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El archipiélago canario en el horizonte fenicio-púnico y romano del Círculo del Estrecho (circa siglo X a.n.e al siglo IV d.n.e.)

Atoche Peña, Pablo,Ramírez Rodríguez, María Ángeles

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Gadi y el Cí culo del Es echo e isados P opues as de la a queología desde un en oque social JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ PÉREZ (Ed. cien .) . mHA MONOGRAFÍAS His o ia y A e Uni e sidad de Cádiz Se icio de Publicaciones Es a ob a ha sido cocdi ada po la Conseje ía de Inno ación, Ciencia y Emp esa de la Jun a de Andalucía, según Resolución de la Sec e a ía Gene al de Uni e sidades, In es igación y Tecnología po la que se conceden incen i os a ac i idades de ca ác e cien í ico y écnico indi iduales de las uni e sidades y o ganismos de in es igación de Andalucía, en su Con oca o ia 2/2009. Es a ob a ha supe ado un p oceso de e aluación ex e na po pa es. Mo i o de cubie a: Es inge alada de má mol, hallada po Ta adell en Lixus y ac ualmen e expues a en el Museo de Te uán ( o o del au o ). P ime a edición, 2011. Edi a: Se icio de Publicaciones de la Uni e sidad de Cádiz C./ Doc o Ma añen, 3 11002 Cádiz (España) www.uca.es/publicaciones [email p o ec ed]s © Se icio de Publicaciones de la Uni e sidad de Cádiz © Los au o es I.S.B.N.: 978-84-9828-344-0 Depósi o Legal: MU 844-2011 Fo ocomposición e imp esión: COMPOBELL, S.L. Imp eso en España-P in cd in Spain Rese ados odos los de echos. Ni la o alidad ni pa e de es e lib o, ni sus ilus aciones, pueden ep oduci se, ansc ibi se o ansmi i se po ningún p ocedimien o mecánico o elec ónico, incluyendo o ocopia, g abación magné ica, di usión a a és de in e ne , o cualquie almacenamien o de in o mación y sis ema de ecupe ación, sin pe miso p e io y po esc i o de los i ula es del copy igh , bajo las sanciones es ablecidas po la legislación igen e. El a chipiélago cana io en el ho izon e enicio-púnico y omano del Cí culo del Es echo (ci co siglo X a.n.e. al siglo IV d.n.e.) PABLO ATOCHE PEÑA1 Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ2 'Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia.CEFYP in es igado a, colabo ado a del P oyec o «Cana ias: colonización humana p o ohis ó ica, bioadap ación insula y ans o mación medioambien al» RESUMEN Los más ecien es hallazgos a queológicos p oducidos en Cananas, p incipalmen e en los si ios de El Bebede o y Bucna is a en Lanza o e y El Descub imien o en La G aciosa, con i man los p olongados y es echos lazos que exis ie on en e las islas y el Medi e áneo occiden al desde echas muy an iguas si uadas en o no al siglo X a.n.e. y has a el siglo IV d.n.e. Se pone así de mani ies o el ascenden al papel que enicios y púnicos p ime o y omanos más a de juga on en el p oceso de colonización del a chipiélago cana- io y la p o undidad y lejanía que en el A lán ico a icano alcanzó la in luencia cul u al del Cí culo del Es echo. 1. INTRODUCCIÓN La e apa p o ohis ó ica cana ia se ha es u- diado du an e mucho iempo desde posiciones inmo ilis as ijadas inicialmen e po his o iado es omán icos del siglo XIX, quienes concibie on unas cul u as insula es ca ac e izadas po su ais- lamien o y p imi i ismo, su c onología a día y unos pa alelos que se in en aban as ea en e las poblaciones be ebe es no ea icanas con empo á- neas. Se ha enido que espe a una cen u ia, has a la década de los años 90 del pasado siglo XX, pa a que la ac i idad a queológica comenza a a cons a- a que los p ime os humanos que coloniza on el a chipiélago cana io lo hicie on desde un con ex o cul u al en el que e an ecuen es los elemen os asimilados de las cul u as enicio-púnica y omana es ablecidas en el su de la Península Ibé ica y el no e de Á ica. De esa mane a, y en pa alelo al pa adigma adicional, en e algunos his o iado- es y a queólogos se ha ido ab iendo paso poco a poco un nue o modelo in e p e a i o en el que se han comenzado a plan ea las cues iones de o a mane a, pasando de conside a la p o ohis ona cana ia como una e apa de o al aislamien o cul u- al an e cualquie in luencia ex e na que no ue a la be ébe , a en ende la como pa e in eg an e del de eni his ó ico de una ex ensa egión en la que con luye on los in e eses de las poblaciones del Cí culo del Es echo a lo la go de casi un milenio y medio (ci co, s. X a.n.e. al s. IV d.n.e.). A ese p oceso de eno ación cien í ica nues o equipo de in es igación ha con ibuido du an e las dos úl imas décadas con un ele ado cúmulo de da os a queológicos que, en e o os aspec os, han con i mado la pe manencia en el iempo de na egan es medi e áneos en Cana ias. La in o - mación se ha ecupe ado a lo la go de ocho cam- pañas a queológicas cen adas en yacimien os de la isla de Lanza o e (El Bebede o, Calde e a de Tinache, Buena is a,...), los cuales han p opo - cionado amplios con ex os c ono-cs a ig á icos y pe mi ido la ealización de análisis medioam- bien ales y es udios de egis os ma e iales en los que no han al ado las analí icas pe ológicas a las ce ámicas, los exámenes me alog á icos a los a e- ac os me álicos y de componen es a los elemen- os i eos. Esos abajos han pe mi ido que nos 230 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO pudié amos aleja de las adicionales e incom- ple as sín esis basadas casi exclusi amen e en las uen es li e a ias e nohis óncas, pe mi iendo asen a la econs ucción his ó ica de la eali- dad cana ia sob e sólidas bases cien í icas. Pe o, además, la combinación de esos descub imien os a queológicos con los no ables a ances p oduci- dos en el conocimien o del mundo colonial eni- cio-púnico y omano del Cí culo del Es echo., han p opiciado que un g upo de in es igado es hayamos desa ollado a lo la go de los úl imos años un modelo explica i o que in e p e a el ini- cial poblamien o de Cana ias en el ma co de la expansión semi a al o o lado del Es echo de Gib al a (Balbín e al., 1995; González e al., 1998; González, 1999; A oche y Ma ín, 1999; A oche y Ramí ez, 2001; A oche, 2002; Mede os y Esc ibano, 2002; González y A co, 2007). La nue a si uación ambién ha p opiciado que la in es igación ue a adqui iendo p og esi- amen e mayo conciencia del conocimien o que en el I milenio a.n.e. poseían las cul u as medi- e áneas ace ca de la exis encia de islas al o o lado de las Columnas de Hé cules, en el Océano occiden al, uno de los con ines de su mundo en el que la geog a ía mí ica si uó algunos de sus más conocidos Í ems (Ja dín de las Hespé ides, Islas de los Biena en u ados, Campos Elíseos, A lán- ida,...). Lejos de esa isión legenda ia, las Islas Cana ias cons i uye on una ealidad angible pa a las poblaciones del B once Final del Cí culo del Es echo y pa a los enicios es ablecidos en esa egión desde inales del II milenio a.n.e. (A oche y Ramí ez, 2001; González y A co, 2009; A oche y Ramí ez, e.p.), si bien los in e eses económicos de es os úl imos alen a on la isión mí ica que du an e mucho iempo odeó la ealidad exis en e al o o lado del Es echo. Esa si uación se man u o has a el cambio de e a cuando apa ece una isión más eal p opiciada po el p agma ismo omano y su in e és po si ua y econoce geog á icamen e las Cana ias, pa en e en la expedición en iada po Juba II al a chipiélago (San ana e al., 2002: 232 y ss.), la cual se enma có en un con ex o his ó ico que e ela cuáles ue on las au én icas azones que p opicia on la p esencia de gen es omanas o omanizadas en las islas, sin e izadas a mediados del siglo pasado po J.J. Jáu egui (1954: 271-272), quien señaló que Juba II [...] ad e ido po sus subdi os de Lixus, cuyos an epasados no habían podido na ega has a Ce ne, en el ío de O o, sin oca en las Islas Cananas, sub encionó un econocimien o de su a chipiélago [...] po es e c uce o eanudó las elaciones que la ma ina púnica había man enido clandes inamen e con ellas y nos ha dejado, de las más p óximas, una desc ipción que Pimío el Viejo ecopiló ab e iándola, y que no es desp eciable en absolu o. [...] y nos da no icia muy exac a sob e la dis ancia que sepa a las Cana ias de Mogado y sob e las di ecciones sucesi as y, apa en