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Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario del Real Sitio de San Ildefonso

Méndez Hernán, Vicente

Abstract

El artículo reconstruye la figura de Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón como clientes de Luis Salvador Carmona, vinculando su biografía cortesana con los encargos de la Virgen del Socorro para Brozas y de las esculturas de San Francisco Javier y la Virgen del Pilar para la iglesia del Rosario del Real Sitio de San Ildefonso. A partir de nueva documentación de archivo –cartas de pago, escrituras, expedientes personales y noticias de prensa– se confirma la autoría de Carmona, hasta ahora aceptada solo por criterios estilísticos, y se precisan la cronología, procedencia y destino original de las imágenes. El estudio muestra cómo Aguirre, formado en el ambiente ilustrado y próximo a la corte y a la Real Sociedad Bascongada, y Milón, confesor de Isabel de Farnesio y abad de la colegiata de La Granja, actuaron como mediadores culturales entre el entorno regio y el taller del escultor. Se analizan también las motivaciones devocionales y políticas de los encargos, la relación con el Cristo del Perdón y el papel de estas obras en la construcción de una imagen piadosa y prestigiosa de sus promotores. El trabajo aporta, en suma, una visión precisa del entorno clientelar de Carmona y del funcionamiento del mecenazgo escultórico en la corte borbónica de mediados del siglo XVIII.

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RESUMEN: El presente trabajo tiene como objetivo definir la personalidad de los clientes que acudieron al taller de Luis Salvador Carmona para encargarle las esculturas de Ntra. Sra. del Socoro, que hoy se venera en la parroquia de Brozas (Cáceres), y las del Pilar y San Francisco Javier que hizo para la iglesia del Rosario, en el Real Sitio de San Ildefonso (Segovia). El profesor Martín González y Eileen Lord las atribuyeron, respectivamente, a la gubia del artista, aunque sin las aportaciones documentales que ahora presentamos. El primer encargo partió de la iniciativa de Tiburcio de Aguirre y Ayanz, y de Antonio Milón López los dos restantes. Ambos estuvieron directamente relacionados con el entorno de la reina Isabel de Farnesio, de cuya inclinación hacia el arte y la cultura en general se dejó influir Tiburcio de Aguirre, y de su lado más piadoso Antonio Milón, su confesor personal. PALABRAS CLAVE: Luis Salvador Carmona, Tiburcio de Aguirre, Antonio Milón, Brozas, Real Sitio de San Ildefonso. ABSTRACT. This paper aims to define the persona of the clients who turned to the workshop of Luis Salvador Carmona to commission the sculpture of Our Lady of Perpetual Succour, which is today located at the Parish of Brozas (Cáceres), as well as the sculptures of Our Lady of the Pillar and of Saint Francis Xavier, which were done for the Holy Rosary Church located in Real Sitio de San Ildefonso (Segovia). Professor Martín González, as well as Eileen Lord, both considered them to be the work of the aforementioned artist; however, they did so without the documentary proof that we are presenting here. The first work was commissioned by Tiburcio de Aguirre Ayanz, while Antonio Milón López was responsible for the initiative which was required for the other two. Both were directly related with all that which surrounded Queen Elisabeth Farnese at the time, whose inclination towards art and culture in general helped to influence Tiburcio de Aguirre, while the more devout Antonio Milón was her personal confessor. KEYWORDS: Luis Salvador Carmona, Tiburcio de Aguirre, Antonio Milón, Brozas, Real Sitio de San Ildefonso. 1 Para la realización de este trabajo hemos contado con una ayuda de la Junta de Extremadura, canalizada a través del “Apoyo a los grupos de investigación catalogados”, en el marco del equipo “Arte y Patrimonio Moderno y Contemporáneo” (HUM012). LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017 (pags. 41-56) Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del Escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario en el Real Sitio de San Ildefonso Vicente Méndez Hernán Universidad de Extremadura https://doi.org/10.17811/li.23.2017.41-56 INTRODUCCIÓN El estudio de la esfera personal del cliente siempre ha sido una labor tan sugerente como el hecho de indagar y profundizar en la personalidad del artista depositario de su confianza, y en la naturaleza del encargo que el promotor había concebido en función de sus deseos y expectativas personales; analizar el objetivo que suscitó el contrato, las circunstancias que envolvieron la determinación del cliente, o las relaciones que éste pudo llegar a establecer con el maestro a cuyo taller terminó acudiendo, son aspectos que nos han aportado, en muchas ocasiones, datos para precisar la cronología de una obra, conocer los pormenores del proceso de contratación, o justificar las influencias artísticas presentes en nuestro objeto de estudio. Toda una amplia serie de aspectos que aún cobra mayor importancia cuando lo desconocemos prácticamente todo sobre una obra en cuestión, salvo el hecho de su evidencia estilística para ser atribuida a un artista en concreto, o vinculada a una escuela en particular1. Esa serie de apreciaciones adquieren aún mayor relevancia cuando se trata de un artista de la trascendencia de Luis Salvador Carmona (1708-1767), y de piezas tan señeras como la escultura de Ntra. Sra. del Socorro, que hoy se venera en la iglesia de la Asunción, en Brozas (Cáceres) (Fig. 1), y las de San Francisco Javier y la Virgen del Pilar que hizo para la parroquia de Nuestra Señora del Rosario, en el Real Sitio de San Ildefonso (Figs. 2 y 3). Se trata de tres obras atribuidas a la gubia del maestro natural de Nava del Rey, que la crítica histórico-artística ha aceptado de forma unánime dada la evidencia estilística que presentan las figuras2. Sin embargo, el hallazgo de una parte de la documentación relacionada con la talla mariana del Socorro, y la localización de la carta de pago que el maestro otorgó en 1758 por las dos que hizo para el Real Sitio de San Ildefonso, publicada en 1953 y hasta ahora no relacionada 1 Sobre la clientela, cabe citar el ya clásico trabajo del profesor MARTÍN GONZÁLEZ, Juan J., El artista en la sociedad española del siglo XVII, Cátedra, Madrid, 1984, pp. 109 y ss. 2 Sobre la escultura del Socorro vid. MARTÍN GONZÁLEZ, Juan J., Luis Salvador Carmona. Escultor y académico, Alpuerto, Madrid, 1990, p. 269; las tallas para San Ildefonso las publicó LORD, Eileen A., “Luis Salvador Carmona en el Real Sitio de San Ildefonso (La Granja)”, en Archivo Español de Arte, Volumen XXVI, n.