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Telde como espacio novelesco : apuntes sobre la configuración del espacio narrativo en Las espiritistas de Telde, de Luis León Barreto

Quevedo García, Francisco Juan

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LETRAS A TELDE 1351-2001 TELDE COMO ESPACIO NOVELESCO: APUNTES SOBRE LA CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO NARRATIVO EN LAS ESPIRITISTAS DE TELDE, DE LUIS LEÓN BARRETO F ancisco Juan Que edo Ga cía CONFERENCIA LETRAS A TELDE 1351-2001 TELDE COMO ESPACIO NOVELESCO: APUNTES SOBRE LA CONFIGURACIÓN DEL ESPACIO NARRATIVO EN LAS ESPIRITISTAS DE TELDE, DE LUIS LEÓN BARRETO F ancisco Juan Que edo Ga cía Ciudad de Telde, 18 de mayo de 2001 © M.I. Ayun amien o de Telde © P elimina : Lydia Alonso Quesada y Vic o iano San ana Sanju jo. © Del ex o: F ancisco Juan Que edo Ga cía Edición, composición y diseño g á ico: M.I. Ayun amien o de Telde. Coo dina el P oyec o Le as a Telde, 1351-2001 : Concejalía de Cul u a Aseso es del P oyec o: Lydia Alonso Quesada y Vic o iano San ana Sanju jo. Depósi o Legal: GC 342-2001 ISBN: 84-89104-33-6 Imp ime: Imp en a G á icas Las Huesas ÍNDICE P elimina 7 Telde como espacio no elesco 11 Bibliog a ía ci ada 33 ○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○ ○○○○○○○○○○○○○○○○○○○ ○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○○ F ancisco Juan Que edo Ga cía 6 Telde como espacio no elesco 7 PRELIMINAR Si hay un lib o que ha log ado di undi el nomb e de nues a Ciudad po odos los incones del mundo g acias al í ulo que lo iden i ica y a los nume osos, p ecisos y p eciosos ag- men os que, a modo de ins an áneas, lo ilus an, ése es, sin duda alguna, Las espi i is as de Telde de Luis León Ba e o (Valencia: P ome eo, 1981). Si hay un in es igado que ha conseguido, con la cons ancia de su labo , aden a se en las en añas de es a ob a y, con sus análisis, p esen á nosla como una de las no elas más impo an es de nues o siglo, al me- nos en lo que oca a la li e a u a de nues o A chipiélago, ése es, ambién sin duda alguna, F ancisco Juan Que edo Ga cía, nues o con e encian e, p o eso Ti ula de Li e a- u a Española de la Facul ad de Filología de la Uni e sidad de Las Palmas de G an Cana ia y enomb ado especialis a en Li e a u a Cana ia (o en Cana ias, como le gus a deci a León Ba e o). La ob a y su es udioso se unden en las p óximas páginas de es a cua a en ega de «Le as a Telde, 1351-2001» pa a es- imonia el es ue zo de un esc i o como Luis León, que no es eldense ni pod ía en a a o ma pa e de una nómina de au o es con peculia idades es é icas a ines a o os na u a- les de nues a Ciudad, pe o que, con su pa icula sensibili- dad, ha sabido ex ae de un mo i o, a p io i, adi icio, como puede se la e e encia a Telde como me o encla e en el que desa olla una his o ia cualquie a, una sue e de ma ices undamen ales pa a el desa ollo de la ama na a ológica de Las espi i is as de Telde. Un caso como el de la amilia Van F ancisco Juan Que edo Ga cía 8 de Walle pudo sucede en cualquie luga del mundo; pe o el caso conc e o, único, el in aus o acon ecimien o de la a- milia Van de Walle, sólo pudo ocu i en Telde, y no en un Telde cualquie a, no, sino en uno muy de e minado: el de los años que an ecedie on a la Gue a Ci il Española. Como se pod á cons a a en la lec u a de es a con e encia, el p o eso Que edo Ga cía log a demos a la impo ancia del paisaje en la ges ación de los acon ecimien os na ados, ya que si Telde no hubiese sido como e a y, en e o as cosas, adoleciese de ese ma cado pa ecido con Je usalén, Jacin o Van de Walle –al ma gen de males congéni os– no end ía con ex o alguno en el que asen a y