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Contribución al estudio de la lengua en el Marquesado de Ayamonte en el siglo XVI

Ramírez Oria, Manuel

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UNIVERSID AD DE SE VILLA Facultad de F ilología Tesis Doctoral CONTRIBUCIÓN AL EST UDIO DE LA LENGUA EN EL MAR QUESADO D E AYAMONT E EN EL SIGLO X VI Manuel Ra mírez Oria Sevilla, 2008 UNIVERSIDAD DE SEVILL A Fac ultad d e Filología Dpto. de Lengua Es pañ ola, Lingüística y Teoría de la Literatura CONTRIBUC IÓN AL ESTUD IO DE LA LEN GUA EN EL MA RQUESAD O DE A YAMONTE EN EL SIGLO X VI Tesis Doct oral realizada bajo la Dirección de l a Dra. Josefa María Mendoza Abreu, y calificada con Sobresaliente cum laud e por unanimidad por el Tribunal formado por los siguientes miembros: PRESIDENTE: Dr. Manuel Ariza Viguera VOCALES: Dr. Antonio Sal vador P lans Dra. Inés Carrasco Cantos Dra. María Teresa Palet Plaja SECRETARIO: Dr. José Javier Rodríguez Toro A mis padres, in memoriam ÍNDICE GENERAL 1. INTRODUCCIÓN 1 1.1. INTRODUCCIÓN METODOLÓG I CA 3 1.1.1. Descripción de las Actas Capitulares 4 1.1.2. El corpus de investigación 7 1.1.3. Estudio lingüístico del corpus 10 1.2. I NTRODUCC I ÓN HISTÓRICA 12 1.2.1. El Marquesado de A y amonte 12 1.2.2. Contenido de las Actas Capitulares 18 2. GRAFÍAS 27 2.1. CARACTER Í STI CAS GENERA L ES 29 2.2. VOCALES 34 2.2.1. Vocales fijadas plenamente en la escritura 35 2.2.2. Vocales que ofrecen variantes gráficas 35 2.2.2.1. La vocal palatal /i/ 35 2.2.2.2. La vocal velar /u/ 39 II C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENG UA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 2.2.2.3. Conclusión 40 2.3. CONSONANTES 42 2.3.1. L abiales 42 2.3.1.1. Conclusión 45 2.3.2. Dentales 47 2.3.2.1. Dentoalveolares 47 2.3.2.2. Apicoalveolares 48 2.3.2.2.1. La sigma ( σ ) y la s alta ( ∫ ) 50 2.3.3. Palatales 52 2.3.3.1. Africada 52 2.3.3.2. Fricativas 52 2.3.3.3. ¿Palatales o velares? 54 2.3.4. Velares 57 2.3.4.1. L a F- inicial latina. L a aspirada 58 2.3.5. Nasales 60 2.3.6. Líquidas 61 2.3.6.1. Vibrantes 61 2.3.6.2. Lateral 62 2.4. GRUPOS CONSONÁNT I COS CU L TOS 64 2.5. OTROS ASPEC TOS GRÁFICOS 66 2.5.1. Signos de puntuación, acentuación y uso de ma y úsculas 66 2.5.2. L as abreviaturas 68 3. FONÉTICA 71 3.1. VACILA C IÓN V OCÁ LI CA 76 3.1.1. Conservación de la vocal abierta: [e] por [ i ] 77 3.1.2. Cierre vocálico: [e] > [ i ] 78 3.1.3. Cierre vocálico: [o] > [u] 79 3.1.4. Coexi stencia de formas antig uas y moder na s 79 3.2. DEBILI TAM I ENTO DE LAS CONSONANTES I MPLOSIVAS 81 Í NDI CE G ENERAL III 3.2.1. Pérdida de [ s ] implosiva 83 3.2.2. Confusión [ r]- [l] implosivas 86 3.2.2.1. Pérdida de [r] final 87 3.2.2.2. Cambio [ r] > [l] 88 3.3. FONÉTICA DE LA FRASE 89 3.4. OTRAS VAC I L ACIONES FONÉT I CAS 92 4. ASPECTOS FONOLÓGICOS 95 4.1. L AS LABIALES SONORAS 99 4.2. SESEO-CECEO 102 4.2.1. Introducción 102 4.2.2. Análisis de los ejemplos 109 4.2.2.1. Seseo 111 4.2.2.2. Ceceo 114 4.2.2.3. Ausencia de seseo-ceceo 115 4.2.2.4. Conclusiones 117 4.3. ASP I RAC IÓ N 120 5. LÉXICO-SEMÁNTICA 129 5.1. INTRODUCCIÓN 131 5.2. FORMAS DE TRATAM I ENTO 135 5.3. CARGOS ADM I NISTRAT I VOS 153 5.4. OFICIOS 187 5.5. MONEDAS Y MEDIDAS 229 5.5.1. Monedas 229 5.5.2. Medidas 235 5.5.2.1. Medidas de capacidad 235 5.5.2.2. Medidas de peso 247 5.5.2.3. Medidas de longitud 250 5.6. EL CAMPO 255 IV C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L EN G U A EN E L M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 5.6.1. Labores agrícola s 273 5.6.2. Cereales, árboles y frutos 2 80 5.6.3. Productos agropecuarios 304 5.7. GANADERÍA 322 5.8. EL MAR 342 5.8.1. El atún y sus partes 351 5.8.2. Embarcaciones 359 5.9. ONOMÁSTICA 374 5.9.1. Nombres de pila 375 5.9.2. Apellidos 377 5.10. TOPONIMIA 381 6. CONCLUSIONES 385 7. EDICIÓN DEL CORPUS DE INVESTIGACI ÓN 417 8. REPRODUCCIÓN DIGITAL 535 9. BIBLIO GR AFÍA 679 CLAVES DE LOS DICC I ONAR IOS 681 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 688 ÍNDICE DE PALABRAS 701 ÍNDICE ONOMÁSTICO Y TO P ONÍMICO 704 1. INTRODUC CIÓN 1.1. INTRODUCCIÓN MET ODOLÓGICA Para cualquier investi gador, el centro de interés en l os Archivos Muni cipales reside en las Actas Capit ulare s, puesto qu e son la mejor fuente de estudi o para el conocimiento de la población y de su situación social y económica. Según P INO R EBOLLEDO , F. (1991: 37): Los lazos de comuni dad entre lo s habitantes de un a población genera intereses comunes. C omo todos l os vecinos no pueden intervenir en la solución de los p roblemas ciuda danos, se eligen unas personas, que representando al resto, s e ocupen de dichos menesteres. Son los regidores o concejales. [ ...] L o que suced e durante la s esión se va re flejando en unos cuadernos por los escribanos. Dichas hojas encua dernadas dan lu g ar a los Libros de Regimiento. Estos L i bros de Re gimiento son también llama dos, de forma más genérica, Libros de Actas. 10 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI en al g unos casos pun tuales l a letra procesal es i legible 15 , al go frecuente en la época, como señala M UÑOZ Y R IVERO , J. (1972 2 : 40): La separación irregular de las palabras, el continuo liga do de la escritura, la poca fijeza en materia de abreviaturas, la confusión que resultaba de la imperfecta figura de las let ras [...] y la profusión de ras gue os inút iles, son car acteres que hacen de la escritura p rocesal del s ig lo XVI una de las de más difícil interpretación. Nuestro prime r trabajo, pues, ha consistido en tr anscribir íntegramente el text o objeto d e investigación, que hasta el m omento presente se halla inédito, p ar a después llevar a cabo el estudio lingüístico con la objetividad y el rigor necesarios. 1.1.3. Estudi o lingüístic o del corpus Una vez preparada la edición del corpus d e investigación, así co mo la presentación di gital del manuscrito, de manera que se puedan cotejar las lecturas en caso d e duda, hemos abordado el estudio lingüístico del tex to siguiendo la tradición filológica española que atiende a los d istintos niveles de an álisis de la l eng ua. En este sentido, tenemos que manifestar que al tiempo que avanzábamos en la investi g ación, descartamos el estudi o morfosintáctico del corp us 16 , porque conside ramos que no iba a ofrecernos datos relevantes sobre el desarrollo de la variedad lingüística an daluza. Tomada esta decisión, nuestra investi gación comienza, tr as la INTRODUCCIÓN, con un c apítulo dedicado al análisis del estado gráfico del manuscrito, donde estudiamos separadamente las grafías para las vocales y consonantes, 15 Nos acab amos de referir a ello en la nota 12. 16 Como suced e con investigacio nes si m i lares. I NTROD UCCIÓN 11 además de ot ros asp ectos gráficos del texto como l os signos de punt uac i ón, el uso de mayúsculas o el sistema de abreviaturas. El capítulo 4 lo dedicamos al estudio de l os aspectos fonéticos, entr e los que destaca la v ac ilación voc álica que, como sab emos, perdura con distinta intensidad a lo larg o d el siglo XV I 17 . Como aspecto int er esante, desde el punto de vista del estudi o de las hablas and aluzas, podemos destacar el epígrafe que d edicamos al d ebilitamiento de las consonantes i mplosivas, entre l as que d estacan [ s] y [r] a partir d e ejemplos como: los pezo (fol. 213v, 8 ); los montes y canpo ( fol. 233r, 21); l os pobre (fol . 23 8v, 14 y 249v, 28); alguazil mayó ‘alguacil ma y or’ (fol. 23 7v, 26); past á ‘pastar’ (fol . 224r, 31); hazé ‘hacer’ (fol. 233v, 18); etc. En el capítulo 5 abordamos el estudio de aspectos fonológicos fundam entales en la historia de las h ablas andaluzas como son, por un lado, el ceceo y el seseo, sobr e el que el corpus nos ofrece abundantes ejemplos, y , por otro, la aspiración Finalmente, dedicamos un capítulo ex tenso al estudio léx ico-semá ntico del tex to, que permita una mejor comprensión del mismo y nuevas aportaciones, en su caso, al estudio del léx ico andal uz y del l éxico general del español. Aquí i ncluimos un breve acercamiento a la riquez a onomásti ca y toponí mica del cor pus a pa rtir de sendos epígrafes. Nuestra investigación se completa con el capítulo 6, dedicado a las conclusiones, en donde recogemos los resultados más relevantes de nuestra investi g ación. 17 Según L AP ESA , R. ( 1981 9 : 368 ), “en el transcurso del siglo XVI van d isminu y e ndo las va cilaciones de timbre en las vocales no a centuadas”. 12 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 1.2. INTRODUCCIÓN HI STÓRICA 1.2.1. El Marquesado de Ayamonte El Marquesado de Ayamont e ocupaba los actuales términos m unicipal es de Aya mont e, Isla Cris tina, Lepe , Villablanca y S an Si lvestre de Guzmán, es de cir el extremo surocc idental d e la provincia de Huelva. Sus límites, por tanto, lo constituí an el río Guadiana, al oeste; el río Pi edra s, al este; el O céano Atlántico, al sur; y, al norte, las duras tierras andevaleñas. El “Informe p ara el mapa de Es paña” d el año 1749 nos of rece l a s iguiente descripción del territorio: Figúrese el marquesado de Ayamonte a modo de triáng ulo, cuyos dos costados lo forman enteramente tres aguas; el del Poniente el río Guadiana, el del Mediodía el Océa no, y la mayor parte del Oriente y al guna d el No rte la baña un brazo de mar que se entraña en l a tierra d esde la Barra del Terrón hasta I NTROD UCCIÓN 13 confinar con las escasas producciones del arro y o de la Espadaña o río de Pied ras; teniendo sólo por la restante parte norte la entrada seca por los caminos que d escienden d e Extremadura 18 . Y el geó g rafo real D. To más López, al referirse a la ciudad de A ya monte como cabeza del Marquesado, lo hace en 1787 del modo s ig uiente: Dista esta ciudad de la Corte de Madrid, 111 legua s al nordeste; de la Chancill ería de Gr anada, a quien pertenece su jurisdición ordinaria en apelación, 62 legu as; de la metrópoli de Sevilla, como Diocesana, 25 y ambas ha cia l evante; de la cabeza de la V icaría, que lo es la villa de L e pe, cuatro a l mismo viento. La vil la de Villablanca dist a dos legua s al nordeste; la de la R edondela, tres a levante y la de San Silvestre cuatro al norte. Ocupa el término de la ciudad como cuatro l eguas y el del Marquesado como sei s, ambos en semicírculo de norte al est e, y por el sudeste y sur está el mar Oceáno y sus pl a y as, y p or el poniente el río Gu adiana y reino de Portugal 19 . El núcleo originario del Marquesado lo constituía n l as vil las de A y amont e, Lepe y La Redondela 20 . S eg ún G ONZÁLEZ G ÓMEZ , A. ( 1982: 22 ), con el transc urso de l os años y el desarroll o alcanzado en tiempos del reinado de Carlos I , se fundan dos nuevas poblaciones al norte d el Marquesado. Vill ablanca “fue fundada en 1531 ( sic) por don 18 Legajo de 1749 d el Archiv o Municipal d e Ayamonte. Cito por S ÁN CHEZ L ORA , J. L. (1987: 3 3). 19 Vid. R UIZ G ONZÁLEZ , J.E. (1999: 60). 20 En la act ualidad La Red ondela no e s tér mino municip al indep endiente, puesto q ue fue a nexionada , debid o al may or desarr ollo ur bano y econó mico q ue desde fi nes d el siglo XIX expe rimentó u n peque ño núcleo de p escadores, La Higuerita, actual Is la Cristina. Vid . J URAD O A L MONTE , J. M. (1995: 7 16). 14 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI Francisco de Zúñiga Sot omay or y doña Te resa de Zúñiga y Guzmán, duqu es de Béjar y marqueses de A y amonte: ...con motivo de que en la dehesa de V erdes y C ampanilla se habían juntado y he cho habitación diecisiete familias se le concedió pobl ar el siti o que decían la Corte del Capitán... franqueándoles cada vecino sitio para seis mil ce pas de viñ a y mil mrs. para a y uda d e hacer sus casas y es tar libres de alcabalas y frutos y d emás que vendiesen po r vei nte años y un egido de cuatrocientos pasos de contorno de l a vill a para Propios” 21 . En nuestro corpus puede leerse un acuerdo referido a la jurisdicción de Villablanca, del tenor siguiente: Acordose que salga el m ayordomo, que este Cons e[jo] tie ne noticia / de que los alcaldes de Uillablanca pe nan bueye s y encorralan y dan / 27 lisensia pa ra rrosar y quemar y pastar. Se acuerda que sal g a el m ay or- / dom o a d efe nde r la juridisión desta uilla 22 . A finales del si glo XV I , concretamente en 1595, se funda la vill a más mo derna del Marquesado, San Silvestre de Guzmán. R EY DE LAS P EÑAS , R. (1988: 5), en el breve recorrido histórico que hace en la introducción a su Invent ario del Archivo Municipal de Ayamonte, señ ala que este territorio fue reconquistado por el re y Sancho II d e P ortugal en 1239, aunque poco después fue donado a la Orden d e Santi ago. Posteriormente pas ará otra vez a manos 21 Vid. N ÚÑEZ R OLDÁN , F. (1 987: 54). 22 Actas Capit ulares de Ay amont e, Legajo 1, fol. 2 23r. I NTROD UCCIÓN 15 portuguesas, puesto que Alfonso X el S abio lo entrega como dote a s u hija Beatriz cuando accede al t rono de aquel país. No es, por tanto, hasta 1335 cuando definitivamente Al fonso X I lo g ra recuperarlo para el reino de Castil la y entra a formar parte del Condado de Niebla, perteneciente a la famili a de los Guzmanes. A fines d el si glo XIV, co ncretame nt e en 1396, el C onde de Niebla, Juan Alons o de Guzm án, separa de su condado las villas de A y amont e, Le pe y La Redondela para donarlas a su hijo segundo, Alo nso Pérez, seg ún el testimonio de los cronistas de la cas a de Niebla recogido por S ÁNCHEZ S AUS , R. (1988: 161-162): Viendo qu e el hi jo m ay o r D. Enrique queda ba con el estado del condado de Niebla y todo lo demás , y que a D. Alonso de Guzmán, el hijo s eg undo , no le qu edaba con que sustentar su honra y el l i nage donde venía hízole donación de las villas de Lepe y Ayamont e. Con l a llega da del s ig lo XV asist imos, pues, al nacimiento del primer s eñorío de Aya mont e, Lepe y La R edondela, aunque se habrá de supe rar un liti g io entre éste y el vecino señorío de Gibraleón de Don Pedro de Zúñiga a cerca de los der echos sobre el pasaje de la bar ca en el río Piedras, línea divisoria de ambos s eñoríos. Además, a mitad de siglo y aprov echa ndo la guerra civil entre el in fante don Enrique y el r ey J uan II, el señorío pasa de nuevo a manos del conde de Niebla, que había tomado partido por el rey. C on el matrimonio de Te resa de Guzmán, hi ja del conde d e Niebla, c on don Pedro de Zúñiga, pocos años después, se refuerza el señorío de A y amonte, L epe y La Redondela, puesto que Teresa d e Guzmán obtiene li ce ncia r ea l p ara la c rea ción d e un mayorazgo a favor de su segundo hij o. Efectivam ente, a comienzos del siglo XV I l os Reyes Católicos conceden el título de Conde de Ayamonte a Francisco d e Guzmán y Zúñiga, que a lo largo del siglo alcanzaría la dignidad de marqués 23 . 23 Vid. G ONZÁL E Z G ÓMEZ , A. (199 6). 16 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI A este prim er m arqués de A ya mont e le su cede F ranc isco de Sot omay or, convertido tras su boda con Teresa de Zúñi g a y Guzmán en Francisco de Zúñiga y Sotoma y or, quien fundó u na c uarta población, Vil lablanca , en 1537 24 . Posteriormente, heredó el marquesado su hijo, Antonio de Guzmán Zúñiga y Sotoma y or y tr as su m uerte en 1575 su esposa, Ana de Zúñiga y Córdoba, administ ró los bienes de su estado como tutora y curadora de su hi jo, don Francisco de Guzm án (III). Este momento histórico es el que refleja nuestro corpus, como podemos ver a partir del siguiente fragmento: Io, doñ Ana de Súniga, marqueza de Aiamonte, tutora i curadora i l ig ítima ad- / 12 mini σ tradora de la persona, estado y hazienda de don Fransi σ co de Gu σ mán, / marqués de Aiamonte, mi hijo, acatando l o σ mucho σ i leales seruisio σ / que J uan Oz orio Gauilanes, aio del di cho marqués i de don Lui σ de C órdoua, / 15 su ermano, a hecho a lo σ señores deste estado, i espero que me hará, i al / dicho mi hijo. I que, como cauallero onbre hijodalgo que es, dará cuen- / ta de lo que se le encomendare. I cunpliendo con la últim a uolun- / 18 tad del exs elentísi mo don Antonio de Gu σ mán, marqués de Aiamonte, mi s eñ or, / que Dio σ tiene, por la prezente... (fol. 213r) El Marquesado de A y a monte en estos últimos años d el si glo XV I estaba totalmente consolidado y s e encontraba entre l os más im portantes del reino dado el volumen de su renta, que ascendía a la cifra de 30.000 ducados 25 . En cuanto a las relaciones con la vecina Portugal, el río Guadiana constituía sólo una frontera política, puesto que las actividades comerciales y el flujo de población 24 Nos hemos r eferido a e llo al comienzo d e este epígra fe. 25 Vid. G ONZÁL E Z G ÓMEZ , A. (1 996). T ambién del m ismo autor puede verse un bue n resu men d e la historia del Marq uesado de Ayamonte en la intro ducción a su ed ición de las Ord enanza s Mu nicipales d e Lepe . I NTROD UCCIÓN 17 entre ambas o rillas, sobre todo, en r elac ión con la actividad pesquera están fuera de dudas. Así lo testimonian, por ejemplo, pasajes de las Actas Capitula res, como e l siguiente 26 : ...en la frontera d e aquel reino de P ortugal ha y muchas artes de la m isma pesquería q ue en A yamonte, en l os cuales se han acogido los comunes manipulantes de esta c iudad para el trabajo de sus manu ales obras,... se hallan en aq uel domicili o mucha parte de este vecindario. Y lo mismo cabe pensar en sentido inv er so, es d ecir, de portugueses asentados en A y amonte. S ÁNCHE Z L ORA , J. L (1987: 1 45), en su estudio demográfico de Aya mont e, divide la pobl ación inmigrante en dos grupos, portu gue ses y no portu gue ses, y afirma qu e “la inmi gración portu g uesa es m ay orita ria hasta 1649, fecha en qu e se produce una gran quiebra coincidiendo con el inicio de l a guerra” , cu antificando para el periodo 1600-1624 la inmi g ración portu gue sa en un 60,8 % del tot al d e fo rasteros de la ciudad. En este sentido, este continuo flujo de población va a suponer un contacto lingüístico permanente y secular qu e ocasionará influencias mutuas entre a mbas lenguas y qu e en el campo léxico si g uen siendo visibl es en la actualidad en la zona. La profesora M ENDOZA A BREU , J .Mª. (1985: 235) r ecoge vocablo s como f ec hadura, fechill o, bagazo, pavea, chubizná, casullo , y quiz á manguá y cañet o, todos ellos po rtuguesismos de uso extendido en la zona del antiguo Marquesado. 26 Archivo M unicipal de Ayam o nte. Actas Cap itulares, año 1 741. Cito por S ÁN CHEZ L ORA , J. L (1987 : 51). 18 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 1.2.2. Contenido de las Actas Capitulares Nuestro corpus está compuesto por decenas de A ctas Capitulares que contienen multitud de acuerdos tom ados por los regidores locales de Ayamonte. Los temas tratados varían de una s esión a otra, aunque, como veremos más adelante, ha y temas y acuerdos recurrentes que apar ecen a lo largo de todo el t exto. Del mismo m odo, también varía la extensión de cada acta, como es lógico. Así, por ejemplo, la de fecha 25 d e agosto d e 1581 o cupa to do el foli o 213, siendo una de las de m ayor extensión. 27 En e l lado opuesto, encontramos actas de sól o 6 l íneas, como la celebrada el 9 de agosto de 1582, en donde no se acuerda nada porque no vvo que acordar , según refleja religiosamente el escribano. Ni una ni otr a suelen ser lo frecuente. Y aunque la celebrada el 28 de febrero de 1583 comience a m ita d del folio 242v, conclu y a en el 243r y c ontenga hasta o cho acuerdos, lo h abitual es que l a ext ensión de cada acta no supere las 30 líneas y que en cada una de ellas se traten tr es o cua tro asuntos a lo sum o. En cuanto a su disposi ción, p re sentan, como ho y, una estructura bien de finida, que P INO R EBOLLEDO , F. (1991: 38) establece de l siguie nte modo: 1. Una l ínea destacada, en la que apa rece la d ata, conteniendo la fecha tópica y la crónica, da principio al escrito. 2. En párrafo aparte, a l ínea tendida, se hace constar el hecho de la reunión, con costancia del lugar en que se realiza la sesión y relación de com ponentes del A yto., que se h allan presentes. Al margen, la palabra “A y untamiento”. 3. Cont inúa la r elac ión de las cuestiones tratadas, cada una de las cuales me rece pá rrafo aparte (diferente) y en cu yo margen izquierdo se indica brevemente el contenido del mismo. 27 Y no po rque se tomaran muchos acuerd os, sino porq ue contie ne el tr aslado de una car ta e xtensa d e la señora Mar quesa. I NTROD UCCIÓN 19 4. Validando todo el escrito, vi ene n las firmas de los componentes del Ayuntamiento. Est a estructura general, en nuestro c aso puede reducirse a tr es pa rtes: el encabezamiento , compuesto por la fecha y los asistentes a la reunión; el cuerpo del acta o conjunto de temas y acuerdos tomados; y, finalmente, la conclusión , qu e se resuelve con la frase Todo lo cual pasó ante mí , seguida, a veces, del nombre del escribano y , en todo caso, de las firmas de los miembros del Cabildo que, junto a Consejo, es el término que aparece, frente al de ayuntamiento 28 . El t exto de ma y or interés desde todos los puntos de vista, también desde el punto de vista lingüístico, radica en la parte central del acta, sin desmerecer el encabezamiento, por su inter és histórico y onomá stico. L a parte centra l está dividi da, en fin, en los distint os temas y acuerdos adopt ados, que aparecen sep arados por lo que modernamente denomi namos punto y aparte. A demás, cada tema tratado va señalado muy resumidamente en el m arge n izquierdo del foli o, salvo en muy pocos c asos 29 . En cuanto a los temas tratados en cada una de las reuniones del Cabildo, la gran mayoría suele versar sobre aspectos e conómicos. Así, son mu y ab undantes las solicitudes que los carpi nteros de ribera realizan al C abildo d e la ciudad para cortar madera para construir embarcaciones. Toda s ellas son atendidas, dándose el correspondiente permiso par a realizar la tala en una finca propiedad del Marqués denominada Los Jardales 30 . Del mismo modo, son reiterados los acuerdos sobre el precio de alimentos básicos como la carne, los c ere ales y el p an. Mu y li g ados a éstos 28 De hecho, sólo ap arece en u na o casión en todo el cor pus, y j unto a Cabildo: ...pr ezentándose ante ello s en su Cabildo i Aiuntamie nto que tienen d e iuzo i de c o σ tunbre.. . (fol. 213v, 21-22 ) 29 En nuestra EDI CIÓN DE L CORPUS, esta especie d e título o resumen sigue la misma disp osición que el resto del texto p ara no acotar en demasía el e spacio del folio , aunque para distinguir lo lo he m o s dispuesto en letra ne grita y d e mayor t amaño. E n to do caso , en la REP RODUCCIÓN DI GITAL del m anuscrito puede verse la disposición o riginal a la que nos re ferimos. 30 Sobre esta for ma, Lo s Ja rdales , que per dura ho y c omo denominación de un p araje s ituado varios kilómetro s al nord este de Aya m o nte en direcció n a Vill ablanca, véase, m á s ad elante, en el capítulo ASPECT OS FONOLÓGI COS. 2. GRAFÍAS 2.1. CARACTERÍSTICAS GENERALES El si stema ortográfico de nuestra lengua, como sabemos, no se fija hasta después de la creación de l a Real Academia Esp añola (1713), que en 1741 publica su Orthographia. C on anterioridad, entre 1726 y 1739, había i do apareciendo el Diccionario de Autoridades, que ya inclu y e un p rólog o sobre orto gr afía 1 . ¿Quiere eso decir que no había habido ninguna norma para escribir antes? No exactamente. Sabemos que l a in ge nte obra d e Alfonso X el S abio constitu y e el primer i ntento de sistematización de nuestra orto gra fía 2 . La fija ción de la ortogr afía que se produce bajo la tutela del R ey S abio v a a conjugar la tendencia popular de la poe sía juglaresca (fuente principal en su Cróni ca general ) y l a tendencia culta y latini zante que sur ge con el mester de clerecía. Sin apenas variaciones, el sistema alfonsí prevalecerá hasta fin es del sig lo XV. Lo que no quiere d ecir que fuera un sistema perfecto, puesto que 1 “Discurso pr oemi al de la orthograp hia de la len gua ca stellana”, Diccion ario de Autorida des, edición facsímil, Mad rid, Gre dos, 1 990, pp. LXI- LXXXIV. La co nsulta d el Dicciona rio de Autorida des , entre otros, e s po sible hacer la a partir del Nuevo Teso ro Lexic ográ fico d e la Len gua Española (NTLLE), editado por la RAE en dos D VDs en 20 01. 2 Seguimos el ar tículo de R OSENBLAT , A . (19 51): “Las id eas o rtográficas de B ello”, q ue ofrec e una síntesis de la historia de la or tografía del castellano des de sus orígene s. El artículo se inserta co mo pró logo al tomo V de las Obras Completa s de Andrés B ello. 30 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI continúan exi stiendo varias grafías p ara un mismo fonema. Así, po r ejempl o, el fon ema vocálico palatal cerrado /i/ puede aparecer hasta con cuatro g rafías distinta s, a saber : i-y- j-I . Por otro lado, persiste aún el dobl e valor vo cálico y consonántico pa ra las grafías u- v 3 . En este sentido, afirma el profesor S ALVADOR P LANS , A. (1981: 215): Los gramáticos renacent istas se encontraron con un sist ema de e scritura en gra n medida a nárquico por la cor rupción que había ido sufriendo paulatinamente el sistema medieval alfonsí, motivado, sobre todo, por la ina decuación grafofonémica que surgió tras la pérdida de distinciones del sistema fonológico medieval. Y el primero de ellos en abordar el problema es, como sabemos, Elio Antonio de Nebrija en su Gramáti ca castellana d e 1492 4 . Y lo hace siguiendo un criterio fonético, como establece R OSENBLA T , A. (1951: xx ii): Nebrija, que m odela su Gramática castellana ateniéndose a su Gramática latina (sus contemporáneos le echa rán en c ara esa latinización), al plantearse el problema de la ortografía castellana se va a atener, no a la grafía latina, si no a la mis ma pronunciación castellana. [...] Para l o cual sienta su pr incipi o básico, el principio general del fonetismo, que también es paráfrasis de Quintiliano: ‘assí tenemos de escrivir como pronunciamos: y pronunciar como escrivimos: por que en otr a manera en vano fueron halladas las letras’. 3 Como vere m o s a co ntinuación , estos pro blem as grá f ico s los va m os a encontrar en nuestro cor pus. 4 Con posterio ridad a parecerán reco gidas en 1517 en sus Reg las de Orthograp hía en la lengua castellana . G RAFÍ AS 31 E STEVE S ERRANO , A. (19 77: 5) abunda e n esta mis ma idea c uando afirma q ue: A lo larg o de la historia de nuestra ortografía aparece una idea predominante: acomodar la escritura a la p ronunciación de la lengua. Este presupuest o formulado por Nebrija, primero de nuestros tratadistas, en s u Gramática Castellana (1492) y en l as Reglas de Orthographia (1517), apoy ándose en la autoridad de Quintillano, fue aceptado por l a inmensa ma y orí a de los autores que trataron acerca de la ortografía en los siglos XV I y XV II . Este criterio de atender a la pronunciación llevará a Nebrija a establecer un alfabeto d e 26 l etra s qu e se corresponden a otros t antos sonidos. Para ello, propone reducir varias let ras cua ndo representan a un m ismo sonido: así, en el caso de k-q qu e reduce a c ; o el doblete y-i , que reduce a i , suprimiendo la y g riega 5 . Del mismo modo, y para distin guir letras que representaban nuevos soni dos del castellano fr ente al latín, propone l a creación de n uevos signos para la ch-x-ll (las dos primeras escrit as con til de y la ll con la s egunda l r ot a por su pa rte inferior). Según R OSENBLA T , A., (1951: xxx ), la ma y oría de las innovaciones de Nebrija no tuvieron éxito en nue stra t ra dición gráfica y algunas no las siguió ni el propio autor. Tanto la tradición escrita como la imprenta supusieron un freno para q ue el alfabeto fonético de N ebrija lograra imponers e De todas formas, algunas p ropuestas de Nebrija sí acabar ían aceptándose con el transcurso del tiempo. Entre ellas están la especialización de u para vocal y v para conso nante o la norma de escribir m ante bilabial 6 . A partir de N ebrija, y d urante todo el si g lo XVI, aparece una serie de tr atados sobre ortografía, entre los que dest aca n las ide as s obre la m ater ia expuestas por J uan de 5 En nuestro co rpus pod em os ve r la supresión d e la grafía y en favor de i en una buena p arte del mis mo. 6 Cosa que no o curre en nue stro corp us, en donde p rácticamente sie m p re enco ntramos n . 32 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Valdés en su Diálogo de la lengua de 1553. Entre ellas está su intento de sistematizar el uso de las grafías i-j-y , como podemos ver a partir del siguiente fragmento 7 : MARC I O. [...] Tres ma neras de ies tenéis e n la leng ua castellana, una pequeña, otra lar ga, y otra griega, de l as quales, si mal no me engaño usáis indiferentemente, lo qual tengo por gran falta de vuestra lengua, si no me dáis alguna razón para ello. VALDÉS. No avé is dicho mal en llamarlo laberinto, pero estad atentos, qu e pi enso quedaréis satisfechos, porque os mostraré cómo cada i destas tiene su lu gar propio, donde nenguna de las otras stá bien. Por otro lado, propone usar la grafía u para la voca l y v pa ra el fonema consonante: Y porque usamos de dos maneras de ues, una de dos piernas y ot ra casi redonda, a véis de saber que destas y a no uso indiferentemente, antes tengo esta adv ertencia, que nunca pongo u de dos piernas sino donde la u es vocal; en todas las otras partes casi siempre us o de la otr a, y aun tambi en a principio de parte, pero aquí más por or namente de la escritura que por otr a necessidad ninguna 8 . Para R OSENBLA T , A. ( 1951: xxx v) la obra d e Valdés “testimonia q ue los espíritus más finos de aq uel t iempo t enían una preocupación ortográfica, que el sist ema de Nebrija no h abía cu ndido y que la manera de escribir constituí a un problema general”. Por su parte, S ALVADOR P LANS , A. (1981: 219) afirma q ue “pese al planteamiento teórico de adecuación entre las func iones grafémicas y fon emáticas, en su 7 Citamos a p artir de la edición de J .F. Montesinos, Madr id, Espasa-Calpe, 1976 , pp. 60-61. 8 Ibíde m , p. 68 . El subrayado es nuestro: aq uí sigue un criter io estético, no fonético. G RAFÍ AS 33 obra exi sten contradicciones por las que se pro duce n desviaciones de esta regla por motivos etimol og istas o cultistas”. En todo caso, cab e s eñalar que no todas las apo rtacione s qu e se producen en estos m omentos fundamentales en qu e se está gestado el sistema ortográfico de nuestra lengua siguen el criter io fonético e stablecido por Nebrija. De tal mo do que, e n la Gramática de la Lengua Vulgar de España publica da en Lovaina en 1559 de forma anónima se defiende un criterio etim ológic o, al igua l que en el Manual de Escribientes de Antonio de Torquem ada, “para quien la r elación entre es critura y p ronunciación no debe ir en detrimento de la ortografía y a estable cida” 9 . Ésta es l a situa ción en cuanto a l as teorías y t endenc ias orto gr afías que nos encontramos a fines del XVI, que nos servirá d e marco para sit uar el e studio d e las grafías de nuestro corpus que se redacta, recordem os, entre 1581 y 1584. 9 Vid. S ALVA DOR P LA NS , A . (1 981: 223 ). 34 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.2. VOCALES Partiremos d e la observación g eneral de que la s grafías que r epresentan los fonemas vocálicos son las ha bituales en l a época. Est o es a sí puesto que la únic a variación significativa e n el corpus es la alternancia en la escritura del haz de vocales cerradas, palatal y velar: i -u. No consideramos aquí, claro está, formas como añidió (fol. 208r, 14) , s iguridades (f ol. 209v, 25) o ligítima (fol. 213r, 11), por cita r sól o tres de l os múltiples ejemplos de cierre vocálico en posición átona, puesto que nos saldríamos de lo acotado para este c apítulo, el aspecto gráfico. Los aspectos fonéticos lo s t rata mos en el capítulo siguiente. También dejamos p ara el si guiente epí gr afe sobre grafías consonantes, el problema de la escritura del fonema palatal / y/, puesto que para la época es y a un fonema consonántico, aunque se si g a escribiendo con la grafía i : así, por ejemplo, en aio (fol. 213r, 14). Hechas estas a claraciones, pasemos a ver más pormenorizadamente el estado de las grafías que representan los fonemas vocálicos. G RAFÍ AS 35 2.2.1. Vocales fijadas plenamente en la escritura En primer lugar, t ene mo s la grafía a que represe nta siempre el fonema v ocálico central, y no presenta ninguna alteración en ningún contex to en la palabra . Igual cabe d ecir de las grafías e y o , si hacemos c aso om iso, como hemos apuntado arriba, a asp ectos fonéticos que ser án tratados más adelante. Dicho de otra forma, palabras como Purtugal (fol. 206v, 42) nada t ienen que ver con el estado del sistema g ráfico del texto: el escriba coloca u por que quiere escribir el fo nema /u/, tal como hacemos hoy. 2.2.2. Vocales que ofrecen variantes gráficas 2.2.2.1. La vocal palatal /i/ Nuestro corpus ofrece u n hecho si g nificativo en cuanto a la grafía para la vocal palatal. Puesto que, si b ien el escribano principal del t exto [E1] comienz a usando la doble grafí a ( i/y ) par a la vocal desde el i nicio del texto (fol. 206r), a partir del se g undo fol. del corpus (207v) sólo encontramos la i , us ada además como grafía para la consonante palatal / y /. E ste estado gráfico s e continúa hasta el folio 222v, a partir del cual se vuelve a la situ ación inicial de coexistencia de las dos grafías 10 . S obre esto mismo volveremos más adela nte cuando trate mos sobre la grafía de la consonante palatal. Según lo dicho en el párrafo anterior, hemos de establecer dos par tes diferenciadas en el corpus: a) Un a primera p ar t e en que l a vocal p alatal /i / se trascribe únicamente con la grafía i en t odos los contextos, cosa que sucede en los foli os pertene cientes al [E1] 10 Reitera m o s que e ste hecho s ólo sucede en lo s folios se ñalado s perteneciente s a l escrib ano [E1] . Los demás escriba nos alterna n ambas grafías a lo largo d e todo e l texto 36 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI comprendidos ent re el 207r y el 222v, como podemos ver a p ar tir de los siguientes ejemplos: veinte i tres (fol. 207v, 1); i llustre, mui (fol. 208r, 4 ); informase (fol. 208 r, 10); Jaimes (fol. 208v, 6); pleito (208v, 14); t e st imonio (fol. 213v, 13); alcaide (fol. 213r, 22); treinta (fol. 218v, 25); y un largo etcétera. b) Y una segunda parte, en donde la vocal palatal se trascribe con l as dos grafías, i/y. Esto sucede a lo largo de todo el corpus y co n t odos l os escribanos, si exceptuamos lo dicho en el párrafo anterior. P or tanto, lo que vamos a ver a conti nuación es la situación gráfica para la vocal palatal en el resto del corpus, es decir, lo s inicios (fols. 206 y 207 r) y a partir d el folio 222v hasta el fina l, además de los folios c omprendidos entre el 207r y el 222v que pertenecen al resto de escribanos. Hecha esta aclaración, q ue consideramos pertinente, podemos encontrarnos los siguientes resultados gráficos, según su posición: 1) En posi ción inicial la grafía habitual para la v ocal palatal es y : ynpidid o (fol. 206v, 42); yllustre (fol. 206v, 2); yua (fol. 207r, 14); a ydo (fol. 224r, 39); yr (fol. 222v, 19); yjada (fol. 231v, 24); ynformasión ( fol. 223r, 17); ynforme (fol. 21 6v, 17 [E3] ); ynformarse (fol. 262r, 19); ynpusisión (fol. 224r, 22); ynpusión (fol. 230v, 23); y σ tuysión (fol. 224r, 38); ystuysión (fol. 235v, 16); ynstruçión (fol. 246r, 31); ynconuiniente ( fol. 225r, 8); ynconuinientes ( fol. 241v, 14); ynbie (fol. 229v, 20 y 21); ynbien (fol. 235v, 9); ynbiada (fol. 230r, 9 y 13); yuitar (fol. 230v, 9); yntensión (fol. 231v, 16); yr (fol. 235 r, 12); yzente (fol. 235v, 8); yzentar (fol. 237r, 7) ; yzento (fol. 251r, 3); yspiriensia (fol. 260r, 38); yuitarlos (fol. 261v, 6); ynbiarse (fo l. 237r, 10); ynglezes (fol. 246r, 2); y ncurra (fol. 26 0r, 32); ynteruensión (fol. 260v, 28); yntereses (fol. 261v, 7); ygu elsias (fol. 263v, 22); ygluezias (fol. 263v, 24); ygelzia (fol. 264v, 8); etc. 11 11 En e ste se ntido, la pro fesora B RAVO G ARCÍA , E. Mª (1 987), en su estudio El esp añol de l sig lo X VII en docu mentos america nistas, afir m a: “...lla ma la ate nción el elevad o número de caso s en que esta gra fía y está en posició n inicial de p alabr a, cuando ésta co mienza por las sílab as yn-, ym- más conso nante”. G RAFÍ AS 37 2) Cuando es núcleo sil ábico aparece i : notificar (fol. 206v, 14), petisión (fol. 207r, 12), villa (fol. 211v, 7 [E3] ), tri go (fol. 214v , 5 [E3] ), mil (fol. 219 r, 15) , mill (fol. 215v, 1), arriba (fol. 220v, 3) , etc.; pero hay c asos en que es y : asystensia (fols. 234r, 13 y 238r, 30); comysario (fol. 242r, 8); m yl (fol. 242r, 12); myll (fol. 246r , 24); arryba (fol. 264r, 27); consysto rio (fol. 257v, 5 [E4] ). Esta grafía y como núcl eo silábico es más frecuente en [E2] : myll, corregydor, rregydore σ , uenydo, e ce syv o, quysieren, deposytario, nynguna (todos ellos en el folio 220v, líneas 7, 8, 10, 16, 18, 24, 26 y 32, respectivamente); vylla, Gauylane σ (fol. 257r, 2 5); y en [E3]: prymero (fol. 211v, 4); myll, depósyto, ( fol. 212 v, 2 y11); hordynarios (fol. 214r, 8); my s eñora, nynguna, syno (fol. 214v, 12 y 15); camynos (217v, 15 ); comysar io (fol. 242r, 8); etc. 3) C uando es ma rgen s ilábico junt o a ot ra voc al, es d ec ir, en un diptongo, tenemos dos resultados en la escritura, según sea m ar gen silábico prenucle ar o mar ge n silábico postnuclear, dic ho en otros términos, el primer o el segundo elemento del diptongo: 3.1) Como primer elemento de un grupo vocálico, o sea en f unción semiconsonántica, la grafía es i : l isensiado (fol. 207r, 5); Samudio (fol. 207r, 7); dies (fol. 243r, 26); bien (fol. 243 r, 30); conuiene (245v, 22); criados (f ol. 246 v, 32); estiércol (fol. 253r, 25); etcétera. Aunqu e tambié n en algunos casos es y : estyércol (fol. 253r, 27); te σ timonyo (f ol. 246v, 26); σ yete (fol. 22 4r, 1 [E2] ); tyerra (fol. 214r, 3 2 [E3] ); myércole σ ( fol. 242r, 1 2 [E3] ); cumplimyento (fol. 242r, 26 [E3] ) ; acatam y ento (fol. 242v, 6 [E3] ); byen (fol. 242v, 8 [E3] ); tenye ntes (fol. 242v, 10 [E3] ); etc. 3.2) Como segundo ele mento de un dipton g o, o lo que es l o m ismo en función semivocálica, la grafía es y : muy (fol. 206v, 3); ay (fol. 206v, 36); Jaymes (fol. 206v, 5); veynte (fol. 206v, 32); t reynta (fol. 230v, 1 y 1 2); perjuyzio (fol. 206v, 40); quiziereys (fol. 222v, 26); alcayde (fol. 224v, 2; 245v, 10, pero alcaide, fol. 233r, 9); seys (fol. 229v, 23); oy (fol. 232v, 20); freyr (fol. 233r, 12); trayga (fol. 234v, 28); azeyte (fol. 242v, 23); rruyndades (fol. 241v, 16); L uys ( fols. 234v, 14 y 239r, 11 ); frayles (fol. 44 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI El uso de la grafía v- con valor consonántico queda redu cido a unos pocos casos de palabras que aparece n también escritas con u- : villa, venta, vacas, veynte, venir (fol. 206v); veinte (fol. 208r, 22); vezinos (fol. 231v, 15), y de manera abreviada, vº (fol. 234v, 7); venido (fol. 24 2r, 7). Esto, en cuanto al escribano principal del c orpus, puesto que en el resto es la graf ía habitual, como p odemos ver a partir de lo s ejemplos siguientes: veynte, venda, vende, vengan (fol. 220v, 18, 22, 23 y 25 [E2 ] ); viene (fol. 211r, 22 y 211v, 20 [E3 ] ); villa (fol. 212v, 11 [ E3] ); veynte, villas (fol. 214r, 1 y 16 [E3] ); vayan, valiere (fol. 216v, 16 y 25 [E3] ); vil la, vayan, vissita, vean, visita, vayan (fol. 270v, 1, 8, 9, 10 y 11 [E5] ). Renglón aparte merecen las gr afías vrust ra y vruestras (fol. 222v, 24 y 25), que aún presentando el grupo /br/ antietimológico, conservan su grafía etimoló gica. b) En posición intervocálica tenemos bastant es ejemplos de - b -: cabildo (fol. 206v, 1); obedesió (fol. 207r, 15); debajo, rresibió (fol. 208r, 1 y 19); d erribe (fol. 209r, 29); abuelo σ (fol. 215r, 23); cabeso (fol. 223r, 1 2); abasto (fol. 224 r, 19); chibato (fol. 230v, 26); biba (fol. 232v, 19); abastesida (fol. 234r, 24); obi σ po, rri bera (fol. 235v, 11 y 12 ); sabed (fol. 236r, 14); arri ba (fol. 237r, 17); alchibo, adobe (fol. 240v, 11 y 16); abundamiento (fol. 243r, 11); nueba (fol. 263r,18) ; abise (fol. 264r, 33). De ellos, cabildo, rr esibió, derribe, cab eso, obi σ po, rrib era, sabed y arriba conservan la grafía correspondiente (<-P- l atina s onorizada); en abuelo σ , biba, al chibo y nueba (<-V - latina), lo m ismo que en obedesió y abunda miento (<-B- latina) no tenemos la grafía correspondiente según l as leye s fonétic as 21 . Debajo y abasto conservan su b- inicial, puesto que son compuestos, mientras que ado be es voz árabe y chibato de orige n dis cutido. Otra grafía anómala es abise, compuesto proc ede nte de AD VISUM. Son mu y abundantes los ejemplos de - u-/-v- en posición intervocálica. En todos los casos nos encontramos la grafía correspondiente, procedente de -B- o -V - latinas. 