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3 vol 67, January the 17th 2025 ISSN on-line: 1139-7365 © The author(s) © of the edition: on the w@terfront. Universitat de Barcelona Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez *Cròniques de ciutats discontínues: Francesco Careri i Ciudad Juárez **Chronicles of discontinuous cities: Francesco Careri and Ciudad Juárez. Rebut/ Received /Recibido:27/02/2024 Avaluat / Peer reviewed / Evaluado: 24/10/2024 Publicat / Published / Publicado: 17/01/2025 Licence Com citar/ How to quote/ Como citar/ Comment citer/ Come citare Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia. “Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez”. On the w@terfront. Barcelona. Universitat de Barcelona vol. 67, p. 3-38. [ISSN on-line: 1139-7365]. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 Carles Méndez Llopis Departamento de Dibujo Centro de Investigación Arte y Entorno Universitat Politècnica de València. [email protected]om ORCID https://orcid.org/0000-0003-4401-1791 Hortensia Mínguez García Departamento de Dibujo Centro de Investigación Arte y Entorno Universitat Politècnica de València. hortemingue[email protected] ORCID https://orcid.org/0000-0002-8531-4572
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 4 Resumen En agosto de 2019, Francisco Careri visitó Ciudad Juárez –una población al norte de México, colindante a El Paso (Tx.)– para impartir el taller “El caminar como práctica estética” y mapear psicogeográficamente el espacio urbano de esta localidad. Ciudad Juárez es frontera con Estados Unidos, es industrial y americanizada, con un urbanismo horizontal diseñado para automóviles que la hace de difícil lectura. Sin embargo, lo que en un principio pudiera plantearse como un problema arquitectónico tradicional –lugares indeterminados, ignorados o vacíos— para Careri implicaba la posibilidad de poner en práctica un enfoque participativo de la urbe, de dirigir el taller hacia una transformación espacial y simbólica que respondiera a las necesidades y deseos de sus comunidades, de quienes habitaban dichos espacios. Durante el último cuarto de siglo, este reconocido arquitecto –y su Laboratorio de Arte Urbano Stalker/Observatorio Nómada (1995)— ha empleado dos instrumentos creativos diferentes para relacionarse con el espacio público más allá de los estudios de arquitectura y urbanismo convencionales: el caminar y el detenerse. Así, dirigidos a las sucesivas caminatas permitieron leer la ciudad de forma participativa, habitarla en ciertos momentos, para proyectar simbólicamente sus diferentes construcciones. Al proponerlos como modo de búsqueda, se estimulan capacidades creativas y colectivas que transforman aquello que se transita: cada jornada supuso tomar lúdicamente la ciudad, yuxtaponer dimensiones narrativas, sumar relatos y vivencias de los sujetos que la viven y comparten, para pasar a considerarla como un espacio relacional de intercambio, complejo y multidimensional. Al finalizar la experiencia, Careri concedió una entrevista que sirvió de herramienta para configurar el presente texto, para trascender el mero registro de vivencias e ir delimitando respuestas posibles a la pregunta ¿qué es hacer ciudad? Exponer, en última instancia, un territorio que es, simultáneamente, arquitectónico y político, informe y plural, artificial y público, conflictivo y compartido, emancipado y apropiado, etc. De este modo, más allá de atestiguar simplemente el encuentro con Ciudad Juárez, tanto el taller como sus reflexiones, abrieron la posibilidad de cartografiar su anatomía y dimensionar su materialidad, de entender los diferentes sistemas de poder en la urbe –al mismo tiempo que sus resistencias—, de visibilizar sus violencias y de recuperar la convivencia a través de la activación de su ciudadanía. Gracias a esta práctica fenomenológica surgieron nuevas lecturas y experiencias de dicho entorno al considerar el espacio desde perspectivas emocionales que lo dotaron de significaciones estéticas. Así, el texto, aporta métodos para un análisis espacial muy concreto de la ciudad, uno alimentado por la clave narrativa que –fuera de la oficialidad— la construye estéticamente al recorrerla. Palabras clave: Ciudad Juárez, caminar, práctica estética, Francesco Careri, narrativa urbana, construcción del espacio. Resum L’agost del 2019, Francisco Careri va visitar Ciudad Juárez –una població al nord de Mèxic, confrontant a El Paso (Tx.)– per impartir el taller “El caminar com a pràctica estètica” i mapejar psicogeogràficament l’espai urbà d’aquesta localitat. Ciudad Juárez és frontera amb els Estats Units, és industrial i americanitzada, amb un urbanisme horitzontal dissenyat per a automòbils que la fa de difícil lectura. No obstant això, el que al principi pogués plantejar-se com un problema arquitectònic tradicional –llocs indeterminats, ignorats o buits— per a Careri implicava la possibilitat de posar en pràctica un enfocament participatiu de l’urb, de dirigir el taller cap a una transformació espacial i simbòlica que respongués a les necessitats i desitjos de les seves comunitats, de qui habitaven aquests espais. Durant l’últim quart de segle, aquest reconegut arquitecte –i el seu Laboratori d’Art Urbà Stalker/Observatori Nòmada (1995)– ha fet servir dos instruments creatius diferents per relacionar-se amb l’espai públic més enllà dels estudis d’arquitectura i urbanisme convencionals: caminar i aturar-se. Així, adreçats a les successives caminades van permetre llegir la ciutat de forma participativa, habitar-la en certs moments, per projectar simbòlicament les diferents construccions. En proposar-los com a mode de cerca, s’estimulen capacitats creatives
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 5 i col·lectives que transformen allò que es transita: cada jornada va suposar prendre lúdicament la ciutat, juxtaposar dimensions narratives, sumar relats i vivències dels subjectes que la viuen i comparteixen, per passar a considerar-la com un espai relacional dintercanvi, complex i multidimensional. En acabar l’experiència, Careri va concedir una entrevista que va servir d’eina per configurar aquest text, per transcendir el mer registre de vivències i anar delimitant possibles respostes a la pregunta què és fer ciutat? Exposar, en darrer terme, un territori que és, simultàniament, arquitectònic i polític, informe i plural, artificial i públic, conflictiu i compartit, emancipat i apropiat, etc. D’aquesta manera, més enllà de testificar simplement la trobada amb Ciudad Juárez, tant el taller com les seves reflexions, van obrir la possibilitat de cartografiar-ne l’anatomia i dimensionar-ne la materialitat, d’entendre els diferents sistemes de poder a l’urb –al mateix temps que les seves resistències—, de visibilitzar les seves violències i de recuperar la convivència a través de l’activació de la ciutadania. Gràcies a aquesta pràctica fenomenològica van sorgir noves lectures i experiències de l’entorn esmentat en considerar l’espai des de perspectives emocionals que el van dotar de significacions estètiques. Així, el text aporta mètodes per a una anàlisi espacial molt concreta de la ciutat, una alimentada per la clau narrativa que –fora de l’oficialitat– la construeix estèticament en recórrer-la. Paraules clau: Ciudad Juárez, caminar, pràctica estètica, Francesco Careri, narrativa urbana, construcció de l’espai.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 6 Introducción. Las narraciones de la ciudad Paradoja de la frontera: creados por los contactos, los puntos de diferenciación entre dos cuerpos son también puntos en común. La unión y la desunión son indisociables. De los cuerpos en contacto, ¿cuál de ellos posee la frontera que los distingue? Ni uno ni otro. Es decir: ¿nadie? Michel de Certeau, La invención de lo cotidiano (2000, p.139) Ciudad Juárez es una ciudad fundada en 1659 situada al norte de México, en el estado de Chihuahua, a orillas del Río Bravo. Al otro lado del río, se encuentra territorio estadounidense –la ciudad de El Paso (Texas)—por lo que, esta urbe, ejerce de frontera que intercambia diariamente múltiples servicios, materiales y dificultades con su vecino del norte, además de acumular aquellas problemáticas propias del país y las vicisitudes de localizarse como límite político entre dos países.1 Su crecimiento florece al inicio del siglo XX (Martínez, 1982; Flores Simental, 1995) –sobre todo, desde la llegada del ferrocarril— al nutrirse de oleadas migratorias al calor del bracerismo y se consolida con la llegada de las maquiladoras en la década de los sesenta:2 “La llegada de la industria maquiladora vino a cambiar toda la estructura económica y social de Ciudad Juárez. Las empresas