Consideraciones en relación con la colonización protohistórica de las Islas Canarias
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519 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 CONSIDERACIONES EN RELACIÓN CON LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS CONSIDERATIONS IN RELATION WITH THE PROTOHISTORIC COLONIZATION OF THE CANARY ISLANDS Pablo Atoche Peña* Recibido: 31 de mayo de 2012 Aceptado: 22 de junio de 2012 Resumen: Tras el descubrimiento en El Bebedero (Lanzarote) de los primeros elementos materiales adscritos al ámbito cultural romano, se han recuperado otros artefactos de procedencia fenicio-púnica en Buenavista (Lanzarote) y restos mediterráneos en la barra litoral de La Graciosa. Esos registros materiales y las amplias series de dataciones asociadas permiten retrasar el comienzo de la colonizaAbstract: After the discovery in the first material remains of the Roman culture in El Bebedero (Lanzarote), other Phoenician-Punic artifacts have been retrieved in Buenavista (Lanzarote) together with Mediterranean remains along the stretch of coastline on La Graciosa. These material remains and the broad range of associated dates of the same allow for us to set back the beginning of colonisation in the Canary Is- * Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Ciencias Históricas. Edificio de Humanidades. Despacho 133. C/ Pérez del Toro, 1. 35003. Las Palmas de Gran Canaria. Teléfono: +34 928 45 89 21; correo electrónico: [email protected]; web personal: http://www.personales.ulpgc.es/patoche.dch/ Este trabajo se inscribe dentro de los estudios que estamos realizando en el marco del proyecto HAR2009-08519, «Canarias: colonización humana protohistórica, bioadaptación insular y transformación medioambiental», financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad. IP: Pablo Atoche Peña.
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 520 2 ción de las Islas Canarias al inicio del I milenio a.n.e., situándola en el extremo oriental del archipiélago (Lanzarote/La Graciosa), fenómeno que corresponde con un momento en el que se está produciendo la culminación de la colonización de las islas mediterráneas. Palabras clave: Islas Canarias, Protohistoria, cronologías, colonización mediterránea, fenicio-púnico, romano. lands to the start of the first millennium B.C., thereby situating the Eastern part of the Archipelago (Lanzarote/La Graciosa) on a timeline similar to that of the colonisation of the Mediterranean islands. Keywords: Canary Islands, Protohistoric, Chronologies, Mediterranean Colonisation, Phoenician-Punic, Roman. 1. INTRODUCCIÓN La invitación del profesor Antonio Béthencourt Massieu a participar en este homenaje al centenario del nacimiento del historiador Antonio Rumeu de Armas me ha parecido una buena ocasión para volver a reflexionar acerca de una de las cuestiones más controvertidas del pasado protohistórico de Canarias: el primer poblamiento humano. Los novedosos registros materiales recuperados en recientes intervenciones arqueológicas practicadas en las islas de Lanzarote y La Graciosa, unido a las altas dataciones cronométricas que se les asocian, permiten reconsiderar el tema del poblamiento desde una perspectiva asentada en datos objetivos consolidados. Espero que estas líneas sirvan como modesto reconocimiento a la inmensa labor científica de nuestro paisano el Dr. Rumeu de Armas. La arqueología canaria alcanzó la última década del siglo XX carente de estudios que abordaran la colonización humana de las islas en el marco de una hipótesis articulada y global, alejada de los tópicos etnohistóricos decimonónicos que venían lastrando inexorablemente cualquier intento por dar una solución coherente a la cuestión asentada en sólidas evidencias arqueológicas. Ese era un problema estructural que se manifestaba, entre otros aspectos, por el generalizado desinterés de los arqueólogos canarios por toda línea de trabajo que se apartara de lo puramente indígena, de lo puramente guanche. De esa manera, la impropiamente denominada como Prehistoria canaria mantenía el inocente empirismo que la había venido caracteri-
521 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 3 zando; su arraigo al positivismo clásico supuso por lo general la inmersión de la prehistoria teórica en una sistemática de la cultura material, es decir en arqueometría. Se renunciaba así al objetivo teórico, el cual trataba de conseguirse interpretando las categorías taxonómicas en términos histórico-culturales, con un marcado reformismo pragmático o positivismo modificado, que pretendía una cientifización de la arqueología mediante la incorporación de los procedimientos disponibles tras la revolución tecnológica propiciada por la Nueva Arqueología. En general, se daba una tendencia generalizada en la que se sustituía la perspectiva histórico-cultural por otra de tipo procesual. Frente a esa tendencia mayoritaria, en la segunda mitad de la década de los años 90’ del pasado siglo XX se observa la aparición de un punto de inflexión marcado por la publicación de varios trabajos arqueológicos que daban a conocer conjuntos de evidencias materiales demostrativas de que las Islas Canarias, en las primeras etapas de su poblamiento humano, habían sido receptivas a los procesos culturales, políticos y económicos que caracterizaron al Mediterráneo occidental durante el I milenio antes de la Era1. En términos generales se producía la constatación de que los primeros grupos humanos establecidos en las islas poseían un bagaje cultural en el que eran frecuentes los elementos asimilados de la civilización fenicio-púnica establecida en el norte de África desde finales del II milenio a.n.e., hecho que permitió que la investigación comenzara a encontrar explicaciones a determinados fenómenos culturales propios de las comunidades canarias dentro del universo cultural de la colonización fenicio-púnica del Mediterráneo y de los resultados de la aculturación de las poblaciones paleobereberes norteafricanas en contacto con el mundo semita y con posterioridad continuado durante la etapa imperial romana. La consecuencia de todo lo anterior ha sido que una parte de la actividad arqueológica desarrollada en el archipiélago canario a partir de mediados de la década de los años 90’ del pasado siglo XX se ha orientado a la búsqueda de artefactos e infraestructuras fenicio-púnicas y romanas. Como resultado se 1 MUÑOZ (1994); BALBÍN et al. (1995); GONZÁLEZ et al. (1995 y 1998); ATOCHE et al. (1995, 1997 y 1999).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 522 4 han producido diversos hallazgos que, a diferencia de lo que sucedía hasta entonces, ya no consisten en más o menos dudosas ánforas romanas extraídas en no menos imprecisas circunstancias de los fondos marinos insulares, como fue el caso de las registradas en aguas de La Graciosa, sino de hallazgos materiales y estructurales bien contextualizados en tierra firme, una circunstancia que ha permitido ampliar la visión existente acerca de las fechas, los protagonistas y los factores que desencadenaron la colonización humana de las islas y sobre el desarrollo que siguieron los procesos culturales tras ese hecho. Frente al marco tradicional, frente a la visión normativa de la cultura que atribuye el cambio cultural a sucesivos estímulos/ oleadas externas, la nueva interpretación surgida de los registros materiales procedentes o asimilados a las culturas de la antigüedad tardía del mediterráneo occidental, acudirá a variables y procesos de cambio en los que el factor isla, el denominado síndrome de la insularidad, será uno de los elementos decisivos a tenerse en cuenta, especialmente cuando terminen por constituirse las culturas insulares canarias. La consecuencia más inmediata de todo ello ha sido un saludable rejuvenecimiento de las perspectivas, la relectura de numerosos elementos culturales inadecuadamente interpretados y la reconstrucción de los primeros capítulos del devenir histórico de las islas sobre la base de su incorporación al contexto de la expansión comercial desarrollada a partir del I milenio a.n.e. en la fachada atlántica africana por marinos fenicios primero, púnicos más tarde y romanos finalmente. La situación que surge de todo lo anterior ha dado lugar a un escenario desigual, de tal manera que no resulta extraño que en Canarias aún determinados arqueólogos vinculen teoría arqueológica con elucubración especulativa. Una postura que deriva, al fin y a la postre, del hecho de que el desarrollo de la Protohistoria canaria haya estado vinculado desde finales del siglo XIX, al igual que en el resto de Europa, al Historicismo, un enfoque empírico marcadamente ateórico cuyo monopolio en nuestro entorno canario comenzó a entrar en crisis a partir de los años 90 del pasado siglo, casi tres décadas más tarde de que lo hiciera en Europa.
