El archipiélago canario en el horizonte fenicio-púnico y romano del Círculo del Estrecho (circa siglo X a.n.e al siglo IV d.n.e.)
Abstract
256
Full text
Gadi
y el
Cí culo
del
Es echo
e isados
P opues as
de la
a queología
desde
un
en oque
social
JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ PÉREZ
(Ed. cien .)
.
mHA
MONOGRAFÍAS
His o ia
y
A e
Uni e sidad
de
Cádiz
Se icio
de
Publicaciones
Es a ob a
ha
sido
cocdi ada
po la
Conseje ía
de
Inno ación, Ciencia
y
Emp esa
de la
Jun a
de
Andalucía, según Resolución
de
la
Sec e a ía
Gene al
de
Uni e sidades,
In es igación
y
Tecnología
po la
que
se
conceden
incen i os
a
ac i idades
de
ca ác e
cien í ico
y
écnico indi iduales
de las
uni e sidades
y
o ganismos
de
in es igación
de
Andalucía,
en su
Con oca o ia 2/2009.
Es a ob a
ha
supe ado
un
p oceso
de
e aluación
ex e na
po
pa es.
Mo i o
de
cubie a:
Es inge
alada
de
má mol,
hallada
po
Ta adell
en
Lixus
y
ac ualmen e expues a
en el
Museo
de
Te uán
( o o
del
au o ).
P ime a edición,
2011.
Edi a: Se icio
de
Publicaciones
de
la
Uni e sidad
de
Cádiz
C./
Doc o
Ma añen,
3
11002
Cádiz (España)
www.uca.es/publicaciones
[email p o ec ed]s
©
Se icio
de
Publicaciones
de la
Uni e sidad
de
Cádiz
© Los
au o es
I.S.B.N.: 978-84-9828-344-0
Depósi o
Legal:
MU
844-2011
Fo ocomposición
e
imp esión:
COMPOBELL,
S.L.
Imp eso
en
España-P in cd
in
Spain
Rese ados
odos
los
de echos.
Ni la
o alidad
ni
pa e
de
es e lib o,
ni
sus
ilus aciones, pueden ep oduci se, ansc ibi se
o
ansmi i se
po
ningún p ocedimien o mecánico
o
elec ónico, incluyendo o ocopia, g abación magné ica,
di usión
a
a és
de
in e ne ,
o
cualquie almacenamien o
de
in o mación
y
sis ema
de
ecupe ación,
sin
pe miso p e io
y po
esc i o
de los
i ula es
del
copy igh ,
bajo
las
sanciones es ablecidas
po la
legislación igen e.
El
a chipiélago
cana io
en el
ho izon e
enicio-púnico
y
omano
del
Cí culo
del
Es echo
(ci co
siglo
X
a.n.e.
al
siglo
IV
d.n.e.)
PABLO
ATOCHE
PEÑA1
Y
Ma
ÁNGELES
RAMÍREZ
RODRÍGUEZ2
'Uni e sidad
de Las
Palmas
de
G an
Cana ia.CEFYP
in es igado a,
colabo ado a
del
P oyec o
«Cana ias:
colonización
humana
p o ohis ó ica,
bioadap ación
insula
y
ans o mación
medioambien al»
RESUMEN
Los más
ecien es
hallazgos
a queológicos
p oducidos
en
Cananas, p incipalmen e
en los
si ios
de El
Bebede o
y
Bucna is a
en
Lanza o e
y
El
Descub imien o
en La
G aciosa, con i man
los
p olongados
y
es echos lazos
que
exis ie on
en e
las
islas
y el
Medi e áneo occiden al desde
echas
muy
an iguas si uadas
en
o no
al
siglo
X
a.n.e.
y
has a
el
siglo
IV
d.n.e.
Se
pone
así de
mani ies o
el
ascenden al papel
que
enicios
y
púnicos p ime o
y
omanos
más
a de
juga on
en
el
p oceso
de
colonización
del
a chipiélago cana-
io
y la
p o undidad
y
lejanía
que en el
A lán ico
a icano
alcanzó
la
in luencia
cul u al
del
Cí culo
del
Es echo.
1.
INTRODUCCIÓN
La
e apa p o ohis ó ica cana ia
se ha
es u-
diado
du an e mucho iempo desde posiciones
inmo ilis as
ijadas
inicialmen e
po
his o iado es
omán icos
del
siglo XIX, quienes concibie on
unas
cul u as insula es ca ac e izadas
po su
ais-
lamien o
y
p imi i ismo,
su
c onología a día
y
unos pa alelos
que se
in en aban as ea en e
las
poblaciones
be ebe es
no ea icanas
con empo á-
neas.
Se ha
enido
que
espe a
una
cen u ia, has a
la
década
de los
años
90 del
pasado siglo
XX,
pa a
que
la
ac i idad a queológica comenza a
a
cons a-
a
que los
p ime os humanos
que
coloniza on
el
a chipiélago
cana io
lo
hicie on desde
un
con ex o
cul u al
en el que
e an ecuen es
los
elemen os
asimilados
de las
cul u as enicio-púnica
y
omana
es ablecidas
en el su de la
Península Ibé ica
y el
no e
de
Á ica.
De esa
mane a,
y en
pa alelo
al
pa adigma adicional, en e algunos his o iado-
es
y
a queólogos
se
ha ido
ab iendo paso
poco
a
poco
un
nue o modelo in e p e a i o
en el que se
han
comenzado
a
plan ea
las
cues iones
de
o a
mane a, pasando
de
conside a
la
p o ohis ona
cana ia
como
una
e apa
de
o al aislamien o cul u-
al
an e cualquie in luencia ex e na
que no
ue a
la
be ébe ,
a
en ende la
como
pa e in eg an e
del
de eni his ó ico
de una
ex ensa egión
en la
que
con luye on
los
in e eses
de las
poblaciones
del
Cí culo
del
Es echo
a lo
la go
de
casi
un
milenio
y
medio
(ci co,
s. X
a.n.e.
al s. IV
d.n.e.).
A ese
p oceso
de
eno ación cien í ica nues o
equipo
de
in es igación
ha
con ibuido du an e
las
dos
úl imas décadas
con un
ele ado cúmulo
de
da os a queológicos que,
en e
o os aspec os,
han
con i mado
la
pe manencia
en el
iempo
de
na egan es medi e áneos
en
Cana ias.
La
in o -
mación
se ha
ecupe ado
a lo
la go
de
ocho cam-
pañas a queológicas cen adas
en
yacimien os
de
la
isla
de
Lanza o e
(El
Bebede o, Calde e a
de
Tinache,
Buena is a,...),
los
cuales
han
p opo -
cionado amplios con ex os
c ono-cs a ig á icos
y
pe mi ido
la
ealización
de
análisis medioam-
bien ales
y
es udios
de
egis os ma e iales
en los
que no han
al ado
las
analí icas pe ológicas
a las
ce ámicas,
los
exámenes me alog á icos
a los
a e-
ac os
me álicos
y de
componen es
a los
elemen-
os
i eos.
Esos
abajos
han
pe mi ido
que nos
230
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE
FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
pudié amos
aleja
de las
adicionales
e
incom-
ple as
sín esis basadas
casi
exclusi amen e
en
las
uen es
li e a ias
e nohis óncas,
pe mi iendo
asen a
la
econs ucción his ó ica
de la
eali-
dad
cana ia sob e sólidas bases cien í icas.
Pe o,
además,
la
combinación
de
esos descub imien os
a queológicos
con los
no ables a ances p oduci-
dos en el
conocimien o
del
mundo colonial
eni-
cio-púnico
y
omano
del
Cí culo
del
Es echo.,
han
p opiciado
que un
g upo
de
in es igado es
hayamos
desa ollado
a lo
la go
de los
úl imos
años
un
modelo explica i o
que
in e p e a
el
ini-
cial
poblamien o
de
Cana ias
en el
ma co
de la
expansión
semi a
al
o o lado
del
Es echo
de
Gib al a
(Balbín
e
al.,
1995; González
e
al.,
1998; González, 1999; A oche
y
Ma ín, 1999;
A oche
y
Ramí ez, 2001; A oche, 2002;
Mede os
y
Esc ibano, 2002; González
y
A co, 2007).
La
nue a si uación ambién
ha
p opiciado
que la
in es igación
ue a
adqui iendo p og esi-
amen e mayo conciencia
del
conocimien o
que
en
el I
milenio
a.n.e.
poseían
las
cul u as medi-
e áneas
ace ca
de
la
exis encia
de
islas
al
o o
lado
de las
Columnas
de
Hé cules,
en el
Océano
occiden al,
uno de los
con ines
de su
mundo
en el
que la
geog a ía mí ica si uó algunos
de sus más
conocidos Í ems
(Ja dín
de las
Hespé ides,
Islas
de
los
Biena en u ados,
Campos
Elíseos,
A lán-
ida,...).
Lejos
de esa
isión legenda ia,
las
Islas
Cana ias
cons i uye on
una
ealidad
angible pa a
las
poblaciones
del
B once Final
del
Cí culo
del
Es echo
y
pa a
los
enicios
es ablecidos
en esa
egión
desde
inales
del II
milenio a.n.e. (A oche
y
Ramí ez, 2001; González
y
A co, 2009; A oche
y
Ramí ez,
e.p.),
si
bien
los
in e eses económicos
de
es os úl imos alen a on
la
isión mí ica
que
du an e mucho iempo
odeó
la
ealidad exis en e
al
o o
lado
del
Es echo.
Esa
si uación
se
man u o
has a
el
cambio
de e a
cuando apa ece
una
isión
más
eal p opiciada
po el
p agma ismo omano
y
su
in e és
po
si ua
y
econoce geog á icamen e
las
Cana ias, pa en e
en la
expedición en iada
po
Juba II al
a chipiélago
(San ana
e
al.,
2002:
232 y
ss.),
la
cual
se
enma có
en
un
con ex o his ó ico
que
e ela
cuáles
ue on
las
au én icas azones
que
p opicia on
la
p esencia
de
gen es omanas
o
omanizadas
en las
islas,
sin e izadas
a
mediados
del
siglo pasado
po
J.J.
Jáu egui
(1954: 271-272),
quien señaló
que
Juba
II
[...]
ad e ido
po sus
subdi os
de
Lixus,
cuyos
an epasados
no
habían
podido
na ega
has a
Ce ne,
en el ío de
O o,
sin
oca
en las
Islas
Cananas,
sub encionó
un
econocimien o
de su
a chipiélago [...]
po
es e c uce o eanudó
las
elaciones
que la
ma ina púnica había man enido
clandes inamen e
con
ellas
y nos ha
dejado,
de
las
más
p óximas,
una
desc ipción
que
Pimío
el
Viejo
ecopiló ab e iándola,
y que no es
desp eciable
en
absolu o. [...]
y nos da
no icia
muy
exac a sob e
la
dis ancia
que
sepa a
las
Cana ias
de
Mogado
y
sob e
las
di ecciones sucesi as
y,
apa en emen e,
incohe en es,
que
deben segui
los
ele os desde
Mogado
a las
Cananas
pa a u iliza
la
de i a
de
las
co ien es. [...]
podemos
pe mi i nos pensa
que
es e
iaje
enía inalidad di e en e
a la del
simple descub imien o geog á ico
y que
es aba
ligado [...]
a la
polí ica
de
en iquecimien o
que
p ac icó
en
odas pa es
y
cuyo éxi o
no
pa ece
pueda
se
discu ido
en
Ma uecos.