desa olla sus des a ios p o é icos ni su he mana F ancisca, po ex ensión, acaba ía eclamando la mue e de A iadna pa a que el alma de és e pudiese subi a la de echa del Pad e. Telde es el o igen de una dinas ía que inicia un judío holan- dés, Pie e Van de Walle, en el siglo XVI, quien, huido de la jus icia po habe sus aído ondos municipales que cus o- diaba, log a emba ca se de polizón umbo a Se illa y de aquí, casado con Ma ía Va gas (o Jose ina Au elia), llega has a las islas del su , o sea, Cana ias, donde, con cédula de hono abi- lidad y c is iandad ieja comp adas a golpe de doblones, lo- g a asen a se e inicia su es i pe. Nues a Ciudad, pues, no es más que el Edén de es e holandés que, en un a án po no pe de su iden idad y, consecuen emen e, a sí mismo, log a- á e oma un apellido que escondió en los luga es donde ya es aba condenado a se nadie: Vande s , en L’Ecluse (Zeeb ugge, Gan e u Os ende) y Vandale, en Se illa. Siglos más a de, las páginas do adas que comenzase a esc ibi Ped o Vandale al en e de La Vega end ían un ama go co- lo ón en el c imen sob e A iadna Van de Walle. Como si de un en e supe io se a ase, Telde ha sido es igo y, a su ma- ne a, ha coadyu ado a que la glo ia pecuna ia que los inge- Telde como espacio no elesco 9 nios de azúca concedían a la p óspe a hacienda del holan- dés se con i iese, con el iempo, en la ex i pación aumá ica de un clan que no desapa eció po mo de los dis in os acon- ecimien os his ó icos que hab ía de sob e eni a nues o país en las décadas pos e io es, ni po el c uce con o as a- milias que ajese consigo la desapa ición paula ina del ape- llido, sino po la abazón del ana ismo con la igno ancia, que, en un ambien e an mágico, mí ico y legenda io como el de nues as islas y, sob e odo, el de nues a ie a, e mi- nó po desemboca de o ma i emediable en una agedia como la desc i a en las páginas de Las espi i is as de Telde. Pa a log a una idea más comple a sob e lo apun ado en es e P elimina , es p ecep i o acudi a las p óximas páginas en las que, de o ma magis al, el p o eso Que edo Ga cía se aden a en odas las cues iones abo dadas. Pe o eso no es odo. Se ía pe inen e ap o echa la ocasión pa a in i a les a que amplíen sus conocimien os sob e la ob a que nos ocupa acudiendo a una lec u a imp escindible den o de la cada ez más ex ensa bibliog a ía sob e la ob a de Luis León Ba e o. Se a a en es a ocasión de un lib o de nues o con e encian- e in i ulado Las espi i is as de Telde y la his o ia de Cana ias, publicado po el M.I. Ayun amien o de Telde, en 1997. En él, con el igo y la amenidad a la que nos iene acos umb a- dos el p o eso Que edo Ga cía, log amos aden a nos no sólo en el complejo mundo de la no ela como obje o li e a- io y documen o his ó ico, sino que, además, log amos ubi- ca la c eación de Ba e o en el con ex o ideológico que en- ol ió a los au o es de lo que se conoció como na a i a ca- na ia de los años se en a y que, en e o os, u o como uno de sus pila es undamen ales expone , más allá de los ópi- cos con encionales, lo que pa a ellos e a "la insula idad". De es a isión de lo isleño, de la búsqueda de sus esencias y de la con o mación de sus p esencias, nació una en iquecedo a pe spec i a li e a ia del en o no, cons a able en las no elas F ancisco Juan Que edo Ga cía 16 en los di e en es momen os de su his o ia. Más aún, son pa e undamen al de esa his o ia. La ansmisión cul u al e his ó ica que se e leja en la no ela se lle a a cabo a a és de un haz de acon ecimien os que se in e p e an g acias a la cons an e e e encia al núcleo de la na ación, el c imen de A iadna Van de Walle acaecido en la Ciudad g ancana ia de Telde en 1930. Es e hecho hace