523 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 5 Para algunos investigadores, entre los que nos incluimos, lo que realmente ha cambiado es el panorama actual y las perspectivas de futuro de la investigación arqueológica en Canarias, una situación que se ha ido consolidando con la paulatina recuperación de un extenso conjunto de registros materiales de procedencia mediterránea. En efecto, a los primeros elementos materiales adscritos al ámbito cultural romano recuperados en El Bebedero (Teguise) (Fig. 1), se le han venido a unir la estructura y el amplio conjunto de artefactos de adscripción feniciopúnica extraídos en Buenavista (Teguise) (Fig. 2), los restos mediterráneos recuperados en la barra litoral de La Graciosa y, más recientemente, la factoría romana de púrpura descubierta en el islote de Lobos2. Los registros materiales y las amplias series de dataciones asociadas a algunos de esos sitios no sólo propiciaron inicialmente el desarrollo de las primeras hipótesis acerca de la prolongada presencia de gentes romanas y/o romanizadas en las islas en un marco cronológico bien delimitado entre los siglos I a.n.e. y IV d.n.e.3, sino que han permitido el planteamiento de nuevas hipótesis interpretativas relacionadas con la forma y el momento en que debió producirse el poblamiento de las islas. En concreto, a mediados de la década de los años 90’ R. González y colaboradores4 hacen una propuesta para explicar el poblamiento humano de Canarias en el contexto de la expansión colonial fenicio-púnica. Los citados investigadores niegan la posibilidad de un poblamiento de fortuna en Arcas de Noé5, planteando en cambio un poblamiento del archipiélago con población norteafricana y por decisión e interés de las colonias fenicio-púnicas de Occidente. La finalidad de ese fenómeno colonizador sería la explotación pesquera de los caladeros canariosaharianos. La importancia de la industria de transformación pesquera de las colonias del Círculo del Estrecho, con Gadir y Lixus a la cabeza, habría llevado a la explotación de los bancos atlánticos, tanto los cercanos a la costa africana como aquellos 2 Mª. C. del Arco, comunicación personal. 3 ATOCHE et al. (1995). 4 GONZÁLEZ et al. (1995). 5 Op. cit., p. 7.
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 524 6 FIG. 1. El Bebedero, Lanzarote. Vista general del yacimiento. (Fot. P. Atoche). FIG. 2. Buenavista, Lanzarote. Vista general del yacimiento. (Fot. P. Atoche).
525 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 7 más alejados, que suponen la prolongación de los caladeros luso-ibéricos en el Océano. Ello se habría saldado con el descubrimiento de los archipiélagos atlánticos, entre los que destacaba sin duda el canario; la riqueza del mismo en túnidos y escómbridos, tanto permanentes como estacionales, habría propiciado el interés de los pescadores de las factorías de la costa hispano-portuguesa y marroquí, establecimientos desde los que partiría la intención, estatal o privada, de poblarlas. R. González y colaboradores optan por un poblamiento escalonado que, arrancando por Lanzarote, se habría extendido al resto de las islas. Se abría así el camino para una nueva interpretación de la cuestión del poblamiento y su definitiva ordenación cronológica. 2. POBLAR UN ARCHIPIÉLAGO ATLÁNTICO: ADAPTACIÓN DE UN MODELO CULTURAL MEDITERRÁNEO La arribada al archipiélago canario de los primeros pobladores humanos no fue un hecho único o fortuito sino que, por el contrario, debió formar parte de un amplio fenómeno colonizador que, desde el Círculo del Estrecho, terminó por afectar en mayor o menor grado a cada una de las islas, si bien con un cierto margen de diferencia cronológica a la luz de las recientes dataciones cronométricas disponibles6. Son precisamente esos datos cronológicos los que señalan que el inicio del proceso colonizador arrancaría por el extremo oriental del archipiélago (Lanzarote), en algún momento en torno al siglo X a.n.e., justo cuando se está procediendo a culminar la colonización de las islas mediterráneas, poblándose por entonces incluso algunas de 6 Vid, ATOCHE (2008 y 2009). Las rutas del noroeste africano fueron transitadas por marinos fenicios desde finales del II milenio a.n.e., si nos atenemos a la probable fecha de fundación de Lixus (WAGNER, 2008), de manera que el itinerario marítimo por la costa occidental de África hasta Mogador debió ser conocido y frecuentado desde fechas muy tempranas. Con toda probabilidad se trataba de un itinerario asentado sobre la base de rutas más antiguas establecidas desde el sur de la Península Ibérica, cuando menos desde el Bronce final (SCHUBART y ARTEAGA, 1986; MARTÍNEZ y CARRERAS, 1993).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 526 8 muy reducido tamaño, inferior a los 10 km2, que nunca habrían podido soportar una comunidad humana autosuficiente. Ese proceso colonizador mediterráneo estuvo marcado por el desarrollo de sociedades estatales en Grecia, Italia o el Próximo Oriente, vinculadas a una explosión del comercio internacional que condujo a la integración de las economías de extensas áreas dispersas dentro del Mediterráneo; se considera que esa intensificación comercial fue uno de los factores que más potenciaron la colonización insular. En el caso del archipiélago canario la evidencia arqueológica, a semejanza de lo señalado por M. Patton7 para las islas mediterráneas, también sugiere una colonización asentada en un significativo desarrollo económico conectado precisamente a la explosión comercial mediterránea del I milenio a.n.e.8 Los elementos materiales recuperados en yacimientos como El Bebedero9 (Fig. 3) o más recientemente en el de Buenavista10 (Fig. 4) o El Descubrimiento11, han venido a dar un nuevo sentido a la investigación de la Protohistoria canaria al aportar explicaciones a determinados elementos y fenómenos culturales propios de las comunidades canarias en los contextos de las culturas fenicio-púnica y romana y muy especialmente en los 7 PATTON (1996, p. 62). 8 La hipótesis mediterránea (ATOCHE, 2002) se viene estructurando, como modelo para explicar la colonización humana de las Islas Canarias, a lo largo de las últimas dos décadas. Sostiene, sobre la base de distintos argumentos arqueológicos, que los protagonistas de la colonización del archipiélago canario fueron navegantes fenicio-púnicos procedentes del Círculo del Estrecho, quienes en realidad tomaron el relevo de navegaciones previas que habrían propiciado, cuando menos a partir del Bronce final, la frecuentación de las aguas insulares, todo ello con unos fines económicos muy concretos. En esa línea, M. Ruiz-Gálvez (2008, p. 39) considera que en el Atlántico durante la Edad del Bronce existirían rutas indígenas que servirían de incentivo para el comercio fenicio y sobre las que aquél superpuso sus propias rutas sin necesidad de efectuar viajes exploratorios previos. Piensa que las factorías fenicias establecidas en África se localizarían sobre antiguos asentamientos indígenas vinculados a redes comerciales locales, lo que les permitiría aprovecharlas para su propio beneficio. 9 ATOCHE et al. (1989 y 1995). 10 ATOCHE et al. (2009 y 2010). 11 GONZÁLEZ y ARCO (2009).