º 101, Madrid, 1953, pp. 24-25 y 27. con las obras en cuestión3, nos han permitido profundizar en el entorno clientelar que rodeó a este artista vallisoletano, asentado en Madrid desde que entrara en el taller de Juan Alonso Villabrille y Ron (c.1663-1732) como aprendiz en 17234, y matizar, además de ampliar, lo que hasta ahora conocíamos sobre las obras. En el Memorial que elevó en 1748 solicitando la plaza de escultor de cámara5, Luis Salvador Carmona dejaba constancia no solo de su ingreso —dos años antes— en la nómina de escultores encargados de ejecutar el programa decorativo del Palacio Real Nuevo de Madrid, sino también del contacto que estrechó a partir de entonces con el entorno más cercano a la 3 GONZÁLEZ PALENCIA, Ángela, Colección de Documentos sobre Madrid, Instituto de Estudios Madrileños, Madrid, 1953, pp. 573-575. 4 SALORT PONS, Salvador, “Juan Alonso de Villabrille y Ron, maestro de Luis Salvador Carmona”, en Archivo Español de Arte, Volumen LXX, n.º 280, Madrid, 1997, p. 457. 5 MORENO VILLA, J., “Memorial del escultor D. Luis Salvador Carmona”, en Archivo Español de Arte y Arqueología, n.º 22, Madrid, 1932, p. 98. 42 vicente Méndez hernán (LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017) Fig. 1. Luis Salvador Carmona. Virgen del Socorro. Brozas (Cáceres), iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, c.1751-1754. Foto del autor. 43 Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del Escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario en el Real Sitio de San Ildefonso familia real, al cual estaban vinculados Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón López, clientes, respectivamente, de la talla brocense y de las obras de San Ildefonso. Si a todo ello sumamos la admiración que causó en la corte el Cristo del Perdón, que Luis Salvador tenía acabado en 1751 en respuesta a un encargo personal de la reina Isabel de Farnesio (1692-1766) destinado a la iglesia del Rosario de aquel mismo Real Sitio6, tendremos un factor lo suficientemente sugerente como para relacionarlo –a tenor de los factores que analizamos− con la decisión que tomaron Aguirre y Antonio Milón de acudir al taller de Carmona al objeto de encargarle las obras citadas. 6 El escultor tenía acabada la efigie en febrero de 1751: LORD, Eileen A., Luis Salvador…, opus cit., p. 15. La escultura de Nuestra Señora del Socorro y la personalidad de Tiburcio de Aguirre La talla mariana fue dada a conocer en 1990 por el profesor Martín González (1923-2009), quien la adscribió al catálogo del escultor ante la evidencia estilística que presenta la obra, de singular belleza y extraordinaria calidad técnica, y propuso para su datación el año 17507. Si a esta referencia sumamos la documentación procedente del Real Convento de San Pedro, que existió en Brozas bajo los designios de las monjas comendadoras del hábito y caballería de la Orden militar de Alcántara, podremos reconstruir parcialmente la trayectoria histórico-artística de la obra. Aunque la documentación conservada no es prolija en datos, hay uno en particular que nos permite vincular la escultura mariana del Socorro con el citado monasterio, y afirmar sin reservas que originalmente 7 MARTÍN GONZÁLEZ, Juan J., Luis Salvador Carmona…, opus cit., p. 269. Fig. 2. Luis Salvador Carmona. San Francisco Javier. Real Sitio de San Ildefonso (Segovia), iglesia de Nuestra Señora del Rosario, c. 1751-1752. Fotografía M.ª Concepción García Gaínza, El escultor Luis Salvador Carmona, Burlada, 1990, fig.50. Fig. 3. Luis Salvador Carmona. Virgen del Pilar. Real Sitio de San Ildefonso (Segovia), iglesia de Nuestra Señora del Rosario, c. 1751-1752. Fotografía M.ª Concepción García Gaínza, El escultor Luis Salvador Carmona, Burlada, 1990, fig.27. 44 Vicente Méndez Hernán (LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017) fue encargada para formar parte de las tallas que se veneraban en su iglesia; se trata de una escritura fechada en Madrid el 23 de septiembre de 1807, mediante la cual el presbítero brocense don Joaquín Vicente Salgado solicitaba indulgencias al nuncio apostólico para quien venerase la efigie de la Virgen del Socorro que existía en el templo del convento alcantarino8. Si a este dato unimos el nombre de quien ejercía el patronazgo sobre las monjas comendadoras a mediados del siglo XVIII, podremos concretar sin ninguna dificultad la relación que tuvo con el escultor Luis Salvador Carmona, y justificar así el encargo de la obra y su presencia en la villa de Brozas, y analizar también la trayectoria personal del patrono para explicar las razones que le llevaron a convertirse en uno de los clientes del afamado taller madrileño; una trayectoria, por otra parte, que hasta ahora no se había abordado de un modo global, aunando los distintos aspectos y matices de lo que sin duda fue una vida plena de interés por las distintas esferas de la vida pública y privada en las que participó. En virtud de la carta que fray Antonio Calderón y Robles, capellán del monasterio de San Pedro, remitió al patrono del mismo con fecha de 9 de octubre de 1749 al objeto de informarle sobre el estado en el que se encontraba el edificio, sabemos que dicho patronato lo ejercía, por designio real, una de las personalidades más importantes e influyentes de la España ilustrada, don Felipe Tiburcio de Aguirre y Ayanz de Arbizu Salcedo y Lodosa (Vitoria, 1707-Madrid, 1767)9, a la sazón consiliario (1752) y viceprotector (1753) de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y uno de los asiduos asistentes a sus juntas, en las que coincidió con Luis Salvador Carmona en más de una ocasión. Tiburcio de Aguirre pertenecía a una familia de rancio abolengo y origen vasco-navarro, con importantes dignatarios vinculados a la Corona desde tiempos de los Reyes Católicos, además de ilustres prohombres de la Iglesia y las órdenes militares de Santiago y Alcántara10. 