Sin
duda,
en el
siglo
I
d.n.e.
los
núcleos ma i-
ne os
del su de la
Península Ibé ica poseían
un
amplio conocimien o
de la
cos a occiden al
a i-
cana
esul ado
de
anos
siglos
de
ecuen ación
de
un
i ine a io ma í imo que, como señala a Es a-
bón
(Geog.
II, 3, 4),
eco ían
los
pescado es
que
na egaban
has a
el ío
Lixo.
A
pa i
del
siglo
III
d.n.e.,
coincidiendo
con
la
c isis
que
a ec ó
a la
es uc u a polí ico-eco-
nómica es ablecida
po
Roma
en la
Mau e ania
Tingi ana,
se
unca
la
p esencia
en el
a chipié-
lago
de los
na egan es p oceden es
del
Cí culo
del
Es echo,
comenzando
pa a
las
poblaciones
paleocananas
una
nue a e apa his ó ica ca ac-
e izada
po el
espaciamien o
de los
con ac os
ex e io es
y el
aislamien o.
El
ol ido
que
pa ece
aqueja
a
pa i
de
en onces
a las
islas
no
ina-
lizó has a
que se
p odujo
su
econocimien o
po
na egan es musulmanes
(ci ca
s. XI
d.n.e.)
y su
de ini i o
edescub imien o
en el
siglo
XIV
d.n.e.
a
ca go
de
ma inos
bajomedie ales.
2.
CANARIAS
Y EL
MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL
ANTIGUO
A lo
la go
del
siglo
XX
di e en es in es iga-
do es de endie on
el
conocimien o
de las
Islas
Cana ias
po
na egan es enicios p oceden es
del
Cí culo
del
Es echo, apoyando
sus
ase e aciones
en el
es udio
de las
co ien es
y los
ien os
de la
zona
o en la
ci a
de una
se ie
de
ex os an iguos
(Plu a co, Es abón,
Pomponio
Mela,
Salus io,
Diodo o,
Plinio
el
Viejo,
P olomeo...)
en
los que se
PABLO ATOCHE PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES
RAMÍREZ
RODRÍGUEZ
231
hacía
pa en e
la
exis encia
de
unas
islas
a lán icas,
si
bien
odeadas
po un
halo
de
mis e io. También
se
ha
p opues o
la
na egación a ésica, púnica
y
omana
po las
aguas
de las
islas,
no
eniéndose
dudas
en la
ac ualidad ace ca
de la
capacidad
que
enicios
y
púnicos poseían pa a na ega
po el
A lán ico
has a alcanza
las
islas
y, si
acep amos
el
hallazgo p oducido
en
1749
de un
esonllo
de
monedas púnicas
de los
siglos
IV y II
a.n.e.
en
Azo es
(Blázquez, 1977),
su
po encial na al alcan-
zaba
igualmen e pa a aden a se
en el
A lán ico.
Esas
a esías es u ie on mo i adas
po
ac o es
económicos:
la
búsqueda
de
ecu sos ag ícolas
y
pesque os
pa a
los
asen amien os
cos e os,
ma e-
ias
que
ans o ma
en
las
ac o ías
y
me cancías
po encialmen e
in e cambiables
en los
me cados
del
Medi e áneo.
En esa
labo
de
as eo
no
pudo
pasa
desape cibido
el
a chipiélago cana io, unas
islas
deshabi adas
con
amplios ecu sos na u a-
les
in ac os,
las
cuales hab ían sido isi adas
en
busca
de
ondeade os
y
bienes
de
odo
ipo
y
cuyo
aspec o
e a
sensiblemen e dis in o
al que
p esen-
an
en la
ac ualidad,
de
mane a
que
hacia
el
inicio
del
I
milenio a.n.e.
su
i ginidad mos a ía
a los
ojos
de los
na egan es
medi e áneos
una
cubie a
ege al
mucho
más
ex ensa
y
ondosa
de la que
hoy se
conse a,
con
p esencia
en las
islas
más
o ien ales
de
o maciones a bó eas
de
lau isil a
(A oche, 2003).
A lo
an e io
cab ía
añadi
que los
ecu sos
eá icos
se
halla ían
en
ni eles óp imos,
po lo que
se ía ecuen e
la
p esencia
de
cu -
sos
de
agua es acionales
o,
incluso, pe manen es
en
islas
como Tene i e
o
G an Cana ia. Es aban
p esen es
las
egas
de
ie a
é il
ap as pa a
el
cul i o,
así
como
los
buenos ondeade os, espe-
cialmen e
en las
cos as es e
y su de
odas
las
islas.
Los
ondos cos e os albe gaban especies
que hoy
se
encuen an mucho
más
alejadas
de la
cos a
o a
mayo p o undidad.
Las
ca ac e ís icas
an e io es
se
e ían
po enciadas
po un
clima mode ado
y sin
g andes
oscilaciones é micas, dándose
en
gene-
al una
si uación medioambien al simila
a la que
po
en onces encuen an esos mismos na egan es
semi as
en
algunas islas medi e áneas
como
Ibiza
(Gómez
Bella d,
1995).
En
suma,
las
islas
dispon-
d ían
de una
g an a iedad
de
ecu sos
explo ables
en e
los que
pueden enume a se:
1.
La
pesca,
y muy
especialmen e, como
han
señalado
algunos in es igado es (Ponsich
y
Ta adell, 1965; González
e
al.,
1995;
Gon-
zález
y
A co, 2007; Mede os
y
Esc ibano,
2008),
la
cap u a
de
únidos
y
escómb i-
dos.
Los
p ime os a a iesan
el
a chipiélago
du an e
los
meses
de
ab il
a
julio
en sus
des-
plazamien os
ep oduc i os anuales desde
el
Gol o
de
Guinea hacia
la
cuenca
occiden-
al
del
Medi e áneo (Ponsich
y
Ta adell,
1965:
94), mien as
que
de los
segundos
exis en
ca dúmenes esiden es
en las
aguas
insula es
odo
el
año.
A lo
an e io
se une
la
p oximidad
del
banco pesque o
cana io-
saha iano
con
mul i ud
de
especies explo a-
bles
en
di e en es momen os
del
año. Es e
ecu so
es
conside ado
po
algunos in es i-
gado es
azón
su icien e
pa a
pone
en
ma -
cha la
colonización semi a
del
a chipiélago
cana io (González
y
A co, 2007: 67).
2.
La
p oducción
de sal
ma ina
de
buena
cali-
dad,
un
elemen o
impo an e
de
ca a
a la
conse ación
del
pescado
y/o
p oduc os cá -
nicos
de
o igen e es e (A co
e
al.,
2008).
En
Gadi
la sal ue la
base
de un
amplio
come cio
que
aba có
a
odo
el
Medi e áneo,
u ilizándose como moneda
de
in e cambio
pa a
el
pago
de los
me ales ob enidos
de los
pueblos
del
no oes e
peninsula .
3.
Pue os na u ales
y
ondeade os segu os
desde
los que
lle a
a
cabo
an o
labo es
pesque as
en el
á ea p óxima
como
de
e ec-
ua iajes
más al
su . Se ían
pun os
en los
que se
e esca ían
las
emba caciones, apo -
ando agua
y
comida
a
quienes
aenasen
en el
banco cana io-saha iano du an e
el
iempo
que
du ase
la
pesca, si iendo
a su
ez
de
zona
de
descanso pa a unos homb es
cuyas ac i idades debían p olonga se
a lo
la go
de
a ios meses.
4.
Made as
de muy
buena calidad, algunas u i-
lizadas his ó icamen e pa a
la
epa ación
o
ab icación
de las
lo as
que
aenaban
en el
banco pesque o cana io-saha iano
o de las
que
hacían
la
u a
de
Indias. También cab ía
la
posibilidad
de
ob ene
pez, b ea
o
g asa
de
de e minadas especies animales, como
la
pa dela
(Calonec is
diomedea,
Pu inus
assi-
milis
o
Pu inus
pu inus)
o el
acei e
de
pes-
cado,
pa a
las
necesa ias labo es
de
cala a eo
e
impe meabilización
de las
emba caciones.
5.
G andes
posibilidades
de
ob ene ecu -
sos de
g an in e és come cial du an e
la
An igüedad,
como
los
elemen os in ó eos
del
ipo
mú ex
u
o chilla,
es e úl imo
un
liquen
de
calidad in ó ea media
que
c ece
232
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE
FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
en los
acan ilados ma inos
de las
islas
(Medc os
y
Esc ibano, 2006).
6.
Posibilidad
de
ecoge
la
ca ne, piel, g asa
y
el
ámba g is
de los
nume osos ce áceos
que
adicionalmen e
han
a ado
en las
playas
insula es.
A los
an e io es
se une la
impo -
an e colonia
de
ocas
monje a lán icas asen-
adas
en las
islas
más
o ien ales.
7.
Un
ecu so
que no se
encuen a
en el
a chi-
piélago,
pe o
pa a cuya ob ención
las
islas
debie on cons i ui
una
pla a o ma espe-
cialmen e
indicada,
ue el o o
a icano.
T adicionalmen e
se ha
especulado sob e
si
enicios, púnicos
y
omanos conocie on
los
impo an es yacimien os au í e os loca-
lizados
en e
el ío
Senegal
y
el
Gol o
de
Guinea;
es
cuando menos posible
que los
colonizado es
del
Medi e áneo u ie an
cons ancia
de ese
ecu so
y
come cia an
con
los
pueblos
de la
zona pa a
ob ene lo,
no en
ano
ue
He odo o
quien,
al
e e i nos
las
ca ac e ís icas
del
come cio
a la
muda es a-
blecido
po los
púnicos
en la
Libia occiden-
al, a i ma
que la
me cancía
más
solici ada
po
és os
e a el
o o.
Si
ello
es
así,
como
han
de endido
dis in os in es igado es
(Jáu e-
gui,
1954;
Mahjoubi,
1983: 497),
las
islas
se ían
la
base ideal pa a di igi se hacia
las
u as
au í e as
del su y
paso obligado pa a
hace
el
iaje
de
e o no.
8.
Po
úl imo, cabe pensa
en la
a acción
que
pudie on
ene de e minados p oduc-
os
exó icos, como
el
d ago, cuya sa ia
ue
usada
como
medicina desde
la
An igüedad.
Plinio
el
Viejo,
en su
His o ia
Na u al
(VI,
37),
se
e ie e
a ese
p oduc o
«... ulgo
san-
guinem
d aco
is
apellan »,
ambién llamado
c inaba is,
y a sus
p opiedades,
el
cual
e a
ob enido
en las
Insulis
Fo una is.
R.
Gon-
zález
y
colabo ado es (1995: 34), o ecen
una
ci a
de
Posidomo
sob e
el
á bol
de
Gadi a,
que
pod ía se ,
a i man,
la
desc ipción
de
un
d ago asplan ado desde
Cananas
a la
mismísima
ciudad
de
Gadi .