21 Es lógico, p uesto q ue se había prod ucido desde tiempo atr ás la d esf o nologización d e la /b/ fricati va y oclusiva. G RAFÍ AS 45 En cuanto al uso de l as grafía u/ v en pos ición intervocálica, la - u - aparece siempre y sólo unas pocas palabras presentan -v- : escrivano, a viéndole, aver, proveó, proveose, maravedí σ (fol. 206v, 9, 18, 22 y 26); nueve (fol. 232v, 11). Esto en l o que se refiere al escribano principal, puesto que en los otros no ocurre lo mi smo: navío, ecesyvo (fol. 220v, 16, 18 [E 2] ), S evilla ( fol. 257r, 9 [E2] ); devido ( fol. 2 42r, 26 [E3 ] ), governación (fol. 254v, 14 [E3] ). Otro ej emplo de - v- lo tenemos en l a forma verbal correspondiente al pretér ito perfecto s imple del v erbo haber vvo 22 (fol. 270v, 13 [E5] ) que, no obst ante, aparece también como uuo. Ambas formas aparecen al ternativamente en todo el corpus y con t odos los escribanos. Otros ejemplos con -u- son los siguientes: escriuano, nueue, prouiz ión, yua, auía, pauo σ (fol. 207r, 2, 3, 12, 14, 18 y 28); deuido (fol. 209r, 12), deuen (fol. 215r, 23), marauedís (fol. 218v, 31), seuada ( fol. 248 v, 6), br eue (fol. 209v, 20), cauallero (fol. 2 13r, 16 ), ll aues ( fol. 213v, 12), gouierno (fol . 216v, 13 [E3] ), tuui era (fol. 218r, 1), nonbraua (fol. 219r, 23), mueuen, iuit ar, lleu en (fol. 219v, 30, 31 y 31), escriuir, rreleuaro σ (fol. 222v, 5 y 23), hauas (fol. 223v, 20), nouenta (fol. 224r, 28), ynconuiniente (fol. 225r, 8 [E2] ), nueuo (fol. 2 32v, 21), nauío (fol. 234r, 11), tauernero (fol. 244r, 33), jáuega (f ol. 249v, 8), caualgadura σ ( fol. 246v , 32), agrauios (fol. 267r, 33). 2.3.1.1. Conclusión En general, la grafí a u predomina frente a v . Por otra parte, t anto en posición intervocálica como en in icial encontramos u/v p rocedente de -B-, - U- o U- latinas, es decir tenemos siempre la g rafía correspondiente s egún las le y es fonéticas, ex cepto en U- inicial, a m enos que se ac epte la pervivencia aún del fonema fricativ o, lo cual es bastante improbable. 22 En este caso la grafía de la labial sería fácil mente explicable por inf lujo d e grafía de la voc al velar que la prece de. 46 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Los casos de grafía “anó malas” son siempre d e b en l ugar de u/v y se pro ducen, como hemos visto, tanto en situación inicial como en posición intervocálica: boz (fol. 213v, 24), basallo σ (fol. 222v, 25), biba (fol. 23 2v, 19), bot asen (fol. 239v, 27), boto (fol. 242v, 13 [E3] ), boluer (fol. 243v, 18 y 265v, 9), bea (fol. 251v, 12), benda (fol. 251v, 16 [E4] y 257v, 9 [E2] ), bale (fol. 251v, 17 [E4] ), bierne σ (fol. 2 52r, 1 [E4] ; y abuelo σ (fol. 215 r, 23), abundamiento (fol. 243r, 11), obedesió (fol. 207r, 15), alchibo (fol. 240v, 11), nueba (fol. 263r,18), abi se (fol. 264r, 33). El caso d e biba es mu y significativo, puesto qu e en la mi sma palabra ten emos la grafía de l a oclusi va o fuerte en posición inicial com o era de e sperar, per o la vo lvemos a enc ontrar también en posición int ervoc álica de manera injustificada por representar aquí a la labi al fricativa o floja. Esta situación es normal para la época y se ace ntuará aún más en el siglo XVII, debido a la confluencia d e los antiguos fonemas l abiales oclusivo y fricativo desde fines de la Ed ad Media. La Academia pe rpetuará alguna de estas grafías “anómalas”, p ero en la mayoría de los casos aplicará el criterio etimolo g ista: biba > “viva”; boz > “voz”; etc. En cuanto a l os gupos con B s eg ui da de lí quida ( r, l ), se conserva n: breu e (fol. 209v, 20), libransa, obligose, libra (fol. 206v, 20, 29 y 30), f ebrero (fol. 220r, 5), etc. Dos vocablos merecen comentario ap arte: inbi ada <INVIARE (fol. 207v, 11) y caruón <CARBO, -ON IS (fol. 207v, 8). En ambos tenemos la g rafía habitual en la Edad Media: b tras nasal y v precedida d e líquida, lo qu e parece señalar su antigua re alización oclusiva o fricativa, respectivamente. Sobr e esto, M ORENO F ERNÁNDEZ , F. (1987: 46) 23 conclu y e del si g uiente modo: Respecto de b y v en cont ac to con lí quida, dir emos que, cuando esta última precedía a la labial, solían emplearse las grafías v o u , debido al carácter f ricativo qu e el contex to confería al sonido que representaban. Como consecuencia de esto mismo, l a grafía V etimológica era más con servada que la 23 Vid. su artículo “B y V en i nterior de palabra (posición no intervocá lica) d urante los siglo s XIII, XIV y XV”. G RAFÍ AS 47 grafía B, que pasaba con frec uencia a v t ras líquida. [ ...] Después de consonant e nasal, lo más frecuente era l a utiliz ac ión de la gra fía que representaba el fonema bi labial oclusivo: b . Daba la naturaleza d el contex to, el porqué de esa grafía es fácilmente explicable. 2.3.2. Dentales 2.3.2.1. Dentoalveolares Son escasos los ejemplos de grafías c- ç para la d entoalveolar sord a mediev al / ŝ / en el texto que pertenece al escriba no principal. De hecho se reducen a la forma de tratamiento merced ( fol. 207r, 13); merçed ( fols. 234v, 26 y 239v, 8) y al antropónim o Palacios (fol. 219r, 27). No sucede lo mismo con los demás escribanos, en donde es más frecuente encontrar estas grafías: pare σ çe, rreçebido (fol. 220v, 18 y 25 [E2] ); calçada (fol. 253v, 26 [E3 ] ); Santo Ofiçio, yn σ t uiçión, negoçio, ofreció, trecientos (fol. 257v, línea 11 y si guientes [E4] ); çinco, conçejo, açadoneros, aperçebidos (fol. 270v, 1, 9, 11 y 12 [E5] ). Y los antropónimos : Ç amudio, Çaualla (fol. 254v, 5 y 9 [E3] ); Valençuela (fol. 255r, 7 [E3] ); Lorenço, Çaua lla (fol. 257v, 1 y 2 [E4] ); Çúñiga, Çamudio (fol. 270v, 3 y 4 [E5] ); etc. En otros casos encontramos l a grafía z correspon diente a la dentoalveol ar sonora medieval, pero seguramente ya ensordecida: esenzion es 24 (fol. 215r, 22), quinz e (fol. 242r, 20 [E3] ), onze (fol. 239r, 1), honz e (fol. 2 57r, 2 1 [E4] ), catorze (f ol. 224v, 1), hazer (fol. 214v, 25 [E3] ), perjuizio (fol. 207v, 31 ), uezinos (fol. 218r, 4) , hazienda (fol. 236r, 12), dize (fol. 211v, 25 [E3] ), dezienbr e (fol. 218v, 1 7), pozos (fol. 228r, 19), rrazón (fol. 258v, 20), gozar (fol. 231v, 11), cozido (fol. 214r, 32 [E3] ), etc. 24 Este ej em p lo evide ncia el ens ordecimiento, p uesto que debe ríamos encontrar la grafía corre spondiente a la sord a al proced er de un grupo T Y no intervocálico: E XEMPT Ĭ O, - Ō NIS. 48 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Aunque en m uchos c asos lo que encontramos es s indicativo de seseo o, tal vez , de ceceo por ultracorrección 25 : esensión (fol. 265v, 6), marso (fol. 206v, 1), ystuysión (fol. 250v, 18), onsas (fol . 243r, 20), ordenansas (fol. 231v, 19), diligensias (fol. 243r, 2), denunsiador (fol. 2 14v, 1 [E3] ) , hiso (fol. 233r, 7) , b ene fisiar (fol. 20 7r, 22), cabesos (fol. 223r, 20), condisión, comensar (fol. 206v, 30), justisia (fol. 240r, 12), lisensiado, lisensia (fol. 207, 1 y 7 ), nasiones ( fol. 216r, 18), obligasión (fol. 217v, 13), plasa (fol. 220r, 2) , et c. Y tambi én antropóni mos como: Palasios (fol. 216r, 13), Samudio (fol. 218r, 14), Saualla (fol. 218v, 9). La inm ensa ma y oría de lo s casos, como vemos, pertenecen al escribano principal del corpus, [E 1] . 2.3.2.2. Apicoalveolares La grafía ss para r epresentar el fonema apical sordo /s/ no aparece en el texto que corre spond e a l escribano principal, puesto que los ejemplos qu e encontramos pertenecen a l os otros escribanos que participan en menor grado en la redacción del texto: passó (fol. 242v, 15 [E3] ), cassa σ (fol. 2 57v, 4 [E4] ), cossa (fol. 270r, 6 [E5 ] ), vendiesse (fol. 270r, 13 [E5] ), quesso (fol. 270r, 13 [E5] ), marquessado (fol 270v, 2 [E5] ), vissita (fol. 270v, 9 [E5] ), assy (fol. 270v, 1 2 [E5] ). Señala A RIZA , M. (1989: 131) que “la /s/ latina se sonorizó en situación intervocálica, da ndo /z/. Este fonema sonoro –cu y a grafía era s, frente a l a s orda, gráficamente r epresentada, en situación inte rvocálica, por s s – se empezó a ensordecer en la seg un da m itad del sig lo XI V”. Pero la diferenciación gráf i ca siguió ha sta la Academia, con muchos “err ores” fruto d e que se había perdido el rasgo fonológico diferenciador 26 . En nuestro corpus, al darse co nfusión de sibilantes con mucha frecuencia, la representación del fonema /s/ se ha repartido entre las g rafías s y z . 25 Par a el estudio del seseo/ceceo en el corpus, remiti m o s al ca pítulo ASP ECTOS FONO LÓGICOS. 26 Como sabe m os, este tema fue tratad o, entre o tros, por A LON SO , A. (1 969: I I, 7-46) en su o bra fundamenta l baj o el ep ígrafe “‘-S -’ y ‘-SS -’ , sorda y sonor a”, que da co m ienzo al cap ítulo ded icado a la ese . G RAFÍ AS 49 La s aparece, sob re todo , en dos contex tos: en inicial de palabra y en posición implosiva, contextos en los que sabemos que no es pertinente la oposición sorda/sonora. Para el primero, contamos muchos ejemplos proc edentes de una S- inicial l atina: sábado (fol. 209r, 18), saber ( fol. 217v, 41), salario (fol. 218r, 22), salinas (fol. 229v, 31), salud (fol. 232r, 23), saluo (fol. 241v, 31), sangraza (fol. 243r, 5), s anto (fol. 244r, 26), se (fol. 244v, 1), s ecretario (fol. 213r, 20), sei σ (fol. 220v, 6 [E2] ), sello (f ol. 242v, 35) , señaló (fol. 207r, 24), señor (fol. 210v, 2 [E3] ) , seruido (fol. 222v, 19), s eruisio (fol. 234r, 25), setenta (fol. 207r, 19), setienbre (fol. 215r, 13), sienten (fol. 219v, 33), siguiente (fol. 257v, 7 [E4] ) , sigurida des (f ol. 209 v, 25), syno (fol. 214v, 15 [E3] ), solar (fol. 252r, 1), suben (fol. 233v, 22), suelas (fol. 209r, 15), sufisiente (fol. 218r, 36), etc. También son casos de S- incial latina, aunque agrupada, palab ras como escándalo (fol. 219v, 31), escriuano (fol. 209r, 16), escritura (fol. 217v, 28), espera (fol. 220r, 28), estado (fol. 213r, 12), están (fol. 222v, 7) que anteponen una e protética a la S líquida desde el latín vulgar 27 , por lo que pasan a posición implosiva. El otro contexto donde encontramos abundant emente la s es en posición implosiva, tanto en sí laba ini cial como en inter ior de palabra, puesto que constitu y e unas estructur as silábicas muy frecuentes en e spañol: acostunbrado (fol. 238r, 33), castigue (fol. 224v, 11), casti llo (fol. 213r, 22), costa (fol. 233v, 8), des cargo (fol. 265r, 25), destruyen (fol. 233r, 21), enprestaron (fol. 217v, 35), estero (fol. 247v, 22), gast en (fol. 223r, 31), huespedes (fol. 23 5v, 8), langosta (fol. 244r, 29), menester (fol. 233r, 20), molestia (fol. 230v, 9), pastar (fol. 232r, 1 4), peste ( fol. 235v, 11), postura (fol. 242v, 26), testigos (fol. 223r, 18), tosca (fol. 233v, 10), etc. En si tuación intervocálica, en donde sí resulta pertinente la oposi ción sorda/sonora, encontramos unos cu antos ejemplo s que proceden de un a - SS- geminada latina, por lo que tendríamos que esperar la grafía de la sorda, -ss- (/s/), cosa qu e no sucede: as istan (f ol. 23 1r, 22), amasado (fol. 241r, 8), nesesidad (fol. 248v, 27), pasado, pasase (fol. 206v, 26 y 39), posesiones (fol. 208v, 15) y pas ó (fol. 210v, 9 [E3] ) frente a passó (fol. 242v, 1 5 [E3] ) y a señalado al comienzo de este epígrafe. 27 Vid. V ÄÄ NÄNEN , V. ( 1985 2 : 98) y M ENÉNDEZ P I D AL , R. (1 987 19 : 127). 50 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.3.2.2. 1. La sigma ( σ σ σ σ ) y la s alta ( ∫ ) En nuestro corpus aparecen estas dos grafías, cuyo valor fonético se corresponde al sonido apical, sobre las que nos advierte R OSEN BLAT , Á. (1951: xx ): Después del reinado de Alfonso el Sabio surge en los manuscritos un nuevo motivo de confusión ortográfica. Hasta entonces se usaban una s redonda y una s lar ga ( ∫ ), según la posición [ ...] En la época de Alfonso X I cunde un terc er tipo de s , con el trazo superior largo y h orizontal, como una especie de 5 , que se usa para representar la z ( fa5er, rra5on, de5ir, etc.) [...] y ha hecho creer a muchos, erradament e, en un seseo medieval. El signo vuelve a recobrar su valor ex clusivo de s en el siglo XV, y s e borra ese nuevo motivo de confusión ortográfica. Sabemos, por tanto, qu e la sigma es un a grafía ambigua porque h a crea do confusión y much as vec es ha llevado al error de suponer un “falso s eseo”. Así lo pone de manifiesto A LONSO , A. (1951b: 92) 28 cuando afirma “qu e m uchos de l os falsos seseos anti guos no se deben sólo a los malos pal eógra fos modernos, sino a los escribas mismos que poní an s por z , no como efecto de un cambio en la pronunciación, sino como evolución en los rasgos de las letras”. Sobre la presencia d e la grafía si gma, en su Estudio lingüístico de las Ordenanzas de S ev illa de 1492, señ alan las pr ofesora s C ARRASCO C AN T OS , I . y P. (2005: 22): La grafía si gma ( σ ) se utili za en cualquier posición de l a palabra: intervo cálica , inicial e implosi va; su uso puede ser un 28 Citamos por A L ONSO , A. (19 69). Testimonio reco gido d es pués, entre o tros, por L AP ESA , R. (1 957) y M ONDÉJA R , J. (1997) G RAFÍ AS 51 indicio de que n o hay n ec esidad d e señalar diferencia fóni ca entre la apicoalveolar sor da y sonor a. La aparición de la si g ma exclu y e la grafía <ss> que es frecuente en el ms. de la Biblioteca Nacional transcrito en Adm y te. En nuestro corpus, l a sigma aparece en posici ón implosiva, interior o final absoluta, y podemos encontrar ejemplos en todos los escribanos: [E1]: to σ ca, d e σ de, co σ tunbre, ago σ to, con o σ can, maje σ tad, bu σ carlo, y σ tuisión, mori σ cos, obi σ po, pr opio σ , va ca σ , dí a σ , t alega σ , qui niento σ , año σ , di o σ . Además, algun as palabras se es criben indistintamente unas veces con σ y otras con s : lo σ /los; Fransi σ co/Fransisco; Gu σ mán/Gusmán; ca σ tillo/castil lo; marauedí σ /marauedís , etc. [E2]: pare σ çe, pre σ zio, sey σ , me σ , do σ , lo σ , Jayme σ , e σ , meno σ . Y también en posición explosi va: σ eñore σ , a σ in. Ejemplos, todos ellos, que pueden verse en el folio 220v. [E3]: ago σ to, lo σ , Palasi o σ , moro σ , Jayme σ , quale σ , tocante σ , e σ tá, rreale σ , me σ (fol. 210v). [E4]: bierne σ , t re σ , lo σ , señore σ , casa σ , su σ mercede σ , mug ere σ , ojo σ , ma σ , consi σ torio (fol. 251v). [E5]: día σ , año σ , rregidore σ (fol. 270r/v). En cuanto a la grafía s alta, no es general en el manuscrito, puesto que no la utiliz a el escribano prin cipal [E1] , ni tampoco [E5] . Al gunos ej emplos de los otros escribanos son los siguientes: [E2]: ju ∫ t ici a, de ∫ ta, e ∫ te, per ∫ ona (fol. 220v). [E3]: ju ∫ t ici a, a ∫ ta, (fol. 212v); b a ∫ tardo, de ∫ ta, mae ∫ tro (fol. 214v) ; Cera ∫ o, ju ∫ ticia, e ∫ te (fol. 242r). [E4]: ju ∫ ticia, e ∫ tando, la ∫ , e ∫ tanco (fol. 251v); Ca ∫ tro, consi ∫ torio, de ∫ te (fol. 257v). 52 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.3.3. Palatales 2.3.3.1. Africada Ninguna pa rticularida d nos ofrece la grafí a del fonema pal atal africado sordo / ĉ /, que sistemáticament e aparece escrita ch: dicho (fol . 206v, 7 ); fecha, ocho (fol. 207r, 18 y 20 r espec tivamente); chi batos (fol. 234v, 8); etc. 2.3.3.2. Fricativas En cuanto a la p alatal f ricativa sonora / y /, como apuntábamos cuando tratamos sobre la vocal palatal 29 , e n parte del texto perteneciente al esc ribano principal [E1] se transcribe con la grafía i . De t al modo que, aunque entre los folios 207v ( Cabildo de martes ueinte i tres d e maio de 1581) y 222v ( En ueynte y ocho de f ebrero de 1582 años ) pertenecientes a [ E1] encontramos ejemplos como: maiordomo (207v, 23), maior (208r, 25), maio (209r, 1 0), uaia (207v, 12), io (213r, 11), Aiamonte (213r, 13), Cartaia (217v, 14), Atalaias (220v, 4); entre esas fechas en actas redactadas por [E3] encontramos la grafía y : mayor (210v, 14), mayordomo (212v, 14), vayan (216v, 17). Y lo mismo sucede en actas pertenecientes a [E2] : Ayamonte (220v, 6), mayo r (220v, 11). La g ra fía y , ex ce pción hecha de lo señalado, es la que aparece en el rest o del texto pertenec iente al es cribano principal [E1] : mayordomo (206v, 7), m ayor (207r, 6), mayo (207r, 16), uayan (232r, 14), Ayamonte (234v, 25), Cartaya (250v, 19), etc. Y en el resto de escribanos: Ayamonte (236r, 11 [E2] ), mayor (242r, 5 [E 3] ), Ayamonte (257r, 23 [E4] ), vayan (270v, 8 [E5] ). Este uso de l as grafías i /y para el fonema p alatal fricativo sonoro, que afecta, como hemos visto t amb ién a la vocal /i/ por parte del escrib ano princip al del texto, parece que no obed ece a ningún m otivo fonético, sino más bien a modas gráficas de la época a las que nos hemos referido en la introducci ón de este c apítulo. 29 Véase, atrá s, el epígrafe 2.2 .2.1. G RAFÍ AS 53 En cuanto al fonema palatal lateral, se trascribe con su grafía ll : villa (206v, 12), halle (216v, 3), hallaren (222v, 30), quartillo (238v, 19), llaues (239v, 13), l leuen (259r, 22), uasallos (222v, 15), porti llos (224v, 6), canillas (244v, 2), etc. No obstante, documentamos un caso en que el escribano duda entre l as grafías ll e y al escribir el adverbi o allá (fol. 265r, 27), puesto que escribe ambas, una encima de la otra 30 . Ex cepto en éste, no se da ningún otro caso de confusión de la palatal lateral con l a palatal fricativa /y/ 31 . Dicho de otra forma, n o parece, a la vista de los ejemplos que n os ofrece el tex to, que tengamos testimonios claros de la existencia de y eísm o en nuestro corpus. Ya A LONSO , A. (1951b: 163-164) estableció que el ye ísmo era un fenómeno moderno: He repasado con el ma y or cuidado los libros de todos l o s que en los si glos XVI y XV II escribieron sobre p ronunciación de nuestra len g ua. Con m ucha frecuencia y con bastante precisión nos informan de confusiones y diferencias entre b y v , entre x y j, g , entre s y ss , entre z y ç , entre s y ç y hast a entre g y h . Pero ni siquiera los andaluces [...] hablan en ninguna ocasión de confusiones de ll con y . Y, más adelante, en nota a pie de página afirma el fil ólog o navarro: No he perseguido trueq ues de y-ll en los mss. L os que conozco de l os si g los XVI y XVII las distinguen bien. En uno sevillano de 1522 h allo: ‘y lue g o dix o: sali d aya rriba’; pero es evidentemente ‘salid ahí arriba’ 3 2 . 30 Se puede apreciar con total claridad en la reproducció n digital del original, al que re m iti m os. 31 Po r su excepcionalidad , no parece q ue pueda considera rse significativo. 32 Citamos po r A LON SO , A . (1 967 3 : 171 , n. 19). Puede darse la misma lectura para nuestro caso. 60 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Por qué en la lengua mo derna ha prevalecido en unas casos la variante culta f y en ot ros la variante popula r h (y luego nada), es cuestión aparte e independiente del problema de la adaptación d e los arabismos; se debe a los mis mos motivos por los que en el léxi co de origen latino se ha cons olidado un a u otra pronunciación, a los mismos motivos por los que decimos fiesta y hierro y no hiesta y fierro . Finalmente, tenemos F- i nicial en palabras que la han conservado: fiansas (207v, 9); firmada (fol. 213r, 19); fi rmó (fol. 232r, 20); fiar (fol. 223v, 18); fiesta (fol. 224v, 21); f ec ha (fol. 2 07r, 18 ); y febrero , es crito s iempre con f -, excepto en al gunos c asos con h -: hebrero (fol. 242r, 2). 2.3.5. Nasales En nuestro corpus encon tramos casi siempr e n a ntes de l abial: onbr e (208r, 9), honbre (213r, 26), nonbr e (218v, 35), costunbre (224r, 31), s etienbre (232r, 7), dezienbre (235v, 1 ), enpiedre (208r, 1), conpren ( 209v, 23), cunplir (222v, 19), nonbra (236r, 9 [E2] ), conbiniente (251v, 11 [E4] ), nobienbre (257r, 22 [E4] ), nonbre (270v, 9 [E5] ), etc. Pero esto no era lo habitual en la época, puesto que los tratadistas del siglo XVII no se ponían de acuerdo en si había que escribir n o m , y había partidarios de ambas soluciones, como rec oge E STEVE S ERRANO , A., (1977: 18) en su t rabajo sobre las ideas ortográficas en España: Mientras J uan de Roble s (1631) alude a la costumbre de escribir m antes de p, b, m, si bi en no la considera cuestión fundamental, lle g ando a admitir que se escriba n, Francisco Cascales (1634) aconseja como preceptivo el uso de m en los G RAFÍ AS 61 tres casos ind icados. Otros autores como Tom ás de Cerdaña (1645), José Casanova (1650) y Sánchez Arbustante (1672) aceptan es cr ibir m ante p, b, pero no ante m. J ua n de Villar, más radical, se opon e a l a costumbre d e es cribir m antes de b, p, m. En cualquier caso, no fal tan algunos ejemplos de la grafía m ante b y p , q ue en su mayor ía pertenecen a uno de los escribanos que participan en la red acción del texto, [E3] : compra (fol. 214v , 14), hombre (fol. 214v, 2 2), sembrar (fol 216v, 19 ), nombrado (fol. 217r, 6 ), no mbra (fol. 242v, 3), nombrase (fol 242v, 10), setiembre (fo l. 253v, 22), cumplimyento (fols. 242 r, 26 y 242v, 7), tiem po (fol. 246v, 3 ). Otros ejemplos más esporádicos son: nobiembre (fol. 258r, 3 [E4] ); compraro n (fol. 267r, 20 [ E1] ). Nuestro texto ejemplifica, pues, esta situación de pugn a entre ambas grafías en la época, que p ersistiría hasta que la Academia fijara en su Ortog rafía de 1 741 la norm a de que se escriba m antes de b, p, m, argume nt ando que “aunque no se conserve con todo rigor el sonido de la m, de alguna manera se pronuncia” 4 3 . 2.3.6. Líqu i das 2.3.6.1. Vibrantes Nada especial nos of rece la r cuando representa la vibrante floja: viernes, marso, juntaron, mayor, etc. En cambio, cuando tenem os el fonema vibrant e t enso la grafía es, en la mayoría de los casos, una especie de U ma y ús cula con un a ra y a, que es una de las grafías de la mayúscula 44 , que nosotros en la edición d el tex to trascribimos como rr . Los ejemplos se 43 Cito a pa rtir de E STEVE S ERR ANO , A. (1977: 19). 44 Vid. M IL LARES C ARLO , A. (19 83 3 : II, 26 2). 62 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI producen tanto en pos ición i nicial, rrejido r (206v, 3), Rriquel (206v, 5), Rribera (206v, 7), c omo en interior: corregidor (206v, 15), incurren (213v, 7 ), tierra (213v, 24), Herrera (238r, 32), Correa (238v, 5), guerra (248 v, 12), etc. En ot ros casos, aparece la grafía R 45 , fundamen talmente en pos ición inicial: Regidor, Reseruose, Razón (fol. 251v [E4] ), Real, Repartidos (fol. 267r); aunque también podemos encontrar esta grafía en posició n int erior: aRoz ( 267r, 19). Estos ejemplos de esta últim a grafía son más habit uales en uno d e los escribanos que intervienen en la redacción, Pedro Álva rez, que hemos denominado [E4] , aunque también aparecen, como vemos, en el escribano pri ncipal del texto. 2.3.6.2. Lateral Sabemos por la obra clásica de L APESA , R., (1981 9 : 369) que en la leng ua literaria “en la primera mitad del siglo XVI alte rnaba n en l a es critura mi ll y mil ”. Esta alternancia se si g ue dando en nuestro corpus, de modo que el rec uento de ambas formas arroja l os siguientes datos: mill aparece en 56 ocasiones, a l as qu e ha y que sumar otras 11 en que aparece myll; f rente a mi l que lo hace 79 veces, más un úni co ej emplo de m yl (242r, 12 [E3] ). Si extrapolamos estos datos a porcenta jes, s e aprecia m ás clara m ente que la alt erna ncia es prácticamente a la mitad: un 45,5% apa rece mill o myl l , fre nte a un 54,5% en que lo hace la forma mil o myl . En cambio, si analizamos l os usos gráficos de los dis tintos escribanos, podemos afirmar que el escribano principal [E1 ] es el más innovador puesto que aunque a veces escribe m ill es el único que utiliz a la for ma moderna mil . También se conse rva con valor meramente gráfico la ll en la abreviatura de ilustre (ill e /yll e ) , que ma ntiene la doble ele latina de la mism a forma qu e aún ho y s e continúa escribiendo Vd. como abreviatura de usted. 45 En este caso la mantene m o s e n la trascripció n, pero, com o en el ca so anterior, sin el valor de mayúsc ula m oder no. G RAFÍ AS 63 Finalmente, el fon ema lateral alveolar /l/, que como aca bamos de ver se trascribe con la grafía ll en alguna ocasión (m ill, ill e /yll e ) , no presenta más problema s: la s (206v, 8), lugar (206v, 40), lisensiado (207r, 5), luego (211r, 20 [E3] ), vtilidad (223r, 15), Palasios (223r, 29), al mud (251v, 17 [E4] ), sa lgan (266r, 12), rreal (267v, 15), tal (213v, 17), alguazil (220v, 11 [E2] ), abril (270r, 1 [E5] ), etc. 46 46 Remitimos a l cap ítulo si guiente sobre foné tica par a los casos de co nfusión /r/-/l/, clar o ejemplo de occide ntalismo. 64 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.4. GRUPOS CONSONÁNTICOS CULTO S Según i ndica L APESA , R. (1981 9 : 280 y 390), de sde el último cuarto del s ig lo XV: En los cultismos se consolida la adaptación de la fonética latina a los hábitos de la pronunciación vulgar, reduciendo los grupos d e consonantes, t odo el periodo áur eo es época d e l ucha entre el respeto a la form a latina de los cult ismos y la propensión a adaptarlos a los hábitos de la pronunciación romance. En nuestro corpus, efectivamente, no se tr ascriben en general los grupos consonánticos c ultos. Esta es la razón por l a cual encontramos pocos ejemplos de conservación del grupo culto, como vamos a ver a continuación: KT> t : otubre, (216r, 10), defetuozo (fol. 243r, 18), efeto (fols. 234r, 24 y 237r, líneas 7 y 10); f rente a un ún ico c aso en que se conserva el grupo culto: efecto (fol. 224r, 36). G RAFÍ AS 65 PT> t : rr esetores (fol. 220r, 2 7; 262r, 28 ), rresetor (fol. 237r, 8), asete (fol. 264v, 5); documentamos un caso de cons ervación, aunque p ertenece a otr o escribano: rreseptor (fol. 242r, 9 [E3] ). CC>i s : y σ tuysión (fol. 224r, 38); ystuysión (fol. 235v, 16); CC> s : elesión (fol. 219v, 25); elesiones (fol. 261r, 18); satisfasi ón (fol. 227v, 30). KS> s : esenziones (fol. 215r, 21);; esensiones (fol. 231v, 12); esensión (fol. 265v, 6). Aunque en algunos casos aparece l a grafía ceceante: yzento ‘exento’ (fol. 251r, 3); eziuan ‘exhiban’ (fol. 271v, 14). KSC> s: eselensia 47 (fols. 219r, 24 y 222v, 28); esed ido (fol. 241v , 30); esediese (fol. 260v, 12); eseder (fol. 260v, 33). MN> n : solenidades (fol. 208r, 20). GN> n : maníficos 48 (fol. 206v, 4), consinadas (fol. 260v, 4), sinada (fol. 263r, 26) 49 . BB> b : ouiar “obviar” (fol. 260v, 5). Finalmente, el grupo N S se conserva en los do s ejemplos en que aparece: le consta (fol. 215r, 22 y 2 5). En este caso la conservación del grupo culto se debe a la necesidad d e diferenciación con el término co sta ‘costar’ ambos, co mo sabemos, procedentes del lat. CONST Ā RE. En definitiva, es evidente la práctica general, c on muy contadas ex cepc iones como ac abamos d e ver, en cuanto a la simpl ificación d e los grupos consonánticos cultos, siguiendo la tendencia de la lengua desde fi nes del siglo XV. 47 Aunque cua ndo se utiliza la abr eviatu ra ap arezca el grupo de for m a m e rame nte gráfica: ex a . 48 Al igual q ue en el c aso an terior, cuando el trata miento ap arece d e forma abreviada apa rece la gra fía: mag co . 49 A veces el escriba no se hace un lío por mor de lo s grupo s c onsonánticos c ultos y a parecen c reaciones léxicas curio sas como sina ga <signada (fol. 263r, 26). 66 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.5. OTROS AS P ECTOS GRÁFICOS 2.5.1. Signos de puntuac ión, acentuación y u so de mayúsculas Sobre los signos de puntuación, y a M ILLARES C ARLO , A. (1983 3 : I , 283) apunta lo siguiente: En l a “escritura carolingia” española y s us derivadas, los signos de puntuación son en número más reducido. Entre los siglos X II y X I V, los que con may or frecuencia aparecen son el punto, usado con diversos valores y par a indicar las dis tintas pausas, y el punto con la coma sobrepuesta, usado con valo r de coma, sin que falten có dices y documentos en los que s ólo aparece el punto como signo indicador de cual quiera de las pausas, o en los que la punt uac ión aparece raras veces o falta en absoluto, como el c aso más f recuente en las escrituras cursivas llamadas ‘cortesana’ y ‘procesal’. G RAFÍ AS 67 En nuestro corpus no ap are cen los si gnos d e puntuación modernos, como era d e esperar. Los únicos signos de puntuación que aparecen s e uti lizan para enmarc ar el párrafo. Al comienzo una espec ie d e letra ga mma con una ra y a ( χ ); y al fi nal de párrafo, bien una ray a (  ); bien un signo similar al actua l de por ciento ( % ); bien la propia rúbrica del escribano. S ANTIAGO , R. (1998: 249) estudi a en un mi nucio so artículo la puntuación en los siglos XVI y XV II en tex tos castellanos impresos. De l as aportaciones que hace a partir de las i nformac iones de l os ortógrafos de l a época , recogemos el testimonio a mediados del siglo XV I de Torquemada: “Otros, en lu g ar de los dos puntos, pon en vna señal como ésta -,. Y algunas vezes tanbién se pone de e sta suerte /.” Parece, por tanto, que l os signos que aparecen en nuestro co rpus se corresponden con el uso de la vírgul a, que rechazaban ortógrafos como N ebrija, por considerar la care nt e de autoridad clási ca. Del mismo modo, no se da el uso de la tilde. En cuanto al empleo de ma y úsculas, es c asi una n orma el que todas l as actas comiencen con la C ma y ús cula d e Cabildo . Asim ismo, es frecuente que la p alabra Acordose, que encabeza muchos párrafos, s e escriba también con A may ús cula. Además de esto podemos encontrar l a A m ay ús cula espo rádica mente pero sin seguir la norma ortográfica m oderna , claro 50 . En este s entido, conviene recordar las palabras de M ILLARES C ARLO , A. Y M ANTECÓN , J. I . (1975 2 : I , 43) cuando a firman “que la escritur a de los siglos XVI y XVII o frece con frecuencia una m ezcla de c ar acteres mayúsculos y minúsculos”. 50 Record em o s que la erre m a yúscula se usa co mo grafía del fone m a vibr ante tenso. 68 C ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 2.5.2. Abreviaturas En cuanto a la presen cia de ab reviaturas, se g ún M ILLARES C ARLO , A. y M ANTECÓN , J. I . (1975 2 : I, 49): El creciente p redominio de la es critura cursiva en toda clase de documentos a partir d e la segunda mit ad del si glo XV, que se acentúa sin g ularmente e n la siguiente centuria, determina las características del sistema abrevi ativo utilizado por los escribanos y amanuenses de los siglos XVI y XVII. La s abreviaturas están destinadas a conseguir una mayor celeridad y una considerable economí a d e espacio y, como nos señalan lo s autores citados, conviene no olvidar, al tratar con text os manuscritos de este periodo la profusión d e nexos , que l a imperfecta separación d e las palabras, la ex traordinaria abund ancia d e rasgos inúti les y el descuido en el trazado de las letras pueden hacernos pensar que todas las palabra s están abreviadas, cuando en realidad no es así. De hecho, en nuestro corpus no abundan las abreviaturas, aunque su uso s e e xt iende a lo largo de todo el texto. Como sabemos, a nivel formal, s e est ablecen dos tipos de ab reviaturas: por suspensión o apócope, aquellas en que se suprim en la letr a o l etra s finales de las palabras; y l as abreviaturas por contracción o síncopa, aqu ellas en qu e se suprimen alguna o al guna s letras intermedias de las pal abras conservando siempre las iniciales y finales. Para M ILLARES C ARLO , A. y M ANTECÓN , J .I . (1975 2 : I, 59) éste últ imo es el que predomina en la es critura cursiva procesal, incluyendo en este grupo aquellas abreviaturas en que se sobrepone a la palabra una letra o una a grupación de letras. Efectivamente, a este grupo de abreviaturas por contracción o síncopa pertenecen la mayoría de las que aparecen en nuestro corpus, como por ejemplo: ex a (ex selesi a); p o (P edr o); Algles (alg uazi les); vº (v ezin o); etc. G RAFÍ AS 69 El grupo ma y oritario de abreviaturas s e refiere a los nombres de tr atamiento. Unas pocas son abreviaturas de nombres de persona. Y, p or último, hay algunas abreviaturas de monedas. Además de l o dicho, interesa desta car que la preposición para se utiliza sistemáticamente abreviada en pa , con una ra y a en la parte inferior de la p 51 . Éstas son, pues, las abrev iaturas que ap arecen en nuestro corpus. Las agru pamos por orden alfabético de l etras conservadas y las acompañamos del término desarrollado tal y como aparece en la edición del texto en el capít ulo 7 de este tra bajo 52 : Algles alg uazi les alº Al ons o corr or corr egid or d o D ieg o d o d ucad o denun r denun siado r ex a ex selesi a 53 ex mo ex selentísi mo 54 fr co Fr ansi σ co ill e ill ustr e ju a J ua n ldo l i ce ncia do m m arauedí 51 Raya que e n un par de ocasiones no apa rece y que pode mos entender co mo simple olvido de l escribano. 52 Desarro llamos las abreviatura s en letra curs iva, mantenie ndo lo s usos gráficos del manuscrito , teniendo en cuenta que e n la mayor ía de los ca sos aparecen d esarrollada s por lo s propios escrib anos. 53 Mantene m os la x al de sarrollar la ab reviatura e n la transcrip ción, a unque e stá clar o que sólo s e pro nu nciaba la s , co m o hemo s apuntad o al hab lar de lo s gr upos conso nánticos cultos. El hecho, ade m ás, de que la palab ra ap arezca desarrollad a e n algunas ocasio nes nos lo confir m a : eselensia ( fol. 222v, 28). Lo mismo cabe decir p ara el caso de ex selentísimo y de mag nífico/s , éste ú ltimo ta m bién a testiguado e n el texto: man ífico σ (fol. 21 0v, 3). 54 M ILL ARES C ARLO , A. y M ANTECÓN , J.I. (1975 2 : I, 64) no recogen esta abr eviatura, au nque sí exª. F ONÉTI CA 77 3.1.1. Conservación de la vocal abierta: [e] por [i] Tenemos ejemplos de co nservac ión de [e] tanto en posición inicial e int erior de palabras: • carnesería 1 , fol. 206v, 20 • deputado σ , fol. 208v, 12; deputados , fol. 231r, 14 2 ; deputan 3 , fol. 224v, 23 • dezienbre 4 , fol. 219r, 4 • enpusisión 5 , fol. 244r, 16 • heruiendo , fol 215v, 21 • preuiliegos 6 , fol. 231v, 11 • rrezebido 7 , fol. 215r, 19 • ynútel 8 , fol. 227v, 21 Como en posición final absoluta, modificando un cultismo: • Corpu σ Cri σ te 9 , fol. 224v, 21 1 C OROMINA S Y P AS CUAL (19 80-91) recogen carn ecería co m o for m a “muy exte ndida a ntiguamente” y explican la pr imera e por disimilación de i-i en e-i. 2 Coloca m os el nú mero de línea en negrita cua ndo re m ite a los títulos de lo s distintos te mas tratado s. 3 C OROMINA S Y P AS CUAL (19 80-91) hab lan d e la vacilació n lati nizante e ntre de-, d i- y d es-, dis-. E n el texto apar ece un sólo caso d e la for m a dipu tan (fol. 270v, 10 [E5] ) . 4 Ta nto aquí como en heruien do tene m o s la vocal original lati na. 5 C OROMINA S Y P AS CUAL (19 80-91) r ecogen la for m a empo nere e n B erceo. T enem os q ue señalar q ue la forma más habitual es yn pusisión ( fol. 224r, 22 ) . 