emen e, incohe en es, que deben segui los ele os desde Mogado a las Cananas pa a u iliza la de i a de las co ien es. [...] podemos pe mi i nos pensa que es e iaje enía inalidad di e en e a la del simple descub imien o geog á ico y que es aba ligado [...] a la polí ica de en iquecimien o que p ac icó en odas pa es y cuyo éxi o no pa ece pueda se discu ido en Ma uecos. Sin duda, en el siglo I d.n.e. los núcleos ma i- ne os del su de la Península Ibé ica poseían un amplio conocimien o de la cos a occiden al a i- cana esul ado de anos siglos de ecuen ación de un i ine a io ma í imo que, como señala a Es a- bón (Geog. II, 3, 4), eco ían los pescado es que na egaban has a el ío Lixo. A pa i del siglo III d.n.e., coincidiendo con la c isis que a ec ó a la es uc u a polí ico-eco- nómica es ablecida po Roma en la Mau e ania Tingi ana, se unca la p esencia en el a chipié- lago de los na egan es p oceden es del Cí culo del Es echo, comenzando pa a las poblaciones paleocananas una nue a e apa his ó ica ca ac- e izada po el espaciamien o de los con ac os ex e io es y el aislamien o. El ol ido que pa ece aqueja a pa i de en onces a las islas no ina- lizó has a que se p odujo su econocimien o po na egan es musulmanes (ci ca s. XI d.n.e.) y su de ini i o edescub imien o en el siglo XIV d.n.e. a ca go de ma inos bajomedie ales. 2. CANARIAS Y EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL ANTIGUO A lo la go del siglo XX di e en es in es iga- do es de endie on el conocimien o de las Islas Cana ias po na egan es enicios p oceden es del Cí culo del Es echo, apoyando sus ase e aciones en el es udio de las co ien es y los ien os de la zona o en la ci a de una se ie de ex os an iguos (Plu a co, Es abón, Pomponio Mela, Salus io, Diodo o, Plinio el Viejo, P olomeo...) en los que se PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 231 hacía pa en e la exis encia de unas islas a lán icas, si bien odeadas po un halo de mis e io. También se ha p opues o la na egación a ésica, púnica y omana po las aguas de las islas, no eniéndose dudas en la ac ualidad ace ca de la capacidad que enicios y púnicos poseían pa a na ega po el A lán ico has a alcanza las islas y, si acep amos el hallazgo p oducido en 1749 de un esonllo de monedas púnicas de los siglos IV y II a.n.e. en Azo es (Blázquez, 1977), su po encial na al alcan- zaba igualmen e pa a aden a se en el A lán ico. Esas a esías es u ie on mo i adas po ac o es económicos: la búsqueda de ecu sos ag ícolas y pesque os pa a los asen amien os cos e os, ma e- ias que ans o ma en las ac o ías y me cancías po encialmen e in e cambiables en los me cados del Medi e áneo. En esa labo de as eo no pudo pasa desape cibido el a chipiélago cana io, unas islas deshabi adas con amplios ecu sos na u a- les in ac os, las cuales hab ían sido isi adas en busca de ondeade os y bienes de odo ipo y cuyo aspec o e a sensiblemen e dis in o al que p esen- an en la ac ualidad, de mane a que hacia el inicio del I milenio a.n.e. su i ginidad mos a ía a los ojos de los na egan es medi e áneos una cubie a ege al mucho más ex ensa y ondosa de la que hoy se conse a, con p esencia en las islas más o ien ales de o maciones a bó eas de lau isil a (A oche, 2003). A lo an e io cab ía añadi que los ecu sos eá icos se halla ían en ni eles óp imos, po lo que se ía ecuen e la p esencia de cu - sos de agua es acionales o, incluso, pe manen es en islas como Tene i e o G an Cana ia. Es aban p esen es las egas de ie a é il ap as pa a el cul i o, así como los buenos ondeade os, espe- cialmen e en las cos as es e y su de odas las islas. Los ondos cos e os albe gaban especies que hoy se encuen an mucho más alejadas de la cos a o a mayo p o undidad. Las ca ac e ís icas an e io es se e ían po enciadas po un clima mode ado y sin g andes oscilaciones é micas, dándose en gene- al una si uación medioambien al simila a la que po en onces encuen an esos mismos na egan es semi as en algunas islas medi e áneas como Ibiza (Gómez Bella d, 1995). En suma, las islas dispon- d ían de una g an a iedad de ecu sos explo ables en e los que pueden enume a se: 1. La pesca, y muy especialmen e, como han señalado algunos in es igado es (Ponsich y Ta adell, 1965; González e al., 1995; Gon- zález y A co, 2007; Mede os y Esc ibano, 2008), la cap u a de únidos y escómb i- dos. Los p ime os a a iesan el a chipiélago du an e los meses de ab il a julio en sus des- plazamien os ep oduc i os anuales desde el Gol o de Guinea hacia la cuenca occiden- al del Medi e áneo (Ponsich y Ta adell, 1965: 94), mien as que de los segundos exis en ca dúmenes esiden es en las aguas insula es odo el año. A lo an e io se une la p oximidad del banco pesque o cana io- saha iano con mul i ud de especies explo a- bles en di e en es momen os del año. Es e ecu so es conside ado po algunos in es i- gado es azón su icien e pa a pone en ma - cha la colonización semi a del a chipiélago cana io (González y A co, 2007: 67). 2. La p oducción de sal ma ina de buena cali- dad, un elemen o impo an e de ca a a la conse ación del pescado y/o p oduc os cá - nicos de o igen e es e (A co e al., 2008). En Gadi la sal ue la base de un amplio come cio que aba có a odo el Medi e áneo, u ilizándose como moneda de in e cambio pa a el pago de los me ales ob enidos de los pueblos del no oes e peninsula . 3. Pue os na u ales y ondeade os segu os desde los que lle a a cabo an o labo es pesque as en el á ea p óxima como de e ec- ua iajes más al su . Se ían pun os en los que se e esca ían las emba caciones, apo - ando agua y comida a quienes aenasen en el banco cana io-saha iano du an e el iempo que du ase la pesca, si iendo a su ez de zona de descanso pa a unos homb es cuyas ac i idades debían p olonga se a lo la go de a ios meses. 4. Made as de muy buena calidad, algunas u i- lizadas his ó icamen e pa a la epa ación o ab icación de las lo as que aenaban en el banco pesque o cana io-saha iano o de las que hacían la u a de Indias. También cab ía la posibilidad de ob ene pez, b ea o g asa de de e minadas especies animales, como la pa dela (Calonec is diomedea, Pu inus assi- milis o Pu inus pu inus) o el acei e de pes- cado, pa a las necesa ias labo es de cala a eo e impe meabilización de las emba caciones. 5. G andes posibilidades de ob ene ecu - sos de g an in e és come cial du an e la An igüedad, como los elemen os in ó eos del ipo mú ex u o chilla, es e úl imo un liquen de calidad in ó ea media que c ece 232 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO en los acan ilados ma inos de las islas (Medc os y Esc ibano, 2006). 6. Posibilidad de ecoge la ca ne, piel, g asa y el ámba g is de los nume osos ce áceos que adicionalmen e han a ado en las playas insula es. A los an e io es se une la impo - an e colonia de ocas monje a lán icas asen- adas en las islas más o ien ales. 7. Un ecu so que no se encuen a en el a chi- piélago, pe o pa a cuya ob ención las islas debie on cons i ui una pla a o ma espe- cialmen e indicada, ue el o o a icano. T adicionalmen e se ha especulado sob e si enicios, púnicos y omanos conocie on los impo an es yacimien os au í e os loca- lizados en e el ío Senegal y el Gol o de Guinea; es cuando menos posible que los colonizado es del Medi e áneo u ie an cons ancia de ese ecu so y come cia an con los pueblos de la zona pa a ob ene lo, no en ano ue He odo o quien, al e e i nos las ca ac e ís icas del come cio a la muda es a- blecido po los púnicos en la Libia occiden- al, a i ma que la me cancía más solici ada po és os e a el o o. Si ello es así, como han de endido dis in os in es igado es (Jáu e- gui, 1954; Mahjoubi, 1983: 497), las islas se ían la base ideal pa a di igi se hacia las u as au í e as del su y paso obligado pa a hace el iaje de e o no. 8. Po úl imo, cabe pensa en la a acción que pudie on ene de e minados p oduc- os exó icos, como el d ago, cuya sa ia ue usada como medicina desde la An igüedad. Plinio el Viejo, en su His o ia Na u al (VI, 37), se e ie e a ese p oduc o «... ulgo san- guinem d aco is apellan », ambién llamado c inaba is, y a sus p opiedades, el cual e a ob enido en las Insulis Fo una