Contribución al estudio de la lengua en el Marquesado de Ayamonte en el siglo XVI
Full text
UNIVERSID AD DE SE VILLA
Facultad de F ilología
Tesis Doctoral
CONTRIBUCIÓN AL EST UDIO DE LA
LENGUA
EN EL MAR QUESADO D E AYAMONT E
EN EL SIGLO X VI
Manuel Ra mírez Oria
Sevilla, 2008
UNIVERSIDAD DE SEVILL A
Fac ultad d e Filología
Dpto. de Lengua Es pañ ola, Lingüística y Teoría de la Literatura
CONTRIBUC IÓN AL ESTUD IO DE LA LEN GUA
EN EL MA RQUESAD O DE A YAMONTE EN EL SIGLO X VI
Tesis Doct oral realizada bajo la Dirección de l a Dra. Josefa María Mendoza
Abreu, y calificada con Sobresaliente cum laud e por unanimidad por el Tribunal
formado por los siguientes miembros:
PRESIDENTE: Dr. Manuel Ariza Viguera
VOCALES: Dr. Antonio Sal vador P lans
Dra. Inés Carrasco Cantos
Dra. María Teresa Palet Plaja
SECRETARIO: Dr. José Javier Rodríguez Toro
A mis padres, in memoriam
ÍNDICE GENERAL
1. INTRODUCCIÓN 1
1.1. INTRODUCCIÓN METODOLÓG I CA 3
1.1.1. Descripción de las Actas Capitulares 4
1.1.2. El corpus de investigación 7
1.1.3. Estudio lingüístico del corpus 10
1.2.
I NTRODUCC I ÓN HISTÓRICA 12
1.2.1. El Marquesado de A y amonte 12
1.2.2. Contenido de las Actas Capitulares 18
2.
GRAFÍAS
27
2.1.
CARACTER Í STI CAS GENERA L ES 29
2.2.
VOCALES
34
2.2.1. Vocales fijadas plenamente en la escritura 35
2.2.2. Vocales que ofrecen variantes gráficas 35
2.2.2.1. La vocal palatal /i/ 35
2.2.2.2. La vocal velar /u/ 39
II C
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A
YAMONT E EN EL
S
IGL O XVI
2.2.2.3. Conclusión 40
2.3.
CONSONANTES
42
2.3.1.
L abiales 42
2.3.1.1. Conclusión 45
2.3.2. Dentales 47
2.3.2.1. Dentoalveolares 47
2.3.2.2. Apicoalveolares 48
2.3.2.2.1. La sigma ( σ ) y la s alta ( ∫ ) 50
2.3.3.
Palatales 52
2.3.3.1. Africada 52
2.3.3.2. Fricativas 52
2.3.3.3. ¿Palatales o velares? 54
2.3.4.
Velares 57
2.3.4.1.
L a F- inicial latina. L a aspirada 58
2.3.5.
Nasales 60
2.3.6. Líquidas 61
2.3.6.1. Vibrantes 61
2.3.6.2. Lateral 62
2.4.
GRUPOS CONSONÁNT I COS CU L TOS
64
2.5.
OTROS ASPEC TOS GRÁFICOS
66
2.5.1. Signos de puntuación, acentuación y uso de ma y úsculas 66
2.5.2.
L as abreviaturas
68
3.
FONÉTICA
71
3.1.
VACILA C IÓN V OCÁ LI CA
76
3.1.1. Conservación de la vocal abierta: [e] por [ i ] 77
3.1.2. Cierre vocálico: [e] > [ i ] 78
3.1.3. Cierre vocálico: [o] > [u] 79
3.1.4. Coexi stencia de formas antig uas y moder na s 79
3.2.
DEBILI TAM I ENTO DE LAS CONSONANTES I MPLOSIVAS
81
Í
NDI CE
G
ENERAL
III
3.2.1. Pérdida de [ s ] implosiva 83
3.2.2. Confusión [ r]- [l] implosivas 86
3.2.2.1. Pérdida de [r] final 87
3.2.2.2. Cambio [ r] > [l] 88
3.3.
FONÉTICA DE LA FRASE
89
3.4.
OTRAS VAC I L ACIONES FONÉT I CAS
92
4.
ASPECTOS
FONOLÓGICOS
95
4.1.
L AS LABIALES SONORAS
99
4.2.
SESEO-CECEO 102
4.2.1. Introducción 102
4.2.2.
Análisis de los ejemplos
109
4.2.2.1.
Seseo 111
4.2.2.2. Ceceo 114
4.2.2.3. Ausencia de seseo-ceceo 115
4.2.2.4. Conclusiones 117
4.3.
ASP I RAC IÓ N 120
5. LÉXICO-SEMÁNTICA 129
5.1. INTRODUCCIÓN 131
5.2. FORMAS DE TRATAM I ENTO 135
5.3. CARGOS ADM I NISTRAT I VOS 153
5.4. OFICIOS 187
5.5. MONEDAS Y MEDIDAS 229
5.5.1. Monedas 229
5.5.2. Medidas 235
5.5.2.1. Medidas de capacidad 235
5.5.2.2. Medidas de peso 247
5.5.2.3. Medidas de longitud 250
5.6. EL CAMPO 255
IV C
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5.6.1. Labores agrícola s 273
5.6.2. Cereales, árboles y frutos 2 80
5.6.3. Productos agropecuarios 304
5.7. GANADERÍA 322
5.8. EL MAR 342
5.8.1. El atún y sus partes 351
5.8.2. Embarcaciones 359
5.9. ONOMÁSTICA 374
5.9.1. Nombres de pila 375
5.9.2. Apellidos 377
5.10.
TOPONIMIA
381
6.
CONCLUSIONES 385
7. EDICIÓN DEL CORPUS DE INVESTIGACI ÓN 417
8. REPRODUCCIÓN DIGITAL 535
9. BIBLIO GR AFÍA 679
CLAVES DE LOS DICC I ONAR IOS 681
REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS 688
ÍNDICE DE PALABRAS 701
ÍNDICE ONOMÁSTICO Y TO P ONÍMICO 704
1. INTRODUC CIÓN
1.1. INTRODUCCIÓN MET ODOLÓGICA
Para cualquier investi gador, el centro de interés en l os Archivos Muni cipales
reside en las Actas Capit ulare s, puesto qu e son la mejor fuente de estudi o para el
conocimiento de la población y de su situación social y económica. Según P
INO
R
EBOLLEDO
,
F. (1991: 37):
Los lazos de comuni dad entre lo s habitantes de un a población
genera intereses comunes. C omo todos l os vecinos no pueden
intervenir en la solución de los p roblemas ciuda danos, se eligen
unas personas, que representando al resto, s e ocupen de dichos
menesteres. Son los regidores o concejales. [ ...] L o que suced e
durante la s esión se va re flejando en unos cuadernos por los
escribanos. Dichas hojas encua dernadas dan lu g ar a los Libros de
Regimiento.
Estos L i bros de Re gimiento son también llama dos, de forma más genérica,
Libros de Actas.
10
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en al g unos casos pun tuales l a letra procesal es i legible
15
, al go frecuente en la época,
como señala M
UÑOZ Y
R
IVERO
, J. (1972
2
: 40):
La separación irregular de las palabras, el continuo liga do
de la escritura, la poca fijeza en materia de abreviaturas, la
confusión que resultaba de la imperfecta figura de las let ras [...]
y la profusión de ras gue os inút iles, son car acteres que hacen de
la escritura p rocesal del s ig lo XVI una de las de más difícil
interpretación.
Nuestro prime r trabajo, pues, ha consistido en tr anscribir íntegramente el text o
objeto d e investigación, que hasta el m omento presente se halla inédito, p ar a después
llevar a cabo el estudio lingüístico con la objetividad y el rigor necesarios.
1.1.3. Estudi o lingüístic o del corpus
Una vez preparada la edición del corpus d e investigación, así co mo la
presentación di gital del manuscrito, de manera que se puedan cotejar las lecturas en
caso d e duda, hemos abordado el estudio lingüístico del tex to siguiendo la tradición
filológica española que atiende a los d istintos niveles de an álisis de la l eng ua. En este
sentido, tenemos que manifestar que al tiempo que avanzábamos en la investi g ación,
descartamos el estudi o morfosintáctico del corp us
16
, porque conside ramos que no iba a
ofrecernos datos relevantes sobre el desarrollo de la variedad lingüística an daluza.
Tomada esta decisión, nuestra investi gación comienza, tr as la
INTRODUCCIÓN, con un c apítulo dedicado al análisis del estado gráfico del
manuscrito, donde estudiamos separadamente las grafías para las vocales y consonantes,
15
Nos acab amos de referir a ello en la nota 12.
16
Como suced e con investigacio nes si m i lares.
I
NTROD UCCIÓN
11
además de ot ros asp ectos gráficos del texto como l os signos de punt uac i ón, el uso de
mayúsculas o el sistema de abreviaturas.
El capítulo 4 lo dedicamos al estudio de l os aspectos fonéticos, entr e los que
destaca la v ac ilación voc álica que, como sab emos, perdura con distinta intensidad a lo
larg o d el siglo XV I
17
. Como aspecto int er esante, desde el punto de vista del estudi o de
las hablas and aluzas, podemos destacar el epígrafe que d edicamos al d ebilitamiento de
las consonantes i mplosivas, entre l as que d estacan [ s] y [r] a partir d e ejemplos como:
los pezo (fol. 213v, 8 ); los montes y canpo ( fol. 233r, 21); l os pobre (fol . 23 8v, 14 y
249v, 28); alguazil mayó ‘alguacil ma y or’ (fol. 23 7v, 26); past á ‘pastar’ (fol . 224r, 31);
hazé ‘hacer’ (fol. 233v, 18); etc.
En el capítulo 5 abordamos el estudio de aspectos fonológicos fundam entales en
la historia de las h ablas andaluzas como son, por un lado, el ceceo y el seseo, sobr e el
que el corpus nos ofrece abundantes ejemplos, y , por otro, la aspiración
Finalmente, dedicamos un capítulo ex tenso al estudio léx ico-semá ntico del tex to,
que permita una mejor comprensión del mismo y nuevas aportaciones, en su caso, al
estudio del léx ico andal uz y del l éxico general del español. Aquí i ncluimos un breve
acercamiento a la riquez a onomásti ca y toponí mica del cor pus a pa rtir de sendos
epígrafes.
Nuestra investigación se completa con el capítulo 6, dedicado a las conclusiones,
en donde recogemos los resultados más relevantes de nuestra investi g ación.
17
Según L
AP ESA
, R. ( 1981
9
: 368 ), “en el transcurso del siglo XVI van d isminu y e ndo las va cilaciones de
timbre en las vocales no a centuadas”.
12
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1.2. INTRODUCCIÓN HI STÓRICA
1.2.1. El Marquesado de Ayamonte
El Marquesado de Ayamont e ocupaba los actuales términos m unicipal es de
Aya mont e, Isla Cris tina, Lepe , Villablanca y S an Si lvestre de Guzmán, es de cir el
extremo surocc idental d e la provincia de Huelva. Sus límites, por tanto, lo constituí an el
río Guadiana, al oeste; el río Pi edra s, al este; el O céano Atlántico, al sur; y, al norte, las
duras tierras andevaleñas.
El “Informe p ara el mapa de Es paña” d el año 1749 nos of rece l a s iguiente
descripción del territorio:
Figúrese el marquesado de Ayamonte a modo de triáng ulo,
cuyos dos costados lo forman enteramente tres aguas; el del
Poniente el río Guadiana, el del Mediodía el Océa no, y la
mayor parte del Oriente y al guna d el No rte la baña un brazo de
mar que se entraña en l a tierra d esde la Barra del Terrón hasta
I
NTROD UCCIÓN
13
confinar con las escasas producciones del arro y o de la
Espadaña o río de Pied ras; teniendo sólo por la restante parte
norte la entrada seca por los caminos que d escienden d e
Extremadura
18
.
Y el geó g rafo real D. To más López, al referirse a la ciudad de A ya monte como
cabeza del Marquesado, lo hace en 1787 del modo s ig uiente:
Dista esta ciudad de la Corte de Madrid, 111 legua s al
nordeste; de la Chancill ería de Gr anada, a quien pertenece su
jurisdición ordinaria en apelación, 62 legu as; de la metrópoli de
Sevilla, como Diocesana, 25 y ambas ha cia l evante; de la
cabeza de la V icaría, que lo es la villa de L e pe, cuatro a l
mismo viento. La vil la de Villablanca dist a dos legua s al
nordeste; la de la R edondela, tres a levante y la de San
Silvestre cuatro al norte. Ocupa el término de la ciudad como
cuatro l eguas y el del Marquesado como sei s, ambos en
semicírculo de norte al est e, y por el sudeste y sur está el mar
Oceáno y sus pl a y as, y p or el poniente el río Gu adiana y reino
de Portugal
19
.
El núcleo originario del Marquesado lo constituía n l as vil las de A y amont e, Lepe
y La Redondela
20
. S eg ún G
ONZÁLEZ
G
ÓMEZ
, A. ( 1982: 22 ), con el transc urso de l os
años y el desarroll o alcanzado en tiempos del reinado de Carlos I , se fundan dos nuevas
poblaciones al norte d el Marquesado. Vill ablanca “fue fundada en 1531 ( sic) por don
18
Legajo de 1749 d el Archiv o Municipal d e Ayamonte. Cito por S
ÁN CHEZ
L
ORA
, J. L. (1987: 3 3).
19
Vid. R
UIZ
G
ONZÁLEZ
,
J.E. (1999: 60).
20
En la act ualidad La Red ondela no e s tér mino municip al indep endiente, puesto q ue fue a nexionada ,
debid o al may or desarr ollo ur bano y econó mico q ue desde fi nes d el siglo XIX expe rimentó u n peque ño
núcleo de p escadores, La Higuerita, actual Is la Cristina. Vid . J
URAD O
A
L MONTE
, J. M. (1995: 7 16).
14
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Francisco de Zúñiga Sot omay or y doña Te resa de Zúñiga y Guzmán, duqu es de Béjar y
marqueses de A y amonte:
...con motivo de que en la dehesa de V erdes y C ampanilla
se habían juntado y he cho habitación diecisiete familias se le
concedió pobl ar el siti o que decían la Corte del Capitán...
franqueándoles cada vecino sitio para seis mil ce pas de viñ a y
mil mrs. para a y uda d e hacer sus casas y es tar libres de
alcabalas y frutos y d emás que vendiesen po r vei nte años y un
egido de cuatrocientos pasos de contorno de l a vill a para
Propios”
21
.
En nuestro corpus puede leerse un acuerdo referido a la jurisdicción de
Villablanca, del tenor siguiente:
Acordose que salga el m ayordomo, que este Cons e[jo] tie ne
noticia / de que los alcaldes de Uillablanca pe nan bueye s y
encorralan y dan /
27
lisensia pa ra rrosar y quemar y pastar. Se
acuerda que sal g a el m ay or- / dom o a d efe nde r la juridisión
desta uilla
22
.
A finales del si glo XV I , concretamente en 1595, se funda la vill a más mo derna
del Marquesado, San Silvestre de Guzmán.
R
EY DE LAS
P
EÑAS
, R. (1988: 5), en el breve recorrido histórico que hace en la
introducción a su Invent ario del Archivo Municipal de Ayamonte, señ ala que este
territorio fue reconquistado por el re y Sancho II d e P ortugal en 1239, aunque poco
después fue donado a la Orden d e Santi ago. Posteriormente pas ará otra vez a manos
21
Vid. N
ÚÑEZ
R
OLDÁN
, F. (1 987: 54).
22
Actas Capit ulares de Ay amont e, Legajo 1, fol. 2 23r.
I
NTROD UCCIÓN
15
portuguesas, puesto que Alfonso X el S abio lo entrega como dote a s u hija Beatriz
cuando accede al t rono de aquel país. No es, por tanto, hasta 1335 cuando
definitivamente Al fonso X I lo g ra recuperarlo para el reino de Castil la y entra a formar
parte del Condado de Niebla, perteneciente a la famili a de los Guzmanes.
A fines d el si glo XIV, co ncretame nt e en 1396, el C onde de Niebla, Juan Alons o
de Guzm án, separa de su condado las villas de A y amont e, Le pe y La Redondela para
donarlas a su hijo segundo, Alo nso Pérez, seg ún el testimonio de los cronistas de la cas a
de Niebla recogido por S
ÁNCHEZ
S
AUS
, R. (1988: 161-162):
Viendo qu e el hi jo m ay o r D. Enrique queda ba con el
estado del condado de Niebla y todo lo demás , y que a D.
Alonso de Guzmán, el hijo s eg undo , no le qu edaba con que
sustentar su honra y el l i nage donde venía hízole donación de
las villas de Lepe y Ayamont e.
Con l a llega da del s ig lo XV asist imos, pues, al nacimiento del primer s eñorío de
Aya mont e, Lepe y La R edondela, aunque se habrá de supe rar un liti g io entre éste y el
vecino señorío de Gibraleón de Don Pedro de Zúñiga a cerca de los der echos sobre el
pasaje de la bar ca en el río Piedras, línea divisoria de ambos s eñoríos. Además, a mitad
de siglo y aprov echa ndo la guerra civil entre el in fante don Enrique y el r ey J uan II, el
señorío pasa de nuevo a manos del conde de Niebla, que había tomado partido por el
rey. C on el matrimonio de Te resa de Guzmán, hi ja del conde d e Niebla, c on don Pedro
de Zúñiga, pocos años después, se refuerza el señorío de A y amonte, L epe y La
Redondela, puesto que Teresa d e Guzmán obtiene li ce ncia r ea l p ara la c rea ción d e un
mayorazgo a favor de su segundo hij o. Efectivam ente, a comienzos del siglo XV I l os
Reyes Católicos conceden el título de Conde de Ayamonte a Francisco d e Guzmán y
Zúñiga, que a lo largo del siglo alcanzaría la dignidad de marqués
23
.
23
Vid. G
ONZÁL E Z
G
ÓMEZ
,
A. (199 6).
16
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A este prim er m arqués de A ya mont e le su cede F ranc isco de Sot omay or,
convertido tras su boda con Teresa de Zúñi g a y Guzmán en Francisco de Zúñiga y
Sotoma y or, quien fundó u na c uarta población, Vil lablanca , en 1537
24
.
Posteriormente, heredó el marquesado su hijo, Antonio de Guzmán Zúñiga y
Sotoma y or y tr as su m uerte en 1575 su esposa, Ana de Zúñiga y Córdoba, administ ró
los bienes de su estado como tutora y curadora de su hi jo, don Francisco de Guzm án
(III). Este momento histórico es el que refleja nuestro corpus, como podemos ver a
partir del siguiente fragmento:
Io, doñ Ana de Súniga, marqueza de Aiamonte, tutora i
curadora i l ig ítima ad- /
12
mini σ tradora de la persona, estado y
hazienda de don Fransi σ co de Gu σ mán, / marqués de
Aiamonte, mi hijo, acatando l o σ mucho σ i leales seruisio σ /
que J uan Oz orio Gauilanes, aio del di cho marqués i de don
Lui σ de C órdoua, /
15
su ermano, a hecho a lo σ señores deste
estado, i espero que me hará, i al / dicho mi hijo. I que, como
cauallero onbre hijodalgo que es, dará cuen- / ta de lo que se le
encomendare. I cunpliendo con la últim a uolun- /
18
tad del
exs elentísi mo don Antonio de Gu σ mán, marqués de Aiamonte,
mi s eñ or, / que Dio σ tiene, por la prezente... (fol. 213r)
El Marquesado de A y a monte en estos últimos años d el si glo XV I estaba
totalmente consolidado y s e encontraba entre l os más im portantes del reino dado el
volumen de su renta, que ascendía a la cifra de 30.000 ducados
25
.
En cuanto a las relaciones con la vecina Portugal, el río Guadiana constituía sólo
una frontera política, puesto que las actividades comerciales y el flujo de población
24
Nos hemos r eferido a e llo al comienzo d e este epígra fe.
25
Vid. G
ONZÁL E Z
G
ÓMEZ
, A. (1 996). T ambién del m ismo autor puede verse un bue n resu men d e la
historia del Marq uesado de Ayamonte en la intro ducción a su ed ición de las Ord enanza s Mu nicipales d e
Lepe .
I
NTROD UCCIÓN
17
entre ambas o rillas, sobre todo, en r elac ión con la actividad pesquera están fuera de
dudas. Así lo testimonian, por ejemplo, pasajes de las Actas Capitula res, como e l
siguiente
26
:
...en la frontera d e aquel reino de P ortugal ha y muchas artes
de la m isma pesquería q ue en A yamonte, en l os cuales se han
acogido los comunes manipulantes de esta c iudad para el
trabajo de sus manu ales obras,... se hallan en aq uel domicili o
mucha parte de este vecindario.
Y lo mismo cabe pensar en sentido inv er so, es d ecir, de portugueses asentados
en A y amonte. S
ÁNCHE Z
L
ORA
, J. L (1987: 1 45), en su estudio demográfico de
Aya mont e, divide la pobl ación inmigrante en dos grupos, portu gue ses y no portu gue ses,
y afirma qu e “la inmi gración portu g uesa es m ay orita ria hasta 1649, fecha en qu e se
produce una gran quiebra coincidiendo con el inicio de l a guerra” , cu antificando para el
periodo 1600-1624 la inmi g ración portu gue sa en un 60,8 % del tot al d e fo rasteros de la
ciudad.
En este sentido, este continuo flujo de población va a suponer un contacto
lingüístico permanente y secular qu e ocasionará influencias mutuas entre a mbas lenguas
y qu e en el campo léxico si g uen siendo visibl es en la actualidad en la zona. La profesora
M
ENDOZA
A
BREU
, J .Mª. (1985: 235) r ecoge vocablo s como f ec hadura, fechill o, bagazo,
pavea, chubizná, casullo , y quiz á manguá y cañet o, todos ellos po rtuguesismos de uso
extendido en la zona del antiguo Marquesado.
26
Archivo M unicipal de Ayam o nte. Actas Cap itulares, año 1 741. Cito por S
ÁN CHEZ
L
ORA
, J. L (1987 : 51).
18
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1.2.2. Contenido de las Actas Capitulares
Nuestro corpus está compuesto por decenas de A ctas Capitulares que contienen
multitud de acuerdos tom ados por los regidores locales de Ayamonte. Los temas
tratados varían de una s esión a otra, aunque, como veremos más adelante, ha y temas y
acuerdos recurrentes que apar ecen a lo largo de todo el t exto. Del mismo m odo, también
varía la extensión de cada acta, como es lógico. Así, por ejemplo, la de fecha 25 d e
agosto d e 1581 o cupa to do el foli o 213, siendo una de las de m ayor extensión.
27
En e l
lado opuesto, encontramos actas de sól o 6 l íneas, como la celebrada el 9 de agosto de
1582, en donde no se acuerda nada porque no vvo que acordar , según refleja
religiosamente el escribano. Ni una ni otr a suelen ser lo frecuente. Y aunque la
celebrada el 28 de febrero de 1583 comience a m ita d del folio 242v, conclu y a en el 243r
y c ontenga hasta o cho acuerdos, lo h abitual es que l a ext ensión de cada acta no supere
las 30 líneas y que en cada una de ellas se traten tr es o cua tro asuntos a lo sum o.
En cuanto a su disposi ción, p re sentan, como ho y, una estructura bien de finida,
que P
INO
R
EBOLLEDO
, F. (1991: 38) establece de l siguie nte modo:
1. Una l ínea destacada, en la que apa rece la d ata, conteniendo
la fecha tópica y la crónica, da principio al escrito.
2. En párrafo aparte, a l ínea tendida, se hace constar el hecho
de la reunión, con costancia del lugar en que se realiza la
sesión y relación de com ponentes del A yto., que se h allan
presentes. Al margen, la palabra “A y untamiento”.
3. Cont inúa la r elac ión de las cuestiones tratadas, cada una de
las cuales me rece pá rrafo aparte (diferente) y en cu yo margen
izquierdo se indica brevemente el contenido del mismo.
27
Y no po rque se tomaran muchos acuerd os, sino porq ue contie ne el tr aslado de una car ta e xtensa d e la
señora Mar quesa.
I
NTROD UCCIÓN
19
4. Validando todo el escrito, vi ene n las firmas de los
componentes del Ayuntamiento.
Est a estructura general, en nuestro c aso puede reducirse a tr es pa rtes: el
encabezamiento , compuesto por la fecha y los asistentes a la reunión; el cuerpo del acta
o conjunto de temas y acuerdos tomados; y, finalmente, la conclusión , qu e se resuelve
con la frase Todo lo cual pasó ante mí , seguida, a veces, del nombre del escribano y , en
todo caso, de las firmas de los miembros del Cabildo que, junto a Consejo, es el término
que aparece, frente al de ayuntamiento
28
.
El t exto de ma y or interés desde todos los puntos de vista, también desde el punto
de vista lingüístico, radica en la parte central del acta, sin desmerecer el
encabezamiento, por su inter és histórico y onomá stico. L a parte centra l está dividi da, en
fin, en los distint os temas y acuerdos adopt ados, que aparecen sep arados por lo que
modernamente denomi namos punto y aparte. A demás, cada tema tratado va señalado
muy resumidamente en el m arge n izquierdo del foli o, salvo en muy pocos c asos
29
.
En cuanto a los temas tratados en cada una de las reuniones del Cabildo, la gran
mayoría suele versar sobre aspectos e conómicos. Así, son mu y ab undantes las
solicitudes que los carpi nteros de ribera realizan al C abildo d e la ciudad para cortar
madera para construir embarcaciones. Toda s ellas son atendidas, dándose el
correspondiente permiso par a realizar la tala en una finca propiedad del Marqués
denominada Los Jardales
30
. Del mismo modo, son reiterados los acuerdos sobre el
precio de alimentos básicos como la carne, los c ere ales y el p an. Mu y li g ados a éstos
28
De hecho, sólo ap arece en u na o casión en todo el cor pus, y j unto a Cabildo: ...pr ezentándose ante ello s
en su Cabildo i Aiuntamie nto que tienen d e iuzo i de c o σ tunbre.. . (fol. 213v, 21-22 )
29
En nuestra EDI CIÓN DE L CORPUS, esta especie d e título o resumen sigue la misma disp osición que el
resto del texto p ara no acotar en demasía el e spacio del folio , aunque para distinguir lo lo he m o s dispuesto
en letra ne grita y d e mayor t amaño. E n to do caso , en la REP RODUCCIÓN DI GITAL del m anuscrito
puede verse la disposición o riginal a la que nos re ferimos.
30
Sobre esta for ma, Lo s Ja rdales , que per dura ho y c omo denominación de un p araje s ituado varios
kilómetro s al nord este de Aya m o nte en direcció n a Vill ablanca, véase, m á s ad elante, en el capítulo
ASPECT OS FONOLÓGI COS.
2. GRAFÍAS
2.1. CARACTERÍSTICAS GENERALES
El si stema ortográfico de nuestra lengua, como sabemos, no se fija hasta después
de la creación de l a Real Academia Esp añola (1713), que en 1741 publica su
Orthographia. C on anterioridad, entre 1726 y 1739, había i do apareciendo el
Diccionario de Autoridades, que ya inclu y e un p rólog o sobre orto gr afía
1
. ¿Quiere eso
decir que no había habido ninguna norma para escribir antes? No exactamente.
Sabemos que l a in ge nte obra d e Alfonso X el S abio constitu y e el primer i ntento
de sistematización de nuestra orto gra fía
2
. La fija ción de la ortogr afía que se produce
bajo la tutela del R ey S abio v a a conjugar la tendencia popular de la poe sía juglaresca
(fuente principal en su Cróni ca general ) y l a tendencia culta y latini zante que sur ge con
el mester de clerecía. Sin apenas variaciones, el sistema alfonsí prevalecerá hasta fin es
del sig lo XV. Lo que no quiere d ecir que fuera un sistema perfecto, puesto que
1
“Discurso pr oemi al de la orthograp hia de la len gua ca stellana”, Diccion ario de Autorida des, edición
facsímil, Mad rid, Gre dos, 1 990, pp. LXI- LXXXIV. La co nsulta d el Dicciona rio de Autorida des , entre
otros, e s po sible hacer la a partir del Nuevo Teso ro Lexic ográ fico d e la Len gua Española (NTLLE),
editado por la RAE en dos D VDs en 20 01.
2
Seguimos el ar tículo de R
OSENBLAT
, A . (19 51): “Las id eas o rtográficas de B ello”, q ue ofrec e una
síntesis de la historia de la or tografía del castellano des de sus orígene s. El artículo se inserta co mo
pró logo al tomo V de las Obras Completa s de Andrés B ello.
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continúan exi stiendo varias grafías p ara un mismo fonema. Así, po r ejempl o, el fon ema
vocálico palatal cerrado /i/ puede aparecer hasta con cuatro g rafías distinta s, a saber : i-y-
j-I . Por otro lado, persiste aún el dobl e valor vo cálico y consonántico pa ra las grafías u-
v
3
.
En este sentido, afirma el profesor S
ALVADOR
P
LANS
,
A.
(1981:
215):
Los gramáticos renacent istas se encontraron con un sist ema
de e scritura en gra n medida a nárquico por la cor rupción que
había ido sufriendo paulatinamente el sistema medieval alfonsí,
motivado, sobre todo, por la ina decuación grafofonémica que
surgió tras la pérdida de distinciones del sistema fonológico
medieval.
Y el primero de ellos en abordar el problema es, como sabemos, Elio Antonio de
Nebrija en su Gramáti ca castellana d e 1492
4
. Y lo hace siguiendo un criterio fonético,
como establece R
OSENBLA T
, A. (1951: xx ii):
Nebrija, que m odela su Gramática castellana ateniéndose a
su Gramática latina (sus contemporáneos le echa rán en c ara esa
latinización), al plantearse el problema de la ortografía castellana
se va a atener, no a la grafía latina, si no a la mis ma
pronunciación castellana. [...] Para l o cual sienta su pr incipi o
básico, el principio general del fonetismo, que también es
paráfrasis de Quintiliano: ‘assí tenemos de escrivir como
pronunciamos: y pronunciar como escrivimos: por que en otr a
manera en vano fueron halladas las letras’.
3
Como vere m o s a co ntinuación , estos pro blem as grá f ico s los va m os a encontrar en nuestro cor pus.
4
Con posterio ridad a parecerán reco gidas en 1517 en sus Reg las de Orthograp hía en la lengua castellana .
G
RAFÍ AS
31
E
STEVE
S
ERRANO
, A. (19 77: 5) abunda e n esta mis ma idea c uando afirma q ue:
A lo larg o de la historia de nuestra ortografía aparece una
idea predominante: acomodar la escritura a la p ronunciación de
la lengua. Este presupuest o formulado por Nebrija, primero de
nuestros tratadistas, en s u Gramática Castellana (1492) y en l as
Reglas de Orthographia (1517), apoy ándose en la autoridad de
Quintillano, fue aceptado por l a inmensa ma y orí a de los autores
que trataron acerca de la ortografía en los siglos XV I y XV II .
Este criterio de atender a la pronunciación llevará a Nebrija a establecer un
alfabeto d e 26 l etra s qu e se corresponden a otros t antos sonidos. Para ello, propone
reducir varias let ras cua ndo representan a un m ismo sonido: así, en el caso de k-q qu e
reduce a c ; o el doblete y-i , que reduce a i , suprimiendo la y g riega
5
. Del mismo modo, y
para distin guir letras que representaban nuevos soni dos del castellano fr ente al latín,
propone l a creación de n uevos signos para la ch-x-ll (las dos primeras escrit as con til de
y la ll con la s egunda l r ot a por su pa rte inferior).
Según R
OSENBLA T
, A., (1951: xxx ),
la ma y oría de las innovaciones de Nebrija
no tuvieron éxito en nue stra t ra dición gráfica y algunas no las siguió ni el propio autor.
Tanto la tradición escrita como la imprenta supusieron un freno para q ue el alfabeto
fonético de N ebrija lograra imponers e De todas formas, algunas p ropuestas de Nebrija
sí acabar ían aceptándose con el transcurso del tiempo. Entre ellas están la
especialización de u para vocal y v para conso nante o la norma de escribir m ante
bilabial
6
.
A partir de N ebrija, y d urante todo el si g lo XVI, aparece una serie de tr atados
sobre ortografía, entre los que dest aca n las ide as s obre la m ater ia expuestas por J uan de
5
En nuestro co rpus pod em os ve r la supresión d e la grafía y en favor de i en una buena p arte del mis mo.
6
Cosa que no o curre en nue stro corp us, en donde p rácticamente sie m p re enco ntramos n .
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Valdés en su Diálogo de la lengua de 1553. Entre ellas está su intento de sistematizar el
uso de las grafías i-j-y , como podemos ver a partir del siguiente fragmento
7
:
MARC I O. [...] Tres ma neras de ies tenéis e n la leng ua
castellana, una pequeña, otra lar ga, y otra griega, de l as quales, si
mal no me engaño usáis indiferentemente, lo qual tengo por gran
falta de vuestra lengua, si no me dáis alguna razón para ello.
VALDÉS. No avé is dicho mal en llamarlo laberinto, pero
estad atentos, qu e pi enso quedaréis satisfechos, porque os
mostraré cómo cada i destas tiene su lu gar propio, donde
nenguna de las otras stá bien.
Por otro lado, propone usar la grafía u para la voca l y v pa ra el fonema
consonante:
Y porque usamos de dos maneras de ues, una de dos piernas
y ot ra casi redonda, a véis de saber que destas y a no uso
indiferentemente, antes tengo esta adv ertencia, que nunca pongo
u de dos piernas sino donde la u es vocal; en todas las otras
partes casi siempre us o de la otr a, y aun tambi en a principio de
parte, pero aquí más por or namente de la escritura que por otr a
necessidad ninguna
8
.
Para R
OSENBLA T
, A. ( 1951: xxx v) la obra d e Valdés “testimonia q ue los
espíritus más finos de aq uel t iempo t enían una preocupación ortográfica, que el sist ema
de Nebrija no h abía cu ndido y que la manera de escribir constituí a un problema
general”. Por su parte, S
ALVADOR
P
LANS
,
A.
(1981:
219)
afirma q ue “pese al
planteamiento teórico de adecuación entre las func iones grafémicas y fon emáticas, en su
7
Citamos a p artir de la edición de J .F. Montesinos, Madr id, Espasa-Calpe, 1976 , pp. 60-61.
8
Ibíde m , p. 68 . El subrayado es nuestro: aq uí sigue un criter io estético, no fonético.
G
RAFÍ AS
33
obra exi sten contradicciones por las que se pro duce n desviaciones de esta regla por
motivos etimol og istas o cultistas”.
En todo caso, cab e s eñalar que no todas las apo rtacione s qu e se producen en
estos m omentos fundamentales en qu e se está gestado el sistema ortográfico de nuestra
lengua siguen el criter io fonético e stablecido por Nebrija. De tal mo do que, e n la
Gramática de la Lengua Vulgar de España publica da en Lovaina en 1559 de forma
anónima se defiende un criterio etim ológic o, al igua l que en el Manual de Escribientes
de Antonio de Torquem ada, “para quien la r elación entre es critura y p ronunciación no
debe ir en detrimento de la ortografía y a estable cida”
9
.
Ésta es l a situa ción en cuanto a l as teorías y t endenc ias orto gr afías que nos
encontramos a fines del XVI, que nos servirá d e marco para sit uar el e studio d e las
grafías de nuestro corpus que se redacta, recordem os, entre 1581 y 1584.
9
Vid. S
ALVA DOR
P
LA NS
, A . (1 981: 223 ).
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2.2. VOCALES
Partiremos d e la observación g eneral de que la s grafías que r epresentan los
fonemas vocálicos son las ha bituales en l a época. Est o es a sí puesto que la únic a
variación significativa e n el corpus es la alternancia en la escritura del haz de vocales
cerradas, palatal y velar: i -u. No consideramos aquí, claro está, formas como añidió (fol.
208r, 14) , s iguridades (f ol. 209v, 25) o ligítima (fol. 213r, 11), por cita r sól o tres de l os
múltiples ejemplos de cierre vocálico en posición átona, puesto que nos saldríamos de
lo acotado para este c apítulo, el aspecto gráfico. Los aspectos fonéticos lo s t rata mos en
el capítulo siguiente.
También dejamos p ara el si guiente epí gr afe sobre grafías consonantes, el
problema de la escritura del fonema palatal / y/, puesto que para la época es y a un
fonema consonántico, aunque se si g a escribiendo con la grafía i : así, por ejemplo, en aio
(fol. 213r, 14).
Hechas estas a claraciones, pasemos a ver más pormenorizadamente el estado de
las grafías que representan los fonemas vocálicos.
G
RAFÍ AS
35
2.2.1. Vocales fijadas plenamente en la escritura
En primer lugar, t ene mo s la grafía a que represe nta siempre el fonema v ocálico
central, y no presenta ninguna alteración en ningún contex to en la palabra .
Igual cabe d ecir de las grafías e y o , si hacemos c aso om iso, como hemos
apuntado arriba, a asp ectos fonéticos que ser án tratados más adelante. Dicho de otra
forma, palabras como Purtugal (fol. 206v, 42) nada t ienen que ver con el estado del
sistema g ráfico del texto: el escriba coloca u por que quiere escribir el fo nema /u/, tal
como hacemos hoy.
2.2.2. Vocales que ofrecen variantes gráficas
2.2.2.1. La vocal palatal /i/
Nuestro corpus ofrece u n hecho si g nificativo en cuanto a la grafía para la vocal
palatal. Puesto que, si b ien el escribano principal del t exto [E1] comienz a usando la
doble grafí a ( i/y ) par a la vocal desde el i nicio del texto (fol. 206r), a partir del se g undo
fol. del corpus (207v) sólo encontramos la i , us ada además como grafía para la
consonante palatal / y /. E ste estado gráfico s e continúa hasta el folio 222v, a partir del
cual se vuelve a la situ ación inicial de coexistencia de las dos grafías
10
. S obre esto
mismo volveremos más adela nte cuando trate mos sobre la grafía de la consonante
palatal.
Según lo dicho en el párrafo anterior, hemos de establecer dos par tes
diferenciadas en el corpus:
a) Un a primera p ar t e en que l a vocal p alatal /i / se trascribe únicamente con la
grafía i en t odos los contextos, cosa que sucede en los foli os pertene cientes al [E1]
10
Reitera m o s que e ste hecho s ólo sucede en lo s folios se ñalado s perteneciente s a l escrib ano [E1] . Los
demás escriba nos alterna n ambas grafías a lo largo d e todo e l texto
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comprendidos ent re el 207r y el 222v, como podemos ver a p ar tir de los siguientes
ejemplos: veinte i tres (fol. 207v, 1); i llustre, mui (fol. 208r, 4 ); informase (fol. 208 r,
10); Jaimes (fol. 208v, 6); pleito (208v, 14); t e st imonio (fol. 213v, 13); alcaide (fol.
213r, 22); treinta (fol. 218v, 25); y un largo etcétera.
b) Y una segunda parte, en donde la vocal palatal se trascribe con l as dos grafías,
i/y. Esto sucede a lo largo de todo el corpus y co n t odos l os escribanos, si exceptuamos
lo dicho en el párrafo anterior. P or tanto, lo que vamos a ver a conti nuación es la
situación gráfica para la vocal palatal en el resto del corpus, es decir, lo s inicios (fols.
206 y 207 r) y a partir d el folio 222v hasta el fina l, además de los folios c omprendidos
entre el 207r y el 222v que pertenecen al resto de escribanos.
Hecha esta aclaración, q ue consideramos pertinente, podemos encontrarnos los
siguientes resultados gráficos, según su posición:
1) En posi ción inicial la grafía habitual para la v ocal palatal es y : ynpidid o (fol.
206v, 42); yllustre (fol. 206v, 2); yua (fol. 207r, 14); a ydo (fol. 224r, 39); yr (fol. 222v,
19); yjada (fol. 231v, 24); ynformasión ( fol. 223r, 17); ynforme (fol. 21 6v, 17 [E3] );
ynformarse (fol. 262r, 19); ynpusisión (fol. 224r, 22); ynpusión (fol. 230v, 23);
y
σ
tuysión (fol. 224r, 38); ystuysión (fol. 235v, 16); ynstruçión (fol. 246r, 31);
ynconuiniente ( fol. 225r, 8); ynconuinientes ( fol. 241v, 14); ynbie (fol. 229v, 20 y 21);
ynbien (fol. 235v, 9); ynbiada (fol. 230r, 9 y 13); yuitar (fol. 230v, 9); yntensión (fol.
231v, 16); yr (fol. 235 r, 12); yzente (fol. 235v, 8); yzentar (fol. 237r, 7) ; yzento (fol.
251r, 3); yspiriensia (fol. 260r, 38); yuitarlos (fol. 261v, 6); ynbiarse (fo l. 237r, 10);
ynglezes (fol. 246r, 2); y ncurra (fol. 26 0r, 32); ynteruensión (fol. 260v, 28); yntereses
(fol. 261v, 7); ygu elsias (fol. 263v, 22); ygluezias (fol. 263v, 24); ygelzia (fol. 264v, 8);
etc.
11
11
En e ste se ntido, la pro fesora B
RAVO
G
ARCÍA
, E. Mª (1 987), en su estudio El esp añol de l sig lo X VII en
docu mentos america nistas, afir m a: “...lla ma la ate nción el elevad o número de caso s en que esta gra fía y
está en posició n inicial de p alabr a, cuando ésta co mienza por las sílab as yn-, ym- más conso nante”.
G
RAFÍ AS
37
2) Cuando es núcleo sil ábico aparece i : notificar (fol. 206v, 14), petisión (fol.
207r, 12), villa (fol. 211v, 7 [E3] ), tri go (fol. 214v , 5 [E3] ), mil (fol. 219 r, 15) , mill (fol.
215v, 1), arriba (fol. 220v, 3) , etc.; pero hay c asos en que es y : asystensia (fols. 234r,
13 y 238r, 30); comysario (fol. 242r, 8); m yl (fol. 242r, 12); myll (fol. 246r , 24); arryba
(fol. 264r, 27); consysto rio (fol. 257v, 5 [E4] ). Esta grafía y como núcl eo silábico es
más frecuente en [E2] : myll, corregydor, rregydore σ , uenydo, e ce syv o, quysieren,
deposytario, nynguna (todos ellos en el folio 220v, líneas 7, 8, 10, 16, 18, 24, 26 y 32,
respectivamente); vylla, Gauylane σ (fol. 257r, 2 5); y en [E3]: prymero (fol. 211v, 4);
myll, depósyto, ( fol. 212 v, 2 y11); hordynarios (fol. 214r, 8); my s eñora, nynguna, syno
(fol. 214v, 12 y 15); camynos (217v, 15 ); comysar io (fol. 242r, 8); etc.
