La vida amorosa de Lope de Vega
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LA VIDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA * Por JOSE F. ACEDO CASTILLA 1 A finales de 1562, casi a los dos años de haber ascendido Madrid a la categoría de Capitán y Corte de España, en una casa de la Puerta de Guadalajara, situada frente al tmTeón de ladrillos de los Lujanes, donde según la tradición, el Rey de Francia Francisco 1, estuvo preso de nuestro Emperador, nació Lope Félix de la Vega Carpio. Era su padre maestro, eximio en bordados, algo pintor poeta , que residía en Valladolid. Pero inquieto y enamorado como lo será su hijo, dejando a su mujer se vino tras otras a la nueva Capital. La esposa abandonada, le sigue hasta Madrid, loca de celos. Más hecha la amistad y reconciliación amorosa, como fruto de Ja misma nació el «fenix de lo s ingenios» o el «monstruo de Ja naturaleza» como le llamó Cervantes en el prólogo de las Ocho Comedias. Lope como casi todos nuestros grandes ingenios, desde el Marqués de Santillana a Menéndez Pelayo, pasando por Quevedo y Calderón, descendía del nobilísimo solar montañés. El padre era de Villacarriado y Ja madre de Selaya, y sabido es, que los oriun- *Disertación leída el 6 de junio de 1997.
196 JOSE F. ACEDO CASTILLA dos de la montaña santanderina o de las Asturias de Oviedo, "a fuer" de cristianos viejos y reconquistadores, ninguno dejaban de creerse hidalgo, máxime cuando triunfantes los estatutos de limpieza de sangre, todos aquellos que se ufanaban haber probado el no tener en sus venas sangre mora o judía, se estimaban en igual plano que los Grandes. Lope tiene en esto una verdadera obsesión. Se cree descender del legendario Bernardo Carpio y constantemente se está ufanando de ello, lo que le habrá de proporcionar grandes chanzas y disgustos como veremos después. En el Colegio Imperial de la Compañía de Jesús de Madrid donde comenzó sus estudios, dicen que le conoció D. Jerónimo Manrique de Lara, Vicario general castrense que había sido de la armada vencedora en Lepanto y más tarde Obispo de Cartagena y A vi la, e Inquisidor general, quién atraído por el hechizo del niño precoz y animado por las felices disposiciones que mostraba, lo mandó a la Universidad de Alcalá, en la que por razón familiar, puesto que descendía del insigne Jorge Manrique, era protector del Colegio de Santiago. Lope siempre reconoció lo que debía al Obispo Manrique, cual lo prueban los elogios que le hace en la «Jerusalén conquistada», y como en su primer testamento de 1627, separa unos cuantos ducados de su escaso peculio, para aplicarlos en sufragio de su primer protector. Fallecido su padre, en compañía de su amigo Hernando Muñóz, se escapa de Alcal á, llegando hasta Segovia donde al intentar vender una joya de familia, fué detenido por la justicia. Mas el Juez -según cuenta Montalbán-habiéndoles tomado su confesión y viendo que decían verdad, les dió libertad y mandó a un alguacil les trujese a Madrid y los entregasen a sus padres». Lope, hubo pue s, de continuar estudiando en Alcalá, de mala gana, aunque eso sí, alternando el Arte y la Filosofía con múltiples amores. Recuérdase como su primera pasión, una prima suya a quién en la autobiográfica La Dor otea, disfraza bajo el nombre de Marfisa, pero que en el mundo real -según Entrambasaguasse llamó María de Aragón, hija de Jácome de Amberes y María de Aragón, panaderos de corte al servicio de la Emperatriz María, viuda de Maximiliano II. Parece ser que Marfisa, fruto de sus amores con Lope, tuvo una niña llamada Manuela, que se bautizó en San Ginés el 2 de Enero de 1581 como hija de Lope de Vega
