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Sobre la mision de la mujer en la sociedad : 23 de Mayo de 1869

Pi y Margall, Francisco (1824-1901)

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UNIVERSIDAD DE MADRID. CONFERENCIAS DOMINICALES SOBRE LA EDUCACION DE LA MUJER. SOBRE LA MISION Di: LA MUJER EN LA SOCIEDAD, roR D. FRANCISCO PI YMARGALL ,, "T ABOGADO. i 23 de Mayo de 1869. MADRID, IMPRENTA YESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA, calle del Duque de Osuna, número 3. 1^9 f A> \-.,1^ \l M a. V/>f I» •>» •:'/ I\.'y.'.''V'’-': •.Vi -); í Señoras ySeñores: Tomo con gran desconfianza la palabra en este recinto, en que fian resonado voces tan elocuentes j os han hablado tantos hombres de .bello jbrillante lenguaje. En otro tiempo, en que estaba consagrado ála literatura jálas artes ,acaso habría podido adornar mi pobre discurso con las galas de la imaginación; hoy, dedicado álas áridas cuestiones económicas ypolíticas, apénas podré hacer más que hablaros en un lenguaje claro ysencillo. ¡Si siquiera fuese nuevo lo que voy ádeciros !Pero probablemente repetiré lo que tantas veces os habrán dicho labios más autorizados que los mios. Cuando, empero, se trata de ideas ,si las ideas son buenas, ¿estará mal que se las repita? Nuevo ó viejo, voy ádecir cuatro palabras sobre la manera como entiendo la misión de la mujer. —4— Mucho se ha dicho sobre la mujer, mucho se ha escrito; mucho se ha encarecido su importancia por unos, mucho se la ha rebajado por otros. Yo me atrevo desde luego áafirmar que es un elemento altamente civilizador; que es uno de los elementos que más poderosamente pueden contribuir al desarrollo de los adelantos humanos. ¿Cómo? me preguntaréis. ¿Será acaso sacándola del estrecho círculo en que vive, ylanzándola por el camino de la ciencia, de la política, de la literatura ydel arte? No niego yo ála mujer grandes acultades intelectuales; lo que sí creo es, que no es ésa la senda por donde puede cumplir su misión en el mundo. Hay ,ciertamente ,en los pueblos modernos ,y más aún en los extranjeros que en el nuestro, cierta tendencia, no sólo áque la mujer sea política yliterata, sino también áque entienda de industria y de comercio. Pero en esos pueblos suele observarse que los lazos de la familia se relajan de dia en dia ; que la mujer pierde las bellas cualidades de su sexo, sm adquirir las del hombre, yque, léjos de ser un elemento civilizador, pasa áser un elemento perturbador, hasta tal punto, que, para perturbarlo todo, llega áperturbar áveces hasta las relaciones de la economía política. La mujer que se entrega completamente ála industria, al comercio, ála literatura, álas artes, suele ver con cierto desden el hogar doméstico, te- —5— ner deseos de alejar de sí áesos mismos hijos cuya educación le está confiada ,ver en ellos un obstáculo para sus elucubraciones mentales ósus trabajos científicos, yperder, por fin, su carácter, ese carácter sentimental que debe tener si quiere cumplir su fin ysu destino. Ysi la mujer es pobre ytiene que dedicarse al trabajo, bajando al fondo del taller, de la fábrica, ¿cuan tristes no son los efectos de lo que estoy diciendo? Se ve entonces obligada áabandonar á sus hijos, ádejarlos sumidos en una triste soledad, que los hace insociables yhuraños ,óádarles completa libertad, haciendo que rompan los hábitos de toda disciplina, ycontraigan desde sus primeros años vicios que es muy difícil desarraigar más tarde. Esa pobre mujer, qtie baja al fondo del taller, cree, por otra parte ,que así contribuirá al sosten de su familia, yni aun esto logra ;hace con su trabajo concurrencia al hombre ,acaso á su propio marido, asu padre ,asu hermano, ysucede no pocas veces que lo que ella gana lo pierda su marido, sin que pueda aumentar el capital de la familia ni cuidar de la educación de sus hijos. No es ese camino el que yo quisiera que la mujer siguiese; no fuera, sino dentro del hogar doméstico, creo que debe llenar su misión. En el hogar doméstico tiene la mujer su teatro, su asiento, su trono. Grande es allí la influencia que puede ejercer ylos destinos que ha de cumplir; ypara 6— que mejor se los comprenda ,preciso es que diga algo sobre lo que es en general el hombre. En el hombre hay tres