8 Archivo Histórico Nacional (en adelante, AHN), Clero, Leg. 6243, s.f., 23 de septiembre de 1807. 9 AHN, Clero, Leg. 6243, s.f., 9 de octubre de 1749. 10 La relación con la Corona en tiempos de los RR.CC. en VIDAL-ABARCA, Juan, “Linajes Alaveses. Los Aguirre: Marqueses de Montehermoso”, en Boletín de la Institución Sancho El Sabio, n.º 19, Vitoria, 1975, pp. 225226; 187. En lo que respecta a las filas de la iglesia y las OO.MM.: Real Academia de la Historia, Colección Natural de Vitoria, don Tiburcio era el segundo hijo varón del matrimonio formado entre Francisco Antonio de Aguirre y Salcedo (16851745), II marqués de Montehermoso, y María Lorenza Ayanz de Arbizu y Lodosa (1687-?); y heredero, a su vez, de una tradición familiar que había permitido a los Aguirre estrechar sus lazos con la Corona y convertirse en miembros de la corte con plena confianza entre la familia real. Así se desprende del nombramiento que recibió en noviembre de 1759 como preceptor del futuro Carlos IV (1748-1819)11, al igual que su padre lo había sido del aún príncipe Carlos III (1716-1788) —1723-173112— y su abuela, doña María Antonia de Salcedo (†1737), I marquesa de Montehermoso, del futuro Luis I (1701-1724) y de un recién nacido Carlos III en calidad de aya —respectivamente, 1707-1715 y 1716-172313—. En este ambiente cortesano Pellicer, t.III, 9/4057, f. 9r; CADENAS Y VICENT, Vicente de, Caballeros de la Orden de Alcántara que efectuaron sus pruebas de ingreso durante el siglo XVIII, t.I: núms. 1-134, Hidalguía, Madrid, 1991, pp. 24-26. 11 Fue nombrado preceptor del príncipe por R.O. de 5 de noviembre de 1759: ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio Viejo de S. Bartolomé, Mayor de la Celebre Universidad de Salamanca. Segunda Parte. Tomo Primero, Por Andrés Ortega, Madrid, 1768, p. 775. 12 El decreto está fechado el 12 de agosto de 1723, en que fue nombrado “Primer Gentilhombre del señor Ynfante Don Carlos y Theniente de Gouernador de Su Alteza”: Archivo General de Palacio (en adelante, AGP), Personal, Caja 24, Exp. 5, foliado en parte, nombramiento de 14 de agosto de 1723. Vid., etiam, ÁLVAREZ Y BAENA, José Antonio, Hijos de Madrid, ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias y artes, t.II, En la Oficina de D. Benito Cano, Madrid, 1790, p. 242. 13 El título de marquesa de Montehermoso le fue concedido a instancias de la reina María Luisa de Saboya (1688-1714) en 1708 –aunque no se hizo efectivo hasta el real despacho de 14 de diciembre de 1714– como recompensa a los servicios prestados: VIDAL-ABARCA, Juan, Linajes Alaveses…, opus cit., pp. 220-221. La buena relación que la marquesa tenía con los reyes se desprende de la asiduidad con la que Felipe V se alojaba en el palacio de los Aguirre, en Vitoria, como lo hizo cuando entró por Irún el 24 de enero de 1701 para su proclamación: VIVES CASAS, Francisca, El palacio de Montehermoso. Historia de un edificio, Centro Cultural Montehermoso, Vitoria-Gasteiz, 2008, p. 40 y nota 18. Asimismo, y “en atenzion al expecial y apreciable merito que la Marquesa de Monteermoso ha hecho en la vigilante y prudente asistencia y educazion del Señor Principe Don Luis Fernando”, Felipe V la recompensó con el nombramiento de su hijo Francisco Antonio de Aguirre —padre de Tiburcio de Aguirre— como mayordomo de semana de la reina Isabel de Farnesio por R.D. de 25 de marzo de 1715: AGP, Personal, Caja 24, Exp. 05, foliado en parte, 25 de marzo de 1715. Con posterioridad sería nombrado consejero de Indias por R.D. de 7 de octubre de 1731: AGP, Personal, Caja 24, Exp. 05, 45 Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del Escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario en el Real Sitio de San Ildefonso se había criado nuestro personaje, en el viejo alcázar madrileño, con su abuela y junto a su hermana pequeña Teresa Rosalía14. Aguirre contaba solo siete años de edad cuando Felipe V (1683-1746) contrajo matrimonio en segundas nupcias —diciembre de 1714— con Isabel de Farnesio; debió vivir muy de cerca la relación personal que la reina entabló con M.ª Antonia de Salcedo a su llegada a la corte española, a quien nombró primero su dama de honor (1715), confió después el cuidado de su primogénito, y otorgó posteriormente el cargo de guarda mayor de palacio (1725)15, haciendo posible con ello que nuestro personaje pudiera vivir desde niño su inclinación por la cultura y frecuentar el círculo artístico italiano del que se había rodeado –conocido entonces como el clan de los italianos−. Fue en ese entorno donde Tiburcio de Aguirre aprendió a hablar tanto en el idioma del país alpino como en francés, y seguramente recibió también las primeras nociones para practicar el dibujo con la afición foliado en parte, fol. 8r. Sobre las fechas aportadas con los períodos en los que estuvo a cargo de Luis I y Carlos III siendo niños: AGP, Personal, Caja 697, Exp. 14, s.f., memorial de la marquesa de Montehermoso, fechado en 1734. 14 ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., pp. 772 y 778. Vives Casas reproduce un grabado francés con la I marquesa de Montehermoso en la corte, sosteniendo al príncipe y futuro Luis I rodeada de distintos miembros de la nobleza: VIVES CASAS, Francisca, El palacio de Montehermoso…, opus cit., p. 42. 15 VIDAL-ABARCA, Juan, Linajes Alaveses…, opus cit., p. 220. La propia marquesa se refería al cuidado del recién nacido Carlos III en el memorial que remitió a la reina en 1734 solicitando “los onores de grande” para ella y su descendencia; y aunque su vínculo con Carlos III es conocido, la cita que sigue a continuación permite constatar el estrecho lazo de amistad y confianza que tenía con la familia real: “V.M. se sirvió de haçerme la onrra de poner a mi cuidado desde que nacio el Rey de Napoles y fiarme su asistencia y educacion en sus primeros años, y hauiendo proseguido mi hijo, en casi ygual encargo por la muerte del duque de San Pedro [Francisco M.