que sea es a localidad la que se con ie a en el p incipal oco de a ención de la ob a desde el pun o de is a de los espacios, hacia donde hay que di igi las mi adas pa a acla a las cla es de ese ágico suceso, unas cla es que se emon an en el iempo. Telde es el escena io de la mue e de A iadna Van de Walle, como lo es ambién del asen amien o de su p ime ascendien e en Cana ias: Bien que lo sabían los agen es de Flandes, pues ellos mismos a o ecie on la ma cha de in e media ios que ecibían da as de has a ein e anegadas en ez de las doce que cons i uye on La Vega de Pie e Van de Walle, sob e el ba anco p incipal de Telde, uno de los ingenios más p óspe os de oda la isla, pues –según las da as que apa ecen en los lib os de la amilia– pudo amo iza la deuda susc i a con don Ped o Jáimez en sólo sie e años, y aún así se asoció con él en nue as explo aciones de Tenoya y Agae e, jun o con o as dos en la Ciudad de Telde, en los luga es conoci- dos po Picachos y San José de Las Longue as, de al modo que a su mue e –en 1593– el apogeo de la amilia e a conside able. Los con oles de los lealdo es ce i icaban, año as año, la benignidad de los azúca es, las mieles y emieles, las con i u as y conse as de los ingenios de Pie e y su socio Ped o Jáimez, y al poco inie on me cade es de Géno a a compe i con los de Ambe es, y la isla ue una ed de ingenios donde se amasaban las p ime as o unas.6 Pie e Van de Walle es un judío holandés que huye a Se illa p ime o, y luego a las Islas Cana ias, as habe come ido un des alco de los ondos de su municipio que él cus odiaba. Luis León Ba e o nos lo p esen a a a és de una ó mula que nos emi e a la adición li e a ia: «Cuen an que Pie e Van de Walle e a un judío p es amis a que enía su casa 6 LET, págs. 31-32. Telde como espacio no elesco 17 en e el palacio de los seño es de G uu huse, la esc ibanía y el con en o de las beguinas, en un pasadizo somb eado des- de el que podía con empla se un agmen o del g an canal y del pue o»7. Como pa e de un plan p emedi ado de an emano, el esc i- o nos in oduce en los o ígenes de la amilia Van de Walle, los descendien es de ese judío holandés hábil en los negocios y de espí i u emp endedo se án los au o es del c imen de las espi i is as. La no ela se inse a en la ipología na a i a de la saga amilia , comienzo y inal de una dinas ía. Al ob- se a esos inicios da cuen a del asen amien o que as la conquis a se p odujo en las Islas Cana ias. En es e sen ido, el na ado des aca el luga de p i ilegio que es as islas u- ie on en cuan o al come cio del azúca se e ie e. An onio M. González Pad ón con i ma es e aspec o: «La zona in e - media, en e la cos a y la mon aña, conocida bajo el opónimo de La Vega Mayo ue dedicada al cul i o ex ensi o de caña de azúca »8. En gene al, se hace eco González Pad ón del impo an e papel desempeñado po la Ciudad de Telde en la his o ia de Cana ias: «Telde, la uc uosa, aquella pequeña «Ciudad» sede del P ime Obispado del A chipiélago Cana- io e a en onces la p ime a y única Ciudad «eu opea» más allá de las Columnas de Hé cules»9. Luis León Ba e o es pe iodis a. En ique López, el pe so- naje de Las espi i is as de Telde, ambién lo es. En el pe iódi- co de ámbi o nacional en el que abaja ecibe el enca go de ealiza un epo aje sob e el caso del asesina o de A iadna Van de Walle. En p incipio, es és e el mo i o p incipal de su abajo. T as su llegada a la isla, sin pe de el e e en e bási- 7LET, pág. 27. 8González Pad ón, An onio M.(1994): «No icias his ó icas de la ag icul u a en Telde», en Guía Come cial de la Ciudad de Telde, n.º 7, Telde, no iemb e, pág. 14. 9González Pad ón, An onio M. (1987): «O ígenes de la Ciudad de Telde», en Guía Come cial de la Ciudad de Telde, n.