LA VIDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA 197 y de Doña María de Aragón, y que debió morir el 11 de Agosto de 1585. A Marfisa la casaron con un tal Hans Uquer y como el matrimonio resultó un desastre, continuó viéndose con Lope. Después de dilatadas peripecias y reconciliaciones, Marfisa viuda, se casa por segunda vez con un Magistrado que le llevó al extranjero; y en tierras extrañas, el tercer marido, un militar, asesinó a la infeliz por celos de otro amigo suyo. Con todos estos avatares el gran estudiante Lope, se trocó en un bohemio de vida irregular e incurablemente desordenado, hasta que cediendo al fin a lo s impulsos de su vocación, abandona a los maestros de Alcalá, para dedicarse de lleno a la vida del teatro. 11 Tras la aparición del teatro en España con el Misterio de los Reyes Magos -representado en la Catedral de Toledo en los últimos años del sig lo XII, o en los primeros del XIIl-, los dramas litúrgicos continuaron en auge durante toda la Edad Media, si bien a su lado comienzan a surgir, los «juegos de escarnio», a quienes las Partidas condenan como farsas indignas de inspiración albigense, y representaciones de otras partes, como la s diversas Danzas de la Muerte y Los Diálogos del Alma y del Cuerpo, casi todos traducidos del francés o de inspiración francesa. Cierra la Edad Media ese monumento singular y admirable que es La Celestina. Pero La Celestina, «espe jo de lengua castellana», como la llama Menéndez y Pelayo, no influyó, en parte por su perfección misma, en parte -añade el mae stro--, por sus condiciones de obra irrepresentable. De esta suerte, nuestra dramática, aún des pués de aquel gigantesco esfuerzo, continuó balbuciendo pastoriles coloquios en las Eglogas de Juan de la Encina y en las del salmantino Lucas Femández, hasta que llegamos a Torres Naharro, el verdadero creador de las comedias de capa y espada y sus discípulos, los cuales unos, se inclinarán a la imitación de la tragedia clásica, otros refundirán comedias italianas, aderezándolas con pasos o intermedios jocosos de propia invención -e n cuyos arreglos fué insigne Lope de Rueda -, y otros, lo s más, buscarán con podero-
198 JOSE F. ACEDO CASTILLA sos instintos natmalistas una forma de tragedia moderna, aún tratando de asuntos de historia o de la Biblia. Nuestra escena por consiguiente, se había limitado a ser un eco atenuado del poema italiano y de la tragedia grecolatina, estando de otra parte esclavizada por aquellas barreras, que una absurda interpretación de la Poética de Aristóteles; oponían al libre desenvolvimiento de la creación dramática. Contra estos principios, tenidos hasta entonces por inconcursos del arte escénico, es el se villano Juan de la C.ueva -a unque fuese entre vacilaciones y dudas- , el que da el primer paso, en su comedia « La muerte del Rey Don Sancho », donde el público por primera vez ve desarrollarse ante sus ojos los hechos famos os del Cerco de Zamora y escarnizadas hazañas y nombres que estaban más cerca de su corazón y de su sentir que los de Ayax, Virgilio o Mucio Scevola. Pero Cueva, que tiene la intuición del tesoro poético y del hervor de vida que se encuentra en los romances y en los gloriosos hechos encerrados en las crónicas medievales, luego no sabe alumbrar esos veneros y cuando los trata de recoger, les pone la pesadumbre de su erudicción interpretativa. No obstante, nadie podrá quitarle el mérito de haber pre sentido la senda, por donde «corno arrogante gastador» -como alguien dijo-, marcharía luego, c on la firme za del genio, Lope de Vega . Y es natural que así fuera. Lope, conjugando romanticismo y realismo, abrió las exclusas para que penetrase en el teatro, pujante y arrolladora la corriente de los sentimientos naturales de lo s españoles de su siglo. Los rom ances y crónic as de la Edad Media , van a ser sus principales fuentes de inspiración. La triste suerte de Don Rodrigo, la glorificación del Cid, la ju sticia y amorosos d esvaneos de los reyes, lances infortuna do s como los del caballero ga la de Medina, la flor de Olmedo, la ven ga n za colectiva contra los desmanes de los tiranuelos ensoberbecidos, los vierte Lope a la escena y los trae a nueva vida, a otra región del Arte literario, creando así como dice Menéndez Pelayo, un teatro todo acción y todo nervio, rápido y animadísimo, lleno de fuerza y de inventiva, má s extenso que profundo y más nacional que humano. El arte lopiano de hacer comedias apasiona al público. Lo s empresarios se disputan sus obras. Uno de ellos, era el toledano