6 Documentada por C OROMINAS Y P AS CUAL (19 80-91) e n Nebrija con el significado d e “ley par a uno”. 7 Documenta mos en un caso la forma rreçibien do (fol. 217r, 1). 8 C OROMINA S Y P AS CUAL (19 80-91) no documentan esta palabra hasta 1575. 9 Par ece que la vocal abierta contagia ta m bié n al genitivo lati no en este caso. 78 C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 3.1.2. Cierre vocálico: [e] > [i] Como fenómeno o cambio fonético esporádico encontramos ejemplos de cierre vocálico, explicables en algunos casos por influencia de la y od rom ánica: • conuinientes , fol. 208r, 6; ynconuiniente , fol. 225r, 8 • inbiada , fol. 207v, 11; ynbiada , fol. 230r, 9; inbiar , fol. 2 16r, 7 ; ynbiar , fol. 229v, 20 ; inbíen , fol. 216r, 7; inbíe , 217v, 13; ynbíe , fol . 229v, 20; ynbiarse, fol. 237r, 10 • minsión ‘mención’, fol. 265v, 28 • ynpusisión , fol. 224r, 22; ynpusión , fol. 230v, 23; i npusi , fol. 224r, 17 En otros casos el cierre vocálico se ex plica por asimilación o disimil ac ión con la vocal tónica: • añidió , fol. 208r, 14; añidan , 243v, 12; añ edir , 243v, 12 • arrincasen , fol. 231v, 32 • dilito , fol. 224v, 10 • iuitar , fol. 219v, 31; yuitarlos, fol. 261v, 6 • ligítima , fol. 213r, 11 • pidi ‘pide’, fol. 252r, 13 • sigir , fol. 216r, 7 • Siuilla , fol. 232v, 17 • treslado , fol 261r, 2 y 262r, 22 • uirificar , fol. 228r, 11 • ydificar ni (y)difiquen, fol. 251r, 3 • yspiriensia, fol. 246r, 3; 260r, 38 • yzento ‘exento’, fol. 251r, 4; yzente, 235v, 8; yzentar, 237r, 7 F ONÉTI CA 79 También puede justificar se por c onfusión de los p re fijos dis- y ex- : • di σ comunión, fol. 264v, 8 Y, finalmente, sin causa o condicionante e vidente en otros casos: • asigure , fol. 218v, 12 • sigunda , fol. 240r, 9 • siguridades , fol. 209r, 25 3.1.3. Cierre vocálico: [o] > [u] • di σ pusisión, fol. 263v, 16 • duzientos, fol. 258r, 11 • lluuido, fol. 259r, 2 • Niculás , fol. 208r, 10 • Purtugal , fol. 206v, 42 3.1.4. Coexistencia de formas antiguas y moder nas En muchas ocasiones vemos cómo aparecen las mismas voces con la forma antigua y la del español moderno: FORMA ANTIGUA FORMA MODERNA deputado, fol. 239r, 9 di putado, fol. 246v, 22 deputan , fol. 224v, 23 diputan, fol. 270v, 10 [E5] Purtugal , fol. 206v, 42 Portugal , fol. 222v, 17 notefique , fol. 209r, 14 notifique , fol. 209r, 34 80 C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI ouiere , fol. 213r, 28 u uiere 10 , fol. 209v, 21 arrincasen 11 , fol. 231v, 31 arranquen , fol. 231v, 34 enpusisión , fol. 244r, 16 ynposisión , fol. 247v, 20 pidi ‘pide’, fol. 252r, 13 pide , fol. 233v, 12 sigir , fol. 216r, 7 proseguir, fol. 269v, 8 Siuilla , fol. 232v, 17 Sevilla, fol. 257v, 9 ydificar, fol. 251r, 3 edifique, fol. 250v, 29 yzento ‘exento’, fol. 251r, 4 esensión, fol. 266v, 8 sigunda , fol. 240r, 9 segunda, fol. 213v, 4 siguridades , fol. 209r, 25 seguridad, fol. 217r, 1 [E3] duzientos, fol. 258r, 11 d ozientos, fol. 258r, 10 10 Po r generalizac ión de u tem át ica en las for m as derivadas de los p erfectos en –UI características d e los verbos en – Ē RE. 11 Es p alabra de o rigen incier to según C OROMINA S Y P ASCUAL (19 80-91), que docum e ntan la forma aRrinca r en galle go-portugués, po r lo que par ece q ue en este caso te ndíamos i nfluencia de la fonética por tug uesa. F ONÉTI CA 81 3.2. DEBILIT AMIENT O DE LAS CONS ONA NTES IMPLOSIVAS El debili tamiento de l as consonantes implosivas se ha relacionado por pa rte de C ATALÁN , D. (1971: 85) con la tendencia a la sílaba abierta del español: La tendenci a del español a reducir el papel informativo de los márgenes implosivo s de la síl aba y a gene ra lizar analógicamente la estructura silábica más común, el tipo / TA | TA /, es, sin duda, la fuerza estructural responsable de la ex traordinaria fluctuación fónica de –s y –z finales de sílaba en la mitad sur de España. En este sentido, el profesor C ANO , R. (2004: 849) afirma: No obs tante, los r esultados posteriores de a lguno de estos procesos (por ejemplo, la aspiración de –s implosiva) parecen 82 C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI desmentir los objetivos tanto de “sílaba abierta” como de una mayor simplicidad fonética. 12 Por otra parte, B OYD -B OWMAN , P. (1988: 75) señala que los numerosos errore s manuscritos “revelan qu e hacia fines del si glo X VI ya comenzaba a manifestarse en el español de muchos pobl adores d e América, sobre tod o en el Carib e, un debilitamiento sistemático de toda consonante final d e sílaba.” Sostiene este inv estigador que esta tendencia caracteriz a en la actu alidad “a los diale ctos hispánicos fonoló gicamente m ás innovadores, es decir, lo s de Andalucía, Canarias y la z ona del Caribe, región donde muy temprano se acumularon fuertes núcleos de famili as anda luzas”. El corpus estudiado nos permite corroborar la t endenc ia a la relajación consonántica característi ca de l as hablas andaluzas en la época y que r efleja de fo rma evidente el texto, como vamos a ver a continuación. La p alabra denusiador (fol. 220r, 21 y otros 24 ejemplos más) siempre aparece con pérdid a de [ n ] implosiva. A esto que de cimos ha y que añadi r dos ejemplos pertenecientes a [E3] sin pérdida de dicha [n] implosiva. Otro caso de pérdida de [n] implosiva, ahora en final absoluto, lo hallamos en l a palabra prouizió (fol. 251r, 6), aunque al contrario del anterior, es un ejemplo aisl ado. Son pocos ejemplos y , por tanto, poco significativos, l o que nos impide decantarnos y tomarlos como una posible tendencia y a a la nasalización, que en la actualidad es tan evidente en andaluz. B OYD -B OW MAN , P. (19 88: 81) también reco g e en tex tos mexicanos de 1590 casos de pérdida de f ricativas sonoras intervocálicas como to ‘todo’, como ocurre en nuestro corpus en dos ocasiones, una en el fol. 208r, 14 y l a otra en el fol. 209r, 17. Otros casos, como maesago ‘maesazgo’ (fol. 262v, 18) refle jan esa t endencia a la relajación consonántic a en pos ición implosiva, o en implosiva final ab soluto en el caso de formalidá ‘formalidad’ (fol. 270v, 10 [E5] ). 12 Como había estab lecido A LONSO , A. (19 45) en su artículo “Una le y fonoló gica del españo l”. F ONÉTI CA 83 Pero, sin duda, son más abundantes los ejemplos de pérdid a de [ s ] y de tr ueque de [ r ] y [ l ] , como vamos a ver seguidamente. 3.2.1. Pérdida de [ [ [ [ s ] ] ] ] implosiva En su artículo “Material es para la historia de la aspiración de la /s/ implosiv a” , F RAGO , J.A. (1983: 160) aporta un conjunto de ejemplos, tanto de elis ión de –s , como de casos d e –s por ultrac orrección que abarcan, fundamentalmente, los siglos XV y XVI a partir de fuentes docu mentales andaluzas no li tera rias y sostiene que el fenómeno es antiguo: Esa aspiración está atestiguada en Andalucía con fechas mu y anteriores a las que c orresponden los escritos d e un L ope de Rueda o de un Gón gora, lo que ocurre es que resulta imprescindible busca r los testimoni os del fenómeno en las fuentes más susceptibles de darles cabida. Frente a esta opinión, existen visiones opuestas, como la del profesor A RIZA , M. (1996: 50): Ciertamente Frago, Lapesa y Mendoza señalan casos de pérdida d e –s final en la Edad M edia, incluso Torreblanca ha registrado numerosos ejemplos de “pérdida” de –s desde el siglo X en Castilla. Y en este punto nos en contramos con dos postulados antagónicos: 1º) los ejemplos mue stran que la aspiración y pé rdida de – s es mu y antigua 2º) se trata de meros lapsus calami, de simples errores de escritura. 84 C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI El profesor A RIZA , desp ués del estud io de l os ejemplos aportados por dist intos investigadores y de rela cionar el f enómeno d e l a aspiración d e –s im plosiva con la velarización de /š/ 13 , conclu y e que “verd ade ra mente los datos nos indican una cronología tardía, pues son de fines del si g lo XVI”. De la misma opinión es M ONDÉJAR , J. (1997: 174), cuando afirma: Pero lo que no parece aceptable es que se pretenda demostrar la exist enc ia de la aspiración por el j uego de presencia / ausencia de la g rafía ese allí donde debe aparecer, porque en la conciencia lingüística del usua rio de la aspirac ión, que nunc a la escribe, se considerara vari ante art iculatoria del fonema ese . En el capítulo siguiente , en el que abordare mos la aspiración como fenómeno fonológico de las hablas meridionales, volveremos sobre el t ema que nos ocupa. Ahora nos limitaremos a señalar los ejemplos que nos ofrece el tex to de pérdida de [ s ] . De esta forma, pod emos señalar casos de p érdida de [ s ] final absoluto en el apellido Palasio 14 (fol. 225v, 5). Aunqu e en la ma y o ría de los casos l a [ s ] final que c ae corresponde al morf ema de pl ural y la pérdida de la [ s ] final se produce en el segundo elemento del s intag ma, con lo cual el significado plural queda asegurado por el morfema del primer elemento: • moderado σ presio (fol. 222v, 30) • do σ año (fols. 207r, 21 y 223v, 3) • honbres hijodalgo (fol. 213v, 8) • los tales persona (fol. 223r, 32) • mil maravedí σ rrepartid o (fol. 230r, 39) 13 Aportación r ealizada en un tr abajo anterior, A RIZA , M. ( 1994b) . 14 Se trata d el patro ním ico ‘Palac ios’. F ONÉTI CA 85 • los pezo (fol. 231v, 26) • los montes y canpo (fol. 233r, 21) • tre o quatro blrasas 15 (fol. 234v, 16). • los pobre (fols. 238v, 14 y 249v, 28) • por tersios repartido (fol. 238v, 30) En algún caso tenemos ej emplo de pé rdida de [ s ] final en el primer elemen to del sintagma, pero s e conserva en el s egundo; además el sustantivo comienza también por s- , lo que en este caso ha podido facilitar la pérdida: la solenidades 16 (fol. 208r, 20). Encontramos también algunos ejemplos de p érdida de [ s ] implosiva en interior de palabra: juridisión (fol. 223r, 27); depués (fol. 210r, 25 y 244 r, 15). Finalmente, tenemos dos casos que pod emos atribuir a lapsus calami del escribano: compres (fol. 243r, 14), donde debería aparecer la te rcera p ersona del verbo, y por tanto cabría pens ar que s e trata de un a –s final por ultracorrec ción; y caniñal (fol. 244r, 34) por canillas, que aparece más abajo. 15 Esta palab ra es un claro e je mplo de confusión r/l , puesto q ue e l e scribano a nte la duda escribe a mbas grafías. Lo ve mos a contin uación. 16 De toda s for mas este caso de p érdida de -s es discutible, pu esto que sería un eje m plo más de la llamada m odi ficación por deglutinación del artículo o r educción p or fonética s intáctica. Realmente, lo que apar ece en el origi nal es lasolenida des . Vid. la REPRODUCCIÓ N DIG ITAL. 86 C ONT RIBUCIÓN AL E STUDIO DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA DO DE A YAMONT E EN EL S IGL O XVI 3.2.2. Confu s ión [r]-[l] implosivas Sobre la confusión [r] y [l] implosivas ya establece en su obra clásica L APESA , R. (1981 9 : 385) la antigüedad del fenómeno 17 : Muy anti guas son las prim era s muestras de confusión entre /- r/ y /-l/ finales de sílaba o palabra, que en el habla actual del Mediodía pe ninsular, Canarias, el Caribe y ot ras regiones costeras de América se i ntercambian, se neutralizan en un a articulación relajada que se representa en la grafía con una u otra letra, se vocalizan en [ i] semivocal, se nasalizan , se aspiran, o simplemente se omiten. Y r ecoge testimonios moz ára bes, del área toledana y muchos ejem plos andaluces, como “ abril los cimientos” en un documento sevillano de 1384-1392; arguarysmo ‘alguarismo, cálculo’, en el Cancionero de B aena; y también e jemplos canarios y americanos, que le hacen afi rmar qu e “todas o casi todas l as variedades actuales del fenómeno se registran y a en el si glo XVI” 18 . A este fenómeno se refiere el profesor F RAGO , J.A. (1984: 135) de esta for ma: Particular m ención merecen, por su vitalidad actual y lo abundante de su verificación histórica, l as diferentes modalidades andaluzas del tratamiento de las consonantes /r, l/ tanto en la t ensión s ilábica y a g rupadas con o tro elemento consonántico, como en posición implosi va interior o final de palabra. 17 Estudiado co n anterior idad, co m o sabe m os, po r A LON SO , A. (1 945) en su a rtículo “Geo grafía fonética: –l y –r implo sivas en español” . 18 Vid. Lapesa, R. (198 1 9 : 385-387 ). F ONÉTI CA 93 los . En ambos casos el escribano duda al escribirlos, puesto que pa rece que primero escribe le y posteriormen te corrige escribiendo se 25 . Estos ejemplos ponen de manifies to que no estaba mu y familiarizado con la nu eva forma se , puesto que dud a a la hora de escribirla. El seg undo ca mbio fonético s e refiere al pronombre relativo quien , etimológicamente invari able por proc eder del singular QU Ĕ M, cu y a forma plural, quienes , se desarrolla en la primera mitad del siglo XV I 26 . En nuestro corpus aparece quien (fol. 263v, 2 3), e n donde ha y que suponer el p ronombre en plural 27 . La forma quien, en este caso, puede obedecer a que no se ha aclimatado la nueva form a del plura l. El otro cambio fonético que se está p roduciendo en el siglo XV I afecta a las formas de futuro y condi cional. Según L APESA , R. (1981 9 : 392): En el futuro y condi cional, como se advertía q ue su primer elemento er a el infinitivo , se restableció éste íntegro en deb ería, en vez del medieval d ebría y otros semejantes que subsis tían hacia 1540. [ ...] También las formas porné, verné , tern é sucumbieron, tras un per iodo de alternancia que duró hasta fines del siglo XVI, ante pondré, vendré, tendré, más fieles a la raíz. Nuestro tex to, como era de esperar, nos aporta algunos ejemplos de la forma antigua del ve rbo con metátesis. Así, podemos aportar un ejemplo de futuro con metátesis: terná (fol. 213r, 27); y otro ejemplo del condicional conuernía (fol . 250v, 9), frente a otro caso en que aparece la forma moderna: conuendría (fol. 260v, 5). 25 Remitimos a la REPRODU CCIÓN DIGI TAL del man uscrito . 26 Vid. L AP ESA , R. (19 81 9 : 397). 27 “Los d ichos se ñores r regidores y ofisia les deste Co nsejo pidier on al señor corr egidor les mande les desocupen sus asientos y esca ños de la σ yguelsia s p ara o yr l os o fisios d iuinos porq ue se los ocupan quien no deuen” (fol. 263v, 2 3). 4. ASPECTOS FONOLÓGI COS Sabemos que en los siglos XV I y XVII se produce el cambio del s istema fonológico del castellano medieval al español moderno. El profesor A LARCOS , E. (1986 4 : 268) lo resume de esta manera: Las modifica ciones implant adas en esa época en el castella no general y literario no son resultado de una rápida evolución, o revolución, fonética, como a pri mera vista parece [...] Se trata más bien del triunfo de modalidad es preex istentes, dialectal es, sobre las hasta entonces consid eradas com o más pulidas y refinadas. Es, pues, un cambio de la norma fonológica, y los f enómenos fonéticos que la produjeron proceden de los si g los m edievales y de ciertas z onas. Estos cambios, como sabemos, af ectan a las labiales sonoras, a la aspirac ión y pérdida de F- latina , a las sibila ntes y a la ve larizac ión de las antig uas palatales /š, ž /. Como consecuenci a de ellos, se v a a conformar l a variedad m eridional del español, c aracteriz ada por el s eseo/ce ceo y p or la aspiración. El prof esor C ANO , R. (2004: 825) lo resume así: 98 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YA MONT E EN E L S IG LO X V I En este sentido, los cambios en el sistema fonológico diferen ciarían claram ente esta época de l a medieval : derrota de [f-] frente a [h-] primero y más tarde [Ø] , desaparición de fonemas sibilantes y palatales sonoros, de sarrollo de unidad es fónicas tan ca racterís ticas del español moderno c omo / Ө / y /x/, desarrollos dive rgentes entre Castilla y Andalucía... Seg uidamente nos vamos a re ferir a ellos a la luz de la s principales investigaciones que se h an realizado y apor tando los ejemplos que nos ofrec e nuestro texto. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 99 4.1. LAS LABIALES SONORAS Según A LARCOS , E. (1986 4 : 269) “frente a la oposici ón b/v medieval, ahora se instala l a confusión, que vi mos era mu y anti gua en el No rte (est o es, /b/ con vari antes combinatoria s oc lusivas y fricativas)”. Por su parte, L APESA , R. (1981: 370) señala: Durante algún tiempo d ebió de continuar la vi eja distinción entre los fone mas /b/ oclusivo (escrito b ) y /v/ fricativo (con gr afí a u o v ), al menos en algunas regiones: en 1531 el toledano Alejo Vanegas describ e como labi odental la articulación de la v , y lo mismo hacen en 160 9 el sevillano Mateo Alemán, y en 1626 el cacereño Gonzalo C orreas. 100 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I Fre nte a esta hipóte sis sobre la existe ncia del fonema labiodental es n ecesario citar la s conclusiones de A RIZA , M. y S ALVADOR , A. (1992: 176): “consideramos que se puede afirmar que nunca hubo /v/ en español antiguo y que el testimonio de lo s gramá ticos del Sig lo de Oro no son más que resabios cultista s”. Por su parte, C ANO , R. ( 2004: 829), tratando el p robl ema de la confusión de los fonemas la biales sonoros, resume la situación ac tual en c uanto a la investig ación del fenómeno del siguiente modo: Lo que más bien h ay que plantear aquí es si en el s. XV I la distinción de labiales sonoras t odavía estaba viv a en amplias capas de hablant es, por lo que seguí a como regla de escrit ura, o si era simplemente un fenómeno residual. A. Alonso, Martinet, Phillips Jr., en c ierto modo Lape sa, y Alar cos mantienen la primera postura; D. Alonso y Ariz a, entre oros, so n partidarios de la segunda. Y, más adelante, concluye el profesor Rafa el C ANO que “d e los manuscritos parece ho y qu e, frent e a una escritura (la not arial, la vulg ar) llena de transgresiones del viejo sistema de uso de b y v , sólo los a utores más c ultos y cuidadosos mantenían la distinción g ráfica (¿también la foné tica?)”. En este sentido, nuestra investigación aporta ejemplos de confusión de las gr afí as b y v que van en esta dirección, co mo hemos señal ado en el epígrafe correspondiente del c apítulo dedicado a las GRAFÍAS: L os casos d e grafía anóm alas son siempre de b en lu g ar de u/v y se producen, como hemos visto, tanto en situación inicia l com o en posición inte rvocálic a: boz (fol. 213v, 24), basallo σ (fol. 222v, 25), biba (fol. 232v, 19), botasen (fol. 239v, 27), boto (fol. 242v, 13 [E3] ), boluer (fol. 243v, 18 y 265 v, 9), bea (fol. 251v, 12), benda (fol. 251v, 16 [E4] y 257v, 9 [E2] ), bale (fol. 251v, 17 [E4] ), biernes (fol. 2 52r, 1 [E4] ; y abuelo σ (fol. 215r, 23), abundamiento (fol. 243r, 11), obedesió (fol. 207r, 15), alchibo A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 101 (fol. 240v, 11), nueba (fol. 263r,18), abise (fol. 264r, 33). El caso d e biba es mu y significativo, puesto que en la misma palab ra tenemos la grafía de la oclusiva o fuerte en posición inic ial com o era de espe rar, pero la volvemos a encontrar también en posición intervocá lica de ma nera injustifica da por repre sentar aquí a la la bial fricativa o floja. Esta sit uación es normal para la época y se acentuar á aún más en el siglo XV II , debido a la confluencia d e los antiguos fone mas labiales oclusivo y fricativo desde fines de la Edad Media. 102 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I 4.2. SESEO-CECEO 4.2.1. Introducción Uno de los primeros investigadores en aborda r el tema desde el punto de vista científic o 1 fue Amado A LONSO en su artículo fu ndamental “Historia del ‘ceceo’ y del ‘seseo’ españoles” (1951 ) 2 . Y desde las primer as líneas ponía en relación e l fenómeno con los cambios del español en los siglos XVI y XVII, la llamada por él mismo “revolución fonológica d el Sig lo de Or o”, y lo situaba geográficamente: 1 No vam o s a en trar ahora en las cuestiones sobre con fus iones de sibilantes a las que hacían mención en la etapa “precien tífica” de andaluz autores como Machado y Álvarez o Hugo Schuchardt, por citar dos de los ejem plos m á s significativos . Para ello re m iti mos a M ONDÉJAR , J. (2001 2 : 45- 77). Tam poco nos deten dremos en ot ras teorías anteriores como las de Arias Montan o, Juan de Robl es, etc. pues alargarían el capítulo y la ma y oría están supera das. Vid. G ON ZÁ LEZ O LL É , F. (1987); M ONDÉJAR , J. (2001 2 :1 23-128 ; 163-198); etc . 2 Nosotr os manej amos la ed ición d el artíc ulo en A LONSO , A. (1967): De l a pronunciació n medieval a la moderna en esp añol, Madrid, Gredos, Tomo II, pp. 47-144 . A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 103 El ceceo y el seseo españ oles son fenómenos estr echamente conectados con las i gualaciones s-ss, z-ç, j-x y b-v qu e ocurrieron en el siglo XV I y parte del XV II , y en verdad un grado más avanzado, y regi onalmente limitado, de las igualaciones s-ss y z-ç, a su vez igualadas en s o en c, aunque no precisamente en este orden de sucesión. El fo co más antiguo de estos c ambios parece ser la ciudad de Sevilla . (p. 47). Pocos años después apa rece el artí culo del profesor L APESA (1957) 3 “Sobre el ceceo y seseo andaluces”, en el que apo rta nuevos ejemplos siguiendo las tres etap as en el proceso de evolución d el se seo establecidas por Amado A L ONSO : 1) aparición de -s por -z en posición implosiva; 2) uso de - s- por -z- int ervocáli ca; y 3) empleo de -s-, -ss - por ç . Según esto, el sese o se inició en la posición más débil, es de cir, en final de sílaba o de palabra, donde la z era un sonido especia lmente relajado; prosiguió sustitu y end o la sonora intervocá lica - z- por la también sonora -s- , ambas de articulación floja; y cul minó empleando s- y -ss- por ç- y -ç- , todas sonoras y tensas. (p . 252). Al finalizar l a década, aparec e una tercera cont ribu ción al estudio del fenómeno, obra de C ATAL ÁN , D. (1958) 4 , “El çeçeo-z ezeo al comenzar l a expansión atl ántica de Castilla” , en donde refuta la tesis polig enética 5 de Amado A LONSO : 3 Maneja m os la reedició n en L APE S A , R. (1984): Estudi os de hi stor ia lingüíst ica es pañola , Madrid, Parani nf o, pp. 249-26 6. 4 Citam o s por la reedición aparecida en C ATALÁN , D. (1989): El español: or ígenes de s u divers idad, Madrid, Paran info, pp. 53- 75. 104 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I La situación del çez eo en los puertos atrlánticos de España al tiempo de iniciarse la aventura coloniz adora nos asegura que fueron los propios euro peizadores de Can arias, el Caribe y México, salidos de la Penínsul a, los que implantaron desde un principio entre las nuevas comuni dades ul tramari nas el hábito de çezear como se villanos (según la expresión de Bernal Díaz). (p. 73). En 1962 aparece publicado el artículo “Sevilla frente a Madrid” de don R amón Menéndez Pidal, que su pone un nuevo avan ce en la inve stigación del fenómeno. Tras descart ar algunas aporta ciones anterior es 6 , presenta nuevos testim onios antig uos que le hacen afirmar: A pesar del ortodoxo toleda nismo fonético propu g nado por Nebrija de sde Sevilla en e l tránsito del sig lo XV al XVI, e l nuevo dialecto andaluz, con el çeçeo-zez eo co mo prin cipal galanura, ganaba por en tonces al patrón oficia l toledano dos batallas de singular importancia: la s nuevas comunidades castellaniz adas del reino granadi no y las nuev as sociedades castellanas de Améric a aceptaban desde su fundación la novedosa simplicidad del habla çeçeosa-z ezeosa . (p. 118). Una décad a más tarde ve la luz el artícul o de A LVAR , M. (1972), cuyo título “A vueltas con el seseo y el ceceo” deja m u y cl aro que el estudio del tema no está agotado. El profesor Alvar establece una nuev a lect ura sob re los testimonios contemporáneos del 5 Recordem o s que el lingüis ta navarro, al es tablecer una cronología tardía del f enómeno, defien de la independen cia del seseo am eri cano f rente al andalu z: “Pero qu eda un h ec ho de capital im portancia para la hist oria lingüística: el seseo-ceceo no tuv o un luga r ún ico de nacimiento des de el que se expan diera en man cha crecie nte: nació coetáneam ente en muchos lug a res aislados, s in que el de un lugar provocase el de otro.” (p. 121 ). Vid. A L ONSO , A. (1967: 118- 128). 6 “Los ejempl os reun idos por Am ado Alon so, no sólo del sig lo XV, pero aún del XVI, basados en docum entos editados por A .D. Savage, no parecen completamente dign os de fe”, p. 112. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 111 para esta épo ca (y tanto en España com o en América) la hipótesis de A. Alonso de las tres etap as del seseo: a) igualación de –z y –s finales; b) i gualación de z y s sonoras; c) igualación de c y ss sord as. La confluen cia alcan za a cual quier contex to y a cualqui er origen etim ológico. Este único fonema fric ativo dental sor do resultante tendrá dos realizaciones: una siseante , o más parecida a la /s/ c astella na , pero predo rsal; y otra ciceante, o más cercana a l a / θ /, es decir, lo que modernament e llamamos seseo y c eceo, respectivam ente. Veamos, a continuación, estos dos resultados a partir de los te stimonios gráficos que nos ofrece el tex to. 4.2.2.1. Seseo ⇒ Sese o a partir de c onfusiones entre las antiguas sibila ntes sordas: /s/ ( s-, -ss- ) en lugar de / ŝ / ( c, ç ): a) Posición inic ial: sapateros (209r, 14), sapatería (245v, 28), sebollas (248v, 10), ), senteno (248v, 6), serró (224v, 6); sierre (248v, 16); serrado ‘ce rrar’ (261r, 10), sese ‘ cesar’ (260 r, 18), seuada (209v, 12), sien (217v, 27), sierta (206v, 37), siento σ (210r, 10), sinco (215r , 13), sincuenta (218v, 29), sivdades (224r, 34), siento y sincuenta (259v, 16), Samudio (249r, 15), Safra ( 252r, 11), Samora (259r, 29), b) Explosiva en posición intervocálica: aderesa r, aderesen (261v, 17 y 18), asadoneros (259r, 4), aserca (222v, 6), asier te (215v, 9), atarasanas (253r, 29), aueriguasión (260v, 30), cresida (263v, 15), c ondisiones (244v, 14), conseruasión (250r, 26), denusiador (244v, 31), desi ende, (223r, 12), el esión (219r, 13), enp esó 112 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I (265r, 24), eseder , (260v, 34), esedies e , (260v, 12), espesialmente (259r, 2 5), estuysión , (250v, 16), fásilmente (259r, 3), ju σ tisia (206v, 3) , lis ensia (250r, 11), lis e nsiado (245v, 10), nase ‘n acer’ (263v, 13), negosio (256v, 7), nesesidad (260v, 20), notisia (264r, 23), obedesió (264v, 17), pareser (265r, 4), paresiere (206v, 14), pedaso (259v, 3), petisión (244v, 13), plasa (220r, 2), plaseta (252v, 21), pres io (206v, 32), prosederá (249r, 3), rrelasión (264r, 6), rresetores (262r, 28), rresibieron (263r, 5 ), seruis io (248v, 11), soli s ite (269v, 10), sufi siente (246r, 24), sused e , (271v, 3), tresientos, (237v, 17), ynformasión (265v, 8), ynposis ion, (244v, 20), ynpusis ion , (230v, 28), yspiriensia (246r, 3), y σ tuysion (224r, 38), Bisente (207v, 30), Palasio σ (207v, 15). c) Explosiva tras consonante: alcansó , (262v, 18), alsen (242v, 26), alsa, (262v, 3), alsado, (248r, 28), ap ersiban , (248v, 21), asystens ia, ausensia (234r, 13), avdiensia, (267r, 16), balansa , (274v, 5), cársel (219v, 35), carselero, (264v, 12), comensado (209r, 27), comensar (206v, 30), comiensan, (260r, 13), consejo 13 ´ conc ejo´ (en el encabez amiento de cada una de las actas perten ecient es a [E1] ), consiensi a (236r, 15), consierte (230v, 11), co nsertados, (259v, 23), consertaren, (259r, 7), co nsertó, (265r, 25), denunsie (231v, 21), dife(re) nsias (239v, 26), diligensia, (260v, 13 ), diligen sias (231v, 13), ensima, (264r, 8), esens ión, (266v, 8), esensiones (231v, 11), esperans a 14 (206v, 40), fiansas (207v, 9), libransa (206v, 20), lisens ia (207v, 7), lisen s iado (multitud de ejemplos), marso (206v, 1), matansa (247v, 28), minsión , (265v, 28), morsillas (237v, 16), on sas (231v, 25), ordenansas (231v, 17), rr esidensia (239v, 24), rrezidensia (236r, 9) , tersera (213v, 4), tersias (218r, 3), yntensión (231v, 17), ynteruensión , (260v, 28), ysperi ens ia , (246r, 3), Ualensuela (253r, 5), Fransi σ co, Garsía (264v, 12), Gonsales (247v, 17) , Lorenso (250r,10). 13 Frente a conçejo (270 v, 9 [E5] ) y concejo (216v, 3 [ E3 ] ) y (257v , 30 [E4] ). 14 El escribano du da, otra vez, e ntre z y s . A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 113 ⇒ Seseo a partir de conf usiones entre las antigua s sibilantes sonoras: /z/ ( -s- )e n luga r de /z/ ( z ): a) Explosiva en posic ión intervoc álica : abastesida (234r, 24), asotes (220r, 1), benefisiar (207r, 22), b enefisio (233r, 22), brasas ‘medida d e longitud’ (234v, 16 ), cabesos (223r, 20 ) , carnesería (206v, 11), condis ión (206v, 31), condisiones, (256r, 2), confirmasión (207r, 17), (con)pareser (216r, 23), conseruasión, (250 r, 26), dispusisión (263v, 16), enpesó , (2 65r, 24), espesialmente , (259r, 25), fásilmente , (259r, 3), fortalesa < prov. fortalessa (270v, 3), hiso (233r, 7), meres e (222v, 24), mo so (215v, 8), muñisiones (213r, 26), nasiones (216r, 18), nesesidad (209v, 15), notisia (220r, 15), obedeser (222v, 18 ), obligasión (234v, 9), ocupasión (239r, 15), ocupasiones (265r, 29), ofisiales (213v, 16), ofisio (208r, 17), ofrese (234v, 24), ofresiere (248v, 27 ), padese (233r, 20), par esca, (256r, 26), pares e , (261v, 6), pareseres (239v, 27), paresiere (206v, 22), paresió , (252v, 20 ), pedaso (208r, 1), petisión (207v, 24), pros eso (267v, 15), prorrogasión (207r, 20 ), rreconpensa s ión (216r, 26), rrelasión (241v, 30), rreseptor (242r, 9), rre setores (262r, 28), rresebir (264r, 11), rresibe (260r, 39), rresibidos (238v, 12), seruis io σ (219r, 10), solis ite (237r, 14), sufis iente (218r, 36), tresientos (237v, 17, per o trezie ntos en la línea 15), uejasión (230v, 9), ynformasión (224v, 11), ynpusis ión (224r, 23). b) Implosiva: rrodesno (229v, 29), rrodesnos (25 0r, 10), Biscayno (247v, 32), Uas ques (224r, 39). c) Final absoluto: jues, dies (207r, 16), ues (207r, 27) y, con las reservas hechas anteriorme nte, los patronímicos ante s citados: Á luares (265v, 6), Días (259v, 13), Fernandes (263v, 31 ), Gonsales (247v,17), Hernandes (259r, 4 ), Rrodriges (261v, 24), Saes (256v, 8), Sanches (252r, 7 ). 114 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I 4.2.2.2. Ceceo ⇒ Ceceo a partir de con fusiones entre las antig uas sibilantes sonoras: /z/ ( z ) en luga r de /z/ ( -s- ) o de /s/ ( s-, -ss- ): a) Posic ión inicial: z iza (230v, 21), frente a siza (231r, 14). b) Ex plosiva en posición intervocálic a: auizitar (218v, 34), auizo (234r, 17), auizos (246r, 4), auzen tare (234r, 25), avz ensia (239r, 8), cauza (209 r, 28), cavza (252v, 17), caza (209r, 28), caza σ (210r, 14), cazi (252V, 18), defetuozo (243r, 18), deheza (207v, 33), dema ziados (219r, 9), demazías (255v, 30), depozitario (256v, 5), escuzar (244v, 1), es cuzare (267v, 4), escuzarían, escuzarse (260v, 4 y 5), gizar< germ. (233r, 12), huzillos 15 (229v, 26), iuzo (213v, 22), ynglezes (246r, 2), marq ueza (206v, 14), marquezado (222v, 16), meza (248r, 20), mezes (232r, 22), mezonero σ (209v, 11), ozados (218r, 3), peza (218r, 24), pezas (243v, 27) pezadunbre (222v, 12), pezador (252v, 22), pezadores (252v, 18), pezo (251r, 24), pezos (249v, 17), pozada (235v, 8), pózito (207r, 29), preza (251r, 22), prezent e (206v, 41), prezent ó (206v, 24), prezentaron (247v, 18), propuzo (218r, 19), pro uizión (207v, 12), prouizione σ (246r, 31), puziesen, puzieron (248r, 27 y 265r, 15), puzo (216r, 27), quezo (219 v, 23), quinze (245v, 8), rrezes (268v, 7), rrezidensia (236r, 9), frente a rresidensia (23 9v, 24), siza (231r, 14), suzodicho (2 48r, 8), uze (246r,1), vz o (224r, 31 ), vzarán (23 8v, 13), vzase (207r, 15), uizitado (207v, 27), uizitar (259r, 20), uizitas (224r, 39), uazijas (219v, 34); coza (246r, 3), cozas (2 06v, 8), ocaziones (222v, 17) y quiziese (206v, 16), quizieren 16 (246v, 8), Baltazar (216r, 7), Ozorio (216r, 12). 15 ‘Husil lo’: tornillo d e hierro o m a dera q ue se usa para el mo vimiento de las p rensas y ot ras máquinas (DRAE, 2001 22 ). 16 Estos ú ltimos ejemplos proceden de la an tigua fricativa sorda /s/, -ss- , en la escritura. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 115 4.2.2.3. Ausencia de seseo-ceceo ⇒ Resultado etimológ ico procedente de las antiguas sibilantes fricativas apicales /s/ y /z/: a) Posic ión inicial: sábado (209r, 18), saber (217v, 41), sacar (219v, 13), salario (232v, 18), salin as (229v, 31), salón (26 1r, 9) , salud (216r, 27 ), saluo (241v, 31), sangraza (243r, 5), santo (242r, 26), se 17 (244v, 1), secretario (213 r, 20), sei σ (215v, 24), sello 242v, 35), señaló (207r, 24), señor (207r, 26), seruido (222v, 17), seruisio (234r, 25), setenta (207r, 19), setienbre (215r, 1), sienten (219v, 33), sigiente (222v, 9), siguridades (209v, 25), sino (219v, 21), sitio (206v, 17), siza (231r, 14), solares (243r, 10 ) , solenidades (208r, 20), solí a 223r, 19), suben (233v, 23), su elas (209r, 15), Sanches (229v, 10), Santiago (233v, 9), Sierra (236r, 7), Siuilla (256v, 6), etc. b) Explosiva en posición intervocálica: asientos (263v, 21), asigure (218v, 12), as istan (231r, 23), des eáy σ (222v, 26), pres entó (242r, 18), prosiga (209 r, 30), rresedir (238r, 20), rresidensia (238v, 3), rreseruado (220r, 14), rresultar (230v, 10); y amasado (241v, 8), asistan (231r, 22), as ystensia (234r, 13), neses ida d (241v, 6), pasado (248r, 2 ), pas as e (206v, 39), pase (220v, 5), pasó (222v, 32), pos es iones (208v, 15), uasallos 18 (222v, 15), etc. c) Explosiva tras consonante: ansí (243r, 16), ensierre <SER Ā RE (264r, 17 ) d) I mplosiva: abasto (224r, 19), acostunbrado (238r, 33), asis tan (231r, 23), asys tensia (234r, 1 3), bastante (217v, 41), bus quen (238v, 24), castigue (224v, 11), castillo (213r, 22), costas ‘costar’ (229v, 23), cost unbre (260r, 12), d escargo (265r, 25), 17 En el f o l. 206v , 25 el escri bano duda en tre z y s . 18 Estos ú ltimos eje m plos corresponden a la antigu a fricativa sorda, -ss- en la escritu ra. 116 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I despida (238r, 24), dest a (239v, 9), destruyen (233r, 21), enprestaro n (217v, 35), escándalo (219v, 31), escribano (235v, 5), escritura (252v, 25), espesial mente (259r, 25), espera (262r, 13), estado (213r, 12 ), están 19 (265r, 7), estero (207r, 14), gasten (223r, 31), hasta (223v, 18), huéspedes (235v, 8) , lagosta (235v, 22), menester (233r, 20), molestia (230v, 9), pastar (232r, 14), peste (235v, 11), postura (242v, 26), propuesto (209v, 26), testigos (223r, 18), tosca (233v, 10), etc. e) Final absoluto: si empre encontramos -s. ⇒ Resulta do etimológico procede nte de las antigu as sibilantes africada s dentoalveolares / ŝ / y /z/: a) Ex plosiva en posi ción intervocálica: alguazil (235r, 17), az eyte (242v, 23), dezienbre (24 4r, 18 ), cozido (248r, 30), cruzada ( 262r, 30), dizen (265v, 5 ), doze (266r, 24), dozientos (242v, 28), gozar (231v, 11), h azer (233r, 31), hazienda (236r, 12), perdizes (218r, 7), perjuizio (207v, 31), pozo (219v, 33), rrazón (222v, 13), rrezidensia (236r, 9), rregozijos (234v, 24), sangraza (243r, 5), treze (261v, 1), trezientos (262r, 15), vezinos (231v, 15), e tc. b) Ex plosiva tras consonante: catorze (231v, 22), esenziones (215r, 22), merçed (234v, 26), onze (239r, 1), ordenanzas 20 (217v, 11), quinze (242r, 20), Palacios (242v, 1), etc. c) F inal absoluto: boz (fol. 213v, 24). 19 En estos se is eje m plos tene mos -s im plos iva proceden te de u na S- l íqui da lat ina. 20 En este ca so la grafía de la so nora indica la pé rdida de la dif erenciación sorda/s onora ent re los dos antiguos fonemas africados. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 117 4.2.2.4. Conclusiones Si real izamos el cóm puto de los ejempl os, obtenemos los sig uientes datos: del total de 385 ejemplos, 1 23 presentan grafías i ndicativas de aus encia de seseo/ce ceo, lo que supone el 32%, f rente al resto, es d ecir, 262 ejemplos que p resentan grafías indicativas de seseo/c eceo, lo que en térmi nos porcentuales supon e el 68% de los casos. A la luz de e stos datos genera les parece c laro que el fenómeno está arrai gado en la zona. Si analiz amos a continuación los 262 ejem plos qu e presentan grafías que i ndican seseo/ceceo, comprobam os que los casos d e seseo son mucho más numerosos, 192 frente a 70 ejemplos de ceceo. En términos porcentuales, en el 73 % de los ejemplos de confusión tenemos seseo, frent e al 27% de c asos en que aparec e ceceo. Parece fuera de dudas, a la vista del aná lisis de los ejempl os aportados, que la variante s eseante es ma yoritari a frente a los casos en que apa rece la grafía indicativa de ceceo. Dicho d e otro modo: los casos de seseo s on mucho más abundant es que los de ceceo. Aunque, como h emos apuntado arrib a sigu iendo a Rafael Lapesa, muchas de las grafías puedan deb erse a ultracorr ección, las cifr as parecen dem asiado clar as como para hacernos aventur ar que la pronunciación de lo s es cribanos era de car ácter c eceante. A la vista de los ejemplos aportados, las confusiones a favor de l a variante seseante se producen en tre las sibilantes sonoras y ent re las sordas, mientras que los casos de ceceo sólo se dan ent re las sordas. Es muy si gnificati vo también el hecho, de que encontremos ejemplos de seseo en todas las posiciones (inici al, explosiva intervocálica, ex plosiva tras consonante, im plosiva y en posición final), mientras que los casos de ceceo s e circunscri ben únicam ente a posici ón intervocálica. Todos los datos y argumentos aportados nos h acen concluir sostenien do la mayor ex tensión de la variant e seseante en nuestr o corpus frente a la v ariant e ceceante. 