º 1, Telde, diciemb e, pág. 5. F ancisco Juan Que edo Ga cía 18 co de ese suceso y de su epo aje pe iodís ico, En ique López pe cibe o as ealidades que con o man la isonomía his ó- ica y social de Cana ias. Pa a comp oba la iabilidad de los da os de su in es igación, isi a en pe sona lo que ue la ha- cienda de los Van de Walle en La Vega de Telde; una ha- cienda que ue an año ica y p o echosa con e ida aho a en una ie a ye ma que apenas man iene nada de su an iguo esplendo : –Mi e: desde que pasó la desg acia esa ie a no si e ni pa a chochos– y le cuen a que el ba anco pene ó una noche de c ecida has a que aba ió la casa del mayo domo y la no ia de don Cayo Au elio, cuyos es os yacen diseminados po la explanada, los cangilones comidos po el e uje al igual que los agmen os de la cadena y el eng anaje que mo ía el ambo , al lado de la a auca ia y los lau eles de Indias que es án en el cen o del cla o del ja dín, y al o o ex emo el luga de las caballe izas que debie on se muy animadas en la época de la ecolección y el asiego, pe o donde sólo io agmen os de la ba andilla que sepa aba el nido de camelias ojas de la osaleda. Encon ó cinab io y e dín en un agmen o de b once que al ez o mó el basamen o escul ó ico de algunas de las uen es; quinien os me os hacia el nacien e es aba la línea de chozas de los escla- os neg os y mo iscos, y los cobe izos de los camellos y las mulas. C eyó e las hoces de la esca da y la siega, las sacas de aca eo pa a la molienda de la caña, las made as c epi ando pa a man ene encendidas las calde as y las muje es que ab ican lejía, hilan o hacen alba das y amaman an a sus hijos que lle an media piel de don Nicolás, de don Jácome y de don A is eo, pues sin duda unda on dinas ías de c iollos como co espondía a su ango y condición en los buenos iempos de La Vega, cuando la hacienda e a un educ o de di ícil acceso pa a los o iciales de jus icia, pues en e sus mu os einaba el código del agasajo: elas y apice ías de Ruán, Lond es y Holanda, co es lab ados y ca nes en salazón se ían del mejo p o echo pa a que los in e dic os –po algún lance escandaloso de los jó enes he ede os, sus pendencias de abe na y sus a dides en e a ma idos ag a- iados– se pa alizasen. –Ni pa a chochos. Fíjese que ni siquie a anidan aquí los pája os [...]10 Las exp esiones u ilizadas po el pe sonaje que acompaña a En ique López en su isi a a la casa de los Van de Walle, 10 LET, págs. 79-80. Telde como espacio no elesco 19 amén de e leja su condición popula , exp esa a la pe ec- ción el cambio adical que se egis a en su hacienda. La «desg acia» de la amilia Van de Walle no solamen e ae consigo el inal de su es i pe, después de ece gene aciones que a ancan con la decisión de Pie e Van de Walle de asen- a se en la Ciudad de Telde y dedica se al uc í e o negocio de los ingenios de azúca y a la expo ación de sus cosechas, ambién conlle a el inal de la e ilidad de la ie a en la que se le an ó y luego se cimen ó la dinas ía, del mismo luga en el que se culminó un ciclo que du ó cinco siglos. El ag icul o le cuen a al pe iodis a los a a a es que ha su i- do la hacienda. Todo su ela o se cen a en la compa ación en e cómo e a la casa an año y cómo se había quedado as el paso del iempo. Desde que la abandona on los Van de Walle, la hacienda amilia ya enida a menos se sumió en el desmo onamien o –«los cangilones comidos po el e uje al igual que los agmen os de la cadena y el eng anaje que mo ía el ambo »–. En ique López empieza a sen i se so- b ecogido an e la his o ia de aquella hacienda, c ee e «las hoces de la esca da y la siega, las sacas de aca eo pa a la molienda de la