LA VIDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA 199 Jerónimo Velázquez, padre de la aplaudida comediante Elena Ossorio que estaba casada con el cómico Cristóbal Calderón, marido paternal, complaciente y bondadoso que pasaba la mayor parte del tiempo fuera del hogar. Lope, no tarda en obtener los favores de la bellísima actriz, a quien canta en numerosos romances pastoriles o moriscos como Filis o Zaida. Para amoldarse al ideal en boga, la describió rubia en algunos vers os , pero en otros, expresa que era morena: «Aquella morena que reinaba en Troya», dice en uno de sus romances juveniles y en el acto primero, escena sexta de "La Dorotea", nos traza su retrato como trigueña clara, de buen talle, delgado y airoso, de cabellos crespos, boca roja y reidora, dientes pequeños y muy blancos, ojos enormes, a la vez suaves y desvergonzados. Era por lo visto muy despierta e inteligente, aficionada en extremo a las sutilez as de la poesía y al cultivo de las letras. Por sus consejos reanudó Lope sus estudios y desde 1585 asistió en la Academia Real de Madrid, a las clases de matemáticas y topografía. Más al cabo de tres años, Lope se cansa de Elena. Y como los solas es amorosos y los éxitos literarios no le habían saciado su espíritu de aventura, decidió alistarse como voluntario para la campaña naval contra las Azores, donde el Prior de Crato pretendiente derrotado del Trono portugués, con la ayuda de Francia se había levantado contra Felipe II. La escuadra española al mando de Don Alvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, tras el asalto al Puerto de Las Muelas junto a Angra, obtendría la rendición de los francoportugueses en la Isla Terceira, lo que evocará Lope en La Corona Trágica de María Stuardo: «Ceñí en Servicio de mi Rey la espada» y más tarde en su poema póstumo El Huerto Deshecho, cuando dice: Ver en tres lustros de mi edad primera, Con la espada desnuda, Al bravo portugués en la Terceira. Durante la campaña de las Azores, Lo pe había conocido a D. Francisco Perrenot de Granvel a, Caballero de Alcántara, Conde de Cantecroix y sobrino del gran Cardenal Granvela. En el curso de sus largas conversaciones sobre el teatro, la política y las mu-
200 JOSE F. ACEDO CASTILLA jeres, Lope, en opinión de Flores, debió haber alabado tanto la belleza de Elena, su arte, su inteligencia, su gracia, como que el conde se enamoró de ella antes de haberla visto por una sola vez. Luego con la ayuda de Dª Inés, madre de la actriz, quien le hizo ver cómo la escasez y modicidad de los obsequios del poeta, no le permitirían obstentar lujos ni joyas, la ascensión de Perrenot, al lecho de Elena, no había de hacerse esperar. Con la aparición de un rival, el fuego apagado, renació como un poderoso incentivo. Por permanecer en Madrid, renuncia a su renumerado empleo de Secretario del Marqués de Las Navas, ya que ello le obligaba a desplazarse a Alcántara. El rencor ardía en su alma; se sentía herido en su dignidad y de esta suerte, furioso con la definitiva ruptura, poniendo en práctica su consejo de ... «para huir de una mujer ... nada mejor que tomar otra», se dedicó a enamorar a la dulce Isabel de Urbina, mujer importante, hija del conocido escultor Don Diego Ampuero y Urbina y hermana de Don Diego Urbina Aldereta y Cortines, Rey de Armas de S.M. Felipe II, que había sido Regidor de Madrid, mientras se dedica a divulgar unos procacísimos versos en romance y latín macarrónico, contra Elena y sus parientes. Los Velázquez se querellaron por injuria. Lope es detenido durante una representación teatral en el Corral de la Cruz y conducido a la cárcel, donde permanece cuarenta días. Desde allí amenaza a Elena con enviarle a su marido una carta de ella, sumamente comprometedora. Le hacen un registro en la celda, y esta carta no aparece, pero sí 37 cartas firmadas por 16 manos femeninas diferentes. Por fin es condenado por libelista a dos años de destierro de Castilla y a cuatro de la Corte, sopena de muerte en caso de infracción de lo primero y a la de galeras si es la segunda. Sin arredrarse y antes de salir al cumplimiento del destierro, rapta a su novia Isabel de Urbina. Pero la luna de miel que pasan en una oscura y tranquila habitación de un barrio madrileño, tiene que cortarse por la necesidad del forzoso alejamiento de Madrid. Ante ello, Lope que ha decidido volver al ejército, marcha a Lisboa para alistrarse en la popularísima expedición contra Inglaterra. Doña Isabel, que conocía la virtud del sufrimiento, no pone obstáculo para ello, casándose por poderes en la parroquia de San Ginés de Madrid, el 10 de Mayo de 1588. Algunos biógrafos dicen, que