norteamericanas invirtieron sus capitales y desarrollaron la industria del ensamblaje.” (Stern, 2007, p.101). Sin embargo, pese a ser –aún hoy— uno de los mayores centros económicos e industriales del país, sigue sufriendo escenarios de violencia estructural en los que prevalece la impunidad y el desorden, por lo que se la ha llegado a llamar ciudad serial o laboratorio (ya que los sucesos que acontecían en ella se extendían rápidamente al resto del país). De hecho, los referentes de esta ciudad a nivel internacional se configuran desde la violencia social y el señalamiento constante de los crímenes de lesa humanidad cometidos a lo largo de su historia contemporánea. Fenómenos como el feminicidio, la tortura y homicidios violentos se exacerbaron en la llamada guerra contra el narcotráfico en el mandato del expresidente Felipe De Jesús Calderón Hinojoza (2006-2012), en cuya administración se le llegó a etiquetar como la ciudad más violenta del mundo.3 Habitar la frontera inyecta a sus ciudadanos una cultura híbrida que, si bien toma ciertos orígenes identitarios del propio país, embebe de la cultura estadounidense y la influencia del valor del dólar en la vida cotidiana. La numerosa inmigración proveniente del sur con la intención de cruzar el borde dibuja una gran cantidad de población flotante con condición 1 Históricamente, este intercambio no ha beneficiado a ambos países por igual, pero “ha permitido una serie de transacciones e hibridaciones culturales, así como el surgimiento de figuras meramente fronterizas” (Méndez, 2016, p.179). 2 Los avances en las comunicaciones y transportes y, sobre todo, la construcción del ferrocarril en 1884 contribuyó decididamente al desarrollo del norte de México y a impulsar la economía local. Tras el crecimiento comercial y la relevancia de la zona fronteriza en 1888 se emite el decreto que cambiará el nombre de la Vila Paso del Norte por el de Ciudad Juárez y dotó a la localidad de ciertos servicios públicos como alumbrado, drenaje, pavimentación o electrificación. Pasados los primeros años del siglo XX y su papel en el movimiento revolucionario, fue afectada por la Segunda Guerra Mundial, ya que Estados Unidos, tras su incursión militar al frente necesitó de gente (brazos) que se incorporara al sector productivo. Ciudad Juárez se convirtió en el lugar de paso de miles de mexicanos que cruzaron para trabajar de braceros. Pero será la llegada de las maquiladoras a finales de los años sesenta las que culminarían el Programa Industrial Fronterizo (PIF) de 1965, plantas de ensamblaje de procedencia extranjera que se veían atraídas por la mano de obra relativamente barata. Esta situación perfiló un tipo de estructura y carácter urbano que aún se replica en la actualidad. 3 Precisamente, por la resiliencia demostrada tras dichas circunstancias el Ayuntamiento decidió nombrarla oficialmente Heroica Ciudad Juárez en 2011.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 7 de “pasante”. En la actualidad, la ciudad sobrepasa el millón de habitantes y los problemas de inmigración, el aislamiento de zonas precarizadas, la desatención a ciertas latitudes y la focalización de la inversión institucional en la economía e intereses empresariales sigue vigente. En una ciudad confeccionada para el vehículo, donde el transeúnte tiene pocas vías de acceso y el clima extremo no da muchas oportunidades de vivir a la intemperie en períodos prolongados, es difícil caminar. “Ciudad Juárez es una ciudad fronteriza que comparte cerca de 51 km de línea divisoria y 30 km de “bordo”, aproximadamente, el cual es un lugar entre lugares, un sitio de espera, un lugar de apropiación, un sitio de cruce, un lugar de paso para peatones y ciclistas, para migrantes hacia el otro lado, un testigo de cambios geopolíticos entre ambos países” (Ceniceros y Méndez, 2020, p.9). Y a este contexto arribó Francesco Careri en agosto de 2019 para impartir durante una semana el taller “El caminar como práctica estética”4 y desarrollar el andar colectivamente como método activador de territorios y espacios que, en esta ciudad, fueran indeterminados, vacíos, olvidados o considerados una problemática arquitectónica. Una visión, que toma la disciplina arquitectónica como una acción urbana participativa para transformarlos a partir de aquellos que buscan habitar dichos lugares. Francesco Careri es arquitecto y profesor investigador del departamento de arquitectura de la Università Roma Tre, pero es conocido por fundar el Laboratorio de Arte Urbano Stalker/Observatorio Nómada5 en 1995. En octubre de ese año realizaron su primera deriva iniciática de 5 días caminando y durmiendo a la intemperie. De hecho, a día de hoy sigue caminando –quizás deteniéndose más– para ver esa arquitectura sin construcción, sin objeto, de la que tanto ha escrito desde entonces. Gilles A. Tiberghien presentaría a Francesco Careri en Walkscapes (2014) como un rara avis dentro de la arquitectura, que ha continuado, junto al colectivo Stalker, la estela de las investigaciones urbanas de Dadá y los situacionistas a fin de transformar la sensibilidad de las sociedades en su espacio a través del recorrido, que sirve de conocimiento e interpretación del territorio. Tanto él como Lorenzo Romito han edificado una columna histórica y teórica desde 1996 que, sin embargo, subraya “su carácter no dogmático y de su función esencialmente heurística” (p.8). Así, esta práctica del andar renovó la lectura tradicional de nuestra relación con nuestro alrededor hacia una consideración más emocional y fenomenológica, al tiempo que refrescó las herencias de los estudios espaciales desde la historia del arte y la dotación semiótica a dichas prácticas artísticas. Ha dedicado en innumerables ocasiones largas caminatas a las ciudades, a esas zonas de las urbes que no tienen ciudad –tal y como la conocemos–, para ubicar aquellos espacios que no se pueden definir fácilmente si no los vivimos. Para leer la ciudad actual es indispensable para Careri un erranbundeo que 4 Su estancia en Ciudad Juárez (México) consistía en la realización de un curso-taller de 20 horas del 26 al 30 de agosto de 2019, en el que se realizaron 5 derivas por la ciudad con la finalidad de mapear psicogeográficamente el espacio urbano. Del mismo modo, Francesco Careri realizó el 27 de agosto la conferencia inaugural de la Semana Internacional de Arquitectura y el 4º “[Re] imaginando la ciudad desde el borde”, que tituló “Walkscapes. El andar como práctica estética”. 5 Stalker inicia formalmente en Roma como colectivo a mediados de los años 90, con Francesco Careri, Aldo Innocenzi, Romolo Ottaviani, Giovanna Ripepi, Lorenzo Romito y Valerio Romito. A partir de 2002 conforman Osservatorio Nomade (ON) junto a arquitectos, artistas, activistas e investigadores que trabajen diferentes situaciones en el espacio. Para mayor información se puede revisar sus diferentes sitios: http://www.osservatorionomade.net/ o http:// www.stalkerlab.org/
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 8 genera “transurbancias”6, precisamente porque el “andar pone también de manifiesto las fronteras interiores de la ciudad, y revela las zonas identificándolas” (p.11) Como veremos, resulta de urgencia dicha perspectiva cuando el mundo, en la actualidad –metafórica, pero también territorialmente hablando–, está siendo dominado por las ciudades, que lo van tapizando cada vez más en extensión. En esta tesitura colonizadora, sería lógico, preguntarse –así como el Marco Polo de Calvino (2005) – por las razones que nos llevan a vivir en ellas sin dejar casi espacio a lo demás. Preguntarse, si cabe, por esa decisión de unirse al “enjambre”, a la vez que deseamos alienarnos del resto, dejándonos llevar, atraídos por la incapacidad de recordar y conocer a todos a quienes vemos en nuestro día a día. Pero también el espacio urbano ubica, dentro de unas fronteras específicas, interesantes condiciones de existencia y formas de habitar de una población. De hecho, si circunscribiéramos la arquitectura dentro del espacio heideggeriano, la proyectaríamos como productora de lugares antes desconocidos, no tanto como una fuerza técnica sobre dicho espacio sino “como una producción simbólica que manifiesta nuestra propia existencia.” (Masís, 2018, p.138). Más que construcción material –que también– la ciudad se precipita entonces como una condensación de espacio habitable, donde se amalgama esa materia con lo vivencial como dos acciones inseparables de un mismo momento relacional que conforma lo urbano (y lo humano): el origen del relato de una ciudad congrega los relatos de los ciudadanos que la configuran, escribiendo conceptos en los ladrillos. Así, pensar el espacio urbano desde su dimensión narrativa nos