caña, las made as c epi ando pa a man ene encendidas las calde as...». Los lec o es nos hacemos eco de las sensaciones de En ique López an e un espacio que únicamen e man iene ecue dos de un pasado adicalmen e dis in o. Las alusiones a las « e- las y apice ías de Ruán, Lond es y Holanda»; a los «co es lab ados»; a las «ca nes en salazón»; in oducen en la escena un lujo i ido que desapa eció pa a siemp e. El con as e es mani ies o, el au o domina la si uación na a i a mien as su p o agonis a se halla en medio del p esen e y del pasado con las incógni as sob e el mundo nue o que pisa ondándo- le po la cabeza. Enma añado se encuen a En ique López an e el cúmulo de expe iencias que la ealidad cana ia le o e- ce desde el ins an e en que di isa las islas. Las di icul ades F ancisco Juan Que edo Ga cía 20 pa a encon a una eo ía obje i a sob e la mue e de A iadna Van de Walle se ac ecien an. No exis e sólo una e sión de los hechos, exis en muchas e siones: la del juicio, la de la p ensa de la época, la de los ecinos, la de los abajado es de La Vega que dan su opinión de la agedia... No acaba ahí el en edo del jo en pe iodis a. Su desconoci- mien o ace ca de la ealidad insula hace que aumen e su con usión. Sin emba go, es a con usión se a acla ando en la medida que el ela o a anza. De la misma mane a que En i- que López a o denando sus papeles ace ca del abajo que se le encomienda desde Mad id, se a o denando en la na- ación los asgos iden i icado es de la sociedad y la cul u a de las islas. Es, al espec o, sumamen e aliosa la decisión de Luis León Ba e o de c ea a un pe iodis a que iene de ue- a, de la península; una pe sona ajena a es e a chipiélago, conocedo a sólo de los ópicos que han alimen ado una i- sión inexac a de las islas. Es un acie o del esc i o palme o o ganiza el edescub imien o de Cana ias a a és de la i- gu a de un o áneo que ecibe, como un caudal, el impac o de una his o ia y de una cul u a di e en e a la suya. El im- pac o es doble po su condición de pe iodis a. Él no iene a Tama án –G an Cana ia– a pasa unos días de acaciones, aunque el enca go del epo aje lle a apa ejado ambién es a conside ación es i a. Viene a abaja , a in es iga y a esc i- bi un epo aje sob e un asun o de elie e, de ele ado al- cance social. Ha escogido Luis León Ba e o al p o agonis a ideal pa a impulsa el p oyec o explica i o de lo insula que se ap ecia en Las espi i is as de Telde. La anécdo a de la no e- la se sus en a en una imagen gene al del a chipiélago, que posee como eje el espacio eldense: O as eces encallaban las naos con escla os pa a las An illas, pilo adas po homb es que desconocían la ampa de los a eci es y bajíos en e Gando y Melena a, y el es o lo comp aban a los po ugueses, o lo adqui- ían en las apiñas de Cos a de O o, y odos e an dies os en el apiche pa a el aca eo de la caña y los en ases donde gua daban la cachaza y el Telde como espacio no elesco 21 gua apo pa a el e ino, y se hacían c is ianos y e an bau izados en la ce emonia del día de Co pus, y desde en onces ecibie on el nomb e y apellido que sus dueños quisie on da les, y con odo e an pa cos y dili- gen es, po lo que les ue pe mi ido ecolec a ca dones secos pa a las hogue as de San Juan, así como hace los en amados del emplo y el acompañamien o de las p ocesiones con sus danzas al son de cascabeles suje os po i as de balango en las pie nas. Y cada p ime o de no iemb e eco ían las calles es as compa sas haciendo sona la esquila de ánimas.11 El á ico de escla os a icanos con umbo hacia las An illas se econoce a a és de es e ela o en donde se pone de ma- ni ies o cómo en onca en la cul u a cana ia la ce cana cul u- a del con inen e a icano. Desde