is. R. Gon- zález y colabo ado es (1995: 34), o ecen una ci a de Posidomo sob e el á bol de Gadi a, que pod ía se , a i man, la desc ipción de un d ago asplan ado desde Cananas a la mismísima ciudad de Gadi . Así pues las Cana ias es aban en el co azón de una ica zona económica suscep ible de se explo ada en un amplio abanico de posibilida- des adqui iendo así consis encia la hipó esis que p opugna que el a chipiélago ue ecuen ado, al menos desde los inicios del I milenio a.n.e., po ma inos enicios p ime o y púnicos más a de. En ealidad, y a endiendo a las da aciones c ono- mé icas disponibles (A oche, 2009; González y A co, 2009; A oche y Ramí ez, e.p.), el a anque de la colonización humana se p oduci ía en la p i- me a mi ad del siglo X a.n.e., a ec ando a las islas de La G aciosa, Lanza o e y Tene i e. En esos momen os el a chipiélago es a ía some ido an o a un p oceso de ecuen ación y alo ación de sus posibilidades y ecu sos (El Descub imien o. La G aciosa) como al es ablecimien o de los p ime- os g upos humanos al y como se a es igua en el si io de Buena is a (Lanza o e) o la Cue a de los Guanches (Tene i e). A pa i de esa echa inicial y has a el siglo IV d.n.e., esul a posible euni di e en es no icias que na an iajes ma í imos po el en o no de las islas; ese es el caso del iaje explo a o io de ci cun- na egación de Á ica a ca go de los na ios enicios le ados po el a aón Necao, un pe iplo que, al emon a el A lán ico y sus co ien es desde el Gol o de Guinea, debió lle a a sus p o agonis as has a las aguas del a chipiélago cana io. Algo más a de, en el siglo VI a.n.e., se inició la expansión ca aginesa po el Medi e áneo occiden al y el Océano, enómeno que debió ae consigo una eac i ación del p oceso colonizado en las islas comciden e du an e la segunda mi ad de ese siglo con el Pe iplo de Hannón y el es ablecimien o de libio enicios en la cos a ma oquí (López Pa do, 1990: 61-62); algunos au o es an iguos ie on como algo no mal que, con an e io idad a su en en amien o con Roma, Ca ago ins ala a ciu- dadanos suyos y poblaciones libio enicias ue a de Túnez (López Pa do y Suá ez Padilla, 2002: 116). Du an e el siglo V a.n.e. se ec udeció la lucha po el con ol de u as y me cados en el Medi e áneo lo que condujo a Ca ago a lanza se al dominio de amplios e i o ios a icanos. Ese es el momen o en el que la ciudad no ca ncana p o oca el cie- e del Es echo a o os na egan es, ese ándose con ello el monopolio de los me cados a lán icos (Gozalbes, 1988: 773), una ac i ud de la que ya ha ía gala la me ópoli no ea icana en la segunda mi ad del siglo VI a.n.e., como han indicado F. López Pa do y Suá ez Padilla (2002: 115), pa a quien el con ol hcgemónico ca aginés se ap e- cia cuando una ez descubie a po los enicios occiden ales una isla en aguas del A lán ico, Ca - ago impide coloniza la, según una in o mación ecogida de Timeo po Diodo o (5, 19-20). Impli- caciones semejan es end ían pa a el ci ado in es- igado la ges ión del come cio a lán ico con los PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 233 iajes de Hannón e Himilcón, conside ando muy e osímil que se debie a a Ca ago la eocupación de la isla de Mogado en el siglo IV a.n.e. (López Pa do y Suá ez Padilla, 2002: 116). Con el inal de la P ime a Gue a Púnica, en el siglo III a.n.e., la polí ica de los Bá quidas supuso el empleo de población a icana acul u ada como colonos en la Península Ibé ica y zonas de con- ol económico exclusi o, inaugu ándose así un nue o pe íodo de in ensi icación de la ac uación ca aginesa en el Á ica bajo su dominio, el cual se in e umpió as la caída de Ca ago. En esos momen os se libe alizan las p ác icas pi á icas en odo el Medi e áneo occiden al impidiendo que la na egación po el Es echo sea segu a al menos has a el P incipado de Augus o, ci cuns- ancia que a ec ó nega i amen e a las comunica- ciones y elaciones come ciales en e Hispama y Mau e ania (Gozalbes C a io o, 1988: 769). Ya en el siglo I a.n.e. la desapa ición de una Ca - ago independien e, así como el su gimien o en la Mau i ania occiden al de un eino mau o bajo los auspicios de Roma, suponen la llegada al ono del mismo de un mona ca helenizado y c iado en la me ópoli la ina, Juba II, el cual en ía al menos una expedición a Cana ias y lle a a cabo una polí ica de undación y eac i ación de ac- o ías de a amien o de pú pu a (Desjacques y Koebe lé, 1955) y de salazón de pescado en la cos a occiden al de Ma uecos (Ponsich y Ta a- dell, 1965), aliéndose pa a ello del po encial écnico, económico y humano de las an iguas undaciones enicias y púnicas de la zona a i- cana del Es echo has a Mogado , así como de las poblaciones a ellas inculadas, po en onces en un pe íodo de bonanza económica as los años de gue a con Roma. Con la omanización del no e de Á ica los con ac os con Cananas no se in e umpie on ya que no desapa ecie on las azones que a aje on a las islas a quienes decidie on su inicial coloni- zación. La p esencia de na egan es omanos o omanizados en odo el a chipiélago es un hecho cons a ado a queológicamen e, la cual no inaliza has a el siglo IV d.n.e. en coincidencia con la c isis del Impe io y el abandono po és e de buena pa e de la p o incia Tingi ana, así como el in de las ac i idades de un amplio núme o de ac o ías de la cos a a lán ica ma oquí (Ponsich y Ta adell, 1965: 116-117). A pa i de esos momen os, las e e encias esc i as o a queológicas de con ac os de Cana ias con el mundo medi e áneo o a i- cano, has a la llegada de nue os eu opeos a pa i del siglo XIII, son escasas y poco es udiadas. Como emos, Cana ias no es, como se ha enido conside ando, un educ o del Neolí ico a icano p ese ado milag osamen e du an e oda la An igüedad has a desemboca en el inal de la Baja Edad Media y el inicio del Renacimien o; po el con a io, cons i uyó un componen e eal y ac i o del mundo medi e áneo an iguo cuyo desa- ollo quedó some ido desde sus inicios al yugo de la insula idad alcanzando el siglo XV d.n.e. en la pleni ud de su p opia especi icidad cul u al. 3. LOS DATOS PROCEDENTES DE LA ARQUEOLOGÍA La hipó esis medi e ánea que man enemos pa a explica la inicial colonización del a chipié- lago cana io se asien a en un amplio conjun o de egis os a queológicos, en el que un p ime g upo es á in eg ado po di e en es mani es aciones cul- u ales conocidas desde an iguo en los dis in os con ex os a queológicos de inidos en las islas aun- que solo en los úl imos años obje o de una ade- cuada in e p e ación. Ese es el caso de un ipo de esc i u a iden i icado en Lanza o e, Fue e en u a y Tene i e, que en un p ime momen o se con- side ó e óneamen e como «cu si a pompeyana», pe o que R. Muñoz iden i icó como un co pus «de inspi ación púnica» (Muñoz, 1994: 27) y que co esponde ía a lo que J. L. López Cas o (1992: 54) denominó como «libio enicio». Con ella se han elabo ado insc ipciones que, aducidas, e elan un lenguaje ca gado de elemen os eligiosos semí icos. En el ámbi o de los i uales une a ios se han hallado nume osas simili udes cul u ales con el mundo enicio-púnico. Así, en casi odas las islas es á p esen e un ipo de i o que solo apa ece en el no e de Á ica as el con ac o con los colo- nizado es enicios: la inhumación en decúbi o supino sob e a mazón de made a (Lancel, 1994: 61). Po o o lado, en G an Cana ia y Tene i e se han egis ado inhumaciones in an iles en eci- pien es ce ámicos, un i ual simila al obse ado en los con ex os enicios de Ibiza, Huel a -donde sob e i e has a época omana (Alcáza Godoy e al., 1994: 36-47)- o la nec ópolis de Ke kouane (Túnez) (Fan a , 1988: 59). En la isla de G an Cana- ia R. de Balbín Bch mann y colabo ado es (1995) conside a on el denominado Cenobio de Vale en, la Cue a de Cua o Pue as o la Cue a Pin ada 234EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO de Gálda como elemen os de cla a iliación eni- cio-púnica, iden i icándolos como es uc u as une a ias (hipogeos) con pa alelos en las colonias enicias de Occiden e. Un úl imo i ual une a io obje o de p és amo cul u al y que debemos lee en cla e de p es igio lo cons i uye la momi icación p ac icada po las poblaciones paleocana