ª Spínola Spínola, 1660-1727, quien había estado al frente del grupo de hombres a quienes se encomendó la educación del príncipe], asta el viaje de su Magestad á Ytalia [1731] que pasaron quinçe años y nuebe Meses salió su Magestad de las manos de ambos tan sin aiar ni malos resabios y con ydeas correspondientes a los progresos de su grande espíritu y que tan dignamente le a merecido que la benignidad y Amor del rey le ayan exaltado ya a la corona de Napoles […]: AGP, Personal, Caja 697, Exp. 14, s.f., memorial fechado en 1734. El cargo de guarda mayor de palacio en AGP, Personal, Caja 697, Exp. 14, s.f., según consta en la participación que se le hizo al marqués de San Juan el 23 de abril de 1725. que Ceán Bermúdez (1749-1829) recogió, y ponderó al ser uno de los pocos consiliarios que tuvo la Academia de San Fernando aficionados a su práctica. Aguirre llegaría a convertirse en un firme defensor de la enseñanza reglada del dibujo, según declaraba en 175316. Desde luego, el entorno era propicio para ello, y así se desprende de la dedicatoria que Antonio Palomino (1655-1726) le hizo a Isabel de Farnesio del primer tomo de su conocido Museo pictórico y escala óptica (1715)17, aprovechando el trabajo que entonces realizaba para ornamentar el alcázar de los Austrias. Asiduo desde niño a este mundo, no es de extrañar que Tiburcio de Aguirre lograra “la satisfaccion de merecer el agrado de sus Altezas Serenisimas, y demás Señores Infantes” siendo preceptor de Carlos IV; una situación de la que se infiere la íntima relación de confianza que le posibilitó –entre otras cosas− organizar en palacio la sesión de reparto de premios que la Academia de San Fernando celebró en 1753, o incluso que hiciera alusión a aspectos particulares y hasta personales de los reyes en la correspondencia que mantuvo con su primo el duque de Granada entre los años 1757 y 175918. Don Tiburcio continuó su formación en la Universidad de Alcalá de Henares durante los 16 El aprendizaje de los idiomas y su afición al dibujo los recoge ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., p. 772; CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín, Diccionario Histórico de los más ilustres profesores de las Bellas Artes en España, En la Imprenta de la Viuda de Ibarra, Madrid, 1800, t.I, p. 8. Sobre su práctica del dibujo vid., etiam, BÉDAT, Claude, La Real Academia de Bellas Artes de San Fernando (17441808), Fundación Universitaria Española y Academia de San Fernando, Madrid, 1989 (2ª ed.; la primera es de 1974), p. 183. En cuanto a la defensa de la enseñanza del dibujo, VEGA, Jesusa, Ciencia, arte e ilusión en la España Ilustrada, CSIC-Polifemo, Madrid, 2010, p. 229. 17 LAVALLE-COBO, Teresa, “Isabel de Farnesio, la pasión por el arte”, en AA.VV., La mujer en el arte español, Alpuerto, Madrid, 1997, p. 220. El interés de la reina por la cultura y el coleccionismo está recogido en la carta que escribió en Aranjuez poco antes de morir recordando su vida: ÍDEM, Isabel de Farnesio. La reina coleccionista, Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, Madrid, 2002, pp. 23-27. 18 La cita textual en ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., p. 775. Los premios de 1753 en: TÁRRAGA BALDÓ, M.ª Luisa, Giovan Domenico Olivieri y el taller de escultura del Palacio Real, t.I: Biografía, Patrimonio Nacional y CSIC, Madrid, 1992, p. 157, nota 372. En la citada correspondencia con su primo el duque de Granada vemos que estaba al día, por ejemplo, de los traslados de los reyes (carta de 8 de junio de 1757): Archivo del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, Caja 79, Exp. 50, ff. 11r-11v. 46 Vicente Méndez Hernán (LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017) cursos 1724/25 y 1725/26, iniciando sus estudios de Teología19, aunque será en la Universidad de Salamanca donde alcance, no obstante, el título de licenciado en Cánones. Para ello, y siguiendo la tradición de su familia, se matriculó en el colegio mayor de San Bartolomé para acudir a la Facultad de Cánones durante los once cursos transcurridos entre 1729/30 y 1739/40, último en el que figura; y como licenciado lo hace ya desde 173320. Es importante destacar que en el marco de esta etapa formativa fue nombrado, a instancias del segundo director e hijo del fundador de la Real Academia Española, Mercurio Antonio López Pacheco (1679-1738), miembro honorario de dicha institución en 1735, supernumerario el 14 de mayo de 1737, y académico de número en 1744 (Silla S)21. Este nombramiento le permitió entrar en contacto con el grupo de reformadores ilustrados a los que recurrió en 1750 el ministro de estado José de Carvajal y Lancáster (16981754) al objeto de fundar la Academia de Bellas Artes de San Fernando22, institución en la que estrechó sus lazos de amistad con Luis Salvador Carmona, según veremos. Fue en Salamanca donde Tiburcio de Aguirre empezó a dar muestras del afán coleccionista que le acompañó durante toda su vida, fruto de 19 AHN, Universidades, Leg. 435, Exp. 160, certificaciones de 4 marzo de 1725 y 16 de marzo de 1726, donde consta que cursó las cátedras de Suma (1725) y de Lógica (1726). 20 Archivo de la Universidad de Salamanca (en adelante, AUSA), Matrícula del Curso 1729-1730, sign.ª AUSA, 437, f. 17r.; Matrícula del Curso 1730-1731, sign.ª AUSA, 438, f. 13r; Matrícula del Curso 1731-1732, sign.ª AUSA, 439, f. 14v; Matrícula del Curso 17321733, sign.ª AUSA, 440, f. 18v; Matrícula del Curso 1733-1734, sign.ª AUSA, 441, f. 13r; Matrícula del Curso 1734-1735, sign.ª AUSA, 442, f. 13v; Matrícula del Curso 1735-1736, sign.ª AUSA, 443, f. 18r; Matrícula del Curso 1736-1737, sign.ª AUSA, 444, f. 13r; Matrícula del Curso 1737-1738, sign.ª AUSA, 445, f. 16r; Matrícula del Curso 1738-1739, sign.ª AUSA, 446, f. 10v; Matrícula del Curso 1739-1740, sign.ª AUSA, 447, f. 11r. El título de licenciado consta a partir del curso 1733-1734: AUSA, Matrícula del Curso 1733-1734, sign.ª AUSA, 441, f. 13r. Un resumen de los datos expuestos, aunque sin explicitar las referencias archivísticas exactas y sin recoger la titulación de licenciado: CARABIAS TORRES, Ana M.ª, “Catálogo de colegiales del Colegio Mayor de San Bartolomé (1700-1840)”, en Studia Historica. Historia Moderna, vol. IX, Salamanca, 1991, p. 59. 21 ZAMORA VICENTE, Alonso, Historia de la Real Academia Española, Espasa-Calpe, Madrid, 1999, p. 90; <http://www.rae.es/academicos/tiburcio-de-aguirre-salcedo> [consulta: 7/5/2016]. 