permite, por un lado, visualizarlo a partir de dichos relatos y vivencias de los sujetos, quienes dan lugar – existencia y sentido del espacio–; y por otro, nos abre a visiones más complejas e interpretativas –más allá del espacio impersonal propuesto en la mayoría de las ciudades–, que contemplan el habitar como un intercambio e interrelación. Esto precisamente es lo que inclina a la misma arquitectura a fungir como activador colectivo cuyo problema primario –como apuntaba Derrida en 1986 (Gardinetti, 2014)– es la cuestión de tener lugar, del habitar como acontecimiento. Así que tendría más sentido en este punto hablar como Solá-Morales (2008) de “las cualidades urbanas de las cosas, de la urbanidad de las cosas urbanas” (p.143) y, en sintonía con la problemática de hacer lugares, acercarse progresivamente a su pregunta de ¿qué es hacer ciudad? O más bien, buscar cuestionársela a cada momento para considerar la maraña del sesgo histórico y la carga sociopolítica que se arrastre. Esta posición resume la ciudad como una informidad terriblemente compleja y multidimensional, como acota Duch (2015), contempla una “espaciotemporalidad polifónica” (p.375) conformada por múltiples relatos, intereses y visiones. Señala un territorio que, teniendo como condición esas narrativas que señalamos, supone a su vez una “pluralidad de actores que cuestionan cada uno de los espacios de la vida social.” (Lezama, 2002, p.372). Por lo que hacer ciudad se acerca, en algún caso, a poner en práctica social y colectiva aquellos espacios artificiales y públicos que la edifican, y hacerlo además, a partir de una serie de operaciones lingüísticas y visuales que, en su juego simbólico, demarcan y ubican los contenidos temporales de dicho espacio: el ciudadano no puede estar separado de su experiencia de la ciudad, que se convierte en “un espacio “conflictivo”, alimentado de escenarios compartidos llenos de superposiciones 6 Caminatas con recorridos a la deriva que sean capaces de leer el sistema de espacios vacíos entre los pliegues de la ciudad.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 9 semánticas, con vocabularios y sensibilidades tan diversas como miradas lo construyen.” (Méndez, 2015, p.7). En este sentido, más que hablar ciudad como territorio, cuando Careri pone en práctica su metodología la reconduce a una interrelación de territorializaciones, donde coexisten diferentes apropiaciones del espacio público en heterogéneas dimensiones que lo reclaman (Delgado, 2007) y en el que deben negociar sus disonancias y pluralidades. Caminar en este punto será exponer dichas negociaciones, significará indagar acerca de la autonomía y emancipación de estas pluralidades pensándolas bajo el paraguas del esquema urbano. Será revisar la arquitectura en su oficialidad7, en su representación de una lógica jerárquica, de valores específicos articulados para normalizar a los individuos bajo sistemas de sumisión que no son “visibles y explícitos […sino…] mucho más disimulados” (Guattari y Rolnik, 2006, p.28). Regímenes políticos que disponen espacial, social, cultural y arquitectónicamente sus intereses en función de la obtención de ciertos beneficios respecto de otros. En este sentido, y admitiendo la dificultad de resistirse a algo en lo que estamos sumergidos, retomaremos la idea anterior a fin de concretar el relato, generado a través del caminar, como instrumento que nos ofrezca un intercambio simbólico y redescubrimiento poético del espacio, que –al relacionarnos con él– nos ayude a superar sus limitantes físicas y el significado heredado. Cambiar el relato es cambiar el espacio. De este modo, lo que sigue busca fundamentalmente adentrarse en dos veredas –siguiendo la metáfora caminante– que surgen de esta visita de Francisco Careri a Ciudad Juárez y una entrevista que se le realizó el 1 de septiembre de 2019: por un lado, interrelacionar el establecimiento ideológico y político de caminar como otra forma de hacer arquitectura, con la pedagogía crítica desempeñada por Careri en su curso Artes Cívicas en la Università Roma Tre; y por el otro, ubicar a esta ciudad y tejer sus realidades fronterizas a partir de los recorridos que se trazaron a lo largo del muro que la separa de la estadounidense El Paso (Tx.). 1. Del aprender a saludar. La deriva como arte del encuentro, donde la arquitectura no se vacía Ya decía Saramago en su Viaje a Portugal (2007) aquello de: “Viajar debería ser cosa de otro concierto, estar más y andar menos, tal vez incluso debiera instituirse la profesión de viajero sólo para gente de mucha vocación, que mucho se engaña quien piense que sería trabajo de pequeña responsabilidad, cada kilómetro no vale menos de un año de vida.” (p.18). Francesco Careri propone nuevas significaciones a ras de suelo, es un caminante profesional, un cazador silencioso de espacios. Como su colectivo, es un stalker. No vaga sin rumbo –como la entregada pasividad al influjo de la ciudad del flaneur8–, realiza “viajes 7 Nos referiremos a la oficialidad arquitectónica para señalar a los modelos arquitectónicos establecidos históricamente para una ordenación de los habitantes y que, en nuestra perspectiva, no comprenden en su mayoría los procesos socioculturales ni la memoria colectiva materializada en el espacio de la ciudad (Ríos-Llamas, 2018). Consideramos junto con Londoño (2011) que dichas construcciones por sí mismas no respetan las transformaciones simbólicas que otorgan densidad y relatos a los lugares. 8 El término flâneur fue recuperado en el París del XIX y detallado por poeta Charles Baudelaire en El pintor de la vida moderna (2021) para describir al arquetípico paseante que deambula en solitario, que propone al paseo urbano como fin en sí mismo, un personaje que no se dirige a ningún lado, provocando el perderse por la ciudad de la Revolución Industrial, por entonces, en su incipiente modernización. Es alguien que se diluye entre la multitud para observar la ciudad apasionadamente, para leerla como un investigador cuya actividad es vagar por las calles interactuando en ellas amparado por el anonimato, un caminante sin rumbo que produce una visión diferente de aquello que se tiene
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 10 hechos con un objetivo, con los ojos abiertos y sin compromisos. El stalker era nuestro modelo: caminatas hechas con un propósito, sin perder el tiempo, sin deambular […] El stalker es un caminante que sabe muy bien lo que está haciendo, aunque no sabe cómo ni por qué.” (Crivelli, 2016, p.52) En estos términos, cualquier caminata –cualquier viaje– puede ser iniciática, y todo comienza con la decisión de hacer y sostener las consecuencias que el trayecto importe a nuestra vida. Careri (2016) construye y relata significaciones especiales al acto de caminar, pero en esta producción se identifica la necesidad de detenerse también, en un tándem entre seguir y no seguir. Entendiendo que caminar no es un proceso cerrado sino algo que madura al navegar, al avanzar, y que detenerse pudiera considerarse como esa ancla que puede dar acceso al otro, nos decidimos a preguntar qué rango de necesidad cubre una y otra para él, así como la relación que establece entre ambas: “Andar y pararse van juntas, forman parte de la misma operación. El libro se llama así, entonces sí lo he pensado. Me gustan las dos cosas, pero siempre tengo energía: Cuando estás demasiado en un lugar, la inquietud de querer irte, y cuando estás andando la curiosidad de pararse para ver las cosas. Y como trabajo, me interesa más detenerme y comprender cómo hacer un trabajo de intervención, que tiene una duración. Por eso los proyectos que siempre muestro son los proyectos de Roma, donde son años y años de trabajo” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019). ¿Crees que el deseo de detenerse tenga relación con tu experiencia caminante? “No, es que si quieres cambiar un poco las cosas tienes que parar, y trabajarlas. Sí, caminar es más bien un placer, un lujo, un descubrimiento, pero para llegar a otro nivel e intentar transformar la ciudad, las cosas, lo tienes que hacer con más tiempo, duración, haciendo relaciones con los que están ahí, con los habitantes, con el poder…bueno, es mucho más complejo” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019). Las derivas de Francesco Careri ponen en duda precisamente la oficialidad arquitectónica y la urbe homologada porque tocan el espacio, comparte la deambulación primigenia de los walkabout aborígenes o de los survey walks en los pliegues de la ciudad que sintonizaba Patrick Geddes, que le sirven de herramienta de conocimiento fenomenológico y emocional. Pudiéramos acercarnos dentro de estas instantáneas a una concepción diferente de “los caminares”, como si habláramos de diferentes prácticas que articulan métodos y actitudes diferenciadas. La pregunta sería: ¿qué diferentes modos de caminar son de tu preferencia? “No lo sé, a mí me gusta cuando se puede, ¿cómo se dice? penetrar el espacio sin miedo, bueno, con un poco de miedo, pero no que te estás poniendo en un peligro de narcos o de mafia.” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019). como la vida civil prototípica. Esta figura ha sido abordada por múltiples autores, desde Walter Benjamin (2005) a David Harvey (1990), considerado en el poso teórico y práctico de la Internacional Situacionista de Guy Debord (1976) o revisitado a partir de los análisis feministas con la experimentación del espacio público de las flâneuses a través de Janet Wolff (1985) o Anna Mª Iglesia (2019), entre muchos otros.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 11 ¿Quieres decir con adrenalina? “Sí, a mí me gusta verdaderamente entrar en el espacio privado, cuando puedo entrar, también en las casas de la gente, cuando puedo cerrar la puerta y leer que la gente se asusta, y luego entras, y le dices que no puedes huir por la puerta porque hay reglas9 y no puedes volver hacia atrás y entonces quieres salir por la ventana, o que te abra una puerta de atrás o de saltar su muro para continuar. Esto normalmente lo hacemos…acá [en Juárez] esto no lo hicimos porque tenía un poco de miedo, pero fuimos andando hacia la casa de adobe. Encontramos una casa redonda como esfera, de madera, y entonces quise hablar con quien estuviera dentro y llamamos un poco. Entramos en la casa, el tipo era muy simpático y se la había construido él. Y era como…, él venía…no me acuerdo de la ciudad, pero era una zona maya y dijo que empezó a construirla acordándose de cómo su padre había construido su casa. Entonces tenía un pilar en el centro y una biga en forma de… como paraguas, como palapa. Esta ha sido la única vez que penetramos en el espacio privado y hemos tenido un encuentro con alguien. En Canadá esto lo hicimos muchas veces, pero es que los estudiantes con los que estaba eran muy… les gustaba, pero ellos sabían que lo iban a pasar bien, que no había problemas. En Lima lo hicimos preguntando si podíamos utilizar el baño y la gente nos abrió la casa y entramos” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019) 9 En esta respuesta, Careri hacer referencia al curso peripatético de “Artes cívicas” que realiza desde el 2005 en la Facultad de Arquitectura de Roma Tre y con el que más adelante nos detendremos a detalle. Con el curso se construyen recorridos y relaciones como mecanismo del pensamiento para mejorar la ciudad y la coexistencia de sus habitantes. Como veremos, se junta el proceso de generación de conocimiento con la acción de transformar política y poéticamente la urbe, para que los cuerpos tomen posición y creen relatos al deambular y participar en el espacio social. Figura 1. Planisferio Roma. Stalker Attraverso. Territori attuali, Roma 5-8 de octubre de 1995. Imagen cortesía del autor.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 18 narración.” (p.176) Considerar la relevancia de acceder al espacio público, requiere concretar una disciplina más adaptada a la vida –y no a la inversa– ¿quiere decir que es preferible observar y analizar cómo la ciudadanía practica el espacio a preguntarle qué quiere? “Sí [saber detectar estos espacios], pero el arquitecto debe contener su ego, sobre todo, el primer paso, no tener tu marca, tu huella, tu firma.” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019). Esto es precisamente lo que Francesco Careri pone en práctica desde 2005 con su curso Arti Civiche (Artes cívicas) en la Facultad de Arquitectura de Università Roma Tre, titulado así en homenaje a Patrick Geddes16. Un curso peripatético que construya relaciones y recorridos, sin producir objetos o proyectos arquitectónicos, sino conformando en ese andar un acto tanto deambulatorio como participativo, dedicado a leer, pero también a transformar las ciudades. Permite posicionar el cuerpo en la horizontalidad de la ciudad para tomarla como narración fenomenológica, a la que se mira y escucha, con la que interactuar para disponerla como un espacio social antes no contemplado –o anulado–. Es una “exploración y nueva apropiación de la ciudad, el andar como metodología de investigación y de didáctica, el arte del descubrimiento y la transformación poética y política de los lugares” (Careri, 2016, p.113). Entonces, este curso ¿pretende activar en los estudiantes de arquitectura el pensar fuera de las zonas de confort, salir del plano y obtener experiencias más allá del aula convencional? “¡Claro! la gente generalmente está ahí porque quiere construir cosas. La mayoría. Pero algunos llevamos otra dirección. Comprendes que el plano no es todo, que no hay un papel blanco. Por lo que decíamos antes, ahora me gusta, cuando estoy en un territorio en acción, como si fuera un director de orquesta. Hay mucha gente haciendo cosas, y a mí me gusta saber cuándo es el momento de que pase algo. Entonces hay una manera, un savoir faire, un knowledge de cómo las cosas pueden pasar, y de que pasan cosas” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019). Como podemos observar, este posicionamiento es un claro homenaje a la Civics de Geddes que, lejos de contentarse en una iniciación al urbanismo, se extendió también hacia la geografía cultural, a la ecología urbana e incluso a los estudios urbanos de género (Jacques, 2020).17 Esta compleja ambición, que Geddes (1960) tuvo ya en 1915 –y que posteriormente continuaría su discípulo Lewis Mumford (Homobono, 2003)—, se encaminaba a hacer inteligible una ciudad que se encuentra en cambio perpetuo, a dirigir su planificación y hacia la mejora de la sociedad.18 Así, el curso de Careri sigue la estela de Geddes al anticipar una propuesta de pensar y practicar el urbanismo, las nociones de 16 Para Careri (2016), Geddes es quien configura al urbanismo itinerante, aquel que nace del caminar, como disciplina. Anota: “En 1913 Patrick Geddes, entonces ya un consolidado biólogo de Edimburgo, creó “Civics”, un nuevo curso universitario dedicado al estudio práctico de la ciudad a través de la mirada de Charles Darwin, aplicando el evolucionismo a la civitas. Este es el origen de una nueva disciplina que todavía no existe: el urbanismo itinerante, una ciencia cívica que propone a los estudiantes y a los futuros urbanistas una inmersión directa entre los pliegues de la ciudad” (p.105). 17 Y no es de extrañar, porque aquello que Geddes llegaría a designar como ciencia de la ciudad o de la vida, en las ciudades implica un campo ampliado de la experiencia urbana –sobre todo, desde el paradigma europeo—que cruza de manera errante varios campos disciplinarios –botánica, sociología, geografía, historia, antropología, etc.– para señalar críticamente los excesos y simplificaciones de la especialización de la vida moderna. Es así como, de forma temprana, destacó la necesidad de que los habitantes se interesaran activamente en la configuración de la ciudad: “A esta forma de participación la llamó civics” (Choay, 2013, p.46). 18 Quizás por ello, posteriormente se ha entendido como un tratado para la transformación urbana, es decir, más como una alternativa transformadora a la planificación convencional moderna debido, precisamente, al desborde que implica su objeto de estudio por su complejidad interdisciplinar (Clavel y Young, 2017)
