticos" otorgan a la democracia un carácter objetivo y legitimante, ya que son los propios "ciudadanos" los que establecen una relación directa y se manifiestan personalmente. Como afirma Charles Taylor, "...somos introducidos en los bienes de nuestra sociedad y somos iniciados en sus propósitos mucho más, y mucho antes, por medio de sus prácticas no explicitadas que por medio de formulaciones" (1984, p. 39). Ya no se trata de la utilización de un mecanismo que vehicula una expresión o un mecanismo o procedimiento de consulta, se trata de la democracia misma, en esencia.4 Por otro, y en íntima relación con lo anterior, la elaboración de una teoría que hunde profundamente sus raíces en la "ciencia social", que transciende la "mera aplicación pragmática" y que pertenece de lleno a lo normativo y prescriptivo. Como dice Giner, "No es sólo una teoría de la democracia (hay teorías antidemocráticas de la democracia), sino algo de signo distinto. Es una teoría para la democracia, como lo es para la libertad y la vida civilizada" (1986, p. 4). La "teoría de la democracia" (Giner, 1986; Dahl; 1989; Díaz, 1985) se nos muestra, entonces, como fuente principal de un discurso sobre la igualdad, la representatividad, la soberanía, la libertad, el individuo, etc. Es decir, como instancia generadora de una "racionalidad creciente" de los elementos definitorios del sistema democrático, de lo que se ha dado en llamar principios clásicos del sistema (Dahl, 1963, 1971, 1989; Giner, 1986) y del tipo de relaciones (afinidad, incompatibilidad, complementariedad, etc.) que el sistema democrático establece con otros ordenes y dimensiones de la vida social. Al mismo tiempo, estudia los aspectos "más prácticos" que hemos descrito anteriormente, de forma que mientras aprehende la realidad social, objetivándola, continúa produciendo esta misma realidad. La teoría de la democracia encuentra en el Derecho uno de sus más hondos fundamentos (Díaz, 1985; Farrell, 1986; Montoro Ballesteros, 1985). En efecto, en el Derecho se articula buena parte del discurso legitimador del sistema democrático. Es a través de éste, que se formula la teoría de la soberanía y consecuentemente la formulación del ejercicio del poder. Como dice Foucault, "...el discurso y la técnica del derecho han tenido la función de disolver en el interior del poder el hecho de la dominación para hacer aparecer: los derechos legítimos de la soberanía y la obligación legal de la obediencia" (1976b, p. 141). A través del Derecho, la legitimidad se presenta en íntima comunión y comunicación con el principio de legalidad, entendido como criterio procedimental: "La legitimidad de una ley en sentido jurídico positivo no depende ya, pues, de su sanción por un determinado orden cosmológico ni de su coincidencia con un criterio subjetivo de <<justicia>>, sino de su correcta promulgación a partir de las normas o valores recogidos constitucionalmente" (Colom, 1990, p. 164). Así el Derecho, aparece como una de las máximas expresiones de la reificación, con todos los efectos que ello comporta. El Derecho actúa como referente del sistema, ya que se presenta en una "posición de exterioridad" (como juez imparcial) a éste, lo que redunda en una atribución mayor de legitimidad del orden. El derecho aparece como elemento constitutivo de una teoría crítica de los sistemas de legitimidad. Como afirma Farrell, "... la democracia no es una condición suficiente de la justicia de los resultados que se obtengan. Pero, en cambio, resulta una condición necesaria; no es indiferente conseguir un resultado adecuado por procedimientos democráticos o conseguirlo por procedimientos antidemocráticos. Hay fines que están condicionados por los medios que se utilizan para conseguirlos y medios que pueden corromper los fines a que se arriba" (1986, p. 109). Otro discurso que ahonda en la legitimidad del sistema, debido a la precarización decisional de los poderes públicos (Requejo, 1990) es el discurso científico que adquiere cada vez más presencia y posee mayor integración en los mecanismos de legitimación y en la construcción de la legitimidad. El sistema democrático experimenta cada vez una tendencia mayor a combinar y articular las dimensiones técnicas en aras a producir una mayor optimización y eficacia en las decisiones administrativas y las dimensiones de carácter ético. 4Así, por ejemplo, cuando se vota, se dice ejercer la democracia.
