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Léxico patrimonial y terminología científica en la denominación toponímica: en defensa de la toponimia local

Trapero, Maximiano

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Publicado en Homenaje a D. An onio Be hencou Massieu, Las Palmas de G an Cana ia: Cabildo Insula y Semina io de Humani- dades A. Milla es Ca lo, 1995: ol. III, 585-598. LÉXICO PATRIMONIAL Y TERMINOLOGÍA CIENTÍFICA EN LA DENOMINACIÓN TOPONÍMICA: EN DEFENSA DE LA TOPONIMIA LOCAL MAXIMIANO TRAPERO Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia [email p o ec ed]lpgc.es DEDICATORIA Don An onio Be hencou se ha con e ido en un miemb o más de mi amilia; allí es á, siemp e p esen e, en el luga de la casa p e e ido po mí, en el que más ho as paso; alzo la is a del lib o o del papel y allí es á él, son ien e, como siemp e, y solemne, como casi nunca: imponiéndome el bi e e de doc o . Eso ue en 1976. En onces ue cuando en ó en mi casa, pe o an es había en ado en mi co azón, siendo yo es udian e en La Laguna, y desde en onces ahí sigue, que ido, admi ado, amigo. Sin habe sido mi p o eso , ha es ado inculado a momen os decisi os de mi ca e a y de mi ida: miemb o del ibunal de mi esina de licen- cia u a, ec o que me in is ió como doc o en Filología, miemb o del ju ado que me concedió el p ime p emio de in es igación, compañe o después en ac os académicos... Sin habe sido mi p o eso en el aula, ha sido mi maes o en humanidad, un e e en e de muchos alo es, una pe sona imp escindible, al que uno siemp e se aleg a de encon a y saluda . Valga aho a es a con ibución en su homenaje como es imonio de mi econocimien o. 1. Léxico común y e minología El léxico de la oponimia no es un « e minología» (Cose iu 1977: 96), en el mismo sen ido que lo es el de una ciencia (la medicina, la bilología, la a qui ec u a, la química, e c.); ni ampoco es un ocabu- la io especializado, en el sen ido que lo es el de un o icio (el de los can e os, el de los ca pin e os de ibe a, el de los apicul o es o cualquie o o). Po el con a io, el léxico de la oponimia es pu o y simple «lenguaje común». Como pocas pa celas del ocabula io de una lengua, el de la oponimia es un léxico pa imonial en los dos sen idos que debe en ende se es e é mino: en el sinc ónico y en el diac ónico. En el sinc ónico po que es de uso común y pe enece po igual a odos los hablan es de una localidad, de una coma ca o del ámbi o geog á ico de una lengua. Y en el sen io diac ónico po que, aho a sí, an o o más que cualquie o a pa cela del léxico de una lengua es léxico he edado, cons i uido a lo la go de la his o ia de ese e i o io conc e o, y es imonio de los di e sos es a os cul u ales que allí se han sucedido en el iempo. Y desde el pun o de is a dias á ico, la oponimia de ninguna mane a puede conside a se una e minología especí ica o especializada -g emial, sec o ial-, y mucho menos ma ginal, pues pe enece al lenguaje común y es usada po odos los hablan es, sin que haya azones sociolingüís icas que sec o icen su conocimien o y uso. Topónimos gene ales, como Mon aña, Roque, Degollada, Lomo, e c. son léxico común en el más amplio sen ido de la palab a, de la misma mane a que los especí icos Agüimes, Telde, Ben aiga o Ti ma. O a cosa es que en odos los casos los hablan es comunes sepan explica po igual el signi icado de cada opónimo. Pe o es e iden e que el léxico de una lengua no exis e pa a que sus usua ios lo expliquen, sino simplemen e pa a que lo usen: po que el uso implica su conocimien o. Po el con a io, la lengua que usan los geóg a os (y los geólogos, y los biólogos, y los bo ánicos) pa a e e i se