grupos de facultades, ó por mejor decir, tres fuerzas :la inteligencia ,la actividad yel sentimiento. Estas tres fuerzas no se desenvuelven en todos de una manera igual ni con igual energía; predomina en unos el sentimiento, en otros la actividad, en otros la inteligencia. Se desarrollan esas fuerzas con desigualdad hasta en los seres colectivos ,en los pueblos. Cuando estudiamos ágrandes rasgos la historia, se ve en unos pueblos la personificación de la inteligencia ,en otros la de la actividad ,en otros la del sentimiento. La inteligencia, por ejemplo, tuvo un gran desarrollo en los antiguos pueblos griegos, que echaron los cimientos de todas las ciencias ,recorrieron toda la órbita de la filosofía, tuvieron poetas que aun hoy nos asombran ,yartistas que levantaron la pintura yla escultura ásu más alta expresión, aunque sólo fuese bajo el punto de vista de la forma. Mas esos pueblos de tanta inteligencia carecieron, en general, de la actividad que se vió después en Roma. lío tuvieron suficiente fuerza para agruparse, para formar un cuerpo; no la tuvieron ni áun para llegar ala federación ;pues ,si bien conocieron el consejo los An/íctiones, es sabido que no tuvo ese consejo influencia ni para impedir las guerras de ciudad áciudad. Roma ,la antigua Roma ,hizo todo lo contrario. En los primeros tiempos ,áun bajo el régimen de la República ,apénas tuvo grandes oradores ,filósofos ni poetas. Subordinó la especulación ála acción ,ydesplegó una actividad portentosa ,gracias á la cual se incorporó, no sólo la Italia ,sino también España, Francia, parte de Alemania, la misma Grecia ygrandes naciones de Oriente. Estableció entre todas esas naciones un lazo de unidad ,que tardó en romperse ,dándoles su propia lengua ,sus leyes ,sus instituciones ,sus costumbres. Rayaron muy alto Grecia yRoma, la una por su inteligencia ,la otra por su actividad ;pero no se vió en ninguna de las dos desarrollado el sentimiento, fuerza la más grande que puede haber en los pueblos. En Grecia yRoma no fué ni áun el arte la expresión del sentimiento; fué sólo la traducción de la belleza, la reproducción del mundo sensible. Vino, empero, el Cristianismo, tras su triunfo la Edad media, yen esa edad eí pleno desarrollo del sentimiento. Sucedió entónces un fenómeno especial. Con la venida de los bárbaros, no sólo se segregaron las antiguas naciones que conqx)nian el imperio romano, sino que se dividieron ysubdividieron bajo la aecion del feudalismo. Merced, sin embargo, al sentimiento que desplegó el Evangelio, merced al imperio del amor, que con él vino, notóse el particular fenómeno de que naciones así —8— divididas ydespedazadas estuvieran animadas de una sola idea, yllevaran ácabo cosas tan grandes como las Cruzadas. Se ha tratado, por fin, de armonizar las tres fuerzas en esos mismos pueblos ,gobernados antes por la actividad yla inteligencia. Se ha logrado algo; mas ¡que lejos estamos aún de llegar ála armonía, que tanto se desea! Hoy los pueblos se dejan llevar todavía mas por la inteligencia yla actividad que por el sentimiento; hoy vemos todavía álos pueblos agikdos por una actividad febril, empeñados en trabajosas luchas de ideas ,casi sin tregua para dar expansión ala vida del sentimiento. Ahora bien. Señoras ySeñores; la principal misión de la mujer está en fortalecer el sentimiento, en alimentarle, en darle fuerza, en hacerle la base de la actividad yde la inteligencia. Empeñado el hombre ,como decia hace poco, en las rudas ytrabajosas luchas de la vida, baja no pocas veces al fondo de sus hogares, triste, contrariado, agobiado por los desengaños, por la ingratitud, por la mala fe de las personas con quienes trata. La mujer tiene entonces la dulce ydelicada tarea de despertar en el hombre el sentimiento, de abrir su corazón al amor, de contrarestar el pernicioso influjo que en él hayan podido producir la maldad yla perfidia de sus semejantes, de atajar los vuelos del egoísmo y la avaricia ,de recordarle que hay ásu alrededor almas bellas ypuras, familias desgraciadas, que 9— necesitan tal vez de su amparo, una patria áquien servir, una humanidad por la cual vivir, ysi es preciso, sacrificarse. ¿Se quiere entonces, se me dirá, que la mujer sea también política? ¿Se quiere que la mujer