3) C uando es ma rgen s ilábico junt o a ot ra voc al, es d ec ir, en un diptongo,
tenemos dos resultados en la escritura, según sea m ar gen silábico prenucle ar o mar ge n
silábico postnuclear, dic ho en otros términos, el primer o el segundo elemento del
diptongo:
3.1) Como primer elemento de un grupo vocálico, o sea en f unción
semiconsonántica, la grafía es i : l isensiado (fol. 207r, 5); Samudio (fol. 207r, 7); dies
(fol. 243r, 26); bien (fol. 243 r, 30); conuiene (245v, 22); criados (f ol. 246 v, 32);
estiércol (fol. 253r, 25); etcétera. Aunqu e tambié n en algunos casos es y : estyércol (fol.
253r, 27); te σ timonyo (f ol. 246v, 26); σ yete (fol. 22 4r, 1 [E2] ); tyerra (fol. 214r, 3 2
[E3] ); myércole σ ( fol. 242r, 1 2 [E3] ); cumplimyento (fol. 242r, 26 [E3] ) ; acatam y ento
(fol. 242v, 6 [E3] ); byen (fol. 242v, 8 [E3] ); tenye ntes (fol. 242v, 10 [E3] ); etc.
3.2) Como segundo ele mento de un dipton g o, o lo que es l o m ismo en función
semivocálica, la grafía es y : muy (fol. 206v, 3); ay (fol. 206v, 36); Jaymes (fol. 206v, 5);
veynte (fol. 206v, 32); t reynta (fol. 230v, 1 y 1 2); perjuyzio (fol. 206v, 40); quiziereys
(fol. 222v, 26); alcayde (fol. 224v, 2; 245v, 10, pero alcaide, fol. 233r, 9); seys (fol.
229v, 23); oy (fol. 232v, 20); freyr (fol. 233r, 12); trayga (fol. 234v, 28); azeyte (fol.
242v, 23); rruyndades (fol. 241v, 16); L uys ( fols. 234v, 14 y 239r, 11 ); frayles (fol.
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El uso de la grafía v- con valor consonántico queda redu cido a unos pocos casos
de palabras que aparece n también escritas con u- : villa, venta, vacas, veynte, venir (fol.
206v); veinte (fol. 208r, 22); vezinos (fol. 231v, 15), y de manera abreviada, vº (fol.
234v, 7); venido (fol. 24 2r, 7). Esto, en cuanto al escribano principal del c orpus, puesto
que en el resto es la graf ía habitual, como p odemos ver a partir de lo s ejemplos
siguientes: veynte, venda, vende, vengan (fol. 220v, 18, 22, 23 y 25 [E2 ] ); viene (fol.
211r, 22 y 211v, 20 [E3 ] ); villa (fol. 212v, 11 [ E3] ); veynte, villas (fol. 214r, 1 y 16
[E3] ); vayan, valiere (fol. 216v, 16 y 25 [E3] ); vil la, vayan, vissita, vean, visita, vayan
(fol. 270v, 1, 8, 9, 10 y 11 [E5] ).
Renglón aparte merecen las gr afías vrust ra y vruestras (fol. 222v, 24 y 25), que
aún presentando el grupo /br/ antietimológico, conservan su grafía etimoló gica.
b) En posición intervocálica tenemos bastant es ejemplos de - b -: cabildo (fol.
206v, 1); obedesió (fol. 207r, 15); debajo, rresibió (fol. 208r, 1 y 19); d erribe (fol. 209r,
29); abuelo
σ
(fol. 215r, 23); cabeso (fol. 223r, 1 2); abasto (fol. 224 r, 19); chibato (fol.
230v, 26); biba (fol. 232v, 19); abastesida (fol. 234r, 24); obi
σ
po, rri bera (fol. 235v, 11
y 12 ); sabed (fol. 236r, 14); arri ba (fol. 237r, 17); alchibo, adobe (fol. 240v, 11 y 16);
abundamiento (fol. 243r, 11); nueba (fol. 263r,18) ; abise (fol. 264r, 33).
De ellos, cabildo, rr esibió, derribe, cab eso, obi
σ
po, rrib era, sabed y arriba
conservan la grafía correspondiente (<-P- l atina s onorizada); en abuelo
σ
, biba, al chibo
y nueba (<-V - latina), lo m ismo que en obedesió y abunda miento (<-B- latina) no
tenemos la grafía correspondiente según l as leye s fonétic as
21
. Debajo y abasto
conservan su b- inicial, puesto que son compuestos, mientras que ado be es voz árabe y
chibato de orige n dis cutido. Otra grafía anómala es abise, compuesto proc ede nte de AD
VISUM.
Son mu y abundantes los ejemplos de - u-/-v- en posición intervocálica. En todos
los casos nos encontramos la grafía correspondiente, procedente de -B- o -V - latinas.
21
Es lógico, p uesto q ue se había prod ucido desde tiempo atr ás la d esf o nologización d e la /b/ fricati va y
oclusiva.
G
RAFÍ AS
45
En cuanto al uso de l as grafía u/ v en pos ición intervocálica, la - u - aparece
siempre y sólo unas pocas palabras presentan -v- : escrivano, a viéndole, aver, proveó,
proveose, maravedí
σ
(fol. 206v, 9, 18, 22 y 26); nueve (fol. 232v, 11). Esto en l o que se
refiere al escribano principal, puesto que en los otros no ocurre lo mi smo: navío,
ecesyvo (fol. 220v, 16, 18 [E 2] ), S evilla ( fol. 257r, 9 [E2] ); devido ( fol. 2 42r, 26 [E3 ] ),
governación (fol. 254v, 14 [E3] ). Otro ej emplo de - v- lo tenemos en l a forma verbal
correspondiente al pretér ito perfecto s imple del v erbo haber vvo
22
(fol. 270v, 13 [E5] )
que, no obst ante, aparece también como uuo. Ambas formas aparecen al ternativamente
en todo el corpus y con t odos los escribanos.
Otros ejemplos con -u- son los siguientes: escriuano, nueue, prouiz ión, yua,
auía, pauo σ (fol. 207r, 2, 3, 12, 14, 18 y 28); deuido (fol. 209r, 12), deuen (fol. 215r,
23), marauedís (fol. 218v, 31), seuada ( fol. 248 v, 6), br eue (fol. 209v, 20), cauallero
(fol. 2 13r, 16 ), ll aues ( fol. 213v, 12), gouierno (fol . 216v, 13 [E3] ), tuui era (fol. 218r,
1), nonbraua (fol. 219r, 23), mueuen, iuit ar, lleu en (fol. 219v, 30, 31 y 31), escriuir,
rreleuaro
σ
(fol. 222v, 5 y 23), hauas (fol. 223v, 20), nouenta (fol. 224r, 28),
ynconuiniente (fol. 225r, 8 [E2] ), nueuo (fol. 2 32v, 21), nauío (fol. 234r, 11), tauernero
(fol. 244r, 33), jáuega (f ol. 249v, 8), caualgadura σ ( fol. 246v , 32), agrauios (fol. 267r,
33).
2.3.1.1. Conclusión
En general, la grafí a u predomina frente a v . Por otra parte, t anto en posición
intervocálica como en in icial encontramos u/v p rocedente de -B-, - U- o U- latinas, es
decir tenemos siempre la g rafía correspondiente s egún las le y es fonéticas, ex cepto en U-
inicial, a m enos que se ac epte la pervivencia aún del fonema fricativ o, lo cual es
bastante improbable.
22
En este caso la grafía de la labial sería fácil mente explicable por inf lujo d e grafía de la voc al velar que la
prece de.
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Los casos de grafía “anó malas” son siempre d e b en l ugar de u/v y se pro ducen,
como hemos visto, tanto en situación inicial como en posición intervocálica: boz (fol.
213v, 24), basallo
σ
(fol. 222v, 25), biba (fol. 23 2v, 19), bot asen (fol. 239v, 27), boto
(fol. 242v, 13 [E3] ), boluer (fol. 243v, 18 y 265v, 9), bea (fol. 251v, 12), benda (fol.
251v, 16 [E4] y 257v, 9 [E2] ), bale (fol. 251v, 17 [E4] ), bierne σ (fol. 2 52r, 1 [E4] ; y
abuelo σ (fol. 215 r, 23), abundamiento (fol. 243r, 11), obedesió (fol. 207r, 15), alchibo
(fol. 240v, 11), nueba (fol. 263r,18), abi se (fol. 264r, 33). El caso d e biba es mu y
significativo, puesto qu e en la mi sma palabra ten emos la grafía de l a oclusi va o fuerte
en posición inicial com o era de e sperar, per o la vo lvemos a enc ontrar también en
posición int ervoc álica de manera injustificada por representar aquí a la labi al fricativa o
floja. Esta situación es normal para la época y se ace ntuará aún más en el siglo XVII,
debido a la confluencia d e los antiguos fonemas l abiales oclusivo y fricativo desde fines
de la Ed ad Media. La Academia pe rpetuará alguna de estas grafías “anómalas”, p ero en
la mayoría de los casos aplicará el criterio etimolo g ista: biba > “viva”; boz > “voz”; etc.
En cuanto a l os gupos con B s eg ui da de lí quida ( r, l ), se conserva n: breu e (fol.
209v, 20), libransa, obligose, libra (fol. 206v, 20, 29 y 30), f ebrero (fol. 220r, 5), etc.
Dos vocablos merecen comentario ap arte: inbi ada <INVIARE (fol. 207v, 11) y
caruón <CARBO, -ON IS (fol. 207v, 8). En ambos tenemos la g rafía habitual en la Edad
Media: b tras nasal y v precedida d e líquida, lo qu e parece señalar su antigua re alización
oclusiva o fricativa, respectivamente. Sobr e esto, M
ORENO
F
ERNÁNDEZ
, F. (1987: 46)
23
conclu y e del si g uiente modo:
Respecto de b y v en cont ac to con lí quida, dir emos que,
cuando esta última precedía a la labial, solían emplearse las
grafías v o u , debido al carácter f ricativo qu e el contex to
confería al sonido que representaban. Como consecuencia de
esto mismo, l a grafía V etimológica era más con servada que la
23
Vid. su artículo “B y V en i nterior de palabra (posición no intervocá lica) d urante los siglo s XIII, XIV y
XV”.
G
RAFÍ AS
47
grafía B, que pasaba con frec uencia a v t ras líquida. [ ...]
Después de consonant e nasal, lo más frecuente era l a
utiliz ac ión de la gra fía que representaba el fonema bi labial
oclusivo: b . Daba la naturaleza d el contex to, el porqué de esa
grafía es fácilmente explicable.
2.3.2. Dentales
2.3.2.1. Dentoalveolares
Son escasos los ejemplos de grafías c- ç para la d entoalveolar sord a mediev al / ŝ /
en el texto que pertenece al escriba no principal. De hecho se reducen a la forma de
tratamiento merced ( fol. 207r, 13); merçed ( fols. 234v, 26 y 239v, 8) y al antropónim o
Palacios (fol. 219r, 27). No sucede lo mismo con los demás escribanos, en donde es
más frecuente encontrar estas grafías: pare σ çe, rreçebido (fol. 220v, 18 y 25 [E2] );
calçada (fol. 253v, 26 [E3 ] ); Santo Ofiçio, yn σ t uiçión, negoçio, ofreció, trecientos (fol.
257v, línea 11 y si guientes [E4] ); çinco, conçejo, açadoneros, aperçebidos (fol. 270v, 1,
9, 11 y 12 [E5] ). Y los antropónimos : Ç amudio, Çaualla (fol. 254v, 5 y 9 [E3] );
Valençuela (fol. 255r, 7 [E3] ); Lorenço, Çaua lla (fol. 257v, 1 y 2 [E4] ); Çúñiga,
Çamudio (fol. 270v, 3 y 4 [E5] ); etc.
En otros casos encontramos l a grafía z correspon diente a la dentoalveol ar sonora
medieval, pero seguramente ya ensordecida: esenzion es
24
(fol. 215r, 22), quinz e (fol.
242r, 20 [E3] ), onze (fol. 239r, 1), honz e (fol. 2 57r, 2 1 [E4] ), catorze (f ol. 224v, 1),
hazer (fol. 214v, 25 [E3] ), perjuizio (fol. 207v, 31 ), uezinos (fol. 218r, 4) , hazienda (fol.
236r, 12), dize (fol. 211v, 25 [E3] ), dezienbr e (fol. 218v, 1 7), pozos (fol. 228r, 19),
rrazón (fol. 258v, 20), gozar (fol. 231v, 11), cozido (fol. 214r, 32 [E3] ), etc.
24
Este ej em p lo evide ncia el ens ordecimiento, p uesto que debe ríamos encontrar la grafía corre spondiente a
la sord a al proced er de un grupo T Y no intervocálico: E XEMPT Ĭ O, - Ō NIS.
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Aunque en m uchos c asos lo que encontramos es s indicativo de seseo o, tal vez ,
de ceceo por ultracorrección
25
: esensión (fol. 265v, 6), marso (fol. 206v, 1), ystuysión
(fol. 250v, 18), onsas (fol . 243r, 20), ordenansas (fol. 231v, 19), diligensias (fol. 243r,
2), denunsiador (fol. 2 14v, 1 [E3] ) , hiso (fol. 233r, 7) , b ene fisiar (fol. 20 7r, 22),
cabesos (fol. 223r, 20), condisión, comensar (fol. 206v, 30), justisia (fol. 240r, 12),
lisensiado, lisensia (fol. 207, 1 y 7 ), nasiones ( fol. 216r, 18), obligasión (fol. 217v, 13),
plasa (fol. 220r, 2) , et c. Y tambi én antropóni mos como: Palasios (fol. 216r, 13),
Samudio (fol. 218r, 14), Saualla (fol. 218v, 9). La inm ensa ma y oría de lo s casos, como
vemos, pertenecen al escribano principal del corpus, [E 1] .
2.3.2.2. Apicoalveolares
La grafía ss para r epresentar el fonema apical sordo /s/ no aparece en el texto
que corre spond e a l escribano principal, puesto que los ejemplos qu e encontramos
pertenecen a l os otros escribanos que participan en menor grado en la redacción del
texto: passó (fol. 242v, 15 [E3] ), cassa σ (fol. 2 57v, 4 [E4] ), cossa (fol. 270r, 6 [E5 ] ),
vendiesse (fol. 270r, 13 [E5] ), quesso (fol. 270r, 13 [E5] ), marquessado (fol 270v, 2
[E5] ), vissita (fol. 270v, 9 [E5] ), assy (fol. 270v, 1 2 [E5] ).
Señala A
RIZA
, M. (1989: 131) que “la /s/ latina se sonorizó en situación
intervocálica, da ndo /z/. Este fonema sonoro –cu y a grafía era s, frente a l a s orda,
gráficamente r epresentada, en situación inte rvocálica, por s s – se empezó a ensordecer
en la seg un da m itad del sig lo XI V”. Pero la diferenciación gráf i ca siguió ha sta la
Academia, con muchos “err ores” fruto d e que se había perdido el rasgo fonológico
diferenciador
26
. En nuestro corpus, al darse co nfusión de sibilantes con mucha
frecuencia, la representación del fonema /s/ se ha repartido entre las g rafías s y z .
25
Par a el estudio del seseo/ceceo en el corpus, remiti m o s al ca pítulo ASP ECTOS FONO LÓGICOS.
26
Como sabe m os, este tema fue tratad o, entre o tros, por A
LON SO
, A. (1 969: I I, 7-46) en su o bra
fundamenta l baj o el ep ígrafe “‘-S -’ y ‘-SS -’ , sorda y sonor a”, que da co m ienzo al cap ítulo ded icado a la
ese .
G
RAFÍ AS
49
La s aparece, sob re todo , en dos contex tos: en inicial de palabra y en posición
implosiva, contextos en los que sabemos que no es pertinente la oposición sorda/sonora.
Para el primero, contamos muchos ejemplos proc edentes de una S- inicial l atina: sábado
(fol. 209r, 18), saber ( fol. 217v, 41), salario (fol. 218r, 22), salinas (fol. 229v, 31),
salud (fol. 232r, 23), saluo (fol. 241v, 31), sangraza (fol. 243r, 5), s anto (fol. 244r, 26),
se (fol. 244v, 1), s ecretario (fol. 213r, 20), sei
σ
(fol. 220v, 6 [E2] ), sello (f ol. 242v, 35) ,
señaló (fol. 207r, 24), señor (fol. 210v, 2 [E3] ) , seruido (fol. 222v, 19), s eruisio (fol.
234r, 25), setenta (fol. 207r, 19), setienbre (fol. 215r, 13), sienten (fol. 219v, 33),
siguiente (fol. 257v, 7 [E4] ) , sigurida des (f ol. 209 v, 25), syno (fol. 214v, 15 [E3] ), solar
(fol. 252r, 1), suben (fol. 233v, 22), suelas (fol. 209r, 15), sufisiente (fol. 218r, 36), etc.
También son casos de S- incial latina, aunque agrupada, palab ras como
escándalo (fol. 219v, 31), escriuano (fol. 209r, 16), escritura (fol. 217v, 28), espera
(fol. 220r, 28), estado (fol. 213r, 12), están (fol. 222v, 7) que anteponen una e protética
a la S líquida desde el latín vulgar
27
, por lo que pasan a posición implosiva.
El otro contexto donde encontramos abundant emente la s es en posición
implosiva, tanto en sí laba ini cial como en inter ior de palabra, puesto que constitu y e
unas estructur as silábicas muy frecuentes en e spañol: acostunbrado (fol. 238r, 33),
castigue (fol. 224v, 11), casti llo (fol. 213r, 22), costa (fol. 233v, 8), des cargo (fol. 265r,
25), destruyen (fol. 233r, 21), enprestaron (fol. 217v, 35), estero (fol. 247v, 22), gast en
(fol. 223r, 31), huespedes (fol. 23 5v, 8), langosta (fol. 244r, 29), menester (fol. 233r,
20), molestia (fol. 230v, 9), pastar (fol. 232r, 1 4), peste ( fol. 235v, 11), postura (fol.
242v, 26), testigos (fol. 223r, 18), tosca (fol. 233v, 10), etc.
En si tuación intervocálica, en donde sí resulta pertinente la oposi ción
sorda/sonora, encontramos unos cu antos ejemplo s que proceden de un a - SS- geminada
latina, por lo que tendríamos que esperar la grafía de la sorda, -ss- (/s/), cosa qu e no
sucede: as istan (f ol. 23 1r, 22), amasado (fol. 241r, 8), nesesidad (fol. 248v, 27),
pasado, pasase (fol. 206v, 26 y 39), posesiones (fol. 208v, 15) y pas ó (fol. 210v,
9 [E3] ) frente a passó (fol. 242v, 1 5 [E3] ) y a señalado al comienzo de este epígrafe.
27
Vid. V
ÄÄ NÄNEN
, V. ( 1985
2
: 98)
y M
ENÉNDEZ
P
I D AL
, R. (1 987
19
: 127).
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2.3.2.2.
1.
La sigma ( σ
σ σ
σ ) y la s alta ( ∫ )
En nuestro corpus aparecen estas dos grafías, cuyo valor fonético se corresponde
al sonido apical, sobre las que nos advierte R
OSEN BLAT
, Á. (1951: xx ):
Después del reinado de Alfonso el Sabio surge en los
manuscritos un nuevo motivo de confusión ortográfica. Hasta
entonces se usaban una s redonda y una s lar ga ( ∫ ), según la
posición [ ...] En la época de Alfonso X I cunde un terc er tipo de
s , con el trazo superior largo y h orizontal, como una especie de
5 , que se usa para representar la z ( fa5er, rra5on, de5ir, etc.)
[...] y ha hecho creer a muchos, erradament e, en un seseo
medieval. El signo vuelve a recobrar su valor ex clusivo de s en
el siglo XV, y s e borra ese nuevo motivo de confusión
ortográfica.
Sabemos, por tanto, qu e la sigma es un a grafía ambigua porque h a crea do
confusión y much as vec es ha llevado al error de suponer un “falso s eseo”. Así lo pone
de manifiesto A
LONSO
, A. (1951b: 92)
28
cuando afirma “qu e m uchos de l os falsos
seseos anti guos no se deben sólo a los malos pal eógra fos modernos, sino a los escribas
mismos que poní an s por z , no como efecto de un cambio en la pronunciación, sino
como evolución en los rasgos de las letras”.
Sobre la presencia d e la grafía si gma, en su Estudio lingüístico de las
Ordenanzas de S ev illa de 1492, señ alan las pr ofesora s C
ARRASCO
C
AN T OS
, I . y P.
(2005: 22):
La grafía si gma ( σ ) se utili za en cualquier posición de l a
palabra: intervo cálica , inicial e implosi va; su uso puede ser un
28
Citamos por A
L ONSO
, A. (19 69). Testimonio reco gido d es pués, entre o tros, por L
AP ESA
, R. (1 957) y
M
ONDÉJA R
, J. (1997)
G
RAFÍ AS
51
indicio de que n o hay n ec esidad d e señalar diferencia fóni ca
entre la apicoalveolar sor da y sonor a. La aparición de la si g ma
exclu y e la grafía <ss> que es frecuente en el ms. de la
Biblioteca Nacional transcrito en Adm y te.
En nuestro corpus, l a sigma aparece en posici ón implosiva, interior o final
absoluta, y podemos encontrar ejemplos en todos los escribanos:
[E1]: to
σ
ca, d e
σ
de, co
σ
tunbre, ago
σ
to, con o
σ
can, maje
σ
tad, bu
σ
carlo,
y
σ
tuisión, mori
σ
cos, obi
σ
po, pr opio
σ
, va ca
σ
, dí a
σ
, t alega
σ
, qui niento
σ
, año
σ
, di o
σ
.
Además, algun as palabras se es criben indistintamente unas veces con
σ
y otras con s :
lo
σ
/los; Fransi
σ
co/Fransisco; Gu
σ
mán/Gusmán; ca
σ
tillo/castil lo;
marauedí
σ
/marauedís , etc.
[E2]: pare σ çe, pre σ zio, sey σ , me σ , do σ , lo σ , Jayme σ , e σ , meno σ . Y también en
posición explosi va: σ eñore σ , a σ in. Ejemplos, todos ellos, que pueden verse en el folio
220v.
[E3]: ago σ to, lo σ , Palasi o σ , moro σ , Jayme σ , quale σ , tocante σ , e σ tá, rreale σ ,
me σ (fol. 210v).
[E4]: bierne σ , t re σ , lo σ , señore σ , casa σ , su σ mercede σ , mug ere σ , ojo σ , ma σ ,
consi σ torio (fol. 251v).
[E5]: día σ , año σ , rregidore σ (fol. 270r/v).
En cuanto a la grafía s alta, no es general en el manuscrito, puesto que no la
utiliz a el escribano prin cipal [E1] , ni tampoco [E5] . Al gunos ej emplos de los otros
escribanos son los siguientes:
[E2]: ju ∫ t ici a, de ∫ ta, e ∫ te, per ∫ ona (fol. 220v).
[E3]: ju ∫ t ici a, a ∫ ta, (fol. 212v); b a ∫ tardo, de ∫ ta, mae ∫ tro (fol. 214v) ; Cera ∫ o,
ju ∫ ticia, e ∫ te (fol. 242r).
[E4]: ju ∫ ticia, e ∫ tando, la ∫ , e ∫ tanco (fol. 251v); Ca ∫ tro, consi ∫ torio, de ∫ te (fol.
257v).
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2.3.3.
Palatales
2.3.3.1. Africada
Ninguna pa rticularida d nos ofrece la grafí a del fonema pal atal africado sordo / ĉ /,
que sistemáticament e aparece escrita ch: dicho (fol . 206v, 7 ); fecha, ocho (fol. 207r, 18
y 20 r espec tivamente); chi batos (fol. 234v, 8); etc.
2.3.3.2. Fricativas
En cuanto a la p alatal f ricativa sonora / y /, como apuntábamos cuando tratamos
sobre la vocal palatal
29
, e n parte del texto perteneciente al esc ribano principal [E1] se
transcribe con la grafía i . De t al modo que, aunque entre los folios 207v ( Cabildo de
martes ueinte i tres d e maio de 1581) y 222v ( En ueynte y ocho de f ebrero de 1582
años ) pertenecientes a [ E1] encontramos ejemplos como: maiordomo (207v, 23), maior
(208r, 25), maio (209r, 1 0), uaia (207v, 12), io (213r, 11), Aiamonte (213r, 13), Cartaia
(217v, 14), Atalaias (220v, 4); entre esas fechas en actas redactadas por [E3]
encontramos la grafía y : mayor (210v, 14), mayordomo (212v, 14), vayan (216v, 17). Y
lo mismo sucede en actas pertenecientes a [E2] : Ayamonte (220v, 6), mayo r (220v, 11).
La g ra fía y , ex ce pción hecha de lo señalado, es la que aparece en el rest o del
texto pertenec iente al es cribano principal [E1] : mayordomo (206v, 7), m ayor (207r, 6),
mayo (207r, 16), uayan (232r, 14), Ayamonte (234v, 25), Cartaya (250v, 19), etc. Y en
el resto de escribanos: Ayamonte (236r, 11 [E2] ), mayor (242r, 5 [E 3] ), Ayamonte
(257r, 23 [E4] ), vayan (270v, 8 [E5] ).
Este uso de l as grafías i /y para el fonema p alatal fricativo sonoro, que afecta,
como hemos visto t amb ién a la vocal /i/ por parte del escrib ano princip al del texto,
parece que no obed ece a ningún m otivo fonético, sino más bien a modas gráficas de la
época a las que nos hemos referido en la introducci ón de este c apítulo.
29
Véase, atrá s, el epígrafe 2.2 .2.1.
G
RAFÍ AS
53
En cuanto al fonema palatal lateral, se trascribe con su grafía ll : villa (206v, 12),
halle (216v, 3), hallaren (222v, 30), quartillo (238v, 19), llaues (239v, 13), l leuen
(259r, 22), uasallos (222v, 15), porti llos (224v, 6), canillas (244v, 2), etc.
No obstante, documentamos un caso en que el escribano duda entre l as grafías ll
e y al escribir el adverbi o allá (fol. 265r, 27), puesto que escribe ambas, una encima de
la otra
30
. Ex cepto en éste, no se da ningún otro caso de confusión de la palatal lateral
con l a palatal fricativa /y/
31
. Dicho de otra forma, n o parece, a la vista de los ejemplos
que n os ofrece el tex to, que tengamos testimonios claros de la existencia de y eísm o en
nuestro corpus.
Ya A
LONSO
, A. (1951b: 163-164) estableció que el ye ísmo era un fenómeno
moderno:
He repasado con el ma y or cuidado los libros de todos l o s
que en los si glos XVI y XV II escribieron sobre p ronunciación
de nuestra len g ua. Con m ucha frecuencia y con bastante
precisión nos informan de confusiones y diferencias entre b y
v , entre x y j, g , entre s y ss , entre z y ç , entre s y ç y hast a entre
g y h . Pero ni siquiera los andaluces [...] hablan en ninguna
ocasión de confusiones de ll con y .
Y, más adelante, en nota a pie de página afirma el fil ólog o navarro:
No he perseguido trueq ues de y-ll en los mss. L os que
conozco de l os si g los XVI y XVII las distinguen bien. En uno
sevillano de 1522 h allo: ‘y lue g o dix o: sali d aya rriba’; pero es
evidentemente ‘salid ahí arriba’
3 2
.
30
Se puede apreciar con total claridad en la reproducció n digital del original, al que re m iti m os.
31
Po r su excepcionalidad , no parece q ue pueda considera rse significativo.
32
Citamos po r A
LON SO
, A . (1 967
3
: 171 , n. 19). Puede darse la misma lectura para nuestro caso.
60 C
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Por qué en la lengua mo derna ha prevalecido en unas casos
la variante culta f y en ot ros la variante popula r h (y luego
nada), es cuestión aparte e independiente del problema de la
adaptación d e los arabismos; se debe a los mis mos motivos por
los que en el léxi co de origen latino se ha cons olidado un a u
otra pronunciación, a los mismos motivos por los que decimos
fiesta y hierro y no hiesta y fierro .
Finalmente, tenemos F- i nicial en palabras que la han conservado: fiansas (207v,
9); firmada (fol. 213r, 19); fi rmó (fol. 232r, 20); fiar (fol. 223v, 18); fiesta (fol. 224v,
21); f ec ha (fol. 2 07r, 18 ); y febrero , es crito s iempre con f -, excepto en al gunos c asos
con h -: hebrero (fol. 242r, 2).
2.3.5.
Nasales
En nuestro corpus encon tramos casi siempr e n a ntes de l abial: onbr e (208r, 9),
honbre (213r, 26), nonbr e (218v, 35), costunbre (224r, 31), s etienbre (232r, 7),
dezienbre (235v, 1 ), enpiedre (208r, 1), conpren ( 209v, 23), cunplir (222v, 19), nonbra
(236r, 9 [E2] ), conbiniente (251v, 11 [E4] ), nobienbre (257r, 22 [E4] ), nonbre (270v, 9
[E5] ), etc. Pero esto no era lo habitual en la época, puesto que los tratadistas del siglo
XVII no se ponían de acuerdo en si había que escribir n o m , y había partidarios de
ambas soluciones, como rec oge E
STEVE
S
ERRANO
, A., (1977: 18) en su t rabajo sobre las
ideas ortográficas en España:
Mientras J uan de Roble s (1631) alude a la costumbre de
escribir m antes de p, b, m, si bi en no la considera cuestión
fundamental, lle g ando a admitir que se escriba n, Francisco
Cascales (1634) aconseja como preceptivo el uso de m en los
G
RAFÍ AS
61
tres casos ind icados. Otros autores como Tom ás de Cerdaña
(1645), José Casanova (1650) y Sánchez Arbustante (1672)
aceptan es cr ibir m ante p, b, pero no ante m. J ua n de Villar,
más radical, se opon e a l a costumbre d e es cribir m antes de b,
p, m.
En cualquier caso, no fal tan algunos ejemplos de la grafía m ante b y p , q ue en
su mayor ía pertenecen a uno de los escribanos que participan en la red acción del texto,
[E3] : compra (fol. 214v , 14), hombre (fol. 214v, 2 2), sembrar (fol 216v, 19 ), nombrado
(fol. 217r, 6 ), no mbra (fol. 242v, 3), nombrase (fol 242v, 10), setiembre (fo l. 253v, 22),
cumplimyento (fols. 242 r, 26 y 242v, 7), tiem po (fol. 246v, 3 ). Otros ejemplos más
esporádicos son: nobiembre (fol. 258r, 3 [E4] ); compraro n (fol. 267r, 20 [ E1] ).
Nuestro texto ejemplifica, pues, esta situación de pugn a entre ambas grafías en
la época, que p ersistiría hasta que la Academia fijara en su Ortog rafía de 1 741 la norm a
de que se escriba m antes de b, p, m, argume nt ando que “aunque no se conserve con
todo rigor el sonido de la m, de alguna manera se pronuncia”
4 3
.
2.3.6. Líqu i das
2.3.6.1. Vibrantes
Nada especial nos of rece la r cuando representa la vibrante floja: viernes, marso,
juntaron, mayor, etc.
En cambio, cuando tenem os el fonema vibrant e t enso la grafía es, en la mayoría
de los casos, una especie de U ma y ús cula con un a ra y a, que es una de las grafías de la
mayúscula
44
, que nosotros en la edición d el tex to trascribimos como rr . Los ejemplos se
43
Cito a pa rtir de
E
STEVE
S
ERR ANO
, A. (1977: 19).
44
Vid. M
IL LARES
C
ARLO
, A. (19 83
3
: II, 26 2).
62 C
ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA
L
ENGUA EN EL
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ARQUESA D O DE
A
YAMONTE EN E L
S
IGL O XVI
producen tanto en pos ición i nicial, rrejido r (206v, 3), Rriquel (206v, 5), Rribera (206v,
7), c omo en interior: corregidor (206v, 15), incurren (213v, 7 ), tierra (213v, 24),
Herrera (238r, 32), Correa (238v, 5), guerra (248 v, 12), etc.
En ot ros casos, aparece la grafía R
45
, fundamen talmente en pos ición inicial:
Regidor, Reseruose, Razón (fol. 251v [E4] ), Real, Repartidos (fol. 267r); aunque
también podemos encontrar esta grafía en posició n int erior: aRoz ( 267r, 19). Estos
ejemplos de esta últim a grafía son más habit uales en uno d e los escribanos que
intervienen en la redacción, Pedro Álva rez, que hemos denominado [E4] , aunque
también aparecen, como vemos, en el escribano pri ncipal del texto.
2.3.6.2. Lateral
Sabemos por la obra clásica de L
APESA
,
R.,
(1981
9
:
369)
que en la leng ua
literaria “en la primera mitad del siglo XVI alte rnaba n en l a es critura mi ll y mil ”. Esta
alternancia se si g ue dando en nuestro corpus, de modo que el rec uento de ambas formas
arroja l os siguientes datos: mill aparece en 56 ocasiones, a l as qu e ha y que sumar otras
11 en que aparece myll; f rente a mi l que lo hace 79 veces, más un úni co ej emplo de m yl
(242r, 12 [E3] ). Si extrapolamos estos datos a porcenta jes, s e aprecia m ás clara m ente
que la alt erna ncia es prácticamente a la mitad: un 45,5% apa rece mill o myl l , fre nte a un
54,5% en que lo hace la forma mil o myl .
En cambio, si analizamos l os usos gráficos de los dis tintos escribanos, podemos
afirmar que el escribano principal [E1 ] es el más innovador puesto que aunque a veces
escribe m ill es el único que utiliz a la for ma moderna mil .
También se conse rva con valor meramente gráfico la ll en la abreviatura de
ilustre (ill
e
/yll
e
) , que ma ntiene la doble ele latina de la mism a forma qu e aún ho y s e
continúa escribiendo Vd. como abreviatura de usted.
45
En este caso la mantene m o s e n la trascripció n, pero, com o en el ca so anterior, sin el valor de mayúsc ula
m oder no.
G
RAFÍ AS
63
Finalmente, el fon ema lateral alveolar /l/, que como aca bamos de ver se trascribe
con la grafía ll en alguna ocasión (m ill, ill
e
/yll
e
) , no presenta más problema s: la s (206v,
8), lugar (206v, 40), lisensiado (207r, 5), luego (211r, 20 [E3] ), vtilidad (223r, 15),
Palasios (223r, 29), al mud (251v, 17 [E4] ), sa lgan (266r, 12), rreal (267v, 15), tal
(213v, 17), alguazil (220v, 11 [E2] ), abril (270r, 1 [E5] ), etc.
46
46
Remitimos a l cap ítulo si guiente sobre foné tica par a los casos de co nfusión /r/-/l/, clar o ejemplo de
occide ntalismo.
64 C
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L
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IGL O XVI
2.4. GRUPOS CONSONÁNTICOS CULTO S
Según i ndica L
APESA
,
R.
(1981
9
:
280
y
390), de sde el último cuarto del s ig lo
XV:
En los cultismos se consolida la adaptación de la fonética
latina a los hábitos de la pronunciación vulgar, reduciendo los
grupos d e consonantes, t odo el periodo áur eo es época d e l ucha
entre el respeto a la form a latina de los cult ismos y la propensión
a adaptarlos a los hábitos de la pronunciación romance.
En nuestro corpus, efectivamente, no se tr ascriben en general los grupos
consonánticos c ultos. Esta es la razón por l a cual encontramos pocos ejemplos de
conservación del grupo culto, como vamos a ver a continuación:
KT> t : otubre, (216r, 10), defetuozo (fol. 243r, 18), efeto (fols. 234r, 24 y 237r,
líneas 7 y 10); f rente a un ún ico c aso en que se conserva el grupo culto: efecto (fol.
224r, 36).
G
RAFÍ AS
65
PT> t : rr esetores (fol. 220r, 2 7; 262r, 28 ), rresetor (fol. 237r, 8), asete (fol. 264v,
5); documentamos un caso de cons ervación, aunque p ertenece a otr o escribano:
rreseptor (fol. 242r, 9 [E3] ).
CC>i s : y
σ
tuysión (fol. 224r, 38); ystuysión (fol. 235v, 16);
CC> s : elesión (fol. 219v, 25); elesiones (fol. 261r, 18); satisfasi ón (fol. 227v,
30).
KS> s : esenziones (fol. 215r, 21);; esensiones (fol. 231v, 12); esensión (fol. 265v,
6). Aunque en algunos casos aparece l a grafía ceceante: yzento ‘exento’ (fol. 251r, 3);
eziuan ‘exhiban’ (fol. 271v, 14).
KSC> s: eselensia
47
(fols. 219r, 24 y 222v, 28); esed ido (fol. 241v , 30); esediese
(fol. 260v, 12); eseder (fol. 260v, 33).
MN> n : solenidades (fol. 208r, 20).
GN> n : maníficos
48
(fol. 206v, 4), consinadas (fol. 260v, 4), sinada (fol. 263r,
26)
49
.
BB> b : ouiar “obviar” (fol. 260v, 5).
Finalmente, el grupo N S se conserva en los do s ejemplos en que aparece: le
consta (fol. 215r, 22 y 2 5). En este caso la conservación del grupo culto se debe a la
necesidad d e diferenciación con el término co sta ‘costar’ ambos, co mo sabemos,
procedentes del lat. CONST Ā RE.
En definitiva, es evidente la práctica general, c on muy contadas ex cepc iones
como ac abamos d e ver, en cuanto a la simpl ificación d e los grupos consonánticos
cultos, siguiendo la tendencia de la lengua desde fi nes del siglo XV.
47
Aunque cua ndo se utiliza la abr eviatu ra ap arezca el grupo de for m a m e rame nte gráfica: ex
a
.
48
Al igual q ue en el c aso an terior, cuando el trata miento ap arece d e forma abreviada apa rece la gra fía:
mag
co
.
49
A veces el escriba no se hace un lío por mor de lo s grupo s c onsonánticos c ultos y a parecen c reaciones
léxicas curio sas como sina ga <signada (fol. 263r, 26).
66 C
ONT RIBUCIÓN AL ESTUDI O DE LA
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2.5. OTROS AS P ECTOS GRÁFICOS
2.5.1. Signos de puntuac ión, acentuación y u so de mayúsculas
Sobre los signos de puntuación, y a M
ILLARES
C
ARLO
, A. (1983
3
: I , 283) apunta
lo siguiente:
En l a “escritura carolingia” española y s us derivadas, los
signos de puntuación son en número más reducido. Entre los
siglos X II y X I V, los que con may or frecuencia aparecen son el
punto, usado con diversos valores y par a indicar las dis tintas
pausas, y el punto con la coma sobrepuesta, usado con valo r de
coma, sin que falten có dices y documentos en los que s ólo
aparece el punto como signo indicador de cual quiera de las
pausas, o en los que la punt uac ión aparece raras veces o falta
en absoluto, como el c aso más f recuente en las escrituras
cursivas llamadas ‘cortesana’ y ‘procesal’.
G
RAFÍ AS
67
En nuestro corpus no ap are cen los si gnos d e puntuación modernos, como era d e
esperar. Los únicos signos de puntuación que aparecen s e uti lizan para enmarc ar el
párrafo. Al comienzo una espec ie d e letra ga mma con una ra y a ( χ ); y al fi nal de párrafo,
bien una ray a ( ); bien un signo similar al actua l de por ciento ( % ); bien la propia
rúbrica del escribano.
S
ANTIAGO
, R. (1998: 249) estudi a en un mi nucio so artículo la puntuación en los
siglos XVI y XV II en tex tos castellanos impresos. De l as aportaciones que hace a partir
de las i nformac iones de l os ortógrafos de l a época , recogemos el testimonio a mediados
del siglo XV I de Torquemada: “Otros, en lu g ar de los dos puntos, pon en vna señal
como ésta -,. Y algunas vezes tanbién se pone de e sta suerte /.”
Parece, por tanto, que l os signos que aparecen en nuestro co rpus se corresponden
con el uso de la vírgul a, que rechazaban ortógrafos como N ebrija, por considerar la
care nt e de autoridad clási ca.
Del mismo modo, no se da el uso de la tilde.
En cuanto al empleo de ma y úsculas, es c asi una n orma el que todas l as actas
comiencen con la C ma y ús cula d e Cabildo . Asim ismo, es frecuente que la p alabra
Acordose, que encabeza muchos párrafos, s e escriba también con A may ús cula. Además
de esto podemos encontrar l a A m ay ús cula espo rádica mente pero sin seguir la norma
ortográfica m oderna , claro
50
. En este s entido, conviene recordar las palabras de
M
ILLARES
C
ARLO
,
A.
Y
M
ANTECÓN
,
J. I . (1975
2
: I , 43) cuando a firman “que la escritur a
de los siglos XVI y XVII o frece con frecuencia una m ezcla de c ar acteres mayúsculos y
minúsculos”.
50
Record em o s que la erre m a yúscula se usa co mo grafía del fone m a vibr ante tenso.
68 C
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2.5.2. Abreviaturas
En cuanto a la presen cia de ab reviaturas, se g ún M
ILLARES
C
ARLO
, A. y
M
ANTECÓN
, J. I . (1975
2
: I, 49):
El creciente p redominio de la es critura cursiva en toda clase
de documentos a partir d e la segunda mit ad del si glo XV, que se
acentúa sin g ularmente e n la siguiente centuria, determina las
características del sistema abrevi ativo utilizado por los
escribanos y amanuenses de los siglos XVI y XVII.
La s abreviaturas están destinadas a conseguir una mayor celeridad y una
considerable economí a d e espacio y, como nos señalan lo s autores citados, conviene no
olvidar, al tratar con text os manuscritos de este periodo la profusión d e nexos , que l a
imperfecta separación d e las palabras, la ex traordinaria abund ancia d e rasgos inúti les y
el descuido en el trazado de las letras pueden hacernos pensar que todas las palabra s
están abreviadas, cuando en realidad no es así. De hecho, en nuestro corpus no abundan
las abreviaturas, aunque su uso s e e xt iende a lo largo de todo el texto.
Como sabemos, a nivel formal, s e est ablecen dos tipos de ab reviaturas: por
suspensión o apócope, aquellas en que se suprim en la letr a o l etra s finales de las
palabras; y l as abreviaturas por contracción o síncopa, aqu ellas en qu e se suprimen
alguna o al guna s letras intermedias de las pal abras conservando siempre las iniciales y
finales. Para M
ILLARES
C
ARLO
, A. y M
ANTECÓN
, J .I . (1975
2
: I, 59) éste últ imo es el que
predomina en la es critura cursiva procesal, incluyendo en este grupo aquellas
abreviaturas en que se sobrepone a la palabra una letra o una a grupación de letras.