a los mismos enómenos de la oponimia, sí que es lenguaje especí ico y pu a « e mi- nología». Po que no es sólo que a cada cosa se le dé un nomb e dis in o al que iene en la lengua común, sino que la lengua misma con que se explica esa ealidad es ambién di e en e. Compá ense, po ejemplo, las de iniciones que de andén -un é mino local bien conocido y e e ido a un acciden e geog á ico p opio de las Islas Cana ias- dan, espec i amamen e, los geóg a os: «Escalonamien o p oducido po la e osión di e encial de coladas, capas de pi oclas os y almag es en esca pes y acan ilados» (San ana-Na anjo 1992: 95, Glosa io), y un simple es udioso del léxico cana io: «Paso es echo y pelig oso po el ilo de un isco» (Pancho Gue a 1977: s. .). O las de iniciones que se dan pa a almag e, é mino ambién común en las Islas: pa a los geóg a os es un «suelo ósil ube ac ado po las coladas olcánicas» (San ana-Na anjo 1992: 95, glosa io), mien as que pa a un lexicólogo es simplemen e « ie a colo ada» (Lo enzo 1976). Y cons e que has a aquí no es amos alo ando el enómeno, sino sólo mos ándolo. 2. Valo dialec al del ocabula io Ca ac e ís ica p incipalísima de la oponimia es el alo local, o a lo sumo egional, que iene su ocabula io. Puede deci se que en pocas pa celas del léxico se mani ies a an abundan e y an pode osamen e la cualidad c e a d o a del lenguaje. Es deci , la oponimia es un co pus léxico p opio de «un habla», o dicho de o a o ma, es «lengua uncional», al ma gen, po supues o, de que haya é minos que sean opónimos gene ales, comunes a odas las egiones que hablan una misma lengua his ó ica. Po que no bas a comp oba que é minos como mon aña, ío, ce o, ba anco, e c. es én epa idos po odos los e i o ios en que se habla el español, como lo es án ambién palab as del lenguaje común: oma , qui a , engancha , piña, e c. Una cosa es el signi ican e, que sí puede se común e idén ico en odas pa es, y o a cosa que ese signi ican e enga en cada zona dialec al un alo semán ico dis in o. Qui a , po ejemplo, iene en el habla de La Palma un sen ido p opio muy alejado del no ma i o del español: allí signi ica 'hace , compone , c ea '; y es común en los medios u ales de aquella Isla oí ases como és a: «Es os e sos los qui é yo», po ejemplo. Como ha ace ado a señala Co ominas, en Amé ica, muchos opónimos que es án cons i uidos sob e ocablos exclusi amen e hispanos, mues an allí, en cada luga , una acepción peculia , ajena al cas ellano esc i o y al de España, y se con ie en en oces an especí icamen e ame icanas como los ocablos au óc onos (Co ominas 1972: I, 122). Así, a allón, ensenada, es e o, es inga, e c., de se é minos de o igen ma í imo, han pasado a e e i acciden es geog á icos del in e io ; bo do ( a ian e de bo de) se ha especializado en el signi icado 'loma p olongada'; cuchilla y ilo en el signi icado 'línea de cumb e'; Las Jun as ha llegado a designa las con luencias de íos; Do mida se ha ese ado pa a los luga es poblados que empeza on siendo 'e apa en un camino en el que se pa aba a do mi '; e c. (Ibid.: 122-128). De la misma mane a, opónimos muy comunes en España, y en gene al en el español, como los señalados an es, ienen en Cana ias un signi icado pa icula , acomodado a las ca ac e ís icas ísicas y geog á icas de los e i o ios a los que se aplican. Mon aña, po ejemplo, no es cualquie 'ele ación del e eno', sino especí icamen e el acciden e que se con igu a como un 'cono olcánico'; ce o se llama en G an Cana ia, no a oda una colina, como en la España peninsula , o a una g an mon aña, como en Hispanoamé ica, sino sólo a la 'pa e al a y llana de una al u a', de un lomo, po ejemplo; mon e no es en