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 19 progreso del movimiento moderno.19 Al contar con las herencias históricas y costumbres de cada ciudad, se alcanzan otras consideraciones estéticas no subordinadas a la belleza, sino a la forma de las calles y su dirección, a los lugares públicos y los monumentos, a la planificación de edificios públicos y la agrupación de zonas de esparcimiento, etc. (Remesar, 2016). Evidentemente, cuando se promulga “entrar a lugares para dejar de hacer arquitectura” (Bernardini, 2022, p. 301) se promueven otro tipo de asociaciones con el territorio urbano. Estas Artes Cívicas sostienen mayor compromiso con la edificación de una ciudadanía a la vez que producen espacio como acto performativo que relaciona al ciudadano con su espacio social para significarlo (Careri, 2016). El recorrido queda así, de forma anónima, como una huella que puede ser narrada, un relato construido que sirve de conocimiento –como cuando hablábamos del walkabout aborigen–. Por eso, los estudiantes del curso han de explorar la ciudad atendiendo a los territorios inexplorados, que les ayude a inventarse –en este caso– como arquitectos y definir –de nuevo y cada vez– la arquitectura. Un semestre en el que se camina la otra Roma, caminatas periféricas, “donde nadie va, y donde se supone que no pasa nada, pero pasan muchísimas cosas, mucho más interesantes de lo que ya se conocen en el centro de Roma: se conoce a gente que se esconde y a la que nadie va a preguntar ¿por qué están ahí?, ¿qué están haciendo?, ¿qué esperan de su vida?, ¿cómo quieren habitar?” (Careri, agosto de 2019). En estos recorridos, hay lugares a los que se regresa en otras ocasiones, donde pueden realizarse trabajos comunitarios, lugares con los que se tropieza, pero, en cualquier caso, percibimos que no es un curso al uso. Después de la presentación, nunca se regresa a la universidad: “Se sale el primer día y todo el curso se hace afuera, leemos libros, hay preguntas, hay también momentos de approfondimento’ y de performance. Intentamos estar ahí donde la ciudad se transforma, donde aún no se ve la ciudad que está naciendo, y en territorios que no se comprende por qué están así, ¿y qué es esto?, y ¿quién lo hizo?” (Careri, agosto de 2019). El taller –por así decirlo–, agrupa a un colectivo caminante que avanza como unidad experimentando la ciudad, generando en una serie de experiencias compartidas y de trazados coherentes con el movimiento que deciden los cuerpos. Una acción casi ritualística que se atiene a una serie de reglas que ayudan al análisis del curso y que se han ido formalizando a lo largo de los años. En su texto “Artes Cívicas”, Careri las recoge en la última parte y se podrían resumir en los siguientes enunciados: 1) hay que transgredir el espacio de la propiedad privada; 2) aprender a encontrar al Otro; 3) nunca se debe dar marcha atrás; 4) quien pierde tiempo gana espacio; 5) desarrollar la capacidad de penetrar en el espacio; 6) dormir al menos una noche fuera de casa; 7) jugar con el espacio creativamente; 8) intervenir la ciudad más allá de la representación; 9) superar la pintura mural y su idea de autoría; 10) dramatizar la realidad para que ocurran cosas; 11) concretar las experiencias de alguna manera 20. 19 Recordemos que, incluso cuando en los años 50 se hablaba de la participación, la autoconstrucción o la preservación del patrimonio cultural e histórico asomaba el poso la crítica abordada por Geddes desde finales del siglo XIX. (Jacques, 2020, p.79). Esa ecología urbana –o análisis urbano— como lo llamaba Donatella Calabi (2008) suponía una defensa de la investigación cívica desde los más heterogéneos conocimientos que implica pensar y actuar sobre los contextos a partir de estudios cívicos como saber unificador con los recursos y el material cultural que completaba el paisaje urbano. 20 El texto “Artes Cívicas” (2015) está publicado en el volumen compilatorio Pasear, detenerse (2016), y las reglas están específicamente en las pp.116-121.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 20 Existen múltiples dificultades en el estudio, el análisis y la intervención de la ciudad, sin embargo, Careri comenta que la mayor parte de las veces la problemática de los estudiantes surge con el respeto a la propiedad privada y se niegan a hacer trespassing por ilegal. Pero este “salto” de muros no implica solamente una voluntad poética del individuo con el espacio sino también como parte de esa pedagogía crítica que necesita de quebrantar –como norma– la herencia para poder seguir aprendiendo. Careri lo explica muy claramente a los arquitectos: “De verdad, yo creo que es muy importante desde el punto de vista cultural, si no tienes la curiosidad de lo que está detrás, y te acostumbras a estudiar y a conocer solo lo que te está dado ya para ser conocido o aquello que ya está conocido más o menos, no podrás avanzar mucho. Entonces, esto lo pueden tomar simbólicamente, pero también físicamente es importante atravesar el espacio e ir a ver lo que está detrás.” (Careri, agosto de 2019) Y ¿por qué resulta esto cardinal para los estudiantes? “[…] porque es la nueva generación la que tiene que entender que la arquitectura se hace con tu presencia en el espacio, con tu cuerpo estando ahí, transformando con tus manos y no haciendo proyectos y dibujando, y proyectar hasta que te construyen algo que te pueden poner en una revista y ser conocido y tener tu despacho con tus esclavos. Espero que haya una nueva generación de arquitectos que se metan ahí. Hay mucho más que hacer con tu presencia, con tu activismo Figuras 2-4: Fotografías realizadas a finales de agosto de 2019 a partir del recorrido que partía del Instituto de Arquitectura Diseño y Arte hacia el Chamizal (parque ubicado en la frontera con Estados Unidos). En él se atravesaron fraccionamientos, carreteras, terrenos baldíos, estacionamientos, edificios oficiales abandonados y parques. Fotografías de Carles Méndez.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 21 que dibujando… nadar contracorriente. […]” (F. Careri, comunicación personal, 1 de septiembre de 2019) Evidentemente, esta es una manera de hacer ciudad –civitas21– contraria a la tendencia del ladrillo, el acero y el hormigón (Ellard, 2016), que diversifica además las capacidades de desempeñarse del individuo en la urbe al producir espacio y construir sus propios relatos sobre él. 3. Ciudad busca relato Ciudad Juárez sería, en comparación con el romano, un gran archipiélago, muy fragmentado, con masas separadas por movimientos de migración forzada, de abandono y otra serie de fenómenos más violentos. Una anatomía parecida a la Pentesilea de Calvino (2005) en la que se avanzaba por horas y quien lo hacía no sabía si estaba en medio de la ciudad o en las afueras, “una mezcolanza urbana diluida en la llanura: pálidos bloques que se dan la espalda en herbazales híspidos, entre empalizadas de tablas y cobertizos de chapa” donde terrenos baldíos se turnan en intermitencia con talleres, depósitos y fraccionamientos, donde “te internas por una calle de tiendas macilentas que se pierden entre manchones de campo pelado.” (p.164). En Juárez, así como en el resto de las ciudades modelo, se impone de modo estructural la obligatoriedad de vivir estrechamente con desconocidos, en una extensión horizontal distribuida en desigualdad y que propicia un comportamiento distante entre ciudadanos (Ellard, 2016). Sujetos que además habitan una ciudad que se opone al caminante –tanto en longitud como en infraestructura– y cuyos recursos se enfocan a la edificación de grandes superficies en las que consumir, cancelando no sólo el interés de vagar por la ciudad, sino limitando a su vez las interacciones al desarrollo económico en su mayoría. En Juárez abunda la estructura maciza y pesante del concreto como estrategia, en los recorridos se patenta –como cuando Solá-Morales (2008) hablaba de Saint-Nazaire – cuánto esta ciudad gusta “de la tranquilidad del cemento bruto y de su perennidad como mamotreto” (p.78) De hecho pareciera que es el material que da unidad a la discontinuidad que prevalece en las formas construidas: la dominación de los espacios vacíos se esparce por un escenario en el que la división clásica centro-periferia se diluye para constituir un gran sentido de indiferencia hacia las construcciones, pues tampoco la proyección de viviendas parece estar enfocada al crecimiento urbano sino fundamentada en la rígida política económica22 del fraccionamiento que organiza los diversos límites en la ciudad. Como decíamos, si los espacios carecen de evento y la arquitectura no ofrece tampoco dicha posibilidad, si prevalece una arquitectura y diseño urbano que perpetúe la segregación y la violencia, si se beneficia a los espacios impersonales de las grandes superficies en detrimento de los pequeños locatarios, si se margina a parte de la población 21 Es muy relevante el término de civitas como construcción de ciudad. De hecho, Careri (2016) cuando define estas Artes Cívicas las subraya como “un término más comprometido, que tiene que ver con la civitas, con el estatus del ciudadano, con la producción no solo de espacio, sino también de ciudadanía, de sentido de pertenencia a la ciudad.” (p.110) Así, con hacer ciudad no nos estamos refiriendo tanto a una construcción física sino a las edificaciones políticas y simbólicas realizadas por las diferentes ciudadanías. 22 Saskia Sassen lo explicaba de forma muy concreta en su entrevista cuando concreta las estrategias económicas que socaban la vida en las ciudades: “Lo que está pasando con la vivienda es un robo inaceptable por parte de empresas poderosas que, simplemente, destruyen la vida de la gente de bajo ingreso”, sentencia. No se trata únicamente de gentrificación. Lo que está ocurriendo se llama “financiarización”: los grandes complejos de vivienda son adquiridos por las instituciones financieras para ser usados como activos.” (Maillard, 2019, s.p.)