LA VIDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA 201 su intuición sutil le habría hecho adivinar, que en aquel inismo día, Lope se estaba encenegando en el barro lujurioso de un burdel lisboeta. 111 Tras el desastre de la Invencible, Lope se instala en Valencia con su mujer legítima, para cumplir allí su destierro. Con su proverbial fecundidad engendra sin cesar romances y comedias, consolidando su nombre literario e influyendo en la escuela dramática regional de Tárraga y Guillén de Castro. Más expirado el término de su proscripción en Castilla, se coloca como Secretario del V Duque de Alba, Don Antonio Alvarez de Toledo y Beaumont, y pasa a residir a Alba de Tormes, Cabeza de los Estados de su nuevo protector. Adscritos a la pequeña Corte, figuraron con Lope en Alba de Tormes, el cómico Luis de Vargas, el sevillano Pedro de Medina y el excelente músico aragonés Juan Blás de Castro. En la casa de Alba debió conocer también a Góngora quienes -según dice Entrambas aguas-, desde el primer momento se repeliaron mutuamente. La razón es obvia: Góngora de aristocrática familia, formado en un refinado ambiente humanístico que desde la adolescencia hablaba y escribía con elegancia la lengua latina, leía a sus clásicos, se adentraba en los griegos y conocía la preceptiva aristotélica y sus principales comentaris ta s, despreciará en Lope al hombre de clase inferior cuyo origen trata de ocultar y al poeta que casi ignora la más puras esencias de la cultura del Renacimiento y trata de fingirlo. Y le envidiará el triunfo de lo que intentó en su día con dos obras dramáticas sin aliento escénico. De aquí que satirice con verdadera crueldad, tanto los acontecimientos de su vida literaria como los de su vida íntima, hiriendo en lo más vivo y en todos los aspectos al Fénix, quien respondía en cada caso como podía, ya que la sátira no era su especialidad poética y mucho menos sabía emplearla con el arte malévolo de su enemigo, al que siempre temió su tejado de vidrio. La mayoría del tiempo de esta secretaría, estuvo el Duque lejos de sus tierras y de sus literatos, porque Felipe II le envió preso
202 J OSE F. ACEDO CASTILLA al castillo de la Mota desde mediados de 1590 a 1593, por haber roto sus esponsales con Doña Catalina de River a, hija del Duque de Alcalá, habiéndose casado si n permiso real con Doña Mencía de Mendoza hija del Infantado y por cierto, terriblemente fea. Es to s conflictos amorosos, se alegorizan bajo cifras pastoriles en La Arcadia, en la que el Duque, se denomina Anfriso, hijo de Júpiter; su madre la Duquesa, Brasinda; Lope, Belardo; el Pa stor del Betis, Pedro Medina, y Arsino, el otro Secretario del Duque. Sin embargo, hay que ob s er var que como en la propia biográfica La Dor otea y en casi todas las producciones, el procedimiento no es el de la mera reproducción de lo sucedido y de efectivos perso - najes, si no el de combinación imaginativa, la clave identificatoria dista mucho de ser fija y exacta. Y como La Arcadia se retocó e imprimió, cuando Lope había dejado el servicio de la Casa de Alba, y se mostraba resentido con el Duque, al punto de que dedicó la obra a su rival el Duque de Osuna, podría aplicársele a éste, según apunta Astrana y lo corroboran Rodríguez Marín, muchas de l as aventuras y alabanzas de Anfriso, que se parecen más a la s travesur as de D. Pedro Téllez Girón. Así, la escena de encubrimiento o disfraz, es probable que se refiera al destierro en Sevilla del Duque de Osuna y a su ocultación en Puebla de Cazalla, después de su matrimonio con Doña Catalina de Rivera, la desdeñada por el Duque de Alba. En la primavera de 1593 cuando el Duque fué excarcelado y anunciaba su regreso a Alba de Tormes, enfermó y murió repentinamente su pequeña hij a Antonia. Cerca de un año después, falleció la dulce y abnegada Isabel de Urbina, tantas veces cantada como «Belisa», de sobreparto de la niña Teodora. Ello coincidió con-el hecho de que Jerónimo Velázquez perdonó a Lope de todas las acusaciones que co ntra él había formulado, y la justicia ante ello levantó su destierro. Lope viudo, regresa a Madrid. Tenía 33 años y es ahora Secretario del Marqués de Malpica, pero otro escándalo lo vuelve a comprometer. Se le acusa de público amancebamiento con Antonia Trillo, viuda atractiva y rica, mantenedora de una casa de juegos en la Plaza de Matute. La Sala de Alcaldes de Casa y Corte incoó contra Lope causa criminal por este delito, pero -corno dice Sainz de Roblessi ésta