118 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I Dicho de otro modo, par ece que la situación actual de ceceo en la zona no fue así en el origen del fenóme no. Y esto es lo problemático, como podemos colegir de la siguie nte c ita 21 : En Se villa, Huelva y Cádiz, la confusión s, ç y z caste llanas se repartió e ntre seseo y ceceo. [... ] E n r e a l i d a d n o s e v e fundamento alguno para suponer que uno derivase de otro ni que éste fuese anterio r o posterior a aqu él. Difer entes circunstanci as debieron hacer que la relación entre s, ç y z se resolviese en cad a comarca en seseo o ce ceo y qu e cada una de estas formas alcanzase después di stinta consideración, así en ext ensión como en concept o social. Estos investigadores y a habían puesto de manifiesto la influencia qu e “la forma de la s andaluza, en sus variantes coronal y pred orsal, debió influir en la confusión de las antig uas ç y z con la s en esta re gión”. (p. 271). Por lo tanto, el problema que se nos presenta es que nuest ro corpus parece ofrecer un a tendencia al seseo a fi nales del si g l o XVI y en A y amonte se cecea. De manera que, o bien habría que pensar en una con fusión sin determinar en qué variable -lo que parece poco prob able a la vista de los numerosos ejempl os 22 -, o bien habrá que admitir que la s solucione s pudieron modific arse posteriorme nte. En este sentido, so n necesarios muchos más trabajos de cará cter histórico –inclu y endo otros puntos de la 21 N AV AR RO T OMÁS ,T . ,E SPI NO SA ,A .M .y R ODR Í GUEZ C ASTE LLANO , L. (1933: 266). Véas e tam bién la págin a 271 y siguien te s en do n de se pon e de manif iesto la inf luen cia que las es es coronal y predorsal andalu za s tu vieron en la confu sión de los antigu os fo ne m a s dentoalveo lares co n /s/, o rige n del fenó meno en la reg ión. 22 Aunque s iempre cabe pens ar con R. Lapesa, com o he mos apuntad o ante s en la intro ducc ión, que las graf ías sean el reflejo de ultra correcciones , en nu e stro caso de u n ha blante ceceante. Com o sucede hoy: alumn os ceceantes de enseñanaza s ecundaria llenan sus textos de eses ultracorrectas. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 119 comarca – que aporten más datos, cosa que permitiría establece r una solución al problema plant eado que estuviese aval ada por un número de ejemplos más sig nificativo. 120 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I 4.3. ASPIRACIÓN Sabemos que la aspira ción tiene vari os orí g enes, como ha sido puesto de manifiesto por diversos inve stigadores como don Ramón M ENÉNDE Z P ID A L en su amplio estudio publicado en los Oríg enes del esp añol o más recientem ente otros, como M ONDÉJAR , J . (2001 2 : 134): En Andalucía, la aspira ción tiene tres oríg enes: 1º) el y a señalado de naturaleza ca stellana medieval (hasta el XV); 2º) el también indicado de na turalez a moderna andaluza (s. XV I ); y 3º) el de origen n etamente c ontemporáneo anda luz, canario e hispanoamericano, consistente en el aflojamie nto artic ulatorio de la –s, -r, -l, -z y –z, en posición implosiva (s. XV III hasta hoy). No obstante, sólo ha y un fonema aspirado, independientemente del orig en de cada una d e las realizaci ones aspiradas. A SPECTOS F ONOLÓ GI COS 127 Nue stro corpus, como hemos señalado al refe rirnos al debilitamie nto de las consonantes implosivas 25 , nos proporciona un conjunto de ej emplos en los que la grafía ese no aparece. En la mayoría de los casos l a caída de ese se produce en posición final de palabra y se corresponde al morfem a de plural: • moderado σ presio (fol. 222v, 30) • do σ año (fols. 207r, 21 y 223v, 3) • honbres hijodalgo (fol. 213v, 8) • los tales persona (fol. 223r, 32) • mil maravedí σ rrepartido (fol. 230r, 39) • los pezo (fol. 231v, 26) • los montes y canpo (fol. 233r, 21) • tre o quatro blrasas (fol. 234v, 16). • los pobre (fols. 238v, 14 y 249v, 28) • por tersios repartido (fol. 238v, 30) Hemos documentado, del mismo modo, el patronímico Palasio (fol. 225 v, 5); además de dos ejempl os en que la caída de es e se produce en situación interior de palabra: juridisión (fol. 223r, 27); depués (fol. 210r, 25 y 244r, 15). Como ve mos, la ca ída d e ese se produce en el segundo elemento del sintagma, quedando asegurado el plural por la presencia de la ese en el pres entado r, tal y como sucede ho y . Si acabamo s de ver que se ad mite aspiración de /–s/ implosiva en 1610, parece prob able que tam bién se esté dando el fen ómeno en nuestro tex to que se aparta de esta fe cha sólo veintitantos a ños y que además, como ve mos, presenta rasgos clarament e andalu ces. 25 Vid. el epíg rafe 3.2.1. 5. LÉXICO-SEMÁ NTI CA 5.1. INTRODUCCIÓN De acuerdo con L AGÜÉNS G RAC IA , V. (1992: 32), “quien se dedica a la Le xi cografía his tórica sabe bien que debe ser capaz de ac eptar un a serie de posi bles imperfecciones en su tr abajo”. Partiendo de est a premisa, comenzarem os el capítul o sobre léxico-semántica estableciendo las bases metodológicas en las que se sus tenta nuestro estudio. En prim er lugar, hemos de señalar que nuestro estudio léxico-semántico no es exhaustivo, en el senti do de que no estudiamos l a totalidad del l éxico que aparece en el corpus, cosa que hubi era ampli ado nuestra tesis de manera desmesurada, y creemos que también i nnec esaria, p uesto que poco nuevo podríamos aportar en la may oría de los casos. Dicho de otro modo, y en palabras de F ERNÁNDEZ S EVILLA , J. (1957: 9): “Todo trabajo científico tropi eza con dificultades y problemas. Aquí uno de los fundamentales es el que viene dado po r la propia natur aleza de l léxico, el cual se estructura en mu y diversos campos, que exceden con mucho los límites del léx ico mismo”. Según C OSERIU , E. (1991 2 : 93) “son posibles muchas clasificac iones ‘semánticas’ de las pal abra s, según el tipo de determinación qu e se adopte como criterio”. Nu estro objetivo, pues, h a sido el d e intentar una aproxi mación al l éxico de 132 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI nuestro corpus, y par a el lo hemos establecido una serie de “campos asociativos” 1 que, de alguna manera, abarquen la realidad que se c ontiene en el t exto. Para C OSERIU , E. (1991 2 : 168) “estos campos no son estructuras e n sentido propio del término, s in o ‘configuraciones’: no conciernen a la estructuración del significado por m edio de rasgos distintivos (oposiciones semá nticas), sino a l as asoc iaciones de un signo con otros signos, asociaciones establecidas por similitud o contigüidad, tanto de los signficantes como de los significados”. Más que desentrañar el significado d e las palabras (porque, ad emás, en pocos casos of recen s eria s dudas), “se busc a, ante todo, aport ar datos l ingüísticos y documentales que contribu y an, aunque sea mínimamente, al conocimiento de la historia de los términos analizados”. (L AGÜÉNS G RAC I A , V., 1992: 34). En cuanto al estudio de cada lexía 2 , cu y a forma modernizada encabeza cada artículo, hemos procedido del siguiente modo: 1º Hemos puesto un ejemplo de la palabra tomado del corpus. Cuando la palabra ofrece más de una variante gráfica, se recogen en otras tantas c itas. 2º A continuación ofrecemos los datos etimol óg icos, si g uiendo el Diccionario crítico etimológico castelano e hispánico [DCECH] de C OROMINAS Y P ASCUA L (1980- 91); en al gunos casos, nos valemos t ambién del Diccionario etimológ ico español e hispánico [DEEH] de G ARCÍA DE D IE GO (1985). En este punto, anotamos, en su caso, la inclusión del vocablo en el estudio soble el culti smo lé x ico me dieval del profeso r B USTOS T OVAR (1974). 3º Lueg o abord amos la hist oria léxi co-se mántica del t ér mino a partir del Nuevo Tesoro Lexicográfico de la L engua Española [NTLLE] de la R eal Ac ademia Española, comentando los datos que nos p ar ecen más significativos hasta llegar, cuan do el caso lo requiere, a la última edición del DRAE (2001 22 ). 4º Terminamos el estudi o de la palab ra consignando su primera docum entación 1 Seguimos la terminología del pro fesor Eugenio Coseriu e n la o bra citad a. 2 Siguiendo la ter minología d e P OTTI ER , B . (19 92: 30 ), que la de fine co m o “secuenc ia de p alabras memorizada c omo signo individualizado” . L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 133 en el Corpus diacrónico del español [CORDE] que, como sabemos, v a a ser la fuente principal para la elaboración del Nuevo diccionario his tórico del español [NDHE]. 5º Finalmente 3 , cuando e s el caso, añadimos la i nclusión de la palabra e n do s diccionarios específicos, uno de c arácter diacr ónico, el Diccionari o de la pr osa castellana del Rey Alfonso X [ K ASTEN (2002)]; y el otro de ámbito diatópico, el Tesoro léxico de las hablas andaluza s [TL H A (2000)]. En cua nto a los campos asociativos, hemos es tablecido los que se ci tan a continuación que inclu y e n los téminos siguientes: I. FORMAS DE TRA TAMIENTO : ba chiller, don/doña, ex ce lencia, excelentísimo, ilus tre, ilu strísimo, licenciado, majestad, magnífico, señor. II . CARGOS ADM I NSTRATIVOS: alcabalero, alc aide de la fo rtaleza, alcalde, alguacil ma y or, carcelero, corre g idor, es cribano, fiel ejecutor/fiel de la haceduría, juez (de m enores, de residencia, de la sal), justicia ma y or, mayordomo, receptor (de la bula, del asa), regidor, teniente, tutora-curador a - y -legítima- administradora. III . OFICIO S: a g uadero, a rmador, arrier o, azado nero, barquero, boticario, calero, cléri g o, cónsul, corredor, escribiente, ganadero, guardián, herrero, jabonero, labrador, lla vero, médico, mercad er , mesonero, m olinero, panadero-ra, pesador, pi loto de la barra, porte ro, tabernero, vend edera, zapatero, IV. MONEDAS Y MEDIDA S: A) MONEDAS: blanca, duc ado, mara vedí, real B) MEDIDAS: 3 El Nuevo tesoro lex icográfico del españo l (s. XIV-1 726) de N I E TO J I M ÉNEZ , Lidio y A LVA R E ZQU ERRA , M. ha ap arecido cuando ya este estudio estaba muy ava nzado , por lo q ue decidimos no incluirlo p ues hubiera supue sto volver a e m p ezar. 134 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 1. De capadidad: almud, arroba, cahíz, cuartillo, fane g a, harnero. 2. De peso: libra, onza. 3. De longitud: braza, legua, vara. V. EL CAMP O: bre ña, cabezo, chocallo, dehesa, estiérc ol, langosta, lonja, paja, portillo, prado, sesmo. A) LABORES: arar, beneficiar, cavar, rozar. B) CEREA L ES, ÁRBOLES Y FRUTOS: alcornoque, arroz, cebada, cebolla, centeno, endrina, haba, hi g ueral, pepino, pera, pino, tri g o, viña. C) PRODUCTOS AGRÍ C OLAS MANUFACTUR ADOS: aceite, afrecho, cuajada, ensalada, harina, huevos, morcillas, pan, queso, vino. VI. GANADERÍA: bestias, b uey , cabra, cab rito, capón, carnero, chivato, conej o, gallina, oveja, pavo, perdiz , puerc o, ternero, vaca. VII. EL MAR: barra, estero, lota, pescado, sapal. A) E L A TÚN Y SUS P ARTES: atún, lomo, cerrillo, cuchillo, s ang r aza, ijada, pergaña, badana. B) EMBARCACIONES: barca, barca de jáb ega, ba rco, barqueta, b arque te, bergantín, carabela, enviada, nao, navío. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 135 5.2. FORMAS DE TRATAMIENTO En la “ Orden APU/516/2005, de 3 d e marz o, por la qu e se disp one la publicación del Acuerdo del C onsejo d e Minis tros de 18 de f ebrero de 2 005, por el que se aprueba el Código de Bue n Gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos cargos de la Admi nistración General del Est ado. (BOE 07-03-2005)” se establece, entre otros t emas, la p ráctica desaparición del uso de la s formas de tr atamiento t radicionales, puesto que en el punt o 8 del apartado ter cer o, t itulado “Principios de conducta”, dispone que: El tratamiento ofi cial de carácter protocolario de los miembros del Gobierno y d e los altos cargos será el de señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o rango correspondiente. En cuanto a los estudio s sobre las formas d e trata miento son escasos, s obre todo en el ámbito hispánico . C ABELLOS C ASTILLA , M ª R. (2005) s eñala tres estudi os 136 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI fundamentales sobr e el tema: B ROWN Y G ILMAN (1960), B ROWN Y F ORD (1961) y E RVIN -T RIPP (1969 ). De ellos, sólo en el primero se aborda el estudio de las formas de tratamiento (aunque sólo ref erido a los pronombres de segunda persona) en varias lenguas europeas, incluido el español. L os otros dos estudios sólo se refieren al ing lés. E SCANDELL V IDAL , M ª V. (1996: 137), en su Introducción a la pragmática, establece que “uno de los aspectos en que resulta más patente la interrelación entre cortesía y formas lingüí sticas es el que se refiere a la[s] formas de tratamiento o deícticos sociales. Las sociedade s organiz an a sus miembros en estamentos más o menos cerrados de a cuerdo con cada cultura”. Por su parte, M ORENO F ERNÁNDEZ , F. (1998: 149-150) sostiene que “formas de tratamiento y cortesía son nociones que se exigen mutuamente y qu e, por lo tanto, no pued en expli ca rse de forma independiente. [...] El poder y el estatus son valores que s e derivan de unos pap eles sociales determinados; é stos, por su parte, son si mplemente un producto d e la división de l trabajo dentro de una comunidad: el funcionamiento adecuado de un g rupo o una sociedad depende d el ad ecua do complimiento de unas tar eas que se reparten entre los individuos que los componen. Ahora bien, en la práctica, l os papel es no se distinguen solamente por la natural eza de l as tar ea s que s e realizan, sino también p or l a forma en que son considerados so cialmente”. El estudio de las form as de t ratamiento en n uestro corpus nos ofrecerá, pues, las claves par a entender t anto las tareas que realizan los miembros del Concejo, como la consideración soc ial que tenían e n la época. Nuestro corpus es rico en cuanto a la presen cia de formas de tratamiento. Para la Real Academia, las for mas de tratamiento, además de l os pronombres, son aquéllas “que empiezan a crearse desde época m ás r eciente para desi gna r a d eterminados destinatarios con especial cortesía, respeto, acatami ento o re verencia” 4 . Según la RAE (1973: 340) , “el apelativo [ de tratamiento de tercera pers ona] puede t ener carácter mas bi en genérico ( señor, se ñora, amigo, paisano, etc.) o designar más específicamente u na profesión, cargo, título, gradación ( doctor, juez, duque, 4 Vid. RAE (19 73: 3 36). L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 137 general, etc).” O bien, “el sustantivo de la fómula es un nombre abstracto femenino heredado del latín en la may or parte de los casos, que designa virtud, cuali dad o facultad positiva de las personas : alteza, [...] , excele ncia, [ ... ] , magnificencia, majestad, [... ] , merced, [... ] ”. Veamos, pues, el estudio pormenorizado de cada una de ellas. BACHILLER En este C abildo se propu zo que atento está el bachiller Serrano de / camino pa ra fue ra d esta uilla, i po rque el puebl o queda sin mé- / 21 dico, se acue rda q ue cada uno propon g a lo que le pareciere / si será bien t ratar con él da lle algún s alar io pa ra qu e quede en/ este lugar. (fol. 218 rº) C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) lo hacen p roceder del francés bacheli er y ofrecen la primera documentación en el siglo XV, sin más concreciones. La historia lex icog ráfica del término comienza en NEBRI JA (1495): ‘initiatus ad sacra litterarum’. Su prim era de finición está en COVARRUBIAS (1611) : ‘Es el primer grado que se da en l as uni versidade s a los que han oído alguna facultad…’. Y así lo recoge AUTOR IDA DES (1726). En el DRAE (2001) esta d efinición aparece como poco usada, frente a la moderna ‘persona q ue cursa estudios de enseñanza secundar ia’. El significado antiguo de ‘persona que ha r ec ibi do el primer grado en u na facultad’ desaparece del dic cionario académico a partir d e l a 13ª edición de 1899, p uesto que en la edición siguiente el art ículo sufre una n ueva r edacción: ‘Persona que ha recibido el primer grado a ca démico que se otorgaba ant es a lo s estudi antes de facultad, y que ahora se concede en las de teología y d erecho canónico en los seminarios’. A esta primera acepción, heredera de la antigua, se le añad e, por ver prim era , el significado moderno 138 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI del término: ‘Persona que ha obtenido el grado q ue se conced e al termina r la se g unda enseñanza’, DRAE (1914 14 ). La primera documentación del t érmino bach iller en el CORDE 5 con el significado de ‘grado’ es la siguiente: Ante mi Ferrand P er es de S eg ovi a, escrivano de nuestro señor el rey e su escrivano e not ario publico en l a su corte, e en todos los sus reignos, e de l os testigos que de y uso seran escriptos e antel bachiller Ferrando Gon çales, alcalde en l a co rte del dicho señor rey don Ferrando, e jues po r el dado para mi rar e conosçer e sentençiar e mand ar apear los terminos del dicho lo ga r de Fuenteçesped, aldea del di cho monesterio entre la vi lla de Montejo e Santa Crus e Valdeherreros. 1326, Anónimo, Traslado de un privilegio de Alfons o XI. Publicado por Esther Gonz ález Crespo, Universidad Complutense de Madrid (Madrid), 1985. [12/1/2006] DON / DOÑA Io, doña Ana d e Súniga, m arque za de Aiam onte, tuto ra i curadora i lig ítima a d- / 12 mini σ tradora de la persona, estado y hazienda de don Fransi σ c o de Gu σ mán, / marqués de Aiamonte, mi hij o, acatando lo σ mucho σ i l eales seruisio σ / que J uan Oz orio Gauilanes, aio del dicho marqués i de d on L ui σ de C órdoua, / 15 su ermano. (fol. 213 rº) 5 Real Acade mi a E spañola, Cor pus dia crónico del e spañol, www.rae.es. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 145 ILUSTRÍSIM O 21 En este Cabildo se prezentó vnas prouiziones del ill ustrísi mo m arqués / de Aiamonte d e nonb ramiento de ofisiales pa ra este año de 82 / años del tenor sigientes. (fol. 219 rº) Forma en grado superlat ivo de ILUSTRE (vid. supra). Su historia lexicográfica es paralela a la de EXCEL ENTÍSIMO , puesto que no aparece h asta la primera edición del diccionario académico, con el significado d e ‘tratamiento que se da a personas constituidas en dignidad eclesiástica [...] , y también a otras person as se culare s según estilo y práctica’, DRAE (1780). El DRAE (2001 22 ) recoge el mis mo significado, aunque el uso religioso o secular parece haberse i nvertido: ‘1. adj. U. como tratamiento de ciertas personas por razón de su cargo o di gnidad. Hasta hace algún tiempo, se aplicaba especi almente a los obispos. 2. f. Tratamient o que se daba a los ob ispos, en sust itución d e Su S eñoría Ilustrísima.’ En la primera documentación en el CORDE este tratamiento se da a un se g lar: Y no teniendose vuestra señoria por contento nin cansado de t antos y t an s eñalados fechos çelebrados en nu estras patria por vuestra magnifica presona, costreñido de aquel z elo de virtud que lo tal permite, y queri endo con tinuar y levar adelante a quel l içito y justo motivo, fe y amor ofreçido al serviçio del ilustrisim o rey de Aragon, que teniendo el l a çibdat d e Perpiñan y ç ercada la fortaleza della sobre l a requesta del condado d e Rosellon que por tirania l e queria ser ocupado. 1475, Pero Guillén de S eg ovia, La gaya cien cia. Publicado por O. J. Tuuli o ; J. M. Casas Homs, CS I C (M adrid), 1962. [12/1/2006] 146 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI LICENCIADO Se ajuntaron l o σ ill ustr es señores: el li sensiado Ju an de Mora- / 15 les, correg idor i ju σ tis ia m aior, J uan Ozorio Gauilanes, alcaide... (fol. 215 rº) Al igual q ue h emos señalado pa ra bachill er, también aquí C OROMINAS Y P ASCUAL (1980-91) dan como primera documentación para este término el diccionario de NEBR I J A (1495 ): ‘cui data est copia’. La primera definición la encontramos en COVARRUBIAS (1611): ‘el que ha rec ibido en alguna facultad el grado p ar a poderla enseñar y exercitar, com o persona aprouada en ella’. Y éste es el s ignificado que, casi de forma literal, recoge AUTORIDA DES (1734): ‘Usado como sub stantivo, se tom a por el qu e h a sido graduado en al g una facultad, dándole licen cia y permiso para poder enseñarla’. B USTOS T OVAR , J.J . (1974) recoge el cultismo li ce ncia (< LI C Ĕ NTIAM) con el siguiente significado: ‘licencia, p ermiso, autori zación’: Documento de 1241 (M. Pidal, 93: ...con licencia de mi senior el abbad...’. La acepción de tratamiento aparece en el DR AE (2001 22 ), pero sól o para abogados: ‘Tatramiento que se da a los abogados’. Este significado no aparece recogido por primera vez hasta DR AE (1803 4 ): ‘Tratamiento que se da a l os prof esores j uristas, aunque t engan el gra do de doctores y especialmente los nombran y tratan así l os rey es y grandes. Jurisconsultos’. Recogemos los dos prim eros ejemplos en el CO RDE, en las dos acepciones del término, como grado (a) y como tratamiento (b), que s e documenta con posterioridad, como vemos: L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 147 a) Assí que un día vino un físi co al Em pera dor & preguntóle el Emperador que si era maestro licenciado en física. 1300-1305, Anónimo, Li bro del cavallero Cif ar . P ublicado por Juan Manuel Cacho Blecua, Universidad de Zarag oza, ( Zarag oza), 2003. [12/1/2006] b) Don Joán, por lo g racia de Dios re y de C astilla, de L eón, de Toledo, de Gallizia, de S evilla, de C órdova, de J aén, del Algarbe, de Algezira, e señor d e Vizcaya e de Moli na a vós los doctores Pedro Gonçález de Ávil a, e Arias Maldon ado, e Juan Sánchez de Çurbano, e Sancho Gar cía de Villalpando e a vós el li cenciado Joán Gonçález de Valdenebro, mis oidores e refe renda rios, e a vós el maestro Álvar Garc ía de San Sagund, mi capellán, todos del mi consejo, o a qualesquier dos de vosotros, salud e g racia. 1448, Anónimo, Carta de Juan II [Documentos del Archivo Municipal de Toledo] . Publicado por P edro Sánc hez-Prieto Borja, Universidad de Alcalá (Madrid), 1999. [12/1/2006] MAJESTA D I que no entregará el dic ho ca σ tillo i fortaleza a perso- / na del mundo si no fuere al dicho marqués, mi hi jo, o a su sierto mandado. / [...] gua rdando en todo el seruisio de / 6 Dio σ i de su maje σ σ σ σ tad el rrei de Ca σ till a, nuestro se ñor. (fol. 213 vº) 148 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Voz procede nte de MAJ OR, -OR I S , comparativo de MAGNUS, do cumentada desde los orígenes del idioma. (DCECH, s.v. mayor ) . El vocablo lo reco g e el profesor B USTOS T OVAR , J.J. (1974) en su estudio sobre el culti smo léxico medieval, y lo d ocumenta en t extos del mester de clerecía, como por ejemplo: “Era plena toda la tierra de la sua magestad ”, de La Fazienda de Ul tramar . El si g nificado del té rmino de tratamiento apenas ha v ariado, puesto q ue la tercera acepción d el DRAE (2001 22 ) lo define como: ‘Títul o o tratamiento que se da a Dios, y también a emperadores y re y es’. Sí ha cambiado su ortografía históricamente, ade más del sonido que representa claro, puesto que si en NEBRI JA (1495) y A LCALÁ (1505) ap arece majestad, como hoy, a partir d e la segunda edición del diccionario de NE BRI J A (1516) se impone l a tradición ortográfica magestad , que se continúa e n COV ARRUBIAS (1611) y AUTORIDADES (1734) y perdura hasta la 6ª edición del di ccionario académico de 1822. Ya TERREROS (1787) había r ecogido la ortografía etimológica, majestad, y la Academia hará lo mismo desde la séptima edición de su diccionario en 1832. La prim er a documentación del C ORDE es antig ua: Et sepan p or cierto todos: aqueillos qui contra estos fueros uerrán, assí como crebantadores et deshondradores de la nuestra real magestad segunt la deuida pena serán tormentad os. c 1250, Anónimo, Vidal Mayor, Publ icado por Gunnar Tilander, Hakan Ohlssons Boktr y c keri (Lund), 1956. [12/1/2006] K ASTEN (2002) recoge el término con el significa do de tratamiento en su segunda acepción: 2. Título o tratamiento que se da a Dios, emperad ores y re y es. EE2 (1248? -1345 ?) fol. 294r 47, ell noble rey don alffons so: queriendo L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 149 penssar de la pro dellos. dio les fuera de la çiptad. en la ribera del rio. taio. huertas. & otr os. uergeles d e dele ycte. en que tomass en. solazes & s abores. qu e el fiziera criar por a si. pora tomar la su real maiestad . sab ores. & solazes. quando ell en essa çipdad. fuesse. Formas atestiguadas: magestad, maiestad. MAGNÍFICO Se juntaron el ill ust r e s eñor lisensiado J uan de Mo- / 21 rales, corregidor, i lo σ mui mag n ífi co σ σ σ σ señores Garsi Br auo, alcalde, / Pedro Jaimes de F landes, L orenso Correa, Diego de Palasios, / Martín Gonsales... (fol. 207 vº) Voz procedente de M AGN Ĭ F Ĭ C US, compuesto de MAGNUS y FACE RE en latín, que se documenta frecuentemente en Juan de Mena y ot ras obras d el siglo XV. (DCECH, s.v. tamaño ) . El cultis mo está incluido en B USTOS T OVAR , J .J. (1974), aunque en ninguno d e los dos ejemplos que aporta tiene el significado de tratamiento: Nobleza y lealtad: “Et por ende en los magnificos son gracias incomparables, e muy compli dera s”. Nobleza y lealtad, VIII: “Castidad es magnifica esleción”. El término está en NEBR I J A (1495). Curiosamente, en su primera d efinición en COVARRUBIAS (1611 ) aparece como título desusado, “aunque en sí ti ene t anta calidad, que se deriua de mag nus & facio”. Acierta en este caso Covarrubias en cuanto a 150 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI la etimol og ía. L os lexicógrafos posterior es no l e hicieron, con buen criterio, m ucho caso en lo de “desus ado”. D e esta manera, AUTORIDADES (1734) en su 2ª acepción nos da el significado de tratamiento: ‘Se toma también por título de honor que dan los re y es a los caba lleros’. Y este significado perdura e n la tra di ción lexicográfica académica, llegando al DRAE (2001 22 ), aunque con restric ciones en cuanto al refe rente: ‘Usado como títul o de honor para algunas personas i lustres y ho y , en Españ a, para los rectore s universitarios’. La primera documentación que nos da el C ORDE nos ofrece un ejemplo claro del término con el significado de tratamiento de mediados del siglo X III : Excellenti et magnifico viro J acobo Dei gratia il lustri regi Aragonum Ma y oricarum et Valencie comiti B archilone et Ur g eli et domino Mont pessulani infans Alfonsus ill ustris regis Castelle et Leg ionis primo ge nitus et heres salutem et sincere dile ctionis afec tum sicut il li quem multum diliget et de quo t anquam de se ipso confidit. 1249, Anónimo, C artas Reales [ Docume ntos de Alfonso X dirigidos a Andalu cía ] . Publicado por María Teresa Herrera; María Nieves Sánche z, Hispanic Seminar y of M edieval Studies, (Madison), 1999. [12/1/2006] SEÑOR Acordose que por q uanto an pedido al s eñor corregidor qu e / en el pl eito que este Consejo trata con G arsi Peres, a pedi- / 15 do declaren por posesiones. (fol. 208 vº) L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 151 C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) establecen que es palabra general a tod as las épocas y común a todos l os romances de o ccide nt e. En cuanto a su etimología, procede de S Ĕ N Ĭ OR, Ō R I S ‘más viejo’, comparativo de S ENEX. En el Bajo Imperio se empleó en plural, seniores, para designar a los viejos más respetables. Posteriorm ente, se usó SENIOR como tratamien to de respeto para todo s uperior. Finalmente, a co mienzos de la Edad Media, y bajo dominio latin o, se hizo sinónimo de DOMINUS. B USTOS T OVAR (1974) lo incluy e en su estudio sobre el cultismo medieval como: ‘jerarquía an ge lical’: Be rce o, Loores, 219ª: “Após toles, m artire s, tronos e seniores ”. Su primera entrada lexicográfica la documenta mos e n AL C ALÁ (1505). L a primera definición la encontramos en COVARRUBIAS (1611): ‘señor […] es llamado propiamente aquel que ha m anda miento e poderío sobre todos aquellos que vienen en su tierra…’ 10 . P ar a ten er el sig nificado de tratamiento ha y que esperar h asta AUTORIDADES (1739) , que en l a 13ª acepción establec e que ‘se us a también por término de cortesía hablando con alguno, aunque sea igual o inferior’. La primera do cumentación en el CORDE es del año 1218, aunque con el significado de dominus. Reco g emos el primer ejemplo como t ratamiento, que es posterior: Sepan todos los omes questa carta vieren cu emo yo Cebah, fijo de Hamet Avençabah, Alca y a d de los m oros de Mo ron, adelantado de los vieios é de la Aliama é de todo so pu eblo, q ue sea sob re ellos [fecho], é passadero, é atado todo lo que y o ficiere sobre ellos de la avenencia, é de los pleytos, é de los atamient os con Gonçalvo 10 Es d ecir, como sinóni mo d e dominus . Valga el si guiente ej emplo de nuestro corpus: “En e ste Cabild o se acord ó que por q uanto el marqués, mi señor , es / 27 la p rimera ues q ue a uenido a e ste lugar, a cordar on mandalle v n pre- / zente...” (fol. 2 07 rº). 152 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Víceynte, Alc alde de nuestro señor don Alfonss o, por la gracia de Dios Rey de Castiella,… 1255, Anónimo, Asiento y pos tura entre Gonzalo Vicente, alcalde de Morón por el rey don Alonso,... Publicado por Franc isco Fernández y González, R eal Academia d e Hist oria (Madrid), 1866. [12/1/2006] K ASTEN (2002) recoge el término con el significado de tratamiento como sex ta acepción: ‘6. Término de cortesía aplicado a cualquier ho mbre. EE2 (1248?- 1345?) fol. 344r52, quan do llorenço suares vio a los moros commo se acogien ante garçi p erez que nol osaron at ender dixo al re y ssennor uedes lo que uos yo dezia que nol osarien atender aquello s siete caualleros de moros agarçi perez en su cabo’. El Tesoro l éx ico de las habl as andal u zas , de Manuel A LVAR E ZQUE RRA 11 , recoge un nuevo significado: ‘Superior, excelente, prestante’, a partir d el Vocabulario andaluz , de Antonio A LCALÁ V ENCESLADA 12 . 11 Madrid , Arco-Libros, 20 00. En adelante cita mos co m o T LHA (200 0). 12 Jaén, Universidad -Caja Sur, 1 998. El libro es una edición fa csímil de la 2ª edic ión de la ob ra p ublicada por la Real Academia Espa ñola en 1 951. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 153 5.3. CARGOS ADMINIS TRATIVOS Como era de esperar, so n frecuentes en los textos que estamos estudiando las referencias a cargos de c arác ter político-administ rativo. En el encabezamiento de c ada una de las actas se hace referencia a las personas que asisten a la reunión, así como al cargo que ocupan en esos momentos en l a admini stración de la villa. P INO R EVOLLEDO , F. (1991: 29), en su estu dio sob re do cumentos m unicipales de los siglos X II al XV II, establece dos grupos en tre los cargos municipa les. Por un lado, los m iembros del Concejo, entre los que cita: corregidor, alcaldes y regidores; y por otro, l os oficiales del Concejo, entre los que están el escribano y otros oficiales. Por su parte, C ARRASCO C ANTOS , P . (2002), en u n trabajo sob re el léxi co de las instituciones muni cipales, estudia los t érminos concejo, ayuntamie nto, cabildo regimiento, república y a lcaldía en las Ordenanzas de Sevilla de h. 1248 y de 14 92 y en las Ordenanzas de A rchidona (1598). En las conclusiones establece el índice de frecuencia d e las palabras estud iadas en un cuadro comparativo. Nosotros hemos reproducido el citado cuadro, omitiendo los datos refer idos a las O rdenanzas de Sevilla 154 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI de h. 1248, puesto que se trata de un a época muy alejada de nuestro texto 13 , y hemos intercalado entre los otros dos t extos de la profesora Carr asc o Cantos los datos que nos aporta nuestro corpus, quedando el cuadro comparativo del sig uiente modo: Ord. de Sev. (1492) / Actas Cap. A y am. (1581-8 4) / Ord. Arch. (1598) concejo 8 248 135 ayuntamiento 4 1 9 cabildo 32 348 43 regimiento 1 10 10 república - 10 5 alcaldía 1 - - Un análisis comparativo del cuadro muestra qu e nuestro tex to comparte con las Ordenanzas de Sevilla ( 1492) la preferencia p or el t érmino cabil do frente a concejo. Mientras que, por otro lado, presenta d atos similares con las Ordenanzas d e Archidona (1598) en cuanto a la p re sencia de otros términos como regimiento y república, así como la ausencia en ambos text os del término alc aldía. 13 En cua lquier caso , los dato s que se apo rtan so n: co ncejo (53) y ca bildo (5), no aparecie ndo los d em ás tér m i nos. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 257 El TLHA (2000) recoge varias acepciones del térm ino, y l as sitúa en la pr ovincia de Huelva, ALEA, mapa 878: ‘cerro’, H 303, 402, 500, 501, 504, 600 y 603; ‘cerro pequeño’, H 201, 204, 302 y 400; ‘cerro redond eado’ , H 401; y ‘colina’, H 201, 301, 302, 601. Parece que como ‘cerro’ podría ser un andalucismo. CHOCALLO Acordose que los aguaderos que echan agua tra yga n cánta- / ros de arroba y lo s marq uen por el mayordomo. Y tray gan cho- / 3 callos los asnill os, so pena de tres rr eale s rreparti dos por tersios: de- / nusiador, jues, propios. (fol. 250 rº) Según C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) si gnifica ‘zarzillo, pendiente que llevan las mujeres en las orejas’, antiguamente, d el leonés chocallo ‘cen ce rro’, f orma hermana del portugués chocalho , q ue c omo éste e s derivad o, con el sufijo –alho , lat ín –ACULUM, del lat. tardío CLOCCA ‘campana’, que parece ser de ori gen céltico. Y ofrecen la primera documentación del término entre los a ños 1539-43 en la obra Epísto las de Guevara, escritor sobre e l que s eña lan que “era d e las Asturias d e Santillana, por lo tanto oriundo de una z ona del dialecto l eoné s”. Añaden además los etimólogos, siguiendo a Menédez Pidal en su Dialecto leonés que “el vocablo es evidentemente idéntico al charro salmantino chocallo ‘ce nce rro’, cho callada ‘c encerrada’ , usual en los pu eblos lin dantes con Portugal”. Fin almente, rechazan la etim ología p ropuesta por G ARC ÍA DE D IE GO (1985) (s.v. chicolear ) que piensa en el latín jocale* ‘alaja’, por ser ambos, tanto z arc illo como cencerro objetos pendientes. La primera r eferencia lex icográ fica del término la encontramos en di ccionarios bilingües, como en PERC I VA L (1591) ‘little bels’; y en PA L ET (1604) ‘sonnettes’; en ambos casos con el significado de ‘campanilla’, que es el que ti ene en nuestro t exto. AUTORIDADES (1729) da sólo el si g nificado d e zarcillo: ‘adorno rico de las orejas de las mugeres, que viene a ser lo mi smo que zarcillo’. Este significado ya l o considera el DRAE (1780) como anticuado. Sólo desd e el DR AE (1970 19 ) fi gur a, junto a la acepción 258 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI anticuada de ‘pendiente’, la acepción de ‘cencerr o’ como localismo de Salamanca . Y de esta forma llega a la edición vigente. El CORDE sólo ofrece cuatro ejemplos de chocallos , todos con el significado d e ‘pendiente’ en tr es obras del santanderino Fra y Antonio de Guev ara p ublicadas en l a segunda década del quinientos. M IGUÉLEZ R ODRÍGUE Z , E. (1993) recoge igualmente chocallo ‘cencerro’ en varias localidades s almantinas y leonesas. Y F IGUEIREDO , C . (1996) l o define como ‘instrumento de metal, com badalo, e m ais ou m enos semelhante a una c ampainha, p ara se pôr ao pescoço de animais’. S e trata, por tanto de un occidentalismo l éxico, leonés o portugués. DEHESA Acordose que atento qu e los ganaderos de cabr as les auían / dado pa ra que pudi esen comer al gunos pasto s y d ehezas , se acuerda / 3 que se les alsa la dicha li sensia y guarden lo que antiguamente / se suele guardar. (fol. 262 vº) ‘Tierra destinada a p astos’; procede d el l atín tardío DEFENSA ‘de fensa’, q ue pasó en la Edad Media a significar ‘prohibición ’ porque la dehesa est á comúnmente acotada. Documentada desde los orí g enes del idioma. (C OROMINAS Y P ASC UAL ). NEBRI JA (1495) distingue entr e dehesa conceji l y privada . COVARR UBI AS (1611) define la p alabra como ‘campo de hierba donde se apacienta el ga nado’. AUTORIDADES (1732) abunda en su etimología: ‘viene de la voz defesa , que vale lo mismo que defendida o guardada, porque en e lla no pueden entrar a pastar otros ganados que los d e su dueño o de otra p ersona que la t iene arrendada’. Y añade un apunte ortográfico: ‘Al gunos escriben esta voz con dos ff , pero atendido su origen sólo le toca la una’. Precisamente en su segunda edici ón en 1791, el diccionario académico recoge l a voz defesa , como anticuada, remitiendo a la orto g rafía moderna. En la L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 259 actualidad (DRAE, 2001 22 ), apare ce como voz en desuso. El CORDE documenta el témino desde los orígenes de la lengua en s us dos formas: a) E g o Sisnandus presbiter sic me trado pro remedio anime m ee cum omnibus rebus meis ad ecclesia S. Emeteri et Celedoni et tibi abbati Enneco de Taranco cum ipsa mea defesa de glandiferos ab omni integritate in Taranco, in loco cui dicitur Traitorio latus via inter ambos sautos, de alia pars via d e Traitorio, et in illo valle illa terra que dicitur Ortozolo cum decem mazanos. 