Efectivamente, a este grupo de abreviaturas por contracción o síncopa pertenecen la
mayoría de las que aparecen en nuestro corpus, como por ejemplo: ex
a
(ex selesi a); p
o
(P edr o); Algles (alg uazi les); vº (v ezin o); etc.
G
RAFÍ AS
69
El grupo ma y oritario de abreviaturas s e refiere a los nombres de tr atamiento.
Unas pocas son abreviaturas de nombres de persona. Y, p or último, hay algunas
abreviaturas de monedas.
Además de l o dicho, interesa desta car que la preposición para se utiliza
sistemáticamente abreviada en pa , con una ra y a en la parte inferior de la p
51
.
Éstas son, pues, las abrev iaturas que ap arecen en nuestro corpus. Las agru pamos
por orden alfabético de l etras conservadas y las acompañamos del término desarrollado
tal y como aparece en la edición del texto en el capít ulo 7 de este tra bajo
52
:
Algles alg uazi les
alº Al ons o
corr
or
corr egid or
d
o
D ieg o
d
o
d ucad o
denun
r
denun siado r
ex
a
ex selesi a
53
ex
mo
ex selentísi mo
54
fr
co
Fr ansi
σ
co
ill
e
ill ustr e
ju
a
J ua n
ldo l i ce ncia do
m m arauedí
51
Raya que e n un par de ocasiones no apa rece y que pode mos entender co mo simple olvido de l escribano.
52
Desarro llamos las abreviatura s en letra curs iva, mantenie ndo lo s usos gráficos del manuscrito , teniendo
en cuenta que e n la mayor ía de los ca sos aparecen d esarrollada s por lo s propios escrib anos.
53
Mantene m os la x al de sarrollar la ab reviatura e n la transcrip ción, a unque e stá clar o que sólo s e
pro nu nciaba la s , co m o hemo s apuntad o al hab lar de lo s gr upos conso nánticos cultos. El hecho, ade m ás,
de que la palab ra ap arezca desarrollad a e n algunas ocasio nes nos lo confir m a : eselensia ( fol. 222v, 28).
Lo mismo cabe decir p ara el caso de ex selentísimo y de mag nífico/s , éste ú ltimo ta m bién a testiguado e n el
texto: man ífico
σ
(fol. 21 0v, 3).
54
M
ILL ARES
C
ARLO
,
A.
y
M
ANTECÓN
,
J.I. (1975
2
: I, 64) no recogen esta abr eviatura, au nque sí exª.
F
ONÉTI CA
77
3.1.1. Conservación de la vocal abierta: [e] por [i]
Tenemos ejemplos de co nservac ión de [e] tanto en posición inicial e int erior de
palabras:
• carnesería
1
, fol. 206v, 20
• deputado
σ
, fol. 208v, 12; deputados , fol. 231r, 14
2
; deputan
3
, fol. 224v, 23
• dezienbre
4
, fol. 219r, 4
• enpusisión
5
, fol. 244r, 16
• heruiendo , fol 215v, 21
• preuiliegos
6
, fol. 231v, 11
• rrezebido
7
, fol. 215r, 19
• ynútel
8
, fol. 227v, 21
Como en posición final absoluta, modificando un cultismo:
• Corpu
σ
Cri
σ
te
9
, fol. 224v, 21
1
C
OROMINA S Y
P
AS CUAL
(19 80-91) recogen carn ecería co m o for m a “muy exte ndida a ntiguamente” y
explican la pr imera e por disimilación de i-i en e-i.
2
Coloca m os el nú mero de línea en negrita cua ndo re m ite a los títulos de lo s distintos te mas tratado s.
3
C
OROMINA S Y
P
AS CUAL
(19 80-91) hab lan d e la vacilació n lati nizante e ntre de-, d i- y d es-, dis-. E n el
texto apar ece un sólo caso d e la for m a dipu tan (fol. 270v, 10 [E5] ) .
4
Ta nto aquí como en heruien do tene m o s la vocal original lati na.
5
C
OROMINA S Y
P
AS CUAL
(19 80-91) r ecogen la for m a empo nere e n B erceo. T enem os q ue señalar q ue la
forma más habitual es yn pusisión ( fol. 224r, 22 ) .
6
Documentada por C
OROMINAS Y
P
AS CUAL
(19 80-91) e n Nebrija con el significado d e “ley par a uno”.
7
Documenta mos en un caso la forma rreçibien do (fol. 217r, 1).
8
C
OROMINA S Y
P
AS CUAL
(19 80-91) no documentan esta palabra hasta 1575.
9
Par ece que la vocal abierta contagia ta m bié n al genitivo lati no en este caso.
78 C
ONT RIBUCIÓN AL
E
STUDIO DE LA
L
ENGUA EN EL
M
ARQUESA DO DE
A
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S
IGL O XVI
3.1.2. Cierre vocálico: [e] > [i]
Como fenómeno o cambio fonético esporádico encontramos ejemplos de cierre
vocálico, explicables en algunos casos por influencia de la y od rom ánica:
• conuinientes , fol. 208r, 6; ynconuiniente , fol. 225r, 8
• inbiada , fol. 207v, 11; ynbiada , fol. 230r, 9; inbiar , fol. 2 16r, 7 ; ynbiar , fol. 229v,
20 ; inbíen , fol. 216r, 7; inbíe , 217v, 13; ynbíe , fol . 229v, 20; ynbiarse, fol. 237r, 10
• minsión ‘mención’, fol. 265v, 28
• ynpusisión , fol. 224r, 22; ynpusión , fol. 230v, 23; i npusi , fol. 224r, 17
En otros casos el cierre vocálico se ex plica por asimilación o disimil ac ión con la
vocal tónica:
• añidió , fol. 208r, 14; añidan , 243v, 12; añ edir , 243v, 12
• arrincasen , fol. 231v, 32
• dilito , fol. 224v, 10
• iuitar , fol. 219v, 31; yuitarlos, fol. 261v, 6
• ligítima , fol. 213r, 11
• pidi ‘pide’, fol. 252r, 13
• sigir , fol. 216r, 7
• Siuilla , fol. 232v, 17
• treslado , fol 261r, 2 y 262r, 22
• uirificar , fol. 228r, 11
• ydificar ni (y)difiquen, fol. 251r, 3
• yspiriensia, fol. 246r, 3; 260r, 38
• yzento ‘exento’, fol. 251r, 4; yzente, 235v, 8; yzentar, 237r, 7
F
ONÉTI CA
79
También puede justificar se por c onfusión de los p re fijos dis- y ex- :
• di σ comunión, fol. 264v, 8
Y, finalmente, sin causa o condicionante e vidente en otros casos:
• asigure , fol. 218v, 12
• sigunda , fol. 240r, 9
• siguridades , fol. 209r, 25
3.1.3. Cierre vocálico: [o] > [u]
• di σ pusisión, fol. 263v, 16
• duzientos, fol. 258r, 11
• lluuido, fol. 259r, 2
• Niculás , fol. 208r, 10
• Purtugal , fol. 206v, 42
3.1.4. Coexistencia de formas antiguas y moder nas
En muchas ocasiones vemos cómo aparecen las mismas voces con la forma
antigua y la del español moderno:
FORMA ANTIGUA FORMA MODERNA
deputado, fol. 239r, 9 di putado, fol. 246v, 22
deputan , fol. 224v, 23 diputan, fol. 270v, 10 [E5]
Purtugal , fol. 206v, 42 Portugal , fol. 222v, 17
notefique , fol. 209r, 14 notifique , fol. 209r, 34
80 C
ONT RIBUCIÓN AL
E
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L
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M
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A
YAMONT E EN EL
S
IGL O XVI
ouiere , fol. 213r, 28 u uiere
10
, fol. 209v, 21
arrincasen
11
, fol. 231v, 31 arranquen , fol. 231v, 34
enpusisión , fol. 244r, 16 ynposisión , fol. 247v, 20
pidi ‘pide’, fol. 252r, 13 pide , fol. 233v, 12
sigir , fol. 216r, 7 proseguir, fol. 269v, 8
Siuilla , fol. 232v, 17 Sevilla, fol. 257v, 9
ydificar, fol. 251r, 3 edifique, fol. 250v, 29
yzento ‘exento’, fol. 251r, 4 esensión, fol. 266v, 8
sigunda , fol. 240r, 9 segunda, fol. 213v, 4
siguridades , fol. 209r, 25 seguridad, fol. 217r, 1 [E3]
duzientos, fol. 258r, 11 d ozientos, fol. 258r, 10
10
Po r generalizac ión de u tem át ica en las for m as derivadas de los p erfectos en –UI características d e los
verbos en – Ē RE.
11
Es p alabra de o rigen incier to según C
OROMINA S Y
P
ASCUAL
(19 80-91), que docum e ntan la forma
aRrinca r en galle go-portugués, po r lo que par ece q ue en este caso te ndíamos i nfluencia de la fonética
por tug uesa.
F
ONÉTI CA
81
3.2. DEBILIT AMIENT O DE LAS CONS ONA NTES IMPLOSIVAS
El debili tamiento de l as consonantes implosivas se ha relacionado por pa rte de
C
ATALÁN
, D. (1971: 85) con la tendencia a la sílaba abierta del español:
La tendenci a del español a reducir el papel informativo de los
márgenes implosivo s de la síl aba y a gene ra lizar analógicamente
la estructura silábica más común, el tipo /
TA
|
TA
/, es, sin duda, la
fuerza estructural responsable de la ex traordinaria fluctuación
fónica de –s y –z finales de sílaba en la mitad sur de España.
En este sentido, el profesor C
ANO
, R. (2004: 849) afirma:
No obs tante, los r esultados posteriores de a lguno de estos
procesos (por ejemplo, la aspiración de –s implosiva) parecen
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desmentir los objetivos tanto de “sílaba abierta” como de una
mayor simplicidad fonética.
12
Por otra parte, B
OYD
-B
OWMAN
,
P. (1988: 75) señala que los numerosos errore s
manuscritos “revelan qu e hacia fines del si glo X VI ya comenzaba a manifestarse en el
español de muchos pobl adores d e América, sobre tod o en el Carib e, un debilitamiento
sistemático de toda consonante final d e sílaba.” Sostiene este inv estigador que esta
tendencia caracteriz a en la actu alidad “a los diale ctos hispánicos fonoló gicamente m ás
innovadores, es decir, lo s de Andalucía, Canarias y la z ona del Caribe, región donde
muy temprano se acumularon fuertes núcleos de famili as anda luzas”.
El corpus estudiado nos permite corroborar la t endenc ia a la relajación
consonántica característi ca de l as hablas andaluzas en la época y que r efleja de fo rma
evidente el texto, como vamos a ver a continuación.
La p alabra denusiador (fol. 220r, 21 y otros 24 ejemplos más) siempre aparece
con pérdid a de [ n ] implosiva. A esto que de cimos ha y que añadi r dos ejemplos
pertenecientes a [E3] sin pérdida de dicha [n] implosiva. Otro caso de pérdida de [n]
implosiva, ahora en final absoluto, lo hallamos en l a palabra prouizió (fol. 251r, 6),
aunque al contrario del anterior, es un ejemplo aisl ado.
Son pocos ejemplos y , por tanto, poco significativos, l o que nos impide
decantarnos y tomarlos como una posible tendencia y a a la nasalización, que en la
actualidad es tan evidente en andaluz.
B
OYD
-B
OW MAN
,
P. (19 88: 81) también reco g e en tex tos mexicanos de 1590
casos de pérdida de f ricativas sonoras intervocálicas como to ‘todo’, como ocurre en
nuestro corpus en dos ocasiones, una en el fol. 208r, 14 y l a otra en el fol. 209r, 17.
Otros casos, como maesago ‘maesazgo’ (fol. 262v, 18) refle jan esa t endencia a
la relajación consonántic a en pos ición implosiva, o en implosiva final ab soluto en el
caso de formalidá ‘formalidad’ (fol. 270v, 10 [E5] ).
12
Como había estab lecido A
LONSO
, A. (19 45) en su artículo “Una le y fonoló gica del españo l”.
F
ONÉTI CA
83
Pero, sin duda, son más abundantes los ejemplos de pérdid a de [ s ] y de tr ueque
de [ r ] y [ l ] , como vamos a ver seguidamente.
3.2.1. Pérdida de [
[ [
[ s ]
] ]
] implosiva
En su artículo “Material es para la historia de la aspiración de la /s/ implosiv a” ,
F
RAGO
,
J.A. (1983: 160) aporta un conjunto de ejemplos, tanto de elis ión de –s , como
de casos d e –s por ultrac orrección que abarcan, fundamentalmente, los siglos XV y XVI
a partir de fuentes docu mentales andaluzas no li tera rias y sostiene que el fenómeno es
antiguo:
Esa aspiración está atestiguada en Andalucía con fechas mu y
anteriores a las que c orresponden los escritos d e un L ope de
Rueda o de un Gón gora, lo que ocurre es que resulta
imprescindible busca r los testimoni os del fenómeno en las
fuentes más susceptibles de darles cabida.
Frente a esta opinión, existen visiones opuestas, como la del profesor A
RIZA
,
M.
(1996: 50):
Ciertamente Frago, Lapesa y Mendoza señalan casos de
pérdida d e –s final en la Edad M edia, incluso Torreblanca ha
registrado numerosos ejemplos de “pérdida” de –s desde el
siglo X en Castilla. Y en este punto nos en contramos con dos
postulados antagónicos: 1º) los ejemplos mue stran que la
aspiración y pé rdida de – s es mu y antigua 2º) se trata de meros
lapsus calami, de simples errores de escritura.
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El profesor A
RIZA
, desp ués del estud io de l os ejemplos aportados por dist intos
investigadores y de rela cionar el f enómeno d e l a aspiración d e –s im plosiva con la
velarización de /š/
13
, conclu y e que “verd ade ra mente los datos nos indican una
cronología tardía, pues son de fines del si g lo XVI”.
De la misma opinión es M
ONDÉJAR
, J. (1997: 174), cuando afirma:
Pero lo que no parece aceptable es que se pretenda
demostrar la exist enc ia de la aspiración por el j uego de
presencia / ausencia de la g rafía ese allí donde debe aparecer,
porque en la conciencia lingüística del usua rio de la aspirac ión,
que nunc a la escribe, se considerara vari ante art iculatoria del
fonema ese .
En el capítulo siguiente , en el que abordare mos la aspiración como fenómeno
fonológico de las hablas meridionales, volveremos sobre el t ema que nos ocupa. Ahora
nos limitaremos a señalar los ejemplos que nos ofrece el tex to de pérdida de [ s ] .
De esta forma, pod emos señalar casos de p érdida de [ s ] final absoluto en el
apellido Palasio
14
(fol. 225v, 5). Aunqu e en la ma y o ría de los casos l a [ s ] final que c ae
corresponde al morf ema de pl ural y la pérdida de la [ s ] final se produce en el segundo
elemento del s intag ma, con lo cual el significado plural queda asegurado por el
morfema del primer elemento:
• moderado
σ
presio (fol. 222v, 30)
• do
σ
año (fols. 207r, 21 y 223v, 3)
• honbres hijodalgo (fol. 213v, 8)
• los tales persona (fol. 223r, 32)
• mil maravedí
σ
rrepartid o (fol. 230r, 39)
13
Aportación r ealizada en un tr abajo anterior, A
RIZA
, M. ( 1994b) .
14
Se trata d el patro ním ico ‘Palac ios’.
F
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• los pezo (fol. 231v, 26)
• los montes y canpo (fol. 233r, 21)
• tre o quatro blrasas
15
(fol. 234v, 16).
• los pobre (fols. 238v, 14 y 249v, 28)
• por tersios repartido (fol. 238v, 30)
En algún caso tenemos ej emplo de pé rdida de [ s ] final en el primer elemen to del
sintagma, pero s e conserva en el s egundo; además el sustantivo comienza también por
s- , lo que en este caso ha podido facilitar la pérdida: la solenidades
16
(fol. 208r, 20).
Encontramos también algunos ejemplos de p érdida de [ s ] implosiva en interior
de palabra: juridisión (fol. 223r, 27); depués (fol. 210r, 25 y 244 r, 15).
Finalmente, tenemos dos casos que pod emos atribuir a lapsus calami del
escribano: compres (fol. 243r, 14), donde debería aparecer la te rcera p ersona del verbo,
y por tanto cabría pens ar que s e trata de un a –s final por ultracorrec ción; y caniñal (fol.
244r, 34) por canillas, que aparece más abajo.
15
Esta palab ra es un claro e je mplo de confusión r/l , puesto q ue e l e scribano a nte la duda escribe a mbas
grafías. Lo ve mos a contin uación.
16
De toda s for mas este caso de p érdida de -s es discutible, pu esto que sería un eje m plo más de la llamada
m odi ficación por deglutinación del artículo o r educción p or fonética s intáctica. Realmente, lo que apar ece
en el origi nal es lasolenida des . Vid. la REPRODUCCIÓ N DIG ITAL.
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3.2.2. Confu s ión [r]-[l] implosivas
Sobre la confusión [r] y [l] implosivas ya establece en su obra clásica L
APESA
,
R. (1981
9
: 385) la antigüedad del fenómeno
17
:
Muy anti guas son las prim era s muestras de confusión entre /-
r/ y /-l/ finales de sílaba o palabra, que en el habla actual del
Mediodía pe ninsular, Canarias, el Caribe y ot ras regiones
costeras de América se i ntercambian, se neutralizan en un a
articulación relajada que se representa en la grafía con una u otra
letra, se vocalizan en [ i] semivocal, se nasalizan , se aspiran, o
simplemente se omiten.
Y r ecoge testimonios moz ára bes, del área toledana y muchos ejem plos
andaluces, como “ abril los cimientos” en un documento sevillano de 1384-1392;
arguarysmo ‘alguarismo, cálculo’, en el Cancionero de B aena; y también e jemplos
canarios y americanos, que le hacen afi rmar qu e “todas o casi todas l as variedades
actuales del fenómeno se registran y a en el si glo XVI”
18
.
A este fenómeno se refiere el profesor F
RAGO
,
J.A. (1984: 135) de esta for ma:
Particular m ención merecen, por su vitalidad actual y lo
abundante de su verificación histórica, l as diferentes
modalidades andaluzas del tratamiento de las consonantes /r, l/
tanto en la t ensión s ilábica y a g rupadas con o tro elemento
consonántico, como en posición implosi va interior o final de
palabra.
17
Estudiado co n anterior idad, co m o sabe m os, po r A
LON SO
,
A. (1 945) en su a rtículo “Geo grafía fonética:
–l y –r implo sivas en español” .
18
Vid. Lapesa, R. (198 1
9
: 385-387 ).
F
ONÉTI CA
93
los . En ambos casos el escribano duda al escribirlos, puesto que pa rece que primero
escribe le y posteriormen te corrige escribiendo se
25
. Estos ejemplos ponen de manifies to
que no estaba mu y familiarizado con la nu eva forma se , puesto que dud a a la hora de
escribirla.
El seg undo ca mbio fonético s e refiere al pronombre relativo quien ,
etimológicamente invari able por proc eder del singular QU Ĕ M, cu y a forma plural,
quienes , se desarrolla en la primera mitad del siglo XV I
26
. En nuestro corpus aparece
quien (fol. 263v, 2 3), e n donde ha y que suponer el p ronombre en plural
27
. La forma
quien, en este caso, puede obedecer a que no se ha aclimatado la nueva form a del plura l.
El otro cambio fonético que se está p roduciendo en el siglo XV I afecta a las
formas de futuro y condi cional. Según L
APESA
,
R. (1981
9
: 392):
En el futuro y condi cional, como se advertía q ue su primer
elemento er a el infinitivo , se restableció éste íntegro en deb ería,
en vez del medieval d ebría y otros semejantes que subsis tían
hacia 1540. [ ...] También las formas porné, verné , tern é
sucumbieron, tras un per iodo de alternancia que duró hasta fines
del siglo XVI, ante pondré, vendré, tendré, más fieles a la raíz.
Nuestro tex to, como era de esperar, nos aporta algunos ejemplos de la forma
antigua del ve rbo con metátesis. Así, podemos aportar un ejemplo de futuro con
metátesis: terná (fol. 213r, 27); y otro ejemplo del condicional conuernía (fol . 250v, 9),
frente a otro caso en que aparece la forma moderna: conuendría (fol. 260v, 5).
25
Remitimos a la REPRODU CCIÓN DIGI TAL del man uscrito .
26
Vid. L
AP ESA
,
R. (19 81
9
: 397).
27
“Los d ichos se ñores r regidores y ofisia les deste Co nsejo pidier on al señor corr egidor les mande les
desocupen sus asientos y esca ños de la σ yguelsia s p ara o yr l os o fisios d iuinos porq ue se los ocupan quien
no deuen” (fol. 263v, 2 3).
4. ASPECTOS FONOLÓGI COS
Sabemos que en los siglos XV I y XVII se produce el cambio del s istema
fonológico del castellano medieval al español moderno. El profesor A LARCOS , E.
(1986
4
: 268) lo resume de esta manera:
Las modifica ciones implant adas en esa época en el
castella no general y literario no son resultado de una rápida
evolución, o revolución, fonética, como a pri mera vista parece
[...] Se trata más bien del triunfo de modalidad es preex istentes,
dialectal es, sobre las hasta entonces consid eradas com o más
pulidas y refinadas. Es, pues, un cambio de la norma
fonológica, y los f enómenos fonéticos que la produjeron
proceden de los si g los m edievales y de ciertas z onas.
Estos cambios, como sabemos, af ectan a las labiales sonoras, a la
aspirac ión y pérdida de F- latina , a las sibila ntes y a la ve larizac ión de las antig uas
palatales /š, ž /. Como consecuenci a de ellos, se v a a conformar l a variedad m eridional
del español, c aracteriz ada por el s eseo/ce ceo y p or la aspiración. El prof esor C ANO , R.
(2004: 825) lo resume así:
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En este sentido, los cambios en el sistema fonológico
diferen ciarían claram ente esta época de l a medieval : derrota de
[f-] frente a [h-] primero y más tarde [Ø] , desaparición de
fonemas sibilantes y palatales sonoros, de sarrollo de unidad es
fónicas tan ca racterís ticas del español moderno c omo / Ө / y /x/,
desarrollos dive rgentes entre Castilla y Andalucía...
Seg uidamente nos vamos a re ferir a ellos a la luz de la s principales
investigaciones que se h an realizado y apor tando los ejemplos que nos ofrec e nuestro
texto.
A
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4.1. LAS LABIALES SONORAS
Según A LARCOS , E. (1986
4
: 269) “frente a la oposici ón b/v medieval, ahora se
instala l a confusión, que vi mos era mu y anti gua en el No rte (est o es, /b/ con vari antes
combinatoria s oc lusivas y fricativas)”.
Por su parte, L APESA , R. (1981: 370) señala:
Durante algún tiempo d ebió de continuar la vi eja distinción
entre los fone mas /b/ oclusivo (escrito b ) y /v/ fricativo (con
gr afí a u o v ), al menos en algunas regiones: en 1531 el toledano
Alejo Vanegas describ e como labi odental la articulación de la v ,
y lo mismo hacen en 160 9 el sevillano Mateo Alemán, y en 1626
el cacereño Gonzalo C orreas.
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Fre nte a esta hipóte sis sobre la existe ncia del fonema labiodental es n ecesario
citar la s conclusiones de A RIZA , M. y S ALVADOR , A. (1992: 176): “consideramos que se
puede afirmar que nunca hubo /v/ en español antiguo y que el testimonio de lo s
gramá ticos del Sig lo de Oro no son más que resabios cultista s”.
Por su parte, C ANO , R. ( 2004: 829), tratando el p robl ema de la confusión de los
fonemas la biales sonoros, resume la situación ac tual en c uanto a la investig ación del
fenómeno del siguiente modo:
Lo que más bien h ay que plantear aquí es si en el s. XV I la
distinción de labiales sonoras t odavía estaba viv a en amplias
capas de hablant es, por lo que seguí a como regla de escrit ura, o
si era simplemente un fenómeno residual. A. Alonso, Martinet,
Phillips Jr., en c ierto modo Lape sa, y Alar cos mantienen la
primera postura; D. Alonso y Ariz a, entre oros, so n partidarios
de la segunda.
Y, más adelante, concluye el profesor Rafa el C ANO que “d e los manuscritos
parece ho y qu e, frent e a una escritura (la not arial, la vulg ar) llena de transgresiones del
viejo sistema de uso de b y v , sólo los a utores más c ultos y cuidadosos mantenían la
distinción g ráfica (¿también la foné tica?)”.
En este sentido, nuestra investigación aporta ejemplos de confusión de las
gr afí as b y v que van en esta dirección, co mo hemos señal ado en el epígrafe
correspondiente del c apítulo dedicado a las GRAFÍAS:
L os casos d e grafía anóm alas son siempre de b en lu g ar de u/v y se producen,
como hemos visto, tanto en situación inicia l com o en posición inte rvocálic a: boz (fol.
213v, 24), basallo
σ
(fol. 222v, 25), biba (fol. 232v, 19), botasen (fol. 239v, 27), boto
(fol. 242v, 13 [E3] ), boluer (fol. 243v, 18 y 265 v, 9), bea (fol. 251v, 12), benda (fol.
251v, 16 [E4] y 257v, 9 [E2] ), bale (fol. 251v, 17 [E4] ), biernes (fol. 2 52r, 1 [E4] ; y
abuelo σ (fol. 215r, 23), abundamiento (fol. 243r, 11), obedesió (fol. 207r, 15), alchibo
A
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101
(fol. 240v, 11), nueba (fol. 263r,18), abise (fol. 264r, 33). El caso d e biba es mu y
significativo, puesto que en la misma palab ra tenemos la grafía de la oclusiva o fuerte
en posición inic ial com o era de espe rar, pero la volvemos a encontrar también en
posición intervocá lica de ma nera injustifica da por repre sentar aquí a la la bial fricativa o
floja. Esta sit uación es normal para la época y se acentuar á aún más en el siglo XV II ,
debido a la confluencia d e los antiguos fone mas labiales oclusivo y fricativo desde fines
de la Edad Media.
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4.2. SESEO-CECEO
4.2.1. Introducción
Uno de los primeros investigadores en aborda r el tema desde el punto de vista
científic o
1
fue Amado A LONSO en su artículo fu ndamental “Historia del ‘ceceo’ y del
‘seseo’ españoles” (1951 )
2
. Y desde las primer as líneas ponía en relación e l fenómeno
con los cambios del español en los siglos XVI y XVII, la llamada por él mismo
“revolución fonológica d el Sig lo de Or o”, y lo situaba geográficamente:
1
No vam o s a en trar ahora en las cuestiones sobre con fus iones de sibilantes a las que hacían mención en la
etapa “precien tífica” de andaluz autores como Machado y Álvarez o Hugo Schuchardt, por citar dos de
los ejem plos m á s significativos . Para ello re m iti mos a M
ONDÉJAR
, J. (2001
2
: 45- 77). Tam poco nos
deten dremos en ot ras teorías anteriores como las de Arias Montan o, Juan de Robl es, etc. pues alargarían
el capítulo y la ma y oría están supera das. Vid. G
ON ZÁ LEZ
O
LL É
, F. (1987); M
ONDÉJAR
, J. (2001
2
:1 23-128 ;
163-198); etc .
2
Nosotr os manej amos la ed ición d el artíc ulo en A
LONSO
, A. (1967): De l a pronunciació n medieval a la
moderna en esp añol, Madrid, Gredos, Tomo II, pp. 47-144 .
A
SPECTOS
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ONOLÓ GI COS
103
El ceceo y el seseo españ oles son fenómenos estr echamente
conectados con las i gualaciones s-ss, z-ç, j-x y b-v qu e
ocurrieron en el siglo XV I y parte del XV II , y en verdad un
grado más avanzado, y regi onalmente limitado, de las
igualaciones s-ss y z-ç, a su vez igualadas en s o en c, aunque
no precisamente en este orden de sucesión. El fo co más antiguo
de estos c ambios parece ser la ciudad de Sevilla . (p. 47).
Pocos años después apa rece el artí culo del profesor L APESA (1957)
3
“Sobre el
ceceo y seseo andaluces”, en el que apo rta nuevos ejemplos siguiendo las tres etap as en
el proceso de evolución d el se seo establecidas por Amado A L ONSO :
1) aparición de -s por -z en posición implosiva; 2) uso de -
s- por -z- int ervocáli ca; y 3) empleo de -s-, -ss - por ç . Según
esto, el sese o se inició en la posición más débil, es de cir, en
final de sílaba o de palabra, donde la z era un sonido
especia lmente relajado; prosiguió sustitu y end o la sonora
intervocá lica - z- por la también sonora -s- , ambas de
articulación floja; y cul minó empleando s- y -ss- por ç- y -ç- ,
todas sonoras y tensas. (p . 252).
Al finalizar l a década, aparec e una tercera cont ribu ción al estudio del fenómeno,
obra de C ATAL ÁN , D. (1958)
4
, “El çeçeo-z ezeo al comenzar l a expansión atl ántica de
Castilla” , en donde refuta la tesis polig enética
5
de Amado A LONSO :
3
Maneja m os la reedició n en L
APE S A
, R. (1984): Estudi os de hi stor ia lingüíst ica es pañola , Madrid,
Parani nf o, pp. 249-26 6.
4
Citam o s por la reedición aparecida en C
ATALÁN
, D. (1989): El español: or ígenes de s u divers idad,
Madrid, Paran info, pp. 53- 75.
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La situación del çez eo en los puertos atrlánticos de España
al tiempo de iniciarse la aventura coloniz adora nos asegura que
fueron los propios euro peizadores de Can arias, el Caribe y
México, salidos de la Penínsul a, los que implantaron desde un
principio entre las nuevas comuni dades ul tramari nas el hábito
de çezear como se villanos (según la expresión de Bernal Díaz).
(p. 73).
En 1962 aparece publicado el artículo “Sevilla frente a Madrid” de don R amón
Menéndez Pidal, que su pone un nuevo avan ce en la inve stigación del fenómeno. Tras
descart ar algunas aporta ciones anterior es
6
, presenta nuevos testim onios antig uos que le
hacen afirmar:
A pesar del ortodoxo toleda nismo fonético propu g nado por
Nebrija de sde Sevilla en e l tránsito del sig lo XV al XVI, e l
nuevo dialecto andaluz, con el çeçeo-zez eo co mo prin cipal
galanura, ganaba por en tonces al patrón oficia l toledano dos
batallas de singular importancia: la s nuevas comunidades
castellaniz adas del reino granadi no y las nuev as sociedades
castellanas de Améric a aceptaban desde su fundación la
novedosa simplicidad del habla çeçeosa-z ezeosa . (p. 118).
Una décad a más tarde ve la luz el artícul o de A LVAR , M. (1972), cuyo título “A
vueltas con el seseo y el ceceo” deja m u y cl aro que el estudio del tema no está agotado.
El profesor Alvar establece una nuev a lect ura sob re los testimonios contemporáneos del
5
Recordem o s que el lingüis ta navarro, al es tablecer una cronología tardía del f enómeno, defien de la
independen cia del seseo am eri cano f rente al andalu z: “Pero qu eda un h ec ho de capital im portancia para la
hist oria lingüística: el seseo-ceceo no tuv o un luga r ún ico de nacimiento des de el que se expan diera en
man cha crecie nte: nació coetáneam ente en muchos lug a res aislados, s in que el de un lugar provocase el
de otro.” (p. 121 ). Vid. A
L ONSO
, A. (1967: 118- 128).
6
“Los ejempl os reun idos por Am ado Alon so, no sólo del sig lo XV, pero aún del XVI, basados en
docum entos editados por A .D. Savage, no parecen completamente dign os de fe”, p. 112.
A
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111
para esta épo ca (y tanto en España com o en América) la
hipótesis de A. Alonso de las tres etap as del seseo: a)
igualación de –z y –s finales; b) i gualación de z y s sonoras; c)
igualación de c y ss sord as. La confluen cia alcan za a cual quier
contex to y a cualqui er origen etim ológico.
Este único fonema fric ativo dental sor do resultante tendrá dos realizaciones: una
siseante , o más parecida a la /s/ c astella na , pero predo rsal; y otra ciceante, o más
cercana a l a / θ /, es decir, lo que modernament e llamamos seseo y c eceo,
respectivam ente.
Veamos, a continuación, estos dos resultados a partir de los te stimonios gráficos
que nos ofrece el tex to.
4.2.2.1. Seseo
⇒ Sese o a partir de c onfusiones entre las antiguas sibila ntes sordas: /s/ ( s-, -ss- )
en lugar de / ŝ / ( c, ç ):
a) Posición inic ial: sapateros (209r, 14), sapatería (245v, 28), sebollas (248v,
10), ), senteno (248v, 6), serró (224v, 6); sierre (248v, 16); serrado ‘ce rrar’ (261r, 10),
sese ‘ cesar’ (260 r, 18), seuada (209v, 12), sien (217v, 27), sierta (206v, 37), siento
σ
(210r, 10), sinco (215r , 13), sincuenta (218v, 29), sivdades (224r, 34), siento y
sincuenta (259v, 16), Samudio (249r, 15), Safra ( 252r, 11), Samora (259r, 29),
b) Explosiva en posición intervocálica: aderesa r, aderesen (261v, 17 y 18),
asadoneros (259r, 4), aserca (222v, 6), asier te (215v, 9), atarasanas (253r, 29),
aueriguasión (260v, 30), cresida (263v, 15), c ondisiones (244v, 14), conseruasión
(250r, 26), denusiador (244v, 31), desi ende, (223r, 12), el esión (219r, 13), enp esó
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(265r, 24), eseder , (260v, 34), esedies e , (260v, 12), espesialmente (259r, 2 5), estuysión ,
(250v, 16), fásilmente (259r, 3), ju
σ
tisia (206v, 3) , lis ensia (250r, 11), lis e nsiado (245v,
10), nase ‘n acer’ (263v, 13), negosio (256v, 7), nesesidad (260v, 20), notisia (264r, 23),
obedesió (264v, 17), pareser (265r, 4), paresiere (206v, 14), pedaso (259v, 3), petisión
(244v, 13), plasa (220r, 2), plaseta (252v, 21), pres io (206v, 32), prosederá (249r, 3),
rrelasión (264r, 6), rresetores (262r, 28), rresibieron (263r, 5 ), seruis io (248v, 11),
soli s ite (269v, 10), sufi siente (246r, 24), sused e , (271v, 3), tresientos, (237v, 17),
ynformasión (265v, 8), ynposis ion, (244v, 20), ynpusis ion , (230v, 28), yspiriensia (246r,
3), y
σ
tuysion (224r, 38), Bisente (207v, 30), Palasio
σ
(207v, 15).
c) Explosiva tras consonante: alcansó , (262v, 18), alsen (242v, 26), alsa, (262v,
3), alsado, (248r, 28), ap ersiban , (248v, 21), asystens ia, ausensia (234r, 13), avdiensia,
(267r, 16), balansa , (274v, 5), cársel (219v, 35), carselero, (264v, 12), comensado
(209r, 27), comensar (206v, 30), comiensan, (260r, 13), consejo
13
´ conc ejo´ (en el
encabez amiento de cada una de las actas perten ecient es a [E1] ), consiensi a (236r, 15),
consierte (230v, 11), co nsertados, (259v, 23), consertaren, (259r, 7), co nsertó, (265r,
25), denunsie (231v, 21), dife(re) nsias (239v, 26), diligensia, (260v, 13 ), diligen sias
(231v, 13), ensima, (264r, 8), esens ión, (266v, 8), esensiones (231v, 11), esperans a
14
(206v, 40), fiansas (207v, 9), libransa (206v, 20), lisens ia (207v, 7), lisen s iado
(multitud de ejemplos), marso (206v, 1), matansa (247v, 28), minsión , (265v, 28),
morsillas (237v, 16), on sas (231v, 25), ordenansas (231v, 17), rr esidensia (239v, 24),
rrezidensia (236r, 9) , tersera (213v, 4), tersias (218r, 3), yntensión (231v, 17),
ynteruensión , (260v, 28), ysperi ens ia , (246r, 3), Ualensuela (253r, 5), Fransi
σ
co,
Garsía (264v, 12), Gonsales (247v, 17) , Lorenso (250r,10).
13
Frente a conçejo (270 v, 9 [E5] ) y concejo (216v, 3 [ E3 ] ) y (257v , 30 [E4] ).
14
El escribano du da, otra vez, e ntre z y s .
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⇒ Seseo a partir de conf usiones entre las antigua s sibilantes sonoras: /z/ ( -s- )e n
luga r de /z/ ( z ):
a) Explosiva en posic ión intervoc álica : abastesida (234r, 24), asotes (220r, 1),
benefisiar (207r, 22), b enefisio (233r, 22), brasas ‘medida d e longitud’ (234v, 16 ),
cabesos (223r, 20 ) , carnesería (206v, 11), condis ión (206v, 31), condisiones, (256r, 2),
confirmasión (207r, 17), (con)pareser (216r, 23), conseruasión, (250 r, 26), dispusisión
(263v, 16), enpesó , (2 65r, 24), espesialmente , (259r, 25), fásilmente , (259r, 3),
fortalesa < prov. fortalessa (270v, 3), hiso (233r, 7), meres e (222v, 24), mo so (215v, 8),
muñisiones (213r, 26), nasiones (216r, 18), nesesidad (209v, 15), notisia (220r, 15),
obedeser (222v, 18 ), obligasión (234v, 9), ocupasión (239r, 15), ocupasiones (265r,
29), ofisiales (213v, 16), ofisio (208r, 17), ofrese (234v, 24), ofresiere (248v, 27 ),
padese (233r, 20), par esca, (256r, 26), pares e , (261v, 6), pareseres (239v, 27),
paresiere (206v, 22), paresió , (252v, 20 ), pedaso (208r, 1), petisión (207v, 24), pros eso
(267v, 15), prorrogasión (207r, 20 ), rreconpensa s ión (216r, 26), rrelasión (241v, 30),
rreseptor (242r, 9), rre setores (262r, 28), rresebir (264r, 11), rresibe (260r, 39),
rresibidos (238v, 12), seruis io
σ
(219r, 10), solis ite (237r, 14), sufis iente (218r, 36),
tresientos (237v, 17, per o trezie ntos en la línea 15), uejasión (230v, 9), ynformasión
(224v, 11), ynpusis ión (224r, 23).
b) Implosiva: rrodesno (229v, 29), rrodesnos (25 0r, 10), Biscayno (247v, 32),
Uas ques (224r, 39).
c) Final absoluto: jues, dies (207r, 16), ues (207r, 27) y, con las reservas hechas
anteriorme nte, los patronímicos ante s citados: Á luares (265v, 6), Días (259v, 13),
Fernandes (263v, 31 ), Gonsales (247v,17), Hernandes (259r, 4 ), Rrodriges (261v,
24), Saes (256v, 8), Sanches (252r, 7 ).
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4.2.2.2. Ceceo
⇒ Ceceo a partir de con fusiones entre las antig uas sibilantes sonoras: /z/ ( z ) en
luga r de /z/ ( -s- ) o de /s/ ( s-, -ss- ):
a) Posic ión inicial: z iza (230v, 21), frente a siza (231r, 14).
b) Ex plosiva en posición intervocálic a: auizitar (218v, 34), auizo (234r, 17),
auizos (246r, 4), auzen tare (234r, 25), avz ensia (239r, 8), cauza (209 r, 28), cavza
(252v, 17), caza (209r, 28), caza
σ
(210r, 14), cazi (252V, 18), defetuozo (243r, 18),
deheza (207v, 33), dema ziados (219r, 9), demazías (255v, 30), depozitario (256v, 5),
escuzar (244v, 1), es cuzare (267v, 4), escuzarían, escuzarse (260v, 4 y 5), gizar< germ.
(233r, 12), huzillos
15
(229v, 26), iuzo (213v, 22), ynglezes (246r, 2), marq ueza (206v,
14), marquezado (222v, 16), meza (248r, 20), mezes (232r, 22), mezonero
σ
(209v, 11),
ozados (218r, 3), peza (218r, 24), pezas (243v, 27) pezadunbre (222v, 12), pezador
(252v, 22), pezadores (252v, 18), pezo (251r, 24), pezos (249v, 17), pozada (235v, 8),
pózito (207r, 29), preza (251r, 22), prezent e (206v, 41), prezent ó (206v, 24),
prezentaron (247v, 18), propuzo (218r, 19), pro uizión (207v, 12), prouizione σ (246r,
31), puziesen, puzieron (248r, 27 y 265r, 15), puzo (216r, 27), quezo (219 v, 23), quinze
(245v, 8), rrezes (268v, 7), rrezidensia (236r, 9), frente a rresidensia (23 9v, 24), siza
(231r, 14), suzodicho (2 48r, 8), uze (246r,1), vz o (224r, 31 ), vzarán (23 8v, 13), vzase
(207r, 15), uizitado (207v, 27), uizitar (259r, 20), uizitas (224r, 39), uazijas (219v, 34);
coza (246r, 3), cozas (2 06v, 8), ocaziones (222v, 17) y quiziese (206v, 16), quizieren
16
(246v, 8), Baltazar (216r, 7), Ozorio (216r, 12).
15
‘Husil lo’: tornillo d e hierro o m a dera q ue se usa para el mo vimiento de las p rensas y ot ras máquinas
(DRAE, 2001
22
).
16
Estos ú ltimos ejemplos proceden de la an tigua fricativa sorda /s/, -ss- , en la escritura.
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4.2.2.3. Ausencia de seseo-ceceo
⇒ Resultado etimológ ico procedente de las antiguas sibilantes fricativas apicales
/s/ y /z/:
a) Posic ión inicial: sábado (209r, 18), saber (217v, 41), sacar (219v, 13),
salario (232v, 18), salin as (229v, 31), salón (26 1r, 9) , salud (216r, 27 ), saluo (241v,
31), sangraza (243r, 5), santo (242r, 26), se
17
(244v, 1), secretario (213 r, 20), sei
σ
(215v, 24), sello 242v, 35), señaló (207r, 24), señor (207r, 26), seruido (222v, 17),
seruisio (234r, 25), setenta (207r, 19), setienbre (215r, 1), sienten (219v, 33), sigiente
(222v, 9), siguridades (209v, 25), sino (219v, 21), sitio (206v, 17), siza (231r, 14),
solares (243r, 10 ) , solenidades (208r, 20), solí a 223r, 19), suben (233v, 23), su elas
(209r, 15), Sanches (229v, 10), Santiago (233v, 9), Sierra (236r, 7), Siuilla (256v, 6),
etc.
b) Explosiva en posición intervocálica: asientos (263v, 21), asigure (218v, 12),
as istan (231r, 23), des eáy
σ
(222v, 26), pres entó (242r, 18), prosiga (209 r, 30), rresedir
(238r, 20), rresidensia (238v, 3), rreseruado (220r, 14), rresultar (230v, 10); y
amasado (241v, 8), asistan (231r, 22), as ystensia (234r, 13), neses ida d (241v, 6),
pasado (248r, 2 ), pas as e (206v, 39), pase (220v, 5), pasó (222v, 32), pos es iones (208v,
15), uasallos
18
(222v, 15), etc.
c) Explosiva tras consonante: ansí (243r, 16), ensierre <SER Ā RE (264r, 17 )
d) I mplosiva: abasto (224r, 19), acostunbrado (238r, 33), asis tan (231r, 23),
asys tensia (234r, 1 3), bastante (217v, 41), bus quen (238v, 24), castigue (224v, 11),
castillo (213r, 22), costas ‘costar’ (229v, 23), cost unbre (260r, 12), d escargo (265r, 25),
17
En el f o l. 206v , 25 el escri bano duda en tre z y s .