527 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 9 FIG. 3. El Bebedero, Lanzarote. Fragmentos de ánforas romanas procedentes de la Bética. (Fot. P. Atoche). FIG. 4. Buenavista, Lanzarote. Fragmento de ánfora púnica del Mediterráneo occidental. (Fot. P. Atoche). procesos de aculturación que esos dos ámbitos culturales pusieron en marcha en las poblaciones indígenas del Bronce final del Mediterráneo occidental. En efecto, para la isla de Lanzarote los registros arqueológicos procedentes de Buenavista muestran que los primeros colonos trajeron consigo un bagaje cultural propio del Bronce final mediterráneo en el que se hallan inmersos elementos asimilados de la cultura fenicia presente en Occidente desde finales del II milenio a.n.e. La consecuencia de todo lo anterior es que hemos pasado de contemplar al archipiélago canario como un espacio cultural cerrado a cualquier posible influencia externa que no fuera la «bereber»12, a considerarlo parte integrante de una región afri12 Aún se sigue intentando, sin «evidencias científicas» (TEJERA et al., 2006, p. 82), determinar cuáles pudieron ser las tribus bereberes africanas de las que procederían las poblaciones de las siete Islas Canarias en el instante
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 534 16 dataciones C14 que permiten situar la existencia de asentamientos estables en la isla de Lanzarote (Teguise) en pleno siglo X a.n.e.28 y en la de Tenerife (Icod) en el siglo IX a.n.e.29. Esas altas cronologías han sido a su vez corroboradas por varias fechaciones obtenidas por termoluminiscencia sobre fragmentos cerámicos modelados a torno recuperados en el cordón litoral de La Graciosa30. Por tanto, las evidencias apuntan a una más que probable proximidad al siglo X a.n.e. como límite superior para el comienzo del establecimiento humano en las Islas Canarias. En efecto, durante el último lustro la arqueología canaria ha registrado diferentes datos cronométricos entre los cuales aquellos que más se relacionan con el inicial fenómeno colonizador han sido los obtenidos en Lanzarote. Se trata de una amplia serie de dataciones C1431 que permiten confirmar la preeminencia temporal de esa isla con respecto al resto del archipiélago en el fenómeno poblador. Las fechas proceden de diferentes sitios (El Bebedero, Caldereta de Tinache, Buenavista y Valle de Femés), destacando las 17 referencias registradas en El Bebedero, en su mayor parte relacionadas con la continuada presencia de gentes romanas y/o romanizadas en la isla. Le siguen en número las series obtenidas en Buenavista (9 referencias) y la Caldereta de Tinache (8 referencias), las segundas acordes con los contextos romanos de El Bebedero, hecho que también ocurre con algunas de las primeras si bien una buena parte de ellas, las más antiguas, se encuentran asociadas a un conjunto de artefactos de procedencia fenicio-púnica. La datación obtenida para la base del muro exterior de la edificación exhumada en Buenavista señala que la estructura se levantó en algún momento a mediados del siglo X a.n.e. (960 BC cal.), instante que se corresponde con la inicial ocupación del asentamiento, tras la cual la presencia humana en el lugar se prolonga de manera continuada hasta el último tercio del siglo IV a.n.e. (530 BC cal., 380 BC cal. y 330 BC cal.), cuando la 28 ATOCHE y RAMÍREZ (2011a, pp. 153-156). 29 GONZÁLEZ y ARCO (2007, p. 54). 30 GARCÍA-TALAVERA (2003); GONZÁLEZ y ARCO (2009). 31 ATOCHE (2009).
535 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 17 construcción se amortiza32. Con posterioridad, a partir de la primera mitad del siglo II a.n.e. y hasta el siglo III d.n.e., Buenavista fue de nuevo visitado, en un periodo cronológico cuyo desarrollo final coincide con un momento que, a nivel de la protohistoria insular, se corresponde con el inicio de una etapa de expansión en la ocupación del territorio, como atestiguan los numerosos asentamientos pertenecientes a esos instantes distribuidos por la totalidad de la superficie de la isla. En esencia, Buenavista constituye la evidencia de la presencia en Lanzarote de un grupo humano plenamente establecido desde el siglo X a.n.e., acompañado de un contexto material caracterizado, entre otros elementos, por diferentes artefactos de procedencia fenicio-púnica33. Ese es un tipo de objetos que se suman a los que ya eran conocidos para esa isla, con una procedencia cultural semejante34, entre los que cabe llamar la atención, por el papel que el asentamiento donde se ubica debió jugar en el proceso de frecuentación y establecimiento de gentes en el archipiélago, sobre una de las infraestructuras hidráulicas presentes en el sitio de Rubicón35, en concreto el denomi32 ATOCHE y RAMÍREZ (2011a). 33 En Buenavista están presentes desde el estrato más profundo las cerámicas modeladas a torno, a las que los análisis de caracterización petrográfica de las pastas han puesto de manifiesto sus grandes semejanzas con varios de los grupos cerámicos definidos en la colonia fenicio-púnica de La Fonteta (Alicante), (GONZÁLEZ PRATS, 2008; ATOCHE y RAMÍREZ, e.p.), una circunstancia que no sólo confirma la procedencia fenicio-púnica de las cerámicas de Buenavista sino también su gran antigüedad, en correspondencia con las altas dataciones radiocarbónicas proporcionadas por el mismo yacimiento. 34 ATOCHE et al. (1997 y 1999); ARCO et al. (2000); ATOCHE y RAMÍREZ (2008 y 2009). 35 Vid ATOCHE et al. (1999). La Playa de los Pozos serviría desde la Antigüedad como fondeadero, construyéndose en el lugar infraestructuras que facilitaran la navegación, como son los dos pozos con cámaras, construcciones en las que se adoptaron soluciones arquitectónicas dispares; de tal manera que si bien al interior de ambas se puede acceder a través de rampas con escalones, en el caso de la estructura de menores dimensiones la rampa conduce a una pequeña cámara adintelada, mientras que en el segundo caso da paso a dos amplias cámaras intestadas cubiertas con sendas bóvedas de cañón. Además, en el dintel del hueco de acceso a la cámara del primer pozo, se localiza una figuración grabada que reproduce el signo antropomorfo que
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 536 18 nado Pozo de la Cruz. Rubicón se sitúa en un punto estratégico de la costa sur de Lanzarote, con toda probabilidad integrado en uno de los itinerarios marítimos que debieron emplearse para acceder al archipiélago. La estratégica posición que ocupa ese emplazamiento de cara a la frecuentación marítima del mar de Canarias constituye una adecuada explicación a su existencia (Fig. 5), reforzada ahora por los hallazgos romanos producidos en el islote de Lobos. FIG. 5. Rubicón, Lanzarote. Playa de los Pozos. (Fot. P. Atoche). representa a la diosa fenicio-púnica Tanit. Esa representación se halla asociada a grabados podomorfos y textos epigráficos de tipo neopúnico, elementos que sumados a la tipología formal de la estructura determinan con claridad el origen geográfico y cultural de la construcción: los ambientes punicizados del norte de África. Por el contrario, la segunda construcción presenta unas técnicas arquitectónicas que se identifican con las que muestran los pozos romanos de la costa noroccidental africana que acompañan a las factorías de salazones, garum o púrpura reestablecidas o erigidas ex novo por Juba II a partir del último tercio del siglo I a.n.e. y observables en todas las áreas romanizadas del Mediterráneo.