Así
pues
las
Cana ias es aban
en
el
co azón
de una
ica
zona económica suscep ible
de se
explo ada
en un
amplio abanico
de
posibilida-
des
adqui iendo
así
consis encia
la
hipó esis
que
p opugna
que el
a chipiélago
ue
ecuen ado,
al
menos desde
los
inicios
del I
milenio
a.n.e.,
po
ma inos enicios p ime o
y
púnicos
más
a de.
En
ealidad,
y
a endiendo
a las
da aciones
c ono-
mé icas disponibles
(A oche,
2009;
González
y
A co,
2009; A oche
y
Ramí ez,
e.p.),
el
a anque
de la
colonización humana
se
p oduci ía
en la
p i-
me a mi ad
del
siglo
X
a.n.e.,
a ec ando
a las
islas
de La
G aciosa, Lanza o e
y
Tene i e.
En
esos
momen os
el
a chipiélago es a ía some ido an o
a
un
p oceso
de
ecuen ación
y
alo ación
de sus
posibilidades
y
ecu sos
(El
Descub imien o.
La
G aciosa) como
al
es ablecimien o
de los
p ime-
os
g upos humanos
al y
como
se
a es igua
en el
si io
de
Buena is a (Lanza o e)
o la
Cue a
de los
Guanches (Tene i e).
A
pa i
de esa
echa
inicial
y
has a
el
siglo
IV
d.n.e.,
esul a posible euni di e en es no icias
que
na an
iajes
ma í imos
po el
en o no
de las
islas;
ese es el
caso
del
iaje
explo a o io
de
ci cun-
na egación
de
Á ica
a
ca go
de los
na ios enicios
le ados
po el
a aón
Necao,
un
pe iplo
que,
al
emon a
el
A lán ico
y sus
co ien es desde
el
Gol o
de
Guinea, debió lle a
a sus
p o agonis as
has a
las
aguas
del
a chipiélago cana io. Algo
más
a de,
en el
siglo
VI
a.n.e.,
se
inició
la
expansión
ca aginesa
po el
Medi e áneo occiden al
y el
Océano,
enómeno
que
debió ae consigo
una
eac i ación
del
p oceso colonizado
en las
islas
comciden e
du an e
la
segunda mi ad
de ese
siglo
con el
Pe iplo
de
Hannón
y el
es ablecimien o
de
libio enicios
en la
cos a ma oquí (López Pa do,
1990:
61-62); algunos au o es an iguos ie on
como algo no mal que,
con
an e io idad
a su
en en amien o
con
Roma,
Ca ago
ins ala a ciu-
dadanos suyos
y
poblaciones libio enicias
ue a
de
Túnez
(López
Pa do
y
Suá ez
Padilla, 2002:
116).
Du an e
el
siglo
V
a.n.e.
se
ec udeció
la
lucha
po
el
con ol
de
u as
y
me cados
en el
Medi e áneo
lo que
condujo
a
Ca ago
a
lanza se
al
dominio
de
amplios e i o ios a icanos.
Ese es el
momen o
en
el
que
la
ciudad
no ca ncana
p o oca
el
cie-
e del
Es echo
a
o os na egan es, ese ándose
con
ello
el
monopolio
de los
me cados a lán icos
(Gozalbes, 1988: 773),
una
ac i ud
de la que ya
ha ía gala
la
me ópoli
no ea icana
en la
segunda
mi ad
del
siglo
VI
a.n.e.,
como
han
indicado
F.
López
Pa do
y
Suá ez Padilla (2002:
115),
pa a
quien
el
con ol hcgemónico ca aginés
se
ap e-
cia
cuando
una ez
descubie a
po los
enicios
occiden ales
una
isla
en
aguas
del
A lán ico, Ca -
ago impide coloniza la, según
una
in o mación
ecogida
de
Timeo
po
Diodo o
(5,
19-20). Impli-
caciones semejan es end ían pa a
el
ci ado in es-
igado
la
ges ión
del
come cio a lán ico
con los
PABLO
ATOCHE
PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES
RAMÍREZ
RODRÍGUEZ
233
iajes
de
Hannón
e
Himilcón, conside ando
muy
e osímil
que se
debie a
a
Ca ago
la
eocupación
de
la
isla
de
Mogado
en el
siglo
IV
a.n.e.
(López
Pa do
y
Suá ez Padilla, 2002:
116).
Con el
inal
de la
P ime a
Gue a
Púnica,
en el
siglo
III
a.n.e.,
la
polí ica
de los
Bá quidas
supuso
el
empleo
de
población
a icana
acul u ada como
colonos
en la
Península Ibé ica
y
zonas
de
con-
ol
económico exclusi o, inaugu ándose
así un
nue o pe íodo
de
in ensi icación
de
la
ac uación
ca aginesa
en el
Á ica
bajo
su
dominio,
el
cual
se
in e umpió as la caída de
Ca ago.
En esos
momen os
se
libe alizan
las
p ác icas pi á icas
en
odo
el
Medi e áneo occiden al impidiendo
que la
na egación
po el
Es echo
sea
segu a
al
menos has a
el
P incipado
de
Augus o, ci cuns-
ancia
que
a ec ó nega i amen e
a las
comunica-
ciones
y
elaciones come ciales en e
Hispama
y
Mau e ania
(Gozalbes
C a io o,
1988: 769).
Ya
en
el
siglo
I
a.n.e.
la
desapa ición
de una
Ca -
ago
independien e,
así
como
el
su gimien o
en la
Mau i ania
occiden al
de un
eino
mau o
bajo
los
auspicios
de
Roma, suponen
la
llegada
al
ono
del
mismo
de un
mona ca
helenizado
y
c iado
en
la
me ópoli la ina, Juba
II, el
cual en ía
al
menos
una
expedición
a
Cana ias
y
lle a
a
cabo
una
polí ica
de
undación
y
eac i ación
de
ac-
o ías
de
a amien o
de
pú pu a
(Desjacques
y
Koebe lé,
1955)
y de
salazón
de
pescado
en la
cos a
occiden al
de
Ma uecos
(Ponsich
y
Ta a-
dell,
1965), aliéndose pa a ello
del
po encial
écnico,
económico
y
humano
de las
an iguas
undaciones
enicias
y
púnicas
de la
zona
a i-
cana
del
Es echo has a Mogado ,
así
como
de las
poblaciones
a
ellas
inculadas,
po
en onces
en
un
pe íodo
de
bonanza económica as
los
años
de
gue a
con
Roma.
Con la
omanización
del
no e
de
Á ica
los
con ac os
con
Cananas
no se
in e umpie on
ya
que
no
desapa ecie on
las
azones
que
a aje on
a
las
islas
a
quienes decidie on
su
inicial
coloni-
zación.
La
p esencia
de
na egan es omanos
o
omanizados
en
odo
el
a chipiélago
es un
hecho
cons a ado
a queológicamen e,
la
cual
no
inaliza
has a
el
siglo
IV
d.n.e.
en
coincidencia
con la
c isis
del
Impe io
y el
abandono
po
és e
de
buena pa e
de la
p o incia
Tingi ana,
así
como
el in de las
ac i idades
de un
amplio núme o
de
ac o ías
de
la
cos a a lán ica ma oquí (Ponsich
y
Ta adell,
1965:
116-117).
A
pa i
de
esos momen os,
las
e e encias
esc i as
o
a queológicas
de
con ac os
de
Cana ias
con el
mundo medi e áneo
o
a i-
cano, has a
la
llegada
de
nue os eu opeos
a
pa i
del
siglo
XIII,
son
escasas
y
poco
es udiadas.
Como
emos, Cana ias
no es,
como
se ha
enido conside ando,
un
educ o
del
Neolí ico
a icano
p ese ado milag osamen e du an e oda
la
An igüedad has a desemboca
en el
inal
de la
Baja
Edad Media
y el
inicio
del
Renacimien o;
po el
con a io, cons i uyó
un
componen e eal
y
ac i o
del
mundo
medi e áneo an iguo
cuyo
desa-
ollo quedó some ido desde
sus
inicios
al
yugo
de
la
insula idad alcanzando
el
siglo
XV
d.n.e.
en la
pleni ud
de su
p opia
especi icidad
cul u al.
3. LOS
DATOS PROCEDENTES
DE LA
ARQUEOLOGÍA
La
hipó esis medi e ánea
que
man enemos
pa a explica
la
inicial colonización
del
a chipié-
lago
cana io
se
asien a
en un
amplio conjun o
de
egis os
a queológicos,
en el que un
p ime g upo
es á
in eg ado
po
di e en es mani es aciones cul-
u ales
conocidas desde an iguo
en los
dis in os
con ex os a queológicos de inidos
en las
islas aun-
que
solo
en los
úl imos años obje o
de una
ade-
cuada
in e p e ación.
Ese es el
caso
de un
ipo
de
esc i u a iden i icado
en
Lanza o e,
Fue e en u a
y
Tene i e,
que en un
p ime momen o
se
con-
side ó e óneamen e como «cu si a
pompeyana»,
pe o
que R.
Muñoz
iden i icó como
un
co pus
«de
inspi ación púnica» (Muñoz, 1994:
27) y que
co esponde ía
a lo que J. L.
López Cas o (1992:
54)
denominó como
«libio enicio».
Con
ella
se han
elabo ado insc ipciones que, aducidas, e elan
un
lenguaje
ca gado
de
elemen os eligiosos semí icos.
En
el
ámbi o
de los
i uales une a ios
se han
hallado nume osas simili udes cul u ales
con
el
mundo
enicio-púnico. Así,
en
casi odas
las
islas
es á
p esen e
un
ipo
de
i o
que
solo apa ece
en
el
no e
de
Á ica
as
el
con ac o
con los
colo-
nizado es enicios:
la
inhumación
en
decúbi o
supino sob e a mazón
de
made a (Lancel, 1994:
61).
Po
o o
lado,
en
G an
Cana ia
y
Tene i e
se
han
egis ado inhumaciones
in an iles
en
eci-
pien es ce ámicos,
un
i ual simila
al
obse ado
en
los
con ex os enicios
de
Ibiza,
Huel a
-donde
sob e i e has a época omana (Alcáza
Godoy
e
al.,
1994:
36-47)-
o la
nec ópolis
de
Ke kouane
(Túnez)
(Fan a ,
1988:
59).
En la
isla
de
G an Cana-
ia
R. de
Balbín
Bch mann
y
colabo ado es (1995)
conside a on
el
denominado Cenobio
de
Vale en,
la
Cue a
de
Cua o
Pue as
o la
Cue a
Pin ada
234EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
de
Gálda como elemen os
de
cla a
iliación
eni-
cio-púnica, iden i icándolos como es uc u as
une a ias
(hipogeos)
con
pa alelos
en las
colonias
enicias
de
Occiden e.
Un
úl imo i ual une a io
obje o
de
p és amo cul u al
y que
debemos lee
en
cla e
de
p es igio
lo
cons i uye
la
momi icación
p ac icada
po las
poblaciones
paleocana ias,
en
ealidad
una
ein e p e ación
del
i ual une a io
enicio-púnico
no ea ncano,
el
esul ado
inal
de
un
la go p oceso
de
adap ación
y con él de
pé -
dida
de los
signi icados o iginales egipcio- enicios
(A oche
e
al.,
2008).