807-912, Anónimo, Donación a l a iglesia de T ar anco [Cartulario de San Millán de la C ogolla ] . Publicado por Luciano Serrano, Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1930. [22 /03/2006] b) ...e a d erechas a las v inas de P ortellar e salle p or somo del cerro de l as tierras de C amdespadas, e va a la d efessa de Ç afa el, e torn a por el camino e salle a la deffesa de Santa Maria de Fanovequez, e va a Çorita e salle al soto que es sobr el pielago de Valdado, e es todo de Lerma; e va todo derecho por cabo de la dehesa de Paules, e por Roble gordo e entra a val d e Peral, e a portiello e afuent d e Lorigados, e al sendero salinero e va por cabo de la d efe sa de Lag una. 1148, Anónimo, Carta-puebla y fueros dados á la villa de L erma por el emperador Alf onso VII [Fueros y confirmacione... Publicado por Fra y Alfonso André s, Establecimiento tipo g ráfico de Fortanet (Madrid), 1915. [22/03/2006] 260 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI El término está en el TLHA (2000) con el si g nificado de ‘encinar’, a partir de la información p roporcionada por el ALEA que lo recoge en puntos de las provincias de Sevilla y Huelva 38 . ESTIÉRCOL Acuérdase que nin guna p ersona no echen estiérco l ni t ierra / en el estero de L a Rribera ni en el rrío, so pena d e la p ena d e l a / 27 ordenansa. Y que se señala sitio pa ra que puedan echar el es- / tyércol . Y que se pongan palos en el sitio de la calle de de- / trás d e la calle de J u an Blanco; y otro en Las Atarasanas; y otro / 30 junto al molino de mayor de Lepe. (fol. 253 rº) Voz proce dente d el latín ST Ĕ RC US, Ō RI S, documentada en las Glosas Silenses ( st iercore), en Berceo (estiercor) y en Juan Ruiz (estiercol). (C OROMINAS Y P ASCUA L ). El término está en NEBRIJA (1495) y en la t ra dición lexicográfica posterior. COVARRUBIAS (1611) los define como ‘e l excremento de la s bestias’, definición que re pite AUTOR IDA DES (1732) y qu e lle ga a ho y : ‘excremento de cualquier animal’, DRAE (2001 22 ). El CORDE ducumenta el término desde fines del siglo X II : Esta m isma pena aya q ui echar e p aia o otra s cosas pora ffazer estiercol en la calles o enlas calleias poro andan & passan l os omnes, o ffizi ere o echare lixo alguno en ellas & en la plaças de la 38 En el caso de la provincia d e Huelva, se localiza e n los puntos H 203 y H 603 del mapa 369, corr espondientes a las localidad es de Santa Olalla d e Cala y Boll ullos P ar d el Condad o, r espectivamente. En Lepe existe n en la actualid ad to pónim os co m o Deh esa d el Piorno y Dehesa Limpia . L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 261 villa do moraren los omnes. c 1196, Anónimo, Fuer o de Soria. Publicado p or Galo Sánchez, Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [22 /03/2006] Voz incluida en el TLHA (2000) con el significado de: ‘Montón de cagaj ones’, recogida por el ALEA, entre ot ros puntos de Andalucía, en el mapa 1519, punto H 503, correspondiente a Huelva capital. LANGOSTA a) A cordose que atento a vna prouizión que a esta uilla / 18 uino de su magestad en que le rrepartieron a esta uilla / s etenta ducados pa ra la muerte de la lagosta que se mató / en Córdoua, y por la prouizión mandó su ma g estad a los / 21 Consejos que lo pued an echar po (sic) ziz a en l as coz as q ue al C on- / sejo les paresiere . (fol. 230 vº) b) Acordose qu e se apregone qu e quien quiziere yr a m atar / langosta en cañutos le darán por cada almud a rreal y m edio por ca- / da vno de cañuto, y que el ma y ordomo la rresiba y qu arde y lo / 33 pague . (fol. 261 vº) c) Acordos e que vna legua a La Rredondela desta uilla se uizite / 12 el término. Y lo uizite Fr ansi σ co Lopes del Ab ad, mayordomo, con vn on- / bre que sep a los s itios donde nase langosta y t rayga memoria por es- / ento dónde nase y qu é foma está y con qué se 262 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI puede matar. Lo / 15 qual uerán en la cantidad de la langosta y cómo está cresida / y en la di σ pusisión del sitio pa ra que allí se acuda a l a matanza / por la orden qu e este Cabild o diere. (fol. 263 vº) Según C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) la voz procede del l at. LOC Ŭ STA ‘saltamontes’, ‘langosta de mar’; variantes LACUS TA y LONGUSTA, más semejantes a l a española, y quiz á expl icables por influjo de otros vocablos, parecen h abe r existido y a en el latín tardío. Do cumentan langosta en v ersiones bíblicas del s. X III , mientr as que la forma lagos ta se lee en la Primera Crónica General , en los Fueros de Aragón y hoy sigue siendo la forma en portugués. (DCECH, s.v.). La hi storia lex icog ráfica del término comienza e n NEBR I J A (1495) qu e recoge su grafía antigua: ‘lagosta de la tierra. locust a.e’. Esta forma lagosta 39 aparece como anticuada en el DRAE ( 1803 4 ): ‘ant. Lo mismo que langosta’; y pervive en la últim a edición como voz desusada, DRAE (2001 22 ). En cuanto a la forma moderna, l angosta, apare ce por vez primera en el diccionario de AL CA LÁ (1505) como ‘lang os ta de la tierra’, y COVARRUB I AS (1611) nos da la primer a defición: ‘animalejo i nsecto, y por m al nuestro conocido, segun el daño que h aze en los frutos d e la tierra y con t ener vn as alillas muy d ebiles suelen levant arse en el a y r e muchedumbre d e la ng ostas que cub ren el s ol y dond e se asientan lo dexan todo roy do y abrasado: en fin plaga y açote de Dios por lo pecados de los hombres’. Posterio rmente, AUT ORIDADES (1734) nos da un a descripción minuciosa del insecto, de su reproducción “en c añutos” y sus f atales conse cuenc ias para la agricultura, que re rpoduccimos a continuaci ón, puesto que nos ac lara todos los aspectos del témi no en n uestro texto: ‘insecto parec ido en la figura a l a ci garra . Tiene la cabeza como buey, el hocico romo y ancho, la boca quadr ada, lo ojos saltados y los cuernos movibles. Tiene quatro alas un as sobre otras, y seis pies, los qu atro anteriores pequeños y los dos de atr ás mui largos y acomoda dos para saltar. La cola e s en forma de 39 En nuestro co rpus contabiliza m o s 7 eje m p los de lag osta, frente a 2 2 de la ngosta. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 263 aguijón, la qual clava en la tierra dura (como es la de las dehe sas y eriales) y alli echa su semilla, de que pro ce de u n cañutillo lleno de much os granillos que se llaman cres as, que despues se convierten e n un género de m oscas negras y como van creciendo se van volviendo blanquecinas. Tienese obs ervado por la gente del campo qu e vuelan casi siempre de Oriente a P oniente, y lue g o qu e se po ne el sol se abaten a l a ti erra haciendo un estrago horrible en os trigos, plant as y semilla s’. La d efinición vigente en el DRAE (2001) no es m ás que un resumen de ésta: ‘ Insecto ortóptero de la familia de los Acrídidos, de color gris a marillento, de cuatro a seis centímetros de largo, cabeza gruesa, ojos prominentes, antenas finas y al as m embranosas; el tercer par de pat as es muy robusto y a propósito para saltar. Es fitófago, y en ciertas circunst anc ias se multiplica ext raor dinariamente, formando espesas nubes que arrasan comarcas enteras’. El CORDE documenta el término desd e antiguo en amb as form as; además la forma antigua aparece por última vez en un documento contemporáneo al nuestro conviviendo con la forma moderna como sucede en nuestro tex to: a) Dixo Nuestro S ennor a Mo yse n: "Tiende t u m ano a tierra a ver[n]a(s) la langosta ". E tendio Mo y sen. Nu estro Sennor Dios aduxo viento [d]e buchorno todo el dia e toda la noch. E vino la langosta e cubrio toda la ti er ra e comi o qua nto trobo. C lamo [Pharaon] a M oy sen e a (Pharaon) [Aaron] e dix o: "Pequé al vuestro Sennor Dios. Rogat por mi que me pe rdone esta vez sola, e riedre d e sobre m y esta muert". Ro g o Moisen al Nuestro Sennor e veno viento de favonno e echo toda la langosta en la mar. Por todo esto non dexo fijos de Ysrael. c 1200, Almerich, La fazienda de Ult ra Mar. Publicado por Moshé La za r, Univer sidad de Sa lamanca ( Salamanc a), 1965. [25/02/2008] b) E a todas pa rtes tremie la tierra. & d estru y en se por y muchas cibdades. & auinien los rios. & f azien m uy esq uiuos dannos en 264 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI muchos logares. La lag osta era tanta que d estru y e los panes & todos los otros fru y tos. c 1270, Alfonso X, Estoria de Espanna que fizo el muy n oble r ey don Al fonsso, fijo del rey don Fernando et de la re yna... P ublicado por Pedro Sánchez Prieto, Universidad d e Al ca lá de Henares (Alcalá de Henares), 2002. [ 25/02/2008] c) A los cincuenta e uno dicen que ha y en este p ueblo las ermit as señaladas, que dic en de San Sebastian, y d e Sant a Barbara, y de San Berna bé, en quien en este lugar tienen mucha devocion, porque habiendo en este l ug ar much a langosta habra como ci en años poco mas o m enos, o y eron contar a sus pasados qu e prometieron y vota ron de hacer una ermita a seño r San Berna be, y todo el pueblo fu e, y c omenzaron abrir las zan jas para hacer la dicha ermit a, y a la mañana cuando fue l a gente a la labor hallaron las z anjas que habian abierto hasta arriba llen as de lagosta , y que despues nunca mas h a pa decido, y asi se tomo la dicha devocion, y han he cho una ermi ta, d onde la gente va en pro cesion el dicho dia y dan su car idad. 1575-1580, Anónimo, Relaciones históri co-ge ográficas- estadísticas de los pueblos de España. Reino de Toledo. P ublicado por Carmelo Viñas y Ramón Paz, C SI C (M adrid), 1951-1963. [25/02/2008] LONJA a) C on el qual se trató de tomárselo l as si ento y sincuenta a dos / ducados, qu e uino en v n nauío grande. Y quinie ntas fane g as / 12 a L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 265 ueynte y tres rreales. El qual dicho trigo se acuerda se to- / me y se eche en vna lonja , con as y s tensia de los ll auer os / y escriuano de Cabildo. (fol. 234 rº) b) ...quando los mercaderes comiensan / a uender vna lonja de trigo a vn p resio, al mes mo presio se a de acabar de / 15 uender todo el trigo desta lonja, sin podelle subi r. Y ui σ to que los mer- / caderes, pa ra de fra vdar est a costunbre, mudan el trigo de la lonja / que comensar on a uender a otra lonja , y en la otra lonja lo uen- / 18 den a presio subido diziendo ser otro. (fol. 260 rº) Es voz tomada del fr. loge ‘glorieta’, ‘choza’, ‘ga binete, camarín’, ‘centro de contratación’, por conducto del cat. llotja (val. y mall. ll onja ). L a primer a documentación qu e nos dan C OROMINAS Y P ASCUA L en la acepción ‘centro de contratación de m ercaderes’ es un docum ento de 1490, además de Nebrija. Según ellos, “es ac epción frecuente desde el siglo de Oro y la única que conserva cierta vida, aunque prestada, en c astellano, pu es sólo se aplica a l os famosos edificios de las ciudades catalanas y d e la Corona de Aragón, dond e se re unían los mercaderes”. (DCECH, s.v. lonja II ). NEBRI JA (1495) incluy e la v oz como ‘lonja de merc aderes’. Por s u parte COVARRUBIAS (1611) nos da una definición pormenoriz ada que incluy e va rias acepciones y l a etimología: ‘qualquiera cosa l arga y angosta del nombre l ongus, a, um como lonja de tocino. Los caçadores de b olateria l laman l onja a cierta correa larga que atan a las pi guaelas del aue quando qui eren no tenerla t an re cogida. Lonja es lugar público destinado para j untarse en el los tratantes y mercaderes; porque negocian paseado. S u forma suele ser de dos o tres naues, que p or ser largas se l laman lonj as y cualquiera lugar cubierto en esta forma y p ara este m inisterio se llama lonja’. AUTORIDADES (1734) simplifica esta definición: ‘el sit io público donde suelen 266 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI juntarse los Mercade res y Come rcia ntes para tratar de sus tratos y comercios. S ale del latino longus, a, um, por ser siempre espacionsas y prolon gadas’ . En el DRAE (1884 12 ) aparecen dos lemas, uno procedente del latín lon gus , y el qu e nos interes a aquí se hace proceder del italiano lo ggia , pero no s erá la últi ma. El DRAE (1956 18 ) establece su etimología en el germánico laubj a ‘glorieta ’. El DRAE (1984 20 ) ma tiza que procede del germánico * laubja a t ravés del catalán llonja, llotja ‘cobertizo’. Nueva edi ción, DRAE (1992 21 ) y nueva matización en la etimología, ahora: ‘del cata lán dialectal llonja ’. Y, por fin, la última edición hasta ho y, DRAE (2001 22 ), en donde parece que se qui ere reca pitula r, añadiendo además el francés: ‘ Del cat. dialect. llonja , este del fr. loge , cámara, habitación, y este del franco *laubja , sala; cf. a. al. ant. loupp ea ’. Visto lo cual, habrá que esperar la próxima edición del diccionar io acadé mico El CORDE documenta el t érmino desde el año 1300, pero con el significado que nos ocupa sólo un siglo antes que nuestro texto: El Rey e la Re y n a: Alcaldes e al gua zil de la mu y noble e le al çibdad de seuilla s abe d que por parte de los mi lanese s mercadores estantes en nuestros Reynos nos fue fecha r relaçion comm o de grandes tienpos aca l os d e su na çion sienpre touieron en esa çibdad vna lonja donde estan y tratan sus mercadorias seg und que la tienen los ginoueses e de otras naçiones... 1475, Anónimo, Orden de restitución a l os mer caderes mil aneses de la lonja que tradicionalmente ocupaban en Sevilla... Publicado por Ramón Carande; J uan de Mata C arr iaz o, Fondo para el Fomento de l a Investigación en la Universida d (Sevilla), 1 968. [25/02/2008] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 273 decir, linde o división entre fincas, acepción qu e desaparece, como acabamos de ver, de la últ ima edición del DRAE (2001 22 ). P or lo que hemos apuntado, pa rece que sesmo, que tiene el significado de ‘linde’ en nuestro texto, sería un andalucismo se mántico. 5.6.1. Labores agrícolas ARAR Acordose que porque a y en este t érmino y en el marqueza- / do mucha lan g osta en ca ñut o y a gora con lo que a ll uuido se po drá / 3 fásilmente cauar entre las breñas dond e está ou ada, que no se / puede arar ... (fol. 259 rº) Término procedente d el latín ARARE, documentado por C OROMINAS Y P ASCUAL (1980-91) en la Primera Crónica General (h. 1295). Ya NEBRI JA (1492) recoge la riqueza semánt ica del término: arar como quiera; arar lo sembrado; arar alzando barbecho; arar al t ravés; arar vinando; arar terciando . COVARRUBIAS (1611) no da u n si g nificado ex plícito, aparte de la etimología lati na, puesto que se va po r los cerros de Úb eda aludiendo a un significado figurado del término: ‘tener g ran trabajo y mucha necesidad. Arar la cas a y sembrarla de sal y aun las ciudades cuando han cometido t ra ición es cosa sabida y m uy anti gua’ . AUTORIDADES (1726) aporta l a definición clásica: ‘ La brar la t ierra rom piéndola con Huelva, o tro en B eas, cerca de la capital, y un ej emplo s e sitúa en el punto H 504 , correspond iente a Ayamonte. 274 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI el arado para sembra r el grano’ y reco ge la vitalidad del término en ocho frases hechas. Riqueza semántica que ha desaparecido del DRAE (2001 22 ) al tiempo que ha decaído la actividad agraria en nuestro país. La prim er a documentación del C ORDE es de f ines del siglo X I : Et si alicuius popul ator comparaverit mu la, vel equa, aut asino, vel caballo, aut bove per ara r cum autor ga mento de merca to, vel in vi a de rege, et non scit de cui cum sua jura, et non det ei majus autore. 1095, Anónimo, Fuero de Logroño dado por Alfonso VI . Publicado por Tom ás Muñoz y Ro mero, I mprenta de José María Alonso (Madrid), 1847. [22/03/2006] Algunos d e lo s signifi cados que han d esaparec ido del diccionario acadé mico se recogen en el TLHA (2000). Es el caso, por ejem plo, de ‘roturar’ y ‘barbechar’, que los mapas 9 y 18 del A L EA, respectivamente, sitúan en puntos de l as provincias de Sevilla, Córdoba, Granada y Jaén. No podemos olvidar el artículo clásico del profes or Gregorio Salvador, “Est udio del campo semántico ‘arar’ en Andalucía” 49 . E n él se establecen los siguientes sememas: roturar, barb echar, binar, terciar y cuarta r, ordenados d e ma y o r a menor frecuencia. En cuanto a la rel ac ión de fr ecue ncia y distribución geo g ráfica aportados por Gregorio Salvador, son los siguientes, para la provincia de Hu elva: binar: 30%; barbechar: 69,5 %; terci ar: una s ola ap arición; roturar: d os apariciones ; cuartar: no aparece. (vid. S ALVADOR , G., 1985: 29-30) 49 Publicad o en 1965 y r ecogido, m ás reciente mente, en S ALVA DOR , G. (19 85), S emántica y lex icología del espa ñol, M a drid , Paraninfo, pp . 13-41 L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 275 BENEFICI AR Y la dicha p rouizión de po rroga sión es de ocho de ma y o de m ill y quienien- / 21 to σ ochenta y vno, desd e el qual d icho tienpo corren do σ a ño al dicho Mel- / c hior Dominges. Por manera que lo σ dicho σ do σ año σ qu e a de benef isiar / la dicha tierra s e cunpl en a ocho días del mes de m ay o d e mill y quini- / 24 ento σ y o chenta y tres año σ . (fol. 207 rº) Palabra compuesta de l os vocablos l atinos bene ‘bien’ y facere ‘h acer’, de la que C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) dan como fuent e a N EBR I J A (1495). El término lo recoge B USTOS T OVAR , J.J . (1974) como cultismo medieval, aunque sólo con su significado etimológico: ‘hacer bien’ Nobleza y Lealtad, VI: sabiduría es...a beneficia al mundo. ’ La voz no ap arece en C OVARRUBIAS (1611) y p ara tene r una d efinición ha y que esperar al di ccionario académico, qu e además del s ignificado etimol óg ico, nos da como segunda acepción el que tiene en nuestro tex to: ‘Vale también cultivar, proc urar el beneficio y adelantamiento de alguna cosa para que fructifique y reditúe en beneficio del dueño, como beneficiar los campos, las haciendas, etc.’, AUTOR ID AD ES (1726). La prim era documentació n en el COR DE es tardía, y el ejemplo c on el significado de nuestro corpus es contemporáneo al nuestro b): a) E primeramente, besa dos por nos los santos pies y m anos con la prefata Santidat, expli carey s a aqu ella la mu cha gana e desseo qu e, 276 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI segund muchas vezes vos hauemos significado, t ene mos en collocar y procurar por benefi ciar a los de la dicha nuestra capilla, e quanta tenemos de lo assi fazer, por l os seruicios continuos y meritos de aquellos. 1483, Anónimo, Instrucciones a Gonzalo Beteta, embajador en Roma, y al protonot ario Fr ancisco Vidal d e Noya, para s... Publicado por Antonio d e la Tor re, CS I C ( Barcelona), 1949-1951. [22/03/2006] b) No se hace ho y así, en tiempo de nosotros christianos, en el sembrar y benef iciar la dicha coca, porque no h ay pestilencia que más ge nte mate que mue re en la cultura della; porque sin diferencia traen, de cincuenta y se tenta y más leguas, los ind ios de tierras frigidísimas a la calidísima para que la cultiven. 1527-1550, Casas, Fra y Bartolomé d e l as, Ap ologética his toria sumaria. Publ icado por Vidal Abril Castelló et alii, Alianza Editorial (Madrid), 1992. [22 /03/2006] CAVAR Acordose que por quant o lo σ días pasados fue e ste Cabildo / a uizita de moj ones, i que a Cri σ tóual Lopes l e amojonaron vna / 12 tierra a do di zen Los Corrales, a cuér dase que u aia el alcalde, / J ua n Dominges, con dos onbres i cauen i pon gan en rrazón la/ di cha tierra, dejando rreseruado lo del C onsejo. (fol. 220 rº) L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 277 Etimológicamente procede del latín CAVARE ‘ahuecar’ y s e documenta a partir de Gonzalo de Berceo. (C OROMINAS Y P ASCUA L ). NEBRI JA (1495 ) rec oge la riqueza semántica del término: cavar viñas; cavar como quiera; cavar sa cando lo cavado; cavar po r debajo; cavar por medio; cavar ot ra vez; cavar otra vez la viña; cavar dolando . COVA RRUBIAS (1611) lo define como ‘hacer ho yos en l a tier ra y a huecarla’. Y AUT ORI DADES (1729 ) añade l a herramienta que se utiliza: ‘Levantar la tierra y moverla con el azadón, azada u ot ro i nstrumento semejante’. Como era previsible, diccionarios de los siglos XV I y XV II reco g en la ortografía fonética cauar : AL C ALÁ (1505), NEBRIJA (1516), L AS CASAS (1570), PALET (1604), OUDIN (1607), VITTORI (1609) o FRANC I OS INI (1620). En los c uatro últimos diccionarios se da también la ortografía antietimol óg ica cabar . El CORDE documenta el término en Berceo y la forma con la grafía u desde l a misma época: a) Quando vino el biernes abés podié quedar, sabed que nol ovieron dos vezes a llamar; ante que li dixiessen: "Pedro, vé a cavar ", ante empeçó él la açada buscar. c 1236, Berceo, Gonzalo de , Vida de Santo D omingo de Silos. Publicado por Aldo Ruffina tto, Espasa-Calpe (Madrid), 1992. [22/03/2006] b) Del ortolano que deue cauar el huerto. El ortolano caue el huert o, et t ome del fructo del huerto quanto con el sennor pleyteare. 278 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 1218-c 1250, Anónimo, Fuero de Zorita de los C anes. P ublicado por Rafael de Ureña y Smenjaud, I mprenta F ortane t (Madrid), 1911. [22/03/2006] El TLHA (2000) reco g e como primera acepción para el término l a de ‘descuajar’ 50 , es decir, arrancar de r aíz plantas o malezas, aunque pare ce evidente que este significado se completa con el que aparece como s eg und a acepción: ‘levantar las raíces con la azada, azadón, pico, etc.’ 51 . Ése es, al m enos, el s ig nificado en nuestro texto 52 . Y no parece que difiera del significado del término en español general que hemos aportado de AUTOR I DADES (1729), y que pervive, de forma literal, como primera acepción en el DRAE (2001 22 ). ROZAR Acordose qu e sal ga el mayordomo, qu e este C onse[jo ] tiene noticia / de que los alcaldes d e Uill ablanca penan bue y es y encorralan y d an / 27 lisensia pa ra rrosar y qu emar y pastar. Se acuerda que s alga el m ay or - / dom o a de fender l a juridisión desta uilla. (fol. 223 rº) C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) dan como e timología de esta palabra un hipotético vocablo del latín vulgar *R Ŭ P TIARE, derivado del lat. RUMPERE ‘romper’. De su primer significado ‘roturar, arar’, pasaría a significar ‘pacer la hier ba’, hasta su significado actual ‘pasar rozando’. C omo primera d ocumentac ión se da el ú ltimo cuarto del siglo XIII . 50 A partir d el mapa 10 del ALEA en pu ntos de Córdo ba, Gr an a da y Jaén. 51 To m ada d e C ARRA SC O C ANT OS , P . (1981). 52 Véase ta m bién, más adelante, el eje m p lo que aduci m o s para breñ a. . L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 279 El término no lo recoge NEBR I J A (1495), aunque sí lo hace en su se g unda edición en 1516. Antes e stá en ALCALÁ (1505). COVARRUB I AS (1611), que y a nos da la ortografía mod erna , lo de fine simplemente como ‘cortar la hierba’. AUTORIDADES (1737) introduce la riqueza s emántica del t érmino, añ adiéndole tres acepciones más: ‘2ª. Val e también cortar los animales con los di entes para comerla’; ‘3ª. Vale asimi smo quitar o raer parte de al g una c osa, desigualando su superficie’; ‘4ª . Significa también tocar o tropezar ligeramente una cosa con otra’. Parece claro, a la vist a del ejemplo, que en nu estro tex to el término se e mplea con su significado primero de ‘cortar la hierba’. El CORDE documenta el término desde anti guo, aunque la fo rma con z es posterior, de mi tad del siglo XV, con lo que p arece que todavía es l a grafía de la dentoalveolar africada s onora /z/ , no la de la i nterdenta l so rda / Ө / , porque sería demasiado pronto: a) Qv ando el yuuer o n on arare, deue roça r o adobar balladar es o fuere menester en aquella heredat que el laurare, segunt le manda re su sennor. Et el ssennor ponga aradro & yuo con t odo su ap ara do; el ssennor ponga los bueyes, & el y uu ero guarde los buey es con todas bastagas, de dia & de noche, fasta que se parta de su sennor. c 1196, Anónimo, Fuer o de Soria. Publicado p or Galo Sánchez, Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [22 /03/2006] b) Y ot rossi, fallamos qu e deben p azer las yer bas, comer la grana y beuer l as aguas y co rtar e roza r y aber todas l as pastaziones en los dichos monte y pastos y erbados e aguas, dichos m ojones arr iba fasta la part e de Henzia, comunmente anbas las s obre dichas partes y cada una dellas sobre dichos lugares de suso nombrados, ezeto 280 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Adana Uliuarri Jauregui. 1458, Anónimo, Sentencia [Documentación de la cuadrilla de Campezo ] . Publicado por Felipe P ozuelo Rodríguez, Eusko Ikaskuntza (Donostia), 2001. [ 22/03/2006] 5.6.2. Cereales, árboles y f rutos ALCORNOQUE 9 Petisión de Bartolomé de Matamaros, en que pide le den lisensia pa ra cor- / ta r sincuenta estacas de alcorn oque ; la qual se le dio como se sue- / le dar. (fol. 262 vº) C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) ex plican su etim ología a partir del m ozá rabe, donde el l atín tardío QUER NUS ‘encina’, aña diría el sufij o despectivo hispánico – occus . Y documentan la palabra desde comienzos del siglo XIII . El término está en NEBRI J A (1495) y en COVARRUBIAS (1611), que lo define como ‘especie de roble que, así en el fr uto como en las hoj as, se parece a la encina’. El CORDE documenta el término desde mediados del si g lo XIII: Todo omme que taia rae enzina o alcornoque o rama o tueros, pectet V morabetinos, la metad a montarazes et la meetad al Conceio. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 281 c 1234-1275, Fuero de Cáceres. Publicado por P. L umbreras Valiente, Ayuntamiento de Cáceres, (Cáceres), 1974. [ 9/10/2006] ARROZ El arr oz q ue no se venda la libra a más de medio rreal la libra, / pues lo compraro n a d iez mar auedi σ , so pena de seis cientos mar auedi σ rrepartidos por ter- / 21 sias partes. (fol. 267 rº) Arabismo del español, s eg ún C OROMINAS Y P ASC UAL (1980-91), proc edente de ruzz y documentado en Calila e Dimna , colecc ión de relatos orientales traducido del árabe a mitad del siglo XIII. El t érmino no aparece h asta la segunda edición de NEBRI J A (1516). A unque ROSA L (1611) establece la etimología ára be de la voz, tanto COVARRUBI AS (1611) como AUTOR I DADES (1726) lo ads criben al griego. Hasta el diccionar io académico no t ene mos la primera d efinición: ‘especie de grano como el del trigo pero blanco y menor que se siembra en tierras mui humedas y en cenegales’. La prim er a documentación del C ORDE es de mediados del siglo XIII : Si non, f ága nles beuer çumo de mielg r anas dul ce s o pónganles sobre aquellos logares senabe molida, e sí m ejo rare n con esto. Si no, t omen V gra nos d' arroz e pón g anlos en un pellejo de mur, que sea bien l auado con agua cocha con fi gos, e déngelo, e sí mejoraren con esto. 1250, Tol edo, Abrah am de, M oamín. Libro de l os animales que cazan. Publicado por Anthony J . Cárdenas, Hisp anic Seminar y o f Medieval Studies (Madison). [9/10/2006] 282 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI BREÑA Acordose que porque a y en este t érmino y en el marqueza- / do mucha l angosta en c añuto y agora con l o que a lluuido se podrá / 3 fásilmente cauar entre l as breñas donde está ouada, qu e no se / puede arar... (fol. 259 rº) De origen desconocido para C OROM INAS Y P ASCU AL (1980-91 ), señalan al poeta andaluz Vil lasandino (†1425) como fuente de la prim er a docum entación del término. Es término común al portugués br enha ‘Floresta espessa, mata vir gem’, F IGUE I R EDO , C . (1996). En NEBRI JA (1495) aparece como sinónimo de maleza (s.v. maleza ), al i g ual que en A LCALÁ (1505). COVARRUBIAS (1611) se aventura a definir el término de manera tit ubeante : ‘...s erá n los matorrales de tierra i nculta, desigua l; y lo que comúnmente llama la ge nte del campo maleza...’ , para, finalmente, reconocer “ignoro su eti mología” . AUTOR I DADES (1726) añade a lo anterior que el tér mino es ‘casi generalmente usado en pl ura l’, como sucede en nuestro corpus. En la edición incompleta de AUTOR IDADES (1770) se fija una definición que h a per vivido hasta la edición vi ge nte, DRAE ( 2001 22 ): ‘Tierra quebrada entre peñ as poblada de maleza’. La única variación que ha sufrido el a rtículo es su d iscutido origen, para el que se le han buscado hasta tres etimologías di stintas, a saber: DRAE (1884 12 ): del célt. bern pico, túmulo; DRAE (1914 14 ): del vasc. breña ; DRAE (1956 18 ): del lat. v or ā go, - ĭ nis, abismo 53 ; hasta llegar al DRAE (1992 21 ) que aca ba por establecer su ‘origen incierto’. M ONTOYA R AMÍREZ , Mª I. (1990: 148), que adelanta la 1ª doc. de Corominas y Pascual hasta 1350, resume el problema etimoló gico del término del siguiente modo: 53 Esta eti m o logía había aparecido antes en el DHLE ( 1936 ). L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 289 ay muchas minas de oro, y plat a, plom o, alcaparrosa y vna r ais del tamaño de vna seuolla que sirue de xabon a los indios, haze m ucha espuma quando laban con ella, y h aze la ropa muy blan ca. 1629, Vázquez de Espinosa, Antonio, C ompendi o y descripción de las Indias Occidentales . Publicado por Charles Upson C lark, Smithsoni an I nstituti on (Washington), 1948. [9/10/2006] CENTENO Acordose que se apregone en las lonjas que ni por m ar ni por / 6 tierra se s aque desta uill a ni marquezado trigo, s eua da, sen- / teno ; y el qu e se ouiere d e sa car p a ra el dicho m arquezado se- / a con lisensia de la justisia; y q ue esto se apregone. (fol. 248 vº) Según C OROM INAS Y P ASCUAL (1980-91 ) procede del latín h ispánico CENT Ē NUM, y éste del latín C ENT Ē NI ‘de ciento en ciento’, porque se cree que d a cien granos de cada uno que se siembra. Lo docu mentan desde el año 121 2. En NEBRI JA (1495) es ‘m iesse conocida’ y en C OVARRUBI AS (1611 ) ‘ g rano conocido’. El CORDE documenta el término desde anti g uo: a) Et omes cle ricos qui f uerint per s ing ul as collat iones respondeant cui re g i placuerit, et omnes cle ricos qui fuerint in Maraione dent cui regi placuerit de decimo el cuarto de tri go, e ordei é de centeno , é non habeant nulla pre mia de fossad era , nec d e appellido, nec d e nulla causa, é de calonia X parte. 290 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI a 1134, Anónimo, Fuer o de Marañón en Navar ra. Publicado por Tomás Muñoz y Ro mero, Imprenta de J osé María Alonso (Madrid), 1847. [9/10/2006] ENDRINA 28 Acordose que la l ibra de peras se venda a o cho m aravedí σ , i lo σ pepinos / a blanca, i las endrin as doze 〈 a 〉 m aravedí σ . (fol. 208 rº) La palabra procede de la forma anti g ua ANDRINA y ésta de * a drina, emparentada con el i taliano m eridional (a)trigna , procedente d el latín vu lga r PR UNA *ATRINA ‘ciruelas negruzcas’, derivado de AT ER, -A, -UM ‘negro’. El término lo ducumentan C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) desde los orí gene s del idi oma, aunque la cita m ás socorrida sea la referencia al personaje clásico del Libro de Buen Amor , doña Endrina. Sin embargo, la hist oria lexi cográ fica del t érmino no comienza hasta PERCIVAL (1591), quien re coge la orto g rafía antigua , andrina . Esta forma anti gua vuelve a aparecen en AUTOR I DADES (1726), en donde se define como ‘voz antigua que ya no tiene uso’. Aún así, el diccionario ac adémico sigue manteniendo la entrada hasta hoy remitiendo a la forma moderna (DRAE, 2001 22 ). La forma m oderna no aparece hasta PA LET (1604), O UDIN (1607) y COVARRUBIAS (1611), que nos da su definición, recogida posteri ormente en AUTORIDADES (1732): ‘especie de ciruel a negra y redonda que de spide bien el huesso y estando bien madura es mui dulce y agradable’. El CORDE documenta l a palabra en el Cancionero de Baena, t ambién and aluz, como sabemos: L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 291 e si replicades, muy amarga endrina * vos juro e prometo de darvos compuesta con tal confaçión * qu'os li eve de cuesta, * segunt lieva el viento a la golondrina. 1406-a 1435, Baena, Juan Alfonso de, Poesías [Cancionero de Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca, Visor (Madrid), 1993. [9/10/2006] El T L H A (2000 ) recoge el t érmino con el s ignificado de ‘endrino, ar busto rosáceo, de madera dur a y fruto n egro azulado, de sabor áspero y a g rio’, y remite al ALEA. Efectivamente, el mapa 359, correspondiente a endrino, sólo recoge la voz en puntos de Andalucía orie ntal; en cambio, el nomb re del fruto, la endrina, se localiza en los siguientes puntos en la provincia d e Hu elva: ciruela andrina, en Beas (H 600); y andrina b ravía, en las loc alidades serranas d e Rosal de la Frontera (H 102) y Aracena (H 202). HABA Acordose que se u endan las hauas a do σ marauedí σ la libra, / 21 so pena de trezientos mar auedí σ , rrepartidos por tersias partes. (fol. 223 vº) Término procedente del latín FABA, que C OROM INAS Y P ASCUA L (1980-91) documentan en J uan Ruiz ( faua) y, posteriormente, con p érdida de F- incial, en el Vocabulario de Fernández Palencia (haua) . 292 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI La historia lexicográfica de la palabra nos ofr ece hasta cinco formas ortográficas distintas. NEB R I JA ( 1495) incluye hava , tra di ción que se continúa en P ERCI VAL (1591) o en COVARRUBIAS (1611). Quizás sea el diccionario del Covarr ubias el mejor ejemplo de las variantes ortográficas d el término, puesto que aunque el lema es hava, siguiendo al m aesto Nebrija, en su defini ción escribe a v eces haba y otras haua . Pero además el mismo Covarrubias inclu y e un a entrada para faba que remite a haba . Esta grafía faba la reco ge el DR AE (1791 3 ), com o forma anticuada, y así hasta nuestros días (DRAE, 2001 22 ). La orto grafía moderna haba no la encontramos como lema hasta ROSAL (1611), que remite a hava. No se rá hasta AUTORIDADES (1734) cuando quede fijada, como sabemos. Hemos documentado l a forma fava en M I NS HEU (1617). Además, claro, de la ortografía fonoló gica propia de los Si glos de Oro, haua: A L CALÁ (1505), NEBR I J A (1516), PALET (1570), etc. Pocas palabra s, en fin, nos ofrecen un a riqueza or tográfica , mu y en conson ancia, por cierto, con su riqueza gastronómica. El CORDE, efectivamente, documenta esta riqueza gráfica: a) Quand sopo Alexandre que en esso andava, dixo: " Dios lo sabe que esto non cuidaba, de la parte de Métades esto non esperava, mas este denodejo non valdrá una fava . 1240-1250, Anónimo, L ibro de Alexandre. Pub licado por J esús Cañas, Cátedra (Madrid), 1988. [9/10/ 2006 ] b) [ ...] & desque fu ere muerto falla rlan en el u ientre una piedra blanca q ue s emeia en la color al cristal. & es ta manna como una faua ; o y a qu anto poco mayor . De su natu ra e s fr ia & humida. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 293 c 1250, Alfonso X, Lapi dario. Publ icado por Pedro Sánchez-Prieto Borja, Universidad de Alcalá de Henares (Alcalá de Henares), 2003. [9/10/ 2006 ] c) Movióse la tempesta, una oriella brava, desarró el maestro que la nave guïava: nin a sí nin a otri nul consejo non dava, toda su maestría non valié una hava . 1246-1252, Berceo, Gonz alo de, Milagros de Nuestra Señora. Publicado por Claudio García Tu rza, Espasa- Calpe (Madrid), 1992. [9/10/2006] d) ...fazense como bex ig as & fazens e & son tam anna s cada un a como una faba g rand & fazese de sobrehabundancia de sangre & tuelle al cavallo el comer & fazeli desecar esta enfermedat. c 1275, Anónimo, Libro de l os caballos. Publicado por María Teresa H errera; María Ni eve s S ánche z, Universidad de Salamanca (Salamanca), 2000. [9/10/2006] e) Eletria, que quie re dezi r alectorio, nasçe en el uientre del capon, es fallado en spe çie de cristal e en g r andeza de hau a . E, si lo cree mos los magicos, q uieren los que la trahen no ser en batalla uençidos. c 1420, Anónimo, L api dario. Tít ulo de las declaraciones de las naturalezas de las piedras. Publ icado por V erlag Von Gebr. 294 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Henninger (Heilbronn), 1880. [9/ 10/2006] f) ...tenía huesos de corazón de ciervo, l engua de víbora, cabezas de codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de ni ño, haba morisca, guija marina, s oga d e ahor ca do, flor de y edra, espina de erizo, pie de tejo, granos de helecho, la pi edra del nido del águila y otras mil cosas. c 1499-1502, Rojas, Fernando de, La Celestina. Tragicomedia de Calisto y Melibea. P ublic ado por Francisco J . Lobera; Guillermo Serés; Paloma Díaz-Mas; Carlos Mo ta; Í ñi go R ui z Arzálluz ; Francisco Rico, Crítica (Barcelona), 2000. [9/10/20 06] Término recogido en el T L HA (2000) a partir de A LCALÁ V ENCES L ADA , A. (1951) con la o rtografía j aba , que evidencia la aspiración de h- inicial pro cedente d e F- incial latina 57 . HIGUERAL En este Cabildo paresió J u an Garsía de Rribera y dijo que él ponía las / uiñas y higerales pa ra p astar con sus puercos y los demás que / 15 él quiziere, d esde el día de San Migel por del ante. (fol. 232 rº) Palabra deriv ada de hi go (< lat. F Ī C US ‘higo, higuera’), documentada en Nebrija. (DCECH, s.v. higo ). 57 Como hemos mantenido e n las concl usiones a l cap ítulo so bre FONOLOGÍ A, la aspirac ión de h- inicial pro cedente de F - latin a conti núa plenamen te vigente en nu es tro co rpus. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 295 Efectivamente, el gramático lebrijano rec oge la entrada higueral lugar de higueras en la primera edición de su diccionario. Posteriormente, AUTOR I D ADES (1734), junto a la definición del tér mino (‘El sitio donde se crían o hay mu cha s higueras’), aportará com o autoridad el testimonio del autor de la Pri mera Gramática en lengua Castellana : “Trae esta voz Nebrija en su Vocabulario”. La palabra t iene otra forma gráfica, figueral, recogida po r MINSHEU (1617) y luego por AUTOR I DADES (1732), qu e la d efine como ‘El te rreno plantado de higueras’. Este aparente doblete sin ningún s entido léxi co- semántico ni fonético, se continuará en la edicion es siguientes, DRAE (1780 ) y DRAE (1783 2 ), corrigiéndose finalmente en el DRAE (1791 3 ), donde el l ema figueral remite a higueral , como en la actualidad (DRAE, 2001 22 ). El CORDE documenta el término con la grafía medieval y con l a moderna a partir de Nebrija: a) Et mandamos comunalmi entre a todos los que fueren vezi nos e moradores en Seuilla, t anbién a c aualleros cue mo a mer cadores cuemo a los de la mar, c uemo a todos los ot ros de l a vi lla que nos den diezmo del axaraf e del figu eral . 