scieee Open visual document viewer

Polígono de Jinámar, la isla interior: la producción de espacios sociourbanos y habitus educativos de exclusión (1967-1987)

González Ramírez, Federico Eduardo

Abstract

Programa de doctorado: Fuentes, métodos e historiografía para la investigación en el mundo atlántico

Full text

_______ ______ _____ ____ _______ ______ _____ ____ _______ ______ _____ __ Dep artamen to d e Cienc ias Histór ic as Facult ad d e Geog rafí a e His toria TESIS DOCTORAL Polí gon o de J iná mar . La is l a int erio r . La produ cc ión de esp a cios s o ciou rban os y h abitu s educat ivos d e exc lus ión ( 19 67 - 1987) Feder ico E. G onz ál ez Ramí rez Las Palmas de Gran C anaria 2015 Agradec imientos El tema y la perspe ctiva de este trabajo d an cuenta de m i convencimiento de que ninguna tarea humana es fruto exclusivo de una dedicación individual: esta tesis, no podía ser de otro modo, es deudora del t rabajo de m uchas personas que, a l o largo del tiempo , me han ayudado en m is aproximaciones al Valle de Jinám ar. Los errores de la misma me pertenecen en exclusiva; sus posibles aciertos, les corresponde. Mi prime r agradecim iento debe se r para todos y cada uno de los vecinos del Valle de Jinám ar que me han abierto las puertas de sus casas, de sus m emorias y sus vidas desde que inicié, en 1994, m i primer trabajo sobre ese entorno urbano. Mi gratitud es especial para los ve cinos, dirigentes vecin ales, docentes, los primeros alumnos del Valle , trabajadores soc iales y responsables po líticos que no solo han permitido ser entrevistados, sino que han aportado cuanta información y documentación estaba a su alcance. Aunque sea un agradecimiento ampli o, no puedo eludir sus menciones. Mi gratitud a M anuel Cano y Blas García, por sus imprescindibles aportaciones, su paciencia y la participación no solo en las entrevistas, sino en el grupo de discusión; a Carlos Villanueva Guillén, al que todos conoce n como ‘Churchi ll’, por su memoria sensata; a Lidia R odríguez Pulido , por compa rtir su orgullo por el Valle de Jinám ar; a Reyes Alem án, ‘Reyitas’, ya fallecida: la conservación d e su memoria es uno de los val ores de esta tesis; a Segundo Martínez y María Puig, por sus reflexiones; a los docentes Ildef onso Ji ménez y Paqui Romero, por su disposición a lo largo del tiempo, así como a Carmen Nola, José Suárez ‘Fefo’ y Juan Rafael Lorenzo, tam bién docentes; a los entonces alu mnos Lourdes Balage, Jesús Santana, Inm aculada Pérez Trujillo, Ma ría del Carmen Aguilar y María de los Ángeles Aguilar, por compartir parte de su infancia. A l sociólogo Marino Alduán Guerra , director del prim er programa de Educa ción Compensatoria, por el esfuerzo en su participación en el grupo de disc usión. Mi agradecim iento debe ser especi al para José Luis Cárdenes, sociólogo, director del Centro de Servi cios Sociales, a quien se debe la conservac ión de parte de es a memoria: suyas so n las fotografías de noviembre de 1984 que acompañan esta tesis, y suyo el m érito de su conservación. E igual men te especial para Antonio Sosa Marrero, Toni, por tantas cosas. Mi agradeci miento a Francisco Sant iago Castellano y a Marcelino Galindo, ex alcaldes de Telde, por su confianza y propici a r mi acceso a una mayor información . Esa confianza h a sido constant e a lo largo de m i recorrido profesional por parte de Jerónimo Saaved ra, ex presidente del Gobierno de Canarias, y é ste es el m omento de agradecerla. A Salvador G a rcía C arrillo , por su radical franqueza. Sin la ayuda de Enrique Caro Zamora, y su generosidad, junto a la de Andrés A rmas y Francisco Zumaquero, esta investigación no hubiera sido posible. Como un privilegio, he contado con el apoyo de la profunda amistad y de los conocimientos de l director de e sta tesis, Juan M anuel Santana Pérez, y de la doctora Dolores Fernández Ma rtínez. Ellos han sido, en lo personal y en lo académico, quienes han hecho po sible que esta investig ación cobrara form a. Sin esa ayuda, y las horas que le han dedicado, no hubiera podido ultimarla . Su aportación se encuen tra entre todo s sus renglones. El trabajo del di rector de cine Carlo s Reyes Lim a es parte sustancial d e esta tesis: su ayuda ha permitido la grabación de las entrevistas. No hay forma de agradecer las horas y días de dedicación . Igualmente, a P ablo Morales Pérez, soció logo y licenciado en Comunicación Audiovisual, por su colaboración. Debo agradecer la generosa motivación de l profesor Javier Au yero, de la Universidad de Au stin, que se encuentra en el origen de es te trabajo; las indicacion es del profesor Javier Már quez, de la ULPGC; y el i nterés pr estado por la profesora Lucía Martí nez, también de l a ULPGC. E n la génesis de la investigación, el a poyo de Manuel Chavanel Seo ane, de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias , fue imprescindible : mi agradec imiento e xpreso. A José Luis Tabares y Lola Calcines, de Edei Consu ltores; Carmen H ernández, alcaldesa d e Telde, y Cris tina Moreno Deus, del Ayuntamiento de Telde; Juan José C ardona, ex alcalde de Las Palm as de Gran Canaria, Sergio Mo nche, Elisa Cavanillas y Juan M iguel Cerpa, del Servicio de Arquitectura y Urbanismo de ese ayuntamien to; Esteban Morales y Cristina Á lamo Arce, de Televisión Pú blica de Canarias; la arquitecta E lsa Guerra; y Juan Franco, creador de l os callejeros oficial es de Telde: todo s ellos han fac ilitado o agilizado el acceso a la información sobre la que se sust enta esta tesis, con una confianza y dedicación que trasciende la educada cordialidad. Gracias a Patri cia, por estar siem pre, y a María, por conf iar. Gracias a Mario, Eduardo, Naira y Legz al, p or su renuncia a los meses qu e no he podido dedicarles, y a África y Marta, por entenderlo. A mis padres, donde estén. Mi memoria m e espera en las cosas para demostrarme que no existe el olvido. Roberto Juarroz Sexta Poesía Vertical A Mario, Eduardo, Naira, Legzal: la vida, encarnada [7] Índice Agradecimi entos 1 Índice 7 I. INTRODUC CIÓN 15 1. El objeto de la investigación 15 2. La estrategi a de análisis 16 3. La estructura de la tesis 17 4. 1967 - 1987: de la de limitación f ranquist a a la conc lusión del pri mer Gobierno a ut onómic o d e Canarias. E l marco te mporal 19 5. Una isla en el interior d e Gran Canari a. El marco esp acial 20 6. La pertinen cia de la inv estigación 22 II. LAS FUE NTES DE L A INVESTI GACIÓN : ORALES, DOCUMENTALE S, BIB LIOGRÁFI CAS, AUDI OVISUALE S 25 1. F uentes orale s: las entrev istas 26 1.1. El grupo de discus ión: la adopc ión del m étodo de encua dre 33 2. Fuentes do cumentales 35 2.1. Las actas esc olares. El análisis cu antitativ o 35 2.2. Fuentes d ocumentales: d ocumento s vecinales, ex pedient es municipales, actas plen arias, las fichas d e los servici os sociales 37 3. Las fuentes bi bliogr áficas: ‘La Prov incia’ y el ‘Seminario sobre creci miento vecinal’ 39 4. Fuentes visu ales y au diovisuales 43 III. SO CIOGÉN ESIS DE U NA DESIGU ALDAD. E L MARC O TEÓRICO 45 1. Estado de la cu estión 45 2. Marco teóric o 49 2.1. De la Histori a Social a la Historia d e los de Abajo : los creador es de hist oria 49 2.2. Histori a oral y cr onología s ocial: e l relato y los números 51 2.3. El model o relacional y la persisten cia de la d esiguald ad: el ac aparamiento de o portunidade s 54 2.4. El dere cho a la ci udad: producc ión , espacio so cial y apro piación. La crítica de l a utop ía corbusiana 57 2.5. La interacció n entr e espacio y procesos social es: las parad ojas de la desigu aldad, l a cadena de even tos hacia la ex clusió n, la incubación de la gueti zación 61 [ 15 ] I. INTRODUCCI ÓN ‘Polígono de Jinámar. La isla in terior . La producción de espacios sociourbanos y habitus educativos de exclusión ( 1967 - 1987)’ es una investigación desarrollada en el marco del programa de doctorado ‘ Fuentes, método s e historiografía para la i nvestigación en el m undo Atlántico ’ , bajo la dirección y tutela del doctor J uan Manuel Santana Pérez. La exposición del objeto de investigación, la estrategia de análisis, su estructura, el marco temporal y espacial, y la justificación y motivaciones para el desarrollo de es t a tarea in vestigadora nos perm itirá la aproximación a la mis ma . 1. EL OBJET O DE LA INVES TIGACI ÓN La producción de un espacio urbano ex cepcional de segregación r esidencial para l a clase obrera , el Polígono de Jin ámar, en Gran C anaria, co n unas característ icas específicas d adas sus dimensiones dem ográficas y su naturaleza insular, y la consecuente producción de una categoría de desigualdad, un grupo humano en situación de exclusión, a partir de la producción de ese espacio urbano, así como la sucesión de acontecimientos mediante los que se conforma en su periodo fun daciona l, ha sido el objeto de esta investigación. La identificación de los pro cesos so ciales que condu cen a ese grupo humano específico de sde u na situación de carencia habit ac ional – la falta de viviend a – a una acumulación de marginación y polipatología carencial, hasta el extrem o de la exclusión, ha podido ser desarrollada, a su vez, mediante la persecución de indagaciones relacionadas: la producción consecuente de un habitus de logro educativo igualmen te específico ; la fractura de lo s procesos de interacción social , y el desarrollo de un proceso de apropiación e n r es puesta a la situación generada de exclusión; y las particulares circ unstancias que parti cipan de la excepcional producción del Polígono de Jinámar, en cuanto que acontecimiento histórico – en el tiempo –, y sin anteced ente en un ámbito geográfico insu lar, Gran Canaria , en el Archipiélago canario. [ 16 ] El desa rrollo de la investigación y ese especial contexto económico, político y social en el que se produce el Polígono de Jinámar en ese ám bito geográfico ig ualmente específ ico, Gran Cana ria, nos han exigido la am pliación de esa propu esta inicial para procurar su comprensión integral como fenómeno único. La investigación desar rollada ultima, así, su objetivo con el establecim iento de una propuesta de categorizació n del Polígono de Jinámar como espacio sociou rbano de exclusión, con algunas característi cas de los espacios de exclusión universales – gueto norteamericano, o la periferia u rbana francesa – en relación a sus años fundacionales y el marco temporal establecido, y com o paradig ma extremo del deslizam iento de un grupo hum ano, adscrito a la clase obrera, h acia la acumulación de m arginalidad , en una encrucijada de la his toria sociopolít ica y económ ica de la isla de Gran Canaria que conduce desde una econom ía sustentada en la agricultura a la e mergencia del sector servicios y la nueva industria turística. 2. LA ESTRA TEGIA DE ANÁLI SIS La estrategia de anális is adoptada por la investigación ha sido multidisciplinar, en una aproximación al objeto de estudio desde la historia, en conversación con las herramientas con ceptuales y m etodológicas de la socio logía urbana y la sociología de la educación. E sta estrategia no ha s ido arb itraria, dado que los más recientes estudios urbanos invocan la n ecesidad de dar cuen ta de la cadena de acon tecimientos que conducen a las situacion es de exclusión en espac ios de segregación residencia l, como explicamos en nuestro marco teórico y en la exposición sobr e el estado de la cue stión. En consecuencia, l a estrategia analít ica es la de l a sociogénesis de una d esigualdad, la búsqueda del origen en el que se c onforma la categoría de desigualdad a cumulativa de los habitantes del Polígono de Jinámar. E l resultado de la indagación de es a cadena de acontecimientos ha sido obtenido mediante instrumentos de la investigación histórica, y el acceso a f uentes orales, docu mentales y b ibliográficas que nos permitiera n disponer de una comprensión en el tiempo de nuestro objeto de estudio. Con es as herramientas par a la indagació n histórica, hem os pretendido investigar el p roceso mediante el cual se produc e desde la Administración estata l ese espacio urbano, el contexto social, político y económico de esa producció n, y l os procesos sociale s que se generan a partir de su primer poblamiento. [ 17 ] De otro lado, el análisis del logro educativo de los niños que poblaron en los años fundacionales ese nuevo espacio urbano, como único proceso social susceptible de medición, supone un elemento sustanci al de la invest igación. Para esa reflexión nos hemos dotado de los i nstrumentos de la sociología, tanto desde la metodología cualitativa com o cuantitativa, que nos han permitido procura r una comprensión integral del fenómeno. El a nál isis de conteni do de las fuentes orales, los dato s agregados d e las actas escolar es y el co nsiguiente resultado educativo, y el grupo de discusión para su análisis posterior, son lo s mecanismos metodológicos que nos han perm itido esa búsqueda de inter pr etación int egral. L a imbricación de análisis cualitativo y cuantitativo forma parte fundamental de esa estrategia, dado que ha sido desarrollada en todas las fases de l a investigación: así, las actas escolar es nos aportan un instrumento cuantitativo que he mos ampliado con métodos cualitativo s – grupo de discusión, entrevista s semiestructuradas – para una comprensi ón del comportamiento educativo y su correspondencia con los procesos socia les amplios del nuevo espacio urbano, e igu al mente ha contribuido a l establecim iento de una periodización para la aproximación a la amplitud de los pr ocesos sociales del Polígono de Jinám ar. 3. LA ESTRU CTURA D E LA TESI S La inv estigación se estructura en c atorce capítulos . Estos capítulos se corresponden con seis fases en la e s trategia de comprensión y exposición: a) Introducc ión, fuentes y marco teórico . Los cap ítulo s I , II y III suponen un acercamiento a l as motivaciones, el m arco tem poral, la estrategia de investigación y el basamento metodológico , teórico y conceptual so bre e l que se sustenta esta tesis. b) Los contextos . Los capítulo s IV y V pretenden situar el fenómeno en su contexto, respect o de l análisis global de los polígonos de vivienda como solución edificatoria y la crítica a su propuesta utópica, po r un lado, y respec to a las especiales caract erísticas políticas, econó micas y sociales del periodo de su producción y poblamiento. c) La producción y la designación . Los capítulo s VI y VI I analiza n la producción del nuevo espacio urbano desde la Administración estatal [ 18 ] franqui sta y su ejecución ya en democracia, y el proceso de d esignación de sus primeros pobladores. d) La cadena de acontecimientos . En el capítulo V III, el cap ítulo IX , y el capítulo X abordamos el análisis de la cadena de acontecim ientos en el tiemp o, de la intera cci ón social en y desde el nuevo espacio urbano , y del proceso de deslizamiento d e la población de J inámar a una c at egoría de pol ipatología carencial . e) El logro educativo del Polígono d e Jinámar . En los capítulos X I y XI I , desde la sociología de la edu cación y con sus herramientas, pref erentemente cuantitativas en convivencia con la metodología cualitativa, procuram os un análisis de l logro educativo durante el periodo, com o proceso soci al esencial, y su imbricación con el conjunto de lo s procesos sociales de l n uevo espacio. f) Categorización, denominación y conclusi ón . En el capítulo XII I proponemos la categorización del Polígono de Jinámar en sus años fundacionales como espacio de exclusión, una denominación para esa categoría, y las conc lusiones que se derivan d el conjunto de la investi gación. Además de esa estructur a formal, nos hem os permitido integrar el relato de la explicación analítica en dos bucles narrativos que perm iten vincular el fenómeno del Polígono de Jinámar con dos contexto s esencial es para su comprensión . De un lado, la narración se construye en un bucle que nos conduce desde la transf ormación del espacio De Valle a Polígono – capít ulos VI y VII – , a De Polígono a Valle – último epígrafe de capítu lo X – , o lo que es lo mismo, la conversión del espacio agrícola en espacio de segregación y la recuperación sim bóli ca de su denominación original por parte de sus poblador es, en una demanda frente a la est igmatización. De otro lado, los capítulos se inician con citas de Utopía , de To más Moro, y los distintos elementos que integraban esa isla de c onvivencia ideal, que d an cuenta de los paralelism os y la vinculación del caso del Polígono de Jinámar – e n una isla redonda, como Amaurota, la capital de U topía – con el relato e ideario utópico contenido en la entraña cultu ral de la civil ización occ idental. [ 19 ] 4. 1967- 1987: DE LA DE LIMITACI ÓN FRAN QUISTA A LA CO NCLUSIÓ N DEL PRIM ER GOBIE RNO AUT ONÓMI CO DE CANA RIAS. EL M ARCO TEMPORAL El marco temporal de la investigación (1967-1987) se encuentra determ inado por el ini cio de la producción del Polígono de Jinámar como nuevo espacio urbano, en noviembre de 1967, mediante el encargo por parte del dir ector general del Instituto Nacional de la V ivienda (INV ) a la G erencia de Urbanizaci ón de la A dminis tración estatal fran quista de los proy ectos y traba jos de las fases d e delimitación y expropiación que conducirán a su construcción, y por la conclus ión del mandato del primer Gobierno de la Co munidad Autónoma de Canarias, bajo la pres idencia del socialista Jerónim o Saavedra Acev edo, en julio d e 1987. Esas dos décadas c ontienen el tránsito del Estado español desde un régim en político dictator ial a un sistem a democrático, la co nstitución de Can arias como Comunidad Autónoma, la elección de los pri meros ayuntamientos de la nueva eta pa democrática, la generación de una nueva estructura diri gente y la mencionada terciarizació n de la economía de Gra n Canaria. La delim itación de esa s fronteras tempo rales está, creemos, justificad a . La investigació n desarrollada se propo ne la indagación en los años fundacionales del Polígono de Jinámar como espacio de segrega ción y, concluimos, de exclusión. Su producción fue impulsada por la Administración estatal del régi men franquista, pero la Comunidad Autónoma de Canarias asumió, junto a su constitución como tal, las competencias que le otorgaron la ca pacidad para su ges tión. Una vez establ ecida la temporalidad, hemos propuesto dos periodos para el análisis de los procesos soc iales y políticos que se constituyen en el Polígono de Jinámar a partir de su prim er poblamiento. Estos periodos, cuyo establecimiento explic amos de manera pormenorizada m ás adelante, serían: a) La ocupación del abandono planificado y la apropiación vecinal. La génesis de la exclusión (1980 -1984). Un pri mer periodo, cuyas fronteras temporales estar ían trazadas por el primer pobl amiento y la ocupac ión de un espacio urbano producido por la gestión gubernamental estatal, cuya característic a principal será la de la carencia d e infraestructuras esenc iales – abandono planificado –, y la consumación del proceso paralelo de apropiación vecinal, de con strucción de un espacio social mediant e el rechazo a la [ 20 ] aceptación pasiva del espacio producido y asignado, que supuso la unidad vecinal y la ocupación simbólica de la centr alidad ciudadana, pol ítica y administrativa usurpada mediante una manifestación que condujo a los vecinos del Polígono de Jinámar hasta la sede de Presidencia del Gobiern o, en Las Palmas de Gran C anaria. En este periodo, entendemos, el espacio excluyen te producido incubó y ges tó procesos que condujeron a los ve cinos del Polígono de Jinámar de la marginación a una situación de exclusión social. b) La asunció n instituci onal y la d esarticula ción polític a de la u nidad vecinal. La exclusión consumada (1985 -1987). Un segundo periodo, en el que crista liza la asun ción insti tucional in iciada po r el primer Go bierno autonómico, tras la renu ncia de la Administración estata l al cumplimiento de su responsabilidad pública, con la creación de una Gerenci a para el Polígono de Jinámar que actúa como referente institucional y coordinadora de las acciones guberm anentales que conducen al establ ecimiento de m últiples infraestructuras bá s icas. Esa gestión autonómica, durante el periodo, en un contexto de aprendizaje democrático, impulsa una desarticulación deliberada de la organizacion vecinal conformada desde el primer poblamiento del Polígono de Jinámar, y procura la creación de una organización social paralela, impulsada por el poder político, que concluye el bucle que con dujo desde la producción de un espacio u rbano artificial a una o rganización social igualmente artificial, y que provo có la fragiliza ción del espacio s ocial generado durante el periodo previo. Esa asunción institucional tuvo que abordar, adem ás del establecim iento de las infraestructura s hasta entonces ausentes, las pod erosas consecuencias de la prev ia producción de ese esp acio de segregación y de su abandono: los procesos sociales de exclusión ya se habían consumado. 5. UNA ISL A EN EL INTERIO R DE GRAN CANARI A. EL MARCO ESPACIAL La elecci ón del Polígono de Jinám ar como objeto de investigación se encuent ra también vinculada a sus carac terísticas espaciales específicas: un espacio de segregación residen cial para la clase obrera, de 310 h ectáreas, en situación de fr actura [ 21 ] en su contigüidad con cualquier e spac io urbano precedente, y con una previsión en s u producción de 11.660 viviendas para 52.470 personas, cons tituyendo el proyecto de mayor dimensión de un polígono de estas características por parte de la Adminis tración estata l franquist a, 1 y de ejecución durante la transición de mocrática. El Polígono de Jin ámar, con esas d imensiones, se encon traba a 10 k ilómetro s de la ciudad de L as Palm as de Gran Canaria y a 6 k ilómetros de la ciu dad de Telde (Armengol Martín, G onzález Morales, & Hernández Lu is, 2003), ciuda des que contaban con 360.098 y 62.509 habitantes, respectivamente – s egún el censo de 198 1 2 – en el momento de los primeros poblamientos del polígono, iniciados en 1980. Gran Canaria, según ese mismo censo, contaba con 360.098 habitantes, en una superficie de 1.560 kilómetros cuadrados. Esas dim ensiones previstas no f ueron finalm ente alcanzadas, pero l as obtenidas – entre 20.000 y 13.000 habitantes en el period o analizado, según las actas municipales consultadas, toda vez que el Polígono d e Jinámar se encontraba adscri to a dos municipios distintos y no se d isponía de censo veraz, en correspondencia con su situación de orfandad administrativa – lo convirtieron en el principal núcleo de población de Telde. Esas dimensiones, en un ám bito insular limitado, y en situación de falta de contigüidad con las dos ciudades m ás habitadas de la isla y de ruptura p or tanto en las estrategias históricas tanto de promoción de vivienda social públ ica como las familiares d e la urbanización marginal, siem pre e n comunicación con la ciuda d, supone la constitución del Polígono de Jin ámar como un fenómeno urbano excepcional, u na isla segregada en el int erior de Gran Canaria , que nos invita a su conversión en objeto de investigación y a su proposic ión como espacio a tlántico de segregación insula r, con las caracterí sticas de otros espacios de segrega ción globales, y con elementos propios derivados de esa condición insular. 1 Sólo el Valle de Asúa, en Bil bao, era de may or dim ensión, c on 510 he ctáre as en 19 69, seg ún se da cuenta en (Parreñ o Castellano & Moreno Medina , 2006) . 2 http://www.g obiernodecanar ias.org/istac/jax i - istac/tabla.do? uripx=urn:uuid:e723f9 41 - 8420 - 4e4e - 88c9 - 5881f6a1f1f7&ur ipub=urn :uuid:d4651b 14 - 773e - 48a1 - a041 - 0c64e 9f8cb 5f [consulta realizada el 30 de oct ubre de 20 15]. [ 22 ] 6. LA PERTI NENCIA DE LA I NVESTI GACIÓN El Polígono de Jinámar ha sido un espacio de ex clusión incluso para la investigación a cadémica, según hemos podido concluir a lo largo de nuest ras sucesivas aproximaciones. L a literatura científi ca producida se limita a los art ículos referidos en nuestro marco teór ico (Armengol Martín, Go nzález Morales, & Her n ández Luis, 2003; Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006 ) que suponen, no obst ante, sobre todo en el caso de Parr eño y Moreno, un contundente posicionamiento académico respecto de la natu raleza de la pr oducción de ese espaci o y los procesos sociales generados. Esa carencia inves tigadora contrast a con el criterio previo, intuido, de que e l Polígono de Jinámar se trata de un fenómeno soci ourbano excepcional en el contexto canario. Esa excepcionalidad – ahora lo sabemos – había sido detec tada de manera caba l por quienes formaron parte, en sus trayectorias vitales y profesionales, del Polígono de Jinámar, pero no había cristalizado en reflexiones ni análisis desde la distancia académ ica . De ahí la pertinencia, en cuanto que fenómeno soc ial excepcional caren te de una may or reflexión desde las ciencias sociales, de la investigación propuesta. La motivación adicional para la investigación proced e de l os sucesivos acercamientos a ese es pacio urbano , concl uidos siempre con la pregunta retórica: “¿Qué pasó aquí?” Primero, como alumno de doctorado d e la Facultad de Ciencias Históricas de la Un iversidad de Las P almas de Gran Canaria, en 1994, en el desarro llo de un trabajo de cam po para la asignatura de Metodolog ía para la Investigación Histórica , impa rtida por el pr o fesor Vicen te Suárez Grimó n. E l recorrid o , vivie nda por vivienda , en la búsqueda de los primeros alumnos de 6º de EGB del pri mer centro escolar de ese ento rno urbano, el CP Montiano Placeres, y el encuentro con sus historias vitales, contrastaba con los resultados de las po cas actas escol ares a las que había tenido acceso. Una segunda aproxim ación, en 2005, para la elaboración del documental Los niños de Jinámar , para la Televisión Pública de Canarias, permitió la ampliación de nues tra perspecti va a los procesos d e demanda vecin al y al conocimiento de un mayor número de vecinos del Polígono de Jinámar , que en su día fueron alumnos, los primeros niños en llegar a ese espacio. Un tercer encuentro se produjo en 2013, para la el aboración del Trabajo de Fin de Grado en Sociol ogía, en la línea de investigación Educación y desigualdad social, t utelado por la doctora Leire [ 23 ] Salazar Vález, ‘L a mudanza a la exclusión’, centrado en el impacto de los tres primeros años escol ares del Polígono de Jinám ar. Los acercam ientos solo calmaban en parte la pregunt a, q ue persistía : “¿Qué pasó aqu í?” La decisión de procurar una respuesta, siempre incompleta, el convencimiento de que el Polígono de Jinámar y sus vecinos eran mecedores de la comprensión de los procesos que habían origin ado l a desigualdad específica detectada, y a nuestro juicio sin parangón en el Arc hipiélago canario, y el impulso otorgado a la propuesta por el director de la tesis, el doctor Juan Manuel Santana Pérez, han participado de la motivaci ón para ampliar la inv estigación al marco temporal propuesto y m ediante la estr ategia multidiscip linar adoptada. La formación académica y sucesiva en Periodismo, Sociología e His toria, también ha participado de esa búsq ueda de respuesta. No sería del todo veraz si elud iera ad mitir q ue la m otivación inic ial y no consciente de esta investigación deb ió iniciarse, asom ado a una ventana de la urbanización Eu caliptus II, en un a visita a m is primos en los prim eros años del Polígono de Jinámar, quienes se habían mudado a una vivienda más amplia que los 40 metros cuadrados en que nos criábam os en Las Rehoyas. La percepc ión de aislamiento, m ientras esperábamos a los furgones q ue a modo de comercio eventual suministraban de productos al barrio, se encuentra probablemente en el origen de l a búsqueda de la respuesta que espero, y aunque sea de m anera aproximada, hayamos encontrado. [ 30 ] que pobló el Polígono de Jinám ar, los de más abajo , la amplia población infanto- juvenil que se mudó al Polígono de Jinámar, que supuso su población más numerosa, y que en todo caso supone el perfil más vulnerable de los proc esos de exclusión generados. Esa pobl ación infanto- juvenil suscitó el inicio de esta investi gación, que entendemos debe ser ampliada en un futuro. Las entrevistas a los vecinos del Polígono de Jinámar que fueron los primeros niños en mudarse al barrio, y que cursaron 6º de Educación General Básica (EGB) en el primer curso escolar, el curso 80/81, en el CP Montiano P laceres, se realizaron en diciemb re de 2005 y se encuentran en el archivo audiovisual del documental mencionado. La elección de esos vecinos, menores de 11 y 12 años de edad en 1980, se debe a que inician la segunda etapa edu cativa básica e se año, con lo que nos permite una ampliación cua lita tiva – su testimonio – en el análisis de las act as escolares y de la t asa de supervivencia – acc eso a la siguiente etapa educativa –. Tabla 3. ENTREVIS TAS ALU MNOS POLÍ GONO DE J INÁMAR CURSO ES COLAR 80 /81* NOMBRE REPRESENTA TIVIDAD LOURDES BALAGE S OS A  Alumna de 6º B en CPMP en 80/81. INMACULADA P ÉREZ TRUJ ILLO  Alumna de 6º A en CPMP en 80/81. JESÚS ‘SUS O’ SANTANA M ARRERO  Alumno de 6º B en CPM P en 80/81. MARÍA DEL CARM EN AGU ILAR  Alumna de 6º B del CPM P en 80/81. MARÍA DE LOS ÁNGELES AG UILAR  Alum na del CPMP. Fuente: Elaborac ión propia. Leyenda : Colegio Públ ico Monti ano Plac eres (CPMP) . La circunstancia vital de su llegada al nue vo espacio urbano en el inicio de la preadolescencia los convertía, de un lado, en los habitantes que en mayor medida frecuentaban el b arrio – al carecer de la movilidad de los adultos – y por tanto iniciaban el desarrollo de sus grupos de iguales en ese entorno. Los menores entrevistado s son Lourdes Balage Sosa, Inm aculada Pérez Trujillo, Jesús Santana Marrero , ‘Suso el de la rondalla’, y las hermanas María de l Carmen A guilar y María de los Ángeles Aguilar. Por último, com o se explica previamente, e sa perspectiva des de la mem oria de los emprendedores sociales del Polígono de Jinám ar contiene una voluntad de relato integ ral, por nuestra parte, al haber logrado contar con los principales r esponsables políticos d e la Adm inistració n auton ómica canaria y de las in stituci ones locale s relacionadas con el Polígono de Jinám ar en el pe riodo de investigación determinado. [ 31 ] Jerónimo Saavedra Acevedo , 2 presidente de Canarias entre 1983 y 1987, y previamente presidente de la Junt a de Canarias, no sol o aceptó el ejercic io de rememoración, sino que intercedió activamente para qu e esta investi gación pudiera contar con otras perspectivas. E ntr e ellas, la de Salvado r García Car rillo, primer gerente del Polígono de Jinámar, que afrontó , entende mos, con extremada f ranqueza nuestra consulta. El primer alcalde d e Telde en la act ual e tapa democrática, entre 1979 y 1987, Aureliano Francisco S anti ago Castellano, no solo accedió a la misma sino que intervino igualm ente para que se facilitara el acceso a documentación para el desarrollo de la inv estigación. Las ap ortaciones de Marc elino Galindo Santana, concejal de Vivienda de Telde entre 1979 y 1987 ; de Andrés Pascual Ar mas Déniz, su homólogo en La Palmas de Gran Canaria entre 1979 y septiembre de 1980; de Francisco Zum aquero García, primer tenien te de alcalde y alcalde de Las P almas de Gran Canaria entre julio y septiembre de 1980; y de Enrique Car o Zamora, concejal de Policía y Transport es – a quien debemos expresam ente la entrevista coral mantenida con los interlocutores mencionados anteriormente –, consideramos que integran e l m ejor análisis posib le desde la responsa bilidad ins titucional del perio do , con la que se puede co ntrastar, precisam ente, la perspectiva d e los emprendedores sociales. Las entrevistas rea lizadas han sido, finalm ente, veintiséis . El entrevistad or de todas ella s ha sido el autor d e esta inve stigac ión. La tran scripción íntegra d e las mis ma s – solo se ha obviado alg ún fragmento si la conversación derivaba en consideraciones person ales, ajenas a la investigación – ha sido realizad a igualmente por el propio entrevistador, en la m ayoría de los casos. En otros, ha precisado la colabor ación del director de cine y docu mentalista Carlos Reyes Lima. En otro, del sociólogo y licenciado en Comunicación Audiovisual Pablo Morales Pérez. La revisión últim a de las mismas es responsabil idad de quien suscribe esta investigación. L a experiencia en el tra bajo de recuperación de la m emoria oral mediante tecnolog ía audiovisual de ambos y la cualificación sociológica garantizan el aval m etodológic o necesario. 2 La entrevista a Jerónimo Saavedra A cevedo es l a únic a no graba da en form ato a udiovis ual, por razone s no im putable s al entr evistad o, sino al propio i nves tigador. E l audio de la mi sma se enc uentra, junto a la transcrip ción, en el Apéndice I y en el DVD correspondiente. [ 32 ] Tabla 4. ENTREVIS TAS RESP ONSABLE S POLÍTI COS 197 9 -1987 NOMBRE REPRESENTA TIVIDAD JERÓNIMO SAAVEDRA ACE VEDO  Presidente Ju nta de Can arias (29/12/82 - 1 1/6/83)  Presidente G obiern o de Canarias ( 11/6/83 - 30/ 7/87) SALVADOR GA RCÍA CAR RILLO  Gerent e Polígono de Jinámar 1985 - 1988 AURELIAN O FRANCIS CO SANTIAGO CASTELL ANO  Alcalde de T elde (abri l de 197 9 - juni o de 1987 ) MARCELINO GA LINDO S ANTANA  Concejal d e Vivienda (ab ril de 1979 - junio de 1987) FRANCISC O ZUMAQUER O GARCÍA  Alcalde de L as Palmas de GC (julio a s eptiem bre de 1980)  Concejal d e Personal y Régimen Interior (abril de 197 9 - junio de 1980) ANDRÉS P ASCUAL A RMAS DÉN IZ  Cuarto ten iente de alcald e y concejal de V iviend a y Bomberos de las Palmas de GC (abri l de 1979 - septie mbre de 198 0) ENRIQUE CAR O ZAMORA  Primer tenien te de alcald e y concejal de Policía, Tráfico y Transpor tes de Las Pal mas de GC (abril de 1979 a septiem bre de 1980) Fuente: Elabora ción propia . Algunas de l as entrevi stas han sido realizad as de forma coral. En lugar de suponer un impedimento a la comprensión, entendemos que esa consulta colectiva ha permitido que la rem emoración sea m ás flu ida y los testimonios más completos. En algunas ocasiones recurrimos precis amente a la conversa ción – y lo reflejamo s en el relato – dado que c onsideramos igualmente importante cómo se produce la explicación de los acon tecimientos – la mem oria compartida – que su propio recuerdo. Por último, dos puntualizaciones a la s que concedem os especial valor en nuestra propuesta de investigación. De un lado, el propósito de la misma ha sido, entre los otros expuestos, la conf ormación de un corpus testim onial, de la p reservación de esos testimonios m ediante las herramienta de las Tecnologías d e la Información y la Comunicación, concretamente la herramienta audiovisual, en el convencimiento de que esa preservación s upone igualmente un proceso para la [ 33 ] creación de fuentes, y su conservación posterior, sin las cuales no sería posible la comprensión de fenómenos sociales en el tiempo. De otro lado, la utilizaci ón de las grabaciones originales de un documental audiovisual , emitido por una televisión pública, no s perm ite recla m ar la validez que, con la prudencia m etodológica precisa en su interpretación posterior y análisis, tiene el trabajo docum ental, y en concr eto el realizado en Canarias, para el ac ercamiento aca démico a fenóm enos sociales. Con ambos retos, hemos incorporad o a los apénd ices de esta t esis de form a íntegra las entrevistas reali zadas, con la expectativa de que puedan servir como instr umento de trabajos posteriores e incluso de otras disciplinas del conocimiento. 