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Palo de tinte y territorialidad en la península de Yucatán, en las postrimerías del periodo colonial novohispano

Torras Conangla, Rosa

Abstract

La colonización española de la región de la Laguna de Términos, en el Golfo de México, se articuló alrededor de la explotación del palo de tinte desarrollada en la segunda mitad del siglo XVIII. A partir de cómo se gestionaron las licencias para el corte de ese preciado árbol, el artículo incursiona por los efectos de la explotación maderera en el ordenamiento territorial de la región basado en la calidad de ser vecino.

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231 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano PALO DE TINTE Y TERRITORIALIDAD EN LA PENÍNSULA DE YUCATÁN, EN LAS POSTRIMERÍAS DEL PERIODO COLONIAL NOVOHISPANO 1 LOGWOOD AND TERRITORIALITY IN THE YUCATAN PENINSULA, IN THE FINAL STAGES OF COLONIAL NEW SPAIN. Rosa Torras Conangla Universidad Nacional Autónoma de México RESUMEN: La colonización española de la región de la Laguna de Términos, en el Golfo de México, se articuló alrededor de la explotación del palo de tinte desarrollada en la segunda mitad del siglo XVIII. A partir de cómo se gestionaron las licencias para el corte de ese preciado árbol, el artículo incursiona por los efectos de la explotación maderera en el ordenamiento territorial de la región basado en la calidad de ser vecino. PALABRAS CLAVE: palo de tinte, colonización, Nueva España. ABSTRACT: The Spanish colonization of the region known as Laguna de Términos, in the Gulf of Mexico, was constructed around the exploitation of logwood in the second half of the eighteenth century. From the perspective of how the licenses for the cutting of this valued tree were granted, this article investigates the effects of the logwood harvest on the territorial order of the region based on the Spanish notion of vecino. KEY WORDS: logwood, colonization, New Spain. Fecha de recepción: 14/05/2019 Fecha de aceptación: 26/11/2019 1 El presente texto es resultado del proyecto de investigación “La extracción, circulación y usos del palo de tinte (Haematoxylum Campechianum), siglos XVI-XIX” coordinado por la Dra. Pascale Villegas, que cuenta con el apoyo financiero de CONACYT (Ciencia Básica, n° 237547). 232 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano Desde el siglo XVII, la explotación del palo de tinte en la península de Yucatán se centró en la circunvalación de la Laguna de Términos. Los ríos, que desembocaban en dicha laguna formando un entramado fluvial alimentado por el río Usumacinta, facilitaban el transporte del tronco cortado en sus riberas hacia el centro neurálgico de dicha actividad económica: la Isla de Términos, abreviada a menudo como Isla de Tris, que más tarde sería bautizada como Isla del Carmen. Toda la región era conocida como La Laguna. Los mayas yucatecos utilizaban este árbol, al que llamaban palo negro o palo ek’, como materia tintórea desde tiempos prehispánicos, con el que teñían hilos y se pintaban el cuerpo en sus ceremonias rituales. 2 Con la expansión de la industria textil europea, las cualidades de la hematoxilina como tintórea desarrollaron un alto interés comercial hacia ese árbol que no se podía cultivar. Si bien crecía libremente en las áreas cenagosas y húmedas de la península yucateca, su explotación destinada a la exportación ya en manos de los colonizadores dependió de qué tan cerca estaba del agua, para que pudiera ser transportado. Así lo consignaba el famoso inglés William Dampier –marino, viajero, pirata y cortador de palo de tintecuando en 1675 contaba que en áreas como Cabo Catoche ya se habían cortado los árboles en primera línea de mar, y que adentrarse en busca de más árboles era imposible porque costaba más acarrearlos que talar, cortar y astillarlos. Por ello, las zonas apetecidas pasaron pronto a ser las de la bahía de Campeche (concretamente la Laguna de Términos) y la bahía de Honduras; en ambos casos, además, el árbol era de mejor calidad. Situados entonces en esa región hídrica, propongo una mirada a