1251, Anónimo, Privilegio del rey don Alfonso en el que confi rma el concedido por su padre a S evilla [El li bro de p... Publicado por Marcos F erná ndez Gómez; Pilar Ostos Salcedo; María Luisa P ardo Rodríguez, Excelentísimo A y untamiento de S evilla, Universidad de Sevilla y Fundación de El Monte (Sevilla), 1993. [9/10 /2006] b) A don Enrrique Pe rez xx i ataffullas, por xx alffabas, por emienda del figeral que el Rey le mando dar çerca de su vinna. 296 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 1257-1271, Anónimo, Repartimiento de Murc ia. Publicado por Juan Torres Fontes, CS IC-Aca demia Alfonso X el Sabio (Madrid), 1960. [9/10/ 2006 ] c) delos que significan lugar en que alguna cosa se contiene: como de rosa rosal. de enzina enzinal. de roble robledal. de mançana mançanal. de higuera higue ral . de pino pinal. de guindo guindal. de caña cañaveral 1492, Nebrija, Antoni o de, Gramática castellana. Publi ca do por John O' Neill, Hispanic Seminary of M edieval Studies (Madison), 1995. [9/10/ 2006 ] d) El asturiano llama "folecho" al "helecho". Marido en lar, sikiera higeral . "Lar" es: el hogar; la higera es rruin madera i humos a. Marido i muxer, kasados de aier. 1627, Correas, Gonzalo, Vocabulario de re franes y frases proverbiales. Publicado por L oui s Combet, I nstitut d'Études Ibériques et Ibéro-Américaines de l'Université de Bordeaux (Burdeos), 1967. [9/10/2006] Como en el caso anterio r de haba , el T LHA (2000) recoge la forma jigo , aunque no a partir de A LCALÁ V ENCESLADA , A. (195 1) 58 . Curiosamente, el TLHA (2000) tampoco recoge formas como jig uera o jigue ral . Sí, en cambio, se recoge del Vocabulario andaluz el témino ji ga ‘hig a, fruto del palmito’. 58 Sino d e d os estudios lo cales: R ODRÍGUEZ G ÓMEZ , F. ( 1996): El h abla de Villam artín ; y P LATA , J. (19 91 2 ): El hab la de Jerez. Vocab ulario jerezan o. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 297 PEPINO 28 Acordose que la l ibra de peras se venda a o cho m aravedí σ , i lo σ pepinos / a blan ca, i las endrinas doze 〈 a 〉 m a ravedí σ . (fol. 208 rº) C OROMINAS Y P ASCUA L (1980- 91) nos explican la etimología del término a partir del antiguo pepó n ‘melón’ (< lat. PEP O, - Ō NI S ‘melón’), al que, tomado por aumentativo, correspondería el di minutivo pepino . Lo do cumentan desd e inicios del siglo XV y en NEBRI J A (1495). COVARRUBIAS (1611) s ólo establ ec e la etimología latina y la expresión ‘pepinazo’, aún vi ge nte ho y , aunque haya c ambiado el objeto con el qu e se propina (DRAE, 2001 22 ). AUTOR I DADES (1737) nos da una definición minuciosa: ‘fruto de una planta del mis mo no mbre: especie d e meloncill o pequeño y la rgo, su color verde y en la cascara algunos com o gra nillos. Son mu y aquosos y sabrosos, aunque no son dulces como los melones. Sus pepitas son delicadas y tambien aquosas. la hoja de la planta y el tallo es aspero’. El CORDE no documenta el término hasta el Cancionero de Baena: Quien non es capaz bastante nin dino de aquesta çiençia de que se trabaja, su argumentar non vale una paja, nin un mal cogombro, * tampoco un pepino . 1406-a 1435, Baena, Juan Alfonso de, Poesías [Cancionero de Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca, Visor (Madrid), 1993. [9/10/2006] 298 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI El TLHA (2000) r ecoge el témino, además de ace pciones como ‘lobanill o’ o ‘cohombro de mar’, en dos frases: ‘hacer el pepin o’ 59 e ‘importar un pepino’ , a partir de A LCALÁ V ENCES L ADA , A. (1951). PERA 28 Acordose que la libr a de p er as s e venda a och o m aravedí σ , i lo σ pepinos / a blanca, i las endrinas doze 〈 a 〉 m aravedí σ . (fol. 208 rº) Voz patrimonial del español, procedente del latín P Ĭ RA, plural de P Ī RUM, documentada desde los orígenes del idioma (C OROM INAS Y P ASCUA L ). La p alabr a está en NE BRIJA (1495) y nos pode mos quedar con la definición sucinta de COVARRUBIAS (1611): ‘Fruta conoci da’ . El CORDE documenta el término desde Gonzalo de Berceo: Si a vos semejasse, nuestro seso tal era, ir sobre leoneses luego de la primera, qebrantar a Remiro, tollerlo de carrera, desend' los otros pueblos non valdrién una pera . c 1230, Berceo, Gonzal o de, Vida de San Millán de la Cogol la. Publicado por Brian Dutton, Espasa-Calpe (Madrid), 199 2. [9/10/2006] 59 A par tir d el mapa 14 41, p un tos H 30 2 y Se 400, co rres pondiente s a La Pueb la d e Guzmán y La Campana, r espectivame nte. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 305 alvuras de uevos, e remógenles ý so ceuo e déngelo. 1250, Toledo, Abraham de, Moamín. Libro de l os animales que cazan. P ublicado por Anthony J. Cárdenas, Hispanic S eminary of Medieval Studies (Madison). [9/10/2006] b) Et estas casas sobredichas vos doy en esta m anera: qu e vos el dean et el cabildo tengades una lanpada de prata la qual y o do y luego et lex o delantre la magestade de S anta Maria, con aceite , et que la fagades alumbrar en estas o ras, a matines , et a prima, et a terçia, et a viespras et a conpretas. 1295, Anónim o, Carta de donación [Documentos de los archivos catedralicio y di oce sano de Salamanca] . P ublica do por M ª Nieves Sánchez, Universidad de Salamanca (Sa lamanca ), 2000. [9/10/2006] c) Otrosí, mando para dos çirios que estén ant e la mi s epultura ardiendo, a las horas que se dix ieren en l a dicha capill a, otrosí pa ra açeite para dos lánparas que y mando que se pongan. 1406-411, Anónimo, Crónica de Juan II de Castill a. Publicado po r Juan de Mata Carriazo y Arroquia, Real Academ ia de la Hist oria (Madrid), 1982. [9/10/2006] d) ...que l e diesemos e l e fisiesemos dar los diesmos del pan e del vino e del as eite e de l as otras cosas que nos avemos en Al arça nuestra granja, que es ribera del rio de Tajo, en el Campo de 306 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Arañuelo. 1334, Anónimo, Carta de Alfo nso XI a los oficial es de Avila, para que averigüen si Domingo Est eban debe pagar el di... Publ icado por Esther Gonz ález Crespo, Universidad Complutense de Madrid (Madrid), 1985. [9/10/2006] AFRECHO Acordose que no se saquen deste lugar pa ra el Rreyno de Portugal / 9 ni pa ra otras partes afrechos , so pena de perdidos el qu e lo sa- / care, y la que lo u endiere pierda el costo. (f ol. 251 rº) Según C OROMINAS Y P ASCUA L (1980 -91) es voz del castellano que quedó limitada pronto al andaluz y a otros dialectos. Com o sabemos, es la cáscara del grano de trigo desm enuzada durant e la mo lienda, también llamado “salvado”. Pro cede del l atín AFFRACTUM, participio pasivo de AFFRANG Ĕ RE ‘romper contra al g o’, y l a primera documentación está en Juan Ruiz . El término lo recoge NEBRIJA (1495 ), como sinónimo de la voz común al español: afrechos o sal vados . También en su forma en plural lo recogen AL CALÁ (1505), ROSA L (1611) y COVARRUB I AS (1611), que en su definición remite a l gramático lebrijano, pero aporta un apunte dialectal mu y si gnificativo: ‘debe ser nombre portugués o andaluz’, lo que si g nifica que p ara Covarrubias debía ser nombre poco conocido. AUTORIDAD ES (1726) circuns cribe el término a Andalucía: ‘ya sólo tiene uso en l os reinos de And alucía’. A p artir del DRAE (1783 2 ) se recoge la palabra como dialectalismo para Andalucía y Ex tremadura, estado de cos as que p erdurará hasta la edición del DRAE (188 4 12 ), en que desaparece la referencia dialect al, definiéndose simplemente como ‘salvado’, como sucede en l a actualidad (DRAE, 2001 22 ). L o que no L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 307 significa de siga siendo un andalucismo léxi co, cla ro. Como curiosidad lex icog ráfica podemos señ alar que en el DRAE (189 9 13 ) se hace proceder el término de la voz árabe ajrech ‘ex pulsión’. El CORDE documenta el término desde la segunda mit ad de l siglo XIII: Tomar sebo de c abron retido & finque con aq uello que non se puede retir sal, afrech o seco & bolverlo en vi no calient & ponergele en todas las .iiii. suelas assi que a y a y ç umo. c 1275, Anónimo, Libro de l os caballos. Publicado por María Teresa Herrera y Ma ría Nieves Sánchez, Universidad de Salamanca (Salamanca), 2000. [9/10/2006] El término no lo recoge A LCALÁ V ENCESLADA , A. (1951). Sí se recoge, en cambio, en el T LHA (2000 ), en el mapa 249 del ALEA, con el significado de ‘acemite’, es decir, ‘afrecho con alguna corta po rción de harina’ en puntos d e Andalucía occidental y de la provin cia de Málaga. Y en otros pun tos de la misma z ona, en el mapa 250 se localiza con el significado de ‘salvado’ 62 . CUAJADA Mandan que, atento que no es bien que aia quajada po r el en- / gaño que en ello ai, i porque por hazerla no ai l ec he, se m an- / 18 da que no se u enda , so pena de sei σ sientos m arauedí σ , rrepar- / tido σ por tersio σ . (fol. 219 vº) 62 En la nota 2 9 hemos hec ho referencia al único ej em plo en nuestro texto d el témino salu ados. 308 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Voz derivada de cuajo ‘sus tancia cuajada’, ‘sust ancia que sirve para cuaj ar’, del lat. C OAG Ŭ L UM, de idéntico signif icado, derivado de AG Ĕ RE ‘empujar, hacer mover’ con el prefijo co- ‘juntamente’, cuya primera doc umentación es de h. 1400 en las Glosas del Escorial. (DCECH, s.v. cuajo ). La voz aparece por vez primera en L AS CASAS (1570) con la grafía anti g ua, como en nuestro tex to, y así lo h ace en otros diccionarios bilin gües como OUDIN (1607), VITTORI (1609), M IN SHEU (1617), etc. La grafía moderna la inclu y e primero SOBRINO (1705), mien tras que la Academia n o recoge el t ér mino h asta la primera edición del DRAE (1780): ‘s.f. La parte mantecosa de la leche separad a de l suero’. (s.v. cuajada ). Esta d efinición aparece casi si n variación en la actualidad com o 5ª ace pción: ‘f. P arte caseosa y grasa de la leche, que se sepa ra del suero por l a acción del calor, del cuajo o de los ácidos’, DRAE (2001 22 ). El C ORDE recoge el témino con nuestro si g nificado y grafí a desde el p rimer tercio del siglo XV: Delas cosas que mucho sosiegan el dolor delos ojos & refrian su calor & detienen las vmores que non Recorran alli es poner ençima vn pedaço de quajada de leche de cabras & si pudiere ser que sea quajada con y erua & non c on quajo e so es lo mejor a 1429, Chirino, Alfonso, Menor daño de l a medicina. Es corial, b.IV.34. Publicado por Enrica J. Ardemagni, Ruth M. Ri cha rds, Michael R. Salomon, Hispanic Seminar y of Medieval Studies (Madison), 1987. [7/02/2008] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 309 ENSALADA Acordose que se haga m ara uedí d e ensalada y d e se- / bollas, so pena de sien marauedi σ , rrepartido por tersios. (fol. 249 vº) Palabra derivada de sal (< lat. SA L , SALIS), do cumentada por v ez primera en NEBRI JA (1495 ): “ensalada de iervas: a ce tarium”. (DCECH, s.v. sal ). COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘plato de verduras que se sir ue a la mesa, y porque l e echan sal, para qu e ten g a mas gusto, y corrija su frial dad, se llamó ensalada: empieçase con ella la c ena, y l a más ordinaria es la de l as lechugas’. AUTORIDADES (1732) traslada esta definición cambiando sólo la sinta xis: ‘El plato de verdura s que se sirve a la mesa, y de ordinario al principio de la cena: y porque se sazona con sal para que tenga más gusto y corrija la frialdad d e las hierbas de que se compone, se llamó Ens alada’. Aunque rápidamente simplificó l a de finición en las siguientes ediciones y en el DRAE (1791 3 ) era ‘hortaliz as aderezadas con sal, ace y te y otras cosas’ casi como ho y : ‘hort aliza o conjunto de hortalizas mezcladas, cortadas en trozos y aderezadas con s al, ac eite, vinagre y ot ras cosas’ (DRAE, 2001 22 ). El CORDE documenta el término desde la segunda mit ad de l siglo XV: Verná luego una ensalada de cebollas albarranas, con mucha estopa picada y cabezuelas de ranas. c 1445-1519, Anónim o, Cancionero de obras de burl a s provocantes a risa. Publicado por Luis Sánchez ( L ond res), 1841- 1843. [9/10/ 2006 ] 310 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI HARINA 24 Acordose que se deputa pa ra que busquen pe rso- / nas pa ra que ten g an los pez os del Consejo en que an d e / pezar l a harina : Rrodrigo de Samudi o, pa ra ar riba; M artín Go n- / 27 sales, pa ra abajo. (fol. 238 vº) Voz patrimonial del español procedente del l atín FAR Ī NA, do cumentada desde Berceo (C OROM INAS Y P ASCUA L ). El término lo rec oge NEBRI JA (1495), a partir de él toda la tradición lexicográfica. COVARRUBIAS (1611) l o define como ‘el tri go m olido y reducido a polvo’, definición a la que AUTORIDADES (1734) añadirá un apunte hi stórico: ‘en lo antiguo se d ecía farina ’. Esta grafía antigua l a r ecoge n dos diccion arios, MI NHSEU (1617) y S TEVENS (1706), aunque remiten a la moderna. Lo m ismo hace el diccionario ac adémico a partir del DRAE (1791 3 ), y hasta la actualidad, reco g iendo el término farina como desusado (DRAE, 2001 22 ). El CORDE documenta el término desde los orí g enes de la lengua: a) Si quis tamen aliquis homo pignoraverit ill os bo ves qui deferunt ligna monasterii aut mul o aut as y no qui cotidie f arina deportant et ligna monasterio, aut via presa fecerit homini qui facit hoc servit io, aut eum expoliaverit aut flagellaverit, quamvis c ulpa sit abbati aut alico homini , que pa riet apparte comite LX. solidos , et ad ille abbas et ipsa pennora duplata et illos libores. 972, Anónimo, De pecta de il la defesa [Becerro góti co de Cardeña ] . Publicado p or Luciano Serrano, Cuesta editor (Valladolid), 1910. [9/10/2006] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 311 b) ...e como qui er que algo ca y a d entro en el cas tillo, pero lo mas caya fuera e tom aua nlo l os moros; e por esto el almirante dexo de lançar la harina con aquellos trabucos. c 1348–1379, Anónimo, Gra n crónic a de Al fonso XI, Die go Catalán, Gredos (Madrid), 1976. [9/ 10/2006] c) que el ganado rremolina, y el tenp er o anublina, y el torv ellino graniça , porque allegas la çeniça y derram as la arina . a 1424-1520, Anónim o, Cancionero de Juan F ernández de Íxar. Publicado por José María Azácet a, CS I C (Madrid), 1956. [9/10/2006] HUEVOS 1 8 Acordose que se uendan los gueuos a tres mar a- / uedí σ , so pena de sien marauedí σ . (fol. 237 vº) Según C OROMINAS Y P ASCUAL (1980-91), del l at. Ō VUM, pronunciado vulgarmente con o abierta, y documentado desde Berceo. NEBRI JA (1495) recoge el t érmino con la o rtografía l atinizante uevo . La ortografía mod erna l a recoge por v ez prim er a P ERC I VA L (1591) y ROS AL (1611 ), 312 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI aunque en éste ap arece junto a g uev o , al igual que en MEZ DE BRAIDENBACH (1670), SOBR I NO (1705), mientras que B L UTEAU (1721) sólo atestigua guevo. En los Siglos de Oro encontra mos ueuo: ALCALA (1 505), NEBRI J A (1516), etc.; y gueuo PALET (1604), OUDIN (1607), etc., que es l a fo rma en qu e aparece en nu estro corpus. En cuanto al si gnific ado, AUTOR I DADES (1 734) ofr ece una not a, ‘en diciendo hueuos, por antonomasi a se entiende los de galli na’, que se mantien e vigente en el DRAE (2001 22 ) como segunda a cepción: ‘En leng u aje corriente, se a pli ca al d e l a gallina, especialmente destinado a la alimentación humana’. El C ORDE documenta el término desde mediados del siglo XIII, con sus diversas variantes gráficas: a) E si non se purgaren c on esto que dix iemos, tomen del habarraz e muélanlo, e mézclenlo con un uevo e metan ý del ol y o ros ado peso de dos di neros de plata, e bátanlo bien e échengelo por las narizes. 1250, Toledo, Abraham de, Moamín. Libro de l os animales que cazan. P ublicado por Anthony J. Cárdenas, Hispanic S eminary of Medieval Studies (Madison). [14/11/2006] b) Peró dize Plinio en e l I Xo capítulo del Xo libro de la Natural estoria que en el nío de la paloma pon el cocciz su hu evo mayormientre que en el d'otra ave. c 1275, Alfonso X, Gen eral Estoria. Primera parte. P ublicado por Pedro Sánchez-Prieto Borja, Universidad de Alcalá d e H enares (Alcalá de Henares), 2002. [ 14/11/2006] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 313 c) ...como si el blanco de vn hueuo qui enujrona el Ro y uelo no lo tuujes encerrado dentro de si el ca y eri a deyus enla casca e si el Royuelo non sustuujes su blanco cierto el caheria al fondon del gu euo 1400-1425, Anónimo, Libro del Tesoro. Girona, Catedral. Publicado por Dawn Prince, Hispanic Seminar y o f Medieval Studies (Madison), 1990. [14/ 11/2006] d) ...i añedimos g a l prinzipi o para darla m as fue rza, como d e ordinario la ponemos en gue so, guerta. guevo ; fué semex ante á la Griega i H ebrea, produzi da de ai comun á tod as las x entes: guai d e ti, Xerusalem, guai de mi, guai de vosotros. 1625, Correas, Gonz alo, Arte d e la l engua esp añola castellana. Publicado por Emi lio Alarcos García, CS I C (Madrid), 1 954. [14/11/2006] MORCILLA 16 Acordose que s e uend a la libra de las morsillas / a dies y se ys marauedí σ , so pena de tresientos mar auedí σ . (fol . 237 vº) Palabra tí pica del c astellano y el po rtugués ( morcela ), de origen incierto, se g ún C OROMINAS Y P ASCUA L ( 1980-91), que s eñalan su pare ntesco en el catalán morcón, que 314 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI designa un embutido se mejante. Exp lican su eti mología a p artir de una base *MURCE L LA, junt o a la cual ex istiría *MURCONE, de la misma raíz , seg uramente prerromana y quizá emparentada con el v asco m ukarra ‘objeto abultado y disforme’ y con el céltico MUKORN O ‘muñón ’, y o frecen l a primera document ación h. 1400 en las Glosas de Toledo y del Escorial. NEBRI JA (1495) recoge su traducción latina, botulus.i, mientras que COVARRUBIAS (1611) nos da el significado: ‘la tripa del puerco, o del carnero, o de otro animal rellena con s angre. Y porque es corta a manera d e boc ados se llamó assi, a morfu, y d e all i m orcilla’. AUTOR I D ADES (1734) recoge l a apo rtac i ón de ambos gramáticos: ‘tripa del puerco, carnero u otro ani mal, rellena de sangre, guisada y dispuesta antes con espec ias’. Y e l DR AE (2001 22 ) abunda en esos mismos términos: ‘1. f. Trozo de tripa de c erdo, carnero o vaca, o materia análoga, rellen a de s angre cocida, que se condimenta con especias y , frecuentemente, cebolla, y a l a que suelen añadírsele otros ingredientes como arroz, piñones, miga de pan, etc.’ En cuanto a la grafía, documentamos la forma morzilla en PA L ET (1 604), OUDIN (1607), V I TT OR I (1609 ), M I NSHEU ( 1617), FRANC I OC INI ( 1620), MEZ DE BRAIDENBACH (1 670), SOBRINO (1705) y ST EVENS (1706). En t odos aparece junto a la forma morcill a. Sólo el diccionario de BLUTEAU (1721) reco ge únicamente morzilla. El C ORDE documenta el t émino con las distintas grafías desde mi tad del siglo XV: a) Mas los que dentro del çerco beuís d'esa gruesa villa no veo que days morçilla , saluo al que mata puerco. c 1450-c 1480, Manrique, Gómez , Poesías [Cancionero de Gómez Manrique ] ,. Publicado por F ra ncisco Vidal González, C átedr a (Madrid), 2003. [10/09/2007] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 321 c 950-1000, Anónimo, Glosas silenses. Publicado por Ramón Menéndez Pidal, Hernando (Madrid), 1929. [9/10/2006] 322 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 5.7. GANADERÍA BESTIA Yten: se alisten las b estias que ouiere en esta uilla pa ra / que estén pr estas pa ra quando fueren men ester. Y pa ra el cu y - / dado desto se encarga a Martín Gonsales; y la comunique con / 39 el s eñ or corregidor como esté hecha. (fol. 248 vº) Voz procedente del latín B Ē ST Ĭ A y documentado por vez primera en la segunda mitad del siglo X ( uistia ) en las Glosas Silenses y en Berceo ( bestia ). (C OROMINAS Y P ASCUAL ). B USTOS T OVAR , J.J. (1974) documenta el cultismo desde los orígenes del idiom a y nos ac lara qu e “ en te xtos medievales l o enco ntramos tanto en sentido específico ‘cuadrúpedo de carga’, como genérico”: 1ª doc. uistia, Glosas S ilenses, 312 y común en todas las épo cas. En L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 323 un testamento catalán de 1046 (San Cugat del Vallés, II , doc. 587 ) la voz bestia está u sada con el si g nificado de ‘ animal que se puede cabalgar’. Doc. l ing. de 1219 (M. Pidal, 166): ‘animal, g ana do’; etc. NEBRI JA (1495) reco g e el artículo bestia de cargo, con la refere ncia doble de ‘ueterina.e’ y ‘iumentum.i ’. COVARRUBIAS (1 611) en un artículo extenso establece que ‘es nombre generico que comprehende todos los anim ales irr acionales [...] ordinariamente se toma por los animales de qu atro pies corpulentos, de los quales vnos son dom esticos, como es asno, el mulo o el cauallo, & c. Y otros saluages feroces, como el leon, el osso, el elefante, &c [ ...]’. AUTORIDADES (1726) reduce el término al significado de animal d oméstico, como en nuestro corpus: ‘en castellano por esta palabra solamente se entiende animal corpulento y qu adrupedo, y especi fica mente los domesticos: como c aba llos, mul os, asnos; pues l os salvages y feroces, c omo leones, tigues, ossos, el ephantes y ot ros, aunque sean en realidad b estias, y de quatro pies, siempre se añade el adjetivo fiero para denotarlos y expressarlos’. El DRAE (2001 22 ) repa rte el significado his tórico en tres acepciones: ‘ 1. f. Animal cuadrúpedo.2. f. Animal doméstico de carg a; p. ej., el caballo, l a m ula, etc.3. f. monstruo ( ơ ser fantástico)’. Además de una acepción, referid a a p ersonas: ‘4. com. Persona ruda e i g norante. U. t. c. adj.’, que y a aparece como término fi gurado desde AUTORIDADES (1726). El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XII : Si appusieren ad alguno que fu rto c auay llo o b uey o bestia , ju re por el bue y con dos e por cau ay l lo jure con XII, et por casa con XII, et por sospecha de quoalquiere cosa jure con dos. 324 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI c 1130, Anónim o, Fuero de Viguera Y Val de Funes [Documentos Lingüísti cos Navarros ] . Publicado por Fernand o González Ollé, Diputación Floral de Navarra (Pamplona), 1970. [10/09/2007] Con el significado que antes hemos señalado, referido a persona, s e documenta en el T LHA (2000), ‘persona esforz ada, sobr esaliente’ a partir de G ONZÁ LEZ S ALAS , M. (1982); y con el signific ado de ‘carroña’ en la frase bestia muerta en el m apa 424 del ALEA, en el punto H5 01, correspondiente a S an Sil vestre d e Guz mán, entre ot ros situados en Jaén, Granada y Almería. BUEY En este C abildo se acordó que por quanto es costumbre / 30 que no anden bu eyes en lo de Alonso Bisente, por el gran / perjuizio i daño que a lo σ uezino σ ui ene, proueese que/ no anden ninguno σ i que Garsi Brauo, alcalde, uaia a ha- / 33 zello σ salir de l a dich a deheza hasta que este Consejo/ prouea otra coza. ( fol. 207 vº) C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) dan como etim ología el latín B Ō S, B Ŏ VIS y remiten al Manual de gramática históri ca de Menéndez Pidal para su evolución. NEBRI JA (1495) reco g e el término con la grafía antigua buei , que también está en ALCALÁ (1505) y que, curiosamente, vu elve a aparecer en TER REROS (1786). La grafía modern a la recoge el gramático lebrijano e n la segunda edición de su di cc ionario (1516) y se conti núa has ta que se fija definitivamente AUTOR I DADE S (1723). En COVARRUBIAS (1611) aparece la grafía bvei . El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XII : a) C uy a vestia ó bu ey ó vaca matare, iure con un vecino como es L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 325 fuero de la vila, por quanto iurare peche... ... ... de can qui ombre matare, s i el can podiere dar, non p ec he por en de nada, si el can non diere peche al rey om icidio plano, cuya vestia, qual qu isiere buey, ó vaca, ombre matare, si el danador diere, non peche nada. c 1129, Anónim o, Fueros de M edinaceli. Public ado por Tomás Muñoz y Rom ero, Imprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847. [10/10/2006] b) Trobando al g uno so ga nado ma y or a otro. assi como buei . o asno o mulo. o l ure s s emblantes. el qual diz e a ffirmando que lo y an furtado. o ropado. o que se les fo y do. 1247, Anónimo, Fueros de Aragón. P ublicado por Pedro Sánchez- Prieto B orja, Universidad de Al calá de Henares (Alca lá de Henares), 2004. [10/10/2006] CABRA Acordose que at ento que los g anaderos de cabras les auían / dado pa ra que pudiese n comer algunos pasto s y d ehezas, se acuerda / 3 que se les alsa la dicha li sensia y guarden lo que antiguamente / se suele guardar. (fol. 262 vº) Voz patrimonial del español procedente del latí n CAPRA do cumentada desde los orígenes del idioma. (C OROMINAS Y P ASCUA L ). El término está en NEB RIJA (1495) y en to da la tradición lex icog ráfica 326 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI posterior. COVARRUBIAS (1611) lo define como: ‘animal conocid o, de mucho provecho p ara el hombre’ y continúa añadi endo todas las bondades del anim al para la alimentación, el vestido e, incluso, medicinales. Se docuementa en el CORDE desde fines del si g lo X I : Omnes Macellarii per pesum vendant t otas carnes de vaka, et de porco, et d e carn ero, et d e cabra , et dent singulos adrelles de sevo, et singulos otros ad apotegam de pal atio in diebus estatis semel in anno, et in una hebdomada denarium, et in alia medacula solvant. c 1090, Anónimo, Fueros de Villavicencio. Publi ca do por Tomás Muñoz y Rom ero, Imprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847. [10/10/2006] CABRI TO Acordose qu e se u endan las perdizes a r rea l cada una; y los cone- / jos vn rreal. I qu e no aia rre gatonería nin guna en cabrito ni co- / 9 nejo σ ni perdizes, so pena de sei σ sientos mara uedí σ repartidos / por tersio σ . (fol. 218 rº) Nombre derivado de cabra (véase arriba) y que sigue su misma hist oria lexicográfica. AUTOR IDADES (1729) lo define como: ‘El parto de l a cabra cuando es pequeño, cuya carne es sabrosa y salud able, hasta que empieza a pacer’. En el CORDE se documenta desde principios del siglo X III : E ferra la tierra con la v erga d e su boca e el spi ritu de sos labios matara al impio, e sera iusticia cinta de sos lomos e fe cinto de sus L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 327 renes. Morara el lobo con el car nero, el leopart e el cabrito recordaran en uno, e ninno pecquenno los menara. c 1200, Almerich, La fazienda de Ult ra Mar. Publicado por Moshé La za r, Univer sidad de Sa lamanca ( Salamanc a), 1965. [10/10/2006] CAPÓN En este C abildo se acordó que por quanto el m arqués, mi señor, es / 27 la primera ues qu e a uenido a este lugar, acordaron mand alle vn pre- / zente: do σ ternero σ , do σ car nero σ , s eys capones y do σ pauo σ . (fol. 207 rº) Voz procedente del latín vulgar *C APPO, ONIS, documentada por C OROM INAS Y P ASCUAL (1980-91) desde el Libr o de Apolonio , a mediados del siglo XIII. Ya NEBR I J A (1495 ) recoge el lema capón ave castrada . Posteriorm ente, COVARRUBIAS (1611) alude a otros animales castrados y AUTOR I DADES (1729) lo define como: ‘El que es castrado. Lo que s e entiende así de los hombres como de los animales. Si bien entre estos con especialidad del pollo ’. L o curioso, si no fuera de todo punto una aberración pa ra la sensibi lidad humana, es que l a Academia mantenga ho y esos mismos t érminos co mo primera acepción d e la palabra: ‘Di cho de u n hombre o d e un animal: castrado’ (DRAE, 2001 22 ). El CORDE lo documenta desde mediados del siglo X III : Tod ome que matare ansar o anade o capon ageno: peche .i. mescal. por qual quier e destos et tornelo a su duenno si prouadol 328 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI fuere por qual qui ere d estas aues que matare si non iure por su cabeza. c 1242, Anónimo, Fuero de Brihuega. P ublicado por J uan Catalina García, Imp. Manuel G. Hernández (Madrid), 1887. [ 10/10/2006] CARNERO 18 En este día s e rr emató la carne de carnero de que está obligado An- / tón de Ualensuela a 〈 carne 〉 en abasto hasta San Juan, a ue y nte y ocho / marauedí σ la libra. Y de allí hasta Todos Santos, dies carneros cada se- / 21 mana a tre y nta y ocho marauedí σ cada libra. (fol. 224 rº) Término derivado de carne , documentado desde mitad del siglo X I . (D CECH, s.v. carne ). S egún C OROMINAS y P ASCUA L (1980-1991) “no podemos precisar desde qué época sust ituyó CARNAR I US al lat. V ERVEX e n España, aunqu e una huella de éste parece conservarse en el judesp. barvés. De todos modos el port. carneiro va en este punto con el castellano, mientras que los romances de Ita lia, Francia y el catalán tienen un descendiente del célt. MU L T O”. La palabra la recoge N EBRIJA (1495) y toda la tradición lexi cográ fica po sterior. Como sabemos, es el macho de la oveja , q ue e n el primer año de v ida s e denomina cordero . El CORDE lo documenta desde los orígenes de la lengua: In Dei nomine. -Ego do mna Ositia placuit mi ci atque convenit, et vendo ad tibi Guttier a g ro ad Sancti Petri, in l imite est via; et accepi ex te precium quantum mici placuit, id est, X. solidos ar g enti et uno L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 329 carnero et foll e zumake; et de ipso p re cio ni hil tibi Gutti er nullum que remansit debito, sed abeas ipso agro iure quieto, lo ng o per evo. 922, Anónimo, Conparatio de agro [ Becerro gót ico de Cardeña ] . Publicado por L uciano Serrano, Cuesta editor ( Valladolid), 1910. [10/10/2006] CHIVATO En este Cabildo paresió Lorenso Alonso, v e z in o de Sanlúcar, y obli- / gó quinientos chibatos a dar en esta uilla a ue y nte y vn / 9 marauedí. (fol. 234 vº) Término que significa ‘cría de la cab ra’ , qu e es cre ación expresiva común a varios idiomas y documentada desde 1475. (DCE CH, s.v. chivo ) Aunque CHIBO aparec e en NEBRI JA (1495), A L CA LÁ (1505), etc., para encontrar el d erivado ten emos que esp erar hasta PA L ET (1604), OUD I N (1607), etc., y AUTORIDADES (1729), que lo define como: ‘El cabrito que pasa de los seis meses y no llega al año: lo mismo que choto ’. PA L ET (1604), O UDIN (1607) y V I TTORI (1609) recogen también la ortografía fonética, chiuato . La A cade mia no fijará la orto grafía moderna, chivo y chivato, hasta el DRAE (1817 5 ) en el prime r c aso, y hasta el DRAE (186 9 11 ) en el se g undo. Por lo tanto, entre ambas ediciones convivieron en el diccionario académico los lemas chivo y chibato . El CORDE documenta la voz con posterioridad a nuestro corpus: a) Un a garada de trigo, q ue serán dos hane g as y media de C astilla, vale de ordinario un met ical, una de cev ada , med io, un buey, seis, una vaca qu atro, un c arnero s eis re ales o siete, un chibato quatro o 330 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI cinco r eales, un c abrito un real, una gallina medi o real, una p erdiz diez marave dís, las frutas verdes y s ecas y legumbres, e n gran abundancia y baratas. a 1575, Torres, Diego de, Re lación del origen y suc eso de los Xarifes y del estado de l os reinos de Marruecos, Fez y Tarudante. Publicado por Mercedes García-Arenal, Siglo XXI (Madrid), 1980. [10/09/2007] b) ...de puercos habrá mi l cabezas y este es el ganado que más se multiplica y más s e gasta, porque cada hembra cria cada año seis ó nueve; vale una cabeza en pié quatro pesos; un puerco de dos años otro tanto; un carnero ó chivato ó cabra, un peso. 1606-1610, Anónimo, Descripción de la gob ernación d e Guayaquil [Descripció n de algunos lugares de las India s ] . Publicado po r Luis Torres de Mendoz a, Imprenta de Frías y compañía (Madrid), 1868. [ 10/10/2006] CONEJO Acordose qu e se u endan las perdizes a r rea l cada una; y los cone- / jos vn rreal. I qu e no aia rregatonería ninguna en cabrito ni co- / 9 nejo σ σ σ σ ni perdiz es, s o pena de s ei σ si entos mara uedí σ repartidos / por tersio σ . (fol. 218 rº) Voz patrimoni al del español, documentada d esde l a prim er a mitad del si g lo XII por C OROMINAS Y P ASCU AL (1980-91) y procedente del latín C ONI C Ŭ L US. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 337 Tod aquel que fuerça fizi ere alcaçador sobre li ebre , o coneio, o sobre perdiz , peche el ue nado doblado et V sueldos, siel querellos o firmar lo pudiere. Si non, que sse s alue el s ospechoso con vn uezino, et seya cre y do. 1218-c 1250, Anónimo, Fuero de Zorita de los C anes. P ublicado por Rafael de Ureña y Smenjaud, I mprenta F ortane t (Madrid), 1911. [10/10/2006] PUERCO Acordose que, atento que se ac aba la obli gasión de l a carne, s e inbíe / vn onbre a Lepe i L a Rredondela i Cartaia i Gibraleón i El Castille- / 15 jo i Alcaria si uuiere quien se quier a o bligar a dar carne de puerco . (fol. 217 vº) Su etimología es el latín P Ŏ RCUS 65 , y C OROMI NAS Y P ASCUA L (1980-9 1) lo documentan d esde mitad del siglo X I (Oelschläger). Según los maestros etimólogos, a partir del XVII la palabr a se sus tituye por cerdo , pasando a generalizarse el si g nificado metafórico ‘muy sucio’, vigente aún. A pesar de l o anterior, NEBR I J A (1495) r ecoge además de varios lemas con el significado d e cerdo , un o que parece indi car que el significado met afór ico estaba ya bastante extendido. Se trata de puer cas como lam parones . COVARRUBIAS (1611) no dice nada del nuevo significado figurado en su l ema pverco . Pero AUTOR I D ADES 65 Como sabe m os, apar ece porcom en una inscripció n de Arro yo d el P uerco, en te rritorio lusitano, conservando la P- indoe uropea, p erdida en celta. 338 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI (1737) junto al lema que designa al animal, i ncluy e otro al que da la categoría de adjetivo: ‘Desaliñado, su cio y que no t iene lim pieza’. No en vano, en el primer tomo correspondiente a las letras A-C ya había i ncluido el nuevo vocablo cerdo: ‘ L o mis mo que cochino, puerco o marrano. Llámase así porque este animal en lugar de pelo está cubierto de cerdas cortas’, AUTORIDADES (1726). El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XI: ...et in dias de re ge Gars ia, Sancho Lopez fuit cu stiero, & inserna de rege matod .i. pu erc o de Uilla Gunzaluo, & rex Garsia mandauit peggare, & serna apreciare et peggare. E indias de rege Garsia enna uilla ubi .i.o germano aut tre s ouiesset, uno al zariet m ano por face nder a facere, & alteros ibant se ubi uolebant; 1044, Anónimo, Fuero de las dehesas de Madriz [Documentos del Reino de Castilla ] . Public ado por Ramón Menéndez Pi dal, Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [10/10/2006] El TLHA (2000 ) registra el término con el significado del animal ( sus scrofa domestica) . Aporta el mapa 547 del ALEA, pu nto S e 601 , correspondiente a Morón de la Frontera , y añade la siguiente nota: “ DRAE: registra la forma como general en la lengua”. Nosotros hemo s comprobado en el mapa 547 d el ALEA, correspondi ente a cerdo, que el término correspondiente al punto H 504 de A y amonte es cochino, que es el general en toda la mit ad sur de la provincia de Huelva. S ólo en al gunos pun tos de la sierra de Huelva se recogen las voces guarro y marrano , pero nunca puerco . TERNERO En este C abildo se acordó que por quanto el m arqués, mi señor, L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 339 es / 27 la primera ues qu e a uenido a este lugar, acordaron mand alle vn pre- / zente: do σ ternero σ σ σ σ , do σ carnero σ , se y s capones y do σ pauo σ . (fol. 207 rº) Palabra derivada de tier no documentada en el si g lo XII en el vo cabulario de Oelschaläger po r C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-9 1), que la relacionan con tenreiro del dialecto portugués trasmontano y con el gascón tiarroun, -rroua. El término lo recoge NEBRI JA (1495): tern ero hijo de vaca y también en femenino. COVARRUBIAS (1611) alude a la etimología que hemos dado arr iba: ‘...por cuanto su car ne es muy tierna...’. El DRAE (2001 22 ) lo define como ‘cría macho de la vaca’. El término se documenta en el CORDE desde mediados del siglo XIII: De ternero et de potro. Ternero nin potro non entre en conta de caualeria nin de aparcer ia. 1242-1275, Anónimo, F uero de Usagre. Publicado por R. Ureña y A. Bonilla, Hijos de Reus, editores (Madrid), 190 7. [10/10/2006] La palabra está i ncluida en el TLHA (2000) con el significado de ‘becerro hasta los seis meses’, y s e si túa en el mapa 46 7 del A L EA, en dos puntos: uno situado en l a provincia de Alm ería y o tro correspondiente a la localidad onubense de Cumbres de San Bartolomé (H 200). Con l os significados de ‘año jo’ y ‘eral’ (c ría de vacuno de más de un año y menos de dos ), se loc alizan en l os map as 468 y 469 del ALEA, en punt os de las provincias de Granada y Sevilla. 340 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI V ACA Obligose Fransi σ co Dí as a dar ochenta vacas a ve y nt e y quatro / 30 maravedí σ cada libra. Y es condisión que a de comensa r a cortar/ el primero día del mes de ma y o. (fol. 206 v º) Voz común a todos los romances, pro cedente del latín VACC A, docume ntada desde los orígenes d el idiom a. C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) nos aclaran que en documentos de los siglos X al XII se escribe co n v o b . Y no está mal la aclaración, aunque, como veremos, se quedan cortos en el tiem po. El término lo reco ge NEBRI JA (1495) y to da la tradición l exicográfica posterior. Aparece con la grafía uaca en A LCALÁ (1505) y FRANC I OS INI (1620). La grafía fonética baca , po dría jus tificarse en lex icóg rafos ex tranjeros, cas o de OUDIN (1607), V ITT ORI (1609), M INSHEU (1617), FRANC I (1620), SO BRINO (1705) y STEVENS (1706). Pero car ece de just ificac ión q ue la i ncluyan TERRER OS (1786) y DOMÍNGUEZ (1853). Al menos CASTRO (1852) y GASPAR (1853) incluyen e l término como anticuado. Como vemos, no siempre es fiable un diccionario para consultar la ortografía correcta. El CORDE documenta el término desde los orí g enes de la lengua: a) et vos datis m ichi in precio XV solidos de a rgento et una baca , XV solidos valente; et de precio non remansit super vos nul lum debitum, nec michi remansi t potestate nec in illas areas nec in illo puteo; 964, Anónim o, Anderquina vende al abad del mo nasterio de Boada varias heras de sal con su po zo en Sal inas de Añana... P ublicado por Luc iano S errano, C entro de Estudios Históricos (Madrid), L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 341 1925. [10/10/2006] b) Et si tro ciese ganado de Boniel aAslanzon, s i trociere bez d e bacas , che coman la u aca , et de grege de ou egas, che c omant carneros, et de uez de puercos, comant porcos. Et istud fuit adfirmatum ualde. 