ias, en ealidad una ein e p e ación del i ual une a io enicio-púnico no ea ncano, el esul ado inal de un la go p oceso de adap ación y con él de pé - dida de los signi icados o iginales egipcio- enicios (A oche e al., 2008). En el ámbi o de los a e ac os más co idianos, las islas de Tene i e, La Palma y Fue e en u a han p opo cionado un amplísimo conjun o de an o oides modelados a mano que imi an án o- as elabo adas en los es ablecimien os del Cí culo del Es echo en e los siglos VI y III a.n.e. ( ipos Tinosa y Ca mona) (González e al., 1995: 170). Po o o lado, la denominada Pied a Zana a, a e ac o pisci o me que con iene una insc ipción mágica (Muñoz, 1994), se ha elacionado con la p esencia enicio-púnica en las aguas de las islas y con el obje o que conside an les lle ó a ellas, la pesca (González e al., 1995). Con esa p esencia ambién se ha inculado una se ie de g abados que ep esen an o os, animal o almen e ausen e de los con ex os a queológicos indígenas (Balbín e al., 1995; A oche y Ramí ez, 2009). Po úl imo, la isla de Lanza o e ha p opo cionado algunos ele- men os muy signi ica i os, como es el caso del signo de Tani g abado en el acceso a uno de los pozos de Rubicón (Lám. I), la ep esen ación de la diosa egipcia Tue is hallada en Zonzainas, las nume osas es elas, alguna de g an amaño g abada con un mo i o sola o una g an ep esen ación zoomo a que ep esen a un ca ne o, elemen os odos de una innegable p ocedencia cul u al eni- cio-púnica. Son en gene al egis os que mues an la p esencia en las Cana ias p o ohis ó icas de una comunidad que poseía nume osos elemen os cul u ales enicio-púnicos, de los cuales algunos a ec aban a la supe es uc u a ideológica has a el pun o de de e mina las o mas une a ias o las c eencias eligiosas. F en e al g upo de mani es aciones desc i as se hacía no a la ausencia de asen amien os p olon- gados en el iempo cuya an igüedad y con enidos ma e iales e enda an no solo la a ibada de gen- es enicio-púnicas a las islas sino su pa icipación ac i a en el p oceso de colonización del a chipié- lago. La ca encia an e io inaliza a pa i del año 2006 cuando iniciamos exca aciones a queológi- cas en el si io de Buena is a. Lámina I. Rep esen ación g abada de Tani . Pozo de la C uz. Rubicón (Yaiza. Lanza o e). PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 235 3.1. El si io de Buena is a (Teguise, Lanza o e) (Lám. II) Buena is a (A oche, e al., 2009) cons i uye un asen amien o in eg ado po una amplia es uc u a habi acional de plan a de endencia cuad angu- la le an ada con manipos e ía, inme sa en una secuencia es a ig á ica y a e ac ual con unos lími es c onológicos ijados po el C14 que discu- en en e los siglos X a.n.e. y III d.n.e. Si ya de po sí las echas an e io es suponían una no edad con espec o a las c onologías que se poseían pa a la p o ohis o ia cana ia, no esul aba menos no e- doso el hecho de que pa e de esas da aciones se hubie an ob enido de es os o gánicos asociados a di e en es egis os ma e iales de p ocedencia enicio-púnica, en conc e o agmen os ce ámi- cos modelados a o no pe enecien es a án o as y o os elemen os ( ecipien es, e aco as,...), a ios obje os ab icados en cob e y b once y una cuen a i ea; odo ello jun o a ce ámicas modeladas a mano y di e en es de i us alimen icios. La es uc u a ecupe ada p esen a una plan a de endencia cuad angula , i egula , la cual ocupa una supe icie ap oximada de 42 m2 (Fig. 1). Solo se conse a un zócalo de en e 0,30 y 0,60 m de al u a, desconociéndose si el alzado se comple- a ía con ocas, apial, adobe u o os ma e iales pe ecede os, hoy desapa ecidos. La es uc u a exhumada es á cons i uida po un mu o ex e io de manipos e ía i egula de en e 0,70 y 0,85 m de espeso , el cual encie a a su ez pa edes bajas de meno g oso (de en e 0,22 y 0,50 m) que con o man es ecin os ala gados y es echos, de plan a ec angula (con 2,70 x 0,86 m, 2,08 x 0,72 m y 1 x 0,43 m espec i amen e), cuyos suelos se han exca ado unos 0,40 m po debajo de la co a ex e io de la oca base, hallándose ecubie os po un sedimen o ojizo bien conso- lidado. El ecin o de mayo es dimensiones, ado- sado al mu o o ien al, con enía en el momen o de su exhumación un ni el de abandono que ue da ado en el úl imo e cio del siglo IV a.n.e. y en el que se egis a on di e en es a e ac os in si u (Lám. III). Además de esos ecin os, en los ex emos su y oes e de la es uc u a se encuen an dos habi- aciones cuad angula es (de ap ox. 4 y 7 m2 es- pec i amen e), la segunda de ellas abie a hacia el ex e io , donde se comunica con un amplio espa- cio ci cula (de ap ox. 6 m2) bien p o egido de los ien os dominan es po sus ex emos no e Lámina II. Si io de Buena is a (Teguise, Lanza o e). 242 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO Lámina V. Elemen os me álicos de cob e, b once y hie o. Buena is a (Teguise, Lanza o e). 3.2. El si io de El Descub imien o (La G aciosa) (Lám.VI) Los cambios climá icos acaecidos as el úl imo in e glacia gene a on oscilaciones en el ni el del ma de Cana ias que queda on e lejadas en las islas o ien ales del a chipiélago en depósi os li o- ales sedimen a ios si uados en e los O y +1,5 m, ca ac e izados po con ene una abundan e auna malacológica ma ina. F. Ga cía-Tala e a (2003) es udió un depósi o de esas ca ac e ís icas en la Bahía del Salado (La G aciosa), pue o na u al si uado en la e ien e su es e de la isla en e a los acan ilados de Fama a (Lanza o e). Se a a de un co dón li o al discon inuo con una ele ación de en e O y +0,2 m cuyas ca ac e ís icas mo o- sedimen a ias y paleon ológicas pe mi en co ela- ciona lo con el co dón li o al Holoceno del no e de Fue e en u a y Lanza o e, da ado po el C14 en el 3.100 B.P. en Cale a Bajo del Mejillón (Fue - e en u a). En La Bahía del Salado los si ios es udiados ue on Pun a de los Co ales y El Descub imien o, hallándose en el p ime o agmen os de ce ámica incluidos en el co dón li o al aunque en meno can idad que en el segundo, donde un pequeño elic o del co dón Holoceno p opo cionó casi dos decenas de agmen os de ce ámica modelada a o no, un hueso de o icáp ido y un hueso de a e, es os que enían a demos a la p esencia humana en el luga desde echas muy an iguas. Los egis- os se ecupe a on en posición secunda ia como esul ado del desman elamien o de un depósi o o iginal de ubicación hoy desconocida. La ac i i- dad an ópica se ía además la esponsable de que más del 90% de la auna malacológica que con- iene el co dón en ese luga es é cons i uida po conchas de una sola especie, Thais haemas oma, ue emen e agmen adas de o ma a i icial y consolidadas jun o a los es os a queológicos. Lo an e io se ía indica i o de la llegada a La G a- ciosa de gen es medi e áneas elacionadas con el come cio de la pú pu a en una echa muy an igua si uada po una da ación ealizada po el mé odo OSL (Uni e sidad Au ónoma de Mad id) sob e un agmen o de ce ámica en el 3.090 B.P. Es udios pos e io es de R. González y Ma.C. del A co (2009) cen ados en los es os a queo- lógicos de El Descub imien o han pe mi ido con ex ualiza los desde la pe spec i a cul u al y c onológica. Los egis os ue on obje o de dis in- as analí icas; a ni el c onológico se consiguie on PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 243 Lámina VI. Si io de El Descub imien o (Bahía del Salado, La G aciosa). an o da aciones adioca bónicas como de e mo- luminiscencia. En el p ime caso se analizó una mues a de Thais haemas oma y o a del hueso de o icáp ido, ob eniéndose unas echas dispa- es (130 a.n.e. y 830 d.n.e.) (op. ci .: 79) ex ema- damen e disco dan es en e sí y sob e odo con la echa geológica a ibuida al co dón li o al en el que es aban inse as las mues as, lo que hizo desca a las (op. ci .: 13). Las da aciones po e - moluminiscencia se e ec ua on a dos agmen os ce ámicos ab icados a o no, ob eniéndose unos esul ados más aco des con el con ex o del que p ocedían (1096 ±278 a.n.e. y 950 ±277 a.n.e.). La g an agmen ación de las ce ámicas impi- dió econoce sus ipologías di icul ando su ads- c ipción cul u al, la cual se in en ó a a és de la ca ac e ización pe og á ica. Así se dedujo que el