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 16 B. A modo de síntesis Si alguna característica se puede atribuir a la definición de democracia que vehicula en los diferentes discursos que hemos analizado es que se trata de una definición polisémica. En nuestra opinión, estos diferentes discursos, se pueden agrupar en dos grandes categorías: los que se articulan en torno a los procedimientos o "mecanismos democráticos" y los que toman como referente los principios clásicos del sistema (especialmente la libertad de expresión). Los ejes a través de los cuales se conducen ambas categorías se sitúan en torno a la idea de democracia como "sistema eminentemente práctico" de manera que el orden es revivido y actualizado permanentemente. De esta manera, la manifestación de la democracia y la democracia en si misma se traducen en la expresión de esos mecanismos y principios de donde surge un discurso autorreferencial dónde los elementos que construyen el discurso se convierten en el discurso mismo. Es a través de este proceso como se produce una objetivación (ya que democracia y mecanismos aparecen asimilados) contribuyendo de esta forma a la reificación del sistema. Y es también a través de esta objetivación y reificación, como el carácter constructivo e histórico del sistema democrático aparece difuminado y su base de legitimación incontestada. IV. CONCLUSIÓN Convertir la democracia en sentido común implica que los grupos y las colectividades poseen un conocimiento que funciona en términos de evidencia y de consenso, en el sentido de que este conocimiento es "ciertamente cierto" y reconocido por todo el mundo. Aquí reside el carácter normativo de la democracia. Efectivamente, queda establecido de este modo cómo suceden y cómo han de suceder las cosas, lo que nos permite tanto explicar por qué han sucedido como determinar su aparición. Por ejemplo, uno de los argumentos utilizados al defender la democracia es que los pueblos que son regidos por este sistema progresan debido a él de lo que inmediatamente se extrae la conclusión que la democracia es condición "sine qua non" para el progreso de los pueblos. A este proceso no es ajena la producción del discurso político-científico, si se prefiere ideológico, sobre la democracia y el sistema democrático donde lo pertinente ya no es sopesar o dirimir cuál entre todos los sistemas políticos existentes es el más adecuado, sino que se trata de planificar y diseñar la mejor manera de acceder a la democracia, de diseñar un sistema de transición que nunca es puesto en duda. El carácter normativo de la democracia actúa como mecanismo de control y regulación de lo que es democrático y lo que no. En efecto, no se trata de si el llamado pueblo legitima algo con su voto, sino si lo votado encaja dentro de los parámetros que describen la democracia. Este carácter normativo se manifiesta con particular evidencia si de la legitimidad del sistema democrático se trata. En efecto, la legitimidad no sólo discurre en paralelo a los sistemas democráticos sino que incluso les precede. Buena prueba de ello nos la proporciona el hecho de que en la adquisición de este tipo de legitimidad puede producirse al margen de haber iniciado un "proceso democrático" o de tener un sistema equiparable u homologable a este tipo de sistemas políticos (vg. Rusia, donde lejos de disponer de un inicial proceso democrático o de haber iniciado un proceso de democratización en la línea estándar, ha adquirido todos los reconocimientos de su legitimidad). Esta característica nos muestra que la legitimidad de la democracia no sólo no se alimenta del funcionamiento de ésta sino que, incluso, es independiente. El sistema democrático como tal goza de toda la legitimidad moral y política que se refleja
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 17 tanto en el mundo superestructural de los político-institucional como en el del sentido común, donde aparece formalmente una altísima valoración social, resultado de la legitimación ideológica. Este extremo viene a reforzar la idea de que la democracia constituye en realidad un punto de vista, una posición discursiva desde la que ver los acontecimientos y hablar sobre ellos. Es llegar a estar en esa posición lo que importa, independientemente de si se dan las condiciones para definir "realmente" la existencia de democracia.
LEGITIMIDAD E HISTORICIDAD DEL SISTEMA DEMOCRÁTICO: ANÁLISIS DE LAS CONCEPCIONES COTIDIANAS DE DEMOCRACIA Lupicinio Íñiguez, Félix Vázquez 18 V. BIBLIOGRAFÍA Agar,H. (1965): Los peligros de la democracia, Buenos Aires, Marymar, 1966. Aguila Tejerina,R. del (1982): "Partidos, democracia y apatía: una interpretación", Revista de Estudios Políticos, 30, págs. 81-109. Antaki,Ch; Íñiguez,L; Vázquez,F. (1989): "Balance and mentality: an analysis of a Spanish discourse of democracy", Revue Internationale de Psychologie Sociale, 2-2, págs. 227-244. Aranguren,J.L. (1979): La democracia establecida, Madrid, Taurus. Aron,R. (1965): Démocratie et totalitarisme, Paris, Gallimard. Bécue,M. (1991): Análisis de datos textuales. Métodos estadísticos y algoritmos, Paris. CISIA. Beetham,D. (1991): The Legitimation of Power, Londres, Macmillan. Berger,P y Luckmann,T. (1967): La construcción social de la realidad, Madrid, Amorrortu-Murguía, 1986. Bermeo,N. (1987): "Redemocratization and Transition Elections. A Comparison of Spain and Portugal", Comparative Politics, Enero, págs. 213-231. Bobbio,N. (1984): "La crisis de la democracia y la lección de los clásicos", En N.Bobbio, G.Pontara y S.Vega: Crisis de la democracia, Barcelona, Ariel, 1985. Buchanam,J.M y Tullock,G. (1962): El cálculo del consenso (Fundamentos lógicos de la democracia constitucional), Madrid, Espasa-Calpe, 1980. Castoriadis,C. (1975): La institución imaginaria de la sociedad. Vol. 2, El imaginario social y la institución, Barcelona, Tusquets, 1989. Colom González,F. (1990): "Legitimidad y democracia: dos décadas de un debate inconcluso", Isegoría, 2, págs 162-169. Dahl,R.A. (1963): Análisis político moderno, Barcelona, Fontanella, 1976.
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