1100, Anónimo, Pleito [Documentos del Reino de Castilla ] . Publicado por Ramón Menéndez P idal, C entro de Estudi os Históricos (Madrid), 1919. [10/ 10/2006] c) C uy a vestia ó buey ó vaca matare, iure con un vecino como es fuero de la vila, por quanto iurare peche... ... ... de can qui ombre matare, si el can podiere dar, non peche por ende nada . c 1129, Anónim o, Fueros de M edinaceli. Public ado por Tomás Muñoz y Rom ero, I mprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847 . [10/10/2006] 342 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 5.8. EL MAR Teniendo en cuenta qu e gran parte de la població n del Marquesado de A yamonte ha vivid o de l os product os del mar, par ec e obv io que el léxico perteneciente a este campo sea de su ma im portanc ia en el t exto, como vamos a comprobar a continuación. En este sentido, y dada la riqueza léxica en este campo comenzaremos con el estudio de voces generales relacionadas con el mar: barra, estero, lot a, sapal, etc. Posteriormente, abordaremos dos r ealidade s q ue aportan un caud al léxico importante, como son, por un lado, el atún y s us diferentes partes ( lomo, sangraza, cuchillo, badana, pergañas, etc.) y, por otro, los nombre de embarcacio nes ( barca y barqueta; barco y barqu ete; bergantín, carabela, nao, navío, etc.). L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 343 BARRA 66 Acordose qu e s e pon ga vna barca pa ra gua rda d e lo σ moro σ / 9 en la barra . (fol. 210 vº) Según C OROMINAS Y P ASC UAL (1980-91) es voz prerromana común a tod os los romances, excepto el rumano. Como primera documentación dan la se g unda mitad del siglo XIII. Y en la acepci ón ‘bajo de arena a la e ntrada de un río’ l a docu mentan en las Memorias de Fernando IV. El término está en NEBR I J A (1495), aunque p ara encontrar la acepción que nos interesa t ene mos que esp era r a COVARRUB I AS (1611): ‘barra en los pue rtos es la ceja que h ace el arena h asta l a cual h ay ma r baja y en pasando d e ella empiez a la hondura, como l a barra de Sanlúcar’. Posteriormente, AUTOR ID ADES (1726) ampliará esta definición: ‘ban co de arena o arrecif e que a la entrada de al g ún puerto su ele hacerla dificultosa o no deja entrar l a emba rcación sino estando la m ar en creciente. P or cu y a razón l ámase t ambién barra a las bocas de los ríos que entran en el ma r, porque allí suelen comúnmente hacer estos b ancos, como la barra de Sanlúcar’. O la d e A y amonte, podríamos añadir nosotros. Término documentado en el COR DE desde fines del siglo XIV: E otros y las costumes d e la dicha vi lla que usaran pagar fasta aqui salvo de lebar venas pa ra abasteçimiento de las ferrerias de las /118v comarcas de la dicha villa que son dentro de los riberos de la barra del di cho fo gar de puerto e de la concha e abra del bocal del puerto de la dicha villa de L aredo fasta la peña d e Santoña e fasta el cabo de C oberiz e la peña de Sonabia e a l a canal de Oriñon que 66 En el capítulo que dedica m os a los oficios he mos estudiado piloto d e la barra. ( vid. supra p. 221) . 344 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI son t er minos del puerto de la dicha villa a sacar e cargar el fierro que se faze en las dichas ferrerias en l os riberos que son dentro de la dicha varra para lo l lebar al alfoli del fier ro de l a dicha villa e a los otros logares del s eñorio de nuestro seño r el rey d e Vizca y a e de Guipuzcua. 1398, Anónimo, Bando [Documentación mediev al de la villa de Laredo ] . Publicado por Virginia M. Cuñas C iscar , Fundación Marcelino Botín (Santander), 1998. [13/10/200 6] ESTERO Acuérdase que ninguna persona no echen estiércol ni tierra / en el estero de La Rribera ni en el rrío, so pen a d e la pen a d e la / 27 ordenansa. Y que se señala sitio pa ra que puedan echar el es- / tyércol. (fol. 253 rº) Según C OROMINAS Y P ASCUAL (1980-91), el término procede del latín AESTUARIUM ‘te rreno costeño a nagadizo que se i nunda en la pleamar’, ‘laguna, marisma’, ‘desembocadura de un gran río’. La palabra es un derivado de A ESTUS, - Ū S ‘agitación del m ar , ol ea je’. Nuestros insigne s etimólogos nos dan la primera documentación del tér mino en el Vocabulario , del andaluz Alonso Fernánd ez de Palencia de 1490. El término lo recoge N EBRI JA (1495 ) como estero de mar . Pero no e stá en ALCALÁ (1505 ) ni en CASAS (1570). COVA RRUBIAS (1611) sólo lo recoge en el suplemento a su diccionario: ‘es lo mismo que estuario, conviene a saber, unas lagunas que se hacen orillas del m ar cuando con la tempestad y recios vi entos sale de madre’ y , curiosamente, remite a Antonio de Neb rija. AU TORIDADES (1732 ) lo define con un L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 345 sinónimo erróne o: ‘ L o m ismo que albufera’, hasta cierto punt o comprensible porque la palabra e ra nueva en el d iccionario académico. El error se s ubsana en el DRAE (1791 3 ), cuando se vuelve a la d efinición de los m ae stros clásicos: ‘Laguna o balsa que se forma con las a g uas del m ar en las ti erras inm ediatas a él que están más bajas. Llámase también albina de marisma’. El C ORDE lo documenta desde la segunda mitad del siglo XIII, de nuevo en una fuente andaluza: ...e pusieron moj ones entre Huelva e Niebla en esta guisa: primeramiente como va rio Tinto fasta o sal e el estero que dizen Cabrera de rio Tinto; e desi este estero otrossi como va fasta que da en la c arrera que viene de Huelva a Niebla, en que ha un mo jon en esta carrera que departe los terminos entre Niebla e Huelva; 1267, Anónim o, Aprobación de deslinde de términos [Documentos de Alfons o X dirigidos a Andalucía ] . Publicado por María T ere sa Herrera; María Nieves Sánchez, Hispanic Seminar y of Medieval Studies (Madison), 1999. [13/ 10/2006] El término se recog e en el TLHA (2000) a partir de A LVAR , M. (1985), que lo sitúa en Palos de la Frontera (Huelva) con el si gnificado de ‘caño por l a marisma’, es decir, el significado que tenemos en nuestro tex to: una especie de canal de agua en medio de la marisma qu e se llena o vacía en función de la marea. Por todo ello, creemos que se trata de un andalucismo léxi co 67 . 67 Los datos así lo apuntan. 346 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI LOTA Yten: que l os barqueros que no trageren p esc ado a la al ota / no se pongan a enbarasar en el dicho sit io con sus barc os. Y los que tra- / 12 ger en pescado, auiéndolo uendido se salga n luego como lo ayan / uendido del dicho sitio auiendo marea y d esocupen el dicho sitio, / so l a dicha pena. (fol. 266 rº) C OROMINAS Y P ASCUA L recogen el témi no lota co mo andalucismo. Según ellos, procede d el fr. lot ‘parte que toca a cad a uno en un reparto’ y éste del f áncico * LÔ T (gót. hlauts ‘lot e’, ‘herencia’, a. alem. ant. hlôt ‘lote’, ‘partición de una her encia’, alem. los , b. alem. ant. hlôt , etc.), dan como prime ra documentación el diccionar io académico de 1869, no 1843 y señalan que es vo z mu y t ar día en castellano qu e tiende a ext ender se. (DCECH, s.v. lote ). Realmente, la primera r efe rencia a lote en el d iccionario ac adé mico es en el DRAE (1852 10 ): ‘cada una de l as partes en que s e divide un todo que se ha de distribuir entre varias personas’. En cambio, l a prime ra referencia al té rmino lota e n los di cc ionarios consul tados está en el DRAE (1936 16 ) en una entrada en d onde se dan do s acepciones, ambas consideradas como andalucismo: ‘(de lote). And . Porción mayor o meno r de pesc ado que se subasta en los siti os adonde arriban los b arcos pesque ros. || 2. And. Si tio o lugar en que se verifica esta subasta en la que s e va pregonando el pre cio fijado en escala descendente, hasta que un postor grita: ¡mío!’. De esta manera llega a la edición vigente del DRAE (2001 22 ). El CORDE sólo registra 15 entr adas para el térmi no lota desde 1490, pero en todas ellas estamos ante el nombre de un pez , q ue ya se re g istra en el diccionario de TERREROS (1787), que lo define como: ‘pez especie de Lamprea’. El TLHA (2000) r ecoge el término a partir del DRAE. P er o para la segunda acepción, es decir, com o ‘lugar en do nde se hace la subasta pública del pescado ’, L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 353 Tener buenos l omos vn a bestia es ser fuerte para l leuar la c arga’. AUTOR IDA DES (1734) lo define de mane ra más detallada como ‘la tercera parte del espinazo del animal, la qual tiene cinco vertebras mas gruessas que las otras, con muc hos agujeros’. El DRAE (1832 7 ) actual iza la definición: ‘la parte del espinazo comprendida entre la espalda y la rabadilla’. En la edición del DRAE ( 1843 9 ) la acepción se d esg losa en tres, distinguiendo entre el lo mo humano, el de animales cuadrúpedos, además de añadir otra acepción: ‘por antonomasia el del cerdo’. En la edición m anual, DRAEm (1984ii 3 ), se amplía esta última acepción: ‘Parte de las reses de consumo correspondi ente al lomo . Dícese especialmente d el cerdo’. En la vigente edición, DRAE (2001 22 ), se da la redacción siguiente: ‘3. m. Cada una de l as dos piezas de carne de ce rdo o de vacuno que están junto al espinazo y bajo l as costillas’ No encontramos, pues, ninguna referencia al término asociado al atún en los repertorios consultado. Tampoco L EIVA C ÓRDOB A , F. (2001) cuando l o estudi a se refiere ni a éste ni a las otras partes del pez que aparece en nuestro corpus. CERRI LLO Voz deriva da 72 de cerro ‘lomo, espinazo, pescue zo de los animales, en pa rticular del toro’. La aplicación al cuerpo de los animales apar ece en Juan Ruiz. El derivado cerrillo sólo se documenta con el significado de ‘hierros en que es tá g rabado el cordoncillo para formar el lomo de las pi ezas de moneda’ en 1786; y co n el de ‘corte curvo que se da a una lima’ en 1633. (DCECH, s.v. cerro ). La primera referencia al término está en PA L E T (1604) ‘petite colline’, que posteriormente recoge AUTOR I DADES (1729): ‘ el ce rro pequeño’. El DRAE (1899 13 ) añade el significado de ‘grama del norte’, como localismo de la provincia de Cádiz. Y la 72 A partir d el sufijo – ILL O co mo en el caso d e portillo y cuartillo , y a e studiadas. 354 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI edición del DRAE (1925 15 ) incluy e como segunda acepción ‘hierros en que está grabado el cordoncillo para cerrillar’, que el DC ECH documenta desde 1786, como acabamos de ver. Pero, de nuevo, nin g una referencia al significado como parte del atún. El CORDE [19/11/07] documenta el término en su forma antigua dipt ongada c- çerriello (año 1376-a1391) y modern a, çerri llo (año 1326) y cerrillo (año 1368 ), pe ro en ninguno de los 151 ejemplos que aporta se refi ere a la acepción que tiene en nuestro corpus, sino a la m ás co mún d e ‘elevación de ti erra aislada y de m enor altura que el monte o la montaña’ (DRAE, 2001 22 ). CUCHILLO Voz procedente del lat. C Ŭ L TE LL US ‘cuc hilli to’, diminutivo de CULTER ‘cuchillo’, ‘reja del arado’, documentada en la forma cuchiello en Berceo ; y l a forma moderna en 1219 en el Fuero de Guadalajara. (DCEC H, s.v.) La voz la reco g e NE BRI JA (1516) y COV ARRUBIAS (1611) establece, apoyándose en su etimología, que ‘es nombre d iminutivo, de culter, cultellus...’ (s.v. cvchillo ). AUTORIDADES (1729) lo define como ‘instrumento de acer o de un solo corte...’, e in cluy e varios si g nificados meta fóricos, algunos ya recogidos por Covarrubias, como: ‘añadi do de tela en la ropa’; ‘plumas del ala del halcón que forman como un cuchillo’; y ‘velas triangulares’. El DR AE (1780) y a desde su primera edición añade una nueva acepció n en sentido figurado de carácter ge nérico, que llega hasta hoy: ‘6. fig. Cualquier cosa cortada o terminada en án gulo ag udo...’, DRAE (20 01 22 ). En este sentido ha y que entender el término chuc hillos de atún, sobre el que no hallamos, como en el caso ante rior ni en el siguiente, ni nguna re ferencia en los repertorios léxicos consultados. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 355 SANGRAZA Término derivado de sangre (< lat. SANGU I S, - Ĭ N I S ). C OROMINAS y P ASCUA L (1980-91) do cumentan s angraza en A UTORIDADES y lo relacionan con sanguaza, que recoge NEBRIJA y con el compu esto andaluz sangacho (< moz ár.) ‘parte negra d e la carne del atún’ que documentan en Alcalá Ven cesla da. (DCECH, s.v. sangr e ). Efectivamente, AUTOR IDADES (1739) r ecoge l a entrada sangraza o san guaza ‘la sangre aquosa. Trahe esta voz Covarr. en su The soro, en la voz Sangre’. Con anterioridad s e recoge en PER CI VAL (1591); y con la grafía sa ngraça en M I NSHEU (1617), FRANC I OS INI (1620), S OBRINO (170 5) y STE VENS (1706). El si g nificado académico sólo se modific ó en el DR AE (1803 4 ) para si g nificar ‘sangre corr ompida’, que es la definición vigente. Por tanto, ninguna referencia al témino asociado al at ún . En cuanto al CORDE [21/11/2007] , documenta el témino de sde l a segunda mitad del siglo XV I a pa rtir de un episodio de canivalismo en la conquista de América, que omitimos por razones obvias. IJADA Según C OROMINAS Y P ASC UAL (1980-91) es un derivado romance del latín Ī LI A, Ī LI UM ‘b ajo vientre’, documentado por vez primera en los Milagros de Berceo. NEBRI JA (1495) re coge ij ada de pescado. ab domen.inis. COVARRUBIAS (1611) al final de s u definición establece: ‘... D el pescado atun, y de algunos otros tienen por m as re g alado lo que es de i jada’ . AUTOR I D ADES (1734) no hace referencia al pescado en su de finición, sino a los animales en g eneral, pero aporta una nota fonética: ‘Muchos escriben esta voz con aspiracion, pero viniendo de L atino Ili a, i um , se debe escribir sin ella, como lo hacen C ovarr . y Nebrixa’. Hasta el DRAE (1925 15 ) no 356 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI incluye l a Academia el si gnificado referido al pescado: ‘2. En l os peces, parte anterior e inferior del cuerpo’. La grafía que aparece en nuestro corpus, s e rec og e en diccionarios b ilingüe s, como OUDIN (1607): yj ada de pes cado ‘le ventre d’vn poisson’; o VITTOR I (1609): ‘il ventre di vno pesce’. Mientra que FRANC IOSINI (1620) recoge atun de yjada ‘tonnina grassa, o della parte della pancia’ (s.v. yj ada ). En el CORDE se doc umenta el té rmino con ambas grafías, aunque son posteriores a la de nuestro corpus: a) GUZMÁN Todo es de un pedazo vuestra merced. FRANCI SCO Sí , pero es de aguijón para picar a vuestra merced. GUZMÁN Mas no creo que es sino de atún de ijada . FRANCI SCO Si de a tún fuera , y a vuestra merced hubiera arremetido a la pieza, como el asno a la cebada. 1599, Anónim o, Diálogo s de John Minsheu. Publi cado por Miguel Marañón R ipoll y Lola Montero R eguera, C entro Virtual Cervantes (Alcalá de Henares), 2004. [ 17/11/2007] b) y, hallándose mu y ob ligado y agradeçido el portador, m e enbió dos barriles de atún de yjada y un quintal de biz coç ho de Utrera, con algunos otros regalos de su m atalotaje, que sirvieron tanto y más que el dinero. 1606-1611, Méndez Niet o, J uan, Discursos medicinales. Publicado por Gregorio del Ser Quijano; L uis E. Rodríguez S an-Pedr o, Universidad de Salamanca (Salamanca), 1989. [17/11/2007] L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 357 PERGAÑA Esta voz no aparec e en ningunos de los repertorios lexicográficos que h emos consultado 73 . El ALEA recoge el térm ino pergaña ‘ argay a’ (D RAE: desus. argaña ‘conju nto de fil amentos de la espiga’) en el mapa 36 n en los punt os H 600 y H 602 , correspondientes a l as localicades de B eas y Niebla, respectivamente. Si consideramos que en el tex to las pergañas de at ún se venden tan sól o a ocho maravedís, podemos aventurarnos a relaciona rla con los filamentos de la espiga y p ensar que s e trata de l os restos de las espinas de la ijada o ventresca (<cat.). La otra referencia documental del término la te nemos, a través del bus ca dor Google, en el nombre de una empresa dedicad a a l a agricultura denominada Andaluza de Almacenes La P erga ña, S .A., que se localiz a en la localidad de La s Cabezas de San Juan en la provincia de Sevilla. BADANA Otro arabismo del españ ol, procede nte del ár. vg. batâna, y éste del ár. bitâna ‘forro’, que en el ára be de Esp aña y otras partes tom ó el si g nificado d e ‘badana’, porque con ella se forraban ot ros cueros, se g ún C OROM INAS Y P ASCUA L (1980-91), quienes d an como primera docume nt ac ión la forma vatanna en un documento leonés de 1050 aportado por Menéndez Pi dal en Orígene s del español . El t érmino lo recoge po r vez primera el diccion ario de arabismos de LÓPEZ (1585). COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘cuero adobado m uy bla ndo’, m ientras que AUT ORIDADES (1726) e stablece que es ‘la piel del carnero u oveja curtida, 73 Ta m p oco en el Nu evo Tesoro le xicográfico del españo l (s . XIV -1726), d e reciente apar ición . 358 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI blanda y de poca dura ’. La reimpresión d e AUTOR I DADES (1770) supr ime la coletil la final innecesari a, y de esta form a lle ga el artículo al DRAE (2001 22 ): ‘Piel curtida y fina de carnero u oveja’. Como vemos, ninguna referencia al atún 74 . Parece l óg ico pensar que en nu estro texto se usa badana para referirse a la parte del atún situada junt o a la piel, lo que se conoce como “pellejo del atún”. La única documenta ción de atún de badana la hallamos en el C ORDE en un texto de comienzos d el si glo XVII para ensalzar la carne de ballena 75 : ...y con todo esto afirmava n que era ballen ato nuevo, que a ser ballena tuviera ámbar, que es l o que ellos en aquella caça pretenden, y tuvi era dos tanto cuerpo. Después co mían de aquellas y jad as salpresadas y yo tanbién las prové, y tení an buen gusto y pescado tam bueno y mejor que el atún de badana que dizen. 1606-1611, Méndez Niet o, J uan, Discursos medicinales. Publicado por Gregorio del Ser Quijano; L uis E. Rodríguez S an-Pedr o, Universidad de Salamanca (Salamanca), 1989. [4/01/2008] 74 Ta m p oco lo s d os significados que se re cogen e n el ALE A para b adana , mapas 57 0 y 9 64 en p unt os d e Córdo ba, Jaén, Almería y en la localidad serrana de Campo frío ( Huelv a). 75 Es un único ejemplo de un tot al de 1 85 casos de badana en 12 5 documentos. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 359 5.8.2. Embarcaciones BARCA Petision de Bisente F er nande s que pide lisensi a pa ra cortar made- / ra pa ra vna b arca ; la qu al l e dieron c omo es costunbre. (fol. 263 vº) Término procedente del latín tardío BARCA y do cumentado desde el Poema de Mio Ci d. Según C OROMINAS Y P ASCUA L (1980 -91), barca tiene ma y o r vi talidad en español y da lugar al derivado barco , ajeno a los demás romances, excepto al portug ués. NEBRI JA (1495 ) y a recoge esta vitalidad del té rmino hasta en cuatro l emas: barca de nao; barca de pasaje; barca de pil oto; y ba rca de pescador. COVAR RUBIA S (1611) la define como: ‘bagel pequeño mayor que barco’. Posteriormente, AUTORIDADES (1726) define los dos p rincipales usos, el de p asaje y el de p esca : ‘embarcación sin quilla que ordinari amente sirve en los ríos c audalosos que no tienen puente para pas ar de un lado a otro los pasajeros y otras cosas. Y también se llaman así otras embarcaciones p equeñas con quilla con que se trajina en los ríos y l os pescadore s salen a pesc ar en l a mar ’. Doble significado que de manera sim plificada pervive en el diccionario académico (DRAE, 2001 22 ). En cuanto al primer uso, aunque la construcción de puentes sobre los ríos ha acabado en l a práctica con él, podemos atestiguar hoy su p ervivencia en el topónim o L a Barca, c aserío si tuado al pie del río Piedras, en el lím ite del antiguo Marquesado de Aya mont e con el ve cino Condado de Gibraleón. En cuanto a su uso como pequeña embarcación de pes ca , aún pervive en la pesca artesanal a lo largo d e tod a la costa del antiguo Marquesado 76 . 76 Además d e otr as muchas zon as costera s, claro . P ara la distribución territo rial de esta embarcación a lo 360 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI Finalmente, en contramos la ortog rafía antietimológica v arca en COVARRUBIAS (1611), que la usa en la definición, y en los diccionarios de MINSHEU (1617) y SOBRINO (1705). El CORDE documenta la voz desde B erceo: a) Fizo el marinero como leal christiano: a su señor el bispo tomólo por la mano con otros bonos omnes de pleito más lozano; metiólos en la barca , priso consejo sano. 1246-1252, Berceo, Gonz alo de, Milagros de Nuestra Señora. Publicado por Claudio García Tu rza, Espasa- Calpe (Madrid), 1992. [13/10/2006] b) Lo uno e lo otro vos embiaría, salvo que me he miedo con pequeña varca entrar en la mar muy fonda que abarca lo poco e lo mucho con su valentía. 1394-a1435, Pérez de Guz mán, Ferrand, Poesías [C ancionero de Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca, Visor (Madrid), 1993. [13/10 /2006] c) Joan de tapia de larga s rresidente en esta çiudad rresulto culpado sobre auer se enbarcado en este puerto p ar a la costa del brasil al año de catorz e con plat a y b uelto el de quinz e en vna uarca d e julian mix el de la dic ha costa en que vinieron muchos esclauos. 1618, Arias de Saaved ra, H ernando, Relación sintética de los largo de la costa andaluza r emitimos al map a 1090 del ALEA. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 361 procesos incoados por Hernandarias de Saavedr a, acompañada a la carta del... Publi ca do por I mprenta de la Biblioteca N acional (Buenos Aires), 1937-1938. [ 13/10/2006] BARCA D E JÁBEG A Petisión de P edr o Días, armador, que dio a pedir le di esen / 27 lisensia pa ra cortar madera pa ra vn a b arca de ja uega . La qual le / dieron en la tala de Ualensuela. (fol. 244 vº) El término no aparece en el diccionario de Corominas y Pascual. Según el DRAE (2001 22 ) procede del árabe hispánico šábka , deribado del ár. šabak ah ‘red’. Por lo tanto, la barca de jáb ega sería la embarca ción dedicada a un tipo concreto de pesca realizado con este tipo de red, como veremos a continuación. COVARRUBIAS (1611), al tiempo que d efine el término, expl ica la mod alidad de pesca que se re alizaba con este tipo de red en es ta embarcación: ‘la red de pescadores en la mar con la cual tra y e ndo poco a poco el pescado hasta l a orilla a donde están esperando unos pícaros para tir ar la cuerda, a lo s cuales llaman j abega’. La definición actual de l a A cademia n o difiere mucho de l a d el maestro: ‘Red d e m ás de cien brazas de largo, compuesta de un copo y dos band as, de las cuales se t ira des de tierra por medio de cabos mu y larg os’ (DRAE, 2001 22 ). La orto g rafía de la p alabra nos ofrece un lar g o recorrido. La primera entrada lexicográfica es xáuega : PA L ET (1604), OUD IN (1607); xábega está en V I TTOR I (1609), MINSHEU (16 17) y AUTOR IDADES (1739); xáv ega en C OVARRUBIAS (1611) y ROSA L (161 1); y, finalmente, la forma moderna jábega o jábeca en FRANCIOSINI (1620), SOBRINO (1705 ), STEVENS (1706), BLUTEAU (1821), TERREROS (1781), hasta fijarse en el DRAE (1817 5 ). 362 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI El CORDE no documenta este elemento pluriverbal. El TLHA (2000) registra el significado de ‘jábega’ 77 (s.v. barca ). BARCO Pidió Ju an Bud, en vna petición, li sensia pa ra c ortar vn barco en L os J arda- / les, la qual se le dio. (fol. 265 rº) En cuanto a su etimología, como hemos visto arriba, es un derivado de bar ca. El t ér mino apar ece en ALCALÁ (1505), CASAS (1570) y PALET (1604 ). No lo recoge COVARRUB I AS (1611), y AUTOR I D ADES (1726) admit e que se usa como sinónimo de barca: ‘Embarcación pequeñ a y con quilla corre spondiente a su tamaño en que se dif erencia de la barca chata, aunqu e suele n confundirse, usando p romiscuamente ambos nom bres como si fuesen una m isma c osa’. Aunque la Academia no haya introducido hasta hoy ningún s ema meridianamente diferenciador entre ambos términos, parece que el tamaño es uno evidente, de forma que barco es una embarca ción de mayor tamaño que barca . Al menos, entre las gentes avezadas en el oficio de la p esca. El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XIII : a) Ferrandus, Dei gratia rex C astelle e Tole ti, omnibus ho minibus regni sui hanc cartam vi dentibus, salutem et gratiam. Sepades que y o f allé por pesquisa qu e mio avuelo mandó que nengún ganado ni otra cosa nenguna por a vender en razón de mercadura non passe Tajo en puente ni en barco fuera por la puent e de Toledo, e d e Alfariella e de Zorita. 1223, Anónim o, Mandamiento de Fernando III [Documentos del 77 A partir del m apa 10 90 del AL E A e n la pro vin cia de Alme ría; y de C AMI Ñ AS , J. A., B ARO , J., R EINA , J. A. (1988) en el litoral m ed iteráneo andaluz. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 369 el car go de vuestra armada, en la qual perdimos más de cc mill e rece bimos gr ande agravio en ser tomada una caravela de P ortog al, que por todo derecho no solamente era nuestra, mas por l a capitulación con nos otros fecha, e Vuestra Altez a la mandó tom ar al rey de Portogal, con todo lo que en ella se tomó; 1441-1486, Valera, Die go de, T ratado de las epísto las enviadas por mosén Diego de V alera en di versos tienpos e a diversas persona... Publicado por Mario Penna, Atlas (Madrid), 1959. [13/10/2006] b) ...facultad para ello oui ere e vos costit uy erdes por vuestro procurador en vuestro nonbre en ca da vn a de l as carauelas o nauios que asi naue g aren en la guinea para rresgatar o d e armada commo dicho es vn escriuano que tenga aquella m esma facultad e abtoridad que vos damos. 1476, Anónimo, Carta de la merced de la escribanía de las armadas a Luis González secretario del rey [Tumbo de los... Publicado por Ramón C arande; Juan de Mata C arriazo, Fondo para el Fomento de la Investigación en l a Universida d (Sevilla), 1968. [13/10/2006] c) Y qu e un c riado su y o, a quien él abía enbiado a l a y sla Esp añola para hacer saber a el governador su estada en J amaic a, el dicho Diego M endes, compró una carabela de sus dineros, que embió al almirante, en que viniese. 370 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 1491-1516, S anta Cruz, Alonso de, Crónica de lo s Reyes C atólicos. Publicado por Juan de Mata Carriazo, Escuela de Estudio s Hispano Americanos de Sevilla (Sevilla), 1951. [13/10/ 200 6] ENVIADA Petisión de Ju an de Malaba rca, que pidió lisensia pa ra cortar made- / 9 ra de alcornoque pa ra hazer vna ynbiada , la qual le die ron / que la corte en Los Jardales, conque dé fiansas y u aya/ el mayordomo a uella cortar. (fol. 230 rº) Esta palabra no la re cogen C OROMINAS Y P ASCUA L (1980-91) con el s ignificado de embarcación. La pal abra no se docu menta hasta AUTOR I DADES (1732) con el sig uiente significado: ‘Misión hecha de al g una cosa, diri g ida a algún fin. Es voz de poco uso’. El DRAE (1791 3 ) recoge el lema como: ‘ant. La acción y efecto de enviar’. C omo término anticuado ha pervivido en el diccionario acadé mico hasta el DRAE (1925 15 ), en que desaparece esa acepción. Sólo el DRAE (1984 20 ) introduce como 2ª acepción el significado que tiene en nuestro texto: ‘Embarca ción qu e lleva a puerto la pesca que v a capturando otra ma y or’, definición que aparece en la última edición del DRAE (2001 22 ) como terce ra acepción. Además de lo dicho, documentamos el término en el Diccionario general y técnico hispano-americano , de Manue l Rodríguez Navas y Ca rrasco, publicado en Madrid en 1918, qu e la define del si g uiente modo: ‘Lancha o falúa par a trasportar a tierra el pescado desde la mar’. No aparece documentada en el CORDE. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 371 NAO Y mandaron que nin gún merca- / der se encargue d el dicho nauío sino aquél a quien viniere / consinado. Y és te a quien uiniere consinado lo admi nis- / 18 tre, y no otro por él. Y s i fuere uenturero ningún merca- / de r se m eta (a) admi ni σ trallo y d eje al mercader y maestre / de la nao admini σ tralla. (fol. 260 vº) Voz procede nte del lat. NAV I S ‘bar co, nave’, documentada desd e los orígenes del idiom a. (DCECH, s.v . nave ). C OROMINAS Y P ASCUA L (1980 -91) establ ecen que nao (tomada del cat. nau ) f ue más popular entre l os m ar inos que nave . C omo nau la documentan desde Gran Conquista de Ult ramar ; y como nao desde el s. XIII en Las Partidas . Es el t ér mino más usual d ura nte todo el Siglo de Oro, puesto q ue es l a forma empleada por los cronistas de Indias y relatos de navegaciones en la época clásica. El témino está en NEBRI JA (1495 ) como ‘nao para mer caderia’ . COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘bax el grande de alto borde’. En AUTORIDADES (1734) se define como ‘lo mism o que navío’. Est a de finición perdura hasta el DRAE (1803 4 ) que la modifica l ige ramente ‘lo mis mo que nave’. Desde el DRAE (1822 6 ) la defini ción se sim plifica en ‘nave’, y de esta forma perdura hasta vigente edición. El CORDE documenta la voz desde c omienzos del siglo XIV: Primera mente que de cada nao que troxere canastas de sardjnas saladas e arencadas que de vna can asta. E del bax el que troxere sardjna en pila que de dos mj llares. E de cada bax el que troxere çerda e sardina de tres mjllares arriba e fuere en pila que tome vn mjllar de cada vno venjendo el auer de Portogal. 372 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 1302, Anónimo, Ordenamiento portuario de Se villa. Publicado por José Mondéjar, Gunter Narr Verlag (Tübigen), 1989. [ 10/09/2007] NAVÍO Y por la nesesidad que de prezente a y e n esta uilla , se acuer da / 9 que se le tome a Rroberto Borde, qu e es el dueño del dicho trigo. / Con el qual se trató de tomárselo las si ento y si ncuenta a dos / ducados, que uino en vn nauí o g rande. (fol. 234 rº) Voz patrimoni al del español, procedente del latín NAVIS ‘barco’, docume ntada desde la Primera Crónica General (h. 1275) (C OROM INAS Y P ASCUA L ). El término l o recog e NE BRI JA (1495), que lo define con un sinó nimo: navío lo mismo que na ve . Lo mismo hace COVARRUB IAS (1611): ‘lo mismo q ue nao’. Hast a AUTORIDADES (1734) no tenemos una defini ción: ‘Bajel grande de alto bordo, o armado en guerra con art illería o que s ólo sirve para el comercio’. Esta d efinición es la misma que mantiene el diccionario ho y , aunque d esg losada en dos acepciones: 1) buque para la guerra; 2) buque para el comercio, DRAE (2001 22 ). Los lex icógrafos de los Siglos de Oro recogen la grafía nauío : A L CA LÁ (1 505), NEBRI JA (1516 ), LAS CASAS (1570), etc. El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XIII : a) rruedano e dizenle en [la]ti n rrodanus del nonbre de vn castillo que a y que diz en rrodanus e este rrio es muy yrado e tan grant que se non puede pasar sin nabio en tierra L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 373 c 1223, Anónim o, Semejanza del mundo . Publicado po r Enrique Jiménez Ríos, Hispanic Seminary o f Medieval Stu dies (Madison), 1995. [13/10/ 2006 ] b) ...o si se en cendiese la casa, o se quemas e, o s i se ca ye se aqu elo de guisa que se p rediese, o si lo levase navio qualquier que prereciese de guisa qu e se perdiese, o si po r aventura furtasen d e la casa de lo su yo daquel qu e lo adux iese, atanto o mas daquelo q ue se perdió. p 1255-c 1280, Anónimo, L eye s nuevas. Publicado por Real Academia de la Historia (Madrid), 1836. [13/10/2006] c) Pero esto no se entiende andando sobre mar. Ca en ningun nauio no deuen dezir missa por el periglo que podrie acaecer por el mouimiento del. ni sobre los sepulcros de los muertos. 1256-1263, Alfonso X, Primera Partida. P ublicado por L lo yd A. Kasten y John J. Nitti, Hispanic Seminar y of Medieval St udies (Madison), 1995. [13/10/2006] 374 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI 5.9. ONOMÁSTICA Dado el carácter jurídico-administrativo del t exto que sirv e de base a nuestra investigación, la presencia de antropónimos, tanto nombres de pila como apellidos, es muy frecuente. Recorde mos que cada acta comienza con la relación de los miembros asistentes a la sesión d el Concejo. Además, en el texto so y mu y abundantes los ac uerdos tomados que afectan a vecinos de la vill a o d e fuera, que aparecen, co mo es lógico, citados por sus nombres y apellidos. Aunque no po demos abo rdar ahora un estudio en profundidad de toda la riqueza onomástica que encierra el text o, sí nos ha parec ido oportuno realizar un breve análisis general que nos proporcione algunas claves para su comprensión 79 . 79 Lo mismo cabe decir sob re la presencia d e topóni m o s en el texto, que trata m o s en el ap artado sig uiente. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 375 5.9.1. Nombres de pila Los nombr es más empleados en el tex to son: Juan (24), Frans isco (16 ), Diego (12), Pedro (12), Antonio 80 (9), Alonso (7), Cri stóual (7), Gaspar (7), Luys (5), B enito, Garsi, Rodrigo y Fernan do 81 (3); la lista de nombres que aparecen en dos o casiones es larga: Afonso, Baltasar, Bartolomé, Domingo, Lorenso, Manuel, Martín, Migel y Saluador ; y los nom bre de pila que aparecen en una sola ocasión son: A ndrés, Ginés, Grauiel, Herrera, Jerónimo, Melchior, Niculás, Nuño, Ortuño, Rroberto y Santiago . En términos porcentuales, obtenemos los siguientes resultados: Juan 72,7% (1º) Fr ancisco 48,5% (2º) Dieg o 36,4% (3º) Pedro 3 6,4% (4º) Antonio 27,3% (5º) Alonso 21,2% (6º) Cristóbal 21,2% (7º) Gaspar 21,2% (8º) L uis 15,1% (9º) Si ex trapolamos estos datos a los obt enidos por Á LVAREZ , M., A RIZA M. y M ENDOZA , J. (2001) a p artir del estudio de un p adrón de Sevilla del si glo X I V, hay coincidencia en la supre macía de Juan , que en n uestro caso es indiscutibl e. Del mismo modo, constatamos que Diego y Pedro si guen si endo dos nombres de us o extendido a fines del siglo XV I . El único dato discordante con respec to a los aportados en el estudio 80 En un caso a parece el hipocorístico Antó n. 81 En este caso c ontabilizamos F ernan do (1) más las variante s Herna ldino ( 1) y Hernan do (1). 376 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI al que h acemos referencia es Fra ncisco , cu y a fr ecuencia allí no alcanza el 2%, mientras que en nuestro corpus representa casi el 50% d e los nombres de pila. La explicación parece que obe cede a un cambio de moda. De h echo, B RAVO G ARCÍA , E. Mª (1987), en un estudio a partir de textos americanistas contemporáneos a los nuestros, establece que Juan, Pedro y Francisc o son l os tres nombres que aparecen con ma yor frecuenci a. Recordemos que éste es el nombre del primer marqués de A y amonte, Francisco de Guzmán y Zúñiga, qu e se continúa en su hijo y ni eto, Francisco de Zúñiga y Sotoma y or (II) y Francisco de Guzm án (III) 82 . Otro dato si gnificativo es la ausencia de nombr e s compuestos, puesto que sabemos, sobre todo a pa rtir del estudio de B OYD -B OWMAN , P . (1970), que l os nombre de pila simples eran los má s frecuentes durante el siglo XV I y la primera mitad del XVII. En cuanto a l os nombres femeninos son muy escasos y se redu ce n a tres: Ana 83 , Francisca y María , que aparece en dos ocasiones . Tres nombr e de mujer, frente a 33 de antropónimos masculinos en nuestro corpus, proporción casi idénti ca a la que establece B RAVO G ARCÍA , E. Mª ( 1987: 116) en su trabajo : 5 nombres femeninos, frente a 43 d e varón. Del mis mo modo, los nombres de Marí a y Ana son los de may or frecuencia de aparición en los dos est udios a los que venimos aludiendo 84 . Es lógico qu e aparezcan muy pocos nombres de mujer en este tipo de documentación, porque no realizan compras, ventas, etc., así como tampoco ejercen cargos públicos, etc. 82 Vid. la INTRODUCCIÓN H IST ÓRICA de nuestra investigació n. 83 Record em o s que Ana de Súñiga es la marquesa estos m o mentos, d urante la minoría d e e dad de su hijo: Io, doña Ana de Súniga, marqueza d e Aiamon te, tutora i curad ora i ligítima ad m i ni σ tradora de la pe rsona, estado y hazie nda de d on Fransi σ co de Gu σ m án, marq ués de Aia monte, mi hij o... ( f ol. 213r, 11-13). 