1.1. El grupo de disc usión: la adopci ón del método de encuadr e 3 Además de las en trevistas de car ácter semiestructurado, las fuentes ora les que participan d e nuestra investig ación se han am pliado con e l desarrollo d e un grupo de discusión, en el que se han conformado dos grupos – padres y mad res que par ticipaban del asociacionismo en los centros educativos, de un lado; y profesores de eso s centros educativos y de la Educación Compensatoria, por otro – para el anál isis del logro educativo entre el c urso escolar 80/81 y el curso escolar 87/88 en el Polígon o de Jinámar. Las aportaci ones a la investig ación educat iva del grupo de d iscusión como método eficiente para la obtención de una información veraz son aceptadas en la literatura ac adémica, bien por l a superioridad de los resultados o btenidos a partir d e la interacción del grupo sobre los logrados a par tir de entr evistas in dividual es (Pérsico & Heawey, 1986), bien por la capacidad del diálogo para activar recuerdos, sentimientos y experiencias de los parti cipantes, de manera sim ilar a los procesos de asoci aci ón libre (Foch - Lyon & Trost, 1981). La herramienta, sin embargo, tiene sus limitaciones, y hemos participado, por una parte, de la asunción del eclecticismo y la indefinición, la carencia de “proce dimientos definidos o convenciones claras que guíen al investigador […] alimentada en parte por el caráct er plural de la investigación cualitativa, en la que coexisten un amplio número de tr adiciones de investigación” (Gil Flor es, García J imén ez, & Rodríguez Gómez, 1994); hemos renunciado de forma consciente, p or otra, a la posibilidad de analizar los elem entos significativos no 3 La met odología, t ranscri pción y análisi s del Gr upo de Dis cusión se encue ntra com pendia da en el Apéndi ce II. La g rabaci ón del Gr upo d e Discus ión se encue ntra e n el DVD 8. [ 34 ] verbales – prosódica, proxémica, cinésica – (Ibáñez, 1986) que nos per mite el grupo de discusión, aunque cuando esos elementos han form ado parte evidente de la comunicación han sido indicados en la transcripción. Ese eclecticism o nos ha invitado a ad optar, y adaptar, como método propuesto para el análisis de los contenidos del grupo de discusión , la metodología aplicada al análisis de la co nstrucción de la realidad por parte de los m edio s de comunicación. El método del encuadre (Entman, 1993) permite de forma eficiente y clarificadora evaluar los contenidos y establecer un análisis cualitativo per tinente, en este caso. El proceso del método propuesto supone el establecim iento de dos form as de encuadramiento: ep isódico o temáti co. Se han em pleado ambos en nuestro anál isis. Igualmente, este método propone tres fases: diagnóstico, pronóstico y motivación. En relación al di agnóstico tem ático, hemos categori zado esa fase – establecimie nto y d etección del problem a, en caso de haberlo – según el análisis de los padres y de los profesores, o en interacción, si se hubiera producido. Tras la detección del problema por parte de am bos grupos, hemos analizado la atribución de responsabilidad o derivación de la responsabilidad, en uno y otr o grupo, o esa atribución o derivación si se hubiera generado en la interaccion de ambos grupos. Aunque, de hecho, todas las opiniones se generan en el contexto de la interacción que en sí supone el grupo de discusión. Por último, hemos sintetizado los pronósti cos emanados del análisis del grupo de discusión. En el método de Entman, aplicado a los medios de comunicación, el pronóstico hace referencia a la soluc ión prospectiva de un problem a. En el caso de la investiga ción propuesta, al ser un análisis de un logro educativo pasado, hemos considerado en tender esos pronóstic os como retrospectivos : las soluciones qu e cada grupo – padres y madres, y profesores – creyeron dar al problem a suscitado, una vez que lo diagnosticaron. La fase de motivación del modelo no ha sido inclu ida, al cons iderarse explícita e inherente a la conformación del grupo de discusión. [ 35 ] 2. FUENTES DO CUMENT ALES Las fuentes documentales con que hemos abordado la investigación son, fudamentelmant e, las actas esco lares 4 de los centros públicos en el peri odo temporal acotado; y otras p rocedentes de archiv os oficiales, em presariales y particu lares. 2.1. Las actas escolares. El análisis cuantitativo Una de las principales aportacion es de nuestra est rategia d e investig ación ha sido el análisis del logro educativo en el Polígono de Jinámar, desde el primer curso escolar que se imparte en el Colegio Público Montiano Placeres, en el curso es colar 80/81, hasta el curso escolar 87/88, en que ya existen cuatro colegios públicos. Los datos aportados corresponden a 282 actas escolares (141 correspondientes a la evaluación de junio, 141 a septiembre) de 141 cursos de l os niveles educativos de 6º, 7º y 8º de EGB, en concreto, al mencionado Colegio Público Monti ano Placeres, de los cursos 80/81 a 87/ 88 (excepto 83/84 y 85/86). Ese centr o fue el primero en asumir la escolarización de los n iños del Polígono de Jinám ar. El segundo fue el Colegio P úblico Raf ael Alb erti, a part ir del cur so escolar 8 3/84 (disp onem os de las actas de los cursos 83/84 a 87/88, ex cepto 6º y 7º de EGB en 86/87). Los dos últimos centros, el Colegio Público Pedro Lezcano y el Colegio Público Agustín Millares Sall iniciaron su actividad en el curso 85/ 86. Disponemos de todas las actas de los cu r sos 85/86 a 87/88 de ambos centros, excepto de 86/87 para este último. El análisis d e las actas esco lares se inicia con la dificul tad de que no ex isten datos agregado s del resultado educ ativo de esos años en C anarias, dado qu e la serie histórica del Inst ituto C anario de E stadística (Istac) se inicia e n 1990. La o btención de las actas esco lares supuso una tar ea ardua , 5 esperamos que recom pensada por el hecho de que del análisis de sus datos agrega dos podamos conocer y reflexionar sobre las variab les del re sultado educativo aquellos años en el Polígono de Jinám ar, y sus posibles correspondencias con resultados educativos en la actualidad, derivados del 4 Las actas escolares se encuentran accesibles en el Apéndice IV. Las tablas de contingencia con sus datos agregados en el Apéndice III. 5 Ese esf uerzo s e lo de bemos a Manuel Chavanel Seoané, inspector de la Consejería de Educación del Gobierno de Canar ias, quien desde el primer momento facilitó la obtención d e esta investigación mediante la búsqueda de esas actas escolares, que no se encuentran clasificadas. [ 36 ] impacto negativo que la mudanza tuvo en el co mportamiento de la evaluación escolar de aquellos menores. Es as actas escolares, o rdenadas por aul as, nivel académ ico, curso y centro escolar, son aportadas en esta investigación debi damente clasificadas y digitali zadas. El resultado de los datos ag regados es responsabilida d de quien asume esta investigación, toda v ez que ha sido quien ha analiz ado, acta por acta, esos resul tados. En algunas de e llas esa tarea ha sido especialm ente difícil, an te la aparición y desaparición de alum nos entre juni o y septiembre, una d e las característ icas de la escolaridad ante los pobl amientos sucesivos que se desvela en esta tesis. En todo cas o, cualquier di sfunción se ha resuel to sin que afec te al resulta do final, toda vez que se trata de variaciones m ínim as. Los datos agregados de ese resultado educativo ha n sido desarrollados a tra vés de tablas de contingencia, en las que se muestran los resultados de alum nos aprobados y suspendidos en la evaluación de junio, y l a agregación de alumnos aprobados y suspendidos en junio y septiembre. Además de esos porcentajes de alumnos aprobados y s uspendi dos, hemos incorporado a la investigación tablas donde se muestra el índice de superviven cia – el porcentaje de a lumnos que acced ía al siguiente estadio educativo, en 8º de EGB, en relación al número de alumnos que había iniciado la segunda etapa de la Educación General Básica do s cursos esco lares antes – y las ratios de alumno por aula en cada ce ntro escolar, es decir, todos los datos que nos han aportado las actas escolares obtenidas . La importancia que concedem os al análisis cuantitativ o de estas actas e scolares estriba, por un lado, en que el educativo es el único proceso social del qu e podemos tener dato s desde el m omento fundacional del Polígono de Jinámar, un proceso social fundamental dado que nos permite evaluar el impacto que la mudanza al Polígono de Jinámar tuvo en los menores, en su resultado educativo, y su tr aslación al conjunto del proceso social del nuevo espacio urbano. Es el único termóm etro de la acumulación de marginalidad de que disponemos desde el origen del espacio urbano. Esa traslación es posibl e mediante la vinculació n del análisis cuantitativ o que realizamos con la metodología cual itativa de análisis d el grupo de discu sión, en el que hemos puesto los datos a disposición de padres y profesores para una reflexión conjunta, y de las entrevistas re alizadas a los distinto s tipos de actores q ue participaron del proceso. Por último, el impacto de esa mudanza a las nuevas condiciones de vida del Polígono de Jinámar en los al umnos cobra una importancia [ 37 ] capital en el p roceso que defin imos de incubación de la guetiz ación , a la vista de lo s datos de desem pleo de que se disponen solo cinco año s después de la creación del espacio urbano, y servirán – esperamos – para el análisis de periodos poster iores al marco temporal propu esto para esta in vestigación. 2.2. Fuentes document ales: documentos ve cin ales, expedi entes municip ales, actas plenarias, l as fichas de los servicios so ciales 6 La consideración de excepcionalidad del espacio urbano del Polígono de Jinámar, en sus caracterí sticas de esp acio depend iente de dos administraciones locales, impulsado por la Administración estatal y finalmente asumido por la Co munidad Autónoma, tiene consecuencias en su memoria y en los docum entos que permiten adentrarse en su génesis. La Comunidad Autónoma de Canarias, a través de su Consejer ía de Vivienda y durante la legislatura concluida en junio de 2015, n egó mediante el silencio administrati vo la petición formal de acceso a los documentos referidos a l as competencias autonómicas sobre el Polígono de Jinám ar. Las peticiones a través de los asesores del Gab inete de Presidencia del Gobierno, si endo éste Paulino Rivero Baute, y esgrimiendo la formulación de peti ción oficial, tampoco permitieron el acceso a esa docu mentación. Impedido el acceso a la documentac ión autonó mica rela tiva al Polígon o de Jinámar, la investigación ha dispuesto sin embargo de fuentes documentales que consideramos de gran interés. De un lado, al gunos documentos vecinales – escasos – son conservados por quienes fueron sus dir igentes. La c eleridad de los acontecim ientos y la concentración en la mejora de las condiciones de v ida, así como algún accidente doméstico, han impedido conservar un cor pus documental por parte de las asociacion es de vecinos origin ales del Polígono d e Jinámar. Entre l os documentos de que hemos dispuesto, e incorporado a la investigación, se encuentra un censo de servicios de los distintos núcleos de población de Telde , 7 el panfleto electoral de la A grupación Vecinal de Jinámar 8 que se presentó a las e lecciones, o el do cumento de propiedad de la viv ienda, que posibilita conocer con exactitud las 6 El Apéndice V reúne las f ichas de los Servicios So ciales, sin que consten identificaciones. Las actas de la C oordi nadora Pro Vi vienda se enc uentr an en e l Apén dice V I. 7 Archi vo pers onal de Carlos Villanu eva Guillén ‘Church ill’, a quien agradecemos su apor tación. 8 Archi vo pers onal de Bla s Garcí a Rodrí guez, a quien a grad ecemos su apo rtación . [ 38 ] distintas su perficies de las vivien das del Polígono. Es tos escasos do cumentos vecinales nos permiten, sin embargo y dad a la perspectiva d e nuestro acercamiento, avalar la dimensi ón de la organización vecinal aquellos años respecto de sus problemas y carenc ias. El archivo documental del Servicio de Arquitectura y U rbanismo del Ayuntam iento de Las Palmas de Gran Canaria 9 nos ha permitido in terpretar e l recorrido burocrá tico de la p roducción del Polígono de Jin ámar, desde la original Propuesta de delimitación y de previsiones de pl aneamiento del Polígono de Jinámar (1967), al documento de Encargo de totalidad d e fases polígono residencial Jinámar , por el que se am plía la compra de su elo en solo unos meses, hasta e l Plan Parcial de Ordenación Urbana Residencial del Polígono de Jinámar , de 1972, así como el inventario de proyectos que desde esa fecha y hasta 1980 previeron la ejecución de servicios, fin almente en muchos casos no ejecu ta dos. En ese archivo municipal, sin embargo, consta com o extraviado el Proyecto de Expropiación del Polígono de Jinámar , documento que fue rec lamado públicamente para una Comisión de Investigación aprobada por el Parlamento de Canarias y que jamás informó de sus conclusion es, como se hace const ar en la investigación. Las actas de los plenos de los ayunta mientos de Las Palm as de Gran Canaria – Archivo Histórico Provincial ‘Joaquín Blanco’ – y del ayuntamiento de Telde 10 – custodiados en la propia Secretaría General Técnica de dicha institución – han constituido una fuente documental imprescindible para determinar cómo se abordó por parte de esas do s instituciones locales en los pr imeros años dem ocráticos los problemas derivados del nuevo espacio urbano. Sin embargo, un archivo con el que en pr incipio no contábamos para nuestra investigación ha supuesto el acceso a documentos que consideramos de sumo interés y que nos ha aportado datos de importancia en nuestra estrategia de búsqueda de todos los matices con los que se constituyó el Polígono de Jinámar. El archivo de la empresa Edei Consultores 11 contiene, sin clasificar, 94 fichas originales con lo s datos de 9 Debemos hacer constar expresamente nuestro agradecimiento al ex alcalde de L as Palmas de Gran Ca naria, J uan José Cardona , al arquitec to m unicipal Sergio Mo nche, y a la re sponsa ble de dic ho archivo, Elisa Cava nillas, por las gestion es y la a gilida d en pe rmit irnos el acceso a los docum entos. 10 Agradecemos las gestiones realizadas p ara el acceso a los libros de actas de los p lenos del Ayuntamiento de Telde al ex alcalde Aureliano Francisco Santiago Castellano, a la actual alcaldesa, Carm en Herná ndez, y a la funci onaria m unici pal Cri stina M oren o Deus. 11 Debemos agradecer el acceso a este archivo, nuevam ente, al ex alcalde de Las Palmas de Gran Canari a, Juan José Car dona, que nos fa cilit ó el perm iso; a l direct or de E dei Consul tores , José L uis Tabares, y especialmente a Lola Calcines , de la misma empresa, que nos facilitó n o solo el acceso , sin o [ 39 ] peticionario s de vivienda de Las Palmas de G ran Canaria – profesión, número de hijos, salario, estado d e la vivienda etcé tera – , con sus puntuaciones, del año 1979. Estas 94 fichas nos han permitido hace r una proyección sobre el perfil de los primeros vecinos del Polígono de Jinámar qu e lograron su derecho a acceder a una vivienda, contrastando las puntuaci ones obtenid as con los resultados o ficiales de puntuacion es publicados en la prens a local. Pero, adem ás, en las carpetas de esa inv estigación sociológica que el Ayuntam iento de La Palm as de Gran Canaria, bajo la Alcaldía de UPC, encargó a esa e mpresa consu ltora, hemos hallado los inform es del propi o concejal del área, Andrés Pascual Armas Déniz, y las acta s de las asambleas de l a Comisión Pro Vivienda que éste im pulsó, y que constituyó un interesante proceso de participación vecinal. Esos documentos – las 9 4 fichas de barem ación, y las actas de las asambleas – h an sido incluidas en esta tesis. 3. LAS FUENTES BI BLIOGRÁFI CAS: ‘ LA PROVINCI A’ Y EL ‘SEMINAR IO SOBRE CRE CIMIENTO VECI NAL’ El relato sobre la caden a de acontecimientos que co ndujo a los procesos de exc lusión del Polígono de Jinámar, y sobre su producción como nuevo espacio urbano, no hubiera sido posible sin la dedicación y el papel principal que la prensa tuvo en los años de transición d emocrát ica en la descripci ón de esos f enómenos sociales. Es a refle xión, así com o el análisis de los periódicos durante ese periodo desde distintas per spe ctiv as – como empresa de com unicación, adscripcion es editoriales, perf il sociopolític o de los profesionales de la com unicación y su adscrip ción de clase, así como un análisis pormenorizado de los contenidos – permitirían avalar con mayor criterio la prensa como fuente historiográfica para el periodo. En el caso del Polígono de Jinámar, el proceso de su producción y la construcción de su s procesos social es no podrían ser comprendidos sin la aportación imprescindib le de los profesionales de la comunicación y su s empresas periodíst icas. Hemos acotado la consulta de l a prensa como fuente bibliográfica al periodo comprendido entre el 1 de ene ro de 1979 y el 31 de diciem bre de 1988. La adopción que se c onvi rtió en cómplice de la inv estigación; al sociólog o Miguel Guerra García de Celis, que participó en ese proceso de baremación, por su asesoramiento ; y especialmente también a Enrique Caro y André s Pascua l Déniz , por po nernos s obre l a pista de la exis tencia de dicho t rabajo de bare maci ón en aquell os años . [ 46 ] Canaria entre 1950 y 19 80, todas ellas relacionadas con algunas de las p ropuestas de esta tesis (Díaz Hernánd ez, Domínguez Muj ica, & Parreño Castellano, 2010; Par reño Castellano, 2003; Parreño Ca stellano & D omíng uez, 2013 ). La reflexión sobre los polígonos de viv ienda es igualmente escasa en los últimos años, a dif erencia de la profusión de lite ratura académica en los años ochen ta en España. Las d os principales s e sitúan, precisamen te, en los extrem os de la interpretación de la propuesta del polígono como tipología edificatoria. En la tesis doctoral Planes im- parciales: Gén esis y evolución de los polígonos del INV e n Galicia (Fer nández Prado, 2010) se realiza un a reivindicaci ón de la validez de esa fórmula edificator ia, mientras que en la tesis doctoral D esigualdad, segregación y exclusión social en Sevilla. El paradigma Polígono Sur ( Torres Gutiérrez, 2009) se incide en ese espac io urbano – un polígono de vivienda s ocial – como singularmente representativo de los fenómenos y procesos que conducen a la marginación urbana y a la estigmatización soc ial. Otros artículos subr ayan igualmen te ese fenómen o (García & Miguel, 2013), al igua l que el in teresante análisis com parativo, un poco ale jado ya en el tiempo, entre los casos español, francés y b rasileñ o de Dorotea Blos (1999). La eclosión de los estudios urbanos haría interminable un inventario preciso. Desde una perspectiva m uy cercan a a la adoptada por nuestra reflexión, en Historia contemporánea en la " verticalizac ión" del núcleo urbano central de la ciudad de Santa Fe, Argentina entre 1966 -2010 se plantea la conversa ción entre el crec imiento en altura y los pro cesos políticos, económicos y soci ales que gener a desde una perspectiva histórica (Martínez, I., 2015 ). El derecho a la ciudad teorizado por Lefebvre es reclamado por el prop io Harvey, del cual se declara deudor e n Ciudades Rebeldes. Del derecho de la ciuda d a la revolución urb ana ( 2013). La vinculació n entre los análisis de Harvey y el derecho a la ciudad lefebvriano, en la cual sustentam os parte de la estructura teóric a de nuestra propu esta de investigación, h a sido recient emente objeto de reflexión (Garnier, 2014), así com o e l concepto de apropiación (Ibarra, 2014), al que ya había acudido desde largo tiempo uno de los valedores de su recup eración para el lector español (M artínez, E . M., 1996). El conflicto en tre el derecho a la v ivienda y el d erecho a la ciudad e s recientem en te abordado desde publicaciones institucionales (Caballería, 2015), así como las similitudes entre la utopía socialista y cap italista de l a vivienda masiva d el Movimiento Moderno (Monclús & Díez, 2015). Un compendio de análisis sobr e las áreas metropo litan as, y con una muy interesant e aportación sobre estigmatización y [ 47 ] exclusión, se encuentra en otra aportación impulsada desde el ám bito institucional (Feria Toribio, 2007). Igualmente dinám icos parecen encontra rse los estudios resp ecto de lo s movimientos so ciales y, en co ncreto, del m ovimiento vecina l español en la t ransición, abordados en nuestra investigación para el Movimiento Vecinal del Polígono de Jinámar. La categoriza ción no tan lejana en el tie mpo en que nos sustentam os de Tilly y Wood respecto de los movimientos soci ales globales (2010), tiene su réplica en un recorrido histórico para el caso español ( Pérez Garzón, 2015), pero es el movimiento vecinal, bien desde una perspectiva de género , en su relación con los medios de comunicación, su rol en el tardofranquismo en Barcelona o el papel desarrollado en el ‘No’ a la OT AN en Valladolid (Ar riero Sanz, 2015; Gonzalo Mor ell, 2011, 2015; Salgado, 2014 ) quien ocupa buen a parte de la atención académ ica actual . El aparato conceptual de la etnografía política (Auyer o, 2012) que hemos empleado para l a identificación de redes clientelares, o la ampliación de las co sturas del habitus bourdiano por el mismo Wacquant (2014), que es fundamental en nuestra exposición, se encuentr an en efervescencia e int erpretación. El concepto de habitus nos conduce a la sociología de la educa ción y al estudio de las Desigualdad de Oportunidades Ed ucativas (DOE), e n el que se en marca una parte su stancial de esta investigación. Un compendio de la investigación española de las DOE dia gnostica una heterogeneidad de planteamientos metodológicos, la falta de acuerdo sobre la evolución de la DOE en España, incluso con los m ismos dat os, y el déficit de explicaciones teóri co - analíticas sobre las tenden cias apreciadas, como característica s (F ernández Mellizo - S oto, 2014). La sociología de la educación cuenta en Canari as, precisamen te, con una amplia representación de investigadores, cu yos trabajos abarcan desde las estrategias en el tránsito a la vida adulta y hacia el em pleo, o los itinera rios educativos entre jóvenes de de sigual extracto social (D e la Nuez, 2000 , 2006 ), o los análisis sob re la escuela ante las desigualdades y la construcción social de la infancia ( Nieves Pérez, 2000, 2004), por citar los análisis más cercanos a nuestr o objeto de estudio. Por supuesto, el hallazgo de habitus de isla menor que destacamos en nuestro análisis de logro educativo y la propuesta teórica de convi vencia de h abitus y calculus, es deci r, de estrategia des de la elección racion al, ya son señala das en otros apartados de este trabajo ( Martínez G arcía, 2000, 2004 ). La profusión de estudios urbanos y educativos de los que consid e ramos también participa esta investig ac i ón no nos aleja de su naturaleza históri ca. Desde la [ 48 ] posible adscripción a la historia social, lamentamos no comp lacer a Julián Casanova, quien en su últim a revisitación al “se cano español” de esta p erspectiva de la disciplina subrayaba respecto de su inventario crítico que “s ólo investigamos sobre el pequeño mundo o pueblo que nos rodea. Algo necesario, aunque insuficiente” (Casano va, 2015: 195). Los mencionados trabajos sobre movimiento vecinal entendemos que forman parte d e las características d e lo que se acepta po r historia social. En Canarias, los estudios históricos sobre movimiento ciudadano y vinculados a espacios urbanos son escasos. Historia de un barrio y una sociedad en permanente construcción: Schamann entre 1940 y 1970 desde las fuentes orales, de María Luisa Igles ias Hernández (2003) es un a investigación sustentad a en las fuentes oral es, característ ica que compartimos . Las Palmas, ci udad y Puerto. Cinco s iglos de evolución, de Fernando Martín Galán (1984) , y El espacio rural y urbanización marginal: El caso de Vecindario en el Sur de Gran Canaria, de Guitián Ayneto (1983), son algunas d e las sustanci ales aportaciones hi stóricas vinculad as al espacio. En la ut ilización de la historia oral com o herramienta, al mencionado trabajo de Iglesias se s uman muchos otros, entre los que destacam os Los coches de hora: historia oral de la vida del tr ansporte en Gran Canaria (Hernández Díaz, 2003), Fernando Sagaseta, la v ida de un luchador irremediable (Millares Cantero, 1994), o La resistencia antifranquista en las Canarias Orientales (1936 -1939) ( Alcaraz Abellán, 1991). Las aporta ciones recientes de mayor inte rés en el e studio de la m arginalidad en Gran C anaria se corresponden, entendemos, con Historia de la prost itución en Las Palmas de Gran Canaria (1890 -1920) : del c ontrol social a la prevención higiénico -sanitaria (M artín del Castillo, 2006) y, la más reciente, De la microhistoria al análisis social : el fondo documental de vagos y maleantes de Canarias (Márquez Quevedo, 2015). Por últim o, nos permitimos hacer u n acercamiento a la perspectiva esco gida y reivindicar su vigencia desde las preguntas y respues tas que se hace el ám bito académ ico. En un inte resantís imo texto co ral, la c ientífico s ocial Da fne Munt anyola interroga a destac ados colegas prof esionales – Teresa Torns, Raim undo Cuesta, Carlos Lozares, Christian Orgaz Alonso, Josep Lobera, Cristin a Santamarina, Fernando Aguiar, Gloria Domínguez Alegría, Tomás Cano - López, Teresa G onzález de la Fe – en relación a las metodologías qu e debe afrontar las c iencias sociales (Muntanyola Saura, 2014) . A la pregunta de si “¿es necesari o hacer más histor ia e n la sociología?”, T eresa Torns, de la Universi tat Aut ònoma de Barcelona, responde: [ 49 ] la respuesta a firmativa p arece fuera d e toda d uda […] posiblement e sea Norbert Elias, una pres unta sombra de la sociologí a cada ve z mejor ilum inada […] quien mejor ha def endid o la necesidad d e hacer más historia p ara comprend er la psi cogénesis y la sociogén esis de lo s proces os sociales. Prop uesta que r eclama, a su vez, la i mport ancia de tomar en cu enta el tiempo en el desarrollo de tales pro cesos . (Munt anyola Sau ra, 2014: 21) Esa búsqueda en el tiempo, esa historia en la sociología o sociología en la historia, la sociogénesis del proceso social que hemos def endi do para nuestro objeto de estudio, se sitú a vigente en la cons ideración de los científic os sociale s. Igualmente, y para terminar, la vi gencia de la estrat egia de obtención d e testimonios orales a t ravés de las nuevas T ecnologías de la Infor mación y la C omunic ación (TIC’s) – que, de hecho, no son nue vas – que hem os d esarr o llado e n esta investigación es impulsada en la Universidad española desde ám bitos institucionales. En el año 2012 se l levó a cabo desde la Universidad C omplu tense de Madrid una investigación denominada ‘Tratam iento documental avanzado del archivo audiovisual de los testimonios orales de los Brigadis tas Internacionales depositado en el Archivo Histórico Provincial de Albacete’, con f inanciación pública. La reflexión sobre la rec ogida y tratam iento de la mem oria oral a través de las TIC ’s, para la construcción de nuestra memoria histórica, se encuentra , por tanto, en vigor , y consideram os la pertinencia de esa construcción con las fuentes orales qu e aportamos en el caso del Polígono de Jinámar. 2. MARCO TEÓ RICO 2.1. De la Hist oria Socia l a la His toria de los de Ab ajo : los creador es de historia La investigación propuesta es un análisis susten tado en una vocación multidisciplinar y conversaciones teóricas: un diálogo entre historia y sociología, entre la historia social y el modelo rela cional, entr e histor ia oral y la e stadístic a del log ro educativo , entre met odología cuantitativa y cua litativa, entre el estudio de los espacios urbanos y sus vínculos con los orígenes de la desigualdad. La amplitud de la s disciplinas que confluyen h a invitado a que, ad emás de este m arco teórico g eneral, se hay a abordado [ 50 ] un apara to conceptual m ás específico en los c apítulos que inician el análisis histó rico y el análisis del comportamiento del logro educativo. La desigualdad educativa de los primeros niños que habitaron el Polígono de Jinámar, el origen de la investigación, y las difi cultades para el acceso a documentación o ficial que permitiera analizar e se específico comportam iento en el contexto en que se producía, el espacio urbano del Polígono de Jinám ar, fue conformando la propia dinámica de la indagación y el marco teórico en el q ue se desarrollaría nuestro análisis. El objeto de investigación, el P olígono de Jinámar y su producción como espacio sociourbano y educativo de exclusión, y nuestra propuesta de análisis, l a búsqueda del origen d e la desigualdad, particip a del elem ento fundador de la definición de la h istoria social, el cam bio social en el tiemp o, en este caso un deslizamiento h acia la acumulación d e marginación que cond uce a la exclusión. La investigación, por tanto, participa de su condición de historia social, e n cuanto que comparte la vocación tanto de “ la comprensión desde dentro como la explicación desde fuera; por lo general y lo particular” (Burke, 1980: 33), par ticipa igualmente de su car ácter de estudio sobre lo u rbano, de análisis de c lase en cuanto que indaga en la producción de categorias de exclusión, y de lo s movimientos vecinales com o movimientos social es, defini d os a m odo clasificatorio – entre otros – como propios de la historia social por Hobsbawm (Casanova, 2015: 43). Aunque no de otras considera ciones que ident ifican a la histor ia social. Más que del “carácte r opositor” (Casanova, 2015: 39) que, al parecer de form a unáni me, se considera constitutivo de su vitalidad inicial, participamos de la vocación de una historia integral en la que los se res humanos, como los esclavos de Genovese , 1 sean ac to res históricos, creadores de historia (Sharpe, 2003: 56) , y por tanto el mundo de cu ya conformación part iciparon pueda ser explicado en su to talidad. Com o se reclama para la historia social, en otro de sus rasgos definidores, se trata de una indagación sobre grupos humanos de la clase obrera de G ran Canaria. La investigación puede considerar se, por tanto, enmarcada en estudios sobre Historia S ocial e, igualmente, en s u inclinación por participar en la histor ia de los de a bajo, en cuanto que entendemos ésta como un enfoque de la historia (Sharpe, 2003), y no un tipo de historia, y de la subversión que se le supone (Sharpe, 2003: 58) asumimo s exclusivamente la que pueda atribuirs e a la adopción de los significa dos 1 Genove se , E ugene D. (197 6 ): Roll, J ordan, roll: T he worl d the s laves m ade . Nueva Yo rk: Vinta ge. [ 51 ] que los acontecimientos en el tie mpo tienen para quienes, de otro modo, estarían ajenos y nuevamente exclu id os a la interpretación de su propio tránsito vital y social. Porque, ¿quiénes son los de abajo? El hecho de que el acceso a la documentación oficial sobre el Polígono de Jinámar, en poder de la Comunidad Autónoma de C anarias, haya sido negada a esta investigación , 2 ade más de en obstáculo se convirtió en acicate y en una clarificación conceptual sobre dónde se encontraba la exp licación a los proce sos sociales generados en el Polígono de Jinámar. Las fuentes, orales o documen tales, que “revelan d irectamente la v ida de las masas, la civ ilización material, los u sos y costumbres, los com portamientos y las actividades” (Santana Pére z & Monzón Perdomo, 1992 : 104 ) nos dotaron de la perspectiva de la hi storia de los de a bajo elegida para la refle xión. Así, junto a la aportació n documental que ya esp ecificaremos, la m emoria y la interpre tación de la p ropia per ipecia org anizacion al y vital p or parte de los dirigentes que constituyeron el Movimiento Vecinal del Polígono de Jinámar, de los agentes institucionales que se situaron en posición de com plicidad con e sos vecinos y sus dirigentes a nte las extremas cond iciones de vida, y los principale s responsables po líticos que participaron en la gestión pública del Polígono de Jinámar en es e momento fundacional, garantizan – entendemos – la pertinencia del enfoque y, a la vez, la voluntad de comprensión integral, mediante el contraste de l as interpretaciones entre quienes participaban, desde dentro, como vecinos del Polígono de Jinámar, y quienes lo hicieron, desde fuera, como docentes, sociólogos, asistentes so ciales y responsables po líticos. 2.2. Historia or al y cronolo gía socia l: el relato y lo s números Los de abajo, de algún modo, no están. Están sus portavoces. La m etodología asumida para la investigación y los límites inherentes a la misma, en cuanto que trabajo igualmente fundacional respecto del Polígono de J inámar, nos ha hecho constreñir nuestra búsqueda en la m emoria de los dirigentes vecinales – siguiendo dos modelos, el de dirige nte de las organizacione s vecinales, y el de d inamizador vecinal ajeno a esas organizaciones – , q ue participab an igualmente de las a sociaciones de padres y madres de alum nos de los cen tros e ducativos, e incluso un tercero: e l del dirigen te 2 La petición oficial, y los requer imientos ante el Gabinete de Presidencia del Gobierno y la Secretaría General Técnica de la Consejería de Vivienda del Gobierno de Canarias , n unca fue ron at endi das. [ 52 ] vecinal que, a su vez, formó parte del primer equipo de Servicios Sociales para el Polígono de Jinámar, y que por tanto participó en ambos rol es, el del liderazgo y el del agen te institucion al. Los d e abajo, los vecinos del Polígono de Jinámar, se encuentran por tant o a través de la memoria de quienes fue ron sus representantes v ecinales, pero qu eda por indagar a través de sus propias i nterpretaciones en, proponemos, trabajos posteriores. No están los de abajo, los vecinos del Polígono de Jinámar que no participaron de la red organizacional generada en el propio espacio urbano, pero sí están los de más abajo. Los niños, la población infanto - juvenil, constituyó el grupo humano más numeroso que se mudó al Polígono de Jinámar, debido a las fórmulas de designación de vivienda social, y sus habitante s más asiduos – el niño, incapacitado para la movilidad, habita las viviendas, los colegios y los espacios comunes – y a quienes dicha mudanza significó, como creemos demostrar y dada s u vulnerabilidad, una construcción personal y social inclinada hacia l a marginación. La búsqueda de esa interpretación por parte de los portavoces de los de ab ajo – los dirigente s vecinales – , de los de m ás abajo – los niños que llegaron al Polígono de Jinámar – , y de agentes instituciona les y responsables públ icos lo hacemos a travé s de la herramienta de la h istoria oral, en cuanto que participa mos de que “el recuerd o personal permite al historiador dos cosas. En primer lugar, algo que resulta obvio: ser un historiador com pleto, capaz de utiliza r las fuentes adecuadas par a estudiar las diversas problem áticas de la historia contem poránea” (Prins, 2003: 170), aunque somos conscientes de l as limitaciones de dich a herramienta dado que “los recu erdos personales son m uy dados, en el caso de personas fam osas, a autojustificaciones m uy útiles a post eriori, y, entre la gen te poco importante, a lapsus de memoria” (Prins, 2003: 165). Aparte de los m atices de la consideración de quién pueda ser “poco impo rtante” – en esta investigación, a travé s de la historia o ral, la memoria de quiene s fueron niños en el tiempo de la mudanza al Po lígono de Jinámar es más fiel y sus recuerdos m ás útiles para n uestra investigación que la de los responsables p olít icos –, para la investigación hemos adoptado todas las p rudencias teóricas y prácticas que nos permitie ran la util izacion d e la orali dad como instrumento cualitat ivo para el a nálisis . D esde la teoría, hem os adoptado la perspe ctiva de entrevistas sem idirect ivas cu yo objetivo – según explicita mos m ás adelante, en relac ión al guió n y las fuentes empleadas para la invest igación – era procurarnos de un rel ato biográfico cruzado, en [ 53 ] el caso de los vecinos y menores del Polígono de Jinámar, dado que nos aport a una “estructura polifónica” (Pujadas Muñoz, 1992: 56) y que el método biográfico, desde esta perspectiva m ulticéntrica, puede ap licarse al estudio de cualqu ier “formación social de di mensiones dem ográficas restringidas” (P oirier et al . , 1983: 135). Desde la p raxis, tanto para la realizac ión de las entrev istas como del grupo de discusión que nos sirvió de análisis para el logr o educativo – además de la experiencia personal, tras 25 de experien cia periodística y de l a elaboración d e documentales, algu nos de ello s en espacios urbanos de exclus ión en países como Venezuela o Bolivia – se ha optado por contar con especia listas 3 par a afrontar con el mayor rigor contextual esas entrevistas, con el objeto de atenuar los efectos que so bre el entrevistad o y su relato pued a tener la exposición ante el registro aud iovisual del mismo. Por último, se ha optado por reali zar una doble en trevista en much os de los casos – las existentes en l as grabaciones íntegras del docu mental Los niños de Jinámar corresponden a 2005, y en 2015 fueron en algunos casos r epetidas – , precis amente para contr astar las variac iones de la interpretac ión de los acontecim ientos en el tiem po. El resultado de la que denom inamos memoria entrecru zada, ese relato cor al en el que confluyen el recuerdo de la trayectoria vital, pe rsonal, y su imbricación con la memoria de los proceso s sociales gestados en el espacio u rbano, ha sido en hebrado igualmente con el análisis de los resultados esc olares en los cursos escolares 80/81 a 87/88, el único proceso social que desde la fundación del Polígono de Jinám ar podemos abordar desde un análisis cuantitativo, en el convencimiento metodológico de la necesaria com plementariedad d e la estadística com o expresión de d eterminados procesos, en el establecimiento de cronologías par a su comprensión, en la conversación entre historia y sociología (González Casanova, 1975). Al igual que el tratamiento estad ístico respecto del análisis de c ontenido de las propias e ntrevistas es considerado un aval “de fiabilidad del proceso analítico, p or cuanto somete al procedimiento a un proc eso de estandarización y elimina en lo esencial las tenden cias subjetivas e intuitivas que apar ecen en los dem ás modelos de análisis” (Pujadas Muñoz, 1992: 53), entendemos que el contraste que hem os realizado entr e el contenido coral de los relatos biográficos y el proces o del logro educativo en el 3 Carlos Reyes Lima, cámara de las entrevistas realizadas durante 2015, es director de cine profesional y cuenta con varios documentales sociales entre sus obras. Pablo Morales Pérez, q ue prestó generosamente su asistencia durante el grupo de discusió n, e s licenci ado en Soci ología y Comuni cación Audiovisual. Germán Santana, cámara de las entrevistas realizadas en 2005, es profesional audiovisual de Tel evisió n Canari a y ela boró junt o al aut or de est a inve stigaci ón, ade más de ‘L os niños de Jinám ar’, el d ocum ental ‘Bol ivia ol vidada ’. [ 54 ] Polígono de Jinám ar, a traves de l os datos agregados de sus actas escolar es, nos permiten la evaluac ión contrastad a de los resultados d e ambos métodos – el cualitativo y el cuantitativo – y, por ende, la constatación del proceso de acumulación de marginación y excl usión a que se vieron abo cados los vecinos de ese espac io urbano. Esas herram ientas, el análisis del contenido de las interp retaciones de los dirigentes vecina les, el resultado de los datos agregados de las actas escolares, y las imprescindibles fuentes documentales consultadas, nos permitieron la propuesta de una cronología desde la dimensión social, desde la per cepción de los propios vecinos del Polígono de Jinámar, desde el prim ero de los poblamientos del espacio urbano hasta el límite tempo ral establecido para la investig ación. Desde esa perspectiva , proponemos dos etapas para el análisis: la primera (1980 - 1984) caracterizada p or la producción del espacio y su abandono por los pl anificadores públicos, y un proceso paralelo de apropiac ión por parte de los vecinos: un segundo periodo (1985 - 1987) de asunción institu cional de las com petencias respecto de los ser vicios públicos por par te de la Comunidad Autónoma de Canarias y s u primer gobierno democrático, y el proceso igualmente paralelo y partidario de desarticulación de la unida vecinal. 