núme o mínimo de ecipien es ep esen ados en la mues a analizada e a de diez, una can idad ele- ada indica i a de una ac i idad an ópica in ensa (op. ci .: 16), las cuales ue on cocinadas a empe- a u as ela i amen e al as (en e 600° y 800° C); p esen an unas mo ologías que en la mayo pa e de los casos se co esponde con ecipien es con e- nedo es de ipo an ó ico. En suma, se a a de un conjun o ce ámico que po la composición que p esen a no pudo elaciona se con p oducciones locales gadi i as o del Bajo Guadalqui i , p opo- niéndose un o igen medi e áneo (op. ci .: 17). Jun o a los elemen os an e io es des aca la g an can idad de Thais haemas oma que apa ece en el mismo con ex o. Se a a de una especie muy ecuen e en el canal que sepa a las islas de La G aciosa y Lanza o e con un po encial ap o e- chamien o en la indus ia de in es (Mede os y Esc ibano, 2006). En conjun o, los hallazgos p oducidos en El Descub imien o pa ecen el esul ado de la e- cuen ación de an iguas na egaciones po el A lán- ico me idional las cuales ecala ían en Cana ias du an e el B once Final, ab iéndose nue as pe s- pec i as ace ca de la an igüedad del conocimien o de las islas ele ándola a iempos muy an e io es a los que has a aho a se conside aban pa a encla- es coloniales de la ce cana cos a a icana, ales como Lixus o Mogado . El si io de El Descub i- 244 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO mien o se ía la pue a de en ada a un espacio más ex enso, Lanza o e, en el que como hemos is o los abajos a queológicos más ecien es han e i- denciado la p esencia de un asen amien o es able en Buena is a con da aciones ca bonomé icas muy ce canas a las p opues as pa a el yacimien o de La G aciosa. 3.3. Los si ios de El Bebede o y Rubicón (Lanza o e) (Láms. Vil y VIII) En Cana ias los p ime os egis os ma e ia- les de p ocedencia cul u al omana comienzan a ecupe a se hace casi cinco décadas en aguas de La G aciosa; se a aba de a ios ecipien- es an ó icos que ue on conside ados bajoim- pc iales (Se a, 1966 y 1970; Pellice , 1970) e iden i icados con la o ma Bel án 74 (Bel án, 1970: 575-576). Con pos e io idad J. M. Bláz- quez (1977: 48-49) ca aloga un nue o conjun o de piezas ecupe adas en simila es condiciones a las an e io es como án o as omanas de los ipos D essel 30 y 33 y Peliche 47. Si bien algunos de es os p ime os hallazgos se han desca ado como omanos as analiza la composición de sus pas- as ce ámicas (A oche c al., 1995: 75-76), en la ac ualidad se cuen a con un nu ido conjun o de hallazgos p oceden es an o de las cos as cana ias como de ie a i me. En ie a i me las e idencias omanas se han egis ado en dos si ios de Lanza o e, El Bebe- de o y Rubicón; en el p ime o de ellos apa e- cie on con ex uahzados en una amplia secuencia es a ig á ica (es a os V y IV) casi un cen ena de agmen os ce ámicos modelados a o no pe e- necien es a g andes con enedo es an ó icos (Lám. IX), anos a e ac os me álicos elabo ados en hie- o, cob e y b once, y un abalo io de id io. La posición es a ig á ica que ocupaban, las da acio- nes adioca bónicas, el es udio ipológico, además de las analí icas pe ológica, me alog á ica y i ea e ec uadas (A oche e al., 1995), nos pe mi ie on asegu a su adsc ipción a la cul u a omana, con unos lími es empo ales enma cados desde inales de la República a los inicios del Bajo Impe io; en conc e o, la se ie de da aciones que se les asocian si úan a esos elemen os en un ma co c onológico que discu e desde el úl imo cua o del siglo I a.n.e. has a el p ime cua o del siglo IV d.n.e. (A oche, 2009), de e minándose así que la p esen- cia de gen es omanas y/o omanizadas en Lanza- o e se p olongó du an e cua o cen u ias. Pa a los a e ac os me álicos la analí ica demos- ó (A oche e al., 1995: 80-88) que en unos casos co espondían a obje os de cob e (una aguja o pasado de b oche, una anilla o a e e y una lámina o agmen o de b azale e), a obje os de b once (dos agmen os de cla os de sección cua- d angula y un pequeño eslabón de cadena) y a obje os de hie o cuya a anzada oxidación impo- sibili ó iden i ica los. El abalo io i eo p esen a una composición p opia de los id ios omanos al oimpe iales (op. ci .: 88-96), iden i icándose con una pequeña cuen a de pe il cilind ico y sec- ción ci cula (Guido, 1978: 91-102) que, po su amaño y o ma, pe eneció a un abalo io de los u ilizados en joye ía (Dusenbe y, 1967: 48, ig. 50; Ala cao, 1976:211). Aunque los da os an e io es son de po sí de e minan es pa a ce i ica la p esencia con- inuada en Lanza o e de gen es omanas y/o omanizadas, han sido la a iabilidad o mal, la di e en e p ocedencia y la ampli ud c onológica de los hallazgos an ó icos los aspec os que nos han acili ado una in o mación más p ecisa. Si bien no se ecupe ó ningún con enedo comple o sí pudo de e mina se que en el casi cen ena de agmen os ce ámicos modelados a o no es aban p esen es pa es de un mínimo de once án o as que, una ez some idas a análisis pe og á icos (A oche e al., 1995: 44-71), pe mi ie on com- p oba la exis encia de a ios g upos ce ámicos de e minados po sus ca ac e ís icas h ológicas y ex u ales, las cuales a su ez de e minan es dis in as á eas geog á icas de p ocedencia pa a las ma e ias p imas con las que ue on ab icadas las án o as. La pe og a ía pe mi ió además co ela- ciona las mues as ce ámicas analizadas con ipos an ó icos conc e os de la clasi icación p opues a po D.P.S. Peacock y D.F. Williams (1986). En sín- esis, se iden i ica on con enedo es ab icados en la Campania, co espondien es a las o mas Class 3, 4 y 5 (D essel 1A, IB y 1C), da adas en e el siglo I a.n.e. y los inicios del siglo I d.n.e., los cua- les o igina iamen e se i ían pa a el anspo e de ino campano (Peacock y Williams, 1986: 86-92). Un segundo g upo se ab icó en la Bé ica; se a a de con enedo es co espondien es a las Class 25 y 26 (D essel 20 y 23) (op. ci .: 137-141) y a la o ma Almag o 51C (Bos e al., 1992: 146 y 198, ig. 42, n° 2), da adas en e el siglo I y el siglo V d.n.e., y des inadas o igina iamen e a con ene acei e y salazones del su de la Península Ibé ica. El e ce g upo se ab icó en el no e de Á ica (Túnez) y PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 245 Lámina Vil. Si io de El Bebede o (Teguise, Lanza o e). Lámina VIII. Si io de Rubicón (Yaiza, Lanza o e). 246 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO a ienden a la Class 40 (Benghazi MR 1) (Peacock y Williams, 1986: 175-176), de la que se desconoce cuál ue su des ino explíci o, y p obablemen e a la o ma A icana I (pequeña), iden i icada con la Class 33 (op. ci .: 153-154) y des inada sob e odo al anspo e de acei e. Es as án o as de o igen unecino se di unden po el Medi e áneo a pa i del siglo II y has a el siglo V d.n.e. La p esencia de án o as de ipología bé ica no solo es mues a de una con inuidad en los ci cui os come ciales sino que e ela a odas luces la exis encia de una pe du ación en la unidad económico-cul u al que ya exis ía en época p e omana. El con ex o a queológico en el que apa ecie on los elemen os an e io es, con una ue e p esencia de es os óseos de o icápndos, pe mi e asegu a que la pe manencia omana en Lanza o e espon- dió a un enómeno de in ensi icación económica que se desa olla en e los siglos I a.n.e. y IV d.n.e. cen ado en el ap o echamien o de ecu - sos insula es (cecinas y/o salazones de ca nes de o icápndos, cue os cu idos,...). En ese sen ido, an o El Bebede o como la Calde e a de Tinache cons i uye on ac o ías ganade as, ac i as es acio- nalmcn e, en las que du an e los meses de eb e o a ab il se sac i icaba y p ocesaba la ca ne y cue- os de un núme o ele ado de cabezas de ganado meno (cab as y o ejas) (A oche e al., 2007), ob eniéndose unos p oduc os con des ino a los me cados medi e áneos, p obablemen e a a és del pue o de Gades, el cual du an e más de un milenio canalizó g an pa e de las p oducciones de la Mau i ania occiden al (Ma ínez y Ca e as, 1993: 102). Du an e esa ase de in ensi icación económica la colonización de Lanza o e se ca ac e izó po una limi ada p esencia humana, dis ibuida po el e i o io de mane a dispe sa, como mues an los asen amien