la relación entre las modalidades de colonización –asociadas a fines de expansión económicacon los procesos de demarcación jurisdiccional, orientados a fijar políticamente el control territorial y a organizar sentidos de adscripción. Es decir, pretendo aproximarme a los efectos territoriales del auge de la economía tintórea en las selvas yucatecas abonando a los estudios ya realizados sobre su explotación y comercialización, así como sobre la oligarquía que se 2 Alicia Contreras Sánchez, Historia de una tintórea olvidada. El proceso de explotación y circulación del palo de tinte, 1750-1807, Mérida (México): ediciones Universidad Autónoma de Yucatán, 1990, pp. 27-33. 233 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano formaría en torno a ese negocio ya en tiempos republicanos. 3 De hecho, me voy a centrar precisamente en los orígenes de la formación de dicha élite y sus implicaciones territoriales en un periodo de dos transiciones: por un lado, la colonización efectiva de los españoles sobre ese territorio tras la expulsión en 1716 de los piratas ingleses que controlaban la explotación del preciado palo; por el otro, el paso del régimen colonial al republicano aproximándonos a qué tipo de sociedad era impulsada en esa área de refugio y promisión, bisagra terrestre entre la península de Yucatán y el resto de la Nueva España, a partir de la economía tintórea. Si entendemos la territorialidad como las tentativas o estrategias de un individuo o grupo para alcanzar, influenciar o controlar recursos y personas a través de la delimitación y del control de áreas geográficas específicas, 4 veremos cómo la explotación tintórea fueron imponiendo lógicas territoriales las cuales, formalizadas jurisdiccionalmente, definieron el devenir de esas cuencas selváticas. Tomando en cuenta que todo mapa expresa visiones e intenciones, el que sigue plasma el avance de la frontera investigada y sintetiza el movimiento del espacio controlado para diferenciarlo de aquel concebido como “vacío”, pendiente todavía de colonización. El “Mapa político de la provincia de Yucatán” elaborado en 1809 cataloga como “despoblado” el nororiente y todo el sur peninsular, concretamente, la parte de la región de Los Ríos que circundaba Isla del Carmen y El Petén, marcando las regiones donde no se había podido controlar a la población que las habitaba; poco pobladas, pero no vacías. 3 Ibídem; Pascale Villegas y Rosa Torras “La extracción y exportación del palo de tinte a manos de colonos extranjeros. El caso de B. Anizan y Cía”, Secuencia, n° 79 (México, septiembre-diciembre 2014), pp. 79-93; Claudio Vadillo López, La región del palo de tinte: el Partido del Carmen, 1821-1857, Campeche (México): Fondo Estatal para la Cultura y las Artes, 1994; Rosa Torras Conangla, La tierra firme de enfrente. La colonización campechana sobre la región de Los Ríos (S. XIX), Mérida (México): Universidad Nacional Autónoma de México, 2012. 4 Sergio Schneider e Iván Peyré, “Territorio y enfoque territorial: de las referencias cognitivas a los aportes aplicados al análisis de los procesos sociales rurales”, en Mabel Manzanal, Guillermo Neiman y Mario Lattuada (comp.), Desarrollo rural. Organizaciones, instituciones y territorios, Buenos Aires: Ediciones Ciccus, 2006, pp. 71-102. 234 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano Mapa n° 1 Mapa político de la provincia de Yucatán, 1809 5 Colonizando el “despoblado” Al momento de la conquista española, el sur de la península de Yucatán era un área habitada sobre todo por grupos de mayas yucatecos, chontales de la provincia de Acalán y cehachés. Había asentamientos humanos alrededor de Chetumal y del río Champotón, aunque de menor importancia política que los del noroeste peninsular. El área chontal 5 Archivo General de Indias (AGI), MP-MEXICO, 756. 1809. Acceso en línea http://pares.mcu.es [Consulta: 24 abril 2019]. 