22 BÉDAT, Claude, La Real Academia…, opus cit., p. 70. lo que había conocido en palacio siendo niño, y de la nueva orientación experimental que había empezado a arraigar en Europa en el campo del conocimiento científico, proyectada en España a través de un pujante movimiento preilustrado que pronto arraigó en regiones, precisamente, como la vasca. Su “genio curioso” por las matemáticas y la física experimental le llevó a iniciar una importante “Coleccion de Maquinas, Instrumentos Phisicos y Mathematicos […] que iba juntando con tanta prolixidad como gusto”; y a reunir un gabinete de historia natural, cuya importancia se desprende de la orden que dictó al poco de su muerte el aún príncipe Carlos IV para que fuera adquirido e integrado en el proyecto que tenía el agustino Enrique Flórez (1702-1773) de formar el Real Gabinete de Historia Natural23. Se sumaba la amplia, escogida y selecta biblioteca junto al monetario que atesoró en su propio museo24; y el gusto que tuvo por la pintura, a cuya colección perteneció el cuadro de la Virgen con el Niño que el profesor Diego Angulo Íñiguez (1901-1986) recogió en 1980 entre las obras atribuidas a Murillo, hoy 23 La nueva orientación del pensamiento científico y su proyección y arraigo en España en ASTIGARRAGA, Jesús, Los ilustrados vascos. Ideas, instituciones y reformas económicas en España, Barcelona, Crítica, 2003, pp. 23-35, passim. La cita textual en ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., pp. 772 y 776. Por orden real el gabinete se lo adquirió el duque de Béjar al marqués de Montehermoso, heredero de Tiburcio de Aguirre, el 24 de julio de 1767: ESPINOSA MARTINI, M.ª del Carmen, “Aportes documentales a los bodegones de Luis Meléndez”, en Boletín del Museo del Prado, n.º 10, Madrid, 1989, pp. 69, donde consta que su importe ascendió 6.137 reales y 32 maravedís; y p. 74, nota 15, donde figura la referencia a partir del Archivo General de Palacio. Sobre el proyecto de formar el Real Gabinete de Historia Natural, vid. CAMPOS Y FERNÁNDEZ DE SEVILLA, F.co Javier, “Relación del agustino Enrique Flórez con la Familia Real (17491772)”, en Anuario Jurídico y Económico Escurialense, Volumen XLIV, San Lorenzo de El Escorial, 2011, p. 542; LÓPEZ VIDRIERO, M.ª Luisa y CÁTEDRA, Pedro M., El Libro Antiguo Español. III. El Libro en Palacio y otros Estudios Bibliográficos, Ediciones Universidad de Salamanca, Patrimonio Nacional y Sociedad Estatal de Historia del Libro, Salamanca, 1996, p. 180. 24 La biblioteca en ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., pp. 772 y 776. Sobre el monetario vid. MUÑIZ, Fr. Roberto, S.O.Cist., Biblioteca Cisterciense Española. En la que se dan Noticia de los Escritores Cistercienses de todas las Congregaciones de España, y de los de las Ordenes Militares que siguen el mismo Instituto..., Por Don Joseph de Navas, Burgos, 1793, p. 7; MAIER ALLENDE, Jorge, Noticias de Antigüedades de las Actas de Sesiones de la Real Academia de la Historia (1738-1791), Real Academia de la Historia, Madrid, 2011, pp. 269-270. 47 Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del Escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario en el Real Sitio de San Ildefonso conocida a través de la estampa que Manuel Salvador Carmona (1734-1820) grabó en 1763 y le dedicó a su propietario, tal vez en agradecimiento del informe que éste había emitido a su favor en agosto de 1760 para encomendarle el proyecto del rey de poner en talla dulce la genealogía de la casa real. Aguirre también contaba en su colección con la tabaquera, los sellos y la escribanía que Ceán Bermúdez recogió y ponderó entre las mejores obras del grabador en hueco, procedente de Sicilia, Lorenzo Monteman y Cusens (†1760)25. Una vez concluidos sus estudios en Salamanca, Tiburcio de Aguirre inició una fulgurante carrera en el Consejo Real de Navarra, para el que fue promovido por el rey en marzo de 1740 en calidad de “Alcalde de la Corte Mayor de aquel Reyno”, y en el que desempeñó distintas ocupaciones26 hasta 1746, año de su retorno a Madrid –el mismo en el que tuvo lugar la repentina muerte de Felipe V, circunstancia que de algún modo debió mediar para que fuera reclamada su presencia− e ingreso en la Real Congregación de San Fermín de los Navarros, donde asistió como testigo a la empresa 25 ANGULO ÍÑIGUEZ, Diego, Murillo. Tomo II. Catálogo crítico, Espasa-Calpe, Madrid, 1981, pp. 155-156 (nº 158) y p. 405 (nº1.097); ÍDEM, Murillo. Tomo III. Láminas, Espasa-Calpe, Madrid, 1981, lám. 531. La cita del informe de 1760 la tomo de PÉREZ BUENO, L., “Grabadores de monedas y medallas, años de 1760 a 1799. Documentos del Archivo Nacional de Simancas”, en Archivo Español de Arte, Volumen XX, n.º 80, Madrid, 1947, p. 306. Vid., etiam, CEÁN BERMÚDEZ, Juan Agustín, Diccionario…, opus cit., t.III, p. 175. Su interés por la pintura también le llevó a seguir muy de cerca la conformación de la colección de la Real Academia de San Fernando, según se desprende de la carta que don Tomás de Azpuru (1770-1772), embajador de España ante la Santa Sede, le envió a Aguirre en 1767 participándole el envío que hacía desde Roma de un cuadro con el tema de Hércules: URREA, Jesús, Relaciones artísticas hispano-romanas en el siglo XVIII, Fundación de Apoyo a la Historia del Arte Hispánico, Madrid, 2006, pp. 189 y 229 (nota 67). 26 El nombramiento de alcalde de Corte está recogido en la Gaceta de Madrid, n.º 13, 29/03/1740, p. 103. El 22 de julio de 1744 fue nombrado vocal de la Junta de apelaciones, que llevaba a cabo el juez conservador de la renta del tabaco de Navarra en casos de fraude; en el mes de septiembre de ese mismo año fue ascendido a oidor del Consejo de Navarra, y un mes después recibió el nombramiento de juez comisario del derecho de la media annata: SESÉ ALEGRE, José M.