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 22 hacia una zonificación precaria de la ciudad para acomodar y concentrar la acumulación de capital, si se anulan los asentamientos informales y las soluciones de las arquitecturas espontáneas, si se mantiene un transporte público deficiente e inseguro que hace proliferar el dominio absoluto del automóvil frente al peatón, entre otras razones, no habrá relatos que creen lugares ni puntos de encuentro que los interrelacionen. Estaremos desplazando la significante práctica natural del convivir, recluyéndola a ciertos (no)lugares –mayormente privados– de reunión colectiva (malls, supermercados, aeropuertos, etc.), anulando la vida social en el espacio público. Por eso es difícil hacer ciudad en Juárez, donde es difícil restituir o reinventar un sentido de lugar por la reducción identitaria del espacio urbano y ha de hacerse como guerrilla, cada quién con sus posibles. Se hace una ciudadanía de la supervivencia en un espacio que no te permite intimar. Desde muchas vías se aprecia los problemas de Ciudad Juárez para concretar una imagen (o imágenes) urbana (Ceniceros, 2016), y más cuando además del espacio público precario hablamos de un régimen policial y de Estado punitivos que, frente al desencanto social, reincide en la naturalización de un orden social que reproduzca “cuerpos dóciles y serviles” (Salazar, 2016, p.90), por lo que la ciudadanía ha de sumar a sus enfrentamientos diarios, aquellos contra dispositivos naturalizadores (y de control) del Estado. Y aunque ya para el 2020, los números y las percepciones habían variado un poco, todavía en 2012 se hablaba de cómo los habitantes juarenses modificaban su vida cotidiana para evitar ser víctimas de delitos: “Ante el clima de inseguridad, la población fronteriza se ha visto obligada a cambiar diversas conductas para evitar ser víctima de la violencia y la delincuencia, la mayoría de estas conductas tiene que ver con la restricción de la movilidad de los individuos, otras están relacionadas con la limitación en la interacción con otros. Todas estas acciones afectan el desarrollo de la ciudad y limitan el ejercicio pleno de las garantías individuales; incrementan el estrés y disminuyen el sentido de comunidad” (Velázquez y Martínez, 2012, p.78). Careri (2014) ya lo anunciaba cuando escribía que en “América Latina, andar significa enfrentarse a muchos miedos […] El simple hecho de andar da miedo, y por tanto uno deja de andar: quien anda es un sin techo, un drogadicto, un marginal.” (p.162) Bien, no estamos en 2012, pero las “consecuencias ocasionadas por el fenómeno de la violencia y la inoperancia e ineficiencia por parte del Estado para controlar la situación, fueron devastadoras para la población juarense” (Mínguez y Zamarripa, 2016, p. 216). Por lo que, aunque la ola de violencia no es comparable ahora a la de entonces, muchas de estas prácticas se han instalado y siguen vigentes en la ciudadanía, que como señalan, ha perdido communitas. En el sentido de Esposito (2003), se ha arruinado aquello que es impropio, se ha extraviado la deuda compartida por los sujetos que conforman la comunidad.23 Pero esta pérdida, como vemos, no sólo comprende las formas de vida residenciales, sino nuestra realidad política cotidiana, donde la vida a la intemperie de las ciudades tiene cierto costo y los servicios se privatizan para servir sólo a aquellos que pueden costeárselos. Las relaciones de producción y de reproducción que jerarquizan y dividen 23 Esposito (2003) profundiza en dicho término no sólo en su sentido de público –en contraposición a lo privado o general–, que no pertenece a nadie y es de todos, sino que lo estira no a una propiedad sino a una carga compartida, un deber de todos. Un vaciamiento que nos descentra como propietarios y nos acerca a una retribución que debemos y nos deben: “no es lo propio, sino lo impropio –o, más drásticamente, lo otro– lo que caracteriza a lo común.” (p.31)
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 23 las funciones sociales que se encadenan para salpicar trabajo y familia (De Mattos, 2015) siguiendo, como decíamos la lógica de la mercancía, que se convierte en “una nueva forma de planificación espacio global” (p.42). Pareciera así que la programación urbana del futuro emplea hoy principios parecidos a la construcción de parques de atracciones24, y nuestros centros históricos en lugar de establecer puntos de encuentro públicos para la población, se empeñan en escapar de la realidad cotidiana con experiencias fuera de ella, bajo la lógica del casino (Ellard, 2016). Si gentrificar es idealizar un espacio, desplazar un ideal que no pertenece a un lugar y moverlo para colocarlo como objetivo homologador del mismo, es porque el capital también necesita producir espacio (cuanto más idealizado mejor) para subsistir, por lo que no podemos orillar su carácter político e ideológico producto de una determinada sociedad y de las relaciones que en ella y de ella se establecen. Juárez ha sido lugar de inversión por diversas vías y en dimensiones variadas, pero enfocadas eminentemente al desarrollo económico del marco empresarial, ya sea con el establecimiento de corredores (boulevard) de bares, restaurantes, y diferentes locales de consumo de comida y bebida; plazas comerciales en diferentes puntos de la ciudad, proliferación del negocio farmacéutico, tiendas de autoservicio y el increíble desarrollo de los grandes centros comerciales o malls. Quedando la inversión en el espacio público reducida a casi nada. Es un ejemplo palpable de la penetración del capital en la mayoría de los ámbitos de la vida social, en lo cotidiano, abriendo una brecha que distancia las necesidades sociales de las ganancias y acumulación generada, pues el uso del espacio urbano juarense tiene una fuerte determinación a la transacción económica y no al disfrute de la ciudad. A esta fijación hemos de sumar “la dispersión urbana, situación que impide un aprovechamiento adecuado de los recursos urbanos y genera incoherencia en las percepciones del espacio” (Ceniceros, 2016, p.71), y provoca usuarios confusos que no colectivizan sus sensibilidades. Es decir, si el ciudadano no puede ejercer como tal el espacio público, este espacio puede degradar su sentido siendo privatizado por los sectores solventes que excluyen a los menos favorecidos, por lo que se llega a perder la comprensión de la geografía urbana y a no poder hacerse una imagen mental del lugar al que se pertenece (Sennett, 1997). Esta privatización del espacio público juarense supone la imposición de la lógica de la mercancía encaminada hacia la mercantilización del desarrollo de la ciudad: “Nuestra economía se basa en que solo tiene valor aquello a lo que se le puede asignar un precio. Esto hace que tengamos una idea de la economía y la producción distorsionada.” (Díaz y Aguinaga, 2020, s.p.). Evidentemente este despliegue inversionista implica una reducción de dicho espacio público que es suplantado por otro en el que la vida colectiva propicie la perpetuidad de los poderes políticos y económicos del momento. Y este déficit conlleva un detrimento de la cultura urbana y un carácter