235 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano abarcaba la costa sur del Golfo de México, en buena parte de lo que actualmente es el estado de Tabasco, y estaba atravesada por un sistema de ríos navegables que facilitaban el comercio; en ella confluían importantes rutas mercantiles que vinculaban el valle de México, Veracruz, las tierras altas de Chiapas y la costa norte de Honduras. Entre los ríos Candelaria y Usumacinta la ocupación poblacional indígena era importante, aunque siempre menor que la del noroeste peninsular. Hubo varios intentos de reducciones de los que destacan la fundación del pueblo de Jonuta a finales de la década de 1550 y la congregación de los chontales de Acalán en Tixchel. No obstante, radicados esporádicamente en la Isla de Términos desde 1558, y ya de forma estable desde mediados del siguiente siglo, ingleses, franceses, holandeses, daneses, irlandeses, antillanos, mayas, africanos y españoles integraban los asentamientos piráticos que controlaban desde la Isla, las costas de Frontera hasta Sabancuy (donde se encontraba Tixchel); incursionaban desde la costa tierra adentro buscando el palo de tinte, con el propósito de transportarlo a través de los ríos hasta la Isla de Términos para embodegarlo y comercializarlo. 6 El investigador Othón Baños concluye, en su análisis sobre la modalidad económica de La Laguna de 1558 a 1717, que ese periodo de presencia pirática implicó que la región pasara de ser un espacio de refugio a “un escenario de producción con una estrategia de piratería forestal específica. Unos entraban –variaba el tiempo de la estanciay otros salían, no hubo colonización”. 7 De hecho, es discutible si no lo podemos considerar colonización pues, y el mismo autor lo manifiesta, la inserción de la región de La Laguna al capitalismo mundial fue en ese periodo y no producto del control territorial español, convirtiéndose en territorio estratégico para la industria textil inglesa. 8 El único hecho diferencial fue, quizás, que en los tiempos piráticos nadie tenía derechos legales sobre la tierra. 6 Miguel Civeira Taboada, Jonuta, Villahermosa (México): Gobierno del Estado de Tabasco, 1975, p. 73. 7 Othón Baños Ramírez, “Piratería forestal y economía mundo: El caso de la Laguna (1558-1717)”, Relaciones, n° 132 bis (México, otoño 2012), p. 76. 8 Ibídem, pp. 81 y 90-91. 236 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano A partir de los datos facilitados por William Dampier, sabemos que las áreas de tala de palo de tinte en el siglo XVII eran las cuencas de los ríos que formaban parte del sistema hídrico del Usumacinta y desembocaban en la Laguna de Términos. Mapa n° 2 Áreas de explotación del palo de tinte en el siglo XVII 9 La presencia pirática seguramente fomentó la movilidad de los pueblos de los ríos, lo que implicó una fuerte variabilidad jurisdiccional, tanto político-administrativa como eclesiástica; ámbitos cuyos territorios a menudo se sobreponían. En ese mismo sentido, la conquista de Campeche y Champotón dejó una zona alrededor de Laguna de Términos casi deshabitada que servía de refugio para indios que escapaban del yugo español. 10 A medida que fue aumentando la población maya en el oeste peninsular, hacia mediados del siglo 9 R. C. West et al., Las tierras bajas de Tabasco en el sureste de México, Villahermosa (México: Gobierno del Estado de Tabasco, 1985, p. 258. 10 Lean Sweeney, La supervivencia de los bandidos. Los mayas icaichés y la política fronteriza del sureste de la península de Yucatán, México: Universidad Nacional Autónoma de México, 2006. 237 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano XVII, la presión demográfica sería un factor más que motivaba su migración hacia el este y sur, estableciendo pequeños ranchos. En esos tiempos coloniales, la fuga era una de las formas más importantes de resistencia a la explotación laboral, constituyendo asentamientos nuevos, integrándose en los ya establecidos o instalándose de forma dispersa en ranchos y milperías. A partir de 1716, tras la expulsión de los piratas de la Isla de Términos en el marco del Tratado de Utrech firmado en 1713, ésta fue rebautizada como Isla del Carmen iniciándose una larga disputa entre las jurisdicciones de Tabasco y Campeche, ya entre españoles y sus descendientes, por el control de los ríos que cruzaban los tintales. En 1724 se fundó en Isla del Carmen un presidio, a cargo del gobernador del Presidio del Carmen y La Laguna, quedando su jurisdicción separada de la provincia de Tabasco. El virrey marqués de Valero propuso al rey que se dieran facilidades a las familias que quisieran colonizar la isla, como permitirles la explotación y comercialización del palo de tinte, invitando al obispo y al gobernador de Yucatán a que promoviesen entre los habitantes de la región el nuevo asentamiento poblacional. 