En el
ámbi o
de los
a e ac os
más
co idianos,
las
islas
de
Tene i e,
La
Palma
y
Fue e en u a
han
p opo cionado
un
amplísimo conjun o
de
an o oides
modelados
a
mano
que
imi an án o-
as
elabo adas
en los
es ablecimien os
del
Cí culo
del
Es echo en e
los
siglos
VI y III
a.n.e.
( ipos
Tinosa
y
Ca mona) (González
e
al.,
1995: 170).
Po
o o
lado,
la
denominada Pied a
Zana a,
a e ac o
pisci o me
que
con iene
una
insc ipción
mágica
(Muñoz,
1994),
se ha
elacionado
con la
p esencia
enicio-púnica
en las
aguas
de las
islas
y con el
obje o
que
conside an
les
lle ó
a
ellas,
la
pesca
(González
e
al.,
1995).
Con esa
p esencia
ambién
se ha
inculado
una
se ie
de
g abados
que
ep esen an
o os,
animal o almen e ausen e
de los
con ex os a queológicos indígenas
(Balbín
e
al.,
1995; A oche
y
Ramí ez,
2009).
Po
úl imo,
la
isla
de
Lanza o e
ha
p opo cionado algunos ele-
men os
muy
signi ica i os, como
es el
caso
del
signo
de
Tani g abado
en el
acceso
a uno de los
pozos
de
Rubicón (Lám.
I), la
ep esen ación
de
la
diosa
egipcia Tue is hallada
en
Zonzainas,
las
nume osas es elas, alguna
de
g an amaño
g abada
con un
mo i o sola
o una
g an ep esen ación
zoomo a
que
ep esen a
un
ca ne o, elemen os
odos
de una
innegable p ocedencia cul u al
eni-
cio-púnica.
Son en
gene al egis os
que
mues an
la
p esencia
en las
Cana ias p o ohis ó icas
de
una
comunidad
que
poseía nume osos elemen os
cul u ales enicio-púnicos,
de los
cuales algunos
a ec aban
a la
supe es uc u a ideológica has a
el
pun o
de
de e mina
las
o mas
une a ias
o las
c eencias eligiosas.
F en e
al
g upo
de
mani es aciones desc i as
se
hacía no a
la
ausencia
de
asen amien os p olon-
gados
en el
iempo cuya an igüedad
y
con enidos
ma e iales e enda an
no
solo
la
a ibada
de
gen-
es
enicio-púnicas
a las
islas sino
su
pa icipación
ac i a
en el
p oceso
de
colonización
del
a chipié-
lago.
La
ca encia an e io
inaliza
a
pa i
del año
2006 cuando iniciamos exca aciones a queológi-
cas
en el
si io
de
Buena is a.
Lámina
I.
Rep esen ación g abada
de
Tani . Pozo
de la
C uz. Rubicón
(Yaiza.
Lanza o e).
PABLO
ATOCHE
PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES
RAMÍREZ
RODRÍGUEZ
235
3.1.
El
si io
de
Buena is a
(Teguise,
Lanza o e)
(Lám.
II)
Buena is a
(A oche,
e
al.,
2009) cons i uye
un
asen amien o
in eg ado
po una
amplia es uc u a
habi acional
de
plan a
de
endencia cuad angu-
la
le an ada
con
manipos e ía, inme sa
en una
secuencia
es a ig á ica
y
a e ac ual
con
unos
lími es
c onológicos
ijados
po el
C14
que
discu-
en
en e
los
siglos
X
a.n.e.
y III
d.n.e.
Si ya de
po sí las
echas
an e io es suponían
una
no edad
con
espec o
a las
c onologías
que se
poseían pa a
la
p o ohis o ia cana ia,
no
esul aba menos
no e-
doso
el
hecho
de que
pa e
de
esas da aciones
se
hubie an
ob enido
de
es os o gánicos asociados
a
di e en es egis os ma e iales
de
p ocedencia
enicio-púnica,
en
conc e o agmen os ce ámi-
cos
modelados
a
o no
pe enecien es
a
án o as
y
o os elemen os ( ecipien es,
e aco as,...),
a ios
obje os
ab icados
en
cob e
y
b once
y una
cuen a
i ea;
odo
ello jun o
a
ce ámicas modeladas
a
mano
y
di e en es
de i us
alimen icios.
La
es uc u a ecupe ada p esen a
una
plan a
de
endencia cuad angula , i egula ,
la
cual ocupa
una
supe icie
ap oximada
de 42
m2
(Fig.
1).
Solo
se
conse a
un
zócalo
de
en e 0,30
y
0,60
m de
al u a, desconociéndose
si el
alzado
se
comple-
a ía
con
ocas, apial, adobe
u
o os
ma e iales
pe ecede os,
hoy
desapa ecidos.
La
es uc u a
exhumada es á cons i uida
po un
mu o ex e io
de
manipos e ía i egula
de
en e 0,70
y
0,85
m
de
espeso ,
el
cual encie a
a su ez
pa edes
bajas
de
meno
g oso
(de
en e 0,22
y
0,50
m) que
con o man es ecin os ala gados
y
es echos,
de
plan a ec angula (con 2,70
x
0,86
m,
2,08
x
0,72
m y 1 x
0,43
m
espec i amen e), cuyos
suelos
se han
exca ado unos 0,40
m po
debajo
de la
co a ex e io
de la
oca base, hallándose
ecubie os
po un
sedimen o ojizo bien
conso-
lidado.
El
ecin o
de
mayo es dimensiones, ado-
sado
al
mu o o ien al, con enía
en el
momen o
de su
exhumación
un
ni el
de
abandono
que
ue
da ado
en el
úl imo e cio
del
siglo
IV
a.n.e.
y en
el
que se
egis a on di e en es a e ac os
in
si u
(Lám. III).
Además
de
esos ecin os,
en los
ex emos
su
y
oes e
de la
es uc u a
se
encuen an
dos
habi-
aciones cuad angula es
(de
ap ox.
4 y 7
m2
es-
pec i amen e),
la
segunda
de
ellas abie a hacia
el
ex e io , donde
se
comunica
con un
amplio espa-
cio
ci cula
(de
ap ox.
6
m2)
bien
p o egido
de
los
ien os dominan es
po sus
ex emos no e
Lámina
II.
Si io
de
Buena is a
(Teguise,
Lanza o e).
242
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
Lámina
V.
Elemen os me álicos
de
cob e, b once
y
hie o. Buena is a (Teguise, Lanza o e).
3.2.
El
si io
de El
Descub imien o
(La
G aciosa)
(Lám.VI)
Los
cambios climá icos acaecidos as
el
úl imo
in e glacia
gene a on oscilaciones
en el
ni el
del
ma de
Cana ias
que
queda on
e lejadas
en las
islas
o ien ales
del
a chipiélago
en
depósi os
li o-
ales
sedimen a ios si uados en e
los O y
+1,5
m,
ca ac e izados
po
con ene
una
abundan e
auna
malacológica
ma ina.
F.
Ga cía-Tala e a (2003)
es udió
un
depósi o
de
esas ca ac e ís icas
en la
Bahía
del
Salado
(La
G aciosa),
pue o
na u al
si uado
en la
e ien e su es e
de la
isla en e
a
los
acan ilados
de
Fama a (Lanza o e).
Se
a a
de
un
co dón
li o al discon inuo
con una
ele ación
de
en e
O y
+0,2
m
cuyas ca ac e ís icas
mo o-
sedimen a ias
y
paleon ológicas pe mi en co ela-
ciona lo
con el
co dón li o al
Holoceno
del
no e
de
Fue e en u a
y
Lanza o e, da ado
po el
C14
en el
3.100 B.P.
en
Cale a
Bajo
del
Mejillón (Fue -
e en u a).
En La
Bahía
del
Salado
los
si ios es udiados
ue on
Pun a
de los
Co ales
y El
Descub imien o,
hallándose
en el
p ime o agmen os
de
ce ámica
incluidos
en el
co dón li o al aunque
en
meno
can idad
que en el
segundo, donde
un
pequeño
elic o
del
co dón
Holoceno
p opo cionó
casi
dos
decenas
de
agmen os
de
ce ámica modelada
a
o no,
un
hueso
de
o icáp ido
y un
hueso
de
a e,
es os
que
enían
a
demos a
la
p esencia humana
en el
luga desde echas
muy
an iguas.
Los
egis-
os
se
ecupe a on
en
posición
secunda ia como
esul ado
del
desman elamien o
de un
depósi o
o iginal
de
ubicación
hoy
desconocida.
La
ac i i-
dad
an ópica se ía además
la
esponsable
de que
más del 90% de la
auna
malacológica
que
con-
iene
el
co dón
en ese
luga es é cons i uida
po
conchas
de una
sola especie,
Thais
haemas oma,
ue emen e
agmen adas
de
o ma
a i icial
y
consolidadas jun o
a los
es os
a queológicos.
Lo
an e io se ía indica i o
de la
llegada
a La
G a-
ciosa
de
gen es medi e áneas elacionadas
con el
come cio
de la
pú pu a
en una
echa
muy
an igua
si uada
po una
da ación ealizada
po el
mé odo
OSL
(Uni e sidad Au ónoma
de
Mad id) sob e
un
agmen o
de
ce ámica
en el
3.090 B.P.
Es udios pos e io es
de R.
González
y
Ma.C.
del
A co
(2009) cen ados
en los
es os a queo-
lógicos
de El
Descub imien o
han
pe mi ido
con ex ualiza los
desde
la
pe spec i a cul u al
y
c onológica.
Los
egis os ue on obje o
de
dis in-
as
analí icas;
a
ni el c onológico
se
consiguie on
PABLO ATOCHE PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ
243
Lámina
VI.
Si io
de El
Descub imien o
(Bahía
del
Salado,
La
G aciosa).
an o
da aciones
adioca bónicas
como
de
e mo-
luminiscencia.
En el
p ime caso
se
analizó
una
mues a
de
Thais
haemas oma
y
o a
del
hueso
de
o icáp ido, ob eniéndose unas
echas
dispa-
es
(130
a.n.e.
y 830
d.n.e.)
(op. ci .:
79)
ex ema-
damen e
disco dan es en e
sí y
sob e
odo
con
la
echa
geológica a ibuida
al
co dón
li o al
en
el
que
es aban inse as
las
mues as,
lo que
hizo
desca a las
(op.
ci .:
13).
Las
da aciones
po
e -
moluminiscencia
se
e ec ua on
a dos
agmen os
ce ámicos
ab icados
a
o no,
ob eniéndose unos
esul ados
más
aco des
con el
con ex o
del que
p ocedían
(1096 ±278 a.n.e.
y 950
±277
a.n.e.).
La
g an agmen ación
de las
ce ámicas impi-
dió
econoce
sus
ipologías di icul ando
su
ads-
c ipción
cul u al,
la
cual
se
in en ó
a
a és
de la
ca ac e ización
pe og á ica.