tercie también en las ardientes luchas de los partidos? No, ábuen seguro; no creo que la mujer deba nunca mezclarse en nuestras sangrientas luehas civiles ;no creo ni áun que deba tomar parte en esas manifestaciones ruidosas que de algún tiempo acá vemos entre nosotros ;no creo ni que deba hacer exposiciones en pro ni en contra de tales ócuales principios que se estén agitando ;pero creo, sí ,que puede ydebe influir en la política, sin separarse del hogar doméstico. La mujer, que es todo amor, todo sentimiento, ¿cómo no se ha de interesar, por ejemplo, porque se declare cuanto ántes abolida la esclavitud de los negros en nuestras colonias ?La mujer, que es todo amor, todo sentimiento, ¿cómo no se ha de interesar porque se mejore la suerte de las clases trabajadoras, que, con ser el nervio yla riqueza del Estado ,son las que más directa éinmediatamente sufren las consecuencias de nuestras crisis políticas yeconómicas? La mujer, que es todo amor, todo sentimiento, ¿cómo no se ha de interesar por todas esas clases que la fatalidad de las leyes económicas arroja sin cesar del banquete de la vida? La mujer, que es todo amor, todo sentimiento, ¿cómo no se —16 de nosotros vengan ;que debemos ademas aumentarle. Viendo entonces las grandes amarguras ylos inmensos sacrificios de las generaciones pasadas, aprenderán nuestros hijos, enseñados por sus madres, esa vida de abnegación yde sacrificio, sin la que no es posible el progreso de la humanidad. Sucede hoy con frecuencia que la mujer, en vez de hacerse eco de ese gran sentimiento, yacaso por ignorar lo mismo que estoy diciendo, favorece los instintos egoístas del hombre. ¡Cuántas veces, cuando el hombre se siente inclinado al sacrificio, llevada la mujer de un ciego amor, le detiene en su camino! ¡Cuantas veces, no teniendo la mujer suficiente fuerza para dominar su carino, ataja los generosos impulsos del hombre, no diciéndole, como debiera : «Vé ycumple tu deber, aunque sea ácosta de tu vida :eres miembro de la humanidad!» No están aún cumplidos los destinos del hombre; nos hallamos todavía lejos de haber resuelto las grandes cuestiones que nos agitan hace siglos ;tenemos todavía delante de nosotros cuestiones sociales, cuyo solo planteamiento espanta, pero que tarde ótemprano habrá que resolver. Ypreciso es que, fija nuestra vista en las generaciones pasadas ylas presentes ,tengamos suficiente fuerza ,suficiente desinterés, suficiente abnegación para sacrificarnos por la resolución de estos pavorosos problemas. Mas, ¿podra la mujer, siendo ignorante, llenar tan difícil misión ?Yo he dicho que no creo que la __ 17 — mujer deba entregarse por completo al estudio de las ciencias, de la literatura, de las artes ;pero, al decir esto, no be querido decir que no deba instruirse. Estoy, por lo contrario, en que no puede llenar su fin moral sin una instrucción muy vasta, muy extensa. ¿Por dónde babia de poder ser la maestra de sus bijos, si no tuviera nociones ,por decirlo así, enciclopédicas, si no conociera las ciencias de la naturaleza, basta la higiene ,paía saber qué es lo que puede mantener la salud ydesarrollar las fuerzas de sus bijos? ¿Cómo babia de ser posible que la mujer formara el corazón yla conciencia de sus bijos, si no conociera perfectamente las leyes de la moral yno se inspirara en la ciencia de lo justo yde lo injusto? Es necesario que esa instrucción sea cada dia mayor ymás extensa, si ba de llegar la mujer árealizar sus altos destinos. Pero no quiero molestar por más tiempo vuestra atención :si grande es vuestra misión ,Señoras, más grande es aún la preparación de que necesitáis. Instruios, trabajad por aumentar el caudal de vuestros conocimientos ;procurad conocer los elementos de los ciencias todas ,vosotras mismas comprenderéis entónces, sin necesidad de que nadie os lo diga, la gran misión que os está confiada, ytendréis fuerzas bastantes para realizarla. •r, V'- .fV’ . y X. -i f- > >> / í• V. -r . %' C-V 'í»-' " V •'I .I -r í:í; o. wT' "m .^1 Ao35 í3/' /£á6 ,UNIVERSIDAD DE SEVILLA >i. A r í*' /) 2.S 00 56 35 2)/u^oo'^‘=íh 58 v) ^^50^0^04 4) 33500 35 33 5) ^350*^ 333 ^ 6) ^í,5oa 4^ aSoH.^y'io'’ o^^ 35 OOM =!‘00 q\/4/3'5 0S66S3 '',) .,cqT Sí-Aq «6 056633 /'‘^l^ ,co 848 M1 2^066 533 tt-:• aESlICflBICI.'!