ª, El Consejo Real de Navarra en el siglo XVIII, Eunsa, Pamplona, 1994, pp. 299-300. En su nombramiento como oidor del Consejo navarro, tenemos constancia de la confianza que el rey tenía “en la suficiencia[,] letras y buena conciencia” del “licenciado D. Tiburcio Phelipe de Aguirre”: AHN, Consejos, Libro 736, fol. 399r. escultórica que Luis Salvador Carmona iniciaba entonces para ornamentar la iglesia de dicha congregación27. Asimismo, y en recompensa por los servicios que habían prestado a la Corona tanto su abuela como su padre, Fernando VI le promovió al Consejo Real y Supremo de las Órdenes Militares, en el que ingresó en 1748 tras alcanzar la cédula de merced del hábito de la Orden de Alcántara el 14 de noviembre de 1747, y el título por cédula de 21 de mayo de 174828. Este mismo año fue nombrado capellán mayor del Real Convento de las Descalzas Reales de Madrid, cargo que desempeñó hasta su muerte en 1767. También se sumaron “el empleo de Sumiller de Cortina” (24 de abril de 1754), que juró el 13 de mayo siguiente; el título de marqués de Fuentehermosa que aparece recogido en el archivo de las Descalzas Reales; y el patronazgo del Real Convento de San Pedro en la villa de Brozas, que debió ostentar desde su designación como ministro del Consejo de las Órdenes Militares29. En este último nombramiento debió mediar la relación que la familia Salcedo había tenido con Extremadura a finales del siglo XVII, cuando don Antonio Ildefonso de Salcedo y Arbizu (†1689), bisabuelo de don Tiburcio, fue 27 IMÍZCOZ BEUNZA, José M.ª, “Los navarros en la Corte. La Real Congregación de San Fermín (1683-1808)”, en GARCÍA GARCÍA, Bernardo J. y RECIO MORALES, Óscar, Las corporaciones de nación en la monarquía hispánica (1580-1750). Identidad, patronazgo y redes de sociabilidad, Fundación Carlos de Amberes, Madrid, 2014, p. 157. Sobre la intervención de Carmona: SAGÜÉS AZCONA, Pío, OFM, La Real Congregación de San Fermín de los Navarros (1683-1961) (Estudio histórico), Gráficas Canales, Madrid, 1963, pp. 168-174; GARCÍA GAÍNZA, M.ª Concepción, Luis Salvador Carmona en San Fermín de los Navarros, Real Congregación de San Fermín de los Navarros, Madrid, 1990, pp. 27-28. 28 CADENAS Y VICENT, Vicente. de, Caballeros de la Orden de Alcántara…, opus cit., p. 24. 29 Su nombramiento como capellán de las Descalzas fue una decisión personal del monarca, el cual se hizo efectivo el 18 de junio de 1748: ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., p. 773; VILACOBA RAMOS, Karen M.ª, El monasterio de las Descalzas Reales y sus confesores en la Edad Moderna, Vision Libros, Madrid, 2013, p. 114. El cargo de Sumiller en AGP, Personal, Caja 12398, Exp. 04, s.f.; y en ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., p. 774. El título de marqués de Fuentehermosa en GARCÍA LÓPEZ, Consuelo, Inventario de los Fondos Documentales de los Reales Patronatos. Tomo I. Archivo del Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid, Patrimonio Nacional, Madrid, 2004, p. 225; y el de patrono del convento brocense en AHN, Clero, Leg. 6243, s.f., 9 de octubre de 1749. 48 Vicente Méndez Hernán (LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017) nombrado caballero alcantarino y gobernador del partido de La Serena30, a la sazón el gran núcleo del señorío de la Orden junto a la villa de Alcántara. Sin embargo, a mediados del siglo XVIII el Real Consejo atravesaba un período de cierta decadencia, situación que se trató de paliar, entre otras medidas, con la puesta al día de los derechos y concesiones reales y papales adquiridos a lo largo de los siglos a fin de procurar una mejor defensa de sus territorios y afianzar la autoridad que ejercía sobre ellos; por tal motivo, entre 1747 y 1749 el Consejo ordenó imprimir las definiciones de la Orden de Calatrava y la Crónica de Alcántara que frey Alonso de Torres y Tapia (1578-1638) había escrito en el siglo anterior y aún se hallaba manuscrita. Fernando VI otorgó la preceptiva licencia para este proceder en noviembre de 1754, cinco años después de haber elevado la solicitud, y el cometido recayó en Tiburcio de Aguirre, quien daría el proceso por concluido en 1763 no sin antes dedicar la edición al príncipe y futuro rey Carlos IV, de quien era preceptor31. También le fue encargada la composición e impresión de los bularios de las órdenes de Alcántara y Calatrava, de lo que se infiere que nuestro personaje “tuvo campo para acreditar su literatura, y prendas” en el Consejo32. En el intento por revitalizar el Real Consejo de las Órdenes Militares hay que situar también el patronato que Tiburcio de Aguirre aceptó ejercer sobre el convento brocense de San Pedro a mediados del siglo XVIII, decisión en la que debió influir el hecho de ser uno de los pocos caballeros alcantarinos que había entonces en el mismo —de hecho, en 1763 era el único33—, 30 ARTIGAS Y COROMINAS, Pelayo, Los Salcedos y los Ríos Progenitores de los Condes de Gómara, Tip. de la “Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos”, Madrid, 1920, p. 13. 31 LÓPEZ DE ZUAZO Y ALGAR, José M.ª; MARTÍN NIETO, Dionisio y MIRANDA DÍAZ, Bartolomé, Estudio crítico de la edición y continuación de la Crónica de la Orden de Alcántara, Parlamento de Extremadura, Mérida, 2014, pp. 92-94; TORRES Y TAPIA, Fr. Alonso de, Cronica de la Orden de Alcantara, En la Imprenta de Don Gabriel Ramirez, Impresor de la Real Academia de San Fernando, Madrid, 1763, t.I, pp. I-IV; BARRANTES, Vicente, Aparato Bibliográfico para la Historia de Extremadura, t.III, Establecimiento Tipográfico de Pedro Núñez, Madrid, 1877, pp. 243-244. 32 El bulario de Calatrava se puso bajo su dirección por el fallecimiento de don Ignacio Ortega, a quien le había sido encargado: ROJAS CONTRERAS, José de, Historia del Colegio…, opus cit., p. 774. 33 BARRANTES, Vicente, Catálogo razonado y crítico de los Libros, Memorias y Papeles, impresos y manuscriy el que dicho convento estuviera situado en la villa de Brozas, al amparo de la protección del castillo donde residía el comendador mayor de la Orden. El monasterio había sido fundado en los años mediales del siglo XVI a instancias de frey don Pedro Gutiérrez Flores, capellán de su majestad, sacristán mayor de la Orden y natural de la villa de las Brozas, tras obtener la licencia que Felipe II le otorgó en Toledo el 10 de mayo de 156134. Durante la primera mitad del siglo XVIII, las monjas habían tenido que hacer frente a diversas vicisitudes y acometer continuos reparos en la iglesia hasta que el rey aceptó hacerse cargo de la fábrica en septiembre de 174435. Ante el avance con el que se desarrollaron los trabajos, la comunidad decidió hacer un nuevo tabernáculo para engalanar el templo y adecentar la exposición del Santísimo Sacramento. La escritura de concierto se firmó el 20 de diciembre de 1747 con el maestro de arquitectura y talla, procedente de Trujillo, Bartolomé Jerez, y se ajustó en un total de 3.000 reales de vellón; los 190 reales que éste recibió el 20 de mayo de 1748 “por gratificación que le hizo la comunidad por la obra de el tabernáculo”, permiten constatar que ya estaba terminado, al igual que el marco de altar por el que recibió 150 reales en la fecha referida. Así lo describía en su carta fray Antonio Calderón y Robles, capellán del convento de San Pedro, cuando se remitió al patrono del mismo con fecha de 9 de octubre de 1749 para comunicarle que las tos, que tratan de las provincias de Extremadura, así tocante á su Historia, Religión y Geografía, como a sus Antigüedades, Nobleza y Hombres Célebres, Imp. y Estereotipia de M. Rivadeneyra, Madrid, 1865, p. 250. 