cortoplacista que acaba por diluirlo progresivamente: “Aparece entonces el sentimiento de desposesión. Los habitantes se sienten presionados y amenazados, aumentan los costos del consumo, el comercio y los servicios substituyen a los antiguos para ascender a las nuevas poblaciones sean residentes o usuarias” (García, Ortiz y Prats, 2014, p.11) El espacio urbano se convierte así en el “en medio” entre un punto y otro de la ciudad, un recorrido a superar por el movimiento 24 “Tal como Koolhaas argumenta que la tecnología de lo fantástico de Coney Island influyó en el urbanismo serio de Manhattan, puede afirmarse que el diseño de las calles Mayor de Disney ha influido en la planificación urbana de Estados Unidos. Esta influencia se hizo explícita en la ciudad de Celebration, en Florida, diseñada a lo Disney, que emplea principios similares a los perfeccionados en la calle Mayor del cercano parte temático DisneyWorld. Ahora bien, a diferencia de un parque temático, que siempre debe constituir una huida de la vida real, Celebration se diseñó con la intención de funcionar como población real” (Ellard, 2016, p.100)
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 24 que no posee la menor estimulación para el ciudadano, que se ha motorizado. Los automóviles atraviesan Juárez, una ciudad para conductores desconectados del espacio que la cruzan a toda velocidad resultando meros espectadores que han desensibilizado su espacio “hacia destinos situados en una geografía urbana fragmentada y discontinua” (Sennett, 1997, p.21). Ciudadanos que, resguardados de su ciudad en las carcasas de sus automóviles, como decimos, acaban reuniéndose en los centros comerciales canjeando la construcción política de la comunidad por el consumo. Ciudad Juárez tampoco es inmune a la propagación de los no-lugares (Augé, 2000), a cuyos síntomas no escapa: la multiplicación de habitáculos móviles –medios de transporte– y estáticos –cadenas hoteleras–, el semillero de supermercados y grandes almacenes, estaciones y aeropuertos, etc. Si a esto, como decíamos, le añadimos el movimiento rápido del automóvil, que acelera nuestra visión de la ciudad, estamos estimulando un repertorio de imágenes inmediatas que la fragmentan y la enjuician de forma aligerada, donde los espacios funcionales se mezclan y homologan con los vacíos sin criterio ni razón. Le Breton (2002) lo llamaría “el mundo del hombre apurado” (p.106). El movimiento es rápido, motorizado y eficiente, como fiscalizando el espacio en función del tiempo –de la producción que siempre falta– y privatizando las zonas públicas con un consumo colectivizado. Pero ¿qué tipo de ética podemos pedirle al capitalismo? La consideración de que lo público era substancialmente superior cívicamente a lo privado ha sido expulsada y recluida en centros comerciales, privados y colectivos, por eso habrá que repensar estos lugares y reconocer “la naturaleza compleja del espacio urbano colectivo como espacio de experiencia, más que de prejuicio” (Solá-Morales, 2008, p.191). En Ciudad Juárez, como decíamos, se multiplican los centros y plazas comerciales mientras mayor es el abandono de explanadas públicas, parques o lugares de ocio comunitario y menor la inversión en rastros, ferias de autónomos y mercados, ocupaciones públicas y establecimientos barriales. 4. Levantar murallas y encerrar relatos. Por todo lo anterior, a los ciudadanos se nos complica comprender la geografía urbana de Ciudad Juárez fuera de la perspectiva vehicular, así como hacernos una imagen mental de este “lugar al que pertenezco” (Sennett, 1997, p.389). Pero, además, la condición de Ciudad Juárez es de una urbe fronteriza, limitada por un muro con El Paso (Tx.) y la maquinaria estadounidense. Un muro que no sólo separa dos ciudades, sino también dos países que se relacionan de forma asimétrica “en torno a un eje principal de relaciones de dominación y dependencia respecto al desarrollo”, y como sigue argumentando Castells (2014), esta descripción no pretende subrayar una separación entre países ricos y pobres, o desbancar las prácticas consumistas, ni tampoco “la subordinación política de los países “subdesarrollados” a las metrópolis imperialistas (que no es sino la consecuencia de una dependencia estructural), sino [identificar] la expresión de esta dependencia en la propia estructuración interna de las sociedades en cuestión, y, más concretamente, en el funcionamiento del sistema productivo y en las relaciones entre clases” (pp.54-55) Y el muro norteamericano forma parte de la objetualización de esta realidad, donde una sociedad que se llama “privilegiada” ansía institucionalizar las fronteras y reforzar esta desigualdad distanciándose espacialmente de la realidad más precaria. Los muros no sólo son milenarios –en el deseo de que algo que fuera y algo dentro de dichas fronteras– también han configurado y modificado el mundo desde este principio divisional.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 25 Esta realidad física del muro a lo largo de la frontera es voluble, alterándose con la topografía y transformándola a su vez: “Cuando caminas por las arenas del desierto de Juárez, caminas junto a la comunidad del muro, la comunidad de la frontera. Aquí el horizonte es siempre cambiante, y hoy se vislumbra, a través de unos barrotes de acero color café. Algunos niños, jóvenes y adultos lo ven como un elemento lúdico más dentro del horizonte. Cambia a lo largo del tiempo, pero es atemporal también de cierta manera. La línea, la frontera, se vuelve algo físico y se eleva como un muro” (Ceniceros, 2017, p.46) El taller “Caminar como práctica estética” realizado entre el 26 y el 30 de agosto de 2019 comprendió 5 recorridos en los que caminaron colectivamente entre 15 a 20 personas, para accionar diversos espacios a través del errabundeo y la transurbancia (Fig.5). En estas derivas, no sólo se desocultaron espacios vacíos dispersados por la ciudad, sino que se propició tomar el trazado urbano como material vivencial donde la interrelación y la afectividad depositada en el espacio público permitió entrever esas negociaciones que, como ciudadanos, realizamos con la arquitectura. Una serie de caminatas guiadas por Careri que fueron asentando cambios en los relatos del espacio, ofreciendo otras ciudades que para los participantes permanecían invisibles. La siguiente tabla25 aproxima el esquema realizado: 25 En estos recorridos no se tiene en cuenta el desplazamiento al lugar de salida ni tampoco el tiempo de espera dedicado a los cruces internacionales, pero dependiendo de la complejidad del trazado y las múltiples paradas realizadas para atender a las diversas construcciones, situaciones o terrenos la duración de la deriva cambiaba independientemente de la distancia recorrida. Figura 5: Cartografía de las 5 derivas realizadas por Ciudad Juárez y El Paso iniciadas desde diferentes puntos de la localidad. Resultado del taller “Caminar como práctica estética” realizado entre el 26 y el 30 de agosto de 2019 por Francesco Careri. Imagen realizada por Hortensia Mínguez.