18
Estos ú ltimos eje m plos corresponden a la antigu a fricativa sorda, -ss- en la escritu ra.
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despida (238r, 24), dest a (239v, 9), destruyen (233r, 21), enprestaro n (217v, 35),
escándalo (219v, 31), escribano (235v, 5), escritura (252v, 25), espesial mente (259r,
25), espera (262r, 13), estado (213r, 12 ), están
19
(265r, 7), estero (207r, 14), gasten
(223r, 31), hasta (223v, 18), huéspedes (235v, 8) , lagosta (235v, 22), menester (233r,
20), molestia (230v, 9), pastar (232r, 14), peste (235v, 11), postura (242v, 26),
propuesto (209v, 26), testigos (223r, 18), tosca (233v, 10), etc.
e) Final absoluto: si empre encontramos -s.
⇒ Resulta do etimológico procede nte de las antigu as sibilantes africada s
dentoalveolares / ŝ / y /z/:
a) Ex plosiva en posi ción intervocálica: alguazil (235r, 17), az eyte (242v, 23),
dezienbre (24 4r, 18 ), cozido (248r, 30), cruzada ( 262r, 30), dizen (265v, 5 ), doze (266r,
24), dozientos (242v, 28), gozar (231v, 11), h azer (233r, 31), hazienda (236r, 12),
perdizes (218r, 7), perjuizio (207v, 31), pozo (219v, 33), rrazón (222v, 13), rrezidensia
(236r, 9), rregozijos (234v, 24), sangraza (243r, 5), treze (261v, 1), trezientos (262r,
15), vezinos (231v, 15), e tc.
b) Ex plosiva tras consonante: catorze (231v, 22), esenziones (215r, 22), merçed
(234v, 26), onze (239r, 1), ordenanzas
20
(217v, 11), quinze (242r, 20), Palacios (242v,
1), etc.
c) F inal absoluto: boz (fol. 213v, 24).
19
En estos se is eje m plos tene mos -s im plos iva proceden te de u na S- l íqui da lat ina.
20
En este ca so la grafía de la so nora indica la pé rdida de la dif erenciación sorda/s onora ent re los dos
antiguos fonemas africados.
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4.2.2.4. Conclusiones
Si real izamos el cóm puto de los ejempl os, obtenemos los sig uientes datos: del
total de 385 ejemplos, 1 23 presentan grafías i ndicativas de aus encia de seseo/ce ceo, lo
que supone el 32%, f rente al resto, es d ecir, 262 ejemplos que p resentan grafías
indicativas de seseo/c eceo, lo que en térmi nos porcentuales supon e el 68% de los casos.
A la luz de e stos datos genera les parece c laro que el fenómeno está arrai gado en la zona.
Si analiz amos a continuación los 262 ejem plos qu e presentan grafías que i ndican
seseo/ceceo, comprobam os que los casos d e seseo son mucho más numerosos, 192
frente a 70 ejemplos de ceceo. En términos porcentuales, en el 73 % de los ejemplos de
confusión tenemos seseo, frent e al 27% de c asos en que aparec e ceceo.
Parece fuera de dudas, a la vista del aná lisis de los ejempl os aportados, que la
variante s eseante es ma yoritari a frente a los casos en que apa rece la grafía indicativa de
ceceo. Dicho d e otro modo: los casos de seseo s on mucho más abundant es que los de
ceceo.
Aunque, como h emos apuntado arrib a sigu iendo a Rafael Lapesa, muchas de las
grafías puedan deb erse a ultracorr ección, las cifr as parecen dem asiado clar as como para
hacernos aventur ar que la pronunciación de lo s es cribanos era de car ácter c eceante.
A la vista de los ejemplos aportados, las confusiones a favor de l a variante
seseante se producen en tre las sibilantes sonoras y ent re las sordas, mientras que los
casos de ceceo sólo se dan ent re las sordas. Es muy si gnificati vo también el hecho, de
que encontremos ejemplos de seseo en todas las posiciones (inici al, explosiva
intervocálica, ex plosiva tras consonante, im plosiva y en posición final), mientras que
los casos de ceceo s e circunscri ben únicam ente a posici ón intervocálica.
Todos los datos y argumentos aportados nos h acen concluir sostenien do la
mayor ex tensión de la variant e seseante en nuestr o corpus frente a la v ariant e ceceante.
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Dicho de otro modo, par ece que la situación actual de ceceo en la zona no fue así
en el origen del fenóme no. Y esto es lo problemático, como podemos colegir de la
siguie nte c ita
21
:
En Se villa, Huelva y Cádiz, la confusión s, ç y z caste llanas
se repartió e ntre seseo y ceceo. [... ] E n r e a l i d a d n o s e v e
fundamento alguno para suponer que uno derivase de otro ni
que éste fuese anterio r o posterior a aqu él. Difer entes
circunstanci as debieron hacer que la relación entre s, ç y z se
resolviese en cad a comarca en seseo o ce ceo y qu e cada una
de estas formas alcanzase después di stinta consideración, así
en ext ensión como en concept o social.
Estos investigadores y a habían puesto de manifiesto la influencia qu e “la forma
de la s andaluza, en sus variantes coronal y pred orsal, debió influir en la confusión de
las antig uas ç y z con la s en esta re gión”. (p. 271).
Por lo tanto, el problema que se nos presenta es que nuest ro corpus parece
ofrecer un a tendencia al seseo a fi nales del si g l o XVI y en A y amonte se cecea. De
manera que, o bien habría que pensar en una con fusión sin determinar en qué variable
-lo que parece poco prob able a la vista de los numerosos ejempl os
22
-, o bien habrá que
admitir que la s solucione s pudieron modific arse posteriorme nte. En este sentido, so n
necesarios muchos más trabajos de cará cter histórico –inclu y endo otros puntos de la
21
N
AV AR RO
T
OMÁS
,T . ,E
SPI NO SA
,A .M .y R
ODR Í GUEZ
C
ASTE LLANO
, L. (1933: 266). Véas e tam bién la
págin a 271 y siguien te s en do n de se pon e de manif iesto la inf luen cia que las es es coronal y predorsal
andalu za s tu vieron en la confu sión de los antigu os fo ne m a s dentoalveo lares co n /s/, o rige n del fenó meno
en la reg ión.
22
Aunque s iempre cabe pens ar con R. Lapesa, com o he mos apuntad o ante s en la intro ducc ión, que las
graf ías sean el reflejo de ultra correcciones , en nu e stro caso de u n ha blante ceceante. Com o sucede hoy:
alumn os ceceantes de enseñanaza s ecundaria llenan sus textos de eses ultracorrectas.
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comarca – que aporten más datos, cosa que permitiría establece r una solución al
problema plant eado que estuviese aval ada por un número de ejemplos más sig nificativo.
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4.3. ASPIRACIÓN
Sabemos que la aspira ción tiene vari os orí g enes, como ha sido puesto de
manifiesto por diversos inve stigadores como don Ramón M ENÉNDE Z P ID A L en su
amplio estudio publicado en los Oríg enes del esp añol o más recientem ente otros, como
M ONDÉJAR , J . (2001
2
: 134):
En Andalucía, la aspira ción tiene tres oríg enes: 1º) el y a
señalado de naturaleza ca stellana medieval (hasta el XV); 2º) el
también indicado de na turalez a moderna andaluza (s. XV I ); y
3º) el de origen n etamente c ontemporáneo anda luz, canario e
hispanoamericano, consistente en el aflojamie nto artic ulatorio
de la –s, -r, -l, -z y –z, en posición implosiva (s. XV III hasta
hoy). No obstante, sólo ha y un fonema aspirado,
independientemente del orig en de cada una d e las realizaci ones
aspiradas.
A
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127
Nue stro corpus, como hemos señalado al refe rirnos al debilitamie nto de las
consonantes implosivas
25
, nos proporciona un conjunto de ej emplos en los que la grafía
ese no aparece. En la mayoría de los casos l a caída de ese se produce en posición final
de palabra y se corresponde al morfem a de plural:
• moderado
σ
presio (fol. 222v, 30)
• do
σ
año (fols. 207r, 21 y 223v, 3)
• honbres hijodalgo (fol. 213v, 8)
• los tales persona (fol. 223r, 32)
• mil maravedí
σ
rrepartido (fol. 230r, 39)
• los pezo (fol. 231v, 26)
• los montes y canpo (fol. 233r, 21)
• tre o quatro blrasas (fol. 234v, 16).
• los pobre (fols. 238v, 14 y 249v, 28)
• por tersios repartido (fol. 238v, 30)
Hemos documentado, del mismo modo, el patronímico Palasio (fol. 225 v, 5);
además de dos ejempl os en que la caída de es e se produce en situación interior de
palabra: juridisión (fol. 223r, 27); depués (fol. 210r, 25 y 244r, 15).
Como ve mos, la ca ída d e ese se produce en el segundo elemento del sintagma,
quedando asegurado el plural por la presencia de la ese en el pres entado r, tal y como
sucede ho y . Si acabamo s de ver que se ad mite aspiración de /–s/ implosiva en 1610,
parece prob able que tam bién se esté dando el fen ómeno en nuestro tex to que se aparta
de esta fe cha sólo veintitantos a ños y que además, como ve mos, presenta rasgos
clarament e andalu ces.
25
Vid. el epíg rafe 3.2.1.
5. LÉXICO-SEMÁ NTI CA
5.1. INTRODUCCIÓN
De acuerdo con L
AGÜÉNS
G
RAC IA
,
V.
(1992:
32),
“quien se dedica a la
Le xi cografía his tórica sabe bien que debe ser capaz de ac eptar un a serie de posi bles
imperfecciones en su tr abajo”. Partiendo de est a premisa, comenzarem os el capítul o
sobre léxico-semántica estableciendo las bases metodológicas en las que se sus tenta
nuestro estudio.
En prim er lugar, hemos de señalar que nuestro estudio léxico-semántico no es
exhaustivo, en el senti do de que no estudiamos l a totalidad del l éxico que aparece en el
corpus, cosa que hubi era ampli ado nuestra tesis de manera desmesurada, y creemos que
también i nnec esaria, p uesto que poco nuevo podríamos aportar en la may oría de los
casos. Dicho de otro modo, y en palabras de F
ERNÁNDEZ
S
EVILLA
, J. (1957: 9): “Todo
trabajo científico tropi eza con dificultades y problemas. Aquí uno de los fundamentales
es el que viene dado po r la propia natur aleza de l léxico, el cual se estructura en mu y
diversos campos, que exceden con mucho los límites del léx ico mismo”.
Según C
OSERIU
, E. (1991
2
: 93) “son posibles muchas clasificac iones
‘semánticas’ de las pal abra s, según el tipo de determinación qu e se adopte como
criterio”. Nu estro objetivo, pues, h a sido el d e intentar una aproxi mación al l éxico de
132 C
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L
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nuestro corpus, y par a el lo hemos establecido una serie de “campos asociativos”
1
que,
de alguna manera, abarquen la realidad que se c ontiene en el t exto. Para C
OSERIU
, E.
(1991
2
: 168) “estos campos no son estructuras e n sentido propio del término, s in o
‘configuraciones’: no conciernen a la estructuración del significado por m edio de rasgos
distintivos (oposiciones semá nticas), sino a l as asoc iaciones de un signo con otros
signos, asociaciones establecidas por similitud o contigüidad, tanto de los signficantes
como de los significados”.
Más que desentrañar el significado d e las palabras (porque, ad emás, en pocos
casos of recen s eria s dudas), “se busc a, ante todo, aport ar datos l ingüísticos y
documentales que contribu y an, aunque sea mínimamente, al conocimiento de la historia
de los términos analizados”. (L
AGÜÉNS
G
RAC I A
,
V.,
1992:
34).
En cuanto al estudio de cada lexía
2
, cu y a forma modernizada encabeza cada
artículo, hemos procedido del siguiente modo:
1º Hemos puesto un ejemplo de la palabra tomado del corpus. Cuando la palabra
ofrece más de una variante gráfica, se recogen en otras tantas c itas.
2º A continuación ofrecemos los datos etimol óg icos, si g uiendo el Diccionario
crítico etimológico castelano e hispánico [DCECH] de C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980-
91); en al gunos casos, nos valemos t ambién del Diccionario etimológ ico español e
hispánico [DEEH] de G
ARCÍA DE
D
IE GO
(1985). En este punto, anotamos, en su caso, la
inclusión del vocablo en el estudio soble el culti smo lé x ico me dieval del profeso r
B
USTOS
T
OVAR
(1974).
3º Lueg o abord amos la hist oria léxi co-se mántica del t ér mino a partir del Nuevo
Tesoro Lexicográfico de la L engua Española [NTLLE] de la R eal Ac ademia Española,
comentando los datos que nos p ar ecen más significativos hasta llegar, cuan do el caso lo
requiere, a la última edición del DRAE (2001
22
).
4º Terminamos el estudi o de la palab ra consignando su primera docum entación
1
Seguimos la terminología del pro fesor Eugenio Coseriu e n la o bra citad a.
2
Siguiendo la ter minología d e P
OTTI ER
, B . (19 92: 30 ), que la de fine co m o “secuenc ia de p alabras
memorizada c omo signo individualizado” .
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
133
en el Corpus diacrónico del español [CORDE] que, como sabemos, v a a ser la fuente
principal para la elaboración del Nuevo diccionario his tórico del español [NDHE].
5º Finalmente
3
, cuando e s el caso, añadimos la i nclusión de la palabra e n do s
diccionarios específicos, uno de c arácter diacr ónico, el Diccionari o de la pr osa
castellana del Rey Alfonso X [ K
ASTEN
(2002)];
y el otro de ámbito diatópico, el Tesoro
léxico de las hablas andaluza s [TL H A
(2000)].
En cua nto a los campos asociativos, hemos es tablecido los que se ci tan a
continuación que inclu y e n los téminos siguientes:
I. FORMAS DE TRA TAMIENTO : ba chiller, don/doña, ex ce lencia,
excelentísimo, ilus tre, ilu strísimo, licenciado, majestad, magnífico, señor.
II . CARGOS ADM I NSTRATIVOS: alcabalero, alc aide de la fo rtaleza, alcalde,
alguacil ma y or, carcelero, corre g idor, es cribano, fiel ejecutor/fiel de la
haceduría, juez (de m enores, de residencia, de la sal), justicia ma y or,
mayordomo, receptor (de la bula, del asa), regidor, teniente, tutora-curador a -
y -legítima- administradora.
III . OFICIO S: a g uadero, a rmador, arrier o, azado nero, barquero, boticario,
calero, cléri g o, cónsul, corredor, escribiente, ganadero, guardián, herrero,
jabonero, labrador, lla vero, médico, mercad er , mesonero, m olinero,
panadero-ra, pesador, pi loto de la barra, porte ro, tabernero, vend edera,
zapatero,
IV. MONEDAS Y MEDIDA S:
A) MONEDAS: blanca, duc ado, mara vedí, real
B) MEDIDAS:
3
El Nuevo tesoro lex icográfico del españo l (s. XIV-1 726) de N
I E TO
J
I M ÉNEZ
, Lidio y A
LVA R
E
ZQU ERRA
,
M. ha ap arecido cuando ya este estudio estaba muy ava nzado , por lo q ue decidimos no incluirlo p ues
hubiera supue sto volver a e m p ezar.
134 C
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1. De capadidad: almud, arroba, cahíz, cuartillo, fane g a, harnero.
2. De peso: libra, onza.
3. De longitud: braza, legua, vara.
V. EL CAMP O: bre ña, cabezo, chocallo, dehesa, estiérc ol, langosta, lonja, paja,
portillo, prado, sesmo.
A) LABORES: arar, beneficiar, cavar, rozar.
B) CEREA L ES, ÁRBOLES Y FRUTOS: alcornoque, arroz, cebada,
cebolla, centeno, endrina, haba, hi g ueral, pepino, pera, pino, tri g o, viña.
C) PRODUCTOS AGRÍ C OLAS MANUFACTUR ADOS: aceite, afrecho,
cuajada, ensalada, harina, huevos, morcillas, pan, queso, vino.
VI. GANADERÍA: bestias, b uey , cabra, cab rito, capón, carnero, chivato, conej o,
gallina, oveja, pavo, perdiz , puerc o, ternero, vaca.
VII. EL MAR: barra, estero, lota, pescado, sapal.
A) E L A TÚN Y SUS P ARTES: atún, lomo, cerrillo, cuchillo, s ang r aza,
ijada, pergaña, badana.
B) EMBARCACIONES: barca, barca de jáb ega, ba rco, barqueta, b arque te,
bergantín, carabela, enviada, nao, navío.
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
135
5.2. FORMAS DE TRATAMIENTO
En la “ Orden APU/516/2005, de 3 d e marz o, por la qu e se disp one la
publicación del Acuerdo del C onsejo d e Minis tros de 18 de f ebrero de 2 005, por el que
se aprueba el Código de Bue n Gobierno de los miembros del Gobierno y de los altos
cargos de la Admi nistración General del Est ado. (BOE 07-03-2005)” se establece, entre
otros t emas, la p ráctica desaparición del uso de la s formas de tr atamiento t radicionales,
puesto que en el punt o 8 del apartado ter cer o, t itulado “Principios de conducta”, dispone
que:
El tratamiento ofi cial de carácter protocolario de los
miembros del Gobierno y d e los altos cargos será el de
señor/señora, seguido de la denominación del cargo, empleo o
rango correspondiente.
En cuanto a los estudio s sobre las formas d e trata miento son escasos, s obre todo
en el ámbito hispánico . C
ABELLOS
C
ASTILLA
,
M
ª
R.
(2005) s eñala tres estudi os
136 C
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A
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fundamentales sobr e el tema: B
ROWN Y
G
ILMAN
(1960), B
ROWN Y
F
ORD
(1961) y
E
RVIN
-T
RIPP
(1969 ). De ellos, sólo en el primero se aborda el estudio de las formas de
tratamiento (aunque sólo ref erido a los pronombres de segunda persona) en varias
lenguas europeas, incluido el español. L os otros dos estudios sólo se refieren al ing lés.
E
SCANDELL
V
IDAL
,
M
ª
V.
(1996:
137),
en su Introducción a la pragmática,
establece que “uno de los aspectos en que resulta más patente la interrelación entre
cortesía y formas lingüí sticas es el que se refiere a la[s] formas de tratamiento o
deícticos sociales. Las sociedade s organiz an a sus miembros en estamentos más o
menos cerrados de a cuerdo con cada cultura”. Por su parte, M
ORENO
F
ERNÁNDEZ
,
F.
(1998: 149-150)
sostiene que “formas de tratamiento y cortesía son nociones que se
exigen mutuamente y qu e, por lo tanto, no pued en expli ca rse de forma independiente.
[...] El poder y el estatus son valores que s e derivan de unos pap eles sociales
determinados; é stos, por su parte, son si mplemente un producto d e la división de l
trabajo dentro de una comunidad: el funcionamiento adecuado de un g rupo o una
sociedad depende d el ad ecua do complimiento de unas tar eas que se reparten entre los
individuos que los componen. Ahora bien, en la práctica, l os papel es no se distinguen
solamente por la natural eza de l as tar ea s que s e realizan, sino también p or l a forma en
que son considerados so cialmente”. El estudio de las form as de t ratamiento en n uestro
corpus nos ofrecerá, pues, las claves par a entender t anto las tareas que realizan los
miembros del Concejo, como la consideración soc ial que tenían e n la época.
Nuestro corpus es rico en cuanto a la presen cia de formas de tratamiento. Para la
Real Academia, las for mas de tratamiento, además de l os pronombres, son aquéllas
“que empiezan a crearse desde época m ás r eciente para desi gna r a d eterminados
destinatarios con especial cortesía, respeto, acatami ento o re verencia”
4
.
Según la RAE (1973: 340) , “el apelativo [ de tratamiento de tercera pers ona]
puede t ener carácter mas bi en genérico ( señor, se ñora, amigo, paisano, etc.) o designar
más específicamente u na profesión, cargo, título, gradación ( doctor, juez, duque,
4
Vid. RAE (19 73: 3 36).
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
137
general, etc).” O bien, “el sustantivo de la fómula es un nombre abstracto femenino
heredado del latín en la may or parte de los casos, que designa virtud, cuali dad o facultad
positiva de las personas : alteza, [...] , excele ncia, [ ... ] , magnificencia, majestad, [... ] ,
merced, [... ] ”.
Veamos, pues, el estudio pormenorizado de cada una de ellas.
BACHILLER
En este C abildo se propu zo que atento está el bachiller Serrano
de / camino pa ra fue ra d esta uilla, i po rque el puebl o queda sin mé-
/
21
dico, se acue rda q ue cada uno propon g a lo que le pareciere / si
será bien t ratar con él da lle algún s alar io pa ra qu e quede en/ este
lugar. (fol. 218 rº)
C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980-91) lo hacen p roceder del francés bacheli er y
ofrecen la primera documentación en el siglo XV, sin más concreciones.
La historia lex icog ráfica del término comienza en NEBRI JA (1495): ‘initiatus ad
sacra litterarum’. Su prim era de finición está en COVARRUBIAS (1611) : ‘Es el primer
grado que se da en l as uni versidade s a los que han oído alguna facultad…’. Y así lo
recoge AUTOR IDA DES (1726). En el DRAE (2001) esta d efinición aparece como
poco usada, frente a la moderna ‘persona q ue cursa estudios de enseñanza secundar ia’.
El significado antiguo de ‘persona que ha r ec ibi do el primer grado en u na facultad’
desaparece del dic cionario académico a partir d e l a 13ª edición de 1899, p uesto que en
la edición siguiente el art ículo sufre una n ueva r edacción: ‘Persona que ha recibido el
primer grado a ca démico que se otorgaba ant es a lo s estudi antes de facultad, y que ahora
se concede en las de teología y d erecho canónico en los seminarios’. A esta primera
acepción, heredera de la antigua, se le añad e, por ver prim era , el significado moderno
138 C
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del término: ‘Persona que ha obtenido el grado q ue se conced e al termina r la se g unda
enseñanza’, DRAE (1914
14
).
La primera documentación del t érmino bach iller en el CORDE
5
con el
significado de ‘grado’ es la siguiente:
Ante mi Ferrand P er es de S eg ovi a, escrivano de nuestro señor el
rey e su escrivano e not ario publico en l a su corte, e en todos los
sus reignos, e de l os testigos que de y uso seran escriptos e antel
bachiller Ferrando Gon çales, alcalde en l a co rte del dicho señor
rey don Ferrando, e jues po r el dado para mi rar e conosçer e
sentençiar e mand ar apear los terminos del dicho lo ga r de
Fuenteçesped, aldea del di cho monesterio entre la vi lla de Montejo
e Santa Crus e Valdeherreros.
1326, Anónimo, Traslado de un privilegio de Alfons o XI. Publicado
por Esther Gonz ález Crespo, Universidad Complutense de Madrid
(Madrid), 1985. [12/1/2006]
DON / DOÑA
Io, doña Ana d e Súniga, m arque za de Aiam onte, tuto ra i
curadora i lig ítima a d- /
12
mini σ tradora de la persona, estado y
hazienda de don Fransi σ c o de Gu σ mán, / marqués de Aiamonte,
mi hij o, acatando lo σ mucho σ i l eales seruisio σ / que J uan Oz orio
Gauilanes, aio del dicho marqués i de d on L ui σ de C órdoua, /
15
su
ermano. (fol. 213 rº)
5
Real Acade mi a E spañola, Cor pus dia crónico del e spañol, www.rae.es.
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
145
ILUSTRÍSIM O
21
En este Cabildo se prezentó vnas prouiziones del
ill ustrísi mo m arqués / de Aiamonte d e nonb ramiento de ofisiales
pa ra este año de 82 / años del tenor sigientes. (fol. 219 rº)
Forma en grado superlat ivo de ILUSTRE (vid. supra). Su historia lexicográfica
es paralela a la de EXCEL ENTÍSIMO , puesto que no aparece h asta la primera edición
del diccionario académico, con el significado d e ‘tratamiento que se da a personas
constituidas en dignidad eclesiástica [...] , y también a otras person as se culare s según
estilo y práctica’, DRAE (1780).
El DRAE (2001
22
) recoge el mis mo significado, aunque el uso religioso o
secular parece haberse i nvertido: ‘1. adj. U. como tratamiento de ciertas personas por
razón de su cargo o di gnidad. Hasta hace algún tiempo, se aplicaba especi almente a los
obispos. 2. f. Tratamient o que se daba a los ob ispos, en sust itución d e Su S eñoría
Ilustrísima.’
En la primera documentación en el CORDE este tratamiento se da a un se g lar:
Y no teniendose vuestra señoria por contento nin cansado de t antos
y t an s eñalados fechos çelebrados en nu estras patria por vuestra
magnifica presona, costreñido de aquel z elo de virtud que lo tal
permite, y queri endo con tinuar y levar adelante a quel l içito y justo
motivo, fe y amor ofreçido al serviçio del ilustrisim o rey de
Aragon, que teniendo el l a çibdat d e Perpiñan y ç ercada la fortaleza
della sobre l a requesta del condado d e Rosellon que por tirania l e
queria ser ocupado.
1475, Pero Guillén de S eg ovia, La gaya cien cia. Publicado por O.
J. Tuuli o ; J. M. Casas Homs, CS I C (M adrid), 1962. [12/1/2006]
146 C
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LICENCIADO
Se ajuntaron l o σ ill ustr es señores: el li sensiado Ju an de Mora-
/
15
les, correg idor i ju σ tis ia m aior, J uan Ozorio Gauilanes, alcaide...
(fol. 215 rº)
Al igual q ue h emos señalado pa ra bachill er, también aquí C
OROMINAS Y
P
ASCUAL
(1980-91) dan como primera documentación para este término el diccionario
de NEBR I J A (1495 ): ‘cui data est copia’. La primera definición la encontramos en
COVARRUBIAS (1611): ‘el que ha rec ibido en alguna facultad el grado p ar a poderla
enseñar y exercitar, com o persona aprouada en ella’. Y éste es el s ignificado que, casi
de forma literal, recoge AUTORIDA DES (1734): ‘Usado como sub stantivo, se tom a
por el qu e h a sido graduado en al g una facultad, dándole licen cia y permiso para poder
enseñarla’.
B
USTOS
T
OVAR
, J.J . (1974) recoge el cultismo li ce ncia (< LI C Ĕ NTIAM) con el
siguiente significado:
‘licencia, p ermiso, autori zación’: Documento de 1241 (M. Pidal,
93: ...con licencia de mi senior el abbad...’.
La acepción de tratamiento aparece en el DR AE (2001
22
), pero sól o para
abogados: ‘Tatramiento que se da a los abogados’. Este significado no aparece recogido
por primera vez hasta DR AE (1803
4
): ‘Tratamiento que se da a l os prof esores j uristas,
aunque t engan el gra do de doctores y especialmente los nombran y tratan así l os rey es y
grandes. Jurisconsultos’.
Recogemos los dos prim eros ejemplos en el CO RDE, en las dos acepciones del
término, como grado (a) y como tratamiento (b), que s e documenta con posterioridad,
como vemos:
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
147
a) Assí que un día vino un físi co al Em pera dor & preguntóle el
Emperador que si era maestro licenciado en física.
1300-1305, Anónimo, Li bro del cavallero Cif ar . P ublicado por
Juan Manuel Cacho Blecua, Universidad de Zarag oza, ( Zarag oza),
2003. [12/1/2006]
b) Don Joán, por lo g racia de Dios re y de C astilla, de L eón, de
Toledo, de Gallizia, de S evilla, de C órdova, de J aén, del Algarbe,
de Algezira, e señor d e Vizcaya e de Moli na a vós los doctores
Pedro Gonçález de Ávil a, e Arias Maldon ado, e Juan Sánchez de
Çurbano, e Sancho Gar cía de Villalpando e a vós el li cenciado
Joán Gonçález de Valdenebro, mis oidores e refe renda rios, e a vós
el maestro Álvar Garc ía de San Sagund, mi capellán, todos del mi
consejo, o a qualesquier dos de vosotros, salud e g racia.
1448, Anónimo, Carta de Juan II [Documentos del Archivo
Municipal de Toledo] . Publicado por P edro Sánc hez-Prieto Borja,
Universidad de Alcalá (Madrid), 1999. [12/1/2006]
MAJESTA D
I que no entregará el dic ho ca σ tillo i fortaleza a perso- / na del
mundo si no fuere al dicho marqués, mi hi jo, o a su sierto
mandado. / [...] gua rdando en todo el seruisio de /
6
Dio σ i de su
maje σ
σ σ
σ tad el rrei de Ca σ till a, nuestro se ñor. (fol. 213 vº)
148 C
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Voz procede nte de MAJ OR, -OR I S , comparativo de MAGNUS, do cumentada
desde los orígenes del idioma. (DCECH, s.v. mayor ) .
El vocablo lo reco g e el profesor B
USTOS
T
OVAR
,
J.J. (1974) en su estudio sobre
el culti smo léxico medieval, y lo d ocumenta en t extos del mester de clerecía, como por
ejemplo: “Era plena toda la tierra de la sua magestad ”, de La Fazienda de Ul tramar .
El si g nificado del té rmino de tratamiento apenas ha v ariado, puesto q ue la
tercera acepción d el DRAE (2001
22
) lo define como: ‘Títul o o tratamiento que se da a
Dios, y también a emperadores y re y es’.
Sí ha cambiado su ortografía históricamente, ade más del sonido que representa
claro, puesto que si en NEBRI JA (1495) y A LCALÁ (1505) ap arece majestad, como
hoy, a partir d e la segunda edición del diccionario de NE BRI J A (1516) se impone l a
tradición ortográfica magestad , que se continúa e n COV ARRUBIAS (1611) y
AUTORIDADES (1734) y perdura hasta la 6ª edición del di ccionario académico de
1822. Ya TERREROS (1787) había r ecogido la ortografía etimológica, majestad, y la
Academia hará lo mismo desde la séptima edición de su diccionario en 1832.
La prim er a documentación del C ORDE es antig ua:
Et sepan p or cierto todos: aqueillos qui contra estos fueros uerrán,
assí como crebantadores et deshondradores de la nuestra real
magestad segunt la deuida pena serán tormentad os.
c 1250, Anónimo, Vidal Mayor, Publ icado por Gunnar Tilander,
Hakan Ohlssons Boktr y c keri (Lund), 1956. [12/1/2006]
K
ASTEN
(2002) recoge el término con el significa do de tratamiento en su
segunda acepción:
2. Título o tratamiento que se da a Dios, emperad ores y re y es. EE2
(1248? -1345 ?) fol. 294r 47, ell noble rey don alffons so: queriendo
L
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-
SEMÁNTI CA
149
penssar de la pro dellos. dio les fuera de la çiptad. en la ribera del
rio. taio. huertas. & otr os. uergeles d e dele ycte. en que tomass en.
solazes & s abores. qu e el fiziera criar por a si. pora tomar la su
real maiestad . sab ores. & solazes. quando ell en essa çipdad.
fuesse.
Formas atestiguadas: magestad, maiestad.
MAGNÍFICO
Se juntaron el ill ust r e s eñor lisensiado J uan de Mo- /
21
rales,
corregidor, i lo σ mui mag n ífi co
σ
σ σ
σ
señores Garsi Br auo, alcalde, /
Pedro Jaimes de F landes, L orenso Correa, Diego de Palasios, /
Martín Gonsales... (fol. 207 vº)
Voz procedente de M AGN Ĭ F Ĭ C US, compuesto de MAGNUS y FACE RE en
latín, que se documenta frecuentemente en Juan de Mena y ot ras obras d el siglo XV.
(DCECH, s.v. tamaño ) .
El cultis mo está incluido en B
USTOS
T
OVAR
, J .J. (1974), aunque en ninguno d e
los dos ejemplos que aporta tiene el significado de tratamiento:
Nobleza y lealtad: “Et por ende en los magnificos son gracias
incomparables, e muy compli dera s”.
Nobleza y lealtad, VIII: “Castidad es magnifica esleción”.
El término está en NEBR I J A (1495). Curiosamente, en su primera d efinición en
COVARRUBIAS (1611 ) aparece como título desusado, “aunque en sí ti ene t anta
calidad, que se deriua de mag nus & facio”. Acierta en este caso Covarrubias en cuanto a
150 C
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E
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S
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la etimol og ía. L os lexicógrafos posterior es no l e hicieron, con buen criterio, m ucho caso
en lo de “desus ado”. D e esta manera, AUTORIDADES (1734) en su 2ª acepción nos da
el significado de tratamiento: ‘Se toma también por título de honor que dan los re y es a
los caba lleros’. Y este significado perdura e n la tra di ción lexicográfica académica,
llegando al DRAE (2001
22
), aunque con restric ciones en cuanto al refe rente: ‘Usado
como títul o de honor para algunas personas i lustres y ho y , en Españ a, para los rectore s
universitarios’.
La primera documentación que nos da el C ORDE nos ofrece un ejemplo claro
del término con el significado de tratamiento de mediados del siglo X III :
Excellenti et magnifico viro J acobo Dei gratia il lustri regi
Aragonum Ma y oricarum et Valencie comiti B archilone et Ur g eli et
domino Mont pessulani infans Alfonsus ill ustris regis Castelle et
Leg ionis primo ge nitus et heres salutem et sincere dile ctionis
afec tum sicut il li quem multum diliget et de quo t anquam de se ipso
confidit.
1249, Anónimo, C artas Reales [ Docume ntos de Alfonso X
dirigidos a Andalu cía ] . Publicado por María Teresa Herrera; María
Nieves Sánche z, Hispanic Seminar y of M edieval Studies,
(Madison), 1999. [12/1/2006]
SEÑOR
Acordose que por q uanto an pedido al s eñor corregidor qu e / en
el pl eito que este Consejo trata con G arsi Peres, a pedi- /
15
do
declaren por posesiones. (fol. 208 vº)
L
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C
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ASCUA L
(1980-91) establecen que es palabra general a tod as las
épocas y común a todos l os romances de o ccide nt e. En cuanto a su etimología, procede
de S Ĕ N Ĭ OR, Ō R I S ‘más viejo’, comparativo de S ENEX. En el Bajo Imperio se empleó
en plural, seniores, para designar a los viejos más respetables. Posteriorm ente, se usó
SENIOR como tratamien to de respeto para todo s uperior. Finalmente, a co mienzos de la
Edad Media, y bajo dominio latin o, se hizo sinónimo de DOMINUS.
B
USTOS
T
OVAR
(1974) lo incluy e en su estudio sobre el cultismo medieval
como:
‘jerarquía an ge lical’: Be rce o, Loores, 219ª: “Após toles, m artire s,
tronos e seniores ”.
Su primera entrada lexicográfica la documenta mos e n AL C ALÁ (1505). L a
primera definición la encontramos en COVARRUBIAS (1611): ‘señor […] es llamado
propiamente aquel que ha m anda miento e poderío sobre todos aquellos que vienen en su
tierra…’
10
. P ar a ten er el sig nificado de tratamiento ha y que esperar h asta
AUTORIDADES (1739) , que en l a 13ª acepción establec e que ‘se us a también por
término de cortesía hablando con alguno, aunque sea igual o inferior’.
La primera do cumentación en el CORDE es del año 1218, aunque con el
significado de dominus. Reco g emos el primer ejemplo como t ratamiento, que es
posterior:
Sepan todos los omes questa carta vieren cu emo yo Cebah, fijo de
Hamet Avençabah, Alca y a d de los m oros de Mo ron, adelantado de
los vieios é de la Aliama é de todo so pu eblo, q ue sea sob re ellos
[fecho], é passadero, é atado todo lo que y o ficiere sobre ellos de la
avenencia, é de los pleytos, é de los atamient os con Gonçalvo
10
Es d ecir, como sinóni mo d e dominus . Valga el si guiente ej emplo de nuestro corpus: “En e ste Cabild o se
acord ó que por q uanto el marqués, mi señor , es /
27
la p rimera ues q ue a uenido a e ste lugar, a cordar on
mandalle v n pre- / zente...” (fol. 2 07 rº).
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Víceynte, Alc alde de nuestro señor don Alfonss o, por la gracia de
Dios Rey de Castiella,…
1255, Anónimo, Asiento y pos tura entre Gonzalo Vicente, alcalde
de Morón por el rey don Alonso,... Publicado por Franc isco
Fernández y González, R eal Academia d e Hist oria (Madrid), 1866.
[12/1/2006]
K
ASTEN
(2002) recoge el término con el significado de tratamiento como sex ta
acepción:
‘6. Término de cortesía aplicado a cualquier ho mbre. EE2 (1248?-
1345?) fol. 344r52, quan do llorenço suares vio a los moros commo
se acogien ante garçi p erez que nol osaron at ender dixo al re y
ssennor uedes lo que uos yo dezia que nol osarien atender aquello s
siete caualleros de moros agarçi perez en su cabo’.
El Tesoro l éx ico de las habl as andal u zas , de Manuel A
LVAR
E
ZQUE RRA
11
,
recoge un nuevo significado: ‘Superior, excelente, prestante’, a partir d el Vocabulario
andaluz , de Antonio A
LCALÁ
V
ENCESLADA
12
.
11
Madrid , Arco-Libros, 20 00. En adelante cita mos co m o T LHA (200 0).
12
Jaén, Universidad -Caja Sur, 1 998. El libro es una edición fa csímil de la 2ª edic ión de la ob ra p ublicada
por la Real Academia Espa ñola en 1 951.
L
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153
5.3. CARGOS ADMINIS TRATIVOS
Como era de esperar, so n frecuentes en los textos que estamos estudiando las
referencias a cargos de c arác ter político-administ rativo. En el encabezamiento de c ada
una de las actas se hace referencia a las personas que asisten a la reunión, así como al
cargo que ocupan en esos momentos en l a admini stración de la villa. P
INO
R
EVOLLEDO
,
F. (1991: 29), en su estu dio sob re do cumentos m unicipales de los siglos X II al XV II,
establece dos grupos en tre los cargos municipa les. Por un lado, los m iembros del
Concejo, entre los que cita: corregidor, alcaldes y regidores; y por otro, l os oficiales del
Concejo, entre los que están el escribano y otros oficiales.
Por su parte, C
ARRASCO
C
ANTOS
, P . (2002), en u n trabajo sob re el léxi co de las
instituciones muni cipales, estudia los t érminos concejo, ayuntamie nto, cabildo
regimiento, república y a lcaldía en las Ordenanzas de Sevilla de h. 1248 y de 14 92 y en
las Ordenanzas de A rchidona (1598). En las conclusiones establece el índice de
frecuencia d e las palabras estud iadas en un cuadro comparativo. Nosotros hemos
reproducido el citado cuadro, omitiendo los datos refer idos a las O rdenanzas de Sevilla
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de h. 1248, puesto que se trata de un a época muy alejada de nuestro texto
13
, y hemos
intercalado entre los otros dos t extos de la profesora Carr asc o Cantos los datos que nos
aporta nuestro corpus, quedando el cuadro comparativo del sig uiente modo:
Ord. de Sev. (1492) / Actas Cap. A y am. (1581-8 4) / Ord. Arch. (1598)
concejo 8 248 135
ayuntamiento 4 1 9
cabildo 32 348 43
regimiento 1 10 10
república - 10 5
alcaldía 1 - -
Un análisis comparativo del cuadro muestra qu e nuestro tex to comparte con las
Ordenanzas de Sevilla ( 1492) la preferencia p or el t érmino cabil do frente a concejo.
Mientras que, por otro lado, presenta d atos similares con las Ordenanzas d e Archidona
(1598) en cuanto a la p re sencia de otros términos como regimiento y república, así
como la ausencia en ambos text os del término alc aldía.
13
En cua lquier caso , los dato s que se apo rtan so n: co ncejo (53) y ca bildo (5), no aparecie ndo los d em ás
tér m i nos.
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257
El TLHA (2000) recoge varias acepciones del térm ino, y l as sitúa en la pr ovincia
de Huelva, ALEA, mapa 878: ‘cerro’, H 303, 402, 500, 501, 504, 600 y 603; ‘cerro
pequeño’, H 201, 204, 302 y 400; ‘cerro redond eado’ , H 401; y ‘colina’, H 201, 301,
302, 601. Parece que como ‘cerro’ podría ser un andalucismo.
CHOCALLO
Acordose que los aguaderos que echan agua tra yga n cánta- /
ros de arroba y lo s marq uen por el mayordomo. Y tray gan cho- /
3
callos los asnill os, so pena de tres rr eale s rreparti dos por tersios:
de- / nusiador, jues, propios. (fol. 250 rº)
Según C
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ASCUA L
(1980-91) si gnifica ‘zarzillo, pendiente que llevan
las mujeres en las orejas’, antiguamente, d el leonés chocallo ‘cen ce rro’, f orma hermana
del portugués chocalho , q ue c omo éste e s derivad o, con el sufijo –alho , lat ín –ACULUM,
del lat. tardío CLOCCA ‘campana’, que parece ser de ori gen céltico. Y ofrecen la
primera documentación del término entre los a ños 1539-43 en la obra Epísto las de
Guevara, escritor sobre e l que s eña lan que “era d e las Asturias d e Santillana, por lo tanto
oriundo de una z ona del dialecto l eoné s”. Añaden además los etimólogos, siguiendo a
Menédez Pidal en su Dialecto leonés que “el vocablo es evidentemente idéntico al charro
salmantino chocallo ‘ce nce rro’, cho callada ‘c encerrada’ , usual en los pu eblos lin dantes
con Portugal”. Fin almente, rechazan la etim ología p ropuesta por G
ARC ÍA DE
D
IE GO
(1985) (s.v. chicolear ) que piensa en el latín jocale* ‘alaja’, por ser ambos, tanto z arc illo
como cencerro objetos pendientes.