LA VfDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA 203 aparece reseñada en el índice del libro de causas, no aparecen por ninguna parte las actuaciones, ni papel alguno relativo a las mismas por lo que no se sabe, cual fue la Sentencia que le puso fin. A los amancebados sol ía imponérsele pena de azotes o galeras. Pero en este caso ¿fué conmutada alguna de aquellas por la de confinamiento?, ¿le absolvieron acaso? Todo se ignora. Lo cierto es, que ahora aparece en Toledo, más que como Secretario como Ayuda de Cámara del Marqués de Sarria, el heredero del Condado de Lemas, que iba a ser Virrey de Nápoles y protector de Cervantes. Por su favor obtuvo la mano de Juana Guardo, mujer vulgar y sosa, con la que se casó en la Iglesia de Santa Cruz de Madrid el 25 de Abril de 1598. La novia era más bien fea, aunque eso sí, buenísima y algo riquita como hija del carnicero Antonio Guardo, abastecedor de carnes, tocino y pescado de la villa y palacio. El enlace contrastaba con las presunciones de nobleza del poeta y con sus elegantes relaciones sociales. De aquí que la rechifla fuese general, máxime, al saberse que Lope no pudo cobrar por la tacañería del suegro carnicero, los veintitantos mil reales de plata doble, prometidos como dote a Doña Juana. Al poco tiempo de casado publica La Arcadia, novela pastoril de la mejor tradición, inserta en Sannazaro, y La Dragontea, poema épico consagrado a narrar las odiadas hazañas del pirata Drake, y en estos libros se le ocurrió poner el escudo de Carpio en la portada. Obstentaba el inoportuno escudo 19 torres de Blasón y la leyenda « De Bernardo es el blasón y las desdichas mías son». Góngora, viendo que Lope después de casado con una carnicera, quiere continuar la farsa de su hidalguía, se levanta como terrible vendaba!, con. uno de los más formidables sonetos que posee la sátira española, que empieza así: Por tu vida Lapilla que me borres Las 19 torres del escudo Porque aunque todas son de viento, dudo Que tengas viento para tantas torres. Y termina, aconsejándole que no fabrique más torres sobre arena, si no es que ya segunda vez casado, nos quiera hacer de los torreznos torres.
210 JOSE F. ACEDO CASTILLA Valenciana». En 1622, cuando se calcula que llevaba escrita 927 comedias y Autos dirigió el Certamen poético por la canonización de San Isidro. Fué su apoteosis como cantor nacional. Su renombre pareció obtener solemne consagración. En el colegio de la Compañía de Jesús, rodeado de los Jueces, del Príncipe de Esquilache y de los Marqueses de Cerralbo y Velade, fué aclamado como el primer poeta de España. En la Plaza de Palacio, ante Felipe IV, se representaron con grandes aplausos, dos comedias suyas. Góngora, dominado por el odio, no dejó pasar esta ocasión, sin gallardía por cierto, para herir al Fénix por sus amoríos con Marta de Nevares, con esta punzante décima: «Dicho me han por una carta que es tu cómica persona Sobre los manteles mona y entre las sábanas Marta. Agudeza tiene harta Lo que me advierten después Que tu nombre del revés Siendo Lope de la faz En faz del mundo y en paz Pelo de esta Marta es». Convencido Lope por fin que era inútil tratar de contemporizar con Góngora, arremetió furiosamente contra los culteranos y sus amigos. La crítica de los enemigos, le despertaron la conciencia del orgullo de su obra dramática y el que hasta hacía poco tiempo declaraba paladinamente que hacía sus obras en la forma que las hacía, porque «como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto», proclamará con majestad: que «los grandes ingenios y lo s poetas príncipes, no están sujetos a preceptos poéticos alguno s» . Más la estrella del monstruo tocaba su ocaso. Doña Marta, la «Amarilis» primero y «Marcia Leonarda» después de tantos y tan bellos poemas, cegó. Las vivas esmeraldas, tan ensalzadas, quedaron a oscuras. Tras la ceguera vino la locura que no recuperó,