Cana ias una simple mon aña, sino, más bien, un bosque, el ' e eno cubie o de á boles y ma o al', y especí icamen e el é mino mon e e de es el 'bosque de lau isil a'; e c. 3. Lenguaje común y lenguaje cien í ico Es e alo ela i o del léxico -el signi icado de las palab as es siemp e un alo ela i o que alcanza el ni el de un habla local, de un dialec o o a lo sumo de una lengua his ó ica- es un obs áculo epis emológico no pa a la ciencia en gene al, sino pa a las «ciencias» pa icula es, que ienen odas en e sus obje i os p io i a ios y p ime os el de cons i ui una « e minología» especí ica con alidez lo más uni- e sal posible. En es e sen ido, la e minología cien í ica más admi able es, p obablemen e, la de las Ciencias Na u ales: no hay especie animal o especie ege al que no enga su nomb e e náculo o popula , pe o no la hay ampoco que no lo enga, desde el pun o de is a cien í ico, en la ín; con lo cual, una misma plan a, po ejemplo, iden i icada a a és de un único nomb e la ino puede después se eco- nocida en cada luga con an os nomb es pa icula es como luga es sean conside ados. Los abajos admi ables de Manuel Al a en el campo de la ic onimia, po ejemplo, llenos de una e udición asomb osa y de una sabidu ía única, son ejemplos de lo que decimos; y en es os casos, sólo a pa i del nomb e cien í ico es posible es udia co ec amen e los nomb es que esa especie animal oma en luga es an di e en es como los es udiados po el g an ilólogo español. Po que, aun den o de un e i o io an minúsculo como las Islas Cana ias, la di e sidad de nomb es locales pa a un mismo pez es asomb osa. Un ejemplo: el «Diplodus ulga is», ulga men e llamado mo aja, ecibe, además, los siguien es nomb es en Cana ias: sai ío en Cale a del Sebo, Ba lo en o y Pue o de la Es aca; sai ía en San Sebas ián de La Gome a, Pue o de San iago, San a C uz de La Palma y La Res inga; sei ío en A eci e; sei ía en Las Palmas de G an Cana ia; sil ío en Pue o del Rosa io; y se ía en Mogán (Al a 1993: 231). Es a mul iplicidad de nomb es esponde a eces a un a án lógico de di e encia a a és de la lengua lo que p esen a di e encias en la ealidad, y en es e sen ido se puede deci que la lengua a a de «copia » o de « aduci » la ealidad; pe o o as muchas eces el léxico de la lengua se es uc u a con independencia absolu a de la di e sidad o uni o midad de la ealidad. En líneas gene ales, puede deci se que la e minología cien í ica se mue e más po el p opósi o p ime o, y que el léxico común lo hace po las «leyes» segundas. Así, po ejemplo, en Cana ias, la bo ánica ha ad e ido la pa icula idad de muchas de sus especies ege ales y ha p ocedido dándoles un nomb e pa icula y una denominación especí ica: Pinus cana iensis, Phoenix cana iensis, A bu us cana iensis, Sambucus palmensis y Eupho bia cana iensis se llama, espec i amen e, a lo que en la lengua común de las Islas se denomina solo pino, palme a, mad oño, saúco y ca dón, coincidiendo en los cua o p ime os casos con el uso del español gene al y siendo el quin o un cana ismo especí ico. Los ejemplos en es os emas pueden ala ga se has a que se quie a. En ealidad, es os dos ipos de «nomencla u a», la e minología cien í ica y el lenguaje común, ep esen an dos pun os de is a bien dis in os, dos mane as de e el mundo: el p ime o desde la p opia ealidad, con una p ecisión de equi alencia inequí oca y uni e sal, y el segundo desde la lengua, « alo ándolo» a a és de un código simbólico cual es el lenguaje. La nomencla u a cien í ica no es más que un conjun o de e ique as nominalizado as: a cada cosa -o a cada concep o- un nomb e. Pe o el léxico común no puede se en endido como una simple