La primera r eferencia lex icográ fica del término la encontramos en di ccionarios
bilingües, como en PERC I VA L (1591) ‘little bels’; y en PA L ET (1604) ‘sonnettes’; en
ambos casos con el significado de ‘campanilla’, que es el que ti ene en nuestro t exto.
AUTORIDADES (1729) da sólo el si g nificado d e zarcillo: ‘adorno rico de las orejas de
las mugeres, que viene a ser lo mi smo que zarcillo’. Este significado ya l o considera el
DRAE (1780) como anticuado. Sólo desd e el DR AE (1970
19
) fi gur a, junto a la acepción
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anticuada de ‘pendiente’, la acepción de ‘cencerr o’ como localismo de Salamanca . Y de
esta forma llega a la edición vigente.
El CORDE sólo ofrece cuatro ejemplos de chocallos , todos con el significado d e
‘pendiente’ en tr es obras del santanderino Fra y Antonio de Guev ara p ublicadas en l a
segunda década del quinientos.
M
IGUÉLEZ
R
ODRÍGUE Z
, E. (1993) recoge igualmente chocallo ‘cencerro’ en varias
localidades s almantinas y leonesas. Y F
IGUEIREDO
, C . (1996) l o define como
‘instrumento de metal, com badalo, e m ais ou m enos semelhante a una c ampainha, p ara
se pôr ao pescoço de animais’. S e trata, por tanto de un occidentalismo l éxico, leonés o
portugués.
DEHESA
Acordose que atento qu e los ganaderos de cabr as les auían /
dado pa ra que pudi esen comer al gunos pasto s y d ehezas , se
acuerda /
3
que se les alsa la dicha li sensia y guarden lo que
antiguamente / se suele guardar. (fol. 262 vº)
‘Tierra destinada a p astos’; procede d el l atín tardío DEFENSA ‘de fensa’, q ue
pasó en la Edad Media a significar ‘prohibición ’ porque la dehesa est á comúnmente
acotada. Documentada desde los orí g enes del idioma. (C
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P
ASC UAL
).
NEBRI JA (1495) distingue entr e dehesa conceji l y privada . COVARR UBI AS
(1611) define la p alabra como ‘campo de hierba donde se apacienta el ga nado’.
AUTORIDADES (1732) abunda en su etimología: ‘viene de la voz defesa , que vale lo
mismo que defendida o guardada, porque en e lla no pueden entrar a pastar otros
ganados que los d e su dueño o de otra p ersona que la t iene arrendada’. Y añade un
apunte ortográfico: ‘Al gunos escriben esta voz con dos ff , pero atendido su origen sólo
le toca la una’. Precisamente en su segunda edici ón en 1791, el diccionario académico
recoge l a voz defesa , como anticuada, remitiendo a la orto g rafía moderna. En la
L
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actualidad (DRAE, 2001
22
), apare ce como voz en desuso.
El CORDE documenta el témino desde los orígenes de la lengua en s us dos
formas:
a) E g o Sisnandus presbiter sic me trado pro remedio anime m ee
cum omnibus rebus meis ad ecclesia S. Emeteri et Celedoni et tibi
abbati Enneco de Taranco cum ipsa mea defesa de glandiferos ab
omni integritate in Taranco, in loco cui dicitur Traitorio latus via
inter ambos sautos, de alia pars via d e Traitorio, et in illo valle illa
terra que dicitur Ortozolo cum decem mazanos.
807-912, Anónimo, Donación a l a iglesia de T ar anco [Cartulario
de San Millán de la C ogolla ] . Publicado por Luciano Serrano,
Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1930. [22 /03/2006]
b) ...e a d erechas a las v inas de P ortellar e salle p or somo del cerro
de l as tierras de C amdespadas, e va a la d efessa de Ç afa el, e torn a
por el camino e salle a la deffesa de Santa Maria de Fanovequez, e
va a Çorita e salle al soto que es sobr el pielago de Valdado, e es
todo de Lerma; e va todo derecho por cabo de la dehesa de Paules,
e por Roble gordo e entra a val d e Peral, e a portiello e afuent d e
Lorigados, e al sendero salinero e va por cabo de la d efe sa de
Lag una.
1148, Anónimo, Carta-puebla y fueros dados á la villa de L erma
por el emperador Alf onso VII [Fueros y confirmacione... Publicado
por Fra y Alfonso André s, Establecimiento tipo g ráfico de Fortanet
(Madrid), 1915. [22/03/2006]
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El término está en el TLHA (2000) con el si g nificado de ‘encinar’, a partir de la
información p roporcionada por el ALEA que lo recoge en puntos de las provincias de
Sevilla y Huelva
38
.
ESTIÉRCOL
Acuérdase que nin guna p ersona no echen estiérco l ni t ierra / en
el estero de L a Rribera ni en el rrío, so pena d e la p ena d e l a /
27
ordenansa. Y que se señala sitio pa ra que puedan echar el es- /
tyércol . Y que se pongan palos en el sitio de la calle de de- / trás d e
la calle de J u an Blanco; y otro en Las Atarasanas; y otro /
30
junto al
molino de mayor de Lepe. (fol. 253 rº)
Voz proce dente d el latín ST Ĕ RC US, Ō RI S, documentada en las Glosas
Silenses ( st iercore), en Berceo (estiercor) y en Juan Ruiz (estiercol).
(C
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).
El término está en NEBRIJA (1495) y en la t ra dición lexicográfica
posterior. COVARRUBIAS (1611) los define como ‘e l excremento de la s
bestias’, definición que re pite AUTOR IDA DES (1732) y qu e lle ga a ho y :
‘excremento de cualquier animal’, DRAE (2001
22
).
El CORDE ducumenta el término desde fines del siglo X II :
Esta m isma pena aya q ui echar e p aia o otra s cosas pora ffazer
estiercol en la calles o enlas calleias poro andan & passan l os
omnes, o ffizi ere o echare lixo alguno en ellas & en la plaças de la
38
En el caso de la provincia d e Huelva, se localiza e n los puntos H 203 y H 603 del mapa 369,
corr espondientes a las localidad es de Santa Olalla d e Cala y Boll ullos P ar d el Condad o, r espectivamente.
En Lepe existe n en la actualid ad to pónim os co m o Deh esa d el Piorno y Dehesa Limpia .
L
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villa do moraren los omnes.
c 1196, Anónimo, Fuer o de Soria. Publicado p or Galo Sánchez,
Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [22 /03/2006]
Voz incluida en el TLHA (2000) con el significado de: ‘Montón de cagaj ones’,
recogida por el ALEA, entre ot ros puntos de Andalucía, en el mapa 1519, punto H 503,
correspondiente a Huelva capital.
LANGOSTA
a) A cordose que atento a vna prouizión que a esta uilla /
18
uino
de su magestad en que le rrepartieron a esta uilla / s etenta ducados
pa ra la muerte de la lagosta que se mató / en Córdoua, y por la
prouizión mandó su ma g estad a los /
21
Consejos que lo pued an
echar po (sic) ziz a en l as coz as q ue al C on- / sejo les paresiere .
(fol. 230 vº)
b) Acordose qu e se apregone qu e quien quiziere yr a m atar /
langosta en cañutos le darán por cada almud a rreal y m edio por
ca- / da vno de cañuto, y que el ma y ordomo la rresiba y qu arde y lo
/
33
pague . (fol. 261 vº)
c) Acordos e que vna legua a La Rredondela desta uilla se uizite
/
12
el término. Y lo uizite Fr ansi
σ
co Lopes del Ab ad, mayordomo,
con vn on- / bre que sep a los s itios donde nase langosta y t rayga
memoria por es- / ento dónde nase y qu é foma está y con qué se
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puede matar. Lo /
15
qual uerán en la cantidad de la langosta y
cómo está cresida / y en la di σ pusisión del sitio pa ra que allí se
acuda a l a matanza / por la orden qu e este Cabild o diere. (fol. 263
vº)
Según C
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(1980-91) la voz procede del l at. LOC Ŭ STA
‘saltamontes’, ‘langosta de mar’; variantes LACUS TA y LONGUSTA, más semejantes
a l a española, y quiz á expl icables por influjo de otros vocablos, parecen h abe r existido
y a en el latín tardío. Do cumentan langosta en v ersiones bíblicas del s. X III , mientr as
que la forma lagos ta se lee en la Primera Crónica General , en los Fueros de Aragón y
hoy sigue siendo la forma en portugués. (DCECH, s.v.).
La hi storia lex icog ráfica del término comienza e n NEBR I J A (1495) qu e recoge
su grafía antigua: ‘lagosta de la tierra. locust a.e’. Esta forma lagosta
39
aparece como
anticuada en el DRAE ( 1803
4
): ‘ant. Lo mismo que langosta’; y pervive en la últim a
edición como voz desusada, DRAE (2001
22
).
En cuanto a la forma moderna, l angosta, apare ce por vez primera en el
diccionario de AL CA LÁ (1505) como ‘lang os ta de la tierra’, y COVARRUB I AS
(1611) nos da la primer a defición: ‘animalejo i nsecto, y por m al nuestro conocido,
segun el daño que h aze en los frutos d e la tierra y con t ener vn as alillas muy d ebiles
suelen levant arse en el a y r e muchedumbre d e la ng ostas que cub ren el s ol y dond e se
asientan lo dexan todo roy do y abrasado: en fin plaga y açote de Dios por lo pecados de
los hombres’. Posterio rmente, AUT ORIDADES (1734) nos da un a descripción
minuciosa del insecto, de su reproducción “en c añutos” y sus f atales conse cuenc ias para
la agricultura, que re rpoduccimos a continuaci ón, puesto que nos ac lara todos los
aspectos del témi no en n uestro texto: ‘insecto parec ido en la figura a l a ci garra . Tiene la
cabeza como buey, el hocico romo y ancho, la boca quadr ada, lo ojos saltados y los
cuernos movibles. Tiene quatro alas un as sobre otras, y seis pies, los qu atro anteriores
pequeños y los dos de atr ás mui largos y acomoda dos para saltar. La cola e s en forma de
39
En nuestro co rpus contabiliza m o s 7 eje m p los de lag osta, frente a 2 2 de la ngosta.
L
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aguijón, la qual clava en la tierra dura (como es la de las dehe sas y eriales) y alli echa su
semilla, de que pro ce de u n cañutillo lleno de much os granillos que se llaman cres as, que
despues se convierten e n un género de m oscas negras y como van creciendo se van
volviendo blanquecinas. Tienese obs ervado por la gente del campo qu e vuelan casi
siempre de Oriente a P oniente, y lue g o qu e se po ne el sol se abaten a l a ti erra haciendo
un estrago horrible en os trigos, plant as y semilla s’. La d efinición vigente en el DRAE
(2001) no es m ás que un resumen de ésta: ‘ Insecto ortóptero de la familia de los
Acrídidos, de color gris a marillento, de cuatro a seis centímetros de largo, cabeza
gruesa, ojos prominentes, antenas finas y al as m embranosas; el tercer par de pat as es
muy robusto y a propósito para saltar. Es fitófago, y en ciertas circunst anc ias se
multiplica ext raor dinariamente, formando espesas nubes que arrasan comarcas enteras’.
El CORDE documenta el término desd e antiguo en amb as form as; además la
forma antigua aparece por última vez en un documento contemporáneo al nuestro
conviviendo con la forma moderna como sucede en nuestro tex to:
a) Dixo Nuestro S ennor a Mo yse n: "Tiende t u m ano a tierra a
ver[n]a(s) la langosta ". E tendio Mo y sen. Nu estro Sennor Dios
aduxo viento [d]e buchorno todo el dia e toda la noch. E vino la
langosta e cubrio toda la ti er ra e comi o qua nto trobo. C lamo
[Pharaon] a M oy sen e a (Pharaon) [Aaron] e dix o: "Pequé al
vuestro Sennor Dios. Rogat por mi que me pe rdone esta vez sola, e
riedre d e sobre m y esta muert". Ro g o Moisen al Nuestro Sennor e
veno viento de favonno e echo toda la langosta en la mar. Por todo
esto non dexo fijos de Ysrael.
c 1200, Almerich, La fazienda de Ult ra Mar. Publicado por Moshé
La za r, Univer sidad de Sa lamanca ( Salamanc a), 1965. [25/02/2008]
b) E a todas pa rtes tremie la tierra. & d estru y en se por y muchas
cibdades. & auinien los rios. & f azien m uy esq uiuos dannos en
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muchos logares. La lag osta era tanta que d estru y e los panes &
todos los otros fru y tos.
c 1270, Alfonso X, Estoria de Espanna que fizo el muy n oble r ey
don Al fonsso, fijo del rey don Fernando et de la re yna... P ublicado
por Pedro Sánchez Prieto, Universidad d e Al ca lá de Henares
(Alcalá de Henares), 2002. [ 25/02/2008]
c) A los cincuenta e uno dicen que ha y en este p ueblo las ermit as
señaladas, que dic en de San Sebastian, y d e Sant a Barbara, y de
San Berna bé, en quien en este lugar tienen mucha devocion,
porque habiendo en este l ug ar much a langosta habra como ci en
años poco mas o m enos, o y eron contar a sus pasados qu e
prometieron y vota ron de hacer una ermita a seño r San Berna be, y
todo el pueblo fu e, y c omenzaron abrir las zan jas para hacer la
dicha ermit a, y a la mañana cuando fue l a gente a la labor hallaron
las z anjas que habian abierto hasta arriba llen as de lagosta , y que
despues nunca mas h a pa decido, y asi se tomo la dicha devocion, y
han he cho una ermi ta, d onde la gente va en pro cesion el dicho dia
y dan su car idad.
1575-1580, Anónimo, Relaciones históri co-ge ográficas-
estadísticas de los pueblos de España. Reino de Toledo. P ublicado
por Carmelo Viñas y Ramón Paz, C SI C (M adrid), 1951-1963.
[25/02/2008]
LONJA
a) C on el qual se trató de tomárselo l as si ento y sincuenta a dos
/ ducados, qu e uino en v n nauío grande. Y quinie ntas fane g as /
12
a
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ueynte y tres rreales. El qual dicho trigo se acuerda se to- / me y se
eche en vna lonja , con as y s tensia de los ll auer os / y escriuano de
Cabildo. (fol. 234 rº)
b) ...quando los mercaderes comiensan / a uender vna lonja de
trigo a vn p resio, al mes mo presio se a de acabar de /
15
uender todo
el trigo desta lonja, sin podelle subi r. Y ui σ to que los mer- /
caderes, pa ra de fra vdar est a costunbre, mudan el trigo de la lonja /
que comensar on a uender a otra lonja , y en la otra lonja lo uen- /
18
den a presio subido diziendo ser otro. (fol. 260 rº)
Es voz tomada del fr. loge ‘glorieta’, ‘choza’, ‘ga binete, camarín’, ‘centro de
contratación’, por conducto del cat. llotja (val. y mall. ll onja ). L a primer a
documentación qu e nos dan C
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ASCUA L
en la acepción ‘centro de
contratación de m ercaderes’ es un docum ento de 1490, además de Nebrija. Según ellos,
“es ac epción frecuente desde el siglo de Oro y la única que conserva cierta vida, aunque
prestada, en c astellano, pu es sólo se aplica a l os famosos edificios de las ciudades
catalanas y d e la Corona de Aragón, dond e se re unían los mercaderes”. (DCECH, s.v.
lonja II ).
NEBRI JA (1495) incluy e la v oz como ‘lonja de merc aderes’. Por s u parte
COVARRUBIAS (1611) nos da una definición pormenoriz ada que incluy e va rias
acepciones y l a etimología: ‘qualquiera cosa l arga y angosta del nombre l ongus, a, um
como lonja de tocino. Los caçadores de b olateria l laman l onja a cierta correa larga que
atan a las pi guaelas del aue quando qui eren no tenerla t an re cogida. Lonja es lugar
público destinado para j untarse en el los tratantes y mercaderes; porque negocian
paseado. S u forma suele ser de dos o tres naues, que p or ser largas se l laman lonj as y
cualquiera lugar cubierto en esta forma y p ara este m inisterio se llama lonja’.
AUTORIDADES (1734) simplifica esta definición: ‘el sit io público donde suelen
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juntarse los Mercade res y Come rcia ntes para tratar de sus tratos y comercios. S ale del
latino longus, a, um, por ser siempre espacionsas y prolon gadas’ . En el DRAE (1884
12
)
aparecen dos lemas, uno procedente del latín lon gus , y el qu e nos interes a aquí se hace
proceder del italiano lo ggia , pero no s erá la últi ma. El DRAE (1956
18
) establece su
etimología en el germánico laubj a ‘glorieta ’. El DRAE (1984
20
) ma tiza que procede del
germánico * laubja a t ravés del catalán llonja, llotja ‘cobertizo’. Nueva edi ción, DRAE
(1992
21
) y nueva matización en la etimología, ahora: ‘del cata lán dialectal llonja ’. Y,
por fin, la última edición hasta ho y, DRAE (2001
22
), en donde parece que se qui ere
reca pitula r, añadiendo además el francés: ‘ Del cat. dialect. llonja , este del fr. loge ,
cámara, habitación, y este del franco *laubja , sala; cf. a. al. ant. loupp ea ’. Visto lo cual,
habrá que esperar la próxima edición del diccionar io acadé mico
El CORDE documenta el t érmino desde el año 1300, pero con el significado que
nos ocupa sólo un siglo antes que nuestro texto:
El Rey e la Re y n a: Alcaldes e al gua zil de la mu y noble e le al
çibdad de seuilla s abe d que por parte de los mi lanese s mercadores
estantes en nuestros Reynos nos fue fecha r relaçion comm o de
grandes tienpos aca l os d e su na çion sienpre touieron en esa çibdad
vna lonja donde estan y tratan sus mercadorias seg und que la
tienen los ginoueses e de otras naçiones...
1475, Anónimo, Orden de restitución a l os mer caderes mil aneses
de la lonja que tradicionalmente ocupaban en Sevilla... Publicado
por Ramón Carande; J uan de Mata C arr iaz o, Fondo para el
Fomento de l a Investigación en la Universida d (Sevilla), 1 968.
[25/02/2008]
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SEMÁNTI CA
273
decir, linde o división entre fincas, acepción qu e desaparece, como acabamos de ver, de
la últ ima edición del DRAE (2001
22
). P or lo que hemos apuntado, pa rece que sesmo,
que tiene el significado de ‘linde’ en nuestro texto, sería un andalucismo se mántico.
5.6.1. Labores agrícolas
ARAR
Acordose que porque a y en este t érmino y en el marqueza- / do
mucha lan g osta en ca ñut o y a gora con lo que a ll uuido se po drá /
3
fásilmente cauar entre las breñas dond e está ou ada, que no se /
puede arar ... (fol. 259 rº)
Término procedente d el latín ARARE, documentado por C
OROMINAS Y
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ASCUAL
(1980-91) en la Primera Crónica General (h. 1295).
Ya NEBRI JA (1492) recoge la riqueza semánt ica del término: arar como
quiera; arar lo sembrado; arar alzando barbecho; arar al t ravés; arar vinando; arar
terciando . COVARRUBIAS (1611) no da u n si g nificado ex plícito, aparte de la
etimología lati na, puesto que se va po r los cerros de Úb eda aludiendo a un significado
figurado del término: ‘tener g ran trabajo y mucha necesidad. Arar la cas a y sembrarla de
sal y aun las ciudades cuando han cometido t ra ición es cosa sabida y m uy anti gua’ .
AUTORIDADES (1726) aporta l a definición clásica: ‘ La brar la t ierra rom piéndola con
Huelva, o tro en B eas, cerca de la capital, y un ej emplo s e sitúa en el punto H 504 , correspond iente a
Ayamonte.
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el arado para sembra r el grano’ y reco ge la vitalidad del término en ocho frases hechas.
Riqueza semántica que ha desaparecido del DRAE (2001
22
) al tiempo que ha decaído la
actividad agraria en nuestro país.
La prim er a documentación del C ORDE es de f ines del siglo X I :
Et si alicuius popul ator comparaverit mu la, vel equa, aut asino, vel
caballo, aut bove per ara r cum autor ga mento de merca to, vel in vi a
de rege, et non scit de cui cum sua jura, et non det ei majus autore.
1095, Anónimo, Fuero de Logroño dado por Alfonso VI . Publicado
por Tom ás Muñoz y Ro mero, I mprenta de José María Alonso
(Madrid), 1847. [22/03/2006]
Algunos d e lo s signifi cados que han d esaparec ido del diccionario acadé mico se
recogen en el TLHA (2000). Es el caso, por ejem plo, de ‘roturar’ y ‘barbechar’, que los
mapas 9 y 18 del A L EA, respectivamente, sitúan en puntos de l as provincias de Sevilla,
Córdoba, Granada y Jaén.
No podemos olvidar el artículo clásico del profes or Gregorio Salvador, “Est udio
del campo semántico ‘arar’ en Andalucía”
49
. E n él se establecen los siguientes
sememas: roturar, barb echar, binar, terciar y cuarta r, ordenados d e ma y o r a menor
frecuencia. En cuanto a la rel ac ión de fr ecue ncia y distribución geo g ráfica aportados por
Gregorio Salvador, son los siguientes, para la provincia de Hu elva: binar: 30%;
barbechar: 69,5 %; terci ar: una s ola ap arición; roturar: d os apariciones ; cuartar: no
aparece. (vid. S
ALVADOR
, G., 1985: 29-30)
49
Publicad o en 1965 y r ecogido, m ás reciente mente, en S
ALVA DOR
, G. (19 85), S emántica y lex icología
del espa ñol, M a drid , Paraninfo, pp . 13-41
L
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275
BENEFICI AR
Y la dicha p rouizión de po rroga sión es de ocho de ma y o de m ill
y quienien- /
21
to σ ochenta y vno, desd e el qual d icho tienpo corren
do σ a ño al dicho Mel- / c hior Dominges. Por manera que lo σ
dicho σ do σ año σ qu e a de benef isiar / la dicha tierra s e cunpl en a
ocho días del mes de m ay o d e mill y quini- /
24
ento σ y o chenta y
tres año σ . (fol. 207 rº)
Palabra compuesta de l os vocablos l atinos bene ‘bien’ y facere ‘h acer’, de la que
C
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P
ASCUA L
(1980-91) dan como fuent e a N EBR I J A (1495).
El término lo recoge B
USTOS
T
OVAR
, J.J . (1974) como cultismo medieval,
aunque sólo con su significado etimológico:
‘hacer bien’ Nobleza y Lealtad, VI: sabiduría es...a beneficia al
mundo. ’
La voz no ap arece en C OVARRUBIAS (1611) y p ara tene r una d efinición ha y
que esperar al di ccionario académico, qu e además del s ignificado etimol óg ico, nos da
como segunda acepción el que tiene en nuestro tex to: ‘Vale también cultivar, proc urar el
beneficio y adelantamiento de alguna cosa para que fructifique y reditúe en beneficio
del dueño, como beneficiar los campos, las haciendas, etc.’, AUTOR ID AD ES (1726).
La prim era documentació n en el COR DE es tardía, y el ejemplo c on el
significado de nuestro corpus es contemporáneo al nuestro b):
a) E primeramente, besa dos por nos los santos pies y m anos con la
prefata Santidat, expli carey s a aqu ella la mu cha gana e desseo qu e,
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segund muchas vezes vos hauemos significado, t ene mos en
collocar y procurar por benefi ciar a los de la dicha nuestra capilla,
e quanta tenemos de lo assi fazer, por l os seruicios continuos y
meritos de aquellos.
1483, Anónimo, Instrucciones a Gonzalo Beteta, embajador en
Roma, y al protonot ario Fr ancisco Vidal d e Noya, para s...
Publicado por Antonio d e la Tor re, CS I C ( Barcelona), 1949-1951.
[22/03/2006]
b) No se hace ho y así, en tiempo de nosotros christianos, en el
sembrar y benef iciar la dicha coca, porque no h ay pestilencia que
más ge nte mate que mue re en la cultura della; porque sin diferencia
traen, de cincuenta y se tenta y más leguas, los ind ios de tierras
frigidísimas a la calidísima para que la cultiven.
1527-1550, Casas, Fra y Bartolomé d e l as, Ap ologética his toria
sumaria. Publ icado por Vidal Abril Castelló et alii, Alianza
Editorial (Madrid), 1992. [22 /03/2006]
CAVAR
Acordose que por quant o lo σ días pasados fue e ste Cabildo / a
uizita de moj ones, i que a Cri σ tóual Lopes l e amojonaron vna /
12
tierra a do di zen Los Corrales, a cuér dase que u aia el alcalde, / J ua n
Dominges, con dos onbres i cauen i pon gan en rrazón la/ di cha
tierra, dejando rreseruado lo del C onsejo. (fol. 220 rº)
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Etimológicamente procede del latín CAVARE ‘ahuecar’ y s e documenta a partir
de Gonzalo de Berceo. (C
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).
NEBRI JA (1495 ) rec oge la riqueza semántica del término: cavar viñas; cavar
como quiera; cavar sa cando lo cavado; cavar po r debajo; cavar por medio; cavar ot ra
vez; cavar otra vez la viña; cavar dolando . COVA RRUBIAS (1611) lo define como
‘hacer ho yos en l a tier ra y a huecarla’. Y AUT ORI DADES (1729 ) añade l a herramienta
que se utiliza: ‘Levantar la tierra y moverla con el azadón, azada u ot ro i nstrumento
semejante’.
Como era previsible, diccionarios de los siglos XV I y XV II reco g en la ortografía
fonética cauar : AL C ALÁ (1505), NEBRIJA (1516), L AS CASAS (1570), PALET
(1604), OUDIN (1607), VITTORI (1609) o FRANC I OS INI (1620). En los c uatro
últimos diccionarios se da también la ortografía antietimol óg ica cabar .
El CORDE documenta el término en Berceo y la forma con la grafía u desde l a
misma época:
a) Quando vino el biernes abés podié quedar,
sabed que nol ovieron dos vezes a llamar;
ante que li dixiessen: "Pedro, vé a cavar ",
ante empeçó él la açada buscar.
c 1236, Berceo, Gonzalo de , Vida de Santo D omingo de Silos.
Publicado por Aldo Ruffina tto, Espasa-Calpe (Madrid), 1992.
[22/03/2006]
b) Del ortolano que deue cauar el huerto.
El ortolano caue el huert o, et t ome del fructo del huerto quanto con
el sennor pleyteare.
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1218-c 1250, Anónimo, Fuero de Zorita de los C anes. P ublicado
por Rafael de Ureña y Smenjaud, I mprenta F ortane t (Madrid),
1911. [22/03/2006]
El TLHA (2000) reco g e como primera acepción para el término l a de
‘descuajar’
50
, es decir, arrancar de r aíz plantas o malezas, aunque pare ce evidente que
este significado se completa con el que aparece como s eg und a acepción: ‘levantar las
raíces con la azada, azadón, pico, etc.’
51
. Ése es, al m enos, el s ig nificado en nuestro
texto
52
. Y no parece que difiera del significado del término en español general que
hemos aportado de AUTOR I DADES (1729), y que pervive, de forma literal, como
primera acepción en el DRAE (2001
22
).
ROZAR
Acordose qu e sal ga el mayordomo, qu e este C onse[jo ] tiene
noticia / de que los alcaldes d e Uill ablanca penan bue y es y
encorralan y d an /
27
lisensia pa ra rrosar y qu emar y pastar. Se
acuerda que s alga el m ay or - / dom o a de fender l a juridisión desta
uilla. (fol. 223 rº)
C
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(1980-91) dan como e timología de esta palabra un
hipotético vocablo del latín vulgar *R Ŭ P TIARE, derivado del lat. RUMPERE ‘romper’.
De su primer significado ‘roturar, arar’, pasaría a significar ‘pacer la hier ba’, hasta su
significado actual ‘pasar rozando’. C omo primera d ocumentac ión se da el ú ltimo cuarto
del siglo XIII .
50
A partir d el mapa 10 del ALEA en pu ntos de Córdo ba, Gr an a da y Jaén.
51
To m ada d e C
ARRA SC O
C
ANT OS
, P . (1981).
52
Véase ta m bién, más adelante, el eje m p lo que aduci m o s para breñ a. .
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279
El término no lo recoge NEBR I J A (1495), aunque sí lo hace en su se g unda
edición en 1516. Antes e stá en ALCALÁ (1505). COVARRUB I AS (1611), que y a nos
da la ortografía mod erna , lo de fine simplemente como ‘cortar la hierba’.
AUTORIDADES (1737) introduce la riqueza s emántica del t érmino, añ adiéndole tres
acepciones más: ‘2ª. Val e también cortar los animales con los di entes para comerla’; ‘3ª.
Vale asimi smo quitar o raer parte de al g una c osa, desigualando su superficie’; ‘4ª .
Significa también tocar o tropezar ligeramente una cosa con otra’.
Parece claro, a la vist a del ejemplo, que en nu estro tex to el término se e mplea
con su significado primero de ‘cortar la hierba’.
El CORDE documenta el término desde anti guo, aunque la fo rma con z es
posterior, de mi tad del siglo XV, con lo que p arece que todavía es l a grafía de la
dentoalveolar africada s onora /z/ , no la de la i nterdenta l so rda / Ө / , porque sería
demasiado pronto:
a) Qv ando el yuuer o n on arare, deue roça r o adobar balladar es o
fuere menester en aquella heredat que el laurare, segunt le manda re
su sennor. Et el ssennor ponga aradro & yuo con t odo su ap ara do;
el ssennor ponga los bueyes, & el y uu ero guarde los buey es con
todas bastagas, de dia & de noche, fasta que se parta de su sennor.
c 1196, Anónimo, Fuer o de Soria. Publicado p or Galo Sánchez,
Centro de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [22 /03/2006]
b) Y ot rossi, fallamos qu e deben p azer las yer bas, comer la grana y
beuer l as aguas y co rtar e roza r y aber todas l as pastaziones en los
dichos monte y pastos y erbados e aguas, dichos m ojones arr iba
fasta la part e de Henzia, comunmente anbas las s obre dichas partes
y cada una dellas sobre dichos lugares de suso nombrados, ezeto
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Adana Uliuarri Jauregui.
1458, Anónimo, Sentencia [Documentación de la cuadrilla de
Campezo ] . Publicado por Felipe P ozuelo Rodríguez, Eusko
Ikaskuntza (Donostia), 2001. [ 22/03/2006]
5.6.2. Cereales, árboles y f rutos
ALCORNOQUE
9
Petisión de Bartolomé de Matamaros, en que pide le den
lisensia pa ra cor- / ta r sincuenta estacas de alcorn oque ; la qual se
le dio como se sue- / le dar. (fol. 262 vº)
C
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(1980-91) ex plican su etim ología a partir del m ozá rabe,
donde el l atín tardío QUER NUS ‘encina’, aña diría el sufij o despectivo hispánico –
occus . Y documentan la palabra desde comienzos del siglo XIII .
El término está en NEBRI J A (1495) y en COVARRUBIAS (1611), que lo
define como ‘especie de roble que, así en el fr uto como en las hoj as, se parece a la
encina’.
El CORDE documenta el término desde mediados del si g lo XIII:
Todo omme que taia rae enzina o alcornoque o rama o tueros,
pectet V morabetinos, la metad a montarazes et la meetad al
Conceio.
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281
c 1234-1275, Fuero de Cáceres. Publicado por P. L umbreras
Valiente, Ayuntamiento de Cáceres, (Cáceres), 1974. [ 9/10/2006]
ARROZ
El arr oz q ue no se venda la libra a más de medio rreal la libra, /
pues lo compraro n a d iez mar auedi
σ
, so pena de seis cientos
mar auedi
σ
rrepartidos por ter- /
21
sias partes. (fol. 267 rº)
Arabismo del español, s eg ún C
OROMINAS Y
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ASC UAL
(1980-91), proc edente de
ruzz y documentado en Calila e Dimna , colecc ión de relatos orientales traducido del
árabe a mitad del siglo XIII.
El t érmino no aparece h asta la segunda edición de NEBRI J A (1516). A unque
ROSA L (1611) establece la etimología ára be de la voz, tanto COVARRUBI AS (1611)
como AUTOR I DADES (1726) lo ads criben al griego. Hasta el diccionar io académico
no t ene mos la primera d efinición: ‘especie de grano como el del trigo pero blanco y
menor que se siembra en tierras mui humedas y en cenegales’.
La prim er a documentación del C ORDE es de mediados del siglo XIII :
Si non, f ága nles beuer çumo de mielg r anas dul ce s o pónganles
sobre aquellos logares senabe molida, e sí m ejo rare n con esto. Si
no, t omen V gra nos d' arroz e pón g anlos en un pellejo de mur, que
sea bien l auado con agua cocha con fi gos, e déngelo, e sí mejoraren
con esto.
1250, Tol edo, Abrah am de, M oamín. Libro de l os animales que
cazan. Publicado por Anthony J . Cárdenas, Hisp anic Seminar y o f
Medieval Studies (Madison). [9/10/2006]
282 C
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BREÑA
Acordose que porque a y en este t érmino y en el marqueza- / do
mucha l angosta en c añuto y agora con l o que a lluuido se podrá /
3
fásilmente cauar entre l as breñas donde está ouada, qu e no se /
puede arar... (fol. 259 rº)
De origen desconocido para C
OROM INAS Y
P
ASCU AL
(1980-91 ), señalan al poeta
andaluz Vil lasandino (†1425) como fuente de la prim er a docum entación del término. Es
término común al portugués br enha ‘Floresta espessa, mata vir gem’, F
IGUE I R EDO
, C .
(1996).
En NEBRI JA (1495) aparece como sinónimo de maleza (s.v. maleza ), al i g ual
que en A LCALÁ (1505). COVARRUBIAS (1611) se aventura a definir el término de
manera tit ubeante : ‘...s erá n los matorrales de tierra i nculta, desigua l; y lo que
comúnmente llama la ge nte del campo maleza...’ , para, finalmente, reconocer “ignoro
su eti mología” . AUTOR I DADES (1726) añade a lo anterior que el tér mino es ‘casi
generalmente usado en pl ura l’, como sucede en nuestro corpus. En la edición
incompleta de AUTOR IDADES (1770) se fija una definición que h a per vivido hasta la
edición vi ge nte, DRAE ( 2001
22
): ‘Tierra quebrada entre peñ as poblada de maleza’. La
única variación que ha sufrido el a rtículo es su d iscutido origen, para el que se le han
buscado hasta tres etimologías di stintas, a saber: DRAE (1884
12
): del célt. bern pico,
túmulo; DRAE (1914
14
): del vasc. breña ; DRAE (1956
18
): del lat. v or ā go, - ĭ nis,
abismo
53
; hasta llegar al DRAE (1992
21
) que aca ba por establecer su ‘origen incierto’.
M
ONTOYA
R
AMÍREZ
, Mª I. (1990: 148), que adelanta la 1ª doc. de Corominas y
Pascual hasta 1350, resume el problema etimoló gico del término del siguiente modo:
53
Esta eti m o logía había aparecido antes en el DHLE ( 1936 ).
L
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ay muchas minas de oro, y plat a, plom o, alcaparrosa y vna r ais del
tamaño de vna seuolla que sirue de xabon a los indios, haze m ucha
espuma quando laban con ella, y h aze la ropa muy blan ca.
1629, Vázquez de Espinosa, Antonio, C ompendi o y descripción de
las Indias Occidentales . Publicado por Charles Upson C lark,
Smithsoni an I nstituti on (Washington), 1948. [9/10/2006]
CENTENO
Acordose que se apregone en las lonjas que ni por m ar ni por /
6
tierra se s aque desta uill a ni marquezado trigo, s eua da, sen- / teno ;
y el qu e se ouiere d e sa car p a ra el dicho m arquezado se- / a con
lisensia de la justisia; y q ue esto se apregone. (fol. 248 vº)
Según C
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ASCUAL
(1980-91 ) procede del latín h ispánico
CENT Ē NUM, y éste del latín C ENT Ē NI ‘de ciento en ciento’, porque se cree que d a
cien granos de cada uno que se siembra. Lo docu mentan desde el año 121 2.
En NEBRI JA (1495) es ‘m iesse conocida’ y en C OVARRUBI AS (1611 ) ‘ g rano
conocido’.
El CORDE documenta el término desde anti g uo:
a) Et omes cle ricos qui f uerint per s ing ul as collat iones respondeant
cui re g i placuerit, et omnes cle ricos qui fuerint in Maraione dent
cui regi placuerit de decimo el cuarto de tri go, e ordei é de centeno ,
é non habeant nulla pre mia de fossad era , nec d e appellido, nec d e
nulla causa, é de calonia X parte.
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a 1134, Anónimo, Fuer o de Marañón en Navar ra. Publicado por
Tomás Muñoz y Ro mero, Imprenta de J osé María Alonso
(Madrid), 1847. [9/10/2006]
ENDRINA
28
Acordose que la l ibra de peras se venda a o cho m aravedí
σ
, i
lo σ pepinos / a blanca, i las endrin as doze 〈 a 〉 m aravedí
σ
. (fol. 208
rº)
La palabra procede de la forma anti g ua ANDRINA y ésta de * a drina,
emparentada con el i taliano m eridional (a)trigna , procedente d el latín vu lga r PR UNA
*ATRINA ‘ciruelas negruzcas’, derivado de AT ER, -A, -UM ‘negro’. El término lo
ducumentan C
OROMINAS Y
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ASCUA L
(1980-91) desde los orí gene s del idi oma, aunque la
cita m ás socorrida sea la referencia al personaje clásico del Libro de Buen Amor , doña
Endrina.
Sin embargo, la hist oria lexi cográ fica del t érmino no comienza hasta
PERCIVAL (1591), quien re coge la orto g rafía antigua , andrina . Esta forma anti gua
vuelve a aparecen en AUTOR I DADES (1726), en donde se define como ‘voz antigua
que ya no tiene uso’. Aún así, el diccionario ac adémico sigue manteniendo la entrada
hasta hoy remitiendo a la forma moderna (DRAE, 2001
22
).
La forma m oderna no aparece hasta PA LET (1604), O UDIN (1607) y
COVARRUBIAS (1611), que nos da su definición, recogida posteri ormente en
AUTORIDADES (1732): ‘especie de ciruel a negra y redonda que de spide bien el
huesso y estando bien madura es mui dulce y agradable’.
El CORDE documenta l a palabra en el Cancionero de Baena, t ambién and aluz,
como sabemos:
L
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SEMÁNTI CA
291
e si replicades, muy amarga endrina *
vos juro e prometo de darvos compuesta
con tal confaçión * qu'os li eve de cuesta, *
segunt lieva el viento a la golondrina.
1406-a 1435, Baena, Juan Alfonso de, Poesías [Cancionero de
Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca,
Visor (Madrid), 1993. [9/10/2006]
El T L H A (2000 ) recoge el t érmino con el s ignificado de ‘endrino, ar busto
rosáceo, de madera dur a y fruto n egro azulado, de sabor áspero y a g rio’, y remite al
ALEA. Efectivamente, el mapa 359, correspondiente a endrino, sólo recoge la voz en
puntos de Andalucía orie ntal; en cambio, el nomb re del fruto, la endrina, se localiza en
los siguientes puntos en la provincia d e Hu elva: ciruela andrina, en Beas (H 600); y
andrina b ravía, en las loc alidades serranas d e Rosal de la Frontera (H 102) y Aracena
(H 202).
HABA
Acordose que se u endan las hauas a do σ marauedí σ la libra, /
21
so pena de trezientos mar auedí
σ
, rrepartidos por tersias partes. (fol.
223 vº)
Término procedente del latín FABA, que C
OROM INAS Y
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ASCUA L
(1980-91)
documentan en J uan Ruiz ( faua) y, posteriormente, con p érdida de F- incial, en el
Vocabulario de Fernández Palencia (haua) .
292 C
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La historia lexicográfica de la palabra nos ofr ece hasta cinco formas ortográficas
distintas. NEB R I JA ( 1495) incluye hava , tra di ción que se continúa en P ERCI VAL
(1591) o en COVARRUBIAS (1611). Quizás sea el diccionario del Covarr ubias el
mejor ejemplo de las variantes ortográficas d el término, puesto que aunque el lema es
hava, siguiendo al m aesto Nebrija, en su defini ción escribe a v eces haba y otras haua .
Pero además el mismo Covarrubias inclu y e un a entrada para faba que remite a haba .
Esta grafía faba la reco ge el DR AE (1791
3
), com o forma anticuada, y así hasta
nuestros días (DRAE, 2001
22
).
La orto grafía moderna haba no la encontramos como lema hasta ROSAL
(1611), que remite a hava. No se rá hasta AUTORIDADES (1734) cuando quede fijada,
como sabemos.
Hemos documentado l a forma fava en M I NS HEU (1617). Además, claro, de la
ortografía fonoló gica propia de los Si glos de Oro, haua: A L CALÁ (1505), NEBR I J A
(1516), PALET (1570), etc.
Pocas palabra s, en fin, nos ofrecen un a riqueza or tográfica , mu y en conson ancia,
por cierto, con su riqueza gastronómica.
El CORDE, efectivamente, documenta esta riqueza gráfica:
a) Quand sopo Alexandre que en esso andava,
dixo: " Dios lo sabe que esto non cuidaba,
de la parte de Métades esto non esperava,
mas este denodejo non valdrá una fava .
1240-1250, Anónimo, L ibro de Alexandre. Pub licado por J esús
Cañas, Cátedra (Madrid), 1988. [9/10/ 2006 ]
b) [ ...] & desque fu ere muerto falla rlan en el u ientre una piedra
blanca q ue s emeia en la color al cristal. & es ta manna como una
faua ; o y a qu anto poco mayor . De su natu ra e s fr ia & humida.
L
ÉXI C O
-
SEMÁNTI CA
293
c 1250, Alfonso X, Lapi dario. Publ icado por Pedro Sánchez-Prieto
Borja, Universidad de Alcalá de Henares (Alcalá de Henares),
2003. [9/10/ 2006 ]
c) Movióse la tempesta, una oriella brava,
desarró el maestro que la nave guïava:
nin a sí nin a otri nul consejo non dava,
toda su maestría non valié una hava .
1246-1252, Berceo, Gonz alo de, Milagros de Nuestra Señora.
Publicado por Claudio García Tu rza, Espasa- Calpe (Madrid), 1992.
[9/10/2006]
d) ...fazense como bex ig as & fazens e & son tam anna s cada un a
como una faba g rand & fazese de sobrehabundancia de sangre &
tuelle al cavallo el comer & fazeli desecar esta enfermedat.
c 1275, Anónimo, Libro de l os caballos. Publicado por María
Teresa H errera; María Ni eve s S ánche z, Universidad de Salamanca
(Salamanca), 2000. [9/10/2006]
e) Eletria, que quie re dezi r alectorio, nasçe en el uientre del capon,
es fallado en spe çie de cristal e en g r andeza de hau a . E, si lo
cree mos los magicos, q uieren los que la trahen no ser en batalla
uençidos.
c 1420, Anónimo, L api dario. Tít ulo de las declaraciones de las
naturalezas de las piedras. Publ icado por V erlag Von Gebr.