el espacio –«O as eces encallaban las naos con escla os pa a las An illas, pilo adas po homb es que desconocían la ampa de los a eci es y bajíos en e Gando y Melena a»–, has a la inco po ación de las cos umb es de esos escla os a los i os ca ólicos –«el acom- pañamien o de las p ocesiones con sus danzas al son de cas- cabeles suje os po i as de balango en las pie nas»–. De ahí al en amado de la his o ia de la amilia Van de Walle sólo median palab as: «Y cada p ime o de no iemb e eco ían las calles es as compa sas haciendo sona la esquila de áni- mas». El o be espi i ual, anímico, que se descub e en es a no e- la –que ob a como coadyu an e de la agedia que se nos de alla– a anca desde es os p esupues os de la sociedad in- sula . El espacio, la his o ia, la cul u a, los sucesos...; odo se unde en un conglome ado imposible de deshace . El no e- lis a do a de unción na a i a los luga es escogidos. Se nos comen a lo pelig osa que es la cos a en e Gando y Melena a, pe o no pa a deja nos con la simple desc ipción. Los pa ajes nos conec an con o os medios na a i os: con la anécdo a no elesca, con los pe sonajes –como esos escla os anónimos con umbo a las An illas–, con una época pasada, con el e- 11 LET, pág. 33. F ancisco Juan Que edo Ga cía 22 gis o lingüís ico del na ado que se mue e con sol u a en- e di e en es e minologías: «bajíos», «ca dones», «balango», «esquila»... Es as ci cuns ancias de un modo u o o gua dan elación con la his o ia de las espi i is as, pues o man pa e del sus a o cul u al de las islas. La in es igación de ese sus a o es exhaus i a, como se ad ie e en es e es imonio de Pie e Van de Walle: En el año del Seño de mil y quinien os no en a y es, a ein e días del mes de oc ub e, yo, Ped o Van de Walle, na u al que soy de la Ciudad de B ujas, en Flandes, y ecino de la isla de Cana ia, en la Ciudad de Telde, dispongo po és a mi pos e a olun ad an e el esc ibano don Je ónimo Gu ié ez, que susc ibo hallándome pos ado en mi hacienda, donde llaman La Vega, que es sob e el ío y en e al poblado de Cend o [...] Digo y decla o que como c is iano iejo que soy, habiendo oído de la exis encia de es as islas, concebí la idea de unda aquí sola pa a los míos, y ap o echando el o icio de cua o maes es que aje de las islas de Madei a, que son de la co e po uguesa y es án al no e de és as, mandé encla a un ingenio pa a mole la caña de azúca , que se da lozana [...] Hacienda que comp é a los he ede os del capi án San i S eban, y la elegí jun o al ío po se ie a ap opiada pa a el ino, el igo y los demás eso os de la ie a, y p e e í asen a me en Telde en ez de Las Palmas, que es la capi al, po pa ece me luga más plácido, ameno y de mejo es aguas, habi ado po gen e a icionada a la anquilidad en ez de a los li igios y disensiones del Real.12 Un aspec o espacial de elie e en es e agmen o a iculado en o no a la Ciudad de Telde es el de la ubicación de la hacienda del pe sonaje de Pie e Van de Walle, que se halla «donde lla- man La Vega, que es sob e el ío». So p ende el uso de « ío» en la desc ipción de un paisaje cana io. Na u almen e ese ío se e ie e al ba anco de Telde. A a és de Pie e Van de Walle epa amos en la e ilidad de es e e eno: «la elegí jun o al ío po se ie a ap opiada pa a el ino, el igo y los demás eso- os de la ie a». Ignacio Mo án Rubio, en su B e e his o ia de Telde, ambién hace hincapié en las bondades de ese luga : La al u a máxima del municipio se si úa en las inmediaciones de la Calde- a de los Ma eles a 1.582 m s. Desde es a co a se han ido modelando los 12 LET, págs. 42-43. Telde como espacio no elesco 23 dis in os ba ancos y ba anque as que componen las cuencas hid og á icas de