Polígono de Jinámar, la isla interior: la producción de espacios sociourbanos y habitus educativos de exclusión (1967-1987)
Abstract
Programa de doctorado: Fuentes, métodos e historiografía para la investigación en el mundo atlántico
Full text
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Dep artamen to d e Cienc ias Histór ic as
Facult ad d e Geog rafí a e His toria
TESIS DOCTORAL
Polí gon o de J iná mar . La is l a int erio r . La
produ cc ión de esp a cios s o ciou rban os y h abitu s
educat ivos d e exc lus ión ( 19 67 - 1987)
Feder ico E. G onz ál ez Ramí rez
Las Palmas de Gran C anaria
2015
Agradec imientos
El tema y la perspe ctiva de este trabajo d an cuenta de m i convencimiento de que
ninguna tarea humana es fruto exclusivo de una dedicación individual: esta tesis, no
podía ser de otro modo, es deudora del t rabajo de m uchas personas que, a l o largo del
tiempo , me han ayudado en m is aproximaciones al Valle de Jinám ar. Los errores de la
misma me pertenecen en exclusiva; sus posibles aciertos, les corresponde.
Mi prime r agradecim iento debe se r para todos y cada uno de los vecinos del
Valle de Jinám ar que me han abierto las puertas de sus casas, de sus m emorias y sus
vidas desde que inicié, en 1994, m i primer trabajo sobre ese entorno urbano. Mi
gratitud es especial para los ve cinos, dirigentes vecin ales, docentes, los primeros
alumnos del Valle , trabajadores soc iales y responsables po líticos que no solo han
permitido ser entrevistados, sino que han aportado cuanta información y
documentación estaba a su alcance. Aunque sea un agradecimiento ampli o, no puedo
eludir sus menciones.
Mi gratitud a M anuel Cano y Blas García, por sus imprescindibles
aportaciones, su paciencia y la participación no solo en las entrevistas, sino en el
grupo de discusión; a Carlos Villanueva Guillén, al que todos conoce n como
‘Churchi ll’, por su memoria sensata; a Lidia R odríguez Pulido , por compa rtir su
orgullo por el Valle de Jinám ar; a Reyes Alem án, ‘Reyitas’, ya fallecida: la
conservación d e su memoria es uno de los val ores de esta tesis; a Segundo Martínez y
María Puig, por sus reflexiones; a los docentes Ildef onso Ji ménez y Paqui Romero,
por su disposición a lo largo del tiempo, así como a Carmen Nola, José Suárez ‘Fefo’
y Juan Rafael Lorenzo, tam bién docentes; a los entonces alu mnos Lourdes Balage,
Jesús Santana, Inm aculada Pérez Trujillo, Ma ría del Carmen Aguilar y María de los
Ángeles Aguilar, por compartir parte de su infancia. A l sociólogo Marino Alduán
Guerra , director del prim er programa de Educa ción Compensatoria, por el esfuerzo en
su participación en el grupo de disc usión. Mi agradecim iento debe ser especi al para
José Luis Cárdenes, sociólogo, director del Centro de Servi cios Sociales, a quien se
debe la conservac ión de parte de es a memoria: suyas so n las fotografías de noviembre
de 1984 que acompañan esta tesis, y suyo el m érito de su conservación. E igual men te
especial para Antonio Sosa Marrero, Toni, por tantas cosas.
Mi agradeci miento a Francisco Sant iago Castellano y a Marcelino Galindo, ex
alcaldes de Telde, por su confianza y propici a r mi acceso a una mayor información .
Esa confianza h a sido constant e a lo largo de m i recorrido profesional por parte de
Jerónimo Saaved ra, ex presidente del Gobierno de Canarias, y é ste es el m omento de
agradecerla. A Salvador G a rcía C arrillo , por su radical franqueza. Sin la ayuda de
Enrique Caro Zamora, y su generosidad, junto a la de Andrés A rmas y Francisco
Zumaquero, esta investigación no hubiera sido posible.
Como un privilegio, he contado con el apoyo de la profunda amistad y de los
conocimientos de l director de e sta tesis, Juan M anuel Santana Pérez, y de la doctora
Dolores Fernández Ma rtínez. Ellos han sido, en lo personal y en lo académico,
quienes han hecho po sible que esta investig ación cobrara form a. Sin esa ayuda, y las
horas que le han dedicado, no hubiera podido ultimarla . Su aportación se encuen tra
entre todo s sus renglones.
El trabajo del di rector de cine Carlo s Reyes Lim a es parte sustancial d e esta
tesis: su ayuda ha permitido la grabación de las entrevistas. No hay forma de
agradecer las horas y días de dedicación . Igualmente, a P ablo Morales Pérez,
soció logo y licenciado en Comunicación Audiovisual, por su colaboración.
Debo agradecer la generosa motivación de l profesor Javier Au yero, de la
Universidad de Au stin, que se encuentra en el origen de es te trabajo; las indicacion es
del profesor Javier Már quez, de la ULPGC; y el i nterés pr estado por la profesora
Lucía Martí nez, también de l a ULPGC. E n la génesis de la investigación, el a poyo de
Manuel Chavanel Seo ane, de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias ,
fue imprescindible : mi agradec imiento e xpreso. A José Luis Tabares y Lola Calcines,
de Edei Consu ltores; Carmen H ernández, alcaldesa d e Telde, y Cris tina Moreno
Deus, del Ayuntamiento de Telde; Juan José C ardona, ex alcalde de Las Palm as de
Gran Canaria, Sergio Mo nche, Elisa Cavanillas y Juan M iguel Cerpa, del Servicio de
Arquitectura y Urbanismo de ese ayuntamien to; Esteban Morales y Cristina Á lamo
Arce, de Televisión Pú blica de Canarias; la arquitecta E lsa Guerra; y Juan Franco,
creador de l os callejeros oficial es de Telde: todo s ellos han fac ilitado o agilizado el
acceso a la información sobre la que se sust enta esta tesis, con una confianza y
dedicación que trasciende la educada cordialidad.
Gracias a Patri cia, por estar siem pre, y a María, por conf iar. Gracias a Mario,
Eduardo, Naira y Legz al, p or su renuncia a los meses qu e no he podido dedicarles, y a
África y Marta, por entenderlo. A mis padres, donde estén.
Mi memoria m e espera en las cosas
para demostrarme que no existe el olvido.
Roberto Juarroz
Sexta Poesía Vertical
A Mario, Eduardo, Naira, Legzal:
la vida, encarnada
[7]
Índice
Agradecimi entos 1
Índice 7
I. INTRODUC CIÓN 15
1. El objeto de la investigación 15
2. La estrategi a de análisis 16
3. La estructura de la tesis 17
4. 1967 - 1987: de la de limitación f ranquist a a la conc lusión del pri mer
Gobierno a ut onómic o d e Canarias. E l marco te mporal 19
5. Una isla en el interior d e Gran Canari a. El marco esp acial 20
6. La pertinen cia de la inv estigación 22
II. LAS FUE NTES DE L A INVESTI GACIÓN : ORALES,
DOCUMENTALE S, BIB LIOGRÁFI CAS, AUDI OVISUALE S 25
1. F uentes orale s: las entrev istas 26
1.1. El grupo de discus ión: la adopc ión del m étodo de encua dre 33
2. Fuentes do cumentales 35
2.1. Las actas esc olares. El análisis cu antitativ o 35
2.2. Fuentes d ocumentales: d ocumento s vecinales, ex pedient es
municipales, actas plen arias, las fichas d e los servici os sociales 37
3. Las fuentes bi bliogr áficas: ‘La Prov incia’ y el ‘Seminario
sobre creci miento vecinal’ 39
4. Fuentes visu ales y au diovisuales 43
III. SO CIOGÉN ESIS DE U NA DESIGU ALDAD. E L MARC O TEÓRICO 45
1. Estado de la cu estión 45
2. Marco teóric o 49
2.1. De la Histori a Social a la Historia d e los de Abajo :
los creador es de hist oria 49
2.2. Histori a oral y cr onología s ocial: e l relato y los números 51
2.3. El model o relacional y la persisten cia de la d esiguald ad:
el ac aparamiento de o portunidade s 54
2.4. El dere cho a la ci udad: producc ión , espacio so cial y apro piación.
La crítica de l a utop ía corbusiana 57
2.5. La interacció n entr e espacio y procesos social es: las parad ojas
de la desigu aldad, l a cadena de even tos hacia la ex clusió n,
la incubación de la gueti zación 61
[ 15 ]
I. INTRODUCCI ÓN
‘Polígono de Jinámar. La isla in terior . La producción de espacios sociourbanos y
habitus educativos de exclusión ( 1967 - 1987)’ es una investigación desarrollada en el
marco del programa de doctorado ‘ Fuentes, método s e historiografía para la
i nvestigación en el m undo Atlántico ’ , bajo la dirección y tutela del doctor J uan
Manuel Santana Pérez. La exposición del objeto de investigación, la estrategia de
análisis, su estructura, el marco temporal y espacial, y la justificación y motivaciones
para el desarrollo de es t a tarea in vestigadora nos perm itirá la aproximación a la
mis ma .
1. EL OBJET O DE LA INVES TIGACI ÓN
La producción de un espacio urbano ex cepcional de segregación r esidencial para l a
clase obrera , el Polígono de Jin ámar, en Gran C anaria, co n unas característ icas
específicas d adas sus dimensiones dem ográficas y su naturaleza insular, y la
consecuente producción de una categoría de desigualdad, un grupo humano en
situación de exclusión, a partir de la producción de ese espacio urbano, así como la
sucesión de acontecimientos mediante los que se conforma en su periodo fun daciona l,
ha sido el objeto de esta investigación.
La identificación de los pro cesos so ciales que condu cen a ese grupo humano
específico de sde u na situación de carencia habit ac ional – la falta de viviend a – a una
acumulación de marginación y polipatología carencial, hasta el extrem o de la
exclusión, ha podido ser desarrollada, a su vez, mediante la persecución de
indagaciones relacionadas: la producción consecuente de un habitus de logro
educativo igualmen te específico ; la fractura de lo s procesos de interacción social , y el
desarrollo de un proceso de apropiación e n r es puesta a la situación generada de
exclusión; y las particulares circ unstancias que parti cipan de la excepcional
producción del Polígono de Jinámar, en cuanto que acontecimiento histórico – en el
tiempo –, y sin anteced ente en un ámbito geográfico insu lar, Gran Canaria , en el
Archipiélago canario.
[ 16 ]
El desa rrollo de la investigación y ese especial contexto económico, político y
social en el que se produce el Polígono de Jinámar en ese ám bito geográfico
ig ualmente específ ico, Gran Cana ria, nos han exigido la am pliación de esa propu esta
inicial para procurar su comprensión integral como fenómeno único. La investigación
desar rollada ultima, así, su objetivo con el establecim iento de una propuesta de
categorizació n del Polígono de Jinámar como espacio sociou rbano de exclusión, con
algunas característi cas de los espacios de exclusión universales – gueto
norteamericano, o la periferia u rbana francesa – en relación a sus años fundacionales
y el marco temporal establecido, y com o paradig ma extremo del deslizam iento de un
grupo hum ano, adscrito a la clase obrera, h acia la acumulación de m arginalidad , en
una encrucijada de la his toria sociopolít ica y económ ica de la isla de Gran Canaria
que conduce desde una econom ía sustentada en la agricultura a la e mergencia del
sector servicios y la nueva industria turística.
2. LA ESTRA TEGIA DE ANÁLI SIS
La estrategia de anális is adoptada por la investigación ha sido multidisciplinar, en una
aproximación al objeto de estudio desde la historia, en conversación con las
herramientas con ceptuales y m etodológicas de la socio logía urbana y la sociología de
la educación. E sta estrategia no ha s ido arb itraria, dado que los más recientes estudios
urbanos invocan la n ecesidad de dar cuen ta de la cadena de acon tecimientos que
conducen a las situacion es de exclusión en espac ios de segregación residencia l, como
explicamos en nuestro marco teórico y en la exposición sobr e el estado de la cue stión.
En consecuencia, l a estrategia analít ica es la de l a sociogénesis de una d esigualdad, la
búsqueda del origen en el que se c onforma la categoría de desigualdad a cumulativa de
los habitantes del Polígono de Jinámar. E l resultado de la indagación de es a cadena de
acontecimientos ha sido obtenido mediante instrumentos de la investigación histórica,
y el acceso a f uentes orales, docu mentales y b ibliográficas que nos permitiera n
disponer de una comprensión en el tiempo de nuestro objeto de estudio.
Con es as herramientas par a la indagació n histórica, hem os pretendido
investigar el p roceso mediante el cual se produc e desde la Administración estata l ese
espacio urbano, el contexto social, político y económico de esa producció n, y l os
procesos sociale s que se generan a partir de su primer poblamiento.
[ 17 ]
De otro lado, el análisis del logro educativo de los niños que poblaron en los
años fundacionales ese nuevo espacio urbano, como único proceso social susceptible
de medición, supone un elemento sustanci al de la invest igación. Para esa reflexión
nos hemos dotado de los i nstrumentos de la sociología, tanto desde la metodología
cualitativa com o cuantitativa, que nos han permitido procura r una comprensión
integral del fenómeno. El a nál isis de conteni do de las fuentes orales, los dato s
agregados d e las actas escolar es y el co nsiguiente resultado educativo, y el grupo de
discusión para su análisis posterior, son lo s mecanismos metodológicos que nos han
perm itido esa búsqueda de inter pr etación int egral. L a imbricación de análisis
cualitativo y cuantitativo forma parte fundamental de esa estrategia, dado que ha sido
desarrollada en todas las fases de l a investigación: así, las actas escolar es nos aportan
un instrumento cuantitativo que he mos ampliado con métodos cualitativo s – grupo de
discusión, entrevista s semiestructuradas – para una comprensi ón del comportamiento
educativo y su correspondencia con los procesos socia les amplios del nuevo espacio
urbano, e igu al mente ha contribuido a l establecim iento de una periodización para la
aproximación a la amplitud de los pr ocesos sociales del Polígono de Jinám ar.
3. LA ESTRU CTURA D E LA TESI S
La inv estigación se estructura en c atorce capítulos . Estos capítulos se corresponden
con seis fases en la e s trategia de comprensión y exposición:
a) Introducc ión, fuentes y marco teórico . Los cap ítulo s I , II y III suponen un
acercamiento a l as motivaciones, el m arco tem poral, la estrategia de
investigación y el basamento metodológico , teórico y conceptual so bre e l que
se sustenta esta tesis.
b) Los contextos . Los capítulo s IV y V pretenden situar el fenómeno en su
contexto, respect o de l análisis global de los polígonos de vivienda como
solución edificatoria y la crítica a su propuesta utópica, po r un lado, y respec to
a las especiales caract erísticas políticas, econó micas y sociales del periodo de
su producción y poblamiento.
c) La producción y la designación . Los capítulo s VI y VI I analiza n la
producción del nuevo espacio urbano desde la Administración estatal
[ 18 ]
franqui sta y su ejecución ya en democracia, y el proceso de d esignación de sus
primeros pobladores.
d) La cadena de acontecimientos . En el capítulo V III, el cap ítulo IX , y el
capítulo X abordamos el análisis de la cadena de acontecim ientos en el tiemp o,
de la intera cci ón social en y desde el nuevo espacio urbano , y del proceso de
deslizamiento d e la población de J inámar a una c at egoría de pol ipatología
carencial .
e) El logro educativo del Polígono d e Jinámar . En los capítulos X I y XI I ,
desde la sociología de la edu cación y con sus herramientas, pref erentemente
cuantitativas en convivencia con la metodología cualitativa, procuram os un
análisis de l logro educativo durante el periodo, com o proceso soci al esencial, y
su imbricación con el conjunto de lo s procesos sociales de l n uevo espacio.
f) Categorización, denominación y conclusi ón . En el capítulo XII I
proponemos la categorización del Polígono de Jinámar en sus años
fundacionales como espacio de exclusión, una denominación para esa
categoría, y las conc lusiones que se derivan d el conjunto de la investi gación.
Además de esa estructur a formal, nos hem os permitido integrar el relato de la
explicación analítica en dos bucles narrativos que perm iten vincular el fenómeno del
Polígono de Jinámar con dos contexto s esencial es para su comprensión . De un lado, la
narración se construye en un bucle que nos conduce desde la transf ormación del
espacio De Valle a Polígono – capít ulos VI y VII – , a De Polígono a Valle – último
epígrafe de capítu lo X – , o lo que es lo mismo, la conversión del espacio agrícola en
espacio de segregación y la recuperación sim bóli ca de su denominación original por
parte de sus poblador es, en una demanda frente a la est igmatización. De otro lado, los
capítulos se inician con citas de Utopía , de To más Moro, y los distintos elementos que
integraban esa isla de c onvivencia ideal, que d an cuenta de los paralelism os y la
vinculación del caso del Polígono de Jinámar – e n una isla redonda, como Amaurota,
la capital de U topía – con el relato e ideario utópico contenido en la entraña cultu ral
de la civil ización occ idental.
[ 19 ]
4. 1967- 1987: DE LA DE LIMITACI ÓN FRAN QUISTA A LA CO NCLUSIÓ N
DEL PRIM ER GOBIE RNO AUT ONÓMI CO DE CANA RIAS. EL M ARCO
TEMPORAL
El marco temporal de la investigación (1967-1987) se encuentra determ inado por el
ini cio de la producción del Polígono de Jinámar como nuevo espacio urbano, en
noviembre de 1967, mediante el encargo por parte del dir ector general del Instituto
Nacional de la V ivienda (INV ) a la G erencia de Urbanizaci ón de la A dminis tración
estatal fran quista de los proy ectos y traba jos de las fases d e delimitación y
expropiación que conducirán a su construcción, y por la conclus ión del mandato del
primer Gobierno de la Co munidad Autónoma de Canarias, bajo la pres idencia del
socialista Jerónim o Saavedra Acev edo, en julio d e 1987.
Esas dos décadas c ontienen el tránsito del Estado español desde un régim en
político dictator ial a un sistem a democrático, la co nstitución de Can arias como
Comunidad Autónoma, la elección de los pri meros ayuntamientos de la nueva eta pa
democrática, la generación de una nueva estructura diri gente y la mencionada
terciarizació n de la economía de Gra n Canaria.
La delim itación de esa s fronteras tempo rales está, creemos, justificad a . La
investigació n desarrollada se propo ne la indagación en los años fundacionales del
Polígono de Jinámar como espacio de segrega ción y, concluimos, de exclusión. Su
producción fue impulsada por la Administración estatal del régi men franquista, pero
la Comunidad Autónoma de Canarias asumió, junto a su constitución como tal, las
competencias que le otorgaron la ca pacidad para su ges tión. Una vez establ ecida la
temporalidad, hemos propuesto dos periodos para el análisis de los procesos soc iales
y políticos que se constituyen en el Polígono de Jinámar a partir de su prim er
poblamiento. Estos periodos, cuyo establecimiento explic amos de manera
pormenorizada m ás adelante, serían:
a) La ocupación del abandono planificado y la apropiación vecinal. La
génesis de la exclusión (1980 -1984). Un pri mer periodo, cuyas fronteras
temporales estar ían trazadas por el primer pobl amiento y la ocupac ión de un
espacio urbano producido por la gestión gubernamental estatal, cuya
característic a principal será la de la carencia d e infraestructuras esenc iales –
abandono planificado –, y la consumación del proceso paralelo de apropiación
vecinal, de con strucción de un espacio social mediant e el rechazo a la
[ 20 ]
aceptación pasiva del espacio producido y asignado, que supuso la unidad
vecinal y la ocupación simbólica de la centr alidad ciudadana, pol ítica y
administrativa usurpada mediante una manifestación que condujo a los
vecinos del Polígono de Jinámar hasta la sede de Presidencia del Gobiern o, en
Las Palmas de Gran C anaria. En este periodo, entendemos, el espacio
excluyen te producido incubó y ges tó procesos que condujeron a los ve cinos
del Polígono de Jinámar de la marginación a una situación de exclusión social.
b) La asunció n instituci onal y la d esarticula ción polític a de la u nidad
vecinal. La exclusión consumada (1985 -1987). Un segundo periodo, en el
que crista liza la asun ción insti tucional in iciada po r el primer Go bierno
autonómico, tras la renu ncia de la Administración estata l al cumplimiento de
su responsabilidad pública, con la creación de una Gerenci a para el Polígono
de Jinámar que actúa como referente institucional y coordinadora de las
acciones guberm anentales que conducen al establ ecimiento de m últiples
infraestructuras bá s icas. Esa gestión autonómica, durante el periodo, en un
contexto de aprendizaje democrático, impulsa una desarticulación deliberada
de la organizacion vecinal conformada desde el primer poblamiento del
Polígono de Jinámar, y procura la creación de una organización social
paralela, impulsada por el poder político, que concluye el bucle que con dujo
desde la producción de un espacio u rbano artificial a una o rganización social
igualmente artificial, y que provo có la fragiliza ción del espacio s ocial
generado durante el periodo previo. Esa asunción institucional tuvo que
abordar, adem ás del establecim iento de las infraestructura s hasta entonces
ausentes, las pod erosas consecuencias de la prev ia producción de ese esp acio
de segregación y de su abandono: los procesos sociales de exclusión ya se
habían consumado.
5. UNA ISL A EN EL INTERIO R DE GRAN CANARI A. EL MARCO
ESPACIAL
La elecci ón del Polígono de Jinám ar como objeto de investigación se encuent ra
también vinculada a sus carac terísticas espaciales específicas: un espacio de
segregación residen cial para la clase obrera, de 310 h ectáreas, en situación de fr actura
[ 21 ]
en su contigüidad con cualquier e spac io urbano precedente, y con una previsión en s u
producción de 11.660 viviendas para 52.470 personas, cons tituyendo el proyecto de
mayor dimensión de un polígono de estas características por parte de la
Adminis tración estata l franquist a, 1 y de ejecución durante la transición de mocrática.
El Polígono de Jin ámar, con esas d imensiones, se encon traba a 10 k ilómetro s
de la ciudad de L as Palm as de Gran Canaria y a 6 k ilómetros de la ciu dad de Telde
(Armengol Martín, G onzález Morales, & Hernández Lu is, 2003), ciuda des que
contaban con 360.098 y 62.509 habitantes, respectivamente – s egún el censo de 198 1 2
– en el momento de los primeros poblamientos del polígono, iniciados en 1980. Gran
Canaria, según ese mismo censo, contaba con 360.098 habitantes, en una superficie de
1.560 kilómetros cuadrados. Esas dim ensiones previstas no f ueron finalm ente
alcanzadas, pero l as obtenidas – entre 20.000 y 13.000 habitantes en el period o
analizado, según las actas municipales consultadas, toda vez que el Polígono d e
Jinámar se encontraba adscri to a dos municipios distintos y no se d isponía de censo
veraz, en correspondencia con su situación de orfandad administrativa – lo
convirtieron en el principal núcleo de población de Telde.
Esas dimensiones, en un ám bito insular limitado, y en situación de falta de
contigüidad con las dos ciudades m ás habitadas de la isla y de ruptura p or tanto en las
estrategias históricas tanto de promoción de vivienda social públ ica como las
familiares d e la urbanización marginal, siem pre e n comunicación con la ciuda d,
supone la constitución del Polígono de Jin ámar como un fenómeno urbano
excepcional, u na isla segregada en el int erior de Gran Canaria , que nos invita a su
conversión en objeto de investigación y a su proposic ión como espacio a tlántico de
segregación insula r, con las caracterí sticas de otros espacios de segrega ción globales,
y con elementos propios derivados de esa condición insular.
1 Sólo el Valle de Asúa, en Bil bao, era de may or dim ensión, c on 510 he ctáre as en 19 69, seg ún se da
cuenta en (Parreñ o Castellano & Moreno Medina , 2006) .
2 http://www.g obiernodecanar ias.org/istac/jax i - istac/tabla.do? uripx=urn:uuid:e723f9 41 - 8420 - 4e4e -
88c9 - 5881f6a1f1f7&ur ipub=urn :uuid:d4651b 14 - 773e - 48a1 - a041 - 0c64e 9f8cb 5f [consulta realizada el
30 de oct ubre de 20 15].
[ 22 ]
6. LA PERTI NENCIA DE LA I NVESTI GACIÓN
El Polígono de Jinámar ha sido un espacio de ex clusión incluso para la investigación
a cadémica, según hemos podido concluir a lo largo de nuest ras sucesivas
aproximaciones. L a literatura científi ca producida se limita a los art ículos referidos en
nuestro marco teór ico (Armengol Martín, Go nzález Morales, & Her n ández Luis,
2003; Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006 ) que suponen, no obst ante, sobre
todo en el caso de Parr eño y Moreno, un contundente posicionamiento académico
respecto de la natu raleza de la pr oducción de ese espaci o y los procesos sociales
generados.
Esa carencia inves tigadora contrast a con el criterio previo, intuido, de que e l
Polígono de Jinámar se trata de un fenómeno soci ourbano excepcional en el contexto
canario. Esa excepcionalidad – ahora lo sabemos – había sido detec tada de manera
caba l por quienes formaron parte, en sus trayectorias vitales y profesionales, del
Polígono de Jinámar, pero no había cristalizado en reflexiones ni análisis desde la
distancia académ ica . De ahí la pertinencia, en cuanto que fenómeno soc ial
excepcional caren te de una may or reflexión desde las ciencias sociales, de la
investigación propuesta.
La motivación adicional para la investigación proced e de l os sucesivos
acercamientos a ese es pacio urbano , concl uidos siempre con la pregunta retórica:
“¿Qué pasó aquí?” Primero, como alumno de doctorado d e la Facultad de Ciencias
Históricas de la Un iversidad de Las P almas de Gran Canaria, en 1994, en el desarro llo
de un trabajo de cam po para la asignatura de Metodolog ía para la Investigación
Histórica , impa rtida por el pr o fesor Vicen te Suárez Grimó n. E l recorrid o , vivie nda
por vivienda , en la búsqueda de los primeros alumnos de 6º de EGB del pri mer centro
escolar de ese ento rno urbano, el CP Montiano Placeres, y el encuentro con sus
historias vitales, contrastaba con los resultados de las po cas actas escol ares a las que
había tenido acceso. Una segunda aproxim ación, en 2005, para la elaboración del
documental Los niños de Jinámar , para la Televisión Pública de Canarias, permitió la
ampliación de nues tra perspecti va a los procesos d e demanda vecin al y al
conocimiento de un mayor número de vecinos del Polígono de Jinámar , que en su día
fueron alumnos, los primeros niños en llegar a ese espacio. Un tercer encuentro se
produjo en 2013, para la el aboración del Trabajo de Fin de Grado en Sociol ogía, en la
línea de investigación Educación y desigualdad social, t utelado por la doctora Leire
[ 23 ]
Salazar Vález, ‘L a mudanza a la exclusión’, centrado en el impacto de los tres
primeros años escol ares del Polígono de Jinám ar. Los acercam ientos solo calmaban
en parte la pregunt a, q ue persistía : “¿Qué pasó aqu í?” La decisión de procurar una
respuesta, siempre incompleta, el convencimiento de que el Polígono de Jinámar y sus
vecinos eran mecedores de la comprensión de los procesos que habían origin ado l a
desigualdad específica detectada, y a nuestro juicio sin parangón en el Arc hipiélago
canario, y el impulso otorgado a la propuesta por el director de la tesis, el doctor Juan
Manuel Santana Pérez, han participado de la motivaci ón para ampliar la inv estigación
al marco temporal propuesto y m ediante la estr ategia multidiscip linar adoptada. La
formación académica y sucesiva en Periodismo, Sociología e His toria, también ha
participado de esa búsq ueda de respuesta.
No sería del todo veraz si elud iera ad mitir q ue la m otivación inic ial y no
consciente de esta investigación deb ió iniciarse, asom ado a una ventana de la
urbanización Eu caliptus II, en un a visita a m is primos en los prim eros años del
Polígono de Jinámar, quienes se habían mudado a una vivienda más amplia que los 40
metros cuadrados en que nos criábam os en Las Rehoyas. La percepc ión de
aislamiento, m ientras esperábamos a los furgones q ue a modo de comercio eventual
suministraban de productos al barrio, se encuentra probablemente en el origen de l a
búsqueda de la respuesta que espero, y aunque sea de m anera aproximada, hayamos
encontrado.
[ 30 ]
que pobló el Polígono de Jinám ar, los de más abajo , la amplia población infanto-
juvenil que se mudó al Polígono de Jinámar, que supuso su población más numerosa,
y que en todo caso supone el perfil más vulnerable de los proc esos de exclusión
generados. Esa pobl ación infanto- juvenil suscitó el inicio de esta investi gación, que
entendemos debe ser ampliada en un futuro.
Las entrevistas a los vecinos del Polígono de Jinámar que fueron los primeros
niños en mudarse al barrio, y que cursaron 6º de Educación General Básica (EGB) en
el primer curso escolar, el curso 80/81, en el CP Montiano P laceres, se realizaron en
diciemb re de 2005 y se encuentran en el archivo audiovisual del documental
mencionado. La elección de esos vecinos, menores de 11 y 12 años de edad en 1980,
se debe a que inician la segunda etapa edu cativa básica e se año, con lo que nos
permite una ampliación cua lita tiva – su testimonio – en el análisis de las act as
escolares y de la t asa de supervivencia – acc eso a la siguiente etapa educativa –.
Tabla 3.
ENTREVIS TAS ALU MNOS POLÍ GONO DE J INÁMAR
CURSO ES COLAR 80 /81*
NOMBRE
REPRESENTA TIVIDAD
LOURDES BALAGE S OS A
Alumna de 6º B en CPMP en 80/81.
INMACULADA P ÉREZ TRUJ ILLO
Alumna de 6º A en CPMP en 80/81.
JESÚS ‘SUS O’ SANTANA M ARRERO
Alumno de 6º B en CPM P en 80/81.
MARÍA DEL CARM EN AGU ILAR
Alumna de 6º B del CPM P en 80/81.
MARÍA DE LOS ÁNGELES AG UILAR
Alum na del CPMP.
Fuente: Elaborac ión propia. Leyenda : Colegio Públ ico Monti ano Plac eres (CPMP) .
La circunstancia vital de su llegada al nue vo espacio urbano en el inicio de la
preadolescencia los convertía, de un lado, en los habitantes que en mayor medida
frecuentaban el b arrio – al carecer de la movilidad de los adultos – y por tanto
iniciaban el desarrollo de sus grupos de iguales en ese entorno. Los menores
entrevistado s son Lourdes Balage Sosa, Inm aculada Pérez Trujillo, Jesús Santana
Marrero , ‘Suso el de la rondalla’, y las hermanas María de l Carmen A guilar y María
de los Ángeles Aguilar.
Por último, com o se explica previamente, e sa perspectiva des de la mem oria de
los emprendedores sociales del Polígono de Jinám ar contiene una voluntad de relato
integ ral, por nuestra parte, al haber logrado contar con los principales r esponsables
políticos d e la Adm inistració n auton ómica canaria y de las in stituci ones locale s
relacionadas con el Polígono de Jinám ar en el pe riodo de investigación determinado.
[ 31 ]
Jerónimo Saavedra Acevedo , 2 presidente de Canarias entre 1983 y 1987, y
previamente presidente de la Junt a de Canarias, no sol o aceptó el ejercic io de
rememoración, sino que intercedió activamente para qu e esta investi gación pudiera
contar con otras perspectivas. E ntr e ellas, la de Salvado r García Car rillo, primer
gerente del Polígono de Jinámar, que afrontó , entende mos, con extremada f ranqueza
nuestra consulta.
El primer alcalde d e Telde en la act ual e tapa democrática, entre 1979 y 1987,
Aureliano Francisco S anti ago Castellano, no solo accedió a la misma sino que
intervino igualm ente para que se facilitara el acceso a documentación para el
desarrollo de la inv estigación. Las ap ortaciones de Marc elino Galindo Santana,
concejal de Vivienda de Telde entre 1979 y 1987 ; de Andrés Pascual Ar mas Déniz, su
homólogo en La Palmas de Gran Canaria entre 1979 y septiembre de 1980; de
Francisco Zum aquero García, primer tenien te de alcalde y alcalde de Las P almas de
Gran Canaria entre julio y septiembre de 1980; y de Enrique Car o Zamora, concejal
de Policía y Transport es – a quien debemos expresam ente la entrevista coral
mantenida con los interlocutores mencionados anteriormente –, consideramos que
integran e l m ejor análisis posib le desde la responsa bilidad ins titucional del perio do ,
con la que se puede co ntrastar, precisam ente, la perspectiva d e los emprendedores
sociales.
Las entrevistas rea lizadas han sido, finalm ente, veintiséis . El entrevistad or de
todas ella s ha sido el autor d e esta inve stigac ión. La tran scripción íntegra d e las
mis ma s – solo se ha obviado alg ún fragmento si la conversación derivaba en
consideraciones person ales, ajenas a la investigación – ha sido realizad a igualmente
por el propio entrevistador, en la m ayoría de los casos. En otros, ha precisado la
colabor ación del director de cine y docu mentalista Carlos Reyes Lima. En otro, del
sociólogo y licenciado en Comunicación Audiovisual Pablo Morales Pérez. La
revisión últim a de las mismas es responsabil idad de quien suscribe esta investigación.
L a experiencia en el tra bajo de recuperación de la m emoria oral mediante tecnolog ía
audiovisual de ambos y la cualificación sociológica garantizan el aval m etodológic o
necesario.
2 La entrevista a Jerónimo Saavedra A cevedo es l a únic a no graba da en form ato a udiovis ual, por
razone s no im putable s al entr evistad o, sino al propio i nves tigador. E l audio de la mi sma se enc uentra,
junto a la transcrip ción, en el Apéndice I y en el DVD correspondiente.
[ 32 ]
Tabla 4.
ENTREVIS TAS RESP ONSABLE S POLÍTI COS 197 9 -1987
NOMBRE
REPRESENTA TIVIDAD
JERÓNIMO SAAVEDRA ACE VEDO
Presidente Ju nta de Can arias
(29/12/82 - 1 1/6/83)
Presidente G obiern o de Canarias
( 11/6/83 - 30/ 7/87)
SALVADOR GA RCÍA CAR RILLO
Gerent e Polígono de Jinámar 1985 -
1988
AURELIAN O FRANCIS CO
SANTIAGO CASTELL ANO
Alcalde de T elde (abri l de 197 9 -
juni o de 1987 )
MARCELINO GA LINDO S ANTANA
Concejal d e Vivienda (ab ril de
1979 - junio de 1987)
FRANCISC O ZUMAQUER O GARCÍA
Alcalde de L as Palmas de GC
(julio a s eptiem bre de 1980)
Concejal d e Personal y Régimen
Interior (abril de 197 9 - junio de
1980)
ANDRÉS P ASCUAL A RMAS DÉN IZ
Cuarto ten iente de alcald e y
concejal de V iviend a y Bomberos
de las Palmas de GC (abri l de
1979 - septie mbre de 198 0)
ENRIQUE CAR O ZAMORA
Primer tenien te de alcald e y
concejal de Policía, Tráfico y
Transpor tes de Las Pal mas de GC
(abril de 1979 a septiem bre de
1980)
Fuente: Elabora ción propia .
Algunas de l as entrevi stas han sido realizad as de forma coral. En lugar de
suponer un impedimento a la comprensión, entendemos que esa consulta colectiva ha
permitido que la rem emoración sea m ás flu ida y los testimonios más completos. En
algunas ocasiones recurrimos precis amente a la conversa ción – y lo reflejamo s en el
relato – dado que c onsideramos igualmente importante cómo se produce la
explicación de los acon tecimientos – la mem oria compartida – que su propio
recuerdo.
Por último, dos puntualizaciones a la s que concedem os especial valor en
nuestra propuesta de investigación. De un lado, el propósito de la misma ha sido,
entre los otros expuestos, la conf ormación de un corpus testim onial, de la
p reservación de esos testimonios m ediante las herramienta de las Tecnologías d e la
Información y la Comunicación, concretamente la herramienta audiovisual, en el
convencimiento de que esa preservación s upone igualmente un proceso para la
[ 33 ]
creación de fuentes, y su conservación posterior, sin las cuales no sería posible la
comprensión de fenómenos sociales en el tiempo. De otro lado, la utilizaci ón de las
grabaciones originales de un documental audiovisual , emitido por una televisión
pública, no s perm ite recla m ar la validez que, con la prudencia m etodológica precisa
en su interpretación posterior y análisis, tiene el trabajo docum ental, y en concr eto el
realizado en Canarias, para el ac ercamiento aca démico a fenóm enos sociales. Con
ambos retos, hemos incorporad o a los apénd ices de esta t esis de form a íntegra las
entrevistas reali zadas, con la expectativa de que puedan servir como instr umento de
trabajos posteriores e incluso de otras disciplinas del conocimiento.
1.1. El grupo de disc usión: la adopci ón del método de encuadr e 3
Además de las en trevistas de car ácter semiestructurado, las fuentes ora les que
participan d e nuestra investig ación se han am pliado con e l desarrollo d e un grupo de
discusión, en el que se han conformado dos grupos – padres y mad res que
par ticipaban del asociacionismo en los centros educativos, de un lado; y profesores de
eso s centros educativos y de la Educación Compensatoria, por otro – para el anál isis
del logro educativo entre el c urso escolar 80/81 y el curso escolar 87/88 en el
Polígon o de Jinámar.
Las aportaci ones a la investig ación educat iva del grupo de d iscusión como
método eficiente para la obtención de una información veraz son aceptadas en la
literatura ac adémica, bien por l a superioridad de los resultados o btenidos a partir d e la
interacción del grupo sobre los logrados a par tir de entr evistas in dividual es (Pérsico &
Heawey, 1986), bien por la capacidad del diálogo para activar recuerdos, sentimientos
y experiencias de los parti cipantes, de manera sim ilar a los procesos de asoci aci ón
libre (Foch - Lyon & Trost, 1981). La herramienta, sin embargo, tiene sus limitaciones,
y hemos participado, por una parte, de la asunción del eclecticismo y la indefinición,
la carencia de “proce dimientos definidos o convenciones claras que guíen al
investigador […] alimentada en parte por el caráct er plural de la investigación
cualitativa, en la que coexisten un amplio número de tr adiciones de investigación”
(Gil Flor es, García J imén ez, & Rodríguez Gómez, 1994); hemos renunciado de forma
consciente, p or otra, a la posibilidad de analizar los elem entos significativos no
3 La met odología, t ranscri pción y análisi s del Gr upo de Dis cusión se encue ntra com pendia da en el
Apéndi ce II. La g rabaci ón del Gr upo d e Discus ión se encue ntra e n el DVD 8.
[ 34 ]
verbales – prosódica, proxémica, cinésica – (Ibáñez, 1986) que nos per mite el grupo
de discusión, aunque cuando esos elementos han form ado parte evidente de la
comunicación han sido indicados en la transcripción.
Ese eclecticism o nos ha invitado a ad optar, y adaptar, como método propuesto
para el análisis de los contenidos del grupo de discusión , la metodología aplicada al
análisis de la co nstrucción de la realidad por parte de los m edio s de comunicación. El
método del encuadre (Entman, 1993) permite de forma eficiente y clarificadora
evaluar los contenidos y establecer un análisis cualitativo per tinente, en este caso.