294 C
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Henninger (Heilbronn), 1880. [9/ 10/2006]
f) ...tenía huesos de corazón de ciervo, l engua de víbora, cabezas de
codornices, sesos de asno, tela de caballo, mantillo de ni ño, haba
morisca, guija marina, s oga d e ahor ca do, flor de y edra, espina de
erizo, pie de tejo, granos de helecho, la pi edra del nido del águila y
otras mil cosas.
c 1499-1502, Rojas, Fernando de, La Celestina. Tragicomedia de
Calisto y Melibea. P ublic ado por Francisco J . Lobera; Guillermo
Serés; Paloma Díaz-Mas; Carlos Mo ta; Í ñi go R ui z Arzálluz ;
Francisco Rico, Crítica (Barcelona), 2000. [9/10/20 06]
Término recogido en el T L HA (2000) a partir de A
LCALÁ
V
ENCES L ADA
, A.
(1951) con la o rtografía j aba , que evidencia la aspiración de h- inicial pro cedente d e F-
incial latina
57
.
HIGUERAL
En este Cabildo paresió J u an Garsía de Rribera y dijo que él
ponía las / uiñas y higerales pa ra p astar con sus puercos y los
demás que /
15
él quiziere, d esde el día de San Migel por del ante.
(fol. 232 rº)
Palabra deriv ada de hi go (< lat. F Ī C US ‘higo, higuera’), documentada en
Nebrija. (DCECH, s.v. higo ).
57
Como hemos mantenido e n las concl usiones a l cap ítulo so bre FONOLOGÍ A, la aspirac ión de h- inicial
pro cedente de F - latin a conti núa plenamen te vigente en nu es tro co rpus.
L
ÉXI C O
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SEMÁNTI CA
295
Efectivamente, el gramático lebrijano rec oge la entrada higueral lugar de
higueras en la primera edición de su diccionario. Posteriormente, AUTOR I D ADES
(1734), junto a la definición del tér mino (‘El sitio donde se crían o hay mu cha s
higueras’), aportará com o autoridad el testimonio del autor de la Pri mera Gramática en
lengua Castellana : “Trae esta voz Nebrija en su Vocabulario”.
La palabra t iene otra forma gráfica, figueral, recogida po r MINSHEU (1617) y
luego por AUTOR I DADES (1732), qu e la d efine como ‘El te rreno plantado de
higueras’. Este aparente doblete sin ningún s entido léxi co- semántico ni fonético, se
continuará en la edicion es siguientes, DRAE (1780 ) y DRAE (1783
2
), corrigiéndose
finalmente en el DRAE (1791
3
), donde el l ema figueral remite a higueral , como en la
actualidad (DRAE, 2001
22
).
El CORDE documenta el término con la grafía medieval y con l a moderna a
partir de Nebrija:
a) Et mandamos comunalmi entre a todos los que fueren vezi nos e
moradores en Seuilla, t anbién a c aualleros cue mo a mer cadores
cuemo a los de la mar, c uemo a todos los ot ros de l a vi lla que nos
den diezmo del axaraf e del figu eral .
1251, Anónimo, Privilegio del rey don Alfonso en el que confi rma
el concedido por su padre a S evilla [El li bro de p... Publicado por
Marcos F erná ndez Gómez; Pilar Ostos Salcedo; María Luisa P ardo
Rodríguez, Excelentísimo A y untamiento de S evilla, Universidad de
Sevilla y Fundación de El Monte (Sevilla), 1993. [9/10 /2006]
b) A don Enrrique Pe rez xx i ataffullas, por xx alffabas, por
emienda del figeral que el Rey le mando dar çerca de su vinna.
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1257-1271, Anónimo, Repartimiento de Murc ia. Publicado por
Juan Torres Fontes, CS IC-Aca demia Alfonso X el Sabio (Madrid),
1960. [9/10/ 2006 ]
c) delos que significan lugar en que alguna cosa se contiene:
como de rosa rosal. de enzina enzinal. de roble
robledal. de mançana mançanal. de higuera higue ral .
de pino pinal. de guindo guindal. de caña cañaveral
1492, Nebrija, Antoni o de, Gramática castellana. Publi ca do por
John O' Neill, Hispanic Seminary of M edieval Studies (Madison),
1995. [9/10/ 2006 ]
d) El asturiano llama "folecho" al "helecho".
Marido en lar, sikiera higeral .
"Lar" es: el hogar; la higera es rruin madera i humos a.
Marido i muxer, kasados de aier.
1627, Correas, Gonzalo, Vocabulario de re franes y frases
proverbiales. Publicado por L oui s Combet, I nstitut d'Études
Ibériques et Ibéro-Américaines de l'Université de Bordeaux
(Burdeos), 1967. [9/10/2006]
Como en el caso anterio r de haba , el T LHA (2000) recoge la forma jigo , aunque
no a partir de A
LCALÁ
V
ENCESLADA
, A. (195 1)
58
. Curiosamente, el TLHA (2000)
tampoco recoge formas como jig uera o jigue ral . Sí, en cambio, se recoge del
Vocabulario andaluz el témino ji ga ‘hig a, fruto del palmito’.
58
Sino d e d os estudios lo cales: R
ODRÍGUEZ
G
ÓMEZ
, F. ( 1996): El h abla de Villam artín ; y P
LATA
, J.
(19 91
2
): El hab la de Jerez. Vocab ulario jerezan o.
L
ÉXI C O
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297
PEPINO
28
Acordose que la l ibra de peras se venda a o cho m aravedí
σ
, i
lo σ pepinos / a blan ca, i las endrinas doze 〈 a 〉 m a ravedí
σ
. (fol. 208
rº)
C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980- 91) nos explican la etimología del término a
partir del antiguo pepó n ‘melón’ (< lat. PEP O, - Ō NI S ‘melón’), al que, tomado por
aumentativo, correspondería el di minutivo pepino . Lo do cumentan desd e inicios del
siglo XV y en NEBRI J A (1495).
COVARRUBIAS (1611) s ólo establ ec e la etimología latina y la expresión
‘pepinazo’, aún vi ge nte ho y , aunque haya c ambiado el objeto con el qu e se propina
(DRAE, 2001
22
). AUTOR I DADES (1737) nos da una definición minuciosa: ‘fruto de
una planta del mis mo no mbre: especie d e meloncill o pequeño y la rgo, su color verde y
en la cascara algunos com o gra nillos. Son mu y aquosos y sabrosos, aunque no son
dulces como los melones. Sus pepitas son delicadas y tambien aquosas. la hoja de la
planta y el tallo es aspero’.
El CORDE no documenta el término hasta el Cancionero de Baena:
Quien non es capaz bastante nin dino
de aquesta çiençia de que se trabaja,
su argumentar non vale una paja,
nin un mal cogombro, * tampoco un pepino .
1406-a 1435, Baena, Juan Alfonso de, Poesías [Cancionero de
Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca,
Visor (Madrid), 1993. [9/10/2006]
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El TLHA (2000) r ecoge el témino, además de ace pciones como ‘lobanill o’ o
‘cohombro de mar’, en dos frases: ‘hacer el pepin o’
59
e ‘importar un pepino’ , a partir de
A
LCALÁ
V
ENCES L ADA
, A. (1951).
PERA
28
Acordose que la libr a de p er as s e venda a och o m aravedí
σ
, i
lo σ pepinos / a blanca, i las endrinas doze 〈 a 〉 m aravedí
σ
. (fol. 208
rº)
Voz patrimonial del español, procedente del latín P Ĭ RA, plural de P Ī RUM,
documentada desde los orígenes del idioma (C
OROM INAS Y
P
ASCUA L
).
La p alabr a está en NE BRIJA (1495) y nos pode mos quedar con la definición
sucinta de COVARRUBIAS (1611): ‘Fruta conoci da’ .
El CORDE documenta el término desde Gonzalo de Berceo:
Si a vos semejasse, nuestro seso tal era,
ir sobre leoneses luego de la primera,
qebrantar a Remiro, tollerlo de carrera,
desend' los otros pueblos non valdrién una pera .
c 1230, Berceo, Gonzal o de, Vida de San Millán de la Cogol la.
Publicado por Brian Dutton, Espasa-Calpe (Madrid), 199 2.
[9/10/2006]
59
A par tir d el mapa 14 41, p un tos H 30 2 y Se 400, co rres pondiente s a La Pueb la d e Guzmán y La
Campana, r espectivame nte.
L
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305
alvuras de uevos, e remógenles ý so ceuo e déngelo.
1250, Toledo, Abraham de, Moamín. Libro de l os animales que
cazan. P ublicado por Anthony J. Cárdenas, Hispanic S eminary of
Medieval Studies (Madison). [9/10/2006]
b) Et estas casas sobredichas vos doy en esta m anera: qu e vos el
dean et el cabildo tengades una lanpada de prata la qual y o do y
luego et lex o delantre la magestade de S anta Maria, con aceite , et
que la fagades alumbrar en estas o ras, a matines , et a prima, et a
terçia, et a viespras et a conpretas.
1295, Anónim o, Carta de donación [Documentos de los archivos
catedralicio y di oce sano de Salamanca] . P ublica do por M ª Nieves
Sánchez, Universidad de Salamanca (Sa lamanca ), 2000.
[9/10/2006]
c) Otrosí, mando para dos çirios que estén ant e la mi s epultura
ardiendo, a las horas que se dix ieren en l a dicha capill a, otrosí pa ra
açeite para dos lánparas que y mando que se pongan.
1406-411, Anónimo, Crónica de Juan II de Castill a. Publicado po r
Juan de Mata Carriazo y Arroquia, Real Academ ia de la Hist oria
(Madrid), 1982. [9/10/2006]
d) ...que l e diesemos e l e fisiesemos dar los diesmos del pan e del
vino e del as eite e de l as otras cosas que nos avemos en Al arça
nuestra granja, que es ribera del rio de Tajo, en el Campo de
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Arañuelo.
1334, Anónimo, Carta de Alfo nso XI a los oficial es de Avila, para
que averigüen si Domingo Est eban debe pagar el di... Publ icado
por Esther Gonz ález Crespo, Universidad Complutense de Madrid
(Madrid), 1985. [9/10/2006]
AFRECHO
Acordose que no se saquen deste lugar pa ra el Rreyno de
Portugal /
9
ni pa ra otras partes afrechos , so pena de perdidos el qu e
lo sa- / care, y la que lo u endiere pierda el costo. (f ol. 251 rº)
Según C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980 -91) es voz del castellano que quedó
limitada pronto al andaluz y a otros dialectos. Com o sabemos, es la cáscara del grano de
trigo desm enuzada durant e la mo lienda, también llamado “salvado”. Pro cede del l atín
AFFRACTUM, participio pasivo de AFFRANG Ĕ RE ‘romper contra al g o’, y l a primera
documentación está en Juan Ruiz .
El término lo recoge NEBRIJA (1495 ), como sinónimo de la voz común al
español: afrechos o sal vados . También en su forma en plural lo recogen AL CALÁ
(1505), ROSA L (1611) y COVARRUB I AS (1611), que en su definición remite a l
gramático lebrijano, pero aporta un apunte dialectal mu y si gnificativo: ‘debe ser nombre
portugués o andaluz’, lo que si g nifica que p ara Covarrubias debía ser nombre poco
conocido. AUTORIDAD ES (1726) circuns cribe el término a Andalucía: ‘ya sólo tiene
uso en l os reinos de And alucía’. A p artir del DRAE (1783
2
)
se recoge la palabra como
dialectalismo para Andalucía y Ex tremadura, estado de cos as que p erdurará hasta la
edición del DRAE (188 4
12
), en que desaparece la referencia dialect al, definiéndose
simplemente como ‘salvado’, como sucede en l a actualidad (DRAE, 2001
22
). L o que no
L
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SEMÁNTI CA
307
significa de siga siendo un andalucismo léxi co, cla ro.
Como curiosidad lex icog ráfica podemos señ alar que en el DRAE (189 9
13
) se
hace proceder el término de la voz árabe ajrech ‘ex pulsión’.
El CORDE documenta el término desde la segunda mit ad de l siglo XIII:
Tomar sebo de c abron retido & finque con aq uello que non se
puede retir sal, afrech o seco & bolverlo en vi no calient &
ponergele en todas las .iiii. suelas assi que a y a y ç umo.
c 1275, Anónimo, Libro de l os caballos. Publicado por María
Teresa Herrera y Ma ría Nieves Sánchez, Universidad de Salamanca
(Salamanca), 2000. [9/10/2006]
El término no lo recoge A
LCALÁ
V
ENCESLADA
, A. (1951). Sí se recoge, en
cambio, en el T LHA (2000 ), en el mapa 249 del ALEA, con el significado de ‘acemite’,
es decir, ‘afrecho con alguna corta po rción de harina’ en puntos d e Andalucía occidental
y de la provin cia de Málaga. Y en otros pun tos de la misma z ona, en el mapa 250 se
localiza con el significado de ‘salvado’
62
.
CUAJADA
Mandan que, atento que no es bien que aia quajada po r el en- /
gaño que en ello ai, i porque por hazerla no ai l ec he, se m an- /
18
da
que no se u enda , so pena de sei σ sientos m arauedí σ , rrepar- / tido σ
por tersio σ . (fol. 219 vº)
62
En la nota 2 9 hemos hec ho referencia al único ej em plo en nuestro texto d el témino salu ados.
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Voz derivada de cuajo ‘sus tancia cuajada’, ‘sust ancia que sirve para cuaj ar’, del
lat. C OAG Ŭ L UM, de idéntico signif icado, derivado de AG Ĕ RE ‘empujar, hacer mover’
con el prefijo co- ‘juntamente’, cuya primera doc umentación es de h. 1400 en las Glosas
del Escorial. (DCECH, s.v. cuajo ).
La voz aparece por vez primera en L AS CASAS (1570) con la grafía anti g ua,
como en nuestro tex to, y así lo h ace en otros diccionarios bilin gües como OUDIN
(1607), VITTORI (1609), M IN SHEU (1617), etc. La grafía moderna la inclu y e primero
SOBRINO (1705), mien tras que la Academia n o recoge el t ér mino h asta la primera
edición del DRAE (1780): ‘s.f. La parte mantecosa de la leche separad a de l suero’. (s.v.
cuajada ). Esta d efinición aparece casi si n variación en la actualidad com o 5ª ace pción:
‘f. P arte caseosa y grasa de la leche, que se sepa ra del suero por l a acción del calor, del
cuajo o de los ácidos’, DRAE (2001
22
).
El C ORDE recoge el témino con nuestro si g nificado y grafí a desde el p rimer
tercio del siglo XV:
Delas cosas que mucho sosiegan
el dolor delos ojos & refrian su
calor & detienen las vmores que non
Recorran alli es poner ençima vn
pedaço de quajada de leche de cabras
& si pudiere ser que sea quajada con
y erua & non c on quajo e so es lo mejor
a 1429, Chirino, Alfonso, Menor daño de l a medicina. Es corial,
b.IV.34. Publicado por Enrica J. Ardemagni, Ruth M. Ri cha rds,
Michael R. Salomon, Hispanic Seminar y of Medieval Studies
(Madison), 1987. [7/02/2008]
L
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ENSALADA
Acordose que se haga m ara uedí d e ensalada y d e se- / bollas,
so pena de sien marauedi σ , rrepartido por tersios. (fol. 249 vº)
Palabra derivada de sal (< lat. SA L , SALIS), do cumentada por v ez primera en
NEBRI JA (1495 ): “ensalada de iervas: a ce tarium”. (DCECH, s.v. sal ).
COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘plato de verduras que se sir ue a la
mesa, y porque l e echan sal, para qu e ten g a mas gusto, y corrija su frial dad, se llamó
ensalada: empieçase con ella la c ena, y l a más ordinaria es la de l as lechugas’.
AUTORIDADES (1732) traslada esta definición cambiando sólo la sinta xis: ‘El plato
de verdura s que se sirve a la mesa, y de ordinario al principio de la cena: y porque se
sazona con sal para que tenga más gusto y corrija la frialdad d e las hierbas de que se
compone, se llamó Ens alada’. Aunque rápidamente simplificó l a de finición en las
siguientes ediciones y en el DRAE (1791
3
) era ‘hortaliz as aderezadas con sal, ace y te y
otras cosas’ casi como ho y : ‘hort aliza o conjunto de hortalizas mezcladas, cortadas en
trozos y aderezadas con s al, ac eite, vinagre y ot ras cosas’ (DRAE, 2001
22
).
El CORDE documenta el término desde la segunda mit ad de l siglo XV:
Verná luego una ensalada
de cebollas albarranas,
con mucha estopa picada
y cabezuelas de ranas.
c 1445-1519, Anónim o, Cancionero de obras de burl a s
provocantes a risa. Publicado por Luis Sánchez ( L ond res), 1841-
1843. [9/10/ 2006 ]
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HARINA
24
Acordose que se deputa pa ra que busquen pe rso- / nas pa ra
que ten g an los pez os del Consejo en que an d e / pezar l a harina :
Rrodrigo de Samudi o, pa ra ar riba; M artín Go n- /
27
sales, pa ra
abajo. (fol. 238 vº)
Voz patrimonial del español procedente del l atín FAR Ī NA, do cumentada desde
Berceo (C
OROM INAS Y
P
ASCUA L
).
El término lo rec oge NEBRI JA (1495), a partir de él toda la tradición
lexicográfica. COVARRUBIAS (1611) l o define como ‘el tri go m olido y reducido a
polvo’, definición a la que AUTORIDADES (1734) añadirá un apunte hi stórico: ‘en lo
antiguo se d ecía farina ’. Esta grafía antigua l a r ecoge n dos diccion arios, MI NHSEU
(1617) y S TEVENS (1706), aunque remiten a la moderna. Lo m ismo hace el
diccionario ac adémico a partir del DRAE (1791
3
), y hasta la actualidad, reco g iendo el
término farina como desusado (DRAE, 2001
22
).
El CORDE documenta el término desde los orí g enes de la lengua:
a) Si quis tamen aliquis homo pignoraverit ill os bo ves qui deferunt
ligna monasterii aut mul o aut as y no qui cotidie f arina deportant et
ligna monasterio, aut via presa fecerit homini qui facit hoc servit io,
aut eum expoliaverit aut flagellaverit, quamvis c ulpa sit abbati aut
alico homini , que pa riet apparte comite LX. solidos , et ad ille abbas
et ipsa pennora duplata et illos libores.
972, Anónimo, De pecta de il la defesa [Becerro góti co de
Cardeña ] . Publicado p or Luciano Serrano, Cuesta editor
(Valladolid), 1910. [9/10/2006]
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b) ...e como qui er que algo ca y a d entro en el cas tillo, pero lo mas
caya fuera e tom aua nlo l os moros; e por esto el almirante dexo de
lançar la harina con aquellos trabucos.
c 1348–1379, Anónimo, Gra n crónic a de Al fonso XI, Die go
Catalán, Gredos (Madrid), 1976. [9/ 10/2006]
c) que el ganado rremolina,
y el tenp er o anublina,
y el torv ellino graniça ,
porque allegas la çeniça
y derram as la arina .
a 1424-1520, Anónim o, Cancionero de Juan F ernández de Íxar.
Publicado por José María Azácet a, CS I C (Madrid), 1956.
[9/10/2006]
HUEVOS
1 8
Acordose que se uendan los gueuos a tres mar a- / uedí σ , so
pena de sien marauedí σ . (fol. 237 vº)
Según C
OROMINAS Y
P
ASCUAL
(1980-91), del l at. Ō VUM, pronunciado
vulgarmente con o abierta, y documentado desde Berceo.
NEBRI JA (1495) recoge el t érmino con la o rtografía l atinizante uevo . La
ortografía mod erna l a recoge por v ez prim er a P ERC I VA L (1591) y ROS AL (1611 ),
312 C
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aunque en éste ap arece junto a g uev o , al igual que en MEZ DE BRAIDENBACH
(1670), SOBR I NO (1705), mientras que B L UTEAU (1721) sólo atestigua guevo. En los
Siglos de Oro encontra mos ueuo: ALCALA (1 505), NEBRI J A (1516), etc.; y gueuo
PALET (1604), OUDIN (1607), etc., que es l a fo rma en qu e aparece en nu estro corpus.
En cuanto al si gnific ado, AUTOR I DADES (1 734) ofr ece una not a, ‘en diciendo
hueuos, por antonomasi a se entiende los de galli na’, que se mantien e vigente en el
DRAE (2001
22
) como segunda a cepción: ‘En leng u aje corriente, se a pli ca al d e l a
gallina, especialmente destinado a la alimentación humana’.
El C ORDE documenta el término desde mediados del siglo XIII, con sus
diversas variantes gráficas:
a) E si non se purgaren c on esto que dix iemos, tomen del habarraz
e muélanlo, e mézclenlo con un uevo e metan ý del ol y o ros ado
peso de dos di neros de plata, e bátanlo bien e échengelo por las
narizes.
1250, Toledo, Abraham de, Moamín. Libro de l os animales que
cazan. P ublicado por Anthony J. Cárdenas, Hispanic S eminary of
Medieval Studies (Madison). [14/11/2006]
b) Peró dize Plinio en e l I Xo capítulo del Xo libro de la Natural
estoria que en el nío de la paloma pon el cocciz su hu evo
mayormientre que en el d'otra ave.
c 1275, Alfonso X, Gen eral Estoria. Primera parte. P ublicado por
Pedro Sánchez-Prieto Borja, Universidad de Alcalá d e H enares
(Alcalá de Henares), 2002. [ 14/11/2006]
L
ÉXI C O
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SEMÁNTI CA
313
c) ...como si el blanco de vn hueuo
qui enujrona el Ro y uelo no lo tuujes
encerrado dentro de si el ca y eri a
deyus enla casca e si el Royuelo
non sustuujes su blanco cierto
el caheria al fondon del gu euo
1400-1425, Anónimo, Libro del Tesoro. Girona, Catedral.
Publicado por Dawn Prince, Hispanic Seminar y o f Medieval
Studies (Madison), 1990. [14/ 11/2006]
d) ...i añedimos g a l prinzipi o para darla m as fue rza, como d e
ordinario la ponemos en gue so, guerta. guevo ; fué semex ante á la
Griega i H ebrea, produzi da de ai comun á tod as las x entes: guai d e
ti, Xerusalem, guai de mi, guai de vosotros.
1625, Correas, Gonz alo, Arte d e la l engua esp añola castellana.
Publicado por Emi lio Alarcos García, CS I C (Madrid), 1 954.
[14/11/2006]
MORCILLA
16
Acordose que s e uend a la libra de las morsillas / a dies y se ys
marauedí σ , so pena de tresientos mar auedí
σ
. (fol . 237 vº)
Palabra tí pica del c astellano y el po rtugués ( morcela ), de origen incierto, se g ún
C
OROMINAS Y
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ASCUA L
( 1980-91), que s eñalan su pare ntesco en el catalán morcón, que
314 C
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designa un embutido se mejante. Exp lican su eti mología a p artir de una base
*MURCE L LA, junt o a la cual ex istiría *MURCONE, de la misma raíz , seg uramente
prerromana y quizá emparentada con el v asco m ukarra ‘objeto abultado y disforme’ y
con el céltico MUKORN O ‘muñón ’, y o frecen l a primera document ación h. 1400 en las
Glosas de Toledo y del Escorial.
NEBRI JA (1495) recoge su traducción latina, botulus.i, mientras que
COVARRUBIAS (1611) nos da el significado: ‘la tripa del puerco, o del carnero, o de
otro animal rellena con s angre. Y porque es corta a manera d e boc ados se llamó assi, a
morfu, y d e all i m orcilla’. AUTOR I D ADES (1734) recoge l a apo rtac i ón de ambos
gramáticos: ‘tripa del puerco, carnero u otro ani mal, rellena de sangre, guisada y
dispuesta antes con espec ias’. Y e l DR AE (2001
22
) abunda en esos mismos términos: ‘1.
f. Trozo de tripa de c erdo, carnero o vaca, o materia análoga, rellen a de s angre cocida,
que se condimenta con especias y , frecuentemente, cebolla, y a l a que suelen añadírsele
otros ingredientes como arroz, piñones, miga de pan, etc.’
En cuanto a la grafía, documentamos la forma morzilla en PA L ET (1 604),
OUDIN (1607), V I TT OR I (1609 ), M I NSHEU ( 1617), FRANC I OC INI ( 1620), MEZ
DE BRAIDENBACH (1 670), SOBRINO (1705) y ST EVENS (1706). En t odos aparece
junto a la forma morcill a. Sólo el diccionario de BLUTEAU (1721) reco ge únicamente
morzilla.
El C ORDE documenta el t émino con las distintas grafías desde mi tad del siglo
XV:
a) Mas los que dentro del çerco
beuís d'esa gruesa villa
no veo que days morçilla ,
saluo al que mata puerco.
c 1450-c 1480, Manrique, Gómez , Poesías [Cancionero de Gómez
Manrique ] ,. Publicado por F ra ncisco Vidal González, C átedr a
(Madrid), 2003. [10/09/2007]
L
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321
c 950-1000, Anónimo, Glosas silenses. Publicado por Ramón
Menéndez Pidal, Hernando (Madrid), 1929. [9/10/2006]
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5.7. GANADERÍA
BESTIA
Yten: se alisten las b estias que ouiere en esta uilla pa ra / que
estén pr estas pa ra quando fueren men ester. Y pa ra el cu y - / dado
desto se encarga a Martín Gonsales; y la comunique con /
39
el s eñ or
corregidor como esté hecha. (fol. 248 vº)
Voz procedente del latín B Ē ST Ĭ A y documentado por vez primera en la segunda
mitad del siglo X ( uistia ) en las Glosas Silenses y en Berceo ( bestia ). (C
OROMINAS Y
P
ASCUAL
).
B
USTOS
T
OVAR
, J.J. (1974) documenta el cultismo desde los orígenes del idiom a
y nos ac lara qu e “ en te xtos medievales l o enco ntramos tanto en sentido específico
‘cuadrúpedo de carga’, como genérico”:
1ª doc. uistia, Glosas S ilenses, 312 y común en todas las épo cas. En
L
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323
un testamento catalán de 1046 (San Cugat del Vallés, II , doc. 587 )
la voz bestia está u sada con el si g nificado de ‘ animal que se puede
cabalgar’. Doc. l ing. de 1219 (M. Pidal, 166): ‘animal, g ana do’;
etc.
NEBRI JA (1495) reco g e el artículo bestia de cargo, con la refere ncia doble de
‘ueterina.e’ y ‘iumentum.i ’. COVARRUBIAS (1 611) en un artículo extenso establece
que ‘es nombre generico que comprehende todos los anim ales irr acionales [...]
ordinariamente se toma por los animales de qu atro pies corpulentos, de los quales vnos
son dom esticos, como es asno, el mulo o el cauallo, & c. Y otros saluages feroces, como
el leon, el osso, el elefante, &c [ ...]’. AUTORIDADES (1726) reduce el término al
significado de animal d oméstico, como en nuestro corpus: ‘en castellano por esta
palabra solamente se entiende animal corpulento y qu adrupedo, y especi fica mente los
domesticos: como c aba llos, mul os, asnos; pues l os salvages y feroces, c omo leones,
tigues, ossos, el ephantes y ot ros, aunque sean en realidad b estias, y de quatro pies,
siempre se añade el adjetivo fiero para denotarlos y expressarlos’.
El DRAE (2001
22
) repa rte el significado his tórico en tres acepciones: ‘ 1. f. Animal
cuadrúpedo.2. f. Animal doméstico de carg a; p. ej., el caballo, l a m ula, etc.3. f.
monstruo ( ơ ser fantástico)’. Además de una acepción, referid a a p ersonas: ‘4. com.
Persona ruda e i g norante. U. t. c. adj.’, que y a aparece como término fi gurado desde
AUTORIDADES (1726).
El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XII :
Si appusieren ad alguno que fu rto c auay llo o b uey o bestia , ju re
por el bue y con dos e por cau ay l lo jure con XII, et por casa con
XII, et por sospecha de quoalquiere cosa jure con dos.
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c 1130, Anónim o, Fuero de Viguera Y Val de Funes [Documentos
Lingüísti cos Navarros ] . Publicado por Fernand o González Ollé,
Diputación Floral de Navarra (Pamplona), 1970. [10/09/2007]
Con el significado que antes hemos señalado, referido a persona, s e documenta
en el T LHA (2000), ‘persona esforz ada, sobr esaliente’ a partir de G
ONZÁ LEZ
S
ALAS
,
M.
(1982); y con el signific ado de ‘carroña’ en la frase bestia muerta en el m apa 424 del
ALEA, en el punto H5 01, correspondiente a S an Sil vestre d e Guz mán, entre ot ros
situados en Jaén, Granada y Almería.
BUEY
En este C abildo se acordó que por quanto es costumbre /
30
que
no anden bu eyes en lo de Alonso Bisente, por el gran / perjuizio i
daño que a lo σ uezino σ ui ene, proueese que/ no anden ninguno σ i
que Garsi Brauo, alcalde, uaia a ha- /
33
zello σ salir de l a dich a
deheza hasta que este Consejo/ prouea otra coza. ( fol. 207 vº)
C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980-91) dan como etim ología el latín B Ō S, B Ŏ VIS y
remiten al Manual de gramática históri ca de Menéndez Pidal para su evolución.
NEBRI JA (1495) reco g e el término con la grafía antigua buei , que también está
en ALCALÁ (1505) y que, curiosamente, vu elve a aparecer en TER REROS (1786). La
grafía modern a la recoge el gramático lebrijano e n la segunda edición de su di cc ionario
(1516) y se conti núa has ta que se fija definitivamente AUTOR I DADE S (1723). En
COVARRUBIAS (1611) aparece la grafía bvei .
El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XII :
a) C uy a vestia ó bu ey ó vaca matare, iure con un vecino como es
L
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325
fuero de la vila, por quanto iurare peche... ... ... de can qui ombre
matare, s i el can podiere dar, non p ec he por en de nada, si el can
non diere peche al rey om icidio plano, cuya vestia, qual qu isiere
buey, ó vaca, ombre matare, si el danador diere, non peche nada.
c 1129, Anónim o, Fueros de M edinaceli. Public ado por Tomás
Muñoz y Rom ero, Imprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847.
[10/10/2006]
b) Trobando al g uno so ga nado ma y or a otro. assi como buei . o
asno o mulo. o l ure s s emblantes. el qual diz e a ffirmando que lo y
an furtado. o ropado. o que se les fo y do.
1247, Anónimo, Fueros de Aragón. P ublicado por Pedro Sánchez-
Prieto B orja, Universidad de Al calá de Henares (Alca lá de
Henares), 2004. [10/10/2006]
CABRA
Acordose que at ento que los g anaderos de cabras les auían /
dado pa ra que pudiese n comer algunos pasto s y d ehezas, se
acuerda /
3
que se les alsa la dicha li sensia y guarden lo que
antiguamente / se suele guardar. (fol. 262 vº)
Voz patrimonial del español procedente del latí n CAPRA do cumentada desde
los orígenes del idioma. (C
OROMINAS Y
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ASCUA L
).
El término está en NEB RIJA (1495) y en to da la tradición lex icog ráfica
326 C
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posterior. COVARRUBIAS (1611) lo define como: ‘animal conocid o, de mucho
provecho p ara el hombre’ y continúa añadi endo todas las bondades del anim al para la
alimentación, el vestido e, incluso, medicinales.
Se docuementa en el CORDE desde fines del si g lo X I :
Omnes Macellarii per pesum vendant t otas carnes de vaka, et de
porco, et d e carn ero, et d e cabra , et dent singulos adrelles de sevo,
et singulos otros ad apotegam de pal atio in diebus estatis semel in
anno, et in una hebdomada denarium, et in alia medacula solvant.
c 1090, Anónimo, Fueros de Villavicencio. Publi ca do por Tomás
Muñoz y Rom ero, Imprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847.
[10/10/2006]
CABRI TO
Acordose qu e se u endan las perdizes a r rea l cada una; y los
cone- / jos vn rreal. I qu e no aia rre gatonería nin guna en cabrito ni
co- /
9
nejo σ ni perdizes, so pena de sei σ sientos mara uedí
σ
repartidos / por tersio σ . (fol. 218 rº)
Nombre derivado de cabra (véase arriba) y que sigue su misma hist oria
lexicográfica. AUTOR IDADES (1729) lo define como: ‘El parto de l a cabra cuando es
pequeño, cuya carne es sabrosa y salud able, hasta que empieza a pacer’.
En el CORDE se documenta desde principios del siglo X III :
E ferra la tierra con la v erga d e su boca e el spi ritu de sos labios
matara al impio, e sera iusticia cinta de sos lomos e fe cinto de sus
L
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327
renes. Morara el lobo con el car nero, el leopart e el cabrito
recordaran en uno, e ninno pecquenno los menara.
c 1200, Almerich, La fazienda de Ult ra Mar. Publicado por Moshé
La za r, Univer sidad de Sa lamanca ( Salamanc a), 1965. [10/10/2006]
CAPÓN
En este C abildo se acordó que por quanto el m arqués, mi señor,
es /
27
la primera ues qu e a uenido a este lugar, acordaron mand alle
vn pre- / zente: do σ ternero σ , do σ car nero σ , s eys capones y do σ
pauo σ . (fol. 207 rº)
Voz procedente del latín vulgar *C APPO, ONIS, documentada por C
OROM INAS
Y
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ASCUAL
(1980-91) desde el Libr o de Apolonio , a mediados del siglo XIII.
Ya NEBR I J A (1495 ) recoge el lema capón ave castrada . Posteriorm ente,
COVARRUBIAS (1611) alude a otros animales castrados y AUTOR I DADES (1729) lo
define como: ‘El que es castrado. Lo que s e entiende así de los hombres como de los
animales. Si bien entre estos con especialidad del pollo ’. L o curioso, si no fuera de todo
punto una aberración pa ra la sensibi lidad humana, es que l a Academia mantenga ho y
esos mismos t érminos co mo primera acepción d e la palabra: ‘Di cho de u n hombre o d e
un animal: castrado’ (DRAE, 2001
22
).
El CORDE lo documenta desde mediados del siglo X III :
Tod ome que matare ansar o anade o capon ageno: peche .i.
mescal. por qual quier e destos et tornelo a su duenno si prouadol
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fuere por qual qui ere d estas aues que matare si non iure por su
cabeza.
c 1242, Anónimo, Fuero de Brihuega. P ublicado por J uan Catalina
García, Imp. Manuel G. Hernández (Madrid), 1887. [ 10/10/2006]
CARNERO
18
En este día s e rr emató la carne de carnero de que está
obligado An- / tón de Ualensuela a 〈 carne 〉 en abasto hasta San
Juan, a ue y nte y ocho / marauedí σ la libra. Y de allí hasta Todos
Santos, dies carneros cada se- /
21
mana a tre y nta y ocho marauedí σ
cada libra. (fol. 224 rº)
Término derivado de carne , documentado desde mitad del siglo X I . (D CECH,
s.v. carne ). S egún C
OROMINAS
y
P
ASCUA L
(1980-1991)
“no podemos precisar desde qué
época sust ituyó CARNAR I US al lat. V ERVEX e n España, aunqu e una huella de éste
parece conservarse en el judesp. barvés. De todos modos el port. carneiro va en este
punto con el castellano, mientras que los romances de Ita lia, Francia y el catalán tienen
un descendiente del célt. MU L T O”.
La palabra la recoge N EBRIJA (1495) y toda la tradición lexi cográ fica po sterior.
Como sabemos, es el macho de la oveja , q ue e n el primer año de v ida s e denomina
cordero .
El CORDE lo documenta desde los orígenes de la lengua:
In Dei nomine. -Ego do mna Ositia placuit mi ci atque convenit, et
vendo ad tibi Guttier a g ro ad Sancti Petri, in l imite est via; et accepi
ex te precium quantum mici placuit, id est, X. solidos ar g enti et uno
L
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329
carnero et foll e zumake; et de ipso p re cio ni hil tibi Gutti er nullum
que remansit debito, sed abeas ipso agro iure quieto, lo ng o per evo.
922, Anónimo, Conparatio de agro [ Becerro gót ico de Cardeña ] .
Publicado por L uciano Serrano, Cuesta editor ( Valladolid), 1910.
[10/10/2006]
CHIVATO
En este Cabildo paresió Lorenso Alonso, v e z in o de Sanlúcar, y
obli- / gó quinientos chibatos a dar en esta uilla a ue y nte y vn /
9
marauedí. (fol. 234 vº)
Término que significa ‘cría de la cab ra’ , qu e es cre ación expresiva común a
varios idiomas y documentada desde 1475. (DCE CH, s.v. chivo )
Aunque CHIBO aparec e en NEBRI JA (1495), A L CA LÁ (1505), etc., para
encontrar el d erivado ten emos que esp erar hasta PA L ET (1604), OUD I N (1607), etc., y
AUTORIDADES (1729), que lo define como: ‘El cabrito que pasa de los seis meses y
no llega al año: lo mismo que choto ’. PA L ET (1604), O UDIN (1607) y V I TTORI
(1609) recogen también la ortografía fonética, chiuato .
La A cade mia no fijará la orto grafía moderna, chivo y chivato, hasta el DRAE
(1817
5
)
en el prime r c aso, y hasta el DRAE (186 9
11
) en el se g undo. Por lo tanto, entre
ambas ediciones convivieron en el diccionario académico los lemas chivo y chibato .
El CORDE documenta la voz con posterioridad a nuestro corpus:
a) Un a garada de trigo, q ue serán dos hane g as y media de C astilla,
vale de ordinario un met ical, una de cev ada , med io, un buey, seis,
una vaca qu atro, un c arnero s eis re ales o siete, un chibato quatro o
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cinco r eales, un c abrito un real, una gallina medi o real, una p erdiz
diez marave dís, las frutas verdes y s ecas y legumbres, e n gran
abundancia y baratas.
a 1575, Torres, Diego de, Re lación del origen y suc eso de los
Xarifes y del estado de l os reinos de Marruecos, Fez y Tarudante.
Publicado por Mercedes García-Arenal, Siglo XXI (Madrid), 1980.
[10/09/2007]
b) ...de puercos habrá mi l cabezas y este es el ganado que más se
multiplica y más s e gasta, porque cada hembra cria cada año seis ó
nueve; vale una cabeza en pié quatro pesos; un puerco de dos años
otro tanto; un carnero ó chivato ó cabra, un peso.
1606-1610, Anónimo, Descripción de la gob ernación d e
Guayaquil [Descripció n de algunos lugares de las India s ] .
Publicado po r Luis Torres de Mendoz a, Imprenta de Frías y
compañía (Madrid), 1868. [ 10/10/2006]
CONEJO
Acordose qu e se u endan las perdizes a r rea l cada una; y los
cone- / jos vn rreal. I qu e no aia rregatonería ninguna en cabrito ni
co- /
9
nejo σ
σ σ
σ ni perdiz es, s o pena de s ei σ si entos mara uedí
σ
repartidos / por tersio σ . (fol. 218 rº)
Voz patrimoni al del español, documentada d esde l a prim er a mitad del si g lo XII
por C
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ASCU AL
(1980-91) y procedente del latín C ONI C Ŭ L US.
L
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Tod aquel que fuerça fizi ere alcaçador sobre li ebre , o coneio, o
sobre perdiz , peche el ue nado doblado et V sueldos, siel querellos o
firmar lo pudiere. Si non, que sse s alue el s ospechoso con vn
uezino, et seya cre y do.
1218-c 1250, Anónimo, Fuero de Zorita de los C anes. P ublicado
por Rafael de Ureña y Smenjaud, I mprenta F ortane t (Madrid),
1911. [10/10/2006]
PUERCO
Acordose que, atento que se ac aba la obli gasión de l a carne, s e
inbíe / vn onbre a Lepe i L a Rredondela i Cartaia i Gibraleón i El
Castille- /
15
jo i Alcaria si uuiere quien se quier a o bligar a dar carne
de puerco . (fol. 217 vº)
Su etimología es el latín P Ŏ RCUS
65
, y C
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(1980-9 1) lo
documentan d esde mitad del siglo X I (Oelschläger). Según los maestros etimólogos, a
partir del XVII la palabr a se sus tituye por cerdo , pasando a generalizarse el si g nificado
metafórico ‘muy sucio’, vigente aún.
A pesar de l o anterior, NEBR I J A (1495) r ecoge además de varios lemas con el
significado d e cerdo , un o que parece indi car que el significado met afór ico estaba ya
bastante extendido. Se trata de puer cas como lam parones . COVARRUBIAS (1611) no
dice nada del nuevo significado figurado en su l ema pverco . Pero AUTOR I D ADES
65
Como sabe m os, apar ece porcom en una inscripció n de Arro yo d el P uerco, en te rritorio lusitano,
conservando la P- indoe uropea, p erdida en celta.
338 C
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(1737) junto al lema que designa al animal, i ncluy e otro al que da la categoría de
adjetivo: ‘Desaliñado, su cio y que no t iene lim pieza’. No en vano, en el primer tomo
correspondiente a las letras A-C ya había i ncluido el nuevo vocablo cerdo: ‘ L o mis mo
que cochino, puerco o marrano. Llámase así porque este animal en lugar de pelo está
cubierto de cerdas cortas’, AUTORIDADES (1726).
El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XI:
...et in dias de re ge Gars ia, Sancho Lopez fuit cu stiero, & inserna
de rege matod .i. pu erc o de Uilla Gunzaluo, & rex Garsia mandauit
peggare, & serna apreciare et peggare. E indias de rege Garsia enna
uilla ubi .i.o germano aut tre s ouiesset, uno al zariet m ano por
face nder a facere, & alteros ibant se ubi uolebant;
1044, Anónimo, Fuero de las dehesas de Madriz [Documentos del
Reino de Castilla ] . Public ado por Ramón Menéndez Pi dal, Centro
de Estudios Históricos (Madrid), 1919. [10/10/2006]
El TLHA (2000 ) registra el término con el significado del animal ( sus scrofa
domestica) . Aporta el mapa 547 del ALEA, pu nto S e 601 , correspondiente a Morón de
la Frontera , y añade la siguiente nota: “ DRAE: registra la forma como general en la
lengua”. Nosotros hemo s comprobado en el mapa 547 d el ALEA, correspondi ente a
cerdo, que el término correspondiente al punto H 504 de A y amonte es cochino, que es
el general en toda la mit ad sur de la provincia de Huelva. S ólo en al gunos pun tos de la
sierra de Huelva se recogen las voces guarro y marrano , pero nunca puerco .