2.3. El modelo r elacional y la pers istencia d e la desi gualdad: el acaparamiento de oportunidade s Una vez establecidas las ad scripciones de perspectiv a histórica y sus herram ientas en la investigac ión, afrontamos los m odelos teóricos y los pilares conceptu ales sobre los que se asienta nues tro análisis, de la m ano de uno de los auto res que más h an contribuido a auspiciar el encuentro entre so ciología e historia (Tilly, 1981). La estrategia del m odelo relacional a doptado por Tilly en sus estudios sobre la persistencia de la desigualdad es superador de lo que se ha definido como las dos sociologías : las teorías de la acción so cial, en la s que el individuo, entendido como hombre autónomo , es capaz de crear un orden social ajeno a restricciones externas por un lado; y l as teorías del si stema social, conceb ido éste como lim itación externa, d el otro. Ambas abordan el orden y el control social desde persp ectivas opuestas. Hay, en tonces, dos so ciologías: u na sociolo gía del sistema soci al y un a sociología de la acción soci al. Éstas se b asan en preocup aciones d iametralmen te opuest as con dos [ 55 ] problemas ce ntrales, el o rden y el control. Y, en cada nivel, están en confl icto . Plantean v isiones an titéticas de la n aturaleza hu mana, la so ciedad y las relacion es entre lo social y lo individual . (D awe, 1970: 214) Tilly adopta los “modelos relacionales de vi da social que se inic ian con transaccione s o lazo s interpersonales” (Tilly, 2000: 31), un modelo que no supone “esencias sino vínculos” (Tilly, 2000: 31), en enfrentamiento frontal con los individualistas metodológicos que procuran explicar la desigualdad social a través de “mecanismos causal es (que) consisten en suces os mentales: las decis iones” (Tilly, 2000: 33), e igualmente desecha la ontología del individualismo fenomenológico, en el que los individuos expresan su identidad “act uando categorialmente” (Tilly, 2000: 33), como método comprensivo de la d esigua ldad. Tam bién trasciende, con su apuesta por el modelo relacional, la necesidad de establecer una dependencia de los m iembros de esas cate gorías con una estructu ra social más am plia para la dedu cción de sus diferencias catego riales, como propone la teorí a de los sistemas sociales, la segun da de las sociologías. El análisis relaciona l trata típicam ente las categorías com o invenciones sociales y subproductos de la interaccion social (Elster, 1983), y si bien asume las influencias institucionales en cua nto a la oportunidad y la movilidad – polít icas gubernamentales concernientes a los impuestos, la inversión, la redistribución y los servicios, l a organización y func ionamiento de la escuelas, o l a segregación residencial – como elementos constitu tivos de la desigualdad, se pregunta “cómo y por qué” (Tilly, 2000: 37) esos elem entos “actúan en los dominios de la experiencia colectiva y la intera cción soci al” (Tilly, 2000: 37) co n la estruc tura soci al, y desechando los m ecanismos causale s de sucesos m entales individuales, estados de conciencia o las acciones autón omas de los s istemas sociales en la persis tencia de la desigualdad. Ese cómo y por qué de Tilly supone la búsqueda de los m ecanismos causales “que pueden dar la razón de un hecho o es tado de cosas” ( Castro Nogueir a , M. A., Morales Navarro & Castro Nogueira, L., 2006: 213) al modo de Elster y desde el marxismo analítico, la necesidad de def inir “hechos causalm ente vinculados y la descripción del proceso a través del cual puede vincula rse” ( Castro Nogue ira , M. A., Morales Navarro & Castro Nogueira, L., 2006: 213). La diferencia estriba en que el análisis rela cional indaga esos m ecanismos causales en las interacciones sociales, en [ 62 ] La indagación sobre esa dinámica de interacción entre espacio y procesos sociales es la que procuram os acomete r, con una advertencia m ás, en la dimensión de la paradoj a. […] en un complejo siste ma urbano, los ‘mecan ismos ocultos’ de re distribuci ón del ingreso n ormalmente aumentan las desig ualdad es en vez de red ucirlas. Esto conllev a implicacion es inmedi atas p ara la polít ica social , en el sent ido de que indica la necesidad d e unas medid as de “contrag olpe” en la red is tribución directa si la dirección general de la red istrib ución o culta ha de ser contrarrestad a . ( Har vey, 2007: 48) La redistribución de ingreso que s upone para la clase o brera la obtención d e una vivienda social puede provocar el incremento de la desigualdad. No será la última advertencia, ni la ú ltima paradoja. Es necesario atender “ la cadena de eventos y condiciones que han llevado a la exclusión social” dado que la línea de pobreza, establecida en virtud del ingreso ec onómico, subestima “el impacto negativo de la gran inestab ilidad social y del aislamiento” (M ingione, 1996: 1), nos advierte el sociólogo Javier Auyero (2010: 27). La identificación de esa paradoja del inc remento de la desigualdad, pese a la redistribución de ingresos que su pone una mejor vivienda, y la cadena de ev entos que conduce a la exclusión social, m ás allá del ingreso económico, forman parte sustan cial d e nuestra investigación. Más numerosos e imprescindibles inst rumentos de anál isis adoptam os del profundo conocimiento del gueto norteamericano, en el origen además de la propia disciplina sociológ ica. La necesidad de explorar desde el ori gen la cadena de eventos que conduce a la e xclusión – “el proceso de guetificación negra (con) aumentos abruptos de la desocupación, el delito, l os retrasos educativos y otras dislocaciones sociales […] se rem onta a la form ación inicial del gue to como una institu ción de exclusión racial en las prim eras décadas del siglo XX” (Wacquant, 2010b: 46) – , y la identificació n de algunas de sus caracterís ticas nos permiten evaluar sob re si nuestro objeto de estudio forma parte de esos espacios globale s de exclusión. La n egligencia pública – “pruebas abundant es sugieren entonces que lo que explica l a elevación de la pobreza y la exclusión en el núcleo ur bano no es el surgimiento de una ‘i nfraclase’, sino la negligencia pública” (Wacquant, 2010b: 86) –, el a bandono planificado – “ el cercenam iento selectivo de serv icios públicos com o escuelas, bibliote cas, clínicas, comisarías y esta ciones de bom beros, concebido para incitar a los pob res a dejar e l [ 63 ] núcleo urbano” (Wacquant, 2010b: 88) – , la segregación residencial – “ la continua segregación resid encial […] actúa como un ‘efecto multiplicador’ que concentra las carencias en el núcleo u rbano” (Wacquant, 2010b: 76) – , el esti gma espacia l – “el estigma asociado a la residencia en el gueto es un obstácu lo más que los negros de las áreas céntricas tienen qu e vencer en s u búsqueda de trabajo” ( Wacquant, 2010b : 75)– , los deseos de huida – “[…] el gueto de hoy es un ámbito despreciado y estigmatizado del que casi todo el m undo trata de escap ar desesperadam ente” (Wacquant, 2010b: 61) – o su consideraci ón como espacio de inse guridad – “ la i nseguridad es ta n profunda que el mero hecho de atravesar el espacio público se ha convertido en un gran dilem a en la vida cotidiana de los res identes de las ár eas céntricas deprim idas (Wacquant, 2010b: 52) – . Aunque una d e las características de e sos espacios universales de exclusión – de los cuales el gueto norteam ericano es ref erencia en cuanto a la dimensión de los análisis sobre el mismo – e s el establecim iento de escuelas de custodia y el abandono de la educa ción pública, una caracterís ti ca que subrayamos dad a la estrategia de nue stro análisis. Pocas organ izaciones so n más revelado ras del gra do de abandono insti tucional sufrido por e l gueto de Chicago que la s escuelas públi cas. En efect o, éstas quedaron reducidas, en sustancia, a ser estable cimien to de custo dia y no de educa ción, que sirven más para at rapar a los pobres que par a abrir una compuerta d e esca pe del gueto . (Wacquant, 2010b: 89) Wacquant sinte tiza en tres carac terísticas la “ violencia estr uctural masiva” (Wacquant, 2007: 4 0) q ue, a su juicio, es ejercida sobre los habitan tes del gueto norteamericano, provocada por “una serie de tr ansformaciones económicas y políticas que se refuerzan m utuamente” (Wacquant, 2007: 40): el desem pleo masivo, “crónico y persistent e que, para todo un secto r de la clase obrera, se traduce en la desproletarización y la expansión de la precariedad” (Wacquant, 2007: 41) ; la relegación a los barrios desposeídos de esa clase o brera, en el caso de Chicago, con característic as raciales específica s; y la estigmatización “c reciente en la vida cot idiana y en el discurso público” (Wacquant, 2007: 41). Las aportaci ones de Wacquant a nuestra arquit ectura conceptual de análisis lleva, neces ariamente, a la p recisión de que “ no tod as las áreas de ingresos bajos so n guetos, por extrema que sea su indi gencia […] Llamar gueto a cualquier zona que [ 64 ] muestre una elevada t asa o concentración d e pobreza no sólo es arbitrario [ …] también sus trae al término su significado his tórico y lo v acía de sus co ntenidos sociológicos” ( Wacquant, 2010b: 43), y a su rechazo a la utilización del concepto de gueto – “las cités francesas no son guetos si con ellos nos referim os a una formación socioespacial racial y/o c ulturalmente unif orme basada en la relegación f orzosa de una población neg ativam ente tipific ada a un terr itorio espec ífico” (W acquant, 2010b: 152) – o al neologismo cité - gueto, para r eferirse a los suburbios franceses de clase obrer a (Wacquant, 20 10b). La inexisten cia de elementos é tnicos, raciales, ni de otras característic as que confluyen en el caso del espacio de excl usión norteamericano d e referencia – y que no com parte con otros espacios, como barrios latinos, judíos italianos (Wacquant, 2010a: 26 -27) – en el caso del Polígono de Jinám ar provoca que renunciemos, en todo momento, a su denom inación como gueto, calificativo que fue adoptado por las instancias públicas, mediáticas y por el im aginario colectivo par a referirse a ese espacio u rbano en sus prim eros años, y que acudamos en todo m omento a l concepto de esp acio de segregación o exclu sión para nuestras referencias. S í empleamos, como herramienta conceptual, proceso de guetización o incubación de la guetización , para refer irnos a la din ámica que se desa rrolla y que cond uce desde la segregación a la exclusión en los años fun dacionales del Polígono de Jinám ar, por su poderosa connotación expresiva y definidora de ese tránsito. El gueto norteamericano como referencia en la reflexión es válido, entendemos, en virtud del análisis que el propio Wacqu ant realiza sobre l as característi cas comunes y dife renciadoras del “cinturón negro histórico de Chicago” y el “cinturón rojo” de las banlieue francesas, caracterizados p or el estigma espacial y racia l, en el primer caso, y p or el estigma residencial, en el segundo (Wacquant, 2010b : 1 21 -164). 2.6. La reflexión canaria sobre el esp acio: las expulsion es que crearon ciudad, la fractura de la contigüidad, de la c iudad - isla a la ciudad - difusa, la “triple insularidad” del Polígono de Jinámar Las caracter ísticas de los espacios universales de segr ega ción, adoptados por esa conversación trans atlántica de W acquant, permiten ident ificar esos víncu los globales de la exclusión espacial, pero nuestro objeto de estudio precisaba para su comprensión del contexto espacia l en el que directam ente se había pro ducido, el de la isla de Gran Canaria, con una delimitación geográfica inherente, y con un proceso económico, social y político igualmente específicos. [ 65 ] En ese análisis llev a empeñado de fo rma brillante el departam ento de Arte, Ciudad y Territorio de la Es cuela Técnica Superi or de Arquitectura de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULP GC). Las tesis de dos de sus profesores, Joaqu ín Casariego Ram írez 4 (1987) y Alfredo Bescós Olaizola (1984), nos aportan los pilares analíticos so bre los que han sus tentado sus conclusiones sobre el crecimiento urbano de la capital grancanaria, y sobre l os que nos apoyamos: la formación periférica dependiente d e la econom ía canaria definida por Gon zález Viéitez y Bergasa (196 9), y el tránsito de ésta desde la agricu ltura como sector económ ico relevante a su terciarizació n, y la consecuente emergencia del secto r servicios. Los datos económicos introducidos por el propio Casariego, que a doptamos, nos permiten definir el contexto económico en el que se produce la pr oducción del Polígono de Jinámar, y textos y autores de referencia como Burriel de Orueta (1982) o Martín Ruiz (1985), entre otros, nos aportan sus análisis demográficos. La comprensión del fenómeno del Polí gono de Jinámar en nuestro caso ha necesitado, sin em b argo, del enhebramiento que hemos desarrollado entre las cronologías estab lecidas por Casarieg o para la conformación de Las P almas de Gran Canaria – en m udanza s obligadas de expulsiones, expulsiones programadas, intervenciones esta tales y parcelacion es no controladas – y la periodización de Bescós Olaizola sobre la promoción de vi vienda económica en la capital grancanaria, en que intervención estata l y urbanización marginal im pulsan ese crecimiento ciudadan o capitalino. De ese enhebramiento hemos conclui do nuestras propuestas d e consideración del P olígono de Jinámar como prim era experiencia de aislamient o programado, a su s vecinos como primeros expulsados aislad os, en fractura con las estrategias tanto esta tales com o familiares de búsqueda de contigüidad con la ciudad en sus soluciones a la carencia habitacional, y su producción como epílogo de l os grandes polígonos impulsados por la Administración estatal en Gran Canaria. Igualmente, aunque posterior a los años de pr oducción de ese polígono, la propuesta de análisis des de una perspectiv a insular y no sólo local que rea liza Álvarez García (20 0 9), y su propuesta de ciudad difusa para Gran Canaria , a partir de las aportaciones previas de Bescós de ciudad -isla y ciudad- difusa para la com prensión del nuevo fenómeno de expansión urbana y el escoramiento demográfico de la Isla hacia su costa sureste en virtud del desarrollo turístico, nos han perm itido establecer una 4 La tes is de C asarieg o es de 1983, pe ro la public ación de la m isma, en un vol umen que la com pendia , es post erior, de 198 7. [ 66 ] propuesta contextual para la comprensión de Polígono d e Jinámar no solo como espacio urbano, sino político, económ ico y social . L a explicación de esa ciudad - isla – cristalizada en una ciudad -difusa – anunciada p or Bescós y desarro llada por Álvarez García, sitúa a L as Palm as de Gran Canaria en situació n de jerarqu ía territor ial respecto a l conjunto de la isla. La concentr ación d e la població n en la capital, L as Palmas de G ran Canaria, como centralidad princip al y espacio de conc entración de las activid ades di rectivas, podría estar configurando un principi o de macroc efalia y j erarquí a territoria l propio d e las áreas metrop olitan as, la estab ilización p oblacio na l del fina l del per íodo podría tr atarse de una alter ación tran sitoria de la tend encia a la concentració n anterio r. Así, la may or parte de lo s estudioso s del pro blema, se incl inan por acept ar como un h echo la inevitable integración del territorio en la influencia metropolitana de Las Palmas de Gran Canaria . (Álvarez Gar cía, 200 9: 24) Con los m ateriales de l hallaz go teórico de Bescós – “un área metropolitana, abandonada la idea elemental de la un idad f uncional, consiste en la difusión espacial de ciertos v alores de intensid ad de determ inadas actividades iden tificable por un marco físico específ ico, algo así com o una ciudad difusa...” (Álvarez García, 2009: 65) – , al que se incorpora la interacción con la nueva industria turística – “equilibrando a la centralidad capital, directamente vinculada con aquella por lazos d e empleo y densidad, la sociedad global encue ntra en las actividades terci arias y concretam ente en el uso turístico la especializaci ón en la s fortalezas del territor io […] y la parte más valiosa, incluso desde el punto de vista económico del mismo” (Álvarez García, 2009: 472) –, proponemos como variable histórica contextual la génesis de un a isla - ciudad, de la qu e el Polígono de Jinám ar será una de sus p rimeras y extremas expresione s. Esa concepción de isla - ciudad propone igualm ente un análisis íntegro de la relación entre el ám bito insular y el de su capital, en la que la cristalizació n espacial es uno más de los elementos, y define una jerarquía distinta: según nuestro criterio, será la relación d e propiedad del suelo en Gran Canaria, y los vínculos en tre esas relaciones de propiedad y el poder político, los q ue definan el desarrollo de la nueva industria e n la isla, l a distribu ción de lo s e spacios y sus usos, y la dinámica de relaciones d e su sociedad con la nueva industria. L os procesos espac iales, según [ 67 ] nuestra propuesta, es tán en este caso vinculados a los interes es de esas relaciones de propiedad, que además cortocircuitan la incipiente relación de la ciudad con el turismo, y sustraen la generación de la industria turística, y del empleo que debiera propiciar, a la am plia concentración dem ográfica de la población de L as Palmas de Gran Canaria. La isla, consideram os, y los in tereses de quienes se situaban en una m ejor posición respecto del conjunto de la sociedad en virtud de la propiedad del suelo y del acceso al poder político, se encuentra en situación de jerarquía en relación a la ciudad. La isla - ciudad, con que proponem os aunar no so lo el análisis espacial, sino económico, político y social, supone una relación de do minación en el que el embolsam iento que identificam os de las clases ob reras en espacios de se gregación y, en el caso del Polígono de Jinám ar, en espacios de aislamiento y excluyentes, es una cristalizació n incipiente de esa relac ión de jerarquía. El análisis d e la generación de es a isla - ciudad, concebida desde las relaciones de economía y p olítica de Gran Ca naria en la décad a de los sesenta y los setenta, ha sido posible a partir del t rabajo de Nadal Perdomo (1983) y su descripción del proceso de conformación de l a ciudad turístic a en el Sur de Gran Canaria a través de la propiedad d el suelo. Tam bién desde el Depar tamento de G eografía de la U LPGC han emanado los pocos text os académ icos dedicados al aná lisis del Polígono de Jinámar, entre ellos una propuesta de evaluación externa del proyecto Urban aplicado, en la década de los noventa (Arm engol Martín, González Morales, & Hernández Luis, 2003) y, sobre todo, el trabajo de los profesores Juan Manuel Parreño y Claudio Moreno (2006), en el que identifican el aislamiento del Polígono de Jinámar. […] hoy por hoy, Jiná mar sigue siendo un enc lave no só lo alejado de los p rincipales núcleos de población, son t ambién segrega dos de su e ntorno, afectado por lo que se ha venido en llamar la triple insularidad: la qu e proporciona su alejam iento y segregación respecto a la Isla y el Arch ipiélago . (Parr eño Cast ellano & Mo reno Medina, 200 6: 187) Esa “triple insularidad ” 5 pr ovoca unos procesos sociales, aunque no se def inen en el artículo, que solo con “una política soci al amplia y bien dotada 5 El art ículo 138 de la Const ituci ón espa ñola de 19 78 dice que el Es tado a tenderá “ en particular a las circunstancias del hecho insular”. El reconocimiento de las especificidades de la insularidad ha [ 68 ] presupuestariam ente, se podrá intentar resca tar al polígono de la lejanía, la segregación y la exclusión social” (Parreño Castel lan o & Moreno Medina, 2006: 188). 2.7. El logro educativo: habitus y cal culus La búsqueda de la cohesión social es una de las f unciones de la educación, según el análisis euro peo establecido en l a Estrate gia de Lisboa, y el impact o de l as desigualdades so ciales ante la educación “ par ticipa en la ‘fabricación’ de una sociedad más o menos cohesiva” (D uru- Bellat, 2010: 107) . El logro educativo como cimiento de la cohesión propicia una llamada de atención sobre “la intensidad del medio social” (Duru- Bellat, 2010: 114) como uno de los f actores de desigualdad en el acceso a los niveles educativos superiores, los índices de supervivencia, un c oncepto que analizamo s y que cobrará especial signif icación para examinar el proceso d e incubación d e la segregación educa tiva a partir d e la segrega ción urbana – el efecto barriada – que propondremos. Esa propuesta es ava lada por el reconocim iento de la segregación edu cativa en entornos escolares específicos en vir tud de diferencias étni cas o clases sociales en las ciudades como una dificultad añadida al proceso de aprendizaje. Aparte de la fu nción ex plícita de l a escuel a como in tegrad or social, la segreg ación d e grupo s étnicos y econ ómicos en diferen tes coleg ios en las ciu dades gen era otra dificult ad en el pro ceso mi smo de ap rendi zaje. Se h a puesto e n evidencia de forma reciente a tra vés de inv estigaciones h asta qué punt o el aprendizaje del niño depend e no de las más b ien débil es acciones de escuela y prof esor, sino de l a intensa interacción con su entorno social diario, i ncluyen do especialmen te a otr os niños de su edad . (Coleman, 196 8: 6 - 7 [tr aducción propia] ) El entorno social, como uno de los instrum entos esenciales del aprendizaje en el ámbito de la sociología de la e ducación, tanto norteamericana como británica , conduce, de manera habitual, a la consideración de las co ndiciones de la viviend a ( housing ) de los alumnos – junto a f actores más h abituales como caracte rísticas insert ado en e l conte xto polí tico ca nario el conce pto “dob le insul arida d”, en rel ación a los cost es de situa ción de l as de nomina das isl as menore s, no capital i nas – Fuerteventura, Lanzarote, La Gomera, El Hierro – , y pe rmite la conti nuidad del conce pto en l a “tripl e insula ridad ” con que definen Parreño y Moreno el ais lamiento del Polígon o de Jináma r . [ 69 ] personales del alum nado, situación laboral, soci oeconómica y educativa d e los padres, es tructur a familiar, etcétera –, especial mente del núm ero de habitantes de la viviend a ( overcrowding ) com o uno de los factores susceptibles de anál isis para evaluar el logro educativo : en todo caso, serán las condiciones so cioeconómicas de cada z ona local las evaluadas no solo en relación con los logros educativos, sino con las conductas escolares en virtud d e las expectativas labora les (Sparkes, 19 99). Esa focaliza ción en las car acterísticas de la vivienda, a n uestro juicio, no explica la más compleja dinám ica relacional entre co ndiciones de vida y logro educativo, como proponemos. Sin embargo, investigaciones m ás recientes comienzan a contemplar la relac ión entre el espacio urbano y comportamiento educativo, lo que proponemos como efecto barriada ( neighborhoods effects ) 6 , aunque continúan centrán dose en o tros aspectos como la natura leza de la propiedad de la vi vienda y sus condiciones de habitabilidad (Bower, 2011). El bucle teórico que proponemos – de la exclusión urbana a la exclusión educativa – conduce de regreso a Lefebvre, al diagnosticar que “el hecho de excluir de lo ‘urbano’ a grupos, clases o individuos, viene a ser como excluirlos tam bién de la civili zación, si no de la sociedad” (Be ttin, 1982: 134). Una vez sustentado el aval teórico de la posi bilidad de indagación entre espacios urban os y logro educativo, entendemos que el análisis del logro educativo del Polígono de Jinámar supone nuestr a aportación principal a la reflexión sobre los procesos sociale s en el espacio urban o, toda vez que es el único susceptible de an álisis cuantitativo desde su mo me nt o fundacional, a través de las actas escolares. La interpret ación de los resultado s de ese anális is cuantitativo lo hemos realizado a la luz de dos concep tos que el profesor Martínez García sitúa en posibilidad de convivencia: el habitus bourdiano y su propia propuesta conceptual de calculus , al am paro teórico del economista Gar y Becker. La conceptu alizac ión del habitus bourdiano sería: Los acond icionamien tos asoci ados a u na clas e particular de c ondiciones de existencia [... ] sistemas de d isposiciones duradera s y tran sferibles, est ructuras est ructurad as 6 Propone mos l a traducci ón de ef ecto barr iada , e n lugar de efe cto vecindario – como sería probablemente aconsejable en una traducción literal del inglés – debi do a que en su di mensi ón connotativa nos parece que barrio hace referencia de un m odo más evidente a la relación entre la realidad estrictamente física – unida d veci nal – y los ha bitantes – y sus procesos s ociales y vitales – en una estructura urbana específica. [ 70 ] predispu estas para f uncion ar como est ructuras estr uctur antes, es decir, como principios genera dores y organiza dores de pr ácticas y represen tacion es que pueden estar objetiv amente adaptad as a su fin sin sup oner la búsqueda co nscient e de fines y el dominio expreso d e las operaci ones n ecesarias para alcan zarlos, objetiv amente "reg uladas" y "regulares" sin ser el produ cto de la ob ediencia a reg las, y, a la vez que todo esto , colectiva mente orqu estadas sin ser p roducto de la acció n organ izadora d e un direc tor de orquesta . (Bourdieu, 1 980: 92) El habitus bo urdiano, en el análisis d e Martínez García, esta ría definido por: a) “Las condicion es sociales, los recurso s económicos y culturales de los que s e dispone, junto con la experie ncia vital, las relaciones con las instituciones y con otras personas, hacen que las personas adquieran determinadas pauta s de comportamiento. En este sentido su proceso de "inculcación" equivale a la socialización ” (Martínez García, 2000: 33 -34) – A condicionamientos asociados a una clase particular de condiciones de existencia –. b) “El habitus produce prácti cas no conscientes. Las prácticas son concebidas como decisiones libres, que cumplen bien una función, o ni siquier a se c onciben como una decisión” (Martínez García, 2000: 33 - 34) – Objetiva mente adaptadas a su fin sin suponer la búsqueda consciente de fines y el domi ni o expreso de las o peraciones necesaria s para alcanzarlos –. Igualmente, el habitus se define en sus características de siste ma de disposiciones duraderas y transferibles – “el habitus es un sistem a, es decir, cada uno de los condicionamien tos asociados a u na clase particular de exi stencia , no debe entenderse de forma aislada, sino que en conjunto forman un sis te ma , en el sentido estructur alista del térm ino” (Martínez García, 2000: 34) – , y de di sposiciones c olectivamente orquestadas sin ser producto de la acción organizadora de un director de orquesta – “Bourdieu no cree que haya conspiradores, manipuladores o grupos organizados que deliberadamente guíen, desde la sombra, a grandes grupos de personas, que no saben que son dirigidos […] Son prác ticas producto del habitus, es decir, de condiciones de exi stencia y experi encias vitale s parecidas, que, p or tanto, dan resultados pare cidos, sin necesidad de un acuerdo previo” (Mart ínez García, 2000: 34). [ 71 ] El habitus es – si guiendo a Martíne z García – “produc ido por la estructura social (posición d el agente según su capital) y pro duce prácticas sociale s estructurada s” (M artínez García, 2000: 34 -35) – estructuras estructurada s predispuestas para fun cionar como estructuras estructu rantes de prácticas y representaciones – en el que “hay pautas est ablecidas para alcanzar ciertos fine s con ciertos medios, hay formas "normales" de a ctuar, de "sentido común". Sabemos que estas formas son regulares, porque son las más observadas y norm almente las menos cuestionadas po r los agentes sociales” (Martínez García, 2000: 34-35) – objet ivamente 'reguladas' y 'regular es' sin ser el produ ct o de la obediencia a reglas –. El habitus supone “un conjunto de prácticas sociales producidas por varios individuos con relacio nes significantes entre ellas (la dimensión estructur ante del habitus) […] que guarden relación con la posición social de los agentes que las producen (la dimensión estructurada del habitus) ” (Martínez García, 2000: 35) , y e n el que se definen est rategias (que) se componen de las mejores acciones o las mejores prácticas po sibles, una vez definido el habitus del agente, su posi ción social y sus objetivos. L as estrategias son las acciones pro bables/posibles del h abitus (con) la libertad de los agentes s ociales […] actuando libremente, sus acciones estarán suje tas a ciertas regular idades, manifesta das en los datos estadísti cos, en los que se distribuyen los distintos gr upos sociales” (Martínez García, 2 000: 36 -40). Hemos aplicado el concepto de habitus, disecc ionado por Martínez García, a nuestro análisis del comportamiento educativo del Polígono de Jinámar, al ente nder que se daban l as condiciones de pauta de com portamiento adquirida por las condiciones so ciales y experiencia v itales, de comp ortamiento no consciente, la conformación de un sistem a de respuesta a esas c ondiciones sociales, definida por la s condiciones de vida en la interacción con la estructura social , y por tanto de una práctica social estructurada en el entorno específ ico del Polígono de Jinám ar, y sujeta a la regularidad que creem os desvelar mediante lo s datos agregados de esas actas escolares, ta l como exige el conce pt o bourdiano. Incluso la condición de pauta de comportamiento colectivamente orquestada sin director de orquesta nos perm ite conferir que se produjo un habitus especí fico en el Polígono de Jinámar, una pauta de comportamiento colectivo respecto del logro educativo no dirigido, sino construi do a partir de las com unes condici ones de vida: la inm ediatez de los ef ectos de las condiciones de vida nos permite tensar el c oncepto teórico de habitus, e identificar ese [ 78 ] entre distribució n territo rial , arquitectura y form as de poder son parte de la reflexió n sobre la ciudad - ideal, y en pa rticular la de Moro, sino que también se interna en pro puestas de convivencia y relació n , d ado que “l a unidad social básica e n Utopía es la familia. C ada ci udad podrá albergar un máximo de 6.000 f amilias, y su dimensión también es mensurable: entre 10 y 16 adultos”, de la que los niños forman parte (Miles, 2008: 14 ) . Casi con idéntic a s palabras, Moro y Campanella relatan el sentim iento universa l compa rtido por todos los habitan tes de sus ciudades - ideales de pertenecer a l conjunto como parte d e una sola y m isma familia . Así, la Utopía es un a ensoñación clásica q ue se adelan ta más de dos si glos al racionalismo industrial, dado que “ la utopía, bajo la evocación de la c iudad ideal, prepara las necesid ades de la época de la genera lización de la industria, co n su lógica fría y su orden económico despiadado” (Souiller, 2008: 86). 