El proceso del método propuesto supone el establecim iento de dos form as de
encuadramiento: ep isódico o temáti co. Se han em pleado ambos en nuestro anál isis.
Igualmente, este método propone tres fases: diagnóstico, pronóstico y motivación.
En relación al di agnóstico tem ático, hemos categori zado esa fase –
establecimie nto y d etección del problem a, en caso de haberlo – según el análisis de
los padres y de los profesores, o en interacción, si se hubiera producido. Tras la
detección del problema por parte de am bos grupos, hemos analizado la atribución de
responsabilidad o derivación de la responsabilidad, en uno y otr o grupo, o esa
atribución o derivación si se hubiera generado en la interaccion de ambos grupos.
Aunque, de hecho, todas las opiniones se generan en el contexto de la interacción que
en sí supone el grupo de discusión.
Por último, hemos sintetizado los pronósti cos emanados del análisis del grupo
de discusión. En el método de Entman, aplicado a los medios de comunicación, el
pronóstico hace referencia a la soluc ión prospectiva de un problem a. En el caso de la
investiga ción propuesta, al ser un análisis de un logro educativo pasado, hemos
considerado en tender esos pronóstic os como retrospectivos : las soluciones qu e cada
grupo – padres y madres, y profesores – creyeron dar al problem a suscitado, una vez
que lo diagnosticaron.
La fase de motivación del modelo no ha sido inclu ida, al cons iderarse explícita
e inherente a la conformación del grupo de discusión.
[ 35 ]
2. FUENTES DO CUMENT ALES
Las fuentes documentales con que hemos abordado la investigación son,
fudamentelmant e, las actas esco lares 4 de los centros públicos en el peri odo temporal
acotado; y otras p rocedentes de archiv os oficiales, em presariales y particu lares.
2.1. Las actas escolares. El análisis cuantitativo
Una de las principales aportacion es de nuestra est rategia d e investig ación ha sido el
análisis del logro educativo en el Polígono de Jinámar, desde el primer curso escolar
que se imparte en el Colegio Público Montiano Placeres, en el curso es colar 80/81,
hasta el curso escolar 87/88, en que ya existen cuatro colegios públicos.
Los datos aportados corresponden a 282 actas escolares (141 correspondientes
a la evaluación de junio, 141 a septiembre) de 141 cursos de l os niveles educativos de
6º, 7º y 8º de EGB, en concreto, al mencionado Colegio Público Monti ano Placeres,
de los cursos 80/81 a 87/ 88 (excepto 83/84 y 85/86). Ese centr o fue el primero en
asumir la escolarización de los n iños del Polígono de Jinám ar. El segundo fue el
Colegio P úblico Raf ael Alb erti, a part ir del cur so escolar 8 3/84 (disp onem os de las
actas de los cursos 83/84 a 87/88, ex cepto 6º y 7º de EGB en 86/87). Los dos últimos
centros, el Colegio Público Pedro Lezcano y el Colegio Público Agustín Millares Sall
iniciaron su actividad en el curso 85/ 86. Disponemos de todas las actas de los cu r sos
85/86 a 87/88 de ambos centros, excepto de 86/87 para este último.
El análisis d e las actas esco lares se inicia con la dificul tad de que no ex isten
datos agregado s del resultado educ ativo de esos años en C anarias, dado qu e la serie
histórica del Inst ituto C anario de E stadística (Istac) se inicia e n 1990. La o btención de
las actas esco lares supuso una tar ea ardua , 5 esperamos que recom pensada por el
hecho de que del análisis de sus datos agrega dos podamos conocer y reflexionar sobre
las variab les del re sultado educativo aquellos años en el Polígono de Jinám ar, y sus
posibles correspondencias con resultados educativos en la actualidad, derivados del
4 Las actas escolares se encuentran accesibles en el Apéndice IV. Las tablas de contingencia con sus
datos agregados en el Apéndice III.
5 Ese esf uerzo s e lo de bemos a Manuel Chavanel Seoané, inspector de la Consejería de Educación del
Gobierno de Canar ias, quien desde el primer momento facilitó la obtención d e esta investigación
mediante la búsqueda de esas actas escolares, que no se encuentran clasificadas.
[ 36 ]
impacto negativo que la mudanza tuvo en el co mportamiento de la evaluación escolar
de aquellos menores.
Es as actas escolares, o rdenadas por aul as, nivel académ ico, curso y centro
escolar, son aportadas en esta investigación debi damente clasificadas y digitali zadas.
El resultado de los datos ag regados es responsabilida d de quien asume esta
investigación, toda v ez que ha sido quien ha analiz ado, acta por acta, esos resul tados.
En algunas de e llas esa tarea ha sido especialm ente difícil, an te la aparición y
desaparición de alum nos entre juni o y septiembre, una d e las característ icas de la
escolaridad ante los pobl amientos sucesivos que se desvela en esta tesis. En todo cas o,
cualquier di sfunción se ha resuel to sin que afec te al resulta do final, toda vez que se
trata de variaciones m ínim as.
Los datos agregados de ese resultado educativo ha n sido desarrollados a tra vés
de tablas de contingencia, en las que se muestran los resultados de alum nos aprobados
y suspendidos en la evaluación de junio, y l a agregación de alumnos aprobados y
suspendidos en junio y septiembre. Además de esos porcentajes de alumnos
aprobados y s uspendi dos, hemos incorporado a la investigación tablas donde se
muestra el índice de superviven cia – el porcentaje de a lumnos que acced ía al siguiente
estadio educativo, en 8º de EGB, en relación al número de alumnos que había iniciado
la segunda etapa de la Educación General Básica do s cursos esco lares antes – y las
ratios de alumno por aula en cada ce ntro escolar, es decir, todos los datos que nos han
aportado las actas escolares obtenidas .
La importancia que concedem os al análisis cuantitativ o de estas actas
e scolares estriba, por un lado, en que el educativo es el único proceso social del qu e
podemos tener dato s desde el m omento fundacional del Polígono de Jinámar, un
proceso social fundamental dado que nos permite evaluar el impacto que la mudanza
al Polígono de Jinámar tuvo en los menores, en su resultado educativo, y su tr aslación
al conjunto del proceso social del nuevo espacio urbano. Es el único termóm etro de la
acumulación de marginalidad de que disponemos desde el origen del espacio urbano.
Esa traslación es posibl e mediante la vinculació n del análisis cuantitativ o que
realizamos con la metodología cual itativa de análisis d el grupo de discu sión, en el que
hemos puesto los datos a disposición de padres y profesores para una reflexión
conjunta, y de las entrevistas re alizadas a los distinto s tipos de actores q ue
participaron del proceso. Por último, el impacto de esa mudanza a las nuevas
condiciones de vida del Polígono de Jinámar en los al umnos cobra una importancia
[ 37 ]
capital en el p roceso que defin imos de incubación de la guetiz ación , a la vista de lo s
datos de desem pleo de que se disponen solo cinco año s después de la creación del
espacio urbano, y servirán – esperamos – para el análisis de periodos poster iores al
marco temporal propu esto para esta in vestigación.
2.2. Fuentes document ales: documentos ve cin ales, expedi entes municip ales, actas
plenarias, l as fichas de los servicios so ciales 6
La consideración de excepcionalidad del espacio urbano del Polígono de Jinámar, en
sus caracterí sticas de esp acio depend iente de dos administraciones locales, impulsado
por la Administración estatal y finalmente asumido por la Co munidad Autónoma,
tiene consecuencias en su memoria y en los docum entos que permiten adentrarse en
su génesis.
La Comunidad Autónoma de Canarias, a través de su Consejer ía de Vivienda
y durante la legislatura concluida en junio de 2015, n egó mediante el silencio
administrati vo la petición formal de acceso a los documentos referidos a l as
competencias autonómicas sobre el Polígono de Jinám ar. Las peticiones a través de
los asesores del Gab inete de Presidencia del Gobierno, si endo éste Paulino Rivero
Baute, y esgrimiendo la formulación de peti ción oficial, tampoco permitieron el
acceso a esa docu mentación.
Impedido el acceso a la documentac ión autonó mica rela tiva al Polígon o de
Jinámar, la investigación ha dispuesto sin embargo de fuentes documentales que
consideramos de gran interés. De un lado, al gunos documentos vecinales – escasos –
son conservados por quienes fueron sus dir igentes. La c eleridad de los
acontecim ientos y la concentración en la mejora de las condiciones de v ida, así como
algún accidente doméstico, han impedido conservar un cor pus documental por parte
de las asociacion es de vecinos origin ales del Polígono d e Jinámar. Entre l os
documentos de que hemos dispuesto, e incorporado a la investigación, se encuentra un
censo de servicios de los distintos núcleos de población de Telde , 7 el panfleto
electoral de la A grupación Vecinal de Jinámar 8 que se presentó a las e lecciones, o el
do cumento de propiedad de la viv ienda, que posibilita conocer con exactitud las
6 El Apéndice V reúne las f ichas de los Servicios So ciales, sin que consten identificaciones. Las actas
de la C oordi nadora Pro Vi vienda se enc uentr an en e l Apén dice V I.
7 Archi vo pers onal de Carlos Villanu eva Guillén ‘Church ill’, a quien agradecemos su apor tación.
8 Archi vo pers onal de Bla s Garcí a Rodrí guez, a quien a grad ecemos su apo rtación .
[ 38 ]
distintas su perficies de las vivien das del Polígono. Es tos escasos do cumentos
vecinales nos permiten, sin embargo y dad a la perspectiva d e nuestro acercamiento,
avalar la dimensi ón de la organización vecinal aquellos años respecto de sus
problemas y carenc ias.
El archivo documental del Servicio de Arquitectura y U rbanismo del
Ayuntam iento de Las Palmas de Gran Canaria 9 nos ha permitido in terpretar e l
recorrido burocrá tico de la p roducción del Polígono de Jin ámar, desde la original
Propuesta de delimitación y de previsiones de pl aneamiento del Polígono de Jinámar
(1967), al documento de Encargo de totalidad d e fases polígono residencial Jinámar ,
por el que se am plía la compra de su elo en solo unos meses, hasta e l Plan Parcial de
Ordenación Urbana Residencial del Polígono de Jinámar , de 1972, así como el
inventario de proyectos que desde esa fecha y hasta 1980 previeron la ejecución de
servicios, fin almente en muchos casos no ejecu ta dos.
En ese archivo municipal, sin embargo, consta com o extraviado el Proyecto de
Expropiación del Polígono de Jinámar , documento que fue rec lamado públicamente
para una Comisión de Investigación aprobada por el Parlamento de Canarias y que
jamás informó de sus conclusion es, como se hace const ar en la investigación.
Las actas de los plenos de los ayunta mientos de Las Palm as de Gran Canaria –
Archivo Histórico Provincial ‘Joaquín Blanco’ – y del ayuntamiento de Telde 10 –
custodiados en la propia Secretaría General Técnica de dicha institución – han
constituido una fuente documental imprescindible para determinar cómo se abordó
por parte de esas do s instituciones locales en los pr imeros años dem ocráticos los
problemas derivados del nuevo espacio urbano.
Sin embargo, un archivo con el que en pr incipio no contábamos para nuestra
investigación ha supuesto el acceso a documentos que consideramos de sumo interés
y que nos ha aportado datos de importancia en nuestra estrategia de búsqueda de todos
los matices con los que se constituyó el Polígono de Jinámar. El archivo de la empresa
Edei Consultores 11 contiene, sin clasificar, 94 fichas originales con lo s datos de
9 Debemos hacer constar expresamente nuestro agradecimiento al ex alcalde de L as Palmas de Gran
Ca naria, J uan José Cardona , al arquitec to m unicipal Sergio Mo nche, y a la re sponsa ble de dic ho
archivo, Elisa Cava nillas, por las gestion es y la a gilida d en pe rmit irnos el acceso a los docum entos.
10 Agradecemos las gestiones realizadas p ara el acceso a los libros de actas de los p lenos del
Ayuntamiento de Telde al ex alcalde Aureliano Francisco Santiago Castellano, a la actual alcaldesa,
Carm en Herná ndez, y a la funci onaria m unici pal Cri stina M oren o Deus.
11 Debemos agradecer el acceso a este archivo, nuevam ente, al ex alcalde de Las Palmas de Gran
Canari a, Juan José Car dona, que nos fa cilit ó el perm iso; a l direct or de E dei Consul tores , José L uis
Tabares, y especialmente a Lola Calcines , de la misma empresa, que nos facilitó n o solo el acceso , sin o
[ 39 ]
peticionario s de vivienda de Las Palmas de G ran Canaria – profesión, número de
hijos, salario, estado d e la vivienda etcé tera – , con sus puntuaciones, del año 1979.
Estas 94 fichas nos han permitido hace r una proyección sobre el perfil de los primeros
vecinos del Polígono de Jinámar qu e lograron su derecho a acceder a una vivienda,
contrastando las puntuaci ones obtenid as con los resultados o ficiales de puntuacion es
publicados en la prens a local. Pero, adem ás, en las carpetas de esa inv estigación
sociológica que el Ayuntam iento de La Palm as de Gran Canaria, bajo la Alcaldía de
UPC, encargó a esa e mpresa consu ltora, hemos hallado los inform es del propi o
concejal del área, Andrés Pascual Armas Déniz, y las acta s de las asambleas de l a
Comisión Pro Vivienda que éste im pulsó, y que constituyó un interesante proceso de
participación vecinal. Esos documentos – las 9 4 fichas de barem ación, y las actas de
las asambleas – h an sido incluidas en esta tesis.
3. LAS FUENTES BI BLIOGRÁFI CAS: ‘ LA PROVINCI A’ Y EL
‘SEMINAR IO SOBRE CRE CIMIENTO VECI NAL’
El relato sobre la caden a de acontecimientos que co ndujo a los procesos de exc lusión
del Polígono de Jinámar, y sobre su producción como nuevo espacio urbano, no
hubiera sido posible sin la dedicación y el papel principal que la prensa tuvo en los
años de transición d emocrát ica en la descripci ón de esos f enómenos sociales. Es a
refle xión, así com o el análisis de los periódicos durante ese periodo desde distintas
per spe ctiv as – como empresa de com unicación, adscripcion es editoriales, perf il
sociopolític o de los profesionales de la com unicación y su adscrip ción de clase, así
como un análisis pormenorizado de los contenidos – permitirían avalar con mayor
criterio la prensa como fuente historiográfica para el periodo.
En el caso del Polígono de Jinámar, el proceso de su producción y la
construcción de su s procesos social es no podrían ser comprendidos sin la aportación
imprescindib le de los profesionales de la comunicación y su s empresas periodíst icas.
Hemos acotado la consulta de l a prensa como fuente bibliográfica al periodo
comprendido entre el 1 de ene ro de 1979 y el 31 de diciem bre de 1988. La adopción
que se c onvi rtió en cómplice de la inv estigación; al sociólog o Miguel Guerra García de Celis, que
participó en ese proceso de baremación, por su asesoramiento ; y especialmente también a Enrique Caro
y André s Pascua l Déniz , por po nernos s obre l a pista de la exis tencia de dicho t rabajo de bare maci ón en
aquell os años .
[ 46 ]
Canaria entre 1950 y 19 80, todas ellas relacionadas con algunas de las p ropuestas de
esta tesis (Díaz Hernánd ez, Domínguez Muj ica, & Parreño Castellano, 2010; Par reño
Castellano, 2003; Parreño Ca stellano & D omíng uez, 2013 ).
La reflexión sobre los polígonos de viv ienda es igualmente escasa en los
últimos años, a dif erencia de la profusión de lite ratura académica en los años ochen ta
en España. Las d os principales s e sitúan, precisamen te, en los extrem os de la
interpretación de la propuesta del polígono como tipología edificatoria. En la tesis
doctoral Planes im- parciales: Gén esis y evolución de los polígonos del INV e n
Galicia (Fer nández Prado, 2010) se realiza un a reivindicaci ón de la validez de esa
fórmula edificator ia, mientras que en la tesis doctoral D esigualdad, segregación y
exclusión social en Sevilla. El paradigma Polígono Sur ( Torres Gutiérrez, 2009) se
incide en ese espac io urbano – un polígono de vivienda s ocial – como singularmente
representativo de los fenómenos y procesos que conducen a la marginación urbana y a
la estigmatización soc ial. Otros artículos subr ayan igualmen te ese fenómen o (García
& Miguel, 2013), al igua l que el in teresante análisis com parativo, un poco ale jado ya
en el tiempo, entre los casos español, francés y b rasileñ o de Dorotea Blos (1999).
La eclosión de los estudios urbanos haría interminable un inventario preciso.
Desde una perspectiva m uy cercan a a la adoptada por nuestra reflexión, en Historia
contemporánea en la " verticalizac ión" del núcleo urbano central de la ciudad de
Santa Fe, Argentina entre 1966 -2010 se plantea la conversa ción entre el crec imiento
en altura y los pro cesos políticos, económicos y soci ales que gener a desde una
perspectiva histórica (Martínez, I., 2015 ). El derecho a la ciudad teorizado por
Lefebvre es reclamado por el prop io Harvey, del cual se declara deudor e n Ciudades
Rebeldes. Del derecho de la ciuda d a la revolución urb ana ( 2013). La vinculació n
entre los análisis de Harvey y el derecho a la ciudad lefebvriano, en la cual
sustentam os parte de la estructura teóric a de nuestra propu esta de investigación, h a
sido recient emente objeto de reflexión (Garnier, 2014), así com o e l concepto de
apropiación (Ibarra, 2014), al que ya había acudido desde largo tiempo uno de los
valedores de su recup eración para el lector español (M artínez, E . M., 1996). El
conflicto en tre el derecho a la v ivienda y el d erecho a la ciudad e s recientem en te
abordado desde publicaciones institucionales (Caballería, 2015), así como las
similitudes entre la utopía socialista y cap italista de l a vivienda masiva d el
Movimiento Moderno (Monclús & Díez, 2015). Un compendio de análisis sobr e las
áreas metropo litan as, y con una muy interesant e aportación sobre estigmatización y
[ 47 ]
exclusión, se encuentra en otra aportación impulsada desde el ám bito institucional
(Feria Toribio, 2007).
Igualmente dinám icos parecen encontra rse los estudios resp ecto de lo s
movimientos so ciales y, en co ncreto, del m ovimiento vecina l español en la t ransición,
abordados en nuestra investigación para el Movimiento Vecinal del Polígono de
Jinámar. La categoriza ción no tan lejana en el tie mpo en que nos sustentam os de Tilly
y Wood respecto de los movimientos soci ales globales (2010), tiene su réplica en un
recorrido histórico para el caso español ( Pérez Garzón, 2015), pero es el movimiento
vecinal, bien desde una perspectiva de género , en su relación con los medios de
comunicación, su rol en el tardofranquismo en Barcelona o el papel desarrollado en el
‘No’ a la OT AN en Valladolid (Ar riero Sanz, 2015; Gonzalo Mor ell, 2011, 2015;
Salgado, 2014 ) quien ocupa buen a parte de la atención académ ica actual .
El aparato conceptual de la etnografía política (Auyer o, 2012) que hemos
empleado para l a identificación de redes clientelares, o la ampliación de las co sturas
del habitus bourdiano por el mismo Wacquant (2014), que es fundamental en nuestra
exposición, se encuentr an en efervescencia e int erpretación. El concepto de habitus
nos conduce a la sociología de la educa ción y al estudio de las Desigualdad de
Oportunidades Ed ucativas (DOE), e n el que se en marca una parte su stancial de esta
investigación. Un compendio de la investigación española de las DOE dia gnostica una
heterogeneidad de planteamientos metodológicos, la falta de acuerdo sobre la
evolución de la DOE en España, incluso con los m ismos dat os, y el déficit de
explicaciones teóri co - analíticas sobre las tenden cias apreciadas, como característica s
(F ernández Mellizo - S oto, 2014). La sociología de la educación cuenta en Canari as,
precisamen te, con una amplia representación de investigadores, cu yos trabajos
abarcan desde las estrategias en el tránsito a la vida adulta y hacia el em pleo, o los
itinera rios educativos entre jóvenes de de sigual extracto social (D e la Nuez, 2000 ,
2006 ), o los análisis sob re la escuela ante las desigualdades y la construcción social de
la infancia ( Nieves Pérez, 2000, 2004), por citar los análisis más cercanos a nuestr o
objeto de estudio. Por supuesto, el hallazgo de habitus de isla menor que destacamos
en nuestro análisis de logro educativo y la propuesta teórica de convi vencia de h abitus
y calculus, es deci r, de estrategia des de la elección racion al, ya son señala das en otros
apartados de este trabajo ( Martínez G arcía, 2000, 2004 ).
La profusión de estudios urbanos y educativos de los que consid e ramos
también participa esta investig ac i ón no nos aleja de su naturaleza históri ca. Desde la
[ 48 ]
posible adscripción a la historia social, lamentamos no comp lacer a Julián Casanova,
quien en su últim a revisitación al “se cano español” de esta p erspectiva de la disciplina
subrayaba respecto de su inventario crítico que “s ólo investigamos sobre el pequeño
mundo o pueblo que nos rodea. Algo necesario, aunque insuficiente” (Casano va,
2015: 195). Los mencionados trabajos sobre movimiento vecinal entendemos que
forman parte d e las características d e lo que se acepta po r historia social. En Canarias,
los estudios históricos sobre movimiento ciudadano y vinculados a espacios urbanos
son escasos. Historia de un barrio y una sociedad en permanente construcción:
Schamann entre 1940 y 1970 desde las fuentes orales, de María Luisa Igles ias
Hernández (2003) es un a investigación sustentad a en las fuentes oral es, característ ica
que compartimos . Las Palmas, ci udad y Puerto. Cinco s iglos de evolución, de
Fernando Martín Galán (1984) , y El espacio rural y urbanización marginal: El caso
de Vecindario en el Sur de Gran Canaria, de Guitián Ayneto (1983), son algunas d e
las sustanci ales aportaciones hi stóricas vinculad as al espacio. En la ut ilización de la
historia oral com o herramienta, al mencionado trabajo de Iglesias se s uman muchos
otros, entre los que destacam os Los coches de hora: historia oral de la vida del
tr ansporte en Gran Canaria (Hernández Díaz, 2003), Fernando Sagaseta, la v ida de
un luchador irremediable (Millares Cantero, 1994), o La resistencia antifranquista en
las Canarias Orientales (1936 -1939) ( Alcaraz Abellán, 1991). Las aporta ciones
recientes de mayor inte rés en el e studio de la m arginalidad en Gran C anaria se
corresponden, entendemos, con Historia de la prost itución en Las Palmas de Gran
Canaria (1890 -1920) : del c ontrol social a la prevención higiénico -sanitaria (M artín
del Castillo, 2006) y, la más reciente, De la microhistoria al análisis social : el fondo
documental de vagos y maleantes de Canarias (Márquez Quevedo, 2015).
Por últim o, nos permitimos hacer u n acercamiento a la perspectiva esco gida y
reivindicar su vigencia desde las preguntas y respues tas que se hace el ám bito
académ ico. En un inte resantís imo texto co ral, la c ientífico s ocial Da fne Munt anyola
interroga a destac ados colegas prof esionales – Teresa Torns, Raim undo Cuesta,
Carlos Lozares, Christian Orgaz Alonso, Josep Lobera, Cristin a Santamarina,
Fernando Aguiar, Gloria Domínguez Alegría, Tomás Cano - López, Teresa G onzález
de la Fe – en relación a las metodologías qu e debe afrontar las c iencias sociales
(Muntanyola Saura, 2014) . A la pregunta de si “¿es necesari o hacer más histor ia e n la
sociología?”, T eresa Torns, de la Universi tat Aut ònoma de Barcelona, responde:
[ 49 ]
la respuesta a firmativa p arece fuera d e toda d uda […] posiblement e sea Norbert Elias,
una pres unta sombra de la sociologí a cada ve z mejor ilum inada […] quien mejor ha
def endid o la necesidad d e hacer más historia p ara comprend er la psi cogénesis y la
sociogén esis de lo s proces os sociales. Prop uesta que r eclama, a su vez, la i mport ancia
de tomar en cu enta el tiempo en el desarrollo de tales pro cesos . (Munt anyola Sau ra,
2014: 21)
Esa búsqueda en el tiempo, esa historia en la sociología o sociología en la
historia, la sociogénesis del proceso social que hemos def endi do para nuestro objeto
de estudio, se sitú a vigente en la cons ideración de los científic os sociale s.
Igualmente, y para terminar, la vi gencia de la estrat egia de obtención d e
testimonios orales a t ravés de las nuevas T ecnologías de la Infor mación y la
C omunic ación (TIC’s) – que, de hecho, no son nue vas – que hem os d esarr o llado e n
esta investigación es impulsada en la Universidad española desde ám bitos
institucionales. En el año 2012 se l levó a cabo desde la Universidad C omplu tense de
Madrid una investigación denominada ‘Tratam iento documental avanzado del archivo
audiovisual de los testimonios orales de los Brigadis tas Internacionales depositado en
el Archivo Histórico Provincial de Albacete’, con f inanciación pública. La reflexión
sobre la rec ogida y tratam iento de la mem oria oral a través de las TIC ’s, para la
construcción de nuestra memoria histórica, se encuentra , por tanto, en vigor , y
consideram os la pertinencia de esa construcción con las fuentes orales qu e aportamos
en el caso del Polígono de Jinámar.
2. MARCO TEÓ RICO
2.1. De la Hist oria Socia l a la His toria de los de Ab ajo : los creador es de
historia
La investigación propuesta es un análisis susten tado en una vocación multidisciplinar
y conversaciones teóricas: un diálogo entre historia y sociología, entre la historia
social y el modelo rela cional, entr e histor ia oral y la e stadístic a del log ro educativo ,
entre met odología cuantitativa y cua litativa, entre el estudio de los espacios urbanos y
sus vínculos con los orígenes de la desigualdad. La amplitud de la s disciplinas que
confluyen h a invitado a que, ad emás de este m arco teórico g eneral, se hay a abordado
[ 50 ]
un apara to conceptual m ás específico en los c apítulos que inician el análisis histó rico
y el análisis del comportamiento del logro educativo.
La desigualdad educativa de los primeros niños que habitaron el Polígono de
Jinámar, el origen de la investigación, y las difi cultades para el acceso a
documentación o ficial que permitiera analizar e se específico comportam iento en el
contexto en que se producía, el espacio urbano del Polígono de Jinám ar, fue
conformando la propia dinámica de la indagación y el marco teórico en el q ue se
desarrollaría nuestro análisis. El objeto de investigación, el P olígono de Jinámar y su
producción como espacio sociourbano y educativo de exclusión, y nuestra propuesta
de análisis, l a búsqueda del origen d e la desigualdad, particip a del elem ento fundador
de la definición de la h istoria social, el cam bio social en el tiemp o, en este caso un
deslizamiento h acia la acumulación d e marginación que cond uce a la exclusión.
La investigación, por tanto, participa de su condición de historia social, e n
cuanto que comparte la vocación tanto de “ la comprensión desde dentro como la
explicación desde fuera; por lo general y lo particular” (Burke, 1980: 33), par ticipa
igualmente de su car ácter de estudio sobre lo u rbano, de análisis de c lase en cuanto
que indaga en la producción de categorias de exclusión, y de lo s movimientos
vecinales com o movimientos social es, defini d os a m odo clasificatorio – entre otros –
como propios de la historia social por Hobsbawm (Casanova, 2015: 43). Aunque no
de otras considera ciones que ident ifican a la histor ia social. Más que del “carácte r
opositor” (Casanova, 2015: 39) que, al parecer de form a unáni me, se considera
constitutivo de su vitalidad inicial, participamos de la vocación de una historia
integral en la que los se res humanos, como los esclavos de Genovese , 1 sean ac to res
históricos, creadores de historia (Sharpe, 2003: 56) , y por tanto el mundo de cu ya
conformación part iciparon pueda ser explicado en su to talidad. Com o se reclama para
la historia social, en otro de sus rasgos definidores, se trata de una indagación sobre
grupos humanos de la clase obrera de G ran Canaria.
La investigación puede considerar se, por tanto, enmarcada en estudios sobre
Historia S ocial e, igualmente, en s u inclinación por participar en la histor ia de los de
a bajo, en cuanto que entendemos ésta como un enfoque de la historia (Sharpe, 2003),
y no un tipo de historia, y de la subversión que se le supone (Sharpe, 2003: 58)
asumimo s exclusivamente la que pueda atribuirs e a la adopción de los significa dos
1 Genove se , E ugene D. (197 6 ): Roll, J ordan, roll: T he worl d the s laves m ade . Nueva Yo rk: Vinta ge.
[ 51 ]
que los acontecimientos en el tie mpo tienen para quienes, de otro modo, estarían
ajenos y nuevamente exclu id os a la interpretación de su propio tránsito vital y social.
Porque, ¿quiénes son los de abajo? El hecho de que el acceso a la
documentación oficial sobre el Polígono de Jinámar, en poder de la Comunidad
Autónoma de C anarias, haya sido negada a esta investigación , 2 ade más de en
obstáculo se convirtió en acicate y en una clarificación conceptual sobre dónde se
encontraba la exp licación a los proce sos sociales generados en el Polígono de
Jinámar. Las fuentes, orales o documen tales, que “revelan d irectamente la v ida de las
masas, la civ ilización material, los u sos y costumbres, los com portamientos y las
actividades” (Santana Pére z & Monzón Perdomo, 1992 : 104 ) nos dotaron de la
perspectiva de la hi storia de los de a bajo elegida para la refle xión.
Así, junto a la aportació n documental que ya esp ecificaremos, la m emoria y la
interpre tación de la p ropia per ipecia org anizacion al y vital p or parte de los dirigentes
que constituyeron el Movimiento Vecinal del Polígono de Jinámar, de los agentes
institucionales que se situaron en posición de com plicidad con e sos vecinos y sus
dirigentes a nte las extremas cond iciones de vida, y los principale s responsables
po líticos que participaron en la gestión pública del Polígono de Jinámar en es e
momento fundacional, garantizan – entendemos – la pertinencia del enfoque y, a la
vez, la voluntad de comprensión integral, mediante el contraste de l as interpretaciones
entre quienes participaban, desde dentro, como vecinos del Polígono de Jinámar, y
quienes lo hicieron, desde fuera, como docentes, sociólogos, asistentes so ciales y
responsables po líticos.
2.2. Historia or al y cronolo gía socia l: el relato y lo s números
Los de abajo, de algún modo, no están. Están sus portavoces. La m etodología asumida
para la investigación y los límites inherentes a la misma, en cuanto que trabajo
igualmente fundacional respecto del Polígono de J inámar, nos ha hecho constreñir
nuestra búsqueda en la m emoria de los dirigentes vecinales – siguiendo dos modelos,
el de dirige nte de las organizacione s vecinales, y el de d inamizador vecinal ajeno a
esas organizaciones – , q ue participab an igualmente de las a sociaciones de padres y
madres de alum nos de los cen tros e ducativos, e incluso un tercero: e l del dirigen te
2 La petición oficial, y los requer imientos ante el Gabinete de Presidencia del Gobierno y la Secretaría
General Técnica de la Consejería de Vivienda del Gobierno de Canarias , n unca fue ron at endi das.
[ 52 ]
vecinal que, a su vez, formó parte del primer equipo de Servicios Sociales para el
Polígono de Jinámar, y que por tanto participó en ambos rol es, el del liderazgo y el
del agen te institucion al.
Los d e abajo, los vecinos del Polígono de Jinámar, se encuentran por tant o a
través de la memoria de quienes fue ron sus representantes v ecinales, pero qu eda por
indagar a través de sus propias i nterpretaciones en, proponemos, trabajos posteriores.
No están los de abajo, los vecinos del Polígono de Jinámar que no participaron de la
red organizacional generada en el propio espacio urbano, pero sí están los de más
abajo. Los niños, la población infanto - juvenil, constituyó el grupo humano más
numeroso que se mudó al Polígono de Jinámar, debido a las fórmulas de designación
de vivienda social, y sus habitante s más asiduos – el niño, incapacitado para la
movilidad, habita las viviendas, los colegios y los espacios comunes – y a quienes
dicha mudanza significó, como creemos demostrar y dada s u vulnerabilidad, una
construcción personal y social inclinada hacia l a marginación.
La búsqueda de esa interpretación por parte de los portavoces de los de ab ajo –
los dirigente s vecinales – , de los de m ás abajo – los niños que llegaron al Polígono de
Jinámar – , y de agentes instituciona les y responsables públ icos lo hacemos a travé s de
la herramienta de la h istoria oral, en cuanto que participa mos de que “el recuerd o
personal permite al historiador dos cosas. En primer lugar, algo que resulta obvio: ser
un historiador com pleto, capaz de utiliza r las fuentes adecuadas par a estudiar las
diversas problem áticas de la historia contem poránea” (Prins, 2003: 170), aunque
somos conscientes de l as limitaciones de dich a herramienta dado que “los recu erdos
personales son m uy dados, en el caso de personas fam osas, a autojustificaciones m uy
útiles a post eriori, y, entre la gen te poco importante, a lapsus de memoria” (Prins,
2003: 165).
Aparte de los m atices de la consideración de quién pueda ser “poco
impo rtante” – en esta investigación, a travé s de la historia o ral, la memoria de quiene s
fueron niños en el tiempo de la mudanza al Po lígono de Jinámar es más fiel y sus
recuerdos m ás útiles para n uestra investigación que la de los responsables p olít icos –,
para la investigación hemos adoptado todas las p rudencias teóricas y prácticas que nos
permitie ran la util izacion d e la orali dad como instrumento cualitat ivo para el a nálisis .
D esde la teoría, hem os adoptado la perspe ctiva de entrevistas sem idirect ivas cu yo
objetivo – según explicita mos m ás adelante, en relac ión al guió n y las fuentes
empleadas para la invest igación – era procurarnos de un rel ato biográfico cruzado, en
[ 53 ]
el caso de los vecinos y menores del Polígono de Jinámar, dado que nos aport a una
“estructura polifónica” (Pujadas Muñoz, 1992: 56) y que el método biográfico, desde
esta perspectiva m ulticéntrica, puede ap licarse al estudio de cualqu ier “formación
social de di mensiones dem ográficas restringidas” (P oirier et al . , 1983: 135). Desde la
p raxis, tanto para la realizac ión de las entrev istas como del grupo de discusión que
nos sirvió de análisis para el logr o educativo – además de la experiencia personal, tras
25 de experien cia periodística y de l a elaboración d e documentales, algu nos de ello s
en espacios urbanos de exclus ión en países como Venezuela o Bolivia – se ha optado
por contar con especia listas 3 par a afrontar con el mayor rigor contextual esas
entrevistas, con el objeto de atenuar los efectos que so bre el entrevistad o y su relato
pued a tener la exposición ante el registro aud iovisual del mismo. Por último, se ha
optado por reali zar una doble en trevista en much os de los casos – las existentes en l as
grabaciones íntegras del docu mental Los niños de Jinámar corresponden a 2005, y en
2015 fueron en algunos casos r epetidas – , precis amente para contr astar las variac iones
de la interpretac ión de los acontecim ientos en el tiem po.
El resultado de la que denom inamos memoria entrecru zada, ese relato cor al en
el que confluyen el recuerdo de la trayectoria vital, pe rsonal, y su imbricación con la
memoria de los proceso s sociales gestados en el espacio u rbano, ha sido en hebrado
igualmente con el análisis de los resultados esc olares en los cursos escolares 80/81 a
87/88, el único proceso social que desde la fundación del Polígono de Jinám ar
podemos abordar desde un análisis cuantitativo, en el convencimiento metodológico
de la necesaria com plementariedad d e la estadística com o expresión de d eterminados
procesos, en el establecimiento de cronologías par a su comprensión, en la
conversación entre historia y sociología (González Casanova, 1975). Al igual que el
tratamiento estad ístico respecto del análisis de c ontenido de las propias e ntrevistas es
considerado un aval “de fiabilidad del proceso analítico, p or cuanto somete al
procedimiento a un proc eso de estandarización y elimina en lo esencial las tenden cias
subjetivas e intuitivas que apar ecen en los dem ás modelos de análisis” (Pujadas
Muñoz, 1992: 53), entendemos que el contraste que hem os realizado entr e el
contenido coral de los relatos biográficos y el proces o del logro educativo en el
3 Carlos Reyes Lima, cámara de las entrevistas realizadas durante 2015, es director de cine profesional
y cuenta con varios documentales sociales entre sus obras. Pablo Morales Pérez, q ue prestó
generosamente su asistencia durante el grupo de discusió n, e s licenci ado en Soci ología y Comuni cación
Audiovisual. Germán Santana, cámara de las entrevistas realizadas en 2005, es profesional audiovisual
de Tel evisió n Canari a y ela boró junt o al aut or de est a inve stigaci ón, ade más de ‘L os niños de Jinám ar’,
el d ocum ental ‘Bol ivia ol vidada ’.
[ 54 ]
Polígono de Jinám ar, a traves de l os datos agregados de sus actas escolar es, nos
permiten la evaluac ión contrastad a de los resultados d e ambos métodos – el
cualitativo y el cuantitativo – y, por ende, la constatación del proceso de acumulación
de marginación y excl usión a que se vieron abo cados los vecinos de ese espac io
urbano.
Esas herram ientas, el análisis del contenido de las interp retaciones de los
dirigentes vecina les, el resultado de los datos agregados de las actas escolares, y las
imprescindibles fuentes documentales consultadas, nos permitieron la propuesta de
una cronología desde la dimensión social, desde la per cepción de los propios vecinos
del Polígono de Jinámar, desde el prim ero de los poblamientos del espacio urbano
hasta el límite tempo ral establecido para la investig ación. Desde esa perspectiva ,
proponemos dos etapas para el análisis: la primera (1980 - 1984) caracterizada p or la
producción del espacio y su abandono por los pl anificadores públicos, y un proceso
paralelo de apropiac ión por parte de los vecinos: un segundo periodo (1985 - 1987) de
asunción institu cional de las com petencias respecto de los ser vicios públicos por par te
de la Comunidad Autónoma de Canarias y s u primer gobierno democrático, y el
proceso igualmente paralelo y partidario de desarticulación de la unida vecinal.
2.3. El modelo r elacional y la pers istencia d e la desi gualdad: el acaparamiento
de oportunidade s
Una vez establecidas las ad scripciones de perspectiv a histórica y sus herram ientas en
la investigac ión, afrontamos los m odelos teóricos y los pilares conceptu ales sobre los
que se asienta nues tro análisis, de la m ano de uno de los auto res que más h an
contribuido a auspiciar el encuentro entre so ciología e historia (Tilly, 1981). La
estrategia del m odelo relacional a doptado por Tilly en sus estudios sobre la
persistencia de la desigualdad es superador de lo que se ha definido como las dos
sociologías : las teorías de la acción so cial, en la s que el individuo, entendido como
hombre autónomo , es capaz de crear un orden social ajeno a restricciones externas por
un lado; y l as teorías del si stema social, conceb ido éste como lim itación externa, d el
otro. Ambas abordan el orden y el control social desde persp ectivas opuestas.