os localizados an o en la cos a (Rubi- cón) como en el in e io de la isla (El Bebede o, Calde a de Tinache, Buena is a,...) adsc ibibles a la ase I de El Bebede o (A oche e al., 1989). Un modelo de ocupación del e i o io que e leja an o el ipo de ac i idades económicas implan- ado en la isla en esos momen os como los muy localizados ecu sos híd icos con que aquélla con- aba pa a el desa ollo de esas ac i idades. A los an e io es hallazgos de El Bebede o se une Rubicón (A oche e al., 1999), un asen- amien o localizado en el ex emo me idional de Lanza o e, zona ca ac e izada po p esen a una cos a abie a y p o egida donde se suceden las pla- yas ap as pa a el ondeo de na ios. En una de esas playas, denominada de Los Pozos, se encuen an anas es uc u as obje o de una con inuada cu i- lización desde la An igüedad a día y inculadas a un pun o de ecalada inicialmen e es ablecido po na egan es enicio-púnicos y pos e io men e eu ilizado po ma inos omanos (A oche e al., 1999; A oche, 2003), ep oduciéndose el modelo de asen amien o es ablecido pa a o as ac o ías púnico- omanas undadas a lo la go de las cos as de la Mau i ania occiden al en di e en es momen- os del I milenio a.n.e. El asen amien o se si úa a muy pocos me os de la línea de cos a, ocupando la desembocadu a de un pequeño ba anco, an o el cauce como la lade a de una ele ación si uada a 15 m.s.n.m. En es a úl ima se han localizado los es os de una es uc u a habi acional ec angula abie a de unos 13 m2, le an ada con mu os de pied a y mo e o de ba o. A escasa dis ancia, en el cauce del ba anco, se ab en dos pozos de ca ac e ís icas a qui ec ónicas muy di e en es; en ambos casos se a a de cons ucciones sub e áneas con mu os de bloques de a enisca, la mayo de las cuales se denomina Pozo de San Ma cial y p esen a dos cáma as pe pendicula es cubie as po bó edas de cañón a las que se accede po una ampa esca- lonada lanqueada po sendos mu os de con en- ción. El segundo pozo, denominado Pozo de la C uz, es de meno es dimensiones y posee una sola cáma a con cubie a adin elada, a la que se accede po una la ga y es echa escalina a cubie a con una alsa bó eda log ada median e ap oximación de hiladas. La p esencia en uno de los bloques de la pa ed que sos iene el din el del hueco que da acceso a la cáma a de un mo i o g abado que ep oduce el signo an opomo o empleado pa a ep esen a a la diosa enicio-púnica Tani (A co e al., 2000) (Lám. I), señala con cla idad al ámbi o cul u al de la p o ohis o ia mag ebí, egión en la que la ape u a de pozos y cis e nas de simila- es ca ac e ís icas al que analizamos cons i uyó una ac i idad co idiana en los ambien es cul u a- les ma cados po la colonización enicio-púnica. Su es uc u a conjuga elemen os a qui ec ónicos ampliamen e conocidos po púnicos y g iegos, un esquema cons uc i o que se epi e de o ma con inua en las umbas púnicas con cáma a sub- e ánea y acceso escalonado, epa idas po odo el Medi e áneo occiden al y eu ihzadas en más de una ocasión pa a el almacenamien o del agua de llu ia. Pe o además, la p esencia del signo de PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 247 Lámina IX. F agmen os ce ámicos modelados a o no pe enecien es a a ias án o as. El Bebede o (Teguise, Lanza o e). Tani , una ep esen ación eligiosa indiscu ible- men e púnica, en el din el del hueco que da acceso a la cáma a señala di ec amen e hacia la au o ía de la misma: gen es púnicas o punicizadas, quienes lo le an a ían en echas coe áneas o pos e io es a la segunda mi ad del siglo V a.n.e. en base a las c onologías es imadas pa a la p esencia de Tani en el Occiden e medi e áneo (González Alcalde, 1997: 330). Po el con a io, los pa alelos del pozo de mayo es dimensiones se encuen an en las cis- e nas omanas, el sis ema de almacenamien o de agua más di undido en odas aquellas zonas del Impe io con un égimen i egula de llu ias. Cons uidas mayo i a iamen e bajo ie a, cons- an de una, dos o más cáma as cubie as siem- p e con bó edas de cañón. Cis e nas de es e ipo es án p esen es en odas las á eas omanizadas del Medi e áneo (Ain Mizeb, A'in-el-Hamman, Ba a us y Su unu ca II,...), sin emba go es en la Mau e ania Tingi ana donde las encon amos en mayo núme o, po lo gene al inculadas a ac- o ías omanas de ga um y salazones (Ponsich, 1988). La p esencia de unas es uc u as como és as en Lanza o e y su inculación a un asen amien o de las ca ac e ís icas desc i as e ue za la p esencia de gen es omanas y/o omanizadas a es iguada en El Bebede o, además de pone nos sob e la pis a del papel que las Cana ias debie on ep esen a en los ci cui os ma í imos y económicos en los 248 El ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO que se hallaban in eg ados los es ablecimien os de las cos as a lán icas del ac ual Ma uecos unda- dos po na egan es enicio-púnicos y más a de ampliados po Juba II y el Impe io Romano. Rubicón y algún o o si io de simila es ca ac e ís- icas localizado en Fue e en u a ep esen an un ipo de asen amien o con unas es uc u as pa a- lelizables a las que se hallan en las ac o ías ubi- cadas en la ce cana cos a a icana, man eniéndose en uncionamien o du an e casi odo el pe iodo omano-mau i ano explo ando los abundan es ecu sos ma inos y e es es de esa egión a lán- ica. Globalmen e analizado, en Rubicón se eco- noce el paisaje de los ondeade os enicios, cuya exis encia se explica po las óp imas condiciones po ua ias y pesque as de la zona, luga de paso y pe manencia de escómbndos y úmdos, además de pun o es a égico den o del i ine a io más idó- neo pa a accede o sali del a chipiélago desde o hacia las ce canas cos as saha ianas. Rubicón se cons i uye, jun o con Buena is a, en la e iden- cia de una emp ana y con inuada p esencia de in aes uc u as de o igen medi e áneo, enicio- púnicas p ime o y omanas más a de, en pun os es a égicos de Lanza o e y Cana ias. Además de los si ios en ie a i me desc i os, la a queología canana ambién dispone de un amplio conjun o de án o as omanas ecupe adas en las cos as, las cuales pe mi en amplia el á ea po la que se mo ie on los na egan es omanos y/o omanizados a la o alidad del a chipiélago (Mede os y Esc ibano, 2002). Los ecipien es se han localizado en la Playa de Los Cha cos (Lan- za o e), un agmen o del e cio supe io de un án o a del ipo Almag o 51C; en El Río (La G a- ciosa), un agmen o del e cio supe io de un án o a del ipo D essel 7-11; en Fue e en u a, sin .localización exac a, un agmen o del e cio supe- io de un án o a del ipo D essel 30; en Mogán (G an Cana ia), un agmen o de án o a del ipo D essel 1; en la desembocadu a del Ba anco de Guiniguada (G an Cana ia), un agmen o del e - cio supe io de un án o a del ipo Keay XXXI; en Pun a de Guadamoje e (Tene i e), un agmen o del e cio supe io de un án o a del ipo D essel 2-4 y un án o a casi comple a a al a del e cio in e io del ipo Benghazi MR; en Pun a de Teño (Tene i e), un agmen o del e cio supe io de un án o a del ipo A icana II; en El P is (Tene i e), un cuello y boca de un án o a del ipo D essel 1A. Las e e encias c onológicas disponibles pa a los an e io es egis os ma e iales omanos son de dos ipos: las da aciones C14 apo adas po El Bebede o y las e e encias c onológicas de i adas del iempo de pe i encia que se le econoce a cada uno de los di e en es ipos de án o as ab i- cadas po los omanos. Es as úl imas son menos p ecisas debido a la longe idad que se dio en el uso de algunas o mas, como son los casos de las Class 25 y 26 o de la Almag o 51C, u ilizadas en e los siglos I y V d.n.e. Sin emba go, la sene de echas C]4de El Bebede o pe mi e delimi a con más p ecisión los momen os iniciales y inales de la p esencia omana, los cuales pueden pone se en elación con dos momen os his ó icos que ma ca- on el pun o de pa ida y el momen o inal de un ex endido enómeno económico desa ollado en la ce cana cos a a icana: el pe iodo de e i alización y ampliación a ca go de Juba II de la ac i idad p oduc i a en las an iguas ac o ías de salazones undadas po los na egan es enicio-púnicos en el li o al de la Mau e ania Ting ana (siglos I a.n.e.