11 Efectivamente, en 1725 llegaron las primeras familias a isla del Carmen, procedentes de las localidades vecinas de Campeche, Lerma y Champotón. 12 Como bien explica la historiadora Alicia Contreras, 13 existían a mediados del siglo XVIII dos tipos de cortadores: aquellos que, con dificultades económicas, dependían de la venta inmediata del palo cortado y los que, siendo comerciantes o encomenderos, explotaban los tintales como actividad secundaria. Es indicativo cómo se referían a ellos los funcionarios reales de Campeche: los primeros eran los que “no tienen fondo” y los segundos “vecinos rancheros de más opinión”. 14 Me fijaré sobre todo en ese segundo grupo 11 Daniel Cantarell, Una isla llamada Carmen, México: Gobierno del Estado de Campeche / Miguel Ángel Porrúa, 2003, p. 104. 12 Luis Fernando Álvarez Aguilar y Juan José Bolívar Aguilar, El Presidio de Nuestra Señora del Carmen (1717-1821), Ciudad del Carmen (México): Universidad Autónoma del Carmen, 2003, p. 32. 13 Contreras, op. cit., pp. 36-39. 14 AGI, Audiencia de México leg 3099, ff. 294-295, citado por Contreras, op. cit., p. 37. 238 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano pues, como queda reflejado con el término “vecinos”, fueron quienes tuvieron capacidad de ejercer jurisdicción es decir, de organizar el espacio para controlarlo en el marco del proceso de colonización española. La dimensión fundamental del vecinazgo en el Antiguo Régimen hispánico venía definida por el vínculo entre persona y territorio, de modo que detenernos en quiénes eran considerados vecinos nos acerca a comprender la modalidad de colonización desplegada en torno a la explotación del palo de tinte. Cabe adelantar que no eran considerados vecinos los individuos que dependían de un señor laico o eclesiástico (mujeres y sirvientes) ni aquellos que vivían “dispersos en el campo o en localidades sin estatuto político reconocido […] El vecino es siempre un hombre concreto, territorializado, enraizado”. 15 Palo de tinte y vecindad: de ríos a riberas Sabemos 16 que en 1751 fue otorgada la primera licencia para establecer un espacio de terreno del cual extraer el palo, aunque de hecho no empezaron a darse licencias de manera generalizada sino hasta 1753, año en que la Corona española creó la Negociación y Giro del Palo de Tinte. Éstas eran expedidas a través de sus gobernadores, como medida para frenar el contrabando por parte de ingleses y franceses. Y aunque formalmente incidían sobre la circulación del producto y no sobre el acceso a la tierra, que era realenga, a la larga constataremos que sí repercutieron en la modalidad territorial de la región. No obstante, no sería hasta 1784, con la reapertura del libre comercio, cuando los comerciantes aparezcan como grandes inversores, siendo los campechanos los que más intervinieron en ese negocio para convertirse en dueños de los cortes de palo de tinte en Campeche y en La Laguna. De hecho, si los campechanos iniciaron la explotación tintórea, los laguneros les arrebatarían el negocio haciendo valer su derecho sobre tierras y ríos. Veamos. 15 FrancoisXavier Guerra, “El soberano y su reino. Reflexiones sobre la génesis del ciudadano en América Latina”, en Hilda Sábato (coord.,) Ciudadanía política y formación de las naciones. Perspectivas históricas de América Latina, México: COLMEX / FCE, 1999, pp. 41-62. 16 Contreras, op. cit., pp. 36-39. 