Hay, en tonces, dos so ciologías: u na sociolo gía del sistema soci al y un a sociología de
la acción soci al. Éstas se b asan en preocup aciones d iametralmen te opuest as con dos
[ 55 ]
problemas ce ntrales, el o rden y el control. Y, en cada nivel, están en confl icto .
Plantean v isiones an titéticas de la n aturaleza hu mana, la so ciedad y las relacion es
entre lo social y lo individual . (D awe, 1970: 214)
Tilly adopta los “modelos relacionales de vi da social que se inic ian con
transaccione s o lazo s interpersonales” (Tilly, 2000: 31), un modelo que no supone
“esencias sino vínculos” (Tilly, 2000: 31), en enfrentamiento frontal con los
individualistas metodológicos que procuran explicar la desigualdad social a través de
“mecanismos causal es (que) consisten en suces os mentales: las decis iones” (Tilly,
2000: 33), e igualmente desecha la ontología del individualismo fenomenológico, en
el que los individuos expresan su identidad “act uando categorialmente” (Tilly, 2000:
33), como método comprensivo de la d esigua ldad. Tam bién trasciende, con su apuesta
por el modelo relacional, la necesidad de establecer una dependencia de los m iembros
de esas cate gorías con una estructu ra social más am plia para la dedu cción de sus
diferencias catego riales, como propone la teorí a de los sistemas sociales, la segun da
de las sociologías.
El análisis relaciona l trata típicam ente las categorías com o invenciones
sociales y subproductos de la interaccion social (Elster, 1983), y si bien asume las
influencias institucionales en cua nto a la oportunidad y la movilidad – polít icas
gubernamentales concernientes a los impuestos, la inversión, la redistribución y los
servicios, l a organización y func ionamiento de la escuelas, o l a segregación
residencial – como elementos constitu tivos de la desigualdad, se pregunta “cómo y
por qué” (Tilly, 2000: 37) esos elem entos “actúan en los dominios de la experiencia
colectiva y la intera cción soci al” (Tilly, 2000: 37) co n la estruc tura soci al, y
desechando los m ecanismos causale s de sucesos m entales individuales, estados de
conciencia o las acciones autón omas de los s istemas sociales en la persis tencia de la
desigualdad.
Ese cómo y por qué de Tilly supone la búsqueda de los m ecanismos causales
“que pueden dar la razón de un hecho o es tado de cosas” ( Castro Nogueir a , M. A.,
Morales Navarro & Castro Nogueira, L., 2006: 213) al modo de Elster y desde el
marxismo analítico, la necesidad de def inir “hechos causalm ente vinculados y la
descripción del proceso a través del cual puede vincula rse” ( Castro Nogue ira , M. A.,
Morales Navarro & Castro Nogueira, L., 2006: 213). La diferencia estriba en que el
análisis rela cional indaga esos m ecanismos causales en las interacciones sociales, en
[ 62 ]
La indagación sobre esa dinámica de interacción entre espacio y procesos sociales es
la que procuram os acomete r, con una advertencia m ás, en la dimensión de la paradoj a.
[…] en un complejo siste ma urbano, los ‘mecan ismos ocultos’ de re distribuci ón del
ingreso n ormalmente aumentan las desig ualdad es en vez de red ucirlas. Esto conllev a
implicacion es inmedi atas p ara la polít ica social , en el sent ido de que indica la
necesidad d e unas medid as de “contrag olpe” en la red is tribución directa si la
dirección general de la red istrib ución o culta ha de ser contrarrestad a . ( Har vey, 2007:
48)
La redistribución de ingreso que s upone para la clase o brera la obtención d e
una vivienda social puede provocar el incremento de la desigualdad. No será la última
advertencia, ni la ú ltima paradoja. Es necesario atender “ la cadena de eventos y
condiciones que han llevado a la exclusión social” dado que la línea de pobreza,
establecida en virtud del ingreso ec onómico, subestima “el impacto negativo de la
gran inestab ilidad social y del aislamiento” (M ingione, 1996: 1), nos advierte el
sociólogo Javier Auyero (2010: 27). La identificación de esa paradoja del inc remento
de la desigualdad, pese a la redistribución de ingresos que su pone una mejor vivienda,
y la cadena de ev entos que conduce a la exclusión social, m ás allá del ingreso
económico, forman parte sustan cial d e nuestra investigación.
Más numerosos e imprescindibles inst rumentos de anál isis adoptam os del
profundo conocimiento del gueto norteamericano, en el origen además de la propia
disciplina sociológ ica. La necesidad de explorar desde el ori gen la cadena de eventos
que conduce a la e xclusión – “el proceso de guetificación negra (con) aumentos
abruptos de la desocupación, el delito, l os retrasos educativos y otras dislocaciones
sociales […] se rem onta a la form ación inicial del gue to como una institu ción de
exclusión racial en las prim eras décadas del siglo XX” (Wacquant, 2010b: 46) – , y la
identificació n de algunas de sus caracterís ticas nos permiten evaluar sob re si nuestro
objeto de estudio forma parte de esos espacios globale s de exclusión. La n egligencia
pública – “pruebas abundant es sugieren entonces que lo que explica l a elevación de la
pobreza y la exclusión en el núcleo ur bano no es el surgimiento de una ‘i nfraclase’,
sino la negligencia pública” (Wacquant, 2010b: 86) –, el a bandono planificado – “ el
cercenam iento selectivo de serv icios públicos com o escuelas, bibliote cas, clínicas,
comisarías y esta ciones de bom beros, concebido para incitar a los pob res a dejar e l
[ 63 ]
núcleo urbano” (Wacquant, 2010b: 88) – , la segregación residencial – “ la continua
segregación resid encial […] actúa como un ‘efecto multiplicador’ que concentra las
carencias en el núcleo u rbano” (Wacquant, 2010b: 76) – , el esti gma espacia l – “el
estigma asociado a la residencia en el gueto es un obstácu lo más que los negros de las
áreas céntricas tienen qu e vencer en s u búsqueda de trabajo” ( Wacquant, 2010b : 75)– ,
los deseos de huida – “[…] el gueto de hoy es un ámbito despreciado y estigmatizado
del que casi todo el m undo trata de escap ar desesperadam ente” (Wacquant, 2010b:
61) – o su consideraci ón como espacio de inse guridad – “ la i nseguridad es ta n
profunda que el mero hecho de atravesar el espacio público se ha convertido en un
gran dilem a en la vida cotidiana de los res identes de las ár eas céntricas deprim idas
(Wacquant, 2010b: 52) – . Aunque una d e las características de e sos espacios
universales de exclusión – de los cuales el gueto norteam ericano es ref erencia en
cuanto a la dimensión de los análisis sobre el mismo – e s el establecim iento de
escuelas de custodia y el abandono de la educa ción pública, una caracterís ti ca que
subrayamos dad a la estrategia de nue stro análisis.
Pocas organ izaciones so n más revelado ras del gra do de abandono insti tucional
sufrido por e l gueto de Chicago que la s escuelas públi cas. En efect o, éstas quedaron
reducidas, en sustancia, a ser estable cimien to de custo dia y no de educa ción, que
sirven más para at rapar a los pobres que par a abrir una compuerta d e esca pe del
gueto . (Wacquant, 2010b: 89)
Wacquant sinte tiza en tres carac terísticas la “ violencia estr uctural masiva”
(Wacquant, 2007: 4 0) q ue, a su juicio, es ejercida sobre los habitan tes del gueto
norteamericano, provocada por “una serie de tr ansformaciones económicas y políticas
que se refuerzan m utuamente” (Wacquant, 2007: 40): el desem pleo masivo, “crónico
y persistent e que, para todo un secto r de la clase obrera, se traduce en la
desproletarización y la expansión de la precariedad” (Wacquant, 2007: 41) ; la
relegación a los barrios desposeídos de esa clase o brera, en el caso de Chicago, con
característic as raciales específica s; y la estigmatización “c reciente en la vida cot idiana
y en el discurso público” (Wacquant, 2007: 41).
Las aportaci ones de Wacquant a nuestra arquit ectura conceptual de análisis
lleva, neces ariamente, a la p recisión de que “ no tod as las áreas de ingresos bajos so n
guetos, por extrema que sea su indi gencia […] Llamar gueto a cualquier zona que
[ 64 ]
muestre una elevada t asa o concentración d e pobreza no sólo es arbitrario [ …]
también sus trae al término su significado his tórico y lo v acía de sus co ntenidos
sociológicos” ( Wacquant, 2010b: 43), y a su rechazo a la utilización del concepto de
gueto – “las cités francesas no son guetos si con ellos nos referim os a una formación
socioespacial racial y/o c ulturalmente unif orme basada en la relegación f orzosa de una
población neg ativam ente tipific ada a un terr itorio espec ífico” (W acquant, 2010b: 152)
– o al neologismo cité - gueto, para r eferirse a los suburbios franceses de clase obrer a
(Wacquant, 20 10b). La inexisten cia de elementos é tnicos, raciales, ni de otras
característic as que confluyen en el caso del espacio de excl usión norteamericano d e
referencia – y que no com parte con otros espacios, como barrios latinos, judíos
italianos (Wacquant, 2010a: 26 -27) – en el caso del Polígono de Jinám ar provoca que
renunciemos, en todo momento, a su denom inación como gueto, calificativo que fue
adoptado por las instancias públicas, mediáticas y por el im aginario colectivo par a
referirse a ese espacio u rbano en sus prim eros años, y que acudamos en todo m omento
a l concepto de esp acio de segregación o exclu sión para nuestras referencias. S í
empleamos, como herramienta conceptual, proceso de guetización o incubación de la
guetización , para refer irnos a la din ámica que se desa rrolla y que cond uce desde la
segregación a la exclusión en los años fun dacionales del Polígono de Jinám ar, por su
poderosa connotación expresiva y definidora de ese tránsito. El gueto norteamericano
como referencia en la reflexión es válido, entendemos, en virtud del análisis que el
propio Wacqu ant realiza sobre l as característi cas comunes y dife renciadoras del
“cinturón negro histórico de Chicago” y el “cinturón rojo” de las banlieue francesas,
caracterizados p or el estigma espacial y racia l, en el primer caso, y p or el estigma
residencial, en el segundo (Wacquant, 2010b : 1 21 -164).
2.6. La reflexión canaria sobre el esp acio: las expulsion es que crearon ciudad,
la fractura de la contigüidad, de la c iudad - isla a la ciudad - difusa, la “triple
insularidad” del Polígono de Jinámar
Las caracter ísticas de los espacios universales de segr ega ción, adoptados por esa
conversación trans atlántica de W acquant, permiten ident ificar esos víncu los globales
de la exclusión espacial, pero nuestro objeto de estudio precisaba para su comprensión
del contexto espacia l en el que directam ente se había pro ducido, el de la isla de Gran
Canaria, con una delimitación geográfica inherente, y con un proceso económico,
social y político igualmente específicos.
[ 65 ]
En ese análisis llev a empeñado de fo rma brillante el departam ento de Arte,
Ciudad y Territorio de la Es cuela Técnica Superi or de Arquitectura de la Universidad
de Las Palmas de Gran Canaria (ULP GC). Las tesis de dos de sus profesores, Joaqu ín
Casariego Ram írez 4 (1987) y Alfredo Bescós Olaizola (1984), nos aportan los pilares
analíticos so bre los que han sus tentado sus conclusiones sobre el crecimiento urbano
de la capital grancanaria, y sobre l os que nos apoyamos: la formación periférica
dependiente d e la econom ía canaria definida por Gon zález Viéitez y Bergasa (196 9),
y el tránsito de ésta desde la agricu ltura como sector económ ico relevante a su
terciarizació n, y la consecuente emergencia del secto r servicios. Los datos
económicos introducidos por el propio Casariego, que a doptamos, nos permiten
definir el contexto económico en el que se produce la pr oducción del Polígono de
Jinámar, y textos y autores de referencia como Burriel de Orueta (1982) o Martín Ruiz
(1985), entre otros, nos aportan sus análisis demográficos.
La comprensión del fenómeno del Polí gono de Jinámar en nuestro caso ha
necesitado, sin em b argo, del enhebramiento que hemos desarrollado entre las
cronologías estab lecidas por Casarieg o para la conformación de Las P almas de Gran
Canaria – en m udanza s obligadas de expulsiones, expulsiones programadas,
intervenciones esta tales y parcelacion es no controladas – y la periodización de Bescós
Olaizola sobre la promoción de vi vienda económica en la capital grancanaria, en que
intervención estata l y urbanización marginal im pulsan ese crecimiento ciudadan o
capitalino. De ese enhebramiento hemos conclui do nuestras propuestas d e
consideración del P olígono de Jinámar como prim era experiencia de aislamient o
programado, a su s vecinos como primeros expulsados aislad os, en fractura con las
estrategias tanto esta tales com o familiares de búsqueda de contigüidad con la ciudad
en sus soluciones a la carencia habitacional, y su producción como epílogo de l os
grandes polígonos impulsados por la Administración estatal en Gran Canaria.
Igualmente, aunque posterior a los años de pr oducción de ese polígono, la
propuesta de análisis des de una perspectiv a insular y no sólo local que rea liza Álvarez
García (20 0 9), y su propuesta de ciudad difusa para Gran Canaria , a partir de las
aportaciones previas de Bescós de ciudad -isla y ciudad- difusa para la com prensión del
nuevo fenómeno de expansión urbana y el escoramiento demográfico de la Isla hacia
su costa sureste en virtud del desarrollo turístico, nos han perm itido establecer una
4 La tes is de C asarieg o es de 1983, pe ro la public ación de la m isma, en un vol umen que la com pendia ,
es post erior, de 198 7.
[ 66 ]
propuesta contextual para la comprensión de Polígono d e Jinámar no solo como
espacio urbano, sino político, económ ico y social .
L a explicación de esa ciudad - isla – cristalizada en una ciudad -difusa –
anunciada p or Bescós y desarro llada por Álvarez García, sitúa a L as Palm as de Gran
Canaria en situació n de jerarqu ía territor ial respecto a l conjunto de la isla.
La concentr ación d e la població n en la capital, L as Palmas de G ran Canaria, como
centralidad princip al y espacio de conc entración de las activid ades di rectivas, podría
estar configurando un principi o de macroc efalia y j erarquí a territoria l propio d e las
áreas metrop olitan as, la estab ilización p oblacio na l del fina l del per íodo podría tr atarse
de una alter ación tran sitoria de la tend encia a la concentració n anterio r. Así, la may or
parte de lo s estudioso s del pro blema, se incl inan por acept ar como un h echo la
inevitable integración del territorio en la influencia metropolitana de Las Palmas de
Gran Canaria . (Álvarez Gar cía, 200 9: 24)
Con los m ateriales de l hallaz go teórico de Bescós – “un área metropolitana,
abandonada la idea elemental de la un idad f uncional, consiste en la difusión espacial
de ciertos v alores de intensid ad de determ inadas actividades iden tificable por un
marco físico específ ico, algo así com o una ciudad difusa...” (Álvarez García, 2009:
65) – , al que se incorpora la interacción con la nueva industria turística –
“equilibrando a la centralidad capital, directamente vinculada con aquella por lazos d e
empleo y densidad, la sociedad global encue ntra en las actividades terci arias y
concretam ente en el uso turístico la especializaci ón en la s fortalezas del territor io […]
y la parte más valiosa, incluso desde el punto de vista económico del mismo”
(Álvarez García, 2009: 472) –, proponemos como variable histórica contextual la
génesis de un a isla - ciudad, de la qu e el Polígono de Jinám ar será una de sus p rimeras
y extremas expresione s.
Esa concepción de isla - ciudad propone igualm ente un análisis íntegro de la
relación entre el ám bito insular y el de su capital, en la que la cristalizació n espacial es
uno más de los elementos, y define una jerarquía distinta: según nuestro criterio, será
la relación d e propiedad del suelo en Gran Canaria, y los vínculos en tre esas
relaciones de propiedad y el poder político, los q ue definan el desarrollo de la nueva
industria e n la isla, l a distribu ción de lo s e spacios y sus usos, y la dinámica de
relaciones d e su sociedad con la nueva industria. L os procesos espac iales, según
[ 67 ]
nuestra propuesta, es tán en este caso vinculados a los interes es de esas relaciones de
propiedad, que además cortocircuitan la incipiente relación de la ciudad con el
turismo, y sustraen la generación de la industria turística, y del empleo que debiera
propiciar, a la am plia concentración dem ográfica de la población de L as Palmas de
Gran Canaria.
La isla, consideram os, y los in tereses de quienes se situaban en una m ejor
posición respecto del conjunto de la sociedad en virtud de la propiedad del suelo y del
acceso al poder político, se encuentra en situación de jerarquía en relación a la ciudad.
La isla - ciudad, con que proponem os aunar no so lo el análisis espacial, sino
económico, político y social, supone una relación de do minación en el que el
embolsam iento que identificam os de las clases ob reras en espacios de se gregación y,
en el caso del Polígono de Jinám ar, en espacios de aislamiento y excluyentes, es una
cristalizació n incipiente de esa relac ión de jerarquía.
El análisis d e la generación de es a isla - ciudad, concebida desde las relaciones
de economía y p olítica de Gran Ca naria en la décad a de los sesenta y los setenta, ha
sido posible a partir del t rabajo de Nadal Perdomo (1983) y su descripción del proceso
de conformación de l a ciudad turístic a en el Sur de Gran Canaria a través de la
propiedad d el suelo. Tam bién desde el Depar tamento de G eografía de la U LPGC han
emanado los pocos text os académ icos dedicados al aná lisis del Polígono de Jinámar,
entre ellos una propuesta de evaluación externa del proyecto Urban aplicado, en la
década de los noventa (Arm engol Martín, González Morales, & Hernández Luis,
2003) y, sobre todo, el trabajo de los profesores Juan Manuel Parreño y Claudio
Moreno (2006), en el que identifican el aislamiento del Polígono de Jinámar.
[…] hoy por hoy, Jiná mar sigue siendo un enc lave no só lo alejado de los p rincipales
núcleos de población, son t ambién segrega dos de su e ntorno, afectado por lo que se
ha venido en llamar la triple insularidad: la qu e proporciona su alejam iento y
segregación respecto a la Isla y el Arch ipiélago . (Parr eño Cast ellano & Mo reno
Medina, 200 6: 187)
Esa “triple insularidad ” 5 pr ovoca unos procesos sociales, aunque no se def inen
en el artículo, que solo con “una política soci al amplia y bien dotada
5 El art ículo 138 de la Const ituci ón espa ñola de 19 78 dice que el Es tado a tenderá “ en particular a las
circunstancias del hecho insular”. El reconocimiento de las especificidades de la insularidad ha
[ 68 ]
presupuestariam ente, se podrá intentar resca tar al polígono de la lejanía, la
segregación y la exclusión social” (Parreño Castel lan o & Moreno Medina, 2006: 188).
2.7. El logro educativo: habitus y cal culus
La búsqueda de la cohesión social es una de las f unciones de la educación, según el
análisis euro peo establecido en l a Estrate gia de Lisboa, y el impact o de l as
desigualdades so ciales ante la educación “ par ticipa en la ‘fabricación’ de una sociedad
más o menos cohesiva” (D uru- Bellat, 2010: 107) . El logro educativo como cimiento
de la cohesión propicia una llamada de atención sobre “la intensidad del medio social”
(Duru- Bellat, 2010: 114) como uno de los f actores de desigualdad en el acceso a los
niveles educativos superiores, los índices de supervivencia, un c oncepto que
analizamo s y que cobrará especial signif icación para examinar el proceso d e
incubación d e la segregación educa tiva a partir d e la segrega ción urbana – el efecto
barriada – que propondremos.
Esa propuesta es ava lada por el reconocim iento de la segregación edu cativa en
entornos escolares específicos en vir tud de diferencias étni cas o clases sociales en las
ciudades como una dificultad añadida al proceso de aprendizaje.
Aparte de la fu nción ex plícita de l a escuel a como in tegrad or social, la segreg ación d e
grupo s étnicos y econ ómicos en diferen tes coleg ios en las ciu dades gen era otra
dificult ad en el pro ceso mi smo de ap rendi zaje. Se h a puesto e n evidencia de forma
reciente a tra vés de inv estigaciones h asta qué punt o el aprendizaje del niño depend e
no de las más b ien débil es acciones de escuela y prof esor, sino de l a intensa
interacción con su entorno social diario, i ncluyen do especialmen te a otr os niños de su
edad . (Coleman, 196 8: 6 - 7 [tr aducción propia] )
El entorno social, como uno de los instrum entos esenciales del aprendizaje en
el ámbito de la sociología de la e ducación, tanto norteamericana como británica ,
conduce, de manera habitual, a la consideración de las co ndiciones de la viviend a
( housing ) de los alumnos – junto a f actores más h abituales como caracte rísticas
insert ado en e l conte xto polí tico ca nario el conce pto “dob le insul arida d”, en rel ación a los cost es de
situa ción de l as de nomina das isl as menore s, no capital i nas – Fuerteventura, Lanzarote, La Gomera, El
Hierro – , y pe rmite la conti nuidad del conce pto en l a “tripl e insula ridad ” con que definen Parreño y
Moreno el ais lamiento del Polígon o de Jináma r .
[ 69 ]
personales del alum nado, situación laboral, soci oeconómica y educativa d e los padres,
es tructur a familiar, etcétera –, especial mente del núm ero de habitantes de la viviend a
( overcrowding ) com o uno de los factores susceptibles de anál isis para evaluar el logro
educativo : en todo caso, serán las condiciones so cioeconómicas de cada z ona local las
evaluadas no solo en relación con los logros educativos, sino con las conductas
escolares en virtud d e las expectativas labora les (Sparkes, 19 99).
Esa focaliza ción en las car acterísticas de la vivienda, a n uestro juicio, no
explica la más compleja dinám ica relacional entre co ndiciones de vida y logro
educativo, como proponemos. Sin embargo, investigaciones m ás recientes comienzan
a contemplar la relac ión entre el espacio urbano y comportamiento educativo, lo que
proponemos como efecto barriada ( neighborhoods effects ) 6 , aunque continúan
centrán dose en o tros aspectos como la natura leza de la propiedad de la vi vienda y sus
condiciones de habitabilidad (Bower, 2011). El bucle teórico que proponemos – de la
exclusión urbana a la exclusión educativa – conduce de regreso a Lefebvre, al
diagnosticar que “el hecho de excluir de lo ‘urbano’ a grupos, clases o individuos,
viene a ser como excluirlos tam bién de la civili zación, si no de la sociedad” (Be ttin,
1982: 134).
Una vez sustentado el aval teórico de la posi bilidad de indagación entre
espacios urban os y logro educativo, entendemos que el análisis del logro educativo
del Polígono de Jinámar supone nuestr a aportación principal a la reflexión sobre los
procesos sociale s en el espacio urban o, toda vez que es el único susceptible de an álisis
cuantitativo desde su mo me nt o fundacional, a través de las actas escolares.
La interpret ación de los resultado s de ese anális is cuantitativo lo hemos
realizado a la luz de dos concep tos que el profesor Martínez García sitúa en
posibilidad de convivencia: el habitus bourdiano y su propia propuesta conceptual de
calculus , al am paro teórico del economista Gar y Becker. La conceptu alizac ión del
habitus bourdiano sería:
Los acond icionamien tos asoci ados a u na clas e particular de c ondiciones de existencia [... ]
sistemas de d isposiciones duradera s y tran sferibles, est ructuras est ructurad as
6 Propone mos l a traducci ón de ef ecto barr iada , e n lugar de efe cto vecindario – como sería
probablemente aconsejable en una traducción literal del inglés – debi do a que en su di mensi ón
connotativa nos parece que barrio hace referencia de un m odo más evidente a la relación entre la
realidad estrictamente física – unida d veci nal – y los ha bitantes – y sus procesos s ociales y vitales – en
una estructura urbana específica.
[ 70 ]
predispu estas para f uncion ar como est ructuras estr uctur antes, es decir, como principios
genera dores y organiza dores de pr ácticas y represen tacion es que pueden estar
objetiv amente adaptad as a su fin sin sup oner la búsqueda co nscient e de fines y el dominio
expreso d e las operaci ones n ecesarias para alcan zarlos, objetiv amente "reg uladas" y
"regulares" sin ser el produ cto de la ob ediencia a reg las, y, a la vez que todo esto ,
colectiva mente orqu estadas sin ser p roducto de la acció n organ izadora d e un direc tor de
orquesta . (Bourdieu, 1 980: 92)
El habitus bo urdiano, en el análisis d e Martínez García, esta ría definido por:
a) “Las condicion es sociales, los recurso s económicos y culturales de los que s e
dispone, junto con la experie ncia vital, las relaciones con las instituciones y
con otras personas, hacen que las personas adquieran determinadas pauta s de
comportamiento. En este sentido su proceso de "inculcación" equivale a la
socialización ” (Martínez García, 2000: 33 -34) – A condicionamientos
asociados a una clase particular de condiciones de existencia –.
b) “El habitus produce prácti cas no conscientes. Las prácticas son concebidas
como decisiones libres, que cumplen bien una función, o ni siquier a se
c onciben como una decisión” (Martínez García, 2000: 33 - 34) – Objetiva mente
adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el domi ni o
expreso de las o peraciones necesaria s para alcanzarlos –.
Igualmente, el habitus se define en sus características de siste ma de
disposiciones duraderas y transferibles – “el habitus es un sistem a, es decir, cada uno
de los condicionamien tos asociados a u na clase particular de exi stencia , no debe
entenderse de forma aislada, sino que en conjunto forman un sis te ma , en el sentido
estructur alista del térm ino” (Martínez García, 2000: 34) – , y de di sposiciones
c olectivamente orquestadas sin ser producto de la acción organizadora de un director
de orquesta – “Bourdieu no cree que haya conspiradores, manipuladores o grupos
organizados que deliberadamente guíen, desde la sombra, a grandes grupos de
personas, que no saben que son dirigidos […] Son prác ticas producto del habitus, es
decir, de condiciones de exi stencia y experi encias vitale s parecidas, que, p or tanto,
dan resultados pare cidos, sin necesidad de un acuerdo previo” (Mart ínez García,
2000: 34).
[ 71 ]
El habitus es – si guiendo a Martíne z García – “produc ido por la estructura
social (posición d el agente según su capital) y pro duce prácticas sociale s
estructurada s” (M artínez García, 2000: 34 -35) – estructuras estructurada s
predispuestas para fun cionar como estructuras estructu rantes de prácticas y
representaciones – en el que “hay pautas est ablecidas para alcanzar ciertos fine s con
ciertos medios, hay formas "normales" de a ctuar, de "sentido común". Sabemos que
estas formas son regulares, porque son las más observadas y norm almente las menos
cuestionadas po r los agentes sociales” (Martínez García, 2000: 34-35) – objet ivamente
'reguladas' y 'regular es' sin ser el produ ct o de la obediencia a reglas –.
El habitus supone “un conjunto de prácticas sociales producidas por varios
individuos con relacio nes significantes entre ellas (la dimensión estructur ante del
habitus) […] que guarden relación con la posición social de los agentes que las
producen (la dimensión estructurada del habitus) ” (Martínez García, 2000: 35) , y e n el
que se definen est rategias (que) se componen de las mejores acciones o las mejores
prácticas po sibles, una vez definido el habitus del agente, su posi ción social y sus
objetivos. L as estrategias son las acciones pro bables/posibles del h abitus (con) la
libertad de los agentes s ociales […] actuando libremente, sus acciones estarán suje tas
a ciertas regular idades, manifesta das en los datos estadísti cos, en los que se
distribuyen los distintos gr upos sociales” (Martínez García, 2 000: 36 -40).
Hemos aplicado el concepto de habitus, disecc ionado por Martínez García, a
nuestro análisis del comportamiento educativo del Polígono de Jinámar, al ente nder
que se daban l as condiciones de pauta de com portamiento adquirida por las
condiciones so ciales y experiencia v itales, de comp ortamiento no consciente, la
conformación de un sistem a de respuesta a esas c ondiciones sociales, definida por la s
condiciones de vida en la interacción con la estructura social , y por tanto de una
práctica social estructurada en el entorno específ ico del Polígono de Jinám ar, y sujeta
a la regularidad que creem os desvelar mediante lo s datos agregados de esas actas
escolares, ta l como exige el conce pt o bourdiano. Incluso la condición de pauta de
comportamiento colectivamente orquestada sin director de orquesta nos perm ite
conferir que se produjo un habitus especí fico en el Polígono de Jinámar, una pauta de
comportamiento colectivo respecto del logro educativo no dirigido, sino construi do a
partir de las com unes condici ones de vida: la inm ediatez de los ef ectos de las
condiciones de vida nos permite tensar el c oncepto teórico de habitus, e identificar ese
[ 78 ]
entre distribució n territo rial , arquitectura y form as de poder son parte de la reflexió n
sobre la ciudad - ideal, y en pa rticular la de Moro, sino que también se interna en
pro puestas de convivencia y relació n , d ado que “l a unidad social básica e n Utopía es
la familia. C ada ci udad podrá albergar un máximo de 6.000 f amilias, y su dimensión
también es mensurable: entre 10 y 16 adultos”, de la que los niños forman parte
(Miles, 2008: 14 ) . Casi con idéntic a s palabras, Moro y Campanella relatan el
sentim iento universa l compa rtido por todos los habitan tes de sus ciudades - ideales de
pertenecer a l conjunto como parte d e una sola y m isma familia .
Así, la Utopía es un a ensoñación clásica q ue se adelan ta más de dos si glos al
racionalismo industrial, dado que “ la utopía, bajo la evocación de la c iudad ideal,
prepara las necesid ades de la época de la genera lización de la industria, co n su lógica
fría y su orden económico despiadado” (Souiller, 2008: 86).
2. LA UTOP ÍA SOCIA L: SOCIA LISTAS U TÓPICO S, FILÁNT ROPOS,
HIGI ENISTAS
Ese ideal desde el diálogo platónico al Humanismo en forma de ciudad - ideal con
for ma de Isla es transferido a la segunda revolución industrial de otra Isla, Gran
Bretaña, duran te el siglo XIX , y perm ite la cristalización de uno de los aspectos de la
Utopía humanista gestada doscien tos años antes .
Una utopí a de tipo so cial, que preten de asegurar la fe licidad co mú n, sin pobres y sin
ricos: represe nta el sueñ o de las clases aco modadas, justificado por un deseo racio nal
de equilibrio y de nivelació n, destinado a satisfacer la asp iraci ón a la just icia de
hombre s como Moro o Cam panella qu e hoy llamarí amos ‘ intelectuales ’. (Souiller,
2008: 74)
L a vinculación d e la u topía urb anística con su vocación de ideal socia l se
inaugura , con el auge y construc ción de viviendas y ciudades obreras, a través y
s ucesivamente de las propuestas – y acciones – del socialismo utópico, de filántropos
y, ya a finales de siglo, los denominados higienistas, en lo s que esos intelec tuales
aspirantes a la jus ticia de l siglo XVI eu ropeo encon traron su p articular e histórico hilo
de Ariadna.
[ 79 ]
New Lanark (Glasgow, 1815), obra del industrial socialista Robert O wen
(1771- 1858), es quizá la más conocida de las propues tas de ese socialismo utópico,
aunque durante todo el siglo X IX empresarios e industriales con vo cación social
construirá n pequeñas ci udades o barriadas.
Antes, desde la arquitectura y la cr ítica social, John W ood hijo publica su obra
sobre los cottages (1781), donde critica las cond iciones de vi da de las viviendas de los
trabajadores rurales y urbanos, con algunos diseños posibles d e casas sociales , pero
será Charles Fo urier quien realice la aportación m ás radical, tanto en Estados Uni d os
co mo en la propi a Inglaterra, con su s falansterios , que alojaban comunidades rur ales
apoyadas en la industria lig era de las m anufacturas , inspira das, curiosam ente, en
Versalles (López Díaz, 2003).
E n la industri al Ingla terra d el sigl o XIX se su cediero n la m ayoría de los
i ntentos por crear unas viviendas dignas pa ra la cada vez mayor población obrera. Los
ejemplos promovidos por el Coronel Akroyd (Akroydon, 18 85 ; Cople y, 1837 ), o por
Francis Cro ssley (W est Hill Park, Halifax, 1863 -68), demuestran el esfuerzo de la
industria po r cuidar de s í misma y adoptó muchas formas: desde ciudades modelo
junto a industrias , a comunidades utóp icas (Frampton, 1998).
Las ciudade s obreras resolvían as í el alojamiento de los trabajadore s de
industrias concret as, tanto en la propia Ingl aterra como en el continente, donde tras el
precedente aislado de Fuggeri (1516) – auspiciado por Jakob Fugger, entonces uno de
los hombres más ricos de Europa – será una constante decimonónica , con ejem plos
como Muihouse (1853) y sus viviendas prom ovidas por un grupo de industriales que
son ofrec idas a los obreros en p ropiedad ; l os familisterio s de Guise (1859 - 1877),
promovidos por el industrial Jean - Baptiste Godin – un hábitat colectivo inspirado en
Fourier , con bloques re sidenciales en torno a un patio i luminad o cenital mente –; o la s
viviendas unifamiliares obreras realizadas, con consulta y por tanto participación de
las propia s familias in quilinas, por el indust rial Menier en Noissiel, un o más de los
ejemplos de em presario de ideales socialistas que traslada ro n al continente europeo
las iniciativ as pre cursoras del socialis mo utópico (López Díaz, 2003: 183).
Esas ciudades obreras p ara industrias concretas no resolvía n , sin e mbargo, el
hacinamient o de las ciudades , y la que iba a convertirse en un a de la s princip ales
preocupaci one s de las urbes europe as de la segunda m itad del siglo XIX : la higiene
pública. Así, filántropos e higienistas serán l os dos grupos institucionales – imbuidos
de moral religiosa, y alejado s, por tanto , de la visión igualit aria y soc ial de Owen o
[ 80 ]
Fourier –, que asuman las iniciat ivas sobre vivienda ob rera ante la au sencia de
interven ción pública estatal .
Así, las malas condic iones de alojamiento de la clase obrera ur bana
propiciaron en Inglaterra el primer docum ento instit ucional (1770) sobr e la cuestión ,
aunque será el informe Chadw ick (1842) – a cargo de Edwin Chadwick, quien había
dirigido en 18 33 un inform e contra l a pobreza – el que alerte sobre las condiciones
san itarias de la po blación obrera – vivienda s sin luz ni aireación, aum ento d el riesgo
de mortalidad por la f alta de condiciones higiénicas, y favorecimiento de la
inmoralidad sexual , según los cánones victorianos – , y el que provocará a la vez la
creación de una co misión de la Monarquía b ritánica (1844 ) para el análisis de esa s
co ndiciones higiénicas y la promulgación de la Public Health Act (1848) por parte del
Gobierno britán ico, que establece m edidas para m ejorar las condiciones higién icas de
las nuevas viviendas y ordena la creación de un depar tamento de sanidad pública –
alcant arilla do, agua, recogida de basuras – en c ada municipio.
En el continente, una epidemia de cólera (1832) alertó en Francia d e las
condiciones de alojamiento de la clase obrera, su víctima principal, contestada con l a
creación de una policía sanitaria y de las disposiciones urbanas del barón H aussmann,
similares a las adopta das por el Gobierno británico . Más adelante, proliferaron
encuestas y tratados higienistas ( T raite de la salubri té dans les grandes villes , de
1846, de los doctores Moufaicon y Polimiere) o, ese mismo año, el m emorial sobre la
sit uación en Bélgica del jurista católico Edouar d Ducpétiaux, precedent e d el primer
Congreso de Higiene Pública celebrado en Bruselas en 1852.
Pero la higiene iba unida a la necesidad de construir nueva vivienda obrera. En
Inglaterra, de nuevo Edwin Chadwick fue el promotor de la primera promoción para
obreros de L ondres (1844), a través de una soci edad creada pa ra mejorar las
condiciones d e vida de la clase trabajadora: su autor, Henry R oberts, crearía el
modelo de v ivienda de dos plantas, con cuatro apart amentos y una esc aler a común,
que inauguraría la atención europea por la vivienda obrera en la Gran Exposición de
Londres de 1851 y que continuaría con la ate nción de las posteriores exposiciones
universales. Aunque Chadwick no es el único: el ba nquero George Peabody –
construirá un parque de unas cinco mil viviendas obreras en la ciudad de Londres
desde 1860 - , Sydney Waterloo, W illiam Aust in o lord Rowton – que impulsa
viviendas exclusiv as para desemp leados o recién l legados a Londres – , son algunos de
los filántropos que encarnan la continuidad en la vocación por la Utopía.
[ 81 ]
Además del paternalismo de filántropos, la vivienda obrera y las condic iones
higiénicas derivad as del alojam iento insalubre de los obr eros británi cos formó parte
del debate político de aquellos años en toda Europa. En 1845 Engel s ya había
denunciado esas condiciones d e alojamiento obrero en Manchester, en The condition
of the working class in England , pero un inform e hecho públ i co en Berlín en 1885
sobre la situación de insalubridad de las viviendas de los obreros provocó protestas
sociales y la s primeras medidas políti cas del canciller Bism arck .
En Francia, por último, unas tímidas inversiones públicas acompañan a finales
del siglo XIX y comienzos del XX a las d ecenas de construcciones promovidas por
entidades benéf icas privadas, de viviendas eri gidas por las propias industrias , en
especial de l a industria d el ferroca rril (López Díaz, 2003).
Pero las condiciones de habitabilidad de los barrios desfavorecidos no iba n a
cambiar dem asiado en la última década d el siglo XIX. La socie dad v ictoriana de la
época se sensib i lizab a a través del libelo – The Bitter Cry of Outcast London ( El
amargo grito de los desheredados ) – de un sacer dote, Andrew Mearns, que internó a
la Inglaterra de aqu ellos años a travé s de barrio s que nunca había visita do .
Poco s de l os que leen estas págin as tienen id ea de lo qu e son estas pesti lentes
guaridas d onde miles de p e rsonas vive n hacinada s en medio de hor rores que nos
recuerdan lo que hem os oído sobre los barco s d e es clavos. Para entr ar en ellas h ay
que adent rarse po r patios n auseabund os a causa d e los g ases venen osos y mal ol ie ntes
qu e resultan d e la acumul ación de agu as residual e s y de todo tipo de ba sura que yac e
esparcida y q ue a me nudo flota bajo nu e stros pies; p atios en lo s que casi nu nca ent ra
el Sol, ni el aire fr e sco , y que muy po cas veces han reci bido el e fecto benefici oso d el
agua . (Hall, 1996 : 27 )
El am argo grito fue utilizado por un sens acionalista editor, W. T. Stead, quien
en un editorial de su diario Pall Mall Gazette , publicado en octubre de 1883, escribía
que “l os horrores de los barrios pobres son el gran problema nacional que la religión,
el país en general y los polít icos d e Ingl aterra deben solucionar” (Hall , 1996: 24 ) . Y,
además, provocó la creación de una Co misi ón Real, en 1885, y de un nuevo i nforme
que desembocó e n la l egislación que aprobaba la creación de la Housing of Working
Classes Act (1890), por la que los municipios intensificaban sus acciones jun to a las
buildings societies , una especie de coop erativas creadas ya en 1836, y propi ciaba la
[ 82 ]
labor del recién creado London County Council (institució n administradora del área
metropolitana de Londres, 1888) para la transform ación del hábi tat obrero en ba rrio s
y edificios.