537 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 19 En Buenavista encontramos pues los restos de una comunidad humana muy antigua, asociada a elementos materiales propios de la cultura fenicio-púnica establecida por entonces en el Mediterráneo occidental. Esos registros, unidos a las altas dataciones que se les asocian, introducen nuevos y objetivos elementos de análisis en la investigación dirigida a dirimir el momento y los protagonistas del primer poblamiento humano del archipiélago canario. La profundidad que las nuevas dataciones otorgan al proceso de colonización viene a confirmar lo que ya se intuía a través de los datos cronológicos recogidos por Mª.C. del Arco y colaboradores en varios yacimientos enclavados en Icod de los Vinos, en el norte de Tenerife36, y más recientemente en trabajos de prospección centrados en la isla de La Graciosa, donde el sitio de El Descubrimiento ha proporcionado unos conjuntos materiales resultado de la frecuentación de antiguas navegaciones por el Atlántico meridional. Navegantes mediterráneos habrían recalado en las costas de La Graciosa en algún momento de finales del II milenio a.n.e.37, hecho que abre nuevas e interesantes perspectivas a la cuestión relacionada con el conocimiento que existía en la Antigüedad sobre la presencia de islas a lo largo de la costa noroeste africana, un discernimiento que las dataciones de Buenavista alejarían en el tiempo, situándolo en algún instante varios siglos anterior a las dataciones que hasta ahora se consideraban desde una perspectiva arqueológica para la presencia colonial fenicia en enclaves como Lixus o Mogador. Por consiguiente, aunque la mayoría de las dataciones absolutas registradas a lo largo de todo el archipiélago se ubican a partir del I milenio de la Era, existe una serie de fechaciones más antiguas situadas en el I milenio a.n.e. que ajustan unos límites cronológicos en los que el contexto cultural de Canarias estuvo dominado sucesivamente por la presencia fenicia, púnica 36 En Tenerife las series de fechas proporcionadas por algunos enclaves habitacionales (cuevas de La Arena, Las Palomas, Don Gaspar y Los Guanches), permiten situar el momento más antiguo de su colonización en el arranque del I milenio a.n.e. (820 BC cal. Cueva de Los Guanches) (Gak14.599), (ARCO et al., 1997). 37 GONZÁLEZ y ARCO (2009).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 538 20 y romana. Es pues en ese ámbito cultural en el que hay que rastrear las posibles relaciones de origen de las culturas canarias, sus raíces culturales; y es en ese contexto y en las expediciones fenicias dirigidas a conocer el Océano, en el que sin duda hay que situar el proceso colonizador del archipiélago. El análisis histórico de los datos arqueológicos proporcionados por Buenavista señalan que a partir del siglo X a.n.e. Lanzarote fue visitada por marinos fenicios, quienes dieron lugar a una primera colonización de la isla utilizando con toda probabilidad un contingente de población afín (¿tartesios?, ¿libios?,…). Si en el siglo X a.n.e. ya se había producido una primera colonización de al menos una de las islas canarias (Lanzarote), hay que convenir que el descubrimiento y frecuentación del archipiélago debió producirse con anterioridad a esa centuria, a cargo de los únicos que en su entorno poseían la suficiente tecnología naval para hacerlo, los marinos fenicios. En un primer momento debió tratarse de una empresa estatal, un proceso de colonización con fines geoestratégicos y de explotación agraria38 en el que también tendrían interés colonial las materias primas regionales, utilizando contingentes de población norteafricana pertenecientes a un mismo contexto geográfico y cultural, el de los paleobereberes en contacto con la cultura fenicia en el norte de África. Los más que seguros aportes posteriores de población no tuvieron por qué afectar a todas las islas en igual medida, por cuanto ello dependería de los intereses que en cada momento tuvieran los responsables de programar y llevar a cabo la empresa. De hecho, a partir de los siglos VIII y VII a.n.e. y hasta el siglo I d.n.e., es posible situar varios instantes en los que se dieron las condiciones necesarias para reactivar el proceso de colonización, ya que no hay que olvidar que las Canarias se encontraban en el centro de una rica zona económica susceptible de ser explotada en un amplio abanico de posibilidades dependientes sólo de la ley de la oferta y la demanda. El proceso colonizador insular debió reforzarse a partir del siglo VI a.n.e. coincidiendo con la expansión de 38 C.G. WAGNER (2000, p. 41), hace ya más de una década que llamó la atención acerca de la importancia de los aspectos agrícolas en la expansión fenicia en Occidente.