84 No hace falta señalar que a mbos estudios se re fieren a te xtos americanos, aunq ue no se ap artan, co m o vemos, de la situac ión e n la peníns ula, co mo e s ló gico en esta ép oca te m p rana de co lonización d e América. L ÉXI C O - SEMÁNTI CA 377 5.9.2. Apellidos Los apellidos si guen varias estructuras, que no sotros hemos establecid o del siguiente mo do: A: apellido; B: apellido + apellido; C: DE + apelli do; D: apellido + DE + apellido. Ejemplos de cada una de estas estructuras son los siguie ntes: A: Apellidos : Fransi σ co Nazelo (206v, 4), Santi ago Rramires (206v, 8), Garsi Brauo (207r, 6 ), Martín Gonsales (207r, 8), Afon so Mendes (208r, 16), Roberto Borde (211r, 9), Frans i σ co Martín (215r, 18), Alonso Barriga (219r, 8), Garsi Rr omero (220r, 28), Pedro Girón (222v, 31), Fernando Me (223r, 22), Manuel Saras o (223r, 35), Juan Uasques (224r, 39), Lorenso C orrea (230v, 5), Migel Benites (232v, 8), Diego Escaso (232v, 13), Fransi σ co Rrodrig es (233v, 15), Lo r enso Alonso (234v, 7), Juan Dominges (235v, 3), Fransi σ co Duarte (237r, 8), Diego Lobato (238r, 19), Gaspa r L uys 85 (239r, 11), Pedro Talame (239 r, 18), María Fr izoa (247v, 24), Cri σ toual Mald onado (248r, 24), Rrodrigo Áluares (249v, 12), Gaspar Lor enso (250r, 10), C ri σ tóual Hernandes (259r, 5), Benito Peres 86 (259v, 23), Fransi σ co Dí as (238r, 9), Antonio Folledo (243v, 25), Juan Gallardo (25 0v, 29), Juan Blanco (253r, 29), Hernaldino Saes (256v, 8), María Jaymes (259v, 5), Luys Piri σ (261r, 12), Diego Pinto (262r, 29), Diego Muni σ (262r, 33), Grauiel Uaes (263r, 5 ), Juan Bud (265r, 16), Benito C amacho (266v, 18), Diego Lopes (267v, 14). B: Apellido + apellido: Alons o Dominges Papozo (209r, 26), Juan A lonso Rriquel (210v, 18), Cri σ tóual Rodríguez Palasio σ (220r, 28), Pedro Gonsales Palasios 85 Además del apellido Luys de clara procedencia portugu es a, interesa d estacar aquí q ue el nombre va seguido d el apelativo mo linero , o fi cio y puede q ue ya esté c onsolidado como apellido. 86 En este caso tenemos un clar o ejemplo de cómo al añadir el lugar d e pr ocedencia se or igin a un n uevo apellido , puesto que pr imero ap arece co m o Benito Pe res, uezino de Lepe ( 218v, 2 3) y aho ra co m o Benito Peres de Le pe. 378 C ONT RIBUCI ÓN AL E STUDI O DE LA L ENGUA EN EL M ARQUESA D O DE A YAMONTE EN E L S IGL O XVI (233r, 5), Alonso Garsí a Salg uero (238v, 8), Gaspar Rrodriges Mellad o (239r, 12 ), Diego Rrodr iges Ualder rama (240v, 23) , Antonio Sierra Cornejo (24 3v, 3), Pe dro Áluares Rodríguez (245v, 15), Fransi σ co Lopes A bad (248r, 8), Juan Ozorio Gauilanes (248r, 24), Nuño Ferna ndes Anzolero (256r, 25 ), Fransi σ co Sanch es Palasi os (261v, 21), Diego Rrodriges Rrol ón (261v, 24), Juan Alonso Uicario (262r, 29), Pedro Martín Lebrija (262r, 31), Fran si σ co Dominges Piloto (263v, 29), Juan Lopes Oliuos (263v, 29), Pedro Áluares Rrodriges ( 265v, 6), Juan Rrodriges Espartero (266r , 5), Juan Martín Muriel (266r, 18). C: de + apellido: Juan de Morales (206v, 2), Diego de Palasi o σ (206v, 6), Hernando de Rrines (206v, 11), Martín d e Samudio (207r, 7), Andrés de Herrera (206v, 27), Juan de Saualla (208r, 25), Niculás de Enueres (208v, 10), Lui σ de Córdoua (213r, 14), Antón de Ualensuela (224r, 18), Pedro de Samora (234r, 2), Fransi σ co de Galdames (235r, 24), Ana de Súñiga 87 (236r, 11), Fransisco de Gusmá n (236r, 12), Juan de Morón (242r, 9), Juan de Azu aya (24 7v, 17), Lope de Figeroa (248r, 34), Fransi σ co de Córd oua (250v, 29), L uys de Mir anda (251r, 3), Antonio de Malabarca (252r, 13), Al onso del Corro (259,v, 2), Bartolomé de Monteagudo (261r, 8), Bartolomé de Matamoros (262v, 9), Rrodrigo de Agustina (269v, 7), Domingo de Y rrarraga (269v, 9), Juan de Toledo (272v, 26). D: apellido + de + apellido: Pedro Jaymes de Flandes (206v, 5), Juan Gar sía de Rribera (207r, 9), Martín Gonsales de Balbaes (210r, 12), Juan Saraso de Arteaga (213r, 20), Di ego Gil de la Sierpe (215r, 20), Cri σ toual Sanches de Aroche (262r, 3), Fransi σ co Lopes del Abad (263v, 12). 87 Se trata de la marquesa. Po r el p roblema de la co nfusión de sibilantes, e ste apellido a vece s apare ce con ç , co m o en Diego d e Çúñ iga Mald onado (270v, 2), que además es el único ej emplo con l a estructura d e + apellid o + apellido que aparece en to do el co rpus. Una vez concluido el estudio lingüístic o de l corpus de Ac tas Capitula res de Ayamonte que h a servido de base a nuestr a investigación, nos proponemos presenta r los resultados obtenidos que , por una p arte, pret end en contribuir al estudio del español del siglo XVI; y , de manera particular, consid e ramos que son un a aport ación al desarrollo de los estudios en torno a la historia lingü ística de las ha blas anda luzas. L a p resentación de las conclusiones la haremos en el orden que hemos seguido en la realización de nues tra investig ación y qu e establecimos en la I NTR ODUCC I ÓN METODOLÓG I C A. Comenzaremos, pues, con la edición d el corpus, primera t area a l a que nos enfrentamos; seguidament e, comentar emos los aspectos más rel evantes que se deducen de nuestr a investi g ación, en cuanto al estudio de la s grafía s, la fonétic a, los aspectos fonológicos y , finalmen te, al plano léxico-semántico. 1. En cuanto a l a edición del corpus de investigación, debemos destacar, en primer lu g ar, el hecho de que sacam os a la luz un conjunto de textos que hast a hoy se hallaba n inéditos. El aná lisis que del mismo he mos realizado e n el epígrafe correspondiente al contenido de las Act as Capitulares, dentro de la I NTR ODUCCIÓN HISTÓRICA, proporcio na datos de carácter hi stórico y etno gráfico relev antes sobre la villa de Ay amonte en particular y , de manera general, sobre el Marquesado del mismo 388 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I nombre. Además, hemos considerado oport uno acompañar nuestra edición de una reproducción di gital del manus crito. Con ello, pretend emos dotar de rigor nuestr a investigación, puesto que las le cturas que aport amos pueden ser contra stadas en el origina l, así como tambié n facilita r un texto manuscr ito de finales de l siglo XVI que es susceptible de nuevas investig ac iones en el campo lingüístico 1 , histórico y etnográfico. 2. El capítulo dedicado al estudio de las g rafías comprend e dos grandes apartados dedicados a l as vocales y a las consonant es. 2.1. En cuanto al uso d e las grafías para las vo cales, destacamos que el t exto presenta bast ante regula ridad. L os es cribanos par ecen seguir un a re g la, qu e enunciamos del siguiente modo: a) Utilizan la grafía y en inicia l de palabra: yllustre, yjada, ynformasión, ynconuiniente, yntensión, etc.; y como segundo elemento de un diptongo, es decir, en función de semivocal: Jaymes, veynt e, perjuyzio, alcayde, az eyte, etc. Y, de fo rma parale la, aparece la grafía v, en situación inicial: vzase , vtilidad, vltimo, etc; y en función semivocálica: sivdades, rrecavdos, avzent are, cavza, fravdes, etc. b) Mientras que, por otro lado, las grafí as i/u aparec en en los dem ás contex tos, es decir, com o núcleo silábi co: notificar, pe tisión, villa, arriba, mil; juntaron, alguno σ , cunpliendo, juramento, lugare σ , etc.; y en posición de semiconsonante: lisensiado, Samudio, dies, bien, conuiene, criados; quatro, p ueda, Juan, demuela, me nguar, etc. Hemos de señala r también que , a la luz de los ejemplos que aportamos, l a vocal palatal ofrece un bu en núm ero de casos en que la grafía y ap arece en todos los contextos, incluido el de núcleo silábico y el de s emiconsonante. Se da la circunstancia de que estos ejempl os, en su inmensa ma y o ría, n o perten ecen al escriban o principal d el corpus [E1] sino al resto de los escribanos que participan en menor grado en la redacción del text o. Así, por ejemplo, [E2] : myll, corregydor, rregydore σ , ueydo, 1 Por ejemplo, en el aspecto m o rf osintáctico que n o hemos abordado aquí, com o dej am os establecido en la INTRODUCCIÓN, y q ue esperam os poder in iciar en un futuro próx imo. C ONC L US IONES 389 ecesyvo, quysieren, d epositario, nynguna, tyerra; [E3] : prymer o, depósyto, hordynarios, my, nyngun, syno, camynos, co mysa rio, myércole σ , cumplimyento, byen, tenye ntes; etc. La vocal velar p resenta mayor regu larid ad en el uso de las g rafías u/v . Y alg unas de las “ex cepciones a la regla” que h emos enun ciado, como el caso de uuo ‘hubo’, son fácilme nte explica bles por contag io de la grafía u utilizada para repre sentar la consonante labial, cu yo uso es frecu ente e n el manuscrito, como veremos a continuación. Finalmente, desta camos que nuestro texto ilustra las di stintas modas g ráficas de la época, puesto que un mismo escribano [E1] utiliza durante un perio do de tiempo únicame nte la g rafía i en detrimento de y : veinte i tres, illustre, mui, informase, Ja imes, pleito, testimonio, alcaide, treinta, etc. 2.2. El estado g ráf ico de las consonante s constituy e una buena prueba de los cambios que se venían produciendo desde h acía décadas en el español en general, y en las hablas andaluza s en parti cular. 2.2.1. En cuanto a las grafías d e las labiales, destac amos el uso aún predominante de u frent e a v para la consonante la bial proce dente de U- inicial latina : ueynte , uenga, uaia, uerla, uierne s, uizitado, u ezinos, uierne s, uilla, u erdad, uela σ , uirtud, ualor, uiña, uiage, etc. Aunque, f rente a es te uso g eneral, s e dan casos en que la palabra aparec e también escrita con v : villa, v enta, vacas, v enir, veinte, ve zinos, etc. Por otra pa rte, tanto en posición intervocálica como en inicial e ncontramos u/v procedente de -B-, -U - o U- latinas, es d ecir aparece siempre la grafía cor respondiente según las le yes fonéti cas, ex cepto en U- i nicial, a menos qu e se acept e la perviv encia aún del fonema fric ativo, lo cu al es bastante impro bable. L os casos d e grafía anóm alas son siempre de b en lu g ar de u/v y se producen, tanto en situa ción inicial como e n posición intervocálic a, y , como he mos se ñala do en el epígrafe correspondiente, los ejemplos ap arecen en los distintos escribanos: [E2] benda; 390 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I [E3] boto; [E4] benda, b ale, biernes ; y [E1] boz, basallo σ , biba, botasen, boluer, bea ; y abuelo σ , abundamient o, obedesió, alchibo, nueba, abise. La Academ ia perpetuará alguna de estas grafías “ anómalas”, pero en la m ayoría de los c asos aplicará el criterio etimolog ista: biba > viva; boz > voz; etc. En cuanto a los gupos c on B seg uida de líquida ( r, l ), se conservan con su grafía etimológica: breue, libransa, obligose, libra, febrero, etc. Finalmente, tenemos do s vocablos, inbiada (<I NVI ARE ) y caruón (<CARB O, -ONIS), que p resentan la g rafía habi tual en l a Edad Media: b tras nasal y v precedid a de líquida, lo que podría indicar su anti gua realización oclusiva o fricativa, respectivam ente. 2.2.2. En el epígrafe ded icado a las grafía s d e los fonemas de ntales, señal amos los pocos ejemplos que nos aporta el es cribano principal [E 1] de las grafías c- ç correspondiente a la den toalveolar sorda medi eval: merced, merçed, Pal acios; fr ente a la presencia más abund ante en el resto de escribanos del corpus: pare σ çe, rreçebido, calçada, Santo Ofiçio, y n σ tuiç ión, negoçio, trecientos, çinco, conç ejo, açadoneros; y los antropónimos: Çamudio, Çaualla, Valenç uela, Lorenço, Çúñiga. Es gene ral en todos lo s escribanos la grafía z para la dentoalveola r sonora medieval, probablem ente y a ensordeci da como evid encia, por ejem plo, esenziones (<EXEMPT Ĭ O, - Ŏ NIS), donde debíamos encontrar la g rafía co rrespondiente a la sorda al proceder de un grupo TY no inte rvocálico. Otros ejemplos son: quinze, onze, catorze, hazer, perjuizio, uezinos, hazienda, dize, pozos, etc. Pero en muchos casos la grafía qu e encont ramos es s , indi cativa de ses eo/ceceo, como veremos m ás adelante, y la ma y orí a de los ej emplos pertenecen al escribano principal del corpus: esensión, marso, ystuysi ón, onsas, ordenansas, diligensias, denunsiador, hiso, benefisiar, cabesos, y un lar go etcétera que inclu y e a ntropónimos como Palasios, Samudio, Saualla, et c. En cuanto a las grafías d e las apicoalveol ares m edievales, no aparece en el t exto correspondiente al escribano principal la – ss – cor respondiente al fonema al veolar sordo, C ONC L US IONES 391 pues todos los ejemplos que hallamos p ertenecen al r esto de escribanos que particip an en menor grado en la red acción del m anuscrito: passó, cassa σ , cossa, vendiesse, quesso, marquessado, vissita, assy. Lo que pare ce indicar que el esc ribano principa l [E1] utiliza un tipo de escritura más f onética y los otros son más conserv adores. Por otra part e, destaca la presenci a en el text o de dos grafías cu y o valor fonéti co se corresponde al sonido apical: la sigma y la s a lta. En el caso de la sigma, su uso se extiende a lo largo de todo el tex to, preferentemente en posición implosiva: de σ de, co σ tunbre, ago σ to, pare σ çe, pr e σ zio, sey σ , moro σ , e σ tá, bierne σ , casa σ , consi σ torio, año σ , rregidore σ , etc. No sucede lo m ismo para el caso de la s alta, que sólo usan tre s de los cinco escribanos que partic ipan en la redacción del manuscrito, [E2, E3 y E4] : ju ∫ ticia, de ∫ ta, per ∫ ona, a ∫ ta, ba ∫ tardo, consi ∫ torio, etc. 2.2.3. En cuanto a las grafía s de las pal ata les, nada de particular nos ofrec e la graf ía del fonema palata l africado sordo, que sistemátic amente e s ch : dicho , fecha, ocho, chibatos, etc. En cambio, se produce una alternancia entr e las grafías i/y pa ra transcri bir el fonema palatal fricati vo sonoro. Esta alternancia gráfic a aparece sólo con el escribano principal de l manuscr ito (y afecta al mismo tie mpo a la g rafía de la voca l palatal, como hemos visto), y par ece que no obedece a ningún m otivo fonético, sino más bien a modas gráficas de la época; de tal fo rma qu e s e producen dobletes gráficos como los siguie ntes: maiordomo / mayordomo; maior / mayor; maio / ma yo; uaia / uaya; Aiamonte / Ayamonte; Cartaia / Cartaya; et c. En cuanto a l fonema palata l lateral, se trascribe sie mpre con su grafía correspondiente ll : villa, halle, quartillo, llaues, lleven , vasallos, portillos, canillas, etc. Except o en un caso en q ue el escri bano duda al escri bir el adverbio allá entre ll/y , que, al ser un ejemplo aislado, no par ece que pue da considerars e como indicio de y eísmo, aunque la duda puede se r significativa. Hemos considerado opo rtuno incluir dentro de las palatales el estudio de las grafías de los fonemas frica tivos palatales medievales , aunque posiblemente ha y an 392 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I pasado y a en la len gua oral al h az de las velares para confluir con la aspirada proceden te de F- latina. A ello apunt an varios ej emplos de confusión que hemos apo rtado: digesen, egecutoria, parage, trugeren. Por otro lado, el t exto no c onserva la distinción gráfic a para los fonemas fricativos so rdo y sonoro. D e modo que dejen, dijo o vejasión que deberían llevar la grafí a x correspondient e al fonema sordo por procede r de un g rupo latino KS, presentan la grafía corr espondi ente al s onoro. Lo mismo sucede en jabón , por proceder de una S latina palata lizada. L a graf ía x aparece en el cultimo anexo , como sucede ho y ; en t érminos pert enecient es al léxico jurídico que han evoluc ionado como formas semicultas: ex ecutar, execut or, executan do ; y ocasi onalmente en otros casos, que en su mayoría no per tenecen al escribano prin cipal del tex to: dexen, dixere, dixo (d e nuevo los otros escribanos se muestran más conservado res). Incluso tenemos un ejemplo de gr afía sesean te pertene ciente a [E1] : esecuten. En cuanto al fonema sonoro presenta las grafías j y g , que produce dobletes gráficos del tipo: jente / gente; majestad / magestad; uiaje / uiage, etc. 2.2.4. Los fonemas velares aparec en con su grafía correspondiente. El sordo, cuando va se guido de la vocal central a, present a la grafía qua, qu e perdur a hasta 1817 cuando la Acad emia normaliz a la grafía moderna: quanto, quale σ , quatro, etc. El fonema sonoro pr esenta l a alternancia gráfica gu, g seg uida de vo ca l palatal, sin que ello tenga ninguna repe rcusión desde el punto de vista fonético, con lo que volvemos a encontrar dobletes gráfi c os como, por ejemplo: pagen / paguen; gerra / guerra; higerales / higue ral; entrege n / entregue; sigie nte / siguiente σ , etc. Hemos incluido la grafí a h dentro de las vel ares, pue sto que en los casos en que procede de una F- inicial latina es sig no de aspira ción en nuestro texto, como vemos en: hazer, hiso, hasta, hato, harne ro, hazienda, heruiendo, huzillos, hauas, hi geral, dehe za, etc. En otros casos, responde a un intento de imitar l a ortografía latina, y carece d e sonido como sucede ho y : honbre, honrrado, huésp edes , etc. C ONC L US IONES 393 2.2.5. La grafí a de la nasal ante sonido labial es de manera ge neral en todo el corpus n : onbre, nonbre, costunbre, setienbre, de zienbre, conbiniente, nobienbre, nonbre, conpren, cunplir, enpiedre, etc. Aunque no faltan ejemplos de m, que pertenecen casi en excl usiva a uno de los escri banos [E3] : compra, hombre, sembrar, nombrado, setiembre, cumplimyento, tiempo, etc. 2.2.6. La grafía de la vib rante líquida tensa es siem pre la ma y úscul a, frente a l a minúscula que se reserv a para la vibrante floja. En nuestro corpus encontramos dos graf ías para la may úscul a: la que tenemos hoy, R ; y otra, desc rita por Millares Carlo como una especie de U may úscul a con una ra y a encima. En cuanto a l fonema líqui do late ral, alterna en la escritura l / ll en el caso d e mil / mill casi a un cincuenta por ciento , y se mantiene la doble ele latina como signo gr áfico también en las abr eviaturas, como el caso d e yll e / ill e : ylustre / ilust re. 2.3. Hemos dedicado un epígraf e dentro de l ca pítulo gr áfico al estudio de los grupos consonánticos cu ltos, en el que cons tata mos que el manuscrito sigue la p auta, general durante el si glo XVI, de redu cir los grupos cultos: otubre, rresetores, elesiones, eselensia, sole nidades, maníficos, etc. 2.4. Finalment e, en el apartado sobre ot ros aspectos gráficos del tex to, observamos prácticamen te ausencia de si g nos de puntuación, a excep ción de un signo que parece represent ar la vír gula, cu y o us o r echazaban ortó grafos como Nebrija po r considerarla c arente de a utoridad clásica; por otro lado, señ alamos el escas o empleo de mayúsculas, cu ya pres encia se reduce pr ácticam ent e a C, A y R, en este último caso no con valor ma y ús cula sino del fonem a vibrante tenso, como acabamos de ver. Fr ente a ello, señalamos la pres enci a abund ante de abreviaturas, que pres entamos junto al término desarrollado siguiendo los usos gráficos del manuscrito. 394 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I 3. En el capít ulo que dedicam os al estudio fon ético del t exto establecemos c uatro apar tados: la vacila ción vocálica en posición átona, el debilita miento de las c onsonantes implosi vas, la fonética d e la frase y, finalment e, prestamos at ención a o tros cambios fonéticos que se estaban produciendo en el siglo XVI, como la evolución ge lo>se lo ; e l desarrollo de l plural del relativo quien ; o el e mpleo de las formas d el verbo con metáte sis. 3.1. En primer lugar, abordamos la va cil ación vocálica en posi ción át ona. Sabemos, como y a h an indicado entr e otros el profesor L APESA , R. (1981 9 : 386), que “en el transcu rso del siglo XV I van dism inuyendo las vacilaciones d e timbre en las vocales no acent uadas”, mientras que el cierr e vocáli co en [ i ] , [ u ] de las vocales medias , se continúa hasta bien entrado el siglo XVII, con ejemplos docum entados en el propio Cerva ntes: tiniente junto a teniente. Nuestro texto ej emplifica bi en esta situación general de la len gua en cu anto a l a vacilación vocálica en posición átona, puesto que junto a ejemplos de conservación de la vocal abiert a: carnese ría, deputados, dezienbre, e npusisión, heruiendo, preuilegios, rrezebido, ynútel, etc., aparecen t ambién numeros os casos de ci erre vocálic o. Este cierre vocálico puede s er debido en unos casos a infl uencia de la y od románic a, como sucede en: conuinientes, ynconuiniente, inbiada, minsión ‘mención’, ynpusisión , etc., o bien se explican por asimilación o disi milación con la vocal tónica: añidió, arrincase n, dilito, iuitar, sigir, Siu illa, treslado, uirific ar, etc. Además, en al g unas ocasion es tenemos la coexistencia de la forma antigua y la moderna, que acaba rá imponiéndose: deputado / diputado; ydificar / e difique; sigunda / se gunda; siguridades / seguridad ; duzientos / dozientos; Purtugal / Portugal; etc. 3.2. El epígrafe que dedicamos al debilitamie nto de las c onsonantes implosivas nos permite corrobo rar l a tendencia a la re l ajación consonánt ica c aracterí stica de l as hablas andaluzas en la época y que r efleja de forma evidente e l texto. En este sentido, ejemplos esporádi cos como denusiador y prouizi ó con pérdida de [n] implosiva que C ONC L US IONES 395 pueden ser indicio de la t endenc ia a la na salizac ión tan evidente hoy en andaluz, y otros casos como maesago ‘maesaz go’ o formalidá ‘for malidad’ apuntan a ello. 3.2.1. En cualquier caso , es más evidente la pérdida de [s] implosiva que está relacionada con la aspira ción, como veremos más adelante. En la mayoría de los casos la pérdida de [ s ] final corresponde al morfema de pl ural y se produce en el segundo elemento del sintagma, con l o cual el si gnificado plural queda ase gurado por el morfema del primer element o: moderado σ presio; do σ año; honbres hijodalgo; los tale s persona; mil maravedi σ rrepartido; los pezo; los montes y canpo; los pobre; por tersios repartido. 3.2.2. Del mismo modo, el texto nos propor ciona ejemplos de pérdida de [r] final, com o es el caso de alguazil maio ‘alguaci l mayor’; po ziza ‘po r sisa’; Melchió ‘Melchor’, o de los infinitivos hazé ‘hacer’; past á ‘pastar’; informase ‘informarse’, así co mo ca sos de cam bio [r]> [l] co mo suc ede en el susta ntivo alchibo y en el verbo abrir, que aparec e como abril , así como en el término de medida de longitud blrasas en donde el escribano, ante la du da, coloca ambas g rafía s. Todo ello nos hace suponer que el fenómeno de relajación y neut ralización de ambos sonidos líquidos está avanzado en la zona en e l último cuarto de l siglo XVI . 3.3. En el epígrafe que dedicamos a la fonética de la frase, ponemos de manifiest o la tendenci a a l a asimil ación del pronombre personal d e tercera persona pospuesto al infinitivo, como indica L APES A , R. (1981 9 : 391) cuando af irma que “las asimil aciones tomallo, hacello, sufrillo, estuvieron de moda en el siglo XVI, principalm ente entre andal uces, murcianos, to ledanos y gentes de la corte, que en tiempo de Carlos V adoptaban el gusto lingüístico de Toledo”. Estos casos de asimilación son numerosos en nuestro tex to: ynbialle, mandalle, haz ello, dalle, dallos, dejallo, pezallos, ue lla, etc.; j unto a otros en q ue tenemos la fo rma moderna: uerla, hazerla, abrirlo ; e incluso podemos encontrar ambas soluciones en una serie de 396 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I infiniti vos contiguos, como sucede en la sigu ient e frase: “A cordose que t reynta ca rneros que el señor alca yde tiene consertados y conpr ad os a Benito Peres de Lepe a ue y nte y vn rreales ca da vno, ua ya desta uilla persona sufisiente a uerlos, esc ojellos y traellos , y que lleue el dinero” (fol. 259v, 22-25). Otro aspecto que d estacam os en cuanto a l a fonética sintáctic a es que l a conjunción copulativa no sufre alteración cuan do le sigue idéntico sonido, lo que evidencian ej emplos como: ánimo y yntensión; co rtar y yr cortando; ponerse en ef eto y ynbiarse; molineros y yntereses; etc. No obstante, en algún caso podemos pensar que el escribano evita l a cacofonía, com o en el caso de dineros e ystuysión; incluso puede evitar la ca cofonía abri endo la vocal conti g ua, como suced e en la si guiente frase: “Acordose que el ma yordomo del pózito uay a a conprar trigo a los lugares y tierr a que por vn memorial y estuy sión que se le dará dest e Consejo; y lo conpr e conforme a l a ystuysión ” (fol. 250v, 15- 18). 3.4. Finalmente, el texto nos ofrec e alg unos ejemplos de cambios fonético s que se estaba n produciendo en la lengua del siglo XV I , como la sustitución de la forma antigua del pronombre átono de 3ª persona aglutinado con el de objeto directo, ge lo , por la moderna se lo . En dos ejemplos del text o el escribano duda, puest o que escrib e le y corrige escribiendo se , lo que pone de manifiesto que no estaba mu y fam iliarizado con la nueva forma. Por otra part e, no aparece la forma plural d el pronombre relati vo quien , etimológ icame nte invariable por proced er del si ng ular QU Ĕ M qu e, como sabemos, se desarrolla en la p rimera mita d del siglo XV I . Lo evidenci a el siguiente ej emplo donde esperaríamos la forma en plural: “Los di chos señores rre gidores y ofisiales deste Consejo pidieron al señor corregidor les mande le s desocupen sus asientos y escaños de la σ y guelsias para o y r l os ofisio s diuinos porque se los ocupan quien n o deuen” (fol. 263v, 20-24). En cambio, el tex to nos aporta al gún ej emplo d e la forma antigua de futuro y condicional del ver bo con metátesis, como sucede en terná ‘tendrá ’ y conuernía C ONC L US IONES 403 El grado de aspiración es más intenso cuanto mayor es la incultura del sujeto hablante, y se da más en la co nversac ión espontánea que en l as respuestas dadas a una pregunta directa [ ... ] , lo cual nos d emuestra que el hablante tiene c oncie ncia de que su aspiración no es correcta. Esta conci encia de inco rrección no exist ía, desde lue g o, a final es del si glo XV I en la zona, como ac abamos de ver a p artir de los ejemplos anteriores. A ellos podemos añadir otros que pres entan dobletes como el cas o de hanegas y h ebrero, que conviven con fanega σ y febrero , a l igual que en castellano medieval. 4.3.2. En cuanto al se gundo origen de la aspiración, sabemos, como señala L APESA , R. (1981: 379), que “en las regiones donde se cons ervaba la [h] aspirada procede nte de /f-/ latina y de aspirada s árabes, la fricativa velar /x/ resultante de /ž/ y /š/ se hizo también aspirada, confundiéndose con aquélla”. Po r su parte, el profesor M ONDÉJAR , J . (2001 2 : 134), refiriéndose con cretament e al andaluz , establece que: La aspir ación ocupa en el mode lo de rep resentación fonológica andaluz el lugar que en el del español ocupa la jo ta . De tal manera, que es inexacto decir –desd e el punt o de vista histórico– que los andaluces aspiran la jota del espa ñol; lo que ocurre es al go muy distinto: 1º) históricamente, nunca hubo jota en Andalucía, ex cepto en la s áreas señaladas donde no ha y aspiración, y 2º) fonológicamente, el correlato andaluz de la jota, por tant o, es la aspiración . Nuestro tex to nos ofrece varios ejemplos de confu sión de grafías, como digesen, egecutoria, parage, tru geren que parecen indi car, como señala F RAGO , J .A. (1985: 294), “que desd e el momento en que se v erifican intercambios d e las grafí as correspondientes a los ant. /š, ž/ con los pert enecientes a los fonemas / g/ y /k/, sobre todo con los del primero, ha y qu e aceptar l a vigencia de un nuevo fonema velar /x/”. Además, en el tex to se cita con frecuen cia el topónimo L os Jardales, que 404 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I constituy e, aún ho y , un paraje situa do al nord este del término de Ayamonte. Si, como parece probabl e, hacemos proceder el topónimo de harda ‘ ardilla ’, ha y qu e suponer que h y j tení an un mismo sonido tal y como sucede ho y. Esta tesis parece c onfirmarla un único pero interesante ca so en que el topónimo se escribe con la graf ía de la aspirad a: Lo σ Hardale σ , en un co ntexto, además, en donde a bunda la aspiración, c omo vemos a continuación: “En e σ te Cabildo dio petición J u an Rro driges v eci no de / Aroche, pidió l icenci a pa ra corta r madera para / hazer vna bar ca; diósele en Lo σ Hardale σ , con- / que dé la fiança y s e halle el may ordomo / pres ente , so pena de la hord en anza .” (fol. 255r, 1-5). 4.3.3. Por último, hemos estudiado el terce r tipo de aspira ción que se da hoy en andaluz, la de /-s/ implosiv a. Nos hemos referido a las dos hipótesis sob re el tema en cuanto a considera r los casos de ause ncia de la grafía ese como re alización del fonema aspirado /h/, sobre todo, cuando se trata de ejem plos anteriores al sig lo XVI como los aportados por F RAGO , J .A. (1983). En este sentido h acemos nuestras las palabr as del profeso r A RI ZA , M. (1999) cuando dice, refiri éndose a la articula ción de –s final: Como tantas veces se h a dicho, l a ausencia de testimonios en los gramáticos del Siglo de Oro puede ser prueba de su pronunciación, o, al menos, de que la aspira ción no estaba generaliza da. Para mí, los primeros ejemplos claros de as p iración están en 1610 y 16 75 en document os rescatados por J .Mª C ha morrro con las fo rmas las jacc iones y ehtampado. En documentos ya clara mente andaluces –con seseo, etc.– de los siglos X VII y siguientes sí creo que la ausencia de s es signific ativa. (la cursiva es nuestra). Nuestra investi g ación nos proporciona un c onju nto de ejemplos en los que la gr afí a es e no aparece. En la mayoría de los casos la pérdida de esa es e tiene lug ar en un contexto mu y con creto, en posición final de palabra, y se correspond e al morfema de C ONC L US IONES 405 plural: moderado σ presio; do σ año; honbr es hijodalgo; los tales persona; mil maravedí σ rrepartido; l os pezo; los montes y canpo; los pobre; por tersios repartido. Como vemos, la caída de ese se p roduce en el segundo elemento del sintagma, quedando asegurado el plural por la presencia de la ese en el presentado r, tal y com o sucede ho y . S i acabamos de ve r que se adm ite aspiración de /–s/ implosiva en 1610, y en general a part ir del siglo X VII en t ext os andaluces, pa rece probable que también s e esté dando el fenóm eno en nuest ro tex to que se a parta de esta fe cha sólo unos cuantos años y que ad emás, como vemos, presenta ras gos claram ente andalu ces. 5. En el capít ulo que d edicamos al est udio léx ico-semántico del t exto, hacem os nuestra la afirmación de F ERNÁNDEZ S EV ILLA , J . (1957: 9) de que “todo trabajo científico tropieza con dificultades y probl em as. Aquí uno de los fundamentales es el que viene dado por la pr opia natu raleza del l éxico, el cual se estructura en mu y diversos campos, que ex ceden con mucho los lím ites del léxico m ismo”. 5.1. Nuestro objetivo, pu es, ha sido el d e intentar una ap roximación al léx ico de nuestro corpus, y para ello hemos est ableci do una serie de “campos asociati vos” que, de alguna m anera, abarquen la realidad que se c ontiene en el tex to. En este sentido, más que desentrañar el significa do de las palabras (po rque, ad emás, en pocos casos ofrecen serias dudas), pretend emos, en palabras de L AGÜ ÉNS G RAC I A , V. (1992: 3 4), “ante todo, aportar datos lingüísticos y doc umentales que cont ribuya n, aunque sea mín imamente, al conocimiento de la hi storia de los términos analizados”. 5.2. El primer campo asociativo de nue stro estudio léxico-sem ántico lo constituy en las formas de tra tamiento, cu y o uso es mu y frecue nte dado el carácter jurídico-administra tivo del texto. I ncluimos los términos bachiller y licen ciado , puesto que aunque en la actuali dad si gnifican grado académico, se usaban como tratamiento, como sigue sucediendo hoy en español de Am é rica. Otros t ratamient os mu y usados en el tex to como excelenc ia y ex celentís imo o ilustre e ilustrísimo están en franca 406 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I decadencia ho y, sobre todo, a partir de la nueva normativa que dispone que: “El tratam iento oficial de car ácter protocol ario de los miembros del Gobierno y de los altos cargos será el de señor/s eñora, seguido de la denominación del car go, empleo o rango correspondiente.” ( BOE 07-03-2005) J unto a estas formas de tratamiento, en contramos otras que siguen estando vivas en la lengua ho y , si bien con usos restrin g idos. Es el caso de mag estad , usado como tratamiento a los re y es, (aunque el DRAE lo sigue definiendo c omo ‘título o tratamiento que se da a Dios, y también a emperadores y re ye s’) y el de mag nífico , como tratamient o ‘hoy, en España, para los recto r es universitarios’, según la edición vig ente del DRAE (2001 22 ), que en este caso sí ha actu alizado el artículo. Final mente, estudiamos form as de tratamientos como don y doña o señor y señora que siguen usándose ho y con el mismo significado. 5.3. El segundo campo asociativo, dedi cado al estudio de los carg os administrativos, también presen ta una gran riqueza léx ica por la natura leza de l texto. Destacamos en este con junto de voces la prese ncia de arabis mos com o alcabalero, alcaide, alguacil o alcalde. En el caso de alcalde, con el significado antiguo que aparece aún en AUTOR IDADES (1726): ‘la pers ona constituida en la dignidad de juez, para administrar justicia en el pueblo en qu e tiene la jurisdición’. Pa ra el ca rgo de alcalde de la mar , aportamos ejemplos que adelantan en más de 250 años el único que aparece en el CORDE que es de 1830. En g eneral, el t exto nos presenta ca rg os administrativos característicos de la época que, o bien han d esaparecido, o bi en ha n cambiado de significa do a lo lar g o de la historia del español, como carcelero, escribano, fiel ejecutor, justicia may or, receptor, regidor o corregidor, éste último sust ituido por alcalde , cuyo sig nific ado moderno no se recoge hasta el DRAE (1884 12 ): ‘presidente del ayuntamiento de cada pueblo o distrito municipal, encar g ado de ejecutar sus a cuerdos, de dicta r bandos para el buen orden, salubridad y limpieza de la pobla ción, y de cuidar de todo lo relativ o a la policía urbana’. C ONC L US IONES 407 También es el caso de m ayordomo , que en nuestro tex to tie ne el significado que recoge todavía AUTORIDADES (1734) en su quinta ac epción bajo el lem a mayordomo de propios : ‘el administrador de los caudales y propios de una ciudad o villa’, y que hoy queda circunsc rito prácticamente al mundo de las hermand ades y cofradí as religiosas, acepción que ya había reco gido COVARR UBI AS (1611), junto a su sig nificado etimológico: ‘El que tiene cuidado del gobier no de la c asa de un señor [ ...] Este cargo extiéndese también a otros ministerios, co mo ma y ordomo de cof radía, may o rdomo de hacienda’. Finalmente, desta camos, por una pa rte, la gr an riquez a léxi co-semántica del término juez , que incluye la s variante s juez de residencia, juez de la sal y especial mente juez de menores, cu ya prim era documentación en el CORDE es n ada menos que de 1961, a partir de un texto del novelista ar ge ntino Ernesto Sába to. Por otra parte, merece especial aten ción tam bién el térmi no fiel de la h aceduría, que no hemos documentado en otros text os. Tampoco aparece el derivado simple hazeduría, pero pa rece evident e que se trata de una crea ción léxica mediant e el sufijo –uría a partir de hacedor, definido por el DRAE (2001 22 ) en su segunda acepción co mo ‘Per sona que tiene a su cuidado la administración de una hacienda, bien s ea de c ampo, ganado u otras granjerías ’. El doblete hacedor / hace duría , similar al que se produce en contador / contaduría, hablador / habladuría, etc. no triunfó puesto que el lug ar de hac eduría parece que lo ocupó desde un principio hacienda. 5.4. Digno de destacar también es el amplio número de voces referido al léx ico de los oficios que nos proporci ona el text o. En este asp ecto podemos decir que todavía a fines del siglo X VI cobran sentido las palab ras de M ARTÍNE Z M ELÉN DE Z ,M ª d e l C . (1995: 11), cuando afirma que “al investigar sobre los ofic ios existentes en España durante la Edad M edia y su grado de pe rfeccionamiento, sorprend e el hecho de que pudieran trabaja r y vivir en sus ciud ades y pueblos tal cantidad de artes anos y , algunos de ellos, con una esp ecial ización ex traordinari a”. Como es de suponer, bue na parte de los oficios qu e aparecen en nu estro texto ha 408 C ONTRIBUC I ÓN AL E STUDIO DE LA L E NGU A E N E L M ARQUESADO DE A YAMONT E EN E L S IG LO X V I desaparecido en la actualidad, sobre todo, a pa rtir de la revolución industrial y todos los cambios económicos y social es que supuso para el mu ndo desarrollado y urbano. En zonas menos desarrolladas y en el ámbito rura l algunos de estos oficios aún sobreviven, caso de armador, labrador, ganadero, et c . Otros han cambiado su denominación al tiempo que lo hacía la propi a realidad que defi nían: boticario, frente a farm acéuti co; corredor , frente a agente inmobilia rio; arriero, frente a tr ansportista o ca mionero; etc. Otros, en fin, simplemente han desapare cido y de ellos nos queda únicamente la palabra que lo designaba: aguadero, azadonero, jabonero, et c. Desde un punto d e vista morfológico, much as de estas palabras son deriva das a partir del sufijo –ero que, como indica P HARI ES , D. (2002: 229-230) es u n “sufijo muy productivo de adjetivos y sustantivos derivados a partir de radicales nom inales, reflejo de – ă rius, sufijo latino de función aná loga”. Muchos de ellos se conc entran semánticamente en los campos de oficios y profesiones. Al g unos a pa rtir de étimos latinos, caso de portero (<port ā rius), molinero (<m ol ī narius) o tabernero (<tabern ā rius); mientras que “los derivados internos españoles son ig ualmente tempranos y mu y numerosos”, e insiste es te autor en qu e “sobre salen por su productividad las designaciones de personas por los nombre de oficios y actividades”, entre las que d estacamo s, en cuanto a lo qu e toca a nu estro estudio, las siguientes: calero, herrero, llavero, me sonero, panadero, zap atero, etc. 5.5. En el epígrafe que dedicamos al es tudio de monedas y medidas, tratamos ambos campos de forma separada. 5.5.1. En cuanto a las monedas, el t exto nos aporta varios nombres de mo nedas que estaban en circulaci ón en la épo ca, que d e menor a mayor valor, son: blanca, maravedí, real y ducado, cu y o v alor según AUTOR I DADES (1732) es el de ‘onc e reales y un ma ravedí’. [Document text truncated for crawler view.]