The Bitter C ry también tuvo consecu encias para la cien cia social. U n armador
de Liverpool, Ch arles Booth, impulsó la prim era encuesta social moderna en el East
End de Londres: cifró en 314.000 los pobres de Londres, el 35% de la població n; una
extrapolación a toda la ciudad suponía que un millón de londinenses eran pobres. Y
los clasificó en cuatro catego rías: e l grupo A, vendedores y m úsicos ambulantes,
pequeños crim inales y va gos, “ l os clásicos pobres victorianos ”, un 1,25% d e la
poblac ión; el grupo B, el 11%, en “necesida d crónica”; el grupo C, “gente que
luchaba y sufría sin esp eranza”, un 8% de la población londinense; y el grupo D, un
14,5%, con ingresos regulares pero bajos, que soportan vidas muy duras con la
esperanza puesta en su s hijo s . Los resultados, convertidos primero en Fa cts for
Socialists y su s e cuela Facts for London ers , vendió 70.000 ejemplares en ocho años
con la conclusión d e que “en Londr es, una persona de cada cinco morirá en el asilo,
en el hospital o en el manicomio” (Hall, 1996: 26-38).
3. EL NACIMI ENTO DEL URBANI SMO: CARI SMAS CRE ATIVOS Y
ZONIFICA CIÓN
La vinculación entre espacio soñados – Uto p ía, Isla – , espacios creados – urbanismo,
vivienda – y espacio social p e r maneció vigente e n el tránsito que condujo desde las
quimeras socialist as utópicas y las propuestas fil antrópicas e higien istas del XIX a la
génesis del Movimiento Moderno en pleno siglo XX.
E se tránsito hizo convivir en el nacim iento del urbanismo moderno dos
conceptos fundacionales que dibujarán el m apa de las ciudades del siglo XX: el inicio
de una regulación estructura l, a través de la zonificación , en conjunción con las
fantasías im aginadas de carism as personales y cre ativos individu ales , sujetos a l a
tensión en tre su fanta sía artístic a – “en la que la arquitectura estab lece su lugar como
práctica artí stica a la vez que ocupa el lugar del con structor” – y su fantasía u rbana –
“el deseo de la arqui tectura de domestica r la fuerzas económ icas y políticas
incontroladas que atraviesan el cuerpo urbano para imponer un orden” (Gandelsonas,
2004 : 160 ) –, c o mo ma s c arones de proa de corrientes, movimientos o tendencias en
[ 83 ]
persecución, cad a una, de una con secución idílic a de la relac ión entre vivienda y las
consecuencias so ciales de la sociedad industrial.
F ue Inglaterra, nuevamente, el origen de un proceso evo lutivo bicéfalo: el
movimiento Arts and Crafts y las prim eras ciudades - jard ín. W illliam Morris vinculó
precisame nte en Arts and Crafts su capacidad crea tiva a sus ideas ant i - industriale s ,
hasta el extrem o de fundar su propi a Liga Socialis ta hasta su mu erte, auspiciando la
obra de arte total desde la recreació n del mundo artesano de los talleres (López D íaz,
2003). E n un r ecorrido en el que los liderazgos creativos son p arte indis oluble de los
ideales urba nísticos, sobresale l a figura de Ebenezer Howard (1850- 1928), quie n
or ientó y sistem atizó , por su pa rte , la rut a de la vivienda social europ ea hasta los años
30, con el establecimiento de los p rinc i pios de la ciud ad -jardín – la colonia obrera
suburbana – que recogería, en buena par te y poster iormente , una nueva propuesta
teórica, el Garden Movement . Con una sola obra, Garden Citie s of To morrow
( Ciudades jardín de l mañana ), publicada ini c ial m e nte en 1898 y reeditada con su
nombre definitivo en 1902, Howard ideó una Ciudad -J ardín para 32.000 personas que
vivirí an en unas 400 hectáreas, que se ampliaría de f orma policéntrica y que un a vez
superados sus límites inicia les se conv ertirí a en una Ciudad Social, con un tercer imán
que se denom inaría Ciudad Cam po bajo lo s lemas libertad, cooperación , la razón de
ser de la propuesta : una organización local y de autogobierno (Hall, 1996).
Las propuestas de soluciones urban ísticas ideali zadas seguirían ad jetivando a
la ciudad durante el p rim er tercio del sig lo. A la Ciud ad -J ar dín, que se proponía como
un mecanismo de difusión ciudadana, se unía como alternativa de superación de la
Ciudad I ndust rial – que a su vez hab ía sucedido, m ediante la separa ción de vivienda y
trabajo, a la Ciudad Tradicional, el organismo urbano gestado a tr avé s de largos
procesos históri cos –, la Ciudad C oncentr ada, que aceptaba la alta de nsidad y la
construcción de grandes edificios. La Ciudad Concentrada adoptó , a su vez, dos
expresiones: la manzana cerrada con zonas v erdes – las H ofes vienesas, el Ha m burgo
de Fritz Schum acher y el Berl ín de Whondestadt de Carl Legien – y los bloques
abiertos, con dos propuestas nuevamente cari smáticas: Le Corbusier y su Ciudad
Contemporánea (1922) – 24 rascacielos de 60 plantas, en una ciudad rectángular d e
6,4 por 4 kilómetros, con un centro de negocios central y sustentado en la
jerarquización geométrica – y la Ciudad V ertical (1924) d e Hilbeisermer – con la
superposición de cinco plantas de locales de trabajo y com erc io y quince plantas d e
vivienda (Fernández Prado, 2010: 15-16) –.
[ 84 ]
Todas esas iniciativa s en l a transición entre siglo s – el final del X IX y las tres
primeras décad as del siglo XX – co nvivieron y formaron parte , a la vez , d el mo men t o
fundacional de la urbanística moderna – en el que l a preocupación forma l deja de ser
objeto principal de preocupación, a favor de la di stribución igualita ria cua ntitativa de l
es pacio urbano , siguiendo las ideas que teóricos como R ud Eberstadt, Theodor
Goecke, Herman Jansen, Werner Hegemann, tuvieron la ocasión de expon er
públ icamente en las Ex posiciones Interna cionales de Urban ística de Berlín (1910) y
Düsseldorf (1912) – , etapa que d io paso rápidamente a una s ituación de ruptura en tre
urbanística y arquitectura, en la que se emprende el camino que conducirá ,
finalmente, a la pl anificación urbana (Bescós Olaizola, 1984 : 45).
Ya no serán propuesta s personales, c arismas creativos, ni s iquie ra movimientos,
corrientes o tendencias carismática s, sino una propuesta estructural y u niformadora.
La zonificación será la v erdadera herram ienta conc eptual que vinculará la génesis de
la vocación por el urbanismo planificado de finales del sig lo XIX y a l Movimiento
Moderno.
El Plan Regulador aparece en Frankfurt en el año 1891, y al intentar integrar
dentro de sí toda la variedad urbana, “l o hace por el úni co camino en el que es posible
realizar sínt esis cuando la realidad contien e una gran complejidad d e atributos, es
decir, por el cam ino de la abstracción , esto es , de l os indicadores estadíst icos, es decir,
el zonning por densidad y usos” (B escós Olaizola, 1984: 49).
La zonificación del Plan Regulador, nac ido en el Frankf urt del alcalde
Adeckis, ser á posteriormente un i nstrumento institucionalizado y experimentado en la
deriva funcional - organic ista del urbanism o, p e ro será más adelante, con l a celeb ración
del IV de los C ongresos Internacio nales de A rquite ctura Moderna – l os con oc ido s
co mo CIA M – y la posterior publicación de la Carta de Aten as, cuando la
zonificación se convertirá en canon y establecerá los objetivos del urbanism o
moderno , la disposición, superficie y situa ción precisas de las dif erentes zonas
( fun ciones) que inte gran la ciudad – habitació n, trabajo, rep oso, circulación –, y u n
estudio riguroso de los planos que deben fijar el desarrollo de la s distintas zonas,
según una ley or gánica y de acuerdo con las nece sidades de cada una de ellas fijando
“ las relaciones y enlaces entre las zonas de habitación y las de traba jo y reposo de tal
forma que el c iclo diurno de las actividades – habitar, traba jar y recupe rar fuerzas –,
se produzca dentro de una economía estricta de tiempo ” (Bescós Olaizola, 1984 : 58 -
59).
[ 85 ]
Con la zonificación, el urbanismo moderno había adoptado uno de los pilares
de su propuesta, hasta establ ecer unos objetivos generales. P ara que la zonificación
alca n zara es e est a tuto unive rsal , los CIAM habían recorrido antes una amplia
singladura : los cimientos d e su ur banismo se ha bían ido asentando con el ensayo de
Walter Gropius Arquitectura Internacional (1925), su desarrol lo de los Siediun g
(1926-1928) – proyectos que surgían del entorno rural, y donde desde una p laza
central se distribuía un a red de pequeñas calles radia les flanqueadas po r una cortina
continua de casas ba ja s con hue rto trasero i ndividual – ; la exposición de la We rkbund
en Stuttg art , en 1927, la W eissenhofsie diung de Mies van der Rohe, un com plet o
barrio de exposición concebido como manifiest o internacional de los nuevos
prototipos habitacionales; hasta alcanzar la corriente homogeneizadora de los
congresos CIAM: de hecho, las tesis de l II CIAM (Frank f urt, 1929), bajo el lema de
la vivienda m ínima , dedicado al análisi s científic o de las tipologías habita cionales, los
niveles m ínimos de la vivienda y la altitud y el esp aciado de las edif icaciones,
interesados por un u so más raciona l del terreno y la sup erficie; y al año siguiente, el
III C IAM , celebrado en Brusela s , con e l eslogan M étodos constructivo s racionales ,
con la aportación – otra vez – de Walter Gropius en su conocido informe Los
presupuestos sociológicos de la vivienda mínima , un análisis de la vivienda q ue
ejerció una enorm e influencia en los años 30 y en la recons truc ción tra s la Guerra
Mundial, supusieron “ un gran esfuerzo por parte de los a rquitectos ‘innovadores’ para
afrontar y reso lver la d u alidad ca ntidad - calidad en las viviendas de las grandes
ciudades, e sfu e rzo que dentro de los propios CIAM represe ntó consecuentemente el
momento de mayor ‘ co mpr o mi so ’ con los problemas políticos y soci ales”
(Aymonino, 1976 : 98).
Pero el mom ento cumbre de la reflexión estaba por llegar. Y n uevamente de la
mano del carisma. Le Corbusier no había parado de imaginar y había sustentado su
Ciudad Contemporánea en Hacia una nueva arquitectura , que publicó en 1923, en la
revolución social de la nueva arquite ctura basa da en la industria, subrayando la crítica
al mal alo ja miento de las clases trabajadoras , y en 1933 un n uevo adjetivo se añad ía a
la ciudad en las reflex iones colectivas del IV C IAM: la Ciudad Funcional. Una ciud ad
funcional que proyectaría conceptualmente sobre el papel Le Corbusier en la conoci da
como C arta de At enas (Aymonino, 1976 ).
[ 86 ]
4. LE CORBUSIER Y LA CARTA DE AT ENAS: LAS CARTAS MARINAS
DEL GUÍA UTO PIANO
L a crisis de la vivienda af ectaba a millones de personas e n los años de juventud de las
generaciones que concibieron el Movimiento Moderno, y eran conscientes de que el
urbanismo no era solo una cuest i ón de form a, sino que se había convertido en un
problema de salud pública. Por ello la C ar ta de A tenas, redactada por Le Corbusier a
partir de las con clusiones del IV Congreso CIAM – celebrado en 1933 en un cr ucero
Marsella - At enas – t enía algo de diagnóstico m édico. Habl aba de la bi ología y la
psicología de los ciudadanos y abundaba en términos como ‘órgano’, ‘cáncer’,
‘salubrida d’ o ‘patología ’ (García Vázquez, 2009).
A la Isla de Utopía sól o se llega por mar, y no de forma fácil – “l as demás
rocas, oculta s bajo el agua, son verdaderam ente peligrosas. So lamente los naturales d e
la isla cono cen los pasos, y po r consiguiente m uy pocas veces en tran extranjeros en
esta bahía si no van acompañados de un guía ut opian o” (Moro, 2010 : 51 ) –, sin un
explorador que ya haya conocido el rumbo que conduce a su interior. Por ello debe
resultar coh erente con el relato de la teoría urbanís tica que fuera a bordo de un
crucero , el Patris II, en pleno m ar y rumbo a Atenas desde Mars ella, en agosto de
1933, donde los miembros del IV Congreso CIAM llegaran a las conclusiones que
sirvieron a Le C orbusier para redactar la Carta de Atenas, una suerte de ca rtas marinas
para la navegación de las ideas corbusianas en el proceloso m ar del ur banismo
contemporáneo, publicada una década m ás tarde. Y debe ser igualmente coherent e
que fuera Le Corbusier, que ya se había internado con propósito i ndividual en el
conocimi ento del sueño urbano, el guía utopiano que llevara el timón de una
tripulac ión que siem pre fue más amp lia.
La vivienda es un fenómeno biológico ( Cor busier & Jeanneret , 1976) ,
comenzaba n a mbos autores su Análisis de los elementos fundamentales en el
problema de la ‘vivienda mínima’ , un documento que formaba parte de e se II
Congreso I nternacio nal de Arqu itectura Mo d er na consagrado a la vi vienda para el
mínimo nivel de vida. Tanto ese congreso, celebrado en Frankfurt en 1929, com o el
desarrollado un año después en Bruselas y de dicado a los Mé to d os constructivos
racionales. Casas bajas, medias y a ltas , suponen buena parte d el su strato teórico que
conducirá pocos años despué s a la Carta de Atenas. De ahí que la consideración de la
vivienda como fenómeno biológico , un concepto que formará parte sustancial de la
[ 87 ]
Carta, fueran precisam ente las prim eras palabras de su contribuc ión d irecta al II
Congreso CIAM.
Era sólo el inicio de un análisis que en buena medida supone, junto a buena
parte de los document os de los CIAM mencionados, la géne sis intelectual d e l a Carta
de Atenas y de sus elem entos : la casa funcional – “la vida d oméstica consiste en una
serie r egular de funciones precisa s” –, humanizada – “ respirar, ver oír, o aire , sonido,
luz” – , a escala hum ana – “para cada fun ción es necesaria una capacidad mínima tipo,
estándar, necesa r ia y suf iciente ” –, l a consideración social de la vivienda – “ la
vivienda mínima (instrumento so cial indispensable en la época pre sente) ” –, la
salubridad –“ ¿P ara qué sirven esto s pilotis ? Para sanear las viviendas, perm itiendo el
e mpl eo de materiale s aislan tes ” –, pero también la segr egación – “s egún el problema
(capacidad), según el rango social, la cat eg oría del habitante (modo de vivir), según el
sol, el viento, la situación topográfica (urbanismo) el arquitecto de equipamiento
podrá inventar conjuntos biológic os estándar” –, la uniformidad – “la estruc tura será
estándar, los elem entos de la casa, los obje tos del e quipamiento serán estándares,
sobre una serie de m odelos establecidos a una justa escala hum ana” – , o la
universalidad – “los métodos industriales […] deben l legar a ser útiles bajo todos los
climas” – ya se encuentran presentes en su refle xión so bre la vivienda mínima
(Corbusier & Jeanneret, 1976: 126- 138 ) .
Pero es una nave con tripul aci ón, no so lo t imonel. Walter Gro pius, otro
nombre propio de la arqu itectura y el urbanismo de esa cen tur i a, forma parte activa
con sus documentos de los congreso s CI AM. La consideraciones sociales form an
parte de la reflexión de ese congreso que exige – entre exclam aciones – l a vivienda
mín i ma .
En corresp ondencia con las característ icas más acent uadas de la v ida ind ividual en el
ámbito de la socieda d futura y en corr e sp ondencia c on la justa e xigencia del
individ u o a aislarse temporalme nte del mundo ci rcundante, se deberá enuncia r la
exigencia i deal mínima: ¡Un a habitaci ón, aun q u e pequeña, p ara cada per sona adulta!
La vivien da míni ma resultan te de estas consider aciones prev ias repre sentar ía el
mínimo práct ico neces ario para realizar su fin y su sig nificado : ¡la vivi enda están dar!
(Gropi us , 1976 b : 121 )
[ 94 ]
humanas” . A partir de 1956 el Gobierno británico empezó “ a dar tres veces m ás por
una vivienda en un bloque de qui nce pisos que por una casa” con la consiguiente
repercusión: a finales de 1950 los bloques de cinc o pisos o más eran el 7 % del tota l en
Gran Bretaña, porcentaje que aum entó al 26% en la década de 1960 (Hall, 1996: 230-
235).
En Estados Unidos, también la intervención pública, mediante la inversión de
dinero federal en la renovación urbana , y los urbanistas corbusianos provocaron e l
método del ‘Bulldozer federal’ , que recorrió todo el país: una polí tica d e renovación
de viviendas supu e stamente para las clase s más desfavorecidas qu e, en marzo de
1961, había destruido cu atro veces más viviend as que las que había constr uido : “el 40
por ciento de las nuevas construcciones no eran viviendas, y las que se hicieron eran
bloques altos d e apartamentos edificados privadamente por las que habí a que pagar
alquileres elevad os” (Hall, 1996: 238-244).
6. ESPAÑA: LA “AUTO RIDAD ES PECIAL” DEL FRAN QUISM O
El polígono se había convertido as í en la referencia principal de la producción de
viviendas del capitalismo industrial occidental. España se iba a convertir en u no de
los países adoptantes más fiel es a las ideas co rbusia nas, toda vez qu e la “autoridad
especial” pa ra la consum ación de los postulados que r eclamaba el cread or suizo
existía en España en forma de dic tador y de una política de vivienda dirigida de
manera centralizada.
La autoridad especial con propósito de intervención políti ca d irect a que
anhelaba Le Corbu sier se pretendía igualmente en E spaña tras la Guerra Civil, donde
en la I Asamblea Nacional de Arqu itectos se emplea, de manera im precisa, los
conceptos de “nueva ciudad”, la “ciudad nuestra” o “la Ciudad del Movimiento”
(J iménez Díaz & Rubio Díaz, 1980: 60 ) , en la búsq ueda de una expresión
arquitectónica que hiciera visible la nueva autoridad política y partidaria victoriosa, y
que se concretará en la abstracción teórica de la “c iudad falangista [ …] un estilo
arquitectóni co capaz de expresar la i dea del resurgir nacional ” (Terán, 1999: 229).
La llegada de los polígonos corbusianos y su vinculació n con lo social se
produciría por su capacidad de antí doto contra el chabolis mo. La estrategia est atal
franquista se había ini c ia do con el Plan Nacional de Regiones D evastadas, por las que
[ 95 ]
la propia Jefatura del Estado adoptaba la reconstrucción de los poblados que habían
sido destruidos en más de un 75% , y la Ley de Viviendas Protegi das (1939 -1954)
( Terán, 1999: 230 -232). A nte la lle gada masiva de inm igrantes a las dos ciudades más
pobladas del Estado – Madrid y Barcelona – se incrementó en los años 50 la
producción de vivienda de nivel bajo a t ravés de dos instrumentos institucionales – el
Instituto Nacional de la Vivienda (INV) y l a Obr a Sindical del Hogar (OSH) – y dos
herrami entas para la reactivac ión de esa c onstrucción – viviend as protegidas,
dependientes del INV, y las viviendas bonificables, de la Junta Nacional del Paro,
ambas del Ministerio de Traba jo – dentro del I P lan Nacio n al de la Vivienda (1954-
1960 ). Esas viviendas bonificables constituían una “trampa ” ( Ter án, 1999: 232 ) p ara
la construcción de viv iendas de m ayor calidad y sin límite de p recio con ayuda estatal .
Esa vocación que vinculaba lo político, lo soc ial y lo urbanístico dio lugar a
una dinámica intensa de construcción de vivienda, “el ritm o más alto en la historia del
país” ( Terán, 1999: 234 ) . La Ley de Régimen del Suelo y Ordenación Urbana (1956),
que suponía la adopción de la zoni ficación y la planificación; la creación del
Ministerio de la Vivienda (1957), el Plan de Urgenci a Social de Madrid (1957) y la
Organizaci ón de Poblados Dirigidos (1957 ); el segundo Plan Naci onal de la Vivienda
(1961-1976); pero, sobre todo, la creación de la Gerencia de Urban ismo (1959), serían
algunos de los hitos de esa po l í tica franq uista para la vivie nda ( Terán, 1978) . La
creación de esa Gerencia d e Urbanismo supondría una f ractura cualitativa respecto de
la Ley de Régimen de Sue lo, que había introducido la zonificación, el planeamie nto y
las garantías lega les respecto de l a propiedad del sue lo. Con l a pretensión de
conciliación de la urgencia falangista por atender la necesidad social de vivienda y la
producción consecuen te de más casas ( Terán, 1999 : 246 ) , la Gerencia de Urbanis mo
qu iebra el legalismo y la prudencia planificadora de la Le y del Suelo para poner a
disposición del Inst ituto Nacional de la Vivienda (INV) suelo al margen de los Planes
de Ordenación, m ediante Planes Parciales qu e los desoyen, y la política de vivi enda
socia l “pasa de ser desa rrollada por m edio de polígonos de talla media a la ejecución
de enorme actuacione s que constituían unidades urban ísticas nuevas de gran
envergadura” (Terán, 1999: 247).
No solo la necesidad soc ial impulsaba en Esp aña la construcción de polígonos
sociales de vivienda. El desarrollo económico y la generación de empleo propiciaba
una actividad constructora permanente. Al igual que en el ámbito anglosajón y en el
escandinavo , y que en Francia y Brasil , en España también queda pat ente “la
[ 96 ]
vin culación del periodo de construcción masiva de polígonos de vi viendas con un
período de fuerte desarrollo económico, donde la construcción de viviendas, pautada
en la partici pación de las const ructoras privadas, s e ha constituido en un factor m ás de
la reactivación eco nómica, por la creación de e mpleo en el sector de la construcción
civil” (Blos, 1999: 62 ) , aunque ese desarrollo económ ico no s e a del todo coincidente
en el tiempo en los casos español y fr ancés respecto del b rasileño.
7. LA CRÍTI CA CONT EMPORÁNEA AL ÁRBOL A RTIFI CIAL
Los últimos años del franquismo iban a mantener la construcción de polígonos de
viviendas como antídoto no ya sólo contra el ch abolismo, su misión inicial, sino para
la producción de espacios u rbanos de segregac ión , en una planifica ció n tan social y
política como urbanística.
Las activi dades prod uctivas, el nú mero de h abitantes, las categ orias so cio -
profesio nales, el sist ema de vid a, están ya con cebidos prev iamente y obed ecen a unas
finalidades político - econó micas muy concretas: d e scongesti ón de las grandes ciuda des
metropoli tanas, o, en algunos casos, la pot encializaci ón industr ial de algu nas áreas
económica mente atrasad as. (Tello, 19 74: 179)
A l igual que se producían espacios masivos para los obrer os del desarrollism o
y el tardo fr anquismo, se generaban las críticas y las adver tencias sobre la solució n
escogida. España, su s académicos y a través d e ella su socied ad , no era ignorante ni
ajena a las censur as q ue ya tam bién eran globales , en los m ismos años en que
continuaba de maner a pe rmanente es a pr oducción urbana, hasta el punto de que la
fundación Foessa 2 dedica a la vivienda uno de s us prestigiosos informes , en 1972, y
censura directam ente las coordenadas de las ca rtas marinas orientadora s de las que se
habían nutrido Le Corbusi er y su seguidores. En ese inform e 3 , se c uestiona la
2 La Fun dació n Foessa (Fom ento de Es tudi os Socia les y de Sociol ogía Apl icada ) se co nstituy ó en 196 5
y fue clasificada como de car ácter benéfico - docent e por orden del Mi nisteri o de Educa ción Nac ional el
17 de ene ro de 196 6 (G ó mez - Morán, 1972) .
3 Arquitecto español adscr ito a misiones de la ONU , según figura e n el peri ódic o ABC del 7 de may o de
1974 (p. 58 ) . Mario Gómez - Morán Cima no era precisamente un desconocido en el ámbito acad émico
y polític o de esos a ños. P rofesor de la cátedra de vivienda social de la ETS de Arquitectura de Madrid,
estuvo ad scrito a la Unión I nternac ional de Arquit ectos a nte l a C EE y a misiones en materia urb anística
de Naciones Unidas.
[ 97 ]
naturaleza funcional mism a de la vivienda , y advierte so bre la necesidad de una
interpre tación social del problem a de la vivienda – “ e l funcionalismo […] suele
basarse en un desconocim iento de los hábito s sociales del usuario ” (Gó mez -Morán,
1972: 201) –, el p eligro de las ba rriadas segregadas – “e l prob lema es evidente,
porque a la tendenc ia natural segregativa s e sumaría una of erta selectiva, destin ada
cas i en exclusiva a cie rtas clases sociales, tendencia de resu ltados muy perjudicia les”
(G ó mez - Morán, 1972: 76) –, y los efectos del desarraigo – “t odo cambio de ambiente
comienza por originar un desarraigo con pérdida en el cuadro de va lores personales ”
(G ó mez -Morán, 1972: 229) –.
Las críticas eran , sin em bargo, de un tono m ucho más ácido en el ámbito
anglosajón, y se habían iniciado una década antes, en los años previos a la muerte de
Le Corbusier, con la publicación, en 1961 , de Vida y muerte de las grandes ciudades
estadounidenses , que “rápidam ente se co nvirtió en uno de l os l ibr os más influyent es
de la histo ria del u rbanism o” (Hall, 1996 : 245 ) . Su autora, Jane Jacobs, una
divulgadora científ ica y activist a canadiense, criticab a duram ente las d os tendencias
sobre la s que se basó la planif icación urbanística d urante el medio si glo previo, la
Ciudad-J ardín y a los corbusianos, a los que acusaba d e plas mar en la ciudad
exclusivamente el fruto de sus egos , y consider aba que la plan ificación er a
esenc ial mente pa ternali sta e incluso auto ritaria , en la estela de la crít ica a la
“autoridad especia l” reclamada p or Le Corbusier.
D esde Berkeley llegaban, en 1965 , finas censuras académicas a las f ormas de
pensamiento que h abían generado l as ciudades artificiales. C ristopher Alexan der, un
arquitecto alem án, r eivindicaba e n La ciudad no es un árbol la necesidad de entender
la ciudad como la estruc tura de la semi - tram a – “una estructura más compleja y sut il ”
(Alexander, 1968 : 22 ) – y no con la simp licidad del árbol. Las ciudades artif iciales,
“las que han sido cread a s, en todo o en par te, po r diseñadores y planif icadores […]
carecen de algún ing rediente esen cial ” (Alexander, 1968: 20 ), y a éstas atribuía
Alexander la f orma del árbol : “La falta de complejidad est ructural caracter ística del
árbol es la que está mutilando nues tra concepció n de la ciudad” (Alexander, 1968 :
22) , decía Alexande r, y concluía que “si cons truimos ciudades que son árboles, ellas
cortarán nuestras v idas en pedazos” (A lexander, 1968 : 30) .
Aunque la censura más ef iciente llegaba de la propia realid ad, la
implementación d e las ciudades artificia les denunciadas por Alexander . En España,
[ 98 ]
en el polígono La Paz, en Murcia, las casas se entregaron en 1965 a sus nuevos
moradores sin equipamientos ni zonas verdes (García & M iguel, 2013) . En Ciut at
Badía, la propaganda del Ministerio de la Vivienda proclam aba en 1974 que en dicho
po lígono, prev ist o para 25.000 habitantes, se podría e studiar bachillera to, ir a mis a ,
poder ser visita do en un ambulatorio por tres médicos y un pediatra, ir a un centro
social, com prar e n un supermercado o en pequeños comercios, ir a un cine, poner un
telegrama o certificar u na carta, tener una resi dencia de ancianos y un edificio con
gestor, médicos, abogado s, así como disponer de una pis cina, seis pistas de tenis, un
campo de fútbol, un a pis ta de patinaje, tres pistas po lideportivas y un gimnasio, una
c iudad feliz que contrastaba con las adv ertencia al Gobierno centra l del alcalde de
Barberá, uno de los municipios donde se enclavó finalmente el polígono, de que “ no
era aconsejable el as e ntamiento de la población en una ciudad falta de agua potable,
sin accesos directos y sin escuel as ni servicios de ninguna clase ” (Sánchez, 1982 :
154).
El caso más drástico se vivió, en 1972, en Pruitt - Igoe, en St. Louis. El
proyecto, del arquitecto Minoru Yam asaki, ganó un pr emio tras su inauguración, en
1951. Entre 1955 y 1956 se terminaron treinta y tres bloques idénticos, con 2.800
apartamentos. Ya durante la inauguración se estropeó uno de los ascensores, y los
edificios estaban mal equipados, sin vent ilación y con d ificultades para su
mantenimiento. En 1965 más de dos terceras pa rtes de s u s habitantes era n menores de
edad , el 70% menores de doce años , las m ujeres eran cabeza de familia en el 62% de
las familias, el 38% de los pisos estaban h abitados po r personas sin empleo. Los
bloques comenzaron a deteriorarse, hubo explosiones de gas. En 1969 los inqui l inos
dejaron de pagar los alqui le res de las viviendas sociales. En 1970 el 65% del nuevo
barrio estaba desocupado, 28 de los 34 ascensores ya no funcionaban. “En 1972,
aceptando lo q ue era inevitable, las autorida des p úblicas de cidieron d emolerlo” ,
deiciséis años desp ués de su premiada inauguración (Hall, 1996: 247-248).
Eran situaci ones y críticas ac adémicas contem poráneas al desarro llo tardío de
las ideas corbusiana s y, en el caso español, en convivencia con la existencia de l
régimen político f ranquista. Muchos años d espués, las evaluaciones d isfrutan de más
perspectiva y siguen sin poder eludir la crítica. En un análisis comparado de los casos
francés , brasileñ o y es pañol, se subrayan las consecuenc ias urbanísticas de estos
polígonos dado que “ las políticas de viviend a fuertemente centra lizadas se han
llevado a cabo, a menudo, desconect adas de la realidad urba na y de las necesidades
[ 99 ]
reales de vivienda en ámbito m unicipal ” (Blos, 1999: 62 ), se subraya la incentivación
de “ la periferización del crecimiento urbano y la construc ción de áreas residenciale s
totalmente desv inculadas de la m alla urbana existen te ” (Blos, 1999 : 62 ) . Sin embargo,
algunos auto res p onen el acento de la problemática de la integración de los polígonos
de viviendas públicas en la c iudad no de forma exclusi va en sus características
urba nas o edificatori as, sino en su estrecha relació n con las características
socioeconóm icas de la poblaci ón residente , objeto de segregación , dado que “ la
excesiva unif ormidad de la pob lación residente, bien como sus car acterísticas soc iales
en algunos polígonos ha sido también una fuente de p roblemas en el funcionamiento
interno de los barrios y en su relación con otras áreas ur bana s tradicionales ” (Díaz i
Gómez, Ferrer i Aixalà, & García i Riera, 1992 : 159).
E n el caso f rancés, la evaluación de la política de con strucción de grands
ensembles , concluida en 1973, y dada la radical d i fere ncia de concepción urb anística
que supuso como propuesta con “condiciones frecuentem ente difíciles para una v ida a
escala hum ana” (Blos, 1999: 159), se cita la ruptura en relación a los cen tros urbanos
existente s favorec iendo la creación de g uetos, el alejamiento agravado por l as
dificultades de conexión con los lugares de la vida cotidia na – locales de t rabajo,
centros adm inistrativos y sanitarios, establec imientos escolares y univers itarios,
locales de o cio y comercio – y el “brutalismo espacia l ” (Blos, 1999: 159), que rompe
l a escala de las relaciones so ciales , como resultados de los procesos sociales
generado s en el seno de est os pol ígonos.
Los resultados parecen haber sido, al igual que la const rucción de los
polígonos, de consideración cas i universal, h asta el extrem o de q ue, como form a de
intervención – “tant os años de una polític a residencial desafortunada en el
planeamiento y en su implem entación han acabado por desacreditar el instrumento
más habitual de construir un fragmento unitario de ciudad, e l polígono, cuyo nombr e
ha pasado a tener una componente peyorativa ” (Ferrer i Aixalá, 1996) – adoptaron
una identidad de desconsideración global.
L a evaluación sobre el desacreditado políg ono, y de las sentencias
intelectuales de la Carta de Atenas d e las que surgió , llega a alcanzar tonos am argos ,
cuando cuar enta años después de iniciado el de bate por la ‘casa a lta’ de la Carta d e
Atenas se reabre con la acusación a sus blo ques en altura “ de ‘ali enantes’ […] la
modernidad apostó por la prefabricación y la estandarización, por una ar quitectura de
masas const ruida para las m asas. […] El modelo urbano resultante fue un espacio
[ 100 ]
isótropo puntuado por una secuencia ina cabable de idénticos bloques en altura que
flotaban en un océano verde ” (García Vázquez, 2009: 216). Y apuntan al propio Le
Corbusier, a su contexto personal, a su clase social y situación familiar, dado que los
espa cios con g randes densidades de población re quie ren grandes presupuestos “que
no puede esperarse de las viviendas subvencionadas públicam ente” (Hall , 1996 : 2 38) ,
y esgrimiendo la incide ncia de sus propuestas en los niños, dado que “a menos que
puedan jugar durante la infancia, al crecer se convertirán en un problem a” (Hall,
1996: 238). “Evidentemente, Le Cor busier desconocía toda esta problemática porque
era de clase med ia y, además, no tenía hijos” (Hall, 1996: 238), se concluye. La
crítica a Le Corbusier, por mor del enorme influjo que sus ideas ejercieron sobre el
paisaje urbano , pero también sobre las vidas de millones de familias y ciudadanos, se
co nvierte casi en ajuste de cu entas .
El daño que hi zo Le Corbusie r le ha sobrevi vido; es pr obable que lo bueno haya
quedado ent errado e n s us libros, que nadi e lee por la s imple razón de que son
ilegible s. (Hay que de cir que los di bujos r e sultan a veces inter esante s porque nos
muestran su capacid ad como d ibujan te). Pero h ay que hacer un g ran esfuerzo para
compre nderlo porque, e n el sigl o XX, su influenc ia sobre e l urbanismo ha sido
enorme. Pare ce , pues, que la os cu rida d no es una barrera para la com unicación, por lo
menos pa r a s e gún cuál. Sus id eas, forjadas en tre la in telectualid ad parisin a de los
años 1920, s e utiliz aron entre 1950 y 1960 para planifica r las vivienda s de la cl ase
obrera en S heffiel d, St. Lo uis y cientos de ciu dad es; los resu ltados ha n sido
discutib les en el mejor d e los casos y , en el peor, catastrófi cos. Cómo y por qué llegó
a suceder est o es una de l as historias más cu riosas, pero también meno s cu e stionad as,
de la histo ria intelectu al de la plan ificació n moderna . (Hall, 1996 : 216 )
Igualmente contundente, la crítica a Le Corbusier y a su consideración de
divinidad moderna, desde la demoledora ironía , responde a su participación en la
desposesión del derecho a la ciudad.
[…] por l o que resp ecta a Le C orbusier se co mport a c omo un filó so fo de l a ci udad
[…] El func ionali smo reduce así la so ciedad ur bana a la eje cución d e algunas
funcion es previstas y prescritas sob re el terreno por la arq uitectura . Semejan te
arq u itecto s e con sidera un “hombre de s íntesis”, p ensad or y practi cante. Cree y quiere
crear las rela ciones h umanas d efin iéndolas, concibiendo s u marco y su ambientació n.
[ 101 ]
El Arquit ecto, en una pe rspect iva que toma como punto de re ferenci a horizont es bien
conocidos por el pens amiento, s e p ercibe y concibe co mo Arquitect o del Mu ndo,
image n humana de Dios creador . (Lefebvre , 1975 : 60 )
Una “indispensable […] crítica rad ical tanto de las filosofías de l a ciudad
como del urbanismo ideológico, sobre el plano teórico y sobre e l plano práctico”
(Lefebvre, 1975: 62 ), a la que han debido consagrar sus vid as muchos de quienes se
vieron habitando la utopía otorgada.
[103]
V . LOS CIMIEN TOS DE EXC EPCIÓN E N EL EPÍLOGO DE LOS
GRANDE S POLÍGONO S
Puede deci rse que q uien cono ce una ciudad l as conoce to das, tan se mejantes so n unas
a otras en la medida en q ue lo per mite la natu rale za del lugar . Os de scribir é una
cualquier a de ellas , pero ¿por qué n o escoger Ama urota? Es la más d igna de el lo […]
Utopía. Tomás Moro
Las experiencias – y la reflexión académ ica – que advertí an sobre el esc aso éxito de la
solución urbanística en form a de polígono como tipología de asentamiento pa ra
albergar a fam ilias con escasos recursos econ ómicos , en el contexto español y en el
ámbito internacional, no impidieron que ésta fuera la sol ución adoptada, nuevamente,
en la última de las actuaciones del Minis terio de la Vivien da, a través del Ins titut o
Nacio nal de U rbanism o (INUR): la prod ucción de los grandes polígonos, entre ellos
el último, el Polígono de Jinámar.
Las Palmas de Gran C anaria y su entramado urbano se d esarrollaba en v irtud
de su configuración so cial, en un proceso de privilegio económico y político de
determinados grupos profesionales m ediante l a ayuda pública a la vivienda . Entre
1956 y 1978, un 83,6% de las viviendas que habían recibido algún tipo de ayuda
pública tenía más de 90 metros cuadrados, y el 48,2% no superaba los 70 metro s
cuadrados. Las viviend as de más de 120 m etros cuadrados se en contraban en zona s
como Santa Catalin a, Guanarteme, A lcaravaneras, Prim ero de Mayo o Tomás
Morales, así com o en la Avenida Marítima o en la Avenida de Escalerit as. Es decir,
en ubicaciones de c entralidad urbana, o de expansión en contigüi dad con la ciudad.
Las casas de más de 9 0 metros cuadrados se encontraban en ámbitos periféricos. Los
principales beneficiarios de esas ay udas públicas a l as viviendas eran f uncionarios del
régimen franquista, m ilitares y co lectiv os profesi onales de clase media – funcionari os
de Hacienda, en la Avenida Mesa y López, funcionarios del Cabildo de Gran Canaria,
en la Avenida Marítim a, como casos paradigm áticos –, con un doble objetivo: político
– el sostenimiento de las adhesio nes al régimen – , y económico – objet ivos
macroeconóm icos, empleo y sostenim iento de determinadas em presas – (Parreño
Castellano , 2003) .
En contraste, las prom ociones públic as de vivienda social pa ra la clase obrera
no gozaban de esas di mensiones en sus vivien das. Las viviendas de la barriada de
[110]
Tabla 1 .
PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1942-1956) LAS PALMAS G C -
GESTIÓN PÚBLI CA EXC LUSIVA ES TATAL
Nombre Barri o Promotor Fecha
Viviendas
Tipología Tipo
asentamient o
García
Escámez Escaleri tas
Mando
Econó mico
Ayt o.
1942 422 Unifam iliar
en fila Ciudad - ja rdín
Nª Sª del
Carmen La Islet a Ay to. 1944 76 Bifam iliar
en fila
M anzana
cerrada
manzana
abierta
General
Franco Sch amann
Mando
Económ ico
Ayt o.
1945 427
Unif. en
fila post.
blo que
Ciudad - jardín
Zárate San Jo sé
Cabildo,
CIA, PFF,
INV
1950 2.054 Bloque Polígono
Martín
Freire
Schamann PFF 1951 1.488 Bloque
Manzana
abierta
Maestros Al caravaner as Ay to. 1948 32 Bloque
Manzana
abierta
J. Gª
Hernández
Guanarte me PFF 1952 96 Bl oque
Manzana
cerrada
F. Sanz
Orrio
La Isleta OSH 1954 168 Bl oque
Manzana
abierta
R. Suárez
Franchy
Lomo
Apolinario
OSH 1954 96 Bloque Polígono
Nª Sª del
Pino
Arenales OSH 1954 48 Bl oque
Manzana
abierta
Los
Albergues
Schamann Ayt o. 1954 305 B loque
Manzana
abierta
Alfredo
Cabrera
Sta. Ca talina
OSH
1954 32 B loque
Manzana
abierta
José
Antonio
Alcaravan eras OSH 1955 132
Viv.
colectiva
Manzana
cerrada
Fuente: Elabora ción propia , a partir de ( Bescós Olai zola , 1984 : 225 - 230 ). Leyenda : CIA
(Caja Insular de Ahor ros), PFF (Patronat o Francisco Franco), INV (Inst ituto Nacio nal de l a
Vivienda) , OSH (Obra Sin dical del Ho gar).
Igualmente, se ocupa a parte de la población que se encontraba en
situación de desempleo, en convivencia con el impulso de infraestru cturas
urbanas para la cons trucción de edi ficios en altura en las z onas de Mesa y
López, General F ranco – actualmente Primero de Mayo – , extensión al
mar d e Triana – la actual Avenida Ma rítima –, Tomás Morales – en
Arenales – , y Campo de España. Este periodo supone la primera fase en la
generació n de v ivienda económ ica en Las Palmas de Gran C anaria (tabla
[111]
1) , un periodo de gestión pública exclusiva estatal (1942 - 1956), sin una
sola actuación privada (Bescós Olaizola, 1984 : 225 ). El Mando
Económico (1941 - 1946), encarnado en el Capitán García Escám e z,
facilitaba en una primera etapa vivienda a los ex combatientes – del bando
vencedor – . En 1950 se crea el Patronato Francisco Franco, organismo
dependiente del Gobierno Civil de Las Palm as, “principal responsable de
la catastrófica situ ación actual de l a ciudad de L as Palmas, con actuacion es
desgraciadas que hipotecan el futuro de la ciudad para muchos años”
(Bescós Olaizola, 1984: 225) . De 1954 data la primera intervención de la
Obra Sind ical del Ho gar (OSH ) – los grupos Sanz Orrio, Suárez F ranchy,
Nª S ª del Pino, Cabrer a Ortega, con un total de 876 viviendas – . Actúa por
pequeños grupos apoyados en la estr uctura urbana ya consolidada,
insertándos e sin ruptu ra en el des arrollo natu ral de la ciudad.
d) Nuevas fases de expulsión y de expulsión programada, derivadas de l a
dispersión de las estra tegias familiares de b úsqueda de vivienda en
procesos de pa rcelación incontr o lada y el impuls o de los polígonos
(1960-1975) , en donde es el mism o Estado el que establece en su Ley de
21 de julio de 1962 la contradicción entre la necesidad de plan eamiento y
la posibilidad de que éste sea modificado por decreto para el
establecimiento de nuevos proyectos urbanísticos. Pero habrá un elemento
común: la búsqueda de comunicación con el resto de l a ciudad. L os
polígonos, de alt uras máxim as de cuatro y seis p lantas, ocuparán la zona
alta de la ciudad, en algunos casos promovidos por la iniciativa privada y
en otros por iniciativa estatal, acogiendo el proceso de expulsión
programada y or ie ntados siem pre a la comunicación con el r esto de la
ciudad, como en el caso del polígono de Cruz de Piedra y San Cristóbal,
dado q ue “l a may or parte de ellos se l ocalizaría de form a disp er sa y li gada
a las vías de mayor accesib ilidad al centro” (Casariego Ram írez, 1987:
61) , aunque fuera del espa cio clas ificado por el Pla n General de
Ordenación Urban a de Las Palmas de G ran Canaria de 19 62 como suelo
urbano o de reserva urbana . Y, por otro lado, el proceso de expulsión, q ue
deriva en est rategias familiares “m ediante la parcelac ión de propiedades d e
diverso tamaño y la autoncostrucción mayoritaria”, la urbanización
marginal ( Bescós Olaizola, 1984: 278; Casariego Ramírez, 1987: 61) ,
[112]
también en búsqueda de vías de comunicación. En relación con la
producción de vi vienda económica (tabla 2) , este periodo se corresponde
con la generación de polígonos generalizados y primeras operaciones
privadas planificadas (1957 - 1963), en San Francisco y Las Chum beras,
tras el cam bio en el m arco insti tucional e statal – Ley de Viviendas de
Renta Lim itada (1954), Prime r Pl an Nacional de la Vivienda (1955) y la
creación del Minis terio de la Vivien da (1957) – y de la nueva planificación
de la ciudad – Las Palmas de Gran Can aria cuenta con su Plan G eneral de
Ordenación Urbana ( 1962) – . Pero a la intervención estatal no se le exige
planeamiento previo. El bloque se generaliza co mo tipo edificatorio, y con
él el polígono se expande como tipo de asentamiento. La iniciativa privada
impulsa equipam ientos rentables en locales com erciales, en los bajos de
las viviendas (Bescó s Olaizo la , 1984).
Tabla 2.
PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1 957 - 1963 ) LAS PALM AS GC -
POLÍGO NOS Y PRIMERAS OPERA CIONES PRI VADAS PLA NIFICA DAS
Nombre
Barrio
Promotor
Fecha
Viviendas
Tipología
A sentamient o
Buenavist a
Escaleritas
Privado
1957
7 76
Bloque
Polígono
5 de
Septiembre Fincas Unidas OS H 1958 60
Viv.
colectiva
Manzana
cerrada
Escaleritas
Escaleritas
PFF, INV,
OS H
1958
1.868
Bloque
Polígono
Nueva
Isleta
La Isleta
Privado
1958
428
Bloque
Polígono
Cuatro
Cañones Scha mann
Mº
Ejército 1958 160 Bloque Polígono
Arapiles
Rehoy as
PFF
1959
1.060
Bloque
Polígono
Polvorín
Bajo Rehoy as PFF 1959 136 B loque Polígono
Casablanca
La Isleta
Privado
1960
88
Bloque
Manzana
abierta
Arapiles II
Rehoy as
PFF
1961
1.076
Bloque
Polígono
--
Alcaravan eras
Mº
Marina
1962
28
Bloque Manzana
cerrada
Polvorín
Alto Rehoy as PFF 1962 780 Bloque Polígono
S . Francisco
S. Francisco
Privado
1963
260
Bloque
Polígono
Fuente: Elabora ción propia , a partir de ( Bescós O laizola, 1984 : 225 - 230) . Leyen da : PFF
(Patronat o Francisco Fran co), INV (In stituto Nacional de la Viv ienda), OSH ( Obra Sind ical
del Hogar) .
[113]
Tabla 3.
PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1 964 - 1968 ) LAS PALM AS GC -
MAYOR INICI ATIV A PRIVADA Y G RAN ACTI VIDAD E DIFICATO RIA
Nombre Barri o Promotor Fecha Viviendas
Tipología
edificatoria
Tipo
asentamient o
Edificio
España
Schamann PFF 1964 188 B loque Singular
Arapiles III
Rehoy as
PFF
1964
500
Bloque
Polígono
Portuarios
Puerto
JOP
1964
200
Bloque
Polígono
Pabellon es
Militares
Rehoy as
Mº
Ejército
1964
75
Bloque
Polígono
Las
Chumbe ras
Escaleritas Privado 1964 1.81 0 Bloque Polígono
Hoya d e La
Plata
Hoya d e La
Plata
Ayt o.
1965
500
Bloque
Polígono
Casablanca
Hoya d e La
Plata
Privado 1966 1.05 6 Bloque Polígono
El Lasso El La sso Cabildo 1966 504
Bloque y
viv. unif.
fila
Polígono
Cruz de
Piedra
Miller Bajo Privados 1966 185 Bloque Polígono
Los
Betancores
Miller Bajo
Privados 1966 232
Bloque
Polígono
Los
Ruiseñores
Miller
Privados 1966 76
Bloque
Polígono
Sta. Elena
M iller
Privados
1966
159
Bloque
Polígono
Los
Angeles
Miller Privados 1966 224 Bl oque Polígono
Las
Gaviotas
Miller
Privados
1966
274
Bloque
Polígono
Copherfam
Miller
Privados
1966
500
Bloque
Polígono
Divina
Pastora
Miller
Privados
1966
650
Bl oque
Polígono
La Paterna
La Paterna
Ayto. y
privado
1967
2.023
Bloque
Polígono
Tamaraceit e
Tamaraceit e
PFF
1967
354
Bloque
Polígono
Parque
Atlántico
Feria
Atlántico
Privado
1967
314
Bloque
Polígono
S. José
Artesano
Lomo
Blanco
PFF
1968
990
Bloque
Polígono
Fuente: Elabora ción propia , a partir de (Bescós Olaizola, 1984 : 225 - 230 ). Leyend a : PFF
(Patronat o Francisco Fran co), JOP (Junta d e Obras del P uerto).
Para pasar, f inalmente, a u n periodo de protagonismo de la inicia tiva
privada y gran actividad edificatoria (1964 -1968 ) casi sin planeamiento
previo, por las exp ectativas creadas po r el Plan de 1962. El Plan Parcial
del Suroeste (1964) y el Proyecto de Urbanización de Miller Bajo (1965),
ambos de iniciativa pr ivada, son de este periodo, con el l ocal comercial
[114]
como protagonista de las plantas b ajas. El singular Edificio España, en
Schamann , la tercera ampliación de Los Arapile s, en Las Rehoyas,
Tamaraceite y San José Artesano, en Lom o Blanco, todas actuaciones d el
Patronato Francisco Fran co, más las viv iendas para subo ficiales del
Ejército de Tierra en Las Rehoyas promovidas por el Ministerio del
Ejército – en Arapiles, también p ara suboficiales y p ersonal civil del
Ejército del Aire, en las calles Plaz a de la Paz y Virgen de L oreto – s er á n
las intervenciones esta tales, a las que se añaden otras de promoción
municipal, del Cabildo y de la Junta de Obras del Puerto (tabla 3).
1.2. Polígono de Jinámar. El epílogo de los grandes polígonos (1969-1979)
H abrá una nueva expulsión, también programad a , pero de mayores dimensiones : los
grandes polígonos de Cruz de Piedra y San Cristóbal , las únic a s interven ciones
significativas que se van a producir dentro del “teórico límite que propone el Plan 62”
en cuanto a ut i lización de suelo (C asariego R amírez , 1987: 46 -65), y que supondrá l a
construcción de unas 6.170 viviendas . Pe s e a todo , no serán suf icientes. Durante el III
Plan Nacional de l a Vivienda (19 61-1976) en el caso de Canarias, no se construyero n
las viviendas protegidas que correspondían al incremento de su población: 10.709
viviendas de promoción pública y 16.582 de promoción privada en Las Palmas de
Gran Canaria (Parr eño Cast ellano & Díaz Herná ndez, 2006) .
E l Instituto Nacional de Urbanización (INUR), la nueva denominación de la
Gerencia de U rba nización a partir de 1972, será el enca rgado de prom over esos
grandes polígonos de San Cristób al y Cruz de Piedra. Pero habrá un te rcero, el últi mo
y de mayor dim ensión : el Polígono de Jinámar. Todos ellos son produc idos a partir
del decreto -ley de Actua ciones Urbanísticas U rgentes , de junio de 1970, que dio lugar
al programa ACTUR “ mediante el c ual la Gerencia de Urbanizac ión podía delimitar,
expro piar y urbanizar grandes zon as con la única salvedad d e que los proyectos
debían conducir a asentamientos auto sufi c ientes, eso es, con coexistencia de
residencia y traba jo” (Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006: 177 - 178). E s
decir, nuevas ciud ades al margen del planeamien to municipal. La i niciativa pública se
hará cargo de l a gestión y urbanización de terreno s , y ofertará a los agentes privados
suelo urbanizado para la construcción de viviendas. La A dministración se asegura ba
[115]
el control técnico de las infraestructuras y reser vas de suelo para equipam ientos, y
pretendía dar ejem plo a la empresa privada r especto a calidades y estándares.
Tabla 4.
LOS GRAN DES POLÍGONOS (1 969 -1979)
Denominaci ón Barrio Promotor Fecha
Viviendas
construidas
Tipología
POLÍG ONO DE
JINÁMAR
JINÁMAR INUR 1979 - BLOQUE
POLÍG ONO DE
SAN CRIST ÓBAL
SAN
CRISTÓBAL
INUR 1972 4. 766 BLOQUE
POLÍG ONO DE
CRUZ DE PIE DRA
CRUZ DE
PIEDRA
INUR 1969 1404 BLOQUE
Fuente: E laboración propi a, a par tir de ( Bescós Olaizo la , 1984 : 22 5 - 2 30 ). Leyenda: INUR
(Instituto Nacional d e Urbanizació n).
Los grandes polígonos se caracteriza ban por que “s u trama viaria está trazad a
con entera autonomía con resp ecto a la tradi cional con la qu e sólo tiene algun os
puntos de conta cto – accesos – resuelta únicamente en función de los puntos de vista
de la ingeniería de t ráfico”, con lo que “esta auton omía de la tram a viaria
conscientemente buscad a conseguía el efecto de aislam iento, de delimitación de un
ámbito cerrado sobre sí mismo, que le confiere junto con su dimensión el carácter de
ciudad alternativa, o por lo menos de ciudad alternativa residencial ” (Bescó s Olaizola ,
1988: 66).
El efecto de aislamient o se había alcanzado e n el Polígono de Jinámar, el
epílogo de la construcción de esos grandes pol ígonos . L a ciudad alternativa que se
percibía desde una p erspectiva teórica, no resultaría ser ni c iudad ni alternat iva, sino
un espacio exclusiv amente residencial, de acumulación de vecino s con escasos
recursos económ icos, y excluido de cualquier entram ado urbano, fuera de l os lím ites
del Plan de O rdenació n del 62 y del suelo que sí estaba previsto ocupar, como ocurrió
en el caso de C ruz de Piedra y San C ristóbal : el paradigma de una enorme habitación
segregada de la c iudad y generadora de procesos de exclusión social.
Mientras los habitantes del Po lígono de Cruz de Piedra se encon traban
conectados co n la calle de Pedro Infinito, el centro com ercial del barrio de Scham ann
y de Las Rehoyas, a t ravés de la calle Torm ento, e incluso con la ciudad tradiciona l, a
través de la carretera de Mata, y l os vecinos del Polígono de San Cristóbal es tarán
conectados con el centro histórico de Vegueta y la zona comercial de la Calle Mayor
de Triana, los beneficiarios de vivienda en el Polígono de Jinámar se encontrarán a
[116]
caballo entr e dos municipios: a 10 k ilómetros de distan cia de la capital g rancanaria y
a 6 kilómetros del casco histórico de Telde, en un hasta entonces valle agríco la, pero
con escasas ref erencias de com unicación: la autovía de l Sur de la Isla, a un kilóm etro
de las prim eras viviendas, al Este, y la antigua c arretera que com unicaba Las Palm as
de Gran Canaria y Te lde a través de Jinámar, el núcleo de población más cercano.
Será además el de mayores dimensiones, con una previsión d e más de 11.000
viviendas, el único de los pol ígonos que se establece entre dos municipios, y junto al
polígono de Las Remudas, en T elde, el único del que serán en buena par te
beneficiarias f amilias de Las Palm as de Gran Canaria ya en demo cracia y al que
lleguen de f orma masiva fam ilias procedentes d e los dos mu nicipios más pobl ados de
la Isla, además d e familias evacuadas del p roceso de descolonización del Sáhar a.
Precisament e Telde, el municipio donde se asentará la mayoría del futuro
Polígono de Jinámar, contará con Plan General de Ordenación Urbana sól o a partir de
su aprobación en 1985. El municipio contaba con más de 60 núcleos de población
alrededor de la ciudad central (Álvarez García & B escós Olaizola, 1988) , unos
asentamiento s que daban cuenta de la est rategia familiar en l a búsqueda de viviend a y
de la tipología de éstas, aunque el padrón municipal de 1986 cita 46 entidades d e
población, y de distinto origen: prehis pánicos – Tar a, Cendro – , de la eta pa
colonizadora – San Ju an, San Francisco, Los Lla nos – , rurales – Cazadores, La B reñ a,
Arenales, La Higu era Canaria – , de cruce de caminos – Valle los Nueve, Malpaís – y,
ya en la segunda mitad de si glo , de casas autoconstruidas – La s Huesas, El Goro,
Casas Nuevas –, y el polígono de viviendas sociales mencionado , anterior al polígono
de Jinámar y su pre cedente teldens e : el polígono de Las Remudas (Morán Rubio,
1991). Es e p recedent e de Las Rem udas tendrá unas cara cterísticas sim ilares en la
concesión de las viv iendas – iniciado en 1973 y entregado en 1977, a 550 familias
procedentes de T elde, otras 500 en tre vecinos de Las Palm as de Gran Canaria y
evacuados del Sáhar a, y otras 50 a vecinos del barrio colindante de La Pardilla,
diseñado por el arquitecto Salvador Fábregas Gil – y m uy distinta en su configuración
urbana: contiguo a otros barrios d e Telde, sus edifica ciones de escasas p lantas
conducirán, con los años, a una percepción d e “arm onía urbana”. 3
3 Díaz Marrero , Ervigi o (7 de agost o de 1 985). Las Remudas, baj o el sig no de la a rmonía urbana . La
Provincia , p . 11 .
[117]
2. SEGREGA CIÓN EN LA ISLA - C IUDAD: E L EMBOL SAMIENTO DE LAS
CLASES BAJ AS Y LA G ENERACIÓN PA RALELA DE ESP ACIO S PARA
EL TURIS MO
El impulso a esos grandes polígonos, y al último de ellos, el Polígono de Jinámar, con
unas dimensiones sin pre cedente, se realizaba en una en crucijada dem ográfica y
económica que orientaría el futur o de la Isla y d e Canarias los sig uientes años.
También de los futuros habitantes del Polígono de Jinámar.
El co mp ortamiento demo gráfico canar io era signif icativo y p eculiar. La
población crecí a más del doble qu e en el resto d el Estado: era la ún ica región no
industrializada con incrementos demográficos importantes. Per o lo hacía de forma
desequilibrada , provocan do una macrocefal ia poblacional de la capi tal d e l a provi ncia
y de la Isla que hacía que el 55% de la población de Gran Canaria residiera, en 1975,
en el término munic ipal capitalino (Burriel de Orueta, 1982).
Tabla 5.
PROPORC IÓN POBLACI ÓN LAS PALM AS G C RESPECTO A IS LA S. XX
AÑO
%
AÑO
%
AÑO
%
1900
34, 9
1930
36, 1
1960
48, 4
1910
38 ,7
1940
42, 7
1970
55, 2
1920
38, 3
1950
46, 2
1975
55, 0
Fuente: Elabora ción propia , a partir de Burriel d e Orueta ( 1982) .
Ese fenómeno se repetí a en las dos islas central es, Tenerife y Gran Can aria, y
el “ peso en la dem ografía canaria ” de sus capitales era “cada día más llam ativo […] y
preocupante cara al f uturo ” (Burriel de Orueta, 1982: 47-48) . Pero sin duda e l
desequilibri o espacial de ese incremento dem ográfico se suscitaba preferentem ente en
la provincia d e Las Palmas y en su cap ital, que casi duplicó su número de habitantes
en dos décadas, de 193.862 (1960) a 366.454 (1981).
La inmigración a Las P almas de Gran Canaria tenía ad emás un carácter
eminentemen te rural. La desruralización de la Isla se producía por la pérdida de
importancia de la agricultura y el agua, los elemen t os principales de la economía
canaria durante el periodo 1940 - 1980, com o de alguna manera lo habían sido desde l a
conquista de las Islas, a favor de la pujanza de una nueva industria que echaba sus
raíces en Gran C anaria desde antes d el siglo X IX, pero que iniciaba su despegue en la
década de los sesenta co n Las Palmas de Gran Canaria – y Puerto de la Cruz, en
[118]
Tenerife – com o prim eros destinos: el tu rismo (G onzález Viéitez & Bergasa P erdo mo,
1995).
Tabla 6.
EVOLUCIÓ N POBLACIÓN CI UDAD L AS PALMAS GC (19 40 -1981)
CRECIMIE NTO
AÑO
Nº
HABITANT ES
ABSOLUTO
PORCENTU AL
ANUAL
DENSIDAD
KM2
1940
119.595
-
-
-
1.208
1950
153.263
+ 33.667
28,0
2,8
1.548,1
1960
193.862
+ 40. 599
26,5
2,6
1.958,2
1970
287.038
+ 93.176
48,1
4,8
2.899,4
1981
366.454
+ 79.416
27,6
2,8
3.701,5
Fuente: Elabora ción propia , a partir de Arbelo Cur belo ( 1987) .
En 1975, 110.200 vecinos de Las Palmas de Gran Canaria habían nacido f uera
del municipio . La mayoría en el interior de la m isma provincia de Las P almas
(61.360), y de ello s el 37,1 por cien to en las Medianías y el Noroeste de Gran Canaria.
Ese aluvión inmigratorio del periodo 1950 - 1980 hizo que , en el censo de 1981, el 40
por ciento de la población de la capital hubiera nacido fuera del m unicipio. Eran
jóvenes y fam ilias enteras proced entes de zonas rurales o enclaves urbanos de tam año
medio o pequeño , hasta entonces depen dientes de la agricultura, la g ana dería o la
pesca (Burriel de Orue ta, 1 982 ; D íaz Hernánd ez, Domínguez Mujica, & Parreño
Castellano, 2010 ; Martín Ruiz, 1985).
El peso demográfico que adquiría la ciudad, junto a otros factores, invitaba a
interpre tar cómo Las Palmas de Gran Cana ria y su entorno periurbano estaban
tendiendo a e str ucturarse bajo criterios m etropolitanos, “con cierta desc entralización
de servicios, al menos a nivel de comercio al por m enor, c on la implantación de
grandes espacios com erciales y la potenciación de cen tros comarcales (Arucas, Taf ira,
Santa Bríg ida y Telde) ” y la “descentralización r esidencial ” con las d os estrategias y a
señaladas: las vivi endas obreras en polígonos o ligadas a espac ios “ marginales” de
autoconstrucción “ como viviendas residenciales de baja densid ad ” (Parreñ o
Castellano, 1997 -1998 : 195 ).
[119]
Tabla 7.
PROCEDE NCIA NACI DOS FUERA D E LAS PALMA S GC ( 1975)
ORIGEN
NÚMERO
%
Noroeste de Gran Cana ria
18.578
16,9%
Medianías e interior
22.292
20,2%
Resto de Gr an Cana ria
10.787
9,9%
Lanzar ote
5.699
5,1%
Fuerteventu ra
4.034
3,4%
TOTAL LAS PALMAS
61.360
55,7%
Provincia S/C Tenerife
6.684
6,1%
Sáhara
910
0,8%
Península
31.363
28,5%
Extranjero
9.811
8,9%
TOTAL
110.200
100%
Fuente: Elabora ción propia , a partir de Burriel d e Orueta ( 1982) .
Pero, además, era un área m etr opolitana con un corre dor económico y vital
que conducía desde el núcleo principal, formado por la propia Las Pal mas de Gran
Canaria y S anta Bríg ida , hasta el Sur turístico, con núcleos secund arios a travé s de ese
corredor – Telde, Carriza l, Ingenio, Agüim es, Vecindar io – , los princi pales centros
industriales – El Goro, Salinetas, Arinaga – , y las infraestru cturas de tra nsportes – el
Puer to de la Luz, el aeropue rt o de Gran Can aria – (Casariego Ra mírez, 19 87).
Esa concentración dem ográfica y de inf luencia económica de Las P almas de
Gran Canari a, pero también su conexión con el Sureste de la Isla – la población de
Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida, más los municipios de Telde, I ngenio,
Agüimes, Santa Lu cía, San B artolomé y Mogán, pasó de r epresentar el 67,1% del
total de la Isla en 1950 al 79,5% e n 1970 – forzaba a la reconsideración del espacio
metropolitano en el ámbito insular. Esa dimensión, y su i nfluencia en el resto del
territorio insular, re interpretaba el áre a m etropolitana como una ciudad- isla , la
identif icación d el área m etro politana con la to talidad de la isl a o más bien el
cuestionamiento del concepto a una realidad insular com o la de Gran Canaria (Bes cós
Olaizola , 1981: 505 ) . Esa ciudad - isla – una isla en la que la capital concentra la
de mo grafía y la actividad económica – c u mpl e las exigencias teóricas – el Ministeri o
de Vivienda en 1965 precisaba el tamaño m ínimo de u n área metropolit ana para
España en 50.000 habitantes para su área cen tral y de 10 0.000 para el conjunto del
[126]
Polígono de Jinámar, y para la comprensión ín tegra del contexto excepcional de este
nuevo espacio urbano, es deudora de los trabajos teóricos espaciales y la propuesta de
análisis des de una perspectiva insular y no so lo loca l que realiza Álvarez G arcía
(200 9), y su propu esta de ciuda d difusa para Gran Canaria, a part ir de las
imprescindibles y seminales aportaciones previ as de Bescós de ciud ad - isl a y ci udad -
difusa para la com prensión del nuevo fenómeno de expansión urbana y el
escoramiento demográfico de la Isl a hacia su costa su reste en virtud d el desarrollo
turístic o, como explicamos en nuestro marco teórico.
3. APARTAM IENTO LABO RAL Y APAR TAMENTOS TURÍSTI COS
Gra n Canaria recibía más d el 50% de las llegad as de turistas a las Islas, y La Palm as
de Gran Canaria centralizaba la re cepción temprana de esa industria. Como se ha
visto, durante la d écada de los años sesent a ese liderazg o fue permanente, para
equilibrarse respec to a la entrada d e turistas en el conjunto del Arch ipiélago a parti r
de 1975.
Ese crecim iento permanente de l a llegada de t uristas tenía su r eflejo en las
cifras económ icas de Can arias. El Pr oducto Inter ior Bruto (P IB) de las Islas orig inado
por servicios diversos (Hostelería) aum entaba del 10,1% (1955) al 21,9% (1975),
desbancando desde 1971 (16,6% del PIB) a la agricultura y la pesca (13,1%, después
de suponer el 29,6% en 1960) co mo primer generador de economía. Vinculado al
turismo, el comercio aumentaba hasta un 16,3% del PIB (1975) y la construcción se
mantenía desde 1971 a 1975 en un 9,9% del PIB. Esos datos tenían su
correspondencia en el empleo. El 55,4% de los empleos en 19 75 lo s generaba el
sector servicios, cuando sólo era el 24,1% en 1955. E n ese mismo periodo, la
agricultura había descendido desde el 58,1% (1955) al 21,5% (1975) (Casariego
Ra mírez, 1987 : 37 -38) . La explosión del empleo en el sec tor servicios ll egó al 58, 4%
de la población activa en 1979 (Martí n Ruiz , 1981: 121).
[127]
Tabla 8.
ENTRADA DE TURIS TAS (1950-1980)
AÑO
GRAN CAN ARIA
CANARIAS
1950 8.0 00 15 .000
1955 19 .500 29 .500
1960 36 .000 69 .000
1965 191.500 316.500
1970 466.500 821 . 000
1975 906.500 2. 011 .000
1980 1. 022.5 00 2.521 .500
Fuente: Elabora ción propia , a partir de Hernánd ez Luis ( 1997 - 1998 ).
La población de la provincia de Las Palmas, y fundamentalmente de la Isla de
Gran Canaria, hab ía dejado el cam po, las zonas rur ales, para alcanz ar la capital
grancanaria y acceder a los nuevos puestos de trabajo, generados por el turism o, el
comercio y, en menor medida, la construcción, en un tráns ito en forma de embudo
espacial que en m uchos casos les había conducido desde s us pueblo s a los barrios de
la capital grancan aria y, en el cas o de los beneficiarios de vivienda social, a los
grandes polígonos y al Polígono de Jinámar, una nueva ciudad artificial entre dos
municipios.
El trabajador de la provi ncia de Las Palmas – dada la concentración urbana, el
empleado de L as Palmas de Gran Canaria – de la década de los 70, con cifras d e
1975, adquiría igualmente un perfil s in precedente: con una tasa de act ividad del
31,4% (31,7 en Canarias, 35,1 en el conjunto español), el 52, 7 de los varo nes iniciaba
su actividad laboral entre los 15 y los 19 años, a la m isma edad que el 26,2% de la s
mujeres; éstas, precis amente, habían increm entado paulatinam ente su presencia en el
mundo del trabajo (un 11,1% de la tasa de ac tividad), pero se encontraban en una
situación de estancamiento, dado que el porcent aje es similar al d e 1960 (Martín R uiz ,
1981: 117), sobre todo en relación a la s cifras de mujeres que trabajaban en 1974 en el
Estado español: el 28,6% (Rodríguez de Osuna, 1978: 57 ). Pero la gran nove dad iba a
ser el desempleo. En Las P almas, éste se increm entó desde el 2,7% (1,4% en el
Estado) de 1970 al 8,4% (3,8% para el Estado) del primer semestr e de 1975, el 11, 3%
[128]
en el segundo trimestre de 1977 (5, 1%), hasta a lc anzar el 12 % (8, 8%) en el segundo
trimestre de 19 79 (Martín R uiz , 1981: 127).
La situación de los tr abajadores de C anarias, y de la provin cia de Las Palmas
en particular, no podía ser m ás desalentadora. Integrados en un modelo económico de
la perif eria capitalis ta, depend iente del exte rio r (Gonz ález Viéitez & Bergasa
Perdomo , 1995) , en mudanza labo ral y vital por la terciariz ación de la econom ía y el
desarrollo paralelo d e la construcción, se encuen tra n en una sit uación inesperada – “la
expansión económ ica de los años sese nta fue sorprende nte por muchas raz ones, pero
mucho más lo fue el cambio que supuso la crisis de los setenta ” – (Macías Hernánde z
& Rivero C eballos , 200 9: 95-96) . La economía canaria se internó en una profunda
crisis, provocada por una conjunción de situacion e s de ámbito internacional – brusco
ascenso del precio d e las materias p rimas, crisis d el petróleo por la g uerra árabe-
israelí, políticas econó micas restrictivas a ca usa de la inflación , camb i os en l os
model os d e organización por el nacimiento de nuevas tecnologías – . E l fren a zo al
crecim iento d e la industria turís tica se susten tab a en la cris i s europea , que deb ilita la
demanda de servicio s turísticos, la reacción a l a baja de la con strucción y el
consiguiente au mento d e l paro : de una sociedad casi de pleno empleo a un r ápido
crecimiento del desem pleo (Macías Hernánd ez & Rivero Ceballos , 2009: 98 ).
Además, los flujos migratorios habían variado. Las expectativas del turismo,
el pleno empleo de los sesenta, y las ex pectativas generad as por el cam bio de régimen
político ya a mediados de los setenta , paralizaron la tradicion al estrate gia m igratoria
canaria, que desde la anterior década arrojaba flujos migratorios netos positivos,
también por la crisis en los pa íses de des tino tradicional como Venezuela (Hernández
Alemán, 2005).
Es en ese co ntexto económico en el que se produce el reparto territo rial en
Gran Canaria, un cam bio en la asignación de los recurso s g enerado por la indust ria
turí stica respecto del cu al el territorio era, precisam ente, el más im portante, pero no el
úni co, da do qu e afectaba igu almente al capit al inversor y a la distribució n del trab ajo
(Macías Hernández & R ivero Ceballos , 2009 : 97 ). Es en ese contexto en el que un
se ctor de la población es segregada y desvincu lada del centro de decis ión, económico
[129]
y admi nistra tivo que supon ía Las Palm as de Gran Canaria respecto d e la generación
de empleo en la nueva industria. 6
si bien pu ede decirse que la crisis eco n ó mica ha sido l a principal respo nsable del
aument o del núme ro de desempl eados en los últ imos años, podemos igu alment e
afirmar qu e el paro que pad ece Canaria s no es mera mente temp oral [… ] sino qu e es
fundamental mente estru ctural, a pesar de que su cr ecimiento sólo se hay a
manifestad o de forma más eviden te en el tr anscu rs o de la última década . ( Díaz
Rodríguez , 1981: 367)
Una desvinculación del empleo de esos s ectores de población que, rápida y
curiosament e, como comprobamos, será consid erada insalvable desde las tribun as de
reflexión contemporáneas al poblamiento de polígonos como el de Jinámar, con e l
anális is – ese sí, desde entonces, estructural – de su imposibilidad pa ra el acceso al
trabajo.
4. CANARIAS , LA NUEVA FRO NTERA EN LA DESCO LONIZACI ÓN
E l contexto político propiciador de la ejecución de proyectos urba nísticos, que
reclamaba la C arta de Atenas, se produjo tras la proyección teórica de los grandes
polígonos y de su epílogo en Jinámar. Los dirigentes del franquism o tardío, e n los
ámbito s estatal y local, y la nueva direct iva política democrát ica que se gestab a,
tenían en el escenario público diario un a situació n históric a de la que eran par tícipes y
que arrinconaba problemáticas como la construcción de los polígonos de vivienda. La
transición política se ba staba para reclam ar su atención y preocupación. P ero, además,
en la agenda p ública de Can arias y sobre Cana rias había si tuaciones qu e situaban al
Archipiélago, d e alguna forma, en la centralidad del tablero internacional en esos años
en que la mudan za al Polígono de Jin ámar se proyectaba par a miles de fam ilias.
Un análisis en perspecti va de l a sig nif icación que alcanzó la descolonización
del Sáhara para Canarias y el conjunto d el Estado es posible si se tiene en cuenta que
supuso el “ (tras)fondo de la transición española” (Hernando de Larramendi, 1992) ,
6 “En la actualidad, la ciudad moderna, al convertirse en centro de decisión, o, mejor aún, al agrupar los
centros de d ecisión, intensifica, organizándola, la explotación de la sociedad entera” (Lef ebvre, 1 975:
77).
[130]
dado su entrelazam iento con la muerte del dictad or y la nueva situación en la que
ubicab a las relaciones internacion ales españ olas en relación con sus vecinos africanos
– Marruecos, Argelia , Mauritani a – , así como la nu eva situación de Canarias como
epicentro de esas relacio nes internacionales. Amén de las co nsecuencias dem ográficas
que la descolonización, aunque no muy numerosa, supondría en un es pacio de una
alta concentración pob lacional com o Las Palmas de Gran Canaria.
Esa nueva s ituación fronteriza d e Canarias, a la que se sup onía protegida al
cont ar con la ‘espalda’ prot ecto ra d el Sá hara , hasta entonces provincia española , y de
Gran Canaria com o la isla poblad a más cerca na al continente, concentraba buen a
parte de la agenda po lítica respecto a las Islas, toda vez qu e incluso el Movim ient o
par a la A utodeterminación e I ndependencia del Archipiélago Canar i o (MPAIAC) s e
convertía en un actor en juego en ese nuevo escenario de conflicto hispano- ma grebí:
Argelia, afectada po r quedar al margen d e los acuerdos secretos de Madri d , en
diciembre de 1975 , que o torgaba la adm inistrac ión del Sá hara a Marrueco s y
Mauritania , se sintió legitimada para apoyar al MPAIAC contra la integridad
territoria l española . Argelia “p ret endía que la España dem ocrática denunciara el
Acuerdo Tripartito de Madrid y re conociera a la República Árabe Sa haraui
De moc r á tica (RASD) ” ( Bustos, 2006: 501). España reaccionó en Naciones Unidas
para anu lar la inic iativa argel ina y evita r que el territorio fuera incluido en la comisión
de descolonizació n . La c risis desembocó en la retirada mutu a de embajadores y en el
intento de asesina to en Argel del líder de MPAIAC, Antonio Cubillo (Thieux, 2007).
La muerte de Franco, el inicio del cam bio de régimen político, la apresurada
salida de la hasta entonces prov incia sa hara ui, la Marcha Verde, el nuevo es tatuto
para la zona con l a política de hechos consum ados marroquí, las aspir aciones
independent istas del MPAIA C, el apoyo argelino, y los escarceos d e naturaleza
violenta propiciado s por todo este proceso, eran suficientes para m antener la atención
de f orma exclusiva de l a nueva dirigencia de la política esp añola y canaria, con un a
nueva situación subrayada: Canarias como nueva frontera, y por ende su condic ión
estratégica. El banco de pesca sahariano, en disputa, suponía dificultades añadidas,
por su ca rácter estrat égico (Santana Pérez, 1995) y por la importancia histórica qu e,
señala este autor en un estudio monográfico, alcanz ó ese banco pesquero en la
economía insular (Santana Pérez & Santana Pérez, 2014).
Esa naturaleza f ronteriza le hizo asum ir bu e na parte de las consecuencias
sociales y demográf icas de la de scolonización. En 1967 estaban censad os en la
[131]
colonia españo la del Sá hara 9.395 europeos, de los cuales más de un tercio er an
naturales de Canarias, 3.317, la mayoría adultos jóvenes, d e entre 2 0 y 39 años. La
retirada de la administración española se produjo el 28 de febrero de 1976. En octubre
de ese mismo año, las autori dades tenían previsto en Las Palmas recibir 10.000
refugiados proceden tes del S áhar a . Si el porcen taje era semejant e al de una dé cada
antes, más de 3.0 00 personas debí an ser ubicadas en las I slas con perspectivas de
permanencia, dado que eran natural es de Canarias, am én de los españoles de otras
provincias que d ecidieran quedarse i gualmente en Canaria s ( Gozálvez Pérez, 1994).
P ero la situación est ratégica de Canarias no e ra nueva. En cierta f orma, le
propiciaba situaciones perjudiciales para su economía. En los segundos encuentr os de
Estudios Regionales organizados por la Direcci ón General de Prospecti va, y
celebrados precis amente en Canarias en 1975, un análi sis de los ingresos y gastos del
Estado en Canarias ad vertía de “la imp utación a Canarias del gasto que supon e el
mantenimiento d el dispositivo m ilitar que exige la pr esencia española en el Sáhara
Occidental […] una falsa im putación contable, es decir, la atribución a Canarias de un
gasto que sólo tiene sentido imputar al conjunto del país por considerarlo un gasto de
defensa nacional, q ue excede el gasto regiona l” (González Viéitez, 1975 : 178) .