539 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 21 Cartago39, ciudad que en esos momentos se lanza al dominio efectivo de amplios territorios de África y al cierre del Estrecho de Gibraltar a otros navegantes40. En torno al cambio de Era se inició la explotación extensiva del territorio de Lanzarote, fenómeno que se sustentó en un tipo de asentamiento que respondía a un modelo de factorías agrarias (El Bebedero, Caldereta de Tinache,...) vinculadas a los intereses económicos del mundo romano41. La información sedimentológica y polínica disponible42 indica que hasta ese momento la isla sólo habría sido objeto de una colonización de baja intensidad, representada tanto por algún enclave en la costa como del interior, dicotomía que también se refleja en la manera diferencial de ocupar el territorio insular: hasta el siglo IV d.n.e. mediante un patrón disperso basado en asentamientos de pequeña entidad y funcionalidad orientada a la realización de actividades agropecuarias y a partir de ese instante mediante un patrón concentrado en núcleos urbanos de diferente entidad. En el siglo I a.n.e. la intensificación económica que se produce en el Atlántico canario-norteafricano, de la que fue responsable Juba II, mantuvo la presencia efectiva en Canarias de gentes ajenas a las islas. Se trata con toda probabilidad de navegantes romanizados procedentes del Círculo del Estrecho, los cuales transitaron las aguas canarias hasta finales del siglo III o comienzos del IV d.n.e.43, finalizando su presencia en las islas como consecuencia de la crisis político-económica del Imperio Romano y el abandono por éste de buena parte de la provincia Tingitana, lo que puso fin a las actividades de un amplio número de factorías de la costa atlántica marroquí44. A partir de ese instante en las islas discurre la fase de abandono, con un desarrollo cronológico muy corto (c. siglos III-IV d.n.e.) y marcada por el final de la dependencia económica externa resultado de la crisis que afectó al Imperio Romano en el siglo 39 FANTAR (1988); FRUTOS (1991); AUBET (1994). 40 LÓPEZ CASTRO (1992). 41 ATOCHE et al. (1995). 42 ATOCHE (2009). 43 ATOCHE et al. (1995); ATOCHE y PAZ (1999); ATOCHE (2006). 44 PONSICH y TARRADELL (1965, pp. 116-11).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 540 22 III, un fenómeno ajeno a las islas que sin embargo sería el responsable de su aislamiento y de la consecuente crisis de unas formaciones sociales hasta entonces volcadas al exterior. 4.2. ¿Cómo se poblaron? Los primeros pobladores de Canarias debieron ser trasladados hasta las islas por marinos que dominaban la navegación oceánica. Para el momento en el que las dataciones cronométricas sitúan el inicio de la colonización de Canarias, la única marina que en el occidente mediterráneo disponía de naves con las condiciones técnicas necesarias para viajes oceánicos era la fenicia45. P. Cintas46 aseguraba que la superioridad de la marina fenicia se debió al hecho de ser los primeros en poseer el secreto del calafateado correcto al disponer del betún de Judea, lo que les permitía etapas de navegación más prolongadas y recorrer mayores distancias, al ahorrar el tiempo invertido en hacer escalas para efectuar las tareas de mantenimiento de las naves. Diferentes investigadores de las condiciones de navegación por el Estrecho de Gibraltar, así como de las posibilidades de rebasarlo con los medios disponibles por los marinos de la antigüedad prerromana, coinciden en señalar que determinados aspectos, tales como la existencia de vientos dominantes del N.O. en el Mediterráneo occidental en todo el verano, hacen de esa época la mejor para navegar. Esto dificultaría la travesía en sentido Mediterráneo-Atlántico al encontrar los barcos un supuesto viento desfavorable, como si los barcos a vela sólo pudieran navegar si encuentran viento favorable de popa. Esas opiniones no tienen en cuenta las fórmulas alternativas de navegación existentes o la relevancia real de los fenómenos at45 Son escasas las evidencias de naves indígenas de la Edad del Bronce en el Atlántico debido a las extremas condiciones oceánicas; no obstante, M. Ruiz-Gálvez (2008, p. 43), considera que son suficientes para considerar la posibilidad de la existencia de comunicaciones tanto fluviales como marítimas durante el Bronce final (ca. 1300-900 a.n.e.). 46 CINTAS (1954, p. 11).
541 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 mosféricos. La Odisea (II, 289-295) permite entender que un viaje de larga duración no era extraño a los hombres de aquella época, ni tampoco navegar de noche. No debemos olvidar que los griegos denominaban «foeniké» a la estrella polar, indicio de que los marinos fenicios dominaban también la navegación nocturna guiándose por las estrellas. El adecuado uso de escotas permitiría cazar las velas o largar, consiguiéndose un mejor aprovechamiento del viento. La nave ciñe y avanza aunque el viento no venga de popa, corrigiéndose con el timón el rumbo. Por tanto, un navío con remeros y gobernado por marineros que sepan manejar adecuadamente la vela puede hacerse a la mar y progresar, salvo que vientos contrarios muy intensos o una tormenta lo impida. Esto garantiza una cierta regularidad en los trayectos, un mejor aprovechamiento de los días y, unido a los conocimientos astronómicos, navegar por alta mar al menos en trayectos de no demasiados días de duración. La temprana fundación de Gadir y Lixus a finales del II milenio a.n.e. debió servir para asegurar a los fenicios el control de la navegación en la zona atlántica del Estrecho. Esto hizo que los marinos fenicios fueran los primeros navegantes mediterráneos en cruzar el Estrecho y explica la creación en esa zona de rutas navales similares a las establecidas para el Mediterráneo, con su punto de partida en Gadir y destinos en el Atlántico norte y sur, probablemente aprovechándose de la experiencia y los conocimientos de los navegantes indígenas tartésicos. La ruta hacia el archipiélago canario debió constituir sin duda un derrotero gaditano-lixita, el cual se mantendría en secreto durante siglos por medio del cierre del Estrecho. El asentamiento de Mogador demuestra que cuando menos desde el siglo VIII a.n.e. se poseía un notable conocimiento del Atlántico. Fenicios y cartagineses fueron los marinos que más frecuentaron las costas atlánticas africanas, inicialmente con un neto carácter exploratorio y más tarde con fines colonizadores y comerciales, iniciando su colonización desde finales del II milenio a.n.e., siendo los que desarrollaron el peculiar «comercio no presencial» o «comercio silencioso»47. 47 LÓPEZ PARDO (2004, p. 96; 2008, pp. 51 y 54). 23
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 542 24 El Periplo de Hannón, un relato en el que se mezcla exploración y colonización, y que dio lugar al establecimiento de colonias púnicas en la costa marroquí, constituye un buen ejemplo de empresa colonial realizada con un importante contingente de población a bordo de pentecónteros, bajo la protección del Baal Hammón de Cartago, cuyo santuario se convirtió en la institución que tuteló toda empresa náutica cartaginesa48. Sin embargo no es ese el único hecho conocido relacionado con el traslado por parte de los marinos fenicios de población con fines colonizadores, tal y como señala F. López Pardo49 cuando se refiere a la fundación de la ciudad de Lixus «… integrando población autóctona e indígena traídos del sur de la Península, quizás de la costa oriental de Andalucía y seguramente en régimen de dependencia…». El tipo de nave denominada pentecónteros se empleó para la exploración oceánica en las expediciones institucionales. Por el contrario, la navegación regular utilizaría naves mercantes (gaulós, hippos,…). El hippos sería la embarcación más idónea para navegar por la costa africana y alcanzar Kérné/Mogador, debido a su doble sistema de propulsión50. 4.3. ¿Qué motivó el poblamiento? Los motivos que permiten explicar la presencia humana en Canarias deberían poder rastrearse en el entorno geocultural más próximo a las islas, es decir el Mediterráneo y la costa atlántica norteafricana. Esa es una región donde se suceden a partir del I milenio a.n.e. toda una serie de acontecimientos que reflejan a su vez hechos acaecidos a partir del 1200 a.n.e. en las ciudades fenicias próximo-orientales, esenciales para comprender el fenómeno que analizamos. En concreto, ciudades-estado como Tiro, Biblos o Sidón, sometidas a un fuerte desequilibrio recursos/población, ponen en marcha una política de fundación de asentamientos comerciales a lo largo de toda la cuenca me48 Op. cit., p. 55. 49 LÓPEZ PARDO (2004, p. 87, nota 2). 50 LÓPEZ PARDO (2008, pp. 63-64).