TERNERO
En este C abildo se acordó que por quanto el m arqués, mi señor,
L
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339
es /
27
la primera ues qu e a uenido a este lugar, acordaron mand alle
vn pre- / zente: do σ ternero σ
σ σ
σ , do σ carnero σ , se y s capones y do σ
pauo σ . (fol. 207 rº)
Palabra derivada de tier no documentada en el si g lo XII en el vo cabulario de
Oelschaläger po r C
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(1980-9 1), que la relacionan con tenreiro del
dialecto portugués trasmontano y con el gascón tiarroun, -rroua.
El término lo recoge NEBRI JA (1495): tern ero hijo de vaca y también en
femenino. COVARRUBIAS (1611) alude a la etimología que hemos dado arr iba: ‘...por
cuanto su car ne es muy tierna...’. El DRAE (2001
22
) lo define como ‘cría macho de la
vaca’.
El término se documenta en el CORDE desde mediados del siglo XIII:
De ternero et de potro.
Ternero nin potro non entre en conta de caualeria nin de aparcer ia.
1242-1275, Anónimo, F uero de Usagre. Publicado por R. Ureña y
A. Bonilla, Hijos de Reus, editores (Madrid), 190 7. [10/10/2006]
La palabra está i ncluida en el TLHA (2000) con el significado de ‘becerro hasta
los seis meses’, y s e si túa en el mapa 46 7 del A L EA, en dos puntos: uno situado en l a
provincia de Alm ería y o tro correspondiente a la localidad onubense de Cumbres de San
Bartolomé (H 200). Con l os significados de ‘año jo’ y ‘eral’ (c ría de vacuno de más de
un año y menos de dos ), se loc alizan en l os map as 468 y 469 del ALEA, en punt os de
las provincias de Granada y Sevilla.
340 C
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V ACA
Obligose Fransi σ co Dí as a dar ochenta vacas a ve y nt e y quatro
/
30
maravedí σ cada libra. Y es condisión que a de comensa r a
cortar/ el primero día del mes de ma y o. (fol. 206 v º)
Voz común a todos los romances, pro cedente del latín VACC A, docume ntada
desde los orígenes d el idiom a. C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980-91) nos aclaran que en
documentos de los siglos X al XII se escribe co n v o b . Y no está mal la aclaración,
aunque, como veremos, se quedan cortos en el tiem po.
El término lo reco ge NEBRI JA (1495) y to da la tradición l exicográfica
posterior. Aparece con la grafía uaca en A LCALÁ (1505) y FRANC I OS INI (1620). La
grafía fonética baca , po dría jus tificarse en lex icóg rafos ex tranjeros, cas o de OUDIN
(1607), V ITT ORI (1609), M INSHEU (1617), FRANC I (1620), SO BRINO (1705) y
STEVENS (1706). Pero car ece de just ificac ión q ue la i ncluyan TERRER OS (1786) y
DOMÍNGUEZ (1853). Al menos CASTRO (1852) y GASPAR (1853) incluyen e l
término como anticuado. Como vemos, no siempre es fiable un diccionario para
consultar la ortografía correcta.
El CORDE documenta el término desde los orí g enes de la lengua:
a) et vos datis m ichi in precio XV solidos de a rgento et una baca ,
XV solidos valente; et de precio non remansit super vos nul lum
debitum, nec michi remansi t potestate nec in illas areas nec in illo
puteo;
964, Anónim o, Anderquina vende al abad del mo nasterio de Boada
varias heras de sal con su po zo en Sal inas de Añana... P ublicado
por Luc iano S errano, C entro de Estudios Históricos (Madrid),
L
ÉXI C O
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341
1925. [10/10/2006]
b) Et si tro ciese ganado de Boniel aAslanzon, s i trociere bez d e
bacas , che coman la u aca , et de grege de ou egas, che c omant
carneros, et de uez de puercos, comant porcos. Et istud fuit
adfirmatum ualde.
1100, Anónimo, Pleito [Documentos del Reino de Castilla ] .
Publicado por Ramón Menéndez P idal, C entro de Estudi os
Históricos (Madrid), 1919. [10/ 10/2006]
c) C uy a vestia ó buey ó vaca matare, iure con un vecino como es
fuero de la vila, por quanto iurare peche... ... ... de can qui ombre
matare, si el can podiere dar, non peche por ende nada .
c 1129, Anónim o, Fueros de M edinaceli. Public ado por Tomás
Muñoz y Rom ero, I mprent a de J osé María Alonso (Madrid), 1847 .
[10/10/2006]
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5.8. EL MAR
Teniendo en cuenta qu e gran parte de la població n del Marquesado de A yamonte
ha vivid o de l os product os del mar, par ec e obv io que el léxico perteneciente a este
campo sea de su ma im portanc ia en el t exto, como vamos a comprobar a continuación.
En este sentido, y dada la riqueza léxica en este campo comenzaremos con el estudio de
voces generales relacionadas con el mar: barra, estero, lot a, sapal, etc.
Posteriormente, abordaremos dos r ealidade s q ue aportan un caud al léxico
importante, como son, por un lado, el atún y s us diferentes partes ( lomo, sangraza,
cuchillo, badana, pergañas, etc.) y, por otro, los nombre de embarcacio nes ( barca y
barqueta; barco y barqu ete; bergantín, carabela, nao, navío, etc.).
L
ÉXI C O
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BARRA
66
Acordose qu e s e pon ga vna barca pa ra gua rda d e lo σ moro σ /
9
en la barra . (fol. 210 vº)
Según C
OROMINAS Y
P
ASC UAL
(1980-91) es voz prerromana común a tod os los
romances, excepto el rumano. Como primera documentación dan la se g unda mitad del
siglo XIII. Y en la acepci ón ‘bajo de arena a la e ntrada de un río’ l a docu mentan en las
Memorias de Fernando IV.
El término está en NEBR I J A (1495), aunque p ara encontrar la acepción que nos
interesa t ene mos que esp era r a COVARRUB I AS (1611): ‘barra en los pue rtos es la ceja
que h ace el arena h asta l a cual h ay ma r baja y en pasando d e ella empiez a la hondura,
como l a barra de Sanlúcar’. Posteriormente, AUTOR ID ADES (1726) ampliará esta
definición: ‘ban co de arena o arrecif e que a la entrada de al g ún puerto su ele hacerla
dificultosa o no deja entrar l a emba rcación sino estando la m ar en creciente. P or cu y a
razón l ámase t ambién barra a las bocas de los ríos que entran en el ma r, porque allí
suelen comúnmente hacer estos b ancos, como la barra de Sanlúcar’. O la d e A y amonte,
podríamos añadir nosotros.
Término documentado en el COR DE desde fines del siglo XIV:
E otros y las costumes d e la dicha vi lla que usaran pagar fasta aqui
salvo de lebar venas pa ra abasteçimiento de las ferrerias de las
/118v comarcas de la dicha villa que son dentro de los riberos de la
barra del di cho fo gar de puerto e de la concha e abra del bocal del
puerto de la dicha villa de L aredo fasta la peña d e Santoña e fasta el
cabo de C oberiz e la peña de Sonabia e a l a canal de Oriñon que
66
En el capítulo que dedica m os a los oficios he mos estudiado piloto d e la barra. ( vid. supra p. 221) .
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son t er minos del puerto de la dicha villa a sacar e cargar el fierro
que se faze en las dichas ferrerias en l os riberos que son dentro de
la dicha varra para lo l lebar al alfoli del fier ro de l a dicha villa e a
los otros logares del s eñorio de nuestro seño r el rey d e Vizca y a e de
Guipuzcua.
1398, Anónimo, Bando [Documentación mediev al de la villa de
Laredo ] . Publicado por Virginia M. Cuñas C iscar , Fundación
Marcelino Botín (Santander), 1998. [13/10/200 6]
ESTERO
Acuérdase que ninguna persona no echen estiércol ni tierra / en
el estero de La Rribera ni en el rrío, so pen a d e la pen a d e la /
27
ordenansa. Y que se señala sitio pa ra que puedan echar el es- /
tyércol. (fol. 253 rº)
Según C
OROMINAS Y
P
ASCUAL
(1980-91), el término procede del latín
AESTUARIUM ‘te rreno costeño a nagadizo que se i nunda en la pleamar’, ‘laguna,
marisma’, ‘desembocadura de un gran río’. La palabra es un derivado de A ESTUS, - Ū S
‘agitación del m ar , ol ea je’. Nuestros insigne s etimólogos nos dan la primera
documentación del tér mino en el Vocabulario , del andaluz Alonso Fernánd ez de
Palencia de 1490.
El término lo recoge N EBRI JA (1495 ) como estero de mar . Pero no e stá en
ALCALÁ (1505 ) ni en CASAS (1570). COVA RRUBIAS (1611) sólo lo recoge en el
suplemento a su diccionario: ‘es lo mismo que estuario, conviene a saber, unas lagunas
que se hacen orillas del m ar cuando con la tempestad y recios vi entos sale de madre’ y ,
curiosamente, remite a Antonio de Neb rija. AU TORIDADES (1732 ) lo define con un
L
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sinónimo erróne o: ‘ L o m ismo que albufera’, hasta cierto punt o comprensible porque la
palabra e ra nueva en el d iccionario académico. El error se s ubsana en el DRAE (1791
3
),
cuando se vuelve a la d efinición de los m ae stros clásicos: ‘Laguna o balsa que se forma
con las a g uas del m ar en las ti erras inm ediatas a él que están más bajas. Llámase
también albina de marisma’.
El C ORDE lo documenta desde la segunda mitad del siglo XIII, de nuevo en una
fuente andaluza:
...e pusieron moj ones entre Huelva e Niebla en esta guisa:
primeramiente como va rio Tinto fasta o sal e el estero que dizen
Cabrera de rio Tinto; e desi este estero otrossi como va fasta que
da en la c arrera que viene de Huelva a Niebla, en que ha un mo jon
en esta carrera que departe los terminos entre Niebla e Huelva;
1267, Anónim o, Aprobación de deslinde de términos [Documentos
de Alfons o X dirigidos a Andalucía ] . Publicado por María T ere sa
Herrera; María Nieves Sánchez, Hispanic Seminar y of Medieval
Studies (Madison), 1999. [13/ 10/2006]
El término se recog e en el TLHA (2000) a partir de A
LVAR
, M. (1985), que lo
sitúa en Palos de la Frontera (Huelva) con el si gnificado de ‘caño por l a marisma’, es
decir, el significado que tenemos en nuestro tex to: una especie de canal de agua en
medio de la marisma qu e se llena o vacía en función de la marea. Por todo ello, creemos
que se trata de un andalucismo léxi co
67
.
67
Los datos así lo apuntan.
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LOTA
Yten: que l os barqueros que no trageren p esc ado a la al ota / no
se pongan a enbarasar en el dicho sit io con sus barc os. Y los que
tra- /
12
ger en pescado, auiéndolo uendido se salga n luego como lo
ayan / uendido del dicho sitio auiendo marea y d esocupen el dicho
sitio, / so l a dicha pena. (fol. 266 rº)
C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
recogen el témi no lota co mo andalucismo. Según ellos,
procede d el fr. lot ‘parte que toca a cad a uno en un reparto’ y éste del f áncico * LÔ T
(gót. hlauts ‘lot e’, ‘herencia’, a. alem. ant. hlôt ‘lote’, ‘partición de una her encia’, alem.
los , b. alem. ant. hlôt , etc.), dan como prime ra documentación el diccionar io académico
de 1869, no 1843 y señalan que es vo z mu y t ar día en castellano qu e tiende a ext ender se.
(DCECH, s.v. lote ).
Realmente, la primera r efe rencia a lote en el d iccionario ac adé mico es en el
DRAE (1852
10
): ‘cada una de l as partes en que s e divide un todo que se ha de distribuir
entre varias personas’.
En cambio, l a prime ra referencia al té rmino lota e n los di cc ionarios consul tados
está en el DRAE (1936
16
) en una entrada en d onde se dan do s acepciones, ambas
consideradas como andalucismo: ‘(de lote). And . Porción mayor o meno r de pesc ado
que se subasta en los siti os adonde arriban los b arcos pesque ros. || 2. And. Si tio o lugar
en que se verifica esta subasta en la que s e va pregonando el pre cio fijado en escala
descendente, hasta que un postor grita: ¡mío!’. De esta manera llega a la edición vigente
del DRAE (2001
22
).
El CORDE sólo registra 15 entr adas para el térmi no lota desde 1490, pero en
todas ellas estamos ante el nombre de un pez , q ue ya se re g istra en el diccionario de
TERREROS (1787), que lo define como: ‘pez especie de Lamprea’.
El TLHA (2000) r ecoge el término a partir del DRAE. P er o para la segunda
acepción, es decir, com o ‘lugar en do nde se hace la subasta pública del pescado ’,
L
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Tener buenos l omos vn a bestia es ser fuerte para l leuar la c arga’. AUTOR IDA DES
(1734) lo define de mane ra más detallada como ‘la tercera parte del espinazo del
animal, la qual tiene cinco vertebras mas gruessas que las otras, con muc hos agujeros’.
El DRAE (1832
7
) actual iza la definición: ‘la parte del espinazo comprendida entre la
espalda y la rabadilla’. En la edición del DRAE ( 1843
9
) la acepción se d esg losa en tres,
distinguiendo entre el lo mo humano, el de animales cuadrúpedos, además de añadir otra
acepción: ‘por antonomasia el del cerdo’. En la edición m anual, DRAEm (1984ii
3
), se
amplía esta última acepción: ‘Parte de las reses de consumo correspondi ente al lomo .
Dícese especialmente d el cerdo’. En la vigente edición, DRAE (2001
22
), se da la
redacción siguiente: ‘3. m. Cada una de l as dos piezas de carne de ce rdo o de vacuno
que están junto al espinazo y bajo l as costillas’
No encontramos, pues, ninguna referencia al término asociado al atún en los
repertorios consultado. Tampoco L
EIVA
C
ÓRDOB A
, F. (2001) cuando l o estudi a se
refiere ni a éste ni a las otras partes del pez que aparece en nuestro corpus.
CERRI LLO
Voz deriva da
72
de cerro ‘lomo, espinazo, pescue zo de los animales, en pa rticular
del toro’. La aplicación al cuerpo de los animales apar ece en Juan Ruiz. El derivado
cerrillo sólo se documenta con el significado de ‘hierros en que es tá g rabado el
cordoncillo para formar el lomo de las pi ezas de moneda’ en 1786; y co n el de ‘corte
curvo que se da a una lima’ en 1633. (DCECH, s.v. cerro ).
La primera referencia al término está en PA L E T (1604) ‘petite colline’, que
posteriormente recoge AUTOR I DADES (1729): ‘ el ce rro pequeño’. El DRAE (1899
13
)
añade el significado de ‘grama del norte’, como localismo de la provincia de Cádiz. Y la
72
A partir d el sufijo – ILL O co mo en el caso d e portillo y cuartillo , y a e studiadas.
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edición del DRAE (1925
15
) incluy e como segunda acepción ‘hierros en que está
grabado el cordoncillo para cerrillar’, que el DC ECH documenta desde 1786, como
acabamos de ver. Pero, de nuevo, nin g una referencia al significado como parte del atún.
El CORDE [19/11/07] documenta el término en su forma antigua dipt ongada c-
çerriello (año 1376-a1391) y modern a, çerri llo (año 1326) y cerrillo (año 1368 ), pe ro
en ninguno de los 151 ejemplos que aporta se refi ere a la acepción que tiene en nuestro
corpus, sino a la m ás co mún d e ‘elevación de ti erra aislada y de m enor altura que el
monte o la montaña’ (DRAE, 2001
22
).
CUCHILLO
Voz procedente del lat. C Ŭ L TE LL US ‘cuc hilli to’, diminutivo de CULTER
‘cuchillo’, ‘reja del arado’, documentada en la forma cuchiello en Berceo ; y l a forma
moderna en 1219 en el Fuero de Guadalajara. (DCEC H, s.v.)
La voz la reco g e NE BRI JA (1516) y COV ARRUBIAS (1611) establece,
apoyándose en su etimología, que ‘es nombre d iminutivo, de culter, cultellus...’ (s.v.
cvchillo ). AUTORIDADES (1729) lo define como ‘instrumento de acer o de un solo
corte...’, e in cluy e varios si g nificados meta fóricos, algunos ya recogidos por
Covarrubias, como: ‘añadi do de tela en la ropa’; ‘plumas del ala del halcón que forman
como un cuchillo’; y ‘velas triangulares’. El DR AE (1780) y a desde su primera edición
añade una nueva acepció n en sentido figurado de carácter ge nérico, que llega hasta hoy:
‘6. fig. Cualquier cosa cortada o terminada en án gulo ag udo...’, DRAE (20 01
22
).
En este sentido ha y que entender el término chuc hillos de atún, sobre el que no
hallamos, como en el caso ante rior ni en el siguiente, ni nguna re ferencia en los
repertorios léxicos consultados.
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SANGRAZA
Término derivado de sangre (< lat. SANGU I S, - Ĭ N I S ). C
OROMINAS
y
P
ASCUA L
(1980-91) do cumentan s angraza en A UTORIDADES y lo relacionan con sanguaza,
que recoge NEBRIJA y con el compu esto andaluz sangacho (< moz ár.) ‘parte negra d e
la carne del atún’ que documentan en Alcalá Ven cesla da. (DCECH, s.v. sangr e ).
Efectivamente, AUTOR IDADES (1739) r ecoge l a entrada sangraza o san guaza
‘la sangre aquosa. Trahe esta voz Covarr. en su The soro, en la voz Sangre’. Con
anterioridad s e recoge en PER CI VAL (1591); y con la grafía sa ngraça en M I NSHEU
(1617), FRANC I OS INI (1620), S OBRINO (170 5) y STE VENS (1706). El si g nificado
académico sólo se modific ó en el DR AE (1803
4
) para si g nificar ‘sangre corr ompida’,
que es la definición vigente.
Por tanto, ninguna referencia al témino asociado al at ún .
En cuanto al CORDE [21/11/2007] , documenta el témino de sde l a segunda
mitad del siglo XV I a pa rtir de un episodio de canivalismo en la conquista de América,
que omitimos por razones obvias.
IJADA
Según C
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P
ASC UAL
(1980-91)
es un derivado romance del latín Ī LI A,
Ī LI UM ‘b ajo vientre’, documentado por vez primera en los Milagros de Berceo.
NEBRI JA (1495) re coge ij ada de pescado. ab domen.inis. COVARRUBIAS
(1611) al final de s u definición establece: ‘... D el pescado atun, y de algunos otros
tienen por m as re g alado lo que es de i jada’ . AUTOR I D ADES (1734) no hace referencia
al pescado en su de finición, sino a los animales en g eneral, pero aporta una nota
fonética: ‘Muchos escriben esta voz con aspiracion, pero viniendo de L atino Ili a, i um ,
se debe escribir sin ella, como lo hacen C ovarr . y Nebrixa’. Hasta el DRAE (1925
15
) no
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incluye l a Academia el si gnificado referido al pescado: ‘2. En l os peces, parte anterior e
inferior del cuerpo’.
La grafía que aparece en nuestro corpus, s e rec og e en diccionarios b ilingüe s,
como OUDIN (1607): yj ada de pes cado ‘le ventre d’vn poisson’; o VITTOR I (1609):
‘il ventre di vno pesce’. Mientra que FRANC IOSINI (1620) recoge atun de yjada
‘tonnina grassa, o della parte della pancia’ (s.v. yj ada ).
En el CORDE se doc umenta el té rmino con ambas grafías, aunque son
posteriores a la de nuestro corpus:
a) GUZMÁN Todo es de un pedazo vuestra merced.
FRANCI SCO Sí , pero es de aguijón para picar a vuestra merced.
GUZMÁN Mas no creo que es sino de atún de ijada .
FRANCI SCO Si de a tún fuera , y a vuestra merced hubiera
arremetido a la pieza, como el asno a la cebada.
1599, Anónim o, Diálogo s de John Minsheu. Publi cado por Miguel
Marañón R ipoll y Lola Montero R eguera, C entro Virtual Cervantes
(Alcalá de Henares), 2004. [ 17/11/2007]
b) y, hallándose mu y ob ligado y agradeçido el portador, m e enbió
dos barriles de atún de yjada y un quintal de biz coç ho de Utrera,
con algunos otros regalos de su m atalotaje, que sirvieron tanto y
más que el dinero.
1606-1611, Méndez Niet o, J uan, Discursos medicinales. Publicado
por Gregorio del Ser Quijano; L uis E. Rodríguez S an-Pedr o,
Universidad de Salamanca (Salamanca), 1989. [17/11/2007]
L
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PERGAÑA
Esta voz no aparec e en ningunos de los repertorios lexicográficos que h emos
consultado
73
.
El ALEA recoge el térm ino pergaña ‘ argay a’ (D RAE: desus. argaña ‘conju nto
de fil amentos de la espiga’) en el mapa 36 n en los punt os H 600 y H 602 ,
correspondientes a l as localicades de B eas y Niebla, respectivamente. Si consideramos
que en el tex to las pergañas de at ún se venden tan sól o a ocho maravedís, podemos
aventurarnos a relaciona rla con los filamentos de la espiga y p ensar que s e trata de l os
restos de las espinas de la ijada o ventresca (<cat.).
La otra referencia documental del término la te nemos, a través del bus ca dor
Google, en el nombre de una empresa dedicad a a l a agricultura denominada Andaluza
de Almacenes La P erga ña, S .A., que se localiz a en la localidad de La s Cabezas de San
Juan en la provincia de Sevilla.
BADANA
Otro arabismo del españ ol, procede nte del ár. vg. batâna, y éste del ár. bitâna
‘forro’, que en el ára be de Esp aña y otras partes tom ó el si g nificado d e ‘badana’, porque
con ella se forraban ot ros cueros, se g ún C
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P
ASCUA L
(1980-91),
quienes d an
como primera docume nt ac ión la forma vatanna en un documento leonés de 1050
aportado por Menéndez Pi dal en Orígene s del español .
El t érmino lo recoge po r vez primera el diccion ario de arabismos de LÓPEZ
(1585). COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘cuero adobado m uy bla ndo’, m ientras
que AUT ORIDADES (1726) e stablece que es ‘la piel del carnero u oveja curtida,
73
Ta m p oco en el Nu evo Tesoro le xicográfico del españo l (s . XIV -1726), d e reciente apar ición .
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blanda y de poca dura ’. La reimpresión d e AUTOR I DADES (1770) supr ime la coletil la
final innecesari a, y de esta form a lle ga el artículo al DRAE (2001
22
): ‘Piel curtida y fina
de carnero u oveja’.
Como vemos, ninguna referencia al atún
74
. Parece l óg ico pensar que en nu estro
texto se usa badana para referirse a la parte del atún situada junt o a la piel, lo que se
conoce como “pellejo del atún”.
La única documenta ción de atún de badana la hallamos en el C ORDE en un
texto de comienzos d el si glo XVII para ensalzar la carne de ballena
75
:
...y con todo esto afirmava n que era ballen ato nuevo, que a ser
ballena tuviera ámbar, que es l o que ellos en aquella caça
pretenden, y tuvi era dos tanto cuerpo. Después co mían de aquellas
y jad as salpresadas y yo tanbién las prové, y tení an buen gusto y
pescado tam bueno y mejor que el atún de badana que dizen.
1606-1611, Méndez Niet o, J uan, Discursos medicinales. Publicado
por Gregorio del Ser Quijano; L uis E. Rodríguez S an-Pedr o,
Universidad de Salamanca (Salamanca), 1989. [4/01/2008]
74
Ta m p oco lo s d os significados que se re cogen e n el ALE A para b adana , mapas 57 0 y 9 64 en p unt os d e
Córdo ba, Jaén, Almería y en la localidad serrana de Campo frío ( Huelv a).
75
Es un único ejemplo de un tot al de 1 85 casos de badana en 12 5 documentos.
L
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359
5.8.2. Embarcaciones
BARCA
Petision de Bisente F er nande s que pide lisensi a pa ra cortar
made- / ra pa ra vna b arca ; la qu al l e dieron c omo es costunbre.
(fol. 263 vº)
Término procedente del latín tardío BARCA y do cumentado desde el Poema de
Mio Ci d. Según C
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(1980 -91), barca tiene ma y o r vi talidad en
español y da lugar al derivado barco , ajeno a los demás romances, excepto al portug ués.
NEBRI JA (1495 ) y a recoge esta vitalidad del té rmino hasta en cuatro l emas:
barca de nao; barca de pasaje; barca de pil oto; y ba rca de pescador. COVAR RUBIA S
(1611) la define como: ‘bagel pequeño mayor que barco’. Posteriormente,
AUTORIDADES (1726) define los dos p rincipales usos, el de p asaje y el de p esca :
‘embarcación sin quilla que ordinari amente sirve en los ríos c audalosos que no tienen
puente para pas ar de un lado a otro los pasajeros y otras cosas. Y también se llaman así
otras embarcaciones p equeñas con quilla con que se trajina en los ríos y l os pescadore s
salen a pesc ar en l a mar ’. Doble significado que de manera sim plificada pervive en el
diccionario académico (DRAE, 2001
22
).
En cuanto al primer uso, aunque la construcción de puentes sobre los ríos ha
acabado en l a práctica con él, podemos atestiguar hoy su p ervivencia en el topónim o L a
Barca, c aserío si tuado al pie del río Piedras, en el lím ite del antiguo Marquesado de
Aya mont e con el ve cino Condado de Gibraleón. En cuanto a su uso como pequeña
embarcación de pes ca , aún pervive en la pesca artesanal a lo largo d e tod a la costa del
antiguo Marquesado
76
.
76
Además d e otr as muchas zon as costera s, claro . P ara la distribución territo rial de esta embarcación a lo
360 C
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Finalmente, en contramos la ortog rafía antietimológica v arca en
COVARRUBIAS (1611), que la usa en la definición, y en los diccionarios de
MINSHEU (1617) y SOBRINO (1705).
El CORDE documenta la voz desde B erceo:
a) Fizo el marinero como leal christiano:
a su señor el bispo tomólo por la mano
con otros bonos omnes de pleito más lozano;
metiólos en la barca , priso consejo sano.
1246-1252, Berceo, Gonz alo de, Milagros de Nuestra Señora.
Publicado por Claudio García Tu rza, Espasa- Calpe (Madrid), 1992.
[13/10/2006]
b) Lo uno e lo otro vos embiaría,
salvo que me he miedo con pequeña varca
entrar en la mar muy fonda que abarca
lo poco e lo mucho con su valentía.
1394-a1435, Pérez de Guz mán, Ferrand, Poesías [C ancionero de
Baena ] . Pu blicado por Brian Dutton; Joaquín González Cuenca,
Visor (Madrid), 1993. [13/10 /2006]
c) Joan de tapia de larga s rresidente en esta çiudad rresulto culpado
sobre auer se enbarcado en este puerto p ar a la costa del brasil al año
de catorz e con plat a y b uelto el de quinz e en vna uarca d e julian
mix el de la dic ha costa en que vinieron muchos esclauos.
1618, Arias de Saaved ra, H ernando, Relación sintética de los
largo de la costa andaluza r emitimos al map a 1090 del ALEA.
L
ÉXI C O
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SEMÁNTI CA
361
procesos incoados por Hernandarias de Saavedr a, acompañada a
la carta del... Publi ca do por I mprenta de la Biblioteca N acional
(Buenos Aires), 1937-1938. [ 13/10/2006]
BARCA D E JÁBEG A
Petisión de P edr o Días, armador, que dio a pedir le di esen /
27
lisensia pa ra cortar madera pa ra vn a b arca de ja uega . La qual le /
dieron en la tala de Ualensuela. (fol. 244 vº)
El término no aparece en el diccionario de Corominas y Pascual. Según el
DRAE (2001
22
) procede del árabe hispánico šábka , deribado del ár. šabak ah ‘red’. Por
lo tanto, la barca de jáb ega sería la embarca ción dedicada a un tipo concreto de pesca
realizado con este tipo de red, como veremos a continuación.
COVARRUBIAS (1611), al tiempo que d efine el término, expl ica la mod alidad
de pesca que se re alizaba con este tipo de red en es ta embarcación: ‘la red de pescadores
en la mar con la cual tra y e ndo poco a poco el pescado hasta l a orilla a donde están
esperando unos pícaros para tir ar la cuerda, a lo s cuales llaman j abega’. La definición
actual de l a A cademia n o difiere mucho de l a d el maestro: ‘Red d e m ás de cien brazas
de largo, compuesta de un copo y dos band as, de las cuales se t ira des de tierra por
medio de cabos mu y larg os’ (DRAE, 2001
22
).
La orto g rafía de la p alabra nos ofrece un lar g o recorrido. La primera entrada
lexicográfica es xáuega : PA L ET (1604), OUD IN (1607); xábega está en V I TTOR I
(1609), MINSHEU (16 17) y AUTOR IDADES (1739); xáv ega en C OVARRUBIAS
(1611) y ROSA L (161 1); y, finalmente, la forma moderna jábega o jábeca en
FRANCIOSINI (1620), SOBRINO (1705 ), STEVENS (1706), BLUTEAU (1821),
TERREROS (1781), hasta fijarse en el DRAE (1817
5
).
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El CORDE no documenta este elemento pluriverbal.
El TLHA (2000) registra el significado de ‘jábega’
77
(s.v. barca ).
BARCO
Pidió Ju an Bud, en vna petición, li sensia pa ra c ortar vn barco
en L os J arda- / les, la qual se le dio. (fol. 265 rº)
En cuanto a su etimología, como hemos visto arriba, es un derivado de bar ca.
El t ér mino apar ece en ALCALÁ (1505), CASAS (1570) y PALET (1604 ). No lo
recoge COVARRUB I AS (1611), y AUTOR I D ADES (1726) admit e que se usa como
sinónimo de barca: ‘Embarcación pequeñ a y con quilla corre spondiente a su tamaño en
que se dif erencia de la barca chata, aunqu e suele n confundirse, usando p romiscuamente
ambos nom bres como si fuesen una m isma c osa’. Aunque la Academia no haya
introducido hasta hoy ningún s ema meridianamente diferenciador entre ambos términos,
parece que el tamaño es uno evidente, de forma que barco es una embarca ción de mayor
tamaño que barca . Al menos, entre las gentes avezadas en el oficio de la p esca.
El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XIII :
a) Ferrandus, Dei gratia rex C astelle e Tole ti, omnibus ho minibus
regni sui hanc cartam vi dentibus, salutem et gratiam. Sepades que
y o f allé por pesquisa qu e mio avuelo mandó que nengún ganado ni
otra cosa nenguna por a vender en razón de mercadura non passe
Tajo en puente ni en barco fuera por la puent e de Toledo, e d e
Alfariella e de Zorita.
1223, Anónim o, Mandamiento de Fernando III [Documentos del
77
A partir del m apa 10 90 del AL E A e n la pro vin cia de Alme ría; y de C
AMI Ñ AS
,
J.
A.,
B
ARO
,
J.,
R
EINA
,
J.
A.
(1988)
en el litoral m ed iteráneo andaluz.
L
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369
el car go de vuestra armada, en la qual perdimos más de cc mill e
rece bimos gr ande agravio en ser tomada una caravela de P ortog al,
que por todo derecho no solamente era nuestra, mas por l a
capitulación con nos otros fecha, e Vuestra Altez a la mandó tom ar
al rey de Portogal, con todo lo que en ella se tomó;
1441-1486, Valera, Die go de, T ratado de las epísto las enviadas
por mosén Diego de V alera en di versos tienpos e a diversas
persona... Publicado por Mario Penna, Atlas (Madrid), 1959.
[13/10/2006]
b) ...facultad para ello oui ere e vos costit uy erdes por vuestro
procurador en vuestro nonbre en ca da vn a de l as carauelas o
nauios que asi naue g aren en la guinea para rresgatar o d e armada
commo dicho es vn escriuano que tenga aquella m esma facultad e
abtoridad que vos damos.
1476, Anónimo, Carta de la merced de la escribanía de las
armadas a Luis González secretario del rey [Tumbo de los...
Publicado por Ramón C arande; Juan de Mata C arriazo, Fondo para
el Fomento de la Investigación en l a Universida d (Sevilla), 1968.
[13/10/2006]
c) Y qu e un c riado su y o, a quien él abía enbiado a l a y sla Esp añola
para hacer saber a el governador su estada en J amaic a, el dicho
Diego M endes, compró una carabela de sus dineros, que embió al
almirante, en que viniese.
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1491-1516, S anta Cruz, Alonso de, Crónica de lo s Reyes C atólicos.
Publicado por Juan de Mata Carriazo, Escuela de Estudio s Hispano
Americanos de Sevilla (Sevilla), 1951. [13/10/ 200 6]
ENVIADA
Petisión de Ju an de Malaba rca, que pidió lisensia pa ra cortar
made- /
9
ra de alcornoque pa ra hazer vna ynbiada , la qual le die ron
/ que la corte en Los Jardales, conque dé fiansas y u aya/ el
mayordomo a uella cortar. (fol. 230 rº)
Esta palabra no la re cogen C
OROMINAS Y
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ASCUA L
(1980-91) con el s ignificado
de embarcación.
La pal abra no se docu menta hasta AUTOR I DADES (1732) con el sig uiente
significado: ‘Misión hecha de al g una cosa, diri g ida a algún fin. Es voz de poco uso’. El
DRAE (1791
3
) recoge el lema como: ‘ant. La acción y efecto de enviar’. C omo término
anticuado ha pervivido en el diccionario acadé mico hasta el DRAE (1925
15
), en que
desaparece esa acepción.
Sólo el DRAE (1984
20
) introduce como 2ª acepción el significado que tiene en
nuestro texto: ‘Embarca ción qu e lleva a puerto la pesca que v a capturando otra ma y or’,
definición que aparece en la última edición del DRAE (2001
22
) como terce ra acepción.
Además de lo dicho, documentamos el término en el Diccionario general y
técnico hispano-americano , de Manue l Rodríguez Navas y Ca rrasco, publicado en
Madrid en 1918, qu e la define del si g uiente modo: ‘Lancha o falúa par a trasportar a
tierra el pescado desde la mar’.
No aparece documentada en el CORDE.
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371
NAO
Y mandaron que nin gún merca- / der se encargue d el dicho
nauío sino aquél a quien viniere / consinado. Y és te a quien uiniere
consinado lo admi nis- /
18
tre, y no otro por él. Y s i fuere uenturero
ningún merca- / de r se m eta (a) admi ni σ trallo y d eje al mercader y
maestre / de la nao admini σ tralla. (fol. 260 vº)
Voz procede nte del lat. NAV I S ‘bar co, nave’, documentada desd e los orígenes
del idiom a. (DCECH, s.v . nave ). C
OROMINAS Y
P
ASCUA L
(1980 -91) establ ecen que nao
(tomada del cat. nau ) f ue más popular entre l os m ar inos que nave . C omo nau la
documentan desde Gran Conquista de Ult ramar ; y como nao desde el s. XIII en Las
Partidas . Es el t ér mino más usual d ura nte todo el Siglo de Oro, puesto q ue es l a forma
empleada por los cronistas de Indias y relatos de navegaciones en la época clásica.
El témino está en NEBRI JA (1495 ) como ‘nao para mer caderia’ .
COVARRUBIAS (1611) lo define como ‘bax el grande de alto borde’. En
AUTORIDADES (1734) se define como ‘lo mism o que navío’. Est a de finición perdura
hasta el DRAE (1803
4
) que la modifica l ige ramente ‘lo mis mo que nave’. Desde el
DRAE (1822
6
) la defini ción se sim plifica en ‘nave’, y de esta forma perdura hasta
vigente edición.
El CORDE documenta la voz desde c omienzos del siglo XIV:
Primera mente que de cada nao que troxere canastas de sardjnas
saladas e arencadas que de vna can asta. E del bax el que troxere
sardjna en pila que de dos mj llares. E de cada bax el que troxere
çerda e sardina de tres mjllares arriba e fuere en pila que tome vn
mjllar de cada vno venjendo el auer de Portogal.
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1302, Anónimo, Ordenamiento portuario de Se villa. Publicado por
José Mondéjar, Gunter Narr Verlag (Tübigen), 1989. [ 10/09/2007]
NAVÍO
Y por la nesesidad que de prezente a y e n esta uilla , se acuer da /
9
que se le tome a Rroberto Borde, qu e es el dueño del dicho trigo. /
Con el qual se trató de tomárselo las si ento y si ncuenta a dos /
ducados, que uino en vn nauí o g rande. (fol. 234 rº)
Voz patrimoni al del español, procedente del latín NAVIS ‘barco’, docume ntada
desde la Primera Crónica General (h. 1275) (C
OROM INAS Y
P
ASCUA L
).
El término l o recog e NE BRI JA (1495), que lo define con un sinó nimo: navío lo
mismo que na ve . Lo mismo hace COVARRUB IAS (1611): ‘lo mismo q ue nao’. Hast a
AUTORIDADES (1734) no tenemos una defini ción: ‘Bajel grande de alto bordo, o
armado en guerra con art illería o que s ólo sirve para el comercio’. Esta d efinición es la
misma que mantiene el diccionario ho y , aunque d esg losada en dos acepciones: 1) buque
para la guerra; 2) buque para el comercio, DRAE (2001
22
).
Los lex icógrafos de los Siglos de Oro recogen la grafía nauío : A L CA LÁ (1 505),
NEBRI JA (1516 ), LAS CASAS (1570), etc.
El CORDE documenta el término desde la primera mitad del siglo XIII :
a) rruedano e dizenle en [la]ti n
rrodanus del nonbre de vn
castillo que a y que diz en rrodanus
e este rrio es muy yrado
e tan grant que se non puede
pasar sin nabio en tierra
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c 1223, Anónim o, Semejanza del mundo . Publicado po r Enrique
Jiménez Ríos, Hispanic Seminary o f Medieval Stu dies (Madison),
1995. [13/10/ 2006 ]
b) ...o si se en cendiese la casa, o se quemas e, o s i se ca ye se aqu elo
de guisa que se p rediese, o si lo levase navio qualquier que
prereciese de guisa qu e se perdiese, o si po r aventura furtasen d e la
casa de lo su yo daquel qu e lo adux iese, atanto o mas daquelo q ue
se perdió.
p 1255-c 1280, Anónimo, L eye s nuevas. Publicado por Real
Academia de la Historia (Madrid), 1836. [13/10/2006]
c) Pero esto no se entiende andando
sobre mar. Ca en ningun nauio
no deuen dezir missa por el periglo que
podrie acaecer por el mouimiento
del. ni sobre los sepulcros de los muertos.
1256-1263, Alfonso X, Primera Partida. P ublicado por L lo yd A.
Kasten y John J. Nitti, Hispanic Seminar y of Medieval St udies
(Madison), 1995. [13/10/2006]
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5.9. ONOMÁSTICA
Dado el carácter jurídico-administrativo del t exto que sirv e de base a nuestra
investigación, la presencia de antropónimos, tanto nombres de pila como apellidos, es
muy frecuente. Recorde mos que cada acta comienza con la relación de los miembros
asistentes a la sesión d el Concejo. Además, en el texto so y mu y abundantes los ac uerdos
tomados que afectan a vecinos de la vill a o d e fuera, que aparecen, co mo es lógico,
citados por sus nombres y apellidos.
Aunque no po demos abo rdar ahora un estudio en profundidad de toda la riqueza
onomástica que encierra el text o, sí nos ha parec ido oportuno realizar un breve análisis
general que nos proporcione algunas claves para su comprensión
79
.
79
Lo mismo cabe decir sob re la presencia d e topóni m o s en el texto, que trata m o s en el ap artado sig uiente.
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5.9.1. Nombres de pila
Los nombr es más empleados en el tex to son: Juan (24), Frans isco (16 ), Diego
(12), Pedro (12), Antonio
80
(9), Alonso (7), Cri stóual (7), Gaspar (7), Luys (5), B enito,
Garsi, Rodrigo y Fernan do
81
(3); la lista de nombres que aparecen en dos o casiones es
larga: Afonso, Baltasar, Bartolomé, Domingo, Lorenso, Manuel, Martín, Migel y
Saluador ; y los nom bre de pila que aparecen en una sola ocasión son: A ndrés, Ginés,
Grauiel, Herrera, Jerónimo, Melchior, Niculás, Nuño, Ortuño, Rroberto y Santiago .
En términos porcentuales, obtenemos los siguientes resultados:
Juan 72,7% (1º)
Fr ancisco 48,5% (2º)
Dieg o 36,4% (3º)
Pedro 3 6,4% (4º)
Antonio 27,3% (5º)
Alonso 21,2% (6º)
Cristóbal 21,2% (7º)
Gaspar 21,2% (8º)
L uis 15,1% (9º)
Si ex trapolamos estos datos a los obt enidos por Á
LVAREZ
,
M.,
A
RIZA
M.
y
M
ENDOZA
,
J.
(2001) a p artir del estudio de un p adrón de Sevilla del si glo X I V, hay
coincidencia en la supre macía de Juan , que en n uestro caso es indiscutibl e. Del mismo
modo, constatamos que Diego y Pedro si guen si endo dos nombres de us o extendido a
fines del siglo XV I . El único dato discordante con respec to a los aportados en el estudio
80
En un caso a parece el hipocorístico Antó n.
81
En este caso c ontabilizamos F ernan do (1) más las variante s Herna ldino ( 1) y Hernan do (1).
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al que h acemos referencia es Fra ncisco , cu y a fr ecuencia allí no alcanza el 2%, mientras
que en nuestro corpus representa casi el 50% d e los nombres de pila. La explicación
parece que obe cede a un cambio de moda. De h echo, B
RAVO
G
ARCÍA
, E. Mª (1987), en
un estudio a partir de textos americanistas contemporáneos a los nuestros, establece que
Juan, Pedro y Francisc o son l os tres nombres que aparecen con ma yor frecuenci a.
Recordemos que éste es el nombre del primer marqués de A y amonte, Francisco de
Guzmán y Zúñiga, qu e se continúa en su hijo y ni eto, Francisco de Zúñiga y Sotoma y or
(II) y Francisco de Guzm án (III)
82
. Otro dato si gnificativo es la ausencia de nombr e s
compuestos, puesto que sabemos, sobre todo a pa rtir del estudio de B
OYD
-B
OWMAN
, P .
(1970), que l os nombre de pila simples eran los má s frecuentes durante el siglo XV I y la
primera mitad del XVII.