Pero la situación estratég ica de Canarias para el conjunto del Estado y sus
aliados intern acionales excedía est rictamente de la cu estión sa hara ui. Los terrenos
donde s e desarrollará la indust ria turí stica, en el Sur de Gran Canaria, con los
pro yectos de Maspalom as Costa Canaria, albe rgaban las instala ciones de la agencia
espacial estadounidense, la conocida como NASA, en colaboración con el Instituto
Nacional de Técnica Aeroespac ial (INTA ) español . E sas mism as instalaciones y sus
aledaños, ubicadas en ese espacio q ue se convertirá en t urístic o, servirá de base de
entrenam iento a los miembros de l a red Gladio 7 , una red supraestatal, dependiente de
la OTAN, cuyas activid ades pretenderán condicionar procesos democráticos (Ganser,
2010) , y por tanto par ticipaban de la cara cterística de “pr od uctos políticos, espacios
estratégicos” (L efebvre, 2013: 140) que se concede a la dual natu raleza, turística y
militar, d e territo rios del Su r francés.
7 González Ramírez, Federico, & Pam plona, Esp e ranza (19 de agosto d e 1991). Los pun tos clave de la
red. Nuevos datos s obre la conexi ón ‘ Gladio ’ en Ca narias. Ca narias7 , pp. 10 - 11 .
[132]
5. EL ALUMBRAM IENTO DE MOCRÁTI CO DEL DER ECHO A LA
VIVIENDA DIGNA Y LA URGENCI A AUTON OMISTA PO R LAS
COMPETENCI AS
El alumbramiento del nuevo régimen democrático en Canarias , como en el resto del
Estado, es e l factor determ inante en el anál isis público e incluso vital d e la sociedad
española durante ese periodo. En el caso de l Polígono de Jinámar, como producc ión
política de un espacio sociourba no , su proyección abarca desde 1967 – fecha de l
primer encargo de delimitación – hasta principios de 1980, e n que comienza a s er
habitado, y por lo tanto las vicisitudes de su cr e ación se encuentra n determinad as por
los últimos años d e l period o del tardofranquismo, y l a construcción del edificio
normativo, partidario, institucional, económico y social de la nueva d emocracia. La
dedicación a la construcción del and amiaje dem ocrático y autonómico im pidió, en
b uena medida, que la producción del espacio urbano de l Polígono de Jinámar
recibiera un a fiscalización política, aunque sí técnica.
E sa nueva const rucción democ rática llegar ía con m últiples dispo siciones
consustanciales al prop io proceso, entre ellas l as contenidas en e l artículo 47 de l a
nueva Constitución, que establece que “todos los españoles tienen derech o a disfrutar
de una vivienda digna y adecuad a”, y l a propuesta d e una nueva fórmula de
representación política para las nacionalidades , que intentaba resolver inqu ietudes
paralelas a la consecuci ón de las libertades democráticas. L os partidos políticos de
izquierda, que van a tener un protagonismo principal en el proces o s ociop olítico que
se generará en el Polígono de Ji námar, se encont raban en la van guardia de la
r eclamación de esa representación política para las nacionalidades, e n los últimos
años de la dictadura. A sí, en la declaración de la Junta Democrática al pueblo español,
de 29 de julio de 1974, liderada por el Partido Comunista de España (PC E), se fijaba
c omo uno de los objetivos prioritarios de la futura democracia la descen tralización
política , objetivo y declaración que suscribían, entre otros, el Partido Socialista
Popular (P SP), Alianz a Socialista Democráti ca, Comisiones Obrer as (CCOO ),
Asamblea de C at aluña, carlistas, y representa n tes de formacion es del nacionalism o
gallego, co n el reconocimiento, bajo la uni dad del Estado español, de la personalidad
política de los pueblos catalán, vasc o, gallego y de las comunidades reg ionales que lo
decidieran democ ráticam ente. Su altern ativa, la Pl ataforma de Convergencia
Democrática, del Partido So cialista Ob rero Español (P SOE) , e integr ada también por
el Partido Nacionalis ta V asco (PNV), Solidarid ad de Trabajadores Vascos (E LA -
[133]
STV ), Ezquerra Repub licana de Cataluñ a (ER ), Unión Dem ocrática del Pa ís
Valenciano, Izqui erda Democrática de R uiz Jiménez, o U nión General de
Trabajadores (U GT), se comprom etía al establecimiento de un régim en democrático
pl uralista c on estr uctura federal en junio de 1975 (García Rojas, 2008).
En Canarias, el dilatado proceso de consecución del autogobierno se inició con
un documento de Coordinación D emocrática en Canarias firmado por un gran número
de fuerzas polít icas y centrales sindi cales con presencia en las Islas , suscrito el 3 de
junio de 1976, publica do e n la prensa del Archipiél ago el 4 de julio, al día siguiente
de la des ignación de Adolfo Suárez como p residente del Gobierno. Todas las
organizaciones f irmantes constituían la Coordinadora de Fuerzas Democrát icas de
Canarias, y reclam a ban “ el pleno, inmediato y efectivo ejercicio de los derechos y de
las libertades po líticas de las distintas n acionalidades y regiones del E stado español”,
y se comprom etía “a realizar todo tipo de iniciativas pacíf icas, conducentes a alcanza r
el pleno rec onocimiento de la personalidad política, económica, social y
admin istrativa del A rchipiélago C anario y la so l ución de su problema histórico”
(García Rojas, 2008) , pronuncián dose a favor d el autogobie rno de las Islas y de un
Estatu to de Autonomía.
En el proceso, durante todos esos años, Canarias y sus partidos políticos
discutirán sobre la capitalidad del Archipiélago, sobre la sede del Parlamento, sobre la
representació n de las is las denominadas menores, sobre l a posición de los cabildos
insular es en el fu turo entramado institucional, sobre el número de diputados, sobre el
sistema electora l, en un proceso dilatado y continuo que concl uyó, sucesivamente, con
la obtención de un régim en preautonómico incluso m eses antes del refer éndum de la
Constitución ( el 17 de marzo de ese mismo año, m ediante el Re al Decreto - Ley
9/1978) y la constitución de una J unta de Canar ias como gobierno preautonómico,
con Alfonso Soriano ( UCD) co mo presidente y Jerónim o Saavedra ( PSOE) como
vicepresidente. Me ses después, las e lecciones generales y municipales de 1979 varían
la relación d e fuerzas inicial y oto rgan a Fernando Bergasa, también de UCD , la
Presidencia, y UCD tendrá todos los puestos del Consejo Perm anente ( García Rojas,
2008 ; Hernández Bravo de Laguna, 2008) .
Canarias tení a urgencia por obtener su aut onomía plena . L o hi zo de fo r ma
inusual . Escog ió la vía lenta, la d el ar t ículo 143.2, y su Estatuto de Autonom ía fue
elaborado po r una Asamblea de co nsejeros de las Mancom unidades Pr ovinciales y de
d iputados y senadores canarios, y aprobado el 22 de dici embre de 1980 en Las Palmas
[134]
de Gran Canaria, con los votos de UCD y el herreño Tomás Padrón, “en una sesión
tormentosa […] tras retira rse los representantes de Unión del Pueblo Canario y del
PSOE al no acepta rse una enmienda para qu e Canarias se vie ra libre de instalacione s
militares ext ranjeras y de organ izaciones m ilitares de caráct er supranacional” (Peraza
Padrón, 2001: 78 ) . Pero a Canarias, al igual que al País Valenciano, se le transfirieron
competencias legis lativas, de desar r ollo reglam entario y eje cutivas sob re materia s de
titularidad estat al, mediante la apro bación de l a Ley Orgánica de Transf erencias
Co mpl e me nt ar ias a Canarias (LOTRA CA), que entró en vigor el mismo dí a que el
propio Estatuto de Autonomía (Peraza Padrón, 20 01) . E n el caso de Canarias, con un a
particularidad jurídica, que puede dar cuenta de la particularidad política del caso
canario, y m anifestada en la “perplejidad de por qué el mismo día, con la misma
fecha, se publican dos Leyes Orgánicas, la del Estatut o canario (10/82, publicada el
16 de agosto de 1982 en el BO E) y la de transfer encias (11/82, publicada e l mismo 16
de agosto), lo cual convierte en el mismo momento a una Autonomía de techo
competencial de segundo nivel, no plena, de la vía del artículo 143 de la Constitución,
en asimilada a las cuatro del 151, c on superior techo, de p rimer grado (País Vasco ,
Cataluña, Galicia y An dalucía). En el País Valenciano han p asado dos meses para esta
asimilación” (Carrasco Canals, 1989: 362).
5.1. La urgencia competen cial
Así, Canarias accedió a unas competencias p lenas tutelada s hasta entonces, y casi de
forma exclusiva, por el partido que, en buena medid a, heredaba parte de l capital
político de l régimen franquista: la Unión de Centro Democrático (UCD). La
Comunidad Autónoma de Canarias pasaba a tener potestad le gislativa, reglam entaria
y función ejecutiva, entre o t ras materias, s obre la ord enación d el territorio , el
urbanismo y la vivienda, en virtud del artículo 29 del Estatuto de A utonomía. L o
haría, en un os meses , con su p rimer gobierno autonómico, presidido por el soc ialist a
Jerónimo Saavedra Acevedo, tras obtener el 41,4% de los votos en el conjunto del
archipiélago . 8
8 El PSOE quedaría a cuatro d iputados de la mayoría absoluta, con 27 escaños. Alianza Popular
obtend ría el 29% de l os vot os, CDS e l 7,2% , UPC el 8,3%, PCE el 4,4% y l as Agr upaciones
Indepe ndient es de Ca na rias el 1,1% ( García Rojas, Delgado Núñez, & García Badaracco , 200 4).
[135]
Cuando eso ocurría, los vecinos del Polígono de Jinámar ya llevaban más de
dos años y medio viviendo en sus nuevas casas, y su urbanización n o había sido
entregada a las Adm inistraciones locales, e legidas democrátic amente en abril de 1979.
En realidad, la urbanización nunca sería oficialmente entregada ni recibida, ni por el
Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ni por el Ayuntamiento de Telde, que
asumía el 80% de la su perfic ie del nuevo polígono. L a Adm inistración e s tatal hab ía
supuestamente gestionado los polígonos, los dir igentes autonómicos de UCD habían
pilotado en espaci os públicos privi legiados la consecución autonómica, y la nueva
Ad mi nistración canaria asum iría ahora esas com petencias en urbanismo, vivienda y
ordenaci ón d e l territor io. La Ad m inistración ce ntral estuvo dese osa de ofrecerle esas
competencias, com o al re st o de las Comunid ades autónomas.
En el conjunto de España, pero también en C anarias, con esa asunción plena
de competencias en materia de vivienda, no hubo que i nsistir mucho para que los
traspasos fueran ef ectivos, dado que “ todo influyó positivamente a favor del rá pido
traspaso de competencias hacia las Comunidades ya que el E stado estaba deseoso de
apartarse de estas situaciones tan co mprometidas ” ( Lago Ávila, 2012: 294 -295) por
las protestas generadas p or organizaciones vecin ales, que padecían las urban izaciones
de vivienda social sin equipamientos promovidas por la anterior Adm inistración. Las
Comunidades Autónomas, en el conjunt o del Estado, r ecibiero n un as 543.000
viviendas públicas d e las que más de la mitad deb ían ser rehabilitadas. Pero no sólo
eran las viviendas. L a forma de acceso de Canarias a su autonom ía política propició
que asumier a sin dilación tem poral las competencias exclusivas citada s en ordenació n
del territorio, vivienda y ur banismo, pero tam bién otras competencias que afectaban
directam ente a los vecinos del Polígono de Jinámar – y del resto d e viviendas s ociales
– como asistencia soc ial y servicios socia les (artículo 2 9), o las competencias
legislativas y d e ejecución en enseñ anza (artículo 32), entre otras (Lago Ávila, 2012) .
La asunción de esa s competencias adquiría en el caso del Polígono de Jinám ar
un modelo peculiar. El primer Gobierno de Canarias asumiría la gestión directa del
espacio político y soc ial que era e l Polígono de Jinámar, adquiría las competencias y
las transferencias económ ica s derivadas, en lugar de remitir la gestión a los
municipios af ectados. Pero ese compromiso comp etencial se realizaría ya en el año
1985, y no con los resultados que todos esperab an. Hasta entonces, los municipios de
Telde y Las Palm as de Gran Canaria habían gestionado el día a día del Polígono,
fundamentalm ente en la consecución de servici os municipales para sus habitantes.
[142]
un plano más general al seguir heredando inexplicablemem nte todos los er r ores en las
actuaciones u r b anístic a s en sus po lígonos. El de Jinámar es un pliego de pleitos entre
dos ciudades lim ítrofes, Telde y L as Palmas, las casas a llá y los servicios aqu í ,
construid o sobre las mism as ruinas de una de l as m ejores ve gas agrícolas d e la isla ”. 27
La semana siguiente a esa visita se publican, su cesivamente, las listas de
adjudicatario s de vivienda de Tel de, de Las Palm as de Gran Canaria y de los
e vacu ados del Sáhar a , qu e serán benef i ciarios d e una vivienda en la p rimera fase del
Polígono de Jinámar. El alc alde Ma nuel Bermejo , el mis mo dí a que se había reunido
con el ministro Sancho Rof , anuncia el contenido de parte de esa entrevista con el
ministro , en la que le entregó el do ssier con los pr oblemas de la capital gra ncanaria, y
una supuesta buena noticia que comparte con el pleno.
[…] se interesó p ara que en l os futuro s polígonos de vivienda se dis pusi e se de los
solares ade cuados par a los se rvicios com unes, prome tiéndole el m inistr o que este
problema se tra tará en todos los futuros polígon os y que no se ent regarán los
polígonos de partic ipación m unicipal sino cuando el A yuntamient o dé el visto bueno
no solamente en calidad de sus servici os sino en dot aciones 28
El min istro, finalm ente, no m entiría al a lcald e Manuel Berm ejo, porque no
hubo más futuros polígonos y, por tanto, los ayuntamientos de Las Palm as de Gran
Canaria y de Telde no podrían dar vistos buenos . El Polígono de Jinámar, sin el visto
bueno de ninguno de los municipios, y sin servicios y dotacio nes, ya estaba
construido. Y a punto de ser habitado.
27 El PSOE in terpelará al Gobierno sobr e la política del MOPU en Las Palm as (1 de dicie mbre de 19 79).
La Provin cia , p. 9.
28 A rchivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria. Actas de Plenos del Ayuntamiento de
Las Palmas de Gran Canaria. CD 479. Pleno del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (10 de
diciembre de 19 79). p. 11.
[ 143 ]
VI . DE VA LLE A POLÍ GONO (I ): UNA CI UDAD AR TIFICIAL
PARA 52. 470 PERS ONAS
La ciudad d e Amaurota está asen tada so bre la ladera de una colin a no muy al ta y su
forma es casi cuadrada. Su anchu ra empieza un p oco más abajo d e la cumbre d e la
colina y se ex tiende aú n dos millas hast a lleg ar al río Anh idro .
Utopía. Tomás Moro
1. JINÁMAR: VALLE AG RÍCOLA Y CR UCE DE C AMINOS
El Valle de Jinám ar ha formado parte esencial en la comunicación de lo s habitantes
de Gran Canaria. Se sitúa en la desem bocadura del barra nco de Las Goteras, u n
elemento también esen cial en su paisaje, pe ro por más motivos que los estrictam ente
naturales. Es el cauce del barranco el que determina la linde e ntre Las Palmas de Gran
Canaria, al Norte, y Telde, al Sur. El barranco conduce hasta el mar, h asta la playa de
La Condesa, y se encuentra rodeado por dos lomas: una, al Norte, alcanz a los 80
metros de altura; la o tra, al Sur, tiene su cota m áxima en los 136 metros. Bajo la s
lomas aparecían terr azas aluviales, aprovech adas por la agric ultura .
Hasta l a década de los setenta, el V alle de Jinámar era una explotación
agrícola, propiedad del Conde de la Vega Grande, dedicada al cultivo del tom ate . Se
trataba, efectivamente, de una extensa finca propiedad de los herederos de D iego del
Castillo dond e se cu ltivaban frutales y plataneras, en el f ondo del barranco de La
Goteras, de bido a su m ejor suelo, mientras las laderas se dedi caban al cultivo de
tomates (Arm engol Mart ín, González Morales, & Hernández Luis, 2003).
L a zona, en su momento, había cobrado i mp ortancia por ser cruce de cam inos
en la Isla. En el siglo XIX , el Diccionario de M adoz señala dos camino s pri ncipales
c on origen y destino en Las Pal m as y el Valle de La Aldea. El seg undo de esos
caminos principales pasaba por Jinámar, para conducir al via jero a través d e Telde,
Carrizal, Juan G rande, Maspalomas , Roque Gordo, Tauro, Puert o Rico, Mogán, valle
de Turrei y barranco d e Tirma. En 1864, el Plan General de Carreteras del Estado
concede a G ran Canaria tres nueva s carreteras de te rcer orden: una de ellas conecta
Las Palmas con Agü ime s por el lito ral de Jinám ar. En el siglo X X, con la
transformación de los viejo s caminos de herradu ra en carreteras , “ la localización en la
plataforma este de nu merosas huertas y la necesid ad de conectar los tramos de ter cer
[ 144 ]
orden incrementaron paulatinamente la importancia del eje viario de l este y del sur ,
dotando de m ayor valor los terrenos cercanos a la nueva vía y revalorizando las tierra s
de cultivo de las vegas d e San José, Marzagán y Jinám ar ” (Ginés de la Nuez, 2003 :
312-317). La mem oria del Valle es la d e la agricultu ra y el paisaje h umano
consecuente co n ella .
yo la recuerdo toda esta zona por una parte toda plantada de tomatero s, con
aparceros que había en aquel entonces, trabajadores de la agricultura que
es taban en aparcería, las plataneras también [… ] 1
Un Valle con elementos geográficos y naturales privilegiados. Uno de los
mejores palm erales de la Isla – el Palmeral de la Condesa – , una e specie protegid a en
e l litoral – la lotus kunkelii –, un edificio volcánico con un singular cono – 144 m etros
– , y una playa – l a playa de La Condesa, junto a un sector del litoral protegida
posteriorm ente po r el Plan E special de Espa cios Naturales – , conferían a la zona un
valor especial, tanto ecológico, com o paisajís tico y cultural, con la presencia de la
Casa de la Condesa, la antigua m orada de los propietarios, y la Noria, el vestigio qu e
recuerda que “ e n la parte baja era una gran finca de plataneras, que llegaba hasta
abajo hasta cerca de la autopista, de la Gran Canaria- 1, donde está La Noria [ …] de
hecho la Noria esa es un inst rumento para extraer agua y que sirvie ra para el
regadío […]”. 2 Pero se acabó el agua .
todo esto se inicia […] en el año 70 […] donde ya se p ercataba del exc esivo
bajón que había sufrido el nivel freático del municipio y que no había manera
casi de encontrar agua […] la Heredad se secaba, los pozos se secaban y
claro, toda esta zona de agricultura no había agua donde regar, y entonces
pues, bueno, los propieta rios de este t erreno pues la ún i ca fórmula que podían
tener es, pues bueno, venderle esto al Estado y se iniciara lo que es una
urbanización de todo este entorno [ …] en mi modesta, humilde opinión , esto
fue el elemento que llevó a los p ropietarios a desprenderse de estos ter renos
porque no podían sacarle ningún producto 3
1 Apéndice I. Entrevista a Marcelin o Galindo San tana .
2 Apéndice I. Entrevis ta a Aureliano Francisco Santiago Castellano.
3 Apéndice I. Entrevista a Marcelino Galindo Sa nta na.
[ 145 ]
Sin agua, el Valle de Jinám ar se convertía en u na extensa finca que seguía el
mismo destino de gran parte de la población de Gran Canaria, que abandonaba el
campo y el trabajo agrario en busca de otra actividad económic a.
2. EL PLAN PAR CIAL DE L POLÍGO NO DE JINÁMAR: LA
IMAGINACI ÓN AL PAPEL
El Val le de Jinámar, una enorme superficie de suelo rústico pertenecien te a una sola
finca catastral, propiedad de Alejandro del Castillo y de l Castillo y que se encontraba
en usufructo por Mar ía Teres a Rivero de l Castillo - Olivares , cumplía lo s requisitos
para la estrategia de pu gna contra la especulación del su elo que se encargó a la
Gerencia de Urbanismo, un ente cre ado en 1959 y que pasó a denominarse Instituto
Nacional de Urbanizació n (INUR) en 1972: la regulación del mercado del suelo
mediante leyes de suelo y ordenación urba na (1956 y 1975), que permitieron la
creación de polígonos residenciales al margen del planeamiento municipal en toda
España. Pero también cumplía los requisitos – t erreno con un solo propietario, te rreno
para un solo comp rador – de propiedades su sceptibles para l a búsqueda de cap ital con
que proseguir la dinám ica de inversión en Maspalomas Costa C anaria y la derivació n
del benefici o desde la agricul tura al turism o por parte de la propiedad, y s u
consecuencia: la p lanificación par alela – con la activa y necesaria complicidad
institucional – de espacios segreg ados residenciales p ara la población con m enos
capital económ ico , cultural , educativo y relacional de la Isl a, y de espa cios para la
población eu ropea que engendraba l a sociedad del ocio d e masas.
En Las Palm as de Gran Canaria, el suelo para cum plir los ob jetivos de
necesidad de vivienda de la G erencia de Urbanismo, según el informe con que se
desestimó en primera instancia com prar la finca del Valle d e Jinámar, en 1965 , estaba
cubierto con la expropiación de 57 hect áreas en la Veg a de San Jo sé – que se
convertirían en el conocido como Polígono de San Cri stóbal – y de 20 hectár eas para
el Polígono de Cruz de Pie dra (Parreño Castellano & Moreno Medina , 2006: 176).
Así se atendían los objetivos del III Plan Nacional de la Vivienda (1961 - 1968). Pero
los objetivos, o las decisiones, cambiaron en sólo dos años.
El suelo que finalm ente se convertiría en Polígono de Jinámar, hasta quince
veces superior al com prado para el Po lígono de Cruz de Piedra y se is veces más
[ 146 ]
extenso que en el Polígono de San Cristóbal, debió ser objeto de continua
negociación, toda vez que el 2 de noviembre de 1967 , seis meses antes de la
delimi ta ción inicial d e los ter r enos, el director - g erente de la Gerencia de Urbanism o
se complacía en com unicar el encargo “de los proyectos y trabajos correspondientes a
las fases de delimitación y expropiación de un polígono residencia l de 250 has. en L as
Palm as de Gran Canaria” . 4 E sa negociación se había iniciado en 1965 por
ofrecimiento del propietario al Instituto Nacional de la Vivienda, expediente que fue
inicialmente desestimado (Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006: 179 ), y
rescatado de l arch ivo d os años más tarde, en 1967 – según la docum entación de la que
disponemos –, y se situaba en el contexto de la planificación de la Isla, de la búsqueda
de capital p ara inversiones tu rísticas, el ent ramado empresarial e institucional cr eado
en el entorno del Co nde de la Vega G rande y, en definitiva, de la transferencia de l a
actividad ec onómica canaria, y gr ancanaria en p articular, desde la ag ricultura y el
agua, los elem entos prevalentes en la econom ía de las Islas hasta entonces, (González
Viéitez & Bergasa P e rdomo, 1995) hasta la comercialización masiva del ocio .
La negativa inicial a comprar se convirtió, por tanto, en el periodo de dos
años, en un expediente de expropiaci ón. L a superficie de suel o a expropiar aum entaría
en cada comunicación oficial. Sólo cuatro meses después del encargo de
expropiación, el director general del Instituto Nacional de la V ivienda, “en uso de las
atribuciones que le están conferidas ”, se “complacía” en sig nificar al director g eneral
de la Gerencia de Urba nismo que había resuelto “am pliar dicho polí gono hasta un
total de 31 0 hectáreas”, es d ecir, 60 hec táreas más qu e cuatro meses antes, y le
encomienda “la tota lidad de las fases que restan del susodicho polígono” y por
primera vez le dar á su nombre def initivo: “Se denominará Jin ámar”. 5
Tres meses después de ese últim o encargo , el 1 de junio de 1968, se
certificaba que l a zo na que interes aba a la Adm inistración aumentaba e n casi sesenta
hectáreas y se convertía en las 307 hectáreas definitivas (3.074.500 metros
cuadrados) , en el do cumen to que con esa f echa se eleva al director - gerente d e
Gerencia de Urbanismo de Delimitación y Prev isiones de Planeamiento del Polígono
4 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de Las Palm as de Gran Canaria.
Expedi ente 62 A. Carpe ta 56. “Encarg o fases delim itaci ón y expropi ación polígono residenc ial de L as
Palmas de Gran Canaria”. Instituto Nacional de la Vivie nda. Mi nisteri o de la Vivie nda. 2 de n ovi embr e
de 1967 .
5 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de L as Pal mas de Gran Canaria.
Exped iente 62A . Carpeta 56. “E ncargo t otali dad fase s polígo no reside nci al Jinám ar de 310 hectáre as
en Las Palmas de Gran Canaria ” . Madrid. 9 de marzo de 1968 .
[ 147 ]
‘Jinámar’, en los términos municipales de Las Palmas y Telde, 6 un documento que
rubrica para su sometimiento a inform ación pública y en el que ya se encuentra buena
parte de la in formación que, casi cu atro años más tarde, en enero de 1972, conformará
el Plan Parcial de Ordenación del Territorio del Polígono residencial ‘Jinámar’ sito
en los término s municipales de Las P almas y Telde .
2.1. Una expropiación ‘considerada’
En esa delim itación inicial ya se justifica la intervención estatal, sin contar con los
ayuntamientos afectados por la medida, en virtud del artículo 3º de l a Ley 52/1962, de
21 de julio, sobre valoración de terrenos sujetos a expropiación en ejecución de los
Planes de Vivienda y Urbanismo, dado que se autoriza al Gobierno “la delimitación
de polígonos de actuación existan o no confeccionados o apr obados los respectivos
Planes de Ordenac ión Urbana Generales o Pa rciales, la mo dificación, en su caso, d e
las previsio nes contenidas en Pla n General que haya de actua rse mediante la
delimitación prevenida en el artículo 121 de la Ley del Suel o y la fijación de precios
máximos y mínimos de valoración”.
El permiso aludi do se circunscrib ía a zonas o demarcaciones en las que
hubiera de actuarse para la ejecución del Plan Nacional de la Vivienda y de los de
Urbanismo, y cuando lo exigieran los proyectos urbanos de inmediata ejecución –
caso en el que, dice el docum ento, se e ncuentra el Polígono de Jinámar – pero,
curiosament e, se propone la delimitac ión, por una parte, por las “ne cesidades del
Instituto Nacional de la Vivienda” y por otra por “distin tas consideracio nes de orden
técnico y económico - social que a fectan a las po blacione s y a los terrenos con
posibilidades de util ización urbana en estas localidades”, q ue “aconsejan la elecci ón
de este polígono ”. No se explica por qué se d iferencian las necesid ades del INV y las
de la población, ni si son las mism as, pero las “co nsideraciones” que se ofr ecen son:
a) La existencia de 7.500 fami lias en “condiciones ínfimas” . El informe
esgrime razon es sociales, y asegura que “l os estudios realizados de famili as
que viven en condiciones ínfimas de la ca pital arroja la cifra de 7.500. La
6 Archivo S erv icio de Ar quitec tura y Ur banism o de Las Palmas de Gran Cana ria. Ex pedie nte 62A .
Carpeta 56. “ Delimi taci ón y Previsi ones de Pla neami ento del Polígo no ‘Jiná mar’, e n los térm inos
mu n icipales de Las Palmas y Telde” . Madri d. 1 de juni o de 196 8 .
[ 148 ]
solución de este primer problema exige suelo económico para construir el tipo
de vivienda q ue necesitan estas clas es sociales m enos favorecidas”. Adem ás,
en la única frase que no se repet irá cuatro años desp ués en el Plan Parcial,
asegura que “así se justif ica la iniciativa oficial que secu ndará a la privada en
materia de previsión de vivienda”.
b) “Crecimiento explosivo” . Es esgrimido el “c recimiento explosivo ” de la
población al considerar que “e n el aspecto demográf ico Las Palmas ha
experimentado en el peri odo intercensal 1950 - 1960 un crecimiento del
26,49%, y Telde, en el m ismo periodo , del 35,31%. Este crecim iento
explosivo de la población agudiza notablemente el problema de la vivienda y
la consiguiente necesidad de suelo urbanizado ”.
c) La absorción de mano de obr a . Los grandes n úcleos de absorción d e mano
de obra de la Isla “se lo calizan en el Puerto de l a Luz y en la zona indu strial de
Telde, núcleos en progresivo crecimiento como lo prueba la actual am pliación
del Puerto y el desarrollo del polígono indus tria l de Telde ”.
d) El emplazamiento “más idóneo”. El em plazamiento se c onsidera “el m ás
idóneo pues el desarro llo de ambas ciudades se localiza en l a dirección de la
autopista de Gando, que comunica las dos entradas de la Isla, el aeropuerto y
el puerto”.
e) “F ácil acces o y transporte”. E l polígono “ se apoya en la citada autopis ta por
el Este y la antigua carr etera del Sur por el Oeste, lo qu e le proporciona f ácil
accesos y transporte ”.
f) “Ab astecimien to de agu a inmediato” . El documento aduce que “a simismo
las plantas potabi lizadoras se localizan en las inmediaciones, en la Punta de
Piedra Caballera, p or lo que el abast ecimiento de agua será i nmediato ”.
g) “Productos para el mercado afr icano”. En un análisis prospectivo, dice que
“p or otra pa rte, existe u n ambicioso p royecto de amplia r la zona industrial de
Telde, con vistas a man ufacturar productos para el m ercado africano, que
creará gran número de puestos d e trabajo en las inmediaciones d el lugar
elegido para el polígono”.
h) “Reservas agotadas”. Y, finalmente, “ cabe destacar que las r eservas de
terrenos del Plan G eneral de Ordenación Urbana de Las Palm as están
prácticamente ago tadas ”.
[ 149 ]
Este estudio prospectivo el ude, curiosam ente, la asunción por parte del sector
servicios y de la nueva industria turística del protagonis mo en la generación de
nuevos empleos. La ter ciarización de la econom ía de Gran Canaria, sin embargo, era
evidente: en 1964, cuatro años antes de esa propuesta de expropiación, los empleos
del sector se rvicios en Canarias e ran el 11,2% d el total, y ll egar ían a ser el 16, 6% en
1971 – un año antes de la elaboración del Plan Parcial del Polígono de Jinámar – y
alcanzaría el 21, 9% en 1975 – ci nco años antes de que el Polígono fuer a
definitivamente habitado – . Por el con trario, el secto r industrial a l que alude la
propuesta de expropiación disminuyó desde el 17,2% de 1964 al 11,2% ( 1971) y a un
9, 6% (1975) (Casariego Ramírez, 19 87 : 38 ) , lo que suponía ya en buena medida la
consumación del giro de la economía canaria, y de Gran Canaria, germen de la
industria tur ística en las Islas.
Los futuros habitantes del Polígono de Jinám ar tendrían sus empleos, según el
estudio, en la pu janza del Puerto de la Lu z y de la zona industrial de Tel de y en el
comercio de productos manufactura dos con los países af ricanos. Ceñía las
posibilidades del empleo de los futuros vecinos del Polígono de Jinám ar en la
posición estratég ica de sus viviendas , de la nueva zona resid encial, respecto d e zonas
industriales. No dice nada de que el mayor gen erador de empleo, el sect or servicios,
se situaba en Las P almas de Gran Canaria, de donde muchos de ellos se m udarán
hasta el nuevo Polígono, y en el Sur de la Isla, donde ya se planificaba desde
principios de la década de los sesenta el nuevo sector pujan te. En realidad, siguiendo
la misma lógica e sp acial de proximidad con los posibles puestos de traba jo que seguía
el documento del M inisterio de l a Vivienda, se les al ejaba de la act ividad económ ica
que en mayor proporción creaba puestos de tra bajo en ese momento y que los iba a
crear en Canarias du rante las década s siguientes.
El estudio con cluía que “p ara la actuac ión – la nu eva r esidencia de esas
familias – p arece la más adecuad a la zona que a con tinuación se delim ita”.
2.2. La delimitación : las fronteras de u n solo propietario
El documento de delimitación, rubricado el 1 de juni o de 1968, cifra en 3.074.500
metros cuadrados la superficie de la finca a expropiar, de los cuales 1.40 9.375 metros
cuadrados pertenecen al municipio de Las Palmas y 1.665 .125 metros cuadrados al
término municipal de Telde. Es decir, el 54,15% de la superficie en Telde, el 45,85%
[ 150 ]
restante en Las Palm as de Gran Canaria. Pese a la distribución m unicipal de la finca,
la construcci ón de las viviendas y el em plazamiento real del Polígono en sus primeras
fases será el m unicipio de T elde, al m enos en un 80% .
Esos límites eran :
a) NORTE . Línea recta que va desd e la cruz situa da en la Montaña Pi conera, en
dirección Este, hasta su encuentro co n la carretera del Su r – y que se prolonga
ide almente hasta la Peña Caballera – y en dirección O este hasta el fon do del
barranco de Jinám ar. La propiedad situad a al Norte pertenece a lo s Señores
Naranjo.
b) ESTE . Nueva carretera o autopista d el Sur.
c) SUR. Terrenos de herederos de D iego del Castillo, m ediante el Barranco R eal
de Telde.
d) OESTE . Par tiendo del punto de confluencia del lindero N orte con el Barranco
de Jinámar y en dirección Su r, va la línea límite por el cauce del Barr anco
citado dejando a la de recha las tie rras de D. Vicente de la Nueva y de la
propiedad, llam ados también de los F arias, hast a el pozo de la Virgen; de allí,
siguiendo la serven tía pública, pasa por la cerca de la huerta que está a la
espalda de la Erm ita de Nuestra Señora de l a Concepción y saliendo po r dicha
serventía ro deando la citada huerta, va a la plaza de Jinám ar siguien do después
el lindero por los vestigios del antiguo camino de Telde, separando este
camino tierras de D . Urbano Cabrera y D. R afael Lorenzo, hasta llegar al
Barranquillo de la Cruz Chiquita y de aquí sigue hacia el Sur, separando
tierras de D. Juan B etancor Ojeda y otros a d ar al malpaís o lava v olcánica que
corre por el centro d e la cañada que se form a al Sur; sigue dicha lava hacia
abajo separando las tierras del Cortijo de herederos de D. Diego de l Castillo
hasta el barran co Real de Telde.
En total, poc o más de 307 hectáreas que o cupa una sola finca “de la que es
propietar io D. Alejan dro del Casti llo y del Ca stillo y usu fructuar ia Dª María
Teresa Rivero del Casti llo - Olivares” que se proponen expropiar y que se somete
“a información pública”. 7
7 Archivo S erv icio de Ar quitec tura y Ur banism o de Las Palmas de Gran Cana ria. Ex pedie nte 62A.
Carpeta 56. “Delim itaci ón y Previsi ones de Pla neam iento del Polígo no ‘Ji námar ’, en los térm inos
muni cipale s de Las Palm as y Telde”. Madri d. 1 de juni o de 1968 .
[ 151 ]
2.3. El Plan Par cial: 52.470 personas, 11.660 viviendas
Casi cuatro años después, en enero de 1972, los arquitectos Vicente Sánchez de L eón
Pachec o y Jorge Roca de Togores 8 rubrican el documento de Plan Parcial de
Ordenación del Polígono Residencial Jinámar , 9 necesario p ara a comete r la polític a
estatal decidida sin n ecesidad de som eterse al pl aneamiento previo de los
ayuntamientos. En ese docum ento se repiten, cas i cuatro años después, frase por fr ase,
las razones por las que s e considera el enclave c omo idóneo, así com o las perspectivas
de comunicación y laborales de sus futuros veci nos. Sigue sin haber mención a la
actividad tur ística.
Tras advertir que “la ne cesidad esencial de un estudio de esta naturale za ” e s
demostrar que la operación de obten er suelo urbanizado, mediante su adquisición y la
realización d e las obras primarias de urbanización para su posterior c esión a los
diversos promotores , “ resulta adecuada a las c ircunstancia s propias de la localidad en
que está situado este polígono”, se ofrece un estudio económ ico: el coste de la
adquisición del suelo (217.646.150 pesetas), el coste de las obras de urbanización
(553.410.000 pesetas), el coste final del suelo urbanizado (771.056.150 pesetas), el
coste unitario de la expropiación una vez añadidos los proyectos y la ejecución (80,82
pesetas el metro cuad rado), el coste unitario de la urban ización (200,6 pesetas el
metro cuadrado), para un coste final del polígono urbanizad o de 949.941.176 pesetas
(308,97 pesetas el metr o cuadrado). Los arquitectos consideran que “qu eda
demostrada la posibilidad de financiación del Polígono”, toda vez que el pre cio del
terreno por metro cuadrado (558,05 pesetas) su pone un 20,36% del coste medio de
edificación general por metro cuadrado (2.740,06 peset as), por debajo del 33,33% que
sup ondría la fron tera comparativa entre am bos parámetros “según las disposicione s
oficiales en v igor” para que “el cost e de los terrenos urban izados repercuta sob re la
edificación de forma razonable y ade cuada a las posibilidade s de la localidad”.
8 Tam bién figu ran com o técnic os colabo radore s los inge nieros d e Cam inos Satur nino Alons o Vega y
Sergi o de la Fe M arrero, de Las Palm as; el ingenier o de Monte s Juan No gales He rnández , tam bién de
Las Palmas; el econ omis ta José Lui s San Ma rtín, de Ma drid; y el soc iólogo J osé Lui s Esco hotado, de
Santa Cruz de Ten erife.
9 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de L as Pal mas de Gran Ca naria .
Exped iente 62B . Carp eta 57. “ Plan Parcial de Orde nació n Urbana Reside ncial del Pol ígono de Jinám ar
y proyecto de par celación ” . Madri d. 1 de juni o de 196 8.
[ 254 ]
fútbol, zona de ocio, donde los niños pudieran ha cer actividade s y hacer
cosas… es qu e esa fue la lucha, p or los crímene s y cosas raras qu e vimos en
Jinámar, las carreteras en condiciones, las señalizaciones, pero en fin, nos
costó muchos años de lucha, mucho… 149
nada, pues o en la casa o a la calle… con una pelota, con una bicicl eta…
hubieron muchos atropellos de niños, porque no había ni un par que, ni una
cancha, porque las canchas del colegio, normal, las cerraban… las cerraban
las canchas del colegio, y no había nada donde jugar… los barrancos, la
calle, o la casa, eso era lo único que había… 150
El peligro para ellos, s in embargo, no sólo se encontraba en la ca rretera.