239 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano Las primeras licencias para establecer corte de palo de tinte de las que contamos con documentación, anteriores a la creación de la instancia reguladora de la actividad tintórea, corresponden a las solicitudes siguientes: - Rita Pérez de Acal, vecina del presidio del Carmen e hija del capitán de la Compañía de Dragones Pedro Pérez de Acal, pidió en 1779 permiso para establecer un corte de palo de tinte en el río Sabancuy y le fue concedido. 17 - Ambrosio José Martínez, vecino de la ciudad de Campeche, solicitó licencia en 1779 y le fue denegada. 18 - Juan Antonio de Zavalza, capitán de milicias y vecino de Nueva Orleans, solicitó licencia en 1783 y también fue denegada. 19 - Juan Pedro de Iturralde, vecino de la ciudad de Campeche, solicitó licencia en 1783 y también fue denegada. 20 Los dos primeros casos sintetizan la disputa creciente en materia jurisdiccional por el control de los árboles que crecían en las riberas de los ríos y que, una vez cortados, eran transportados por esas vías fluviales. Por un lado, la solicitud de Pérez de Acal expresaba los intereses de las familias asentadas en el presidio carmelita bajo la gubernatura de La Laguna manifestando “que es utilísimo establecer aquí los cortes por los vecinos” y muy perjudicial que se estuvieran dando licencias a los vecinos de Campeche y de Tabasco. De hecho, el gobernador del Presidio y La Laguna consideraba imprescindible que se les prohibiera ese derecho al que fuera “dueño forastero”, específicamente a los vecinos de Campeche, “con la pena que de justificarse directa o indirectamente ser el dueño forastero, pierda a favor del Rey cuanto palo tenga cortado y los aperos y pertrechos del corte”. 21 17 Archivo General de la Nación (AGN), Industria y Comercio, vol 14 exp 4. 18 AGN, Industria y Comercio, vol 14 exp 3, f. 25. 19 AGN, Industria y Comercio, vol 14 exp 4, f. 48; vol 14 exp 13, f. 88. 20 AGN, Industria y Comercio, vol 14 exp 4, f. 50. 21 AGN, Industria y Comercio, vol 14 exp 4, f. 32. 246 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano membresía y la inclusión, el adentro y el afuera, la ley y la excepción. 38 Recordemos que el concepto hispano de jurisdicción impuesto con el proceso colonial asociaba autoridad a territorio, a diferencia de la organización política maya pre-hispánica que la concebía relacionada con los vínculos personales sin necesariamente continuidad territorial. 39 Por su parte Cristóbal Aljovín, basándose en los aportes de Tamar Herzog, asevera lo siguiente: “El ser vecino implicaba poseer un solar, pero –a diferencia de Españalas autoridades no obligaban a los vecinos a ser residentes. La movilidad y la inestabilidad de la residencia caracterizaron a los primeros asentamientos americanos, sobre todo en el extremo sur de Chile”. 40 Mismas características que presentaba la región de la que estamos hablando, en plena fase de recolonización marcada por una estrategia que, por un lado, daba derechos territoriales a los considerados vecinos o avecindados y, por el otro, no les exigía residencia en esos terrenos otorgados. Pero ¿quiénes eran esos vecinos? Eran hombres, muy pocas mujeres, de posición social elevada, españoles y forasteros que se avecindarían o descendientes de españoles ya laguneros. Quedaban excluidos indios y pardos que poblaban la zona, enganchados a la economía en auge como cortadores de palo de tinte y viviendo de forma dispersa en las riberas selváticas. A principios del siglo XIX, la invasión de tintales era un problema frecuente, así como el robo de palos ya cortados, contra lo cual se trataba de legislar obligando a la clara delimitación de los terrenos concedidos y penando a los que incursionaran en terrenos ajenos. Ambas prácticas no cesaron, pero las disposiciones emitidas sirvieron para fijar como formas de acceso a la tierra el arrendamiento al gobierno por concesión máxima de diez años –por el pago del 6% anual sobre la producción lograda en el terreno fijado al 38 Talal Asad, “¿Dónde están los márgenes del estado?”, Cuadernos de Antropología Social, n° 27 (Argentina, 2008), p. 54. 39 Sergio Quezada, “Jurisdicción y territorio en Yucatán. Reflexiones recientes”, ponencia presentada en el Coloquio “Regiones periféricas y Estados nacionales”, Mérida, Yucatán (México): CEPHCIS-UNAM, abril 2008. 