543 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 25 diterránea destinados a la captación de metales y productos agrarios, además de servir de vía de control demográfico51. Ese proceso generó la creación de centros comerciales a lo largo de la costa andaluza, en pleno funcionamiento durante el siglo IX a.n.e. (Morro de Mezquitilla, Toscanos, Acinipo, Cerro de la Mora, Peña Negra,...). En el siglo VIII a.n.e. Gadir y Lixus ya poseen una estructura urbana desarrollada que permite fijar su fundación, el reconocimiento de su entorno y sus potencialidades económicas con bastante anterioridad (finales del s. XII a.n.e.), explicando por qué a partir del siglo VII a.n.e. se suceden las fundaciones fenicias en la costa marroquí (Mogador, Ras Achakar-Yebila, Kuass, Banasa, Cabo Ghir,…). Éstas supondrán el control de rutas y recursos económicos atlánticos muy valorados en el Mediterráneo y la aparición de periodos orientalizantes en las culturas de los pueblos con los que toman contacto los navegantes y colonos semitas52. A partir del siglo VI a.n.e. el crecimiento alcanzado por Cartago le permite tomar el relevo a las ciudades fenicias orientales y acometer su propio fenómeno colonizador en el Mediterráneo occidental, mediante la fundación de establecimientos o ejerciendo su influencia sobre los preexistentes. De ese modo, la metrópoli púnica comienza a tejer una red de rutas y mercados, en pugna con las colonias griegas del Mediterráneo central o la naciente Roma, y a colonizar nuevas tierras sobre todo a partir del siglo V a.n.e., instante en el que a juicio de S. Moscati53 la ciudad se repliega sobre sí misma, acaba con la monarquía, aparecen los sufetes, se introducen profundos cambios en el plano religioso, se amplían los horizontes comerciales y se da paso a un dominio efectivo de amplias zonas del territorio africano. Es entonces cuando se organizan los viajes de Himilkón a las fuentes del estaño en el Atlántico norte (las Cassitérides) y de Hannón hacia el África atlántica, expedición que nos sirve de referencia para conocer la manera en que Cartago actúa: intervención estatal, fundamentada sobre argumentos políticos, estratégicos y económicos, que supone el desplazamiento de un 51 AUBET (1987, p. 55). 52 AUBET (1983, p. 7). 53 MOSCATI (1983, p. 55).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 550 32 nente africano, también ha marcado los estudios dirigidos a intentar explicar el origen y posterior desarrollo de las poblaciones paleocanarias. Curiosamente, esto último se ha trasladado a los recientes estudios genéticos efectuados a partir de restos humanos protohistóricos, en nuestra opinión marcadamente apriorísticos por su inclinación a concentrar la búsqueda de paralelos genéticos a las poblaciones paleocanarias en los grupos bereberes asentados en el extremo más cercano a las islas del continente africano. Los estudios genéticos centrados en las poblaciones protohistóricas canarias han experimentado una relativa proliferación desde finales de la década de los años 90’ del pasado siglo, si bien su utilidad desde la perspectiva arqueológica adolece de notables carencias, determinadas por la casi total inexistencia de datos referidos al contexto cronológico de los especímenes analizados. En ese sentido, uno de los más extensos análisis llevados a cabo66 asegura que las muestras estudiadas poseían unos mil años de antigüedad, habiéndose obtenido datos de ADNmt sólo del 55% del total muestreado. Sin entrar a discutir las bases científicas que les permiten establecer esa supuesta antigüedad, la realidad es que de ser cierta, nos encontraríamos que se ha estudiado una muestra (¿representativa?) de la población establecida en el archipiélago cuando ya han transcurrido dos milenios desde que arrancara el fenómeno poblador de las islas. En el citado trabajo se asegura que se halló una gran diversidad étnica en la muestra analizada, semejante a la que se encuentra actualmente en la población canaria o en la del continente africano; ese hecho se interpreta como resultado de varias oleadas migratorias67, lo que desde nuestra perspectiva parece 66 MACA-MEYER (2002) y MACA-MEYER et al. (2004). En el estudio se analizaron 131 muestras procedentes de cuatro islas (Tenerife, Gran Canaria, Gomera y El Hierro) y un total de 129 individuos. No se muestrearon los restos antropológicos de La Palma, Fuerteventura o Lanzarote, isla esta última que como hemos señalado en otra parte de este trabajo, ha proporcionado las dataciones más antiguas referidas al poblamiento del archipiélago, un dato de sumo interés si lo que se pretende es determinar el origen genético de la primigenia población paleocanaria. 67 MACA-MEYER (2004, p. 160).
551 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 33 estar presuponiendo que cada una de esas oleadas traería a Canarias grupos étnicamente puros. Es ése un supuesto que se contradice con la situación étnica que se da en el área geográfica desde la cual se supone que procede el poblamiento, espacio en donde el mestizaje étnico constituye una clara seña de identidad al menos desde el Epipaleolítico. Aunque los citados investigadores encuentran grandes dificultades para situar los orígenes geográficos exactos de los indígenas canarios, apuntan a los bereberes marroquíes, a los bereberes del noroeste africano, como las poblaciones étnicamente más cercanas68. No obstante, reconocen que los marcadores bereberes también están presentes en la Península Ibérica69 hasta el punto de que en un trabajo anterior N. Maca-Meyer70 ya aseguraba que más del 80% de los linajes determinados en una amplia muestra indígena correspondían a haplogrupos europeos ampliamente extendidos por el norte de África y el Próximo Oriente, siendo éste su más probable área inicial de origen71, ubicando la procedencia última de esos linajes en el norte de África. En cualquier caso, indica que cuatro linajes (14 % del total) se hallan exclusivamente en Próximo Oriente y dos (6,9 %) en Europa72. R. Fregel y colaboradores73, en un reciente estudio genético centrado en la población protohistórica de La Palma, afirman que el origen bereber norteafricano ha sido corroborado a nivel molecular con el hallazgo en Canarias de marcadores específicos norteafricanos74. No obstante lo anterior, aseguran que exis68 Op. cit., p. 161. Para C. Flores y colaboradores (2001, p. 752), la distribución geográfica actual por Canarias del marcador mitocondrial U6 aporta información adicional en relación con la manera en que las islas fueron colonizadas. Así, la diversidad y el número de secuencias son mayores en Lanzarote y Fuerteventura, las islas más cercanas al continente africano, mientras que decrecen gradualmente a medida que nos desplazamos hacia el oeste. Lo anterior sugiere un inicial proceso de asentamiento acorde con el modelo de stepping-stone. 69 Op. cit., p. 155. 70 MACA-MEYER (2002). 71 Op. cit., p. 81. 72 Op. cit., p. 84. 73 FREGEL (2009). 74 FREGEL (2009, p. 1.314). Los marcadores del sub-haplogrupo U6 son de sumo interés en Canarias ya que un subgrupo del mismo es específico de las
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 552 34 te una significativa porción de linajes aborígenes, que contabilizan en el 15%, que poseen marcadores específicos de la zona europea de la cuenca mediterránea o del Próximo Oriente75. En su opinión los datos que manejan se adaptan mejor a un modelo de poblamiento insular con frecuentes migraciones entre islas76, una circunstancia bastante extraña en unas poblaciones de las que se supone desconocían la navegación. Nos encontramos pues ante datos en los que, por un lado, una porción de la población insular tendría un origen europeo/próximo oriental, y por otro lado, donde la gran semejanza entre islas desmiente el supuesto aislamiento de las poblaciones insulares frente a unos contactos continuados en el tiempo. Estas dos hipótesis se adaptan bien con nuestro modelo, en el que postulamos una población colonizadora con un mismo origen geográfico-cultural, la cual alcanzaría las islas de la mano de navegantes semitas arrancando desde puertos localizados en el Círculo del Estrecho, en el Círculo de Cartago o de ambos simultáneamente. Así, si nos centramos en Lanzarote, en atención al hecho de que es la isla canaria que ha proporcionado las cronologías más antiguas relacionadas con el poblamiento, los escasos restos antropológicos recuperados parecen corresponder a una etapa avanzada de la Protohistoria, posterior en cualquier caso al siglo V d.n.e., a tenor de los contextos arqueológicos que los acompañan. Esos elementos antropológicos fueron valorados por Mª.D. Garralda77, asegurando que se trataba de una población dolicocránea de tipo mediterráneo norteafricano, correspondiente a nivel morfotipológico a las variedades mediterránea islas y se considera un posible nexo de unión entre éstas y el continente africano. Los linajes canarios U6b1 y U6c1 no están presentes en los territorios atlánticos del noroeste africano; por el contrario, el linaje U6c1 sí se ha detectado en poblaciones bereberes de Túnez, lo que ha permitido plantear la hipótesis de que la región de origen de los pobladores paleocanarios estuviera en Túnez y Argelia. También queda por resolver si se produjeron una o varias migraciones, ya que la distribución actual de los haplotipos mitocondriales es coherente con una única migración, mientras que la del cromosoma Y apunta a dos. 75 Op. cit., p. 1.322. 76 Op. cit., p. 1.314. 77 GARRALDA (1985).