Telde. Señala emos po su iqueza, ag ícola o paisajís ica, la cuenca de Las Go e as, la del Ba anco de Telde y El D aguillo. Es os cauces, además de eje ce de desagües, han mo i ado o se ido de ehículo de anspo e de ingen es can idades de alu iones que, al sedimen a se, han ocasionado é iles alles como el de Jináma , Casa es o el Valle de los Nue e, egas como la de Telde o llanu as como la de Gando.13 La e ilidad de la ie a es una de las p incipales azones esg imidas po Pie e Van de Walle pa a asen a se en Telde, pe o p ecisa o o in e esan e a gumen o sob e odo desde un análisis sociológico. La compa ación con la capi al de la isla, con Las Palmas de G an Cana ia, le pe mi i á decidi se sob e dónde a a se su esidencia. Telde le pa ece «luga más plácido, ameno y de mejo es aguas, habi ado po gen e a icionada a la anquilidad en ez de a los li igios y disensiones del Real». Nos o ece el au o un cuad o de cos- umb es de la ida insula del siglo XVI en G an Cana ia. La p oli e ación de los iajes oceánicos, la impo ancia del Pue o de Las Palmas en las a esías come ciales, y el se un cen o de o den polí ico hacen que en la capi al la con i- encia sea más aje eada que en La Vega de Telde. Aquí Pie e Van de Walle encuen a una ie a p opicia pa a sus planes, que pasan po «encla a un ingenio pa a mole la caña de azúca , que se da lozana». Muchos años después del asen amien o de Pie e Van de Walle en La Vega de Telde, los descendien es de es e p ime Van de Walle que llegó a Tama án –G an Cana ia– con i- núan asen ados en es a Ciudad; y sigue siendo es e espacio el encla e nuclea de la no ela: De mane a que es u ie on a ios días con ese guineo, y enga a deci que nues o pueblo, is o desde las cu as de la ca e e a de Jináma , pa ece Je usalén po la abundancia de palme as, con el cal a io en los al os de 13 Mo án Rubio, Ignacio (1995): B e e his o ia de Telde, M.I. Ayun amien o de Telde, pág. 19. F ancisco Juan Que edo Ga cía 24 San F ancisco y las o es an he mosas de San Juan y el man o e de de la siemb a. Decía el seño i o que él es aba des inado a ae la nue a e elación del Seño , que odo es o se lo con é yo al sac is án pe o él me dijo que no le die a impo ancia, se ían chiquilladas.14 En la emá ica de Las espi i is as de Telde los plan eamien os eligiosos desempeñan un papel p edominan e. No en ano, una mane a exace bada de en ende es os plan eamien os lle a a unos se es ana izados a come e el c imen de A iadna Van de Walle. En es a ci a ad e imos el en onque que se p oduce en e las desc ipciones paisajís icas y los po meno- es de aquel escab oso suceso. Así nace la opo una simili- ud en e Telde y Je usalén: «po la abundancia de palme- as, con el cal a io en los al os de San F ancisco y las o es an he mosas de San Juan y el man o e de de la siemb a». Es a desc ipción no es solamen e una he mosa ins an ánea de Telde hecha con el e e en e de Je usalén. La dimensión eligiosa que se le o o ga a Telde al compa a la con la ciu- dad sag ada ealza el e o eligioso que poseen los Van de Walle. Ellos se ilusionan con las semejanzas que ap e- cian en e esos dos espacios. Jacin o Van de Walle –quien se eía «des inado a ae la nue a e elación del Seño »– ac úa como un guía espi i ual. E ige a su al ededo un mun- do aná ico e idealizado en su pa icula búsqueda de Dios. Como le ocu ía al Quijo e en sus des a íos, los espacios se le ans o man, Telde se ansmu a en su men e en la Je u- salén bíblica. Sin in en a i más allá de la me a exposición de hechos, hacemos no a la ue e implicación que las ó denes eligio- sas han enido en la Ciudad de Telde, sede del P ime Obis- pado del A chipiélago Cana io. An onio M. González Pa- d ón in es iga