Así se
dedujo
que el
núme o
mínimo
de
ecipien es ep esen ados
en
la
mues a analizada
e a de
diez,
una
can idad ele-
ada
indica i a
de una
ac i idad an ópica in ensa
(op.
ci .:
16),
las
cuales ue on cocinadas
a
empe-
a u as
ela i amen e al as (en e 600°
y
800°
C);
p esen an
unas mo ologías
que en la
mayo pa e
de
los
casos
se
co esponde
con
ecipien es con e-
nedo es
de
ipo
an ó ico.
En
suma,
se
a a
de un
conjun o
ce ámico
que po la
composición
que
p esen a
no
pudo
elaciona se
con
p oducciones
locales gadi i as
o del
Bajo
Guadalqui i ,
p opo-
niéndose
un
o igen medi e áneo (op.
ci .:
17).
Jun o
a los
elemen os an e io es des aca
la
g an
can idad
de
Thais
haemas oma
que
apa ece
en
el
mismo con ex o.
Se
a a
de una
especie
muy
ecuen e
en el
canal
que
sepa a
las
islas
de La
G aciosa
y
Lanza o e
con un
po encial ap o e-
chamien o
en la
indus ia
de
in es (Mede os
y
Esc ibano, 2006).
En
conjun o,
los
hallazgos p oducidos
en El
Descub imien o pa ecen
el
esul ado
de la
e-
cuen ación
de
an iguas na egaciones
po el
A lán-
ico me idional
las
cuales ecala ían
en
Cana ias
du an e
el
B once Final, ab iéndose nue as pe s-
pec i as ace ca
de la
an igüedad
del
conocimien o
de las
islas
ele ándola
a
iempos
muy
an e io es
a
los que
has a aho a
se
conside aban pa a
encla-
es
coloniales
de la
ce cana cos a
a icana,
ales
como
Lixus
o
Mogado .
El
si io
de El
Descub i-
244
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
mien o se ía
la
pue a
de
en ada
a un
espacio
más
ex enso, Lanza o e,
en el que
como
hemos is o
los
abajos
a queológicos
más
ecien es
han
e i-
denciado
la
p esencia
de un
asen amien o es able
en
Buena is a
con
da aciones ca bonomé icas
muy
ce canas
a las
p opues as pa a
el
yacimien o
de
La
G aciosa.
3.3.
Los
si ios
de El
Bebede o
y
Rubicón
(Lanza o e) (Láms.
Vil
y
VIII)
En
Cana ias
los
p ime os
egis os
ma e ia-
les
de
p ocedencia cul u al omana comienzan
a
ecupe a se hace
casi
cinco décadas
en
aguas
de La
G aciosa;
se
a aba
de
a ios ecipien-
es
an ó icos
que
ue on conside ados bajoim-
pc iales
(Se a,
1966
y
1970;
Pellice ,
1970)
e
iden i icados
con la
o ma Bel án
74
(Bel án,
1970:
575-576).
Con
pos e io idad
J. M.
Bláz-
quez
(1977: 48-49) ca aloga
un
nue o conjun o
de
piezas ecupe adas
en
simila es condiciones
a
las
an e io es como án o as omanas
de los
ipos
D essel
30 y 33 y
Peliche
47. Si
bien algunos
de
es os p ime os hallazgos
se han
desca ado
como
omanos as analiza
la
composición
de sus
pas-
as
ce ámicas (A oche
c
al.,
1995: 75-76),
en la
ac ualidad
se
cuen a
con un
nu ido conjun o
de
hallazgos
p oceden es an o
de
las
cos as cana ias
como
de
ie a i me.
En
ie a i me
las
e idencias omanas
se han
egis ado
en dos
si ios
de
Lanza o e,
El
Bebe-
de o
y
Rubicón;
en el
p ime o
de
ellos apa e-
cie on
con ex uahzados
en
una
amplia secuencia
es a ig á ica
(es a os
V y IV)
casi
un
cen ena
de
agmen os
ce ámicos modelados
a
o no
pe e-
necien es
a
g andes con enedo es an ó icos (Lám.
IX),
anos
a e ac os me álicos elabo ados
en
hie-
o, cob e
y
b once,
y un
abalo io
de
id io.
La
posición
es a ig á ica
que
ocupaban,
las
da acio-
nes
adioca bónicas,
el
es udio
ipológico, además
de las
analí icas
pe ológica,
me alog á ica
y
i ea
e ec uadas
(A oche
e
al.,
1995),
nos
pe mi ie on
asegu a
su
adsc ipción
a la
cul u a omana,
con
unos lími es empo ales enma cados desde
inales
de la
República
a los
inicios
del
Bajo
Impe io;
en
conc e o,
la
se ie
de
da aciones
que se les
asocian
si úan
a
esos elemen os
en un
ma co c onológico
que
discu e desde
el
úl imo cua o
del
siglo
I
a.n.e.
has a
el
p ime
cua o
del
siglo
IV
d.n.e.
(A oche, 2009), de e minándose
así que la
p esen-
cia
de
gen es omanas
y/o
omanizadas
en
Lanza-
o e
se
p olongó du an e cua o cen u ias.
Pa a
los
a e ac os me álicos
la
analí ica demos-
ó
(A oche
e
al.,
1995: 80-88)
que en
unos casos
co espondían
a
obje os
de
cob e (una
aguja
o
pasado
de
b oche,
una
anilla
o
a e e
y una
lámina
o
agmen o
de
b azale e),
a
obje os
de
b once (dos agmen os
de
cla os
de
sección cua-
d angula
y un
pequeño eslabón
de
cadena)
y a
obje os
de
hie o cuya a anzada oxidación impo-
sibili ó
iden i ica los.
El
abalo io
i eo
p esen a
una
composición p opia
de los
id ios omanos
al oimpe iales
(op. ci .: 88-96), iden i icándose
con una
pequeña
cuen a
de
pe il
cilind ico
y
sec-
ción ci cula (Guido, 1978: 91-102) que,
po su
amaño
y
o ma, pe eneció
a un
abalo io
de los
u ilizados
en
joye ía
(Dusenbe y,
1967:
48,
ig.
50;
Ala cao,
1976:211).
Aunque
los
da os an e io es
son de po sí
de e minan es pa a ce i ica
la
p esencia con-
inuada
en
Lanza o e
de
gen es omanas
y/o
omanizadas,
han
sido
la
a iabilidad o mal,
la
di e en e
p ocedencia
y la
ampli ud c onológica
de los
hallazgos an ó icos
los
aspec os
que nos
han
acili ado
una
in o mación
más
p ecisa.
Si
bien
no se
ecupe ó ningún
con enedo
comple o
sí
pudo
de e mina se
que en el
casi
cen ena
de
agmen os
ce ámicos modelados
a
o no es aban
p esen es pa es
de un
mínimo
de
once
án o as
que,
una ez
some idas
a
análisis
pe og á icos
(A oche
e
al.,
1995: 44-71), pe mi ie on com-
p oba
la
exis encia
de
a ios g upos ce ámicos
de e minados
po sus
ca ac e ís icas
h ológicas
y
ex u ales,
las
cuales
a su ez
de e minan es
dis in as
á eas geog á icas
de
p ocedencia pa a
las
ma e ias p imas
con las que
ue on
ab icadas
las
án o as.
La
pe og a ía
pe mi ió
además co ela-
ciona
las
mues as ce ámicas analizadas
con
ipos
an ó icos
conc e os
de la
clasi icación
p opues a
po
D.P.S.
Peacock
y
D.F. Williams
(1986).
En
sín-
esis,
se
iden i ica on con enedo es ab icados
en
la
Campania,
co espondien es
a las
o mas
Class
3,
4 y 5
(D essel
1A,
IB y
1C), da adas en e
el
siglo
I
a.n.e.
y los
inicios
del
siglo
I
d.n.e.,
los
cua-
les
o igina iamen e se i ían pa a
el
anspo e
de
ino campano (Peacock
y
Williams, 1986: 86-92).
Un
segundo g upo
se
ab icó
en la
Bé ica;
se
a a
de
con enedo es co espondien es
a las
Class
25 y
26
(D essel
20 y 23)
(op.
ci .:
137-141)
y a la
o ma
Almag o
51C
(Bos
e
al.,
1992:
146 y
198,
ig.
42,
n°
2),
da adas en e
el
siglo
I y el
siglo
V
d.n.e.,
y
des inadas o igina iamen e
a
con ene acei e
y
salazones
del su de la
Península Ibé ica.
El
e ce
g upo
se
ab icó
en el
no e
de
Á ica
(Túnez)
y
PABLO
ATOCHE
PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ
245
Lámina
Vil.
Si io
de El
Bebede o
(Teguise,
Lanza o e).
Lámina
VIII.
Si io
de
Rubicón
(Yaiza,
Lanza o e).
246
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
a ienden
a la
Class
40
(Benghazi
MR 1)
(Peacock
y
Williams, 1986: 175-176),
de la que se
desconoce
cuál
ue su
des ino explíci o,
y
p obablemen e
a
la
o ma
A icana
I
(pequeña),
iden i icada
con la
Class
33
(op. ci .: 153-154)
y
des inada sob e
odo
al
anspo e
de
acei e.
Es as
án o as
de
o igen
unecino
se
di unden
po el
Medi e áneo
a
pa i
del
siglo
II y
has a
el
siglo
V
d.n.e.
La
p esencia
de
án o as
de
ipología bé ica
no
solo
es
mues a
de una
con inuidad
en los
ci cui os come ciales
sino
que
e ela
a
odas luces
la
exis encia
de una
pe du ación
en la
unidad económico-cul u al
que
ya
exis ía
en
época p e omana.
El
con ex o a queológico
en el que
apa ecie on
los
elemen os an e io es,
con una
ue e p esencia
de
es os óseos
de
o icápndos,
pe mi e asegu a
que la
pe manencia omana
en
Lanza o e espon-
dió a un
enómeno
de
in ensi icación económica
que
se
desa olla en e
los
siglos
I
a.n.e.
y IV
d.n.e. cen ado
en el
ap o echamien o
de
ecu -
sos
insula es (cecinas
y/o
salazones
de
ca nes
de
o icápndos,
cue os
cu idos,...).
En ese
sen ido,
an o
El
Bebede o como
la
Calde e a
de
Tinache
cons i uye on ac o ías ganade as, ac i as es acio-
nalmcn e,
en las que
du an e
los
meses
de
eb e o
a
ab il
se
sac i icaba
y
p ocesaba
la
ca ne
y
cue-
os
de
un
núme o ele ado
de
cabezas
de
ganado
meno (cab as
y
o ejas) (A oche
e
al.,
2007),
ob eniéndose unos p oduc os
con
des ino
a los
me cados
medi e áneos, p obablemen e
a
a és
del
pue o
de
Gades,
el
cual du an e
más de un
milenio
canalizó g an pa e
de las
p oducciones
de
la
Mau i ania occiden al (Ma ínez
y
Ca e as,
1993: 102).
Du an e
esa
ase
de
in ensi icación económica
la
colonización
de
Lanza o e
se
ca ac e izó
po
una
limi ada p esencia humana, dis ibuida
po el
e i o io
de
mane a dispe sa, como mues an
los
asen amien os
localizados
an o
en la
cos a (Rubi-
cón) como
en el
in e io
de la
isla
(El
Bebede o,
Calde a
de
Tinache, Buena is a,...) adsc ibibles
a
la
ase
I de El
Bebede o (A oche
e
al.,
1989).