LA VIDA AMOROSA DE LOPE DE VEGA 211 sino antes de morir, para agradecer a su amigo los cuidados que le había prodigado en su larga y terrible enfermedad. El la celebró muerta en uno de los sonetos más bellos del siglo: «Resuelta en polvo ya, más siempre hermosa, sin dejarme vivir, serena, aquella lu z que fué mi gloria y pena y me hace guerra cuando en paz reposo. Permíteme callar sólo un momento, pues ya no tienen lágrimas mis ojos, ni conceptos de amor mi pensamiento». VII Durante la enfermedad de Doña Marta, Lope había seguido su febril producción. En 1627 publica La, Corona Trágica, poema que narra la vida y la muerte de la desgraciada reina María Estu ardo, el que dedica al Papa Urbano VIII, quien en correspondencia le otorgó el título de Doctor en Teología por el Collegium Sepiential y la Cruz de San Juan, que conllevaba el uso del hábito de la Orden y el título de «Frey», con el que Lope firmará en lo sucesivo poniéndolo delante de su nombre. Por estas fechas aparece la Egloga a Claudia, llena de datos autobiográficos y de imágenes del desengaño y la de Filis en la que relata el rapto de su hija Antonia Clara por su prometido, un galán palatino, al que durante mucho tiempo se creyó que era un hijo bastardo del Conde-Duque de Olivares, hasta que en 1934, Don Agustín González de Amezúa descubrió que, de quien se trataba era de Don Cristóbal Tenorio y Azofaijo de Villarta, hijo de una familia de hidalgos pobres de Morón, que al igual que los demás facinerosos de la camarilla de Olivares que retrata Quevedo en la Isla de Monopantos, de humildísimo paje del ayo del príncipe, ascendió a ayuda de Cámara del Rey y caballero de la Orden de Santiago, con cuyos oropeles y la falsa promesa de matrimonio, le fué fácil seducir y engañar a la hija de Lope. Poco después, tras la publicación de una serie de poemas como El Laurel de Apolo, o de comedias como La noche de San Juan,
212 JOSE F. ACEDO CASTILLA aparece esa «Verdadera maravilla de la literatura dialogada», como Zamora Vicente llama a La Dorotea, la que ve la luz en 1632, en el mismo año en que Amarilis muere. Esta coincidencia, a juicio de Lázaro Carreter constituye todo un símbolo: «el pulso senecto del poeta, se estreme al evocar aquellas apasionadas aventuras juveniles, mientras agoniza, la última mujer que quiso». Con ello, Ja vida amorosa del Fénix se cierra por completo. Su vida, toda una vida edificada ante todo para el amor, está en vías de extinción. Y así fue, en efecto. El 25 de Agosto de 1635 fue al Seminario de los Escoceses a escuchar las conclusiones de filosofía natural de su ami go el Médico y pensador portugués, Fernando Isaac Cardoso. Le acometió un desmayo y en silla de mano lo llevaron a su casa. Acudieron a visitarlo el Médico del Rey Dr. Negrete y el Licenciado Vergara, quienes desgraciadamente nada pudieron hacer. Con muestras de penitencia y ferv or recibió el Viático, y rodeado de su hija Feliciana a quien bendijo, del Duque de Sessa, del famoso poeta místico Valdivieso, del Comendador de la Orden de Malta y de varios sacerdotes y religiosos, expiró el lunes 27 del mismo mes y año a las cinco y cuarto de la tarde, besando el Crucifijo entre cánticos de salmos y letanía s. BIBLIOGRAFIA 1.- AB C: Núm ero ex tr aordinario dedicado a L ope de Vega. Madrid, 25 de Agosto de 19 35 . 2.- ALVAREZ QU INTERO (S. y J. ): Lope de Ve ga e 11 Sevilla. en Bu l. Acad. Esp .. X XII , 1935. 3.- ALONSO C OR TES (Narciso): Dniia Isabel de Urbi11a . nrimera muj er de T.np e de Vega. en Bol. Acad. Esp .. XIV, 1927. 4.- AR CO (Ricar do del ): La sociedad espaíinla e11 las obras dramáticas de Lop e de Vega. Esc elicer. Madrid. 1942. 5.- ASTRANA MARIN (Luis): Vida azarosa de Lope de Vega. Editorial Juventud. Ba rce lona. 1944. 6.-AZORIN: Lope en silueta. Con una aguja de navegar. Madrid, 1935. 7.- CASTRO ( Am ér ico): Alusiones a Micaela Lujá11 e!! las obras de Lope de Yega. Revista de Filología, V, 1918. 8.- CASTRO Y RENNERT (Américo y Hu go A.): Vida de Lope de Ve ga U562-1635). Con unas Adjcjon es de Fernando Lázaro Car reter Editorial Anaya. Sa lamanca 1968.
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