-I d.n.e.), y el momen o ma cado po la c isis polí- ico-económica que a ec ó al Impe io Romano en el siglo III d.n.e. A pa i de inales de ese siglo la p esencia omana al su de Volubilis ue solo es imonial, inalizando de o ma de ini i a hacia mediados del siglo V d.n.e., en un ins an e coin- ciden e con el abandono del es ablecimien o de Essaui a-Mogado y el decli e inal de la indus ia de salazones, la cual i á decayendo len amen e en odo el Occiden e medi e áneo has a alcanza , en algún caso, el siglo VI d.n.e. Más al su , a lo la go de la cos a a lán ica subsaha iana, la p esencia de elemen os cul u ales omanos pe du a has a el siglo IV d.n.e., como lo a es iguan en e o os los hallazgos mone a ios de Cos a de Ma il (Pica d, 1978: 22-24). En consecuencia, la echa en la que se p odujo la expedición en iada po Juba II de Mau i ania a Cananas (en e el año 25 a.n.e. y los años 12/7 a.n.e.) (San ana c al., 2002: 243) puede conside- a se el pun o de pa ida o icial de la p esencia en las islas de gen es omanas y/o omanizadas, una p esencia mo i ada po azones que sin duda hay que as ea en la p ospe idad económica alcan- zada po la Mau e ania Tingi ana as su inco po- ación al Impe io, la cual concluye en la segunda mi ad del siglo III d.n.e., coincidiendo con la p o- unda c isis que a ec a a odo el Impe io y que ae consigo la ana quía mili a , in asiones, e uel as indígenas y g a es p oblemas económicos. Tal es ado de insegu idad gene al di icul ó las comu- nicaciones y p opició la c isis del apa a o p oduc- PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ i o así como la endencia hacia una economía au á quica; consecuen emen e, dec eció la p o- ducción y el come cio, los p oduc os escasea on y, como esul ado, se es anca la ac i idad ciudadana y muchos cen os u banos educen su supe icie, despoblándose amplias zonas é iles (Remonden, 1973: 36-37). En el no e de Á ica, esa si uación alcanzó su pun o álgido en iempos de Diocle- ciano, cuando se e acúa el ex emo me idional de la Tingi ana, el más p óximo a Cana ias, haciendo que a pa i del siglo IV d.n.e. el ío Loukus sea la nue a on e a (Rebu a , 1987). Como esul- ado, du an e el Bajo Impe io se p oduce la p ác- ica desapa ición de la amplia ac i idad come cial an e io y con ella uno de sus sopo es p incipa- les, la indus ia de salazones. Las ac o ías de la cos a a lán ica de la Mau i ania educen d ás ica- men e su núme o y el olumen de la p oducción, la cual se o ien a á a pa i de en onces a cub i casi exclusi amen e las necesidades locales. Esa si uación de c isis y pos e io ans o mación de las es uc u as económicas mau i anas debió se sin duda la azón del cese de la ac i idad omana en las islas el consecuen e aislamien o de és as. 4. EL CONTEXTO CRONOLÓGICO: LAS DATACIONES RADIOCARBÓNICAS En e los a queólogos cana ios el mé odo de da ación basado en el CH ha gene ado una cie a descon ianza, llegándose en algún caso incluso a desap oba su uso; esa ac i ud sin emba go no ha impedido que algunos lo empleá amos con cie a ecuencia y mucho espí i u c í ico lo que nos ha pe mi ido de ec a pequeñas al e aciones y con- as a su alidez (A co e al., 1997; A oche, 2009). En suma, admi iendo que las da aciones iso ópi- que cualquie análisis his ó ico ace ca de la colo- nización del a chipiélago cana io debe oma en conside ación las e e encias c onológicas dispo- nibles, casi 200 da aciones p oceden es de unos 70 yacimien os, de las cuales el conjun o más amplio p ocede de Tene i e, isla donde las se ies de echas p opo cionadas po algunos encla es habi aciona- les (cue as de La A ena, Las Palomas, Don Gas- pa y Los Guanches), pe mi en si ua el momen o más an iguo de su colonización en el a anque del I milenio a.n.e. (950 AC cal. Cue a de Los Guan- ches) (Gak-14.599). A esa echa le siguen o as dos del siglo VI a.n.e., una de la Cue a de la A ena (600 AC cal.) (CSIC-189) y la o a de la p opia Cue a de los Guanches (575 AC cal.) (Gak-14.600). A pa i de ese ins an e son anas las da aciones que exis en pa a el siglo III a.n.e., igualmen e pa a asen amien os del no e de Tene i e (Cue a de Las Es acas 1 y Cue a de Las Palomas) (Be a-127.932; Gak-13.087), las cuales se pueden elaciona con el da o c onológico más al o conocido pa a La Palma, isla donde la echa egis ada en la Cue a de La Palme a (203 AC cal.) (G N-13.753) ma ca po aho a la p ime a p esencia humana ahí. Pa a las islas de El Hie o y La Gome a las e e en- cias adioca bónicas exis en es son ex emada- men e escasas, mien as que pa a G an Cana ia las da aciones disponibles p esen an una i egula dis ibución espacial y c onológica con ibuyendo muy poco al ajus e c onológico de los p ocesos cul u ales a ni el insula y mucho menos egional. La isla de Fue e en u a no p esen a un núme o ele ado de da aciones si bien és as co esponden a una se ie muy homogénea ob enida en la Cue a de Villa e de donde se si úa po aho a la más an igua ocupación de la isla en el siglo III d.n.e. (275 DC cal.) (CSIC-556). En la isla de La G aciosa como ya hemos is o el yacimien o de El Descub i- mien o ha p opo cionado dos da aciones ob eni- das po e moluminiscencia que si úan el inicio de la p esencia humana en esa isla en la ansición del II al I milenio a.n.e. (1096 ±278 a.n.e. y 950 ±277 a.n.e.); la an igüedad de esas da aciones unida al con ex o a queológico del que p oceden pe mi en si ua en el a anque del I milenio a.n.e. el ins- an e a pa i del cual debió inicia se el p oceso colonizado del a chipiélago cana io. Finalmen e, Lanza o e cuen a con una amplia se ie de echas que han pe mi ido con i ma una cie a p eemi- nencia empo al de la isla en el p oceso de colo- nización del a chipiélago. La ce canía de esa isla ' C Ti_u ' l lIiCiC/íTa ~ li CUi ciiiuilLL u mcainj, la nia^ ji an igüedad de las echas que han p opo cionado y a ios de los egis os a queológicos ecupe ados, end ían además a con i ma el modelo p econi- zado po la biogeog a ía insula (González, 1999), el cual da mayo es posibilidades a ese ipo de islas de ca a a su más p on a colonización en elación con el es o del a chipiélago. Las e e encias adiomé icas disponibles pa a Lanza o e se han ob enido en cua o si ios (El Bebede o, Calde e a de Tinache, Buena is a y Valle de Femés) (A oche, 2009). Son un o al de 32 da aciones, en e las cuales el g upo más amplio lo o man 17 e e encias ob enidas en El 250 EL ARCHIPIÉLAGO CANARIO EN EL HORIZONTE FENICIO-PÚNICO Y ROMANO DEL CÍRCULO DEL ESTRECHO Bebede o, en su mayo pa e elacionadas con la p esencia de gen es omanas y/o omanizadas en la isla. A la an e io le siguen en núme o las se ies de la Calde e a de Tinache, cons i uida po sie e e e encias (A oche e al., 2007) y de Buc- na is a (A oche c al., 2009; A oche y Ramí ez, e.p.), cons i uida ambién po sie e e e encias, las p ime as aco des con los con ex os omanos y/o omanizados de El Bebede o y las segundas en pa e con ex ualizadas con un conjun o de a e ac os de p ocedencia enicio-púnica. El o al de da aciones se comple a con la ob enida en el Valle de Femés, en un pe il es able sin e iden- cias a queológicas. En su conjun o las da aciones de Lanza o e se co elacionan con a ias de las e apas y ases que hemos es ablecido pa a sis e- ma iza la p o ohis o ia cana ia (A oche, 2008), de modo que la echa más an igua apo ada po la Calde e a de Tinache da a un momen o an e io a la p ime a p esencia humana en la isla debiendo aslada nos a Buena is a pa a encon a el ni el a queológico más an iguo echado en e los siglos X a.n.e. (960 BC cal.) (Be a-251.322) y IV a.n.e. (380 y 330 BC cal.) (Be a-230.885 y Be a-237.340) con una echa in e media ubicada en el 530 BC cal. (Be a-237.341). El hecho de que la da ación del siglo X a.n.e. p oceda de una mues a o gánica ecogida en la base de uno de los mu os ex e io es que in eg an la es uc u a habi acional a es iguada en Buena is a pe mi e asegu a que en ese siglo ya es á p esen e en la isla un g upo humano, el cual a su ez ma ca el inicio de la p esencia cul u- al enicio-púnica en las islas que pa ece pe du a , a eno de las da aciones p opo cionadas po el mismo asen amien o (180 BC cal.) (Be a-251.323) y Femés (190 BC cal.) (Be a-172.350), has a un momen