2. LA UTOP ÍA SOCIA L: SOCIA LISTAS U TÓPICO S, FILÁNT ROPOS, HIGI ENISTAS Ese ideal desde el diálogo platónico al Humanismo en forma de ciudad - ideal con for ma de Isla es transferido a la segunda revolución industrial de otra Isla, Gran Bretaña, duran te el siglo XIX , y perm ite la cristalización de uno de los aspectos de la Utopía humanista gestada doscien tos años antes . Una utopí a de tipo so cial, que preten de asegurar la fe licidad co mú n, sin pobres y sin ricos: represe nta el sueñ o de las clases aco modadas, justificado por un deseo racio nal de equilibrio y de nivelació n, destinado a satisfacer la asp iraci ón a la just icia de hombre s como Moro o Cam panella qu e hoy llamarí amos ‘ intelectuales ’. (Souiller, 2008: 74) L a vinculación d e la u topía urb anística con su vocación de ideal socia l se inaugura , con el auge y construc ción de viviendas y ciudades obreras, a través y s ucesivamente de las propuestas – y acciones – del socialismo utópico, de filántropos y, ya a finales de siglo, los denominados higienistas, en lo s que esos intelec tuales aspirantes a la jus ticia de l siglo XVI eu ropeo encon traron su p articular e histórico hilo de Ariadna. [ 79 ] New Lanark (Glasgow, 1815), obra del industrial socialista Robert O wen (1771- 1858), es quizá la más conocida de las propues tas de ese socialismo utópico, aunque durante todo el siglo X IX empresarios e industriales con vo cación social construirá n pequeñas ci udades o barriadas. Antes, desde la arquitectura y la cr ítica social, John W ood hijo publica su obra sobre los cottages (1781), donde critica las cond iciones de vi da de las viviendas de los trabajadores rurales y urbanos, con algunos diseños posibles d e casas sociales , pero será Charles Fo urier quien realice la aportación m ás radical, tanto en Estados Uni d os co mo en la propi a Inglaterra, con su s falansterios , que alojaban comunidades rur ales apoyadas en la industria lig era de las m anufacturas , inspira das, curiosam ente, en Versalles (López Díaz, 2003). E n la industri al Ingla terra d el sigl o XIX se su cediero n la m ayoría de los i ntentos por crear unas viviendas dignas pa ra la cada vez mayor población obrera. Los ejemplos promovidos por el Coronel Akroyd (Akroydon, 18 85 ; Cople y, 1837 ), o por Francis Cro ssley (W est Hill Park, Halifax, 1863 -68), demuestran el esfuerzo de la industria po r cuidar de s í misma y adoptó muchas formas: desde ciudades modelo junto a industrias , a comunidades utóp icas (Frampton, 1998). Las ciudade s obreras resolvían as í el alojamiento de los trabajadore s de industrias concret as, tanto en la propia Ingl aterra como en el continente, donde tras el precedente aislado de Fuggeri (1516) – auspiciado por Jakob Fugger, entonces uno de los hombres más ricos de Europa – será una constante decimonónica , con ejem plos como Muihouse (1853) y sus viviendas prom ovidas por un grupo de industriales que son ofrec idas a los obreros en p ropiedad ; l os familisterio s de Guise (1859 - 1877), promovidos por el industrial Jean - Baptiste Godin – un hábitat colectivo inspirado en Fourier , con bloques re sidenciales en torno a un patio i luminad o cenital mente –; o la s viviendas unifamiliares obreras realizadas, con consulta y por tanto participación de las propia s familias in quilinas, por el indust rial Menier en Noissiel, un o más de los ejemplos de em presario de ideales socialistas que traslada ro n al continente europeo las iniciativ as pre cursoras del socialis mo utópico (López Díaz, 2003: 183). Esas ciudades obreras p ara industrias concretas no resolvía n , sin e mbargo, el hacinamient o de las ciudades , y la que iba a convertirse en un a de la s princip ales preocupaci one s de las urbes europe as de la segunda m itad del siglo XIX : la higiene pública. Así, filántropos e higienistas serán l os dos grupos institucionales – imbuidos de moral religiosa, y alejado s, por tanto , de la visión igualit aria y soc ial de Owen o [ 80 ] Fourier –, que asuman las iniciat ivas sobre vivienda ob rera ante la au sencia de interven ción pública estatal . Así, las malas condic iones de alojamiento de la clase obrera ur bana propiciaron en Inglaterra el primer docum ento instit ucional (1770) sobr e la cuestión , aunque será el informe Chadw ick (1842) – a cargo de Edwin Chadwick, quien había dirigido en 18 33 un inform e contra l a pobreza – el que alerte sobre las condiciones san itarias de la po blación obrera – vivienda s sin luz ni aireación, aum ento d el riesgo de mortalidad por la f alta de condiciones higiénicas, y favorecimiento de la inmoralidad sexual , según los cánones victorianos – , y el que provocará a la vez la creación de una co misión de la Monarquía b ritánica (1844 ) para el análisis de esa s co ndiciones higiénicas y la promulgación de la Public Health Act (1848) por parte del Gobierno britán ico, que establece m edidas para m ejorar las condiciones higién icas de las nuevas viviendas y ordena la creación de un depar tamento de sanidad pública – alcant arilla do, agua, recogida de basuras – en c ada municipio. En el continente, una epidemia de cólera (1832) alertó en Francia d e las condiciones de alojamiento de la clase obrera, su víctima principal, contestada con l a creación de una policía sanitaria y de las disposiciones urbanas del barón H aussmann, similares a las adopta das por el Gobierno británico . Más adelante, proliferaron encuestas y tratados higienistas ( T raite de la salubri té dans les grandes villes , de 1846, de los doctores Moufaicon y Polimiere) o, ese mismo año, el m emorial sobre la sit uación en Bélgica del jurista católico Edouar d Ducpétiaux, precedent e d el primer Congreso de Higiene Pública celebrado en Bruselas en 1852. Pero la higiene iba unida a la necesidad de construir nueva vivienda obrera. En Inglaterra, de nuevo Edwin Chadwick fue el promotor de la primera promoción para obreros de L ondres (1844), a través de una soci edad creada pa ra mejorar las condiciones d e vida de la clase trabajadora: su autor, Henry R oberts, crearía el modelo de v ivienda de dos plantas, con cuatro apart amentos y una esc aler a común, que inauguraría la atención europea por la vivienda obrera en la Gran Exposición de Londres de 1851 y que continuaría con la ate nción de las posteriores exposiciones universales. Aunque Chadwick no es el único: el ba nquero George Peabody – construirá un parque de unas cinco mil viviendas obreras en la ciudad de Londres desde 1860 - , Sydney Waterloo, W illiam Aust in o lord Rowton – que impulsa viviendas exclusiv as para desemp leados o recién l legados a Londres – , son algunos de los filántropos que encarnan la continuidad en la vocación por la Utopía. [ 81 ] Además del paternalismo de filántropos, la vivienda obrera y las condic iones higiénicas derivad as del alojam iento insalubre de los obr eros británi cos formó parte del debate político de aquellos años en toda Europa. En 1845 Engel s ya había denunciado esas condiciones d e alojamiento obrero en Manchester, en The condition of the working class in England , pero un inform e hecho públ i co en Berlín en 1885 sobre la situación de insalubridad de las viviendas de los obreros provocó protestas sociales y la s primeras medidas políti cas del canciller Bism arck . En Francia, por último, unas tímidas inversiones públicas acompañan a finales del siglo XIX y comienzos del XX a las d ecenas de construcciones promovidas por entidades benéf icas privadas, de viviendas eri gidas por las propias industrias , en especial de l a industria d el ferroca rril (López Díaz, 2003). Pero las condiciones de habitabilidad de los barrios desfavorecidos no iba n a cambiar dem asiado en la última década d el siglo XIX. La socie dad v ictoriana de la época se sensib i lizab a a través del libelo – The Bitter Cry of Outcast London ( El amargo grito de los desheredados ) – de un sacer dote, Andrew Mearns, que internó a la Inglaterra de aqu ellos años a travé s de barrio s que nunca había visita do . Poco s de l os que leen estas págin as tienen id ea de lo qu e son estas pesti lentes guaridas d onde miles de p e rsonas vive n hacinada s en medio de hor rores que nos recuerdan lo que hem os oído sobre los barco s d e es clavos. Para entr ar en ellas h ay que adent rarse po r patios n auseabund os a causa d e los g ases venen osos y mal ol ie ntes qu e resultan d e la acumul ación de agu as residual e s y de todo tipo de ba sura que yac e esparcida y q ue a me nudo flota bajo nu e stros pies; p atios en lo s que casi nu nca ent ra el Sol, ni el aire fr e sco , y que muy po cas veces han reci bido el e fecto benefici oso d el agua . (Hall, 1996 : 27 ) El am argo grito fue utilizado por un sens acionalista editor, W. T. Stead, quien en un editorial de su diario Pall Mall Gazette , publicado en octubre de 1883, escribía que “l os horrores de los barrios pobres son el gran problema nacional que la religión, el país en general y los polít icos d e Ingl aterra deben solucionar” (Hall , 1996: 24 ) . Y, además, provocó la creación de una Co misi ón Real, en 1885, y de un nuevo i nforme que desembocó e n la l egislación que aprobaba la creación de la Housing of Working Classes Act (1890), por la que los municipios intensificaban sus acciones jun to a las buildings societies , una especie de coop erativas creadas ya en 1836, y propi ciaba la [ 82 ] labor del recién creado London County Council (institució n administradora del área metropolitana de Londres, 1888) para la transform ación del hábi tat obrero en ba rrio s y edificios. The Bitter C ry también tuvo consecu encias para la cien cia social. U n armador de Liverpool, Ch arles Booth, impulsó la prim era encuesta social moderna en el East End de Londres: cifró en 314.000 los pobres de Londres, el 35% de la població n; una extrapolación a toda la ciudad suponía que un millón de londinenses eran pobres. Y los clasificó en cuatro catego rías: e l grupo A, vendedores y m úsicos ambulantes, pequeños crim inales y va gos, “ l os clásicos pobres victorianos ”, un 1,25% d e la poblac ión; el grupo B, el 11%, en “necesida d crónica”; el grupo C, “gente que luchaba y sufría sin esp eranza”, un 8% de la población londinense; y el grupo D, un 14,5%, con ingresos regulares pero bajos, que soportan vidas muy duras con la esperanza puesta en su s hijo s . Los resultados, convertidos primero en Fa cts for Socialists y su s e cuela Facts for London ers , vendió 70.000 ejemplares en ocho años con la conclusión d e que “en Londr es, una persona de cada cinco morirá en el asilo, en el hospital o en el manicomio” (Hall, 1996: 26-38). 3. EL NACIMI ENTO DEL URBANI SMO: CARI SMAS CRE ATIVOS Y ZONIFICA CIÓN La vinculación entre espacio soñados – Uto p ía, Isla – , espacios creados – urbanismo, vivienda – y espacio social p e r maneció vigente e n el tránsito que condujo desde las quimeras socialist as utópicas y las propuestas fil antrópicas e higien istas del XIX a la génesis del Movimiento Moderno en pleno siglo XX. E se tránsito hizo convivir en el nacim iento del urbanismo moderno dos conceptos fundacionales que dibujarán el m apa de las ciudades del siglo XX: el inicio de una regulación estructura l, a través de la zonificación , en conjunción con las fantasías im aginadas de carism as personales y cre ativos individu ales , sujetos a l a tensión en tre su fanta sía artístic a – “en la que la arquitectura estab lece su lugar como práctica artí stica a la vez que ocupa el lugar del con structor” – y su fantasía u rbana – “el deseo de la arqui tectura de domestica r la fuerzas económ icas y políticas incontroladas que atraviesan el cuerpo urbano para imponer un orden” (Gandelsonas, 2004 : 160 ) –, c o mo ma s c arones de proa de corrientes, movimientos o tendencias en [ 83 ] persecución, cad a una, de una con secución idílic a de la relac ión entre vivienda y las consecuencias so ciales de la sociedad industrial. F ue Inglaterra, nuevamente, el origen de un proceso evo lutivo bicéfalo: el movimiento Arts and Crafts y las prim eras ciudades - jard ín. W illliam Morris vinculó precisame nte en Arts and Crafts su capacidad crea tiva a sus ideas ant i - industriale s , hasta el extrem o de fundar su propi a Liga Socialis ta hasta su mu erte, auspiciando la obra de arte total desde la recreació n del mundo artesano de los talleres (López D íaz, 2003). E n un r ecorrido en el que los liderazgos creativos son p arte indis oluble de los ideales urba nísticos, sobresale l a figura de Ebenezer Howard (1850- 1928), quie n or ientó y sistem atizó , por su pa rte , la rut a de la vivienda social europ ea hasta los años 30, con el establecimiento de los p rinc i pios de la ciud ad -jardín – la colonia obrera suburbana – que recogería, en buena par te y poster iormente , una nueva propuesta teórica, el Garden Movement . Con una sola obra, Garden Citie s of To morrow ( Ciudades jardín de l mañana ), publicada ini c ial m e nte en 1898 y reeditada con su nombre definitivo en 1902, Howard ideó una Ciudad -J ardín para 32.000 personas que vivirí an en unas 400 hectáreas, que se ampliaría de f orma policéntrica y que un a vez superados sus límites inicia les se conv ertirí a en una Ciudad Social, con un tercer imán que se denom inaría Ciudad Cam po bajo lo s lemas libertad, cooperación , la razón de ser de la propuesta : una organización local y de autogobierno (Hall, 1996). Las propuestas de soluciones urban ísticas ideali zadas seguirían ad jetivando a la ciudad durante el p rim er tercio del sig lo. A la Ciud ad -J ar dín, que se proponía como un mecanismo de difusión ciudadana, se unía como alternativa de superación de la Ciudad I ndust rial – que a su vez hab ía sucedido, m ediante la separa ción de vivienda y trabajo, a la Ciudad Tradicional, el organismo urbano gestado a tr avé s de largos procesos históri cos –, la Ciudad C oncentr ada, que aceptaba la alta de nsidad y la construcción de grandes edificios. La Ciudad Concentrada adoptó , a su vez, dos expresiones: la manzana cerrada con zonas v erdes – las H ofes vienesas, el Ha m burgo de Fritz Schum acher y el Berl ín de Whondestadt de Carl Legien – y los bloques abiertos, con dos propuestas nuevamente cari smáticas: Le Corbusier y su Ciudad Contemporánea (1922) – 24 rascacielos de 60 plantas, en una ciudad rectángular d e 6,4 por 4 kilómetros, con un centro de negocios central y sustentado en la jerarquización geométrica – y la Ciudad V ertical (1924) d e Hilbeisermer – con la superposición de cinco plantas de locales de trabajo y com erc io y quince plantas d e vivienda (Fernández Prado, 2010: 15-16) –. [ 84 ] Todas esas iniciativa s en l a transición entre siglo s – el final del X IX y las tres primeras décad as del siglo XX – co nvivieron y formaron parte , a la vez , d el mo men t o fundacional de la urbanística moderna – en el que l a preocupación forma l deja de ser objeto principal de preocupación, a favor de la di stribución igualita ria cua ntitativa de l es pacio urbano , siguiendo las ideas que teóricos como R ud Eberstadt, Theodor Goecke, Herman Jansen, Werner Hegemann, tuvieron la ocasión de expon er públ icamente en las Ex posiciones Interna cionales de Urban ística de Berlín (1910) y Düsseldorf (1912) – , etapa que d io paso rápidamente a una s ituación de ruptura en tre urbanística y arquitectura, en la que se emprende el camino que conducirá , finalmente, a la pl anificación urbana (Bescós Olaizola, 1984 : 45). Ya no serán propuesta s personales, c arismas creativos, ni s iquie ra movimientos, corrientes o tendencias carismática s, sino una propuesta estructural y u niformadora. La zonificación será la v erdadera herram ienta conc eptual que vinculará la génesis de la vocación por el urbanismo planificado de finales del sig lo XIX y a l Movimiento Moderno. El Plan Regulador aparece en Frankfurt en el año 1891, y al intentar integrar dentro de sí toda la variedad urbana, “l o hace por el úni co camino en el que es posible realizar sínt esis cuando la realidad contien e una gran complejidad d e atributos, es decir, por el cam ino de la abstracción , esto es , de l os indicadores estadíst icos, es decir, el zonning por densidad y usos” (B escós Olaizola, 1984: 49). La zonificación del Plan Regulador, nac ido en el Frankf urt del alcalde Adeckis, ser á posteriormente un i nstrumento institucionalizado y experimentado en la deriva funcional - organic ista del urbanism o, p e ro será más adelante, con l a celeb ración del IV de los C ongresos Internacio nales de A rquite ctura Moderna – l os con oc ido s co mo CIA M – y la posterior publicación de la Carta de Aten as, cuando la zonificación se convertirá en canon y establecerá los objetivos del urbanism o moderno , la disposición, superficie y situa ción precisas de las dif erentes zonas ( fun ciones) que inte gran la ciudad – habitació n, trabajo, rep oso, circulación –, y u n estudio riguroso de los planos que deben fijar el desarrollo de la s distintas zonas, según una ley or gánica y de acuerdo con las nece sidades de cada una de ellas fijando “ las relaciones y enlaces entre las zonas de habitación y las de traba jo y reposo de tal forma que el c iclo diurno de las actividades – habitar, traba jar y recupe rar fuerzas –, se produzca dentro de una economía estricta de tiempo ” (Bescós Olaizola, 1984 : 58 - 59). [ 85 ] Con la zonificación, el urbanismo moderno había adoptado uno de los pilares de su propuesta, hasta establ ecer unos objetivos generales. P ara que la zonificación alca n zara es e est a tuto unive rsal , los CIAM habían recorrido antes una amplia singladura : los cimientos d e su ur banismo se ha bían ido asentando con el ensayo de Walter Gropius Arquitectura Internacional (1925), su desarrol lo de los Siediun g (1926-1928) – proyectos que surgían del entorno rural, y donde desde una p laza central se distribuía un a red de pequeñas calles radia les flanqueadas po r una cortina continua de casas ba ja s con hue rto trasero i ndividual – ; la exposición de la We rkbund en Stuttg art , en 1927, la W eissenhofsie diung de Mies van der Rohe, un com plet o barrio de exposición concebido como manifiest o internacional de los nuevos prototipos habitacionales; hasta alcanzar la corriente homogeneizadora de los congresos CIAM: de hecho, las tesis de l II CIAM (Frank f urt, 1929), bajo el lema de la vivienda m ínima , dedicado al análisi s científic o de las tipologías habita cionales, los niveles m ínimos de la vivienda y la altitud y el esp aciado de las edif icaciones, interesados por un u so más raciona l del terreno y la sup erficie; y al año siguiente, el III C IAM , celebrado en Brusela s , con e l eslogan M étodos constructivo s racionales , con la aportación – otra vez – de Walter Gropius en su conocido informe Los presupuestos sociológicos de la vivienda mínima , un análisis de la vivienda q ue ejerció una enorm e influencia en los años 30 y en la recons truc ción tra s la Guerra Mundial, supusieron “ un gran esfuerzo por parte de los a rquitectos ‘innovadores’ para afrontar y reso lver la d u alidad ca ntidad - calidad en las viviendas de las grandes ciudades, e sfu e rzo que dentro de los propios CIAM represe ntó consecuentemente el momento de mayor ‘ co mpr o mi so ’ con los problemas políticos y soci ales” (Aymonino, 1976 : 98). Pero el mom ento cumbre de la reflexión estaba por llegar. Y n uevamente de la mano del carisma. Le Corbusier no había parado de imaginar y había sustentado su Ciudad Contemporánea en Hacia una nueva arquitectura , que publicó en 1923, en la revolución social de la nueva arquite ctura basa da en la industria, subrayando la crítica al mal alo ja miento de las clases trabajadoras , y en 1933 un n uevo adjetivo se añad ía a la ciudad en las reflex iones colectivas del IV C IAM: la Ciudad Funcional. Una ciud ad funcional que proyectaría conceptualmente sobre el papel Le Corbusier en la conoci da como C arta de At enas (Aymonino, 1976 ). [ 86 ] 4. LE CORBUSIER Y LA CARTA DE AT ENAS: LAS CARTAS MARINAS DEL GUÍA UTO PIANO L a crisis de la vivienda af ectaba a millones de personas e n los años de juventud de las generaciones que concibieron el Movimiento Moderno, y eran conscientes de que el urbanismo no era solo una cuest i ón de form a, sino que se había convertido en un problema de salud pública. Por ello la C ar ta de A tenas, redactada por Le Corbusier a partir de las con clusiones del IV Congreso CIAM – celebrado en 1933 en un cr ucero Marsella - At enas – t enía algo de diagnóstico m édico. Habl aba de la bi ología y la psicología de los ciudadanos y abundaba en términos como ‘órgano’, ‘cáncer’, ‘salubrida d’ o ‘patología ’ (García Vázquez, 2009). A la Isla de Utopía sól o se llega por mar, y no de forma fácil – “l as demás rocas, oculta s bajo el agua, son verdaderam ente peligrosas. So lamente los naturales d e la isla cono cen los pasos, y po r consiguiente m uy pocas veces en tran extranjeros en esta bahía si no van acompañados de un guía ut opian o” (Moro, 2010 : 51 ) –, sin un explorador que ya haya conocido el rumbo que conduce a su interior. Por ello debe resultar coh erente con el relato de la teoría urbanís tica que fuera a bordo de un crucero , el Patris II, en pleno m ar y rumbo a Atenas desde Mars ella, en agosto de 1933, donde los miembros del IV Congreso CIAM llegaran a las conclusiones que sirvieron a Le C orbusier para redactar la Carta de Atenas, una suerte de ca rtas marinas para la navegación de las ideas corbusianas en el proceloso m ar del ur banismo contemporáneo, publicada una década m ás tarde. Y debe ser igualmente coherent e que fuera Le Corbusier, que ya se había internado con propósito i ndividual en el conocimi ento del sueño urbano, el guía utopiano que llevara el timón de una tripulac ión que siem pre fue más amp lia. La vivienda es un fenómeno biológico ( Cor busier & Jeanneret , 1976) , comenzaba n a mbos autores su Análisis de los elementos fundamentales en el problema de la ‘vivienda mínima’ , un documento que formaba parte de e se II Congreso I nternacio nal de Arqu itectura Mo d er na consagrado a la vi vienda para el mínimo nivel de vida. Tanto ese congreso, celebrado en Frankfurt en 1929, com o el desarrollado un año después en Bruselas y de dicado a los Mé to d os constructivos racionales. Casas bajas, medias y a ltas , suponen buena parte d el su strato teórico que conducirá pocos años despué s a la Carta de Atenas. De ahí que la consideración de la vivienda como fenómeno biológico , un concepto que formará parte sustancial de la [ 87 ] Carta, fueran precisam ente las prim eras palabras de su contribuc ión d irecta al II Congreso CIAM. Era sólo el inicio de un análisis que en buena medida supone, junto a buena parte de los document os de los CIAM mencionados, la géne sis intelectual d e l a Carta de Atenas y de sus elem entos : la casa funcional – “la vida d oméstica consiste en una serie r egular de funciones precisa s” –, humanizada – “ respirar, ver oír, o aire , sonido, luz” – , a escala hum ana – “para cada fun ción es necesaria una capacidad mínima tipo, estándar, necesa r ia y suf iciente ” –, l a consideración social de la vivienda – “ la vivienda mínima (instrumento so cial indispensable en la época pre sente) ” –, la salubridad –“ ¿P ara qué sirven esto s pilotis ? Para sanear las viviendas, perm itiendo el e mpl eo de materiale s aislan tes ” –, pero también la segr egación – “s egún el problema (capacidad), según el rango social, la cat eg oría del habitante (modo de vivir), según el sol, el viento, la situación topográfica (urbanismo) el arquitecto de equipamiento podrá inventar conjuntos biológic os estándar” –, la uniformidad – “la estruc tura será estándar, los elem entos de la casa, los obje tos del e quipamiento serán estándares, sobre una serie de m odelos establecidos a una justa escala hum ana” – , o la universalidad – “los métodos industriales […] deben l legar a ser útiles bajo todos los climas” – ya se encuentran presentes en su refle xión so bre la vivienda mínima (Corbusier & Jeanneret, 1976: 126- 138 ) . Pero es una nave con tripul aci ón, no so lo t imonel. Walter Gro pius, otro nombre propio de la arqu itectura y el urbanismo de esa cen tur i a, forma parte activa con sus documentos de los congreso s CI AM. La consideraciones sociales form an parte de la reflexión de ese congreso que exige – entre exclam aciones – l a vivienda mín i ma . En corresp ondencia con las característ icas más acent uadas de la v ida ind ividual en el ámbito de la socieda d futura y en corr e sp ondencia c on la justa e xigencia del individ u o a aislarse temporalme nte del mundo ci rcundante, se deberá enuncia r la exigencia i deal mínima: ¡Un a habitaci ón, aun q u e pequeña, p ara cada per sona adulta! La vivien da míni ma resultan te de estas consider aciones prev ias repre sentar ía el mínimo práct ico neces ario para realizar su fin y su sig nificado : ¡la vivi enda están dar! (Gropi us , 1976 b : 121 ) [ 94 ] humanas” . A partir de 1956 el Gobierno británico empezó “ a dar tres veces m ás por una vivienda en un bloque de qui nce pisos que por una casa” con la consiguiente repercusión: a finales de 1950 los bloques de cinc o pisos o más eran el 7 % del tota l en Gran Bretaña, porcentaje que aum entó al 26% en la década de 1960 (Hall, 1996: 230- 235). En Estados Unidos, también la intervención pública, mediante la inversión de dinero federal en la renovación urbana , y los urbanistas corbusianos provocaron e l método del ‘Bulldozer federal’ , que recorrió todo el país: una polí tica d e renovación de viviendas supu e stamente para las clase s más desfavorecidas qu e, en marzo de 1961, había destruido cu atro veces más viviend as que las que había constr uido : “el 40 por ciento de las nuevas construcciones no eran viviendas, y las que se hicieron eran bloques altos d e apartamentos edificados privadamente por las que habí a que pagar alquileres elevad os” (Hall, 1996: 238-244). 6. ESPAÑA: LA “AUTO RIDAD ES PECIAL” DEL FRAN QUISM O El polígono se había convertido as í en la referencia principal de la producción de viviendas del capitalismo industrial occidental. España se iba a convertir en u no de los países adoptantes más fiel es a las ideas co rbusia nas, toda vez qu e la “autoridad especial” pa ra la consum ación de los postulados que r eclamaba el cread or suizo existía en España en forma de dic tador y de una política de vivienda dirigida de manera centralizada. La autoridad especial con propósito de intervención políti ca d irect a que anhelaba Le Corbu sier se pretendía igualmente en E spaña tras la Guerra Civil, donde en la I Asamblea Nacional de Arqu itectos se emplea, de manera im precisa, los conceptos de “nueva ciudad”, la “ciudad nuestra” o “la Ciudad del Movimiento” (J iménez Díaz & Rubio Díaz, 1980: 60 ) , en la búsq ueda de una expresión arquitectónica que hiciera visible la nueva autoridad política y partidaria victoriosa, y que se concretará en la abstracción teórica de la “c iudad falangista [ …] un estilo arquitectóni co capaz de expresar la i dea del resurgir nacional ” (Terán, 1999: 229). La llegada de los polígonos corbusianos y su vinculació n con lo social se produciría por su capacidad de antí doto contra el chabolis mo. La estrategia est atal franquista se había ini c ia do con el Plan Nacional de Regiones D evastadas, por las que [ 95 ] la propia Jefatura del Estado adoptaba la reconstrucción de los poblados que habían sido destruidos en más de un 75% , y la Ley de Viviendas Protegi das (1939 -1954) ( Terán, 1999: 230 -232). A nte la lle gada masiva de inm igrantes a las dos ciudades más pobladas del Estado – Madrid y Barcelona – se incrementó en los años 50 la producción de vivienda de nivel bajo a t ravés de dos instrumentos institucionales – el Instituto Nacional de la Vivienda (INV) y l a Obr a Sindical del Hogar (OSH) – y dos herrami entas para la reactivac ión de esa c onstrucción – viviend as protegidas, dependientes del INV, y las viviendas bonificables, de la Junta Nacional del Paro, ambas del Ministerio de Traba jo – dentro del I P lan Nacio n al de la Vivienda (1954- 1960 ). Esas viviendas bonificables constituían una “trampa ” ( Ter án, 1999: 232 ) p ara la construcción de viv iendas de m ayor calidad y sin límite de p recio con ayuda estatal . Esa vocación que vinculaba lo político, lo soc ial y lo urbanístico dio lugar a una dinámica intensa de construcción de vivienda, “el ritm o más alto en la historia del país” ( Terán, 1999: 234 ) . La Ley de Régimen del Suelo y Ordenación Urbana (1956), que suponía la adopción de la zoni ficación y la planificación; la creación del Ministerio de la Vivienda (1957), el Plan de Urgenci a Social de Madrid (1957) y la Organizaci ón de Poblados Dirigidos (1957 ); el segundo Plan Naci onal de la Vivienda (1961-1976); pero, sobre todo, la creación de la Gerencia de Urban ismo (1959), serían algunos de los hitos de esa po l í tica franq uista para la vivie nda ( Terán, 1978) . La creación de esa Gerencia d e Urbanismo supondría una f ractura cualitativa respecto de la Ley de Régimen de Sue lo, que había introducido la zonificación, el planeamie nto y las garantías lega les respecto de l a propiedad del sue lo. Con l a pretensión de conciliación de la urgencia falangista por atender la necesidad social de vivienda y la producción consecuen te de más casas ( Terán, 1999 : 246 ) , la Gerencia de Urbanis mo qu iebra el legalismo y la prudencia planificadora de la Le y del Suelo para poner a disposición del Inst ituto Nacional de la Vivienda (INV) suelo al margen de los Planes de Ordenación, m ediante Planes Parciales qu e los desoyen, y la política de vivi enda socia l “pasa de ser desa rrollada por m edio de polígonos de talla media a la ejecución de enorme actuacione s que constituían unidades urban ísticas nuevas de gran envergadura” (Terán, 1999: 247). No solo la necesidad soc ial impulsaba en Esp aña la construcción de polígonos sociales de vivienda. El desarrollo económico y la generación de empleo propiciaba una actividad constructora permanente. Al igual que en el ámbito anglosajón y en el escandinavo , y que en Francia y Brasil , en España también queda pat ente “la [ 96 ] vin culación del periodo de construcción masiva de polígonos de vi viendas con un período de fuerte desarrollo económico, donde la construcción de viviendas, pautada en la partici pación de las const ructoras privadas, s e ha constituido en un factor m ás de la reactivación eco nómica, por la creación de e mpleo en el sector de la construcción civil” (Blos, 1999: 62 ) , aunque ese desarrollo económ ico no s e a del todo coincidente en el tiempo en los casos español y fr ancés respecto del b rasileño. 7. LA CRÍTI CA CONT EMPORÁNEA AL ÁRBOL A RTIFI CIAL Los últimos años del franquismo iban a mantener la construcción de polígonos de viviendas como antídoto no ya sólo contra el ch abolismo, su misión inicial, sino para la producción de espacios u rbanos de segregac ión , en una planifica ció n tan social y política como urbanística. Las activi dades prod uctivas, el nú mero de h abitantes, las categ orias so cio - profesio nales, el sist ema de vid a, están ya con cebidos prev iamente y obed ecen a unas finalidades político - econó micas muy concretas: d e scongesti ón de las grandes ciuda des metropoli tanas, o, en algunos casos, la pot encializaci ón industr ial de algu nas áreas económica mente atrasad as. (Tello, 19 74: 179) A l igual que se producían espacios masivos para los obrer os del desarrollism o y el tardo fr anquismo, se generaban las críticas y las adver tencias sobre la solució n escogida. España, su s académicos y a través d e ella su socied ad , no era ignorante ni ajena a las censur as q ue ya tam bién eran globales , en los m ismos años en que continuaba de maner a pe rmanente es a pr oducción urbana, hasta el punto de que la fundación Foessa 2 dedica a la vivienda uno de s us prestigiosos informes , en 1972, y censura directam ente las coordenadas de las ca rtas marinas orientadora s de las que se habían nutrido Le Corbusi er y su seguidores. En ese inform e 3 , se c uestiona la 2 La Fun dació n Foessa (Fom ento de Es tudi os Socia les y de Sociol ogía Apl icada ) se co nstituy ó en 196 5 y fue clasificada como de car ácter benéfico - docent e por orden del Mi nisteri o de Educa ción Nac ional el 17 de ene ro de 196 6 (G ó mez - Morán, 1972) . 3 Arquitecto español adscr ito a misiones de la ONU , según figura e n el peri ódic o ABC del 7 de may o de 1974 (p. 58 ) . Mario Gómez - Morán Cima no era precisamente un desconocido en el ámbito acad émico y polític o de esos a ños. P rofesor de la cátedra de vivienda social de la ETS de Arquitectura de Madrid, estuvo ad scrito a la Unión I nternac ional de Arquit ectos a nte l a C EE y a misiones en materia urb anística de Naciones Unidas. [ 97 ] naturaleza funcional mism a de la vivienda , y advierte so bre la necesidad de una interpre tación social del problem a de la vivienda – “ e l funcionalismo […] suele basarse en un desconocim iento de los hábito s sociales del usuario ” (Gó mez -Morán, 1972: 201) –, el p eligro de las ba rriadas segregadas – “e l prob lema es evidente, porque a la tendenc ia natural segregativa s e sumaría una of erta selectiva, destin ada cas i en exclusiva a cie rtas clases sociales, tendencia de resu ltados muy perjudicia les” (G ó mez - Morán, 1972: 76) –, y los efectos del desarraigo – “t odo cambio de ambiente comienza por originar un desarraigo con pérdida en el cuadro de va lores personales ” (G ó mez -Morán, 1972: 229) –. Las críticas eran , sin em bargo, de un tono m ucho más ácido en el ámbito anglosajón, y se habían iniciado una década antes, en los años previos a la muerte de Le Corbusier, con la publicación, en 1961 , de Vida y muerte de las grandes ciudades estadounidenses , que “rápidam ente se co nvirtió en uno de l os l ibr os más influyent es de la histo ria del u rbanism o” (Hall, 1996 : 245 ) . Su autora, Jane Jacobs, una divulgadora científ ica y activist a canadiense, criticab a duram ente las d os tendencias sobre la s que se basó la planif icación urbanística d urante el medio si glo previo, la Ciudad-J ardín y a los corbusianos, a los que acusaba d e plas mar en la ciudad exclusivamente el fruto de sus egos , y consider aba que la plan ificación er a esenc ial mente pa ternali sta e incluso auto ritaria , en la estela de la crít ica a la “autoridad especia l” reclamada p or Le Corbusier. D esde Berkeley llegaban, en 1965 , finas censuras académicas a las f ormas de pensamiento que h abían generado l as ciudades artificiales. C ristopher Alexan der, un arquitecto alem án, r eivindicaba e n La ciudad no es un árbol la necesidad de entender la ciudad como la estruc tura de la semi - tram a – “una estructura más compleja y sut il ” (Alexander, 1968 : 22 ) – y no con la simp licidad del árbol. Las ciudades artif iciales, “las que han sido cread a s, en todo o en par te, po r diseñadores y planif icadores […] carecen de algún ing rediente esen cial ” (Alexander, 1968: 20 ), y a éstas atribuía Alexander la f orma del árbol : “La falta de complejidad est ructural caracter ística del árbol es la que está mutilando nues tra concepció n de la ciudad” (Alexander, 1968 : 22) , decía Alexande r, y concluía que “si cons truimos ciudades que son árboles, ellas cortarán nuestras v idas en pedazos” (A lexander, 1968 : 30) . Aunque la censura más ef iciente llegaba de la propia realid ad, la implementación d e las ciudades artificia les denunciadas por Alexander . En España, [ 98 ] en el polígono La Paz, en Murcia, las casas se entregaron en 1965 a sus nuevos moradores sin equipamientos ni zonas verdes (García & M iguel, 2013) . En Ciut at Badía, la propaganda del Ministerio de la Vivienda proclam aba en 1974 que en dicho po lígono, prev ist o para 25.000 habitantes, se podría e studiar bachillera to, ir a mis a , poder ser visita do en un ambulatorio por tres médicos y un pediatra, ir a un centro social, com prar e n un supermercado o en pequeños comercios, ir a un cine, poner un telegrama o certificar u na carta, tener una resi dencia de ancianos y un edificio con gestor, médicos, abogado s, así como disponer de una pis cina, seis pistas de tenis, un campo de fútbol, un a pis ta de patinaje, tres pistas po lideportivas y un gimnasio, una c iudad feliz que contrastaba con las adv ertencia al Gobierno centra l del alcalde de Barberá, uno de los municipios donde se enclavó finalmente el polígono, de que “ no era aconsejable el as e ntamiento de la población en una ciudad falta de agua potable, sin accesos directos y sin escuel as ni servicios de ninguna clase ” (Sánchez, 1982 : 154). El caso más drástico se vivió, en 1972, en Pruitt - Igoe, en St. Louis. El proyecto, del arquitecto Minoru Yam asaki, ganó un pr emio tras su inauguración, en 1951. Entre 1955 y 1956 se terminaron treinta y tres bloques idénticos, con 2.800 apartamentos. Ya durante la inauguración se estropeó uno de los ascensores, y los edificios estaban mal equipados, sin vent ilación y con d ificultades para su mantenimiento. En 1965 más de dos terceras pa rtes de s u s habitantes era n menores de edad , el 70% menores de doce años , las m ujeres eran cabeza de familia en el 62% de las familias, el 38% de los pisos estaban h abitados po r personas sin empleo. Los bloques comenzaron a deteriorarse, hubo explosiones de gas. En 1969 los inqui l inos dejaron de pagar los alqui le res de las viviendas sociales. En 1970 el 65% del nuevo barrio estaba desocupado, 28 de los 34 ascensores ya no funcionaban. “En 1972, aceptando lo q ue era inevitable, las autorida des p úblicas de cidieron d emolerlo” , deiciséis años desp ués de su premiada inauguración (Hall, 1996: 247-248). Eran situaci ones y críticas ac adémicas contem poráneas al desarro llo tardío de las ideas corbusiana s y, en el caso español, en convivencia con la existencia de l régimen político f ranquista. Muchos años d espués, las evaluaciones d isfrutan de más perspectiva y siguen sin poder eludir la crítica. En un análisis comparado de los casos francés , brasileñ o y es pañol, se subrayan las consecuenc ias urbanísticas de estos polígonos dado que “ las políticas de viviend a fuertemente centra lizadas se han llevado a cabo, a menudo, desconect adas de la realidad urba na y de las necesidades [ 99 ] reales de vivienda en ámbito m unicipal ” (Blos, 1999: 62 ), se subraya la incentivación de “ la periferización del crecimiento urbano y la construc ción de áreas residenciale s totalmente desv inculadas de la m alla urbana existen te ” (Blos, 1999 : 62 ) . Sin embargo, algunos auto res p onen el acento de la problemática de la integración de los polígonos de viviendas públicas en la c iudad no de forma exclusi va en sus características urba nas o edificatori as, sino en su estrecha relació n con las características socioeconóm icas de la poblaci ón residente , objeto de segregación , dado que “ la excesiva unif ormidad de la pob lación residente, bien como sus car acterísticas soc iales en algunos polígonos ha sido también una fuente de p roblemas en el funcionamiento interno de los barrios y en su relación con otras áreas ur bana s tradicionales ” (Díaz i Gómez, Ferrer i Aixalà, & García i Riera, 1992 : 159). E n el caso f rancés, la evaluación de la política de con strucción de grands ensembles , concluida en 1973, y dada la radical d i fere ncia de concepción urb anística que supuso como propuesta con “condiciones frecuentem ente difíciles para una v ida a escala hum ana” (Blos, 1999: 159), se cita la ruptura en relación a los cen tros urbanos existente s favorec iendo la creación de g uetos, el alejamiento agravado por l as dificultades de conexión con los lugares de la vida cotidia na – locales de t rabajo, centros adm inistrativos y sanitarios, establec imientos escolares y univers itarios, locales de o cio y comercio – y el “brutalismo espacia l ” (Blos, 1999: 159), que rompe l a escala de las relaciones so ciales , como resultados de los procesos sociales generado s en el seno de est os pol ígonos. Los resultados parecen haber sido, al igual que la const rucción de los polígonos, de consideración cas i universal, h asta el extrem o de q ue, como form a de intervención – “tant os años de una polític a residencial desafortunada en el planeamiento y en su implem entación han acabado por desacreditar el instrumento más habitual de construir un fragmento unitario de ciudad, e l polígono, cuyo nombr e ha pasado a tener una componente peyorativa ” (Ferrer i Aixalá, 1996) – adoptaron una identidad de desconsideración global. L a evaluación sobre el desacreditado políg ono, y de las sentencias intelectuales de la Carta de Atenas d e las que surgió , llega a alcanzar tonos am argos , cuando cuar enta años después de iniciado el de bate por la ‘casa a lta’ de la Carta d e Atenas se reabre con la acusación a sus blo ques en altura “ de ‘ali enantes’ […] la modernidad apostó por la prefabricación y la estandarización, por una ar quitectura de masas const ruida para las m asas. […] El modelo urbano resultante fue un espacio [ 100 ] isótropo puntuado por una secuencia ina cabable de idénticos bloques en altura que flotaban en un océano verde ” (García Vázquez, 2009: 216). Y apuntan al propio Le Corbusier, a su contexto personal, a su clase social y situación familiar, dado que los espa cios con g randes densidades de población re quie ren grandes presupuestos “que no puede esperarse de las viviendas subvencionadas públicam ente” (Hall , 1996 : 2 38) , y esgrimiendo la incide ncia de sus propuestas en los niños, dado que “a menos que puedan jugar durante la infancia, al crecer se convertirán en un problem a” (Hall, 1996: 238). “Evidentemente, Le Cor busier desconocía toda esta problemática porque era de clase med ia y, además, no tenía hijos” (Hall, 1996: 238), se concluye. La crítica a Le Corbusier, por mor del enorme influjo que sus ideas ejercieron sobre el paisaje urbano , pero también sobre las vidas de millones de familias y ciudadanos, se co nvierte casi en ajuste de cu entas . El daño que hi zo Le Corbusie r le ha sobrevi vido; es pr obable que lo bueno haya quedado ent errado e n s us libros, que nadi e lee por la s imple razón de que son ilegible s. (Hay que de cir que los di bujos r e sultan a veces inter esante s porque nos muestran su capacid