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 26 Deriva Recorrido Distancia Duración 1 Salida de calle Ing. David Herrera Jordán camino hacia el Chamizal, llegando hasta el Puente Internacional Córdova de las Américas (Av. de Las Américas). Regreso por el monumento a la Mexicanidad, hasta la calle Excelencia. 9,2 km 2h 2 Salida de calle Ing. David Herrera Jordán camino hacia Altavista pasando por el Puente Internacional Paso del Norte, en dirección hacia la Franja del Río y la Franja Sara Lugo, hasta llegar al Museo de la Casa de Adobe. 9,3 km 2h 9 min 3Recorrido por el área metropolitana de Ciudad Juárez, una vez pasado el Rancho de la Anapra a lo largo de la línea fronteriza con EE. UU. en paralelo a la carretera Anapra de San Jerónimo, área Lomas de Poleo hasta el final de la calle De la Manzana. 2,3 km 30 min 4 Salida de la Calle Ignacio Mariscal en dirección a la Avenida Benito Juárez hasta cruzar por el Puente Internacional Paso del Norte hacia El Paso (Texas) hasta llegar a la Fuente de Los Lagartos en la Plaza de San Jacinto. 2,5 km 35 min 5 Recorrido por el centro de Ciudad Juárez, desde la plaza de las Armas hasta la calle Joaquín Terrazas dirección a la Pila de la Chaveña. Posteriormente, por la Calle J. Sánchez hasta el Parque de la Chaveña siguiendo por la calle Libertad hasta los Herrajeros Mall para volver a subir a lo largo de la Avenida 5 de febrero hasta llegar de regreso, a la Pila de la Chaveña. Nuevamente, por Joaquín Terrazas con cruce Jesús Escobar hasta la Plaza de Armas. 2,5 km 1h 10 min Se recorrieron así varios kilómetros del muro que separa Ciudad Juárez y El Paso, en diversas zonas y durante tres de las sesiones, en las que se pudo dimensionar tanto su materialidad como objeto, su estructura como dispositivo, su práctica como artefacto, así como sus densidades y características contextuales. A este respecto, al finalizar su visita le preguntamos a Careri si su idea de muro cambió a lo largo de su estancia en Juárez y cuál ha sido la vivencia de frontera en sus diferentes formas políticas, violentas, represivas, etc.: Hay muchos diferentes muros en este muro, incluso sólo atendiendo al tipo de material con el que está construido, la altura, si es opaco, … el muro de Bush, el muro de Trump, el muro de antes [y el de Obama y los privados] Aquí en el centro [histórico] el muro tiene un espesor muy ancho por el canal. Y luego el tren, ahí donde se cruza el puente, ves cuánto es de ancho, y después tú también con tu cuerpo tampoco puedes acercarte ahí. Y poco a poco conforme va saliendo de la ciudad cada vez puedes acercarte más y el muro se afina [adelgaza] hasta que, ya en compañía de los soldados, puedes incluso tocarlo y escribir sobre él. En ese punto es verdaderamente una línea. Después desaparece cuando llegas al barrio de Anapra, donde no hay muro porque en la montaña dicen que el muro es difícil de construir. Entonces hay coyotes26. Todos los lugares son muy diferentes entre ellos. Y además…bueno, esto es el muro físico, después está todo el dispositivo muro, que es un 26 Los coyotes son contrabandistas mexicanos de personas –a veces también de drogas– que guía a los migrantes indocumentados para cruzar la frontera entre México y Estados Unidos, así como entre Guatemala y México, facilitando llegar al “sueño americano” (McDonnell, 2019). Este tráfico hacia “el otro lado” viene produciéndose durante décadas, aunque en los últimos años se ha dificultado muchísimo debido a las políticas de migración del presidente Donald Trump que aprovechó políticamente la mediatización de las caravanas migrantes para endurecerlas, siendo hoy mucho más mortal que anteriormente (Cattan, 2019). Pese a que estos traficantes son solicitados bajo recomendación o por experiencia, el abandono o la extorsión infligida por algunos grupos y pandillas, que han criminalizado las dinámicas a través de mafias y violencia sobre los migrantes, le ha provocado su mala fama (Robinson, 2019). Dependiendo de la zona y la época, el costo ha variado de los 1,800 a los 12,000 dólares por persona, teniendo en cuenta el régimen de seguridad y encareciéndose cuando los clientes necesitan documentos falsos o transporte especial más allá de la frontera (McDonnell, 2019 y Cattan, 2019).
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 27 Figsuras 6-10: Fotografías del muro y el “bordo” realizadas a finales de agosto de 2019 a partir de los recorridos que partían del barrio Bellavista en la zona centro. Fotografías cedidas por Brenda Ceniceros, Carlos del Rosal, Carles Méndez y Hortensia Mínguez.
Méndez Llopis, Carles & Mínguez García, Hortensia: Crónicas de ciudades discontinuas: Francesco Careri y Ciudad Juárez. DOI: https://10.1344.2025.67.01.1 34 6. Referencias Bibliográficas Augé, M. (1998). El viaje imposible. El turismo y sus imágenes. Gedisa. Augé, M. (2007). Por una antropología de la movilidad. Gedisa. Baudelaire, Ch. (2021). El pintor de la vida moderna. Alianza editorial. Benjamin, W. (2005). (1927-1940) Libro de los Pasajes. Ediciones Akal. Bernardini, A. (2022). Relembrando Francesco Careri. Uberlandia, 1, p.299-313. DOI 10.14393/EdA-v3-n1-2022-65335 Bujalance, P. (17 de octubre de 2017). Guardar silencio y caminar son hoy día dos formas de resistencia. Entrevista a David Le Breton. Diario de Sevilla. https://www.diariodesevilla.es/ocio/Guardar-silencio-caminar-resistenciapolitica_0_1183081790.html Calabi, D. (2012). História do urbanismo europeu. Perspectiva. Calvino, I. (2005). Ciudades invisibles. Siruela. Careri, F. (2014). Walkscapes. El andar como práctica estética. Gustavo Gili. Careri, F. (2016). Pasear, detenerse. Gustavo Gili. Careri, F. (2019, 27 de agosto). Walkscapes. El andar como práctica estética [Conferencia]. 4º [Re] imaginando la ciudad desde el borde, Ciudad Juárez, México. Castells, M. (2014). La cuestión urbana. Siglo XXI. Cattan, N. (20 de octubre de 2019). El fin de los ‘coyotes’ en la frontera con EU está más lejos de lo que Trump cree. El Financiero. https://www.elfinanciero.com. mx/mundo/el-final-del-trabajo-para-los-coyotes-en-la-frontera-con-mexico-estamas-lejos-de-lo-que-trump-cree Ceniceros, B.I. (2016). Imagen y espacios vacíos de Ciudad Juárez. De la percepción social hacia una propuesta de intervención urbano-artística. IAPEM. Ceniceros, B.I. (2017). Cartografías de la frontera. Bazart Juárez Colectivo. Ceniceros, B.I.; Méndez, C. (2020). [Re]imaginando la ciudad desde el borde. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Clavel, P.; Young, R. (2017). “Civics”: Patrick Geddes theory of city development. Landscape and Urban Planning, 166, p. 37-42. https://doi.org/10.1016/j. landurbplan.2017.06.017 Crivelli, J. (2016). Nuevas derivas. Metales pesados. Choay, F. O. (2013). Urbanismo. Utopias e realidades. Perspectiva. De Certeau, M. (2000). La invención de lo cotidiano. Artes de hacer. Universidad Iberoamericana. De Mattos, C.A.; Link, F. (2015). Lefebvre revisitado: Capitalismo, vida cotidiana y el derecho a la ciudad. RIL editores. Debord, G. (1976). La sociedad del espectáculo. Miguel Castellote Editor. Díaz, T.; Aguinaga, I. (22 de febrero de 2020). Nuestro modelo de vida ha generado una economía caníbal que se sostiene devorando otros cuerpos y territorios.
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