34 Archivo Histórico Provincial de Cáceres (en adelante, AHPCC), Clero, Leg. 5, Exp. 10, s.f., “Escritura de fundación (1561-1747)”. Vid., etiam, ZAPATER, Miguel Ramón, Cister Militante en la Campaña de la Iglesia contra la Sarracena furia. Historia general de las Ilustrisimas, Inclitas y Nobilisimas Cauallerias del Templo de Salomon, Calatraua, Alcantara, Avis, Montesa, y Christo, Por Agustín Verges, Zaragoza, 1662, p. 480. También recoge la referencia sobre la fundación, aunque sin citar la procedencia del documento, CARRASCO MONTERO, Gregorio, “Comendadoras de Alcántara —rama femenina de la Orden— en las Brozas”, en AA. VV., XXXI Coloquios Históricos de Extremadura, C.I.T. de Trujillo, Badajoz, 2003, p. 112. 35 DIEZ GONZÁLEZ, M.ª del Carmen, “Proyecto de restauración de la capilla del Convento de las Monjas Comendadoras para Auditorio Municipal. Brozas (Cáceres). Fases I y II”, en Boletín de Arte, n.º 29, Málaga, 2008, pp. 118-119; ÍDEM, “Propuesta de reforma en la iglesia del convento de San Pedro de Brozas (Cáceres) por Theodosio Magalães”, en Norba. Revista de Arte, Volumen XXVI, Cáceres, 2006, p. 263. 49 Apuntes sobre Tiburcio de Aguirre y Antonio Milón, clientes del Escultor Luis Salvador Carmona, y sus encargos para Brozas y la iglesia del Rosario en el Real Sitio de San Ildefonso monjas habían asumido la ejecución del tabernáculo “en medio de su gran pobreza”, y que no se había podido dorar por la grave falta de recursos que padecían36. Si a esta circunstancia añadimos que el rey ya había acudido en su ayuda haciéndose cargo de la obra de la iglesia, solo nos resta pensar que fue Tiburcio de Aguirre quien costeó la obra de Ntra. Sra. del Socorro. La talla vendría a ser el corolario a un largo proceso de remodelación, y también debió ser un intento por revitalizar una comunidad que entonces se hallaba reducida a las seis monjas que se recogen en el catastro de la Ensenada en 1753, frente a las veintidós religiosas que el convento podía albergar37. En la visita que Manuel Baltasar de Arce y Paredes, cura rector de la iglesia parroquial de Brozas, y frey Francisco Antonio Calderón y Robles, caballero y religioso de la Orden de Alcántara, hicieron al convento en 1750 se recoge una detallada descripción del recién construido tabernáculo, pero no hay referencia alguna a la escultura mariana. Es de imaginar por tal razón que su encargo fue posterior al informe que la comunidad elevó al patrono el 21 de mayo de 1751 dando cuentas del estado en el que se encontraba el convento38; y que dicho ajuste no fue muy posterior a la licencia que el rey concedió en noviembre de 1754 para proceder a la impresión de la Crónica de la Orden alcantarina. Estaríamos hablando, pues, de una horquilla temporal comprendida entre mayo de 1751 y finales del año 1754 o inicios del siguiente, por lo que se confirma plenamente la hipótesis que Martín González aportó en 1990 sobre la datación de la pieza, que situaba en torno a 1750 y en plena correspondencia con las esculturas de la Virgen del Rosario conservadas en la parroquia vergaresa de Santa Marina (Vergara, Guipúzcoa, 1742) y la iglesia navarra de Santesteban (1746 o 1752); la Asunción de Serradilla (Cáceres, 1749); o la tardía escultura 36 AHN, Clero, Leg. 6243, s.f., escrituras 20 de diciembre de 1747; 20 de mayo de 1748; y 9 de octubre de 1749. 37 Archivo General de Simancas, Catastro de la Ensenada, Respuestas Generales, Libro 136, f. 225r, 11 de mayo de 1753. La capacidad del convento la tomo de CARRASCO MONTERO, Gregorio, “Desamortización del Real Convento de San Pedro de las Comendadoras del hábito y caballería de la Orden de Alcántara en la encomienda mayor de las Brozas (Cáceres)”, en Memoria Ecclesiae, Volumen 23, Madrid, 2003, p. 372. 38 AHN, Clero, Leg. 6244, foliado en parte, Visita de 1750, fechada el 27 de noviembre de 1750, ff. 116v-118r; y escritura de 21 de mayo de 1751. de Ntra. Sra. del Patrocinio (1765) conservada en el santuario de Loyola (Guipúzcoa)39. Tiburcio de Aguirre acudió para ello al taller de Luis Salvador Carmona, a quien debía conocer muy bien porque ambos estuvieron presentes en el proceso de creación de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Ambos figuran en la real orden por la que Felipe V sancionó su creación el 12 de abril de 1752, nombrando a Tiburcio de Aguirre entre los seis consiliarios —el “alma”— de la misma y a Luis Salvador teniente director de escultura (1752-1765). El protagonismo que tuvo nuestro personaje en la creación de la Academia se justifica por su amplio bagaje cultural, y se desprende del activo papel que jugó en la elaboración de los estatutos de 1746, y del hecho de haber sido uno de los miembros honoríficos del proyecto que el crítico y escritor Ignacio Luzán (1702-1754) redactó en 1750 para su creación40; un papel protagonista que siempre desempeñó mirando hacia la Corona41. La im39 Un estudio de la escultura, a partir del trabajo citado de Martín González, en TORRES PÉREZ, José M.ª, “Bartolomé de Jerez y Luis Salvador Carmona en el retablo de la iglesia parroquial de Brozas (Cáceres)”, en Norba-Arte, Volumen XVI, Cáceres, 1996, pp. 397-400. 