nomencla u a, po que no se e ie e a «cosas» conc e as, sino a alo aciones de las cosas, que no es lo mismo, desde un pun o de is a abs ac o y gene alizado . Llama a un pino Pinus cana iensis o simplemen e pino equi ale en el p ime caso a hace una doble dis inción -y po an o una doble clasi icación-: p ime o la de iden i ica una especie de á bol en e a o os á boles, y segundo la de dis ingui en e a ias especies de pinos. En la segunda denominación, la de pino, la dis inción se queda sólo en el p ime ni el y se igualan -no se dis inguen- bajo un mismo y único nomb e odas las especies conc e as de pinos que hay en la na u aleza. Si el p ocedimien o de las «Ciencias Na u ales», en conc e o de la biología y de la bo ánica, se aplica a a odas las o as ciencias, incluidas las «humanís icas», se ía de un eno me bene icio, pues los no especialis as en esas ma e ias pod íamos en ende los pun os de is a de las ciencias y pod íamos elacio- na los con los o os enómenos de la na u aleza y de la sociedad, que és os sí que alcanzan y son del in e és de odos los hablan es, po muy «homb es comunes» que los hablan es seamos. Pe o desg aciadamen e en la gene alidad de los casos no ocu e así. Es una e idencia a chisabida que las ciencias es án edadas a la mayo ía de los homb es, no an o po sus p opias complejidades in e nas cuan o po el lenguaje an c íp ico con que és as se p esen an. 4. El lenguaje «cien í ico» de la geog a ía La c eación de una nue a e minología cien í ica es á jus i icada siemp e desde el pun o de is a de la p opia ciencia pa icula , pe o no lo puede es a , siemp e y en cualquie condición, desde el pun o de is a de la lengua y -po aplicación- de los hablan es de esa lengua. Que ocu a en una ciencia nue a, pongamos po caso la ísica nuclea , cuyos enómenos hubie an sido an desconocidos a la lengua que has a en onces ca ecie an de nomb e, la nue a e minología se ía de necesidad p ima ia pa a ella, pe o esul a ía innecesa ia -no digo que absolu amen e- y del odo g a ui a en aquellas o as ciencias cuyos enómenos ya enían nomb e y e an además de uso común. Y eso es lo que ocu e, po ejemplo, en el léxico de la Geog a ía, en pa e del léxico de la Geog a ía al menos, más conc e amen e en la denomi- nación del elie e de una geog a ía conc e a. Pongamos po caso conc e o que nos si a de ejemplo c í ico un lib o ecien e, El elie e de G an Cana ia, de A. San ana San ana y A. Na anjo Cigala, digno de se eseñado, po lo demás. Lo juzga emos aquí sólo y exclusi amen e desde el pun o de is a de su lenguaje, no desde o os pun os de is a de su con enido, del que, p ecisamen e po es a esc i o pa a especialis as, no podemos en a en su juicio, po no se lo noso os. Pe o jus amen e po eso, po el lenguaje que usan, dudo mucho de que el obje i o que se ma can sus au o es de que los lec o es más in e esados en su lib o sean «el alumno uni e si a io, el p o eso ado de Secunda ia o de EGB, el excu sionis a, el u is a, el iaje o, o simplemen e, el cu iosos po la emá ica cana ia» (pág. 4), pueda con e i se en ealidad. Po mi pa e con ieso que ya no soy alumno, sino p o eso uni e si a io, que suelo se poco excu sionis a, pe o sí muy iaje o, que soy cu iosísimo de la emá ica cana ia, pe o que de su lib o en endí mucho menos de lo que hubie a deseado, y no po al a de in e és, desde luego. En el lib o se p e ende o ece un pano ama desc ip i o del elie e de la isla, pues con ello se «ayuda no sólo a ubica co ec amen e los enómenos geog á icos sino a comp ende la p opia ac i idad humana en el espacio», dicen los au o es (pág. 5). El obje i o es loable, y el plan eamien o co ec o, y has a di ía que el lib o esul