40 Cristóbal Aljovín de Losada, “Monarquía o república: “ciudadano” y “vecino” en Iberoamérica, 17501850”, Jahrbuch für Geschichte Lateinamerikas, n° 45 (Alemania, 2008), p. 38. 247 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano momento de acordar la licencia– y la compra, con lo que pasaba a ser propiedad privada. 41 La compra solía venir después del arrendamiento, pues con éste se había adquirido el “derecho de posesión”, que daría paso casi siempre al de propiedad. Si comparamos los nombres a quienes les fue otorgada licencia colonial de corte maderero con aquellos que, ya en pleno periodo republicano, obtuvieron títulos de propiedad de grandes extensiones de bosque en la misma región bajo la modalidad de enajenación de baldíos, vemos que son las mismas familias. No sólo los Mucel, sino los Abreu, Quintana, Franco, Solana, Pérez de Acal, Pirolle, Marín, Marentes, Zetina o Gil. Familias avecindadas en Isla del Carmen y la Palizada, que ocuparon los cargos políticos locales y regionales y a las que, a lo largo del siglo XIX, se añadirían migrantes procedentes de Europa y Estados Unidos como los italianos Repetto y Paoli, franceses Anizan, catalanes Fons y Badia, o el estadounidense Henry Pawling quien, convertido ya en Enrique Pauling, obtuvo en 1870 la propiedad de las tierras concedidas bajo la modalidad de licencia de corte a Juan de Dios Mucel en tiempos coloniales. Estos vecinos, que mantenían la concepción ibérica que los distinguía como personas honorables, constituyeron las élites locales y regionales que se consolidarían en tiempos republicanos. Las licencias de corte de palo de tinte que les fueron concedidas gracias a su calidad de vecinos, fueron luego reconocidas como derechos adquiridos en los procesos de titulación privada de los terrenos en los que crecía el árbol que estaban autorizados a cortar. Aunque la legislación liberal de enajenación de baldíos dejaba claro que las licencias no eran equiparables a propiedad, en la práctica les reconocía un derecho de posesión que con facilidad se convertía un título de propiedad. A modo de conclusión Siendo, como afirma Francois-Xavier Guerra, 42 que el vecino es siempre un hombre enraizado, la particular manera de serlo en las selvas yucatecas configuró una modalidad de 41 Vadillo López, op. cit., p. 49. 42 Guerra, op. cit., p. 10. 248 Número 43, diciembre 2019, pp.231-248 Rosa Torras Conangla Palo de tinte y territorialidad en la Península de Yucatán en las postrimerías del período colonial novohispano ocupación territorial en la que el vecinazgo permitió la estructuración de una élite regional –blanca y católicacon derechos sobre tierras en las que no residía, y de las que extraía un recurso natural muy preciado en el mercado internacional. Vivían en las zonas urbanizadas, sobre todo en el Presidio y en menor medida en el pujante pueblo de la Palizada, desde donde controlaban la explotación forestal de las selvas articulada por los ríos. Por su parte, la población que sí habitaba los bosques, la mayor parte indígenas y pardos, quedaba constreñida en unos mermados ejidos de los pocos pueblos de indios que habían sido conformados en la primera oleada colonizadora y, la gran mayoría, viviendo en permanente movilidad al son de la precariedad laboral que les ofrecía la economía tintórea. Precisamente, el pueblo de San Joaquín de la Palizada había sido fundado en 1772 por el gobernador del Presidio Pedro Dufau despojando de tierras al pueblo de indios de Jonuta, con la clara estrategia de acotar jurisdiccionalmente el control de los tintales en beneficio de los comerciantes laguneros. La misma estrategia se siguió a lo largo de todo el siglo XIX consolidándose su hegemonía en el monopolio del negocio tintóreo expresado jurisdiccionalmente en el partido del Carmen. Con ello, no sólo se constata cómo creaba desigualdad la calidad de ser vecino 43 , sino de qué manera configuró una dinámica colonizadora mucho más dependiente de condicionantes externos que de los internos, en un territorio selvático rico pero extremadamente frágil. 43 Guerra, Ibídem, p. 10