40 BÉDAT, Claude, La Real Academia…, opus cit., pp. 6869 y 182, donde se recogen los nombramientos; p. 75, en lo que respecta a la elaboración de los estatutos; y p. 70, para el proyecto de Ignacio Luzán. Teniendo en cuenta la experiencia e influencias que Aguirre tenía, en diciembre de 1764 le fueron enviados, por su sobrino el IV marqués de Montehermoso y el conde de Peñaflorida, los estatutos de la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País (en adelante, RSBAP) para que realizara las gestiones necesarias en orden a su aprobación por el rey (1765), convirtiéndose de este modo en el impulsor de iniciativas que fueron claves para la consolidación de la institución, como la publicación del Ensayo de 1766 que citamos a continuación y donde consta el papel que jugó en la aprobación de los estatutos; por todo ello, fue nombrado socio protector de la Sociedad en 1765, recibiendo sus elogios: Ensayo de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País. Año 1766, por Thomás de Robles, Vitoria, 1768, s/p.; ORTÍZ DE URBINA MONTOYA, Carlos, “Amistad, jerarquía y exclusión en los primeros años de la Sociedad Bascongada de los Amigos del País”, en Boletín de la RSBAP, Volumen LXII.2, San Sebastián, 2006, pp. 349 (y nota 18), 352 y 361 (donde recoge el nombramiento como socio protector el 18 de abril de 1765). Vid., etiam, URDIAIN MARTÍNEZ, M.ª Camino, Catálogo del fondo prestamero. Archivo del territorio histórico de Álava (ATHA), RSBAP, Vitoria, 1996, p, 116, §175.9, donde consta la referencia archivística sobre el Elogio a la memoria de Tiburcio de Aguirre. 41 Sobre el instrumento que suponía la Academia en el organigrama político de la monarquía, y la sujeción de Aguirre a la Corona, véase LEÓN TELLO, F.co José 56 Vicente Méndez Hernán (LIÑO 23. Revista Anual de Historia del Arte. 2017) Miloni como también figura en las fuentes− se había convertido en un hombre muy cercano para la reina, y esa plena confianza justifica incluso que llegara a asistir al propio Felipe V en su lecho de muerte, al que apretó su mano y absolvió en los minutos previos a su fallecimiento67. La historiografía de las tallas que costeó Antonio Milón es singular y hasta llamativa. Eileen A. Lord las dio a conocer en 1953 y las atribuyó a la gubia del artista, mientras que ese mismo año González Palencia publicaba su Colección de Documentos sobre Madrid y la carta de pago que el escultor otorgó por ambas piezas68. Sin embargo, y a pesar del tiempo transcurrido, la crítica histórico-artística nunca ha puesto en relación ambas publicaciones, en las que tampoco se hacía mención, respectivamente, ni a la documentación ni tampoco a la existencia de las obras. Según la carta de pago que el artista rubricó en Madrid el 23 de junio de 1758, ambas esculturas le habían sido encargadas por orden de don José Sánchez Aula, “prebendado de la Insigne y Real Colegiata”, a través de Juan Bartolomé, vecino de San Ildefonso69. Se trataba de “dos imágenes, la una de Ntra. Sra. del Pilar y la otra de San Francisco Xavier, que se colocaron en la parroquial del mismo sitio”, a cuya cuenta el otorgante ya tenía recibidos 3.000 reales de vellón; “y aunque estaba (…) en que las había ajustado en mayor cantidad, habiéndose ofrecido varios debates y dudas, y mediado personas a quienes ha deseado complacer, se ha convenido y ajustado en la cantidad de seis mil reales de vellón”. Los 3.000 reales que restaban para completar el pago le fueron entregados “de orden del Ilmo. señor 67 Así consta en el manuscrito titulado Epitome de la vida y costumbres[,] muerte y entierro de el Catholico Monarca D. Phelipe Quinto, BNE, Mss/10.818/30, fol. 7r. Citado por PÉREZ SAMPER, M.ª Ángeles, Isabel de Farnesio, Plaza y Janés, Barcelona, p. 408, nota 566. La referencia a la foliación del manuscrito es nuestra. 68 LORD, Eileen A., Luis Salvador…, opus cit., pp. 24-25 y 27; GONZÁLEZ PALENCIA, Ángela, Colección de Documentos…, opus cit., pp. 573-575, donde se incluye la transcripción de la escritura otorgada ante el escribano madrileño Mateo Álvarez de la Fuente, Leg. 17620, fol. 255r y ss. 69 Juan Bartolomé también figura en la correspondencia entre Luis Salvador Carmona y las hermandades de la iglesia del Rosario, en La Granja. La transcripción íntegra de las cartas en MARTÍN GONZÁLEZ, Juan J., Luis Salvador Carmona…, opus cit., pp. 96-100. Don Antonio Milón López, arzobispo de Edesa, abad de dicha Real e Insigne Collegiata y confesor de la Reina viuda nuestra señora”70, a través de Domingo Antonio Gorriti, también vecino de San Ildefonso y hombre de confianza para nuestro personaje según se desprende de su testamento71. Eileen Lord propuso para ambas tallas una cronología situada entre 1745 y 175072, que sugerimos posponer al menos hasta 1751/52 por las referencias aducidas, y también teniendo en cuenta el retraso en la liquidación del pago por ambas esculturas. Y un último apunte. Como ha señalado la crítica histórico-artística en varias ocasiones, el San Francisco Javier de La Granja es prácticamente una réplica del que hizo Luis Salvador para la Real Congregación de San Fermín de los Navarros en 1746, escultura que fue destruida en el transcurso de la última contienda nacional y hoy es conocida a través de la fotografía del archivo Moreno73. Como argumentó Sagüés Azcona, esta obra fue, muy probablemente, una donación de don Francisco de Indaburu y Borda, quien había ingresado en la Congregación en julio de 1736, y era a la sazón tesorero de Isabel de Farnesio desde octubre de 1748, un desempeño para el que Carlos III le ratificó en 175974. Si tenemos en cuenta el vínculo que la reina tenía con la citada iglesia del Rosario y con Antonio Milón, es posible establecer la conexión entre ambas tallas y justificar así el modelo que Luis Salvador Carmona utilizó para realizar el San Francisco Javier destinado al Real Sitio de San Ildefonso; una elección en la que debió mediar de algún modo el tesorero de la parmesana, aunque sin duda el nexo de unión entre ambas esculturas fue la propia Isabel de Farnesio. 70 GONZÁLEZ PALENCIA, Ángela, Colección de Documentos…, opus cit., p. 574. 71 Antonio Milón también le nombró entre sus albaceas y testamentarios, y afirmaba tener depositado en su poder “alguna cantidad y de que tengo papeles de resguardo”: AHPM, escribano Mateo Álvarez de la Fuente, Leg. 17622, fol. 59v. 72 LORD, Eileen A., Luis Salvador…, opus cit., pp. 24-25. 73 Fototeca del Instituto del Patrimonio Cultural de España, Archivo Moreno, n.º de inventario 35831-B. 74 SAGÜÉS AZCONA, Pío, OFM, La Real Congregación…, opus cit., pp. 168 y 180 (y nota 38). Las fechas en las que desempeñó el cargo de tesorero de la parmesana las tomo de CASTELLANO DE GASTÓN, Gaspar, “Mujeres baztanesas en la corte (siglo XVIII)”, en Príncipe de Viana, Volumen 254, Pamplona, 2011, p. 304.