a del odo necesa io an e la ausencia de o os es udios de es e ipo en las Islas; pe o se esc ibe en un lenguaje an c íp ico y an ajeno al código de las denominaciones oponímicas p opio de la Isla -y de las Islas- que se á di ícil pa a un lec o g ancana io, y cana io en gene al, «ubica co ec amen e los enómenos geog á icos», cuan o más «comp ende la p opia ac i idad humana en el espacio», que p e enden los au o es. Pa a mí esul an absolu amen e impene ables -y po an o incom- p ensibles- pá a os como los siguien es: Se dis ingue un piso basal in eg ado po o maciones ege ales xe ó ilas de escaso po e, sob e el que se si úa el piso mon ano compues o po o maciones a bó eas mesó ilas (bosques e mó ilos, palme ales, lau isil a y pina ) (pág. 13). La na u aleza del oquedo, sus ca ac e ís icas li ológicas, su disposición y g ado de diaclasamien o, o ecen una p ime a di e enciación en cuan o a su compo amien o en e a la e osión lineal y al modelado esul an e, lo que en unos casos p oduce elie es di e enciados en un mismo espacio a ec ado po el mismo sis ema mo ogené ico, y en o os, o mas simila es en con ex os mo ogené icos dis in os (pág. 16). Con pos e io idad a la emisión de los basal os isu ales se p odujo una di e enciación magmá ica que dio luga a ma e- iales de na u aleza más sálica: el Complejo aquisení ico (pág. 20). La ob a no es que abunde en pá a os como és os, es que el ono gene al de su esc i u a es ése, un pu o me alenguaje. Yo no sé si desde el pun o de is a de la geog a ía -desde la ciencia- puede exp esa se el con enido de es os es pá a os con el lenguaje común del español, o si és e, el español común, es á incapaci ado pa a exp esa ales con enidos, pe o ad ie o que en la misma ob a hay ambién o as desc ipciones que se nos an ojan no menos cien í icas y sí más comp ensibles p ecisamen e po su lenguaje; po ejemplo: La cos a No des e p esen a acan ilados, no malmen e de menos de 20 me os, y playas ocosas de can os y a enas, mien as que el li o al del Su oes e o ece un can il con inuo supe io a 20 me os en e Agae e y A guineguín, que local- men e supe a los 700 me os (Andén Ve de), o o ocasionalmen e en las desembocadu as de los ba ancos (pág. 29). Usan los au o es del lib o que comen amos an os neologismos innecesa ios y exp esiones an anómalas a la no ma del español común que lo hacen menos ú il de lo que pudie a habe sido, y desde luego le p i a án de ene más lec o es de los que hubie a enido de habe u ilizado un lenguaje más ap opiado con los p opósi os que se exp esan en el P ólogo de se lib o de di ulgación. No sé si lo se án del lenguaje especí ico de la geog a ía, pe o no son p opios, desde luego, del español no ma i o exp esiones como «ocupación an ópica» (pág. 2), «mac ounidades mo ológicas» (pág. 8), «unidades e i o iales» pa a e e i se a los macizos (pág. 31), « elie es es uc u ales» y « elie es de i ados» (pág. 33), «paleo alles» (pág. 33), «megaesca pes» (pág. 37), «dominancia de los p ocesos e osi os» (pág. 39), «abe u a caldé ica» (pág. 43); e c. En endemos que desde la Geog a ía -desde la ciencia- se hagan dis inciones que el lenguaje o dina io no ha hecho, y que a cada una de esas ealidades dis inguidas se les dé un nomb e; así, po ejemplo, que se hable de dos clases de mon añas: « olcánicas» y « ocosas» (pág. 34); de dos clases de lomos: «es uc u ales» (pág. 32) y «sedimen a ios» (pág. 37); se di e encien los «esca pes» de los «acan ilados» (pág. 37); se es ablezcan cinco clases de ba ancos, según la pendien e y el pe il (pág. 40), y aún o as dos más: « uncionales» y « osilizados» (pág. 42); dos clases de llanos: «es uc u ales» y «sedimen a