ad como d ibujan te). Pero h ay que hacer un g ran esfuerzo para compre nderlo porque, e n el sigl o XX, su influenc ia sobre e l urbanismo ha sido enorme. Pare ce , pues, que la os cu rida d no es una barrera para la com unicación, por lo menos pa r a s e gún cuál. Sus id eas, forjadas en tre la in telectualid ad parisin a de los años 1920, s e utiliz aron entre 1950 y 1960 para planifica r las vivienda s de la cl ase obrera en S heffiel d, St. Lo uis y cientos de ciu dad es; los resu ltados ha n sido discutib les en el mejor d e los casos y , en el peor, catastrófi cos. Cómo y por qué llegó a suceder est o es una de l as historias más cu riosas, pero también meno s cu e stionad as, de la histo ria intelectu al de la plan ificació n moderna . (Hall, 1996 : 216 ) Igualmente contundente, la crítica a Le Corbusier y a su consideración de divinidad moderna, desde la demoledora ironía , responde a su participación en la desposesión del derecho a la ciudad. […] por l o que resp ecta a Le C orbusier se co mport a c omo un filó so fo de l a ci udad […] El func ionali smo reduce así la so ciedad ur bana a la eje cución d e algunas funcion es previstas y prescritas sob re el terreno por la arq uitectura . Semejan te arq u itecto s e con sidera un “hombre de s íntesis”, p ensad or y practi cante. Cree y quiere crear las rela ciones h umanas d efin iéndolas, concibiendo s u marco y su ambientació n. [ 101 ] El Arquit ecto, en una pe rspect iva que toma como punto de re ferenci a horizont es bien conocidos por el pens amiento, s e p ercibe y concibe co mo Arquitect o del Mu ndo, image n humana de Dios creador . (Lefebvre , 1975 : 60 ) Una “indispensable […] crítica rad ical tanto de las filosofías de l a ciudad como del urbanismo ideológico, sobre el plano teórico y sobre e l plano práctico” (Lefebvre, 1975: 62 ), a la que han debido consagrar sus vid as muchos de quienes se vieron habitando la utopía otorgada. [103] V . LOS CIMIEN TOS DE EXC EPCIÓN E N EL EPÍLOGO DE LOS GRANDE S POLÍGONO S Puede deci rse que q uien cono ce una ciudad l as conoce to das, tan se mejantes so n unas a otras en la medida en q ue lo per mite la natu rale za del lugar . Os de scribir é una cualquier a de ellas , pero ¿por qué n o escoger Ama urota? Es la más d igna de el lo […] Utopía. Tomás Moro Las experiencias – y la reflexión académ ica – que advertí an sobre el esc aso éxito de la solución urbanística en form a de polígono como tipología de asentamiento pa ra albergar a fam ilias con escasos recursos econ ómicos , en el contexto español y en el ámbito internacional, no impidieron que ésta fuera la sol ución adoptada, nuevamente, en la última de las actuaciones del Minis terio de la Vivien da, a través del Ins titut o Nacio nal de U rbanism o (INUR): la prod ucción de los grandes polígonos, entre ellos el último, el Polígono de Jinámar. Las Palmas de Gran C anaria y su entramado urbano se d esarrollaba en v irtud de su configuración so cial, en un proceso de privilegio económico y político de determinados grupos profesionales m ediante l a ayuda pública a la vivienda . Entre 1956 y 1978, un 83,6% de las viviendas que habían recibido algún tipo de ayuda pública tenía más de 90 metros cuadrados, y el 48,2% no superaba los 70 metro s cuadrados. Las viviend as de más de 120 m etros cuadrados se en contraban en zona s como Santa Catalin a, Guanarteme, A lcaravaneras, Prim ero de Mayo o Tomás Morales, así com o en la Avenida Marítima o en la Avenida de Escalerit as. Es decir, en ubicaciones de c entralidad urbana, o de expansión en contigüi dad con la ciudad. Las casas de más de 9 0 metros cuadrados se encontraban en ámbitos periféricos. Los principales beneficiarios de esas ay udas públicas a l as viviendas eran f uncionarios del régimen franquista, m ilitares y co lectiv os profesi onales de clase media – funcionari os de Hacienda, en la Avenida Mesa y López, funcionarios del Cabildo de Gran Canaria, en la Avenida Marítim a, como casos paradigm áticos –, con un doble objetivo: político – el sostenimiento de las adhesio nes al régimen – , y económico – objet ivos macroeconóm icos, empleo y sostenim iento de determinadas em presas – (Parreño Castellano , 2003) . En contraste, las prom ociones públic as de vivienda social pa ra la clase obrera no gozaban de esas di mensiones en sus vivien das. Las viviendas de la barriada de [110] Tabla 1 . PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1942-1956) LAS PALMAS G C - GESTIÓN PÚBLI CA EXC LUSIVA ES TATAL Nombre Barri o Promotor Fecha Viviendas Tipología Tipo asentamient o García Escámez Escaleri tas Mando Econó mico Ayt o. 1942 422 Unifam iliar en fila Ciudad - ja rdín Nª Sª del Carmen La Islet a Ay to. 1944 76 Bifam iliar en fila M anzana cerrada manzana abierta General Franco Sch amann Mando Económ ico Ayt o. 1945 427 Unif. en fila post. blo que Ciudad - jardín Zárate San Jo sé Cabildo, CIA, PFF, INV 1950 2.054 Bloque Polígono Martín Freire Schamann PFF 1951 1.488 Bloque Manzana abierta Maestros Al caravaner as Ay to. 1948 32 Bloque Manzana abierta J. Gª Hernández Guanarte me PFF 1952 96 Bl oque Manzana cerrada F. Sanz Orrio La Isleta OSH 1954 168 Bl oque Manzana abierta R. Suárez Franchy Lomo Apolinario OSH 1954 96 Bloque Polígono Nª Sª del Pino Arenales OSH 1954 48 Bl oque Manzana abierta Los Albergues Schamann Ayt o. 1954 305 B loque Manzana abierta Alfredo Cabrera Sta. Ca talina OSH 1954 32 B loque Manzana abierta José Antonio Alcaravan eras OSH 1955 132 Viv. colectiva Manzana cerrada Fuente: Elabora ción propia , a partir de ( Bescós Olai zola , 1984 : 225 - 230 ). Leyenda : CIA (Caja Insular de Ahor ros), PFF (Patronat o Francisco Franco), INV (Inst ituto Nacio nal de l a Vivienda) , OSH (Obra Sin dical del Ho gar). Igualmente, se ocupa a parte de la población que se encontraba en situación de desempleo, en convivencia con el impulso de infraestru cturas urbanas para la cons trucción de edi ficios en altura en las z onas de Mesa y López, General F ranco – actualmente Primero de Mayo – , extensión al mar d e Triana – la actual Avenida Ma rítima –, Tomás Morales – en Arenales – , y Campo de España. Este periodo supone la primera fase en la generació n de v ivienda económ ica en Las Palmas de Gran C anaria (tabla [111] 1) , un periodo de gestión pública exclusiva estatal (1942 - 1956), sin una sola actuación privada (Bescós Olaizola, 1984 : 225 ). El Mando Económico (1941 - 1946), encarnado en el Capitán García Escám e z, facilitaba en una primera etapa vivienda a los ex combatientes – del bando vencedor – . En 1950 se crea el Patronato Francisco Franco, organismo dependiente del Gobierno Civil de Las Palm as, “principal responsable de la catastrófica situ ación actual de l a ciudad de L as Palmas, con actuacion es desgraciadas que hipotecan el futuro de la ciudad para muchos años” (Bescós Olaizola, 1984: 225) . De 1954 data la primera intervención de la Obra Sind ical del Ho gar (OSH ) – los grupos Sanz Orrio, Suárez F ranchy, Nª S ª del Pino, Cabrer a Ortega, con un total de 876 viviendas – . Actúa por pequeños grupos apoyados en la estr uctura urbana ya consolidada, insertándos e sin ruptu ra en el des arrollo natu ral de la ciudad. d) Nuevas fases de expulsión y de expulsión programada, derivadas de l a dispersión de las estra tegias familiares de b úsqueda de vivienda en procesos de pa rcelación incontr o lada y el impuls o de los polígonos (1960-1975) , en donde es el mism o Estado el que establece en su Ley de 21 de julio de 1962 la contradicción entre la necesidad de plan eamiento y la posibilidad de que éste sea modificado por decreto para el establecimiento de nuevos proyectos urbanísticos. Pero habrá un elemento común: la búsqueda de comunicación con el resto de l a ciudad. L os polígonos, de alt uras máxim as de cuatro y seis p lantas, ocuparán la zona alta de la ciudad, en algunos casos promovidos por la iniciativa privada y en otros por iniciativa estatal, acogiendo el proceso de expulsión programada y or ie ntados siem pre a la comunicación con el r esto de la ciudad, como en el caso del polígono de Cruz de Piedra y San Cristóbal, dado q ue “l a may or parte de ellos se l ocalizaría de form a disp er sa y li gada a las vías de mayor accesib ilidad al centro” (Casariego Ram írez, 1987: 61) , aunque fuera del espa cio clas ificado por el Pla n General de Ordenación Urban a de Las Palmas de G ran Canaria de 19 62 como suelo urbano o de reserva urbana . Y, por otro lado, el proceso de expulsión, q ue deriva en est rategias familiares “m ediante la parcelac ión de propiedades d e diverso tamaño y la autoncostrucción mayoritaria”, la urbanización marginal ( Bescós Olaizola, 1984: 278; Casariego Ramírez, 1987: 61) , [112] también en búsqueda de vías de comunicación. En relación con la producción de vi vienda económica (tabla 2) , este periodo se corresponde con la generación de polígonos generalizados y primeras operaciones privadas planificadas (1957 - 1963), en San Francisco y Las Chum beras, tras el cam bio en el m arco insti tucional e statal – Ley de Viviendas de Renta Lim itada (1954), Prime r Pl an Nacional de la Vivienda (1955) y la creación del Minis terio de la Vivien da (1957) – y de la nueva planificación de la ciudad – Las Palmas de Gran Can aria cuenta con su Plan G eneral de Ordenación Urbana ( 1962) – . Pero a la intervención estatal no se le exige planeamiento previo. El bloque se generaliza co mo tipo edificatorio, y con él el polígono se expande como tipo de asentamiento. La iniciativa privada impulsa equipam ientos rentables en locales com erciales, en los bajos de las viviendas (Bescó s Olaizo la , 1984). Tabla 2. PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1 957 - 1963 ) LAS PALM AS GC - POLÍGO NOS Y PRIMERAS OPERA CIONES PRI VADAS PLA NIFICA DAS Nombre Barrio Promotor Fecha Viviendas Tipología A sentamient o Buenavist a Escaleritas Privado 1957 7 76 Bloque Polígono 5 de Septiembre Fincas Unidas OS H 1958 60 Viv. colectiva Manzana cerrada Escaleritas Escaleritas PFF, INV, OS H 1958 1.868 Bloque Polígono Nueva Isleta La Isleta Privado 1958 428 Bloque Polígono Cuatro Cañones Scha mann Mº Ejército 1958 160 Bloque Polígono Arapiles Rehoy as PFF 1959 1.060 Bloque Polígono Polvorín Bajo Rehoy as PFF 1959 136 B loque Polígono Casablanca La Isleta Privado 1960 88 Bloque Manzana abierta Arapiles II Rehoy as PFF 1961 1.076 Bloque Polígono -- Alcaravan eras Mº Marina 1962 28 Bloque Manzana cerrada Polvorín Alto Rehoy as PFF 1962 780 Bloque Polígono S . Francisco S. Francisco Privado 1963 260 Bloque Polígono Fuente: Elabora ción propia , a partir de ( Bescós O laizola, 1984 : 225 - 230) . Leyen da : PFF (Patronat o Francisco Fran co), INV (In stituto Nacional de la Viv ienda), OSH ( Obra Sind ical del Hogar) . [113] Tabla 3. PROMOCI ÓN VIVIE NDA ECO NÓMICA (1 964 - 1968 ) LAS PALM AS GC - MAYOR INICI ATIV A PRIVADA Y G RAN ACTI VIDAD E DIFICATO RIA Nombre Barri o Promotor Fecha Viviendas Tipología edificatoria Tipo asentamient o Edificio España Schamann PFF 1964 188 B loque Singular Arapiles III Rehoy as PFF 1964 500 Bloque Polígono Portuarios Puerto JOP 1964 200 Bloque Polígono Pabellon es Militares Rehoy as Mº Ejército 1964 75 Bloque Polígono Las Chumbe ras Escaleritas Privado 1964 1.81 0 Bloque Polígono Hoya d e La Plata Hoya d e La Plata Ayt o. 1965 500 Bloque Polígono Casablanca Hoya d e La Plata Privado 1966 1.05 6 Bloque Polígono El Lasso El La sso Cabildo 1966 504 Bloque y viv. unif. fila Polígono Cruz de Piedra Miller Bajo Privados 1966 185 Bloque Polígono Los Betancores Miller Bajo Privados 1966 232 Bloque Polígono Los Ruiseñores Miller Privados 1966 76 Bloque Polígono Sta. Elena M iller Privados 1966 159 Bloque Polígono Los Angeles Miller Privados 1966 224 Bl oque Polígono Las Gaviotas Miller Privados 1966 274 Bloque Polígono Copherfam Miller Privados 1966 500 Bloque Polígono Divina Pastora Miller Privados 1966 650 Bl oque Polígono La Paterna La Paterna Ayto. y privado 1967 2.023 Bloque Polígono Tamaraceit e Tamaraceit e PFF 1967 354 Bloque Polígono Parque Atlántico Feria Atlántico Privado 1967 314 Bloque Polígono S. José Artesano Lomo Blanco PFF 1968 990 Bloque Polígono Fuente: Elabora ción propia , a partir de (Bescós Olaizola, 1984 : 225 - 230 ). Leyend a : PFF (Patronat o Francisco Fran co), JOP (Junta d e Obras del P uerto). Para pasar, f inalmente, a u n periodo de protagonismo de la inicia tiva privada y gran actividad edificatoria (1964 -1968 ) casi sin planeamiento previo, por las exp ectativas creadas po r el Plan de 1962. El Plan Parcial del Suroeste (1964) y el Proyecto de Urbanización de Miller Bajo (1965), ambos de iniciativa pr ivada, son de este periodo, con el l ocal comercial [114] como protagonista de las plantas b ajas. El singular Edificio España, en Schamann , la tercera ampliación de Los Arapile s, en Las Rehoyas, Tamaraceite y San José Artesano, en Lom o Blanco, todas actuaciones d el Patronato Francisco Fran co, más las viv iendas para subo ficiales del Ejército de Tierra en Las Rehoyas promovidas por el Ministerio del Ejército – en Arapiles, también p ara suboficiales y p ersonal civil del Ejército del Aire, en las calles Plaz a de la Paz y Virgen de L oreto – s er á n las intervenciones esta tales, a las que se añaden otras de promoción municipal, del Cabildo y de la Junta de Obras del Puerto (tabla 3). 1.2. Polígono de Jinámar. El epílogo de los grandes polígonos (1969-1979) H abrá una nueva expulsión, también programad a , pero de mayores dimensiones : los grandes polígonos de Cruz de Piedra y San Cristóbal , las únic a s interven ciones significativas que se van a producir dentro del “teórico límite que propone el Plan 62” en cuanto a ut i lización de suelo (C asariego R amírez , 1987: 46 -65), y que supondrá l a construcción de unas 6.170 viviendas . Pe s e a todo , no serán suf icientes. Durante el III Plan Nacional de l a Vivienda (19 61-1976) en el caso de Canarias, no se construyero n las viviendas protegidas que correspondían al incremento de su población: 10.709 viviendas de promoción pública y 16.582 de promoción privada en Las Palmas de Gran Canaria (Parr eño Cast ellano & Díaz Herná ndez, 2006) . E l Instituto Nacional de Urbanización (INUR), la nueva denominación de la Gerencia de U rba nización a partir de 1972, será el enca rgado de prom over esos grandes polígonos de San Cristób al y Cruz de Piedra. Pero habrá un te rcero, el últi mo y de mayor dim ensión : el Polígono de Jinámar. Todos ellos son produc idos a partir del decreto -ley de Actua ciones Urbanísticas U rgentes , de junio de 1970, que dio lugar al programa ACTUR “ mediante el c ual la Gerencia de Urbanizac ión podía delimitar, expro piar y urbanizar grandes zon as con la única salvedad d e que los proyectos debían conducir a asentamientos auto sufi c ientes, eso es, con coexistencia de residencia y traba jo” (Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006: 177 - 178). E s decir, nuevas ciud ades al margen del planeamien to municipal. La i niciativa pública se hará cargo de l a gestión y urbanización de terreno s , y ofertará a los agentes privados suelo urbanizado para la construcción de viviendas. La A dministración se asegura ba [115] el control técnico de las infraestructuras y reser vas de suelo para equipam ientos, y pretendía dar ejem plo a la empresa privada r especto a calidades y estándares. Tabla 4. LOS GRAN DES POLÍGONOS (1 969 -1979) Denominaci ón Barrio Promotor Fecha Viviendas construidas Tipología POLÍG ONO DE JINÁMAR JINÁMAR INUR 1979 - BLOQUE POLÍG ONO DE SAN CRIST ÓBAL SAN CRISTÓBAL INUR 1972 4. 766 BLOQUE POLÍG ONO DE CRUZ DE PIE DRA CRUZ DE PIEDRA INUR 1969 1404 BLOQUE Fuente: E laboración propi a, a par tir de ( Bescós Olaizo la , 1984 : 22 5 - 2 30 ). Leyenda: INUR (Instituto Nacional d e Urbanizació n). Los grandes polígonos se caracteriza ban por que “s u trama viaria está trazad a con entera autonomía con resp ecto a la tradi cional con la qu e sólo tiene algun os puntos de conta cto – accesos – resuelta únicamente en función de los puntos de vista de la ingeniería de t ráfico”, con lo que “esta auton omía de la tram a viaria conscientemente buscad a conseguía el efecto de aislam iento, de delimitación de un ámbito cerrado sobre sí mismo, que le confiere junto con su dimensión el carácter de ciudad alternativa, o por lo menos de ciudad alternativa residencial ” (Bescó s Olaizola , 1988: 66). El efecto de aislamient o se había alcanzado e n el Polígono de Jinámar, el epílogo de la construcción de esos grandes pol ígonos . L a ciudad alternativa que se percibía desde una p erspectiva teórica, no resultaría ser ni c iudad ni alternat iva, sino un espacio exclusiv amente residencial, de acumulación de vecino s con escasos recursos económ icos, y excluido de cualquier entram ado urbano, fuera de l os lím ites del Plan de O rdenació n del 62 y del suelo que sí estaba previsto ocupar, como ocurrió en el caso de C ruz de Piedra y San C ristóbal : el paradigma de una enorme habitación segregada de la c iudad y generadora de procesos de exclusión social. Mientras los habitantes del Po lígono de Cruz de Piedra se encon traban conectados co n la calle de Pedro Infinito, el centro com ercial del barrio de Scham ann y de Las Rehoyas, a t ravés de la calle Torm ento, e incluso con la ciudad tradiciona l, a través de la carretera de Mata, y l os vecinos del Polígono de San Cristóbal es tarán conectados con el centro histórico de Vegueta y la zona comercial de la Calle Mayor de Triana, los beneficiarios de vivienda en el Polígono de Jinámar se encontrarán a [116] caballo entr e dos municipios: a 10 k ilómetros de distan cia de la capital g rancanaria y a 6 kilómetros del casco histórico de Telde, en un hasta entonces valle agríco la, pero con escasas ref erencias de com unicación: la autovía de l Sur de la Isla, a un kilóm etro de las prim eras viviendas, al Este, y la antigua c arretera que com unicaba Las Palm as de Gran Canaria y Te lde a través de Jinámar, el núcleo de población más cercano. Será además el de mayores dimensiones, con una previsión d e más de 11.000 viviendas, el único de los pol ígonos que se establece entre dos municipios, y junto al polígono de Las Remudas, en T elde, el único del que serán en buena par te beneficiarias f amilias de Las Palm as de Gran Canaria ya en demo cracia y al que lleguen de f orma masiva fam ilias procedentes d e los dos mu nicipios más pobl ados de la Isla, además d e familias evacuadas del p roceso de descolonización del Sáhar a. Precisament e Telde, el municipio donde se asentará la mayoría del futuro Polígono de Jinámar, contará con Plan General de Ordenación Urbana sól o a partir de su aprobación en 1985. El municipio contaba con más de 60 núcleos de población alrededor de la ciudad central (Álvarez García & B escós Olaizola, 1988) , unos asentamiento s que daban cuenta de la est rategia familiar en l a búsqueda de viviend a y de la tipología de éstas, aunque el padrón municipal de 1986 cita 46 entidades d e población, y de distinto origen: prehis pánicos – Tar a, Cendro – , de la eta pa colonizadora – San Ju an, San Francisco, Los Lla nos – , rurales – Cazadores, La B reñ a, Arenales, La Higu era Canaria – , de cruce de caminos – Valle los Nueve, Malpaís – y, ya en la segunda mitad de si glo , de casas autoconstruidas – La s Huesas, El Goro, Casas Nuevas –, y el polígono de viviendas sociales mencionado , anterior al polígono de Jinámar y su pre cedente teldens e : el polígono de Las Remudas (Morán Rubio, 1991). Es e p recedent e de Las Rem udas tendrá unas cara cterísticas sim ilares en la concesión de las viv iendas – iniciado en 1973 y entregado en 1977, a 550 familias procedentes de T elde, otras 500 en tre vecinos de Las Palm as de Gran Canaria y evacuados del Sáhar a, y otras 50 a vecinos del barrio colindante de La Pardilla, diseñado por el arquitecto Salvador Fábregas Gil – y m uy distinta en su configuración urbana: contiguo a otros barrios d e Telde, sus edifica ciones de escasas p lantas conducirán, con los años, a una percepción d e “arm onía urbana”. 3 3 Díaz Marrero , Ervigi o (7 de agost o de 1 985). Las Remudas, baj o el sig no de la a rmonía urbana . La Provincia , p . 11 . [117] 2. SEGREGA CIÓN EN LA ISLA - C IUDAD: E L EMBOL SAMIENTO DE LAS CLASES BAJ AS Y LA G ENERACIÓN PA RALELA DE ESP ACIO S PARA EL TURIS MO El impulso a esos grandes polígonos, y al último de ellos, el Polígono de Jinámar, con unas dimensiones sin pre cedente, se realizaba en una en crucijada dem ográfica y económica que orientaría el futur o de la Isla y d e Canarias los sig uientes años. También de los futuros habitantes del Polígono de Jinámar. El co mp ortamiento demo gráfico canar io era signif icativo y p eculiar. La población crecí a más del doble qu e en el resto d el Estado: era la ún ica región no industrializada con incrementos demográficos importantes. Per o lo hacía de forma desequilibrada , provocan do una macrocefal ia poblacional de la capi tal d e l a provi ncia y de la Isla que hacía que el 55% de la población de Gran Canaria residiera, en 1975, en el término munic ipal capitalino (Burriel de Orueta, 1982). Tabla 5. PROPORC IÓN POBLACI ÓN LAS PALM AS G C RESPECTO A IS LA S. XX AÑO % AÑO % AÑO % 1900 34, 9 1930 36, 1 1960 48, 4 1910 38 ,7 1940 42, 7 1970 55, 2 1920 38, 3 1950 46, 2 1975 55, 0 Fuente: Elabora ción propia , a partir de Burriel d e Orueta ( 1982) . Ese fenómeno se repetí a en las dos islas central es, Tenerife y Gran Can aria, y el “ peso en la dem ografía canaria ” de sus capitales era “cada día más llam ativo […] y preocupante cara al f uturo ” (Burriel de Orueta, 1982: 47-48) . Pero sin duda e l desequilibri o espacial de ese incremento dem ográfico se suscitaba preferentem ente en la provincia d e Las Palmas y en su cap ital, que casi duplicó su número de habitantes en dos décadas, de 193.862 (1960) a 366.454 (1981). La inmigración a Las P almas de Gran Canaria tenía ad emás un carácter eminentemen te rural. La desruralización de la Isla se producía por la pérdida de importancia de la agricultura y el agua, los elemen t os principales de la economía canaria durante el periodo 1940 - 1980, com o de alguna manera lo habían sido desde l a conquista de las Islas, a favor de la pujanza de una nueva industria que echaba sus raíces en Gran C anaria desde antes d el siglo X IX, pero que iniciaba su despegue en la década de los sesenta co n Las Palmas de Gran Canaria – y Puerto de la Cruz, en [118] Tenerife – com o prim eros destinos: el tu rismo (G onzález Viéitez & Bergasa P erdo mo, 1995). Tabla 6. EVOLUCIÓ N POBLACIÓN CI UDAD L AS PALMAS GC (19 40 -1981) CRECIMIE NTO AÑO Nº HABITANT ES ABSOLUTO PORCENTU AL ANUAL DENSIDAD KM2 1940 119.595 - - - 1.208 1950 153.263 + 33.667 28,0 2,8 1.548,1 1960 193.862 + 40. 599 26,5 2,6 1.958,2 1970 287.038 + 93.176 48,1 4,8 2.899,4 1981 366.454 + 79.416 27,6 2,8 3.701,5 Fuente: Elabora ción propia , a partir de Arbelo Cur belo ( 1987) . En 1975, 110.200 vecinos de Las Palmas de Gran Canaria habían nacido f uera del municipio . La mayoría en el interior de la m isma provincia de Las P almas (61.360), y de ello s el 37,1 por cien to en las Medianías y el Noroeste de Gran Canaria. Ese aluvión inmigratorio del periodo 1950 - 1980 hizo que , en el censo de 1981, el 40 por ciento de la población de la capital hubiera nacido fuera del m unicipio. Eran jóvenes y fam ilias enteras proced entes de zonas rurales o enclaves urbanos de tam año medio o pequeño , hasta entonces depen dientes de la agricultura, la g ana dería o la pesca (Burriel de Orue ta, 1 982 ; D íaz Hernánd ez, Domínguez Mujica, & Parreño Castellano, 2010 ; Martín Ruiz, 1985). El peso demográfico que adquiría la ciudad, junto a otros factores, invitaba a interpre tar cómo Las Palmas de Gran Cana ria y su entorno periurbano estaban tendiendo a e str ucturarse bajo criterios m etropolitanos, “con cierta desc entralización de servicios, al menos a nivel de comercio al por m enor, c on la implantación de grandes espacios com erciales y la potenciación de cen tros comarcales (Arucas, Taf ira, Santa Bríg ida y Telde) ” y la “descentralización r esidencial ” con las d os estrategias y a señaladas: las vivi endas obreras en polígonos o ligadas a espac ios “ marginales” de autoconstrucción “ como viviendas residenciales de baja densid ad ” (Parreñ o Castellano, 1997 -1998 : 195 ). [119] Tabla 7. PROCEDE NCIA NACI DOS FUERA D E LAS PALMA S GC ( 1975) ORIGEN NÚMERO % Noroeste de Gran Cana ria 18.578 16,9% Medianías e interior 22.292 20,2% Resto de Gr an Cana ria 10.787 9,9% Lanzar ote 5.699 5,1% Fuerteventu ra 4.034 3,4% TOTAL LAS PALMAS 61.360 55,7% Provincia S/C Tenerife 6.684 6,1% Sáhara 910 0,8% Península 31.363 28,5% Extranjero 9.811 8,9% TOTAL 110.200 100% Fuente: Elabora ción propia , a partir de Burriel d e Orueta ( 1982) . Pero, además, era un área m etr opolitana con un corre dor económico y vital que conducía desde el núcleo principal, formado por la propia Las Pal mas de Gran Canaria y S anta Bríg ida , hasta el Sur turístico, con núcleos secund arios a travé s de ese corredor – Telde, Carriza l, Ingenio, Agüim es, Vecindar io – , los princi pales centros industriales – El Goro, Salinetas, Arinaga – , y las infraestru cturas de tra nsportes – el Puer to de la Luz, el aeropue rt o de Gran Can aria – (Casariego Ra mírez, 19 87). Esa concentración dem ográfica y de inf luencia económica de Las P almas de Gran Canari a, pero también su conexión con el Sureste de la Isla – la población de Las Palmas de Gran Canaria y Santa Brígida, más los municipios de Telde, I ngenio, Agüimes, Santa Lu cía, San B artolomé y Mogán, pasó de r epresentar el 67,1% del total de la Isla en 1950 al 79,5% e n 1970 – forzaba a la reconsideración del espacio metropolitano en el ámbito insular. Esa dimensión, y su i nfluencia en el resto del territorio insular, re interpretaba el áre a m etropolitana como una ciudad- isla , la identif icación d el área m etro politana con la to talidad de la isl a o más bien el cuestionamiento del concepto a una realidad insular com o la de Gran Canaria (Bes cós Olaizola , 1981: 505 ) . Esa ciudad - isla – una isla en la que la capital concentra la de mo grafía y la actividad económica – c u mpl e las exigencias teóricas – el Ministeri o de Vivienda en 1965 precisaba el tamaño m ínimo de u n área metropolit ana para España en 50.000 habitantes para su área cen tral y de 10 0.000 para el conjunto del [126] Polígono de Jinámar, y para la comprensión ín tegra del contexto excepcional de este nuevo espacio urbano, es deudora de los trabajos teóricos espaciales y la propuesta de análisis des de una perspectiva insular y no so lo loca l que realiza Álvarez G arcía (200 9), y su propu esta de ciuda d difusa para Gran Canaria, a part ir de las imprescindibles y seminales aportaciones previ as de Bescós de ciud ad - isl a y ci udad - difusa para la com prensión del nuevo fenómeno de expansión urbana y el escoramiento demográfico de la Isl a hacia su costa su reste en virtud d el desarrollo turístic o, como explicamos en nuestro marco teórico. 3. APARTAM IENTO LABO RAL Y APAR TAMENTOS TURÍSTI COS Gra n Canaria recibía más d el 50% de las llegad as de turistas a las Islas, y La Palm as de Gran Canaria centralizaba la re cepción temprana de esa industria. Como se ha visto, durante la d écada de los años sesent a ese liderazg o fue permanente, para equilibrarse respec to a la entrada d e turistas en el conjunto del Arch ipiélago a parti r de 1975. Ese crecim iento permanente de l a llegada de t uristas tenía su r eflejo en las cifras económ icas de Can arias. El Pr oducto Inter ior Bruto (P IB) de las Islas orig inado por servicios diversos (Hostelería) aum entaba del 10,1% (1955) al 21,9% (1975), desbancando desde 1971 (16,6% del PIB) a la agricultura y la pesca (13,1%, después de suponer el 29,6% en 1960) co mo primer generador de economía. Vinculado al turismo, el comercio aumentaba hasta un 16,3% del PIB (1975) y la construcción se mantenía desde 1971 a 1975 en un 9,9% del PIB. Esos datos tenían su correspondencia en el empleo. El 55,4% de los empleos en 19 75 lo s generaba el sector servicios, cuando sólo era el 24,1% en 1955. E n ese mismo periodo, la agricultura había descendido desde el 58,1% (1955) al 21,5% (1975) (Casariego Ra mírez, 1987 : 37 -38) . La explosión del empleo en el sec tor servicios ll egó al 58, 4% de la población activa en 1979 (Martí n Ruiz , 1981: 121). [127] Tabla 8. ENTRADA DE TURIS TAS (1950-1980) AÑO GRAN CAN ARIA CANARIAS 1950 8.0 00 15 .000 1955 19 .500 29 .500 1960 36 .000 69 .000 1965 191.500 316.500 1970 466.500 821 . 000 1975 906.500 2. 011 .000 1980 1. 022.5 00 2.521 .500 Fuente: Elabora ción propia , a partir de Hernánd ez Luis ( 1997 - 1998 ). La población de la provincia de Las Palmas, y fundamentalmente de la Isla de Gran Canaria, hab ía dejado el cam po, las zonas rur ales, para alcanz ar la capital grancanaria y acceder a los nuevos puestos de trabajo, generados por el turism o, el comercio y, en menor medida, la construcción, en un tráns ito en forma de embudo espacial que en m uchos casos les había conducido desde s us pueblo s a los barrios de la capital grancan aria y, en el cas o de los beneficiarios de vivienda social, a los grandes polígonos y al Polígono de Jinámar, una nueva ciudad artificial entre dos municipios. El trabajador de la provi ncia de Las Palmas – dada la concentración urbana, el empleado de L as Palmas de Gran Canaria – de la década de los 70, con cifras d e 1975, adquiría igualmente un perfil s in precedente: con una tasa de act ividad del 31,4% (31,7 en Canarias, 35,1 en el conjunto español), el 52, 7 de los varo nes iniciaba su actividad laboral entre los 15 y los 19 años, a la m isma edad que el 26,2% de la s mujeres; éstas, precis amente, habían increm entado paulatinam ente su presencia en el mundo del trabajo (un 11,1% de la tasa de ac tividad), pero se encontraban en una situación de estancamiento, dado que el porcent aje es similar al d e 1960 (Martín R uiz , 1981: 117), sobre todo en relación a la s cifras de mujeres que trabajaban en 1974 en el Estado español: el 28,6% (Rodríguez de Osuna, 1978: 57 ). Pero la gran nove dad iba a ser el desempleo. En Las P almas, éste se increm entó desde el 2,7% (1,4% en el Estado) de 1970 al 8,4% (3,8% para el Estado) del primer semestr e de 1975, el 11, 3% [128] en el segundo trimestre de 1977 (5, 1%), hasta a lc anzar el 12 % (8, 8%) en el segundo trimestre de 19 79 (Martín R uiz , 1981: 127). La situación de los tr abajadores de C anarias, y de la provin cia de Las Palmas en particular, no podía ser m ás desalentadora. Integrados en un modelo económico de la perif eria capitalis ta, depend iente del exte rio r (Gonz ález Viéitez & Bergasa Perdomo , 1995) , en mudanza labo ral y vital por la terciariz ación de la econom ía y el desarrollo paralelo d e la construcción, se encuen tra n en una sit uación inesperada – “la expansión económ ica de los años sese nta fue sorprende nte por muchas raz ones, pero mucho más lo fue el cambio que supuso la crisis de los setenta ” – (Macías Hernánde z & Rivero C eballos , 200 9: 95-96) . La economía canaria se internó en una profunda crisis, provocada por una conjunción de situacion e s de ámbito internacional – brusco ascenso del precio d e las materias p rimas, crisis d el petróleo por la g uerra árabe- israelí, políticas econó micas restrictivas a ca usa de la inflación , camb i os en l os model os d e organización por el nacimiento de nuevas tecnologías – . E l fren a zo al crecim iento d e la industria turís tica se susten tab a en la cris i s europea , que deb ilita la demanda de servicio s turísticos, la reacción a l a baja de la con strucción y el consiguiente au mento d e l paro : de una sociedad casi de pleno empleo a un r ápido crecimiento del desem pleo (Macías Hernánd ez & Rivero Ceballos , 2009: 98 ). Además, los flujos migratorios habían variado. Las expectativas del turismo, el pleno empleo de los sesenta, y las ex pectativas generad as por el cam bio de régimen político ya a mediados de los setenta , paralizaron la tradicion al estrate gia m igratoria canaria, que desde la anterior década arrojaba flujos migratorios netos positivos, también por la crisis en los pa íses de des tino tradicional como Venezuela (Hernández Alemán, 2005). Es en ese co ntexto económico en el que se produce el reparto territo rial en Gran Canaria, un cam bio en la asignación de los recurso s g enerado por la indust ria turí stica respecto del cu al el territorio era, precisam ente, el más im portante, pero no el úni co, da do qu e afectaba igu almente al capit al inversor y a la distribució n del trab ajo (Macías Hernández & R ivero Ceballos , 2009 : 97 ). Es en ese contexto en el que un se ctor de la población es segregada y desvincu lada del centro de decis ión, económico [129] y admi nistra tivo que supon ía Las Palm as de Gran Canaria respecto d e la generación de empleo en la nueva industria. 6 si bien pu ede decirse que la crisis eco n ó mica ha sido l a principal respo nsable del aument o del núme ro de desempl eados en los últ imos años, podemos igu alment e afirmar qu e el paro que pad ece Canaria s no es mera mente temp oral [… ] sino qu e es fundamental mente estru ctural, a pesar de que su cr ecimiento sólo se hay a manifestad o de forma más eviden te en el tr anscu rs o de la última década . ( Díaz Rodríguez , 1981: 367) Una desvinculación del empleo de esos s ectores de población que, rápida y curiosament e, como comprobamos, será consid erada insalvable desde las tribun as de reflexión contemporáneas al poblamiento de polígonos como el de Jinámar, con e l anális is – ese sí, desde entonces, estructural – de su imposibilidad pa ra el acceso al trabajo. 4. CANARIAS , LA NUEVA FRO NTERA EN LA DESCO LONIZACI ÓN E l contexto político propiciador de la ejecución de proyectos urba nísticos, que reclamaba la C arta de Atenas, se produjo tras la proyección teórica de los grandes polígonos y de su epílogo en Jinámar. Los dirigentes del franquism o tardío, e n los ámbito s estatal y local, y la nueva direct iva política democrát ica que se gestab a, tenían en el escenario público diario un a situació n históric a de la que eran par tícipes y que arrinconaba problemáticas como la construcción de los polígonos de vivienda. La transición política se ba staba para reclam ar su atención y preocupación. P ero, además, en la agenda p ública de Can arias y sobre Cana rias había si tuaciones qu e situaban al Archipiélago, d e alguna forma, en la centralidad del tablero internacional en esos años en que la mudan za al Polígono de Jin ámar se proyectaba par a miles de fam ilias. Un análisis en perspecti va de l a sig nif icación que alcanzó la descolonización del Sáhara para Canarias y el conjunto d el Estado es posible si se tiene en cuenta que supuso el “ (tras)fondo de la transición española” (Hernando de Larramendi, 1992) , 6 “En la actualidad, la ciudad moderna, al convertirse en centro de decisión, o, mejor aún, al agrupar los centros de d ecisión, intensifica, organizándola, la explotación de la sociedad entera” (Lef ebvre, 1 975: 77). [130] dado su entrelazam iento con la muerte del dictad or y la nueva situación en la que ubicab a las relaciones internacion ales españ olas en relación con sus vecinos africanos – Marruecos, Argelia , Mauritani a – , así como la nu eva situación de Canarias como epicentro de esas relacio nes internacionales. Amén de las co nsecuencias dem ográficas que la descolonización, aunque no muy numerosa, supondría en un es pacio de una alta concentración pob lacional com o Las Palmas de Gran Canaria. Esa nueva s ituación fronteriza d e Canarias, a la que se sup onía protegida al cont ar con la ‘espalda’ prot ecto ra d el Sá hara , hasta entonces provincia española , y de Gran Canaria com o la isla poblad a más cerca na al continente, concentraba buen a parte de la agenda po lítica respecto a las Islas, toda vez qu e incluso el Movim ient o par a la A utodeterminación e I ndependencia del Archipiélago Canar i o (MPAIAC) s e convertía en un actor en juego en ese nuevo escenario de conflicto hispano- ma grebí: Argelia, afectada po r quedar al margen d e los acuerdos secretos de Madri d , en diciembre de 1975 , que o torgaba la adm inistrac ión del Sá hara a Marrueco s y Mauritania , se sintió legitimada para apoyar al MPAIAC contra la integridad territoria l española . Argelia “p ret endía que la España dem ocrática denunciara el Acuerdo Tripartito de Madrid y re conociera a la República Árabe Sa haraui De moc r á tica (RASD) ” ( Bustos, 2006: 501). España reaccionó en Naciones Unidas para anu lar la inic iativa argel ina y evita r que el territorio fuera incluido en la comisión de descolonizació n . La c risis desembocó en la retirada mutu a de embajadores y en el intento de asesina to en Argel del líder de MPAIAC, Antonio Cubillo (Thieux, 2007). La muerte de Franco, el inicio del cam bio de régimen político, la apresurada salida de la hasta entonces prov incia sa hara ui, la Marcha Verde, el nuevo es tatuto para la zona con l a política de hechos consum ados marroquí, las aspir aciones independent istas del MPAIA C, el apoyo argelino, y los escarceos d e naturaleza violenta propiciado s por todo este proceso, eran suficientes para m antener la atención de f orma exclusiva de l a nueva dirigencia de la política esp añola y canaria, con un a nueva situación subrayada: Canarias como nueva frontera, y por ende su condic ión estratégica. El banco de pesca sahariano, en disputa, suponía dificultades añadidas, por su ca rácter estrat égico (Santana Pérez, 1995) y por la importancia histórica qu e, señala este autor en un estudio monográfico, alcanz ó ese banco pesquero en la economía insular (Santana Pérez & Santana Pérez, 2014). Esa naturaleza f ronteriza le hizo asum ir bu e na parte de las consecuencias sociales y demográf icas de la de scolonización. En 1967 estaban censad os en la [131] colonia españo la del Sá hara 9.395 europeos, de los cuales más de un tercio er an naturales de Canarias, 3.317, la mayoría adultos jóvenes, d e entre 2 0 y 39 años. La retirada de la administración española se produjo el 28 de febrero de 1976. En octubre de ese mismo año, las autori dades tenían previsto en Las Palmas recibir 10.000 refugiados proceden tes del S áhar a . Si el porcen taje era semejant e al de una dé cada antes, más de 3.0 00 personas debí an ser ubicadas en las I slas con perspectivas de permanencia, dado que eran natural es de Canarias, am én de los españoles de otras provincias que d ecidieran quedarse i gualmente en Canaria s ( Gozálvez Pérez, 1994). P ero la situación est ratégica de Canarias no e ra nueva. En cierta f orma, le propiciaba situaciones perjudiciales para su economía. En los segundos encuentr os de Estudios Regionales organizados por la Direcci ón General de Prospecti va, y celebrados precis amente en Canarias en 1975, un análi sis de los ingresos y gastos del Estado en Canarias ad vertía de “la imp utación a Canarias del gasto que supon e el mantenimiento d el dispositivo m ilitar que exige la pr esencia española en el Sáhara Occidental […] una falsa im putación contable, es decir, la atribución a Canarias de un gasto que sólo tiene sentido imputar al conjunto del país por considerarlo un gasto de defensa nacional, q ue excede el gasto regiona l” (González Viéitez, 1975 : 178) . Pero la situación estratég ica de Canarias para el conjunto del Estado y sus aliados intern acionales excedía est rictamente de la cu estión sa hara ui. Los terrenos donde s e desarrollará la indust ria turí stica, en el Sur de Gran Canaria, con los pro yectos de Maspalom as Costa Canaria, albe rgaban las instala ciones de la agencia espacial estadounidense, la conocida como NASA, en colaboración con el Instituto Nacional de Técnica Aeroespac ial (INTA ) español . E sas mism as instalaciones y sus aledaños, ubicadas en ese espacio q ue se convertirá en t urístic o, servirá de base de entrenam iento a los miembros de l a red Gladio 7 , una red supraestatal, dependiente de la OTAN, cuyas activid ades pretenderán condicionar procesos democráticos (Ganser, 2010) , y por tanto par ticipaban de la cara cterística de “pr od uctos políticos, espacios estratégicos” (L efebvre, 2013: 140) que se concede a la dual natu raleza, turística y militar, d e territo rios del Su r francés. 