con buen c i e io en el signi icado de la eli- gión en Telde: 14 LET, pág. 165. Telde como espacio no elesco 25 Según el D . He nández Bení ez, nues a e az campiña ue omada muy p on o po un cue po de éli e del ejé ci o cas ellano, nos e e imos a la Real He mandad de Caballe os de Andalucía de la que e an capi anes Ped o de San i-S eban, O doño Be múdez, He nán y C is óbal Ga cía de Cas illo y o os an os. Lo p ime o en e igi se, si es á en lo cie o Ma ín y Cubas, ue un pequeño balua e de ensi o: «En Telde se ab icó de cal y pied a y can e ía pa da un ue e con cua o o eones cuad ado». Pe o es e his o iado insis e: «Después de la conquis a de es a isla de Cana ia undóse población en a ias pa es de ella, en és a de Telde se hizo la pa oquia del Seño San Juan Bau is a, día en que los españoles en a on en las islas; es a áb ica ue p ime o de pied a y ba o y ella se ino luego al suelo». Es una cons an e que se epe i á algo más a de en Amé ica. Las dos p ime as cons ucciones que se le an an al unda la ciudad se án de ca ác e mili a y o a eclesiás ico. Así no sólo enemos que el San o Pa ono que debía p o ege a los «nue os eldenses» ue elegido en unción de una echa c is iana, sino haciéndola hábilmen e coincidi con las ies as del beñesmen o ecolección de u os de los an iguos poblado es. ¿E an conscien es los cas ellanos de esa concomi ancia o sólo ue el aza ? ¿conocían los conquis ado es la impo ancia de Telde como cen o mágico- eligioso pa a la población au óc ona?15 Quienes c ean la ilusión de compa a la ciudad cana ia con Je usalén son los miemb os de la amilia Van de Walle, y quien se eía «des inado a ae la nue a e elación del Se- ño » es el seño i o Jacin o Van de Walle, el único hijo a ón sob e el cual ecaen en la no ela signi ica i as sospechas: «Un inces o como una ca ed al. Es oy segu o de que el úni- co amo e dade o que sen ían e a el de Jacin o. Pe o sólo lo consumó F ancisca, y po eso ac uaba como médium, po - que se había undido en la ca ne de su he mano»16 . Es a opinión de En ique López, el pe iodis a enido de Ma- d id que el esc i o con igu a pa a cohesiona las acciones na a i as, esul a so p enden e; pe o no ca ece de sen ido dado el in lujo que Jacin o Van de Walle eje cía sob e su 15 González Pad ón, An onio M. (1993): «Telde bajo el in lujo de las undaciones eligiosas», en Guía come cial de la Ciudad de Telde, n.º 6, Telde, no iemb e, pág. 38. 16 LET, pág. 214. F ancisco Juan Que edo Ga cía 32 Telde como espacio no elesco 33 BIBLIOGRAFÍA CITADA: - ARENCIBIA, Yolanda (1990): «In oducción», en León Ba e o, Luis: Las espi i is as de Telde, Viceconseje ía de Cul- u a y Depo es del Gobie no de Cana ias. - CIFUENTES, Espe anza (1981): «Las espi i is as de Telde o la des ucción del mi o», en Jo nada, San a C uz de Tene i e, 3 de diciemb e. - GONZÁLEZ PADRÓN, An onio M. (1987): «O ígenes de la Ciudad de Telde», en Guía Come cial de la Ciudad de Telde, n.º 1, Telde, diciemb e. - GONZÁLEZ PADRÓN, An onio M. (1993): «Telde bajo el in lujo de las undaciones eligiosas», en Guía come cial de la Ciudad de Telde, n.º 6, Telde, no iemb e. - GONZÁLEZ PADRÓN, An onio M. (1994): «No icias his ó icas de la ag icul u a en Telde», en Guía Come cial de la Ciudad de Telde, n.º 7, Telde, no iemb e. - LEÓN BARRETO, Luis (1990): Las espi i is as de Telde, Viceconseje ía de Cul u a y Depo es del Gobie no de Ca- na ias. - MORÁN RUBIO, Ignacio (1995): B e e his o ia de Telde, M.I. Ayun amien o de Telde. - PEÑA, Ped o J. de la (1981): «B ujas en Cana ias», en Las P o incias, Valencia, 27 de agos o. - QUEVEDO GARCÍA, F ancisco Juan (1997): «Las espi i- is as de Telde» y la his o ia de Cana ias, M.I. Ayun amien o de Telde.