ios» (pág. 45), e c., e c. Pe o nos pa ece del odo innecesa io y equi ocado da nomb es nue os a enómenos y acciden es del elie e que ya los ienen, y sob e odo que esos nue os nomb es sean ajenos al uso de las hablas locales, po que esa es una mane a de menoscaba un pa imonio cul u al -la lengua- que es de odos, ambién de los es udian es uni e si a ios, de los iaje os y de los excu sionis- as de la isla. Y es innecesa io po que los nue os nomb es no desc iben -mucho menos de inen- mejo la ealidad de lo que es aba an es con los nomb es e náculos. En odo caso, mejo hubie a sido ap ende «el lenguaje» de la oponimia local, que ese sí que es de odos y ha se ido pa a «conoce » el elie e de la isla desde hace siglos, desde que el homb e pobló la isla. Llama o mas posi i as, nega i as y neu as (pág. 29), espec i amen e, a las 'ele aciones del e eno', a las 'dep esiones' y a los 'llanos' puede en ende se desde una posición cien í ica es uc u al, que jus amen e e los enómenos obje o de es udio no como casos aislados, sino como elemen os componen es de un odo; y así, ha de en ende se que una ele ación es una o ma «posi i a», no en sí misma conside ada, sino en elación con una dep esión, que es una o ma «nega i a», y con un llano, que es una o ma «neu a». Pe o menos explicable nos pa ece ob ia el léxico exis en e y pa imonial y ae y pone en su luga o o o almen e ajeno a la oponimia cana ia, como, po ejemplo, ampas (pág. 32), esca pes (pág. 37), macizos (pág. 31), c es as (pág. 32), collados (pág. 34), e c., e c. Es os y o os muchos más que apa ecen en el lib o son é minos que ningún buen conocedo de la oponimia de G an Cana ia econoce ía como de la isla. Y no c eemos que el a gumen o que jus i ique la sus i ución sea en es e caso el p e endido «lenguaje uni e sal» de la ciencia, po que ambién los au o es del lib o que comen amos u ilizan, ce e amen e, o os opónimos p opios y especí icos de las hablas de Cana ias, como Lomo (pág. 37), Degollada (pág. 34), Mesa (pág. 33), Roque (pág. 34), Andén (pág. 38), Calde a (pág. 43), e c. Pues si se le da alidez cien í ica a és os, no en endemos po qué no ha de dá sela a los é minos sus i uidos po los neologismos ci ados. Ve emos unos pocos ejemplos. 5. Algunos ejemplos de ansg esión de la no ma oponímica local Rampa es é mino de uso común en el español con el signi icado de 'plano inclinado dispues o pa a subi y baja po él' y, po ex ensión, y en aplicación inmedia a a la oponimia, ' e eno en pendien e', según la de inición del DRAE. Pe o en la oponimia de Cana ias es é mino inexis en e, sus i uyéndolo en la misma e e encia los é minos lade a y lomo. Pues de es os dos é minos e náculos pod ían habe se se ido los geog á os pa a la desc ipción de la geog a ía de la Isla; pe o es ima on mejo usa el nomb e español de ampa, no con el signi icado que le asigna el DRAE, que es el que conocen odos los hablan es del español, sino con o o más «cien í ico»: «g andes es uc u as iangula es de sua e pendien e eco adas po ue es esca pes que no malmen e pa en de un mo o culminan e esidual al que se adosa una c es a a modo de con a ue e» (pág. 32). Lo que ocu e es que nues os au o es han in oducido un neologismo semán ico, el del ancés planèze 'mo ología de sección iangula en las aldas de un olcán, esal ada po la incisión de los ba ancos' (pág. 99, Glosa io), y lo han aplicado a un é mino pa imonial español, ampa, dis o sionando con ello, po una pa e, el sen ido que es e é mino iene en el español común y, po o a, imponiéndolo en una no ma dialec al, la cana ia, que lo desconoce. Esca pe es ambién é mino común del español gene al, con el mismo signi icado que le