7 González Ramírez, Federico, & Pam plona, Esp e ranza (19 de agosto d e 1991). Los pun tos clave de la red. Nuevos datos s obre la conexi ón ‘ Gladio ’ en Ca narias. Ca narias7 , pp. 10 - 11 . [132] 5. EL ALUMBRAM IENTO DE MOCRÁTI CO DEL DER ECHO A LA VIVIENDA DIGNA Y LA URGENCI A AUTON OMISTA PO R LAS COMPETENCI AS El alumbramiento del nuevo régimen democrático en Canarias , como en el resto del Estado, es e l factor determ inante en el anál isis público e incluso vital d e la sociedad española durante ese periodo. En el caso de l Polígono de Jinámar, como producc ión política de un espacio sociourba no , su proyección abarca desde 1967 – fecha de l primer encargo de delimitación – hasta principios de 1980, e n que comienza a s er habitado, y por lo tanto las vicisitudes de su cr e ación se encuentra n determinad as por los últimos años d e l period o del tardofranquismo, y l a construcción del edificio normativo, partidario, institucional, económico y social de la nueva d emocracia. La dedicación a la construcción del and amiaje dem ocrático y autonómico im pidió, en b uena medida, que la producción del espacio urbano de l Polígono de Jinámar recibiera un a fiscalización política, aunque sí técnica. E sa nueva const rucción democ rática llegar ía con m últiples dispo siciones consustanciales al prop io proceso, entre ellas l as contenidas en e l artículo 47 de l a nueva Constitución, que establece que “todos los españoles tienen derech o a disfrutar de una vivienda digna y adecuad a”, y l a propuesta d e una nueva fórmula de representación política para las nacionalidades , que intentaba resolver inqu ietudes paralelas a la consecuci ón de las libertades democráticas. L os partidos políticos de izquierda, que van a tener un protagonismo principal en el proces o s ociop olítico que se generará en el Polígono de Ji námar, se encont raban en la van guardia de la r eclamación de esa representación política para las nacionalidades, e n los últimos años de la dictadura. A sí, en la declaración de la Junta Democrática al pueblo español, de 29 de julio de 1974, liderada por el Partido Comunista de España (PC E), se fijaba c omo uno de los objetivos prioritarios de la futura democracia la descen tralización política , objetivo y declaración que suscribían, entre otros, el Partido Socialista Popular (P SP), Alianz a Socialista Democráti ca, Comisiones Obrer as (CCOO ), Asamblea de C at aluña, carlistas, y representa n tes de formacion es del nacionalism o gallego, co n el reconocimiento, bajo la uni dad del Estado español, de la personalidad política de los pueblos catalán, vasc o, gallego y de las comunidades reg ionales que lo decidieran democ ráticam ente. Su altern ativa, la Pl ataforma de Convergencia Democrática, del Partido So cialista Ob rero Español (P SOE) , e integr ada también por el Partido Nacionalis ta V asco (PNV), Solidarid ad de Trabajadores Vascos (E LA - [133] STV ), Ezquerra Repub licana de Cataluñ a (ER ), Unión Dem ocrática del Pa ís Valenciano, Izqui erda Democrática de R uiz Jiménez, o U nión General de Trabajadores (U GT), se comprom etía al establecimiento de un régim en democrático pl uralista c on estr uctura federal en junio de 1975 (García Rojas, 2008). En Canarias, el dilatado proceso de consecución del autogobierno se inició con un documento de Coordinación D emocrática en Canarias firmado por un gran número de fuerzas polít icas y centrales sindi cales con presencia en las Islas , suscrito el 3 de junio de 1976, publica do e n la prensa del Archipiél ago el 4 de julio, al día siguiente de la des ignación de Adolfo Suárez como p residente del Gobierno. Todas las organizaciones f irmantes constituían la Coordinadora de Fuerzas Democrát icas de Canarias, y reclam a ban “ el pleno, inmediato y efectivo ejercicio de los derechos y de las libertades po líticas de las distintas n acionalidades y regiones del E stado español”, y se comprom etía “a realizar todo tipo de iniciativas pacíf icas, conducentes a alcanza r el pleno rec onocimiento de la personalidad política, económica, social y admin istrativa del A rchipiélago C anario y la so l ución de su problema histórico” (García Rojas, 2008) , pronuncián dose a favor d el autogobie rno de las Islas y de un Estatu to de Autonomía. En el proceso, durante todos esos años, Canarias y sus partidos políticos discutirán sobre la capitalidad del Archipiélago, sobre la sede del Parlamento, sobre la representació n de las is las denominadas menores, sobre l a posición de los cabildos insular es en el fu turo entramado institucional, sobre el número de diputados, sobre el sistema electora l, en un proceso dilatado y continuo que concl uyó, sucesivamente, con la obtención de un régim en preautonómico incluso m eses antes del refer éndum de la Constitución ( el 17 de marzo de ese mismo año, m ediante el Re al Decreto - Ley 9/1978) y la constitución de una J unta de Canar ias como gobierno preautonómico, con Alfonso Soriano ( UCD) co mo presidente y Jerónim o Saavedra ( PSOE) como vicepresidente. Me ses después, las e lecciones generales y municipales de 1979 varían la relación d e fuerzas inicial y oto rgan a Fernando Bergasa, también de UCD , la Presidencia, y UCD tendrá todos los puestos del Consejo Perm anente ( García Rojas, 2008 ; Hernández Bravo de Laguna, 2008) . Canarias tení a urgencia por obtener su aut onomía plena . L o hi zo de fo r ma inusual . Escog ió la vía lenta, la d el ar t ículo 143.2, y su Estatuto de Autonom ía fue elaborado po r una Asamblea de co nsejeros de las Mancom unidades Pr ovinciales y de d iputados y senadores canarios, y aprobado el 22 de dici embre de 1980 en Las Palmas [134] de Gran Canaria, con los votos de UCD y el herreño Tomás Padrón, “en una sesión tormentosa […] tras retira rse los representantes de Unión del Pueblo Canario y del PSOE al no acepta rse una enmienda para qu e Canarias se vie ra libre de instalacione s militares ext ranjeras y de organ izaciones m ilitares de caráct er supranacional” (Peraza Padrón, 2001: 78 ) . Pero a Canarias, al igual que al País Valenciano, se le transfirieron competencias legis lativas, de desar r ollo reglam entario y eje cutivas sob re materia s de titularidad estat al, mediante la apro bación de l a Ley Orgánica de Transf erencias Co mpl e me nt ar ias a Canarias (LOTRA CA), que entró en vigor el mismo dí a que el propio Estatuto de Autonomía (Peraza Padrón, 20 01) . E n el caso de Canarias, con un a particularidad jurídica, que puede dar cuenta de la particularidad política del caso canario, y m anifestada en la “perplejidad de por qué el mismo día, con la misma fecha, se publican dos Leyes Orgánicas, la del Estatut o canario (10/82, publicada el 16 de agosto de 1982 en el BO E) y la de transfer encias (11/82, publicada e l mismo 16 de agosto), lo cual convierte en el mismo momento a una Autonomía de techo competencial de segundo nivel, no plena, de la vía del artículo 143 de la Constitución, en asimilada a las cuatro del 151, c on superior techo, de p rimer grado (País Vasco , Cataluña, Galicia y An dalucía). En el País Valenciano han p asado dos meses para esta asimilación” (Carrasco Canals, 1989: 362). 5.1. La urgencia competen cial Así, Canarias accedió a unas competencias p lenas tutelada s hasta entonces, y casi de forma exclusiva, por el partido que, en buena medid a, heredaba parte de l capital político de l régimen franquista: la Unión de Centro Democrático (UCD). La Comunidad Autónoma de Canarias pasaba a tener potestad le gislativa, reglam entaria y función ejecutiva, entre o t ras materias, s obre la ord enación d el territorio , el urbanismo y la vivienda, en virtud del artículo 29 del Estatuto de A utonomía. L o haría, en un os meses , con su p rimer gobierno autonómico, presidido por el soc ialist a Jerónimo Saavedra Acevedo, tras obtener el 41,4% de los votos en el conjunto del archipiélago . 8 8 El PSOE quedaría a cuatro d iputados de la mayoría absoluta, con 27 escaños. Alianza Popular obtend ría el 29% de l os vot os, CDS e l 7,2% , UPC el 8,3%, PCE el 4,4% y l as Agr upaciones Indepe ndient es de Ca na rias el 1,1% ( García Rojas, Delgado Núñez, & García Badaracco , 200 4). [135] Cuando eso ocurría, los vecinos del Polígono de Jinámar ya llevaban más de dos años y medio viviendo en sus nuevas casas, y su urbanización n o había sido entregada a las Adm inistraciones locales, e legidas democrátic amente en abril de 1979. En realidad, la urbanización nunca sería oficialmente entregada ni recibida, ni por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria ni por el Ayuntamiento de Telde, que asumía el 80% de la su perfic ie del nuevo polígono. L a Adm inistración e s tatal hab ía supuestamente gestionado los polígonos, los dir igentes autonómicos de UCD habían pilotado en espaci os públicos privi legiados la consecución autonómica, y la nueva Ad mi nistración canaria asum iría ahora esas com petencias en urbanismo, vivienda y ordenaci ón d e l territor io. La Ad m inistración ce ntral estuvo dese osa de ofrecerle esas competencias, com o al re st o de las Comunid ades autónomas. En el conjunto de España, pero también en C anarias, con esa asunción plena de competencias en materia de vivienda, no hubo que i nsistir mucho para que los traspasos fueran ef ectivos, dado que “ todo influyó positivamente a favor del rá pido traspaso de competencias hacia las Comunidades ya que el E stado estaba deseoso de apartarse de estas situaciones tan co mprometidas ” ( Lago Ávila, 2012: 294 -295) por las protestas generadas p or organizaciones vecin ales, que padecían las urban izaciones de vivienda social sin equipamientos promovidas por la anterior Adm inistración. Las Comunidades Autónomas, en el conjunt o del Estado, r ecibiero n un as 543.000 viviendas públicas d e las que más de la mitad deb ían ser rehabilitadas. Pero no sólo eran las viviendas. L a forma de acceso de Canarias a su autonom ía política propició que asumier a sin dilación tem poral las competencias exclusivas citada s en ordenació n del territorio, vivienda y ur banismo, pero tam bién otras competencias que afectaban directam ente a los vecinos del Polígono de Jinámar – y del resto d e viviendas s ociales – como asistencia soc ial y servicios socia les (artículo 2 9), o las competencias legislativas y d e ejecución en enseñ anza (artículo 32), entre otras (Lago Ávila, 2012) . La asunción de esa s competencias adquiría en el caso del Polígono de Jinám ar un modelo peculiar. El primer Gobierno de Canarias asumiría la gestión directa del espacio político y soc ial que era e l Polígono de Jinámar, adquiría las competencias y las transferencias económ ica s derivadas, en lugar de remitir la gestión a los municipios af ectados. Pero ese compromiso comp etencial se realizaría ya en el año 1985, y no con los resultados que todos esperab an. Hasta entonces, los municipios de Telde y Las Palm as de Gran Canaria habían gestionado el día a día del Polígono, fundamentalm ente en la consecución de servici os municipales para sus habitantes. [142] un plano más general al seguir heredando inexplicablemem nte todos los er r ores en las actuaciones u r b anístic a s en sus po lígonos. El de Jinámar es un pliego de pleitos entre dos ciudades lim ítrofes, Telde y L as Palmas, las casas a llá y los servicios aqu í , construid o sobre las mism as ruinas de una de l as m ejores ve gas agrícolas d e la isla ”. 27 La semana siguiente a esa visita se publican, su cesivamente, las listas de adjudicatario s de vivienda de Tel de, de Las Palm as de Gran Canaria y de los e vacu ados del Sáhar a , qu e serán benef i ciarios d e una vivienda en la p rimera fase del Polígono de Jinámar. El alc alde Ma nuel Bermejo , el mis mo dí a que se había reunido con el ministro Sancho Rof , anuncia el contenido de parte de esa entrevista con el ministro , en la que le entregó el do ssier con los pr oblemas de la capital gra ncanaria, y una supuesta buena noticia que comparte con el pleno. […] se interesó p ara que en l os futuro s polígonos de vivienda se dis pusi e se de los solares ade cuados par a los se rvicios com unes, prome tiéndole el m inistr o que este problema se tra tará en todos los futuros polígon os y que no se ent regarán los polígonos de partic ipación m unicipal sino cuando el A yuntamient o dé el visto bueno no solamente en calidad de sus servici os sino en dot aciones 28 El min istro, finalm ente, no m entiría al a lcald e Manuel Berm ejo, porque no hubo más futuros polígonos y, por tanto, los ayuntamientos de Las Palm as de Gran Canaria y de Telde no podrían dar vistos buenos . El Polígono de Jinámar, sin el visto bueno de ninguno de los municipios, y sin servicios y dotacio nes, ya estaba construido. Y a punto de ser habitado. 27 El PSOE in terpelará al Gobierno sobr e la política del MOPU en Las Palm as (1 de dicie mbre de 19 79). La Provin cia , p. 9. 28 A rchivo Histórico Provincial de Las Palmas de Gran Canaria. Actas de Plenos del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. CD 479. Pleno del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria (10 de diciembre de 19 79). p. 11. [ 143 ] VI . DE VA LLE A POLÍ GONO (I ): UNA CI UDAD AR TIFICIAL PARA 52. 470 PERS ONAS La ciudad d e Amaurota está asen tada so bre la ladera de una colin a no muy al ta y su forma es casi cuadrada. Su anchu ra empieza un p oco más abajo d e la cumbre d e la colina y se ex tiende aú n dos millas hast a lleg ar al río Anh idro . Utopía. Tomás Moro 1. JINÁMAR: VALLE AG RÍCOLA Y CR UCE DE C AMINOS El Valle de Jinám ar ha formado parte esencial en la comunicación de lo s habitantes de Gran Canaria. Se sitúa en la desem bocadura del barra nco de Las Goteras, u n elemento también esen cial en su paisaje, pe ro por más motivos que los estrictam ente naturales. Es el cauce del barranco el que determina la linde e ntre Las Palmas de Gran Canaria, al Norte, y Telde, al Sur. El barranco conduce hasta el mar, h asta la playa de La Condesa, y se encuentra rodeado por dos lomas: una, al Norte, alcanz a los 80 metros de altura; la o tra, al Sur, tiene su cota m áxima en los 136 metros. Bajo la s lomas aparecían terr azas aluviales, aprovech adas por la agric ultura . Hasta l a década de los setenta, el V alle de Jinámar era una explotación agrícola, propiedad del Conde de la Vega Grande, dedicada al cultivo del tom ate . Se trataba, efectivamente, de una extensa finca propiedad de los herederos de D iego del Castillo dond e se cu ltivaban frutales y plataneras, en el f ondo del barranco de La Goteras, de bido a su m ejor suelo, mientras las laderas se dedi caban al cultivo de tomates (Arm engol Mart ín, González Morales, & Hernández Luis, 2003). L a zona, en su momento, había cobrado i mp ortancia por ser cruce de cam inos en la Isla. En el siglo XIX , el Diccionario de M adoz señala dos camino s pri ncipales c on origen y destino en Las Pal m as y el Valle de La Aldea. El seg undo de esos caminos principales pasaba por Jinámar, para conducir al via jero a través d e Telde, Carrizal, Juan G rande, Maspalomas , Roque Gordo, Tauro, Puert o Rico, Mogán, valle de Turrei y barranco d e Tirma. En 1864, el Plan General de Carreteras del Estado concede a G ran Canaria tres nueva s carreteras de te rcer orden: una de ellas conecta Las Palmas con Agü ime s por el lito ral de Jinám ar. En el siglo X X, con la transformación de los viejo s caminos de herradu ra en carreteras , “ la localización en la plataforma este de nu merosas huertas y la necesid ad de conectar los tramos de ter cer [ 144 ] orden incrementaron paulatinamente la importancia del eje viario de l este y del sur , dotando de m ayor valor los terrenos cercanos a la nueva vía y revalorizando las tierra s de cultivo de las vegas d e San José, Marzagán y Jinám ar ” (Ginés de la Nuez, 2003 : 312-317). La mem oria del Valle es la d e la agricultu ra y el paisaje h umano consecuente co n ella . yo la recuerdo toda esta zona por una parte toda plantada de tomatero s, con aparceros que había en aquel entonces, trabajadores de la agricultura que es taban en aparcería, las plataneras también [… ] 1 Un Valle con elementos geográficos y naturales privilegiados. Uno de los mejores palm erales de la Isla – el Palmeral de la Condesa – , una e specie protegid a en e l litoral – la lotus kunkelii –, un edificio volcánico con un singular cono – 144 m etros – , y una playa – l a playa de La Condesa, junto a un sector del litoral protegida posteriorm ente po r el Plan E special de Espa cios Naturales – , conferían a la zona un valor especial, tanto ecológico, com o paisajís tico y cultural, con la presencia de la Casa de la Condesa, la antigua m orada de los propietarios, y la Noria, el vestigio qu e recuerda que “ e n la parte baja era una gran finca de plataneras, que llegaba hasta abajo hasta cerca de la autopista, de la Gran Canaria- 1, donde está La Noria [ …] de hecho la Noria esa es un inst rumento para extraer agua y que sirvie ra para el regadío […]”. 2 Pero se acabó el agua . todo esto se inicia […] en el año 70 […] donde ya se p ercataba del exc esivo bajón que había sufrido el nivel freático del municipio y que no había manera casi de encontrar agua […] la Heredad se secaba, los pozos se secaban y claro, toda esta zona de agricultura no había agua donde regar, y entonces pues, bueno, los propieta rios de este t erreno pues la ún i ca fórmula que podían tener es, pues bueno, venderle esto al Estado y se iniciara lo que es una urbanización de todo este entorno [ …] en mi modesta, humilde opinión , esto fue el elemento que llevó a los p ropietarios a desprenderse de estos ter renos porque no podían sacarle ningún producto 3 1 Apéndice I. Entrevista a Marcelin o Galindo San tana . 2 Apéndice I. Entrevis ta a Aureliano Francisco Santiago Castellano. 3 Apéndice I. Entrevista a Marcelino Galindo Sa nta na. [ 145 ] Sin agua, el Valle de Jinám ar se convertía en u na extensa finca que seguía el mismo destino de gran parte de la población de Gran Canaria, que abandonaba el campo y el trabajo agrario en busca de otra actividad económic a. 2. EL PLAN PAR CIAL DE L POLÍGO NO DE JINÁMAR: LA IMAGINACI ÓN AL PAPEL El Val le de Jinámar, una enorme superficie de suelo rústico pertenecien te a una sola finca catastral, propiedad de Alejandro del Castillo y de l Castillo y que se encontraba en usufructo por Mar ía Teres a Rivero de l Castillo - Olivares , cumplía lo s requisitos para la estrategia de pu gna contra la especulación del su elo que se encargó a la Gerencia de Urbanismo, un ente cre ado en 1959 y que pasó a denominarse Instituto Nacional de Urbanizació n (INUR) en 1972: la regulación del mercado del suelo mediante leyes de suelo y ordenación urba na (1956 y 1975), que permitieron la creación de polígonos residenciales al margen del planeamiento municipal en toda España. Pero también cumplía los requisitos – t erreno con un solo propietario, te rreno para un solo comp rador – de propiedades su sceptibles para l a búsqueda de cap ital con que proseguir la dinám ica de inversión en Maspalomas Costa C anaria y la derivació n del benefici o desde la agricul tura al turism o por parte de la propiedad, y s u consecuencia: la p lanificación par alela – con la activa y necesaria complicidad institucional – de espacios segreg ados residenciales p ara la población con m enos capital económ ico , cultural , educativo y relacional de la Isl a, y de espa cios para la población eu ropea que engendraba l a sociedad del ocio d e masas. En Las Palm as de Gran Canaria, el suelo para cum plir los ob jetivos de necesidad de vivienda de la G erencia de Urbanismo, según el informe con que se desestimó en primera instancia com prar la finca del Valle d e Jinámar, en 1965 , estaba cubierto con la expropiación de 57 hect áreas en la Veg a de San Jo sé – que se convertirían en el conocido como Polígono de San Cri stóbal – y de 20 hectár eas para el Polígono de Cruz de Pie dra (Parreño Castellano & Moreno Medina , 2006: 176). Así se atendían los objetivos del III Plan Nacional de la Vivienda (1961 - 1968). Pero los objetivos, o las decisiones, cambiaron en sólo dos años. El suelo que finalm ente se convertiría en Polígono de Jinámar, hasta quince veces superior al com prado para el Po lígono de Cruz de Piedra y se is veces más [ 146 ] extenso que en el Polígono de San Cristóbal, debió ser objeto de continua negociación, toda vez que el 2 de noviembre de 1967 , seis meses antes de la delimi ta ción inicial d e los ter r enos, el director - g erente de la Gerencia de Urbanism o se complacía en com unicar el encargo “de los proyectos y trabajos correspondientes a las fases de delimitación y expropiación de un polígono residencia l de 250 has. en L as Palm as de Gran Canaria” . 4 E sa negociación se había iniciado en 1965 por ofrecimiento del propietario al Instituto Nacional de la Vivienda, expediente que fue inicialmente desestimado (Parreño Castellano & Moreno Medina, 2006: 179 ), y rescatado de l arch ivo d os años más tarde, en 1967 – según la docum entación de la que disponemos –, y se situaba en el contexto de la planificación de la Isla, de la búsqueda de capital p ara inversiones tu rísticas, el ent ramado empresarial e institucional cr eado en el entorno del Co nde de la Vega G rande y, en definitiva, de la transferencia de l a actividad ec onómica canaria, y gr ancanaria en p articular, desde la ag ricultura y el agua, los elem entos prevalentes en la econom ía de las Islas hasta entonces, (González Viéitez & Bergasa P e rdomo, 1995) hasta la comercialización masiva del ocio . La negativa inicial a comprar se convirtió, por tanto, en el periodo de dos años, en un expediente de expropiaci ón. L a superficie de suel o a expropiar aum entaría en cada comunicación oficial. Sólo cuatro meses después del encargo de expropiación, el director general del Instituto Nacional de la V ivienda, “en uso de las atribuciones que le están conferidas ”, se “complacía” en sig nificar al director g eneral de la Gerencia de Urba nismo que había resuelto “am pliar dicho polí gono hasta un total de 31 0 hectáreas”, es d ecir, 60 hec táreas más qu e cuatro meses antes, y le encomienda “la tota lidad de las fases que restan del susodicho polígono” y por primera vez le dar á su nombre def initivo: “Se denominará Jin ámar”. 5 Tres meses después de ese últim o encargo , el 1 de junio de 1968, se certificaba que l a zo na que interes aba a la Adm inistración aumentaba e n casi sesenta hectáreas y se convertía en las 307 hectáreas definitivas (3.074.500 metros cuadrados) , en el do cumen to que con esa f echa se eleva al director - gerente d e Gerencia de Urbanismo de Delimitación y Prev isiones de Planeamiento del Polígono 4 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de Las Palm as de Gran Canaria. Expedi ente 62 A. Carpe ta 56. “Encarg o fases delim itaci ón y expropi ación polígono residenc ial de L as Palmas de Gran Canaria”. Instituto Nacional de la Vivie nda. Mi nisteri o de la Vivie nda. 2 de n ovi embr e de 1967 . 5 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de L as Pal mas de Gran Canaria. Exped iente 62A . Carpeta 56. “E ncargo t otali dad fase s polígo no reside nci al Jinám ar de 310 hectáre as en Las Palmas de Gran Canaria ” . Madrid. 9 de marzo de 1968 . [ 147 ] ‘Jinámar’, en los términos municipales de Las Palmas y Telde, 6 un documento que rubrica para su sometimiento a inform ación pública y en el que ya se encuentra buena parte de la in formación que, casi cu atro años más tarde, en enero de 1972, conformará el Plan Parcial de Ordenación del Territorio del Polígono residencial ‘Jinámar’ sito en los término s municipales de Las P almas y Telde . 2.1. Una expropiación ‘considerada’ En esa delim itación inicial ya se justifica la intervención estatal, sin contar con los ayuntamientos afectados por la medida, en virtud del artículo 3º de l a Ley 52/1962, de 21 de julio, sobre valoración de terrenos sujetos a expropiación en ejecución de los Planes de Vivienda y Urbanismo, dado que se autoriza al Gobierno “la delimitación de polígonos de actuación existan o no confeccionados o apr obados los respectivos Planes de Ordenac ión Urbana Generales o Pa rciales, la mo dificación, en su caso, d e las previsio nes contenidas en Pla n General que haya de actua rse mediante la delimitación prevenida en el artículo 121 de la Ley del Suel o y la fijación de precios máximos y mínimos de valoración”. El permiso aludi do se circunscrib ía a zonas o demarcaciones en las que hubiera de actuarse para la ejecución del Plan Nacional de la Vivienda y de los de Urbanismo, y cuando lo exigieran los proyectos urbanos de inmediata ejecución – caso en el que, dice el docum ento, se e ncuentra el Polígono de Jinámar – pero, curiosament e, se propone la delimitac ión, por una parte, por las “ne cesidades del Instituto Nacional de la Vivienda” y por otra por “distin tas consideracio nes de orden técnico y económico - social que a fectan a las po blacione s y a los terrenos con posibilidades de util ización urbana en estas localidades”, q ue “aconsejan la elecci ón de este polígono ”. No se explica por qué se d iferencian las necesid ades del INV y las de la población, ni si son las mism as, pero las “co nsideraciones” que se ofr ecen son: a) La existencia de 7.500 fami lias en “condiciones ínfimas” . El informe esgrime razon es sociales, y asegura que “l os estudios realizados de famili as que viven en condiciones ínfimas de la ca pital arroja la cifra de 7.500. La 6 Archivo S erv icio de Ar quitec tura y Ur banism o de Las Palmas de Gran Cana ria. Ex pedie nte 62A . Carpeta 56. “ Delimi taci ón y Previsi ones de Pla neami ento del Polígo no ‘Jiná mar’, e n los térm inos mu n icipales de Las Palmas y Telde” . Madri d. 1 de juni o de 196 8 . [ 148 ] solución de este primer problema exige suelo económico para construir el tipo de vivienda q ue necesitan estas clas es sociales m enos favorecidas”. Adem ás, en la única frase que no se repet irá cuatro años desp ués en el Plan Parcial, asegura que “así se justif ica la iniciativa oficial que secu ndará a la privada en materia de previsión de vivienda”. b) “Crecimiento explosivo” . Es esgrimido el “c recimiento explosivo ” de la población al considerar que “e n el aspecto demográf ico Las Palmas ha experimentado en el peri odo intercensal 1950 - 1960 un crecimiento del 26,49%, y Telde, en el m ismo periodo , del 35,31%. Este crecim iento explosivo de la población agudiza notablemente el problema de la vivienda y la consiguiente necesidad de suelo urbanizado ”. c) La absorción de mano de obr a . Los grandes n úcleos de absorción d e mano de obra de la Isla “se lo calizan en el Puerto de l a Luz y en la zona indu strial de Telde, núcleos en progresivo crecimiento como lo prueba la actual am pliación del Puerto y el desarrollo del polígono indus tria l de Telde ”. d) El emplazamiento “más idóneo”. El em plazamiento se c onsidera “el m ás idóneo pues el desarro llo de ambas ciudades se localiza en l a dirección de la autopista de Gando, que comunica las dos entradas de la Isla, el aeropuerto y el puerto”. e) “F ácil acces o y transporte”. E l polígono “ se apoya en la citada autopis ta por el Este y la antigua carr etera del Sur por el Oeste, lo qu e le proporciona f ácil accesos y transporte ”. f) “Ab astecimien to de agu a inmediato” . El documento aduce que “a simismo las plantas potabi lizadoras se localizan en las inmediaciones, en la Punta de Piedra Caballera, p or lo que el abast ecimiento de agua será i nmediato ”. g) “Productos para el mercado afr icano”. En un análisis prospectivo, dice que “p or otra pa rte, existe u n ambicioso p royecto de amplia r la zona industrial de Telde, con vistas a man ufacturar productos para el m ercado africano, que creará gran número de puestos d e trabajo en las inmediaciones d el lugar elegido para el polígono”. h) “Reservas agotadas”. Y, finalmente, “ cabe destacar que las r eservas de terrenos del Plan G eneral de Ordenación Urbana de Las Palm as están prácticamente ago tadas ”. [ 149 ] Este estudio prospectivo el ude, curiosam ente, la asunción por parte del sector servicios y de la nueva industria turística del protagonis mo en la generación de nuevos empleos. La ter ciarización de la econom ía de Gran Canaria, sin embargo, era evidente: en 1964, cuatro años antes de esa propuesta de expropiación, los empleos del sector se rvicios en Canarias e ran el 11,2% d el total, y ll egar ían a ser el 16, 6% en 1971 – un año antes de la elaboración del Plan Parcial del Polígono de Jinámar – y alcanzaría el 21, 9% en 1975 – ci nco años antes de que el Polígono fuer a definitivamente habitado – . Por el con trario, el secto r industrial a l que alude la propuesta de expropiación disminuyó desde el 17,2% de 1964 al 11,2% ( 1971) y a un 9, 6% (1975) (Casariego Ramírez, 19 87 : 38 ) , lo que suponía ya en buena medida la consumación del giro de la economía canaria, y de Gran Canaria, germen de la industria tur ística en las Islas. Los futuros habitantes del Polígono de Jinám ar tendrían sus empleos, según el estudio, en la pu janza del Puerto de la Lu z y de la zona industrial de Tel de y en el comercio de productos manufactura dos con los países af ricanos. Ceñía las posibilidades del empleo de los futuros vecinos del Polígono de Jinám ar en la posición estratég ica de sus viviendas , de la nueva zona resid encial, respecto d e zonas industriales. No dice nada de que el mayor gen erador de empleo, el sect or servicios, se situaba en Las P almas de Gran Canaria, de donde muchos de ellos se m udarán hasta el nuevo Polígono, y en el Sur de la Isla, donde ya se planificaba desde principios de la década de los sesenta el nuevo sector pujan te. En realidad, siguiendo la misma lógica e sp acial de proximidad con los posibles puestos de traba jo que seguía el documento del M inisterio de l a Vivienda, se les al ejaba de la act ividad económ ica que en mayor proporción creaba puestos de tra bajo en ese momento y que los iba a crear en Canarias du rante las década s siguientes. El estudio con cluía que “p ara la actuac ión – la nu eva r esidencia de esas familias – p arece la más adecuad a la zona que a con tinuación se delim ita”. 2.2. La delimitación : las fronteras de u n solo propietario El documento de delimitación, rubricado el 1 de juni o de 1968, cifra en 3.074.500 metros cuadrados la superficie de la finca a expropiar, de los cuales 1.40 9.375 metros cuadrados pertenecen al municipio de Las Palmas y 1.665 .125 metros cuadrados al término municipal de Telde. Es decir, el 54,15% de la superficie en Telde, el 45,85% [ 150 ] restante en Las Palm as de Gran Canaria. Pese a la distribución m unicipal de la finca, la construcci ón de las viviendas y el em plazamiento real del Polígono en sus primeras fases será el m unicipio de T elde, al m enos en un 80% . Esos límites eran : a) NORTE . Línea recta que va desd e la cruz situa da en la Montaña Pi conera, en dirección Este, hasta su encuentro co n la carretera del Su r – y que se prolonga ide almente hasta la Peña Caballera – y en dirección O este hasta el fon do del barranco de Jinám ar. La propiedad situad a al Norte pertenece a lo s Señores Naranjo. b) ESTE . Nueva carretera o autopista d el Sur. c) SUR. Terrenos de herederos de D iego del Castillo, m ediante el Barranco R eal de Telde. d) OESTE . Par tiendo del punto de confluencia del lindero N orte con el Barranco de Jinámar y en dirección Su r, va la línea límite por el cauce del Barr anco citado dejando a la de recha las tie rras de D. Vicente de la Nueva y de la propiedad, llam ados también de los F arias, hast a el pozo de la Virgen; de allí, siguiendo la serven tía pública, pasa por la cerca de la huerta que está a la espalda de la Erm ita de Nuestra Señora de l a Concepción y saliendo po r dicha serventía ro deando la citada huerta, va a la plaza de Jinám ar siguien do después el lindero por los vestigios del antiguo camino de Telde, separando este camino tierras de D . Urbano Cabrera y D. R afael Lorenzo, hasta llegar al Barranquillo de la Cruz Chiquita y de aquí sigue hacia el Sur, separando tierras de D. Juan B etancor Ojeda y otros a d ar al malpaís o lava v olcánica que corre por el centro d e la cañada que se form a al Sur; sigue dicha lava hacia abajo separando las tierras del Cortijo de herederos de D. Diego de l Castillo hasta el barran co Real de Telde. En total, poc o más de 307 hectáreas que o cupa una sola finca “de la que es propietar io D. Alejan dro del Casti llo y del Ca stillo y usu fructuar ia Dª María Teresa Rivero del Casti llo - Olivares” que se proponen expropiar y que se somete “a información pública”. 7 7 Archivo S erv icio de Ar quitec tura y Ur banism o de Las Palmas de Gran Cana ria. Ex pedie nte 62A. Carpeta 56. “Delim itaci ón y Previsi ones de Pla neam iento del Polígo no ‘Ji námar ’, en los térm inos muni cipale s de Las Palm as y Telde”. Madri d. 1 de juni o de 1968 . [ 151 ] 2.3. El Plan Par cial: 52.470 personas, 11.660 viviendas Casi cuatro años después, en enero de 1972, los arquitectos Vicente Sánchez de L eón Pachec o y Jorge Roca de Togores 8 rubrican el documento de Plan Parcial de Ordenación del Polígono Residencial Jinámar , 9 necesario p ara a comete r la polític a estatal decidida sin n ecesidad de som eterse al pl aneamiento previo de los ayuntamientos. En ese docum ento se repiten, cas i cuatro años después, frase por fr ase, las razones por las que s e considera el enclave c omo idóneo, así com o las perspectivas de comunicación y laborales de sus futuros veci nos. Sigue sin haber mención a la actividad tur ística. Tras advertir que “la ne cesidad esencial de un estudio de esta naturale za ” e s demostrar que la operación de obten er suelo urbanizado, mediante su adquisición y la realización d e las obras primarias de urbanización para su posterior c esión a los diversos promotores , “ resulta adecuada a las c ircunstancia s propias de la localidad en que está situado este polígono”, se ofrece un estudio económ ico: el coste de la adquisición del suelo (217.646.150 pesetas), el coste de las obras de urbanización (553.410.000 pesetas), el coste final del suelo urbanizado (771.056.150 pesetas), el coste unitario de la expropiación una vez añadidos los proyectos y la ejecución (80,82 pesetas el metro cuad rado), el coste unitario de la urban ización (200,6 pesetas el metro cuadrado), para un coste final del polígono urbanizad o de 949.941.176 pesetas (308,97 pesetas el metr o cuadrado). Los arquitectos consideran que “qu eda demostrada la posibilidad de financiación del Polígono”, toda vez que el pre cio del terreno por metro cuadrado (558,05 pesetas) su pone un 20,36% del coste medio de edificación general por metro cuadrado (2.740,06 peset as), por debajo del 33,33% que sup ondría la fron tera comparativa entre am bos parámetros “según las disposicione s oficiales en v igor” para que “el cost e de los terrenos urban izados repercuta sob re la edificación de forma razonable y ade cuada a las posibilidade s de la localidad”. 