Un
modelo
de
ocupación
del
e i o io
que
e leja
an o
el
ipo
de
ac i idades económicas implan-
ado
en la
isla
en
esos momen os como
los muy
localizados ecu sos
híd icos
con que
aquélla con-
aba
pa a
el
desa ollo
de
esas
ac i idades.
A los
an e io es hallazgos
de El
Bebede o
se
une
Rubicón (A oche
e
al.,
1999),
un
asen-
amien o localizado
en el
ex emo me idional
de
Lanza o e, zona ca ac e izada
po
p esen a
una
cos a abie a
y
p o egida
donde
se
suceden
las
pla-
yas
ap as pa a
el
ondeo
de
na ios.
En una de
esas
playas,
denominada
de Los
Pozos,
se
encuen an
anas es uc u as
obje o
de una
con inuada
cu i-
lización
desde
la
An igüedad a día
y
inculadas
a
un
pun o
de
ecalada
inicialmen e
es ablecido
po
na egan es enicio-púnicos
y
pos e io men e
eu ilizado
po
ma inos omanos (A oche
e
al.,
1999; A oche, 2003), ep oduciéndose
el
modelo
de
asen amien o es ablecido pa a o as
ac o ías
púnico- omanas undadas
a lo
la go
de las
cos as
de la
Mau i ania occiden al
en
di e en es
momen-
os del I
milenio a.n.e.
El
asen amien o
se
si úa
a muy
pocos me os
de la
línea
de
cos a, ocupando
la
desembocadu a
de un
pequeño ba anco, an o
el
cauce como
la
lade a
de una
ele ación si uada
a 15
m.s.n.m.
En
es a
úl ima
se han
localizado
los
es os
de una
es uc u a habi acional ec angula abie a
de
unos
13
m2,
le an ada
con
mu os
de
pied a
y
mo e o
de
ba o.
A
escasa
dis ancia,
en el
cauce
del
ba anco,
se
ab en
dos
pozos
de
ca ac e ís icas
a qui ec ónicas
muy
di e en es;
en
ambos casos
se
a a
de
cons ucciones sub e áneas
con
mu os
de
bloques
de
a enisca,
la
mayo
de las
cuales
se
denomina
Pozo
de San
Ma cial
y
p esen a
dos
cáma as
pe pendicula es cubie as
po
bó edas
de
cañón
a las que
se
accede
po una
ampa esca-
lonada lanqueada
po
sendos
mu os
de
con en-
ción.
El
segundo
pozo,
denominado
Pozo
de la
C uz,
es de
meno es dimensiones
y
posee
una
sola
cáma a
con
cubie a adin elada,
a la que se
accede
po una
la ga
y
es echa escalina a cubie a
con
una
alsa
bó eda log ada median e ap oximación
de
hiladas.
La
p esencia
en uno de los
bloques
de la
pa ed
que
sos iene
el
din el
del
hueco
que
da
acceso
a la
cáma a
de un
mo i o g abado
que
ep oduce
el
signo an opomo o empleado pa a
ep esen a
a la
diosa enicio-púnica Tani (A co
e
al.,
2000)
(Lám.
I),
señala
con
cla idad
al
ámbi o
cul u al
de la
p o ohis o ia
mag ebí,
egión
en la
que la
ape u a
de
pozos
y
cis e nas
de
simila-
es
ca ac e ís icas
al que
analizamos cons i uyó
una
ac i idad co idiana
en los
ambien es cul u a-
les
ma cados
po la
colonización enicio-púnica.
Su
es uc u a
conjuga
elemen os a qui ec ónicos
ampliamen e
conocidos
po
púnicos
y
g iegos,
un
esquema cons uc i o
que se
epi e
de
o ma
con inua
en las
umbas púnicas
con
cáma a sub-
e ánea
y
acceso escalonado, epa idas
po
odo
el
Medi e áneo occiden al
y
eu ihzadas
en más
de una
ocasión pa a
el
almacenamien o
del
agua
de
llu ia.
Pe o
además,
la
p esencia
del
signo
de
PABLO ATOCHE PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ
247
Lámina
IX.
F agmen os ce ámicos modelados
a
o no
pe enecien es
a
a ias
án o as.
El
Bebede o
(Teguise,
Lanza o e).
Tani ,
una
ep esen ación eligiosa indiscu ible-
men e púnica,
en el
din el
del
hueco
que da
acceso
a
la
cáma a señala di ec amen e hacia
la
au o ía
de
la
misma: gen es púnicas
o
punicizadas, quienes
lo
le an a ían
en
echas coe áneas
o
pos e io es
a
la
segunda mi ad
del
siglo
V
a.n.e.
en
base
a las
c onologías
es imadas
pa a
la
p esencia
de
Tani
en
el
Occiden e medi e áneo (González Alcalde,
1997: 330).
Po el
con a io,
los
pa alelos
del
pozo
de
mayo es dimensiones
se
encuen an
en las
cis-
e nas omanas,
el
sis ema
de
almacenamien o
de
agua
más
di undido
en
odas aquellas zonas
del
Impe io
con un
égimen i egula
de
llu ias.
Cons uidas
mayo i a iamen e
bajo
ie a,
cons-
an
de
una,
dos o más
cáma as cubie as siem-
p e
con
bó edas
de
cañón. Cis e nas
de
es e
ipo
es án p esen es
en
odas
las
á eas omanizadas
del
Medi e áneo (Ain Mizeb,
A'in-el-Hamman,
Ba a us
y
Su unu ca
II,...),
sin
emba go
es en la
Mau e ania
Tingi ana
donde
las
encon amos
en
mayo
núme o,
po lo
gene al
inculadas
a
ac-
o ías omanas
de
ga um
y
salazones (Ponsich,
1988).
La
p esencia
de
unas es uc u as como és as
en
Lanza o e
y su
inculación
a un
asen amien o
de las
ca ac e ís icas desc i as
e ue za
la
p esencia
de
gen es omanas
y/o
omanizadas a es iguada
en
El
Bebede o, además
de
pone nos
sob e
la
pis a
del
papel
que las
Cana ias debie on ep esen a
en
los
ci cui os
ma í imos
y
económicos
en los
248
El
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
que se
hallaban in eg ados
los
es ablecimien os
de
las
cos as a lán icas
del
ac ual Ma uecos unda-
dos
po
na egan es
enicio-púnicos
y más
a de
ampliados
po
Juba
II y el
Impe io Romano.
Rubicón
y
algún
o o
si io
de
simila es ca ac e ís-
icas
localizado
en
Fue e en u a
ep esen an
un
ipo
de
asen amien o
con
unas es uc u as
pa a-
lelizables
a las que se
hallan
en las
ac o ías ubi-
cadas
en la
ce cana cos a a icana,
man eniéndose
en
uncionamien o du an e casi
odo
el
pe iodo
omano-mau i ano explo ando
los
abundan es
ecu sos ma inos
y
e es es
de esa
egión a lán-
ica.
Globalmen e
analizado,
en
Rubicón
se
eco-
noce
el
paisaje
de los
ondeade os enicios, cuya
exis encia
se
explica
po las
óp imas condiciones
po ua ias
y
pesque as
de
la
zona, luga
de
paso
y
pe manencia
de
escómbndos
y
úmdos,
además
de
pun o es a égico den o
del
i ine a io
más
idó-
neo
pa a accede
o
sali
del
a chipiélago desde
o
hacia
las
ce canas cos as saha ianas. Rubicón
se
cons i uye, jun o
con
Buena is a,
en la
e iden-
cia
de una
emp ana
y
con inuada p esencia
de
in aes uc u as
de
o igen medi e áneo, enicio-
púnicas p ime o
y
omanas
más
a de,
en
pun os
es a égicos
de
Lanza o e
y
Cana ias.
Además
de los
si ios
en
ie a i me
desc i os,
la
a queología canana ambién dispone
de un
amplio conjun o
de
án o as omanas ecupe adas
en las
cos as,
las
cuales pe mi en amplia
el
á ea
po la que se
mo ie on
los
na egan es omanos
y/o
omanizados
a la
o alidad
del
a chipiélago
(Mede os
y
Esc ibano,
2002).
Los
ecipien es
se
han
localizado
en la
Playa
de Los
Cha cos (Lan-
za o e),
un
agmen o
del
e cio supe io
de un
án o a
del
ipo
Almag o
51C;
en El Río (La
G a-
ciosa),
un
agmen o
del
e cio supe io
de un
án o a
del
ipo
D essel
7-11;
en
Fue e en u a,
sin
.localización
exac a,
un
agmen o
del
e cio supe-
io
de un
án o a
del
ipo
D essel
30; en
Mogán
(G an Cana ia),
un
agmen o
de
án o a
del
ipo
D essel
1; en la
desembocadu a
del
Ba anco
de
Guiniguada (G an Cana ia),
un
agmen o
del
e -
cio
supe io
de un
án o a
del
ipo
Keay
XXXI;
en
Pun a
de
Guadamoje e
(Tene i e),
un
agmen o
del
e cio supe io
de un
án o a
del
ipo
D essel
2-4
y un
án o a casi comple a
a
al a
del
e cio
in e io
del
ipo
Benghazi
MR; en
Pun a
de
Teño
(Tene i e),
un
agmen o
del
e cio supe io
de un
án o a
del
ipo A icana
II; en El
P is
(Tene i e),
un
cuello
y
boca
de un
án o a
del
ipo
D essel
1A.
Las
e e encias c onológicas disponibles pa a
los
an e io es
egis os ma e iales omanos
son
de dos
ipos:
las
da aciones
C14
apo adas
po El
Bebede o
y las
e e encias c onológicas de i adas
del
iempo
de
pe i encia
que se le
econoce
a
cada
uno de los
di e en es ipos
de
án o as
ab i-
cadas
po los
omanos. Es as úl imas
son
menos
p ecisas
debido
a la
longe idad
que se dio en el
uso de
algunas o mas,
como
son los
casos
de las
Class
25 y 26 o de la
Almag o
51C,
u ilizadas
en e
los
siglos
I y V
d.n.e.
Sin
emba go,
la
sene
de
echas
C]4de
El
Bebede o pe mi e delimi a
con
más
p ecisión
los
momen os iniciales
y
inales
de
la
p esencia
omana,
los
cuales
pueden
pone se
en
elación
con dos
momen os his ó icos
que
ma ca-
on el
pun o
de
pa ida
y el
momen o
inal
de un
ex endido enómeno económico desa ollado
en la
ce cana
cos a
a icana:
el
pe iodo
de
e i alización
y
ampliación
a
ca go
de
Juba
II de la
ac i idad
p oduc i a
en las
an iguas ac o ías
de
salazones
undadas
po los
na egan es
enicio-púnicos
en
el
li o al
de la
Mau e ania
Ting ana
(siglos
I
a.n.e.-I
d.n.e.),
y el
momen o ma cado
po la
c isis
polí-
ico-económica
que
a ec ó
al
Impe io Romano
en
el
siglo
III
d.n.e.