553 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 35 robusta y grácil norteafricanas, en algún caso con rasgos mechtoides atenuados, de acusada robustez, reflejada por la presencia de líneas de inserción muscular muy marcadas, y elevada estatura, superior a la media de las poblaciones paleocanarias. En opinión de la citada investigadora, los especímenes que estudia muestran notables similitudes con individuos procedentes de las necrópolis protohistóricas y púnicas de Argelia, considerando que las pequeñas diferencias que observa con respecto a la población norteafricana se originarían como consecuencia del aislamiento en un espacio reducido de las características del de Lanzarote, circunstancia que actuaría como mecanismo microevolutivo sobre el patrimonio genético de esas poblaciones78. Curiosamente, algo más de una década antes de que se iniciaran los estudios genéticos en las islas ya se apuntaba al área argelino-tunecina como probable lugar de procedencia de algunas de las poblaciones paleocanarias79. Desde la perspectiva histórica, y tras un periodo de cuatro siglos de presencia continuada en el occidente africano de marinos y mercaderes fenicios, en el siglo VI a.n.e. Cartago inicia una política real de colonización de territorios africanos a partir de los emplazamientos fenicios preexistentes, la cual propició un cierto avance hacia el interior del continente a la búsqueda de tierras cultivables y la creación de unidades de división territorial (los ‘rst, que serán la base de los futuros pagi romanos), explotadas por población autóctona sometida por la metrópoli púnica al pago de tributos y al aporte de contingentes militares. Esa colonización africana fue especialmente intensa en el área tunecina, donde favoreció un mayor acercamiento cultural entre púnicos y paleobereberes, hasta el punto de que estos últimos asumieron numerosos elementos culturales aportados por los colonizadores fenicios. En sentido contrario el proceso también fue intenso, de tal manera que para G. Camps80 78 Op. cit., p. 451. 79 En un sentido parecido, R.A. Springer (2001, pp. 56 y 167) sitúa «… los alfabetos con mayores similitudes a los de las Islas Canarias en el Norte de Túnez y Noreste de Argelia …», lo que no le impide reconocer que tanto en el norte de África como en el Sáhara no se conoce ningún alfabeto que sea idéntico a alguno de los canarios (Op. cit, p. 161). 80 CAMPS (1980, p. 148).
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 554 36 la realidad púnica no puede entenderse sin su componente africana: «Si la tradition punique fut si vivace chez les anciens africains c’est que, précisément, elle ne leur était pas étrangère mais constituée au milieu d’eux, au sein de cités où l’onomastique, essentiellement sémitique, n’arrive pas à cacher l’apport ethnique africain». Son muchos los indicadores de esa simbiosis, desde la fundación en todo el norte de África de ciudades fenicias y bereberes (Siga, Volubilis, Macomades, Cirta, Tipasa, Calama, Zucchabar,…), que presentan una intensa y duradera convivencia de elementos culturales y étnicos aportados por ambas partes, al tiempo que se convierten en focos de difusión de los mismos hacia las poblaciones del interior, hasta fenómenos tan profundos como la adopción de la lengua púnica por las poblaciones paleobereberes, entre las que llega a ser oficial en los reinos mauro y númida tras la caída de Cartago en el 146 a.n.e., perdurando aún entre los contemporáneos de Agustín de Hipona en el siglo V d.n.e. La escritura púnica también se acepta o se transforma, dando lugar a dos grafías distintas: la que se ha dado en llamar escritura libio-fenicia81 y la escritura líbico-bereber. La administración municipal cartaginesa se calca y se produce un curioso proceso de sincretismo religioso que supone la aceptación por parte de las poblaciones africanas de deidades como Baal-Hammón o Tanit en convivencia con cultos a los genios locales o tribales o a determinados elementos de la naturaleza. Cambia el ritual funerario, como lo indica el abandono de la inhumación en posición decúbito lateral flexionado, a favor de la posición decúbito supino sobre armazón de madera, así como el progresivo acercamiento formal y decorativo de los haouanet locales a los hipogeos púnicos. Por último, se produce un paulatino mestizaje, sobre todo entre los miembros más relevantes de las formaciones sociales paleobereber y fenicia, circunstancia que lleva a G. Camps82 a afirmar que Massinissa poseía tanta sangre púnica como Aníbal africana. Un aspecto que ya destacó Tito Livio (XXI, 22, 3), al describir a los libio-fenicios como el resultado del mestizaje étnico entre cartagineses y africanos. 81 LÓPEZ CASTRO (1992); MUÑOZ (1994). 82 CAMPS (1980, p. 148).