8 Tam bién figu ran com o técnic os colabo radore s los inge nieros d e Cam inos Satur nino Alons o Vega y Sergi o de la Fe M arrero, de Las Palm as; el ingenier o de Monte s Juan No gales He rnández , tam bién de Las Palmas; el econ omis ta José Lui s San Ma rtín, de Ma drid; y el soc iólogo J osé Lui s Esco hotado, de Santa Cruz de Ten erife. 9 Archiv o Ser vicio de Arqui tectura y Urba nism o del Ayu ntami ento de L as Pal mas de Gran Ca naria . Exped iente 62B . Carp eta 57. “ Plan Parcial de Orde nació n Urbana Reside ncial del Pol ígono de Jinám ar y proyecto de par celación ” . Madri d. 1 de juni o de 196 8. [ 254 ] fútbol, zona de ocio, donde los niños pudieran ha cer actividade s y hacer cosas… es qu e esa fue la lucha, p or los crímene s y cosas raras qu e vimos en Jinámar, las carreteras en condiciones, las señalizaciones, pero en fin, nos costó muchos años de lucha, mucho… 149 nada, pues o en la casa o a la calle… con una pelota, con una bicicl eta… hubieron muchos atropellos de niños, porque no había ni un par que, ni una cancha, porque las canchas del colegio, normal, las cerraban… las cerraban las canchas del colegio, y no había nada donde jugar… los barrancos, la calle, o la casa, eso era lo único que había… 150 El peligro para ellos, s in embargo, no sólo se encontraba en la ca rretera. Durante los primeros años, otro menor murió al ser al canzado por una perdigonada . 151 Tres niños se h abían internado en la finca co lindante a lo qu e fue el Valle d e Jinámar, propiedad de Agustín M an rique de Lara, y su guardián disparó para ahuyentarlos. Una de las perdigonadas alcanzó a un menor, de 10 años . 152 Al parecer, e l Polígono de Jin ámar estaba l imitado por front eras también hostiles para la inf ancia. Una niña moría en la desemb ocadura del b ar ranco de Las Goteras, en la playa de B ocabarranco, otro de los espacios par a e l ocio que encontraban los menores en su nuevo barrio. Tenía 9 año s. 153 Y por rincone s igualmente peligrosos, en su interior. Otro niño estaba a punto de morir electrocutado en un torreón de la luz en el barrio, tras internarse en él con otros tres menores . 154 Otra chica, de 17 años, moría al caer por el huec o de un ascensor estropeado, también en el fatídico bloque 17 del Polígono de Jinámar . 155 Y los menores, en un escenario hostil, acababan por convertirse en un peligro para otros menores. Tres niños de 8, 6 y 4 años de edad d el Polígono de Jinámar eran agred idos por una pandilla de siete menores de alrededor de 10 años . 156 Aunque el caso más extremo es el de una niña de 7 años: murió de inanición, en una chabola de El Confital, pero procedía del Polígono de Jinámar. Su madre había sido adjudicataria d e 149 Apéndice I. Entrevista a Reyes Hernández ‘Rey itas’. 150 Apéndice I. Entrevista a Inmaculada Pérez Trujillo. 151 Niño m uerto de una perdig onada (20 de ma yo de 1981 ). La Pr ovinci a , p. 43. 152 Manifes tación de duelo (21 de mayo de 1981 ). La Prov incia , p. 43. 153 Niña ah ogada en Bocaba rranc o (27 de agos to de 198 1). La Provi ncia , p. 35. 154 Un niñ o de 14 años, a punto de morir ele ctrocut ado (1 de junio de 19 83). La P rovinci a , p. 47. 155 Puntos c onfus os en l a muer te de una chica en el P olígon o de Jinám ar ( 19 de ag osto de 1983). La Provincia , p. 52. 156 Tres niños t ortura dos en J inám ar (4 de febre ro de 1 982). L a Provi ncia , p. 43. [ 255 ] una vivienda y la había vendido para dar de comer a sus trece hijos. Aducía que la niña tenía una enf ermedad que le impedía nu trirse . 157 Ese ter ritorio hostil para la infancia no parece derivarse de una hiperbólica titulación p eriodística. La pres encia de un estanque, el ‘ Estanque de la Duquesa’, invitaba a un suelto periodístico bajo el título de Jinámar: los niños juegan con la muerte : “En Jinámar los niños juegan con la muerte. Todos los días puede ser el último. El llamado ‘Estanque de la Duquesa’ tien e las fauces abiertas dispuesto a engullirlos [...] se trata de una zona fétida, un auténtico ver tedero al que se arrojan animales muertos y d esperdicios. Y, al lado mismo, será el terribl e ‘Estanque de la Duquesa’, con sus aguas verdes y m alolie ntes. Allí van todos los d ías pandillas de chiquillos para pescar ranas y para bañarse. Cualquier día podrá m orir uno de ellos: bien por infección o por asfixia. Los niños que corren más peligro son lo s que habitan en los bloques 20 y 22, en las cercanías del estanque”. 158 Cuando llegaron al Polígono de Jinámar, los menores, procedentes de m uchos otros barrio s de Las Palm as de Gran Canaria y Telde, incapaces po r edad para la movilidad hacia otros espacios, asum ieron resignados l a mudanza fam iliar. “ La verdad es que de entrada no nos gustó, pero bueno, eso era lo que había”. 159 2.7. Campo de concentración, inframanhattan : la sincrónica petición de más viviendas y la denuncia de la exclusión. E l fin d el Polígono vertical No so lo se trataba de un territorio hostil para la infancia. Los vecinos del P olígono de Jinámar convivían con la tragedia, provocada casi s iempre por las car encias de la planificación pública. Dos jóvenes trabajadores fa llecían en e l Polígono, en el in terior de una alcantarilla, entre los bloques 40 y 41, por l as emanaciones de gas. “Un tercero, vecino de uno de los bloques, que se apercibió de los hechos y acudió en su auxilio, estuvo a punto d e per ecer asfixiado, pudi endo ser rescatad o por otros vecinos”. 160 Unos veci nos habían ale r tado d el p eli gr o. La comunidad de propietarios de ese bloqu e 40 había dirigido a l delegado del MOPU, seis días antes de la tragedia, un escrito firmado por su presidente, Vicente Alsó Pérez, e n el que entre otras muchas 157 La niña que muri ó de inanic ión padec ía olig ofrenia (17 de ene ro de 198 2). La Pr ovinci a , p. 51 . 158 Jinám ar: Los niños juega n con la muert e (24 de juni o de 1 984). L a Provinc ia , p. 11. 159 Apéndice I. María de los Ángeles Aguilar, en entrevista conjunta a María de lo s Ángeles Aguilar y María del Carmen Aguilar. 160 Hatchuell, D avid (19 de oct ubre de 1982). Dos muertos por emanaciones de una alcantarilla en el Políg ono de Jiná mar. La Provincia , p. 47. [ 256 ] cosas advertía que “l as tapas de las alcant arillas, situadas en l as aceras próxim as a los bloques, entrañan un grave peligro especialmente para los niños” . 161 Justo un año antes otro trabajador, residente en el propio Pol ígono, ha bía fallecido cuand o le caían varios bloques encima . 162 Las condicio nes de dureza extrem a de la vida en el Polígono de J inámar no son desconocidas para las institucio nes. E n las gobernadas por el Partido Socialista (PSOE), éste con taba con dirigentes especi alizados , y com ienzan a extender un mensaje político coord inado y contundente respecto de la naturaleza urbana del Polígono de Jinámar. José Med ina Jiménez, conceja l de Urbanism o de Las Palmas d e Gran Canaria , que ya había adverti do antes del poblamiento del P olígono y d e la llegada del m i nistro Sancho Rof en su visita al mismo sobre que “ la política del Gobierno en materia de urbanismo no es política de Estado, sino polít i ca de partido, de la UCD” , 163 insiste en la orfan dad admin istrativa – “hay en Jinámar aho ra mismo una población de 10.000 personas que en tres o cuatro a ños podría llegar a las 50.000 […] es un polígono puesto en los límites de dos municipios, Las Palmas y Telde , y est á el problema de quié n va a gestionarlo ” 164 –. Un año más tarde, la nueva Administración esta tal, ya también socialista, h ace suya esa reflexi ón. Pero la amp lía a los problemas sociales ya generados por el propio Polígono. El director g eneral del Instituto de Promoción Pública de la Vivienda (IPPV), Francisco de Vera, anuncia que “la filosofía del polígono de viviendas va a ser sustituido por la de los bar rios, que es lo que tiene sentido y todos co nocemos en el desarrollo urbanístico” , 165 y un concu rso entre prof esionales urbanistas pa ra reform ar el Polígono de Jinám ar “para que sea menos denso e n construcción y algo más hum ano, además de evitar que lo que se traspase a los ayuntam ientos sean después problem as a los que, con su economía, n o puede n da r sol ución” , 166 tras califica r de “actuación mala” la realizad a en el Polígono de Jin ámar y reconocer que “provoca una serie de problemas 161 Hatchuell, D avid (19 de oct ubre de 1 982). D os muert os por e man aciones de una alca ntarilla en el Políg ono de Jiná mar. La Provincia , p. 47. 162 Un ob rero m urió cua ndo tra bajaba en Ji námar (6 de octubr e de 1 981). La Provincia , p. 39. 163 El PSOE interpelará al Gobierno sobre la po lítica del MOPU en Las Palmas (1 de diciembre de 1979). La P rovinc ia , p. 9. 164 Alem án, José A. (24 de e nero de 19 82). “S oy opt imist a sobre el futuro de la ci udad”. La Pr ovinci a , p. IV/22. 165 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y desarrollar la de los b arrios”. La Provi ncia , p. 5. 166 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y desarrollar la de los b arrios”. La Provi nc ia , p. 5. [ 257 ] sociales” . 167 El propio V era, grancanario que h abía accedido a la responsabilidad estatal de la promoción pública de vivie nda s, había llegado a calificar de “cam po de concentración” 168 y r ealizado una dura diagnosis de su construcción social. “ El Polígono de Jinámar debe cam biar de imagen. Tiene que dejar de se r un campo de concentración, un destierro pa ra los ‘ benef iciarios ’. Hace falta una colaboración de los arquitectos para remodelarlo y convertirl o en una ciudad habitable, en humanizar ese espacio” , 169 dice. L as advertencias son múltiples desde e l period ismo y la lite ratura – “ Hay entornos que propician la agresividad […] la pérdida de la propia identidad, que se diluye en esas colm enas sin equipamientos n i servicios (Jinámar y San Cristóbal, sin ir más lejos) 170 – , y que hacen suyos incluso los calificat ivos de la diagnosis institucional so cialista – “ [… ] m eter a millares de personas d e distintas procedenc ias, niveles culturales, profesiones y oficios en un ‘ polígono de concentración ’ , sin poner paralelam ente la inf raestruc tura colect iva adecuada es encender la m echa de la crispación ” 171 –. Pero el análisis m ás inteligente, l úcido e irónico procede de las entrañas del periodismo y de los propios protagonistas a l os que da voz, con una impagable literatura de urgencia, y que etiqueta el Polígono de Jinámar como “un ‘Infram anhattan’ af ricano” . 172 “Las Palm as es Pinto y Telde es Va ldemoro. A remolque de ambos puntos, a trancas y barrancas rojizas, en un territorio innombrable, como quistes gigantescos q ue han desolado la antigua vega agrícola, se alzan los bloques – tan de pronto absurdamente distanciados en complicada orografía y t a n de pronto absurdamente acolmenados – del Polí gono de Jinámar” , 173 describe Salvado r Sagaseta. Sus descripcione s son la mejor forma de ubicarse en e l Polígono de Jinám ar, en el año 1983. “ No es precisamente un barrio dormitorio, con una población 167 Cansi no, Pac o (16 de dic iem bre de 1983). “Hay que abandona r la fil osofía de los políg onos y desarrollar la de los b arrios”. La Provi ncia , p. 5. 168 C., B. (6 de mayo de 1983 ). “El Políg ono de Ji námar tie ne que dejar de ser un cam po de concentraci ón”. L a Provinc ia , p. 11. 169 C., B. (6 de mayo de 1983 ). “El Políg ono de Ji námar tie ne que dejar de ser un cam po de conce ntraci ón”. La P rovinci a , p. 11. 170 León Barr eto, Luis (8 d e octubre de 1983) . La ciudad. La Prov incia , p. 10. 171 Tristán Pimien ta, Ángel ( 21 de julio de 19 83). Pol ígonos de concent raci ón. La Provincia , p. 12. 172 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano. La Provi ncia , pp. 10 y 11 . 173 Sagaset a, Sal vador ( 23 de ag osto de 1 983). El Políg ono de Jinámar, un “inframanhatann” africano. La Provi ncia , pp. 10 y 11 . [ 258 ] mayoritariamente en paro, q ue sólo en los mejores de l os casos cobra sub sid ios y que reúne a centenares de jóvenes que nunca han conocido trabajo. Pero es un barrio como para echarse a dorm i r. Se respira un a tranquilid ad sospechosa: una tranquilidad por defecto – de ausenc ia – y no por exce so. Parece que s iempre son las t res de la tarde, con niños subjugando en los recovec os guarroparduzcos al pie de los edificios, vestidos con prendas incogr uentísimas, y con las madres sin sali r nunca de las piezas más que para la compra, distribuidas mínimamente por cuatro en cada planta” , 174 dic e de la zona superior del barrio. Ya en la zona de las torres, añade que “carece n en sí de servicios, m ás que los que logran a espaldas, tra s un atajo sobre tierra, en el propio pueblo […] al pie de uno de los bloques, unas niñas que se cuidan mutuamente, de más grandes a más chicas, nos ind ican que el presidente de la com unidad vive en el séptimo piso. El ascensor no f unciona, y tras chupar escalera, al fin en el andén de la planta 7, lo encontramos sin cam isa, participando en las operaciones de revisión del aparato”. 175 El presidente de la com unidad, tres añ os después de las prim eras mudanza s , ya participa de la resigna ción. “Nosotros no sabemos si somos moros o cristianos; la mayoría estam os empadronados en Las Palmas, y sin embargo p ertenecemos al ayuntamiento de Telde ¿Quejas?, mira, si quieres te invito a que lo compruebes: el agua es pésim a, vamos, fatal, es im posib le cocinar con ella ; intentas preparar la le che e inmediatam ente se corta. Son tantas las nec esidades del barr io [… ] Bueno, tú mismo lo habrás podido comprobar, basta echa r un simple vistazo” , 176 le s ugi ere al periodista . Con esa dura diagnosis, desde el periodismo y las instituciones, la par adójica tensión entre necesid ad de vivienda y la ca rencia d e condiciones de habitabilidad perm anece, com o ocurría antes de que el Polígono f uera habit ado. El anuncio de nuevas viviendas en el Polígono de Jinám ar es con tinuo – desde las 1.008 de 1980 , 177 se anuncian nuevas promociones, entre ellas 444 en 1983 , 178 y otras 384 en 1984 179 – 174 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano. La Provi ncia , pp. 10 y 11 . 175 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano. La Provi ncia , pp. 10 y 11 . 176 Sagaseta, Salvador (23 de agosto de 1983). El Polígono de Jinámar, un “inframanhatann” africano. La Provi ncia , pp. 10 y 11 . 177 Conc urso de sue lo públi co 1980 pa ra el fom ento de la c onstrucc ión d e viviend as de prot ección oficia l (16 d e agost o de 1980). L a Provi ncia , p. 17. 178 Castro, Maribel ( 14 de juli o de 1983). Aument ará el núm ero de vivi endas para Telde . La Provi ncia , p. 47. [ 259 ] derivado del hecho de que, como se hace notorio cada vez que se anuncia un nuevo paquete de viviendas, “el polígono tiene capacidad para 12.000 viviendas, de las que ya están construidas unas 3.400”. 180 Esa tensión, en la que existí a la conciencia de que se estaba produciendo un espacio urbano en el que se resolv ía la carencia d e vivienda pero no de convivencia n i de desarrollo social, en la que se engendraba la exclus ión, cristaliza en la paradoj a de que, mientras se pedían más viviendas de forma continua 181 para el Polígono de Jinámar, se advert ía de sus consecuencias por p arte de las mism as instituciones . nosotros desde el primer momento veíamos que esto iba a generar un nuevo gueto en la isla de Gran Canaria, y claro, era responsabilidad nuestra t ambién de advertir a quien tenía las competencias, que era el Gobierno, que había que ponerle freno, y que p en saran que si seguían con este programa, en lo que esto iba a terminar… 182 H asta el punto de que, en días suce sivos , el prop io A yuntamiento de Telde, tras una reunión con el delegado del MOPU, Augusto Menvielle, anuncia a la vez que habrá más viviendas para el municipio 183 – en el Polígono de Jinámar – y la propia alternat iva para evitar la sobredim ensión del Polígono y lo que entiende n un equilibrio entre las viviendas y los equipamientos: la negati va a conceder licencias para edifi ci os altos en el Polígono de Jinámar . 184 La petición de modificación del P lan Parcial del Polígono de Jinám ar de 1972 se justificó, en una moción presentada p or el alcalde de T elde , 185 en los “elevados costes de m antenimiento de los servicios urbanísticos” , 186 así como de “las 179 Mil m i llones p ara 384 vivie ndas e n Jinám ar (12 de ene ro de 1 984). La Provinc ia , pp. 1 y 5. 180 Mil millone s para 384 vi vienda s en Ji nám ar (12 de enero de 198 4). La Provincia , pp. 1 y 5 . 181 Telde insist e en c onseg uir 60 0 vivien das en Jinám ar (2 2 de ab ril de 1982). L a Provi ncia , p. 6. 182 Apéndice I. Entrevista a Aureliano Franc isco Santiago Castellan o. 183 Castro, Maribel ( 14 de juli o de 1983). Aument ará el núm ero de vivi endas para Telde . La Provi ncia , p. 47. 184 Cast ro, Mari bel (13 de juli o de 1983 ). No h abrá m ás lice ncias para edifi cios al tos en e l Polí gono de Jinámar. La Prov incia , p. 2 7. 185 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 1983 . Moción sobre mo d ificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de 14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48. 186 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Pol ígono d e Jinám ar. Lib ro de Actas de 14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48. [ 260 ] instalaciones de los edificios ”, 187 “ los graves problemas de convivencia generados por la alta densidad de población” , 188 y las “difíciles condiciones de v ecindad en que se debaten las com unidades de adjudic atarios debido al e levado núm ero de familias que lo i ntegran”. 189 La alternativa que se ofrece al Inst ituto de Prom oción Pública de l a Vivienda – cuyo re sponsable había tenido calificativos tan d uros co n el Polígono y su conformación – es la de edificaciones de cuatro plantas, ev itando las to rres de once altur as, para la totalidad del Polígono, y “la redistribución de los usos establecidos de forma que si hubiese lugar a la dism inución del número de viviendas ést a sea mínima con respe cto a la can tidad total p revista en e l Plan Parc ial vigente” . 190 Era la cuadrat ura del círcu lo de la tensión ent re preservar la reserv a de suelo para las necesidades d e vivienda y evita r un ur banismo que fracturara la convivencia. El Polígono de Jinám ar dejaría de se r la constatación del “ch abolismo vertical” , 191 la respuesta pública a l a carencia de vivienda, q ue había suplido al “chabolism o de azotea” 192 la estrategia f amiliar en ba rrios de procedenci a de la pobl ación de Jinám ar como La Isl eta. A pa rtir de entonces no se volverían a construir bloque s de más de cua tro plantas. Pero tampoco, ni de lejos, se construiría en virtud de las más de 11.000 casas para 52.0 00 personas que había im aginado el Plan Parc ial. Cuando no se habían cumplido cuatro años d e la llegada de los primeros habitantes, el Plan P arcial ya tenía que ser ref ormado por los proceso s sociales que había construido, y el propio polígono – co mo el resto de los g randes polígonos de los setenta – tenía ya que recibir una inyección económica para su rehabilitación . 193 El alcalde de Las P almas de Gran Can aria, Juan Rodríguez D oreste, anunciaba ad emás que los polígonos – Ji námar, Cruz de Piedra, y San Cristóbal – serían recibido s por el 187 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Lib ro de Actas de 14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48. 188 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de 14/3/ 84 al 27 /12/84, pp. 47 - 48. 189 Secretaría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de 14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48. 190 Secreta ría General del Ayuntamiento de Telde. Acta Pleno del Ayuntamiento de Telde del 19 de julio de 19 83 . Moción sobre modificación del Plan Parcial del Políg ono de Jinámar. Libro de Actas de 14/3/ 84 al 27/1 2/84, pp. 47 - 48. 191 Apéndi ce I. E ntrevi sta a A ntoni o Sosa Marrer o (I). 192 Apéndice I. Fr ancisco Zum aquero, e n entre vista conjunt a a Fra ncisco Z uma quero, Enr ique C aro Zamora y Andrés Armas Pascual. 193 El MOPU invertir á 400 millones para rehab ilitar San Cristóba l, Cruz de Piedra y Jinám ar (8 de diciem bre de 1 983). La Pr ovinci a , p. 5 . [ 261 ] ayuntamiento “en cuan to las obras correspondientes a sus proyectos de urbani zación aprobados estén absolutamente concluidos por el propio MOPU y con la aceptación de las oficinas técnicas m unicipales” . 194 El Polígono de Jinámar no sería recibido ni por el Ayuntamiento de Telde ni por el Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria. 194 El MOPU invertir á 400 millones para rehab ilitar San Cristóba l, Cruz de Piedra y Jinámar (8 de diciem bre de 1 983). La Pr ovinci a , p. 5 . [ 263 ] IX . EN EL PO LÍGONO ( II): DE LA OCU PACIÓ N DEL ABANDO NO PLANI FICADO A LA AP ROPIACIÓ N VECINA L. LA GÉNES IS DE LA EXCLU SIÓN (19 80 - 1984) (II) Cada treinta fa milias o ca sas de lab ranza eligen un a vez al añ o lo que en su anti guo lenguaje l lamábase un sifogran te, al que ahora dan el nue vo nombre de filarc a. Utopía . Tomás Moro 1. ESPACIO S APROPI ADOS, M OVIMIENTO S SOCI ALES Y MOVIMI ENTO VECINAL El abandono planificado y la despos esión del derecho a la ciudad – el derecho a una vivienda digna lo hab ían alcanzado – de los vecinos del Polí gono de Jinámar no evitó que éstos, desde un prim er momento, afrontaran y reclam aran su derecho a ser ciudadanos desde las otras dim ensiones de ese derecho a la ciudad s ustraído: la actividad participante y la pugna po r la apropiaci ón del e spacio (Lefebvre, 1975: 159) . Los vecinos del Polígono de Jinám ar acometieron la voluntad de transformación del espacio que se les habí a producido y su conversión al ámbito de los espacios apropiados, espacios “no soportados, no aceptados por una resignación pasiva” (Lefebvre, 1975: 136). Es a apropiación vecinal, junto al abandono planificado, explica los primeros años (1980 - 1984) de la construcción del Polígono de Jinámar c omo proceso social, y supuso la gestación de una forma de organiz ación social y ve cinal específ ica, que se consumó con la constitución durante esos a ños fundacionales de un Movimiento Vecinal cuy a demostración más ev idente, la m anifestación de los v ecinos del Polígono de Jinámar, a pie, recorriendo la distancia que separaba su propio ba rrio de la capital grancan aria y de la sede d e la Presidencia de l Gobierno de Canarias, en noviembre de 1984, supone una frontera evi dente en la c ronología de que se dotan lo s propios vecinos del Polígono o, cuando m enos , sus representantes vecin ales, en l a construcción de la propia memoria y de los acontecimientos que explican al Polígono de Jinámar en el tiem po. Ese Movimiento Vecina l s e construyó, en cierto modo, a imagen y semejanz a de las caracterís ticas que el asociacio nismo vecinal adoptó en las ci udades del Estado español durante la década de los se tenta. [ 270 ] ayuntamiento presentó en el MOPU una lista con nombre y apellidos de los que habían techado las dichas solanas”. 14 Esa participación púb lica de los sujetos individ uales en la visibilidad de las quejas por las condiciones del Polí gono de Jinámar da cuenta d e la ex tensión de l a reclamación de aprop iación vecinal, de necesidad de participación activa, en la construcción social del nuevo espacio urbano. Pero eran los dirigentes vecinales , organizados, quienes con más asiduidad llamaban la atención pública sobre la situación del Polígono y sobre esa d inámic a de apropiación , asumiendo y detentando su liderazgo ante la opinión pública. También reflejan sus co nflictos con la insti tución local, com o en el caso de José Arjona 15 – “ son lamentables actos co mo los que vivimos los vecinos del Polígono de Ji námar la tarde del 29 de junio” 16 – , pero con más frecuen cia lo hacen advir tiendo sobre la responsabilidad o riginaria, del MO PU estatal – “¿pero es que se olvida usted de que el Ministerio de Obr as Pública s quiere entregarle al ayunta miento de Telde el polígono en las condiciones de inhabitabilidad que todos conocemos?” 17 – , s obre las condi ciones del Palm eral de Jinám ar – “nuestra agradable sorpresa s e convirtió en desag radable al observar que una co nstructora tiene instalada en el palmeral una f ábrica de prefabr icados de blo ques y similares, la cu al, en un principio, se ocupa de estropear los árboles, pero no contentos con eso no s están sepultando todas las plantas y árboles con escombros traídos de otro lugar” 18 – , sobre las condiciones de los jóvenes en el propio Polígono – “soy un joven más que pade zco la enfermedad de la miseria, vivo en el Polígono de Jinámar y he aprendi do a escribir y luchar codo a codo con los míos, los obre ros, los marginados, los incultos […] Hoy he aprendido a hablar en plural, a transmitir lo nuest ro (lo nuestro es luchar)” 19 – , o, con una enorme clarividencia, sobre las múltiples variables que conducían a l fracaso escolar – “com ienza el año escolar […] p ara el Polígono de Jinámar será un curso m ás 14 Florido C alero, Jo sé Lui s (28 de junio de 19 84). N os repri men e n Jinám ar. La Provincia , p. 4 . 15 José Arjona, ya fallecido, es el único dirigente a c uya memoria se dedica una calle en el Polígono de Jinámar. 16 Arjo na, José (4 de julio d e 198 4). Lam entabl e acti tud de l alcalde de Telde. La Pr ovinci a , p. 4 . 17 Barrera del Pino, Rafael (6 de agosto de 1 98 3). El MOPU, culpable de lo de Jinámar. La Provi ncia , p. 4. Rafael Barrera del Pino era vo cal de la Coordinadora Popu lar de la Vivienda. 18 Miranda Jiménez, Mig uel Ánge l ( 3 de marzo de 198 4). Salvar el Parque Botánico del Polígono de Jinámar. La Provinc ia , p. 4. Miguel Ángel Miranda Jiménez era directivo de la asociación de vecinos 30 de Diciembre. 19 Cabre ra Soco rro, José (25 d e septi embre d e 1984) . En Jiná mar no e stán l oco s. La Pr ovincia , p. 4. José Ca brera S ocorro se present a como m iembro de la asoci ación de vec inos ‘3 0 de Dici embre’. [ 271 ] donde acumular frustraciones […] l uego vendrán con el cuento de los ‘ apocaos’ que son los niños canar ios, dado el alto índice de f racaso escolar” 20 –. Los dinamizado res vecinales y los sujetos individuales ex plican , en buena medida, la intensidad y extensión del proceso de apropiación vecin al . Pe ro u na interpretación p recisa de ese proce so sólo ser á posible en el aná lisis del liderazgo individual de dirigentes vecinales que, en un proceso de apropiación com partida del espacio social del Polígono de J inámar, lograron dotar al nuevo espacio urbano de un a identidad social, mediante las asociaciones v ecinales organiz adas que darán lugar a su Movimiento Vecinal. 2.2. La Coordinadora Popular de la Vivienda : el germen de la or ganiz ación vecinal. La dif usión del Polígono de Jinámar como conflicto de clase La construcción de ese espacio e identidad soci ales se había iniciado incluso antes d e que las vivi endas fueran habi tadas. Los preced entes de la C omisión de A fectados por la Vivienda en Telde 21 y de la Coordinadora Pro Vivienda , 22 auspici ada esta última desde el propio Ayuntamiento de Las Palm as de Gran Canaria y Unión del Pueblo Canario (UPC), pero con participación de partidos políticos, asociaciones vecinales y sindicatos, derivó en la constitución de la Coordinadora Popular de la Viv ienda, cuyos dirigentes proced ía n en buena medida del Partido Comunista de España (PCE) , aunque proclam an la independencia de ésta respecto de la o rganización partidaria. La Coordinadora Popular de la Vivienda supondrá un instrumento poliédrico: será un grupo externo al Polígono de Jinámar, pero i ntegrado también por m iembros de las propias asociaciones de vecinos que surgirán en el Polígono, y aglut ina rá las demandas y representat ividad de las fam ilias de los barrios obreros de la Isla, pero con especial act ividad en el caso de los políg onos, desde Jinám ar hasta Cruz de Piedra, San Cris tóbal o A rinaga. S u dedicació n inicia l fue, pre c isamente, dotar de estructura a la rep resentación vecinal de las familias. 20 García Rodríguez, Blas (23 de septiembre de 1984). El curso es colar en Jinámar. La Pr ovincia , p . 4. Blas García Rodríguez era pr esidente d el APA de l Colegi o Públ ico Monti ano Pla ceres, preside nte de l a asociación de vecinos El Corredera y posteriorm ente de la asociación de vecinos La Unión. 21 Capítulo V I . De Val le a Po lígono ( I): Una ci udad arti ficial para 52.4 70 perso nas. Epígrafe 3.3 . Telde : moviliza ción social . 22 Capítulo VI . De Vall e a Pol ígono ( I): Una ciuda d artifi cial par a 52.4 70 pers onas. E pígrafe 3. 4 . La Coordi nadora P ro Vivien da: parti cipaci ón veci nal y políti ca en la elecc ión de los adj udicat arios de Las Pal mas de Gra n Canari a . [ 272 ] Hubo primer o un trabajo global, ¿no?, que es el trabajo que hacía la Coordina dora de la Vivienda como tal, luego vino un trabaj o de crear estructura s ocial, es decir, g enerar asociacion es de vecin os en las que se ampliaba más que un bloque, porque allí hay dos cuestiones, una parte que correspondía al ayuntamiento de Telde y otra parte que correspondía al ayuntamiento de La s Palma s… a la misma vez crear la estructura d e la comunidad de vecinos d e cada bloque y explica rles mínimamente… [ …] se va formando por la tanto una estructu ra que sea capaz de gobernar el bloque… pero a su vez ir más allá, gobernar el barr io, gobernar la zona que le corresponde de la asociación de ve cinos, y después dar el salto a gobernar el Polígono, porque había cuestiones que eran claves: primero, dotarlo de los instrumentos necesar ios para el b arri o, no era cuestión de un bloque solo, era una cuestión que tenía que haber una lucha más social, más global […] todo ese elemento de lucha se fue coordinando desde abajo y era extraordinaria la participación… 23 La Coo r dinadora Popular de la Vivienda no será el único colectivo que, no habiendo surgido estricta y exclu sivamente del propio Polígono de Jinámar , se implica en la demanda por sus condiciones de vida. Las prim eras manifestaciones, tras el poblamiento del Polígono, ya cuentan con el r espaldo co nvocante de partidos políticos – PTC, PSOE, PCE – y sindicatos – UGT 24 – , pero prácticamente todos los partidos, sindicato s y organizacione s de la izquierda polí tica y social se unen a l as convocatorias, por una u otra r azón, que reivindican condiciones de mejor hab itabilidad del Polígono (tabla 2 ), en manifestacione s con la Coordinadora de Aparceros, Com isiones Obreras (C COO) o Asamblea de V ecinos , 25 o con UPC e incluso PSOE , 26 en una urdimbre reiv indicadora que une las demandas vecinales a consignas laboral es – “solidaridad con los aparceros” 27 –, o educativas, con presencia e intervencion es institu cional es, co mo la de los alcaldes d e Telde, Agüimes y S anta Lucía de Tirajana . 28 23 Ap éndice I. Entrevista a Segundo Mar tínez Vázquez, en entrevista conjunta a Segundo Martínez Váz quez y María Pu ig Barrios . 24 Hoy, manifestación en Telde (29 de feb rero de 198 0). La P rovinci a , p. 12 . 25 Mañana, manifestación pro - vivi endas (5 de noviem bre de 1 981). La P rovinc i a, p. 10 . 26 Gran concurrencia a la m anifestación de ayer (12 de dic iembr e de 1981). La Pr ovinci a , p. 12 . 27 Gran concurrencia a la m anifestación de ayer (12 de diciembre de 1981). La Pr ovinci a , p. 12. 28 Perea , R. (29 de julio de 19 82). Co nc entración para mejorar la EGB. La Provincia , p. 44 . [ 273 ] Pero l a asunción inicial de la representatividad de los intereses de los vecinos d el Polígono de Jinám ar, al menos en re lación con su trascenden cia pública, corresponde a la Coordinadora Popular de la Vivienda , ejer ciendo esa señalada lab or de urdimbre entre vecinos de distintos barrios y polígonos , 29 de reivindicac io n es económicas – la anulación de la cuota de entrada que debían satisfacer los vec inos beneficiarios de vivienda 30 o el fraccionamiento de las cuotas 31 –, o las co ns ta ntes demandas respecto a carencias de servicios ese nciales . 32 En síntesis, orienta ante la sociedad el conf licto del Polígono de Jinámar como un conflicto de clase. Ese ejercicio de urdimbre de la Coord inadora Popular de la Vivienda entre l as demandas vecinales, y de forma protagóni ca la de los vecinos del Polígono de Jinámar, con otras demandas sociales per mitía ge nerar un eficiente mecanismo de difusión pública . La actuación e n la que esa v inculación entre dem anda vecinal y otras reivi ndicaciones s ociales alcanzó una mayor difusión se produjo en una asamblea , conm emorativa de una Asamblea Pro Universidad previa, celebrada en 1972 . 33 A la cita , diez años después, convocad a en el Gabinete L iterario de Las P almas de Gran Canar ia, acudieron 400 personas que “pertenecientes a la coordinadora de viviendas y de 14 asociaciones de vecino s […] celebraron su asamblea particu la r” . 34 Esas 400 personas hicieron público un manifiesto, con sus propia s demandas u nivers itarias, pero fue el inicio de una ofensiva de recla mación pública : en los días poster iores, “un centenar de viviendas ocupadas” en los polígono s de Jinámar y San Cristó bal, “ 45 detenidos” por la Policía N acional, concentr ació n de 500 personas ante el Cabildo de Gran Canaria, “mil person as” concentradas an te el periódico ‘ La Provincia ’ “ para pro testar po r la información que publicam os” s obre la asamblea P ro Universidad , y recíproco “lanzamiento de piedras” por manif estantes y de “granadas de gases lacrim ógenos por la polic ía” 35 en el Polígono de San Cristóbal, constituyó la concat enación de acontecim ientos más difundida d e las or ganizadas por esa red vecinal de l entorno de los polígonos y liderada por la Coordinadora Popular de l a Vivienda, difusión en ese 29 Coor dinadora de la Vivi e nda (30 de se ptiem bre de 1981) . La Pr ovinci a , p. 2 . 30 Gran concurrencia a la m anifestación de a ye r (12 de dicie mbre de 1981 ). La Pr ovinci a , p. 12 . 31 La Coor dinad ora de Vivi enda s contin úa soli citando e l pago f raccio nado (1 3 de agos to de 198 2). La Provincia , p . 11 . 32 Conce ntraci ón de ha bitante s del Polí gono de Jinám ar (29 de ene ro de 1983 ). La Provincia , p. 8 . 33 “Sin e quili brio no hay re gión” (26 de agos to de 1982) . La Prov incia , p. 6. 34 “Sin eq uilibri o no hay re gión” (26 de agos to de 1982) . La Provi ncia , p. 6. 35 Las ac ciones de protest a de la Coordina dora de la Vivie nda final izar on con inci dentes (27 de a gosto de 1982) . La Prov inci a , p . 6. [ 274 ] caso probab lemente favorecida po r su confrontación pública con la interpretació n mediática qu e se había dado a esos acontecimientos . 2.3. Las asociaciones v ecinales del Políg o no de Jinámar y sus líderes: la superación d e la representatividad po r fases Hasta bien avanzado 1983, las reivindicaciones vecinales del P olígono de Jinámar son elevadas a la opinión pública bajo el amparo de la Co ordinadora Popular de la Vivienda. Una Coordinadora que, su rgida de la experiencia colect iva de las asambleas vecinales, sindical es y partidarias y de las expectativas generadas por los grandes polígonos en las clases obreras p ara solventar sus carenc ias habitacionales de la Isl a, se encuentra a su ve z en el germ en de las asociacion es vecinales propias , específicas, del Polígono de Jinámar. La Coordinadora Popular de la Vi vienda tuvo un papel importante, que es que estábamos en Telde como organización, y trabajaba a los solicitantes de vivi enda de Telde, y estábamos los de Las Palmas… la inmensa mayoría de la gente que fue al Polígono de Jinámar ya había pasado por la Coordi nadora Popular de la Vivienda , no reconocer ese papel es absurdo, ha jugado un papel de vertebración de todo eso, y luego hay la espontaneidad de dirigentes naturales que han jugado un papel muy importante, como el que jugó Arjona, […] que era miembro de la Coordinadora Popular de la Vivienda también… 36 No sólo la Coordinadora Popular de la Vivi enda participó de la constitución de las primeras asociaci ones. Si bien la s primera s organizaciones vecina les sur gie ron , bloque por bloque, en co munidades de vecinos – “ … yo llegué a Jinámar y cuando lleguemos al bloque pues… lo que se constituyó, la Junta Dire ctiva y todo eso… ” 37 – fueron las necesidades escolares, el hecho de que no tod os los niños pu dieran ser escolarizado s, y l as urgencias de l propio ce ntro escolar, el germ en de esas primeras organizaciones qu e trascendían los in tereses de cada uno de esos bloques. 36 Apéndic e I. Entrevista a Segund o Martínez Vázqu ez, en entrevista conjunta a Segundo Martínez Vázquez y María Puig Barrios. 