A
pa i
de
inales
de ese
siglo
la
p esencia
omana
al su de
Volubilis
ue
solo
es imonial, inalizando
de
o ma de ini i a hacia
mediados
del
siglo
V
d.n.e.,
en
un
ins an e
coin-
ciden e
con el
abandono
del
es ablecimien o
de
Essaui a-Mogado
y el
decli e
inal
de
la
indus ia
de
salazones,
la
cual
i á
decayendo len amen e
en
odo
el
Occiden e medi e áneo has a alcanza ,
en
algún
caso,
el
siglo
VI
d.n.e.
Más al
su ,
a lo
la go
de la
cos a a lán ica
subsaha iana,
la
p esencia
de
elemen os
cul u ales
omanos
pe du a
has a
el
siglo
IV
d.n.e.,
como
lo
a es iguan en e o os
los
hallazgos
mone a ios
de
Cos a
de
Ma il
(Pica d,
1978:
22-24).
En
consecuencia,
la
echa
en la que se
p odujo
la
expedición en iada
po
Juba
II de
Mau i ania
a
Cananas
(en e
el año 25
a.n.e.
y los
años 12/7
a.n.e.)
(San ana
c
al.,
2002: 243)
puede
conside-
a se
el
pun o
de
pa ida
o icial
de la
p esencia
en
las
islas
de
gen es omanas
y/o
omanizadas,
una
p esencia mo i ada
po
azones
que
sin
duda
hay
que
as ea
en la
p ospe idad económica alcan-
zada
po la
Mau e ania
Tingi ana
as
su
inco po-
ación
al
Impe io,
la
cual concluye
en la
segunda
mi ad
del
siglo
III
d.n.e.,
coincidiendo
con la
p o-
unda
c isis
que
a ec a
a
odo
el
Impe io
y que
ae
consigo
la
ana quía mili a ,
in asiones,
e uel as
indígenas
y
g a es p oblemas económicos.
Tal
es ado
de
insegu idad gene al di icul ó
las
comu-
nicaciones
y
p opició
la
c isis
del
apa a o p oduc-
PABLO ATOCHE PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ
i o
así
como
la
endencia hacia
una
economía
au á quica;
consecuen emen e, dec eció
la
p o-
ducción
y el
come cio,
los
p oduc os escasea on
y,
como esul ado,
se
es anca
la
ac i idad ciudadana
y
muchos cen os u banos educen
su
supe icie,
despoblándose
amplias zonas é iles
(Remonden,
1973:
36-37).
En el
no e
de
Á ica,
esa
si uación
alcanzó
su
pun o álgido
en
iempos
de
Diocle-
ciano,
cuando
se
e acúa
el
ex emo
me idional
de
la
Tingi ana,
el más
p óximo
a
Cana ias, haciendo
que
a
pa i
del
siglo
IV
d.n.e.
el ío
Loukus
sea
la
nue a
on e a
(Rebu a ,
1987).
Como esul-
ado, du an e
el
Bajo
Impe io
se
p oduce
la
p ác-
ica
desapa ición
de la
amplia ac i idad come cial
an e io
y con
ella
uno de sus
sopo es p incipa-
les,
la
indus ia
de
salazones.
Las
ac o ías
de la
cos a a lán ica
de la
Mau i ania educen d ás ica-
men e
su
núme o
y el
olumen
de la
p oducción,
la
cual
se
o ien a á
a
pa i
de
en onces
a
cub i
casi
exclusi amen e
las
necesidades locales.
Esa
si uación
de
c isis
y
pos e io
ans o mación
de
las
es uc u as
económicas mau i anas debió
se
sin
duda
la
azón
del
cese
de la
ac i idad omana
en las
islas
el
consecuen e aislamien o
de
és as.
4. EL
CONTEXTO CRONOLÓGICO:
LAS
DATACIONES
RADIOCARBÓNICAS
En e
los
a queólogos cana ios
el
mé odo
de
da ación
basado
en el
CH
ha
gene ado
una
cie a
descon ianza,
llegándose
en
algún caso incluso
a
desap oba
su
uso;
esa
ac i ud
sin
emba go
no ha
impedido
que
algunos
lo
empleá amos
con
cie a
ecuencia
y
mucho espí i u c í ico
lo que nos ha
pe mi ido de ec a pequeñas al e aciones
y
con-
as a
su
alidez (A co
e
al.,
1997; A oche, 2009).
En
suma,
admi iendo
que las
da aciones
iso ópi-
que
cualquie
análisis
his ó ico ace ca
de la
colo-
nización
del
a chipiélago cana io debe oma
en
conside ación
las
e e encias
c onológicas dispo-
nibles,
casi
200
da aciones
p oceden es
de
unos
70
yacimien os,
de las
cuales
el
conjun o
más
amplio
p ocede
de
Tene i e, isla
donde
las
se ies
de
echas
p opo cionadas
po
algunos encla es habi aciona-
les
(cue as
de La
A ena,
Las
Palomas,
Don
Gas-
pa
y Los
Guanches), pe mi en si ua
el
momen o
más
an iguo
de su
colonización
en el
a anque
del
I
milenio
a.n.e.
(950
AC
cal. Cue a
de Los
Guan-
ches)
(Gak-14.599).
A esa
echa
le
siguen o as
dos
del
siglo
VI
a.n.e.,
una de la
Cue a
de la
A ena (600
AC
cal.)
(CSIC-189)
y la
o a
de la
p opia Cue a
de
los
Guanches (575
AC
cal.)
(Gak-14.600).
A
pa i
de ese
ins an e
son
anas
las
da aciones
que
exis en pa a
el
siglo
III
a.n.e.,
igualmen e pa a
asen amien os
del
no e
de
Tene i e (Cue a
de Las
Es acas
1 y
Cue a
de Las
Palomas)
(Be a-127.932;
Gak-13.087),
las
cuales
se
pueden elaciona
con
el
da o c onológico
más
al o conocido pa a
La
Palma, isla donde
la
echa
egis ada
en la
Cue a
de La
Palme a (203
AC
cal.)
(G N-13.753)
ma ca
po
aho a
la
p ime a p esencia humana ahí. Pa a
las
islas
de El
Hie o
y La
Gome a
las
e e en-
cias
adioca bónicas exis en es
son
ex emada-
men e escasas, mien as
que
pa a G an Cana ia
las
da aciones disponibles p esen an
una
i egula
dis ibución
espacial
y
c onológica con ibuyendo
muy
poco
al
ajus e
c onológico
de
los
p ocesos
cul u ales
a
ni el insula
y
mucho menos egional.
La
isla
de
Fue e en u a
no
p esen a
un
núme o
ele ado
de
da aciones
si
bien
és as co esponden
a
una
se ie
muy
homogénea ob enida
en la
Cue a
de
Villa e de
donde
se
si úa
po
aho a
la más
an igua
ocupación
de la
isla
en
el
siglo
III
d.n.e. (275
DC
cal.)
(CSIC-556).
En la
isla
de La
G aciosa como
ya
hemos is o
el
yacimien o
de El
Descub i-
mien o
ha
p opo cionado
dos
da aciones ob eni-
das
po
e moluminiscencia
que
si úan
el
inicio
de
la
p esencia humana
en esa
isla
en la
ansición
del
II al I
milenio a.n.e. (1096 ±278 a.n.e.
y 950
±277
a.n.e.);
la
an igüedad
de
esas da aciones unida
al
con ex o a queológico
del que
p oceden
pe mi en
si ua
en el
a anque
del I
milenio a.n.e.
el
ins-
an e
a
pa i
del
cual debió inicia se
el
p oceso
colonizado
del
a chipiélago cana io. Finalmen e,
Lanza o e
cuen a
con una
amplia se ie
de
echas
que
han
pe mi ido con i ma
una
cie a
p eemi-
nencia
empo al
de la
isla
en el
p oceso
de
colo-
nización
del
a chipiélago.
La
ce canía
de esa
isla
' C
Ti_u
' l lIiCiC/íTa
~ li
CUi ciiiuilLL
u mcainj,
la
nia^
ji
an igüedad
de las
echas
que han
p opo cionado
y
a ios
de los
egis os a queológicos ecupe ados,
end ían además
a
con i ma
el
modelo p econi-
zado
po la
biogeog a ía insula
(González,
1999),
el
cual
da
mayo es posibilidades
a ese
ipo
de
islas
de
ca a
a su más
p on a colonización
en
elación
con el
es o
del
a chipiélago.
Las
e e encias adiomé icas disponibles
pa a Lanza o e
se han
ob enido
en
cua o si ios
(El
Bebede o, Calde e a
de
Tinache,
Buena is a
y
Valle
de
Femés)
(A oche, 2009).
Son un
o al
de 32
da aciones, en e
las
cuales
el
g upo
más
amplio
lo
o man
17
e e encias ob enidas
en El
250
EL
ARCHIPIÉLAGO CANARIO
EN EL
HORIZONTE FENICIO-PÚNICO
Y
ROMANO
DEL
CÍRCULO
DEL
ESTRECHO
Bebede o,
en su
mayo
pa e
elacionadas
con
la
p esencia
de
gen es omanas
y/o
omanizadas
en la
isla.
A la
an e io
le
siguen
en
núme o
las
se ies
de la
Calde e a
de
Tinache,
cons i uida
po
sie e
e e encias (A oche
e
al.,
2007)
y
de
Buc-
na is a
(A oche
c
al.,
2009; A oche
y
Ramí ez,
e.p.),
cons i uida ambién
po
sie e e e encias,
las
p ime as aco des
con los
con ex os omanos
y/o
omanizados
de El
Bebede o
y las
segundas
en
pa e
con ex ualizadas
con un
conjun o
de
a e ac os
de
p ocedencia enicio-púnica.
El
o al
de
da aciones
se
comple a
con la
ob enida
en el
Valle
de
Femés,
en un
pe il
es able
sin
e iden-
cias
a queológicas.
En su
conjun o
las
da aciones
de
Lanza o e
se
co elacionan
con
a ias
de las
e apas
y
ases
que
hemos es ablecido pa a sis e-
ma iza
la
p o ohis o ia cana ia (A oche, 2008),
de
modo
que la
echa
más
an igua apo ada
po la
Calde e a
de
Tinache
da a
un
momen o
an e io
a
la
p ime a p esencia humana
en la
isla
debiendo
aslada nos
a
Buena is a pa a encon a
el
ni el
a queológico
más
an iguo echado en e
los
siglos
X
a.n.e. (960
BC
cal.)
(Be a-251.322)
y IV
a.n.e.
(380
y 330 BC
cal.) (Be a-230.885
y
Be a-237.340)
con una
echa
in e media ubicada
en el 530 BC
cal.
(Be a-237.341).
El
hecho
de que la
da ación
del
siglo
X
a.n.e. p oceda
de una
mues a o gánica
ecogida
en la
base
de uno de los
mu os ex e io es
que
in eg an
la
es uc u a
habi acional
a es iguada
en
Buena is a pe mi e asegu a
que en ese
siglo
ya
es á p esen e
en la
isla
un
g upo humano,
el
cual
a su ez
ma ca
el
inicio
de la
p esencia
cul u-
al
enicio-púnica
en las
islas
que
pa ece pe du a ,
a
eno
de las
da aciones p opo cionadas
po el
mismo asen amien o (180
BC
cal.)