Durante los primeros años, otro menor murió al ser al canzado por una perdigonada . 151
Tres niños se h abían internado en la finca co lindante a lo qu e fue el Valle d e Jinámar,
propiedad de Agustín M an rique de Lara, y su guardián disparó para ahuyentarlos. Una
de las perdigonadas alcanzó a un menor, de 10 años . 152 Al parecer, e l Polígono de
Jin ámar estaba l imitado por front eras también hostiles para la inf ancia. Una niña
moría en la desemb ocadura del b ar ranco de Las Goteras, en la playa de B ocabarranco,
otro de los espacios par a e l ocio que encontraban los menores en su nuevo barrio.
Tenía 9 año s. 153 Y por rincone s igualmente peligrosos, en su interior. Otro niño estaba
a punto de morir electrocutado en un torreón de la luz en el barrio, tras internarse en él
con otros tres menores . 154 Otra chica, de 17 años, moría al caer por el huec o de un
ascensor estropeado, también en el fatídico bloque 17 del Polígono de Jinámar . 155 Y
los menores, en un escenario hostil, acababan por convertirse en un peligro para otros
menores. Tres niños de 8, 6 y 4 años de edad d el Polígono de Jinámar eran agred idos
por una pandilla de siete menores de alrededor de 10 años . 156 Aunque el caso más
extremo es el de una niña de 7 años: murió de inanición, en una chabola de El
Confital, pero procedía del Polígono de Jinámar. Su madre había sido adjudicataria d e
149 Apéndice I. Entrevista a Reyes Hernández ‘Rey itas’.
150 Apéndice I. Entrevista a Inmaculada Pérez Trujillo.
151 Niño m uerto de una perdig onada (20 de ma yo de 1981 ). La Pr ovinci a , p. 43.
152 Manifes tación de duelo (21 de mayo de 1981 ). La Prov incia , p. 43.
153 Niña ah ogada en Bocaba rranc o (27 de agos to de 198 1). La Provi ncia , p. 35.
154 Un niñ o de 14 años, a punto de morir ele ctrocut ado (1 de junio de 19 83). La P rovinci a , p. 47.
155 Puntos c onfus os en l a muer te de una chica en el P olígon o de Jinám ar ( 19 de ag osto de 1983). La
Provincia , p. 52.
156 Tres niños t ortura dos en J inám ar (4 de febre ro de 1 982). L a Provi ncia , p. 43.
[ 255 ]
una vivienda y la había vendido para dar de comer a sus trece hijos. Aducía que la
niña tenía una enf ermedad que le impedía nu trirse . 157
Ese ter ritorio hostil para la infancia no parece derivarse de una hiperbólica
titulación p eriodística. La pres encia de un estanque, el ‘ Estanque de la Duquesa’,
invitaba a un suelto periodístico bajo el título de Jinámar: los niños juegan con la
muerte : “En Jinámar los niños juegan con la muerte. Todos los días puede ser el
último. El llamado ‘Estanque de la Duquesa’ tien e las fauces abiertas dispuesto a
engullirlos [...] se trata de una zona fétida, un auténtico ver tedero al que se arrojan
animales muertos y d esperdicios. Y, al lado mismo, será el terribl e ‘Estanque de la
Duquesa’, con sus aguas verdes y m alolie ntes. Allí van todos los d ías pandillas de
chiquillos para pescar ranas y para bañarse. Cualquier día podrá m orir uno de ellos:
bien por infección o por asfixia. Los niños que corren más peligro son lo s que habitan
en los bloques 20 y 22, en las cercanías del estanque”. 158
Cuando llegaron al Polígono de Jinámar, los menores, procedentes de m uchos
otros barrio s de Las Palm as de Gran Canaria y Telde, incapaces po r edad para la
movilidad hacia otros espacios, asum ieron resignados l a mudanza fam iliar. “ La
verdad es que de entrada no nos gustó, pero bueno, eso era lo que había”. 159
2.7. Campo de concentración, inframanhattan : la sincrónica petición de más
viviendas y la denuncia de la exclusión. E l fin d el Polígono vertical
No so lo se trataba de un territorio hostil para la infancia. Los vecinos del P olígono de
Jinámar convivían con la tragedia, provocada casi s iempre por las car encias de la
planificación pública. Dos jóvenes trabajadores fa llecían en e l Polígono, en el in terior
de una alcantarilla, entre los bloques 40 y 41, por l as emanaciones de gas. “Un
tercero, vecino de uno de los bloques, que se apercibió de los hechos y acudió en su
auxilio, estuvo a punto d e per ecer asfixiado, pudi endo ser rescatad o por otros
vecinos”. 160 Unos veci nos habían ale r tado d el p eli gr o. La comunidad de propietarios
de ese bloqu e 40 había dirigido a l delegado del MOPU, seis días antes de la tragedia,
un escrito firmado por su presidente, Vicente Alsó Pérez, e n el que entre otras muchas
157 La niña que muri ó de inanic ión padec ía olig ofrenia (17 de ene ro de 198 2). La Pr ovinci a , p. 51 .
158 Jinám ar: Los niños juega n con la muert e (24 de juni o de 1 984). L a Provinc ia , p. 11.
159 Apéndice I. María de los Ángeles Aguilar, en entrevista conjunta a María de lo s Ángeles Aguilar y
María del Carmen Aguilar.
160 Hatchuell, D avid (19 de oct ubre de 1982). Dos muertos por emanaciones de una alcantarilla en el
Políg ono de Jiná mar. La Provincia , p. 47.
[ 256 ]
cosas advertía que “l as tapas de las alcant arillas, situadas en l as aceras próxim as a los
bloques, entrañan un grave peligro especialmente para los niños” . 161 Justo un año
antes otro trabajador, residente en el propio Pol ígono, ha bía fallecido cuand o le caían
varios bloques encima . 162
Las condicio nes de dureza extrem a de la vida en el Polígono de J inámar no
son desconocidas para las institucio nes. E n las gobernadas por el Partido Socialista
(PSOE), éste con taba con dirigentes especi alizados , y com ienzan a extender un
mensaje político coord inado y contundente respecto de la naturaleza urbana del
Polígono de Jinámar. José Med ina Jiménez, conceja l de Urbanism o de Las Palmas d e
Gran Canaria , que ya había adverti do antes del poblamiento del P olígono y d e la
llegada del m i nistro Sancho Rof en su visita al mismo sobre que “ la política del
Gobierno en materia de urbanismo no es política de Estado, sino polít i ca de partido,
de la UCD” , 163 insiste en la orfan dad admin istrativa – “hay en Jinámar aho ra mismo
una población de 10.000 personas que en tres o cuatro a ños podría llegar a las 50.000
[…] es un polígono puesto en los límites de dos municipios, Las Palmas y Telde , y
est á el problema de quié n va a gestionarlo ” 164 –. Un año más tarde, la nueva
Administración esta tal, ya también socialista, h ace suya esa reflexi ón. Pero la amp lía
a los problemas sociales ya generados por el propio Polígono. El director g eneral del
Instituto de Promoción Pública de la Vivienda (IPPV), Francisco de Vera, anuncia
que “la filosofía del polígono de viviendas va a ser sustituido por la de los bar rios, que
es lo que tiene sentido y todos co nocemos en el desarrollo urbanístico” , 165 y un
concu rso entre prof esionales urbanistas pa ra reform ar el Polígono de Jinám ar “para
que sea menos denso e n construcción y algo más hum ano, además de evitar que lo
que se traspase a los ayuntam ientos sean después problem as a los que, con su
economía, n o puede n da r sol ución” , 166 tras califica r de “actuación mala” la realizad a
en el Polígono de Jin ámar y reconocer que “provoca una serie de problemas
161 Hatchuell, D avid (19 de oct ubre de 1 982). D os muert os por e man aciones de una alca ntarilla en el
Políg ono de Jiná mar. La Provincia , p. 47.
162 Un ob rero m urió cua ndo tra bajaba en Ji námar (6 de octubr e de 1 981). La Provincia , p. 39.
163 El PSOE interpelará al Gobierno sobre la po lítica del MOPU en Las Palmas (1 de diciembre de
1979). La P rovinc ia , p. 9.
164 Alem án, José A. (24 de e nero de 19 82). “S oy opt imist a sobre el futuro de la ci udad”. La Pr ovinci a ,
p. IV/22.
165 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y
desarrollar la de los b arrios”. La Provi ncia , p. 5.
166 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y
desarrollar la de los b arrios”. La Provi nc ia , p. 5.
[ 257 ]
sociales” . 167 El propio V era, grancanario que h abía accedido a la responsabilidad
estatal de la promoción pública de vivie nda s, había llegado a calificar de “cam po de
concentración” 168 y r ealizado una dura diagnosis de su construcción social. “ El
Polígono de Jinámar debe cam biar de imagen. Tiene que dejar de se r un campo de
concentración, un destierro pa ra los ‘ benef iciarios ’. Hace falta una colaboración de
los arquitectos para remodelarlo y convertirl o en una ciudad habitable, en humanizar
ese espacio” , 169 dice.
L as advertencias son múltiples desde e l period ismo y la lite ratura – “ Hay
entornos que propician la agresividad […] la pérdida de la propia identidad, que se
diluye en esas colm enas sin equipamientos n i servicios (Jinámar y San Cristóbal, sin
ir más lejos) 170 – , y que hacen suyos incluso los calificat ivos de la diagnosis
institucional so cialista – “ [… ] m eter a millares de personas d e distintas procedenc ias,
niveles culturales, profesiones y oficios en un ‘ polígono de concentración ’ , sin poner
paralelam ente la inf raestruc tura colect iva adecuada es encender la m echa de la
crispación ” 171 –.
Pero el análisis m ás inteligente, l úcido e irónico procede de las entrañas del
periodismo y de los propios protagonistas a l os que da voz, con una impagable
literatura de urgencia, y que etiqueta el Polígono de Jinámar como “un
‘Infram anhattan’ af ricano” . 172 “Las Palm as es Pinto y Telde es Va ldemoro. A
remolque de ambos puntos, a trancas y barrancas rojizas, en un territorio innombrable,
como quistes gigantescos q ue han desolado la antigua vega agrícola, se alzan los
bloques – tan de pronto absurdamente distanciados en complicada orografía y t a n de
pronto absurdamente acolmenados – del Polí gono de Jinámar” , 173 describe Salvado r
Sagaseta.
Sus descripcione s son la mejor forma de ubicarse en e l Polígono de Jinám ar,
en el año 1983. “ No es precisamente un barrio dormitorio, con una población
167 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y
desarrollar la de los b arrios”. La Provi ncia , p. 5.
168 C., B. (6 de mayo de 1983 ). “El Políg ono de Ji námar tie ne que dejar de ser un cam po de
concentraci ón”. L a Provinc ia , p. 11.
169 C., B. (6 de mayo de 1983 ). “El Políg ono de Ji námar tie ne que dejar de ser un cam po de
conce ntraci ón”. La P rovinci a , p. 11.
170 León Barr eto, Luis (8 d e octubre de 1983) . La ciudad. La Prov incia , p. 10.
171 Tristán Pimien ta, Ángel ( 21 de julio de 19 83). Pol ígonos de concent raci ón. La Provincia , p. 12.
172 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano.
La Provi ncia , pp. 10 y 11 .
173 Sagaset a, Sal vador ( 23 de ag osto de 1 983). El Políg ono de Jinámar, un “inframanhatann” africano.
La Provi ncia , pp. 10 y 11 .
[ 258 ]
mayoritariamente en paro, q ue sólo en los mejores de l os casos cobra sub sid ios y que
reúne a centenares de jóvenes que nunca han conocido trabajo. Pero es un barrio
como para echarse a dorm i r. Se respira un a tranquilid ad sospechosa: una tranquilidad
por defecto – de ausenc ia – y no por exce so. Parece que s iempre son las t res de la
tarde, con niños subjugando en los recovec os guarroparduzcos al pie de los edificios,
vestidos con prendas incogr uentísimas, y con las madres sin sali r nunca de las piezas
más que para la compra, distribuidas mínimamente por cuatro en cada planta” , 174 dic e
de la zona superior del barrio. Ya en la zona de las torres, añade que “carece n en sí de
servicios, m ás que los que logran a espaldas, tra s un atajo sobre tierra, en el propio
pueblo […] al pie de uno de los bloques, unas niñas que se cuidan mutuamente, de
más grandes a más chicas, nos ind ican que el presidente de la com unidad vive en el
séptimo piso. El ascensor no f unciona, y tras chupar escalera, al fin en el andén de la
planta 7, lo encontramos sin cam isa, participando en las operaciones de revisión del
aparato”. 175
El presidente de la com unidad, tres añ os después de las prim eras mudanza s , ya
participa de la resigna ción. “Nosotros no sabemos si somos moros o cristianos; la
mayoría estam os empadronados en Las Palmas, y sin embargo p ertenecemos al
ayuntamiento de Telde ¿Quejas?, mira, si quieres te invito a que lo compruebes: el
agua es pésim a, vamos, fatal, es im posib le cocinar con ella ; intentas preparar la le che
e inmediatam ente se corta. Son tantas las nec esidades del barr io [… ] Bueno, tú mismo
lo habrás podido comprobar, basta echa r un simple vistazo” , 176 le s ugi ere al
periodista .
Con esa dura diagnosis, desde el periodismo y las instituciones, la par adójica
tensión entre necesid ad de vivienda y la ca rencia d e condiciones de habitabilidad
perm anece, com o ocurría antes de que el Polígono f uera habit ado. El anuncio de
nuevas viviendas en el Polígono de Jinám ar es con tinuo – desde las 1.008 de 1980 , 177
se anuncian nuevas promociones, entre ellas 444 en 1983 , 178 y otras 384 en 1984 179 –
174 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano.
La Provi ncia , pp. 10 y 11 .
175 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano.
La Provi ncia , pp. 10 y 11 .
176 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano.
La Provi ncia , pp. 10 y 11 .
177 Conc urso de sue lo públi co 1980 pa ra el fom ento de la c onstrucc ión d e viviend as de prot ección
oficia l (16 d e agost o de 1980). L a Provi ncia , p. 17.
178 Castro, Maribel ( 14 de juli o de 1983). Aument ará el núm ero de vivi endas para Telde . La Provi ncia ,
p. 47.
[ 259 ]
derivado del hecho de que, como se hace notorio cada vez que se anuncia un nuevo
paquete de viviendas, “el polígono tiene capacidad para 12.000 viviendas, de las que
ya están construidas unas 3.400”. 180
Esa tensión, en la que existí a la conciencia de que se estaba produciendo un
espacio urbano en el que se resolv ía la carencia d e vivienda pero no de convivencia n i
de desarrollo social, en la que se engendraba la exclus ión, cristaliza en la paradoj a de
que, mientras se pedían más viviendas de forma continua 181 para el Polígono de
Jinámar, se advert ía de sus consecuencias por p arte de las mism as instituciones .
nosotros desde el primer momento veíamos que esto iba a generar un nuevo
gueto en la isla de Gran Canaria, y claro, era responsabilidad nuestra
t ambién de advertir a quien tenía las competencias, que era el Gobierno, que
había que ponerle freno, y que p en saran que si seguían con este programa, en
lo que esto iba a terminar… 182
H asta el punto de que, en días suce sivos , el prop io A yuntamiento de Telde,
tras una reunión con el delegado del MOPU, Augusto Menvielle, anuncia a la vez que
habrá más viviendas para el municipio 183 – en el Polígono de Jinámar – y la propia
alternat iva para evitar la sobredim ensión del Polígono y lo que entiende n un equilibrio
entre las viviendas y los equipamientos: la negati va a conceder licencias para edifi ci os
altos en el Polígono de Jinámar . 184
La petición de modificación del P lan Parcial del Polígono de Jinám ar de 1972
se justificó, en una moción presentada p or el alcalde de T elde , 185 en los “elevados
costes de m antenimiento de los servicios urbanísticos” , 186 así como de “las
179 Mil m i llones p ara 384 vivie ndas e n Jinám ar (12 de ene ro de 1 984). La Provinc ia , pp. 1 y 5.
180 Mil millone s para 384 vi vienda s en Ji nám ar (12 de enero de 198 4). La Provincia , pp. 1 y 5 .
181 Telde insist e en c onseg uir 60 0 vivien das en Jinám ar (2 2 de ab ril de 1982). L a Provi ncia , p. 6.
182 Apéndice I. Entrevista a Aureliano Franc isco Santiago Castellan o.
183 Castro, Maribel ( 14 de juli o de 1983). Aument ará el núm ero de vivi endas para Telde . La Provi ncia ,
p. 47.
184 Cast ro, Mari bel (13 de juli o de 1983 ). No h abrá m ás lice ncias para edifi cios al tos en e l Polí gono de
Jinámar. La Prov incia , p. 2 7.
185 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 1983 . Moción sobre mo d ificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de
14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48.
186 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Pol ígono d e Jinám ar. Lib ro de Actas de
14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48.
[ 260 ]
instalaciones de los edificios ”, 187 “ los graves problemas de convivencia generados por
la alta densidad de población” , 188 y las “difíciles condiciones de v ecindad en que se
debaten las com unidades de adjudic atarios debido al e levado núm ero de familias que
lo i ntegran”. 189 La alternativa que se ofrece al Inst ituto de Prom oción Pública de l a
Vivienda – cuyo re sponsable había tenido calificativos tan d uros co n el Polígono y su
conformación – es la de edificaciones de cuatro plantas, ev itando las to rres de once
altur as, para la totalidad del Polígono, y “la redistribución de los usos establecidos de
forma que si hubiese lugar a la dism inución del número de viviendas ést a sea mínima
con respe cto a la can tidad total p revista en e l Plan Parc ial vigente” . 190
Era la cuadrat ura del círcu lo de la tensión ent re preservar la reserv a de suelo
para las necesidades d e vivienda y evita r un ur banismo que fracturara la convivencia.
El Polígono de Jinám ar dejaría de se r la constatación del “ch abolismo vertical” , 191 la
respuesta pública a l a carencia de vivienda, q ue había suplido al “chabolism o de
azotea” 192 la estrategia f amiliar en ba rrios de procedenci a de la pobl ación de Jinám ar
como La Isl eta. A pa rtir de entonces no se volverían a construir bloque s de más de
cua tro plantas. Pero tampoco, ni de lejos, se construiría en virtud de las más de 11.000
casas para 52.0 00 personas que había im aginado el Plan Parc ial.
Cuando no se habían cumplido cuatro años d e la llegada de los primeros
habitantes, el Plan P arcial ya tenía que ser ref ormado por los proceso s sociales que
había construido, y el propio polígono – co mo el resto de los g randes polígonos de los
setenta – tenía ya que recibir una inyección económica para su rehabilitación . 193 El
alcalde de Las P almas de Gran Can aria, Juan Rodríguez D oreste, anunciaba ad emás
que los polígonos – Ji námar, Cruz de Piedra, y San Cristóbal – serían recibido s por el
187 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Lib ro de Actas de
14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48.
188 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de
14/3/ 84 al 27 /12/84, pp. 47 - 48.
189 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de
14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48.
190 Secreta ría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de
julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de
14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48.
191 Apéndi ce I. E ntrevi sta a A ntoni o Sosa Marrer o (I).
192 Apéndice I. Fr ancisco Zum aquero, e n entre vista conjunt a a Fra ncisco Z uma quero, Enr ique C aro
Zamora y Andrés Armas Pascual.
193 El MOPU invertir á 400 millones para rehab ilitar San Cristóba l, Cruz de Piedra y Jinám ar (8 de
diciem bre de 1 983). La Pr ovinci a , p. 5 .
[ 261 ]
ayuntamiento “en cuan to las obras correspondientes a sus proyectos de urbani zación
aprobados estén absolutamente concluidos por el propio MOPU y con la aceptación
de las oficinas técnicas m unicipales” . 194 El Polígono de Jinámar no sería recibido ni
por el Ayuntamiento de Telde ni por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran
Canaria.
194 El MOPU invertir á 400 millones para rehab ilitar San Cristóba l, Cruz de Piedra y Jinámar (8 de
diciem bre de 1 983). La Pr ovinci a , p. 5 .
[ 263 ]
IX . EN EL PO LÍGONO ( II): DE LA OCU PACIÓ N DEL
ABANDO NO PLANI FICADO A LA AP ROPIACIÓ N VECINA L.
LA GÉNES IS DE LA EXCLU SIÓN (19 80 - 1984) (II)
Cada treinta fa milias o ca sas de lab ranza eligen un a vez al añ o lo que en su anti guo
lenguaje l lamábase un sifogran te, al que ahora dan el nue vo nombre de filarc a.
Utopía . Tomás Moro
1. ESPACIO S APROPI ADOS, M OVIMIENTO S SOCI ALES Y
MOVIMI ENTO VECINAL
El abandono planificado y la despos esión del derecho a la ciudad – el derecho a una
vivienda digna lo hab ían alcanzado – de los vecinos del Polí gono de Jinámar no evitó
que éstos, desde un prim er momento, afrontaran y reclam aran su derecho a ser
ciudadanos desde las otras dim ensiones de ese derecho a la ciudad s ustraído: la
actividad participante y la pugna po r la apropiaci ón del e spacio (Lefebvre, 1975:
159) . Los vecinos del Polígono de Jinám ar acometieron la voluntad de transformación
del espacio que se les habí a producido y su conversión al ámbito de los espacios
apropiados, espacios “no soportados, no aceptados por una resignación pasiva”
(Lefebvre, 1975: 136).
Es a apropiación vecinal, junto al abandono planificado, explica los primeros
años (1980 - 1984) de la construcción del Polígono de Jinámar c omo proceso social, y
supuso la gestación de una forma de organiz ación social y ve cinal específ ica, que se
consumó con la constitución durante esos a ños fundacionales de un Movimiento
Vecinal cuy a demostración más ev idente, la m anifestación de los v ecinos del
Polígono de Jinámar, a pie, recorriendo la distancia que separaba su propio ba rrio de
la capital grancan aria y de la sede d e la Presidencia de l Gobierno de Canarias, en
noviembre de 1984, supone una frontera evi dente en la c ronología de que se dotan lo s
propios vecinos del Polígono o, cuando m enos , sus representantes vecin ales, en l a
construcción de la propia memoria y de los acontecimientos que explican al Polígono
de Jinámar en el tiem po.
Ese Movimiento Vecina l s e construyó, en cierto modo, a imagen y semejanz a
de las caracterís ticas que el asociacio nismo vecinal adoptó en las ci udades del Estado
español durante la década de los se tenta.
[ 270 ]
ayuntamiento presentó en el MOPU una lista con nombre y apellidos de los que
habían techado las dichas solanas”. 14
Esa participación púb lica de los sujetos individ uales en la visibilidad de las
quejas por las condiciones del Polí gono de Jinámar da cuenta d e la ex tensión de l a
reclamación de aprop iación vecinal, de necesidad de participación activa, en la
construcción social del nuevo espacio urbano. Pero eran los dirigentes vecinales ,
organizados, quienes con más asiduidad llamaban la atención pública sobre la
situación del Polígono y sobre esa d inámic a de apropiación , asumiendo y detentando
su liderazgo ante la opinión pública. También reflejan sus co nflictos con la insti tución
local, com o en el caso de José Arjona 15 – “ son lamentables actos co mo los que
vivimos los vecinos del Polígono de Ji námar la tarde del 29 de junio” 16 – , pero con
más frecuen cia lo hacen advir tiendo sobre la responsabilidad o riginaria, del MO PU
estatal – “¿pero es que se olvida usted de que el Ministerio de Obr as Pública s quiere
entregarle al ayunta miento de Telde el polígono en las condiciones de inhabitabilidad
que todos conocemos?” 17 – , s obre las condi ciones del Palm eral de Jinám ar – “nuestra
agradable sorpresa s e convirtió en desag radable al observar que una co nstructora tiene
instalada en el palmeral una f ábrica de prefabr icados de blo ques y similares, la cu al,
en un principio, se ocupa de estropear los árboles, pero no contentos con eso no s están
sepultando todas las plantas y árboles con escombros traídos de otro lugar” 18 – , sobre
las condiciones de los jóvenes en el propio Polígono – “soy un joven más que pade zco
la enfermedad de la miseria, vivo en el Polígono de Jinámar y he aprendi do a escribir
y luchar codo a codo con los míos, los obre ros, los marginados, los incultos […] Hoy
he aprendido a hablar en plural, a transmitir lo nuest ro (lo nuestro es luchar)” 19 – , o,
con una enorme clarividencia, sobre las múltiples variables que conducían a l fracaso
escolar – “com ienza el año escolar […] p ara el Polígono de Jinámar será un curso m ás
14 Florido C alero, Jo sé Lui s (28 de junio de 19 84). N os repri men e n Jinám ar. La Provincia , p. 4 .
15 José Arjona, ya fallecido, es el único dirigente a c uya memoria se dedica una calle en el Polígono de
Jinámar.
16 Arjo na, José (4 de julio d e 198 4). Lam entabl e acti tud de l alcalde de Telde. La Pr ovinci a , p. 4 .
17 Barrera del Pino, Rafael (6 de agosto de 1 98 3). El MOPU, culpable de lo de Jinámar. La Provi ncia ,
p. 4. Rafael Barrera del Pino era vo cal de la Coordinadora Popu lar de la Vivienda.
18 Miranda Jiménez, Mig uel Ánge l ( 3 de marzo de 198 4). Salvar el Parque Botánico del Polígono de
Jinámar. La Provinc ia , p. 4. Miguel Ángel Miranda Jiménez era directivo de la asociación de vecinos
30 de Diciembre.
19 Cabre ra Soco rro, José (25 d e septi embre d e 1984) . En Jiná mar no e stán l oco s. La Pr ovincia , p. 4.
José Ca brera S ocorro se present a como m iembro de la asoci ación de vec inos ‘3 0 de Dici embre’.
[ 271 ]
donde acumular frustraciones […] l uego vendrán con el cuento de los ‘ apocaos’ que
son los niños canar ios, dado el alto índice de f racaso escolar” 20 –.
Los dinamizado res vecinales y los sujetos individuales ex plican , en buena
medida, la intensidad y extensión del proceso de apropiación vecin al . Pe ro u na
interpretación p recisa de ese proce so sólo ser á posible en el aná lisis del liderazgo
individual de dirigentes vecinales que, en un proceso de apropiación com partida del
espacio social del Polígono de J inámar, lograron dotar al nuevo espacio urbano de un a
identidad social, mediante las asociaciones v ecinales organiz adas que darán lugar a su
Movimiento Vecinal.
2.2. La Coordinadora Popular de la Vivienda : el germen de la or ganiz ación
vecinal. La dif usión del Polígono de Jinámar como conflicto de clase
La construcción de ese espacio e identidad soci ales se había iniciado incluso antes d e
que las vivi endas fueran habi tadas. Los preced entes de la C omisión de A fectados por
la Vivienda en Telde 21 y de la Coordinadora Pro Vivienda , 22 auspici ada esta última
desde el propio Ayuntamiento de Las Palm as de Gran Canaria y Unión del Pueblo
Canario (UPC), pero con participación de partidos políticos, asociaciones vecinales y
sindicatos, derivó en la constitución de la Coordinadora Popular de la Viv ienda, cuyos
dirigentes proced ía n en buena medida del Partido Comunista de España (PCE) ,
aunque proclam an la independencia de ésta respecto de la o rganización partidaria. La
Coordinadora Popular de la Vivienda supondrá un instrumento poliédrico: será un
grupo externo al Polígono de Jinámar, pero i ntegrado también por m iembros de las
propias asociaciones de vecinos que surgirán en el Polígono, y aglut ina rá las
demandas y representat ividad de las fam ilias de los barrios obreros de la Isla, pero
con especial act ividad en el caso de los políg onos, desde Jinám ar hasta Cruz de
Piedra, San Cris tóbal o A rinaga. S u dedicació n inicia l fue, pre c isamente, dotar de
estructura a la rep resentación vecinal de las familias.
20 García Rodríguez, Blas (23 de septiembre de 1984). El curso es colar en Jinámar. La Pr ovincia , p . 4.
Blas García Rodríguez era pr esidente d el APA de l Colegi o Públ ico Monti ano Pla ceres, preside nte de l a
asociación de vecinos El Corredera y posteriorm ente de la asociación de vecinos La Unión.
21 Capítulo V I . De Val le a Po lígono ( I): Una ci udad arti ficial para 52.4 70 perso nas. Epígrafe 3.3 .
Telde : moviliza ción social .
22 Capítulo VI . De Vall e a Pol ígono ( I): Una ciuda d artifi cial par a 52.4 70 pers onas. E pígrafe 3. 4 . La
Coordi nadora P ro Vivien da: parti cipaci ón veci nal y políti ca en la elecc ión de los adj udicat arios de
Las Pal mas de Gra n Canari a .
[ 272 ]
Hubo primer o un trabajo global, ¿no?, que es el trabajo que hacía la
Coordina dora de la Vivienda como tal, luego vino un trabaj o de crear
estructura s ocial, es decir, g enerar asociacion es de vecin os en las que se
ampliaba más que un bloque, porque allí hay dos cuestiones, una parte que
correspondía al ayuntamiento de Telde y otra parte que correspondía al
ayuntamiento de La s Palma s… a la misma vez crear la estructura d e la
comunidad de vecinos d e cada bloque y explica rles mínimamente… [ …] se va
formando por la tanto una estructu ra que sea capaz de gobernar el bloque…
pero a su vez ir más allá, gobernar el barr io, gobernar la zona que le
corresponde de la asociación de ve cinos, y después dar el salto a gobernar el
Polígono, porque había cuestiones que eran claves: primero, dotarlo de los
instrumentos necesar ios para el b arri o, no era cuestión de un bloque
solo, era una cuestión que tenía que haber una lucha más social, más
global […] todo ese elemento de lucha se fue coordinando desde abajo y era
extraordinaria la participación… 23
La Coo r dinadora Popular de la Vivienda no será el único colectivo que, no
habiendo surgido estricta y exclu sivamente del propio Polígono de Jinámar , se
implica en la demanda por sus condiciones de vida. Las prim eras manifestaciones,
tras el poblamiento del Polígono, ya cuentan con el r espaldo co nvocante de partidos
políticos – PTC, PSOE, PCE – y sindicatos – UGT 24 – , pero prácticamente todos los
partidos, sindicato s y organizacione s de la izquierda polí tica y social se unen a l as
convocatorias, por una u otra r azón, que reivindican condiciones de mejor
hab itabilidad del Polígono (tabla 2 ), en manifestacione s con la Coordinadora de
Aparceros, Com isiones Obreras (C COO) o Asamblea de V ecinos , 25 o con UPC e
incluso PSOE , 26 en una urdimbre reiv indicadora que une las demandas vecinales a
consignas laboral es – “solidaridad con los aparceros” 27 –, o educativas, con presencia
e intervencion es institu cional es, co mo la de los alcaldes d e Telde, Agüimes y S anta
Lucía de Tirajana . 28
23 Ap éndice I. Entrevista a Segundo Mar tínez Vázquez, en entrevista conjunta a Segundo Martínez
Váz quez y María Pu ig Barrios .
24 Hoy, manifestación en Telde (29 de feb rero de 198 0). La P rovinci a , p. 12 .
25 Mañana, manifestación pro - vivi endas (5 de noviem bre de 1 981). La P rovinc i a, p. 10 .
26 Gran concurrencia a la m anifestación de ayer (12 de dic iembr e de 1981). La Pr ovinci a , p. 12 .
27 Gran concurrencia a la m anifestación de ayer (12 de diciembre de 1981). La Pr ovinci a , p. 12.
28 Perea , R. (29 de julio de 19 82). Co nc entración para mejorar la EGB. La Provincia , p. 44 .
[ 273 ]
Pero l a asunción inicial de la representatividad de los intereses de los vecinos
d el Polígono de Jinám ar, al menos en re lación con su trascenden cia pública,
corresponde a la Coordinadora Popular de la Vivienda , ejer ciendo esa señalada lab or
de urdimbre entre vecinos de distintos barrios y polígonos , 29 de reivindicac io n es
económicas – la anulación de la cuota de entrada que debían satisfacer los vec inos
beneficiarios de vivienda 30 o el fraccionamiento de las cuotas 31 –, o las co ns ta ntes
demandas respecto a carencias de servicios ese nciales . 32 En síntesis, orienta ante la
sociedad el conf licto del Polígono de Jinámar como un conflicto de clase. Ese
ejercicio de urdimbre de la Coord inadora Popular de la Vivienda entre l as demandas
vecinales, y de forma protagóni ca la de los vecinos del Polígono de Jinámar, con otras
demandas sociales per mitía ge nerar un eficiente mecanismo de difusión pública . La
actuación e n la que esa v inculación entre dem anda vecinal y otras reivi ndicaciones
s ociales alcanzó una mayor difusión se produjo en una asamblea , conm emorativa de
una Asamblea Pro Universidad previa, celebrada en 1972 . 33 A la cita , diez años
después, convocad a en el Gabinete L iterario de Las P almas de Gran Canar ia,
acudieron 400 personas que “pertenecientes a la coordinadora de viviendas y de 14
asociaciones de vecino s […] celebraron su asamblea particu la r” . 34 Esas 400 personas
hicieron público un manifiesto, con sus propia s demandas u nivers itarias, pero fue el
inicio de una ofensiva de recla mación pública : en los días poster iores, “un centenar de
viviendas ocupadas” en los polígono s de Jinámar y San Cristó bal, “ 45 detenidos” por
la Policía N acional, concentr ació n de 500 personas ante el Cabildo de Gran Canaria,
“mil person as” concentradas an te el periódico ‘ La Provincia ’ “ para pro testar po r la
información que publicam os” s obre la asamblea P ro Universidad , y recíproco
“lanzamiento de piedras” por manif estantes y de “granadas de gases lacrim ógenos por
la polic ía” 35 en el Polígono de San Cristóbal, constituyó la concat enación de
acontecim ientos más difundida d e las or ganizadas por esa red vecinal de l entorno de
los polígonos y liderada por la Coordinadora Popular de l a Vivienda, difusión en ese
29 Coor dinadora de la Vivi e nda (30 de se ptiem bre de 1981) . La Pr ovinci a , p. 2 .
30 Gran concurrencia a la m anifestación de a ye r (12 de dicie mbre de 1981 ). La Pr ovinci a , p. 12 .
31 La Coor dinad ora de Vivi enda s contin úa soli citando e l pago f raccio nado (1 3 de agos to de 198 2). La
Provincia , p . 11 .
32 Conce ntraci ón de ha bitante s del Polí gono de Jinám ar (29 de ene ro de 1983 ). La Provincia , p. 8 .
33 “Sin e quili brio no hay re gión” (26 de agos to de 1982) . La Prov incia , p. 6.
34 “Sin eq uilibri o no hay re gión” (26 de agos to de 1982) . La Provi ncia , p. 6.
35 Las ac ciones de protest a de la Coordina dora de la Vivie nda final izar on con inci dentes (27 de a gosto
de 1982) . La Prov inci a , p . 6.
[ 274 ]
caso probab lemente favorecida po r su confrontación pública con la interpretació n
mediática qu e se había dado a esos acontecimientos .
2.3. Las asociaciones v ecinales del Políg o no de Jinámar y sus líderes: la
superación d e la representatividad po r fases
Hasta bien avanzado 1983, las reivindicaciones vecinales del P olígono de Jinámar son
elevadas a la opinión pública bajo el amparo de la Co ordinadora Popular de la
Vivienda. Una Coordinadora que, su rgida de la experiencia colect iva de las asambleas
vecinales, sindical es y partidarias y de las expectativas generadas por los grandes
polígonos en las clases obreras p ara solventar sus carenc ias habitacionales de la Isl a,
se encuentra a su ve z en el germ en de las asociacion es vecinales propias , específicas,
del Polígono de Jinámar.
La Coordinadora Popular de la Vi vienda tuvo un papel importante, que es
que estábamos en Telde como organización, y trabajaba a los solicitantes de
vivi enda de Telde, y estábamos los de Las Palmas… la inmensa mayoría de la
gente que fue al Polígono de Jinámar ya había pasado por la Coordi nadora
Popular de la Vivienda , no reconocer ese papel es absurdo, ha jugado un
papel de vertebración de todo eso, y luego hay la espontaneidad de dirigentes
naturales que han jugado un papel muy importante, como el que jugó Arjona,
[…] que era miembro de la Coordinadora Popular de la Vivienda también… 36
No sólo la Coordinadora Popular de la Vivi enda participó de la constitución
de las primeras asociaci ones. Si bien la s primera s organizaciones vecina les sur gie ron ,
bloque por bloque, en co munidades de vecinos – “ … yo llegué a Jinámar y cuando
lleguemos al bloque pues… lo que se constituyó, la Junta Dire ctiva y todo eso… ” 37 –
fueron las necesidades escolares, el hecho de que no tod os los niños pu dieran ser
escolarizado s, y l as urgencias de l propio ce ntro escolar, el germ en de esas primeras
organizaciones qu e trascendían los in tereses de cada uno de esos bloques.
36 Apéndic e I. Entrevista a Segund o Martínez Vázqu ez, en entrevista conjunta a Segundo Martínez
Vázquez y María Puig Barrios.
37 Apéndice I. Entr evist a a Blas García Rodríguez (II).
[ 275 ]
Y así e mpezó la lucha… después en vista de que no abrí a el Montiano, que era
el único colegio porque estaba roto y tenía el alcalde que gastarse medio
millón y no quería, […] y llegaron a quí y perdieron ese cu rso, entonces
Blas García, qu e fue el primero que f ormó La Corredera, nos hi cimos
socios, David Mendieta que ya murió paz de scanse, otra señora que se
llama Mari Carmen García, que es del bloque 18, y yo, f uimos los primeros
que empezamos a caminar para que se abriera el colegio Montiano Placeres,
de hecho que el alcalde lo tuvo que arreglar y el próximo curso abrirlo… 38
Las organizacion es vecinales del Po lígono de Jinám ar, además de impulsadas
por una labor de estructuración inicial externa, nacieron por el em puje individual de
quienes se convertirí an en sus líderes. ‘ El Corre dera ’, 39 la primera asociación, inici ó
su trabajo en un local, tomado por las buenas d e entre los l ocales abandonados d el
barrio – “ Y le pusimos Corredera, la sede estaba , en este caso el local… me m etí un
domingo, estaba aburrido en mi casa, cogí una puerta que me dieron [ …] y allí
pegamos a reunirnos, reunirnos, re unirnos. Un amigo nos tiraba un cable de su casa,
poníamos la luz. Allí nos reuníamos, nos reuníamos, y allí creamos la Asociación.
Incluso hacíamos campeonatos de zanga y tal y cual. Hicimos verbenas en su día
para recaudar fondos para todo esto. Y allí poníamos todo el material y tal. Allí
funcionábamos, estábamos funcionando, y ahí empezó toda la lucha realmente… eh…
la lucha en este caso c omo asociación ” 40 – en el que el pr opio trabajo organizativo y
la mera necesidad de esp acios lúdicos de los adultos iban de l a mano. La elección del
nombre no había sido fortuita, y provocó problemas con la A dministra ción – “ vamos
a ver… después de eso nosotros creamos la Asociación de Vecinos Corredera y,
inclu so, tuvi mos problemas porque… el nombre El Corredera no lo legalizaban ” 41 –
hasta el extrem o de tener que renunc iar a esa prim era denominación.