o ce cano a la echa de la des ucción de Ca ago. En de ini i a, las an e io es da aciones señalan que la p ime a p esencia humana en Lan- za o e se p odujo en el siglo X a.n.e., momen o en el que la isla se ía ecuen ada po ma inos enicios quienes lle a ían a cabo una p ime a colonización con un con ingen e de población a ín, enómeno del que el si io de Buena is a cons i uye un ejem- plo del pa ón locacional que se puso en p ác ica. A pa i del siglo VI a.n.e. el p oceso coloniza- do insula debió e o za se coincidiendo con la expansión de Ca ago (Fan a , 1988; F u os Reyes, 1991; Aube , 1994), ciudad que en esos momen os se lanza al dominio e ec i o de amplios e i o ios de Á ica y al cie e del Es echo de Gib al a a o os na egan es (López Cas o, 1992). En con- secuencia, en Buena is a nos hallamos an e una comunidad muy an igua que posee e iden es ele- men os p oceden es de la cul u a enicio-púnica del Medi e áneo occiden al, los cuales sabemos que pe du a án con pos e io idad en el ámbi o de las poblaciones insula es, de e minando aspec os an undamen ales como los i os une a ios o las c eencias eligiosas. Al pe iodo empo al que a desde el siglo X a.n.e. al siglo II a.n.e. debe co esponde al menos una de las in aes uc u as hid áulicas p esen es en el si io de Rubicón, el denominado Pozo de la C uz, un pun o es a égico de la cos a del su de Lanza o e en los i ine a ios ma í imos que si ie- on de en ada y salida del a chipiélago, esul ado de un enómeno de ecuen ación ma í ima que, en opinión de Ga cía y Bellido (1942: 177), pudo habe sido iniciado po la cul u a a ésica. La u a ma í ima que eco e la cos a a lán ica de los ac ua- les Ma uecos y Mau i ania es conocida cuando menos desde el Neolí ico ca dial, momen o a pa - i del cual se es ablecen unas ue es elaciones cul u ales en e el su de la Península Ibé ica y el no oes e a icano las cuales se hicie on muy e iden es du an e el B once Pleno y Final. A las echas an e io es les siguen o as que si úan es a- os de El Bebede o, Buena is a y la Calde e a de Tinache en dis in os momen os ubicados en e el siglo I a.n.e. y el siglo XIV d.n.e., en es e úl imo caso en un ins an e muy p óximo al inicio de la conquis a no mando-cas ellana esponsable de la inalización de la p o ohis o ia en el a chipiélago cana io. En o no al cambio de E a se inició la explo- ación in ensi a del e i o io de Lanza o e, enó- meno que se sus en ó en un ipo de asen amien o que espondía a un modelo de ac o ías ag a ias (El Bebede o, Calde e a de Tinache,...) incula- das a los in e eses económicos del mundo omano (A oche, 2006). Has a ese momen o la isla solo había sido obje o de una colonización de baja in ensidad, ep esen ada an o po algún encla e en la cos a como del in e io , dico omía que am- bién se e leja en la mane a di e encial de ocupa el e i o io insula : has a el siglo IV d.n.c. median e un pa ón dispe so basado en asen amien os de pequeña en idad y uncionalidad o ien ada a la ealización de ac i idades ag opecua ias y a pa i de ese ins an e median e un pa ón concen ado en núcleos u banos de di e en e en idad. En suma y en el ma co de la asi icación de la p o ohis o ia cana ia (A oche, 2008) es a p ime a PABLO ATOCHE PEÑA Y Ma ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ 251 e apa del poblamien o de las islas aba ca casi un milenio y medio, espacio empo al du an e el cual se sucede ían el inicio y pos e io desa ollo de la explo ación de los ecu sos del A lán ico a icano, el descub imien o de los a chipiélagos cana ios (San ana e al., 2002; A oche, 2003), su coloniza- ción y el pos e io es ablecimien o de los p ime- os g upos humanos. Los iniciales asen amien os es ablecidos en la isla de Lanza o e debie on es a ocupados po gen es ín imamen e elacionadas con los ma inos enicio-púnicos que unda on la amplia se ie de ac o ías come ciales exis en es a lo la go de la ce cana cos a ma oquí. A pa i del siglo I a.n.e. cuando a anca la p esencia omana y/o omanizada en aguas cananas, se inc emen ó la ac i idad p opiciándose un cambio p o undo en el modelo de explo ación de los ecu sos insula es. Has a en onces, el e i o io in e io de Lanza o e no pa ece habe se pues o en explo ación o, si és a se había p oducido, no u o la su icien e in en- sidad como pa a modi ica el paisaje de mane a pe cep ible. En ese sen ido, las columnas políni- cas y la adecuada ubicación c onológica del egis- o polínico han pe mi ido es ablece una cla a co elación en e las di e en es e apas y ases del poblamien o p o ohis ó ico de la isla de Lanza- o e y el impac o medioambien al que las dis in as a iables socio-económicas de ese p oceso gene a- on como esul ado de las es a egias económicas pues as en p ác ica en cada e apa (A oche, 2009). Así, y de una o ma gene al, hemos cons a ado que los cambios hacia una mayo a idez se p o- duje on en la isla pasados algunos siglos desde el es ablecimien o de ini i o de los p ime os g upos humanos, hecho indica i o de que las ans o ma- ciones medioambien ales, cuando u ie on luga , ue on gene adas po nue os in e eses económi- cos que inc emen a on conside ablemen e la p e- sión que has a en onces eje cía el homb e sob e el medio insula (A oche, 2003). T as la caída de Ca ago en el 146 a.n.e. los da os suminis ados po la a queología indican que a pa i del siglo I a.n.e. la in ensi icación económica que se p oduce en el A lán ico cana- io-no ea icano, del que ue esponsable Juba II, man u o la p esencia e ec i a en Cana ias de gen es ajenas a las islas. Na egan es omanos y/o omanizados p oceden es del Cí culo del Es e- 'üíYe; V ^TíSYiíiTüTi as aguas cana ias 'nasia íina'ies áe'l siglo III o comienzos del IV d.n.e. (A oche e al., 1995; A oche y Paz, 1999; A oche, 2006), en coin- cidencia con la c isis del Impe io Romano y el abandono po és e de buena pa e de la p o incia Tingi ana, lo que puso in a las ac i idades de un amplio núme o de ac o ías de la cos a a lán ica ma oquí (Ponsich y Ta adell, 1965: 116-117). A pa i de ese ins an e en las islas discu e la ase de abandono, con un desa ollo c onológico muy co o (á ea siglos III-IV d.n.e.) y ma cada po el inal de la dependencia económica ex e na esul- ado de la c isis polí ico-económica que a ec ó al Impe io Romano en el siglo III, un enómeno ajeno a las islas pe o que se ía el esponsable de su aislamien o y de la consecuen e c isis socio- económica de unas o maciones sociales has a en onces olcadas al ex e io . Se inicia así uno de los p ocesos cul u ales más in e esan es de la p o- ohis o ia cana ia al gene a en las islas el desa o- llo de endcmismos cul u ales de e minados po el aislamien o y que pe mi en explica muchas de las di e encias que son obse ables en las cul u as insula es al inal de la p o ohis o ia. El desa ollo de es a e apa supone la pa alización de la ac i- idad de las ac o ías ag a ias exis en es en Lan- za o e (El Bebede o, Calde e a de Tinache,...), in e upción que en el caso de Tinache supone su abandono du an e un pe iodo de iempo que discu i ía en e las pos ime ías del siglo III o las p ime as décadas del siglo IV d.n.e. has a los inicios del siglo VII d.n.e. (A oche e al., 2007). 5. EL ITINERARIO MARÍTIMO HACIA CANARIAS F en e a las di icul ades que adicionalmen e se han asociado a la na egación po el A lán ico a icano du an e la An igüedad, las nume osas e idencias a queológicas con que con amos en la ac ualidad ponen de mani ies o que desde echas muy emp anas de inicios del I milenio a.n.e. na e- gan es medi e áneos ecuen a on un i ine a io ma í imo su a lán ico que les pe mi ió alcanza el a chipiélago cana io. Ese i ine a io se ía u ilizado con ecuencia po ma inos enicios y púnicos a lo la go del I milenio a.n.e., man eniéndolo ac i o con pos e io idad ma inos omanos y/o oma- nizados al menos desde el siglo I a.n.e. has a el siglo IV d.n.e., con ex ualizado en un enómeno de mayo ampli ud geog á ica que asegu ó la p e- sencia omana a lo la go de la cos a occiden al a icana 'has a más allá del su del ac ual Ma ue- cos (Rebu a , 1987; Euzenna , 1989). Los hallazgos ma e iales ealizados du an e las exca aciones de la ac o ía enicio-púnica y