(Be a-251.323)
y
Femés
(190
BC
cal.)
(Be a-172.350),
has a
un
momen o ce cano
a la
echa
de la
des ucción
de
Ca ago.
En
de ini i a,
las
an e io es da aciones
señalan
que la
p ime a p esencia humana
en
Lan-
za o e
se
p odujo
en el
siglo
X
a.n.e.,
momen o
en
el
que
la
isla
se ía ecuen ada
po
ma inos enicios
quienes lle a ían
a
cabo
una
p ime a
colonización
con un
con ingen e
de
población a ín, enómeno
del
que el
si io
de
Buena is a cons i uye
un
ejem-
plo del
pa ón
locacional
que se
puso
en
p ác ica.
A
pa i
del
siglo
VI
a.n.e.
el
p oceso coloniza-
do
insula debió e o za se coincidiendo
con la
expansión
de
Ca ago (Fan a , 1988; F u os Reyes,
1991; Aube , 1994), ciudad
que en
esos momen os
se
lanza
al
dominio e ec i o
de
amplios e i o ios
de
Á ica
y al
cie e
del
Es echo
de
Gib al a
a
o os
na egan es
(López
Cas o,
1992).
En
con-
secuencia,
en
Buena is a
nos
hallamos
an e
una
comunidad
muy
an igua
que
posee e iden es ele-
men os p oceden es
de la
cul u a enicio-púnica
del
Medi e áneo
occiden al,
los
cuales sabemos
que
pe du a án
con
pos e io idad
en el
ámbi o
de
las
poblaciones insula es, de e minando aspec os
an
undamen ales como
los
i os une a ios
o las
c eencias eligiosas.
Al
pe iodo
empo al
que a
desde
el
siglo
X
a.n.e.
al
siglo
II
a.n.e. debe co esponde
al
menos
una de las
in aes uc u as hid áulicas p esen es
en el
si io
de
Rubicón,
el
denominado Pozo
de la
C uz,
un
pun o
es a égico
de
la
cos a
del su de
Lanza o e
en los
i ine a ios ma í imos
que
si ie-
on de
en ada
y
salida
del
a chipiélago,
esul ado
de un
enómeno
de
ecuen ación ma í ima que,
en
opinión
de
Ga cía
y
Bellido (1942:
177),
pudo
habe sido iniciado
po la
cul u a a ésica.
La
u a
ma í ima
que
eco e
la
cos a a lán ica
de los
ac ua-
les
Ma uecos
y
Mau i ania
es
conocida cuando
menos desde
el
Neolí ico ca dial, momen o
a
pa -
i del
cual
se
es ablecen unas
ue es
elaciones
cul u ales
en e
el su de la
Península Ibé ica
y
el
no oes e a icano
las
cuales
se
hicie on
muy
e iden es du an e
el
B once Pleno
y
Final.
A las
echas
an e io es
les
siguen o as
que
si úan es a-
os de El
Bebede o, Buena is a
y la
Calde e a
de
Tinache
en
dis in os momen os ubicados en e
el
siglo
I
a.n.e.
y el
siglo
XIV
d.n.e.,
en
es e úl imo
caso
en un
ins an e
muy
p óximo
al
inicio
de la
conquis a no mando-cas ellana esponsable
de la
inalización
de
la
p o ohis o ia
en el
a chipiélago
cana io.
En
o no
al
cambio
de E a se
inició
la
explo-
ación in ensi a
del
e i o io
de
Lanza o e, enó-
meno
que se
sus en ó
en un
ipo
de
asen amien o
que
espondía
a un
modelo
de
ac o ías ag a ias
(El
Bebede o, Calde e a
de
Tinache,...)
incula-
das a los
in e eses
económicos
del
mundo omano
(A oche, 2006). Has a
ese
momen o
la
isla solo
había sido obje o
de una
colonización
de
baja
in ensidad,
ep esen ada
an o
po
algún encla e
en
la
cos a como
del
in e io , dico omía
que
am-
bién
se
e leja
en la
mane a di e encial
de
ocupa
el
e i o io insula : has a
el
siglo
IV
d.n.c.
median e
un
pa ón dispe so basado
en
asen amien os
de
pequeña en idad
y
uncionalidad o ien ada
a la
ealización
de
ac i idades ag opecua ias
y a
pa i
de
ese
ins an e median e
un
pa ón concen ado
en
núcleos u banos
de
di e en e en idad.
En
suma
y en el
ma co
de la
asi icación
de la
p o ohis o ia
cana ia
(A oche,
2008) es a p ime a
PABLO
ATOCHE
PEÑA
Y
Ma
ÁNGELES RAMÍREZ RODRÍGUEZ
251
e apa
del
poblamien o
de las
islas aba ca
casi
un
milenio
y
medio, espacio empo al du an e
el
cual
se
sucede ían
el
inicio
y
pos e io
desa ollo
de la
explo ación
de los
ecu sos
del
A lán ico a icano,
el
descub imien o
de los
a chipiélagos cana ios
(San ana
e
al.,
2002; A oche, 2003),
su
coloniza-
ción
y el
pos e io es ablecimien o
de los
p ime-
os
g upos humanos.
Los
iniciales asen amien os
es ablecidos
en la
isla
de
Lanza o e
debie on
es a
ocupados
po
gen es ín imamen e elacionadas
con
los
ma inos enicio-púnicos
que
unda on
la
amplia
se ie
de
ac o ías come ciales
exis en es
a
lo
la go
de la
ce cana cos a ma oquí.
A
pa i
del
siglo
I
a.n.e.
cuando a anca
la
p esencia omana
y/o
omanizada
en
aguas cananas,
se
inc emen ó
la
ac i idad
p opiciándose
un
cambio p o undo
en
el
modelo
de
explo ación
de los
ecu sos insula es.
Has a en onces,
el
e i o io
in e io
de
Lanza o e
no
pa ece habe se
pues o
en
explo ación
o, si
és a
se
había p oducido,
no
u o
la
su icien e
in en-
sidad
como pa a modi ica
el
paisaje
de
mane a
pe cep ible.
En ese
sen ido,
las
columnas
políni-
cas
y la
adecuada ubicación c onológica
del
egis-
o
polínico
han
pe mi ido es ablece
una
cla a
co elación
en e
las
di e en es e apas
y
ases
del
poblamien o
p o ohis ó ico
de la
isla
de
Lanza-
o e
y el
impac o medioambien al
que las
dis in as
a iables
socio-económicas
de ese
p oceso gene a-
on
como esul ado
de las
es a egias económicas
pues as
en
p ác ica
en
cada e apa (A oche, 2009).
Así,
y de una
o ma gene al, hemos cons a ado
que
los
cambios hacia
una
mayo a idez
se
p o-
duje on
en la
isla
pasados algunos siglos desde
el
es ablecimien o
de ini i o
de los
p ime os
g upos
humanos, hecho indica i o
de que las
ans o ma-
ciones
medioambien ales, cuando u ie on luga ,
ue on
gene adas
po
nue os in e eses económi-
cos
que
inc emen a on conside ablemen e
la
p e-
sión
que
has a en onces
eje cía
el
homb e sob e
el
medio
insula
(A oche, 2003).
T as
la
caída
de
Ca ago
en el 146
a.n.e.
los
da os
suminis ados
po la
a queología indican
que a
pa i
del
siglo
I
a.n.e.
la
in ensi icación
económica
que se
p oduce
en el
A lán ico cana-
io-no ea icano,
del que ue
esponsable Juba
II,
man u o
la
p esencia e ec i a
en
Cana ias
de
gen es
ajenas
a las
islas. Na egan es
omanos
y/o
omanizados p oceden es
del
Cí culo
del
Es e-
'üíYe;
V ^TíSYiíiTüTi
as
aguas
cana ias
'nasia
íina'ies
áe'l
siglo
III o
comienzos
del IV
d.n.e.
(A oche
e
al.,
1995;
A oche
y
Paz, 1999; A oche,
2006),
en
coin-
cidencia
con la
c isis
del
Impe io Romano
y el
abandono
po
és e
de
buena pa e
de la
p o incia
Tingi ana,
lo que
puso
in
a las
ac i idades
de un
amplio núme o
de
ac o ías
de la
cos a a lán ica
ma oquí
(Ponsich
y
Ta adell, 1965:
116-117).
A
pa i
de ese
ins an e
en las
islas discu e
la
ase
de
abandono,
con un
desa ollo
c onológico
muy
co o
(á ea
siglos
III-IV
d.n.e.)
y
ma cada
po el
inal
de la
dependencia
económica ex e na esul-
ado
de la
c isis polí ico-económica
que
a ec ó
al
Impe io Romano
en el
siglo III,
un
enómeno
ajeno
a las
islas pe o
que
se ía
el
esponsable
de
su
aislamien o
y de la
consecuen e c isis socio-
económica
de
unas o maciones sociales has a
en onces olcadas
al
ex e io .
Se
inicia
así uno de
los
p ocesos cul u ales
más
in e esan es
de la
p o-
ohis o ia
cana ia
al
gene a
en las
islas
el
desa o-
llo de
endcmismos cul u ales de e minados
po el
aislamien o
y que
pe mi en explica muchas
de
las
di e encias
que son
obse ables
en las
cul u as
insula es
al
inal
de la
p o ohis o ia.
El
desa ollo
de
es a e apa supone
la
pa alización
de la
ac i-
idad
de las
ac o ías ag a ias
exis en es
en
Lan-
za o e
(El
Bebede o, Calde e a
de
Tinache,...),
in e upción
que en el
caso
de
Tinache supone
su
abandono du an e
un
pe iodo
de
iempo
que
discu i ía
en e
las
pos ime ías
del
siglo
III o
las
p ime as décadas
del
siglo
IV
d.n.e. has a
los
inicios
del
siglo
VII
d.n.e. (A oche
e
al.,
2007).
5. EL
ITINERARIO
MARÍTIMO
HACIA CANARIAS
F en e
a las
di icul ades
que
adicionalmen e
se
han
asociado
a la
na egación
po el
A lán ico
a icano
du an e
la
An igüedad,
las
nume osas
e idencias a queológicas
con que
con amos
en la
ac ualidad
ponen
de
mani ies o
que
desde
echas
muy
emp anas
de
inicios
del I
milenio a.n.e. na e-
gan es
medi e áneos ecuen a on
un
i ine a io
ma í imo su a lán ico
que les
pe mi ió alcanza
el
a chipiélago
cana io.
Ese
i ine a io se ía u ilizado
con
ecuencia
po
ma inos
enicios
y
púnicos
a
lo
la go
del I
milenio
a.n.e.,
man eniéndolo
ac i o
con
pos e io idad ma inos omanos
y/o
oma-
nizados
al
menos
desde
el
siglo
I
a.n.e. has a
el
siglo
IV
d.n.e.,
con ex ualizado
en un
enómeno
de
mayo
ampli ud geog á ica
que
asegu ó
la
p e-
sencia omana
a lo
la go
de la
cos a occiden al
a icana
'has a
más
allá
del su del
ac ual Ma ue-
cos
(Rebu a , 1987; Euzenna , 1989).
Los
hallazgos ma e iales ealizados du an e
las
exca aciones
de la
ac o ía enicio-púnica
y