La participación vec inal activa ya no cesó . Desde la petición d el
fraccionamiento del pago de la vivienda – la entrada era de 120.000 pesetas, en 1981,
38 Apéndice I. Entrevista a R eyes Hernández ‘Reyitas’.
39 Juan García Suárez, ‘El Corredera’, fue ejecutado por el régi m en franqu ista el 19 de n oviem bre de
1959, convirtiéndose en un per sonaje de referencia en la resistencia contra la d ictadura. “Cuando lo
detuvi eron f ue Tel de quie n dio el t irón s ocial […]”, r ecuer da el poe ta Ma nuel Pad orno e n su pr ólogo a
‘La ver dad sobre El Corredera’ de Alfonso Calzada Fiol, a l a sazón quien fuera su abogado defensor.
40 Apéndice I. Entr evist a a Blas García Rodríguez (II).
41 Apéndice I. Entr evista a Blas García Rodr íguez (II ).
[ 276 ]
que muchos no podían afrontar 42 – , las asam bleas en las sede s sindicales en la capital
grancanaria para a bordar la “for ma de pago y las ba remaciones” 43 o, en el
polideportivo de Telde, “para la elección d e presidente y juntas directivas d e los
bloques” 44 y abordar “la inf ormación sobre el retraso en la en trega de llaves” , 45 a l os
colectivos vecinales del Polígono de Jinámar ya no les era imprescindible el ampar o
de otros colectivos p ara lograr t rascendencia pública, y sus reivindicaciones,
fundamentalm ente por la carencia de servicios , seguían un ritual cre ciente en la
búsqueda de soluciones: protestas puntuales , 46 concentraciones, 47 y ya como últi mo
recurso, pero ef iciente en cuanto a la difusión pública de sus dem andas, múltiples
manifestaciones (ver tabla 2).
El proceso de adquisición de fortalez a autónoma por parte del asociacionismo
vecinal del Polígono de Jinámar está relacionado, precisamente, con la superación de
su poblamiento por fases. Cada vez que había una nueva entrega de viviendas, una
fase nueva, los recién llegados s e unían para def ender sus interese s. El 30 de
diciembre de 1982 se en trega la tercera fase de vivienda s, y la fecha dará nombre a un
nuevo colectivo, ’30 de Diciembre’, y supondrá l a llegada de dos dirigentes que darán
un nuevo empuje a las reivindicaciones del barrio. J osé Arjona, “ un hombre que
estaba con la Coordinadora de la Viv ienda, venía de la Coordinadora de l a
Vivienda ”, 48 y que al llegar al barrio “ formó una asociación de vec inos, la ‘30 de
Diciembre’, justamente en la zona donde nosotros vivíamos, que era el ámbito de la
tercera fase, nad a más… ” 49 . El propi o Arjona y Manuel Cano, también recién llegado
a la tercera fase , “ empecemos a t ratar de mover algo aquí en Jinámar, en la zona en
la que nosotros fuimos a llegar a vivir, hasta después ya meses siguiente s contactar
con más gente en otras zonas de aquí de Jinámar, viendo que no era un problema
sectorial, que era un problema global… ” . 50
42 Muchos de los adjudicatarios podrán acogerse al pago fracci onado de la ent rada (31 de di ciem bre de
1981). La Provi ncia , p. 9 .
43 Asam blea (19 de noviem bre de 198 1). La P rovinci a , p. 2 .
44 El vie rnes, as amble a de adj udicata rios de vivien das en e l Polí gono de J inám ar (10 de noviem bre de
1982). La P rovinc ia , p. 8 .
45 El viernes , asam blea de a djudica tari os de vi viendas e n el Polígon o de Ji náma r (10 de novi embr e de
1982). La P rovinc ia , p. 8.
46 Carava na de c oches pi dien do agua (25 de agosto d e 1983). La Provinc ia , p. 8 .
47 Conce ntraci ón de ha bitante s del Polí gono de Jinámar (29 de ene ro de 1983 ). La Provincia , p. 8 .
48 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera.
49 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera.
50 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera.
[ 277 ]
El colectiv o vecinal del P olígono de Jinámar se había estructurado por
bloques , y después por f ases, – “ ya nos habían dividido por fases, nos habían dividido
por bloques, y además estábamos totalmente divididos y aislados ” 51 – , e inicia, tras la
constitución de los pr imeros colectiv os, un nuevo periodo para la co nstitución de
colectivos que representaran las demandas de todo el Polígono de Jiná mar, en
superación de esa segreg ación por bloques y fases que se añadía a l a segregación
respecto de Las P almas de Gran Canaria y Telde, siem p re en la búsqueda de una
mayor f ortaleza en la solución de lo s problemas derivados d el espacio urbano al que
se habían mudado – “ se quería crear una Federación de Comunidades de Bloques ,
después una Fed eración de Asociaci ones de Vecinos, es deci r, gente q ue llegaba por
primera vez y creían que creando un organismo m ás grande pueden… se solucionan
los problemas ” 52 – .
Así, tras la consti tución de la Asociación de Vecinos ‘El Corredera’ en la
primera fase, la A sociación de Vecin os ‘30 de Diciembre’ en la tercera fase, e in cluso
la Asociación d e Vecinos ‘Armiche’ en E ucaliptu s II, la segunda entrega de viviendas
de promoción privada y protección oficial, y de otra s asociaciones de vecinos y
colectivos – l a Asociación de Vecinos Tenesor – , los r epresentantes ve c inales inici an
la constitución de nuevas asociaciones q ue los aglutinen.
51 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera.
52 Apéndice I. Entrev ist a a Blas García Rodríguez (II).
[ 278 ]
Tabla 2.
MOVILI ZACIONES SO CIALES PO LÍGONO DE JI NÁMAR 197 9 -1984
FECHA
MOVILI ZACIÓN
MOTIVO
CONVOCANT ES
FUENTE
OTROS
26/9/79 Asamblea Af ectados
por el pro blem a de la
vivienda e n Telde
R evisión ex pedientes
de peticio narios de
vivienda
R eforma del baremo
CCOO
UGT
SOC
PSOE
PTC
Asamblea de
afectados po r el
problema de l a
vivienda e n Telde
(26 de sep tiembre de
1979) . La Provincia ,
p. 9
28/12/79 Manifest ación P ro
Vivienda
Transparen cia en la
adjudicaci ón
Agilizaci ón ent rega
Comisión Pro
Vivienda
Manifestació n Pro
Vivienda (28 de
diciem bre de 1979).
La Provincia , p. 11
Convocator ia
29/2/80 Manifest ación en
Telde
Denuncian
alcantarillado, luz,
agua , asfaltado d e
calles, zonas verdes
en Polígono de
Jinámar
Comisión Af ectados
Polígono J ináma r
Comisión Pro
Vivienda
PCE
PSOE
PTC
FACAV
UGT
Hoy, manifes tación
en Telde (29 de
febrer o de 1980) . La
Provincia , p. 12
1/3/80 Manifestación
afec tados Polígono
de Jinámar
C omisión Afect ados
Polígono J ináma r
Comisión Pro
Vivienda
PCE
PSOE
PTC
FACAV
UGT
Manifestació n de lo s
afectados en el
Polígono de Jinám ar
(1 de marzo d e
1980) . La Provincia ,
p. 11
En Telde,
Plaza de San
Gregorio
200 persona s
[ 279 ]
30/9/81 Convocatoria de
asamblea
Pla n de Vivien das de
Canarias
E ntrega de vivienda s
en el Pol ígono de
Jinámar y d e San
Cristóbal
Coordinador a
Popular de la
Vivienda
Coordinador a de la
Vivienda (30 de
septiem bre de 1981) .
La Provincia , p. 2
16/10/81
Convocator ia
Asamblea de Vecinos
del Polígono de
Jinámar
M ejora de ser vicios
del barrio
Esta tarde, reunión
de vecino s en el
Polígono de Jinám ar
(16 de octu bre de
1981) . La Provincia ,
p. 22
En el CN
Montiano
Placeres
Invitad a la
Corporac ión
de Telde
6 /11/81 Manifestació n Pro -
Vivienda
Pi den entreg a de
casas en Pol ígon o s
de Jinámar y San
Cristóbal
20.000 más para
Plan de V ivienda 82 -
84
Coordinador a
Popular de la
Vivienda
Coordinador a de
Aparceros
Asamblea de Vecinos
PCC
CCOO
Mañana,
manifestació n Pro -
Viviendas ( 7 de
noviem bre de 1981) .
La Provincia , p. 6
Entre 2.500 y
3.000
personas
Entre plaza
de Santa An a
y plaza de la
Constituc ión
en LPGC
19/11/81
Convocator ia
Asamblea de Vecinos
Polígono de Jinám ar
y Polígono de San
Cristóbal
Coordinador a
Popular de la
Vivienda
Asamblea (19 de
noviem bre de 1981) .
La Provincia , p. 2
En sede de
sindicato s,
Primero de
Mayo
11/12/81 Manifest ación
A nulación de las
cuotas de en trada
para vivi endas de
Polígono de Jinám ar
y Polígono de San
Cristóbal
UP C
PCC
CCOO
UGT
PSOE
Coordinad ora
Popular de la
Vivie nda
Gran concu rrencia a
la manifestaci ón d e
ayer (1 2 de
diciem bre de 1981) .
La Provincia , p. 12 8.000 - 5.0 00
personas
[ 286 ]
Tabla 3.
ASOCIACI ONES Y CO LECTIVOS VECI NALES PO LÍG ONO JINÁMAR
ASOCIACI ÓN
FASE
DIRIGENT ES
AAVV ‘EL COR REDE RA’ PRIMERA F ASE
BLAS GAR CÍA RODRÍ GUEZ
JUAN GARCÍA ‘CORREDERA’
FEDERACIÓN A AVV LA
NORIA
-
BLAS GAR CÍA
RODRÍGUE Z
AAVV LA UNIÓ N
VALLE DE
JINÁMAR
BLAS G ARCÍA RO DRÍGUEZ
JUAN GARCÍA ‘ CORREDE RA’
AAVV 30 DE DIC IEMBRE TERCERA FASE
JOSÉ ARJO NA
MANUEL CANO
MIGUEL ÁNGE L
MIRANDA
AAVV ARMICH E EUCALIPTUS II
MARÍA ISABEL
GONZÁLEZ CABR ERA
JINÁMAR NUEV O
FUTURO
-
AAVV XIN AGUADA EUCALIPTUS I
JUAN RODRÍGUE Z
BETANCOR
AAVV ATACAI CATE VALLE DE
JINÁMAR
JERÓNIMA SÁNC HEZ
‘MOMITA’
MANUEL CANO
REYES HERNÁNDEZ
‘REYITAS’
MIGUEL ÁNGE L
MIRANDA
APA MONTIAN O
PLACERES CP MONTIA NO
PLACERES
BLAS GAR CÍA
RODRÍGUEZ (PTE.)
JUAN GARCÍA
‘CORREDERA’
APA RAFA EL ALBERTI
CP RAFAEL
ALBERTI
MA NUEL CANO (PTE)
FRANCISC O TARAJAN O
AAVV TENES OR
-
ARMANDO RÍOS
AAVV EL PAL MERAL
VALLE DE
JINÁMAR
REYES HERNÁNDEZ
‘REYITAS’
ASOCIACI ÓN JUVENI L
ANSITE
VALLE DE
JINÁMAR
CARLOS VILL ANUEVA
GUILLÉN ‘CHUR CHILL’
COORDINADOR A
POPULAR DE LA
VIVIENDA
GRAN CANARIA
SEGUNDO MART ÍNEZ
VÁZQUEZ
MARÍA PUIG BAR RIOS
ASOCIACI ÓN DE
JÓVENES DE J INÁMAR - TERESA DÉNIZ
ASOCIACI ÓN CULTU RAL
‘TERCERA FASE’
TERCERA FASE MANUEL CANO
Fuente: Elabora ción propia .
[ 287 ]
lo que sí recuerdo es que el sec tor de la población que más luchó e n Jinám ar
son las mujeres, yo creo que este barrio tiene una deuda histórica con las
mujeres, porque ha sido el motor de todas las reivindicaciones del barrio, es
más, si coges las hemerotecas, los videos, y fotos, cuando la cél ebre
manifesta ción del a ño 85 la mayoría de las personas que fueron eran mujeres,
cuando había un problema de tipo e ducativo, ahí estaban las mujeres, cuando
había un problema de tipo sanitario como el tem a de la hepatitis, ahí estaban
las mujeres, por tanto eso creo que hay q ue tenerlo muy claro, si el ba rrio es
lo que es hoy es gracia s a las mujeres… 57
Pero e l factor más importante en la conformación de los liderazgos y
consolidación de los grupos de dirigentes, sin em bargo, lo constituirá la organización
en torno a los cen tros escolares. L a Asociación de Padres de Alumnos – se gún l a
denominación de entonces – del primer centro escolar, el Colegio Nacio nal Montiano
Placeres, constitu irá el núcleo de enc uentro de Blas G arcía y Juan García ‘Corredera’,
a su vez dirigentes de ‘ La Unión’. Por su parte, Manuel Cano, Francisco Tarajano y
Miguel Ángel Miranda, entre otros, dirigentes de ‘ 30 de Diciembre’ y después de
‘Atacaica te’ harán lo p ropio en el APA de l CP Rafael Alb erti, a part ir del curso 83/84.
Esa doble representativi dad , vecinal y de lo s padres de alum nos, fortalecerá la
figura de los líderes v ecinales y gestará una com plicidad igualmente esencia l: la de
los agentes insti tucionales, profesionale s docentes o asistentes sociales, con l as
organizaciones soci ales en su reivi ndicación p ública. Ese será el grupo fundamental
de dirigentes vecinal es, pero habrá otros que estarán traba jando constantem ente sin
estar en prim era línea – Emilia Breval, de l a Coordinadora Popular de la Vivienda – , o
con una participación más intermiten te – Roberto Suárez, Fra ncisco Suárez ‘Paco El
Rubio’, Fermín Pérez, José Cab rera, Fátima Méndez, entre mu chos otros 58 –.
También colectivo s o asoci aciones de vecino s que surgían en los prim eros años – l a
asociación de vecinos ‘San Arturo’ 59 – para desaparec er posteriormente, o que
aparecían – Unión Vecinal Pro Municipio de Jinámar, 60 Asociación de Vecinos Vícto r
57 A péndice I. Entrevis ta a Carlos Villanuev a Gu illén ‘Churchill’ (I).
58 Apéndice I. Entrevistas a Blas García Rodríguez (I) y Ma nuel Cano Herrera.
59 Betancort Brito , Sant iago (3 de sept iembre de 1980 ). Aún sin estrenar y casi arrasado. La Pr ovinci a ,
p. 6 .
60 Los padres de un colegio de Jinámar “clausuran” el cen tro (27 de sept iem bre de 1984). La Provincia ,
p. 2 .
[ 288 ]
Jara, Delegación de Pensionistas, Co misión Pro Derechos de la Mujer Trabajado r a 61 –
como convocantes o respaldando com unicados en virtud de nuevas dem andas
sociales, par a diluirse seguidam ente en su presencia pública .
2.4. Los Servicios So ciales y los pro fesionales d ocentes: la complicid ad de l os
agen tes institu cionales en la búsque da de la transfor mación
En el intenso proceso de apropiación vecinal, de dotación de una identidad social y de
participación activa, en respues ta a l abandono planificado del nuevo espacio urbano,
los vecinos no se encontraron solos del todo. Lo docentes y los asiste ntes sociales,
p recisamente los ún icos profesionales que rep rese ntaban a la Administración, los
agentes a los que la s instituciones – la estatal, p rimero, y la a utonómica, a partir d e las
transferencias com petenciales en edu cación, vivienda y asistencia socia l, después –
habían encomendado su representación, se convirt ier on en los principales cóm plices,
dadas las condiciones de subsisten cia , de la acción reivin dicativa de asociaciones
vecinales y, en esen cia, de las familias del Polígono de Jinámar, ante la propia
Adminis tración.
Los profesionales doce ntes fueron esos primeros agentes institucionales que
llegaron al barrio. La condición del centro escolar de único espacio social, y la
función socializadora del proceso educativo, contribuyó a esa alianza im plícita . 62
nosotros fuimos conscientes desde el principio que la tarea educativa no
podía tener horario ni podía tene r la frontera de la tiza y la pizarra, pues es o
nos ayudó enseguida a colocarnos en una posición [… ] afrontar con entereza
que a lo mejor nuestra prime r a tarea no ten ía que ser especí ficamente la
edu cativa a partir del rendi miento escolar, sino una tarea anterior de ir
creando personas en una sociedad que fuera un poco más j usta, un poco
más igualitaria, ¿no?… y recordemos que el comedor esc olar en este
barrio aparece porque nosotros demostramos que los chiquitos no estaban
debidamente alimentados […] en esa línea fuimos altamente comprometidos
61 Vecinos de Jinámar rechazan el pago de la cu ota de basura (18 de octubre de 1984). La Provincia , p.
45 .
62 Un análisis de esa colaboración entre fam ilias y profesores, en Apéndice II . Grupo de Dis cusión.
[ 289 ]
como lo seríamos hoy si volviera a darse, esper emos que jamás, una
realidad con aquellas perspectivas 63
Una complicidad que los dirigentes vecinales d el Polígono de Jinámar
subrayan no sólo en relación a sus hijos, sino respecto a los propios padres.
Hay que agradecerles… Los vecinos de Ji námar no saben lo que tienen que
agradecerle a los profesores. Tanto el Rafael A lberti, el Montiano Placeres y
aque llos colegios que se iban abriendo, porque ya los colegios que se i ban
abriendo, ya tenían la referencia, en este caso del Monti ano Placeres, cómo
los profesores se im plicaron en las necesida des que tenía los vec inos de
Jinámar. Los profesores nos ayudaban en las reuniones, los profesores nos…
hacían una labor en Jinámar, no solamente a los niños, sino a los padres.
Una labor muy importante. Ellos, los profesores, estaban siempre con los
padres. 64
La complicidad de los agentes instit ucionales se acre centó c on la creación de
un Centro de Servicios Sociales en el Polígono de Jinámar , 65 en junio de 1984, dentro
de una ofensiva institucional de urg encia desde el Gobierno de Canarias , presidid o
por Jerónimo Saavedra , por atender, en primera instancia, l as e xcepcionales
situaciones socia les generadas en el Po lígono de Jinámar y detectadas p or la primera
Adminis tración autonó mica . 66 Concebido como un programa piloto de la Dirección
General de Bienesta r Social , en colaboración con los ayuntam ientos de Tel de y La s
Palmas de Gran Canari a, de descentralización de los servicios sociale s a través de
siete centros so ciales en todo el Archipié lago (Cárdenes Martí n et al ., 1985).
El equipo de trabajo, los agen tes inst itucionales de la asist encia social,
realizaron u na d iagnosis tanto de la s condicion es vitales , en la que de scriben cómo
“ nos encontramos con una población de cinco años de perm anencia en el Polígono,
63 Apéndi ce I. E ntrevi sta a Il defo nso Jim énez C abrera (I).
64 Apéndice I. Entrevista a Blas García Rodríguez (I).
65 E l equipo té cnico de l Centr o de Servi cios S ociale s del Pol ígono de Jinám ar, crea do por la Consejería
de Tra bajo, Sanida d y Seg uridad Socia l del Gobiern o de C anarias, estaba diri gido p or el sociól ogo José
Luis Cárdenes Martín, e integrado por los asistentes sociales América Cazorla Quevedo, Gregorio
Jimé nez García , y Antoni o Sosa Ma rrero, y por los alumnos en prácticas de la Escuela de Asistentes
Sociales Car los Villanueva Guillén y Carlos Romero G arcía.
66 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji náma r (26 de m ayo de 1986). La
Provincia , p . 13 .
[ 290 ]
con deficiencias so ciales acum uladas ante la falta de respu estas administr ativas a sus
justas reivin dicacion es” , las condi ciones demográficas – “núcleo de población de
aproximadamente 21.000 habitantes en viviendas de alturas que van de 4 a 11 pisos
(número equivalen te a la isla de Fuertev entura) ” –, y su contexto espacial – “ el
Polígono de Jinám ar carece de inf raestructura y equipamiento […] am bulatori o,
guarderías, centros culturales, juveniles, sociales, locales de reunión y un largo
etcétera de l o que se consideran condiciones m ínimas de vida para la habitabilidad ” –,
así como de la red social ya construi da e n el barrio, con “8 asociaciones de vecinos, 2
asociaciones cultura les, 2 asociaciones juveniles, 2 APAS , una diversa realidad
organizativa no institucionalizada” ( Cárdenes M artín et al . , 1985).
Pero, desde el primer momento y en exposición pública , 67 ade más de señalar
en su análisis la co nsideración de las demandas vecina les co mo “justas
reivindicacio nes” , muestran como m etod o logía de trabajo la “necesidad de inserci ón
íntima en la práctica s ocial y en el cuestionam iento y superación de la propia
actuació n profesional, es decir, ser instrument o para la transform ación social”, su
voluntad de “aglutinar a la totalidad de f uerzas del barrio ”, mediante una
“meto dología imp licatoria” que conduzca incluso a “la partici pación en las deci siones
administrativas que i mp liquen al barrio ” ( Cárd enes Martín et al ., 1985).
La complicidad del equipo institucional de Servic ios Sociales con los
colectivos es tal que “el Centro de Servicios Soc iales sirve adem ás de local de reunión
del movimiento vecinal y así co mo é ste part icipa en toda su dinámica, el equipo de
profesionale s es aceptado con voz pero sin vo to en toda la dinám ica asociativa de la
comunidad ”, y sobre el t rabajo soc ial en el Po lígono en tendía “q ue en sí m is mo fuer a
instrumento de movilización social de tom a de conciencia y al mismo tiempo de
profundización en una problemática […] c on un acuerdo preliminar entre
asociaciones de vecinos y comunidad de profesionales ” ( Cárdenes Martín e t al . ,
1985). Esa complicidad no fue sólo teórica . El Centro de Servicios So ciale s se instaló
en una caseta de obra, de la compañía Obrascon, que había participado en la
construcc ión del Polígono, y desde allí “ teníamos plena con ciencia, con un esfuerzo
personal, bueno formaba parte de nuestro trabajo, ¿no?, de un comprom iso social ” . 68
Uno de sus trabajos inic iales fue detectar a los dir igentes vecinales y a los jóvenes co n
67 El texto es una síntesis de la ponencia ‘Investigación y participación en la descentralización de los
Servi cios Soci ales’ , que el e quipo téc nico de l Centr o de Ser vicios S ocial es del Pol ígono de J inám ar
expus o en las ‘II J ornadas de Ac ción S ocial en Ca narias’ .
68 Apéndi ce I. Ent revist a a José Luis C árdene s Martín (I I).
[ 291 ]
los que establecer una alianza de transformación del barrio , “ y así fuimos crea n do un
grupo de gente que era del propi o Jinámar o que estaba en paro y est aba buscando
soluciones ” . 69 Uno de ellos, Carlos Villanueva, a quien todos conocen por
‘Churchill’, formaba parte de los jóvenes que participaban de la din amización del
Polígono, y conta ba con la complicidad del rest o de dirigen tes vecinale s – “ Churchill
era un líder de aquí de los vecinos, era un líder del movimiento juvenil, yo creo que el
líder más importante del movimiento juvenil es C hurchill, para mí, el más importante
de todos fue Churchill, Churchill fue el maestro de ellos, de todos, era el que hacía
que ellos tuvieran iniciativas, que tuvieran inquietudes, ib a a buscarlos… ” 70 –, y
formará parte como alumno en prácticas del equipo técnico del Centro de Servicios
Sociales, qu e se ubica en la Casa de la Condesa.
Yo concretamente llevaba un proyecto con la juven tud, ¿no?, que era
fomentar el asociacionismo en el barrio y ta l, entonces era localizar los
pequeños focos que había organizados en el barrio, traerlos a la Casa para
que ocuparan la Casa como un espacio de ellos, y de encuentro, y desde aquí
dinamizar todo el tema juvenil. A medida que el proy ecto juvenil se fue
ampliando, dinamizando, los jóvenes vieron la necesidad que no solo fuera un
proyecto para la juventud, sino que toda la Casa de la Condesa fuera un lugar
de encuentro multigeneracional, es decir, los jóvenes, los niños, mujeres y
ancianos, este lugar de encuentro sería un foco de ocio, de cultura, y de
promoción social, por lo que vimos la necesidad de hacer un Ateneo
Popular… y bueno, se luchó, ¿no?, se luchó para sacar esto… 71
P ero la com plicidad se am plía a “ un colectivo de gente con mucho
compromiso político que estaban ligados a partidos políticos y q ue l o tenían bastante
más claro […] c uando nosotros llegam os empezamos con esta movida de, bueno,
pues a ver, ¿no?.... e s como quie n se tira en paracaídas en medio del desier to , la
misma sensación, ¿no?… ” . 72 Una complicidad que intervino fundam ental mente en
consolidar el proceso de apropiación vecinal y de identidad colectiva de los vecinos
69 Apéndi ce I. E ntrevi sta a J osé Lui s Cá rdenes M artín (II).
70 Apéndi ce I. Ent revis ta a Ma nuel Cano Herrera.
71 Apéndice I. Entrevis ta a Carlos Vill anueva G uillén ‘Chur chill’ (I).
72 Apéndice I. Entrevista a José Luis Cá rde nes Martí n (II).
[ 292 ]
del Polígono de Jinámar, y que fue partícipe de l a transform ación desde la asunción
resignada del espacio producido a la mencionada búsqueda de un espacio apropiado .
yo pienso que mucha gente incluso lo llegó a interiorizar, como yo vivo en
Jinámar no tengo derecho a un colegio digno, no tengo derecho a tener un
centro de salud, la gente asumía como propio que la marginalidad era así...
eso fue lo que hizo también brotar el movimiento vecinal de Jinámar, eso fue
lo que hizo también que hubo gente que dice “ yo me rebelo contra esto, no
puede ser así ” … es taba muy disperso el movimiento vecinal, había
asociaciones de vecinos que incluso no se llevaban bien unos con otr os, según
las fases, según los bloques, y las asociacione s juveniles eran d os y a veces
también estaban separadas... había un descontento muy important e y pienso
que eso sí fue un efecto colateral d el centro de servicios sociales, porqu e a
nosotros nos mandaron aquí de bomberos, y no es que echáramos gasolina al
fuego, pero sí se hizo despertar a mucha gente de que esto no eran
condiciones humanas mínimas para sobreviv ir 73
Los vecinos del Polígono de Jinámar, con l a participación cómplice de los
profesionale s a los que la A dministración auton ómica había encom endado la gestión
educativa y de asis tencia social, se encontraban en el se gun do semestre de 1984, casi
un lustro después de la llegada de los primeros pobladores, en el periodo en el que se
producirían las mayores acciones de reivindicación, unidad y representa tivida d
común, en el culmen de ese proceso de apropiación del espacio.
2.5. La independencia de Jinámar : “ R equerimos el derecho a sentirnos
administrados”
La maduración de esa apropia ción del espacio condujo , cuando ya casi s e cumplían
cinco años desde e l primer poblam iento, a enfrentar una de las características
específicas d el Polígono de Jinámar: su orfandad administrativa, en la búsqueda d e
una representación política directa con que afrontar, entendía n los vecinos, sus
carencias. Y cristalizó en una petición públ ica contundente: el estab lecimiento del
Polígono de Jinámar como municipio independiente. “ Las deficiencia s que sufre en la
73 Apéndice I. Entrevista a A ntoni o Sosa Mar rero (I ).
[ 293 ]
actualidad dicho bar rio y ante la desidia de los ayuntamientos d e Telde y Las Palm as,
de los cuales ahora depende” 74 se e sg ri mí a como el a rgu m ento p rincipa l para pedir la
constitución de la llam ada ‘independencia de Jinám ar ’ , por parte de tres asociacione s
vecinales – ‘30 de Diciembre’, ‘Jinámar Nuevo futuro’ y ‘Tenesor’ – y que era
recibida med iante el subrayado – “Jinámar, caldo apart e” 75 – de su excepcionalidad.
El inventario de argumentos vec inales , iniciado por la consideración de que
“era lícito decla rar al Polígono de Jinámar como zona de calam idad pública” , 76 era
amplio y señalaba desde “problemas de infraestructura, de dotación m ínima y el
abandono general”, 77 a las quejas por las tasas de recogida de basura del ayuntamiento
de Telde, la carencia de agua de abasto público potable y la falta de transporte público
desde Las Palm as de Gran Canaria, a través de la em presa Jardinera s Guaguas. Los
vecinos anuncia n de forma simbólica que, por su cu enta, inician una campaña de
limpieza en el barrio “ante el depl orable estado de sus calles […] con el objeto de
hacer más agradable un hábitat que por él solo es indigno”. 78
La pr opuesta vecinal recibe una respu esta institucion al inmediata. E l
Ayuntamient o de Telde esgrime su “interés constante” 79 y la exposición de “las
necesidades del P olígono m ucho antes […] que l os representantes d e las asociaciones
de vecinos” . 80 El Gobierno de C ana rias , a través de su vicepr esidente, Juan Alberto
Martín, también h ace p úblico el rechazo de la Adm inistración autonómica a la
iniciat iva vecinal , 81 y convoca una reunión con todos los responsables autonómicos
involucrados – director general de Servic ios Sociales, de Adm i n istración Terri torial,
de Programas Educativos y Técnicos, y los conse jeros de Obras Públi cas y Tr abajo –,
para coordinar el Plan de Urgen cia de Jinám ar. 82 Comunica directam ente a los
colectivos vecina les la neg ativa del G obierno de Canarias a la creación de un nuevo
municipio, que supondría más gastos para los vecinos, y anuncia que en dos semanas
74 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Políg ono de Jinám ar quier e su propi o ay untam iento. La Provincia , p.
11 .
75 Jinámar, cald o apa rte (3 de agos to de 1 984). La P rovinc ia , p. 1 .
76 M. , J. ( 3 de agos to de 1984) . El Pol ígono de Jinám ar qui ere su propio ay untam ient o. La Provincia , p.
11 .
77 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Polígon o de Jinám ar quier e su propio ay untam ient o. La Pro vincia , p .
11.
78 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Polígon o de Jinám ar quie re su pr opio ay untam ient o. La Prov incia , p.
11.
79 El Ayuntamiento de Telde declara que “su atención es co n stante” ( 21 de agost o de 1984). La
Provincia , p . 9 .
80 El Ayunt amie nto de Tel de declara que “su ate nción e s constant e” (21 de a gosto de 19 84). L a
Provincia , p . 9.
81 Tristán Pimienta , Ángel (25 de agosto de 1984). La independencia de Jinámar. La Provincia , p. 6 .
82 Prefe rente c oordi nar el P lan Ur gente de Ji námar (5 de septiembr e de 1980) . La Provi ncia , p. 40 .
[ 294 ]
estará ese Plan Urgente: la prioridad será dotar de inf raestructura escolar al barrio,
cuya población cifra en 18.500 personas en ese momento. 83
La maduración del proc eso de apropiación vecin al se produce, precisamente ,
mediante una ace leración de ac ciones provocada a su vez p o r decision es
institucionales. La demanda vecinal de reclamación de independencia muni cipal se
produce después de que e l G obierno canario anunciara la asunción de sus
competencias , en un Po lígono que había crecido en el abandono. H abía creado ya
programas pioneros en Educación Compensatoria 84 y com edores escolares gratu itos , 85
y había a nunciado “los estudios necesarios para la realización d e un P lan de Urgencia
para el Polígono de Jinám ar ” 86 tras la ce lebración de un Consejo de Go bierno y un
posterior “ primer p royecto” 87 con medidas “que solucione n los problemas de índole
económica, social, sanitaria, cultural, etcétera, que aqueja n al Polígono en un primer
momento”. 88 Un Consejo de Gobierno posterior apr ueba el P lan de Urgencia p ara el
Polígono de Jinamar, con la creación de una Comisión Gestora, que dirigirá un
gerente y con presenc ia de dos concejales de ca da uno de los ayuntamientos af ectados
– Las P almas de Gran Canaria y Tel de – a sí como un Centro de Servic i os Sociales , y
el consejero de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Alberto Guanche, reconoce que
a mediados de mayo había re cibido un informe del Ayuntamiento de Telde sobre la
“grave situación social” 89 del Polígono. La decisión del Gobierno canar io sur ge a su
vez tras un a reunión en tre todas las partes implicadas, en una reunión a la que
asistieron los consejeros de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Alberto Guanche; el
consejero de Educación, Luis Balbuena; el consejero de Obras Públicas, José Medina
Jiménez; la con cejal de Telde, Nélida d e la Guardia; el gobernado r civil, Bertín del
83 La Consejería de Ad ministración Terr it oria l, cont ra la cre ación de un m unicipi o en Jin ámar (2 9 de
septi embre de 1984). La P rovi ncia , p. 46 .
84 Experi encia s de recupe ració n de la juve ntud en el Polígon o d e Jiná mar (1 3 de m ayo de 1984). La
Provincia , p . 8 .
85 Experiencias de recuperación de la juv entud en el P olígon o de Ji námar ( 13 de m ayo de 1984 ). La
Provincia , p . 8.
86 Plan de Urge ncia para el Polígo no de Ji náma r (20 de may o de 198 4). La Provincia , p. 5 .
87 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji námar (26 de m ayo de 1984) . La
Provincia , p . 13 .
88 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji náma r (26 de m ayo de 1984). La
Provincia , p. 13.
89 Apro bado el Plan de Urge ncia de l Polí gono de Jiná mar, en el que se c rean u na com isión ge stora y un
centr o de servi cios social es (16 de junio d e 1986). La Provi ncia , p. 7 .
[ 295 ]
Pozo, así como un representante del Ayuntamiento de Las Palm as y una
rep resentación de los vecinos del Polígono. 90
El escenario de asun ción institucional anuncia do no frena esa acelerac ión de
iniciativas vecinales contundentes, dado que los vecinos no percibían la crista lizació n
de esos anuncios en nuevas infraestruc turas esenciales. Inclu so los anális is menos
sospechosos de ser contrarios al Gobierno autonóm ico soci alista indicaban que pese a
que “el ‘plan urgente’ del Gobierno de Canarias en cuyo retraso el ayuntamiento de la
capital parece q ue tiene una parte de culpa, el estable cimiento de ‘comedores
escolares’ y la decisión del MOPU a inst ancias de la corpor ación teldense de pa rar el
crecimiento hacia arriba son, sin embargo, indica dores de que Jinám ar puede dejar d e
ser ‘polígono’ para con vertirse en barrio y en igual en tre iguales” , 91 no se cumplían
las expectativas de t ransformación de las condi ciones de vida – “[ …] aunque a lo
mejor los ciudadanos d e Jinámar lo que neces itan es que alguien les explique si
realmente la s cosas están cam biando, exactam ente cuándo van a cam biar” 92 – tras
esos casi cinco años d e vecindad en e l barrio .
La aceleraci ón de acontecim ient os propi ci a el periodo más intenso de l proceso
de apropiación vecinal. La propia decisión autonómica de crear un Centro de
Servicios So ciales había aportado la complicidad de esos profesionales y su
metodología a las reivin dicaciones y las organizaciones veci nales. Esas asociaciones
vecinales perciben la contundente y negativ a respuesta institu cional, “ante la mo vida
que ha ocasionado nuestra pretensión de conver tir al Polígono de Jinámar en
municipio independiente” , 93 como un síntoma de que su anuncio ha de spertado la
atención, o la preocupación, de los despachos institucionales. Por p rimera vez se
presentan ante la opin ión pública como Movimiento Vecinal , un colectivo organizado
y eficiente – “Nosotros, el Movimiento Veci nal del Polígono actuando en bloque
conseguimos en 72 horas que el ingeniero jefe ordenara la reparación de dos tuber ías
que llevaban sem anas desbordando aguas fecales” 94 – . Incluso se convierte en un
90 Telde insta a mejorar la calidad de vida del Polígono d e Ji námar ( 2 de juni o de 19 84). La Prov incia ,
p. 7 .
91 Tristán Pimienta , Ángel (25 de agosto de 1984). La independencia de Jinámar. La Provincia , p. 6 .
92 Trist án Pim ienta, Án gel (25 de a gosto de 1 984). La independe ncia de Jinám ar. La Provincia , p . 6 .
93 Los vecinos de Jinámar emplazan al Ayuntamiento de T elde ( 2 de s eptiem bre de 1984). La
Provincia , p . 5 .
94 Los vecinos de Jinámar emplazan al Ayuntamiento de Telde (2 de septie mbre de 1984) . La
Provincia , p . 5.
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Ese Así fue cuando empezó el comienzo de Jinámar es co mpartido por los
dirigentes vecina les y los agentes i nstitucionales que par ticiparon de la convocatoria.
En varias vertientes. En la consecución de la uni dad en torno al Movimiento Vecinal,
pero también en la consecución de las infraestructuras q ue nunca antes habían
obtenido, en su hartazgo respecto de su abandono como ciudadanos sin representación
administrati va e incluso respecto de i ntereses partidar ios .
Gracias a esa manifestación se creó el Centro de Salud, […] el Instituto, el
Centro de Adu ltos, el colegio de l a tercera…. Varios col egios se crearon
después …. Gracias a esa manifestación [… ] porque nos sirvió como arma
arrojadiza contra el Gobierno, y nos sirvió para movilizar al pueblo, e n este
caso a Jinámar, contra el Gobierno, contra el Gobierno, en total contra todos
los gobiernos. Porque aquí se echaban la pelota unos a otros, entonces
nosotros utilizamos eso en beneficio de nosotros, no en beneficio de ni ngún
partido, nosotros lo utilicemos en beneficio nuestro 122
S ería la consum ación de l sacrificado proce so de apropiació n vecinal d e los
cinco primeros años, según la reflexión de sus mismos protagonistas. El acto
simbólico de apropiación d e la centralidad ciudadana y po lítica que se l es negaba, con
su peregrinación por un día ha sta el corazón institucional de la Comunidad
Autónoma, en plena ciudad, supuso la culminación de un esf uerzo colectivo de
reclamación ciud adana, la consecución de un a identidad de p ertenencia al barr io y de
provocación de una atención administrativa de la que, hasta entonces, adolecían.
yo te puedo decir que a nivel per sonal , que yo, e se día, yo me consideré de
Jinámar, el día que sentí la ide ntidad de jinameño, me sentí orgulloso, lo
comparo salvando la distancia a cuando Gandhi hizo la marcha a los campos
de sal, que dijo ese dí a la India ha ganado su dignidad… yo cr eo que
Jinámar, ese día fue el día clave para la identidad de Jinámar… se ha ce la
manifesta ción y la administración no tiene más remedio que invertir en
Jinámar, y a partir de ese momento viene una cascada de progreso… 123
122 Apéndi ce I. Ent revist a a Blas García Rodríguez (II).
123 Apéndice I. Entrevis ta a Carlos Villa nueva G uillén ‘Chur chill’ (II).
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