37 Apéndice I. Entr evist a a Blas García Rodríguez (II). [ 275 ] Y así e mpezó la lucha… después en vista de que no abrí a el Montiano, que era el único colegio porque estaba roto y tenía el alcalde que gastarse medio millón y no quería, […] y llegaron a quí y perdieron ese cu rso, entonces Blas García, qu e fue el primero que f ormó La Corredera, nos hi cimos socios, David Mendieta que ya murió paz de scanse, otra señora que se llama Mari Carmen García, que es del bloque 18, y yo, f uimos los primeros que empezamos a caminar para que se abriera el colegio Montiano Placeres, de hecho que el alcalde lo tuvo que arreglar y el próximo curso abrirlo… 38 Las organizacion es vecinales del Po lígono de Jinám ar, además de impulsadas por una labor de estructuración inicial externa, nacieron por el em puje individual de quienes se convertirí an en sus líderes. ‘ El Corre dera ’, 39 la primera asociación, inici ó su trabajo en un local, tomado por las buenas d e entre los l ocales abandonados d el barrio – “ Y le pusimos Corredera, la sede estaba , en este caso el local… me m etí un domingo, estaba aburrido en mi casa, cogí una puerta que me dieron [ …] y allí pegamos a reunirnos, reunirnos, re unirnos. Un amigo nos tiraba un cable de su casa, poníamos la luz. Allí nos reuníamos, nos reuníamos, y allí creamos la Asociación. Incluso hacíamos campeonatos de zanga y tal y cual. Hicimos verbenas en su día para recaudar fondos para todo esto. Y allí poníamos todo el material y tal. Allí funcionábamos, estábamos funcionando, y ahí empezó toda la lucha realmente… eh… la lucha en este caso c omo asociación ” 40 – en el que el pr opio trabajo organizativo y la mera necesidad de esp acios lúdicos de los adultos iban de l a mano. La elección del nombre no había sido fortuita, y provocó problemas con la A dministra ción – “ vamos a ver… después de eso nosotros creamos la Asociación de Vecinos Corredera y, inclu so, tuvi mos problemas porque… el nombre El Corredera no lo legalizaban ” 41 – hasta el extrem o de tener que renunc iar a esa prim era denominación. La participación vec inal activa ya no cesó . Desde la petición d el fraccionamiento del pago de la vivienda – la entrada era de 120.000 pesetas, en 1981, 38 Apéndice I. Entrevista a R eyes Hernández ‘Reyitas’. 39 Juan García Suárez, ‘El Corredera’, fue ejecutado por el régi m en franqu ista el 19 de n oviem bre de 1959, convirtiéndose en un per sonaje de referencia en la resistencia contra la d ictadura. “Cuando lo detuvi eron f ue Tel de quie n dio el t irón s ocial […]”, r ecuer da el poe ta Ma nuel Pad orno e n su pr ólogo a ‘La ver dad sobre El Corredera’ de Alfonso Calzada Fiol, a l a sazón quien fuera su abogado defensor. 40 Apéndice I. Entr evist a a Blas García Rodríguez (II). 41 Apéndice I. Entr evista a Blas García Rodr íguez (II ). [ 276 ] que muchos no podían afrontar 42 – , las asam bleas en las sede s sindicales en la capital grancanaria para a bordar la “for ma de pago y las ba remaciones” 43 o, en el polideportivo de Telde, “para la elección d e presidente y juntas directivas d e los bloques” 44 y abordar “la inf ormación sobre el retraso en la en trega de llaves” , 45 a l os colectivos vecinales del Polígono de Jinámar ya no les era imprescindible el ampar o de otros colectivos p ara lograr t rascendencia pública, y sus reivindicaciones, fundamentalm ente por la carencia de servicios , seguían un ritual cre ciente en la búsqueda de soluciones: protestas puntuales , 46 concentraciones, 47 y ya como últi mo recurso, pero ef iciente en cuanto a la difusión pública de sus dem andas, múltiples manifestaciones (ver tabla 2). El proceso de adquisición de fortalez a autónoma por parte del asociacionismo vecinal del Polígono de Jinámar está relacionado, precisamente, con la superación de su poblamiento por fases. Cada vez que había una nueva entrega de viviendas, una fase nueva, los recién llegados s e unían para def ender sus interese s. El 30 de diciembre de 1982 se en trega la tercera fase de vivienda s, y la fecha dará nombre a un nuevo colectivo, ’30 de Diciembre’, y supondrá l a llegada de dos dirigentes que darán un nuevo empuje a las reivindicaciones del barrio. J osé Arjona, “ un hombre que estaba con la Coordinadora de la Viv ienda, venía de la Coordinadora de l a Vivienda ”, 48 y que al llegar al barrio “ formó una asociación de vec inos, la ‘30 de Diciembre’, justamente en la zona donde nosotros vivíamos, que era el ámbito de la tercera fase, nad a más… ” 49 . El propi o Arjona y Manuel Cano, también recién llegado a la tercera fase , “ empecemos a t ratar de mover algo aquí en Jinámar, en la zona en la que nosotros fuimos a llegar a vivir, hasta después ya meses siguiente s contactar con más gente en otras zonas de aquí de Jinámar, viendo que no era un problema sectorial, que era un problema global… ” . 50 42 Muchos de los adjudicatarios podrán acogerse al pago fracci onado de la ent rada (31 de di ciem bre de 1981). La Provi ncia , p. 9 . 43 Asam blea (19 de noviem bre de 198 1). La P rovinci a , p. 2 . 44 El vie rnes, as amble a de adj udicata rios de vivien das en e l Polí gono de J inám ar (10 de noviem bre de 1982). La P rovinc ia , p. 8 . 45 El viernes , asam blea de a djudica tari os de vi viendas e n el Polígon o de Ji náma r (10 de novi embr e de 1982). La P rovinc ia , p. 8. 46 Carava na de c oches pi dien do agua (25 de agosto d e 1983). La Provinc ia , p. 8 . 47 Conce ntraci ón de ha bitante s del Polí gono de Jinámar (29 de ene ro de 1983 ). La Provincia , p. 8 . 48 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera. 49 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera. 50 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera. [ 277 ] El colectiv o vecinal del P olígono de Jinámar se había estructurado por bloques , y después por f ases, – “ ya nos habían dividido por fases, nos habían dividido por bloques, y además estábamos totalmente divididos y aislados ” 51 – , e inicia, tras la constitución de los pr imeros colectiv os, un nuevo periodo para la co nstitución de colectivos que representaran las demandas de todo el Polígono de Jiná mar, en superación de esa segreg ación por bloques y fases que se añadía a l a segregación respecto de Las P almas de Gran Canaria y Telde, siem p re en la búsqueda de una mayor f ortaleza en la solución de lo s problemas derivados d el espacio urbano al que se habían mudado – “ se quería crear una Federación de Comunidades de Bloques , después una Fed eración de Asociaci ones de Vecinos, es deci r, gente q ue llegaba por primera vez y creían que creando un organismo m ás grande pueden… se solucionan los problemas ” 52 – . Así, tras la consti tución de la Asociación de Vecinos ‘El Corredera’ en la primera fase, la A sociación de Vecin os ‘30 de Diciembre’ en la tercera fase, e in cluso la Asociación d e Vecinos ‘Armiche’ en E ucaliptu s II, la segunda entrega de viviendas de promoción privada y protección oficial, y de otra s asociaciones de vecinos y colectivos – l a Asociación de Vecinos Tenesor – , los r epresentantes ve c inales inici an la constitución de nuevas asociaciones q ue los aglutinen. 51 Apéndice I. Entrevista a Manuel Cano Herrera. 52 Apéndice I. Entrev ist a a Blas García Rodríguez (II). [ 278 ] Tabla 2. MOVILI ZACIONES SO CIALES PO LÍGONO DE JI NÁMAR 197 9 -1984 FECHA MOVILI ZACIÓN MOTIVO CONVOCANT ES FUENTE OTROS 26/9/79 Asamblea Af ectados por el pro blem a de la vivienda e n Telde  R evisión ex pedientes de peticio narios de vivienda  R eforma del baremo  CCOO  UGT  SOC  PSOE  PTC Asamblea de afectados po r el problema de l a vivienda e n Telde (26 de sep tiembre de 1979) . La Provincia , p. 9 28/12/79 Manifest ación P ro Vivienda  Transparen cia en la adjudicaci ón  Agilizaci ón ent rega  Comisión Pro Vivienda Manifestació n Pro Vivienda (28 de diciem bre de 1979). La Provincia , p. 11  Convocator ia 29/2/80 Manifest ación en Telde  Denuncian alcantarillado, luz, agua , asfaltado d e calles, zonas verdes en Polígono de Jinámar  Comisión Af ectados Polígono J ináma r  Comisión Pro Vivienda  PCE  PSOE  PTC  FACAV  UGT Hoy, manifes tación en Telde (29 de febrer o de 1980) . La Provincia , p. 12 1/3/80 Manifestación afec tados Polígono de Jinámar  C omisión Afect ados Polígono J ináma r  Comisión Pro Vivienda  PCE  PSOE  PTC  FACAV  UGT Manifestació n de lo s afectados en el Polígono de Jinám ar (1 de marzo d e 1980) . La Provincia , p. 11  En Telde, Plaza de San Gregorio  200 persona s [ 279 ] 30/9/81 Convocatoria de asamblea  Pla n de Vivien das de Canarias  E ntrega de vivienda s en el Pol ígono de Jinámar y d e San Cristóbal  Coordinador a Popular de la Vivienda Coordinador a de la Vivienda (30 de septiem bre de 1981) . La Provincia , p. 2 16/10/81 Convocator ia Asamblea de Vecinos del Polígono de Jinámar  M ejora de ser vicios del barrio Esta tarde, reunión de vecino s en el Polígono de Jinám ar (16 de octu bre de 1981) . La Provincia , p. 22  En el CN Montiano Placeres  Invitad a la Corporac ión de Telde 6 /11/81 Manifestació n Pro - Vivienda  Pi den entreg a de casas en Pol ígon o s de Jinámar y San Cristóbal  20.000 más para Plan de V ivienda 82 - 84  Coordinador a Popular de la Vivienda  Coordinador a de Aparceros  Asamblea de Vecinos  PCC  CCOO Mañana, manifestació n Pro - Viviendas ( 7 de noviem bre de 1981) . La Provincia , p. 6  Entre 2.500 y 3.000 personas  Entre plaza de Santa An a y plaza de la Constituc ión en LPGC 19/11/81 Convocator ia Asamblea de Vecinos Polígono de Jinám ar y Polígono de San Cristóbal  Coordinador a Popular de la Vivienda Asamblea (19 de noviem bre de 1981) . La Provincia , p. 2  En sede de sindicato s, Primero de Mayo 11/12/81 Manifest ación  A nulación de las cuotas de en trada para vivi endas de Polígono de Jinám ar y Polígono de San Cristóbal  UP C  PCC  CCOO  UGT  PSOE  Coordinad ora Popular de la Vivie nda Gran concu rrencia a la manifestaci ón d e ayer (1 2 de diciem bre de 1981) . La Provincia , p. 12  8.000 - 5.0 00 personas [ 286 ] Tabla 3. ASOCIACI ONES Y CO LECTIVOS VECI NALES PO LÍG ONO JINÁMAR ASOCIACI ÓN FASE DIRIGENT ES AAVV ‘EL COR REDE RA’ PRIMERA F ASE  BLAS GAR CÍA RODRÍ GUEZ  JUAN GARCÍA ‘CORREDERA’ FEDERACIÓN A AVV LA NORIA -  BLAS GAR CÍA RODRÍGUE Z AAVV LA UNIÓ N VALLE DE JINÁMAR  BLAS G ARCÍA RO DRÍGUEZ  JUAN GARCÍA ‘ CORREDE RA’ AAVV 30 DE DIC IEMBRE TERCERA FASE  JOSÉ ARJO NA  MANUEL CANO  MIGUEL ÁNGE L MIRANDA AAVV ARMICH E EUCALIPTUS II  MARÍA ISABEL GONZÁLEZ CABR ERA JINÁMAR NUEV O FUTURO - AAVV XIN AGUADA EUCALIPTUS I  JUAN RODRÍGUE Z BETANCOR AAVV ATACAI CATE VALLE DE JINÁMAR  JERÓNIMA SÁNC HEZ ‘MOMITA’  MANUEL CANO  REYES HERNÁNDEZ ‘REYITAS’  MIGUEL ÁNGE L MIRANDA APA MONTIAN O PLACERES CP MONTIA NO PLACERES  BLAS GAR CÍA RODRÍGUEZ (PTE.)  JUAN GARCÍA ‘CORREDERA’ APA RAFA EL ALBERTI CP RAFAEL ALBERTI  MA NUEL CANO (PTE)  FRANCISC O TARAJAN O AAVV TENES OR -  ARMANDO RÍOS AAVV EL PAL MERAL VALLE DE JINÁMAR  REYES HERNÁNDEZ ‘REYITAS’ ASOCIACI ÓN JUVENI L ANSITE VALLE DE JINÁMAR  CARLOS VILL ANUEVA GUILLÉN ‘CHUR CHILL’ COORDINADOR A POPULAR DE LA VIVIENDA GRAN CANARIA  SEGUNDO MART ÍNEZ VÁZQUEZ  MARÍA PUIG BAR RIOS ASOCIACI ÓN DE JÓVENES DE J INÁMAR -  TERESA DÉNIZ ASOCIACI ÓN CULTU RAL ‘TERCERA FASE’ TERCERA FASE  MANUEL CANO Fuente: Elabora ción propia . [ 287 ] lo que sí recuerdo es que el sec tor de la población que más luchó e n Jinám ar son las mujeres, yo creo que este barrio tiene una deuda histórica con las mujeres, porque ha sido el motor de todas las reivindicaciones del barrio, es más, si coges las hemerotecas, los videos, y fotos, cuando la cél ebre manifesta ción del a ño 85 la mayoría de las personas que fueron eran mujeres, cuando había un problema de tipo e ducativo, ahí estaban las mujeres, cuando había un problema de tipo sanitario como el tem a de la hepatitis, ahí estaban las mujeres, por tanto eso creo que hay q ue tenerlo muy claro, si el ba rrio es lo que es hoy es gracia s a las mujeres… 57 Pero e l factor más importante en la conformación de los liderazgos y consolidación de los grupos de dirigentes, sin em bargo, lo constituirá la organización en torno a los cen tros escolares. L a Asociación de Padres de Alumnos – se gún l a denominación de entonces – del primer centro escolar, el Colegio Nacio nal Montiano Placeres, constitu irá el núcleo de enc uentro de Blas G arcía y Juan García ‘Corredera’, a su vez dirigentes de ‘ La Unión’. Por su parte, Manuel Cano, Francisco Tarajano y Miguel Ángel Miranda, entre otros, dirigentes de ‘ 30 de Diciembre’ y después de ‘Atacaica te’ harán lo p ropio en el APA de l CP Rafael Alb erti, a part ir del curso 83/84. Esa doble representativi dad , vecinal y de lo s padres de alum nos, fortalecerá la figura de los líderes v ecinales y gestará una com plicidad igualmente esencia l: la de los agentes insti tucionales, profesionale s docentes o asistentes sociales, con l as organizaciones soci ales en su reivi ndicación p ública. Ese será el grupo fundamental de dirigentes vecinal es, pero habrá otros que estarán traba jando constantem ente sin estar en prim era línea – Emilia Breval, de l a Coordinadora Popular de la Vivienda – , o con una participación más intermiten te – Roberto Suárez, Fra ncisco Suárez ‘Paco El Rubio’, Fermín Pérez, José Cab rera, Fátima Méndez, entre mu chos otros 58 –. También colectivo s o asoci aciones de vecino s que surgían en los prim eros años – l a asociación de vecinos ‘San Arturo’ 59 – para desaparec er posteriormente, o que aparecían – Unión Vecinal Pro Municipio de Jinámar, 60 Asociación de Vecinos Vícto r 57 A péndice I. Entrevis ta a Carlos Villanuev a Gu illén ‘Churchill’ (I). 58 Apéndice I. Entrevistas a Blas García Rodríguez (I) y Ma nuel Cano Herrera. 59 Betancort Brito , Sant iago (3 de sept iembre de 1980 ). Aún sin estrenar y casi arrasado. La Pr ovinci a , p. 6 . 60 Los padres de un colegio de Jinámar “clausuran” el cen tro (27 de sept iem bre de 1984). La Provincia , p. 2 . [ 288 ] Jara, Delegación de Pensionistas, Co misión Pro Derechos de la Mujer Trabajado r a 61 – como convocantes o respaldando com unicados en virtud de nuevas dem andas sociales, par a diluirse seguidam ente en su presencia pública . 2.4. Los Servicios So ciales y los pro fesionales d ocentes: la complicid ad de l os agen tes institu cionales en la búsque da de la transfor mación En el intenso proceso de apropiación vecinal, de dotación de una identidad social y de participación activa, en respues ta a l abandono planificado del nuevo espacio urbano, los vecinos no se encontraron solos del todo. Lo docentes y los asiste ntes sociales, p recisamente los ún icos profesionales que rep rese ntaban a la Administración, los agentes a los que la s instituciones – la estatal, p rimero, y la a utonómica, a partir d e las transferencias com petenciales en edu cación, vivienda y asistencia socia l, después – habían encomendado su representación, se convirt ier on en los principales cóm plices, dadas las condiciones de subsisten cia , de la acción reivin dicativa de asociaciones vecinales y, en esen cia, de las familias del Polígono de Jinámar, ante la propia Adminis tración. Los profesionales doce ntes fueron esos primeros agentes institucionales que llegaron al barrio. La condición del centro escolar de único espacio social, y la función socializadora del proceso educativo, contribuyó a esa alianza im plícita . 62 nosotros fuimos conscientes desde el principio que la tarea educativa no podía tener horario ni podía tene r la frontera de la tiza y la pizarra, pues es o nos ayudó enseguida a colocarnos en una posición [… ] afrontar con entereza que a lo mejor nuestra prime r a tarea no ten ía que ser especí ficamente la edu cativa a partir del rendi miento escolar, sino una tarea anterior de ir creando personas en una sociedad que fuera un poco más j usta, un poco más igualitaria, ¿no?… y recordemos que el comedor esc olar en este barrio aparece porque nosotros demostramos que los chiquitos no estaban debidamente alimentados […] en esa línea fuimos altamente comprometidos 61 Vecinos de Jinámar rechazan el pago de la cu ota de basura (18 de octubre de 1984). La Provincia , p. 45 . 62 Un análisis de esa colaboración entre fam ilias y profesores, en Apéndice II . Grupo de Dis cusión. [ 289 ] como lo seríamos hoy si volviera a darse, esper emos que jamás, una realidad con aquellas perspectivas 63 Una complicidad que los dirigentes vecinales d el Polígono de Jinámar subrayan no sólo en relación a sus hijos, sino respecto a los propios padres. Hay que agradecerles… Los vecinos de Ji námar no saben lo que tienen que agradecerle a los profesores. Tanto el Rafael A lberti, el Montiano Placeres y aque llos colegios que se iban abriendo, porque ya los colegios que se i ban abriendo, ya tenían la referencia, en este caso del Monti ano Placeres, cómo los profesores se im plicaron en las necesida des que tenía los vec inos de Jinámar. Los profesores nos ayudaban en las reuniones, los profesores nos… hacían una labor en Jinámar, no solamente a los niños, sino a los padres. Una labor muy importante. Ellos, los profesores, estaban siempre con los padres. 64 La complicidad de los agentes instit ucionales se acre centó c on la creación de un Centro de Servicios Sociales en el Polígono de Jinámar , 65 en junio de 1984, dentro de una ofensiva institucional de urg encia desde el Gobierno de Canarias , presidid o por Jerónimo Saavedra , por atender, en primera instancia, l as e xcepcionales situaciones socia les generadas en el Po lígono de Jinámar y detectadas p or la primera Adminis tración autonó mica . 66 Concebido como un programa piloto de la Dirección General de Bienesta r Social , en colaboración con los ayuntam ientos de Tel de y La s Palmas de Gran Canari a, de descentralización de los servicios sociale s a través de siete centros so ciales en todo el Archipié lago (Cárdenes Martí n et al ., 1985). El equipo de trabajo, los agen tes inst itucionales de la asist encia social, realizaron u na d iagnosis tanto de la s condicion es vitales , en la que de scriben cómo “ nos encontramos con una población de cinco años de perm anencia en el Polígono, 63 Apéndi ce I. E ntrevi sta a Il defo nso Jim énez C abrera (I). 64 Apéndice I. Entrevista a Blas García Rodríguez (I). 65 E l equipo té cnico de l Centr o de Servi cios S ociale s del Pol ígono de Jinám ar, crea do por la Consejería de Tra bajo, Sanida d y Seg uridad Socia l del Gobiern o de C anarias, estaba diri gido p or el sociól ogo José Luis Cárdenes Martín, e integrado por los asistentes sociales América Cazorla Quevedo, Gregorio Jimé nez García , y Antoni o Sosa Ma rrero, y por los alumnos en prácticas de la Escuela de Asistentes Sociales Car los Villanueva Guillén y Carlos Romero G arcía. 66 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji náma r (26 de m ayo de 1986). La Provincia , p . 13 . [ 290 ] con deficiencias so ciales acum uladas ante la falta de respu estas administr ativas a sus justas reivin dicacion es” , las condi ciones demográficas – “núcleo de población de aproximadamente 21.000 habitantes en viviendas de alturas que van de 4 a 11 pisos (número equivalen te a la isla de Fuertev entura) ” –, y su contexto espacial – “ el Polígono de Jinám ar carece de inf raestructura y equipamiento […] am bulatori o, guarderías, centros culturales, juveniles, sociales, locales de reunión y un largo etcétera de l o que se consideran condiciones m ínimas de vida para la habitabilidad ” –, así como de la red social ya construi da e n el barrio, con “8 asociaciones de vecinos, 2 asociaciones cultura les, 2 asociaciones juveniles, 2 APAS , una diversa realidad organizativa no institucionalizada” ( Cárdenes M artín et al . , 1985). Pero, desde el primer momento y en exposición pública , 67 ade más de señalar en su análisis la co nsideración de las demandas vecina les co mo “justas reivindicacio nes” , muestran como m etod o logía de trabajo la “necesidad de inserci ón íntima en la práctica s ocial y en el cuestionam iento y superación de la propia actuació n profesional, es decir, ser instrument o para la transform ación social”, su voluntad de “aglutinar a la totalidad de f uerzas del barrio ”, mediante una “meto dología imp licatoria” que conduzca incluso a “la partici pación en las deci siones administrativas que i mp liquen al barrio ” ( Cárd enes Martín et al ., 1985). La complicidad del equipo institucional de Servic ios Sociales con los colectivos es tal que “el Centro de Servicios Soc iales sirve adem ás de local de reunión del movimiento vecinal y así co mo é ste part icipa en toda su dinámica, el equipo de profesionale s es aceptado con voz pero sin vo to en toda la dinám ica asociativa de la comunidad ”, y sobre el t rabajo soc ial en el Po lígono en tendía “q ue en sí m is mo fuer a instrumento de movilización social de tom a de conciencia y al mismo tiempo de profundización en una problemática […] c on un acuerdo preliminar entre asociaciones de vecinos y comunidad de profesionales ” ( Cárdenes Martín e t al . , 1985). Esa complicidad no fue sólo teórica . El Centro de Servicios So ciale s se instaló en una caseta de obra, de la compañía Obrascon, que había participado en la construcc ión del Polígono, y desde allí “ teníamos plena con ciencia, con un esfuerzo personal, bueno formaba parte de nuestro trabajo, ¿no?, de un comprom iso social ” . 68 Uno de sus trabajos inic iales fue detectar a los dir igentes vecinales y a los jóvenes co n 67 El texto es una síntesis de la ponencia ‘Investigación y participación en la descentralización de los Servi cios Soci ales’ , que el e quipo téc nico de l Centr o de Ser vicios S ocial es del Pol ígono de J inám ar expus o en las ‘II J ornadas de Ac ción S ocial en Ca narias’ . 68 Apéndi ce I. Ent revist a a José Luis C árdene s Martín (I I). [ 291 ] los que establecer una alianza de transformación del barrio , “ y así fuimos crea n do un grupo de gente que era del propi o Jinámar o que estaba en paro y est aba buscando soluciones ” . 69 Uno de ellos, Carlos Villanueva, a quien todos conocen por ‘Churchill’, formaba parte de los jóvenes que participaban de la din amización del Polígono, y conta ba con la complicidad del rest o de dirigen tes vecinale s – “ Churchill era un líder de aquí de los vecinos, era un líder del movimiento juvenil, yo creo que el líder más importante del movimiento juvenil es C hurchill, para mí, el más importante de todos fue Churchill, Churchill fue el maestro de ellos, de todos, era el que hacía que ellos tuvieran iniciativas, que tuvieran inquietudes, ib a a buscarlos… ” 70 –, y formará parte como alumno en prácticas del equipo técnico del Centro de Servicios Sociales, qu e se ubica en la Casa de la Condesa. Yo concretamente llevaba un proyecto con la juven tud, ¿no?, que era fomentar el asociacionismo en el barrio y ta l, entonces era localizar los pequeños focos que había organizados en el barrio, traerlos a la Casa para que ocuparan la Casa como un espacio de ellos, y de encuentro, y desde aquí dinamizar todo el tema juvenil. A medida que el proy ecto juvenil se fue ampliando, dinamizando, los jóvenes vieron la necesidad que no solo fuera un proyecto para la juventud, sino que toda la Casa de la Condesa fuera un lugar de encuentro multigeneracional, es decir, los jóvenes, los niños, mujeres y ancianos, este lugar de encuentro sería un foco de ocio, de cultura, y de promoción social, por lo que vimos la necesidad de hacer un Ateneo Popular… y bueno, se luchó, ¿no?, se luchó para sacar esto… 71 P ero la com plicidad se am plía a “ un colectivo de gente con mucho compromiso político que estaban ligados a partidos políticos y q ue l o tenían bastante más claro […] c uando nosotros llegam os empezamos con esta movida de, bueno, pues a ver, ¿no?.... e s como quie n se tira en paracaídas en medio del desier to , la misma sensación, ¿no?… ” . 72 Una complicidad que intervino fundam ental mente en consolidar el proceso de apropiación vecinal y de identidad colectiva de los vecinos 69 Apéndi ce I. E ntrevi sta a J osé Lui s Cá rdenes M artín (II). 70 Apéndi ce I. Ent revis ta a Ma nuel Cano Herrera. 71 Apéndice I. Entrevis ta a Carlos Vill anueva G uillén ‘Chur chill’ (I). 72 Apéndice I. Entrevista a José Luis Cá rde nes Martí n (II). [ 292 ] del Polígono de Jinámar, y que fue partícipe de l a transform ación desde la asunción resignada del espacio producido a la mencionada búsqueda de un espacio apropiado . yo pienso que mucha gente incluso lo llegó a interiorizar, como yo vivo en Jinámar no tengo derecho a un colegio digno, no tengo derecho a tener un centro de salud, la gente asumía como propio que la marginalidad era así... eso fue lo que hizo también brotar el movimiento vecinal de Jinámar, eso fue lo que hizo también que hubo gente que dice “ yo me rebelo contra esto, no puede ser así ” … es taba muy disperso el movimiento vecinal, había asociaciones de vecinos que incluso no se llevaban bien unos con otr os, según las fases, según los bloques, y las asociacione s juveniles eran d os y a veces también estaban separadas... había un descontento muy important e y pienso que eso sí fue un efecto colateral d el centro de servicios sociales, porqu e a nosotros nos mandaron aquí de bomberos, y no es que echáramos gasolina al fuego, pero sí se hizo despertar a mucha gente de que esto no eran condiciones humanas mínimas para sobreviv ir 73 Los vecinos del Polígono de Jinámar, con l a participación cómplice de los profesionale s a los que la A dministración auton ómica había encom endado la gestión educativa y de asis tencia social, se encontraban en el se gun do semestre de 1984, casi un lustro después de la llegada de los primeros pobladores, en el periodo en el que se producirían las mayores acciones de reivindicación, unidad y representa tivida d común, en el culmen de ese proceso de apropiación del espacio. 2.5. La independencia de Jinámar : “ R equerimos el derecho a sentirnos administrados” La maduración de esa apropia ción del espacio condujo , cuando ya casi s e cumplían cinco años desde e l primer poblam iento, a enfrentar una de las características específicas d el Polígono de Jinámar: su orfandad administrativa, en la búsqueda d e una representación política directa con que afrontar, entendía n los vecinos, sus carencias. Y cristalizó en una petición públ ica contundente: el estab lecimiento del Polígono de Jinámar como municipio independiente. “ Las deficiencia s que sufre en la 73 Apéndice I. Entrevista a A ntoni o Sosa Mar rero (I ). [ 293 ] actualidad dicho bar rio y ante la desidia de los ayuntamientos d e Telde y Las Palm as, de los cuales ahora depende” 74 se e sg ri mí a como el a rgu m ento p rincipa l para pedir la constitución de la llam ada ‘independencia de Jinám ar ’ , por parte de tres asociacione s vecinales – ‘30 de Diciembre’, ‘Jinámar Nuevo futuro’ y ‘Tenesor’ – y que era recibida med iante el subrayado – “Jinámar, caldo apart e” 75 – de su excepcionalidad. El inventario de argumentos vec inales , iniciado por la consideración de que “era lícito decla rar al Polígono de Jinámar como zona de calam idad pública” , 76 era amplio y señalaba desde “problemas de infraestructura, de dotación m ínima y el abandono general”, 77 a las quejas por las tasas de recogida de basura del ayuntamiento de Telde, la carencia de agua de abasto público potable y la falta de transporte público desde Las Palm as de Gran Canaria, a través de la em presa Jardinera s Guaguas. Los vecinos anuncia n de forma simbólica que, por su cu enta, inician una campaña de limpieza en el barrio “ante el depl orable estado de sus calles […] con el objeto de hacer más agradable un hábitat que por él solo es indigno”. 78 La pr opuesta vecinal recibe una respu esta institucion al inmediata. E l Ayuntamient o de Telde esgrime su “interés constante” 79 y la exposición de “las necesidades del P olígono m ucho antes […] que l os representantes d e las asociaciones de vecinos” . 80 El Gobierno de C ana rias , a través de su vicepr esidente, Juan Alberto Martín, también h ace p úblico el rechazo de la Adm inistración autonómica a la iniciat iva vecinal , 81 y convoca una reunión con todos los responsables autonómicos involucrados – director general de Servic ios Sociales, de Adm i n istración Terri torial, de Programas Educativos y Técnicos, y los conse jeros de Obras Públi cas y Tr abajo –, para coordinar el Plan de Urgen cia de Jinám ar. 82 Comunica directam ente a los colectivos vecina les la neg ativa del G obierno de Canarias a la creación de un nuevo municipio, que supondría más gastos para los vecinos, y anuncia que en dos semanas 74 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Políg ono de Jinám ar quier e su propi o ay untam iento. La Provincia , p. 11 . 75 Jinámar, cald o apa rte (3 de agos to de 1 984). La P rovinc ia , p. 1 . 76 M. , J. ( 3 de agos to de 1984) . El Pol ígono de Jinám ar qui ere su propio ay untam ient o. La Provincia , p. 11 . 77 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Polígon o de Jinám ar quier e su propio ay untam ient o. La Pro vincia , p . 11. 78 M. , J. (3 de agosto de 1984). E l Polígon o de Jinám ar quie re su pr opio ay untam ient o. La Prov incia , p. 11. 79 El Ayuntamiento de Telde declara que “su atención es co n stante” ( 21 de agost o de 1984). La Provincia , p . 9 . 80 El Ayunt amie nto de Tel de declara que “su ate nción e s constant e” (21 de a gosto de 19 84). L a Provincia , p . 9. 81 Tristán Pimienta , Ángel (25 de agosto de 1984). La independencia de Jinámar. La Provincia , p. 6 . 82 Prefe rente c oordi nar el P lan Ur gente de Ji námar (5 de septiembr e de 1980) . La Provi ncia , p. 40 . [ 294 ] estará ese Plan Urgente: la prioridad será dotar de inf raestructura escolar al barrio, cuya población cifra en 18.500 personas en ese momento. 83 La maduración del proc eso de apropiación vecin al se produce, precisamente , mediante una ace leración de ac ciones provocada a su vez p o r decision es institucionales. La demanda vecinal de reclamación de independencia muni cipal se produce después de que e l G obierno canario anunciara la asunción de sus competencias , en un Po lígono que había crecido en el abandono. H abía creado ya programas pioneros en Educación Compensatoria 84 y com edores escolares gratu itos , 85 y había a nunciado “los estudios necesarios para la realización d e un P lan de Urgencia para el Polígono de Jinám ar ” 86 tras la ce lebración de un Consejo de Go bierno y un posterior “ primer p royecto” 87 con medidas “que solucione n los problemas de índole económica, social, sanitaria, cultural, etcétera, que aqueja n al Polígono en un primer momento”. 88 Un Consejo de Gobierno posterior apr ueba el P lan de Urgencia p ara el Polígono de Jinamar, con la creación de una Comisión Gestora, que dirigirá un gerente y con presenc ia de dos concejales de ca da uno de los ayuntamientos af ectados – Las P almas de Gran Canaria y Tel de – a sí como un Centro de Servic i os Sociales , y el consejero de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Alberto Guanche, reconoce que a mediados de mayo había re cibido un informe del Ayuntamiento de Telde sobre la “grave situación social” 89 del Polígono. La decisión del Gobierno canar io sur ge a su vez tras un a reunión en tre todas las partes implicadas, en una reunión a la que asistieron los consejeros de Trabajo, Sanidad y Seguridad Social, Alberto Guanche; el consejero de Educación, Luis Balbuena; el consejero de Obras Públicas, José Medina Jiménez; la con cejal de Telde, Nélida d e la Guardia; el gobernado r civil, Bertín del 83 La Consejería de Ad ministración Terr it oria l, cont ra la cre ación de un m unicipi o en Jin ámar (2 9 de septi embre de 1984). La P rovi ncia , p. 46 . 84 Experi encia s de recupe ració n de la juve ntud en el Polígon o d e Jiná mar (1 3 de m ayo de 1984). La Provincia , p . 8 . 85 Experiencias de recuperación de la juv entud en el P olígon o de Ji námar ( 13 de m ayo de 1984 ). La Provincia , p . 8. 86 Plan de Urge ncia para el Polígo no de Ji náma r (20 de may o de 198 4). La Provincia , p. 5 . 87 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji námar (26 de m ayo de 1984) . La Provincia , p . 13 . 88 El Gobi erno canari o afront a los problem as del Políg ono de Ji náma r (26 de m ayo de 1984). La Provincia , p. 13. 89 Apro bado el Plan de Urge ncia de l Polí gono de Jiná mar, en el que se c rean u na com isión ge stora y un centr o de servi cios social es (16 de junio d e 1986). La Provi ncia , p. 7 . [ 295 ] Pozo, así como un representante del Ayuntamiento de Las Palm as y una rep resentación de los vecinos del Polígono. 90 El escenario de asun ción institucional anuncia do no frena esa acelerac ión de iniciativas vecinales contundentes, dado que los vecinos no percibían la crista lizació n de esos anuncios en nuevas infraestruc turas esenciales. Inclu so los anális is menos sospechosos de ser contrarios al Gobierno autonóm ico soci alista indicaban que pese a que “el ‘plan urgente’ del Gobierno de Canarias en cuyo retraso el ayuntamiento de la capital parece q ue tiene una parte de culpa, el estable cimiento de ‘comedores escolares’ y la decisión del MOPU a inst ancias de la corpor ación teldense de pa rar el crecimiento hacia arriba son, sin embargo, indica dores de que Jinám ar puede dejar d e ser ‘polígono’ para con vertirse en barrio y en igual en tre iguales” , 91 no se cumplían las expectativas de t ransformación de las condi ciones de vida – “[ …] aunque a lo mejor los ciudadanos d e Jinámar lo que neces itan es que alguien les explique si realmente la s cosas están cam biando, exactam ente cuándo van a cam biar” 92 – tras esos casi cinco años d e vecindad en e l barrio . La aceleraci ón de acontecim ient os propi ci a el periodo más intenso de l proceso de apropiación vecinal. La propia decisión autonómica de crear un Centro de Servicios So ciales había aportado la complicidad de esos profesionales y su metodología a las reivin dicaciones y las organizaciones veci nales. Esas asociaciones vecinales perciben la contundente y negativ a respuesta institu cional, “ante la mo vida que ha ocasionado nuestra pretensión de conver tir al Polígono de Jinámar en municipio independiente” , 93 como un síntoma de que su anuncio ha de spertado la atención, o la preocupación, de los despachos institucionales. Por p rimera vez se presentan ante la opin ión pública como Movimiento Vecinal , un colectivo organizado y eficiente – “Nosotros, el Movimiento Veci nal del Polígono actuando en bloque conseguimos en 72 horas que el ingeniero jefe ordenara la reparación de dos tuber ías que llevaban sem anas desbordando aguas fecales” 94 – . Incluso se convierte en un 90 Telde insta a mejorar la calidad de vida del Polígono d e Ji námar ( 2 de juni o de 19 84). La Prov incia , p. 7 . 91 Tristán Pimienta , Ángel (25 de agosto de 1984). La independencia de Jinámar. La Provincia , p. 6 . 92 Trist án Pim ienta, Án gel (25 de a gosto de 1 984). La independe ncia de Jinám ar. La Provincia , p . 6 . 93 Los vecinos de Jinámar emplazan al Ayuntamiento de T elde ( 2 de s eptiem bre de 1984). La Provincia , p . 5 . 94 Los vecinos de Jinámar emplazan al Ayuntamiento de Telde (2 de septie mbre de 1984) . La Provincia , p . 5. [ 302 ] Ese Así fue cuando empezó el comienzo de Jinámar es co mpartido por los dirigentes vecina les y los agentes i nstitucionales que par ticiparon de la convocatoria. En varias vertientes. En la consecución de la uni dad en torno al Movimiento Vecinal, pero también en la consecución de las infraestructuras q ue nunca antes habían obtenido, en su hartazgo respecto de su abandono como ciudadanos sin representación administrati va e incluso respecto de i ntereses partidar ios . Gracias a esa manifestación se creó el Centro de Salud, […] el Instituto, el Centro de Adu ltos, el colegio de l a tercera…. Varios col egios se crearon después …. Gracias a esa manifestación [… ] porque nos sirvió como arma arrojadiza contra el Gobierno, y nos sirvió para movilizar al pueblo, e n este caso a Jinámar, contra el Gobierno, contra el Gobierno, en total contra todos los gobiernos. Porque aquí se echaban la pelota unos a otros, entonces nosotros utilizamos eso en beneficio de nosotros, no en beneficio de ni ngún partido, nosotros lo utilicemos en beneficio nuestro 122 S ería la consum ación de l sacrificado proce so de apropiació n vecinal d e los cinco primeros años, según la reflexión de sus mismos protagonistas. El acto simbólico de apropiación d e la centralidad ciudadana y po lítica que se l es negaba, con su peregrinación por un día ha sta el corazón institucional de la Comunidad Autónoma, en plena ciudad, supuso la culminación de un esf uerzo colectivo de reclamación ciud adana, la consecución de un a identidad de p ertenencia al barr io y de provocación de una atención administrativa de la que, hasta entonces, adolecían. yo te puedo decir que a nivel per sonal , que yo, e se día, yo me consideré de Jinámar, el día que sentí la ide ntidad de jinameño, me sentí orgulloso, lo comparo salvando la distancia a cuando Gandhi hizo la marcha a los campos de sal, que dijo ese dí a la India ha ganado su dignidad… yo cr eo que Jinámar, ese día fue el día clave para la identidad de Jinámar… se ha ce la manifesta ción y la administración no tiene más remedio que invertir en Jinámar, y a partir de ese momento viene una cascada de progreso… 123 122 Apéndi ce I. Ent revist a a Blas García Rodríguez (II). 123 Apéndice I. Entrevis ta a Carlos Villa nueva G uillén ‘Chur chill’ (II). [Document text truncated for crawler view.]