555 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 37 Todo lo anterior hizo que entre unos y otros se establecieran lazos de unión cultural y personal que favorecieron que los grupos paleobereberes asentados en las llanuras costeras del noroeste africano, las más fértiles del entorno magrebí, y en menor medida los del interior, no se limiten exclusivamente a establecer vínculos comerciales con los emplazamientos fenicios de la zona, adoptando un papel pasivo en todo este proceso, sino que, por el contrario, la comunidad de relaciones e intereses que se genera hace que sea más sencilla la aceptación de los caracteres culturales de ambas partes. Por tanto, más que la sujeción por la fuerza de las poblaciones de la zona, se observa una provechosa interacción fenicio-africana o libio-fenicia que da lugar a procesos de mestizaje étnico y aculturación esenciales para conocer la especificidad de las culturas protohistóricas canarias y la bereber actual. En consecuencia, las poblaciones que colonizaron las islas poseían en origen una cultura mestiza, resultado de la simbiosis de antiguas tradiciones mediterráneo-africanas con elementos fenicio-púnicos, lo que dio como resultado étnico-cultural la aparición de los libiofenicios, un etnónimo que ya Plinio el Viejo recoge en su Historia Natural (H.N., V, 24): «Se denominan libifenices los que habitan Bizacio». Bizacio o Bizacena es la región localizada en torno a la ciudad de Cartago, una zona de gran fertilidad. Por otra parte, Tito Livio (XXI, 22, 3) asegura que los libiofenicios son una mezcla de africanos y cartagineses. 5. Conclusiones La parquedad de la información arqueológica disponible para algunas islas del archipiélago, especialmente por lo que a las cronologías se refiere, nos obliga a movernos en determinados aspectos relacionados con el fenómeno de poblamiento de las islas en el terreno de las hipótesis, máxime si consideramos que ese fue un proceso complejo que se produjo a lo largo de un amplio periodo de tiempo, caracterizando las fases iniciales de la Protohistoria insular. No obstante, lo anterior no debe limitar nuestra capacidad para articular hipótesis, máxime cuando con-
PABLO ATOCHE PEÑA Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 556 38 tamos con indicios, evidencias y registros materiales tan rotundos como los que se han recuperado a lo largo de las dos últimas décadas, los cuales contribuyen a acercarnos a una realidad histórica hasta ahora no suficientemente valorada y explicada. Si bien la mayoría de las cronologías absolutas disponibles se ubican a partir del I milenio de la Era, también se cuenta con una amplia serie de dataciones más antiguas localizadas en el entorno del I milenio a.n.e., las cuales proporcionan unos márgenes cronológicos en los que el marco cultural de las islas se vio contextualizado sucesivamente por la presencia colonial fenicia, púnica y romana. El conjunto de evidencias materiales disponible para varias islas del archipiélago demuestran fehacientemente que tras el inicial poblamiento y durante varios siglos Canarias fue una tierra receptiva a los procesos culturales, políticos y económicos que se desenvolvieron en el Mediterráneo occidental durante el I milenio antes de la Era. Sin lugar a dudas durante la Antigüedad tardía navegantes procedentes del Mediterráneo occidental recorrieron las aguas y recalaron en las costas del archipiélago con unos fines concretos, teniendo desde los primeros momentos una muy estrecha relación de origen con las poblaciones asentadas en los suelos insulares. Las recientes dataciones proporcionadas por la actividad arqueológica retrotraen esa inicial presencia al tránsito del II al I milenio a.n.e., cronología alta que introduce nuevas e insospechadas posibilidades y enriquece la explicación del fenómeno poblador. La idea y los recursos necesarios para llevar a efecto la colonización de las islas surgirían desde el Círculo del Estrecho; una vez en las islas éstas se verían afectadas en diferente grado en base a su riqueza en recursos o a su importancia geoestratégica, habiéndose producido una cierta distancia cronológica entre ellas a la hora de ser colonizadas, si nos atenemos a las dataciones disponibles. En cualquier caso, el proceso colonizador parece haber arrancado por el extremo oriental del archipiélago (Lanzarote/La Graciosa) en torno al siglo X a.n.e. en un momento que coincide con la culminación de la colonización de las islas mediterráneas.
557 LA COLONIZACIÓN PROTOHISTÓRICA DE LAS ISLAS CANARIAS Anuario de Estudios Atlánticos ISSN 0570-4065, Las Palmas de Gran Canaria. España (2013), núm. 59, pp. 519-562 39 BIBLIOGRAFÍA ARCO, Mª.C. DEL; ARCO, M. DEL; ATIÉNZAR, E.; ATOCHE, P.; MARTÍN, M.; RODRÍGUEZ, C. y ROSARIO, Mª.C. (1997). «Dataciones absolutas en la Prehistoria de Tenerife», en MILLARES, A., ATOCHE, P. y LOBO, M. (coords.). Homenaje a Celso Martín de Guzmán (1946-1994), pp. 65-77. Las Palmas de Gran Canaria. ARCO, Mª.C. DEL; GONZÁLEZ, C.; ARCO, Mª.M. DEL; ATIÉNZAR, E.; ARCO, M.J. DEL y ROSARIO, Mª.C. (2000). «El menceyato de Icod en el poblamiento de Tenerife: D. Gaspar, Las Palomas y Los Guanches. Sobre el poblamiento y las estrategias de alimentación vegetal entre los guanches». Eres (Arqueología/Bioantropología), 9 (1), pp. 67-129. ARCO, Mª.C. DEL; GONZÁLEZ, R.; ARCO, Mª.M. DEL y ROSARIO, Mª.C. (2008). «La explotación de la sal en los mares de Canarias durante la Antigüedad. Las salinas y saladeros de Rasca (Tenerife)», en GONZÁLEZ, R., LÓPEZ, F. y PEÑA, V. (eds.). Los Fenicios y el Atlántico. IV Coloquio del CEFYP, pp. 297-316. Madrid: Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. ARCO, Mª.C. DEL; GONZÁLEZ, R.; BALBÍN, R. DE; BUENO, P.; ROSARIO, Mª.C.; ARCO, Mª.M. DEL y GONZÁLEZ, L. (2000). «Tanit en Canarias». Eres (Arqueología/ Bioantropología), 9 (1), pp. 43-65. ATOCHE, P. (2002). «La colonización del archipiélago canario: ¿Un proceso mediterráneo?». World Islands in Prehistory. International Insular Investigations. V Deià International Conference of Prehistory. BAR International Series, 1.095, pp. 337-354. Oxford. ATOCHE, P. (2006). «Canarias en la Fase Romana (circa s. I a.n.e. al s. III d.n.e.): Los hallazgos arqueológicos». Almogaren XXXVII, pp. 85-117. Viena: Institutum Canarium. ATOCHE, P. (2008). «Las culturas protohistóricas canarias en el contexto del desarrollo cultural mediterráneo: propuesta de fasificación», en GONZÁLEZ, R., LÓPEZ, F. y PEÑA, V. (eds.). Los Fenicios y el Atlántico. IV Coloquio del CEFYP, pp. 317-344. Madrid: Centro de Estudios Fenicios y Púnicos. ATOCHE, P. (2009). «Estratigrafías, cronologías absolutas y periodización cultural de la Protohistoria de Lanzarote». Zephyrus LXIII (enero-junio), pp. 105134. Salamanca. ATOCHE, P. y MARTÍN, J. (1999). «Canarias en la expansión fenicio-púnica por el África Atlántica». II Congreso de Arqueología Peninsular (Zamora, 1996), III, pp. 485-500. Zamora. ATOCHE, P.; MARTÍN, J. y RAMÍREZ, Mª.A. (1997). «Elementos fenicio-púnicos en la religión de los mahos. Estudio de una placa procedente de Zonzamas (Teguise, Lanzarote)». Eres (Arqueología), 7, pp. 7-38. ATOCHE, P.; MARTÍN, J. y RAMÍREZ, Mª.A. (1999). «Amuletos de ascendencia fenicio-púnica entre los mahos de Lanzarote: ensayo de interpretación de una realidad conocida». VIII Jornadas de Estudio sobre Lanzarote y Fuerteventura (Arrecife, 1997), II, pp. 421-458. Arrecife.
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