En cuanto a l os nombres femeninos son muy escasos y se redu ce n a tres: Ana
83
,
Francisca y María , que aparece en dos ocasiones . Tres nombr e de mujer, frente a 33 de
antropónimos masculinos en nuestro corpus, proporción casi idénti ca a la que establece
B
RAVO
G
ARCÍA
, E. Mª ( 1987: 116) en su trabajo : 5 nombres femeninos, frente a 43 d e
varón. Del mis mo modo, los nombres de Marí a y Ana son los de may or frecuencia de
aparición en los dos est udios a los que venimos aludiendo
84
. Es lógico qu e aparezcan
muy pocos nombres de mujer en este tipo de documentación, porque no realizan
compras, ventas, etc., así como tampoco ejercen cargos públicos, etc.
82
Vid. la INTRODUCCIÓN H IST ÓRICA de nuestra investigació n.
83
Record em o s que Ana de Súñiga es la marquesa estos m o mentos, d urante la minoría d e e dad de su hijo:
Io, doña Ana de Súniga, marqueza d e Aiamon te, tutora i curad ora i ligítima ad m i ni σ tradora de la pe rsona,
estado y hazie nda de d on Fransi σ co de Gu σ m án, marq ués de Aia monte, mi hij o... ( f ol. 213r, 11-13).
84
No hace falta señalar que a mbos estudios se re fieren a te xtos americanos, aunq ue no se ap artan, co m o
vemos, de la situac ión e n la peníns ula, co mo e s ló gico en esta ép oca te m p rana de co lonización d e
América.
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377
5.9.2. Apellidos
Los apellidos si guen varias estructuras, que no sotros hemos establecid o del
siguiente mo do: A: apellido; B: apellido + apellido; C: DE + apelli do; D: apellido + DE
+ apellido. Ejemplos de cada una de estas estructuras son los siguie ntes:
A: Apellidos : Fransi
σ
co Nazelo (206v, 4), Santi ago
Rramires (206v, 8), Garsi
Brauo (207r, 6 ), Martín Gonsales (207r, 8), Afon so Mendes (208r, 16), Roberto Borde
(211r, 9), Frans i
σ
co Martín (215r, 18), Alonso Barriga (219r, 8), Garsi Rr omero (220r,
28), Pedro Girón (222v, 31), Fernando Me (223r, 22), Manuel Saras o (223r, 35), Juan
Uasques (224r, 39), Lorenso C orrea (230v, 5), Migel Benites (232v, 8), Diego Escaso
(232v, 13), Fransi
σ
co Rrodrig es (233v, 15), Lo r enso Alonso (234v, 7), Juan Dominges
(235v, 3), Fransi
σ
co Duarte (237r, 8), Diego Lobato (238r, 19), Gaspa r L uys
85
(239r,
11), Pedro Talame (239 r, 18), María Fr izoa (247v, 24), Cri
σ
toual Mald onado (248r,
24), Rrodrigo Áluares (249v, 12), Gaspar Lor enso (250r, 10), C ri
σ
tóual Hernandes
(259r, 5), Benito Peres
86
(259v, 23), Fransi
σ
co Dí as (238r, 9), Antonio Folledo (243v,
25), Juan Gallardo (25 0v, 29), Juan Blanco (253r, 29), Hernaldino Saes (256v, 8),
María Jaymes (259v, 5), Luys Piri
σ
(261r, 12), Diego Pinto (262r, 29), Diego Muni
σ
(262r, 33), Grauiel Uaes (263r, 5 ), Juan Bud (265r, 16), Benito C amacho (266v, 18),
Diego Lopes (267v, 14).
B: Apellido + apellido: Alons o Dominges Papozo (209r, 26), Juan A lonso
Rriquel (210v, 18), Cri
σ
tóual Rodríguez Palasio
σ
(220r, 28), Pedro Gonsales Palasios
85
Además del apellido Luys de clara procedencia portugu es a, interesa d estacar aquí q ue el nombre va
seguido d el apelativo mo linero , o fi cio y puede q ue ya esté c onsolidado como apellido.
86
En este caso tenemos un clar o ejemplo de cómo al añadir el lugar d e pr ocedencia se or igin a un n uevo
apellido , puesto que pr imero ap arece co m o Benito Pe res, uezino de Lepe ( 218v, 2 3) y aho ra co m o Benito
Peres de Le pe.
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(233r, 5), Alonso Garsí a Salg uero (238v, 8), Gaspar Rrodriges Mellad o (239r, 12 ),
Diego Rrodr iges Ualder rama (240v, 23) , Antonio Sierra Cornejo (24 3v, 3), Pe dro
Áluares Rodríguez (245v, 15), Fransi
σ
co Lopes A bad (248r, 8), Juan Ozorio Gauilanes
(248r, 24), Nuño Ferna ndes Anzolero (256r, 25 ), Fransi
σ
co Sanch es Palasi os (261v,
21), Diego Rrodriges Rrol ón (261v, 24), Juan Alonso Uicario (262r, 29), Pedro Martín
Lebrija (262r, 31), Fran si
σ
co Dominges Piloto (263v, 29), Juan
Lopes Oliuos (263v,
29), Pedro Áluares Rrodriges ( 265v, 6), Juan Rrodriges Espartero (266r , 5), Juan
Martín Muriel (266r, 18).
C: de + apellido: Juan de Morales (206v, 2), Diego de Palasi o
σ
(206v, 6),
Hernando de Rrines (206v, 11), Martín d e Samudio (207r, 7), Andrés de Herrera (206v,
27), Juan de Saualla (208r, 25), Niculás de Enueres (208v, 10), Lui
σ
de Córdoua (213r,
14), Antón de Ualensuela (224r, 18), Pedro de Samora (234r, 2), Fransi
σ
co de
Galdames (235r, 24), Ana de Súñiga
87
(236r, 11), Fransisco de Gusmá n (236r, 12),
Juan de Morón (242r, 9), Juan de Azu aya (24 7v, 17), Lope de Figeroa (248r, 34),
Fransi
σ
co de Córd oua (250v, 29), L uys de Mir anda (251r, 3), Antonio de Malabarca
(252r, 13), Al onso del Corro (259,v, 2), Bartolomé de Monteagudo (261r, 8), Bartolomé
de Matamoros (262v, 9), Rrodrigo de Agustina (269v, 7), Domingo de Y rrarraga (269v,
9), Juan de Toledo (272v, 26).
D: apellido + de + apellido: Pedro Jaymes de Flandes (206v, 5), Juan Gar sía de
Rribera (207r, 9), Martín Gonsales de Balbaes (210r, 12), Juan Saraso de Arteaga
(213r, 20), Di ego Gil de la Sierpe (215r, 20), Cri
σ
toual Sanches de Aroche (262r, 3),
Fransi
σ
co Lopes del Abad (263v, 12).
87
Se trata de la marquesa. Po r el p roblema de la co nfusión de sibilantes, e ste apellido a vece s apare ce con
ç , co m o en Diego d e Çúñ iga Mald onado (270v, 2), que además es el único ej emplo con l a estructura d e +
apellid o + apellido que aparece en to do el co rpus.
Una vez concluido el estudio lingüístic o de l corpus de Ac tas Capitula res de
Ayamonte que h a servido de base a nuestr a investigación, nos proponemos presenta r los
resultados obtenidos que , por una p arte, pret end en contribuir al estudio del español del
siglo XVI; y , de manera particular, consid e ramos que son un a aport ación al desarrollo
de los estudios en torno a la historia lingü ística de las ha blas anda luzas.
L a p resentación de las conclusiones la haremos en el orden que hemos seguido
en la realización de nues tra investig ación y qu e establecimos en la I NTR ODUCC I ÓN
METODOLÓG I C A. Comenzaremos, pues, con la edición d el corpus, primera t area a l a
que nos enfrentamos; seguidament e, comentar emos los aspectos más rel evantes que se
deducen de nuestr a investi g ación, en cuanto al estudio de la s grafía s, la fonétic a, los
aspectos fonológicos y , finalmen te, al plano léxico-semántico.
1. En cuanto a l a edición del corpus de investigación, debemos destacar, en
primer lu g ar, el hecho de que sacam os a la luz un conjunto de textos que hast a hoy se
hallaba n inéditos. El aná lisis que del mismo he mos realizado e n el epígrafe
correspondiente al contenido de las Act as Capitulares, dentro de la I NTR ODUCCIÓN
HISTÓRICA, proporcio na datos de carácter hi stórico y etno gráfico relev antes sobre la
villa de Ay amonte en particular y , de manera general, sobre el Marquesado del mismo
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nombre. Además, hemos considerado oport uno acompañar nuestra edición de una
reproducción di gital del manus crito. Con ello, pretend emos dotar de rigor nuestr a
investigación, puesto que las le cturas que aport amos pueden ser contra stadas en el
origina l, así como tambié n facilita r un texto manuscr ito de finales de l siglo XVI que es
susceptible de nuevas investig ac iones en el campo lingüístico
1
, histórico y etnográfico.
2. El capítulo dedicado al estudio de las g rafías comprend e dos grandes
apartados dedicados a l as vocales y a las consonant es.
2.1. En cuanto al uso d e las grafías para las vo cales, destacamos que el t exto
presenta bast ante regula ridad. L os es cribanos par ecen seguir un a re g la, qu e enunciamos
del siguiente modo:
a) Utilizan la grafía y en inicia l de palabra: yllustre, yjada, ynformasión,
ynconuiniente, yntensión, etc.; y como segundo elemento de un diptongo, es decir, en
función de semivocal: Jaymes, veynt e, perjuyzio, alcayde, az eyte, etc. Y, de fo rma
parale la, aparece la grafía v, en situación inicial: vzase , vtilidad, vltimo, etc; y en
función semivocálica: sivdades, rrecavdos, avzent are, cavza, fravdes, etc.
b) Mientras que, por otro lado, las grafí as i/u aparec en en los dem ás contex tos,
es decir, com o núcleo silábi co: notificar, pe tisión, villa, arriba, mil; juntaron, alguno σ ,
cunpliendo, juramento, lugare σ , etc.; y en posición de semiconsonante: lisensiado,
Samudio, dies, bien, conuiene, criados; quatro, p ueda, Juan, demuela, me nguar, etc.
Hemos de señala r también que , a la luz de los ejemplos que aportamos, l a vocal
palatal ofrece un bu en núm ero de casos en que la grafía y ap arece en todos los
contextos, incluido el de núcleo silábico y el de s emiconsonante. Se da la circunstancia
de que estos ejempl os, en su inmensa ma y o ría, n o perten ecen al escriban o principal d el
corpus [E1] sino al resto de los escribanos que participan en menor grado en la
redacción del text o. Así, por ejemplo, [E2] : myll, corregydor, rregydore σ , ueydo,
1
Por ejemplo, en el aspecto m o rf osintáctico que n o hemos abordado aquí, com o dej am os establecido en la
INTRODUCCIÓN, y q ue esperam os poder in iciar en un futuro próx imo.
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ecesyvo, quysieren, d epositario, nynguna, tyerra; [E3] : prymer o, depósyto,
hordynarios, my, nyngun, syno, camynos, co mysa rio, myércole σ , cumplimyento, byen,
tenye ntes; etc.
La vocal velar p resenta mayor regu larid ad en el uso de las g rafías u/v . Y alg unas
de las “ex cepciones a la regla” que h emos enun ciado, como el caso de uuo ‘hubo’, son
fácilme nte explica bles por contag io de la grafía u utilizada para repre sentar la
consonante labial, cu yo uso es frecu ente e n el manuscrito, como veremos a
continuación.
Finalmente, desta camos que nuestro texto ilustra las di stintas modas g ráficas de
la época, puesto que un mismo escribano [E1] utiliza durante un perio do de tiempo
únicame nte la g rafía i en detrimento de y : veinte i tres, illustre, mui, informase, Ja imes,
pleito, testimonio, alcaide, treinta, etc.
2.2. El estado g ráf ico de las consonante s constituy e una buena prueba de los
cambios que se venían produciendo desde h acía décadas en el español en general, y en
las hablas andaluza s en parti cular.
2.2.1. En cuanto a las grafías d e las labiales, destac amos el uso aún
predominante de u frent e a v para la consonante la bial proce dente de U- inicial latina :
ueynte , uenga, uaia, uerla, uierne s, uizitado, u ezinos, uierne s, uilla, u erdad, uela σ ,
uirtud, ualor, uiña, uiage, etc. Aunque, f rente a es te uso g eneral, s e dan casos en que la
palabra aparec e también escrita con v : villa, v enta, vacas, v enir, veinte, ve zinos, etc.
Por otra pa rte, tanto en posición intervocálica como en inicial e ncontramos u/v
procedente de -B-, -U - o U- latinas, es d ecir aparece siempre la grafía cor respondiente
según las le yes fonéti cas, ex cepto en U- i nicial, a menos qu e se acept e la perviv encia
aún del fonema fric ativo, lo cu al es bastante impro bable.
L os casos d e grafía anóm alas son siempre de b en lu g ar de u/v y se producen,
tanto en situa ción inicial como e n posición intervocálic a, y , como he mos se ñala do en el
epígrafe correspondiente, los ejemplos ap arecen en los distintos escribanos: [E2] benda;
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[E3] boto; [E4] benda, b ale, biernes ; y [E1] boz, basallo
σ
, biba, botasen, boluer, bea ;
y abuelo σ , abundamient o, obedesió, alchibo, nueba, abise. La Academ ia perpetuará
alguna de estas grafías “ anómalas”, pero en la m ayoría de los c asos aplicará el criterio
etimolog ista: biba > viva; boz > voz; etc.
En cuanto a los gupos c on B seg uida de líquida ( r, l ), se conservan con su grafía
etimológica: breue, libransa, obligose, libra, febrero, etc.
Finalmente, tenemos do s vocablos, inbiada (<I NVI ARE ) y caruón (<CARB O,
-ONIS), que p resentan la g rafía habi tual en l a Edad Media: b tras nasal y v precedid a de
líquida, lo que podría indicar su anti gua realización oclusiva o fricativa,
respectivam ente.
2.2.2. En el epígrafe ded icado a las grafía s d e los fonemas de ntales, señal amos
los pocos ejemplos que nos aporta el es cribano principal [E 1] de las grafías c- ç
correspondiente a la den toalveolar sorda medi eval: merced, merçed, Pal acios; fr ente a
la presencia más abund ante en el resto de escribanos del corpus: pare σ çe, rreçebido,
calçada, Santo Ofiçio, y n σ tuiç ión, negoçio, trecientos, çinco, conç ejo, açadoneros; y
los antropónimos: Çamudio, Çaualla, Valenç uela, Lorenço, Çúñiga.
Es gene ral en todos lo s escribanos la grafía z para la dentoalveola r sonora
medieval, probablem ente y a ensordeci da como evid encia, por ejem plo, esenziones
(<EXEMPT Ĭ O, - Ŏ NIS), donde debíamos encontrar la g rafía co rrespondiente a la sorda
al proceder de un grupo TY no inte rvocálico. Otros ejemplos son: quinze, onze, catorze,
hazer, perjuizio, uezinos, hazienda, dize, pozos, etc.
Pero en muchos casos la grafía qu e encont ramos es s , indi cativa de ses eo/ceceo,
como veremos m ás adelante, y la ma y orí a de los ej emplos pertenecen al escribano
principal del corpus: esensión, marso, ystuysi ón, onsas, ordenansas, diligensias,
denunsiador, hiso, benefisiar, cabesos, y un lar go etcétera que inclu y e a ntropónimos
como Palasios, Samudio, Saualla, et c.
En cuanto a las grafías d e las apicoalveol ares m edievales, no aparece en el t exto
correspondiente al escribano principal la – ss – cor respondiente al fonema al veolar sordo,
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pues todos los ejemplos que hallamos p ertenecen al r esto de escribanos que particip an
en menor grado en la red acción del m anuscrito: passó, cassa σ , cossa, vendiesse, quesso,
marquessado, vissita, assy. Lo que pare ce indicar que el esc ribano principa l [E1] utiliza
un tipo de escritura más f onética y los otros son más conserv adores.
Por otra part e, destaca la presenci a en el text o de dos grafías cu y o valor fonéti co
se corresponde al sonido apical: la sigma y la s a lta. En el caso de la sigma, su uso se
extiende a lo largo de todo el tex to, preferentemente en posición implosiva: de σ de,
co σ tunbre, ago σ to, pare σ çe, pr e σ zio, sey σ , moro σ , e σ tá, bierne σ , casa σ , consi σ torio,
año σ , rregidore σ , etc. No sucede lo m ismo para el caso de la s alta, que sólo usan tre s
de los cinco escribanos que partic ipan en la redacción del manuscrito, [E2, E3 y E4] :
ju ∫ ticia, de ∫ ta, per ∫ ona, a ∫ ta, ba ∫ tardo, consi ∫ torio, etc.
2.2.3. En cuanto a las grafía s de las pal ata les, nada de particular nos ofrec e la
graf ía del fonema palata l africado sordo, que sistemátic amente e s ch : dicho , fecha, ocho,
chibatos, etc.
En cambio, se produce una alternancia entr e las grafías i/y pa ra transcri bir el
fonema palatal fricati vo sonoro. Esta alternancia gráfic a aparece sólo con el escribano
principal de l manuscr ito (y afecta al mismo tie mpo a la g rafía de la voca l palatal, como
hemos visto), y par ece que no obedece a ningún m otivo fonético, sino más bien a modas
gráficas de la época; de tal fo rma qu e s e producen dobletes gráficos como los
siguie ntes: maiordomo / mayordomo; maior / mayor; maio / ma yo; uaia / uaya;
Aiamonte / Ayamonte; Cartaia / Cartaya; et c.
En cuanto a l fonema palata l lateral, se trascribe sie mpre con su grafía
correspondiente ll : villa, halle, quartillo, llaues, lleven , vasallos, portillos, canillas, etc.
Except o en un caso en q ue el escri bano duda al escri bir el adverbio allá entre ll/y , que,
al ser un ejemplo aislado, no par ece que pue da considerars e como indicio de y eísmo,
aunque la duda puede se r significativa.
Hemos considerado opo rtuno incluir dentro de las palatales el estudio de las
grafías de los fonemas frica tivos palatales medievales , aunque posiblemente ha y an
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pasado y a en la len gua oral al h az de las velares para confluir con la aspirada proceden te
de F- latina. A ello apunt an varios ej emplos de confusión que hemos apo rtado: digesen,
egecutoria, parage, trugeren. Por otro lado, el t exto no c onserva la distinción gráfic a
para los fonemas fricativos so rdo y sonoro. D e modo que dejen, dijo o vejasión que
deberían llevar la grafí a x correspondient e al fonema sordo por procede r de un g rupo
latino KS, presentan la grafía corr espondi ente al s onoro. Lo mismo sucede en jabón , por
proceder de una S latina palata lizada. L a graf ía x aparece en el cultimo anexo , como
sucede ho y ; en t érminos pert enecient es al léxico jurídico que han evoluc ionado como
formas semicultas: ex ecutar, execut or, executan do ; y ocasi onalmente en otros casos,
que en su mayoría no per tenecen al escribano prin cipal del tex to: dexen, dixere, dixo (d e
nuevo los otros escribanos se muestran más conservado res). Incluso tenemos un
ejemplo de gr afía sesean te pertene ciente a [E1] : esecuten. En cuanto al fonema sonoro
presenta las grafías j y g , que produce dobletes gráficos del tipo: jente / gente; majestad
/ magestad; uiaje / uiage, etc.
2.2.4. Los fonemas velares aparec en con su grafía correspondiente. El sordo,
cuando va se guido de la vocal central a, present a la grafía qua, qu e perdur a hasta 1817
cuando la Acad emia normaliz a la grafía moderna: quanto, quale σ , quatro, etc. El
fonema sonoro pr esenta l a alternancia gráfica gu, g seg uida de vo ca l palatal, sin que ello
tenga ninguna repe rcusión desde el punto de vista fonético, con lo que volvemos a
encontrar dobletes gráfi c os como, por ejemplo: pagen / paguen; gerra / guerra;
higerales / higue ral; entrege n / entregue; sigie nte / siguiente σ , etc.
Hemos incluido la grafí a h dentro de las vel ares, pue sto que en los casos en que
procede de una F- inicial latina es sig no de aspira ción en nuestro texto, como vemos en:
hazer, hiso, hasta, hato, harne ro, hazienda, heruiendo, huzillos, hauas, hi geral, dehe za,
etc.
En otros casos, responde a un intento de imitar l a ortografía latina, y carece d e
sonido como sucede ho y : honbre, honrrado, huésp edes , etc.
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2.2.5. La grafí a de la nasal ante sonido labial es de manera ge neral en todo el
corpus n : onbre, nonbre, costunbre, setienbre, de zienbre, conbiniente, nobienbre,
nonbre, conpren, cunplir, enpiedre, etc. Aunque no faltan ejemplos de m, que
pertenecen casi en excl usiva a uno de los escri banos [E3] : compra, hombre, sembrar,
nombrado, setiembre, cumplimyento, tiempo, etc.
2.2.6. La grafía de la vib rante líquida tensa es siem pre la ma y úscul a, frente a l a
minúscula que se reserv a para la vibrante floja. En nuestro corpus encontramos dos
graf ías para la may úscul a: la que tenemos hoy, R ; y otra, desc rita por Millares Carlo
como una especie de U may úscul a con una ra y a encima.
En cuanto a l fonema líqui do late ral, alterna en la escritura l / ll en el caso d e mil /
mill casi a un cincuenta por ciento , y se mantiene la doble ele latina como signo gr áfico
también en las abr eviaturas, como el caso d e yll
e
/ ill
e
: ylustre / ilust re.
2.3. Hemos dedicado un epígraf e dentro de l ca pítulo gr áfico al estudio de los
grupos consonánticos cu ltos, en el que cons tata mos que el manuscrito sigue la p auta,
general durante el si glo XVI, de redu cir los grupos cultos: otubre, rresetores, elesiones,
eselensia, sole nidades, maníficos, etc.
2.4. Finalment e, en el apartado sobre ot ros aspectos gráficos del tex to,
observamos prácticamen te ausencia de si g nos de puntuación, a excep ción de un signo
que parece represent ar la vír gula, cu y o us o r echazaban ortó grafos como Nebrija po r
considerarla c arente de a utoridad clásica; por otro lado, señ alamos el escas o empleo de
mayúsculas, cu ya pres encia se reduce pr ácticam ent e a C, A y R, en este último caso no
con valor ma y ús cula sino del fonem a vibrante tenso, como acabamos de ver. Fr ente a
ello, señalamos la pres enci a abund ante de abreviaturas, que pres entamos junto al
término desarrollado siguiendo los usos gráficos del manuscrito.
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3. En el capít ulo que dedicam os al estudio fon ético del t exto establecemos c uatro
apar tados: la vacila ción vocálica en posición átona, el debilita miento de las c onsonantes
implosi vas, la fonética d e la frase y, finalment e, prestamos at ención a o tros cambios
fonéticos que se estaban produciendo en el siglo XVI, como la evolución ge lo>se lo ; e l
desarrollo de l plural del relativo quien ; o el e mpleo de las formas d el verbo con
metáte sis.
3.1. En primer lugar, abordamos la va cil ación vocálica en posi ción át ona.
Sabemos, como y a h an indicado entr e otros el profesor L APESA , R. (1981
9
: 386), que
“en el transcu rso del siglo XV I van dism inuyendo las vacilaciones d e timbre en las
vocales no acent uadas”, mientras que el cierr e vocáli co en [ i ] , [ u ] de las vocales medias ,
se continúa hasta bien entrado el siglo XVII, con ejemplos docum entados en el propio
Cerva ntes: tiniente junto a teniente.
Nuestro texto ej emplifica bi en esta situación general de la len gua en cu anto a l a
vacilación vocálica en posición átona, puesto que junto a ejemplos de conservación de
la vocal abiert a: carnese ría, deputados, dezienbre, e npusisión, heruiendo, preuilegios,
rrezebido, ynútel, etc., aparecen t ambién numeros os casos de ci erre vocálic o. Este cierre
vocálico puede s er debido en unos casos a infl uencia de la y od románic a, como sucede
en: conuinientes, ynconuiniente, inbiada, minsión ‘mención’, ynpusisión , etc., o bien se
explican por asimilación o disi milación con la vocal tónica: añidió, arrincase n, dilito,
iuitar, sigir, Siu illa, treslado, uirific ar, etc. Además, en al g unas ocasion es tenemos la
coexistencia de la forma antigua y la moderna, que acaba rá imponiéndose: deputado /
diputado; ydificar / e difique; sigunda / se gunda; siguridades / seguridad ; duzientos /
dozientos; Purtugal / Portugal; etc.
3.2. El epígrafe que dedicamos al debilitamie nto de las c onsonantes implosivas
nos permite corrobo rar l a tendencia a la re l ajación consonánt ica c aracterí stica de l as
hablas andaluzas en la época y que r efleja de forma evidente e l texto. En este sentido,
ejemplos esporádi cos como denusiador y prouizi ó con pérdida de [n] implosiva que
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pueden ser indicio de la t endenc ia a la na salizac ión tan evidente hoy en andaluz, y otros
casos como maesago ‘maesaz go’ o formalidá ‘for malidad’ apuntan a ello.
3.2.1. En cualquier caso , es más evidente la pérdida de [s] implosiva que está
relacionada con la aspira ción, como veremos más adelante. En la mayoría de los casos
la pérdida de [ s ] final corresponde al morfema de pl ural y se produce en el segundo
elemento del sintagma, con l o cual el si gnificado plural queda ase gurado por el
morfema del primer element o: moderado σ presio; do σ año; honbres hijodalgo; los tale s
persona; mil maravedi σ rrepartido; los pezo; los montes y canpo; los pobre; por tersios
repartido.
3.2.2. Del mismo modo, el texto nos propor ciona ejemplos de pérdida de [r]
final, com o es el caso de alguazil maio ‘alguaci l mayor’; po ziza ‘po r sisa’; Melchió
‘Melchor’, o de los infinitivos hazé ‘hacer’; past á ‘pastar’; informase ‘informarse’, así
co mo ca sos de cam bio [r]> [l] co mo suc ede en el susta ntivo alchibo y en el verbo abrir,
que aparec e como abril , así como en el término de medida de longitud blrasas en donde
el escribano, ante la du da, coloca ambas g rafía s. Todo ello nos hace suponer que el
fenómeno de relajación y neut ralización de ambos sonidos líquidos está avanzado en la
zona en e l último cuarto de l siglo XVI .
3.3. En el epígrafe que dedicamos a la fonética de la frase, ponemos de
manifiest o la tendenci a a l a asimil ación del pronombre personal d e tercera persona
pospuesto al infinitivo, como indica L APES A , R. (1981
9
: 391) cuando af irma que “las
asimil aciones tomallo, hacello, sufrillo, estuvieron de moda en el siglo XVI,
principalm ente entre andal uces, murcianos, to ledanos y gentes de la corte, que en
tiempo de Carlos V adoptaban el gusto lingüístico de Toledo”. Estos casos de
asimilación son numerosos en nuestro tex to: ynbialle, mandalle, haz ello, dalle, dallos,
dejallo, pezallos, ue lla, etc.; j unto a otros en q ue tenemos la fo rma moderna: uerla,
hazerla, abrirlo ; e incluso podemos encontrar ambas soluciones en una serie de
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infiniti vos contiguos, como sucede en la sigu ient e frase: “A cordose que t reynta ca rneros
que el señor alca yde tiene consertados y conpr ad os a Benito Peres de Lepe a ue y nte y
vn rreales ca da vno, ua ya desta uilla persona sufisiente a uerlos, esc ojellos y traellos , y
que lleue el dinero” (fol. 259v, 22-25).
Otro aspecto que d estacam os en cuanto a l a fonética sintáctic a es que l a
conjunción copulativa no sufre alteración cuan do le sigue idéntico sonido, lo que
evidencian ej emplos como: ánimo y yntensión; co rtar y yr cortando; ponerse en ef eto y
ynbiarse; molineros y yntereses; etc. No obstante, en algún caso podemos pensar que el
escribano evita l a cacofonía, com o en el caso de dineros e ystuysión; incluso puede
evitar la ca cofonía abri endo la vocal conti g ua, como suced e en la si guiente frase:
“Acordose que el ma yordomo del pózito uay a a conprar trigo a los lugares y tierr a que
por vn memorial y estuy sión que se le dará dest e Consejo; y lo conpr e conforme a l a
ystuysión ” (fol. 250v, 15- 18).
3.4. Finalmente, el texto nos ofrec e alg unos ejemplos de cambios fonético s que
se estaba n produciendo en la lengua del siglo XV I , como la sustitución de la forma
antigua del pronombre átono de 3ª persona aglutinado con el de objeto directo, ge lo ,
por la moderna se lo . En dos ejemplos del text o el escribano duda, puest o que escrib e le
y corrige escribiendo se , lo que pone de manifiesto que no estaba mu y fam iliarizado con
la nueva forma.
Por otra part e, no aparece la forma plural d el pronombre relati vo quien ,
etimológ icame nte invariable por proced er del si ng ular QU Ĕ M qu e, como sabemos, se
desarrolla en la p rimera mita d del siglo XV I . Lo evidenci a el siguiente ej emplo donde
esperaríamos la forma en plural: “Los di chos señores rre gidores y ofisiales deste
Consejo pidieron al señor corregidor les mande le s desocupen sus asientos y escaños de
la σ y guelsias para o y r l os ofisio s diuinos porque se los ocupan quien n o deuen” (fol.
263v, 20-24).
En cambio, el tex to nos aporta al gún ej emplo d e la forma antigua de futuro y
condicional del ver bo con metátesis, como sucede en terná ‘tendrá ’ y conuernía
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El grado de aspiración es más intenso cuanto mayor es la incultura
del sujeto hablante, y se da más en la co nversac ión espontánea que en l as
respuestas dadas a una pregunta directa [ ... ] , lo cual nos d emuestra que el
hablante tiene c oncie ncia de que su aspiración no es correcta.
Esta conci encia de inco rrección no exist ía, desde lue g o, a final es del si glo XV I
en la zona, como ac abamos de ver a p artir de los ejemplos anteriores. A ellos podemos
añadir otros que pres entan dobletes como el cas o de hanegas y h ebrero, que conviven
con fanega
σ
y febrero , a l igual que en castellano medieval.
4.3.2. En cuanto al se gundo origen de la aspiración, sabemos, como señala
L APESA , R. (1981: 379), que “en las regiones donde se cons ervaba la [h] aspirada
procede nte de /f-/ latina y de aspirada s árabes, la fricativa velar /x/ resultante de /ž/ y /š/
se hizo también aspirada, confundiéndose con aquélla”. Po r su parte, el profesor
M ONDÉJAR , J . (2001
2
: 134), refiriéndose con cretament e al andaluz , establece que:
La aspir ación ocupa en el mode lo de rep resentación fonológica
andaluz el lugar que en el del español ocupa la jo ta . De tal manera, que es
inexacto decir –desd e el punt o de vista histórico– que los andaluces aspiran
la jota del espa ñol; lo que ocurre es al go muy distinto: 1º) históricamente,
nunca hubo jota en Andalucía, ex cepto en la s áreas señaladas donde no ha y
aspiración, y 2º) fonológicamente, el correlato andaluz de la jota, por tant o,
es la aspiración .
Nuestro tex to nos ofrece varios ejemplos de confu sión de grafías, como digesen,
egecutoria, parage, tru geren que parecen indi car, como señala F RAGO , J .A. (1985:
294), “que desd e el momento en que se v erifican intercambios d e las grafí as
correspondientes a los ant. /š, ž/ con los pert enecientes a los fonemas / g/ y /k/, sobre
todo con los del primero, ha y qu e aceptar l a vigencia de un nuevo fonema velar /x/”.
Además, en el tex to se cita con frecuen cia el topónimo L os Jardales, que
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constituy e, aún ho y , un paraje situa do al nord este del término de Ayamonte. Si, como
parece probabl e, hacemos proceder el topónimo de harda ‘ ardilla ’, ha y qu e suponer que
h y j tení an un mismo sonido tal y como sucede ho y. Esta tesis parece c onfirmarla un
único pero interesante ca so en que el topónimo se escribe con la graf ía de la aspirad a:
Lo σ Hardale σ , en un co ntexto, además, en donde a bunda la aspiración, c omo vemos a
continuación: “En e σ te Cabildo dio petición J u an Rro driges v eci no de / Aroche, pidió
l icenci a pa ra corta r madera para / hazer vna bar ca; diósele en Lo σ Hardale σ , con- / que
dé la fiança y s e halle el may ordomo / pres ente , so pena de la hord en anza .” (fol. 255r,
1-5).
4.3.3. Por último, hemos estudiado el terce r tipo de aspira ción que se da hoy en
andaluz, la de /-s/ implosiv a. Nos hemos referido a las dos hipótesis sob re el tema en
cuanto a considera r los casos de ause ncia de la grafía ese como re alización del fonema
aspirado /h/, sobre todo, cuando se trata de ejem plos anteriores al sig lo XVI como los
aportados por F RAGO , J .A. (1983).
En este sentido h acemos nuestras las palabr as del profeso r A RI ZA , M. (1999)
cuando dice, refiri éndose a la articula ción de –s final:
Como tantas veces se h a dicho, l a ausencia de testimonios en los
gramáticos del Siglo de Oro puede ser prueba de su pronunciación, o, al
menos, de que la aspira ción no estaba generaliza da. Para mí, los primeros
ejemplos claros de as p iración están en 1610 y 16 75 en document os
rescatados por J .Mª C ha morrro con las fo rmas las jacc iones y ehtampado.
En documentos ya clara mente andaluces –con seseo, etc.– de los siglos X VII
y siguientes sí creo que la ausencia de s es signific ativa. (la cursiva es
nuestra).
Nuestra investi g ación nos proporciona un c onju nto de ejemplos en los que la
gr afí a es e no aparece. En la mayoría de los casos la pérdida de esa es e tiene lug ar en un
contexto mu y con creto, en posición final de palabra, y se correspond e al morfema de
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plural: moderado
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presio; do
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año; honbr es hijodalgo; los tales persona; mil
maravedí
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rrepartido; l os pezo; los montes y canpo; los pobre; por tersios repartido.
Como vemos, la caída de ese se p roduce en el segundo elemento del sintagma,
quedando asegurado el plural por la presencia de la ese en el presentado r, tal y com o
sucede ho y . S i acabamos de ve r que se adm ite aspiración de /–s/ implosiva en 1610, y
en general a part ir del siglo X VII en t ext os andaluces, pa rece probable que también s e
esté dando el fenóm eno en nuest ro tex to que se a parta de esta fe cha sólo unos cuantos
años y que ad emás, como vemos, presenta ras gos claram ente andalu ces.
5. En el capít ulo que d edicamos al est udio léx ico-semántico del t exto, hacem os
nuestra la afirmación de F ERNÁNDEZ S EV ILLA , J . (1957: 9) de que “todo trabajo
científico tropieza con dificultades y probl em as. Aquí uno de los fundamentales es el
que viene dado por la pr opia natu raleza del l éxico, el cual se estructura en mu y diversos
campos, que ex ceden con mucho los lím ites del léxico m ismo”.
5.1. Nuestro objetivo, pu es, ha sido el d e intentar una ap roximación al léx ico de
nuestro corpus, y para ello hemos est ableci do una serie de “campos asociati vos” que, de
alguna m anera, abarquen la realidad que se c ontiene en el tex to. En este sentido, más
que desentrañar el significa do de las palabras (po rque, ad emás, en pocos casos ofrecen
serias dudas), pretend emos, en palabras de L AGÜ ÉNS G RAC I A , V. (1992: 3 4), “ante todo,
aportar datos lingüísticos y doc umentales que cont ribuya n, aunque sea mín imamente, al
conocimiento de la hi storia de los términos analizados”.
5.2. El primer campo asociativo de nue stro estudio léxico-sem ántico lo
constituy en las formas de tra tamiento, cu y o uso es mu y frecue nte dado el carácter
jurídico-administra tivo del texto. I ncluimos los términos bachiller y licen ciado , puesto
que aunque en la actuali dad si gnifican grado académico, se usaban como tratamiento,
como sigue sucediendo hoy en español de Am é rica. Otros t ratamient os mu y usados en
el tex to como excelenc ia y ex celentís imo o ilustre e ilustrísimo están en franca
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decadencia ho y, sobre todo, a partir de la nueva normativa que dispone que: “El
tratam iento oficial de car ácter protocol ario de los miembros del Gobierno y de los altos
cargos será el de señor/s eñora, seguido de la denominación del car go, empleo o rango
correspondiente.” ( BOE 07-03-2005)
J unto a estas formas de tratamiento, en contramos otras que siguen estando vivas
en la lengua ho y , si bien con usos restrin g idos. Es el caso de mag estad , usado como
tratamiento a los re y es, (aunque el DRAE lo sigue definiendo c omo ‘título o tratamiento
que se da a Dios, y también a emperadores y re ye s’) y el de mag nífico , como
tratamient o ‘hoy, en España, para los recto r es universitarios’, según la edición vig ente
del DRAE (2001
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), que en este caso sí ha actu alizado el artículo.
Final mente, estudiamos form as de tratamientos como don y doña o señor y
señora que siguen usándose ho y con el mismo significado.
5.3. El segundo campo asociativo, dedi cado al estudio de los carg os
administrativos, también presen ta una gran riqueza léx ica por la natura leza de l texto.
Destacamos en este con junto de voces la prese ncia de arabis mos com o alcabalero,
alcaide, alguacil o alcalde. En el caso de alcalde, con el significado antiguo que
aparece aún en AUTOR IDADES (1726): ‘la pers ona constituida en la dignidad de juez,
para administrar justicia en el pueblo en qu e tiene la jurisdición’. Pa ra el ca rgo de
alcalde de la mar , aportamos ejemplos que adelantan en más de 250 años el único que
aparece en el CORDE que es de 1830.
En g eneral, el t exto nos presenta ca rg os administrativos característicos de la
época que, o bien han d esaparecido, o bi en ha n cambiado de significa do a lo lar g o de la
historia del español, como carcelero, escribano, fiel ejecutor, justicia may or, receptor,
regidor o corregidor, éste último sust ituido por alcalde , cuyo sig nific ado moderno no
se recoge hasta el DRAE (1884
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): ‘presidente del ayuntamiento de cada pueblo o
distrito municipal, encar g ado de ejecutar sus a cuerdos, de dicta r bandos para el buen
orden, salubridad y limpieza de la pobla ción, y de cuidar de todo lo relativ o a la policía
urbana’.
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También es el caso de m ayordomo , que en nuestro tex to tie ne el significado que
recoge todavía AUTORIDADES (1734) en su quinta ac epción bajo el lem a mayordomo
de propios : ‘el administrador de los caudales y propios de una ciudad o villa’, y que hoy
queda circunsc rito prácticamente al mundo de las hermand ades y cofradí as religiosas,
acepción que ya había reco gido COVARR UBI AS (1611), junto a su sig nificado
etimológico: ‘El que tiene cuidado del gobier no de la c asa de un señor [ ...] Este cargo
extiéndese también a otros ministerios, co mo ma y ordomo de cof radía, may o rdomo de
hacienda’.
Finalmente, desta camos, por una pa rte, la gr an riquez a léxi co-semántica del
término juez , que incluye la s variante s juez de residencia, juez de la sal y especial mente
juez de menores, cu ya prim era documentación en el CORDE es n ada menos que de
1961, a partir de un texto del novelista ar ge ntino Ernesto Sába to. Por otra parte, merece
especial aten ción tam bién el térmi no fiel de la h aceduría, que no hemos documentado
en otros text os. Tampoco aparece el derivado simple hazeduría, pero pa rece evident e
que se trata de una crea ción léxica mediant e el sufijo –uría a partir de hacedor, definido
por el DRAE (2001
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) en su segunda acepción co mo ‘Per sona que tiene a su cuidado la
administración de una hacienda, bien s ea de c ampo, ganado u otras granjerías ’. El
doblete hacedor / hace duría , similar al que se produce en contador / contaduría,
hablador / habladuría, etc. no triunfó puesto que el lug ar de hac eduría parece que lo
ocupó desde un principio hacienda.
5.4. Digno de destacar también es el amplio número de voces referido al léx ico
de los oficios que nos proporci ona el text o. En este asp ecto podemos decir que todavía a
fines del siglo X VI cobran sentido las palab ras de M ARTÍNE Z M ELÉN DE Z ,M ª d e l C .
(1995: 11), cuando afirma que “al investigar sobre los ofic ios existentes en España
durante la Edad M edia y su grado de pe rfeccionamiento, sorprend e el hecho de que
pudieran trabaja r y vivir en sus ciud ades y pueblos tal cantidad de artes anos y , algunos
de ellos, con una esp ecial ización ex traordinari a”.
Como es de suponer, bue na parte de los oficios qu e aparecen en nu estro texto ha
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desaparecido en la actualidad, sobre todo, a pa rtir de la revolución industrial y todos los
cambios económicos y social es que supuso para el mu ndo desarrollado y urbano. En
zonas menos desarrolladas y en el ámbito rura l algunos de estos oficios aún sobreviven,
caso de armador, labrador, ganadero, et c . Otros han cambiado su denominación al
tiempo que lo hacía la propi a realidad que defi nían: boticario, frente a farm acéuti co;
corredor , frente a agente inmobilia rio; arriero, frente a tr ansportista o ca mionero; etc.
Otros, en fin, simplemente han desapare cido y de ellos nos queda únicamente la palabra
que lo designaba: aguadero, azadonero, jabonero, et c.
Desde un punto d e vista morfológico, much as de estas palabras son deriva das a
partir del sufijo –ero que, como indica P HARI ES , D. (2002: 229-230) es u n “sufijo muy
productivo de adjetivos y sustantivos derivados a partir de radicales nom inales, reflejo
de – ă rius, sufijo latino de función aná loga”. Muchos de ellos se conc entran
semánticamente en los campos de oficios y profesiones. Al g unos a pa rtir de étimos
latinos, caso de portero (<port ā rius), molinero (<m ol ī narius) o tabernero
(<tabern ā rius); mientras que “los derivados internos españoles son ig ualmente
tempranos y mu y numerosos”, e insiste es te autor en qu e “sobre salen por su
productividad las designaciones de personas por los nombre de oficios y actividades”,
entre las que d estacamo s, en cuanto a lo qu e toca a nu estro estudio, las siguientes:
calero, herrero, llavero, me sonero, panadero, zap atero, etc.
5.5. En el epígrafe que dedicamos al es tudio de monedas y medidas, tratamos
ambos campos de forma separada.
5.5.1. En cuanto a las monedas, el t exto nos aporta varios nombres de mo nedas
que estaban en circulaci ón en la épo ca, que d e menor a mayor valor, son: blanca,
maravedí, real y ducado, cu y o v alor según AUTOR I DADES (1732) es el de ‘onc e
reales y un ma ravedí’.
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