asigna el DRAE: 'decli e áspe o del e eno'. Pe o no es oz popula de Cana ias. En las Islas se usa acan ilado si el decli e da al ma , uga si es en el in e io , y isco, que po se indi e en e a la oposición semán ica 'de cos a' / 'de in e io ', es el é mino más gené ico pa a es a designación. Pues en el lib o de San ana y Na anjo se oponen los esca pes a los acan ilados, de iniendo los p ime os como « ue es up u as de pendien e» y a los segundos como « ue es up u as de pendien es li o ales» (pág. 37). Es deci , se igno a la e minología e nácula de isco y uga, cuando és os nos pa ecen mucho más exp esi os que la denominación impo ada, no menos p ecisos semán icamen e que aquella y, desde luego, mucho más aco des con el sen i y el sabe lingüís icos de los hablan es isleños. La palab a c es as, aplicada a la geog a ía, es é mino muy exp esi o pa a e e i las 'cumb es de agudos peñascos', es deci , las ele aciones aisladas, de pe iles agudos, que apa ecen eco adas sob e la cumb e. Y como al la usan los au o es del lib o que comen amos (pág. 32). Pe o c es as es é mino in e- cuen e en la oponimia de Cana ias y los au o es lo ci an al lado de o os opónimos bien asimilados dialec almen e, como mo os y oques. En e ec o, en la oponimia cana ia esas 'ele aciones aisladas' se llaman, según su na u aleza pe o sob e odo según su o ma: mo os, oques, cabezos, ailes, cuchillones, pun as, peñones, picachos, pi ones y más. Siendo c es a, en odo caso, é mino más gené ico que engloba a odos los o os pun os indi idualizados. En la pág. 34 del lib o que comen amos se dice que «las degolladas o collados son dep esiones de la línea de c es a o iginadas po la e osión emon an e en los p ocesos de cap u as la e ales de cuencas que a o ecen el ánsi o en e ellas». Dejando la segunda pa e de la de inición, po incomp ensible, nos ijamos en la igualdad semán ica que sus au o es es ablecen en e degollada y collado como 'dep esión de una línea de cumb e', lo que es co ec o, pues collado, además del signi icado p ime o y más gene al de 'ele ación del e eno, como ce o', iene una segunda acepción en el DRAE: 'dep esión sua e po donde se puede pasa ácilmen e de un lado a o o de una sie a', que coincide con el alo de degollada. Pe o degollada es é mino de uso exclusi o de la oponimia de Cana ias y collado es del odo desconocido en las hablas insula es (no apa ece en el TLEC, lo que es sob adamen e signi ica i o), no ya en su p ime a acepción, que es la más gene al del español no ma i o, cuan o más en la segunda. Con ello, se unen en un mismo con ex o dos é minos que no deben usa se jun os, pues pe enencen a dos no mas dialec ales dis in as y excluyen es: el cana io usa degollada y desconoce collado; el español peninsula usa collado e igno a degollada. Macizo, po su pa e, dicen nues os au o es que «en Cana ias se iene aplicando pa a ca ac e iza g andes mo oes uc u as olcánicas de edad miopliocena que cons i uyen los elie es de mayo en idad de cada isla» (pág. 31), es deci , en de inición in eligible, 'g upo de al u as o mon añas p eeminen es', según el DRAE. No conocemos en Cana ias un é mino que designe al e e encia, ue a del gené ico cumb e, pe o lo que sí sabemos es que macizo es é mino desusado, an o en el habla común como en la oponimia insula es. Can o, po úl imo, es omado en el lib o que comen amos con el signi icado que iene en el español peninsula , ansg ediendo con ello dos hechos lingüís icos: se modi ica, p ime o, el sen ido pa icula que esa palab a iene en Cana ias y se silencia, después, el é mino que lo sus i uye. Di iden nues os au o es las playas de G an Cana ia en «playas de a ena y de can os»: «Los ma e iales que cons i uyen las playas de can o -dicen- son p incipalmen e g a as, can os, bloques edondeados con can idades muy pequeñas de a enas...» (pág. 46). Cualquie hablan e cana io con un ocabula io pa imonial que leye a es e pá a o, di ía que los au o es es án equi ocados, que en Cana ias no hay playas «de can os», pues can o en Cana ias se e ie e a los bloques de pied a de can e ía del país u ilizados en la cons ucción (como po a ios au o es se cons a a en el TLEC), y no al 'guija o, can o odado' del cas ellano de la zona cen al de España (Llo en e Maldonado 1992: 565); que lo que en las playas de Cana ias hay son callaos y que, po lo an o, las playas pueden se «de a ena» y «de callaos» o, si se quie e, «de pied as», que es el más gené ico, pe o nunca «de can os». Y así, en e ec o, en la oponimia de G an Cana ia, y en las de las es an es islas, hay muchos luga es llamados El Callao, Los Callaos, Playa del Callao, e c., pe o ninguno que se llame Playa de los Can os, y sí, sin emba go, Playa de las Can e as, po que en su iempo ue can e a de «can os» cana ios. 6. La oponimia: el lenguaje «na u al» de la geog a ía En in, pueden bas a los ejemplos expues os. La oponimia de un luga (sob e odo los opónimos que, a su ez, son apela i os en el habla de un luga ), esul a se siemp e el mejo código lin- güís ico pa a la desc ipción geog á ica de su e i o io. La oponimia adicional es, sin duda, el lenguaje más ajus ado a la desc ipción y de inición de una geog a ía local. La oponimia de odas pa es, al cabo del iempo, se con ie e en la pa cela del léxico más an igua que puede da cuen a de odos los es a os cul u ales y lingüís icos que en ese e i o io se han sucedido. La lengua his ó ica de un país o de una comunidad de países acaba po ajus a se y amolda se a la ealidad pa icula de cada geog a ía local, como el léxico común lo hace con la ealidad co idiana pa icula de cada e i o io. Y en es e sen ido, la o og a ía cana ia, an adicalmen e di e en e a la del es o de España, aun disponiendo de una misma lengua, el español, ha e minado po con igu a un lenguaje oponímico peculia , muy dis in o del que se usa en o as egiones españolas peninsula es. Den o del léxico cana io, la oponimia es, ambién, la pa cela que mayo núme o de cana ismos iene; es deci , de é minos ca ac e ís icos ( an o sea desde el pun o de is a de la exp esión como del con enido) y p opios de las hablas cana ias. Siendo, además, la pa cela del léxico que mayo núme o de guanchismos conse a, és os no sólo en los opónimos especí icos, como Agüimes, Agae e o Ti ajana, sino ambién en los que son comunes, como Go o, Gambuesa, Almoga én o Time. Pues e dade os cana ismos son muchos de los apela i os que se usan en la desc icpción geog á ica de las Islas y de los que es án llenos sus espec i as oponimias, como Malpaís, Picón, Jable, Roque, Andén, Caide o, Degollada, Bu ade o, Table o, Toscal, e c., e c. Y alguno hay, incluso, que, habiendo sido cana ismo en su o igen, se ha con e ido en é mino geog á ico uni e sal, como Calde a. A ellos debemos acudi cuando que emos desc ibi el paisaje o la o mación de los suelos de las Islas, po que ninguno mejo que ellos si e pa a nomb a la ealidad que se quie e e e i . Re e encias bibliog á icas Al a , Manuel (1993): Es udios Cana ios II. Viceconseje ía de Cul u a y Depo es del Gobie no de Cana ias. Cose iu, Eugenio (1977): «In oducción al es udio es ucu al del léxico», P incipios de semán ica es uc u al. Mad id: G edos, 87-142. DRAE = Real Academia Española: 1992. Dicciona io de la Lengua Española. Mad id: Espasa Calpe, XXI ed. 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